Las Noticias de hoy 9 Mayo 2022

Enviado por adminideas el Lun, 09/05/2022 - 12:06

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones -Religiosos Camilos  -Provincia española

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 09 de mayo de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: “El Señor, mientras nos lee dentro, nos quiere”

Francisco: la mirada profética de Juan Pablo I sobre las heridas del mundo

Hay olor al diablo cuando la liturgia es una bandera de división

Oración por las Vocaciones. El Papa recuerda el heroico testimonio de Aguchita

DESEOS DE SANTIDAD : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: la puerta de las ovejas

“Magnificat anima mea Dominum!” : San Josemaria

«Dios nos mira y nos llama a todos» : Francisco

«He venido a traer fuego»: san Josemaría y los jóvenes

Trabajar bien, trabajar por amor (III): Trabajo y contemplación (I) : J. López.

La Devoción a la Santísima Virgen : encuentra.com

Familia: Ama y acoge a los Sacerdotes : Rosario Prieto

La persecución religiosa en el siglo XXI : César Castilla Villanueva

El Gobierno contra el Gobierno: Jorge Hernández Mollar

Por aquí ha pasado el pueblo más grande de la Historia : Juan Donoso Cortés

Construir puentes sólidos. Relación entre suegra y nuera : José Martínez Colín.

¿El fin justifica los medios? : Ramiro Pellitero Iglesias

Aborto en marcha : Josefa Romo

Una tregua en mayo : Jesús Martínez Madrid

El conocimiento de la historia : José Morales Martín

Solo por medio de la libertad : Pedro García

El mejor regalo : JD Mez Madrid

No saben gobernar: Buscan sólo desastres : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

Francisco: “El Señor, mientras nos lee dentro, nos quiere”

Jesús busca una cálida amistad con nosotros, una confidencia, una intimidad. Y quiere donarnos un conocimiento nuevo y maravilloso: el de sabernos siempre amados por Él y, por tanto, nunca nos deja solos, ni siquiera en las adversidades de la vida. Lo dijo el Santo Padre antes de rezar el Regina Caeli de este domingo en que explicó el significado de los tres verbos: escuchar, conocer y seguir del Evangelio del día

 

Vatican News

A la hora del Regina Caeli de este 8 de mayo, IV Domingo de Pascua, en que se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Santo Padre comentó el conocido Evangelio propuesto por la Liturgia del día en que San Juan nos habla del vínculo que hay entre el Señor y cada uno de nosotros con la imagen tierna y hermosa del pastor que está con las ovejas.

 

08/05/2022Oración por las Vocaciones. El Papa recuerda el heroico testimonio de Aguchita

 

El Papa se refirió a los tres verbos que caracterizan este concepto en que el Maestro dice: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”: “Escuchar, conocer, seguir. Veamos estos tres verbos”, dijo Francisco y explicó que, en primer lugar, “la iniciativa viene siempre del Señor; todo parte de su gracia: es Él que nos llama a la comunión con Él. Pero esta comunión nace si nosotros nos abrimos a la escucha”.

Disponibilidad, docilidad y tiempo dedicado al diálogo

Al destacar que “escucha significa disponibilidad, docilidad, tiempo dedicado al diálogo”, el Obispo de Roma afirmó:

“Hoy estamos abrumados por las palabras y por la prisa de tener que decir o hacer algo siempre. ¡Cuánto cuesta escucharse!¡En la familia, en la escuela, en el trabajo, incluso en la Iglesia! Pero para el Señor sobre todo es necesario escuchar”

Teniendo en cuenta que “Él es la Palabra del Padre y el cristiano es hijo de la escucha, llamado a vivir con la Palabra de Dios y llevada de la mano”, el Pontífice invitó a preguntarnos “si somos hijos de la escucha, si encontramos tiempo para la Palabra de Dios, si damos espacio y atención a los hermanos y a las hermanas”.

“Quien escucha a los otros escucha también al Señor, y viceversa. Y experimenta una cosa muy bonita, es decir que el Señor mismo escucha: nos escucha cuando le rezamos, cuando confiamos en Él, cuando lo invocamos”

Escuchar a Jesús

Francisco prosiguió explicando que “escuchar a Jesús se convierte así en el camino para descubrir que Él nos conoce. Este es el segundo verbo, que se refiere al buen pastor: Él conoce a sus ovejas”. “Pero esto no significa sólo que sabe muchas cosas sobre nosotros: conocer en sentido bíblico quiere decir amar. Quiere decir que el Señor, mientras ‘nos lee dentro’, nos quiere”. De ahí que si lo escuchamos, descubrimos que el Señor nos ama. Entonces la relación con Él ya no será impersonal, fría o de fachada”.

“Jesús busca una cálida amistad, una confidencia, una intimidad. Quiere donarnos un conocimiento nuevo y maravilloso: el de sabernos siempre amados por Él y por tanto nunca dejados solos a nosotros mismos”

Tras destacar que si estamos con el buen pastor viviremos la experiencia de la que habla el Salmo que dice que él está con nosotros aunque pasemos por un valle oscuro, por lo que ningún mal temeremos, Francisco añadió que así será “sobre todo en los sufrimientos, en las fatigas, en las crisis”: Y así, precisamente “en las situaciones difíciles, podemos descubrir ser conocidos y amados por el Señor”.

“Preguntémonos entonces: ¿yo me dejo conocer por el Señor? ¿Le hago espacio en mi vida, le llevo eso que vivo? Y, después de muchas veces en las que he experimentado su cercanía, su compasión, su ternura, ¿qué idea tengo de Él? ¿Pienso en Él todavía como un Dios distante y lejano, indiferente con mis asuntos, o lo conozco como mi buen pastor, que me conoce y me ama?”

Después de estas preguntas el Santo Padre se refirió al tercer verbo: las ovejas que escuchan y se descubren conocidas siguen a su pastor. Y quien sigue a Cristo, dijo, “va donde está Él, en el mismo camino, en la misma dirección. Va a buscar a quien está perdido, se interesa por quien está lejos, se toma en serio las situaciones de quien sufre, sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros”.

Antes de rezar la plegaria mariana el Papa Francisco dijo textualmente:

“¿Y yo? ¿Me dejo sólo amar por Jesús o paso del amarlo al imitarlo? Que la Virgen Santa nos ayude a escuchar a Cristo, a conocerlo cada vez más y a seguirlo en el camino del servicio”

 

Francisco: la mirada profética de Juan Pablo I sobre las heridas del mundo

Hoy el periódico Avvenire publica el prefacio firmado por el Papa Francisco para el libro "El Magisterio. Textos y documentos del Pontificado" de Juan Pablo I. Un volumen de la Fundación Vaticana Juan Pablo I publicado por Lev y Editrice San Paolo, que recoge, además de sus notas y reflexiones, las homilías, discursos, cartas, reflexiones en las audiencias generales y en el Ángelus pronunciadas o escritas por el Papa Luciani en sus 34 días de Pontificado, del 26 de agosto al 28 de septiembre de

 

Francisco

Juan Pablo I-Albino Luciani fue obispo de Roma durante 34 días. Con él, en esas breves semanas de pontificado, el Señor encontró el modo de mostrarnos que el único tesoro es la fe, la simple fe de los Apóstoles, repropuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II. Así lo atestiguan también las páginas de este volumen, que recoge su magisterio, todos los discursos escritos y pronunciados en el curso de su pontificado. En el poco tiempo que vivió como Sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo I confesó la fe, la esperanza y la caridad como virtudes dadas por Dios, dedicándoles sus catequesis de los miércoles. Y nos repitió que la preferencia por los pobres forma parte infalible de la fe apostólica, cuando -en la liturgia celebrada en San Juan de Letrán al tomar posesión de la Cátedra Romana- citó las fórmulas y oraciones que había aprendido de niño para reafirmar que la opresión de los pobres y la "defraudación del justo salario a los trabajadores" son pecados que "claman venganza ante Dios".

Precisamente por la fe del pueblo cristiano, al que pertenecía, pudo lanzar una mirada profética sobre las heridas y los males del mundo, mostrando hasta qué punto la paz es también querida por el corazón de la Iglesia. Así lo demuestran, por ejemplo, las numerosas expresiones dispersas en sus discursos públicos de aquellos días, de los que se da cuenta en estas páginas, expresando su apoyo a las conversaciones de paz celebradas del 5 al 17 de septiembre de 1978 y en las que participaron el presidente estadounidense Jimmy Carter, el presidente egipcio Anwar al-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin en Camp David. O también las palabras dirigidas el 4 de septiembre a más de un centenar de representantes de misiones internacionales, en las que expresaba el deseo de que "la Iglesia, humilde mensajera del Evangelio a todos los pueblos de la tierra, contribuya a crear un clima de justicia, fraternidad, solidaridad y esperanza, sin el cual el mundo no puede vivir". Así que el Papa Luciani repitió que lo más urgente, lo más a la altura de los tiempos, de nuestro tiempo, no era producto de su propio pensamiento o de su generoso proyecto, sino el simple caminar en la fe de los Apóstoles. La fe la recibió como un regalo en su familia de trabajadores y emigrantes, que conoció el esfuerzo de la vida para llevar el pan a casa. Gente que caminó en la tierra, no en las nubes. La humildad también formaba parte de este don. Reconocerse pequeño, no por esfuerzo o pose, sino por gratitud. Porque sólo se puede ser humilde en la gratitud por experimentar la misericordia y el perdón sin medida de Jesús. Y así también puede resultar fácil hacer lo que él pide: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).

Cuando murió el Papa Luciani, Óscar Arnulfo Romero -el arzobispo de San Salvador que fue asesinado en el altar y que ahora es venerado como santo por el pueblo de Dios- también celebró una misa el 3 de octubre en memoria del difunto pontífice. Con la brevedad de su pontificado -dijo Romero- Juan Pablo I había tenido "sólo tiempo para dar al mundo la breve pero densa respuesta que Dios da al mundo de hoy". En tan poco tiempo, con la muerte de dos Papas y dos elecciones papales", observó el Arzobispo mártir, "se ha llamado la atención del mundo para que mire "a la cima de la jerarquía de la Iglesia católica", esa jerarquía que se coloca "sobre los hombros de hombres frágiles", y que, sin embargo, está llamada a ser "el canal a través del cual la Iglesia es guiada y gobernada" y un "signo sacramental" de la "gracia que se da a los hombres". Este es el misterio de lo que San Ignacio de Loyola llama "Nuestra Santa Madre la Iglesia Jerárquica". En la Iglesia, la jerarquía no es una entidad aislada y autosuficiente. Está dentro de un pueblo reunido por Dios "al servicio del Reino y del mundo entero" -como subrayó monseñor Romero- porque la Iglesia "no es un fin en sí misma, y mucho menos la jerarquía: la jerarquía es para la Iglesia, y la Iglesia es para el mundo". En esa circunstancia, en la circunstancia de la muerte de Juan Pablo I -el santo mártir nuevamente observado- era fácil reconocer que la Iglesia no la construye el Papa ni los obispos: el Sucesor de Pedro es "la piedra de la consistencia" sobre la que la Iglesia que Cristo mismo construye, con el don de su gracia, adquiere unidad. Y si las puertas del infierno y de la muerte no prevalecen, esto no sucede por los "frágiles hombros" del Papa, sino porque el Papa "está sostenido por Aquel que es la vida eterna, el inmortal, el santo, el divino: Jesucristo, nuestro Señor". Y este es el misterio que también brilla en la historia y las enseñanzas de Juan Pablo I.

 

Hay olor al diablo cuando la liturgia es una bandera de división

Al recibir a los profesores y alumnos del Pontificio Instituto San Anselmo, con motivo del 60º aniversario de su fundación, el Papa Francisco les recordó que la liturgia es fundamental para la vida cristiana, y que nos impulsa al amor al prójimo y al diálogo, a la vez que nos abre al espíritu ecuménico

 

Adriana Masotti – Ciudad del Vaticano

Dirigiéndose a los profesores, alumnos y ex alumnos del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo, presentes con el rector y el decano con motivo del 60º aniversario de su fundación, el Santo Padre les recordó la Constitución Sacrosanctum Concilium con la que el Concilio Ecuménico Vaticano II impulsó la renovación de la vida litúrgica en la Iglesia, indicando tres dimensiones: la participación activa de los fieles, la comunión eclesial, animada en particular por la Eucaristía, y el impulso a la misión evangelizadora "que implica a todos los bautizados".

Participación activa de los fieles

"El Pontificio Instituto Litúrgico está al servicio de esta triple necesidad", dijo el Papa. Y añadió que el estudio de la liturgia debe fomentar la vida litúrgica, que es fundamental en la vida del cristiano, lo que significa "educar a las personas” para que entren en el espíritu de la liturgia, para que se "impregnen" de ella. De ahí su primera indicación:

“En San Anselmo, me gustaría decir, debería ocurrir esto: impregnarse del espíritu de la liturgia, sentir su misterio, con un asombro siempre nuevo. La liturgia no se posee, no, no es una profesión: la liturgia se aprende, la liturgia se celebra”

A la vez que señaló que hay que llegar a esta actitud de celebrar la liturgia. Y dijo que sólo se participa activamente en la medida en que se entra en este espíritu de celebración.

“No es una cuestión de ritos, es el misterio de Cristo. (...) Todo esto, en su Instituto, debe ser meditado, asimilado, yo diría ‘respirado’”

La tentación del formalismo litúrgico

El estudio de la liturgia, continúa el Papa, hace crecer en la comunión eclesial porque abre al otro "lo más cercano y lo más lejano de la Iglesia, en la común pertenencia a Cristo". Pero hay tentaciones:

“Quisiera subrayar el peligro, la tentación del formalismo litúrgico, de volver a las formas, a las formalidades más que a la realidad, que vemos hoy en estos movimientos que tratan de retroceder y negar el propio Concilio Vaticano II: la celebración es recitación, es algo sin vida, sin alegría”

No hacer de la liturgia un campo de batalla

El Pontífice subraya que la vida litúrgica debe "conducir a una mayor unidad eclesial, no a la división". Y advierte: "Cuando la vida litúrgica es un poco la bandera de la división, está el olor del diablo allí, inmediatamente. El engañador. No es posible adorar a Dios y, al mismo tiempo, hacer de la liturgia un campo de batalla por cuestiones que no son esenciales, es más: por cuestiones superadas y tomar partido, desde la liturgia, por ideologías que dividen a la Iglesia".

“El Evangelio y la Tradición de la Iglesia nos llaman a estar firmemente unidos en lo esencial, y a compartir las legítimas diferencias en la armonía del Espíritu”

Resistencia frente a las reformas

La Iglesia, gracias a la liturgia, prolonga la acción de Cristo en medio de los hombres de todos los tiempos, continúa Francisco, y el estudio de la liturgia debe permanecer fiel a ello, pero esto no impide las reformas. A este respecto, el Papa añade una amplia reflexión, observando "que toda reforma crea resistencias". Y recuerda las reacciones a las reformas de Pío XII:

“Me acuerdo, era un niño, cuando Pío XII empezó con la primera reforma litúrgica, la primera: se puede beber agua antes de comulgar, ayuno de una hora... ‘¡Pero esto va contra la santidad de la Eucaristía!’, se rasgaban las vestiduras”

Luego, la misa de vísperas: "¡Pero, cómo, e la misa es por la mañana!". Después, la reforma del Triduo Pascual: "Pero cómo, el sábado tiene que resucitar el Señor, ahora lo posponen al domingo, al sábado por la tarde, el domingo no tocan las campanas... ¿Y dónde van las doce profecías?".

“Todas estas cosas escandalizaron a las mentes cerradas. También ocurre hoy. De hecho, estas mentes cerradas utilizan los esquemas litúrgicos para defender su propio punto de vista. Utilizar la liturgia: es el drama que vivimos en los grupos eclesiales que se alejan de la Iglesia, cuestionando el Concilio, la autoridad de los obispos..., para conservar la tradición. Y para ello se utiliza la liturgia”

Liturgia y misión

La liturgia – prosiguió el Papa – impulsa a la misión. Lo que celebramos nos lleva “salir al encuentro del mundo que nos rodea, al encuentro de las alegrías y necesidades de tantos", dentro y fuera de la Iglesia:

“La auténtica vida litúrgica, especialmente la Eucaristía, nos impulsa siempre a la caridad, que es sobre todo apertura y atención a los demás. Esta actitud siempre comienza y se basa en la oración, especialmente en la oración litúrgica. Y esta dimensión nos abre también al diálogo, al encuentro, al espíritu ecuménico, a la acogida”

María rezaba con los apóstoles

Los retos de la actualidad, dice el Papa, son muy fuertes, "la Iglesia necesita hoy como siempre vivir de la liturgia". Por lo tanto, es importante continuar el trabajo de formación en la liturgia en continuidad con los Padres del Concilio, "ser formados por la liturgia". Agradeciendo a la comunidad de estudios de San Anselmo su servicio a la Iglesia, el Pontífice recordó que "la Santísima Virgen María, junto con los Apóstoles, rezaba, partía el pan y vivía la caridad con todos". Que la liturgia de la Iglesia, concluye, "haga presente hoy y siempre este modelo de vida cristiana".

 

Oración por las Vocaciones. El Papa recuerda el heroico testimonio de Aguchita

Luego de rezar el Regina Caeli, Francisco destacó el testimonio de la beata en la Amazonía peruana. Invitó seguir orando por las vocaciones, la paz en el mundo, las víctimas de la explosión en un hotel en Cuba. Y felicitó a las Madres que celebran su día.

 

Johan Pacheco, Ciudad del Vaticano

Este domingo, Jornada de Oración por las Vocaciones, el Papa Francisco reconoció el heroico testimonio de la religiosa María Agostina Rivas López, que fue beatificada ayer en la localidad de San Ramón, Perú. Saludó a todas la “madres” que celebran su día en diversas naciones, y manifestó su cercanía con las familias de las víctimas de la explosión en un hotel en Cuba.

“Ayer en San Ramón, Perú, fue beatificada María Agostina Rivas López, conocida como Aguchita, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, asesinada por odio a la fe en 1990”, expresó el Pontífice.

“Esta heroica misionera, aun sabiendo que arriesgaba su vida, permaneció siempre cerca de los pobres, especialmente de las mujeres indígenas y campesinas, dando testimonio del Evangelio de la justicia y la paz. Que su ejemplo inspire en todos el deseo de servir a Cristo con fidelidad y valor”.

Y siendo el domingo del Buen Pastor, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, exhortó a decir “sí” al llamado del Señor, “a imitarle para descubrir la alegría de dar la vida, de servir al Evangelio con alegría y entusiasmo”.

Oración por las víctimas en La Habana

Luego del rezo del Regina Caeli el Papa Francisco también expresó su cercanía a las familias de “las víctimas de la explosión en un gran hotel de la capital cubana, La Habana. Que Cristo resucitado los guíe a la casa del Padre y dé consuelo a sus familias”, dijo.

El Santo Padre renovó su llamado a todos los fieles, a rezar el rosario cada día de este mes dedicado a la Virgen María por “los sufrimientos y las lágrimas del pueblo ucraniano… Y recemos por los dirigentes de las naciones, para que no pierdan ‘el olfato del pueblo’, que quiere la paz y sabe que las armas nunca la traerán”.

Feliz Día de la Madre

Finalmente, el Papa saludó a las madres que celebran su día: “Hoy, en muchos países, se celebra el Día de la Madre. Recordamos a nuestras madres con cariño, aplaudamos a las madres, incluso a las que ya no están con nosotros aquí abajo, pero que viven en nuestros corazones. Para todas las madres es nuestra oración, nuestro afecto y nuestra felicitación”

 

DESEOS DE SANTIDAD

— Querer ser santos es el primer paso necesario para recorrer el camino hasta el final. Deseos sinceros y eficaces.

— El aburguesamiento y la tibieza matan los deseos de santidad. Estar vigilantes.

— Contar con la gracia de Dios y con el tiempo. Evitar el desánimo en la lucha por mejorar.

I. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así te desea mi alma, oh Dios... ¿Cuándo vendré y apareceré ante la cara de Dios?1. Así rezamos en la liturgia de la Misa. El ciervo que busca saciar su sed en la fuente es la figura que emplea el salmista para descubrir el deseo de Dios que anida en el corazón de un hombre recto: ¡sed de Dios, ansias de Dios! He aquí la aspiración de quien no se conforma con los éxitos que el mundo ofrece para satisfacer las ilusiones humanas. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si luego pierde su alma?2. Esta pregunta de Jesús nos sitúa de un modo radical ante el grandioso horizonte de nuestra vida, de una vida cuya razón última está en Dios. ¡Mi alma tiene sed de Dios! Los santos fueron hombres y mujeres que tuvieron un gran deseo de saciarse de Dios, aun contando con sus defectos. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿tengo verdaderamente ganas de ser santo? Es más, ¿me gustaría ser santo? La respuesta sería afirmativa, sin duda: sí. Pero debemos procurar que no sea una respuesta teórica, porque la santidad para algunos puede ser «un ideal inasequible, un tópico de la ascética, pero no un fin concreto, una realidad viva»3. Nosotros queremos hacerla realidad con la gracia del Señor.

Así te desea mi alma, oh Dios. Hemos de comenzar por fomentar en nuestra alma el deseo de ser santos, diciendo al Señor: «quiero ser santo»; o, al menos, si me encuentro flojo y débil, «quiero tener deseos de ser santo». Y para que se disipe la duda, para que la santidad no se quede en sonido vacío, volvamos nuestra mirada a Cristo: «El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48)»4.

Él es el iniciador. Si no fuera así, nunca se nos habría ocurrido la posibilidad de aspirar a la santidad. Pero Jesús la plantea como un mandato: sed perfectos, y por eso no es extraño que la Iglesia haga sonar con fuerza esas palabras en los oídos de sus hijos: «Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro de su estado»5.

Como consecuencia, ¡qué clara ha de ser nuestra ansia de santidad! En la Sagrada Escritura, el profeta Daniel es llamado vir desideriorum, «varón de deseos»6. ¡Ojalá cada uno mereciese ese apelativo! Porque tener deseos, querer ser santos, es el paso necesario para tomar la decisión de emprender un camino con el firme propósito de recorrerlo hasta el final: «... aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera»7.

«Deja que se consuma tu alma en deseos... Deseos de amor, de olvido, de santidad, de Cielo... No te detengas a pensar si llegarás alguna vez a verlos realizados –como te sugerirá algún sesudo consejero–: avívalos cada vez más, porque el Espíritu Santo dice que le agradan los “varones de deseos”.

»Deseos operativos, que has de poner en práctica en la tarea cotidiana»8.

Por tanto, es preciso que examinemos si nuestros deseos de santidad son sinceros y eficaces; más aún, si los tomamos como una «obligación» –como hemos visto que dice el Concilio Vaticano II– de fiel cristiano, que responde a los requerimientos divinos. En ese examen quizá encontremos la explicación de tanta debilidad, de tanta desgana en la lucha interior. «Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?

»—¿No? —Entonces no quieres»9.

Alimentemos esos deseos con la virtud de la esperanza: solo se puede querer eficazmente algo cuando hay esperanza de conseguirlo. Si se considera imposible, si pensamos que una meta no es para nosotros, tampoco la desearemos realmente; y nuestra esperanza teologal se fundamenta en Dios.

II. La conversión del centurión Cornelio, que se lee en la Primera lectura de la Misa, demuestra que Dios no hace acepción de personas. San Pedro explica a los demás lo que ha sucedido: el Espíritu Santo descendió sobre ellos, así como sobre nosotros al principio10.

La fuerza del Espíritu Santo no conoce límites ni barreras. Tampoco –como en el caso de Cornelio, que no pertenecía a la raza ni al pueblo judío– en nuestra vida personal. Por una parte, hemos de desear ser santos; por otra, si Dios no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican11. La humildad nos llevará a contar siempre y ante todo con la gracia de Dios. Luego vendrá nuestro esfuerzo por adquirir virtudes y por vivirlas continuamente; junto a ese empeño, nuestro afán apostólico, pues no podemos pensar en una santidad personal que ignora a los demás, que no se preocupa de la caridad, porque eso es un contrasentido; y, por último, nuestro deseo de estar con Cristo en la Cruz, es decir, de ser mortificados, de no rehuir el sacrificio ni en lo pequeño, ni en lo grande si es preciso.

Hemos de estar prevenidos para no acercarnos a Dios con regateos, sin renuncias, tratando de hacer compatible el amor a Dios con lo que no le agrada. Debemos vigilar para alimentar continuamente en la oración nuestros deseos de santidad, pidiendo a Dios que sepamos luchar todos los días, que sepamos descubrir en el examen de conciencia en qué puntos se está apagando nuestro amor. Los deseos de santidad se harán realidad en el cumplimiento delicado de nuestros actos de piedad, sin abandonarlos ni retrasarlos por cualquier motivo, sin dejarnos llevar por el estado de ánimo ni por los sentimientos, pues «el alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que pueda para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho todo lo que puede, no se queda satisfecha, pues piensa que no ha hecho nada»12.

La humildad es la virtud que no nos dejará satisfacernos ingenuamente en lo que hemos hecho ni quedarnos solo en deseos teóricos, pues siempre nos hará ver que podemos hacer más para traducir en obras de amor nuestros deseos, impidiendo que la realidad de nuestros pecados, ofensas y negligencias dé por tierra con nuestras ilusiones. La humildad, pues, no corta las alas a los deseos, sino al contrario: nos hace comprender la necesidad de recurrir a Dios para convertirlos en realidades. Con la gracia divina haremos todo lo posible para que las virtudes se desarrollen en nuestra alma, quitando obstáculos, alejándonos de las ocasiones de pecar y resistiendo con valentía a las tentaciones.

III. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Es compatible esa sed con la experiencia de nuestros defectos e incluso de nuestras caídas? Sí, porque santos son, no los que no han pecado nunca, sino los que se han levantado siempre. Renunciar a la santidad porque nos vemos llenos de defectos es un modo encubierto de soberbia y una evidente cobardía, que acabará ahogando nuestras ansias de Dios. «Es propio de un alma cobarde y que no tiene la virtud vigorosa de confiar en las promesas del Señor, el abatirse demasiado y sucumbir ante las adversidades»13.

Dejar a Dios, abandonar la lucha porque tenemos defectos o porque existen adversidades es un grave error, una tentación muy sutil y muy peligrosa, que nos puede llevar a una manifestación de soberbia, que es la pusilanimidad, falta de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. Quizá no necesitemos hacernos falsas ilusiones, porque quisiéramos ser santos en un día, y eso no es posible, salvo que Dios decidiera hacer un milagro, que no tiene por qué hacer, ya que nos da continua y progresivamente –por conductos ordinarios– las gracias que necesitamos.

El deseo de ser santos, cuando es eficaz, es el impulso consciente y decidido que nos lleva a poner los medios necesarios para alcanzar la santidad. Sin deseos, no hay nada que hacer; ni siquiera se intenta. Con deseos solo, no basta. «Hay pues, que tener paciencia, y no pretender desterrar en un solo día tantos malos hábitos como hemos adquirido, por el poco cuidado que tuvimos de nuestra salud espiritual»14.

Dios cuenta con el tiempo y tiene paciencia con cada uno de nosotros. Si nos desanimamos ante la lentitud de nuestro adelanto espiritual, hemos de recordar lo pésimo que es apartarse del bien, detenerse ante la dificultad y descorazonarse por nuestros defectos. Precisamente Dios puede concedernos más luz para ver mejor nuestra conciencia y para que emprendamos con más ánimo la lucha en nuevos frentes de batalla, recordando que los santos se han considerado siempre grandes pecadores, de ahí que procurasen esforzadamente acercarse más a Dios por medio de la oración y de la mortificación, confiados en la misericordia divina: «Esperemos con paciencia que vamos a mejorar y, en vez de inquietarnos por haber hecho poca cosa en el pasado, procuremos con diligencia hacer más en el futuro»15.

Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así te desea mi alma, oh Dios. Mantengamos vivo el deseo de Dios; encendamos cada día la hoguera de nuestra fe y de nuestra esperanza con el fuego del amor a Dios, que aviva nuestras virtudes y quema nuestra miseria, y saciaremos nuestra sed de santidad con el agua que salta hasta la vida eterna16.

1 Sal. 41. Salmo responsorial. — 2 Mt 16, 26. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 96. — 4 Conc. Vat. II, Lumen gentium, 40. — 5 Ibídem, 42. — 6 Dan 9, 23. — 7 Santa Teresa, Camino de perfección, 21, 2. — 8 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 628. — 9 ídem, Camino, n. 316. — 10 Hech 11, 15-17. — 11 Sal 126, 1. — 12 San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 1. — 13 San Basilio, Homilía sobre la alegría, en F. Fernández Carvajal, Antología de textos, n. 1781. — 14 J. Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas, Palabra, 11ª ed., Madrid 1986, p. 14. — 15 Ibídem, pp. 24-25. — 16 Cfr. Jn 4, 14.

 

 

Evangelio del lunes: la puerta de las ovejas

Comentario del lunes de la 4.ª semana de Pascua. “Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará”. Así como el Buen pastor da la vida por su rebaño, así también cada oveja puede cuidar, con la oración y el ejemplo, la santidad de los sacerdotes.

09/05/2022

Evangelio (Jn 10,1-10)

En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero y las ovejas atienden a su voz, llama a sus propias ovejas por su nombre y las conduce fuera. Cuando las ha sacado todas, va delante de ellas y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Pero a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños.

Jesús les propuso esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Entonces volvió a decir Jesús:

— En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido antes que yo son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará; y entrará y saldrá y encontrará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.


Comentario

Jesús utiliza una alegoría bien conocida en los textos bíblicos del Antiguo Testamento. Es la del pastor que cuida de su ganado. Pero ahora llama la atención el hecho de que antes de presentarse como Buen Pastor, diga de sí mismo que “yo soy la puerta de las ovejas” (v.7).

Al igual que Dios había hecho con el pueblo de Israel, también en la Iglesia se servirá de “pastores” que cuiden de sus “ovejas”. Ahora bien, les deja algo claro a todos: sólo es “buen pastor” el que conduce a las ovejas hacia la única “puerta” que es Cristo. El que intenta llevarlas a otro lugar es un farsante del que hay que cuidarse para no salir malparado porque “el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador” (v.1).

De modo muy gráfico dice Jesús que el mal pastor “salta” por otra parte, utilizando un verbo que evoca la acción de quien trepa para llegar a un sitio donde legalmente no podría estar. Previene así del peligro del arribismo, del servirse de la Iglesia, e incluso del puesto que se ocupa en ella, para el propio provecho personal. El profeta Ezequiel ya había denunciado en su tiempo la actitud de tales malvados: “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos: ¿no son los rebaños lo que deben apacentar los pastores? Os alimentáis de su leche, os cubrís con su lana y matáis las reses más cebadas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis robustecido a las débiles ni sanado a las enfermas. No habéis vendado a la herida ni habéis recogido a la descarriada. No habéis buscado a la que se había perdido” (Ez 34,2-4).

Benedicto XVI, en una homilía pronunciada en 2009 durante la inauguración del año sacerdotal, decía: “¿Cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en ‘ladrones de las ovejas’, ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con lazos de pecado y de muerte? También se dirige a nosotros, queridos sacerdotes, el llamamiento a la conversión y a recurrir a la Misericordia divina; asimismo, debemos dirigir con humildad una súplica apremiante e incesante al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible peligro de dañar a aquellos a quienes debemos salvar”[1]. De ahí la importancia de que todos recemos por la santidad de los sacerdotes y para que nunca falten los buenos pastores en la Iglesia.

Por su parte, “Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen. De un jefe así podemos fiarnos –decía el Papa Francisco–, como las ovejas que escuchan la voz de su pastor porque saben que con él se va a pastos buenos y abundantes. Basta una señal, un reclamo y ellas siguen, obedecen, se ponen en camino guiadas por la voz de aquel que escuchan como presencia amiga, fuerte y dulce a la vez, que guía, protege, consuela y sana”[2].

El buen pastor es el que, a ejemplo de Cristo, se sabe humildemente al servicio de los demás, y no busca nada para sí mismo. “Permitidme un consejo -propone San Josemaría-: si alguna vez perdéis la claridad de la luz, recurrid siempre al buen pastor. ¿Quién es el buen pastor? El que entra por la puerta de la fidelidad a la doctrina de la Iglesia; el que no se comporta como el mercenario que viendo venir el lobo, desampara las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa el rebaño. Mirad que la palabra divina no es vana; y la insistencia de Cristo –¿no veis con qué cariño habla de pastores y de ovejas, del redil y del rebaño?– es una demostración práctica de la necesidad de un buen guía para nuestra alma”[3].


[1] Benedicto XVI, Homilía en las segundas vísperas del Sagrado Corazón de Jesús, Viernes 19 de junio de 2009.

[2] Papa Francisco, Regina coeli 7 de mayo de 2017.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 34.

 

 

“Magnificat anima mea Dominum!”

¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –«Magnificat anima mea Dominum!» –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado. ¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con Él y de tenerlo. (Surco, 95)

9 de mayo

Nuestra fe no es una carga, ni una limitación. ¡Qué pobre idea de la verdad cristiana manifestaría quien razonase así! Al decidirnos por Dios, no perdemos nada, lo ganamos todo: quien a costa de su alma conserva su vida, la perderá; y quien perdiere su vida por amor mío, la volverá a hallar (Mt X, 39.).

Hemos sacado la carta que gana, el primer premio. Cuando algo nos impida ver esto con claridad, examinemos el interior de nuestra alma: quizá exista poca fe, poco trato personal con Dios, poca vida de oración. Hemos de rogar al Señor –a través de su Madre y Madre nuestra– que nos aumente su amor, que nos conceda probar la dulzura de su presencia; porque sólo cuando se ama se llega a la libertad más plena: la de no querer abandonar nunca, por toda la eternidad, el objeto de nuestros amores. (Amigos de Dios, 38)

 

 

«Dios nos mira y nos llama a todos»

Con el título de “Llamados a edificar la familia humana”, el Papa Francisco ha publicado el Mensaje para la 59 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, en el que explica que, “cuando hablamos de vocación, se trata de realizar el sueño de Dios”.

07/05/2022

  • En este tiempo, mientras los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización, como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal. Sentimos la urgencia de caminar juntos cultivando las dimensiones de la escucha, de la participación y del compartir. 

Junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor. En esta perspectiva, para la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, deseo reflexionar con ustedes sobre el amplio significado de la “vocación”, en el contexto de una Iglesia sinodal que se pone a la escucha de Dios y del mundo.

Llamados a ser todos protagonistas de la misión

La sinodalidad, el caminar juntos es una vocación fundamental para la Iglesia, y sólo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios. Al mismo tiempo, sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia. Por lo tanto, dicha misión es posible precisamente haciendo que cooperen todos los ámbitos pastorales y, antes aun, involucrando a todos los discípulos del Señor. 


Artículo relacionado: ¿Qué es la vocación? ¿Todos tenemos vocación?


Efectivamente, «en virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 120). 

Es necesario cuidarse de la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros y ejecutores a los segundos, y llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos. Toda la Iglesia es comunidad evangelizadora.

Llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación

La palabra “vocación” no tiene que entenderse en sentido restrictivo, refiriéndola sólo a aquellos que siguen al Señor en el camino de una consagración particular. Todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo de reunir a la humanidad dispersa y reconciliarla con Dios. Más en general, toda persona humana, incluso antes de vivir el encuentro con Cristo y de abrazar la fe cristiana, recibe con el don de la vida una llamada fundamental. 

Cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca. 

Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida. En definitiva, a ser una única familia en la maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus elementos. En este sentido amplio, no sólo los individuos, sino también los pueblos, las comunidades y las agrupaciones de distintas clases tienen una “vocación”.

Llamados a acoger la mirada de Dios

A esa gran vocación común se añade la llamada más particular que Dios nos dirige a cada uno, alcanzando nuestra existencia con su Amor y orientándola a su meta última, a una plenitud que supera incluso el umbral de la muerte. Así Dios ha querido mirar y mira nuestra vida.

A Miguel Ángel Buonarroti se le atribuyen estas palabras: «Todo bloque de piedra tiene en su interior una estatua y la tarea del escultor es descubrirla». Si la mirada del artista puede ser así, cuánto más lo será la mirada de Dios, que en aquella joven de Nazaret vio a la Madre de Dios; en el pescador Simón, hijo de Jonás, vio a Pedro, la roca sobre la que edificaría su Iglesia; en el publicano Leví reconoció al apóstol y evangelista Mateo; y en Saulo, duro perseguidor de los cristianos, vio a Pablo, el apóstol de los gentiles. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas.

Esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama. La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos. Así como existe la “santidad de la puerta de al lado” (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6-9), también la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos.

Dice un proverbio del Lejano Oriente: «Un sabio, mirando un huevo, es capaz de ver un águila; mirando una semilla percibe un gran árbol; mirando a un pecador vislumbra a un santo». Así nos mira Dios, en cada uno de nosotros ve potencialidades, que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común.

De este modo nace la vocación, gracias al arte del divino Escultor que con sus “manos” nos hace salir de nosotros mismos, para que se proyecte en nosotros esa obra maestra que estamos llamados a ser. En particular, la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. 

Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía. Y aprendamos a escuchar también a los hermanos y a las hermanas en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer.

Llamados a responder a la mirada de Dios

La mirada amorosa y creativa de Dios nos ha alcanzado de una manera totalmente única en Jesús. Hablando del joven rico, el evangelista Marcos dice: «Jesús lo miró con amor» (10,21). Esa mirada llena de amor de Jesús se posa sobre cada una y cada uno de nosotros. Hermanos y hermanas, dejémonos interpelar por esa mirada y dejémonos llevar por Él más allá de nosotros mismos. 

Y aprendamos también a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos —cualesquiera que sean— puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades.

Cuando acogemos esta mirada nuestra vida cambia. Todo se vuelve un diálogo vocacional, entre nosotros y el Señor, pero también entre nosotros y los demás. Un diálogo que, vivido en profundidad, nos hace ser cada vez más aquello que somos: en la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida. 

En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras.

A este respecto, quisiera mencionar aquí la experiencia del doctor Gregorio Hernández Cisneros. Mientras trabajaba como médico en Caracas, Venezuela, quiso ser terciario franciscano. Más tarde pensó en ser monje y sacerdote, pero la salud no se lo permitió. Comprendió entonces que su llamada era precisamente su profesión como médico, a la que se entregó, particularmente por los pobres. De manera que se dedicó sin reservas a los enfermos afectados por la epidemia de gripe llamada “española”, que en esa época se propagaba por el mundo. Murió atropellado por un automóvil, mientras salía de una farmacia donde había conseguido medicamentos para una de sus pacientes que era anciana. Este testigo ejemplar de lo que significa acoger la llamada del Señor y adherirse a ella en plenitud, fue beatificado hace un año.

Convocados para edificar un mundo fraterno

Como cristianos, no sólo somos llamados, es decir, interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados. Somos como las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que sólo juntas componen una imagen. Brillamos, cada uno y cada una, como una estrella en el corazón de Dios y en el firmamento del universo, pero estamos llamados a formar constelaciones que orienten y aclaren el camino de la humanidad, comenzando por el ambiente en el que vivimos. 

Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad. Por eso la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente.

Por tanto, cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). 

Toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres. Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado.

Recemos, hermanos y hermanas, para que el Pueblo de Dios, en medio de las dramáticas vicisitudes de la historia, responda cada vez más a esta llamada. Invoquemos la luz del Espíritu Santo para que cada una y cada uno de nosotros pueda encontrar su propio lugar y dar lo mejor de sí mismo en este gran designio divino.

Roma, San Juan de Letrán, 8 de mayo de 2022, IV Domingo de Pascua.

Francisco

 

«He venido a traer fuego»: san Josemaría y los jóvenes

“Encender [en los jóvenes] el fuego de Cristo… Esto sí, esto lo siento yo: para esto, tengo vocación”. Así escribía san Josemaría sobre su deseo de acercar a los jóvenes al Señor. Sobre ese empeño, que puede servir de inspiración, trata este artículo.

22/11/2018

Hace cinco años, la noche del sábado 27 de julio, se congregaron casi tres millones de personas en Copacabana. A través de las pantallas gigantes distribuidas a lo largo de la playa, se veía al papa Francisco indicando con el dedo a cada uno de sus oyentes: A vos, a vos, a vos…[1] Todos llamados a ser santos. También los jóvenes. Aquellos días se estaba llevando a cabo la Jornada Mundial de la Juventud, pero esta inquietud del Papa ha sido algo constante: apenas se presenta la oportunidad, les anima a arriesgarse y a dejar entrar a Jesús en su corazón, a ir contracorriente, a soñar sin miedo; a dejar el sofá, la comodidad que puede ofrecer una pantalla o las falsas ilusiones de felicidad; a ponerse los zapatos y ser callejeros de la fe[2].

LA JUVENTUD SIEMPRE PORTA CONSIGO COSAS NUEVAS. Y, CON ELLO, ESPERANZA

Ya en uno de sus primeros documentos señalaba que los jóvenes nos llaman a despertar y acrecentar la esperanza, porque llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y nos abren al futuro, de manera que no nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual[3]. La juventud siempre porta consigo cosas nuevas. Y, con ello, esperanza. Estas palabras –novedad, esperanza– traen a la mente algunos detalles de las actividades de san Josemaría cuando era un joven sacerdote. No llegaba siquiera a los treinta años, pero ya había recibido una luz de Dios que le impulsaba a hacer el Opus Dei. No tenía nada. Solo un fuego que le quemaba interiormente, que buscaba expandirse en quienes le rodeaban. Y tenía también la convicción de que para ello no le faltaría la ayuda de Dios. Ignem veni mittere in terram (Lc. 12, 49), repetía continuamente durante aquellos años: He venido a traer fuego[4].

El color de la esperanza

Los años treinta eran tiempos difíciles en Madrid. Eran tiempos de persecución religiosa. No era infrecuente el insulto en la calle a los sacerdotes ni los intentos por eliminar cualquier manifestación pública del catolicismo. San Josemaría veía que, entonces, una de sus prioridades era encender la luz de Cristo en gente joven; en personas que pudieran ser el futuro de la Iglesia y también de la institución que Dios le había llamado a fundar. Estaba dando vueltas a cómo organizar un grupo con universitarios, bajo qué nombre reunirse, qué tipo de asociación se podría formar. De manera simbólica, se le venía una imagen a la mente: una cruz verde. Lo explicaba don Álvaro al leer los apuntes de nuestro Padre de aquella época: Cruz, porque se le ocurrió el día de la Santa Cruz, y también porque pensaba en la cruz de San Pedro; y verde, el color de la esperanza, porque la juventud es la esperanza de la Iglesia, de la Obra[5].

DECIDIÓ PEDIR AYUDA A NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA

No existía todavía ningún grupo de jóvenes, estaba solo la ilusión de mover a mucha gente para que se dejase encontrar por Jesús, pero san Josemaría ya rezaba por ellos. Y desde el principio decidió pedir ayuda para esta tarea a la Virgen María, bajo una advocación concreta: la de Nuestra Señora de la Esperanza[6].

Transcurrieron cerca de seis meses, hasta que el sábado 21 de enero de 1933 tuvieron una primera reunión, en un asilo en el que san Josemaría habitualmente enseñaba el catecismo y confesaba a niños abandonados. Ese día acudieron solo tres universitarios, pero en ellos nuestro Padre vio el germen de los tantos miles de jóvenes que hoy acuden a los medios de formación cristiana que ofrece el Opus Dei en todo el mundo. Aquel año lectivo, hasta que finalizó en mayo, se reunieron casi todos los miércoles. El grupo creció hasta girar alrededor de nueve asistentes. Su último encuentro fue el 17 de mayo[7]. Ese día –con la idea de que mantuvieran su trato con Dios también durante el verano– san Josemaría regaló, a cada uno, una estampa de Cristo crucificado, apoyado sobre la bola del mundo; el compromiso era que rezaran todos los días lo que el joven sacerdote había dejado escrito al reverso. Lo cuenta él mismo: Al despedir a los de San Rafael, les regalé una estampa del Amor Misericordioso, en la que escribí las siguientes invocaciones que los muchachos se comprometieron a recitar cada día: Santa María, Esperanza nuestra, Asiento de la sabiduría, ruega por nosotros. San Rafael, ruega por nosotros. San Juan, ruega por nosotros[8].

Láminas y caminatas

TRANSMITIR LO ESENCIAL DE LA FE CRISTIANA SIEMPRE HA REQUERIDO UN ESFUERZO POR COMPRENDERLA CADA VEZ MEJOR

Dos días antes, el 15 de mayo de 1933, un pequeño grupo de niños, a quienes nuestro Padre preparó los meses previos, había recibido la primera Comunión[9]. Nunca, desde sus años de seminarista en Zaragoza, había abandonado la tarea de comunicar la doctrina cristiana a los más pequeños: en barrios pobres, en escuelas, en instituciones religiosas e incluso –como este caso– en casas particulares. Y animaba a todos los jóvenes que conocía –incluso durante tiempos políticamente complicados– a que hicieran lo mismo, ya que transmitir lo esencial de la fe cristiana siempre ha requerido un esfuerzo tanto por comprenderla cada vez mejor, como por conocer a fondo la situación de las otras personas. Por ejemplo, a la casa de los Sevilla González, san Josemaría procuraba llevar láminas que explicasen el sentido de los mandamientos o el origen de los sacramentos, contaba relatos sobre la vida de Jesús, echaba mano de sucesos de su propia vida, etc[10]. No se limitaba a la exposición sistemática de un conjunto de ideas, sino que partía de los intereses y dudas de quienes le escuchaban.

Lo mismo cuentan quienes habían sido sus alumnos en la Academia Cicuéndez durante aquellos primeros años que vivió san Josemaría en Madrid. Allí, para ganar algo de dinero, impartía clases de derecho canónico y de derecho romano durante las tardes. Asistían alrededor de diez personas por curso. Al terminar la jornada, el joven sacerdote se quedaba, a propósito, más tiempo en el aula, lo que daba lugar a que se generasen animadas tertulias con sus alumnos[11]. Cada uno iba exponiendo sus incertidumbres, no solo sobre lo aprendido en clase, sino sobre la vida en general. Algunos recuerdan que, mientras caía la tarde, frecuentemente acompañaban a san Josemaría hasta su casa, en largas caminatas en las que los jóvenes eran quienes escogían el tema de conversación.

 

Texto manuscrito de san Josemaría: "Santa María, esperanza nuestra, asiento de la Sabiduría, ruega por nosotros. San Rafael, ruega por nosotros. San Juan, ruega por nosotros. Mayo de 1933.¡Esto sí!

 

El 2 de diciembre de 1931, san Josemaría hace una anotación en sus apuntes personales con referencia a aquellas clases que impartía. Concluye que, aunque tiene que hacerlo por necesidad económica, no se siente satisfecho solo con dar las lecciones. Siente la necesidad de mirar más allá: de ser santo mientras las imparte. Y, sobre todo, siente el impulso de invitar a los demás para que también lo sean. Nuestro padre tenía veintinueve años. Sus alumnos, unos pocos menos. Dice así: Enseñar de todo: desde derecho hasta… ¡álgebra!, porque, si no, no se come… Esto, que ha sido, a veces, la realidad de mi vida: no lo siento yo: no tengo para esto vocación. Ahora: enseñar una, dos… tres ramas del Derecho a jóvenes que quieren aprender, y a quienes se puede encender, de paso, el fuego de Cristo… Esto sí: esto lo siento yo: para esto, tengo vocación[12].

San Josemaría, aquel entonces, tenía solo sueños. Incluso, cuando tenía poco más de veinte años, algunos que veían sus ilusiones grandes le llamaban el soñador[13]. Pero tuvo la fuerza de ponerse a disposición del Señor para llevarlos a cabo. Lo mismo a lo que el papa Francisco invitaba a unos 70 mil jóvenes italianos el pasado mes de agosto. La cita era en el Coliseo Romano, hasta donde habían llegado desde muchas diócesis, dos meses antes del Sínodo sobre los jóvenes. Decía: Este es el trabajo que ustedes deben hacer: transformar los sueños de hoy en la realidad del futuro; para esto deben tener coraje[14]. Terminaba diciendo: Los sueños de los jóvenes son los más importantes de todos. Un joven que no sabe soñar es un joven anestesiado; no podrá entender la fuerza de la vida. Los sueños te despiertan, te llevan más allá, son las estrellas más luminosas, aquellas que indican un camino distinto para la humanidad[15].


[1] Francisco, Vigilia de oración con los jóvenes, 27-VII-2013.

[2] Ex. ap. Evangelii Gaudium, n. 106.

[3] Ibíd., n. 108.

[4] Cfr. Pedro Rodríguez, Camino, edición crítico-histórica, Rialp, p. 900.

[5] Crónica 1985, p. 604.

[6] José Luis González Gullón, DYA: la Academia y Residencia en la historia del Opus Dei, Rialp, p. 68.

[7] SetD (6) 2012, p. 402.

[8] Apuntes íntimos, n.1029, citado en SetD (3) 2009, p. 169.

[9] SetD (3) 2009, p. 310.

[10] Cfr. José Luis González Gullón, DYA: la Academia y Residencia en la historia del Opus Dei, Rialp, p. 81.

[11] Cfr. SetD (3) 2009, p. 328.

[12] Apuntes íntimos, n. 441, 2-XII-1931, en Pedro Rodríguez, Camino, edición crítico-histórica, Rialp, p. 901.

[13] Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Rialp, tomo I, p. 134

[14] Francisco, Vigilia de oración con los jóvenes, 11-IX-2018.

[15] Ibíd.

 

Trabajar bien, trabajar por amor (III): Trabajo y contemplación (I)

Ser contemplativos es disfrutar de la mirada de Dios. Por eso, quien se sabe acompañado por Él a lo largo del día, ve con otros ojos las ocupaciones en que se empeña. Texto editorial sobre el trabajo.

Foto: Imagenenaccion

13/10/2009

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino[1].

Para quienes estamos llamados por Dios a santificarnos en medio del mundo, convertir el trabajo en oración y tener alma contemplativa, es el único camino, porque o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca[2].

Conviene que meditemos despacio esta enseñanza capital de San Josemaría. En este texto consideraremos qué es la contemplación; en otras ocasiones nos detendremos en ahondar en la vida contemplativa en el trabajo y en las actividades de la vida ordinaria.

COMO EN NAZARET, COMO LOS PRIMEROS CRISTIANOS

El descubrimiento de Dios en lo ordinario de cada día, da al propio quehacer su valor último y su plenitud de sentido. La vida oculta de Jesús en Nazaret, los años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez[3], muestran que la tarea profesional, la atención a la familia y las relaciones sociales no son obstáculo para orar siempre[4], sino ocasión y medio para una vida intensa de trato con Dios, hasta que llega un momento en el que es imposible establecer una diferencia entre trabajo y contemplación.

Por esta senda de la contemplación en la vida ordinaria, siguiendo las huellas del Maestro, discurrió la vida de los primeros cristianos: «cuando pasea, conversa, descansa, trabaja o lee, el creyente ora»[5], escribía un autor del siglo II. Años más tarde San Gregorio Magno atestigua, como un ideal hecho realidad en numerosos fieles, que «la gracia de la contemplación no se da sí a los grandes y no a los pequeños; sino que muchos grandes la reciben, y también muchos pequeños; y tanto entre los que viven retirados como entre las personas casadas. Luego, si no hay estado alguno entre los fieles que quede excluido de la gracia de la contemplación, el que guarda interiormente el corazón puede ser ilustrado con esa gracia»[6].

El Magisterio de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, ha recordado muchas veces esta doctrina, tan importante para quienes tenemos la misión de llevar a Cristo a todas partes y transformar el mundo con el espíritu cristiano. «Las actividades diarias se presentan como un precioso medio de unión con Cristo, pudiendo convertirse en materia de santificación, terreno de ejercicio de las virtudes, diálogo de amor que se realiza en las obras. El espíritu de oración transforma el trabajo y así resulta posible estar en contemplación de Dios, aun permaneciendo en las ocupaciones más variadas»[7].

LA CONTEMPLACIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS

Enseña el Catecismo que «la contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia "visión beatífica"»[8]. De esa contemplación plena de Dios, propia del Cielo, podemos tener un cierto anticipo en esta tierra, una incoación imperfecta[9] que, aunque sea de orden diverso a la visión, es ya una verdadera contemplación de Dios, así como la gracia, siendo de distinto orden que la gloria, es, no obstante, una verdadera participación en la naturaleza divina. Ahora vemos como en un espejo, oscuramente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido[10], escribe San Pablo.

Esa contemplación de Dios como en un espejo, durante la vida presente, es posible gracias a las virtudes teologales: a la fe y a la esperanza vivas, informadas por la caridad. La fe, unida a la esperanza y vivificada por la caridad, «nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo»[11].

La contemplación es un conocimiento amoroso y gozoso de Dios y de sus designios manifestados en las criaturas, en la Revelación sobrenatural, y plenamente en la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo nuestro Señor. «Ciencia de amor»[12], la llama San Juan de la Cruz. La contemplación es un claro conocimiento de la verdad, alcanzado no por un proceso de razonamiento sino por una intensa caridad[13].

La oración mental es un diálogo con Dios. Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" —¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"[14]. En la vida espiritual, este trato con Dios tiende a simplificarse conforme aumenta el amor filial, lleno de confianza. Sucede entonces que, con frecuencia, ya no son necesarias las palabras para orar, ni las exteriores ni las interiores. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira![15].

Esto es la contemplación, un modo de orar activo pero sin palabras, intenso y sereno, profundo y sencillo. Un don que Dios concede a quienes le buscan con sinceridad, ponen toda el alma en el cumplimiento de su Voluntad, con obras, y tratan de moverse en su presencia. Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio[16]. Esto puede suceder, como enseña San Josemaría, no sólo en los ratos dedicados expresamente a la oración, sino también mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio[17].

BAJO LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo inhabitan en el alma en gracia[18]: somos templos de Dios[19]. Se quedan cortas las palabras para expresar la riqueza del misterio de la Vida de la Santísima Trinidad en nosotros: el Padre que eternamente engendra al Hijo, y que con el Hijo espira al Espíritu Santo, vínculo de Amor subsistente. Por la gracia de Dios, tomamos parte en esa Vida como hijos. El Paráclito nos une al Hijo que ha asumido la naturaleza humana para hacernos partícipes de la naturaleza divina: al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (...) a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá, Padre!»[20]. Y en esta unión con el Hijo no estamos solos sino que formamos un cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, al que todos los hombres están llamados a incorporarse como miembros vivos y a ser, como los apóstoles, instrumentos para atraer a otros, participando en el sacerdocio de Cristo[21].

La vida contemplativa es la vida propia de los hijos de Dios, vida de intimidad con las Personas Divinas y desbordante de afán apostólico. El Paráclito infunde en nosotros la caridad que nos permite alcanzar un conocimiento de Dios que sin la caridad es imposible, pues el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor[22]. Quien más le ama mejor le conoce, ya que ese amor —la caridad sobrenatural— es una participación en la infinita caridad que es el Espíritu Santo[23]que todo lo escruta, hasta las profundidades de Dios. Pues ¿quién sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios[24].

Ese Amor, con mayúscula, instaura en la vida del alma una estrecha familiaridad con las Personas Divinas, y un entendimiento de Dios más agudo, más rápido, certero y espontáneo, en profunda sintonía con el Corazón de Cristo[25]. También en el plano humano quienes se aman se comprenden con más facilidad, y por eso San Josemaría recurre a esa experiencia para transmitir de algún modo lo que es la contemplación de Dios; por ejemplo, decía que en su tierra a veces se decía: ¡mira cómo le contempla!; y explicaba cómo ese modo de decir se refería a una madre que tenía a su hijo en brazos, a un novio que miraba a su novia, a la mujer que velaba al marido. Pues así debemos contemplar al Señor.

Pero toda realidad humana, por hermosa que sea, se queda en una sombra de la contemplación que Dios concede a las almas fieles. Si ya la caridad sobrenatural supera en altura, en calidad y en fuerza cualquier amor simplemente humano, ¿qué decir de los Dones del Espíritu Santo, que nos permiten dejarnos llevar dócilmente por Él? Con el crecimiento de estos Dones —Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor filial— crece la connaturalidad o la familiaridad con Dios y se despliega todo el colorido de la vida contemplativa.

En especial, por el Don de Sabiduría —el primero y mayor de los Dones del Espíritu Santo[26]— se nos otorga no sólo conocer y asentir a las verdades reveladas acerca de Dios y de las criaturas, como es propio de la fe, sino saborear esas verdades, conocerlas con «un cierto sabor de Dios»[27]. La Sabiduría —sapientia— es una sapida scientia: un ciencia que se gusta. Gracias a este Don no sólo se cree en el Amor de Dios, sino que se sabe de un modo nuevo[28]. Es un saber al que sólo se llega con santidad: y hay almas oscuras, ignoradas, profundamente humildes, sacrificadas, santas, con un sentido sobrenatural maravilloso: Yo te glorifico, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeñuelos[29]. Con el Don de Sabiduría la vida contemplativa se adentra en las profundidades de Dios[30]. En este sentido San Josemaría nos invita a meditar un texto de San Pablo, en el que se nos propone todo un programa de vida contemplativa —conocimiento y amor, oración y vida— (...): que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura y la grandeza, la altura y la profundidad del misterio; y conocer también aquel amor de Cristo, que sobrepuja todo conocimiento, para que os llenéis de toda la plenitud de Dios (Ef 3,17-19)[31].

Hemos de implorar al Espíritu Santo el Don de Sabiduría junto con los demás Dones, su séquito inseparable. Son los regalos del Amor divino, las joyas que el Paráclito entrega a quienes quieren amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

POR LA SENDA DE LA CONTEMPLACIÓN

Cuanto mayor es la caridad, más intensa es la familiaridad con Dios en la que surge la contemplación. Hasta la caridad más débil, como la de quien se limita a no pecar gravemente pero no busca cumplir en todo la Voluntad de Dios, establece una cierta conformidad con la Voluntad divina. Sin embargo, un amor que no busca amar más, que no tiene el fervor de la piedad, se parece más a la cortesía formal de un extraño que al afecto de un hijo. Quien se conformara con eso en su relación con Dios, no pasaría de un conocimiento de las verdades reveladas insípido y pasajero, porque quien se contenta con oír la palabra, sin ponerla en práctica, es semejante a un hombre que contempla la figura de su rostro en su espejo: se mira, se va, e inmediatamente se olvida de cómo era[32].

Muy distinto es el caso de quien desea sinceramente identificar en todo su voluntad con la Voluntad de Dios y, con la ayuda de la gracia, pone los medios: la oración mental y vocal, la participación en los Sacramentos —la Confesión frecuente y la Eucaristía—, el trabajo y el cumplimiento fiel de los propios deberes, la búsqueda de la presencia de Dios a lo largo de día: el cuidado del plan de vida espiritual junto con una intensa formación cristiana.

El ambiente actual de la sociedad conduce a muchos a vivir volcados hacia fuera, con una permanente ansia de poseer esto o aquello, de ir de aquí para allá, de ver y mirar, de moverse, de distraerse con futilidades, quizá con el intento de olvidar su vacío interior, la pérdida del sentido trascendente de la vida humana. A quienes hemos descubierto la llamada divina a la santidad y al apostolado, nos debe suceder lo contrario. Cuanta más actividad exterior, más vida para adentro, más recogimiento interior, buscando el diálogo con Dios presente en el alma en gracia y mortificando los afanes de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida[33]. Para contemplar a Dios es preciso limpiar el corazón. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios[34].

Pidamos a Nuestra Madre Santa María que nos obtenga del Espíritu Santo el don de ser contemplativos en medio del mundo, don que sobreabundó en su vida santísima.

Texto de: J. López.

[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 238.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 114.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[4] Lc 18, 1.

[5] Clemente de Alejandría, Stromata, 7, 7.

[6] San Gregorio Magno, In Ezechielem homiliae, 2, 5, 19.

[7] Juan Pablo II, Discurso al Congreso «La grandeza de la vida ordinaria», en el centenario del nacimiento del Beato Josemaría, 12-I-2002, n. 2.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1028.

[9] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 12, a. 2, c; y II-II, q. 4, a.1; q. 180, a. 5, c.

[10] 1 Cor 12, 12. Cfr. 2 Cor 5, 7; 1 Jn 3, 2.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 163.

[12] San Juan de la Cruz, Noche oscura, lib. 2, cap. 18, n. 5.

[13] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 180, a. 1, c y a.3, ad 1.

[14] San Josemaría, Camino, n. 91.

[15] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 307.

[16] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 296.

[17] Ibidem.

[18] Cfr. Jn 14, 23.

[19] Cfr. 1 Cor 3, 16; 2 Cor 6, 16.

[20] Gal 4, 4-6.

[21] Cfr. 1 Cor 12, 12-13, 27; Ef 2, 19-22; 4, 4.

[22] 1 Jn 4, 9.

[23] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 24, a. 7, c. In Epist. ad Rom., c. 5, lect. 1.

[24] 1 Cor 2, 10-11.

[25] Cfr. Mt 11, 27.

[26] Cfr. Juan Pablo II, Alocución 9-IV-1989.

[27] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 45, a. 2, ad 1.

[28] Cfr. Rm 8, 5.

[29] Mt 11, 25.

[30] 1 Cor 1, 10.

[31] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 163.

[32] St 1, 23-24.

[33] 1 Jn 2, 16.

[34] Mt 5, 8.

 

 

La Devoción a la Santísima Virgen

La devoción, dice Santo Tomás de Aquino, "no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios”

María, por su gran poder de intercesión, consigue mayores gracias de Dios para vivir mejor nuestra vida cristiana.

La devoción, dice Santo Tomás de Aquino, "no es otra cosa que una voluntad pronta para entregarse a todo lo que pertenece al servicio de Dios” (S.Th. II?II, q.82, a.1). La devoción, pues, radica en la intimidad de] que se siente inclinado al servicio amoroso de quien le es superior, que en el caso que nos ocupa es la Madre de Dios y Madre de todos los hombres.

Cuando se acepta con fe y buena voluntad la primacía de Santa María sobre los Ángeles y los Santos, por ser la Madre de Dios y por su estrecha relación con los misterios de Cristo Redentor, se produce en los cristianos una actitud de veneración a María tal, que se manifiesta en un culto litúrgico lleno de respeto, en devoción personal recia y profunda, en prácticas de piedad que la Iglesia recomienda y bendice. Esto no entorpece el culto a Dios, sino que lo favorece e impulsa.

EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LA AUTÉNTICA DEVOCIÓN A MARíA

El Concilio Vaticano II enseña que las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios, que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la sana y ortodoxa doctrina, teniendo en cuenta las circunstancias de lugar y de tiempo, así como el carácter e idiosincracia de los fieles, hacen que, al honrar a la Madre, el Hijo sea más amado. Por ello recomienda también las prácticas de piedad marianas tradicionales, reconocidas por el Magisterio y admitidas por los Obispos de los lugares.

Su forma y duración variara para cada lugar y, con el correr del tiempo, hasta pueden derivar sus modos y esplendor; pero siempre, ya sean públicas o privadas, tenderán a honrar a nuestra Madre y a conseguir su intercesión poderosa. El culto de la Madre de Dios, a través de sus imágenes o cuadros, queda bien patente que es según el sentido que se le da en la Iglesia: No se venera la imagen o el cuadro como tal, sino a la persona representada.

El Concilio asimismo explica cuál debe ser la verdadera devoción a María: no un afecto estéril y pasajero, ni una vana credulidad, sino que la recta devoción a Santa María necesita de una fe viva, que lleva al amor y se traduce en imitación (cfr. Const. dogm. Lumen gentium, nn.66 y 67).

Con Juan Pablo II podemos decir: "Se trata aquí, no sólo de la doctrina de la fe, sino también de la vida de fe y, por tanto, de la auténtica espiritualidad mariana, a la par de la devoción corres pondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven en los diversos pueblos de la tierra" (Enc. Redemptoris Mater, n.48).

LOS FRUTOS DE LA DEVOCIÓN A MARÍA

Si el objeto último de la devoción a María es honrar a Dios y, con El y por El, a su Santísima Madre; el fruto que esa devo ción produce, hace que el hombre mismo se beneficie con tan pródigos y tiernos cuidados que tiene la Virgen María para con sus hijos.

Los frutos de la devoción a la Santísima Virgen son los siguientes:

a) Quienes la honran obtienen una mayor benevolencia de parte de María. Ella por su gran poder de intercesión, consigue mayores gracias de Dios para que vivan mejor su vida cristiana, conduciéndolos hasta las cimas de la santidad. Ella es la Reina de los santos

b) A los pecadores, que junto con el deseo de enmendarse la honran y se ponen bajo su protección, les alcanza la gracia de la conversión y no dejará de socorrerlos y de conducirlos a Dios. Ella es Refugio de los pecadores.

c) A quienes la invocan confiada y perseverantemente, María puede alcanzarles la gracia de la perseverancia final, don inestimable, como lo llama San Agustín. Y, por eso, le pedimos en el Ave María: "ruega por nosotros… en la hora de nuestra muerte". Ella es Auxilio de los moribundos.

d) Finalmente, si tenemos en cuenta que la devoción a María se deriva de la fe en la Encarnación redentora, a mayor fe, mayor devoción y, en consecuencia, se confirman en la Iglesia los fundamentos de la fe y se desvanecen las herejías. Santa María es Madre de la Iglesia.

 

LA DEVOCIÓN A MARÍA ES SEÑAL DE PREDESTINACIÓN

La verdadera devoción a la Virgen María se considera como señal cierta y signo de predestinación. La Iglesia ense ña esta consoladora verdad:

"Es muy constante entre los fieles la opinión, comprobada con larga experiencia, de que no perecerán eternamente los que tengan a la misma Virgen por Patrona" (Benedicto XV; Carta Apostólica Intersoladicia, 22?V?1918).

El Papa Pío XI claramente dejó escrito: "No puede sucumbir eternamente aquel a quien asistiere la Santísima Virgen, principalmente en el crítico momento de la muerte. Esta es la sentencia de los doctores de la Iglesia, de acuerdo con el sentir del pueblo cristiano" (Const. Apostólica Explorata res est, 2?11?1923).

El Papa Pío XII dice: "Tenemos por cosa averiguada que, doquiera que la Santísima Madre de Dios es obsequiada con sincera y diligente piedad, allí no puede fallar la esperan za, de la salvación"« (Const. Apost. Sacro vergente anno, 7?VII 1952).

Los testimonios de la Tradición cristiana son abundantísimo y prueban a lo largo de la historia la convicción de la Iglesia en esta consoladora creencia.

En los primeros siglos San Ireneo afirma: "María ha sido constituída causa de salvación para todo el género humano" (Adversus haereses, 3,22). San Anselmo escribía: "Así como es imposible que se salve quien no es devoto de María, ni implora su protección, así es imposible que se condenen los que se encomiendan a la Virgen y son mirados por Ella con amor" (Opus, PL. 145, 163).

La certeza de la salvación eterna – fruto de la auténtica devoción a María – es una seguridad de tipo moral, es decir, fortalece la Esperanza teologal. Se deriva, de una parte, de la estrecha vinculación de María con su Hijo y, de otra, del amor materno de María hacia sus hijos, que le impulsa a concederles las gracias necesarias para su salvación y, en concreto, la gracia de la perseverancia final en el bien. Por tanto, no es señal infalible de predestinación, ya que esta sólo puede conocerse por una especial gracia y revelación de Dios (cfr. Conc. de Trento, DZ.805).

Invocar e imitar a María son los dos elementos esenciales de la auténtica devoción mariana; por ello, la devoción lleva a la invocación y ésta será sincera si lleva a la imitación – al esfuerzo – de seguir los ejemplos de María. Por tanto, no es señal para aquellos que muy poco se preocupan de cumplir los mandamientos divinos o de recurrir a los Sacramentos.

LAS PRÁCTICAS DE DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

La unión con Dios en el Cielo es la meta del hombre; por ello el hombre de fe acepta en el camino de su vida como venido de las manos de Dios las penas y las alegrías, las cosas que nos hacen sufrir y las que nos suponen dicha y, aun la muerte misma. Sin embargo, en ese camino, áspero y arduo a veces, terso y lleno de dulzura otros, hay también un atajo ?senda que abrevia y facilita el camino? que es María. El Pueblo cristiano, "por inspiración sin duda del Espíritu Santo, ha tenido siempre esta intuición divina: es más fácil llegar a Dios a través de su Madre" (F. Fernández Carvajal, Antología de textos, Editorial Palabra, p.1487).

"Ella es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo.

Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante." San Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, n.293).

Origen de las devociones marianas

Desde los primeros siglos de la Iglesia comenzaron a surgir devociones marianas, que el pueblo cristiano, con su repe tición en tan diversos países y circunstancias, fue plasmándolas en formas y costumbres que posteriormente la Iglesia recogió en la Liturgia y aprobó en su Magisterio. De ellas hay algunas que se limitan a grupos, o países, o a determinadas épocas. Otras son universales y se viven por todos aquellos que quieren honrar a Nuestra Señora como "se ha hecho siempre, por todos y en todas partes" (San Vicente de Lerins, Commonitorio).

Sería interminable la enumeración de las diversas formas en que, a lo largo de los siglos, las almas enamoradas de María han cristalizado su cariño y devoción por Ella; por eso la Iglesia exclama con toda propiedad: de María "numquam satis", nunca será suficiente lo que podamos decir de Ella al contemplar sus privilegios, como tampoco se saciará nunca el corazón de sus hijos al expresar de ni¡] maneras diversas su gratitud y reconocimiento filial.

LAS DEVOCIONES MARIANAS MAS DESTACADAS

a) Las fiestas de la Virgen

En primer lugar está la participación interior -con oración y consideraciones personales-  y la exterior -con asistencia a los actos de culto?-  de las diversas fiestas que, a lo largo del año, dedica la Iglesia para honrar a la Santísima Virgen. En ellas se le alaba por algún misterio de su vida: Madre de Dios, Inmaculada, la Asunción; o por algún título con lo que la Iglesia nos la presenta por alguna actuación en favor de los hombres: como Reina, como Mediadora, como la Virgen Dolorosa, o Nuestra Señora del Rosario; por su manifestación singular en algún lugar donde se le venera: en Fátima, en Lourdes, el Pilar, Loreto, en la Villa de Guadalupe (México), etc.

b) El Santo Rosario

Pocas devociones son tan gratas a María como el Santo Rosario, recomendada por los Romanos Pontífices con tanta insistencia. Innumerables son las gracias que han recibido los fieles a través de esta oración, ya sea recitada en común o personalmente. Además, es conveniente recordar que, al igual que otras prácticas de piedad, el Santo Rosario está favorecido con indulgencias: parcial, si se reza privadamente o plenaria si se hace en familia.

La doctrina sobre las Indulgencias se encuentra en la Constitución Apostólica Indulgentiarim doctrina de Pablo VI (1967); en el manual de indulgencias actuales, el Enchiridion (1968) y, en el Código de Derecho Canónico (1983), cc.992 a 997.

Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal debida por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos" (Código de Derecho Canónico, c.992).

Los requisitos para lucrar indulgencias parciales (remisión parcial de la pena temporal) son: a) Ser sujeto capaz: ser bautiza do, no excomulgado y, estar en estado de gracia; b) cumplir los requisitos generales: tener intención de ganarlas y realizar la obra prescrita; c) cumplir los requisitos particulares: tener el corazón contrito. Para lucrar las indulgencias plenarias (remisión plena de la pena temporal), además de las anteriores, requeridas para la indulgencia parcial, son: confesión, comunión, oración por las intenciones del Romano Pontífice y, excluir todo afecto al pecado, incluso venial.

"Vuestro Rosario -decía el Papa Pablo VI-, es una esca lera, y vosotros la subís en común, escalón por escalón, acercándoos al encuentro con la Señora, que quiere decir al encuentro con Cristo. Porque ésta es una de las características del Rosario, la más importante y la más hermosa de todas; una devoción que, a través de la Virgen, nos lleva a Cristo. Cristo es el término de esta larga y repetida invocación a María (Alocución, 10?V?64).

Repetir el Ave María y las demás oraciones no cansa si se pone esfuerzo y amor. "Vivir esa oración maravillosa que es el Santo Rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor" Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n.164).

c) El Angelus

El Angelus es el recuerdo del encuentro del Ángel con Nuestra Madre, en el cual le anunció su divina maternidad. Recitarlo todos los días a las doce o en la media tarde, con pausa y atención, nos traerá la presencia de la Señora y el agradecimiento por su respuesta. Como es una práctica bre ve, que suele tenerse en medio del trabajo y las ocupaciones del día, conviene recoger nuestro pensamiento con intensidad, ponerlo en Nuestra Señora, recitarlo sin prisa y de memoria y aprovechar para renovar el ofrecimiento de nuestro trabajo y de nuestro amor a la Virgen. En el tiempo pascual se reza el Regina coeli.

d) El Escapulario de la Virgen del Carmen

Llevar el Escapulario de la Virgen del Carmen o alguna otra medalla es señal de fe en su intercesión poderosa y símbolo de nuestra alianza con Ella. El uso del escapulario del Carmen ha de ir acompañado de una disposición consciente y devota, a la par de unas prácticas de piedad marianas que pueden reducirse -si no se llegó a otras más largas- a las tres Ave marías de la noche. En la ceremonia de imposición, el sacerdote recuerda que se debe recibir "impetrando a la Santísima Virgen que, con su gracia ?de Dios?, lo lleves sin pecado, te defienda de toda adversidad y te conduzca a la vida eterna" (S.C.R., 24?VII?1968, Elenchum Ritum, CELAM, p.249).

El origen del Escapulario de N. S. del Carmen se remonta al año 1251, fecha en que se apareció la Virgen a San Simón Stock, inglés, a quien dijo: "Recibe, queridísimo hijo, este esca pulario en prenda de mi alianza y como privilegio para tí y para todos los que lo usen. El que muera vistiendo éste hábito no padecerá el fuego eterno". Más tarde, en una aparición al Papa Juan ?XXII, mandó que se hiciera saber a cuantos llevasen el Escapulario "que saldrían del Purgatorio el sábado siguiente a su muerte" (Privilegio sabatino).

Nota: El fiel que por primera vez lleva el Escapulario, debe recibirlo con imposición y bendición hechas por el sacerdote. Al reponer el Escapulario, por pérdida o destrucción, basta la bendición de cualquier sacerdote. El Escapulario de tela puede cambiarse por una medalla escapulario de metal con la condi ción que ésta tenga en una cara la imagen de N.S. Jesucristo y, en la otra, la imagen de la Santísima Virgen.

e) Las tres Aves Marías

No acostarnos nunca sin rezar con devoción tres veces el Avemaría, es costumbre que puede valernos para que nuestros últimos pensamientos vayan hacia María que vela nuestro sueño y, con su poder, puede alejarnos al enemigo de nuestra alma y de nuestro cuerpo. Repetimos pausadamente y con devoción las palabras que fueron pronunciadas por el Arcángel Gabriel y por Santa Isabel, y por las palabras del "Santa María" que le compuso, con veneración la Iglesia.

Es muy recomendable rezar de rodillas las tres Avemarías cada noche? al acostarse y, cada mañana al levantarse, añadiendo al final esta breve oración: "¡Oh María, por vuestra pura e Inmaculada Concepción, haced puro mi cuerpo y santa el alma mía!" (San Alfonso María de Ligorio).

f) El sábado, día de la Virgen

El sábado es tradicionalmente en la Iglesia el día de la semana que se dedica a la Virgen, y en él podemos manifes tarle de modo más intenso nuestro cariño, estando más pen dientes de Ella a través de jaculatorias, miradas a las imágenes ?se le pueden poner flores frescas ese día a sus imágenes?, recitando las oraciones tradicionales como son el "Acordaos", "Oh Señora mía", y especialmente la Salve, que nos ayudará a vivir lo que dice Camino en el punto 276: "Si te acostumbras, siquiera una vez por semana, a buscar la unión con María para ir a Jesús, verás cómo tienes más presencia de Dios" (Josemaría Escrivá de Balaguer).

g) La consagración a María

Un medio eficaz para vivir fielmente los compromisos 1 Bautismo (cfr. Juan Pablo 11, Enc. Redemptoris Mater, n.48) la consagración a María, que puede hacerse de dos formas: considerando a María como Reina (consagración de esclavitud mariana) o bien, como Madre (de piedad filial mariana). modo de ejemplo, señalamos las compuestas por: San Luis María Grignon de Montfort (cfr. Tratado de la verdadera devoción a la Virgen) y, San Alfonso María de Ligorio (cfr. Las glorias de María).

h) Otras prácticas de piedad marianas

Las romerías o peregrinaciones a Santuarios o ermitas dedicados a la Virgen.

Las Romerías o peregrinaciones pueden hacerse de maneras muy diversas: sea en grupos muy numerosos y recorriendo grandes distancias, bien en pequeños grupos y haciendo un recorrido corto.

Una manera que puede ser muy práctica es la siguiente: dirigirse a pié hacia algún Santuario, ermita, etc., dedicado a la Virgen, en grupos de dos o tres personas; caminar hacia el lugar, al menos, la duración del rezo de los cinco primeros misterios del Rosario. En el lugar mismo rezar otros cinco misterios incluyendo las letanías y volver caminando, al me nos la distancia de otros cinco misterios. De esta forma se rezan y meditan los quince misterios que forman la corona o rezo completo del Santo Rosario. Se aconseja que en estas ocasiones no se tome ningún refrigerio como un pequeño detalle de sacrificio en honor de Santa María.

El mes de mayo, está dedicado a honrar a María. Su origen remonta, en España, a San Alfonso X el Sabio (siglo XIII). este tiempo los niños suelen ofrecer flores a María, los adultos acostumbran hacer algún sacrificio diario, rezar el Rosario en familia, etc., y todos los fieles procurarán acercarse al Sacramento de la Penitencia para reconciliarse con Dios y tener su alma limpia como la de la Virgen.

El mes de octubre está dedicado a rezar el Santo Rosario, costumbre que surge en el siglo XIX con ocasión de las aparicio nes de Nuestra Señora de Lourdes, y que el Papa León XIII lo extiende a toda la Iglesia. En particular, se ha de promover el rezo de] Rosario en familia pues, como enseña la Iglesia, la familia que reza unida permanece unida.

Las miradas a las imágenes de la Virgen, que se encuentran en las habitaciones, calles, iglesias… y que van acompañadas con el afecto del corazón o una jaculatoria -pequeña frase de amor- en el interior de nuestra mente, con verdaderos votos de fe y amor, confianza y cariño con nuestra Madre.

 

Familia: Ama y acoge a los Sacerdotes

Queridas Familias, hoy escribo convencida de que el mundo necesita familias santas, es decir, familias felices que caminen por el sendero del bien, en el día a día, en lo cotidiano. Nunca había escrito de la tarea tan hermosa y necesaria de la familia al servicio del sacerdote… Y es que al pensar en un sacerdote, como que la imagen que viene a la mente es la de un hombre de Dios, consagrado a Él, que está comprometido al servicio de la Iglesia que somos nosotros, los laicos; y si, así es, pero a veces, y casi siempre, la mayoría de nosotros, caemos en un egoísmo enorme y en una visión tan corta de la realidad de un ser humano que con gran generosidad le ha dicho que sí a Cristo, para ser un instrumento de Su Amor y llegar a las más almas posibles.

Los Sacerdotes son seres humanos, como tu y como yo, son personas que, muchas veces pasan hambre, frío, soledad, tristeza, dolor… Por supuesto que su consuelo es Dios y Nuestra Santísima Madre, pero… ¿Dónde estamos los fieles a Dios? ¿Porqué nos olvidamos con tanta facilidad de ellos? ¿Porqué somos tan indiferentes a su persona?

Practiquemos la caridad con ellos también, no los “utilicemos” como camino para llegar a Dios, porque son ellos quienes ofician la Santa Misa o imparten los Sacramentos; demostremos que somos también “Otro Cristo”, que somos hombres y mujeres comprometidos con la misión de llevar a Jesús a todos los rincones de la tierra, también desde nuestro ser familia.
Que… ¿Qué podemos hacer? Muchas cosas, primero rezar por las vocaciones sacerdotales y religiosas; pedir a Dios por la persona concreta de tu Párroco, de tu Confesor, de tu Director Espiritual, de aquellas mujeres también que consagran su vida a Dios como religiosas de claustro o cualquier otro carisma, pero que se entregan completamente a Su Santo Servicio.

Ir a saludarles al final de la Celebración Eucarística, algún día invitarle a comer a casa con toda la familia reunida y presentarlo con todos, felicitarle en su cumpleaños, santo y en su Aniversario Sacerdotal o Religioso (Según sea el caso), si enferma, quizás llevarle algo de comer, llevarle al médico, ayudar con los gastos personales y médicos, regalarle quizás en Navidad algún buen libro, algún postre, en fin; atenderles también desinteresadamente como a todo hijo de Dios y de manera especial por ser quien representa aquí en la Tierra.

La vida para un sacerdote o una religiosa es una vida de amor y el amor conlleva sacrificio, entrega, donación; seamos familias que acogen a estas personas que son admirables, pidamos a Dios les ilumine para que sean siempre fieles y reflejo de Él aquí en la tierra. Necesitamos Sacerdotes Santos y ellos necesitan también Familias Santas que compartan el celo apostólico y que con la bondad de unos y otros la Iglesia se nutra y cada Parroquia sea una Comunidad, una Escuela de Caridad y Bendiciones para todos.

MTF Rosario Prieto

 

La persecución religiosa en el siglo XXI

 

Escrito por César Castilla Villanueva

Publicado: 07 Mayo 2022

 

I.         Introducción

La persecución religiosa es aquella que tiene como objetivo hostigar a personas que tienen un credo que afecta a los intereses de aquel o aquellos que están en el poder o también por parte de algún grupo en particular que se encuentre al margen de la ley y que quiere imponer su creencia a la fuerza en detrimento de los demás. En pleno siglo XXI, aún existen Estados o grupos religiosos desviacionistas al margen de la ley que intentan asediar a minorías especialmente en África y Medio Oriente. El objetivo principal de esta investigación es demostrar como grupos extremistas incurren en esta práctica violentando el derecho de los demás sin que la Comunidad Internacional haga nada por resolver este problema.

1.   El legado de la impunidad y la indiferencia ante la persecución religiosa.

2.   ¿Choque de civilizaciones o desviacionismo religioso como causal de las persecuciones religiosas en el siglo XXI?

3.   Los Izadies víctimas de la persecución takfirista del Estado Islámico (Daesh).

4.   ¿El dialogo intercultural como una posible solución a las persecuciones religiosas en el siglo XXI?

5.   ¿El dialogo intercultural como una posible solución a las persecuciones religiosas en el siglo XXI?

6.   La tolerancia religiosa como ingrediente principal en el dialogo intercultural.

II.  El legado de la impunidad y la indiferencia ante la persecución religiosa

Las persecuciones religiosas son un hecho execrable que por lo general atentan contra las minorías. Una de las más recordadas en la historia del mundo contemporáneo es aquella que sucedió en el Imperio Otomano, donde la Comunidad Internacional fue testigo del genocidio sistemático de la población no musulmana, llevado a cabo en contra de una minoría religiosa durante la segunda mitad del siglo XIX.

En esta época los principios islámicos habían influenciado el crecimiento del Imperio Otomano. Esto quiere decir que estos principios no solo moldeaban la fe de los musulmanes sino también otros aspectos como lo político y lo social. Por lo tanto, el carácter islámico de la teocracia otomana aparecía como un factor predominante en la organización legal del Estado otomano. Es aquí donde la figura del Sultán Califa ejercía una doble función. El hecho de ser sultán le permitía ejercer el poder sobre el plano político; y por ser Califa, tenía la misión de proteger el Islam.

La sinergia de estas dos funciones derivaba solo en una: velar por la aplicación de la Sharia (Revelación de la ley islámica al profeta Mahoma en el siglo VII d.C.) (Dadrian, 1995, pp. 29-30). En el imperio otomano la sociedad estaba dividida en musulmana y no musulmana creando una dicotomía entre ciudadanos de primera y segunda clase (dominantes y dominados). Esto había llamado poderosamente la atención de Gran Bretaña, Francia y Rusia, cuestionando el tratamiento que el Imperio Otomano otorgaba a la población no musulmana, es decir las minorías cristianas. Lo cual influyó para que se dieran a cabo una serie de reformas en el seno del gobierno otomano (Tanzimat) entre 1839 y 1876.

Durante el mandato del Sultán Califa Abdul Hamid II (1848-1918) que asumiría el poder en 1876 se llevaron a cabo las peores masacres en contra de las minorías no musulmanas (masacres hamidianas o masacres armenias entre 1894 y 1896), provocando un enfrentamiento entre la comunidad musulmana y las minorías cristianas representada por los armenios en mayor cuantía. Es así que las potencias europeas empezaron a hacer un llamado para proteger a los armenios víctima del régimen opresor de Abdul Hamid II, lo que finalmente despertaría el nacionalismo turco y encendería aún más la represión en contra de los armenios cristianos a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX a manos de los Jóvenes Turcos miembros del Comité Unión y Progreso (CUP) o Ittihad (Ittihad ve Terakki Cemiyeti).

Desde noviembre de 1894, los cables de noticias llegaban a  Inglaterra anunciando por primera vez las atrocidades cometidas en Samsun, donde el sultán Abdul Hamid negaba a toda costa los crímenes cometidos bajo sus órdenes que iban desde violaciones, mutilaciones, incendios, y masacres perpetuadas por soldados tanto regulares como irregulares. Es así que se decide llevar a cabo una investigación tardía en pleno invierno compuesto por un francés, un ruso y un inglés, dando como resultado que el criminal responsable habitaba en el castillo de Yildiz, el cual solo se limitaba a pagar una deuda mediante el dictado de una Orden Imperial de Liakat a su fiel servidor Zekhi Pasha, comandante del cuadragésimo sexto Cuerpo. A pesar de la visita de esta delegación europea, poco o mucho sirvió para frenar la masacre en contra de los cristianos armenios (Quillard, 1900, p. 1).

En 1895, a pesar del plan de reforma para garantizar los derechos de los no musulmanes en particular de los armenios, propuesto por las seis potencias que reinaban en aquel sistema internacional de carácter eurocéntrico se elevaría ante las autoridades del imperio otomano el 11 de mayo de 1895, pero dos semanas después Abdul Hamid, el 3 de junio del mismo año presenta un proyecto oponiéndose a la petición europea, lo que significó que entre 1895 y 1896 el sultán rojo acabó con la vida de al menos trescientos mil armenios (Quillard, 1900, p. 1).

En esta época las intervenciones entre las potencias europeas estaban basadas en un mínimo de cohesión hasta el tratado de Berlín de 1878 que sienta un precedente para la protección de algunas minorías y grupos religiosos, donde la presión de las grandes potencias de aquella época como Reino Unido y Rusia podía influir en el Imperio Otomano [1], ambos países eran firmantes de dicho tratado. Sin embargo, esta tentativa no  fue lo suficientemente eficaz ni eficiente para poder frenar el genocidio en contra de las comunidades no musulmanas (Dadrian, 1995, pp. 49-50).

Para noviembre de 1914, habían transcurrido los primeros meses de la Primera Guerra Mundial, es ahí cuando Mehmed V (1909-1918) declaró la Yihad contra los países de la Triple Entente (Inglaterra, Francia y  Rusia). Por otro lado, la persecución hacia los armenios se había intensificado, es decir, el legado de Abdul Hamid II seguía presente, ya  que bajo su mandato avalo la matanza de más de 200.000 armenios entre 1894-96. Todo esto respondía a una política oficial de genocidio implementada en nombre del nacionalismo turco propuesto por el partido nacionalista y reformista “Comité de Unión y Progreso” también conocido como “Jóvenes Turcos”. Como resultado de esta persecución religiosa según la historiadora Nelida Boulgourdjian-Toufeksian afirma que de dos millones cien mil armenios censados en el Imperio Otomano en el transcurso del año 1912 según las estadísticas del Patriarca Armenio en Estambul, solo quedaron 77.435 en 1927 (Alfred de Zayas, 2010).

III. ¿Choque de civilizaciones o desviacionismo [2] religioso como causal de las persecuciones religiosas en el siglo XXI?

Comenzando la década de los 90’s, se afianzaría la desconfianza en lo que respecta al entendimiento entre civilizaciones. Samuel Huntington escribe Clash of Civilizations en 1993, donde adopta una postura fatalista cuando se refiere a las relaciones entre Occidente y Oriente, enmarcándolas en un «choque de civilizaciones» donde la religión jugara un rol preponderante:

«La hipótesis de este artículo es que la principal fuente de conflicto en un nuevo mundo no será fundamentalmente ideológica ni económica. El carácter tanto de las grandes divisiones de la humanidad como de la fuente dominante de conflicto será cultural» (Huntington, 1993).

Para Huntington el origen del conflicto radicará en la profundización de las diferencias que mantienen las civilizaciones más importantes, que según él son la occidental, confuciana, japonesa, islámica, hindú, eslava, ortodoxa, latinoamericana y finalmente también toma en cuenta a la africana. Las cuales tienden a diferenciarse por su historia, idioma, tradición y religión, elementos que a través de la historia han generado los conflictos más prolongados y violentos (Huntington, 1993).

Por otro lado, si las persecuciones religiosas de este siglo XXI no son producto de un choque de civilizaciones inminente ¿podrían estas tener su origen y agravarse por el desviacionismo religioso? Una vez desaparecida la guerra de ideologías políticas antagónicas es decir entre el capitalismo y el comunismo durante la última década del siglo XX, ve la luz un nuevo tipo de conflicto donde la relación Occidente y Oriente se ve involucrada.

El desviacionismo religioso del Islam ha conllevado a que organizaciones político-religiosas como los Talibanes, Al-Qaeda y el Estado Islámico se hayan nutrido principalmente de corrientes desviacionistas como el wahabismo y salafismo. El wahabismo resalta la unidad de Dios (Tawhid), es decir haciendo alusión al monoteísmo absoluto mientras todo lo que caiga fuera de este concepto debe ser denunciado como una innovación herética (Bida). En el caso del salafismo es un movimiento reformista ultra conservador dentro del islam sunita que propone que el Islam sea como se daba durante la vida del poeta; rechazando toda innovación religiosa (Bida) para finalmente adoptar la Sharia donde el común denominador es la lucha contra los “infieles” de Occidente y de Medio Oriente. Dentro de estas dos corrientes existe otra línea de pensamiento denominado takfirismo que consiste en la acusación de apostasía de la parte de un musulmán hacia otro musulmán o seguidor de cualquier otra fe de Abraham.

Por otro lado, la amenaza del desviacionismo religioso se extendió finalmente a otros continentes como África [3] y Asia a través de su proceso de contratación, creación y apoyo financiero de células terroristas. Al mismo tiempo, los enfoques de seguridad han cambiado considerablemente en los últimos años debido al aumento del número de amenazas, como por ejemplo el neo-realismo que incluye una amplia gama de nuevos conceptos como el terrorismo internacional, la guerra preventiva, y también la creación de alianzas de seguridad.

Esto afecta especialmente a Medio Oriente, donde poblaciones enteras se ven afectadas, por la insania de mentes extremistas dado que el derecho de las poblaciones a ser protegidas se desvanece ante la indiferencia de la comunidad internacional, que a falta de una voluntad política dejan pasar el tiempo mientras vidas inocentes pierden la vida a diario. Intervenir militarmente en un territorio que sea soberano con el fin de proteger a una población debería de dejar de ser un tabú, y contar con el visto bueno de los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

IV.  Los Izadies víctimas de la persecución takfirista del Estado Islámico (Daesh)

El origen del Daesh (داعش) se remonta a la invasión estadounidense de Irak en marzo de 2003, cuando el Sheikh jordano Abu Musab al- Zarqawi [4] anunció su lealtad a los líderes más importantes de Al Qaeda: el Sheikh saudí Osama bin Laden y el médico egipcio Ayman al-Zawahiri en 2004. Abu Musab al-Zarqawi, antes de convertirse en el líder de Al-Qaeda en Irak (AQI), fue también el líder del Grupo de Monoteísmo y Yihad [5], que forma parte de la red de Al-Qaeda. Durante una breve estancia en Afganistán, decidió instalarse en el norte de Irak en 2002 (Ayad, 2014). Ciertamente, en el primer momento el objetivo principal de AQI era contrarrestar la invasión de Estados Unidos y sus aliados en territorio iraquí, para tal efecto este grupo se había ensañado con las fuerzas de seguridad iraquíes que cooperaban con los estadounidenses.

A principios del año 2006, AQI con otras organizaciones pro-yihad [6] creó el Consejo Consultivo de los muyahidín en Irak [7] y la Alianza de los perfumados [8], unificando así sus acciones; Abu Abdullah al-Rashid al- Baghdadi también conocido como Abu Omar al-Baghdadi, proclamó el Estado Islámico de Irak (ISI) en octubre de 2006 y se convirtió en el líder de esta organización hasta su muerte en 2010, cuando fue sustituido por Abu Bakr al-Baghdadi, quien inmediatamente cortó los vínculos con Al Qaeda.

Durante los años de la Primavera Árabe, Siria sufre el efecto boomerang de estos eventos que buscan un cambio de régimen desde marzo de 2011. El Estado Islámico de Irak (ISI) se envuelve en este conflicto y el nombre de esta organización se convierte en 'Estado Islámico en Irak y el Levante (ISIL) en abril de 2013 [9]. Esta vez se inicia la persecución en contra de las personas consideradas Rawafid (aquellos que rechazan la Sunna) por el ISIL y todos los partidarios del presidente sirio. ISIL con el apoyo financiero y militar de las potencias occidentales, especialmente Estados Unidos y de la Unión Europea, trató de derrocar al régimen de Bashar al-Asad.

La proclamación del califato por el Estado Islámico (EI) es obviamente, un desafío a la autoridad de Al-Qaeda, la principal organización terrorista implicada en la Yihad en todo el mundo después de los ataques del 9/11. Pero a pesar de las diferencias surgidas entre el EI y Al-Qaeda desde abril 2013 a causa de su participación en Siria (Sallon, 2014), el EI se ha convertido en un grupo terrorista que ha superado en peligrosidad a Al-Qaida. No obstante, el Califato goza de un apoyo significativo entre los grupos muyahidines de Irak y Siria [10] y también se benefician de seguidores en Europa. Sin duda, el factor de motivación fue bien canalizado a través del uso de las redes sociales como Twitter, YouTube, etc., y también mediante la publicación de la revista Islamic State Report magazine (ISR) en idiomas árabe e inglés.

También hay que señalar que la presencia del EI se ha ampliado con el apoyo financiero de países como Arabia Saudita, que siempre ha apoyado organizaciones wahabitas, salafistas y yihadistas en el Magreb, Mashrek y Oriente Medio. El Reino de Bahréin también juega un papel clave en el apoyo del EI, ya que nunca ha aceptado y tolerado que los Chiitas puedan gobernar Irak. Por último, la complicidad de otros países, como Turquía, ya que este país considera que apoyando la causa del EI puede contribuir a derrocar al régimen sirio (Toscano, 2014).

Para la mayoría de los países sunitas, los Chiitas son una secta herética e Irán es considerado un Rogue State. También se debe de tomar en cuenta que el EI abraza el takfirismo y actúa bajo el apoyo de sus unidades de inteligencia que han sido esenciales para la toma de Mosul, área ocupada por los «apóstatas» (Islamic State Report, 1435) es decir politeístas, cristianos, izadíes y los dos principales grupos poblacionales de Irak: los Chiitas que están viviendo principalmente en el sur de Irak y los kurdos en el Kurdistán iraquí.

En este caso, son los Yazidies (Izadies), quienes fueron víctimas de persecución y eliminación sistemática por parte del EI por tan solo tener un credo completamente diferente a aquel que pregona y propaga el EI. Esto se inició prácticamente después de la inauguración de su Califato a fines de junio de 2014. Dicho credo es inclusive anterior al siglo VI d.C., es decir antes de la expansión del islam, los Izadies tienen sus raíces en la antigua Mesopotamia, actualmente Irak incluyendo al sur del Kurdistán iraní, en Kermanshah. Aunque muchos de ellos hayan nacido en el Kurdistán, niegan o no se identifican con este. Para el 2014, en Irak los Izadies totalizaban una población de 325.856 habitantes (un 1% de la población total) [11].

Los Izadies son monoteístas puesto que consideran a una sola deidad como su único Dios, el cual es Melek Taus [12], el ángel en forma de pavo real, es decir un ángel caído que para los musulmanes no es otro que Sheitan o Satanás. Bajo la óptica de los Izadies, Malek Taus no se revelo contra Dios, todo lo contrario, se le ordenó que cuidara de la creación. Aunque con el transcurrir de los años fueron adoptando varias costumbres de distintas religiones (sincretismo) entre ellas el zoroastrismo (dualismo entre el bien y el mal), del islam, puesto que son herederos de Sheikh Adi, un místico sufí, fundador de una comunidad musulmana ortodoxa en el siglo XII que se instaló en el Kurdistán; e inclusive del cristianismo ya que creen en el bautismo (De Mareschal, 2014).

Para agosto de 2014, la situación se había complicado tanto que a mediados de este mes, la ONU había puesto a Irak en el nivel más alto de emergencia (nivel 3), debido a la catástrofe humanitaria por el avance impresionante del EI y la persecución de las minorías religiosas (Espinosa, 2014). Esto despertó el temor en los iraquíes puesto que miles de Izadies habían desaparecido o habían sido masacrados por los combatientes de EI, lo que podría ser un presagio de un retorno a la pesadilla sectaria de 2006 y 2007, cuando los vecinos se volvieron contra los vecinos.

Esta situación generó que más de 400.000 izadies, que siguen una religión antigua con raíces en las tradiciones cristianas, musulmanas y zoroastrianas, hayan decidido dejar sus hogares por miedo a ser eliminados (Ahmed, 2014). La verdadera pesadilla de los izadies comenzó el 3 de agosto de 2014 cuando los muyahidines del IS, toman Sinjar (ciudad situada en el noroeste de Irak, cerca de la frontera con Siria), debiendo huir hacia las montañas sin agua ni alimentos, teniendo que soportar temperaturas de hasta 50° C (Gillig, 2014). La situación se volvió tan tensa al punto que el papa Francisco invocó a la ONU a tomar cartas en el asunto a través de una intervención (Follorou, 2014).

Breen Tahsin, diplomático iraquí destacado en Gran Bretaña e hijo del príncipe Tahsin Saeed Bek, jefe de la comunidad yazidi, el 19 de agosto de 2014, denuncia en Ginebra que la Comunidad Internacional no había hecho nada para poner fin al genocidio de los Izadies de Irak por parte de los efectivos del IS. Según las cifras dadas por Tahsin, más de 3.000 Izadies fueron eliminados por el EI, y otros 5.000 fueron capturados por esta organización. Pero lo que más le preocupaba era la suerte de otras 4.000 familias en las montañas de Sinjar (Follorou, 2014, p. 3).

Entonces ante lo expuesto anteriormente porque ante el asedio y los crímenes en contra de los izadies, a través de asesinatos selectivos, entierros de gente aún con vida, torturas, etc.; por parte de los efectivos del Estado Islámico. La pregunta que debería hacerse es ¿Por qué el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, contempló de forma indiferente esta situación? ¿Por qué no hubo una resolución por parte del Consejo de Seguridad que permita una intervención militar para proteger a esta minoría religiosa? ¿Porque solo se limitaron a condenar? ¿Por qué la mayoría de Estados tuvo que actuar en forma independiente y desorganizada? ¿Por qué aun en pleno siglo XXI el dialogo intercultural fracasa y la persecución religiosa se vuelve algo tan común en nuestro mundo contemporáneo?

V.   ¿El dialogo intercultural como una posible solución a las persecuciones religiosas en el siglo XXI?

En la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO del 2 de noviembre de 2001, aprobada por 185 Estados Miembros, documento que consta de 12 artículos y dividida en 4 secciones donde principalmente trata de interrelacionar la diversidad cultural con algunas variables como pluralidad, derechos humanos, creatividad, solidaridad internacional; redefine la palabra cultura como:

«El conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias» (UNESCO, 2001).

Este documento fue preparado para la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Johannesburgo del 26 de agosto al 4 de septiembre de 2002, apunta a garantizar la existencia de la diversidad cultural, frenando toda tentativa segregacionista y fundamentalista que a partir de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, en particular después del 11 de setiembre de 2001 se ha convertido en una amenaza contra la convivencia pacífica de las civilizaciones y atentando contra la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 así como a  los pactos internacionales sobre los derechos civiles y políticos; y el otro de los derechos económicos y culturales, ambos suscritos en 1966 (UNESCO, 2004). A comienzos del siglo XXI, el presidente de la República Islámica de Irán, Muhammad Jatami (1997-2005) de tendencia reformista, trata de retomar la fórmula del austríaco Hans Köchler, cuya propuesta  denominada Diálogo de Civilizaciones (Dialogue of Civilizations), fue el pionero en proponer un diálogo de tal naturaleza en 1972, a través de una carta dirigida a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Para la implementación y difusión de ésta propuesta, Köchler decide realizar un viaje (Global Dialogue Expedition) por algunos puntos del planeta sumando un total de 28 ciudades visitadas en 26 países, tales como el Reino de Jordania, India, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Tailandia, Indonesia, Senegal; que le toma desde marzo a mayo de 1974, con el fin de explicar y discutir su punto de vista acerca de la hermenéutica cultural con representantes de diferentes culturas. Durante la primera semana de este viaje, exactamente el 9 de marzo de 1974, organizó la primera conferencia internacional sobre “La Auto-Comprensión Cultural de las Naciones” (The Cultural Self- comprehension of Nations) en la Royal Scientific Society de Amman, actividad que persistiría por un par de décadas más (Koechler, 2002).

Por lo tanto, Jatami apoyándose en la filosofía islámica-chiita, desarrolló un enfoque, entre el mundo islámico en general y otras civilizaciones, especialmente aquellas de Occidente, alegando que ambas pueden crear las condiciones necesarias para que exista un diálogo eficaz y eficiente, con el objetivo de lograr un mayor entendimiento entre ambas partes. Es así que Jatami se convierte en el promotor de la idea para que el año 2001 sea elegido como el año del Diálogo entre Civilizaciones en el seno de las Naciones Unidas. A diferencia de Samuel Huntington en su famoso “Choque de Civilizaciones” (Clash of Civilisations), la visión con que Jatami encara de una manera optimista los desafíos de entablar una línea de diálogo entre civilizaciones en el nuevo milenio.

En su discurso “Como continuar el diálogo de las civilizaciones” pronunciado en Siria en enero de 2002, Jatami resalta la importancia de la relación entre la filosofía islámica y la tolerancia como instrumento para el entendimiento con otras ideologías existentes:

«El islam no solo ha crecido a lo largo de la historia por el diálogo mantenido entre sus distintas escuelas y sectas sino también ha dado cobijo  siempre a las ideas no islámicas. La filosofía griega llego a Irán y al mundo islámico a través de Alejandría por lo que la filosofía islámica por la tolerancia demostrada por los musulmanes hacia otras ideologías se convirtió pronto en una de las más ricas ramas de la filosofía» (Jatami, 2006).

Muhammad Jatami, años más tarde, después de terminar su periodo presidencial, se dedicó a difundir su propuesta de diálogo, a tal punto que en el año 2007 creó la Fundación para el Diálogo entre Civilizaciones (Foundation for Dialogue among Civilisations), con sede en Ginebra apostando por un diálogo regular a través del tiempo entre los pueblos, las culturas, las civilizaciones y las religiones del mundo con el fin de promover la paz, la justicia y especialmente la tolerancia además de poner en práctica las recomendaciones de las resoluciones pertinentes de la ONU (Foundation for Dialogue among Civilisations, 2013).

VI.  La tolerancia religiosa como ingrediente principal en el dialogo intercultural

Sin embargo, la tolerancia ha sido y será un elemento indispensable para una convivencia pacífica dentro de las relaciones interculturales; pero cuando se trata de ir más allá, y enfocarnos en las relaciones entre Oriente y Occidente, nos damos cuenta de que toda tentativa de dialogo ha sido en vano y poco fructífera, terminando siempre en un fracaso. A la tolerancia se le puede clasificar como valor o virtud, entendiéndose como valor (Muller & Halder, 2001) a aquella característica de un ser que le permite ser apreciado que por lo general va ligado a lo moral; y virtud (Ferrater Mora, 1998) en el sentido de hábito o manera de hacer una cosa gracias a que goza de una capacidad.

Desde el plano filosófico, la tolerancia se ha considerado como el hecho opuesto de adoptar una actitud contraria a la de preservar en la propia opinión con dureza y rigidez (Ferrater Mora, 1998, p. 3523). Y si quisiéramos profundizar más en el tema, nos tocaría recurrir a la ética, ya que siendo ésta una rama de la filosofía, tiene como objeto de estudio a la moral, donde los valores del ser humano se convierten en una de las principales tareas de estudio y la tolerancia cabria dentro de este campo (Hildebrandt, 1997). Sabiendo que los valores morales, son esencialmente valores personales y están cimentados en la libertad, es aquí donde el significado de la palabra tolerancia juega un rol esencial ya que demuestra el respeto a la forma diferente de pensar de los demás, lo único malo es que siendo algo tan personal no se pueden universalizar.

Ya en la práctica, la tolerancia, por lo general se espera que como una virtud transformada en actitud aplaque las diferencias que se puedan suscitar entre las religiones, ideologías políticas, aficiones de todo tipo, entre otros; permitiendo una convivencia pacífica la cual sería posible a través de un proceso de entendimiento y asimilación de personas con características diferentes a nosotros.

Aunque la tolerancia ha sido defendida por parte de algunos filósofos, también tuvo ciertos detractores como los filósofos tradicionalistas que sostenían que la tolerancia para con el error permite la expansión de este, por lo tanto, recomendaban que es mejor no comulgar con aquellos que no comulgan con la verdad. En el caso de Balmes, la tolerancia está acompañada con la idea del mal, puesto que la tolerancia genera malas costumbres (Ferrater Mora, 1998, p. 3524).

En el plano religioso, el término “tolerancia”, cobra vigencia ante la actitud mostrada por parte de algunos autores durante las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII, con el objetivo de poder lograr una convivencia pacífica entre católicos y protestantes (Ferrater Mora, 1998, p. 3523).

En la antigüedad, la tolerancia contribuyó a que las poblaciones que vivían bajo el mandato del Imperio Persa alcancen una relativa armonía. Por “Imperio Persa”, debe entenderse a un conjunto de reinos o dinastías que gobernaron Persia, donde su administración principal era Persepolis (Περσέπολις) [13] o también llamada Takht-e-Jamshid (جمشيد تخت) [14], la que se ubicaría en lo que actualmente es la provincia de Fars, en el sudoeste de la República Islámica de Irán [15].

Las primeras civilizaciones que dieron vida al imperio persa, fueron descendientes de grupos indoeuropeos que colonizaron la parte meridional y septentrional de la meseta de lo que hoy en la actualidad se conoce como Irán. Estas civilizaciones pertenecían a la raza Aria, de la cual proceden la mayoría de pueblos europeos, caracterizados por haber sido criados en la pobreza y sin mayores necesidades se propusieron colonizar las poblaciones del Asia Occidental.

El imperio persa tiene sus orígenes en las antiguas civilizaciones Elamita (عيالم تمدن) [16] y luego en la Meda [17] abarcando ésta última poblaciones asentadas entre el mar Caspio y los ríos de Mesopotamia, la cual terminó dominando a los persas hacia el siglo VII A.C. No obstante, el imperio persa alcanza su mayor esplendor en dos etapas, la primera con la dinastía Aqueménide fundada por Aquemenes (s. VII a.C.), bajo la dirección de Ciro II el Grande y la segunda con la dinastía Sasánida fundada por Ardacher I, bajo la dirección de Sapor II (s. II d.C.).

En el caso de la dinastía Aqueménide fue Ciro II el Grande 559-529 A.C., fundador y líder de éste imperio, que después de vencer a los Medos en el año 550 A.C., se caracterizó por tener una visión unificadora de los pueblos persas, extendiendo su liderazgo hacia territorios ubicados en Asia Menor, inclusive anexando algunas colonias griegas. Otra de sus hazañas fue la conquista de los territorios de lo que hoy es Pakistán entre los años 546-540 A.C. y la toma de Babilonia en el año 539 A.C., lo que incluía los territorios de Palestina y Siria, permitiendo que los judíos apresados por el rey Nabucodonosor en esta ciudad regresen a su país. De esta manera, Ciro II el Grande extendió el imperio persa por toda la parte del Asia occidental donde el mar Mediterráneo y Negro bañan sus costas.

La segunda etapa donde el imperio persa llega a alcanzar un desarrollo importante es con la dinastía Sasánida que ocupó Persia entre  los siglos III y VI d.C., tomando la posta de la dinastía Aqueménide en cuestión de liderazgo; reforzando así las estructuras del imperio persa, además de crear una órbita geopolítica importante, permitiendo también contrarrestar al poderío de los romanos en la región de Mesopotamia. A lo largo de sus aproximados 400 años de existencia, esta dinastía tuvo numerosas guerras con los romanos y con el imperio bizantino, pero también conquistó territorios en Mesopotamia, Siria y Asia Menor e invadió India y Armenia, para finalmente sucumbir a la conquista árabe.

Junto al desarrollo de los sasánidas también se dio originaron dos religiones iranias, donde la deidad principal era Zurvan [18] dios de lo infinito y del espacio, el cual previo sacrificio de mil años fue padre del dios del Bien Ahura Mazda y del dios del Mal Angra Mainyu creando un concepto dualista. Estos dos existen desde y para la eternidad ocupando cuadrantes opuestos en el cosmos, con características totalmente opuestas en su naturaleza; compartiendo algo en común, que ninguno de los dos es omnipotente y cada uno está limitado por la existencia y el poder del otro (Lincoln, 2012). Aunque es difícil precisar en qué momento la ortodoxia zurvanista o mazdea podía prevalecer una por encima de la otra. A pesar que el zurvanismo se impusiera después del siglo III A.C., Ardashir (Artajerjes) fue considerado el restaurador del zoroastrismo (Eliade & Couliano, 2008).

A partir de Darío I, la doctrina de Zoroastro (Zarathustra) [19], el culto a la deidad Ahura Mazda, en otras palabras, el Zoroastrismo se convirtió en una religión predominante cuyas fuentes fueron puestas por escrito en el libro sagrado Avesta a partir de los siglos IV o VI de la era cristiana. Dicho libro está dividido en nueve secciones Yasna (Sacrificios), Yasht (Himnos a las divinidades) Vendidad (Reglas de pureza), Vispered (El culto), Nyayishu y Gah (Oraciones), Khorda o Pequeño Avesta (Oraciones Cotidianas), Hadhokht Nask (Libro de las Escrituras), Aogemadaecha (Nosotros aceptamos) y Nirangistan (Reglas culturales) (Eliade & Couliano, 2008, p. 300). En este caso los soberanos de la dinastía aqueménides como Dario I (522-486 A.C.), Jerjes (486-465 A.C.), Artajerjes II (402-359 A.C.) (Eliade & Couliano, 2008, p. 300), siempre tuvieron una actitud de respeto hacia las creencias o manifestaciones de índole religioso existentes en los diversos pueblos anexados por el imperio persa lo que significaba rendir culto a divinidades arias como Mitra y Anahita conjuntamente con las egipcias, babilonias e inclusive hebreas.

Cabe mencionar que esta fue una época caracterizada por fuertes tendencias nacionalistas, donde el rey concentraba el poder, el cual le permitía tener el control del ejército, la administración, la hacienda pública y la política exterior donde su principal preocupación era sin duda el imperio romano. Los reyes sasánidas fueron los responsables de la instauración del Zoroastrismo modernizado como religión oficial del imperio. Por tal motivo también proliferaron monumentos figurativos iranios durante Sapor I (241-272 d.C.) y Narses (292-302) (Eliade & Couliano, 2008, p. 300). No obstante, al principio las demás religiones fueron vistas como un elemento separatista (Planeta Sudamericana, 1981). Sin embargo, en el caso de Sapor I, probablemente zurvanita mostró simpatía en favor de Mani, profeta fundador del maniqueísmo que predico en Persia; a tal punto que sus hermanos Mihrshah y Peroz se convirtieron a esta religión. Hay que resaltar que Mani fue encarcelado por Bahram I y por Kerdir iniciando una persecución. Esta situación cambiaría con la llegada de Yezdigird (el Pecador), cuya tolerancia mereció el aprecio tanto de cristianos como de paganos (Eliade & Couliano, 2008, p. 303).

Entre sus principales reyes tenemos a Ardashir I, Sapor I y Cosroes I. Éste último fue considerado un monarca tolerante ya que según la historia no se dieron persecuciones de ningún tipo durante su reinado (Pisa Sanchez, 2011). En el periodo de Ardashir I en Ctesifonte (Capital del Imperio Sasánida), hubo mucha proliferación de judíos. En esta ciudad también se podía encontrar una escuela judía de alto nivel desde el siglo tercero d.C.; y el Exilarca [20] (גלות ראש), jefe de la comunidad judía en Babilonia también residió en la ciudad de Mahuz [21]. En el caso de Cosroes II (590-628) fue tolerante con el cristianismo, siendo Shirin, su esposa una princesa cristiana de Constantinopla (Ropero, 2010). Debido a esto, Cosroes II en un momento de su vida desarrolló una cierta afinidad con el cristianismo y los cristianos, los cuales podían ejercer libremente su fe. La construcción de Conventos e iglesias era permitida, por ejemplo, el Convento de Pethion que estuvo ubicado específicamente en Ctesifonte. En tiempos posteriores hubo dos iglesias, una con el nombre de Santa María y la otra llamada San Sergio ambas construidas bajo las órdenes de Cosroes II [22].

En ambos casos, es decir durante el reinado de estas dos dinastías hubo monarcas que desarrollaron la tolerancia en todo el sentido de la palabra incluyendo la religiosa. La tolerancia es un término demasiado complejo para poder definirlo, aunque por lo general es aplicado al comportamiento humano puede ser también interpretado como una virtud. Pero si nos basamos en la etimología latina tendríamos que centrarnos en el verbo Tolerare que significa resistir, sufrir, soportar, etc. (Cabedo Manuel, 2006). Para Max Müller y Alois Halder el término “tolerancia” es un concepto practico y no teórico, el cual tiene múltiples funciones como el de proteger al sistema dominante contra la disolución, protege al sujeto de la opinión minoritaria contra represiones físicas, sociales, mentales; y finalmente como una especie de preparación para una confrontación pacífica (Muller & Halder, 2001, pp. 426-427).

VII.            Conclusiones

Las persecuciones de cualquier tipo son actos deplorables especialmente aquellas que son de tipo religioso porque limitan la libertad del ser humano en su relación con Dios. Lamentablemente la historia universal nos muestra que las persecuciones religiosas se han originado desde la edad antigua. Ante esto poco o mucho se ha podido hacer para evitarlas. En el presente artículo se ha puesto como ejemplo las masacres hamidianas llevadas a cabo por Abdul Hamid II (1894-1896) en contra de todo no musulmán, que sin duda alguna afectó principalmente a los Armenios. Sin embargo esto sólo fue el inicio, porque durante los años finales del Imperio Otomano, por el año 1915, la persecución religiosa por parte del Estado se intensificó.

En el siglo XXI, podemos encontrar persecuciones religiosas de toda índole, en especial promovidas por algunos Estados y grupos terroristas como el Estado Islámico en Medio Oriente, África y Asia, que tienen como objetivo a cristianos, musulmanes, Izadies y personas de otras creencias.

¿Estaremos siendo testigos de un clash de civilizaciones, como se refería Samuel Huntington en la década de los 90? Si es así, ¿qué se puede hacer para revertir esta situación y poder vivir en harmonía? Es exactamente aquí cuando el dialogo intercultural juega un rol fundamental, teniendo como objetivo principal promover una convivencia harmónica. El legado del austriaco Hans Köchler y del expresidente irani Jatami no debe olvidarse, sino, por el contrario, ha de continuarse con su ejemplo. Lamentablemente lo que no se conoce no se valora: por lo tanto, se debería seguir divulgando la obra de estos personajes que entregaron parte de su vida para lograr un mundo mejor.

A manera de conclusión, la pregunta que se debería plantear es: ¿que nos ha impedido poner en práctica la tolerancia? Sabiendo los beneficios que ésta puede aportar para alcanzar un nivel de convivencia óptimo, tanto al interior de una sociedad y como al exterior, esto nos permitiría desarrollar un enfoque sobre relaciones internacionales capaz de consolidar una política exterior que promueva el dialogo intercultural. Al parecer, en estas dos primeras décadas que están transcurriendo del siglo XXI, pareciera que resultara difícil ponerlo en práctica, y, por el contrario, todo lo que se ha conseguido hasta el momento es haber desencadenado un proceso de intolerancia al interior de países que están constituidos por diferentes etnias y credos, entre regiones que son completamente asimétricas.

César Castilla Villanueva, en dialnet.unirioja.es/

Notas:

  El Imperio Austro-Húngaro, Francia, el Imperio Alemán y el Reino de Italia también fueron firmantes de dicho tratado.

  Entendido como dar una interpretación diferente a una ortodoxia.

  Como se sabe, Al-Qaïda es una agrupación terrorista inspirada en el wahabismo, que fue liderada en sus inicios por Osama ben Laden. Se caracteriza por tener varias células como Al-Qaïda en el Maghreb islámico (AQMI), Al-Qaïda en Irak (AQI) o Al-Qaïda en la península Arábiga (AQPA).

  Abu Musab al-Zarqawi fue asesinado en 2006.

  (والجهاد التوحيد جماعة (Jama'at al-Tawhidw al-Jihad.

  Al-Qaïda en Irak (AQI), Jaysh Al-Taifa Al- Mansoura, KataebAnsar al-Tawhid, Sarayat al-Jihad al-Islami, Kataeb Al-Ahwal.

  (العراق في المجاهدين شورى مجلس (Majlis Shura al-Mujahideen fi al-Iraq.

  (المطيبين حلف (Hilf al-Mutaibin, grupo compuesto por el Consejo Consultivo de los Muyahidines en Irak y otras organizaciones como Jund Assahaba, Jaish Al Fatihin, Kataib Ansara Tawhidwa Sunna, y otros jefes de tribus.

  (والشام العراق في االسالمية الدولة (Ad-Dawlat al-Islāmiyya fī'l-'Irāqwa'sh-Shām.

10    AnsarBeit Al-Maqdisa, Al-Nosra.

11    Cfr. Cia. Fact Book, 2014.

12     ملك طاووس

13    Denominada por los griegos de ésta forma, cuyo significado es “Ciudad de los Persas”.

14    “Reino de Jamshid” en español.

15    Fundada por el Ayatollah Imam Jomeyni en abril de 1979, después de la caída del Sha de Irán y largos años de opresión sobre el pueblo musulmán.

16    Tamdan Eilam que en español significa “Civilización de Elam”.

17    Μηδία o مادای en griego y persa respectivamente.

18    Del avéstico zruvan, “tiempo”.

19    Profeta del Siglo VII A.C., Irán.

20    Líder laico de la comunidad judía de Babilonia, luego de la destrucción del reino de Judá, así como la consecuente deportación de los hebreos bajo las órdenes de Nabucodonosor II.

21    ۵۱۳ : ص، کريستنسن آرتور، ساسانيان زمان در ايران) Traducción del Persa al Español por el autor de este ensayo).

22    Ibidem

 

 

El Gobierno contra el Gobierno

“En esta situación de un cierto caos, lo lógico sería convocar elecciones”

Cuando Julio Verne dijo que “todo lo que un hombre pueda imaginar, otros podrán hacerlo realidad”, no creo que pensara en España, donde nadie se imaginaba lo que sí ha hecho realidad Pedro Sánchez y es que una nación descubridora del continente americano, que fue imperio y primera potencia europea, y que ha engendrado a tantos genios universales de las letras, de las ciencias y de las artes, llegara a ser objeto de tan elevado  desprestigio y descrédito dentro y fuera de sus fronteras, gracias al gobierno más caótico y disparatado de su historia.

Haber posibilitado que en una Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados comparezca la directora del Centro Nacional de Inteligencia para ser “interpelada” por quienes son los causantes  de la inseguridad y  desestabilización del Estado y que representan a organizaciones políticas cuyos integrantes han sido condenados por graves y criminales delitos contra las personas y contra el propio Estado, es una forma palmaria de prostituir la democracia y las instituciones que la representan y sostienen.

Con ser esto más que suficiente para superar la capacidad de resistencia a tanta afrenta hacia la sociedad española, la triste parodia a la que  estamos asistiendo atónitos en el “caso espionaje”, no puede cuanto menos que llenarnos de indignación y de seria preocupación, al contemplar cómo  los propios ministros se acusan y se contradicen; cómo algunos de ellos exigen velada o directamente las dimisiones de los otros y cómo el ejercicio de autoridad y de coordinación que debe asumir un presidente responsable, no solo brilla por su ausencia sino que además alimenta el escandaloso desconcierto en el seno de su gobierno.

Pero donde la herida se hace más profunda es en nuestra imagen y prestigio internacional. Convertir el Parlamento Europeo en un patio de vecinos para que los representantes de los socios del Gobierno de España cuestionen la propia Seguridad Nacional y la garantía de las libertades de uno de sus Estados miembros, es un abierto ataque a su confianza y credibilidad, con las graves consecuencias que ello comporta.

 ¿Cómo un Gobierno que no controla su propia seguridad, puede acoger una Cumbre de la OTAN en el mes de Junio con el clima de guerra que estamos viviendo en Europa?. Esta es la pregunta inmediata que se harán los socios de la Unión Europea después de producirse ese lamentable debate en su propio Parlamento. “En esta situación de un cierto caos, lo lógico sería convocar elecciones, pero me da la impresión que ahora, en España, lo lógico forma parte del pasado y no del presente”. Acertadas palabras de Núñez Feijóo que expresan con mucha claridad el deseo y el convencimiento de una gran mayoría de españoles…

Jorge Hernández Mollar

 

Por aquí ha pasado el pueblo más grande de la Historia

La Sainte Chapelle, joya de la arquitectura medieval, fue mandada construir por el Rey San Luis IX para albergar la Corona de Espinas de Nuestro Salvador.

 

«Por aquí ha pasado el pueblo más grande de la historia y la más portentosa de las civilizaciones humanas; ese pueblo ha debido tener del egipcio lo grandioso, del griego lo brillante, del romano lo fuerte; y sobre lo fuerte, lo brillante y lo grandioso, algo que vale más que lo grandioso, lo fuerte y lo brillante: lo inmortal y lo perfecto».

 

A la civilización católica se debe todo lo que admiramos y todo lo que vemos.

Sus teólogos, aún considerados humanamente, afrentan a los filósofos modernos y a los filósofos antiguos; sus Doctores causan pavor por la inmensidad de su ciencia; sus historiadores oscurecen a los de la Antigüedad por su mirada generalizadora y comprensiva. La Ciudad de Dios, de San Agustín, es aún hoy día el libro más profundo de la Historia que el genio iluminado por los resplandores católicos ha presentado a los ojos atónitos de los hombres.

Las actas de sus Concilios, dejando aparte la divina inspiración, son el monumento más acabado de la prudencia humana. Las leyes canónicas vencen en sabiduría a las romanas y a las feudales. ¿Quién vence en ciencia a Santo Tomás, en genio a San Agustín, en majestad a Bossuet, en fuerza a San Pablo? ¿Quién es más poeta que Dante? ¿Quién iguala a Shakespeare? ¿Quién aventaja a Calderón? ¿Quién, como Rafael, puso jamás en el lienzo inspiración y vida?

Poned a las gentes a la vista de las pirámides de Egipto, y os dirán: «Por aquí ha pasado una civilización grandiosa y bárbara». Ponedlas a la vista de las estatuas griegas y de los templos griegos, y os dirán: «Por aquí ha pasado una civilización graciosa, efímera y brillante». Ponedlas a la vista de un monumento romano, y os dirán:

 

Mitos sobre La Edad Media: el analfabetismo

Notre Dame de París

«Por aquí ha pasado un gran pueblo».

Ponedlas a la vista de una catedral, y al ver tanta majestad unida a tanta belleza, tanta grandeza unida a tanto gusto, tanta gracia junta con una hermosura tan peregrina, tan severa unidad en una tan rica variedad, tanta mesura junto con tanto atrevimiento, tanta morbidez en las piedras, y tanta suavidad en sus contornos, y tan pasmosa armonía entre el silencio y la luz, las sombras y los colores, os dirán:

«Por aquí ha pasado el pueblo más grande de la historia y la más portentosa de las civilizaciones humanas; ese pueblo ha debido tener del egipcio lo grandioso, del griego lo brillante, del romano lo fuerte; y sobre lo fuerte, lo brillante y lo grandioso, algo que vale más que lo grandioso, lo fuerte y lo brillante: lo inmortal y lo perfecto».

Juan Donoso Cortés

 

Construir puentes sólidos. Relación entre suegra y nuera

Escrito por José Martínez Colín.

La juventud es capaz de dar de nuevo entusiasmo a la edad madura y, a su vez, la vejez es capaz de reabrir el futuro para la juventud herida.

1) Para saber

Dentro de la Biblia hay historias muy hermosas. Una de ellas es la de Rut, a la que se refirió el papa Francisco para hablar de la belleza de los vínculos de amor entre familiares. El matrimonio crea nuevos vínculos de parentela. Este es el caso de Rut y su suegra Noemí. Este libro nos enseña que la juventud es capaz de dar de nuevo entusiasmo a la edad madura y, a su vez, la vejez es capaz de reabrir el futuro para la juventud herida.

La historia nos cuenta que Noemí tenía dos hijos casados que mueren, por lo que anima a sus nueras viudas a regresar con sus familias. Pero Rut, que no era judía, decide acompañarla a Israel. Gracias a su suegra, Rut rehacerá su vida, se casará y llegará a ser bisabuela del rey David.

2) Para pensar

Una leyenda china nos enseña una profunda lección.

Había un matrimonio joven: la esposa Lin y su marido Yan. La suegra de Lin era viuda y vivía con ellos, pero había dificultades entre ellas. Eran muy diferentes: Lin era muy activa y le molestaba que su suegra fuera lenta. A la suegra le molestaba que Lin no tuviera calma. La convivencia se hacía muy difícil.

Un día Lin ya no soportó más la idea de vivir con su suegra, y tomó una decisión muy mala: fue con el hierbero y sabio Huang, para deshacerse de ella. Huang, después de escucharla, le dio un ramillete: “Son hierbas muy venenosas. Pero para que te liberes de tu suegra, no las uses de una sola vez, pues levantarías sospechas. Mézclalas con la comida, poco a poco, y así irá muriendo lentamente. En pocos meses el veneno actuará, y morirá. Para evitar sospechas, trátala con mucho cariño. No discutas y ayúdala”. Lin volvió entusiasmada con el plan de asesinar a su suegra.

Durante muchas semanas Lin le sirvió a diario sus alimentos a su suegra, controlaba su temperamento, obedecía a su suegra y la trataba como si fuera su propia madre. La suegra, al sentirse querida, empezó a ser muy amable con ella. En pocos meses, la familia estaba cambiada. Al ser amable la suegra, Lin le tomó afecto. Entonces Lin regresó con el sabio Huang: “Por favor, evita que el veneno mate a mi suegra. Ya es una mujer agradable y la quiero como a mi madre”. El Maestro Huang sonrió: “Lin, no te preocupes. Tu suegra no cambió. Quien cambió fuiste tú. Las hierbas son vitaminas. El veneno estaba en tus actitudes, pero fue sustituido por el amor. Cada vez que le servías, el veneno iba saliendo de ti, hasta que se acabó. Eres libre del veneno del odio y ahora puedes amar a los demás”.

Se cumplió lo que proclama el amor cristiano en boca de San Juan de la Cruz: “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”.

3) Para vivir

El papa Francisco señala que está desprestigiada la figura de la suegra, e invita a proponerse hacerlas felices. Y a las suegras les previno cuidar la lengua, pues suele ser uno de los pecados más malos de las suegras. Rut enseña a querer a su suegra, haciéndola revivir; Noemí, a su vez, ayuda a Rut a recomenzar con esperanza su futuro. Los jóvenes han de agradecer lo recibido y los ancianos han de dar esperanza. El papa pide que los jóvenes hablen con los ancianos, y los ancianos hablen con los jóvenes, para que se restablezca un puente fuerte, que sea medio de salvación, de felicidad.

 

¿El fin justifica los medios?

 

Escrito por Ramiro Pellitero Iglesias

 

El modo más justo de tratar a una persona es el amor (san Juan Pablo II)

 ¿Vale todo?. No se trata de que para conseguir un fin haya que emplear medios, sino de ¿Qué medios se pueden emplear?. Pues solo si se discute esto se podrá hablar de “justificar”. ¿Pero qué es la justicia?

Convicciones y responsabilidad

Dice Spaemann que la justicia implica “reconocer que todo hombre merece respeto por sí mismo”.  Actuar justamente requiere además querer lo bueno para el otro. Según Max Weber esto exigiría una ética de responsabilidad y no de convicciones. Ojo, advierte Spaemann, pues hay que tener cuidado con el utilitarismo.

Entonces ¿en qué consiste nuestra responsabilidad?

Justicia y benevolencia

Para actuar con justicia no basta la justicia en el sentido que normalmente la entendemos, es decir, la que administra un tribunal. Si un gobierno prohibiera a todos oler las rosas, eso no sería injusto, pero sería estúpido.

Spaemann pone otro ejemplo: la historia del juicio de Salomón, donde una mujer renuncia a la “justicia” de un tribunal por el bien de su hijo. Por eso es inmoral preferir aniquilar los bienes cuya participación es imposible antes de darlos a uno cualquiera (una madre que tira el helado ante dos niños que discuten, un profesor que suspende a toda la clase por no saber quién ha copiado).

Esto lo que demuestra es que “hacer justicia al hombre y a la realidad va más allá de la justicia”.

¿Cómo concretar esto? ¿Qué más se exige?

Nuestro autor responde, dos cosas: conocimiento y amor. Saber qué es el hombre y qué le hace bien (quien alimenta a su hijo a base de bombones o de televisión, puede que le ame, pero hace lo mismo que quien le quisiera hacer daño).

No basta querer un bien para otro, hay que conocer. Tampoco basta conocer, hay que querer el bien para el otro.

Por amor no se entiende aquí simplemente la simpatía sino todo lo que entraña la la benevolencia, principalmente querer para el otro lo que es bueno para él. Y esto se debe también a los animales y al resto de la naturaleza.

Ahora bien, se plantea la pregunta ¿Qué exige la benevolencia en la práctica, de modo que nuestros actos sean buenos? ¿Cómo concretar ese “conocer y amar” y en qué medida se requieren?

Robert Spaemann (Berlín, 5 de mayo de 1927-Stuttgart, 10 de diciembre de 2018)1​ fue un filósofo católico alemán. Sus libros han sido traducidos a alrededor de quince idiomas. (WP)

Ética de convicción y ética de responsabilidad

Max Weber respondió a esas preguntas planteando una contraposición entre lo que llamó ética de convicción y ética de responsabilidad. Considera que son dos posiciones irreconciliables con argumentos.

Ética de responsabilidad

Alguien la tiene, si tiene en cuenta el conjunto de las previsibles consecuencias.  Y actúa buscando las consecuencias que le parecen mejores; y esto, aunque tenga que realizar algo que, aisladamente, se consideraría malo.

Por ejemplo, actúa bien el médico que no dice la verdad a un paciente previendo que no la soportará, o el político que se ofrece a dirigir la guerra porque tiene como finalidad reducir las posibilidades de guerra.

 Ética de convicción

Alguien, en cambio, actúa según la ética de convicción cuando sigue sus ideas o convicciones, al margen de las consecuencias.

Por ejemplo, el pacifista que no está dispuesto a matar en absoluto, aunque su posición puede aumentar el peligro de guerra, argumentando que si todos fueran pacifistas no habría guerra, y que si la actitud pacifista no se extiende, no es culpa suya.

La alternativa

Dando un paso más, Weber dice que la “ética de responsabilidad” es la propia de los políticos y la “ética de convicción” es la propia de los santos. Desconociendo, como bien dice Spaemann, que aunque raramente, ha habido políticos que fueron a la vez santos, y con éxitos políticos.

Posteriormente estas dos posiciones se han adjudicado respectivamente a una:

Moral deontológica: La que valora las acciones según las convicciones y no tiene en cuenta las consecuencias.

Moral teleológica: de telos=finalidad. Que valora las aciones según las consecuencias que se preven en el conjunto. También llamada utilitarista o consecuencialista.

A todo esto conviene decir que la deontología que se estudia en muchas universidades, como complemento de otras asignaturas de «ciencias» o «letras«. No entra necesariamente en la categoría de una ética de convicción en el sentido de Max Weber (es decir, en una ética que no tiene en cuenta las consecuencias); más bien procura tenerlas en cuenta en la medida adecuada.

Spaemann mostrará que la alternativa entre ética de convicción y ética de responsabilidad, lo mismo que la alternativa entre deontología y utilitarismo, como tal alternativa, contribuye más bien a oscurecer las cosas, y se queda en principios abstractos.

 La observación y la experiencia

Nos dicen que valorar los actos humanos despreciando las consecuencias o solamente por sus consecuencias (y “todas” ellas), conduce a meras abstracciones y no ayuda a distinguir lo bueno de lo malo.

En realidad, no hay ética. Tampoco una ética que se fundamente en convicciones. Que pueda prescindir totalmente de las consecuencias o los efectos de los actos. Así el que tiene la convicción de que mentir es malo, no es que desprecie las consecuencias sino que considera una de ellas, la primera y fundamental: el engañar a otro. Sin esta primera consecuencia, no habría mentira (por eso no es lo mismo un cuento que una mentira).

Lo que es decisivo es de qué consecuencias se trata y hasta qué consecuencias se extiende la responsabilidad. El médico amputa una pierna o extirpa un riñón para lograr la consecuencia de salvar esa vida. Su finalidad justifica los medios que se decide a emplear, y esto es responsabilidad. Pero si el paciente es un criminal y es previsible que en el futuro siga matando gente, ¿debe el médico recetarle un veneno en nombre de una ética de la responsabilidad? En este caso ¿el fin justifica los medios? (de modo similar han actuado algunos psiquiatras al servicio de poderes políticos o militares, para deshacerse de los disidentes).

Así, la responsabilidad médica no consiste en actuar previendo “todas” las consecuencias, sino buscar lo mejor para la salud del paciente. Por eso tampoco actuaría bien un médico que, en un experimento con fines científicos, privase a algunos pacientes de medicamentos que sabe que los salvarían.  El motivo es que las posibles mejoras científicas no constituyen un bien superior a la vida del paciente. Un caso distinto sería el de escasez de medios (pediría los criterios de la justicia distributiva).

En definitiva, no es cierto que lo ético o lo bueno sea simplemente “lo más útil”.

El fin no siempre justifica los medios,no se puede tirar una bomba atómica sobre una ciudad para detener la guerra, argumentando que así se evitarán muchos millones de víctimas.

Maximilian Karl Emil Weber (21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un sociólogo, economista, jurista, historiador y politólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista. (WP)

Crítica del utilitarismo

Spaemann emplea tres argumentos para criticar el utilitarismo:

1- El carácter imprevisible de las consecuencias a largo plazo.

Si tuviéramos que prever todas las consecuencias de nuestros actos, nunca actuaríamos porque no terminaríamos de calcular las consecuencias, en caso deque ello fuera posible.

Muchas veces un bien tiene consecuencias malas, y no es posible esperar a actuar hasta demostrar que no se van a producir. O al revés, a veces un bien surge como consecuencia de un mal. Como por ejemplo, según el cristianismo, la salvación de la humanidad fue posible por la traición de Judas. Pero si se invoca este principio, bastaría que cualquier criminal invocara una consecuencia buena para quedar justificado.

Es imposible, excepto que uno sea Dios, prever todas las consecuencias de nuestros actos.

Por aquí descubre Spaemann que “una ética radical de responsabilidad en el sentido de Max Weber no es en realidad otra cosa que la ética radical de la convicción”. Pues según ésta, para absolver a un criminal habría que comprender sus intenciones y el modo en que él ve la marcha de las cosas y de la historia. Con lo que nos encontramos ante una ética radical de responsabilidad.

En realidad, lo que sucede es que no podemos prever todas las consecuencias de nuestros actos, y que, por tanto, la moralidad de los actos no puede depender de ese juicio.

2- El utilitarismo entrega el juicio moral del hombre.

En manos de la inteligencia técnica de los expertos. Porque se supone que solo los expertos pueden juzgar acerca de hasta qué punto una acción es útil para la humanidad.

Spaemann pone dos ejemplos.

Evoca cuando a los jóvenes nazis se les hizo creer que la existencia de los judíos era dañina para la humanidad, y así se les convenció para que mataran a los niños judíos. Lo que se tapó fue la sencilla verdad de que no se pueden matar niños inocentes. Esto puede suceder cuando se pone la conciencia, que es propia de cada persona, bajo tutela de ideólogos y tecnócratas.

Relata un experimento en la radio bávara. En nombre de la ciencia, unos voluntarios debían enviar descargas eléctricas a una persona que estaba encerrada en una habitación (cosa que en realidad no sucedía). Supuestamente, la intensidad de las descargas era creciente; cuando se acercó a límites peligrosos o letales, en medio de los gritos de aquella persona, algunos voluntarios siguieron adelante torturándola, convencidos de que actuaban por el bien de la ciencia.

No es buena una ética que propone como principio dejar la propia conciencia en manos de los expertos. Cada uno debe juzgar según su conciencia y en la medida de su responsabilidad que no es absoluta sino determinada o concreta. Yo no tengo responsabilidad sobre todas las cosas que pueden pasar hasta el fin del mundo, pero sí la tengo respecto a lo que depende de mí.

De aquí se deduce que orientar nuestros actos según “el conjunto” de sus consecuencias los entrega a cualquier experiencia y manipulación.

Por ello, el utilitarismo es contradictorio, porque persigue el mundo mejor posible, pero lo que sucede realmente es que con frecuencia se estropea el mundo o se daña a las personas.

3- El utilitarista puede ser engañado fácilmente

No solo por los expertos sino también por los criminales. Es cierto que se deben sopesar las consecuencias, en unas actividades más que en otras.

El político debe tener en cuenta, más que el médico, las consecuencias a largo plazo, pero esto tiene sus límites éticos. Así, si el terrorista exige la muerte del presidente del país con la amenaza de poner una bomba poderosa en medio de la ciudad, el vicepresidente utilitarista tenderá a ceder pensando erróneamente que el fin justifica los medios.

Si el chantajista sabe que no se va a ceder, no intentará el chantaje. Mientras que si supone que se va a ceder, lo hará una y otra vez, produciéndose a largo plazo la muerte de más personas, que era lo que el vicepresidente utilitarista quería evitar. Así se ve que el utilitarismo es contraproducente.

La responsabilidad personal nos lleva a no permitir la manipulación o el chantaje.

Conclusiones

Nuestra responsabilidad moral es concreta y determinada

No debemos responder de “todas” las consecuencias de un acto u omisión. Si pensamos de otra manera o aceptamos lo contrario, podemos ser manipulados o engañados.

No cabe defender una ética radical de la responsabilidad o un utilitarismo radical.

La omisión culpable es la omisión de algo que yo tenía que haber hecho

Soy responsable de haber impedido un robo si soy el policía que tenía que haber estado allí y no estuve.

Pero, atención, no soy responsable de todo, de todas las cosas que no he hecho.

El campo de nuestros deberes es acotado

Distinto para un médico, que debe cuidar de la salud de su paciente, que para un político, que tiene que cuidar del bien de su país.

Es cierto que a veces una persona puede acumular distintas responsabilidades incluso hacia otra. Por ejemplo un profesor que sea a la vez padre de un niño.

Ante la pregunta ¿existe una responsabilidad propia de todo hombre?

Kant responde que sí, y consiste en que nunca podemos usar a los demás como puros medios.

Juan Pablo II perfeccionando este criterio añadió: el modo más justo de tratar a una persona es el amor.

Kant quería decir: puedo pedir los servicios de otros, como también ellos de mí. Pero esto tiene sus límites como por ejemplo sucede con la esclavitud, la tortura, la muerte de un inocente o el abuso sexual. Pues estos actos violan la dignidad de las personas.

Con otras palabras, toda persona es un fin en sí misma, y no se puede “usar” para conseguir otros fines.

Hay una asimetría entre los comportamientos buenos y malos.

La experiencia humana y de la historia muestra la verdad del principio ético de que no hay actos que sean siempre buenos. Pues esto depende de las circunstancias. Excepto la omisión de un acto malo.

En cambio, hay actos que son siempre y en todas partes malos, porque niegan a la persona en sí misma, como los ya nombrados; en ellos no hay responsabilidad acerca de las consecuencias. Quien se niega a fusilar a un judío, no tiene responsabilidad en que su jefe a continuación fusile a otras personas o a uno mismo; uno puede morir, y morirá finalmente, pero no puede matar a un inocente.

La omisión de estos actos, ilícitos o inmorales por sí mismos. Comporta una responsabilidad equivalente a aquello que no podemos realizar físicamente, como ya decía la ley romana: lo que va contra los dioses o contra el respeto al hombre, es decir contra las buenas costumbres, debe ser considerado como imposible.

Realizar omisión de un acto malo es siempre un acto bueno, como se ha dicho. Ahora bien, además de omitir ese mal,cosa que en sí ya es un bien. No significa que no puedan o deban hacerse más actos buenos, a continuación, para evitar ese mal.

Si veo que a una persona la están maltratando, en primer lugar debo abstenerme de hacer lo mismo, y abstenerme es ya un acto bueno; pero además quizá pueda o deba hacer otras cosas, para detener o disminuir las consecuencias de esa acción de otros.

Ramiro Pellitero Iglesias, en carfundacion.org/

 

Aborto en marcha

 ¿Continúa la preocupación por el aborto? Sí, y de modo contrapuesto. Están los que defienden la vida de todos, y los que excluyen a los no nacidos. Entre los primeros, destacan las organizaciones provida y la mayoría del pueblo cristiano fiel.  Es natural que los cristianos verdaderos rechacen el aborto, ese acto de desamor de cargarse la vida de un ser humano aún no nacido al indicio de su existencia o al final de su recorrido uterino ( esto, propiamente, debe llamarse infanticidio).

Tras la industria del aborto están fuertes intereses. Bajo el eufemismo “salud sexual y reproductiva” se esconde el aborto para que aparezca justificado, cuando, en realidad, es un asesinato. Miles de niños son asesinados cada año en  el seno materno. El aborto no es salud, sino fuente de conflictos de muchas de las mujeres por la matanza de su  hijo; a veces, también con  consecuencias físicas muy negativas y hasta fatales.  

El aborto lo defiende, contrariamente a sus fines teóricos, la organización mundial de la salud (OMS) y  la International Planned Parenthood Federation (IPPF), que se forra con esa desgracia.

¿Qué institución defiende, firme, la vida? La Iglesia. Porque es un asunto humano y nada de lo humano le es indiferente. Está en el Concilio Vaticano II;  en la Encíclica social Evangelium Vitae;  en el Catecismo ( nº 270 y ss), y en declaraciones de los Papas. “Desde el siglo primero la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado”. En efecto, en la Didaché Apostolorum (año 70 aprox.), ya se lee: “no matarás, no adulterarás, no corromperás a los menores, no fornicarás, no robarás, no practicarás la magia o la hechicería, no matarás al hijo en el seno materno, ni quitarás la vida al recién nacido”.

No existe el derecho a decidir sobre la vida de otros, y el niño nonato es otra vida,  no la de la madre. 

Hay una degradación moral alarmante en muchos que ostentan  el poder. A pesar del “invierno demográfico” en Europa, se instiga el aborto como método de reducción de la población mundial desde altas instancias económicas, y se promueve desde la autoridad política servil.

Josefa Romo

 

Una tregua en mayo

Para Dios nada es imposible, ni siquiera poner fin a una guerra cuyo final no se vislumbra, una guerra que cada día pone ante nuestros ojos atroces masacres y crueldades cometidas contra civiles indefensos. Es momento para seguir rezando, sin caer en la desesperanza, haciendo cada uno cuanto esté en nuestra mano para ser sembradores de paz en medio de un mundo frágil y cada vez más polarizado. Mayo nos trae un inequívoco mensaje de salvación: Cristo ha triunfado sobre la muerte. Y es en esa victoria, en la que Jesús carga con la cruz, en la que nos tenemos que fijar.

Él murió para que reinara la vida, el amor y la paz. Por eso tiene todo el sentido del mundo que cada uno vivamos con profundo espíritu de recogimiento y contemplación, sabedores de que, en el medio de tanta tribulación, Dios no nos abandona nunca y de que la paz que tanto anhelamos ha de comenzar por la conversión de nuestros corazones.

Jesús Martínez Madrid

 

El conocimiento de la historia

Desde hace aproximadamente un mes está aprobado el plan de estudios de Bachillerato y el contenido de la asignatura de Historia ha sido objeto de una intensa polémica. La Academia de la Historia había hecho unas observaciones al Gobierno que no han sido tenidas en cuenta. Como bien recuerda la Academia, el conocimiento de la historia es “indispensable para la observación, interpretación y comprensión de la realidad en la que se vive”, porque “el análisis de ese pasado” constituye “una referencia imprescindible para entender el mundo actual, proporciona un sentido crítico de la identidad de los individuos y grupos humanos y promueve la comprensión de las tradiciones y legados culturales que conforman las sociedades actuales”. El problema reside en que el plan de estudios “no menciona apenas los hechos históricos”. Los hechos están subordinados a las interpretaciones que surgen “en función de las preocupaciones e intereses de la sociedad en cada momento”.

José Morales Martín

 

Solo por medio de la libertad

En los dos últimos meses el conflicto de Ucrania ha puesto de manifiesto que todavía existen en el mundo expresiones de la alianza entre trono y altar, entre el poder y la fe.

Durante estos días el Papa Francisco, con el trasfondo de la invasión de Ucrania, se ha referido a la leyenda del Gran Inquisidor. Es un relato insertado en una de las obras más famosas del escritor ruso Fiodor Dostoievski. En el relato, Jesucristo vuelve a la tierra y escucha las acusaciones del Gran Inquisidor por haber confiado el desarrollo del cristianismo a la libertad de los hombres.

El Inquisidor justifica que se les prive de la libertad y que se deje al poder civil organizar el mundo con los valores de Cristo. El conflicto de Ucrania ha puesto de manifiesto que todavía existen en el mundo expresiones de esta alianza entre trono y altar, entre el poder y la fe.

Pedro García

 

El mejor regalo

“El mejor regalo que los padres pueden hacer a sus hijos es el de tiempo y palabras. (“Entre tener tiempo y tener cosas, hemos optado por lo segundo”, comenta con cierta amargura Gabriel Zaid). Tiempo de calidad y palabras de calidad. Ambos alcanzan su pleno valor porque proceden de afecto más sincero y lo expresan. Todo queda ya impregnado de su aroma, de la ancestral sabiduría del amor. A la vida venimos principalmente a querer y a que nos quieran. O a aprender ambas cosas”.

El mejor regalo. Supone orden, supone tener prioridades, saber qué es lo más importante en nuestro día. Si mi tiempo es, ante todo para mí, quiere decir que hemos perdido el sentido cristiano de la caridad. Desde luego cabe la equivocación, porque todos nos equivocamos, de pensar que tengo que dedicar mucho tiempo al trabajo porque hace falta el dinero en la familia. Es más fácil equivocarse cuando algo hay de verdad. Pero se han olvidado las prioridades. Más importante que darles muchas “cosas” a tus hijos, es darles tiempo, en directo, no en diferido.

Lo decía el Cardenal Ratzinger, hace bastantes años: “En esta época de americanización de la vida pública, todos nosotros estamos poseídos por un singular desasosiego, que tras toda forma de quietud sospecha una pérdida de tiempo y en los estados de calma barrunta una negligencia. Se mide y se pesa cada gramo de tiempo, olvidando con ello el auténtico misterio de la temporalidad, el auténtico misterio del crecer y del obrar, a saber, la calma”. Hablar a algunos de calma es provocar una reacción, al menos interna, aunque difícil de disimular, de pensar: “¿en qué mundo vive este?”.

Los padres que no se dedican a los hijos les hacen un gran daño, aunque tengan una casa espléndida en la ciudad y/o un chalet en la playa, y un cochazo de cuidado y unos regalazos de Reyes que no te quiero ni contar. Todo eso es maleducar. Pobres críos que no tienen a sus padres cerca. Y, quede claro, no basta una madre entregada con media jornada de contrato y luego la casa, las compras y… Sí, también algún rato para los niños. Niños perfectamente cuidados por la tata. Cariño, dedicación, seguimiento, tiempo para explicar, rezar juntos, de la madre y del padre. De lo contrario, ¿qué hijos queremos tener?

JD Mez Madrid

 

No saben gobernar: Buscan sólo desastres

                No encuentro otro titular más conciso y ajustado a cómo tensan la situación cada día estos inútiles que llegan a gobiernos múltiples y luego no saben gobernar; lo que me hace recordar la muy vieja sentencia de Confucio: “Quienes no sepan gobernar su casa que no entren a gobernar y menos a gobernar hombres”. En España, la mayoría de los que están en cargos de gobierno, o no han dado “palo al agua en su vida”; o no han creado industria o comercio alguno, o como mucho parten de puestos de trabajo oficiales, donde generalmente ni se trabaja ni se arriesga nada; y a ellos llegaron sobre la base de “meterse en el coco”, todos los requisitos para llegar a ese puesto, que caso de volver de la política, lo tienen seguro y de por vida; aumentemos a “los ejércitos” de enchufados de múltiples formas y maneras, que se sientan en un puesto oficial, simplemente por ser miembro “del partido” o familiar, o incluso simple allegado, al que tiene el poder y lo ha metido “a dedo”, para que cobre una paga que en absoluto merece. Y esa es “la sanguijuela crónica, o el cáncer económico, que devora todo lo que le echen de impuestos, que ya nos cobran de forma confiscatoria y simplemente para la mayoría de ellos tirarlos o derrocharlos, en un aparato ya mostrenco y oficial, que no funciona en absoluto y que por ello mismo no crea beneficios al país como deben hacerlo, “los dineros públicos en un Estado o municipio bien administrado. Los que gobiernan y pese a lo que presuman de estudios, no saben gobernar, “ni un puesto de pipas y caramelos o un ambulante que vende por las calles, perritos calientes, tamales o chucherías para turistas. Todo ello es lo que nos proporciona las miserias que ya aguantamos.

            Cito de nuevo a Confucio, que por cierto en la China actual, tengo entendido que es obligatorio en sus escuelas, estudiar de nuevo todo cuanto dejara de legado, tan famoso sabio… “El buen gobierno consiste en limitar los gastos oficiales”: Lo afirmó CONFUCIO “medio milenio antes de que naciera Cristo”.

            Veamos como contrapartida como nos llevan en España:

             “El presupuesto del Congreso, el Senado y las 17 cámaras autonómicas ha crecido un 22% en siete años. En total, la factura supone unos 625 millones en 2022 para pagar a 1.817 'señorías'. La intención de la Comunidad de Madrid de reducir en un tercio el número de parlamentarios regionales, que probablemente no será refrendada por la Asamblea, ha abierto el debate de si la actividad legislativa debería hacerse en la actualidad con menos políticos y sobre todo con un menor coste de todas las partidas adscritas. Supondría un ejemplo para iniciar un proceso de reducción del gasto público improductivo y estructural en todas las Administraciones que bajaría el déficit. Además, aportaría un margen para proceder a una reducción de impuestos que mitigue las dificultades de los ciudadanos para llegar a fin de mes ante la escalada inflacionista, y ayudaría a evitar la caída del PIB. Facilitaría también el aumento del gasto en otras partidas que ahora son más urgentes, como la sanidad o la aportación de España a la OTAN. Lo que es evidente es que las Administraciones Públicas españolas salen cada vez más caras, con más efectivos pese a la inversión tecnológica y el trabajo telemático, y también la actividad legislativa. Según los presupuestos del Parlamento nacional (Congreso Senado) y de las 17 cámaras regionales, los 1.817 diputados existentes en España (se excluyen los 50 de Ceuta y Melilla) supondrán en 2022 un gasto total 625,2 millones de euros. Lo que equivale a un presupuesto medio por cada político de 344.000 euros tanto de sus nóminas como de las indemnizaciones que reciben, las subvenciones a los grupos políticos y toda la generación de gastos de personal y corrientes que suponen. (Vozpópuli 02-05-2022)

               En los últimos años, se ha producido un repunte sustancial de este coste. Por ejemplo, desde que la economía empezó a tener tasas de crecimiento positivo en 2015 (último año en que la mayoría de los parlamentos permiten comparar sus cuentas) tras la gran depresión, el Presupuesto consolidado de los 19 parlamentos ha crecido más del 22%. Ha pasado de 513,6 millones a esos 625,2 millones previstos para este ejercicio (122 millones más). Idéntico porcentaje ha subido el presupuesto por diputado, que ha pasado de 283.200 euros en 2015 a esos 344.000 euros en 2022.

El sector público ha crecido cuatro veces más que el privado durante los últimos tres años, con la pandemia azotando a las empresas y obligando a reforzar las administraciones públicas. En el primer trimestre de este año se han registrado 16,6 millones de ocupados en el sector privado y 3,47 millones en el público. Y aunque en los dos sectores se han producido caídas en el empleo respecto al último trimestre de 2021, como tradicionalmente ocurre en los primeros meses del año, estas cifras son positivas si se comparan con 2019 puesto que en los dos sectores se han recuperado los niveles prepandemia (el sector privado no lo había logrado hasta ahora)”. (Vozpópuli 02-05-2022)

NOSOTROS EL PUEBLO: A nosotros, el pueblo, nos importan dos cojones, los políticos que sean; lo que queremos son verdaderos estadistas, o sea, hombres y mujeres de Estado, y que de verdad, vayan solucionando los verdaderos problemas de España, que no son de partido alguno; son de todos los españoles y eso se olvida totalmente. (7 MAYO 2019)

EL VOTO EN ESPAÑA: Con Franco (que a mí no me dio ná) las votaciones no sirvieron para ná, pero al morir Franco, nos dejaron una España rica social y económicamente. Los que "lo heredaron", nos han hecho votar ni sé ya las veces, pero España aparece arruinada totalmente, tras los infinitos saqueos de "los herederos y asociados al chupeteo"; ya no creemos en nadie, aunque efectivamente aún quedan los de VOX... ¿Llegarán a gobernar y cómo lo harán?Aunque por la experiencia, serán “otros más de lo mismo y que ya hemos padecido hasta la saciedad”?.¿Quién va a gobernar de verdad España? 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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