Las Noticias de hoy 21 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 21/03/2020 - 13:08
p

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 21 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa reza por los médicos y trabajadores de la salud que están dando sus vidas

Indulgencia plenaria para los enfermos de Coronavirus, agentes sanitarios, cuidadores y fieles

La Iglesia explica cómo confesarse en tiempos de confinamiento

Papa Francisco: “Solo podemos salir de esta situación juntos”

“María durante la vida pública de Jesús”: Segunda predicación de Cuaresma

EL FARISEO Y EL PUBLICANO: Francisco Fernandez Carbajal

“Seamos siempre salvajemente sinceros”: San Josemaria

Un ejército frente al coronavirus

Una nueva cercanía: Ramiro Pellitero

Comentario al Evangelio: El ciego de nacimiento

Cuarto domingo de Cuaresma.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo. Primado de España

Sé que te encantó, Jesús: Diego Zalbidea

Custodiar en tiempos frágiles

Todos juntos: Embajadora de Paz  Irene Mercedes Aguirre,  Buenos Aires

“Alrededor del 58% de los españoles no había teletrabajado nunca”: Alberto Andreu

San José, un profesional: Daniel Tirapu

En casa se descubren las utopías de la democracia: Ana Teresa López de Llergo

Señales de que tu matrimonio está en problemas: Lucia Legorreta

Ante la explotación de menores: Domingo Martínez Madrid

La verdadera imagen de la Iglesia: JD Mez Madrid

Pérdida de la conciencia común: Valentín Abelenda Carrillo

La cuestión de la fiscalidad: Pedro García

Leyendo y comentando la prensa: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Papa reza por los médicos y trabajadores de la salud que están dando sus vidas

Este 20 de marzo, en la Misa en Santa Marta, el Santo Padre elevó una oración especial por el personal médico y los trabajadores de la salud que están haciendo todo lo posible para ayudar a los pacientes infectados con el coronavirus, especialmente en las localidades italianas de Bérgamo, Treviglio, Brescia y Cremona. También rezó por las autoridades. En su homilía, el Papa invitó a redescubrir a Dios como un Padre bueno y explicó cómo confesarse en ausencia de un sacerdote.

 

Vatican News

En la Misa matutina celebrada y transmitida en vivo desde la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco recordó el gran trabajo que vienen realizando los médicos y los trabajadores de la salud, especialmente en las zonas más infectadas de Italia por el Covid-19.

“Ayer he recibido un mensaje de un sacerdote de Bérgamo pidiendo rezar por los médicos de Bérgamo, Treviglio, Brescia, Cremona, que están al límite de su trabajo; están dando su propia vida para ayudar a los enfermos, para salvar la vida de los demás. Y también oremos por las autoridades; para ellos no es fácil manejar este momento y muchas veces sufren las incomprensiones. Ya sean médicos, personal de hospitales, voluntarios de la salud o las autoridades, en este momento son pilares que nos ayudan a ir adelante y nos defienden en esta crisis. Oremos por ellos”.

En su homilía, comentando la primera lectura que presenta la liturgia este viernes de la III Semana de Cuaresma, el Papa Francisco recordó que, el Profeta Oseas (Oseas 14, 2-10) nos exhorta a hablar con Dios no como juez, sino como un Padre bueno que ama y perdona siempre. Además, recordando lo que indica el Catecismo, explicó cómo se puede confesar cuando no es posible recurrir a un sacerdote.

A continuación el texto de la homilía según nuestra transcripción y al mismo tiempo te invitamos a seguir la Santa Misa (video integral) desde nuestro canal de Youtube:

Cuando leo o escucho este pasaje del profeta Oseas que hemos escuchado en la primera lectura [que dice]: "Vuelve Israel, al Señor, tu Dios, vuelve", cuando lo escucho, recuerdo una canción que cantaba Carlo Buti hace 75 años y que se escuchaba con tanto placer en las familias italianas de Buenos Aires: "Vuelve con tu papá". La canción de cuna todavía te cantará". Vuelve: pero es tu padre quien te dice que vuelvas. Dios es tu papá, no es el juez, es tu papá: "Ven a casa, escucha, ven". Y ese recuerdo – yo era un niño pequeño – me lleva inmediatamente al padre del capítulo 15 de Lucas, ese padre que dice: "Vio a su hijo venir desde lejos", ese hijo que se había ido con todo el dinero y lo malgastó. Pero, si lo vio de lejos, fue porque lo estaba esperando. Subía a la terraza – ¡Cuántas veces al día! – durante días y días, meses, años tal vez, esperando a su hijo. Lo vio de lejos. Vuelve con tu papá, vuelve con tu padre. Él te espera. Es la ternura de Dios la que nos habla, especialmente durante la Cuaresma. Es el tiempo de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre o volver a tu padre.

"No, Padre, me avergüenzo de volver porque... Ya sabe Padre, he hecho cosas feas, he hecho muchas cosas feas...". ¿Qué dice el Señor? "Vuelve, yo te curaré de tu infidelidad, te amaré profundamente, porque mi ira se ha alejado. Seré como el rocío; tú florecerás como un lirio y echarás raíces como un árbol del Líbano". Vuelve con tu padre que te está esperando. El Dios de la ternura nos curará; nos curará de muchas, muchas heridas de la vida y de muchas cosas feas que hemos hecho. ¡Cada uno tiene lo suyo!

Pero pensar esto: volver a Dios es volver al abrazo, al abrazo de nuestro padre. Y pensar en esa otra promesa que hace Isaías: "Si tus pecados son tan feos como la escarlata, te haré blanco como la nieve". Él es capaz de transformarnos, Él es capaz de cambiar nuestros corazones, pero quiere que demos el primer paso: volver. No es ir a Dios, no: es volver a casa.

Y la Cuaresma siempre se centra en esta conversión del corazón que, en el hábito cristiano, toma forma en el sacramento de la Confesión. Es el momento para – no sé si para "ajustar las cuentas", no me gusta eso – dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace.

Sé que muchos de ustedes, por Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: "Pero Padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, por qué no puedo salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace... ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?". Haz lo que dice el Catecismo. Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: "Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname", y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: "Me confesaré después, pero perdóname ahora". E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarse, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a la mano. Piensa en ello: ¡es el momento!  Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.

Sería bueno que hoy en nuestros oídos resonara este "vuelve", "vuelve a tu papá, vuelve a tu padre". Te espera y hará fiesta.

También hoy, el Papa Francisco terminó la celebración de la Misa con la adoración y la bendición Eucarística, invitándonos a hacer la Comunión espiritual.

A continuación la oración recitada por el Papa:

“A tus pies me Postro, ¡oh Jesús mío!, y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, que se hunde en la nada, ante Tu santa Presencia. Te adoro en el Sacramento de Tu amor, la inefable Eucaristía, y deseo recibirte en la pobre morada que te ofrece mi alma. Esperando la dicha de la Comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, puesto que yo vengo a Ti, ¡oh mi Jesús!, y que Tu amor inflame todo mi ser en la vida y en la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, Te amo. Así sea”.

 

Indulgencia plenaria para los enfermos de Coronavirus, agentes sanitarios, cuidadores y fieles

Decreto del Papa Francisco

MARZO 20, 2020 13:26REDACCIÓNIGLESIA CATÓLICA

(zenit – 20 marzo 2020).- El Santo Padre concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, a los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos.

La Santa Sede ha hecho público este viernes, 20 de marzo de 2020, el decreto de la Penitenciaría Apostólica relativo a la concesión de indulgencias especiales a los fieles en la actual situación de pandemia, firmado el 19 de marzo por el cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor, y por Krzysztof Nykiel, regente.

Las personas que gozarán de la Indulgencia plenaria serán los enfermos sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas “si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, a la práctica piadosa del Vía Crucis u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos”.

Siempre, “con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible”, indica el decreto.

Agentes sanitarios y cuidadores

Igualmente, podrán ganar la Indulgencia plenaria los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que, “siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio”, cuidan de los enfermos de Coronavirus, en las mismas condiciones.

La Penitenciaría Apostólica concede también la Indulgencia Plenaria, en las mismas condiciones, con ocasión de la actual epidemia mundial, a “aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí”.

A continuación, sigue el decreto completo:

***

PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

DECRETO

Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad, los cuidan.

“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”(Rom 12:12). Las palabras escritas por San Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.

El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos. Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble: » Sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.» (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).

También el Papa Francisco, en estos últimos días, ha manifestado su cercanía paternal y ha renovado su invitación a rezar incesantemente por los enfermos de Coronavirus.

Para que todos los que sufren a causa del Covid-19, precisamente en el misterio de este padecer, puedan redescubrir «el mismo sufrimiento redentor de Cristo» (ibíd., 30), esta Penitenciaría Apostólica, ex auctoritate Summi Pontificis, confiando en la palabra de Cristo Señor y considerando con espíritu de fe la epidemia actualmente en curso, para vivirla con espíritu de conversión personal, concede el don de las Indulgencias de acuerdo con la siguiente disposición.

Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, a la práctica piadosa del Vía Crucis u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible.

Los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus según las palabras del divino Redentor: «Nadie tiene mayor amor que éste: dar la vida por sus amigos» (Jn 15,13), obtendrán el mismo don de la Indulgencia Plenaria en las mismas condiciones.

Esta Penitenciaría Apostólica, además, concede de buen grado, en las mismas condiciones, la Indulgencia Plenaria con ocasión de la actual epidemia mundial, también a aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí.

La Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas). Para obtener esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz (cf. Enchiridion indulgentiarum, n.12).

Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los Enfermos y Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, socorra a la humanidad doliente, ahuyentando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.

El presente decreto es válido independientemente de cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, desde la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 19 de marzo de 2020.

Mauro. Card. Piacenza
Penitenciario Mayor

 

 

La Iglesia explica cómo confesarse en tiempos de confinamiento

Aclaraciones para los fieles y los ministros

MARZO 20, 2020 14:24LARISSA I. LÓPEZVATICANO

(zenit – 20 marzo 2020).- “Cuando el fiel se encuentre en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor del Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que el penitente pueda expresar en ese momento) y acompañada de votum confessionis, es decir, del firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo, n. 1452)”.

Esta es una de las aclaraciones sobre el Sacramento de la Reconciliación incluidas en la nota de la Penitenciaria Apostólica vaticana, publicada hoy, 20 de marzo de 2020, ante “la gravedad de las circunstancias actuales” y dirigida tanto a los fieles laicos como a los pastores.

Situación especial de pandemia

El propio Papa Francisco ha recordado hoy en la Misa de Santa Marta que el Catecismo recoge la forma de confesar cuando no es posible recurrir a un sacerdote: “Habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: ‘Señor, he hecho esto, esto, esto… Perdóname’, y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: ‘Me confesaré después, pero perdóname ahora’. E inmediatamente volverás a la gracia de Dios”.

Dada esta situación especial, la Penitenciaría Apostólica tiene en cuenta que, sobre todo en los lugares más afectados por el contagio de la pandemia del coronavirus y hasta que esta remita, “se producirán los casos de grave necesidad” citados en el canon 961, § 2 del Código de Derecho canónico.

Absolución colectiva

Así, la penitenciaría recuerda que “la confesión individual representa el modo ordinario de celebrar este sacramento (cf. c. 960 del Código de Derecho Canónico), mientras que la absolución colectiva, sin la confesión individual previa, no puede impartirse sino en caso de peligro inminente de muerte, por falta de tiempo para oír las confesiones de los penitentes individuales (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico) o por grave necesidad (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico). 961 § 1, 2 CIC)”.

Esta consideración “corresponde al obispo diocesano, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal (cf. c. 455 § 2 CIC), y sin perjuicio de la necesidad, para la válida absolución, del votum sacramenti por parte del penitente individual, es decir, del propósito de confesar a su debido tiempo los pecados graves que en su momento no pudieron ser confesados (cf. c. 962 § 1 CIC)”.

Obispos diocesanos

Cualquier otra especificación “se delega según el derecho a los obispos diocesanos, teniendo siempre en cuenta el bien supremo de la salvación de las almas (cf. c. 1752 C.I.C.) y en caso de que surja la necesidad repentina de impartir la absolución sacramental a varios fieles juntos, “el sacerdote está obligado a avisar, en la medida de lo posible, al obispo diocesano o, si no puede, a informarle cuanto antes (cf. Ordo Paenitentiae, n. 32)”.

Igualmente, estos pastores deben “indicar a los sacerdotes y penitentes las prudentes atenciones que deben adoptarse en la celebración individual de la reconciliación sacramental, tales como la celebración en un lugar ventilado fuera del confesionario, la adopción de una distancia adecuada, el uso de mascarillas protectoras, sin perjuicio de la absoluta atención a la salvaguardia del sigilo sacramental y la necesaria discreción”.

Capellanes extraordinarios

Los prelados de cada diócesis han de decidir también en su circunscripción “los casos de grave necesidad en los que es lícito impartir la absolución colectiva: por ejemplo, a la entrada de las salas de hospital, donde estén ingresados los fieles contagiados en peligro de muerte, utilizando en lo posible y con las debidas precauciones los medios de amplificación de la voz para que se pueda oír la absolución”.

Finalmente, la nota llama a considerar la conveniencia de establecer de acuerdo a las autoridades sanitarias los grupos de “capellanes extraordinarios de hospitales”, de forma voluntaria y para garantizar la asistencia de los enfermos y los moribundos.

A continuación, sigue la nota completa de la Penitenciaría Apostólica.

***

“Yo estoy con vosotros todos los días”(Mt 28,20)

La gravedad de las circunstancias actuales exige una reflexión sobre la urgencia y la centralidad del Sacramento de la Reconciliación, junto con algunas aclaraciones necesarias, tanto para los fieles laicos como para los ministros llamados a celebrar el Sacramento.

