Las Noticias de hoy 25 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Mié, 25/03/2020 - 12:56
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 25 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Video especial del Papa: “Oremos por el fin de la pandemia”

Las 4 “palabras de la vocación”: Mensaje para Jornada de Oración por las Vocaciones

Mañana, el mundo entero rezará ‘Padre Nuestro’ con el Papa

“Oración unánime” ante la pandemia

Adoración Eucarística: “No permitas que nunca me separe de Ti”

LA VOCACIÓN DE SANTA MARÍA: Francisco Fernandez Carbajal

La anunciación del Señor: San Josemaria

La Anunciación del Señor

Ideas de san Josemaría sobre la convivencia familiar

Cuaresma en cuarentena

El Angelus – Historia de esta devoción mariana: primeroscristianos

Guillermo, padre de 5 hijos y evangelizador todoterreno: su muerte por coronavirus, testimonio de fe: Javier Lozano

Sobre la unidad de Cabeza y Cuerpo de la Iglesia en la Eucaristía: Salvador Bernal

Nostalgia de la Santa Misa: Ernesto Juliá

SABERSE EN COMBATE... CONTRA SATANÁS Y SUS ÁNGELES, LOS DEMONIOS: Alberto García-Mina Freire.

Eutanasia o cuidados paliativos: Enric Barrull Casals

El valor social de la religión: Jesús D Mez Madrid

Aplaudir a nuestros médicos y sanitarios: Jesús Domingo Martínez

Suenan las campanas: Juan García. 

¿Aportarán los políticos al igual que los trabajadores? Y…?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 24 de marzo de 2020

https://youtu.be/ZLZC5UNNLro
 
Monición de entrada

He tenido noticia de que en estos días han fallecido algunos médicos, sacerdotes, y no sé si alguna enfermera, porque se han contagiado, han pillado el virus porque estaban al servicio de los pacientes. Recemos por ellos, por sus familias, y doy gracias a Dios por el ejemplo de heroicidad que nos dan al cuidar a los enfermos.

 Homilía

La liturgia de hoy nos hace pensar en el agua, el agua como símbolo de salvación, porque es un medio de salvación, aunque el agua es también medio de destrucción: pensemos en el Diluvio… Pero en estas lecturas, el agua es para la salvación. En la primera lectura (Ez 47,1-9.12), ese agua que lleva a la vida, que sanea las aguas del mar, un agua nueva que cura. Y en el Evangelio (Jn 5,1-3.5-16), la piscina, aquella piscina donde iban los enfermos, llena de agua, para curarse, porque se decía que de vez en cuando se movían las aguas, como si fuese un río, porque un ángel descendía del cielo a moverlas, y el primero, o los primeros, que se echaban al agua eran curados. «Y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos», allí, esperando la curación, a que se moviese el agua. «Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo». ¡38 años allí, esperando la curación! Hace pensar esto, ¿no? Es demasiado, porque uno que quiere ser curado se las apaña para tener a alguien que le ayude, se mueve, espabila, incluso se un poco astuto…, pero este, 38 años allí, hasta el punto de que no se sabe si está enfermo o muerto. «Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: ¿Quieres quedar sano?». Y la respuesta es interesante: no dice que sí, se queja. ¿De la enfermedad? No. Respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo –esto a punto de ir–, otro se me ha adelantado». Un hombre que siempre llega tarde. «Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Y al momento el hombre quedó sano».
 
Nos hace pensar la actitud de este hombre. ¿Estaba enfermo? Sí, quizá tenía alguna parálisis, aunque parece que podía caminar un poco. Pero estaba enfermo del corazón, estaba enfermo del alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza. Esa es la enfermedad de este hombre: “Sí, quiero vivir, pero…”, y allí estaba. ¿Y la respuesta es: “Sí, quiero ser curado!”? ¡No, es quejarse!: “Son los otros los que llegan antes, siempre los demás”. La respuesta al ofrecimiento de Jesús para curarse es una queja contra los demás. Y así, 38 años lamentándose de los otros. Y no haciendo nada para curarse.
 
Era un sábado: hemos oído lo que hicieron los doctores de la Ley. Pero la clave es el encuentro con Jesús, después. Lo encontró en el Templo y le dijo: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Aquel hombre estaba en pecado, pero no estaba allí por haber hecho algo gordo, no. El pecado de sobrevivir y lamentarse de la vida de los demás: el pecado de la tristeza que es la semilla del diablo, de esa incapacidad de tomar una decisión en la vida, pero sí mirar la vida de los demás para lamentarse. No para criticarlos: para quejarse. “Ellos van primero, yo soy la víctima de esta vida”: las quejas, respiran lamentos esas personas.
 
Si hacemos una comparación con el ciego de nacimiento que escuchamos el domingo pasado: con cuánta alegría, con cuánta decisión se había curado, y también con cuánta decisión fue a discutir con los doctores de la Ley. Este solo fue e informó: “Sí, es ese”. Punto. Sin compromiso con la vida… Me hace pensar en tantos de nosotros, en tantos cristianos que viven ese estado de pereza, incapaces de hacer algo pero quejándose de todo. Y la pereza es un veneno, es una niebla que rodea el alma y no la deja vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y acabas como un “triste-dependiente”, un “perezoso-dependiente”… Es como el aire. Y ese es un pecado bastante habitual entre nosotros: la tristeza, la desidia, no digo la melancolía, pero se acerca.
 
Nos vendrá bien releer este capítulo 5 de Juan para ver cómo es esa enfermedad en la que podemos caer. El agua es para salvarnos. “Pero yo no puedo salvarme” – “¿Por qué?” – “Porque la culpa es de los demás”. Y me quedo 38 años allí… Jesús me curó: ¿no se ve la reacción de los otros que son curados, que toman la camilla y bailan, cantan, dan gracias, lo dicen a todo el mundo? No: se va. Los otros le dicen que no se debe hacer, dice: «El que me ha curado es quien me ha dicho que sí», y se va. Y luego, en vez de ir a Jesús, a darle las gracias, informa: “Ha sido ese”. Una vida gris, pero gris de ese mal espíritu que es la desidia, la tristeza, la melancolía.
 
Pensemos en el agua, en aquella agua que es símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el bautismo. Y pensemos también en nosotros, si alguno tiene el peligro de caer en esa desidia, en ese pecado neutral: el pecado del neutro es ese, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y eso es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual e incluso nuestra vida de personas. Que el Señor nos ayude a entender qué feo y qué maligno es ese pecado.

 Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No permitas que jamás me separare de ti.

 

Video especial del Papa: “Oremos por el fin de la pandemia”

Red Mundial de Oración del Papa

MARZO 24, 2020 18:35ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 24 marzo 2020).- En una edición especial de ‘El Video del Papa’, el Santo Padre pide rezar por los enfermos y los que sufren, al tiempo que agradece a quienes, todos unidos y sin importar su tradición religiosa o convicciones, oran por los afectados.

La Red Mundial de Oración del Papa ha lanzado esta edición especial de ‘El Video del Papa’ el 24 de marzo de 2020, además de la Intención de Oración para marzo dedicada a los católicos chinos.

Las imágenes del video muestran al Papa Francisco rezando ante María Santísima, a quien dirigió una oración especial ante la emergencia de la pandemia, el pasado 11 de marzo, a través de un video mensaje: “Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos sometidos a pruebas y líbranos de todo peligro, oh gloriosa y bendita Virgen”.

Gestos del Papa 

Esta no es la primera vez que el Papa reza por el fin de la pandemia. El pasado domingo, 15 de marzo, encomendó a afectados por el virus a la Virgen, ante el ícono de la Salus Populi Romani, imagen muy venerada en Roma, y después, se dirigió en peregrinación hacia la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión para acabar con la peste en Roma, pidió por el fin de la pandemia.

Asimismo, el día de san José se unió a los obispos italianos para rezar el Rosario al patrono de la Iglesia Universal, y dirigió un video mensaje a todas las personas que oraron unidos.

El Santo Padre celebra cada mañana la Misa en la capilla de su residencia, la Casa Santa Marta, a las 7 horas. De manera extraordinaria, desde el 17 de marzo, al terminar la Eucaristía, Francisco bendice y expone al Santísimo Sacramento, para adorarlo durante un rato de silencio y oración.

Desde el 11 de marzo, además, se reza el Ángelus en la basílica de San Pedro, por iniciativa del cardenal Angelo Comastri, vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, “para invocar la intercesión de María en este difícil momento” de epidemia del coronavirus.

Bendición Urbi et Orbi

Además, el Santo Padre ha convocado a todos los fieles a rezar unidos a él la oración del Padre Nuestro, el próximo miércoles 25 de marzo, día de la Anunciación a la Virgen, y exhorta a “todos los Jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente” y “a rezar el Padre Nuestro al mediodía”.

El viernes 27 de marzo, en cambio, el Pontífice ha anunciado que será un tiempo de oración y adoración del Santísimo Sacramento, al final del cual dará “la bendición Urbi et Orbi” con la “posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”.

 

 

 

 

 

Las 4 “palabras de la vocación”: Mensaje para Jornada de Oración por las Vocaciones

“Dolor, gratitud, ánimo y alabanza”

MARZO 24, 2020 12:53LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit– 24 marzo 2019).- El Papa Francisco retoma las “cuatro palabras clave —dolor, gratitud, ánimo y alabanza —” de la vocación utilizadas en la Carta a los sacerdotes publicada en agosto de 2019 y las dirige a todo el Pueblo de Dios, “a la luz” del pasaje evangélico que cuenta la experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14,22-33).

Con motivo de la 57ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra el 3 de mayo , cuarto domingo de Pascua, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado hoy, 24 de marzo de 2020, el Mensaje del Santo Padre para la ocasión.

No estamos solos

“Después de la multiplicación de los panes, que había entusiasmado a la multitud, Jesús ordenó a los suyos que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, mientras Él despedía a la gente”, describe el Papa. Y agrega que la imagen de esta travesía “evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia”.

“La barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado”. Pero, a veces, “puede perderse, puede dejarse encandilar por ilusiones en lugar de seguir el faro luminoso que la conduce al puerto seguro, o ser desafiada por los vientos contrarios de las dificultades, de las dudas y de los temores”, como les sucedió a los discípulos con la tempestad.

No obstante, prosigue Francisco, el Evangelio nos dice que, “en la aventura de este viaje difícil, no estamos solos”, el Señor “caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento”.

Gratitud

Es por ello que la primera palabra de la vocación es “gratitud”, pues “navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada solo a nuestros propios esfuerzos”, es Dios “quien, cuando nos llama, se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas”, explica el Pontífice.

“La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor” (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019); por eso, llegaremos a descubrirla y a abrazarla cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida”, aclara.

Ánimo

En segundo lugar, el Santo Padre propone la palabra “ánimo”, pues reconoce que “lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón”.

No obstante, también señala que Dios “sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: ’No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!’”.

La fe en su presencia “nos libera de esa acedia que ya tuve la oportunidad de definir como ‘tristeza dulzona’ (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019), es decir, ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación”, remarca.

Fatiga

Después, el Obispo de Roma alude al término “dolor”, aunque matiza que conviene referirse a él como “fatiga”, pues: “Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera —en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal— o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos”.

Sin embargo, a pesar de nuestras fragilidades y carencias, “la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades” y Él “nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos”, dando “el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo”.

Alabanza

Al mismo tiempo, el Santo Padre afirma: “Conozco vuestras fatigas, las soledades que a veces abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al futuro. Ánimo, ¡no tengáis miedo!”, pues Jesús nos tiende la mano y nos sujeta para salvarnos.

“Y entonces, aun en medio del oleaje, nuestra vida se abre a la alabanza. Esta es la última palabra de la vocación, y quiere ser también una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella, agradecida por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor”, expuso.

Finalmente, Francisco desea “que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle ‘sí’, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero”.

A continuación sigue el mensaje completo del Papa.

