Las Noticias de hoy 29 Febrero 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 29/02/2020 - 11:57
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 29 de febrero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa opta por una Inteligencia Artificial “al servicio de cada persona humana en su totalidad”

El Papa, indispuesto, suspende las audiencia oficiales para el día de hoy

Firma del “Llamamiento para una Ética de la Inteligencia Artificial”

SALVAR LO PERDIDO: Francisco Fernandez Carbajal

“No hay oficios de poca categoría”: San Josemaria

«Ayunar es renunciar a cosas vanas para ir a lo esencial»

Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro: Borja Armada

Cuaresma: El camino hacia la Pascua: Alfonso Berlanga

Ángeles custodios en la vida diaria: encuentra.com

Quinto Dolor y Gozo de San José – Siete Domingos

Comentario al Evangelio: Tentaciones en el desierto

Primer domingo de Cuaresma.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo

Seguimos avanzando: Nuria Chinchilla

"Volando juntos": cine, ecología y familia: Alfonso Mendiz

Escribir para curarse y para ayudar a curar: Ana López Recalde

"El que ocurra una enfermedad no depende únicamente del virus, sino también del hospedador y del medio ambiente": Álvaro Villagrán

Divorcio y derechos de los hijos: Acción Familia

Pin parental:  fórmula imperfecta pero necesaria: Josefa Vicente Carrera

Inseguro en la terapia: Juan García. 

La inspiración diaria de la palabra de Dios: JD Mez Madrid

El vuelco de la natalidad:  Domingo Martínez Madrid

Las “gangrenas” político-administrativas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix FernándezA

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Papa opta por una Inteligencia Artificial “al servicio de cada persona humana en su totalidad”

Discurso para la Asamblea sobre “algor-ética”

FEBRERO 28, 2020 18:11ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 28 feb. 2020).- “La inteligencia artificial», escribe el Papa, “está en el corazón mismo del cambio de época que estamos atravesando”, puesto que, de hecho, “la innovación digital toca todos los aspectos de la vida, tanto personales como sociales”.

Al concluir la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, este viernes, 28 de febrero de 2020, monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Academia, ha leído a los participantes el discurso que el Papa Francisco escribió para la ocasión.

El Pontífice ha recordado el “gran potencial que nos ofrecen las nuevas tecnologías”, puesto que “son un regalo de Dios”, ha recalcado. “Un recurso que puede dar buenos frutos”.

En esta línea, señala que las ciencias biológicas “están haciendo un uso cada vez mayor de los dispositivos puestos a disposición por la ‘inteligencia artificial”, y que dicho desarrollo induce “a cambios profundos en la forma de interpretar y gestionar los seres vivos y las características de la vida humana, que es nuestro compromiso proteger y promover”.

Algor-ética

El concepto de “algor-ética”, en cuyo estudio se ha centrado la Asamblea Plenaria de la Academia Para la Vida, se propone “asegurar una verificación competente y compartida de los procesos mediante los cuales se integran las relaciones entre los seres humanos y las máquinas en nuestra era” para señalar que éste puede ser enriquecido “por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia”, a saber, dignidad de la persona, justicia, subsidiariedad y solidaridad, indica Francisco en su mensaje.

Estos son principios de la Doctrina Social que expresan “el compromiso de ponerse al servicio de cada persona humana en su totalidad, sin discriminaciones ni exclusiones” . Y la complejidad del mundo tecnológico – escribe – exige una elaboración ética más articulada para que este compromiso sea verdaderamente incisivo.

Así, añade: La “algor-ética” podrá ser un “puente para que los principios se inscriban concretamente en las tecnologías digitales, a través de un efectivo diálogo transdisciplinario”.

Adormece el pensamiento crítico

El Papa advierte de que en el ámbito socio económico, “los usuarios suelen quedar reducidos a ‘consumidores’, esclavos de intereses privados concentrados en manos de unos pocos”. A partir de los rastros digitales difundidos en Internet –constata– los algoritmos extraen datos que permiten controlar los hábitos mentales y relacionales, con fines comerciales o políticos, a menudo sin nuestro conocimiento.

Se trata de una asimetría por la cual “unos pocos saben todo sobre nosotros, mientras que nosotros no sabemos nada sobre ello”, lo cual “adormece el pensamiento crítico y el ejercicio consciente de la libertad”. El resultado de ello es que las “desigualdades se amplifican inconmensurablemente, el conocimiento y la riqueza se acumulan en pocas manos, con graves riesgos para las sociedades democráticas”.

Por ello, el Papa recuerda la necesidad de “madurar fuertes motivaciones para perseverar en la búsqueda del bien común, incluso cuando no hay un beneficio inmediato que se pueda obtener de ello”.

“Dejarnos interpelar como creyentes”

En otras palabras, resume, “no basta sencillamente con confiar a la sensibilidad moral de quienes investigan y diseñan dispositivos y algoritmos, sino que es necesario crear organismos sociales intermedios que aseguren la representación de la sensibilidad ética de los usuarios y los educadores”.

Manifestando su gratitud a la Academia Pontificia para la vida que ha “favorecido el diálogo entre las disciplinas científicas diferentes” el Sumo Pontífice  asevera que “debemos dejarnos interpelar como creyentes, para que la Palabra y la Tradición de la fe nos ayuden a interpretar los fenómenos de nuestro mundo, identificando caminos de humanización, y por tanto de amorosa evangelización”.

 

 

El Papa, indispuesto, suspende las audiencia oficiales para el día de hoy

Mantiene las privadas en Santa Marta

FEBRERO 28, 2020 10:00ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 28 feb. 2020).- El Papa ha vuelto a cancelar este viernes, 28 de febrero, la audiencia pública programada para esta mañana, como ya lo hizo ayer, jueves, 27 de febrero, por una “ligera indisposición”, según comunicó Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

No obstante, indica el portavoz, el Pontífice ha celebrado la Santa Misa a primera hora de la mañana en la capilla de Santa Marta, como cada día, y ha saludado después a algunos asistentes. Además, Francisco mantiene para hoy las reuniones que figuran en el orden del día de la Casa Santa Marta.

El pasado jueves, 27 de febrero de 2020, el Santo Padre no asistió a la liturgia penitencial que tradicionalmente tiene con las sacerdotes de su diócesis, Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, de modo que el vicario para la diócesis, el cardenal Angelo De Donatis, leyó el discurso preparado por Francisco.

 

Firma del “Llamamiento para una Ética de la Inteligencia Artificial”

Patrocinado por la Pontificia Academia para la Vida

FEBRERO 28, 2020 18:53ROSA DIE ALCOLEACIENCIA Y TECNOLOGÍAVATICANO

Firma del “Llamamiento para una Ética de la Inteligencia Artificial”

 

Patronizado por el Vaticano

(zenit – 28 feb. 2020).- La Academia Pontificia para la Vida, Microsoft, IBM, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Gobierno italiano, firmaron hoy el “Llamamiento para una Ética de la Inteligencia Artificial”, un documento creado para apoyar el enfoque ético de la Inteligencia Artificial, en el marco de la Asamblea Plenaria de dicha Academia, celebrada en el Vaticano del 26 al 28 de febrero de 2020.

Con la firma del “Llamamiento de Roma” (Rome Call), las instituciones líderes en tecnología se proponen “promover un sentido de responsabilidad compartida entre organizaciones, gobiernos e instituciones con el objetivo de asegurar un futuro en el que la innovación digital y el progreso tecnológico estén al servicio del genio y la creatividad humana y no su sustitución gradual”.

Seis principios

Los primeros signatarios del Llamamiento expresan el deseo de colaborar, en este contexto y a nivel nacional e internacional, para promover la “algor-ética”, es decir, el desarrollo y la utilización de la Inteligencia Artificial de acuerdo con seis principios, que son fundamentales para una buena innovación.

En primer lugar: La “transparencia”, en principio los sistemas de inteligencia artificial deben ser comprensibles. En segundo lugar: “Inclusión”, deben tenerse en cuenta las necesidades de todos los seres humanos para que todos puedan beneficiarse y se pueda ofrecer a todos los individuos las mejores condiciones posibles para expresarse y desarrollarse, y en tercer lugar: “Responsabilidad”, ya que quienes diseñen y apliquen soluciones de inteligencia artificial deben proceder con responsabilidad y transparencia.

Asimismo, la “imparcialidad” es relevante: no crear ni actuar de acuerdo con prejuicios, salvaguardando así la equidad y la dignidad humanas, así como la “fiabilidad”, pues los sistemas de inteligencia artificial deben poder funcionar de manera fiable, y en sexto lugar, destacan la “Seguridad y privacidad”: los sistemas de inteligencia artificial deben funcionar de manera segura y respetar la privacidad de los usuarios.

Firmantes

Los primeros firmantes han sido Mons. Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida (patrocinador de la iniciativa); Dr. Brad Smith, presidente de Microsoft; Dr. John Kelly III, vicepresidente ejecutivo de IBM; Dr. Dongyu Qu, director general de la FAO; y la ministra Paola Pisano por el Gobierno italiano. A la reunión de la mañana asistió el Dr. Davide Sassoli, presidente del Parlamento Europeo.

Después de la ceremonia de firma, monseñor Vincenzo Paglia leyó el discurso dirigido a los participantes por el Papa Francisco, en el que señaló que «la profundidad y la aceleración de las transformaciones de la era digital plantean problemáticas y situaciones inesperadas que desafían al ethos individual y colectivo”, y avala la firma de este Llamamiento, como “un paso importante en esta dirección, con sus tres coordenadas fundamentales que señalan el camino: la ética, la educación y el derecho”.

A este respecto, Mons. Vincenzo Paglia señaló que “la intención del Llamamiento es crear un movimiento que se amplíe e involucre a otros actores: instituciones públicas, ONG, industrias y grupos para producir una dirección en el desarrollo y uso de tecnologías derivadas de la IA. Desde este punto de vista podemos decir que la primera firma de este Llamamiento no es un punto de llegada, sino el comienzo de un compromiso que parece aún más urgente e importante que lo que se ha hecho hasta ahora. Adherirse a esta iniciativa significa para las industrias que firman un compromiso que también tiene una importancia en términos de costos y compromiso industrial en el desarrollo y distribución de sus productos.

Si la Academia se siente llamada a intensificar su compromiso para facilitar el conocimiento y la firma de otros, nada menos, el Llamamiento es un primer paso que preludia a otros. El texto del Llamamiento también se caracteriza por ser un primer intento de formular un conjunto de criterios éticos con referencias comunes de valor, ofreciendo una contribución al desarrollo de un lenguaje común para interpretar lo que es humano”.

“Microsoft se enorgullece de firmar el Llamamiento de Roma para la Ética de la IA, que representa un importante paso adelante en la promoción de un debate reflexivo, respetuoso e inclusivo sobre la relación entre la Inteligencia Artificial y la Ética. El compromiso y el valor que Su Santidad aporta a este diálogo es una inspiración para mí. Agradezco al Pontífice, a la Academia Pontificia para la Vida y a otros representantes de la Santa Sede por el importante anuncio de hoy”, comentó Brad Smith, Presidente de Microsoft.

El vicepresidente de IBM, John Kelly III, comentó: “La inteligencia artificial es una tecnología increíblemente prometedora que puede ayudarnos a hacer que el mundo sea más inteligente, más sano y más próspero. Siempre que, desde el principio, se desarrolle de acuerdo con los intereses y valores humanos”.

El “Llamamiento a la Ética de la IA” en Roma, ha añadido, “nos recuerda que tenemos que pensar cuidadosamente en las necesidades de los que se beneficiarán de la IA e invertir significativamente en las habilidades necesarias. La empresa tendrá más confianza en la IA cuando todo el mundo pueda ver que su desarrollo se basa en principios éticos y que las empresas que se ocupan de ella abordan directamente todas las cuestiones relacionadas con la confianza y la responsabilidad”.

 

 

SALVAR LO PERDIDO

— Jesús viene como Médico para sanar a toda la humanidad, pues todos estamos enfermos. Humildad para ser curados.

— Cristo remedia nuestros males. Eficacia del sacramento de la Penitencia.

— Esperanza en el Señor cuando sentimos las propias flaquezas. No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Esperanza en el apostolado.

I. El Evangelio de la Misa1 nos narra la vocación de Mateo: su llamada por el Señor y la pronta respuesta del recaudador de tributos. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

El nuevo apóstol quiso mostrar su agradecimiento a Jesús con un convite que San Lucas califica de grandeEstaban sentados a la mesa gran número de recaudadores y otros. Allí estaban todos sus amigos.

Los fariseos se escandalizaron. Les preguntaban a los discípulos: ¿cómo es que coméis y bebéis con publicanos y con pecadores? Los publicanos eran considerados como pecadores, por los beneficios desorbitados que podían obtener en su profesión y por las relaciones que mantenían con los gentiles.

Jesús replicó a los fariseos con estas consoladoras palabras: No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan2.

Jesús viene a ofrecer su reino a todos los hombres, su misión es universal. «El diálogo de salvación no quedó condicionado por los méritos de aquellos a quienes se dirigía, se abrió para todos los hombres sin discriminación alguna...»3.

Jesús viene para todos, pues todos andamos enfermos y somos pecadores, nadie es bueno, sino uno, Dios4. Todos debemos acudir a la misericordia y al perdón de Dios para tener vida5 y alcanzar la salvación. La humanidad no está dividida en dos bloques: quienes ya están justificados por sus fuerzas, y los pecadores. Todos necesitamos, cada día, del Señor. Quienes piensan que no tienen necesidad de Dios no alcanzan la salud, siguen en su muerte o en su enfermedad.

Las palabras del Señor que se nos presenta como Médico nos mueven a pedir perdón con humildad y confianza por nuestros pecados y también por los de aquellas personas que parecen querer seguir viviendo alejados de Dios. Le decimos hoy, con Santa Teresa: «¡Oh qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! Vos decís, Señor mío, que venís a buscar a los pecadores. Éstos, Señor son los verdaderos pecadores. No miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros, resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra»6. Si acudimos así a Jesús, con humildad, siempre tendrá misericordia de nosotros y de aquellos a quienes procuramos acercar a Él.

II. En el Antiguo Testamento se describe al Mesías como al pastor que había de venir para cuidar con solicitud sus ovejas, acudiendo a sanar a las heridas y enfermas7. Ha venido a buscar lo que estaba perdido, a llamar a los pecadores, a dar su vida como rescate por muchos8. Fue Él, según se había profetizado, quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, y en sus llagas hemos sido curados9.

Cristo es el remedio de nuestros males: todos andamos un poco enfermos y por eso tenemos necesidad de Cristo. «Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma»10. Debemos ir a Él como el enfermo va al médico, diciendo la verdad de lo que pasa, con deseos de curarse. «Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres –y Tú quieres siempre–, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza, siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus. Señor. Tú, que has curado a tantas almas, haz que, al tenerte en mi pecho o al contemplarte en el Sagrario, te reconozca como Médico divino»11.

Unas veces, el Señor actuará directamente en nuestra alma: Quiero, sé limpio12, sigue adelante, sé más humilde, no te preocupes. En otras ocasiones, y siempre que haya un pecado grave, el Señor dice: Id y mostraos a los sacerdotes13, al sacramento de la Penitencia, donde el alma encuentra siempre la medicina oportuna.

«Reflexionando sobre la función de este sacramento –dice el Papa Juan Pablo II–, la conciencia de la Iglesia descubre en él, además del carácter de juicio..., un carácter terapéutico o medicinal. Y esto se relaciona con el hecho de que es frecuente en el Evangelio la presentación de Cristo como Médico, mientras su obra redentora es llamada a menudo, desde la antigüedad cristiana, medicina salutis. “Yo quiero curar, no acusar” –decía San Agustín refiriéndose a la práctica pastoral penitencial–, y, gracias a la medicina de la Confesión, la experiencia del pecado no degenera en desesperación»14. Termina en una gran paz, en una inmensa alegría.

Contamos siempre con el aliento y la ayuda del Señor para volver y recomenzar. Él es quien dirige la lucha, y «un jefe en el campo de batalla estima más al soldado que, después de haber huido, vuelve y ataca con ardor al enemigo, que al que nunca volvió la espalda, pero tampoco llevó nunca a cabo una acción valerosa»15. No solo se santifica el que nunca cae sino el que siempre se levanta. Lo malo no es tener defectos –porque defectos tenemos todos–, sino pactar con ellos, no luchar. Y Cristo nos cura como Médico y luego nos ayuda a luchar.

III. Si alguna vez nos sintiéramos especialmente desanimados por alguna enfermedad espiritual que nos pareciera incurable, no olvidemos estas consoladoras palabras de Jesús: Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Todo tiene remedio. Él está siempre muy cerca de nosotros, pero especialmente en esos momentos, por muy grande que haya sido la falta, aunque sean muchas las miserias. Basta ser sincero de verdad.

No lo olvidemos tampoco si alguna vez en nuestro apostolado personal nos pareciera que alguien tiene una enfermedad del alma sin aparente solución. Sí la hay, siempre. Quizá el Señor espera de nosotros más oración y mortificación, más comprensión y cariño.

«Se curarán todas tus enfermedades –dice San Agustín–. “Pero es que son muchas”, dirás. Más poderoso es el Médico. Para el Todopoderoso no hay enfermedad insanable; tú déjate sólo curar, ponte en sus manos»16.

Debemos llegarnos a Él como aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Como acudían los ciegos, los cojos, los paralíticos..., que deseaban ardientemente su curación. Solo aquel que se sabe y se siente manchado experimenta la necesidad profunda de quedar limpio; solamente quien es consciente de sus heridas y de sus llagas experimenta la urgencia de ser curado. Hemos de sentir la inquietud por curar aquellos puntos que nuestro examen de conciencia general o particular nos enseña que deben ser sanados.

Mateo dejó aquel día su antigua vida para recomenzar otra nueva junto a Cristo. Hoy podemos hacer nuestra esta oración de San Ambrosio: «También yo como él quiero dejar mi antigua vida y no seguir a otro más que a ti, Señor, que curas mis heridas. ¿Quién podrá separarme del amor a Dios que se manifiesta en ti?... Estoy atado a la fe, clavado en ella; estoy atado por los santos vínculos del amor. Todos tus mandamientos serán como un cauterio que tendré siempre adherido a mi cuerpo...; la medicina escuece, pero aleja la infección de la llaga. Corta, pues, Señor Jesús, la podredumbre de mis pecados. Mientras me tienes unido con los vínculos del amor, corta cuanto esté infecto. Ven pronto a sajar las pasiones escondidas, secretas y múltiples; saja la herida, no sea que la enfermedad se propague a todo el cuerpo.

»He hallado un médico que habita en el Cielo, pero que distribuye sus medicinas en la tierra. Solo Él puede curar mis heridas, porque no las padece; solo Él puede quitar del corazón la pena y del alma el temor, porque conoce las cosas más íntimas»17.

Muchos de los amigos de Mateo que estuvieron con Jesús en aquel banquete se sentirían acogidos y comprendidos por el trato amable del Señor. Tendría con ellos, sin duda, singulares muestras de amistad. Más tarde, se convertirían a Él de todo corazón y aceptarían plenamente su doctrina, que les obligaba a cambiar de vida en muchos puntos. Formarían parte de la primitiva comunidad de cristianos en Palestina. Los amigos de Mateo encontraron al Maestro en un banquete. Jesús aprovechó siempre cualquier circunstancia para llevar a las gentes a la salvación. También en esto debemos imitarle en nuestro apostolado personal.

1 Lc 5, 27-32. — 2 Lc 5, 31-32. — 3 Pablo VI, Enc. Ecclesiam suam, 6-VIII-1964. — 4 Mc 10, 18. — 5 Cfr. Jn 10, 28. — 6 Santa Teresa, Exclamaciones, 8. — 7 Cfr. Is 61, 1 ss; Ez 34, 16 ss. — 8 Cfr. Lc 19, 10. — 9 Is 83, 4 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 93. — 11 Ibídem. — 12 Mt 8, 3. — 13 Lc 17, 14. — 14 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 31, II. — 15 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 4, 4. — 16 San Agustín, Comentario al Salmo 102. — 17 San Ambrosio, Comentario al Evangelio según San Lucas, 5, 27.

 

 

“No hay oficios de poca categoría”

 

En el servicio de Dios, no hay oficios de poca categoría: todos son de mucha importancia. –La categoría del oficio depende del nivel espiritual del que lo realiza. (Forja, 618)

 

¿Comprendéis por qué un alma deja de saborear la paz y la serenidad cuando se aleja de su fin, cuando se olvida de que Dios la ha creado para la santidad? Esforzaos para no perder nunca este punto de mira sobrenatural, tampoco a la hora de la distracción o del descanso, tan necesarios en la vida de cada uno como el trabajo.

Ya podéis llegar a la cumbre de vuestra tarea profesional, ya podéis alcanzar los triunfos más resonantes, como fruto de esa libérrima iniciativa que ejercéis en las actividades temporales; pero si me abandonáis ese sentido sobrenatural que ha de presidir todo nuestro quehacer humano, habréis errado lamentablemente el camino.

(...) Os decía antes que ya podéis lograr los éxitos más espectaculares en el terreno social, en la actuación pública, en el quehacer profesional, pero si os descuidáis interiormente y os apartáis del Señor, al final habréis fracasado rotundamente. Ante Dios, y es lo que en definitiva cuenta, consigue la victoria el que lucha por portarse como cristiano auténtico: no cabe una solución intermedia. Por eso conocéis a tantos que, juzgando a lo humano su situación, deberían sentirse muy felices y, sin embargo, arrastran una existencia inquieta, agria; parece que venden alegría a granel, pero arañas un poco en sus almas y queda al descubierto un sabor acerbo, más amargo que la hiel. No nos sucederá a ninguno de nosotros, si de veras tratamos de cumplir constantemente la Voluntad de Dios, darle gloria, alabarle y extender su reinado a todas las criaturas. (Amigos de Dios, nn. 10-12)

 

 

«Ayunar es renunciar a cosas vanas para ir a lo esencial»

En la primera audiencia general de esta Cuaresma, el Papa Francisco propuso contemplar “los cuarenta días en que Jesús se retiró al desierto para orar y ayunar, y allí fue tentado por el diablo”. Meditó sobre el silencio, la distancia de las cosas superfluas y la soledad.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA26/02/2020

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Comenzamos hoy la Cuaresma, un camino de cuarenta días hacia la Pascua, hacia el corazón del año litúrgico. En este camino, tenemos presente los cuarenta días en que Jesús se retiró al desierto para orar y ayunar, y allí fue tentado por el diablo. Hoy, Miércoles de Ceniza, reflexionamos sobre el significado espiritual del desierto.

EN EL DESIERTO, TAMBIÉN NOS ALEJAMOS DE TANTAS REALIDADES SUPERFLUAS QUE NOS RODEAN

Imaginemos que estamos en el desierto: nos alejamos de los ruidos, de todo lo que nos rodea habitualmente y un gran silencio nos envuelve. En el desierto hay ausencia de palabras, y así podemos hacer espacio para que el Señor nos hable al corazón: es el lugar de la Palabra de Dios.

En el desierto, también nos alejamos de tantas realidades superfluas que nos rodean, aprendemos a “ayunar”, que es renunciar a cosas vanas para ir a lo esencial. Por último, el desierto es un lugar de soledad. Allí podemos encontrar y ayudar a tantos hermanos descartados y solos, que viven en el silencio y en la marginalidad.

EL CAMINO A TRAVÉS DEL DESIERTO CUARESMAL ES UN TIEMPO PROPICIO EN NUESTRA VIDA PARA APAGAR LA TELEVISIÓN Y ABRIR LA BIBLIA

El camino a través del desierto cuaresmal es un tiempo propicio en nuestra vida para apagar la televisión y abrir la Biblia; para desconectarnos del celular y conectarnos al Evangelio; para renunciar a tantas palabras y críticas inútiles para estar más tiempo con el Señor y dejar que transforme nuestro corazón.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de Latinoamérica. Pidamos al Señor que nos ayude a entrar en el desierto cuaresmal, que lo sepamos recorrer a través de la oración, el ayuno y las obras de misericordia, para que podamos gustar la Pascua, la fuerza del amor de Dios que hace florecer los desiertos de nuestra vida. Que el Señor los bendiga.

 

 

Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro

Primer artículo de una serie sobre el discernimiento vocacional, titulada “Algo grande y que sea amor”, porque cada hombre y cada mujer están llamados a descubrir el proyecto de Dios en la propia vida.

VOCACIÓN27/09/2018

Escucha la introducción de la serie “Algo grande y que sea amor”

 

Escucha el artículo Algo grande y que sea amor (I): Jesús sale a nuestro encuentro

 


 

«Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: — Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: — ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: — Rabbí — que significa: “Maestro” —, ¿dónde vives? Les respondió: — Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima» (Jn 1,35-39). Los protagonistas de esta escena del Evangelio debieron transmitir su recuerdo con gran emoción. Se trataba del momento más importante de sus vidas: el día en que se encontraron, por primera vez, con Jesús de Nazaret.

ENCONTRARSE CON CRISTO ES LA EXPERIENCIA DECISIVA PARA PARA CUALQUIER CRISTIANO

En realidad, encontrarse con Cristo es la experiencia decisiva para cualquier cristiano. Benedicto XVI lo señaló con fuerza al inicio de su pontificado: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[1]. Es muy revelador el hecho de que el Papa Francisco haya querido recordárnoslo también desde el comienzo: «Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso»[2]. En estas páginas queremos seguir esa invitación, siguiendo las huellas del apóstol más joven: san Juan.

¿Quién es Jesucristo para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

El cuarto Evangelio resume con una hermosa frase la identidad del joven Juan: él era «el discípulo al que Jesús amaba». Con eso, en realidad, estaba todo dicho: Juan era alguien a quien Jesús amaba. A la vuelta de los años, esa convicción no se apagaría, sino que se haría aún más fuerte: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó» (1 Jn 4,10). Sin duda, esa seguridad en el Amor que el Señor le tenía es lo que le hizo capaz de conservar, hasta el final de sus días, una alegría profunda y contagiosa. La misma que se respira en su Evangelio. Todo empezó aquel día, a orillas del Jordán.

Y nosotros, ¿hemos experimentado un encuentro tan familiar como el
del joven apóstol? Incluso si somos cristianos desde hace ya muchos años y llevamos toda la vida rezando, es bueno que nos detengamos un momento a pensar: «Para mí, ¿quién es Jesucristo? ¿Qué supone Jesucristo en mi vida real, hoy y ahora?». Con esta consideración podemos calibrar cómo es nuestra fe. «Pero antes de esta pregunta, hay otra en cierto sentido más importante, inseparable y previa (…): ¿Quién soy yo para Jesucristo?»[3].

Ante estas preguntas, no es extraño que nos quedemos un poco perplejos: ¿Quién soy yo para Jesucristo? ¿Quién soy? ¿Una criaturilla? ¿Un producto de la evolución? ¿Un humano más… que tiene que cumplir sus mandamientos? ¿Cómo me ve Jesús? Resulta iluminante, en estas situaciones, mirar a los santos. En una ocasión en que preguntaron algo parecido a San Juan Pablo II, contestó: «Mira, tú eres un pensamiento de Dios, tú eres un latido del corazón de Dios. Afirmar esto es como decir que tú tienes un valor, en cierto sentido, infinito, que cuentas para Dios en tu irrepetible individualidad»[4]. Lo que él mismo había descubierto —lo que han descubierto todos los santos— es lo mucho que le importamos a Dios. No somos una criaturilla, un siervo que está sin más en el mundo para hacer lo que Él quiera. Somos amigos de verdad. Todo lo nuestro le importa, y por eso se preocupa de nosotros y nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, aunque muchas veces no lo notemos.

Todo esto no es una exageración. Jesús mismo dijo a sus apóstoles: «Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos… A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he hecho conocer» (Jn 15,13-15). Son palabras actuales: Jesucristo «vive y os lo dice a vosotros ahora. Escuchad esta voz con gran disponibilidad; tiene algo que deciros a cada uno»[5]. ¿Quién soy entonces yo para Jesucristo? Soy su amigo, al que quiere con el amor más grande; soy un latido de su corazón. Así soy yo para Él, este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes»[6]

¡Que busques a Cristo!

El 29 de mayo de 1933, un joven estudiante de Arquitectura acudió por primera vez a conversar con san Josemaría. Se llamaba Ricardo Fernández Vallespín. Muchos años después, recordaba: «El Padre me habló de las cosas del alma…; me aconsejó, me animó a ser mejor… Recuerdo perfectamente, con una memoria visual, que antes de despedirme, el Padre se levantó, fue a una librería, cogió un libro que estaba usado por él y en la primera página puso, a modo de dedicatoria, estas tres frases: «¡Que busques a Cristo! ¡Que encuentres a Cristo! ¡Que ames a Cristo!»[7]. En aquella conversación, también san Josemaría quiso empezar por lo más importante: el encuentro personal con el Señor.

«¡QUE BUSQUES A CRISTO! ¡QUE ENCUENTRES A CRISTO! ¡QUE AMES A CRISTO!»

El apóstol Juan se puso a buscar a Cristo, aun sin saber exactamente a quién buscaba. Sí sabía que buscaba algo que llenara su corazón. Tenía sed de una vida plena. No le parecía suficiente vivir para trabajar, para ganar dinero, para hacer lo mismo que todos… sin ver más allá del horizonte de su pequeña comarca. Tenía un corazón inquieto, y quería saciar esa inquietud. Por eso fue tras el Bautista. Y fue precisamente estando con él que Jesús pasó por su lado. El Bautista le indicó: «Este es el Cordero de Dios»; y él y su amigo Andrés, «al oírle hablar así, siguieron a Jesús» (Jn 1,36-37).

¿Qué podemos hacer nosotros para seguir los pasos del joven apóstol? Primero, escuchar nuestro corazón inquieto. Hacerle caso cuando se muestre insatisfecho, cuando no le baste una vida mundana, cuando desee algo más que las cosas y las satisfacciones de la tierra. Y acercarnos a Jesús. De hecho, tal vez lo hemos tenido, en cierto sentido, más fácil que Juan. Muchas personas nos han indicado ya dónde está Jesús: «aprendimos a invocar a Dios desde la infancia, de los labios de unos padres cristianos; más adelante, maestros, compañeros, conocidos, nos han ayudado de mil maneras a no perder de vista a Jesucristo»[8]. Por eso, lo que podemos hacer ahora es buscarle: «Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas. Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener vuestra conversación en los cielos»[9].

¡Que encuentres a Cristo!

Cuando Juan y Andrés comenzaron a seguir a Jesús aquella primera vez, la situación debió ser un poco embarazosa para ellos. Se habían puesto en camino detrás de aquel hombre, pero ¿cómo le iban a abordar? No es muy convencional parar a alguien y preguntarle: «¿Eres tú el Cordero de Dios?» Sin embargo, eso les había dicho el Bautista y, en realidad, era lo único que sabían de Él… Quizá estaban deliberando entre ellos qué podían hacer cuando Jesús mismo, «viendo que le seguían, les preguntó: — ¿Qué buscáis?» (Jn 1,38).

Al Señor le conmueven los corazones jóvenes, inquietos. Por eso, cuando le buscamos sinceramente, Él mismo se hace el encontradizo de la manera más inesperada. San Josemaría recordó toda la vida su primer encuentro personal e inesperado con Jesús. Él era entonces un adolescente, con un corazón que bullía de proyectos e ideales. Tras una fuerte nevada, que había cubierto las calles de su ciudad con un denso manto blanco, salió de casa. Descubrió al poco, sorprendido, el rastro de unos pies descalzos sobre la nieve. Las huellas le llevaron hasta un fraile que iba camino de su convento. Aquello le impresionó profundamente. «Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójimo,
—se dijo— ¿no voy a ser yo capaz de ofrecerle algo?»[10]>

Ese día, igual que Juan y Andrés, el joven Josemaría fue tras los pasos del Señor, que se hacía presente, esta vez, en unas huellas en la nieve. Muchas otras personas quizá también vieron aquellas huellas, pero para aquel joven fueron un signo inequívoco de que Jesús quería entrar en su vida. Después, su reacción fue muy similar a la de aquellos primeros amigos de Jesús. «Ellos le dijeron: — Rabbí — que significa: “Maestro” — , ¿dónde vives? Les respondió: — Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima» (Jn 1,38-39).

Descubrir que alguien nos ama despierta en nosotros un deseo enorme de conocerle. Darnos cuenta de que hay alguien a quien le importamos, que hay alguien que nos está esperando, y que tiene la respuesta a nuestros anhelos más profundos, nos lleva a buscarle. A través de aquellas huellas, Dios quiso que san Josemaría cayera en la cuenta de que «llevaba ya, metida muy dentro, “una inquietud divina”, que renovó su interior con una vida de piedad más intensa»[11].

Buscar a Jesús y encontrarle es solo el inicio. Podremos a partir de entonces empezar a tratarle como a un amigo. Procuraremos conocerle mejor, leyendo el Evangelio, acercándonos a la Santa Misa, disfrutando de su intimidad en la Comunión, cuidándole en quienes más lo necesitan. Y procuraremos darnos a conocer, compartiendo con nuestro Amigo nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestros proyectos y nuestros fracasos. Porque eso es, después de todo, la oración: «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama»[12]. Como Juan y Andrés, que pasaron todo aquel día con Jesús.

¡Que ames a Cristo!

El día en que el joven Juan encontró a Jesús fue el día en que su vida cambió. Por supuesto, tenía aún mucho camino por delante. Desde la pesca milagrosa hasta los viajes con Jesús por Palestina; desde sus milagros hasta su palabra que llenaba de alegría el corazón, o hasta sus gestos de cariño con los enfermos, con los pobres, con los despreciados… Pero, sobre todo, aquellos momentos de conversación a solas con el Maestro. El diálogo que comenzó una tarde, junto al río Jordán, iba a durar toda una vida.

LA RELACIÓN CON NUESTROS AMIGOS NOS VA TRANSFORMANDO, HASTA QUE LLEGAMOS A QUERER LO MISMO

Todos tenemos experiencia de la medida en que una amistad nos cambia. Por eso es lógico que los padres estén pendientes de las amistades de sus hijos. Sin darnos cuenta, la relación con nuestros amigos nos va transformando, hasta que llegamos a querer lo mismo y rechazar lo mismo. Tanto nos une la amistad, que se puede decir que los amigos comparten «una misma alma que sustenta dos cuerpos»[13].

En este sentido, es muy llamativa la transformación del joven apóstol. A él y a su hermano Santiago los llamaban «los hijos del Trueno» (Mc 3,17), y algunos detalles de los Evangelios nos hacen comprender que no se trataba de un epíteto excesivo. Por ejemplo, aquella ocasión en que unos samaritanos se negaron a dar alojamiento a Jesús y a sus discípulos, y los hermanos se dirigieron al Maestro preguntando: «¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» (Lc 9,54). Sin embargo, poco a poco, precisamente a medida en que iba creciendo su amistad con Él, aprendieron a amar como Jesús, a comprender como Jesús, a perdonar como Jesús.

Lo mismo nos puede suceder a cada uno de nosotros: encontrar a Jesús y tratarle nos llevará a querer amar como Él ama. No debe sorprendernos que ese deseo vaya tomando nuestro corazón: dejemos que se llene de agradecimiento, porque el Señor quiere contar con nosotros para hacer presente su Amor en el mundo. Así sucedió a san Josemaría. Aquellas huellas en la nieve le dieron una profunda seguridad de que tenía una misión en esta tierra: «comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor»[14]. Descubramos también nosotros, detrás de estas llamadas del corazón, un eco de la voz de Jesús que en muchas ocasiones leemos en el Evangelio: «¡Sígueme!»

Vivir con Cristo nuestra vida entera

Echando la mirada atrás, Juan no hubiera cambiado nada por tener la oportunidad de seguir a Jesús. Así es como Dios actúa en cada persona: «El amor noble de Jesús nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a desear siempre lo más perfecto. El amor quiere estar en lo más alto, y no ser detenido por ninguna cosa baja»[15]. Le sucedió a Juan, como le sucedió a Pedro, a Santiago, a Pablo… a Bartimeo, a María Magdalena y a tantos otros desde que Jesús vino al mundo. La presencia del Señor no es menos real hoy que entonces. Al contrario: Jesús está más presente, porque puede vivir en cada uno de nosotros. Más que invitarnos a compartir la misión que Él recibió de su Padre, pues, Jesús quiere amar desde nuestra vida, desde dentro de cada uno: «permaneced en mi amor», nos dice (Jn 15,9), para reconciliar este mundo con Él, cambiar odio por Amor, egoísmo por servicio, rencor por perdón.

El joven apóstol, que había descubierto el Amor del Señor, le acompañó junto a la Cruz. Más tarde, con el resto de los apóstoles, recibió una misión que daría forma a su vida entera: «— Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). También nosotros, si escuchamos nuestro corazón inquieto y buscamos a Jesús, si le encontramos y le seguimos, si somos amigos suyos, descubriremos que Él cuenta con nosotros. Nos propondrá que le ayudemos, cada uno a su modo, en la Iglesia. Como un amigo que, precisamente porque nos quiere, nos propone sumarnos a un proyecto entusiasmante. «Hoy Jesús, que es el camino, te llama a ti, a ti, a ti a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a abandonar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas?»[16].

Borja Armada


[1] Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est (25-XII-2005), n. 1.

[2] Francisco, Ex. ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 3.

[3] F. Ocáriz, notas de una reunión familiar, en Obras, IV-2017, p. 50 (AGP, Biblioteca, P03).

[4] San Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes de Kazajstán, 23-IX-2001.

[5] Benedicto XVI, Audiencia, 2-VIII-2006.

[6] Francisco, Ex. ap. Christus Vivit (25-III-2019), n. 129.

[7] San Josemaría, Camino, edición crítico-histórica, comentario al n. 382.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 1.

[9] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 300.

[10] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 96.

[11] Ibidem, p. 97.

[12] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, 8, 2.

[13] San Gregorio Nacianceno, Sermón 43.

[14] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 97.

[15] T. de Kempis, La imitación de Cristo, 3, 5.

[16] Francisco, Vigilia de oración con los Jóvenes, 30-VII-2016.

 

 

Cuaresma: El camino hacia la Pascua

La Iglesia nos invita durante la Cuaresma a que consideremos en nuestra oración la necesidad de convertirnos, de redirigir nuestros pasos hacia el Señor. Texto sobre la Cuaresma, perteneciente al ciclo sobre el Año litúrgico.

AÑO LITÚRGICO08/02/2016

«Te rogamos, Señor, que nuestra vida sea conforme con las ofrendas que te presentamos y que inauguran el camino hacia la Pascua»[1]: desde el primer domingo de Cuaresma la liturgia traza con decisión el carácter de los cuarenta días que empiezan el miércoles de ceniza. La Cuaresma es un compendio de nuestra vida, que es toda ella «un constante volver hacia la casa de nuestro Padre»[2]. Es un camino hacia la Pascua, hacia la muerte y resurrección del Señor, que es el centro de gravedad de la historia del mundo, de cada mujer, de cada hombre: un volver al Amor eterno.

En el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos despierta de nuevo a la necesidad de renovar nuestro corazón y nuestras obras, de modo que descubramos cada vez más esa centralidad del misterio pascual: se trata de que nos pongamos en las manos de Dios para «avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud»[3].

«¡Qué capacidad tan extraña tiene el hombre para olvidarse de las cosas más maravillosas, para acostumbrarse al misterio! Consideremos de nuevo, en esta Cuaresma, que el cristiano no puede ser superficial. Estando plenamente metido en su trabajo ordinario (…) ha de estar al mismo tiempo metido totalmente en Dios, porque es hijo de Dios»[4]. Por eso, es lógico que durante estos días consideremos en nuestra oración la necesidad de la conversión, de redirigir nuestros pasos hacia el Señor, y purificar nuestro corazón haciendo propios los sentimientos del salmista: «Cor mundum crea in me, Deus, et spiritum firmum innova in visceribus meis; Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme»[5]. Son palabras del salmo Miserere, que la Iglesia nos propone con frecuencia en este tiempo litúrgico, y que San Josemaría rezó tanto.

El camino de Israel por el desierto

La Cuaresma echa raíces profundas en varios episodios clave de la historia de la Salvación, que es también nuestra historia. Uno de ellos es la travesía del pueblo elegido por el desierto. Esos cuarenta años fueron para los israelitas un tiempo de prueba y de tentaciones. Yahveh les acompañaba de continuo y les iba haciendo entender que sólo debían apoyarse en Él: iba ablandando su duro corazón de piedra[6]. Fue además un tiempo de gracias constantes: aunque el pueblo sufría, era Dios quien les consolaba y les orientaba con la palabra de Moisés, les alimentaba con el maná y las codornices, les daba el agua en la Roca de Meribá[7].

LA CUARESMA ES UN CAMINO HACIA LA PASCUA, HACIA LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, QUE ES EL CENTRO DE GRAVEDAD DE LA HISTORIA DEL MUNDO.

¡Qué cercanas nos resultan las palabras, llenas de ternura, con las que Dios hace recapacitar a los israelitas sobre el sentido de su larga travesía! «Debes recordar todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto durante estos cuarenta años, para hacerte humilde, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón, si guardas o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre. Luego te alimentó con el maná, que desconocíais tú y tus padres, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor»[8]. El Señor nos dirige también hoy estas palabras; a nosotros que, en el desierto de nuestra vida, ciertamente experimentamos la fatiga y problemas de cada día, aunque no nos faltan los cuidados paternales de Dios, a veces a través de la ayuda desinteresada de nuestros familiares, de amigos o incluso de personas de buena voluntad que permanecen anónimas. Con su pedagogía inefable, el Señor nos va metiendo en su corazón, que es la verdadera tierra prometida: «Praebe, fili mi, cor tuum mihi… Dame, hijo, tu corazón, y que tus ojos guarden mis caminos»[9].

Muchos de los episodios del Éxodo eran sombra de realidades futuras. De hecho, no todos los que participaron en aquella primera peregrinación llegaron a entrar en la tierra prometida[10]. Por eso, la epístola a los Hebreos, citando el salmo 94, se duele de la rebeldía del pueblo y a la vez celebra la llegada de un nuevo éxodo: «Los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia», y Dios «vuelve a fijar un día, hoy, cuando afirma por David al cabo de tanto tiempo (…): Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones»[11]. Ese hoy es el inaugurado por Jesucristo. Con su Encarnación, su vida y su glorificación, el Señor nos conduce por el éxodo definitivo, en el que las promesas encuentran perfecto cumplimiento: nos hace sitio en el cielo; consigue «un tiempo de descanso para el pueblo de Dios. Porque quien entra en el descanso de Dios, descansa también él de sus trabajos»[12].

El camino de Cristo por el desierto

El Evangelio del primer domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús que, en solidaridad con nosotros, quiso ser tentado al final de los cuarenta días que pasó en el desierto. Ver su victoria sobre Satanás nos llena de esperanza, y nos hace saber que con Él podremos vencer también en las batallas de la vida interior. Nuestras tentaciones, entonces, ya no nos inquietan, sino que se convierten en ocasión para conocernos mejor y para fiarnos más de Dios. Descubrimos que el ideal de una vida acomodada es un espejismo de la auténtica felicidad y nos damos cuenta, con San Josemaría, de que «hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que El crezca y que yo disminuya (Jn 3, 30)»[13].

La experiencia de nuestra fragilidad personal no acaba en el temor, sino en la petición humilde que pone en acto nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor: «Aparta, Señor, de mí lo que me aparte de ti» podemos decir, con palabras que repitió con frecuencia san Josemaría[14]. Con Jesús, encontramos las fuerzas para rechazar decididamente la tentación, sin ceder al diálogo: «Mirad bien cómo responde Jesús. Él no dialoga con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús (...) elige refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Acordémonos de esto: en el momento de la tentación, de nuestras tentaciones, nada de diálogo con Satanás, sino siempre defendidos por la Palabra de Dios. Y esto nos salvará»[15].

 

CON SU PEDAGOGÍA INEFABLE, EL SEÑOR NOS VA METIENDO EN SU CORAZÓN, QUE ES LA VERDADERA TIERRA PROMETIDA: "DAME, HIJO TU CORAZÓN, Y QUE TUS OJOS GUARDEN MIS CAMINOS".

El relato de la Transfiguración del Señor, que se proclama el segundo domingo de Cuaresma, nos reafirma en esta convicción de la certeza de la victoria, a pesar de nuestras limitaciones. También nosotros participaremos de su gloria, si nos sabemos unir a su Cruz en nuestra vida cotidiana. Para eso, hemos de alimentar nuestra fe, como aquellos personajes del Evangelio que cada tres años nos presenta la liturgia en los últimos domingos de Cuaresma: la samaritana, que supera el pecado para reconocer en Jesús al Mesías que calma, con el agua viva del Espíritu Santo, su sed de amor[16]; el ciego de nacimiento, que ve a Cristo como luz del mundo, venciendo la ignorancia, mientras los videntes del mundo se quedan ciegos[17]; Lázaro, cuya resurrección nos recuerda que Jesús ha venido a traernos una vida nueva[18]. Contemplando estos relatos como un personaje más, con la ayuda de los santos, encontraremos recursos para nuestra oración personal, y se fortificará la presencia de Dios más intensa que procuraremos mantener en estos días.

Nuestro camino penitencial como hijos

La oración colecta del tercer domingo de Cuaresma presenta el sentido penitencial de este tiempo: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas». Con la humildad de quien se reconoce pecador, pedimos con toda la Iglesia la intervención que esperamos de la misericordia de Dios Padre: una mirada amorosa sobre nuestra vida, y su perdón reparador.

La liturgia nos impulsa a asumir nuestra parte en el proceso de conversión, al invitarnos a la práctica de las tradicionales obras penitenciales. Estas manifiestan un cambio de actitud en nuestra relación con Dios (oración), con los demás (limosna) y con nosotros mismos (ayuno)[19]. Es el «espíritu de penitencia», del que hablaba San Josemaría, y del que proponía tantos ejemplos prácticos: «penitencia es el cumplimiento exacto del horario (…). Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío. Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros (…), soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada (…); comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos»[20].

Sabemos a la vez que de nada cuentan las acciones meramente externas sin la gracia de Dios; no es posible identificarnos con Cristo sin su ayuda: «quia tibi sine te placere non possumus, ya que sin tu ayuda no podemos complacerte»[21]. Apoyado en Él, procuramos realizar estas obras «en lo oculto», donde sólo ve nuestro Padre Dios[22], rectificando con frecuencia la intención, y buscando de modo más claro la gloria de Dios y la salvación de todos. Escribe el apóstol Juan: «El que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve»[23]. Son palabras que invitan a un examen profundo, porque no es posible separar ambos aspectos de la caridad. Si nos sabemos contemplados por Él, el sentido de nuestra filiación divina irá empapando la vida interior y el apostolado, con una contrición más confiada y filial, y con una entrega sincera a quienes nos rodean: familiares, colegas de trabajo, amigos.

El camino penitencial a través de los sacramentos

En nuestra lucha diaria contra el desorden del pecado, los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía son también unos momentos privilegiados. Es lógico que nuestra penitencia interior se perfeccione gracias a la celebración del sacramento de la Confesión. Mucho depende de las disposiciones del penitente, aunque el protagonismo es de Dios, que nos mueve a la conversión. A través de este sacramento -verdadera obra maestra del Señor[24]- percibimos su buen hacer con nuestra libertad caída. San Josemaría presentaba así el papel que nos corresponde a nosotros: «Aconsejo a todos que tengan como devoción (…) hacer muchos actos de contrición. Y una manifestación externa, práctica, de esa devoción es tener un cariño particular al Santo Sacramento de la Penitencia»[25], en el que «nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos»[26].

La Cuaresma es un momento estupendo para fomentar este «cariño particular» por la Confesión, viviéndola nosotros en primer lugar, y dándola a conocer a muchas personas.

Después de la absolución que el sacerdote da en el nombre de Dios, el Ritual propone, entre otras posibles, una bella oración de despedida del penitente: «La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna. Vete en paz»[27]. Es una antigua plegaria en la que el sacerdote pide a Dios que extienda el fruto del sacramento a toda la vida del penitente, recordando de qué fuente mana su eficacia: los méritos de la Víctima inocente y de todos los Santos.

 

PENITENCIA ES TRATAR SIEMPRE CON LA MÁXIMA CARIDAD A LOS OTROS, SOPORTAR CON BUEN HUMOR LAS MIL PEQUEÑAS CONTRARIEDADES DE LA JORNADA, COMER CON AGRADECIMIENTO LO QUE NOS SIRVEN, SIN IMPORTUNAR CON CAPRICHOS (SAN JOSEMARÍA)

Como le sucedió al hijo menor de la parábola, tras el abrazo de nuestro Padre Dios somos admitidos al banquete[28]. ¡Qué alegría participar bien limpios en la Eucaristía! «Ama mucho al Señor. Custodia en tu alma, y foméntala, esta urgencia de quererle. Ama a Dios, precisamente ahora, cuando quizá bastantes de los que le tienen en sus manos no le quieren, le maltratan y le descuidan. ¡Trátame muy bien al Señor, en la Santa Misa y durante la jornada entera!»[29].

A través de la liturgia, la Iglesia nos invita a recorrer con garbo el camino de la Cuaresma. La celebración frecuente de los sacramentos, la meditación asidua de la Palabra de Dios y las obras penitenciales, sin que falte esa alegría -Laetare Ierusalem!- que subraya especialmente el cuarto domingo[30], son prácticas que afinan nuestra alma, y nos preparan para participar con intensidad en la Semana Santa, cuando reviviremos los momentos cumbre de la existencia de Jesús en la tierra. «Hemos de hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas»[31]. Contemplando al Señor que da la vida por nosotros, bien purificados de nuestros pecados, redescubriremos la alegría de la salvación que Dios nos trae: «Redde mihi laetitiam salutaris tui, devuélveme el gozo de tu salvación»[32].

Alfonso Berlanga


[1] Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, oración sobre las ofrendas.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.

[3] Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, colecta.

[4] Es Cristo que pasa, n. 65.

[5] Sal 50 (51), 12.

[6] Cfr. Dt 8, 2-5.

[7] Cfr. Ex 15, 22 - 17, 7.

[8] Dt 8, 2-3.

[9] Pr 23, 26.

[10] Cfr. Nm 14, 20 ss.

[11] Hb 4, 6-7. Cfr. Sal 94 (95), 7-8.

[12] Hb 4, 9-10.

[13] Es Cristo que pasa, n. 58.

[14] Notas de una reunión familiar, 18-X-1972 (citado en A. Sastre Tiempo de Caminar, Rialp, Madrid 1989, p. 353).

[15] Francisco, Angelus, 9-III-2014.

[16] Jn 4, 5-42 (Leccionario, tercer domingo de Cuaresma, ciclo A).

[17] Jn 9, 1-41 (Ibídem, cuarto domingo de Cuaresma, ciclo A).

[18] Jn 11, 1-45 (Ibídem, quinto domingo de Cuaresma, ciclo A).

[19] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1434.

[20] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 138.

[21] Misal Romano, Sábado de la IV Semana de Cuaresma, Colecta.

[22] Cfr. Mt 6, 6.

[23] 1 Jn 4, 20.

[24] Cfr. Catecismo de la Iglesia, n. 1116.

[25] Apuntes de la predicación, 26-IV-1970 (citado en J. López y E. Burkhart, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 377).

[26] San Josemaría, Camino, n. 310.

[27] Ritual de la Penitencia, n. 104.

[28] Cfr. Lc 15, 22-24.

[29] San Josemaría, Forja, n. 438.

[30] Misal Romano, IV Domingo de Cuaresma, antífona de entrada (cfr. Is 66, 10).

[31] San Josemaría, Via Crucis, XIV estación.

[32] Sal 50 (51), 14.

 

 

Ángeles custodios en la vida diaria

El conocido «angelito de la guarda» puede ser más útil de lo que te imaginas…

Nunca será sencillo comprender en su totalidad, cómo es que un ser de naturaleza espiritual pueda interactuar con nosotros en el mundo material, pero ciertamente nos acompañan, ayudan, aconsejan, inspiran, día a día, a cada momento, cuando dormimos, sin pedirlo, sin darnos cuenta y aún olvidando su presencia… nunca un buen amigo ha estado junto a nosotros con tal disposición.

Como ya sabemos, en la Sagrada Escritura se hace referencia a la intervención de los Ángeles Custodios, pero ¿qué hay de nosotros, los hombres y mujeres del tercer milenio, los que vivimos en un mundo donde lo que cuenta es lo que se ve y se toca?, ¿Es posible pensar en llevar una relación estrecha con ese Mensajero de Dios en el hogar, la oficina, el taller, la escuela, el consultorio del médico y en todo lugar y circunstancia? La respuesta es si.

Primero debemos ser conscientes -con ayuda de la Fe y la Gracia- de su presencia, comenzar a platicar con él mentalmente o en voz alta, como lo haríamos con una persona que está a nuestro lado y nos ha inspirado confianza.

Algunas personas, con el ánimo de lograr un mejor acercamiento con su Ángel le han puesto nombre, su propio nombre, tomado algún nombre de la Escritura, el que más les gusta, el de uno de sus hijos… como no tienen género no importa si es propio de mujer o de hombre, también puede ser un mote cariñoso.

Con el trato diario a nuestro Ángel, pronto comenzaremos a descubrir cosas que aparentemente son producto de la casualidad o de la suerte: el encontrar estacionamiento donde normalmente no hay lugar, la reacción comprensiva de nuestro jefe ante una situación inesperada, encontrar el consejo adecuado para dar a nuestros hijos o a aquella persona que lo necesita, y así, tantas y tantas situaciones que parecen surgir de la nada. Y todo esto no es otra cosa sino su intervención delicada y dedicada en multitud de asuntos cotidianos.

Nuestro ángel custodio se convierte en una ayuda valiosísima, pues además de las oraciones que habitualmente le dirigimos, podemos entablar un diálogo frecuente, que se traduce en peticiones concretas y sencillas, a título de ejemplo: nos inspire para acudir con mejores disposiciones a la Eucaristía, la Confesión y nuestra oración personal; ayuda para recordar dónde dejamos aquel objeto aparentemente perdido; encontrar las palabras adecuadas para decir aquello que es delicado; antes de salir de casa pedirle que aparte un lugar para estacionarse; localizar con prontitud una dirección hacia la cual nos dirigimos; también es conveniente pedirle que «hable» con el Ángel de aquella persona con la que particularmente se es difícil tratar, para lograr un verdadero diálogo; ayuda para iniciar o terminar con prontitud esmero y cuidado aquella tarea que es particularmente tediosa; saber cómo corregir con cariño a los hijos; el encontrar la manera más adecuada de procurar el cuidado atención y tratamiento a un enfermo; saber qué decirle a aquella persona tan cercana a nosotros pero muy alejada de Dios; y así podríamos enumerar múltiples situaciones en las cuales su presencia se hace indispensable.

Debemos ser conscientes de que nuestro Ángel en ningún momento substituirá nuestro esfuerzo personal, nunca hará que se obtenga una buena calificación sin estudiar; conseguir un mejor empleo sin tener la preparación adecuada y necesaria; mostrar como bueno algo que hicimos mal; coaccionar a las personas para que reaccionen a nuestra conveniencia; conseguir un aumento de sueldo haciendo un trabajo de mala calidad; mantener la amistad con Dios sin confesarnos; pedir que una comida sea excelente sin haber puesto el cuidado necesario en todo el proceso de preparación; que los hijos sean buenos sin dedicarles tiempo para conversar con ellos y orientarlos.

De esta forma vemos que las cosas no son, ni serán, producto del azar, ya que nuestro Ángel Custodio es otro de los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance como ayuda esencialmente espiritual , ya que detrás de todo aquello que podamos ver, está la Gracia y bondad Divina.

 

 

Quinto Dolor y Gozo de San José – Siete Domingos

Quinto dolor y gozo de San José 

Quinto dolor y gozo de San José

Bienaventurado Patriarca san José, Custodio del Hijo de Dios hecho hombre. Cuánto tuviste que sufrir por defender y alimentar al Hijo del Altísimo, particularmente en la huida a Egipto, y viendo los ídolos de los egipcios; pero también fue grande tu alegría al tener a tu lado al Hijo de Dios y a su Santísima Madre.

Por este dolor y gozo alcánzanos la gracia de que, huyendo de las ocasiones de pecado, venzamos al enemigo infernal, y no vivamos ya más que para servir a Jesús y a María.

(Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

 

Quinto Dolor

El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (Mt 2,13).

Es todavía de noche cuando la Sagrada Familia tiene que huir de Belén hacia el lejano Egipto. Pero José está acostumbrado a obedecer a Dios y lo hace con prontitud. No inquiere sobre las razones que pueda tener Dios al ordenar ese viaje, porque Dios siempre sabe más.

Obedeciendo a Dios el hombre no se equivoca nunca. Sólo se equivoca cuando el príncipe de la mentira distorsiona la realidad y hace que se vean con aparente claridad cosas que no son verdad.

Benditaobediencia que descomplica el alma y hace que el hombre tenga una especial confianza con Dios. El sacrificio que comporta cumplir la divina voluntad traerá enseguida el gozo.

Quinto Gozo

Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: «De Egipto llamé a mi hijo» (Mt 2,15).

Sin él saberlo, se están cumpliendo las Escrituras sagradas. No conoce hasta cuándo tienen que estar en Egipto. De momento está viviendo donde Dios quiere, como Dios quiere, con quien Dios quiere, hasta que Dios quiera. Procurando trabajar y entablar amistades, santificando lo que tiene que hacer en esos momentos. Porque ahí le espera Dios.

Cuando se ama la voluntad de Dios se es muy feliz. La imaginación -movida por la vanidad- puede sugerir que en otro lugar o con otras personas seríamos más felices. No hay que esperar al día de mañana o a que cambien las circunstancias para servir a Dios. Ahora es cuando hemos de realizar sus designios.

Entonces se cumplirán sus palabras y escribiremos una historia humana que será a la vez historia santa, en medio de la vida corriente. Quien descubre esto, se llena de gozo y seguridad.

 

REFLEXIÓN

 

¿Comprendo que Dios me ha hecho el gran regalo de la libertad para poder amarle, y que le amo precisamente cuando le obedezco?

¿Me doy cuenta de la delicadeza de Dios con los hombres que no nos obliga, sino que nos propone sus planes?

¿Procuro llevar a la oración las cosas que Dios me sugiere, sabiendo que, a veces, la cuestión no está en entender sino en amar?

¿Sé que los santos han entendido más porque han procurado cumplir la voluntad de Dios, es decir, porque han amado más?

¿Me doy cuenta de que mi vida -mi trabajo, mi descanso, mis amores- es tan importante que Dios cuenta con ella?

¿Está sirviendo mi vida a los planes de Dios o prefiero realizar el plan que yo me he forjado para mí?

 

PROPÓSITO

Rezar estos días despacio el Padrenuestro con el deseo de cumplir su voluntad.

ORACIÓN

Oh bienaventurado José que acomodaste tu vida a los planes divinos, ayúdanos a obedecer a Dios en nuestra vida ordinaria y a descubrir la trascendencia divina que tiene todo lo que hacemos, para el bien nuestro y el de los demás. Así sea.

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con vos descanse en paz el alma mía.

 

 

Comentario al Evangelio: Tentaciones en el desierto

Evangelio del 1º domingo de Cuaresma (Ciclo A) y comentario al evangelio.

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Mt 4,1-11)

Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. Y acercándose el tentador le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.

Él respondió:

—Escrito está:

No sólo de pan vivirá el hombre,

sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.

Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:

Dará órdenes a sus ángeles sobre ti,

para que te lleven en sus manos,

no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.

Y le respondió Jesús:

—Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

—Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.

Entonces le respondió Jesús:

—Apártate, Satanás, pues escrito está:

Al Señor tu Dios adorarás

y solamente a Él darás culto.

Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían.


Comentario

El primer domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. El marco geográfico del desierto, lugar inhóspito y antagónico del Edén, es muy elocuente. De algún pasaje de la Sagrada Escritura puede suponerse la creencia judía en cierto espíritu maléfico del desierto llamado Azazel (cfr. Lv 16,10 y Tb 8,3). Jesús sería impulsado así al ámbito del tentador. Además, el desierto fue lugar de prueba para el pueblo elegido. El Señor acude para vencer allí donde Israel sucumbió.

Jesús ayuna “durante cuarenta días con cuarenta noches”. Es lo que conmemora la Cuaresma. Y esta acción penitencial del Señor está cargada de simbolismo: cuarenta días y cuarenta noches duró el castigo del diluvio (cfr. Gn 7,4); cuarenta días y cuarenta noches pasó Moisés en la nube del Sinaí, sin comer ni beber, suplicando a Dios por el pueblo (cfr. Dt 9,25), antes de entregarle la Ley (cfr. Ex 24,18); también pasó Elías cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber, caminando hasta el monte Horeb para encontrarse con el Señor (1R 19,8); y en especial, durante 40 años habitó Israel en el desierto, en medio de pruebas y tentaciones, como castigo a los 40 días que dedicó a explorar la tierra por su cuenta, sin contar con Dios (Nm 14,34).

Después de ayunar, Jesús se muestra hambriento, en aparente privación de ayuda divina y poder material. El tentador pretende entonces que Jesús caiga en alguna forma de intemperancia, avaricia o idolatría, en las que hace caer a los hombres, quienes utilizan o rechazan a Dios para exaltarse a sí mismos. El diablo cita retorcidamente las Escrituras con las que Jesús cumple siempre la voluntad de su Padre. Si eres el Hijo de Dios, le viene a decir, usa la fuerza divina para resolver la indigente condición humana que has asumido. Esta misma sugestión llegará a su culmen en la cruz.

Pero el Papa Francisco explicaba la solución que nos brinda el Maestro con su ejemplo: “Satanás quiere desviar a Jesús del camino de la obediencia y de la humillación –porque sabe que así, por este camino, el mal será derrotado– y llevarlo por el falso atajo del éxito y de la gloria. Pero las flechas venenosas del diablo son todas “paradas” por Jesús con el escudo de la Palabra de Dios (Mt. 3,4.7.10) que expresa la voluntad del Padre. Jesús no dice ninguna palabra propia: responde solamente con la Palabra de Dios. Y así el Hijo, lleno de la fuerza del Espíritu Santo, sale victorioso del desierto”[1].

Todos vivimos de una forma u otra cada día estas pruebas del desierto. Como explicaba Benedicto XVI, “el núcleo de toda tentación –como se aprecia aquí– es dejar al margen a Dios, el cual, comparado con todo lo que parece urgente en nuestra vida, es visto como secundario, cuando no superfluo y molesto”[2]. Las prisas, el afán de eficacia humana y las dificultades diarias pueden llevarnos a descuidar, a olvidar e incluso a rechazar el trato con Dios; o a esperar de Él una intervención llamativa que nos hiciera reaccionar. En cambio, cuando la voluntad de Dios es lo primero, Él nos exalta después.

En efecto, Mateo dice que, vencida toda tentación, “los ángeles vinieron y le servían”. Dios da con orden y proporción lo que el demonio usaba como transgresión. San Josemaría comentaba esta entrañable escena final así: “la Iglesia, al hacernos meditar estos pasajes de la vida de Cristo, nos recuerda que, en el tiempo de Cuaresma, en el que nos reconocemos pecadores, llenos de miserias, necesitados de purificación, también cabe la alegría. Porque la Cuaresma es simultáneamente tiempo de fortaleza y de gozo: podemos llenarnos de aliento ya que la gracia del Señor no nos faltará, porque Dios estará a nuestro lado y enviará a sus Ángeles, para que sean nuestros compañeros de viaje, nuestros prudentes consejeros a lo largo del camino, nuestros colaboradores en todas nuestras empresas”[3].


[1] Papa Francisco, Ángelus, 5 de marzo de 2017.

[2] Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Edición completa, Encuentro, Madrid 2019, p. 160.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 63.

 

 

Primer domingo de Cuaresma.

Mt 4,1-11.

 

Seguir a Jesús es asumir que seremos tentados. La tentación forma parte de la vida espiritual. En el Padrenuestro pedimos no caer en la tentación. No se pide no tener tentaciones, porque el consejo de la Palabra es claro, el que sigue el camino de Dios será tentado.

 

1.     La primera tentación es el consumismo. Elegir el tener más que el ser. El diablo siempre es grosero. Mira que decirle a Jesús que haga un milagro a su favor. Es verdad que no solo de pan vive el hombre, sino de la vida que brota de su Palabra. La tentación solo se puede vencer sabiendo que la fuerza se realiza en la debilidad.

 

2.     Otra tentación que asalta al ser humano es el poder. Aquí también el enemigo pierde los papeles. Le dice a Jesús que le adore a cambio de todo el mundo. Se lo dará con esta condición, que le adore. El Señor no entra en su juego. Le coloca en su sitio. Solo al Señor adoraras. Solo los que adoran a Dios son libres del poder para aplastar a los hermanos. Al adorar al Señor nos crecen las alas de la libertad y del amor; y el poder es servicio. Todo lo contrario a lo que lleva al diablo, que siempre utiliza el poder para el propio provecho y no para el servicio a los más vulnerables.

 

3.     La gran tentación del corazón humano es el éxito. A Jesús también el mentiroso y padre de la mentira, le quiere poner sobre las cuerdas y la salida que le ofrece es el camino del éxito. Jesús elige el camino de la entrega sin echarse atrás ante la cruz, que es siempre fecunda. Toda tentación es un recuerdo que no podemos quedarnos en verdades a media y que necesitamos el discernimiento para llegar a la vida en plenitud.

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo de Toledo

Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

 

 

Seguimos avanzando

La presencia de mujeres en los Consejos de empresas cotizadas sigue creciendo en España. Hay algunos datos muy positivos -que no aparecen en el informe, porque no se recogen datos absolutos, sino relativos-: solo hacen falta 13 sillones más ocupados por mujeres este año para que el IBEX llegue al 30% que nos pide la CNMV para el 2020. Quedan 10 meses para conseguirlo. El año pasado entraron 16 mujeres más en los Consejos del IBEX. Si continuamos con el mismo ritmo, lo conseguiremos. En el resto del continuo, faltan 77 mujeres (o menos, si están en más de un Consejo) para llegar al 30%. Este año hay 15 mujeres más que el año pasado. Si seguimos con la misma tendencia que este año pasado, en 5 años llegarán al 30%.

Con Asunción Soriano, CEO y presidenta de ATREVIA

Por otro lado, hay dos mujeres que presiden un Consejo (una más que el año pasado): Ana Patricia Botín (Santander) y la ex-ministra de vivienda Beatriz Corredor, que ocupará próximamente la presidencia de REE (y que fue una de las participantes del Programa Mujeres en Consejos de Administración del IESE hace unos años).  Además, aún hay cuatro mujeres consejeras coordinadoras independientes, puesto tradicionalmente ocupado por hombres, y que supone decidir el orden del día de lo que se discute en el Consejo, y desempeñar las funciones del presidente, en su ausencia.

Estos datos  provienen del Informe Mujeres en los Consejos de las Empresas Cotizadas, que este lunes hemos presentado en Madrid y que realizamos conjuntamente con ATREVIA. Contiene la III Radiografía del mercado continuo (Índice General de la Bolsa de Madrid), así como el VIII Informe de Mujeres en el Íbex. La revista RRHH Press ha realizado un buen resumen que podéis leer aquí.

Para terminar, hay razones para el optimismo razonable. La tendencia y el ritmo son buenos, porque van revolucionando sin revolucionar.  Recordemos que toda revolución conlleva una contrarrevolución… Se va normalizando la presencia de mujeres en los Consejos y se va haciendo cultura (cultivo). Se va valorando la diferencia y la sinergia resultante. En los estudios sigue habiendo una altísima correlación entre número de mujeres y resultados económico-financieros.

Podéis leer el Informe íntegro aquí.

 

"Volando juntos": cine, ecología y familia

​(JUAN JESÚS DE CÓZAR) El francés Christian Moullec lleva más de 20 años trabajando en la observación y seguimiento de aves migratorias. Para sus investigaciones suele utilizar un ultraligero, pequeño avión modelo ala delta motorizado que no parece molestar a las aves ni perturbar su itinerario. Uno de sus logros fue establecer una nueva ruta migratoria para los gansos enanos, especie en extinción. Para contar cómo lo hizo, el cineasta, aventurero y escritor Nicolas Vanier ha rodado “Volando juntos”, película encantadora estrenada a finales de enero, con claros fines ecologistas y un enfoque muy alentador de la familia.

El protagonista de la historia es Thomas (Louis Vazquez) un chico de 14 años hijo de padres separados, que pasará unas semanas con su padre en las marismas de la Camarga, al sur de Francia. Thomas, un pijo en toda regla que vive pegado al móvil, se frustra a las primeras de cambio cuando comprueba que allí no hay cobertura para usar Internet: solo agua, animales… y mosquitos. Su padre, un científico idealista y caótico, ha proyectado un atrevido plan para crear una nueva ruta migratoria que frene la desaparición de los gansos enanos. Un proyecto en el que Thomas se implicará cada vez más, y que le convertirá en el auténtico héroe de una aventura tan arriesgada como apasionante.

Con resonancias al clásico literario “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, de Selma Lagerlöf, Vanier y su equipo de guionistas (entre ellos, el propio Moullec) han urdido una trama de carácter épico, con el objetivo de despertar la conciencia ecologista del público joven, resaltar la capacidad del ser humano para sobreponerse a las dificultades… y entretener. Desde el punto de vista técnico la cinta es un alarde, y regala al espectador unos planos impresionantes del paisaje y de las aves en vuelo junto al ultraligero. Seguramente haya algo de ‘truco’, pero indudablemente ha habido un importante trabajo preparatorio para lograr la convivencia entre los gansos y Thomas, a través del fenómeno de la impregnación, método que muchos conocimos con el visionado del documental “Nómadas del viento” (2001).

Quizá se enfatizan en exceso algunas secuencias a través de la música y la acción se estira demasiado, pero se puede entender lo costoso que debe ser para cualquier director descartar escenas rodadas con tanto esfuerzo y cariño. Estamos por tanto ante un filme descaradamente familiar, con un desenlace optimista que resulta incluso más positivo de lo que podría esperar el espectador. Y es que, para compensar la amargura de ciertas producciones, no vienen mal a veces unas dosis bien despachadas de ‘azúcar cinematográfico’.

 

 

 

Escribir para curarse y para ayudar a curar

ENTREVISTA

Ana López Recalde, alumna de 3º de Enfermería, padeció durante 4 años anorexia nerviosa. “Princesas de cristal”, un libro escrito junto a su padre y su médica, narra su lucha: un relato terapéutico, que busca dar esperanza a quienes sufren esa misma enfermedad
Elena Ojer

Ana López Recalde estudia 3º de Enfermería. A los 14 años, comenzó a padecer anorexia nerviosa. “Coincidió con la locura de la adolescencia. Comienzas a planteártelo todo, no quieres que nadie te diga cómo tienes que hacer las cosas. Quieres ser tu propio guía y el único dueño de tu vida.”, recuerda.

Ana luchó contra la enfermedad durante 4 años, en los que llegó a hundirse en una profunda desesperación al no encontrar sentido a su sufrimiento. Pero no estuvo sola. El libro “Princesas de cristal” es la prueba. En él, Ana cuenta su experiencia, sus peleas, sus mentiras, sus ingresos, su recuperación… Y junto a ella escriben su padre, Ignacio López-Goñi, profesor en la Facultad de Ciencias; y su médica, Azucena Díez, especialista en Pediatría y Psiquiatría de la Clínica Universidad de Navarra.

“Princesas de cristal” es una narración escrita a tres manos. Pero es, sobre todo, un relato sanador. “Escribir este libro fue un punto clave a la hora de mi recuperación. Me sirvió como terapia, no solo a mí, sino también a mis padres y a la doctora”, explica. “Además, creímos que compartir nuestra historia y sufrimiento podría ser un apoyo para otras personas”, añade. “Sólo esperamos que encuentren algo de esperanza y que no se rindan”.

- ¿Qué ha significado para ti escribir este libro?

Me ha permitido abrirme de par en par al equipo médico y a mi familia. Me permitió conocerme más a fondo y conocer. Pude plasmar mis pensamientos, agobios, sensaciones, sentimientos, mentiras, purgas y sacar de todo ello, algo maravilloso.

A través de la escritura encontré una forma de terapia que permitió que tanto mi familia como el equipo médico entendiesen qué estaba pasando por mi cabeza.

También, conocí más de cerca el dolor de mis padres; me abrió los ojos y la mente. Pude apreciar su amor incondicional y todo el sufrimiento que cargaban desde hacía años.

Y, por supuesto, me permitió entender mucho más la enfermedad, el porqué del tratamiento y la realidad que yo no era capaz de ver por culpa de mi distorsión. Todo ello, gracias a Azucena, la doctora que cuidó de mi familia y de mí hasta el final. La doctora que sufrió con nosotros esos 4 años de desesperación y nos ayudó a salir de aquel pozo.

- ¿Qué te impulsó a escribirlo?

Durante mucho tiempo traté de buscarle sentido a la enfermedad.

A pesar de haberme criado en una familia cristiana, donde Dios siempre había estado y está muy presente; a pesar de que en casa y en el colegio me habían enseñado que Dios es amor y misericordia, que lo puede todo…; la enfermedad hizo que eso dejase de tener sentido en mi vida. ¿Por qué Dios permitía que sufriese una enfermedad mental? ¿Por qué me ocurría eso a mí, a mis padres, a mis amigas…? Sentía que todo el mundo estaba en mi contra y que todo lo que había aprendido desde niña era mentira.

Poco a poco entendí que compartir mi sufrimiento y el de mi familia podía ser una forma de cobijo y apoyo para otras personas en esta misma situación. A esta reflexión se sumó la necesidad que sentía de liberarme ya por fin de todas las mentiras, engaños,… que seguían torturándome a raíz de la enfermedad. A través de la escritura encontré una forma de terapia que permitió que tanto mi familia como el equipo médico entendiesen qué estaba pasando por mi cabeza.

Ana junto a su padre, Ignacio López-Goñi, y su médica, Azucena Díez, en la presentación del libro en el Cima Universidad de Navarra.

 

- ¿Qué fue lo que más te costó a la hora de hacerlo?

Sin duda, lo que más me costó fue confesar mis trampas, engaños o mentiras. Cuando decidimos comenzar a escribir yo seguía padeciendo la enfermedad y en muchas ocasiones yo misma me sentía una hipócrita. Trataba de alentar optimismo y esperanza a otras chicas mientras yo misma seguía vomitando o arrasando con cajas y cajas de laxantes. Durante meses dejé de escribir, no era capaz de confesarlo y temía la reacción de mis padres y de los médicos. Sin embargo, ponerlo por escrito, “soltar el sapo”, asumir que era una parte más de la enfermedad, abrirme y confiar plenamente en el equipo médico y mis padres me ayudó en la recuperación.

También fue duro recodar esa recuperación a la hora de contarla en el libro, especialmente los ingresos. El primero de todos fue devastador. Pero, sin duda, fue tremendamente fructífero. Allí dimos los primeros pasos hacia la sanación y fue dónde conocí a “mis enfermeras”.

 Portada del libro.

- ¿Cómo piensas que contar tu historia puede ayudar a otras personas?

Todos sufrimos en esta vida. Pero, muchas veces es complicado pedir ayuda por miedo, vergüenza, porque creemos que no nos van a entender… Evitar u ocultar el dolor no hace más que engrandecerlo. Por eso creo que un sufrimiento compartido es “menos sufrimiento”. ¿Por qué cargar tú sólo con la mochila de piedras?, ¿por qué no pedir ayuda?

Creímos que compartir nuestra historia y sufrimiento de forma abierta podría ser un apoyo para todos aquellos padres, hermanos, amigos, “princesas de cristal”…, que sufren en silencio. Esperamos que con este libro puedan encontrar algo de esperanza y que no se rinda.

- Desde tu experiencia, ¿qué pasos crees que hay que dar aún para sensibilizar a la sociedad, prevenir este tipo de enfermedades y tratarlas correctamente?

Desgraciadamente creo que queda mucho trabajo por delante. A nivel social existen muchos estereotipos y prejuicios sobre las enfermedades mentales.

Muchos de los modelos propuestos por la moda, las dietas exprés y algunos productos farmacéuticos contribuyen a que el número de personas que padecen este tipo de trastornos vaya en aumento.

Creo que si desde pequeños en casa y en los colegios si hiciese hincapié en fomentar una autoestima basada en los valores personales antes que en el grosor de tus labios o la longitud de tus pestañas; el mundo iría a mejor. Deberían enseñarnos desde niños a saber criticar este tipo de contenidos, a estar satisfechos con nuestras imperfecciones y a no atribuirlas a algo malo o a una carencia.

También pienso que se debería regular más exhaustivamente el contenido en las redes sociales y medios de comunicación y concienciar a los grandes poderes políticos de la responsabilidad que tienen.

- En este punto, ¿te parece que las enfermeras juegan (o pueden jugar) un papel especial?

Sin duda, nuestra labor es importantísima. Creo que toda enfermera y personal sanitario debería saber detectar con sutileza y eficacia este tipo de trastornos. Desde Pediatría, Atención Primaria… ¡cuánto bien se puede llegar a hacer!

Es importantísimo saber derivar a tiempo, si es necesario, a Psiquiatría. Dejar a un lado todo miedo o prejuicio y centrarnos en nuestra labor; cuidar y velar por nuestros pacientes.

Nunca antes me había planteado estudiar esta carrera. Fue a raíz de los ingresos cuando pude
ver en qué consiste la labor de una enfermera. Me resultó impresionante.

También es de vital importancia el trabajo en equipo con el resto de especialidades relacionadas, ya sea Nutrición, Endocrinología, Ginecología… La comunicación, la escucha activa y un buen plan de cuidados son la base para un tratamiento efectivo.

Nosotras, las enfermeras, somos el hilo conductor del tratamiento. Necesitamos de los médicos y ellos de nosotras. Nuestro trabajo es sinérgico. De ahí la importancia de saber hasta dónde puedo abarcar, cuáles son mis competencias como enfermera y, lo más importante de todo, el bienestar de nuestro paciente.

- ¿Influyó de algún modo tu enfermedad con tu decisión de estudiar Enfermería?

Por supuesto. Nunca antes me había planteado estudiar esta carrera. Fue a raíz de los ingresos cuando pude ver en qué consiste la labor de una enfermera. Me resultó impresionante.

Nunca había pensado cómo se podía llegar a encajar tanto en una profesión donde cada día estás en contacto con el sufrimiento, con el lado más humano de las personas. No tiene precio. Poder ser luz y apoyo para ellos en los momentos más vulnerables, sin duda, es la mayor recompensa.

Hay jornadas de prácticas duras: te sientes inútil, acabas agotada, tus pacientes no mejoran, o sí, o están solos; o preferirían estarlo… Es duro, pero tremendamente satisfactorio cuando sabes que por mínimo que sea, puedes aportarles algo.

 

 

"El que ocurra una enfermedad no depende únicamente del virus, sino también del hospedador y del medio ambiente"

El catedrático de Microbiología, Ignacio López-Goñi, impartió una conferencia dentro del ciclo ‘El Museo de Ciencias explica’

El profesor López-Goñi, durante la conferencia.
FOTO: Manuel Castells

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21/02/20 17:41 Álvaro Villagrán

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¿Qué es un virus? ¿De dónde proviene el coronavirus y cómo se propaga? ¿La epidemia está llegando a su fin? El microbiólogo y director del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra, Ignacio López-Goñi, respondió a estas  y otras preguntas durante la conferencia que impartió en el salón de actos del Hexágono, dentro del ciclo ‘El Museo explica’. 

Tomando como referencia las palabras del director de OMS, Tedros Adhanom, López-Goñi aseguró que la ciencia y la cooperación institucional son las herramientas para hacer frente a este tipo de epidemias. En concreto, el profesor manejó el concepto ‘One Health’, que hace referencia al cuidado en común de la salud humana, la veterinaria y la medioambiental. Asimismo, añadió que, más allá de la alerta sanitaria, una epidemia como la del coronavirus genera graves consecuencias a nivel económico, social y político.

El profesor ofreció unas nociones básicas sobre el comportamiento de los virus. “El que ocurra una enfermedad no depende únicamente del virus, sino también del hospedador y del medio ambiente”. Factores como la densidad de población, el clima, la humedad, etc,  son clave para su surgimiento. De cómo interactúen estos factores depende el que se produzca una epidemia o una pandemia. “El coronavirus no es una pandemia”, aclaró. La razón es que el virus no ha sido igual de letal en todos los países por los que se ha propagado.

López-Goñi explicó que las mutaciones de los virus se pueden producir de dos maneras distintas. En primer lugar, como un cambio pequeño y puntual en su secuencia (este es el caso, por ejemplo, de las gripes estacionales). “Lo que todos los científicos esperan es la llegada del ‘Big One’, una mezcla o recombinación de cepas para la que no haya una inmunidad previa. Eso sí conllevaría consecuencias dramáticas, similares a las de la llamada ‘Gripe española’ de 1918”, dijo.

El profesor aclaró que el término ‘coronavirus’ no hace referencia únicamente a la cepa que surgió en China (cuya nomenclatura exacta es COVID-19), sino que describe la forma del propio virus. De hecho, como dijo el académico, “el 30 o 40% de los catarros comunes son provocados por coronavirus”. López-Goñi citó algunos ejemplos de cepas anteriores y similares al actual coronavirus, como el SARS Co-V o el MERS (Síndrome Respiratorio por coronavirus de Oriente Medio).

López-Goñi concluyó que en el caso del coronavirus COVID-19 nos encontramos ante una cepa de una transmisibilidad y una letalidad intermedias (su índice de letalidad se sitúa cerca del 3% a nivel internacional). “Es menos mortal que el ébola, pero más que una gripe estacional”. A su juicio, “podríamos estar llegando al fin de esta epidemia, puesto que el número de personas afectadas está disminuyendo”.

 

Divorcio y derechos de los hijos

​La existencia de una ley de divorcio es un elemento importante en el fracaso de los matrimonios.

 

El primer efecto del divorcio es la tendencia a eliminar la prole. La prole que en el orden natural es el fin del matrimonio, en el régimen divorcista es siempre un riesgo, mañana tal vez un obstáculo, más tarde un remordimiento.

 

11.- ¿Por qué el divorcio atenta contra el derecho de los hijos?

Contenidos

Los hijos son la primera víctima del divorcio, la más digna de lástima porque es  la más inocente. Entre el hijo y el divorcio hay un antagonismo íntimo. Y nada demuestra tan evidentemente el carácter antinatural del divorcio  cuanto esta incompatibilidad absoluta con la razón de ser primordial de la familia.

El primer efecto del divorcio es la tendencia a eliminar la prole. La prole que en el orden natural es el fin del matrimonio, en el régimen divorcista es siempre un riesgo, mañana tal vez un obstáculo, más tarde un remordimiento.

12.- ¿Este atentado contra los hijos se da únicamente en las familias que se divorcian?

​El hijo va comprendiendo que él no bastó para satisfacer el corazón de sus padres

Este efecto desastroso el divorcio afecta a todas las familia, desarticulándolas; se extiende a toda la institución, que hiere de muerte, haciéndola incapaz de cumplir su suprema razón de ser. La esterilidad no resulta sólo del divorcio en acto, sino de su simple posibilidad. Cuanto más fácil se hace el divorcio, tanto mayor se hace la esterilidad del matrimonio.

13.- ¿Cuáles son las consecuencias del divorcio para los hijos?

El divorcio por su propia naturaleza tiende a multiplicar los hogares sin hijos. Hogares sin hijos tienden más fácilmente al divorcio. Los hijos generados, son las víctimas dolorosas del divorcio. Para ellos,  es la ruptura irreparable del propio hogar. Las piedras fundamentales del edificio que era su casa, son dislocadas por el divorcio para entrar en la construcción de nuevas casas donde ellos serán extraños.

14.- ¿Por qué el divorcio impide la formación educativa de los hijos?

Los dos polos en torno de los cuales gira toda la obra educativa en la familia, son la autoridad paterna y la piedad filial, sentimientos naturales y correlativos, convergentes para la unidad del mismo resultado.

La virtud de la pureza y el divorcio

¿Qué hace el divorcio de la autoridad paterna? Para afirmar la propia estima en el alma del hijo cada uno de los que otrora se amaron y hoy se odian, se esforzará por convencerlos de la propia inocencia, o sea, de la culpabilidad del otro. El padre disminuirá insensiblemente en el corazón del pequeño la veneración a su madre; ésta irá demoliendo progresivamente el respeto al padre. Y he aquí arruinada la insustituible acción formadora de la autoridad paterna.

15.- ¿Cómo el divorcio acaba con la piedad filial?

A estas decadencias graduales de la autoridad doméstica corresponde en el alma del niño la atrofia progresiva del sentimiento más poderoso en la obra educadora: la piedad filial. El hijo va comprendiendo  que él no bastó al corazón de sus padres. Después de haber fracasado en una primera tentativa de felicidad conyugal, ellos quisieron recomenzar sus ensayos amorosos. A esta reconstrucción se oponían los derechos de la nueva existencia por ellos creada: el padre y la madre, egoístas, pasaron por encima de estos derechos, que inmolaron sin piedad a su individualismo.

​Individuos criados en un ambiente de odios y egoísmos, serán mañana inadaptados para la construcción de nuevos hogares

El divorcio produce en el niño un daño  psicológico y moral gravísimo. En los niños que son el  futuro de un pueblo.

Por cualquier aspecto que se encare la cuestión, físico, económico, moral,  el hijo será siempre  una víctima del egoísmo de sus padres.

16.- ¿Cuáles son las consecuencias sociales que produce la pérdida de la piedad filial?

Privando a los hijos del tesoro de los afectos domésticos, indispensables a su formación, el divorcio no prepara a los hombres a la vida de familia. A su vez, individuos criados  en un ambiente de odios y egoísmos, serán mañana inadaptados para la construcción de nuevos hogares. De este modo, de generación en generación, la familia va perdiendo su estabilidad, su grandeza, el valor insustituible de su eficacia moral y educativa.

Después de los hijos, son los propios cónyuges las víctimas del divorcio.

 

 

Pin parental:  fórmula imperfecta pero necesaria

Mientras el gobierno actual de España pretende la ideología de género en las escuelas a todos los niños desde corta edad, bajo el eufemismo de educación en igualdad, Vox y PP lanzan en Murcia  el “pin parental”, en consonancia con el  derecho natural que asiste a los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, recogido en nuestra Constitución española ( art. 27. 3). En Rusia, este tipo de educación está terminantemente prohibida. Mientras, en Estados Unidos, el Comité del senado en Dakota del Sur quiere prohibir, por ley, las cirugías de “transición de género” para menores y procesar a médicos que efectúan esos procedimientos.

El “pin parental” es una fórmula imperfecta, pero que se ha hecho necesaria para   la defensa de los hijos en materia educativa. Todos los niños, sin excepción, deben ser educados en los valores de la verdad, la justicia, el bien y la belleza, propios de nuestra cultura española y europea. Pretender imponer ideologías totalitarias en la educación, y negar el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, es un abuso de autoridad, y muchos padres no están dispuestos a consentirlo. Como señala el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, “la negación de la feminidad y de la masculinidad… y su consideración como seres neutros y sexualmente polimorfos, está provocando el desconcierto y frustración de niños y jóvenes, que se encuentran desubicados. Y sus negativas consecuencias están comenzando a manifestarse (…),  un incremento preocupante de las cifras de niños y niñas afectados por problemas psíquicos”.

Josefa Vicente Carrera

 

 

 

Inseguro en la terapia

George Steiner, el crítico literario y pensador que ha muerto hace unos días, tiene esa apertura religiosa, siente nostalgia de Dios, piensa con libertad, defiende al hombre y la cultura occidental: conoce el cristianismo aunque le reprocha su falta de vigor para orientar a las nuevas generaciones. En peores condiciones se encuentran el judaísmo y el islam, contrario a la libertad, a los derechos humanos y a la cultura moderna. Sin embargo, Steiner no acaba de encontrar la práctica real del humanismo cristiano centrado en Jesucristo y en la mediación de la Iglesia.

En estos momentos deseo que encuentre satisfacción a su nostalgia del Absoluto: más que un pensamiento estéticamente elevado, que una ética y una cultura, pues es real como Verdad encarnada en Jesucristo, el Hijo de Dios con nosotros que ha muerto en la Cruz para la salvación de todos los hombres, de todas las razas y culturas. La fe y la caridad encarnadas han sido y siguen siendo -a pesar de las incoherencias de sus discípulos- la base de una sociedad humana que siempre está aprendiendo a convivir. Por ahí se encuentra la terapia más eficaz para la enfermedad diagnosticada por Steiner.

Juan García. 

 

 

 

La inspiración diaria de la palabra de Dios

Se celebraba por primera vez el “Domingo de la Palabra de Dios”; una festividad de gran valor ecuménico, que ha tenido lugar precisamente en la cercanía del Día del Diálogo entre judíos y católicos y de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, semana anterior al 25 de enero.

Se trata, como apuntó el Papa Francisco al instituirla el pasado mes de septiembre, de contribuir a reavivar la responsabilidad que los creyentes tenemos en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva. Es una oportunidad, como nos recordaba ese domingo en la Eucaristía celebrada en El Vaticano con tal motivo, para tener el Evangelio a mano, para llevarlo en el bolsillo y dejar que nos inspire diariamente.

Jesús no comenzó a predicar en los lugares más luminosos ni necesariamente a los expertos y sabios en las Escrituras. Comenzó a hacerlo desde toda una periferia, en la conocida como “Galilea de los gentiles”, habitada por personas de toda clase y condición, verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas. Y la predicó, en primer lugar, entre humildes pescadores, personas comunes y corrientes, que estaban trabajando.

JD Mez Madrid

 

 

El vuelco de la natalidad

El presidente Putin lleva más tiempo tratando de promover la tasa de natalidad con más ayudas para las familias. En su discurso a la nación de mediados de enero, anunció un conjunto de planes para aumentar el nacimiento de niños en Rusia: más prestaciones para las parejas y madres jóvenes, ampliando el abanico de beneficiarios, ahora más bien centrado en las familias numerosas; asistencia social para los niños de entre tres y siete años de edad de familias de bajos ingresos; comidas escolares gratuitas en los primeros cuatro años de escuela. El objetivo inmediato es elevar la tasa de natalidad de 1,5 niños por mujer a 1,7 en los próximos cuatro años.  La población rusa desciende año tras año, aunque la tasa de 1,48 -superior a la de España, Italia o Grecia y Malta- supone un avance respecto de los 1,16 de 1999.

También en Francia se replantea el problema, agudizado por el clima de crispación ante el proyecto de reforma sobre jubilación y pensiones, aunque marcha en el grupo de cabeza europeo, con Suecia e Irlanda. Pero la tasa de natalidad de 1,88 en 2019 sigue sin alcanzar la exigible para el relevo generacional. Francia es el segundo país más poblado de la Unión Europea, detrás de Alemania. Pero en los últimos años bajan los nacimientos -753.000 en 2019-, con una ligera desaceleración del 0,7% respecto del año anterior. Y el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) confirma que la inmigración no resuelve el problema: sólo eleva la tasa de fecundidad nacional en 0,1 hijos. De otra parte, se prevé un mayor peso de los fallecimientos, porque llegan a la edad crítica los babybommers, que hará negativo el saldo natural.

La situación del país vecino es mucho mejor que la de otros países europeos, como Rumanía, Italia o España, con políticas familiares demasiado raquíticas para la magnitud de la situación. Sin duda, las ayudas económicas, la conciliación familia-trabajo, los beneficios fiscales y, sobre todo, laborales, pueden ayudar. Pero forzoso es reconocer que difícilmente esas políticas conseguirán superar el empobrecimiento derivado de años de cultura anti-familia y anti-vida, que paradójicamente continúa siendo promovida desde diversos comités y agencias de la ONU.

Domingo Martínez Madrid

 

Las “gangrenas” político-administrativas

                                  

                No es nada nuevo y ya lo he comentado bastantes veces; en la cumbre del Imperio Romano (que vivía como todos los imperios de lo que saqueaba en sus colonias); o sea, “reinando Caracalla”, es el propio emperador el que públicamente reconoce y dice… “Ya somos más los contribuidos, que los contribuyentes”; y de ello se deduce, que es mentira lo que nos dijeron los historiadores, sobre de que, “el imperio se lo cargan los bárbaros”; puesto que quienes se lo cargaron, fueron los “bárbaros”, empleados públicos; que como voraces sanguijuelas o vampiros, agotaron todos los recursos del imperio; y éste murió por asfixia producida por sus parásitos administradores, que como gangrena acabaron con él. Y reiteradamente empleo la palabra “gangrena”; puesto que esta enfermedad, acaba con todo lo vivo de un cuerpo hasta que ocasiona la muerte del mismo.

                                El 22 de enero 2020, leo en un periódico[i] que ha sido aprobada la subida salarial del dos por ciento para empleados públicos. Y que ello beneficiará a un colectivo de más de dos millones y medio de empleados estatales. Noticia que con arreglo a lo que más abajo reflejo (copiado) puede ser, una más de las mentiras con que se nos mangonea, ya que los empleados y “agregados”, pueden ser muchos más, y aumentar la cifra en un millón más o vete a saber; puesto que veamos y analicemos los datos que saco de la red de Internet, dejándoles la dirección, en la que pueden ampliar datos. El poseedor de los datos que copio, incluso aporta opiniones y dice.

                                “Desde mi punto de vista el grafico siguiente es terrible. Hasta 2007 el 70% del total de los ingresos del Estado se destinaban a pagar el sueldo de los empleados públicos. Desde el 2008 al 2011 se necesitaba el 90%. Desde el 2012 y gracias a la subida de impuestos este porcentaje está cerca del 70%. En 2009 todos los ingresos del Estado no fueron suficientes para pagarles el sueldo. Aunque parezca mentira, el Estado pide prestado dinero varias veces todos los meses, porque continuamente gasta más de lo que ingresa. Desde el 2009 necesita endeudarse en más de 50.000 millones de euros cada año (en pesetas son 8,3 BILLONES o lo que es lo mismo más de 1100 euros al año por españolito, incluyendo niños). (Siguen tablas)

            En la tabla siguiente se presentan los valores correspondientes a cada uno de los gobernantes y sus incrementos anuales.

Número de empleados públicos al final de cada gobierno e incrementos medios

   

Suárez

Calvo Sotelo

Felipe González

Aznar

Zapatero

Rajoy

 

1976-3ºTri

1981-1ºTri

1982-4ºTri

1996-2ºTri

2004-2ºTri

2011-4ºTri

2017-2ºTri

ambos sexos

1.358.100

1.625.700

1.773.000

2.334.800

2.791.300

3.234.700

3.117.800

varones

1.014.800

1.149.600

1.255.500

1.329.100

1.350.000

1.466.300

1.375.400

mujeres

343.300

476.100

517.500

1.005.700

1.441.300

1.768.400

1.742.400

Incremento

 

267.600

147.300

561.800

456.500

443.400

-116.900

años de gobierno

 

4,6

1,7

13,5

8

7,5

6,5

Incremento Anual

 

58.174

86.647

41.615

57.063

59.120

-17.985

En el primer trimestre de 1981 (final del gobierno de Suárez) el nº de empleados públicos era de 1.625.700. El 2011 (fin del gobierno de Zapatero) finalizó con 3.234.700. En ese periodo, de casi 31 años, el nº de empleados públicos se duplicó.

 

Durante los años de Suárez, Calvo Sotelo y primeros de Felipe González este parámetro se dispara y pasa de menos de 11 empleados públicos por cada 100, a más de 18. Lo cual es una BURRADA.

Con Rajoy, el número de empleados públicos disminuyó los dos primeros años de gobierno, hasta alcanzar un mínimo de 2.909.400 al final de 2013. Desde esa fecha hay un aumento continuo y finaliza su mandato en junio de 2018 con 3.117.800”.

https://javiersevillano.es/empleados-publicos.htm

            Observen que en 2018 hay prácticamente tres millones doscientos mil; y como estamos ya en 2020… ¿Cuándos hay en realidad y que estamos pagando con esos impuestos ya confiscatorios que soportamos? Sumen aparte la deuda pública. Y…

            Aquí no acaba todo; aumentemos, todos “los chiringuitos, covachuelas, “ongs”, empresas para estatales, para municipales, para autonómicas, etc. etc. Veamos igualmente el disloque actual y los inimaginables gastos que se deben ir acumulando; y todos ellos, aparte del saqueo al contribuyente, a la deuda pública que se sigue acumulando; y… “mejor no imaginar el desastre actual y como va a terminar todo”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 


[i] Diario VivaJaén del 22 enero 2020