También en la época de Covid-19, el Sacramento de la Reconciliación se administra de acuerdo con el derecho canónico universal y según lo dispuesto en el Ordo Paenitentiae.

La confesión individual representa el modo ordinario de celebrar este sacramento (cf. c. 960 del Código de Derecho Canónico), mientras que la absolución colectiva, sin la confesión individual previa, no puede impartirse sino en caso de peligro inminente de muerte, por falta de tiempo para oír las confesiones de los penitentes individuales (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico) o por grave necesidad (cf. c. 961 § 1 del Código de Derecho Canónico). 961 § 1, 2 CIC), cuya consideración corresponde al obispo diocesano, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal (cf. c. 455 § 2 CIC), y sin perjuicio de la necesidad, para la válida absolución, del votum sacramenti por parte del penitente individual, es decir, del propósito de confesar a su debido tiempo los pecados graves que en su momento no pudieron ser confesados (cf. c. 962 § 1 CIC).

Esta Penitenciaría Apostólica cree que, sobre todo en los lugares más afectados por el contagio de la pandemia y hasta que el fenómeno no remita, se producirán los casos de grave necesidad citados en el can. 961, § 2 CIC arriba mencionado.

Cualquier otra especificación se delega según el derecho a los obispos diocesanos, teniendo siempre en cuenta el bien supremo de la salvación de las almas (cf. c. 1752 C.I.C.).

En caso de que surja la necesidad repentina de impartir la absolución sacramental a varios fieles juntos, el sacerdote está obligado a avisar, en la medida de lo posible, al obispo diocesano o, si no puede, a informarle cuanto antes (cf. Ordo Paenitentiae, n. 32).

En la presente emergencia pandémica, corresponde por tanto al obispo diocesano indicar a los sacerdotes y penitentes las prudentes atenciones que deben adoptarse en la celebración individual de la reconciliación sacramental, tales como la celebración en un lugar ventilado fuera del confesionario, la adopción de una distancia adecuada, el uso de mascarillas protectoras, sin perjuicio de la absoluta atención a la salvaguardia del sigilo sacramental y la necesaria discreción.

Además, corresponde siempre al obispo diocesano determinar, en el territorio de su propia circunscripción eclesiástica y en relación con el nivel de contagio pandémico, los casos de grave necesidad en los que es lícito impartir la absolución colectiva: por ejemplo, a la entrada de las salas de hospital, donde estén ingresados los fieles contagiados en peligro de muerte, utilizando en lo posible y con las debidas precauciones los medios de amplificación de la voz para que se pueda oír la absolución.

Hay que considerar la necesidad y la conveniencia de establecer, cuando sea necesario, de acuerdo con las autoridades sanitarias, grupos de «capellanes extraordinarios de hospitales», también con carácter voluntario y en cumplimiento de las normas de protección contra el contagio, para garantizar la necesaria asistencia espiritual a los enfermos y moribundos.

Cuando el fiel se encuentre en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor del Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que el penitente pueda expresar en ese momento) y acompañada de votum confessionis, es decir, del firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo, n. 1452).

Nunca como en este tiempo la Iglesia experimenta el poder de la comunión de los santos, eleva a su Señor Crucificado y Resucitado votos y oraciones, en particular el Sacrificio de la Santa Misa, celebrada diariamente, incluso sin el pueblo, por los sacerdotes.

Como buena madre, la Iglesia implora al Señor que la humanidad sea liberada de tal flagelo, invocando la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Misericordia y Salud de los Enfermos, y de su esposo San José, bajo cuyo patrocinio la Iglesia camina siempre por el mundo.

Que María Santísima y San José nos obtengan abundantes gracias de reconciliación y salvación, en la escucha atenta de la Palabra del Señor, que hoy repite a la humanidad: «Basta ya; sabed que yo soy Dios» (Sal 46, 11), «Yo estoy con vosotros todos los días» (Mt 28, 20).

Dado en Roma, desde la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 19 de marzo de 2020,

Solemnidad de San José, Esposo de la Santísima Virgen María, Patrono de la Iglesia Universal.

Mauro. Card.Piacenza

Penitenciario Mayor

 

Papa Francisco: “Solo podemos salir de esta situación juntos”

Declaraciones en el diario ‘La Stampa’

MARZO 20, 2020 13:38LARISSA I. LÓPEZENTREVISTASPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 20 marzo 2020).- “Aquí se llora y se sufre. Todos. Solo podemos salir de esta situación juntos, como humanidad entera”, señala el Papa Francisco. Por ello, debemos “mirar al otro con un espíritu de solidaridad” y comportarnos de modo consecuente.

Estas declaraciones fueron realizadas por el Santo Padre en una conversación con el vaticanista del diario italiano La Stampa, Domenico Agasso, y recogidas por Vatican News.

Penitencia, compasión y esperanza

Francisco indica que este momento debe ser vivido “con penitencia, compasión y esperanza”. “Y con humildad, ya que en muchas ocasiones olvidamos que en la vida hay “zonas oscuras”, momentos sombríos.

“Creemos que solo pueden ocurrirle a alguien más. En cambio, este tiempo es oscuro para todos, nadie está excluido. Está marcado por el dolor y las sombras que han entrado en nuestra casa. Es una situación diferente a las que hemos vivido. También porque nadie puede permitirse el lujo de estar tranquilo, todos comparten estos días difíciles”, apunta.

Cuaresma

La Cuaresma, prosigue el Papa, “con la oración y el ayuno, nos adiestra para mirar con solidaridad a los demás, especialmente a los que sufren. Esperando el resplandor de esa luz que de nuevo iluminará todo y a todos”

En cuanto a la oración, expresa: “Me recuerda a los Apóstoles en la tormenta que invocan a Jesús: ‘Maestro, nos estamos ahogando’. La oración nos hace entender nuestra vulnerabilidad. Es el grito de los pobres, de los que se hunden, que se sienten en peligro, solos. Y en una situación difícil y desesperada, es importante saber que hay un Señor al que aferrarse”. Y Dios “nos apoya de muchas maneras. Nos transmite fortaleza y cercanía, como lo hizo con los discípulos que pedían ayuda en la tormenta. O cuando le dio la mano a Pedro que se estaba ahogando”.

Todos estamos en el mismo barco

Del mismo modo, el Pontífice no desea distinguir “entre creyentes y no creyentes”. “Todos somos humanos y como hombres estamos todos en el mismo barco. Y ninguna cosa humana debe ser ajena a un cristiano. Aquí lloramos porque sufrimos. Todos. Tenemos en común la humanidad y el sufrimiento”.

“Nos ayuda la sinergia, la colaboración recíproca, el sentido de la responsabilidad y el espíritu de sacrificio que se genera en tantos lugares. No debemos hacer una diferencia entre creyentes y no creyentes, vayamos a la raíz: la humanidad. Ante Dios todos somos hijos”, agrega.

La soledad y el trabajo de los sanitarios

Después, el Obispo de Roma se refirió a la soledad de aquellos que mueren sin el consuelo de sus familiares: “En estos días me han contado una historia que me ha impactado y dolido, también porque representa lo que sucede en los hospitales. Una anciana comprendió que se estaba muriendo y quiso despedirse de sus seres queridos: la enfermera le tomó el teléfono móvil y llamó a su nieta por vídeo, así que la anciana vio la cara de su nieta y pudo irse con este consuelo. Es la necesidad final de tener una mano para sostener tu mano. De un gesto final de acompañamiento”.

Y continúa subrayando cómo “muchas enfermeras y enfermeros acompañan este deseo extremo con sus oídos, escuchando el dolor de la soledad, tomando la mano. El dolor de los que se fueron sin despedirse se convierte en una herida en el corazón de los que se quedan”.

“Agradezco a todas estas enfermeras y enfermeros, médicos y voluntarios que, a pesar del extraordinario cansancio, se disponen con paciencia y bondad de corazón para suplir la ausencia obligada de los familiares”, dijo el Santo Padre.

Raíces, memoria, hermandad y esperanza

En cuanto a las consecuencias que esta situación tendrá para nuestro futuro, el Papa Francisco considera que dijo lo que está sucediendo servirá “para recordar a los hombres de una vez por todas que la humanidad es una sola comunidad. Y cuán importante y decisiva es la fraternidad universal. Debemos pensar que será un poco como una posguerra. Ya no habrá ‘el otro’, sino que será ‘nosotros’. Porque solo podemos salir de esta situación todos juntos”.

“Tendremos que mirar aun más a las raíces: los abuelos, los ancianos. Construir una verdadera hermandad entre nosotros. Hacer memoria de esta difícil experiencia que todos vivimos juntos. Y seguir adelante con esperanza, que jamás defrauda. Estas serán las palabras clave para empezar de nuevo: raíces, memoria, hermandad y esperanza”, concluye.

 

 

“María durante la vida pública de Jesús”: Segunda predicación de Cuaresma

Del Padre Raniero Cantalamessa

MARZO 20, 2020 17:26LARISSA I. LÓPEZESPIRITUALIDAD Y ORACIÓN

(zenit – 20 marzo 2020).- Bajo el tema general de “María durante la vida pública de Jesús”, el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ofreció al Papa y a la Curia Roma su segunda predicación de Cuaresma.

Debido a la emergencia sanitaria, esta prédica fue grabada y transmitida posteriormente, indica Vatican News.

De acuerdo al citado medio vaticano, el padre Cantalamessa comenzó recordando que en las meditaciones de esta Cuaresma se continúa el camino iniciado en Adviento, siguiendo las huellas de la Madre de Dios: “Será una manera de meternos bajo la protección de la Virgen en un momento tan crítico para toda la humanidad debido a la pandemia del Coronavirus”.

La presencia de la Virgen

Después de señalar que no se habla demasiado de María en el Nuevo Testamento, o al menos no tanto como desearíamos, teniendo en cuenta el desarrollo que tuvo en la Iglesia la devoción a la Madre de Dios, el predicador declaró que si ponemos atención, nos damos cuenta de que “María no está ausente en ninguno de los tres momentos constitutivos del misterio de la salvación. De hecho, existen tres momentos muy precisos que, juntos, forman el gran misterio de la Redención. Estos son: la Encarnación del Verbo, el Misterio pascual y Pentecostés”.

El sacerdote explicó que “estas tres presencias de María en los momentos claves de nuestra salvación” no pueden casuales. Por ello, en esta Cuaresma deseamos seguir a María en el Misterio pascual, dejándonos guiar por ella en la comprensión profunda de la Pascua y en la participación en los sufrimientos de Cristo.

Tomar de la mano a María

“María nos toma de la mano y nos anima a seguirla en este camino, diciéndonos como una madre a sus propios hijos reunidos: ‘Vamos también nosotros a morir con él’. En el Evangelio, es el apóstol Tomás quien pronuncia estas palabras, pero es María quien las pone en práctica”, puntualizó.

El Padre Cantalamessa expuso además que “el Misterio pascual no comienza, en la vida de Jesús, con el prendimiento en el huerto y no dura solo durante la Semana Santa”, sino toda su vida. Desde el saludo de Juan Bautista que lo indica como el Cordero de Dios, es una preparación para su Pascua. Y, de acuerdo al Evangelio de Lucas, la vida pública de Jesús fue toda una “lenta e inexorable subida hacia Jerusalén, donde consumaría su éxodo”.

Nueva Eva

Según el predicador, paralelamente a este camino del nuevo Adán obediente, se desarrolla el camino de la nueva Eva. Por esta razón también para María el Misterio pascual había comenzado desde hacía tiempo: “Ya las palabras de Simón sobre el signo de contradicción y sobre la espada que le traspasaría el alma contenían un presagio que María conservaba en su corazón, junto con todas las demás palabras”.

Por otra parte, planteó “¿qué sucede normalmente en un camino de santidad después de que un alma ha sido colmada de gracia, después de que ha respondido generosamente con su ‘sí’ de fe y ha comenzado voluntariosamente a cumplir obras buenas y a cultivar la virtud?”.

Y respondió: “Viene el tiempo de la purificación y del despojamiento. Viene la noche de la fe. Y veremos, de hecho, que María, en este período de su vida, nos sirve como guía y modelo precisamente en esto: de cómo comportarnos cuando viene en la vida ‘el tiempo de la poda’”

La kénosis de María

Asimismo, tras remitir a san Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Mater, que aplica a la vida de la Virgen la gran categoría de la kénosis, en la que al pie de la cruz, María participa, mediante la fe, en el desconcertante misterio de este despojamiento; el padre aseveró algunas enseñanzas del Concilio Vaticano II, de san Juan de la Cruz y, naturalmente, del Nuevo Testamento, donde, por ejemplo, “encontramos palabras fuertes de Jesús”. Y afirmó que “María, siendo la madre, aprendió la obediencia por las cosas que padeció”.

También María aprendió la fe y la obediencia, pues creció en ellas gracias a los sucesos que padeció, para que nosotros podamos decir de ella, con toda confianza: no tenemos una madre que no sepa compadecerse con nuestras enfermedades, nuestro cansancio, nuestras tentaciones, habiendo sido ella misma probada en todo a semejanza de nosotros, a excepción del pecado.

El padre Cantalamessa también presentó otras imágenes de María durante la vida pública de Jesús y, con el relato de los evangelios, añadió un último detalle del que habla san Lucas al referirse a las “seguidoras femeninas de Jesús”, es decir, a un cierto número de mujeres piadosas que habían sido beneficiadas por parte de Jesús y que “lo atendían con sus bienes”. Esto es, que cuidaban de las necesidades materiales suyas y de los apóstoles, como preparar una comida, lavar o remendar ropa.

La kénosis de Jesús

“La kénosis de Jesús consistió en el hecho de que, en lugar de hacer valer sus derechos y sus prerrogativas divinas, se despojó de ellas, asumiendo el estado de siervo y pareciendo en el exterior un hombre como los demás. La kénosis de María consistió en el hecho de que, en lugar de hacer valer sus derechos como madre del Mesías, se dejó despojar de ellos, apareciendo delante de todos como una mujer igual a las otras”, describió el sacerdote.