***

Mensaje del Santo Padre

Las palabras de la vocación

Queridos hermanos y hermanas:

El 4 de agosto del año pasado, en el 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, quise ofrecer una Carta a los sacerdotes, que por la llamada que el Señor les hizo, gastan la vida cada día al servicio del Pueblo de Dios.

En esa ocasión, elegí cuatro palabras clave —dolor, gratitud, ánimo y alabanza— para agradecer a los sacerdotes y apoyar su ministerio. Considero que hoy, en esta 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, esas palabras se pueden retomar y dirigir a todo el Pueblo de Dios, a la luz de un pasaje evangélico que nos cuenta la singular experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad, en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14,22-33).

Después de la multiplicación de los panes, que había entusiasmado a la multitud, Jesús ordenó a los suyos que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. La imagen de esta travesía en el lago evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia. En efecto, la barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado. Pero, a veces puede perderse, puede dejarse encandilar por ilusiones en lugar de seguir el faro luminoso que la conduce al puerto seguro, o ser desafiada por los vientos contrarios de las dificultades, de las dudas y de los temores.

También sucede así en el corazón de los discípulos. Ellos, que están llamados a seguir al Maestro de Nazaret, deben decidirse a pasar a la otra orilla, apostando valientemente por abandonar sus propias seguridades e ir tras las huellas del Señor. Esta aventura no es pacífica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos.

Pero el Evangelio nos dice que, en la aventura de este viaje difícil, no estamos solos. El Señor, casi anticipando la aurora en medio de la noche, caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento.

Así pues, la primera palabra de la vocación es gratitud. Navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos. Nuestra realización personal y nuestros proyectos de vida no son el resultado matemático de lo que decidimos dentro de un “yo” aislado; al contrario, son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto. Es el Señor quien nos concede en primer lugar la valentía para subirnos a la barca y nos indica la orilla hacia la que debemos dirigirnos. Es Él quien, cuando nos llama, se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas.

Toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro, quizá justo cuando nuestra barca estaba siendo sacudida en medio de la tempestad. «La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019); por eso, llegaremos a descubrirla y a abrazarla cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida.

Cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba caminando sobre las aguas, pensaron que se trataba de un fantasma y tuvieron miedo. Pero enseguida Jesús los tranquilizó con una palabra que siempre debe acompañar nuestra vida y nuestro camino vocacional: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27). Esta es precisamente la segunda palabra que deseo daros: ánimo.

Lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida —como el matrimonio, el orden sacerdotal, la vida consagrada—, la primera reacción la representa frecuentemente el “fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?

Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos hacen perder el impulso, que nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida: creemos que nos equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un fantasma que tenemos que ahuyentar.

El Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: “No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado, nos libera de esa acedia que ya tuve la oportunidad de definir como «tristeza dulzona» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019), es decir, ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación.

En la Carta a los sacerdotes hablé también del dolor, pero aquí quisiera traducir de otro modo esta palabra y referirme a la fatiga. Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere que seamos como Pedro, capaces de “caminar sobre las aguas”, es decir, que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra, y especialmente en las distintas formas de vocación laical, presbiteral y de vida consagrada. Pero nosotros somos como el Apóstol: tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores.

Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera —en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal— o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos. Al contrario, a pesar de nuestras fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo.

Finalmente, cuando Jesús subió a la barca, el viento cesó y las olas se calmaron. Es una hermosa imagen de lo que el Señor obra en nuestra vida y en los tumultos de la historia, de manera especial cuando atravesamos la tempestad: Él ordena que los vientos contrarios cesen y que las fuerzas del mal, del miedo y de la resignación no tengan más poder sobre nosotros.

En la vocación específica que estamos llamados a vivir, estos vientos pueden agotarnos. Pienso en los que asumen tareas importantes en la sociedad civil, en los esposos que —no sin razón— me gusta llamar “los valientes”, y especialmente en quienes abrazan la vida consagrada y el sacerdocio. Conozco vuestras fatigas, las soledades que a veces abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al futuro. Ánimo, ¡no tengáis miedo! Jesús está a nuestro lado y, si lo reconocemos como el único Señor de nuestra vida, Él nos tiende la mano y nos sujeta para salvarnos.

Y entonces, aun en medio del oleaje, nuestra vida se abre a la alabanza. Esta es la última palabra de la vocación, y quiere ser también una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella, agradecida por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor.

Queridos hermanos: Particularmente en esta Jornada, como también en la acción pastoral ordinaria de nuestras comunidades, deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero. Que la Virgen María nos acompañe e interceda por nosotros.

Roma, San Juan de Letrán, 8 de marzo de 2020, II Domingo de Cuaresma.

Francisco

© Librería Editorial Vaticana

 

Mañana, el mundo entero rezará ‘Padre Nuestro’ con el Papa

“Oración unánime” ante la pandemia

 

MARZO 24, 2020 19:15ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 24 marzo 2020).- Mañana, 25 de marzo, todos los cristianos y personas de buena voluntad en el mundo tienen una cita con el Papa Francisco para rezar “todos juntos” el Padre Nuestro, un gesto con el que quiere universalizar la oración para implorar el fin de la pandemia del coronavirus.

 

En la Solemnidad de la Anunciación, Francisco pronunciará esta oración a las 12 horas, después de celebrar la audiencia general desde la Biblioteca Apostólica, a puerta cerrada, como ha hecho estas dos últimas semanas con el fin de evitar la concentración de personas en la plaza de San Pedro.

“En estos días en los que la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, me gustaría proponer a todos los cristianos que unan sus voces“, dijo el Papa el domingo pasado, 22 de marzo, al término de rezar el Ángelus, momento en que convocó para esta iniciativa.

 

Países como España, Chile, Nicaragua, México, a través de sus conferencias episcopales, se han unido a la invitación del Pontífice: “Invito a todos los jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, con todos los cristianos de las diversas denominaciones, a invocar al Dios Altísimo y Todopoderoso, mientras recitamos al mismo tiempo la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha enseñado”.

 

 

 

Adoración Eucarística: “No permitas que nunca me separe de Ti”

Oración de Papa para la Comunión espiritual

MARZO 24, 2020 12:00LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 24 marzo 2020).- “Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como ya venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti”, dijo el Papa Francisco frente al Santísimo Sacramento.

Desde la semana pasada, el Santo Padre termina la celebración de la Misa en la Casa de Santa Marta con la adoración y la bendición Eucarística, invitando a hacer la Comunión espiritual.

Doctores y sacerdotes fallecidos

En la Eucaristía de hoy, 24 de marzo de 2020, el Santo Padre rezó por el personal sanitario y los sacerdotes que atienden a los pacientes con coronavirus, poniendo sus vidas en riesgo: “Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos”.

Del mismo modo, en su homilía, el Papa advirtió sobre el pecado de la pereza, “que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas”.

A continuación la oración recitada por el Papa y ofrecida por Vatican News.

Oración del Papa Francisco

“Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.

Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma.

Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Como ya venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti”.

 

 

LA VOCACIÓN DE SANTA MARÍA

— El ejemplo de Nuestra Señora.

— Corresponder a la propia vocación.

— El  que nos pide el Señor.

I. Al entrar al mundo dijo el Señor: Vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad1.

La Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios es el hecho más maravilloso y extraordinario, el misterio más entrañable de las relaciones de Dios con los hombres y el más trascendental de la historia de la humanidad: ¡Dios se hace hombre y para siempre! Y sin embargo este acontecimiento tuvo lugar en un pueblo pequeño de un país prácticamente desconocido en su tiempo. En Nazareth, «el que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana... para restaurarla»2.

San Lucas nos narra con suma sencillez este supremo acontecimiento: En el sexto mes fue enviado un ángel a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María3. La piedad popular ha representado desde antiguo a Santa María recogida en oración cuando recibe la embajada del ángel: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Nuestra Madre quedó turbada ante estas palabras, pero con una turbación que no la deja paralizada. Ella conocía bien la Escritura por la instrucción que todo judío recibía desde los primeros años y, sobre todo, por la claridad y penetración que le daban su fe incomparable, su profundo amor y los dones del Espíritu Santo. Por eso entendió el mensaje de aquel enviado de Dios. Su alma está completamente abierta a lo que Dios le va a pedir. El ángel se apresura a tranquilizarla y le descubre el designio del Señor sobre ella, su vocación: has hallado gracia delante de Dios –le dice–: concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin.

«El mensajero saluda, en efecto, a María como llena de gracia: la llama así como si este fuera su verdadero nombre. No llama a su interlocutora con el nombre que le es propio en el registro civil, Miryam (María), sino con este nombre nuevo: llena de gracia. ¿Qué significa este nombre? ¿Por qué el arcángel llama así a la Virgen de Nazareth?

»En el lenguaje de la Biblia, gracia significa un don especial que, según el Nuevo Testamento, tiene la propia fuente en la vida trinitaria de Dios mismo, de Dios que es amor (cfr. 1 Jn 4, 8)»4. María es llamada llena de gracia porque este nombre designa su verdadero ser. Cuando Dios cambia un nombre a alguien o le da un sobrenombre, le destina a algo nuevo o le descubre su verdadera misión en la historia de la salvación. María es llamada llena de gracia, agraciadísima, en razón de su Maternidad divina.

El anuncio del ángel descubre a María su propio quehacer en el mundo, la clave de toda su existencia. La Anunciación fue para Ella una iluminación perfectísima que alcanzó su vida entera y la hizo plenamente consciente de su papel excepcional en la historia de la humanidad. «María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través de este acontecimiento»5.

Cada día –en el Ángelus–, muchos cristianos en todo el mundo recordamos a Nuestra Madre este momento inefable para Ella y para toda la humanidad; también cuando contemplamos el primer misterio de gozo del Santo Rosario. Procuremos meternos en esa escena y contemplar a Santa María que abraza con amorosa piedad la santa voluntad de Dios. «Cómo enamora la escena de la Anunciación. –María –¡cuántas veces lo hemos meditado! está recogida en oración..., pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al habla con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen!»6.

II. Aquí estoy para hacer tu voluntad7.

La Trinidad Santísima había trazado un plan para Nuestra Señora, un destino único y absolutamente excepcional: ser Madre del Dios encarnado. Pero Dios pide a María su libre aceptación. No dudó Ella de las palabras del ángel, como había hecho Zacarías; manifiesta, sin embargo, la incompatibilidad entre su decisión de vivir siempre la virginidad, que el mismo Dios había puesto en su corazón, y la concepción de un hijo. Es entonces cuando el ángel le anuncia en términos claros y sublimes que iba a ser madre sin perder su virginidad: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que nacerá será llamado Santo, Hijo de Dios.

María escucha y pondera en su corazón estas palabras. Ninguna resistencia en su inteligencia y su corazón: todo está abierto a la voluntad divina, sin restricción ni limitación alguna. Este abandono en Dios es lo que hace al alma de María ser buena tierra capaz de recibir la semilla divina8Ecce ancilla Domini... he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Nuestra Señora acepta con inmensa alegría no tener otra voluntad y otro querer que el de su Amo y Señor, que desde aquel momento es también Hijo suyo, hecho hombre en sus purísimas entrañas. Se entrega sin limitación alguna, sin poner condiciones, con júbilo y libremente. «Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús y, al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios omnipotente. Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres»9.

La vocación de Santa María es el ejemplo perfecto de toda vocación. Entendemos la vida nuestra y los acontecimientos que la rodean a la luz de la propia llamada. Es en el empeño por llevar a cabo ese designio divino donde encontramos el camino del Cielo y la propia plenitud humana y sobrenatural.

