Las Noticias de hoy 23 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Lun, 23/03/2020 - 13:53
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 23 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Un ‘Padre Nuestro’ todos juntos, el 25 de marzo al mediodía

Ángelus: Cuaresma, tiempo para pedir al Señor misericordia

El Papa impartirá la bendición ‘Urbi et Orbi’ el próximo viernes, 27 de marzo

Croacia: El Papa reza por un país azotado por el terremoto

LA ORACIÓN PERSONAL: Francisco Fernandez Carbajal

“Acude prontamente a la confesión”: San Josemaria

Sobrellevar la cuarentena en familia

“La fuerza de la ciencia y la fuerza de la fe”, reflexión sobre el Covid-19: Renato Martinez

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

MISAS EN DIRECTO: Parroquia San Josemaría Escrivá de Valencia

Aprovechando el coronavirus | 10 sugerencias prácticas

Oración del abandono a María​: Sheila Morataya

YO ME QUEDO EN CASA, SEÑOR: Giuseppe, Obispo (Nocera Inferiore – Sarno, Italia)

 Coronavirus: Jorge Hernández Mollar

Narrativas complacientes: Alfonso Aguiló

El compromiso de proporcionar alimentos a la sociedad: Jesús Domingo

Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento: Plinio Corrêa de Oliveira

Coronavirus. ¡Basta ya !: Josefa Romo

Eutanasia sí, eutanasia no: Juan García.

Dolor insufrible: Jesús Martínez Madrid

Humanizar la tecnología: José Morales Martín

Leyendo y comentando noticias: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Domingo, 22 de marzo de 2020

https://youtu.be/Vnq8l3XFS-M
 
Monición de entrada

En estos días, escuchamos las noticias de tantos difuntos: hombres y mujeres que mueren solos, sin poder despedirse de sus seres queridos. Pensemos en ellos y recemos por ellos. Y también por las familias, que no pueden acompañar a sus seres queridos cuando mueren. Nuestra oración especial es por los difuntos y sus familiares.

 Homilía

Este pasaje del Evangelio de Juan (cfr. 9,1-41) habla por sí mismo. Es un anuncio de Jesucristo y también una catequesis. Solo quería apuntar una cosa. San Agustín tiene una frase que a mí siempre me sorprende: “Temo a Cristo cuando pasa: Timeo Dominum transeuntem. Temo que pase Cristo. ¿Y por qué temes al Señor? Temo no darme cuenta de que es Cristo y dejarlo pasar”. Una cosa es clara: en presencia de Jesús brotan los auténticos sentimientos del corazón, las verdaderas actitudes; salen fuera. Es una gracia, y por eso Agustín temía dejarlo pasar sin advertir que estuviese pasando.
 
Aquí está claro: pasa, cura a un ciego y se desencadena el escándalo. Y luego sale lo mejor de las personas y lo peor de las personas. El ciego… Asombra la sabiduría del ciego, cómo responde. Estaba acostumbrado a moverse con las manos, olía el peligro, olía las cosas peligrosas que podían hacerle caer. Y se mueve como un ciego. Con una argumentación clara, precisa, y luego usa también la ironía, se permite ese lujo.
 
Los doctores de la Ley sabían todas las leyes, todos, todas. Pero estaban fijos ahí. No sabían cuando pasaba Dios. Eran rígidos, estaban apegados a sus costumbres. El mismo Jesús lo dice en el Evangelio: apegados a las costumbres. Y si para conservar esas costumbres tenían que hacer una injusticia, pues no hay problema, porque sus costumbres decían que eso (lo que hizo Jesús) no era justo; y esa rigidez les llevaba a cometer injusticias. Sale ante Cristo ese sentimiento de cerrazón.
 
Solo esto. Os aconsejo a todos que toméis hoy el Evangelio, capítulo 9 de San Juan, y leerlo en casa, tranquilos. Una, dos veces, para entender bien qué sucede cuando pasa Jesús: que salen fuera los sentimientos. Entender bien lo que Agustín nos dice: temo al Señor cuando pasa, que no me dé cuenta y no lo reconozca. Y no me convierta. No os olvidéis: leed hoy una, dos, tres veces, cuanto queráis, el capítulo 9 de Juan.

 
Comunión espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y te deseo en mi alma. Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno del todo a ti. No dejes que nunca me separare de ti.

 

Un ‘Padre Nuestro’ todos juntos, el 25 de marzo al mediodía

Invitación del Papa a todos los cristianos

MARZO 22, 2020 15:00ANNE KURIANANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 22 marzo 2020).- El Papa Francisco invita a todos los cristianos a recitar el Padre Nuestro “todos juntos”, este miércoles 25 de marzo de 2020 al mediodía, en “oración unánime” ante la pandemia del Coronavirus.

“En estos días de prueba, dijo durante el Ángelus que presidió este 22 de marzo en la biblioteca del Palacio Apostólico, mientras la humanidad tiembla por la amenaza de la pandemia, me gustaría sugerir a todos los cristianos que unan sus voces al cielo”.

“Invito a todos los jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, con todos los cristianos de las diversas denominaciones, a invocar al Dios Altísimo y Todopoderoso, mientras recitamos al mismo tiempo la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha enseñado”.

El Papa desea: “En el día en que muchos cristianos recuerden el anuncio de la Encarnación del Verbo a la Virgen María, que el Señor escuche las oraciones unánimes de todos sus discípulos que se preparan para celebrar la victoria de Cristo resucitado”.

 

Ángelus: Cuaresma, tiempo para pedir al Señor misericordia

Palabras del Papa antes del Ángelus

MARZO 22, 2020 13:56RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 22 marzo 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 22 de marzo de 2020, el Papa Francisco ha dirigido el rezo del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el centro de la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma está el tema de la luz. El Evangelio (cf. Jn 9,1-41) relata el episodio del ciego de nacimiento, al que Jesús da la vista.

Este signo milagroso es la confirmación de la afirmación de Jesús que dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (v. 5), la luz que ilumina nuestra oscuridad. Él opera la iluminación en dos niveles: uno física y otro espiritual: el ciego primero recibe la vista de los ojos y luego es llevado a la fe en el “Hijo del Hombre” (v. 35), es decir, en Jesús.

Hoy sería bueno que todos tomen el Evangelio de San Juan, capítulo nueve, y que lean este pasaje: es tan hermoso, y nos hará bien leerlo más de una vez. Los prodigios que Jesús realiza no son gestos espectaculares, sino que están destinados a conducir a la fe a través de un camino de transformación interior.

Los fariseos y los doctores de la ley se obstinan en no admitir el milagro, y dirigen al hombre sanado preguntas insidiosas. Pero Él los desconcierta con la fuerza de la realidad: “Una cosa sí sé: estaba ciego y ahora veo” (v. 25). Entre la desconfianza y la hostilidad de los que le rodean y le interrogan con incredulidad, hace un itinerario que lo lleva gradualmente a descubrir la identidad de aquel que le abrió los ojos y a confesar  su fe en Él. Al principio lo considera un profeta (cf. v. 17); luego lo reconoce como alguien que viene de Dios (cf. v. 33); finalmente lo acoge como el Mesías y se postra ante Él (cf. vv. 36-38). Comprendió que al darle la vista, Jesús “manifestó las obras de Dios” (cf. v. 3).

¡Que nosotros también podamos tener esta experiencia! Con la luz de la fe, el ciego descubre su nueva identidad. Ahora es una “nueva criatura”, capaz de ver su vida y el mundo que le rodea, bajo una nueva luz… porque ha entrado en comunión con Cristo, ha entrado en otra dimensión. Ya no es un mendigo marginado por la comunidad; ya no es esclavo de la ceguera y del prejuicio. Su camino de iluminación es una metáfora del camino de la liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un velo oscuro que cubre nuestro rostro y nos impide vernos claramente  a nosotros mismos y al mundo; el perdón del Señor nos quita este manto de sombra y oscuridad y nos da nueva luz.

La Cuaresma que estamos viviendo que sea un tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone. El ciego curado, que ahora ve con los ojos del cuerpo y con los del alma, es imagen de cada bautizado, que inmerso en la gracia ha sido arrancado de las tinieblas y colocado en luz de la fe. Pero no basta con recibir la luz, hay que convertirse en luz. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda nuestra vida.

Los primeros cristianos, teólogos de los primeros siglos, decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, es el “misterio de la luna”, porque daba luz pero no era luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Nosotros también debemos ser “misterio de la luna”: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor. San Pablo nos lo recuerda hoy:

“Compórtense, pues, como hijos de la luz; el fruto de la luz consiste en todo bien, justicia y… verdad” (Ef 5:8-9). La semilla de la nueva vida puesta en nosotros en el Bautismo es como la chispa de un fuego, que nos purifica en primer lugar, quemando el mal en nuestros corazones, y nos permite brillar e iluminar con la luz de Jesús.

Que María Santísima nos ayude a imitar al ciego del Evangelio, para que seamos inundados con la luz de Cristo y emprender con él el camino de la salvación.

 

 

El Papa impartirá la bendición ‘Urbi et Orbi’ el próximo viernes, 27 de marzo

Gesto excepcional por la pandemia

MARZO 22, 2020 16:21ANNE KURIANANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 22 marzo 2020).- El Papa Francisco invita a los cristianos a unirse a él, por video, el 27 de marzo de 2020, a las 18 horas en Roma, cuando presidirá un tiempo de oración que concluirá con la bendición de Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo).

Será un gesto excepcional en tiempos de pandemia, ya que esta bendición particular, que confiere indulgencia plenaria, se da tradicionalmente en Navidad y Pascua, así como en la elección de un nuevo Papa.

Este tiempo de oración, transmitido en vivo, tendrá lugar en la esplanada de la Basílica de San Pedro “vacía”, anunció el Papa durante la oración del Ángelus este 22 de marzo, filmado desde la biblioteca del Palacio Apostólico. No se espera ningún participante en el acto, ya que Italia y muchos otros países han declarado la contención para luchar contra el Coronavirus Covid-19.

“Invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación, continuó el Papa. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que daré al final la bendición Urbi et
Orbi”. A esto se agregará “la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”.

“Queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, de la compasión, de la ternura, dijo. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas solas y a los más probados”.

Ordinariamente, la bendición Urbi et Orbi confiere la indulgencia plenaria en las condiciones habituales establecidas por la Iglesia (confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa). En la situación actual, especifica el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, todos los que se unan espiritualmente en este momento de oración por los medios recibirán la indulgencia plenaria de acuerdo con las condiciones publicadas por la Penitenciaría Apostólica el día anterior

En un decreto, dispone que la indulgencia plenaria se otorgara “a los fieles afectados por el Coronavirus” en cuarentena en los hospitales o en sus hogares, así como a los cuidadores, familiares y aquellos que ayudan a los enfermos exponiéndose a riesgo de contaminación Y del mismo modo “a los fieles que ofrecen la visita al Santísimo Sacramento, o la adoración eucarística o la lectura de la Biblia durante al menos media hora, o el rezo del rosario, o el Viacrucis, o el rezo del Rosario de la Divina Misericordia, para implorarle a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio para los afectados por ella y la salvación eterna de aquellos a quienes el Señor le ha llamado”.

Las condiciones de la indulgencia son la unión espiritual en la misa, el rosario, las Estaciones del Viacrucis u otras devociones gracias a los medios de comunicación, o al menos la oración del Credo, del Padre Nuestro y una invocación a la Virgen María, “al ofrecer esta prueba en un espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de lograr las condiciones habituales lo antes posible”.

 

 

Croacia: El Papa reza por un país azotado por el terremoto

Palabras del Papa después del Ángelus

MARZO 22, 2020 17:02RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 22 marzo 2020).- “Sintamos nuestra cercanía con los más solos y probados”, invitó al Papa Francisco, concluyendo el Ángelus de este domingo 22 de marzo de 2020, que presidió en video en vivo desde la biblioteca del Palacio Apostólico.

“Proximidad a todos”, concluyó. Luego, el Papa fue a la ventana donde generalmente preside la oración mariana, desde donde bendijo en silencio la Plaza de San Pedro, que estaba desierta durante este período de encierro.

A continuación las palabras del Papa después del Ángelus:

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Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

En estos días de prueba, mientras la humanidad tiembla ante la amenaza de la pandemia, me gustaría para proponer a todos los cristianos que unan sus voces al Cielo. Invito a todos los jefes de las Iglesias y líderes de todas las comunidades cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, para invocar al Altísimo, Dios Todopoderoso, recitando al mismo tiempo la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha dado enseñado. Por lo tanto, invito a todos a recitar el Padre Nuestro el próximo miércoles, 25 de marzo al mediodía.

El día en que muchos cristianos recuerdan el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, que el Señor escuche la oración unánime de todos sus discípulos que se preparan para celebrar la victoria de Cristo resucitado.

Con la misma intención, el próximo viernes 27 de marzo, a las 18 h., presidiré un momento de oración en la explanada de la Basílica de San Pedro. A partir de ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación, continuó el Papa. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que daré al final la bendición Urbi et Orbi”. A esto se agregará “la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”.

Queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, de la compasión, de la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas solas y a los más probados”.

Expreso mi cercanía a los pueblos de Croacia afectados esta mañana por una terremoto. Que el Señor Resucitado les dé la fuerza y la solidaridad para enfrentar esta calamidad.

Les deseo a todos un buen domingo. No se olviden de rezar por mí. Que tengan un buen almuerzo y Adiós.

 

LA ORACIÓN PERSONAL

— Necesidad de la oración. El ejemplo de Jesús.

— Oración personal: diálogo confiado con Dios.

— Poner los medios para rezar con recogimiento y evitar las distracciones.

I. Estaba Jesús orando en cierto lugar...1. Muchos pasajes del Evangelio muestran a Jesús que se retiraba y quedaba a solas para orar2; y se pone particularmente de relieve en los momentos más importantes de su ministerio público: Bautismo3, elección de los Apóstoles4, primera multiplicación de los panes5, transfiguración6, etcétera. Era una actitud habitual de Jesús: «A veces, pasaba la noche entera ocupado en coloquio íntimo con su Padre. ¡Cómo enamoró a los primeros discípulos la figura de Cristo orante!»7. ¡Cómo nos ayuda a nosotros!

En esta Cuaresma podemos fijarnos especialmente en una escena que contemplamos en el Santo Rosario: la oración de Jesús en el Huerto. Inmediatamente antes de entregarse a la Pasión, el Señor se dirige con los Apóstoles al Huerto de Getsemaní. Muchas veces había rezado Jesús en aquel lugar, pues San Lucas dice: Salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos8. Pero esta vez la oración de Jesús tendrá un matiz muy particular, porque ha llegado la hora de su agonía.

Llegado a Getsemaní, les dijo: Orad, para no caer en tentación9. Antes de retirarse un poco para orar, el Señor pide a los Apóstoles que permanezcan también en oración. Sabe Jesús que se acerca para ellos una fuerte tentación de escándalo al ver que es apresado su Maestro. Se lo ha comunicado ya durante la Última Cena, y ahora les advierte que no podrán resistir la prueba si no permanecen vigilantes y orando.

La oración es indispensable para nosotros, porque si dejamos el trato con Dios, nuestra vida espiritual languidece poco a poco. «Si se abandona la oración, primero se vive de las reservas espirituales..., y después, de la trampa»10. En cambio, la oración nos une a Dios, que nos dice: Sin mí no podéis hacer nada11. Conviene orar perseverantemente12, sin desfallecer nunca. Hemos de hablar con Él y tratarle mucho, con insistencia, en todas las circunstancias de nuestra vida. Además, ahora, durante este tiempo de Cuaresma, vamos con Jesucristo camino de la Cruz, y «sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!»13.

El Señor nos enseña con el ejemplo de su vida cuál ha de ser nuestra actitud: dialogar siempre filialmente con Dios. «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»14. Siempre hemos de procurar tener presencia de Dios y contemplar los misterios de nuestra fe. Ese diálogo con Dios no debe interrumpirse; más aún, debe hacerse en medio de todas las actividades. Pero es indispensable que sea más intenso en esos ratos que diariamente dedicamos a la oración mental: meditamos y hablamos en su presencia sabiendo que verdaderamente Él nos oye y nos ve. Quizá sea la necesidad de la oración, junto con la de vivir la caridad, uno de los puntos en los que el Señor insistió más veces en su predicación.

II. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya15.

Cuando el sufrimiento espiritual es tan intenso que le hace entrar en agonía, el Señor se dirige a su Padre con una oración llena de confianza. Le llama Abba, Padre, y le dirige palabras íntimas. Ese es el camino que debemos seguir también nosotros. En nuestra vida habrá momentos de paz espiritual y otros de lucha más intensa, quizá de oscuridad y de dolor profundo, con tentaciones de desaliento... La imagen de Jesús en el Huerto nos señala cómo hemos de proceder siempre: con una oración perseverante y confiada. Para avanzar en el camino hacia la santidad, pero especialmente cuando sintamos el peso de nuestra debilidad, hemos de recogernos en oración, en conversación íntima con el Señor.

La oración pública (o en común) en la que participan todos los fieles es santa y necesaria, pues Dios quiere ver a sus hijos también juntos orando16, pero nunca puede sustituir al precepto del Señor: tú, en tu aposento, cerrada la puerta, ora a tu Padre17. La liturgia es la oración pública por excelencia, «es la cumbre hacia la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo fuente de donde mana toda su fuerza (...). Con todo, la vida espiritual no se contiene en la sola participación de la sagrada Liturgia. Pues el cristiano, llamado a orar en común, debe sin embargo entrar también en su aposento y orar a su Padre en lo oculto, es más, según señala el Apóstol, debe rezar sin interrupción (1 Tes, 5, 17)»18.

La oración hecha en común con otros cristianos también debe ser oración personal, mientras los labios la recitan con las pausas oportunas y la mente pone en ella toda su atención.

En la oración personal se habla con Dios como en la conversación que se tiene con un amigo, sabiéndolo presente, siempre atento a lo que decimos, oyéndonos y contestando. Es en esta conversación íntima, como la que ahora intentamos mantener con Dios, donde abrimos nuestra alma al Señor, para adorar, dar gracias, pedirle ayuda, para profundizar –como los Apóstoles– en las enseñanzas divinas. «Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!; y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.

»En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”»19.

Nunca puede ser plegaria anónima, impersonal, perdida entre los demás, porque Dios, que ha redimido a cada hombre, desea mantener un diálogo con cada uno de ellos, y al final de la vida la salvación o condenación dependerán de la correspondencia personal de cada uno. Debe ser el diálogo de una persona concreta –que tiene un ideal y una profesión determinada, y unas amistades propias..., y unas gracias de Dios específicas– con su Padre Dios.

III. Cuando se levantó de la oración y llegó hasta los discípulos, los encontró adormilados por la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en tentación20.

Los apóstoles han descuidado el mandato del Señor. Los había dejado allí, cerca de Él, para que velaran y orasen y así no cayeran en la tentación: pero aún no aman bastante, y se dejan vencer por el sueño y la flaqueza, abandonando a Jesús en aquel momento de agonía. El sueño, imagen de la debilidad humana, ha permitido que se apodere de ellos una tristeza mala: decaimiento, falta de espíritu de lucha, abandono de la vida de piedad.

No caeremos en esa situación si mantenemos vivo el diálogo con Dios en cada rato de oración. Frecuentemente tendremos que acudir a los Santos Evangelios o a otro libro –como este que lees–, para que nos ayude a encauzar ese diálogo, aproximarnos más al Señor, en el que nada ni nadie nos puede sustituir. Así hicieron muchos santos: «Si no era acabando de comulgar –dice Santa Teresa– jamás osaba comenzar a tener oración sin libro, que tanto temía mi alma estar sin él en oración, como si con mucha gente fuera a pelear. Con este remedio, que era como una compañía o escudo en que había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada»21.

Hemos de poner los medios para hacer esa oración mental con recogimiento. En el lugar más adecuado según nuestras circunstancias, siempre que sea posible, ante el Señor en el Sagrario. Y a la hora que hayamos determinado en nuestro plan de vida ordinario. En la oración estaremos también prevenidos contra las distracciones; esto supone, en gran medida, la mortificación de la memoria y de la imaginación, apartando lo que nos impida estar atentos a nuestro Dios. Hemos de evitar el tener «los sentidos despiertos y el alma dormida»22.

Si luchamos con decisión contra las distracciones, el Señor nos facilitará la vuelta al diálogo con Él; además, el Ángel Custodio tiene, entre otras, la misión de interceder por nosotros. Lo importante es no querer estar distraídos y no estarlo voluntariamente. Las distracciones involuntarias, que nos vienen a pesar nuestro, y que procuramos rechazar en cuanto somos conscientes, no quitan provecho ni mérito a nuestra oración. No se enfadan el padre y la madre porque balbucee sin sentido el niño que todavía no sabe hablar. Dios conoce nuestra flaqueza y tiene paciencia, pero hemos de pedirle: «concédenos el espíritu de oración»23.

Al Señor le será grato que hagamos el propósito de mejorar en la oración mental todos los días de nuestra vida; también aquellos en los que nos parezca costosa, difícil y árida, porque «la oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada»24. Si lo hacemos así, toda nuestra vida saldrá enriquecida y fortalecida. La oración es un potentísimo faro que da luz para iluminar mejor los problemas, para conocer mejor a las personas y así poder ayudarlas en su caminar hacia Cristo, para situar en su verdadero lugar aquellos asuntos que nos preocupan. La oración deja en el alma una atmósfera de serenidad y de paz que se transmite a los demás. La alegría que produce es un anticipo de la felicidad del Cielo.

Ninguna persona de este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre Santa María, que pasó largas horas mirándole, hablando con Él, tratándole con sencillez y veneración. Si acudimos a Nuestra Madre del Cielo, aprenderemos muy pronto a hablar, llenos de confianza, con Jesús, y a seguirle de cerca, muy unidos a su Cruz.

1 Lc 11, 1-3. — 2 Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 16; etc. — 3 Cfr. Lc 3, 21. — 4 Cfr. Lc 6, 12. — 5 Cfr. Mc 6, 46. — 6 Cfr. Lc 9, 29. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 119. — 8 Lc 22, 39. — 9 Lc 22, 40. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 445. — 11 Jn 15, 5. — 12 Cfr. Lc 18, 1. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 89. — 14 Santa Teresa, Vida, 8, 2. — 15 Lc 22, 41-42. — 16 Cfr. Mt 18, 19-20. — 17 Mt 6, 6. — 18 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 10, 12. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 91. — 20 Lc 22, 45-46. — 21 Santa Teresa, Vida, 6, 3. — 22 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 368. — 23 Preces de laudes. Lunes IV semana de Cuaresma. — 24 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 464.

