Las Noticias de hoy 1 Abril 2020

Enviado por adminideas el Mié, 01/04/2020 - 13:19
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 01 de abril de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

La Santa Sede exhibe hoy las banderas a media asta en señal de duelo

Economía de Francisco: La crisis muestra “cómo todo está interconectado aún más”

Tierra Santa: La crisis del coronavirus arriesga la permanencia de los cristianos

CORREDIMIR CON CRISTO: Francisco Fernandez Carbajal

“Si alguno no lucha...”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (1 abril 2020)

Volcanes cubiertos de nieve

La comunión de los santos: más unidos que nunca: José Manuel Fidalgo Alaiz

Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios: José Brage

Esta crisis mundial del coronavirus nos incita a reflexionar sobre el sentido de nuestra vida: Ramiro Pellitero

Fallece don José Antonio Galera: José Ramón Vindel

Virus corporales y virus espirituales: Pedro María Reyes

 La soledad del Papa: Jorge Hernández Mollar

La soledad, un mal contemporáneo mundial

Ante la grandeza: Blanca Sevilla

Cuida a tus hijos de la depresión: Silvia del Valle.

Agradecimiento y esperanza en la tribulación por el coronavirus: Josefa Romo Garlito

Un sonoro “Basta ya”: Valentín Abelenda Carrillo

Prestigioso Comité: Jaume Catalán Díaz

Un microorganismo: Juan García. 

Socialismo, capitalismo, o dinero, dinero y dinero: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 31 de marzo de 2020

https://youtu.be/0MaU7bloo9Y
 
Monición de entrada

Recemos hoy por los que no tienen morada fija, en este momento en que se nos pide estar dentro de casa. Para que la sociedad de hombres y mujeres se hagan cargo de esta realidad y ayudes, y la Iglesia los acoja.

 Homilía

La serpiente ciertamente no es un animal simpático: siempre está asociado al mal. Hasta en la revelación la serpiente es precisamente el animal que usa el diablo para inducir al pecado. En el Apocalipsis se llama al diablo “serpiente antigua”, la que desde el inicio muerde, envenena, destruye, mata. Por eso no puede tener éxito. Si quiere tener éxito como alguien que ofrece cosas hermosas, eso son fantasías: las creemos y por eso pecamos. Es lo que le pasó al pueblo de Israel: no soportó el viaje. Estaba cansado. Y el pueblo habló contra Dios y contra Moisés. Es siempre la misma música, ¿no? «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia» (Nm 21,4). Y la imaginación –lo hemos leído en los días pasados– va siempre a Egipto: “Allí estábamos bien, comíamos bien…”. Y parece que el Señor no soportó al pueblo en ese momento. Se enfadó: la ira de Dios se deja ver, a veces… Entonces, «el Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel» (Nm 21,5). En aquel momento, la serpiente es siempre la imagen del mal: el pueblo ve en la serpiente el pecado, ve en la serpiente lo que ha hecho mal. Y viene a Moisés y dice: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes» (Nm 21,7). Se arrepiente. Esa es la historia en el desierto. Moisés rezó por el pueblo y el Señor dijo a Moisés: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla» (Nm 21,8).
 
A mí se me ocurre pensar: pero eso, ¿no es una idolatría? Está la serpiente allí, un ídolo, que me da la salud… No se entiende. Lógicamente no se entiende, porque es una profecía, un anuncio de lo que pasará. Porque hemos oído también como profecía cercana, en el Evangelio: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta» (Jn 8,28). Jesús levantado: en la cruz. Moisés hace una serpiente y la levanta. Jesús será alzado, como la serpiente, para dar la salvación. Pero el núcleo de la profecía es precisamente que Jesús se hizo pecado por nosotros. No pecó: se hizo pecado. Como dice San Pedro en su Carta: “Cargó con nuestros pecados” (cfr. 1Pt 2,24). Y cuando miramos el crucifijo, pensamos en el Señor que sufre: todo eso es cierto. Pero nos paramos antes de llegar al centro de esa verdad: en ese momento, Tú pareces el pecador más grande, te has hecho pecado. Tomó sobre sí todos nuestros pecados, se anonadó. La cruz, cierto, es un suplicio, es la venganza de los doctores de la Ley, de los que no querían a Jesús: todo eso es cierto. Pero la verdad que viene de Dios es que Él vino al mundo para cargar con nuestros pecados hasta hacerse pecado, todo pecado. Nuestros pecados están ahí.
 
Debemos habituarnos a mira al crucifijo bajo esta luz, que es la más verdadera, es la luz de la redención. En Jesús hecho pecado vemos la derrota total de Cristo. No disimula morir, no aparenta sufrir, solo, abandonado… “Padre, ¿por qué me has abandonado?” (cfr. Mt 27,46; Mc 15,34). Una serpiente: yo soy alzado como una serpiente, como eso que es todo pecado.
 
No es fácil entender esto y, si lo pensamos, jamás llegaremos a una conclusión. Solo contemplar, rezar y dar gracias.

 Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti. Amén

 

La Santa Sede exhibe hoy las banderas a media asta en señal de duelo

Solidaridad y unión con Italia

MARZO 31, 2020 11:01LARISSA I. LÓPEZVATICANO

(zenit – 31 marzo 2020).- Hoy, 31 de marzo de 2020, “en solidaridad con Italia, la Santa Sede desplegará las banderas a media asta, en señal de duelo”, indica el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.

Este gesto tiene la finalidad de expresar la cercanía “a las víctimas de la pandemia en Italia y en el mundo, a sus familias y a quienes luchan generosamente para ponerle fin”, añade el director.

Propuesta en Bérgamo

La iniciativa fue planteada recientemente por el presidente de la provincia de Bérgamo, Gianfranco Gafforelli, que envió una carta a los alcaldes de Italia proponiendo que, efectivamente, este martes las banderas se izasen a media asta y se guardase un minuto de silencio “delante del ayuntamiento o del Monumento a los Caídos en nombre de todos los ciudadanos, que serán llamados a hacer lo mismo en sus propias casas”, informan desde la Provincia de Bérgamo a través de un comunicado.

Esta propuesta nace de la solicitud de algunos alcaldes y fue aceptada plenamente por la Provincia “para expresar el luto de todo el territorio, para honrar a todos los muertos a causa de la epidemia y para estar cerca de sus seres queridos, privados de la oportunidad de saludarlos y darles un digno entierro”, continúa el texto.

Agradecimiento y unión

Al invitar a los alcaldes de Italia a unirse a este momento de recogimiento, el presidente Gafforelli también aprovechó la oportunidad para agradecer a todos el trabajo que están haciendo “en esta dramática situación”.

La propuesta ha sido acogida a lo largo del país: “Nos unimos al presidente de la provincia de Bérgamo en señal de luto por las muchas víctimas de la epidemia”, escribió en Twitter el presidente de la Asociación Nacional de Municipios Italianos (ANCI), Antonio Decaro.

Situación en Italia

Según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Salud italiano, son 101.739 los casos totales en la nación. La cifra de personas que actualmente son positivas es 75.528 y la de víctimas, 11.591. Además, 14.620 ciudadanos ya están curados.

Entre los 75.528 positivos: 43.752 se encuentran en confinamiento solitario en casa; 27.795 hospitalizados con síntomas; y 3.981 en cuidados intensivos.

 

 

Economía de Francisco: La crisis muestra “cómo todo está interconectado aún más”

Carta al Papa

MARZO 31, 2020 14:26CHRISTIAN VALLEJOECONOMÍA Y FINANZA

(zenit – 31 marzo 2020).- Los jóvenes participantes en la reunión internacional “Economía de Francisco”, programada en Asís del 26 al 28 de marzo y pospuesta al próximo 21 de noviembre de 2020 con motivo de la pandemia global del coronavirus, han enviado un mensaje al Papa en el que aseguran no detenerse.

“La crisis internacional debido al coronavirus muestra una vez más cómo todo está interconectado. A la luz de esta dramática experiencia, la cita que nos dio parece aún más urgente y profética”, expresan.

“Multiplicaremos el compromiso, integraremos los temas, organizaremos eventos y reuniones en las formas posibles, involucraremos otras voces y sensibilidades”, continúa la carta enviada al Pontífice y difundida por la Agencia Fides en una nota.

“Economía de Francisco”

El Santo Padre convocó “Economía de Francisco” el pasado 11 de mayo de 2019, a través de una carta dirigida a los jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo.

Se trata de un evento que ayuda a “estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un pacto para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”.

Encuentro más hermoso

A esta reunión asistirán jóvenes académicos y agentes económicos de 115 naciones diferentes que sostienen que “el encuentro será aún más hermoso, para nosotros y para el mundo que ahora más que ayer espera una economía diferente, a medida del hombre”.

En la citada carta, los jóvenes exponen al Santo Padre las experiencias que deberían haber presentado en respuesta a su llamada: “Diego y su eco-aldea en Brasil, Samer del Líbano, quien ha inventado una plataforma para el trabajo sin barreras, Andrea la joven economista con un corazón de médico” y también “el desafío del microcrédito de Myriam en Uganda, o a Turkan, que desde Azerbaiyán investiga los problemas de la desigualdad de género, y Lilly, la joven activista tailandesa que lucha contra el plástico”.

Cita en noviembre

Además, los participantes indican que habrían escuchado las palabras del Papa Francisco y, después, “compartido un pacto sobre la Tumba de San Francisco”.

Finalmente, recuerdan que “Economía de Francisco” y las muchas personas que están trabajando en este proceso “están atravesando el dolor y la complejidad de la crisis mundial” y, dándose cita para el 21 de noviembre, saludan al Papa: “seguros de que continuará acompañándonos en este viaje con su presencia y su oración”.

 

 

Tierra Santa: La crisis del coronavirus arriesga la permanencia de los cristianos

Sin turismo no hay trabajo

MARZO 31, 2020 18:07LARISSA I. LÓPEZDERECHOS HUMANOS Y JUSTICIA

(zenit – 31 marzo 2020).- El coronavirus en Tierra Santa ha forzado la salida de miles de peregrinos. “Esta carencia hará sufrir a muchos cristianos, sobre todo en Belén, dado que muchos trabajan en el turismo”, lamenta el Hno. Ibrahim Faltas, responsable, entre otros, de las relaciones con la Autoridad Palestina y con Israel para la Custodia de Tierra Santa.

Debido a la epidemia del Covid-19 y a las medidas de confinamiento, los peregrinos se han visto obligados a abandonar estos lugares, Tierra Santa y Jerusalén verán sus calles vacías aún en Pascua. Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) hace balance de la situación para animar a rezar por los cristianos locales a través de un comunicado publicado ayer, 30 de abril de 2020.

Sin peregrinos no hay trabajo

“Sin peregrinos, no hay trabajo para nadie”, lamenta el citado sacerdote, sobre todo porque en el ecosistema económico de los cristianos de Tierra Santa todo es interdependiente: los ingresos del turismo permiten financiar las obras sociales y pastorales de las instituciones cristianas a través de parroquias, santuarios, escuelas, hospicios, residencias de ancianos…

El turismo, efectivamente, ofrece “un valioso trabajo” a muchos creyentes cristianos que les permite mantener a sus familias, expone el cardenal Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.

Efectos de la pandemia

Ahora, “con el cierre impuesto de todos los hoteles, bares y restaurantes, la mayoría de nuestros empleados están en casa sin trabajo. Una situación similar ocurrió en el pasado durante las intifadas, no sabemos cómo podremos pagar salarios a todos durante mucho tiempo”, describe el Hno. Alberto Joan Pari, también de la Custodia. Además, indica que todas las Casa Nova, casas de huéspedes gestionadas por los Franciscanos de Tierra Santa, están cerradas.

En el pasado, durante los difíciles episodios de guerra en Tierra Santa, algunas personas lograron reciclarse y encontrar empleo temporal en sectores distintos del turismo. Pero con esta pandemia todos los sectores de actividad se ven afectados, todo está cerrado y resulta imposible correr el riesgo de desplazarse geográficamente para buscar otras ocupaciones, apunta la nota.

Oración y donativos para ayudar

A la pregunta acerca de cómo ayudarlos, el Hno. Ibrahim responde: “Sin duda, una gran ayuda sería su apoyo en la oración y que animen a los peregrinos a volver a esta tierra en cuanto sea posible”. El mismo llamamiento hace el Hno. Alberto, que asegura que los Hermanos de Tierra Santa responderán a las oraciones con las suyas propias en los Lugares Santos por todos los que sufren el virus.

No obstante, también señala que los donativos y ofrendas serán bienvenidos cuando estos sean posibles. Es consciente de que la situación podría empeorar para los cristianos locales si la colecta del Viernes Santo se pospone, como teme que ocurrirá.

Colecta del Viernes Santo

La colecta del Viernes Santo tiene como finalidad mostrar la solidaridad de la Iglesias Católica de todo el mundo con Tierra Santa. Es una de las principales fuentes de financiación para mantener los Lugares Santos, acoger a los peregrinos pero también para apoyar a la Iglesia local de Jerusalén y Oriente Próximo en su esfuerzo para que los cristianos permanezcan en estos países.

“Por el momento, la colecta del Viernes Santo no se cancela, aunque en Europa y probablemente en América los fieles no podrán ir a las iglesias y depositar sus donativos”.“Está previsto cambiar la fecha al verano, pero no hay nada claro”, informa el Hno. Alberto. En caso de no haber colecta, “el daño causado representaría el 80% de nuestros ingresos”, advierte el monje franciscano.

Ayuda a la Iglesia Necesitada

La Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) sirve a la Iglesia católica en su labor evangelizadora, prioritariamente en las comunidades más necesitadas, discriminadas o perseguidas.

Cuenta con 23 oficinas en el mundo desde donde se informa y desarrollan campañas de sensibilización, oración y búsqueda de fondos para dar soporte a esas necesidades pastorales y caritativas de la Iglesia que más sufre.

ACN ha financiado 40 proyectos en Tierra Santa en 2018 y 2019, por un valor de más de 675.000 euros.

 

 

CORREDIMIR CON CRISTO

— Jesucristo nos redimió y liberó del pecado, raíz de todos los males. Valor de corredención del dolor sufrido por amor a Cristo.

— Jesucristo ha venido a traernos la salvación. Todos los demás bienes han de ordenarse a la vida eterna.

— A cada hombre se le aplican los méritos que Cristo nos alcanzó en la Cruz. Necesidad de corresponder. La Redención se actualiza de modo singular en la Santa Misa. Corredentores con Cristo.

I. Nos ha trasladado Dios al reino de su Hijo querido, por cuya Sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados1.

Redimir significa liberar por medio de un rescate. Redimir a un cautivo era pagar un rescate por él, para devolverle la libertad. Os aseguro –son palabras de Jesucristo, en el Evangelio de la Misa de hoy– que quien comete pecado es esclavo del pecado2. Nosotros, después del pecado original, estábamos como en una cárcel, éramos esclavos del pecado y del demonio, y no podíamos alcanzar el Cielo. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, pagó el rescate con su Sangre, derramada en la Cruz. Satisfizo sobreabundantemente la deuda contraída por Adán al cometer el pecado original y la de todos los pecados personales cometidos por los hombres y que se habrían de cometer hasta el fin de los tiempos. Es nuestro Redentor y su obra se llama Redención y Liberación, pues verdaderamente Él nos ha ganado la libertad de hijos de Dios3.

Jesucristo nos liberó del pecado, y así sanó la raíz de todos los males; de esa forma hizo posible la liberación integral del hombre. Ahora cobran su sentido pleno las palabras del Salmo que hoy reza la Iglesia en la liturgia de las Horas: «Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo?, el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? (...) Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo»4. Si no se hubiera curado el mal en su raíz, que es el pecado, el hombre jamás habría podido ser verdaderamente libre y sentirse fuerte ante el mal. Jesús mismo quiso padecer voluntariamente el dolor y vivir pobre para mostrarnos que el mal físico y la carencia de bienes materiales no son verdaderos males. Solo existe un mal verdadero, que hemos de temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado5; esa es la esclavitud más honda, es la única desgracia para toda la humanidad y para cada hombre en concreto.

Los demás males que aquejan al hombre solo es posible vencerlos –parcialmente en esta vida y totalmente en la otra– a partir de la liberación del pecado. Más aún, los males físicos –el dolor, la enfermedad, el cansancio–, si se llevan por Cristo, se convierten en verdaderos tesoros para el hombre. Esta es la mayor revolución obrada por Cristo, que solo se puede entender en la oración, con la luz que da la fe. «Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies; hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel...»6.

Por eso hoy podemos examinar si de verdad consideramos el dolor, físico o moral, como un tesoro que nos une a Cristo. ¿Hemos aprendido a santificarlo o, por el contrario, nos quejamos? ¿Sabemos ofrecer a Dios con prontitud y serenidad las pequeñas mortificaciones previstas y las que surjan a lo largo del día?

II. La liturgia de las Horas hoy proclama: Vultum tuum, Domine, requiram: Tu rostro buscaré, Señor7. La contemplación de Dios saciará nuestras ansias de felicidad. Y esto tendrá lugar al despertar, porque la vida es como un sueño... Así la compara muchas veces San Pablo8.

Mi reino no es de este mundo, había dicho el Señor. Por esto, cuando declaró: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia9, no se refería a una vida terrena cómoda y sin dificultades, sino a la vida eterna, que se incoa ya en esta. Vino a liberarnos principalmente de lo que nos impide alcanzar la felicidad definitiva: del pecado, único mal absoluto, y de la condenación a la que el pecado conduce. Si el Hijo os hace libres seréis realmente libres, nos dice el Señor en el Evangelio de hoy10. Nos dio también así la posibilidad de vencer las otras consecuencias del pecado: la opresión, las injusticias, las diferencias económicas desorbitadas, la envidia, el odio..., o padecerlas por Dios con alegría cuando no se pueden evitar.

Es de tal valor la vida que Cristo nos ha ganado que todos los bienes terrenos deben estarle subordinados. De ninguna manera quiere decir esto que los cristianos debamos quedar pasivos ante el dolor y la injusticia; por el contrario, toca a cada uno, manteniendo esa subordinación de todos los demás bienes al bien absoluto del hombre, asumir el compromiso, nacido de la caridad y en ocasiones de la justicia, de hacer un mundo más humano y más justo, comenzando por la empresa en que trabajamos, en el barrio de la gran ciudad o en el pueblo en el que nos encontramos.

El precio que Cristo pagó por nuestro rescate fue su propia vida. Así nos mostró la gravedad del pecado, y cuánto vale nuestra salvación eterna y los medios para alcanzarla. San Pablo también nos recuerda: Habéis sido comprados a gran precio; y a continuación añade, como consecuencia: glorificad a Dios y llevadle en vuestro cuerpo11. Pero sobre todo, quiso el Señor llegar tan lejos para demostrarnos su amor, pues nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos12, porque la vida es lo más que puede dar el hombre. Esto hizo Cristo por nosotros. No se conformó con hacerse uno de nosotros, sino que quiso dar su vida como rescate para salvarnos. Nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros13. «Nos ha trasladado Dios al reino de su Hijo querido, por cuya Sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados»14. Cualquier hombre puede decir: El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí15.

¿Cómo aprecio la vida de la gracia que me consiguió Cristo en el Calvario?, nos podemos preguntar hoy cada uno de nosotros. ¿Pongo los medios para aumentarla: sacramentos, oración, buenas obras? ¿Evito las ocasiones de pecar, manteniendo una lucha decidida contra la sensualidad, la soberbia, la pereza...? Os aseguro que quien comete pecado, es esclavo del pecado...

III. El aparente «fracaso» de Cristo en la Cruz se vuelve redención gozosa para todos los hombres, cuando estos quieren. Nosotros estamos ahora recibiendo copiosamente los frutos de aquel amor de Jesús en la Cruz. «En la misma historia humana que es el escenario del mal, se va tejiendo la obra de la salvación eterna»16, en medio de nuestros olvidos y negaciones, y de nuestra correspondencia llena de amor.

La Cuaresma es un buen momento para recordar que la Redención se sigue haciendo día a día y para detenernos a considerar los momentos en que se hace más patente: «Cada vez que se celebra en el altar el sacrificio de la Cruz, por el que se inmoló Cristo nuestra Pascua, se realiza la obra de nuestra redención»17. Cada Misa posee un valor infinito; los frutos en cada fiel dependen de las disposiciones personales. Con San Agustín podemos decir, aplicándolo a la Misa, que «no está permitido querer con amor menguado (...), pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por vosotros murió clavado en la Cruz»18. La Redención se realizó una sola vez mediante la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y se actualiza ahora en cada hombre, de un modo particularmente intenso, cuando participa íntimamente del Sacrificio de la Misa.

Se realiza también la redención, de modo distinto a lo dicho anteriormente sobre la Misa, en cada una de nuestras conversiones interiores, cuando hacemos una buena Confesión, cuando recibimos con piedad los sacramentos, que son como «canales de la gracia». El dolor ofrecido en reparación de nuestros pecados –que merecían un castigo mucho mayor–, por nuestra salvación eterna y la de todo el mundo, nos hace también corredentores con Cristo. Lo que era inútil y destructivo se convierte en algo de valor incalculable. Un enfermo en un hospital, la madre de familia que se enfrenta a problemas que aparentemente la superan, la noticia de una desgracia que nos hiere profundamente, los obstáculos con los que cada día tropezamos, las mortificaciones que hacemos sirven para la Redención del mundo si las ponemos en la patena, junto al pan que el sacerdote ofrece en la Santa Misa. Nos puede parecer que son cosas muy pequeñas, de poco peso, como las gotas de agua que el sacerdote añade al vino en el Ofertorio. Sin embargo, del mismo modo que esas gotas de agua se unen al vino que se convertirá en la Sangre de Cristo, también nuestras acciones así ofrecidas alcanzarán un valor inmenso a los ojos de Dios, porque las hemos unido al Sacrificio de Jesucristo. «El pecador perdonado es capaz de unir su propia mortificación física y espiritual, buscada o al menos aceptada, a la Pasión de Jesús que le ha obtenido el perdón»19. Nos hacemos así corredentores con Cristo.

Acudimos a la Virgen para que nos enseñe a vivir nuestra vocación de corredentores con Cristo en medio de nuestra vida ordinaria. «¿Qué sentiste, Señora, al ver así a tu Hijo? –le preguntamos en la intimidad de nuestra oración–. Te miro, y no encuentro palabras para hablar de tu dolor. Pero sí entiendo que al ver a tu Hijo que lo necesita, al comprender que tus hijos lo necesitamos, aceptas todo sin vacilar. Es un nuevo “hágase” en tu vida. Un nuevo modo de aceptar la corredención. ¡Gracias, Madre mía! Dame esa actitud decidida de entrega, de olvido absoluto de mí mismo. Que frente a las almas, al aprender de ti lo que exige el corredimir, todo me parezca poco. Pero acuérdate de salir a mi encuentro, en el camino, porque solo no sabré ir adelante»20.

1 Antífona de comunión. Col 1, 13-14. — 2 Jn 8, 34. — 3 Cfr. Gal 4, 31. — 4 Sal 26. — 5 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 386. — 6 Ibídem, n. 194. — 7 Sal 26. — 8 Cfr. 1 Tes 4, 14. — 9 Jn 10, 10. — 10 Jn 8, 36. — 11 1 Cor 6, 20. — 12 Jn 15, 13. — 13 Cfr. Ef 5, 2. — 14 Antífona de comunión. Gal 1, 13-14. — 15 Gal 2, 20. — 16 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 186. — 17 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 18 San Agustín, Sobre la santa virginidad, 55. — 19 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 31. — 20 M. Montenegro, Vía Crucis, Palabra, 3ª ed., Madrid 1976, IV.

 

“Si alguno no lucha...”

La alegría es un bien cristiano, que poseemos mientras luchamos, porque es consecuencia de la paz. La paz es fruto de haber vencido la guerra, y la vida del hombre sobre la tierra –leemos en la Escritura Santa– es lucha. (Forja, 105)

1 de abril

lToda la tradición de la Iglesia ha hablado de los cristianos como de milites Christi, soldados de Cristo. Soldados que llevan la serenidad a los demás, mientras combaten continuamente contra las personales malas inclinaciones. A veces, por escasez de sentido sobrenatural, por un descreimiento práctico, no se quiere entender nada de la vida en la tierra como milicia. Insinúan maliciosamente que, si nos consideramos milites Christi, cabe el peligro de utilizar la fe para fines temporales de violencia, de banderías. Ese modo de pensar es una triste simplificación poco lógica, que suele ir unida a la comodidad y a la cobardía.

Nada más lejos de la fe cristiana que el fanatismo, con el que se presentan los extraños maridajes entre lo profano y lo espiritual sean del signo que sean. Ese peligro no existe, si la lucha se entiende como Cristo nos ha enseñado: como guerra de cada uno consigo mismo, como esfuerzo siempre renovado de amar más a Dios, de desterrar el egoísmo, de servir a todos los hombres. Renunciar a esta contienda, con la excusa que sea, es declararse de antemano derrotado, aniquilado, sin fe, con el alma caída, desparramada en complacencias mezquinas.

Para el cristiano, el combate espiritual delante de Dios y de todos los hermanos en la fe, es una necesidad, una consecuencia de su condición. Por eso, si alguno no lucha, está haciendo traición a Jesucristo y a todo su cuerpo místico, que es la Iglesia. (Es Cristo que pasa, 74)

 

 

Mensaje del Prelado (1 abril 2020)

A pocos días de la Semana Santa y en estos momentos de tanto sufrimiento, Mons. Fernando Ocáriz nos invita a mirar a Cristo en la Cruz que nos salva y es fuente de esperanza.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES01/04/2020

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Se acerca ya el Triduo Pascual, unos días en los que la liturgia nos llevará a contemplar esos grandes misterios del amor de Dios por nosotros. En los actuales momentos de sufrimiento en todo el mundo debido a la pandemia, miremos mucho a Jesucristo Crucificado. Veamos en esa Santa Cruz, como nos lo hacía considerar el Papa el pasado 27 de marzo, el ancla de salvación que impide el naufragio. Desde allí Jesús ilumina el sentido del sufrimiento e incluso nos hace descubrir que, con su gracia, podemos no perder la alegría; es más, podemos muchas veces volver a recuperarla: Gaudium in Cruce!

En estos días estamos experimentando cómo la solidaridad humana, sobre todo cuando está informada por la caridad, se vuelca en generoso servicio a los demás: junto a la cama de un enfermo, en la caja de un supermercado, en el cuidado de la propia familia aislada tantas veces en escasos metros cuadrados... Recemos mucho por las personas que fallecen, por los enfermos –también fieles de la Obra– y por sus familias. Dirijamos al Señor nuestra oración agradecida por esas innumerables personas que continúan prestando esos y otros indispensables cuidados: son un testimonio de que el alma de la sociedad es el espíritu de servicio.

Que la ansiedad o el miedo no nos quiten la paz porque, como escribe san Pablo, ¡Cristo es nuestra paz! (cfr. Ef 2,14). En las circunstancias más o menos difíciles en que nos encontremos, pongamos nuestra confianza en el amor de Dios por cada uno: Él sabe más y no abandona a nadie. San Josemaría nos lo recuerda: «Qué confianza, qué descanso y qué optimismo os dará, en medio de las dificultades, sentiros hijos de un Padre, que todo lo sabe y todo lo puede» (Carta 9-I-1959). Con esta seguridad puesta sobre todo en el Señor –y no solo en nuestras fuerzas– cada uno podrá aportar sus talentos para ayudar con alegría a los demás, que será siempre compatible con el sufrimiento y con las lágrimas.

Os invito a aprovechar las oportunidades que nos ofrece la tecnología para seguir los oficios de Semana Santa junto al Papa. Durante los próximos días os enviaré también, a través de la web, algunas consideraciones sobre estos misterios que celebraremos para, de esta manera, rezar juntos y estar más unidos.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 1 de abril de 2020

 

Volcanes cubiertos de nieve

Son días en los que conviene quedarse en casa para atajar una epidemia. En estas circunstancias, puede ayudar el recuerdo de las jornadas que san Josemaría vivió escondido en Madrid durante el conflicto civil. Ofrecemos la narración histórica y algunas consideraciones espirituales del santo

RELATOS BIOGRÁFICOS25/03/2020

Manuel Sainz de los Terreros (izda.), Ricardo Fernández Vallespín e Isidoro Zorzano (dcha.). Madrid, 6 de abril de 1937"

En 1937, durante la Guerra Civil española, san Josemaría pasó cinco meses y medio refugiado en la legación de la República de Honduras en Madrid. Entre mayo y agosto convivió en una pequeña habitación con su hermano Santiago y con cuatro miembros de la Obra: el beato Álvaro del Portillo, Juan Jiménez Vargas, Eduardo Alastrué y José María González Barredo.

Con frecuencia, el fundador del Opus Dei dirigió un rato de oración en voz alta a los que le acompañaban en la habitación, a la que denominaba de forma jocosa la "galguera" porque era mínima y estaba abarrotada.

Recogemos algunos textos de aquellas meditaciones de san Josemaría, publicadas en el libro de José Luis González Gullón, Escondidos. El Opus Dei en la zona republicana durante la Guerra Civil española (1936-1939), Madrid, Rialp, 2018, pp. 209-218.

En este enlace puede adquirirla versión electrónica del libro.

Te puede interesarFragmentos de historia, un podcast sobre la vida de san Josemaría: Encerrados en la Legación de Honduras (D. José Carlos Martín de la Hoz)

 

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Escondidos. El Opus Dei en la zona republicana durante la Guerra Civil española (1936-1939) [Fragmento]

José María Escrivá redactó en la legación de Honduras textos de carácter espiritual destinados a los miembros de la Obra. En el mes de mayo explicó: «Algunos ratos me dedico a hacer consideraciones, que cristalizan en cuatro líneas tajantes. Pienso que mis hijos, y los hijos de mis hijos, han de sacar algún provecho de las elucubraciones de mi pobre caletre»[1]. De modo más o menos regular, pasó a Isidoro Zorzano fichas y octavillas sueltas, que llegaron al centenar. Zorzano, Sainz de los Terreros y Albareda las utilizaron durante sus ratos de oración personal. Eran anotaciones que estaban pensadas para que formasen parte, cuando fuera posible, de «otro folleto de consideraciones»[2].

«MIS HIJOS, Y LOS HIJOS DE MIS HIJOS, HAN DE SACAR ALGÚN PROVECHO DE LAS ELUCUBRACIONES DE MI POBRE CALETRE»

Otro modo con el que el fundador transmitió las características del Opus Dei fue la predicación. Entre el 6 y el 12 de abril predicó a los que estaban con él, y a quien quisiera, en el hall de la legación, al acabar la Misa o –si no la pudo celebrar– después de que hubiesen comulgado[3]. Luego, dejó de hacerlo porque el cónsul desautorizó las reuniones; temía el diplomático que los guardias que estaban fuera lo escucharan hablar de religión y se comprometiera la inmunidad diplomática de la casa.

Un mes más tarde, cuando ya estaban solos en la “galguera”, don José María retomó la costumbre de dirigir una meditación. En esta ocasión, algunas fueron por la mañana –generalmente, al acabar el desayuno– y otras a última hora del día, aprovechando el silencio que se enseñoreaba de la casa. De modo gráfico, don José María retrató un día la sencillez con la que se situaban para rezar: «La escena, que suele repetirse, es divertida: los peques y el abuelo, en pijama, sentados en sus colchones de evacuados, muy serios, muy... graves»[4].

Eduardo Alastrué, que tenía buena memoria, transcribía las meditaciones que escuchaba. Luego, se las pasaba a Isidoro Zorzano. Una vez que Zorzano las leía, se las daba a los demás de la Obra de Madrid y a José María Albareda, pues así lo había sugerido Escrivá. Después, las enviaba por correo a Valencia, donde eran recogidas por Paco Botella, quien, de nuevo, hacía de mensajero para el resto de hombres del Levante. De este modo, tanto los miembros como los amigos de la Obra meditaron los temas desarrollados por el fundador[5].

Las meditaciones giraron en torno a Jesucristo. Un punto constante de la predicación fue el cultivo del trato o relación con Dios. Escrivá explicó que debían orar con confianza y perseverancia, sabiendo que Dios escucha siempre. Muchas veces, rezó en primera persona: «Hablémosle nosotros mismos en confidencia amorosa, como amigos íntimos, como hermanos, como hijos. ¡Jesús, verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca en la contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor de Ti y, embriagado y sustentado de este amor, no cuidar ya de las cosas del mundo! ¡Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera y quedase amorosamente hundido en tu seno, amándote sin cesar y siendo amado de Ti, y resucitase el encanto de aquella vieja leyenda del monje que pasó los siglos –siglos que no fueron sino un momento– arrobado, en la presencia de tu infinita hermosura!»[6].

 

 

Su plegaria incluyó con frecuencia una petición de más gracia para corresponder a la llamada a la Obra: «No se cansa Jesucristo de enseñarnos. Como una madre amorosa, no cesa en sus recomendaciones. ¡Por qué no nos echaremos entre tus brazos, Dios mío, sobre tu pecho abierto, y no dejaremos que muevas nuestra voluntad con afectos muy hondos y propósitos muy firmes! ¡Dios mío, te amo! ¡Haz que me enamore más y más de tu Obra y que te sirva, cada día, más fielmente en ella! ¡Que mis manos lleven el agua sagrada de tu costado hasta las almas de los que me rodean! ¡Que yo mismo me embriague más y más con esa agua del cielo!»[7]. Y, como sugerencia práctica, recomendó a sus hijos que manifestaran personalmente a Dios sus deseos: «Digámosle a Cristo –digámoselo con afectos encendidos, haciendo callar a la inteligencia, dejando hablar al corazón–: “Yo quiero ser tu esclavo en tu Obra. Aunque yo no fuera un hombre sino cien, aunque tuviera mil vidas, todas las querría dedicar a tu servicio en ella; aunque tuviese la desgracia increíble de quedarme solo, pase lo que pase, yo quiero perseverar en este camino”. Y seguiremos en nuestros afectos: de humildad, por haberme elegido, tan miserable, para [ser] poseedor de este tesoro; de acción de gracias, por haberlo puesto al alcance de mis manos; de gritos de petición de correspondencia, de perseverancia, para mí, para todos los nuestros»[8].

Unido espiritualmente a Cristo, don José María Escrivá rezó también por sus hijos espirituales, acordándose de cada uno: «Yo quiero verme ahora, Dios mío, junto a la herida humeante de tu pecho; quiero pensar junto a ella en todos mis hijos, en todos los que ahora son miembros vivos de este Cuerpo vivo de tu Obra. Nombrándolos, consideraré sus cualidades, sus virtudes, sus defectos, y luego te suplicaré, empujándolos hacia Ti, uno a uno: “¡Adentro!”. Los meteré dentro de tu Corazón. Así quiero hacer con cada uno y con todos los que vendrán después, durante siglos, hasta el fin del mundo, a formar parte de esta familia sobrenatural. Todos, todos unidos en el Corazón de Cristo, todos hechos uno por amor a Él y todos despegados del mundo por la fuerza de este amor acompañado de la mortificación»[9].

«LOS METERÉ DENTRO DE TU CORAZÓN. ASÍ QUIERO HACER CON CADA UNO Y CON TODOS LOS QUE VENDRÁN DESPUÉS»

La confianza en Dios era particularmente necesaria frente a los obstáculos que sobrevenían. Eran circunstancias adversas, pero –en palabras de Escrivá– «el Señor [parece que] nos dice: “Hijo mío, la revolución más terrible que registra la Historia; tu interior descompuesto por los miasmas que se han filtrado de fuera; todo eso, es cierto, está pasando sobre ti. Pero nada puede quitarte la paz, a no ser el pecado grave. En cuanto a mi Obra, sabes que se ha de realizar, porque yo lo quiero, contigo, sin ti, o a pesar de ti. ¿Y tú crees que no estimo que en la más florida juventud hayas hecho donación a tu Dios de todo el amor que puede albergar tu corazón de hombre? Tú permanece fiel; lo demás, ¿qué importa?”»[10].

Conjugaba así las tres virtudes teologales, que comienzan por la fe: «¿A qué preocuparse, para qué prisas, para qué desazones? Dios está en medio de nosotros, Dios está con nosotros. No estamos solos, hay que repetirlo»[11]. Y, a la vez, cedía a la esperanza en el futuro y al amor de Dios: «Jesús, Tú eres mi Padre, mi Hermano, mi Amor y mi Todo. ¿Cómo no voy a tener confianza? ¿Por qué no dar vuelos a la esperanza?»[12].

La referencia al fundamento divino de la Obra era constante: «Pensando en una Obra que Tú has bendecido, ¿cuáles serán para ella las consecuencias de todo esto? Parece que esperaste, Señor, a que el grano muriese en el surco, y cuando empezaba a echar raicillas y a apuntar en la superficie un esbozo de tallo, permitiste que se desencadenase el vendaval. Pero luego vendrá la paz y en ella se desarrollará perfectamente»[13]. Por eso, invitaba a rezar con paz: «Estoy plenamente seguro de que Tú, Señor, como en otros tiempos has impulsado otras empresas, quieres ahora esta Obra. Estoy también íntimamente persuadido de que tu voluntad es que te sirva en ella. Cumpliendo esa voluntad, ¿qué me importa todo lo demás?»[14].

Con frecuencia consideró la situación en la que se encontraba la Obra. Sin dejar de poner los pies en la tierra, insistía en que llegarían tiempos de bonanza: «La Obra...; ¿qué es ahora la Obra? Apenas hay nada visible; es verdaderamente el grano de mostaza. Unos pocos hombres, sin prestigio, sin posición económica, sin experiencia, al comienzo de sus vidas casi todos ellos. Pero nosotros sabemos que este grano de mostaza dará lugar en el campo sobrenatural de la Iglesia a un arbusto que cubrirá todo el mundo con su tallo, con sus raíces, con sus ramas, y en el cual buscarán asilo muchas aves viajeras»[15].

También puso en manos de Dios la perseverancia de cada uno de sus miembros: «Señor, Tú sostienes en mí la esperanza. Por Ti creo en el porvenir de esta Obra tuya y, concretamente, espero que darás perseverancia a todos mis hijos, de modo que cuando nos reunamos podamos cantar todos un Te Deum de acción de gracias por esta perseverancia y, quizá, por haber permitido que no solamente perseveren, sino que contagien su ardor a otros»[16].

Ahora bien, esperanza no significaba contentarse con un pacífico “quietismo”, como quien aguarda, sin moverse, hasta que Dios le otorga todo de modo milagroso. Había que pedir, una y otra vez, con empeño: «¿Que el Señor, a primera vista, se nos niega? A insistir. Desde que comenzó este año de revolución, ¡cuántas cosas he pedido y no me han sido concedidas! ¿Me desanimaré por eso? No; seguiré pidiendo, en la seguridad de que si conviene a la gloria de Dios, y por eso lo pido, mi ruego será oído»[17]. Y ponía un ejemplo concreto: «Cuentan de Levante que cuando Paco [Botella] y su primo realizaban una gestión, mientras uno hacía una visita, el otro se quedaba en oración. Ese es el camino. Pero si nuestra oración y nuestra actividad no dan fruto aparente, nada de impacientarnos. A esperar»[18].

En definitiva, buena parte de su predicación estaba orientada a levantar la mirada de sus hijos, de modo que no se quedaran atrapados en la situación del momento: «¿Qué significa este atasco? ¿Un año de inacción? ¿Y qué es un año en la vida de una Obra que ha de durar hasta el fin del mundo? Y, además, ¿no nos resarcirá el Señor, si nuestra buena voluntad persiste, del tiempo perdido? La revolución nos sorprendió absortos en nuestro trabajo, preocupados únicamente por el anhelo de servirle; después, ha habido desorientaciones, pero falta de rectitud, de eso estoy seguro, nunca»[19]. El futuro se abría ante ellos lleno de esperanza: «¿Que sobrevendrán borrascas, quizá tempestades terribles contra la barca de la Obra, contra la de mi alma? Pero ¡qué seguridad con Cristo, qué confianza en su amparo! Y aquí se encienden –y se vierten en Él– nuestros afectos. ¿Cómo han de ser estos afectos? Ayer, hoy, siempre, pase lo que pase, estos afectos no pueden ser sino afectos de confianza»[20].

Otro gran tema sobre el que predicó fue la unidad de todos los que integraban la Obra: «Para que nuestra oración sea verdaderamente fecunda, ¿no debe existir entre nosotros aquel contacto, aquella unión que había entre los Apóstoles, no por la permanencia física en un mismo lugar sino por la identidad de pensamiento, de sentimiento, de voluntad? Sí, querer con la Obra; sentir con el Corazón de Cristo; pensar con aquel que es cabeza entre nosotros. Esta es la unidad verdadera, propia del cuerpo sano, en salud cabal, en plenitud de vida»[21]. La cohesión de unos y otros –«que todos seamos uno en el corazón y en la inteligencia y en la voluntad»[22]– era un don que debían implorar a Dios en la oración y en la mortificación. Les dijo, por ejemplo, que podían ofrecer al Señor las mil pequeñas incomodidades de todos los días: «Acompañar a cada uno de nuestros hermanos en peligro, y velar por ellos; y cada mortificación que dejemos de hacer, el tiempo que quitemos a la oración, es un perjuicio que causamos a nuestros hermanos, es no ayudarles a llevar bien sus penas, a rechazar sus tentaciones. Tened esto siempre muy presente. Que este recuerdo os sirva de estímulo en vuestra vida interior»[23].

Las meditaciones estaban empapadas por su paternidad espiritual: «Yo padezco en aquellos miembros de la Obra, hijos míos, que están ausentes, en la trinchera, en la cárcel, y comprendo perfectísimamente las palabras de San Pablo: “¿Quién de vosotros está triste y yo no estoy triste? ¿Quién de vosotros está enfermo y yo no estoy enfermo?”»[24]. A veces mencionó a quienes estaban en condiciones más duras: «Chiqui –¡con cuánta paz nos cuentan que lleva sus sufrimientos!– tendrá sus cruces interiores, mas también, este y todos, sus consuelos, esos consuelos que Tú sabes dar. Pido también por todos aquellos que están en un trance difícil, sin saberlo nosotros»[25]; «hablo a mi Señor: “Acuérdate de Chiqui, que ha de salir de la prisión; que llegue a un sitio seguro sin contratiempo. Y de aquel cuya vocación se ha conservado, entre tantos obstáculos, tan maravillosamente. Y de aquel cuyo sacrificio es tan admirable. Y de aquel, y de aquel otro. Y en el otro lado, piensa, Dios mío, en ese que ha trabajado por Ti tanto y tan bien; si algo hay en la vida pasada de todos que te ofenda, bórralo y danos ahora fortaleza y perseverancia y luz”»[26].

También les recordó que deseaban «mover a jóvenes intelectuales al apostolado»[27], para difundir el mensaje de la Obra: «¡Dios quiere revivir el apostolado de los primeros cristianos, quiere que el mundo vuelva a la estima y a la práctica de las virtudes que les distinguieron!»[28]. Por eso, rogó por los amigos de los miembros de la Obra, entre los que había algunos que podían pedir la admisión: «Multiplica, por lo menos, por cinco el número de los que ahora formamos parte de esta familia sobrenatural de la Obra. A los de Valencia, que tanto trabajan por acrecentar el número de tus operarios, dales más y más espíritu de proselitismo y pon en su boca palabras eficaces de captación»[29]; «¡Madre nuestra, Regina ApostolorumSpes! ¿Por qué no haces que los nuestros que están en Levante, en el otro lado, y en el norte y en el sur, logren, concretamente ahora, en estos días, para la Obra, almas nuevas, nuevas, llenas de deseos de santificarse, de servir a Dios?»[30].

«ESTAMOS EN EL MUNDO PARA RENOVARLO, PARA TRAERLO A CRISTO; PERO SOMOS DEL MUNDO Y EN ÉL VIVIMOS»

En este sentido, volvió a una idea muy repetida en la Residencia DYA, la naturalidad propia de los cristianos corrientes: «Todo lo que sea singularizarnos, chocar con el medio ambiente por hacer las cosas de un modo distinto al usual, debe ser siempre evitado. En la vida pública, en la vida profesional, en los detalles de la vida ordinaria hemos de proceder con absoluta naturalidad. Llamar la atención, adoptar actitudes raras es contrario a nuestro espíritu. Cuando se llegue al otro lado, repetid a los que allí están que sigan el camino que les marcan sus condiciones, su situación, su edad. Obrar, como todos; vivir normalmente, naturalmente. Estamos en el mundo para renovarlo, para traerlo a Cristo; pero somos del mundo y en él vivimos, y en todas sus clases y esferas hemos de confundirnos con los que las constituyen; que no se nos considere nunca cosa aparte, seres extraños. Repetimos, ahora, en estas circunstancias, nuestra recomendación de siempre: singularizarse, no; sencillez, naturalidad en todo momento»[31].

Finalmente, Escrivá –que en una meditación comparaba a sus hijos con los «volcanes cubiertos de nieve que hacen contrastar con el hielo de fuera el fuego que devora sus entrañas»[32]– recordó a menudo que la entraña de la Obra llevaba consigo la búsqueda de la santidad en las cosas pequeñas de una jornada cualquiera: «Espera tu hora y prepárate para ella con la oración, con el escrupuloso y fiel cumplimiento de tus pequeños deberes actuales, con una conducta que atraiga otras almas a la Obra»[33]. Así, utilizó el símil de «aquellos obreros que en tiempos pasados aplicaban su esfuerzo, perseverante y anónimo, al levantamiento de una catedral: del trabajo constante y obscuro surgían un día sillares bien tallados; otro, un pilar esbelto; después, un recio muro; finalmente, una cúpula, donde los adornos en piedra se multiplicaban»[34].

Ahora bien, lo pequeño comenzaba en el servicio amable a los demás: «¡Qué difícil y qué importante es tener caridad en los detalles! ¡Cuántas veces se nos escapa, refiriéndonos a nuestro prójimo, la palabra dura, el juicio condenatorio, el gesto ofensivo! ¿Por qué? ¿Nos pide acaso Dios que los juzguemos? ¿No nos exige, al contrario, que cubramos sus miserias con la capa de la caridad? ¿Por qué hemos de hablar crudamente de nadie, aun cuando tengamos razón en nuestras críticas?»[35]. Concretamente, un aspecto de la caridad consistía en saber comprender los defectos de los demás, sin caer en la murmuración: «Evitando la censura, aunque sea justa, de nuestro prójimo, evitaremos también el convertirnos, poco a poco, en unos chinches que se distraen llevando chismes de una parte a otra; y también el ser, entre nosotros, un cardo que hiere a todo el que se le aproxima»[36].

En definitiva, no podían esperar a las grandes ocasiones o a que llegase la paz. Allí donde estaban, en una legación y en medio de una guerra, Dios les llamaba: «Parece, al decir esto, que Jesús nos dice: “¿Oyes, hijo mío? Cuídame las cosas pequeñas, seme fiel en ellas”. No son las circunstancias de ahora, son las de ayer, las de siempre, las que dictan esas pequeñas mortificaciones. Que cada uno se examine acerca de esto y vea en qué puede vencerse»[37].


[1] Carta de José María Escrivá a los miembros de la Obra en Valencia, Madrid, 5-V-1937, en Archivo General de la Prelatura del Opus Dei (en adelante, AGP), serie A.3.4, 254-1, 370505-1.

[2] Diario de Isidoro Zorzano, 25-IV-1937. Consideraciones espirituales era un libro con cuatrocientos cuarenta aforismos espirituales, publicado por el fundador del Opus Dei en 1934. En 1939, Escrivá lo amplió hasta llegar a los novecientos noventa y nueve puntos, y lo publicó con el título de Camino (cf. Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino. Edición crítico-histórica, o. c., pp. 94-102, y 178-181). Pedro Rodríguez ha identificado noventa y ocho puntos de Camino que proceden de la etapa en la que el fundador de la Obra estuvo en legación de Honduras (cf. Ibidem, pp. 94-102, y 178-181).

[3] Los originales se encuentran en la carpeta AGP, serie A.4, 45-3. Son cuarenta y siete meditaciones y pláticas dadas del 6 al 12 de abril y del 11 de mayo al 30 de agosto de 1937. Fueron redactadas por Eduardo Alastrué; en alguna ocasión, el propio José María Escrivá hizo alguna anotación marginal. El fundador comentó que «aunque, muchas veces, no recogen bien lo que les he dicho (otras, sí), procuro que sigan haciendo notas, porque siempre os pueden hacer algún provecho» (Carta de José María Escrivá a Isidoro Zorzano, Madrid, 1-VII-1937, en AGP, serie A.3.4, 254-3, 370701-4).

[4] Carta de José María Escrivá a los miembros de la Obra en Valencia, Madrid, 1-VII-1937, en AGP, serie A.3.4, 254-3, 370701-2.

[5] Cf. Diario de Isidoro Zorzano, 29-VI-1937; y Carta de José María Escrivá a los miembros de la Obra en Madrid, Madrid, 14-VII-1937, en AGP, serie A.3.4, 254-3, 370714-3.

[6] Meditación, 3 al 4-VI-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-16.

[7] Meditación, 30-VIII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-46.

[8] Ibidem.

[9] Meditación, noche del 3 al 4-VI-1937, AGP, serie A.4, 45-3-16.

[10] Meditación, 19-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-35.

[11] Meditación, 21-V-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-13.

[12] Meditación, 9-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-4.

[13] Ibidem.

[14] Meditación, 25-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-37.

[15] Ibidem.

[16] Meditación, 10-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-5.

[17] Meditación, 11-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-33.

[18] Meditación, 24-VIII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-41.

[19] Ibidem.

[20] Meditación, 19-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-35.

[21] Meditación, 19-V-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-12.

[22] Meditación, 6-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-1.

[23] Meditación, 8-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-3.

[24] Meditación, 7-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-2. La mención de San Pablo parece es una paráfrasis de 2 Cor 11, 29.

[25] Ibidem.

[26] Meditación, 1-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-29.

[27] Meditación, 29-VIII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-45.

[28] Meditación, 26-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-38.

[29] Meditación, 1-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-29.

[30] Meditación, 26-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-38.

[31] Meditación, 23-VI-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-21.

[32] Meditación, 6-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-31.

[33] Meditación, 4-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-30.

[34] Meditación, 6-VII-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-31.

[35] Meditación, 19-VI-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-18.

[36] Ibidem.

[37] Meditación, 12-IV-1937, en AGP, serie A.4, 45-3-6.

 

 

La comunión de los santos: más unidos que nunca

Trabajar por dentro, rezar, acompañar y velar por las personas a las que queremos, lejanas quizá, pero muy cerca de nuestro corazón cristiano. Y por todos. Es un programa de vida espiritual espléndido para estos días duros de confinamiento y cuarentena.

OTROS31/03/2020

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“No os dejaré huérfanos” (Jn 14, 18). Son palabras cariñosas de Jesús a sus apóstoles –sus amigos, como le gusta llamarlos— en su despedida terrena antes de encaminarse a su pasión. No quiere que se sientan solos en los momentos difíciles que van a llegar. Es lógico que os pongáis tristes –parece decir— cuando presenciéis mi pasión y muerte en la cruz; pero será una tristeza pasajera. Enseguida “os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 15,11).

La mejor de las compañías

Nada ni nadie quita la alegría de un corazón cristiano que se sabe siempre acompañado por el amor más grande que se pueda soñar. El amor infinito e incondicional de un Dios que me ha creado, redimido y perdonado tantas veces. Un Dios que, por amor, se ha hecho uno de nosotros para hacerse lo más cercano posible, compartir nuestra historia y morir por unos pecados que no fueron los suyos. Un amor que no conoce límites, más fuerte que la muerte. Dios –Jesucristo, siempre vivo­— está a nuestro lado siempre. Lo prometió él explícitamente: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

En esta situación peculiar, difícil ­–con tonos dramáticos—que estamos viviendo con la expansión de la pandemia del Covid-19, las verdades de nuestra fe –como esta de la continua presencia amorosa de Dios a nuestro lado—nos llenan de consuelo y esperanza.

NO ESTAMOS NUNCA SOLOS. JESUCRISTO VIVO ESTÁ A NUESTRO LADO Y NOS ACOMPAÑA SIEMPRE. ES UNA PRESENCIA REAL, NO IMAGINARIA

No estamos nunca solos. Jesucristo vivo está a nuestro lado y nos acompaña siempre. Es una presencia real, no imaginaria. Una presencia poderosa, íntima, cercana. La presencia de Jesucristo que, unido al Padre en el Espíritu, se hace más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad: intimior intimo meo, decía san Agustín con la pasión de la propia experiencia.

Esto días son una ocasión preciosa para mirar adentro, orar, descubrir – o revitalizar— esa presencia de Dios en nuestras vidas. Junto al Hijo, el Padre y el Espíritu Santo, Tres Personas cercanísimas, que me llaman por dentro y por fuera; que me buscan, que abren en nuestra intimidad —cuando sabemos escuchar y aceptar libremente el don— un diálogo apasionante, lleno de luz y de consuelo. Un diálogo que resuena, a veces de modo inefable, en lo más hondo de nuestro espíritu.

Estamos creados para esa compañía. Dios es la mejor de las compañías: la que nos llena de verdad, la que da un sentido nuevo, por el amor, a todas las situaciones, también a esas del dolor y de la muerte que se presentan con su aparente sinsentido desgarrador.

“Si conocieras el don de Dios” (Jn 4,10), decía Jesús a la samaritana, invitándola así a no dejar de buscar. Si estos días de encerramiento forzoso descubriéramos un poco más el don de Dios... La invitación resuena siempre en nuestras vidas, llamándonos —más aún cuando la dificultad arrecia— a buscar sin desfallecer. Cómo nos negará Dios su don si nos sentimos necesitados y lo pedimos y lo buscamos…

La comunión de los santos

Dios nos acompaña también a través de la cercanía de los demás. Una cercanía que va más allá de la presencia física, para adentrarse en los misterios de nuestra unión con Dios. El amor nos une. Qué bien se entiende esto cuando no podemos estar físicamente junto a las personas que amamos. El amor supera los límites de espacio y tiempo para unir a las personas lejanas que se aman de verdad en el Amor que todo lo une, que tiene un rostro de Persona del que todos los demás rostros participan. Es una de las verdades de nuestra fe que rezamos tantas veces en el credo: “creo en la comunión de los santos”.

La comunión de los santos es una realidad maravillosa ­—en cierto modo es la misma Iglesia—por la que todos los creyentes forman un solo cuerpo con Cristo, que es la cabeza. La vida de Cristo en el Espíritu Santo se hace extensiva a todos los que estamos unidos a Él y unidos entre nosotros como miembros de su mismo cuerpo, explica el Catecismo de la Iglesia Católica (cfr. n. 947).

EL AMOR NOS UNE. QUÉ BIEN SE ENTIENDE ESTO CUANDO NO PODEMOS ESTAR FÍSICAMENTE JUNTO A LAS PERSONAS QUE AMAMOS

Así también leemos que la expresión “comunión de los santos” tiene dos significados estrechamente relacionados: “comunión en las cosas santas” y “comunión entre las personas santas” (n. 948).

Los bienes espirituales son un “fondo común” que hay en la Iglesia, unos dones universales e ilimitados porque vienen de Dios en Cristo. Cristo es la fuente inagotable de la que proceden esos bienes: la fe común, la gracia de los sacramentos y los dones, carismas y bienes materiales que se distribuyen entre los miembros del mismo cuerpo de Cristo (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 949-952).

El fruto de los sacramentos pertenece a todos. La vida y la gracia que recibe cualquier miembro del cuerpo repercute en el cuerpo entero. Lo bueno que le ocurre a uno es algo bueno que le ocurre a todos los demás.

Cuánto nos puede ayudar esta verdad de nuestra fe a sentirnos muy unidos a todos, especialmente en situaciones difíciles. Lo que yo rezo es un bien para todos mis hermanos en la fe, para todos aquellos a los que amo, aunque estén lejos físicamente, incluso aunque no los conozca. Todo lo que une a Cristo, todo lo que viene de él, es compartido por todos, nos ayuda a todos. Los sacramentos, que en estos momentos en muchos sitios están limitados, están actuando para todos. Aunque solo se celebrara una eucaristía en el planeta, vivimos todos de ella, porque en ella se hace actual la fuente infinita de la redención: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

LOS SACRAMENTOS, QUE EN ESTOS MOMENTOS EN MUCHOS SITIOS ESTÁN LIMITADOS, ESTÁN ACTUANDO PARA TODOS

Mi amor a Dios con una oración serena y confiada, mis devociones a santa María, a san José, a los santos; mi trabajo, mis deberes cotidianos hechos con amor, mis contrariedades llevadas con paciencia… todo es un bien para toda la Iglesia: para mis familiares, mis amigos, mis seres queridos…; también para aquellos que pasan más necesidad, quizá desconocidos, pero nunca ignorados; para los difuntos; ¡para todos! Los enfermos, moribundos, afectados por la situación, están recibiendo la vida de Dios también a través de mi unión con Dios: mi oración, mi penitencia, mi trabajo, mi servicio en casa, mis detalles cotidianos de amor, etc.

El amor que me lleva a procurar un servicio, un consuelo, una atención material es el mismo amor que, con sentido sobrenatural, me lleva a rezar y ofrecer pequeños sacrificios por personas, quizá lejanas físicamente, pero cercanísimas en el corazón de Cristo. Se trata de una ayuda real, y de un amor y de un cariño efectivo.

Más juntos que nunca

“Ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo” (Rm 14, 7). “Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él” (1 Co 12, 26-27). Dice el Catecismo: “El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos” (n. 953).

Todos estamos juntos por la participación en la misma vida de Cristo. Todos nos ayudamos, todos nos acompañamos. Todos juntos: con los santos del cielo a los que acudimos como intercesores; con los difuntos que ya nos dejaron y que aún se purifican (por los que rezamos). Todos juntos, unidos a Cristo, los que peregrinamos aquí en la tierra, a veces en medio de dificultades y sufrimientos. ¡Todos juntos!

Con esta realidad de fondo de nuestra fe, qué acompañados nos sentimos, con qué fuerza hemos de actuar, con qué seguridad y confianza. Siempre ha sido una tradición en la Iglesia acudir a la intercesión de los santos a los que tenemos devoción. Y con la fuerza de su compañía y de nuestra unión con Dios, estar pendientes unos de otros, ayudándonos por esta comunión de los santos.

EN ESTA APARENTE INACTIVIDAD,CONTAMOS CON LA POSIBILIDAD DE TRABAJAR MUCHO POR DENTRO Y ACOMPAÑAR A CADA UNO DE VUESTROS HERMANOS EN PELIGRO

San Josemaría, en unas circunstancias durísimas de guerra y persecución, tuvo que vivir un aislamiento forzoso –verdadero hacinamiento—con algunos de sus hijos espirituales. Fue entre los meses de abril y agosto de 1937, en una minúscula estancia de la Legación de Honduras en Madrid, durante la Guerra civil en España. Se conservan algunos textos tomados de su predicación durante aquellos días.

Lleno de preocupación y dolor por tantas personas queridas, físicamente lejanas y desperdigadas por la geografía, sin poder tener contacto alguno con ellas; y al mismo tiempo lleno de serenidad y sentido sobrenatural y confianza en Dios, decía: “Por la comunión de los santos, nunca podemos sentirnos solos, pues constantemente nos llegan alientos espirituales… La consideración de esta realidad nos impulsa a un detenido examen de nuestra conducta en este lugar, que es como una prisión para nosotros. Porque aquí, en esta aparente inactividad, contamos con la posibilidad de trabajar mucho por dentro y acompañar a cada uno de vuestros hermanos en peligro, y velar por ellos” (Notas de la meditación del 8-IV-1937).

NO TENEMOS MÁS REMEDIO QUE RECORTAR NUESTRA ACTIVIDAD, PERO… ¡NO RECORTAMOS NUESTRO AMOR!

Trabajar por dentro, rezar, acompañar y velar por las personas a las que queremos, lejanas quizá, pero muy cerca de nuestro corazón cristiano. Y por todos. Es un programa de vida espiritual espléndido para estos días duros de confinamiento y cuarentena. No tenemos más remedio que recortar nuestra actividad, pero… ¡no recortamos nuestro amor! No cesamos de enviar, a través de esta comunión de vida y de amor en la Iglesia, nuestra ayuda a todos, a toda la humanidad. Manifestamos nuestra cercanía a través de los medios a nuestro alcance. No recortamos, al revés, ampliamos nuestra oración diaria por todos, verdadera ayuda espiritual para los demás. Y nos sentimos acompañados y queridos más que nunca.

Si los santos nos acompañan y nos ayudan desde el cielo —decía san Josemaría en aquella misma ocasión—, con cuánta más razón se ocupará de nosotros nuestra Madre Inmaculada. ¡Qué confianza nos da su intercesión! Y acudimos también a san José, al que Dios puso al frente de su familia en la tierra, para que nos cuide y nos enseñe a cuidar a todos con generosidad, viviendo esta compañía y unión de todos en el amor de Dios.

José Manuel Fidalgo Alaiz

 

 

Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios

El lenguaje de la oración es misterioso: no podemos controlarlo pero, poco a poco, experimentamos que cambia nuestro corazón.

VIDA CRISTIANA31/03/2020

Territorio de Perea, al este del Jordán, en la actual Jordania. En la cima de una colina elevada mil cien metros sobre el Mar Muerto se yergue, imponente, la fortaleza de Maqueronte. Allí, Herodes Antipas ha encarcelado a Juan el Bautista (cfr. Mc 6,17)[1]. La mazmorra, fría y húmeda, se encuentra excavada en la roca. Todo está oscuro. Reina el silencio. Un pensamiento atormenta a Juan: el tiempo pasa y Jesús no se manifiesta con la claridad que él esperaba. Ha tenido noticia de sus obras (cfr. Mt 11, 2), pero no parece hablar de sí mismo como el Mesías. Y, cuando le preguntan directamente, calla. ¿Es posible que Juan se haya equivocado? ¡Pero él lo vio claramente! ¡Vio al Espíritu bajar del cielo como una paloma y permanecer sobre él! (cfr. Jn 1,32-43). De manera que, intranquilo, manda a unos discípulos para que pregunten al Maestro: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?» (Mt 11, 3).

Jesús responde de una forma inesperada. En lugar de dar una contestación directa, dirige la atención hacia sus obras: «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio». Una respuesta un poco incierta pero suficientemente clara para quien conozca los signos que las antiguas profecías de la Sagrada Escritura habían anunciado como propios del Mesías y de su Reino: «¡Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán!» (Is 26,19); o «entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos» (Is 35,5). Por eso el Señor, animando a Juan a confiar, concluye: «Y bienaventurado el que no se escandalice de mí» (Mt 11,6).

En esta escena podemos reconocer la situación del hombre que, de manera similar a Juan, cree no escuchar a Dios en la oración. Es entonces cuando Jesús invita a cambiar de perspectiva, abandonando la búsqueda de certezas humanas, y entrar en ese misterioso juego en el que el Señor habla a través de sus obras y de la Sagrada Escritura. En aquellas palabras finales –«bienaventurado el que no se escandalice de mí»– descubrimos una llamada a perseverar con fe en la oración, aunque a veces Dios no nos responda como esperamos.

Gestos que pueden romper el silencio

ESTAR EN GUARDIA FRENTE A UNA LA TENTACIÓN DE PENSAR: SI DIOS NO ME RESPONDE, ¿PARA QUÉ REZAR?

Con frecuencia, quien comienza a orar ha de enfrentarse al aparente silencio de Dios: “Yo le hablo, le cuento mis cosas, le pregunto acerca de lo que debo hacer, pero él no me responde, no me dice nada”. Se trata de la antigua queja de Job: «Clamo a ti y no me respondes, permanezco ante ti y no me miras» (Jb 30,20). Es fácil entonces que aparezca el desconcierto: “Siempre he oído decir que la oración es diálogo pero a mí Dios no me dice nada. ¿Por qué? Si, como dicen, a las demás personas Dios les habla… ¿por qué a mí no? ¿Qué estoy haciendo mal?”. Son las dudas del hombre que ora que, en algunos momentos, pueden convertirse en una tentación contra la esperanza: “Si Dios no me responde, ¿para qué rezar?”. O, incluso, si ese silencio se interpreta como ausencia, en una tentación contra la fe: “Si Dios no me habla, entonces no está”.

¿Qué decir ante esto? En primer lugar, que negar la existencia de Dios a causa de su aparente silencio no es algo lógico. Dios podría elegir callar, por los motivos que fueran, y eso no añadiría nada a su existencia o no existencia, ni a su amor por nosotros. La fe en Dios –y en su bondad– está por encima de todo. En todo caso, puede ser una ocasión para implorar con el salmista, llenos de fe y confianza: «¡Dios mío! No estés callado, no guardes silencio, no te quedes quieto, ¡Dios mío!» (Sal 83,2).

Tampoco debemos dudar de nuestra capacidad de escuchar a Dios. Hay resortes en el interior del hombre que, con la ayuda de la gracia, le permiten escuchar el lenguaje de Dios, por más que esa capacidad esté oscurecida por el pecado original y por los propios pecados. El primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica comienza precisamente con esta afirmación: “El hombre es capaz de Dios”. San Juan Pablo II lo explicaba así: “El hombre, como dice la tradición del pensamiento cristiano, es capax Dei: capaz de conocer a Dios y de acoger el don de sí mismo que él le hace. En efecto, creado a imagen y semejanza de Dios, está capacitado para vivir una relación personal con él”[2]; relación personal que toma la forma de un diálogo hecho de palabras y gestos[3]. Y, a veces, solo de gestos, como sucede también en el amor humano.

DIOS NOS HABLA PERMANENTEMENTE A TRAVÉS DE SUS OBRAS Y DE SU ACCIÓN EN NUESTRAS ALMAS

Así, por ejemplo, del mismo modo que entre dos personas un cruce de miradas puede constituir un silencioso diálogo –hay miradas que hablan–, la conversación confiada del hombre con Dios puede tomar también esa forma: la de «un mirar a Dios y sentirse mirado por Él. Como aquella mirada de Jesús a Juan, que decidió para siempre el rumbo de la vida del discípulo»[4]. Dice el Catecismo que «la contemplación es mirada de fe»[5] y, muchas veces, una mirada puede ser más valiosa y estar más cargada de contenido, de amor y de luz para nuestras vidas, que una larga sucesión de palabras. San Josemaría, precisamente hablando de la alegría que genera una vida contemplativa, afirmaba que «el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas»[6]. Sentir esa mirada, y no solo saberse mirados, es un don que podemos implorar con humildad, como «mendigos de Dios»[7].

Jamás habló así hombre alguno

Santa Teresa de Calcuta decía que «en la oración vocal hablamos a Dios; en la mental, él nos habla a nosotros; se derrama sobre nosotros»[8]. Se trata de una manera de explicar lo inefable: Dios nos habla derramándose sobre nosotros. Y es que, en realidad, la oración tiene mucho de misterio. Este encuentro misterioso entre Dios y la persona que ora tiene lugar de muchas maneras, pero algunas de ellas no son evidentes a primera vista, totalmente comprensibles, o fácilmente constatables. El mismo Catecismo de la Iglesia nos lo advierte: «Tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente)»[9]. Como Juan Bautista, muchas veces ansiamos una evidencia que no siempre es posible en el terreno de lo sobrenatural.

El modo en el que Dios habla al alma nos excede, no podemos comprenderlo del todo: «Misterioso es para mí este saber; demasiado elevado, no puedo alcanzarlo» (Sal 139,6). En efecto, nuestro alfabeto no es el alfabeto de Dios, nuestro idioma no es su idioma, nuestras palabras no son sus palabras. Cuando Dios habla no necesita hacer vibrar cuerdas vocales, y el lugar donde se le escucha no es el oído, sino el punto más recóndito y misterioso de nuestro ser, que unas veces llamamos corazón y otras veces conciencia[10]. Dios habla con la realidad que él es y a la realidad que nosotros somos, del mismo modo que una estrella no se relaciona con otra estrella con palabras, sino con la fuerza de la gravedad. Dios no necesita hablarnos con palabras –aunque también pueda hacerlo–; le basta con sus obras y con la secreta acción del Espíritu Santo en nuestras almas, moviendo nuestro corazón, inclinando nuestra sensibilidad o iluminando nuestra mente para atraernos dulcemente hacia sí. Puede que, en un primer momento, no seamos ni siquiera conscientes de ello, pero el paso del tiempo nos ayudará a distinguir esos efectos suyos en nosotros: quizás nos habremos hecho más pacientes, o más comprensivos, o trabajaremos mejor, o valoraremos más la amistad… en definitiva, amaremos cada vez más a Dios.

Por eso, al hablar de la oración, el Catecismo de la Iglesia señala que «la transformación del corazón es la primera respuesta a nuestra petición»[11]. Una transformación generalmente lenta y paulatina, a veces imperceptible, pero totalmente cierta, que hemos de aprender a reconocer y a agradecer. Así lo hacía san Josemaría el 7 de agosto de 1931: «Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. —Al encomendar mis intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina»[12]. Ese cambio interior, reconocido en la oración, es un modo en el que habla Dios… ¡y qué modo! Entonces se entiende aquello que los alguaciles del Templo dijeron de Jesús: «Jamás habló así hombre alguno» (Jn 7,46). Dios habla como nadie más puede hacerlo: cambiando el corazón.

LOS FRUTOS DE PERSEVERAR CON AMOR EN NUESTROS RATOS DE ORACIÓN

La palabra de Dios es eficaz (cfr. Hb 4,12), nos cambia, su acción en el alma nos supera. Así lo dice el mismo Yaweh por boca de Isaías: «Tan elevados como son los cielos sobre la tierra, así son mis caminos sobre vuestros caminos y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos. Como la lluvia y la nieve descienden de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, la fecundan, la hacen germinar, y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que hará lo que Yo quiero» (Is 55,9-11). Esta eficacia misteriosa nos invita también a la humildad, que “es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración”[13], porque nos ayuda a confiar y a abrirnos a la acción de Dios.

La tremenda libertad de Dios

Dios habla cuando quiere. No podemos poner raíles al Espíritu Santo. No está en nuestra mano dirigir su acción en nuestras almas. En una ocasión, san Josemaría señalaba que Jesucristo, presente en el Sagrario, «es un Señor que habla cuando quiere, cuando menos se espera, y dice cosas concretas. Después calla, porque desea la respuesta de nuestra fe y de nuestra lealtad»[14]. En efecto, se entra en oración no por la puerta del sentimiento –ver, oír, sentir– sino «por la puerta estrecha de la fe»[15], manifestada en el cuidado y la perseverancia que ponemos en nuestros ratos de oración; aunque a veces no lo veamos inmediatamente, estos siempre tienen fruto.

Así le ocurrió también muchas veces al fundador del Opus Dei; por ejemplo, el 16 de octubre de 1931, según nos lo relata él mismo: «Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa»[16]. San Josemaría intenta, aparentemente sin éxito, hacer la oración en un lugar recogido. Sin embargo, pocos minutos después, en el bullicio de un tranvía lleno de gente, al empezar a leer las noticias del día, es arrebatado por la gracia de Dios y tiene «la oración más subida» que nunca tuvo, según sus propias palabras.

Muchos otros santos han sido testigos de esa libertad de Dios para hablar al alma cuando quiere. Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, lo explicaba con la imagen de la leña y el fuego. Muchas veces le había ocurrido que, a pesar de poner todo su esfuerzo –la leña–, finalmente la oración –el fuego– no brotaba. Escribe: “Me reía de mí y gustaba de ver la bajeza de un alma cuando no anda Dios siempre obrando en ella. (...) Aunque pone leña y hace eso poco que puede de su parte, no hay arder el fuego de su amor. (...) Entonces un alma, aunque se quiebre la cabeza en soplar y concertar los leños, parece que todo lo ahoga más. Creo es lo mejor rendirse del todo a que no puede nada por sí sola”[17], porque Dios habla cuando quiere.

Pero, a la vez, Dios nos ha hablado muchas veces; mejor, no deja en ningún momento de hablarnos. En cierto modo, aprender a orar es aprender a reconocer la voz de Dios en sus obras, como el mismo Jesús hizo ver a san Juan Bautista. El Espíritu Santo no cesa de actuar en nuestro interior, por eso san Pablo podía recordar a los Corintios que «nadie puede decir: “¡Señor Jesús!”, sino por el Espíritu Santo» (1 Cor 12,3). Eso nos llena de paz. Quien pierde esto de vista, puede caer fácilmente en la desesperanza: «Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos»[18]. Para no desanimarnos nunca en la oración, es necesario tener una gran confianza en el Espíritu Santo y en su multiforme y misterioso actuar en nuestras almas: «El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26).

José Brage


[1] Cfr. Flavio Josefo, Antigüedades judías, 18, 5, 2.

[2] San Juan Pablo II, Audiencia General, 26-VIII-1998.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567.

[4] San Josemaría, Apuntes tomados en una meditación el 9-I-1959; en Mientras nos hablaba en el camino, p. 98.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2715.

[6] San Josemaría, Homilía “Hacia la santidad”, Amigos de Dios, n. 307.

[7] Cfr. San Agustín, Sermón 56, 6, 9.

[8] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona, 2012, p. 23.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2727.

[10] «La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (GS 16)», Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1776.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2739.

[12] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 217, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1997, tomo I, pp. 380-381.

[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[14] San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar el 18-VI-1972. ((Crónica, 2000, p. 243))

[15] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2656.

[16] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 334, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, I, p. 389.

[17] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, Monte Carmelo, Burgos, 1977, Cap. XXVII.

[18] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2726.

 

 

Esta crisis mundial del coronavirus nos incita a reflexionar sobre el sentido de nuestra vida

Redescubrir una nueva cercanía

La crisis mundial del coronavirus nos incita a reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas y de la marcha del mundo. El Papa Francisco ha concedido dos breves entrevistas, en los periódicos La Repubblica (18-III-2020) y La Stampa (20-III-2020). En ellas da algunos consejos para vivir estos días dramáticos y propone redescubrir una nueva cercanía basada en la fraternidad.

 

El valor de lo concreto

1. En primer lugar se refiere a la valoración de las cosas pequeñas, de lo concreto, de los cuidados que podemos prestar a nuestros familiares y amigos: “Hay gestos mínimos, que a veces se pierden en el anonimato de la vida ordinaria, gestos de ternura, afecto, compasión que, sin embargo, son decisivos, importantes. Por ejemplo, un plato caliente, una caricia, un abrazo, una llamada telefónica… Son gestos familiares de atención a los detalles de cada día que hacen que la vida tenga sentido y que haya comunión y comunicación entre nosotros” (Entrevista 18-III)

Subraya el Papa que deberíamos descubrir lo que llama “una nueva cercanía”. Y la describe como “una relación concreta hecha de cuidados y paciencia”, que mejore la relación en las familias entre padres e hijos, más allá de la televisión y de los teléfonos móviles, que atienda las necesidades, esfuerzos y deseos de cada uno. “Hay –afirma Francisco– un lenguaje hecho de gestos concretos que hay que salvaguardar. En mi opinión, el dolor de estos días debe abrirnos a lo concreto” (Ib.).

 

Estar cerca, abrir a la esperanza

Cuando muchos han perdido a sus seres queridos y otros muchos están luchando por salvar otras vidas, el Papa reza por todos y les apoya como sucesor de Pedro, y les agradece ser ejemplo de esa sensibilidad hacia lo concreto. “Y pido –añade–­ que todos estén cerca de los que han perdido a sus seres queridos y traten de estar cerca de ellos de todos los modos posibles. El consuelo debe ser ahora el compromiso de todos” (Ib.).

Dice Francisco que le ha impresionado un artículo de Fabio Fazio sobre las cosas que está aprendiendo estos días. Entre otras, la cuestión ética de los impuestos, que permiten contar con suficientes camas y aparatos de respiración en estas circunstancias. Significativa, para captar el talante del Papa en estos días, es su respuesta cuando le preguntan: ¿Cómo puede vivir con esperanza estos días alguien que no cree? Vale la pena recoger esa respuesta, para poder leerla detenidamente:
“Todos somos hijos de Dios y estamos bajo su mirada. Incluso aquellos que aún no han encontrado a Dios, los que no tienen el don de la fe, pueden encontrar ahí su camino, en las cosas buenas en las que creen: pueden encontrar la fuerza en el amor a sus hijos, a su familia, a sus hermanos y hermanas. Uno puede decir: “No puedo rezar porque no soy creyente”. Pero al mismo tiempo, sin embargo, puede creer en el amor de la gente que le rodea y encontrar ahí la esperanza”(Ib.).

 

Solidaridad y oración

2. Para vivir esta Pascua ‘a puerta cerrada’ que se avecina, Francisco propone una respuesta con tres palabras: penitencia, compasión y esperanza, con el complemento de la humildad, “porque muchas veces se nos olvida que en la vida hay ‘zonas oscuras’, momentos oscuros. Pensamos que eso solo le puede pasar a otro. En cambio, este tiempo es oscuro para todos, sin exclusión. Está marcado por dolor y sombras que se nos han metido en casa. Es una situación diferente de las que hemos vivido. También porque nadie puede permitirse estar tranquilo, cada uno comparte estos días difíciles” (Entrevista 20-III-2020).

En esa línea, propone el Papa que la Cuaresma nos puede ayudar a encontrar un sentido a lo que nos está sucediendo, en la medida en que “nos entrena para ver con solidaridad a los demás, sobre todo a los que sufren. Esperando el resplandor de la luz que iluminará nuevamente todo y a todos” (Ib.).

Este es un tiempo–continúa en sus respuestas– en que se redescubre la importancia de rezar, como los apóstoles cuando clamaban al Señor: Maestro, nos estamos ahogando: “La oración –explica Francisco– nos deja comprender nuestra vulnerabilidad. Es el grito de los pobres, de los que se están hundiendo, de los que se sienten en peligro, solos. Y, en una situación difícil, desesperada, es importante saber que está el Señor, y que nos podemos aferrar a Él” (Ib.). Entonces Dios nos transmite fuerza y cercanía. Como a Pedro, nos da la mano para sacarnos en medio de la tormenta.

De nuevo le preguntan acerca de los no creyentes: ¿dónde pueden encontrar consuelo y ánimo?. Y responde en la línea de la anterior entrevista, aclarando que no quiere distinguir entre creyentes y no creyentes: “Todos somos humanos y, como hombres, todos estamos en la misma barca. Y para un cristiano nada humano debe ser ajeno. Aquí se llora porque se sufre. Todos. Tenemos en común la humanidad y el sufrimiento. Nos ayudan la unión, la colaboración recíproca, el sentido de responsabilidad y el espíritu de sacrificio que se genera en tantos lugares. No hay que distinguir entre creyentes y no creyentes, hay que ir a la raíz: la humanidad. Ante Dios todos somos hijos” (Ib.).

 

Raíces, fraternidad y esperanza

Ante los casos de los enfermos que están muriendo solos y aislados, el Papa valora y agradece el consuelo y la cercanía que presta el personal sanitario, que ocupa la primera fila de esta batalla: “Agradezco a todos esos enfermeros y enfermeras, médicos y voluntarios que, a pesar del extraordinario cansancio, se inclinan con paciencia y bondad de corazón para suplir la ausencia obligada de los familiares” (Ib.).
Al final le preguntan en qué sentido podrá servir esta experiencia para el futuro. El Papa ve aquí una oportunidad para redescubrir la fraternidad universal: “Para recordar a los hombres de una vez por todas que la humanidad es una única comunidad. Y lo importante y decisiva que es la fraternidad universal. Tenemos que pensar que será como después de una guerra. Ya no estará ‘el otro’, sino que estaremos ‘nosotros’. Porque solo podremos salir de esta situación todos juntos” (Ib.).

Como seres humanos, concluye, tendremos que recomenzar desde ahí: “Tendremos que ver una vez más las raíces: los abuelos, los ancianos. Construir una verdadera fraternidad entre nosotros. Hacer memoria de esta difícil experiencia vivida entre todos, todos juntos. Y salir adelante con esperanza, que nunca desilusiona. Esas serán las palabras clave para volver a comenzar: raíces, memoria, hermandad y esperanza” (Ib.).

Ramiro Pellitero

 

Fallece don José Antonio Galera

José Ramón Vindel

photo_cameraLibro de José Antonio Galera.

Acaba de fallecer don José Antonio Galera, sacerdote, que durante 30 años fue rector de la basílica de San Miguel, en Madrid.

Le conocí en mis primeros pasos por el Centro Cultural Gurtubay, allá por los años 60, y he podido acompañarle casi hasta el final de sus días cuando ya estaba muy enfermo y deteriorado. 

Era hijo del capitán general Galera Paniagua, que participó intensamente en la Guerra Civil. Amigo de Franco, recibió el encargo del comisariado de Marruecos en la época de la posguerra.

De hecho, don José Antonio nació en Tetuán y tuvo siempre a gala una muy buena relación con el Islam. Incluso escribió libros para explicar la mentalidad musulmana.

Estudió la carrera de Derecho brillantemente. Antes de ordenarse sacerdote, trabajó unos años en temas jurídicos. Muy implicado en la vida universitaria fue un tiempo director de Colegios Mayores para estudiantes.

Durante unos años recibió el encargo del Prelado del Opus Dei de ayudar a los nuevos sacerdotes de la Prelatura en su formación más próxima a la ordenación.

Era muy valorada su predicación, tanto en las Misas como en retiros espirituales. Lo preparaba con mucha atención y resultaba muy formativo y grato al escucharle.

De hecho, durante años cumplió el encargo de mantener un programa de televisión, todas las semanas: unos minutos hablando de la Fe Cristiana. Mantuvo unos años relación con Portugal, ayudando a los cristianos durante situaciones complicadas en la transición política.

Ya al final de su vida le apareció un deterioro cognitivo que le invalidaba para cualquier tarea. Lo llevó con una enorme humildad y espíritu de santificarse: se pasaba el día rezando y solo respondía a las cosas que le relacionaban con Dios.

Ha estado sin quejarse en ningún momento durante los años de internamiento en el hospital hasta que el Señor se lo ha llevado pacíficamente. Descanse en paz.

 

 

Virus corporales y virus espirituales

Pedro María Reyes

Coronavirus.

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano» (Jn 11, 20). El reproche de Marta al Señor, que leemos en el Evangelio del último domingo, nos interpela especialmente en esta época de pandemia de Coronavirus. Sabemos que Jesús puede acabar con este maldito virus con un solo movimiento de su voluntad. Si Él quisiera, mañana mismo desaparecería el Covid-19 de la faz de la tierra y todos los enfermos volverían a la salud, sin siquiera esperar el tiempo establecido para la recuperación, igual que curó instantáneamente a la suegra de San Pedro, que no necesitó de periodo de convalecencia antes de volver a su vida normal.

Llama la atención que el milagro de Betania sea, por así decirlo, muy teatral. Primero tarda en decidir el viaje, cuando llega espera que se reúna a su alrededor la muchedumbre que estaba consolando a las dos hermanas, manda que abran la sepultura, y después da órdenes en voz alta para que todos lo escuchen.

Tampoco necesitaba Jesús ir a Betania a resucitar a Lázaro. Podría haberlo curado a distancia: no tenía necesidad de viajar. Ni siquiera era obstáculo que Lázaro ya estuviera muerto: su poder omnipotente no está limitado por el espacio ni por el tiempo. ¿Por qué quiso el Señor que su milagro fuera un espectáculo?

Pienso que es el Señor mismo el que responde a esta pregunta, en la invocación que hace al Padre Eterno, cuando anuncia el milagro que va a hacer: «yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado» (Jn 11, 42). Quiso hacer que su milagro fuera una escena pública para excitar la fe de los que estaban presentes, e indirectamente también de todos los cristianos que lo leemos en el Evangelio.

Hoy todos pedimos a Dios que nos libere de este virus y es mucha la oración que sube al cielo. ¿No estará tardando Dios por la gente que estamos rodeando al Señor? La resurrección de Lázaro sirvió para que todos vieran el poder de Jesús. ¿No es cierto que necesitamos ahora de un milagro como el de entonces?

Y no nos olvidemos que más grave que el virus que nos atenaza, es el olvido de Dios que parece que se ha introducido en la sociedad actual de un modo más insidioso que el Coronavirus. Esta sí que es una enfermedad que nos destruye y nos amenaza de una muerte mucho más grave que la del cuerpo.

También en esto debemos recordar el milagro de Betania. Dios puede resucitar esta sociedad como hizo con Lázaro hace dos mil años. ¿Nos parece imposible? ¿No será más bien que tenemos poca fe?

Como dijo el Papa hace unos días en su oración a Cristo: «nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás» (Francisco, momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo de 2020). Que nuestra Madre, Salus populi romani, nos ayude a curarnos de nuestras enfermedades, espirituales y corporale

 

 

 La soledad del Papa

Si algo ha dejado al descubierto esta cruel pandemia es, como dice el Papa Francisco, nuestra vulnerabilidad, nuestra inseguridad y nuestro temor ante el dolor y la muerte

Hay imágenes que revelan o retratan algunos de los grandes acontecimientos o momentos de la historia de la humanidad. El siglo pasado nos ha dejado en la retina gestas tan impresionantes como la primera pisada del hombre en la luna, la caída del muro de Berlín o la de imágenes tan crueles como la del campo de concentración de Auschwitz . En este siglo nada nos ha impactado tanto hasta hoy, como los ataques terroristas que han convulsionado el mundo por la muerte de tantos inocentes y que hemos visto reflejados en escenas tan dantescas como fueron la caída de las Torres Gemelas  de Nueva York o el cobarde atentado terrorista en Atocha.

Pero año 2020 pasará a la historia porque un endemoniado virus, bautizado científicamente como Covid-19, es capaz de silenciar, atemorizar y encerrar a los habitantes de nuestro planeta en sus hogares y refugios, además de condenar y ejecutar a una parte importante de ellos con la enfermedad y la muerte. El ser humano, que ya se creía cerca de descubrir su origen manipulando sus propios genes, creador de una inteligencia artificial capaz de acercarse al control de sus sentimientos o de convertirse en juez y señor de la vida y de la muerte, se ha encontrado desnudo e inerme ante un enemigo inesperado: la propia naturaleza que ha reaccionado con un minúsculo virus que ataca sin  piedad las entrañas de su ser, lo debilita y reduce su capacidad inmunológica llegando en muchos casos a producirle la muerte.

Hace mas de dos mil años el evangelio de San Marcos narra fielmente los hechos que atemorizaron a un grupo de sencillos hombres que tuvieron miedo de naufragar en una tormenta cuando estaban subidos a una barca: ¿no es una descripción fiel de lo que ocurre hoy en nuestras ciudades, calles y plazas?

El Papa Francisco ha escogido este texto para iniciar su alocución con la que dirigirse al mundo desde la Plaza de San Pedro. Una plaza desnuda, vacía de hombres, mujeres, niños y ancianos. Con un caminar cansino, lento, solitario  y, a la vez, sobrecogedor, llegó al atrio desde donde inició su oración pública: “Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas  llenando todo de un  silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos…”

“Estamos en medio de la tempestad y la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto sus falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construidos nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades…”.

Si algo ha dejado al descubierto esta cruel pandemia es, como dice el Papa Francisco, nuestra vulnerabilidad, nuestra inseguridad y nuestro temor ante el dolor y la muerte: “ Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa, No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo.”

La espectacular retransmisión que  nos ofreció 13TV, por cierto la única cadena privada española junto a Intereconomía que se dignaron hacerlo, además de reconfortar a millones de televidentes. fuesen católicos o  no, nos invitó a reflexionar y a sentirnos unidos a la íntima soledad del Papa en su súplica más desgarradora: “¡Despierta, Señor!”.

Jorge Hernández Mollar

 

La soledad, un mal contemporáneo mundial

 

La demolición de la familia ha sido causada principalmente por el egoísmo. Egoísmo de los padres, que no han querido tener hijos para «disfrutar la vida». Egoísmo de los hijos que han heredado y llevado más lejos esa mentalidad, abandonando a sus padres en la vejez. ¡Qué diferencia con la familia numerosa de otrora, basada en el cumplimiento del deber y el amor mutuo!

 

La soledad es uno de los males que acecha a la sociedad contemporánea, a tal punto que en el Reino Unido se volvió un asunto de Estado. La que fuera primera ministra británica, Theresa May, anunció en su día la creación de un Ministerio de la Soledad.

Al frente de ese organismo fue nombrada Tracey Crouch, quien debería lidiar con una problemática que afecta a 9 millones de personas en ese país (el 13,7% de la población total). Esto sucede, paradójicamente, en tiempos de la hiperconexión que proporcionan Internet y las redes sociales.

Perjudicial como el tabaco

Informes publicados en 2017 daban cuenta de que la soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día.

La soledad causa serios problemas de salud en adultos mayores. Aunque este fenómeno no distingue edades, los más afectados son las personas mayores.

La ausencia de Dios genera soledad en los jóvenes

Se estima que en Inglaterra, la mitad de los ancianos de 75 años viven solos, lo que equivale a unos 2 millones de personas.Muchos de ellos dicen que pasan días, incluso semanas, sin ningún tipo de interacción social.

Por qué la soledad nos enferma

Una de las acciones que planea encarar el gobierno británico es diseñar un método para medir la soledad y luego definir acciones en consecuencia.

 

Ante la grandeza

Blanca Sevilla

 El mundo que nos rodea está lleno de detalles que nos hablan del don, del regalo que es la vida.

 

Me detengo a mirar los pequeños azahares que penden de las ramas de un árbol joven, un tanto nostálgico, triste por la resequedad del suelo.

Me detengo a mirar la grandeza del cielo y de ese sol vibrante que apenas se asoma, como preludio, como obertura, como un canto al día que me invita a reinventar la vida.

Me detengo a leer una vez más, como ayer, como anteayer, como hace ya muchos días, los comentarios reiterativos de una noticia que nunca dejará de estrujarme, de desconcertarme.

Me detengo a oler el vaporcillo que desprende la acostumbrada taza de café que me estimula en las mañanas. Maravillas de la física, de la tecnología y de la vida.

Me detengo a verme a mí, con mis errores y con mis aciertos, azorada de mi respiración y de mis propios pensamientos.

Me detengo y pido, con el corazón y con la sangre, humildad para sorprenderme de la grandeza inconmensurable de vivir.

Ahí están los animales, incapaces de raciocinio.

Aquí y ahora estamos los hombres, capaces de sorprendernos, de asombrarnos ante lo maravilloso, porque somos sensibles.

Me detengo a pedir, entonces, entendimiento para mi pequeñez y capacidad de asombro, grandeza espiritual para seguirme preguntando, para sorprenderme ante ese regalo inmenso, inacabado, que es la vida.

 

Cuida a tus hijos de la depresión

Escrito por Silvia del Valle.

El encierro por varios días puede generar depresión en los niños, por eso hay que observar su comportamiento y crear actividades que los mantengan ocupados.

Es una realidad que al mantenernos en casa y sin hacer nuestras actividades normales, nos genera una situación difícil, donde la depresión se puede hacer presente con mucha facilidad y sin que nos demos cuenta ya que la podemos confundir con la flojera.

Y no me refiero sólo a nosotros, lo más preocupante es que la depresión también puede afectar a nuestros hijos.

Por esto debemos tomar medidas y tratar de mantener el ánimo arriba para evitarlo a toda costa, por eso aquí te dejo mis 5Tips para evitar la depresión en tiempos de contingencia.

PRIMERO. Observa a tus hijos.

Es importante que estemos atentos a los diferentes estados de ánimo de nuestros hijos y para eso es necesario observarlos.

Cada hijo reacciona diferente por lo que es necesario estar atentos, sobre todo, a los cambios de humor y de estado de ánimo.

Al principio no habrá problema, pero con el tiempo es más fácil que se cansen de estar en casa y poco a poco se vayan deprimiendo.

Nuestra labor es estar atentos y detectar los primeros síntomas para poner manos a la obra y no dejar que caigan en depresión.

SEGUNDO. Planea actividades variadas dentro de tu casa.

La inactividad y la ociosidad son súper propicios para desencadenar procesos depresivos, así que debemos mantener a nuestros hijos bien ocupados, con cosas formativas; aunque ellos no se den cuenta.

Las actividades pueden ir desde ver películas, leer libros, hacer obras de teatro y muchas manualidades; hasta hacer algunos proyectos y actividades escolares.

Y si les están mandando trabajos o tareas de la escuela, debemos darles un tiempo a diario para realizarlos, así será todo más fácil y ayudaremos a que la disciplina y el orden no se pierdan.

TERCERO. Cuida lo que dices frente a tus hijos.

Nuestros hijos escuchan todo y en muchas ocasiones las noticias son muy amarillistas y generan angustia y miedo en ellos ya que no saben filtrar lo que escuchan y lo pueden tomar literalmente; esto les puede generar una gran depresión.

También debemos cuidar lo que decimos porque ellos nos escuchan en todo momento y hacen sus interpretaciones, a veces no tan acertadas.

Si hay que explicarles lo que está pasando pero siempre a su nivel, con un lenguaje que puedan comprender y poniendo ejemplos claros. Así ellos sabrán qué pueden hablar con nosotros de todo porque nosotros hablamos con ellos de lo que está pasando.

CUARTO. Que tu actitud sea siempre positiva.

La actitud de nuestros hijos depende mucho de cómo afrontemos nosotros las cosas. Si ellos ven que somos positivos, que hacemos caso a las indicaciones que nos dan, que ponemos en práctica lo que nos sugieren, nuestros hijos aprenderán y lo imitarán.

Es importante no hacer menos lo que nos indican, pero es necesario tomarlo con calma y con paz en el corazón.

Y QUINTO. Haz oración en familia. Será tu fortaleza.
En tiempos difíciles, como los que estamos pasando, voltear los ojos a Dios y pedirle su protección nos puede traer mucha paz.

Hacer oración en familia nos ayuda mucho ya que es una forma muy eficaz de estar unidos y que nuestros hijos comprendan que lo que se nos sale de las manos debemos dejárselo a Dios, con humildad y confianza, pues sabemos que Dios es nuestro padre y nos ama.

Orar juntos estrecha lazos entre los miembros de la familia y con Dios. Es por esto que debemos dedicar un tiempo a orar, para fortalecer el espíritu, acrecentar la fe, la esperanza y así poder vivir la caridad para con el prójimo.

No olvidemos que María Santísima es nuestra madre amorosa y ella nos ha dicho que no nos angustie esta, ni ninguna otra enfermedad, por eso debemos pedirle a ella, como madre que es, pidámosle que nos mantenga bajo su cuidado y protección.

 

Agradecimiento y esperanza en la tribulación por el coronavirus

España se siente conmovida ante tanta generosidad que se ha despertado con motivo de la expansión del COVID -19. Todos  son necesarios para combatir esta pandemia: sanitarios, cuidadores de ancianos…, Guardia Civil y Ejército; pero sólo Dios es imprescindible. Por eso,  vaya, también,  mi felicitación a cuantos  sacerdotes sacan el Santísimo para bendecir  ciudades y pueblos, y a los fieles que se unen a la Santa Misa desde los medios de comunicación y rezan por el fin de la pandemia, el alivio de los enfermos y por los fallecidos. 

 En España, Valladolid fue pionera en la bendición por las calles con el Santísimo para la protección de los ciudadanos. Antes del estado de alarma, el Rector de la Basílica Santuario Nacional de la Gran Promesa, don Julio de Pablos, recorrió las calles del centro portando la custodia. Lo acompañaba un grupito de adoradores, con cantos a Jesús Sacramentado. Una procesión tan emotiva, que, a su paso,  arrancaba lágrimas.

Como antes se hiciera en Italia, otros sacerdotes, desde torres y balcones, han bendecido ciudades y pueblos con el Santísimo Sacramento para implorar la protección divina.

 Los millones de católicos del mundo, nos sentimos conmovidos por el gesto del Santo Padre de Adoración en la Plaza de San Pedro y bendición “ Urbis et Orbe” con el Santísimo  ante el Crucifijo Milagroso de San Marcelo y el cuadro de la Patrona de la ciudad eterna, la Virgen Salus Populi Romani. Especialmente en este tiempo de tribulación, creo que debemos escuchar al Papa, que nos pide responder a la llamada de Dios a “convertirnos”,  “confiar en Él”  y  no olvidar que “ la oración es nuestra arma vencedora” ( Papa Francisco)

Josefa Romo Garlito

 

 

Un sonoro “Basta ya”

Escuelas Católicas entonaba un sonoro “Basta ya”. Era la respuesta de la principal patronal de colegios concertados a las indisimuladas maniobras del Gobierno para “marginar a la escuela de iniciativa social˝. Nada bueno presagian los continuos desplantes de la ministra Celaá, que mantenía, antes de la crisis actual, una agenda tan intensa como sesgada con diversas entidades de cara a la reforma educativa, la octava en 40 años. Una reforma que nacerá herida de muerte, a menos que el Ejecutivo de Sánchez renuncie a imponer una estrecha visión ideológica y se siente a dialogar para sumar un consenso amplio. Es una exigencia democrática y de sentido común, pero además un objetivo perfectamente alcanzable. En contra la percepción de buena parte de la opinión pública, España ha realizado grandes progresos educativos en los últimos tiempos.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Prestigioso Comité

No es la primera vez que un gobierno socialista ningunea a este prestigioso Comité, el Comité de Bioética. Ocurrió ya con la última reforma de la Ley del aborto. Pero ahora este Comité, formado por personas de alta cualificación en distintas disciplinas, ha tomado una oportuna decisión. Aunque el Ejecutivo haya evitado esta consulta, el Comité de Bioética español ha acordado por unanimidad de todos sus miembros elaborar un Informe, como un servicio oportuno para el necesario debate social sobre la eutanasia, que no puede obviar importantes aspectos morales. Entre otros argumentos, el Comité de Bioética recuerda que en países como Alemania, Austria, Francia, Italia, Portugal o Suecia, organismos similares han aportado su dictamen a las propuestas de ley sobre eutanasia.

El Informe estará listo dentro de unos meses y ofrecerá criterios para valorar los planteamientos de la Ley y contribuirá a descorrer la cortina de silencio que el Ejecutivo ha querido imponer sobre una cuestión crucial para el futuro, que afecta a las bases morales de nuestra convivencia civil.

Jaume Catalán Díaz

 

Un microorganismo

Algo tan minúsculo como un virus -un microorganismo que ni tan siquiera es una célula- tiene en jaque a cientos de miles de personas en muchas partes del mundo. Y no sólo a personas: se suspenden los visados para ir a La Meca; se cierran grandes lugares de reunión, se vacía la plaza de san Pedro en Roma,; y se redobla el control de las fronteras de no pocos países.

No pocos equipos de médicos, y buenos conocedores de la materia, han enviado mensajes de serenidad, señalando que los efectos del virus no son tan peligrosos como se anuncia, y que vale la pena quitarle importancia al acontecimiento, añadiendo a la vez un mensaje de paz y de serenidad.

Otros, por el contrario, comentan que el número de los muertos es bastante mayor del anunciado oficialmente, y que todavía están por llegar las peores consecuencias de esta pandemia.

Una cierta desorientación parece haberse apoderado de no pocos humanos. ¿Qué ocurre? ¿Hemos perdido la seguridad por la que tanto, y tan asiduamente, hemos luchado? ¿hemos sucumbido ante la perspectiva de una muerte que no podemos evitar, después de años de tratar de darle poca importancia, y convertirla en puro dato para el registro civil?. ¿Nos descorazona experimentar la incapacidad del hombre para resolver enseguida cualquier enfermedad que nos pueda estropear nuestro “estado de bienestar”? Cada uno puede tener una respuesta a estas preguntas. No lo dudo.

Juan García. 

 

Socialismo, capitalismo, o dinero, dinero y dinero

 

EXCLUSIVA HABITACIÓN: La lujosa suite de Carmen Calvo en el hospital indigna a pacientes hacinados y la Policía la hunde en Twitter: Se lo hemos venido contando en Periodista Digital, la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, está ingresada en la prestigiosa Clínica Ruber afectada de una insuficiencia respiratoria que podría estar asociada al coronavirus. A la hora de la verdad, cuando su salud está en juego, la socialcomunista Calvo, salió como una rayo hacia la muy privada  Ruber y ahí la tenemos en la calle Juan Bravo de Madrid, gozando de todas las comodidades que tiene el ir de pago. (Periodista Digital 25-03-2020)

            Esta mujer y siendo parlamentaria socialista, nada menos que en el propio parlamento, dijo que… “El dinero público no es de nadie”. Igualmente es de las que “se les cae la lengua”, con la tan manida “igualdad”; pero a la hora de la verdad, ya vemos que esta como tantos otros, lo que quieren es la vida y comodidades que da el dinero en abundancia. Esperamos que estas estancias de lujo las pague ella de su dinero; y ello, sea demostrado públicamente, pues si no es así, es que “lo paga el dinero público”: Amén.

“PABLO IGLESIAS: Podemos quiere que las grandes fortunas y personas más adineradas de España aporten dinero al Estado a través de un "impuesto solidario" que ayude a afrontar la crisis del coronavirus. El partido de Pablo Iglesias ya ha puesto sobre la mesa la iniciativa y se va a estudiar, como adelanta este jueves Vozpópuli. Además de la anulación de los alquileres a los más afectados, los de Iglesias esperan poner su propio sello en otra iniciativa social del Gobierno”.

Este indeseable individuo, más se parece ya a un porquero que tiene "que arrear" cada día a su manada de cerdos, que a un político que con una mínima inteligencia cumple como tal. ¿Cómo se van a recaudar impuestos “a palo limpio” y por el capricho de un indeseable como éste? ¿Por qué tienen que pagar más de lo que ya hay legislado sin que se legisle más? y finalmente... ¿QUE VA A PAGAR ÉL DE SU SUELDO QUE NO MERECE PARA EL BIEN SOCIAL QUE RECLAMA? Y ESTO LO HAGO EXTENSIVO A TODOS LOS DEMÁS POLÍTICOS Y ENCHUFADOS A LA POLÍTICA Y AL DINERO PÚBLICO. No discuto los impuestos que sean y se consideren justos y apropiados al gasto público, pero sí a estas medidas de violencia revolucionaria y que a nada bueno conducen; veamos qué legislan los que tienen el deber de hacerlo y hacerlo con verdadera JUSTICIA.

 

DOS TERCIOS DEL TOTAL DE LOS FALLECIDOS POR CORONAVIRUS TENÍAN 80 AÑOS O MÁS: Para Sánchez, Iglesias, Illa, Simón y compinches, España no es país para viejos. Los menores de cincuenta años no suman siquiera el 5% de las víctimas mortales. (Periodista Digital 27-03-2020).

            Es de suponer que todos estos indeseables o ya despreciables políticos, o no tienen padre ni madre, porque ya murieron, o porque ni los conocieron; o porque si los tienen, deben estar ya en la edad, que ellos piensan que ya no deben existir. De cualquier forma no hay calificación en nuestro riquísimo idioma ESPAÑOL, para buscarles un calificativo que les cuadre. Pero es más, si hablamos en lo material que hoy sostiene España, esa riqueza material, se empieza a crear y conseguir, en la época en que gobernaban los gobiernos de Franco (a partir de 1952 y cuando desaparecen las tristes cartillas de racionamiento) y que perdura hasta la muerte del dictador, que en lo social y económico marcó historia, para inagotables estudios de los historiadores honrados; y en ello participamos infinidad de hoy viejos o ancianos… ¿No tiene ello el suficiente valor para estos materialistas, que si se educaron y progresaron se debió precisamente a ese esfuerzo de una nación machacada por una guerra civil? ¡Malditos sean! Y espero que se vayan pronto, “por las urnas, o por su inutilidad y dimisión en masa; no son dignos de ni tenerlos en cuenta para nada en el presente; y menos en el futuro. Y lo dice un anciano de 82 años que aún “se gana su pan, trabajando intelectualmente cada día que amanece” Y que de todos los gobiernos de España, nunca recibió nada más que obligaciones y; “búscatelas como puedas”.

 

Los afectados por el coronavirus se organizan en plataformas para dar la batalla en los tribunales:Los afectados por la gestión del Gobierno de la crisis del coronavirus mueven ficha para preparar su ofensiva en los tribunales. Por ahora, dos despachos de abogados ya han constituido plataformas de damnificados que preparan acciones legales contra el Estado por la gestión que ha hecho el Gobierno de la crisis del Covid-19. (Vozpópuli 27-03-2020)

Empieza la reacción de los que se consideran “abusados e indefensos”; ya veremos cómo actúan los tribunales y a quién o quienes, condenan. Esto es una nueva situación que por lo original y extraña, va a tener mucho comentario y no sabemos si de verdad habrá procesos, procesados y la justicia más o menos lógica que los hecho requieran. De cualquier forma y manera un estacazo más al inquilino de la Moncloa y sus ministros.

JUGAR A 'ROJO', COMO ANTES DEL 8-M HACERLO A MANIFESTANTE FEMINISTA, ES UNA MANIOBRA ESTÚPIDA QUE ACARREARÁ GRAVES CONSECUENCIAS A LARGO PLAZO.

Pedro Sánchez da positivo en el ‘test de incompetencia’ mientras Pablo Iglesias se la mete doblada

El timo de los 'test rápidos' es estratosférico, un fiasco descomunal que prueba la incapacidad supina del Ejecutivo para gestionar una crisis sanitaria sin precedentes que está permitiendo comprobar en directo la incompetencia de Sánchez y su equipo. (Periodista Digital 28-03-2020)

 

            Si malos han sido todos los gobiernos en España y desde hace ya 45 años, este que soportamos hoy, es el peor de todos; si toda esta historia de decadencia (que la demuestra la situación en quiebra y abandono en que hoy se encuentra España) no nos enseña a votar a los que de verdad merezcan una aceptable confianza, de que no van a ser “unos mercenarios más como los anteriores”; entonces no se queje nadie de lo que ocurra; puesto que lo que ha ocurrido, ha sido, “con los votos, basados en una democracia fracasada, por cuanto esos votos no han servido para situar a España y los españoles en un lugar digno y respetable; y no en las miserias que padecemos”. Y nadie entienda, que añoro la dictadura de Franco… ¡¡Fui una de sus grandes víctimas!!

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                    

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