Las Noticias de hoy 18 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Mié, 18/03/2020 - 14:49
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 18 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Papa adoró al Santísimo Sacramento ante la situación de emergencia

LAS VIRTUDES Y EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL: Francisco Fernandez Carbajal

“¡Dios y audacia!”: San Josemaria

Seis consejos para vivir bien la Misa online

Retiro de marzo #DesdeCasa

En la fiesta de San José

El demonio mudo

La Confesión: una guía paso a paso

Esa extraña Cuaresma de 2020: ​ Pedro María Reyes 

Reacción ejemplar: Jesús Ortiz López

San José , Esposo de María – 19 de marzo: LUÍS MORALES OLIVER

¡Es tiempo favorable!: 10 ideas para familias católicas recluidas en casa por el coronavirus

Las grandes lecciones de un pequeño ser vivo: el coronavirus: Julio Loredo

Las mujeres están locas…: Salvador Abascal Carranza

El “Fausto” y la Biotecnología.:  Jose Luis Velayos

Promover la vida: Jesús Martínez Madrid

Tiempo de formación: Jaume Catalán Díaz

El oro venezolano, la peste, la mujer… y “más cosas”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Martes, 17 de marzo de 2020

https://youtu.be/4RV8VgnPaW4
 
Monición de entrada

Yo quisiera que hoy rezásemos por los ancianos que sufren esto momento de modo especial, con una soledad interior muy grande y a veces con mucho miedo. Recemos al Señor para que esté cerca de nuestros abuelos, nuestras abuelas, todos los ancianos y les dé fuerza. Ellos nos han dado la sabiduría, la vida, la historia. También nosotros estamos cerca de ellos con la oración.

 Homilía (Mt 18,21-35)

Jesús viene de dar una catequesis sobre la unidad de los hermanos y la acabó con una bonita palabra: “Os aseguro que si dos de vosotros, dos o tres, se ponen de acuerdo y piden una gracia, les será concedida”. La unidad, la amistad, la paz entre los hermanos atrae la benevolencia de Dios. Y Pedro hace la pregunta: “Sí, pero con las personas que nos ofenden, ¿qué debemos hacer? Si mi hermano comete culpas contra mí, me ofende, ¿cuántas veces tendré que perdonarle? ¿Siete veces?”. Y Jesús responde con esa palabra que quiere decir, en su idioma, “siempre”: “Setenta veces siete”. Siempre se debe perdonar. Y no es fácil perdonar. Porque nuestro corazón egoísta está siempre apegado al odio, a las venganzas, a los rencores. Todos hemos visto familias destruidas por odios familiares que pasan de una a otra generación. Hermanos que, ante el féretro de uno de los padres, no se saludan porque llevan rencores viejos. Parece que sea más fuerte el aferrarse al odio que al amor y eso es precisamente el tesoro –digamos así– del diablo. Él se esconde siempre entre nuestros rencores, entre nuestros odios y los hace crecer, los mantiene ahí para destruir. Lo destruye todo. Y muchas veces, por cosas pequeñas, destruye. Y también se destruye ese Dios que no vino a condenar, sino a perdonar. Ese Dios que es capaz de hacer una fiesta por un pecador que se acerca y olvida todo.
 
Cuando Dios nos perdona, olvida todo el mal que hemos hecho. Alguno decía: “Es la enfermedad de Dios”. No tiene memoria, es capaz de perder la memoria, en esos casos. Dios pierde la memoria de las historias feas de tantos pecadores, de nuestros pecados. Nos perdona y sigue adelante. Nos pide solo: “Haz lo mismo: aprende a perdonar, no cargues esa cruz no fecunda del odio, del rencor, del me las pagarás”. Esa palabra no es ni cristiana ni humana. La generosidad de Jesús que nos enseña que para entrar en el cielo debemos perdonar. Es más, nos dice: “¿Tú vas a Misa?” –“Sí” –“Pues si cuando vas a Misa te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, reconcíliate antes, no vengas con el amor a mí en una mano y el odio al hermano en la otra”. Coherencia de amor. Perdonar. Perdonar de corazón.
 
Hay gente que vive condenando gente, hablando mal de la gente, ensuciando continuamente a sus compañeros de trabaja, manchando a los vecinos, a los parientes, porque no perdonan una cosa que les han hecho, o no perdonan una cosa que no les ha gustado. Parece que la riqueza propia del diablo sea esa: sembrar el amor al no-perdonar, vivir apegados al no-perdonar. Y el perdón es condición para entrar en el cielo.
 
La parábola que Jesús nos cuenta es muy clara: perdonar. Que el Señor nos enseñe esta sabiduría del perdón, que no es fácil. Y hagamos una cosa: cuando vayamos a confesarnos, a recibir el sacramento de la reconciliación, primero preguntémonos: “¿Yo perdono?”. Si siento que no perdono, no disimulemos que pedimos perdón, porque no será perdonado. Pedir perdón significa perdonar. Están juntos, ambos. No pueden separarse. Y los que piden perdón para sí mismos, como este señor a quien el padrón perdona todo, pero no dan perdón a los demás, acabarán como este señor. “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.
 
Que el Señor nos ayude a entender esto y a bajar la cabeza, a no ser soberbios, a ser magnánimos en el perdón. Al menos a perdonar “por interés”. ¿Y eso? Sí: perdonar, porque si yo no perdono, no seré perdonado. Al menos eso. Pero siempre el perdón.

 

 

El Papa adoró al Santísimo Sacramento ante la situación de emergencia

En la Misa de Santa Marta

MARZO 17, 2020 16:46LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 17 marzo 2020)-. Después de la comunión de esta mañana, 17 de marzo de 2020, en la Misa de la Casa Santa Marta, hubo un tiempo de exposición del Santísimo Sacramento para la adoración.

El Papa Francisco celebró la Misa a puerta cerrada, con un organista, una religiosa Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl (la capilla está dirigida por su comunidad) y tres sacerdotes que concelebraron a distancia uno del otro y del Santo Padre.

Ante la situación particular por el riesgo de propagación del Covid-19, el Santo Padre decidió que desde el 9 de marzo de 2020, la Misa en Santa Marta sea transmitida en directo a través del canal de Youtube de Vatican News.

“En estos días, ofreceré una Misa para los enfermos de esta epidemia de coronavirus, para los médicos, enfermeras, voluntarios que ayudan mucho, familiares, personas mayores en casas de retiro, prisioneros que están encerrados. Oremos juntos esta semana, esta fuerte oración al Señor: ’Sálvame, Señor, y dame misericordia. Mi pie está en el camino correcto. En la asamblea bendeciré al Señor’”, dijo el Papa Francisco ese primer día.

Además, hoy, el Pontífice ha decidido dedicar un tiempo a la adoración frente al Santísimo Sacramento para orar por la situación de emergencia mundial y poner todas las intenciones frente al Señor.

Oración a la Virgen

El pasado 11 de marzo de 2020, con motivo de la Eucaristía celebrada en ausencia de los fieles promovida por el cardenal vicario de Roma Angelo De Donatis en el santuario de Nuestra Señora del Divino Amor para la Jornada de Oración y Ayuno, el Papa Francisco envió un mensaje en video en el que dirige su oración a la Virgen.

“Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos sometidos a pruebas y líbranos de todo peligro, oh gloriosa y bendita Virgen”, expresó el Santo Padre a la Virgen ante la emergencia del coronavirus.

Crucifijo Milagroso

Igualmente, el domingo 15 de marzo de 2020, el Obispo de Roma salió del Vaticano, poco después de las 16 horas, de forma privada, para visitar la basílica de Santa María la Mayor y dirigir una oración a la Virgen Salus populi Romani, cuyo icono se guarda y se venera allí.

Después, caminando un tramo de la Vía del Corso a pie, en peregrinación, el Papa Francisco acudió a la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el Crucifijo Milagroso que en 1522 fue llevado en procesión por los barrios de la ciudad para terminar con la “Gran Plaga” en Roma.

En su oración, el Papa Francisco invocó el fin de la pandemia que afecta a Italia y al mundo, imploró la curación de los numerosos enfermos, recordó a las numerosas víctimas de estos días y pidió que sus familias y amigos encontraran consuelo y comodidad.

Su intención se extendió también los sanitarios y a aquellos que en estos días garantizan con su trabajo el funcionamiento de la sociedad.

 

LAS VIRTUDES Y EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL

— Las virtudes y la santidad.

— Virtudes humanas y virtudes sobrenaturales. Su ejercicio en la vida ordinaria.

— El Señor da siempre su gracia para vivir la fe cristiana en toda su plenitud.

I. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, Señor1.

Jesús nos enseña con diversas imágenes que el camino que conduce a la Vida, a la santidad, consiste en el pleno desarrollo de la vida espiritual: el grano de mostaza, que crece hasta llegar a ser un gran arbusto, donde se posan las aves del cielo; el trigo, que llega a la madurez y produce espigas con abundantes granos... Ese crecimiento, no exento de dificultades y que en ocasiones puede parecer lento, es el desarrollo de las virtudes. La santificación de cada jornada comporta el ejercicio de muchas virtudes humanas y sobrenaturales: la fe, la esperanza, la caridad, la justicia, la fortaleza..., la laboriosidad, la lealtad, el optimismo...

Las virtudes exigen para su crecimiento repetición de actos, pues cada uno de ellos deja una disposición en el alma que facilita el siguiente. Por ejemplo, la persona que ya al levantarse vive el «minuto heroico», venciendo la pereza desde el primer momento de la jornada2, tendrá más facilidad para ser diligente con otros deberes, pequeños o grandes, de la misma manera que el deportista mejora su forma física cuando se entrena, y adquiere mayor aptitud para repetir sus ejercicios. Las virtudes perfeccionan cada vez más al hombre, al mismo tiempo que le facilitan hacer buenas obras y el dar una pronta y adecuada respuesta al querer de Dios en cada momento. Sin las virtudes –esos hábitos buenos adquiridos por la repetición de actos y con la ayuda de la gracia– cada actuación buena se hace costosa y difícil, se queda solo como acto aislado, y es más fácil caer en faltas y pecados, que nos alejan de Dios. La repetición de actos en una misma dirección deja su huella en el alma, en forma de hábitos, que predisponen al bien o al mal en las actuaciones futuras, según hayan sido buenos o malos. De quien actúa bien habitualmente, se puede esperar que ante una dificultad lo seguirá haciendo: ese hábito, esa virtud le sostiene. Por eso es tan importante que la penitencia borre las huellas de los pecados de la vida pasada: para que no la vuelvan a inclinar al mal; penitencia más intensa cuanto más graves hayan sido las caídas o más largo el tiempo en que se haya estado separado de Dios, pues la huella que habrán dejado será mayor.

El ejercicio de las virtudes nos indica en todo momento el sendero que conduce al Señor. Cuando un cristiano, con la ayuda de la gracia, se esfuerza no solo por alejarse de las ocasiones de pecar y resistir con fortaleza las tentaciones, sino por alcanzar la santidad que Dios le pide, es cada vez más consciente de que la vida cristiana exige el desarrollo de las virtudes y también la purificación de los pecados y de las faltas de correspondencia a la gracia en la vida pasada. Especialmente en este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos invita precisamente a crecer en las virtudes: hábitos de obrar el bien.

II. La santidad es ejercicio de virtudes un día y otro, con constancia, en el ambiente y en las circunstancias en que vivimos. Las «virtudes humanas (...) son el fundamento de las sobrenaturales; y estas proporcionan siempre un nuevo empuje para desenvolverse con hombría de bien. Pero, en cualquier caso, no basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas. Discite benefacere (Is 1, 17), aprended a hacer el bien. Hay que ejercitarse habitualmente en los actos correspondientes –hechos de sinceridad, de veracidad, de ecuanimidad, de serenidad, de paciencia–, porque obras son amores, y no cabe amar a Dios solo de palabra, sino con obras y de verdad (1 Jn 3, 18)»3.