 

 

“Acude prontamente a la confesión”

Si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la Confesión y a la dirección espiritual: ¡enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirúrgica. (Forja, 192)

23 de marzo

Voy a resumirte tu historia clínica: aquí caigo y allá me levanto...: esto último es lo importante. –Pues sigue con esa íntima pelea, aunque vayas a paso de tortuga. ¡Adelante! –Bien sabes, hijo, hasta dónde puedes llegar, si no luchas: el abismo llama a otros abismos. (Surco, 173)

Has entendido en qué consiste la sinceridad cuando me escribes: "estoy tratando de acostumbrarme a llamar a las cosas por su nombre y, sobre todo, a no buscar apelativos para lo que no existe". (Surco, 332) «Abyssus, abyssum invocat...» –un abismo llama a otro abismo, te he recordado ya. Es la descripción exacta del modo de comportarse de los mentirosos, de los hipócritas, de los renegados, de los traidores: como están a disgusto con su propio modo de conducirse, ocultan a los demás sus trapacerías, para ir de mal en peor, creando un despeñadero entre ellos y el prójimo. (Surco, 338)

La sinceridad es indispensable para adelantar en la unión con Dios. –Si dentro de ti, hijo mío, hay un "sapo", ¡suéltalo! Di primero, como te aconsejo siempre, lo que no querrías que se supiera. Una vez que se ha soltado el "sapo" en la Confesión, ¡qué bien se está! (Forja, 193)

A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo. (Camino, 236)

 

Sobrellevar la cuarentena en familia

Sentido común, algo de ingenio y mucha paciencia. Y no olvidar a quienes están falleciendo, a sus familiares y a todas las personas que nos están cuidando. Dos familias nos cuentan cómo podemos organizarnos en casa para lidiar con la situación que ha traído la pandemia del coronavirus.

EN PRIMERA PERSONA22/03/2018

​Photo by Taylor Simpson on Unsplash

La acumulación de cifras de fallecidos e ingresados nos lleva a rezar por ellos, por sus familias, por el personal sanitario y tantas personas e instituciones que están trabajando sin descanso para minimizar el impacto de la pandemia.

Para muchos otros -la mayoría- su modo de contribuir es... quedarse en casa y obedecer a las autoridades civiles. Hemos pedido a dos familias que nos cuenten cómo están procurando superar las inevitables dificultades de estos días: un capitán de fragata, especialista en submarinos, y una madre (en su cuenta de Instagram se describe con humor (Marta: 72m² para 6 "agobiaos" ¿Y si la familia fuese la empresa más importante que pudiese existir?), y que comparte varios consejos que ha puesto en práctica en su casa. Vamos allá.


José Torrente: Cuando el submarino es... tu casa

José es capitán de fragata, especialista en submarinos. 15 años rodeado de agua. El aislamiento ha sido su gran compañero de viaje, como un amigo invisible. Ahora, en casa, con nueve hijos, su vida discurre -digamos- en otro submarino, como la de todos nosotros. Aunque con luz natural y tantas otras ventajas.

Con un vídeo sencillo, editado en su casa, José y algunos de sus hijos nos sugieren algunas ideas básicas para afrontar este periodo. Hay vida debajo del agua. Y fuera de ella, en cualquier hogar, se puede vivir razonablemente bien, con buenas dosis de paciencia y sentido del humor.

 

 


Marta, madre de familia: “No estamos solos y la situación no es, ni de lejos, la peor”

No sabes ni cómo te llamas. De un día a otro te han metido en una peli de ciencia ficción y tienes que gestionar a varios niños, un marido, una o dos zonas de trabajo, bombardeo de información y de deberes de los colegios... y los metros cuadrados, que te parecen menos metros que nunca.

El desconcierto y el pánico inicial dejan paso al mal humor, las voces, las malas formas, los portazos, los insultos de un hermano a otro…

REDIMENSIONA LAS CIRCUNSTANCIAS Y DA GRACIAS A DIOS PORQUE SEGURAMENTE LO QUE ESTÁS VIVIENDO NO ES TAN DURO

Lo primero que hay que hacer es pensar que no estamos solos. Todos estamos, en mayor o menor medida, en la misma situación que además no es, ni de lejos, la peor. Hay muchos hogares que tienen un familiar o varios enfermos, viviendo con la incertidumbre y el miedo; en otras casas hay madres o padres solos que no tienen ayuda, y quizás tengan que ir a trabajar; en otras, hay familias con niños con necesidades especiales...

Así que, en la medida de lo posible, redimensiona las circunstancias y da gracias a Dios porque seguramente lo que estás viviendo no es tan duro.

En cualquier caso, ahí van siete consejos que pueden ayudarte a mejorar la convivencia estrecha de estos días:

1. Organízate. Como si de una empresa se tratase organiza primero tu cabeza y luego la casa. Tenéis que ordenar la casa y pensar de dónde sacáis espacio de trabajo para dos, de estudio para los mayores y de ocio para los peques de la casa. Y eso no depende de los metros cuadrados…

Cuando me refiero a ordenar, me refiero a orden y limpieza normal: no es el momento de pensar en limpiezas a fondo, con falta de lejía en los mercados y niños pululando por la casa. Entre nosotros, yo ya me veía con el bote de pintura en la mano dando una manita a la casa, aprovechando la cuarentena. Pero no es el momento. Tampoco lo es de quitar el pañal al peque, ni quitar el chupete, enseñar a sumar o el abecedario…

Tranquilos. Las clases volverán. Y los profes seguirán enseñando.

Organiza también las comidas y la ropa. Intenta hacer hueco en la casa para tener que salir lo menos posible al supermercado (y ya sabes, cumpliendo las normas) y haz entender a tu familia que hay que ser disciplinado con el uso de la ropa. De lo contrario, en dos días estaréis invadidos de prendas sucias.

2. Un día normal con horario normal. Tal vez te asalte la apatía y quieras estar todo el día tirado en el sofá con el pijama puesto. Ni lo pienses.

Levántate y acuéstate a la hora acostumbrada. Dúchate, vístete, como para salir a trabajar. Peínate. Y exige a tus hijos el mismo horario y vestimenta "de calle". Que cuiden su aseo.

Aunque los colegios están intentando, en la medida de sus posibilidades, enviar temario, corregirlo e incluso les hacen exámenes, si tienes adolescentes seguro que querrán ver pelis hasta las tantas, usar más la Nintendo o el móvil... ¡Ojo!

No es necesario que tengan un horario tan fijo como en el cole. Y comer en familia es un lujo que podemos permitirnos estos días. Que tus hijos ayuden a recoger la cocina y a hacer tareas de la casa, ya que que otras veces no pueden hacerlo por falta de tiempo. Por la tarde, pueden jugar más con sus hermanos, leer, etc.

3. Cuida la relación de pareja. Si eres de los que piensa que la epidemia hace peligrar tu matrimonio, no te sientas un bicho raro. Durante el verano aumentan las peleas por pasar más tiempo juntos. Ahora también estamos más tiempo juntos. Muy juntos. Todo el día y toda la noche. Y, a menudo, no hay perro para airearse...

¿Objetivo? Que la sangre no llegue al río. Pide perdón si metes la pata o das respuestas airadas a tu marido o mujer. Y perdona al otro. Ponte en su lugar. Quizás el/ella tenga estos días más carga de trabajo con el teletrabajo, o esté preocupado/a por el dinero, o por sus padres o conocidos, o lleve horas supliéndote con los niños para que puedas trabajar… Lo más parecido a estar en una jaula del zoo.

Normalmente en situaciones de estrés, cuando uno está de bajón el otro está mejor de ánimo, y así vamos tirando uno del otro y, en consecuencia, de los hijos.

Hay que intentar que cada uno tenga un momento de esparcimiento, es decir, que se aísle del ruido de la casa, los niños, la lavadora y haga aquello que le dé la gana y que le libere mentalmente de las cuatro paredes. Lo que él o ella quiera. Leer, rezar, dormir, hacer gimnasia, oír música con cascos como si estuviese en el Palacio Real... E intenta que los niños no interrumpan ese momento.

En definitiva, es un momento estupendo para pronunciar lo que el Papa Francisco llama las tres palabras claves del matrimonio: Gracias, perdón y permiso.

4. Los fines de semana haz las actividades que soléis hacer. Con imaginación muchas veces será posible. Las redes sociales muestran a un internauta nadando sobre un patinete por el pasillo, o a un señor colgado de la barra de la ducha, como si estuviese en el bus. Si los fines de semana practicas tiro al plato, olvídate. Pero si te gusta el cine, proyecta una película para la familia; si vas al gimnasio, hazte con unas pesas DIY y ponte alguno de los vídeos que circulan por la red. Si rezas el rosario, haces oración o asistes a Misa, hazlo, ahora más que nunca (online, se entiende).

5. Llama a tus padres y familia a menudo. Podéis hacer una sesión de Skype, Hangouts o Zoom en familia como si cada uno estuvieseis en una punta del mapa. Eso os dará ánimos, os pondrá al día y os asegurareis de que tus padres (o en el caso de que esté uno sólo) estén bien.

6. Con los niños hay que usar una máxima: si te ven bien, estarán bien. Si te invade la tristeza y necesitas llorar, llora en el baño o con tu marido/mujer. Pero delante de ellos, sin ocultar la realidad, que vean confianza y tranquilidad.

Haz acopio de juegos y juguetes que tengas en el trastero o en el altillo, que hace mucho que no usen, dosifícalos para varios días y ve guardando y sacando. Si sacas toda la artillería por el salón en una hora tendrás un niño aburrido y un salón atestado...

Pide a los mayores que jueguen con los pequeños, imagina juegos y no sufras si se aburren: no pasa nada. Si por norma general no dejas que jueguen al fútbol en casa, déjales que jueguen un rato, dejando claro que son medidas extraordinarias, como la pandemia.

Observa cómo está cada uno de los miembros de la familia. Habla con cada uno. Los mayores serán más conscientes y quizás necesiten hablar del tema, preguntaros… A los peques puede ayudarles dibujar lo que pasa. No ocultes información, pero tampoco debes saturarles: No necesitan conocer los datos de cada día. Solo una cosa debe quedarles clara (a ellos y a ti): saldremos de esta. No sabemos cómo ni cuándo. Pero saldremos.

7. Libera información. Necesitamos tres pandemias para oír, ver y hacer todo lo que se ha enviado por WhatsApp... Y necesitamos tres vidas para asimilar tanta información. ¿De verdad necesitas saber tanto, tanto, del coronavirus? Intenta no estar pendiente de cada dato, de cada cifra, de cada audio. Durante tu jornada laboral, silencia el móvil. Ganarás en salud.

 

 

“La fuerza de la ciencia y la fuerza de la fe”, reflexión sobre el Covid-19

Reflexión sobre el Covid-19 de Roberto Colombo, profesor de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán y miembro de la Academia Pontificia para la Vida.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La Iglesia, fiel a la acción y a las palabras de Jesús, ha mantenido siempre unida el cuidado de la salud con la exigencia de salvación”, lo escribe Roberto Colombo, profesor de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán y miembro de la Academia Pontificia para la Vida, en un artículo publicado en el sitio web de la Iglesia Católica Italiana, en el que afronta la relación entre ciencia y fe a la luz de la emergencia sanitaria del Covid-19.

La enfermedad provoca el sentido religioso del hombre

El docente de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán señala que, la causa de la enfermedad que se está extendiendo en Italia y en otras partes del mundo, es un agente patógeno externo al hombre y pertenece a la familia de los coronavirus. “Cuando entra en contacto con nuestro cuerpo – afirma el profesor Colombo – este virus lo infecta y puede inducir desórdenes leves o graves, cuyas consecuencias pueden llevar, en algunos casos, a la muerte”. Para Roberto Colombo, la causa de esta enfermedad no es un misterio, sino que cuestiona el misterio de nuestra vida: su origen y su destino, que no dependen de nosotros últimamente, sino que están en manos de Otro. La enfermedad más allá de su dimensión física tiene su propia trascendencia, “la enfermedad es religiosa, porque provoca poderosamente – según su etimología – el sentido religioso del hombre: las cuestiones más radicales e ineludibles de la vida se inflaman cuando sentimos y tememos su precariedad”. Por esta razón, la enfermedad – más aún una epidemia – requiere ser abordada religiosamente.

“Ninguna urgencia o emergencia puede poner entre paréntesis esta evidencia original que no nos abandona – al contrario, nos presiona aún más – cuando ante nuestros ojos la enfermedad, el sufrimiento y la muerte aparecen y nos asustan”

Fe en la ciencia y ciencia de la fe

El profesor de Medicina y Cirugía precisa que, los científicos y los médicos recién están conociendo los efectos de la infección y el cuadro clínico del Covid-19, mientras aún está en curso la epidemia. El descubrimiento de los agentes infectivos de naturaleza microscópica lo debemos a las investigaciones científicas realizadas hace 150 años atrás por Louis Pasteur, un gran católico, de una fe robusta y un gran científico francés de lucida inteligencia. Esto nos ha llevado muchas veces a tener “fe en la ciencia”, una característica – según el profesor Colombo – del hombre de nuestro tiempo. Pero al mismo tiempo, esto nos abre a la “ciencia de la fe”, a la perspectiva de Dios, creador y amante de la vida. “Dimensiones y factores que no excluyen – afirma el catedrático universitario – sino que postulan la Presencia providente, aquella del Misterio Bueno que todo ha creado, todo sostiene y todo, últimamente, conduce al bien. Incluso el mal de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte no es un ‘mal absoluto’ en el que Dios está ausente. Si Dios es Dios, "todo en todo", aquí también está presente y providente”.

“La fe pone las alas de la esperanza buena a la ciencia, lanzando su mirada más allá de los obstáculos cotidianos, y la ciencia permite a la fe caminar por la tierra sin tropezar con las rocas, caer y hacernos daño en las dificultades diarias”

Dios el centro de gravedad de dos fuerzas asimétricas

Asimismo, Roberto Colombo afirma que, cuando pasamos del conocimiento de patología a las cuestiones prácticas de la salud y la enfermedad, especialmente cuando una epidemia amenaza a nuestras comunidades, nuestro país y el mundo, existe la tentación de romper el hilo de la razón y el realismo que une la ciencia y la fe. “Estas dos fuerzas asimétricas tienen su centro de gravedad en Dios. Él creó la realidad física y espiritual del hombre, lo dotó de la inteligencia y del amor de ambas dimensiones de la realidad a través del ejercicio de la razón y el afecto, y lo redimió, arrancándolo del poder del mal y la muerte. Por esta razón, la ciencia y la fe no se excluyen ni se oponen, ni teórica ni prácticamente: se componen, se ‘ponen juntas’ al servicio del hombre y de la sociedad, de la vida eclesial y política, de los creyentes y de los no creyentes”.

El aislamiento de la ciencia y de la fe

Muchas veces, advierte el profesor universitario, la fractura de la unidad de la ciencia y la fe conduce al aislamiento de la ciencia de la fe y la fe de la ciencia, y a veces incluso a la evasión de una u otra. En el primer caso, cuando solo se “deposita la confianza en la ciencia” y se busca una salida “exclusivamente tecnológica”, se cierra el “espacio a la oración y a la confianza en Dios”, no se niega la existencia de Dios, pero es como si no existiera, se disuelve, y es como si todo dependiera de nosotros, “basta con seguir las indicaciones de las autoridades competentes y la conciencia se tranquiliza”. En el segundo caso, cuando se “censura la ciencia” en nombre de una “pureza de fe”, y uno se refugia exclusivamente en la oración e invoca a la Providencia, sin tener en cuenta las dimensiones de la vida personal y social, nos olvidamos de poner en las manos de Dios nuestra “libertad comprometida”, nuestras responsabilidades civiles y nuestra solidaridad y colaboración. No se niega la realidad del contagio viral, pero se actúa como si todo dependiera de Otro.

Mantener unidos salud y salvación

Ante esta enfermedad, epidemia, así como ante otras situaciones que hemos vivido, el profesor Colombo señala que, la Iglesia, fiel a la acción y a las palabras de Jesús, ha mantenido siempre unida el cuidado de la salud con la exigencia de salvación. Y citando algunos pasajes del Evangelio en el cual Jesús se encontró con algunos enfermos, como el paralitico y la hemorroisa, debemos pedir que Dios aleje la enfermedad de nosotros y al mismo tiempo, debemos de hacer lo que nos corresponde para evitar el contagio. “Ofrezcamos al Señor la posibilidad de realizar un milagro, según su beneplácito: más allá de nuestras fuerzas y de la ciencia, pero no sin ponerlas a su disposición, porque es Él quien nos ha dado estos talentos para que los hagamos fructificar”.

Oremos por nuestro exilio de actividades públicas

Oremos y ayudemos a nuestros fieles a rezar y a trabajar, para que el Señor misericordioso consuele a los que sufren, a sus seres queridos y amigos; apoye los esfuerzos de los científicos, médicos, enfermeras y de quienes hacen lo posible por ayudar a los ciudadanos; y done sabiduría y valor a los gobernantes en el momento de las decisiones más difíciles. Como los profetas en el tiempo del exilio de Israel, en nuestro exilio de actividades y relaciones públicas en contacto directo, mantengamos viva la esperanza en el pueblo de Dios y pidamos que nos done el regalo de ver esta epidemia salir de nuestro país y del mundo con la invocación de la Liturgia de las Horas: "Señor, ven pronto en mi ayuda".

 

«Dale gracias por todo, porque todo es bueno»

Agradecer, ante lo bueno y ante lo malo, es saberse siempre querido por Dios: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa.

VIDA ESPIRITUAL01/04/2018

Acertar con la propia vida: dar con lo esencial, apreciar lo que vale, ver venir lo malo, dejar pasar lo irrelevante. «Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo?» (Sb 8,5). La sabiduría no tiene precio: todos la querrían para sí. Es un saber que no tiene que ver con las letras, sino con el sabor, con la capacidad de percibir cómo sabe el bien. Lo expresa de modo certero el término sapientia, traducción del griego sophia en los libros sapienciales. En su significado originario, sapientia denota buen gusto, buen olfato. El sabio tiene un paladar para saborear lo bueno. Da nobis recta sapere, le pedimos a Dios, con una antigua oración[1]: haz que saboreemos lo bueno.

«CUANDO PASEN TREINTA AÑOS, ECHARÉIS LA MIRADA ATRÁS Y OS PASMARÉIS. Y NO TENDRÉIS MÁS QUE ACABAR LA VIDA AGRADECIENDO, AGRADECIENDO…» (SAN JOSEMARÍA)

La Escritura presenta esta sabiduría como un conocimiento natural, que brota con facilidad: «la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran. Se adelanta en manifestarse a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta» (Sb 6,12-14).Sin embargo, para adquirir esta connaturalidad es necesario buscarla, desearla, madrugar por ella. Con paciencia, con la insistencia del salmo: «Oh, Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco, / mi alma tiene sed de Ti; / por Ti mi carne desfallece, / en tierra desierta y seca, sin agua» (Sal 63,2). Y esta búsqueda es la tarea de una vida. Por eso, la sabiduría va llegando también con los años. La sabiduría, lo ha dicho el Papa tantas veces, haciéndose eco del Sirácide (cfr. Si 8,9), es lo más propio de los ancianos: ellos son «la reserva de sabiduría de nuestro pueblo»[2]. Es cierto que la edad también puede traer consigo inconvenientes como el arraigo de algunos defectos del carácter, cierta resistencia a aceptar las propias limitaciones, o dificultades para comprender a los jóvenes. Pero, por encima de todo eso, suele brillar la capacidad de apreciar, de saborear, lo verdaderamente importante. Y eso es, a fin de cuentas, la verdadera sabiduría.

A este saber se refería san Josemaría en una ocasión, hablando a un grupo de fieles de la Obra: «Cuando pasen treinta años, echaréis la mirada atrás y os pasmaréis. Y no tendréis más que acabar la vida agradeciendo, agradeciendo…»[3] A la vuelta de los años quedan, sobre todo, motivos de agradecimiento. Se desdibujan los contornos afilados de problemas y dificultades que quizá en su momento nos agitaron fuertemente, y se pasa a verlos con otros ojos, incluso con cierto humor. Se adquiere la perspectiva para ver cómo Dios le ha ido llevando a uno, cómo ha ido dando la vuelta a sus errores, cómo se ha servido de sus esfuerzos… Quienes convivían con el beato Álvaro recuerdan la frecuencia y la sencillez con que decía: «gracias a Dios». Esa convicción de que uno no tiene más que agradecer recoge, pues, un elemento esencial de la verdadera sabiduría. La que Dios va haciendo crecer en el alma de quienes le buscan, y que pueden decir, incluso antes de llegar a la vejez: «Tengo más discernimiento que los ancianos, porque guardo tus mandatos» (Sal 119,100).

 

Todo es bueno

Desde las estrecheces y angustias de su escondrijo en la Legación de Honduras, san Josemaría escribía en 1937 a los fieles de la Obra que estaban desperdigados por Madrid: «Mucho ánimo, ¿eh? Procurad que todos estén contentos: todo es para bien: todo es bueno»[4]. La misma tónica tiene otra carta, escrita al cabo de un mes, a los que estaban en Valencia: «Que os animéis. Que os alegréis, si, naturalmente, os habéis entristecido. Todo es para bien»[5].

«LAS MISERICORDIAS DE DIOS NOS ACOMPAÑAN DÍA A DÍA. BASTA TENER EL CORAZÓN VIGILANTE PARA PODERLAS PERCIBIR» (BENEDICTO XVI)

Todo es bueno, todo es para bien. En estas palabras se transparentan dos textos de la Escritura. De un lado, el crescendo de alegría de Dios durante la creación, que desemboca en la conclusión de que «todo lo que había hecho (…) era muy bueno» (Gn 1,31). Del otro, aquella máxima de san Pablo ―«todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28)― que san Josemaría condensaba en una exclamación: «omnia in bonum!» Años antes, en la Navidad de 1931, esas dos fibras de la Escritura se entretejían en una anotación que daría lugar más tarde a un punto de Camino. Todo es bueno, todo es para bien. El reconocimiento por las cosas buenas y la esperanza de que Dios sabrá sacar un bien de lo que parece malo:

Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. ―Porque te da esto y lo otro. ―Porque te han despreciado. ―Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. ―Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. ―Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...

Dale gracias por todo, porque todo es bueno[6].

Como se puede observar a simple vista, la secuencia de los motivos de agradecimiento no sigue un orden particular: si todo es bueno, lo es la primera cosa que se nos presenta, y la siguiente, y la otra… todas son motivos de agradecimiento. «Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta». Mira adonde quieras, parece decirnos san Josemaría: no encontrarás más que motivos de agradecimiento. Se refleja en estas líneas, en fin, una admiración que se desborda ante la bondad de Dios; un asombro que recuerda el cántico de las criaturas de san Francisco, en el que también todo es motivo de agradecimiento: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas (...). Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento (...). Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor»[7].

«Porque te da esto y lo otro». Cuántas cosas nos da Dios, y qué fácilmente nos acostumbramos a ellas. La salud, a la que se ha llamado «el silencio de los órganos», es quizá un ejemplo paradigmático: suele suceder que la damos por descontado hasta que el cuerpo empieza a hacerse notar; y quizá solo entonces valoramos, por su ausencia, lo que teníamos. El agradecimiento consiste aquí, en parte, en adelantarse; en afinar el oído para percibir el silencio, la discreción con la que Dios nos da tantas cosas. «Las misericordias de Dios nos acompañan día a día. Basta tener el corazón vigilante para poderlas percibir. Somos muy propensos a notar solo la fatiga diaria (…). Pero si abrimos nuestro corazón, entonces, aunque estemos sumergidos en ella, podemos constatar continuamente qué bueno es Dios con nosotros; cómo piensa en nosotros precisamente en las pequeñas cosas, ayudándonos así a alcanzar las grandes»[8].

