Las Noticias de hoy 15 Febrero 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 15/02/2020 - 12:22
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 15 de febrero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Santa Marta: Agradecer a las personas “que nos acompañan en la vida”

Mensaje del Papa para el Congreso de Laicos en España: “Es la hora de ustedes”

Iglesia Ortodoxa: El Papa recibe al metropolitano ruso Hilarión

Los “grandes sueños” de Francisco para la Amazonia

MADRE DE MISERICORDIA: Francisco Fernandez Carbajal

“Sembradores de paz y de alegría”: San Josemaria

Audio meditación del prelado en el 90 aniversario del 14 de febrero de 1930

Noviazgo y vida cristiana: Aníbal Cuevas

Funerales laicos: Daniel Tirapu

PROMOVER LA VIDA, NO LA MUERTE: Juan Moya, doctor en Medicina

Cansados de vivir: María Solano Altaba

Comentario al evangelio: La plenitud de la Ley

VI domingo del tiempo ordinario.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo electo de Toledo

Un estudio asegura que la imagen impresa en la Sábana Santa es de «una persona viva»: abc.es

Nueva canción de ColaCao: Valores de siempre con música renovada: Alfonso Mendiz

Quizá no toda la culpa es de las redes sociales: hay que enseñar a mirar, escuchar y empatizar: Cecilia Galatolo

Romance del 14 de febrero: José María López Ferrera

Contra el odio y el supremacismo: Pedro García

Están a nuestro cargo: Jesús Domingo Martínez

La religión no es un invento humano: Domingo Martínez Madrid

Pensamientos y reflexiones 243 :  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves, 13 de febrero de 2020

La Primera Lectura (1Re 11,4-13) nos cuenta la apostasía –digamos así– de Salomón, que no fue fiel al Señor. Cuando era viejo, “sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses”. Antes fue un joven estupendo, que solo pidió al Señor la sabiduría, y Dios lo hizo sabio, hasta el punto de que venían a él los jueces e incluso la Reina de Saba, desde África, con regalos, porque había oído hablar de su sabiduría. Se ve que esta mujer era un poco filósofa y le hizo preguntas difíciles de las que Salomón salió victorioso, porque supo responder.
 
En aquel tiempo se podía tener más de una esposa, lo que no quiere decir que fuese lícito ser un mujeriego. Pero el corazón de Salomón no se debilitó por haberse casado con esas mujeres –podía hacerlo–, sino porque las había elegido de otro pueblo, con otros dioses. Y Salomón cayó en la trampa cuando sus mujeres le dijeron que adorara a Camós o a Milcón. “Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses”. En una palabra, lo permitió todo, y dejó de adorar al único Dios. Con un corazón debilitado por demasiado afecto por las mujeres, el paganismo entró en su vida. Y aquel hombre sabio que había rezado bien pidiendo la sabiduría, cayó hasta ser rechazado por el Señor.
 
No fue una apostasía de un día para otro, sino una apostasía lenta. También el rey David, su padre, había pecado –de modo fuerte al menos dos veces–, pero enseguida se arrepintió y pidió perdón: y fue fiel al Señor, que lo protegió hasta el final. David lloró por aquel pecado y por la muerte de su hijo Absalón y cuando, antes, huía de él, se humilló pensando en su pecado, cuando la gente lo insultaba. Era santo. Salomón no es santo. El Señor le dio muchos dones, pero él lo desperdició todo porque se dejó debilitar el corazón. No se trata del pecado de una vez, sino de ir resbalando. Las mujeres le desviaron su corazón y el Señor se enfada: “Has desviado tu corazón”. Y esto pasa en nuestra vida. Ninguno de nosotros es un criminal, ni comete pecados gordos, como hizo David con la mujer de Urías. ¿Y dónde está el peligro? En dejarse resbalar lentamente, porque es una caída con anestesia, y no te das cuenta, pues lentamente se resbala, se relativizan las cosas y se pierde la fidelidad a Dios. Esas mujeres eran de otros pueblos, tenían otros dioses, y cuántas veces olvidamos al Señor y entramos “en negociaciones” con otros dioses: el dinero, la vanidad, el orgullo. Eso pasa lentamente, y si no está la gracia de Dios, se pierde todo.
 
El Salmo 105 dice que mezclarse con los gentiles y actuar como ellos significa hacerse mundanos, paganos. Para nosotros, ese resbalar lento en la vida es caer en la mundanidad, ese es el pecado grave: “Pero si lo hacen todos, sí, no hay problema, no es lo ideal, pero...”: palabras que nos justifican al precio de perder la fidelidad al único Dios. Son los ídolos modernos. Pensemos en el pecado de la mundanidad, de perder lo genuino del Evangelio, lo genuino de la Palabra de Dios, de perder el amor de ese Dios que dio la vida por nosotros. No se puede estar a bien con Dios y con el diablo. Eso lo decimos todos cuando hablamos de una persona que es un poco así: “Ese está a bien con Dios y con el diablo”. Ha perdido la fidelidad. Y, en la práctica, significa no ser fiel ni a Dios ni al diablo.
 
Pensemos en este pecado de Salomón, pensemos en cómo cayó aquel Salomón sabio, bendecido por el Señor, con toda la herencia de su padre David, cómo cayó lentamente, anestesiado hacia esa idolatría, esa mundanidad, y se le quitó el reino. Pidamos al Señor la gracia de saber cuando nuestro corazón empieza a debilitarse y a resbalar, para detenernos. Será su gracia y su amor quien nos pare si se lo pedimos

 

 

Santa Marta: Agradecer a las personas “que nos acompañan en la vida”

Reflexión del Papa en la Misa

FEBRERO 14, 2020 12:31LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 14 febrero 2020).- “Hoy es un día para agradecer y pedir disculpas, de corazón, cada uno de nosotros, a las personas que nos acompañan en la vida, por una parte de la vida, por toda la vida…”, dijo el Papa Francisco.

Hoy, 14 de febrero de 2020, con motivo de la jubilación de Patrizia, una empleada de la Casa Santa Marta, el Santo Padre empleó la homilía de la Misa para hacer un “acto de memoria, de agradecimiento” y también de pedido de disculpas a los que acompañan nuestro camino, indica Vatican News.

Francisco habló sobre la calidez de la Casa Santa Marta, que definió como una “gran familia” formada por las personas que trabajan en ella con dedicación y trabajo, acompañando en el camino de la vida. Este equipo proporciona ayuda si alguien está enfermo y se entristece si alguno de ellos se va. Son, para el Papa, rostros, sonrisas, saludos: semillas que se siembran en el corazón de todos.

Dios nos quiere en compañía

En relación con la vida cotidiana de la Casa de Santa Marta, el Pontífice subrayó el papel de la familia, no exclusivamente de “papá, mamá, hermanos, tíos, abuelos”, sino de todos “aquellos que nos acompañan en el camino de la vida por un tiempo”.

Y se refirió a que, después de 40 años, Patrizia se jubila y constituye una presencia familiar en la que pensar: “Esto hará bien a todos los que vivimos aquí, pensar en esta familia que nos acompaña; y a todos ustedes que no viven aquí, pensar en tanta gente que los acompaña en el camino de la vida: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, de estudio…”.

Y agregó que “no estamos solos. El Señor nos quiere pueblo, nos quiere en compañía; no nos quiere egoístas: el egoísmo es un pecado”.

Santa Marta, una “gran” familia

Igualmente, el Obispo de Roma recordó la generosidad de muchas compañeras de trabajo que cuidaron de los enfermos, una presencia, una historia, una breve estadía que dejó su marca. Este sentido de familia encontró un lugar en el corazón del Papa: “Pienso en Luisa, pienso en Cristina”, en la abuela de la casa, sor María, que entró a trabajar joven y que decidió consagrarse allí.

Y al recordar su “gran” familia, el Santo Padre nombró a otras personas que ya no están: “Miriam, que se fue con el niño; Elvira, que fue un ejemplo de lucha por la vida, hasta el final. Y luego otros que se han jubilado o que se han ido a trabajar a otro lugar. Presencias que han hecho bien y que a veces es difícil dejar”.

Gratitud

​“Hoy nos hará bien a todos, a todos, pensar en las personas que nos acompañaron en el camino de la vida como agradecimiento, y también como gesto de gratitud a Dios. Gracias, Señor, por no habernos dejado solos”, remarcó el Papa.

Y reconoció“Es verdad, siempre hay problemas, y donde hay gente hay habladurías. Incluso aquí. Se reza y se habla, ambas cosas. Y también, a veces, se peca contra la caridad”.

Pedir disculpas

Francisco apuntó que perder la paciencia y luego pedir disculpas es algo que se hace en familia: “Yo quisiera agradecer la paciencia de las personas que nos acompañan y pedir disculpas por nuestras faltas”, afirmó.

Finalmente, de acuerdo al citado medio vaticano, el Pontífice expresó: “Quiero aprovechar esta despedida de Patrizia para hacer con ustedes este acto de memoria, de agradecimiento, y también de pedido de disculpas a las personas que nos acompañan. Cada uno de nosotros lo haga con las personas que habitualmente lo acompañan. Y a los que trabajan aquí en casa, un ‘gracias’ grande, grande, grande. Y a usted, Patrizia, que comience esta segunda parte de la vida, ¡otros 40 años!”

 

 

Mensaje del Papa para el Congreso de Laicos en España: “Es la hora de ustedes”

Llevar “la alegría del Evangelio”

FEBRERO 14, 2020 16:30LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(ZENIT – 14 febrero 2020).- “Es la hora de ustedes, de hombres y mujeres comprometidos en el mundo de la cultura, de la política, de la industria… que con su modo de vivir sean capaces de llevar la novedad y la alegría del Evangelio allá donde estén”, expuso el Papa Francisco.

Hoy, 14 de febrero de 2020, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido el mensaje que el Santo Padre ha enviado al cardenal Ricardo Blázquez Pérez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, con motivo del Congreso Nacional de Laicos.

Este evento tiene lugar en Madrid, España, del 14 al 16 de febrero bajo el lema “Pueblo de Dios en salida”.

Santos Cirilo y Metodio

Francisco habla en su mensaje sobre el recorrido de preparación para el congreso que han realizado sus organizadores y participantes, destacando el “caminar juntos, hacer ‘sínodo’, compartiendo ideas y experiencias desde las distintas realidades en las que están presentes, para enriquecerse y hacer crecer la comunidad en la que uno vive”.

También resalta la coincidencia del inicio del encuentro con la memoria de los santos Cirilo y Metodio, patrones de Europa y evangelizadores del continente. En un “mundo complejo y hostil”, gracias a su labor, “una porción del Pueblo de Dios comenzó a caminar en esa amplia región del continente, y lo sigue haciendo todavía hoy”.

“Somos Pueblo de Dios”

Para el Papa, esto nos enseña que “somos Pueblo de Dios, invitados a vivir la fe, no de forma individual ni aislada, sino en la comunidad, como pueblo amado y querido por Dios”. Para ello, es fundamental “tomar conciencia de que formamos parte de una comunidad cristiana”, “no somos una agrupación más, ni una ONG, sino la familia de Dios convocada en torno a un mismo Señor”.

“Recordar esto nos lleva a profundizar cada día nuestra fe: un don que se vive en la acción litúrgica, en la oración común de toda la Iglesia y que debe ser anunciado”, aclara.

Este Pueblo de Dios “en salida” está llamado a “dejar atrás sus comodidades y dar el paso hacia el otro, intentando dar razón de la esperanza (cf. 1 P 3,15), no con respuestas prefabricadas, sino encarnadas y contextualizadas para hacer comprensible y asequible la Verdad que como cristianos nos mueve y nos hace felices”, describe el Pontífice.

Patear las calles

El Obispo de Roma invita a los laicos a vivir “su propia vocación inmersos en el mundo, escuchando, con Dios y con la Iglesia, los latidos de sus contemporáneos, del pueblo” y sin caer en las “tentaciones” del laico: el clericalismo, el carrerismo eclesial, la rigidez, la negatividad…

Asimismo, el Santo Padre exhorta a no tener miedo “de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro, sin juzgarlo, sin condenarlo, sino tendiéndole la mano, para sostenerlo, animarlo o, simplemente, para acompañarlo en su vida”.

A continuación sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

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Mensaje del Santo Padre

Al Eminentísimo

Cardenal Ricardo Blázquez Pérez

Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Querido hermano:

Me dirijo a usted, como también al querido Cardenal Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Madrid, y a todos los hermanos obispos, sacerdotes, religiosos y, de manera particular, a los fieles laicos, con ocasión del Congreso Nacional que celebran con el tema: «Pueblo de Dios en salida».

Para llegar a esta celebración han recorrido un largo camino de preparación, y esto es hermoso, caminar juntos, hacer “sínodo”, compartiendo ideas y experiencias desde las distintas realidades en las que están presentes, para enriquecerse y hacer crecer la comunidad en la que uno vive.

Es significativo que inicien este Congreso en el día que la Iglesia hace memoria de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. Ellos impulsaron una gran evangelización en este continente, llevando el mensaje del Evangelio a quienes no lo conocían, haciéndolo c del omprensible y cercano a las gentes de su tiempo, con un lenguaje y formas nuevas. Con su ingenio y su testimonio, fueron capaces de llevar la luz y la alegría del Evangelio a un mundo complejo y hostil. El fruto fue ver cómo muchos creían y adherían a la fe, formando una comunidad; una porción del Pueblo de Dios comenzó a caminar en esa amplia región del continente, y lo sigue haciendo todavía hoy bajo el amparo de esos dos hermanos evangelizadores.

Esto nos enseña —como afirma el lema del Congreso— que somos Pueblo de Dios, invitados a vivir la fe, no de forma individual ni aislada, sino en la comunidad, como pueblo amado y querido por DiosLe pertenecemos, y esto implica no sólo haber sido incorporados a Él por medio del bautismo, sino vivir en coherencia con ese don recibido. Para ello es fundamental tomar conciencia de que formamos parte de una comunidad cristiana. No somos una agrupación más, ni una ONG, sino la familia de Dios convocada en torno a un mismo Señor. Recordar esto nos lleva a profundizar cada día nuestra fe: un don que se vive en la acción litúrgica, en la oración común de toda la Iglesia y que debe ser anunciado. Es el pueblo convocado por Dios, que camina sintiendo el impulso del Espíritu, que lo renueva y le hace volver a Él, una y otra vez, para sentirnos cosa suya.

Y este Pueblo de Dios en salida vive en una historia concreta, que nadie ha elegido, sino que le viene dada, como una página en blanco donde escribir. Está llamado a dejar atrás sus comodidades y dar el paso hacia el otro, intentando dar razón de la esperanza (cf. 1 P 3,15), no con respuestas prefabricadas, sino encarnadas y contextualizadas para hacer comprensible y asequible la Verdad que como cristianos nos mueve y nos hace felices.

Para ello, se necesita esa libertad interior capaz de dejarse tocar por la realidad de nuestro tiempo y tener la valentía de salir a su encuentro. El mandato misionero es siempre actual y vuelve a nosotros con la fuerza de siempre, para hacer resonar la voz siempre nueva del Evangelio en este mundo en el que vivimos, particularmente en esta vieja Europa, en la que la Buena Noticia se ve sofocada por tantas voces de muerte y desesperación.

La Palabra viva de Dios necesita ser predicada con pasión y alegría a través del testimonio cristiano para poder derrumbar hasta los muros más altos que aíslan y excluyen. Es la hora de ustedes, de hombres y mujeres comprometidos en el mundo de la cultura, de la política, de la industria… que con su modo de vivir sean capaces de llevar la novedad y la alegría del Evangelio allá donde estén. Los animo a que vivan su propia vocación inmersos en el mundo, escuchando, con Dios y con la Iglesia, los latidos de sus contemporáneos, del pueblo. Y les pido, por favor, que eviten a toda costa las “tentaciones” del laico dentro de la Iglesia, que pueden ser: el clericalismo, que es una plaga y los encierra en la sacristía, como también la competitividad y el carrerismo eclesial, la rigidez y la negatividad…, que asfixian lo específico de su llamada a la santidad en el mundo actual.

Por lo tanto, no tengan miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente… esta es la Iglesia de Dios, que se arremanga para salir al encuentro del otro, sin juzgarlo, sin condenarlo, sino tendiéndole la mano, para sostenerlo, animarlo o, simplemente, para acompañarlo en su vida. Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: «Vayan y prediquen el Evangelio» (Mt 28,19).

Los animo en su tarea y compromiso, y ruego al Señor que este Congreso pueda dar frutos abundantes.

Y, por favor, les pido que recen por mí.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

 

FRANCISCO

 

Iglesia Ortodoxa: El Papa recibe al metropolitano ruso Hilarión

4º aniversario del encuentro del Papa y el patriarca Cirilo

FEBRERO 14, 2020 11:47MARINA DROUJININAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 14 feb. 2020).- El Papa Francisco recibió en audiencia privada al metropolitano ortodoxo ruso Hilarión de Volokolamsk, presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Externas del Patriarcado de Moscú, estrecho colaborador del patriarca Cirilo, el jueves 13 de febrero de 2020, en el Palacio Apostólico del Vaticano, indica la Santa Sede.

El metropolitano Hilarión “transmitió al Papa los saludos del patriarca Cirilo de Moscú y de toda Rusia”, según un comunicado oficial en ruso del Patriarcado de Moscú del 13 de febrero. Por su parte, “el Papa pidió que su saludo fraternal sea transmitido a Su Santidad el Patriarca”.

Durante la reunión, que se desarrolló en “una atmósfera de entendimiento mutuo y buena voluntad”, las conversaciones evocaron temas de actualidad de las relaciones entre el Patriarcado de Moscú y la Iglesia Católica Romana.

El metropolitano Hilarión habló de la conferencia titulada “Santos – signos y semillas de unidad”, celebrada el 12 de febrero en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino en Roma (Angelicum), en la víspera del cuarto aniversario del histórico encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Cirilo en La Habana (Cuba).

El Papa Francisco y el metropolitano subrayaron “la gran importancia para las relaciones bilaterales” de la llegada desde Bari a Rusia de parte de las reliquias de San Nicolás de Myra, en mayo-julio de 2017, tras el acuerdo alcanzado en La Habana. El representante ortodoxo presentó al Pontífice un libro-álbum sobre la llegada de las reliquias milagrosas a Rusia, publicado por la Fundación Poznan en 2018 en italiano y en 2019 en ruso.

Ambas partes “observaron con satisfacción el desarrollo fructífero de la cooperación entre las dos Iglesias, coordinada por el Grupo de trabajo mixto especialmente creado”. Se trataba, en particular, del “prometedor” proyecto de cursos de verano para sacerdotes y seminaristas ortodoxos y católicos que habían tenido la oportunidad de ir a Roma y Moscú, respectivamente, para adquirir “un conocimiento más profundo de las tradiciones y la vida moderna de las dos Iglesias”.

El metropolitano Hilarión compartió con el Papa los resultados de la última reunión del Grupo de trabajo mixto que tuvo lugar el 12 de febrero en el edificio del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. “Con la inclusión de las cuestiones sociales en el ámbito de competencia del Grupo de trabajo –se lee en un comunicado- se ha ampliado considerablemente la esfera de interacción entre las dos Iglesias, lo que reviste gran importancia, especialmente para la ejecución de proyectos conjuntos en la esfera de la asistencia humanitaria al pueblo sirio que sufrió durante la guerra”.

También prestó “una especial atención al proyecto de asistencia médica a los niños sirios” y agradeció a la organización benéfica católica Ayuda a la Iglesia Necesitada su participación en este proyecto.

Al final de la reunión, el Papa y el metropolitano intercambiaron regalos.

 

 

Los “grandes sueños” de Francisco para la Amazonia

Editorial de Andrea Tornielli

FEBRERO 14, 2020 10:42REDACCIÓNSÍNODO DE LA AMAZONÍA

(zenit – 14 feb. 2020).- Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio de Comunicación del Vaticano, publicó un editorial en la edición española de Vatican News del 12 de febrero de 2020 sobre la última exhortación apostólica del Papa Francisco.

Titulada “Querida Amazonia”, esta exhortación es fruto del Sínodo Especial para la Región Panamazónica, celebrado en octubre de 2019. En ella el Santo Padre expone cuatro grandes sueños que la Amazonia le inspira: un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico y un sueño eclesial.

A continuación, ofrecemos el artículo íntegro:

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Editorial

La mirada del Papa sobre la región: caminos concretos para una ecología humana que tengan en cuenta a los pobres, para la valoración de las culturas y para una Iglesia misionera con rostro amazónico.

“El sueño es un lugar privilegiado para buscar la verdad. Y hasta Dios tantas veces ha elegido hablar en sueños”. Estas palabras pronunciadas por Francisco en diciembre de 2018 en una homilía en la misa de Santa Marta refiriéndose a San José, un hombre silencioso y concreto, nos ayudan a entender la mirada del Papa sobre la Amazonia a través de la exhortación post-sinodal. Es un texto escrito como una carta de amor, donde abundan las citas de poetas, ayudando al lector a ponerse en contacto con la maravillosa belleza de esa región, pero también con sus dramas cotidianos. ¿Por qué el Obispo de Roma quiso dar un valor universal a un sínodo limitado a una región específica? ¿Por qué nos preocupa la Amazonia y su suerte?

Recorriendo las páginas de la exhortación surge la respuesta. En primer lugar, porque todo está conectado: el equilibrio de nuestro planeta también depende del estado de salud de la Amazonia. Y como el cuidado de las personas y de los ecosistemas no pueden separarse, tampoco deben dejarnos indiferentes ni la destrucción de la riqueza humana y cultural de los pueblos indígenas ni la devastación y las políticas extractivas que destruyen los bosques. Pero hay otro elemento que hace que la Amazonia sea universal. En cierto modo, las dinámicas que se manifiestan allí anticipan desafíos ya cercanos a nosotros: los efectos de una economía globalizada y de un sistema financiero cada vez menos sostenible en la vida de los seres humanos y el medio ambiente; la convivencia entre pueblos y culturas profundamente diversas; las migraciones; la necesidad de proteger la creación, que corre el riesgo de resultar irremediablemente herida.

La “Querida Amazonia”, protagonista de la carta de amor de Francisco, representa ante todo un desafío para la Iglesia, llamada a encontrar nuevos caminos para evangelizar, anunciando el corazón del mensaje cristiano, ese kerygma que hace presente al Dios de la misericordia que tanto amó al mundo que sacrificó a su Hijo en la cruz. El hombre, en la Amazonia, no es la enfermedad que hay que combatir para curar el medio ambiente. Los pueblos originarios de la Amazonia deben ser preservados con sus culturas y tradiciones. Pero ellos también tienen derecho a un testimonio evangélico. No deben ser excluidos de la misión, de la acción pastoral de una Iglesia bien representada por los rostros quemados por el sol de muchos viejos misioneros, capaces de navegar en canoa durante días y días solo para reunirse con pequeños grupos de personas y llevarles la caricia de Dios junto con el consuelo regenerador de sus sacramentos.

Con su exhortación, el Papa Francisco da testimonio de una mirada que va más allá de las diatribas dialécticas que terminaron presentando el Sínodo casi como un referéndum sobre la posibilidad de ordenar a los hombres casados como sacerdotes. Es una cuestión que ha sido discutida durante mucho tiempo y puede serlo aun en el futuro, porque “la perfecta y perpetua continencia” no es “ciertamente exigida por la naturaleza misma del sacerdocio”, como declaró el Concilio Ecuménico Vaticano II. Una pregunta a la que el Sucesor de Pedro, después de haber orado y meditado, ha decidido responder no previendo cambios o nuevas posibilidades de excepciones a las ya previstas por la disciplina eclesiástica vigente, sino pidiendo volver a empezar desde lo esencial. Y hacerlo desde una fe vivida y encarnada, de un renovado impulso misionero fruto de la gracia, es decir, de dejar espacio a la acción de Dios, y no desde las estrategias de marketing o técnicas de comunicación de los influencers religiosos.

“Querida Amazonia” invita a una respuesta “específica y valiente” para repensar la organización y los ministerios eclesiales. Llama a toda la Iglesia Católica a la responsabilidad, para que sienta las heridas de esos pueblos y las molestias de aquellas comunidades imposibilitadas de celebrar la Eucaristía dominical, y responda a ellas generosamente enviando nuevos misioneros, valorando todos los carismas y centrándose más en los nuevos servicios y ministerios no ordenados, confiados de forma estable y reconocida a los laicos y a las mujeres. Precisamente citando la insustituible contribución de estas últimas, Francisco recuerda que en la Amazonia la fe se transmitió y se mantuvo viva gracias a la presencia de mujeres “fuertes y generosas” sin “que algún sacerdote pasara por allí”.

 

 

MADRE DE MISERICORDIA

— María participa en grado eminente de la misericordia divina.

— Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores.

— Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos.

I. Una gran multitud seguía a Jesús, y van tan pendientes de su doctrina que se han ido alejando de las ciudades y aldeas, sin tener nada que comer. El Señor llamó entonces a sus discípulos, y les dijo: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque ya hace tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, pues algunos han venido de lejos1. La compasión misericordiosa es, una vez más, lo que lleva a Jesús a realizar el extraordinario milagro de la multiplicación de los panes y de los peces.

Nosotros debemos recurrir frecuentemente a la misericordia divina, porque en su compasión por nosotros está nuestra salvación y seguridad, y también debemos aprender a ser misericordiosos con los demás: este es el camino para atraer con más prontitud el favor de Dios. Nuestra Madre Santa María nos alcanza continuamente la compasión de su Hijo y nos enseña el modo de comportarnos ante las necesidades de los hombres: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia..., le hemos dicho tantas veces. Quizá, como muchos cristianos, un día a la semana como hoy sábado, acudimos a Ella de modo particular, cantándole o rezándole esa antiquísima oración. María «es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos Madre de la misericordia: Virgen de la Misericordia o Madre de la divina Misericordia; en cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre y de la humanidad entera después, aquella misericordia de la que nos hacemos partícipes por todas las generaciones (Lc 1, 50), según el eterno designio de la Santísima Trinidad»2.

Enseña San Agustín que la misericordia nace del corazón y se apiada de la miseria ajena, corporal o espiritual, de tal manera que le duele y entristece como si fuera propia, llevando a poner –si es posible– los remedios oportunos para intentar sanarla3. Se derrama sobre otros y toma los defectos y miserias ajenos como propios e intenta librarles de ellos. Por esto, dice la Sagrada Escritura que Dios es rico en misericordia4; y «es más glorioso para Él sacar bien del mal que crear algo nuevo de la nada; es más grande convertir a un pecador dándole la vida de la gracia, que crear de la nada todo el universo físico, el cielo y la tierra»5.

En Jesucristo, Dios hecho hombre, encontramos plenamente la expresión de esta misericordia divina, manifestada de muchas maneras a lo largo de la historia de la salvación. Se entregó en la Cruz, en acto supremo de Amor misericordioso, y ahora la ejerce desde el Cielo y en el Sagrario, donde nos espera, para que vayamos a exponerle las necesidades propias y las ajenas. No es tal nuestro Pontífice, que sea incapaz de compadecerse de nuestras miserias (...). Lleguémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia para ser socorridos al tiempo oportuno6. ¡Qué frutos de santidad produce en el alma la meditación frecuente de esa divina invitación!

María participa en grado eminente de esta perfección divina, y en Ella la misericordia se une a la piedad de madre; Ella nos conduce siempre al trono de la gracia. El título de Madre de la Misericordia, ganado con su fiat en Nazaret y en el Calvario, es uno de los mayores y más bellos nombres de María. Es nuestro consuelo y nuestra seguridad: «Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora»7. Ni un solo día ha dejado de ayudarnos, de protegernos, de interceder por nuestras necesidades.

II. El título de Madre de Misericordia se ha expresado tradicionalmente a través de estas advocaciones: Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos. «Esta gradación de las letanías es bellísima. Muestra cómo María ejerce su misericordia sobre aquellos que sufren en el cuerpo para curar su alma, y cómo seguidamente les consuela en sus aflicciones y les hace fuertes en medio de todas las dificultades que tienen que sobrellevar»8.

Santa María nos espera como Salud de los enfermos, porque obtiene la curación del cuerpo, sobre todo cuando está ordenada a la del alma. Otras veces, nos concede algo más importante que la salud corporal: la gracia de entender que el dolor, el mal físico, es instrumento de Dios. Él espera que –al aceptarlo con amor– lo convirtamos en un gran bien, que nos purifique y nos permita obtener innumerables dones para toda la Iglesia. A través de la enfermedad, llevada con paciencia y visión sobrenatural, conseguimos una buena parte del tesoro que vamos a encontrar en el Cielo y abundantes frutos apostólicos: decisiones de entrega a Dios y la salvación de personas que, sin aquellas gracias, no hubieran encontrado la puerta del Cielo. La Virgen nos remedia también de las heridas que el pecado original dejó en el alma y que han agravado los pecados personales: la concupiscencia desordenada, la debilidad para realizar el bien. Fortalece a los que vacilan, levanta a los caídos, ayuda a disipar las tinieblas de la ignorancia y la oscuridad del error.

La Virgen misericordiosa se nos muestra como Refugio de los pecadores. En Ella encontramos amparo seguro. Nadie después de su Hijo ha detestado más el pecado que Santa María, pero, lejos de rechazar a los pecadores, los acoge, los mueve al arrepentimiento: ¡en cuántas Confesiones ha intervenido Ella con un auxilio particular! Incluso a quienes están más alejados les envía gracias de luz y de arrepentimiento, y si no se resistiesen serían conducidos de gracia en gracia hasta alcanzar la conversión. «¿Quién podrá investigar, pues, ¡oh Virgen bendita!, la longitud y latitud, la sublimidad y profundidad de tu misericordia? Porque su longitud alcanza hasta su última hora a los que la invocan. Su latitud llena el orbe para que toda la tierra se llene de su misericordia»9. A Ella acudimos hoy, y le pedimos que tenga piedad de nuestra vida. Le decimos que somos pecadores, pero que queremos amar cada vez más a su Hijo Jesucristo; que tenga compasión de nuestras flaquezas y que nos ayude a superarlas. Ella es Refugio de los pecadores y, por tanto, nuestro resguardo, el puerto seguro donde fondeamos después de las olas y de los vientos contrarios, donde reparamos los posibles daños causados por la tentación y nuestra debilidad. Su misericordia es nuestro amparo y nuestra paz: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...

III. La Virgen, Nuestra Madre, fue durante toda su vida consuelo de aquellos que andaban afligidos por un peso demasiado grande para llevarlo ellos solos: dio ánimos a San José aquella noche en Belén, cuando, después de explicar en una puerta y otra la necesidad de alojamiento, no encontró ninguna casa abierta. Le bastó una sonrisa de María para recuperar fuerzas y acondicionar lo que encontró: un establo a las afueras del pueblo. Y le ayudó a salir adelante en la fuga a Egipto, y a establecerse en aquel país... Y a José, a pesar de ser un hombre lleno de fortaleza, se le hizo más fácil el cumplimiento de la voluntad de Dios con el consuelo de María. Y las vecinas de Nazaret encontraron siempre apoyo y comprensión en unas palabras de la Virgen... Los Apóstoles hallaron amparo en María cuando todo se les volvió negro y sin sentido después que Cristo expiró en la cruz. Cuando volvieron de sepultar el Cuerpo de Jesús y las gentes de Jerusalén se preparaban para celebrar en familia la fiesta de la Pascua, los Apóstoles, que no habían estado presentes, andaban perdidos, y casi sin darse cuenta se encontraron en casa de María.

Desde entonces no ha dejado un momento de dar consuelo a quien se siente oprimido por el peso de la tristeza, de la soledad, de un gran dolor. «Ha cobijado a muchos cristianos en las persecuciones, liberado a muchos poseídos y almas tentadas, salvado de la angustia a muchos náufragos; ha asistido y fortalecido a muchos agonizantes recordándoles los méritos infinitos de su Hijo»10. Si alguna vez nos pesan las cosas, la vida, la enfermedad, el empeño en la tarea apostólica, el esfuerzo por sacar la familia adelante, los obstáculos que se juntan y amontonan, acudamos a Ella, en la que siempre encontraremos consuelo, aliento y fuerza para cumplir en todo la voluntad amable de su Hijo. Le repetiremos despacio: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura, esperanza nuestra... En Ella aprenderemos a consolar y alentar, a ejercer la misericordia con quienes veamos que necesitan esa ayuda grande o pequeña –una palabra de estímulo, de condolencia...– que tan grata es al Señor.

La Virgen es auxilio de los cristianos, porque se favorece principalmente a quienes se ama, y nadie amó más a quienes formamos parte de la familia de su Hijo. En Ella encontramos todas las gracias para vencer en las tentaciones, en el apostolado, en el trabajo... En el Rosario encontramos un «arma poderosa»11 para superar tantos obstáculos con los que nos vamos a encontrar. Muchos son los cristianos en el mundo que, siguiendo la enseñanza ininterrumpida de los Romanos Pontífices, han introducido en su vida de piedad la costumbre de rezarlo a diario: en sus familias, en las iglesias, por la calle o en los medios de transporte.

«En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud (Eclo 24, 25). ¡Con cuánta sabiduría la Iglesia ha puesto esas palabras en boca de nuestra Madre, para que los cristianos no las olvidemos! Ella es la seguridad, el Amor que nunca abandona, el refugio constantemente abierto, la mano que acaricia y consuela siempre»12.

1 Mc 8, 1-10. — 2 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 8. — 3 Cfr. San Agustín, Sobre la Ciudad de Dios, 9. — 4 Ef 2, 4. — 5 Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 113, a. 9. — 6 Hebr 4, 15-16. — 7 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium. 62. — 8 R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, p. 305. — 9 San Bernardo, Homilía en la Asunción de la B. Virgen María. 4, 8-9. — 10 R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 311. — 11 San Josemaría Escrivá, Santo Rosario. Introducción. — 12 ídem, Amigos de Dios, 279.

 

 

“Sembradores de paz y de alegría”

¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial”? –Pues la tienes: así, vocación. Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías. (Camino, 27)

15 de febrero

Es muy importante que el sentido vocacional del matrimonio no falte nunca tanto en la catequesis y en la predicación, como en la conciencia de aquellos a quienes Dios quiera en ese camino, ya que están real y verdaderamente llamados a incorporarse en los designios divinos para la salvación de todos los hombres.

Por eso, quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos: el centurión Cornelio, que fue dócil a la voluntad de Dios y en cuya casa se consumó la apertura de la Iglesia a los gentiles; Aquila y Priscila, que difundieron el cristianismo en Corinto y en Efeso y que colaboraron en el apostolado de San Pablo; Tabita, que con su caridad asistió a los necesitados de Joppe. Y tantos otros hogares de judíos y de gentiles, de griegos y de romanos, en los que prendió la predicación de los primeros discípulos del Señor.

Familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído. (Es Cristo que pasa, 30)

 

 

Audio meditación del prelado en el 90 aniversario del 14 de febrero de 1930

Fragmentos de una meditación del prelado del Opus Dei en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (14 de febrero de 2020, en 90 aniversario de las mujeres en el Opus Dei).

HOMILÍAS14/02/2020

 

Comenzamos nuestra oración continuando nuestra acción de gracias. Gratias tibi Deus, gratias tibi. Le damos gracias al Señor en este 90 aniversario.

En aquel momento, nuestro Padre [san Josemaría] recibió en su alma esa luz, ese impulso para completar la Obra que ya el Señor tenía previsto desde la eternidad, con la sección de mujeres. Y sabemos bien cómo nuestro Padre al principio pensaba –porque así lo había entendido– que la Obra era una cosa para los hombres, aunque desde el principio el Señor la pensó para todos y todas. Y cómo nuestro Padre, inmediatamente, se puso a trabajar queriendo esa voluntad del Señor, poniendo ya –con gran esfuerzo, con dificultades– las bases de lo que hoy vemos realizado en todo el mundo.

Damos gracias a Dios, damos gracias a la Virgen Santísima Madre nuestra por la que nos vienen todas las gracias, damos gracias a nuestro Padre, aquí junto a sus restos. Gracias a nuestro Padre por su fidelidad, por su entrega. Una acción de gracias también por cada una y cada uno de nuestros hermanos, por toda la Obra. Y, cada uno de nosotros, damos gracias por nuestra propia vocación; y, especialmente hoy, vosotras –también los sacerdotes, pero de un modo especial hoy vosotras por la relevancia de este aniversario–. Gracias. Tenéis que dar gracias –damos gracias todos y todas–, porque en ese 14 de febrero de 1930 estabais cada una de vosotras en la mente de Dios, en los planes de Dios, ya desde antes, desde siempre.

Una fecha que es, por tanto, algo muy nuestro, no es una cosa del pasado, de la historia, sino que tiene una incidencia constante, presente en nuestra vida, que es motivo de gracias: motivo de agradecimiento al Señor. Y damos gracias al Señor por la realidad ya realizada de la Obra. Cómo nuestro Padre decía a nuestras hermanas hace ya tantos años, y ahora desde el Cielo lo dice con más motivo porque la Obra está más desarrollada: “Agradeced al Señor conmigo, que haya querido la sección femenina del Opus Dei, que trabaja tan estupendamente y con tanto espíritu cristiano en servicio en tantas naciones del mundo”.

TE DAMOS GRACIAS PORQUE TODO SURGIÓ Y SURGE DE TU QUERER

Y ya esto es una realidad, y damos ahora, Señor, en nuestra oración, gracias, pensando en nuestras hermanas en los cinco continentes, en tantos países, tantas ciudades, con tantas labores; te damos gracias por toda esa labor, todo ese bien, todo ese fruto apostólico, toda esa felicidad que transmites a tantísima gente. Te damos gracias porque todo surgió y surge de tu querer, de tu voluntad, de tu amor por nosotros.

Gratias tibi Deus, gratias tibi: y hemos considerado estas palabras, ya de años después –en el año 73, en una de sus campanadas– cuando nuestro Padre nos volvía a insistir en esta necesidad de ser muy agradecidos al Señor. Ut in gratiarum semper actione maneamus, “vivamos en una continua acción de gracias a nuestro Dios” (Carta 28-III-1973, n. 20). Vamos a intentar hoy que realmente esto sea así: una continua acción de gracias a nuestro Dios, «acciones de gracias que son un acto de fe, que son un acto de esperanza, que son un acto de amor» (Ibid).

Un acto de fe en que la Obra –como nos escribió nuestro Padre– “viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el cielo está empeñado en que se realice”. (Instrucción 19-III-1934).

Y debemos tener esta convicción –y hoy, Señor, queremos que Tú nos la infundas más fuertemente en nuestras almas–, la convicción, la seguridad de que Tú estás empeñado en que la Obra se realice en el mundo entero y en cada uno de nosotros: en nuestras almas, en nuestra vida; que se realice la Obra de Dios en nuestro trabajo, en nuestra vida en familia, en nuestro descanso; que seamos de verdad “Opus Dei”, con la seguridad, con la fe de que Tú estás empeñado en que eso se realice. Por muchas que sean las dificultades, por mucha que sea nuestra propia debilidad personal, Tú, Señor, estás empeñado en que la Obra se realice en mi alma y en las almas de tantísima gente en todo el mundo. Danos Señor esta convicción, especialmente cuando nos encontremos con más dificultades, que tengamos esta fe en que la Obra es tuya, que eres Tú quien la haces con nuestras manos, con nuestro trabajo, con nuestra debilidad y con nuestra fuerza, con la fuerza que Tú nos das.

Hoy nos unimos a la acción de gracias de miles y miles de hermanas y de hermanos nuestros y de tantas otras personas que conocen y que aprecian la Obra en el mundo entero. Y como nuestro Padre decía en aquel Jueves Santo de 1975, dirigiéndose al Señor: “Te dan gracias en toda Europa, y en puntos de Asia y de África, y en toda América y en Oceanía. En todos los sitios te dan gracias” (Meditación, 28 de marzo, 1975).

Y nos unimos a la acción de gracias de todo el mundo, porque todo el mundo se va a unir y se está uniendo ya –en gran parte del mundo– a la acción de gracias nuestra, hoy, aquí, junto a nuestro Padre. Nos unimos a esta acción de gracias también pensando en la Obra, en tantos lugares, en tantas personas, porque todo eso es nuestro. Y así lo vemos, porque la Obra es nuestra en todas partes.

Profunda convicción, fe. Hoy, el evangelio de la Misa es una escena de la vida del Señor y de la Virgen que todos los días meditamos en el Rosario. Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando tuvo doce años subieron a la fiesta como era la costumbre, y pasadas aquellos días, al regresar, el Niño se quedó en Jerusalén sin que lo advirtiesen sus padres (Lc 2,41-52).

Conocemos muy bien cómo la Virgen y San José vieron completamente normal que en ese momento del camino no estuviese el Señor con ellos –estaría con sus amigos, con otras familias–. Y luego pasan tres días. Tres días de angustia, tres días sin entender qué podría haber pasado, con temor, sufriendo. Y, cuando lo encuentran, le dicen precisamente eso: “¿Por qué nos has hecho esto?”. No entienden, está el Señor Jesús tan tranquilo ahí, en el templo, hablando, contestando, preguntando. “¿Por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo angustiados te buscábamos”. Y más sorprendente todavía es la respuesta del Señor: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?”.

Ha querido el Señor que quedara en el Evangelio esta conclusión: “Pero ellos no comprendieron lo que les dijo”. La Virgen y San José no entendieron los planes del Señor, porque realmente, humanamente, eran incomprensibles.

Y nosotros, Señor, a veces no entendemos tus planes, a veces no entendemos por qué las circunstancias se ponen complicadas: a veces no entendemos incluso cosas sencillas. Pero debemos tener la convicción de que siempre nos acompaña el querer de Dios, la voluntad de Dios, el amor de Dios.

QUE TODO ESTO NOS SIRVA PARA CONTEMPLAR AL SEÑOR

Esta fe nuestra tiene que ser también la fe que es luz y que es también oscuridad, un claroscuro. Y, cuando no entendamos, que nos acordemos de ti –te lo pedimos Madre Nuestra–, que nos acordemos de ti que tenías una fe inmensa, proporcional a la plenitud de gracia. Aunque no entendías, sin embargo -concluye el evangelio- “conservabas estas cosas, ponderándolas en tu corazón”. Que todo esto nos sirva para contemplar al Señor –no para dar vueltas si hemos entendido o no hemos entendido–, sino para contemplar, también en esas circunstancias, el amor de Dios por nosotros.

Te damos gracias Señor por la fe, te damos gracias por la convicción, –esa profunda convicción– de que el Cielo está empeñado en que la Obra se realice: en el mundo y en mi vida, en mi trabajo y en mi descanso, y en todas mis circunstancias.

Así hemos de ver nuestra labor, también la labor ordinaria, corriente, pequeña –aparentemente pequeña, que puede y debe ser muy grande–. Puede ser muy grande por el amor que pongamos. Ver en esa labor que siempre estamos contribuyendo a este gran panorama, a esta gran misión, a esta gran perspectiva.

Señor te pedimos por la intercesión de nuestro Padre que nos des también a nosotros esta esperanza fuerte, firme. Para que sepamos que nada de lo que hacemos por la Obra es inútil, todo es eficaz, no sólo en lo pequeño que se ve, en el trabajo inmediato; es eficaz para esta cosa tan grande, como quiso nuestro Padre grabar en piedra, en el dintel de una puerta, aquí de Villa Tevere, esas palabras de san Pablo, semper, scientes colabor vester non est inanimer in Domino (1 Cor 15,58). Debemos estar siempre convencidos de que nuestro trabajo nunca es inútil ante Dios, siempre es útil, siempre es eficaz.

Una acción de gracias que es un acto de esperanza personal, en nuestra propia vida, a pesar de nuestras limitaciones y nuestros errores personales. Nos tiene que llevar esta esperanza también a la alegría, a la serenidad, a la paz. A ese vivir “spe gaudentes” (Rom 12, 12), alegres con esperanza. Una esperanza a pesar de nuestras dificultades y limitaciones.

Precisamente, refiriéndose a la fundación de la sección de mujeres y al agradecimiento que debemos poner especialmente en este día, nuestro Padre decía: “El mejor modo de agradecerlo –se lo decía a sus hijas concretamente– es estar contentas, tranquilas, serenas, equilibradas; rezar, trabajar, sonreír y agradecer que en la Obra no estamos solos jamás”.

Agradecer con esperanza es estar contentas. Todos tenemos que estar contentos, tranquilos; cuando nos ponemos nerviosos por algo, recuperad la serenidad. Y la recuperamos yendo al Señor, yendo al querer de Dios por nosotros, a la presencia de Dios en nosotros. A este saber y agradecer –como dice nuestro Padre– que en la Obra no estamos solos jamás. Estamos siempre en esta maravillosa realidad de la comunión de los santos. Que del mismo modo en que nosotros estamos con nuestro trabajo, con nuestra oración, con toda nuestra vida sacando la Obra adelante en todas partes, en todos los continentes, en todas las ciudades, en todo el mundo; todas esas ciudades y todas esas personas nos están apoyando. Y, sobre todo, no estamos solos jamás porque está el Señor con nosotros: Si Deus nobiscum quis contra nos? (Rom 8, 31).

Esa esperanza fiel, segura. Adauge nobis fidem et spem: esperanza. Que se haga realidad en nuestra vida, te lo pedimos Señor, como dice san Pablo en la epístola a los Romanos: “Que el Dios de la esperanza os colme toda alegría y paz en la fe para que abundéis en la esperanza con la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15, 13). Lo pedimos así. El Dios de la esperanza –porque es el Señor quien nos da la esperanza–nos colme de toda alegría y paz en la fe, en esta fe llena de alegría, en esta esperanza llena de alegría, en la divinidad de la empresa, en la divinidad de la Obra. En la seguridad de la victoria, a pesar de las derrotas que tengamos personalmente.

La primera lectura de la Misa de hoy, del Antiguo Testamento, la entendemos aplicada a la Virgen como Madre de la santa esperanza: spes nostra. ¡Cuántas veces le decimos: Santa María spes nostra, esperanza nuestra! Porque toda esta seguridad en el Señor nos llega también a través de la Virgen; ella es nuestra esperanza, la santa esperanza, Madre de la santa esperanza.

MADRE NUESTRA, DANOS UNA ESPERANZA QUE NOS MUEVA

Esperanza para cada uno de nosotros: la esperanza de ser santos, la esperanza a pesar de las dificultades, la esperanza para el mundo, la esperanza apostólica. Viendo también con realismo las dificultades del mundo, que parece que está alejándose de Dios cada vez más. Madre nuestra, danos una esperanza que nos mueva también, porque la esperanza mueve al trabajo con alegría; porque Dios no pierde batallas, aunque parezca que las perdamos nosotros.

Agradecimiento, un acto de amor. Acción de gracias que es un acto de amor, un amor agradecido.

En la primera lectura leeremos y escucharemos: Mater Pulchrae Dilectionis. Es la fiesta litúrgica que hoy celebramos, Mater Pulchrae Dilectionis, Madre del Amor Hermoso. Un amor hermoso compatible con el dolor. A la Virgen, el anciano Simeón –cuando llevaba al Niño para presentarlo en el templo–, le profetizó que una espada atravesaría su alma. Y ya en el evangelio de hoy vemos ese sufrimiento, esa angustia: como angustiados te buscábamos (Lc 2, 48). Y luego hasta estar al pie de la cruz.

Un amor hermoso que pende de la fe. Un amor hermoso que queremos recibir: el amor de Dios, el amor de la Virgen, y queremos que nuestra correspondencia sea un amor hermoso. Un amor hermoso que surja en nuestra alma también cuando experimentemos que nos falta, para pedírselo al Señor: Adauge nobis fidem, spem et caritatem. Y esto, con la alegría de la vocación, con la alegría de este querer de Dios para cada uno de nosotros. Especialmente hoy para vosotras, para todas vuestras hermanas en el mundo entero. Agradecimiento también pensando en las miles y miles de mujeres del Opus Dei que están en el Cielo, que han coronado la meta.

Cuando el Señor le preguntó a san Pedro: “Simón, ¿me amas?” Está aquella respuesta: Domine, tu omnia nosti tu scis quia amo te. "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” (Jn 21, 17). Queremos decírselo así al Señor ahora, también como expresión de la acción de gracias. Una acción de gracias que tiene que ser un acto de amor. Vamos a decírselo así: Domine, tu omnia nosti tu scis quia amo te". Tu sabes, Señor, que te amo. Poniendo en estas palabras –aunque quizás en ocasiones puedan parecer débiles–, poniendo de verdad todo nuestro interés, toda nuestra sinceridad. Te damos gracias Señor, amándote, queriéndote. Que es también querer todo lo que Tú quieres para nosotros.

Ayúdanos, Señor, a que este Tu scis quia amo te sea una verdad más intensa en nuestra vida. Que sepamos amarte también cada vez más en los demás. Sicut tu dilexisti nos. Como tú nos has amado (cfr. Jn 13, 34). El Señor nos ha amado a todos dando la vida por todos. Nosotros, Señor, queremos que esta acción de gracias de hoy sea muy sincera, muy intensa, muy profunda, que sea de verdad un acto de fe, un acto de esperanza, un acto de amor. Que sea realmente un querer, un querer también a los demás en fraternidad, en afán apostólico.

Esta idea de nuestro Padre –idea y realidad estupenda– de que no estamos solos jamás, también nos tiene que dar la alegría y la responsabilidad de que tenemos la Obra en nuestras manos realmente. Y estar muy pendientes de los demás. Ver a las demás, cuidar de los demás, que es cuidar de la Obra. Querer a las demás es querer al Señor. Que veamos también este acto de amor –que es el agradecimiento, como dice nuestro Padre–, en toda la dimensión grande, el campo grande de la entrega a los demás. Que sea –te lo pedimos, Señor, ahora en nuestra oración–, ayúdanos a que este agradecimiento –en lo que tiene que tener de acto de amor como nos lo pide nuestro Padre–, sea un crecer, –porque necesitamos que tu nos ayudes Señor–, un crecer en servicio, en comprensión, en entrega a los demás. Que este quererte como Tú nos has querido, sicut tu dilexisti nos, sea de verdad dar la vida por los demás.

¿Cómo podemos crecer? Tantas veces nos lo proponemos de un modo o de otro todos los días, cómo crecer en fe, en esperanza, en amor: pidiéndole al Señor. Y precisamente gran parte de nuestra lucha, que debe estar llena de alegría, también el recomenzar. Nuestro Padre nos lo ha enseñado así, toda nuestra vida tiene que ser un comenzar y recomenzar. Un ir rectificando, con alegría, que es la alegría de volver. La alegría de volver a los brazos de nuestra Madre, de nuestro Padre Dios.

TÚ ERES REALMENTE LA MADRE DE DIOS, MADRE NUESTRA, NUESTRA REINA

Todo este empeño de recomenzar es, muchas veces, precisamente ese volver a pedir al Señor, cuando experimentamos que nos ha faltado en el fondo un profundo convencimiento, una convicción, de que estamos haciendo el querer de Dios en este encargo, en este trabajo, en este asunto. Cuando nos ha faltado la esperanza porque nos hemos desanimado un poco, cuando nos ha faltado el amor porque nos hemos enfadado, porque nos hemos irritado. Es entonces el momento no de desalentarnos, sino de volver con alegría, diciendo: adauge nobis fidem, spem, caritatem. Con acción de gracias, que sea una petición como acto de fe, de esperanza y de amor, llena de alegría.

Y para eso, necesitamos estar como siempre muy unidos a la Virgen, porque toda la gracia, toda la ayuda del Señor nos viene a través de su mediación materna. Y queremos que sea verdad, cada día más en nuestra vida personal y en la de toda la Obra, lo que nuestro Padre podía decir lleno de agradecimiento: nosotros hemos estado siempre como Jesús pegadicos a su Madre: María, la Madre de Dios, que ha sido la Madre del Opus Dei, la Reina del Opus Dei, nuestra hermosura.

Pensando en estos 90 años, vamos a darle muchas gracias al Señor a través de la Virgen, que ha sido siempre en estos 90 años la Madre del Opus Dei, la Reina del Opus Dei, nuestra hermosura. Filialmente pegados a la Madre de Dios, no nos ha faltado tampoco su sonrisa en los momentos difíciles. Pues, Madre nuestra, que veamos tu sonrisa también en los momentos difíciles personales, de ordinario en pocas cosas. Si alguna vez son momentos difíciles mayores, que sintamos tu presencia, y que todas nuestras hermanas en todo el mundo, cuando encuentren dificultades, en los momentos difíciles, que no les falte esa convicción también de tu sonrisa, de que tú eres realmente la Madre de Dios, Madre nuestra, nuestra Reina, nuestra hermosura.

 

Noviazgo y vida cristiana

Continúa la serie de textos sobre el amor humano. En esta ocasión se aborda el noviazgo, tiempo de discernimiento y de crecimiento en la vida cristiana.

AMOR HUMANO15/06/2015

De la misma manera que el matrimonio es una llamada a la entrega incondicional, el noviazgo ha de considerarse como un tiempo de discernimiento para que los novios se conozcan y decidan dar el siguiente paso, entregarse el uno al otro para siempre.

Es doctrina de la Iglesia la llamada universal a la santidad, en ella se engloba toda la vida del hombre[1]. Esta llamada no se limita al simple cumplimiento de unos preceptos, se trata de seguir a Cristo y parecerse cada vez más a Él. Esto, que humanamente es imposible, puede llevarse a cabo dejándose conducir por la gracia de Dios.

Llamada universal a la santidad, también en el noviazgo

En esta tarea, no hay “tiempos muertos”; también el noviazgo es un momento propicio para el crecimiento de la vida cristiana. Vivir cristianamente el noviazgo supone dejar que Dios tome posición entre los novios, y no a modo de incordio sino precisamente para dar sentido al noviazgo y a la vida de cada uno. “Haced, por tanto, de este tiempo vuestro de preparación al matrimonio un itinerario de fe: redescubrid para vuestra vida de pareja la centralidad de Jesucristo y del caminar en la Iglesia”[2].

¿Cuál es la señal cierta que indica que se está viviendo un noviazgo cristiano? Cuando ese amor ayuda a cada uno a estar más cerca de Dios, a amarle más. “No lo dudes: el corazón ha sido creado para amar. Metamos, pues, a Nuestro Señor Jesucristo en todos los amores nuestros. Si no, el corazón vacío se venga, y se llena de las bajezas más despreciables”[3].

Cuanto más y mejor se quieran los novios, más y mejor querrán a Dios, y al revés. De esa manera cumplen los dos primeros preceptos del decálogo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”[4].

Aprender a amar

Conviene que los novios alimenten su amor con buena doctrina, que lean algún libro sobre aspectos cruciales de su relación: el amor humano, el papel de los sentimientos, el matrimonio, etc. La Sagrada Escritura, los documentos del Magisterio de la Iglesia y otros libros de divulgación son buenos compañeros de camino. Es muy recomendable pedir consejo a personas de confianza que puedan orientar esas lecturas, que vayan formando su conciencia y generen temas de conversación que les ayuden a conocerse.

Además de la formación intelectual, es importante que los novios se apasionen de la belleza y desarrollen la sensibilidad. Sin un adecuado enriquecimiento de ésta, resulta muy difícil ser personas delicadas en el trato. Es una buena idea compartir el gusto por la buena literatura, la música, la pintura, por el arte que eleva al hombre, y no caer en el consumismo.

 

Virtudes humanas y noviazgo

Amar supone darse al otro, y se aprende a amar con pequeñas luchas.

El noviazgo “como toda escuela de amor, ha de estar inspirado no por el afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza”[5].

Desarrollar las virtudes humanas nos hace mejores personas, son el fundamento de las virtudes sobrenaturales que nos ayudan a ser buenos hijos de Dios y nos acercan a la santidad, a la plenitud del hombre. En un tiempo en el que tanto se habla de “motivación” conviene considerar que no hay mejor motivación para crecer como persona que el Amor a Dios y al novio o novia.

La generosidad se demuestra en la renuncia, en pequeños actos, a aquello que nosotros preferimos, por dar gusto al otro. Es una gran muestra de amor, aunque él o ella no se dé cuenta. Los novios deben estar abiertos a los demás, desarrollar las amistades. “Quisiera ante todo deciros que evitéis encerraros en relaciones intimistas, falsamente tranquilizadoras; haced más bien que vuestra relación se convierta en levadura de una presencia activa y responsable en la comunidad”[6].

La dedicación a los amigos, a los necesitados, la participación en la vida pública, en definitiva, luchar por unos ideales, permiten abrir esa relación y hacerla madurar. Los novios están llamados a hacer apostolado y dar testimonio de su amor.

La modestia y la delicadeza en el trato van unidas a un Amor (con mayúscula) que trasciende lo humano y se fundamenta en lo sobrenatural, teniendo como modelo el amor de Cristo por su Esposa, que es la Iglesia[7]. Para alcanzar ese amor se deben cuidar los sentidos y las manifestaciones afectivas impropias del noviazgo, evitando situaciones que molesten al otro o puedan ser ocasión de tentaciones o pecado. Si realmente se ama a alguien, se hace lo todo lo posible por respetarla, evitando hacerle pasar un mal rato o haciendo algo que vaya en contra de su dignidad. El noviazgo supone un compromiso que incluye la ayuda al otro para ser mejor y una exclusividad en la relación que hay que cuidar y respetar.

No hay que olvidar el buen humor y la confianza en la otra persona y en su capacidad de mejora. Es bueno crecer juntos en el noviazgo, pero igual de importante es que cada uno crezca como persona; eso ayudará y ennoblecerá la relación.

La sobriedad permite disfrutar de las cosas pequeñas, de los detalles. Demuestra más amor un regalo fruto de conocer pequeños deseos del otro que un gran gasto en algo que es obvio. Une más un paseo que ir juntos al cine por costumbre, buscar una exposición gratuita que ir de compras.

Y dentro de la sobriedad se podría encuadrar el buen uso del tiempo libre. El ocio y el exceso de tiempo libre es mala base para crecer en virtudes, conduce al aburrimiento y a dejarse llevar. Por eso, conviene planificar el tiempo que se pasa juntos, dónde, con quién, qué se va a hacer.

Los hábitos (virtudes) y costumbres que se vivan y desarrollen durante el noviazgo son la base sobre la que se sustentará y crecerá el futuro matrimonio.

Las armas de los novios

En esa lucha por alcanzar la santidad, los novios disponen de estupendas ayudas.

En primer lugar, hay que situar los Sacramentos, medios a través de los cuales Dios concede su gracia. Son, por tanto, imprescindibles para vivir cristianamente el noviazgo. Asistir juntos a la Santa Misa o hacer una breve visita al Santísimo Sacramento supone compartir el momento cumbre de la vida del cristiano. La experiencia de numerosas parejas de novios confirma que es algo que une profundamente. Si uno de los dos tiene menos práctica religiosa, el noviazgo es una oportunidad de descubrir juntos la belleza de la fe, y esto será sin duda un punto de unión. Esta tarea exigirá, por lo general, paciencia y buen ejemplo, acudiendo desde el primer momento a la ayuda de la gracia de Dios.

A través de la confesión se recibe el perdón de los pecados, la gracia para continuar la lucha por alcanzar la santidad. Siempre que sea posible, es conveniente acudir al mismo confesor, alguien que nos conozca y nos ayude en nuestras circunstancias concretas.

Si afirmamos que Dios es Padre y que la meta del cristiano es parecerse a Jesús, es natural tener un trato personal con quien sabemos que nos ama. Por medio de la oración los novios alimentan su alma, hacen crecer sus deseos de avanzar en su vida cristiana, dan gracias, piden el uno por el otro y por los demás. Es bonito que juntos pronuncien el nombre de Dios, de Jesús o de María, por ejemplo rezando el Rosario o haciendo una Romería a la Virgen.

“Hace falta una purificación y maduración, que incluye también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni ‘envenenarlo’, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza”[8]. No podemos olvidar que la mortificación supone renunciar a algo por un motivo generoso, y que forma parte principal en la lucha ascética por ser santos. A veces será ceder en la opinión, o cambiar un plan que apetece menos al otro; o no acudir a lugares o ver series o películas juntos que pueden hacer tropezar en ese camino por ser santos. En el amor se encuentra el sentido de la renuncia.

Vivir el noviazgo con sobriedad y preparar de la misma manera la boda es una base formidable para vivir un matrimonio cristiano. “Al mismo tiempo, es bueno que vuestro matrimonio sea sobrio y destaque lo que es realmente importante. Algunos están muy preocupados por los signos externos: el banquete, los trajes... Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si indican el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición de Dios sobre vuestro amor”[9].

El noviazgo no es un paréntesis en la vida cristiana de los novios, sino un tiempo para crecer y compartir los propios deseos de santidad con aquella persona que, en el matrimonio, pondrá su nombre a nuestro camino hacia el cielo.

Aníbal Cuevas


[1]Cfr. Concilio Vaticano II, Lumen gentium (LG), 11,c. Desde 1928, San Josemaría predicó la llamada universal a la santidad en la Iglesia para todos los fieles; vid., p. ej., Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid 1973, 21.

[2]Benedicto XVI, Discurso, Ancona, 11-9-2011.

[3]San Josemaría, Surco, n. 800.

[4]Mt 22,37-39.

[5]San Josemaría, Conversaciones, n. 105.

[6]Benedicto XVI, Discurso, Ancona, 11-9-2011.

[7]Cfr. Ef 5, 21-33.

[8]Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 5.

[9]Papa Francisco, Audiencia, La alegría del  para siempre, 14-2-2014.

 

 

Funerales laicos

Daniel Tirapu

Jardín de los recuerdos del Cementerio de la Almudena (Madrid) donde se dan sepultura a las cenizas.

Noviembre, para los cristianos es el mes de los difuntos. Todos aquellos que descansan y nos han precedido en la Fe. Una lágrima se seca, una flor se marchita, una oración siempre queda.

Se habla mucho ahora en este país tan moderno, en bobadas, de la financiación de la Iglesia católica, de si es un resto de confesionalidad, que porqué el Estado debe subvencionar o ayudar a las Iglesias. Piensen en el número de funerales que se celebran en este país cada año, imaginen que tuviese el poder civil que cargar con un homenaje o funeral civil a todos los ciudadanos que nos dejan......sería imposible y costosísimo.

 

 

PROMOVER LA VIDA, NO LA MUERTE

Puede ser una coincidencia no buscada, pero resulta escandalosa, que en la fiesta de la Virgen de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo,  los promotores de la muerte comiencen los trámites para implantar la eutanasia. ¡Bonita manera de atender al enfermo! Se trata, en lo posible, de acabar con la enfermedad, no con el enfermo. Aún hay tiempo para evitarlo

No se entiende la urgencia en abrir la puerta legal para poder enviar al otro mundo a muchas personas, porque se piensa que ya no son  "rentables" a  la sociedad, y además originan unos gastos  que podrían evitarse.  Puestos a evitar gastos se podrían revisar muchos capítulos del presupuesto nacional, como por ejemplo el de la pléyade de ministros y cargos adyacentes. Valorar a las personas con un criterio economicista y pragmático nos retrotrae a los momentos más duros del racismo y de la compraventa de esclavos.

El otro falso y cínico criterio es el de la compasión: que no sufran los enfermos...  Efectivamente los enfermos no quieren sufrir, pero no a costa de que les maten. ¿No será más bien que el que ha de cuidar al enfermo no desea hacerlo y quiere quitarlo de en medio?. ¿Por qué no dedicarse a potenciar la medicina paliativa, tan eficaz hoy día?

Matar a un enfermo es un crimen, se apruebe o no la eutanasia. Como abortar en un crimen, esté aprobado o no el aborto. No es extraño que si los padres (y los que aprueban el aborto)  matan a sus hijos, otros hijos acaben queriendo matar también a sus padres. Y todos tendremos que dar cuenta un día de nuestros actos, querámoslo o no, aunque el arrogante diga "no hay Dios que me pida cuenta" (Salmo 9)

Es descorazonador que algunos responsables del cuidado y progreso de los pueblos tengan una mentalidad tan materialista e inhumana, tan contraria al verdadero progreso, que necesariamente ha de comenzar por proteger y respetar toda vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural.  Constituirse en señor de la vida y de la muerte - decidir quién puede nacer y quién puede vivir-  es despreciar a Dios y a los hombres. Las personas con esta mentalidad no pueden ser fiables ni creíbles; pierden la legitimidad moral para gobernar, porque son un verdadero peligro público. Haber sido elegido democráticamente es un requisito necesario pero no suficiente de garantía moral. Y los padres de los que desean aprobar la eutanasia, ¿se sentirán seguros en el trato con sus hijos? Tienen motivos para no estarlo.

Entre las muchas palabras engañosas, indudablemente una de ellas es esta: "eutanasia", que significa "buena muerte".  Engañosa y cínica, porque quitarse la vida voluntariamente o aprobar  que otro te la quite, de ningún modo es una buena muerte: es una muerte indigna y cobarde de un ser humano (aún con el atenuante del dolor, y sobre todo de la falta de atención y cariño que pudiera tener esa persona), porque un anciano o un enfermo no es cacharro viejo e inservible que se puede tirar, sino una persona con toda su dignidad inviolable, independientemente de que tenga más o menos mermadas sus facultades físicas o psíquicas.

No se debe caer en el error de pensar que somos persona porque pensamos, sentimos, decidimos..., y por tanto cuando perdemos esas capacidades ya no lo somos. Es justamente lo contrario: pensamos, sentimos y decidimos porque somos persona, sana o enferma, joven o anciana, estemos en plenitud de facultades o ya estén mermadas o disminuidas por la enfermedad o los años.  Somos persona porque tenemos un alma espiritual que nos distingue esencialmente de los animares, y un destino trascendente que no termina con la muerte. Pobre del que no lo vea así, porque inevitablemente tendrá una visión corta de la vida y triste ante la muerte.

Toda vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural, tiene un valor sagrado. Si se aprueba que determinadas personas ya no merecen vivir –siendo inocentes, se entiende- todos perderemos la garantía de la inviolabilidad de nuestra vida.

Juan Moya, doctor en Medicina

 

 

Cansados de vivir

Eutanasia.

Lo sabíamos. El actual gobierno iba a empezar su legislatura con una norma ideológica y la eutanasia tenía todas las papeletas porque al aborto poco más le queda por crecer para no tener límite alguno.

El debate parlamentario promete ser bronco y con argumentos que tiendan más al emotivismo que a la lógica. Ahora casi siempre es así porque somos la generación de Facebook que se conmueve ante los vídeos de gatitos y perritos. Una generación cursi que funciona a golpe de lágrima fácil. Y ahí estaba, como era de esperar, el reclamo de las duras palabras de quienes se han quitado la vida porque no soportaban la que tenían y lo han pregonado bajo el foco mediático como altavoz de la eutanasia. Tampoco faltó la acusación en el sentido contrario: esta ley es un proceso político de ingeniería social que ayudará a paliar las ya mermadas cuentas del erario público porque limitará las pensiones y el gasto sanitario. Efecto secundario de la ley que no vendrá mal a un Gobierno que ya ve en lontananza la tormenta de la próxima recesión.

En el Congreso poco o nada se dijo de lo que el secretario general de la Conferencia Episcopal resaltó de inmediato: el problema de la eutanasia es más profundo porque responde a cuál es el concepto de la dignidad humana para la sociedad moderna. Y ahí patinamos en un barrizal de productividad y utilitarismo, del ser y el hacer. Vamos deslizándonos por una pendiente en la que resultará muy difícil frenar.

Pero la clave de esta obsesión presente por la eutanasia (que no es, ni de lejos, el problema que más preocupa a los españoles) la daba hace unas semanas un país que nos lleva una triste ventaja en materia de muerte provocada: Holanda. Este Estado, que ya dispone de una regulación que convierte la eutanasia en un derecho en casos de enfermedad terminal o irreversible, acaba de proponer un nuevo giro de tuerca: los mayores de 70 años podrán solicitar una pastilla que los mate si sienten que están cansados de vivir, sin necesidad de que estén enfermos. Basta el cansancio, el hastío, el desánimo.

El problema de cualquier decisión legislativa que atente contra el derecho a la vida sobre la base de una malinterpretada libertad de elección es que nos sitúa a todos en pendientes deslizantes en las que resulta muy difícil frenar cuando se acumula el impulso de anteriores medidas. Se empieza por admitir la eutanasia para determinadas personas en determinados casos, se amplía el rango de sujetos del supuesto derecho, como los menores, y se acaba por abandonar el requisito que en principio sustentaba la petición: el de una enfermedad terminal en su última fase.

Pero la pastilla para quienes están cansados de vivir es solo un síntoma de un diagnóstico mucho más grave y con una cura mucho más compleja. Si estamos cansados de vivir en la época de la historia en la que la humanidad disfruta de más comodidades, se multiplica nuestro conocimiento, la medicina nos vuelve más longevos y con mejor calidad de vida, es que hemos perdido esa trascendencia que daba sentido a nuestro devenir aun cuando el futuro era mucho menos halagüeño. Y aquí en España acabamos de vislumbrar la punta del iceberg en forma de proyecto de ley de la eutanasia. Lo peor está por llegar

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades

Universidad CEU San Pablo

 

 

Comentario al evangelio: La plenitud de la Ley

Evangelio del 6º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio.

VIDA CRISTIANA

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Evangelio (Mt 5,17-37)

No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud. En verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que insulte a su hermano será reo ante el Sanedrín; el que le maldiga será reo del fuego del infierno. Por lo tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda. Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que restituyas la última moneda.

Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno.

Se dijo también: Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé el libelo de repudio. Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer —excepto en el caso de fornicación— la expone a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en vano, sino que cumplirás los juramentos que le hayas hecho al Señor. Pero yo os digo: no juréis de ningún modo; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Que vuestro modo de hablar sea: «Sí, sí»; «no, no». Lo que exceda de esto, viene del Maligno.


Comentario

En el evangelio según san Mateo hay cinco grandes discursos de Jesús intercalados por narraciones de hechos y milagros. El pasaje de este domingo forma parte del primero de esos discursos, el Sermón de la Montaña, y consiste en un fragmento de las llamadas “antítesis”. La atractiva novedad que predica el Maestro no cae en el fácil tópico de la trasgresión de la norma establecida o de su abolición: “no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles plenitud”. Para ser ciudadanos del Reino de los cielos, Jesús propone lo de siempre, pero de una forma nueva, plena y perfecta: la que Él mismo encarna. Y la ley del amor que Jesús inaugura exige plenitud hasta en lo más pequeño.

En el discurso aparece varias veces una expresión peculiar para mencionar la Ley de Moisés: “Habéis oído que se dijo”. Esta fórmula remite por un lado a la tradición oral en Israel (“habéis oído”), por medio de la cual los maestros enseñaban cómo vivir con justicia, es decir, según la voluntad de Dios expuesta en la Ley. Por otro lado, la fórmula “se dijo” es una manera semítica de evitar el nombre de Dios por respeto: es decir, fue Dios quien dijo, y de Él viene la Ley Mosaica. Jesús se sitúa por encima de Moisés y con la misma autoridad legisladora de Dios: “pero yo os digo”.

Para refrendar el valor de la vida humana, la Ley decía “no matarás” (Ex 20,13; Dt 5,17), porque serás reo de juicio (cfr. Lv 24,17). Jesús asegura que hasta la ira hacia otro y el insulto ya nos hacen merecedores de castigo; y maldecir a otro, merece incluso el infierno. Es tal la dignidad de la persona, que antes se debe arreglar la más mínima afrenta con otro que hacer a Dios ofrendas.

Con motivo del precepto sobre el adulterio (cfr. Ex 20,14; Dt 5,18), Jesús vuelve a subrayar desde otro punto de vista el excelso respeto hacia los demás que subyace en la Ley. Si el adulterio consiste en adueñarse por satisfacción personal de una persona casada, esto no debe hacerse ni siquiera en el fuero interno, donde se comete el mismo pecado, aunque no se realice externamente: “ha cometido adulterio en su corazón” (v. 28).

“Si tu ojo derecho te escandaliza…” (v. 29). Por medio de exageraciones que son muy comunes en la retórica semítica, Jesús aclara que es mejor perder parte de uno mismo antes que pecar y merecer el infierno por entero. Literalmente, “escandalizar” no significa tanto inquietar la buena decencia de alguien como moverlo con eficacia a obrar mal. Si algo en uno mismo se opone a la ley del amor y el respeto al otro, debe ser arrancado, incluso lo más estimado, como da a entender la expresión “ojo derecho” o la “diestra”.

En la antigua costumbre del repudio, la legislación mosaica introdujo la obligación del libelo: es decir, un acta firmada por el marido que permitía a la mujer ser recibida por otro hombre. Sin embargo, para subrayar la grandeza y dignidad del vínculo matrimonial con una mujer, Jesús hace inválidos todos los repudios, ya que siguen exponiendo al adulterio a la mujer y a quien la recibiera. Y de esto se hacía culpable el repudiador. No es fácil interpretar la excepción a esta culpa que menciona Jesús: “en caso de fornicación (porneia)” (v. 32). Puede referirse a rechazar a una mujer con la que se tiene una unión ilegítima.

También Jesús enseña acerca de la ley mosaica sobre los juramentos (cfr. Lv 19,12; Nm 30,3; Dt 23,22), la cual busca evitar la mentira y el engaño. Estos se producían más fácilmente si al hacerlos se invocaba a Dios o a algo muy valioso; por eso eran más graves. Jesús resuelve toda casuística y juramento grandilocuente exigiendo sencillez y honestidad: “que vuestro modo de hablar sea ‘Sí, sí’; ‘No, no’. Lo demás “viene del maligno” (V. 37), quizá porque la necesidad de subrayar más la palabra dada es un inicio de sospecha.

 

 

VI domingo del tiempo ordinario.

Mt 5, 17-37.

 

Pero yo os digo.

 

Siempre cuando oro con la Palabra de Dios me pregunto cuál es la novedad que nos trae Jesús...y la respuesta es su persona; es Jesús la novedad del evangelio, es el mismo Jesús, como repetía Guardini, lo esencial del evangelio es Cristo.

 

1.     Él siempre nos remite a vivir el decálogo, que no está superado, y la novedad es, cómo nos invita a vivir con los sentimientos de su Corazón. Es vivir la Ley con su Corazón manso y humilde y lleno de compasión. No es una religión de la exterioridad solo, sino de un amor que va más allá, porque le mueve la entrega y el dar la vida por amor.

 

2.     Cuando vemos que todavía hoy se vive y se practica el ojo por ojo y el diente por diente, donde una cierta venganza tiene derecho de ciudadanía, damos gracias porque el Señor junto con su Ley nos da su gracia para vivirla. Nos da su fuerza para ser coherente con lo que nos pide. Si aplicamos el principio de ojo por ojo y diente por diente, si se aplica con el rigorismo que a veces se ve, al final todos ciegos y todos sin dientes.

 

3.     Ante tanto precepto del mundo judío, el Señor Jesús que sin lugar a dudas, como dice un famoso libro, ha sido el más y mejor cumplidor de la Ley. Su novedad es el corazón, la interioridad, la ternura con la cual el Señor nos invita a vivir la entrega a los hermanos, como la prueba de algodón de que es la caridad la que nos indica que estamos viviendo plenamente los preceptos del Señor.

 

Por tanto la novedad del evangelio es siempre Jesús que ama como Dios, con un Corazón humano, que se vuelca siempre con los más necesitados.

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo electo de Toledo

Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

 

 

Un estudio asegura que la imagen impresa en la Sábana Santa es de «una persona viva»

 

La Sábana Santa es uno de los objetos más estudiados del mundo

El catedrático de cirugía plástica, estética y reconstrucción, Bernardo Hontanilla, publica un estudio en el que afirma que el lienzo muestra a un sujeto que «se está levantando».

 

Este lienzo de más de cuatro metros de largo en el que, según la tradición, se habría impreso el cuerpo de Jesús crucificado, ha sido objeto de todo tipo de análisis forenses, hematológicos, textiles, químicos, biológicos e iconográficos. Sin embargo, nunca hasta ahora se había analizado «desde el punto de vista de un cirujano plástico».

Esa ha sido la peculiar tarea que ha emprendido el catedrático de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora de la Clínica Universidad de Navarra, Bernardo Hontanilla. Su estudio –que acaba de publicarse en la revista «Sciencia et Fides» («Ciencia y Fe»), una publicación conjunta de la Universidad Nicolás Copérnico de Torun (Polonia) y la Universidad de Navarra– concluye que la Sábana Santa de Turín «muestra a la vez signos de muerte como de vida de una persona que dejó su imagen impresa en un momento en el que estaba viva».

Para este anatomista español, «es razonable pensar que si la Síndone (del griego, lienzo) cubrió el cuerpo de Jesús a Él le interesaría no solo mostrarnos los signos de muerte sino también de resurrección en el mismo objeto».

 

Reconstrucción en 3D de la imagen

Para llegar a este sorprendente resultado, este catedrático especializado en cirugía de la parálisis facial analizó varios detalles de la postura del cuerpo impreso en la Sábana Santa siguiendo la reconstrucción en 3D del artista andaluz José Manuel Miñarro López. Según explica Hontanilla, todos los estudios realizados hasta ahora sobre la Síndone se refieren a un cadáver.

 

«Se trata de estudios de medicina forense que describen que la postura fijada en la Síndone es típica de una rigidez post mortem, pero en realidad se trata del gesto habitual de una persona cuando está intentando levantarse partiendo de la posición decúbito supino», asevera.

 

Hontanilla llega a esta conclusión después de cuestionar la rigidez postmortem en «una persona sometida a un gran traumatismo, deshidratada y con las reservas de glucógeno agotadas en el cuerpo», como es el caso de un hombre que muere en la cruz.

 

​Reconstrucción de la imagen de la Síndone por el artista José Manuel Miñarro López – Francis Silva

 

Además, el médico realizó varias pruebas con sujetos varones de entre 30 y 40 años, con fenotipo atlético y de entre 1,70 y 1,80 metros de altura a los que les solicitó que se levantaran del suelo partiendo de la posición decúbito supino. Según explica el facultativo, todas estas personas «mostraron un desplazamiento de las manos a los genitales al flexionar el tronco, una elevación y semiflexión de la cabeza y un apoyo de una planta del pie con menos flexión de la pierna contralateral y cierto grado de rotación interna como la figura observada en la Síndone».

Para apoyarse en su argumento de que la persona envuelta en la Sábana Santa estaba viva en el momento de la impresión de la imagen, Hontanilla también se detiene en los surcos nasogenianos y nasolabiales del rostro que se aprecian en la imagen. «La presencia de ambas marcas en la cara impresa en la Síndone se asemeja más a la de una persona viva, ya que en un cadáver reciente la musculatura facial se relaja y desaparecen los surcos», sostiene en su estudio.

«La muerte tiene como consecuencia una parálisis facial bilateral y pueden desaparecer estos surcos. Sin embargo, esa persona que está impresa en la Síndone tiene los surcos nasogenianos marcados y no solo los dos surcos sino que, en el lado derecho, tiene otra marca que indica actividad muscular que se corresponde con un golpe que le dieron en la cara y que está provocando ese surco más superior», explica Hontanilla. «Si estuviera muerto –añade– podría haber una mayor inflamación de toda la mejilla, pero sin la demarcación de surcos por la falta de actividad muscular».

 

 

Décimas de segundo

Estos y otros signos que define en su artículo, le llevan a sostener que «la imagen dinámica que queda impresa en la Sábana podría haberse producido «en cualquier momento entre las 18 y 30 horas siguientes a la muerte, pero estando vivo». Además Hontanilla señala que la posición del cadáver que ha quedado impreso en la Síndone «no se debe a que el cuerpo está intentado recuperar la postura que tenía en la cruz porque, de ser así, los brazos entonces deberían haberse desplazado hacia afuera, recordando la posición de crucificado, en lugar de ir hacia los genitales».

«La posición del cuerpo –añade– muestra ese primer e incipiente gesto de levantamiento que pudo ocurrir en décimas o segundos para después desvanecerse y atravesar el lienzo», asevera.

Consciente de la polémica que puede generar su estudio, el catedrático defiende que «en el momento en que se imprime esa imagen, la persona está viva».

 

«Lo afirmo y defiendo científicamente donde sea necesario. Si todos estos signos que aparecen en la Síndone los unimos a todo lo que está escrito en los Evangelios, entonces coincide el cien por cien no solo en la muerte, sino también en la resurrección. Tanto los signos estáticos de muerte como dinámicos de vida están juntos en el mismo objeto. Si la imagen de la Síndone es la de Jesucristo entonces es una prueba para los cristianos de su muerte y resurrección», sostiene.

 

El presidente de la Centro Español de Sindología (CES), Jorge Manuel Rodríguez Almenar, prefiere ser prudente. «En la Sábana Santa no se puede hablar de resurrección, pero sí se puede hablar de desaparición del cadáver. Si la imagen impresa en la Sábana Santa es una huella de la transformación de un cuerpo físico a metafísico o glorioso no es una cosa que la ciencia pueda probar.

Esto supone dar un salto que va más allá de la ciencia porque la resurrección es un concepto que no es físico», señala este abogado que ha dedicado buena parte de su vida a investigar el impacto de la Síndone en la Historia del Arte.

 

Pese a que la Sábana Santa ha sido siempre objeto de debate entre los que creen en su autenticidad y quienes dudan, el presidente del CES recuerda que hasta el momento se ha probado que la imagen reflejada en la Síndone es el de un hombre real, que murió flagelado y crucificado y no producto de un artista. Sin embargo, admite que los principales estudios consideran que sigue siendo «un misterio» cómo se produjo la imagen sobre la Sábana Santa.

Hontanilla también considera que la imagen sobre la Sábana Santa «no puede ser una obra artística». «Es muy difícil de explicar cómo en el siglo XIV, y en realidad en cualquier otro siglo, alguien pudo diseñar material y formalmente la imagen de un sujeto muerto y a la vez vivo. Casi diríamos que la producción de esa imagen en ese objeto es absolutamente admirable, por no decir milagrosa, que se sale fuera de toda lógica humana», asegura el médico.

abc.es

 

Nueva canción de ColaCao: Valores de siempre con música renovada

ColaCao celebra en estos días sus primeros 75 años de vida, y lo hace con una sorprendente novedad: su famosa canción (“Yo soy aquel negrito / del África Tropical…”) se ha adaptado a los nuevos tiempos y se ha vuelto más cercana e inclusiva.

El compositor, pianista y director musical Manu Guix ha sido el encargado de adaptar la letra y música y de dirigir al coro infantil y juvenil de Xamfrà, que pone voz a la nueva versión. Xamfrà es un centro de la Fundació l'ARC Música situado en el barrio del Raval de Barcelona y que vela por la integración social de pequeños y jóvenes a través de las artes escénicas y de la música.

La conocida “Canción del ColaCao”, compuesta por Aurelio Jordá, se escuchó por vez primera en la radio en 1955. Los directivos de la empresa, conscientes de que este medio había penetrado con fuerza en todos los hogares, apostaron por la publicidad musical. El éxito inicial de la melodía y su letra tan pegadiza se ganaron el favor del público, que la memorizó con entusiasmo. Poco después, en 1962, grabaron un spot para el cine que combinaba imagen real y dibujo animado; y el éxito se consolidó. Desde entonces no ha dejado de sonar en todos los medios de comunicación: radio, cine, televisión, internet. Aún hoy, continúa formando parte del imaginario musical de los españoles, y su letra la conocemos todos: grandes, medianos y pequeños.

Sin embargo, ahora llega una nueva letra que, inspirada en la anterior, actualiza los contenidos y la referencias al deporte. Antes parecía que solo los chicos hacían ejercicio físico; ahora hay claras referencias a la mujer. Y la interpretación por parte de chicos de El Raval indica también su deseo de colaborar en la integración social.

ColaCao es una marca tan querida porque se mantiene auténtica tras 75 años de recorrido. Hay cosas que no pueden cambiar, como la receta que se mantiene invariable desde su nacimiento, pero hay otras, como nuestra canción, que deben evolucionar para seguir siendo relevantes” explica Xavi Pons, consejero delegado de la marca.

Sin duda, es gratificante comprobar que los valores de una marca permanecen en el tiempo y siguen siendo válidos en la publicidad contemporánea. Sobre todo, en una marca tan ligada al entorno familiar como es ColaCao. ¡Enhorabuena por esta renovación de los valores de siempre!

 

 

 

Quizá no toda la culpa es de las redes sociales: hay que enseñar a mirar, escuchar y empatizar

FamilyandMedia.eu - 07.02.2020

 

Foto: Freepi

Con frecuencia, se considera a los modernos instrumentos de comunicación responsables de muchas deficiencias en el ámbito de las relaciones humanas en la sociedad.

Ciertamente, estos medios tienen límites y, si no hay equilibrio en quien los usa, pueden ser peligrosos, llegando incluso a causar en algunos casos crisis depresivas.

De vez en cuando conviene desplazar la atención desde los objetos hacia quienes los utilizan, para recordarnos que siempre somos nosotros los responsables de lo que sucede, y no las cosas que poseemos.

Como madre e investigadora en este campo, pienso que no estamos “condenados” a criar hijos-autómatas, incapaces de despegar la mirada del ipad, de pensar y amar realmente, solo porque “este es el mundo en el que viven”.

La capacidad de comunicar auténticamente nace en familia

Por mucho que las redes sociales puedan contribuir a “aplanar” los sentimientos, a inhibir la capacidad de diálogo, comprensión y análisis, marca la diferencia siempre lo que se siembra en los corazones y en las mentes de los niños.

Me gusta pensar que hoy, como ayer y como mañana, una familia vigilante puede suplir los déficits socioculturales que se plantean. Me gusta pensar que comunicar de modo plenamente humano con niños y jóvenes, puede llevar a que también ellos lo hagan, independientemente de la tv que tienen en el salón.

Una comunicación personal - en el sentido literal del término – se da cuando se reconoce en el otro un “tú” con el que encontrarse y hacer que salga a la superficie. Una relación de este tipo, una relación “yo-tú”, en lugar de "yo-esto" -como dice el filósofo Martin Buber-, se construye mucho más fácilmente si uno ha sido tratado como un “tú”, desde siempre, es decir, desde pequeño.

Voy a proponer tres aspectos de la comunicación que, a mi juicio, no deben faltar en una familia, si se quiere educar a los hijos para unas relaciones “reales”, sinceras y profundas.

1. Mirar al otro con atención

Si muchos chicos no saben “mirar a los demás” no es sólo porque estén ofuscados por sus teléfonos, sino también -y quizás sobre todo-, porque en primer lugar, ellos no han sido “mirados”. Al contrario, es posible que, precisamente porque no saben relacionarse con los demás, rehúsan ese trato, escondiéndose detrás de un teclado.

Si los chicos no valoran la belleza del prójimo, quizás es porque, como sostiene el escritor Alessandro D'Avenia, nadie ha visto y les mostrado la belleza que hay en ellos.

Todo educador, especialmente los padres, están llamados a hacer esto: mirar con profundidad en la vida de los hijos, prestar atención a cada cosa, a los detalles, a la expresión del rostro. Ha de observar lo que el niño o el chico ama, lo que no le gusta, lo que le produce alegría o dolor. Está llamado a mostrarle su belleza.

Todo esto implica ponerlo en el centro y no en los márgenes de la vida, sabiendo que quien ha sido tratado como "persona", quien se siente importante para alguien, aprende a tratar como personas a los demás , independientemente de que tenga o no un móvil en el bolsillo.

2. Proximidad y disposición a escuchar

El egocentrismo y la vanidad imperan en la sociedad. Hablamos, contamos, mostramos de nosotros mucho más de lo que nos preocupamos de los otros. Las redes sociales y la tv ponen mucho de su parte para favorecer estas actitudes: en ellos es más fácil exhibirse que darse al prójimo. Si los medios de comunicación tuvieran el poder de cerrar automáticamente los oídos y el corazón de quien los usa, deberíamos decir que quienes los utilizan son obtusos y narcisistas, egocéntricos e insensibles hacia los demás. Pero no es así.

La capacidad o incapacidad de acercarse a otro no nacen de las redes sociales: tienen que ver con algo más profundo. Tienen que ver con la madurez afectiva, con la vida interior.

Y la familia tiene un papel importantísimo en ese enseñar la proximidad, sin la cual no hay comunicación auténticamente humana.

Una forma de favorecer la actitud de proximidad es asumir y fomentar la disposición a escuchar. Como educadores y padres debemos dar ejemplo, escuchando el doble de lo que hablamos, pues, como dice el filósofo griego Zenón de Citio, siglo IV A. C, tenemos dos orejas y una sola boca precisamente por esto

Si en la familia se aprende a escuchar y a interesarse por los demás, Instagram o Facebook no harán perder estas preciosas cualidades...

3. Educarse y educar para la empatía

¿Cuántas veces leemos en las redes sociales comentarios frívolos o despectivos, llenos de lugares comunes y de odio ? ¿Cuántas veces observamos insensibilidad y superficialidad al aproximarnos a la vida de los demás? "Las redes sociales nos han hecho cínicos y despiadados", dicen algunos.

Ciertamente, pasar horas y horas ante una pantalla no facilita hablar con otros, percibidos tan distantes que casi resultan irreales. Pero el motivo más profundo para que “se dispare a bocajarro” contra los demás, contra sus actos, contra sus problemas, es la ausencia de una buena educación para la empatía.

Para volver al concepto de Buber, el otro no es “algo”, sino un “tú”, con su historia, heridas, sufrimientos y dificultades. Educarse y educar para la empatía implica preguntarse el porqué de los gestos del otro , intentar meterse en su piel, y, en lugar de condenar, pensar qué siente y cómo ayudarle.

Enseñar a un niño o a un muchacho a preguntarse qué le pasa por la cabeza y el corazón al otro es una gran riqueza.

La empatía hay que experimentarla en la familia en primer lugar: no es irrelevante si alguien enjuga las lágrimas de un niño, si se le pregunta cómo está, cómo le va con los compañeros de clase, si hay algo que le hace sufrir, por qué ha hecho un determinado gesto. Un niño o un muchacho que ha experimentado la empatía hacia él mismo será más propenso a tener empatía hacia los demás.

El objeto de este artículo no es incensar a los nuevos instrumentos de comunicación, ni tampoco disculparles de los defectos que se les atribuyen. Sabemos que, de hecho, pueden ser problemáticos y peligrosos para los jóvenes que se están formando, y están sujetos a sentimientos de rebeldía y deseos de cambiar.

Lo que nos urgía era focalizar la importancia de una educación que nazca "de dentro", y que tienda a desarrollar la capacidad de comunicar de forma plenamente humana, con independencia de los instrumentos que se usen.

Las redes sociales pueden complicar el trabajo del educador, pero no deben convertirse en una coartada ni en el chivo expiatorio, para no admitir carencias educativas y afectivas que no dependen de ellos.

*Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

 

Romance del 14 de febrero

San Valentín es un santo,

de tantos que hay en el cielo,

encumbrado hace unas décadas

por interés del comercio

para que la gente compre

regalos como recuerdo

entre novios y entre esposos

que juran amor eterno.

No es despreciable la fiesta

si el cariño se acompaña

de efemérides sin cuento

cuando hombres y mujeres

muestran afectos sinceros.

Pero el día de hoy, también,

en la Europa su abolengo

resalta como una luz

brillante en el firmamento

por dos valientes hermanos,

Salónica el nacimiento,

de Cirilo y de Metodio

que, por evangelizarla,

más que a su vida quisieron

a base de traducir

la Escritura al esloveno

y de sufrir en sus carnes

sacrificio a mucho empeño

para lograr su unidad

cristiana por mucho tiempo.

 Igualmente, en este día,

a Josemaría Escrivá

quiso Dios que por su medio

brotara una fundación

para su Obra incremento.

Mujeres y sacerdotes

a un mismo redil vinieron,

por inspiración divina,

no a completar un vacío

sino a rebosar un lleno.

Era este moderno santo

baturro de cuerpo entero,

con raíces en Somontano,

quien de Barbastro a Madrid

fundador sin fundamento,

que de él mismo decía,

vivió y murió por la Obra

de la Iglesia un brote nuevo.

 

Todas esas referencias

de celebración tenemos,

para dar gracias a Dios

el 14 de febrero.  

José María López Ferrera

 

Contra el odio y el supremacismo

El 27 de enero se cumplía el 75 aniversario de la liberación del Campo de concentración de Auschwitz. Cuatro días antes, el día 23, en el Memorial del Holocausto en Jerusalén, con la presencia de medio centenar de Jefes de Estado y de Gobierno se recordó la barbarie cometida contra el pueblo judío por el nacionalsocialismo. Pero no solo eso, el acto sirvió también para llamar la atención contra el riesgo constante de antisemitismo que arrecia en muchas partes del mundo y especialmente en la vieja Europa. El Presidente de la República de Francia lo reconoció en Jerusalén y la Canciller alemana hizo lo mismo el día 6 de diciembre pasado durante su visita al Campo de Auschwitz.

En mi opinión el silencio al que invita el recuerdo de la Shoah debe convertirse en acciones decididas e implacables contra los discursos del odio y el supremacismo. El antisemitismo, como recordó Angela Merkel en Auschwitz, avergüenza a nuestra humanidad y es también un ataque a los fundamentos de nuestra democracia.

Pedro García

 

 

Están a nuestro cargo

Los hijos no son nuestros en el sentido económico del término. Si lo fueran, ninguno suspendería matemáticas o llegaría a casa con una notita firmada por el tutor porque se ha olvidado los deberes o ha discutido con un compañero. Todo lo bueno y lo malo que ocurre en la vida de nuestros hijos es fruto de una coctelera de elementos donde hay un gran porcentaje de la educación recibida en casa, otro no desdeñable de los inputs de la escuela, una parte del mundo exterior y toda la libertad con la que cada uno de nuestros hijos ha sido creado para decidir si estudia o no matemáticas, si presta atención al material escolar o si modula su enfado para zanjar una polémica en el patio. Nuestros hijos (así nos referimos siempre a ellos, todos, también los que quieren darles en la escuela una formación que no corresponde al Estado, porque nuestra es la responsabilidad de criarlos y educarlos) están a nuestro cargo por un tiempo, mucho tiempo, para que podamos hacer de ellos personas libres.

Jesús Domingo Martínez

 

 

La religión no es un invento humano

Por muchas vueltas que le demos, la religión no es un invento humano porque antes es ya un invento divino, que ha creado el universo entero y lo ha puesto en nuestras manos para colaborar con Dios hasta la plenitud final. Lo que algunos no llegan a entender es que afirmar a Dios es afirmar al hombre, y viceversa: valorar al hombre y respetar su dignidad es camino para encontrar a Dios. Por ahí transcurre el pensamiento de Steiner: hace un buen diagnóstico de la crisis de la cultura occidental y atisba alguna solución, si bien no da en la clave última.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Pensamientos y reflexiones 243 

 El político como primer ladrón del dinero público

 

                                Sí… Y entiéndase que robar no es sólo llevarse lo que no es suyo, sino que robar es, dilapidar, malversar, gastar a troche y moche o en proyectos no sólo no rentables, sino irrecuperables y que lastrarán la economía por tiempos incalculables;  y así, se le pueden añadir “etcéteras” interminables por lo variados. Añádanse a ello, que el político hará siempre “sus leyes y para con ellas, cubrirse todas sus impunidades”. Y a la vista de ello, observemos la marcha del mundo y la situación de cada época y en especial la actual; no sólo de España que es donde nací y vivo, sino del resto de este siempre expoliado planeta, por políticos ladrones y que nunca pagaron su latrocinio; que igualmente hundieron a los pueblos que mangonearon y los destruyeron, sumiéndolos en las ruinas y miserias de las que la historia tiene abundantes realidades.

                                Ahora mismo y aquí donde vivo, se han iniciado ya las luchas implacables por el control del máximo monto de dinero público, a manejar tras las varias votaciones que hay proyectadas para este año. Los frentes son los mismos o similares y se desarrollan en los ámbitos, municipal, provincial, regional o nacional; se habla se insulta se lanzan mentiras de todo tipo, pero todo ello en una batalla sin cuartel, con el único fin de (reitero) controlar el máximo de dinero público; ya que de lo que se trata es de llegar al mismo para repartirlo como mejor puedan, o quieran los conquistadores, que debido a “la manga ancha”, que siempre existe en España, da lugar a todos los fraudes y malversaciones, así como robos descarados, de los que hoy llenan gran cantidad de los juzgados que juzgan la enormidad de casos que hay pendientes, en España y que se van dilatando en el tiempo, para precisamente, que se diluyan en la inmensidad del fraude realizado y que en mayoría, desaparezcan sin que los responsables, ni paguen lo que defraudaron, ni vayan a la cárcel por tiempos suficientes como para crear el miedo que debe ser creado, para que los proclives a estos delitos, lo pensasen mucho antes de iniciar esas aventuras delictivas; y que siempre terminan por arruinar los bienes comunes, de los que al final somos víctimas la inmensa mayoría de habitantes del territorio que sea. ( De mi artículo de igual titular: 28-02-2019)

 

La voracidad política en Cataluña

 

                                Una gran cantidad de jefecillos rebeldes catalanes y acusados de rebelión, están sentados en los banquillos del considerado más alto tribunal español, en el momento en el que esto escribo. Fuera de este bochornoso “teatro”, existe otra gran cantidad de rebeldes catalanes, que están intentando por todos sus medios, el destruir Cataluña y alegando que destruyen a España; lo que aparte de no ponerles coto el gobierno “desgobernante de la actualidad”, les permite mangonear en la hacienda autonómica, de la forma tan sorprendente como indican las reseñas periodísticas que copio; no entendiendo ya si España Existe, si aquí “cada jefecillo” hace lo que le da la gana, o si aquí, se necesita una nueva reorganización, de todo este “gazpacho o potaje español”, en que han convertido ya a España, que por si alguien lo ignora, es nada menos que la tercera nación del mundo mundial, en ostentar soberanía y banderas propias, sólo superada por los grandes países asiáticos orientales, tales como aún lo son los imperios chino y japonés. Ninguna otra nación del mundo, incluida Rusia, pueden presentar tal blasón ante este pobre mundo; pero de seguir las cosas así, un territorio tan rico como sigue siendo la España actual, lo terminarán por convertir, en algo así, como “un inmenso lupanar que carente de todo control, será algo así como aquí en mi tierra entendemos con la popular frase, que señala, “el coño de la Bernarda”. Veamos algo de lo que me impulsa a escribir este largo y bochornoso preámbulo sobre mi tierra madre.

            “Quim Torra (presidente regional) pretende incrementarse el sueldo en un 5,08%, hasta alcanzar los 152.861,54 euros brutos al año, mientras que los consejeros (ministros) de la Generalidad percibirán el mismo incremento salarial, hasta alcanzar los 115.234,92. Cataluña es la comunidad autónoma española que cuenta con un mayor número de impuestos propios, un total de 18 tributos con los que recauda 610 millones de euros al año, y destaca también por ser la que más grava por IRPF a las rentas más bajas”. (Vozpópuli 27-02-2019)

                                Hay que señalar para quienes no lo sepan, que “la rica España”, hoy es un país arruinado, tras el saqueo de los más de cuarenta años que somos gobernados por inútiles y ladrones, que legislando y administrando como lo han hecho, dan el resultado de una inmensa mayoría de españoles, inmersos en una pobreza destacable, muchos de ellos en una indigencia real y que les lleva a tener que ir a comedores sociales, que no los mantiene ni el Estado, sino organizaciones privadas de corte social o religioso. (De mi artículo de igual titular: 27-02-2019)

 

El sabor de la fruta y el engaño que nos hacen

                                Como el loco mundo actual ha derivado en lo que yo denomino, “ser el primero”; en esa primacía se sacrifica todo, incluso la vida en los más absurdos y difíciles juegos humanos; muchos de los cuales llegan a ser institucionalizados como “deportes” que curiosamente siguen muchos y nuevos adeptos. En gastronomía hay tal invasión de “inventores genuinos”, que debido a cuantos alimentos hoy hay disponibles, se hacen tal cantidad de mezclas, que debido a intereses múltiples, “las primacías abundan tanto como las estrellas de nuestra galaxia” y la risa de los escépticos (entre los que me cuento) van a tono con tanta barbaridad o memez humanas, como se inventa para destacar en ese “absurdo firmamento que se disuelve en general a la misma velocidad con que aparece”; puesto que como la casa y la familia cuasi han desaparecido, ya nadie guisa y todos van “de tapeo” y a lucirse y extasiarse ante la obra del último creador; cosa que ya ocurría en la vieja y decadente Roma imperial.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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