La vocación no es tanto la elección que nosotros hacemos, como aquella que Dios ha hecho de nosotros a través de mil circunstancias que es necesario saber interpretar con fe y con un corazón limpio y recto. No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros10. «Toda vocación, toda existencia, es por sí misma una gracia que encierra en sí otras muchas. Una gracia, esto es, un don, algo que se nos da, que se nos regala sin derecho alguno de nuestra parte, sin mérito propio que lo motive o -menos aún justifique. No es preciso que la vocación, el llamamiento a cumplir el designio de Dios, la misión asignada, sea grande o brillante: basta que Dios haya querido utilizarnos, servirse de nosotros, basta el hecho de que confíe en nuestra colaboración. Es esto ya, en sí mismo, tan inaudito, tan grandioso, que toda una vida dedicada al agradecimiento no bastaría para corresponder»11.

Hoy le será muy grato a Dios que le demos gracias por las incontables luces que han ido señalando el itinerario de nuestra llamada, y que lo hagamos a través de su Madre Santísima que tan fidelísimamente correspondió a lo que el Señor quiso de Ella.

III. Ne timeas...

«No temas. Aquí radica el elemento constitutivo de la vocación. El hombre, de hecho, teme. Teme no solamente ser llamado al sacerdocio, sino también ser llamado a la vida, a sus obligaciones, a una profesión, al matrimonio. Este temor muestra un sentido de responsabilidad inmadura. Hay que superar el temor para acceder a una responsabilidad madura: hay que aceptar la llamada, escucharla, asumirla, ponderarla según nuestras luces, y responder: sí, sí. No temas, no temas, pues has hallado la gracia, no temas a la vida, no temas tu maternidad, no temas tu matrimonio, no temas tu sacerdocio, pues has hallado la gracia. Esta certidumbre, esta conciencia nos ayuda de igual forma que ayudó a María. En efecto, “la tierra y el paraíso esperan tu , oh Virgen Purísima”. Son palabras de San Bernardo, famosas y hermosísimas palabras. Espera tu , María. Espera tu , madre que vas a tener un hijo; espera tu , hombre que debes asumir una responsabilidad personal, familiar y social...

»Esta es la respuesta de María, la respuesta de una madre, la respuesta de un joven: un  para toda la vida»12, que nos compromete gozosamente.

La respuesta de María –fiat– es aún más definitiva que un simple . Es la entrega total de la voluntad a lo que el Señor quería de Ella en aquel momento y a lo largo de toda su vida. Este fiat tendrá su culminación en el Calvario cuando, junto a la Cruz, se ofrezca juntamente con su Hijo.

El  que nos pide el Señor, a cada uno en su propio camino, se prolonga a lo largo de toda la vida, en acontecimientos pequeños unas veces, mayores otras, en las sucesivas llamadas, de las cuales unas son preparación para las siguientes. El  a Jesús nos lleva a no pensar demasiado en nosotros mismos y a estar atentos, con el corazón vigilante, hacia donde viene la voz del Señor que nos señala el camino que Él traza a los suyos. En esta correspondencia amorosa se van entrelazando, en perfecta armonía, la propia libertad y la voluntad divina,

Pidamos hoy a Nuestra Señora el deseo sincero y grande de conocer con más hondura la propia vocación, y luz para corresponder a las sucesivas llamadas que el Señor nos hace. Pidámosle que sepamos darle una respuesta pronta y firme en cada circunstancia, pues solo la vocación es lo que llena una vida y le da sentido.

1 Heb 10, 5-7. — 2 Liturgia de las Horas, Segunda lectura. San León Magno, Carta 28, a Flaviano, 3 — 3 Lc 1, 26-37. — 4 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 8. — 5 Juan Pablo II, loc. cit. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 481. — 7 Salmo responsorial. Sal 39, 7. — 8 Cfr. M. D. Philippe, Misterio de María, Rialp, Madrid 1986, p. 108. — 9 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 56. — 10 Jn 15, 16. — 11 F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, Rialp, 17ª ed., Madrid 1984, pp. 35-36. — 12 Juan Pablo II, Alocución 25-III-1982.

 

 

La anunciación del Señor

Cómo enamora la escena de la Anunciación. –María –¡cuántas veces lo hemos meditado!– está recogida en oración..., pone sus cinco sentidos y todas sus potencias al habla con Dios. En la oración conoce la Voluntad divina; y con la oración la hace vida de su vida: ¡no olvides el ejemplo de la Virgen! (Surco 481)

25 de marzo

No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración.

Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... –Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena:

El Arcángel dice su embajada... ¿Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco? –¿De qué modo se hará esto si no conozco varón? (Luc., I, 34.)

La voz de nuestra Madre agolpa en mi memoria, por contraste, todas las impurezas de los hombres..., las mías también.

Y ¡cómo odio entonces esas bajas miserias de la tierra!... ¡Qué propósitos!

Fiat mihi secundum verbum tuum –Hágase en mí según tu palabra. (Luc., I, 38.) Al encanto de estas palabras virginales, el Verbo se hizo carne.

Va a terminar la primera decena... Aún tengo tiempo de decir a mi Dios, antes que mortal alguno: Jesús, te amo. (Santo Rosario. Iº misterio gozoso).

 

 

La Anunciación del Señor

El 25 de marzo, la Iglesia celebra el anuncio del cumplimiento de las promesas de salvación. Es la fiesta de la Encarnación: el Hijo eterno del Padre entra en la historia; se hace hombre en la carne de María, una muchacha humilde del pueblo de Israel.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA23/03/2020

 

 

Audios y textos para rezar en la Solemnidad de la Anunciación del Señor

• La Encarnación del Hijo de Dios: En el capítulo 1 de San Lucas se cuenta la Encarnación del Hijo de Dios, que comienza con la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen María.

 

• ¿Qué y cómo se celebra en la liturgia la Anunciación del Señor?

• La Anunciación: Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio (también en audio).

 

• La Anunciación. El descubrimiento de la vocaciónEl beato Álvaro habla del ejemplo de la Virgen en su respuesta a la llamada de Dios para que fuera Madre del Salvador.

​Primer misterio gozoso del Rosario. Escena en cerámica realizada por Palmira Laguéns, con dibujos de José Alzuet

 

Textos para meditar sobre solemnidad de la Anunciación del Señor

• El Papa Francisco, en el mensaje para una Jornada Mundial de la Juventud, explica el alcance de las palabras del Ángel: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30).

• Vida de María (V): La anunciación de Nuestra Señora. El diálogo más importante de la historia tuvo lugar en el interior de una pobre casa de Nazaret. Sus protagonistas son el mismo Dios, que se sirve del ministerio de un Arcángel, y una Virgen llamada María, de la casa de David, desposada con un artesano de nombre José.

• La Encarnación: Es la demostración por excelencia del Amor de Dios hacia los hombres, pues la Segunda Persona de la Santísima Trinidad —Dios— se hace partícipe de la naturaleza humana en unidad de persona. Tema 9 de “Resúmenes de fe cristiana”.

• Ejemplos de fe (V): María, modelo y maestra de fe. Nuestra Madre nos enseña a estar totalmente abiertos al querer divino, incluso si es misterioso. Por eso, es maestra de fe.

​Cripta de la Basílica de la Anunciación.

 

• Diez preguntas sobre la Virgen María (Preguntas sobre la fe cristiana). ¿Cómo eligió Dios a María? ¿Cómo fue la concepción del Hijo de Dios? ¿Por qué llamamos a María, Virgen y Madre? Respuesta a algunas de las preguntas más habituales sobre la Virgen María.

• ¿Por qué se hizo hombre el Hijo de Dios? Cuatro respuestas a las preguntas más habituales.

• Nazaret: basílica de la Anunciación (del libro “Huellas de nuestra fe”). En Nazaret se venera la habitación donde la Santísima Virgen recibió el anuncio del Ángel. El beato Álvaro del Portillo celebró la Santa Misa en esa gruta.

 

 

Ideas de san Josemaría sobre la convivencia familiar

La predicación de “el santo de lo ordinario” está llena de pequeñas sugerencias para ayudarnos a mejorar la convivencia con los más cercanos. Publicamos una selección de esos puntos que pueden ayudar en estos momentos.

TEXTOS PARA ORAR23/03/2020

“Más que en dar la caridad está en comprender. Por eso busca una excusa para tu prójimo -las hay siempre-, si tienes el deber de juzgar”. Camino, 463.

“La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria Es Cristo que pasa, n. 23.

“Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido”. (Apuntes tomados en una tertulia, 4-VI-1974)

“Como somos criaturas humanas, alguna vez se puede reñir; pero poco. Y después, los dos han de reconocer que tienen la culpa, y decirse uno a otro: ¡perdóname!, y darse un buen abrazo… ¡Y adelante!” (Apuntes tomados en una tertulia, 4-VI-1974)

“El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad; en el aprovechamiento también de todos los adelantos que nos proporciona la civilización, para hacer la casa agradable, la vida más sencilla, la formación más eficaz”. Conversaciones, n. 91.

“Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti”. Camino, 452

“Has de convivir, has de comprender, has de ser hermano de tus hermanos los hombres, has de poner amor -como dice el místico castellano- donde no hay amor, para sacar amor”. Forja, 457

“No les obliguéis a nada, pero que os vean rezar: es lo que yo he visto hacer a mis padres, y se me ha quedado en el corazón. De modo que cuando tus hijos lleguen a mi edad, se acordarán con cariño de su madre y de su padre, que les obligaron solo con el ejemplo, con la sonrisa, y dándoles la doctrina cuando era conveniente, sin darles la lata” (Tertulia 28-X-1972).

“Servir a los demás, por Cristo, exige ser muy humanos. Si nuestra vida es deshumana, Dios no edificará nada en ella, porque ordinariamente no construye sobre el desorden, sobre el egoísmo, sobre la prepotencia. Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos” Es Cristo que pasa n. 182.

 

 

“Un discípulo de Cristo jamás tratará mal a persona alguna; al error le llama error, pero al que está equivocado le debe corregir con afecto: si no, no le podrá ayudar, no le podrá santificar. Hay que convivir, hay que comprender, hay que disculpar, hay que ser fraternos; y, como aconsejaba San Juan de la Cruz, en todo momento hay que poner amor, donde no hay amor, para sacar amor” Amigos de Dios, n.9.

 

 

Cuaresma en cuarentena

¿Cuántas veces has visto en esta web algo interesante, pero no tenías tiempo para clicar? Te proponemos una selección de esos contenidos para ahora que –se supone- tienes más tiempo. En esta semana retomamos algunos recursos sobre la Cuaresma.

ÚLTIMAS NOTICIAS23/03/2020

Etimológicamente, cuarentena y cuaresma son términos que provienen de la misma idea: cuarenta días distintos del resto. No sabemos lo que durará esta cuarentena, pero sí sabemos lo que nos queda de Cuaresma, y vale la pena aprovecharla porque seguramente será única en nuestra vida.

1. Seguimos, pues, en tiempo de conversión. En Reset vimos cómo varias personas se convirtieron ante la constatación del amor de Dios. El reportaje se centró en la confesión. Y como estos días no es posible recibir este sacramento, os proponemos leer “Las carreras de Dios” sobre la reconciliación con Dios durante el confinamiento.

 

 

2. Probablemente estos días estemos procurando vivir mejor la liturgia de Cuaresma. El paralelismo con la historia del pueblo de Israel se detalla en el artículo “Cuaresma: El camino hacia la Pascua”, que está dentro del libro electrónico “El tiempo de una presencia”.

3. Y un clásico: varias de las homilías en audio de San Josemaría para estos días.

∙ La conversión de los hijos de Dios

∙ Desprendimiento

∙ Tras los pasos del Señor

 

 

El Angelus – Historia de esta devoción mariana

El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día.

 

El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día: mañana , mediodía y al caer la tarde, al toque de Campana. Consiste esencialmente en la triple repetición del Ave María, a las cuales en subsiguientes tiempos, le fueron agregados, de forma intercalada, tres versos más, y uno de conclusión, y una pequeña oración. La oración es la que pertenece a la antífona de Nuestra. Señora “Alma Redemptoris”, y su recitación no es de estricta obligación para ganar indulgencia.

