Las Noricias de hoy 28 Abril 2022

Enviado por adminideas el Jue, 28/04/2022 - 12:46

Las mejores 170 ideas de El poder de las palabras | frases bonitas, frases,  frases sabias

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 28 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

“Recognitum librum VI”: Nuevo “Motu Proprio” del Santo Padre Francisco

El Papa: la libertad religiosa es violada a veces de manera obvia

El Papa: quien puede detener la guerra debe escuchar el grito de la paz

Francisco invita a promover la cultura del encuentro

Francisco: “El mundo necesita respirar paz”

HACER EL BIEN Y RESISTIR AL MAL : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: un cambio de perspectiva

“Pide la verdadera humildad” : San Josemaria

La felicidad que proviene de fortalecer el puente entre jóvenes y ancianos

Una conversación mundial sobre la afectividad y la sexualidad

Mons. Álvaro del Portillo y la nueva evangelización : María Pía Chirinos

Pascua: alegría o depresión : Mario Arroyo.

“La cristianofobia” y sus consecuencias : Raúl Espinoza.

 La sonrisa y la risa. : José Luis Velayos

España. 28 de abril: Día por la seguridad y la salud en el trabajo

Longinos traspasó con su lanza a Jesús en la cruz – Soldado romano : Guillermo Romero Salamanca

Las cuatro frases que no hay que decir nunca a un niño pequeño : Cecilia Galatolo

Un sacrificio que libera. ¿Soy un esclavo agradecido? : José Martínez Colín.

El domingo que cambió la historia del mundo : Jorge Espinosa Cano

Una educación que sea verdaderamente tal : Juan García. 

No todo lo legal es moral : Jesús D Mez Madrid

"Si a la vida" : Jesús Domingo Martínez

Sacerdotes en el siglo XXI : Domingo Martínez Madrid

Por Ucrania… “Por todas las Ucranias” : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

“Recognitum librum VI”: Nuevo “Motu Proprio” del Santo Padre Francisco

El Pontífice firmó hoy la Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio”, cuyo título es “Recognitum librum VI”, mediante la cual se modifica el canon 695 §1, del Código de Derecho Canónico

 

Vatican News

La Oficina de prensa de la Santa Sede publicó la Carta Apostólica que el Papa Francisco firmó este 26 de abril en forma de Motu Proprio, cuyo título es Recognitum librum VI, y mediante la cual se modifica el canon 695 §1, del Código de Derecho Canónico.

En el texto original, publicado en latín y traducido en lengua italiana, se lee: “El 1° de junio de 2021, con la Constitución Apostólica Pascite gregem Dei hemos promulgado el nuevo Libro VI del Código de Derecho Canónico, De sanctionibus poenalibus in Ecclesia”. En él se explica que “se han tipificado de forma diferente algunos delitos”, mientras “otros nuevos se han introducido” y, además, “ha cambiado también la sucesión de los cánones”. Y se indica que esto requiere una modificación para garantizar la concordancia con los cánones de otros Libros del Código.

Por lo tanto, habiendo consultado al Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el Santo Padre Francisco establece que “el texto del canon 695 § 1 sea modificado de la siguiente manera:

“Un religioso debe ser destituido de un instituto por los delitos mencionados en los cánones 1395, 1397 y 1398, a menos que, en el caso de los delitos mencionados en los cánones 1395 §§2-3 y 1398 §1, el Superior mayor considere que la dimisión no sea totalmente necesaria y que se pueda proveer de otro modo tanto a la corrección del religioso como a la reintegración de la justicia, o a la reparación del escándalo”

De manera que el Pontífice ordena que lo deliberado con esta Carta Apostólica en forma de Motu Proprio sea firme y estable en su vigencia, sin perjuicio de cualquier cosa en contrario, aunque merezca una mención especial, y que se promulgue mediante su publicación en el periódico de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, entrando en vigor en el día de la fecha, y que se publique después en el comentario oficial del Acta Apostolicae Sedis.

 

 

El Papa: la libertad religiosa es violada a veces de manera obvia

El Santo Padre agradeció el trabajo de la Orden de la Santísima Trinidad a la que animó a seguir colaborando con otras instituciones que comparten su noble objetivo “de flagrante actualidad”. Y les manifestó su deseo de que la Virgen y San Juan de Matha acompañen siempre su camino y el servicio de la Solidaridad Internacional Trinitaria

 

Vatican News

Al recibir en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los 120 participantes en el congreso titulado "Solidaridad Internacional Trinitaria”, el Santo Padre agradeció al Superior General sus palabras de saludo y presentación de esta iniciativa de la Orden de la Santísima Trinidad. Tras manifestar su aprecio acerca de cómo han sabido actualizar el carisma de la Orden “dando vida a esta organización, que defiende la libertad religiosa no de forma teórica, sino atendiendo a las personas perseguidas y encarceladas a causa de su fe”, el Papa Francisco añadió que no les falta el estudio y la reflexión, que se expresan también en el ámbito académico a través del curso de estudios sobre la libertad religiosa en el Angelicum, cátedra que lleva el nombre de su fundador San Juan de Matha.

Compromiso basado en el carisma original

El Pontífice se congratuló con todos ellos por este compromiso que llevan a cabo recurriendo al carisma original, que se remonta a más de ocho siglos atrás, a la época de San Francisco de Asís. Y recordó que “el Espíritu Santo suscitó en aquel tiempo, tal como lo hace siempre en cada época, testigos capaces de responder según el Evangelio a los desafíos del momento”. A la vez que añadió:

“Juan de Matha fue llamado por Cristo a dar su vida por la liberación de los esclavos, tanto cristianos como musulmanes. No quiso hacerlo solo, individualmente, sino que fundó para ello una nueva Orden, una orden ‘en salida’, nueva también en su forma de vida, que debía ser un apostolado ‘en el mundo’. Y el Papa Inocencio III dio su aprobación y apoyo pleno”

Francisco recordó que Jesús enviado por el Padre y movido por el Espíritu Santo, de manera que “en él actúa toda la Trinidad. Y la obra de Dios Amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la redención del hombre: por esto Cristo derramó su sangre en la cruz. Como rescate por nosotros. Esta obra se prolonga en la misión de toda la Iglesia”. Pero en su Orden – dijo el Papa – “ha encontrado una expresión singular, peculiar, yo diría literal – un poco como la pobreza en Francisco – es decir, el compromiso por el rescate de los esclavos”. Y añadió textualmente:

“Lamentablemente este carisma es de flagrante actualidad. Tanto porque incluso en nuestro tiempo, que se jacta de haber abolido la esclavitud, en realidad son muchos, demasiados, los hombres y las mujeres, incluso los niños reducidos a vivir en condiciones inhumanas, esclavizados. Y porque, como bien señala su congreso, la libertad religiosa es violada, a veces pisoteada en muchos lugares y de diversas maneras, algunas crudas y obvias, otras sutiles y escondidas”

Antes de despedirse, el Santo Padre les agradeció su trabajo y los animó a continuarlo, también colaborando con otras instituciones, eclesiales o no, que comparten su noble objetivo. Y les recomendó que no pierdan su especificidad, sin "diluir" el carisma, a la vez que les manifestó su deseo de que la Virgen y San Juan de Matha acompañen siempre el camino de la Orden y el servicio de la Solidaridad Internacional Trinitaria. Y tras bendecirlos de corazón, les pidió que por favor, no se olviden de rezar por él.

 

El Papa: quien puede detener la guerra debe escuchar el grito de la paz

En la audiencia general, Francisco renovó una vez más su esperanza de que las armas puedan finalmente ser silenciadas: en este momento difícil la humanidad está sedienta de fraternidad

Amedeo Lomonaco - Ciudad del Vaticano

Hay una alianza llamada a construir puentes de paz para detener la destrucción de la guerra. Es el diálogo entre los mayores y los jóvenes el que puede relanzar el futuro. El Papa Francisco lo subraya tras la catequesis de saludo a los peregrinos francófonos.  En este momento difícil en el que la humanidad tiene sed de paz y fraternidad, es urgente que la alianza entre los ancianos y los jóvenes sea fecunda y lleve a cada uno, en su estado de vida, a ser testigo y mediador de las bendiciones de Dios entre los pueblos.

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Silenciar las armas

Además de la alianza entre jóvenes y ancianos, hay otro deseo fundamental de poner fin a la guerra: el que debe llevar a los gobernantes a escuchar y acoger el grito de paz. El Pontífice lo recuerda cuando saluda a los fieles de lengua portuguesa.

Queridos peregrinos de lengua portuguesa: os pido que perseveréis en la oración incesante por la paz. Silencien sus armas, para que los que tienen el poder de detener la guerra escuchen el grito de paz de toda la humanidad. ¡Que Dios te bendiga!

Saludando a los peregrinos croatas, especialmente a la delegación del Ministerio de Defensa de la República de Croacia, el Papa les exhorta a ser artífices de la paz.

Queridos amigos, que el encuentro y el camino cotidiano con el Señor resucitado inflame vuestros corazones para que, con entusiasmo, podáis dar testimonio de la fe y proclamar las grandes obras de Dios, como verdaderos artífices de la paz en la sociedad y en el mundo.

Hace ocho años la canonización de San Juan Pablo II

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Aquel 13 de mayo

El saludo a los polacos está marcado por un aniversario especial y el recuerdo de San Juan Pablo II.

Hoy, en el octavo aniversario de la canonización de san Juan Pablo II, pedimos por su intercesión ser testigos fieles de Cristo y de su amor misericordioso en el mundo, en la familia y en el trabajo.

Un país solidario con un joven ghanés

La historia de un joven ghanés, John, que llegó a Italia hace siete años en busca de un futuro mejor, es el trasfondo del saludo del Papa a los fieles italianos. A este joven emigrante, que había encontrado trabajo en una bodega de Vignale Monferrato, le diagnosticaron un cáncer. 

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El Papa narra dos historias de vida y sus saludos para la Jornada por la Vida

Cuando expresó su deseo de volver a su tierra natal para despedirse de su padre antes de morir, la máquina de la solidaridad se puso inmediatamente en marcha. Gracias a este relevo, se compraron billetes de avión para él y su primo, que le acompañaron a Ghana. El Papa Francisco, que ya había recordado este acontecimiento en el Ángelus del 6 de febrero, ha vuelto a expresar hoy su gratitud a los habitantes del pueblo piamontés.

Un pensamiento especial va dirigido a los fieles de Vignale Monferrato, acompañados por el obispo, y renuevo mi gratitud por todo lo que han hecho en favor del joven de Ghana, enfermo terminal.

 

Francisco invita a promover la cultura del encuentro

El Papa recibió a un grupo de estudiantes de Irlanda, en el marco del 50° aniversario de la Capellanía Católica de la Queen’s University de Belfast. En el discurso entregado, el Santo Padre afirma que “construir una cultura del encuentro al servicio del Reino de Dios es un compromiso personal”.

Vatican News

"Si realmente creemos en Jesús, debemos tratar de comportarnos como Jesús: salir al encuentro de los demás, de los que nos rodean, para compartir con ellos la verdad salvadora del Evangelio". Así escribe el Papa Francisco en su discurso entregado a una delegación de estudiantes de la Queen's University, a quienes recibió en la mañana de este lunes 25 de abril en el Vaticano. Dicha institución irlandesa, de Belfast, celebra el 50° aniversario de su Capellanía Católica. El Santo Padre los saludó "con afecto y alegría en el Señor Resucitado en ocasión de vuestra peregrinación a Roma".

"Como personas, y especialmente como cristianos, estamos hechos de tal manera que no podemos vivir, crecer y realizarnos sino en la búsqueda de la verdad y en la entrega sincera de nosotros mismos a los demás”, añadió.

“No se trata simplemente de ver, sino de mirar; no se trata simplemente de oír, sino de escuchar; no basta con encontrarse o pasar al lado de las personas, sino detenerse y comprometerse con ellas en las cosas que realmente importan (cf. Flp 1,10). También es estimulante, porque compartimos nuestro camino con los demás, nos apoyamos mutuamente en la búsqueda de la verdad y nos esforzamos por tejer una red de relaciones que haga de nuestra vida en común "una verdadera experiencia de fraternidad, una caravana de solidaridad, una santa peregrinación" (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 87).”

Que cada uno de vosotros -es el augurio del Papa- a su manera, promueva esta cultura del encuentro en el ámbito universitario y contribuya así a mantener vivas las nobles tradiciones irlandesas de hospitalidad, reconciliación, fidelidad al Evangelio y perseverancia en la búsqueda de la santidad.

Con estos sentimientos -concluyó Francisco- los encomendó a la intercesión maternal de la Santísima Virgen María y les deseó que sigan siendo “una comunidad de fe y amistad en el corazón del campus universitario” y les pidió, como siempre, que no se olvidaran de rezar por él.

26/04/2022

Francisco cancela sus actividades de hoy por el dolor de rodilla

"Perdonen que me siente"

Al final de la audiencia general, el Papa Francisco volvió a insistir en los problemas físicos de su pierna que le afectan últimamente.

Le ruego que me disculpe si le saludo sentado porque esta rodilla no ha terminado de curarse y no puedo estar de pie tanto tiempo. Discúlpeme por esto.

 

Francisco: “El mundo necesita respirar paz”

El Santo Padre envió un videomensaje a “Raíces y Alas”, el sexto Congreso Nacional de Liderazgo Católico del Ministerio Hispano, que se desarrolla en Washington, D.C., del 26 al 30 de abril de 2022.

 

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

“Es triste ver que la humanidad no logra ser capaz de pensar con esquemas y proyectos de paz, todos lo pensamos con esquemas de guerra. Es el cainismo existencial”. Con esta meridiana claridad, el Papa Francisco se refiere al “tiempo absurdo” en el que la humanidad está sumida, sin salir de una pandemia y con el drama de la guerra, que es “una locura”, como lo ha repetido en distintas oportunidades.

En su videomensaje a "Raíces y Alas", el sexto Congreso Nacional de Liderazgo Católico del Ministerio Hispano, en curso en Washington desde el 26 al 30 de abril del presente, Francisco saluda con afecto a los organizadores y afirma nuevamente que “toda guerra nace de una justicia”.

La hermandad de todos es de todos y no se concretiza -declara- en esquemas que transformen la vida de las familias, comunidades, pueblos, naciones, del mundo.

“Los invito a reflexionar sobre la necesidad de ser cristianos que transformen las estructuras y puedan crear puentes en todos los sectores de la sociedad, iluminando el pensamiento que lleve a acciones que puedan dar paz y unidad en todos los niveles, comenzando en nuestras familias y comunidades”

“Necesitamos signos concretos de paz. Los cristianos tienen que dar el ejemplo. Les pido que sean puentes, que creen puentes, que recen y trabajen por la paz y no se olviden de rezar por mí”, concluyó el Pontífice.

Iglesia en salida

Este Congreso está organizado por el Consejo Nacional Católico para el Ministerio Hispano (NCCHM por sus siglas en inglés) y cuenta con la colaboración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). NCCHM nuclea a las principales instituciones relacionadas con la Pastoral Hispana en Estados Unidos.

Los líderes de la Pastoral Hispana de organizaciones pastorales, movimientos apostólicos, comunidades religiosas, editoriales, católicas, diócesis, instituciones educativas y ocho oficinas de la USCCB, entre otros, se reúnen por estos días bajo el lema “Voces proféticas: ser puentes para una nueva época”. Según el sitio web de la organización, están embarcados en un “profundo diálogo” para discernir y desarrollar respuestas e iniciativas pastorales a las que llaman “cuatro prioridades ministeriales” que son: la familia, la pastoral juvenil hispana, la justicia social y la formación pastoral.

Este encuentro tiene lugar, además, en el marco del camino sinodal 2021-2023. De hecho, como apunta el portal de la institución, 70 líderes nacionales de la pastoral hispana, familiar, juvenil y de justicia social participaron activamente como asambleístas de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, en Ciudad de México, del 20 al 28 de noviembre de 2021. Estamos convencidos -señalan- de que el camino sinodal es esencial para una Iglesia llamada a ser profética, respondiendo con audacia a los signos de los tiempos.

Creemos -añaden- que el encuentro, la escucha y el discernimiento comunitario son características centrales de una Iglesia en misión.

Jornadas intensas

Además de las diversas actividades previstas, Raíces y Alas 2022 incluye un “Día de Incidencia” (Advocacy) en el que, según informan los organizadores, los líderes de la pastoral hispana visitarán el Congreso de Estados Unidos para reunirse con legisladores y abogar por una reforma migratoria integral.

Los jóvenes líderes de todo Estados Unidos -se lee en la página web- están preparados para levantar sus voces proféticas como defensores de la justicia social y como portavoces durante las visitas al Congreso.

Para acceder al programa del evento, haga clic aquí

 

HACER EL BIEN Y RESISTIR AL MAL

— Resistencia de los Apóstoles a obedecer mandatos injustos. Firmeza en la fe.

— Todas las realidades, cada una en su orden, deben estar dirigidas a Dios. Unidad de vida. Ejemplaridad.

— No se puede prescindir de la fe a la hora de valorar las realidades terrenas. Resistencia al mal.

I. A pesar de la severa prohibición del sumo sacerdote del Sanedrín de que no volvieran a predicar y a enseñar de ningún modo en el nombre de Jesús1, los Apóstoles predicaban cada día con más libertad y entereza la doctrina de la fe. Y eran muchos los que se convertían y bautizaban. Entonces –nos lo narra la Primera lectura de la Misa–, fueron llevados de nuevo al Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó: ¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre? Pero vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina... Pedro y los Apóstoles respondieron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres2. Y siguieron anunciando la Buena Nueva.

La resistencia de los Apóstoles a obedecer los mandatos del Sanedrín no era orgullo ni desconocimiento de sus deberes sociales con la autoridad legítima. Se oponen porque se les quiere imponer un mandato injusto, que atenta a la ley de Dios. Recuerdan a sus jueces, con valentía y sencillez, que la obediencia a Dios es lo primero. Están convencidos de que «no hay peligro para quienes temen a Dios sino para quienes no lo temen»3, y de que es peor cometer injusticia que padecerla.

Los Apóstoles demuestran con su conducta la firmeza en la fe, lo hondo que han calado las enseñanzas del Señor después de haber recibido el Espíritu Santo, y también lo que pesa en sus vidas el honor de Dios4.

Hoy también pide el Señor a los suyos la fortaleza y la convicción de aquellos primeros, cuando, en algunos ambientes, se respira un clima de indiferencia, o de ataque frontal, más o menos velado, a los verdaderos valores humanos y cristianos. La conciencia bien formada impulsará al cristiano a cumplir las leyes como el mejor de los ciudadanos, y le urgirá también a tomar posición respecto a las normas contrarias a la ley natural que pudieran alguna vez promulgarse. El Estado no es jurídicamente omnipotente; no es la fuente del bien y del mal.

«Es obligación de los católicos presentes en las instituciones políticas –enseñan los obispos españoles– ejercer una acción crítica dentro de sus propias instituciones para que sus programas y actuaciones respondan cada vez mejor a las aspiraciones y criterios de la moral cristiana. En algunos casos puede resultar incluso obligatoria la objeción de conciencia frente a actuaciones o decisiones que sean directamente contradictorias con algún precepto de la moral cristiana»5.

La protección efectiva de los bienes fundamentales de la persona, el derecho a la vida desde la misma concepción, la protección del matrimonio y de la familia, la igualdad de oportunidades en la educación y en el trabajo, la libertad de enseñanza y de expresión, la libertad religiosa, la seguridad ciudadana, la contribución a la paz internacional, etcétera, forman parte del bien común, por el que deben luchar los cristianos6.

La pasividad ante asuntos tan importantes sería en realidad una lamentable claudicación y una omisión, en ocasiones grave, del deber de contribuir al bien común. Entrarían dentro de esos pecados de omisión de los que –además de los de pensamiento, palabra y obra– pedimos perdón cada día al Señor al comienzo de la Santa Misa. «Muchas realidades materiales, técnicas, económicas, sociales, políticas, culturales..., abandonadas a sí mismas, o en manos de quienes carecen de la luz de nuestra fe, se convierten en obstáculos formidables para la vida sobrenatural: forman como un coto cerrado y hostil a la Iglesia.

»Tú, por cristiano –investigador, literato, científico, político, trabajador...–, tienes el deber de santificar esas realidades. Recuerda que el universo entero –escribe el Apóstol– está gimiendo como en dolores de parto, esperando la liberación de los hijos de Dios»7.

II. Se mueve a nuestro alrededor un continuo flujo y reflujo de corrientes de opinión, de doctrinas, de ideologías, de interpretaciones muy diferentes del hombre y de la vida. Y esto, no ya a través de libros para especialistas, sino a través de novelas de moda, revistas gráficas, periódicos, programas televisivos al alcance de grandes y pequeños... Y en medio de esta confusión doctrinal, es necesaria una norma de discernimiento, un criterio claro, firme y profundo, que nos permita ver todo con la unidad y coherencia de una visión cristiana de la vida, que sabe que todo procede de Dios y a Dios se ordena.

La fe nos da un criterio estable que orienta, y la firmeza de los Apóstoles para llevarlo a la práctica. Nos da una visión clara del mundo, del valor de las cosas y de las personas, de los verdaderos y falsos bienes... Sin Dios y sin el conocimiento del fin último del hombre, el mundo deja de entenderse o se verá desde un ángulo parcial y deformado. Precisamente, «el aspecto más siniestramente típico de la época moderna consiste en la absurda tentación de querer construir un orden temporal sólido y fecundo sin Dios, único fundamento en el que puede sostenerse»8.

El cristiano no debe prescindir de su fe en ninguna circunstancia. «Aconfesionalismo. Neutralidad. —Viejos mitos que intentan siempre remozarse.

»¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católicos, al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?»9. Esa actitud equivale a decir –en la política, en los negocios, en el modo de descansar o divertirme, cuando estoy con mis amigos, cuando elijo el colegio para mis hijos...–: aquí, en esta situación concreta, nada tiene que ver Dios; en estos asuntos no influye mi fe cristiana, todo esto ni viene de Dios ni a Dios se ordena.

Sin embargo, la fe ilumina toda la existencia. Todo se ordena a Dios. Pero esa ordenación ha de respetar la naturaleza propia de cada cosa. No se trata de convertir el mundo en una gran sacristía, ni los hogares en conventos, ni la economía en beneficencia... Pero, sin simplificaciones ingenuas, la fe debe informar el pensamiento y la acción del cristiano porque jamás, en ninguna circunstancia, en ningún momento del día se debe dejar de ser cristiano, y de conducirse y de pensar como tal.

Por eso, «los cristianos ejercerán sus respectivas profesiones movidos por el espíritu evangélico. No es buen cristiano quien somete su forma de actuar profesionalmente al deseo de ganar dinero o alcanzar poder como valor supremo o definitivo. Los profesionales cristianos, en cualquier área de la vida, deben ser ejemplo de laboriosidad, competencia, honradez, responsabilidad y generosidad»10.

III. Un cristiano no debe prescindir de la luz de la fe a la hora de valorar un programa político o social, o una obra de arte o cultural. No se detendrá en la consideración de un solo aspecto –económico, político, técnico, artístico...– para dar por buena una realidad. Si en ese acontecimiento político o social o en esa obra no se guarda la debida ordenación a Dios –manifestada en las exigencias de la Ley divina–, su valoración definitiva no puede ser más que una, negativa, cualquiera que sea el valor parcial de otros aspectos de esa realidad.

No se puede alabar esa política, esa ordenación social, una determinada obra cultural, cuando se transforma en instrumento del mal. Es una cuestión de estricta moralidad y, por tanto, de buen sentido. ¿Quién alabaría un insulto a su propia madre, porque estuviese compuesto en un verso con gran perfección rítmica? ¿Quién lo difundiría, alabando sus perfecciones, aun advirtiendo que eran solo «formales»? Es manifiesto que la perfección técnica de los medios no hace más que agravar la maldad de la cosa en sí desordenada, que de otra manera quizá pasaría inadvertida o tendría menos virulencia.

Ante crímenes abominables, como calificaba el Concilio Vaticano II a los abortos, la conciencia cristiana rectamente formada exige no participar en su realización, desaconsejarlos vivamente, impedirlos si es posible y, además, participar activamente por evitar o subsanar esa aberración moral en el ordenamiento jurídico. Ante esos hechos gravísimos, y otros semejantes que también se oponen frontalmente a la moral, nadie puede pensar que no puede hacer nada. Lo poco que cada uno puede hacer, debe hacerlo: especialmente participar con sentido de responsabilidad en la vida pública. «Mediante el ejercicio del voto encomendamos a unas instituciones determinadas y a personas concretas la gestión de asuntos públicos. De esta decisión colectiva dependen aspectos muy importantes de la vida social, familiar y personal, no solamente en el orden económico y material, sino también en el moral»11. En las manos de todos, de cada uno, si actúa con sentido sobrenatural y sentido común, está la tarea de hacer de este mundo, que Dios nos ha dado para habitar, un lugar más humano y medio de santificación personal. Si nos esforzamos en cumplir los deberes sociales, vivamos en una gran ciudad o en un pueblecito perdido, con un cargo importante o humilde en la sociedad, aunque pensemos que nuestra aportación es minúscula, seremos fieles al Señor, también si un día el Señor nos pide una actuación más heroica: Quien es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho12.

1 Cfr. Hech 4, 18. — 2 Hech 5, 27-29. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 13. — 4 Cfr. Sagrada Biblia, Hechos de los Apóstoles, EUNSA, Pamplona 1984, p. 108 ss. — 5 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, 28-VI-1985, n. 64, e). — 6 ídem, Los católicos en la vida pública, 22-IV-1986, nn. 119-121. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 311. — 8 Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 15-V-1961, 72. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 353. — 10 Conferencia Episcopal Española, Testigos de Dios vivo, n. 63. — 11 ídem, Los católicos en la vida pública, n. 118. — 12 Lc 16, 10.

 

Evangelio del jueves: un cambio de perspectiva

Comentario del jueves de la 2.ª semana de Pascua. “El que viene de lo alto está sobre todos”. Jesucristo clavado en la Cruz nos da la perspectiva necesaria para que todas nuestras obras reflejen el amor del Padre por cada uno.

28/04/2022

Evangelio (Jn 3,31-36)

El que viene de lo alto está sobre todos. El que es de la tierra, de la tierra es y de la tierra habla. El que viene del cielo está sobre todos, y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio confirma que Dios es veraz; pues aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero quien rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.


Comentario

En este breve pasaje, puesto en boca de San Juan Bautista, se nos ofrece un resumen de la revelación de Jesús, a través del testimonio del Espíritu.

El tema principal es la relación entre el Padre y el Hijo y el testimonio tan especial que "el que viene de lo alto", Cristo, nos ofrece del Padre.

Todos los profetas –también Juan Bautista, como el último de ellos– dieron testimonio de la luz, pero no eran la luz (cfr. Jn 1,7-8). Jesucristo es la luz del mundo no porque hable las palabras de Dios, sino porque es propiamente la Palabra de Dios.

Ganar altura implica alcanzar una mayor perspectiva. La superioridad de Jesús es aquella de quien está en lo alto, de quien viene del cielo y ha visto las cosas como realmente son.

Hace unos días, durante la Semana Santa, contemplamos a Jesús colgando del madero en el Calvario, un lugar elevado. Desde esa altura, tendría más perspectiva que los que estaban abajo.

Por eso, muchas veces los que sufren entienden la vida de una manera más profunda. Quien está clavado en una cruz tiene la oportunidad de observar la realidad como Dios la mira desde el cielo. Pero depende siempre de si la acepta o la rehúye.

A veces es difícil de aceptar, pero la superioridad de la que habla Jesús no se consigue dominando, sino cargando nuestra cruz hasta nuestro calvario personal. Creer en el Hijo de Dios significa seguirle hasta el final.

"Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga" (Mc 8,34). En este seguimiento de Cristo nos jugamos nuestro creer. Por eso, en cierta manera, la fe es un cambio de perspectiva, que no depende tanto de cómo lo vemos nosotros, sino de la altura que dejamos que Cristo alcance en nuestro interior.

 

“Pide la verdadera humildad”

La humildad nace como fruto de conocer a Dios y de conocerse a sí mismo. (Forja, 184)

28 de abril

Esas depresiones, porque ves o porque descubren tus defectos, no tienen fundamento...

–Pide la verdadera humildad. (Surco, 262)

Huyamos de esa falsa humildad que se llama comodidad. (Surco, 265)

Señor, te pido un regalo: Amor..., un Amor que me deje limpio. –Y otro regalo aún: conocimiento propio, para llenarme de humildad. (Forja, 185)

Son santos los que luchan hasta el final de su vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada caída, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con esperanza. (Forja, 186)

Si tus errores te hacen más humilde, si te llevan a buscar con más fuerza el asidero de la mano divina, son camino de santidad: «felix culpa!» –¡bendita culpa!, canta la Iglesia. (Forja, 187)

La humildad lleva, a cada alma, a no desanimarse ante los propios yerros.

–La verdadera humildad lleva... ¡a pedir perdón! (Forja, 189)

 

La felicidad que proviene de fortalecer el puente entre jóvenes y ancianos

El Papa ha centrado su atención en las relaciones intergeneracionales dentro de los matrimonios durante su serie de catequesis sobre el valor de la vejez. Reflexionó sobre la figura bíblica de Rut, que, tras la muerte de su marido, siguió a su suegra a Judá, donde acabó casándose de nuevo.

27/04/2022

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Hoy seguimos reflexionando sobre los ancianos, sobre los abuelos, sobre la vejez, parece fea la palabra, pero no, ¡los acianos son geniales, son bellos! Y hoy nos dejaremos inspirar por el espléndido libro de Rut, una joya de la Biblia. 

La parábola de Rut ilumina la belleza de los vínculos familiares: generados por la relación de pareja, pero que van más allá del vínculo de pareja. Vínculos de amor capaces de ser igualmente fuertes, en los cuales se irradia la perfección de ese poliedro de los afectos fundamentales que forman la gramática familiar del amor. Esta gramática lleva savia vital y sabiduría generativa en el conjunto de las relaciones que edifican la comunidad. 

Respecto al Cantar de los Cantares, el libro de Rut es como la otra cara del díptico del amor nupcial. Igualmente importante, igualmente esencial, celebra el poder y la poesía que deben habitar los vínculos de generación, parentesco, entrega, fidelidad que envuelven a toda la constelación familiar. Y que se vuelven incluso capaces, en las coyunturas dramáticas de la vida de pareja, de llevar una fuerza de amor inimaginable, capaz de relanzar la esperanza y el futuro.

Sabemos que los lugares comunes sobre vínculos de parentela creados por el matrimonio, sobre todo el de la suegra, ese vínculo entre suegra y nuera, hablan contra esta perspectiva. Pero, precisamente por esto, la palabra de Dios se vuelve valiosa. 

La inspiración de la fe sabe abrir un horizonte de testimonio contra los prejuicios más comunes, un horizonte valioso para toda la comunidad humana. ¡Os invito a redescubrir el libro de Rut! Especialmente en la meditación sobre el amor y en la catequesis sobre la familia.

Este pequeño libro contiene también una valiosa enseñanza sobre la alianza de las generaciones: donde la juventud se revela capaz de dar de nuevo entusiasmo a la edad madura —esto es esencial: cuando la juventud da de nuevo entusiasmo a los ancianos—, donde la vejez se descubre capaz de reabrir el futuro para la juventud herida. 

En un primer momento, la anciana Noemí, si bien conmovida por el afecto de las nueras, que quedan viudas de sus dos hijos, se muestra pesimista sobre su destino dentro de un pueblo que no es el de ellas. Por eso anima afectuosamente a las jóvenes mujeres a volver a sus familias para rehacerse una vida —eran jóvenes estas mujeres viudas—. Dice: “No puedo hacer nada por vosotras”. Ya esto se muestra como un acto de amor: la mujer anciana, sin marido y ya sin hijos, insiste para que las nueras la abandonen. Pero también es una especie de resignación: no hay futuro posible para las viudas extranjeras, privadas de la protección del marido. 

Rut sabe esto y resiste a esta oferta generosa, no quiere volver a su casa. El vínculo que se ha establecido entre suegra y nuera ha sido bendecido por Dios: Noemí no puede pedir que la abandone. En un primer momento, Noemí aparece más resignada que feliz de esta oferta: quizá piensa que este extraño vínculo agravará el riesgo para ambas. En ciertos casos, la tendencia de los ancianos al pesimismo necesita ser contrarrestada por la presión afectuosa de los jóvenes.

De hecho, Noemí, conmovida por la entrega de Rut, saldrá de su pesimismo e incluso tomará la iniciativa, abriendo para Rut un nuevo futuro. Instruye y anima a Rut, viuda de su hijo, a conquistar un nuevo marido en Israel. Booz, el candidato, muestra su nobleza, defendiendo a Rut de los hombres que trabajan para él. Lamentablemente, es un riesgo que se verifica también hoy.

El nuevo matrimonio de Rut se celebra y los mundos son de nuevo pacificados. Las mujeres de Israel dicen a Noemí que Rut, la extranjera, vale “más que siete hijos” y que ese matrimonio será una “bendición del Señor”. 

Noemí, que estaba llena de amargura y decía también que su nombre es amargura, en su vejez conocerá la alegría de tener una parte en la generación de un nuevo nacimiento. ¡Mirad cuántos “milagros” acompañan la conversión de esta anciana mujer! 

Ella se convierte al compromiso de volverse disponible, con amor, por el futuro de una generación herida por la pérdida y con el riesgo de abandono. Los frentes de la recomposición son los mismos que, con base en las probabilidades trazadas por los prejuicios del sentido común, deberían generar fracturas insuperables. 

Sin embargo, la fe y el amor consienten superarlos: la suegra supera los celos por el propio hijo, amando el nuevo vínculo de Rut; las mujeres de Israel superan la desconfianza por el extranjero (y si lo hacen las mujeres, todos lo harán); la vulnerabilidad de la mujer sola, frente al poder del hombre, es reconciliada con un vínculo lleno de amor y de respeto.

Y todo ello porque la joven Rut se ha empeñado en ser fiel a un vínculo expuesto al prejuicio étnico y religioso. Y retomo lo que he dicho al principio, hoy la suegra es un personaje mítico, la suegra no digo que la pensamos como el diablo pero siempre se piensa en ella como una figura mala. Pero la suegra es la madre de tu marido, es la madre de tu mujer. 

Pensemos hoy en este sentimiento un poco difundido de que la suegra cuanto más lejos mejor. ¡No! Es madre, es anciana. Una de las cosas más bonitas de las abuelas es ver a los nietos, cuando los hijos tienen hijos, reviven. 

Mirad bien la relación que vosotros tenéis con vuestras suegras: a veces son un poco especiales, pero te han dado la maternidad del cónyuge, te han dado todo. Al menos hay que hacerlas felices, para que lleven adelante su vejez con felicidad. Y si tienen algún defecto hay que ayudarlas a corregirse. 

También a vosotras suegras os digo: estad atentas a la lengua, porque la lengua es uno de los pecados más malos de las suegras, estad atentas. Y Rut en este libro acepta a la suegra y la hace revivir y la anciana Noemí asume la iniciativa de reabrir el futuro para Rut, en lugar de limitarse a disfrutar de su apoyo. 

Si los jóvenes se abren a la gratitud por lo recibido y los ancianos toman la iniciativa de relanzar su futuro, ¡nada podrá detener el florecimiento de las bendiciones de Dios entre los pueblos! 

Por favor, que los jóvenes hablen con los abuelos, que los jóvenes hablen con los ancianos, que los ancianos hablen con los jóvenes. Este puente debemos restablecerlo fuerte, hay ahí una corriente de salvación, de felicidad. 

Que el Señor nos ayude, haciendo esto, a crecer en armonía en las familias, esa armonía constructiva que va de los ancianos a los más jóvenes, ese bonito puente que nosotros debemos custodiar y cuidar.

 

 

Una conversación mundial sobre la afectividad y la sexualidad

Los días 4 y 5 de junio de 2022 tendrá lugar un congreso mundial online de la IFFD (International Federation for Family Development) con el título "Love Talks".

24/04/2022

Inscripciones de "Love Talks" (IFFD)


Leticia Rodríguez y Carmelo Añón, del comité organizador, explican que este congreso busca “transmitir a millares de familias un mensaje científico, positivo y práctico para afrontar los temas relativos a la sexualidad y la afectividad humana. De la buena comprensión de estas dos dimensiones depende la calidad del amor y por tanto de la felicidad”.

40 expertos ofrecerán ponencias breves (15/20 minutos) en inglés o español, con traducción de una lengua a otra. “El congreso –detallan- está pensado como un recorrido por las edades y situaciones de la persona, desde su educación en la infancia pasando por las distintas etapas de su trayectoria personal y familiar”.

Algunos títulos de las sesiones son, por ejemplo: “Entre Netflix, Instagram y TikTok: ¿Cómo liderar los diálogos sobre sexualidad con (pre) adolescentes?”, “Relaciones románticas jóvenes. Reparar heridas emocionales”, “Las fases del enamoramiento y cómo acertar en la pareja”, “Infidelidad: cómo afrontarla y el papel del perdón”, “Algunas cosas simples que marcan una gran diferencia en tu vida íntima”, "Cómo salir de la adicción a la pornografía”, “Tanto te exhibes, tanto vales: El negocio de la hipersexualización en las redes”, “Quererse cuando llegan los hijos”, “Claves de salud relacional afectiva en la pareja”, “Educación sexual en casa: clave para prevenir el abuso sexual”, etc.

“Junto a la excelencia científica –explica Leticia Rodríguez– se dará prioridad a las experiencias prácticas. Pensamos que el trabajo de muchos años de la IFFD en el ámbito familiar en 66 países, ha servido para acumular ideas inspiradoras que pueden ser de gran provecho para las familias”. Carmelo añade: “Este congreso quiere ayudar a reforzar esta área tan importante de nuestra vida: el buen manejo de las emociones y de la dimensión sexual”.

La IFFD, organizadora de este evento, es una ONG internacional que promueve actividades de formación, soporte y acompañamiento para familias de todo el mundo con independencia de su raza, color, religión u origen. Presta servicios a numerosas instituciones (familiares, laborales, religiosas, etc.) y, desde hace años, muchas labores impulsadas por fieles y amigos de la Prelatura se apoyan en su experiencia y know-how para desarrollar cursos de orientación familiar.

 

 

Mons. Álvaro del Portillo y la nueva evangelización

Conferencia pronunciada por María Pía Chirinos en el Congreso con motivo del Centenario de Álvaro del Portillo, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (12-14 de marzo de 2014).

11/07/2014

Mons. Álvaro del Portillo y la nueva evangelización

María Pía Chirinos

Facultad de Humanidades. Universidad de Piura, Perú.

Iniciar esta conferencia me llena de agradecimiento: obviamente hacia los organizadores del Congreso que nos han convocado, pero sobre todo al queridísimo don Álvaro. Como para muchos de los aquí reunidos, don Álvaro no constituye un personaje cuya doctrina se estudia fríamente desde unas coordenadas teóricas. Tampoco una figura conocida y admirada a partir de terceros. Desearía simplemente dejar constancia de mi agradecimiento a Dios por haber trabajado a su lado durante los últimos años de su vida y de haberme beneficiado de su generosa oración y de su cariño paternal hasta el último día de su existencia en la tierra. Con este preámbulo doy inicio a la conferencia que me ha sido tan gentilmente encargada.

Consideraciones preliminares

Si este congreso hubiera tenido lugar meses antes, hablar de un tema como la nueva Evangelización habría conllevado preámbulos más elaborados. El reciente documento del Papa me permite obviarlos, aunque, de todas formas, precisamente por su actualidad, el tema amerita una brevísima introducción.

Es bien conocido que el término evangelización sufre un profundo enriquecimiento semántico a partir del Vaticano II. De significar el anuncio del kerygma o primera proclamación del Evangelio, pasa a abarcar toda acción apostólica de la Iglesia al servicio del hombre y de la mujer. En cierta manera es comprensible, ya que los dos primeros milenios de nuestra era, en sus grandes rasgos, constituyen un escenario irrepetible para este primer anuncio: aún hoy nos asombra la fuerza de los evangelizadores del Imperio Romano – muchos cristianos corrientes– que no escatimaron su vida para transformar esa magnífica civilización. También es admirable, especialmente a partir del s. VI, el arrojo de tantos miembros de órdenes religiosas que, ante la situación de muchos pueblos bárbaros de la futura Europa, hacen posible que este anuncio continúe y crean la cultura occidental. Por su parte, la primera mitad del segundo milenio se caracteriza principalmente por una lenta pero profunda asimilación de la nueva fe en los pueblos ya evangelizados, que se traduce en innumerables instituciones: la aparición de las universidades, el Estado de Derecho, la desaparición de la esclavitud en Europa, etc. El arte y la vida cotidiana se impregnan de una visión cristiana que se difunde también geográficamente con el descubrimiento de América y los primeros intentos de llevar la fe a Asia y África, siempre liderados por religiosos. Sin embargo, los últimos dos siglos reflejan dos evidencias. Junto al hecho de que el anuncio no ha alcanzado todos los pueblos de la Tierra, surge otra: la aparición de ideologías que empiezan a proclamar primero la muerte de Dios y a continuación la muerte del hombre.

Estas circunstancias nos permiten entender por qué el tercer milenio se abre con la llamada a la nueva evangelización iniciada por Juan Pablo II y continuada por Benedicto XVI y Francisco. Su verdadero origen, sin embargo, no puede deslindarse del Concilio Vaticano II. Es más, si el Concilio es una auténtica piedra miliar en la historia de la Iglesia –con la que se cierra el segundo milenio– la invocación a evangelizar ha de reconocerse como una de sus conclusiones más importantes, que marcará el inicio del tercer milenio. ¿Y por qué razón? Porque en los años del Concilio, la Iglesia se hace consciente y afronta la tragedia de un mundo secularizado, que al desvincularse de sus raíces cristianas, pone en duda la eficacia de largos siglos de evangelización. De algún modo, el reto ante el que la Iglesia se encuentra bien puede recordar aquella pregunta del Señor que siempre nos deja con cierta sensación de desconsuelo: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra? (Lc 18, 8). El fin del segundo milenio y el comienzo del tercero muestran una extraordinaria continuidad y la prueba palmaria es uno de los últimos documentos de Pablo VI, conmemorando los 10 años del Concilio, sobre la acción evangelizadora para “hacer a la Iglesia del siglo XX cada vez más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX”[1].

Pocos años después –en realidad, sólo tres– , Juan Pablo II en su primer viaje a la Polonia todavía comunista, lanzaría su famosa llamada: «hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio –en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida–, vuelva a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo»[2]. Hay quienes señalan que este término –nueva Evangelización– aparece casi por casualidad en esa homilía, cuando, en realidad, el Papa habla de esta tarea como si ya se hubiera emprendido. No veo que haya una especie de per accidens: sería injusto afirmarlo, precisamente porque, como Arzobispo de Cracovia, el Card. Woytila formó parte del Sínodo de Obispos de 1974, sobre la evangelización en el mundo moderno, del cual, como se sabe, nace la Ex. Ap. Evangelii nuntiandi. Lo que sí se puede decir es que el magisterio pontificio posterior fue llenando de contenido esta expresión y proclamándola con urgencia por distintos puntos del planeta: en Santiago de Compostela (1982), en Augsburg (1987) y en Velehrad (Rep. Checa) donde está sepultado San Metodio (1990), en Puebla al celebrarse los 500 años de nuestro descubrimiento, así como en importantes documentos como la Exh. Ap. Christifideles laici [3] y los famosos escritos antes y después del cambio de milenio[4]. La recepción de esta llamada fue inmediatamente percibida por distintos miembros de la Iglesia, uno ciertamente importante fue justamente don Álvaro del Portillo, en su calidad, primero de Presidente General del Opus Dei, y luego de Prelado y Obispo de esta Prelatura Personal.

Realizada esta breve introducción que trae a la memoria de todos Uds. hitos relativamente recientes, mi intención será centrarme –como se sabe y como se espera– en la figura y el mensaje de Álvaro del Portillo relacionados con la nueva evangelización. Para desarrollar el argumento, intentaré responder a dos preguntas. Primera: ¿cómo recoge el primer Prelado del Opus Dei este encargo del Santo Padre Juan Pablo II? Segunda: ¿en qué aspectos de esta tarea evangelizadora don Álvaro centra la novedad?

Dos reflexiones previas a la luz de la obra de Álvaro del Portillo

Debo confesar que, como suele suceder en toda tarea de investigación, me he encontrado con una gratísima sorpresa: contamos con dos obras suyas, de carácter científico (no pastoral), y que desde ese punto de vista pueden considerarse las más importantes de su producción. El asombro surge cuando descubro que indirectamente ambas brindan luces para nuestro tema: se trata de su tesis doctoral en Historia (Descubrimientos y exploraciones de las costas de California 1532– 1655)[5] y de su aportación para el Concilio Vaticano II[6], que vio la luz pocos años después en la obra titulada Fieles y laicos en la Iglesia[7], probablemente la más conocida suya.

La primera publicación, aunque dedica un exquisito rigor científico e histórico a la cuestión que promete en el título –la exploraciones para delimitar las costas de California– , no omite justas menciones a la tarea evangelizadora que éstas conllevan, y nos aporta luces, por decirlo de algún modo, “por vía negativa”. En concreto, podremos referirnos a dos cuestiones: ¿ofrece el libro algunos datos sobre esta evangelización y, de existir, cuál sería la diferencia con la Nueva Evangelización?

A lo largo de sus páginas, Álvaro del Portillo menciona de modo explícito pero breve datos ciertamente conocidos: la evangelización es llevada a cabo casi exclusivamente por miembros de órdenes religiosas, que no pocas veces ejercen oficios seculares. Por ej. Fray Francisco de Balda como comisario en la primera expedición de Sebastián Vizcaíno[8] o Fray Antonio de la Ascensión en la segunda expedición de clara finalidad científica[9]. En el caso de los viajes de Pedro Porter Cassanate, los religiosos son de la Compañía de Jesús: Jacinto Cortés y Andréz Báez[10]. Los actores “laicos” –los descubridores o conquistadores, los virreyes, etc.– no se sienten interpelados a ejercer esa misión: en la mayoría de los casos, la fomentan pero nada más. Es más, en todos estos viajes, la finalidad principal la constituye el interés por los descubrimientos y conquistas de territorios desconocidos. La evangelización de los pueblos en las llamadas Indias occidentales ocupa un lugar secundario en las actividades, por decirlo de algún modo, civiles y políticas: siempre presente en los escritos de la época, es decir, en la teoría, pero nunca ocupando un lugar exclusivo o principal en la práctica. Gobernantes y conquistadores se mueven por otros intereses más atractivos: posesión de nuevos territorios, de sus riquezas naturales, aporte científico (especialmente geográfico) y también defensa ante el enemigo europeo – los famosos piratas holandeses e ingleses– que intenta llegar antes a esas tierras para obtener las riquezas o bloquear el comercio marítimo entre las colonias. Álvaro del Portillo deja constancia de que, más adelante, cuando ya se ha conquistado y poblado el territorio, franciscanos y jesuitas realizarán una evangelización realmente asombrosa[11], lo cual confirma en todo caso que los actores seguirán siendo, principalmente, misioneros religiosos que ejercen y hasta enseñan oficios civiles, pero no al revés, es decir, no serán los laicos los que se dediquen normalmente a esta tarea[12].

En su obra Fieles y laicos en la Iglesia, del Portillo ofrece más bien una reflexión por vía positiva. De este modo, siguiendo las enseñanzas de San Josemaría Escrivá sobre la llamada universal a la santidad, propone para el laico no sólo su plena condición de fiel con alma sacerdotal sino la misión apostólica que de ella se deriva y que se fundamenta en el bautismo. Como distintos documentos postconciliares han dejado claramente sentado, tanto la llamada universal a la santidad como la naturaleza apostólica de la vocación cristiana constituyen dos aportaciones centrales del Concilio[13]. En esta profunda reflexión sobre el significado teológico-canónico de la condición del laico, de hecho oscurecida durante muchos siglos y de derecho ausente en el ordenamiento jurídico eclesial, años más tarde don Álvaro centrará la aportación del Opus Dei a la nueva evangelización y con ella la novedad de esta misión en el tercer milenio. Parafraseando a Pablo VI, podemos decir que promoverá no ya “una Iglesia del siglo XX cada vez más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX” sino para anunciarla a la humanidad del tercer milenio. Es el fulcro para comprender su aportación.

Hacia una comprensión global del tema del laicado

Antes de avanzar, parece oportuno fundamentar mejor esta tesis. ¿Por qué se puede afirmar que el protagonismo de los laicos resultó una gran novedad? ¿Cuál fue la evolución de su lugar en la sociedad? ¿Y cuáles las bases históricas y antropológicas que llevaron a revalorizar el papel del laico en la Iglesia? La respuesta no va a ser de tipo canónico-teológico, sino más bien de índole histórico-antropológica y centrada en el trabajo como actividad principal del laico para conducir las realidades materiales, que gozan de autonomía propia, a Dios.

He dudado mucho sobre el modo de afrontar esta parte de la conferencia y me he inclinado por anunciar desde ya los tres hitos que atravesaremos para una posible respuesta. En concreto, me referiré a tres visiones del mundo y del hombre que podríamos definir así: en la época clásica, un humanismo aristocrático; a partir del s. VI y prácticamente hasta nuestros días, lo que llamaré un cristianismo aristocrático; y desde la Ilustración –pido paciencia por el neologismo– un laborismo aristocrático.

El humanismo aristocrático es quizá el más conocido y corresponde a la visión griega del hombre: sólo poseen plenamente naturaleza humana los varones que viven en la polis y se dedican a la contemplación de la verdad. Son los mejores, por encima de esclavos y mujeres, que, por encontrarse inmersos en trabajos manuales y corpóreos, se ven impedidos de ese ocio, opuesto al negocio. La cultura judía, en cambio, no comparte esta visión, tal y como queda reflejado en la figura de San Pablo, fabricador de tiendas, así como en muchos pasajes del Talmud, que muestran cómo los grandes estudiosos de la Palabra de Dios hacían compatible esta alta dedicación con algún oficio manual[14]. Por eso es muy significativa la narración de los Hechos (Act 16,12-15) sobre la primera conversión en tierras europeas: se trata no sólo de una vendedora de púrpura sino también de una mujer, Lidia de Tiátira, que obliga al Apóstol a quedarse en su casa. Frente al humanismo aristocrático de los griegos, este hecho rompe con la mentalidad imperante y nos ofrece las claves hermenéuticas del rol de los primeros cristianos.

El inicio de las órdenes religiosas con San Benito y su Regla recoge en parte esta tradición –la laboriosidad se entiende como virtud y medio para vencer a la tentación–, pero da origen al inicio de otra hegemonía: el modelo de cristianismo para los laicos empieza a ser la vida monacal. Aparece, por eso, lo que suelo llamar un cristianismo aristocrático, es decir, el religioso es considerado “mejor cristiano” porque se aparta del mundo para contemplar a Dios, y se aleja así de una fuente segura de tentaciones.

Aunque ordinariamente el punto de quiebre de esta postura se fija en la Reforma Protestante, distintas voces ofrecen otras alternativas. Para Hans Baron, por ejemplo, el humanismo florentino del s. XIV[15]reivindica la vita activa y el rol civil de los laicos, así como el valor de las posesiones materiales[16]. A esto se une también el desarrollo de los gremios en la Edad Media[17], que son signo de un cambio de mentalidad importante: el trabajo ha dejado de identificarse con la actividad del esclavo y los oficios son ejercidos por hombres y mujeres libres con gran influencia en la cultura, en el arte y en la economía.

De todas formas a partir del s. XVI, es la Reforma Protestante la que se erige en la paladina de la vita activa (despreciando la contemplativa o religiosa) y se apropia –nos guste o no– de un concepto que estará vigente hasta nuestros días: la Work Ethic o ética del trabajo. La obra de Max Weber sobre los orígenes protestantes del capitalismo, resultará de catalizador para difundirla en el siglo XX, abriendo un debate de gran interés: gracias a la riqueza semántica del término Beruf, Lutero y Calvino hablarán de una llamada divina a través del trabajo. Calvino incluso acentuará la relevancia del éxito en el trabajo y con él de las riquezas, para lo cual se necesitarán hombres de acero, con virtudes como la sobriedad, la laboriosidad, la honestidad, propias de la Work Ethic.

Por su parte, Adam Smith, al promover el self-interest como motor del trabajo y de la economía e introducir el concepto de “mano invisible”, va más allá de unas tesis simplemente económicas. En realidad, con ella expresará una nota antropológica quizá no del todo explícita en el luteranismo pero ciertamente presente: el individualismo propio de quienes no necesitan de los demás ni para vivir su fe ni para interpretar las escrituras. La negación luterana del sacerdocio ministerial y de la mediación de la Iglesia bien puede estar en el origen.

Max Weber calificará duramente todo este proceso: “el manto sutil de las riquezas se convirtió en férreo estuche”[18], ya que después de este primer ascetismo de la Work Ethic, las riquezas dieron lugar a un bienestar que hizo de la búsqueda del placer la forma de vida principal. Las raíces religiosas “se secaron” y se extendieron por Occidente a partir de la segunda mitad del s. XX, como un nuevo paganismo, que se diferencia del anterior, entre otras notas, en su rechazo de la fe cristiana. El proceso de secularización con clara cadencia atea, es decir, absoluto y materialista, va acompañado de un desprecio de la contemplación y de la virtud. Vivimos, con expresión de Joseph Pieper, en “un mundo totalitario del trabajo” [19], en una civilización laborocéntrica. Dominique Méda lo sintetiza así: “el capitalismo ha aceptado en proporciones sin precedentes la valorización del mundo, pero reduciendo el humanismo”[20] y Alejandro Llano nos da la clave para entender esta posición como un laboralismo aristocrático: “no importa el hombre del trabajo sino el trabajo del hombre”[21]. Sólo serán valorizadas aquellas profesiones que brinden honor, dinero, influencia. Se depreciarán como irracionales e inhumanas todas las que aparten de estos fines[22].

Como conclusión, queda fuera de dudas que el protagonismo del trabajo irrumpe en la historia con visos de absolutismo. Es verdad que el derecho al trabajo llega a ser uno de los grandes logros del s. XX, incluido en la Declaración de los Derechos Humanos, pero como toda idea revolucionaria, deberá cribarse y sufrir dimensionamientos: de ser signo de no humanidad, el capitalismo y el marxismo lo convertirán en la nota principal de la condición humana y así –curiosamente– compartirán el mismo principio: economizarán el trabajo y, en el fondo, acabarán por deshumanizar al trabajador.

Estas coordenadas culturales que se terminan de consolidar entre los ss. XIX y XX, es decir, al final del segundo milenio, exigen sin lugar a dudas una profundización en la antropología del trabajo que lo reconozca, al menos, con dos notas principales: admitir que se trata de una realidad humana y positiva. Esta tarea que quizá está todavía pendiente para la filosofía, no lo está para la teología gracias precisamente a lo que supuso el Concilio Vaticano II y, más en concreto, a lo que éste recoge sobre el papel de los fieles laicos. Años antes, San Josemaría Escrivá es inspirado por Dios en 1928 para fundar precisamente un camino de santidad que significó –si se me permite la expresión militar– una auténtica revolución para las filas evangelizadoras de la Iglesia. O, para seguir con la feliz metáfora del Cardenal Ratzinger, el mensaje de Escrivá hizo posible que miles de cristianos se despertaran de un sueño perjudicial[23] y se empeñaran precisamente en descubrir que Dios cuenta con ellos –con los cristianos corrientes– para llevar a cabo una gran misión. Con palabras del futuro Beato, los seglares entienden su responsabilidad apostólica “como un mandato divino –dinamismo de la gracia sacramental–, porque el mismo Cristo ha confiado a los bautizados el deber y el derecho de dedicarse al apostolado, sobre todo y primariamente, en y a través de las mismas circunstancias y estructuras seculares –no eclesiásticas–, en las que se desarrolla su vida cotidiana y ordinaria de ciudadanos y cristianos corrientes”[24].

El carácter precursor del mensaje del Opus Dei queda fuera de dudas, pero –en lo que se refiere a este apartado de nuestra exposición– la superación del cristianismo aristocrático ve también la luz. Por su parte, el laborismo aristocrático seguirá su vigencia, pero el mensaje del Opus Dei facilitará una reflexión desde la teología que afronte sus principales grietas. A continuación desglosaré aún más estas ideas.

La aportación más específica de Álvaro del Portillo a la Nueva Evangelización

Recordemos las dos preguntas: ¿por qué es nueva la Evangelización? ¿Cómo recoge Álvaro del Portillo el encargo de la Nueva Evangelización de Juan Pablo II? El carácter de novedad ha sido explicado por diversos autores de modos distintos. En el caso de del Portillo encontramos la siguiente afirmación: “La novedad habrá de residir en las nuevas energías espirituales y apostólicas puestas en juego por todos los fieles, pues todos somos partícipes y responsables de la misión de la Iglesia[25]. Esta novedad se concreta por tanto en las siguientes tesis:

1.El protagonismo real de los laicos: los evangelizadores no serán ya ni exclusiva ni principalmente miembros de órdenes religiosas o sacerdotes, aunque la presencia y la importancia de éstos no desaparezca. Lo que sí desaparece es lo que he llamado el cristianismo aristocrático, porque sobre todo a partir del Vaticano II se difunde la llamada universal a la santidad: todos los hombres y mujeres están llamados por Dios a ser santos, y la gran mayoría encontrará su vocación sin necesidad de apartarse del mundo sino más bien convirtiéndolo en lugar para esa santificación. El protagonismo de los laicos en la tarea evangelizadora tiene su fundamento en la vocación bautismal: todos –sacerdotes, laicos y religiosos– estamos llamados a llevarla a cabo. Álvaro del Portillo desarrollará estas ideas con especial agudeza: igualdad en la fe (todos somos fieles) y diferenciación en la función (los laicos tienen una misión propia).

2.¿Qué implica que la responsabilidad de la Nueva Evangelización recaiga principalmente en los laicos? La respuesta debe explicitar la nota más específica de la condición laical, a saber, la secularidad. Ésta no ha de confundirse con la “laicidad”, es decir, no ha de entenderse como una dimensión que excluye la dimensión religiosa y niega toda relación con ella. La secularidad, por el contrario, significa una visión que afirma el valor y la consistencia de las realidades temporales, creadas por Dios y configuradas por el ser humano principalmente a través de su trabajo, así como la apertura del mundo a la trascendencia[26].

Por esto, cuando Juan Pablo II habla de una evangelización nueva por ser una “nueva época, en las nuevas condiciones de vida”, Álvaro del Portillo ve que esta novedad coincide con el carisma de la institución a la que dedica toda su vida: “Por querer divino, el espíritu del Opus Dei posee un atractivo especial para los hombres y mujeres que –como los de nuestra época– se sienten plenamente inmersos en el mundo laboral, político, social, etc., que es nuestro mundo”[27].

3.Dentro de este nuevo modo claramente laical que se añade a los otros caminos de la evangelización en la Iglesia, destacaré tres aspectos especialmente relevantes, que don Álvaro señala:

a)El primero tiene que ver con el conocido texto de Juan Pablo II, en su Discurso al Simposio del Consejo de la Conferencia Episcopal de Europa: “Se necesitan heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios”[28]. Esta capacidad de entrar en contacto con el hombre de hoy no se reduce a una simple “empatía”, por más excelente que ésta sea: es algo mucho más comprometido. “Se necesitan –concluye el Papa– nuevos santos. Los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos”. Y es precisamente esta urgencia de santidad la que don Álvaro pone en relación –y no podría se de otro modo– con un punto de Camino: “Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. —Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo”[29]. En definitiva, el laico está llamado a realizar una honda labor apostólica basada en la vida interior pero también en la amistad humana para llegar al fondo de sus iguales y acercarlos a la fe.

b)El segundo punto es condición del anterior: esta tarea evangelizadora que el laico tiene por delante y que se identifica con su lucha por ser santo, sólo se puede llevar a cabo (y en este caso, la condición es esencial) si cuenta con “ministros que dispensen generosamente –con hambre de santidad propia y ajena– la palabra de Dios y los sacramentos, hombres formados por la Iglesia, que sienten siempre con la Iglesia, para ser, al ciento por ciento, sacerdotes a la medida de la donación de Cristo”[30]. Don Álvaro dedica en 1990 una extensa conferencia a este tema, que guarda también una clara continuidad con sus escritos sobre el sacerdocio a raíz del Concilio.

c)Por último, la Nueva Evangelización será aún más eficaz si los que evangelizan se encuentran suficientemente pertrechados de doctrina para conocer a fondo la fe y adquirir una sólida unidad de vida. En este punto, la coincidencia de las palabras del Papa Juan Pablo II con el mensaje de San Josemaría es asombrosa: «corresponde testificar cómo la fe cristiana (…) constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Esto será posible —continúa el Papa— si los fieles laicos saben superar en ellos mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar cotidiana, en el trabajo y en la sociedad, esa unidad de vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud»[31] De ahí la inmensa alegría de don Álvaro a raíz de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, en 1992, y su deseo ardiente de que se multiplicasen primero en Francia (recordemos que salió en francés) y luego en el mundo entero grupos de estudio alrededor de este instrumento magnífico para preservar y difundir la fe[32].

¿Cómo recoge Álvaro del Portillo la llamada del Santo Padre?

En primer lugar, don Álvaro circunscribe el esfuerzo de la Nueva Evangelización a los países de Europa Occidental, como se solía distinguir a la Europa libre del dominio comunista –la “Vieja Europa”– y añade a este lugar geográfico dos naciones más: Estados Unidos y Canadá. Sobre todo en el caso de Europa, se trata de países “que tanto han servido a la causa de la fe, durante tantos siglos (…), y que ahora se encuentran en una situación tan difícil, (y) necesitan volver a sus raíces cristianas”[33]. Su preocupación nace de su atento seguimiento de distintos discursos y documentos del S. Padre, pero también de las audiencias que le concedía[34].

Aunque el hito principal de esta actuación ciertamente se encuentra en la Carta que escribe a todos los fieles de la Obra el 25 de diciembre de 1985, se puede afirmar que su preocupación empieza al menos tres años antes: exactamente en las navidades de 1982, cuando don Álvaro escribe a sus hijos de todo el mundo pidiendo oraciones por “la labor en las frías regiones del norte de Europa”[35]. En efecto, como se recoge en una de sus biografías, en diciembre de ese año, don Álvaro había manifestado al Santo Padre los planes del Opus Dei para empezar a trabajar en China, pero la respuesta del Papa –su preocupación por la situación de las naciones escandinavas– es entendida inmediatamente como un imperativo para cambiar el rumbo de la expansión apostólica. De la lectura de la Carta se intuye que don Álvaro parece revivir con ese pedido la petición que San Josemaría recibió de la Santa Sede para una misión también evangelizadora: la aceptación de la Prelatura nullius de Yauyos en Perú. Al final de la vida de don Álvaro, ocurrirá algo muy semejante con la petición del Papa para comenzar la labor en Kazajstán.

Una vez delimitado geográficamente el destino de estos nuevos esfuerzos y de involucrar a todo el Opus Dei y también a muchos Cooperadores y amigos por medio de la Carta que escribe (publicada en Romana inmediatamente: no existía aún internet), don Álvaro convoca en los primeros meses de 1986 sendas reuniones de trabajo para los Vicarios Regionales y otros directores de la Obra, con el fin de dedicar sus mejores esfuerzos a determinar líneas de acción para varones y mujeres. Coincidiendo con unos días insólitos de nieve en Roma, estas convivencias tienen lugar en medio de un ambiente lleno de esperanza y de fe. En 1986 se organizaron otras dos reuniones de trabajo, semejantes a las anteriores, a las que asistió el futuro Beato, para emplazar a los miembros de la Obra en España[36] en esta tarea tan importante.

En el año 1987 y a raíz de una Carta escrita a todos los fieles de la Prelatura para preparar el 70º aniversario del Opus Dei, don Álvaro volverá sobre el tema e impulsará así a todos a rezar y ayudar en este apostolado urgente. Estos escritos no serán el único medio. Don Álvaro viajará también con más frecuencia a estos países para seguir de cerca su trabajo y animarlos a superar dificultades.

Más adelante, con ocasión del V Centenario del descubrimiento de América y también de la caída del muro en Berlín se referirá también al tema de la evangelización tanto en los países latinoamericanos como en los que se encontraban detrás del telón de acero, pero la connotación principal de su empeño por la nueva evangelización se centrará en la así llamada Europa Occidental, en Estados Unidos y en Canadá, por la situación de gran bienestar económico, liberalismo moral y secularismo ateo y por tratarse de países con hondas raíces cristianas. Esto se ve de modo claro en la ya citada conferencia de 1990: “Estamos asistiendo en los últimos meses a grandes transformaciones en amplias zonas del mundo, sobre todo en el Viejo Continente, que parecen anunciar una nueva era de libertad, de responsabilidad, de solidaridad, de espiritualidad, para millones de personas. No podemos olvidar, sin embargo, y hay que decirlo con dolor, que existen también en nuestra sociedad occidental, amplios ámbitos cerrados y hostiles a la Cruz salvadora (cfr. Fil 3, 18), ojos que rehúsan admirar la belleza de Dios reflejada en la faz de Cristo (cfr. 2 Cor. 4, 6)[37].

¿Qué iniciativas se ponen en marcha?

En la Carta 25.XII.85, don Álvaro anima a “individuar aspectos positivos de la sociedad: anticonformismo, sed de espiritualidad, preocupación por los países menos desarrollados, aspiración a la paz y a la unidad”[38]. En esta línea cabe destacar una iniciativa, iniciada por universitarias de Canadá, que se trasladan a países menos desarrollados como Perú y Kenya para llevar a cabo “promociones rurales”, es decir, actividades para ayudar al desarrollo humano de poblaciones extremamente pobres, donde miembros del Opus Dei trabajan en obras de apostolado corporativo. En este caso, la evangelización presenta unas notas únicas, ya que, por decirlo de algún modo, los evangelizadores no se mueven sino más bien reciben a los evangelizados y evangelizan con su ejemplo de vida: piedad popular, cultura cristiana, fe y alegría en medio de las dificultades, etc. Los evangelizados son los que van a ayudar materialmente, pero en la confrontación con la pobreza y el sufrimiento, son apelados por los testimonios que encuentran y que les acercan a Dios. Viajes como éstos empiezan a multiplicarse por toda le geografía mundial, mucho antes de que aparezca la palabra globalización o que las ONG proliferaran como tales. Aunque Perú va a ser la meta más visitada por muchos otros países (por ej., Italia, Gran Bretaña, España, Alemania, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda, Suecia e incluso Japón), también de estas naciones viajarán a Guatemala, Paraguay, República Dominicana, Costa de Marfil, Nigeria, Filipinas, etc. Don Álvaro seguirá todas estas iniciativas con especial atención y hablará en Estados Unidos de empezar también con “promociones urbanas” en los suburbios pobres de las metrópolis, tal y como se comienza a llevar a cabo en las grandes ciudades americanas de New York, Chicago, Los Angeles, y en otras de Europa: por ejemplo, en Londres o Barcelona.

A este apostolado entre gente joven, se suman otras muchas iniciativas: por ejemplo, la promoción de residencias universitarias en las principales capitales europeas, cuando las “señales” de la sociedad indicaban el poco interés por vivir en estos centros. Tal es el caso de las residencias para mujeres de París –Les Ecoles–, de Madrid –Somosierra–, después de unos años de interrupción en los años 70[39] y que se abren de nuevo; o la ampliación de la residencia en Londres Ashwell House y en Manchester Coniston.

Especial seguimiento realizó don Álvaro de la labor en los países escandinavos. Ahí, además de impulsar la puesta en marcha de residencias universitarias para mujeres y varones en Estocolmo, animó a mujeres de la Obra a que colaborasen en un colegio católico de Helsinki, a petición del Obispo de la ciudad. Dos norteamericanas profesoras procedentes de Estados Unidos –Biruta Meirans, letona, y Anne Marie Klein– asumieron el reto y se trasladaron a Finlandia en 1988. En los últimos diez años de vida, don Álvaro realizó ochos viajes a esos países y pudo conocer de cerca el trabajo realizado, e incluso viajar desde Helsinki a Tallinn (Estonia), recién abierta al Occidente, para ver más posibilidades de evangelización.

Otro gran capítulo es el relacionado con la familia, punto neurálgico para la recristianización de toda sociedad y especialmente atacado en las leyes. En este tema, la acción de don Álvaro sí fue precursora, ya que –mucho antes de las Jornadas Mundiales para la Familia–, alentó Congresos convocados para estudiar distintos aspectos de esta realidad, que se realizaron en Roma. En efecto, en diciembre de 1978, matrimonios de alrededor de 20 países fundaron la International Family Foundation (IFF) que comenzó a trabajar firmemente en distintos frentes: entre otros, la así llamada orientación familiar para que muchos padres adquirieran el know how de la educación de los hijos. Hoy en día, la IFF se ha transformado en la IFFD (International Federation for Family Development) y es miembro con Estatus Consultivo General ante el Comité Económico y Social de Naciones Unidas[40]. Se encuentran relatos sobre el primero de los Congresos en 1979 en Roma y de la acogida que les dio don Álvaro en todo momento. También destacan los Institutos de la Familia que empiezan a nacer en diversas universidades donde trabajan miembros del Opus Dei y otros profesionales, dedicados a una investigación de corte académico, de extrema importancia para influir en la cultura. Aunque no se trata de iniciativas circunscritas a Europa, sí se puede decir que fueron promovidas de modo especial en países europeos.

Una iniciativa sumamente original impulsada directamente por don Álvaro en la que me detengo por distintos motivos, también por haber sido testigo directo de sus inicios, es el Congreso Internacional Incontro Romano, que vio la luz por primera vez en la Semana Santa de 1991. En 1990 don Álvaro animó a un grupo de profesionales del hogar de Roma, concretamente del Associazione Centro ELIS, a promover espacios de reflexión sobre todas aquellas tareas que contribuyen directamente a reforzar la institución familiar. El debate sobre el cuidado de la persona, de su dimensión corporal y espiritual, llevado a cabo en el hogar, desde el nacimiento hasta la muerte, contribuye de un modo indirecto pero extremamente eficaz a devolver protagonismo a la familia: protagonismo como escuela de humanidad y de solidaridad, protagonismo como célula principal de la sociedad, protagonismo como lugar donde se aprende a cuidar al otro… Además, sin que hubiese un explícito conocimiento, se abrían coincidencias interesantes con un movimiento feminista –la Care Ethics[41]– que iniciaba un largo recorrido para proponer una antropología que superase los planteamientos de la autonomía racionalista kantiana así como del solipsismo en el que estaba cayendo la sociedad capitalista. Quizá lo que, desde mi perspectiva, resulta de mayor interés es que hablar del valor social y humanizador de los trabajos del hogar, de su capacidad para ser entendidos como profesión, etc., es atacar en su raíz precisamente lo que he llamado “laborismo aristocrático”. Pienso que traer a colación aquí unas palabras de San Josemaría, palabras que también fueron parte de la predicación de don Álvaro, pueden corroborar lo que afirmo: “Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación”[42].

Especial atención mereció el impulso de iniciativas de investigación de alto nivel que incidieran en la cultura y en la ciencia. Una es, sin lugar a dudas, el Campus Biomedico en Roma. Otra no menos importante fue la puesta en marcha por la Universidad de Navarra del CIMA o Centro de Investigación Médica Aplicada, que presentaba grandes dificultades especialmente de tipo económico y de personal[43]. Pero don Álvaro no sólo alentó este Centro sino que siempre se refirió a la necesidad de crear otro semejante especializado en temas humanísticos. Años después, este deseo suyo se hizo realidad en el Centro de Investigaciones en Ciencias Humanas y Sociales de la misma universidad.

Una última referencia debe hacerse a la labor apostólica del Opus Dei en los países detrás del telón de acero. Cuando el 12 de setiembre de 1989 se instaló en Polonia el primer gobierno no comunista después de la II Guerra Mundial, don Álvaro vio inmediatamente abierta la posibilidad de empezar la labor estable del Opus Dei y el 2 de noviembre viajaron a ese país dos sacerdotes. Pocos años antes, centenares de estudiantes europeos habían iniciado los así llamados “campos de trabajo” para construir iglesias en Polonia, impulsados también por don Álvaro, que veía en esto un modo de llegar a esos pueblos cuando aún estaban bajo el dominio soviético[44]. Se trataba de una iniciativa semejante a las promociones rurales realizadas por Canadá, sólo que en este caso el ejemplo lo daban católicos que vivían su fe en un régimen hostil a la religión. Personalmente, tengo asociada esta época tan singular de la política europea a una idea frecuentemente repetida por don Álvaro: Europa ahora ya respira con dos pulmones. Es más, don Álvaro con ocasión de la I Asamblea Especial para Europa de 1991, que reunía por primera vez a muchos obispos de países excomunistas, comentaba agradecido y admirado la heroicidad de muchos de ellos que habían padecido en vida martirio por defender su fe. La Evangelización de los países de Europa Occidental se veía beneficiada por estos testimonios y también por la caída de una ideología de raíces anti-cristianas que influía en no pocos ámbitos culturales.

Conclusión

Es evidente que la Nueva Evangelización constituye hoy en día un reto tal para la Iglesia Católica, que ha llevado a que los últimos Romanos Pontífices dediquen muchas fuerzas y recientemente un largo y exigente documento – la Ex. Ap. Evangelium Gaudii– para que sea realidad. Los desafíos que en este escrito se proponen reflejan acciones que de algún modo están ya presentes en las iniciativas de Álvaro del Portillo, cuando recoge el primer llamado a esta tarea del Papa Juan Pablo II.

Francisco habla por ejemplo del papel de los laicos, de su espíritu misionero recibido en el bautismo y del desafío que supone su formación (EG 102, 120). Don Álvaro es consciente de que la nueva evangelización exige “heraldos del evangelio”, bien formados, que puedan devolver los valores cristianos al mundo social, político y económico, sin limitarse a tareas intraeclesiales, que pueden reflejar cierto clericalismo.

Francisco menciona la imperiosa necesidad de evangelizar la cultura para inculturar el Evangelio. En esta línea, afirma “las expresiones de piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG 126). Las actividades promovidas para ayudar a pueblos con necesidades materiales pero con una gran fe, que don Álvaro impulsó desde inicios de los años 80, han tenido como finalidad precisamente poner en contacto a gente joven de escasa formación cristiana pero nivel económico alto con gente llena de esperanza y de sencilla piedad. Las conversiones a raíz de estos trabajos nos han sido pocas y vale la pena darles continuidad precisamente por su valor evangelizador.

Francisco reclama una atención mayor a los necesitados siempre pero más aún ahora que vivimos una cultura del bienestar que “nos anestesia” (EG 54) y el peligro del individualismo es grande (EG 113). La preocupación de don Álvaro coincide con ésta del Papa y ve este peligro más localizado en los países de la así llamada Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá. El tiempo haría más acuciante esta situación ya que la brecha de diferencia económica entre lo que se empezó a denominar el Norte y el Sur se abrió más y más. Ahí se dirigieron sus esfuerzos para poner en marcha la Nueva Evangelización, sin olvidar la labor apostólica en todo el mundo.

Las coincidencias podrían continuar, pero me detengo para poder concluir.

Si en la acción evangelizadora hay que atender a los evangelizadores y a los evangelizados, así como al contenido de la evangelización, entonces, la novedad que aporta Álvaro del Portillo a esta evangelización, se refleja en la clara conciencia de la misión del Opus Dei como institución de la Iglesia que aporta evangelizadores “expertos en humanidad” para llevarla a cabo. Su visión no es excluyente. Es profundamente eclesiológica y su contribución, fiel al mensaje de S. Josemaría y a finales del II milenio, devuelve a la Iglesia la toma de conciencia de la identidad y de la misión del laico: se cierra el círculo abierto por San Pablo: “ya no habrá libre ni esclavo, griego ni bárbaro…” (Col 3, 11). El laico entra a formar parte de modo pleno de la misión de la Iglesia. Es el fin del cristianismo aristocrático que permite el comienzo de la Nueva Evangelización.

- Conferencia pronunciada por María Pía Chirinos en el Congreso con motivo del Centenario de Álvaro del Portillo, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (12-14 de marzo de 2014).

- ESC - Edizioni Santa Croce.

[1] Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, AAS 58 (1976) 5-76, n. 2

[2]En la Misa en el Santuario de la S. Cruz, Mogila (9 de junio de 1979), 1: AAS 71 (1979), 865.

[3]30 diciembre 1988, AAS 81 (1989), pp. 393-521.

[4]Carta Ap. Tertio millennio adveniente, AAS 87 (1995) 5-41 y Carta Ap. Novo millennio ineunte, AAS 93 (2001) 303-304.

[5]Rialp, Madrid, 1982, 2ª ed. 1ª edición de 1947.

[6] Fieles y laicos en la Iglesia, Eunsa, Pamplona, 1991, 3ª ed. Cfr. también J. MEDINA BAYO, Álvaro del Portillo, Rialp, Madrid, 2013, donde en nota a pie de página se señala que se trata de la traducción al castellano de su voto sobre los laicos en el Concilio: cfr. nota 810.

[7]Eunsa, Pamplona, 3ª ed., 1991. 1ª edición de 1969.

[8]Cfr.A. DEL PORTILLO, Descubrimientos y exploraciones de las costas de California, op. cit., p. 190.

[9]Cfr. ibidem, pp. 196 ss.

[10]Cfr. ibídem,p. 312.

[11]Además de los mencionados por del Portillo, un caso emblemático es el de Antonio Ruiz de Montoya, jesuita limeño, que realiza la evangelización de los pueblos guaraníes y recuerda de algún modo la evangelización de otro jesuita en Oriente: Matteo Ricci.

[12] En una conferencia sobre el V centenario del descubrimiento de América, don Álvaro se refiere expresamente a la participación de laicos en la evangelización: cfr. “La evangelización de un continente”, en Evangelización y Teología en América (siglo XVII). X Simposio internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Eunsa, Pamplona, vol. I, pp. 39-43. Permítaseme añadir aquí un hecho referido al Virreinato del Perú, que amplía estas consideraciones, por lo demás, muy conocidas. Cuando en 1578, la sede del arzobispado de Lima queda vacante, Felipe II propone al Papa Gregorio XIII a Toribio de Mogrovejo para cubrirla. Lo curioso del caso es que en ese entonces Toribio ni siquiera era sacerdote: había sido profesor de Leyes en Coimbra y Salamanca y se encontraba en Granada. En marzo de 1579, recibió dispensa papal para la recepción de las diversas órdenes menores, fue ordenado en Granada y poco después, recibió la consagración episcopal en Sevilla. Finalmente, en septiembre de 1580, embarcó con destino a su sede episcopal, entrando por Paita, puerto de Piura, y dirigiéndose por tierra a Lima. Es acompañado por su hermana Grimanesa de Mogrovejo y el esposo de ésta, Francisco Quiñones, que llega a ser alcalde de Lima. Es muy conocida la profunda y extensa labor evangelizadora del que ahora es patrono del episcopado latinoamericano, cuya condición previa fue dejar el estado laical por el clerical, pero que –además de la acción de la gracia en esa alma santa– tuvo como presupuesto privilegiado la gran preparación humana de Mogrovejo. Los datos lo he obtenido en www.iglesiacatolica.org.pe y www.arzobispadodelima.org.pe.

[13] En el Motu proprio Sanctitas clarior de Pablo VI se lee que la llamada universal a la santidad “puede ser considerada el elemento más característico de todo el Magisterio conciliar y, por así decir, su fin último”, AAS 59(1969), pp. 149-153; cfr. también CONCILIO VATICANO II, Apostolicam actuositatem, n. 3: AAS 58 (1966) 837-864; y Decr. Ad gentes: n. 15: AAS 58 (1966) pp. 947-990.

[14]Kid. 33a, citado por L.I. RABINOWITZ, “Labor in the Talmud”, en Encyclopaedia Judaica, Ed. Michael Berenbaum - Fred Skolnik, vol. 12, 2ª ed. Macmillan, Detroit, 2007, 408-411.

[15]In Search of Florentine Civic Humanism, Princeton University Press, Princeton, 1988.

[16]Cfr. también A. LLANO, El diablo es conservador, Ariel, Madrid, 1999, 43 ss.

[17]Cfr. R. SENNETT, The Craftsman, Penguin Books, London, 2008.

[18]M. WEBER, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Ed. Reus, Madrid, 1989, p. 282.

[19]El ocio y la vida intelectual, Rialp, Madrid, 1962, p. 12.

[20]Società senza lavoro. Per una filosofia dell'occupazione, Feltrinelli, Milano, 1997, p. 207.

[21]Humanismo cívico, Ariel, Madrid, 1999, p. 131.

[22]Es la tesis principal de la obra de R. Sennett, The Culture of the New Capitalism, Yale University Press, New Heaven & London, 2006.

[23]Cfr. J. RATZINGER, Homilía pronunciada el 19.V.1992, con ocasión de la Beatificación de Josemaría Escrivá, en www.es.joemariaescriva.info.

[24] Una vida para Dios: reflexiones en torno a la figura de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer: discursos, homilías y otros escritos, Madrid, Rialp, 1992, p. 75.

[25] Cfr., por ejemplo, A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, Madrid 1970, pp. 41-44; Fieles y laicos en la Iglesia, op. cit., pp. 33-45.

[26] Cfr. A.M. GONZÁLEZ, “Secularidad”, en Diccionario de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Ed. Monte Carmelo-Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos, 2014.

[27]“Lettera pastorale sulla nuova evangelizzazione dell’Europa, degli Stati Uniti e del Canada” (25-XII-1985), en Romana 2 (1986) 3, 7.

[28]JUAN PABLO II, Discurso al Simposio de Obispos Europeos, 11-X-1985, n. 13. Insegnamenti, VIII, 2, 1985, pp. 918 y 919.

[29] Camino, Rialp, Madrid, 2002, 301. Esta relación que lleva a cabo don Álvaro está recogida en la presentación que escribe para el volumen editado por la Universidad de Navarra titulado Josemaría Escrivá de Balaguer y la universidad, EUNSA, 1993, p. 38.

[30] A. DEL PORTILLO, “Sacerdotes para una nueva evangelización”, en La formación de los sacerdotes en las circunstancias actuales. XI Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Eunsa, Pamplona 1990, p. 985.

[31] Christifideles laici, n. 34.

[32] Así queda reflejado en una carta que escribe al mes siguiente de su publicación: cfr. Del Portillo, Cartas, vol. 3, p. 568. En Romana, 16 (1993), pp. 87-93 se mencionan algunas de las actividades organizadas bajo su impulso para dar a conocer .

[33]Cfr. “Lettera pastorale sulla nuova evangelizzazione dell’Europa, degli Stati Uniti e del Canada” (25-XII-1985), op. cit., 2.

[34]Ibidem.

[35]Cartas, vol. 1, n. 65, citado en J. MEDINA BAYO, Álvaro del Portillo, Rialp, Madrid, 2013, p. 557.

[36]Cfr. J. MEDINA BAYO, Álvaro del Portillo, op. cit., p. 560.

[37]“Sacerdotes para una nueva evangelización”, op. cit., p. 982.

[38]“Lettera pastorale sulla nuova evangelizzazione dell’Europa, degli Stati Uniti e del Canada” (25-XII-1985), op. cit., n. 8.

[39]Sólo aclarar que las anteriores residencias universitarias en París y en Madrid, es decir, las que dejaron de funcionar, tuvieron nombres distintos: en París, se llamó Rouvray y en Madrid, Alcor.

[40]Cfr. la página web de este organismo: www.iffd.org.

[41]Entre las obras principales se encuentran: C. GILLIGAN, In A Different Voice, Harvard University Press, Cambridge, 1982; E. KITTAY, Love’s Labor: Essays on Women, Equality and Dependency, Routledge, New York, 1999; V. HELD, The Ethics of Care, Oxford University Press, Oxford, 2005; M. SLOTE, The Ethics of Care and Empathy. Routledge, Londres y New York, 2007. También se pueden ver referencias a esta temática en M.P. CHIRINOS, “La revolución del cuidado: Una propuesta para el desarrollo sostenible”, en Sostenibilidad, cuidado y vida cotidiana. Una aproximación desde Latinoamérica, ed. S. Idrovo, M. Hernáez, M.R. González, Fundación Universidad de la Sabana, Bogotá, 2012, pp. 167-186.

[42]Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid, 2002, 47.

[43]Cfr. J. MEDINA, Álvaro del Portillo, op. cit., p. 566.

[44]Cfr. ibídem, cita 41.

 

Pascua: alegría o depresión

Escrito por Mario Arroyo.

Con la Vigilia Pascual hemos entrado en el tiempo de Pascua, un tiempo caracterizado por la alegría que produce en el cristiano la resurrección de Jesús.

Con la Vigilia Pascual hemos entrado en el tiempo de Pascua, un tiempo caracterizado por la alegría que produce en el cristiano la resurrección de Jesús. Las notas características de esta época son esperanza, optimismo y la alegría apenas mencionada. Ahora bien, esa alegría que pudiéramos denominar litúrgica choca con la realidad más tangible, que tenemos entre manos estos días: la guerra de Ucrania, la violencia en México, la corrupción en Latinoamérica, el aborto a nivel mundial. Digámoslo de otra forma: tenemos bastantes motivos para estar tristes, ¿podrá abrirse paso entre ellos la alegría litúrgica de la Pascua para cambiar nuestro talante?

Pienso que la clave estriba en dos factores, los cuales son bien descritos en la bonita historia evangélica de los discípulos de Emaús. Ellos abandonaban Jerusalén desalentados, desesperanzados. Sus ideales se habían pulverizado ante el escándalo de la Cruz, y era tanto su abatimiento que no reconocen a Jesús, quien se les aparece a la vera del camino. Le cuentan todo lo que pesa en sus corazones, y cómo pensaban que Jesús iba a liberar a Israel del dominio romano. Es decir, esperaban un mesías político, no espiritual. Y Jesús les explica cómo estaba profetizado que el mesías debía padecer, y cómo estaban totalmente equivocados al buscar un mesías político y no uno espiritual.

El segundo factor es que los discípulos estaban pendientes de sí mismos, de su tristeza, desaliento, y no de Jesús. A veces, en nuestra vida, estamos demasiado enfrascados en nuestros problemas y no levantamos la vista, no le miramos a Él. La alegría de la Pascua es la alegría por Cristo, la esperanza en Cristo, pues tenemos la certeza de que Él vive. De ahí se desprende una actitud optimista ante los retos de la vida, porque tenemos la seguridad de que está con nosotros

También nosotros, como los discípulos de Emaús, podemos buscar un mesías político. Alguien que ponga en paz a Putin, que haga el inmenso milagro de acabar con la corrupción y la violencia. Un mesías con miras puramente humanas. Y eso es precisamente lo que corrige Jesús. No viene a arreglar los problemas políticos y sociales de un determinado tiempo y lugar, sino que nos invita a elevar la mirada a las realidades trascendentes.

Alguien podría considerar que Jesús no es un auténtico liberador y que, al permanecer nuestros problemas intactos, no tenemos motivos para la alegría y la esperanza. Más aún, podría parecer obscena nuestra alegría, cuando millones de personas son desplazadas por la guerra y sus hogares son destruidos: La alegría pecaría de ser poco empática con el inmenso sufrimiento de tantos seres humanos. O cuando millones de vidas humanas son cegadas en el vientre de su propia madre, mientras los demás nos hemos acostumbrado a ello como si fuera parte del paisaje. No, no hay motivos suficientes para estar alegres…

Aparentemente colisionan las dos narrativas: la litúrgica de la alegría y la realidad del desconsuelo, el desaliento y la tristeza. Pero este choque es solo una apariencia, pues al final puede prevalecer la visión litúrgica de la alegría, precisamente porque también es real –Cristo realmente resucitó y realmente está vivo-, y porque nos invita a mirar la trascendencia, a elevar los ojos al Cielo, a la vida eterna, que también es real.

Quizá se entienda haciendo una comparación con los discípulos de Emaús. Para ellos la realidad que importaba era la opresión del pueblo judío por parte de los romanos. Esos eran los problemas reales que esperaban respuesta. Ellos pensaban que el mesías los iba a resolver y no los solucionó. Pero les abrió la mirada a un horizonte más amplio, y los colmó de esperanza. Precisamente porque la vida eterna, la salvación son realidades imperecederas, duran por siempre. El Imperio Romano pasó, Putin también pasará, morirá como mueren todos los hombres, las guerras, gracias a Dios, no son crónicas, pasan. Pero lo que no pasa es Jesús vivo. Y por ello, podemos tener puesta en Él nuestra esperanza, una esperanza que va más allá de los problemas inmediatos de la vida, y que nos permite darles a esas dificultades una importancia relativa, de forma que no nos obsesionemos por aquello que no podemos cambiar. Y con esa visión trascendente, tenemos otra actitud para enfrentar esos problemas reales y, lo que es muy importante, podemos afrontarlos con alegría en el corazón.

 

“La cristianofobia” y sus consecuencias

Escrito por Raúl Espinoza.

“La Cristianofobia” significa “miedo irracional”. Es decir, un comportamiento hostil, agresivo e intolerante ante cualquier manifestación de cristianismo.

En estos días que hemos estado meditando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, me parece oportuno abordar el tema de “La Cristianofobia”. Es un neologismo formado por los términos “cristiano” y, del griego “phobos”, que significa “miedo irracional”. Es decir, un comportamiento hostil, agresivo e intolerante ante cualquier manifestación de cristianismo.

En tiempos en que estaba en su auge “El Positivismo” iniciado por el filósofo francés Augusto Comte (1798-1857), el General y Presidente Porfirio Díaz, envió a destacados profesores y pedagogos mexicanos para que fueran capacitados en esta corriente de pensamiento.

El Positivismo hereda muchos conceptos de la Revolución Francesa, en forma particular, considerar a la Religión como obsoleta y dentro de una etapa inferior del ser humano.

¿Qué significa en esencia “El Positivismo”? Sostienen la tesis que sólo lo que es demostrable en un laboratorio es verdadero. Fuera de eso, nada es verdad sino superstición o fantasía. De modo que se sobrevalora la razón humana, al punto que considera superado todo lo Sagrado.

Ellos dicen no necesitar de Dios o del Absoluto. Y, por tanto, se debe de considerar como un “fanatismo” o “producto de la ignorancia” tanto a la Moral como a la Religión cristiana. Lo curioso es que muchos de estos positivistas acudían a sesiones espiritistas, a la magia o a que les predijeran su futuro.

Con esta filosofía muchos intelectuales, profesionales y profesores mexicanos perdieron la fe en el siglo XIX. O bien, comenzaron a dudar de todo lo sobrenatural. Son los llamados “Escépticos” o “Librepensadores”.

Su más notable exponente y divulgador fue el maestro, filósofo y médico, Gabino Barreda, Director General de la Escuela Nacional Preparatoria. Impartió numerosas conferencias sobre esta corriente de pensamiento. En una de tantas, escuchaba con atención el Presidente Benito Juárez.

A continuación, algunos de estos profesores viajaron a los estados de la república y durante algún tiempo dieron cursos de capacitación sobre el Positivismo. En Hermosillo, Sonora, asistió a varias conferencias, el joven profesor Plutarco Elías Calles.

Este antecedente puede ayudar a comprender un poco más, el anticlericalismo radical de Benito Juárez y la Guerra Cristera de 1926 a 1929 emprendida por el Presidente Elías Calles.

Conocí a un historiador amigo mío que ya falleció era el menor de 14 hermanos. Me comentó que su padre estudió, a fines del siglo XIX, en la Escuela Nacional de Minería. Se graduó como geólogo y se vio muy influenciado por el Positivismo hasta el punto de perder la fe y no querer educar a ninguno de sus hijos en la religión Católica.

Sólo este amigo y su hermana, un poco mayor que él, tuvieron una conversión hacia la fe, siendo ya personas mayores. Y este historiador me comentaba con pena que la gran mayoría de la generación de Geólogos, egresados de esta Escuela, habían dejado de creer en Dios.

Desde sus inicios, el cristianismo ha sufrido persecuciones. Muchos fueron llevados al martirio en tiempos de los emperadores romanos. Con el paso de los siglos, nunca han faltado autoridades que se han propuesto -según ellos- acabar con la semilla del cristianismo.

Como aquellos bárbaros que procedían del Este Europeo o del centro de Asia durante la Edad Antigua o Media. Otros, introduciendo en el seno de la cristiandad la división y la discordia, como han sido las numerosas herejías y apostasías.

Pero siempre los Romanos Pontífices han difundido los conceptos claros sobre la verdadera fe católica. Se han tenido numerosos concilios del Papa con los Obispos para rectificar desviaciones y ratificar aspectos fundamentales del Dogma Católico.

La Revolución Francesa pretendió en vano eliminar la fe de Jesucristo, lo mismo que el Liberalismo del siglo XIX.

En el siglo XX, varias dictaduras han pretendido echar fuera a Dios de sus proyectos generales como el Nazismo o el Comunismo. O bien, el “Populismo”, variante demagoga del Comunismo.

Actualmente ha surgido “La Ideología de Género” que muchos intelectuales la equiparan con el marxismo porque lleva intrínseca la lucha de sexos, además de rechazar el matrimonio entre un hombre y una mujer y toda noción de vida humana. Eso explica, en parte, porqué jóvenes proaborto escriben blasfemias con ofensas graves a Dios o a la Virgen María en las puertas de las Iglesias o pretenden asaltar Sagrarios y arremeter contra las Hostias.

También el pragmatismo o el galopante hedonismo contemporáneo no contemplan dentro de sus ideologías tan cerradas al espíritu, la existencia de Dios. Para ellos, lo útil, lo práctico o lo que proporciona placer inmediato “aquí y ahora” es lo único bueno y verdadero.

Como consecuencia de ello, comprendemos la enorme crisis del vacío existencial de muchas personas que dicen sufrir en sus vidas y comentan con amargura que su existencia no tiene ningún sentido y se dejan llevar por los vicios (drogas, alcohol, sexo) o se suicidan.

En este siglo XXI, considero que hay un retorno a la fe, a la esperanza. Como comenta el papa Francisco: “Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor Redentor”.

 

    La sonrisa y la risa.

 

La sonrisa y la risa son propias de la especie humana. Denotan la inteligencia del hombre, su capacidad de relacionarse, relación de categoría superior a la que se da entre los animales.

 

Fisiológicamente, una sonrisa es una expresión motivada por la contracción de músculos situados junto a las comisuras labiales y alrededor de los ojos. Forman parte de la musculatura mímica o facial, muy desarrollada en la especie humana.  Son éstos músculos situados bajo la piel de la cara y cuello, en su mayoría no insertados en estructuras óseas.

La sonrisa puede  reflejar alegría, placer, conformidad, ansiedad,  ira, sarcasmo. Es expresión normal de los seres humanos, aunque sean invidentes, sordos o mudos. En los animales, la exposición de los dientes puede significar una amenaza.

Numerosos artistas han intentado reproducir la sonrisa, cuya interpretación por parte de un observador es distinta de la de otro, quizá porque el que observa transfiere de forma inconsciente a la obra de arte sus propias emociones.

En el cuadro de Leonardo da Vinci, la sonrisa de la florentina Lisa Gherardini, conocida como la Gioconda, Lisa del Giocondo, Lisa de Antonmaria Gherardini, Lisa, y comúnmente como Mona Lisa, es sobremanera enigmática. Se han dado múltiples interpretaciones. En general, las sonrisas que aparecen en los cuadros de Leonardo recuerdan la de la Gioconda.

 

La musculatura mímica es inervada por el nervio facial, parte importante del VII par craneal, cuyo origen está en el interior del tallo cerebral.

La parálisis facial puede ser temporal, como la provocada por el frío, “a frigore”, o la consecuente a una parotiditis o “paperas”, en que están atrapadas las ramas del nervio facial dentro de la glándula parótida;  o bien, la parálisis de Bell,  idiopática.

La parálisis puede ser permanente, por una lesión del nervio facial en su mismo origen dentro del tallo cerebral, o en la cavidad craneal, o dentro del hueso temporal, o en su emergencia del cráneo, situada en una zona cercana al conducto auditivo externo.

En tal parálisis se produce una caída de la ceja, déficit  del cierre de los párpados (con eversión del párpado inferior y lagrimeo), imposibilidad para sonreír; y al pedir al enfermo que sople, se le escapa el aire por la comisura labial correspondiente a la afectación del nervio (derecho o izquierdo), o signo de “fumar en pipa”.

En la risa se contraen numerosos músculos (entre ellos el diafragma), y especialmente los músculos faciales. En la risa franca hay fruncimiento de los párpados y aparición de pliegues radiados en las comisuras, por contracción de músculos tales como el cigomático mayor, el orbicular de los ojos y el buccinador.

En la expresión de alegría es característica la forma cóncava de la boca hacia arriba, con abertura y brillantez de los ojos. Intervienen varios músculos faciales, entre ellos, el risorio y el elevador del labio superior. Propiamente, el músculo de la alegría es el cigomático mayor, que tira de la comisura labial hacia arriba, junto con un ligero ascenso del párpado inferior, produciendo un plegamiento del ángulo lateral del párpado.  

La Iglesia festeja la Resurrección de Jesús en el tiempo de Pascua, tiempo de alegría. El arte representa asombrados y alegres a los que contactan con el Resucitado.

Otras situaciones: En el tétanos hay una fuerte contracción de los músculos faciales, remedando una sonrisa. Los envenenamientos (especialmente por la estricnina) pueden provocar la contracción de la musculatura facial, remedando también una sonrisa.

Con el tiempo, se manifiestan en el rostro arrugas, motivadas por la contracción frecuente de los músculos faciales. Los relacionados con la sonrisa provocan arrugas en las áreas de las comisuras labiales y en las zonas orbitarias. En las situaciones de sorpresa, de atención,  de asombro, se contrae el músculo frontal, que provoca arrugas transversales en la frente; también se contraen los músculos piramidal y superciliar, que actuando sobre el entrecejo, dan lugar a una fisionomía especial, situación representada en el David de Miguel Ángel, que manifiesta preocupación ante la visión de Goliat. Es frecuente ver en gente mayor arrugas de este tipo.

          José Luis Velayos

 

 

España. 28 de abril: Día por la seguridad y la salud en el trabajo

La nota del Departamento de Pastoral del Trabajo los Obispos españoles Día Internacional por la Seguridad y la Salud en el Trabajo: salvaguardar a las personas significa salvaguardar los recursos laborales. En España se producen más de un millón de accidentes al año

Roberta Barbi - Ciudad del Vaticano

«Las personas son la verdadera riqueza: sin ellas no hay comunidad de trabajo, ni empresa, ni economía. La seguridad en el trabajo significa salvaguardar los recursos humanos, que tienen un valor inestimable a los ojos de Dios y también a los del verdadero empresario. Así lo escriben los obispos de la Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española en una nota con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo prevista para el 28 de abril.  

Hay que hacer más para prevenir los accidentes

Ante la proximidad de la celebración de este día, los obispos recuerdan la exhortación del Papa Francisco sobre el tema en la Misa del Gallo de la pasada Navidad, en la que pedía que se alcanzara el objetivo de cero muertes en el trabajo, la atención a los más desfavorecidos y la dignidad de los trabajadores. “La pérdida de la salud en el trabajo, y en excesivas ocasiones de la vida, es un grave problema que necesita ser abordado en profundidad- escriben los obispos. La Ley de Prevención de Accidentes Laborales, la Inspección de Trabajo, la formación en prevención que reciben los trabajadores y los esfuerzos que despliegan los agentes sociales están siendo manifiestamente insuficientes para atajar este grave problema”.

OMS: 745.000 muertes al año relacionadas con el trabajo

La Conferencia Episcopal Española cita a continuación las últimas estimaciones conjuntas de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo, según las cuales cada año se producen en el mundo 745.000 muertes por enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares por las largas jornadas de trabajo (55 o más horas a la semana) o la exposición a materias, gases y humos. Esto supone que las enfermedades relacionadas con el trabajo son cuatro veces más letales que los accidentes laborales. En el marco de la Unión Europea, desde 1994 a 2018, los accidentes mortales en el trabajo se redujeron aproximadamente un 70%, pero queda mucho por hacer. A pesar de los avances, en 2018 se produjeron en la Europa de los veintisiete más de 3.300 accidentes mortales y 3,1 millones de accidentes no mortales. Cada año mueren más de 200.000 trabajadores por enfermedades relacionadas con el trabajo. Cada año se registran en España más de un millón de accidentes laborales. Durante 2021, se produjeron 572.448 accidentes con baja laboral, un 17,9% más que el año anterior; de ellos 4.572 clasificados como graves y 705 resultaron mortales. Las enfermedades laborales son otra de las causas que convierten el trabajo en un lugar peligroso. Durante el pasado año se registraron en España 20.510 partes por enfermedades profesionales, de los cuales 8.314 partes fueron con baja laboral, siendo la duración media de algo más de 110 días.

El magisterio de la Iglesia para proteger a los trabajadores

Ante estos datos, los obispos recuerdan que el Magisterio Social de la Iglesia afirma que entre los derechos de los trabajadores está el derecho «a ambientes de trabajo y a procesos productivos que no comporten perjuicio a la salud física de los trabajadores y no dañen su integridad moral». También es importante la protección de la vida de los trabajadores y sus familias, y garantizar que nadie sufra daños en su salud en el lugar de trabajo. 

“Cómo cada 28 de abril, Día Mundial por la Seguridad y la Salud en el Trabajo, la sociedad recuerda la perdida de salud y vidas que se dan en el mundo del trabajo. Como Iglesia nos sumamos a este recuerdo y nos sentimos solidarios de todos aquellos que se empeñan en mejorar las condiciones de vida y de trabajo para erradicar esta lacra. Especialmente nos queremos hacer cercanos a las personas trabajadoras que ven mermada su salud o que pierden su vida en el desempeño de su trabajo”. “Por ello, la legalidad debe entenderse como la protección del máximo patrimonio, que son las personas. Trabajar con seguridad permite a todos expresar lo mejor de sí mismos mientras se ganan el pan de cada día. Cuanto más cuidemos la dignidad del trabajo, más seguros estaremos de que la calidad y la belleza del trabajo realizado aumenten”.

 

Longinos traspasó con su lanza a Jesús en la cruz – Soldado romano

Longinos traspasó con su lanza a Jesús y después fue santo de la iglesia

Bajo la Cúpula de la Basílica de san Pedro en el Vaticano, metido en una de las hornacinas de los pilares sobre las que se la sostiene  está allí la escultura en mármol blanco de san Longinos, una obra de Gian Lorenzo Bernini, el genial artista barroco, que se inspiró en el soldado romano que con su lanza traspasó el costado de Jesús en el calvario.

El momento de la punzada sólo lo menciona san Juan en su Evangelio porque fue testigo presencial y cuenta que una de las instrucciones que tenían los verdugos era romper las piernas de los crucificados –un método muy doloroso, pero que se hacía para acelerar la muerte de los condenados–

“pero al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”, narra el Boanerges o “hijo del trueno” en 19, 33-34.

En el evangelio apócrifo de Nicodemo –conocido también como Actas de Pilato—se conoce el nombre del soldado. En el Capítulo 10, versículo 5 dice: “Y un soldado, llamado Longinos, tomando una lanza, le perforó el costado, del cual salió sangre y agua”.

El escritor y astrólogo alemán Luis de Whol, en su novela “La lanza” va más allá e identifica al soldado como Cayo Casio Longinos.

Y ese momento resultó de gran significación para los cristianos católicos.

 

 

EL MILAGRO DEL NACIMIENTO DE LA IGLESIA

Para el padre de la iglesia oriental Orígenes, por ejemplo y quien vivió entre el 185 y 254, considerado además como uno de los tres pilares de la teología cristiana al lado de san Agustín y santo Tomás, el fenómeno de la sangre y el agua es un milagro porque representa el nacimiento de la Iglesia con los sacramentos del bautismo y la eucaristía.

Años después, cuando los artistas comenzaron a detallar sus obras, tanto en pinturas como en esculturas no sabían dónde ubicar la herida, si al lado izquierdo o al derecho. En los primeros años consideraban que sería en el zurdo porque suponían que el corazón estaba a ese lado, pero debieron recurrir a la profecía de Ezequiel para concluir que era el derecho y desde ese momento los crucifijos lo tienen a ese lado, menos el que está en la catedral de sal de Zipaquirá, que lo ubica en el lado siniestro.

 

LA HISTORIA DE LONGINOS

Se dice que Longinos estaba quedando ciego y cuando atravesó el costado de Jesús, una gota cayó sobre sus ojos y le curó al instante. Y los acontecimientos posteriores le valieron para que San Mateo en 27:54, comentara: “El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios”.

De inmediato Longinos abandonó su carrera militar y se unió a los apóstoles y después llevó una vida monástica en Cesárea, Capadocia donde realizó una misión cristiana explicando lo sucedido aquella tarde y mostrando con su ejemplo cómo era la vida de un cristiano.

 

 

Esta situación no les gustó a muchas personas que decían: “¿cómo un hombre pecador y romano, habla de amor entre unos y otros y ayuda a los pobres?” Les parecía un hecho que salía de lo normal. Y con sus juicios, además de calumniarlo, pretendían que dejara su apostolado.

 

LA MUERTE DE LONGINOS

La tradición y los primeros cristianos no sólo perdonaron a Longinos por haber crucificado a Jesús y haberlo herido con la lanza, sino que lo llevaron a los altares por su testimonio y martirio.

“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofrecimiento el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”, ha explicado el papa Francisco.

Por Guillermo Romero Salamanca

 

Las cuatro frases que no hay que decir nunca a un niño pequeño

Por Cecilia Galatolo / FamilyandMedia - 03.12.2021


foto: master1305-freepik

No todas las palabras son iguales: algunas edifican, animan, dan paz. Otras hieren, pesan, marcan.

Las palabras generan emociones, pensamientos. La comunicación que se establece entre las personas de algún modo construye siempre, para bien o para mal, la realidad que habitamos .

En el caso de la relación entre padres e hijos pequeños, la buena comunicación se basa también en el tipo de lenguaje utilizado, en la elección de las palabras que se dicen o no a un niño que está creciendo .

Ofrecemos a continuación algunos elementos de reflexión, cuatro frases que nunca deberían decirse a un niño y algunos consejos para reemplazarlas por oraciones más constructivas.

1. ¡Déjame en paz!

Puede parecer una frase banal: es una de esas expresiones que salen sin querer, quizás en un momento de cansancio, enfado y estrés (¿quién no pierde nunca la paciencia?), pero pensemos un momento lo que estamos comunicando cuando decimos una frase como esta y qué puede pasar si, en lugar de decirlo solo cuando estamos al límite del aguante, se convierte en parte de nuestro lenguaje habitual.

Decir a un niño con demasiada frecuencia frases como: "déjame en paz", "no me moleste", "estoy ocupado", corre el riesgo de traer a un niño un mensaje peligroso: "No tengo tiempo para ti", "Eres menos importante que las demás cosas que debo hacer" .

De esta manera, además de sentirse frustrado hoy, será difícil para un hijo tener un diálogo mañana, confiar en nosotros.

En lugar de frases tajantes que colocan al hijo en una situación de rechazo, es mejor explicarle lo que se está haciendo y la razón de la ausencia temporal: "mamá (o papá) tiene que acabar un asunto importante; si sigues dibujando unos minutos más, estoy contigo en cuanto termine".

2. ¡Eres …!

"Eres malo", "eres molesto", "eres odioso", "¿es que eres tonto?" y otras etiquetas de este tipo no ayudan al niño a mejorar. En estas oraciones, de hecho, no hay una sugerencia de "hacer las cosas mejor", o una indicación del error cometido, sino sólo un juicio, que aparece casi sin apelación.

Debemos pensar también que las etiquetas, especialmente cuando son negativas, se adhieren a los niños y se convierten casi en profecías que luego se cumplen: El niño se reconocerá en esas denominaciones, pensará que "lo definen como persona" y comenzará a comportarse en consecuencia.

Incluso, una etiqueta positiva puede llegar a ser "agotadora": un niño al que siempre se le dice que es "muy inteligente", podría sentir una gran expectativa sobre sí mismo y vivir con miedo a decepcionar.

Un enfoque más conveniente puede ser abordar los comportamientos individuales uno por uno: "al pegar a tu compañero te has equivocado", "cuando te comportas así, tu hermana llora, se siente mal", "a mamá no le hace gracia lo que ha pasado, pero vamos a ver juntos cómo se puede arreglar", "¡te has portado muy bien terminando tan deprisa los deberes!"

3. ¡No llores!

Un niño llora porque no sabe expresar con palabras lo que siente; es su lenguaje , por irritante que pueda ser para un adulto escuchar a menudo berridos y lloros. Si decimos frases como "no estés triste"; "no seas un bebé"; "no hay razón para tener miedo", nos arriesgamos a "menospreciar la emoción" que siente en lugar de ayudarle a "darle forma". Decirle que no debe llorar o que no hay razón para estar triste es mandarle este mensaje: "tus emociones no son válidas". En lugar de negar las emociones de un niño, es mucho mejor mostrarle que se reconoce lo que siente, por ejemplo: "te da mucho miedo este perro, ¿verdad? Pero es bueno: no muerde, mira, le gustan las caricias", "¿estás triste porque no quiere jugar contigo?", "es normal que tengas miedo a las olas, pero te tengo bien agarrado y no te pasará nada malo".

Es importante llamar por su nombre a las emociones que siente el niño. "¿Estás enfadado?", "¿estás contento?": de esta manera, aprenderá a gestionarlas y a no agobiarse. Más adelante, gracias a nuestro trabajo, aprenderá a describir lo que siente sin echarse en lágrimas.

4. ¿Por qué no eres como tu hermano(a)?

Si se tiene más de un hijo es casi fisiológico caer en la tentación de comparar a los hermanos. "Tu hermana se pone sola los zapatos... ¿por qué tú no puedes?". Pero es bueno saber que cada niño es único, tiene sus propios tiempos, sus propias debilidades y fortalezas... Debemos tener la paciencia de dejar que cada niño crezca a su ritmo, con su carácter y su personalidad.

Además, las continuas comparaciones no mejoran los comportamientos; por el contrario, estar constantemente bajo presión por algo a lo que uno no se siente preparado o capaz de hacer, o que no le gusta, puede ser una fuente de frustración y comprometer la autoestima.

Al contrario, es mejor apoyar los triunfos y poner como ejemplo lo que sabe hacer: "¡muy bien, te has puesto solo los calcetines!", así lo animaremos a superarse cada vez más.

 

Un sacrificio que libera. ¿Soy un esclavo agradecido?

Escrito por José Martínez Colín.

Gracias a la pasión y muerte de Jesús por nosotros, no sólo fuimos perdonados, redimidos, sino que además nos consiguió la gracia de poder ser hijos de Dios.

1) Para saber

Con motivo de la Semana Santa, el papa Francisco comentó que el Vía Crucis es la síntesis de la vida de Jesús, es el icono de su obediencia a la voluntad del Padre; la realización de su infinito amor por nosotros, pecadores, y la realización definitiva de la revelación. El peso de la Cruz nos libera de todas nuestras cargas.

Para comprender lo que la Cruz significa, San Alfonso María de Ligorio hacía una comparación: Imaginemos que un esclavo debido a sus delitos fue condenado a muerte por el rey. El rey tenía un hijo único a quien amaba mucho. A su vez, el hijo, de gran bondad, era muy amigo del esclavo. Por ello, al conocer el destino del esclavo fue con su padre a rogarle que lo perdonara. Pero el rey le dijo que era exigencia de la justicia que se satisficiera la culpa. El hijo lo comprendió, pero le pidió al padre que le concediera un favor. Su Padre accedió siempre y cuando no lesionara la justicia. Empeñada su palabra, el hijo le pidió que aceptara otra víctima. El padre le recordó que habiendo sido ofendida su majestad, sólo podría ser satisfecha por alguien de su misma grandeza. Entonces el hijo le respondió: “Yo seré esa víctima. Que yo muera y viva el esclavo”. El rey ya no pudo retirar su palabra y lleno de dolor aceptó.

Es comprensible el significado de la comparación, que aunque conmovedora, aún está muy lejana de representar el inmenso amor de Dios por el hombre. Por ello el papa Francisco nos recuerda que ante la Cruz de Jesús, vemos casi hasta tocar con las manos la medida en la que somos amados eternamente.

2) Para pensar

La comparación de San Alfonso continúa. El hijo, antes de morir, le pide a su padre un último favor. En esos momentos, el Padre no puede negarse a concederle algo a su hijo. Le pide algo inconcebible: que reciba al esclavo redimido como a su hijo en lugar suyo, haciéndolo partícipe y heredero de todos los bienes del reino. Traspasado de dolor el rey se lo concede.

Gracias a la pasión y muerte de Jesús por nosotros, no sólo fuimos perdonados, redimidos, sino que además nos consiguió la gracia de poder ser hijos de Dios.

3) Para vivir

La comparación termina con el encuentro del hijo con el esclavo: Llega a la prisión y le quita las cadenas, le da un fuerte abrazo, dándole la noticia: ahora no sólo es libre, sino con la condición de hijo del rey y heredero de sus bienes. Él sufrirá la muerte en lugar suyo. El esclavo está atónito y no cabe de agradecimiento sintiéndose completamente indigno de tal trato. Aún el hijo añade: “Mira cuánto te amo. Antes de morir sufriré los mil tormentos que debías tú sufrir según las leyes del reino. Sólo te pido una cosa”. El esclavo está dispuesto a todo. El hijo le pide: “Que no te olvides de cuánto te amé y de cuánto voy a sufrir por ti, ¿me lo prometes?”.

Podemos imaginar cómo sería la respuesta del esclavo, pero no olvidemos que nosotros somos ese esclavo, pecador, y hemos de saber prometérselo a Jesús. Ojalá no seamos tan ingratos que nos olvidemos de su inmenso amor y de sus padecimientos por los cuales nos liberó de la esclavitud del pecado y elevó a la condición de hijos. La Cuaresma nos lleva tener presente esa redención y la Resurrección nos lleva a vivir agradecidos la nueva Vida que nos ganó Jesús.

 

 

El domingo que cambió la historia del mundo

Escrito por Jorge Espinosa Cano.

Se puede decir que el domingo que cambió la historia fue lo que hoy llamamos Domingo de Resurrección e inician 50 días a los que conocemos como la Pascua.

Hay sucesos extraordinarios que cambian el rumbo de la historia de forma extraordinaria, muchos de ellos están ligados a los símbolos religiosos que son una parte importante e integral del devenir humano.

El laicismo fue una imposición de unos cuantos que la hizo parecer como si hubiese sido una aspiración popular, el pueblo en ese entonces estaba ocupado y preocupado por cuestiones más importantes de sobrevivencia, así que esa idea fue de las cúpulas políticas e intelectuales impulsadas en gran parte por la masonería, pero la idea se fue imponiendo de forma abrumadora y hoy prácticamente todos vivimos bajo la tiranía del laicismo que fracciona al hombre arrancándole la importantísima parte espiritual de su actuación social y política.

Pero pretender aplicar el criterio laicista en forma retroactiva para hablar del devenir histórico de la humanidad resulta imposible, porque habría que borrar de los libros el 80% de su contenido, así que la conmemoración del mundo cristiano del pasado domingo es uno de esos capítulos que pese a ser en su esencia un relato religioso es un elemento que modificó y cambió el rumbo de la historia hasta nuestros días.

Un personaje extraordinario llamado Jesús había aparecido súbitamente en Israel y por tres años había recorrido el territorio predicando y enseñando muchas cosas diferentes y muchos testigos hablaban de hechos extraordinarios, sin embargo inesperadamente su suerte había cambiado y en una especie de juicio que no cumplió ningún requisito legal en una complicidad entre las autoridades religiosas judías y civiles romanas lo habían condenado a muerte, y por si fuera poco excepto su madre, uno de sus discípulos y algunas mujeres todos lo abandonaron.

Ante este panorama lo único que se podría esperar es que todo lo sucedido cayera en el olvido, pero resulta que estos hombres que se habían escondido aparecen de repente completamente transformados y con una actitud valiente dicen ser testigos de que Jesús tal como lo había dicho estaba vivo, había resucitado y se había presentado ante ellos, muchos no lo creyeron, pero otros tantos si, y poco a poco fueron aumentando los que creían a los apóstoles.

Pablo, otro personaje que nunca hubiera aparecido en la historia si no hubiera sido por esa resurrección, era de los que pensaban que los apóstoles eran unos embaucadores, y por lo tanto había que combatirlos, y así había ya causado daños a algunos de los miembros de ese nuevo grupo que por cierto todavía se sentían parte del judaísmo, así que habiendo obtenido autorización de las autoridades para perseguirlo se dirigía a Damasco cuando el mismo Jesús se le apreció y entonces, ese Pablo cambió y se transformó en el principal propagador de las enseñanzas de Jesús y testigo de esa resurrección.

Ese acontecimiento que los cristianos recordamos el pasado domingo fue el que inició un cambio cuyos efectos llegan hasta el día de hoy, sobrevivió a la caída del Imperio Romano y de muchos otros, a guerras, epidemias, ataques, persecuciones, nuevas ideologías, llegó un tiempo en que toda una era y un conjunto de naciones se llegó a conocer como “la cristiandad”, además su influencia sobre la forma de pensar, sobre las leyes, sobre las artes como la arquitectura, la música, la pintura, el teatro y la literatura son de una aportación invaluable en la llamada cultura occidental, y aún hoy época de incredulidad, se mantiene vivo en la mente y el alma de millones en muchas regiones de todo el planeta.

Por eso podemos decir que fue un domingo que cambió la historia, a ese domingo le llamamos ahora Domingo de Resurrección e inicia 50 días a los que conocemos como la Pascua. El laicismo ha pretendido cercenar al hombre, pero pese a su dictadura a través de las leyes y de la costumbre no ha podio ni podrá separar a un número muy grande de personas de algo que está en su naturaleza misma, su esencia religiosa que se debe manifestar en todos los aspectos de la vida.

 

Una educación que sea verdaderamente tal

En lo que hace referencia al tema educativo, el problema no es tanto el modo en que se ha ideado la promoción de los alumnos (hay muchas formas de recabar la opinión de los docentes). Tampoco, pienso yo, radica en si es conveniente valorar la aptitud de los alumnos más allá de las calificaciones (ciertamente, los niños y los jóvenes no pueden ser “medidos” por sus notas; tantas veces a algunos alumnos los boletines les llevan a dudar sobre su valor como personas). El problema real es creer que la democracia, el voto, la opinión… Establece la verdad de las cosas.   

En definitiva, el inconveniente de estas mociones que algunos están imponiendo, en el fondo, no es tanto que dificultan transmitir a las nuevas generaciones criterios válidos y ciertos (reglas de comportamiento, objetivos creíbles en torno a los cuales construir la propia vida, interés por el conocimiento, aprender a enfrentarse a los desafíos…), como que introducen en la escuela la duda sobre el significado mismo de la verdad. “Cuando vacilan los cimientos y fallan las certezas esenciales –cito a Benedicto XVI- la necesidad de esos valores vuelve a sentirse de modo urgente”. Fue profético en sus palabras: cada día aumenta la exigencia de una educación que sea verdaderamente tal.  

Juan García. 

 

No todo lo legal es moral

Estos últimos días hemos vivido el caso Piqué y del Presidente de la Federación de Futbol, aseguran que lo que hicieron fue legal pero muchos opinamos que no fue moral. No diferenciar legalidad y moralidad en general se trata de una irresponsabilidad compartida pues a una parte limitada de la sociedad le parece progresista y conquista de nuevos derechos. La ignorancia en estos temas capitales no excusa de la responsabilidad grave a los ojos de Dios. Es importante que los ciudadanos recordemos que lo legal no significa moral, porque llevamos décadas admitiendo consciente e inconscientemente que todo lo legal es moral, algo realmente falso, como se muestra en estas leyes inmorales e inhumanas que se han establecido.

Pues bien, cuando una sociedad va aceptando el aborto y la eutanasia, sin reaccionar ha iniciado su declive y puede perder un par de generaciones hasta que surjan líderes con principios, que han nacido y crecido en la resistencia moral y religiosa. De momento ya se ven núcleos fuertes de resistencia moral por personalidades e instituciones a modo de levadura que pueden transformar a la masa anónima en ciudadanos comprometidos con el bien común y con los principios morales universales.

En la reciente Audiencia General de febrero el Papa Francisco ha terminado las catequesis sobre la figura de San José, recodando las actitudes que debe custodiar un cristiano, que resume con estas palabras: «Custodiar la vida, custodiar el desarrollo humano, custodiar la mente humana, custodiar el corazón humano, custodiar el trabajo humano. El cristiano es —podemos decir— como san José: debe custodiar. Ser cristiano no es solo recibir la fe, confesar la fe, sino custodiar la vida, la propia vida, la vida de los otros, la vida de la Iglesia».

Toda Jornada a favor de la vida es un freno a la mal llamada cultura de la muerte porque lo que cultivan las ideologías y leyes a favor del aborto y de la eutanasia es favorecer un desierto sin vida y sin sentido que aboca al nihilismo.

Jesús D Mez Madrid

 

"Si a la vida"

Miles de personas llenaron las calles de Madrid el domingo 27 de marzo para decir una vez más "si a la vida" y dar un testimonio a contracorriente, en medio de una sociedad que vive indiferente, cuando no con complacencia, las políticas cada vez más agresivas de desprotección y ataque a la vida humana, y de estigmatización de aquellos que, desde la recta razón y el sentido común, se oponen a todo cuanto proviene de la cultura de la muerte.

En la estela del Día Internacional de las personas con Síndrome de Down y de la Jornada Mundial de la Vida, celebradas unos días antes, la manifestación volvio a ser un ejemplo de civismo y una respuesta valiente de la sociedad civil, que quiere seguir despertando tantas conciencias adormecidas. Su labor es encomiable y decisiva para seguir defendiendo a los que no tienen voz y que son muchas veces ignorados y atacados por aquellos que presumen de defender a los más vulnerables.

Jesús Domingo Martínez

 

Sacerdotes en el siglo XXI

En plenos trabajos para el Sínodo que debe impulsar una mayor participación de los laicos, se celebró en Roma un importante simposio sobre la teología del sacerdocio. El Vaticano es consciente del serio problema de imagen en algunos países por las actuaciones en el pasado de algunos presbíteros. Sería obviamente una gravísima injusticia generalizar a partir de la reprobable actuación de una pequeña minoría, pero incluso este punto ofrece un argumento más en apoyo de la línea que insistentemente mantiene el Papa frente al clericalismo y su correlato de los abusos de poder y conciencia.

Francisco inauguró el simposio con una intervención muy personal, plagada de referencias biográficas, a partir de las cuales ilustró la belleza de una vocación sacerdotal vivida al servicio del Pueblo de Dios, en comunión con la Iglesia y en fraternidad con el resto del presbiterio. La clave consiste en la relación entre el sacerdocio ministerial y aquel que reciben sin excepción todos los bautizados.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Por Ucrania… “Por todas las Ucranias”

 

                                De ello no se habla, pero la realidad lo confirma; y es una calamidad más a unir, a las que esta “alimaña guerrera”, cual considero a Wladimir Putin; ha provocado; puesto que el camino a seguir debiera ser todo lo contrario y hacer lo que hizo hace ya mucho tiempo, un país bastante próspero cual es Costa Rica en 1948 (1) la que hoy entre otras cosas, “exporta material de alta tecnología para el bienestar humano”; y lo que demuestra que el enorme costo, que es mantener un ejército militar, invertirlo en verdadero bienestar de la población es muy positivo, puesto que eso de, “si quieres la paz, prepárate para la guerra”, es algo que si bien fuera necesario en un pasado terrible, debe ser eliminado y buscar medios mucho más civilizados, para el entendimiento entre naciones. ¿Qué son necesarios ejércitos militarizados hoy?, sí, pero no para la guerra; y ello lo he tratado en diferentes artículos a lo largo de los años, por lo que el que quiera leerlos, que los busque en mi Web; y reitero; “el orden militar es necesario, pero no para la guerra entre hombres, tiene otras muchas misiones, a realizar en luchas también heroicas, y lo demuestra la “unidad militar”, que España, mantiene y que actualmente actúa en el desastre ocasionado por el volcán en la isla canaria, de la Palma.

                                La “caprichosa” guerra de exterminio que ha emprendido esa “alimaña humana”, cual es, “el nuevo zar de todas las Rusias”; empujado por unas ambiciones de poder y dinero, de difícil asimilación para cualquiera que piense y deduzca por sí mismo; es un crimen de tal magnitud, que indudablemente lo va a pagar Wladimir Putin; hasta la última gota de la sangre derramada y el último dolor producido por tan absurdo proceder, puesto que; el tribunal que lo juzgará es de los que no perdona nada, “que no se haya restituido antes”; y como lo dicho no es restituible, “ese tribunal divino”, le hará vivir, “infinidad de nuevas vidas en la que el criminal pagará con sus nuevos cuerpos y su única alma, todo cuanto está provocando”.

                                Y afirmo ello por cuanto sigue: Existe una ley universal, que los orientales denominan del Karma o de causa y efecto (2) y que establecida por La Creación o lo que denominamos Dios, nos rige a todos. De hecho hay ejemplos de ello en el transcurso de la propia vida del individuo en su presente; y los que empiezan “a pagar sus deudas”, en ella; lo que se puede comprobar en biografías célebres, refiero dos, “el rey Sol (Luís XIV) en Francia, y Enrique VIII en Inglaterra, y las muertes tan horribles que ambos tuvieron, “tras ser lo que fueron”. Igual ocurre en individuos de nuestro entorno, sólo hay que saberlo, puesto que parece ser que ello también guarda relación con la aseveración popular y que el pueblo la refiere así… “El que la hace la paga”.

                                Como ya he referido mis orígenes y nacimiento, como “hijo de una guerra de las peores, cual fuera la civil 1936-1939”; mi familia y yo sufrimos tanto sus consecuencias, que quizá por ello, mi “sensibilidad extrema a las guerras y sus consecuencias”, me permitió escribir en diciembre de 1985, un poema, bastante duro para quienes provocan las guerras. Lo titulé ¡GUERRA A LA GUERRA!; y figura en mi libro, “Pensando en… Andalucía”; y el que editado “a mis expensas”, pero en número suficiente, fue enviado como donación a las bibliotecas públicas de cientos de ciudades españolas, e igualmente a universidades extranjeras con departamento de lengua española, incluso a la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por lo que el que quiera, puede consultar en alguno de esos centros: El mismo dice así.

            ¡ GUERRA A LA GUERRA ! : ¿Por qué no se acaba la guerra? Aquel iluso preguntó... Y nadie le contestó... ¡Pues quién acaba con la guerra! ¿Y si muriera quién la provoca? -volvió a preguntar aquel loco- dijéronle a él... pues ¿Quién quita la horca al que ahorca? Sí... reconoció el preguntante. Antes... –al menos- iba delante. El primer general o comandante. El que arma en mano y arrogante. Virilidad, ideal o ambición: era la fe y el ardor, para conseguir el valor,  de cuantos marchaban en la acción. Al menos aquel guerrero que mandaba,  podía morir si no mataba, arriesgaba su propia vida, y a sus hombres con ello estimulaba. Hoy, ni ese cruel consuelo,  queda al que no entiende,  pues ni aprende ni comprende, al guerrero, a tirano o tiranuelo. Pero aún menos “a la sabandija”,  que declara, instiga o lanza con ferocidad,  en la más inicua impunidad, quedando él salvo de todo, excepto de su maldad. Lejos de él, arden los cadáveres,  mueren allí lejos, los hombres;  masacrados como zorros o liebres; sin saber por qué matan o mueren. Atrás quedan los brindis;  los negocios manchados en sangre;  los traidores y mercaderes;  los buitres en sus cantiles. Y no acaba la guerra,  por cuanto el oro lo impide,  y muere siempre “el de siempre”;  y vive de su sangre quién lo engaña. Prospera el que miente o mata,  pues siempre se da maña,  para comprar otras alimañas,  y devora así, con saña... A quién grita…  ¡Guerra a la guerra!,  lucha inútil y maldita, siempre presente en la Tierra.       Jaén: Diciembre 1985

(1) La abolición del ejército de Costa Rica se refiere a la supresión de todas las fuerzas armadas de Costa Rica llevada a cabo el 1 de diciembre de 1948 tras darse por finalizada la guerra civil de ese año. El evento en el cual se suprimieron las fuerzas armadas fue llevado a cabo en el antiguo Cuartel Bellavista, hoy Museo Nacional de Costa Rica, y fue encabezado por el presidente de la Junta Fundadora de la Segunda RepúblicaJosé Figueres Ferrer.

(2) El karma es un concepto central en muchas religiones asiáticas. Es un principio activo que rige casi todas las escuelas del budismo, el hinduismo, el taoísmo y el janismo. Aunque se suele pensar en él como una pauta única, en realidad se descompone en 12 leyes del karma. Estas sirven como hoja de ruta para que las personas puedan orientar su camino. No pocos expertos e investigadores han asociado al karma con la ley de causalidad universal. En este sentido, tus acciones (causas) determinan tu futuro (efectos). Esta idea ha desbordado las fronteras asiáticas y se ha establecido en la sociedad occidental.

 

MI ÚLTIMO POEMA: Esta misma madrugada…

 

RESIGNACIÓN

 

Y mirarás en las palmas de tus manos.

Y no verás sangre en ellas.

Y entrarás en tu sensible corazón.

Y lo encontrarás muy triste y dolorido.

Y querrás dormir “por los siglos”.

Y no para siempre querrás.

 

En la ciudad de Jaén, a las cuatro de su mañana, del 25 de abril del 2022: AGF 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)