Y prosiguió explicando que “la cualidad de Hijo de Dios no sirvió para ahorrarle a Cristo alguna humillación y, del mismo modo, la cualidad de Madre de Dios no le sirvió a María para ahorrarle algunas humillaciones”.

“Jesús se comportó con la Madre como un director espiritual lúcido y exigente que, habiendo vislumbrado un alma excepcional, no le hace perder el tiempo, no la deja detenerse en lo bajo, entre sentimientos y consolaciones naturales, sino que la empuja en una carrera sin tregua hacia el despojamiento total, de cara a la unión con Dios. Enseñó a María la renuncia de sí misma. Jesús dirige a todos sus seguidores de todos los siglos, con su Evangelio, pero a la Madre la dirigió a viva voz, en persona”, puntualizó.

El silencio de la Virgen

En torno a la cuestión sobre cómo reaccionó María a esta conducta del Hijo y de Dios mismo en relación a ella, el padre sugirió releer los textos recordados en los que nunca se constata “la más mínima mención de conflicto de voluntad, de réplica o de auto justificación por parte de María; ¡nunca una intención de hacer cambiar de decisión a Jesús!”.

Y es aquí donde aparece la santidad personal y única de la Madre de Dios, la maravilla más alta de la gracia. María callaba. Su respuesta a todo era el silencio. No un silencio de repliegue o de tristeza, más bien un silencio bueno y santo. Y el hecho de que calle no significa que para María todo sea fácil, que no deba superar luchas, fatigas y tinieblas, reveló: “Ella estuvo exenta del pecado, no de la lucha y de lo que San Juan Pablo II llamaba ‘el cansancio de creer’”.

Finalmente, indica la misma fuente, la predicación concluyó, en este tiempo de gran tribulación para todo el mundo, dirigiendo a la Virgen la antigua oración: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!”.

 

 

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

— Necesidad de la humildad. La soberbia lo pervierte todo.

— La hipocresía de los fariseos. Manifestaciones de la soberbia.

— Aprender del publicano de la parábola. Pedir la humildad.

I. Misericordia, Dios mío... Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias1. El Señor se conmueve y derrocha sus gracias ante un corazón humilde.

Nos presenta San Lucas en el Evangelio de la Misa de hoy2 a dos hombres que subieron al Templo a orar: uno fariseo y publicano el otro. Los fariseos se consideraban a sí mismos como puros y perfectos cumplidores de la ley; los publicanos se encargaban de recaudar las contribuciones, y eran tenidos por hombres más amantes de sus negocios que de cumplir con la ley. Antes de narrar la parábola, el Evangelista se preocupa de señalar que Jesús se dirigía a ciertos hombres que presumían de ser justos y despreciaban a los demás.

En seguida se pone de manifiesto en la parábola que el fariseo ha entrado al Templo sin humildad y sin amor. Él es el centro de sus propios pensamientos y el objeto de su aprecio: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. En vez de alabar a Dios, ha comenzado, quizá de modo sutil, a alabarse a sí mismo. Todo lo que hacía eran cosas buenas: ayunar, pagar el diezmo...; la bondad de estas obras quedó destruida, sin embargo, por la soberbia: se atribuye a sí mismo el mérito, y desprecia a los demás. Faltan la humildad y la caridad, y sin ellas no hay ninguna virtud ni obra buena.

El fariseo está de pie. Ora, da gracias por lo que hace. Pero hay mucha autocomplacencia, está «satisfecho». Se compara con los demás y se considera superior, más justo, mejor cumplidor de la ley. La soberbia es el mayor obstáculo que el hombre pone a la gracia divina. Y es el vicio capital más peligroso: se insinúa y tiende a infiltrarse hasta en las buenas obras, haciéndoles perder su condición y su mérito sobrenatural; su raíz está en lo más profundo del hombre (en el amor propio desordenado), y nada hay tan difícil de desarraigar e incluso de llegar a reconocer con claridad.

«“A mí mismo, con la admiración que me debo”. —Esto escribió en la primera página de un libro. Y lo mismo podrían estampar muchos otros pobrecitos, en la última hoja de su vida.

»¡Qué pena, si tú y yo vivimos o terminamos así! —Vamos a hacer un examen serio»3. Pedimos al Señor que tenga siempre compasión de nosotros y no nos deje caer en ese estado. Imploremos cada día la virtud de la humildad y hagamos hoy el propósito de estar atentos a las diversas y variadas expresiones en que se pone de manifiesto el pecado capital de la soberbia, y a rectificar la intención en nuestras obras cuantas veces sea necesario.

II. Algunos fariseos se convirtieron, y fueron amigos y fieles discípulos del Señor, pero muchos otros no supieron reconocer al Mesías, que pasaba por sus calles y plazas. La soberbia hizo que perdieran el norte de su existencia y que su vida religiosa, de la que tanto alardeaban, quedara hueca y vacía. Sus prácticas de piedad se consumían en formalismos y meras apariencias, realizadas de cara a la galería. Cuando ayunan, demudan su rostro para que los demás lo sepan4; cuando oran, gustan de hacerlo de pie y con ostentación en las sinagogas o en medio de las plazas5; cuando dan limosna, lo pregonan con trompetas6.

El Señor recomendará a sus discípulos: No hagáis como los fariseos. Y les explica por qué no deben seguir su ejemplo: Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres7. Con palabra fuerte, para que reaccionen, les llama hipócritas, semejantes a sepulcros blanqueados: vistosos por fuera, repletos de podredumbre por dentro8.

La vanagloria «fue la que los apartó de Dios; ella les hizo buscar otro teatro para sus luchas y los perdió. Porque, como se procura agradar a los espectadores que cada uno tiene, según son los espectadores, tales son los combates que se realizan»9. Para ser humildes no podemos olvidar jamás que quien presencia nuestra vida y nuestras obras es el Señor, a quien hemos de procurar agradar en todo momento.

Los fariseos, por la soberbia, se volvieron duros, inflexibles y exigentes con sus semejantes, y débiles y comprensivos consigo mismos: Atan pesadas cargas a los demás y ellos ni siquiera ponen un dedo para moverlas10. A nosotros el Señor nos dice: El mayor entre vosotros ha de ser vuestro servidor11. Y el Espíritu Santo, por medio de San Pablo: llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo12. Una de las manifestaciones más claras de la humildad es el servir y ayudar a los demás, no ya en acciones aisladas sino de modo constante.

Quizá uno de los reproches más duros que les hace el Señor es este: Vosotros no habéis entrado y a los que iban a entrar se lo habéis impedido13. Han cerrado el camino a aquellos a quienes tenían que guiar. ¡Guías ciegos!14 les llamará en otro lugar. La soberbia hace perder la luz sobrenatural para uno mismo y para los demás.

La soberbia tiene manifestaciones en todos los aspectos de la vida. «En las relaciones con el prójimo, el amor propio nos hace susceptibles, inflexibles, soberbios, impacientes, exagerados en la afirmación del propio yo y de los propios derechos, fríos, indiferentes, injustos en nuestros juicios y en nuestras palabras. Se deleita en hablar de las propias acciones, de las luces y experiencias interiores, de las dificultades, de los sufrimientos, aun sin necesidad de hacerlo. En las prácticas de piedad se complace en mirar a los demás, observarlos y juzgarlos; se inclina a compararse y a creerse mejor que ellos, a verles defectos solamente y negarles las buenas cualidades, a atribuirles deseos e intenciones poco nobles, llegando incluso a desearles el mal. El amor propio (...) hace que nos sintamos ofendidos cuando somos humillados, insultados o postergados, o no nos vemos considerados, estimados y obsequiados como esperábamos»15.

Nosotros hemos de alejarnos del ejemplo y de la oración del fariseo y aprender del publicano: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Es una jaculatoria para repetirla mucha veces, que fomenta en el alma el amor a la humildad, también a la hora de rezar.

III. El Señor está cerca de aquellos que tienen el corazón contrito, y a los humillados de espíritu los salvará16. El publicano dirige a Dios una oración humilde, y confía, no en sus méritos, sino en la misericordia divina: quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador.

El Señor, que resiste a los soberbios pero a los humildes da su gracia17, lo perdona y justifica. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.

El publicano «se quedó lejos, y por eso Dios se acercó más fácilmente... Que esté lejos o que no lo esté, depende de ti. Ama y se acercará; ama y morará en ti»18.

También podemos aprender de este publicano cómo ha de ser nuestra oración: humilde, atenta, confiada. Procurando que no sea un monólogo en el que nos damos vueltas a nosotros mismos, a las virtudes que creemos poseer.

En el fondo de toda la parábola late una idea que el Señor quiere inculcarnos: la necesidad de la humildad como fundamento de toda nuestra relación con Dios y con los demás. Es la primera piedra de este edificio en construcción que es nuestra vida interior. «No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra.

»—Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa»19.

Cuando una persona se siente postergada, herida en detalles pequeñísimos, debe pensar que todavía no es humilde de verdad: es la ocasión de aceptar la propia pequeñez y ser menos soberbios: «no eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo»20.

La ayuda de la Virgen Santísima es nuestra mejor garantía para ir adelante en esta virtud. «María es, al mismo tiempo, una Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en el seno materno, pídele que te alcance esta virtud (de la humildad) que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido, María la pedirá para ti de ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída»21. Después de considerar las enseñanzas del Señor, y de contemplar el ejemplo humilde de Santa María, podemos acabar nuestra oración con esta petición: «Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»22.

1 Salmo responsorial. — 2 Lc 18, 9-14. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 719. — 4 Cfr. Mt 6, 16. — 5 Cfr. Mt 6, 5. — 6 Cfr. Mt 6, 2. — 7 Mt 23, 5. — 8 Cfr. Mt 23, 27. — 9 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre San Mateo, 72, 1. — 10 Lc 11, 46. — 11 Mt 23, 11. — 12 Gal 6, 2. — 13 Lc 11, 53. — 14 Mt 15, 14. — 15 B. Baur, En la intimidad con Dios, p. 89. — 16 Sal 33. — 17 Sant 4, 6. — 18 San Agustín, Sermón 9, 21. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 590. — 20 Ibídem, n. 594. — 21 J. Pecci -León XIII-, Práctica de la humildad, 56. — 22 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 31.

 

 

“Seamos siempre salvajemente sinceros”

Si el demonio mudo –del que nos habla el Evangelio– se mete en el alma, lo echa todo a perder. En cambio, si se le arroja inmediatamente, todo sale bien, se camina feliz, todo marcha. –Propósito firme: “sinceridad salvaje” en la dirección espiritual, con delicada educación..., y que esa sinceridad sea inmediata. (Forja, 127)

21 de marzo

Vuelvo a afirmar que todos tenemos miserias. Pero las miserias nuestras no nos deberán mover nunca a desentendernos del Amor de Dios, sino a acogernos a ese Amor, a meternos dentro de esa bondad divina, como los guerreros antiguos se metían dentro de su armadura: aquel ecce ego, quia vocasti me -cuenta conmigo, porque me has llamado-, es nuestra defensa. No hemos de alejarnos de Dios, porque descubramos nuestras fragilidades; hemos de atacar las miserias, precisamente porque Dios confía en nosotros.

¿Cómo lograremos superar esas mezquindades? Insisto, por su importancia capital: con humildad, y con sinceridad en la dirección espiritual y en el Sacramento de la Penitencia. Id a los que orientan vuestra almas con el corazón abierto; no lo cerréis, porque si se mete el demonio mudo, es difícil de sacar.

Perdonad mi machaconería, pero juzgo imprescindible que se grabe a fuego en vuestras inteligencias, que la humildad y -su consecuencia inmediata- la sinceridad enlazan los otros medios, y se muestran como algo que fundamenta la eficacia para la victoria. Si el demonio mudo se introduce en un alma, lo echa todo a perder; en cambio, si se le arroja fuera inmediatamente, todo sale bien, somos felices, la vida marcha rectamente: seamos siempre salvajemente sinceros, pero con prudente educación.

Quiero que esto quede claro; a mí no me preocupan tanto el corazón y la carne, como la soberbia. Humildes. Cuando penséis que tenéis toda la razón, no tenéis razón ninguna. Id a la dirección espiritual con el alma abierta: no la cerréis, porqué -repito- se mete el demonio mudo, que es difícil de sacar.

Acordaos de aquel pobre endemoniado, que no consiguieron liberar los discípulos; sólo el Señor obtuvo su libertad, con oración y ayuno. En aquella ocasión obró el Maestro tres milagros: el primero, que oyera: porque cuando nos domina el demonio mudo, se niega el alma a oír; el segundo, que hablara; y el tercero, que se fuera el diablo. (Amigos de Dios, nn. 187-188)

 

 

Un ejército frente al coronavirus

Las batallas no siempre se ganan con las armas. Y los héroes no siempre llevan capa. Muchos se levantan al alba y saben solo la hora en la que comienza su jornada laboral. Ellos no se consideran excepcionales, pero son conscientes de vivir un momento excepcional. Son los profesionales que trabajan cada día en los hospitales para detener el coronavirus. Héroes con bata y mascarilla.

EN PRIMERA PERSONA19/03/2020

​Paloma (primera por la izda) con su equipo de la UCI

Cada tarde, España entera sale a los balcones para aplaudirles por su entereza y su generosidad. Son miles. Un ejército de hombres y mujeres que lucha cuerpo a cuerpo contra el coronavirus desde los centros sanitarios. Algunos cuentan su experiencia en este reportaje.

