Las Noticias de hoy 12 Mayo 2022

Enviado por adminideas el Jue, 12/05/2022 - 12:16

Un día como hoy ocurrió el Milagro del sol de la Virgen de Fátima [VIDEO]

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 12 de mayo de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en la catequesis: dejemos una herencia de “bien” y no solo de bienes

El Papa a los LGBT: Dios es Padre y no reniega de ninguno de sus hijos

Francisco a Tawadros II: La amistad es el camino para la unidad de los cristianos

Las esposas de los soldados ucranianos en el Vaticano: pedimos ayuda al Papa

APRENDER A DISCULPAR : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: en los planes de Dios

“¿Por qué nos entristecemos los hombres?” : San Josemaria

12 de mayo, fiesta del beato Álvaro del Portillo

San Josemaría en Fátima

Santo Rosario en audio para cada día

Trabajar bien, trabajar por amor (IV): Trabajo y contemplación (II) : F.J. López Díaz

Llegar a la intimidad con el Espíritu Santo : Álvaro del Portillo

Por la fe de los jóvenes

Las heridas gritan : Sheila Morataya

El amor y sus actos : Fundamentos de Antropología Pamplona

Sexualidad : encuentra.com

Fátima, una historia que cambió el rumbo del mundo : primeroscristianos

Los derechos humanos como un lastre : Jesús D Mez Madrid

Contradicciones : Domingo Martínez Madrid

Ha causado muchas muertes :  Pedro García

¿Para qué sirven las universidades? ¿Y el gobierno? : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa en la catequesis: dejemos una herencia de “bien” y no solo de bienes

Este miércoles, 11 de mayo, el Santo Padre en su catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, presentó la figura de Judit, una heroína bíblica que, “de joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos, una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”.

 

Renato Martinez, Ciudad del Vaticano

“De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles, 11 de mayo, continuando con su ciclo de catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, en esta ocasión reflexionando sobre la figura de Judit, una heroína bíblica, una mujer que, en su juventud, supo defender a su pueblo de los enemigos que lo asediaban y que después vivió la etapa de su larga ancianidad con plenitud y serenidad, dejando en herencia no sólo “bienes”, sino, sobre todo, el testimonio de haber hecho siempre “el bien”.

El Papa en sus saludos a los fieles y peregrinos

Una joven virtuosa que, gracias a su fe, salva al pueblo

Comentando la conclusión del libro que lleva su nombre, el Santo Padre dijo a los fieles y peregrinos que colmaron la Plaza de San Pedro que, este pasaje bíblico sintetiza la última parte de la vida de esta mujer, que defiende a Israel de sus enemigos. “Judit – preciso el Papa – es una joven virtuosa y viuda judía que, gracias a su fe, a su belleza y a su astucia, salva la ciudad de Betulia y al pueblo de Judá del asedio de Holofernes, general de Nabucodonosor rey de Asiria”. Después de la gran aventura que la ve como protagonista, Judit vuelve a vivir en su ciudad, Betulia, donde vive una bonita vejez hasta los ciento cinco años. Como llega para muchas personas: a veces después de una vida de trabajo, a veces después de una existencia aventurera o de gran entrega.

“El heroísmo no es solamente el de los grandes eventos que caen bajo los focos: a menudo se encuentra en la tenacidad del amor vertido en una familia difícil y a favor de una comunidad amenazada”

Es necesario remodelar la alianza entre generaciones

En este contexto, el Papa Francisco se preguntó: ¿Cómo aprovechar este tiempo que tenemos a disposición? ¿Qué puedo hacer en estos años? ¿Cómo puedo crecer en santidad y sabiduría? La perspectiva de la jubilación, afirmó el Pontífice, coincide para muchos con la de un merecido y deseado descanso de actividades exigentes y cansadas. Pero sucede también que el final del trabajo representa una fuente de preocupación y es esperado con algún temor. Porque el trabajo cotidiano significa también un conjunto de relaciones, la satisfacción de ganarse la vida, la experiencia de tener un rol, una merecida consideración. Por supuesto, además, hay un compromiso, gozoso y cansado, de cuidar a los nietos; pero sabemos que hoy nacen cada vez menos niños, y los padres suelen estar más sujetos a situaciones laborales y domésticas desfavorables. A veces son aún más reacios a confiar espacios educativos a los abuelos, concediéndoles solo aquellos estrictamente relacionados con la necesidad de asistencia.

“Hay nuevas exigencias, también en el ámbito de las relaciones educativas y parentales, que nos piden remodelar la alianza tradicional entre las generaciones”

El Papa bendice a un niño en la Plaza de San Pedro

Los abuelos ayudan a los hijos en la educación de los niños

El Santo Padre también se pregunta sobre la alianza entre las generaciones: ¿nosotros hacemos este esfuerzo por “remodelar”? ¿O simplemente sufrimos la inercia de las condiciones materiales y económicas? La convivencia de las generaciones, de hecho, se alarga. ¿Tratamos, todos juntos, de hacerlas más humanas, más afectuosas, más justas, en las nuevas condiciones de las sociedades modernas? Para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños. Los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro.

“Judit se queda viuda pronto y no tiene hijos, pero, como anciana, es capaz de vivir una época de plenitud y de serenidad, en la conciencia de haber vivido hasta el fondo la misión que el Señor le había encomendado. Para ella es el tiempo de dejar la herencia buena de la sabiduría, de la ternura, de los dones para la familia y la comunidad: una herencia de bien y no solamente de bienes”

Una atención creativa y nueva de los ancianos

El Papa Francisco también dijo que, precisamente en su vejez, Judit “concedió la libertad a su sierva preferida”. Esto es signo de una mirada atenta y humana en relación con quien ha estado cerca de ella. Como ancianos, se pierde un poco la vista, pero la mirada interior se hace más penetrante. Uno se vuelve capaz de ver cosas que antes se le escapaban. Es así: el Señor no encomienda sus talentos solo a los jóvenes y a los fuertes; tiene para todos, a medida de cada uno. La vida de nuestras comunidades debe saber disfrutar de los talentos y de los carismas de tantos ancianos, que para el registro están ya jubilados, pero que son una riqueza que hay que valorar. Esto requiere, por parte de los propios ancianos, una atención creativa y nueva, una disponibilidad generosa.

“Las habilidades precedentes de la vida activa pierden su parte de constricción y se vuelven recursos de donación: enseñar, aconsejar, construir, curar, escuchar… Preferiblemente a favor de los más desfavorecidos, que no pueden permitirse ningún aprendizaje y que están abandonados a su soledad”

El Papa rezando el Padre Nuestro al final de la Audiencia

Las abuelas sean valientes y sabias como Judit

Finalmente, el Santo Padre afirmó que, Judit liberó a su sierva y colmó a todos de atenciones. “De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”. Por ello, el Papa concluyó su catequesis invitando a leer el libro de Judit, a leer “esta historia de una mujer valiente que acaba así, con ternura, con generosidad, una mujer que está a la altura”. Y así es como me gustaría que fueran todas nuestras abuelas, señaló el Pontífice, valientes, sabias y que nos dejaran como herencia no el dinero, sino el de la sabiduría, sembrada en sus nietos.

 

 

El Papa a los LGBT: Dios es Padre y no reniega de ninguno de sus hijos

El Papa Francisco responde en una carta manuscrita en español a algunas preguntas planteadas por el padre jesuita James Martin, que se dedica a la pastoral con personas LGBT

 

Vatican News

El "estilo" de Dios es "cercanía, misericordia y ternura". Así responde brevemente el Papa a una de las preguntas planteadas por el padre jesuita James Martin, que desarrolla su apostolado entre las personas LGBT.

El pasado 5 de mayo, el sacerdote había escrito una nota en español al Santo Padre, en la que le preguntaba si estaría dispuesto a responder a algunas de las preguntas que suelen hacer los católicos LGBT. Unos días después, recibió una nota manuscrita en español con sus respuestas. El resultado fue una mini-entrevista publicada hoy en el sitio web Outreach, la página creada por el jesuita.

"Respecto a sus preguntas – escribió el Papa – se me ocurre una respuesta muy sencilla".

¿Qué es lo más importante que las personas LGBT necesitan saber sobre Dios?

Dios es Padre y no reniega de ninguno de sus hijos. Y el "estilo" de Dios es "cercanía, misericordia y ternura". A lo largo de este camino encontrarán a Dios.

¿Qué le gustaría que supieran las personas LGBT sobre la Iglesia?

Me gustaría que leyeran el libro de los Hechos de los Apóstoles. Allí encontrarán la imagen de la Iglesia viva.

¿Qué podría decirle a un católico LGBT que ha experimentado el rechazo de la Iglesia?

Quisiera que lo reconocieran no como "el rechazo de la Iglesia", sino como el de "personas en la Iglesia". La Iglesia es una madre y convoca a todos sus hijos. Tomemos como ejemplo la parábola de los invitados al banquete: "los justos, los pecadores, los ricos y los pobres, etc." (Mateo 22, 1-15; Lucas 14, 15-24). Una Iglesia "selectiva" de "pura sangre" no es la Santa Madre Iglesia, sino más bien una secta.

También en julio del año pasado, el Papa Francisco había enviado al Padre Martin una carta manuscrita en español, con motivo del seminario web titulado "Outreach 2021", en la que afirmaba que Dios "se acerca con amor a cada uno de sus hijos, a todos y a cada uno". Su corazón está abierto a todos y a cada uno. Él es el Padre".
Pensando en su labor pastoral – había escrito el Pontífice al padre Martin – veo que continuamente tratas de imitar este estilo de Dios. Eres un sacerdote para todos y todas, como Dios es Padre de todos y todas. Rezo por ti para que puedas continuar de este modo, siendo cercano, compasivo y con mucha ternura".

"Rezo por tus fieles, por tus "parroquianos" – había concluido el Papa – por todos aquellos que el Señor ha puesto a tu lado para que los cuides, los protejas y los hagas crecer en el amor de nuestro Señor Jesucristo”.

 

Francisco a Tawadros II: La amistad es el camino para la unidad de los cristianos

Hoy, en la IX Jornada Amistad entre Coptos y Católicos, el Pontífice expresa al Papa copto ortodoxo de Alejandría su sincera gratitud por los lazos espirituales que unen a la Sede de Pedro y a la Sede de Marcos.

 

Alina Tufani Díaz, Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco aseguró su “permanente amistad en Cristo” al Papa de Alejandría, Tawadros II, Patriarca de la Iglesia copta ortodoxa de Alejandría. Patriarca de la Sede de San Marcos. Nuevamente, el 10 de mayo, aniversario del histórico encuentro entre el Papa Pablo VI y el Papa Shenouda III el 10 de mayo de 1973, el Santo Padre, en una breve misiva, manifestó su alegría por “los lazos espirituales que unen a la Sede de Pedro y a la Sede de Marcos”.

En esta IX Jornada de Amistad entre Coptos y Católicos, Francisco se remite a las palabras de Jesucristo: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando" (Jn. 15, 14)-, para expresar la continuidad de “nuestra peregrinación de fraternidad cristiana”, especialmente cuando se prepara la celebración del décimo aniversario del encuentro entre Francisco y Tawadros, en Roma, y el quincuagésimo aniversario del encuentro entre el Papa Pablo VI y el Papa Shenouda III.

En efecto, el 10 de mayo de 2013, el Papa y el Patriarca Tawadros II se reunieron por primera vez en el Vaticano. Tras este encuentro se instituyó la Jornada del Amor Fraterno entre ambas Iglesias. Posteriormente, el 28 de abril de 2017, el Papa Francisco visitó a Tawadros en la sede del Patriarcado Ortodoxo Copto en El Cairo, donde ambos líderes religiosos firmaron una Declaración Conjunta.

Que el Espíritu Santo nos una más que nunca

"La amistad es el camino más seguro para lograr la unidad entre los cristianos, pues en ella vemos el rostro de Cristo mismo, que ya no nos llama siervos sino amigos, y que ruega que "todos sean uno”, escribe el Sucesor de Pedro al Patriarca de San Marcos. Igualmente, pide la intercesión de San Atanasio, “cuya vida y enseñanza inspiran a nuestras dos Iglesias”, para que las guíe en el “camino hacia la comunión plena y visible”.

“Querido hermano en Cristo, al acercarnos a la solemnidad de Pentecostés, rezo para que el Espíritu Santo nos una más que nunca y derrame sus dones de consuelo sobre nuestra sufrida familia humana, especialmente en estos días de pandemia y guerra”, expresa el Pontífice.

 Al concluir, el Papa asegura al Patriarca Tawadros su constante cercanía espiritual y su constante oración por su bienestar y serenidad.

 

Las esposas de los soldados ucranianos en el Vaticano: pedimos ayuda al Papa

Katheryna y Yulya, al final de la audiencia general, se reunieron con los periodistas y describieron las condiciones de sus maridos, atrincherados en la acería Azovstal de Mariupol: "Con Francisco, un momento histórico". El llamamiento para que los combatientes sean evacuados a terceros países dispuestos a acogerlos: "Los seguiríamos y luego volveríamos a nuestra Ucrania".

 

Salvatore Cernuzio y Francesca Merlo - Ciudad del Vaticano

Llegaron a Roma para saludar al Papa y pedirle ayuda, cualquier tipo de ayuda, para sus maridos atrincherados con otros cientos de civiles en Azovastal, la acería de Mariupol que desde hace semanas se ha convertido en campo de batalla y epicentro del drama del conflicto en Ucrania. Katheryna Prokopenko y Yulya Fedosiuk, esposas de dos comandantes del Batallón Azov, participaron en la audiencia general en la Plaza de San Pedro y, al final, pudieron encontrarse brevemente con el Papa durante el "besa mano". Fue un momento fugaz, de apenas unos minutos, que las dos mujeres describieron como "un momento histórico" a los periodistas con los que se encontraron en la Plaza de San Pedro inmediatamente después de la audiencia.

La Esperanza

Muy jóvenes, una rubia, la otra morena, una de Kiev, la otra de Lviv, ambas ahora rumbo a Alemania, responden a las preguntas con la mirada baja y alternan cada frase con un suspiro. Dicen que hablan en nombre de las cerca de 500 esposas de los soldados de Azovstal. Con algunos están en contacto constante. "Se nos rompió el corazón", dicen al describir su encuentro con el Papa a los periodistas. "Ni siquiera puedo explicar lo que sentí en ese momento. Estaba un poco nerviosa, porque es un momento histórico y todos esperamos que ayude a salvar las vidas de nuestros maridos y soldados en Azovstal. Esperamos que esta reunión nos dé la oportunidad de salvar sus vidas", dice Yulja. Ahora sólo tienen una esperanza ella y su compañera: que los combatientes ucranianos puedan ser evacuados a un tercer país. En ese caso, aseguran, "están dispuestos a deponer las armas": "Todos estamos dispuestos a ayudarles, espero. Haremos todo lo posible para salvarlos".

La situación en Azvostal

Las dos jóvenes ucranianas le dijeron a Francisco, hablando en inglés, detallando la situación en el Azvostal, donde unos 700 soldados están heridos, con miembros gangrenados o amputados. Muchos, según el relato de las dos mujeres, están muertos y no han recibido sepultura, según la tradición cristiana. Los cuerpos siguen descomponiéndose por falta de refrigeración. Además de los soldados, las jóvenes dicen que todavía hay muchos civiles en el subsuelo de la acería, principalmente familias de soldados que tienen miedo de ser evacuados. El temor es que sus maridos sean torturados y asesinados.

Katheryna y Yulya con el Papa

Suministros escasos

Para empeorar las cosas, la escasez de suministros: hay escasez de alimentos, agua, suministros médicos y el último hospital fue destruido por las bombas. "La situación es terrible y todos la sentimos, la seguimos desde aquí, desde los asientos. Todos los días vemos estas terribles noticias", explican las chicas. Son sus maridos los que les comunican estas noticias por teléfono. Uno de ellos llamó anoche a su mujer y ella hoy, interrumpida por las lágrimas, dice que le aseguró que haría "todo" para salvar su vida. "Lo siento, estoy muy nerviosa", confió a los periodistas, informando también de que hace dos días su marido le había pedido que buscara un artículo sobre cómo vivir sin agua el mayor tiempo posible. "¡Esta es la situación!" 

Oraciones

A continuación, Katheryna y Yulya pidieron ayuda para establecer corredores humanitarios para evacuar a las últimas personas que quedaban. El Pontífice les aseguró las oraciones y estrechó la mano de las dos mujeres. Insistieron en que el Papa debería hacer un viaje a Ucrania, a Zaporizhzhia, o quizás hablar con Putin y encontrar una mediación que pusiera fin a esta "cruel" guerra.

Llamamiento a la comunidad internacional

También hacen un llamamiento a la comunidad internacional para que forme "una fuerte coalición" que permita el traslado a terceros países. ¿Qué países? "Depende de quienes tengan el valor de acogerlos. Podría ser Turquía, Suiza o cualquier otro país que quiera ser el primero en evacuar, ayudar y salvarlos. Estamos esperando esto... Si nuestros maridos pudieran ir a un tercer país, nos iríamos con ellos. Luego esperamos volver a Kiev y a la Ucrania que amamos. Es importante para nosotros, no queremos ser refugiados".

 

 

APRENDER A DISCULPAR

— Las personas pueden cambiar. No hacer juicios inamovibles sobre las personas, basados en su actuación externa.

— Disculpar y olvidar. Recomponer lazos rotos de amistad.

— A pesar de nuestros titubeos y flaquezas, podemos ser buenos instrumentos del Señor si somos humildes.

I. La Primera lectura de la Misa nos narra un incidente entre los colaboradores que acompañan a San Pablo en la evangelización.

Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos hasta llegar a Perge de Panfilia; pero Juan se separó de ellos y volvió a Jerusalén1. Los demás siguieron su viaje apostólico y llegaron hasta Antioquía de Pisidia. Juan, también llamado Marcos, era primo de Bernabé, el apóstol inseparable de Pablo, y una de las columnas en las que se apoyaba la extensión de la fe entre los gentiles. Marcos, desde muy joven, había vivido la intensa actividad de los primeros cristianos de Jerusalén en torno a la Virgen y a los Apóstoles, a los que había conocido en su intimidad: la madre de Marcos fue de las primeras que ayudaron a Jesús y a los Doce. Parece razonable que Bernabé se fijase en su primo Juan Marcos, para iniciarle en las tareas de propagación del Evangelio en su compañía y bajo su dirección y la de San Pablo2.

A Marcos le falló el ánimo y se volvió a su casa, abandonando a sus compañeros. No se sintió con fuerzas y se volvió atrás. Este hecho debió de pesar bastante en los demás que siguieron adelante. Pero al preparar el segundo gran viaje apostólico para visitar a los hermanos que habían recibido la fe, Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos; Pablo, en cambio, consideraba que no debía llevar al que se había apartado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la tarea3.

San Pablo no estaba dispuesto a llevar consigo al que ya les había fallado una vez. Entonces, se produjo una discrepancia tal entre ambos que se separaron uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y embarcó para Chipre, mientras Pablo eligió a Silas y partió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor4. La discusión y la disparidad de criterios debió de ser grande para llegar a causar esa separación. «Pablo más severo y Bernabé más benigno –comenta San Jerónimo–, cada uno mantiene su punto de vista. Y, sin embargo, la discusión manifiesta un tanto la fragilidad humana»5.

A pesar de todo, San Pablo, un hombre de corazón inmenso, sacrificado hasta el extremo por sus hermanos y ferviente apóstol, no mantiene un juicio inamovible sobre Marcos. Por el contrario, años más tarde encontramos a este como colaborador íntimo del Apóstol6, al que sirve de profundo consuelo7Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos -primo de Bernabé-, acerca del cual ya recibisteis instrucciones: acogedle si va a veros, y Jesús, el llamado Justo (...), que me sirven de consuelo8. Más tarde San Pablo pide a Timoteo que vaya con Marcos, pues este le es muy útil para el ministerio9. En pocos años, Marcos ha pasado a ser un amigo y un colaborador eficaz, que sirve de apoyo al Apóstol en momentos difíciles. Quizá un día Pablo pensó que Marcos no servía; ahora le quiere cerca. Las personas pueden cambiar, y, cuando tenemos que juzgar su actuación externa -las intenciones solo Dios las conoce-, nunca debemos hacer juicios fijos e inamovibles sobre ellas. El Señor nos quiere como somos, también con nuestros defectos cuando luchamos por superarlos, y, para cambiarnos, cuenta con la gracia y con el tiempo. Ante los defectos de quienes nos rodean -a veces evidentes, innegables- no debe faltar nunca la caridad que mueve a la comprensión y a la ayuda. «¿No podríamos desde ahora mirar ya a los demás de manera que sus defectos no nos descorazonasen? Llegará un momento en que las heridas serán olvidadas (...). A lo mejor muchas cosas que nos han entristecido en este día o en estos últimos tiempos van a ser olvidadas. Tenemos defectos, ¡pero podemos querernos! Porque somos hermanos, porque Cristo nos quiere de verdad... como somos»10. Esta es la razón fundamental: Cristo no quiere nuestros defectos, pero nos quiere a nosotros, aunque tenemos muchos. Que no nos distancien los defectos de aquellos con quienes convivimos, con quienes cada día nos encontramos en la oficina, en la Universidad..., en cualquier lugar de trabajo.

II. San Pablo nos da ejemplo de saber olvidar, de saber recomponer lazos rotos, de capacidad de amistad. Por su parte, San Marcos es para nosotros un magnífico ejemplo de humildad y de esperanza. Aquel suceso que motivó la separación de Pablo y de Bernabé, en el que él fue la causa de la discusión, le debió de causar al Evangelista una honda impresión y un gran dolor. Tuvo que sentir en lo más hondo de su alma el verse rechazado por Pablo, con su gran prestigio bien ganado de evangelizador incansable, de sabiduría, de santidad. Sin embargo, él también supo olvidar, y cuando se le necesita allí está él, sirviendo de consuelo a Pablo y siéndole muy útil para el ministerio.

San Marcos supo olvidar y disculpar porque tenía un alma grande, por eso fue luego un extraordinario instrumento de la gracia. «¡Qué alma más estrecha la de los que guardan celosamente su “lista de agravios”!... Con esos desgraciados es imposible convivir.

»La verdadera caridad, así como no lleva cuenta de los “constantes y necesarios” servicios que presta, tampoco anota, “omnia suffert” –soporta todo–, los desplantes que padece»11.

Si no somos humildes tenderemos a fabricar nuestra lista de pequeños agravios que, aunque sean pequeños, nos robarán la paz con Dios, perderemos muchas energías y nos incapacitaremos para los grandes proyectos que cada día tiene el Señor preparados para quienes permanecen unidos a Él. La persona humilde tiene el corazón puesto en Dios, y así se llena de gozo y se hace de alguna manera menos vulnerable; no le importa tanto lo que habrán dicho, o lo que habrán querido decir; olvida enseguida y no le da demasiadas vueltas a las humillaciones que experimenta todo hombre y toda mujer de una forma u otra en los sucesos de la vida corriente.

Esa sencillez, esa humildad, el no enredarse en «puntos de honra» que levanta la soberbia, el dejar a un lado los posibles agravios dan a la persona una gran capacidad para recomenzar de nuevo después de una cobardía o de una derrota. A San Marcos, después de la cobardía o el cansancio en el primer viaje, le vemos enseguida de nuevo en la tarea con Bernabé, dispuesto a ser fiel sin condiciones.

El que es humilde se siente con facilidad hermano de los demás; por eso busca cada día la comunicación con quienes se relaciona, y recompone la amistad si por cualquier motivo se hubiese roto o enfriado, y está dispuesto siempre a prestar una ayuda fraterna y también a ser ayudado. Así se construyen cada día las relaciones necesarias de toda convivencia. «Los que están cercanos se sostienen recíprocamente, y gracias a ellos surge el edificio de la caridad (...). Si yo, pues, no hago el esfuerzo de soportar tu carácter, y si tú no te preocupas de soportarme con el mío, ¿cómo podrá levantarse entre nosotros el edificio de la caridad si el amor mutuo no nos une en la paciencia? En un edificio, ya lo hemos dicho, cada piedra sostiene y es sostenida»12.

III. Además de sus tareas apostólicas en la extensión y consolidación de las nuevas conversiones, San Marcos fue colaborador muy cercano de San Pedro, de San Pablo y de Bernabé; y, según la tradición más firme, intérprete de San Pedro en Roma, probablemente traduciendo al griego y al latín la predicación y las enseñanzas orales del Príncipe de los Apóstoles. Y, sobre todo, fue un instrumento muy dócil al Espíritu Santo, dejándonos la joya impagable del segundo de los Evangelios.

Para nosotros es un gran motivo de consuelo y de esperanza contemplar la figura de este Evangelista: desde sus pasos primerizos hasta llegar a ser un instrumento valiosísimo en la primitiva Iglesia, y para siempre. A pesar de nuestras flaquezas, de las posibles faltas y titubeos de nuestros años pasados, podemos confiar como él en poder prestar con abnegación un servicio útil a la Iglesia, con el auxilio de la gracia. A pesar de todo, podemos también nosotros llegar a ser instrumentos eficaces.

¡Cómo ayudaría a San Pablo, ya anciano, preso en Roma! ¡Cuánta solicitud! Ambos habían hecho vida suya lo que el Apóstol de las gentes había escrito a los cristianos de Corinto: ... La caridad es paciente, la caridad es benigna...13. La caridad lo supera todo.

La caridad puede más que los defectos de las personas, que la diversidad de caracteres, que todo aquello que se pueda interponer en el trato con los demás. La caridad vence todas las resistencias. ¡Qué distinto hubiera sido todo si San Pablo se hubiera quedado con el prejuicio de que con Marcos no se podía hacer nada porque en una ocasión tuvo miedo o cansancio, o unos momentos de desánimo... y se volvió a su casa a Jerusalén! ¡Qué distinto también si Marcos se hubiera quedado con el corazón herido, guardando agravios, porque el Apóstol no quiso que le acompañase en el segundo viaje!

Pidámosle hoy nosotros a la Virgen, Nuestra Madre, que nunca guardemos pequeñas o grandes ofensas, que causarían un enorme daño en nuestro corazón, en nuestro amor al Señor y en la caridad con el prójimo. Aprendamos de San Marcos a recomenzar, una o mil veces, si por cualquier motivo tenemos un mal momento de desfallecimiento o de cobardía.

1 Hech 13, 13. — 2 Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, Introd. al Evangelio según San Marcos. — 3 Hech 15, 37-38. — 4 Hech 15, 39-40. — 5 San Jerónimo, Diálogo contra los pelagianos, II, 17. — 6 Cfr. Fil 24. — 7 Cfr. Col 4, 10 ss. — 8 Cfr. Col 4, 10-11. — 9 Cfr. 2 Tim 4, 11. — 10 A. Mª Gª Dorronsoro, Dios y la gente, Rialp, 2ª ed., Madrid 1974, p. 150. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 738. — 12 San Gregorio Magno, Homilías sobre el profeta Ezequiel. — 13 Cfr. 1 Cor 13, 1 ss.

 

Evangelio del jueves: en los planes de Dios

Comentario del jueves de la 4.ª semana de Pascua. "Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis que yo soy". Dios está siempre junto a nosotros como un Padre amoroso. En los momentos difíciles recordemos que “Él es nuestra paz”.

 

Evangelio (Jn 13,16-20)

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo: “En verdad, en verdad os digo: no es el siervo más que su señor, ni el enviado más que quien le envió. Si comprendéis esto y lo hacéis, seréis bienaventurados. No lo digo por todos vosotros: yo sé a quienes elegí; sino para que se cumpla la Escritura: ‘El que come mi pan levantó contra mí su talón’. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: quien recibe al que yo envíe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe al que me ha enviado.”


Comentario

"El que come mi pan levantó contra mí su talón". Jesús advierte a sus apóstoles que un amigo íntimo -sólo puede ser uno de ellos- le traicionará. Sin embargo, ante esa inesperada conmoción, no deben tener miedo. De hecho, esta traición, cuando se produzca, será una señal para ellos, para que "creáis que yo soy": la frase "yo soy" es una afirmación velada de su divinidad. Así que el acontecimiento confirmará a los apóstoles en su fe. Se les pide que se aferren a su creencia en Él como Hijo de Dios, incluso cuando lo vean crucificado en la Cruz. Sabemos que los apóstoles huyeron, pero habrían recordado de antemano la advertencia de Nuestro Señor, y aunque sin duda estaban muy sacudidos, se habían reunido de nuevo como grupo en el momento de la Resurrección.

En la vida nos encontramos con muchas sorpresas, y algunas de ellas no las esperamos. Incluso podemos sufrir un revés que parece desastroso. Pero este descalabro no debe desconcertarnos; "no es el siervo más que su señor", dice Jesús, y ciertamente esas decepciones también nos ocurrirán a nosotros. Cada vez que la Cruz aparece en nuestra vida, debemos recordar las palabras de Nuestro Señor y reafirmar nuestra fe como discípulos suyos. Incluso podemos identificarnos con Él cuando somos defraudados por otros.

Inmediatamente antes de este episodio, Jesús había lavado los pies de sus discípulos, una tarea muy servicial, pero que solo realizaban los siervos en aquella época. También había ordenado que los apóstoles se sirvieran siempre unos a otros como le habían visto hacer. Hay que tratar de imaginar a Jesús arrodillado y tomando con cariño el talón del pie de Judas para lavarlo. Entonces las palabras del Salmo citado por Nuestro Señor, "el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar" (Sal 41,9), adquieren un significado adicional más allá de lo metafórico. Es otra prueba y recordatorio de que nada queda fuera de los planes de Dios. Jesús sabía desde el principio lo que iba a suceder, y que era para la realización de nuestra salvación. Pase lo que pase en nuestras vidas, podemos estar seguros de que Dios convertirá todas las cosas en algo bueno para los que le aman (cf. Rm 8,28).

 

“¿Por qué nos entristecemos los hombres?”

Bienaventurada eres porque has creído, dice Isabel a nuestra Madre. –La unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque "lleva" a Cristo. (Surco, 566)

12 de mayo

No concedáis el menor crédito a los que presentan la virtud de la humildad como apocamiento humano, o como una condena perpetua a la tristeza. Sentirse barro, recompuesto con lañas, es fuente continua de alegría; significa reconocerse poca cosa delante de Dios: niño, hijo. ¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios? ¿Por qué nos entristecemos los hombres? Porque la vida en la tierra no se desarrolla como nosotros personalmente esperábamos, porque surgen obstáculos que impiden o dificultan seguir adelante en la satisfacción de lo que pretendemos.

Nada de esto ocurre, cuando el alma vive esa realidad sobrenatural de su filiación divina. Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom VIII, 31.). Que estén tristes los que se empeñan en no reconocerse hijos de Dios, vengo repitiendo desde siempre. (Amigos de Dios, 108)

 

12 de mayo, fiesta del beato Álvaro del Portillo

Un 12 de mayo de 1921, Álvaro del Portillo recibió la Primera Comunión en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en Madrid. Y es la fecha fijada en el santoral para celebrar la festividad del beato Álvaro.

11/05/2022

La biografía escrita por el postulador de la Causa, señala que el beato Álvaro “mantuvo muy vivo hasta su muerte el recuerdo de la primera vez que recibió a Jesús Sacramentado”. Así, por ejemplo, en 1983 confiaba a un pequeño grupo de personas: “Son 62 ó 63 años que llevo comulgando a diario, y es como una caricia de Dios”.


Seis recursos para orar en la fiesta del beato Álvaro del Portillo

1. Reflexión para meditar en la fiesta del beato Álvaro. Los temas propuestos son: confianza en la gracia de Dios; una lealtad humilde y sonriente al servicio de los demás; el beato Álvaro fue un buen pastor.

2. La oración colecta de la misa del beato Álvaro, en diversos idiomas.

3. Descarga el libro electrónico: “Rezar con Álvaro del Portillo”.

4. Oración para pedir la intercesión del beato Álvaro (audio, imagen y PDF).

5. Relatos de favores atribuidos a la intercesión del beato Álvaro.

6. Webcam para rezar ante el beato Álvaro.


Cuatro recursos para conocer mejor al beato Álvaro del Portillo

1. Vivir la Misa sin prisas, inmersos en Dios (Hoja informativa, 2022).

2. Biografía del beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría.

3. Vídeos breves del beato Álvaro del Portillo.

Palabras del Papa Francisco en la audiencia del 1-X-2014, en Roma.

4. Recuerdos de la beatificación de don Álvaro.

 

San Josemaría en Fátima

San Josemaría habla de sus visitas a Fátima, de su encuentro con sor Lucia y de su devoción al santo Rosario.

 

Santo Rosario en audio para cada día

El Santo Rosario es un “foco de amor” –explicaba san Josemaría– pues tiene el “Padre nuestro que ha salido de la boca de Jesús; el Ave María, que tiene aroma de ángel; y todas esas manifestaciones de glorificación al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; y después los piropos [las letanías]”.

Santo Rosario en audio para cada día

11/05/2022

Reza el santo Rosario cada día con la ayuda de estos audios

 

 

🎧 Misterios Gozosos - Lunes y sábado

🎧 Misterios Dolorosos - Martes y viernes

🎧 Misterios Gloriosos - Miércoles y domingo

🎧 Misterios Luminosos - Jueves


Textos para rezar el Rosario y conocer mejor esta devoción cristiana

📒 Guía y oraciones para rezar el Rosario (devocionario móvil español/latín)

📒 ¿Qué es el Rosario? ¿Cómo se reza? Respuestas a las preguntas más habituales.

El Rosario es una oración tradicional católica que busca honrar a la Virgen. En un inicio constaba de quince “misterios” que recordaban momentos (gozosos, dolorosos y gloriosos) de la vida de Jesús y de María. En el año 2002 san Juan Pablo II añadió los misterios luminosos que permiten meditar sobre la vida pública de Jesús.

📒 ¿Qué es una Romería a la Virgen? ¿Cómo se hace? ¿Qué oraciones hay que rezar?

📒 Comentarios de san Josemaría sobre los 20 misterios del Rosario (texto y audio).

 

 

Trabajar bien, trabajar por amor (IV): Trabajo y contemplación (II)

Segunda entrega del texto sobre cómo tratar a Dios -hasta llegar a la "contemplación"- mientras se trabaja o se realiza otra actividad.

Foto: European Heimlich

29/11/2010

Cuando iban de camino entró Jesús en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con numerosos quehaceres y poniéndose delante dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de servir? Dile entonces que me ayude. Pero el Señor le respondió: —Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada [1].

Muchas veces en la historia se ha tomado ocasión de las figuras de María y Marta para representar la vida contemplativa y la vida activa , como dos géneros de vida de los cuales el primero sería más perfecto, según las palabras del Señor: María ha escogido la mejor parte.

Por lo general se han referido estos términos a la vocación religiosa, entendiendo por vida contemplativa, a grandes rasgos, la de aquellos que se apartan materialmente del mundo para dedicarse a la oración, y por vida activa la de quienes realizan tareas como la enseñanza de la doctrina cristiana, la atención a los enfermos, y otras obras de misericordia.

Tomando así los términos, se ha afirmado desde hace siglos que es posible ser contemplativos en la acción . El sentido clásico de esta expresión no es que resulta posible la contemplación en las actividades profesionales, familiares y sociales, propias de la vida de los fieles corrientes, sino que se refiere a las acciones apostólicas y de misericordia dentro del camino de la vocación religiosa.

San Josemaría ha enseñado a profundizar en las palabras del Señor a Marta, haciendo ver que no hay ninguna oposición entre la contemplación y la realización, lo más perfecta posible, del trabajo profesional y de los deberes ordinarios de un cristiano.

Foto: Amanky

Ya se ha considerado en un texto precedente qué es la contemplación cristiana: esa oración sencilla de tantas almas que, por amar mucho y ser dóciles al Espíritu Santo, buscando en todo la identificación con Cristo, son llevadas por el Paráclito a penetrar en las profundidades de la vida íntima de Dios, de sus obras y sus designios, con una sabiduría que dilata cada vez más su corazón y su conocimiento. Una oración en la que sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas [2].

Ahora conviene detenerse a considerar tres modos en los que puede darse la contemplación: en los ratos dedicados exclusivamente a la oración; mientras se trabaja o se realiza cualquier actividad que no requiera toda la atención de la mente; y, finalmente, a través del mismo trabajo, incluso cuando exige una concentración exclusiva. Estos tres cauces componen conjuntamente la vida contemplativa, haciendo de la vida ordinaria un vivir en el Cielo y en la tierra a la vez, como decía San Josemaría.

EN LA ORACIÓN Y EN TODAS LAS NORMAS DE PIEDAD

Ante todo, la contemplación se ha de pedir a Dios y buscar en los actos de piedad cristiana que pueden jalonar nuestro día, especialmente en los ratos dedicados de modo exclusivo a la oración mental.

"Et in meditatione mea exardescit ignis" —Y, en mi meditación, se enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz [3] . Los ratos de oración bien hechos son la caldera que extiende su calor a los diversos momentos del día.

Del recogimiento en los ratos de oración; del trato con el Señor buscado con afán en esos momentos, a veces por medio de la meditación de algún texto que ayude a centrar la cabeza y el corazón en Dios; del empeño en apartar las distracciones; de la humildad para comenzar y recomenzar, sin apoyarse en las propias fuerzas sino en la gracia de Dios; en una palabra, de la fidelidad diaria a los ratos de oración depende que se haga realidad, más allá de esos momentos, el ideal de ser contemplativos en medio del mundo.

Foto: dmason

San Josemaría nos ha enseñado a buscar la contemplación en los ratos de oración mental: a contemplar la Vida del Señor, a mirarle en la Eucaristía, a tratar a las Tres Personas divinas por el camino de la Humanidad Santísima de Jesucristo, a ir a Jesús por María... Es preciso no conformarse con repetir oraciones vocales en la oración mental, aunque quizá haya que repetirlas durante mucho tiempo, pero viéndolas como la puerta que abre a la contemplación.

También en el trato humano, cuando se encuentra a un amigo, se suelen dirigir algunas frases de saludo para iniciar la conversación. Pero el trato no puede limitarse a eso. La conversación ha de continuar con palabras más personales, hasta que incluso llegan a sobrar porque hay una sintonía profunda y una gran familiaridad. Mucho más en el trato con Dios. Empezamos con oraciones vocales (...) . Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio [4].

MIENTRAS SE TRABAJA O SE REALIZA OTRA ACTIVIDAD

La contemplación no se limita a los ratos dedicados a la oración. Puede tener lugar a lo largo de la jornada, en medio de las ocupaciones ordinarias, mientras se realizan tareas que no requieren toda la atención de la mente y que se deben hacer, o en los momentos de pausa de cualquier otro trabajo.

Se puede contemplar a Dios mientras se va por la calle, mientras se cumplen algunos deberes familiares y sociales que son habituales en la vida de cualquier persona, o se realizan trabajos que ya se dominan con soltura, o con ocasión de un intervalo en la propia tarea, o simplemente de una espera...

Del mismo modo que en los ratos de oración las jaculatorias pueden abrir el paso a la contemplación, también en medio de estas otras ocupaciones la búsqueda de la presencia de Dios desemboca en vida contemplativa, incluso más intensa, como el Señor hizo experimentar a San Josemaría. Es incomprensible — anota en sus Apuntes íntimos — : sé de quien está frío (a pesar de su fe, que no admite límites) junto al fuego divinísimo del Sagrario, y luego, en plena calle, entre el ruido de automóviles y tranvías y gentes, ¡leyendo un periódico! vibra con arrebatos de locura de Amor de Dios [5].

Foto: bsulaco229

Esta realidad es enteramente un don de Dios, pero sólo puede recibirlo quien lo desea en su corazón y no lo rechaza con las obras. Lo rechaza el que tiene los sentidos dispersos, o se deja dominar por la curiosidad, o se sumerge en un tumulto de pensamientos y de imaginaciones inútiles que le distraen y disipan. En una palabra, quien no sabe estar en lo que hace [6] . La vida contemplativa requiere mortificación interior, negarse a uno mismo por amor a Dios, para que Él reine en el corazón y sea el centro al que se dirigen en último término los pensamientos y los afectos del alma.

CONTEMPLACIÓN "EN Y A TRAVÉS DE" LAS ACTIVIDADES ORDINARIAS

Así como en los ratos de oración no hay que conformarse con repetir jaculatorias ni quedarse en la lectura y en la meditación, sino buscar el diálogo con Dios hasta llegar, con su gracia, a la contemplación, así también en el trabajo, que ha de convertirse en oración, es preciso no contentarse con ofrecerlo al principio y dar gracias al final, o en procurar renovar ese ofrecimiento varias veces, unidos al Sacrificio del altar. Todo esto es ya muy agradable al Señor, pero un hijo de Dios ha de ser audaz y aspirar a más: a realizar su trabajo como Jesús en Nazaret, unido a Él. Un trabajo en el que gracias al amor sobrenatural con que se lleva a cabo, se contempla a Dios que es Amor [7].

Enseñanza constante y característica de San Josemaría es que la contemplación es posible no sólo mientras se realiza una actividad, sino por medio de las actividades que Él quiere que realicemos, en esas mismas tareas y a través de ellas , incluso cuando se trata de trabajos que exigen toda la concentración de la mente. San Josemaría enseñaba que llega el momento en el que no se es capaz de distinguir la contemplación y la acción, terminando estos conceptos por significar lo mismo en la mente y en la conciencia.

En este sentido, resulta iluminadora una explicación de Santo Tomás: “ cuando de dos cosas una es la razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra... Y como Dios es aprehendido por los santos como la razón de todo cuanto hacen o conocen, su ocupación en percibir las cosas sensibles, o en contemplar o hacer cualquier otra cosa, en nada les impide la divina contemplación, ni viceversa” [8] . De ahí que, si se quiere buscar el don de la contemplación, el cristiano deba poner al Señor como fin de todos sus trabajos, realizándolos non quasi hominibus placentes, sed Deo qui probat corda nostra ; no para agradar a los hombres, sino a Dios que sondea nuestros corazones [9].

Puesto que la contemplación es como un anticipo de la visión beatífica, fin último de nuestra vida, es preciso que cualquier actividad que Dios quiera que realicemos —como el trabajo y las tareas familiares y sociales, que son Voluntad suya para cada uno— pueda ser cauce para la vida contemplativa. En otros términos, por lo mismo que cualquiera de esas actividades se puede realizar por amor a Dios y con amor a Dios, también se pueden convertir en medio de contemplación, que no es otra cosa que un modo especialmente familiar de conocerle y amarle.

Foto: chrissuderman

Podemos contemplar a Dios en las actividades que realizamos por amor suyo, porque ese amor es participación del Amor infinito que es el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios [10] . El que trabaja por amor a Dios puede darse cuenta —sin pensar en otra cosa, sin distraerse— de que le ama cuando trabaja, con el amor que infunde el Paráclito en los corazones de los hijos de Dios en Cristo [11] . Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor [12].

También podemos contemplar a Dios a través del trabajo, porque si está hecho por amor será un trabajo realizado con la mayor perfección de que seamos capaces en esas circunstancias, una tarea que refleja las perfecciones divinas, un trabajo como el de Cristo. No necesariamente porque haya salido bien a los ojos de los hombres, sino porque está bien hecho a los ojos de Dios. Puede suceder que el trabajo haya salido mal o que humanamente haya sido un fracaso, y sin embargo que haya estado bien hecho ante Dios, con rectitud de intención, con espíritu de servicio, con la práctica de las virtudes: en una palabra, con perfección humana y cristiana. Un trabajo así es medio de contemplación; así se comprende que la contemplación sea posible en y a través de trabajos que exigen poner todas las energías de la mente, como son –por ejemplo– el estudio, o la docencia.

El cristiano que trabaja o cumple sus deberes por amor a Dios, trabaja en unión vital con Cristo. Sus obras se convierten entonces en obras de Dios, en operatio Dei , y por eso mismo son medio de contemplación. Pero no basta estar en gracia de Dios y que las obras sean moralmente buenas. Han de estar informadas por una caridad heroica, y realizadas con virtudes heroicas, y con ese modo divino de obrar que confieren los Dones del Espíritu Santo en quien es dócil a su acción.

*    *    *

La contemplación en la vida ordinaria hace pregustar la unión definitiva con Dios en el Cielo. A la vez que lleva a obrar cada vez con más amor, enciende el deseo de verle no ya por medio de las actividades que realizamos, sino cara a cara. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto. (...) Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo quien vive en mí! (cfr. Gal 2, 20) [13].

-----------------------

F.J. López Díaz

[1] Lc 10, 38-42.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 307.

[3] San Josemaría, Camino , n. 92.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 296.

[5] San Josemaría, Apuntes íntimos , n. 673 (del 26-III-1932). Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei , vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 420.

6] San Josemaría, Camino , n. 815.

[7] Cfr. 1 Jn 4, 8.

[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae. , Suppl., q. 82, a. 3 ad 4.

[9] 1 Ts 2, 4.

[10] 1 Cor 2, 10.

[11] Rm 5, 5.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 297.

 

Llegar a la intimidad con el Espíritu Santo

Álvaro del Portillo relata cómo trataba san Josemaría al Espíritu Santo y aconseja: "Comienza por pedirle que te ilumine para descubrir su presencia en tu alma; que encienda tu voluntad con el fuego del amor; que te fortalezca para seguir sus inspiraciones".

Mons. Álvaro del Portillo bendice a un enfermo en el Colegio Retamar (Madrid, 1993)

07/06/2014

“En estas semanas del tiempo pascual, hemos contemplado las apariciones de Cristo Resucitado. ¡Qué gozo experimentarían los Apóstoles al estar de nuevo con Jesús! La Sagrada Escritura nos lo dice expresamente: se llenaron de alegría al ver al Señor (Jn 20, 20) ¡Qué conversaciones tendrían con Él! ¡Qué felicidad a su lado! Y, sin embargo, el Señor les advierte: os conviene que Yo me vaya, pues si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros (Jn 16, 7). Pensad (…) cuál será la grandeza del don del Espíritu Santo para que Cristo pronuncie estas palabras: os conviene que Yo me vaya… Algo podemos vislumbrar, si meditamos que Jesús es el Verbo hecho Hombre, Dios con nosotros; y que el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, viene a nuestra alma, donde habita con el Padre y el Hijo: Dios en nosotros. Cristo es nuestro Redentor y nuestro modelo; y el Espíritu Santo, nuestro Santificador, que obra dentro de ti y de mí para que nos sepamos hijos de Dios y vivamos de acuerdo con esa dignidad; en una palabra, para hacer de cada uno de nosotros otro Cristo, el mismo Cristo, como nos recordaba nuestro santo Fundador [san Josemaría].

Desde muy joven, nuestro Padre [san Josemaría] cultivó una gran devoción al Espíritu Santo, que fue creciendo a lo largo de su peregrinar en este mundo, en ocasiones por medio de grandes descubrimientos. Uno de esos sucesos tuvo lugar el 8 de noviembre de 1932. Ese día, por la mañana, nuestro Padre anotó un consejo que acababa de recibir en la dirección espiritual apenas una hora antes: Me ha dicho: “tenga amistad con el Espíritu Santo. No hable: óigale”. Al acabar aquella charla, de nuevo en la calle, haciendo oración (…), una oración mansa y luminosa, consideré que la vida de infancia, al hacerme sentir que soy hijo de Dios, me dio amor al Padre; que, antes, fui por María a Jesús, a quien adoro como amigo, como hermano, como amante suyo que soy… Hasta ahora, sabía que el Espíritu Santo habitaba en mi alma, para santificarla…, pero no cogíesa verdad de su presencia (…) Siento el Amor dentro de mi; y quiero tratarle, ser su amigo, su confidente… facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender… No sabré hacerlo, sin embargo: Él me dará fuerzas, Él lo hará todo, si yo quiero… ¡que sí quiero! Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa el pobre borrico agasajarte, y escuchar tus lecciones, y encenderse, y seguirte y amarte.

Propósito: frecuentar, a ser posible sin interrupción, la amistad y trato amoroso y dócil del Espíritu Santo. Veni Sancte Spiritus! (De nuestro Padre, 8-XI-1932, en Apuntes íntimos, n. 864)

Debo confiaros que me emociona siempre más y me remueve –como os sucederá a vosotros- la lectura de estas confidencias de nuestro queridísimo Fundador, que tanto nos enseñan de su amor apasionado a Dios y de su vida contemplativa. El trato con la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, ya intenso, creció vigorosamente en su alma desde aquella fecha en que descubrió la impresionante verdad de su presencia santificadora –siento el Amor dentro de mí-, la necesidad de secundar sus mociones –tratarle, ser su amigo, su confidente…, facilitarle el trabajo de pulir…-, la personal indigencia para hacer realidad ese deseo y, al mismo tiempo, la absoluta confianza en la ayuda del Paráclito: Él me dará fuerzas, Él lo hará todo, si yo quiero…

Te invito, hija mía, hijo mío, a confrontar tu respuesta diaria a la gracia con estas palabras de nuestro Padre. Te darás cuenta de que tienes aún mucho camino por delante, hasta llegar a esa intimidad con el Espíritu Santo; quizá, incluso, te parezca que sigue siendo para ti el Gran Desconocido. No te desanimes. Comienza por pedirle que te ilumine para descubrir su presencia en tu alma; que encienda tu voluntad con el fuego del amor; que te fortalezca para seguir sus inspiraciones. Puedes servirte de aquella oración que nuestro Padre compuso en el mes de abril de 1934:

Ven, ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad…

He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! Ahora, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras… (De nuestro Padre, Nota manuscrita de abril de 1934)

Una oración profunda, para que la medites despacio, ahora que se acerca la fiesta de Pentecostés. He oído tu voz, escribe nuestro Padre. ¿Y qué es esa voz del Espíritu Santo, sino la llamada a ser santos? (…) Hija mía, hijo mío, es preciso que atiendas con fina delicadeza a esta voz del Paráclito, que no te niegues a lo que te está pudiendo ahora mismo y concretamente. Quizá te reclama que cortes algún hilillo sutil que te impide volar alto en la vida interior; o que te decidas a luchar seriamente en un propósito que ya has formulado en otros momentos; o que desarraigues –siempre con su ayuda- un defecto que aún te domina; o que venzas –y te concede la gracia para lograrlo- esos peros que te inventas, por comodidad en el apostolado. Cosas pequeñas… o no tan pequeñas: y siempre obstáculos grandes porque nos apartan de la intimidad con Dios. Quizá te reclama un cambio más radical y hondo de tus disposiciones e incluso de tu carácter, una verdadera conversión: que te decidas, sin componendas de ningún género, a ser humilde de corazón (Mt 11, 29). El Espíritu Santo quiere formar a Cristo en ti, y en ocasiones tiene que hacerlo a golpe de cincel, por medio de la contradicción, del dolor o de las humillaciones, pequeñas o grandes. No des lugar al miedo y abre tu alma a esa acción divina. Hodie, si voce meiu saudieritis, nolite obdurare corda vestra (Salmo 94, 9; Hb 3, 8, 15; 4, 7), recuerda reiteradamente la Sagrada Escritura: si percibes la voz de Dios, no endurezcas tu corazón.” (Carta, 1-V-1991, III, n. 136-138)

 

Por la fe de los jóvenes

Este mes de mayo, el Papa Francisco empieza un ciclo de tres intenciones de oración dedicadas a la familia. Y quiere hacerlo dirigiéndose primero a los jóvenes, los “que quieren construir algo nuevo”.

10/05/2022

Al hablar de familia quiero empezar dirigiéndome primero a los jóvenes. 

Cuando pienso en un modelo en el que ustedes, los jóvenes, se puedan sentir identificados, siempre me viene a la cabeza nuestra Madre, María. Su valentía, su saber escuchar y su dedicación al servicio. Ella fue valiente y decidida al decir “sí” al Señor. 

Ustedes, los jóvenes que quieren construir algo nuevo, un mundo mejor, sigan su ejemplo, arriésguense. No olviden que para seguir a María necesitan discernir y descubrir lo que Jesús quiere de ustedes, no lo que a ustedes se les ocurre que pueden hacer. 

Y en este discernimiento es de gran ayuda escuchar las palabras de los abuelos. En esas palabras de los abuelos van a encontrar una sabiduría que los va a llevar más allá de las cuestiones del momento. Le van a dar panorámica a las inquietudes de ustedes. 

Fe de los jóvenes. Intención mensual oración Papa Francisco

Recemos hermanas y hermanos para que los jóvenes, llamados a una vida plena, descubran en María el estilo de la escucha, la profundidad del discernimiento, la valentía de la fe y la dedicación al servicio.

Intenciones mensuales anteriores. Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

 

Las heridas gritan

Las heridas pueden ser ocasión de transformarnos.

No escuchar tus propias heridas puede hacer que se infecten, que paralicen nuestras relaciones. ¿Cómo llegar a curarlas?

Su rostro se encogió como una pasa. Las lágrimas empezaron humedecer sus mejillas. Se quejaba como una niña. Se preguntaba: ¿por qué, por qué, Dios, por qué nada me salió como yo lo planee? Ella tiene cerca de cuarenta años y ahora es cuando empieza a conocer quién es, qué significan sus conductas, cómo puede curarse a partir de sus heridas y tener esa certeza por la que en un inicio vino a mi consulta, ¿cuál es el sentido de mi vida? ¿cuál es la voluntad de Dios?

Las heridas te convierten en todo o nada

Ahora recuerdo que este año se celebra el 500 aniversario de el fundador de los ejercicios espirituales, San Ignacio de Loyola, este hombre del siglo XV-XVI que a su vez fundó la Compañía de Jesús, reconocidos en el mundo como jesuitas y que irónicamente su llegada a los altares se produjo gracias a una herida física. Un cañón casi le destruyó una pierna y lo dejó cojo para toda la vida, pero fue santo para la eternidad. Es así. Las heridas abren una brecha hacia la potencialidad del ser o hacia la propia autodestrucción. Está en tu mano, en la mía, aprovechar el fuego que trae consigo o apagarla. Las personas que llegan al punto de buscar ayuda psicoterapéutica para saber lo que les pasa ya que de alguna manera su vida se ha vuelto ingobernable, son heroicas, valientes.


Las personas que llegan al punto de buscar ayuda psicoterapéutica para saber lo que les pasa ya que de alguna manera su vida se ha vuelto ingobernable, son heroicas, valientes.


Las heridas gritan

Si recurres al alcohol. Si tienes alguna adicción de carácter sexual. Si te has casado tres veces. Si maltratas a tu pareja. Si les gritas a tus hijos. Si tienes miedo de quedarte sola. Si te peleas por pequeñeces. Si te sientes diferente a los demás. Si te da miedo el futuro. Si dudas de tus propias capacidades. Si te preguntas por el sentido de tu vida, son tus heridas que piden ‘necesito que me cures, necesito que me escuches, necesito que vayas hacia el silencio’. Pues solo estando en silencio se puede escuchar y quien escucha profundamente es capaz de discernir y ver dónde le duele.

Discernir nos dice el diccionario, es distinguir por medio del intelecto una cosa de otra o varias cosas entre ellas. Por ello cuando en la vida un miedo es constante; cuando las dudas nos hacen retroceder o quedar paralizados; cuando reaccionamos violentamente ante situaciones; es importante parar para poder escuchar nuestra herida o nuestras heridas. Es el no escucharlas lo que hace que se contaminen, que se infecten, nos llenen de pus y paralicen nuestras relaciones, la capacidad para ser felices.

Las heridas buscan tu mirada

El autoconocimiento es uno de los objetivos que tengo como profesional cuando las personas vienen a mi consulta. Es curioso que para San Ignacio de Loyola el autoconocimiento fuera el proceso a seguir para la transformación.

En mi estancia en Manresa (España) hace ya 6 meses, pude darme cuenta de cómo al ser herido por una bala de cañón, que llevó a un confinamiento forzado a Ignacio de Loyola, poco a poco este fue entrando en cada una de las habitaciones de su psiqué, que le conectaron con su trauma de niño. Había perdido a su madre al nacer. Le había faltado la mirada de su padre y se había sentido siempre abandonado. Entró en las habitaciones de su alma, que le conectaron y le impulsaron a buscar, encontrar y reconocer a Dios. Todo esto se dio a solas. En el silencio. Dentro de una soledad forzada pero que le llevó a conocerse, encontrarse, curarse, amarse y amar su vida. Le llevó a conocer a Dios, encontrarlo en Cristo, ser curado por su mirada y amarlo hasta el cielo como sacerdote.

Cinco pasos para una curación sólida

  1. Reconoce que no puedes llevar las riendas de tu vida.
  2. Busca ayuda.
  3. Sigue el proceso durante el tiempo que se te indique.
  4. Confía en que sanarás.
  5. Vive este camino siempre acompañado por Dios y Su Santa Madre.

Sheila Morataya

 

El amor y sus actos

La descripción completa de cómo se manifiesta el amor en las acciones

Vamos ahora a exponer las acciones nacidas de la voluntad amorosa. Estos actos propios del amor se dan en cada una de las distintas relaciones (…): en el amor entre varón y mujer, en el amor familiar, y también en la amistad, tanto si se entiende en sentido estable como ocasional. Son, pues, las formas de comportarse amorosa o amistosamente. Se trata, como ya se ha dicho, de presentar una descripción de las relaciones interpersonales que resultan más enriquecedoras para el hombre y más beneficiosas para la sociedad, Las podemos resumir en un cuadro estructurado según los cinco usos de la voluntad, que se refuerzan mutuamente. Todo lo que se dice en ese cuadro en este epígrafe se puede resumir en una sola idea: el amor consiste en hacer feliz a la persona amada”. Cuando alguien quiere hacer feliz a alguien lleva a cabo los actos propios del amor, que se enumeran a continuación:

EL AMOR Y SUS ACTOS

– Deseo
– Afirmación
– Elección
– Creación
– Don
– Amor
– Desear
– Alegrarse
– Preferir
– Crear
– Corresponder
– Poseer
– Perdonar
– Lugar del otro
– Decir
– Agradecer
– Gozar
– Ayudar
– Comprender
– Reproducir
– Dar
– Conocer
– Cuidar
– Obedecer
– Regalar
– Darse
– Dialogar
– Curar
– Prometer
– Beneficiar
– Sacrificarse
– Compartir
– Recordar
– Ser leal
– Honrar
– Dar el ser
– Acompañar
– Sufrir
– Confiar
– Dar honor
– Enseñar
– Compadecer
– Esperar
– Corregir
– Aceptar
– Contemplar
– Respetar

1. El deseo y el conocimiento del otro

Comenzaremos diciendo que la inclinación a la propia plenitud nos hace desear y amar aquello que nos hace felices, que nos perfecciona. Por eso aniar es desear, es decir, buscar lo que no se tiene con afán, incansablemente. Hay en el hombre, como veremos al hablar de la felicidad, un deseo de plenitud que flunci parece apagarse. Lo que colma ese deseo, total o parcialmente, es justamente la felicidad. Por eso el hombre busca poseer aquello que ama, porque el amor tiende a la unión‘. Amar es poseer, es decir, alcanzar lo amado, lo que se desea, tenerlo, hacerse uno con ello.

Poseer  lo amado significa gozo, es decir, un placer y un deleitarse en aquello que se alcanza, se tiene y se posee: «el gozo lo causa la presencia del bien amado, o también el hecho de que ese bien amado está en posesión del bien que le corresponde y lo conserva»‘. Amar es gozar.

Cabe confundir aquí el deseo y la posesión propias de la voluntad con el deseo y posesión sensibles (tomarse un helado, etc.). Ciertamente el deseo, la posesión y el goce sensibles son también formas sensibles de amor, vividas en presente (se habló de esto en 2.4.l, al distinguir sensación y sentimiento). Pero se echa de ver fácilmente que los impulsos de la vida intelectual buscan formas más altas de goce y posesión. Y sobre todo, reducir el amor al goce y posesión propios de la sensibilidad es un reducccionismo no pequeño (8.8.2).

Ese reduccionismo se advierte en cuanto recordamos que una forma más alta de poseer que el tener físico es conocer, y conocer racionalmente: es un poseer intencional, cognoscitivo. Por eso el amor del hombre busca el conocimiento de lo an¡ado”. Ningún amante se conforma con conocimientos superficiales del ser amado: busca conocerlo del todo, hasta identificarse con él. No se puede amar lo que no se conoce. Amar es conocer.

Cuando dos personas se aman se tienen en común la una a la otra. No se trata sólo de hacer lo mismo, o compartir unas ideas, sino de conocerse, de darse a conocer. Y sabemos también (3.2.2) que las personas se conocen mediante la manifestación de su intimidad, y ésta se da sobre todo en el diálogo. Por eso amar es dialogar. La importancia del diálogo en el amor difícilmente puede ser exagerada: se trata de comunicarse (14.4) para conocerse, y ejercer así los restantes actos del amor. Sin esa comunicación no se puede conocer a la persona amada, ni por tanto afirmarla. Y ha de ser un diálogo recíproco.

Este diálogo hace manifiesto al amigo aquello que tengo y soy. Por eso, como ya hemos visto (7.2), el diálogo crea lo común. En el caso de dos personas que se aman lo común es lo íntimo. Amar es compartir, y especialmente aquello que uno conoce y guarda dentro de sí: los secretos se comparten sólo con quien nos ama, porque sabemos que no va a divulgar lo nuestro, porque es también suyo.

Del compartir nace el deseo de seguir compartiendo. Y sobre todo, del goce que da la presencia de la persona amada nace la voluntad de no separarse, de seguir estando con ella más tiempo: amar es acompañar, permanecer y estar juntos:

«nada hay tan propio de la amistad como convivir»1. El amor busca la compañía del ser amado. Amar es dar tiempo al amado, estar con él sin cansamos de acompañarle, y saber esperar a que crezca y se vaya perfeccionando, tener paciencia con él, como una madre enseña a andar a su hijo.

7.4.2. La afirmación del otro

En el amor, el segundo uso de la voluntad es aún más importante. Este uso implica el sí y el no, la aceptación y el rechazo. El sí es propio del amor porque con él aceptamos al ser amado. De esta aceptación nace la alegría de estar con él. Amar es alegrarse. Quien ama está alegre: se advierte en su semblante, en sus gestos, en su talante. La alegría es el sentimiento que nace al decir: « ¡Es bueno que tú existas!»”, que es laforma de afirmarpropia del amor.

Esto quiere decir, obviamente, como ya se dijo (7.3), que amar es afirmar. Esta afirmación incluye no sólo el presente, sino también el pasado. El amante aprueba lo que el amado ha hecho, y cuando no puede hacerlo, porque ha actuado mal, de un modo inaceptable, lo que hace es perdonarle. Perdonar consiste en borrar lo inaceptable y ofensivo en la conducta pasada del otro, y hacer nuevo el amor, como si no hubiera pasado nada: perdonar es «borrar» las limitaciones y defectos del otro, no tenerlas excesivamente en cuenta, no tomarlas demasiado en serio”, sino con buen humor, quitarles importancia diciendo: «í sé que tú no eres así!». Amar es perdonar. No se concibe que exista verdadero amor si no se sabe perdonar, porque en tal caso no se quiere borrar el error y la fealdad de la vida del otro.

Según esto, el amor hace nuevas las cosas del amado: las ve cada día como si fuera la primera vez. El amor detecta enseguida cualquier novedad: las madres leen el alma y el cuerpo de los hijos. Esta mirada contemplativa (7.5), que hace nuevas las cosas, enseña que amar es renovar el amor, y esto es una tarea ética, que adquiere muchas formas.

La afirmación en presente es evidente que significa ayudar, es decir, prestar cooperación, trabajo o medios para que el otro pueda recibir lo que necesita, terminar su tarea, llegar a tiempo, etc. Cuando la ayuda se hace habitual se dice que se presta un servicio en forma de ayuda estable. Cuando el servicio recibe una retribución puede llegar a convertirse en una profesión. El conjunto de estas profesiones forman el llamado «sector de servicios», extraordinariamente amplio. La ayuda es una forma muy importante y frecuente de relación interpersonal, sin la cual la sociedad no puede funcionar: comienza por el reconocimiento de que el otro la necesita, y suele ser desinteresada. En correspondencia, hay que dejarse ayudar, saber aceptar el ofrecimiento. Amar es ayudar.

Puede ser que el error y la fealdad en el ser amado sea evitable en el futuro: para esto se necesita tener cuidado, es decir, cuidar al ser amado para que no se estropee, para que no corra peligro, para que no sufra, para que nada le haga decrecer o disminuir, e incluso nada frene su desarrollo hacia la perfección. Amar es cuidar, jarrones, jardines, perros, libros, coches… ¡seres humanos! Cuidar es esmerarse en cuidados, limpiar, pulir y adornar al ser amado. Una forma de cuidar, desde luego, es ayudar.

Esta es la base de una gran cantidad de actitudes, que pueden convertirse incluso en profesión: cuidar a los seres humanos es amarlos, prevenir que no se hagan daño, protegerlos. También se protege el medio ambiente, porque se cuida. En especial es necesario cuidar a los débiles, porque ellos no saben cuidar de sí mismos, ni protegerse del peligro, del engaño en que alguien puede hacerles caer. Son los niños, los ancianos. El cuidado es una actitud humana extraordinariamente importante. Cuidar es amar.

Parte del cuidado es reparar el error, la fealdad y el dolor una vez que se ha producido: esto es curar. La cura consiste en remediar los defectos del ser amado, aliviar su mal, entretenerle, darle el remedio adecuado, física y psicológicamente, para que sane. Sanar depende del cuidado y de que se cure a los enfermos, que son quienes necesitan curación. Amar es curar el alma y el cuerpo, el dolor, la culpa, la infelicidad, la tristeza y la fealdad en los seres amados, hacer todo lo posible para que desaparezcan de ellos. El hombre pone su capacidad creadora al servicio de su afán de curar. Curar ha de hacerse con «cuidado».

Afirmar al otro puede hacerse cuando está ausente. Es más, parece que se ama más al ausente. Por eso, amar es recordar, evocar la presencia del amado mediante los recuerdos, que son como un sacar lo que se guarda dentro para revivirlo. Una madre siente el dolor más intenso cuando ha perdido un hijo, y lo recuerda siempre: el amor se convierte entonces en sufrimiento. Aunque más adelante volveremos sobre ello, amar es también sufrir, porque no podernos superar la ausencia del otro: se ha marchado, quizá no sabemos cuándo volverá. Las formas del recuerdo son enormemente ricas.

El sufrimiento propio del amor, sin embargo, nace del hecho de que compartimos los dolores con el amado: «quien ama considera al amigo como a sí mismo, y hace suyo el mal que él padece». Quien ama tiene «corazón», «entrañas» para la desgracia y la miseria del amado, se compadece de él. Esto es «tener el corazón compasivo por la miseria de otro». Los clásicos lo llamaban misericordia, y es un «sentimiento que nos compele a socorrer, si podemos», por cuanto «nos entristecemos y sufrimos por la miseria ajena en cuanto la consideramos como nuestra». Cuanto más amado es quien la sufre, más nos compadecemos. Amar es compadecer, padecer-con y tener compasión o misericordia. Si el amado está triste, le damos consuelo y aliento en el sufrimiento: amar es consolar.

La llegada del amado es siempre alegre, porque se consigue por fin tenerle y estar con él. Un acto específico del amor es acoger, recibir bien a la persona que llega, tener hospitalidad con ella, comenzar a cuidarla, aceptar todo lo que nos quiera ofrecer, aunque sean también problemas. Es lo que hacen las madres al abrazar a los hijos: los unen otra vez a sí. Amar es acoger. También se incluye aquí guardar aquello que la otra persona nos da, aceptarlo, porque se trata de algo que él a su vez guardaba en su intimidad: amar es aceptar lo que el otro nos da y hacerlo propio. Amar es aceptar el don del otro y hacerlo nuestro.

Se dijo que la benevolencia nos lleva a respetar las cosas. El respeto es una forma de reconocer la bondad y belleza de un ser, abstenerse de dañarlo y otorgarle un asentimiento que se expresa como reconocimiento de su dignidad. No es sólo «dejarle» ser, sino expresar de algún modo que queremos que sea así, e incluso que lo reconocemos como superior a nosotros. Esto sucede siempre que algo o alguien tienen cualquier autoridad o excelencia. Amar es respetar, dejar que las cosas sean como merecen ser. Faltar al respeto es rebajar la dignidad que el otro tiene, quitarle el reconocimiento que merece, tratarle con poco cuidado.

3. La anticipación del futuro

El tercer uso de la voluntad consiste en disponer del futuro mediante la elección de aquello que está en nuestro poder. Elegir amorosamente transforma la elección, la hace distinta. Es obvio que uno elige aquello que ama. Por eso, amar es preferir.

Sin embargo, cuando se trata de otro ser humano, amar es ponerse en el lugar del otro, y elegir aquello que él elegiría, sencillamente  porque es lo que le gusta. Es otra forma de querer que haya más otro: que pueda tener aquello que le alegra, que le hace feliz. Preferimos que el amado sea feliz y perfecto. Por eso elegimos lo que le gusta a él, no a nosotros. Cuando se ama un modelo, se elige lo que él preferiría para parecemos a él. Este ponerse en el lugar del otro es una de las claves para que el amor pueda consolidarse y crecer, y viceversa; cuando falta nace la discordia: concordia y discordia significan unión y separación de corazones, es decir, sentir lo mismo, y por tanto, elegir lo mismo. Pero no se elige lo mismo si no hay concordia, es decir, un sentir de la misma manera, pues el «corazón» es el «lugar» donde nacen y se guardan los sentimientos.

La concordia es también comprensión, es decir, un conocimiento del otro que nos lleva a ponemos en su lugar y entender y apoyar sus decisiones, sus puntos de vista, lo que lleva «dentro». Amar es comprender. Pero no se puede comprender si no se dialoga, porque así es como conocemos los motivos y opiniones del amigo, su interioridad. Se dijo que amar es dialogar, y se añade ahora: amar es escuchar, para llegar a comprender. Escuchar es dar tiempo al amado. El que no escucha, nunca se pone en el lugar del otro. Para escuchar se precisa cultivar la atención hacia el amigo: el cariño es atento, nada le pasa inadvertido. El amor es receptivo), escrutador e inquisitivo: amar es atender.

El amor y la concordia se viven también como unión e identificación de voluntades, mediante la cual queremos lo que el otro quiere, le hacemos caso: «es propio de los amigos gozarse y querer lo mismo. Este hacer nuestra la voluntad de aquel a quien amamos se convierte, por ejemplo, en obediencia. Amar es obedecer, lo cual significa actuar gustosamente con la voluntad del otro. Se trata de una intensificación de lo que se definió como autoridad política, aquella que consigue que los súbditos hagan suyas la órdenes.

Se puede elegir por anticipado, sobre todo si alguien a quien amamos nos lo pide con insistencia. Entonces hacemos una promesa, que consiste en anticipar una elección futura, y decidir una conducta que aún no puede ponerse en práctica. Que amar es prometer significa que entregamos nuestro futuro al amado, lo invertimos en él, se lo damos. Sin promesas el amor no podría ser duradero. Amar significa una elección reafirmada en el tiempo: ¡vuelvo a elegirte! Prometer es decir: «¡ siempre volveré a elegirte! ».

Una promesa es algo distinto de un convenio o acuerdo. La primera tiene tres rasgos: 1) es futura, pues se refiere a un bien venidero y anticipa una decisión; 2) es desinteresada, pues se trata de un don espontáneo, que se da a cambio de nada; aunque el amado luego nos recompense, no se hace por la recompensa; 3) es incondicionada, pues uno se compromete de un modo tal, que sólo puede ser exonerado de la obligación de cumplir lo prometido si el receptor de la promesa le libera a uno de ella. La promesa obliga al que promete respecto de algo futuro, y de ella sólo se sigue un beneficio para el que la recibe. Para el que la hace es más bien una carga, aunque gustosa.

En cambio, un acuerdo es: 1) una decisión en presente, referida a unos bienes y a una situación actual; 2) interesada y 3) recíproca, pues se trata de un pacto o convenio de dos voluntades libres, mediante el cual ambas reciben algo cambio de algo, y así las dos se benefician. Cuando el beneficio de alguna de las partes desaparece, el mutuo acuerdo o convenio se rescinde o se cambia, porque desaparece la razón de su existencia o se origina una desigualdad.

La promesa nace del amor, el convenio del interés. Un comportamiento verdaderamente amoroso es capaz de prometer, precisamente porque ama con intensidad y benevolencia. En cambio, quienes han de recurrir al pacto no han sido aún capaces de elevarse hasta el amor. Un matrimonio es algo muy distinto según sea fruto de una promesa o de un pacto. En un caso los esposos hacen un compromiso o promesa recíproca, que ellos ya no pueden disolver. En el otro, sólo hay matrimonio mientras haya beneficio mutuo y se mantenga el acuerdo.

El ser humano tiende a superar el tiempo. Uno de los modos más intensos de lograrlo es hacer que el amor no se interrumpa, y dure siempre, que sea inmortal y eterno. El amor auténtico no desaparece; nunca dice: «te amo sólo hasta aquí». El amor es entero, y esto significa que prescinde voluntariamente de poner límites y plazos: es el don íntegro de la persona. Hoy en día, es frecuente una versión «débil» y «pactista» del amor, que consiste en renunciar a que pueda ser duradero, y sobre todo, que no se pueda interrumpir. Este modo de vivirlo se traduce en el abandono de las promesas: nadie quiere comprometer su elección futura, porque se entiende el amor como convenio, y se espera que me dé siempre beneficios.

Cuando se vive el poder elegir como el único poder importante que tiene el hombre, no quiere renunciarse a él: se busca ejercerlo siempre en presente, sobre todo para asegurar que se recibe algo a cambio de lo que se da. Pero en rigor, la elección más intensa es la incondicionada, la que promete «un amor sin condiciones» ni intereses, que da sin esperar nada a cambio, pase lo que pase, como sucede en la novela Jane Eyre de Charlotte Bronte. Si se ponen cláusulas de convenio al amor, es porque se confía poco en él: es sólo provisional e interesado. Un amor intenso es capaz de prometer, porque así incluye en el amor también el futuro, y se arriesga a solamente dar. Desde luego, lo que el amor promete es seguir amando : «el amor presupone la elección, pero no es idéntico con ella. El amor es la vida de la voluntad que mantiene definitivamente la afirmación que se hizo en la elección. El amor supone día a día reafirmar la elección, la afirmación aceptadora inicial».

Seguir amando cuando el ser amado está ausente significa ser leal, es decir, actuar como si el amado estuviera presente, evitar que le calumnien, no hacer lo que le disgustaría, y desde luego serle fiel, y actuar conforme a ese amor. Amar es ser leal. «Fulanito es un canalla», si Fulanito es nuestro amigo, es una afirmación que debe ser rectificada.

Si ser leal es no usar mi libertad de modo que el otro o el amor se vean dañados, en correspondencia simétrica, el amante no teme que

el amado use su libertad para dañarle o destruir el amor: el amante confía en el amado, le deja actuar como quiera, porque sabe que será leal. Tener confianza en alguien es dársela, dejarle hacer lo que quiera, no fiscalizarle, no ser celoso. Confiar es dar libertad al amado, sabiendo que el uso de ella hará crecer el amor, en vez de disminuirlo.

Las relaciones humanas se basan en la confianza, que da por supuesta la benevolencia de los demás hacia mí. La forma más clara de confiar es creer lo que dicen los otros, por ejemplo, el aviso de que se han roto las cañerías de mí casa, o de que el horno microondas que voy a comprar es de buena calidad. La confianza se basa en el respeto y aceptación de la verdad, y hace presente a ésta en las relaciones interpersonales. Sin confianza es imposible convivir, la sociedad se destruiría. Confiar es estar seguro de que el otro, el amigo, no me engaña. A ello se opone el recelo, que atribuye al otro un encubrimiento de la verdad, y un daño o una amenaza consiguientes para mí: el desconfiado se aleja de aquel de quien desconfía, y pone murallas en medio. El recelo destruye el amor y la amistad, porque ahoga la confianza e impide la presencia de la verdad en las relaciones interpersonales. Amar es confiar, lo cual exige decir la verdad. El amor no miente.

El bien futuro puede apetecerse con esperanza. Lo propio del bien esperado es ser arduo y difícil, pero posible. La esperanza se funda en la seguridad de que alcanzaremos el bien amado, lo «vernos venir» a nosotros. Amar es esperar, y la esperanza fundada en el amor es la más tenaz, la que aguanta todas las dificultades y sostiene al que espera, aunque parezca imposible seguir esperando.

Esto lo veremos mejor al hablar de las tareas de la vida humana: «la esperanza es lo último que se pierde».

4. La manifestación del amor

El cuarto uso de la voluntad es la capacidad de crear, que brota de ese hontanar de novedades que. es la persona. Crear es hacer que existan cosas nuevas. Lo más creador que existe es el amor: «todo amor es creador, y no se crea más que por amor». Amar es crear.

Por ejemplo, el amor aguza la capacidad de superar las dificultades para unirse y conocer al amado, busca siempre nuevas formas de afirmación del otro. Pero sobre todo, la capacidad creadora del hombre, aplicada al amor, busca dos cosas fundamentales: manifestar el amor y perpetuarlo reproduciendo lo amado. Ambas se dan unidas con frecuencia. Si no se manifiesta el amor y no se perpetúa en los bienes que crea, es un amor que no deja huella. El amor empuja a crear.

El amor se manifiesta con palabras que lo declaren de modo explícito. Hay que decirlo y expresarlo, y recrearlo muchas veces, para que siga vivo y con el paso del tiempo se intensifique y no decrezca. Se manifiesta con palabras, que expresan y reproducen la belleza del ser amado y al mismo tiempo le manifiestan a él y a los demás la intensidad de nuestro amor. Se dijo que el sentido más alto de toda creación artística es expresar la verdad, encontrada y amada, por medio de una obra de arte. Decía Platón que el amor es el deseo de engendrar en la belleza, Este pensamiento apunta en esa dirección: lo amado es bello para el amante y despierta en él el deseo de expresar su belleza y reproducirla. Por eso el amor se manifiesta en obras de arte, aunque sean muy domésticas, que tratan de expresar y reproducir la belleza y la imagen del ser amado. Es una forma de recordarle y decirle cómo se le quiere: poesías, canciones, retratos, fotografías, etc.

Pero el amor, como todos los sentimientos, se expresa también en mil gestos y modos de la conducta, a través de los cuales el hombre canaliza su voluntad creadora para expresar el amor. Cuando no se hace así, se puede empezar a dudar de su sinceridad. Por eso, el amor hay que cuidarlo, alimentarlo y hacerlo crecer a base de estas manifestaciones prácticas. En caso contrario la rutina lo apaga, o quizá ni siquiera existe.

Uno de los actos creadores que manifiestan y alimentan el amor es el regalo. Regalar es una de las formas más puras de dar”, porque implica desprenderse totalmente de algo: su sentido es que sea para la persona amada, aquel a quien se regala. Se renuncia al derecho a reclamarlo. En caso contrario, no es tal. No hay interés propio en el regalo, sólo que el otro reciba un bien y que sea sólo suyo. Hacer un regalo, en el fondo, es dar una parte de nosotros mismos. En caso contrario tiene muy poco valor. Mientras en el mundo se siga regalando, mientras existan los Reyes Magos, existirá el don puro, desprovisto de cualquier interés egoísta. Se regala no sólo porque es una costumbre social, sino porque se quiere manifestar así un amor verdadero.

El regalo implica cierta sorpresa: es algo inesperado o desconocido. Por eso conlleva cierta «magia» o ilusión. Un regalo verdadero tiene además que ser algo valioso, exige desprenderse de algo que cueste, hacer un gasto, de dinero o de tiempo y trabajo: es algo bello, precioso. Los regalos más sentidos son aquellos que hemos construido nosotros mismos, con nuestras manos, porque son fruto de un esfuerzo, o un objeto precioso que ha costado «una fortuna». El valor del regalo (una piedra preciosa, por ejemplo) simboliza

y expresa el valor de la persona amada y el amor de quien regala: no tiene sentido regalar un saco de cemento. Amar es regalar.

El regalo convierte en deudor al que lo recibe. Hay deudas impagables, como la vida.

Cuando se regala algo útil, o cuando en general se da un bien al ser amado, o a otras personas, hablamos de beneficiar, bene-facere, hacer un bien, de cualquier tipo: «hacer bien al amigo es una consecuencia del amor que se le tiene». El amor siempre busca beneficiar al amado, conseguirle ventajas, facilitarle las cosas, que tenga los medios que necesita. Los padres son los máximos benefactores de los hijos. Amar es beneficiar, y produce una deuda en el beneficiado.

Otro modo de manifestar el amor es honrar a la persona amada. Honrar es estimar, mostrar un reconocimiento que hace más digno al otro: «ser amado es ser honrado». Hay tantos modos de honrar que no podemos enumerarlos todos: agradecer, mostrar públicamente el mérito, devolver lo recibido, sentirse deudor, premiar, dar testimonio de la excelencia de alguien, decir que la persona amada es valiosa, etc. La conducta con los padres suele estar llena de gestos que los honran. Muchos actos del amor hasta aquí descritos (escuchar, cuidar, esperar .. ) son modos de honrar cuando se añade este deseo de reconocimiento que le es propio. Amar es honrar.

Un modo especial de honrar es dar honor, que significa honrar públicamente, delante de todos. Los honores buscan que el amado tenga buena fama, y sea considerado justo, bueno y bello: es un reconocimiento público de los méritos y la excelencia de alguien: «el honor se tributa a una persona como testimonio del bien que hay en ella». Suele ir acompañado de premios, celebraciones y homenajes. Amar es dar honor.

5. Amor como don

El reconocimiento mutuo es el modo primero de relacionarse con los demás. Cuando ese reconocimiento se hace muy intenso, aparecen los actos propios del amor que hasta aquí se han descrito.

Si amar es querer el bien para el otro, ese querer se refuerza cuando el otro desea el bien para mí y el amor se hace mutuo: entonces querer el bien para el otro es querer también mi propio bien, porque es lo que el otro quiere. Así como respetarse mutuamente es la única manera de no instrumentalizar a los demás, el amor culmina cuando se hace recíproco, porque entonces sus actos se refuerzan: si me siento amado, amaré más, porque el otro quiere mi bien. Amar es, entonces, corresponder al amor, devolverlo.

Hay muchos modos de corresponder al don recibido del amor. Suelen brotar de uno de los sentimientos más puros y desinteresados que existen: la gratitud. Mediante ella el hombre se convierte a sí mismo en deudor de aquel de quien se recibe el don: es una intensificación de la justicia, porque busca afirmar al otro pagándole amorosamente lo a él debido. El agradecimiento es el amor y el don debidos al otro, al benefactor, al amante. Haber recibido pone al hombre frente a la justa obligación de devolver siquiera una parte del regalo. Muchas veces este deber se vive, más radicalmente, como acto gustoso y espontáneo de agradecimiento. Amar es agradecer. Cuando el hombre recibe un bien, incluso el de la vida, siente su dependencia del benefactor y busca agradecérselo.

Es evidente que amar es dar, y que muchos actos del amor hasta aquí descritos son modos de dar: dar tiempo presente y futuro, cuidado, apertura de nuestra interioridad, regalo y honor, etc. Dijimos que el hombre es libre porque se posee a sí mismo, es dueño de sí. Por eso, cuando ama es dueño de dar de lo suyo. Y el modo más radical de dar es darse uno mismo: poseerse para darse a quien nos ama. Entonces le damos lo que él mas quiere: nosotros mismos. Este es el modo más intenso de amar. Amar es darse, don de sí.

El modo más corriente de darse uno mismo es sacrificarse, renunciar a algo propio para dárselo al amado. Es el caso de padres que renuncian a muchas cosas para que los hijos tengan bienes costosos: pueden matarse a trabajar para que posean lo que ellos no pudieron tener. Y no sólo no les importa, sino que lo hacen muy gustosos, porque aman a los hijos y se sacrifican por ellos: son el sentido de su vida. Amar es sacrificarse.

Sin embargo, lo más radical que se puede dar o regalar es el ser: hacer que exista una cosa es el modo más intenso de afirmar algo, porque es crearlo. Amar es dar el ser. El hombre y la mujer pueden dar el ser a sus hijos. Dios es el único que puede dar el ser sin condiciones, ni materia preexistente; realiza actos de amor infinitos. El estudio de esos actos de amor puede hacerse desde la fe revelada. Su intensidad y perfección resultan insospechadas. En rigor, el hombre es capaz de amar a Dios si El le ayuda. Entonces el amor-necesidad y el amor-dádiva quedan a salvo de sus limitaciones e incluso se transforman de una manera que C.S. Lewis ha sabido describir con acierto.

Otro acto del amor como don es dar la verdad que se tiene, es decir, enseñar lo que se sabe. La tarea de enseñar la verdad tiene que ver con el amor, no sólo respecto de la verdad teórica, sino sobre todo respecto de la verdad práctica: se incluye aquí la transmisión de la propia experiencia, de los valores centrales que rigen la vida, de las convicciones y los ideales, del camino para llegar a la verdad, etc. Amar es enseñar la verdad, mostrarla, encaminar al ser amado hacia ella. Es la tercera función de la autoridad.

Por eso también amar es corregir cuando vemos que la persona amada se equivoca: no queremos dejarla en el error. Si se trata de una verdad pequeña, le prestamos así una ayuda (advertirle de un defecto en su ropa o en su aspecto). Si se trata de una verdad grande entra en juego el diálogo y la libertad.

 Fuente: Fundamentos de Antropología

 

Sexualidad

Hablar de sexualidad es hablar de una característica importantísima del ser humano, que se relaciona directamente con su felicidad y realización aquí en la tierra y sobre todo y lo más importante, con su felicidad y realización eterna. Por eso, no es hablar de cualquier cosa.

La sexualidad esta directamente relacionada con la capacidad de amar del hombre, que es precisamente lo que le asemeja a Dios y he aquí el meollo del asunto.

Dios ha querido crear a las personas humanas, junto con otros tipos de seres personales –espirituales-, los Ángeles, para el amor. ¿Y como es eso?

Pues si, Dios lo ha creado todo con un fin que es la gloria y alabanza de Su Hijo Jesucristo. Todo cobra sentido en el amor a El. Las plantas y animales se realizan cumpliendo con la naturaleza que Dios ha impreso en su propio ser, no tienen que decidir nada, cumpliendo con el programa impreso en su ADN ellos se realizan y aunque los animales están por encima de las plantas, con tan solo cumplir su instinto marcado para la sobrevivencia de la especie dan Gloria a Dios.

Pero el hombre es diferente, si te das cuenta, el hombre desde su fisonomía, hasta su forma de manifestarse es diferente. El ser humano es un ser abierto es capaz de crear, de imaginar, de planear, de hacer cultura, de comprometerse, de decidir, de luchar por un ideal; todas esas capacidades son manifestaciones de su interioridad, de su alma espiritual, imagen del ser Divino, pero, la más importante es su capacidad de amar que es el motor que mueve al hombre.

El hombre siempre ama, es decir que siempre elige. Así, puede elegir –amar- cosas de poca monta como lo material, cosas que lo rebajan por debajo de su dignidad de Hijo de Dios, como el dinero, la moda, el físico o peor aún a sus vicios. Las personas tienen la capacidad de apropiarse de las cosas entregándose a ellas, así el borrachito ama y hace más suyo su vicio entre más se entregue a el. En contraste, el hombre persona hace suyos a los demás seres personales entregándose a ellos.  Esa es la razón de que se dice que Cristo nos ha hecho suyos porque ha entregado todo (su divinidad, su vida –hasta la última gota-) para hacernos suyos. Para aclarar diré que nosotros como personas estamos hechos, hemos sido creados por amor, en el amor y para el amor de Dios. Ese es nuestro sentido, nuestra medida de orden y medida de proporción. ¿Qué quiere decir esto?

Nada menos que la calidad y cantidad de nuestros amores es el parámetro para medir nuestra realización. Si realmente deseamos ser felices aquí y en el cielo hemos de amar y comunicarnos en primer lugar con Dios como fuente, sentido y fin de nuestra existencia. He aquí el sentido de la virginidad por el Reino de los Cielos, que es una entrega esponsal con la misma radicalidad de la entrega divina que es total, definitiva y entera. Por eso, se dice que esta vocación es una antesala de esa unión que habrá con Dios tras la resurrección de los cuerpos. Es como un adelanto del Cielo aquí en la tierra. En la escala de los amores es el más alto porque no hay nada, ni nadie más verdadero, más bello y más bueno que Él.

Pero además por ser imagen de Dios Trinitario, que es 3 personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que forman una comunidad de amor. El hombre también esta llamado a ser imagen de esa comunidad de amor en el matrimonio, de un hombre y una mujer. Esta es la forma más plena en que el hombre puede llegar a asemejarse a Dios en el amor. La razón se encuentra en que el matrimonio es la respuesta al llamado al amor pleno que Dios ha impreso en nuestra naturaleza. Y es aquí donde se inserta la razón de la sexualidad humana, tal y como es, dividida en femenino y masculino. Dios ha querido que el hombre llegue a ser su imagen en la unión matrimonial. Es decir, en la unión de un hombre y una mujer de forma comprometida libremente, para siempre y abierta a la vida. Precisamente como Él es.

Cuando se rechaza el Plan Divino se esta rechazando al amor  Divino que ha planeado esta forma de ser para que seamos dignos hijos suyos y compartamos con El la felicidad del amor total, pleno. Por eso, es muy grave, es pecado.

Sólo el ser humano que ama a imagen de Cristo, logra su perfección porque a través de su entrega total, incluso en el tiempo, es que se compromete con una forma de ser buena, que antes sólo era una posibilidad.

Dios quiere que elijamos amar libremente y el cuerpo es el medio de expresar y conservar ese amor. El cuerpo encuentra su sentido y valor en el amor con que ha sido creado por Dios, en primer lugar, pero además, por la encarnación de Jesucristo. Cuando El toma la naturaleza humana la diviniza. Además, permite que nos incorporemos a su cuerpo a través del bautismo, que nos hace hijos de Dios Padre y Templos del Espíritu Santo.  E instituye el matrimonio como signo del compromiso de amor esponsal que El tiene con su Iglesia, y por lo tanto, al matrimonio sacramento lo dota con los dones y gracias necesarios para poder cumplir con ese compromiso entre los esposos. ¡Imagínate si no somos importantes y a la vez indignos!

Todo esto que Dios ha hecho y ha querido para nosotros nos demanda una forma de ser bien específica. No puede ser de otra manera, porque si no, nos degradamos por debajo de los animales. Esta es la razón por la que la Iglesia defiende la dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, independientemente del estado material de ese ser, ya que encierra en sí al Espíritu Divino que le sostiene y dignifica.

El ser humano es una unidad sustancial de cuerpo-espíritu. Ambos forman una mezcla que una vez unidos es imposible separa (es como el café con leche). Las dos naturalezas se comunican y como se ha podido deducir de lo dicho anteriormente, la espiritual es la que ha de dominar la corporal, porque es la que nos define precisamente como personas. Cualquier intento de separarlos produce graves daños físicos, psíquicos y espirituales.

Pero, resulta que es muy difícil lograr esa unidad ¿Por qué? Pues resulta que nuestra naturaleza lleva impresa la marca del pecado original (aquel pecado de soberbia de querer ser como Dioses), que ha provocado una fractura entre esas dos naturalezas que originalmente estaban unidas ordenadamente y permitían la armonía interior y con la Creación.  Dios precisamente porque nos ama ha enviado a su Hijo Jesucristo ha salvarnos del pecado y ha darnos los medios para lograrlo –los sacramentos-.

Como existe esa fractura el hombre puede caer en la concupiscencia del cuerpo. Que tiene su raíz en un deseo desordenado de placer y del mirar con ojos de deseo al otro. Por eso, el relato Sagrado después de contarnos sobre la igual creación y dignidad del hombre y la mujer, a los que infundio su Espíritu y bendijo entregándoles la administración de la creación y la capacidad de engendrar más Hijos de Dios. Narra que tras el pecado, se ven desnudos y se cubren.

Este deseo de cubrirnos se llama pudor. El pudor protege nuestra intimidad, el lugar de encuentro personal: con nosotros mismos y con otras personas. Sobretodo, con Dios. Por eso, el pudor es bueno y hay que promoverlo en nuestros hijos. Es importante porque permite el encuentro personal y evita que la atracción se vaya a los estrictamente corporal (que aunque es muy bueno, no es lo más importante), y pase a la interioridad, a los personal –espiritual- y de este modo se logre el encuentro de personas y se evita que se vea el cuerpo como un objeto de placer.

El pudor es parte de la castidad que va en el mismo sentido y nos permite entablar relaciones dignas y apropiadas al plan de Dios, por eso, incluso es aplicable dentro del matrimonio. Es una virtud que ennoblece la sexualidad del ser humano, manteniéndole limpio del alma y cuerpo a fin de que las tendencias sexuales no desborden los límites del verdadero amor. Es pureza de cuerpo y alma en el amor.

La castidad se relaciona con todas las virtudes que se refieren a la ordenación y control de la tendencia al placer y por extensión, a cualquier tendencia de origen sensible. Por eso, la castidad se relaciona con la fuerza de voluntad en tanto capacita el control de cualquier movimiento emotivo o pasional; con la humildad en la medida que refrena cualquier movimiento que tienda a desbordar los límites de nuestro ser; con la paciencia que regula los movimientos de la ira y con la austeridad en tanto que ordena la tendencia desaforada hacia objetos y las manifestaciones exteriores de nuestra conducta. Así, a través de estas virtudes la castidad se relaciona con cualquier manifestación de la vida humana.

La castidad y el pudor encierran en sí todas las modalidades de la virtud. Porque por una parte exigen la reciedumbre del dominio de sí, del señorío de la voluntad, y por otra, la mayor delicadeza en las manifestaciones exteriores de sentimientos y afectos.

En resumen, todos somos hijos amadísimos de Dios. Un proyecto único e irrepetible. Somos un pensamiento amoroso de Dios, un latido de su corazón. Nos ha creado para que, con El, amemos a su Hijo Jesucristo. Amándolo, nos uniremos a Jesús, identificándonos con El, haciéndonos uno mismo. Y como la sexualidad toca lo más íntimo de cada persona –su corazón- puede ayudar o dificultar esa vocación fundamental de cada uno de nosotros para el amor. Por eso, vale tanto la pena el recto uso de la sexualidad. Porque, si nos incapacitamos para amar, perdemos la semejanza que tenemos con Dios, pues Dios es amor.

Por eso, es muy importante que nos comprometamos con la educación y formación de nuestros hijos para el amor, porque es la única forma de que lleguen a ser personas felices, realizadas y que cumplan con el designio de amor de Dios para ellos. Es un derecho y un deber que sólo pertenece a nosotros sus padres y al que no podemos renunciar.

 

Fátima, una historia que cambió el rumbo del mundo

En 1917, en Fátima, una pequeña localidad de Portugal desaparecida de todos los mapas, sucedieron unos acontecimientos que marcarían el futuro del mundo

 

Los protagonistas

Lucia Dos Santos nació el 22 de marzo de 1907 en el seno de una humilde familia de pastores de Aljustrel, una pequeña localidad a 160 kilómetros de Lisboa. Hija de António dos Santos y María Rosa Ferreira, Lucia era la pequeña de siete hermanos.

A los seis años, el día que hizo la primera comunión, recibió una caricia de la Virgen. Durante la ceremonia, nada más recibir el sacramento, se dirigió a una capilla lateral de la iglesia, y desde allí pudo ver cómo la imagen de la Señora le dirigía una sonrisa.

A menos de cincuenta metros de la familia Dos Santos, vivían sus primos, los Marto. El 11 de junio de 1908 nacía allí Francisco, un muchacho tímido y reservado que desde pequeño adquirió gran devoción por la Eucaristía.

Dos años más tarde, nacía la pequeña de la familia, Jacinta, una niña alegre y jovial que con gran vivacidad cumplía sus labores de pastorcilla.

Los tres primos, de edades similares y gran afinidad entre ellos, se encargaban de cuidar el rebaño. De esta manera, a primera hora de la mañana se reunían y juntos marchaban a cuidar las ovejas, mientras cantaban, bailaban y se divertían.

Ajenos a los acontecimientos convulsos que desestabilizaban el continente europeo, los pastorcillos pasaban su infancia feliz, cumpliendo con sus labores campestres. Nunca se hubieran imaginado el papel decisivo que iban a ocupar en la historia del siglo XX.

 

Los pastorcillos de Aljustrel

 

Los acontecimientos

Los hechos sobrenaturales iniciaron poco antes de 1917. Como narra Lucia en sus memorias, en la primavera de 1916, mientras los tres niños cuidaban el rebaño en Loca do Cabeço, vieron a cierta distancia “una luz más blanca que la nieve, distinguiéndose la forma de un joven trasparente y más brillante que el cristal traspasado por los rayos del sol.”

Aquél joven se presentó como el Ángel de la paz, y arrodillado en tierra inclinó la frente hasta el suelo e invitó a los pastorcillos a rezar con él:

Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman” Después de repetir esto tres veces se levantó y dijo: “Orad así. Los Corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras suplicas” Y desapareció…

 

A mediados de verano, la aparición se repitió, y una vez más el Ángel de Portugal instó a los jóvenes a que rezaran y ofrecieran sacrificios.

Por último, a finales de septiembre del mismo año, el Ángel hizo su última aparición mientras los pastorcillos rezaban el rosario. En sus manos sujetaba un Cáliz, que quedó suspendido en el aire mientras se arrodillaba a rezar. Después se levantó y dio la comunión a los niños. Jacinta y Francisco era la primera vez que la recibían.

Estos acontecimientos quedaron grabados en el corazón de los tres jóvenes y les causaron una gran impresión, pero no sintieron la necesidad de comunicar a nadie lo que les había sucedido.

 

El Ángel de Portugal

 

De esta manera, pasaron los meses mientras la vida transcurría con normalidad en Aljustrel. Todo cambió el 13 de mayo de 1917.

Los pastorcillos habían salido, como de costumbre, a pastorear el rebaño familiar. Hacia el mediodía, escucharon un fuerte relámpago. Atemorizados ante la proximidad de una posible tormenta, emprendieron el regreso a casa. De repente, a pocos pasos de ellos, sobre una encina, contemplaron a una señora hermosísima, todo luz, más resplandeciente que el sol.

Empezaron una conversación. Ella indició que venía del Cielo y pidió a los niños que fueran a aquel lugar el día trece de cada mes. Les prometió que irían al Cielo si rezaban el rosario todos los días para alcanzar la paz en el mundo. Y después, desapareció.

A pesar de la resistencia de sus padres, asustados por los acontecimientos narrados por sus hijos, Lucia, Francisco y Jacinta volvieron al lugar un mes más tarde, el 13 de junio, tal como les había indicado la Señora. Ella apareció a la hora. Los tres podían verla, sin embargo, Francisco no era capaz de oír sus palabras. En esa aparición la Virgen anunció que los dos hermanos pronto serían llevados al Cielo y les dio la misión de establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Después, abrió las manos y les mostró un corazón rodeado de espinas que lo punzaban por todas partes. Y poco a poco empezó a alejarse.

Mientras tanto, en Aljustrel se había corrido el rumor de que los pequeños estaban viendo a la Virgen, de modo que se causó gran revuelo. El párroco no consideraba aquello algo divino, por el contrario, temía que fuera una visión diabólica. Esto atemorizó a Lucia, por lo que el 13 de julio ella había perdido el interés por ir a encontrarse con la Señora. Sin embargo, persuadida por sus primos, terminó dirigiéndose a Cova de Iria. Esta vez, iban acompañados de cerca de dos mil curiosos.

La Virgen volvió a aparecer y les pidió que no dejaran de rezar el rosario, con la intención de que la guerra terminara. Lucia, muy turbada por las contradicciones, pidió a la Señora un signo para que su familia creyera, a lo que Ella prometió hacer un gran milagro en octubre.

El 13 de agosto los niños no pudieron cumplir su cita, pues el alcalde del pueblo los retuvo en el calabozo, con el fin de lograr que dejaran de mentir a todo el pueblo. No obstante, nada consiguió, ni con amenazas de muerte, ya que los niños estaban dispuestos a dar la vida por cumplir con su promesa. No tenían miedo, pues la Virgen les había prometido el Cielo.

La aparición de agosto tuvo lugar el día 19. Sin que ellos se lo esperasen, la Señora apareció y pidió a los niños oraciones y sacrificios por los pecadores.

La valentía de los niños frente al alcalde provocó que muchos de los ciudadanos de la zona creyeran en las palabras de los pastorcillos, de modo que para la aparición de septiembre un gran número de gente se congregó en el lugar. Ellos no podían ver nada, pero en el momento en que llegó la Virgen notaron una extraña presencia. La Señora volvió con su súplica acostumbrada, recordó que un mes más tarde tendría lugar un gran milagro y se alejó, mientras del cielo llovían como flores blancas o copos de nieve que desaparecían antes de llegar al suelo.

 

El milagro solar

El 13 de octubre, miles de personas se había congregado en el lugar. Amaneció lluvioso y frío, de modo que Cova di Iría se había convertido en un gran charco de barro. Al mediodía Lucia anunció la llegada de la Virgen. Se hizo un gran silencio y la Señora habló:

Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor, que soy Nuestra Señora del Rosario, que continuéis rezando el Rosario todos los días, la guerra va a terminar y los soldados volverán pronto a sus casas.”

 

Después de estas palabras, se elevó y desapareció. La lluvia cesó inmediatamente y las nubes se abrieron. Apareció el sol como una luna de plata y empezó a girar vertiginosamente sobre sí mismo, lanzando en todas las direcciones rayos de luz amarillos, verdes, rojos, azules… que coloreaban el cielo, los árboles y a la incontable muchedumbre.

 

Testigos del milagro solar

 

De repente, dio la sensación de que el sol se caía. La gente comenzó a gritar y a arrodillarse atemorizada, rezando en voz alta. A los diez minutos, la esfera cesó y todo volvió a la normalidad. Los vestidos y la tierra, empapados por la intensa lluvia, quedaron completamente secos. Cerca de 70.000 personas fueron testigos de los sucesos.

 

Después de las apariciones

Después de los acontecimientos sobrenaturales, la vida volvió a la normalidad en la localidad. En el lugar indicado, pronto se levantó una Capelinha en honor a la Virgen del Rosario, tal como había pedido la Señora en la última aparición.

En diciembre de 1918 Francisco cayó enfermo, víctima de una neumonía. Falleció el 4 de abril del año siguiente, tras una dolorosa enfermedad que ofrecía por la conversión de los pecadores. Jacinta murió el 20 de febrero de 1920. Días antes había sido trasladada a Lisboa. Su mayor miedo era morir sola. Sin embargo, estando en cama, la Virgen fue a visitarla y le prometió que bajaría a buscarla cuando llegara su hora.

Lucia, inició el Noviciado como Carmelita en 1925. Gracias a ella conocemos con detalle los hechos sucedidos en 1917, pues gracias a su gran memoria pudo relatar todo lo ocurrido. Falleció el 13 de febrero de 2005 con fama de santidad. A lo largo de toda su vida siguió recibiendo apariciones de la Virgen.

 

Sor Lucia

 

Francisco y Jacinta fueron beatificados el 13 de mayo del 2000 por San Juan Pablo II; y en el centenario de la primera aparición de la Virgen, el Papa Francisco los proclamó santos en el lugar donde se llevaron a cabo los sucesos.

 

Los secretos de Fátima

En la aparición del 13 de julio, la Virgen reveló a los pastorcillos tres secretos con expresa prohibición de revelarlo a nadie. En 1941, Sor Lucia los puso por escrito y se los entregó al Papa para favorecer el proceso de canonización de sus primos.

El primer secreto era una visión del infierno. Sor Lucia lo narra en sus memorias:

Vimos como un mar de fuego y en él sumergidos los demonios y las almas, como brasas transparentes y negras o broncíneas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, levantadas por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo en toda dirección, así como el caer de las centellas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de espanto. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en ascua. Esta visión duró un momento; y debemos agradecer a Nuestra Madre celestial el habernos prevenido antes con la promesa de llevarnos al Cielo; de otra suerte, así lo creo, habríamos muerto de terror y espanto.

La segunda se refiere a la devoción del Inmaculado Corazón de María. La vidente continúa:

Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora, la cual nos dijo bondadosa y tristemente: “Habéis visto el infierno, a donde van a parar las almas de los pobres pecadores. Para sacarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hiciere lo que os diré, muchas almas se salvarán y vendrán en la paz. La guerra está para terminar; pero si no dejaren de ofender a Dios, en el reinado de Pio XI empezará otra peor. Cuando vieres una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal, que os da Dios, de que va a castigar al mundo por sus crímenes. Mediante la guerra, el hambre y las persecuciones contra la Iglesia y contra el Padre Santo.

Para impedir esto vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora en los primeros sábados.

Si atendieren a mi súplica, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, difundirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Padre Santo tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas… El Padre Santo me consagrará Rusia, la cual se convertirá. Y se concederá al mundo un periodo de paz.

El texto del tercer secreto debía conocerse, según la voluntad de sor Lucia, en 1960. Sin embargo, Juan XXIII no quiso revelar el misterio. Fue san Juan Pablo II el que lo hizo, el 26 de junio del año 2000, un mes más tarde de la beatificación de Jacinta y Francisco.

Vimos en una luz inmensa, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en el espejo, cuando delante pasó un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, encima de la cual estaba una gran cruz, de tronco tosco, como si fuera de alcornoque como la corteza. El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, media en ruinas y medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares.

Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios”.

Se han dado muchas interpretaciones del significado del enigmático texto del tercer secreto. Muchos lo relacionan con el atentado que sufrió san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro.

En 1980, en un momento en el que el mundo estaba divido por el telón de acero, Juan Pablo II, preguntado por el tema dijo que sus antecesores no habían revelado el secreto “por no alentar el poder del mundo comunista a hacer movimientos”. Del mismo modo, criticó a los que desearon conocer el misterio únicamente por curiosidad y sensacionalismo. Y tomando un rosario, concluyó: “Aquí está el remedio contra este mal. Rece, rece y no pida nada más”.

En 1984, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el carden Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, dijo que el tercer milagro podía referirse a “los peligros que amenazan la fe y la vida del cristiano, y por lo tanto del mundo”.

Años más tarde, ya siendo Papa, volvió a referirse al secreto el 11 de mayo de 2010, durante la rueda de prensa llevado a cabo en el avión que le llevaba a realizar su primera visita pastoral a Fátima, con motivo del décimo aniversario de la beatificación de Francisco y Jacinta. Dijo al respecto “que los sufrimientos actuales de la Iglesia por los abusos sexuales contra niños cometidos por sacerdotes forman parte de los que anunció el Tercer secreto de Fátima”.

 

El mensaje

Una parte fundamental del misterio de Fátima, tal como se ha visto en las sucesivas apariciones de la Virgen, es la necesidad de Consagrar el Mundo al Inmaculado Corazón de María, haciendo una mención especial a Rusia, que en aquel momento era sacudida por el comunismo.

En 1929 la Virgen se apareció ante sor Lucia y le comunicó que había llegado el momento de realizar la Consagración. Así se lo hizo saber al Papa Pío XI. Sin embargo, no se llegó a realizar. La religiosa escribió que, si se hubiera hecho en el momento en el que fue mandado, tal vez se hubiera evitado la dominación comunista.

La primera consagración se hizo en 1931 por el Episcopado portugués. Esto supuso un renacimiento católico en el país. No obstante, Lucia anunció que con el aquel acto no se cumplía el deseo de la Virgen, pues debía ser el Santo Padre quien consagrara el mundo al Corazón Inmaculado de María.

San Juan Pablo II viajó a Fátima en 1982, y allí hizo una primera consagración. Pero la vidente le comunicó que debía hacerse en Roma. Además, si no se hacía pronto, se corría el riesgo de entrar en una tercera guerra mundial. En aquél entonces, el riesgo era inminente, pues el conflicto entre Estados Unidos y Rusia estaba en un momento álgido.

 

Fátima, una historia que cambió el rumbo del mundo 10

Consagración de San Juan Pablo II en el Vaticano

 

El 25 de marzo de 1984, Fiesta de la Anunciación, Juan Pablo II consagra una vez más el mundo, incluido Rusia, al Inmaculado Corazón de María, en unión espiritual con todos los obispos del mundo. Más tarde Lucia hizo llegar al Papa la noticia de que la Virgen le había revelado que aquella era la definitiva y satisfacía su deseo, de modo que se evitaría el surgimiento de una nueva guerra.

 

 

Fátima, hoy

Hoy en día Fátima es un lugar de peregrinación que recibe al año miles de visitas. Personas de todo el mundo viajan a Portugal para rezar en el lugar donde se apareció la Virgen. A pocos metros de la Capelinha, donde se encuentra la imagen de la Virgen del Rosario, se construyó la basílica donde reposan los cuerpos de los santos pastorcillos y de sor Lucia.

Muchos milagros han sido aprobados por intercesión de la Virgen de Fátima y de los jóvenes pastorcillos.

San Pablo VI fue el primer pontífice en visitar el Santuario, el 13 de mayo de 1967, con motivo del cincuenta aniversario de las apariciones. Allí pudo reunirse con Lucia y celebrar una misa multitudinaria, donde invocó a la Reina de la Paz para pedir por la unidad de la Iglesia y por los frutos del Concilio Vaticano II.

 

Juan Pablo II viajó a Fátima en tres ocasiones. La primera, en 1982, un año después del atentado que casi termina con su vida. Allí agradeció a la Virgen su protección. Volvió en 1991, y su última visita fue en el año 2000, con la salud bastante empeorada, para beatificar a Jacinta y Francisco.

 

Benedicto XVI en Fátima en 2010

 

Benedicto XVI visitó el lugar en el año 2010, en el décimo aniversario de la beatificación. Por último, el Papa Francisco celebró la canonización de los dos pastorcillos el 13 de mayo de 2017, centenario de la primera aparición, ante una explanada abarrotada de fieles.

 

Los derechos humanos como un lastre

En una interesante entrevista concedida al portal Asia News, Monseñor Broderik Pabillo, ponía el dedo en la llaga de la compleja situación sociopolítica por la que atraviesa Filipinas y daba voz a las preocupaciones del episcopado. En contextos de incertidumbre, señalaba, se fortalecen los liderazgos autoritarios y crecen las voces que señalan a la democracia y los derechos humanos como un lastre. Las ejecuciones extrajudiciales, los abusos de poder contra los sectores más desfavorecidos, el control sobre los órganos judiciales y la abusiva deuda nacional vinculada a la corrupción, son algunas de las notas distintivas del Ejecutivo de Duterte. Filipinas, subrayaba Monseñor Pabillo, necesita políticos independientes y no sometidos al actual presidente.

Es necesario un liderazgo basado en el respeto a los derechos humanos, el crecimiento económico y la atención a los más desfavorecidos. Para ello es preciso que quienes encarnan estos ideales gocen de igualdad de oportunidades en estas elecciones que se prevén tormentosas. Tras la victoria, ayer 9 de mayo, de Ferdinand Marcos, hijo del dictador, veremos hacía donde van los derechos humanos, pero no parece que  sea hacia más y mejor democracia.

Jesús D Mez Madrid

 

Contradicciones

En este momento ante la situación de nuestra economía, pienso que no es suficiente que el Gobierno reconozca que tiene que rebajar las expectativas del crecimiento de la economía por debajo del 7%. Es necesario un plan consolidado y a más largo plazo que tenga en cuenta la situación real y que actúe sobre sus efectos sociales.

No podemos recurrir únicamente a Europa para que demuestre el realismo necesario para sacar a la economía española del bucle en el que se encuentra. No es cierto que el crecimiento en España sea tan robusto como dice el presidente del Gobierno, mientras la inflación se dispara, el Ejecutivo se niega a bajar los impuestos y se empeña en mantener los niveles de un gasto público desbocado.

Domingo Martínez Madrid

 

Ha causado muchas muertes

Lo que se recupera, con la liberación del uso de mascarillas, por tanto, es la libertad personal en esta materia, un bien precioso que, por supuesto, conlleva siempre riesgo y responsabilidad. Es verdad que en nombre de la lucha contra la pandemia se han cometido errores, e incluso, y se han dado clamorosos casos de corrupción, de engaños y estafas que ahora se investigan. Pero todo ello hay que verlo en el contexto de un desafío sanitario y de convivencia hasta ahora desconocido. Queda pendiente la averiguación de las auténticas causas de la pandemia, que aún siguen en el limbo, ya sea por razones políticas, ya por incapacidad científica. Puede que ahora, ya sin mascarilla y recuperado en parte el sosiego, pueda investigarse más a fondo el origen de una enfermedad que ha causado muchas muertes, en dos años la muerte de más de seis millones de personas, de las que más de cien mil han sido españoles.

Pedro García

 

¿Para qué sirven las universidades? ¿Y el gobierno?

 

                                No sólo ellas, sino cualquier otro departamento gubernamental que se preocupe de verdad, del buen funcionamiento de un determinado sector a él encomendado; puesto que si no cumplen esa crucial misión, su presencia es parasitaria y por tanto no sería menester el mantener tan costosos costes como al final, soportamos el siempre indefenso contribuyente.

                                ¿Pero hay gobierno que de verdad gobierne para el conjunto de lo que presume o dice gobernar? Evidentemente no, y en mi país, España, ello ya es un escandaloso ejemplo, de lo que aquí ocurre al estar mangoneada, por simples y vulgares mercenarios, que lo que han ido y van, es, “al saqueo del dinero público”. Y ello está a la vista del más tonto o lerdo del país; no hay que estar bien dotado para verlo, “a simple vista”.

                                Oficialmente en España hay casi tres millones y medio de parados por cuanto no encuentran trabajo; sumemos a ellos “otros millones”, que hay por ahí dispersos en el resto del mundo, por cuanto aquí y de siempre, la emigración, es una enfermedad crónica y que como pandemia, viene de mucho tiempo atrás. Y no se olvide que en la emigración se van cantidades enormes, de “los mejores”; los que llegados a sus nuevos destinos, prosperan y es claro que esa prosperidad se queda en los países de acogida, puesto que no olvidemos que, “la mayor riqueza de un país no son sus riquezas materiales, sino muy al contrario, su mayor riqueza son los cerebros de sus habitantes; por lo que un gobierno que se precie, ha de dar prioridad a ese “cultivo”, por lo esencial del mismo. Veamos el porqué de este largo preámbulo.

                                “En España dejan de cubrirse cien mil (100.000) puestos de trabajo disponibles. La culpa de este desajuste es la falta de cualificación, la economía sumergida, los subsidios y la “titulitis” ineficaz. En los próximos años pueden superar el millón. – este es un problema que no resulta novedoso sino un problema que lastra la evolución. – suele decirse que las universidades españolas siguen ofreciendo titulaciones innecesarias, etc. etc.”(Diario ABC editoriales del 07-05.2022 y en las que se “deshuesa” mucho más, este por otra parte, absurdo problema, por lo que sugiero lo busque en la red y lo lean).

                                Pero problema (reitero crónico); puesto que el responsable principal es el Estado, y el gobierno que dice gobernar, el que tiene que tener previsto lo que ese Estado va a necesitar y con tiempo suficiente tiene que solucionarlo, puesto que ahora mismo, es que faltan hasta conductores de camiones; en un país, cuyo transporte en todas sus formas y maneras, se hace por “el asfalto”, ya que el ferrocarril, en España, sigue siendo algo sin la utilidad que precisa la nación y pese a la presunción de que hoy tengamos, “más líneas de alta velocidad que nadie en Europa”, cosa por otra parte que lo que reporta es que, ni el mantenimiento de las mismas se costea, o sea que aquí siempre, “por exceso o por defecto siempre nos llevan de culo”.

                                Mientras todo esto cae sobre España y los españoles, tenemos a un Presidente de gobierno, que “se despepita” y acude como un borrego a contentar a los siempre díscolos y costosísimos separatistas (ahora catalanes) a los que y por no se sabe qué tipo de intromisiones, se ven ofendidos y como siempre, aprovecharán ese “lo que sea”, para saquear aún más, los dineros públicos, que por presión siempre, se llevan hasta el manso, mientras grandes áreas de España, están tan abandonadas, como “los desiertos africanos, donde a duras penas pueden ir viendo, las moscas y otros insectos”.

                                Y esta es la realidad de una España, que por su situación geográfica y sus riquezas naturales, su gran extensión y poca población con arreglo a la misma, va languideciendo, quedándose desierta de habitantes en infinidad de lugares, donde antes podían vivir; y asimismo quedando abandonados espacios enormes de tierras, donde ahora vuelven a proliferar con la libertad de hace mil años, los que allí puso la propia madre naturaleza; por ejemplo, jabalíes, zorros, tejones, cuervos, cornejas, rabilargos, buitres, lobos y ya digo… “lo que la madre naturaleza quiso poner en esos territorios, que también son España, pero la que se empezó a abandonar y cada vez lo está siendo más; lo que ya y por sí solo, este es un problema enorme y al que no saben buscar soluciones; pero lo peor de todo es que ni lo intentan.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más) 

 

 

c