Aunque la santificación es enteramente de Dios, en su bondad infinita, Él ha querido que sea necesaria la correspondencia humana, y ha puesto en nuestra naturaleza la capacidad de disponernos a la acción sobrenatural de la gracia. Mediante el cultivo de las virtudes humanas –la reciedumbre, la lealtad, la veracidad, la cordialidad, la afabilidad...– disponemos nuestra alma, de la mejor manera posible, a la acción del Espíritu Santo. Se entiende bien así que «no es posible creer en la santidad de quienes fallan en las virtudes humanas más elementales»4.

Las virtudes del cristiano hay que ejercitarlas en la vida ordinaria, en todas las circunstancias: fáciles, difíciles o muy difíciles. «Hoy, como ayer, del cristiano se espera heroísmo. Heroísmo en grandes contiendas, si es preciso. Heroísmo –y será lo normal– en las pequeñas pendencias de cada jornada»5. De la misma manera que la planta se alimenta de la tierra en la que está, así la vida sobrenatural del cristiano, sus virtudes, hunden sus raíces en el mundo concreto en donde está inmerso: trabajo, familia, alegrías y desgracias, buenas y malas noticias... Todo debe servir para amar a Dios y hacer apostolado. Unos acontecimientos fomentarán más las acciones de gracias, otros la filiación divina; determinadas circunstancias harán crecer la fortaleza y otras la confianza en Dios... Teniendo en cuenta que las virtudes forman un entramado: cuando se crece en una, se adelanta en todas las demás. Y «la caridad es la que da unidad a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto»6.

No podemos esperar situaciones ideales, circunstancias más propicias, para buscar la santidad y para hacer apostolado: «(...) cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios (...). Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera –¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!...–, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor»7.

El esperar situaciones y circunstancias que a nosotros nos parezcan buenas y propicias para ser santos, equivaldría a ir dejando pasar la vida vacía y perdida. Este rato de oración de hoy nos puede servir para preguntarnos junto al Señor: ¿es real mi deseo de identificarme cada vez más con Cristo?, ¿aprovecho verdaderamente las incidencias de cada día para ejercitarme en las virtudes humanas y, con la gracia de Dios, en las sobrenaturales?, ¿procuro amar más a Dios, haciendo mejor las mismas cosas, con una intención más recta?

III. El Señor no pide imposibles. Y de todos los cristianos espera que vivan en su integridad las virtudes cristianas, también si están en ambientes que parecen alejarse cada vez más de Dios. Él dará las gracias necesarias para ser fieles en esas situaciones difíciles. Es más, esa ejemplaridad que espera de todos será en muchas ocasiones el medio para hacer atrayente la doctrina de Cristo y reevangelizar de nuevo el mundo.

Muchos cristianos, al perder el sentido sobrenatural y, por tanto, la influencia real de la gracia en sus vidas, piensan que el ideal propuesto por Cristo necesita adaptaciones para poder ser vivido por hombres corrientes de este tiempo nuestro. Ceden ante compromisos morales en el trabajo, o en temas de moral matrimonial, o ante el ambiente de permisivismo y de sensualidad, ante un aburguesamiento más o menos generalizado, etcétera.

Con nuestra vida –que puede tener fallos, pero que no se conforma a ellos– debemos enseñar que las virtudes cristianas se pueden vivir en medio de todas las tareas nobles; y que ser compasivos con los defectos y errores ajenos no es rebajar las exigencias del Evangelio.

Para crecer en las virtudes humanas y en las sobrenaturales necesitaremos, junto a la gracia, el esfuerzo personal por desplegar la práctica de estas virtudes en la vida ordinaria, hasta conseguir auténticos hábitosy no solo apariencia de virtud: «La fachada es de energía y reciedumbre. —Pero ¡cuánta flojera y falta de voluntad por dentro!

»—Fomenta la decisión de que tus virtudes no se transformen en disfraz, sino en hábitos que definan tu carácter»8.

San Juan Crisóstomo nos anima a luchar en la vida interior como hacen «los párvulos en la escuela. Primero –dice el Santo– aprenden la forma de las letras; luego empiezan a distinguir las torcidas, y así, paso a paso, acaban por aprender a leer. Dividiendo la virtud en partes, aprendamos primero, por ejemplo, a no hablar mal; luego, pasando a otra letra, a no envidiar a nadie, a no ser esclavos del cuerpo en ninguna situación, a no dejarnos llevar por la gula... Luego, pasando de ahí a las letras espirituales, estudiemos la continencia, la mortificación de los sentidos, la castidad, la justicia, el desprecio de la gloria vana; procuremos ser modestos, contritos de corazón. Enlazando unas virtudes con otras escribámoslas en nuestra alma. Y hemos de ejercitar esto en nuestra misma casa: con los amigos, con la mujer, con los hijos»9.

Lo importante es que nos decidamos con firmeza y con amor a buscar las virtudes en nuestro quehacer ordinario. Cuanto más nos ejercitemos en estos actos buenos, más facilidad tendremos para realizar los siguientes, identificándonos así cada vez más con Cristo. Nuestra Señora, «modelo y escuela de todas las virtudes»10, nos enseñará a llevar a cabo nuestro empeño si acudimos a Ella en petición de ayuda y consejo, y nos facilitará alcanzar los resultados que deseamos en nuestro examen particular de conciencia, que frecuentemente estará orientado hacia adquirir una virtud bien concreta y determinada.

1 Antífona de la Comunión. Sal 15, 11. — 2 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 206. — 3 ídem, Amigos de Dios, 91. 4 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Madrid, Epalsa, 4ª ed., p. 28. — 5 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 82. — 6 San Alfonso Mª. de Ligorio, Prácticas del amor a Jesucristo. — 7 Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 116. — 8 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 777. — 9 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Salmos, 11, 8. — 10 San Ambrosio, Tratado sobre las vírgenes, 2.

 

 

“¡Dios y audacia!”

No seáis almas de vía estrecha, hombres o mujeres menores de edad, cortos de vista, incapaces de abarcar nuestro horizonte sobrenatural cristiano de hijos de Dios. ¡Dios y audacia! (Surco, 96)

18 de marzo

  • A lo largo de los años, se presentarán -quizá antes de lo que pensamos- situaciones particularmente costosas, que exigirán mucho espíritu de sacrificio y un mayor olvido de sí mismo. Fomenta entonces la virtud de la esperanza y, con audacia, haz tuyo el grito del Apóstol: en verdad, yo estoy persuadido de que los sufrimientos de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros; medita con seguridad y con paz: ¡qué será el Amor infinito de Dios vertido sobre esta pobre criatura! 

Ha llegado la hora, en medio de tus ocupaciones ordinarias, de ejercitar la fe, de despertar la esperanza, de avivar el amor; es decir, de activar las tres virtudes teologales, que nos impulsan a desterrar enseguida, sin disimulos, sin tapujos, sin rodeos, los equívocos en nuestra conducta profesional y en nuestra vida interior. (Amigos de Dios, 71)

 

 

Seis consejos para vivir bien la Misa online

La cuarentena y el necesario aislamiento de estos días pueden ser una oportunidad para participar diariamente en la Santa Misa. Aunque la gran mayoría no tenemos la posibilidad de ir a la Iglesia sí tenemos más tiempo para seguir cada día la Misa online. Una vez más, la tecnología viene en nuestra ayuda, aunque es lógico que nos cueste un poco más mantener la atención y la piedad. Aquí van unos consejos que pueden ayudarte a seguir con más devoción la Misa online.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA17/03/2020

También puedes ver los consejos en los destacados de nuestra cuenta de Instagram


1. Mejor no escuches la Misa solo. Si puedes hazlo en familia o con alguno de tus hermanos o hijos. La unión hace la fuerza y te será más fácil concentrarte. Elegid la Misa que mejor os vaya a todos por horario y convierte éste en uno de los momentos familiares del día.

2. Cuida la escenografía: Pon una cruz o una imagen de la Virgen cerca de la TV o el ordenador y enciende una vela aromática si tienes.

3. … y el vestuario: vístete bien para la Misa. Deja el pijama para dormir y el chándal para hacer deporte.

4. Sigue la Misa como si estuvieras en la parroquia: levántate para la lectura del Evangelio, ponte de rodillas para la Consagración, etc. Los gestos son importantes.

5. En el momento de la comunión, reza una comunión espiritual: te puede servir la que rezaba san Josemaría (Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos), u otra.

6. No tengas prisa: la Misa tiene un valor increíble y precisamente en estos momentos hay muchas cosas por las que rezar. Quédate unos momentos después de la Misa para pedir a Dios por todos los difuntos, los enfermos, el personal sanitario y el Gobierno y por supuesto, por la Iglesia, por el Papa, nuestros obispos y la parroquia.

 

Y, si quieres profundizar más, puedes leer Entender y vivir la Misa, una explicación de los ritos litúrgicos, paso a paso.

 

 

 

Retiro de marzo #DesdeCasa

¿Quién ha dicho que no puedas hacer tu propio retiro desde casa? Aunque no estés con otras personas, ni acudas a un centro de la Obra, te facilitamos material para que hagas el retiro mensual en tu casa y prepares la fiesta de San José.

ÚLTIMAS NOTICIAS17/03/2020

∙ Descarga, en PDF, el material para el retiro mensual #DesdeCasa (Duración aproximada 120 minutos)

Retiro de marzo #DesdeCasa from Opus Dei


1.Para empezar el retiro…

¿Quién ha dicho que no puedo hacer mi propio retiro desde casa? Es importante que, también en estas circunstancias tan excepcionales, me encuentre con el Señor. Desde luego, la situación que estamos viviendo no es precisamente habitual ni ordinaria pero San Josemaría nos enseñó a ver en todo la mano amorosa de Dios, que aun de los males puede sacar bienes. Así pues, aunque no pueda estar con otras personas, ni acudir al centro de la Obra, puedo hacer mi retiro desde casa para preparar la fiesta del 19 de marzo, San José.

Vamos a pedirle especialmente a San José "la gracia de una fidelidad a nuestros compromisos de cristianos que desean cumplir siempre y en todo la amabilísima Voluntad de Dios" (Beato Álvaro del Portillo). Vamos a pedir por la fidelidad de todas y de todos, y porque no perdamos la serenidad y la alegría, como nos enseñó a hacer el Santo Patriarca.

Por otra parte, este tiempo de aparente inacción es también una oportunidad para aprovechar el tiempo y para estar unidos, con nuestra oración solidaria, a los que lo están pasando peor. El Papa nos animaba recientemente «a vivir este difícil momento con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la caridad» (Francisco, 8-III-2020)

Nos puede servir de ejemplo una situación similar que le tocó vivir a san Josemaría durante unos cuantos meses, en 1937. Precisamente estos días se cumple un nuevo aniversario de su entrada en la Legación de Honduras, en Madrid, donde se refugió por causa de la Guerra Civil española. En aquella casa permaneció, junto con cuatro jóvenes del Opus Dei y su hermano Santiago, cuatro largos meses. En el piso vivía casi un centenar de personas. Había un solo baño, y el menú no era particularmente florido.

Eduardo Alastrué, uno de los presentes, describía el ambiente: “Algunos pasaban el tiempo rumiando en silencio su desaliento y su desdicha; otros se desahogaban comentando con amargura las desventuras presentes y pasadas; otros lamentaban sin descanso sus desventuras familiares, su carrera o su negocio perdidos, o su futuro incierto y amenazado. A estos sentimientos se mezclaba el miedo despertado por los sufrimientos y persecuciones pasadas, miedo que hacía considerar el mundo exterior a nuestro asilo como un ambiente inhabitable. En algunos casos, se asociaba a este miedo el odio hacia los adversarios, odio impotente por el momento, pero que esperaba satisfacerse algún día en la revancha”. En cambio, el clima que San Josemaría creó en torno a sí fue positivo y esperanzador. Para tener bien ocupado el día, estableció un horario, en el que había lugar para el trato con Dios, el estudio, el aprendizaje de idiomas y la convivencia familiar.

Desde luego, no estaban ahí para perder el tiempo: “Respecto a los tiempos dedicados al estudio, sabemos que Zorzano [que vivía fuera de la Legación] entregó a Escrivá un manual de conversación latino-castellano, y a Portillo algunos libros “para desentumecer el cerebro mientras le dure el encierro”. Concretamente, Alastrué dio clases de francés, y estudió alemán, inglés y taquigrafía; Jiménez Vargas se entretuvo con el francés; Portillo estudió inglés, francés y un poco de alemán y de japonés, además de taquigrafía; y González Barredo mejoró el alemán con su amigo Valdés, y realizó algunos trabajos sobre la física atómica”.

Además, san Josemaría les predicaba cada día una meditación. En una de ellas, les decía: “¡Mi vida es ahora tan monótona! ¿Cómo conseguiré que fructifiquen los dones de Dios en este forzoso descanso? No olvides que puedes ser como los volcanes cubiertos de nieve (...). Por fuera, sí, te podrá cubrir el hielo de la monotonía, de la obscuridad; parecerás exteriormente como atado. Pero, por dentro, no cesará de abrasarte el fuego, ni te cansarás de compensar la carencia de acción externa, con una actividad interior muy intensa”.

En una carta escrita un año después a los del Opus Dei que estaban dispersos por el conflicto, sugería el modo de hacerlo: cuidando la vida interior. Eso es lo que vamos a hacer en este retiro mensual: cuidar nuestra relación con Jesús, y pensar también cómo puede llenar nuestra vida… en estas nuevas circunstancias.


2. Meditación: San José “Historia de un soñador”

La vida de José no fue fácil…pero eso no le quitó el sueño. Aún más, soñar le ayudó a tomar parte en la aventura más increíble que ha vivido la humanidad: la Encarnación del Hijo de Dios.

Puedes escuchar la meditación:

 

Lo importante es que mientras escuchas, te dirijas personalmente al Señor y entres en un diálogo con Él. Si hace falta, puedes ir parando el audio.


 

3. Lectura

Te sugerimos dos posibles textos para hacer un rato de lectura espiritual.

a) “Lo que podría ser tu vida”

Puedes leerlo aquí o escucharlo.

 

b) “Amados, llamados, enviados. Sentido de misión”

Puedes leerlo aquí o escucharlo.

 


4. Evangelio: Jesús elige a las 12 apóstoles

Ahora, puedes escuchar estos cinco minutos de Evangelio, que corresponden al capítulo 10 del Evangelio de san Mateo.

 


5. Santo Rosario

El Santo Rosario ha sido la oración con que los cristianos han acudido a la Virgen en todas las épocas, para pedir su protección en momentos de dificultad. Si quieres, puedes escuchar estas palabras de Don Álvaro antes de empezar.

 

 

Y ahora, aquí tienes una guía para rezar el Rosario. Puedes hacerlo por tu cuenta, o con la gente que está contigo.


6. Examen

Ponte en la presencia de Dios, y considera despacio, en silencio, estas preguntas:

1. Al volver junto a su Padre, Jesús dice a los apóstoles: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días” (Mt 28,20). También nosotros podemos sentirnos solos en algunos momentos. Cuando siento mayor inquietud o sufrimiento, ¿procuro buscar la presencia del Señor, para encontrar en Él la fortaleza y la paz del alma?

2. Jesús habló en muchas ocasiones de la “necesidad de orar siempre y no desfallecer” (Lc 18,1). En mi actual situación, ¿procuro dedicar un tiempo a la oración? Sabiendo que es un camino que puede durar la vida entera, ¿intento que mi trato con el Señor en la oración sea cada día más afectuoso?, ¿le digo que le quiero, le pido que me enseñe a descubrirle cada día?

3. “Te he redimido y te he llamado por tu nombre” (Is 43,1). Esta frase de Isaías daba mucho consuelo a san Josemaría. ¿De qué modos puedo tener más presente en mi vida la realidad de que Dios me ama con locura y me llama por mi nombre? Es un buen momento para agradecerle su llamada, para pedirle perdón por las veces en que he preferido no escuchar… y para preguntarme también: ¿cómo puedo responder estos días a su llamada, haciéndole ver que puede contar conmigo?

4. En una entrevista, dijo san Josemaría: “No basta el deseo de querer trabajar por el bien común; el camino, para que este deseo sea eficaz, es formar hombres y mujeres capaces de conseguir una buena preparación, y capaces de dar a los demás el fruto de esa plenitud que han alcanzado” (Conversaciones, n. 73). ¿Me entusiasma la idea de formarme muy bien para poder mejorar el mundo? ¿He pensado cómo puedo cuidar estos días la dirección espiritual y los medios de formación a los que suelo asistir?

5. “Hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir” (Conversaciones, n. 114). Se trata de buscar a Jesús en lo ordinario: estudio, vida familiar y social… ¿Me ilusiona encontrar a Jesús en mis circunstancias actuales? ¿Le pido que cuente conmigo para cuidar a las personas que tengo cerca, y a las que siguen en contacto conmigo a través de los mil medios que lo hacen posible?

 

6. ¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. —Enamórate, y no "le" dejarás (Camino, n. 999) Con la gracia de Dios, que llena nuestro corazón con su Amor, es posible ser fiel a Dios toda la vida. ¿Cómo puedo recordar más a menudo que esa gracia no me va a faltar nunca? ¿Para qué personas me gustaría pedir esa misma gracia?


7. Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración

Puedes escuchar la meditación.

 

Aquí tienes también el texto, por si prefieres hacer la oración por tu cuenta, leyendo algunos fragmentos.


8. Oración del papa Francisco para pedir el final de la pandemia

 

Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

 

 

En la fiesta de San José

El 19 de marzo la Iglesia celebra la fiesta del Santo Patriarca, patrono de la Iglesia y de la Obra, fecha en la que en el Opus Dei renovamos el compromiso de amor que nos une al Señor.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA17/03/2020

San José. Fuente: Cathopic.

“San José es realmente Padre y Señor -afirma el fundador del Opus Dei-, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre”.

​El San José Durmiente del Papa Francisco en la Casa de Santa Marta, con los papeles escritos por el propio Papa con sus peticiones.

 

Textos y audios sobre San José

• Homilía de san Josemaría: En el taller de José

• Rezar con el beato Álvaro del Portillo: en la fiesta de san José y Responder con alegría al querer de Dios.

• Palabras del Papa Francisco en la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano también a san José y a san Miguel Arcángel. (5 de julio de 2013)

• Mensaje del Prelado (11 marzo 2020): Como preparación para la solemnidad de san José, Mons. Ocáriz nos sugiere acudir a su intercesión como fiel servidor de Dios en relación continua con Jesús.


Textos para meditar sobre la fiesta de San José

• Exhortación Redemptoris Custos, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. (San Juan Pablo II, 15 de agosto de 1989)

• Una fidelidad que se renueva: La fiesta de San José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de nuestra fidelidad.

• San José en la vida cristiana y en las enseñanzas de san Josemaría: editorial publicado en el nº 59 de Romana, sobre la devoción de san Josemaría a san José.

• Aprender a ser fiel: La fidelidad a una persona, a un amor, a una vocación, es un camino en el que se alternan momentos de felicidad con periodos de oscuridad y duda.

• Vida de María (IV): Los desposorios con José.

• Relato sobre un episodio de la vida de San Josemaría que acrecentó su devoción al Santo Patriarca (marzo de 1935).

• Dolores y gozos de San José: en formato PDF, con ilustraciones que representan los principales momentos de la vida del Santo Patriarca y de la Sagrada Familia.

• ¿Estuvo casado San José por segunda vez? (Preguntas sobre Jesucristo y la Iglesia).

​Imagen de la Sagrada Familia, del retablo del Santuario de Torreciudad (Huesca, España).

 

Vídeos sobre San José

• En la fiesta de San José: San Josemaría habla en este vídeo sobre la devoción al Santo Patriarca. El Fundador del Opus Dei tenía una gran devoción a San José, y se conmovía ante las muestras populares de ese cariño al padre adoptivo de Jesús, tan extendido en todo el pueblo cristiano.

 

 

 

 

• Devoción del Papa Francisco a San José: “Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”.

 

 

El demonio mudo

Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio.

COMO UN PERSONAJE MÁS03/02/2017

Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos. En seguida, al verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle. Y él les preguntó: ¿Qué discutíais entre vosotros? A lo que respondió uno de la muchedumbre: Maestro, te he traído a mí hijo, que tiene un espíritu mudo; y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espuma y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. El les contestó: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? ¡Traédmelo! Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al niño, que cayendo a tierra se revolcaba echando espuma. Entonces preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Le contestó: Desde muy niño; y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él; pero si algo puedes, ayúdanos, compadecido de nosotros. Y Jesús le dijo: ¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree! En seguida el padre del niño exclamó: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad. Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían: Ha muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie. Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? Y les respondió: Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración (Mc, 9, 14-29) .

“No hemos de alejarnos de Dios, porque descubramos nuestras fragilidades; hemos de atacar las miserias, precisamente porque Dios confía en nosotros.

¿Cómo lograremos superar esas mezquindades? Insisto, por su importancia capital: con humildad, y con sinceridad en la dirección espiritual y en el Sacramento de la Penitencia. Id a los que orientan vuestra almas con el corazón abierto; no lo cerréis, porque si se mete el demonio mudo, es difícil de sacar.

Perdonad mi machaconería, pero juzgo imprescindible que se grabe a fuego en vuestras inteligencias, que la humildad y –su consecuencia inmediata– la sinceridad enlazan los otros medios, y se muestran como algo que fundamenta la eficacia para la victoria. Si el demonio mudo se introduce en un alma, lo echa todo a perder; en cambio, si se le arroja fuera inmediatamente, todo sale bien, somos felices, la vida marcha rectamente: seamos siempre salvajemente sinceros, pero con prudente educación.

Quiero que esto quede claro; a mí no me preocupan tanto el corazón y la carne, como la soberbia. Humildes. Cuando penséis que tenéis toda la razón, no tenéis razón ninguna. Id a la dirección espiritual con el alma abierta: no la cerréis, porque –repito– se mete el demonio mudo, que es difícil de sacar.

Acordaos de aquel pobre endemoniado, que no consiguieron liberar los discípulos; sólo el Señor obtuvo su libertad, con oración y ayuno. En aquella ocasión obró el Maestro tres milagros: el primero, que oyera: porque cuando nos domina el demonio mudo, se niega el alma a oír; el segundo, que hablara; y el tercero, que se fuera el diablo.

Contad primero lo que desearíais que no se supiera. ¡Abajo el demonio mudo! De una cuestión pequeña, dándole vueltas, hacéis una bola grande, como con la nieve, y os encerráis dentro. ¿Por qué? ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor.

Para apartarse de la sinceridad total no es preciso siempre una motivación turbia; a veces, basta un error de conciencia. Algunas personas se han formado –deformado– de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas”.

Amigos de Dios, 187-189

 

 

La Confesión: una guía paso a paso

En esta breve guía encontrarás una ayuda para prepararte a recibir con fruto el sacramento de la Reconciliación: incluye una explicación de los pasos para acercarse a la Confesión, unos exámenes de conciencia y textos para meditar en la grandeza del perdón que Dios nos quiere dar.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA22/03/2018

 

 

San Josemaría solía llamar a la Confesión el sacramento de la alegría, porque a través de él se recuperan el gozo y la paz que trae la amistad con Dios, un don que solo el pecado es capaz de robar a las almas de los cristianos.


¿Qué es la confesión?

“El sacramento de la Reconciliación es un sacramento de curación. Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, curar mi alma, sanar el corazón y algo que hice y no funciona bien”[1].

 

¿Por qué confesarse?

Explica el Papa Francisco que “el perdón de nuestros pecados no es algo que podamos darnos nosotros mismos. Yo no puedo decir: me perdono los pecados. El perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos el perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo”[2].

¿Es complicado confesarse?

No lo es tanto: en el Catecismo, la Iglesia nos propone cuatro pasos para una buena confesión[3]:

1) Examen de conciencia;

2) Contrición (o arrepentimiento), que incluye el propósito de no volver a pecar;

3) Confesión;

4) Satisfacción (o cumplir la penitencia).

Son cuatro pasos que damos para poder recibir el gran abrazo de amor que Dios nuestro Padre nos quiere dar con este sacramento: “Dios nos espera, como el padre de la parábola, extendidos los brazos, aunque no lo merezcamos. No importa nuestra deuda. Como en el caso de hijo pródigo, hace falta sólo que abramos el corazón”[4].

Explicamos a continuación estos cuatro pasos, que ayudarán para vivir en toda su grandeza este sacramento de la misericordia de Dios.

 

​Descarga en formato PDF la ilustración con los pasos para la confesión y los exámenes de conciencia en un archivo.

1. Examen de conciencia

EL EXAMEN DE CONCIENCIA CONSISTE EN REFLEXIONAR SOBRE TODO AQUELLO QUE NOS HAYA PODIDO ALEJAR DE DIOS

“¿Qué consejos le daría a un penitente para hacer una buena confesión? –se pregunta Papa Francisco-. Que piense en la verdad de su vida frente a Dios, qué siente, qué piensa. Que sepa mirarse con sinceridad a sí mismo y a su pecado. Y que se sienta pecador, que se deje sorprender, asombrar por Dios”[5].

El examen de conciencia consiste en reflexionar sobre aquellas acciones, pensamientos o palabras, que nos hayan podido alejar de Dios, ofender a los demás o dañarnos interiormente.

Es el momento de ser sinceros con uno mismo y con Dios, sabiendo que Él no quiere que nuestros pecados pasados nos opriman, sino que desea liberarnos de ellos para poder vivir como buenos hijos suyos.

Ofrecemos algunas preguntas para ayudarte a reflexionar sobre qué puedes pedir perdón a Dios. Sirven solo como una orientación: lo más importante es entrar en el propio corazón y admitir las propias faltas. Si quieres, durante la confesión puedes pedir al sacerdote que te ayude proponiéndote otras cuestiones.

Examen de conciencia para niños

Examen de conciencia para jóvenes

Examen de conciencia para adultos

Los tres exámenes de conciencia para la Confesión, en un solo archivo.

2. Contrición y propósito de no volver a pecar

LA CONTRICIÓN, O ARREPENTIMIENTO, ES UN DOLOR DEL ALMA Y UN RECHAZO DE NUESTROS PECADOS, QUE INCLUYE LA RESOLUCIÓN DE NO VOLVER A PECAR

La contrición, o arrepentimiento, es un dolor del alma y un rechazo de nuestros pecados, que incluye la resolución de no volver a pecar. Es un don de Dios: por eso, si te parece que aún estás apegado al pecado –que, por ejemplo, no te ves con fuerzas de abandonar un vicio, perdonar a una persona o enmendar un daño causado–, pídele a Él que obre en tu corazón, para que rechaces el mal.

A veces, el arrepentimiento llega con un sentimiento intenso de dolor o vergüenza, que nos ayuda a enmendarnos. Sin embargo, no es indispensable sentir ese tipo de dolor: lo importante es comprender que hemos obrado mal, tener deseos de mejorar como cristianos y hacer el propósito de no volver a cometer esas faltas.

“La contrición –explica el Papa– es el pórtico del arrepentimiento, es esa senda privilegiada que lleva al corazón de Dios, que nos acoge y nos ofrece otra oportunidad, siempre que nos abramos a la verdad de la penitencia y nos dejemos transformar por su misericordia”[6].

Existen varias oraciones que sirven para manifestar la contrición, por ejemplo la siguiente:

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no solo merezco las penas que causan, sino que principalmente te ofendo a ti, sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.

3. Confesar los pecados

UNA BUENA CONFESIÓN ES DECIR LOS PECADOS AL SACERDOTE DE FORMA CLARA, CONCRETA, CONCISA Y COMPLETA

La confesión consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote.

“Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. (...) Es importante que vaya al confesionario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia llamada a distribuir la misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que en ese momento es el trámite de la gracia que me llega y me cura”[7].

Se suele decir que una buena confesión tiene “4 C”:

1. Clara: señalar cuál fue la falta específica, sin añadir excusas.

2. Concreta: decir el acto o pensamiento preciso, no usar frase genéricas.

3. Concisa: evitar dar explicaciones o descripciones innecesarias.

4. Completa: sin callar ningún pecado grave, venciendo la vergüenza.

La confesión es un sacramento, cuya celebración incluye ciertos gestos y palabras de parte del penitente y del sacerdote. A continuación te explicamos cómo se desarrolla, con un gráfico que puedes descargar aquí:

4. Cumplir la penitencia

 

EL SACERDOTE SEÑALA UNA PENITENCIA PARA REPARAR EL DAÑO CAUSADO

La satisfacción consiste en el cumplimiento de ciertos actos de penitencia (unas oraciones, alguna mortificación, etc.), que el confesor indica al penitente para reparar el daño causado por el pecado.

Es una ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón recibido, y renovar el propósito de no volver a pecar.


Si tienes cualquier duda o quieres ampliar información escríbenos a info.es@opusdei.org


[1] Francisco, Audiencia general, 19.II.2014.

[2] Idem.

[3] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 303.

[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.

[5] Francisco, El nombre de Dios es misericordia.

[6] Francisco, Carta 30.V.2014.

[7] Francisco, El nombre de Dios es misericordia.

Artículo publicado originalmente el 22 de marzo de 2016.

En ocasiones, es nuestra propia vida la que parece bloquearse, torcerse, fruto de una decisión equivocada o de un mal paso… ¿Y quién no desearía contar entonces con la posibilidad de empezar de cero? Esa posibilidad existe gracias a RESET, un reportaje multimedia con varias historias sobre la bondad de acudir al sacramento del Perdón, para alcanzar la certeza de que Dios nos perdona y nos anima a volver a empezar.

 

 

Esa extraña Cuaresma de 2020

 

​ Pedro María Reyes 

photo_cameraEl cura Brochero.

Estoy persuadido de que ninguno de nosotros va a olvidar esta Cuaresma, aunque es tan extraña que no parece que estemos en unas fechas tan importantes para la vida de un católico y a veces hay que recordar: ¡que estamos en Cuaresma!

En primer lugar, pido a Dios que todos los que leamos esta nota pasemos esta pandemia sin contagio. Si Dios nos concede este don, dentro de unos años podremos decir a quienes vengan detrás: yo sobreviví al Coronavirus.CIDAD

Nos ha sorprendido la extensión de esta enfermedad. Sin embargo la humanidad está muy acostumbrada a epidemias de gran alcance. En estas épocas ya sabemos que sale a relucir lo mejor de cada uno, y lamentablemente también lo peor. La Iglesia tiene experiencia de ellas desde la época de los primeros cristianos, y desgraciadamente verá otras. Por lo que ya sabemos qué hay que hacer.

Son muchos los santos que han convivido con epidemias: San Roque atendió a muchos afectados por la peste en el s. XV, San Carlos Borromeo atendió a los enfermos de otra epidemia de peste en Milán en el s. XVI, San Juan Bosco en Turín en 1854, San José Gabriel Brochero, el Cura Brochero, atendió a los enfermos de cólera en su Córdoba argentina a mediados del XIX, y él mismo contrajo la lepra y murió de ella en 1914, por citar algunos.

¿Qué debe hacer la Iglesia en esta pandemia? Lo mismo que ha hecho desde hace tantos siglos en estas mismas circunstancias: rezar, ayudar y aliviar.

En primer lugar, rezar: conscientes de que es el primer remedio y que Dios puede parar los virus, oremos. Podemos pedirle como el Rey David «no envíes la peste sobre tu pueblo», rogando que detenga al ángel exterminador (cf. 1 Cr 21, 17). Estos días de encierro obligatorio para muchos puede ser una ocasión para aumentar nuestra fe en la oración.

Luego hemos de ayudar. Siguiendo las disposiciones de la legítima autoridad, mostrémonos disponibles para otros que están necesitados. Y no olvidemos a los que padecen la peor de las plagas, la soledad: seguro que todos conocemos a varios que viven solos y ahora no tienen el consuelo de la conversación. Acerquémonos a ellos mediante el teléfono o las redes sociales.

Y por fin, aliviar. Recordemos que el mejor calmante es la gracia de Dios, por lo que los sacerdotes podrán facilitar (siempre dentro del respeto a las normas de la autoridad) el sustento de los sacramentos. A muchos otros les podrá llegar el consuelo de la oración en común, porque gracias a internet se puede hacer una reunión de personas que están físicamente separadas.

Como acaba de sugerir el Prelado del Opus Dei, procuremos encontrar «iniciativas creativas para ayudar a los demás (vecinos, colegas de trabajo, etc.)» (Mensaje del 14 de marzo de 2020).

Hemos de aceptar la voluntad de Dios. Todos hubiéramos querido que en esta Cuaresma se realizaran Viacrucis, procesiones y oficios litúrgicos como los demás años, pero el Señor en su sapientísima providencia quiere que busquemos la conversión mediante el confinamiento, la oración por internet y el ayuno de la Eucaristía. Nuestra Señora, salud de los enfermos, hará que esta sea la mejor Cuaresma que recordamos. 

 

 

Reacción ejemplar

Jesús Ortiz López

Campanario

La Conferencia Episcopal ha pedido que a las 12 horas las campanas de las iglesias inviten a la oración, la solidaridad y la ejemplaridad. La oración cada uno en su casa y Dios en la de todos, y la de voluntarios jóvenes que acompañan a Jesucristo en la Eucaristía, y la de familias que participan en las Misas por televisión. No son pocos.

Tiempo de oración

Se pone en marcha, por ejemplo, el rezo del rosario con participación activa de familias que graban un misterio y lo suben a internet según el plan de la parroquia completando así el Rosario solidario por las intenciones del Papa y de los Obispos, y en particular por los enfermos a causa de esta epidemia.

Otros ofrecen oraciones oportunas en estos momentos, como ofrece el portal Aleteia:

¡Señor, yo me quedo en casa!: ¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y caigo en la cuenta de que, también esto,
me lo enseñaste Tú viviendo, obediente al Padre,
durante treinta años en la casa de Nazaret esperando la gran misión. (…)

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y responsablemente lo hago por mi bien,
por la salud de mi ciudad, de mis seres queridos,
y por el bien de mi hermano, el que Tú has puesto a mi lado pidiéndome que vele
por él en el jardín de la vida.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y, en el silencio de Nazaret, trato de orar, de leer,
de estudiar, de meditar, y ser útil con pequeños trabajos para hacer más bella y
acogedora nuestra casa.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y por la mañana Te doy gracias por el nuevo día que me concedes, tratando de no
estropearlo, de acogerlo con asombro
como un regalo y una sorpresa de Pascua.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y a mediodía recibiré de nuevo
el saludo del Ángel, me haré siervo por amor,
en comunión Contigo que te hiciste carne para habitar en medio de nosotros; y,
cansado por el viaje, Te encontraré sediento junto al pozo de Jacob,
y ávido de amor sobre la Cruz.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y si al atardecer me atenaza un poco de melancolía,
te invocaré como los discípulos de Emaús:
Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y en la noche, en comunión orante con tantos enfermos y personas solas,
esperaré la aurora para volver a cantar tu misericordia
y decir a todos que, en las tempestades, Tú eres mi refugio.

¡Yo me quedo en casa, Señor!
Y no me siento solo ni abandonado,
porque Tú me dijiste: Yo estoy con vosotros todos los días. (…). Amén

Viene de lejos la oración intensa en las necesidades, ahora aplicable a la epidemia del Covid-19 que paraliza la actividad habitual. Por ejemplo, el salmo 90 pone en boca de Dios Providente estas palabras:

«Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación». Ciertamente esta pandemia paraliza la actividad habitual, pero no lo normal porque con fe todo es normal en cuanto ocasión de poner las luces largas que iluminan el camino.

Tiempo de solidaridad y de ejemplaridad

La solidaridad se manifiesta ahora en gestos como aplaudir desde los balcones a los profesionales de la sanidad excelente que tenemos, porque ahora están desbordados. También los vecinos y muchos jóvenes que se ofrecen para hacer la compra de los mayores imposibilitados. Y los colegios que siguen impartiendo las clases por internet a hora fija y con deberes. Sin olvidar a quienes dan pistas para
intensificar la vida de las familias en el hogar, con interesantes ofertas de juegos, visitas virtuales a museos y monumentos, o representación de conciertos y óperas famosas.

En tercer lugar, la ejemplaridad pues los creyentes como buenos ciudadanos estamos cumpliendo las indicaciones de las autoridades, aunque nos cueste no participar presencialmente en la Eucaristía, algo que está revitalizando la costumbre de rezar cada día varias comuniones espirituales, con una eficacia grande a la medida de la fe de cada uno, como acaba de recordar el Papa Francisco.

Recuerdo a un buen hombre todavía joven que no podía acercarse a comulgar sacramentalmente por sus circunstancias personales, y asistía a Misa con gran devoción haciendo en el momento oportuno una comunión espiritual, que quizá le aprovechaba por su devoción más que a otros menos preparados. En fin, vivimos tiempos recios y tiempos de esperanza.

 

 

San José , Esposo de María – 19 de marzo

SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

Nada conocemos de sus primeros días, de su infancia, de su adolescencia, de sus ensueños. Ignoramos hasta el lugar de su nacimiento. El mutismo de los sagrados textos es aquí total. Podemos, sin embargo, pensar que, aun oriundo de Belén la real, su cuna se meció en Nazaret.

Lo que sí sabemos con certeza, a través de la genealogía de Jesús, puntualizada por San Mateo y San Lucas el nombre de nuestro Santo. Procedía del linaje de David, como la Virgen, y, al igual que el patriarca del Antiguo Testamento, figura suya, se llamó José, nombre que anunciaba con acento misterioso un creciente brote de virtudes y de dones en el Niño que acababa de nacer.

Pasan después los años, muchos años, alrededor de cuarenta, sin referencia alguna, en la mayor oscuridad. Pero como el gusano en su capullo, la paloma preparaba ya sus alas. Llega, por fin, el día en que San José se incorpora a la historia y le vemos pasar cumpliendo su misión excelsa en camino o en reposo, en oración o en trabajo, siempre junto al Niño, siempre al lado de la Esposa, siempre humilde, callado siempre, dándonos una lección perenne de amable, de acogedora santidad.

Su vida se desenvuelve desde ahora en la verdeante Nazaret, entre canciones de aguas y olores de pinos, en una región de viñas y terebintos, al amparo de aquella pequeña aldea que, muy en su punto, se adornaba con un nombre tan fragante. Allí trabajaba el descendiente de reyes en su modesto oficio de carpintero. Allí se desposó con la flor más bella a quien rendían acatamiento todas las azucenas del mundo. Difícil sería enumerar los merecimientos de aquella virginal doncella.

Más limpia que el rayo de luna, más blanca que la nieve incontaminada de las cumbres, María era un reino de dulzura, de humildad, de ensimismamiento. Los ángeles la servían y aprendían de ella mientras meditaba el misterio de la Encarnación, absorta al contemplar dentro de sí aquel Niño, futuro Enmanuel, anunciado por el arcángel.

San José se miraba en aquella mirada que tenía la insondable serenidad de un lago. Leía el libro de la perfección en aquellos ojos. Era feliz.

Fue entonces cuando experimentó la primera y no esperada congoja. Es que Dios prueba a sus amigos en fuego de tribulación hasta darles el mejor temple. Y a excepción de Nuestra Señora, ¿quién más preparado que José para gustar estos sabrosos sinsabores? El que iba a ser padre nutricio de un Niño después crucificado necesitaba probar de antemano el acíbar del Calvario. ¿Cómo analizar la magnitud de aquel sufrimiento? ¿Cómo medir la grandeza de esa aflicción? El Eterno sabe acendrar hasta el último cuadrante el alma de sus santos. Por el dolor se sube al amor. Por el fuego del infortunio se asciende a la llama clarificada de la visión divina. Sufría la Virgen. Sufría José. Pero ambos pusieron en Dios su confianza, la delicadeza y el silencio fue la norma de su conducta y no tardó en llegar la hora del íntimo gozo, la hora del blanco mensaje. Un ángel trajo el anuncio: “No temas recibir a María… porque lo que en ella ha nacido viene del Espíritu Santo”. La faz de San José se iluminó con arrobo, su alma se llenó de gratitudes.

A partir de este momento la vida de San José adquiere rasgos cada vez más definidos y se afirma y se pule con una espiritualidad que tiene el hontanar en el fondo de su alma. Una triple misión se le asigna: la de ser imagen del Padre, custodio de la Sagrada Familia y artesano diligente en su taller. ¡Y con qué decisión lo cumple entre gozos y congojas que le perfeccionan! Leer las jornadas de su peregrinación es como abrir un libro sabio en enseñanzas. Sufre el dolor humilde del pesebre, la aflicción de la sangre vertida, la amargura de la profecía, los temores de la huida, las tribulaciones del Niño no encontrado en tres días. Y en otro aspecto, ¿quién podrá medir la altura y la profundidad de sus gozos? Alegría celeste, mensajes angélicos, voces y cánticos de pastores, presencia del Niño, candor de la Madre y amor divino fueron su acompañamiento glorioso. junto al olor, la felicidad de una mirada con destellos de la eterna hermosura. Así se forjan las grandes almas. Para ganar el premio es preciso merecerlo. Y San José se llenó de merecimientos. En su vida se equilibraron la acción y la contemplación. Parco en palabras, fue largo en obras. Le contemplamos en tensión de camino, en tensión de trabajo. Cuando Augusto César dispone el empadronamiento, camina. Cuando Herodes busca a Jesús para matarle, camina. Cuando el ángel le anuncia que retorne, camina. Cuando el Niño se queda en el templo, camina también. Una decisión, un vigor inquebrantable nimba su vida. Siempre alerta en Belén, en Egipto, en la apacible Nazaret, vive cumpliendo su misión de padre adoptivo. ¡Cuántas veces en el silencio de las noches, a la sombra de las palmeras o en las montañas de la verde Galilea, le animaría una voz inefable que le hablaba desde la excelsitud de su reino

¿Y qué decir de la fatiga amarillenta del desierto? Mientras avanzaba entre arenales, con peligro de fieras y de bandidos, huyendo de los lazos de una persecución cruenta, nuevos méritos de incalculable trascendencia se engarzaban en la corona del heroico Patriarca. El desierto que le circundaba tenía su réplica en el desierto interior de los temores de su alma atenta a defender de enemigos la dulce familia que caminaba bajo su tutela. Se ha dicho que no pueden entrar fácilmente en el cielo los que no caminan por este desierto. Muy cerca de la patria eterna debía de sentirse entonces San José. El desierto era la desolación y la congoja. Pero también el impulso y el gozo de la misión bien llevada. En medio de las arenas, a su lado, caminaban dos tesoros. El Santo se veía como rey de una creación nueva. Ante esta contemplación el desierto se le transformaba en un paraíso y los rumores temibles de la noche se le convertían en gorjeos. ¡Qué prodigiosamente sabe Dios llenar de bienaventuranzas las almas que suben por la tribulación hasta los umbrales de su trono!

La leyenda vino a añadir nuevas tintas al cuadro. La imaginación popular, los apócrifos, la devoción de todos los siglos no se limitó a seguir la sencillez de las escenas evangélicas, antes al contrario, acumuló efectos sorprendentes cuyo contenido no hemos de puntualizar. Baste decir que allí donde la Sagrada Familia pasa, el perfume de la leyenda deja su rastro. El naranjo, la palmera, el trigo, el salteador, se humanizan, guardan al Niño, lo defienden en presencia de San José. Los pájaros se enternecen. El agua recibe una virtud nueva. Es el tributo de las criaturas, que quieren, a su modo, agradecer. Al fin y al cabo las más bellas leyendas nacen del amor.

Llegan los últimos años. La vida de San José se desliza en Nazaret con la levedad de una poesía a lo divino, callada, oculta, sin rumores exteriores. Le vimos aparecer en el silencio. Le veremos marcharse en el silencio. ¿Cuándo? Debió de morir antes que Jesús comenzara su predicación, quizá a la edad de setenta años. No vuelve a sonar su nombre ni en Caná, ni en Siquem ni en Cafarnaúm. Tampoco en el Calvario. Probablemente el Hijo quiso llevarse antes de esas horas a su anciano Padre adoptivo, para evitarle el último dolor. Su misión era la de acompañar, sustentar, defender a la Sagrada Familia en los años niños y formativos y la llenó de manera inigualada.

Cumplida su obra, sólo le quedaba morir. Morir para nacer. Morir para recibir cuanto antes la palma del triunfo eterno; para inundar de luz sus ojos con la visión beatífica, para anegarse en la divina Sabiduría cuyos celajes había columbrado en la mirada del Niño. ¿Resucitó, como admiten Suárez y San Francisco de Sales, el mismo día que el Salvador? ¿Subió al cielo en cuerpo y alma? Es posible. Pero lo cierto es que, guiado por la sonrisa del Hijo, por la misericordia de la Madre, nos mira, nos alienta, nos guarda como un ángel y nos prepara el gran día en que nuestra alma sabrá definitivamente lo que es nacer.

¡Qué sobreabundancia de caridad, de primores, de cuidado puso Dios al moldear el alma de San José, al crear su cuerpo, al formar aquellas manos de artesano que le iban a sustentar, aquellos brazos que se extremarían en delicadezas al dormirle, aquel entendimiento arrebatado por la consideración de los misterios divinos, aquel corazón que se adelgazaba como una llama en el amor del Niño más hermoso! Dios rodeó con sus misericordias el espíritu y la vida de José.

Cuando labraba su alma, cuando tallaba su cuerpo, cuando infundía la luz en la mirada de su nueva criatura, la misericordia velaba allí. Cuando preveía ab aeterno las virtudes del futuro Santo, la misericordia extremaba su obra. Y cuando lo soñaba para esposo de María, para padre adoptivo de su propio Hijo, para guardián de la Sagrada Familia, la misericordia envolvía en luminosidad esta creación portentosa.

Era una luz que reflejaba los esplendores de la luz eterna. El Señor le concedió particulares privilegios que bastarían para llenar de admiración el cielo y la tierra. ¿Cómo no acercarnos a él? Como escribe bellamente fray Bernardino de Laredo, las armas de su genealogía son el Niño y la Virgen. Jamás un blasón semejante se había dado ni se podía dar en el mundo.

El Santo Patriarca tiene la gracia de la flor que sabe entregarnos con caridad su aroma. A su lado florece la bondad, arraiga la dulzura, fructifica el sosiego. No es el santo de una época ni de un siglo. Es el Patriarca de todos los milenios, de ayer y de mañana, de hoy y de siembre. Pasa enseñando el valor de la vida remansada. Nos invita a contemplar la belleza de los seres humildes. A su lado nos sentiremos más niños y oiremos de nuevo dentro de nosotros la callada resonancia de un lenguaje aprendido la noche de Belén.

LUÍS MORALES OLIVER

 

 

¡Es tiempo favorable!: 10 ideas para familias católicas recluidas en casa por el coronavirus

¿Qué hacer encerrados en casa con los niños muchos días? Rezar, jugar, organizarse las tareas... ¡empezar con un horario!

decálogo con ideas para aprovechar humana y espiritualmente el tiempo que pasarán en casa las familias la cuarentena social decretada a causa del coronavirus. El lema que inspira el decálogo es una exhortación animosa de San Pablo a los corintios: "Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación" (2 Co, 6).

1. Nos sentamos y hacemos un plan

"Os invitamos a que como matrimonio cuidéis con amor y delicadeza vuestro amor de esposos. El sacramento del matrimonio es fuente de salvación para toda la familia. Que os sentéis para diseñar una estrategia, a la luz del Señor, que os ayude a aprovechar este tiempo de gracia que nos ofrece el estar en casa".

2. Nos reunimos con los hijos y explicamos lo que pasa

El texto propone una reunión familiar para explicar a los hijos lo que sucede desde una perspectiva de fe. "Enseñadles que tenemos que cuidar nuestro cuerpo porque es templo del Espíritu Santo, sabiendo que debemos cuidar principalmente nuestra alma. Aclarad que Dios no es el origen de esta epidemia, sino que la causa última es el pecado original que introdujo el desorden en la creación, la enfermedad y la muerte. Pero Dios es providente y capaz de sacar bienes de todo, incluso de los males. Podemos ilustrar esto con pasajes de la Biblia. Habladles sin miedo del Cielo, nuestra verdadera patria. Todo esto es una prueba para crecer en el amor verdadero. En esta situación nos hemos de preguntar: ¿qué espera el Señor de cada uno, de cada familia, en esta situación?"

3. Recordamos: Jesús está vivo y en el centro de nuestro hogar

"El Corazón de Jesús está vivo y mora en vuestro hogar y espera todo de vosotros. Él no es sólo uno más de la familia, sino que debe ser el centro de vuestro hogar. Os invitamos a hacer o renovar la consagración de vuestra familia al Corazón de Jesús".

La bendición de la mesa, por el pintor alemán Fritz Von Uhde (1885)

4. Ofrecemos como sacrificio las dificultades

"Estos días de estar tanto tiempo juntos 'encerrados' en casa nos ofrecen múltiples ocasiones de obedecer, de vencer nuestro orgullo. Son muchos los pequeños sacrificios que podemos hacer a lo largo del día. Es fundamental darle un sentido: para consolar al Señor, por la conversión de los pecadores, para que acabe el coronavirus, por la salud de los enfermos, por los que están solos... Sería bueno que fijarais un lema familiar que os recordéis cuando surjan ocasiones de ofrecer sacrificios. Os proponemos lo que decían los Pastorcitos de Fátima: 'Jesús, es por tu Amor'".

5. Estableced un horario

Un horario sirve "para que la familia no vaya a la deriva estos días". Ha de combinar los tiempos de ocio y de obligaciones. Será flexible y revisable, se adaptará a la situación de los hijos. "Todos debemos colaborar haciendo diversas tareas, que cada uno tenga su responsabilidad". "No pasa nada porque los hijos se aburran. Os aconsejamos que pongáis el horario en algún lugar visible de la casa, por ejemplo, en la puerta del frigorífico".

6. En el horario, estableced tiempo diario en familia para Dios

"Aprovechad esta ocasión para sacar un rato de oración en familia, en la que comentéis el evangelio del día, en la que deis gracias por todo lo bueno que habéis vivido, ayudando a los hijos a descubrir al Señor presente en cada cosa. Rezad el Rosario en familia, sin miedo a que los niños se aburran. Y si podéis participad en la misa cada día a través de los medios de comunicación social. Subrayad la importancia de la misa dominical, haciendo la comunión espiritual en casa". El texto también recomienda "distribuir estos momentos de oración a lo largo del día para que se puedan aprovechar bien y los hijos disfruten de ellos".

7. Ordenad y limitad el uso de TV e Internet

"La gran tentación es dejar que los niños, para que no molesten, estén todo el día enchufados a la televisión o conectados a Internet, en las redes sociales o en juegos virtuales. Cuidad por favor los contenidos a los que acceden y poned unos márgenes al tiempo que dedican".

Dejad que los niños vengan a mí; cuadro de 1884 de Fritz von Uhde

8. Promoved actividades de ocio conjunto en familia

"Os invitamos a pensar qué podéis hacer juntos en familia: juegos de mesa, ejercicio físico -tipo aerobic- sencillas representaciones teatrales, quizá sobre pasajes de la Biblia, vidas de santos o cuentos populares. También se pueden hacer concursos para sacar a la luz talentos".

9. Escuchad a vuestros hijos

"Dedicadles tiempo, hablad con cada uno... no dejéis pasar esta ocasión para atenderlos, para conocerlos mejor, para compartir sus inquietudes, sus anhelos y sus preocupaciones".

10. Perdonad y pedir perdón

"Seguramente habrá roces, riñas, pérdidas de paciencia, enfados... por eso, en la oración familiar dedicad un tiempo a pedir perdón, en primer lugar, al Señor, por haberle ofendido, y en segundo lugar, a los miembros de la familia".

Estas son las recomendaciones de la delegación de Familia de la archidiócesis de Toledo.

Los lectores de Religion En Libertad pueden comentarlas o ampliar estas ideas con las suyas propias en la sección de comentarios.

 

 

Las grandes lecciones de un pequeño ser vivo: el coronavirus

 

Las grandes lecciones

de un pequeño ser vivo:

el coronavirus

El coronavirus, una extraña criatura de no más que 50 milésimas de milímetro, está mostrando la fragilidad del mundo moderno y trastornando nuestra vida hasta los cimientos.

Cuando los historiadores estudien la gran crisis desencadenada por el coronavirus en el futuro, se harán muchas preguntas para las cuales, quizás, ya tendrán algún elemento de respuesta. En medio de la crisis, con Italia todavía en cuarentena, tenemos que conformarnos con preguntas, que no son pocas o triviales. El coronavirus, de hecho, ha sacado a relucir una larga serie de contradicciones y deficiencias de nuestro mundo, que se encuentran vigentes, enterradas por el optimismo imperante.

Aprovechando el tiempo extra disponible, quizás deberíamos levantarlas ahora, tratando de obtener algunas lecciones de ellas.

“La fragilidad del mundo moderno. Realmente esta situación hace que nos preguntemos cómo un pequeño ser, de hecho microscópico, puede poner de rodillas un mundo que se jactaba de ser sólido, poderoso y duradero. Economía en declive, bolsas hundidas, tiendas cerradas, vuelos cancelados, calles desiertas, eventos pospuestos, deportes suprimidos, fronteras cerradas… Pensamos que esto podría haber sucedido como consecuencia de una guerra mundial o un desastre natural extraordinario. Pero no. Un ser de unas pocas micras de tamaño fue suficiente para alterar toda nuestra vida, también rompiendo el mito de la solidez de nuestro mundo”.

Esto implica para nosotros una primera gran lección, si queremos escuchar los signos de los tiempos.

Cuando en Fátima, Nuestra Señora habló de una serie de flagelos para la humanidad pecadora, seguida de una conversión general y la consiguiente restauración de la civilización cristiana, muchos no escucharon sus palabras, no tanto por alguna objeción doctrinal sino por convicción ‒más empírica que intelectual‒ que este mundo duraría eternamente y que, por lo tanto, podrían continuar disfrutándolo sin turbación. La crisis causada por el coronavirus nos enseña, sin embargo, que las cosas pueden cambiar, e incluso rápidamente. No podemos dar nada por sentado. Este estado de cosas no es eterno. Todo puede desaparecer, solo Dios permanece.

De criminal a heroína: la parábola china.

En los próximos años, los historiadores tendrán dificultades para explicar cómo China logró implementar una campaña de propaganda que la transformaría de criminal en heroína en unas pocas semanas.

La epidemia comenzó precisamente en China y se extendió gracias a la extrema negligencia y arrogancia del gobierno comunista de Pequín. El primer aviso fue la hospitalización por bronquitis de Wei Gixan, en la pescadería del mercado de Wuhan, el 10 de diciembre de 2019. El 15 de diciembre, el Dr. Li Wenliang fue el primero en dar la alarma: estaba ocurriendo una epidemia. Esto fue tan evidente que el 7 de enero de 2020, el Wall Street Journal incluso publicó un extenso informe sobre el tema. El gobierno de Pequín reaccionó expulsando a los periodistas estadounidenses y forzando al Dr. Wenliang a firmar un documento auto acusatorio, prohibiendo cualquier divulgación de información a este respecto bajo sanciones muy severas. Solo el 20 de enero, con la epidemia entonces fuera de control, el presidente Xi Jinping hizo una declaración pública. Y solo el 23 decretó el estado de emergencia.

El pecado de las naciones y sus castigos

Si China hubiera reaccionado rápidamente a mediados de diciembre, lo más probable es que no se hubiera producido tal crisis. Este es el verdadero responsable. Sin embargo, surgen dos preguntas entrelazadas: ¿Por qué China ha actuado de esta manera? ¿Y por qué no se quiere señalarlo con el dedo?

“La respuesta a la primera pregunta es, por supuesto, la mentalidad totalitaria propia del comunismo, que reacciona manteniendo en secreto todo lo que pueda afectar la imagen del régimen. Exactamente lo que sucedió en 1986 con el desastre de Chernobyl, y en 2000 con el desastre del submarino Kursk. Pero eso no explica todo”.

También es obvio que no se quería frenar la economía china, de la que ahora depende la mitad del mundo. Se prefirió dejar la locomotora china en funcionamiento, incluso con riesgo de causar una pandemia. Por lo tanto, a las fallas de la mentalidad comunista también deben agregarse las de una determinada mentalidad capitalista. Y aquí está la respuesta a la segunda pregunta: los chinos no deben ser tocados porque tienen el cuchillo por el mango.

Uno de los grandes enigmas de nuestro tiempo, un verdadero misterio de iniquidad, es cómo Occidente, que se enorgullece de su carácter democrático y liberal, se ha sometido de modo tan servil a un gobierno dictatorial dominado por un Partido Comunista. Para ganar dinero, Occidente, consciente y voluntariamente, ha colocado su cabeza en la guillotina. ¿Puede preguntarse ahora por qué el verdugo tira de la palanca?

“Maestros en operaciones oscuras, los chinos también se han aprovechado de la crisis al adquirir una posición aún más dominante en el mercado. De hecho, la crisis ha derribado las acciones de muchas empresas occidentales que operan en China”.

El Banco Central de Pequín ha aprovechado esto, y en estos días está comprando cientos de miles de millones en acciones, convirtiéndose así en el socio de referencia de muchas empresas occidentales. Todo bajo la mirada, entre indiferente y cómplice, de los gurús financieros occidentales.

No solo eso. En golpe de escena de la peor comedia, China ahora se presenta como la salvadora del mundo. Todos elogian el «modelo chino». Pequín incluso se permite el lujo de darle a Italia el material sanitario necesario para enfrentar la crisis vírica… ¡causada por ella! De criminal a heroína en unas pocas semanas, una parábola verdaderamente sorprendente.

¿La crisis del coronavirus no será una oportunidad histórica para revisar toda nuestra actitud hacia Pequín? Aún estamos a tiempo. ¡Reaccionemos antes de que sea demasiado tarde!

Cuando el pastor abandona el rebaño.

Sin embargo, la pregunta más insoportable se refiere a la actitud de buena parte de la jerarquía eclesiástica, que se ha doblegado ante las necesidades del gobierno Conte. En un artículo en el Corriere della Sera, Andrea Riccardi cuenta.

“Se inició una estrecha negociación entre CEI [1]y el Palacio Chigi,[2] que no parecía estar disponible a otras razones que las de sus técnicos. Después de una pulseada, el CEI cedió».

Riccardi parece insinuar que el CEI se ha rendido a regañadientes. La rapidez y la sorprendente estampida con que nuestros obispos han aplicado las disposiciones sanitarias emitidas por el gobierno, a veces anticipándolas, y luego aplicándolas de manera exagerada e incluso unilateral, nos hacen pensar en otras razones.

“En dos mil años de historia, la Iglesia en Italia ha enfrentado muchas situaciones epidémicas: desde la plaga de Roma en 590 hasta las de Milán en 1578 y 1630. Invariablemente, la Esposa de Cristo reaccionó con un espíritu sobrenatural, permaneciendo cerca de los fieles, alentándolos en oración y penitencia, multiplicando las oportunidades de recibir los sacramentos”.

Existen algunos ejemplos de grandes santos como San Carlo Borromeo, quien regresó a Milán desde Lodi mientras las autoridades civiles huían; y San Luis Gonzaga, quien eligió quedarse con los enfermos en el Colegio Romano, pagando el heroico gesto con su vida. Siempre, la nota predominante de la Iglesia durante los episodios de peste fue precisamente revitalizar el cuidado de las almas.

“Esta es la primera vez en la historia en la que, con pocas excepciones, la jerarquía ha abandonado a los fieles, privándolos del apoyo espiritual: primero, imponiendo la Comunión en la mano y retirando el agua bendita; luego, suprimiendo todas las ceremonias religiosas tout court, incluidos los funerales. Sin embargo, si la norma de salud es mantener una distancia de un metro y no tocarse. Nada de esto parece haber sido tomado en consideración. En efecto, han escogido privar a los fieles de los sacramentos cuando tienen mayor necesidad de ellos”.

No está claro por qué la adoración y las oraciones están prohibidas, si se respetan las normas de seguridad.

El vaticanista Marco Tossati reflexiona:

“Las limitaciones del culto que los eventos cambiantes de la historia han impuesto en ciertas contingencias a los cristianos siempre se han sufrido por la Iglesia como formas de persecución y martirio, y nunca elegidos deliberadamente en un espíritu relativista u obediente». En pocas palabras, lo que solían hacer los enemigos de la Iglesia, ahora lo hace la propia Jerarquía.

Ciertamente, uno no puede exigirle a César que comprenda las razones de Dios. Sin embargo, puede y si debe, pedir a los obispos que afirmen las razones superiores de Dios, en lugar de inclinarse tan servilmente ante César.

Vamos a plantear un último punto. Dejando a un lado el juicio sobre si esta pandemia puede o no ser interpretada como un castigo divino, el hecho obvio es que sería una excelente oportunidad para predicar, especialmente porque estamos en el período de Cuaresma, cuando debemos enfocar nuestra atención en el sufrimiento, terrible pero redentor, de Nuestro Señor Jesucristo.

Parece claro que la epidemia ha sacudido muchas conciencias, generalmente aplastadas por el deseo de disfrutar la vida, abriéndolas a consideraciones trascendentales y ofreciendo oportunidades para la intervención purificadora de la gracia divina. Aquí también, sin embargo, el silencio de la jerarquía tiene algo trágico. Sin juzgar las intenciones, es difícil no ver aquí una falta de espíritu sobrenatural que es realmente preocupante. Están en silencio cuando la mayoría debería hablar.

Aquí hay algunas preguntas, en su mayoría aún sin respuesta, planteadas por la situación que surgió debido a la propagación de esta extraña criatura, no mayor de 50 milésimas de milímetro, y que, sin embargo, está perturbando nuestra vida hasta los cimientos.

(Julio Loredo ‒ Extractos)


[1] Conferencia Episcopal Italiana

[2] Sede del Gobierno italiano

 

Las mujeres están locas…

Salvador Abascal Carranza​ 

Que viva la diferencia porque, gracias a ella, se ha construido el mundo; gracias a ella, el hombre y la mujer se complementan y se hacen uno porque somos diferentes.

“Creo que las mujeres están locas si pretenden ser iguales que los hombres. Son bastante superiores y siempre lo han sido. Cualquier cosa que le des a una mujer lo hará mejor. Si le das esperma, te dará un hijo. Si le das una casa te dará un hogar. Si le das alimentos, te dará una comida. Si le das una sonrisa, te dará su corazón. Engrandece y multiplica cualquier cosa que le des”. William Golding (1911-1993).

Sobre la mujer he escrito mucho, se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo mientras el mundo sea mundo. La cita del encabezado, de William Holding, es más que elocuente. La mujer tiene una superioridad que el hombre, el varón, generalmente no entiende. Pero mucho me temo que sólo algunas mujeres comprenden cabalmente. Sí, es verdad que somos absolutamente iguales en dignidad; en todo lo demás somos diferentes, “vive la différence”. La gran riqueza del género humano consiste, entre otras cosas, en que todos somos diferentes.

Que viva la diferencia porque, gracias a ella, se ha construido el mundo; gracias a ella, el hombre y la mujer se complementan y se hacen uno porque somos diferentes. En todo caso, los hombres nos deberíamos sentir discriminados porque no podemos dar vida. Las mujeres son la vida misma; cualquier hombre que quiera parecerse a ellas por más operaciones que se practique, no deja de ser una burda falsificación, una burda imitación. Lo mismo vale en sentido contrario. Si al morir cualquiera de los dos, se les practicase una prueba de ADN, esta los denunciaría sin piedad, revelando lo que realmente siempre fueron.

Cuando la mujer se quiere igualar al hombre comete un grave error. La mujer puede ser profesionista exitosa, obrera calificada, directora de empresa, diputada, senadora, dirigente de una nación o ama de casa por elección y, en todos los casos, destacar como quien hace mejor las cosas que tiene que hacer, sin dejar de ser femenina.

Caso muy distinto es cuando la mujer se siente seducida por el hacer masculino o, más que masculino, machista. El afán de igualdad la puede arrastrar a escenarios en los que domina ese macho al que las feministas radicales abominan, y con razón. Es el caso, por ejemplo, de la búsqueda del poder por el poder. Es el de la mujer que no se da cuenta de que es empujada, generalmente por otras mujeres, para tratar de competir con el varón. Una de las condiciones que impone el varón a las mujeres es que jueguen al juego y con las reglas impuestas por él. La lucha del poder por el poder no es el de la mujer. La mujer tiene otro poder, es más poderosa que el hombre, pero de una manera distinta.

Con el mito de la igualdad entre hombres y mujeres, se considera un triunfo para la mujer la paridad con el varón, ya sea en el sector público o en el privado, cuando la verdadera igualdad entre varones y mujeres es atributo esencial de su humanidad, de su dignidad, y no de su desempeño en sociedad. Cuando la mujer se quiere parecer al varón, tanto parecido le hace daño. La demostración de violencia de la que hacen gala grupos minoritarios, por ejemplo en el 8M en la Ciudad de México, las asemeja tanto al varón violento que las mujeres agredidas pudieron decir: “Nos trataron como hombres”. Entre las consignas que gritaban esos grupos minoritarios pero escandalosos, estaban estas: “Somos brujas, lo vamos a quemar todo” o “¿Somos malas? Podemos ser peores”.

Sin embargo, la violencia de que hicieron gala esos pequeños grupos de mujeres enfurecidas, no desvirtúa el objeto de una manifestación que tenía por objeto protestar contra la violencia, ¿de género? Hubiera sido bueno, porque el género humano comprende al hombre y a la mujer. ¿Por qué se rehúsan las feministas extremas y los medios de comunicación a decir las cosas por su nombre? ¿Por qué pervertir el lenguaje? Era una protesta por la violencia contra la mujer, contra el acoso del macho y de todo género (ese sí es género) de discriminación contra ella. Ya entrados en el lenguaje de moda, llamar feminicidios a cualquier asesinato contra una mujer es un exceso. Es feminicida al (¿hombre o mujer?) “que mata a una mujer sólo por ser mujer”. Este caso es muy raro y está consignado en los anales criminales, de todos los países, cuando un asesino mata mujeres sólo por serlo. Generalmente cuando un hombre mata a una mujer, no es por ser mujer, sino por ser su mujer, o la mujer de otro, o por ser su exmujer. ¿Se puede considerar como agravante alguno de estos hechos? Es muy posible, pero también han muerto mujeres involucradas o no con grupos criminales, generalmente de narcos.

En todo caso, en todos los ámbitos sociales se debe propiciar la estricta igualdad de oportunidades (esta es la auténtica no discriminación), para que sea el talento, la capacidad y otras cualidades ad hoc de hombres y mujeres la que determine el número de mujeres y de hombres en las actividades laborales, ya sea en la producción de bienes, en el ejercicio de la profesión, en el comercio, en el servicio público o en la política (que debería ser el servicio público por excelencia).

Por cierto (nadie habla de esto), desde hace milenios hombres y mujeres se reparten las labores propias del campo, sin que estas últimas se quejen de discriminación. Y cuando es necesario, en caso de guerra, de enfermedad o de muerte de los hombres de la familia campesina, las mujeres han tomado el trabajo rudo de los varones, y lo han hecho tan bien o mejor que ellos. Lo que nunca han hecho es imponer una paridad que, por simple sentido común, es descabellada. La humanidad ha comido, digamos que existido, desde el principio de los tiempos, gracias a lo que ellas y ellos han aportado con su talento y su trabajo.

Muchas mujeres no se han dado cuenta de que han caído en la trampa de un machismo disfrazado de feminismo. No solamente las que han sido atrapadas por el garlito de aplazar su maternidad, para tener éxito económico y social, sino las que piensan que deben competir con el hombre para sentirse en igualdad como mujeres, lo que demerita su naturaleza. Por esta degradación de la verdadera femineidad, que no significa necesariamente renunciar al mundo laboral, la humanidad está perdiendo eso que Ortega y Gasset llama la “sabiduría diferente” y que solamente la mujer puede aportar al mundo para completarlo de una manera diferente, más sabia, es decir, a la manera de esa mujer que es mujer al 100 por ciento.

 

 

El “Fausto” y la Biotecnología.

 

(A propósito de los coronavirus)

Dedicado a Francisco Molina Molina.

El "Fausto", de Goethe, obra literaria de relevancia universal, fue llevado a la ópera, entre otros, por Berlioz ("La condenación de Fausto") y por Gounod ("Fausto"). Tuvo precedentes literarios en el "El mágico prodigioso", de Calderón de la Barca.

Charles Gounod, uno de los músicos franceses más famosos del siglo XIX, produjo doce óperas. Su obra "Fausto" es la más conocida.

La obra se desarrolla en cinco actos. El lugar es la Alemania del siglo XVI. El Doctor Fausto, culto, con gran cantidad de conocimientos, desencantado, viejo, un día de Pascua de Resurrección llama al demonio para que venga en su ayuda. Aparece en el acto Mefistófeles, con quien firma un pacto, tras lo cual se trasforma en un joven que va a emprender, siempre acompañado por el diablo, todo tipo de aventuras, gozando incansablemente de los placeres y conociendo sin saciarse. Seduce a Margarita, comete un asesinato y provoca la muerte de la madre de Margarita. Al final, vuelve a envejecer, y hastiado de todo, muere, pero rezando, y es salvado gracias al amor de Margarita y, en la obra de Goethe, gracias a la intercesión de la Madre de Dios, Madre Dolorosa y Madre Inmaculada, como se la proclama en la obra..

En el “Fausto” late el "seréis como dioses", la antigua tentación que induce al hombre a prescindir de Dios, erigiéndose en "el pequeño dios del mundo", como se dice en la obra de Goethe.

Y ese pequeño dios quiere a toda costa dominar lo indomable. Por ejemplo, los coronavirus, a día de hoy, se escapan al control orgulloso del hombre. Es muy importante la investigación, el trabajo, el empeño en controlar la pandemia, pues se trata de la salud, de la vida y de la muerte de muchos seres humanos. Es lógico luchar por evitar el contagio. Pero también se precisa un mayor abandono en las manos del Creador.  Probablemente nos olvidamos de que estamos en manos de Dios.

Parece como si el diablo jugase con el hombre, embotellado, metido en una jaula, en una bolsa, acorralado, sin escapatoria. Es una risa diabólica la que el orgullo humano provoca. Es el riesgo que corre el hombre, al creerse autosuficiente, con inmenso poder en sus manos.

El hombre, sin Dios, se deprava, se hace menos hombre. Se trata de la tentación de siempre, que se refleja también en las manipulaciones que se hacen con la vida y la muerte: sobre los embriones, con la fecundación in vitro, la inyección intracitoplásmica, la clonación, la eutanasia, y un largo etcétera. Pero la vida es la misma desde el principio, su dignidad permanece hasta el final. Por  eso, toda actuación sobre el cuerpo o el alma del hombre es una actuación sobre una persona concreta.

Son prácticas que suelen acompañarse del ansia de poder y de dinero. Es egoísmo, egocentrismo.

Es necesario sostener y promover la investigación científica para el beneficio de la humanidad, pero no ha de ser contradictoria con la dignidad del hombre, de lo contrario, la naturaleza se rebela. Por ejemplo, las células madre embrionarias, inyectadas, dan lugar a tumores y producen rechazo inmunológico. Los anticonceptivos, y en concreto la píldora del día después han originado una banalización del sexo, no viendo que el sexo, la paternidad y maternidad, el amor, la filiación, están unidos.

            Y en el caso del Covid19, ¿ha habido manipulaciones extrañas en algún laboratorio? Y como consecuencia, ¿se ha “desmadrado” el virus? ¿Ha habido irresponsabilidad por parte de algunos? ¿Qué entresijos no conocemos?

¿No sigue vistiéndose de belleza, de verdad y de bien lo que es el mal? Es una visión mefistofélica. El hombre, embriagado por el poder que Dios le dio sobre la naturaleza en el Paraíso Terrenal, torciéndolo, modifica la obra que salió de Sus Manos pura e incontaminada. Es la soberbia, la lujuria, la avaricia, la ira, la envidio, la pereza, la gula, como se lee en el "Fausto" de Goethe,  lo que ensombrece al mundo. El pecado original es una realidad. Y cada hombre, personalmente, con sus errores, fallos y pecados, es responsable del desastre. ¿No será consecuencia de la maldad la propagación desmedida de los coronavirus?

Pero hay solución. Se trata de volver a las raíces primeras, al origen: el hombre es hijo de Dios, es su imagen y semejanza, y ha sido salvado por el mismo Dios, que se hizo hombre, igual a nosotros, menos en el pecado. Por eso, se hace necesaria una recristianización de la cultura, de la ciencia, de la sociedad toda, para que el hombre sea más hombre, para que tome en serio su dignidad. La pandemia del coronavirus no ha de ensombrecer esta necesidad.

                                                                                                          

Promover la vida

Pudo ser una coincidencia no buscada, pero resulta si más no escandalosa, que en la fiesta de la Virgen de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, los promotores de la muerte comenzaran los trámites para implantar la eutanasia en este país. ¡Bonita manera de atender al enfermo! Se trata, en lo posible, de acabar con la enfermedad, no con el enfermo. Aún hay tiempo para evitarlo.

No se entiende la urgencia en abrir la puerta legal para poder enviar al otro mundo a muchas personas, porque se piensa que ya no son "rentables" a  la sociedad, y además originan unos gastos que podrían evitarse. Puestos a evitar gastos se podrían revisar muchos capítulos del presupuesto nacional, como por ejemplo el de la pléyade de ministros y cargos adyacentes. Valorar a las personas con un criterio economicista y pragmático nos retrotrae a los momentos más duros del racismo y de la compraventa de esclavos.

El otro falso y cínico criterio es el de la compasión: que no sufran los enfermos...  Efectivamente los enfermos no quieren sufrir, pero no a costa de que les maten. ¿No será más bien que el que ha de cuidar al enfermo no desea hacerlo y quiere quitarlo de en medio? ¿Por qué no dedicarse a potenciar la medicina paliativa, tan eficaz hoy día?

Jesús Martínez Madrid

 

Tiempo de formación

Siempre es un buen momento para la educación. Siempre es un buen momento para formarse, para aprender sobre temas fundamentales y poder crear, desde el conocimiento, la reflexión y el espíritu crítico, nuestra propia opinión. En estos momentos, dada la actitud totalitaria e impositiva del Gobierno, esta formación adquiere, si cabe, más trascendencia.

Desde la llegada de este Gobierno -en especial tras su ‘refuerzo’ con Podemos-, se está acelerando el proceso para que la discrepancia de sus propias ideas sea considerada delito. Para que posturas ideológicas particulares y discutibles sean impuestas, desde la escuela y de manera obligatoria, a todos los ciudadanos. Y lo blindaran con leyes.

Así lo hacen con temas tan graves como el aborto -globo sonda sobre volver a permitir a las menores abortar sin consentimiento (ni conocimiento) paterno-, la eutanasia (en trámite en el Congreso) o la ideología de género -12 de las 17 CCAA ya tienen su ley LGTBI en la que es delito discrepar de ella-.

Por ello, tenemos la obligación de formarnos. De llenarnos de argumentos desde los que crear y defender nuestra postura ante estas cuestiones de hondo calado humano. Leer buenos libros, acudir a cursos y charlas de formación en estos asuntos…

Jaume Catalán Díaz

 

 

El oro venezolano, la peste, la mujer… y “más cosas”

 

FUENTES CERCANAS AL RÉGIMEN DE VENEZUELA PRECISAN QUE LA MISIÓN DETRÁS DEL ‘DELCYGATE’ ERA TRAPICHEAR CON EL ORO VENEZOLANO: Exclusiva/ El ‘Delcygate’ es una mina: esta es la jugosa oferta que Delcy Rodríguez hizo al PSOE y Podemos en Barajas. Nuevas pistas desvelan el gran secreto oculto detrás del ‘Delcygate’. Fuentes cercanas al régimen de Nicolás Maduro han confirmado a Periodista Digital que la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, viajó hasta el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez para ofrecer a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias un tentador negocio: una mina de oro en el territorio venezolano que podrán explotar para beneficio propio. Una propuesta que ya fue aceptada, años atrás, por José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente de España está enriqueciéndose a partir de uno de los negocios, junto al narcotráfico, más polémicos del régimen chavista. (Periodista Digital: 07-03-2020)

 

            Si todo esto es cierto y se confirma, seguro que ni hay leyes en España para juzgar a tan “altos corrompidos”; pero ahí quedan las denuncias y ahora veamos a jueces y fiscales actuar como se supone es su obligación, para dejar claro la situación de gobernantes y ex gobernantes de la España de hoy. Pero sobre el oro de Venezuela que al parecer es mucho muchísimo, vean y lean el reportaje sobre los buscadores de oro, en Venezuela y en la situación que trabajan, teniendo que entregar “al tirano”, la mayor parte del oro que logran extraer en condiciones de semi esclavos. Lo ha publicado la revista XLSEMANAL Nº 1686 del 16 al 22-02-2020 (“Venezuela descenso al infierno”) y que podrán encontrar en la red de Internet, con profusión de fotografías y declaraciones… “En un país que se hunde, a muchos venezolanos no les queda otra opción que trabajar en las minas de oro. Matanzas, miseria e impunidad definen este lugar, regido, dicen los lugareños, por “la ley del oro y el plomo” (Es un texto de dicha revista que he entrecomillado).

            Y que gentuza así se digan representantes de “pueblos”; que cobren de los impuestos del ya expoliado contribuyente, que alternen e incluso se sienten, en foros internacionales; que viajen y vivan a cuerpo de rey, etc. etc. etc. ¿Y que todo este enorme ya “mar” de corrupciones, incluso criminarles, se mantenga en el planeta; que porvenir podemos esperar los habitantes de hoy y los del futuro, si sigue marchando así de corrompido? ¿Nadie puede no sólo hablar fuerte, sino actuar como requieren estos asuntos tan ya destruidos? No se entiende, por mucho que se medite.

 

SOBRE EL TAN CACAREADO DÍA DE LA MUJER: La feria, carnaval o parafernalia de la manifestación del ocho me marzo a favor de las mujeres; no es otra cosa que un arma política para crear follones sin resultado ninguno para la masa de mujeres (otra cosa será para las ya enchufadas en los múltiples chiringuitos que pagamos en contribuyente con el dinero de nuestros impuestos) ¿Qué precisan las mujeres? ¡Pues lo mismo que los hombres! Inteligencia, constancia, e individualmente "labrarse su porvenir", como se ha hecho toda la vida, tanto hombres como mujeres... ¿No hay ya en España hasta un general del ejército que es mujer? Pues ese es el camino; ya hay muchísimas mujeres ocupando puestos como los hombres... ¿O es que hay que dárselos simplemente por ser mujer? ¿A quién quieren engañar en esta sucísima política que se practica buscando enemigos siempre?

 

“UNA PARTE DEL FEMINISMO ESPAÑOL SE SIENTE ABOCHORNADO POR EL "INFANTILISMO" DEMOSTRADO POR EL MINISTERIO DE IGUALDAD: ‘Feminismus ridiculus’: Irene Montero impone por ley el sexo con notario. Irene Montero lleva algo más de un mes ejerciendo de ministra de Igualdad y sus peripecias nos han dejado material como para llenar toda una legislatura de memes. La exposición pública de la exportavoz de Unidas Podemos se multiplica en las redes sociales, donde además de su propia cuenta en Twitter y la del partido, se vale también de la plataforma ministerial para la difusión de algunos actos surrealistas”. (Periodista Digital 08-03-2020) https://www.periodistadigital.com/magazine/humor/20200308/feminismus-ridiculus-irene-montero-impone-ley-sexo-notario-noticia-689404276031/

            Todo esto es como para “mondarse de risa”, pero como “las leyes que nos han impuesto son tan rígidas”; ya lo sabe, si se le presenta la ocasión, lleve en el bolsillo, una clara autorización, impresa; y que sea firmada por ambas partes, antes de, “la bajada de bragas y pantalones”, por “si las moscas”. Y además entérese bien “la edad en que la ley permite el acto sexual consentido”, para lo que deberá pedir el documento de identidad, o pasaporte y tomar nota de su número y fecha, “no vaya a estar caducado” (compruebe la firma y que sea igual a la del documento oficial) y por sólo ello… “lo empapelen”…Hecho ello, “empiece los preliminares del acto”… ¡Jajajaaaaaaaaaaaaaaa!

 

EL NUEVO VIRUS: LAPESTE DE 1348 Y EL DECAMERÓN DE BOCCACCIO:

            Como “nuestros actuales salvadores”, se están preocupando tanto por nosotros, aparte de enviarnos todo tipo de miedos a la muerte, para tenernos entretenidos o atenazados por nuevos y desconocidos terrores. De ahí, que muchos lo empleen como una “nueva arma política”. Convendría por lo menos, saber como en aquel tiempo un inteligente escritor, escribió, el drama florentino… “Para engarzar las cien historias, el libro está construido como una narración enmarcada. La obra comienza con una descripción de la peste bubónica (la epidemia de peste negra que golpeó a Florencia en 1348), lo que da motivo a que un grupo de diez jóvenes (siete mujeres y tres hombres) que huyen de la plaga, se refugien en una villa en las afueras de Florencia. Probablemente, Boccaccio concibió el Decamerón después de la epidemia de 1348, y lo terminó en 1353… Vean que fueron, “siete mujeres y tres hombres”, por lo que supongo que “no lo pasarían muy mal del todo, si se entendieron en todo lo normal”.

 

  Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes