Las Noticias de hoy 17 Febrero 2020

Enviado por adminideas el Lun, 17/02/2020 - 12:33
v

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 17 de febrero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Ángelus: “Acoger la Ley en el corazón”

Hospital Bambino Gesù: El cardenal Tagle visita a los niños enfermos

EL SACRIFICIO DE ABEL: Francisco Fernandez Carbajal

“¡Que el Señor nos quiere contentos!”: San Josemaria

Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?: Juan Ignacio Bañares

Ideología de género: + Braulio Rodríguez Plaza. Administrador Apostólico de Toledo

Sueños de esperanza: Ramiro Pellitero

Toxinas y antídotos en la comunicación: Nuria Chinchilla

Érase una niña desordenada: Blanca Sevilla

Cómo cultivar el amor y la amistad: Raúl Espinoza 

La honestidad: Silvia del Valle Márquez​

Familia y sociedad: Ana Teresa López de Llergo

El veneno del resentimiento: Lucía Legorreta

Casas para el alma, y no sólo para el cuerpo: Plinio Corrêa de Oliveira

Noviazgo adolescente: ¿Prohibir, aceptar, vigilar… qué hacer?: LaFamilia.info 

Faltas de respeto a Dios y al prójimo: Xus D Madrid

Que no haga falta el pin parental: JD Mez Madrid

Dios es Dios: Jesús Domingo Martínez

Pensiones y los buitres que las controlan: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 14 de febrero de 2020

El calor de esta Casa de Santa Marta, de esta gran familia hecha de personas que nos acompañan, que cada día trabajan aquí, con entrega y cariño, que ayudan si una compañera está enferma, sienten tristeza si uno de ellos se va... Rostros, sonrisas, saludos: semillas que se echan en el corazón de cada uno. Es lo que sentimos hoy con la jubilación de Patricia (empleada de Santa Marta).
 
Por eso quería hablar de la familia, pero no solo de papá, mamá, hermanos, tíos y abuelos, sino de la amplia familia de los que nos acompañan durante algún tiempo de nuestra vida. Hoy, después de 40 años de trabajo, Patricia se jubila; una presencia familiar en la que detenerse. Y esto nos sentará bien a todos los que vivimos aquí: pensar en esta familia que nos acompaña; y a todos los que no vivís aquí: pensar en tanta gente que os acompaña en el camino de la vida: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, de estudio… No estamos solos. El Señor nos quiere como pueblo, nos quiere en compañía; no nos quiere egoístas: el egoísmo es un pecado.
 
Recuerdo la generosidad de tantas compañeras de trabajo que han cuidado de quien se ha enfermado. Detrás de cada nombre hay una presencia, una historia, una permanencia breve que ha dejado huella. Una familiaridad que ha encontrado sitio en el corazón del Papa. Pienso en Luisa, pienso en Cristina, en la “abuela” de la casa, sor María, que entró a trabajar joven y aquí decidió consagrarse. Y al recordar a esta amplia familia, que es la mía, me vienen a la cabeza las que ya no están: Miriam, que se fue con su hijo; Elvira, que fue un ejemplo de lucha por la vida, hasta el final. Y luego otros muchos que se han jubilado o han ido a trabajar a otro sitio. Presencias que han hecho bien y que a veces cuesta dejar.
 
Hoy nos vendrá bien a todos pensar en la gente que nos ha acompañado en el camino de la vida, como agradecimiento, y también como un gesto de gratitud a Dios. ¡Gracias, Señor, por no habernos dejado solos! Es verdad, siempre hay problemas, y donde hay gente hay chismorreos. También aquí dentro. Se reza y se murmura, ambas cosas. Y también, algunas veces, se peca contra la caridad.
 
Pecar, perder la paciencia y luego pedir perdón. Así se hace en la familia. Yo querría agradecer la paciencia de las personas que nos acompañan, y pedir perdón por nuestras faltas. Hoy es un día para agradecer y pedir perdón, de corazón, cada uno de nosotros, a las personas que nos acompañan en la vida, un trozo de la vida o toda la vida… Y quería aprovechar esta despedida de Patricia para hacer con vosotros un acto de memoria, de agradecimiento, y también de perdón a las personas que nos acompañan. Que cada uno lo haga con las personas que habitualmente le acompañan. Y a los que trabajan aquí en casa, un gracias grande, grande, grande. Y a ella, Patricia, que empiece esta segunda parte de la vida, ¡otros 40 años!

 

Ángelus: “Acoger la Ley en el corazón”

Palabras antes del Ángelus

FEBRERO 16, 2020 13:43RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit –16 febrero 2020).-   A las 12 del mediodía de hoy, el Santo Padre Francisco se asoma por la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Mt 5,17-37) está tomado del “Sermón de la Montaña” y trata del cumplimiento de la Ley: cómo debo cumplir la Ley, cómo hacerlo. Jesús quiere ayudar a sus oyentes a tener un acercamiento justo con las prescripciones de los mandamientos dados a Moisés, exhortándo a estar disponibles para Dios que nos educa en la verdadera libertad y responsabilidad a través de la Ley. Se trata de vivirla como un instrumento de libertad. No olvidemos eso: viviendo la Ley como un instrumento de libertad, que me ayuda a ser más libre, que me ayuda a no ser esclavo de las pasiones y del pecado. Pensemos en las guerras, pensemos en las consecuencias de las guerras, pensemos en esa niña que murió congelada en Siria anteayer. Muchas calamidades, muchas. Este es el resultado de las pasiones, y la gente que hace la guerra no sabe cómo dominar sus pasiones. Les hace falta cumplir la Ley. Cuando cedemos a las tentaciones y pasiones, no somos señores y protagonistas de nuestra propia vida, sino que nos volvemos incapaces de manejarla con voluntad y responsabilidad.

El discurso de Jesús está estructurado en cuatro antítesis, expresadas con la fórmula “Habéis comprendido que se dijo… pero yo te digo”. Estas antítesis se refieren a otras tantas situaciones de la vida cotidiana: asesinato, adulterio, divorcio y juramentos. Jesús no abolió las prescripciones que se ocupan de estos temas, pero explica su pleno significado e indica el espíritu con el que …deben ser observadas. Nos anima a pasar de una observancia formal de la Ley a una observancia sustancial, acogiendo la Ley en el corazón, que es el centro de las intenciones, decisiones palabras y gestos de cada uno de nosotros. Del corazón salen las buenas y las malas acciones aceptando la Ley de Dios en nuestros corazones entendemos que, cuando no amamos a nuestro prójimo, uno se mata a sí mismo y a otros hasta cierto punto, porque el odio, la rivalidad y la división matan la caridad fraternal que es la base de las relaciones interpersonales. Y esto se aplica a lo que dije sobre  las guerras, porque la lengua mata. Aceptando la Ley de Dios en el corazón se entiende que los deseos tienen que ser guiados, porque no todo lo que deseas lo puedes tener, y no es bueno… ceder a los sentimientos egoístas y posesivos. Cuando uno acepta la Ley de Dios en su corazón, uno entiende que hay que abandonar un estilo de vida hecho de promesas rotas, no mantenida, así como pasar de prohibición del perjurio a la decisión de no jurar en absoluto, asumiendo la actitud de plena sinceridad con todos.

Y Jesús es consciente de que no es fácil vivir los mandamientos de una manera total y tan profundamente. Por esta razón nos ofrece la ayuda de su amor: Vino al mundo no sólo para cumplir la Ley, sino también para darnos su Gracia, para que podamos hacer la voluntad de Dios, amándolo a Él y a nuestros hermanos. ¡Todo, todo lo podemos hacer con la gracia de Dios! De hecho, la santidad no es otra cosa que guardar esta gratuidad que Dios nos ha dado, esta gracia. Se trata de la confianza y confiarnos a Él, a su gracia, a esa gratuidad que nos ha dado y acoger la mano nos tiende constantemente, para que nuestros esfuerzos y nuestro necesario compromiso  puedan ser apoyados por su ayuda, llena de bondad y misericordia.

Hoy Jesús nos pide que avancemos en el camino del amor que nos ha mostrado y que comienza desde el corazón. Esta es la manera de vivir como cristianos.

Que la Virgen María nos ayude a seguir el camino trazado por su Hijo, para lograr la verdadera alegría y difundir la justicia y la paz por todas partes.

 

Hospital Bambino Gesù: El cardenal Tagle visita a los niños enfermos

Y los niños de la calle de Manila

FEBRERO 16, 2020 18:22ANITA BOURDINORGANIZACIONES CARITATIVAS Y DE VOLUNTARIOS

(zenit –16 febrero 2020).- El primer compromiso oficial del cardenal Luis Antonio Tagle en Roma, después de asumir el cargo de prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, fue la visita de niños hospitalizados en el hospital pediátrico Bambino Gesù en Roma, que depende del Vaticano, anuncia la agencia misionera del Vaticano Fides, que depende de este dicasterio y, por lo tanto, del cardenal filipino.

La ocasión surgió de la presentación del libro “Los niños son esperanza”, un  libro  en italiano del Papa Francisco dirigido a los niños que acaba de ser publicado en Milán por las ediciones Salani , acompañado de dibujos que los niños del mundo han ofrecido ofrecido al Papa: fue editado por el padre Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica.

“Este es un libro que me lleva de vuelta a las raíces de mi familia, cuando por la noche siempre hojeamos las mismas imágenes, con simplicidad y serenidad”, explicó el cardenal Tagle a los niños presentes, a los que pidió repetidamente sed “felices” y “confiad en el futuro”.

Niños de la calle en Manila

Habló de los niños de la ciudad de la que era arzobispo, Manila: “La Iglesia tiene un futuro porque los niños están presentes. En Manila, las jóvenes de la casa para niños de la calle son llamadas “Puente de la vida hacia la esperanza” que el Papa quería visitar por sorpresa durante su visita apostólica, cuando se enteraron de mi partida a Roma, organizaron una fiesta muy sencilla para saludarme, con canciones, bailes, oraciones y muchas lágrimas. Me pidieron que le dijera al Papa Francisco que no olvidara esta casa, que le dijera que vive en esta casa en la memoria de los niños. Las jóvenes han prometido rezar todos los días por mí y creo que la oración de los niños, privados de especulaciones, sin demasiadas palabras, con sonrisas y lágrimas, es la que agrada al Señor”.

El cardenal Tagle saludó a los niños presentes y los invitó a sonreír y a mantener una “sonrisa permanente” en sus rostros.

El Papa Francisco hizo una parada inesperada en un centro de niños de la calle en Manila administrado por la Fundación ANAK-Tnk, el viernes 16 de enero de 2015, en el segundo día de su viaje apostólico a Filipinas.

El Papa pasó casi media hora con unos 320 niños que celebraron su visita con canciones y bailes en el patio central.

Si la visita no se planificó en el programa oficial, sin embargo se esperaba: en septiembre pasado, el cardenal Tagle, entonces arzobispo de Manila, le había entregado al Papa Francisco mil mensajes de estos niños para invitarlo.

Una fundación al servicio de los niños.

La fundación ANAK-Tnk también envió al Papa un  video de cuatro minutos publicado en Youtube  titulado “¿Incluso nosotros? Mensaje de los niños no queridos de Manila a su amado Papa Francisco”.

Por lo tanto, el Papa recibió y respondió al mensaje, causando una verdadera «euforia» entre los niños de la calle que “estallaron de alegría” cuando lo vieron venir, según un  comunicado de prensa de ANAK-Tnk . “Es extraordinario … incluso lo pude abrazar con fuerza”, dijo Alvin, de 10 años.

El cardenal Tagle, que acompañó al Papa, saluda en este evento “el momento más especial del día”: «Vi la emoción y el silencio del Santo Padre ante el sufrimiento de estos jóvenes. Un silencio que habla mucho, que vale más que las palabras”.

ANAK-Tnk (“Tulay ng Kabataan”), cuyo director es Matthieu Dauchez , sacerdote francés, ayuda a más de 2.800 niños de la calle, niños de barrios marginales, recolectores de trapos y jóvenes discapacitados en 24 centros en Filipinas.

 

EL SACRIFICIO DE ABEL

— Para Dios ha de ser lo mejor de nuestra vida: amor, tiempo, bienes...

— Dignidad y generosidad en los objetos del culto.

— Amor a Jesús en el Sagrario.

I. Relata el libro del Génesis1 que Abel presentaba a Yahvé las primicias y lo mejor de su ganado. Y le fue grata a Dios la ofrenda de Abel y no lo fue la de Caín, que no ofrecía lo mejor de lo que cosechaba.

Abel fue «justo», es decir, santo y piadoso. Lo que hace mejor la ofrenda de Abel no es su calidad objetiva, sino su entrega y generosidad. Por esto Dios miró con agrado sus víctimas y tal vez envió –según una antigua tradición judía– fuego para quemarlas en señal de aceptación2.

También en nuestra vida lo mejor ha de ser para Dios. Hemos de presentar la ofrenda de Abel y no la de Caín. Para Dios ha de ser lo mejor de nuestro tiempo, de nuestros bienes, de nuestra vida. No podemos darle lo peor, lo que sobra, lo que no cuesta sacrificio o aquello que no necesitamos. Para Dios toda la vida, pero incluyendo los años mejores. Para el Señor toda nuestra hacienda, pero, cuando queramos hacerle una ofrenda, escojamos lo más preciado, como haríamos con una criatura de la tierra a la que estimamos mucho. El hombre no es solo cuerpo ni solo alma; porque está compuesto de ambos, necesita también manifestar a través de actos externos, sensibles, su fe y su amor a Dios. Dan pena esas personas que parecen tener tiempo para todo, pero que difícilmente lo tienen para Dios: para hacer un rato de oración, o una Visita al Santísimo, que apenas dura unos minutos... O bien disponen de medios económicos para tantas cosas y son mezquinos con Dios y con los hombres. Dar agranda siempre el corazón y lo ennoblece. De la mezquindad acaba saliendo un alma envidiosa, como la de Caín: no soportaba la generosidad de Abel.

«Es preciso ofrecer al Señor el sacrificio de Abel. Un sacrificio de carne joven y hermosa, lo mejor del rebaño: de carne sana y santa; de corazones que solo tengan un amor: ¡Tú, Dios mío!; de inteligencias trabajadas por el estudio profundo, que se rendirán ante tu Sabiduría; de almas infantiles, que no pensarán más que en agradarte.

»—Recibe, desde ahora, Señor, este sacrificio en olor de suavidad»3. Para Ti, Señor, lo mejor de mi vida, de mi trabajo, de mis talentos, de mis bienes..., incluso de los que podría haber tenido. Para Ti, mi Dios, todo lo que me has dado en la vida, sin límites, sin condiciones... Enséñame a no negarte nada, a ofrecerte siempre lo mejor.

Pidamos al Señor saber ofrecerle en cada situación, en toda circunstancia, lo mejor que tengamos en ese momento; pidámosle que haya muchas ofrendas y sacrificios como el de Abel: hombres y mujeres que se entreguen a Dios desde su juventud. Corazones que –a cualquier edad– sepan darle todo lo que se les pide, sin regateos, sin mezquindades... ¡Recibe, Señor, este sacrificio gustoso y alegre!

II. «Es bello considerar que el primer testimonio de fe en favor de Dios fue dado ya por un hijo de Adán y Eva y por medio de un sacrificio. Se explica, por tanto, que los Padres de la Iglesia vieran en Abel una figura de Cristo: por ser pastor, por ofrecer un sacrificio agradable a Dios, por derramar su sangre, por ser “mártir de la fe”.

»La Liturgia, al renovar el Sacrificio de Cristo, pide a Dios que mire con mirada serena y bondadosa sobre las Ofrendas del Señor, así como miró sobre las ofrendas del “justo Abel” (Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística I4. Debemos ser generosos y amar todo lo que se refiere al culto de Dios, porque siempre será poco e insuficiente para lo que merece la infinita excelencia y bondad divina. Los cristianos debemos tener en este campo una delicadeza extrema y evitar la inconsideración y la tacañería: no ofreceréis nada defectuoso, pues no sería aceptable5, nos advierte el Espíritu Santo.

Para Dios, lo mejor: un culto lleno de generosidad en los elementos sagrados que se utilicen, y con generosidad en el tiempo, el que sea preciso –no más–, pero sin prisas, sin recortar las ceremonias, o la acción de gracias privada después de acabada la Santa Misa, por ejemplo. El decoro, calidad y belleza de los ornamentos litúrgicos y de los vasos sagrados expresan que es para Dios lo mejor que tenemos, son signo del esplendor de la liturgia que la Iglesia triunfante tributa en el Cielo a la Trinidad, y son ayuda poderosa para reconocer la presencia divina entre nosotros. La tibieza, la fe endeble y desamorada tienden a no tratar santamente las cosas santas, perdiendo de vista la gloria, el honor y la majestad que corresponden a la Trinidad Beatísima.

«¿Recordáis aquella escena del Antiguo Testamento, cuando David desea levantar una casa para el Arca de la Alianza, que hasta ese momento era custodiada en una tienda? En aquel tabernáculo, Yahvé hacía notar su presencia de un modo misterioso, mediante una nube y otros fenómenos extraordinarios. Y todo esto no era más que una sombra, una figura. En cambio, el Señor se encuentra realmente presente en los tabernáculos donde está reservada la Santísima Eucaristía. Aquí tenemos a Jesucristo –¡cómo me enamora hacer un acto explícito de fe!– con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. En el tabernáculo, Jesús nos preside, nos ama, nos espera»6.

En la casa de Simón el fariseo, donde Jesús echó de menos las atenciones que era costumbre tener con los invitados, quedó patente la cuestión del dinero empleado en las cosas de Dios. Mientras Jesús está contento por las muestras de arrepentimiento que recibe de aquella mujer, Judas murmura y calcula el gasto –para él inútil– que se está realizando. Aquella misma tarde decidió traicionarle. Le vendió por una cantidad aproximada a lo que costaba el perfume derramado: treinta siclos de plata, unos trescientos denarios. «Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.

»—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.

»—Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: “opus enim bonum operata est in me” —una buena obra ha hecho conmigo»7.

También el Señor, ante la entrega de nuestra vida, ante la generosidad manifestada de mil modos (tiempo, bienes...), debe poder decir: una buena obra ha hecho conmigo, ha manifestado su amor en obras.

III. Cuando nace Jesús, no dispone siquiera de la cuna de un niño pobre. Con sus discípulos, no tiene en ocasiones dónde reclinar la cabeza. Morirá desprendido de todo ropaje, en la pobreza más absoluta; pero cuando su Cuerpo exánime es bajado de la Cruz y entregado a los que le quieren y le siguen de cerca, estos le tratan con veneración, respeto y amor. José de Arimatea se encargará de comprar un lienzo nuevo, donde será envuelto, y Nicodemo los aromas precisos. San Juan, quizá asombrado, nos ha dejado la gran cantidad de estos: como unas cien libras, más de treinta kilogramos. No le enterraron en el cementerio común, sino en un huerto, en una sepultura nueva, probablemente la que el mismo José había preparado para sí. Y las mujeres vieron el monumento y cómo fue depositado su cuerpo. A la vuelta a la ciudad prepararon nuevos aromas... Cuando el Cuerpo de Jesús queda en manos de los que le quieren, todos porfían por ver quién tiene más amor.

En nuestros Sagrarios está Jesús, ¡vivo!, como en Belén o en el Calvario. Se nos entrega para que nuestro amor lo cuide y lo atienda con lo mejor que podamos, y esto a costa de nuestro tiempo, de nuestro dinero, de nuestro esfuerzo: de nuestro amor.

La reverencia y el amor se han de manifestar en la generosidad con todo aquello que se refiere al culto. Ni siquiera con pretexto de caridad hacia el prójimo se puede faltar a la caridad con Dios, ni es de alabar una generosidad con los pobres, imágenes de Dios, si se hace a expensas del decoro en el culto a Dios mismo, y mucho menos si no va acompañada de sacrificio personal. Si amamos a Dios, crecerá nuestro amor al prójimo, con obras y de verdad. No es cuestión de mero precio, ni en materia así caben simples cálculos aritméticos; no se trata de defender la suntuosidad, sino la dignidad y el amor a Dios, que también se expresa materialmente8. ¿Tendría sentido que hubiera medios económicos para construir lugares de diversión y de recreo con buenos materiales, incluso lujosos, y que para el culto divino solo se encontraran lugares, no pobres, sino pobretones, fríos, desangelados? Entonces tendría razón el poeta, cuando dice que la desnudez de algunas iglesias es «la manifestación al exterior de nuestros pecados y defectos: debilidad, indigencia, timidez en la fe y en el sentimiento, sequedad del corazón, falta de gusto por lo sobrenatural...»9.

La Iglesia, velando por el honor de Dios, no rechaza soluciones distintas a las de otras épocas, bendice la pobreza limpia y acogedora –¡qué estupendas iglesias, sencillas pero muy dignas, hay en algunas aldeas de pocos medios económicos y de mucha fe!–; lo que no se admite es el descuido, el mal gusto, el poco amor a Dios que supone dedicar al culto ambientes u objetos que –si se pudiera– no se admitirían en el hogar de la propia familia.

Es lógico que los fieles corrientes ayuden, de mil maneras diferentes, para que se cuide y se conserve con esmero lo referente al culto divino. Los signos litúrgicos, y cuanto se refiere a la liturgia, entra por los ojos. Los fieles deben salir fortalecidos en su fe después de una ceremonia litúrgica, con más alegría y animados a amar más a Dios.

Pidamos a la Santísima Virgen que aprendamos a ser generosos con Dios como lo fue Ella, en lo grande y en lo pequeño, en la juventud y en la madurez..., que sepamos ofrecer, como Abel, lo mejor que tengamos en cada momento y en todas las circunstancias de la vida.

1 Primera lectura. Año I. Cfr. Gen 4, 1-5, 25. — 2 Sagrada Biblia, Epístola a los Hebreos, EUNSA, Pamplona 1987, nota a 11, 4. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 43. — 4 Sagrada Biblia, Epístola a los Hebreos, EUNSA, loc. cit. — 5 Lev 22, 20. — 6 A. del Portillo, Homilía, 20-VII-1986. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 527. — 8 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 124. — 9 Paul Claudel, Ausencia y presencia.

 

 

“¡Que el Señor nos quiere contentos!”

Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos trabajan en el servicio de Dios. Y cuando no sea posible, ¡calla!: también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la murmuración o en la difamación. (Surco, 902)

17 de febrero

Vuelve de nuevo la mirada sobre tu vida, y pide perdón por ese detalle y por aquel otro que saltan enseguida a los ojos de tu conciencia; por el mal uso que haces de la lengua; por esos pensamientos que giran continuamente alrededor de ti mismo; por ese juicio crítico consentido que te preocupa tontamente, causándote una perenne inquietud y zozobra... ¡Que podéis ser muy felices! ¡Que el Señor nos quiere contentos, borrachos de alegría, marchando por los mismos caminos de ventura que El recorrió! Sólo nos sentimos desgraciados cuando nos empeñamos en descaminarnos, y nos metemos por esa senda del egoísmo y de la sensualidad; y mucho peor aún si embocamos la de los hipócritas.

El cristiano ha de manifestarse auténtico, veraz, sincero en todas sus obras. Su conducta debe transparentar un espíritu: el de Cristo. Si alguno tiene en este mundo la obligación de mostrarse consecuente, es el cristiano, porque ha recibido en depósito, para hacer fructificar ese don, la verdad que libera, que salva. Padre, me preguntaréis, y ¿cómo lograré esa sinceridad de vida? Jesucristo ha entregado a su Iglesia todos los medios necesarios: nos ha enseñado a rezar, a tratar con su Padre Celestial; nos ha enviado su Espíritu, el Gran Desconocido, que actúa en nuestra alma; y nos ha dejado esos signos visibles de la gracia que son los Sacramentos. Úsalos. Intensifica tu vida de piedad. Haz oración todos los días. Y no apartes nunca tus hombros de la carga gustosa de la Cruz del Señor.

Ha sido Jesús quien te ha invitado a seguirle como buen discípulo, con el fin de que realices tu travesía por la tierra sembrando la paz y el gozo que el mundo no puede dar. Para eso -insisto-, hemos de andar sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte, sin rehuir a toda costa el dolor, que para un cristiano es siempre medio de purificación y ocasión de amar de veras a sus hermanos, aprovechando las mil circunstancias de la vida ordinaria. (Amigos de Dios, 141)

 

 

Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?

Prepararse a emprender un viaje para toda la vida exige escoger el compañero adecuado. ¿Qué orientaciones da la fe cristiana? ¿Cómo combinar cabeza y corazón? Prosigue la serie de artículos sobre el amor humano.

AMOR HUMANO19/06/2015

Uno de los cometidos más importantes del noviazgo es poder transitar del enamoramiento (la constatación de que alguien origina en uno sentimientos singulares que le inclinan a abrir la intimidad, y que dan a todas las circunstancias y sucesos un color nuevo y distinto: es decir, un fenómeno típicamente afectivo), a un amor más efectivo y libre. Este tránsito se realiza gracias a una profundización en el conocimiento mutuo y a un acto neto de disposición de sí por parte de la propia voluntad.

En esta etapa es importante conocer realmente al otro, y verificar la existencia o inexistencia entre ambos de un entendimiento básico para compartir un proyecto común de vida conyugal y familiar: "que os queráis –aconsejaba san Josemaría-, que os tratéis, que os conozcáis, que os respetéis mutuamente, como si cada uno fuera un tesoro que pertenece al otro"[1].

A la vez, no basta con tratar y conocer más al otro en sí mismo; también hay que detenerse y analizar cómo es la interrelación de los dos. Conviene pensar cómo es y cómo actúa el otro conmigo; cómo soy y cómo actúo yo con él; y cómo es la propia relación en sí.

El noviazgo, una escuela de amor

En efecto, una cosa es cómo es una persona, otra cómo se manifiesta en su trato conmigo (y viceversa), y aún otra distinta cómo es tal relación en sí misma, por ejemplo, si se apoya excesivamente en el sentimiento y en la dependencia afectiva. Como afirma san Josemaría, "el noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Es una escuela de amor, inspirada no por el afán de posesión, sino por espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza"[2].

Ahondar en el conocimiento mutuo implica hacerse algunas preguntas: qué papel desempeña –y qué consecuencias conlleva– el atractivo físico, qué dedicación mutua existe (tanto de presencia, como de comunicación a través del mundo de las pantallas: teléfono, SMS, Whatsapp, Skype, Twitter, Instagram, Facebook etc.), con quién y cómo nos relacionamos los dos como pareja, y cómo se lleva cada uno con la familia y amigas o amigos del otro, si existen suficientes ámbitos de independencia en la actuación personal de cada uno –o si, por el contrario, faltan ámbitos de actuación conjunta–, la distribución de tiempo de ocio, los motivos de fondo que nos empujan a seguir adelante con la relación, cómo va evolucionando y qué efectos reales produce en cada uno, qué valor da cada uno a la fe en la relación...

Hay que tener en cuenta que, como afirma san Juan Pablo II, "muchos fenómenos negativos que se lamentan hoy en la vida familiar derivan del hecho de que, los jóvenes no sólo pierden de vista la justa jerarquía de valores, sino que, al no poseer ya criterios seguros de comportamiento, no saben cómo afrontar y resolver las nuevas dificultades. La experiencia enseña en cambio que los jóvenes bien preparados para la vida familiar, en general van mejor que los demás"[3].

Lógicamente, importa también conocer la situación real del otro en algunos aspectos que pueden no formar parte directamente de la relación de noviazgo: comportamiento familiar, profesional y social; salud y enfermedades relevantes; equilibrio psíquico; disposición y uso de recursos económicos y proyección de futuro; capacidad de compromiso y honestidad con las obligaciones asumidas; serenidad y ecuanimidad en el planteamiento de las cuestiones o de situaciones difíciles, etc.

Compañeros de viaje

Es oportuno conocer qué tipo de camino deseo recorrer con mi compañero de viaje, en su fase inicial; el noviazgo. Comprobar que vamos alcanzando las marcas adecuadas del sendero, sabiendo que será mi acompañante para la peregrinación de la vida. Los meeting points se han de ir cumpliendo. Para eso podemos plantear ahora algunas preguntas concretas y prácticas que se refieren no tanto al conocimiento del otro como persona, sino a examinar el estado de la relación de noviazgo en sí misma.

¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo? ¿Cómo nos hemos enriquecido –o empobrecido– en nuestra madurez personal humana y cristiana? ¿Hay equilibrio y proporción en lo que ocupa de cabeza, de tiempo, de corazón? ¿Existe un conocimiento cada vez más profundo y una confianza cada vez mayor? ¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro, y procuramos ayudarnos a sacar lo mejor de cada uno? ¿Sabemos ser a la vez comprensivos –para respetar el modo de ser de cada uno y su particular velocidad de avance en sus esfuerzos y luchas– y exigentes: para no dejarnos acomodar pactando con los defectos de uno y otro? ¿Valoro en más lo positivo en la relación? A este respecto, dice el Papa Francisco: "convertir en algo normal el amor y no el odio, convertir en algo común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad"[4].

A la hora de querer y expresar el cariño, ¿tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio? ¿Existe una cierta madurez afectiva, al menos incoada? ¿Compartimos realmente unos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia? ¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando las opiniones son diversas o aparecen desacuerdos? ¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, en consecuencia, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia? ¿Reconocemos los propios errores cuando el otro nos los advierte? ¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad? ¿Aprendemos a llevar bien los defectos del otro y a la vez a ayudarle en su lucha? ¿Cuidamos la exclusividad de la relación y evitamos interferencias afectivas difícilmente compatibles con ella? ¿Nos planteamos con frecuencia cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?

El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos? ¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana?

Proyecto de vida futura

Los aspectos tratados, es decir, el conocimiento del matrimonio –de lo que significa casarse, y de lo que implica la vida conyugal y familiar derivada de la boda–, el conocimiento del otro en sí y respecto a uno mismo, y el conocimiento de uno mismo y del otro en la relación de noviazgo, pueden ayudar a cada uno a discernir sobre la elección de la persona idónea para la futura unión matrimonial. Obviamente, cada uno dará mayor o menor relevancia a uno u otro aspecto pero, en todo caso, tendrá como base algunos datos objetivos de los que partir en su juicio: recordemos que no se trata de pensar "cuánto le quiero" o "qué bien estamos", sino de decidir acerca de un proyecto común y muy íntimo de la vida futura. El Papa Francisco, al hablar de la familia de Nazaret da una perspectiva nueva que sirve de ejemplo para la familia, y que ayuda al plantearse el compromiso matrimonial: "los caminos de Dios son misteriosos. Lo que allí era importante era la familia. Y eso no era un desperdicio"[5]. No podemos cerrar un contrato con cláusula de éxito con el matrimonio, pero podemos adentrarnos en el misterio, como el de Nazaret, donde construir una comunidad de amor.

Así se pueden detectar a tiempo carencias o posibles dificultades, y se puede poner los medios –sobre todo si parecen importantes– para tratar de resolverlas antes del matrimonio: nunca se debe pensar que el matrimonio es una "varita mágica" que hará desaparecer los problemas. Por eso la sinceridad, la confianza y la comunicación en el noviazgo puede ayudar mucho a decidir de manera adecuada si conviene o no proseguir esa relación concreta con vistas al matrimonio.

Casarse significa querer ser esposos, es decir, querer instaurar la comunidad conyugal con su naturaleza, propiedades y fines: "esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad"[6].

Este acto de voluntad implica a su vez dos decisiones: querer esa unión–la matrimonial–, que procede naturalmente del amor esponsal propio de la persona en cuanto femenina y masculina, y desear establecerla con la persona concreta del otro contrayente. El proceso de elección da lugar a diversas etapas: el encuentro, el enamoramiento, el noviazgo y la decisión de contraer matrimonio. "En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar (…). La preparación al matrimonio ha de ser vista y actuada como un proceso gradual y continuo"[7].

Juan Ignacio Bañares

Foto de cabecera: Jasoliday


[1] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 11-2-1975.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 105.

[3] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.

[4] Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014

[5]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014

[6] Gaudium et Spes, n. 48

[7] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.

 

 

Ideología de género

Existe en España una preocupación creciente ante la ola salvaje de muerte de mujeres a manos de sus maridos, exmaridos, de hombres con los que formaban parejas o estaban a punto de separarse por medio del divorcio, o sencillamente alejamiento de ellos. Es razonable esa inquietud y preocupación en España y en Europa, pues es intolerable e inaudito esa violencia contra las mujeres que lleva a su muerte.

Este es, por ello, un problema, que supone un drama y verdaderas tragedias. Deriva, entre otras raíces, de una evidente falta de elemental formación de lo que es la sexualidad humana, el amor conyugal y lo que constituye un matrimonio. Toda lucha contra esta lacra es poca. Por otro lado, todos estamos preocupados por conseguir la igualdad entre mujer y hombre. Nuestras autoridades, parlamentos regionales y el Parlamento de España legislan, hacen campañas en favor de la igualdad y se producen manifestaciones aquí o allí, declaraciones y jornadas. Los que formamos la Iglesia Católica en Toledo también luchamos y estamos de acuerdo con la igualdad entre hombre y mujer en tantos aspectos fundamentales de la vida humana.

Pero a mí me parece equivocado pensar que la igualdad entre hombre y mujer consiste únicamente en desplegar la ideología de género y cuanto de esa ideología surge. Esa no es la solución. No hace muchos días, por ejemplo, que se anunció por parte de una dirigente de gobierno de la Junta de Comunidades que el próximo curso 2020-2021 se implantará la asignatura “Igualdad” en las aulas de esta Autonomía, porque era la forma de luchar contra la violencia de género. Cierto, en cursos anteriores se había implantado en algunos colegios e institutos (no tantos) de forma experimental y a petición propia. No sabemos cuál ha sido la evaluación de esa experiencia en Castilla-La Mancha. Creo que no se ha compartido dicha experiencia de nueva asignatura por los colegios e institutos que no la pidieron, con un evidente rechazo de la escuela concertada, de la Iglesia o de otras instituciones.

Pero la pregunta es: ¿es solución para conseguir la igualdad aplicar a tope la ideología de género? No, en absoluto. ¿Por qué, pues, los partidos políticos, salvo alguna excepción hablan de género, de ideología de género como solución única a todos los problemas de desigualdad entre mujer y hombre? Es curioso: Partidos de la izquierda clásica, los de inspiración neomarxista; algunos partidos de derecha, centro derecha y otros centros imponen o mantienen todo tipo de ideología de género, en algunas autonomías con leyes concretas en enseñanza y sanidad.

¿Por qué esa solución no conseguirá la igualdad entre los sexos? Porque no aceptan que el ser humano es mujer y hombre. Por eso rechazan el sexo y recurren al género, de manera que, según esta extendidísima teoría o ideología, no hay diferencia de sexo. La división en sexo masculino y femenino, afirman los partidarios de esta ideología es meramente cultural, una construcción interesada y que no responde a la realidad, porque ellos afirman que cada uno puede escoger un sexo en el género que deseé. Y lo demás son clasificaciones interesas de los que han mandado siempre: los hombres, el varón que discrimina y atenta contra la libertad.

De modo que los partidos neomarxistas, por ejemplo, han mutado: de la lucha de clases en favor del proletariado, están ahora en la lucha de género, siendo la mujer el nuevo proletariado. ¿Y no ven que, aunque se luche denodadamente por la igualdad esencial entre mujer y hombre siguen existiendo diferencias normales entre mujer y varón? No lo ven, o no lo quieren ver. En su horizonte no existe complementariedad entre mujer y hombre. Tampoco ven que en esa lucha porque se alcance la verdadera dignidad de la mujer (y del hombre) deben cooperar ambos sexos.

He aquí una especie de misterio inexplicable en aquellos que sólo ven género y no sexo. ¿Cómo habrá familia, pues? Pues así estamos. Sin embargo, hay que seguir luchando con todas nuestras fuerzas para rechazar y anular toda discriminación de la mujer, y el machismo y la violencia doméstica contra la mujer. Ahí estamos y queremos seguir este propósito.

+ Braulio Rodríguez Plaza. Administrador Apostólico de Toledo

 

 

Sueños de esperanza

Posted: 15 Feb 2020 10:14 AM PST

La exhortación “Querida Amazonia” (2-II-2020) tiene la forma de una carta impregnada por el afecto y la preocupación por esa región, que el sucesor de Pedro ve como un “misterio sagrado”: un lugar donde late y se manifiesta la vida divina, también con provecho para otras regiones.

Su punto de vista es el propio de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Ella se sabe impulsada y como vivificada por la Encarnación de Hijo de Dios para llevar la luz y la riqueza de la vida divina a las culturas: “Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia” (n. 6).

Desde ese background, Francisco enuncia sus cuatro “sueños” desgranados en los respectivos capítulos. Esos sueños son paralelos a los “diagnósticos” que en su momento hizo el sínodo de Oceanía. Son, por tanto “sueños” que recogen el trabajo de muchas personas y proceden de un discernimiento eclesial. Son, ahora, los “ sueños" del sucesor de Pedro, sus deseos, sus esperanzas, sus orientaciones, al retomar lo que ve y siente que Dios dice a la Iglesia, para fortalecerla y guiarla en su caminar. Son sueños estrechamente conectados desde la centralidad de Cristo, redentor del hombre y del mundo. Brotan de la Fe, de la Esperanza y del Amor que dinamizan al Pueblo de Dios en este momento histórico.

Sensibilidad social

1. En el capítulo primero se enuncia un sueño social: “Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida”. Esto es una necesidad social que los cristianos hemos de afrontar desde nuestra fe vivida, de nuestra esperanza y nuestro amor a Dios y al prójimo.

La realidad se presenta con realismo. La presencia de la “injusticia y crimen” en la región convierten la presente globalización en la ocasión de un nuevo colonialismo. Ante la explotación y el atropello, es natural que se reaccione con la “indignación”. Pero no con el resultado del odio, sino de la restauración de la dignidad por medio del trabajo, la educación y la promoción humana, como hicieron en gran medida los misioneros de esas tierras.

Al mismo tiempo, el sucesor de Pedro ­–como ha hecho en otras ocasiones, lo mismo que sus predecesores– pide humildemente perdón por los crímenes y pecados de los cristianos contra los pueblos originarios.

Ante el individualismo de nuestra cultura dominante, el riesgo de tantas personas que –obligadas a la migración– se exponen al desarraigo propio de las ciudades, el daño infligido a las instituciones que deberían haber servido a las personas y no alimentado la corrupción, hoy se impone promover el sentido de fraternidad y de comuniónque brota especialmente de la fe en Cristo; la cultura del encuentro y del diálogo social ante todo con los más pobres; la armonía con la tierra y la naturaleza circundante.

Diálogo intercultural

2. El capítulo segundo corresponde con un sueño cultural: “Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana”. Este sueño tiene que ver con el diálogo intercultural.

La inculturación, obra del Evangelio, es también una tarea educativa, cuyo sentido es siempre “cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir” (n. 28). Como manifiestan frecuentemente sus poetas, las culturas originarias guardan la conciencia del parentesco que el hombre descubre entre la naturaleza y Dios, que es su origen. Con ello, se hace posible la sabiduría que, en las diversas culturas, va componiendo un verdadero “poliedro” de tradiciones y experiencias.

Esto requiere cuidar las “raíces” culturales: historias, leyendas y narraciones. Los jóvenes hacen bien en escuchar a los ancianos que guardan esas “memorias” de de que están hechos sus sueños, para que alimenten las “profecías” de los jóvenes y hagan posibles las utopías.

Las culturas tienen sus límites y defectos. Toda cultura tiene la tentación de cerrarse en si misma. La nuestra está marcada por el consumismo y el individualismo, la discriminación y la desigualdad­. Pero también todas ellas están abiertas a la trascendencia, pueden comunicar a las otras los propios valores y enriquecer la comunión humana con esa diversidad.

En la actualidad el diálogo intercultural plantea cuestiones que tienen que ver con las familias, con los medios de comunicación y con el sentido de la “calidad de vida”.

Respeto y cuidado por la tierra

3. El capítulo tercero manifiesta un sueño ecológico: “Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas”. Y lo primero en ese sueño es la “ecología humana”: abrirse a Dios, que es el autor de la naturaleza. Esto requiere a su vez una “ecologia social”. De ahí procede también el respeto y el cuidado por la tierra.

Como ya se ve, esto nada tiene que ver con un antropocentrismo radical y despótico ni, por el otro extremo, con una disolución del hombre en la naturaleza, pues es precisamente el hombre el responsable de su cuidado.

El cuidado que el hombre debe a la tierra contrasta con los abusos y maltratos que provienen del paradigma tecnocrático consumista. Por eso los gobiernos deben defender de establecer normativas e informaciones que permitan a los habitantes de esas tierras ser protagonistas de su propia historia y defender sus derechos junto con su tierra.

Observa Francisco que solo una cultura de la contemplación de la belleza –que en estos pueblos viene de antiguo– puede ayudarnos a escuchar el grito de la tierra y de sus criaturas, que en cada cultura forman el marco donde "los creyentes encontramos (...) un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos" (n. 57).

En efecto, porque la vida ordinaria de los cristianos es el principal “lugar” para vivir y comprender –por medio de la oración y de la vida sacramental–, su condición de hijos de Dios y hermanos entre sí y de todos los hombres.

Esto, señala la Carta, pide una determinada educación de los “hábitos ecológicos”. Escribe el Papa: “No habrá una ecología sana y sustentable, capaz de transformar algo, si no cambian las personas, si no se las estimula a optar por otro estilo de vida, menos voraz, más sereno, más respetuoso, menos ansioso, más fraterno” (n. 58). En este sentido, nuestra cultura consumista debe ser evangelizada, y a fondo.

Inculturación del Evangelio para el bien de todos

4. Finalmente, el capítulo cuarto refleja el sueño eclesial: “Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos”. Aquí se explica cómo la inculturación del Evangelio nos afecta y nos mejora a todos.

Para ello la evangelización debe comprometerse en el anuncio de Cristo. Un anuncio que implica un mensaje social, pero no se conforma con un mensaje social (cf. nn. 65 ss). La consecuencia de ese anuncio es la fraternidad y la inculturación del Evangelio: el acoger todo lo bueno que hay en las culturas y llevarlo a la plenitud de Cristo, junto con la sabiduría cristiana y la tradición milenaria del Pueblo de Dios.

Es importante captar que las culturas no son solamente “sujetos” pasivos de evangelización, sino tambiénprotagonistas activos de la evangelización. en cuanto mediadoras de valores auténticamente humanos que se abren a la fe (cf. n. 67). Y esto es así porque, como señaló Juan Pablo II, la fe, para ser plenamente acogida, pensada y vivida, ha de hacerse cultura.

La inculturación del Evangelio implica reconocer la sabiduría de las culturas, en este caso de las culturas precolombinas. Requiere respetar los símbolos que las abren a la trascendencia, sin etiquetarlos simplemente de “ idolatrías", aunque manifiesten una religiosidad imperfecta, parcial o equivocada.

Supone asimismo apreciar muchos de sus valores tradicionales (“la apertura a la acción de Dios, el sentido de la gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la creencia en una vida más allá de la terrenal, y tantos otros valores” n. 70, según el documento de Santo Domingo, 1992).

Aunque nos cueste aceptarlos –a los que estamos sumergidos en la modernidad tardía o líquida–, estos valores nos pueden ayudar –señala Francisco– a superar nuestro consumismo ansioso y nuestro aislamiento urbano. La relación con el cosmos y con los demás nos puede llevar poco a poco a redescubrir “la relación personal con un Tú que sostiene la propia realidad y quiere darle un sentido, un Tú que nos conoce y nos ama” (n. 73).

En esta línea espera Francisco que la centralidad de la Eucaristía, el recurso a la oración y la convivencia –especialmente a nivel ecuménico e interreligioso–, junto con el trabajo común en favor de los más desfavorecidos, impidan que nos devoren “la inmanencia terrena, el vacío espiritual, el egocentrismo cómodo, el individualismo consumista y autodestructivo” (n. 108).

Destaca la importante aportación de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad. Apunta la necesidad de desarrollar diferentes servicios eclesiales contando con la generosidad de todos y de acuerdo con la condición y los dones de cada cristiano: laicos, ministros sagrados y religiosos. Y concluye el Papa invocando la protección de María­, Madre de la Amazonia.

 

 

Toxinas y antídotos en la comunicación

Mª Pilar Casanova durante la sesión

¡Hay esperanza! Eso es lo primero que nos viene a la cabeza ante la palabra antídoto. Efectivamente, somos humanos y, cuando nos comunicamos, todos caemos en conductas tóxicas. Lo primero que podemos considerar es que el conflicto es inevitable, pero el combate es opcional. Un conflicto suele surgir cuando nos callamos y aceptamos todo sin expresar opiniones o necesidades. O bien cuando se da una diferencia de criterios. O cuando no quiero escuchar, o nuestras necesidades no son atendidas, valoradas.

Mª Pilar Casanova, coach ejecutiva y formadora en temas de comunicación efectiva y no violenta, estuvo con nosotras en el I-WiL Lunch de febrero, para hablar de los antídotos contra las toxinas en nuestra comunicación. Hablamos de conflictos, necesidades, y comunicación no violenta. La sesión de Mª Pilar está basada en  Los 4 jinetes del Apocalipsis, concepto de toxinas que ha sido desarrollado por el profesor emérito de Psicología de la Universidad de Washington, John Gottman. Son los 4 comportamientos negativos más comunes en equipos y relaciones, con un alto impacto sobre las relaciones entre personas. La buena noticia es que existen antídotos que nos ayudarán, por un lado, a desvelar los verdaderos motivos de dichos comportamientos y, una vez tomada conciencia de los mismos, a facilitar la resolución de conflictos personales y profesionales, mejorando el trabajo en equipo de manera sostenible.

Veamos cuáles son las cuatro toxinas en nuestra comunicación:

  1. La crítica puede ser un juicio al otro, una queja mal expresada. Solemos usar adverbios de tiempo absolutos: «¿por qué siempre/nunca…?» Hay un gran componente de culpa, de desprecio al otro.
  2. El sarcasmo, cuando nos divierte lanzar frases mordientes. Degrada al que lo usa.
  3. Ponerse a la defensiva, nos defendemos con frases como «Y tú más…»
  4. El amurallamiento, cuando el conflicto nos bloquea incluso emocionalmente y nos escondemos. también se entiende como una falta de compromiso (no es aplazar, sino huir).

Es importante saber que las toxinas nunca mejoran. El proceso necesario para neutralizarlas siempre pasa por IDENTIFICAR+STOP+ANTÍDOTO. Mª Pilar nos explicó cuáles son los antídotos ante estos comportamientos tóxicos:

  1. En el caso de querer criticar, parar el pronto, escuchar, reconducir el tono. Explicarnos, buscar otro momento. Detrás de una crítica siempre hay una necesidad mal expresada, y conviene que cambiemos el foco desde el problema hacia la persona. Podemos convertir la crítica en una petición o preguntar: «¿Qué necesitas»?
  2. En lugar de ponerse a la defensiva podemos preguntar «¿qué has querido decir? ¿A qué te refieres?» O bien, «¿qué has entendido»? Quizá lo que nos están diciendo es bueno, lo malo es la envoltura del mensaje.
  3. Si nos sale un arranque sarcástico -que también es una manera de escondernos-, frenemos, no entremos en la guerra: pensemos antes, respiremos hondo  y tratemos de empatizar. Cuando somos nosotros el objeto del sarcasmo podemos preguntar «¿para qué lo haces?», y no entrar en el juego.
  4. Si hay amurallamiento, es que hay miedo. Si es el caso, podemos preguntarnos «¿de qué tengo miedo?, ¿cuál es el riesgo?» Además podemos estimular la curiosidad (para hacernos salir de nuestra fortaleza) preguntándonos «¿qué pasa?»

Estos comportamientos comunicativos tienen, como todo, beneficios (si no, no lo haríamos) y costes. La crítica me «beneficia» cuando desestabilizo al otro y me hace sentir mejor, pero conlleva un coste: dejamos al otro herido. Si nos ponemos a la defensiva, ganamos una careta y podemos, incluso, divertirnos, pero rompe la confianza entre las partes. El sarcasmo me ofrece autoprotección, elementos de defensa de mí mismo, pero corta la comunicación. Por último, si nos amurallamos, logramos una aparente protección. Si alargas esta situación, se puede llegar a romper la relación, ya que habrá demasiada distancia.

Para terminar, Mª Pilar nos dejó una frase que podemos rellenar según nuestra situación y necesidad:

CUANDO TÚ ———— (DATO OBJETIVO, por ejemplo gritas, desordenas)———– YO SIENTO——- (EMOCIÓN, por ejemplo tristeza, frustración)————–, PORQUE TENGO LA NECESIDAD DE —————– (por ejemplo respeto, orden)—————–. ¿QUÉ TAL SI——————————?

Ante esta propuesta sin exigencias a nuestro interlocutor, este puede reaccionar con un sí o un no, como es lógico. Si la respuesta es un no, quizá debemos hacer un duelo de nuestra necesidad…

Una participante añadió que, si se trata de una conversación en el seno familiar, podemos también preguntar «¿qué consecuencias tendrá para mí, para ti y para nuestra casa, si no lo hacemos?

¿Empezamos ahora mismo?

 

Érase una niña desordenada

Blanca Sevilla

Facebook Twitter Google Whatsapp Email Print

Tamaño de letra disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente

Era sábado y la inspección estaba por llegar. Me sabía las palabras de memoria, pero para mí significaban muy poco.

–Ya te dije que debes tener un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar–, decía mi padre reiterativamente, con la esperanza fútil de que algún día las palabras se acomodaran en los escondrijos del cerebro, tan desordenado como lo que su niña llamaba personalidad. Se abrían los cajones del clóset y saltaban las blusas como las pulgas amaestradas. En la silla de la recamara posaban, en confusa mezcla, las prendas que había usado en la semana. Los libros, de cabeza, conversaban de temas tan diversos como historia, geografía o literatura. Interrumpían el diálogo las hojas blancas convertidas en pelotas.

 

–Mañana pongo en el bote la ropa sucia. Mañana tiro los papeles. Mañana reacomodo los textos en el librero. ¡Falta tanto para el sábado! –, siempre había la posibilidad del mañana.

 

Pero llegaba la inspección sabatina y el tiempo se había acabado.

 

El mañana de todos los días se convertía en palabras de reproche, en explicaciones de la importancia del orden, en castigos. No voy al cine, no salgo a tomar un helado con las amigas, no voy al parque pueblerino.

 

Un buen día, los ritos de fin de semana se acabaron. La niña había recibido de su padre lo que necesitaba. De ahora en adelante era ella sola. No más amenazas. Llegó la independencia.

 

–Así soy yo. Puedo identificar entre la pila de libros, que ya mide más de un metro, la Divina Comedia o La Navidad en las Montañas; es mi desorden ordenado.

 

Con el tiempo, la niña de los sábados fue madre. Y los hijos llegaron a la adolescencia.

 

–Mamá, ¿sabes dónde dejé un trabajo que tengo que entregar mañana?

 

–¿De casualidad viste mi cartilla? La necesito para sacar mi licencia y no alcanzo a llegar…

 

–Yo dejé mi regla encima del escritorio y alguien la cambió de lugar.

 

–Lo siento –digo yo mientras me pongo los aretes, casi en la puerta–,no tengo tiempo de buscar nada, apenas llego a una cita.

 

Ya en el coche, recuerdo que debo entregar un recibo. Lo dejé sobre el buró, estoy segura, fue anoche. O… ¿el lunes? Pierdo una hora en buscarlo. Y pierdo la paciencia y la cabeza.

 

–¿Por qué no aprendí a poner cada cosa en su lugar?

 

Las ideas vienen también desordenadas. Lo externo es fiel reflejo de lo que tengo dentro… Escribir un artículo sobre el orden, entregar un trabajo, participar en un programa, comprar los útiles de Gaby, ayudarla a estudiar, ensayar para una obra de teatro.

 

–Ser todólogo y desordenado no conduce ya no se diga a Roma, sino por lo menos a la esquina de mi casa. ¿Por qué no aprendí a decir no?

 

Hoy, precisamente hoy, viernes, empezó nuevamente. Nunca es tarde para educarnos, dicen los pedagogos. Y espero que sea así. La lucha es contra mí.

 

¿Por dónde empiezo?

 

Rescato aquellos ritos sabatinos de mi padre. Recupero sus palabras. Las encierro en los aposentos de mi cabeza. Que no se vayan, por favor. Las necesito para vivir y para respirar.

 

Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.

 

Por lo pronto, digo no a un nuevo compromiso. Pongo las ideas en orden alfabético, por prioridades, y me encaro a la tarea de vivir congruentemente.

 

Cómo cultivar el amor y la amistad

Raúl Espinoza

El 14 de febrero se celebra “El Día del amor y la amistad”. Me parece una fecha propicia para reflexionar sobre las características del amor y de la verdadera amistad.

El filósofo Aristóteles escribió: “Un amigo nos parece el más precioso de los bienes de la vida”. También el célebre literato del Siglo de Oro Español, Lope de Vega, afirmaba “Yo dije siempre, y lo diré y lo digo, que es la amistad el mayor bien humano”.

Sin duda, la amistad aumenta la alegría y mitiga las penas. Dos ejemplos: no es lo mismo celebrar un cumpleaños completamente solo, que en compañía de la esposa, la familia y las amistades. Aunque el festejo sea sobrio y sin lujos, lo importante es estar con los seres queridos. Igualmente, cuando fallece un familiar, o se encuentra gravemente enfermo o se ha sufrido un descalabro económico, ¡Cuánto se agradece la presencia y el acompañamiento de la familia y las amistades! Numerosos autores coinciden en señalar que quién encuentra a un amigo, haya un tesoro incalculable; uno de los bienes más altos, quizá el mayor de todos.

De igual forma, cuando se tiene una preocupación que produce angustia, se agradecen en mucho el que los familiares y las amistades hagan más llevadero ese trago amargo. Por ello, Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina, sugiere invertir aquel viejo refrán: “Quien bien te quiere, te hará reír”, en vez de “te hará llorar”. Y tiene mucha razón porque cuando el cónyuge o un amigo comunican una visión positiva, optimista de los hechos y anima al otro a redimensionar sus problemas con ilusión y esperanza, entonces desaparece esa visión trágica y reaparecen la serenidad y la alegría.

“El auténtico amigo da prioridad al amigo sobre su propia persona, está dispuesto a dejar a un lado sus gustos e intereses, si así lo requieren las necesidades del amigo. Esto se manifiesta especialmente en las situaciones difíciles que le exigen renunciar así mismo, correr riesgos, o cuanto haga falta, para apoyar al otro”, considera el filósofo Francisco Ugarte Corcuera.

Otra faceta es que la amistad es desinteresada, sabe escuchar y pone atención en las necesidades de la otra persona. Sería una contradicción el considerar a los amigos “como meros escalones para conseguir algo” (dinero, contactos, relaciones, un mejor sueldo). Sería instrumentalizarlos por otros fines. A veces se llaman “amigos“ a los compañeros de estudios, de trabajo, de un club deportivo, etcétera, pero se trata de relaciones temporales, superficiales, que fácilmente desaparecen.

La amistad es algo más profundo porque se busca a la persona tal y como es, con sus defectos y virtudes, se pasan por alto pequeños detalles no agradables, los súbitos cambios de ánimo, de crispación y mal humor. Se aprende a comprender, perdonar y disculpar y se acompaña a esas amistades hasta la muerte.

Lo mismo ocurre en el matrimonio. Con frecuencia se considera como válida aquella conocida frase final de los cuentos y películas: “Se casaron, tuvieron hijos y fueron muy felices”.

Cuando comienza la unión matrimonial es el inicio de una larga travesía en la que se pasan por tiempos de bonanza y tempestades; se aprende a ceder y a servir, buscando el bienestar del otro cónyuge y la familia.

¿Cuál es el secreto para que el amor entre los esposos no muera o se convierta en una convivencia monótona e insípida? Stephen R. Covey en su conocido libro Los 7 hábitos de la gente eficaz le recomendaba a un casado sobre su mujer: “El amor –como sentimiento– es fruto de amar. De modo que ámela. Sírvala. Sacrifíquese por ella. Escúchela. Comparta sus sentimientos. Apréciela. Apóyela”. Y concluía que es el mejor modo de reconstruir una relación que se ha enfriado.

Muchas esposas se quejan de que sus maridos rara vez les dicen que las aman. En realidad, lo único que ellas piden es que se manifieste ese mismo sentimiento de amor, como cuando eran novios. Y es que el amor entre los esposos se alimenta de pequeños detalles de cariño, de transmitir afectos, de manifestar que el amor sigue vivo y se cultiva diariamente, a base de cosas pequeñas, que nunca serán nimiedades.

Los esposos y los amigos que se aprecian de verdad, se interesan entre sí y cada uno desea el bien para el otro. Se ayudan a superarse, a crecer como personas. Su respuesta es incondicional ante cualquier necesidad. Se comprometen a hacer todo lo que esté de su parte para conseguir que los otros sean felices. Como recomienda un célebre autor de nuestro tiempo: “Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces”.

 

La honestidad

Silvia del Valle Márquez

La honestidad puede entenderse como el respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas, incluyéndonos.

Por eso en nuestros días es tan importante educar a nuestros hijos en esta virtud, así que aquí les dejo 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Enseña a tus hijos a pensar antes de actuar.

Con esto los estamos acostumbrando a reflexionar y a que vean qué es lo que más conviene a cada situación.

Cuando mis hijos explotan por alguna situación injusta principalmente, los hago que cuenten hasta 10 y les pido que me digan por qué están enojados. De esta forma vuelven objetivo su enojo y por lo mismo pueden dar una respuesta adecuada a cada situación.

SEGUNDO. La verdad ante todo.

Esto es muy importante porque a veces hasta a nosotros mismos se nos olvida. ¿Por qué digo esto? Bueno pensemos, ¿cuántas veces no les hemos dicho a nuestros hijos que contesten el teléfono y digan que no estamos?

Debemos tener claro que no existen las mentiras piadosas, al final de cuentas, son mentiras y eso debemos transmitirlo a nuestros hijos.

TERCERO. Debemos ser coherentes siempre.

¿Qué significa esto?, que debemos actuar conforme a lo que pensamos y lo que decimos.

No podemos decirles a nuestros hijos que robar es malo si cuando vamos al súper o al mercado pasamos por la zona de frutas y verduras y tomamos fruta, la comemos y no la pagamos; porque el ejemplo es más fuerte que las palabras.

Con mis hijos procuro que si tienen que hacer algún trabajo sobre un tema con el que no están de acuerdo o no les gusta hagan el trabajo objetivo y al final den su opinión conforme a lo que piensan.

CUARTO. Aprendamos de los errores.

Si acostumbramos a nuestros hijos a ganar siempre, o a que ellos siempre tienen la razón, a la larga se convertirán en personas deshonestas porque no les importará lo que tengan que hacer para tener la razón y obtener todo lo que quieren, cuando quieren.

Enseñar a los hijos a que todos cometemos errores es muy formativo y, sobre todo, que de ellos podemos aprender y corregir para mejorar.

Con mis hijos hacemos la reflexión de qué es lo que estuvo mal y cómo lo podemos corregir la próxima vez.

Y QUINTO. Cumple tus promesas.

Como lo hemos dicho la mejor forma de educar es con el ejemplo. Así que cuando cumplimos lo que les prometemos a nuestros hijos les estamos dando una lección sobre honestidad.

Por eso es importante pensar antes de prometer castigos. Estos deben ser de acuerdo con la falta y a la edad de nuestros hijos y al final deben ser cumplidos.

Y que decir de los premios, si prometemos un premio debemos otorgarlo si nuestros hijos cumplen la meta que les pusimos.

Debemos recordar que los hijos aprenden de nosotros y nuestras actitudes así que son nuestro reflejo.

¿Qué clase de hijos queremos tener? Pues esa clase de padres debemos ser.

 

 

Familia y sociedad

Ana Teresa López de Llergo

Los problemas de masificación no se dan en familia porque cada uno es quien es y así es posible el desarrollo de la responsabilidad.

Cuando la familia tiene solidez los beneficios para las personas que la integran son innegables: en primer lugar, son seguras pues se saben queridas; las esperan, se preocupan si se encuentran enfermas o comparten sus preocupaciones como puede ser encontrar trabajo o si tienen puestas sus esperanzas en algo los parientes sufren o se alegran. Esto indudablemente forja a personas seguras y solidarias porque aprenden de esos ejemplos.

Este perfil de personas resulta muy deseable en cualquier sociedad. Ante cualquier desajuste, los miembros de la familia son los primeros que ponen medios para que la persona recupere la serenidad y escuche consejos que sabe son desinteresados. Allí se recupera la serenidad y nunca los desahogos afectan gravemente la paz.

En una familia bien avenida se cuida a los ancianos, los mayores jubilados están pendientes de los niños cuyos padres salen a trabajar fuera del hogar, unos y otros están pendientes del horario en que acostumbran estar fuera o en la casa y, si hay alguna irregularidad, de inmediato buscan la información adecuada para resolver situaciones indeseables.

Los miembros de una familia lo son también de la sociedad, por eso, a la sociedad le debe interesar la buena marcha de las familias, aunque también la sociedad ha de apoyar a las familias con los recursos que ellas no tienen.

Las estadísticas muestran que hay más salud y esperanza de vida en quienes tienen una familia estable porque disminuyen las enfermedades mentales, la violencia, el alcoholismo y la drogadicción. Los resultados académicos son mejores y son menos frecuentes los embarazos de adolescentes. Por supuesto, bajan los índices delictivos porque se conocen mejor el tipo de amigos y los lugares que frecuentan.

Si proliferan los divorcios, las cargas económicas se multiplican, simplemente porque se duplican o triplican las rentas, las prestaciones sociales, los costos de los litigios, la acogida de menores, etcétera, etcétera. El sufrimiento de las rupturas familiares provoca reacciones de indisciplina, que cuando se vuelven hábito llevan a la infracción de leyes.

Cuando uno de los progenitores se queda al cuidado de la prole y el otro se desentiende, este ejemplo puede provocar en los hijos la forma de evadir las obligaciones, con lo cual habrá ciudadanos problemáticos. De todos modos, aunque deseen atender bien a los hijos, las dificultades aumentan cuando no viven bajo el mismo techo. Y se agravan cuando se dan nuevas uniones en uno o en los dos progenitores, porque los nuevos compañeros preferirán a sus hijos si los hay.

Lógicamente ante nuevas parejas, la estabilidad familiar ya no es tan sólida, y se provocan más dificultades para el bienestar material y, sobre todo para lo afectivo. En estas circunstancias el cuidado de los ancianos o de los enfermos ya no se garantiza. Los valores éticos, religiosos y culturales se difuminan. Las cuestiones económicas se enredan cuando hay herencias Los asuntos laborales se complican al señalar los puestos de trabajo, si se trata de una empresa familiar.

Ante este panorama, en la sociedad aumentan los problemas porque al perder la cercanía de los progenitores, también se pierden los consejos para un buen desempeño laboral. Las inversiones en educación ya no se aplican de la mejor manera, y es necesario aumentar las políticas de prevención o de corrección. En definitiva, se desequilibra el costo beneficio y aumenta el círculo vicioso de pobreza.

Con una juventud problematizada por la inseguridad familiar, los jóvenes tenderán a bajar su autoestima y, por lo tanto, bajará la creatividad para desempeñar el trabajo y aumentará la falta de compromiso, el desempleo, la productividad, la violencia y la delincuencia. La sociedad tendrá que afrontar aumentos de subsidios por desempleo, disminución de ingresos por impuestos y desaprovechamiento de las capacidades.

Los hijos que viven la experiencia de la ruptura de su familia, generalmente tienen miedo de formar la suya. Cuando se deciden aumenta la edad en la que nace el primer hijo, esta es una de las razones de la disminución del número de hijos respecto a generaciones anteriores. Todo ello incrementa el envejecimiento de la población. Por eso, el rol de los abuelos se ha complicado.

Una de cada nueve personas tiene 60 o más años de edad, y se calcula que para 2050 la proporción será una de cada cinco personas. Para aligerar la carga social, se habla de un envejecimiento activo, con el apoyo de mejoras en los planes de salud, de participación y de seguridad. Dentro y fuera del ámbito familiar contar con sus servicios mediante el fomento, con carácter de urgencia, de los encuentros intergeneracionales dentro de la familia. Las personas mayores que se sienten necesitadas por los suyos suelen vivir más y mejor.

Actualmente, las personas mayores cuidan a otros miembros de la familia, porque para sacarla adelante, el padre y la madre necesitan trabajar fuera de la casa, por eso los abuelos necesitan apoyar en el cuidado de los nietos. El beneficio es mutuo pues se ha descubierto que los abuelos rejuvenecen con el papel de cuidadores familiares y los nietos descubren las riquezas del pasado, muchos aspectos de la cultura familiar, de la historia y de los ancestros.

Es necesario que los abuelos aprendan su papel subsidiario respecto a los padres, pero nunca sustitutivo. La autoridad y la responsabilidad propia e inmediata siempre corresponde al padre y a la madre. Si esto se cuida la colaboración será un éxito.

Los problemas de masificación no se dan en familia porque cada uno es quien es y así es posible el desarrollo de la responsabilidad. En sociedad sí puede darse la masificación, aunque es poco probable cuando existe una familia sólida. Este es un aspecto sumamente importante para el ejercicio de la libertad, indispensable para contar con ciudadanos rectos y participativos.

 

 

El veneno del resentimiento

Lucía Legorreta

Perdonar es vivir el presente en paz con uno mismo, se trata simplemente de pasar la página y olvidarse de la venganza.

Cuentan que cuando Nelson Mandela salió de prisión después de 27 años de estar encerrado, el expresidente de los Estados Unidos Bill Clinton le preguntó: “Señor Mandela, ¿cómo perdonará usted a sus carcelarios?”. A lo que respondió de inmediato: “Al cruzar la puerta de la prisión, comprendí que, si continúo odiando a los carcelarios, seguiría yo en prisión”.

Eso es precisamente el resentimiento: volver a sentir, una y otra vez y sin temor a equivocarme puedo decirte que es como un veneno en tu interior, como un costal lleno de piedras que cargas todos los días.

Está comprobado que la persona que no perdona, que vive llena de rencores y resentimientos, no será feliz, vivirá amargada, enojada y enferma por dentro y por fuera.

La psicología ha estudiado mucho el tema del perdón, y lo que ha concluido es que no se debe perdonar con fines altruistas, sino por puro egoísmo. Es decir, hay que alimentar nuestra propia felicidad. Vamos a reflexionar sobre esto:

No quiere decir que haya que olvidar.

No existe ninguna cirugía que extraiga del cerebro recuerdos tan dolorosos como los que han sufrido víctimas de malos tratos, o aquellos que fueron el blanco de una estafa o de cualquier otro tipo de abuso o humillación.

Es muy complicado vivir con ese dolor sobre la espalda, pero al final se puede superar. El milagro del perdón es que su capacidad corrosiva se va diluyendo. Es decir, los recuerdos permanecen allí, pero, si se logra dejarlos atrás, es posible que no afloren tan a menudo.

Al final aparecerán solo cuando se les invoque (resentimiento: volver a sentir), pero nunca lo harán por sí mismos.
Entiendo que cuando el rencor es reciente, y estás muy resentido, pensarás que esto no es posible, pero hay que confiar.

No significa tener que entender al otro:

Es más fácil superar el resentimiento si se conocen los motivos que han llevado a la otra persona a hacer daño, pero no siempre existe una explicación lógica.

Y sin embargo es muy tentativo caer en el error de buscar argumentos racionales que fundamenten el daño sufrido. Pero si se sigue este camino, se acabará dando vueltas y más vueltas a todos los detalles, pero no se concretará nada. Entrarás en un laberinto de difícil salida.

No hay que reconciliarse forzosamente con el pecador:

El perdón tiene más finales de los que nos enseñaron. No se trata obligatoriamente de poner la otra mejilla, lo que cuenta es sentirse bien con uno mismo y quizá sea imposible volver a confiar en esa persona.

Por este motivo, se puede llegar a perdonar a alguien y luego decidir si se quiere o no apartar a eses pecador de nuestra vida.

¿Qué significa entonces perdonar? ¿Qué significa vivir sin resentimientos? Es vivir el presente en paz con uno mismo, se trata simplemente de pasar la página y olvidarse de la venganza.

Saber olvidare es, por tanto, poner la felicidad en nuestras manos y no en manos de otro. Según algunas investigaciones, perdonar garantiza más años de vida, menos depresión y riesgo de infarto, una presión arterial más baja e incluso un sistema inmunitario fortalecido.

Nos dice Anthony de Mello: “Recibir un agravio no significa nada, a menos que uno insista en recordarlo”.

El tiempo ayuda.

No es fácil controlar las emociones y sentirse humillado es bastante normal. Pero una vez superado este primer sentimiento debe hacer acto de presencia la voluntad.

A partir de aquí el tiempo puede jugar a favor o en contra. Si el resentimiento se enquista, se volverá crónico; si se deja pasar, será más fácil seguir adelante. Es necesario pasar la página, ya que a veces una parte de nosotros está gozando con ese sufrimiento. Hay que proponerse dejar atrás lo que nos daña.

Para liberar el resentimiento, los expertos también sugieren pensar en el futuro. Se que no es fácil cuando te encuentras lleno de amargura y enojo, y te es imposible ver nada y pensar en nuevos propósitos.

Pero la vida sigue y hay que volver a acostumbrarse a la claridad del día. Poco a poco irán apareciendo nuevas siluetas que nos devuelvan la ilusión y le den el portazo a los sentimientos más dolorosos.

La puerta de esa habitación se abrirá sólo después de un acto sincero de introspección. Entonces saldrás sintiéndote diferente, habiendo madurando y lo que encontrarás fuera será mucho mejor de lo que recuerdas.

Te invito a dejar atrás todos aquellos rencores y resentimientos del pasado, elimina ese veneno que te está dañando y enfócate a vivir un presente con amor hacia los demás.

 

 

Casas para el alma, y no sólo para el cuerpo

​Atelier, cuadro de Vermeer, famoso colorista holandés del siglo XVII. Perteneciente al Museo de Historia del Arte, de Viena.

 

El alma humana requiere de compartimentos cerrados, en que organice ambientes hechos según sus propias necesidades, como el cuerpo requiere de casa y abrigo para protegerse.

 

A nuestro juicio, para ser más explícito, el título del cuadro debería ser Ambiente en un atelier. Pues el verdadero éxito del artista no consiste tanto en la descripción de los elementos físicos del atelier —el pintor, el modelo, el caballete, el lienzo, el mapa, la araña, la cortina, etc.—, sino en revivir el ambiente tan cargado de significado psicológico que se desprende del conjunto de todos estos elementos.

La sala es baja, sobre todo en comparación con otros edificios de aquel tiempo. El pintor, si se pusiera de pie sobre el banco, podría tocar el techo con la mano. La impresión de poca altura es realzada por la araña, de no pequeñas dimensiones. La pared está pintada sencillamente de un solo color. Parece gruesa y simple, como en una vivienda modesta y común de pequeña burguesía. Esta idea de fuerza, estabilidad y simplicidad casi rústica es acentuada por la viguería a la vista del techo, oscuro, sobrio, enteramente común. Lo que se puede apreciar del nivel social de los personajes —pintor y modelo— confirma esta sensación pequeño burguesa.

Papel de la pequeña burguesía en la sociedad

En una sociedad cristiana, la pequeña burguesía constituye un valor precioso e indispensable. Su vida ordenada, seria, simple, pero dotada de una dignidad fundamentalmente superior a la del trabajo manual, representa en la escala armónica de valores un elemento de transición indispensable entre el obrero y el burgués.

La despreocupación, la naturalidad, la intimidad y el confort son el encanto propio de la vida pequeño burguesa. Es lo que en esta sala se nota. Ella constituye un mundo cerrado. Dentro de ella, el hombre se siente en una atmósfera moral específica, enteramente distinta de la calle, para la cual tal vez dé la ventana, pero que queda psicológicamente a mil leguas del pintor y del modelo.

Un ambiente lleno de vida

“Ambiente cerrado”, sí. No obstante, no es un ambiente vacío y sin vida. En él penetran diversas claridades de varias especies.

De la ventana viene una luz espléndida, que inunda al modelo y se transforma en suave e inteligente penumbra junto al pintor. Un suelo de mármol sirve para multiplicarla ligeramente y dar a este ambiente casi pobre una nota agradablemente contradictoria, de riqueza y distinción. Esta sensación de riqueza es acentuada por una opulenta cortina de un tejido ricamente trabajado, y por un espléndido mapa mural, que da una impresión de intelectualidad y amplitud de horizontes.

Se diría que el talento y el lujo lucen en esta penumbra de simplicidad, como la luz brilla con mil diversas tonalidades en la meditativa y recogida oscuridad de la sala. Es la belleza específica de un ambiente pequeño burgués, fuertemente intelectualizado y un tanto pródigo en recursos económicos.

En suma, la sala tiene ambiente. Y el alma humana requiere de compartimentos cerrados en que organice ambientes hechos según sus propias necesidades, como el cuerpo requiere de casa y abrigo para no sucumbir.

* * *

​Uno de los tantos ambientes verdaderamente inhumanos que ha creado la arquitectura llamada moderna

Existe la tendencia en muchos arquitectos modernos a ignorar esta imperiosa necesidad del alma, al construir casas en que el hombre se siente como en la calle. Nada aislado, recogido, típico. Todo permeable, anodino, vulgar. Claro está que no faltan decoradores que completen su obra.

Típica de esta tendencia es la capilla de la segunda foto, de puro vidrio con columnas de madera, construida para una secta protestante en California. Corresponde ella, en el arte sacro, a los edificios civiles con grandes paredes de vidrio, en que de cemento sólo existe lo necesario para soportar el techo de los diferentes pisos.

El ambiente en la formación de los hijos

Nada de recogido, nada de ambientación. Una edificación tiene la mera función física de proteger contra el frío, viento o calor. Es tan vacío de significado moral para los hombres, cuanto una incubadora lo es para sus respectivos ocupantes.

No censuraríamos que en un lugar de espléndido panorama, donde todo invita al culto a Dios, por excepción se construyese una iglesia de vidrio. Llevando las cosas al extremo, comprenderíamos como legítimas hasta excepciones más amplias. Siempre, no obstante, como una excepción. Pero, por sistema, desear que edificios así sean frecuentes en el mundo entero, parece contrario a todas las exigencias del alma humana.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Noviazgo adolescente: ¿Prohibir, aceptar, vigilar… qué hacer?

Por LaFamilia.info 

 

Foto: Pixabay

No hay duda que las generaciones modernas van a un ritmo más acelerado de lo que se acostumbraba anteriormente; y es lo que sucede hoy con los “noviazgos” a tempranas edades. Una realidad para la que ni padres ni hijos, se encuentran preparados. ¿Qué hacer ante esta situación? En LaFamilia.info te orientamos al respecto.

Una mirada al entorno

Son muchos los fenómenos que pueden estar acelerando los procesos naturales que deben ser vividos en cada etapa de la vida, pero tal vez los más contundentes, son aquellos relacionados con el avance tecnológico y los medios de comunicación, los cuales imprimen en el mundo moderno, un ritmo tan vertiginoso que se sale de control. A esto hay que sumarle, el bombardeo constante de mensajes que los niños reciben a través de dichos medios, gran parte de ellos, emitiendo “modelos” poco aptos para su formación ética, precisamente en una edad donde el criterio aún se halla en formación, obteniendo así unos jóvenes desorientados y confusos.

De igual forma, la soledad de los niños y jóvenes, la descomposición de las familias, el poco tiempo del que disponen los padres para estar con sus hijos, la carencia de normas y límites, entre otros tantos, también afectan de forma directa esta situación.

Así pues, aparte de reconocer que existen unas condiciones en nuestra sociedad -imposibles de evitar-, la mejor alternativa entonces, es trabajar desde los hogares para que nuestros hijos se enfrenten al mundo con una voluntad firme, un conjunto de valores inalterables, un respeto por la autoridad y una familia que espera en casa rebosada de amor, comprensión, escucha y apoyo.

¿“Noviazgo” adolescente?

La adolescencia es una etapa de intensos cambios corporales, emocionales e intelectuales. Es una constante montaña rusa de emociones y sentimientos, por ello sus manifestaciones agresivas o afectivas al extremo. Es aquí donde las hormonas se vuelven inquietas y los jóvenes comienzan a vivir sensaciones hasta el momento desconocidas, como por ejemplo la atracción sexual.

Partiendo de esta base, se podría decir que lo que se presenta a estas edades no es propiamente un noviazgo; más bien es un estado de “enamoramiento” que se limita a una atracción física, la cual puede ser confundida fácilmente con el verdadero amor y llevar a consecuencias irreversibles en la vida de los adolescentes.

Decimos pues que el auténtico noviazgo, es aquella relación entre un hombre y una mujer, en donde su vínculo de amor, los lleva a vivir un tiempo de maduración para culminar en su fin principal: el matrimonio. Por tanto, hablar de algo de tanta envergadura como el compromiso marital a los quince años, es algo salido de contexto.

“El noviazgo en los jóvenes, suele ser una relación muy inestable, que se ve afectada por la inexperiencia propia de la juventud. También influyen terceras personas que juzgan, presionan, imponen, prohíben, etc. Por lo general, los noviazgos adolescentes no son duraderos, por la misma inestabilidad física y emocional de los jóvenes, que muchas veces lo hace insostenible. (…) El inconveniente de la adolescencia, es no saber lo que se quiere, y sin embargo quererlo a toda costa, aquí y ahora, sin fijarse en el tiempo y circunstancias.” Explica el autor Francisco Gras de Micumbre.com, “El noviazgo explicado a los hijos adolescentes”.

¿Prohibir, aceptar, vigilar… qué hacer?

Como es apenas comprensible, algunos padres entran en pánico cuando se enteran que sus hijos de doce o trece años han iniciado una relación de noviazgo, otros reaccionan de forma agresiva, llegando incluso a tomar posturas extremas como prohibir la relación o imponer drásticos castigos, mientras que otro grupo de padres, opta por darle de largas a la situación e ignorar por completo lo que sucede con los hijos. Ah… y no ha de faltar aquellos que alcahuetean o aprueban estos noviazgos prematuros.

Todos los casos anteriores, no son la mejor forma de afrontar la situación. Cuando los padres se inclinan por la prohibición sin dar argumento alguno, se causa el efecto contrario: el noviazgo se hace aún más atractivo y se abre el camino para que los episodios de rebeldía y/o desafío de la autoridad paterna, se hagan presentes. Al mismo tiempo, el castigo tampoco es la solución, pues el problema no está en enamorarse, sino en la ausencia de unas condiciones necesarias para ello. En cuanto a “hacerse el de la vista gorda” frente algo tan trascendental, será un silencio que hará tanto daño como el mismo castigo. Con relación a aprobar este tipo de noviazgo, es algo que corresponde a los amigos de los hijos, no a los padres, quienes deben brindar las orientaciones adecuadas desde su óptica de responsabilidad y madurez.

Lo que los padres deben hacer, es enseñarles a sus hijos a dominar sus impulsos y deseos, deben ayudarles a fortalecer su voluntad, a identificar las consecuencias de cada acto, a valorar su cuerpo como su mayor tesoro, a respetar la integridad de la otra persona, a ser asertivos y fomentar su autoestima, a saber enfrentar las presiones externas (amigos, publicidad, series, películas, música, etc.) Asimismo, se les debe explicar que cada cosa tiene su debido tiempo, se debe vivir lo propio de cada etapa, sin adelantarse al curso natural.

Para ello, los padres han de utilizar el diálogo como su mejor aliado, conversar con sus hijos de este tema con mucha naturalidad, y tal vez anticiparse, antes de que los hijos busquen información en otras fuentes, la mayoría de ellas erradas. A través de estas charlas, se les debe advertir sobre los peligros que asumen con un noviazgo anticipado y las consecuencias de iniciar una vida sexual temprana, como puede ser un embarazo no deseado, la dificultad para lograr proyectos profesionales, enfermedades que comprometen los sueños de cada quien, la materialización del cuerpo –promiscuidad-, etc.

Además, los padres deberán valerse de la autoridad con la que fueron dotados, así que en casa deben existir unas reglas claras, firmes y razonables sobre el comportamiento de los hijos en relación a sus noviazgos. También es importante expresarles cariño a los hijos, que se sientan comprendidos, apoyados, amados y bienvenidos.

Para finalizar: “La responsabilidad de los padres en la educación de los hijos, no es transferible, ni negociable. Los hijos son víctimas del silencio de sus padres, pero responsables de sus actos, si no han puesto los medios para informarse bien, de lo que es el noviazgo y los peligros que pudiera conllevar” señala Francisco Gras.

 

 

Faltas de respeto a Dios y al prójimo

La blasfemia consiste en palabras o acciones que expresan o implican menosprecio por Dios, la Santísima Virgen o las cosas santas. Por su propia materia, que es el menosprecio -e incluso el odio a Dios-, se trata de un pecado grave. Sin embargo, en ocasiones la blasfemia se pronuncia sin plena intención de ofender a Dios, cuando una determinada persona está movida por la ira o por el mal hábito culpablemente contraído, pero contra el que se está luchando; pero, si no se ha retractado de ese mal hábito, no disminuye la culpabilidad, sino que la aumenta.

También rechazamos las palabras irreverentes tan frecuentes en famosillos en entrevistas, películas y galas, además de las imágenes, que mezclan lo sagrado con lo mundano e incluso erótico. Entre nosotros nadie persigue a los blasfemos e irreverentes pero merecen el rechazo personal directo y el social, por falta de respeto a las creencias de los demás. Sin respeto a lo sagrado no hay respeto a las personas.

Xus D Madrid

 

 

Que no haga falta el pin parental

En la elaboración de ese complicado preparado, alquimia de principios y valores, de hábitos y virtudes, los padres tenemos que defender que se nos reserve un especial papel en aquellas cuestiones de orden moral y religioso, aquellas que afectan a la concepción del hombre y de la vida, a las relaciones humanas y a los juicios morales. Tan relevante es esta esfera que para nosotros los padres la reserva la constitución y la consagran los convenios internacionales que España reconoce. Porque es nuestra responsabilidad educarlos para que hagan buen uso de su libertad. Y el colegio, público, privado o concertado, es solo subsidiario en esta tarea.

Por eso el problema del pin parental no es que exista o no, sino que no debería existir. No tendría que hacer falta en absoluto que los padres indicasen a los poderes públicos que no pueden meterse donde no les llaman en el ya de por sí complicado proceso de formación de sus conciencias. Y al final hemos acabado todos metidos en un jardín que es un absurdo.

JD Mez Madrid

 

Dios es Dios

Conviene recordar el respeto que debemos al Nombre de Dios y a las cosas santas, como son los sacramentos como el Bautismo, la Eucaristía y el Matrimonio. Veo la portada de un disco de famosa que no guarda el respeto debido a las cosas santas.

Aparece la cantante como un ser celestial rodeada de nubes, en medio de un halo de oro, con la paloma sobre su cabeza, y algún otro detalle desagradable e irreverente. Lástima que para vender discos recurran con falta de respeto y mucha frivolidad a referencias a Jesucristo y la Virgen.

El segundo mandamiento rechaza tomar el Nombre de Dios en vano como hacen tantas veces cantantes como Madonna o Rosalía. La formulación de este precepto del Decálogo menciona explícitamente poner a Dios por testigo de una falsedad el perjurio, pero implícitamente también comprende otros pecados que atentan al nombre de Dios, como pronunciar este nombre sin respeto, blasfemar contra Dios, o hacer juramentos no necesarios.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Pensiones y los buitres que las controlan

                               

              Mi propia experiencia escuetamente aconseja, ni fiarse del propio Estado y sus gobiernos, que solo atenderán bien, a sus “altos servidores y clases privilegiadas, para lo que ya hacen leyes que aseguren el que estos vivan bien mientras vivan”; todos los demás, que somos la inmensa mayoría, les importamos “dos cojones”.

                                Hasta el propio Estado y sus gobiernos, nos han engañado con las pensiones que hoy nos pagan a la mayoría; y me explico; y no necesito otra referencia que la mía propia; yo coticé por cuarenta años o más (algún período doblemente por cuanto era empresario de dos empresas diferentes y como autónomo).Cuándo me llega la edad de jubilarme, estoy cotizando por una mensualidad de 135.000 pesetas; pues bien, a la hora de pagarme, ellos hacen “las cuentas que dicen ser legales”; pero que dan como resultado, el que a mí me llegan, alrededor de 89.000 pesetas; tras quince años de jubilado, aún hoy no llego a los 700 euros como jubilado; me considero estafado.

                                Si así obra el propio Estado, huelga lo que harán “los privados”.

                                   Bajo mi experiencia, es que NO HAY QUE HACER UN PLAN DE PENSIONES BANCARIO; Lo que hay que hacer es que LAS PENSIONES; sean UNA OBLIGACIÓN DEL ESTADO Y QUE CUBRAN SUS PRESUPUESTOS ANUALES (garantizando pensiones dignas para quién trabajó durante treinta años o más); todo lo demás es un engaño, un fraude, una congelación de dinero por manos avarientas y luego recibir sorpresas enormes, cuando ya nada puedes hacer; todo es UN NEGOCIO DEL CAPITAL NACIONAL O INTERNACIONAL, para como tal, explotarlo de la mayor forma que puedan; para eso hacen y harán las leyes que al final, te “atan” a lo que ellos quieren. Otra solución, es (si se puede) ir “comprando bienes inmuebles y registrarlos en el registro de la propiedad estatal, puesto que esos bienes siempre tienen el valor real de su tiempo”; y si a la vejez lo necesitas, puedes venderlos. Puesto que tampoco interesa ya ahorrar dinero efectivo, ya que “los buitres”, han logrado hasta que paguemos impuestos y devaluaciones, por nuestros ahorros; salvo que los guardes tú mismo en lugar seguro; por lo que se ha llegado a un expolio “legal”, que ni podíamos imaginar los ya viejos y “experimentados”.

                                   Por todo ello y reitero. Mejor adquirir bienes tangibles (incluso oro el lingotes) y de posible venta posterior, si es necesario (nunca acciones u obligaciones de la empresa que sea y menos de las bolsas oficiales, controladas por tahúres y lobos hambrientos de dinero, que te arruinan al menor descuido). Todos los sistemas de gobierno, lo que van es a asegurarse los que mandan, una vejez abundante. Y el resto, depender de “la usura del dinero nacional o internacional”, es una ruina segura. Todo ello lo demuestra la pobreza e indigencia tan extendida doy, a pesar del mal empleado progreso real, que existió y sigue existiendo.

                                               La realidad es que los sistemas socialistas y más los comunistas, han fracasado y el capitalismo (veamos cómo marcha la antes comunista China) va a lo que siempre fue, a acumular cada vez más capital en menos manos y a costa de lo que sea. De acuerdo que el capitalismo admite “a nuevos tiburones” que participen en los “intereses del capital y practiquen igual sistema”… ¿Pero y el resto?

                                   Lo inadmisible hoy, es que, habiéndose llegado a la “altísima tecnología con que cuenta hoy el mono humano”, no se llegase aún, a garantizarle a éste lo mínimo suficiente para que viva dignamente; y mucho más, a aquellos que de verdad, hemos trabajado desde niños, para que de alguna manera, “lo que existe hoy de todo ello, sea una realidad”, pero que criminalmente, “lo siguen explotando minorías deleznables y que generalmente, son parásitos que viven de sus enjuagues”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)