AGRADECER A DIOS ES DISFRUTAR CON ÉL DE LAS COSAS BUENAS QUE NOS DA, PORQUE EN COMPAÑÍA DE LAS PERSONAS QUERIDAS SIEMPRE SE DISFRUTA MÁS

Sería empequeñecer este agradecimiento pensar que se trata simplemente de la respuesta a una deuda de gratitud. Es mucho más: precisamente porque consiste en saborear lo bueno, agradecer a Dios es disfrutar con Él de las cosas buenas que nos da, porque en compañía de las personas queridas siempre se disfruta más. Hasta lo más prosaico puede ser entonces motivo para pasarlo bien; para no tomarse demasiado en serio; para descubrir la alegría de vivir «en medio de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: «Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien (…) No te prives de pasar un buen día» (Si 14,11.14). ¡Cuánta ternura paterna se intuye detrás de estas palabras!»[9]

 

Todo es para bien

Acordarse de agradecer las cosas buenas que Dios nos da es ya en sí mismo un reto. ¿Qué decir de las cosas menos agradables? «Porque te han despreciado»: porque te han tratado con frialdad, con indiferencia; porque te han humillado; porque no han valorado tus esfuerzos... «Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes». Es cuando menos sorprendente la tranquilidad con la que tener y no tener aparecen aquí bajo el mismo signo. ¿Realmente es posible agradecer a Dios la falta de salud, trabajo, tranquilidad? Dar gracias porque te falta tiempo ―cuántas veces eso nos hace sufrir―; porque te faltan los ánimos, las fuerzas, las ideas; porque esto o aquello te ha salido mal… Pues sí: también entonces, nos dice san Josemaría, dale gracias a Dios.

Esta actitud nos devuelve a las contradicciones que san Josemaría atravesaba cuando escribía esas cartas desde la legación de Honduras, y al contexto de sufrimiento del que surgió la anotación que está en el origen de este punto de Camino[10]. La invitación a agradecer lo malo, que aparece de un modo más explícito páginas adelante, tiene su origen en una anotación de cinco días antes: «Paradojas de un alma pequeña. ―Cuando Jesús te envíe sucesos que el mundo llama buenos, llora en tu corazón, considerando la bondad de Él y la malicia tuya: cuando Jesús te envíe sucesos que la gente califica de malos, alégrate en tu corazón, porque Él te da siempre lo que conviene y entonces es la hermosa hora de querer la Cruz»[11].

A pesar de su cercanía en el tiempo, esta consideración se sitúa en el marco de otro capítulo de Camino, uno de los dos que versan sobre la infancia espiritual. Sale así a la luz una clave desde la que se puede comprender el clima espiritual de esa disposición a dar gracias a Dios «por todo, porque todo es bueno». Si el agradecimiento es un signo de la sabiduría que acompaña a la edad y a la cercanía con Dios, solo surge donde hay una actitud de «abandono esperanzado»[12] en las manos de Dios; una actitud que san Josemaría descubrió por la vía de la infancia espiritual: «¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: «¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!...»[13]

Agradecer lo malo no es, desde luego, algo que surja espontáneamente. De hecho, al principio puede parecer incluso algo teatral o incluso ingenuo: como si negáramos la realidad, como si buscáramos consolación en… un cuento para niños. Sin embargo, agradecer en esas situaciones no es dejar de ver, sino ver más allá. Nos resistimos a agradecer porque percibimos la pérdida, la contrariedad, el desgarro. Nuestra mirada está todavía muy pegada a la tierra, como sucede al niño a quien le parece que se hunde el mundo porque se le ha roto un juguete, porque se ha tropezado, o porque querría seguir jugando. En el momento es un pequeño drama, pero al rato seguramente se le pasa. «En la vida interior, nos conviene a todos ser (…) como esos pequeñines, que parecen de goma, que disfrutan hasta con sus trastazos porque enseguida se ponen de pie y continúan sus correteos; y porque tampoco les falta ―cuando resulta preciso― el consuelo de sus padres»[14].

AGRADECER LO MALO NO ES DEJAR DE VER, SINO VER MÁS ALLÁ

El agradecimiento del que nos habla san Josemaría no es una especie de manto que cubre lo desagradable, como por arte de magia, sino un gesto por el que levantamos la mirada a nuestro Padre Dios, que nos sonríe. Se abre paso así a la confianza, un abandono que pone en un segundo plano la contrariedad, aunque nos siga pesando. Agradecer cuando algo nos duele significa aceptar«La mejor manera de expresar gratitud a Dios y a las personas es aceptarlo todo con alegría»[15]. Seguramente lo primero que sale no es un grito de alegría; quizá todo lo contrario. Aun así, aunque el alma se rebele, agradecer: «Señor, no es posible… no puede ser… pero gracias»; aceptar: «yo querría tener más tiempo, más fuerzas… yo querría que esta persona me tratara mejor… yo querría no tener esta dificultad, este defecto. Pero Tú sabes más». Pediremos a Dios que arregle las cosas como nos parece que deberían ser, pero desde la serenidad de que Él sabe lo que hace, y de que saca bienes de donde quizá solo vemos males.

Agradecer lo malo, siempre con palabras de la misma temporada del «gracias por todo», supone «creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños»[16]. Más allá de la forma particular que tome ese abandono en la vida interior de cada uno, esta actitud delinea la convicción de que ante Dios somos muy pequeños, y que así son nuestras cosas. Y, a pesar de eso, a Dios le importan, y más que a nadie en el mundo. De ahí surge en realidad el agradecimiento de saberse querido: gracias por estar aquí a mi lado; gracias porque esto te importa. En medio de la aparente lejanía de Dios, percibimos entonces su cercanía: le contemplamos en medio de la vida ordinaria, porque los problemas forman parte de la vida ordinaria. Bajo las cuerdas de la adversidad, surge así el motivo más profundo por el que agradecemos lo bueno y lo malo: gracias, porque encuentro el Amor por todas partes. El verdadero motivo de acción de gracias, la raíz misma de la acción de gracias, es que Dios me quiere, y que todo en mi vida son ocasiones de amar y de saberme amado.

En el sufrimiento por lo que nos falta, por la frialdad, las carencias, las consecuencias de nuestros errores… se esconden, pues, oportunidades para recordar, para despertarnos al Amor de Dios. Caemos en la cuenta de que, aunque nos cueste renunciar a algo, aunque nos cueste aceptar el dolor o la limitación, ¿qué es lo que nos quita eso, después de todo, si tenemos el Amor de Dios? «¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?» (Rm 8,35).

«LA MEJOR MANERA DE EXPRESAR GRATITUD A DIOS Y A LAS PERSONAS ES ACEPTARLO TODO CON ALEGRÍA» (SANTA TERESA DE CALCUTA)

Resulta posible, así, dar «gracias por todo, porque todo es bueno». La locura cristiana de agradecerlo todo tiene su origen en la filiación divina. Quien se ha dado cuenta de que tiene un Padre que le quiere no necesita, en realidad, nada más. A un Padre bueno, sobre todo, se le agradece. Así es el amor de Jesús por su Padre: Jesús es todo Él agradecimiento, porque lo ha recibido todo de su Padre. Y ser cristiano es entrar en ese amor, en ese agradecimiento: Te doy gracias, Padre, porque siempre me escuchas (cfr. Jn 11,41-42).

 

No te olvides de agradecer

«Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal 103,2). En la Escritura, Dios nos invita con frecuencia a recordar, porque sabe que vivimos habitualmente en el olvido, como los niños que andan con sus juegos y no se acuerdan de su padre. Dios lo sabe, y lo comprende. Pero nos atrae suavemente a sus brazos, y nos susurra de mil modos: recuerda. Agradecer es también, pues, una cuestión de memoria. Por eso el Papa habla con frecuencia de «memoria agradecida»[17].

La disposición a agradecer lo que nos contraría, asombrosa como pueda ser, facilita de hecho acordarse de dar gracias a Dios ante las cosas agradables. Por lo demás, la vida de cada día nos brinda muchas ocasiones para hacer memoria: detenerse un instante a bendecir la mesa, a agradecer que Dios nos da algo que llevarnos a la boca; dedicar un tiempo de la acción de gracias de la Misa o de nuestra oración personal a darle gracias por las cosas ordinarias de la vida, para descubrir lo que tienen de extraordinario: un trabajo, un techo, personas que nos quieren; agradecer las alegrías de los demás; ver un don de Dios, y otro, y otro, en las personas que nos prestan un servicio... También hay momentos en que la vida nos sale al encuentro con una chispa de belleza: la luz de un atardecer, una atención inesperada hacia nosotros, una sorpresa agradable… Son ocasiones para ver, entre las fibras a veces un poco grises de la vida diaria, el color del Amor de Dios.

Desde muy antiguo, las culturas del mundo han visto en el avance del día hacia la noche una imagen de la vida. La vida es como un día, y un día es como la vida. Por eso, si el agradecimiento es propio de la sabiduría de quien ha vivido mucho, qué bueno es acabar el día agradeciendo. Al detenerse en la presencia de Dios a sopesar la jornada, Dios agradecerá que le agradezcamos tantas cosas, «etiam ignotis»[18]: también las que desconocemos; e incluso que le pidamos perdón, con confianza de hijos, por no haber agradecido suficiente.

Carlos Ayxelà


[1] Oración «Veni Sancte Spiritus», recogida en Misal Romano, Misa votiva del Espíritu Santo (A), oración colecta.

[2] Francisco, Audiencia, 4-III-2015.

[3] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 21-I-1955, citado en Crónica, VII-55, p. 28 (AGP, biblioteca, P01).

[4] San Josemaría, Carta, 17-V-1937, citada en Camino, ed. crítico-histórica, comentario al n. 268.

[5] San Josemaría, Carta, 15-VI-1937; citada en Ibid.

[6] San Josemaría, Camino, n. 268. La anotación original corresponde al 28 de diciembre de 1931.

[7] San Francisco de Asís, Cántico de las criaturas, en Fonti Francescane, n. 263.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-IV-2007.

[9] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 4.

[10] Cf. Camino, edición crítico-histórica, comentario a los nn. 267 y 268.

[11] Camino, n. 873. La anotación original es del 23 de diciembre de 1931.

[12] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[13] Camino, n. 894. El texto parte también de una anotación del 23 de diciembre de 1931.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 146.

[15] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona 1997, p. 51.

[16] Santo Rosario, Al lector. Este texto pertenece al manuscrito original que san Josemaría redactó «de un tirón» durante la novena a la Inmaculada de 1931; cfr. edición crítico-histórica, facsímiles y fotografías, n. 4.

[17] Cfr. p. ej. Francisco, Evangelii gaudium, n. 13; Homilía, 18-VI-2017; Homilía, 12-XII-2017.

[18] San Josemaría, “En las manos de Dios” (2-X-1971), En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica, Rialp, 2017, p. 307

 

MISAS EN DIRECTO

La Parroquia San Josemaría Escrivá de Valencia, va a retransmitir en directo mañana domingo día 22, la Misa de las 19:30h. La podréis ver a través del Canal de YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/c/ParroquiasanjosemariaOrg/live

De igual modo, se retransmitirán en directo las Misas del domingo 29 de marzo y 5 de Abril, Domingo de Ramos, a las 19:30h.

También retransmitirá en directo durante la SEMANA SANTA el Triduo Pascual: 9 de abril - Jueves Santo: a las 17:00h. 

10 de abril, Viernes Santo: a las 17:00h. 

 

11 de abril, Vigilia Pascual:  a las 19:30h. 

 

Cualquier novedad o cambio, o emisión de meditaciones se anunciará en las redes sociales de la Parroquia y web: www.parroquiasanjosemaria.org

 

 

 

Aprovechando el coronavirus | 10 sugerencias prácticas

Pablo Arce Gargollo | 16 marzo de 2020

La emergencia sanitaria que estamos viviendo a causa del coronavirus Covid-19, hay que saber aprovecharla.

Como cristianos, hemos de vivir estos momentos como lo que somos: hijos de Dios y hermanos de todos nuestros hermanos.

Buen momento para medir la fuerza de nuestra fe, la certeza de nuestra esperanza y el fervor de la caridad.

Ante todo fe en Dios. Estamos en sus manos. Hoy mas que nunca podemos experimentar la fragilidad humana

«También hoy nos dice a nosotros: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. La barca de nuestra vida a menudo se ve zarandeada por las olas y sacudida por el viento, y cuando las aguas están en calma, pronto vuelven a agitarse. Entonces la emprendemos con las tormentas del momento, que parecen ser nuestros únicos problemas. Pero el problema no es la tormenta del momento, sino cómo navegar en la vida. El secreto de navegar bien está en invitar a Jesús a bordo. Hay que darle a él el timón de la vida para que sea él quien lleve la ruta.»

(Homilía de S.S. Francisco, 18 de noviembre de 2018).

Por tanto:

​1. EVITAR EL MIEDO:

​a. Revisar con sinceridad personal los posibles motivos: egoísmo, perder nuestra comodidad, temor a la muerte, a la incertidumbre…

b. Luego decirle a Dios que estamos en sus manos y confiamos plenamente en Él.

c. Considerar que algún día moriremos: revisar si estamos preparados para encontrarnos con Dios, si estamos desprendidos de los bienes de la tierra y se vamos o no a dejar una buena huella.

​2. HACER MÁS ORACIÓN, hablar con Dios. Te puede ayudar lo siguiente:

​a. Oración del Papa ante el coronavirus (ver)

b. Oración a la Virgen de Guadalupe ante el coronavirus (ver)

c. Hacer un rato de oración (ver)


3. SEGUIR LA SANTA MISA POR INTERNET:

​a. Misa del Papa en Santa Marta (ver)

b. Otras Misas por internet (ver misa en español) (ver Misa en Inglés)

​4. HACER COMUNIONES ESPIRITUALES:

​a. Te recomendamos una: «Yo quisiera Señor recibirte con aquella pureza, humildad y devoción como te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y el fervor de los santos».

 

​5. REZAR EL SANTO ROSARIO EN FAMILIA:

​a. Puedes bajar aquí el guión

 

​6. SER CIUDADANOS RESPONSABLES:

​a. Seguir ejemplarmente todas las recomendaciones de las autoridades sanitarias para evitar contagios.

 

​7. EJERCITAR CONSTANTEMENTE LA CARIDAD:

​a. Rezar por todos los enfermos y por los afectados de diverso modo por esta contingencia.

b. Dar un cuidado especial a las personas mayores, a los más débiles y necesitadas de ayuda y a quienes están solos.

c. Comunicarnos por teléfono o WhatsApp con familiares, amigos y compañeros de trabajo, con verdadero interés por ellos.

d. Ser muy pacientes y amables con todos.

e. No esparcir bulos o noticias falsas.

f. Difundir buenas noticias y buenas prácticas.

​8. NO QUEJARSE:

​a. Saber vivir la virtud de la fortaleza, que nos permite resistir las tentaciones y vencer nuestros temores.

b. Crecemos en la fortaleza al practicar la negación de nosotros mismos: saber decir que no a caprichos o gustos.

c. Aceptar las pequeñas irritaciones, inconvenientes y sufrimientos que experimentamos todos los días, desde los malestares y dolores, hasta las enfermedades e incomodidades.

d. Tener el valor de buscar la voluntad de Dios antes que todo lo demás.

e. Considerar que Jesucristo nunca prometió que sería fácil seguirlo.

​​9. APROVECHAR EL TIEMPO PARA FORMARSE:

a. Tomar cursos on-line de formación católica: ver cursos.encuentra.com

b. Cursos en artes y humanidades: Ver

c. Visitas virtuales a museos: 10 museos para visitar estando en casa, tour virtual y colecciones online.

1. Pinacoteca di Brera – Milán

2. Galleria degli Uffizi – Florencia

3. Museos Vaticanos – Roma

4. Museo Archeologico – Atenas

5. Museo del Prado – Madrid

6. Louvre – Paris

7. British Museum – Londres

8. Metropolitan Museum – Nueva York

9. Hermitage – San Petesburgo

10. National Gallery of art – Washington

​10. TIEMPO PARA LEER:

​a. Descarga libros de espiritualidad y cultural

 

 

Oración del abandono a María

Señora, estoy aquí abandonando mis sentidos, mi razón y mi voluntad para que instruyas mi corazón. Transmíteme, mujer llena de gracia, mujer pura, mujer de gran dominio, el dominio propio para ser luz.

Transforma con tu ternura la oscuridad de mi mente, transforma con tu mirada, mi mirada llena de visiones imaginarias que no vienen de Dios.

Señora, esposa, madre, sierva, maestra, reina del comportamiento humano donde no existe una pizca de soberbia. Ayúdame a ser humilde y reconocer mis faltas para poder guiarme a mí misma y así a otros.

Ayúdame a detener emociones que no ayudan a la paz entre nosotros.

Que tu agudeza controle mi lengua, que tu tranquilidad aniquile todas mis pasiones y que mi egoísmo quedé ahogado en el mar de tu sabiduría.

Yo quiero ser la mujer que Dios pensó que fuera en el momento de mi creación. También quiero convertirme en hija, bajo tu mirada de madre.

María, esposa, madre de Jesús nuestro Salvador, madre de Dios; que como mujer te imite más; que bote mis prejuicios y creencias y permita que penetres con tu amor en lo más hondo de corazón.

Dame un poquito de amor para amar a Jesús como tú lo amas.

Gracias santa Madre de Dios por tu “sí” a la propuesta humana de Dios. Bajo tu mirada someto hoy toda mi voluntad, mi querer y mi conducta.

Yo te saludo María, madre de Dios.

Amén.

Sheila Morataya

 

 

YO ME QUEDO EN CASA, SEÑOR

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y caigo en la cuenta de que, también esto,
me lo enseñaste tú viviendo, obediente al Padre,
durante treinta años en la casa de Nazaret esperando la gran misión.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y en la carpintería de José, tu custodio y el mío,
aprendo a trabajar, a obedecer,
para lijar las asperezas de mi vida
y preparar una obra de arte para ti.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y sé que no estoy solo
porque María, como cada madre,
está ahí detrás haciendo las tareas de casa
y preparando la comida para nosotros, todos familia de Dios.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y responsablemente lo hago por mi bien,
por la salud de mi ciudad, de mis seres queridos,
y por el bien de mi hermano, el que tú has puesto a mi lado
pidiéndome que vele por él en el jardín de la vida.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y, en el silencio de Nazaret, trato de orar, de leer,
de estudiar, de meditar, y ser útil con pequeños trabajos
para hacer más bella y acogedora nuestra casa.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y por la mañana te doy gracias por el nuevo día que me concedes,
tratando de no estropearlo, de acogerlo con asombro
como un regalo y una sorpresa de Pascua.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y a mediodía recibiré de nuevo
el saludo del Ángel, me haré siervo por amor,
en comunión contigo que te hiciste carne para habitar en medio de nosotros;
y, cansado por el viaje, te encontraré sediento junto al pozo de Jacob,
y ávido de amor sobre la Cruz.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y si al atardecer me atenaza un poco de melancolía,
te invocaré como los discípulos de Emaús:
Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y en la noche, en comunión orante con tantos enfermos y personas solas,
esperaré la aurora para volver a cantar tu misericordia
y decir a todos que, en las tempestades, tú eres mi refugio.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y no me siento solo y abandonado,
porque tú me dijiste: Yo estoy con vosotros todos los días.
Sí, y sobre todo en estos días de desamparo, Señor,
en los que, si mi presencia no será necesaria,
alcanzaré a todos con las únicas alas de la plegaria.
Amén.

Giuseppe, Obispo (Nocera Inferiore – Sarno, Italia)

 

 

 Coronavirus

La historia de la humanidad está repleta de dramáticos acontecimientos como éste provocados por la propia naturaleza o por el desprecio del hombre a la vida y a la libertad.

La generación que despertamos a la vida entre las cenizas de dos grandes tragedias del siglo pasado como fueron la guerra civil española y la segunda guerra mundial, solo conocíamos el drama y el horror que vivieron millones de familias por los relatos de nuestros padres, abuelos o las películas con las que los vencedores de ambas contiendas, mostraban las batallas y matanzas de las que fueron protagonistas la insensatez y la crueldad del hombre.

Los años de penuria económica y social que le siguieron fueron felizmente superados por la regeneración intelectual, moral e incluso biológica de una gran parte de la humanidad que víctima de aquellos enfrentamientos decidieron unir sus fuerzas y potencialidades para garantizarse décadas de crecimiento, de paz, desarrollo y entendimiento entre los pueblos.

Lo cierto y verdad es que aunque a lo largo de estas últimas décadas  hemos vivido momentos  de cierta tensión y angustia por las escaramuzas de algunas guerras regionales, ataques terroristas o fuertes movimientos migratorios provocados por la hambruna o la persecución política y religiosa, es la primera vez que un microscópico virus ha convulsionado a cientos de millones de hombres y mujeres que hoy han pasado de gozar de la más absoluta libertad a verse recluidos en sus hogares, incomunicados y bajo un toque de queda casi bélico.

“Resistiremos, venceremos o ganaremos esta guerra” son las soflamas con las que algunos dirigentes políticos, imitando las que lanzaban los generales y mandatarios de las guerras tradicionales, nos conjuran para hacer frente a un enemigo de origen desconocido que se incrusta en los pulmones del hombre, le hiere y también le mata.

Como el devenir de la humanidad lo atestigua, siempre han sido  las enfermedades o catástrofes  naturales, las guerras, los genocidios o las grandes  hambrunas las que han hecho aflorar en el hombre los sentimientos de solidaridad, compasión o unidad frente a un enemigo común. Lo cierto es que en la era digital en la que vivimos se vuelve a reproducir la incertidumbre y angustia como consecuencia de una nueva pandemia de origen viral aun desconocido.

Para hacer frente a este enemigo de la vida nos encontramos ante un nuevo escenario mundial. Se ha desequilibrado  el poder económico y militar que hace unas décadas estaba en manos de dos grandes superpotencias como eran EEUU y Rusia para pasar a ser, además, detentado por  naciones estratégicamente avanzadas en la industria tecnológica como China, Corea, la India o incluso Irán que se han convertido algunas de ellas en nuevas potencias imperialistas que dominan gran parte ya del mundo gracias a su gigantesca capacidad productiva y su fortaleza financiera.

Europa por el contrario, mejor dicho la Unión Europea, languidece por la fuga traumática de Gran Bretaña y su incapacidad para articular una unión política soberana. Hoy, ante esta nueva guerra mundial contra el COVID-19, ha demostrado su incapacidad para afrontar la batalla con autoridad y prontitud además de no ser capaz de articular una estrategia común, con el objeto de poner en manos de los Estados miembros todos los recursos materiales y humanos necesarios de los que dispone. Italia y España, las naciones por ahora más castigadas, son el ejemplo más evidente del fracaso europeo.

En España, al igual que en Italia, estamos en estado de shock: resulta inimaginable el confinamiento de millones de familias españolas en sus hogares, ciudades enteras paralizadas, hospitales saturados, asaltos a los supermercados, iglesias y templos cerrados, los enfermos aislados y lo que es peor aún muriendo en la más triste soledad. La historia de la humanidad está repleta de dramáticos acontecimientos como éste provocados por la propia naturaleza o por el desprecio del hombre a la vida y a la libertad.

Benedicto XVI en un discurso a la plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias apelaba a la “urgente necesidad del diálogo constante y la cooperación entre los mundos de la ciencia y de la fe para la construcción de una cultura de respeto del hombre, de su dignidad y de su libertad, para el futuro de nuestra familia humana y para el desarrollo sostenible a largo plazo de nuestro planeta”

¿No habrá traspasado el hombre los límites de la razón y el equilibrio que exige la búsqueda de la  verdad con el propio respeto a su dignidad como ser humano? ¿No es hoy el hombre enemigo de sí mismo? El virus biológico tarde o temprano será derrotado pero ¿derrotaremos también el virus de nuestra soberbia que nos hace creer que “solo” el hombre es capaz de crearse y destruirse a sí mismo?

Tenemos toda una cuarentena por delante para que el coronavirus nos ayude a reflexionar y descubrir quien es el verdadero enemigo interior contra el que tenemos que luchar sin necesidad de guantes y mascarilla.

Jorge Hernández Mollar

 

 

Narrativas complacientes

Entre los enemigos habituales de la capacidad crítica están las llamadas “narrativas complacientes”, que tienden a eludir la incoherencia argumental de quienes opinan de la misma manera, al tiempo que caricaturizan la postura contraria para ridiculizarla y rebatirla fácilmente

Probablemente todos conocemos personas inteligentes que hacen cosas sorprendentemente estúpidas. Son personas que en la escuela sacaban buenas calificaciones con poco esfuerzo, eran brillantes y en las pruebas de inteligencia siempre obtenían altas puntuaciones. Pero vemos que todo eso no asegura su capacidad de interactuar bien con los demás, ni de acertar en su análisis de las cosas, ni en la toma de decisiones en la vida real.

Heather A. Butler publicó en 2017 en Scientific American un extenso estudio titulado “¿Por qué la gente inteligente hace tonterías?”. Esta investigadora de la Universidad Estatal de California asegura que la capacidad de pensamiento crítico es quizá uno de los mejores predictores del resultado de una vida. Sostiene, por ejemplo, que quienes desarrollan poco su pensamiento crítico, pese a ser personas inteligentes, son luego mucho más propensos a excederse con el alcohol, hacer gastos poco responsables o arruinar tontamente su matrimonio.

Nuestra inteligencia está determinada en gran medida por la genética. Sin embargo, el pensamiento crítico puede mejorar con empeño personal, y se ha demostrado que sus beneficios persisten en el tiempo. Cualquiera puede esforzarse por mejorar su razonamiento verbal, su capacidad de analizar argumentos, contrastar hipótesis, considerar la probabilidad de cada opción a la hora de tomar decisiones o resolver problemas. Y avanzar por ese camino es, sin duda, un comportamiento inteligente.

La Fundación Reboot realizó en 2018 una amplia encuesta sobre el pensamiento crítico en la educación. El 96% de los padres afirmaba que era muy importante, y el 72% aseguraba saber cómo ayudar a sus hijos a adquirirlo. Pero luego resulta que, por ejemplo, solo el 25% busca puntos de vista que desafían a los suyos, y el 24% confiesa evitar a las personas con opiniones diferentes.

Si aspiramos a tener opinión propia sobre cuestiones debatidas en la opinión pública, es necesario aprender a detectar (tanto en nosotros como en los demás) las explicaciones superficiales o sesgadas, las unilateralidades, las exageraciones, las simplificaciones o los reduccionismos. Y quizá, como ha escrito Juan Meseguer, entre los enemigos habituales de la capacidad crítica están las llamadas “narrativas complacientes”, que tienden a eludir la incoherencia argumental de quienes opinan de la misma manera, al tiempo que caricaturizan la postura contraria para ridiculizarla y rebatirla fácilmente.

Se tiende a acoger sin rigor la narrativa complaciente, al tiempo que se considera fanático a quien piensa de modo opuesto. Etiquetar al otro como ultra, o como radical, ya sea de un lado o del otro, parece que exime de aportar datos o razones. Y parece que quienes ponen la etiqueta de ultra a los de un lado, acaban siendo ciegos ante su propio extremismo. Todo ello es parte de un estilo descalificador con el que se disimula la propia dificultad para soportar las discrepancias.

Quizá nos hace falta poner más a prueba nuestras opiniones, contrastarlas con puntos de vista opuestos, o al menos diferentes, y no rehuir los debates. No hay que olvidar que hay algoritmos que rastrean nuestros movimientos en la red y nos envían información complaciente con nuestras ideas, y nos relacionan sobre todo con quienes tienen parecidos puntos de vista. Para salir de las burbujas ideológicas, y de su correspondiente miopía social, es preciso poner interés en exponernos de modo habitual a visiones del mundo distintas a la nuestra.

No podemos asumir o compartir noticias sin contrastarlas, solo porque apoyan ideas que consideramos buenas. Es preciso cuestionar lo que leemos o escuchamos o pensamos, y considerar siempre interpretaciones alternativas. Hemos de mejorar nuestros argumentos y nuestras ejemplificaciones. Detectar nuestras incoherencias, nuestro extremismo, nuestras fobias. Buscar evidencias que confirmen o desmientan lo que hasta ahora pensábamos. Quizá la familia y la escuela deben renovar su compromiso con el pensamiento crítico, y no descansar nunca en la búsqueda de la verdad de las cosas, aunque de sobra sabemos que no es nada fácil.

Alfonso Aguiló

 

El compromiso de proporcionar alimentos a la sociedad

En plena crisis del coronavirus algunas entidades, con razón, han querido subrayar que el campo sigue trabajando y que el sector agrario y ganadero afrontará con responsabilidad y determinación su compromiso de proporcionar alimentos a la sociedad, “aún más esencial cuando nuestro país está inmerso en una crisis muy grave que obliga a un esfuerzo unánime y sin fisuras de todos los españoles”.

Transcurridas las primeras jornadas desde que el Gobierno decretara el estado de alerta por el coronavirus, la actividad ha seguido desarrollándose con normalidad en el campo, puesto que es un sector que no puede, ni debe, cerrar sus puertas. En primer lugar, los ganaderos atienden cada día la alimentación y cuidado de sus animales, para que siga su ritmo normal el abastecimiento de carnes, leche, lácteos o huevos. También los agricultores prosiguen con sus tareas, sometidas a las complicaciones del tiempo -las lluvias son ahora mismo muy necesarias-, y aprovechando los momentos adecuados para que las producciones agrícolas avancen.

Aunque todavía hay bastante confusión por la proliferación de normativa y avisos de estos días, está claro que la agricultura y ganadería son estratégicas para un país, y así se ha contemplado en el real decreto para gestionar la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, que establece un tratamiento especial para “garantizar el funcionamiento de establecimientos en los que se produzcan alimentos, incluidas las granjas, lonjas, fábricas de piensos para alimentación animal y mataderos”.

El goteo de dudas y problemas es constante, ya que van surgiendo a medida que se desarrolla la actividad en este contexto excepcional. En este sentido, la red de oficinas de las Organizaciones Profesionales Agrarias están en continuo contacto con los agricultores y ganaderos, recabando sus dudas y preguntas, y transmitiéndolas a las administraciones competentes para que el sector pueda seguir trabajando con seguridad y confianza. Recuerdan que, en estos momentos, más que nunca, es fundamental no hacer caso a rumores, y acudir a las organizaciones agrarias y administraciones para obtener información clara y veraz para cumplir el compromiso de que el campo sigue trabajando.

Jesús Domingo

 

Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento

 

En la Ultima Cena, Nuestro Señor Jesucristo da la Comunión a sus Apóstoles

 

 

Nuestro Señor nos dio el ejemplo de la aceptación entera del dolor y nos enseñó el papel que este tiene en la vida del hombre. El hombre nació para dar gloria Dios, antes que nada sufriendo. Esta es la idea rectrix, fundamental en la formación del verdadero católico.

 

Para saborear bien los acontecimientos que el Evangelio narra, en un lenguaje tan simple, deberíamos imaginar el estado de espíritu de Nuestro Señor Jesucristo, y las disposiciones del Sagrado Corazón de Jesús en aquellas situaciones.

La tristeza de Nuestro Señor en la Ultima Cena

Contenidos

 

La Última Cena, por ejemplo, fue triste para El a dos títulos. En primer lugar, porque veía la Pasión que se acercaba y de la cual tenía perfecto conocimiento. También era triste por la situación lamentable de los Apóstoles. En muchos momentos de la narración de la Ultima Cena vemos que aparecen manifestaciones de la mediocridad de los Apóstoles, de su insuficiencia. La infidelidad de los apóstoles, el fracaso de la obra que Nuestro Señor que había comenzado con ellos, debería herir al Sagrado Corazón de Jesús más que la lanza de Longinos.

Es decir, llegado el fin, Nuestro Señor les da la mayor manifestación de su amor hasta aquel momento, que era instituir la Eucaristía y darse a Sí mismo como alimento, y siente que aquellas almas reciben ese don incomparable con aquella frialdad que nosotros vemos.

El valor del sufrimiento

El quiso que los hombres viesen todo Su sufrimiento, para que cada hombre tuviese el coraje para cargar su propio sufrimiento.

Relieve del Descendimiento de Nuestro Señor, en el monasterio de Silos, España. Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre Santísima.

 

Si Dios hubiese pasado por la tierra y sólo hubiese sufrido un poco y derramado una sola gota de sangre, estaríamos igualmente redimidos. Pero la lección de la conformidad con el dolor, la lección de la aceptación del sufrimiento como siendo lo más alto de la vida – no un desastre en la vida, no un estorbo en la vida, no algo que no debería haber sucedido, que uno no comprende – el camino necesario para que el hombre llegue hasta donde debe llegar, el camino por el cual el hombre se dirige hacia la realización de su propio destino.

Es decir, cada uno de nosotros nació para cargar una cruz; nació para pasar por un Huerto de los Olivos; nació para beber un cáliz; nació para tener sus horas de agonía, en las que dice a Dios Nuestro Señor: «Padre mío, si es posible apartad de mí este cáliz, pero hágase Vuestra voluntad y no la mía». La idea, el ejemplo de que el dolor representa esto en la vida del hombre y que el hombre nació para dar gloria Dios, antes que nada sufriendo. Esta idea rectrix, fundamental en la formación del verdadero católico, no la tendríamos si no fuese presentada por un ejemplo, por el más sublime, por el más arrebatador de los ejemplos, que es Nuestro Señor Jesucristo muriendo en la Cruz.

¿Qué actitud tenemos ante el sufrimiento?

Una idea rechazada por el mundo de hoy

Y aquí tenemos un contraste con el espíritu moderno y sobre todo con el espíritu del mundo. Según éste, el hombre vino a esta tierra para tener éxito, y la finalidad del hombre en la Tierra es tener salud, enriquecerse, gozar de la vida y morir bien tarde, cuando no haya más remedio, teniendo durante toda la vida la mayor cuota posible de seguridad. De manera tal que incluso, no digo ya el sufrimiento, sino el miedo del sufrimiento, no lo asalte. Bien esta mentalidad es pagana por esencia. Calcular la vida así, es entenderla como un pagano.

La formación católica que no prepare para el sufrimiento y para el dolor es una formación que se burla de Nuestro Señor Jesucristo, cuya vida fue centrada en esta hora suprema de sufrimiento y de dolor. Y esto nos obliga a volvernos hacia nosotros mismos y preguntarnos cómo es que nosotros enfrentamos los sufrimientos de nuestra vida, de los cuales el mayor ‒no se tenga ninguna duda‒ es nuestra propia santificación, porque no hay santificación que no venga acompañada de dolor.

Nuestra actitud frente al sufrimiento

Bien, entonces la pregunta es esta: ¿cómo miramos el sufrimiento de nuestra vida? ¿Cómo miramos el dolor que nuestra santificación causa? Es decir, ¿combatimos nuestros malos impulsos que, como consecuencia del pecado original y de nuestras malas acciones, vienen de la profundidad de nuestro ser? ¿Qué hacemos, no sólo para reprimir los malos impulsos, sino para practicar las virtudes opuestas a esos impulsos? ¿Cómo hacemos para aceptar nuestras limitaciones? Ya sean limitaciones de inteligencia, limitaciones físicas de todo tipo, ya sean limitaciones sociales: falta de posición, de fortuna, de simpatía personal, etc.

¿Cómo la persona acepta tener poca gracia? Todo esto hace parte de la cruz del hombre, cada uno tiene la suya. Y es aquí que nos fue enseñado por el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo el papel fundamental del sufrimiento. No fue posible al Padre Eterno atender Su oración, y una de las razones es porque El quiso que los hombres tuviesen su ejemplo.

El amor a nuestra propia cruz

¡Esto es cuanto costó a Nuestro Señor ese ejemplo! Por lo tanto nosotros debemos amar nuestra cruz y debemos meditar sobre este punto.

Por último, nos deja un consejo extremamente útil para nosotros: «vigilad y orad para no caer en tentación, porque el espíritu está presto, pero la carne es débil». Bellas ideas, bellos proyectos, es fácil concebirlos… viene después la carne, es decir, nuestras malas tendencias que necesitan ser vencidas; y entonces, ¿cómo actuamos?

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Coronavirus. ¡Basta ya !

Enfrascado, el mundo, en sus avances científicos y tecnológicos; vendados los ojos de tantos  por el egoísmo, la ambición  y la soberbia…, de pronto, se extienden, por el planeta, unos coronavirus salidos, dicen algunos,  de animales salvajes, mientras otros lo atribuyen al instituto virológico de la región china de Wuhan. Se ha extinguido la tranquilidad del orbe y el hombre se da cuenta de su fragilidad.  En lo económico, un bajón internacional en la bolsa. Los muertos se contabilizan por miles, y, por millones, los enfermos. No todos los gobiernos prestaron a tiempo la debida atención. El COVID-19 ha saltado las fronteras e infectado a muchísimos en Italia y España;   en menor medida, en otras naciones europeas,  y ha llegado a América e, incluso, a África.  Se comenta desde distintos puntos de vista: sanitario, político, económico…, y se especula si fue fortuito o intencionado. En cualquier caso, lo mismo que se clama por la desaparición de las armas nucleares, la humanidad entera debe unirse en estentóreo clamor pidiendo que se aniquilen todos los laboratorios e institutos de armas biológicas y de virus, que amenazan de dolor y muerte a la humanidad. ¡Basta Ya!

Josefa Romo

 

 

Eutanasia sí, eutanasia no

El Congreso de los Diputados aprobó el martes 11 de febrero tramitar la proposición de ley socialista del suicidio asistido, o eutanasia, con los votos en contra de PP, Vox, UPN y Foro de Asturias. Una medida que se ampara en que, según sus promotores, el 80% de la sociedad la pide y está conforme con ella.

Sin embargo, en España algunas comunidades autónomas han aprobado ya leyes muy completas sobre cuidados paliativos, y en Europa se insta a no aprobar leyes eutanásicas, antes de ofrecer medidas integrales sobre los cuidados al final de la vida.

Otro de los argumentos utilizados para intentar poner en marcha la ley de eutanasia, es que se trata de una regulación que existe en la generalidad de los países de nuestro entorno. Sin embargo, la eutanasia, como acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, ha sido rechazada legalmente en Francia o Italia.

La reforma bioética que se tramita en Francia no aborda el problema, por entender que está al día la ley Claeys-Leonetti de 2016. Sólo existe en tres de los 29 países de la Unión Europea: los del antiguo Benelux, Holanda, Bélgica y Luxemburgo.

La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos humanos –aplicable al conjunto del Consejo de Europa, como Rusia o Turquía, no sólo a la UE-, no reconoce la existencia de un derecho a poner fin a la vida.

En 2019, la American Medical Association –la más numerosa del país-, confirmó la praxis seguida hasta ahora, después de estudiar a fondo el problema durante dos años dentro de su comité de asuntos éticos y judiciales. Esa decisión reafirma el principio del famoso juramento hipocrático, y se une al rechazo formalizado en 2017 por el American College of Physicians, y en 2015 por la Asociación Médica Mundial.

Juan García.

 

 

Dolor insufrible

Los partidarios de la eutanasia argumentan en las quejas de los enfermos, quienes, hartos de su dolencia, manifestarían un deseo de poner fin a la vida.

Sin embargo, la legislación vigente en España reconoce, al menos desde 2002, la facultad de rechazar tratamientos desproporcionados, que significarían obstinación o encarnecimiento terapéutico. Según los especialistas en paliativos, en realidad los enfermos lo que reclaman no es que termine su vida, sino la desaparición de la causa de un dolor propio insufrible.

Un estudio del Centro de Humanización de la Salud de los religiosos camilos, titulado "No quiero sufrir. Sobre la eutanasia",  concluye: "De una encuesta a médicos que trabajan desde hace 25 años en Cuidados Paliativos y que han atendido a 57.000 enfermos, solo 0,5% de los pacientes atendidos (unos 291) cada año les han pedido la eutanasia".

El director de dicho Centro, argumenta que ese 80% que esgrime el Gobierno que está conforme con el suicidio asistido, lo que no quiere es "sufrir, pero existen otros caminos muy distintos a la eutanasia".

En el estudio, los médicos resaltan que, de estos pacientes que pedían morir en el contexto de cuidados paliativos, en la mayoría de las ocasiones la petición era “no quiero vivir así” y “no me quiero morir”.

Sus demandas son aliviar el sufrimiento físico (dolor, disnea, alteración corporal) y sobre todo afectivo espiritual, y se trataba de persona con gran sobrecarga de necesidad de cuidados y prisas de los familiares, o con el familiar en el extranjero.

Algunos pacientes, tras estos cuidados, terminan con sedación paliativa que es absolutamente distinta a la eutanasia.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Humanizar la tecnología

Si hay un fenómeno que está presente en el diseño de la actual sociedad es el “transhumanismo”, un movimiento cultural, social y político que pretende transformar la condición humana a través de la tecnología. Pese al optimismo que implica esta corriente, surgen serias dudas sobre la ética que acompaña el desarrollo de la tecnociencia.

El pensamiento cristiano siempre ha apostado por la ciencia y la tecnología para mejorar la vida del hombre, pero advierte con rotundidad que no se debe “tecnologizar” lo humano sino humanizar la tecnología y ponerla a disposición de todas las personas y de la persona toda, no sólo de quienes tienen la capacidad económica para crear un mundo nuevo. Aunque es típico de este momento cultural pensar que el hombre todo lo puede, la Iglesia recuerda que no debe perder su conciencia de ser creado por un Dios que es amor y da respuesta a sus deseos e inquietudes más profundos.

José Morales Martín

 

 

Leyendo y comentando noticias

 

 PENSIONES DE VERDAD JUSTAS Y AJUSTADAS: Considero que si España o cualquier otro país “medio civilizado”, llega verdaderamente a ser UN PAÍS SOCIAL (no digo socialista y menos comunista por cuanto ambas doctrinas están fracasadas) las pensiones y como tales, PARA TODO AQUEL QUE DE VERDAD HA TRABAJADO (por tanto no para los parásitos) tiene que en sus presupuestos generales y del Estado, dedicar la porción racional y suficiente como mínimo que para los de mínima pensión, les llegue para vivir decentemente el resto de su vida. Todo lo demás son abusos, tiranías y que del fruto de los trabajos de todos, vivan opíparamente UNAS MINORÍAS, QUE EN REALIDAD FUERON PARÁSITOS, que mediante artilugios políticos, cobran pensiones y retiros absurdos, abusivos y que tienen que desaparecer. La riqueza de un país la hace EL TRABAJO y a quienes trabajaron, no se les puede dejar que sucumban como mendigos.

REY O REPÚBLICA: La verdad es que si tenemos un Jefe de Estado que "ni pincha ni corta"... ¿Para qué nos sirve si no tiene autoridad en ese Estado? Por ello hay que volver a la "sabiduría popular" y al dicho de... "Amigo que no da y cuchillo que no corta, si se pierden que importa? Sí, ya sé, que aquí la república fue un fracaso las dos veces que fue instaurada; y lo fue porque tampoco supieron ser republicanos, pero lo que no puede ser "es la merienda de negros que casi siempre es España"; quizá si tuviésemos una república como la francesa, o norteamericana, a lo mejor funcionábamos; lo que no funcionamos es con "potajes o bodrios como los actuales, donde hay más reyes que cartas tiene la baraja". ¿O volvemos a los consejos de ancianos de la tribu?

PROSTITUCIÓN DE MENORES EN MALLORCA… “SEGÚN INFORMA LA PRENSA”: Y en algún medio hay quién muestra sorpresa. ¿Pero es que la prostitución de menores y por las causas que sean, es nueva en España, en medio mundo; y gran parte del otro medio? No me hagan reír, que ello es muy viejo y solución no tiene, pues a unas (o unos que también los hay), "porque les pica”, a otras porque es la forma de tener dinero fácil, a otras porque las obliga la miseria o necesidad; y en fin... ¿por cuántas cosas o causas más? Lo principal es educar y formar a las masas, cosa que nunca se hizo, ni se hace… “Y piensen también, que la naturaleza pide a edad temprana, lo que es natural; y el cuerpo exige y no todo el individuo sabe aguantarse”.

Page agita al PSOE con su airada crítica a la reforma urgente del Código Penal: El presidente castellano manchego carga duramente contra el líder socialista. (El Confidencial: 27-01-2020). En España está ocurriendo algo peor que lo que nos cuenta la historia, de las “discusiones bizantinas”; mientras los turcos asediaban a Constantinopla, la que conquistaron en 1453 y con ella, acabó “el fabuloso Imperio Romano”. Aquí no discuten del “sexo de los ángeles”; puesto que aquí la mayoría de políticos, no cree en dios alguno, salvo en el “dios dinero”; pero aquí lo que ya hay y cada vez mayor, es una discusión o lucha intestina, donde “unos van contra los otros, unos contra los mismos unos de su partido”; y en general, todos se mueven por un solo y único interés, el seguir subidos al puesto que ocupan (y si es con coche y chofer mucho más) y pretendiendo incluso mejorarlo. ¿El pueblo? ¡Ah sí, se siguen acordando de él, pero lo dejan para cuando necesiten sus votos, embaucarlo de nuevo… lo demás, no les interesa en absoluto!

LOS JUDÍOS Y LA II GUERRA MUNDIAL:

Leo en prensa lo que sigue: “Con apenas 17 años, Annette llegó a Auschwitz agarrada a su madre. Las metieron en un camión con una cruz roja junto a otras mujeres, niños y ancianos, pero apareció una prima suya con un soldado alemán y la sacaron de allí. No volvió a ver a su madre: “¿Ves el humo de esa chimenea? Allí está tu mamá”, le dijo un guardia a Annette unos días después”. Supongo que ya está bien con tanta “matraca como nos dan los judíos” (pues son los judíos y su poder dinerario el que mueve esta ya cansina propaganda) recordándonos, “sus muertos en la II Guerra Mundial”; pero hay que recordar también, la cantidad horrible de otros muchos millones de muertos consecuentes de aquella plaga guerrera, y los que murieron a lo ancho y largo de todo el mundo, en situaciones tan horribles o vergonzosas como aquellos pobres judíos en los hornos nazis; donde murieron igualmente muchísimos otros que sin ser judíos, los quemaban igualmente como “enemigos del nazismo”. ¡Ya está bien! Dejen ya tantos horrores y vergüenzas para que las cuente la historia; y de paso, digan también, lo que hacen “los judíos”, en sus conquistas y asentamientos del moderno Israel y sus contornos; pero es claro que, “de eso no interesa hablar… a los judíos”. Y algo muy importante, que a cada individuo le duelen sus muertos; por tanto ese es el valor máximo… “a cada cual nos duele nuestro muerto, nuestro expoliado, nuestro…?”.

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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