 

La devoción deriva su nombre de la primera palabra del primer verso: “El Angel del Señor anunció a María…” (. Angelus Domini nuntiavit Mariæ…). La indulgencia de 100 días por cada recitación -con indulgencia plenaria una vez al mes- fue concedida por Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, pero las condiciones prescritas habían sido levemente modificadas por León XIII, el 3 de abril de 1884.

Originalmente era necesario que el Ángelus se dijese de rodillas (excepto en domingos y tarde de los sábados, cuando las rúbricas prescribían postura de pie) , y que se recitara al toque de campanas; pero una más reciente legislación permite dispensar de éstas regulaciones por motivos justificados, con tal que la Oración sea dicha en las horas apropiadas – mañana, al mediodía y por la tarde. En éste caso, el Ángelus debe ser dicho como oficialmente ha sido impreso; pero aquellos que no conocen la oración de corazón, o no saben leer, pueden decir cinco avemarías en su lugar. Durante el tiempo pascual, la antífona “Salve Reina del cielo…” con sus versos y oración, sustituye al Ángelus. Las indulgencias del Ángelus son algunas de las que no se suspenden durante el año del Jubileo.

 

HISTORIA

La historia del Ángelus no es fácil de rastrear con seguridad, así como distinguir lo que tiene certeza de lo que es meramente conjetural.

En primer lugar, es cierto que el Ángelus en la mañana y al mediodía son de más tardía introducción que el de la tarde.

Segundo, es cierto que el Ángelus del mediodía, el más reciente de los tres, no fue meramente una imitación o desarrollo de aquellos de la tarde o la mañana.

Tercero no cabe duda de que la práctica de decir tres avemarías cerca de la caída del sol, se había generalizado a través de toda Europa durante la primera mitad del s. XIV, y que fue recomendada e indulgenciada por el papa Juan XXII en 1318 y 1327.

Estos hechos son admitidos por todos los investigadores en la materia; pero cuando profundizamos nuestra investigación, fuimos confrontados por ciertas dificultades. No parece necesario exponerlas; nos contentamos con establecer la semejanza con las conclusiones a las cuales T. Esser O.P. y el presente escritor han llegado, en dos series de artículos publicados de forma independiente el uno del otro.

 

EL ÁNGELUS DE LA TARDE

Aunque de acuerdo con el punto de vista del Padre Esser, de que no tenemos ejemplos de tres Avemarías recitados al toque de campanas antes del decreto del Sínodo Provincial de Gran en 1307, existen muy buenos hechos que sugieren que dicha práctica era común durante el s. XIII.

Así, hay una vaga y no muy bien confirmada tradición que adscribe al para Gregorio IX, en 1239, ordenando que una campana fuera añadida a la salutación y oraciones a Nuestra Señora. Y aún, hay una concesión del Obispo Félix de Brixen, a la Iglesia de Freins en el Tirol, también de 1239, que concede una indulgencia al recitar “Tres Avemarías al toque de campana de la Tarde”.

Ciertamente, lo anterior tiene sospecha de Interpolación, pero dicha objeción no puede ser aplicada a un decreto del Capítulo general Franciscano en tiempos e San Buenaventura (1239 o 1269), orando para que el pueblo se animase a decir Avemarías al toque de campana de completas. Más aún, éstas indicaciones están fuertemente confirmadas por inscripciones que aún se pueden leer en unas pocas campanas del s. XIII.

No tenemos testimonios más antiguos que éstos; pero, por otra parte, leemos en “Regularis Concordia”, una regla monástica redactada por Aethelwold de Winchester, ca. 975, que ciertos rezos, llamados las Tres Oraciones, precedidas por Salmos, eran dichos después del toque de completas, tanto como antes de Maitines y nuevamente antes de Prima; y aunque no hace mención de campanadas tras completas, hay una mención expresa de toques de campana para tres oraciones a diferentes horas. Esta práctica , parece, es confirmada por ejemplos alemanes (Mart ne, De Antiq. Eccles. Ritibus, IV, 39), y según pasaba el tiempo, fue más y más definitivamente asociado a tres tañidos de campana separados, más especialmente en Bec, San Denis y en las costumbres del Canon regular de San Agustín, (e.g. en el Priorato de Barnwell y otros lugares).

No tenemos en éstos ejemplos antiguos, menciones del Ave María, que en Inglaterra llegó a ser familiar como antífona del Oficio Parvo de Ntra. Señora, cerca del principio del s.XI (The Month. Noviembre, 1901), pero sería la cosa más natural del mundo, que una vez el Ave María llegó a ser una oración diaria, tomó para los laicos el lugar de las tres oraciones más elaboradas recitadas por los monjes; como en el caso del Rosario, en que ciento cincuenta salmos del Salterio fueron sustituidos por ciento cincuenta Ave Marías.

Más aún, en el decreto franciscano del tiempo de San Buenaventura referido anteriormente, es precisamente donde encontramos que los laicos en general fueron animados a rezar Ave Marías al toque de campana en completas durante, o más probablemente después, del oficio de los frailes. Una especial justificación para éstos saludos a Nuestra Señora, fue la creencia en que justo a ésta hora, era saludada por el Ángel.

Nuevamente, es de notar que algunos costumbrarios monásticos, hablando de las tres oraciones, expresamente prescriben observancia de rúbricas sobre arrodillarse o ponerse de pie de acuerdo con la estación, según la recitación del ángelus de ése día. De ello, podemos concluir que el Ángelus se trata de una imitación de las oraciones nocturnas de los monjes, y que nada tuvo que ver con las campanadas del toque de queda, como señal de la extinción de luces y fuego. Sin embargo, éste toque aparece primeramente en Normandía en 1061 y se le describe como una campana que sugiere al pueblo a decir sus oraciones y a cesar sus actividades.

En cualquier caso, parece que éste toque de queda se originó en previas campanadas de oraciones, y no viceversa. Si éste toque de queda y las campanadas del Ángelus coincidieron más tarde, fue puramente accidental.

 

EL ÁNGELUS MATUTINO

La última sugerencia sobre las tres oraciones también ofrece alguna explicación del hecho de que poco tiempo después de que el rezo de las tres Ave Marías vespertinas se hizo familiar, se estableció la costumbre de tocar la campana en la mañana y proceder al rezo de las oraciones.

La más antigua referencia se halla en las crónicas de la ciudad de tejas de Parma, en 1318, siendo la campana municipal la que tañía en éste caso. El obispo exhortaba a quienes escuchaban éste tañido, a decir tres Padrenuestros y tres Ave marías por la conservación de la paz, por lo que fue llamada la “campana de la paz” La misma designación fue aplicada a las campanadas de la tarde en todo sitio. A pesar de algunas dificultades, parece suficientemente probable que ésta campana matutina era una imitación también del triple llamado monástico a las oraciones del mismo momento del día; por ello, como se notó antes, se tocaba al oficio matutino de Prima tanto como en Completas.

El Ave María matutino pronto se volvió familiar en las naciones de Europa, sin exceptuar Inglaterra, y fue casi tan observado como el Ángelus vespertino. Pero, mientras en Inglaterra, el Ave María verspertino fue hecho obligatorio por el obispo John Stratford de Winchester tan temprano como 1324, ningún conocimiento formal se tiene antes de la instrucción del Arzobispo Arundel en 1399.

 

EL ÁNGELUS DEL MEDIODIA

Ello sugiere un mucho más complicado problema que no puede ser adecuadamente discutido acá. El hecho claro que parece resultar distinto de los estatutos de varios sínodos alemanes en los siglos XIV y XV, tanto como de devocionarios de más tarde, es que el toque de campana del medio día, a menudo calificado como de la Paz y formalmente recomendado por Luis IX de Francia en 1475 por tal razón, fue estrechamente asociado con la veneración de la Pasión de Cristo.

Primero pareció que éste tañido –como en Praga en 1386 o en Mainz en 1423 -, solamente se llevaba a cabo en viernes, pero la costumbre gradualmente se extendió a los otros días de la semana. En el English Horæ y en el German Hortulus Animæ de inicios del siglo XVI, prefieren proveer largas oraciones conmemorando la Pasión para ser rezadas al toque del medio día, en adición a las ordinarias Ave Marías.

Más tarde (ca. En 1575), en diversos libro de devoción (como el Thesaurus de Coster), donde ya aparecen los versos del Ángelus tal como los conocemos ahora –aunque sin la oración final-, una forma alternativa conmemorando la muerte del Señor en la cruz es sugerida para la campanada del mediodía. Estas instrucciones, que pueden ser halladas traducidas en un manuscrito inglés de 1576 (MSS. Hurlelan 2327) sugieren que la Resurrección debía ser honrada en la mañana, la Pasión al mediodía y la Encarnación en la tarde, pues son los momentos del día en que dichos grandes Misterios ocurrieron.

En algunos libros de oración de ésta época, se sugiere para cada una de las tres oraciones del día, diferentes devociones -como el Regian Coeli para la mañana (Esser 784)- oraciones de Pasión para el mediodía y los actuales versos para la caída del sol. A alguna de ésas prácticas indudablemente se debe el cambio del Regina Coeli por el Ángelus durante el tiempo pascual. Esta sustitución fue recomendada por Angelo Rocca y Quarti a principios del siglo XVII. Nuestro presentes tres versos parecen haber hecho primeramente su aparición en un catecismo italiano impreso en Venecia en 1560 (Esser 789 ); pero la forma completa, universalmente adoptada no puede ser rastreada antes de 1612.

Nótese que en algún momento antes de esto, la práctica en Italia de rezar “De profundis” por las benditas Animas inmediatamente tras el Ángelus vespertino, empezaba a manifestarse. Otra costumbre, también de origen italiano, es aquella de añadir tres Glorias al Ángelus, en acción de gracias a la Bendita Trinidad por los privilegios concedidos a Nuestra Señora.

 

Guillermo, padre de 5 hijos y evangelizador todoterreno: su muerte por coronavirus, testimonio de fe

Javier Lozano

Guillermo y Pilar, con sus cinco hijos durante el pasado Adviento.

El pasado domingo fallecía en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid Guillermo Gómez tras haber estado varias semanas en la UCI y ser uno de los primeros casos de coronavirus diagnosticados en España. Deja a su mujer Pilar y cinco hijos: Juan, Belén, Isa, Clara y el pequeño Guille de seis años.

Muchos conocieron la noticia de su fallecimiento cuando lo anunció la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que a través de Twitter escribía: “Acaba de fallecer mi primo Guille. Padre de 5 niños maravillosos, un marido ejemplar. Los que estáis contagiados, hayáis perdido a familiares o estéis desesperados por estar encerrados, sabed que no estáis solos”.

Una vida dedicada al Evangelio y a su familia

Sin embargo, otros muchos conocían a Guillermo y a su mujer Pilar por su vida entregada al Evangelio, a la familia y a la vida. Dedicaban una gran parte de su tiempo, pese a ser una familia numerosa, a las pastorales de su parroquia. Eran unos de los grandes colaboradores del sacerdote José Manuel Horcajo, párroco de San Ramón Nonato, en Puente de Vallecas, una de las iglesias más vivas de todo Madrid.

Este párroco explica a Religión en Libertad que Guillermo y Pilar han sido una parte fundamental en el funcionamiento de la parroquia, y por tanto, clave en el impresionante éxito que está teniendo: dirigían el COF parroquia, eran responsables de un grupo de matrimonios, apadrinaban a parejas con problemas, colaboraban en el comedor social, ella ayudaba en la Escuela de padres y él en las misas dominicales tocando el órgano, formando al coro y dando clases de guitarra.

Esta prueba de enfermedad y muerte la afrontó esta familia desde la fe, de la misma manera que habían vivido su vida, siempre poniendo a Jesús lo primero. Todo empezó cuando el día del cumpleaños de una de sus hijas se empezó a encontrar mal y a tener fiebre. Los síntomas no remitían y finalmente tuvo que ser ingresado. Al ser uno de los primeros casos de coronavirus en España todavía no había muchos datos. Y finalmente el 3 de marzo fue ingresado en la UCI, dio positivo por coronavirus y allí ha permanecido hasta su muerte el pasado domingo.

"Cristo está conmigo en la cruz"

Como en muchos de los casos que se van conociendo, lo más duro para Pilar fue no poder estar a su lado. Aún así, ella se agarró a Dios y explicaba a Aleteia: “Es muy duro pero a mí me está sosteniendo Cristo. Sentir que Él está conmigo en la cruz y yo con Él y que nos acompañamos, y saber que Guillermo está en sus manos es lo que me da fuerzas”.

En las semanas que Guillermo estaba en la UCI tanto Pilar como sus hijos vivieron volcados en la oración. “Rezamos cada día el Rosario y estamos haciendo una novena a San José que hemos terminado y recomendado. También pedimos por todos los que están en situaciones similares”, afirmaba Pilar en ese momento.

La aceptación de la muerte

Pero la fe que les hacía creer en la recuperación de su marido y su padre, también ayudó a esta familia a aceptar la inminente muerte que se acercaba. Así, la mujer de Guillermo explicaba igualmente que “hay días que he estado muy mal, pero ahora lo estoy viviendo con más paz, con aceptación. El vivirlo con aceptación te ayuda a vivir todo con menos desesperación, con el sufrimiento de no verle pero con la paz de que al final es la voluntad de Dios pase lo que pase”.

“Agradezco tantos mensajes de apoyo y oración. Esto a mí me da la vida. El saber que hay mucha gente rezando por él. Que al final si no se cura, es porque hay un bien mayor. Es algo muy duro, muy fuerte, pero también a la vez Dios te concede ver el amor de los demás, de cómo nos quiere. Y eso, es algo muy grande”, escribía también poco antes de la muerte de Guillermo.

Pocas personas conocen mejor a esta familia desde el punto de vista de la fe que el padre Horcajo, su párroco, y del que han sido fieles y grandes colaboradores. De hecho, Guillermo y Pilar acompañaron a este sacerdote a la I Edición de los Premios Religión en Libertad, donde salieron junto al párroco a recoger el galardón ‘Caridad en Acción’.

Guillermo, a la derecha de la imagen durante la entrega de los premios ReL, en la que fue reconocida la labor de la parroquia San Ramón Nonato. En el centro, el padre Horcajo.

"Dios tiene sus planes"

“Cuando el martes tres de marzo me llamó Pilar diciendo que Guillermo estaba en la UCI del Gregorio Marañón, salí pitando hacia allí por si llegaba a darle la unción de los enfermos. Llegué justito y no me dejaban pasar –era el primer caso de coronavirus de ese hospital- pero insistió Pilar y pude entrar –plastificado higiénicamente- y le ungí con el óleo de los enfermos antes de sedarle e intubarle”, recuerda José Manuel Horcajo.

Tras salir de la UCI, Pilar se puso a llorar emocionada. Este sacerdote afirma que “yo pensaba que saldría adelante; también ella. Nos dijeron que debíamos ir a una sala de espera especial, aislada, porque no tenían muy claro todavía el protocolo de actuación. En aquella hora y media de espera, hasta que pudo verle de nuevo, sedado, rezamos el rosario y hablamos de Dios, de su amor, de su bondad, en medio de aquella tragedia”.

De este modo, el padre Horcajo confiesa también que “hemos estado rezando mucho por su curación. Dios tiene sus planes, más altos y mejores que los nuestros. Desde la fiesta de san José, Pilar se quedó muy tranquila. Podía comulgar a diario en su casa y había hecho una novena a San José. Un amigo le había regalado aquel día una imagen de San José dormido, y se imaginó también a su marido durmiendo con él.

El domingo 22 de marzo, Pilar fue a despedirse de él a la UCI. Este sacerdote le mandó un audio con su bendición. “Yo rezaba de rodillas –señala él- frente a una imagen de la Sagrada Familia. A las tres de la tarde me mandó un mensaje: ‘Ya se ha ido con el Padre’”.

Un matrimonio todoterreno en una parroquia viva

Horcajo hace además para ReL un recorrido por la vida de este matrimonio y en él queda claro que Dios era junto a sus hijos lo más importante en la vida. Y así lo manifestaban con obras.

Ambos iniciaron su noviazgo en el Verbum Dei, a cuyo instituto han estado vinculados desde su juventud. "Guillermo y Pilar habían tomado una opción firme de dedicación a la familia, aunque causara una merma en los ingresos económicos y llevar una vida austera y sin posibles excesos”, cuenta el párroco. Tras un despido en una multinacional, Guillermo consiguió un puesto de profesor en un colegio salesiano. Ella, por su parte, se hizo monitora del método de fertilidad Creighton (Naprotecnología), respetuoso con la visión cristiana. Esto le permitió seguir con su apostolado familiar a la vez que cuidaba de su familia. Actualmente se dedica a atender a familias que desean tener hijos.

Horcajo recuerda que para esta familia “la parroquia ha sido siempre su casa”. Cada domingo llegan a las nueve y media de la mañana para las clases de guitarra, que impartía gratuitamente Guillermo, y el ensayo del coro familiar para la misa de once, la misa de familias. Guillermo enseñaba los rudimentos de los acordes y ensayaba nuevas canciones. Al terminar la misa de familias, él se quedaba a tocar el órgano en la misa de doce y de una. Pilar, mientras tanto atendía la escuela de padres. Al terminar regresaban a casa para comer.

“Al estar un barrio como el de Puente de Vallecas, han visto a diario muchas necesidades y colaboran con el comedor social. Pero de forma anónima se han hecho cargo de algunos problemas de familias del barrio. También, con delicadeza, han dado ayudas en momentos difíciles. Apadrinaban a parejas con graves problemas e incluso les tenían durante largas temporadas viviendo en su casa, donde ya quedaba poco espacio. Cuando se quedaron en paro y les dieron donativo, no lo cogieron para ellos, sino que lo dieron a una familia más necesitada”, revela este sacerdote.

Ayudar siempre a los matrimonios

Además, Guillermo y Pilar eran los responsables de un grupo de matrimonios de la parroquia que se reúne un domingo al mes. Animan a los matrimonios asistentes a cuidar su familia y dar testimonio de fe ante otras.

Por otro lado, el párroco de San Ramón Nonato afirma que “su labor más iluminadora es la dirección del Centro de Orientación Familiar (COF), donde se atienden a unas cien familias, en diversos proyectos formativos, sanadores, experienciales y comunitarios. La coordinación de los doce proyectos en marcha suponen un reto importante de su dedicación a la pastoral familiar. Guillermo y Pilar se empeñaban especialmente en la formación de los matrimonios para que fueran luz de las familias. Cursaron varias asignaturas del Máster de Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II para profundizar en la misión familiar. Han dado charlas, cursos, preparaban la convivencia de revisión matrimonial que se impartían una vez al mes. Por sus manos habrán pasado más de quinientos matrimonios”.

Por último, Horcajo cuenta que la opción radical por la familia se perfilaba en múltiples detalles: “la televisión está en su rincón y solo se pone para ciertos programas. El rosario diario antes de cenar, de forma participativa, con el pequeño Guille cogiendo las bolitas del rosario y gastando bromas. La misa diaria de los padres con los más mayores. Los cinco hijos son unos católicos convencidos y firmes en su fe con el deseo de evangelizar a sus compañeros. Hasta el pequeño Guille se ha inscrito en los monaguillos de la parroquia. Todos tienen dirección espiritual”.

 

 

Sobre la unidad de Cabeza y Cuerpo de la Iglesia en la Eucaristía

Salvador Bernal

El Papa Francisco dando la comunión.

Estos días se prestan también a las nostalgias. Quizá por esto me ha venido a la memoria mi abuela Piedad, quien ciertamente hacía honor a su nombre. Pasé de pequeño con ella muchos veranos, en la casa de la plazuela de la Merced de Segovia: uno de los balcones daba al convento de carmelitas
fundado por santa Teresa. Ella acudía a diario a misa a la vecina parroquia de san Andrés, al otro lazo de la plaza. Y en tantos momentos del día, si no tenía el rosario en la mano, rezaba con viejos libros de pastas duras y negras, con hojas gastadas por el paso de los días, algunos dedicados a la práctica de las visitas al Santísimo Sacramento.

Lector infatigable, abrí sus páginas alguna vez, pero no me gustó demasiado el tono tan barroco de aquellas oraciones, quizá porque no las valoraba religiosamente. Tal vez por esto me deslumbró en su día el estilo literario del futuro san Josemaría Escrivá. Hablaba hace poco con un sacerdote a propósito de la predicación y las homilías… Y recordaba que el fundador del Opus Dei les animaba a repasar los tratados de teología, y a leer buena literatura. En parte, reflejaba su experiencia, porque desde muy joven se familiarizó con los clásicos: no es difícil rastrearlo en sus escritos, aunque se comprende que a veces no cite expresamente la fuente.

Esa mañana había leído el número 300 de Surco: “Es difícil gritar al oído de cada uno con un trabajo silencioso, a través del buen cumplimiento de nuestras obligaciones de ciudadanos, para luego exigir nuestros derechos y ponerlos al servicio de la Iglesia y de la sociedad”. Me fijé en el brillante uso de
la antítesis de grito y silencio, quizá inspirado en los conocidos versos de san Juan de la Cruz.

Recordé también la sencilla y a la vez bella fórmula de comunión espiritual que aprendió de niño y hoy, como es sabido, repiten miles de personas en el mundo entero. Se la enseñó un escolapio mayor del colegio de Barbastro, p. Manuel Laborda –“hombre piadoso, sencillo y bueno” en la memoria del discípulo-, que le preparaba para la primera comunión en abril de 1912: “Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los Santos”.

No caí en su día en la cuenta de la presencia inefable de la Virgen en la Eucaristía. Juan Pablo II tituló el capítulo VI de su encíclica Ecclesia de Eucharistia, el Jueves Santo de 2003, “En la escuela de María, mujer ‘eucarística’”. Evocaba en el n. 56 cómo hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía en toda su vida y no solamente en el Calvario: “Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de ‘Eucaristía anticipada’ se podría decir, una ‘comunión espiritual’ de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los
Apóstoles, como ‘memorial’ de la pasión”.

Se comprende que el papa Francisco haya convocado a los fieles para rezar el rezar el rosario, dentro de su invitación –así en el ángelus del día 15- a redescubrir y profundizar en el valor de la comunión que une a los miembros de la Iglesia: “unidos a Cristo –traduzco del italiano- no estamos nunca solos, sino que formamos un solo Cuerpo, del cual Él es Cabeza. Es una unión que se alimenta con la oración, y también con la comunión espiritual, una práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento de la Eucaristía”. 

Antes de concluir la Misa, el día de san José, exhortaría de nuevo a la comunión espiritual cuando se han suspendido las misas con participación de los fieles para evitar contagios.

Un consejo semejante dio el Cardenal Osoro a los fieles de Madrid, al dispensarles de la asistencia a la celebración dominical. Aparte de la posibilidad de las celebraciones por radio, televisión, o internet –incluida la transmitida en el canal Yotube de la Archidiócesis de Madrid desde la catedral de Santa María la Real de la Almudena, “la comunión espiritual es una práctica tradicional de la Iglesia que
hemos de recuperar en estas dolorosas circunstancias, y puede ser ocasión de santificación y de comunión eclesial”.

En la columna paralela, Francisco Serrano Oceja se hizo eco de un profundo texto del obispo auxiliar de Getafe, monseñor José Rico Pavés, y terminó con una cita de Guillermo de Saint-Thierry (+1148): recordaba a los cartujos de la abadía de Monte Dei, quienes no siempre podían recibir la Sagrada Comunión, que la gracia del sacramento puede recibirse, aunque materialmente no se pueda comulgar.

Se trata de facetas diversas que reflejan el núcleo del misterio de la Iglesia: “la Iglesia vive de la Eucaristía”. Es sacramento trinitario, como sintetiza la epíclesis de una de las plegarias: se suplica al padre que santifique los dones por el Espíritu Santo y se conviertan en Cuerpo y Sangre de Jesucristo.

De ahí deriva también la inhabitación en las almas mediante la gracia, no necesariamente sacramental, aunque el cardenal Osoro lógicamente pide a los sacerdotes que celebren la misa aun sin la presencia del pueblo. 

Cito de nuevo a Juan Pablo II: “Precisamente por eso, es conveniente cultivar en el ánimo el deseo constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica de la ‘comunión espiritual’, felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de vida espiritual. Santa Teresa de Jesús escribió: «Cuando [...] no comulgáredes y oyéredes misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho [...], que es mucho lo que se imprime el amor ansí deste Señor » [Camino de perfección, c. 35, 1.]”.

 

 

Nostalgia de la Santa Misa

Ernesto Juliá

Grabación de una misa para televisión

Son muchas y variadas las llamadas a la serenidad en la situación que todos estamos viviendo. Y es muy rica y creativa la imaginación de un buen número de personas en la esperanza de encontrar caminos adecuados para vivir estos días de incertidumbre.

El peligro de un sufrimiento imprevisto, la cercanía de una muerte con la que no se contaba, el dolor de seres queridos, ha removido el alma de no pocas personas, y han vuelto a pedir perdón al Señor por sus pecados, a confesarse, y a elevar su mirada al Cielo.

Más de un sacerdote –y algún que otro obispo- ha salido por las calles vacías de su barrio, de su pueblo, bendiciendo con el Santísimo en las manos, las calles, las farmacias, los establecimientos de alimentación abiertos, los coches de la policía. Una palabra del Señor para decir a todos que Él estaba allí, sosteniéndoles en las batallas, acompañándoles en las penas. Y el Papa también se arrodilla ante el Sagrario, en oración.

Pequeños grupos de personas, situándose a las distancias adecuadas, rezan el Santo Rosario manteniendo en el aire un rosario hecho de globos. Al acabar, sueltan el rosario, terminado en una cruz, que sube lenta, poco a poco, hacia el firmamento, hasta que se pierde de vista.

¿Añoranza de Dios? ¿Añoranza de la Madre de Dios y Madre nuestra? La reacción de algunos obispos de cerrar las Iglesias desconcertó a más de un creyente; como si fuera una cierta falta de Fe en la cercanía de Cristo a su pueblo. La indicación de cierre se ha retirado pronto, también en Roma. Se
recomienda no salir a la calle, y pocas personas podrán sentarse en un rincón de una iglesia, acompañar al Señor en el Sagrario y descubrirse acompañadas por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Ante la posible concentración de fieles viviendo la Santa Misa, en algunas diócesis se ha dado la indicación de no celebrar; en otras, se ha dado permiso a sacerdotes para que puedan celebrar tres Misas cada domingo, y se ha sugerido que los fieles mantengan una cierta distancia entre ellos.

No pasará ningún día en esta tierra, y hasta el fin de la aventura humana –que terminará- sin que se celebre la Santa Misa. Y estos días de abstinencia eucarística los aprovechará el Señor, para que descubramos que no nos podemos contentar con ir a la iglesia los domingos y fiestas de guardar, seguir un poco las actuaciones del sacerdote, enterarnos más o menos de las oraciones, de la homilía,
prestar más o menos atención en el momento de la Consagración, recibir algo distraídos el Cuerpo y la Sangre de Cristo al consumir la Hostia Santa, y volver a casa hablando tranquilamente y de cualquier cosa con la familia y amigos.

Estos días en los que nos preparamos para vivir con Cristo su pasión, su muerte, su resurrección, nos pueden servir para reverdecer la nostalgia de la Santa Misa, el encuentro más pleno que vivimos con Cristo durante nuestra vida en la tierra, al ofrecer nuestra vida, unida a la Suya, a Dios Padre por la redención de todos nosotros, pecadores. Nostalgia de la venida de Cristo en la Comunión
eucarística a nuestras vidas, para vivirlas Él con nosotros.

Y nos pueden recordar, al descubrir la perenne novedad de la Santa Misa, que el Espíritu Santo y Santa María nos ayudarán siempre a vivirla con Cristo Nuestro Señor.

ernesto.julia@gmail.com

 

 

SABERSE EN COMBATE... CONTRA SATANÁS Y SUS ÁNGELES, LOS DEMONIOS

La Cuaresma nos recuerda que estamos inmersos en un duro combate. Es el drama que introdujo el pecado. Después de la caída original, todo hombre, descendiente de Adán, está en guerra. Una lucha del bien contra el mal, primeramente, en nosotros mismos, en el mundo enfermo a causa de los pecados de los hombres, y contra las insidias del Demonio. ¿No es milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los del jornalero? (Job 7, 1). Nadie está al margen de esta contienda. “La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida” (Gaudete et Exultate n. 158), nos dice el Papa.

Al hablar de la santidad en el mundo actual, en su exhortación Gaudete et exultate (19.03.18), el Papa dedica el comienzo del capítulo V al combate y la vigilancia. Y, por supuesto, nos recuerda que el demonio es real, es “algo más que un mito”. “La Palabra de Dios nos invita claramente a «afrontar las asechanzas del diablo» (Efesios 6, 11) y a detener «las flechas incendiarias del maligno» (Efesios 6, 16). No son palabras románticas, porque nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad” (n. 162).

En esta ocasión trataré del enemigo número uno de nuestra santidad, de Satanás, el “ángel apostata” (así lo nombra san Ireneo) y de los ángeles que le siguieron. Conocer a quién nos enfrentamos nos ayudará a confiar plenamente en nuestra participación en la victoria de Cristo. Jesús es el vencedor de Lucifer y los demonios. Así lo afirma él mismo a la gente agolpada después de su entrada mesiánica en Jerusalén, días antes de su Pasión: “ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera” (Juan 12, 31). Desenmascarar al enemigo y sus argucias es importante para combatirle, más cuando la táctica preferida del “padre de la mentira” (Juan 8, 44) es el anonimato, actuar en oculto; “la insidia más conseguida del diablo es la de persuadirnos que no existe”, escribía Beaudelaire. Además, recordaremos las armas que Jesús puso a nuestra disposición para vencerle; son nuestra única y segura garantía, y se nos da este tiempo de gracia de la Cuaresma para ejercitarlas con más empeño.

Los tres enemigos de la santidad

Nos los recuerda el Papa: “No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás). Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal” (Gaudete et Exultate n. 159). Las tentaciones no tienen un único causante. Aunque se puede decir que Satanás está indirectamente en el origen de todos los pecados, ya que nuestra inclinación al mal no existiría si Adán y Eva no hubieran pecado por su engaño (ref. santo Tomás de Aquino).

Después del pecado de nuestros primeros padres, nuestra naturaleza quedó herida, inclinada al mal. Esta fragilidad moral hereditaria se llama concupiscencia. Una muestra de sus frutos son los pecados o vicios capitales (la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza); llamados así por ser origen de muchos otros (de caput, capitis, "cabeza", en latín). Quien cae en ellos, y deja de luchar para levantarse recurriendo al perdón de Dios, es cada vez más débil... no necesita demonio que le tiente, se basta a sí mismo para deslizarse al mal.

Los pecados que cometemos contribuyen a contaminar el hábitat en que vivimos. Aunque el pecado es siempre una ofensa personal a Dios, no deja de tener sus efectos en los demás. Para bien o para mal estamos constantemente influyendo en quienes nos rodean, en la Iglesia, en el mundo entero. No sólo por el buen o el mal ejemplo que damos o por los resultados directos de nuestras acciones. “Los muchos pecados personales cometidos por los hombres forman casi un <ambiente de pecado>, que por su parte crea las condiciones para nuevos pecados personales, y de algún modo induce y arrastra a ello a cada uno de los hombres”, enseñaba san Juan Pablo II (Audiencia 5.11.1986). La “infección” del mal pasa de nuestros corazones a los ambientes en que vivimos; nada queda al margen: cultura, moda, artes, leyes, ocio, educación, familia,

trabajo... Es el espíritu del mundo, que condiciona nuestra existencia, y en muchos casos nos seduce al mal. El demonio está encantado con no revelarse, es su táctica, “a fin de que el mal, sembrado por él desde el principio, reciba su desarrollo por parte del hombre, de los sistemas mismos y de las relaciones interhumanas, entre las clases y entre las naciones” (san Juan Pablo II, 31.03.1985).

Vemos que no toda ocasión de pecado es achacable directamente al demonio; a la vez hemos de ser sensatos, saber que está ahí y que actúa sin descanso. San Pablo VI lo llamó “el enemigo número uno, el tentador por excelencia” (15.11.1972). Por eso, san Pablo nos advierte: “poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire” (Efesios 6, 11-12).

¿Por qué se niega la realidad del demonio?

Antes de avanzar, me parecía interesante resolver una perplejidad que se puede plantear ante declaraciones de un teólogo, de un eclesiástico, de un religioso que afirma que el diablo existe como realidad simbólica, como mal personificado en diversas estructuras, no como realidad personal. El Papa señala este desvío y nos advierte: “no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea (ref. san Pablo VI, 15.11.1972). Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos” (Gaudete et Exultate n. 161). La presencia de Satanás y sus demonios no ha sido objeto de un dogma, salvo una declaración en el Concilio IV de Letrán (año 1215): “El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”. Su existencia era una verdad de la fe cristiana constante y universalmente reconocida; su fundamento principal: la predicación de Cristo, la Sagrada Escritura. La enseñanza de los Papas es inequívoca, y los documentos del Concilio Vaticano II lo nombra 17 veces. Entonces, ¿por qué algunos sustituyen a un satanás personal por un abstracto pecado?

Francisco señala la causa: “no aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural” (Gaudete et Exultate n. 160); la falta de fe en Cristo, Dios y hombre verdadero, y en la Palabra revelada, que excluye todo aquello que incomoda al pensamiento del hombre actual. “Es verdad que los autores bíblicos tenían un bagaje conceptual limitado para expresar algunas realidades y que en tiempos de Jesús se podía confundir, por ejemplo, una epilepsia con la posesión del demonio. Sin embargo, eso no debe llevarnos a simplificar tanto la realidad diciendo que todos los casos narrados en los evangelios eran enfermedades psíquicas y que en definitiva el demonio no existe o no actúa”, exponía a continuación el Papa.

La precisa explicación de Francisco en el 2018 es la misma que el cardenal Ratzinger daba en 1984 (recogida en el capítulo X del libro-entrevista “Informe sobre la fe”). El entonces prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe resumió el argumento que esgrimen los “que pretenden desembarazarse de la perturbante presencia diabólica” así: “En el Nuevo Testamento, el concepto del <diablo> está simplemente en lugar del concepto de pecado del que el diablo no es más que una imagen, un símbolo”. Ratzinger comenta que una lectura atenta de lo que exponen esos libros lleva a pensar justo lo contrario: “los evangelistas hablan muy frecuentemente del diablo, y no lo hacen ciertamente en sentido simbólico. Al igual que el mismo Jesús, estaban convencidos —y así querían enseñarlo— de que se trata de una potencia concreta, y no ciertamente de una abstracción”. Ahora bien, si la enseñanza de la Escritura parece tan clara, dónde está el fallo. Ratzinger encuentra la causa del error en el método de exégesis practicado, que cae en lo que Francisco recordaba. “En este caso específico, se admite —y no podría ser de otra manera— que Jesús, los apóstoles y los evangelistas estaban convencidos de la existencia de las fuerzas demoníacas. Pero, al mismo tiempo, se da por descontado que en tal creencia eran <víctimas de las formas de pensamiento judío de su época>. Pero, como se da por descontado que <aquellas formas de pensamiento no son ya conciliables con nuestra imagen del mundo>, he aquí que, por una especie de prestidigitación, lo que se considera incomprensible para el hombre medio de hoy día queda simplemente cancelado”. Y de esta forma estos especialistas han dicho adiós al diablo; y muchos medios de comunicación encantados de hacerles eco: al fin se ha superado el oscurantismo medieval de la Iglesia gracias a la ciencia. El demonio está muerto y enterrado, dicen. Mientras, rebrotan en el mundo secularizado los ritos satánicos...

Lo verdaderamente importante: Cristo ha vencido al demonio... y nosotros venceremos unidos a Él

Cuando san Pedro expone un resumen de la obra de Cristo al centurión Cornelio y su familia, paganos, dice:

“Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos de los apóstoles 10, 38). No narra otros milagros para avalar su poder, solo el haber expulsado al diablo. Cuando Jesús da a los judíos una señal, demostración de ser el Mesías esperado, les dirá: “si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11, 20).

Jesús, el hijo de Dios hecho hombre, ha venido a restablecer el plan divino, malogrado por la rebelión de una parte de los ángeles y por el pecado de los hombres. El mal, el dolor, la muerte y la condenación eterna no son obra de Dios. Jesús es el Salvador, “se manifestó para deshacer las obras del Diablo” (1 Juan 3, 8). “La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios” (Catecismo de la Iglesia n. 394). Jesús es Dios verdadero, Satanás y sus ángeles son criaturas de Dios; aunque les pese, están bajo el dominio de Cristo. “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín” (Lucas 11, 21-22). Jesús es el “otro más fuerte”, ha derrotado al demonio para siempre en la Cruz y en su Resurrección gloriosa; nos ha liberado de la esclavitud de Satanás y participamos de ese poder de Cristo. Así, al mandar a los doce a su primera misión, Jesús les da “autoridad para expulsar espíritus inmundos...” (Mateo 10, 1). Luego extenderá esta potestad a los setenta y dos discípulos: “volvieron con alegría, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre»” (Lucas 10, 17). Y, por último, lo confiere a todos los que creen en él: “a los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre...” (Marcos 16, 17), dirá antes de ascender al Cielo.

Derrotado por Cristo, Satanás y sus ángeles combaten a los hijos de Dios hasta la segunda venida de Jesucristo, la Parusía. La lucha continúa hasta el último día. Lo advertirá san Pedro: “sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1 Pedro 5, 8). Por eso el Señor nos enseñó con el Padrenuestro a suplicar a nuestro Padre del Cielo: “y libranos del Mal”. Como recuerda el Papa, “la expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto y su traducción más precisa es «el Malo». Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine” (Gaudete et Exultate n. 160). Jesús repetirá este ruego en su oración al Padre en la Última Cena: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno” (Juan 17, 15). Somos inferiores al diablo si contamos solo con nuestras fuerzas, pero somos rotundamente superiores si permanecemos con Cristo. “El alma que está unida a Dios, el demonio la teme como teme a Dios mismo” (san Juan de la Cruz, Dichos de luz y de amor n. 128). Con el diablo sucede lo mismo que con el gigante Goliat. Para David, que confiaba en el Dios de Israel, el gigante no infundía temor, para el resto del ejército hebreo aparecía como un contrario temible, imposible de batir.

Los demonios, criaturas de Dios que le sirven a pesar suyo

¿Cómo es posible que Dios creara a los demonios, creara el mal? “La Iglesia enseña que primero Satanás fue un ángel bueno, creado por Dios” (Catecismo de la Iglesia n. 391). Criaturas espirituales, con una inteligencia y voluntad de grandísima perfección, pero limitada por ser creada; libres, con naturaleza superior a los hombres. ¿Qué pasó? “La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 Pedro 2, 4). Esta <caída> consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: <Seréis como dioses> (Genesis 3, 5). El diablo es <pecador desde el principio> (1 Juan 3, 8)” (ídem n. 392). Lucifer (del latín lux, luz, y fero, llevar: portador de luz) era el más resplandeciente de los ángeles y se rebeló contra Dios. Era libre y decidió realizar su felicidad de otra forma, se negó a servir al plan de su Creador. Y arrastró en su caída a un tercio de los ángeles (ref. Apocalipsis 12, 4). Es el ángel caído, expulsado del Cielo (ref. ídem 12, 8). Su opción fue irrevocable, como es la del hombre después de la muerte. Su naturaleza sigue siendo una maravilla, aunque use muy mal los dones recibidos de su Creador. Por envidia, intenta asociar al hombre en su rebelión contra

Dios. Pero sigue siendo criatura de Dios y, a su pesar, ha de darle gloria. ¿Cómo? Pues, siendo un instrumento de la Providencia divina para el bien de los hombres. ¿En serio? ¿Cómo es posible esto?

Yendo al inicio, si Dios es bueno y ama al hombre, ¿por qué permitió que “la Serpiente” tentará a Adán y Eva (ref. capítulo 3 del Génesis)? Es el misterio de la libertad y de la Redención. El hombre, como el ángel, fue creado libre, el gran regalo de Dios, para poder amar; puede decir sí o no al amor. Dios accedió a que Satanás tentará a nuestros primeros padres para que demostraran su amor, y eligieron el camino del mal. Desconfiaron del amor que Dios les había manifestado, mordieron el anzuelo del príncipe de la mentira, <seréis como dioses>, y buscaron la felicidad por su cuenta. Aun así, ¿no fue un combate desigual? No lo fue y nunca lo es, porque el permiso de Dios está condicionado a nuestras fuerzas. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1 Corintios 10, 13).

Santo Tomás de Aquino explica cómo los demonios son benefactores del hombre a pesar suyo, por el hábil uso que la Providencia hace. Los ángeles, buenos y malos, por su naturaleza están entre Dios y los hombres. Dios cuida al inferior con el superior. Los ángeles buenos, directamente, llevando a los hombres al bien y alejándolos del mal. Y los ángeles malos, indirectamente, probando a los hombres con la tentación, y así darles ocasión de purificarse y crecer en el amor a Dios. “La intención de los demonios es perder a las almas, mientras que la intención de Dios es salvarlas”, dirá santo Tomás. Dios permite las tentaciones por amor, y el demonio las realiza por odio y envidia. Esto será hasta que acabe este mundo, hasta la Parusía. Después del Juicio Final, ya sus “servicios” dejarán de ser necesarios. Y todos los ángeles malos irán al Infierno, donde ya están parte de ellos; y los acompañarán los hombres que no amaron a Dios y a los demás.

Hay otro dato de por qué Dios permitió la tentación de “la Serpiente”: por los bienes que Dios nos dió a través de la Salvación del mal del pecado, la Redención. “La victoria sobre el pecado obtenida por Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó el pecado: <Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia> (Romanos 5, 20)” (Catecismo de la Iglesia n. 420). En su misericordia infinita, Dios restauró nuestra dignidad pérdida, añadiendo la condición de hijos amados, participación en la filiación divina de su Hijo, Jesucristo. La nueva Creación, la Redención, fue sobreabundante en gracia y dones. “La gracia inefable de Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio” (san León Magno). Le salió mal la jugada a Satanás.

Los ataques del demonio: las tentaciones

“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo” (Mateo 4, 1). En la liturgia de la Palabra del primer domingo de Cuaresma meditamos las tentaciones de Cristo. “No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado” (Hebreos 4, 15). Sufrir la tentación no es malo, sino caer en ella. Sentir no es lo mismo que consentir. Ser probados nos ayuda a conocernos, saber de qué pasta estamos hechos, crecer en humildad y unirnos más a Jesús en la oración y en los Sacramentos. Con la tentación, el demonio nos coloca delante de una alternativa. Nos obliga a optar entre el bien y el mal. Por eso, resistir la seducción del Maligno, elegir el bien, afirma nuestro amor por Dios y a progresar en las virtudes. Gracias a esa lucha, maduramos en santidad de vida; se nos manifiesta lo amados y afortunados que somos, todo lo que Dios Padre nos regala a través de Cristo por el amor del Espíritu Santo; aumenta nuestros méritos, y nos hace mejores instrumentos de su Misericordia, con un corazón más purificado, más parecido al Corazón de Jesús.

En una homilía de la Misa de santa Marta (25.11.2016), Francisco se preguntó cómo podemos hacer para no dejarnos engañar por el diablo. “Jesús nos enseña cómo: no dialogar nunca con el diablo. Con el diablo no se dialoga. ¿Qué hizo Jesús con el diablo? Lo alejaba”. Es el gran estafador, promete mucho. “Te hace creer que si comes de esta manzana serás como un dios. Te la vende de ese modo y tú la compras, y al final te estafa, te engaña y te arruina la vida”. Por eso es tan crucial no ponerse en ocasión de ser tentados. El conocimiento propio con la luz del Espíritu Santo delata esas ocasiones próximas, nuestro talón de Aquiles. La humildad nos avisa para actuar prudentemente: <huye de esa circunstancia, de esa persona, de ese ambiente... no te expongas; no dialogues con el Maligno, corta ahora, antes de que sea tarde, de que sea peor>. En otra homilía (11.04.2014), el Papa explicaba esa táctica diabólica: “la tentación comienza levemente, pero crece: siempre

crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”. Asimismo, cuando evitamos las tentaciones conocidas, Dios nos descubrirá esos otros ataques del enemigo, camuflados, por eso más peligrosos porque nos hacen caer sin darnos cuenta, y nos dará las gracias necesarias para salir victoriosos.

Hay un cuento que ilustra esa realidad experimentada por todos: en nuestro corazón se libra una batalla entre el bien y el mal; hay trigo y cizaña, esa es nuestra condición pecadora. En el relato, un padre le mostraba a su hijo el interior de un hombre; <conviven dos perros>, le decía, <uno es malvado: es ira, chismes, pereza, envidia, celos, tristeza, avaricia, arrogancia, autocompasión, resentimiento, mentiras y egoísmo. El otro es bueno: es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe>. El hijo se quedó en silencio y al minuto preguntó: <¿Qué perro gana?>. El padre respondió: <Aquél al que tú alimentas>. Se compara al demonio a un perro rabioso... encadenado. El perro puede ladrar, pero nunca morderá... si uno mantiene la distancia. “El desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella” (Gaudete et Exultate n. 163), nos advierte el Papa. Principalmente estamos llamados a crecer en el amor, no solo a evitar el mal. Así mantenemos la distancia...

Remedios al alcance de todos

Concluyo mostrando algunos de los remedios contra los asaltos del diablo. Solo dos. Hay muchos más...

El más soberano antídoto es la Pasión de Cristo. “Por su pasión, Cristo nos libró de Satán y del pecado. Nos mereció la vida nueva en el Espíritu Santo. Su gracia restaura lo que el pecado había deteriorado en nosotros” (Catecismo de la Iglesia n. 1708). Está al alcance de cualquiera, es gratuito. Cristo lo ofrece a todos los hombres. Nos dice con el profeta: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche” (Isaías 55, 1). Qué pena que sean tantos los que no se benefician de esta gracia; algunos la ignoran, otros, la descuidan. No olvidemos que el Diablo hace todo lo posible por separarnos de esta fuente de gracia.

Para beber de esta fuente necesitamos orar, estar con Jesús y conocer el inmenso don de su amor por nosotros. Necesitamos seguirle, cargando con la cruz de cada día. Escuchémosle: “Velad y orad, para no caer en tentación: el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mateo 26, 41); “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mateo 16, 24). Esa fuente divina tiene unos caños primordiales: los Sacramentos. ¡Son tantos que los desconocen o descuidan! Cada vez hay más niños sin bautismo; más parejas sin casarse por la Iglesia, sin sacramento que les ayude... Cómo remediar nuestra debilidad sin recibir la Eucaristía y enchufarnos a la Pasión de Cristo participando en la santa Misa. Cómo levantarse del pecado y volver a la lucha sin recibir el perdón de Dios y ser sanados de nuestra debilidad en la Confesión. Jesús lo dejó clarísimo en la parábola de la vid y los sarmientos: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15, 5). Sin Cristo, nada. En Cristo, todo. “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”, afirmará san Pablo (Filipenses 4, 13). Y no hay más. Así venceremos con él los asaltos de Satanás.

¿Sabes cuál es el enemigo más temible que Dios ha hecho contra el demonio? La santísima Virgen. Jesús la asoció a su misión de modo único. María bebió de la fuente de la Pasión de Cristo singularmente; estaba al pie de la Cruz, íntimamente unida al sufrimiento de su Hijo. Ser derrotado por Cristo, Dios verdadero, es asumido por Satanás como algo inevitable. Pero, ser derrotado por una criatura tan pequeña y humilde, le hace sufrir enormemente. Dios se lo anunció a “la Serpiente” nada más lograr su triunfo sobre el hombre: “pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza” (Genesis 3, 15). La humildad de María le humilla más que el poder divino; el poder que Dios ha querido dar a María contra él, le hace temerla con mayor miedo. Y María es nuestra madre, por querer de Jesús. Nos la ha dado para que nos proteja de las insidias del Maligno y nos enseñe a vencerle. Y ella nos repite: “Haced lo que Jesús os diga” (Juan 2, 5), como en Cana. María Santísima es nuestro refugio y fortaleza.

 

Eutanasia o cuidados paliativos

Los cuidados paliativos son costosos, sin duda alguna; y requieren además de delicadas técnicas médicas, corazones y ánimos muy humanos, muy divinos en enfermeras, médicos y capellanes, pero es el reto que se nos presenta en este momento de nuestra civilización que, al estar desvinculándose de Dios, de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, no sabe dar respuesta al sentido del vivir humano.

A lo más, lo único que pretende alguno que otro “intelectual”, es convertir la vida del hombre en una pura y simple historia que no tiene ningún sentido, que no acaba en ningún fin y que deja completamente al vacío la inteligencia y el corazón de los seres humanos: después de la muerte se pierde el horizonte.

La madre abuela, en situación irreversible, insiste: “Con ley o sin ley, dejadme sufrir en paz, y acompañadme con cariño, como yo os he cuidado en vuestras enfermedades, y a mí me cuidaron mis padres”, La madre-abuela, después de dos días y dos noches de mucho sufrimiento. Al asomar la aurora apretó con fuerza la cruz del rosario, elevó los ojos al Crucificado, clavado en la cruz colgada en la pared a los pies de su lecho; sonrió, dio el último suspiró; y siguió caminando.

¿Acaso no es una muerte digna la que vivió esta madre-abuela, en plena consciencia, después de recibir la unción de los enfermos rodeada de sus hijos y de sus nietos, y dándoles el último adiós de despedida, hasta el Cielo?

Enric Barrull Casals

 

El valor social de la religión

Asistí a una conferencia en la que se habló del valor de la religión, no solo en la vida de las personas sino también del derecho a estar presente en la sociedad de la que formamos parte.

Pienso que se debe distinguir la laicidad del laicismo. La laicidad es la actitud neutral hacia la religión,  pero respetando las manifestaciones legítimas de religiosidad tanto en la vida privada como en la vida pública, como un requisito necesario del derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos, sin más límite que el orden público. Es lo propio de un Estado aconfesional.

Por el contrario, el laicismo es la negación práctica de este derecho y por tanto de la presencia de la religión en la vida pública. Es una actitud beligerante contra la religión, que niega un derecho fundamental de la persona por considerarla como algo negativo para la sociedad; de cualquier religión, aunque en la práctica es particularmente atacada la religión católica. Los modos de obstaculizar la religión pueden ser diversos - más beligerantes o menos-, según el grado de resistencia que pueda ofrecer la sociedad.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Aplaudir a nuestros médicos y sanitarios

Durante unos días se ha salido a las ventanas a aplaudir a nuestros médicos y sanitarios. Este simple gesto es una indicación, un método para afrontar la lucha contra la enfermedad. Cuando aplaudimos, mientras nos reconocemos con nuestros vecinos, estamos diciendo que lo determinante ante la desgracia y el dolor, no es la rabia, ni la queja, ni la crítica sino el agradecimiento a los que están dando lo mejor de sí mismos. Al aplaudir y mirarnos a la cara con aquellos que son nuestros compañeros de ascensor o de escalera nos descubrimos con una mirada nueva. De pronto descubrimos que estamos unidos en el deseo de destino bueno para los que sufren, para los que combaten con la enfermedad, para todos.

Esa mirada de ventana a ventana es la fuerza de un pueblo, la invitación a la unidad de los políticos desde la base, y la invitación a sacar lo mejor de nosotros mismos.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Suenan las campanas

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal ha invitado a todas las diócesis a que a la hora del Ángelus suenen las campanas de los templos para invitar a orar a quienes permanecen en casa y hacer llegar, a quienes sirven y trabajan, la ayuda del Señor y el agradecimiento de la Iglesia.

La Iglesia, inserta en el corazón de la sociedad, se hace presente ahora de una manera más que simbólica. El tañer de las campanas es acción de gracias por tantos y recordatorio sonoro de que ahí sigue al pie del cañón, ocupada en fraterna solidaridad, muy especialmente de los enfermos y sus familiares y de todos aquellos que en estos días redoblan esfuerzos para cuidarnos desde los servicios sanitarios, pero también de tantos que pueden naufragar estos días en el sinsentido o la desesperanza.

Juan García. 

 

 

¿Aportarán los políticos al igual que los trabajadores? Y…?

                                                                      

LA MALA LECHE: “El presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra, está aprovechando la crisis sanitaria provocada por la propagación del coronavirus para lanzar una campaña internacional contra el Gobierno. El dirigente independentista remitió hace días una carta a todos los representantes de las misiones consulares acreditadas en Cataluña en la que critica las medidas adoptadas por el Ejecutivo de coalición de PSOE y Podemos para frenar el Covid-19”. (Vozpópuli 20-03-2020)

Es simplemente "la mala leche hispana", que en Cataluña (y resto de España) y en algunos de sus habitantes, está muchísimo más desarrollada. “Dicen que el escorpión, si se ve acorralado y no encuentra salida "se aplica su propio veneno y se mata"; sería un buen ejemplo a seguir, por "otros bichos con dos patas"; por lo menos nos dejarían en paz y viviríamos mucho mejor y más tranquilos.

                                      EL VIRUS ¿DE DÓNDE VINO?:¿Vino de un laboratorio o de un murciélago? Lo que sabemos sobre el origen del virus: La realidad es que todavía se desconoce a ciencia cierta cuál ha sido el origen del virus. Sólo se tienen dos certezas: es animal y no, no fue creado en un laboratorio.¿Surgió en un laboratorio chino como arma contra Estados Unidos, como dice el presidente norteamericano, Donald Trump? ¿O fue justo al revés, obra de los militares estadounidenses para minar la posición internacional de China? ¿Fue culpa de un pangolín¿Realmente alguien se comió una sopa de murciélago en Wuhan y ahora estamos así?” (Vozpópuli 20-03-2020).

                                      Los que mandan pueblos, naciones, ejércitos y de cualquier tipo o raza; hicieron horrorosos hechos de los que está llena la historia, hasta terminar con las guerras químicas y de fuego arrasador, de los siglos veinte y también del veintiuno; los siguen haciendo impunemente; y lo van a seguir haciendo por ni se sabe cuánto tiempo; por tanto esta epidemia que padecemos, puede ser, “creada para fines que no dilucidamos, puesto que el bicho humano, tiene medios, para contaminar al planeta y nada nos puede asegurar que por los motivos que sean, no lo esté intentando”.

                                         Por todas estas “cosas presentes y pasadas” yo acuñé el pasado año la frase siguiente: “La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”. Por ello fue tapada siempre, lo está siendo en estos instantes y lo será por vete a saber cuántos cientos de siglos; se gobierna con la mentira (el mundo está gobernado por la mentira (François Revel) y en realidad es un arma que todo ser humano emplea  tan pronto su verdad cree que le perjudica; y ese es “el perro mundo que habitamos”; dónde se pretende vivir del trabajo e inteligencia del otro y de sus sudores si es “iletrado o analfabeto”; o sea y resumiendo… “el lobo humano contra sus semejantes, que no iguales”: Amén.

¿Y QUÉ VAN A APORTAR LOS POLÍTICOS A LA RECESIÓN ACTUAL?: Sí, puesto que hablan de todo, incluso de los eres o suspensiones de empleo de miles y miles (¿millones?) de empleados o trabajadores de todo tipo, que como mucho van a cobrar pagas de subsistencia hasta ni saben cuándo. Entonces es lógico pensar en lo que van a hacer “los ejércitos” de políticos que hasta ahora mismo, cobran lo que ellos mismos se han estipulado y no hablan de rebajas algunas. ¿Por qué de ello… no son españoles lo mismo que los demás? Y al decir políticos, entiendan que me refiero desde el último de los concejales de una pedanía, pasando por el último empleado municipal u oficial y terminando en el propi rey y su familia… ¿quién responde y cómo lo hace?

 

EL IRRESPONSABLE PEDRO SÁNCHEZ Y EL PETULANTE PABLO IGLESIAS FORMAN UN DUO INFECCIOSO: El incompetente Gobierno socialcomunista se jactaba el 24 de febrero de tener ‘mecanismos suficientes’ para frenar el coronavirus. Lo tenían todo controlado y ahora, sino fuera por el papel del personal sanitario y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se están dejando la vida, estaría todo fuera de control. PERIODISTA DIGITAL 21 Mar 2020 -

GOBERNANTES MERCENARIOS INÚTILES Y CHAPUCEROS: Como ya soy muy viejo puesto que nací en 1938, nunca he pertenecido ni pertenezco, a ningún partido político o grupo de presión; y he leído bastante de la triste cuando no trágica u horrorosa historia de España: Opino que; Tras los Reyes Católicos, Carlos III y las dos dictaduras militares de, Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde; no ha habido verdaderos estadistas en España; y no defiendo los hechos horribles o terribles que hicieran algunos de estos gobernantes y que son “historias aparte”; pero como defensores y mantenedores de la España que conformaran los primeros citados reyes; y de ello hace ya casi seis siglos, ninguno. Todos los demás han ido a vivir de “las herencias y diluirlas o malgastarlas cada vez más”; y ese es el estado lamentable de la actual nación y que sigue llamándose ESPAÑA, que hoy es saqueada incluso más.

LOS POLÍTICOS QUE SE SALTAN LAS LEYES  QUE PADECEMOS LOS DEMÁS: Ahora cuando “nos han metido en la madriguera como a conejos”, algunos se saltan las leyes y ello es de bochorno. Pero es normalmente lo que hace el político cuando llega “al mando”; imponer leyes para que las cumplan sus gobernados, a los que considera no iguales, sino por el contrario, inferiores, cuando no súbditos o siervos. Por este hecho que este indeseable ha cometido hay ya muchos españoles multados con sanciones absurdas por lo abultadas; ¿a éste indigno, quién o quienes lo van a multar con una multa máxima precisamente por cuanto se supone es una autoridad que sabe las leyes?

EL VIRUS HUMANO: La política es tan "asquerosa y hedionda" que es capaz de todo porque los que la dirigen, continúen en el mando. Estoy seguro que nunca vamos a saber la realidad del "nacimiento" del virus chino; al que llamo por este nombre por cuanto nació en China; algunos lo achacan a las para nosotros, porquerías que llegan a comer los chinos; pero los chinos las vienen comiendo desde hace milenios y no tuvieron ese virus; ahora quieren tapar su responsabilidad; y como tienen dinero de sobras, pues seguro que están "llenando bolsillos", para que todo aquel que se venda y diga lo que ellos quieren; o sea lo normal de lo que han empleado todos los políticos de siempre; cuando no el asesinato o el exterminio de pueblos enteros; y esa es la verdadera historia del "orgulloso mono humano, que en realidad, somos una nada repelente"; salvo excepciones, que como tales nunca han contado lo suficiente, ni ahora tampoco. (Respondiendo en un foro el 21-03-2020)

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes