Las Noticias de hoy 5 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Jue, 05/03/2020 - 11:41
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 05 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa está “resfriado” y “no presenta síntomas de otras enfermedades”

Colecta por Tierra Santa: “Salvaguardia de la presencia cristiana”

Retiro cuaresmal: Reflexión sobre la resistencia a la gracia y la idolatría

LA ORACIÓN DE PETICIÓN: Francisco Fernandez Carbajal

"Las almas santas tienen que ser felices": San Josemaria

Entender y vivir la Misa

¿Cómo vivir la cuaresma?: Regine du Charlat

Catequesis del Santo Padre Francisco en la Audiencia general 2014 y 2016

El valor de la paciencia: F. Fernandez Carbajal

Quinto Mandamiento | No matarás

“Nada para nosotros, sin nosotros”: Monseñor Felipe Arizmendi

De profesión, madre: Blanca Sevilla

Ni feminismo ni machismo, simplemente humanismo: Jorge Espinosa Cano

¿Por qué la verdad despierta odio?: Plinio Corrêa de Oliveira

Mesa en familia y mesa en sociedad: Ana Teresa López de Llergo

Por el Coronavirus:  Jesús Domingo

No “vale todo”: Juan García.

La natalidad en el mundo: Pedro García

La radicalidad ideológica: Enric Barrull Casals

El setenta y cinco aniversario: JD Mez Madrid

Falsas democracias y sus corrupciones: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

El Papa está “resfriado” y “no presenta síntomas de otras enfermedades”

Declaraciones del Vaticano

MARZO 04, 2020 09:10REDACCIÓNPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 3 marzo 2020).- Ante la polémica levantada en torno a que el Papa pudiera haberse contagiado del Coronavirus, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha confirmado que además del “resfriado diagnosticado”, el Pontífice no presenta “síntomas atribuibles a otras enfermedades”.

Matteo Bruni, director de la Oficina Vaticana, ha comunicado este martes, 3 de marzo de 2020, pasadas las 19 horas en Roma, que “el resfriado diagnosticado al Santo Padre en los días pasados está haciendo su curso, sin síntomas atribuibles a otras enfermedades”.

Mientras tanto –ha añadido– el Santo Padre celebra diariamente la Santa Misa y “sigue los ejercicios espirituales” que se están desarrollando en la Casa Divino Maestro en Ariccia.

 

 

Colecta por Tierra Santa: “Salvaguardia de la presencia cristiana”

Viernes Santo, 10 de abril

MARZO 04, 2020 18:19ROSA DIE ALCOLEAIGLESIA ORIENTAL

(zenit – 4 marzo 2020).- El Viernes Santo, 10 de abril de 2020, se llevará a cabo la Colecta pro Terra Sancta, una campaña impulsada por la Iglesia “por la salvaguardia de la presencia cristiana” en los Santos Lugares y “por dar voz a quien no la tiene” en los países de Oriente Medio.

El cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, ha presentado la campaña esta 4 de marzo de 2020, y ha detallado cuales fueron las cifras de la campaña en el año 2019: Un total de 8.279.209,64 dólares fueron donados por los católicos de todo el mundo.

Los territorios que se benefician de diferentes formas gracias a la ayuda procedente de la Colecta son: Jerusalén, Palestina, Israel, Jordania, Chipre, Siria, Líbano, Egipto, Etiopía, Eritrea, Turquía, Irán e Irak.

Oriente Medio: “Inestabilidad y tensión”

Dada la “inestabilidad y tensión” vividas en Oriente Medio, la Congregación Vaticana se sirvió el año pasado de 1.920.100 dólares para atender diferentes necesidades de las personas que no tienen comida, los que no tienen atención médica, los que no tienen escuela, los huérfanos, los heridos y las viudas.

La Congregación “presta especial atención” a las necesidades de estas personas y lleva a cabo las obras de reestructuración a través de las diócesis orientales y latinas del lugar, también solicitando la colaboración de los organismos católicos en los países mencionados.

“Garantizar los medios necesarios para una vida digna a los que regresan a Irak y a Siria y a los refugiados en países vecinos como el Líbano y Jordania requiere la colaboración de todas las personas de buena voluntad”, explica el prefecto Leonardo Sandri en su carta, escrita el Miércoles de Ceniza, 26 de febrero de 2020. Además, también se fomenta la actividad cultural, espiritual y psicológica que de alguna manera acerca a las personas, a pesar de las diferencias religiosas y étnicas, señalan.

Además de la formación académica, espiritual y humana de los seminaristas y sacerdotes de las Iglesias bajo la jurisdicción de la Congregación para las Iglesias Orientales, para lo que se destinaron 3.276.252 dólares, se utilizaron 3.040.000 dólares para actividades escolares, coordinadas por la diócesis patriarcal de Jerusalén, la Custodia Franciscana, las Iglesias Orientales de Tierra Santa y los Institutos Religiosos.

Acto de restitución

La Iglesia –como recuerda San Pablo–, en el momento en que se empeña en expresar su solidaridad, también económica, con Jerusalén, “cumple un acto de restitución”: de Jerusalén, en efecto, toda la Iglesia ha recibido el don y la alegría del Evangelio y de la salvación, y es la “conciencia del don recibido” la que “mueve de nuevo a dar con alegría y generosidad”, explica.

La Iglesia, como recuerda monseñor Sandri, sigue trabajando “por la salvaguardia de la presencia cristiana” y “por dar voz a quien no la tiene”. Lo hace, ciertamente, en el “campo pastoral y litúrgico”, que es fundamental para la vida de nuestras pequeñas comunidades, matiza el representante vaticano.

Pero continúa también, en modo serio, en su empeño por garantizar una educación de calidad a través de las escuelas, que son” fundamentales para conservar la identidad cristiana y para construir una convivencia fraterna”, especialmente con los musulmanes, según las indicaciones contenidas en la “Declaración de Abu Dabi”.

“Gracias a la generosidad de los fieles de todo el mundo”, señala Sandri, la Iglesia “continúa poniendo una casa a disposición de los jóvenes que quieren formar una nueva familia y continúa creando oportunidades de trabajo”, sigue dando “una ayuda material concreta” allí donde se presentan formas de pobreza endémica, o bien, necesidades sanitarias y emergencias humanitarias unidas a los flujos de refugiados y de trabajadores migrantes extranjeros.

Por voluntad de los papas

La “Colecta para Tierra Santa” nace de la voluntad de los papas de “mantener fuerte el vínculo entre todos los cristianos del mundo y los Santos Lugares”, ”, recuerda el cardenal Sandri. Tradicionalmente efectuada el Viernes Santo, es la “principal fuente de sustento de la vida que se desarrolla alrededor de los Santos Lugares”.

También es el instrumento que la Iglesia ha dado “para estar al lado de las comunidades eclesiales de Oriente Medio”, señala el prefecto para las Iglesias Orientales.

Con respecto al cuidado de los santuarios, resultaría imposible sin la Colecta pro Terra Sancta, es de “fundamental importancia”, tanto porque estos son el “lugar material que conserva la memoria de la divina revelación, del misterio de la encarnación y de nuestra redención”, como también porque “en esos lugares la comunidad cristiana local encuentra los fundamentos de su propia identidad”.

“En torno a los santuarios y gracias a su presencia, encuentran un trabajo digno muchos de los fieles cristianos dedicados a acoger a los millones de peregrinos que en estos últimos años llegan, cada vez más numerosos, para visitar los Santos Lugares”, añade Sandri.

Custodia franciscana

La Custodia Franciscana a través de la Colecta puede sostener y proseguir la importante misión a la que está llamada: “custodiar los Santos Lugares, las piedras de la memoria, y fomentar la presencia cristiana, las piedras vivas de la Tierra Santa, a través de numerosas actividades de solidaridad, como el mantenimiento de las estructuras pastorales, educativas, asistenciales, sanitarias y sociales”, detalla la Santa Sede.

Por regla general, la Custodia de Tierra Santa recibe el 65% de la Colecta, mientras que el 35% restante va a la Congregación para las Iglesias Orientales, que lo utiliza para la formación de los candidatos al sacerdocio, el sustento del clero, la actividad escolástica, la formación cultural y las subvenciones a las diversas circunscripciones eclesiásticas de Oriente Medio.

 

Retiro cuaresmal: Reflexión sobre la resistencia a la gracia y la idolatría

Predicaciones del 3 de marzo

MARZO 04, 2020 12:24LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 4 de marzo 2020).- En la tercera y cuarta meditación de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana en Ariccia, Italia, el predicador, el padre jesuita Pietro Bovati, reflexionó sobre la resistencia a la gracia y sobre el pecado , informa Vatican News.

El Papa Francisco, que se recupera de su resfriado, siguió estas meditaciones desde la Casa Santa Marta en el Vaticano.

“Modelo faraónico”

En la primera meditación del día 3 de marzo de 2020, el jesuita señaló que en el Éxodo, con Moisés, se dice no al “modelo faraónico”, que defiende que el bien es el bien de los egipcios. Además, el Dios de Israel promueve “un cambio radical de perspectiva cuando saca a relucir el derecho de los extranjeros, de los oprimidos, de los explotados”.

Reflexionando sobre las lecturas del día que narran episodios del Éxodo, junto con el Evangelio de Mateo y los Salmos, el predicador jesuita puso en guardia sobre el riesgo de “resistir a la gracia, de oponerse al Espíritu”. En el “lenguaje del Espíritu” primero están los demás, los primeros son los últimos; “y la resistencia a la gracia se expresa precisamente en el rechazo de esta inversión de valores (…)”.

El faraón “representa la encarnación del poder como un poder destructivo contra los oponentes”. Una tiranía que también se refleja en la realidad contemporánea y constituye “una fuente de gran sufrimiento para los hombres”: “Tengan cuidado de responder con las mismas armas que los ‘faraones’ de hoy en día. De hecho, toda forma de arrogancia orgullosa debe ser desterrada totalmente de nuestra vida, dejando lugar a la mansedumbre, al martirio”.

Desobediencia a Dios

En el mundo contemporáneo, explica el padre, “se ha desarrollado una forma diferente de arrogancia que rechaza la obediencia a Dios y a sus profetas”. Se trata de un “rechazo de Dios como afirmación evidente del ateísmo, considerado casi como la única opción razonable, como indiferencia religiosa, como relativismo ético y como cualquier otro estilo de vida que se convierte en una absolutización del propio sentimiento, de la propia opinión, de las propias elecciones” y oponerse a ello, para el cristiano, supone la marginación.

En este sentido, invitó a reflexionar sobre este fenómeno de la desobediencia para comprender las causas de tal resistencia y rechazo de la gracia.

Paladines del orden establecido

Existe otro modo complejo de resistencia a la gracia, el de aquellos que como el faraón, “se erigen en paladines del orden establecido, de la forma canonizada de la ley, de la práctica actual, considerada la única expresión perfecta e inmutable del bien, y por lo tanto se oponen a los cambios requeridos por los profetas, despreciados con títulos insolentes como ‘locos, visionarios, indisciplinados, turbulentos, heréticos’”.

Al mismo tiempo, el predicador subrayó que “no basta con apelar a la tradición, a lo que siempre se ha hecho, a lo que en el pasado se consideraba válido”, rechazando “los fermentos de reforma, de renovación teológica e institucional”, y culpando “a priori las propuestas de cambio en los diversos ámbitos de la vida de la Iglesia, en la liturgia, en la práctica catequística, en la pastoral”.

Otras tentaciones

Después remarcó que el pecado también consiste en la absolutización del sistema productivo como único valor. Ante ello, habló sobre “la tentación de vivir tranquilamente, la aceptación también del abuso de poder que se considera preferible al valiente acto liberador”, con todos los riesgos que ello implica.

Y remitió a la parábola evangélica del sembrador en la que es “la resistencia a la gracia que toma la forma de celos hacia aquellos que tienen un mayor don que el nuestro; o de orgullo, pensando que somos mejores que los demás porque producimos más fruto” o nos contentamos con dar algo de fruto, “tal vez presentado como una forma de modestia y humildad”, pero que “debería ser considerado como una insidiosa resistencia a la gracia que no deja que crezca un amor y un servicio de creciente donación”.

Idolatría

En la siguiente meditación, el teólogo profundizó en torno al pecado, no como transgresión a la ley de Dios, sino como “falta de fe”. El primer mandamiento se refiere a no tener otros dioses y la idolatría, “un pecado capital denunciado en toda la tradición del Antiguo Testamento”.

El de la idolatría constituye “un pecado que no puede ser curado, porque no se reconoce”, es más, se niega “y por lo tanto se asemeja al pecado contra el espíritu, sin remedio”. En esta línea, remitió la crítica a la hipocresía en el Evangelio de Mateo: “La hipocresía no sabe juzgar, no sabe lo que es el verdadero discernimiento; es ciega, no conoce la justicia, la misericordia, la fidelidad, identifica la bondad con las prácticas y los cumplimientos materiales”.

A partir del texto del Éxodo, capítulo 32, en el que se relata la adoración del pueblo al becerro de oro, el sacerdote jesuita reflexiona en torno al fenómeno de la idolatría, a cómo surge el deseo de certezas, la preferencia por “ver” en lugar de escuchar la voz del Dios invisible. No obstante, si se sustituye la creencia por el conocimiento, si se deja de adherir a Dios, se termina creyendo que se posee la verdad, en lugar de buscarla y escucharla con humilde docilidad.

Camino para superar la ceguera

Asimismo, ante la imagen del becerro de oro aplicada a nuestros días llevó al padre Bovati a hablar sobre la importancia que se da a la imagen pública en el mundo virtual actual vivimos, en el que con frecuentemente nos convertimos en seguidores de un objeto idólatra.

Por ello, el religioso también advirtió contra el riesgo de practicar un culto que, aunque en teoría sea devoto y espléndido, en su ejecución no sea capaz de acoger la Palabra de Dios que es transformadora: “Las ceremonias bien hechas no son suficientes si no se basan en la auténtica oración que es ante todo escuchar a Dios”.

Por último, recordó la llamada al Evangelio de Mateo, en particular a las tentaciones en el desierto, en el que “Jesús sale victorioso y nos enseña el camino para superar nuestra ceguera”, el del siervo. Y el Salmo 106 también recuerda que en la historia de Israel, Dios siempre interviene con gestos de salvación.

 

LA ORACIÓN DE PETICIÓN

— Pedir y agradecer, dos formas de relacionarnos con Dios. Dos modos de oración muy gratos al Señor. Rectitud de intención al pedir.

— Humildad y perseverancia en la petición.

— El Señor siempre nos atiende. Buscar también la intercesión de la Virgen, nuestra Madre, y del Ángel Custodio.

I. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama se le abrirá1.

Pasamos una buena parte de nuestra vida pidiendo cosas a otras personas que tienen más, o que tienen unos conocimientos superiores a los nuestros. Pedimos, porque somos gente necesitada. Y es, en muchas ocasiones, la única posibilidad de relacionarnos con los demás. Si no pidiéramos nunca nada, terminaríamos en una especie de vacío y de falsa y empobrecida autosuficiencia. Pedir y dar; eso es la mayor parte de nuestra vida y de nuestro ser. Al pedir nos reconocemos necesitados. Al dar podemos ser conscientes de la riqueza sin término que Dios ha puesto en nuestro corazón.

Lo mismo nos ocurre con Dios. Gran parte de nuestras relaciones con Él están definidas por la petición; el resto, por el agradecimiento. Al pedir nos manifestamos en nuestra radical insuficiencia. Pedir nos hace humildes; además, damos a nuestro Dios la oportunidad de mostrarse como Padre. Conocemos así el amor que Dios nos tiene. Pues, ¿quién hay entre vosotros a quien si el hijo le pide pan le dé una piedra?... ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan?2.

No pedimos con egoísmo, ni llenos de soberbia, ni con avaricia, ni por envidia. Si nuestra petición es, por ejemplo, la ayuda en unos exámenes, un favor material, sanar de una enfermedad, etc., debemos examinar en la presencia de Dios los verdaderos motivos de esa petición. Le preguntaremos en la intimidad de nuestra alma si eso que hemos solicitado nos ayudará a amarle más y a cumplir mejor su Voluntad. En muchas ocasiones nos daremos enseguida cuenta de la poca entidad de ese asunto que nos parecía de vida o muerte, y nos haremos cargo de que aquello que deseábamos desesperadamente no era tan importante. Sabremos enderezar nuestra voluntad con la Voluntad de Dios y, entonces, va mucho mejor encaminada nuestra petición.

Podemos pedir al Señor que nos sane pronto de una enfermedad; pero también debemos pedir juntamente que, si esto no sucede porque sus planes son otros –planes misteriosos y desconocidos para nosotros, pero que vienen de un Padre–, nos conceda entonces la gracia necesaria para llevar con paciencia esos dolores, y la sabiduría para sacar de esa enfermedad grandes frutos que benefician a nuestra alma y a toda la Iglesia.

La primera condición de toda petición eficaz es conformar primero nuestra voluntad a la Voluntad de Dios, que en ocasiones quiere o permite cosas y acontecimientos que nosotros no queremos ni entendemos, pero que terminarán siendo de grandísimo provecho para nosotros y para los demás. Cada vez que hacemos ese acto de identificación de nuestro querer con el de Dios, hemos dado un paso muy importante en la virtud de la humildad.

Existen innumerables bienes que el Señor espera que le pidamos para que se nos concedan. Bienes espirituales y materiales; ordenados todos a nuestra salvación y a la del prójimo. «¿No convendréis conmigo en que, si no alcanzamos lo que pedimos a Dios, es porque no oramos con fe, con el corazón bastante puro, con una confianza bastante grande, o porque no perseveramos en la oración como debiéramos? Jamás Dios ha denegado ni denegará nada a los que le piden sus gracias debidamente»3.

II. Siempre procuramos ir a la oración con la confianza de hijos. Y entonces buscamos identificar nuestra voluntad con la de nuestro Padre Dios: no se haga mi voluntad, sino la tuya4, podríamos añadir después de cada petición. Porque no queremos afirmar nuestro proyecto de vida sino, ante todo, cumplir la Voluntad de Dios. El Evangelio nos presenta muchos casos de esta oración filial, humilde y perseverante. San Mateo narra5 la petición de una mujer que puede servir de ejemplo para todos nosotros. Llegó Jesús a la región de Tiro y Sidón, tierra de gentiles. Debía ir buscando en esos lugares algún descanso para sus Apóstoles, ya que no lo pudo encontrar en la región desértica de Betsaida; quiere pasar unos días a solas con ellos.

Mientras caminaban, se les acercó una mujer, con una insistente petición. Y a pesar de su perseverancia en el ruego, Jesús guarda silencio: Pero Él no contestó palabra, dice el Evangelista.

Los discípulos le dicen que la atienda, para que se vaya. No hace más que molestar con su insistencia. Pero Jesús pensaba de otro modo. Después de un rato, sale de su silencio y, lleno de ternura al ver su humildad, la atiende. Le explica el plan divino de la salvación: No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Era el plan divino desde la eternidad. Él redimiría con su Vida y su Muerte en la Cruz a todos los hombres, pero la evangelización comenzará por Israel; luego los apóstoles de todos los tiempos la llevarán hasta el fin de la tierra6, a todos los hombres.

Pero esta mujer cananea, que acaso ni comprendió el plan divino, no se desanima ante su respuesta: Mas ella, acercándose, se postró ante Él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Sabe lo que quiere y sabe que puede conseguirlo de Jesús.

El Señor le explica de nuevo, con una parábola, lo mismo que acaba de decirle poco antes: No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos. Los «hijos» eran el pueblo de Israel7, al que ella no pertenece. Muy pronto llegará también la hora de los gentiles.

Pero la mujer no cede en su empeño. Su fe se acrecienta y se desborda. Y ella se introduce en la parábola, con gran humildad, como un personaje más: Verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Tanta fe, tanta humildad, tanta constancia, hacen exclamar al Señor: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Y, con un tono entre solemne y lleno de condescendencia, añade: Hágase conforme tú lo deseas.

El Evangelista tendrá buen cuidado en anotar: Y a la misma hora su hija quedó curada. Para este milagro excepcional fueron necesarias también una fe, una humildad y una constancia excepcionales.

Jesús nos oye siempre: también cuando parece que calla. Quizá es entonces cuando más atentamente nos escucha. Quizá está provocando –con este aparente silencio– que se den en nosotros las condiciones necesarias para que el milagro se realice: que le pidamos confiadamente, sin desánimo, con fe.

Cuántas veces nuestra oración, ante necesidades perentorias, será la misma: ¡Señor, socórreme! ¡Qué estupenda jaculatoria para tantas necesidades –sobre todo del alma– que nos son tan urgentes!

Pero no basta pedir; hay que hacerlo con perseverancia, como esa mujer, sin cansarnos, para que la constancia alcance lo que no pueden nuestros méritos. Mucho vale la oración perseverante del justo8. Dios ha previsto todas las gracias y ayudas que necesitamos, pero también ha previsto nuestra oración.

Pedid y se os dará... llamad y se os abrirá. Y recordamos ahora nuestras muchas necesidades personales y las de aquellas personas que viven cerca de nosotros. No nos abandona el Señor.

III. Si alguna vez no se nos concedió algo que pedimos confiadamente es que no nos convenía: «bien mira por ti quien no te da, cuando le pides lo que no te conviene»9. ¡Él sí que sabe lo que nos conviene! Esta oración que hicimos con tanta insistencia quizá, habría sido eficaz para otros bienes, o para otra ocasión más necesaria. ¡Nuestro Padre Dios la encaminó bien!: «Siempre da más de lo que le pedimos»10. Siempre.

Para que nuestra petición sea atendida con más prontitud, podemos solicitar las oraciones de otras personas cercanas a Dios, como hizo aquel Centurión de Cafarnaún: le envió algunos ancianos de los judíos a suplicarle que viniese a curar a su criado. Estos amigos cumplieron bien su cometido: fueron a Jesús, y rogaron con gran insistencia que condescendiese: Es un sujeto –le decían– que merece que le hagas este favor...11. El Señor atendió sus ruegos.

A la hora de pedir oraciones nos puede ser útil recordar que «después de la oración del Sacerdote y de las vírgenes consagradas, la oración más grata a Dios es la de los niños y la de los enfermos»12.

También pediremos a nuestro Ángel Custodio que interceda por nosotros y presente nuestra petición al Señor, pues «el ángel particular de cada cual, aun de los más insignificantes dentro de la Iglesia, por estar contemplando siempre el rostro de Dios que está en los cielos, viendo la divinidad de nuestro Creador, une su oración a la nuestra y colabora en cuanto le es posible en favor de lo que pedimos»13.

Tenemos además un camino, que la Iglesia nos ha enseñado desde siempre, para que nuestras peticiones lleguen con prontitud ante la presencia de Dios. Este camino es la mediación de María, Madre de Dios y Madre nuestra. A Ella acudimos ahora y siempre: «Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo...»14.

1 Evangelio de la Misa, Mt 7, 7-12. — 2 Mt 7, 9 y 11. — 3 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la oración. — 4 Lc 22, 42. — 5 Mt 15, 21-28. — 6 Hech 1, 8. — 7 Cfr. Ex 4, 23; Is 1, 2; Jer 31, 20; Os 11, 1; etc.  8 Sant 5, 17. — 9 San Agustín, Sermón 126 10 Santa Teresa, Camino de perfección, 37. — 11 Lc 7, 3-4. — 12 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 98. — 13 Orígenes, Trat. sobre la oración, 10. — 14 Oración «Acordaos» de San Bernardo.

 

 

"Las almas santas tienen que ser felices"

Te contaba que hasta personas que no han recibido el bautismo me han dicho conmovidas: "es verdad, yo comprendo que las almas santas tienen que ser felices, porque miran los sucesos con una visión que está por encima de las cosas de la tierra, porque ven las cosas con ojos de eternidad". ¡Ojalá no te falte esta visión! –añadí después–, para que seas consecuente con el trato de predilección que de la Trinidad has recibido. (Forja, 1017)

5 de marzo

Te aseguro que, si los hijos de Dios queremos, contribuiremos poderosamente a iluminar el trabajo y la vida de los hombres, con el resplandor divino –¡eterno!– que el Señor ha querido depositar en nuestras almas.

–Pero "quien dice que mora en Jesús, debe seguir el camino que El siguió", como enseña San Juan: camino que conduce siempre a la gloria, pasando –siempre también– a través del sacrificio. (Forja, 1018)

En la tierra hay millones de hombres que se encaran con la sombra de Jesucristo.

Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón..., para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, ¡mi Amor! (Forja, 913)

 

 

Entender y vivir la Misa

¿Cuáles son los ritos litúrgicos de la celebración de la Eucaristía y qué significado tienen? ¿Cómo podemos aprender a vivir la Santa Misa? Lo explicamos, paso a paso.

PREGUNTAS SOBRE LA FE CRISTIANA03/03/2020

​Photo by Grant Whitty on Unsplash

Hemos seleccionados algunos párrafos de tres publicaciones que detallan los ritos litúrgicos de la Misa, con la intención de que se comprenda mejor el sacramento de la Eucaristía y la participación en ella sea “plena, consciente y activa” (Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, nn. 14 y 48).


 

 

Te puede interesar • Libro electrónico: «Catequesis del Papa Francisco sobre la Santa Misa» • ¿Por qué ir a Misa el domingo? Una explicación Una explicación • Oraciones para preparar la Misa • Oraciones para después de la Misa


Sumario
1. Preparar, vivir y agradecer la Misa (Cobel Ediciones*).
2. Libro “Vivir la Santa Misa”, de Mons. Javier Echevarría (Ediciones Rialp*).
3. “La Eucaristía, misterio de fe y de amor” (Homilía del fundador del Opus Dei).


Preparar, vivir y agradecer la Misa. Folleto de Cobel Ediciones

Procesión de entrada. Llegamos al templo y nos disponemos para celebrar el misterio más grande de nuestra fe. Llegar puntual es señal cierta de amar la Santa Misa.

Beso en el altar. El sacerdote entra, besa el altar y saluda a todos los presentes con el saludo de bienvenida más grande que puede darse: la señal de la cruz mientras dice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Acompaña tú al sacerdote en ese beso al altar, mientras le pides al Señor que te ayude a vivir la Santa Misa con la misma pureza, humildad y devoción con que le recibió la Santísima Virgen.

Acto penitencial. Pedimos humildemente perdón al Señor por todas nuestras faltas. Es el momento de reconocer que somos eso, pobres pecadores. Y nos acordamos de nuestras faltas concretas, de tantos descuidos en el trato con Dios y con los demás, de nuestras caídas graves y menos graves que nos alejan de Dios, de nuestras faltas cometidas por la pereza, el egoísmo o la sensualidad... y le pedimos al Señor que ya no más, que no queremos volver a ofenderle y que nos perdone. ¡Qué gozada empezar la Santa Misa con el corazón y el alma limpia! ¡Y aprovechamos para revisar cuándo fue nuestra última confesión y acudimos a este Sacramento para poder recibir dignamente al Señor en la comunión!

Gloria. Alabamos a Dios, reconociendo su santidad, al mismo tiempo que nuestra necesidad de Él. El Gloria es como un grito de entusiasmo hacia Dios, a toda la Trinidad.

Oración Colecta. Es la oración que el sacerdote, en nombre de todo el pueblo de Dios, hace al Padre. El sacerdote deja aquí un momento de silencio para poner alguna(s) intención(es) al ofrecer este sacrificio de la Misa. Aprovecha tú para poner intenciones concretas. No olvides que en la Misa es donde se arreglan todos los problemas, pues Dios nos concede cualquier cosa que acompañe al sacrificio de su Hijo.

Primera lectura. En el Antiguo Testamento, Dios nos habla a través de la historia del pueblo de Israel .

Evangelio. El canto del Aleluya nos dispone a escuchar la proclamación del misterio de Cristo. Al finalizar aclamamos diciendo: "Gloria a ti, Señor Jesús". Es el mismo Jesucristo quien nos habla en la Escritura. Por eso lo escuchamos de pie, y el sacerdote lo besa cuando termina de proclamarlo. Es el mismo Jesucristo quien te habla a ti. Métete en esa escena del Evangelio.

Homilía. El celebrante nos explica la Palabra de Dios. Aprovecha tú estos momentos para dialogar interiormente con el Señor. Haz propios los consejos que te dan y procura sacar propósitos concretos. Una buena homilía es aquella que te cambia por dentro.

Credo. Después de escuchar la Palabra de Dios, confesamos nuestra fe. Hazlo de manera personal. Eres tú quien se lo dice a Dios.

Oración de los fieles. Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos. Sé consciente de que todo lo que le pedimos al Señor en la Misa nos lo concede.

Presentación de las ofrendas del pan y del vino. En ese Pan y ese Vino que ofrece el sacerdote a Dios –fruto del sudor y del trabajo del hombre– están todos tus esfuerzos humanos, tus horas de estudio, todos tus problemas, agobios y preocupaciones, tus buenas acciones y tus luchas por portarte bien. Ofrécele a Dios todo eso. Todas las horas y acciones de tu día –deporte, estudio, clases, horas de trabajo, diversiones, desilusiones, pequeñas mortificaciones, prácticas de piedad, detalles de servicio, etc.- puedes ponerlos en la patena junto a Cristo y así sobrenaturalizarás tu vida. Todo estará hecho para Dios y será grato a Dios. Haz de verdad, de tu vida, una ofrenda al Señor.

Lavabo. Mientras el sacerdote hace el lavatorio de las manos, repite tú por dentro la oración que hace interiormente: ¡Señor, lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!

Prefacio. Es una oración de acción de gracias y alabanza a Dios, al tres veces santo. –El Señor esté con vosotros: ese "vosotros" hace referencia a todos los hombres del mundo, no sólo a los presentes. –Levantemos el corazón: levantarlo hasta el cielo, para unirnos a todos los que están allí. –Demos gracias a Dios: y a continuación se dan argumentos, motivos por los que damos gracias (primero por darnos a Jesucristo y luego se dan otros distintos según los días: estate atento para descubrirlos). –Por eso con los ángeles...: pedimos también a los ángeles que adoren a Dios con nosotros. ¡Está toda la creación en la Misa, aunque la Iglesia esté vacía! Siéntete muy acompañado en esta Santa Misa.

Epíclesis. El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo, para que por su acción los transforme en el cuerpo y la sangre de Jesús.

Consagración. El sacerdote hace "memoria" de la última cena, pronunciando las mismas palabras de Jesús. Presta su voz a Jesucristo. El pan y el vino se transforman así –transustanciado– en el cuerpo y en la sangre de Jesús. Puedes decirle mientras alza la Hostia y el cáliz: ¡Te adoro con devoción, Dios escondido!, ¡Señor mío y Dios mío!, o “Auméntame la fe”.

Aclamación. Aclamamos el misterio central de nuestra fe.

Doxología. El sacerdote ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Jesús, por Cristo, con Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo. Todos respondemos con fuerza: "Amén".

Padrenuestro. Preparándonos para comulgar, rezamos al Padre como Jesús nos enseñó.

Comunión. Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, pan de vida. Antes de comulgar hacemos un acto de hu mildad y de fe, recitando oraciones al Señor que nos ayuden a recibirle lo mejor preparado posible. Aprovecha mientras estás en la cola de la Comunión para rezar comuniones espirituales. Cuando recibas el cuerpo de Cristo, di el “¡Amén!” con convicción. Estás diciendo: sé que a quien recibo es Cristo, el mismo que nació en Belén y murió en la Cruz (aunque mis ojos sólo vean un simple trozo de pan). El Amén es un gran acto de fe: dilo fuerte.

Oración. Damos gracias a Jesús por haberlo recibido, y le pedimos que nos ayude a vivir en comunión.

Bendición final. Recibimos la bendición del sacerdote. Que ese “podéis ir en paz” sea el reflejo de una Misa luchada por estar bien vivida.

* Agradecemos a Cobel Ediciones el permiso para reproducir algunos extractos del folleto “La Misa. Para preparar, vivir y agradecer la misa” disponible en su página web.

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Extractos del libro “Vivir la Santa Misa”, de Mons. Javier Echevarría. Ediciones Rialp

Canto de entrada. El canto o la antífona de entrada destaca el carácter festivo de la celebración eucarística. Comienza a desarrollarse la reunión de la familia de Dios en la tierra, en comunión con toda la Iglesia —la que ya goza de la Trinidad en el Cielo, la que se purifica en el Purgatorio, la que peregrina aún aquí abajo—, encabezada por Jesucristo Nuestro Señor, Verbo encarnado y Primogénito entre muchos hermanos (cfr. Rm 8, 28). (...) La reverencia al altar y el beso que el celebrante deposita sobre esa ara aparecen también repletos de significado. El sacerdote está allí, no en su propio nombre, sino in nomine Ecclesiæ, en nombre de la Iglesia. Representa, pues, a todos los fieles, y en nombre de todos da el beso litúrgico a Cristo, simbolizado por el altar.

Acto penitencial. Con el acto penitencial, que rezamos todos juntos, manifestemos con más conciencia esos sentimientos de compunción, de dolor de amor, a los que nos invita la Iglesia. (...)

Gloria. Del reconocimiento de nuestra nada —más aún, de nuestro ser pecadores, necesitados de perdón— pasamos a proclamar la grandeza del Dios tres veces Santo. La lengua no logra encontrar las palabras adecuadas para manifestar el reconocimiento debido a Dios, y alargamos el canto en expresiones de alabanza por los bienes que hemos recibido.

Colecta. En la Colecta, presentamos a Dios Padre las peticiones que la Iglesia eleva al Cielo cada vez que se celebra el Santo Sacrificio. Lo hacemos siempre por medio de Jesucristo, el único Mediador, en la comunión del Espíritu Santo, que recoge nuestras súplicas y las une a las de nuestra Cabeza. De nuevo el misterio de la Trinidad Santa se hace presente en la Misa. (...) El texto de la Colecta compone un abanico de súplicas que se eleva al Cielo con matices diversos, según los tiempos litúrgicos y las fiestas que se celebran, y que nos dispone —ya desde el comienzo del Santo Sacrificio— para acoger lo mejor posible a Cristo en la Comunión.

Liturgia de la Palabra

«La Misa consta de dos partes: la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto» (Misal Romano, Institución General, 28)

Primera lectura: Dios habla a los hombres. La primera lectura, tomada generalmente del Antiguo Testamento, nos presenta al Padre celestial que se inclina benignamente sobre sus hijos. (...) La consideración de que "Dios mismo habla a su Pueblo", resulta muy oportuna para tomar conciencia gráfica de esta realidad. Nos advierte que, sin temor —como les sucedía, en cambio, a los israelitas—, hemos de meditar concienzudamente en el empeño con que el Señor quiso —¡y quiere!— abrir camino a los suyos: cómo los libera de la tremenda esclavitud; cómo protege y conduce a aquella multitud por el desierto; y, a la vez, hemos de prestar atención a que también nosotros somos tan duros de corazón como para rebelarnos a la Voluntad divina o para no conceder importancia a los desvelos de nuestro Creador.

Salmo Responsorial: respuesta de los fieles a la Palabra de Dios. El Salmo Responsorial es como una prolongación de los temas propuestos en la primera lectura. La enseñanza recibida se torna plegaria, oración que alzamos a Dios con palabras que Él mismo ha puesto en boca de los hombres; constituye, por eso, la mejor respuesta a los requerimientos divinos que hemos escuchado. (...) A las palabras del lector o del celebrante, el pueblo responde con una breve aclamación, tomada generalmente del mismo salmo, que resume el sentido de nuestra súplica. Esforcémonos en recitar acompasadamente esas palabras —que son, repito, oración—, todos a una, pensando en lo que decimos y a Quien se lo decimos.

La proclamación del Evangelio y la homilía. El diácono o el presbítero eleva la voz para anunciar que Jesucristo está entre nosotros: Dominus vobiscum! Toca el libro con el dedo pulgar de la mano derecha trazando una pequeña cruz, y luego se signa en la frente, en la boca y en el pecho, mientras notifica a los presentes que se dispone a proclamar el Evangelio de Jesucristo, fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree (Rm 1, 16), como escribe San Pablo.

Estos gestos tienen un significado muy preciso. Simbolizan nuestros deseos de apropiarnos de la Verdad del Evangelio, de modo que informe plenamente nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones. Se nos comunican las enseñanzas del Señor para que las meditemos en la intimidad personal y las incorporemos a nuestras almas, de modo que luego las comuniquemos —con la conversación y con las obras— a las personas con quienes coincidamos durante la jornada. Descubrimos de nuevo una llamada a la responsabilidad apostólica de los cristianos, que en la Santa Misa cobra nuevas fuerzas.

Empeñémonos en profundizar en las lecturas de la Misa, quizá reteniendo en la memoria alguna frase que pueda servirnos como alimento de la presencia de Dios a lo largo de la jornada. (...)

La homilía es siempre una explicación sencilla y vibrante, bien enraizada en los textos litúrgicos, de algún aspecto del caminar cristiano. Sintamos los sacerdotes la urgencia de elaborar con cariño esa intervención, también cuando en ocasiones se reduzca a unas breves palabras: el Espíritu Santo desea servirse de esas consideraciones para penetrar con más profundidad en las almas de los oyentes.

Credo: la profesión de fe. Con la palabra de Dios en el alma, ilustrada por la homilía y asimilada en la meditación personal, los fieles —sacerdotes y laicos— adquirimos mayor conciencia de la dignidad de nuestra vocación. Agnosce o christiane dignitatem tuam!, reconoce, oh cristiano, tu dignidad, clamaba San León Magno[1]. Esto es lo que nos propone la última parte de la Liturgia de la Palabra, que sirve como enlace entre las lecturas y el ofrecimiento del pan y del vino.

La recitación del Credo —los domingos y las solemnidades— y la oración de los fieles son como el distintivo del cristiano. En concreto, el rezo o canto del Credo ha de constituir siempre un motivo de santo orgullo para los hijos de Dios, al saborear la asombrosa realidad de ser Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. «Somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (San León Magno, Homilía I en la Natividad del Señor (PL 54, 192).

Oración de los fieles. Con la oración de los fieles termina la primera parte de la Misa. Gracias al sacerdocio común recibido en el Bautismo, los fieles elevan oraciones de intercesión por la Iglesia y por el mundo entero. No quitemos importancia a esta responsabilidad de rezar intensamente por el Cuerpo místico de Cristo y por la humanidad. (...) No olvidemos además que, al elevar estas plegarias, es Cristo mismo quien las presenta a Dios Padre por la virtud del Espíritu Santo.

Liturgia eucarística

Presentación de las ofrendas. En la Misa, Jesús desea que por Él, con Él y en Él los miembros de su Cuerpo místico participemos en su oblación a Dios Padre. (...) Las palabras que acompañan a la presentación de los dones ponen de manifiesto lo que el Señor espera de nosotros. El pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo de los hombres (Cfr. Misal romano, Ordinario de la Misa), representan a la entera creación, que ha de ser restituida a Dios —después de estar alejada de Él por el pecado del hombre— merced también al esfuerzo de los cristianos en unión con el sacrificio de Cristo. (...)

El ofertorio no se queda en un rito meramente exterior, algo que realiza el sacerdote y que los fieles simplemente presencian. Además de constituir la materia de la Eucaristía, el pan y el vino simbolizan la entrega de nuestra propia vida. (...)

Jesucristo asume nuestra ofrenda —hasta las faltas, si las rectificamos y pedimos perdón— cuando la hemos fundido idealmente con el pan y el vino que se convertirán en su Cuerpo y Sangre. De este modo somos incorporados al ofrecimiento de su Vida y de su Muerte que Él ha confiado a la Iglesia, y la entrega de nuestra vida y de nuestro trabajo resulta grata a Dios.

Plegaria eucarística (anáfora).

En esta oración solemnísima, el «centro y la cumbre de toda la celebración» (Misal romano, Institución General, n. 78), la Iglesia se dirige al Padre, fuente de todo bien, en unión con Cristo, por la virtud del Espíritu Santo.

Todos los ritos litúrgicos la presentan como una gran súplica formada por diversas oraciones estrechamente entrelazadas. Comienza por una acción de gracias, el prefacio, coronado por el Sanctus, a la que sigue una epíclesis o súplica al Espíritu Santo, en la que se pide al Paráclito que con su virtud divina transforme el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Luego viene el relato de la institución de la Eucaristía, que no es un mero recuerdo, sino un acto en el que —gracias a las palabras de la Consagración, que el sacerdote pronuncia in persona Christi— se obra la transustanciación del pan y del vino, que hace presente sobre el altar a la misma Víctima del Calvario, ahora gloriosa.

Inmediatamente después, en cumplimiento del mandato de Jesucristo, viene la anámnesis (que significa "memorial", "recuerdo"), modo con el que se recoge todo lo que Nuestro Señor ha realizado por nosotros (especialmente su muerte, su resurrección y su ascensión al Cielo), y la Iglesia presenta al Padre la ofrenda de su Hijo. No faltan las intercesiones —en diversos momentos, según las distintas Plegarias eucarísticas—, en las que se pone de manifiesto la comunión de la Iglesia de la tierra con la del cielo, y se reza por todos los fieles, vivos y difuntos, y especialmente por el Papa y por los obispos del mundo entero. Termina con la doxología u oración de alabanza a la Santísima Trinidad, a la que el pueblo responde Amén a una sola voz (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1352-1354).

Prefacio: acción de graciasVere dignum et iustum est, æquum et salutare... Así comienza el Prefacio: «En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno...» (Misal romano, Plegaria eucarística, Parte inicial del prefacio). La Eucaristía es el eminente sacrificio de adoración y de acción de gracias, de propiciación y de impetración, como lo es el sacrificio del Calvario al que hace presente en todo tiempo y lugar. El prefacio manifiesta de modo particular la alabanza y la gratitud de la Iglesia «al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la santificación» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1352).

(...) De este modo, nuestra gratitud por los dones recibidos resultará muy agradable a la Trinidad Santísima. Entonces, al rezar o cantar el Sanctus, con el que finaliza el prefacio, estaremos íntimamente unidos a la adoración, a la acción de gracias, a la alabanza que la Iglesia celestial canta incesantemente al Dios tres veces Santo.

Las intercesiones. Las diversas Plegarias eucarísticas se complementan entre sí; cada una ilustra o desarrolla aspectos insinuados en las otras, contribuyendo de este modo a resaltar de forma más patente las riquezas insondables del Misterio eucarístico. (...) Al concluir estas primeras oraciones de intercesión, antes de invocar al Espíritu Santo y actualizar las palabras de Cristo en la Última Cena, el Canon Romano pone en boca del celebrante una oración, el Hanc igitur, en la que recapitula todo lo que ha pedido hasta ese momento, con el deseo de no dejar nada fuera de la oblación santísima.

La eplíclesis o invocación al Espíritu Santo. Al rezar una u otra de las Plegarias eucarísticas, podemos gozarnos en descubrir los diversos modos con que se describe la acción del Paráclito. Le invocamos especialmente en esa oración (epíclesis) con la que «la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (...) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353).

Consagración. Nos detenemos ahora en el momento crucial del Santo Sacrificio, la Consagración, cuando —como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica— «la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la Cruz de una vez para siempre» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353).

(...) ¡Qué hondura atesoran las palabras: esto es mi Cuerpoéste es el cáliz de mi Sangre! Llenan de seguridad, refuerzan nuestra fe, aseguran nuestra esperanza y enriquecen nuestra caridad. Sí: Cristo vive, es el mismo de dos mil años atrás, y vivirá siempre, interviniendo en nuestro peregrinar. Nuevamente se nos acerca como caminante con nosotros, lo mismo que en Emaús, para sostenernos y darnos apoyo en todo nuestro quehacer.

La presencia real de Jesús es consecuencia del misterio inefable que se cumple con la transustanciación, ante el que no cabe otra actitud que adorar la omnipotencia y el amor de Dios. Por eso nos arrodillamos al llegar este instante sublime, que constituye el núcleo de la celebración eucarística. En esos momentos, el sacerdote es instrumento del Señor, actúa in persona Christi.

(...) Después de la Consagración del pan y del vino, el sacerdote proclama que el divino sacrificio se ha hecho sacramentalmente presente —mysterium fidei!—, y el pueblo responde con una aclamación que —en cualquier caso— expresa el compromiso de los cristianos de trabajar por la difusión del reino de Cristo en la tierra, hasta su venida gloriosa al final de los tiempos: mortem tuam annuntiamus, Domine, et tuam resurrectionem confitemur, donec venias (Misal romano, Aclamación después de la Consagración).

Rito de la Comunión

El Padrenuestro, la oración de los hijos de Dios. Roguemos humildemente al Paráclito que nos conceda la gracia de no acostumbrarnos a ser, a obrar, a llamarnos con este nombre santísimo de hijos de Dios. Decidámonos a fomentar el espíritu de filiación divina, considerando con mucha frecuencia esta verdad: ¡soy hijo de Dios, en Cristo, por el Espíritu Santo! Pensar y actuar de esta manera, moverse habitualmente con la seguridad de saberse hijo muy amado del Padre celestial, «no entraña arrogancia, sino fe; proclamar lo que has recibido —escribe San Ambrosio— no supone soberbia, sino devoción. Levanta, pues, la mirada al Padre que te engendró por el Bautismo, al Padre que te redimió por el Hijo, y di: Padre nuestro» San Ambrosio, Los Sacramentos V, 19 (PL 16, 450-451).

Rito de la paz. Fortalecer los lazos de la fraternidad con todas las almas ayuda a unirse fructuosamente a Jesús en la Eucaristía; así, además, colaboramos en la realización de esa concordia entre los hombres, por la que la Iglesia intercede en la Santa Misa.

La Comunión: unión con Jesucristo. En la Sagrada Comunión, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, se nos ofrece como alimento espiritual para unirnos más a Sí y perfeccionar la primera configuración con Él, recibida en el Bautismo. Toda la eficacia del misterio de la Encarnación —vida, muerte y glorificación del Señor— se nos entrega en ese momento, y la recibimos con mayor o menor perfección según la calidad de las disposiciones personales. (...) Con el don divino de la Sagrada Comunión, cada uno se sitúa personalmente delante del Señor con sus defectos y limitaciones, pero nos vemos urgidos también a acogerle con verdaderas ansias de purificación.

Después de la Comunión. Entre las recomendaciones de la Iglesia para después de la Comunión, destaca la de permanecer algunos instantes en silencio, en acción de gracias a Dios por habernos entregado a su Hijo como alimento del alma: momento de los afectos de amor y de la contrición; hora de las peticiones por la Iglesia, por el Papa, por la familia, por tantas otras personas e intenciones concretas. ¿Qué mejor ocasión que ésta, cuando perdura aún la presencia real de Cristo en nosotros, para manifestarle llenos de confianza nuestras necesidades, las de la Iglesia y las de las personas que amamos?

Rito de conclusión

Ite, missa est: de la Misa a la misión. Por ser centro y raíz de la vida espiritual del cristiano, la Santa Misa constituye la fuente de energía sobrenatural que permite empeñarse a fondo en el apostolado. Precisamente porque se ha unido al Sacrificio de Cristo, presente sobre el altar, y porque ha participado del Cuerpo del Señor, el fiel cristiano está en condiciones de llevar el mensaje de Jesús a sus vecinos y parientes, a los colegas, a todas las personas con las que se cruce en su caminar diario.

Acción de gracias después de la Misa. Cuando el tiempo dedicado a la acción de gracias dentro de la Misa resulta demasiado breve, puede ser una buena norma de conducta —si otras obligaciones urgentes no lo impiden— prolongar la acción de gracias unos minutos más, de modo personal, al terminar el Santo Sacrificio.

*Agradecemos a la Fundación Studium el permiso para reproducir algunos párrafos del libro “Vivir la Santa Misa”, disponible en la página web de Ediciones Rialp.

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“La Eucaristía, misterio de fe y de amor”. Homilía del fundador del Opus Dei.

Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros.

Permitid que os recuerde lo que en tantas ocasiones habéis observado: el desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar, qué vicios ha de extirpar, cómo ha de ser nuestro trato fraterno con todos los hombres.

Canto de entrada. El sacerdote se dirige hacia el altar de Dios, del Dios que alegra nuestra juventud. La Santa Misa se inicia con un canto de alegría, porque Dios está aquí. Es la alegría que, junto con el reconocimiento y el amor, se manifiesta en el beso a la mesa del altar, símbolo de Cristo y recuerdo de los santos: un espacio pequeño, santificado porque en esta ara se confecciona el Sacramento de la infinita eficacia.

Petición de perdón. El Confiteor nos pone por delante nuestra indignidad; no el recuerdo abstracto de la culpa, sino la presencia, tan concreta, de nuestros pecados y de nuestras faltas. Por eso repetimos: Kyrie eleison, Christe eleison, Señor, ten piedad de nosotros; Cristo, ten piedad de nosotros. Si el perdón que necesitamos estuviera en relación con nuestros méritos, en este momento brotaría en el alma una tristeza amarga. Pero, por bondad divina, el perdón nos viene de la misericordia de Dios, al que ya ensalzamos —Gloria!—, porque Tú solo eres santo, Tú solo Señor, Tú solo altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.

Lecturas y Credo. Oímos ahora la Palabra de la Escritura, la Epístola y el Evangelio, luces del Paráclito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acción se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ofertorio. A continuación, la ofrenda: el pan y el vino de los hombres. No es mucho, pero la oración acompaña: recíbenos, Señor, al presentarnos a Ti con espíritu de humildad y con el corazón contrito; y el sacrificio que hoy te ofrecemos, oh Señor Dios, llegue de tal manera a tu presencia, que te sea grato. Irrumpe de nuevo el recuerdo de nuestra miseria y el deseo de que todo lo que va al Señor esté limpio y purificado: lavaré mis manos, amo el decoro de tu casa.

Hace un instante, antes del lavabo, hemos invocado al Espíritu Santo, pidiéndole que bendiga el Sacrificio ofrecido a su santo Nombre. Acabada la purificación, nos dirigimos a la Trinidad —Suscipe, Sancta Trinitas—, para que acoja lo que presentamos en memoria de la vida, de la Pasión, de la Resurrección y de la Ascensión de Cristo, en honor de María, siempre Virgen, en honor de todos los santos. (...)

Canon. Así se entra en el canon, con la confianza filial que llama a nuestro Padre Dios clementísimo. Le pedimos por la Iglesia y por todos en la Iglesia: por el Papa, por nuestra familia, por nuestros amigos y compañeros. Y el católico, con corazón universal, ruega por todo el mundo, porque nada puede quedar excluido de su celo entusiasta. Para que la petición sea acogida, hacemos presente nuestro recuerdo y nuestra comunicación con la gloriosa siempre Virgen María y con un puñado de hombres, que siguieron los primeros a Cristo y murieron por Él.

ConsagraciónQuam oblationem... Se acerca el instante de la consagración. Ahora, en la Misa, es otra vez Cristo quien actúa, a través del sacerdote: Este es mi Cuerpo. Este es el cáliz de mi Sangre. ¡Jesús está con nosotros! Con la Transustanciación, se reitera la infinita locura divina, dictada por el Amor. Cuando hoy se repita ese momento, que sepamos cada uno decir al Señor, sin ruido de palabras, que nada podrá separarnos de Él, que su disponibilidad —inerme— de quedarse en las apariencias ¡tan frágiles! del pan y del vino, nos ha convertido en esclavos voluntarios: præsta meæ menti de te vivere, et te illi semper dulce sapere, haz que yo viva siempre de ti y que siempre saboree la dulzura de tu amor.

Más peticiones: porque los hombres estamos casi siempre inclinados a pedir: por nuestros hermanos difuntos, por nosotros mismos. Aquí caben también todas nuestras infidelidades, nuestras miserias. La carga es mucha, pero Él quiere llevarla por nosotros y con nosotros. Termina el canon con otra invocación a la Trinidad Santísima: per Ipsum, et cum Ipso, et in Ipso..., por Cristo, con Cristo y en Cristo, Amor nuestro, a Ti, Padre Todopoderoso, en unidad del Espíritu Santo, te sea dado todo honor y gloria por los siglos de los siglos.

Padrenuestro. Jesús es el Camino, el Mediador; en El, todo; fuera de El, nada. En Cristo, enseñados por El, nos atrevemos a llamar Padre Nuestro al Todopoderoso: el que hizo el cielo y la tierra es ese Padre entrañable que espera que volvamos a el continuamente, cada uno como un nuevo y constante hijo pródigo.

Cordero de DiosEcce Agnus Dei... Domine, non sum dignus... Vamos a recibir al Señor. Para acoger en la tierra a personas constituidas en dignidad hay luces, música, trajes de gala. Para albergar a Cristo en nuestra alma, ¿cómo debemos prepararnos? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos, si sólo se pudiera comulgar una vez en la vida?

Cuando yo era niño, no estaba aún extendida la práctica de la comunión frecuente. Recuerdo cómo se disponían para comulgar: había esmero en arreglar bien el alma y el cuerpo. El mejor traje, la cabeza bien peinada, limpio también físicamente el cuerpo, y quizá hasta con un poco de perfume... eran delicadezas propias de enamorados, de almas finas y recias, que saben pagar con amor el Amor.

Oración final y rito de conclusión. Con Cristo en el alma, termina la Santa Misa: la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos acompaña durante toda la jornada, en nuestra tarea sencilla y normal de santificar todas las nobles actividades humanas.

Asistiendo a la Santa Misa, aprenderéis a tratar a cada una de las Personas divinas: al Padre, que engendra al Hijo; al Hijo, que es engendrado por el Padre; al Espíritu Santo que de los dos procede. Tratando a cualquiera de las tres Personas, tratamos a un solo Dios; y tratando a las tres, a la Trinidad, tratamos igualmente a un solo Dios único y verdadero. Amad la Misa, hijos míos, amad la Misa. Y comulgad con hambre, aunque estéis helados, aunque la emotividad no responda: comulgad con fe, con esperanza, con encendida caridad.

 

 

¿Cómo vivir la cuaresma?

Cuarenta días, cuarenta noches: la palabra Cuaresma se deriva de «cuarenta». En sí, esta palabra recuerda los cuarenta años pasados por el pueblo hebreo en el desierto, entre la salida de Egipto opulento y la entrada a la tierra prometida...

Por: Regine du Charlat

Tiempo de preparación para la Pascua

Cuarenta días, cuarenta noches: la palabra Cuaresma se deriva de «cuarenta». En sí, esta palabra recuerda los cuarenta años pasados por el pueblo hebreo en el desierto, entre la salida de Egipto opulento y la entrada a la tierra prometida (cfr. libro del Éxodo); pero también los cuarenta días y cuarenta noches de la peregrinación de Elías, hasta la montaña de Dios en el Horeb (I Reyes 19, 8); y los cuarenta días pasados por Jesús en el desierto, a donde fue llevado por el Espíritu después de su bautismo, antes de emprender el camino de predicar la Palabra de Dios (Mateo c. 4).

Nos prepara a la Pascua
Desde los primero tiempos de la Iglesia, la Cuaresma es esencialmente el tiempo de preparación para la celebración de la Pascua y, por la misma razón, el tiempo de preparación de los catecúmenos para recibir el bautismo.

Pero son los textos del Evangelio quienes estructuran la liturgia de la Cuaresma: las tentaciones de Jesús en el desierto, el ciego del nacimiento, el diálogo con la Samaritana y la resurrección de Lázaro señalan el recorrido de iniciación cristiana propuesto a todos los que serán bautizados en Pascua, y también a todo bautizado en memoria de su bautismo.

Darnos tiempo
La Cuaresma es, pues, considerada como un tiempo durante el cual los cristianos se ponen más intensamente ante el misterio de su fe, para prepararse plenamente a la Pascua: vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Para que se acuerden de los cuarenta días de Jesús en el desierto y de las «tentaciones» que Él sufrió, los cristianos dedican un tiempo a la oración, al ayuno y a la conversión. Es, pues, solamente, a la luz de la Pascua que podemos comprender esta «cuarentena», que señala el tiempo de nuestra marcha hacia Dios.

Somos invitados a entrar en la Cuaresma con todo el empeño que se pone en la preparación de un acontecimiento decisivo. Ante todo hay que darnos tiempo, porque no tenemos hoy los mismos ritmos que antes, y el tiempo no está estructurado de la misma manera regular para todos. Aún el domingo ha perdido mucho de su matiz y, excepto la interrupción de la vida profesional, apenas se distingue de los demás días

Por tanto, sea cual sea la manera, busquemos comprender lo que queremos vivir. Darnos tiempo de recordar, de prepararnos, de escucharnos a nosotros mismos, a los otros.

Encontrar el propio desierto
Reflexionar. Descargarse, desembarazarse de lo que entorpece, de lo que ata. Aceptar hacer una pausa, tener un ?desierto interior?, un lugar que esté lejos de ruidos superficiales para entrar en uno mismo, para escuchar mejor. Aligerarse por el ayuno, aislarse en el desierto son las condiciones que se nos proponen para ponernos en camino hacia un conocimiento más grande, un descubrimiento nuevo.

Cada quien ha de encontrar su desierto y su ayuno. Nada se detiene durante la Cuaresma: ni la vida familiar, ni el trabajo, ni las preocupaciones, ni las relaciones felices o menos. Las tardes son agotadoras, los fines de semana muy cortos. Hacer un alto, aunque sea en forma muy modesta, es ser llevado por el Espíritu, como lo fue Jesús cuando se retiró al desierto.

Es el signo de una disponibilidad que abre sobre el trabajo de preparación de la que cada uno tiene necesidad para entrar en la inteligencia de la Pascua.
El texto de los cuarenta días de Jesús en el desierto nos muestra cómo Él fue confrontado consigo mismo, a todas las preocupaciones que surgen en el hombre cuando él trata de decidir su relación con Dios.

Lo mismo que para nosotros. Cuando aceptamos poner en nuestra vida un poco de reflexión, y de ayuno, comenzamos a ver las cosas y a experimentarlas de otra manera. El desierto no es forzosamente un lugar de silencio. Es también el lugar en donde se dejan oír murmullos interiores que son habitualmente inaudibles por los ruidos exteriores ordinarios.

Acceder al combate espiritual
Si nuestro desierto y nuestro ayuno nos permiten ver dentro de nosotros mismos, probaremos quizás el escándalo de no ser dioses y no poder poner todo bajo nuestros pies; o nos descubriremos terriblemente hambrientos de otro pan que el de la Palabra de Dios; y, más todavía, estaremos tentados por la desesperación delante de nuestro pecado y nuestra incapacidad de responder totalmente al llamado de Dios. Pero, en este combate, tal vez viviremos un encuentro amoroso, como en la lucha de Jacob con el Ángel, en un cuerpo a cuerpo con Dios hasta que Él se descubra: «No te dejaré hasta que tú me bendigas» (Génesis 32, 23 ? 32).

Comprender lo que quiere decir «Resurrección»
En la Cuaresma nos preparamos a comprender un poco mejor lo que quiere decir «Resurrección», nos hace anhelar la absoluta necesidad de la salvación.

Durante esta «cuarentena» nos podemos preparar cultivando la confianza que nos viene de la fe y la disponibilidad del discípulo que se deja instruir. En el fondo se trata de hacer que nuestra vida sea el lugar mismo de escucha y de aprendizaje progresivo de la vida de fe.

La Cuaresma puede prepararnos activamente haciéndonos alcanzar el gran combate cuerpo a cuerpo con Dios que tendrá su final en la mañana de Pascua.

 

 

Catequesis del Santo Padre Francisco en la Audiencia general 2014 y 2016

CÓMO VIVIR LA CUARESMA
Catequesis del Santo Padre Francisco

 Audiencia General
5 de marzo de 2014

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Comienza hoy, miércoles de Ceniza, el itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación. La Cuaresma nos prepara para este momento tan importante, por ello es un tiempo «fuerte», un momento decisivo que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión. Todos nosotros necesitamos mejorar, cambiar para mejor. La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha. En el tiempo cuaresmal la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar más viva conciencia de la obra redentora de Cristo y vivir con mayor compromiso el propio Bautismo.

La consciencia de las maravillas que el Señor actuó para nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud hacia Dios, por lo que Él nos ha donado, por todo lo que realiza en favor de su pueblo y de toda la humanidad. De aquí parte nuestra conversión: ella es la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando vemos este amor que Dios tiene por nosotros, sentimos ganas de acercarnos a Él: esto es la conversión.

Vivir en profundidad el Bautismo —he aquí la segunda invitación— significa también no acostumbrarnos a las situaciones de degradación y de miseria que encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y de nuestros países. Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para cobijarse. Nos acostumbramos a los refugiados en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debiera. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios, donde los padres ya no enseñan a los hijos a rezar ni a santiguarse. Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? Pensadlo. Vuestros nietos, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Se lo habéis enseñado? Pensad y responded en vuestro corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Ave María? Pensad y respondeos. Este habituarse a comportamientos no cristianos y de comodidad nos narcotiza el corazón.

La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades. Por ello la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2 Cor 8, 9). Al meditar los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por iniciativa gratuita de Dios.

Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: son elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma. En este camino, queremos invocar con especial confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: que sea Ella, la primera creyente en Cristo, quien nos acompañe en los días de oración intensa y de penitencia, para llegar a celebrar, purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.

 

 

El valor de la paciencia

La paciencia no es pasividad ante el sufrimiento, no reaccionar o un simple aguantarse: es fortaleza para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, como venidos del amor de Dios.

I. Los textos de la Misa recogen una parte del discurso del Señor en el que hace referencia a los acontecimientos finales de la historia. En esta larga alocución se entremezclan diversas cuestiones relacionadas entre sí: la destrucción de Jerusalén -ocurrida cuarenta años después-, el final del mundo y la segunda venida de Cristo, llena de gloria y majestad. Jesús anuncia también las persecuciones que sufrirá la Iglesia y las tribulaciones de sus discípulos. Este es el pasaje que nos propone el Evangelio [1], al final del cual el Señor nos exhorta a la paciencia, a la perseverancia, a pesar de los obstáculos que se puedan presentar: In patientia vestra possidebitis animas vestras, con vuestra paciencia salvaréis vuestras almas.

Los Apóstoles recordarían más tarde la advertencia del Señor: No es el siervo mayor que su señor. Si me han perseguido a Mí también a vosotros os perseguirán [2]. Con todo, estas tribulaciones no escapan a la Providencia divina. Dios las permite porque serán ocasión de bienes mayores. La Iglesia se enriqueció en el amor a Dios y salió siempre vencedora y fortalecida en todas sus adversidades, como lo había anunciado el Señor: en el mundo tendréis grandes tribulaciones; pero tened confianza, Yo he vencido al mundo [3].

En este caminar en que consiste la vida vamos a sufrir pruebas diversas, unas que parecen grandes y otras de poco relieve, en las cuales el alma debe salir fortalecida, con la ayuda de la gracia. Estas contradicciones vendrán unas veces de fuera, con ataques directos o velados, de quienes no comprenden la vocación cristiana, de un ambiente paganizado adverso o de quienes expresan una verdadera oposición a todo lo que a Dios se refiere; en otras ocasiones, surgirán de las limitaciones propias de la naturaleza humana, que no permiten, ¡tantas veces!, alcanzar un objetivo si no es a base de un empeño continuado, de sacrificio, de tiempo… Pueden venir dificultades económicas, familiares … ; pueden llegar la enfermedad, el cansancio, el desaliento… La paciencia es necesaria para perseverar, para estar alegres por encima de cualquier circunstancia; esto será posible porque tenemos la mirada puesta en Cristo, que nos alienta a seguir adelante, sin fijarnos demasiado en lo que querría quitarnos la paz. Sabemos que, en todas las situaciones, la victoria está de nuestra parte.

La paciencia, según San Agustín, es «la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males». Y añadía: «no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores» [4]. Esta virtud lleva a soportar con buen ánimo, por amor a Dios, sin quejas, los sufrimientos físicos y morales de la vida. Frecuentemente tendremos que ejercerla sobre todo en lo ordinario, quizá en cosas que parecen triviales: un defecto que no se acaba de vencer, aceptar que las cosas no salgan como nosotros querríamos, los imprevistos que surgen, el carácter de una persona con la que hemos de convivir en el trabajo, gentes bien dispuestas pero que no entienden, aglomeraciones en el tráfico, retraso de los medios públicos de transporte, llamadas imprevistas que impiden terminar el trabajo a su hora, olvidos… Son ocasiones para afirmar la humildad, para hacer más fina la caridad.

II. La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, como venidos del amor de Dios. Identificamos entonces nuestra voluntad con la del Señor, y eso nos permite mantener la fidelidad en medio de las persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de ánimo y de la alegría de quien está seguro de recibir unos bienes futuros mayores [5].

Son diversos los campos en los que el cristiano debe ejercitar esta virtud. En primer lugar consigo mismo, puesto que es fácil desalentarse ante los propios defectos que se repiten una y otra vez, sin lograr superarlos del todo. Es necesario saber esperar y luchar con perseverancia, convencidos de que, mientras nos mantengamos en el combate, estamos amando a Dios. La superación de un defecto o la adquisición de una virtud, de ordinario, no se logra a base de violentos esfuerzos, sino de humildad, de confianza en Dios, de petición de más gracias, de una mayor docilidad. San Francisco de Sales afirmaba que es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo [6].

Paciencia también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad… Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos -muchas veces están luchando con empeño por superarlos-, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias… que, sobre todo cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en socorrerles. La caridad nos ayudará a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una buena contestación ante una impertinencia puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas, y siempre llegan al Corazón del Señor, que nos mirará con especial aprecio y amistad.

Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío…. los diversos infortunios que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo tráfico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material de trabajo, una visita que se presenta en el momento menos oportuno… Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz. Ahí nos espera el Señor; en esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia, manifestación del ánimo fuerte de un cristiano que ha aprendido a santificar todas las menudas incidencias de un día cualquiera.

III. Caritas patiens est [7], la caridad está llena de paciencia. Y al mismo tiempo esta virtud es el gran soporte de la caridad, sin el cual no podría subsistir. Para el apostolado, singular manifestación de la caridad, la paciencia es absolutamente imprescindible. El Señor quiere que tengamos la calma del sembrador que echa su semilla sobre el terreno que ha preparado previamente y sigue los ritmos de las estaciones, esperando el momento oportuno, sin desánimos, con la confianza puesta en que aquel pequeño tallo que acaba de aparecer será un día espiga granada.

El Señor nos da ejemplo de una paciencia indecible. De las muchedumbres que se le acercan dice en ocasiones que viendo no miran, y oyendo no escuchan, ni entienden [9]; a pesar de todo le vemos incansable en su predicación y dedicación a las gentes, recorriendo siempre los caminos de Palestina. Ni siquiera los Doce que le acompañan en todo momento demuestran un gran aprovechamiento: aún tengo muchas cosas que enseñaros -les dice la víspera de su partida-, pero por ahora no podéis comprenderlas [10]. El Señor contaba con sus defectos, con su manera de ser, y no se desalienta. Más tarde, cada uno a su manera, será un testigo fiel de Cristo y del Evangelio.

La paciencia y la constancia son imprescindibles en esta labor que, en colaboración con el Espíritu Santo, hemos de llevar a cabo en nuestra propia alma y en las de nuestros amigos y familiares que queremos acercar al Señor. La paciencia va de la mano de la humildad, se acomoda al ser de las cosas y respeta el tiempo y el momento de las mismas, sin romperlas; cuenta con las limitaciones propias y las de los demás. «Un cristiano que viva la virtud recia de la paciencia, no se desconcertará al advertir que quienes le rodean dan

muestra de indiferencia por las cosas de Dios.

Sabemos que hay hombres que, en las capas subterráneas, guardan como en la bodega los buenos vinos- unas ansias incontenibles de Dios que tenemos el deber de desenterrar. Ocurre, sin embargo, que las almas -la nuestra también- tienen sus ritmos de tiempo, su hora, a la que hay que acomodarse como el labrador a las estaciones y al terruño. ¿No ha dicho el Maestro que el reino de Dios es semejante a un amo que salió a distintas horas del día a contratar obreros a su viña (Mt 20, 1-7)?» [11]. ¿Y cómo no vamos a ser pacientes con los demás, si el Señor ha derrochado tanta paciencia con nosotros y sigue haciéndolo? Caritas omnia suffet, omnia credit, omnia sperat, omnia sustinet [12], la caridad a todo se acomoda, cree todo, todo lo espera y todo lo soporta, enseñó San Pablo. Y también lo escribió para nosotros.

Si tenemos paciencia, seremos fieles, salvaremos nuestras almas y también las de muchos otros que la Virgen Nuestra Madre pone constantemente en nuestro camino.


[1] Lc 21, 12- 19.

 

[2] Jn 15, 20.

 

[3] Jn 16, 33.

 

[4] SAN AGUSTÍN. Sobre la paciencia, 2.

 

[5] Cfr. SANTO TOMÁS, Comentario a la Epístola a los Hebreos, 10, 35.

 

[6] Cfr. SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, frag. 139, en Obras selectas de…. p. 774.

 

[7] 1 Cor 13, 4.

 

[8] Cfr. SAN CIPRIANO, Sobre el bien de la paciencia, 15, en Folletos M. C., no. 321.

 

[9] Mt 13, 13.

 

[10] Jn 16, 12.

 

[11] J. L. R. SÁNCHEZ DE ALVA, El Evangelio de San Juan, Palabra, 3ª ed.- Madrid 1987, nota 4, 1-44.

 

[12] 1 Cor 13, 7

 

 

Quinto Mandamiento | No matarás

Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás»; y aquél que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal (Mt 5,21-22).

No matarás (Ex 20,13)

2258 «La vida humana es sagrada, porque desde su inicio comporta la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término ; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente» (CDF, instr. «Donum vitae», 22).

I EL RESPETO DE LA VIDA HUMANA

El testimonio de la historia santa

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4,8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano» (Gn 4,10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:

Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre…Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre (Gn 9,5-6).

El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17,14). La necesidad de esta enseñanza es de todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: «No quites la vida del inocente y justo» (Ex 23,7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: Obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: «No matarás» (Mt 5,21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5,22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5,44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26,52).

La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. «La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor…solamente es querido el uno; el otro, no» (S. Tomás de Aquino, s.th. 2-2, 64,7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia de forma mesurada, la acción sería lícita…y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada para evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro (S. Tomás de Aquino, s.th. 2-2, 64,7).

2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar perjuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.

2266 A la exigencia de tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y de las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible debe contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

2267 La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos» (Evangelium vitae, 56).

El homicidio voluntario

2268 El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4,10).

El infanticidio (cf GS 51,3), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que rompen. Preocupaciones de eugenismo o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades.

2269 El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal así como negar la asistencia a una persona en peligro.

La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan la muerte sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usureras y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf. Am 8,4-10).

El homicidio involuntario no es imputable moralmente. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de darla.

El aborto

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. «Donum vitae» 25).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1,5; Jb 10,8-12; Sal 22, 10-11).

Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139,15)

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido (Didajé, 2,2; Bernabé, ep. 19,5; Epístola a Diogneto 5,5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos (GS 51,3).

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (CIC, can. 1398) es decir, «de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito» (CIC, can 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC, can. 1323-24). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable a la vida de todo individuo humano inocente constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

«Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud de la acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a integridad física desde la concepción hasta la muerte» (CDF, instr. «Donum vitae» 101-102) .

«Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho…El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos» (CDF, instr. «Donum vitae» 103.104).

2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y curado en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, «si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su custodia o hacia su curación… Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte» (CDF, instr. «Donum vitae» 34).

2275 Se deben considerar «lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual» (CDF, instr. «Donum vitae» 36).

«Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como `material biológico» disponible» (CDF, instr. «Donum vitae» 45).

«Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad» (CDF, Inst. «Donum vitae» 50).

La eutanasia

2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eut anasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente reprobable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de proscribir y excluir siempre.

2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítimo. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el «encarnizamiento terapéutico». Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden legítimamente ser interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es buscada, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

El suicidio

2280 Cada uno es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y preservarla para su honor y la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si es cometido con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos síquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por vías que él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento saludable. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

II EL RESPETO DE LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS

El respeto del alma del prójimo: el escándalo

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que llevan a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o de la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: «al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar» (Mt 18,6; cf 1 Co 8,10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a los otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7,15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a «condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos» (Pío XII, discurso 1 Junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que «exasperan» a sus alumnos (cf Ef 6,4; Col 3,21), o los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastran a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!» (Lc 17,1).

El respeto de la salud

 

2288 La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.

El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez: alimento y vestido, vivienda, cuidados sanitarios, enseñanza básica, empleo, asistencia social.

2289 La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas.

2290 La virtud de la templanza recomienda evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

2291 El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. A excepción de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral.

El respeto de la persona y la investigación científica

2292 Los experimentos científicos, médicos o sicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.

2293 Tanto la investigación científica de base como la investigación aplicada constituyen una expresión significativa del dominio del hombre sobre la creación. La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y sus valores morales la indicación de su finalidad y la conciencia de sus límites.

2294 Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios de orientación no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de los otros, ni, pero aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica requieren por su significación intrínseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios.

2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El consentimiento eventual de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o síquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre ellos.

2296 El trasplante de órganos es conforme a la ley moral si los daños y los riesgos físicos y psíquicos que padece el donante son proporcionados al bien que se busca para el destinatario. La donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa. Es moralmente inadmisible si el donante o sus legítimos representantes no han dado su explícito consentimiento. Además, no se puede admitir moralmente la mutilación que deja inválido, o provocar directamente la muerte, aunque se haga para retrasar la muerte de otras personas.

El respeto de la integridad corporal

2297 Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo amenaza, hiere y mata sin discriminación; es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de precripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf Dz 3722).

2298 En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

El respeto a los muertos

2299 A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Serán ayudados por la oración de sus parientes, los cuales velarán para que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

2300 Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf Tb 1,16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

2301 La autopsia de los cadáveres es admisible moralmente cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio.

La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (cf CIC, can. 1176,3).

III LA DEFENSA DE LA PAZ

La paz

2302 Recordando el precepto: «no matarás» (Mt 5,21), nuestro Señor exige la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:

La cólera es un deseo de venganza. «Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito»; pero es loable imponer una reparación «para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia» (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 158, 1 ad 3). Si la cólera llega hasta el desear deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: «Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal» (Mt 5,22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando el hombre le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. «Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial…» (Mt 5,44-45).

2304 El respeto y el crecimiento de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguarda de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es «tranquilidad del orden» (S. Agustín, civ. 19,13). Es obra de la justicia (cf Is 32,17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).

2305 La paz terrena es imagen y fruto de la paz de Cristo, el «Príncipe de la paz» mesiánica (Is 9,5). Por la sangre de su cruz, «dio muerte al odio en su carne» (Ef 2,16; cf. Col 1,20-22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. «El es nuestra paz» (Ef 2,14). Declara «bienaventurados a los que obran la paz» (Mt 5,9).

2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78,5).

Evitar la guerra

2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra (cf GS 81, 4).

2308 Todo ciudadano y todo gobernante está obligado a trabajar para evitar las guerras.

Sin embargo, «mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa» (GS 79,4).

2309 Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

– Que el daño infringido por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

– Que los restantes medios para ponerle fin hayan resultado impracticables o ineficaces.

– Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

– Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la «guerra justa».

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de los responsables del bien común.

2310 Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.

Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz (cf GS 79,5).

2311 Los poderes públicos atenderán equitativamente a los que, por motivos de conciencia, rechazan el empleo de las armas; estos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf GS 79,3).

2312 La Iglesia y la razón humana declaran la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. «Ni, una vez estallada desgraciadamente la guerra, es todo lícito entre los contendientes» (GS 79,4).

2313 Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, los soldados heridos y los prisioneros.

Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como las disposiciones que las ordenan son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ellas. Así, la exterminación de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenada como un pecado mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas disposiciones que ordenan genocidios .

2314 «Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones» (GS 80,4). Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradógica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre nuevas impide la ayuda a los pueblos necesitados (cf PP 53), y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.

2316 La producción y el comercio de armas atañen hondament e al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades públicas tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima iniciativas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.

2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra:

En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: «De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate» (Is 2,4) (GS 78,6).

RESUMEN

2318 «Dios tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre» (Jb 12,10).

2319 Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.

2320 Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador.

2321 La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común.

2322 Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27,3) gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

2323 Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y curado como todo otro ser humano.

2324 La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador.

2325 El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento.

2326 El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión arrastra deliberadamente a otro a pecar gravemente.

2327 A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: «del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor».

2328 La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes.

2329 «La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable» (GS 81,3).

2330 «Bienaventurados los que obran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

 

“Nada para nosotros, sin nosotros”

Lema del “Evento de Alto Nivel”

MARZO 04, 2020 VER

Este fue un lema que varias veces resonó en el reciente Evento de Alto Nivel, organizado por la UNESCO y el gobierno de México en el Centro Cultural Los Pinos, con el objetivo de analizar los resultados del año decretado por la ONU, el 2019, para proteger e impulsar las lenguas indígenas en todo el mundo, casi unas siete mil, y para promover aportes para la década que se dedicará a esas lenguas, del 2022 al 2032, impulsada por la misma ONU, pues el 40% de las mismas están en proceso de extinción.

La Nunciatura Apostólica de nuestro país me pidió participar, representando a la Iglesia Católica, y pude constatar cómo el Espíritu trabaja también fuera del ámbito eclesial, para defender los idiomas con sus respectivos dialectos, sembrados por Dios en todo el universo, y cómo la globalización los está destruyendo. Pude aportar lo que en el CELAM y entre nosotros se está haciendo en defensa de estas lenguas, y cómo podemos unirnos a este esfuerzo mundial por su preservación. Insistí en que es un derecho humano el que estos pueblos puedan vivir y celebrar su religión en su propio idioma.

En nuestra patria, desde hace muchos años, hay preclaros, aunque ignorados, agentes de pastoral no indígenas que han aprendido y usan idiomas originarios. Las Sociedades Bíblicas, de corte protestante o evangélico, nos llevan la delantera, sobre todo al haber hecho traducciones de la Biblia a casi todos los 68 idiomas indígenas del país, en algunos casos incluso a sus variantes regionales.  Hay sacerdotes que han traducido catecismos, oraciones, algunas partes de la Biblia, como los textos de las misas dominicales, cantos, etc.; sin embargo, son muy pocas las traducciones completas de la Biblia aprobadas por nuestra Conferencia Episcopal, como marca la legislación canónica. Que yo conozca, sólo un Nuevo Testamento en maya, que no todos aceptan, más la Biblia en tseltal y en tsotsil de Chiapas. Y traducciones litúrgicas a idiomas indígenas, ya fueron aprobadas por la Conferencia Episcopal la rarámuri, para Tarahumara, la tseltal y tsotsil para Chiapas, la náhuatl para unas 20 diócesis que lo hablan, pero ninguna ha sido confirmada, a pesar de nuestra insistencia, por la Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, y a pesar de que el Papa Francisco, el 3 de septiembre de 2017, cambió el canon 838 del Código de Derecho Canónico, sobre todo el parágrafo 3, para que ahora esa aprobación dependa de las Conferencias Episcopales. En Roma, tenemos atorada la “confirmación” de estas traducciones que, desde años, la Comisión Nacional de Liturgia envió, aprobadas hace tiempo por nuestra Conferencia Episcopal. Allá nos han dicho que el cambio canónico prescrito por el Papa Francisco no tiene efecto retroactivo, y por más visitas e insistencias, no nos conceden ese documento final. Ciertamente, desde el Papa Benedicto, se aprobaron por Roma las fórmulas de los siete sacramentos en tseltal y tsotsil, más la fórmula de la Consagración en náhuatl, aprobada por el Papa Francisco, una vez revisadas por las Congregaciones Doctrina de la Fe y Culto Divino. Nos falta mucho para que nuestros pueblos originarios escuchen la Palabra de Dios y celebren los sacramentos en su propio idioma. Sin embargo, estamos en ello. Ahora contamos con más sacerdotes indígenas, identificados con su cultura, que están haciendo un notable esfuerzo por impulsar y apoyar este proceso de traducción. En estos dos años recientes, una vez que regresé a mi diócesis de origen, acompaño la traducción de la Misa al ñahñhu, ñhahthö, u otomí, que se habla en el Valle de Toluca y en poblaciones de Hidalgo, Querétaro y Ciudad de México. Esto es en cuestión de traducciones, pero la lengua es sólo un aspecto de una la cultura, que implica toda la vida. Y en todo esto, es necesario tomarlos mucho más en cuenta a ellos mismos.

PENSAR

En su Exhortación Querida Amazonia, el Papa Francisco nos invita a lo que es válido no sólo para esa región, sino para la pastoral con pueblos originarios en cualquier parte:

“La Amazonia debería ser también un lugar de diálogo social, especialmente entre los distintos pueblos originarios, para encontrar formas de comunión y de lucha conjunta. Los demás estamos llamados a participar como invitados y a buscar con sumo respeto caminos de encuentro que enriquezcan a la Amazonia. Pero si queremos dialogar, deberíamos hacerlo ante todo con los últimos. Ellos no son un interlocutor cualquiera a quien hay que convencer, ni siquiera son uno más sentado en una mesa de pares. Ellos son los principales interlocutores, de los cuales ante todo tenemos que aprender, a quienes tenemos que escuchar por un deber de justicia, y a quienes debemos pedir permiso para poder presentar nuestras propuestas. Su palabra, sus esperanzas, sus temores deberían ser la voz más potente en cualquier mesa de diálogo, y la gran pregunta es: ¿Cómo imaginan ellos mismos su buen vivir para ellos y sus descendientes?” (26).

“El diálogo no solamente debe privilegiar la opción preferencial por la defensa de los pobres, marginados y excluidos, sino que los respeta como protagonistas. Se trata de reconocer al otro y de valorarlo ‘como otro’, con su sensibilidad, sus opciones más íntimas, su manera de vivir y trabajar. De otro modo, lo que resulte será, como siempre, un proyecto de unos pocos para unos pocos, cuando no un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz. Si esto sucede, es necesaria una voz profética y los cristianos estamos llamados a hacerla oír” (27).

“Para lograr una renovada inculturación del Evangelio en la Amazonia, la Iglesia necesita escuchar su sabiduría ancestral, volver a dar voz a los mayores, reconocer los valores presentes en el estilo de vida de las comunidades originarias, recuperar a tiempo las ricas narraciones de los pueblos” (70).

“Frente a una invasión colonizadora de medios de comunicación masiva, es necesario promover para los pueblos originarios comunicaciones alternativas desde sus propias lenguas y culturas y que los propios sujetos indígenas se hagan presentes en los medios de comunicación ya existentes” (39).

“Una Iglesia con rostros amazónicos requiere la presencia estable de líderes laicos maduros y dotados de autoridad, que conozcan las lenguas, las culturas, la experiencia espiritual y el modo de vivir en comunidad de cada lugar, al mismo tiempo que dejan espacio a la multiplicidad de dones que el Espíritu Santo siembra en todos” (94).

ACTUAR

Que el Espíritu Santo mueva nuestro corazón, para que no impongamos el idioma dominante a los pueblos originarios, sino que respetemos su lengua nativa y la promovamos en la sociedad y en la Iglesia. No colaboremos también nosotros a su extinción.

 

 

De profesión, madre

Blanca Sevilla

 Muchas generaciones de madres han hecho posible que el mundo estrenara otro milenio.

Su obra menuda, casi de puntillas, es circunvalación, es abrazo a las pequeñas cosas, está inmersa en la pasión por lo vital y se pronuncia por la esperanza.

Cambian las circunstancias, pero no a esencia. El horizonte femenino está inmerso en la vida que se gasta profundamente en el hogar, en el taller, en las aulas, en la calle, junto a quienes comparten con la mujer su tiempo, su amor y su trabajo.

Es cierto que la madre vive hoy de otra manera, que la evolución de lo femenino ha sido tremendamente intensa en el siglo pasado. Miro hacia atrás y encuentro a mi abuela materna sumergida en la vida doméstica. En la magia del recuerdo, puedo saborear sus guisos perfectamente logrados y la piel de mis manos aún se sorprende con sus bordados y sus tejidos. La traigo a mi memoria sentada frente a una máquina de coser, cumpliendo mis caprichos, confeccionando mis vestidos y los de mis muñecas. Mi abuela era feliz, aunque su mundo quedara atrapado en la cuadrícula de su hogar.

Mi amiga Leticia, que también rebasa el medio siglo, es periodista y los diplomas que acreditan sus cursos no caben en la pared de su casa. Además de su trabajo como directora de una publicación, toma un curso y otro, porque entre más aprende, más se percata de su poca sabiduría.

Hace poco fue abuela y pensé que el alma se le saldría por los poros ante una euforia poco común en su carácter frío.

Se ha prometido no volver a inscribirse en nada, por un tiempo. Vive tan ajetreada entre su marido, sus hijos, su trabajo y sus ímpetus, que no tiene oportunidad de ejercer su abuelazgo.

Ahora quiere cuatro horas como mínimo para cuidar a esa nieta, más hermosa que ninguna otra.

Ella me aclara que las de antes eran abuelitas y que ella es simplemente abuela. Una abuela ejecutiva, condición que no es privativa de estos tiempos: ya mi abuela paterna, madre de trece hijos, lucía con orgullo su título de maestra otorgado por el gobierno de San Luis Potosí a principios de siglo.

Seguramente que esas muchachitas de hoy, locuaces y frívolas en apariencia, también habrán de conmoverse ante la maternidad. Tiempos van y tiempos vienen y la mujer sigue siendo, como lo dijo el cardenal Mindszenty, “la antorcha de la vida atravesando las páginas de la historia”.

 

 

Ni feminismo ni machismo, simplemente humanismo

Jorge Espinosa Cano

A la hora de decidir tomar acciones para combatir la violencia y generar una mejor sociedad, analizar las diferentes opciones que se proponen, algunas son muy atractivas, pero detrás de ellas hay otros fines.

En estos días en los que destaca en los medios informativos la acción de ciertos grupos feministas para exigir acciones y detener la violencia en contra de las mujeres, hemos de estar de acuerdo en que buscar eliminar el crimen es una causa en la que todos debemos de participar, pero en la manera de hacerlo puede haber ciertas diferencias y por ello habría que analizar más a fondo las raíces del problema.

No hay duda de que muchos hombres han abusado de su condición de fuerza y de contextos culturales para abusar de la mujer en muchos sentidos, lo que ha generado en estos tiempos de mayor libertad una serie de reacciones, muchas de ellas muy positivas y justas, pero otras que no solamente son extremas, sino que resultan inclusive perjudiciales y contrarias a la misma condición de feminidad de las mujeres.

La condición natural de la humanidad es que hay hombres y mujeres, aunque la actual ideología de género pretende negar esta realidad tan evidente, y esto está claramente establecido por la biología que marca no solamente con características físicas totalmente definida las diferencias de los sexos, sino por condiciones psicológicas que, en ocasiones son ventajosas para los hombres y otras para las mujeres, e inclusive en ciertas habilidades que en forma natural se dan mejor para uno o para el otro sexo.

El tema de la violencia que en estos días ha dado pie a tantas polémicas sin duda plantea que la mujer se encuentra en general en desventaja respecto al hombre y, esto la pone en condiciones de potencial víctima como tristemente sucede en casos que indignan a la sociedad, pero no es exclusiva la violencia por parte del hombre, como lo apreciamos en otros casos. Según algunas estadísticas en los primeros 10 meses de 2019 se cometieron en México 28 mil 741 homicidios dolosos y 833 feminicidios, y cerca de 60 niños abortados al día sólo en la Ciudad de México, lo que magnifica la situación de la violencia pues son personas. Claro que además está el abuso sexual dónde claramente las víctimas son casi en su totalidad mujeres, aunque también hay muchos niños.

Bajo este concepto el machismo se considera una condición verdaderamente negativa, y lo es desde el punto de vista que considera al hombre superior a la mujer, en cambio el feminismo se aprecia como un movimiento extremadamente virtuosos y muy justo para la reivindicación de la mujer, y en principio lo podemos considerar así en cuanto pide el reconocimiento al derecho de las mujeres para participar y ser reconocidas en la sociedad por sus capacidades y méritos en condiciones iguales a los hombres.

Sin embargo es una realidad que muchos movimientos feministas han rebasado esta visión y han llevado el asunto a cuestiones ideológicas y políticas y de manejo del poder, pretendiendo llevar a la mujer a su plenitud, haciendo que la mujer adopte muchas de las actitudes negativas del machismo al que supuestamente debería combatir, como lo es el uso de la violencia, comportamientos que se criticaban a los hombres por su vulgaridad y falta de respeto, a un libertinaje sexual que tampoco se justifica en los hombres aunque haya sido practicado y hasta socialmente soslayado, a menospreciar a muchas mujeres que han decidido seguir una trayectoria que podríamos llamar más tradicional como es decidir dedicarse de tiempo completo a la educación de sus hijos y la administración de tiempo completo de un hogar sin un trabajo económicamente remunerado, y hasta promover el aborto como un derecho de la mujer desconociendo que no se le está amputando una parte de su cuerpo, sino que se le está quitando la vida a un ser humano que es su propio hijo. De esa manera ese tipo de feminismo que además tiene una gran fuerza económica, política y en los medios de comunicación es el que se va imponiendo aunque haya una gran mayoría de mujeres silenciosas, que sí quieren ser respetadas y reconocidas, pero no van de acuerdo con ese extremismo que en ciertos aspectos va contra su misma naturaleza.

Por eso creo que es tiempo de educar a las nuevas generaciones en un humanismo que en su esencia considere que tanto el hombre como la mujer son seres iguales en dignidad y, lo deben ser en respeto y en oportunidades, pero que hay diferencias que son complementarias y en ello radica la riqueza de la humanidad, que se refleja en forma natural al buscar el hombre y la mujer consolidar su plenitud en una familia donde ambos puedan entregar en su totalidad todas sus cualidades, físicas, intelectuales y espirituales para conformar una familia que después proyecte esos mismos valores a la sociedad, y que los hijos vayan creciendo sanamente no sólo de cuerpo sino de espíritu.

Para alimentar este humanismo tenemos grandes pensadores de todos los tiempos y de todas las culturas, y en nuestra tradición occidental sin lugar a dudas como centro de esta riqueza el humanismo cristiano que no debemos de olvidar por su patrimonio espiritual y cultural, así como por su gran influencia en el ámbito social.

Por eso es importante a la hora de decidir tomar acciones para combatir la violencia y generar una mejor sociedad, analizar las diferentes opciones que se proponen, o ser nosotros mismos actores de acciones positivas, ya que algunas veces se nos pueden presentar algunas de estas opciones como muy atractivas, pero detrás de ellas hay otros fines que a la larga resultan perjudiciales para la sociedad y para las mismas mujeres, y para tomar una decisión saber que el grupo organizador del día sin mujeres, en contrasentido de la violencia que dicen querer eliminar, son promotoras del aborto que es una violencia contra los vivos no nacidos.

Las circunstancias pueden cambiar y muchas cosas se van modificando en nuestra vida cotidiana, pero siempre debemos buscarnos el tiempo de profundizar y reflexionar si las propuestas más difundidas son realmente positivas o detrás de ellas hay otros fines y, sobre todo si van de acuerdo a los auténticos valores que permanecen siempre por su valor intrínseco.

 

 

¿Por qué la verdad despierta odio?

​San Agustín de Hipona santo, Padre y Doctor de la Iglesia Católica, explica por qué la verdad despierta odio.

La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, él quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en la realidad es falso.

Un simpático lector me pide que explique por qué la Iglesia –a pesar de ser la pregonera de la Verdad– ha sido tan combatida a lo largo de su historia. Él quiere saber también por que son tan combatidos en nuestros días los católicos verdaderos, que no pactan con los errores del siglo, y se mantienen fieles a las enseñanzas inmutables de Nuestro Señor Jesucristo.

Me parece que el lector podría haber ampliado más el campo de su pregunta. Las persecuciones perpetradas contra la Iglesia y contra los verdaderos católicos de nuestros días, son el prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo explicar que el Hombre–Dios, que es la Verdad, el Camino y la vida, haya sufrido persecución, al punto de haber sido crucificado entre dos vulgares ladrones?

A esa pregunta, responde luminosamente uno de los mayores Doctores de todos los tiempos, el gran San Agustín, obispo de Hipona. Reproduzco aquí –adaptándolo ligeramente, para una más fácil comprensión del lector contemporáneo– la enseñanza del Doctor de los siglos IV y V.

El verdadero apostolado no oculta a las almas su malicia

Comentando la célebre palabra de Terencio: «La verdad engendra odio«, San Agustín preguntar cómo se puede explicar un hecho tan ilógico. (Confesiones, libro X, capítulo XXIII).

En efecto, dice, el hombre ama naturalmente la felicidad. Ahora, ésta es la alegría nacida de la verdad.

Así es una aberración que alguien vea como enemigo quien predica la verdad en nombre de Dios.

Enunciado así el problema, el Santo Doctor da la explicación. La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, él quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en la realidad es falso.

Es necesario que alguien le abra los ojos. Pero, como el hombre no admite que se le muestre que se engañó, no tolera por eso que se le demuestre el error en que se encuentra.

Y el doctor de Hipona observa:

¡De este modo, ciertos hombres odian la verdad, por amor a aquello que tomaron como verdadero! Ellos aman la luz, pero no a quien los censura… la aman cuando se les muestra, la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son.

Por su deslealtad, tales hombres sufren en verdad el siguiente castigo: no quieren ser dados a conocer, sin embargo ella los desenmascara. Y, a pesar de eso, la verdad continúa velada a sus ojos.

«Es así, es precisamente así que está hecho el corazón humano. Ciego y perezoso, indigno y deshonesto; se oculta pero no admite que nada le sea ocultado. De este modo le sucede que no consigue huir de los ojos de la verdad, pero la verdad huye de sus ojos«.

Con estas palabras concluye San Agustín su magistral comentario.

* * *

¿Sería posible aplicar este pensamiento a lo que nos rodea? Dejo la cuestión a la sagacidad del lector.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Mesa en familia y mesa en sociedad

Ana Teresa López de Llergo

Es necesario recuperar la importancia de la comida familiar, cuidar la calidez del trato, la conversación estimulante y los platillos de gusto general.


Hay pueblos que valoran muy especialmente el bienestar y la distención que ofrece una buena comida, por eso, se apoyan en esta realidad para ofrecer un menú cuidadosamente preparado para, en torno a ese ambiente, lograr la firma de importantes convenios.

Hemos de detenernos en los beneficios de una mesa preparada para hacer pasar un rato de disfrute y para lograr beneficios. Obviamente se excluye cualquier intento de ganar la partida de mal modo, por ejemplo, no se trata de aprovecharse del otro con excesos de comida o de bebida.

Hay tres necesidades básicas que son casa, vestido y sustento. A partir del sustento, convendrá reflexionar en la relación con las otras dos. En la familia estos tres aspectos son asuntos importantísimos a los cuales el padre y la madre han de atender, son parte de sus responsabilidades. El alimento es en convivencia, la madre alimenta al recién nacido.

Poco a poco se incorpora a los pequeños a la mesa familiar y así adopta una cultura, un ritual propio de cada hogar: el uso de los cubiertos, el modo de llevar el alimento o la bebida a la boca, el orden de los platillos. La atención a los demás y el aprender a compartir o ceder lo mejor para el disfrute de otros.

Todos estos detalles forjan aspectos del carácter y capacitan para la vida extra familiar. En la casa se adquiere soltura para entender los rituales sociales entorno a la mesa. La educación une la satisfacción de compartir los alimentos con la atención a los otros comensales, los buenos modales y una apropiada conversación.

Aunque la vida laboral ha complicado los momentos de encuentro de los miembros de la familia. Es un reto para todos conseguir tenerlos en días fijos y respetarlos como un medio de estrechar lazos y conservar los vínculos familiares. Para ello, conviene planear los menús, aprender a elaborarlos y valorar la cultura del propio país y la de otros pueblos, haciendo de estos asuntos temas de la conversación en la mesa.

Esto no es trivial, tiene su importancia, revalora la cocina del propio país y se aprende a valorar la de los demás. Así los miembros de la familia amplían su cultura e impiden que la globalización les uniforme e insensibilice. Además, el afán de saber más puede enriquecerse con la historia de los pueblos y el conocimiento de los productos alimenticios que se encuentran en cada territorio.

Cuando las familias de un determinado pueblo dejan de interesarse por conocer y conservar lo suyo, están labrando su fin. Pierden cohesión y muy fácilmente las personas se masifican porque sus raíces se debilitan y ya no tienen nada que ofrecer a los demás.

Aunque el motivo de la mesa son los alimentos, la dignidad y riqueza de la persona se refleja en la elaboración de los platillos y la combinación de sabores, así como los complementos: manteles, vajilla, cubiertos, cristalería y adornos que embellezcan como pueden ser las flores, velas u objetos decorativos. Por supuesto es indispensable la buena presentación de los comensales.

Se pueden aprovechar fechas especiales para inyectar un nuevo entusiasmo a esas reuniones, desde simples aniversarios de cumpleaños, bodas, bautismos, hasta fiestas patrias, ceremonias oficiales o eventos artísticos o deportivos en compañía de amigos o parientes que hace tiempo no se frecuentan. De esta manera se impulsa la armonía social.

Actualmente se cuenta con comidas preparadas que simplifican las tareas domésticas. Sin embargo, no conviene abusar de esas facilidades, porque se pierden las tradiciones locales. Un aspecto que puede evitar la masificación es el de utilizar condimentos que realcen los sabores, o buscar el modo de presentar los platillos con cierta originalidad.

Es necesario recuperar la importancia de la comida familiar, cuidar la calidez del trato, la conversación estimulante y los platillos de gusto general. Esta manera de fomentar recuerdos gratos fortalece los lazos e incorpora a quienes tienen más dificultad para asistir. Se trata de recuperar la intimidad y el sosiego, por lo tanto, es importante advertir que la conversación prevalece sobre los recursos tecnológicos.

Este estilo familiar es adecuado proyectarlo a la vida social. La palabra latina socius significa amigo. Por lo tanto, con un amigo se comparte un tiempo de intimidad y sosiego. Hay enseñanza y aprendizaje porque se atiende a las necesidades y se discuten las soluciones. Generalmente se pueden aprovechar los horarios de comidas.

También con los compañeros de trabajo se organizan discusiones para solucionar problemas, durante un desayuno, comida o cena. Se ha de calcular un tiempo de calidad, íntimo y adecuado para lograr la serenidad que requiere el estudio de los asuntos y la toma de decisiones ponderadas.

También hay eventos que se organizan alrededor de la mesa. Hay que disponerse a dedicarles el tiempo íntimo y sin precipitación. Puede ser el agasajo de un compañero de trabajo, o el festejo de una fecha significativa para la empresa o la firma de un convenio con otra institución.

La comida tiene un ritual se garantiza un principio de orden. Eso facilita la marcha de una comida de negocios que puede ser difícil por los temas que se aborden, y por la urgencia de cerrar tratos. Una buena mesa ofrece la posibilidad de una experiencia donde se inicien o se consoliden lazos de amistad. Quienes tienen esas experiencias de las mesas familiares tendrán más soltura en las mesas en sociedad.

Una mesa bien preparada puede fomentar las relaciones humanas y fortalecer las amistades.

 

 

Por el Coronavirus

Coronavirus: Congestión de contenedores con carne de vacuno en los puertos chinos

Ya el pasado día 20 leía que “el coronavirus tiene paralizada la cadena de suministro en los puertos de China. Las medidas adoptadas por el gobierno para evitar una mayor propagación del virus están interrumpiendo el comercio, la producción y las cadenas de suministro.” De acuerdo con informes de la industria naviera, si bien los contenedores refrigerados se están descargando, pocos importadores los están retirando, lo que está generando que muchas terminales se estén quedando sin enchufes para alimentar las unidades de refrigeración. Los puertos de Shanghai y Xingang ya han reportado la utilización del 100% de la capacidad de refrigerado disponible, según informaciones de  la Bolsa de Rosario.

 

La industria frigorífica de Argentina estima que perderá 450 millones de dólares en los próximos dos meses, por la renegociación de contratos con China por el efecto del coronavirus. La actividad de estas plantas disminuyó en un 30% en enero y los precios pagados a los compradores chinos cayeron en un 35%, con pérdidas de hasta 3 $/kg.

 

En Australia, aunque las exportaciones de carne de vacuno en enero aumentaron en un 17% hasta las 79.000 t peso canal, siendo China el principal mercado con 21.000 t importadas, las perspectivas pronto podrían cambiar, a causa de la escasez de oferta que se espera en los próximos meses por el Coronavirus.

 

Jesús Domingo

 

 

No “vale todo”

Hoy la información sufre una hipertrofia en las redes sociales, que permiten a todo ciudadano intervenir en la configuración de la opinión pública, aunque no sea “profesional” de la comunicación. Muy en concreto, reproducen demasiadas cosas no contrastadas: los repetidores son agentes de la nefasta murmuración, porque desconocen una exigencia ética clásica muy bien resumida en un conocido catecismo del siglo XVI, que implica no escuchar la maledicencia: “los que dan oídos a los que hablan mal, o los que siembran discordias entre los amigos, son detractores. / Y no están excluidos del número y de la culpa de semejantes hombres los que, dando oídos a los que deprimen e infaman, no reprenden a los detractores, antes bien con gusto asienten con ellos. Pues como afirman San Jerónimo y San Bernardo, es difícil saber quién es más perjudicial: el que infama o el que oye al infamante; porque no habría quien infamase, sino hubiera quien oyese a los que quitan la fama"; y continúa hablando de chismosos y correveidiles..., que tanto abundan hoy, por desgracia, gracias a los impresionantes avances técnicos.

Mi gran deseo –utópico- es que cada uno defienda sus creencias y opiniones con libertad, pero también con máximo respeto a quien piense lo contrario. No “vale todo”, excepto la dignidad de la persona. Y, desde luego, el “malo” no es el “otro”, denigrado con caricaturizaciones estereotipadas y falsas de sus posiciones, o simplemente machacado con la presentación insidiosa de hechos reales de su vida, a veces, incluso, sin añadir rectificaciones personales, porque son demasiado antiguos… Los países más orientales de Europa no acaban de superar las graves heridas de la mentira comunista, tan detalladamente descrita por François Furet. Pero discurren por el mismo camino –aunque no sean tan letales físicamente- los fautores de los diversos extremismos que circulan por la redes.

Juan García.

 

La natalidad en el mundo

Desearía rendir homenaje a notables economistas, como Colin Clark o Alfred Sauvy, quienes dieron la batalla intelectual contra el mito maltusiano del crecimiento cero impulsado en los sesenta por el Club de Roma. Pocos creyeron en ellos, ahogados por la espectacular propaganda que creó la gran amenaza de la explosión demográfica: un planeta, incapaz de alimentar a sus habitantes en un futuro cada vez más próximo. Clark y Sauvy creían en el ser humano y en su capacidad de resolver cuestiones, más aún cuando la población no era un problema, sino la solución. La antigua crisis derivaría de la caída de la natalidad, con el envejecimiento de la población: un fenómeno entonces incipiente en algún país desarrollado, como Alemania, convertido hoy en un desastre mundial. Basten algunas muestras.

El caso más paradójico quizá se ha producido en la China, donde el todopoderoso partido comunista controla casi todo, mientras trata de que la economía no quede anquilosada abriéndola al mercado. Muchas críticas recibió la dictatorial política del hijo único, establecida en su día para limitar drásticamente el crecimiento de la población. El problema actual deriva del efecto configurador de las mentalidades derivado de la legislación: así, ahora, cuando Pekín toma conciencia del efecto demoledor del envejecimiento demográfico, la sociedad se ha acostumbrado a tener un solo hijo e, incluso, a no tener ninguno. Están por ver los efectos sociales que se producirán con el cambio de política. No sabemos cómo dejará la pandemia este país pero la falta de jóvenes no facilitará la salida.

Pedro García

 

 

La radicalidad ideológica

La radicalidad ideológica es la que condujo a situaciones deplorables como la de Auschwitz, el bosque de Katyn o en la aldea de Médnoye, que no debemos jamas olvidar. Y la coyuntura en la que se forjaron todos esos movimientos que luego protagonizaron esas carnicerías fue el mismo: una sociedad arrojada a los brazos del sectarismo, y que no ha sabido escoger el término medio que siempre proporciona avances.

La más preocupante deriva de la Europa actual es precisamente esa. No puede ser que, cuando seguimos contando los muertos de las tragedias que vivimos no hace tantos años, sólo 75, volvamos a la misma situación de partida. Es inconcebible que sigan existiendo, sobre todo jóvenes, que no sean conscientes del descomunal horror que trajeron esos idearios comunistas o fascistas a nuestros países.

Por todo eso, hacemos muy bien en no olvidar a los campos nazis ni a aquellos otros de los comunistas que han puesto en solfa a nuestra condición humana, porque el pueblo que olvida su historia está condenada a repetirla, como luce precisamente en uno de los muros de esa inconmensurable vergüenza que fue Auschwitz.

Enric Barrull Casals

 

 

El setenta y cinco aniversario

El setenta y cinco aniversario de la liberación de Auschwitz, el epicentro del mayor espanto de la humanidad, viene muy bien en estos tiempos en que por Europa vuelven a escucharse ecos que parecen recordar esos espeluznantes momentos.

José María Javierre contó en su día con pelos y señales el estremecedor martirio que en ese abyecto recinto sufrió Maximiliano Kolbe, ese gigante santificado. Como este coloso franciscano, más de un millón de biografías anónimas resultaron exterminadas por los medios más repugnantes que la mente pueda imaginar, una sofisticación de la maldad que no tiene parangón en la historia de la evolución humana. ¿Dónde estaba Dios?, se preguntó Ratzinger tras visitar sus terroríficas estancias.

Al momento de rememorar esas apocalípticas escenas, que ni el cine ha podido reflejar en su inmenso dolor, hemos sin embargo de aprovechar también para traer a la memoria que existieron otros nauseabundos episodios protagonizados por ideologías radicalmente contrarias al nazismo, pero unidas por el mismo extremismo.

En el bosque de Katyn o en la aldea de Médnoye, por ejemplo, los comunistas masacraron a miles de víctimas, tras hacerlos prisioneros, apalearlos, asesinarlos vilmente y amontonarlos como carne magra en hediondas fosas comunes. Incluso los judíos fueron responsables indirectos de la matanza de los campos de refugiados de Sabrá y Chatila, en que perecieron cientos de familias enteras bajo ese fuego que siempre carga el odio.

La enseñanza que estos sucesos nos debe proporcionar es clara: nunca es camino adecuado el fanatismo, sea del signo que sea. Y otra más: que solamente en los climas templados pueden brotar buenos frutos, y eso es predicable de la política igual que de la agricultura.

JD Mez Madrid

 

 

Falsas democracias y sus corrupciones

 

¿DEMOCRACIA ESTO?: En el diario Vozpópuli del 13-02-2020, leo lo que sigue:

De momento, España sigue perteneciendo al selecto club de las 20 democracias “plenas” que elabora The Economist. De momento. La publicación británica, que evalúa cinco variables para elaborar el ranking, nos coloca en el decimonoveno lugar, con una puntuación de 8,08 sobre 10, pero a solo ocho décimas de descender de categoría y pasar a engrosar la larga lista de las denominadas democracias “incompletas”, entre las que, sorprendentemente, figuran países como Estados Unidos (puesto 25), Portugal (27), Francia (29) o Italia (33)”.

Hoy lo que sigue habiendo son “dictaduras y tiranías”; puesto que a mi entender y “vista la historia del mono humano”, siempre es lo que hubo. La democracia que dejara escrita Montesquieu, no fue instaurada nunca, puesto que “los tres poderes” que deben vigilarla y mantenerla, nunca han existido; sí que de nombre, pero al final; “hacen cama redonda, se compran los hunos a los hotros y al final lo que predomina es la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón”, o sea, lo de siempre; “el mono humano que puede, domina a cuantos puede de los demás”, y esa tendencia viene de lejos y se mantiene pese a lo que nos quieran decir; la renovación de gobiernos no lo soluciona, al final todos obran lo mismo y se aprovechan del poder todo cuanto pueden y más.

 

“Los catalanes autóctonos y la raza superior: Ni es la primera vez ni será la última. El separatismo considera la raza catalana no tan solo distinta sino superior a la española”. (Titulares en Vozpópuli 13-02-2020). Mi opinión: Eso creían en el nazismo y al final fracasaron; "dónde hay tejas hay pellejas", "en todas partes cuecen habas"; son dichos de la sabiduría popular que sentencia la realidad del "mono humano", donde algunos "listos" (que no inteligentes) logran instaurar un tipo de religión, de la que logran vivir opíparamente; lo que ocurre es que, "quienes tienen que decirles las verdades del barquero", no tienen valor para ello y "los consienten". Cuando estuve en la mili, en las aún guarniciones del norte de África del Ejército Español, allí nos llevaban por sorteo de todas las partes de España, y les aseguro; que "listos, tontos, inteligentes, malos y buenos los había de todas las partes de España; por tanto, "es de idiotas creerse superiores en cualquiera de ellas". La superioridad está en “el cerebro del individuo” y no en la masa o grupo; y con esto, como no puede luchar el indeseable político, lo camufla, pero siempre en su favor. Y a ver si se enteran “los analfabetos”, que el idioma principal de España no es el Castellano sino el ESPAÑOL  ello viene desde más de medio milenio atrás; y cuando se estableció la gramática de Elio Antonio de Nebrija, por orden de los Reyes Católicos.

 

“La embajada venezolana se llevó 40 maletas del avión de Delcy Rodríguez en Barajas: Un vehículo con matrícula diplomática retiró de madrugada el equipaje de la aeronave procedente de Caracas sin pasar ningún control de seguridad (Vozpópuli: 14-02-2020)”

            No se necesita mucha imaginación, conociendo “como marchan” los dos países implicados en estos negocios (Venezuela y España) y “el follón parlamentario que se ha liado en el Parlamento Español, donde se ha producido un escándalo de mucho ruido y de muy pocas nueces”; puesto que el mayor secreto está asegurado como en tantos otros, “negocios sucios, de la sucia política que nos ha tocado vivir a los terrícolas de estos tiempos”; puesto que “las maletas, seguro que no venían llenas de petróleo venezolano, o de otras producciones agrícolas, ganaderas, mineras o de fauna tropical”. Sin mucho esfuerzo nos podemos imaginar, que lo que contendrían esas maletas, sería, dinero “del bueno” y que circula por todo el mundo; y el que al final, llegará a una o varias cuentas, en uno o unos, determinados paraísos fiscales; o sea “lo normal”; puesto que al escribir esto, me estoy riendo yo sólo, acordándome del último Sha de Persia, que se llevó de allí, al ser echado por los eclesiásticos, que hoy allí mandan; se llevó, reitero; y en aviones; hasta “los caballos de sus cuadras”; seguro que con el consentimiento de “quienes fuere”; o sea lo de siempre, pero con vehículos del momento… “de otra forma también se los llevaron los emperadores, “romanos, persas, partos, mongoles, españoles, franceses, ingleses, austriacos, turcos, alemanes y todo el que pudo (y aún hoy puede), saquear a quienes fueren sus víctimas”, o sea, lo de siempre: Amén.

 

Donald Trump pone firme a Pedro Sánchez: «España debe aumentar su gasto en Defensa y eso no es negociable»: (Titulares en Periodista Digital 14-02-2020). “O sea que leyendo y analizando sólo esta frase; deducimos que España es una simple colonia de Estados Unidos; y que como, “esta potencia mundial, lo es por su gran fabricación de armas, tiene que forzar la venta de los sobrantes de sus enormes arsenales, forzando a “sus amigos”, a que les compren cuanto más mejor, puesto que el negocio es el negocio… “y si hay que provocar nuevas guerras amparados con los pretextos que sean necesarios, se hacen y a aguantar el que tenga que aguantarse; los muertos, heridos, inválidos y destrucciones masivas que se producen, eso no cuenta, para el negocio que se pretende”; o sea, un asco y ganas de vomitar, aunque no sirva para nada. Y Linderos con el anterior, veamos otra gran miseria política:

 

 

México: el ‘seguimiento 39’, el cartel de la droga formado por la ‘élite’ militar: (PERIODISTA DIGITAL (- 12 Feb 2020- Titulares) : Sigue un párrafo de lo publicado: “La gran capacidad militar del ‘seguimiento 39’ le ha permitido ganarse el apodo del ‘cartel de carteles’, todo porque durante varios años logró hacer negocios con grupos rivales entre sí, y cuyo enfrentamiento causó la muerte a más de 200.000 personas según datos oficiales”. Leyendo este artículo y recordando todo lo que se publica sobre el negocio de las drogas (uno de los principales del mundo); podemos imaginar que involucrado en ello, “está hasta el sursuncorda y el moro Muza, amén de Ali Babá y los cuarenta ladrones, de aquel cuento”; y como lo que importa en este mundo que habitamos es, “el dios dinero”; todo lo que necesite ese “dios omnipotente hay que entregárselo, sin que nadie ponga remedio, puesto que no interesa que ese gran negocio desaparezca”. Todo lo demás que nos digan o cuenten, son mentiras horribles; por lo que ya nada es sorprendente en este perro y corrompido mundo.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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