Las Noticias de hoy 28 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 28/03/2020 - 13:07
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 28 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Papa abraza a la humanidad con la bendición de Dios: Es “tiempo de elegir”

¿Cómo obtener la Indulgencia plenaria durante la pandemia?

“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”: Tercera predicación de Cuaresma

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO: Francisco Fernandez Carbajal

"Frecuenta el trato del Espíritu Santo": San Josemaria

Aniversario de la Ordenación Sacerdotal de san Josemaría: , MIguel Dolz

QuédateEnCasa, ellos velan por ti

Cuidar mejor lo común o la importancia de esos trabajos a veces ocultos

Comentario al Evangelio: La resurrección de Lázaro

V domingo de Cuaresma.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo. Primado de España

“Los gráficos del coronavirus no muestran la realidad total; enseñemos a la gente que sus sacrificios valen la pena”

Investigadores de Educación y Psicología e ICS estudian cómo afecta la crisis del coronavirus a las creencias personales: Eduardo Camina y Javier Bernácer

Confinamiento…con una hora menos de sueño: Nuria Chinchilla

El Párroco que administró la unción al primo de Díaz Ayuso, da 250 comidas diarias a indigentes

Jesús de Nazaret: Daniel Tirapu

¿Buscas problemas o prefieres encontrar soluciones?: Lucía Legorreta

Modestia y pudor, dos palabras en desuso: Ana Teresa López de Llergo​

El milagro de la paz: Jesús Martínez Madrid

Otro efecto del coronavirus: Valentín Abelenda Carrillo

Urge atender a los más vulnerables: JD Mez Madrid

“Mi miedo”, mis geranios, la vida y la naturaleza: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 27 de marzo de 2020

https://youtu.be/EviPPDJve9g
 
Monición de entrada

En estos días van llegando noticias de tanta gente que empieza a preocuparse de modo más general por los demás y piensan en las familias que no tienen suficiente para vivir, en los ancianos solos, en los enfermos del hospital, y rezan y procuran hacerles llegar alguna ayuda. Es una buena señal. Demos gracias al Señor porque suscita en el corazón de sus fieles esos sentimientos.

Homilía

La primera Lectura (Sb 2,1.12-22) es como la crónica anunciada de lo que le pasará a Jesús. Es una crónica anticipada, una profecía. Parece una descripción histórica de lo que sucedió después. ¿Qué dicen los impíos? «Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios. Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de los demás, y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros. Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos». Pensemos en lo que decían a Jesús en la Cruz: “Si eres el Hijo de Dios, baja; que venga Él a salvarte”. Y luego, el plan de acción: pongámoslo a prueba, «lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará». Es una profecía de lo que pasó. Y los judíos intentaban matarlo, dice el Evangelio (Jn 7,1-2.10.25-30): «Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora».
 
Esta profecía es muy detallada; el plan de acción de esa gente malvada es muy detallado, no se ahorra nada: ponerlo a prueba con violencia y tormentos y comprobar su espíritu de resistencia, tenderle insidias, ponerle trampas para ver si cae… Esto no es un simple odio, no es un plan de acción maligno –ciertamente– de un partido contra el otro: esto es otra cosa. Esto se llama ensañamiento: cuando el demonio, que está siempre detrás de cada inquina, intenta destruir y no ahorra en medios. Pensemos en el inicio del Libro de Job, que es profético de esto: Dios está satisfecho del modo de vivir de Job, y el diablo le dice: “Sí, porque tiene de todo, no pasa dificultades. ¡Ponlo a prueba!”. Y primero el diablo le quita los bienes, luego le quita la salud y Job nunca, jamás se apartó de Dios. El diablo se ensaña siempre. Detrás de cada inquina está el demonio, para destruir la obra de Dios. Detrás de una discusión o una enemistad, puede que esté el demonio, pero de lejos, con las tentaciones normales. Pero cuando hay ensañamiento, no lo dudemos: está la presencia del demonio. Y el ensañamiento es sutil, sutil. Pensemos cómo el demonio se ensañó no solo contra Jesús, sino también en las persecuciones de los cristianos; cómo buscó los medios más sofisticados para llevarles a la apostasía, a alejarse de Dios. Esto es, como decimos en el lenguaje ordinario, eso es diabólico: sí; inteligencia diabólica.
 
Me contaban algunos obispos de uno de los Países que ha padecido la dictadura de un régimen ateo, que llegaban, en la persecución, hasta detalles como este: el lunes de Pascua las maestras tenían que preguntar a los niños: “¿qué comisteis ayer?”, y los niños decían lo que habían comido. Y algunos decían: “Huevos”, y los que decían “huevos” luego eran seguidos para ver si eran cristianos, porque en aquel País se comían huevos el Domingo de Pascua. Hasta ese punto, de vigilar, de espionaje: dónde hay un cristiano para matarlo. Eso es ensañamiento en la persecución, y eso es el demonio.
 
¿Y qué se hace en el momento del ensañamiento? Se pueden hacer solo dos cosas: discutir con esa gente no es posible porque tienen sus propias ideas, ideas fijas, ideas que el diablo ha sembrado en su corazón. Hemos oído cuál es su plan de acción. ¿Qué se puede hacer? Lo que hizo Jesús: callar. Sorprende, cuando leemos en el Evangelio, que ante todas las acusaciones, ante todas esas cosas, Jesús callaba. Ante el espíritu de ensañamiento, solo el silencio, nunca la justificación. Jamás. Jesús habló, explicó… Pero cuando comprendió que ya no había palabras, el silencio. Y en silencio Jesús sufrió la Pasión. Es el silencio del justo ante el ensañamiento. Y esto es válido también para –llamémoslo así– los pequeños ensañamientos diarios, cuando alguno siente que hay una murmuración contra él, y se dicen cosas, pero luego no hay nada… ¡estar callado! Silencio. Padecer y tolerar el ensañamiento del chismorreo. El chisme es también un ensañamiento, una inquina social: en la sociedad, en el barrio, en el lugar de trabajo, pero siempre contra él. Es un ensañamiento no tan fuerte como este, pero es ensañamiento, para destruir al otro, porque se ve que el otro estorba, molesta.
 
Pidamos al Señor la gracia de luchar contra el mal espíritu, de discutir cuando debemos discutir; pero ante el espíritu de ensañamiento, tener la valentía de callar y dejar que los otros hablen. Lo mismo ante este pequeño ensañamiento diario que es la murmuración: dejar hablar. En silencio, delante de Dios.

 Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti

 

 

El Papa abraza a la humanidad con la bendición de Dios: Es “tiempo de elegir”

Oración especial por el fin de la pandemia

MARZO 27, 2020 20:16ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 27 marzo 2020).- “Abrazar al Señor para abrazar la esperanza”: Esta es la invitación que nos hace el Papa Francisco para combatir el miedo en esta crisis causada por la pandemia del coronavirus. “Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.

En una tarde lluviosa, con la tenue luz del atardecer en Roma, el Papa Francisco ha llegado a las 18 horas, acompañado únicamente por Mons. Guido Marini, Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificales, para presidir la oración extraordinaria por el fin de la pandemia del coronavirus que ha contagiado ya a más de 536.280 personas en todo el mundo.

​“No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio”, ha señalado el Papa, invocando al Padre. “El tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia Ti, Señor, y hacia los demás”.

¿Por qué tenéis miedo?”

¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” ha citado el Papa de la Biblia haciendo suyas las palabras en un momento sin precedentes. “Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar”.

​“La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluasseguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”, ha advertido Francisco, “nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad”.

El Papa exhorta a todo el mundo, teniendo en cuenta que el virus ha afectado a 188 países a abrazar la Cruz de Cristo, en la que “hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar”.

​Adoración al Santísimo

Al concluir sus palabras, el Sucesor de Pedro se ha dirigido a pie, acompañado de Mons. Marini, hacia la entrada central de la Basílica Vaticana, donde se hallaban las imágenes de la Virgen Salus Populi Romani(Salvación del Pueblo Romano), normalmente ubicada en la Basílica de Santa María Mayor, y el Crucifijo milagroso, de la iglesia San Marcello al Corso, muy venerado en Roma tras la liberación de la “Gran Plaga” de 1552.

Después, el Santo Padre ha entrado en el corredor que hay a la entrada de la Basílica, donde ha tenido lugar la Exposición y Adoración al Santísimo, para finalmente bendecir Urbi et Orbi, con la posibilidad de recibir la Indulgencia plenaria, al mundo entero con la custodia del Santísimo Sacramento.

​“Señor, bendice al mundo”

“Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios”, ha pronunciado el Papa al final de su reflexión. “Señor, bendice al mundo,da salud a los cuerpos y consuela los corazones”.

Normalmente la bendición Urbi et Orbi, sobre la ciudad de Roma y sobre el mundo, se reserva para Navidad y Pascua, y para la elección de un nuevo Papa. Para recibir la indulgencia plenaria, presupone, entre otras cosas, la comunión eucarística y la confesión, la mayoría de las cuales actualmente sólo son posibles de manera “espiritual”.

A continuación, sigue la meditación completa, pronunciada por el Papa este viernes, 27 de marzo de 2020, en la plaza de San Pedro.

***

​Meditación del Papa Francisco

“Al atardecer” (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador queparaliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada yfuriosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y conangustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

​Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca queprimero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (v. 40).

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón.También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

​La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluasseguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestravida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

​“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por laprisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemoscontinuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.

​“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, “volved a mí de todo corazón” (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

​Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas ysostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

​Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: “Que todos sean uno” (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el serviciosilencioso son nuestras armas vencedoras.

​“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación.No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros lasestrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio delaislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

​Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitirnuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

​“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice almundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fees débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: “No tengáis miedo” (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

© Librería Editorial Vaticano

 

 

¿Cómo obtener la Indulgencia plenaria durante la pandemia?

Decreto del Papa Francisco

MARZO 27, 2020 14:51ROSA DIE ALCOLEAIGLESIA CATÓLICA

(zenit – 27 marzo 2020).- Mediante la bendición Urbi et Orbi que impartirá el Papa Francisco en la tarde del viernes 27 de marzo, desde la plaza de San Pedro, la Iglesia concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, a los agentes sanitarios, los familiares y cuidadores de los enfermos, y los fieles.

La Indulgencia plenaria le ofrece al pecador arrepentido y confesado el beneficio de eliminar totalmente la deuda que haya tenido durante su vida en este mundo hasta ese momento.

Decreto del Papa Francisco

La Santa Sede hizo público el pasado 20 de marzo el decreto de la Penitenciaría Apostólica, en nombre del Pontífice, relativo a la concesión de indulgencias especiales a los fieles en la actual situación de pandemia. 

Con la concesión de las Indulgencias –explica el Decreto- se pretende que los que se están sufriendo a causa del Covid-19 puedan redescubrir “el mismo sufrimiento redentor de Cristo” (ibíd., 30) y “vivirla con espíritu de conversión personal”.

¿Quiénes pueden ganarla?

– Enfermos, sanitarios, familiares y cuidadores: El decreto establece que “los enfermos, los que están en cuarentena, los sanitarios, los familiares y los que, exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus obtendrán la Indulgencia plenaria siguiendo a través de los medios de comunicación la Eucaristía, el Rosario o el Vía Crucis”. También dispone que “podrán rezar el Credo, el Padrenuestro o una oración a la Virgen María”.

Todo ello, describe el Decreto, “con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible”.

– Fieles: En las mismas condiciones, podrán obtener Indulgencia plenaria los fieles que ofrezcan por el fin de la epidemia, el alivio de los enfermos y la salvación eterna de los fallecidos, la visita al Santísimo Sacramento, la Adoración Eucarística, la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, el rezo del Rosario, el Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia.

– Enfermos terminales: La indulgencia plenaria puede ser obtenida también por los fieles que a punto de morir no pueden recibir el sacramento de la unción de los enfermos y el viático: en este caso se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz.

¿Qué es la Indulgencia plenaria?

Todo pecado acarrea una doble consecuencia: la pena eterna y la pena temporal, explica el sacerdote D. Alfonso Riboo, director de la revista Palabra. La pena eterna consiste en la ruptura de nuestra comunión con Dios y aleja la posibilidad de llegar a la salvación. Esta pena eterna se elimina cuando el pecador se arrepiente y recibe el Sacramento de la Confesión.

Pero aún queda la responsabilidad por las consecuencias causadas por el mal cometido, para el propio pecador o para otras personas. Esta consecuencia se denomina “pena temporal”. Es una deuda que persiste y que hay que pagar ya sea en esta vida o en la próxima, vale decir, en el Purgatorio. Esta pena puede reducirse mediante la realización de buenas obras, la oración, la aceptación cristiana del sufrimiento y la recepción de la indulgencia, que puede ser parcial o plenaria (o sea, completa).

La Indulgencia plenaria le ofrece al pecador arrepentido y confesado el beneficio de eliminar totalmente la deuda que haya tenido durante su vida en este mundo hasta ese momento. La indulgencia parcial elimina la pena temporal en forma parcial.

 

“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”: Tercera predicación de Cuaresma

Del padre Raniero Cantalamessa

MARZO 27, 2020 15:34LARISSA I. LÓPEZESPIRITUALIDAD Y ORACIÓN

(zenit – 27 marzo 2020).- Bajo el tema general de “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”, el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ofreció al Papa y a la Curia Roma su tercera predicación de Cuaresma.

En esta ocasión, de acuerdo a Vatican News, el teólogo franciscano reflexiona sobre la Palabra de Dios según el Evangelio de Juan, capitulo 19, versículos del 25 al 27. De este texto, el padre Cantalamessa considera en esta meditación solo la parte primera, la narrativa, dejando para la próxima ocasión el resto del pasaje.

En el Calvario, junto a la cruz de Jesús había un grupo de cuatro mujeres, una de ellas María, su Madre. Ella estaba allí “como su Madre”, indica el teólogo, lo que pone a María en una situación totalmente distinta a la de las otras. No obstante, señala el padre, a ella se le pidió algo mucho más difícil: perdonar.

María permaneció en el Calvario

Si bien “humanamente hablando, María tuvo todos los motivos para gritar a Dios: “¡Me has engañado!”, y aunque hubiese podido escapar del Calvario, en cambio, no lo hizó: “no escapó, sino que permaneció”.

De este modo, se convirtió, en “mártir de la fe, testigo supremo de la confianza en Dios, tras el Hijo”: “María no estaba, pues, ‘junto a la cruz de Jesús’, cerca de él, solo en sentido físico y geográfico, sino también en sentido espiritual. Estaba unida a la cruz de Jesús; estaba dentro del mismo sufrimiento, explica el teólogo”.

Estar junto a la cruz

En línea con el principio-guía del Vaticano II según el cual María es figura y espejo de la Iglesia, su primicia y modelo, el padre Cantalamessa plantea la pregunta: ¿Qué quiso decir a la Iglesia el Espíritu Santo, disponiendo que en la Escritura estuviera registrada esta presencia de María al lado de la cruz de Cristo?

“’Junto a la cruz de Jesús —está escrito— estaba María su Madre y junto a ella el discípulo que él amaba’. […]. Lo que sucedió ese día indica lo que debe suceder cada día: es necesario estar junto a María al pie de la cruz de Jesús, como estuvo el discípulo al que él amaba”.

Para él, estar junto a la cruz “de Jesús” supone que lo primero que hay que hacer, lo más importante de todo, no es estar junto a la cruz en general, sufrir, sino estar junto a la cruz “de Jesús”. No es el sufrir, sino el creer y apropiarse así del sufrimiento de Cristo, aclara.

La fe de María

Lo más grande de María al pie de la cruz fue su fe, más grande incluso que su sufrimiento. La fe es, por lo tanto, “la fuente de toda la fuerza y la fecundidad de la Iglesia”.

En este sentido, para explicarlo, el sacerdote remite a un autor bizantino ortodoxo: “Imagina que en un estadio se ha llevado a cabo una batalla épica. Un valiente ha afrontado el tirano de la ciudad y con sudor, sangre, finalmente lo ha doblegado. Tú (y ese tú somos todos nosotros), estabas en las gradas. Tú no luchaste, no tienes heridas. Pero si tú tiemblas por ese valiente, si tú agitas la asamblea entorno a ti a su favor, si deliras a tal punto de considerar tuya su victoria…yo te digo que tu tendrás parte en la victoria de aquel valiente. Pero aun hay más: imagina que ese valiente no tiene ninguna necesidad de la corona que ha conquistado… ¿qué hará? Pues, la dará a su seguidor, diríamos nosotros hoy. Es así como se realiza la salvación cristiana”.

“Es Jesús, que ha luchado y en la cruz ha vencido al tirano. Nosotros miramos a Él, nos apropiamos de su muerte y así somos salvados. Esta es la salvación cristiana, y esto significa ser salvados gratuitamente”, agrega.

Sufrimiento activo

Después reseña que el signo y la prueba de que se cree realmente en la cruz de Cristo es tomar la propia cruz y seguir a Jesús, participar en sus sufrimientos. No obstante, Cantalamessa precisa que “no se trata solo de sufrimiento aceptado pasivamente, sino también de sufrimiento activo, vivida en unión con Cristo”.

“Sufrir —escribía san Juan Pablo II desde su lecho del hospital tras el atentado—, significa hacerse particularmente susceptibles, particularmente abiertos a la obra de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo”, matiza.

Dar razón de nuestra esperanza

Refiriéndose a las palabras del evangelista Juan, el predicador pontificio señala que la cruz de Cristo no es solamente el momento de la muerte de Cristo, sino el de su glorificación y triunfo. María en el Calvario compartió con su Hijo no solo la muerte, sino también las primicias de la Resurrección.

“Como María estuvo junto al Hijo crucificado, así la Iglesia está llamada a estar junto a los crucificados de hoy: los pobres, los que sufren, los humillados y los agraviados. Estar con ellos con esperanza. No basta compadecerse de sus penas o incluso tratar de aliviarlas. Es demasiado poco. Esto lo pueden hacer todos, incluso los que no conocen la resurrección. La Iglesia debe dar esperanza, proclamando que el sufrimiento no es absurdo, sino que tiene un sentido, porque habrá una resurrección de la muerte. La Iglesia debe estar ‘siempre dispuesta a dar razón de su esperanza’ (cf. 1 Pe 3,15)”, sostiene.

Cómplices de la esperanza

Por otro lado, el padre franciscano describe que así como los hombres “tienen necesidad de esperanza para vivir, como del oxígeno para respirar”, la Iglesia “necesita esperanza para proseguir su camino en la historia y no sentirse aplastada por las dificultades”.

De entre las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, la esperanza es la hermana menor, expone recordando al poeta Charles Péguy; es la que lleva a las dos mayores (la fe y la caridad) de la mano. Ellas caminan juntas por la calle tomadas de la mano, las dos grandes a los lados y la niña pequeña en el centro. La niña esperanza es quien arrastra a las dos hermanas, porque si se detiene la esperanza se detiene todo.

Debemos entonces, como dice el poeta, “convertirnos en ‘cómplices’ de la pequeña niña esperanza”: “Hacerse cómplices de la esperanza significa permitir que Dios te desilusione, que te engañes aquí abajo tantas veces como él quiera. Es más: significa estar contentos en el fondo, en alguna parte remota del propio corazón, de que Dios no te haya escuchado la primera y la segunda vez y que siga sin escucharte, porque así te permite que le des una prueba más, de hacer un acto de esperanza más y cada vez más difícil. Te ha dado una gracia mucho más grande de la que pedías: la gracia de esperar en Él. ¡Dios tiene la eternidad para hacerse perdonar el retardo por sus criaturas!”.

Todavía queda algo por hacer

Todo esto, prosigue el padre Cantalamessa, porque “esperar significa justamente descubrir que todavía hay algo que se puede hacer, una tarea que cumplir y que no se nos deja a merced del vacío ni de una paralizante inactividad”.

Incluso cuando no hubiera nada más que hacer por parte nuestra para cambiar una situación difícil, siempre estaría pendiente una gran tarea por cumplir: la de mantenernos bastante comprometidos y mantener lejana la desesperación: la de soportar con paciencia hasta el final.

“Ésta fue la gran ‘tarea’ que María llevó a cumplimiento, esperando, al pie de la cruz, y en esto ella está dispuesta ahora para ayudarnos también a nosotros”, concluye la predicación según el citado medio vaticano.

 

 

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO

— La enseñanza de Jesús. Cada cristiano debe dar testimonio de su doctrina.

— Imitar al Señor. Ejemplaridad. No desaprovechar ni una sola ocasión.

— Diversidad de formas de dar a conocer las enseñanzas de Jesús. Contar con las situaciones difíciles.

I. Este verdaderamente es el profeta que había de venir... Jamás ha hablado nadie así1. El Señor habla con gran sencillez de las cosas más profundas, y lo hace de modo atrayente y sugestivo. Sus palabras eran comprendidas tanto por un doctor de la ley como por los pescadores de Galilea.

La palabra de Jesús es grata y oportuna. Insistía con frecuencia en la misma doctrina, pero buscaba las comparaciones más adecuadas a quienes le oían: el grano de trigo que debe morir para dar fruto, la alegría de encontrar unas monedas perdidas, el hallazgo de un tesoro escondido... Y con imágenes y parábolas ha mostrado de modo insuperable la soberanía de Dios Creador y, a la vez, su condición de Padre, que trata amorosamente a cada uno de sus hijos. Nadie como Él ha proclamado la verdad fundamental del hombre, su libertad y su dignidad sobrenatural, por la gracia de la filiación divina.

Las multitudes le buscaban para oírle, y muchas veces era necesario despedirlas para que se marcharan. Cristo tiene palabras de vida eterna2, y nos ha dejado el encargo de transmitirlas a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos.

También hoy las gentes están sedientas de las palabras de Jesús, las únicas que pueden dar paz a las almas, las únicas que enseñan el camino del Cielo. Y todos los cristianos participamos de esta misión de dar a conocer a Cristo. «Todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia... Todos participan activa y corresponsablemente –dentro de la necesaria pluralidad de ministerios– en la única misión de Cristo y de la Iglesia»3.

Es mucha la urgencia de dar a conocer la doctrina de Cristo, porque la ignorancia es un poderoso enemigo de Dios en el mundo y es «causa y como raíz de todos los males que envenenan a los pueblos»4. Esta urgencia es aún mayor en los países de Occidente, como ha señalado repetidas veces el Papa Juan Pablo II: «Nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral, con la disgregración de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»5.

Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo –no solo con el ejemplo: también con la palabra– del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente –sabiendo también provocar, con prudencia, esas ocasiones– con nuestros familiares, amigos, compañeros de profesión, vecinos; con aquellas personas que tratamos, aunque sea por poco tiempo, con ocasión de un viaje, de un congreso, de unas compras, de unas ventas...

Para quien desea recorrer el camino hacia la santidad, su vida no puede ser como una gran avenida de ocasiones perdidas, pues quiere el Señor que nuestras palabras se hagan eco de sus enseñanzas para mover los corazones. «Es cierto que Dios respeta la libertad humana, y que puede haber personas que no quieran volver sus ojos a la luz del Señor. Pero mucho más fuerte, y abundante, y generosa, es la gracia que Jesucristo quiere derramar sobre la tierra, sirviéndose –ahora como antes y como siempre– de la colaboración de los apóstoles que Él mismo ha elegido para que lleven su luz por todas partes»6.

II. Al poner por obra esta reevangelización, este apostolado de la doctrina, tendremos que insistir con frecuencia en las mismas ideas, y nos esforzaremos en presentar las enseñanzas del Señor en forma atrayente (¡nada hay más atrayente!). El Señor espera a las multitudes que también hoy andan como ovejas sin pastor7, sin guías y sin dirección, confundidas entre tantas ideologías caducas. Ningún cristiano debe quedar pasivo –inhibirse– en esta tarea, la única verdaderamente importante en el mundo. No caben las excusas: no valgo, no sirvo, no tengo tiempo... La vocación cristiana es vocación al apostolado, y Dios da la gracia para poder corresponder.

¿Somos verdaderamente un foco de luz, en medio de tanta oscuridad, o estamos aún atenazados por la pereza o los respetos humanos? Nos ayudará a ser más apostólicos y vencer los obstáculos el considerar en la presencia del Señor que las personas que se han cruzado en el camino de nuestra vida tenían derecho a que les ayudásemos a conocer mejor a Jesús. ¿Hemos cumplido con ese deber de cristianos? Ojalá no puedan reprocharnos –en esta vida o en la otra– que los hayamos privado de esa ayuda: hominem non habeo8, no he tenido quien me diera un poco de luz entre tanta oscuridad.

La palabra de Dios es viva y eficaz, penetrante como espada de dos filos9, llega hasta lo más hondo del alma, a la fuente de la vida y de las costumbres de los hombres.

Cierto día –narra el Evangelio de la Misa de hoy– los judíos enviaron a los guardias del Templo para prender a Jesús. Cuando regresaron, y ante la pregunta de sus jefes: ¿Cómo no lo habéis traído?, los guardias respondieron: Jamás nadie ha hablado así10. Es de suponer que aquellos sencillos servidores estuvieron un rato entre la gente, esperando el momento oportuno para prender al Señor, pero se quedaron maravillados de la doctrina de Jesús. ¡Cuántos cambiarían la actitud si nosotros lográramos dar a conocer la figura de Cristo, la verdadera imagen que profesa nuestra Madre la Iglesia! ¡Qué ignorancia tan grande, después de veinte siglos, la de nuestro mundo e incluso la de muchos cristianos!

San Lucas dice de Nuestro Señor que comenzó a hacer y a enseñar11. El Concilio Vaticano II enseña que la Revelación se llevó a cabo gestis verbisque, con obras y palabras intrínsecamente ligadas12. Las obras de Jesús son obras de Dios hechas en nombre propio. Y la gente sencilla hacía comentarios: Hemos visto cosas increíbles13.

Los cristianos debemos mostrar, con la ayuda de la gracia, lo que significa seguir de verdad a Jesús. «Quien tiene la misión de decir cosas grandes (y todos los cristianos tenemos esa dulce obligación de hablar de seguir a Cristo), está igualmente obligado a practicarlas», decía San Gregorio Magno14. Nuestros amigos, parientes, colegas de trabajo y conocidos nos han de ver leales, sinceros, alegres, optimistas, buenos profesionales, recios, afables, valientes... A la vez que con sencillez y naturalidad mostramos nuestra fe en Cristo. «Se necesitan –dice Juan Pablo II– heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evagelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy»15.

III. «Algunos no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles»16. De muchas maneras podemos dar a conocer amablemente la figura y las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia: con una conversación en la familia, participando en una catequesis, manteniendo con claridad, caridad y firmeza el dogma cristiano en una conversación, alabando un buen libro o un buen artículo... En ocasiones, con el silencio que los demás valoran, o escribiendo una carta sencilla dando las gracias a los medios de comunicación social por un trabajo acertado... Siempre hace bien a alguien, quizá de un modo que nunca pudimos sospechar. En cualquier caso, cada uno debemos preguntarnos en este rato de oración: «¿cómo puedo ser más eficaz, mejor instrumento?, ¿qué rémoras estoy poniendo a la gracia?, ¿a qué ambientes, a qué personas podría llegar, si fuera menos cómodo –¡más enamorado de Dios!– y tuviera más espíritu de sacrificio?»17.

Hemos de tener en cuenta que muchas veces tendremos que ir contra corriente, como han ido tantos buenos cristianos a lo largo de los siglos. Con la ayuda del Señor, seremos fuertes para no dejarnos arrastrar por errores en boga o costumbres permisivas y libertinas, que contradicen la ley moral natural y la cristiana. Y también entonces hablaremos de Dios a nuestros hermanos los hombres, sin perder una sola oportunidad: «Veo todas las incidencias de la vida –las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de la historia– como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos (Cfr. Lc 9, 55).

»Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas, cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio»18.

Siempre, y de modo especial en las situaciones más difíciles, el Espíritu Santo nos iluminará, y sabremos qué decir y cómo nos hemos de comportar19.

1 Jn 7, 46.  2 Jn 6, 58. — 3 A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 38. — 4 Juan XXIII, Enc. Ad Petri cathedram, 29-VI-1959. — 5 Juan Pablo II, Discurso, 6-XI-1981. — 6 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 7.  7 Mc 6, 34. — 8 Jn 5, 7.  9 Heb 4, 12. — 10 Jn 7, 45-46. — 11 Hech 1, 1.  12 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 2. — 13 Lc 5, 26. — 14 San Gregorio Magno, Regla pastoral 2, 3. — 15 Juan Pablo II, Discurso al Simposio de Obispos Europeos, 11-X-1985. — 16 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 941. — 17 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9. — 18 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 132. — 19 Cfr. Lc 12, 11-12.

 

"Frecuenta el trato del Espíritu Santo"

Frecuenta el trato del Espíritu Santo -el Gran Desconocido- que es quien te ha de santificar. No olvides que eres templo de Dios. -El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones (Camino, 57).

28 de marzo

La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea –siempre y en todo– signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios (Cfr. Is XI, 12.). Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara (...).

Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza. Cuando venga el Espíritu de verdad –anunció Jesús–, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará (Ioh XVI, 14.). El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que El nos mereció en la tierra.

No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo. (Es Cristo que pasa, 128 - 130).

 

Aniversario de la Ordenación Sacerdotal de san Josemaría

El 28 marzo de 1925 Josemaría Escrivá fue ordenado sacerdote en la capilla del Seminario. El día 30 celebró su primera Misa en la Basílica del Pilar, en sufragio por el alma de su padre. Sólo estaban presentes su madre, sus hermanos y algunos amigos. Desde aquel momento la Santa Misa se reafirmó como el verdadero centro de su vida.

RELATOS BIOGRÁFICOS22/03/2016

Las Navidades de 1917-18 fueron extremadamente frías. El termómetro se mantuvo a catorce grados bajo cero durante muchos días y la ciudad quedó casi paralizada. Y un día de aquéllos, tras una fuerte nevada, un hecho aparentemente anodino cambió el horizonte de su vida. Fueron unas huellas en la nieve: las huellas de un carmelita, que caminaba con los pies descalzos por amor a Dios.

​Con sus hermanos, Santiago y Carmen

Al ver aquellas huellas, Josemaría experimentó en su alma una profunda inquietud divina, que le suscitó un fuerte deseo de entrega. Otros hacían tantos sacrificios por Dios y él —se preguntó—.¿él no era capaz de ofrecerle nada?

«El Señor me fue preparando a pesar mío, con cosas aparentemente inocentes, de las que se valía para meter en mi alma esa inquietud divina. Por eso he entendido muy bien aquel amor tan humano y

tan divino de Teresa del Niño Jesús, que se conmueve cuando por las páginas de un libro asoma una estampa con la mano herida del Redentor. También a mí me han sucedido cosas de este estilo, que me removieron y me llevaron a la comunión diaria, a la purificación, a la confesión... y a la penitencia».

Puede sorprender que un motivo tan pequeño —unas pisadas en la nieve— baste a un adolescente para tomar una decisión tan grande: entregar a Dios su vida entera; pero ése es el lenguaje con el Dios suele llamar a los hombres y así son las respuestas, los signos de fe, de las almas generosas que buscan sinceramente a Dios. No fue una reacción, emotiva y pasajera. «Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor (...). Yo no sabía lo que Dios quería de mi, pero era, evidentemente, una elección. Ya vendría lo que fuera».

A partir de aquel día fue creciendo en su alma, de forma cada vez más impetuosa, la necesidad de conocer y tratar más íntimamente a Cristo en la oración y en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Empezó a asistir diariamente a la Santa Misa.

 

​San Josemaría seminarista

 

Decidió hacerse sacerdote: le pareció que era el mejor camino para estar enteramente disponible a esa Voluntad de Dios que había intuido en su alma —«un algo que estaba por encima de mí y en mí»—, y cuyo alcance último desconocía.

¿Y luego? Luego... «ya vendría lo que fuera».

Habló con su padre. Don José, como buen padre cristiano, aunque le costaba la decisión de su hijo, y más en aquellas circunstancias familiares —de hecho, fue la única vez que Josemaría le vio llorar—, le aconsejó que le planteara su inquietud a un sacerdote de la ciudad, para cerciorarse de que aquélla era la Voluntad de Dios. Este sacerdote le confirmó a don José la vocación de Josemaría. Y a pesar de que aquello les supusiera, desde una perspectiva puramente humana, lo que suele llamarse "un sacrificio", los padres de Josemaría secundaron la llamada de Dios con gran sentido sobrenatural.

«Hazme eco —enseñaba san Josemaría—: no es un sacrificio, para los padres, que Dios les pida sus hijos; ni, para los que llama el Señor, es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que estaba en su mente desde toda la eternidad».

Josemaría presentía que Dios le estaba prepando para algo... ¿Qué? No lo sabìa. «Acuden a mi pensamiento tantas manifestaciones del Amor Dios en aquellos años de mi adolescencia —recordaba—, cuando barruntaba que el Señor quería algo de mí, algo que no sabía lo que era». Y empezó a pedir en su oración, cada vez con más fuerza: —«Señor ique vea!»

En 1918 comenzó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Logroño, como alumno externo, como solían hacer los seminaristas que vivían en la ciudad y dos años después, en 1920, se incorporó al Seminario de san Carlos de Zaragoza.

El Arzobispo de Zaragoza, Cardenal Soldevila —que fue asesinado poco después por odio a la fe-advirtió pronto el don de gentes y las cualidades espirituales y morales del joven Josemaría —un joven responsable, alegre, con muy buen humor— y en 1922 le confió el cargo de inspector del seminario. En 1923, con permiso de sus superiores, pudo realizar un antiguo deseo de su padre, y comenzó a estudiar también Derecho en la Universidad Civil de Zaragoza.

 

Basílica del Pilar, donde san Josemaría celebró su primera Misa

 

El joven seminarista se acercaba todos los días a la cercana Basílica del Pilar y le confiaba sus afanes y sus inquietudes intimas a la Virgen:«Yo, medio ciego, siempre esperando el porqué. ¿Por qué me hago sacerdote? El Senor quiere algo; ¿qué es? Y con un latín de baja latinidad repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres y que yo ignoro. Domina, ut sit!»

Pasaba largos ratos de oración junto al Sagrario en la capilla del Seminario. A veces, durante toda la noche. «Un día —contaba— pude quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre. Sabía que no era ésa la costumbre, que besar el manto se permitía exclusivamente a los niños y a las autoridades (...). Sin embargo, estaba y estoy seguro de que a mi Madre del Pilar le dio alegría que me saltara por una vez los usos establecidos en su catedral».

El 27 de noviembre de 1924 recibió un aviso inesperado: debía ir rápidamente a Logroño porque su padre acababa de morir de forma repentina. «Mi padre murió agotado —recordaba años después—. Tenía una sonrisa en los labios...». Don José —que tanto le había ayudado con su generosidad y sus consejos— no estaría presente en la próxima ordenación sacerdotal de su hijo Josemaría, que conservaría siempre vivo su ejemplo de honradez y su espíritu de sacrificio. Tras su muerte, se convirtió en el cabeza de familia, con graves problemas económicos por resolver.

El 28 marzo de 1925 Josemaría Escrivá fue ordenado sacerdote en la capilla del Seminario. El día 30 celebró su primera Misa en la Basílica del Pilar, en sufragio por el alma de su padre. Sólo estaban presentes su madre, sus hermanos y algunos amigos. Desde aquel momento la Santa Misa se reafirmó como el verdadero centro de su vida. A lo largo de su existencia Dios le iría dando luces decisivas para su misión durante la celebración de la Eucaristía. «Lucha para conseguir que el Santo Sacrificio del Altar sea el centro y la raíz de tu vida interior, de modo que toda la jornada se convierta en un acto de culto —prolongación de la Misa que has oído y preparación para la siguiente—, que se va desbordando en jaculatorias, en visitas al Santísimo, en ofrecimiento de tu trabajo profesional y de tu vida familiar...».

Del libro: San Josemaría Escrivá , MIguel Dolz

 

 

 

QuédateEnCasa, ellos velan por ti

El coronavirus ha impuesto el confinamiento forzoso para la mayoría de la población. Pero no todos están en casa. Patrullando por las calles, atendiendo llamadas de emergencia, proporcionando medicamentos, ofreciendo información o cuidando a ancianos, miles de personas salen cada día de sus casas para que otros no salgan. Muchas veces expuestos al contagio, prestan un servicio clave para dar la vuelta a esta situación.

EN PRIMERA PERSONA27/03/2020

“Estos días ya no piensas en ti”. Manuel, coordinador de los teléfonos 'Salud Responde' de Andalucía.

‘Salud Responde’ es el teléfono de referencia en Andalucía para descubrir posibles positivos por coronavirus. Hasta la fecha, este servicio ha recibido más de 77.000 llamadas. El volumen de trabajo es ingente, tanto que el personal no logra atender todas las que reciben.

“La fe me ayuda muchísimo, porque aunque esté colapsado de trabajo sé que tengo la ayuda de Dios: nunca estoy solo”, explica Manuel. Las situaciones que vive cada día son duras, y a veces él también confiesa que siente cómo si perdiera la fe. Sin embargo, “cada mañana me levanto, ofrezco mi trabajo al Señor, y considero que estoy haciendo un bien a la comunidad, ayudando a gente que lo está pasando muy mal”.

En los dieciséis años que lleva trabajando en este servicio, Manuel no había vivido nunca una situación como ésta. Y eso que ha atendido servicios de enorme complejidad, como los de maltrato a menores o violencia de género. Pero esto es diferente. “Es un momento de locura, donde los protocolos cambian constantemente. Al principio no teníamos guantes ni mascarillas, ni material adecuado. A veces no damos abasto, y miles de llamadas se quedan sin atender. Es muy duro”, lamenta.

La adversidad está sirviendo, eso sí, para que el equipo de trabajo esté más unido, por encima de los modos de pensar y los diferentes estilos de vida de cada uno. “Todos estamos dando lo mejor; se nota una unión y una solidaridad que antes no había”, comenta.

Cada noche, en su oración personal, Manuel recuerda las personas que ha atendido y a aquellas que no ha podido atender. “Estos días ya no piensas en ti; cuando en casa te viene algún problema piensas en esas llamadas y ves que no puedes quejarte. No te acostumbras a esto, por muchos años que lleves tienes siempre en mente a estas personas y le pido a Dios por cada uno. Le digo: ‘ayúdales Tú’, eso me da fuerzas y me ayuda a tirar hacia delante”.


Confinando a la gente “con mucho amor”. Héctor, guardia civil.

Desde que empezó el estado de alarma, Héctor sale a patrullar con otro compañero, pero ambos circulan en vehículos separados. Está casado y tiene una hija, es del Opus Dei y trabaja como guardia civil de Tráfico en A Coruña. Allí trata de hacer cumplir el decreto dictado por el Gobierno, evitando que la mayor parte de la población salga a la calle, y tratando de reducir el número de accidentes en la carretera.

“Los guardias civiles estamos acostumbrados a la entrega y el sacrificio. Forman parte de nuestro día a día. Ahora salimos a la calle también con la preocupación de que puedes contagiarte, y de que eso supone contagiar a tu familia. Pero junto con eso tienes la fe y la esperanza de que Dios nos cuidará”, señala.

Su trabajo estos días consiste en hacer reflexionar a la gente que no puede aguantar en casa. “Les ayudas a canalizar eso, a que piensen en la suerte que tienen de estar vivos. Otros no pueden salir de sus casas porque están en un hospital”, relata

Incluso cuando tiene que firmar una denuncia contra alguien, trata de no perder el buen humor, y de ver en eso un servicio. Un día un sacerdote me preguntó cómo era capaz de denunciar a la gente. Le dije que lo hacía con mucho amor, que entregaba la copia del boletín con mucho amor y rezaba para que esa fuera la mayor de sus consecuencias, porque detrás de cada infracción suele estar la causa de un siniestro. Siniestro que se ha evitado al haberse encontrado con nosotros. Y eso hago estos días, "confinar" a la gente con mucho amor.


“Dios está tocando los corazones de todos”. Esther, fabrica el material para hacer viseras protectoras en 3D.

Escasean las mascarillas, y toda una comunidad de personas ha decidido poner sus impresoras 3D al servicio de la crisis sanitaria, y han empezado a fabricar desde sus casas viseras protectoras para los policías y el personal sanitario. Esther dirige en Granada una empresa dedicada a fabricar el filamento con el que se hacen estas viseras, que estos días están siendo solicitadas por hospitales e instituciones con urgencia.

“Un colectivo que parecía un poco friki, el de los ‘makers’ que utilizaban en sus casas impresoras 3D, ha demostrado una solidaridad tremenda. Muchos no tienen fe, pero a través de esta situación Dios está tocando los corazones de todos”, reflexiona.

Esther es del Opus Dei, acude cada tarde a su empresa para gestionar los pedidos de filamento, y cuando sale de casa se pone en manos de Dios con una jaculatoria: “Señor, Tú lo sabes todo”. Asegura que sin la fe y la ayuda espiritual que recibe la situación sería muy difícil de superar. Su labor cotidiana, sin embargo, ha adquirido estos días un sentido de servicio muy especial. “Ahora le sacamos al trabajo una rentabilidad mínima, pero eso da lo mismo si podemos ofrecer algo de seguridad a los policías o médicos y enfermeras que están al pie del cañón”, añade.


“Nos escucha mucha gente que quizás está en un hospital”. Mayte, periodista en una emisora de radio.

Veterana periodista, Mayte ha pasado por la prensa escrita y los gabinetes de comunicación. Ahora dirige el magazine de las mañanas en una radio local de Jaén. Nunca como ahora ha sido consciente de la importancia de informar, entretener y acompañar a miles de oyentes que la escuchan, confinados en sus casas, cada vez que se pone delante del micrófono.

“La radio es sobre todo compañía, en momentos que, para muchos, son de soledad”, dice. Por eso arranca cada día su programa con un tono positivo, alegre y cercano. “Somos conscientes de que nos escucha mucha gente que quizás está en un hospital, y queremos que nos sientan cerca”.

A Mayte el espíritu del Opus Dei también le ayuda a afrontar cada día la situación, salir a la calle y dar lo mejor de sí misma a través de las ondas. “En la radio se transmite todo, también el estado de ánimo. Por eso es importante estar bien. Yo me esfuerzo para estarlo, ofrezco esa tarea a Dios y trato de sacar lo mejor de mí misma, que es lo que al oyente le va a servir. Sin duda, creer en Dios me da una seguridad y una tranquilidad que si no, no tendría. Los que salimos a la calle estamos en peligro, y a veces entra miedo, pero también te sientes protegida”, considera.

Con el objetivo de ayudar a superar la situación, su programa combina testimonios de oyentes, que comparten en antena cómo llevan los días de encerrona en casa, con ideas sobre alimentación saludable, ejercicio, juegos o entretenimiento para niños. “El objetivo es que sean momentos para convivir más con la familia; aprovechar este tiempo para comunicarnos mejor, cuidar a los amigos y unirnos más a nuestros familiares”, señala.

La radio sirve también para dar información, dar a conocer las acciones solidarias de supermercados y centros comerciales, y para colaborar en la reducción del número de casos mediante campañas de concienciación como #QuédateEnCasa, además de otra dirigida a luchar contra las noticias falsas.

Desde que se declaró el estado de alarma, Mayte ha cambiado de horario para no coincidir en la radio con otros compañeros y evitar los contagios. Cada día abandona la emisora ya entrada la noche, y recorre las calles vacías hacia su casa, donde le esperan su marido y sus tres hijos. Lo hace, eso sí, con la satisfacción de haber prestado un servicio.


“Me está costando no darles besos y abrazos”. Lorena, auxiliar de enfermería en una residencia de religiosas.

Lorena siempre soñó con ser policía, pero se quedó fuera de la Academia por dos centímetros. No medía lo suficiente, y tras asimilar la noticia decidió aprovechar el curso estudiando auxiliar de enfermería. Se enamoró de su profesión, y ahora trabaja en una residencia de religiosas de edad avanzada en Tuy. Los únicos centímetros que le importan ahora son los que la separan de las monjitas a las que cuida, todas ellas de más de 90 años.

“Me está costando un montón no darles besos y abrazos, y eso que yo no soy de exteriorizar mis sentimientos, pero con ellas es diferente; son como niños pequeños, y me supone mucho mantener las distancias por el coronavirus. Mi trabajo supone un contacto con el paciente mucho más estrecho que el de un médico o una enfermera: los aseamos, nos cuentan sus problemas… Cumplimos todas las precauciones, pero sí o sí tiene que haber contacto”, relata.

La mayoría de estas monjas están enfermas o requieren cuidados especiales y no entienden lo que está pasando. Las que lo entienden, se dedican a rezar para que cambie la situación. Para Lorena, supernumeraria de Opus Dei, cuidarlas es “un orgullo”. Cuando era adolescente soñaba con ser policía, soñaba con servir a su país y al Rey. “Ahora me encuentro con que estoy sirviendo a personas que toda su vida han servido al verdadero Rey, que es Dios”, comenta.

“Los caminos de Dios no son los nuestros. Dios me llevó a una profesión de servicio absoluto. Y estoy muy contenta. Y lo que realmente me gusta es la gente mayor”, señala. Lorena no solo procura dar a estas religiosas los mejores cuidados; también las acompaña cuando se encuentran en el trance de la muerte. Así lo ha hecho ya con varias de ellas. “Es un trabajo muy gratificante, de contacto directo con el paciente”.


“Procuro rezar por cada persona que sube al autobús”. Tino, conductor de autobuses.

Tino tiene 60 años, y sale cada día a conducir uno de los autobuses públicos que circulan por Valladolid. Entre las tres de la tarde y las once de la noche recorre siempre la misma ruta, pero estos días lo hace con una sensación especial. “Me hace ilusión trabajar, y estos días tienen el valor añadido de poder realizar mi trabajo como un servicio público imprescindible”.

“Procuro rezar por cada uno de los que se suben al autobús y por sus familias. También me esfuerzo en evitar los frenazos y ‘arreones’, aunque no todos autobuses responden igual”, relata. En el vehículo no pueden viajar estos días más de 20 personas a la vez. Todos los pasajeros se comportan con una amabilidad especial.

“Mis compañeros saben que soy del Opus Dei y algunos aprovechan para pedirme que rece por ellos y por sus familias. Yo lo hago encantado y les animo también a rezar. Se nota que ha mejorado también el compañerismo entre todos”, cuenta.

Los paseos por la ciudad le sirven también para ir saludando al Santísimo, presente en los sagrarios de las iglesias por las que pasa, y que en casi todos los casos permanecen cerradas. “Es mi modo de acompañar al Señor y el momento de hacer una comunión espiritual. También rezo por las personas que van por la calle y por los compañeros conductores cuando me cruzo con otro autobús”. Otra ‘medida’ de seguridad que emplea antes de ponerse al volante es pedirle ayuda a su Ángel de la Guarda, y ofrecer el trayecto, “ese bendito trabajo de cada día, para que todos los pasajeros puedan decir que casi es un viaje de placer".


“Seguro que sacamos algo bueno de esta pandemia tan dañina”. Santi, en el mercado central de frutas.

Santi, de 62 años, trabaja en el mercado central de frutas de Valladolid, que cada madrugada abre sus puertas a las 4.30, hora a la que empieza la venta y los preparativos de los pedidos. Estos días hay menos actividad: sólo las tiendas y las residencias de la tercera edad. “Cuidamos con precaución la higiene. El protocolo en el recinto del mercado es el uso de guantes y mascarillas y dispensadores de solución”. Santi es del Opus Dei, y mientras trabaja aprovecha para rezar por los mayores que viven en esas residencias, “pues son personas más vulnerables y que tienen estos días una especial sensibilidad. ¡Cuánto me alegra que coman buenas naranjas de Levante! Con ellas van mis oraciones para todos”.

El ambiente estos días es un poco tenso, según relata, pues a veces el miedo se apodera de las personas y toda precaución es poca. “Hay comentarios de todas clases, desde el que nunca reza hasta el que pide a Dios para que se curen los enfermos; nunca he oído tantas imploraciones como en estos días. El jueves pasado vino un camionero de Murcia y en la cabina tenía el rosario. Le pregunté si lo utilizaba; él me dijo que era su acompañante y más en estos días. Como este caso tengo cien historias más”.

“A veces pienso que de esta pandemia tan dañina seguro que sacamos algo bueno, sobre todo la sensibilidad hacia las demás personas y un acrecentamiento de la fe, que mucha gente ya tiene, pero que, por lo que sea, no manifestaba”, considera.


“La gente se está portando increíblemente bien”. María, farmacéutica en un pueblo de Galicia.

María nunca pensó que viviría escenas como las de estos días: puntos para que la gente espere a distancia mientras se la atiende, aforo limitado, limpieza sobre las superficies con cada cliente, mascarillas, espacios de más de un metro y medio entre el personal, pijamas especiales que se desinfectan y un cañón de ozono para limpiar el aire. Y, sobre todo, el nerviosismo que genera la incertidumbre.

“La gente no sabe, y necesita que se le expliquen cosas como el funcionamiento del sistema inmunitario. Algunos vienen asustados y otros con incredulidad. Los hay incluso que se comportan como si no fuera con ellos. Pero la gente se está portando increíblemente bien: no tiene tanta prisa, no pone mala cara si no hay lo que busca, o si tiene que compartir el pedido con otros clientes. Se ve mucha generosidad”, relata.

María se emociona cuando cuenta cómo afronta estos días: “Me ayuda pedirle ayuda a la Virgen. Como farmacéutica mi patrona es la Inmaculada Concepción, y la tengo en la farmacia. Hay momentos en los que le pido que nos eche un cable, que su manto nos proteja. Soy “egoísta” y empiezo pidiendo por mi familia, pero conforme pasa el día intento rezar por las personas que vienen a la farmacia, por cada persona que tengo delante y todo lo que tiene que ver con ella. A veces me da miedo todo lo que puede suceder, pero lo pongo en manos de Dios”.

Pese al estado de alarma, cree que el confinamiento puede servir para algo positivo: “estar más serenos, saber que en la vida hay cosas más importantes que correr para un lado y otro y no llegar a ningún sitio. Estos días todo el mundo está sacando lo mejor de sí”.

 

Cuidar mejor lo común o la importancia de esos trabajos a veces ocultos

¿Cuántas veces has visto en esta web algo interesante, pero no tenías tiempo para clicar? Te proponemos una selección de esos contenidos para ahora que –se supone- tienes más tiempo. Hoy, material que nos ayuda a reflexionar sobre el bien común.

DEL OPUS DEI26/03/2020

​Photo by Mehrad Vosoughi on Unsplash

Estos días nos están poniendo de relieve tres cosas: la importancia de esos trabajos a veces ocultos para tener las necesidades mínimas cubiertas, la importancia de la gestión de lo público para el bien común de la sociedad y la necesidad de ser creativos en los modos de cuidar a los demás, especialmente los más vulnerables.

1. Para ayudar a visibilizar esos trabajos –y a los trabajadores– imprescindibles, te mostramos algunos artículos variados de historias personales:

∙ Una farmacéutica que cuida a sus padres... con buen humor

∙ Un conductor de autobús, que emigró a Madrid, donde gracias a una usuaria de la línea de autobús que descubrió que su trabajo podía tener un sentido nuevo.

 

 

∙ Una empleada de supermercado, que dice que es muy normalita, pero que ha descubierto qué le hace diferente y especial.

∙ Un cartero, con una historia muy singular.

∙ El carnicero más popular... al menos de esta página web.

∙ Y un peluquero, cuya Universidad fue la calle y lo demuestra en las cuatro anécdotas que relata.

2. ¿Quieres reflexionar sobre el bien común y sus implicaciones? En este artículo se explica qué es; la participación y la responsabilidad de todos en su construcción; la responsabilidad del Estado; y en qué consiste el destino universal de los bienes. Con más enlaces donde profundizar en el tema.

3. Por supuesto, lo puedes complementar con el libro electrónico que recoge los principios que defiende la Iglesia en el ámbito social: el Compendio de doctrina social de la Iglesia.

4. Y para tener ideas sobre cómo ayudar a los demás en tu propio entorno, puedes volver a ver esta serie: Basta empezar. Maneras de ayudar a los demás. Una serie de 11 videos que buscan ayudar a profundizar en la importancia de las obras de misericordia mostrando los testimonios de más de 100 personas procedentes de 12 países.

 

 

 

Comentario al Evangelio: La resurrección de Lázaro

Evangelio del 5º domingo de Cuaresma (Ciclo A) y comentario al evangelio.

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Jn 11,1-45)

Había un enfermo que se llamaba Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había caído enfermo. Entonces las hermanas le enviaron este recado:

—Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo.

Al oírlo, dijo Jesús:

—Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Aun cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el mismo lugar. Luego, después de esto, les dijo a sus discípulos:

—Vamos otra vez a Judea.

Le dijeron los discípulos:

—Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí?

—¿Acaso no son doce las horas del día? —respondió Jesús—. Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz.

Dijo esto, y a continuación añadió:

—Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle.

Le dijeron entonces sus discípulos:

—Señor, si está dormido se salvará.

Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les dijo claramente:

—Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos adonde está él.

Tomás, el llamado Dídimo, les dijo a los otros discípulos:

—Vayamos también nosotros y muramos con él.

Al llegar Jesús, encontró que ya llevaba sepultado cuatro días. Betania distaba de Jerusalén como quince estadios. Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por lo de su hermano.

En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. Le dijo Marta a Jesús:

—Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.

—Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.

Marta le respondió:

—Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día.

—Yo soy la Resurrección y la Vida —le dijo Jesús—; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?

—Sí, Señor —le contestó—. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo.

En cuanto dijo esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en un aparte:

—El Maestro está aquí y te llama.

Ella, en cuanto lo oyó, se levantó enseguida y fue hacia él. Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que se encontraba aún donde Marta le había salido al encuentro. Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantaba de repente y se marchaba, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Entonces María llegó donde se encontraba Jesús y, al verle, se postró a sus pies y le dijo:

—Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció por dentro, se conmovió y dijo:

—¿Dónde le habéis puesto?

Le contestaron:

—Señor, ven a verlo.

Jesús rompió a llorar. Decían entonces los judíos:

—Mirad cuánto le amaba.

Pero algunos de ellos dijeron:

—Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que no muriera?

Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo:

—Quitad la piedra.

Marta, la hermana del difunto, le dijo:

—Señor, ya huele muy mal, pues lleva cuatro días.

Le dijo Jesús:

—¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

Retiraron entonces la piedra. Jesús, alzando los ojos hacia lo alto, dijo:

—Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la muchedumbre que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste.

Y después de decir esto, gritó con voz fuerte:

—¡Lázaro, sal afuera!

Y el que estaba muerto salió atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo:

—Desatadle y dejadle andar.

Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él.


Comentario

Después de los pasajes de los domingos pasados sobre la samaritana y el ciego de nacimiento, que nos revelaban a Jesús como agua viva y luz del mundo, este quinto domingo de Cuaresma nos presenta el relato de la resurrección de Lázaro, el séptimo signo o milagro narrado por san Juan, el último y más portentoso, y que revela a Jesús como señor de la vida y de la muerte.

 

San Juan señala que Marta, María y Lázaro eran amigos de Jesús. Fruto de esta confianza mutua, las hermanas hacen llegar al Maestro la noticia de que su hermano está enfermo. El evangelista añade que “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (v. 5). Y más adelante, con el versículo más breve de la Biblia, afirma que Jesús se conmovió y “rompió a llorar” (v. 35). Este cariño del Señor siempre ha despertado el asombro de los santos y su afán de correspondencia. San Josemaría los expresaba así: “Jesús es tu amigo. —El Amigo. —Con corazón de carne, como el tuyo. —Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro... Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti”[1].

A pesar de todo, Jesús no acude al instante a la llamada de las hermanas, sino que espera dos días. Y cuando llega a los confines de Betania, Lázaro lleva ya cuatro días muerto. Existía entonces la creencia judía de que el alma del difunto podía vagar fuera del cuerpo hasta el tercer día, pero al cuarto día el cuerpo entraba en corrupción[2]. A esta creencia podría referirse María cuando Jesús pide retirar la piedra del sepulcro y ella comenta que el cadáver olería muy mal. Según esto, Jesús habría retrasado su llegada porque iba a llamar a Lázaro realmente desde la corrupción, es decir, desde el sheol, la región de los muertos. Por contraste, Jesús resucitó al tercer día, porque como recordarían más tarde los apóstoles (cfr. Hch 2,14-36; 13,15-43), la Escritura había vaticinado: “no dejarás que tu Santo vea la corrupción” (Sal 16,10).

Dice el relato que “todavía no había llegado Jesús a la aldea” (v. 30) cuando llamó en secreto a Marta para que acudiera hasta Él. Quizá Jesús hizo esto para no incomodar a las hermanas, de luto, con el alojamiento del Maestro y sus discípulos, o para no comprometer a sus amigos, ya que los judíos lo buscaban para matarlo (cfr. v. 8). En cualquier caso, Marta llega y demuestra su gran fe en Jesús. Luego avisa a María, que se postra ante el Maestro delante de todos, sin respetos humanos, y conmueve al Señor.

“En el Evangelio de hoy —comentaba Benedicto XVI—, escuchamos la voz de la fe de labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: ‘Tu hermano resucitará’, ella responde: ‘Sé que resucitará en la resurrección en el último día’ (Jn 11, 23-24). Y Jesús replica: ‘Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá’ (Jn 11, 25). Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño (cf. Jn 11, 11)”[3].

Una vez abierto el sepulcro, Jesús grita: “¡Lázaro, sal fuera!” (v. 43). Lázaro era la forma griega del nombre hebreo Eleazar, que significa ayuda de Dios. Lázaro se convierte en el preludio de lo anunciado por Jesús: “Viene la hora, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán” (Jn 5,25). Jesús tiene poder sobre la muerte porque también lo tiene sobre el pecado, que es su causa. Por eso de algún modo, los lienzos que atan y envuelven a Lázaro representan no solo las ligaduras del sheol sino también las del pecado.

El Papa Francisco lo explicaba así: “el gesto de Jesús que resucita a Lázaro muestra hasta dónde puede llegar la fuerza de la Gracia de Dios, y por lo tanto, donde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio… ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! El Señor está siempre listo para levantar la piedra tumbal de nuestros pecados, que nos separa de Él, luz de los vivientes”[4]. Si nos fijamos en un detalle, Jesús no actúa directamente sobre Lázaro, sino que cuenta con la mediación de otros para que lo desaten. En estos colaboradores pueden verse simbolizados también los ministros en la Iglesia que absuelven los pecados.


[1] San Josemaría, Camino, n. 422.

[2] Cfr. Génesis Rabbá 100,64.

[3] Benedicto XVI, Audiencia, 10 de abril de 2011.

[4] Papa Francisco, Ángelus, 6 de abril de 2014.


[1] San Josemaría, Camino, n. 422.

[2] Cfr. Génesis Rabbá 100,64.

[3] Benedicto XVI, Audiencia, 10 de abril de 2011.

[4] Papa Francisco, Ángelus, 6 de abril de 2014.

 

V domingo de Cuaresma.

Jn 11,1-45.

  

En nuestro itinerario hacia la luz pascual nos acercamos a Jerusalén y con Jesús vamos a casa de los amigos, en Betania. Lázaro ha muerto y Jesús en la resurrección y la vida, quiere dar la respuesta definitiva al dolor y la muerte con su vida entregada como Redentor del mundo. En Betania Jesús acoge tres maneras sencillas de ser amado y acogido en la amistad. María de Betania representa el amor que se hace delicadeza y ternura. Sera la que unja los pies a Jesús con un perfume carísimo. Marta representa el amor que se hace acogida, confianza y servicio. Lázaro es el amor que se deja elegir, se pone en sus manos y no dice ni una palabra que no sea la de la aceptación.

Cercana ya la Pascua, el domingo de la resurrección de Lázaro nos prepara para vivir la gracia de la pascua, de la muerte y resurrección de Cristo.

 

1.     Descubrimos la profunda humanidad de Jesús. Cien por cien divino, cien por cien humano. Tiene un Corazón compasivo y misericordioso. Ante la tumba del amigo, llora. Se le conmueve las entrañas. Sería terrible despojar a Jesús de su profunda humanidad diciendo que su llanto es de mentirijilla...como lo va a resucitar después. En el fondo, es lo que creen que nuestra fe, no tiene en cuenta el sufrimiento humano. Por creer, no nos afectaría nada lo humano. El ejemplo también de los santos nos descubre que en su fe intensa, también sufrieron y les costó el dolor y la muerte.

 

2.     Entrar en Betania, es entrar en la cercanía de las personas que amamos y que han muerto. Es preciso afirmar con las palabras y la vida, que creemos en la vida eterna. No nos detengamos solo en la muerte, que es camino y puerta de entrada en la vida eterna. Existe el Amor redentor de Cristo que vence el pecado, el dolor y la muerte. Jesús en Betania, nos descubre la alegría de la amistad y nos lleva a vivir la vida, con la esperanza de saber que en la vida y en la muerte somos del Señor.

 

3.     Los amigos de Betania no fueron al sepulcro la mañana de resurrección como fue la Magdalena, porque ellos creían y afirmaron su fe en el Resucitado...Sabemos que tú eres la resurrección y la vida y el que cree en ti aunque haya muerto vivirá. En el Ritual de Iniciación Cristiana, al admitir a un catecúmeno para su preparación al bautismo se le pregunta, que pides a la Iglesia y responden la vida eterna.

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo. Primado de España

 

“Los gráficos del coronavirus no muestran la realidad total; enseñemos a la gente que sus sacrificios valen la pena”

Un experto de la Universidad de Navarra propone mostrar cómo se multiplican los casos cada cuatro días: “La meta está en llegar a una velocidad de 1"

 

27/03/20 12:43

Francesc Pujol director de Economics, Leadership and Governance Program de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra advierte a medios de comunicación y fuentes oficiales sobre la importancia de utilizar representaciones gráficas que muestren la evolución positiva del COVID19 frente a la “lectura contra-intuitiva” que producen algunos gráficos que se difunden estos días.

“Los gráficos tienden a mostrar una sensación de derrota, sin embargo, esa no es la realidad total”, confirma Pujol, que propone un modelo de representación gráfica más más intuitivo en un análisis realizado sobre el caso italiano publicado en su cuenta de Twitter @NewsReputation.

La propuesta del experto consiste en mostrar directamente el ritmo de crecimiento de los casos y de los fallecimientos. Es decir, “en lugar de incidir en las cifras de los casos totales o de los casos nuevos; mostremos la evolución de por cuánto se están multiplicando los casos cada cuatro días”, sugiere.

Estos gráficos cuentan una historia totalmente distinta -afirma el experto- porque nos muestra dónde está la meta y cómo nos estamos acercando a ella”. La meta está en llegar a 1,0. Si se alcanza el punto 1,0, el número de casos totales es el mismo que cuatro días antes: se para la expansión de la epidemia. Ahora el virus en Italia se reproduce a 1,47; y hace dos semanas a 2,05, como podemos observar en la siguiente imagen:

En este sentido, el experto incide en que la evolución de casos es una pista relevante pues “debemos tener en cuenta que la información que se da al público tiene un impacto directo en su comportamiento individual, en su aceptación de los sacrificios, como el confinamiento, y otras limitaciones impuestas y en su impacto psicológico”, advierte Pujol.

De esta forma, el profesor de la Facultad de Económicas incide en que el sistema de representación gráfica que está utilizando de manera mayoritaria en prensa y en canales oficiales “se puede mejorar si se muestran además con más claridad datos sobre el ritmo de crecimiento”. De esta forma, afirma Pujol, “mostraremos a la gente que sus sacrificios sí están valiendo la pena. Todos podemos aportar algo en esto y los que hacemos información gráfica, también”.

El experto tratará de publicar cada día los datos actualizados para España con este modelo de representación gráfica en el siguiente enlace de su cuenta de Twitter

 

Investigadores de Educación y Psicología e ICS estudian cómo afecta la crisis del coronavirus a las creencias personales

La investigación se enmarca en la tesis doctoral de Eduardo Camina, dirigida por Francisco Güell y Javier Bernácer, y solicita voluntarios para rellenar un cuestionario anónimo

Eduardo Camina y Javier Bernácer
FOTO: Manuel Castells20/03/20 10:21 Natalia Rouzaut

Investigadores de la Universidad de Navarra desarrollan un estudio para conocer cómo pueden cambiar las creencias personales antes y después de una crisis, como lo es la pandemia del coronavirus. Solicita voluntarios para rellenar un cuestionario anónimo breve que consta de 12 preguntas.

Esta investigación se enmarca en la tesis doctoral de Eduardo Camina, doctorando de la Facultad de Educación y Psicología y colaborador del Grupo ‘Mente-cerebro’ del Instituto Cultura y Sociedad (ICS), que versa sobre sistemas de creencias.

Según Javier Bernácer, codirector de la tesis e investigador del Grupo ‘Mente-cerebro’ del ICS, esta crisis es social y personal. Es decir, no solo tiene un impacto la cifra de víctimas y afectados a nivel global, sino también el hecho de que tengamos a personas cercanas entre ellos. “Pensamos que esta crisis puede afectar tanto a creencias trascendentales como a aquellas relacionadas con la ciencia o con las relaciones interpersonales”, ha asegurado.

De este modo, el equipo ha adaptado la investigación que estaban llevando a cabo en la tesis doctoral, seleccionando las 12 creencias más relevantes o cambiantes –que previamente habían sido detectadas– y han añadido varias preguntas relacionadas con el COVID-19. Su intención es realizar el cuestionario al inicio y al final de la crisis para así conocer mejor al ser humano y si esta nueva situación afecta al sistema de creencias.

Polarización y estereotipos

En la investigación original, Eduardo Camina buscaba detectar creencias a partir de frases e ideas y ver cómo se estructuran en forma de red. Para ello, 108 personas contestaron un cuestionario donde debían mostrar su acuerdo o desacuerdo con 90 proposiciones. Además, se realizaron una serie de preguntas sociodemográficas para poder dividir la muestra en grupos: mujeres y hombres, mayores o menores de 30, solteros o casados y simpatizantes de izquierdas o de derechas.

“Los resultados preliminares apuntan a la polarización de la sociedad, aunque también a la absurda necesidad de que nuestras creencias se ajusten a estereotipos”, ha destacado Bernácer. Entre otras relaciones, han podido comprobar que aquellos que afirman votar a partidos de derechas cuentan con más creencias de tipo trascendental y los votantes de izquierdas tienen mayores creencias de progresismo social.

La tesis, titulada ‘Análisis de redes implicadas en la configuración del sistema de creencias’, se realiza conjuntamente en el ICS y la Facultad de Educación y Psicología bajo la dirección de Francisco Güell, coordinador del Grupo ‘Mente-cerebro’, además de Bernácer. Para la ejecución de este proyecto, Camina realizó una estancia de investigación en la Universidad de Harvard (EE. UU.) para formarse en la teoría de grafos.

 

Confinamiento…con una hora menos de sueño

Este fin de semana perderemos una hora de sueño, en la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo. En tiempos de confinamiento, debido al estado de alarma por la pandemia del #Covid19, las consecuencias pueden ser peores que otros años.

Se ha demostrado que, si dormimos menos de lo necesario o a deshora (forzamos el despertar sin que aún haya amanecido y/o nos acostamos cuando todavía no se ha puesto el sol), alteramos el ritmo circadiano, lo que se refleja en conocidos trastornos como el jet lag, y entramos en un grupo de riesgo que puede sufrir enfermedades cardiacas, cáncer, obesidad, demencias…. Alterar el ritmo circadiano también afecta a la liberación de hormonas, al comportamiento alimentario e incluso a la presión sanguínea y la temperatura corporal. Algunos de los impactos más reseñables son: el síndrome de retraso de la fase del sueño, el síndrome del adelanto de la fase del sueño,  el trastorno por ritmo de sueño-vigilia irregular, el síndrome del cambio rápido de zona horaria, y otros que podéis consultar aquí.

Cuando adelantemos el reloj una hora este fin de semana estaremos alejándonos una vez más de lo que tantas veces hemos propuesto desde la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) y el Consejo Asesor para la Racionalización de los Horarios (CARH), adscrito a Presidencia de la Generalitat de Cataluña, y que podéis leer aquí. Como decíamos al principio de este post, este año, además, se agravarán las consecuencias debido al confinamiento por el #Covid19.

Ayer, tras una reunión virtual de los miembros del CARH, se decidió informar a través de las redes sociales de que, este año, «se puede alargar el periodo habitual de adaptación al nuevo horario, que son cuatro días, a causa de la disminución de rutinas sociales, la menor exposición a la luz solar y la disminución de la actividad física». Se publicaron también una serie de recomendaciones para superar estas dificultades añadidas:

  1. Procurar recibir el máximo de luz natural por la mañana.
  2. Intentar seguir pautas de ejercicio físico, en la medida que sea posible para cada uno, especialmente por la mañana y cada día a la misma hora.
  3. Desplazar los horarios de sueño y comidas de manera progresiva, unos 15 minutos diarios, especialmente en los niños, para hacer la adapatación más suave.
  4. Mantener horarios regulares para levantarse e irse a dormir, comidas, para ayudar a la regularización del reloj interno, y favorecer así el sueño.
  5. Como siempre, evitar el uso de pantallas antes de dormir, pero especialmente estos días, para evitar retardar más el sueño.
  6. Evitar las siestas y las bebidas estimulantes a partir de la comida del mediodía.

Aquí podéis consultar el comunicado que la Generalitat acaba de hacer público hoy. Os animo a aplicar estas recomendaciones para que #quedarteencasa sea menos duro.

 

El Párroco que administró la unción al primo de Díaz Ayuso, da 250 comidas diarias a indigentes

José Manuel Horcajo mantiene abierto el comedor social en Puente de Vallecas y realiza su labor solidaria con el permiso de la policía

El P. José Manuel Horcajo en el comedor social.

José Manuel Horcajo es uno de esos sacerdotes, como tantos otros, que no ha cesado su actividad parroquial desde que comenzó el estado de alarma debido al coronavirus. Párroco de San Ramón Nonato en el barrio madrileño de Puente de Vallecas, vive en un piso solo, a escasos metros de la parroquia. 

Uno de los momentos más tristes que ha vivido durante esta crisis mundial fue la pérdida de su amigo, Guilermo Gómez, primo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el primer contagiado que ingresó en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.  

Un funeral online 

"El funeral, celebrado el pasado 23 de marzo, se retransmitió por nuestro canal YouTube y al final pudieron asistir su mujer Pilar y sus cinco hijos. Se unieron muchos familiares y amigos de manera online y la misa ha superado las 700 visualizaciones", cuenta el P. Hocajo a Religión Confidencial. 

Guillermo estuvo 20 días en el hospital sin poder ver a su familia. Unas horas de antes que falleciera, llamaron a su mujer para que se despidiera de él y el P. Horcajo pudo administrarle la unción de enfermos, forrado hasta arriba con el traje de protección y doble guantes. "Ahora creo que ya ni siquiera los capellanes de hospitales pueden impartir los óleos sagrados" afirma el sacerdote a RC.   

Guillermo y Pilar formaban parte de la pastoral de la parroquia, dirigían el Centro de Orientación Familiar (COF) y apadrinaban a parejas con problemas. 

 

Abrir o no la parroquia 

Este ha sido uno de los momentos más dramáticos que ha vivido el P. Horcajo durante esta pandemia. Habla muy a menudo con la viuda para darle consuelo.

Sabedor de que hay muchas necesidades en estos momentos, Horcajo, respetando el decreto del Gobierno, abre la parroquia todos los días de 10 de la mañana a 8 de la tarde. A las 9.30 de la mañana celebra la misa que se emite en directo desde su canal YouTube y desde facebook Live. Su canal está más activo si cabe en estos días.

"Pero ayer nos cerró la Iglesia la policía.En un tono muy cordial, les comenté que el artículo 11 del Decreto del Gobierno permite mantener abiertos los lugares de culto, siempre que se respeten las normas sanitarias, aunque no pueden celebrarse eucaristías. Sin embargo, el segundo decreto ciertamente da potestad a las autoridades para clausurar el templo si lo considera necesario. Creo que hay un poco de ambigüedad en el Decreto", afirma el sacerdote.  

Ciertamente, algunas personas sin techo se refugian en la parroquia y de vez en cuando, se acerca algún feligrés a la Iglesia después de hacer la compra. Es una necesidad para un católico. El P. Horcajo ha podido confesar a alguno de ellos. Sin embargo, aclara: "Según el Decreto, las personas no se pueden salir a la calle para ir a los lugares e culto, aunque sí se permite que estén abiertos. Es algo contradictorio. En la puerta de la parroquia tengo puesto el artículo 11 del Decreto por si la Policía me dice algo".  

En el siguiente vídeo, se ve a José Manuel Horcajo que regresa de hacer la compra. 

 

Comedor de San José abierto 

Pero la gran labor de la parroquia, que mantiene abierta el sacerdote, es el comedor social San José de San Ramón Nonato: unas 250 personas indigentes y sin recuerdos acuden diariamente a por alimento. Esta solidaridad se realiza, como no podía ser de otra manera, con el permiso de la policía que muchos días observan cómo se reparten los alimentos. 

Sin ir más lejos, el otro día, El P. Horcajo se acercó con su furgoneta al Hotel Villamanga a recoger todos los alimentos que el establecimiento les había donado. 

"He tenido que expedir permisos a los voluntarios para que puedan continuar ejercitando esta labor.  Algunos comedores han cerrado y nos han trasladado al nuestro a las personas que acudían a ellos", apunta el sacerdote.

Así, por la mañana entregan unos 150 bocadillos en bolsas con su bebida. Los necesitados se ponen en fila guardando la distancia oportuna y se llevan la bolsa cada uno. 

Además de las bolsas con bocadillos, preparan unos 60 tupperware.  "Cada persona se trae el suyo bien lavado, y les ponemos la comida. Por último, también tenemos un buen grupo que viene a comer todos los días y entran de 4 a 4 al comedor", cuenta el párroco del Puente de Vallecas. 

De momento, no se ha contagiado ningún voluntario. Todos guardan las medidas sanitarias reglamentarias como se puede ver en el siguiente vídeo. 

 

Acompañamiento y unción de enfermos 

Así mismo, los voluntarios de la parroquia están acompañando a muchas personas que viven solas: les llaman por teléfono, les dan conversación, les hacen la compra o le compran medicinas.  

Además de esta labor social, el P. Horcajo continua con sus medios de formación y evangelización a través de vídeos formativos que prepara diariamente. El de ayer por ejemplo se tituló: "Las obras de Cristo". 

Preguntado si impartiría la unción de enfermos a algún enfermo a punto de morir en su casa, José Manuel Horcajo dice rotundo que sí, aunque matiza: "En estos momentos, las autoridades no permiten impartir este sacramento a personas contagiadas".  

"Por este motivo, a los capellanes de hospitales se les está permitiendo excepcionalmente dar absoluciones generales de forma presencial pero alejados del enfermo, porque "el sacramento de la penitencia siempre tiene que ser presencial", afirma Horcajo. 

Una parroquia viva que no cierra en estos días y que velan como tantos sanitarios y otros profesionales,,de los demás.  

 

Jesús de Nazaret

Daniel Tirapu

La Biblia para Jóvenes.

Leo el libro de Joseph Ratzinger. Hila muy fino, es un libro académico, culto, que responde a la historiografía crítica de muchos protestantes, un rabino judío y a algunos católicos. La conclusión es: lo que leemos en el evangelio es verdad, no es una bella fábula oriental, un libro para chalados de otro mundo dispuestos a creer cualquier cosa. Es tan real que da miedo.

El Antiguo y el nuevo Testamento no se entienden el uno sin el otro, y todo se cumple en el nuevo y arrasa al antiguo. "Se os ha dicho, pero Yo os digo"; Jesús hombre y Dios, habla en nombre propio, no cita a otros, a veces sí. Muere por declararse el Hijo de Dios, además del hijo del hombre.

Anda bájate de la cruz; anda convierte las piedras en pan; anda, a otros salvaste y no te puedes salvar tu!! Eficacia, eficacia, si eres Dios puedes; pero nos has hecho libres. Por qué se rasgó el velo del Templo?

Benditas mujeres que creísteis en Jesús, lo perfumasteis, lo besasteis. De vosotras viene la salvación del mundo, porque nadie os creyó.

De todos modos mi consejo, que procuro cumplir, es leer y meditar el evangelio 5 minutos al día, todos los días. Al espejo le dedicamos más. Es Palabra de un Dios escondido, pero que se manifestará en todo su poder y gloria a cada hombre y a la humanidad, cara a cara.

 

¿Buscas problemas o prefieres encontrar soluciones?

Lucía Legorreta

Ni a ti ni a mí, ni a persona alguna nos gustan los conflictos. Sin embargo, es una realidad que nuestra vida está llena de ellos. No sabemos cómo enfrentarlos y poco nos educan para hacerlo.

 

 

Un conflicto es un desacuerdo persistente entre personas, es un choque de opiniones, intereses, egos, incompatibilidad, discusiones o diferencias… pero en el fondo todo eso es reflejo de la necesidad oculta de tener la razón.

Pienso que todo problema tiene casi siempre una o varias soluciones. El problema está en nosotros, que no estamos abiertos a plantear, analizar y llevar a cabo estas soluciones.

Los conflictos pequeños y grandes de nuestra sociedad podrían solucionarse si cada uno de nosotros nos enfocáramos a buscar la salida y no el laberinto.

Comparto contigo algunas estrategias recomendadas por Raimon Samsó en la revista El País, que pueden ayudarte a resolver un conflicto de cualquier tipo en tu vida diaria:

- Dejar de hacerlo más grande: empeorar las cosas no es parte de la solución, sino del problema. Centrarse en reducir las diferencias es más útil que aumentarlas.

- Cuando lo de siempre no funciona, toca hacer otra cosa. Las crisis auténticas lo son de falta de imaginación y creatividad.

- Dejar de alimentarse de viejas creencias. Cuando no se es capaz de pensar en nada diferente no se encuentran salidas diferentes.

- Actuar más y no perderse en las explicaciones. Teorizar en las explicaciones para entender no significa que sirva para llegar a un acuerdo: mejor actuar.

- Buscar puntos de acuerdo y no de desacuerdo. Dedicar casi toda la sesión de negociación a lo que se está de acuerdo facilita después resolver los puntos de desencuentro.

- Pasar del detalle a lo global. La perspectiva amplía el punto de vista y permite ver detalles que antes no se consideraban.

- Cambiar el vocabulario. Hay expresiones y palabras negativas que no ayudan a resolver y otras positivas que sí.

- Dejar de juntarse con los que tiran balones fuera. Es obvio que no conocer cómo resolver conflictos, mejor frecuentar personas que sean responsables.

- Hacerse buenas preguntas: ¿Cuándo aparece y cuándo desaparece?, ¿dónde, con qué frecuencia y con quien aparece?, ¿qué hace que vaya mejor o peor?, ¿de qué sirve?, ¿qué puedo hacer yo?

Esto lo podemos aplicar en los diferentes ámbitos de la vida: nuestro matrimonio, con los hijos, en el trabajo.

Pregúntate muy sinceramente si eres una persona que constantemente buscas o creas problemas, o, por el contrario, eres alguien que prefiere encontrar cómo solucionar los conflictos.

Si es así, te felicito. Si eres de las primeras, hoy puedes empezar a cambiar y tus relaciones con los demás mejorarán de inmediato.

 

Modestia y pudor, dos palabras en desuso

Ana Teresa López de Llergo

El equilibrio que causa la modestia contrarresta el individualismo, y el modo de administrar los bienes físicos, propio del pudor, produce seguridad y obviamente destierra la inseguridad.

 

Sabemos que el lenguaje es un sistema formidable para establecer contacto con nuestros semejantes. Los animales lo tienen integrado a su especie y se comunican entre ellos de un modo invariable. Los seres humanos, por su modo de ser libre y procesual, inventan y enriquecen ese lenguaje de acuerdo con sus necesidades y a sus descubrimientos. Por eso las palabras pueden conservarse o caer en desuso al perder su sentido.

Las palabras manifiestan los conocimientos, los deseos, las valoraciones, las experiencias y más. Son indispensables para la convivencia, para mantener las relaciones, o para levantar barreras. El lenguaje es un recurso por el cual las personas muestran su riqueza o sus carencias, sus adelantos o sus retrocesos.

Algunas se dejan de usar porque los recursos se vuelven obsoletos. Resulta un empobrecimiento grave las que se dejan de usar por devaluar el contenido perfectivo que encierran.

En este último caso están la modestia y el pudor. Ambas palabras expresan virtud, y las virtudes no pasan de moda, son logros voluntarios para llegar a ser mejores personas. Por eso, siempre tienen vigencia aunque cambien las circunstancias o los estilos de vida. Las palabras que hacen referencia a cualquier virtud tienen extenso significado pues variada es la manera de mostrar las virtudes.

De la modestia, el diccionario señala: recato en las acciones externas; persona que no se vanagloria de sus méritos; recato –honestidad, pudor, reserva, cautela–; sencillo no lujoso; mediana posición social. Estos sinónimos son puntos de partida para comprender que la modestia manifiesta una posición centrada, ni excesiva ni deficiente. Se trata de alguien equilibrado y, por eso, ni busca el halago, ni aparenta humildad para que lo consuelen o lo compadezcan.

El diccionario dice del pudor: sentimiento de reserva hacia lo que puede tener relación con el sexo. Vergüenza, timidez, embarazo ante una situación que incomoda. A partir de esta base, podemos decir que el pudor es una tendencia –más o menos consciente– a proteger un bien físico y reservar su uso al momento más adecuado. Un bien físico abarca desde la belleza y proporción del cuerpo, hasta las funciones orgánicas íntimas como la sexualidad. Por eso la custodia de lo íntimo es más delicado y debe ser mejor guardado.

Al comprender mejor estas dos virtudes nos damos cuenta que tienen el poder de reparar ciertas tendencias de las personas contemporáneas. El equilibrio que causa la modestia contrarresta el individualismo, y el modo de administrar los bienes físicos, propio del pudor, produce seguridad y obviamente destierra la inseguridad.

Como estas virtudes tienen su raíz en características corporales básicas de toda persona, el ámbito más adecuado –aunque no exclusivo– para cultivarlas es la familia. La familia es la sociedad más íntima, como íntimas son estas dos virtudes. La familia salva a la persona de la muerte, consecuencia del aislamiento. Al vivir con los otros, vive bajo la mirada de los demás que no son unos extraños, sino que de ellos brota la solidaridad, la amistad, el amor manifestado en el cuidado mutuo; esto impulsa el deseo y el esfuerzo por mostrar lo mejor de sí mismo.

Las virtudes de la modestia y el pudor se expresan a través de los modales y de la vestimenta. Las bases de los modales y de la vestimenta se aprenden de modo natural en la familia, de allí el cultivo espontáneo de la modestia y del pudor, que a la larga no sólo harán crecer a esas virtudes sino también mejorarán la vida en compañía.

Cada persona se relaciona con los modales que enriquecen o empobrecen el lenguaje. Cada persona se muestra a los demás con el modo de vestir allí descubre su capacidad para adaptarse a las circunstancias y la sensibilidad para ser oportuna con sus elecciones. Sobre estos detalles tan íntimos los miembros de la familia tienen mucho que aconsejar.

Cuando en la familia se hace énfasis en la importancia de estas dos virtudes, sus miembros contrarrestan las tendencias cada vez más extendidas hacia la vulgaridad. La vulgaridad es corrosiva porque anula el buen gusto y el decoro, y a largo plazo produce mentalidades contrarias a todo orden y disciplina.

La elección de las prendas de vestir no debe apoyarse solamente en la comodidad, lo práctico o la libertad de movimiento. La experiencia demuestra que cuando estos criterios son los únicos se produce una ruptura con la sobriedad y la elegancia, falla la modestia. Además, la comodidad y lo práctico deja de dar importancia al sexo, a la edad y a las circunstancias. Con frecuencia la ropa interior llega a ser la única vestimenta.

Todo ello desdibuja la valiosa identidad de las personas, la niñez lleva ropa de adultos, los adultos ropa infantil, se fomenta la ropa unisex. Así se desdibuja el status social de las personas, o la ropa adecuada para ejercer una profesión. Esto que parece meramente externo influye en la mentalidad y despersonaliza. Lo último afecta más a los adolescentes precisamente porque están en una etapa para afirmar quiénes son. Es importante no olvidar que el alma se expresa mediante el cuerpo y la ropa.

El deleite en la contemplación de la belleza corporal, y en particular del cuerpo femenino ha de respetarse, pues toda transgresión en este tema puede ser muy grave por la degradación que acarrea. Aquí queda claro que la corrupción de lo óptimo es lo peor.

El mínimo desorden en este tema provoca serios trastornos. Desde la grosería y la vulgaridad hasta la pornografía. La ausencia de virtudes da paso al desarrollo de los vicios, y éstos a su vez se manifiestan en agresiones que todos sufrimos diariamente en los lugares públicos, en el acoso sexual, en la proliferación de publicidad erótica, en periódicos o revistas obscenas, en canales pornográficos, en programas indecentes.

No podemos negar la relación de causa y efecto. La inmodestia y el impudor que cosifican al cuerpo, dan pie al elenco anterior y a mucho más.

 

El milagro de la paz

Todavía están vivas las impactantes imágenes del Papa Francisco besando los pies a los dirigentes de Sudán del Sur, uno de los países más pobres de África, en guerra civil desde su reciente independencia. Desde aquel encuentro en el Vaticano, los dirigentes enfrentados han abordado sus diferencias en un diálogo que, al final, ha desembocado en una promesa firme de reconciliación nacional. El acuerdo de paz debería poner fin a seis años de una guerra que ha costado cerca de medio millón de victimas y más de un millón de desplazados. No es la primera vez que se alcanza un acuerdo prometedor, pero hasta ahora siempre se ha visto frustrado debido a los intereses de las tribus y a los proyectos del presidente Salva Kiir y del futuro vicepresidente Machar. Esperemos que ahora vaya en serio, de momentos no hay informaciones contrarias, aunque en estos días el coronavirus la abarca todo.

Jesús Martínez Madrid

 

Otro efecto del coronavirus

Con ocasión de la epidemia, algunos más jóvenes han sabido por qué la de 1918 pasó a la historia como “gripe española”: en plena guerra mundial, los Estados acentuaron la censura informativa sobre una dolencia que se expandió rápidamente por el mundo; aquí las noticias corrieron libremente, gracias a la neutralidad bélica del país.

Se comprende que los gobiernos traten de controlar la información sobre epidemias, para evitar alarmas innecesarias y quizá peligrosas; o, en otro orden de cosas, sobre las actividades terroristas, justamente para reducir objetivos de los criminales normalmente ligados a conseguir una notoriedad que dé a conocer sus reivindicaciones. Pero cualquier alumno casi de primero de periodismo, sabe que existe una comunicación en tiempo de crisis, con reglas esenciales: la veracidad y su secuela de asumir el problema y los errores cometidos.

No es el caso de los regímenes comunistas, con su peculiar concepto de la verdad -es veraz lo mejor para el sistema-, aunque esta actitud sea cada vez menos compatible con una sociedad moderna globalizada y penetrada por la información –no siempre auténtica, ni muchos menos- difundida a través de las redes sociales.

Así, en China, ante las primeras sospechas ciudadanas de que algo pasaba en la ciudad de Wuhan, las autoridades negaron todo. Incluso, a comienzos de año, informaron de que habían sido castigados ocho facultativos por difundir rumores; entre ellos, el médico llamado Li Wenliang, uno de los primeros denunciantes del nuevo virus: su fallecimiento ha causado una seria conmoción ciudadana, orientada contra el régimen.

Las autoridades no tuvieron más remedio que aceptar la realidad, y tomar medidas –algunas tan increíbles como la construcción urgente de hospitales. Por desgracia, la censura se ha transformado, gracias a la tecnología, en una especie de ensayo general del absoluto control ciudadano, a través de los big data. Pero, según la organización China Human Rights Defenders, 351 personas habían sido castigadas hasta el 7 de febrero por “difundir falsos rumores” sobre el coronavirus. La realidad ha superado cualquier desinformación y/o suspita.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Urge atender a los más vulnerables

En la actual epidemia por coronavirus llama la atención la falta de rapidez de las autoridades estatales, autonómicas y municipales para atender mejor a las personas más vulnerables, personas mayores que viven solas, dependientes o con discapacidades. Estamos notando los efectos de estos descuidos.

El mejor servicio social, sin lugar a dudas, es el de las familias estables. Siempre he defendido que son el mejor apoyo para las personas vulnerables. En segundo lugar, entidades  -como Cáritas, que es la que más labor social hace en España– de voluntariado y vecinos o/y voluntarios que ayudan a esas personas, habitualmente y mucho más en estos días.

En el tercer escalón de eficacia en servicios sociales, para mí en tercer lugar, están las administraciones estatales, autonómicas y municipales. Sé que esta afirmación molesta siempre a quienes propugnan que los servicios sociales públicos sean los primeros, les molesta incluso la labor de Cáritas –por ser de la Iglesia Católica-, pero ahora la situación les brinda una ocasión de oro: ¡que lo demuestren con medidas inmediatas, a la altura de la crisis sanitaria que sufrimos!

He leído algunas medidas de comunidades autónomas y ayuntamientos, y sinceramente algunas me han enervado, al comprobar unos planteamientos burocráticos y alejados de la realidad. Por ejemplo, llamar por teléfono a las personas que no pueden ir a los centros de día, porque ya sabemos todos que están cerrados.

JD Mez Madrid

 

“Mi miedo”, mis geranios, la vida y la naturaleza

 

                                Mi costumbre en todas las estaciones del año es levantarme a las seis de la mañana, puesto que me acuesto temprano y antes de las diez de la noche estoy en la cama, generalmente leyendo; ya en pie, paso al cuarto de baño donde me aseo tranquilamente, ya que suele írseme una hora en ello, mientras, oigo en un pequeño transistor música clásica que transmite la emisora nacional “Radio Clásica”; y entretanto, va viniendo el día y la luz diurna va iluminando mi pequeño jardín, que tengo y cuido en un pequeño patio interior y que tengo muy poblado, con tiestos de flores y plantas, donde abundan los geranios. Y hoy observo en un tiesto donde planté dos esquejes de uno de ellos, que ya han dado ambos, sus primeras flores; y sonrío con satisfacción puesto que, “esa vida se ha reproducido potente y bella y pese a todo lo que ocurre en el mundo”; y se me muestra con la máxima potencia de esta, por otra parte, dura planta, que en sus múltiples variedades, adorna infinidad de hogares en gran parte del mundo.

                                Después me preparo el desayuno, que generalmente se compone de tostadas con pan normal, rociadas con aceite de aceituna (mal denominado de oliva) y untadas con tomate natural triturado; una regular taza de leche, bien con una bolsita de té negro o rojo, o un poco cacao; después me trago, “los cuatro comprimidos medicinales que me tienen  recetados”, con agua del grifo y abundante cantidad; y posteriormente y tras unos minutos de “ver los dibujos de Ton y Jerry”, que me hacen sentir “esa sensación de bienestar y risa que alimenta por sí misma”; le digo a mi perro Aníbal (un pequeño y ya muy viejo Yorkshire de 14 años, pero el que ya un poco cegato, se mantiene fuerte y ágil y sube las escaleras mucho más rápido que yo)… ¡Vamos Aníbal!... el que muy contento se dirige a la puerta del piso, la que le abro y delante de mí, baja los veintiún escalones que nos separan del suelo; y juntos y contentos, damos el pequeño paseo que por los alrededores de mi domicilio, “nos permiten las leyes que nos encierran hoy como a conejos en sus madrigueras”; mi perro afortunadamente nada sabe de ello, puesto que esas leyes no van con él, y disfruta de “las libertades lógicas y que disfruta desde que nos llegó a casa, como regalo de mis hijos a mi mujer, que ya falleció hace casi cinco años”; por lo que hoy los dos habitantes caseros, somos “el perro y yo”.

                                Ya en la calle, observo como cada año, el canto primaveral y nupcial de los ya no muy abundantes gorriones, que antes, alegraban mucho más el barrio y la ciudad en que vivo; hoy han disminuido mucho, puesto que debido a “tanta sanidad y salubridad, apenas tienen que comer de lo que dejamos “los sabios seres humanos”, salvo algunos, que como yo, siempre les llevamos restos del pan que comemos y lo que reciben con enorme alegría”; pero ellos, los que quedan, harán sus nidos y crearán sus sucesores, como lo han hecho siempre; también veo algunos palomos, que como plaga que han llegado a ser, “no los veo con buenos ojos”, pero como son tan cansinos y fuertes, siguen viviendo en la ciudad pese a las contenciones municipales y por los daños que producen, a la que por ello, ya se le ha denominado, “la rata con alas”.

                                Las calles están vacías, apenas nadie circula por ellas, los establecimientos comerciales del barrio, sólo permanecen abiertos, “la botica o farmacia, la tienda de comestibles y panadería, y el estanco” (por lo visto el consumo de tabaco, sigue siendo necesario para la salud, pese “al virus chino”). Mi ciudad parece “una ciudad muerta o moribunda; y da lástima mirarla como hoy está”; así vuelvo a mi despacho y emprendo mi trabajo diario, el que se traduce a estos artículos que leen ustedes; ya hace años que no escribo libros ni tengo ganas de ello, por el aburrimiento sufrido, “en este por otra parte ilusionante trabajo que en sus momentos sintiera”; hoy me dedico a leer a otros autores, más viejos que yo y algunos incluso de milenios atrás; algo de artículos “modernos”; pero los libros modernos, generalmente ya no me dicen nada, “sí algunos artículos inteligentes”, que también leo; y así sigo y seguiré mientras la vida me sostenga. Tengo “muchos libros” inéditos y que quedan en “el ordenador”.

                                Algunos lectores (muy pocos) se interesan por mí, y alguno hasta es capaz de escribirme algo; y a lo que siempre respondo, como en la misiva que sigue…

                                “Amigo Pablo: Muchas gracias por su interés por mi cuido... yo y de siempre me he cuidado bastante bien; prueba de ello que ya con casi 82 años, sigo funcionando bastante bien; y mi cerebro mejor que nunca; nunca tuve miedo a la muerte, sencillamente porque cuando supe deducir, que tanto el nacer como el morir, es de lo más natural, pues "eso"; sí que tengo miedo a la forma de morir, por cuanto y por muchas veces, he visto morir a seres humanos, de forma no deseable u horrible, pero, "esa es la perra vida aquí en este planeta"... ¿Y usted como se encuentra? No hagamos "torres inaccesibles", donde sólo hay contratiempos soportables, prosigamos tranquilamente la vida que nos ha tocado vivir y a esperar el futuro; duerman tranquilos, que como dicen ahí en Italia... "Lo que tenga que ser será": Un abrazo.AGF.            Y por si les sirve de algo, ahí va lo que opinó Einstein de las crisis: 

 

                                Yo lo que puedo decir es, que, “sigo sin tener miedo y menos al propio miedo”; sigo mi vida como me la han dejado actualmente y; “lo que tenga que ser será… pero la verdad, no me agradaría dejar sólo a mi Aníbal, aunque si le llega, estoy seguro que mis hijas, lo atenderán como hoy y afortunadamente me atienden a mí.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                    

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes