Las Noticias de hoy 12 Febrero 2020

Enviado por adminideas el Mié, 12/02/2020 - 12:00
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 12 de febrero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Mensaje del Papa Francisco para la 28ª Jornada Mundial del Enfermo

Lourdes: 162º aniversario de la primera aparición a santa Bernardita

Día Mundial del Enfermo: Cercanía del Papa ante “el peso de la enfermedad”

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO: Francisco Fernandez Carbajal

“Vamos a recibir al Señor”: San Josemaria

Emprendedoras, entusiastas, llenas de fe: así eran las primeras

«Todavía espero ver algunas cositas más»

El documento más importante de la era post-apostólica:  La Didaché: primeroscristianos.com

El lenguaje de la evangelización: Ramiro Pellitero

Contradicciones éticas y jurídicas en los debates sobre blasfemia​ : Salvador Bernal

Cuidados paliativos, para morir con dignidad: RAFAEL SERRANO

Capellán de hospital reivindica el derecho a la asistencia religiosa: "Somos un alivio para el enfermo"

Respeto, autoridad, familia: Acción Familia

Las 25 mejores películas románticas: Alfonso Mendiz

Siria: «Cristianos rehenes en la región de Idlib»

Los niños no son del Estado.: Jesús Martínez Madrid

¿Cristianos perseguidos? 260 millones: Jesús D Mez Madrid

La fe y la eutanasia: Pedro García

¿Qué los hijos pertenecen a los padres?: Juan García. 

Pensamientos y reflexiones 242 :  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

Mensaje del Papa Francisco para la 28ª Jornada Mundial del Enfermo

La Iglesia, “’posada’ del Buen Samaritano”

FEBRERO 11, 2020 12:44LARISSA I. LÓPEZJORNADAS MUNDIALESPAPA Y SANTA SEDE

(ZENIT – 3 enero 2019).- “La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la ‘posada’ del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo”, dice el Papa Francisco a los enfermos.

Con motivo de la 28ª Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó, el 3 de enero de 2020, el Mensaje del Santo Padre para la ocasión.

“Curar al cuidar”

En primer lugar, el Papa indica que en la 28ª Jornada Mundial del Enfermo, “Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados”. El Pontífice explica también que Jesús nutre estos sentimientos porque “él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre” y “solo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros”.

Asimismo, alude las formas graves de sufrimiento (enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez…) y resalta cómo en estas circunstancias a veces existe falta de “humanidad” y “resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral”.

En este sentido, recuerda que en la enfermedad está comprometida no solo la integridad física de la persona, “sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual”. Por  eso, “además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor”.

Acudir a Jesús

Después, el Obispo de Roma describe la importancia de acudir a Jesús, para encontrar “la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta ‘noche’ del cuerpo y del espíritu”.

También agrega que la Iglesia pretende ser una casa donde “podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida”.

Defender la dignidad de la vida

En su mensaje, el Papa Francisco se refiere, asimismo, al rol de los agentes sanitarios, invitándoles a que, en cada acción con los pacientes, el sustantivo “persona” siempre esté “antes del adjetivo ‘enferma’”, de manera que su trabajo “tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.

“En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo”, remarca.

Acceso a los cuidados para todos

Finalmente, el Santo Padre dirige un pensamiento a los hermanos y hermanas en todo el mundo que, debido a la pobreza, no tienen acceso a los tratamientos que necesitan, realizando un llamado a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países: “a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud”.

Además, agradece la labor de los voluntarios “que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano”.

A continuación sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

***

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Queridos hermanos y hermanas:

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y

consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados… del peso de la ley del sistema social opresivo… Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal.

En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida.

En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio 2014).

4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible.

En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.

Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020,

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

FRANCISCO

 © Librería Editorial Vaticano

 

Lourdes: 162º aniversario de la primera aparición a santa Bernardita

Misa internacional presidida por Mons. Fisichella

FEBRERO 11, 2020 12:23LARISSA I. LÓPEZMARÍA Y MARIOLOGÍA

(zenit – 11 febrero 2020).- Hoy, 11 de febrero de 2020, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se conmemora la primera aparición de María a santa Bernardita, indica un comunicado del santuario de Lourdes.

Además, tiene lugar la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II en 1992 y celebrada por primera vez en Lourdes el 11 de febrero de 1993.

Según el programa de actos del santuario, situado al sur de Francia, a las 10 de la mañana de hoy, Mons. Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, presidió la Misa internacional en la basílica de san Pío X, retransmitida en directo por zenit.

A las 15:30 horas tendrá lugar un Rosario en francés meditado en la Gruta por Mons. Olivier Ribadeau Dumas, rector del santuario, y en presencia de los capellanes. A las 16:30 h. está prevista una adoración y bendición de personas enfermas en la basílica de san Pío X y a las 18, en la Gruta, tendrá lugar un Rosario en lengua italiana.

Al final del día, a las 21 horas, se celebrará la procesión mariana con las antorchas.

Nueva evangelización

En un artículo publicado en el boletín de la AMIL (Asociación Médica Internacional del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes), Mons. Rino Fisichella expuso, a partir de la Carta apostólica del Papa Francisco Sanctuarium in Ecclesia, una reflexión sobre el rol del santuario de Lourdes en la nueva evangelización, en particular sobre el carisma de las personas enfermas.

“Siguiendo las palabras del Señor hemos privilegiado siempre todo lo que el mundo ha rechazado por inútil o poco eficaz. Los enfermos crónicos, moribundos, marginados, personas discapacitadas y todo lo que representa frente al mundo la falta de futuro y esperanza, encuentran el compromiso de los cristianos”, con “ejemplos que nos encaminan con fuerza a la santidad de los hombres y mujeres que han hecho de este programa el anuncio concreto del Evangelio de Jesucristo y el inicio de una verdadera revolución cultura”, apuntó el prelado.

Los enfermos, evangelizadores

Del mismo modo, Mons. Fisichella considera que los primeros evangelizadores del santuario de Lourdes son los enfermos, “llamados a asumir la conciencia y responsabilidad de llevar la buena noticia del Evangelio que salva a partir de su propia condición”.

Esto es algo que también tiene sentido para los acompañan y asisten, ya que “nos obliga a mirar con mayor intensidad y compromiso la formación que no podemos dejar de lado, para poder vivir la belleza de la fe con una conciencia creciente” y “no podemos hacernos evangelizadores de repente, ni dar un sentido al sufrimiento de la noche a la mañana. Todo eso necesita una preparación que crece y madura con la fe en el misterio de la participación activa y real del misterio de Cristo y la vida de comunión con él que nos ofrece el Bautismo”, aclaró.

Apariciones a santa Bernadita

El 11 de febrero de 1858, Bernadette (Bernardita) Soubirous recogía leña en Massabielle, a las afueras de Lourdes. Al acercarse a una gruta una ráfaga de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con los pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal. En su cintura tenía una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

La niña al principio se asustó, pero luego comenzó a rezar el Rosario que siempre llevaba consigo. Al mismo tiempo que la pequeña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos y al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

Con motivo del 175 aniversario del nacimiento y el 140 de la muerte de santa Bernardita, del 1 de septiembre al 13 de diciembre de 2019, las reliquias de santa Bernadita visitaron España. Durante 105 días las reliquias se veneraron en 45 diócesis españolas.

Documental Lourdes

Según anunció ayer un comunicado de prensa de la Santa Sede, el documental francés Lourdes se proyectará en la Filmoteca Vaticana el próximo jueves 13 de febrero, por iniciativa de la Embajada de Francia ante la Santa Sede y el Dicasterio para la Comunicación.

Esta obra audiovisual, nominada al premio César francés al mejor documental, “cuenta la historia de una docena de peregrinos al santuario de Lourdes, presenta a personas enfermas o discapacitadas, sus familias y voluntarios, ofreciendo retratos de gran fuerza y verdad, y mostrando discretamente la dignidad, el coraje y la voluntad de vivir de estos héroes cotidianos. Conmovedora y respetuosa de la fe, la obra despierta sentimientos de compasión y admiración y muestra que la ciudad mariana de Lourdes sigue siendo un lugar único”, indica la citada fuente.

 

 

Día Mundial del Enfermo: Cercanía del Papa ante “el peso de la enfermedad”

En la Festividad de la Virgen de Lourdes

FEBRERO 11, 2020 13:39LARISSA I. LÓPEZJORNADAS MUNDIALES

(zenit – 11 febrero 2020).- “Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que llevan el peso de la enfermedad, así como a sus familiares y al personal sanitario. Aseguro a todos, con afecto, mi cercanía en la oración” ha expresado el Papa Francisco hoy en un tweet publicado en su cuenta oficial.

“Jesucristo ofrece su misericordia a quien vive con angustia su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad. Él invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar su ternura”, indica en otra publicación.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28) es el lema de la 28ª Jornada Mundial del Enfermo que se celebra hoy, 11 de febrero de 2020, en todo el mundo, con motivo de la solemnidad de Nuestra Señora de Lourdes.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el mensaje del Papa para esta Jornada Mundial dedicada a los enfermos el pasado 3 de enero de 2020.

Posada del Buen Samaritano

En él, el Santo Padre manifiesta que la Iglesia “desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la ‘posada’ del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo”.

También recuerda que en la enfermedad está comprometida no solo la integridad física de la persona, “sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual”. Por  eso, “además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor”.

Dignidad de la persona

El Pontífice invita a los agentes sanitarios a que en cada acción con los pacientes, el sustantivo “persona” siempre esté “antes del adjetivo ‘enferma’”, de manera que su trabajo “tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible”.

Finalmente, en sus palabras, el Santo Padre dirige un pensamiento a  todas las personas del mundo que, debido a la pobreza, no tienen acceso a los tratamientos que necesitan. Y realiza un llamado a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países para que no “desatiendan la justicia social” y “aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud”.

 

 

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO

— El mandamiento divino del trabajo no es un castigo, sino una bendición; nos hace partícipes en el poder creador de Dios. El cansancio y la fatiga nos deben ayudar a ser corredentores con Cristo.

— Prestigio profesional. La pereza, el gran enemigo del trabajo.

— Virtudes del trabajo bien realizado.

I. Después de haber creado Dios la tierra y de haberla enriquecido con toda suerte de bienes, tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara1, es decir, para que lo trabajase. El Señor, que había hecho al hombre a su imagen y semejanza2, quiso también que participase en su poder creador, transformando la materia, descubriendo los tesoros que encerraba, y que plasmase la belleza en obras de sus manos. De ninguna manera fue el trabajo un castigo sino, por el contrario, «dignidad de vida y un deber impuesto por el Creador, ya que el hombre fue creado ut operaretur. El trabajo es un medio por el que el hombre se hace participante de la creación y, por tanto, no solo es digno, sea el que sea, sino que es un instrumento para conseguir la perfección humana –terrena– y la perfección sobrenatural»3.

Este mandato divino existía ya antes de que nuestros primeros padres pecasen. El pecado original añadió al trabajo la fatiga y el cansancio, pero el trabajo en sí mismo sigue siendo noble, digno, por ser participación en el poder creador de Dios, aunque «ahora va acompañado de penalidades y de sufrimientos, de infertilidad y cansancio. Sigue siendo un don divino y una tarea que ha de ser realizada bajo condiciones penosas, lo mismo que el mundo sigue siendo el mundo de Dios, pero un mundo en el cual ya no se percibe con claridad la voz divina»4.

El trabajo es una bendición, un bien que corresponde a la dignidad del hombre y la aumenta5. «La Iglesia halla en las primeras páginas del libro del Génesis la fuente de su convicción según la cual el trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia humana sobre la tierra»6.

El trabajo adquirió con Cristo, en sus años de vida oculta en Nazaret y en los tres años de ministerio público, un valor redentor. Con la Redención, los aspectos penosos del trabajo asumieron un valor santificador para quien lo ejerce y para toda la humanidad. El sudor y la fatiga, ofrecidos con amor, se vuelven tesoros de santidad, pues el trabajo hecho por amor a Dios es la participación humana, no solo en la obra de la Creación, sino también en la de la Redención. Toda labor comporta una parte de fatiga y de agobio que podemos ofrecer al Señor como expiación de las culpas humanas. Aceptar con humildad esa parte de esfuerzo, que incluso la mejor organización laboral no logra eliminar, significa colaborar en la purificación de nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestros sentimientos7. Examinemos hoy en la oración si nos quejamos con frecuencia en el trabajo: en la oficina, en el taller, en las tareas de la casa, en el estudio; veamos junto al Señor si ofrecemos la fatiga y el cansancio por fines noblemente ambiciosos; averigüemos si en estos aspectos menos agradables de todo trabajo encontramos la mortificación cristiana que nos purifica y que podemos ofrecer por otros.

II. El trabajo es un talento que recibe el hombre para hacerlo fructificar, y «es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad»8. Para el cristiano, además, el trabajo bien acabado es ocasión de un encuentro personal con Jesucristo, y medio para que todas las realidades de este mundo estén informadas por el espíritu del Evangelio.

Para que «el hombre se haga más hombre»9 con el trabajo, para que sea medio y ocasión de amar a Cristo y de darle a conocer, son necesarias una serie de condiciones humanas: la diligencia en su cumplimiento, la constancia, la puntualidad..., el prestigio y la competencia profesional. Por el contrario, el escaso interés en lo que se realiza, la incompetencia, el absentismo laboral... son incompatibles con el sentido auténticamente cristiano de la vida. El trabajador negligente o desinteresado, en cualquier puesto que ocupe en la sociedad, ofende en primer lugar la propia dignidad de su persona y la de aquellos a quienes se destinan los frutos de esa tarea mal realizada. Ofende a la sociedad en la que vive, pues de algún modo repercute en ella todo el mal y todo el bien de los individuos. El trabajo mal hecho, el realizado con desidia, con retraso y chapuzas, no solo es una falta o un pecado contra la virtud de la justicia, sino también contra la caridad, por el mal ejemplo y por las consecuencias que de esta actitud se derivan.

El gran enemigo del trabajo es la pereza, que se manifiesta de muchas maneras. No solo es perezoso el que deja pasar el tiempo sin hacer nada, sino también el que realiza muchas cosas pero rehúsa llevar a cabo su obligación concreta: escoge sus ocupaciones según el capricho del momento, las realiza sin energía, y las pequeñas dificultades son suficientes para que cambie de tarea. El perezoso suele ser amigo de «comienzos», pero su repugnancia ante el sacrificio que supone un trabajo continuo y profundo le impide poner las «últimas piedras», acabar bien lo que comenzó.

Quienes queremos imitar a Cristo debemos esforzarnos por adquirir una adecuada preparación profesional, que luego continuamos en los años de ejercicio de nuestra profesión u oficio. La madre de familia que se dedica a sus hijos debe saber llevar una casa, ser buena administradora de los recursos y de los bienes domésticos; tener la casa agradable, arreglada con gusto más que con lujo, para que toda la familia se encuentre bien; conocer el carácter de sus hijos y de su marido y saber, cuando llegue el caso, cómo plantearles aquellas cuestiones difíciles en las que pueden mejorar; ha de ser fuerte y, a la vez, dulce y sencilla. Deberá sacar adelante esa tarea con mentalidad profesional, ateniéndose a un horario fijo, no perdiendo el tiempo en conversaciones interminables, evitando encender la televisión a horas intempestivas... El estudiante, si quiere ser buen cristiano, ha de ser buen estudiante: asistiendo a clase, llevando las asignaturas al día, teniendo en orden los apuntes, aprendiendo a distribuir el tiempo que dedica a cada materia. Igualmente competentes han de ser el arquitecto, la secretaria, la modista, el empresario... «El cristiano que falta a sus obligaciones temporales –enseña el Concilio Vaticano II–, falta a sus deberes con el prójimo, falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación»10; ha equivocado el camino en una materia esencial y se encuentra imposibilitado, si no cambia, para encontrar al Señor.

Miremos a Jesús mientras realiza su trabajo en el taller de José y preguntémonos hoy si se nos conoce en nuestro ambiente por el trabajo bien hecho que realizamos.

III. El prestigio profesional se gana día a día, en un trabajo silencioso, cuidado hasta el detalle, hecho a conciencia, en la presencia de Dios, sin dar demasiada importancia a que sea visto o no por los hombres. Este prestigio en la propia profesión u oficio, en el estudio los estudiantes, tiene repercusiones inmediatas en los colegas y amigos: nuestra palabra que trata de acercarles a Dios tendrá peso y autoridad, y el ejemplo de trabajo competente les ayudará a mejorar en sus tareas profesionales. Se convierte la profesión en pedestal de Cristo, donde se le ve incluso de lejos.

Junto al prestigio profesional, el Señor nos pide otras virtudes: el espíritu de servicio amable y sacrificado, la sencillez y la humildad para enseñar sin darse importancia, la serenidad –para que la actividad intensa no se convierta en activismo–, el dejar la tarea y sus preocupaciones a un lado cuando ha llegado el momento de hacer un rato de oración o atender a la familia y escuchar a la mujer, al marido, a los hijos, a los padres, a los amigos...

El trabajo no debe llenar el día de tal manera que ocupe ese tiempo dedicado a Dios, a la familia, a los amigos... Sería un síntoma claro de que ya no nos estamos santificando, sino que nos estamos buscando en él a nosotros mismos. Sería otra forma de corrupción de ese «don divino». Esta deformación es quizá más peligrosa en nuestro tiempo, por las mismas exigencias desenfocadas en las que están fundamentados muchos trabajos. Nosotros, cristianos corrientes y sencillos en medio del mundo, no podemos olvidar nunca que debemos encontrar a Cristo cada día en medio y a través de nuestros quehaceres, cualesquiera que estos sean.

Acudamos a San José para que nos enseñe las virtudes fundamentales que debemos vivir en el ejercicio de nuestra profesión. «José sacaba de apuros a muchos, sin duda, con un trabajo bien acabado. Era su labor profesional una ocupación orientada hacia el servicio, para hacer agradable la vida a las demás familias de la aldea, y acompañada de una sonrisa, de una palabra amable, de un comentario dicho como de pasada, pero que devuelve la fe y la alegría a quien está a punto de perderlas»11. Cerca de José encontraremos a María.

1 Primera lectura. Año I. Gen 2, 15. — 2 Cfr. Gen 1, 27. — 3 San Josemaría Escrivá, Carta 31-V-1954. — 4 M. Schmaus, Teología Dogmática, Rialp, Madrid 1959, vol. II, p. 411. — 5 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Laborem exercens, I, 9. — 6 Ibídem, 4. — 7 Cfr. Card. Wyszinsky, El espíritu del trabajo, Rialp, Madrid 1958, p. 95. — 8 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 47. — 9 Cfr. Juan Pablo II, loc. cit. — 10 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 43. — 11 San Josemaría Escrivá, loc. cit., 51.

 

 

“Vamos a recibir al Señor”

¿Has pensado en alguna ocasión cómo te prepararías para recibir al Señor, si se pudiera comulgar una sola vez en la vida? Agradezcamos a Dios la facilidad que tenemos para acercarnos a El, pero... hemos de agradecérselo preparándonos muy bien, para recibirle. (Forja, 828)

12 de febrero

Jesús es el Camino, el Mediador; en El, todo; fuera de El, nada. En Cristo, enseñados por El, nos atrevemos a llamar Padre Nuestro al Todopoderoso: el que hizo el cielo y la tierra es ese Padre entrañable que espera que volvamos a el continuamente, cada uno como un nuevo y constante hijo pródigo.

Ecce Agnus Dei... Domine, non sum dignus... Vamos a recibir al Señor. Para acoger en la tierra a personas constituidas en dignidad hay luces, música, trajes de gala. Para albergar a Cristo en nuestra alma, ¿cómo debemos prepararnos? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos, si sólo se pudiera comulgar una vez en la vida?

Cuando yo era niño, no estaba aún extendida la práctica de la comunión frecuente. Recuerdo cómo se disponían para comulgar: había esmero en arreglar bien el alma y el cuerpo. El mejor traje, la cabeza bien peinada, limpio también físicamente el cuerpo, y quizá hasta con un poco de perfume... eran delicadezas propias de enamorados, de almas finas y recias, que saben pagar con amor el Amor.

Con Cristo en el alma, termina la Santa Misa: la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo nos acompaña durante toda la jornada, en nuestra tarea sencilla y normal de santificar todas las nobles actividades humanas. (Es Cristo que pasa, 91)

 

 

Emprendedoras, entusiastas, llenas de fe: así eran las primeras

Entrevista a ​Inmaculada Alva, especialista en la historia del Opus Dei: “De las primeras mujeres de la Obra destacaría su capacidad de emprendimiento, su entusiasmo y la fe contra cualquier dificultad”.

ÚLTIMAS NOTICIAS11/02/2020

Inmaculada Alva es doctora en Historia y Teología, e investigadora del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer de la Universidad de Navarra. Parte de su investigación se centra en los inicios del Opus Dei entre las mujeres: las primeras vocaciones, las iniciativas de apostolado que pusieron en marcha y la expansión en numerosos países. Con ocasión del 90 aniversario del 14 de febrero de 1930, recorremos con ella el despuntar entre las mujeres de esa “historia de las misericordias de Dios con los hombres”, tal y como definía san Josemaría a la historia de la Obra.

1. El 14 de febrero de 1930

San Josemaría vio la Obra el 2 de octubre de 1928 y desde ese momento empezó a difundir el mensaje de la llamada a la santidad en medio del mundo En principio no pensaba que fuera a haber mujeres en la institución. El día 14 de febrero de 1930, mientras estaba celebrando la Santa Misa, en el momento de la Comunión, tuvo la certeza sobrenatural de que también debía haber mujeres en el Opus Dei pues, sin ellas, la evangelización en muchas realidades profesionales, vitales, sociales se quedaría incompleta. San Josemaría, años después, afirmaba: si no hubiera mujeres en el Opus Dei, la Obra se habría quedado manca.

2. Rompiendo barreras

Desde febrero de 1930, el fundador empezó a hablar del mensaje de la Obra a las jóvenes a acudían a él para recibir acompañamiento espiritual, algunas de ellas profesionales. Las circunstancias históricas no parecían favorables, pues en esos años eran pocas las mujeres que en España accedían a los estudios universitarios o ejercían una profesión; además la guerra civil rápidamente dificultó la posibilidad de mantener la formación espiritual. De aquellos primeras no siguió ninguna, aunque, como testimonian muchas de ellas años después, conservaron un agradecido recuerdo por los consejos de san Josemaría. Por eso, el fundador afirmó en alguna ocasión que sus hijas “le habían salido” a la segunda o a la tercera.

3. Las primeras vocaciones

La vida de las primeras mujeres de la Obra es apasionante, sobre todo si se tiene en cuenta la época en que se deciden a tomar este camino. Son los años 40, después de la guerra civil, momentos en que la mujer tenía muy poca capacidad de actuación en la sociedad. Entre las historias de estas mujeres pioneras destaca la de Nisa González Guzmán, una leonesa de 33 años que pidió la admisión en 1941. Otra de las primeras en la que san Josemaría depositó gran confianza fue Encarnita Ortega, una joven muy optimista y entusiasta.

4. Cómo conocieron a san Josemaría

Nisa González Guzmán, Encarnita Ortega, Enrica Botella y las que siguieron sus pasos procedían de diversos lugares de España. Muchas de ellas conocieron a san Josemaría tras participar en un retiro espiritual predicado por el fundador. Otras contactaron gracias a un hermano o incluso a su director espiritual, que les hablaron de la Obra.

5. La historia de Lol

Lola Fisac -considerada la primera numeraria del Opus Dei-, pidió ser admitida en 1937, durante la guerra civil española, en circunstancias excepcionales. Conoció a san Josemaría a través de las cartas que éste hacía llegar a su hermano por medio de Lola. En una de esas misivas, el sacerdote le preguntó si también ella quería formar parte de su familia sobrenatural. La respuesta de Lola fue afirmativa y, a partir de entonces, comenzó a vivir de acuerdo con el espíritu de la Obra.

6. Jorge Manrique

En 1942 se abrió el primer centro en la calle Jorge Manrique, en Madrid. Allí comenzaron a tener actividades de formación dirigidas a estudiantes universitarias. Al partir del año 44 llegaron nuevas vocaciones, que conocieron la Obra gracias a los retiros espirituales que se organizaron en Jorge Manrique, predicados por san Josemaría. Algunas de las que se unieron al Opus Dei a partir de esa fecha son Guadalupe Ortiz de Landázuri, Victoria López-Amo, Marichu Arellano, Sabina Alandes, Josefina de Miguel, Enrica Botella, Mari Tere Echeverría o Carmen Gutiérrez Ríos. Llama la atención en ellas la prontitud con que se decidieron a responder afirmativamente a la llamada divina.

7. La expansión apostólica

Estas mujeres protagonizaron, junto con las primeras numerarias auxiliares que piden la admisión en 1946, la expansión de la Obra por España y por el mundo. Este pequeño grupo, que en 1942 no llegaba a diez personas, a partir de 1947 se acercaba a las 80-90. Durante este periodo empezaron los viajes a distintas ciudades de la península y se abrieron casas en Bilbao, Valencia, Valladolid, Zaragoza, Barcelona, Granada, Córdoba, Santiago de Compostela… En 1946 algunas se trasladaron a Roma. A partir de 1950, dieron el salto a América. En los siguientes años se comenzó en varios países de Europa. En ellas destaca su capacidad de emprendimiento, su entusiasmo y su fe en Dios ante cualquier dificultad.

 

 

«Todavía espero ver algunas cositas más»

Victoria López-Amo es la mujer que lleva más tiempo en el Opus Dei. En mayo de 2019 cumplió cien años. Española de origen y guatemalteca de nacionalidad, ama con intensidad la vida, de la cual espera todavía más. Al cumplirse el 90 aniversario del 14 de febrero de 1930, recogemos algunas impresiones de una de las primeras que siguió a san Josemaría.

EN PRIMERA PERSONA11/02/2020

Victoria en Nápoles, abordando el Marcopolo rumbo a Guatemala.

Esta alicantina, después de residir 11 años en Italia, desembarcó en Guatemala el 9 de mayo de 1958. Tres años antes habían llegado las primeras mujeres a empezar el trabajo apostólico del Opus Dei en Centroamérica. Ese mismo año adquirió la nacionalidad guatemalteca con todas sus consecuencias. No perdona por lo menos un tamal a la semana, las tortillas diarias y los frijoles negros, mejor si son colados. Conoce la gastronomía del país tan bien como la de su patria y la italiana.

VICTORIA SE LANZÓ A HACER COSAS QUE DIOS LE PEDÍA Y QUE ELLA NUNCA SE HUBIERA IMAGINADO

Se trata de una mujer con ánimo jovial, chispa en los ojos e ilusión por vivir. Proviene de una familia longeva. Sus padres –maestros– decidieron mudarse a Valencia para que los hijos pudieran acceder a una mejor educación, sobre todo universitaria. Hace nueve meses arribó al centenario de vida. Gozó la preparación, las vísperas, el mismo día y los siguientes.

Victoria disfruta con pasión el presente. Acaba de haber cambio de gobierno en Guatemala. Contaba en regresiva los días para poder ver el acto solemne por la televisión. Si sigue así acontecimientos civiles de su país, aún más los eventos significativos de su familia. Ahora se prepara para el 90 aniversario de cuando san Josemaría entendió que Dios le pedía que hubiera mujeres en el Opus Dei.

¡Qué victoria vamos a conseguir!

Recuerda como si fuera ayer el 23 de marzo de 1944. Aquel día su hermano Ángel le presentó a san Josemaría y, tras escuchar de sus labios en qué consistía la vocación a santificar la vida ordinaria, poco después pidió la admisión en la Obra. Nada más presentarse, haciendo referencia a su nombre, san Josemaría le comentó con una chispa de buen humor: “¡Qué victoria vamos a conseguir!”. A la mañana siguiente san Josemaría celebró una Misa en acción de gracias por su vocación, en el altar de la Virgen de los Desamparados, a la que solo asistieron ella y su hermano. Los meses siguientes se ocupó de la Administración de la residencia universitaria que estaba en la calle de Samaniego.

 

Victoria con un grupo de jóvenes.

 

Victoria pidió la admisión cuatro días después de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri y, desde entonces, ha dedicado su vida a hacer el Opus Dei. Como buena maestra, desarrolló una capacidad extraordinaria para impartir clases de formación espiritual, doctrinal y profesional -especialmente culinaria-. Tiene un don para relatar los sucesos más variados, de tal manera que los oyentes tienen la sensación de haber vivido la escena, por los detalles que trasmite, por el tono vibrante y emotivo con que lo cuenta, y por el agradecimiento con que los recuerda. En todos los lugares en que ha estado, ha ejercido la docencia tanto con jóvenes, como con mujeres casadas, de todas las edades y condiciones sociales.

Victoria se lanzó a hacer cosas que Dios le pedía y que ella nunca se hubiera imaginado. Así puso en práctica aquel soñad y os quedaréis cortos del que san Josemaría les hablaba. Ya en Madrid, trabajó en la Administración del Colegio Mayor Moncloa, en el que se alojaban 118 de universitarios. Se encargó, dentro de la gestión de los diferentes servicios, de la cocina: “¡Dar de comer a 118 jóvenes hambrientos tres veces al día!”. Al principio tardaba varios minutos en pelar una patata; al poco tiempo fue adquiriendo experiencia hasta que le bailaban en las manos. Enseña muy divertida el bíceps o “gato” que aún puede hacer brincar en sus brazos: no había electrodomésticos y los pasteles los batían a mano.

 

Retrato de Victoria.

 

Regresó por segunda vez a este trabajo en Salto di Fondi, una finca en la costa italiana. Había ido a empezar las actividades apostólicas en Nápoles, que ya marchaban normalmente. En esta casa, por iniciativa del beato Álvaro del Portillo, se buscaba, entre otros objetivos, que algunas personas de la Obra pasaran un período de formación más intenso para las personas que llegaban a Roma.

“Uno no se asusta de nada”

Pronto entendió que en la Obra “uno no se asusta de nada. Dios pide, da la gracia, y las cosas salen adelante de una manera admirable”. Cuando no había más que un centro en Madrid, Jorge Manrique, Victoria escuchó decir a san Josemaría que ellas -un puñado de mujeres jóvenes- verían surgir casas de moda, escuelas para campesinas, universidades, dispensarios médicos y otras muchas iniciativas, allí donde fueran las personas del Opus Dei. Nunca dudó de que eso que afirmaba el fundador llegaría a ser una realidad; trataba de ilusionarse con el afán que san Josemaría tenía de extender el reino de Cristo en el mundo entero.

 

Victoria haciendo un puzzle.

 

Cuando llegó a Guatemala en 1958 se encontró con que sólo había una pequeña residencia en el centro de la ciudad. Sesenta y un años después, ha visto crecer el trabajo apostólico y cómo lo que oyó a san Josemaría se ha hecho realidad: la expansión educativa y formativa en Centroamérica para niñas, campesinas y profesionales, la Universidad del Istmo y tantas otras iniciativas. Le preguntamos qué piensa al ver esos frutos de evangelización y recordar los inicios en que no había prácticamente nada. Victoria comenta con sencillez: “aunque al principio todo eso no estaba… ¡ya estaba!”.

A sus cien años, confía en que aún le dará tiempo de ver “algunas cositas más” del crecimiento del Opus Dei en la región. “La Obra es un mar sin orillas”, no duda en afirmar con palabras de san Josemaría. A quienes tenemos la suerte de conocerla, Victoria nos enseña que se puede recordar y agradecer el pasado, vivir con pasión el presente y tener ilusión por cada día que Dios nos quiera regalar.

 

 

La Didaché (o Didajé) – “Enseñanzas de los Doce Apóstoles” , siglo I

 

El documento más importante de la era post-apostólica:  La Didaché

El índice del códice en que fue hallada la Didaché cita esta en la forma abreviada: Διδαχή των δώδεκα αποστόλων, el título completo de la obra es Διδαχή του Κυρίου δια των δοδεκα αποστόλων τοις εθνεσιν, o sea: “La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles”.

 

Este último parece haber sido el título primitivo. El autor no revela su nombre. Pero sería aventurado suponer, como lo hiciera Duchesne, que el título quiera indicar una paternidad apostólica. El texto no justifica semejante conjetura en manera alguna. La intención del autor de la obra fue evidentemente dar un breve resumen de la doctrina de Cristo tal como la enseñaron los Apóstoles a las naciones. Esto explicaría su título.

La Didaché es el documento más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación eclesiástica que poseemos. Hasta el año 1883 era totalmente desconocida. La publicó ese año el metropolita griego de Nicomedia, Piloteo Bryennios, de un códice griego en pergamino (1057) del patriarcado de Jerusalén. Desde entonces, y gracias a este documento, se han dilatado y profundizado de manera sorprendente nuestros conocimientos sobre los orígenes de la Iglesia. Los sabios, atraídos constantemente por el rico contenido de esta obra, han encontrado en ella estímulo y luces siempre nuevas.

 

A juzgar sólo por el título, uno podría creer que la Didaché contiene la predicación evangélica de Cristo; vemos, en cambio, que es más bien un compendio de preceptos de moral, de instrucciones sobre la organización de las comunidades y de ordenanzas relativas a las funciones litúrgicas; tenemos aquí un conjunto de normas que nos ofrecen un magnífico cuadro de la vida cristiana en el siglo II. Esta obra viene a ser de hecho, el código eclesiástico más antiguo, prototipo venerable de todas las colecciones posteriores de Constituciones o Cánones apostólicos con que empezó el derecho canónico en Oriente y Occidente.

 

1. Contenido

El tratado está dividido en 16 capítulos, en los cuales se pueden distinguir claramente dos partes principales. La primera (c.1-10) presenta unas instrucciones litúrgicas; la segunda (c.11-15) comprende normas disciplinares. La obra concluye con el capítulo sobre la parousia del Señor y sobre los deberes cristianos que se deducen de la misma.

La primera sección (c.1-6) de la parte litúrgica contiene directivas sobre la manera de instruir a los catecúmenos. La forma en que están redactadas estas instrucciones es muy interesante. Las reglas de moral son presentadas bajo la imagen de los dos caminos: el del bien y el del mal. El texto empieza así:

Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos. Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que no quieras que se haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro (1,1-2: BAC 65,77).

 

 

La descripción del camino de la muerte nos lleva al capítulo quinto:

Mas el camino de la muerte es éste: ante todo, es camino malo y lleno de maldición: muertes, adulterios, codicias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, doblez de corazón, engaño, soberbia, maldad, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altanería, jactancia (BAC 65,83).

Este recurso de los dos caminos, que se utiliza aquí como método básico para la formación de los catecúmenos, lleva el sello de una concepción griega conocida desde antaño. Se utilizaba en las sinagogas helenísticas para instruir a los prosélitos.

Son muy importantes para la historia de la liturgia los capítulos 7-10. En primer lugar se dan normas para la administración del bautismo:

Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (7,1-3: BAC 65,84).

Según este pasaje, el bautismo de inmersión en agua corriente, es decir, en ríos y manantiales, era la forma más ordinaria de administrar este sacramento; se autorizaba el bautismo por infusión en casos de necesidad. Esta es la única referencia de los siglos I y II acerca del bautismo de infusión.

La Didaché contiene, además, un precepto explícito ordenando el ayuno. Tanto el candidato como el ministro del bautismo estaban obligados a ayunar antes de la administración del sacramento (7,4). Se manda ayunar los miércoles y viernes, costumbre que iba directamente contra la práctica judía, ya que ésta guardaba los lunes y jueves como días tradicionales de ayuno (8,1).

 

Oración y liturgia.

La recitación de la oración dominical tres veces al día es obligatoria para los fieles. Los capítulos 9 y 10 tienen importancia para la historia de la liturgia, puesto que contienen las preces eucarísticas más antiguas que poseemos:

Respecto a la acción de gracias, daréis gracias de esta

manera. Primeramente, sobre el cáliz:

“Te damos gracias, Padre nuestro,

por la santa viña de David, tu siervo.

la que nos diste a conocer

por medio de Jesús, tu siervo.

A ti sea la gloria por los siglos.”

Luego, sobre el fragmento:

“Te damos gracias, Padre nuestro,

por la vida y conocimiento

que nos manifestaste

por medio de Jesús, tu siervo.

A ti sea la gloria por los siglos.

Como este fragmento estaba disperso sobre los montes,

y reunido se hizo uno,

así sea reunida tu Iglesia

de los confines de la tierra en tu reino.

Porque tuya es la gloria y el poder

por Jesucristo eternamente.”

Que nadie, empero, coma ni beba de vuestra acción

de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor,

pues acerca de ello dijo el Señor: “No deis lo santo a

los perros” (9,1-5: BAC 65,86).

 

Se ha propuesto más de una vez la hipótesis de que estas preces no son específicamente eucarísticas, sino simplemente oraciones o bendiciones de mesa, pero no se puede sostener. La parte referente a la Eucaristía está íntimamente unida a la del bautismo, señal de que estos dos sacramentos están también asociados, a no dudarlo, en la mente del autor. Además, los no bautizados están expresamente excluidos de la recepción de la Eucaristía. El capítulo 10 cita una plegaria que hay que decir después de la comunión:

 

Después de saciaros, daréis gracias así: “Te damos gracias, Padre Santo,

por tu santo Nombre,

que hiciste morar en nuestros corazones.

y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad

que nos diste a conocer

por medio de Jesús, tu siervo.

A ti sea la gloria por los siglos.

Tú, Señor omnipotente.

creaste todas las cosas por causa de tu Nombre

y diste a los hombres

comida y bebida para su disfrute

Mas a nosotros nos hiciste gracia

de comida y bebida espiritual

y de vida eterna por tu siervo.

Ante todo, te damos gracias

porque eres poderoso.

A ti sea la gloria por los siglos” (10,1-4; BAC 65,87).

 

A la Eucaristía se la llama aquí claramente manjar y bebida espiritual (πνευματική τροφή και ποτόν) y el autor aρade: “El que sea santo, que se acerque. El que no lo sea, que haga penitencia” (10,6).

Hay muchos indicios, pero sobre todo el contexto, que corroboran la opinión de que estas prescripciones se enderezaban a regular la primera comunión de los que acababan de ser bautizados en la vigilia pascual. La celebración eucarística ordinaria de los domingos está descrita en el capítulo 14:

Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro. Todo aquel, empero, que tenga contienda con su compañero, no se junte con vosotros hasta tanto no se ha van reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio. Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: “En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones” (BAC 65,91).

La referencia concreta a la Eucaristía como sacrificio (θυσία) y la alusión a Malaquías (1,10) son significativas.

 

Confesión

No menos interesante es la insistencia sobre la confesión antes de recibir la Eucaristía. La confesión de los pecados, de la que nos ocupamos ahora, es probablemente una confesión litúrgica muy parecida a nuestro Confiteor. De modo parecido, el capítulo 4,14 exige la confesión de los pecados antes de la oración en la iglesia: “En la reunión de los fieles confesarás tus pecados y no te acercarás a la oración con mala conciencia.”

 

Jerarquía

En la Didaché no hay indicación alguna que permita afirmar la existencia de un episcopado monárquico. Los jefes de las comunidades se llaman episkopoi y diakonoi; pero no aparece claro si estos episkopoi eran simples sacerdotes u obispos. En ninguna parte se hace mención de los presbíteros:

Elegíos, pues, inspectores y ministros dignos del Señor, que sean hombres mansos, desinteresados, verdaderos y probados, porque también ellos administran el ministerio de los profetas y maestros. No los despreciéis, pues, porque ellos son los honrados entre vosotros, juntamente con los profetas y los doctores (15,1-2: BAC 65,92).

 

Este pasaje nos da pie para concluir que, además de la jerarquía local, jugaban un papel importante los llamados profetas. En el capítulo 13,3 leemos acerca de ellos: “Ellos son vuestros sumos sacerdotes.” Podían celebrar la Eucaristía: “A los profetas, permitidles que den gracias (ευχαριστεΐν) todo el tiempo que quieran” (10,7). Tenían derecho a las décimas de todos los ingresos:

“Así, pues, de todos los productos del lugar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, tomarás las primicias y se las darás como primicias a los profetas… Igualmente, cuando abrieres un cántaro de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas. De tu dinero y de tus vestidos y de todo cuanto poseas tomarás las primicias, según te pareciere, y las darás conforme al mandato” (13,3-7).

 

El rango que ocupaban los profetas era tenido en mucha estima, pues se decía de ellos que no podían ser juzgados: “El (el profeta) no será juzgado por vosotros, pues su juicio corresponde a Dios” (11,11). Sería, en efecto, un pecado contra el Espíritu Santo el criticarle: “No tentéis ni pongáis a prueba a ningún profeta que hable en espíritu, porque todo pecado será perdonado, mas este pecado no se perdonará” (11,7).

 

Caridad y asistencia social.

Son muy interesantes los principios de caridad y de asistencia social expresados en la Didaché. Se recomienda con encarecimiento el dar limosna, pero al mismo tiempo se insiste también en la obligación de ganarse la vida con su trabajo. El deber de socorrer las necesidades de los demás depende de su incapacidad para el trabajo:

Si el que llega es un caminante, ayudadle, en cuanto podáis; sin embargo, no permanecerá entre vosotros más que dos días, o, si hubiere necesidad, tres. Mas si quiere establecerse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje y así se alimente. Mas, si no tiene oficio, proveed conforme a vuestra prudencia, de modo que no viva entre vosotros ningún cristiano ocioso. Caso que no quisiese hacerlo así, es un traficante de Cristo. Estad alerta contra los tales (12,2-5: BAC 65,90).

 

Eclesiología.

El concepto de “Iglesia” tiene en la Didaché sentido de universalidad. En el primer plano de la conciencia cristiana subsiste la idea de una Iglesia que abraza el mundo entero. La palabra εκκλησία no significa solamente la congregación de los creyentes reunidos para orar, sino también el nuevo pueblo o la nueva raza de los cristianos que un día se establecerán firmemente en el reino de Dios. Los atributos una y santa se acentúan de un modo especial. El símbolo de esta unidad de todas las unidades es el pan eucarístico que de una multitud de granos viene a formar un solo pan. Como reza una de las plegarias:

Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno. así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino (9,4: BAC 65,86).

Y en otra parte formula la siguiente petición:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,

para librarla de todo mal

y hacerla perfecta en tu amor,

y reúnela de los cuatro vientos,

santificada,

en el reino tuyo, que has preparado (10.5: BAC 65.87).

 

Escatología.

La actitud escatológica destaca mucho en la Didaché. Aparece una y otra vez en las plegarias eucarísticas: “que venga la gracia y que pase este mundo,” inspira la conclusión final, es decir, el aramaico Maran Atha, “ven, Señor,” e informa por completo el último capítulo de la obra. La incertidumbre de la hora la conocen todos los cristianos, pero también la inminencia de la parousiala segunda venida del Señor.

Es, pues, necesario que los fieles se reúnan con frecuencia para buscar las cosas que son provechosas para sus almas. La Didaché indica las señales que serán los heraldos de la parousia y de la resurrección de los muertos: se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, las ovejas se trocarán en lobos, el amor se mudará en odio; entonces aparecerá el seductor del mundo, cual si fuera el Hijo de Dios, y obrará signos y portentos, y la tierra será entregada en sus manos.

“Entonces la humanidad sufrirá la prueba del fuego.” Aunque se escandalizarán y se perderán muchos, los que perseveraren en su fe serán salvos. Entonces el mundo verá al Señor que viene sobre las nubes del cielo y todos los santos con El. Por eso se advierte a los cristianos:

“Vigilad sobre vuestra vida; no se apaguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir vuestro Señor” (16,1).

 

2. Época de su composición.

El problema más importante que plantea la Didaché es la cuestión de la fecha de su composición. Estudios críticos recientes han puesto de manifiesto el acusado paralelismo que existe entre los seis primeros capítulos de la Didaché y los capítulos 18-20 de la Epístola de Bernabé. Sin embargo, existen muy fundadas dudas de que esta semejanza arguya una dependencia real de la Didaché respecto de la Epístola de Bernabé.

En todo caso, no se puede demostrar irrebatiblemente tal parentesco. Hay otra explicación plausible: Puesto que en los capítulos en litigio ambas obras tratan de las Dos Vías, es posible que las dos procedan de una tercera fuente. Hasta ahora, los intentos por relacionar la Didaché con el Pastor de Hermas y con el Diatessaron de Taciano no han dado resultados definitivos.

Una sola cosa es cierta, a saber, que la sección l,3c a 2,1 ha sido interpolada posteriormente en el texto de la Didaché. Quizás sea también éste el caso de los capítulos 6 y 14. La Didaché, en su conjunto, no es una obra coherente, sino una compilación, hecha sin arte, de textos ya existentes.

No pasa de ser una colección de normas eclesiásticas que habían estado en uso por algún tiempo y habían adquirido por esto mismo fuerza de ley. Muchas de la contradicciones que ocurren en la Didaché se explicarían suponiendo que el compilador no consiguió dar unidad a los materiales de que disponía.

La evidencia interna ayuda más a determinar la fecha en que fue compilada la Didaché. Por su contenido se ve claramente que la obra no data de la era apostólica, pues ya apunta en ella la oposición contra los judíos. El abandono progresivo de las costumbres de la sinagoga está en marcha. Además, una colección de ordenaciones eclesiásticas como ésta presupone un período más o menos largo de estabilización. Ciertos detalles diseminados por la obra indican que la era apostólica no era ya algo contemporáneo, sino que había pasado a la historia.

El bautismo por infusión está autorizado; el respeto a los profetas de la nueva Ley va cediendo y hay que inculcarlo de nuevo. Por otra parte, hay pormenores que indican un origen cercano a la era apostólica. La liturgia descrita en los capítulos 7-10 es de la más absoluta simplicidad: el bautismo en agua corriente, es decir, en los ríos, es lo normal.

El bautismo por infusión está permitido, pero sólo a modo de excepción. Además, no hay vestigios de una fórmula universal del Credo, ni de un canon del Nuevo Testamento. Los profetas siguen todavía celebrando la Eucaristía, y es preciso recalcar que los verdaderos ministros de la liturgia, los obispos y los diáconos, tienen derecho al mismo honor y respeto por parte de los fieles.

Todos estos hechos nos mueven a afirmar que la Didaché debió de ser compilada entre los años 100 y 150. Muy probablemente fue escrita en Siria. Sin embargo, E. Peterson ha demostrado recientemente que el texto publicado por Bryennios parece ser de fecha más tardía y teológicamente tendencioso.

La Didaché gozó en la antigüedad de tanto respeto y reverencia que muchos llegaron a considerarla tan importante como los libros del Nuevo Testamento. Por eso Eusebio (Histeccl. 3,25,4), Atanasio (Epfest. 39) y Rufino (Commin symb. 38) creyeron necesario recalcar que la Didaché no es un escrito canónico, y, por consiguiente, debe incluirse entre los apócrifos. La Didaché sirvió de modelo a obras litúrgicas y a escritos de derecho canónico posteriores, como, por ejemplo, la Didascalía Siríaca, la Tradición apostólica de Hipólito de Roma y las Constituciones de los Apóstoles. Se usaba también, como nos dice Atanasio, para la instrucción de los catecúmenos.

La discusión sobre la fecha de composición de la Didaché, que lleva ya setenta y cinco años de duración, ha entrado recientemente en una nueva fase, gracias a los trabajos de Audet, Glover y Adam. Especialmente la obra de Audet ha vuelto a plantear los problemas en su conjunto. Audet empieza por investigar el título original de la Didaché y llega a persuadirse que era: Διδαχαί των αποστόλων, Instrucciones de los Apóstoles, y de que el otro título más largo no es el original. En su crítica del texto, Audet distingue entre D 1, D 2 y J. En su opinión, D 1 representa la Didaché original, que va de 1 a 11, 2. D 2 sería una continuación, obra de los didachistas, y abarca el resto, de 11,3 al final. El interpolador (J) añadió más tarde los pasajes l,3b – 2,l; 6,2ss 7,2-4 y 13,3.5-7. Las glosas 1,4a y 13,4 provienen de una época más reciente todavía, pero siempre dentro de los primeros siglos.

Audet dedica una atención muy particular al problema de las fuentes. En lo que se refiere a las relaciones de la Didaché con la Epístola de Bernabé, llega a la misma conclusión que nosotros, a saber, que la Didaché y la Epístola de Bernabé son independientes la una de la otra y que ambas han tomado la doctrina de las Dos Vías directamente de una fuente común de origen judío.

Audet es de la opinión de que esta fuente judía está representada en la Doctrina XII Apostolorum, descubierta por J. Schlecht (Friburgo de Br. 1900 y 1901). Para la doctrina de las Dos Vías contenida ya en esta fuente judía, Audet remite a la “Regla de las sectas” de la comunidad de Qumrán, descubierta recientemente. El Pastor de Hermas no puede, según Audet, ser fuente de la Didaché, como afirmaron Robinson, Muilenberg, Connolly y otros, por cuanto, que la Didaché es mucho más antigua. Todavía entra menos en consideración como fuente el Diatessaron de Taciano, contra lo que opinaba Dix. Audet cree, además, que D 1 (c.1-12,2) no depende ni del evangelio de San Mateo ni del evangelio de San Juan, sino que utiliza una tradición evangélica, que presenta cierto parentesco con San Mateo, pero no se identifica con él. Ni siquiera el interpolador J ha utilizado los evangelios de San Mateo y de San Lucas. Es curioso que Glover, casi al mismo tiempo que Audet, pero con total independencia, defendió la misma tesis: que la Didaché no contiene todavía ninguna cita de los Sinópticos.

Apoyándose en esta crítica de las fuentes, Audet concluye que la Didaché fue compuesta entre los años 50 y 70 de la era cristiana. Como lugar de origen se ha de suponer Siria o Palestina. Audet llega a creer que la Didaché debió de originarse en Antioquia; al menos, sostiene esta posibilidad. Poco antes de que apareciera la obra de Audet, A. Adam rechazó esta última posibilidad. Adam cree que la Didaché fue compuesta entre los años 70 y 90 en la Siria oriental, quizás en Pella. Audet se hace cargo del carácter hipotético de sus afirmaciones.

Si la Didaché se compuso efectivamente en Antioquía en una época tan remota, antes de que se escribieran los evangelios sinópticos, es extraño que las cartas de San Pablo y de San Ignacio, obispo de Antioquía, no revelen absolutamente ningún conocimiento de la Didaché. Sin embargo, me parece que las investigaciones de Audet, Glover y Adam suministran, en conjunto, la prueba de que la Didaché pertenece al siglo I.

Audet opina que las oraciones de los capítulos 9 y 10 no provienen ni de una celebración eucarística ni de un ágape, sino de una “liturgie de vigile,” que solía preceder a la celebración eucarística y a la cual podían asistir también los no bautizados. El capítulo 10,6 contiene un “rituel de passage” entre la liturgia de vigilia y la “eucharistie majeure” propiamente dicha. Esta celebración dominical, que se describe en el capítulo 14, pertenece a D 2. La penitencia que precede a la celebración eucarística dominical (14,1) Audet la considera también, con razón, como “confession commune et liturgique.”

 

3. Transmisión del texto.

Para el texto de la Didaché contamos con las siguientes fuentes:

Griegas: 1) El Codex Hierosolymitanus del patriarcado griego de Jerusalén, que se conservaba anteriormente en la biblioteca del Santo Sepulcro de Constantinopla. Fue escrito en 1056 por un notario llamado León. En este códice el texto aparece después de las epístolas de Bernabé y de Clemente y antes de las de San Ignacio. 2) El texto griego de los capítulos 1,3-4 y 2,7-3,2 se conserva en un pergamino de Oxyrhynchos, del siglo IV. 3) Los capítulos 1-6 están incorporados a los capítulos 18-20 de la Epístola de Bernabé. 4) Los Cánones de los Apóstoles, compilados en el siglo IV en Egipto, contienen los capítulos 1,1-3 y 2,2-4,8. El libro VII de las Constituciones apostólicas, escritas en Siria en el siglo IV, incluyen casi todo el texto griego de la Didaché.

Latinas: Se conservan dos fragmentos de una antigua traducción latina que debió de hacerse en el siglo ni. El más corto de los dos, de un códice de Melk del siglo IX o X, contiene los capítulos 1,1-2 y 2,2-6,1. Recientemente se ha encontrado en un papiro (927) del Museo Británico una parte considerable (c.10,3b-12,2a) de una traducción copta del siglo V. Según este fragmento, a las plegarias eucarísticas seguía una oración que hay que decir sobre el óleo de la unción (μύρον). El σleo en cuestión es, probablemente, el crisma que se usaba en la administración de los sacramentos del bautismo y de la confirmación. Además de los mencionados manuscritos tenemos fragmentos de traducciones siríacas, árabes, etiópicas y georgianas.

 

El lenguaje de la evangelización

Posted: 10 Feb 2020 01:25 PM PST

​La fe cristiana mantiene que Dios ha hablado con el hombre. Lo ha hecho pedagógicamente desde antiguo, primero eligiendo un Pueblo para comunicarse con él tomando pie de los acontecimientos de su historia. En la Sagrada Escritura se contiene el testimonio de esa autocomunicación de Dios que preparaba su manifestación plena en Jesucristo. Él es el Hijo eterno de Dios Padre, su Palabra hecha carne, hecho hombre, el lenguaje de Dios plenamente manifestado en la historia, por la acción del Espíritu Santo, y por eso es la “buena noticia” (=Evangelio). Por eso es importante conocer el contexto cultural e histórico de los Evangelios.

Hoy la Palabra de Dios sigue haciéndose lenguaje humano por muchos caminos. Siguiendo el "principio" o la “ley de la Encarnación”, los cristianos hemos de anunciar a Cristo ante todo viviendo en unión con Él, haciendo carne propia la vida de Cristo para el mundo. Nuestra primera palabra es nuestra vida, el testimonio de lo vivido cotidianamente.

Lenguaje de Dios y lenguaje humano

En ese contexto se entiende que el lenguaje de la evangelización, por lo que se refiere a las palabras, debe ser “no un lenguaje académico (que allí, o sea, en el ámbito académico, tiene su sentido y es necesario, pero no corresponde en el anuncio y en la profesión de fe), sino el lenguaje de la Escritura, de los Padres, de los hombres de hoy; simplemente, en el lenguaje vivo del hombre, del hombre que es siempre uno" (J. Ratzinger, 1963). Es decir, el lenguaje de la gente, de la calle, de las peliculas, de los periódicos, de los amigos y de los vecinos.

La Iglesia ha ido elaborando el mensaje del Evangelio en forma de lo que solemos llamar doctrina, que –puesto en un marco adecuado de testimonio educativo, libertad respetuosa y compromiso social– nada tiene que ver con adoctrinamiento. Ese mensaje lo ha venido transmitiendo la Iglesia desde las familias, las parroquias y las escuelas, en la educación de la fe. Es decir, en las catequesis y en las clases de religión, en la predicación y a través de la cultura misma, en proporciones y modos distintos, en la medida en que las culturas han ido asimilando el Evangelio y a la vez enriqueciendo las expresiones del mismo.

Hoy la cadena de la transmisión de la fe se ha interrumpido y no está garantizado que muchos comprendan los términos y las perspectivas de la doctrina católica. Esta doctrina es siempre la misma en su sustancia (el depósito de la fe), pero se expresa de modos distintos a lo largo de las épocas y en las diversas culturas (cf. Juan XXIII, Alocución Gaudet Mater Ecclesia, en la inauguración solemne del Concilio Vaticano II, 11-X-1962). Por eso debemos estar atentos a nuestro lenguaje en la evangelización. Como todo lenguaje, no se limita a las palabras, sino que implica el contexto de la comunicación.

He aquí algunos puntos que podrían servir de guía para un mayor desarrollo de este tema: el lenguaje de la Evangelización

Contexto, contenidos, actitudes

El mensaje cristiano tiene, en efecto, su contexto: las palabras deben transmitirse con el testimonio del mensajero y de un modo integral. De este modo la doctrina se entrega en el marco de una vida y promueve esa misma vida –la vida cristiana– y el discernimiento del obrar cristiano en medio de la vida corriente.

Nuestro lenguaje debe tener en cuenta los contenidos de ese mensaje y la jerarquía de sus valores, en cuyo centro está la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo. Esto admite diversas formas: Jesús hablaba con parábolas –imágenes, ejemplos, comparaciones–, tomando pie de la cultura y de las experiencias de sus interlocutores, despertando su interés por lo concreto y facilitando sus interrogantes.

El evangelizador ha de mirar y escuchar la realidad (no debe limitarse a emitir hipótesis sobre lo que "sería" maravilloso que sucediera, sino señalar con sentido positivo lo que va bien y lo que no va tan bien), los “signos de los tiempos” y las necesidades de las personas. Ha de atender también a sus propias actitudes, pues solo se transmite lo que se es, incluso antes de lo que se hace, y por supuesto mucho antes que lo que se dice.

Lenguajes verbales y no verbales

Especialmente con los jóvenes, es necesario conocer los lenguajes antropológico-culturales actuales (el lenguaje no verbal de los hechos, de la justicia, del amor y la misericordia, el lenguaje de la belleza) y facilitarles el “aprender haciendo”. El lenguaje de la predicación y del acompañamiento espiritual requiere de una continua preparación mediante la oración, el estudio y el diálogo.

En su forma externa, el lenguaje evangelizador ha de ser adecuado (concreto, positivo, alentador), también cuando trate de las llamadas “realidades últimas” (muerte, jucio, cielo, infierno), poniendo de relieve sus dimensiones antropológicas, cristológicas y eclesiológicas. Ha de evitarse un lenguaje especializado, en particular si no se utilizan términos asumidos por la tradición evangelizadora de la Iglesia; y tener en cuenta la “analogía”, es decir el sentido en que el mensaje cristiano utiliza los términos.

En la dirección y el acompañamiento espiritual, forma parte del lenguaje la acogida y el estilo, el abstenerse de juicios apresurados, el tener en cuenta los factores que intervienen en la situación concreta, la búsqueda del bien posible en cada momento.

Volviendo a los lenguajes no verbales, hoy valoramos más el lenguaje de las imágenes y de los símbolos porque interpelan al conjunto de la persona con frecuencia desde sus afectos.

Entre esos lenguajes está también el lenguaje del cuerpo y su papel en las relaciones personales y en la liturgia.

Lenguaje narrativo y lenguaje de las culturas

Respeto al lenguaje narrativo, el “contar historias” –con su fuerza educativa–, corresponde a la estructura de la existencia humana y de la vida cristiana. Tiene su centro y plenitud en Cristo, pues estamos llamados a revivir los misterios de su vida (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 521), siendo a la vez protagonistas de nuestra propia historia en el marco de la Tradición viva de la familia que es la Iglesia. Cada persona está llamada a hacer de su vida una aventura, una historia fascinante, una obra de arte (cf. Juan Pablo II, Carta a los artistas). De ahí también la importancia de la vida de los santos, capaces de secundar con plena libertad la guía del Espíritu Santo.

El lenguaje del cine junta «el icono con su fuerza evocativa y la narración con su potencialidad de historia abierta y contagiosa» (B. Forte).

Finalmente nos referimos al lenguaje de las culturas, en y hacia las que se transmite el Evangelio. Si bien no se identifica con ellas, las ilumina, sana y vivifica.

 

 

Contradicciones éticas y jurídicas en los debates sobre blasfemia​ 

Salvador Bernal

El presidente Jacques Chirac quiso zanjar los problemas planteados a la doctrina clásica sobre laicidad por la creciente y activa presencia del islam en Francia. Promovió una actualización de la ley de separación de Iglesia y Estado promulgada no sin polémicas en 1905. Tal vez no contaba con el apasionamiento de sus connacionales; desde entonces, no han dejado de crecer las profanaciones y violencias de carácter religioso, sobre todo, aunque apenas se diga, contra lo cristiano.

En esa línea, resulta en cierto modo natural el caso Mila, una adolescente de 16 años que protagonizó en las redes sociales una agria polémica con demasiados insultos, que llegaron a las amenazas de muerte contra ella; el ministro del Interior, Christophe Castaner, explicó en el Parlamento que había dispuesto protección policial para ella y su familia. La protagonista se propasó en sus palabras, pero la reacción de supuestos musulmanes confirmaría su protesta: demasiados componentes de odio transitan en el islam. Hasta la reacción del delegado del consejo del culto musulmán resulta inquietante, al condenar las amenazas: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. No se puede olvidar que acaban de cumplirse cinco años del atentado contra el seminario satírico Charlie Hebdo, que había publicado caricaturas provocativas de Mahoma.

En el debate se agudiza la defensa de la libertad de expresión, amenazada en los últimos tiempos, también en Francia, especialmente por las leyes contra el terrorismo. Esa libertad es un derecho de la persona, que incluye el respeto a la dignidad humana: no lo es una libertad que insulte, menosprecie o discrimine al creyente, en cuanto persona, no a sus convicciones, sometidas a la discusión y crítica propias de una cultura moderna.

Ha pasado el tiempo en que se decía que la verdad tenía derechos y el error, no. Los derechos son de la persona, y afectan también a la buena fama de quienes no pueden defenderse, incluidos los muertos. Una cultura democrática respeta a Cristo y a Mahoma, no permite obscenidades ni insultos, porque son personas. Está muy claro en el catolicismo, que no deja por eso de perdonar a sus injustos perseguidores. No lo es, en cambio, para las repúblicas islamistas, ni para los radicales fanáticos.

La fiscalía francesa  abrió, entre otras, una investigación –pronto archivada- por la posible provocación al odio racial de la protagonista. En declaraciones ante una televisión, Mila dijo que se lamentaba de la vulgaridad de alguna de sus expresiones, pero no del todo, ni menos del fondo. “Me excuso un poco hacia las personas que pude herir, que practican su religión en paz. Mi objetivo no quiso ser nunca los seres humanos. Sólo quise blasfemar, hablar de una religión, decir lo que pienso”.

En rigor, no se puede hablar de “derecho a la blasfemia”, aunque ésta se haya despenalizado: así, la ley francesa de 1881 sobre libertad de prensa, o la más reciente reforma penal en Irlanda en 2018. Porque no es fácil valorar en la práctica comportamientos que pueden entrar dentro de ilícitos tipificados como calumnia, injuria o incitación a la discriminación, el odio o la violencia. La confusión aparece en el lenguaje común, según la primera acepción del diccionario académico: “Palabra o expresión injuriosas contra alguien o algo sagrado”. Y explicaría la diversidad de criterios aplicados por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, sobre todo si se tiene en cuenta el deber jurídico estatal de proteger las libertades, también la religiosa.

Por otra parte, no deja de ser penoso que se sigan utilizando políticamente en períodos electorales cuestiones que deberían ser “de Estado”, como la identidad nacional, la seguridad y el orden público, o la propia laicidad: no es ajeno al actual debate -con intervención de ministros y líderes políticos de diversas tendencias- el hecho de que las municipales se celebrarán en Francia el próximo mes de marzo. Tiene razón la ministra de Justicia, Nicole Belloubet, obligada a publicar una tribuna defensiva en Le Monde: “la vida pública actual es tal que unas pocas palabras, pronunciadas torpemente en menos de diez segundos en la radio, pueden provocar una rara polémica”. Pero parece contradictorio afirmar a la vez que “Francia no es una tierra de fatwas” y que “todo el mundo es libre de blasfemar”: suena a fatwa laicista que excluye la fundamentación racional –nunca injuriosa- del pensamiento crítico.

 

 

Cuidados paliativos, para morir con dignidad

RAFAEL SERRANO

La reivindicación de la eutanasia surge normalmente del temor a morir con sufrimientos insoportables. Pero, según la experiencia de quienes se dedican a la Medicina paliativa, cuando el enfermo terminal es bien atendido, esta angustia no se da y rara vez se plantea la eutanasia. De ahí que para responder a las necesidades de estos enfermos, lo importante no es legalizar la eutanasia, con todos los riesgos que eso implica, sino procurar que la Medicina y la sociedad sepan cuidar a los enfermos cuando ya no se puede curarlos.
Da la impresión de que las campañas en favor de legalizar la cooperación al suicidio se basan en argumentos “teóricos” sobre el derecho individual a la autodeterminación, muy alejados de las necesidades reales de los directamente interesados. De hecho, quienes se dedican a cuidar enfermos incurables coinciden en un punto: un paciente bien atendido no quiere la eutanasia. Se trata de una comprobación cada vez más frecuente, a medida que se extienden los cuidados paliativos, especialidad sanitaria que se dirige a eliminar el dolor y la angustia en todas sus dimensiones -física, psicológica, espiritual- cuando la Medicina no puede curar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la Medicina paliativa como “el cuidado total dado a la persona afectada por una enfermedad que ya no responde a las terapias que tienen por objeto la curación”. Su finalidad, añade, es “lograr la máxima calidad de vida posible para el paciente y para sus familiares”. Los medios son “el control del dolor, de los otros síntomas y de los problemas psicológicos, sociales y espirituales que surgen en el interior del núcleo doliente, constituido por el enfermo y su familia, que comparte sus sufrimientos”.

Acompañar hasta el final

Para la Medicina paliativa, la “unidad de cuidado” no es sólo el paciente, sino que incluye también a los allegados. Y los cuidados no corren a cargo sólo de personal sanitario: también intervienen asistentes sociales, psicólogos, ministros religiosos y voluntarios que ayudan a acompañar al enfermo y a la familia; pues se necesita un equipo amplio para atender todas las necesidades del “núcleo doliente”.

Donde así se hace, como en Kobacker House, centro de cuidados paliativos situado en Columbus (EE.UU.), el suicidio o la eutanasia no se plantean. Dice Warren Wheeler, director de ese centro: “Nunca un enfermo a mi cuidado me ha pedido que le mate. Los que piden eso, es porque están desesperados, por el dolor y la angustia” (El País, Madrid, 13-VI-93).

“En cuidados paliativos, la eutanasia no es un problema -explica el Dr. Marcos Gómez Sancho, jefe de la unidad de cuidados paliativos en un hospital de Las Palmas (España)-. Hay enfermos que cuando acuden a vernos la primera vez, hablan de que quieren morir. Se trata siempre de personas que sufren un dolor intenso desde hace tiempo, que están agotadas y desmoralizadas (…) Una vez que se ha instaurado el tratamiento analgésico adecuado, se ha transmitido al paciente seguridad y se le ha garantizado que nunca va a estar solo y que le acompañaremos hasta el final, no vuelven a hablar de eutanasia” (Noticias Médicas, junio 1992).

José Manuel Núñez Olarte, jefe de la unidad de cuidados paliativos en un hospital de Madrid, relata su experiencia en declaraciones a Palabra (julio 1996). “Es muy rara la petición seria de eutanasia cuando se trabaja en paliativos. (…) Otra cosa es que el sufrimiento sea grande y el enfermo quiera acabar con él como sea: pero con lo que quiere acabar no es con la vida, sino con el sufrimiento”. Y añade que, en siete años de trabajo, en que ha atendido a miles de pacientes terminales, sólo ha encontrado dos peticiones serias de eutanasia, y en uno de esos casos el paciente más tarde se retractó.

Problemas que se pueden tratar

La misma experiencia tienen varios especialistas consultados para un artículo de Scientific American (mayo 1997) dedicado a la Medicina paliativa. Kathleen Foley, autoridad mundial en tratamiento del dolor, declara que las peticiones de eutanasia terminan cuando los pacientes reciben tratamiento paliativo. De ahí que rechace la cooperación al suicidio, porque equivaldría a “tratar el sufrimiento eliminando al que sufre”. Por su parte, Linda Emanuel, directora del comité ético de la Asociación Médica Americana (AMA), sólo recuerda dos pacientes, a lo largo de doce años de trabajo como internista, que le pidieron que los matara; ambos cambiaron de idea cuando supieron que había medios para tratar su malestar. Y Susan Block, de la Facultad de Medicina de Harvard, señala: “La gran mayoría de los pacientes que quieren el suicidio asistido tienen problemas, como depresión, que podemos tratar”.

La experiencia es que donde están más desarrollados los cuidados paliativos, hay menos peticiones de eutanasia. Holanda no es una excepción a esta regla. Cuando, en 1994, el movimiento Hospice -dedicado a atender enfermos terminales- abrió su tercer centro en Holanda, su responsable, B. Thöne-Siemens, declaró a propósito de la eutanasia: “En nuestros centros no se da, por la sencilla razón de que cuidamos tan bien a nuestros pacientes, que ni se les ocurre pedirla” (ver servicio 60/94).

Señal de auxilio

Los pocos que tienen esa idea, en realidad están emitiendo una señal de auxilio. Marie de Hennezel, psicóloga francesa que trabaja en un centro para enfermos terminales y autora del libro La muerte íntima (Plaza & Janés; ver servicio 63/96), lo explicaba así a El País (1-IV-96): “Creo que los enfermos que piden morir están demandando otra cosa. En primer lugar, preguntan si su vida todavía tiene valor para ti. ¿Mi enfermedad es una carga demasiado pesada para mis allegados? Hay una segunda clave: no pueden soportar su degradación física. La experiencia me demuestra que si se les atiende con ternura y con una mirada que les valorice, olvidan que están degradados. La tercera razón es el miedo al sufrimiento físico, pero los tratamientos contra el dolor permiten hoy ofrecer al enfermo tranquilidad a ese respecto”.

La OMS mantiene esta misma postura y promueve los cuidados paliativos por medio de su División de Cáncer y Medicina Paliativa, creada hace más de diez años. En 1991 afirmaba en una declaración: “Ahora que existen soluciones posibles para evitar la muerte con sufrimiento, es preferible concentrar los esfuerzos en los programas de cuidados paliativos, más que ejercer presiones para legalizar la eutanasia”. La OMS recomienda oficialmente incluir los cuidados paliativos en los sistemas sanitarios, como parte normal de ellos.

La llamada Declaración de Barcelona (9-XII-95), publicada al término de un congreso europeo de cuidados paliativos y suscrita también por la OMS, recuerda esa recomendación y concreta diversos aspectos. Así, insta a los gobiernos a promover la Medicina paliativa mediante el desarrollo de servicios específicos, la formación del personal sanitario en este terreno y haciendo accesibles los fármacos necesarios para controlar el dolor. Pide también que se dé reconocimiento y apoyo oficial a las familias y a los demás cuidadores informales, que son esenciales para la eficacia de los cuidados paliativos.

No es cuestión de dinero

Pese a las posibilidades existentes, “todavía las tres cuartas partes de los pacientes que mueren en el mundo tienen una muerte dolorosa”, según dijo el Dr. Jan Stjernswald, director de la División de Cáncer y Cuidados Paliativos de la OMS. La proporción es elevada, sobre todo, por la situación en los países en desarrollo.

Sin embargo, como recuerda la Declaración de Barcelona, “existen métodos efectivos y baratos para aliviar el dolor y la mayoría de los demás síntomas”, por lo que “el coste económico nunca debe ser un impedimento”. De hecho, en Estados Unidos, según datos del seguro nacional Medicare, los cuidados paliativos durante el último mes de vida de un paciente cuestan, por término medio, un 50% menos que los tratamientos convencionales, en el mismo periodo, de los que mueren en un hospital. No sería, pues, muy costoso implantar servicios de cuidados paliativos en los países en desarrollo. Eso precisamente está promoviendo, con éxito, el International Hospice Institute. Este organismo ha comprobado que los países en desarrollo presentan incluso una ventaja: gracias a que allí suele haber familias más grandes y relaciones más estrechas entre vecinos, es más fácil hallar los voluntarios precisos para prestar ayuda humana y social a los enfermos incurables.

El cristiano ante el sufrimiento del enfermo terminal

El rechazo de la eutanasia se interpreta a veces como si fuera una imposición religiosa, que obligaría al enfermo terminal a sufrir toda clase de dolores como necesaria expiación. Sin embargo, para la moral católica, el primer deber ante el dolor es tratar de aliviarlo. Un sufrimiento muy intenso puede disminuir o impedir la vida del espíritu. Por lo tanto, la ayuda para aliviarlo constituye un camino de humanización del dolor. De hecho, buena parte de la acción caritativa de la Iglesia ha estado dirigida desde sus orígenes a cuidar a los enfermos, lo que se ha manifestado también en la fundación de hospitales, y en la acción de congregaciones religiosas dedicadas a esta labor.

En el caso del enfermo terminal, si bien se rechaza la eutanasia, se considera plenamente legítimo el uso de los analgésicos que sean necesarios. “El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable”. (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2.279). En este caso, la moralidad de la acción depende de la intención con que se haga y de que haya una debida proporción entre el efecto buscado (disminución del dolor) y el acortamiento de la vida. Sin embargo, no se debe, sin motivos graves, privar de la conciencia al moribundo, impidiéndole así vivir la propia muerte. El suministro de narcóticos con el único fin de evitar al moribundo un fin consciente es una práctica incompatible con una muerte digna, y suele ir dirigida más bien a eliminar el malestar de los que rodean al paciente.

El respeto a la vida que se acaba exige también no prolongar artificialmente la agonía con medidas que supondrían un “encarnizamiento terapéutico”. “La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima (…) Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta por no poder impedirla” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.278).

Lo que no se debe suprimir son los cuidados vitales sin los cuales el enfermo moriría irremisiblemente, como son la alimentación y la hidratación, aunque sea por medios artificiales. A la vez que se rechaza la obstinación terapéutica, se mantiene que “los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados” (n. 2.279).

Pero el dolor, inevitable en la vida humana, tiene también para el cristiano un alto significado penitencial y salvífico como participación en la Pasión de Cristo. Es, pues, una ocasión para vivir y ofrecer el dolor en unión al sacrificio redentor de Cristo, que prometió la bienaventuranza a los que sufren.


Para saber más

Asistencia práctica para enfermos terminales. Consejos para la familia y para la hospitalización (Oskar Mittag. Herder. Barcelona, 1996. 212 págs. 1.600 ptas. T.o.: Sterbende begleiten. Georg Thieme Verlag, Stuttgart).

Oskar Mittag, psicólogo alemán, abarca en este libro un amplio abanico de cuestiones: la historia de la muerte; el proceso psicológico del moribundo y sus etapas; la vivencia de la muerte en el hospital; la exigencia de informar al enfermo; el acompañamiento familiar a los moribundos y su asistencia en el hogar; el momento de la muerte, rodeado de los seres queridos.

El libro es un muestrario minucioso de la asistencia clínica, pormenorizada y cálida, al moribundo. Opuesto al falso humanismo de la eutanasia, Mittag es, ante todo, un hombre que ha convivido con el dolor humano y que, en el espíritu de los cuidados paliativos, no duda en subrayar el valor terapéutico de la esperanza. Un libro divulgador, que se convierte en un tratado de humanidad y sabiduría.

Cuidados del enfermo en fase terminal y atención a su familia (Wilson Astudillo, Carmen Mendinueta, Edgar Astudillo. EUNSA. Pamplona, 1995. 412 págs. 5.300 ptas.).

Los autores presentan, desde un enfoque científico, un elenco detallado de las diversas situaciones por las que puede pasar un enfermo terminal y ofrecen una guía de actuación para cada complicación que pueda presentar el paciente. Uno de los propósitos de la obra es combatir la ignorancia de los médicos en lo referente a los cuidados paliativos. La experiencia de los autores enseña que la Medicina paliativa ha de combinar la técnica con la humanidad, el afecto y la confianza mutua entre médico y paciente.

La muerte íntima (Marie de Hennezel. Plaza & Janés. Barcelona, 1996. 235 págs. 1.950 ptas. T.o.: La mort intime. Laffont. París, 1995).

Marie de Hennezel recoge en este libro su experiencia de psicóloga dedicada en París a la atención a enfermos terminales. Muestra así que el final de la vida puede convertirse en un período de inmenso valor: la muerte puede hacer que un ser humano llegue a ser aquello a lo que estaba destinado, y las personas que se encuentran en este trance son capaces de sentir, orar, amar y vivir con más intensidad que nunca. El libro recoge cerca de cuarenta historias reales, que ayudan a curarnos de falsas ideas sobre la muerte.

Tratado de medicina paliativa y tratamiento de soporte al enfermo de cáncer (Editorial Médica Panamericana. Madrid, 1996. 1.467 págs.).

Esta obra colectiva, realizada por un notable plantel de especialistas (oncólogos, radioterapeutas, cirujanos, internistas, médicos de familia y de unidades de cuidados paliativos, enfermos, psicólogos, capellanes y psiquiatras), coordinados por el jefe de Oncología del Hospital “La Paz” de Madrid, Dr. González Barón, trata de la aplicación de cuidados paliativos a los enfermos de cáncer.

Desde un enfoque multidisciplinar, se dirige sobre todo a facultativos y personal sanitario de oncología, aunque también los médicos de otras especialidades, agentes de pastoral o asistentes sociales encontrarán referencias útiles a problemas que plantean los enfermos terminales.

La eutanasia. 100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana y la actitud de los católicos (Conferencia Episcopal Española. Comité para la Defensa de la Vida. Madrid, 1993. Palabra. 122 págs.).

El libro pretende responder a las principales preguntas que una persona puede hacerse en relación a la eutanasia, tratando de aportar rigor científico en el tratamiento, y claridad y sencillez en la exposición. Aborda la eutanasia sin rehuir ni ocultar los argumentos de sus partidarios; sin omitir los puntos de vista más conflictivos; sin silenciar los temas más polémicos, para permitir a cualquier persona -sea católica o no- tener elementos de juicio sobre una cuestión tan relevante.

En la segunda parte reproduce la Declaración sobre la Eutanasia que hiciera la Congregación para la Doctrina de la Fe en mayo de 1980.

Sobre la muerte y los moribundos (Elisabeth Kübler-Ross. Grijalbo. Barcelona, 1993. 360 págs. 1.100 ptas. T.o.: On Death and Dying. Macmillan. Nueva York, 1972).

Tercera edición en castellano de este libro ya clásico escrito en 1972 por la doctora suiza Elisabeth Kübler-Ross, profesora de Psiquiatría en la Universidad de Chicago. Es el fruto de más de 200 entrevistas con enfermos terminales y con sus parientes, en las que se buscaba que el enfermo hiciera comprender todo lo que le pasaba: los procesos de dolor, sus miedos, inquietudes, necesidades, deseos… En algunos aspectos se nota que ha pasado el tiempo -por ejemplo, apenas trata el tema de la eutanasia-, pero sigue siendo un libro de gran interés para saber entender y atender a enfermos terminales.

 

Capellán de hospital reivindica el derecho a la asistencia religiosa: "Somos un alivio para el enfermo"

 

El sacerdote del Hospital Virgen de la Salud de Toledo reflexiona sobre la función de los capellanes en la Jornada Mundial del Enfermo

Con motivo de la memoria litúrgica de Nuestra Señora la Virgen de Lourdes, el 11 de febrero se celebra cada año la Jornada Mundial del Enfermo. Esta Jornada fue instituida por San Juan Pablo II en mayo de 1992; se venía realizando en algunos países y regiones con grandes frutos pastorales y él quiso extenderla a todo el mundo. 

A propósito de esta celebración, Juan Luis Gómez de la Torre, capellán del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, realiza una "reflexión necesaria" sobre la Jornada Mundial del Enfermo y la necesidad de los capellanes en los hospitales públicos. 

Libertad religiosa 

En su opinión, la asistencia religiosa en los hospitales, cada uno según su confesión, "es un derecho del enfermo y forma parte de su libertad religiosa. Porque las personas no somos aconfesionales como lo es el Estado", argumenta el P. Gómez de la Torre. 

Considera un "error" la propuesta que algún partido político ha hecho al Gobierno de España de retirar a los capellanes de los hospitales públicos. "No estamos hablando de identificación entre Iglesia y Estado. Se trata de una persona que sufre y desea encontrar ayuda espiritual eficaz, de un auténtico derecho del enfermo a solicitar el servicio religioso –tal y como está reflejado en los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado en 1979 y que se ratificó en 1985–, un servicio necesario para su vida", recalca el capellán del Hospital Virgen de la Salud de Toledo. 

Alivio en el proceso de la enfermedad 

Desde la mirada del Evangelio, para el sacerdote de Toledo, cobra pleno sentido la presencia de los capellanes en los hospitales. "Porque el capellán, que representa a Cristo, ofrece al enfermo la ayuda necesaria para afrontar la enfermedad y llevarla en unión con los sufrimientos del propio Cristo. El capellán de hospital no solo administra sacramentos, sino que acompaña al enfermo en el proceso de su enfermedad, que en muchos casos es larga y dura". 

Así mismo, explica que los capellanes, con su presencia, son para el enfermo "alivio en el proceso de su enfermedad, una enfermedad que le hace necesitar que le tendamos una mano, que le brindemos una palabra de consuelo". Afirma que como capellán, esto es lo que experimenta con mucha frecuencia en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

"La presencia del sacerdote es, en verdad, un alivio y un consuelo para los enfermos, sobre todo para aquellos que solicitan el servicio religioso e, incluso, para sus familiares", subraya.

Instituida por san Juan Pablo II

El sacerdote recuerda en su escrito por qué fue instituida esta Jornada el 11 de febrero: "Esa fecha era muy importante para San Juan Pablo II. El 11 de febrero de 1984 publicó la carta apostólica “Salvifici Doloris” y el 11 de febrero del año siguiente instituyó la Pontificia Comisión para la pastoral de los Agentes Sanitarios con el Motu Propio “Dolentium hominum”. En 1988 esta Comisión pasó a llamarse Pontificio Consejo para la pastoral de los Agentes Sanitarios".

Así mismo, subraya el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo de este año con unas palabras del Evangelio especialmente pensadas para ellos: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

Sin ceder a la eutanasia 

El P. Juan Luis Gómez señala que el enfermo no es solo cuerpo, sino que también es espíritu: "Hay que atender a la persona en toda su integridad. Los médicos, el servicio de enfermería, los auxiliares de enfermería y los celadores atienden las necesidades que el enfermo tiene con respecto al cuerpo. Los capellanes, junto con los voluntarios, atendemos el alma del enfermo, para que afronte la enfermedad con la fortaleza y la mansedumbre que el Señor comunica por medio de los sacramentos". 

Por último, concluye con la clave que ofrece el Papa Francisco en su mensaje: "Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible".

 

 

Respeto, autoridad, familia

 

Si a Usted le preguntaran qué considera más importante en el trato con sus conocidos: que lo estimen, que lo quieran o que lo respeten, ¿con que opción se quedaría?

​El respeto es la base de cualquier relación seria y estable

Algunos podrán dudar entre ser estimados o queridos, como lo principal a ser alcanzado de nuestro prójimo. Quizás pocos elegirán ser respetados.

Es que el respeto está actualmente con las acciones bajas en nuestra sociedad.

Sin embargo, lo primero que cada persona debe exigir de la otra no es ser querida, ni tampoco estimada, sino sobre todo respetada.

El respeto, base de las relaciones humanas

Contenidos

Pensando un poco sobre ello, Usted verá que el respeto es la base de cualquier relación seria y estable. El respeto debe existir entre los esposos, con los hijos, con los inferiores y los superiores y viceversa.

El cariño o el afecto son sentimientos que, en los casos de relaciones más estrechas, se pueden y se deben sumar, pero siempre deben suponer el respeto mutuo.

Si todos merecemos respeto, la medida de este respeto no es igual para todos. Uno es el respeto que un estudiante le debe a su compañero de estudios, otro es el respeto que él mismo le debe a su profesor, y otro es el respeto que le debe al Ministro de Educación.

​Es precisamente en la familia en que todos comenzamos a relacionarnos los unos con los otros

Los estudiantes que, pocos años atrás, se subieron a la mesa de conversaciones en que se trataba el tema educacional en el edificio del Congreso en Santiago, sabían que con ese gesto ellos estaban realizando un acto simbólico de rompimiento del orden en la sociedad.

Lo mismo vale para quienes insultan o agravian a la autoridad representada por los Carabineros. Y por esta misma razón, el respeto a las Fuerzas de Orden debe ser mayor que el que se debe, por ejemplo, a nuestros vecinos.

¿Por qué respetar?

Usted se preguntará, ¿cuál es la razón por la cual debemos respeto a los demás?

La base del respeto se encuentra en la propia Sagrada Escritura; en el Génesis se señala que Dios nos creó a su “imagen y semejanza”. Cada ser humano está hecho a la semejanza de Dios y es dotado de un alma espiritual eterna.

 

Los viejos de otrora inspiraban confianza y respeto

 

Tales características que están en nuestra propia esencia distinguen a todos los hombres de los otros seres creados.

Nosotros no somos fieras que se imponen por la fuerza de sus zarpazos o el impacto de sus patadas, sino seres dotados de inteligencia, que debemos manifestar nuestras discrepancias dentro de un marco de respeto.

Sin embargo, si el respeto debe valer para todos, aún con mayor razón debe valer para aquellos que, en razón de su función, de su edad, de sus cualidades morales o profesionales, representan en la sociedad una superioridad o una autoridad.

La variedad de los seres

​Escuche con atención las opiniones de los otros aunque no las comparta

Santo Tomás de Aquino enseña que Dios, al crearnos, nos dio a todos la misma naturaleza humana, pero no nos hizo a todos iguales. Al contrario, Él quiso dotar a cada uno de características y dones naturales y sobrenaturales diversos, para que de este modo el conjunto de la sociedad reflejase mejor las infinitas perfecciones del mismo Creador.

Por esta razón en la sociedad civil y en toda sociedad bien constituida deben existir superiores e inferiores, y para que exista en ellos armonía y concordia, debe existir justamente como base el respeto mutuo.

La familia, escuela de formación

Es precisamente en la familia en que todos comenzamos a relacionarnos los unos con los otros. Y es en su seno en que nos damos cuenta por primera vez de que existe una autoridad, que son nuestros padres, y a quienes ciertamente les debemos cariño, pero también respeto.

La conocida advertencia paterna o materna, “No me falte el respeto, mi hijito”, es muchas veces el primero y mejor modo que tuvimos para aprender que el cariño no debía excluir el respeto.

Más tarde, cuando el niño vea en sus profesores el retrato de aquella autoridad que él debe respetar en su casa, o al salir a la calle y cruzarse con un carabinero, entenderá que éste merece también y en cierto sentido aún más, el respeto propio al de una autoridad pública.

Es por lo tanto justamente en la familia que se gestan y se nutren las primeras nociones del respeto.

Para medir lo necesaria y buena que es la práctica del respeto, imagínese que en el ambiente en que Usted estará hoy, en su casa, en el supermercado, en la casa de algún amigo o de un pariente, en el transporte colectivo, etc. todos y cada uno se tratasen con respeto mutuo.

¡Cuán diferente sería nuestro día!

Empecemos entonces a cultivar el respeto en nuestro propio hogar, con nuestros hijos, entre los padres, con los abuelos, en fin con todos aquellos que nos rodean más de cerca. Cuando en un ambiente doméstico se respira este ambiente de respeto mutuo, es fácil comprender y practicar el tercer mandamiento de la ley de Dios. “Honrarás a tu padre y a tu madre”.

Un consejo práctico

Le propongo algunos ejercicios prácticos: Cuide sus palabras y acciones, podemos aprender a respetarnos con nuestros gestos. Escuche con atención las opiniones de los otros aunque no las comparta. No se burle de posibles deficiencias o limitaciones de algún familiar, él podrá quedar herido.

El respeto es la base de las relaciones y armonía de la familia y es ahí donde se aprende en sociedad.

Haga la prueba, comience hoy mismo a esmerarse en el trato respetuoso, verá cómo las cosas cambian mucho, y para mejor.

 

 

Las 25 mejores películas románticas

 

A nadie se le escapa que dentro de seis días, el 14 de febrero, es San Valentín. En todos los medios de comunicación hay artículos y propuestas para esta fecha.

Ciertamente, no hay que esperar al Patrón de los enamorados para tener un detalle con la mujer o el marido, con la novia o el novio. El amor es algo que hay que regar todos los días, como la rosa de El Principito. Nosotros necesitamos ser también ese pequeño Príncipe que riega cada día su flor delicada; con cuidados pequeños pero constantes: una sonrisa, un beso, un abrazo, un piropo...

Y evitar la rutina, y decir “te quiero” con la ilusión de la primera vez. Volver a ser novios, aunque se cuenten por decenios los años de matrimonio.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que las fechas tienen su significado. Por eso he querido sumarme a esta celebración con una lista de 25 películas románticas que han superado la barrera del tiempo. Este fin de semana es una ocasión espléndida para sorprender a nuestra pareja con un filme que vimos hace años, o que vemos ahora por primera vez. El cine siempre ha sido “una fábrica de sueños”; y en ocasiones, una forma de demostrar el cariño.

Que paséis un gran día de San Valentín. Y, por favor, ¡decidme cuáles de ellas son vuestras preferidas! Me encantará saberlo:

1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz
2. Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler
3. Lo que el viento se llevó (1939), de Victor Fleming
4. Tú y yo (1957), de Leo McCarey
5. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitch

6. Sonrisas y lágrimas (1965), de Robert Wise
7. Orgullo y prejuicio (2006), de Joe Wright
8. Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler
9. Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
10. Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau

11. El hombre tranquilo (1952), de John Ford
12. La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2018), de Mike Newell
13. Mejor... imposible (1997), de James L. Brooks
14. Breve encuentro (1945), de David Lean
15. Sabrina (1954), de Billy Wilder

16. West Side Story (1961), de Robert Wise
17. Algo para recordar (1993), de Nora Ephron
18. Titanic (1997), de James Cameron
19. Ghost (1990), de Jerry Zucker
20. La princesa prometida (1987), de Rob Reiner

21. La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trouslade y Kirk Wise
22. Lo que queda del día (1993), de James Ivory
23. Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee
24. El camino a casa (1999), de Zhang Yimou
25. Matrimonio de conveniencia (1990), de Peter Weir

 

 

Siria: «Cristianos rehenes en la región de Idlib»

«Hay fieles cristianos que están siendo retenidos y tomados como rehenes en la zona de Idlib – ciudad del noroeste de Siria, situada cerca de la frontera con Turquía – y la situación podría explotar en cualquier momento”. Es la denuncia y llamamiento que llega de parte de la hermana Maria Lúcia Ferreira, una monja portuguesa que se encuentra en Siria y que vive en el Monasterio de Santiago Mutilado en Qara, a noventa kilómetros al norte de Damasco. En la actualidad hay unos noventa mil civiles desplazados de Idlib en los últimos días que se han dirigido hacia la frontera turca a raíz de las incursiones sirias y rusas contra el bastión rebelde del noroeste del país.

Casi medio millón de desplazados

Según la ONU, desde el pasado mes de diciembre las personas desplazadas de Idlib son casi medio millón. Según la hermana Myri – nombre con el que se conoce en Siria a esta religiosa –  está preocupada por la situación en las tres aldeas habitadas por cristianos en la zona, donde hay personas que «nunca han podido salir o tener contacto con sus familias desde que los terroristas ocuparon la zona hace seis o siete años».

Mientras tanto, tal como informa la Agencia de noticias ANSA, prosiguen las negociaciones sobre la crisis después de la reunión del sábado 8 de febrero. Desde Estambul se informa que una delegación rusa estará esta tarde en Ankara para las conversaciones con las autoridades turcas sobre la crisis en Idlib, en lo que será un nuevo encuentro tras el de hace dos días que duró unas tres horas.

Encontrar una solución ante las tensiones

Esta reunión tiene como objetivo encontrar una solución ante las tensiones vinculadas a la ofensiva del régimen de Bashar al Assad y de Moscú contra la fortaleza rebelde del noroeste de Siria, que según la ONU ha causado más de medio millón de personas desplazadas en dos meses y que hace una semana resultó en el más severo enfrentamiento directo desde hace años entre las fuerzas de Ankara y Damasco.

En las conversaciones participan los respectivos viceministros de asuntos exteriores, junto con las delegaciones de los dos ejércitos y de los servicios de inteligencia y Alexander Lavrentiev, enviado especial de Vladimir Putin para Siria. Turquía y Rusia se habían puesto de acuerdo, junto con Irán, para transformar el área de Idlib en una zona de desescalada militar. Pero de hecho, la tregua se ha roto desde hace meses.

 

 

Los niños no son del Estado.

Los niños no son propiedad de los padres, dijo la ministra de Educación, Isabel Celáa, tras el Consejo de Ministros. Y lleva razón la ministra. Pero mucho menos son del Estado. Los padres tienen, eso sí, el gusto, el derecho y la responsabilidad de educarlos como les parece mejor. Y ese principio tan sensato está reconocido en nuestra Constitución. Por su parte, la ministra de Igualdad, Irene Montero, directamente señaló que hay niños dominados por padres homófobos que tienen que ser liberados por el Estado. Parece que se quiere trasladar la lucha de clases al seno de la familia. Estas declaraciones son la reacción al acuerdo al que han llegado el PP, Ciudadanos y Vox en Murcia para poner en marcha el llamado pin parental. El caso del pin parental ilustra el posible conflicto entre el derecho del Estado a fijar los contenidos de la enseñanza y el derecho de los padres a elegir la enseñanza que quieren para sus hijos.

Jesús Martínez Madrid

 

 

¿Cristianos perseguidos? 260 millones

Según la Lista de Vigilancia Mundial de la organización Open Doors, uno de cada ocho cristianos fueron duramente perseguidos por profesar su fe durante el año 2019,  aunque es cierto que, afortunadamente, el número de cristianos asesinados disminuyó, la presión en la vida privada y pública es creciente.

Nigeria es el país que encabeza el dramático ranking de persecución y violencia, debido, sobre todo, a los ataques tribales y a los islamistas de Boko Haram. En segundo lugar, se encuentra la República Centroafricana, seguida de Sri Lanka, donde por desgracia nos hemos acostumbrado a ataques brutales contra la población cristiana, especialmente en fechas particularmente señaladas como la Pascua.  Hay nada menos que 73 países donde los cristianos sufren un alto nivel de persecución y 11 en los que esta persecución es extrema. Aquí, a la cabeza, se sitúa, por decimoctavo año consecutivo de la lista, Corea del Norte. Sabemos también por los informes y los proyectos concretos de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia necesitada que no podemos cejar en el empeño. Hay, a día de hoy, numerosas comunidades cristianas en todo el mundo que sufren sobremanera por discriminación y persecución de muchos tipos.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La fe y la eutanasia

Podemos darles muchas vueltas a los argumentos favorables  a la eutanasia, pero sin el sentido trascendente de la vida todo vale. Si no hay premio y castigo y eternidad, todo vale. Y ante una persona que no tiene fe, los argumentos contra la eutanasia son totalmente relativos. Dice Susana Tamaro “Si todo ocurre ‘por casualidad’, ¿qué importancia tienen mis decisiones? ¿Por qué preocuparme por el crecimiento y el desarrollo de mis mejores posibilidades? Si hemos sido lanzados por casualidad al tablero de la vida y también por azar desaparecemos de él, ¿qué sentido tiene lo que hacemos en medio? Una vida que se vive ‘por casualidad’ es una vida suspendida entre el aburrimiento y la angustia por el fin. Es una vida libre sólo aparentemente; porque la libertad verdadera es sentirse liberado del temor a la muerte” (p. 30).

Pedro García

 

 

¿Qué los hijos pertenecen a los padres?

No sólo ‘no podemos pensar’, sino también ‘de ninguna manera’, han dicho las tres ministras en su comparecencia: “no podemos pensar de ninguna manera que los hijos pertenecen a los padres”. Esa declaración de estrechez o imposibilidad de llegar a poder pensar de otra manera, revela con magnífica claridad las hechuras del gobierno y, tal vez, lo que quiera imponer como modelo de actitud ‘progre’: que todos y todas no puedan pensar de ninguna manera, hasta que se le pase, ¡ojalá!, esa rigidez mental a quien nos gobierna.

Es evidente que si los hijos no pertenecen a los padres, a alguien tendrán que pertenecer, alguien que los cuide y los mime. ¿Y quién será ese alguien? Las ministras no respondieron con lo que estaban ‘pudiendo pensar’, tal vez, ‘de cualquier manera’, acerca de quién cuidaría a los hijos de los hombres y las mujeres que los parieron. Pero todo lleva a sugerir que lo que tienen en la mente es que el Estado quitaría la tutela de los hijos a sus padres, para dársela algunos funcionarios que deberían saber más de eso que los propios padres.

Las oposiciones a ‘funcionario paternal’ puede que sean convocadas dentro de poco en el BOE, con el riesgo de que el Estado carezca de la experiencia suficiente para dotar esas plazas, ya que el Estado, por definición, no puede tener hijos, al menos hasta ahora, sino que esa función es sólo propia de los hombres y mujeres que se juntan para tenerlos. Es lo que pasa aunque algunos/as no lo puedan pensar de ninguna manera.

Juan García. 

 

 

Pensamientos y reflexiones 242 

 

Pueblos y… “pueblos”:             No hace mucho y en un anterior artículo escribí lo que sigue: “Dios… o la Creación (“ambas es lo mismo”) dejó al hombre en tierras, todas ricas… simplemente invitándole o retándole, a que con su inteligencia y trabajo, las explotara (cuidándolas); y viviera de ellas, con suficiente desahogo material, para después; “cultivar su yo inteligente o espiritual”; y así, ir progresando en un verdadero progreso; por tanto no hay tierras o mares pobres; “los pobres son los hombres que las habitan y que no saben cultivarlas o explotarlas con la verdadera inteligencia que esos lugares necesitan”; de ahí le vienen todas las miserias que padece”.

                                Hoy me refiero a uno de los pueblos admirables, de larga historia, de luchas inigualables hasta con la propia “Creación” y que sigue marcando un record difícil de igualar; ese país se denomina “Países Bajos u Holanda” y tiene una extensión de algo más de cuarenta y un mil kilómetros cuadrados; y gran parte del mismo, está situado “bajo el nivel del mar”; puesto que supieron “robarle al Océano Atlántico, gran parte de sus tierras y han sabido mantenerlas secas y productivas al máximo posible o imposible, pero real, como ahora les detallo”.

                                Aun cuando su clima es más bien “inhóspito” y poco proclive a la agricultura que se obtiene en países cálidos y mediterráneos; hoy se considera como el segundo exportador de productos agroalimentarios y después de los poderosos Estados Unidos norteamericanos; siendo su producción equiparable a lo que exportan España, Italia y Portugal en conjunto y sumado lo que logran en este campo estos tres países del Sur de Europa.

                                ¿Por qué y cómo han logrado ello? Por cuanto aquí la mayor riqueza con que cuentan “estas tierras”, son sus cerebros y como los saben y han sabido cultivar desde tiempos remotos, es por lo que y empleando todas las técnicas que hoy conoce el hombre, aumentado ello con verdaderas universidades,que enseñan principalmente lo que necesita esta nación, el resultado es la realidad actual, por tanto no hay milagro ni nada parecido, todo es saber emplear y cultivar la inteligencia y aplicarla a lo que necesita un país para hacerse grande en todos los campos; o sea lo que yo vengo escribiendo hace muchos años… “La mayor riqueza de un país son sus cerebros”; lo que supieron los holandeses hace muchos siglos y lo vienen demostrando.

            Pero si bien yo les doy un boceto de esa producción agrícola; mejor busquen en Internet, el siguiente trabajo; “Holanda el silicón vayey de la agricultura” y que con todo tipo de detalles, ha publicado la prestigiosa revista XLSEMANAL del 27 de enero del 2019: Véanlo aquí: Este es un artículo de 'XLSemanal', el suplemento dominical de 'La Verdad'. Puedes seguir leyéndolo completo aquí

(De mi artículo de igual titular: Febrero 2019)

CAMINOS A SEGUIR: Esto nos dice bien a las claras lo que el hombre puede hacer en estos momentos y que el hambre en el mundo, es algo superable por mucha población que hubiese en el planeta; lo que hay es que eliminar tiranos y bandidos internacionales, que son los culpables de tantas carencias como hay en el mundo; el que  simple y únicamente lo que necesita es buena formación, buena educación, liberarse de tanto fanatismo religioso o no religioso, pensar por uno mismo y aprender, sobre todo lo que vitalmente cada cual necesita y en el lugar del planeta donde se encuentre; ¿Qué ello es duro? Sí, pero no imposible, los pueblos que de verdad han progresado, todos ellos tuvieron que empezar a luchar por ellos mismos, pero no para imponerse el fatídico “quítate tú para que me ponga yo”; sino una lucha inteligente para precisamente ello, fomentar la verdadera inteligencia que necesitó y necesita el ser humano; todo lo demás son mentiras y demagogia criminal, que son las enfermedades que siempre terminan en ríos de sangre y arrasamiento de todas las tierras que la padecieron y padecen.

                                Por tanto… “muchas menos armas y muchas más herramientas y laboratorios de investigación, que es lo que necesitamos para un verdadero progreso”. (15-02-2019)

 

“La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”. AGF 24 octubre 2019

 

NOSOTROS EL PUEBLO: A nosotros, el pueblo, nos importan dos cojones, los políticos que sean; lo que queremos son verdaderos estadistas, o sea, hombres y mujeres de Estado, y que de verdad, vayan solucionando los verdaderos problemas de España, que no son de partido alguno; son de todos los españoles y eso se olvida totalmente. (7 MAYO 2019)

 

OTTO VON BISMARK Y CARLOS III OPINAN DE ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES: Otra frase que "retrata al pueblo español",  es la que le dedicara el también buen gobernante cual fuera Carlos III... "A los españoles les ocurre como a los niños cuando los lavan... lloran como éstos" (Más o menos pues cito de memoria)

       Y como remate, la que le dedicó nada menos que el unificador de Alemania, "Otto von "Bismark, EL CANCILLER DE HIERRO... "ESPAÑA ES LA NACIÓN MÁS FUERTE DEL MUNDO... LOS ESPAÑOLES LLEVAN SIGLOS TRATANDO DE DESTRUIRLA Y NO LO CONSIGUEN".

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 

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