Paloma Fernández, enfermera de UCI en un hospital de Madrid: ‘Esto es como una guerra y yo me siento un soldado’

Tiene sólo 23 años, y una boda a la vista. Pero todo parece haberse detenido en el tiempo mientras Paloma recorre estos días la UCI del hospital en el que trabaja desde hace doce meses. Allí le esperan, dentro de cubos de cristal y tumbados boca abajo para respirar mejor, cuatro pacientes con coronavirus.

“Esto es como una guerra y yo me siento un soldado, pero esta vez no se trata de bombas, sino de pequeñas partículas que pueden caer e infectarte. Procuro no pensarlo mucho, tener presente a Dios y ver a Cristo en los pacientes. Ellos están asustados, y pasan mucho tiempo solos. El tiempo que estoy dentro procuro dedicárselo a ellos”, relata.

PROCURO TENER PRESENTE A DIOS Y VER A CRISTO EN LOS PACIENTES. ELLOS ESTÁN ASUSTADOS, Y PASAN MUCHO TIEMPO SOLOS

Paloma lleva dos semanas sin descansar, como muchos de sus compañeros. Cuando pasa junto a los dos enfermos conscientes se detiene con ellos. A uno, que está mejor, le ha pasado una lista de películas para que se entretenga. A otra, una mujer de color que no habla español, le da conversación en inglés. “A través del cristal la miro con cariño, le preguntó cómo se encuentra… Ella sube el dedo en señal de victoria, porque dice que va a ponerse bien, que va a poder con el virus”.

“Tengo bastante paz interior. Cuando voy hacia el trabajo lo dejo todo en manos de Dios. Rezo por cada uno de mis pacientes y por mis compañeros. Tener presente a Dios y saber que estoy en sus manos me ayuda cada día a ir por el hospital con una sonrisa. Llevo solo 12 meses aquí, y puede parecer que soy un poco ‘happy’, pero lo que ocurre es que me apoyo en el Señor”, comenta. “Cada dificultad o suceso desagradable trato de verlo cara a Dios. Es lo que he aprendido gracias a la formación que recibo del Opus Dei. La situación es difícil. Sin Dios me pondría nerviosa. Pero cuando actúo así y veo las caras de nuestros pacientes, es reconfortante”.

Abel Mujal, médico internista en Barcelona: ‘El lunes paso a primera línea de combate’

​Yo sé que hay mucha gente rezando por nosotros y eso nos ayuda mucho, mucho, mucho…

 

El doctor Mujal trabaja en la unidad de hospitalización a domicilio de un hospital con 700 camas. Hasta ahora, derivaba enfermos a sus casas para liberar espacio para pacientes del COVID-19, pero la semana que viene su trabajo será visitar a los enfermos en sus casas. “El lunes paso a primera línea de combate”, explica. Siente la Medicina como una vocación, y aunque le preocupa la posibilidad de un contagio, sabe que es con su trabajo como mejor puede ayudar. “Pondré una estampa de la Virgen en el coche, y le pediré a ella que sea mi escudo frente al coronavirus”, dice.

“Esto es un trabajo de equipo. Estos días en los que la gente nos aplaude desde las ventanas son un chute de moral y, cuando los oigo, me acuerdo de todos los compañeros, también del personal de mantenimiento, de los que limpian nuestros teclados de ordenador para que no haya virus, de las cocineras… Yo, que utilizo coches de la unidad, pienso en las personas que los limpian y los llevan a arreglar. No podríamos visitar a estos pacientes ni hacer esta labor sin todos ellos”, considera.

ESTOS DÍAS EN LOS QUE LA GENTE NOS APLAUDE DESDE LAS VENTANAS SON UN CHUTE DE MORAL Y, CUANDO LOS OIGO, ME ACUERDO DE TODOS LOS COMPAÑEROS

En su hospital, donde trabajan más de 2.000 personas, se doblan turnos y al finalizar el trabajo se sigue pendiente de los pacientes. “La formación que recibo del Opus Dei es importantísima para mí. Un sacerdote me decía que tenía que rezar más, porque así mantendría la paz, la serenidad y mi trabajo mejoraría. El hecho de tener a Dios cerca te ayuda a llevar la preocupación. Es una manera de recargar las pilas cada día. Yo sé que hay mucha gente rezando por nosotros y eso nos ayuda mucho, mucho, mucho…”.

Pilar Martínez, médico en una UCI en Málaga: ‘Ahora sí que trabajamos juntos’

​La tarea más dura llega cuando tienen que informar a la familia, pues solo puede entrar un familiar, que visita al enfermo a través de los cristales

 

En pocos días, el COVID-19 ha cambiado la dinámica de la UCI en la que trabaja Pilar, en un hospital de Málaga. Hasta ahora, a primera hora en las UCI los enfermeros aseaban a los pacientes, y luego entraban los médicos para explorarlos, ver analíticas e indicar el tratamiento. Ahora, lo primero es colocarse una escafandra, una bata impermeable, unas calzas, gafas, mascarilla con filtro, y doble o triple guante.

“Nuestros pacientes están sedados y conectados en ventilación mecánica y requieren muchos cuidados. Por ello compartimos tareas todos los sanitarios. Ahora sí que trabajamos juntos. Yo nunca había aseado a un paciente. Y es una tarea tan delicada… ¡Eso sí que es cuidar!”, considera. También ella trata de ver a Cristo en cada enfermo que atiende.

LA RAPIDEZ EN COMPARTIR LOS RESULTADOS DE LAS INVESTIGACIONES ES ESENCIAL. MÉDICOS DE DIFERENTES PAÍSES SE VAN CONTANDO EXPERIENCIAS Y CEDIENDO PROTOCOLOS

La tarea más dura llega cuando tienen que informar a la familia, pues solo puede entrar un familiar, que visita al enfermo a través de los cristales. La mayoría ni siquiera pueden ir porque están en cuarentena. Así que la información se ofrece por teléfono. “Creo que eso es lo más duro, porque para, nosotros los intensivistas, el lenguaje no verbal es muy importante, y no puedes utilizarlo. Tienes que mostrar la gravedad de la situación y que ellos sientan que su familiar está en el mejor sitio, que se sientan seguros. La empatía por teléfono es difícil. Pero también estamos aprendiendo”, cuenta.

El virus no solo ha traído la colaboración en el seno de los equipos médicos; también entre hospitales y sociedades científicas a través de las redes sociales. La rapidez en compartir los resultados de las investigaciones es esencial y, a través de las redes, médicos de diferentes países se van contando experiencias y cediendo protocolos. “Al ser un virus nuevo, nadie sabía cómo tratarlo. Los chinos aportaron mucho, y este mes salen publicaciones con sus resultados. Pero los italianos, aunque empezaron antes, están aún en plena crisis y no les ha dado tiempo de publicar”. Pese a todo, Pilar mira el futuro con optimismo, aunque sabiendo que va a ser diferente. Habrá un antes y un después del COVID-19.

Mayte Pérez, médico del equipo COVID-19 en un hospital de Vigo: ‘Tratamos de ayudar a las familias en un momento tan duro’

​Todos en el hospital están implicados, desde el laboratorio, las limpiadoras, los celadores…

 

En el equipo de Mayte hay diez médicos y enfermeras, apenas una pequeña parte del dispositivo desplegado para atender a los pacientes de coronavirus. Pero todos en el hospital están implicados, desde el laboratorio, las limpiadoras, los celadores… Y en la parte clínica, las áreas de Infecciosas y Neumología. “En los hospitales puede haber a veces pequeñas disputas entre servicios. Pero en este caso estamos trabajando todos codo con codo con disposición de ayudar, haciendo todo lo posible para conseguir la mejor atención de los pacientes”.

LA PRIORIDAD AHORA PARA EL EQUIPO DE MAYTE ES ACOMPAÑAR A LAS PERSONAS QUE ESTÁN PEOR Y QUE POSIBLEMENTE FALLEZCAN

La prioridad ahora para el equipo de Mayte es acompañar a las personas que están peor y que posiblemente fallezcan. “Están solas en la habitación, porque los familiares no se pueden exponer al contagio. Estamos estudiando cómo hacer para que estén acompañados y cómo gestionar el duelo. Para las familias es un momento muy duro y trabajamos para ayudarles”, explica.

Luisa, médico anestesista y de cuidados críticos en un hospital de Madrid: ‘Mucha gente me pregunta qué hago yo para no tener miedo’

​Su especialidad le obliga a intervenir en operaciones quirúrgicas a enfermos de coronavirus

 

Luisa abandona cada día el hospital casi a las seis de la tarde, pero su jornada no termina. “Estos días no se desconecta. Cuando sales del trabajo sigues atendiendo llamadas de personas que necesitan orientación y consejo. Pero notamos que mucha gente reza por nosotros. Y nos transmiten muchos detalles de cariño. Es un momento único, extraordinario, de miedos e incertidumbres. Esto es algo que nos ha igualado a todos, que ha parado el país. Da lo mismo quién seas. Estamos todos en manos de Dios, con los cimientos movidos y a expensas de que esto pase”.

“Mucha gente me pregunta qué hago yo para no tener miedo y les contesto que lo único que puede cambiar la Historia es la oración. Les digo que le pidan a la Virgen un chubasquero invisible para no contagiarse. La gente ve que se necesita algo más para afrontar esto. Un plus, algo por encima de lo ordinario”, reflexiona. En su servicio trabajan unas 80 personas, y algunas están contagiadas y en aislamiento. Luisa las anima y procura estar cerca.

La pandemia está tocando el interior de las personas. “La gente está receptiva a cambios en su vida: hay compañeros que quieren estar más tiempo con sus familias. Esto es para todos una llamada de atención”, comenta.

LUISA NO PUEDE TOCAR A SUS HIJOS NI A SU MARIDO. A TODOS EN EL HOSPITAL LES HAN DICHO QUE SE CONSIDEREN POSITIVOS POR CORONAVIRUS

Cuando llega a casa, Luisa no puede tocar a sus hijos ni a su marido. A todos en el hospital les han dicho que se consideren positivos por coronavirus. Ella misma tuvo algo de fiebre y malestar hace unos días. Así que en casa mantienen las distancias y utilizan una solución alcohólica para lavarse. “Ahora valoramos lo más básico, el contacto físico con el que los seres humanos nos manifestamos el cariño”.

Luisa es del Opus Dei, y trata de santificar cada día su trabajo como anestesista. Su especialidad le obliga a intervenir en operaciones quirúrgicas a enfermos de coronavirus, a los que coloca un tubo en la traquea, una de las zonas con más posibilidades de contagio. Así ha ocurrido con varias intervenciones a ancianas contagiadas por el virus a las que se les había fracturado la cadera. Eran operaciones que no podían esperar. “También manejamos a los pacientes con neumonía. En la UCI quirúrgica empezamos a tener también pacientes con COVID-19 y yo estoy allí muchas horas”, relata.

SOY MÉDICO, Y ESTO ES LO QUE TENGO QUE HACER, LO QUE PUEDO HACER POR LOS DEMÁS, Y ES PARA LO QUE ESTOY EN ESTE MUNDO

Pese al riesgo de contagio, e incluso pese a notar algunos síntomas, el equipo de Luisa sigue trabajando, ofreciéndose a hacer guardias y jornadas intensivas. En su hospital todavía quedan camas, respiradores y algunas áreas vacías, aunque sabe que será por poco tiempo. Los casos se han duplicado en apenas una semana.

Pero hay una fuerza mayor que todas las dificultades que tira de ella, que tira de todos ellos. Esa fuerza es su vocación profesional, un alud que puede con todo. “Soy médico, y esto es lo que tengo que hacer, lo que puedo hacer por los demás, y es para lo que estoy en este mundo”.

 

 

Una nueva cercanía

Posted: 20 Mar 2020 02:33 PM PDT

La crisis mundial del coronavirus nos incita a reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas y de la marcha del mundo. El Papa Francisco ha concedido dos breves entrevistas, en los periódicos La Repubblica (18-III-2020) y La Stampa (20-III-2020). En ellas da algunos consejos para vivir estos días dramáticos y propone redescubrir una nueva cercanía basada en la fraternidad.

El valor de lo concreto

1. En primer lugar se refiere a la valoración de las cosas pequeñas, de lo concreto, de los cuidados que podemos prestar a nuestros familiares y amigos: “Hay gestos mínimos, que a veces se pierden en el anonimato de la vida ordinaria, gestos de ternura, afecto, compasión que, sin embargo, son decisivos, importantes. Por ejemplo, un plato caliente, una caricia, un abrazo, una llamada telefónica... Son gestos familiares de atención a los detalles de cada día que hacen que la vida tenga sentido y que haya comunión y comunicación entre nosotros” (Entrevista 18-III)

Subraya el Papa que deberíamos descubrir lo que llama “una nueva cercanía”. Y la describe como “una relación concreta hecha de cuidados y paciencia”, que mejore la relación en las familias entre padres e hijos, más allá de la televisión y de los teléfonos móviles, que atienda las necesidades, esfuerzos y deseos de cada uno. “Hay –afirma Francisco– un lenguaje hecho de gestos concretos que hay que salvaguardar. En mi opinión, el dolor de estos días debe abrirnos a lo concreto” (Ib.).

Estar cerca, abrir a la esperanza

Cuando muchos han perdido a sus seres queridos y otros muchos están luchando por salvar otras vidas, el Papa reza por todos y les apoya como sucesor de Pedro, y les agradece ser ejemplo de esa sensibilidad hacia lo concreto. “Y pido –añade–­ que todos estén cerca de los que han perdido a sus seres queridos y traten de estar cerca de ellos de todos los modos posibles. El consuelo debe ser ahora el compromiso de todos” (Ib.).

Dice Francisco que le ha impresionado un artículo de Fabio Fazio sobre las cosas que está aprendiendo estos días. Entre otras, la cuestión ética de los impuestos, que permiten contar con suficientes camas y aparatos de respiración en estas circunstancias.

Significativa, para captar el talante del Papa en estos días, es su respuesta cuando le preguntan: ¿Cómo puede vivir con esperanza estos días alguien que no cree?

Vale la pena recoger esa respuesta, para poder leerla detenidamente:

“Todos somos hijos de Dios y estamos bajo su mirada. Incluso aquellos que aún no han encontrado a Dios, los que no tienen el don de la fe, pueden encontrar ahí su camino, en las cosas buenas en las que creen: pueden encontrar la fuerza en el amor a sus hijos, a su familia, a sus hermanos y hermanas. Uno puede decir: “No puedo rezar porque no soy creyente”. Pero al mismo tiempo, sin embargo, puede creer en el amor de la gente que le rodea y encontrar ahí la esperanza”(Ib.).

Solidaridad y oración

2. Para vivir esta Pascua ‘a puerta cerrada’ que se avecina, Francisco propone una respuesta con tres palabras: penitencia, compasión y esperanza, con el complemento de la humildad, “porque muchas veces se nos olvida que en la vida hay 'zonas oscuras', momentos oscuros. Pensamos que eso solo le puede pasar a otro. En cambio, este tiempo es oscuro para todos, sin exclusión. Está marcado por dolor y sombras que se nos han metido en casa. Es una situación diferente de las que hemos vivido. También porque nadie puede permitirse estar tranquilo, cada uno comparte estos días difíciles” (Entrevista 20-III-2020).

En esa línea, propone el Papa que la Cuaresma nos puede ayudar a encontrar un sentido a lo que nos está sucediendo, en la medida en que “nos entrena para ver con solidaridad a los demás, sobre todo a los que sufren. Esperando el resplandor de la luz que iluminará nuevamente todo y a todos” (Ib.).

Este es un tiempo–continúa en sus respuestas– en que se redescubre la importancia de rezar, como los apóstoles cuando clamaban al Señor: Maestro, nos estamos ahogando: “La oración –explica Francisco– nos deja comprender nuestra vulnerabilidad. Es el grito de los pobres, de los que se están hundiendo, de los que se sienten en peligro, solos. Y, en una situación difícil, desesperada, es importante saber que está el Señor, y que nos podemos aferrar a Él” (Ib.). Entonces Dios nos transmite fuerza y cercanía. Como a Pedro, nos da la mano para sacarnos en medio de la tormenta.

De nuevo le preguntan acerca de los no creyentes: ¿dónde pueden encontrar consuelo y ánimo?. Y responde en la línea de la anterior entrevista, aclarando que no quiere distinguir entre creyentes y no creyentes: “Todos somos humanos y, como hombres, todos estamos en la misma barca. Y para un cristiano nada humano debe ser ajeno. Aquí se llora porque se sufre. Todos. Tenemos en común la humanidad y el sufrimiento. Nos ayudan la unión, la colaboración recíproca, el sentido de responsabilidad y el espíritu de sacrificio que se genera en tantos lugares. No hay que distinguir entre creyentes y no creyentes, hay que ir a la raíz: la humanidad. Ante Dios todos somos hijos” (Ib.).

Raíces, fraternidad y esperanza

Ante los casos de los enfermos que están muriendo solos y aislados, el Papa valora y agradece el consuelo y la cercanía que presta el personal sanitario, que ocupa la primera fila de esta batalla: “Agradezco a todos esos enfermeros y enfermeras, médicos y voluntarios que, a pesar del extraordinario cansancio, se inclinan con paciencia y bondad de corazón para suplir la ausencia obligada de los familiares” (Ib.).

Al final le preguntan en qué sentido podrá servir esta experiencia para el futuro. El Papa ve aquí una oportunidad para redescubrir la fraternidad universal: “Para recordar a los hombres de una vez por todas que la humanidad es una única comunidad. Y lo importante y decisiva que es la fraternidad universal. Tenemos que pensar que será como después de una guerra. Ya no estará 'el otro', sino que estaremos 'nosotros'. Porque solo podremos salir de esta situación todos juntos” (Ib.).

Como seres humanos, concluye, tendremos que recomenzar desde ahí: “Tendremos que ver una vez más las raíces: los abuelos, los ancianos. Construir una verdadera fraternidad entre nosotros. Hacer memoria de esta difícil experiencia vivida entre todos, todos juntos. Y salir adelante con esperanza, que nunca desilusiona. Esas serán las palabras clave para volver a comenzar: raíces, memoria, hermandad y esperanza” (Ib.).

 

 

Comentario al Evangelio: El ciego de nacimiento

Evangelio del Domingo 4º de Cuaresma (Ciclo A) y comentario al evangelio de la Misa

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Jn 9,1.6-9.13-17.34-38)

Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, lo aplicó en sus ojos y le dijo:

— Anda, lávate en la piscina de Siloé — que significa: “Enviado”.

Él fue, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que le habían visto antes, cuando era mendigo, decían:

— ¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna?

Unos decían:

— Sí, es él.

Otros en cambio:

— De ningún modo, sino que se le parece.

Él decía:

— Soy yo.

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. El día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos era sábado. Y los fariseos empezaron otra vez a preguntarle cómo había comenzado a ver. Él les respondió:

— Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo.

Entonces algunos de los fariseos decían:

— Ese hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado.

Pero otros decían:

— ¿Cómo es que un hombre pecador puede hacer semejantes prodigios?

Y había división entre ellos. Le dijeron, pues, otra vez al ciego:

— ¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos?

— Que es un profeta — respondió.

Ellos le replicaron:

— Has nacido en pecado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros?

Y le echaron fuera. Oyó Jesús que le habían echado fuera, y cuando se encontró con él le dijo:

— ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

— ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? — respondió.

Le dijo Jesús:

— Si lo has visto: el que está hablando contigo, ése es.

Y él exclamó:

— Creo, Señor — y se postró ante él.


“‘Al pasar –dice el Santo Evangelio– vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento’. Jesús que pasa. Con frecuencia –comenta, admirado, san Josemaría– me he maravillado ante esta forma sencilla de relatar la clemencia divina. Jesús pasa y se da cuenta en seguida del dolor”[1]. En efecto, así es la lógica de Jesús: nunca permanece indiferente ante las necesidades de las personas con las que se encuentra.

Las acciones de Cristo para devolver la vista a este hombre ciego están cargadas de simbolismo. Primero mezcla la tierra con saliva y le unta ese lodo en los ojos. Este gesto recuerda el pasaje del libro del Génesis donde se narra la creación del hombre como una figura de barro a la que el soplo de Dios infunde la vida (Gn 2,7). Jesús, al curar a ese hombre, está llevando a cabo una nueva creación. Este hombre, ciego de nacimiento, va a nacer de nuevo, va a comenzar una nueva vida en cuanto pueda ver.

Luego Jesús le dice que vaya a lavarse en la piscina de Siloé, y ese hombre va, se lava, y recupera la vista. El agua de esa alberca que limpia sus ojos es símbolo del agua bautismal, que nos hace capaces de ver con la luz de la fe. El evangelista hace notar, para los lectores que no sepan hebreo, que Siloé significa “enviado”, pero sobre todo lo hace para señalar que Jesús es ese Enviado de Dios que, cuando se acude a Él, especialmente al configurarse con su muerte y resurrección en las aguas del bautismo, nos hace capaces de ver.

“Con este milagro –enseña el Papa Francisco– Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento nos representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero a causa del pecado somos como ciegos, necesitamos una luz nueva; todos necesitamos una luz nueva: la de la fe, que Jesús nos ha donado”[2].

La curación realizada por Jesús suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Frente a la luz que se enciende en el ciego, los doctores de la ley, con una cerrazón agresiva, encerrados en su presunción e incapaces de abrirse a la verdad, se van hundiendo cada vez más en las tinieblas, empeñados en negar toda evidencia: dudan que aquel hombre fuera realmente ciego de nacimiento y se resisten a admitir la acción de Dios. Es el drama de la ceguera interior que puede afectar a muchas personas, también a cada uno de nosotros, cuando nos aferramos a nuestras propias opiniones o modos de actuar, sin una apertura sincera a la verdad, que puede ser exigente y reclamar cambios de rumbo en nuestra vida.

En paralelo, el ciego va recorriendo un camino de crecimiento en la fe. Al principio no sabía nada de Jesús. Luego, asombrado ante la recuperación de la vista, dirá en un primer momento ante quienes le preguntan que “es un profeta” (v. 17). Más tarde, ante la insistencia en interrogarle explica con sencillez que si Jesús ha sido escuchado por Dios es porque “honra a Dios y hace su voluntad” (v. 31). Finalmente, cuando Jesús le abre los ojos de la fe diciéndole que el Hijo del Hombre es el que está hablando con él (v. 37), el ciego exclamó “Creo, Señor. – Y se postró ante él” (v. 38).

Esta escena del Evangelio que hoy meditamos nos invita a considerar cuál es nuestra actitud: la de los doctores que, orgullosos, juzgan a los demás, o la de aquel ciego que, consciente de sus necesidades y limitaciones, va secundando lo que Jesús le pide, para abrirse a su gracia y a la luz de la fe.

 


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 67.

[2] Papa Francisco, Ángelus 26 marzo 2017.

 

 

Cuarto domingo de Cuaresma.

Jn 9, 1-41.

  Laetare.

 

Seguimos caminando al encuentro con Cristo luz pascual, iluminados por el Espíritu Santo que cura todas nuestras cegueras. En la medida en que avanzamos en la identificación con Cristo, sabemos que aunque caminemos por cañadas oscuras, nada debemos temer. El Señor encauza con la Luz de su Corazón muestras tinieblas, para vivir en la Luz sin ocaso que es Cristo.

 

1.     Este pasaje es leído por la Iglesia en clave catecúmenal. Es caminar sabiendo que aunque seamos ciegos él nos guía y nos alimenta. El ciego de nacimiento narrado magistralmente por Juan es un texto que no deja indiferente a nadie. El protagonista principal es Jesús en su deseo inmenso mesiánico de dar la vista a los ciegos. Jesús va a buscarlo porque tiene deseo que descubra la luz en medio de todas nuestras cegueras. Otros protagonistas son aquellos que no pueden aceptar que Dios haga milagro con los pobres...además era un sábado.

 

2.     Contrasta la actitud de Jesús de sanar los corazones afligidos y hacer oír a los sordos, ante la actitud siempre nefasta de quienes en la práctica no creen en la bondad de Dios, el Señor actúa siempre con sencillez y humildad. Como desde el principio, desde el paraíso crea y recrea a través de la pobreza del barro. Untando la tierra con saliva, nos ayuda a vivir como el Señor, nos ama desde nuestra pobreza y construye cuando le dejamos que nos toque con su Misericordia.

 

3.     A pesar de todos los obstáculos que le hacen pasar al ciego, al final cree que el Señor ha estado grande y construye desde nuestra pobreza. Es clave saber de quién me he fiado. Es curioso que la fe humilde del ciego, pone en tela de juicio a los que son incapaces de reconocer la acción de Dios en todas nuestras oscuridades y cegueras....hacia la luz de Pascua

 

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo. Primado de España

 

 

Sé que te encantó, Jesús

San Josemaría nos enseñó a cuidar las cosas pequeñas porque comprendía la capacidad del hombre de agradar a Dios con pequeños y casi minúsculos detalles realizados por amor.

VIDA ESPIRITUAL19/03/2020

El 29 de diciembre de 1933, san Josemaría ultimaba la instalación de la Academia DYA. Le ayudaban ese día cuatro estudiantes: Manolo, Isidoro, Pepe y Ricardo. Una de las tareas que ejecutaron fue la instalación de una pizarra de 1,10 por 2 metros en una clase. Al día siguiente, anota en sus papeles la emoción que le embargó: «En cuanto colocaron el encerado en una clase, lo primero que escribieron los cuatro artistas fue: “Deo omnis gloria!” —toda la gloria para Dios. —Ya sé que te encantó, Jesús»[1].

En esas pocas palabras se vislumbra su gozo al contemplar esa simpática ocurrencia. Pero quizá hay algo más en aquel apunte y es la manera en que el fundador del Opus Dei comprendía nuestra capacidad de agradar a Dios con pequeños y casi minúsculos detalles. No es fácil entender cómo una acción tan insignificante de las criaturas pueda llegar así a su Creador.

Dios ha dicho que sus «delicias están con los hijos de los hombres» (Pr 8,31), que le encantamos. Si esa expresión de san Josemaría parece atrevida, es todavía más audaz cuando describe una convicción muy íntima: «Con la Fe y el Amor, somos capaces de chiflar a Dios, que se vuelve otra vez loco –ya fue loco en la Cruz, y es loco cada día en la Hostia–, mimándonos como un Padre a su hijo primogénito»[2]. Esta conciencia era algo habitual en su predicación: «Les hablé de Jesús chiflado, loco por nosotros»[3]. ¿Alguna vez habíamos llegado a imaginar una reacción divina de este calibre?

La felicidad de Dios

Al final de su primera carta pastoral, el prelado del Opus Dei pedía a Dios: «Haz, Señor, que desde la fe en tu Amor vivamos cada día con un amor siempre nuevo, en una alegre esperanza»[4]. ¿Qué puede unir a la alegría –algo de lo que todos hemos tenido experiencia– con las virtudes que nos acercan a Dios y nos son otorgadas por él? Santo Tomás de Aquino afirma que la felicidad «le corresponde a Dios en grado sumo» (S. Th. I-I, q. 26); nadie es tan feliz como él y desea disfrutar y compartir esa alegría con nosotros. Por eso, vivimos a la espera de la felicidad eterna y, al mismo tiempo, estamos ya alegres porque Dios nos concede participar aquí de su dicha.

JESÚS SE CONMUEVE CON LA VIUDA QUE ECHA EN EL TEMPLO LAS POCAS MONEDAS QUE TIENE PORQUE SE DA CUENTA QUE LO QUE ESTÁ ENTREGANDO VERDADERAMENTE ES SU CORAZÓN

Para adentrarnos en el misterio de la felicidad divina, puede servirnos contemplar una reacción de Jesús que nos narra san Marcos: «Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas, que hacen la cuarta parte del as» (Mc 12,41-42). Este insignificante detalle emocionó a nuestro Señor.

Las monedas de cobre retumbaban al caer en el gazofilacio, que era una especie de trompeta con la boca hacia arriba situada en el atrio del templo. Allí se entregaban las ofrendas, limosnas y rentas. El acostumbrado golpear del metal recio era bien diferente al suave tintineo de las dos monedas sin apenas valor que había ofrecido esta pobre mujer. Sumaban la cuarta parte del as que, en aquel momento, era la moneda más pequeña en circulación.

Sin embargo, aquella mujer conquistó el corazón de Cristo. Él en realidad no necesita nuestras ofrendas, mendiga algo mucho más grande: nuestro corazón. «¿No has visto las lumbres de la mirada de Jesús cuando la pobre viuda deja en el templo su pequeña limosna? –Dale tú lo que puedas dar: no está el mérito en lo poco ni en lo mucho, sino en la voluntad con que lo des»[5]. Jesús no interpreta los gestos de la manera como lo hacemos nosotros. La ofrenda de la viuda es minúscula, pero a Jesús le gusta mucho más que las otras porque es libre, humilde y gratuita. Significa mucho para él y no se resiste a explicarlo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los que han echado en el gazofilacio, pues todos han echado algo de lo que les sobra; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento» (Mc 12,43). Cristo nos desafía a valorar las cosas –y sobre todo nuestra vida– de una forma diferente, alternativa y paradójica.

 

Amar con la misma moneda

Es inútil intentar medir el amor del Señor por nosotros. «Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo»[6]. Jesucristo quiere ser nuestro amigo. Así se lo confió a sus apóstoles en el Cenáculo (cfr. Jn 15,15) «y en ellos nos lo ha dicho a todos. Dios nos quiere no solo como criaturas, sino como hijos a los que, en Cristo, ofrece verdadera amistad»[7]. Sin embargo, cuando palpamos nuestra fragilidad tendemos a pensar que Dios reacciona como nosotros lo haríamos. Cuando no nos salen las cosas o cuando nos parece que no estamos a la altura de su amor, lo imaginamos defraudado, decepcionado o entristecido. No nos cabe en la cabeza que nuestra vida, surcada de miserias y tropiezos, pueda agradar o encantar y, menos todavía, chiflar, a Dios.

DIOS SE DELEITA EN NUESTRA LUCHA INTERIOR GRATUITA, LIBRE Y ALEGRE

Los Padres de la Iglesia han tratado de prevenirnos ante este error tan común: «Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios?»[8]. San Buenaventura nos enseña el camino para no equivocarnos: «Si quieres saber cómo se realizan estas cosas pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración»[9].

¿Cómo puede ser que Dios se entusiasme de ese modo con nuestros minúsculos detalles de cariño o incluso con nuestras limitaciones? ¿Cómo es posible que la distancia infinita entre el amor de Dios y nuestra pobre correspondencia sea cancelada? Está claro que no tenemos dinero suficiente para comprar su amor. Nos ama porque le da la gana, que es la más divina. Por eso, no nos obliga a corresponderle de una manera precisa. Al mismo tiempo, se entusiasma si le pagamos con su moneda, con un amor gratuito de quien se deja amar, de quien permite al otro estar chiflado. Esto sucede cuando comprendemos que el cariño divino no está a la venta y, por eso, esperamos únicamente en la lotería de su bondad incondicional. Entonces el alma responde con lo poco que atesora, pero con una gran diferencia: lo hace porque le da la gana, igual que Dios. Y lo disfruta igual que él.

Los «detalles caseros del héroe»

Asomarse a la inmensidad del amor de Dios, que nos quiere con locura, puede ayudarnos a comprender el valor que tiene para Dios lo pequeño, precisamente porque es nuestro. Somos conscientes de que nunca saldaremos la deuda, pero nos entusiasma soñar con contribuir a sostener las cargas familiares. Es su amor el que transforma nuestras baratijas en joyas preciosas. Todo sirve para hacer feliz a Dios: bastan, como nos dice el Evangelio, dos monedas que forman la cuarta parte del as, pero que considera aptas para su infinita capacidad de amar y ser amado. Estas cosas pequeñas liberan al alma porque le ayudan a dejarse amar a cambio de nada. Vividas así, no encorsetan. Por el contrario, no se pueden cuidar con perseverancia si son fruto del afán de controlar, de cancelar la deuda. Se trata, en realidad, de detalles espontáneos y sencillos de quien se sabe mirado con cariño por un Dios todopoderoso y eterno pero, a la vez, un Dios muy casero.

Muchos no tendremos la altura de los grandes santos o de los mártires, pero sí la suerte de que a Dios le encanten nuestras ocurrencias. Nunca pensaremos que hacemos algo que merezca su cariño y precisamente eso abre nuestro corazón por completo a su gracia. Él se deleita con nuestra lucha gratuita, libre y alegre. Como no percibimos la altura, perdemos el vértigo y actuamos con una naturalidad y una fe encantadoras para él: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor» (Mt 25,23).

Internarse, con esta perspectiva, en el universo de las cosas pequeñas nos permite evitar dos caricaturas que no son dignas del humor y del amor con el que Dios nos mira. Aparentemente lejanas, ambas desviaciones tienen algo decisivo en común: ponen el foco en nosotros, en lo que hacemos. Por un lado, podemos descubrir después de años de lucha que el cuidado de las cosas pequeñas nos proporciona cierta seguridad y cabe el riesgo de buscar ahí la tranquilidad del que se limita a cumplir. Quizá sin darnos cuenta se han transformado en pequeñas rigideces que sirven de analgésico para nuestra inseguridad. Las vivimos externamente pero no las disfrutamos. Por otro lado, cabe también que nos supongan un peso insoportable, una carga que aplasta y desdibuja el rostro amable de Cristo porque nos hacen agobiante la lucha.

EL ALMA QUE SE DEJA AMAR, SE APROPIA DE LOS MÉRITOS DE CRISTO Y SE SIENTE CAPAZ DE SUBIR CUMBRES QUE, PARA SUS FUERZAS, SERÍAN INALCANZABLES

En ningún caso la solución pasa por no prestarles atención. Más bien se trata de atisbar cómo se presenta ante Dios nuestra lucha, no los resultados que nosotros logramos. Es cuestión de poner el foco de nuevo en él. Esa pelea muchas veces puede ser escondida, ínfima y sin fruto, pero es parte del «diálogo eterno entre el niño inocente y el padre chiflado por su hijo: –¿Cuánto me quieres? ¡Dilo! –Y el pequeñín silabea: ¡Mu–chos mi–llo–nes!»[10].

Sobre esto, escribe san Josemaría en una carta: «¡Qué tonterías te cuento! Es verdad: pero todo aquello, en que intervenimos los pobrecitos hombres –hasta la santidad– es un tejido de pequeñas menudencias, que derechamente rectificadas, pueden formar un tapiz espléndido de heroísmo o de bajeza, de virtudes o de pecados. Las gestas –nuestro Mío Cid– relatan siempre aventuras gigantescas, pero mezcladas con detalles caseros del héroe. –Ojalá hagas siempre mucho caso –¡línea recta! – de las cosas pequeñas. Y yo también; y yo también. [...]»[11].

La gracia nos hace ligeros

Chiflar a Dios es posible en Cristo. Nuestros pequeños esfuerzos –nuestras monedillas, unidos a Cristo, transformados en su propia ofrenda, se convierten en un «sacrificio puro, inmaculado y santo» (Plegaria Eucarística I); son un don agradable a Dios Padre, como dice el sacerdote en voz baja una vez presentadas las ofrendas en la santa Misa. La expresión latina es muy significativa: «Ut placeat tibi», para que te complazca. Producen ese efecto porque la Eucaristía «nos adentra en el acto oblativo de Jesús»[12].

Los santos encontraron un trampolín para estar a la altura; descubrieron que incluso nuestros defectos nos ayudan a querer más al Señor si, arrepentidos, los ponemos en sus manos: «Le repito que le amo, y después me lleno de vergüenza, porque ¿cómo puedo asegurar que le quiero, si tantas veces le he ofendido? La reacción entonces no es pensar que miento, porque no es verdad. Continúo mi oración: Señor, te quiero desagraviar por lo que te he ofendido y por lo que te han ofendido todas las almas. Repararé con lo único que puedo ofrecerte: los méritos infinitos de tu Nacimiento, de tu Vida, de tu Pasión, de tu Muerte y de tu Resurrección gloriosa; los de tu Madre, los de San José, las virtudes de los Santos, y las debilidades de mis hijos y las mías, que reverberan de luz celestial — como joyas — cuando aborrecemos con todas las veras del alma el pecado mortal y el venial deliberado»[13]. El alma que se deja amar, se apropia de los méritos de Cristo y se siente capaz de subir cumbres que, para sus fuerzas, serían inalcanzables. Tanta audacia ­–empujada por la gracia de Dios– puede resultar incluso paradójica, divertida, nos hace gracia. Y este buen humor estimula nuestra mejor respuesta a ese amor que se nos regala.

En este sentido, Benedicto XVI confiaba en una entrevista una intuición muy personal sobre cómo es Dios: «Personalmente creo que tiene un gran sentido del humor. A veces le da a uno un empellón y le dice: “¡No te des tanta importancia!”. En realidad, el humor es un componente de la alegría de la creación. En muchas cuestiones de nuestra vida se nota que Dios también nos quiere impulsar a ser un poco más ligeros; a percibir la alegría; a descender de nuestro pedestal y a no olvidar el gusto por lo divertido»[14].

Dios quiere que entremos en su gozo (cfr. Mt 25,23), que participemos de su alegría íntima, de su gozo infinito que nada puede arruinar. Para eso nos ha creado[15].

Posiblemente, la buena mujer del evangelio no perdió demasiado tiempo pensando si su ofrenda era mayor o menor que la del resto de los que acudían al gazofilacio. Tuvo la intuición de que a Dios no le importaba mucho la cantidad. No fueron necesarios muchos cálculos ni se puso a hacer comparaciones. Simplemente le pareció lógico darlo todo. No hizo un drama de su pobreza, aunque su condición tal vez no fuera agradable. Así lo viven y entienden los santos. Son audaces y ocurrentes, divertidos y graciosos: «Me siento muy contenta de irme pronto al cielo. Pero cuando pienso en aquellas palabras del Señor: "Traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno según sus obras", me digo a mí misma que en mi caso Dios va a verse en un gran apuro: ¡Yo no tengo obras! Así que no podrá pagarme "según mis obras"... Pues bien, me pagará "según las suyas…"»[16].

 

* * *

El profeta Sofonías nos cuenta lo que piensa y siente Dios por sus hijos: «El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta» (So 3, 16-18). El Papa ha contado que esas palabras le han impactado siempre: «Me llena de vida releer este texto»[17]. Son palabras que la Iglesia aplica también a la Madre de Dios. La Virgen puede explicarnos cómo llegar a esa convicción ya que ella jamás dudó de que Gabriel le decía la verdad: «Has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30); le chiflas a tu Creador.

Diego Zalbidea


[1] San Josemaría, Forja, n. 611.

[2] San Josemaría, Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra, n. 39.

[3] San Josemaría, Apuntes íntimos del 23-XI-1931. Citado en José Luis Illanes, Camino, edición crítico-histórica, Rialp, Madrid, 2004, p. 986.

[4] F. Ocáriz, Carta Pastoral, 14-II-2017, n. 33.

[5] San Josemaría, Camino, n. 821.

[6] Francisco, Homilía de Nochebuena, 24-XII-2019.

[7] F. Ocáriz, Carta Pastoral, 1-XI-2019, n. 2.

[8] San Pedro Crisólogo, Sermón 148.

[9] San Buenaventura, Itinerarium mentis in Deum, cap. 7, n. 6, en Opera omnia, V, Ad Claras Aquas (Quaracchi) 1891, p. 313.

[10] San Josemaría, Camino, n. 897.

[11] Carta de Josemaría Escrivá a Juan Jiménez Vargas, Burgos 27-III-1938. Citada en José Luis Illanes, Camino, edición crítico-histórica, p. 922.

[12] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est, n. 13.

[13] San Josemaría, En diálogo con el Señor, “La alegría de servir a Dios”, 25-XII-1973, n. 4a.

[14] Benedicto XVI, Dios y el mundo, Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, p. 13.

[15] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1.

[16] Santa Teresita del Niño Jesús, Carta 226.

[17] Francisco, Ex. ap. Evangelii Gaudium, n. 4.

 

 

Custodiar en tiempos frágiles

¿Cuántas veces has visto en esta web algo interesante, pero no tenías tiempo para clicar? Te proponemos una selección de esos contenidos para ahora que –se supone- tienes más tiempo. En esta semana en que se celebra la fiesta de san José, comenzamos con algunas recomendaciones para custodiar a la familia

ÚLTIMAS NOTICIAS18/03/2020

Jerónimo Jacinto de Espinosa / Public domain (Commons Wikimedia)

1. San José “es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas”, decía el Papa Francisco en su primera homilía.

2. Quizás en estas fechas entendemos con más profundidad qué significa custodiar a la propia familia. Puede ser un momento para ver los dos reportajes en los que varias familias dialogan a lo largo de los años sobre las enseñanzas de San Josemaría:

Contruir la familia (33 minutos) y Construir la familia, diez años después (31 minutos).

 

 

3. Y si tenías boda a la vista pero no sabes aún si se podrá celebrar, o el coronavirus te ha pillado recién casado/a, te pueden interesar dos series de vídeos, una de un matrimonio argentino, el otro de novios portugueses.

∙ La aventura del matrimonio

∙ Just married (Recién casados):

Recién casados: una serie con cuatro matrimonios portugueses (Introducción)

 

 

¿Cuándo es el día ideal para casarse? Recién casados (2)

Finalmente, la propuesta de matrimonio. Recién casados (3)

¿Por qué casarse por la Iglesia? Recién casados (4)

Nuestra hija ha vivido solo 3 horas

4. También puedes profundizar en la paternidad espiritual, con el reportaje sobre don José Luis Múzquiz, uno de los primeros sacerdotes del Opus Dei, que está en proceso de canonización: Every day holiness: the life of Father Joseph Muzquiz (55 minutos, con subtítulos en castellano).

 

 

5. Y, para acabar, un libro para que San José nos ayude a trabajar en las condiciones en las que cada uno se encuentre estos días: Trabajar bien, trabajar por amor.

 

Todos juntos

Ante la pandemia del Corona virus

 

¿No es la oportunidad este momento

para unirnos sin falsas etiquetas?

Como yo, te preocupas y te inquietas,

como tú, sufro el drama que presiento.

 

Ya no es tiempo de dudas ni de grietas,

yo soy tú, tu eres yo.  ¡Qué humano  intento

de vencer en conjunto y sin lamento

este  virus de  innúmeras  facetas!

 

Elevemos las voces,  cara al viento,

hacia el justo equilibrio de otras metas

más prójimos que nunca ¡Noble acento

 

de  conciencias  terráqueas bien concretas!

¡Los convoco al solemne juramento

que despliegue la  unión  entre sus vetas!

Embajadora de Paz  Irene Mercedes Aguirre,  Buenos Aires, Argentina

 

 

“Alrededor del 58% de los españoles no había teletrabajado nunca”

Un experto de la Universidad de Navarra reflexiona sobre la nueva situación laboral: “Quizá el coronavirus sea el desencadenante para acelerar un cambio que permita un mix óptimo entre el trabajo presencial y el digital”

Alberto Andreu. FOTO: Manuel Castells

20/03/20 17:15 María Salanova

“El teletrabajo generalizado es una excepción, ya que alrededor del 58% de los trabadores (56% hombres y 60% mujeres) no han teletrabajado nunca”, señala el profesor Alberto Andreu Pinillos, director ejecutivo del Máster Executive en Recursos Humanos y Digitalización de la Universidad de Navarra

Por eso, según este experto, la crisis del coronavirus supone todo un reto. “Estamos ante una crisis en toda regla: de salud (ante todo) y de continuidad del propio negocio”. Pero además, esta crisis está alterando nuestro día a día en muchos aspectos. “En lo laboral, el teletrabajo está planteando a las empresas, tanto grandes como PYMES, un desafío no solo tecnológico sino cultural, porque supone un cambio de hábitos que, además, puede prolongarse en el tiempo”, explica.

Alberto Andreu destaca que “estamos ante un desafío inmenso, pero también ante una enorme oportunidad: la oportunidad que nos brinda la tecnología de consolidar un nuevo tipo de trabajo utilizando plataformas colaborativas, desde casa… o desde cualquier lugar del mundo”. 

A su juicio, trabajar tiene un gran “componente social que difícilmente puede ser sustituido”, pero, quizá, “el coronavirus sea el desencadenante para acelerar un cambio en la forma de trabajar que permita un mix óptimo entre las interacciones persona a persona y persona máquina”. En este sentido, destaca que muchas StartUps nativas digitales, con personas dispersas en varios países, trabajan así desde hace mucho tiempo: “Sin oficinas, quedando una vez al mes en una ciudad distinta, y trabajando a diario con plataformas colaborativas”. 

Ante esta crisis, el profesor Alberto Andreu Pinillos, director ejecutivo del Máster Executive en Recursos Humanos y Digitalización, propone cinco reflexiones. Señala que teletrabajar es algo más que estar conectado por mail o teléfono y, por eso, “las empresas tienen que poner a disposición de sus empleados plataformas colaborativas”. Asimismo, las compañías deben hacerse presentes diariamente a sus empleados, así como los responsables de equipo, porque de ellos depende el día a día del negocio.

En su opinión, “lo ideal es organizarse como una jornada laboral habitual, pero en el caso del coronavirus, trabajar con los hijos en casa resulta más complicado, por lo que quizá haya que modificar rutinas y concentrar la actividad que exige más concentración en las horas donde los niños estén dormidos”. 

Cinco claves sobre el teletrabajo

Primero. Hay que tener en cuenta que ni todas las empresas ni todos los puestos de trabajo pueden realizarse por teletrabajo. El teletrabajo es posible en actividades intelectuales, relacionadas con investigación, desarrollo de proyectos de ciencia y tecnología, innovación e información, consultoría… (es decir, lo que se conoce como el sector cuaternario). En el resto de los sectores (primario, secundario, terciario y quinario) el teletrabajo se aplica solo a algunas funciones relacionadas con la gestión. Los datos relativos a España, de hecho, muestran que, actualmente, el teletrabajo generalizado es una excepción, ya que alrededor del 58% de los trabadores (56% hombres y 60% mujeres) no han teletrabajado nunca.

Segundo. Teletrabajar es algo más que estar conectado por mail o por teléfono. Las empresas tienen que poner a disposición de sus empleados herramientas colaborativas para ello, conocidas bajo el concepto digital workplace. Se trata de plataformas que ofrezcan de forma integrada correo electrónico, mensajería instantánea, chat, planificación de proyectos, redes sociales empresariales, herramientas de reuniones virtuales, aplicaciones de recursos humanos, acceso a sistemas internos… Es cierto que las grandes compañías ya tienen este tipo de soluciones. En el caso de las PYMES tienen menos recursos, pueden recurrir a plataformas abiertas, desde Slack (de pago) o Trello (gratuita) hasta los grupos de WhatsApp, pasando por LinkedIn, Facebook, o Skype.

Tercero. La empresa como entidad tiene que hacerse presente diariamente a sus empleados. El desafío en situaciones de teletrabajo, sobre todo si se mantiene en el tiempo y lleva aparejado el cierre físico de las oficinas, es que la empresa (a través de su director o su responsable de RR.HH) tenga comunicación diaria con sus empleados, no solo para trasmitir de forma transparente la marcha de las operaciones, la salud de sus empleados o el día a día del negocio, sino sobre todo para evitar la sensación de “abandono” y favorecer el sentido de pertenencia.  Esa comunicación puede ser un simple mail, hasta una nota de voz, pasando por vídeos diarios, podcast, etc. Lo importante, es hacer mensajes generalizados para todos los empleados.  

Cuarto. Los mandos y gestores de equipos tienen que organizar los proyectos con una planificación determinada. La principal carga del teletrabajo recae en los responsables de equipo, porque de ellos depende el día a día del negocio y la entrega de proyectos a los clientes. Por eso, más allá de las comunicaciones diarias de la empresa, los mandos tienen un reto mayor de comunicación (de carácter más operativo). Es aconsejable crear grupos específicos de trabajo on line con todo el equipo directo y, si es necesario, con cada grupo por tipología de proyecto. Pueden diferenciarse dos situaciones. Por un lado, si el teletrabajo masivo no estaba instalado de forma habitual, conviene organizar y hacer seguimiento de la marcha de los proyectos con todo el grupo una o dos veces al día y, preferiblemente, a horas fijas. Por otro, en el caso de que el teletrabajo ya se hubiera empezado desde antes y los hábitos ya estuviesen generados, los contactos regulares cada tres o cuatro días, para todo el grupo y one to one, pueden ser suficientes.

Quinto. Los profesionales tienen que crear nuevos hábitos y rutinas. Lo ideal es organizarse el trabajo como una jornada laboral habitual. Pero en el caso del coronavirus, donde se han suspendido los colegios, trabajar con los hijos en casa resulta más complicado, por lo que quizá haya que modificar rutinas y concentrar la actividad que exige más concentración en las horas donde los niños estén dormidos. También puede ser útil escribir la lista de tareas que te corresponden a nivel individual, para tener la sensación de ir consiguiendo logros. 

 

San José, un profesional

Daniel Tirapu

San josé

Se ha estudiado mucho el término con que se describe a José en lo profesional; parece ser que era un" tecnon"; mezcla de artesano, albañil, carpintero.

Jesús era conocido por ser el hijo del carpintero, de su misma profesión; 30 años de vida normal , familiar, oculta, de aprender, de trabajar, de rezar. Me asombra nuestra religión cristiana, por lo cercano, por lo normal. José le enseñaría los diferentes tipos de madera; la porosa y poco consistente del chopo, la excelente madera de roble, para hacer vigas.

María le contaría cuentos e historias de familia, rezarían juntos. Las primeras herejías sobre Cristo, no negaban que fuese Dios, lo que negaban era que fuese hombre. Buena manera de entrar en Mayo con José, y con María todo el mes de modo especial. Dios Padre llama verdaderamente a su Hijo muy amado Jesús, María también puede decir con verdad que es Madre de Dios. Me sigue asombrando.

 

 

En casa se descubren las utopías de la democracia

Ana Teresa López de Llergo​ 

Con la fina ironía del genio británico, Winston Churchill dijo: “La democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás”.

 

El ser humano no es perfecto y en la organización social tampoco es posible lograr un sistema perfecto. Esto no ha de impedir los intentos para lograr los mejores resultados.

En la historia de la humanidad se han impuesto distintos sistemas de gobierno, propios del modo de vida, del nivel cultural y de los recursos conseguidos hasta ese momento. Poco a poco se adoptó la democracia, prácticamente en todas las naciones. Solamente las tiranías, que no son democráticas pero dicen serlo, se muestran como tal para causar buena opinión.

El sistema de gobierno democrático prácticamente arranca con la Revolución Francesa cuya finalidad era derrocar a la monarquía y con el grito de sus tres ideales: libertad, igualdad y fraternidad imprimieron el nuevo giro. Tres valores imprescindibles para el desarrollo de cada persona y de toda sociedad. Valores que en ese momento se reinterpretan: la libertad es absoluta ya no es la libertad de buscar el bien trascendente; la igualdad es total ya no distinguen lo esencial de lo accidental, y la fraternidad es un sentimiento etéreo ya no se funda en la donación del amor de Dios por cada uno y el deber de darlo a los demás del mismo modo como lo hemos recibido.

Así surge la democracia que magnifica la igualdad, por eso, el gobierno está en manos de todos. La libertad sin cortapisas ocasiona la falta de respeto a la tradición y el desprecio por las lecciones acumuladas en la historia de la humanidad. La fraternidad es palabra socorrida en los discursos, pero no en el trato cotidiano que supone el “buen corazón” de cada quien.

De la familia salen al mundo quienes la gobernarán y también el pueblo que participará en la toma de decisiones. Esta verdad interpela a todos los miembros que constituyen esta célula social. Es una responsabilidad que demanda actuar, aunque desgraciadamente, en nuestra patria nos quedamos a nivel de planteamientos generales. Ya es tiempo de asumir una presencia activa sin anonimato ni indiferencia. Entender que los resultados de las posturas sociales las propiciamos cada uno con el troquelado de la propia familia. En la familia no hay teorías sino hechos contundentes y dejan huella.

Carla Martell en su artículo del 2 de marzo pasado: “Unidos para proteger a la familia” daba los siguientes datos en donde queda clara la relevancia de las familias en nuestro país. Tenemos 30.2 millones de hogares familiares, señala el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), y Fernando Pliego investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) muestra en su estudio, aplicado a 16 países, que el 97.6% de los mexicanos consideran a la familia como muy importante.

Si es tan elevado el número de familias cuyos miembros la valoran hace falta que no queden estos datos en el papel sino que se capitalicen en la intervención social. Urge dejar los lamentos y aprovechar la plataforma de la propia familia.

En casa tenemos la oportunidad de comprender la igualdad, la libertad y la fraternidad de modo empírico genuino. En una familia normal la igualdad se vive entendiendo que padres e hijos son miembros de ese grupo y todos se mueven con la soltura propia de quien no duda ser uno de los dueños de todos los recursos y con la seguridad de poder allí satisfacer las necesidades. También comprendemos que hay diferencias porque hay reparto de bienes, no todo es de todos y si necesitamos algo que está asignado hemos de pedir permiso al dueño. Por lo tanto, descubrimos que hay igualdad en lo esencial pero no en lo accidental. Y cuando no lo entendemos, están los padres atentos para explicarlo. Surge espontáneo el respeto. Y así lo proyectaremos fuera de casa.

El respeto lleva a mantener una actitud de escucha, de entender que hay una variedad enorme de opiniones para resolver un problema, que aunque la democracia desea que todos coincidan, eso es utópico, si se da el consenso es ante muy pocos problemas, lo general es el disenso y se resuelve en el diálogo para elegir la mejor opción, que puede no ser la propia y no por ello se responde con enojo. La igualdad consiste en el derecho de todos a opinar, pero como la igualdad no es uniformidad saldrá la mejor. La uniformidad es propia de la tiranía. La influencia de nuestro hogar nos libra de tales confusiones.

La educación en y para el ejercicio de la libertad comienza con el interés de que seamos personas de bien. Los padres se desviven por enseñarlo a sus hijos, por manifestar su alegría cuando lo hacen bien, y cuando no muestran su desagrado, por eso reprenden ante la rebeldía o la mala conducta. Eso enseña que elegir lo bueno es bueno porque alegra a los progenitores. Más adelante, hay seguridad de que es mejor elegir el bien, de este modo se tienen bases para el verdadero ejercicio de la libertad.

Aunque en la vida social hay tantos estímulos que pueden desorientar, la huella de la verdad grabada en el alma siempre hace las veces de un recto juez que está alerta y busca el bien hacer. Es cierto que aparecerán presiones para actuar indebidamente, pero cuando se sabe discernir las dudas se esfuman. El bien es el bien, que no depende de la elección mayoritaria, sino de la coincidencia con los auténticos valores. Para asegurar las decisiones es imprescindible tener la seguridad de estar bien informado, de allí la grave responsabilidad de los comunicadores.

Sobre algunos temas, la democracia suele ser representativa. Es el caso de la votación para determinar leyes. Los ciudadanos eligen representantes que votan las leyes buscadas por el electorado y solamente así es genuina la representación. Si eso no sucede es el caso de apariencia de representación o de haberse cometido un fraude.

Por último, la fraternidad en casa se vive naturalmente, aunque hay circunstancias entre los hermanos que la ponen en crisis, entonces la intervención de los padres es fundamental. También las desavenencias de los cónyuges pueden zanjarse con la intervención de los hijos. En esos momentos todos aprenden y se dan cuenta de que hay muy diversas maneras de practicar la fraternidad. Con la experiencia de esos matices es más fácil descubrir el modo de ser fraterno con los miembros de la sociedad, asunto de gran importancia pero también de serias dificultades.

La conclusión ha de llevar a poner más interés en cuidar la propia familia y a enriquecer a los demás con los aprendizajes en el hogar. Urge que el 97.6 % de familias mexicanas hagan notar su influencia.

 

 

Señales de que tu matrimonio está en problemas

Lucia Legorreta

Cuando las cosas no marchan bien en un matrimonio la relación se va deteriorando y las actitudes van cambiando. En un principio gozaban estar juntos, ahora estar con el otro se vuelve un suplicio.

 

¿Te has preguntado sinceramente cómo está tu matrimonio? ¿Les has preguntado a él o a ella como se siente, si es feliz contigo? Después de años de casados, fácilmente se puede caer en una rutina, que, sino se rompe, acaba con la unión.

Es por eso que hoy quiero compartir contigo algunas señales que pueden ser luces amarillas para hacer un alto y corregir de inmediato tu relación.

La consejera matrimonial Allison Cohen ha identificado 10 grandes indicadores de que un matrimonio no está bien:

1. Comienzas a tomar las decisiones solo/sola: es común que ambos miembros de la pareja se pregunten mutuamente su opinión en una gran variedad de temas. Sin embargo, puede llegar el momento en que cada uno decide lo suyo.

2. Comparas tus contribuciones versus las que hace él/ella. En una buena relación es fácil dar y recibir. Cuando comienza a complicarse, ambos empiezan a calcular y medir lo que recibe del otro.

3. Te proclamas como la “reina o el rey del castillo”. Cuando el matrimonio marcha bien, las necesidades y deseos de uno son igual de importantes que las del otro. Cuando empiezan los problemas, cada uno pone como prioridad sus propias necesidades, dejando de lado las del otro.

4. Pasan de ser compañeros de equipo a compañeros de dormitorio. En un principio competían por el mismo equipo respecto a planes y metas en su vida. Al ser sólo compañeros de dormitorio, sus planes se convierten en vidas separadas.

5. Empiezan a sacar a flote los asuntos más conflictivos. La pareja se conoce bien y sabe cuáles son los puntos complicados de uno y de otro. Siempre los han respetado, pero cuando algo anda mal, los sacan a flote y hieren al otro.

6. Dejan de tener citas: al estar enamorados tienen encuentros y actividades juntos. Si la relación está en crisis, el estar con el otro se vuelve un suplicio.

7. Comienzas a buscar a otro/otra: ya sea de una forma emocional o física. Si una relación no va bien, alguno de los dos empieza a buscar a una persona diferente a su pareja para conectarse y sentirse conectado.

8. Haces el sexo a un lado: muchas veces las personas dejan de tener sexo cuando los sentimientos positivos que tienen hacia el otro comienzan a desaparecer.

9. Cada vez menos palabras: al llevarse bien las palabras fluyen naturalmente. Cuando todo cambia, los diálogos se vuelven vacíos y agotadores.

10. La interacción se vuelve ciega. En tiempos felices son amigos y se la pasan muy bien juntos. Si hay tensión, no hay interacción y cada quien vive su vida.

Si a estas señales has movido tu cabeza en señal de afirmación, considéralo como un aviso de que hay problemas. Tienes la oportunidad de llevar a tu matrimonio lejos de los problemas antes de que la luz amarilla se vuelva roja. Vale la pena intentarlo. Tu matrimonio lo vale.

 

 

Ante la explotación de menores

Lo ocurrido en el parlamento balear con la negativa del tripartito de izquierdas a la creación de una comisión de investigación para que se aclaren y depuren las responsabilidades, ante la explotación de menores, es lo contrario de una política eficaz contra la explotación sexual. Es necesario que se investigue este caso hasta el final y se esclarezca lo que ha ocurrido con esas niñas explotadas, para depurar las responsabilidades de quienes no han cumplido con su trabajo de proteger a las menores.

Pero hay también una responsabilidad política que debe ser depurada. El silencio del gobierno de Baleares no hace más que levantar sospechas sobre un asunto que asquea, pero también ha sido llamativa la reacción del vicepresidente Iglesias al ser interpelado sobre el asunto. Su actitud elusiva y faltona hacia la oposición sorprende en quien se supone que encarna la quintaesencia de las políticas sociales del gobierno de Sánchez.

Domingo Martínez Madrid

 

 

La verdadera imagen de la Iglesia

Reducido por muchos el debate en torno al Sínodo de la Amazonía a la cuestión de la ordenación de varones casados, han pasado desapercibidos una serie de procesos impulsados por el Papa, decisivos para el futuro de la Iglesia. La última parte de la exhortación “Querida Amazonía˝ es un claro exponente de esas líneas que pretenden hacer más operativa la corresponsabilidad de los laicos en comunidades más vivas y misioneras.

Es cierto que los debates sobre temas como los ministerios laicales han cobrado fuerza por la falta de sacerdotes y el avance de la secularización. Pero si inicialmente pudo pesar la motivación de hacer de la necesidad virtud, pronto la revalorización del laicado se convirtió en una convicción firme, inspirada en el ejemplo de las primeras comunidades cristianas. Es la línea a la que apuntó el Congreso de Laicos que se celebró en Madrid. Se trata, a la vez, de la culminación de un proceso de amplias consultas en las diócesis, y del punto de partida para una presencia más misionera y activa en la vida pública.

JD Mez Madrid

 

 

 

Pérdida de la conciencia común

La legalización de la eutanasia refleja la pérdida de la conciencia común sobre el significado y valor de la vida humana, que se había logrado asentar en Europa durante siglos de diálogo entre la razón y la fe cristiana. Como sugiere la afirmación del líder comunista portugués, el mandamiento de “No matarás” es fundamento del progreso de la civilización. Ahora se pretende sustituir por una idea de libertad absoluta para decidir sobre la vida y la muerte, sin vínculo alguno con la verdad y el bien. La posición adoptada por la Iglesia en Portugal, apoyada paradójicamente por el Partido Comunista, es la de exigir cuando menos un referéndum para que los ciudadanos se pronuncien, al tiempo que se ha movilizado para explicar las nefastas implicaciones sociales de esa ley, que ya son visibles en los países donde ha sido aprobada.

Valentín Abelenda Carrillo

 

La cuestión de la fiscalidad

Con respecto a la cuestión de la fiscalidad, el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, ha recordado que la Iglesia se rige por una normativa que la equipara a otras entidades no lucrativas y que no quiere privilegios, pero obviamente tampoco discriminaciones. Sobre la unidad de España, recordando la propia doctrina de la Conferencia Episcopal al respecto, ha afirmado, sin complejos, que los obispos están preocupados. Eso no quiere decir que la Iglesia tenga una idea fija de cómo se ha de organizar políticamente esa unidad, pero sostienen que, en efecto, la unidad de España es un bien que se ha ido manteniendo a lo largo de los siglos y que hoy, todos los procesos para dar respuesta a los desafíos del futuro, deberían subrayar, la unión entre los pueblos. Ahí, en feliz expresión del Papa Francisco, es donde encontraremos siempre a la Iglesia, huyendo de la confrontación y abanderando la cultura del encuentro.

Pedro García

 

 

Leyendo y comentando la prensa

 

SOBRE EL COMUNISMO:

“Pone los pelos de punta escuchar al vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias, reivindicar a una ideología asesina a medio camino entre la distopía orwelliana y la reeducación maoísta como es el comunismo que defendió el poeta comunista y preso político durante la dictadura franquista Marcos Ana”. (Periodista Digital: 03-02-2020)

MI OPINIÓN:¡Ojo con este elemento! Puesto que se necesita ser idiota o muy tarado mental, para elegir a elementos así y tras todos los desastres y secuelas, que ha dejado EL COMUNISMO que se extendió por "medio mundo", en el siglo pasado y aún domina en importantes áreas de este pobre mundo; éstos elementos si llegaran a mandar con poder suficiente, resultarían, "nuevos Hitler, Stalin, Mao, Polpol y tantos otros salvadores, convertidos en terribles y sanguinarios tiranos de pueblos enteros".

 

CONVERSANDO EN UN FORO: Me ha encantado su frase de "Amigo que no da, cuchillo que no corta, si se pierden que importa". Brutal D. Antonio (no lo había oído nunca)... Todos los imperios han caido, todos...excepto el Vaticano..!!y ahí sigue. Un placer leerle D. Antonio. Cuídese.

MI RESPUESTA: La frase no es mía, es, y como tantas otras tan contundentes,  DE LA SABIDURÍA POPULAR DEL PUEBLO O LOS PUEBLOS. Y es que "la sabiduría o el saber humano en realidad, es un fondo común, que han llenado nuestros antepasados y que los despiertos del presente y el futuro, seguirán llenando, y prevalecerán siempre los dichos que merecen ello"; son los hechos los que desaparecen y olvidan totalmente, y con ello quiero responderle a lo que indica del Vaticano; y es que es ley universal... "todo lo que nace, nace para morir"; de acuerdo que algunos hechos duran más que otros, pero el final siempre es el que digo. El vaticano, como no se renueva y se afianza en lo que dice "El Sermón del Monte (Evangelio de S. Mateo) pues cada vez envejece más; y si no les entra "sangre nueva", que en el Vaticano, necesitan "ríos caudalosos"; pues ya digo, "todo lo que nace, nace para morir" y a todo le llega su tiempo, ya que es "Ley Universal"; pero dicho todo ello, nosotros a vivir cada día que se nos tenga concedido, procurando llegar cada noche al lecho y dormir tranquilos, premio máximo que se nos concede, si en el día obramos "medio regular": amén. AGF en un foro el seis de febrero del 2020

 

LOS NUEVOS RICOS DEL COMUNISMO ESPAÑOL: Leo en Periodista Digital: https://www.periodistadigital.com/periodismo/20200206/quilombo-conversion-meteorica-iglesias-montero-nuevos-ricos-abochorna-comunista-pardo-vera-video-689404253818/ (véanlo aquí) algo que a mí y ya con casi ochenta y dos años, no me sorprende nada; puesto que el comunismo “ en este planeta”; no fue otra cosa que “un capitalismo disfrazado”. Y se demostró tan pronto desapareció la URSS y aquel fantoche denominado “Muro de Berlín”. De momento todos los dirigentes comunistas se apropiaron de todas las riquezas de los países “que mangoneaban” y pasaron a ser capitalistas “a cara de perro”; y es que a todo “mono humano”, le gusta la buena vida y el poseer cuanto más mejor; y “aquello de todo para el pueblo”, fue una de las grandes mentiras que tanto abundaron y abundan en el mundo. He visitado “territorios comunistas”, antes de la caída del muro y después; y “he hablado con personas del pueblo cuando ya podían hablar”; aparte de observar al “mundo comunista”, desde que sé hacerlo; “y desde el comunismo de aquí, hasta el de oriente, ya sólo me producen una risa amarga, no entendiendo como aún algún “mono humano” se atreve a denominarse comunista”; en fin, “la idiotez humana no tuvo ni tiene fin”. Y no, no defiendo al otro opuesto (que es cuasi lo mismo) o sea el denominado capitalismo, pero al menos, éste no se oculta y va a exprimir a todo el que se le pone por delante; y además “admite socios de fuera que quieran entrar en el club, cosa que el comunismo no, puesto que para ser capitalista en el comunismo, antes hay que ser socio del sistema y escalar puestos muy importantes en el escalafón”. La cruel realidad es que la sociedad y como un vulgar bocadillo español, está exprimida y engañada, en medio de estas dos soletas del pan hipotético que son el capitalismo y el comunismo, o como vulgarmente se dice aquí donde nací y vivo, derechas o izquierdas”; “el Centro que predicara Pitágoras o las normas más austeras que predicara Cristo, esas nunca llegaron al planeta y hoy mucho menos, y a la vista están, y el que no lo vea, pues mejor para él, la vida del tonto feliz, considero es una de las mejores de este perro mundo”.

 

“Ada Colau compromete a Pedro Sánchez a reforzar "la capitalidad" de Barcelona: La alcaldesa de la Ciudad Condal y el presidente del Gobierno se reúnen un día después del encuentro de Sánchez con el presidente de la Generalitat, Quim Torra”. (Vozpópuli 07-02-2020)

Al amparo de perdonarles LA REBELIÓN SEPARATISTA; los catalanes nos van a sacar del dinero público, hasta lo que dice el decir popular... "hasta la cerilla de los oídos"; o sea y como siempre, EN ESTE MUNDO TODO SE COMPRA CON DINERO; por tanto lo de la "rebelión" (fue rebelión) no se va a pagar con largos períodos de cárcel e inhabilitación de los rebeldes, sino con DINERO PÚBLICO DE MÚLTIPLES FORMAS Y MANERAS, QUE YA IREMOS VIENDO; o sea, una vez más, "las zonas ricas de España, expolian a las zonas pobres que cada vez lo serán más, y esto no es nuevo, con Franco también ocurrió.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes