Las Noticias de hoy 02 Marzo 2020

Enviado por adminideas el Lun, 02/03/2020 - 12:11
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 02 de marzo de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: “Jesús no dialoga con el diablo”

China, la intención de oración del Papa para el mes de marzo de 2020

Mensaje del Papa al Regnum Christi: “Una nueva etapa en un camino que debe proseguir”

EXISTENCIA Y ACTUACIÓN DEL DIABLO: Francisco Fernandez Carbajal

“Que no me apegue a nada”: San Josemaria

Conocerle y conocerte (IV): Cuando sabemos ponernos a la escucha: Jorge Mario Jaramillo

Cuaresma: 40 días, 40 ideas del Papa

Al empezar la Cuaresma: José Martínez Colín

CORONAVIRUS Y EUTANASIA: Juan Moya

De héroes, reyes y gente corriente: Ramiro Pellitero

ALGO SOCIALMENTE VALIOSO: APOYARLO: Ing. Jpsé Joaquín Camacho                                                     

La fuerza de un virus: Ernesto Julia

Jorge Ribera, el joven con leucemia que arrastró a miles a la oración y a Dios: «De aquí al cielo»: Javier Lozano

¿Por qué la Iglesia católica se empeña en el celibato?: Rafael Domingo Oslé 

Confianza y respeto en familia: Ana Teresa López de Llergo

Decálogo para educar mejor: Lucía Legorreta

Enderezar las relaciones con la Iglesia: Suso do Madrid

La aporafobia: Valentín Abelenda Carrillo

¿”Modelo del pasado”?: Jaume Catalán Díaz

Las otras víctimas de la pederastia: Enric Barrull Casals

Pensamientos y reflexiones 248: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ángelus: “Jesús no dialoga con el diablo”

Palabras antes del Ángelus

MARZO 01, 2020 13:59RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 1 marzo 2020).- A las 12 del mediodía de hoy, el Papa Francisco se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

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Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio (cf. Mt 4,1-11) cuenta que Jesús, después, del bautismo en el río Jordán, “fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (v. 1). Se prepara para comenzar su misión de anunciador del Reino de los Cielos y, como Moisés y Elías (cf. Ex 24:18; 1 Reyes 19:8), lo hace con un ayuno de cuarenta días. Entra en “Cuaresma”

Al final de este período de ayuno, el tentador, el diablo, irrumpe, intenta tres veces poner en dificultad a Jesús. La primera tentación se basa en el hecho de que Jesús tiene hambre, y le sugiere: “Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (v. 3). Un desafío, pero la respuesta de Jesús es clara. Está escrito: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que salga de la boca de Dios”. (4,4). Se refiere a Moisés, cuando le recuerda al pueblo el largo camino realizado en el desierto, en el que aprendió que su vida depende de la Palabra de Dios (cf. Dt 8, 3).

En el segundo intento (vv. 5-6) el diablo se vuelve más astuto, citando también él la Sagrada Escritura. La estrategia es clara: si tu tienes tanta confianza en el poder de Dios, entonces experiméntala, ya que la propia Escritura afirma que será socorrido por los ángeles (v. 6). Pero incluso en este caso Jesús no que se deja confundir, porque el que cree sabe que a Dios no se le pone a prueba, sino que se confía en su bondad. Por lo tanto, a las palabras de la Biblia, interpretadas instrumentalmente por satanás, Jesús responde con otra cita: “También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’”. (v. 7).

Finalmente, el tercer intento (vv. 8-9) revela el verdadero pensamiento del diablo: porque la venida del Reino de los Cielos  marca el comienzo de su derrota, el Maligno querría desviar a Jesús de llevar a cumplimiento su misión, ofreciéndole una perspectiva del mesianismo político. Pero Jesús rechaza la idolatría del poder y de la gloria humana y, al final, expulsa al tentador diciéndole: “¡Vete, Satanás! Porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás: y sólo a Él rendirás culto” (v.10). Y en este punto, con Jesús, fiel al mandato del Padre, se acercaron los ángeles para servirlo (véase el v. 11).

Esto nos enseña una cosa: Jesús no dialoga con el diablo, Jesús responde al diablo  con la Palabra de Dios, no con su palabra y en la tentación, muchas veces nosotros comenzamos a dialogar con la tentación, a dialogar con el diablo: “sí, yo puedo hacer esto… pero luego me confieso, puedo hacer esto y lo otro”, pero no, dialogar con el diablo. Jesús hace dos cosas con el diablo: lo expulsa o como en este caso responde, con la Palabra de Dios. Estén atentos: jamás dialoguen con la tentación, jamás dialoguen con el diablo

También hoy Satanás irrumpe en la vida de las personas para tentarlas con sus propuestas tentadoras; mezcla la suya con las muchas voces que tratan de domar la conciencia. Desde muchas partes llegan mensajes que invitan a “dejarse tentar” para experimentar el placer de la transgresión. La experiencia de Jesús nos enseña que la tentación es el intento de ir por caminos alternativos a aquellos de Dios: “haz esto, haz lo otro, no te preocupes, luego Dios te perdona!, un día de alegría de gozo, tómalo…” – “¡Pero es un pecado!” – “No, no es nada”. Caminos alternativos que nos dan la sensación de autosuficiencia, del disfrute de la vida como un fin en sí mismo. Pero todo esto es ilusorio: pronto nos damos cuenta de que cuanto más nos alejamos de Dios, más nos sentimos indefensos e impotentes ante los grandes problemas de la existencia.

Que la Virgen María, la Madre de Aquel que aplastó la cabeza de la serpiente, nos ayude en este Tiempo de Cuaresma para estar alerta ante la tentación, a no someternos a ningún ídolo de este mundo, para seguir a Jesús en la lucha contra el mal; y así  nosotros también seremos victoriosos como Jesús.

 

 

China, la intención de oración del Papa para el mes de marzo de 2020

“Oren para que la Iglesia en China crezca en unidad”

MARZO 01, 2020 16:40ANITA BOURDINPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 1 marzo 2020).- “Oremos para que la Iglesia en China persevere en fidelidad al Evangelio y crezca en unidad”.

“El Papa desafía a la Iglesia universal: “Oremos para que la Iglesia en China persevere en la fidelidad al Evangelio y crezca en la unidad. Le pidió que acompañara a nuestros hermanos y hermanas chinos con oración ferviente y amistad fraterna. También le pide a cada comunidad católica del mundo que valore y acoja el tesoro espiritual y cultural de los católicos chinos.

Su Red de Oración Global será sensible a esto. Nuestro apoyo y compasión se dirige a los cristianos chinos para que sigan amando y sirviendo a su país en medio de sus pruebas. Muchos lo han pagado y todavía lo pagan con sus vidas”, explica el padre Daniel Régent SJ en esta editorial.

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Por la unidad de la Iglesia en China

La intención del Papa de rezar por la Iglesia en China que el Papa propone en marzo es parte del acuerdo provisional firmado el 22 de septiembre de 2018 entre el Estado del Vaticano y la República Popular de China, acuerdo aún más significativo ya que no ha habido relaciones diplomáticas entre los dos estados desde 1951. Después de este acuerdo, el Papa envió un mensaje de esperanza y aliento a los católicos chinos y la Iglesia Universal el 26 de septiembre de 2018.

Desde el pontificado de San Juan Pablo II, el Vaticano ha trabajado por la reconciliación y la unidad entre los católicos de la Iglesia oficial y los de la clandestinidad. Si el acuerdo firmado es un primer paso hacia las relaciones bilaterales, para el Vaticano apunta sobre todo a ayudar a la unidad de los católicos de China. En su mensaje, el Papa subraya que el acuerdo es solo un instrumento que sería estéril sin un cambio en las actitudes personales y el comportamiento eclesial. Y llama a todos los cristianos a hacer gestos de reconciliación y comunión.

Ser cristiano en China es una aventura hermosa y dura. Los católicos están llamados a superar sus divisiones internas y saben de una libertad controlada: el Estado quiere controlar a todas las organizaciones religiosas a riesgo de cometer abusos de conciencia. La noticia en diciembre de 2019 habla de un fortalecimiento de las reglas ya muy restrictivas.

El Papa desafía a la Iglesia universal: “Oremos para que la Iglesia en China persevere en fidelidad al Evangelio y crezca en unidad”. Él pide acompañar con la oración y el amor fraternal a nuestros hermanos y hermanas chinos. También le pide a cada comunidad católica del mundo que valore y acoja el tesoro espiritual y cultural propio de los católicos chinos. Su Red de Oración Global será sensible a esto. Nuestro apoyo y compasión se dirige a los cristianos chinos para que sigan amando y sirviendo a su país en medio de sus pruebas. Muchos lo han pagado y todavía lo pagan con sus vidas.

Hoy China se enfrenta a la epidemia del coronavirus. Que los cristianos, como testigos de Cristo, sean por su oración y sus acciones signos de esperanza y solidaridad para todos los afectados por la enfermedad y sus consecuencias.

El aliento del Papa a los católicos de China llega a todas las comunidades cristianas del mundo. En todas partes la reconciliación, la comunión, la unidad necesitan ser restauradas, fortalecidas. Al rezar por la Iglesia de China, también rezamos por toda la Iglesia.

 

Mensaje del Papa al Regnum Christi: “Una nueva etapa en un camino que debe proseguir”

Estaba programada la audiencia este sábado

FEBRERO 29, 2020 18:19REDACCIÓNPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 29 feb. 2020).- Este sábado 29 de febrero estaba programada una audiencia del Papa Francisco con los participantes en el Capítulo General de los Legionarios de Cristo y las Asambleas de las Consagradas y los Laicos Consagrados que no ha tenido lugar pues por tercer día consecutivo se han producido cancelaciones en la agenda del Santo Padre.

La Santa Sede ha publicado el mensaje que el Papa quería dirigir a los asistentes, y se ha leído en las Asambleas y el Capítulo durante la mañana.

Cambio de mentalidad 

El Papa en su mensaje ha recordado que la vida delictiva del fundador “había hasta cierto punto contaminado el carisma que originariamente el Espíritu había donado a la Iglesia” afectando a las normas, a la praxis del gobierno y a la vida “de todo el Regnum Christi”. Pero que, de la mano de la Iglesia, el Regnum Christi ha recorrido un camino que ha significado un verdadero “cambio de mentalidad” que ha quedado reflejado en las nuevas Constituciones y Estatutos, que son “realmente nuevos”, dice el Papa, “porque reflejan un nuevo espíritu” y una visión “coherentes con el Concilio Vaticano II”, resultado de un trabajo en el que “vuestras comunidades han estado involucradas”. El Papa dice en su mensaje que “esto ha sido posible porque habéis sido dóciles a la ayuda y al apoyo que la Iglesia os ha ofrecido”, y porque os habéis dado cuenta “de la necesidad real de una renovación que os hiciese salir de la auto referencialidad, en la cual os habíais encerrado”.

“Las palabras del Papa Francisco nos llenan de gratitud y nos animan a seguir el camino de discernimiento y renovación con compromiso y docilidad al Espíritu», afirmó Nancy Nohrden, directora general de las Consagradas del Regnum Christi. «Que haya confirmado los pasos que hemos dado en los últimos años refuerza nuestro deseo de abordar con valentía y humildad los errores del pasado y de caminar en la verdad para hacer presente el reino de Cristo”, dijo.

Por su parte, Félix Gómez Rueda, director general de los Laicos Consagrados, agradecía “escuchar del Santo padre que la labor de estos años nos ha permitido evidenciar el carisma originalmente donado por el Espíritu Santo y verdaderamente insertado en las enseñanzas del Concilio Vaticano II”.

“Estamos agradecidos por el mensaje del Santo Padre y el acompañamiento cercano de la Santa Sede”, ha expresado el P. John Connor, L.C., recientemente elegido director general de los Legionarios de Cristo. “Conscientes de lo que hemos aprendido, reconociendo y purificando los aspectos tristes de nuestro pasado, miramos hacia el futuro con esperanza viendo una nueva etapa en el camino de renovación que debe proseguir”, ha asegurado.

Federación Regnum Christi

Para Francisco Gámez, uno de los dos laicos que asisten al Colegio Directivo General del Regnum Christi, “el Papa nos llama a tener una actitud continua de renovación espiritual. Los miembros laicos del Regnum Christi no queremos vivir un carisma estático, ni cerrado, sólo para unos pocos. Queremos en un discernimiento constante poner nuestro carisma en contacto con la realidad, con el que no conoce a Dios, con las periferias existenciales”, ha asegurado.

El 12 de junio de 2019, la Santa Sede, a través de la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA), constituyó la Federación Regnum Christi y aprobó sus Estatutos. Los nuevos Estatutos expresan el punto de encuentro al que llegaron las cuatro vocaciones del Regnum Christi durante el proceso de renovación en lo que respecta a su carisma y misión común, espiritualidad, miembros, organización y gobierno. Ha sido un proceso participativo y global en el que se involucraron desde 2010 todos los miembros del Regnum Christi de las cuatro vocaciones que forman esta realidad eclesial, unos 22.000 entre legionarios de Cristo, consagradas, laicos consagrados y laicos.

Gobierno colegiado

De la mano de la Iglesia, se han reformado los mecanismos que regulan el ejercicio del Gobierno y la autoridad, para ejercerla como la Santa Sede indicó tras la visita apostólica en 2010, “unida a la verdad, para respetar la conciencia y ejercerse a la luz del Evangelio como auténtico servicio eclesial”. Además de los cambios en las propias constituciones de las tres vocaciones consagradas, el Regnum Christi ha introducido para el modo colegial para el gobierno del conjunto. De este modo, se busca poner de manifiesto el espíritu de comunión, la corresponsabilidad y la complementariedad de las vocaciones respetando la autonomía propia de cada una.

El Regnum Christi en cifras

En el mundo, al final del año 2018 el Regnum Christi contaba con 22.652 miembros laicos, 523 consagradas, 59 laicos consagrados y 1.501 legionarios de Cristo.

La obra educativa tiene 185.000 alumnos en el mundo. Cuenta con 14 universidades civiles en México, Italia, España, Chile y Estados, 154 colegios (31 de ellos son colegios Mano Amiga para niños de zonas marginadas de México, Chile, Argentina, Filipinas, Venezuela, Colombia y Brasil). Además, cuenta con el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, el Instituto Juan Pablo II para la Familia, el Pontificio Colegio Internacional Maria Mater Ecclesiae en Roma y el Seminario Maria Mater Ecclesiae en Brasil.

Misiones de evangelización

Miles de familias y jóvenes, especialmente durante la Semana Santa y periodos estivales, se ponen 100% al servicio de los párrocos de la iglesia diocesana para colaborar con ellos en la evangelización. Hay misioneros de 30 países: Estados Unidos, El Salvador, Venezuela, Chile, Colombia, Brasil, Argentina, Cuba, Costa de Marfil, Polonia, Nueva Zelanda, Australia, Rumania, Hungría, Filipinas, Canadá, Belice, Italia, Francia, España, México, Irlanda, Alemania, Bosnia, Islas Bahamas, Líbano, Inglaterra, Austria, Bélgica y Lituania.

 

 

EXISTENCIA Y ACTUACIÓN DEL DIABLO

— El diablo existe y actúa en las personas y en la sociedad. Su actividad es misteriosa, pero real y eficaz.

— Quién es el demonio. Su poder es limitado. Necesidad de la ayuda divina para vencer.

— Jesucristo es el vencedor del demonio. Confianza en Él. Medios que hemos de utilizar. El agua bendita.

I. De nuevo lo llevó el demonio a un monte muy alto... Entonces le respondió Jesús: Apártate, Satanás..., leíamos en el Evangelio de la Misa de ayer1.

El diablo existe. La Sagrada Escritura habla de él desde el primero hasta el último libro revelado, desde el Génesis al Apocalipsis. En la parábola de la cizaña, el Señor afirma que la mala simiente, cuyo cometido es sofocar el trigo, fue arrojada por el enemigo2. En la parábola del sembrador, viene el Maligno y arrebata lo que se había sembrado3.

Algunos, inclinados a un superficial optimismo, piensan que el mal es meramente una imperfección incidental en un mundo en continua evolución hacia días mejores. Sin embargo, la historia del hombre ha padecido la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de una intensa malicia, que no se explican por la sola actuación humana. El demonio, en formas muy diversas, causa estragos en la Humanidad. Sin duda, «a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final»4. De tal manera que el demonio «provoca numerosos daños de naturaleza espiritual e, indirectamente, de naturaleza incluso física en los individuos y en la sociedad»5.

La actuación del demonio es misteriosa, real y eficaz. Desde los primeros siglos, los cristianos tuvieron conciencia de esa actividad diabólica. San Pedro advertía a los primeros cristianos: sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando alrededor de vosotros como león rugiente, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe6.

Con Jesucristo ha quedado mermado el dominio del diablo, pues Él «nos ha liberado del poder de Satanás»7. Por razón de la obra redentora de Cristo, el demonio solo puede causar verdadero daño a quienes libremente le permitan hacérselo, consintiendo en el mal y alejándose de Dios.

El Señor se manifiesta en numerosos pasajes del Evangelio como vencedor del demonio, librando a muchos de la posesión diabólica. En Jesús está puesta nuestra confianza, y Él no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas8. El demonio tratará de «seducir y apartar el espíritu humano para que viole los preceptos de Dios, oscureciendo poco a poco el corazón de aquellos que tratan de servirle, con el propósito de que olviden al verdadero Dios, sirviéndole a él como si fuera el verdadero Dios»9. Y esto, siempre. De mil modos diferentes. Pero el Señor nos ha dado los medios para vencer en todas las tentaciones: nadie peca por necesidad. Consideremos, con hondura, en esta Cuaresma lo que esto significa.

Además, para librarnos del influjo diabólico, también ha dispuesto Dios un ángel que nos ayude y proteja. «Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones»10.

II. El demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, y que por su pecado se apartó de Dios para siempre, «porque el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos; pero ellos, por sí mismos se hicieron malos»11Es el padre de la mentira12, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio, de lo absurdo y malo que hay en la tierra13. Es la serpiente astuta y envidiosa que trae la muerte al mundo14, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre15, y al único que hemos de temer si no estamos cerca de Dios. Su único fin en el mundo, al que no ha renunciado, es nuestra perdición. Y cada día intentará llevar a cabo ese fin a través de todos los medios a su alcance. «Todo empezó con el rechazo de Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastocar la economía de la salvación y el ordenamiento mismo de toda la creación. Un reflejo de esta actitud se encuentra en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: Seréis como dioses. Así el espíritu maligno trata de trasplantar en el hombre la actitud de rivalidad, de insubordinación a Dios y de oposición a Dios que ha venido a convertirse en la motivación de toda su existencia»16.

El demonio es el primer causante del mal y de los desconciertos y rupturas que se producen en las familias y en la sociedad. «Suponed, por ejemplo –dice el Cardenal Newman–, que sobre las calles de una populosa ciudad cayera de repente la oscuridad; podéis imaginar, sin que yo os lo cuente, el ruido y el clamor que se produciría. Transeúntes, carruajes, coches, caballos, todos se hallarían mezclados. Así es el estado del mundo. El espíritu maligno que actúa sobre los hijos de la incredulidad, el dios de este mundo, como dice San Pablo, ha cegado los ojos de los que no creen, y he aquí que se hallan forzados a reñir y discutir porque han perdido su camino; y disputan unos con otros, diciendo uno esto y otro aquello, porque no ven»17.

En sus tentaciones, el demonio utiliza el engaño, ya que solo puede presentar bienes falsos y una felicidad ficticia, que se torna siempre soledad y amargura. Fuera de Dios no existen, no pueden existir, ni el bien ni la felicidad verdaderos. Fuera de Dios solo hay oscuridad, vacío y la mayor de las tristezas. Pero el poder del demonio es limitado, y también él está bajo el dominio y la soberanía de Dios, que es el único Señor del universo.

El demonio –tampoco el ángel– no llega a penetrar en nuestra intimidad si nosotros no queremos. «Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles, o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas, les es totalmente inaccesible. Incluso los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma (...) sino, en todo caso, por los movimientos y manifestaciones externas»18.

El demonio no puede violentar nuestra libertad para inclinarla hacia el mal. «Es un hecho cierto que el demonio no puede seducir a nadie, si no es aquel que libremente le presta el consentimiento de su voluntad»19.

El santo Cura de Ars dice que «el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado»20. Con todo, «ningún poder humano puede compararse con el suyo, y solo el poder divino lo puede vencer y tan solo la luz divina puede desenmascarar sus artimañas.

»El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad»21.

III. La vida de Jesús quedó resumida en los Hechos de los Apóstoles con estas palabras: Pasó haciendo el bien y librando a todos los oprimidos del demonio22. Y San Juan, tratando del motivo de la Encarnación, explica: Para esto vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo23.

Cristo es el verdadero vencedor del demonio: ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera24, dirá Jesús en la Última Cena, pocas hora antes de la Pasión. Dios «dispuso entrar en la historia humana de modo nuevo y definitivo, enviando a su Hijo en carne nuestra, a fin de arrancar por Él a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás»25.

El demonio, no obstante, continúa detentando cierto poder sobre el mundo en la medida en que los hombres rechazan los frutos de la redención. Tiene dominio sobre aquellos que, de una forma u otra, se entregan voluntariamente a él, prefiriendo el reino de las tinieblas al reino de la gracia26. Por eso no debe extrañarnos el ver, en tantas ocasiones, triunfar aquí el mal y quedar lesionada la justicia.

Nos debe dar gran confianza saber que el Señor nos ha dejado muchos medios para vencer y para vivir en el mundo con la paz y la alegría de un buen cristiano. Entre esos medios están: la oración, la mortificación, la frecuente recepción de la Sagrada Eucaristía y la Confesión, y el amor a la Virgen. Con Nuestra Señora estamos siempre seguros. El uso del agua bendita es también eficaz protección contra el influjo del diablo: «Me dices que por qué te recomiendo siempre, con tanto empeño, el uso diario del agua bendita. —Muchas razones te podría dar. Te bastará, de seguro, esta de la Santa de Ávila: “De ninguna cosa huyen más los demonios, para no tornar, que del agua bendita”»27.

Juan Pablo II nos exhorta a rezar dándonos más cuenta de lo que decimos en la última petición del Padrenuestro: «no nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno. Haz, oh Señor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el comienzo»28. Nuestro esfuerzo en estos días de Cuaresma por mejorar la fidelidad a aquello que sabemos que Dios nos pide, es la mejor manifestación de que frente al Non serviam del demonio, queremos poner nuestro personal Serviam: Te serviré, Señor.

1 Cfr. Mt 4, 8-11. — 2 Mt 13, 25. — 3 Mt 13, 19. — 4 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 37. — 5 Juan Pablo II, Audiencia general, 20-VIII-1986. — 6 1 Pdr 5, 8. — 7 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 6. — 8 Cfr. 1 Cor 10, 13. — 9 San Ireneo, Tratado contra las herejías, 5. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 567. — 11 Conc. Lateranense IV, 1215 DZ. 800 (428). — 12 Jn 8, 44. — 13 Cfr. Heb 2, 14. — 14 Cfr. Sab 2, 24. — 15 Cfr. Mt 13, 28-39. — 16 Juan Pablo II, Audiencia general, 13-VIII-1986. — 17 Card. J. H. Newman, Sermón para el Domingo II de Cuaresma. Mundo y pecado. — 18 Casiano, Colaciones, 7 — 19 Ibídem. — 20 Santo Cura de Ars, Sermón sobre las tentaciones. — 21 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 9. — 22 Hech, 10, 39. — 23 1 Jn 3, 8. — 24 Jn 12, 31. — 25 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 3. — 26 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit. — 27 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 572. — 28 Juan Pablo II, loc. cit.

 

 

“Que no me apegue a nada”

Pide al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a tu Madre, que te hagan conocerte y llorar por ese montón de cosas sucias que han pasado por ti, dejando –¡ay!– tanto poso...

2 de marzo

–Y a la vez, sin querer apartarte de esa consideración, dile: dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas... Y, ya vacío todo mi yo, llénalo de Ti: que no me apegue a nada de aquí abajo; que siempre me sostenga el Amor. (Forja, 41)

Nos oye el Señor, para intervenir, para meterse en nuestra vida, para librarnos del mal y llenarnos de bien: eripiam eum et glorificabo eum, lo libraré y lo glorificaré, dice del hombre. Esperanza de gloria, por tanto: ya tenemos aquí, como otras veces, el comienzo de ese movimiento íntimo, que es la vida espiritual. La esperanza de esa glorificación acentúa nuestra fe y estimula nuestra caridad. De este modo, las tres virtudes teologales, virtudes divinas, que nos asemejan a nuestro Padre Dios, se han puesto en movimiento. (...)

No es posible quedarse inmóviles. Es necesario ir adelante hacia la meta que San Pablo señalaba: no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí (Gal II, 20.). La ambición es alta y nobilísima: la identificación con Cristo, la santidad. Pero no hay otro camino, si se desea ser coherente con la vida divina que, por el Bautismo, Dios ha hecho nacer en nuestras almas. El avance es progreso en santidad; el retroceso es negarse al desarrollo normal de la vida cristiana. Porque el fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día, arraigándose en el alma; y el fuego se mantiene vivo quemando cosas nuevas. Por eso, si no se hace más grande, va camino de extinguirse (Es Cristo que pasa, 57-58).

 

 

Conocerle y conocerte (IV): Cuando sabemos ponernos a la escucha

La vida de Moisés nos enseña que, para cumplir la misión a la que estamos llamados, necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo a través de la escucha de Dios en el diálogo filial con Él.

VIDA ESPIRITUAL01/03/2020

El Señor pensó en Moisés para una misión crucial: guiar a su pueblo en una nueva etapa de la historia de la salvación. Con su cooperación, Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto y conducido hasta la tierra prometida. Por su mediación, el pueblo judío recibió las tablas de la Ley y las bases del culto a Dios. ¿Cómo llegó Moisés a ser lo que fue? ¿Cómo alcanzó esa sintonía con Dios que, con el tiempo, lo llevó a ser un gran bien para tantas personas, nada menos que a todo su pueblo y a todos los que vendríamos después?

Aunque Moisés había sido escogido por Dios desde su nacimiento —basta considerar su milagrosa supervivencia de la persecución del Faraón—, es curioso que no haya encontrado al Señor hasta pasados muchos años. En su juventud no parecía más que un hombre común, ciertamente preocupado por los de su raza (cfr. Ex 2,15). Tal vez lo que mejor explica esa transformación fue su capacidad de escuchar al Señor[1]. De modo semejante, para llegar a ser lo que estamos llamados a ser, también nosotros necesitamos transformarnos a través de la escucha. Es verdad que no es fácil llegar a experimentar lo que nos cuenta el libro del Éxodo, que «el Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). Es un proceso que suele llevar años —la vida entera— y muchas veces es preciso recomenzar a aprender a hacer oración, como si estuviéramos en los inicios de nuestro diálogo con el Señor.

«¡Moisés, Moisés!»

Descubrir la necesidad de la oración es saber que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que, siguiendo esa lógica, también él nos habló primero: «Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo...» (Gn 1,27-28)[2]. Dios, que tomó la iniciativa para crearnos por amor y para elegirnos a una misión determinada, también se nos adelanta en la vida de oración. En nuestro diálogo con el Señor es él quien pronuncia la primera palabra.

DIOS SE NOS ADELANTA EN LA VIDA DE ORACIÓN PRONUNCIANDO ÉL LA PRIMERA PALABRA

Esta palabra inicial puede reconocerse ya en el deseo de Dios, que él mismo ha sembrado en nuestro corazón y que se despierta por mil experiencias distintas. La primera aparición a Moisés tuvo lugar en el Horeb, también llamado «el monte de Dios». Allí, «el ángel del Señor se le manifestó en forma de llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró: la zarza ardía pero no se consumía. Y se dijo Moisés: “Voy a acercarme y comprobar esta visión prodigiosa: por qué no se consume la zarza”» (Ex 3,2-3). No es mera curiosidad ante un evento extraordinario, sino la clara percepción de que algo trascendente, superior a él mismo, está sucediendo. En nuestra vida, también nosotros podemos sorprendernos ante hechos que nos abren una dimensión más honda de la realidad. Puede ser un descubrimiento íntimo, de algo que tal vez antes nos había pasado inadvertido: intuimos la presencia de Dios al reconocer alguno de sus dones, o al ver cómo las contradicciones nos han hecho madurar y nos han preparado para afrontar distintas circunstancias o tareas. Puede ser también un descubrimiento en la realidad que nos rodea: la familia, los amigos, la naturaleza… De un modo u otro, experimentamos la necesidad de orar, de agradecer, de pedir… y nos dirigimos a Dios. Ese es el primer paso.

«Vio el Señor que Moisés se acercaba a mirar y lo llamó de entre la zarza: —¡Moisés, Moisés! Y respondió él: —Heme aquí» (Ex 3,4). El diálogo se establece cuando nuestra mirada se encuentra con la de Dios, que ya nos estaba mirando. Y las palabras —si es que son necesarias— fluyen cuando dejamos que vengan primero las suyas. Si lo intentamos solos, no podremos orar. Más bien, conviene poner los ojos en el Señor y recordar su promesa consoladora: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Así pues, una fe confiada en Dios es ingrediente básico de cualquier oración sincera. A menudo, el mejor modo de comenzar a orar es pedir al Señor que él nos enseñe. Es lo que hicieron los apóstoles y es el camino que san Josemaría nos animó a recorrer: «Si no te consideras preparado, acude a Jesús como acudían sus discípulos: ¡enséñanos a hacer oración! Comprobarás cómo el Espíritu Santo ayuda a nuestra flaqueza, pues no sabiendo siquiera qué hemos de pedir en nuestras oraciones, ni cómo conviene expresarse, el mismo Espíritu facilita nuestros ruegos con gemidos que son inexplicables, que no pueden contarse, porque no existen modos apropiados para describir su hondura»[3].

«Quítate las sandalias de los pies»

Al finalizar unos días de retiro espiritual, la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri escribía a san Josemaría: «De mi trato íntimo con Dios, de mi oración, etc., ya le he hablado otras veces: cuando pongo un poco de mi parte el Señor me lo hace fácil y me rindo del todo»[4]. La iniciativa de la oración —y la oración misma— son un don de Dios. Al mismo tiempo, conviene también preguntarse qué papel nos corresponde a nosotros. El diálogo con el Señor es una gracia y, por lo mismo, no es algo meramente pasivo, pues para recibir se necesita, de alguna manera, querer recibirla.

UNA ACTITUD DE REVERENCIA Y ADORACIÓN AYUDA PARA DARNOS CUENTA DE ANTE QUIÉN ESTAMOS

Aparte de disponerse en modo receptivo, ¿qué más se puede hacer para tener una vida de oración intensa? Un buen comienzo puede ser darnos cuenta de ante quién estamos, respondiendo con una actitud de reverencia y de adoración. En el diálogo del monte Horeb, «dijo Dios: —No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada. Y añadió: —Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro por temor a contemplar a Dios» (Ex 3,5-6).

Quitarse las sandalias y cubrirse el rostro fue la respuesta del más grande profeta del pueblo de Israel en su primer encuentro con Dios. Con esos gestos expresaba su conciencia de estar delante del Dios trascendente. Algo parecido podemos hacer nosotros cuando nos acercamos a Jesús en el sagrario en una actitud de adoración. Durante una vigilia de oración, ante Jesús sacramentado, Benedicto XVI se expresaba con palabras que nos hablan de cómo adorar al Señor: «Aquí, en la Hostia consagrada, él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios. Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo (cfr. Jn 12, 24). Está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a la peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación, y pidámosle a él que nos guíe»[5].

La actitud de adoración puede manifestarse en nuestra oración de distintos modos. Ante el Santísimo, por ejemplo, nos arrodillamos, como un signo de nuestra pequeñez ante Dios. Y cuando, por diversas circunstancias, no sea posible rezar ante el Santísimo, podemos realizar actos equivalentes como mirar al interior de nuestra alma para descubrir allí al Señor, y poner el alma de rodillas, recitando con calma cada palabra de la oración inicial o de otra oración que nos recuerde que estamos en su presencia.

La nube lo cubrió

En un segundo momento de su diálogo con Dios, Moisés recibió las tablas de la Ley. La escena es tremenda y, a la vez, de gran intimidad: «La gloria del Señor se posó sobre el monte Sinaí. La nube lo cubrió durante seis días; al séptimo el Señor llamó a Moisés de en medio de la nube. La gloria del Señor se manifestaba a los ojos de los hijos de Israel como un fuego devorador sobre la cima del monte. Moisés penetró dentro de la nube y subió a la montaña, y permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches» (Ex 24,16-18).

Esa nube, aparte de manifestar la gloria de Dios y ser figura anticipada de la presencia del Espíritu Santo, permitía un ambiente de intimidad en el diálogo entre el profeta y su creador. Esto nos muestra que para orar es necesario ejercitarse en algunas destrezas que faciliten la intimidad con Dios: amor al silencio, exterior e interior; constancia; y una disciplina de la escucha que permita percibir su voz.

A veces nos cuesta valorar el silencio y, si en la oración no oímos nada, tendemos a llenar el tiempo de palabras, lecturas, o incluso imágenes y sonidos. Pero es posible que, aunque lo hagamos con buena intención, de esa manera no logremos escuchar al Señor. Tal vez necesitamos una conversión al silencio, que es más que un mero callar. San Josemaría recogió un apunte durante el verano de 1932 –posteriormente recogido en Camino– que muestra de modo gráfico cómo el diálogo con Dios siempre tendrá que pasar por esta ruta: «El silencio es como el portero de la vida interior»[6].

Mientras los sonidos externos y las pasiones internas nos apartan de nosotros mismos, el silencio nos recoge y nos lleva a interrogarnos sobre nuestra propia vida. El activismo o la locuacidad en la oración no nos acercan a Dios, ni nos permiten tampoco una actividad profunda. Con la agitación no queda tiempo para recogerse, para pensar, para vivir en profundidad, mientras que el silencio —interior y exterior— nos conduce al encuentro con el Señor, a maravillarnos ante él. En efecto, la oración necesita un silencio que no sea meramente negativo, vacío, sino que esté lleno de Dios, que nos lleve a descubrir su presencia. Como apuntaba la beata Guadalupe: «Profundizar en ese silencio hasta llegar a donde solo está Dios; donde ni los ángeles, sin permiso nuestro, pueden entrar». Y allí, «adorar a Dios, alabarle y decirle cosas tiernas»[7]. Ese es el silencio que permite escuchar a Dios.

Se trata, en definitiva, de centrar nuestra atención —inteligencia, voluntad, afectos— en Dios, para dejarnos interpelar por él. Por eso, podemos hacernos las preguntas que sugería el papa Francisco: «¿Hay momentos en los que te pones en su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas, y te dejas mirar por él? ¿Dejas que su fuego inflame tu corazón? Si no le permites que él alimente el calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así ¿cómo podrás inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras?»[8].

LA ORACIÓN NECESITA UN SILENCIO QUE NO SEA VACÍO, SINO QUE ESTÉ LLENO DE DIOS

Junto al silencio, es igualmente necesaria la constancia, porque orar es costoso. Supone tiempo y esfuerzo, como sucedió a Moisés, que estuvo seis días cubierto por la nube, y solo al séptimo recibió la palabra del Señor. Se requiere, en primer lugar, una constancia exterior para mantener un horario más o menos fijo de oración y una duración concreta. Esta fue una recomendación constante en la vida de san Josemaría: «Meditación. —Tiempo fijo y a hora fija. —Si no, se adaptará a la comodidad nuestra: esto es falta de mortificación. Y la oración sin mortificación es poco eficaz»[9]. Esa constancia, si está movida por el amor, será la puerta de entrada para un trato de amistad con Dios que estará cuajado de conversación, ya que él no se impone: solo nos habla si nosotros lo deseamos. La constancia, por nuestra parte, es una forma de manifestar y cultivar un deseo ardiente de recibir sus palabras de cariño.

Además de la constancia exterior, se requiere una constancia interior, como parte de la disciplina de la escucha: necesitamos centrar la inteligencia que se dispersa, mover la voluntad que no termina de querer y alimentar los afectos que algunas veces no acompañan. Esto puede cansar, sobre todo si hay que hacerlo frecuentemente porque los estímulos que nos distraen son muchos. Al mismo tiempo, la escucha disciplinada no se puede confundir con un excesivo rigorismo o con unos ejercicios de concentración demasiado metódicos, porque la oración fluye de acuerdo con muchas circunstancias. Fundamentalmente fluye por donde Dios permite —«el viento sopla donde quiere» (Jn 3,8)—, pero también corre de acuerdo con nuestra situación particular. A veces pasamos largos ratos pensando en las personas a quienes amamos, pidiendo al Señor por ellas, y eso puede ser ya un diálogo de amor.

Algunos consejos concretos que facilitan una escucha disciplinada pueden ser: huir de la actitud multitarea para poder enfocarse y estar presente durante el diálogo, sin estar pensando en otras cosas; fomentar la disposición de quien va a aprender, reconociendo humildemente nuestra nada y su todo, tal vez sirviéndonos de jaculatorias o breves oraciones; formular al Señor preguntas abiertas, dejándole espacio para que nos responda cuando quiera, o simplemente diciéndole que estamos dispuestos a hacer lo que nos indique; seguir el ritmo y el rumbo por donde nos lleven las consideraciones de su amor, evitando las distracciones con otros pensamientos colaterales; aprender a tener la mente abierta para dejarnos sorprender por él y para soñar con los sueños de Dios, sin pretender controlar demasiado la oración. De este modo, nos vamos abriendo al misterio y a la lógica del Señor, y eso nos permite aceptar con paz el hecho de desconocer por dónde nos llevará.

«Muéstrame tu gloria»

Al comenzar un rato de oración, tenemos la expectativa razonable de que el Señor nos hablará —como de hecho sucede algunas veces—. Sin embargo, podría frustrarnos que al finalizar ese encuentro no hayamos escuchado nada, o muy poco. En cualquier caso, es preciso mantener la certeza de que en la oración siempre hay fruto. En el monte Sinaí, «Moisés exclamó: —Muéstrame tu gloria». El Señor parece que quiere colmar ese deseo: «Yo haré pasar todo mi esplendor ante ti, y ante ti proclamaré mi nombre —el Señor—, porque tengo misericordia de quien quiero y tengo compasión de quien quiero». Sin embargo, sus palabras toman de golpe un cariz que podría parecer decepcionante: «Pero no podrás ver mi rostro, pues ningún ser humano puede verlo y seguir viviendo (…). Cuando pase mi gloria, te colocaré en la hendidura de la roca y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Luego retiraré mi mano y tú podrás ver mi espalda; pero mi rostro no se puede ver» (Ex 33,18-23). Si Moisés se hubiera sentido frustrado por no haber conseguido ver el rostro de Dios, como era su deseo, habría podido abandonar su intento o perder la motivación para futuros encuentros. Y, en cambio, se dejó llevar por Dios y así llegó a ser aquel «a quien el Señor trataba cara a cara» (Dt 34,10).

La clave de la oración no consiste en obtener resultados tangibles, ni mucho menos en estar ocupados durante un tiempo determinado. Lo que buscamos mediante el diálogo con el Señor no es un resultado inmediato, sino ser capaces de llegar hasta aquel lugar, aquel estado vital —por decirlo de alguna manera— en el que la oración se identifica cada vez más con la propia vida: pensamientos, afectos, ilusiones... Se trata de estar con el Señor, mantenernos en su presencia a lo largo del día. En definitiva, el fruto principal de la oración es vivir en Dios. Así, la oración se entiende como una comunicación de vida: vida recibida y vida vivida, vida acogida y vida entregada. No importa, entonces, que no tengamos sentimientos encendidos, o luces fascinantes. De un modo mucho más sencillo, el tema de nuestra oración será —como nos decía san Josemaría[10]— el tema de nuestra vida, y viceversa, porque nuestra vida entera se convertirá en auténtica oración, avanzando en un «cauce ancho, manso y seguro»[11].

Jorge Mario Jaramillo


[1] Como sugiere el papa Benedicto XVI en sus catequesis sobre la oración: «Leyendo el Antiguo Testamento, resalta una figura entre las demás: la de Moisés, precisamente como hombre de oración», Audiencia general, 1-VI-2011.

[2] Lo mismo sucede en el segundo relato de la creación del hombre: cfr. Gn 2,16. Las cursivas no son originales del texto bíblico.

[3] Amigos de Dios, n. 244.

[4] Carta, 12-XII-1949, en: Letras a un santo, II.

[5] Benedicto XVI, Discurso, 20-VIII-2005.

[6] Camino, n. 281.

[7] Mercedes Eguíbar Galarza, Guadalupe Ortiz de Landázuri. Trabajo, amistad y buen humor, Palabra, Madrid, 2001, p. 87.

[8] Francisco, Ex. Ap. Gaudete et exsultate, n. 151.

[9] Surco, n. 446.

[10] Es Cristo que pasa, n. 174.

[11] Amigos de Dios, n. 306.

 

 

Cuaresma: 40 días, 40 ideas del Papa

Proponemos 40 frases extraídas de los mensajes que Benedicto XVI ha dirigido a los cristianos con motivo de la Cuaresma desde que ocupa la sede de Pedro

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA07/03/2009

1. Que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación [la confesión] y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. (2009)

2. El ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. (2009)

3. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (2009)

4. Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia. (2009)

5. Ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. (2009)

6. Esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio. (2009)

7. La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. (2009)

8. Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. (2009)

9. El ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos (...).Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. (2009)

10. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. (2009)

11. “Quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (San Pedro Crisólogo). (2009)

12. Que la Virgen María, Causa nostræ laetitiæ , nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. (2009)

13. La Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. (2008)

14. La limosna representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. (2008)

15. ¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! (2008)

16. No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo. (2008)

17. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. (2008)

18. No hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa en los cielos (2008)

19. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. (2008)

20. Quien sabe que “Dios ve en lo secreto” y en lo secreto recompensará, no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza. (2008)

21. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (2008)

22. Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. (2008)

23. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos. (2008)

24. Podemos aprender [de Cristo] a hacer de nuestra vida un don total; imitándolo estaremos dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. (2008)

25. Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna (2008)

26. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la cruz consuma el sacrificio de su vida por toda la humanidad (2007)

27. En el misterio de la cruz se revela plenamente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. (2007)

28. Miremos a Cristo traspasado en la cruz. Él es la revelación más impresionante del amor de Dios (...). En la cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura:  tiene sed del amor de cada uno de nosotros. (2007)

29. El Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. (2007)

30. Sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. (2007)

31. La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por él. (2007)

32. Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo «eucarístico», en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra. (2007)

33. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando metió la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor.

34. Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, a fin de que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor. (2007)

35. De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. (2006)

36. Quien no da a Dios, da demasiado poco. (2006)

37. Es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo (2006)

38. Mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. (2006)

39. La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza (2006).

40. Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza», le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo.

 

 

Al empezar la Cuaresma

¿Por qué 40 días?

  • Para saber

Comenzó la Cuaresma que, como su palabra indica, son cuarenta días de preparación para celebrar el misterio Pascual, la obra de salvación llevada por Jesucristo. Como suele suceder todos los años, el Papa Francisco escribió un mensaje para reflexionar estos días. En él nos recuerda que la Pascua de Jesús no es solo un acontecimiento del pasado, sino que siempre es actual, pues por el poder del Espíritu Santo nos podemos ver beneficiados hoy en día.

Por eso podemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón, y ser enriquecidos de sus frutos al experimentar la misericordia de Dios.

Pero, ¿cómo lograr experimentar la misericordia de Dios? El Papa Francisco responde diciendo que lo principal es ponernos en relación con Dios a través de un diálogo de corazón a corazón, con ese Dios que me amó y se entregó por mí. Gracias a la oración, el Señor llega a tocar la dureza de nuestro corazón para convertirlo cada vez más a Él.

  • Para pensar

Cabría preguntarse, ¿por qué la Cuaresma es precisamente de cuarenta días? Hay que remontarse al Antiguo Testamento, donde encontramos que el número cuarenta es simbólico y representa los periodos más destacados en que se vivieron experiencias de fe.

En la Sagrada Escritura encontramos, por ejemplo, que fueron cuarenta días y cuarenta noches el tiempo en que estuvo lloviendo en el Diluvio Universal. Noé espera cuarenta días, antes de llegar a tierra firme. También Moisés permanecerá en ayuno en el monte Sinaí por cuarenta días y cuarenta noches, para acoger la ley. Y al sacarlos de Egipto, son cuarenta los años del viaje del pueblo judío hasta instalarse en la Tierra Prometida, periodo en que experimentaron la fidelidad de Dios.

A su vez, el profeta Elías emplea cuarenta días para llegar al Horeb, para encontrarse con Dios. Durante cuarenta días los ciudadanos de Nínive hacen penitencia para obtener el perdón de Dios.

Jesús quiso también prepararse antes de comenzar su vida pública, y se retiró al desierto y ayunó durante cuarenta días (cf. Mt 4,2). Significa, pues, un tiempo de espera, de purificación, de vuelta al Señor, de conversión.

  • Para vivir

Aunque la muerte de Cristo es dolorosa, en su visión conjunta, donde se incluye su Resurrección, es causa de alegría, pues por Él fuimos salvados y reconciliados con Dios. Cristo, aunque murió, vive y reina por todos los siglos. La Iglesia no deja de anunciar esa Buena Noticia, que es el llamado “kerygma”. En él, dice el Papa Francisco, se resume el Misterio de un amor «tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo».

El Papa Francisco nos invita a contemplar: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez».

No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia y como nos dice San Pablo, y fue el lema de la carta del Papa: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20).

28 de Febrero de 2020

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CORONAVIRUS Y EUTANASIA

La actitud generalizada de tantas personas para proteger la salud ante la epidemia del coronavirus -¡y no digamos si llega a pandemia!- me ha hecho pensar no solo en este virus, sino también, por contraste, en los que desean legalizar la eutanasia.

Ante una epidemia desconocida hasta ahora, de fácil contagiosidad, que se va extendiendo por diversos países, que aunque se dice que el índice de mortandad es menor que el de la gripe ha ocasionado ya un cierto número de muertos, mucha gente se asusta y busca cómo protegerse.

En definitiva, obviamente nadie quiere ser infectado, y mucho menos, nadie quiere morir a consecuencia del coronavirus, y si fuera posible de ninguna otra causa. ¡El amor a la vida y el miedo a perderla es algo evidente y connatural al ser humano! Y es que hemos sido creados para la vida, no para la muerte. Aunque muramos -consecuencia del pecado original- la muerte no tiene la última palabra, porque el alma no puede morir -por ser espiritual, inmaterial-, y el cuerpo está llamado a resucitar al final de los tiempo, como rezamos en el Credo.

A la vez, algunos pretenden legalizar la eutanasia, como si los enfermos estuvieran deseando morir o que les ayuden a quitarse la vida. Esto es falso en toda persona que esté en su sano juicio. Y los casos excepcionales en que por el dolor y la ansiedad algunos preferirían morir, se solucionarían prácticamente siempre con unos cuidados paliativos adecuados, como se demuestra estadísticamente en los Centros hospitalarios dedicados a estos cuidados. En esto es en lo que se debe invertir medios proporcionados, para ponernos al nivel que corresponde a la sanidad española, y para evitar además las innumerables ocasiones  en las que, en la práctica, se aplica indiscriminadamente la eutanasia, como vemos que sucede en otros países.

Es encomiable el deseo de poner los medios ordinarios y extraordinarios de las autoridades sanitarias y de los médicos y enfermeras para atajar la infección del coronavirus. Mientras que sería prostituir la muy noble profesión sanitaria si se dedicara a promover o facilitar la muerte a algunos enfermos y ancianos. Esa ley, si se aprobara, sería legal pero claramente injusta, por el abismo que separaría la legalidad y la moralidad.

Señores partidarios de la eutanasia, no quieran hacerse merecedores del triste título de embajadores de la muerte. Deseen, por el contrario, ser apoyo y consuelo de los que sufren, y tendrán la gran satisfacción de haber ayudado a muchos en ese momento decisivo en el que Dios nos llama a su presencia y debemos estar bien preparados porque nos jugamos nuestro destino eterno, en el que podrán creer o no, pero ¡ya lo verán! : salvación o condenación.

Juan Moya

Doctor en Medicina

 

De héroes, reyes y gente corriente

Posted: 29 Feb 2020 02:37 PM PST

Tatyana Kasatkina (1), experta en Dostoyevsky, dice que los jóvenes actuales están redescubriendo a este grande de la literatura universal. ¿Y por qué? Porque Dostoyevsky les ofrece “modelos de comportamiento orientados a hacer que el hombre piense, exista y se relacione con el mundo de un modo nuevo”.

Los jóvenes –continúa explicando– se hacen, hoy como siempre, preguntas fundamentales, de este tipo: "¿Qué relación se da entre el hombre y el mundo, y cómo se construye esa relación? (...) ¿Qué produce en el mundo la aparición de un nuevo ser humano? (...) ¿Cómo cambiar el mundo? (...) ¿Qué significa 'cambiar el mundo cambiando uno mismo'? ¿Y por qué debo ser yo mismo el instrumento de apoyo para producir un cambio y obtener un resultado que vaya mucho más allá de mi mero cambio personal? ¿Por qué el sacrificio de sí, el donarse totalmente (es decir, salir de los confines de uno mismo), no lleva a una reducción sino al contrario, a un incremento de mí mismo que coincide con mi realización? ¿Cómo puede el don de sí crear vínculos con los demás e influir en el mundo? (...) ¿Cómo poder darlo ‘todo’ cuando no se tiene ‘nada’?"

Buscando héroes 

1. Sobre todo, subraya Tatyana, lo que les interesa a los jóvenes es “no cómo pensar sino cómo hacer”, porque perciben de manera práctica hasta el pensamiento, “y se preguntan instantáneamente qué acciones y modalidades de existencia derivan de una determinada concepción del mundo”.

Dostoyevski –señala esta profesora– estaba totalmente convencido de que “para cambiar radicalmente el mundo bastaba solo con una personalidad desarrollada”. Y quería inculcarles este conocimiento.

Para hacerlo de modo efectivo, Dostoyevsky recogía en su “Diario de un escritor” (1877) lo que alguien le había dicho:

“Ustedes, señores novelistas, siempre están buscando héroes (…), y cuando no los encuentran entre los rusos, se enfadan y la toman con el país entero. Permítame que le cuente una anécdota: en tiempos del difunto soberano, vivía un funcionario que primero había servido en San Petersburgo y después, creo, en Kiev, donde murió; a eso se reduce, por lo visto, toda su biografía. Y, sin embargo, ¿puede creerlo? Durante toda su vida, ese hombre modesto y silencioso sufrió lo indecible por el régimen de servidumbre, por el hecho de que en nuestro país un hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, pudiera ser esclavo de otro hombre como él”.

Haciendo un paréntesis, recordemos que en Rusia la servidumbre estuvo reglamentada entre los siglos XVII y XIX.

Pero prosigamos para saber lo que pasó con aquel hombre:

“Así que se puso a ahorrar una parte de su magro sueldo, privándose él mismo, y privando a su mujer y a sus hijos, casi de lo imprescindible; y cuando conseguía acumular algún dinero, compraba la libertad de algún siervo a su propietario; naturalmente, a razón de uno cada diez años. A lo largo de su vida logró redimir de ese modo a tres o cuatro personas y, cuando murió, no dejó nada a su familia. Todo eso sucedió sin publicidad, en silencio, sin que nadie se enterara”.

Concluía aquel relato con una valoración: “Un héroe un poco raro, por supuesto: un idealista de los años cuarenta’, nada más; puede que incluso ridículo e inepto, ya que se imaginaba que su desdeñable esfuerzo individual bastaba para acabar con ese mal; (…) ¡cuánta falta nos hace gente así! Siento un tremendo cariño por esos hombrecillos ridículos que están plenamente convencidos de que su microscópica acción y su perseverancia pueden contribuir a una causa común y no esperan a que se produzca una iniciativa y una campaña a gran escala”.

Y así Tatyana sintetiza el mensaje de Dostoyevsky:

“Un solo hombre que cambie simplemente él mismo encaminándose por el sendero de una vida verdadera, por el camino de su destino real como hombre, cambia, inevitablemente, todo el mundo y la humanidad entera. (…) Bastaría dejar de limitarse a rumiar la propia miseria e intentar darse cuenta de la necesidad que tienen los otros para descubrir al instante todo lo que podemos dar. (…)

Multitud de los primeros y grandeza de los segundos

2. En la última parte de su artículo, señala esta profesora una segunda razón por la que los jóvenes del inicio del tercer milenio perciben en Dostoyevsky algo de vital importancia:

“Es cuando reconocen su filosofía interior, a la que el autor añade una invitación concreta para ponerla en práctica, como hace él mismo toda su vida. De hecho, esta filosofía responde por primera vez de un modo no enigmático sino lógico y transparente a la pregunta qué significa ser realmente los primeros y qué quiere decir que realmente va primero quien es segundo”.

Vale la pena recoger su explicación entera:

“Dostoyevski muestra de un modo bastante directo (…) que todos somos los primeros por derecho de nacimiento. Todos somos reyes, 'vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real' (1 Pedro 2,9), y el primer puesto está garantizado para todos por el simple hecho de existir. Cada uno es protagonista de su propia vida. En definitiva, en el fondo se podría describir toda la historia del mundo como finalizada completamente para uno cualquiera de nosotros, o leerla partiendo de uno de nosotros, y verla cambiar en su desarrollo a causa de la propia aparición. Por ejemplo, se puede decir que la guerra de los cien años estalló para que la tatara-tatara-tatara-abuela de alguien pudiera conocer a su tatara-tatara-tatara-abuelo. Y eso es cierto para cada uno de nosotros”.

Pero entonces –se pregunta finalmente–, ¿en qué consiste nuestra grandeza, de dónde procede y cómo se puede manifestar?

Y la respuesta, convertida en propuesta:

“La excepcionalidad y grandeza de un hombre se muestran cuando este acepta el rol de ser segundo en la vida de alguien. Cuando superamos los límites de nuestra vida, esa en la que somos los protagonistas principales, los primeros. Es decir, cuando nos superamos a nosotros mismos, vamos más allá de nuestra historia y nos convertimos en participantes indispensables de la historia de otros, aceptamos el papel de personajes secundarios que ayudan al protagonista a realizarse al máximo de sus posibilidades. Cuanto más lleguemos en nuestra vida a ser estos secundarios, mucho más podremos influir en todo el movimiento de la historia de la humanidad, podremos ejercer una acción decisiva en el movimiento de la humanidad entera, que tiende a encontrar su forma ideal. Esta tarea de ser segundos es exactamente aquello con lo que Cristo identificó el objetivo de su venida cuando dijo que el Hijo del hombre ‘no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’ (Mateo, 20,28)”.

Gentes corrientes: protagonistas de la historia

3. En efecto, y la argumentación de Tatyana es sugerente, porque servir es la manera de que esos "segundos" –que somos casi todos–, situados entre la gente corriente, podamos y debamos aspirar a ser héroes y reyes, en una perspectiva diferente.

Cabría decir que Dios crea y mantiene el mundo teniendo en cuenta la irrepetibilidad de cada uno y, en cierto modo –imposible de comprender por nosotros– cada uno somos –como Dostoyevsky intuye– la finalidad de todo lo que existe.

Así describe Dostoyevsky el mismo año, en otro texto –un bello cuento–, el inesperado descubrimiento de su protagonista: “Se me presentaba con claridad la idea de que la vida y el mundo parecían ahora depender de mí. Incluso podría decir que el mundo, en aquel momento, estaba hecho únicamente para mí” (El sueño de un hombre ridículo) (2).

Cabe situar el mensaje del gran novelista ruso en la perspectiva cristiana de lo que hoy llamamos el sacerdocio común de los bautizados (3). Por él, se lleva a plenitud la llamada de toda persona –creada a imagen y semejanza de Dios- a ser realmente protagonista, en sentido fuerte, de la historia.

En el Bautismo todos los cristianos somos constituidos miembros de Cristo y destinados a colaborar en el servicio de la salvación. Somos llamados a ser reyes, sacerdotes y testigos de Cristo en la propia vida. Y todo ello, contando con nuestra libertad. Un servicio que, a su vez, comporta la liberación del pecado y de sus consecuencias a nivel personal y social.

Ese servicio pasa por la vida ordinaria, por las relaciones con la propia familia, los amigos y compañeros de trabajo, y por la atención preferente a los más débiles. Ese es precisamente el camino para hacer de la propia existencia una historia fascinante, –aunque sea sencilla y pase inadvertida– en el marco de la historia de la humanidad.

También las gentes corrientes están llamadas a ser héroes y reyes. Por eso realmente va primero quien sabe ser segundo.

 

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(1) T.A. Kasatkina, La multitud de los números primos, en "Páginas Digital", 21-II-2020, reproduce y traduce un artículo del "Osservatore Romano", 5-II-2020: La moltitudine dei numeri primi.

(2) Cuentos de Fedor Dostoivski, trad. y prólogo de Bela Martinova, Barcelona 2011.

(3) Cf. R. Pellitero, El sacerdocio común de los fieles en la reflexión posterior al Concilio Vaticano II, en “Annales Theologici” 33 (2019) 319-353.

 

 

ALGO SOCIALMENTE VALIOSO: APOYARLO

Ing. Jpsé Joaquín Camacho                                                     

 

Últimamente un reciente reportaje se refiere a abuelas que dedican gran parte de su tiempo a cuidar sus nietos, constituyendo así un pilar fundamental en el desarrollo de ellos y de muchos hogares guatemaltecos. Y señala que en la situación actual, en que muchos padres tienen que trabajar fuera de la casa, los abuelos han tomado un papel esencial como colaboradores en la educación de los nietos, y los padres están conscientes de que no hay personas más indicadas para realizar esta tarea

Esto cada vez se valora más. Es frecuente ver en las mañanas, personas de edad –abuelos- llevando niños a los colegios; así como ver abuelas que esperan a mediodía la salida de los niños del colegio. Son abuelos que, de algún modo,  viven una segunda paternidad. Este nuevo rol de los abuelos es consecuencia también –a veces- de cambios en la estructura familiar y de los horarios de trabajo de sus hijos.

Siempre han sido pieza fundamental para el mantenimiento de la unidad familiar, portadores de la historia, transmisores de cultura; y en ocasiones ejercen una labor de mediación en los conflictos entre la segunda y la tercera generación. Está comprobado, que una relación positiva entre abuelos y nietos contribuye a que éstos se comuniquen con los padres y, como consecuencia, haya mejores relaciones familiares. La figura del abuelo ha sido un referente en la vida de las familias, no sólo ligada a la infancia; incluso contribuyen, a veces decisivamente, a mantener valores morales y religiosos, y promover las tradiciones en la familia, y esto es un tesoro que integra las generaciones.

Es tema muy actual. Los abuelos tienen un papel insustituible como escuela donde desarrollar las virtudes y afectos de los niños, pueden armonizar aspectos tensos de la convivencia padre-hijo, cooperan en el hogar aportando una visión positiva de las situaciones. Todo esto se refleja en la vida social; y hay paises  donde surge  asociaciones cuyo objetivo es “unir, formar y animar a los abuelos y abuelas para que, con su experiencia y puesta al día, cumplan con el objetivo de ser más útiles a sus hijos y nietos”.

En un Congreso reciente sobre esto se advirtió precisamente que no se les debe marginar a los abuelos considerándoles simplemente “una carga” cuando, sobre todo actualmente donde los ritmos diarios son acelerados, pueden ser un recurso positivo para la familia y para toda la sociedad. Son “intérpretes privilegiados de los valores comunes que rigen la convivencia”; son “capaces de comprender la complejidad de la vida desde los acontecimientos que ya afrontaron” y enseñar a evitar errores del pasado.

Estamos ante un fenómeno nuevo, que requiere valorarlo y potenciarlo. Hay países donde  existen programas dirigidos a ayudar a los abuelos que atienden a sus nietos, pues  la sociedad es consciente del desgaste psíquico y físico que supone cuidar niños, a veces especialmente difíciles por provenir de hogares rotos o conflictivos. Por ello es razonable ayudarles socialmente… y agradecerles su tarea.

 

 

La fuerza de un virus

Algo tan minúsculo como un virus -un microorganismo que ni tan siquiera es una célula- tiene en jaque a cientos de miles de personas en muchas partes del mundo. Y no sólo a personas: se suspenden los visados para ir a La Meca; se cierran grandes lugares de reunión, se vacía la plaza de san Pedro en Roma,; y se redobla el control de las fronteras de no pocos países.

No pocos equipos de médicos, y buenos conocedores de la materia, han enviado mensajes de serenidad, señalando que los efectos del virus no son tan peligrosos como se anuncia, y que vale la pena quitarle importancia al acontecimiento, añadiendo a la vez un mensaje de paz y de serenidad. 

Otros, por el contrario, comentan que el número de los muertos es bastante mayor del anunciado oficialmente, y que todavía están por llegar las peores consecuencias de esta pandemia, todavía no declarada oficialmente.

Una cierta desorientación parece haberse apoderado de no pocos humanos. ¿Qué ocurre? ¿Hemos perdido la seguridad por la que tanto, y tan asiduamente, hemos luchado? ¿hemos sucumbido ante la perspectiva de una muerte que no podemos evitar, después de años de tratar de darle poca importancia, y convertirla en puro dato para el registro civil?. ¿Nos descorazona experimentar la incapacidad del hombre para resolver enseguida cualquier enfermedad que nos pueda estropear
nuestro “estado de bienestar”?

Cada uno puede tener una respuesta a estas preguntas. No lo dudo. A mi, me ha hecho pensar. Y lo que parece claro que es un fenómeno que se lo ha tomado en serio hasta la bolsa, con esas caídas tan llamativas, e imprevistas, en estos últimos días. ¿Por qué este miedo, este pánico tan generalizado?

Después de querer asentarnos en nuestras propias fuerzas; después de haber soñado en nuestra capacidad para resolver todos los problemas que se nos puedan presentar; después de considerar que no hay cuestión en este mundo que no podamos resolver sin tener que recurrir a la ayuda de Dios Creador y Padre, y soñar -algunos- hasta en mantener vivo artificial, digitalmente, a un ser humano por cientos de años, nos encontramos con un minúsculo palpitar de vida -un virus- que se nos escapa de
las manos; nos hace descubrir nuestra fragilidad, nuestras limitaciones, y nos pone ante la realidad de que nuestra vida pende realmente de un hilo.

Y todo este fenómeno ha irrumpido en el mundo, desde oriente hasta occidente, desde el norte hasta el sur, apenas pocos días del comienzo del tiempo litúrgico de Cuaresma. Tiempo en el que los cristianos nos preparamos para vivir con Nuestro Señor Jesucristo las tentaciones en el desierto, la institución de la Eucaristía, su Pasión, su Muerte; y lo cerramos con la Pascua, el gozo de su Resurrección.

El miércoles de ceniza el sacerdote ha hecho en la frente de quienes se han acercado al altar una cruz con la ceniza bendecida, y les ha podido decir: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás” .
¿Ha llegado este “coronavirus” para recordarnos esta realidad, y animarnos a poner ese polvo en las manos de Cristo, para resucitar con Él?

ernesto.julia@gmail.com

 

Jorge Ribera, el joven con leucemia que arrastró a miles a la oración y a Dios: «De aquí al cielo»

Jorge era muy devoto de la Virgen de Torreciudad. En octubre una imagen peregrina fue a visitarlo al hospital y él lo mostraba orgulloso en las redes

Javier Lozano

01 marzo 2020

Jorge Ribera se nos ha ido al cielo hoy a las 9 de la mañana, rodeado del cariño de su familia. Es momento de dar gracias a Dios por su vida. De encomendarle y encomendarnos a él y de rezar mucho por su familia en estos momentos tan difíciles. Que Dios os bendiga por lo mucho que habéis rezado y le habéis acompaño desde aquí durante tantos años. Os bendigo cariñosamente a todos”, informaba este sábado a través de las redes sociales el sacerdote Juan Ramón Domínguez.

Y es que la lucha contra la leucemia de este joven católico se había convertido en conjunta gracias a la enorme cadena de oración que durante años se ha ido extendiendo por toda España e incluso en otros países. Eran como decía el propio Jorge sus “smile soldiers”, los soldados de las sonrisas. Finalmente, a sus 24 años ha fallecido en Valencia diez años después de que le diagnosticaran leucemia, a la que aparentemente había vencido, pero que reaparecía una y otra vez.

Sin embargo, su testimonio de fe, su alegría y su amor a Dios en medio del dolor, el sufrimiento y la muerte ha ayudado a miles de personas, a aquellos que rezaban por él y a todos aquellos que han ido conociendo su historia. Una cita que define quién fue Jorge Ribera fue esta intervención suya: “Le diría a Dios que le quiero con locura, le doy gracias de todo lo que me ha dado y le pido que me ayude a ser mejor”.

Durante años Jorge ha ido hablando de su enfermedad, su evolución y cómo afrontaba toda esta situación a través de las redes sociales, donde un ejército de seguidores rezaba por él, le animaban y a su vez eran ellos los que eran ayudados por esta experiencia de lucha impregnada de Dios.

En una charla que pudo dar en un colegio en un periodo extrahospitalario, Jorge decía a otros jóvenes con total naturalidad: "Soy consciente de que estoy vivo porque hay mucha gente rezando por mí".  Y sobre esa ayuda sobrenatural que recibía añadía: "He decidido seguir luchando por toda la gente que me quiere. Saco fuerzas de mi familia y de Dios".

En varias ocasiones ha tenido ocasión de explicar el papel de Dios en su enfermedad y sobre todo en poder vivirlo con alegría y esperanza. Jorge aseguraba en Respública que “sin la fe puedes verlo como una forma de superación o de mejora personal. Si crees, tienes la certeza de que ese dolor trasciende hacia algo o alguien, así que puedes aprovechar y ofrecerlo por la gente a la que quieres, esto me ayuda a ver que Dios realmente existe, veo cambios alucinantes en amigos y personas conocidas que de otra forma dudo mucho que pudieran ocurrir”.

Es decir, la enfermedad era para él también un elemento en el que podía mostrar a Dios. Recordaba el momento en el que le diagnosticaron la leucemia que le tuvo una buena parte de su vida entre su casa y hospitales. “Me lo dijeron mis padres, en principio tenía que ingresar en ese mismo momento en el que me lo decían, pero al final me dejaron entrar por la noche, así que me fui con mis padres y hermanos a casa. Hicimos una buena comida y pasamos un rato juntos llorando y desahogándonos. Después me fui a despedirme de mis amigos. Me despedí del Señor y fui a Misa, me confesé y recibí la Unción de Enfermos. Y listo, para mi nueva casa”.

En Paraula, pese a su juventud mostraba una enorme madurez espiritual. Desde su propia experiencia explicaba que “si lo aceptas, rezas más y estás mucho más cerca de Dios. Y es que Dios no es un ente extraño que está ahí viendo lo que hacemos y ya. ¡Qué va! Dios es nuestro padre y cualquier padre se vería afectado si su hijo estuviera pasando por una situación como esta. Así que le pido ayuda y consuelo”.

Jorge no separaba a Dios de su Iglesia y afirmaba que estar en ella “me ayuda a tener fe porque sabes que lo que estoy pasando no es en vano sino que tiene repercusiones en los demás, es algo trascendente con lo que puedes ayudar al resto”.

“Me he sentido muy ayudado por la Iglesia. Los sacerdotes han estado ahí para poder confesarme y comulgar y, además, me consta que religiosas y religiosos están rezando por mí. También amigos, conocidos e incluso gente que no conozco de nada pero que les ha llegado mi caso me mandan ánimos y me encomiendan”, añadía Jorge.

En todo momento luchó para curarse, con sus propias fuerzas y también con la de tantas miles de personas con las que estaba en comunión a través de la oración. Pero sabía que la muerte podría estar ahí y no la rehuía.  “Sobre lo de ‘pobre Jorge’, para nada, en realidad si no consiguiera vencer a la enfermedad, me dolería por la gente que está cerca de mí, por su sufrimiento. Yo, aunque prefiero quedarme, lo aceptaría, pues tengo claro que de aquí al cielo”, afirmaba.

Tampoco se cansaba de explicar de dónde le venía esta vitalidad para afrontar la vida. Explicaba Jorge: “No me canso de responder que la saco de Dios, no veo otra forma de poder afrontar esto. Tampoco me siento utilizado, aunque mucho menos un punto de referencia para nada ni nadie. Lo único para lo que me pueden utilizar es para rezar por ellos, o alguien o  algo, así que si es eso lo que me piden, por mí genial, cuántos más mejor, hay que sacar el máximo provecho posible de esto”.

Durante estos últimos meses la enfermedad había ido avanzando y la muerte se acercaba, pero este ejército de las sonrisas que siempre le ha estado sosteniendo en la oración provocó un momento viral en las redes cuando estando ingresado en el hospital sus amigos llegaron y le sorprendieron con una canción compuesta expresamente para él que emocionó totalmente a Jorge.

Este luchador falleció el sábado, pero aficionado como era al mundo militar, completó fielmente la misión que le había sido encomendada. Con su testimonio, con su vida y con su muerte, ha sido un extraordinario instrumento de Dios. Ahora ya descansa en paz.

 

 

¿Por qué la Iglesia católica se empeña en el celibato?

El mundo y la Iglesia católica necesitan del celibato, se enriquecen con él

La reciente crisis de abusos sexuales por parte del clero, el descenso del número de sacerdotes y su ausencia en tantos rincones del mundo (la media es de uno por cada tres mil católicos) han abierto en el seno de la Iglesia católica un debate tan viejo como nuevo sobre la conveniencia de que accedan al sacerdocio personas casadas, con buena formación y virtudes probadas.

La figura del sacerdote casado existe ya en las Iglesias católicas orientales, así como, en los ordinariatos anglicanos creados por Benedicto XVI. Por eso, muchas personas vieron en el reciente sínodo de la Amazonía una ocasión de oro para que el papa Francisco diera un empujón definitivo al sacerdocio de personas casadas, tras un milenio de restricciones y otro de prohibición en el rito latino. No ha sido así. Francisco ha optado por mantener una larga y preciosa tradición de la Iglesia que venera el celibato sacerdotal como un don especial del Espíritu Santo a ciertas personas para el servicio de la Iglesia y la humanidad que conviene proteger incluso a costa de que se reduzca el número de sacerdotes.

Pero ¿qué aporta el celibato a la Iglesia católica y a la humanidad para que los últimos papas lo hayan protegido y protejan con uñas y dientes? ¿Por qué Benedicto XVI, que ha estado callado desde que renunció, decidió romper su silencio en defensa del celibato junto con el cardenal Sarah?

En mi opinión, una versión acertada y profunda a esta cuestión, es la que explica que una persona célibe no se casa porque considera a todos los seres humanos sus hermanos, y por eso cualquier relación carnal se convertiría, por definición, en incestuosa. Sí, para una persona espiritualmente célibe, casarse es incestuoso porque todo cónyuge sería antes hermano que cónyuge.

La persona célibe no desprecia el matrimonio, lo valora en mucho, pero lo trasciende. El celibato encumbra el matrimonio, resalta su sacramentalidad. Por eso, el matrimonio más sublime fue el matrimonio virginal de María y José. Sin institución matrimonial, no hay celibato; y sin celibato, el matrimonio fácilmente se banaliza; sin matrimonio, solo existe pura soltería. La soltería es prematrimonial; el celibato transmatrimonial. La persona célibe ama a todos por igual, con la lógica correspondencia con los seres más próximos: sus padres, familiares y amigos. Pero el célibe religioso no puede elegir un amor en exclusiva distinto de Dios mismo. El celibato de un  creyente es una suerte de enamoramiento de lo divino. La persona célibe dirige todo su eros, es decir su deseo de amor posesivo, hacia Dios, y desde Dios, a los demás. Este tipo de persona célibe quiere amar como solo Dios ama: a todos, infinitamente, y por igual. La persona casada ama a Dios en su cónyuge; la célibe a todos en Dios.

Así entendido, el celibato contribuye a la espiritualización del mundo de una forma diferente a como lo hace el matrimonio. El matrimonio forma familias; el celibato protege y fortalece la humanidad como familia. El matrimonio se centra en el amor particular; el celibato, en el amor universal. El celibato es don que humaniza el amor divino. El matrimonio cristiano, en cambio, es sacramento que diviniza el amor humano.

El celibato es fuente de amor, comunión fraterna y servicio desinteresado a la humanidad. La persona espiritualmente célibe ve el mundo de arriba abajo, desde la cima del monte, se mueve desde lo espiritual a lo material; la casada, en cambio, ve el mundo de abajo arriba, desde la ladera del monte: se mueve desde lo material a lo espiritual. Por eso, la persona célibe suele admirar el desvelo, la virtud y la capacidad de sacrificio de la persona casada; la persona casada, en cambio, admira la capacidad contemplativa de la célibe, su desprendimiento total, incluso viviendo en medio del mundo, y su deseo de entregarse a cada ser humano, a cada hijo de Dios, sin distinción de raza, color, religión.

En mi opinión, el mundo y la Iglesia católica necesitan del celibato, se enriquecen con él. Por eso, quizás el papa ha decidido proteger este tesoro profético en una sociedad marcadamente pragmática y materialista que ha trivializado el matrimonio. La perfecta redención del eros se alcanza privilegiando el agape.

Rafael Domingo Oslé es profesor investigador en el Centro de Derecho y Religión de la Universidad de Emory y profesor de derecho en la Universidad de Navarra. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

 

 

Confianza y respeto en familia

Ana Teresa López de Llergo

La comunicación en la casa es abierta, bilateral. Los padres aprenden a hablar y a escuchar, a buscar respuestas, a evitar juicios precipitados, a dialogar.

La consecuencia natural de la vida en familia es desarrollarse como persona. En esta sociedad se tienen todos los elementos para este tipo de mejora, con la condición de que todos los miembros de la familia sepan custodiar y aplicar esos elementos, y disfrutar sus beneficios.

Uno de esos elementos es las relaciones entre las personas que conviven en cada hogar. Son relaciones llenas de espontaneidad y desinterés, de contar con el apoyo sin ningún preámbulo y de no cuestionar el esfuerzo que ocasionen. Es un acostumbramiento bueno, es la confianza.

La palabra confianza encierra un rico modo de ver a los otros, porque manifiesta fe o capacidad de fiarse. Desde la confianza, la vinculación es yo con los otros sin temor. Hay una dependencia sana que permite contar con los demás para la toma de decisiones porque se desea producir el bien de todos. El trato confiado logra darse tiempo para compartir momentos de calidad juntos.

La confianza en la familia debe enlazarse con el respeto, por lo tanto, no estamos entendiendo por confianza a ese trato que descuida los detalles de educación hasta llegar a olvidarse de los mínimos detalles de atención a los miembros de la familia, con el desafortunado comentario de “al fin ya saben cómo soy”. Estos comentarios encierran un mal entendido modo de convivir.

La comunicación en la casa es abierta, bilateral. Los padres aprenden a hablar y a escuchar, a buscar respuestas, a evitar juicios precipitados, a dialogar. Según los temperamentos pueden organizarse momentos para dialogar, otras veces no será necesario porque surgen espontáneamente. Siempre con apertura, sin pugnas e incomprensiones. Estos diálogos dan la oportunidad para aumentar la confianza.

Una comunicación así propicia a una familia funcional, porque de sus intercambios abiertos salen principios rectores para la conducta y se impulsa la libertad de actuación de todos pero especialmente de los hijos. En estos diálogos no se evaden los temas conflictivos, sino que se enfrentan y se resuelven, desde lo emocional hasta lo intelectual, desde las dudas hasta la elección de una carrera profesional. Los padres no cohíben sino que incitan y guían

La actitud respetuosa de unos con otros, adultos y jóvenes, garantiza el avance como persona. Entonces realmente se vive bien con personas distintas sin querer uniformarlas, atendiendo a sus conversaciones o a sus silencios, acompañándoles con cercanía o a distancia –según sea el caso–, pero siempre con afecto y comprensión.

Es de desear que el respeto esté cimentado en cierto grado de admiración que se gana con un trato apropiado, esto significa que nadie se salga de su lugar. Por ejemplo, la escucha atenta del hijo a sus padres cuando recibe una advertencia, y aumenta la admiración si el hijo hace lo que le señalan. Es admirable el modo de proceder de los padres cuando se sobreponen al disgusto legítimo y reprenden sin humillar. Más admiración despiertan si acompañan con cariño a los hijos a realizar la actividad como les han aconsejado. En el fondo lucen las virtudes: obediencia, paciencia, fortaleza y amor; sobre todo sabiduría.

De este modo se define claramente el tipo de educación familiar, que no consiste en presentar gran cantidad de datos, sino dar forma al modo de proceder. Es ser testigo de los primeros pasos de la gran variedad de actividades que se pueden realizar. Esto va delineando en cada persona unos rasgos peculiares de la personalidad. Abarca todo: la sensibilidad, la inteligencia, el corazón, la decisión de ejecutar lo mejor...

Así el todo de la persona avanza, crece y se realiza por medio de la educación familiar. Ésta no se circunscribe al interior de los muros de la casa, también atiende a las influencias externas como los contenidos de los recursos tecnológicos, los anuncios en las calles, lo que oyen y ven en los sitios que frecuentan, las amistades, y especialmente lo que aprenden en la escuela. Todo este acervo forja los ciudadanos, según sean ellos así será el país.

El cariño o el afecto son sentimientos que, en los casos de relaciones más estrechas, se pueden y se deben sumar, pero siempre desde el respeto mutuo.

El respeto es la base de cualquier relación seria y estable. El respeto debe existir entre los esposos, entre los hijos, entre padres e hijos, con los inferiores y los superiores, dentro y fuera de la casa.

Más adelante, cuando el niño vea en sus profesores la semejanza de la autoridad que él respeta en su casa, o al salir a la calle y esperar a que un agente de tráfico le dé el paso, entenderá que existe el respeto debido a las autoridades públicas. Por lo tanto, es en la familia donde inician y se desarrollan las nociones de respeto.

Toda persona merece respeto. La medida de este respeto no es igual para todos. Uno es el respeto que un estudiante a sus compañeros de estudios, otro es el respeto que él mismo le debe a su profesor, y otro es el respeto que le debe a quien sustenta algún tipo de legítima autoridad. Mínimamente una muestra de respeto consiste en escuchar las opiniones ajenas aunque no se compartan.

Santo Tomás de Aquino enseña que Dios, al crearnos, nos dio a todos la misma naturaleza humana, pero no nos hizo a todos iguales. Cada quién tiene características y dotes específicos. Así todos nos complementamos y nos beneficiamos con las aportaciones de los demás, de las que carecemos. Por esta razón nadie sobra. También es por esto que en toda sociedad bien constituida hay distintas ocupaciones y diferentes jerarquías. Y para que exista armonía y concordia, debe darse la base del respeto mutuo.

Desarrollarse como persona es respetarse y respetar a los demás.

 

 

Decálogo para educar mejor

Lucía Legorreta

Como bien lo dijo Pitágoras: “Educad a los niños, y no tendréis que castigar a los hombres”.

Muchos papás desearíamos que nuestros hijos nacieran con un manual que nos dijera qué hacer y qué no hacer. Pero esto no sucede y tenemos que ir aprendiendo a medida que crecen como aplicar la disciplina en casa sin caer en un autoritarismo.

Lo más importante en la educación es establecer reglas que no las rompan los hijos, y tampoco los padres. La mejor prevención es la intervención temprana, a partir de los seis meses los niños entienden muchas cosas, aunque no hablen, saben diferenciar entre esto sí se puede y esto no.

Hay algunas reglas básicas que seguramente pueden ayudarte para que el camino de educar no se convierta en un empedrado:

1. Volumen y tono de voz: para conseguir que nuestros hijos hagan algo no se trata de hablar fuerte o gritar. Si quieres que te respeten, empieza por respetarlos tú también.

2. No des órdenes contradictorias ni demasiadas al mismo tiempo. Cometemos el error de decirle a nuestro hijo: báñate, ordena tu cuarto, vente a comer…resultado, no hace nada. Dile cuál es la prioridad y en qué orden obedece.

3. Imaginación. Sean creativos al establecer reglas en casa. Pueden, en un principio, manejarse como juegos o competencia, y después convertirse en un hábito. A los niños les gustan las actividades creativas.

4. No querer cambiar todo a la vez. Como papás no queramos cambiar todas las cosas que hace mal un hijo o que nos molestan. Mejor elijan una conducta a modificar y trabajen en ella, para luego seguir con la otra.

5. Al corregirlos: no te enojes, los ridiculices o les digas que no hacen nada bien. Una cosa es decirle: “tu cuarto está muy desordenado, guarda las cosas en su lugar… que: tu cuarto está hecho un asco, ¡eres un cochino!”.

6. Sean constantes. Si ya se establecieron ciertas reglas, se tienen que cumplir siempre y no dependiendo de las circunstancias. Mejor negocien lo que es negociable, y nunca sentar un precedente con lo que no lo es.

7. Paciencia y calma. Las personas que trasmiten con paciencia son más creíbles y generan un ambiente cálido y relajado.

8. No se contradigan entre papá y mamá. De lo contrario, estarán chantajeando a uno y a otro, a ver quién cede primero. Además de no haber disciplina, terminarás discutiendo y peleándote con tu pareja. Aquello con lo que no están de acuerdo, discútanlo en privado y lleguen a un acuerdo.

9. Nunca levanten los castigos. Es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto del enojo, y después que no se cumpla.

10. Es mejor el refuerzo que el castigo. Significa fijarte en lo que hace mejor que en estarlo corrigiendo. Esto le hará sentir a tu hijo, que como padres están orgullosos de él.

Recuerda algo muy importante: hasta la adolescencia no hay figuras más importantes para el niño que sus padres. Los hijos copian, son como esponjas. Educar con acciones tiene mucho más impacto que con palabras.

Como bien lo dijo Pitágoras: “Educad a los niños, y no tendréis que castigar a los hombres”.

 

 

Enderezar las relaciones con la Iglesia

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, se reunía, a finales del pasado enero,  con el nuevo nuncio del Vaticano, Bernardito Auza, a quien ha mostrado la mejor disposición del Gobierno a mantener una estrecha colaboración. También ha expresado su intención de participar en el foro educativo que el Papa ha organizado en mayo.

Hasta ahí, máxima normalidad. El problema es que esta declaración de intenciones coincide con el anuncio de que la Religión no será evaluable y carecerá de alternativa en la educación española, lo cual vulnera los Acuerdos con la Santa Sede. Llaman también la atención los comentarios de Calvo sobre el Impuesto de Bienes Inmuebles, asegurando que la Iglesia no paga los impuestos que debiera, cuando está sometida al mismo régimen fiscal que se aplica a otras organizaciones sin ánimo de lucro.

Suso do Madrid

 

La aporafobia

El discurso de odio, es decir, cualquier forma de expresión que propague, incite, promueva o justifique el odio basado en la intolerancia, ya sea contra determinadas religiones, razas o etnias, grupos de inmigrantes, mujeres, personas con discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social, debe considerarse un límite al ejercicio de la libertad de expresión, directamente exigido por los principios de dignidad, igualdad y no discriminación.

Una idea última. Se incrementan más en la sociedad española los delitos de odio por razón de creencia –Islam y cristianismo- y orientación sexual. Ha aparecido un nuevo discurso de odio contra las personas que padecen pobreza, aporafobia. Pero no parece que se aborden de forma equiparada, ni se estudien, ni intervienen de forma también equiparada.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

¿”Modelo del pasado”?

¿”Modelo del pasado” la familia cristiana, la familia que vivimos los cristianos desde los comienzos de la predicación evangélica?. ¿”Modelo del pasado” el matrimonio entre un hombre y mujer, sacramento sobre el que se asienta la familia que algunos quieren llamar  solo “tradicional”; cuando es la única y verdadera familia, y que es tradicional porque es plenamente actual y lo será siempre?

Algunos profesores han visto que, detrás de los cambios que se han hecho en el Instituto Juan Pablo II está la idea de darle un carácter más sociológico que teológico, lo que explicaría la purga de muy buenos profesores de teología moral, de teología espiritual, etc.

La misión de la Iglesia nada tiene que ver con la sociología, ni con la política, ni con el liderazgo en la batallar por el cambio climático, o cualquier otra actividad semejante.  La Iglesia sabe que tiene que transmitir al mundo la Luz de Cristo, convertir al mundo a la Verdad que Él nos ha revelado; y al recibir esa Luz y esa Verdad, serán los hombres convertidos a la Verdad, los que llevarán adelante las incidencias de este mundo, viviendo la Familia cristiana, la Familia siempre actual, enraizada en la tradición perenne de la Iglesia, que nunca es “modelo pasado”, porque Cristo vive en ella.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Las otras víctimas de la pederastia

Es cierto, la firmeza del Papa, y de la Iglesia entera, contra los abusos sexuales y de poder, y el acompañamiento y reparación hacia de las víctimas, deben ser principios en los que no cabe la tolerancia cero, por utilizar una expresión periodística.

Pero se está dando un fenómeno, que puede ser numéricamente limitado, que de por sí representa un nuevo reto, el de las nuevas víctimas de los casos de pederastia: quienes han sido acusados, se han visto en un proceso, han sido apartados y suspendidos, investigados, y finalmente absueltos.

Pero no debemos olvidar que quienes han sufrido la injusticia de una denuncia falsa, han cumplido ya la pena de telediario civil y eclesial, con lo que les ha conducido a procesos de depresión, incluso límites, con la vida y el sentido de la existencia y el sacerdocio. Por cierto, denuncias iniciales que tuvieron múltiples intenciones y no precisamente santas.

¿Se puede, y se debe, hablar de una justicia de reparación ante estos casos?¿Qué papel deben tener los actores en los procesos de denuncia, investigación de los casos, en los momentos de archivo de los procesos?

Por cierto. Esta situación de clérigos denunciados y luego declarados inocentes se ha producido ya en varios países del mundo y con consecuencias personales y familiares trágicas. En general, no me estoy refiriendo al plano jurídico canónico, ni al civil solo.

Enric Barrull Casals

 

 

Pensamientos y reflexiones 248

 

En Sevilla un drogadicto asesina a su padre: (Periodista Digital: 24-01-2020)

Un asesinato más y en el propio padre, madre, abuelos; es que estos ya “piltrafas humanas”, se han convertido en “bichos peligrosos”, capaces de todo para obtener dinero para comprarse drogas, que las necesitan de forma imprescindible. Lo que no es comprensible con los antecedentes que cita la noticia y las denuncias; ¿cómo este bicho no fue encarcelado y no soltado a la vida pública hasta que estuviese curado de su vicio, puesto que este hecho y otros muchos delictivos, son abundantísimos en los que adictos a las drogas llegan a un estado en que no se controlan por ellos mismos? Y que nadie me venga “con lástimas”, que a las drogas se entra por idiota o por cobarde, huyendo de problemas que no saben solucionar enfrentándolos. La plaga de las drogas en España, es tan enorme, que no es explicable cómo no hay un programa nacional que trate de este asunto como se debe; “y no deteniendo sólo a bandas de traficantes, que cada vez abundan más”. Hay que incluso legalizarlas y que paguen impuestos, para costear a través de ellos, los muchos gastos que nos ocasionan al contribuyente.

Cinco mujeres han sido asesinadas por sus parejas en lo que llevamos de mes (tan solo 23 días de enero 2020): Vengo asegurando que esto no tiene solución inmediata y que el tema lo emplean los políticos como “plataforma” de propaganda política e indicadora de que “están en la solución”. Y no tiene solución por cuanto estos hechos se producen por “arrebatos”, que no puede preveer nadie y menos controlar; por tanto se seguirán produciendo de la forma ya conocida y que se repite cada año. A largo plazo pudiera tener remedio, en tanto y en cuanto se supiera educar y formar a las nuevas generaciones, de que “la violencia no es el camino para nada y debe ser sustituida por el diálogo y la cesión en ambas partes, hasta solucionar los problemas de forma pacífica”. Y eso llevará mucho, mucho, mucho tiempo. Así es que déjense de parafernalias, declaraciones sin sentido y “minutos de silencio”; que todo ello no solucionará nada y a la vista están, los hechos que se repiten de forma crónica y como plaga que es. Pero que igualmente ocurre en el resto del mundo. Entren en Internet y vean por ejemplo, en “la civilizada Francia”, los casos que ocurren cada año.

Las artimañas para poner en libertad a Junqueras y el resto de presos del procés: el Ejecutivo ha utilizado como coartada discursiva para una eventual modificación del delito de sedición a la justicia europea, al Tribunal Supremo e incluso hasta ha recurrido al derecho comparado. Pero la pura verdad es que no existe ninguna resolución judicial o exigencia legislativa nacional o comunitaria que conmine a liberar a los independentistas encarcelados. (Vozpópuli 24-01-2020)

            Tristemente vamos comprobando, que “los que han conseguido hacer un gobierno de piezas sueltas”; lo que tratan es sólo y simplemente, el consolidar ese gobierno y vivir a costa de nuestros impuestos, los cuatro años legales a que tienen derecho por esa “peculiar” conquista. El resto de problemas de los muchísimos que ya se acumulan en España, les trae sin cuidado, por tanto los resultados que vamos a obtener los siempre indefensos “súbditos” españoles, van a ser nulos o mejor dicho perniciosos. Aquí lo políticos vienen sólo “a chupar para sí y para los suyos”; el resto a pagar cada vez más confiscatorios impuestos. Y por otra parte, ¿quién va a creer en la justicia que paga el contribuyente, si estos rebeldes, salen a la calle tan pronto consigan lo que pretenden los políticos y que debe estar ya pactado con los delincuentes? No, no creí ver tanto y tan bestial en esta España en la que tuve la desgracia de nacer en 1938... "En pleno baño de sangre y todo tipo de latrocinios de aquella España que se destruía a sí misma entre dos bandos salvajes y que lo eran en ambos bandos, cosa que ahora nos quieren demostrar que sólo fueron "hunos"... Pobre españa y más pobres mayoría de españoles, siempre. (En el mismo periódico e insertado en igual fecha por mi).

NOSOTROS EL PUEBLO: A nosotros, el pueblo, nos importan dos cojones, los políticos que sean; lo que queremos son verdaderos estadistas, o sea, hombres y mujeres de Estado, y que de verdad, vayan solucionando los verdaderos problemas de España, que no son de partido alguno; son de todos los españoles y eso se olvida totalmente.

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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