Las Noticias de hoy 25 Abril 2022

Enviado por adminideas el Lun, 25/04/2022 - 12:29

80 voces cantarán juntas en Soria por la paz en Ucrania - SoriaNoticias

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 25 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

Francisco: el Señor comprende nuestra humanidad, ¡invoquémoslo!

Francisco: líderes políticos, por favor, escuchen la voz del pueblo que quiere la paz

El Papa: mejor una fe imperfecta pero humilde, que siempre vuelve a Jesús

El Papa a los jóvenes: superen las parálisis, levántense, cuiden, den testimonio

 SAN MARCOS EVANGELISTA : Francisco Fernandez Carbajal

25 de abril: san Marcos, evangelista

"No te duela que vean tus faltas" : San Josemaria

Aprender a perdonar

Matrimonio en el plan de Dios : encuentra.com

Educar ¿En qué? : Rosario Prieto

Vejez y jubilación, una oportunidad para aprovechar la vida : Ignasi de Bofarull

J. A. Pérez López: el arte de tomar buenas decisiones : Nuria Chinchilla

La palabra y la verdad : Jorge Hernández Mollar

Las obligaciones de los esposos según San Pedro

La visión cristiana de los padres de Europa : Alejandro Llano

La independencia de los jueces y de los fiscales : JD Mez Madrid

Los datos anuales de la asignación tributaria : José Morales Martín

Valores Cívicos y Éticos : Pedro García

“EL LIBRO” CERBANTES Y “SU VIDA” : Antonio García  Fuentes

 

ROME REPORTS

 

Francisco: el Señor comprende nuestra humanidad, ¡invoquémoslo!

Hay momentos difíciles, en los que parece que la vida desmiente a la fe, en los que estamos en crisis y necesitamos tocar y ver. ¡Señor mío y Dios mío! Las palabras del incrédulo Tomás, sobre todo cuando experimentamos dudas y oscuridad, son una linda invocación para repetir durante el día. Cuando lo hacemos, encontramos a Jesús, que desde los ojos de quienes son probados por la vida, nos mira con misericordia y nos repite: ¡La paz esté con ustedes!

Es el domingo de la Misericordia, y hoy “el Señor resucitado se aparece a los discípulos”. A ellos, que lo habían abandonado, “les ofrece su misericordia, mostrándoles sus llagas”. Comienza así la homilía del Papa en el domingo 24 de abril. Los cantos en la Basílica de San Pedro resuenan por la Pascua del Señor, y Francisco habla del saludo del Jesús Resucitado a los discípulos; un saludo que se menciona tres veces en el Evangelio de hoy: “¡La paz esté con ustedes!”

En los ojos de Jesús no hay severidad, sino misericordia

La homilía del Papa recorre los sentimientos de los discípulos en la tarde de Pascua: encerrados en la casa por el miedo, también estaban encerrados en sí mismos, abatidos por un sentimiento de fracaso. Eran discípulos que habían abandonado al Maestro, que habían huido en el momento de su arresto. “Pedro incluso lo había negado tres veces y uno del grupo —¡uno de ellos! — había sido el traidor”. El miedo había prevalecido y habían cometido "el gran pecado": dejar solo a Jesús en el momento más trágico. Antes de la Pascua pensaban que estaban hechos para grandes cosas, discutían sobre quién fuese el más grande entre ellos, y esas cosas. Ahora se encuentran, "tocando el fondo". En este clima, recuerda Francisco, “llega el primer ¡la paz esté con ustedes! del Resucitado”. Los discípulos deberían haber sentido vergüenza, y en cambio se llenan de alegría. “¿Por qué?”, pregunta el Papa. “Porque ese rostro, ese saludo, esas palabras desvían su atención de sí mismos a Jesús”. Los discípulos “se sienten atraídos por sus ojos, donde no hay severidad, sino misericordia”. 

Cristo no les recrimina el pasado, sino que les renueva su benevolencia. Y esto los reanima, les infunde en sus corazones la paz perdida, los hace hombres nuevos, purificados por un perdón que se les da sin cálculos, un perdón que se dona sin méritos.  

“Después de una caída, un pecado o un fracaso”, también nosotros "nos hemos sentidos como los discípulos aquella tarde", constata el Santo Padre. Pero “precisamente allí – asegura– el Señor hace ‘lo que sea’ para darnos su paz”: ya sea por medio de una Confesión, de las palabras de una persona que se muestra cercana, de una consolación interior del Espíritu Santo, de un acontecimiento inesperado y sorprendente, Dios se asegura de hacernos sentir el abrazo de su misericordia, una alegría que nace de recibir “el perdón y la paz”. Es importante, “hacer memoria” del perdón y la paz que recibimos de Dios, porque “nada puede seguir siendo como antes para quien experimenta la alegría de Dios”. 

Testigos de estas palabras: ¡La paz esté con ustedes!

En el segundo saludo, recuerda Francisco, el Señor agrega: “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes». Les da a los discípulos el Espíritu Santo, para hacerlos ministros de reconciliación. «A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados». Ellos “no sólo reciben misericordia”, subraya el Santo Padre, “sino que se convierten en dispensadores de esa misma misericordia que han recibido”. Reciben este poder, "no en base a sus méritos, a sus estudios, no, no: es un puro don de la gracia, que se apoya en su propia experiencia de hombres perdonados".  Y se dirige a los Misioneros de la Misericordia:

Si uno de ustedes no se siente perdonado, que se detenga y no sea misionero de la misericordia hasta que se sienta perdonado. De esa misericordia recibida serán capaces de dar tanta misericordia, de dar tanto perdón.

Por eso “hoy y siempre”, afirma el Obispo de Roma, “el perdón en la Iglesia nos debe llegar así: por medio de la humilde bondad de un confesor misericordioso, que sabe que no es el poseedor de un poder, sino un canal de la misericordia, que derrama sobre los demás el perdón del que él mismo ha sido el primer beneficiado”. "No torturen a los fieles que vienen con los pecados" pide a los confesores, porque Dios "lo perdona todo".

Porque "hemos recibido en el Bautismo el Espíritu Santo para ser hombres y mujeres de reconciliación”, debemos también "compartir el pan de la misericordia con los que están a nuestro lado”. Así, el Papa insta a preguntarnos: 

Yo, aquí donde vivo, en la familia, en el trabajo, en mi comunidad, ¿promuevo la comunión, soy artífice de reconciliación? ¿Me comprometo a calmar los conflictos, a llevar perdón donde hay odio, paz donde hay rencor? ¿O caigo en el mundo de las habladurías, que siempre matan, siempre? Jesús busca que seamos ante el mundo testigos de estas palabras suyas: ¡La paz esté con ustedes!  He recibido la paz: la doy al otro.

 

24/04/2022El Papa: mejor una fe imperfecta pero humilde, que siempre vuelve a Jesús

El Señor comprende nuestra humanidad, ¡invoquémoslo!

La tercera vez que el Señor repite “la paz esté con ustedes”, lo hace para confirmar la fe tambaleante de Tomas que quiere “ver y tocar”. El Señor, recuerda el Santo Padre “no se escandaliza de su incredulidad, sino que va a su encuentro: ‘Trae aquí tu dedo y mira mis manos’”.

No son palabras desafiantes, sino de misericordia. Jesús comprende la dificultad de Tomás, no lo trata con dureza y el apóstol se conmueve interiormente ante tanta bondad. Y es así que de incrédulo se vuelve creyente, y hace esta confesión de fe tan sencilla y hermosa: «¡Señor mío y Dios mío!»

Porque en Tomás “está la historia de todo creyente, de cada uno de nosotros”, la invocación que hace ante el Señor podemos hacerla nuestra, y repetirla durante el día, sobre todo cuando experimentamos dudas y oscuridad.

Jesús, en estas situaciones, no viene hacia nosotros de modo triunfante y con pruebas abrumadoras, no hace milagros rimbombantes, sino que ofrece cálidos signos de misericordia.

Pensemos en nuestros hermanos que sufren

Y porque “la misericordia de Dios, en nuestras crisis y en nuestros cansancios, a menudo nos pone en contacto con los sufrimientos del prójimo”, descubrimos también las llagas de nuestros hermanos y hermanas:

Pensábamos que éramos nosotros los que estábamos en la cúspide del sufrimiento, en el culmen de una situación difícil, y descubrimos que aquí, permaneciendo en silencio, hay alguien que está pasando momentos, períodos peores. 

Preguntémonos entonces – pide el Papa Francisco - si en este último tiempo hemos tocado las llagas de alguien que sufra en el cuerpo o en el espíritu; si hemos llevado paz a un cuerpo herido o a un espíritu quebrantado; si hemos dedicado un poco de tiempo a escuchar, acompañar y consolar. Porque, “cuando lo hacemos, encontramos a Jesús, que desde los ojos de quienes son probados por la vida, nos mira con misericordia y nos dice: 

¡La paz esté con ustedes!”.

Me gusta pensar en la presencia de la Virgen entre los apóstoles, allí, y cómo después de Pentecostés pensamos en ella como Madre de la Iglesia – concluye el Santo Padre. Me gusta pensar en ella el lunes, después del Domingo de la Misericordia, como Madre de la Misericordia: que Ella - es la esperanza del Papa Francisco - nos ayude a avanzar en nuestro ministerio tan bell

El Caravaggio, la Incredulidad de Santo Tomás

 

 

Francisco: líderes políticos, por favor, escuchen la voz del pueblo que quiere la paz

Una vez más el Papa renueva su llamamiento apremiante por la paz y lo hace tras la oración del Regina Coeli, en el día en que muchas iglesias celebran la Pascua según el calendario juliano: "Se detenga el ataque para ir al encuentro de los sufrimientos de la población agotada. Se detenga, en obediencia a las palabras del Resucitado, que el día de Pascua repite a sus discípulos: "¡La paz esté con ustedes!". El pensamiento del Papa también en Camerún, desgarrado por la violencia en varias regiones

“Por favor, los líderes políticos escuchen la voz del pueblo que quiere la paz”. La súplica del Papa Francisco en el Domingo de la Misericordia tras el Regina Coeli, va precedido por el saludo a las varias iglesias orientales, católicas y ortodoxas, y a las diversas comunidades latinas que hoy celebran la Pascua según el calendario juliano. 

Francisco, que clama que Cristo ha verdaderamente resucitado, reza para que “llene de esperanza las buenas expectativas de los corazones” y para que Él “done la paz, ultrajada por la barbarie de la guerra”. 

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24/04/2022Francisco: el Señor comprende nuestra humanidad, ¡invoquémoslo!

En el día en que se cumplen dos meses del inicio de la guerra que “en lugar de detenerse se ha intensificado”, el Santo Padre renueva su llamamiento a una tregua pascual, “una señal mínima y tangible de una voluntad de paz”. Habla de la tristeza de que precisamente en estos días, “los más santos y solemnes para todos los cristianos, se escuche más el fragor mortal de las armas en lugar del sonido de las campanas que anuncian la Resurrección”. Y añade: “es triste que las armas estén ocupando cada vez más el lugar de la palabra”.

“Se detenga el ataque, para ir al encuentro de los sufrimientos de la población agotada; se detenga, en obediencia a las palabras del Resucitado, que el día de Pascua repite a sus discípulos: "¡La paz esté con ustedes!".”

A todos Francisco pide aumentar las oraciones por la paz, y tener el “valor de decir, de manifestar que la paz es posible”: 

“Los líderes políticos, por favor, escuchen la voz del pueblo, que quiere la paz, no una escalada del conflicto.”

El Papa también expresa su gratitud a los numerosos participantes en la Marcha extraordinaria Perugia-Assisi por la Paz y la Fraternidad, que tiene lugar hoy, así como a todos los que se han sumado para dar vida a manifestaciones similares en otras ciudades de Italia.

Dios conceda paz verdadera a Camerún

Antes de saludar a todos los fieles y peregrinos el Obispo recuerda que los obispos de Camerún y sus fieles realizan hoy una peregrinación nacional al santuario mariano de Marianberg, para volver a consagrar el país a la Madre de Dios y ponerlo bajo su protección. Rezan en particular - dice - por el retorno de la paz a su país, desgarrado por la violencia en varias regiones desde hace más de cinco años. Y pide elevar también nuestra oración a Dios, junto con nuestros hermanos y hermanas de Camerún, para que por intercesión de la Virgen María, conceda pronto una paz verdadera y duradera a este querido país.

 

El Papa: mejor una fe imperfecta pero humilde, que siempre vuelve a Jesús

Jesús, el Resucitado, “sólo espera que lo busquemos, que lo invoquemos, incluso que protestemos, como Tomás, llevándole nuestras necesidades y nuestra incredulidad”. Lo repite el Papa Francisco en el Regina Coeli, comentando el Evangelio del día de hoy. Prometámonos, pide Francisco, "volver a buscar a Jesús".

 

El Evangelio de hoy nos muestra la “crisis” de Tomás para decirnos que no debemos temer las crisis de la vida y la fe. El Papa Francisco lo repite antes de rezar el Regina Coeli, en el último día de la Octava de Pascua, tras la Santa Misa de la Divina Misericordia, comentando, como cada domingo, el Evangelio del Día. Se centra en Tomás y Jesús:

En primer lugar, el apóstol Tomás representa a todos nosotros, que no estábamos presentes en el cenáculo cuando el Señor se apareció y no hemos tenido otras señales o apariciones físicas de Él. También a nosotros, como aquel discípulo, a veces nos resulta difícil: ¿cómo podemos creer que Jesús ha resucitado, que nos acompaña y es el Señor de nuestras vidas sin haberlo visto ni tocado? ¿Cómo se hace para creer en esto? ¿Por qué no nos da algún signo más evidente de su presencia y de su amor? Algún signo que yo pueda ver mejor.. He aquí que nosotros también somos como Tomás, con las mismas dudas, los mismos razonamientos.

Explica el Santo Padre, que, al contarnos la historia de Tomás el Evangelio nos dice que el Señor no busca cristianos perfectos, que nunca duden y siempre hagan alarde de una fe segura. “No”, afirma. “La aventura de la fe, como para Tomás, está hecha de luces y sombras. Si no, ¿qué tipo de fe sería? Conoce momentos de consuelo, impulso y entusiasmo, pero también de cansancio, pérdida, dudas y oscuridad”. 

El Señor no busca cristianos perfectos. Les digo: tengo miedo cuando veo a algunos cristianos, a alguna asociación de cristianos que se creen los perfectos. El Señor no busca cristianos perfectos; el Señor no busca cristianos que nunca duden y siempre hagan alarde de una fe segura. Cuando un cristiano es así, hay algo que no va bien. 

Mejor una fe imperfecta pero humilde

Sucede que, según el Sumo Pontífice, las crisis de la vida y la fe muchas veces nos hacen humildes “porque nos despojan de la idea de tener razón, de ser mejores que los demás”. Las crisis "no son pecado, son camino, no debemos temerles", asegura. Ellas nos ayudan a reconocer nuestra necesidad, aquella de Dios, de volver al Señor para experimentar su amor: por eso “es mejor una fe imperfecta pero humilde, que siempre vuelve a Jesús, que una fe fuerte pero presuntuosa, que nos hace orgullosos y arrogantes”. Eso porque el Señor “que no se rinde, no se cansa de nosotros, no tiene miedo de nuestras crisis y debilidades”, asegura Francisco. “Él siempre vuelve: cuando se cierran las puertas, vuelve; cuando dudamos, vuelve; cuando, como Tomás, necesitamos encontrarlo y tocarlo más de cerca, vuelve”.

Siempre vuelve, toca a la puerta siempre, y no con signos poderosos que nos harían sentir pequeños e inadecuados, también vergonzosos, sino con sus llagas, vuelve mostrándonos sus llagas que son signos de su amor que ha desposado nuestras fragilidades.

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Jesús es el Señor "de las otras oportunidades"

Por eso el Obispo de Roma también hoy, en el Domingo de Misericordia, no se cansa de repetirnos que Jesús, el Resucitado, “sólo espera que lo busquemos, que lo invoquemos, incluso que protestemos, como Tomás, llevándole nuestras necesidades y nuestra incredulidad”. 

Él vuelve, porque es paciente y misericordioso. Viene a abrir los cenáculos de nuestros miedos y de nuestra incredulidad, porque siempre quiere darnos otra oportunidad. Jesús es el Señor "de las otras oportunidades": siempre nos da otra, siempre. 

Pensemos, invita también el Santo Padre, en la última vez que, durante un momento difícil o un período de crisis, nos hemos encerrado en nosotros mismos, atrincherándonos en nuestros problemas y dejando a Jesús fuera de casa. Pero también “prometámonos”, la próxima vez, en nuestro cansancio, buscar a Jesús, volver a Él, a su perdón, a esas llagas que nos han curado. Así seremos capaces también de compasión, “de acercarnos sin rigidez ni prejuicios a las llagas de los demás”.

La Plaza de San Pedro en el Segundo Domingo de Pascua

 

 

El Papa a los jóvenes: superen las parálisis, levántense, cuiden, den testimonio

La misión hay que vivirla “cada día”. Para ello, el Santo Padre Francisco dio algunas indicaciones a los jóvenes de Missio Giovani, a partir de tres verbos que les pidió que pongan en práctica. Hay que vivir “no como muertos, sino como resucitados” les dijo.

 

Levantarse del propio sedentarismo, cuidar de los hermanos y dar testimonio del Evangelio de la alegría. Tres recomendaciones, a partir de tres verbos tomados del Evangelio, dio el Papa Francisco a los jóvenes llegados a Roma de distintos territorios de Italia para el Congreso Misionero Juvenil, con ocasión el 50 aniversario del nacimiento del Movimiento Juvenil Misionero de las Obras Misionales Pontificias, hoy conocido como "Missio Giovani". 

La misión, les dijo el Papa, hay que vivirla cada día. Por eso con tres pasajes del Nuevo Testamento que ve a Jesús y los discípulos en acción, el Santo Padre señaló “tres movimientos muy concretos” que espera puedan sostener el recorrido de los jóvenes en el futuro: levántate, cuida y da testimonio.

Supera las parálisis: ¡Levántate!

El primer verbo -levántate- está tomado del episodio del Evangelio de Lucas en el que Jesús devuelve la vida al hijo de la viuda de Naín (7:11-17). El Señor se compadece de la madre que llora a su hijo y le dice “¡No llores!”. Lo dice, explicó el Papa, “para iniciar una acción”, porque Jesús “se interesa por el dolor de los que sufren”. Él “ha venido a salvar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte”, y al joven le dice: "Yo te lo ordeno, levántate". Devolver la vida a este muchacho – explicó - significa dar un futuro también a su madre y a toda la comunidad. 

Esta palabra de Jesús sigue resonando en el corazón de muchos jóvenes de hoy, y a cada uno le dirige la invitación: "Te digo ¡levántate!". Este es el primer sentido de la misión sobre el que los invito a reflexionar: Jesús nos da la fuerza para levantarnos y nos pide que salgamos de la muerte del egoísmo, de la parálisis del egoísmo, de la pereza y de la superficialidad. 

Sucede que estas parálisis “están por todas partes”, nota Francisco. Y son ellas “las que nos bloquean y nos hacen vivir una fe de museo, no una fe fuerte, una fe más muerta que viva”. Por eso “para resolver esta fea actitud”, Jesús dice: ‘¡Levántate!’. Es para que sean "relanzados" hacia un futuro de vida, lleno de esperanza y caridad hacia nuestros hermanos y hermanas.

Cuida de tus hermanos 

El segundo verbo, “cuidar”, el Papa lo toma de la parábola del Buen Samaritano, que, a diferencia de los dos ministros del culto que ven al herido pero pasan de largo, se detiene ante él y lo cuida: “lo hace con inteligencia – hace notar Francisco a los jóvenes. Le presta los primeros auxilios que puede, luego lo lleva a una posada y le paga al dueño para que lo cuide durante los próximos días”. 

Vivir la caridad de forma dinámica e inteligente, es, pues, la recomendación del Santo Padre a los chicos y chicas de la “Missio Giovani”, para que utilicen sus habilidades y pongan su inteligencia al servicio de la organización de la caridad con proyectos “de gran alcance”: 

Hoy les toca a ustedes, ¡pero no son los primeros! ¡Cuántos misioneros "buenos samaritanos" han vivido la misión cuidando a sus hermanos heridos en el camino! Siguiendo sus pasos, con un estilo y unas maneras adaptadas a nuestro tiempo, ahora les toca a ustedes llevar a cabo una caridad discreta y eficaz, una caridad fantasiosa e inteligente, no episódica sino continua en el tiempo, capaz de acompañar a las personas en su camino de sanación y crecimiento. 

Da testimonio, ¡vive como un resucitado!

Porque “todo cristiano, bautizado en agua y Espíritu Santo, está llamado a vivir como si estuviera inmerso en una Pascua perenne y, por tanto, a vivir como resucitado”, el Papa Francisco les dió a los jóvenes el tercer verbo: dar testimonio. Lo tomó de los Hechos de los Apóstoles, que narra de las apariciones de Jesús a los discípulos tras su resurrección. Jesús, precisó el Santo Padre, “lo hizo para explicarles el misterio de su muerte, para perdonarles por haber huido en el momento de la prueba, pero sobre todo para animarles a ser sus testigos en todo el mundo”. Y animó: 

¡No vivir como muertos, vivir como resucitados! Este don no es para nosotros solos, sino que está destinado a ser compartido con todos. La misión no puede sino estar motivada por el entusiasmo de poder compartir por fin esta felicidad con los demás. Una hermosa y enriquecedora experiencia de fe, que también sabe lidiar con las inevitables resistencias de la vida, se vuelve casi naturalmente convincente. Cuando alguien cuenta el Evangelio con su propia vida, traspasa incluso los corazones más duros.

Una sonrisa sincera

Concluyendo, Francisco invitó a los chicos a leer las últimas páginas de la Exhortación Apostólica  Evangelii Nuntiandi de San Pablo VI que describe el evangelizador y les recomendó:

El anuncio debe hacerse con una sonrisa: pero no con una sonrisa profesional, o la que se utiliza en la publicidad de la pasta de dientes, no, eso no funciona. Eso no sirve de nada. El anuncio debe hacerse con una sonrisa, con una sonrisa sincera, y no con tristeza.

Compartan siempre la Buena Nueva - finalizó - y se sentirán felices. 

 

SAN MARCOS EVANGELISTA*

Fiesta

— Colaborador de Pedro.

— Recomenzar siempre para llegar a ser buenos instrumentos del Señor.

— El mandato apostólico.

I. Desde muy joven, San Marcos fue uno de aquellos primeros cristianos de Jerusalén que vivieron en torno a la Virgen y a los Apóstoles, a los que conoció con intimidad: la madre de Marcos fue una de las primeras mujeres que ayudaron a Jesús y a los Doce con sus bienes. Marcos era, además, primo de Bernabé, una de las grandes figuras de aquella primera hora, quien le inició en la tarea de propagar el Evangelio. Acompañó a Pablo y a Bernabé en el primer viaje apostólico1; pero al llegar a Chipre, Marcos, que quizá no se sintió con fuerzas para seguir adelante, los abandonó y se volvió a Jerusalén2. Esta falta de constancia disgustó a Pablo, hasta tal punto que, al planear el segundo viaje, Bernabé quiso llevar de nuevo a Marcos, pero Pablo se opuso por haberles abandonado en el viaje anterior. La diferencia fue tal que, a causa de Marcos, la expedición se dividió, y Pablo y Bernabé se separaron y llevaron a cabo viajes distintos.

Unos diez años más tarde, Marcos se encuentra en Roma, ayudando esta vez a Pedro, quien le llama mi hijo3, señalando una íntima y antigua relación entrañable. Marcos está en calidad de intérprete del Príncipe de los Apóstoles, lo cual será una circunstancia excepcional que se reflejará en su Evangelio, escrito pocos años más tarde. Aunque San Marcos no recoge algunos de los grandes discursos del Maestro, nos ha dejado, como en compensación, la viveza en la descripción de los episodios de la vida de Jesús con sus discípulos. En sus relatos podemos acercarnos a las pequeñas ciudades de la ribera del lago de Genesaret, sentir el bullicio de sus gentes que siguen a Jesús, casi conversar con algunos de sus habitantes, contemplar los gestos admirables de Cristo, las reacciones espontáneas de los Doce...; en una palabra, asistir a la historia evangélica como si fuéramos uno más de los participantes en los episodios. Con esos relatos tan vivos el Evangelista consigue su propósito de dejar en nuestra alma el atractivo, arrollador y sereno a la vez, de Jesucristo, algo de lo que los mismos Apóstoles sentían al convivir con el Maestro. San Marcos, en efecto, nos transmite lo que San Pedro explicaba con la honda emoción que no pasa con los años, sino que se hace cada vez más profunda y consciente, más penetrante y entrañable. Se puede afirmar que el mensaje de Marcos es el espejo vivo de la predicación de San Pedro4.

San Jerónimo nos dice que «Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, puso por escrito su Evangelio, a ruego de los hermanos que vivían en Roma, según lo que había oído predicar a este. Y el mismo Pedro, habiéndolo escuchado, lo aprobó con su autoridad para que fuese leído en la Iglesia»5. Fue sin duda la principal misión de su vida: transmitir fielmente las enseñanzas de Pedro. ¡Cuánto bien ha hecho a través de los siglos! ¡Cómo debemos agradecerle hoy el amor que puso en su trabajo y la correspondencia fiel a la inspiración del Espíritu Santo! También la fiesta que celebramos es una buena ocasión para examinar qué atención, qué amor prestamos a esa lectura diaria del Santo Evangelio, que es Palabra de Dios dirigida expresamente a cada uno de nosotros: ¡cuántas veces hemos hecho de hijo pródigo, o nos hemos servido de la oración del ciego Bartimeo –Domine, ut videam!, ¡Señor, que vea!– o de la del leproso -Domine, si vis, potes me mundare!, ¡Señor, si quieres, puedes limpiarme...!. ¡Cuántas veces hemos sentido en lo hondo del alma que Cristo nos miraba y nos invitaba a seguirle más de cerca, a romper con un hábito que nos alejaba de Él, a vivir mejor la caridad, como discípulos suyos, con esas personas que nos costaba un poco más...!

II. Marcos permaneció varios años en Roma. Además de servir a Pedro, lo vemos como colaborador de Pablo en su ministerio6. A aquel que no quiso que le acompañara en su segundo viaje apostólico, ahora le sirve de profundo consuelo7, siéndole muy fiel. Todavía más tarde, hacia el año 66, el Apóstol pide a Timoteo que venga con Marcos, pues este le es muy útil para el Evangelio8. El incidente de Chipre, de tanta resonancia en aquellos momentos primeros, está ya completamente olvidado. Es más, Pablo y Marcos son amigos y colaboradores en aquello que es verdaderamente lo importante, la extensión del Reino de Cristo. ¡Qué ejemplo para que nosotros no formemos nunca juicios definitivos sobre las personas! ¡Qué enseñanza para saber, si fuera preciso, reconstruir una amistad que parecía rota para siempre!

La Iglesia nos lo propone hoy como modelo. Y puede ser un gran consuelo y un buen motivo de esperanza para muchos de nosotros contemplar la vida de este santo Evangelista, pues, a pesar de las propias flaquezas, podemos, como él, confiar en la gracia divina y en el cuidado de nuestra Madre la Iglesia. Las derrotas, las cobardías, pequeñas o grandes, han de servirnos para ser más humildes, para unirnos más a Jesús y sacar de Él la fortaleza que nosotros no tenemos.

Nuestras imperfecciones no nos deben alejar de Dios y de nuestra misión apostólica, aunque veamos en algún momento que no hemos correspondido del todo a las gracias del Señor, o que hemos flaqueado quizá cuando los demás esperaban firmeza... En esas y en otras circunstancias, si se dieran, no debemos sorprendernos, «pues no tiene nada de admirable que la enfermedad sea enferma, la debilidad débil y la miseria mezquina. Sin embargo -aconseja San Francisco de Sales detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has hecho a Dios y, con valor y confianza en su misericordia, prosigue el camino de la virtud que habías abandonado»9.

Las derrotas y las cobardías tienen su importancia, y por eso acudimos al Señor y le pedimos perdón y ayuda. Pero, precisamente porque Dios confía en nosotros, debemos recomenzar cuanto antes y disponernos a ser más fieles, porque contamos con una gracia nueva. Y junto al Señor aprenderemos a sacar fruto de las propias debilidades, precisamente cuando el enemigo, que nunca descansa, pretendía desalentarnos y, con el desánimo, que abandonáramos la lucha. Jesús nos quiere suyos a pesar, si la hubo, de una historia anterior de debilidades.

III. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación10, leemos hoy en la Antífona de entrada. Es el mandato apostólico recogido por San Marcos. Y más adelante, el Evangelista, movido por el Espíritu Santo, da testimonio de que este mandato de Cristo ya se estaba cumpliendo en el momento en que escribe su Evangelio: los Apóstoles, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban11. Son las palabras finales de su Evangelio.

San Marcos fue fiel al mandato apostólico que tantas veces oiría predicar a Pedro: Id al mundo entero... Él mismo, personalmente y a través de su Evangelio, fue levadura eficaz en su tiempo, como lo debemos ser nosotros. Si ante su primera derrota no hubiera reaccionado con humildad y firmeza, quizá no tendríamos hoy el tesoro de las palabras y de los hechos de Jesús, que tantas veces hemos meditado, y muchos hombres y mujeres no habrían sabido nunca -a través de él que Jesús es el Salvador de la humanidad y de cada criatura.

La misión de Marcos, como la de los Apóstoles, los evangelizadores de todos los tiempos, y la del cristiano que es consecuente con su vocación, no debió resultar fácil, como lo prueba su martirio. Debió estar lleno de alegrías, y también de incomprensiones, fatigas y peligros, siguiendo las huellas del Señor.

Gracias a Dios, y también a esta generación que vivió junto a los Apóstoles, ha llegado hasta nosotros la fuerza y el gozo de Cristo. Pero cada generación de cristianos, cada hombre, debe recibir esa predicación del Evangelio y a su vez transmitirlo. La gracia del Señor no faltará nunca: non est abbreviata manus Domini12, el poder de Dios no ha disminuido. «El cristiano sabe que Dios hace milagros: que los realizó hace siglos, que los continuó haciendo después y que los sigue haciendo ahora»13. Nosotros, cada cristiano, con la ayuda del Señor, haremos esos milagros en las almas de nuestros parientes, amigos y conocidos, si permanecemos unidos a Cristo mediante la oración.

1 Cfr. Hech 13, 5-13. — 2 Cfr. Hech 13, 13. — 3 1 Pdr 5, 13. — 4 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, pp. 468-469. — 5 San Jerónimo, De script. eccl. — 6 Cfr. Fil 24. — 7 Col 4, 10-11. — 8 2 Tim 4, 11. — 9 San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, 3, 9. — 10 Antífona de entrada. Mc 16, 15. — 11 Mc 16, 20. — 12 Is 59, 1. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 50.

Marcos, aunque de nombre romano, era judío de nacimiento y era conocido también con el nombre hebreo de Juan. Conoció con toda probabilidad a Jesucristo, aunque no fue de los Doce Apóstoles. Muchos autores eclesiásticos ven, en el episodio del muchacho que soltó la sábana y huyó a la hora del prendimiento de Jesús en Getsemaní, una especie de firma velada del propio Marcos a su Evangelio, ya que solo él lo relata. Este dato viene corroborado por el hecho de que Marcos era hijo de María, al parecer viuda de desahogada posición económica, en cuya casa se reunían los primeros cristianos de Jerusalén. Una antigua tradición afirma que esa era la misma casa del Cenáculo, donde el Señor celebró la Última Cena e instituyó la Sagrada Eucaristía.

Era primo de San Bernabé, y acompañó a San Pablo en su primer viaje apostólico y estuvo a su lado a la hora de su muerte. En Roma fue también discípulo de San Pedro. En su Evangelio expuso con fidelidad, inspirado por el Espíritu Santo, la enseñanza del Príncipe de los Apóstoles. Según una antigua tradición recogida por San Jerónimo, San Marcos -después del martirio de San Pedro y San Pablo, bajo el emperador Nerón se dirigió a Alejandría, cuya Iglesia le reconoce como su evangelizador y primer Obispo. De Alejandría, en el año 825, fueron trasladadas sus reliquias a Venecia, donde se le venera como Patrono.

 

25 de abril: san Marcos, evangelista

Comentario de la fiesta de san Marcos evangelista. “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. Las personas nos necesitan. Necesitan de nuestra alegría para que, a través de ella, descubran a Jesús en sus vidas.

Fachada de la basílica de san Marcos, Venecia.

25/04/2022

Evangelio (Mc 16, 15-20)

Y les dijo:

—Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará. A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados.

El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban.


Comentario

Hoy la Iglesia celebra a San Marcos, uno de los cuatro evangelistas, muy cercano al apóstol Pedro. El Evangelio de Marcos fue el primero en ser escrito. Con un estilo sencillo y muy cercano nos narra la vida del Señor. Según la Tradición, San Marcos fundó y fue el primer obispo de la Iglesia de Alejandría. Allí dejó una huella indeleble de su amor por Cristo.

En el evangelio de hoy Jesús se para, reúne a los discípulos en torno a él y les da un último mandato: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. Les mira y elevándose se despide bendiciéndoles.

El mandato de predicar el Evangelio, es considerado por los discípulos como un gran don de Dios. Un don que quiere transmitir a los demás. “La fe siempre te lleva a salir de ti mismo. Salir. La transmisión de la fe; la fe debe ser transmitida, debe ser ofrecida, especialmente con el testimonio: “Id, que la gente vea cómo vivís” (cf. v. 15)”1.

Los discípulos, llenos de alegría, vuelven a la ciudad santa y desde allí comienzan a predicar la buena nueva por todo el mundo. Jesucristo es su amigo íntimo, porque saben que Él está con ellos, que Él es fiel a sus promesas. Han aprendido a fiarse de Él. No ponen su confianza en ellos, ni en sus fuerzas, ni en sus capacidades.

La Ascensión del Señor no es un “adiós”, un “hasta luego”, sino, paradójicamente, un “me quedo”. Ellos se fían de la promesa hecha por Jesucristo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). No dudan de su presencia en ellos y, de modo central, en la Eucaristía.

Una alegría que se traduce en un abrirse en abanico para llevar ese Amor hasta el último rincón del mundo. Los discípulos del Señor eran hombres y mujeres a los que Dios confió todos los hombres. Y esa tarea les colmó de una alegría aún mayor. Reflejaban en su rostro la gloria del Señor: el brillo de su rostro enamorado.

San Marcos no solo trasmite esa fe, sino que la hace vida suya, es mediante su ejemplo y su vida como se transmite como el fuego.

“La fe es hacer ver la revelación, para que el Espíritu Santo pueda actuar en la gente mediante el testimonio: como testigo, con el servicio. El servicio es un modo de vivir: si digo que soy cristiano y vivo como un pagano, ¡no vale! Esto no convence a nadie. Si digo que soy cristiano y vivo como tal, eso atrae. Es el testimonio”2.

También nos ha elegido y nos ha confiado a todos los hombres: a nuestros padres, hermanos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, la humanidad entera.

El apostolado es una consecuencia lógica de la alegría de estar con Jesús. Como enseña san Josemaría, “el apostolado es amor de Dios, que se desborda, dándose a los demás. La vida interior supone crecimiento en la unión con Cristo, por el Pan y la Palabra. Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior. Cuando se paladea el amor de Dios se siente el peso de las almas”3.

Las personas nos necesitan. Necesitan de nuestra alegría para que, a través de ella, descubran a Jesús en sus vidas. En nuestro quehacer cotidiano, en nuestras miradas limpias, en nuestras conversaciones llenas de comprensión, en nuestros afanes por servir, comprender, animar y perdonar, Jesucristo resucitado se hace presente llenándolo todo de su alegría. Este mundo, no tan distinto del mundo de los hombres y mujeres que acompañaron al Señor, necesita de cristianos que lleven en su rostro ese brillo de un Dios enamorado.


[1] Papa Francisco. Homilía 25-IV-2020

[2] Íbid.

[3] San Josemaría, “La Ascensión del Señor a los cielos”, Es Cristo que pasa, n. 122a.

 

"No te duela que vean tus faltas"

Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me dejas. (Camino, 591)

25 de abril

No olvides que eres... el depósito de la basura. -Por eso, si acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia... y te llena de magníficas flores..., ni el aroma ni el color, que embellecen tu fealdad, han de ponerte orgulloso.

-Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios? (Camino, 593)

No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo. (Camino, 594)

No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler.

-Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. -No te cause pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti. (Camino, 596)

 

Aprender a perdonar

El arte de convivir está estrechamente relacionado con la capacidad de pedir perdón y de perdonar. Todos somos débiles y caemos con frecuencia. Tenemos que ayudarnos mutuamente a levantarnos siempre de nuevo. Lo conseguimos, muchas veces, a través del perdón. Artículo de Jutta Burggraf.

14/04/2021

Sumario

Prólogo

I. ¿Qué quiere decir «perdonar»?

1. Reaccionar ante un mal.

2. Actuar con libertad.

3. Recordar el pasado.

4. Renunciar a la venganza.

5. Mirar al agresor en su dignidad personal.

II. ¿Qué actitudes nos disponen a perdonar?

1. Amor.

2. Comprensión.

3. Generosidad.

4. Humildad.

III. Reflexión final


Prólogo

Todos hemos sufrido alguna vez injusticias y humillaciones; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes.

¿Cómo reaccionamos ante un mal que alguien nos ha ocasionado con cierta intencionalidad? Normalmente, desearíamos espontáneamente pegar a los que nos han pegado, o hablar mal de los que han hablado mal de nosotros. Pero esta actuación es como un bumerán: nos daña a nosotros mismos. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.

Sólo en el perdón brota nueva vida. Por esto es tan importante educar en el "arte" de practicarlo.

I. ¿Qué quiere decir "perdonar"?

¿Qué es el perdón? ¿Qué hago cuando digo a una persona: "Te perdono"? Es evidente que reacciono ante un mal que alguien me ha hecho; actúo, además, con libertad; no olvido simplemente la injusticia, sino que renuncio a la venganza y quiero, a pesar de todo, lo mejor para el otro. Vamos a considerar estos diversos elementos con más detenimiento.

1. Reaccionar ante un mal

En primer lugar, ha de tratarse realmente de un mal para el conjunto de mi vida. Si un cirujano me quita un brazo que está peligrosamente infectado, puedo sentir dolor y tristeza, incluso puedo montar en cólera contra el médico. Pero no tengo que perdonarle nada, porque me ha hecho un gran bien: me ha salvado la vida. Situaciones semejantes pueden darse en la educación. No todo lo que parece mal a un niño es nocivo para él. Los buenos padres no conceden a sus hijos todos los caprichos que ellos piden; los forman en la fortaleza. Una maestra me dijo en una ocasión: "No me importa lo que mis alumnos piensan hoy sobre mí. Lo importante es lo que piensen dentro de veinte años." El perdón sólo tiene sentido, cuando alguien ha recibido un daño objetivo de otro.

Por otro lado, perdonar no consiste, de ninguna manera, en no querer ver este daño, en colorearlo o disimularlo. Algunos pasan de largo las injurias con las que les tratan sus colegas o sus cónyuges, porque intentan eludir todo conflicto; buscan la paz a cualquier precio y pretenden vivir continuamente en un ambiente armonioso. Parece que todo les diera lo mismo. "No importa" si los otros no les dicen la verdad; "no importa" cuando los utilizan como meros objetos para conseguir unos fines egoístas; "no importan" tampoco el fraude o el adulterio. Esta actitud es peligrosa, porque puede llevar a una completa ceguera ante los valores. La indignación e incluso la ira son reacciones normales y hasta necesarias en ciertas situaciones. Quien perdona, no cierra los ojos ante el mal; no niega que existe objetivamente una injusticia. Si lo negara, no tendría nada que perdonar(1).

Si uno se acostumbra a callarlo todo, tal vez pueda gozar durante un tiempo de una aparente paz; pero pagará finalmente un precio muy alto por ella, pues renuncia a la libertad de ser él mismo. Esconde y sepulta sus frustraciones en lo más profundo de su corazón, detrás de una muralla gruesa, que levanta para protegerse. Y ni siquiera se da cuenta de su falta de autenticidad. Es normal que una injusticia nos duela y deje una herida. Si no queremos verla, no podemos sanarla. Entonces estamos permanentemente huyendo de la propia intimidad (es decir, de nosotros mismos); y el dolor nos carcome lenta e irremediablemente. Algunos realizan un viaje alrededor del mundo, otros se mudan de ciudad. Pero no pueden huir del sufrimiento. Todo dolor negado retorna por la puerta trasera, permanece largo tiempo como una experiencia traumática y puede ser la causa de heridas perdurables. Un dolor oculto puede conducir, en ciertos casos, a que una persona se vuelva agria, obsesiva, medrosa, nerviosa o insensible, o que rechace la amistad, o que tenga pesadillas. Sin que uno lo quiera, tarde o temprano, reaparecen los recuerdos. Al final, muchos se dan cuenta de que tal vez, habría sido mejor, hacer frente directa y conscientemente a la experiencia del dolor. Afrontar un sufrimiento de manera adecuada es la clave para conseguir la paz interior.

2. Actuar con libertad

El acto de perdonar es un asunto libre. Es la única reacción que no re-actúa simplemente, según el conocido principio "ojo por ojo, diente por diente"(2). El odio provoca la violencia, y la violencia justifica el odio. Cuando perdono, pongo fin a este círculo vicioso; impido que la reacción en cadena siga su curso. Entonces libero al otro, que ya no está sujeto al proceso iniciado. Pero, en primer lugar, me libero a mí mismo. Estoy dispuesto a desatarme de los enfados y rencores. No estoy "re-accionando", de modo automático, sino que pongo un nuevo comienzo, también en mí.

Superar las ofensas, es una tarea sumamente importante, porque el odio y la venganza envenenan la vida. El filósofo Max Scheler afirma que una persona resentida se intoxica a sí misma(3). El otro le ha herido; de ahí no se mueve. Ahí se recluye, se instala y se encapsula. Queda atrapada en el pasado. Da pábulo a su rencor con repeticiones y más repeticiones del mismo acontecimiento. De este modo arruina su vida.

Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar y de insatisfacción generales. En consecuencia, uno no se siente a gusto en su propia piel. Pero, si no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar. Los recuerdos amargos pueden encender siempre de nuevo la cólera y la tristeza, pueden llevar a depresiones. Un refrán chino dice: "El que busca venganza debe cavar dos fosas."

En su libro Mi primera amiga blanca, una periodista norteamericana de color describe cómo la opresión que su pueblo había sufrido en Estados Unidos le llevó en su juventud a odiar a los blancos, "porque han linchado y mentido, nos han cogido prisioneros, envenenado y eliminado"(4). La autora confiesa que, después de algún tiempo, llegó a reconocer que su odio, por muy comprensible que fuera, estaba destruyendo su identidad y su dignidad. Le cegaba, por ejemplo, ante los gestos de amistad que una chica blanca le mostraba en el colegio. Poco a poco descubrió que, en vez de esperar que los blancos pidieran perdón por sus injusticias, ella tenía que pedir perdón por su propio odio y por su incapacidad de mirar a un blanco como a una persona, en vez de hacerlo como a un miembro de una raza de opresores. Encontró el enemigo en su propio interior, formado por los prejuicios y rencores que le impedían ser feliz.

Las heridas no curadas pueden reducir enormemente nuestra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporcionadas y violentas, que nos sorprendan a nosotros mismos. Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse. Parece dura, pero es insegura; está atormentada por malas experiencias.

Hace falta descubrir las llagas para poder limpiarlas y curarlas. Poner orden en el propio interior, puede ser un paso para hacer posible el perdón. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos darlo. Podemos renunciar a la venganza, pero no al dolor. Aquí se ve claramente que el perdón, aunque está estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad que no se reduce a nuestro estado psíquico(5). Se puede perdonar llorando.

Cuando una persona ha realizado este acto eminentemente libre, el sufrimiento pierde ordinariamente su amargura, y puede ser que desaparezca con el tiempo. "Las heridas se cambian en perlas," dice Santa Hildegarda de Bingen.

3. Recordar el pasado

Es una ley natural que el tiempo "cura" algunas llagas. No las cierra de verdad, pero las hace olvidar. Algunos hablan de la "caducidad de nuestras emociones"(6). Llegará un momento en que una persona no pueda llorar más, ni sentirse ya herida. Esto no es una señal de que haya perdonado a su agresor, sino que tiene ciertas "ganas de vivir". Un determinado estado psíquico -por intenso que sea- de ordinario no puede convertirse en permanente. A este estado sigue un lento proceso de desprendimiento, pues la vida continúa. No podemos quedarnos siempre ahí, como pegados al pasado, perpetuando en nosotros el daño sufrido. Si permanecemos en el dolor, bloqueamos el ritmo de la naturaleza.

La memoria puede ser un cultivo de frustraciones. La capacidad de desatarse y de olvidar, por tanto, es importante para el ser humano, pero no tiene nada que ver con la actitud de perdonar. Ésta no consiste simplemente en "borrón y cuenta nueva". Exige recuperar la verdad de la ofensa y de la justicia, que muchas veces pretende camuflarse o distorsionarse. El mal hecho debe ser reconocido y, en lo posible, reparado.

Hace falta "purificar la memoria". Una memoria sana puede convertirse en maestra de vida. Si vivo en paz con mi pasado, puedo aprender mucho de los acontecimientos que he vivido. Recuerdo las injusticias pasadas para que no se repitan, y las recuerdo como perdonadas.

4. Renunciar a la venganza

Como el perdón expresa nuestra libertad, también es posible negar al otro este don. El judío Simon Wiesenthal cuenta en uno de sus libros de sus experiencias en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Un día, una enfermera se acercó a él y le pidió seguirle. Le llevó a una habitación donde se encontraba un joven oficial de la SS que estaba muriéndose. Este oficial contó su vida al preso judío: habló de su familia, de su formación, y cómo llegó a ser un colaborador de Hitler. Le pesaba sobre todo un crimen en el que había participado: en una ocasión, los soldados a su mando habían encerrado a 300 judíos en una casa, y habían quemado la casa; todos murieron. "Sé que es horrible -dijo el oficial-. Durante las largas noches, en las que estoy esperando mi muerte, siento la gran urgencia de hablar con un judío sobre esto y pedirle perdón de todo corazón." Wiesenthal concluye su relato diciendo: "De pronto comprendí, y sin decir ni una sola palabra, salí de la habitación"(7). Otro judío añade: "No, no he perdonado a ninguno de los culpables, ni estoy dispuesto ahora ni nunca a perdonar a ninguno"(8).

Perdonar significa renunciar a la venganza y al odio. Existen, por otro lado, personas que no se sienten nunca heridas. No es que no quieran ver el mal y repriman el dolor, sino todo lo contrario: perciben las injusticias objetivamente, con suma claridad, pero no dejan que ellas les molesten. "Aunque nos maten, no pueden hacernos ningún daño," es uno de sus lemas(9). Han logrado un férreo dominio de sí mismos, parecen de una ironía insensible. Se sienten superiores a los demás hombres y mantienen interiormente una distancia tan grande hacia ellos que nadie puede tocar su corazón. Como nada les afecta, no reprochan nada a sus opresores. ¿Qué le importa a la luna que un perro le ladre? Es la actitud de los estoicos y quizá también de algunos "gurus" asiáticos que viven solitarios en su "magnanimidad". No se dignan mirar siquiera a quienes "absuelven" sin ningún esfuerzo. No perciben la existencia del "pulgón".

El problema consiste en que, en este caso, no hay ninguna relación interpersonal. No se quiere sufrir y, por tanto, se renuncia al amor. Una persona que ama, siempre se hace pequeña y vulnerable. Se encuentra cerca a los demás. Es más humano amar y sufrir mucho a lo largo de la vida, que adoptar una actitud distante y superior a los otros. Cuando a alguien nunca le duele la actuación de otro, es superfluo el perdón. Falta la ofensa, y falta el ofendido.

5. Mirar al agresor en su dignidad personal

El perdón comienza cuando, gracias a una fuerza nueva, una persona rechaza todo tipo de venganza. No habla de los demás desde sus experiencias dolorosas, evita juzgarlos y desvalorizarlos, y está dispuesta a escucharles con un corazón abierto.

El secreto consiste en no identificar al agresor con su obra(10). Todo ser humano es más grande que su culpa. Un ejemplo elocuente nos da Albert Camus, que se dirige en una carta pública a los nazis y habla de los crímenes cometidos en Francia: "Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres… Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás"(11). Cada persona está por encima de sus peores errores.

Hace pensar una anécdota que se cuenta de un general del siglo XIX. Cuando éste se encontraba en su lecho de muerte, un sacerdote le preguntó si perdonaba a sus enemigos. "No es posible -respondió el general-. Les he mandado ejecutar a todos"(12).

El perdón del que hablamos aquí no consiste en saldar un castigo, sino que es, ante todo, una actitud interior. Significa vivir en paz con los recuerdos y no perder el aprecio a ninguna persona. Se puede considerar también a un difunto en su dignidad personal. Nadie está totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz.

Al perdonar, decimos a alguien: "No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad eres mucho mejor." Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad.

II. ¿Qué actitudes nos disponen a perdonar?

Después de aclarar, en grandes líneas, en qué consiste el perdón, vamos a considerar algunas actitudes que nos disponen a realizar este acto que nos libera a nosotros y también libera a los demás.

1. Amor

Perdonar es amar intensamente. El verbo latín per-donare lo expresa con mucha claridad: el prefijo per intensifica el verbo que acompaña, donare. Es dar abundantemente, entregarse hasta el extremo. El poeta Werner Bergengruen ha dicho que el amor se prueba en la fidelidad, y se completa en el perdón.

Sin embargo, cuando alguien nos ha ofendido gravemente, el amor apenas es posible. Es necesario, en un primer paso, separarnos de algún modo del agresor, aunque sea sólo interiormente. Mientras el cuchillo está en la herida, la herida nunca se cerrará. Hace falta retirar el cuchillo, adquirir distancia del otro; sólo entonces podemos ver su rostro. Un cierto desprendimiento es condición previa para poder perdonar de todo corazón, y dar al otro el amor que necesita.

Una persona sólo puede vivir y desarrollarse sanamente, cuando es aceptada tal como es, cuando alguien la quiere verdaderamente, y le dice: "Es bueno que existas"(13). Hace falta no sólo "estar aquí", en la tierra, sino que hace falta la confirmación en el ser para sentirse a gusto en el mundo, para que sea posible adquirir una cierta estimación propia y ser capaz de relacionarse con otros en amistad. En este sentido se ha dicho que el amor continúa y perfecciona la obra de la creación(14).

Amar a una persona quiere decir hacerle consciente de su propio valor, de su propia belleza. Una persona amada es una persona aprobada, que puede responder al otro con toda verdad: "Te necesito para ser yo mismo."

Si no perdono al otro, de alguna manera le quito el espacio para vivir y desarrollarse sanamente. Éste se aleja, en consecuencia, cada vez más de su ideal y de su autorrealización. En otras palabras, le mato, en sentido espiritual. Se puede matar, realmente, a una persona con palabras injustas y duras, con pensamientos malos o, sencillamente, negando el perdón. El otro puede ponerse entonces triste, pasivo y amargo. Kierkegaard habla de la "desesperación de aquel que, desesperadamente, quiere ser él mismo", y no llega a serlo, porque los otros lo impiden(15).

Cuando, en cambio, concedemos el perdón, ayudamos al otro a volver a la propia identidad, a vivir con una nueva libertad y con una felicidad más honda.

2. Comprensión

Es preciso comprender que cada uno necesita más amor que "merece"; cada uno es más vulnerable de lo que parece; y todos somos débiles y podemos cansarnos. Perdonar es tener la firme convicción de que en cada persona, detrás de todo el mal, hay un ser humano vulnerable y capaz de cambiar. Significa creer en la posibilidad de transformación y de evolución de los demás.

Si una persona no perdona, puede ser que tome a los demás demasiado en serio, que exija demasiado de ellos. Pero "tomar a un hombre perfectamente en serio, significa destruirle," advierte el filósofo Robert Spaemann(16). Todos somos débiles y fallamos con frecuencia. Y, muchas veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestros actos: "no sabemos lo que hacemos"(17). Cuando, por ejemplo, una persona está enfadada, grita cosas que, en el fondo, no piensa ni quiere decir. Si la tomo completamente en serio, cada minuto del día, y me pongo a "analizar" lo que ha dicho cuando estaba rabiosa, puedo causar conflictos sin fin. Si lleváramos la cuenta de todos los fallos de una persona, acabaríamos transformando en un monstruo, hasta al ser más encantador.

Tenemos que creer en las capacidades del otro y dárselo a entender. A veces, impresiona ver cuánto puede transformarse una persona, si se le da confianza; cómo cambia, si se le trata según la idea perfeccionada que se tiene de ella. Hay muchas personas que saben animar a los otros a ser mejores. Les comunican la seguridad de que hay mucho bueno y bello dentro de ellos, a pesar de todos sus errores y caídas. Actúan según lo que dice la sabiduría popular: "Si quieres que el otro sea bueno, trátale como si ya lo fuese."

3. Generosidad

Perdonar exige un corazón misericordioso y generoso. Significa ir más allá de la justicia. Hay situaciones tan complejas en las que la mera justicia es imposible. Si se ha robado, se devuelve; si se ha roto, se arregla o sustituye. ¿Pero si alguien pierde un órgano, un familiar o un buen amigo? Es imposible restituirlo con la justicia. Precisamente ahí, donde el castigo no cubre nunca la pérdida, es donde tiene espacio el perdón.

El perdón no anula el derecho, pero lo excede infinitamente. Es por naturaleza incondicional, ya que es un don gratuito del amor, un don siempre inmerecido. Esto significa que el que perdona no exige nada a su agresor, ni siquiera que le duela lo que ha hecho. Antes, mucho antes que el agresor busca la reconciliación, el que ama ya le ha perdonado.

El arrepentimiento del otro no es una condición necesaria para el perdón, aunque sí es conveniente. Es, ciertamente, mucho más fácil perdonar cuando el otro pide perdón. Pero a veces hace falta comprender que en los que obran mal hay bloqueos, que les impiden admitir su culpabilidad.

Hay un modo "impuro" de perdonar(18), cuando se hace con cálculos, especulaciones y metas: "Te perdono para que te des cuenta de la barbaridad que has hecho; te perdono para que mejores." Pueden ser fines educativos loables, pero en este caso no se trata del perdón verdadero que se concede sin ninguna condición, al igual que el amor auténtico: "Te perdono porque te quiero -a pesar de todo."

Puedo perdonar al otro incluso sin dárselo a entender, en el caso de que no entendería nada. Es un regalo que le hago, aunque no se entera, o aunque no sabe por qué.

4. Humildad

Hace falta prudencia y delicadeza para ver cómo mostrar al otro el perdón. En ocasiones, no es aconsejable hacerlo enseguida, cuando la otra persona está todavía agitada. Puede parecerle como una venganza sublime, puede humillarla y enfadarla aún más. En efecto, la oferta de la reconciliación puede tener carácter de una acusación. Puede ocultar una actitud farisaica: quiero demostrar que tengo razón y que soy generoso. Lo que impide entonces llegar a la paz, no es la obstinación del otro, sino mi propia arrogancia.

Por otro lado, es siempre un riesgo ofrecer el perdón, pues este gesto no asegura su recepción y puede molestar al agresor en cualquier momento. "Cuando uno perdona, se abandona al otro, a su poder, se expone a lo que imprevisiblemente puede hacer y se le da libertad de ofender y herir (de nuevo)"(19). Aquí se ve que hace falta humildad para buscar la reconciliación.

Cuando se den las circunstancias -quizá después de un largo tiempo- conviene tener una conversación con el otro. En ella se pueden dar a conocer los propios motivos y razones, el propio punto de vista; y se debe escuchar atentamente los argumentos del otro. Es importante escuchar hasta el final, y esforzarse por captar también las palabras que el otro no dice. De vez en cuando es necesario "cambiar la silla", al menos mentalmente, y tratar de ver el mundo desde la perspectiva del otro.

El perdón es un acto de fuerza interior, pero no de voluntad de poder. Es humilde y respetuoso con el otro. No quiere dominar o humillarle. Para que sea verdadero y "puro", la víctima debe evitar hasta la menor señal de una "superioridad moral" que, en principio, no existe; al menos no somos nosotros los que podemos ni debemos juzgar acerca de lo que se esconde en el corazón de los otros. Hay que evitar que en las conversaciones se acuse al agresor siempre de nuevo. Quien demuestra la propia irreprochabilidad, no ofrece realmente el perdón. Enfurecerse por la culpa de otro puede conducir con gran facilidad a la represión de la culpa de uno mismo. Debemos perdonar como pecadores que somos, no como justos, por lo que el perdón es más para compartir que para conceder.

Todos necesitamos el perdón, porque todos hacemos daño a los demás, aunque algunas veces quizá no nos demos cuenta. Necesitamos el perdón para deshacer los nudos del pasado y comenzar de nuevo. Es importante que cada uno reconozca la propia flaqueza, los propios fallos -que, a lo mejor, han llevado al otro a un comportamiento desviado-, y no dude en pedir, a su vez, perdón al otro.

III. Reflexión final

Hemos hablado de una labor interior auténtica y dura. No podemos negar que la exigencia del perdón llega en ciertos casos al límite de nuestras fuerzas. ¿Se puede perdonar cuando el opresor no se arrepiente en absoluto, sino que incluso insulta a su víctima y cree haber obrado correctamente? ¿Puede una madre perdonar jamás al asesino de su hijo? Podemos perdonar, por lo menos, a una persona que nos ha dejado completamente en ridículo ante los demás, que nos ha quitado la libertad o la dignidad, que nos ha engañado, difamado o destruido algo que para nosotros era muy importante? Quizá nunca será posible perdonar de todo corazón, al menos si contamos sólo con nuestra propia capacidad. Pero un cristiano cuenta, además, con la ayuda todopoderosa de Dios. "Con mi Dios, salto los muros," canta el salmista. Podemos referir estas palabras a los muros que están en nuestro corazón. Con la ayuda de buenos amigos y, sobre todo, con la gracia de Dios, es posible realizar esta tarea sumamente difícil y liberarnos a nosotros mismos. Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un gran alivio. Significa optar por la vida y actuar con creatividad.

Sin embargo, no parece adecuado dictar comportamientos a las víctimas. Hay que dejar a una persona todo el tiempo que necesite para llegar al perdón. Si alguien le acusara de rencorosa o vengativa, engrandaría su herida. Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo de la Edad Media, aconseja a quienes sufren, entre otras cosas, que no se rompan la cabeza con argumentos, ni leer, ni escribir; antes que nada, deben tomar un baño, dormir y hablar con un amigo(20). En un primer momento, generalmente no somos capaces de aceptar un gran dolor. Antes que nada, debemos tranquilizarnos, aceptar que nos cuesta perdonar, que necesitamos tiempo. Seguir el ritmo de nuestra naturaleza nos puede ayudar mucho. No podemos sorprendernos frente a tales dificultades, tanto si son propias, como si son ajenas.

Si conseguimos crear una cultura del perdón, podremos construir juntos un mundo habitable, donde habrá más vitalidad y fecundidad; podremos proyectar juntos un futuro realmente nuevo. Para terminar, nos pueden ayudar unas sabias palabras: "¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona."

Jutta Burggraf, teóloga alemana recientemente fallecida, escribió este artículo para "Retos de futuro en educación". (Ed. por O.F. Otero. Madrid 2004). In memoriam (1952-2010)


Notas

1 Se ha destacado que la justicia, junto con la verdad, son los presupuestos del perdón. Cfr. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz Ofrece el perdón, recibe la paz, 1-I-1997.

2 Mt 5,38.

3 M. SCHELER, Das Ressentiment im Aufbau der Moralen, en Vom Umsturz der Werte, Bern 51972, pp.36s.

4 P. RAYBON, My First White Friend, New York 1996, p.4s.

5 Cfr. D. von HILDEBRAND, Moralia, Werke IX, Regensburg 1980, p.338.

6 A. KOLNAI, Forgiveness, en B. WILLIAMS; D. WIGGINS (eds.), Ethics, Value and Reality. Selected Papers of Aurel Kolnai, Indianapolis 1978, p.95.

7 Cfr. S. WIESENTHAL, The Sunflower. On the Possibilities and Limits of Forgiveness, New York 1998. Sin embargo, la cuestión del perdón se presenta abierta para este autor. Cfr. IDEM, Los límites del perdón, Barcelona 1998.

8 P. LEVI, Sí, esto es un hombre, Barcelona 1987, p.186. Cfr. IDEM, Los hundidos y los salvados, Barcelona 1995, p.117.

9 Se suele atribuir esta frase al filósofo estoico Epicteto, que era un esclavo. Cfr. EPICTETO, Handbüchlein der Moral, ed. por H. Schmidt, Stuttgart 1984, p.31.

10 El odio no se dirige a las personas, sino a las obras. Cfr. Rm 12,9. Apoc 2,6.

11 A. CAMUS, Carta a un amigo alemán, Barcelona 1995, p.58.

12 Cfr. M. CRESPO, Das Verzeihen. Eine philosophische Untersuchung, Heidelberg 2002, p.96.

13 J. PIEPER, Über die Liebe, München 1972, p.38s.

14 Cfr. ibid., p.47.

15 S. Kierkegaard, Die Krankheit zum Tode, München 1976, p.99.

16 R. SPAEMANN, Felicidad y benevolencia, Madrid 1991, p.273.

17 Pero también existe un no querer ver, una ceguera voluntaria. Cfr. D. von HILDEBRAND, Sittlichkeit und ethische Werterkenntnis. Eine Untersuchung über ethische Strukturprobleme, Vallendar 31982, p.49.

18 Cfr. V. JANKÉLÉVITCH, El perdón, Barcelona 1999, p.144.

19 A. CENCINI, Vivir en paz, Bilbao 1997, p.96.

20 Cfr. TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-II, q.22.

 

 Matrimonio en el plan de Dios

El matrimonio es una alianza de personas en el amor, donde intervienen no sólo un hombre y una mujer, sino también Cristo.

¿No habéis leído que al principio el Creador "los hizo hombre y mujer" y dijo: Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre.[1]

1. ¿Qué es el matrimonio? ¿De dónde proviene?

La familia arranca de la comunión conyugal que el Concilio Vaticano II califica como "alianza", por la que el hombre y la mujer "se entregan y aceptan mutuamente".[2]

El Matrimonio es la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole.[3]

La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de las manos del Creador. El matrimonio no es una institución meramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes. (…) existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial.[4]

La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar.[5]

El matrimonio, el matrimonio sacramento, es una alianza de personas en el amor. Y el amor puede ser profundizado y custodiado solamente por el amor, aquel amor que es "derramado" en nuestros corazones "por el Espíritu Santo que nos ha sido dado."[6] (…) Esta "fuerza del hombre interior" es necesaria en la vida familiar, especialmente en sus momentos críticos, es decir, cuando el amor —manifestado en el rito litúrgico del consentimiento matrimonial con las palabras: "Prometo serte fiel… todos los días de mi vida"— está llamado a superar una difícil prueba.[7]

El Matrimonio cristiano es pues el sacramento por el cual un hombre y una mujer firman un pacto sagrado. Como Cristo instituyó este sacramento, El también les da al hombre y a la mujer una vocación para el matrimonio. Por eso en el pacto intervienen no sólo un hombre y una mujer, sino también Cristo.

Así como los que son llamados al sacerdocio o a una vocación religiosa dedican gran parte de su tiempo a la oración y a la preparación, los llamados al matrimonio también deben dedicar tiempo a la oración, preparándose para recibir este sacramento.

Estar concientes de que el matrimonio es una vocación (llamada) a la santidad para la cual Cristo nos llama y, por tanto, buscar ser fieles a este llamado, es encontrar la clave para un matrimonio feliz. En la unión del matrimonio, Cristo da al esposo y a la esposa la gracia sacramental necesaria para realizar sus deberes maritales.[8]

Al venir a restablecer el orden inicial de la creación alterado por el pecado, el propio Jesús le ha dado a la gente la fuerza y la gracia necesarias para vivir su matrimonio en la nueva dimensión del reino de Dios. Al seguir a Cristo, negándose a ellos mismos, y cargando sus cruces, los esposos podrán, con la ayuda de Cristo, aceptar[9] y vivir el significado original del matrimonio.[10]

Al establecer el matrimonio como una vocación en la vida, Dios le dió las características que permiten al amor humano alcanzar su perfección y que la vida familiar sea plena y fructífera. Por su propia naturaleza, la sociedad que se establece se orienta hacia el bien de la pareja y de los hijos que ésta traiga al mundo.[11] Fuera del matrimonio, o sin una realización adecuada de su naturaleza, no existen las condiciones adecuadas para que el amor humano fructifique ni para que la vida familiar sea exitosa.

Queda pues claro que el matrimonio no fue inventado por el hombre. El propio Dios lo estableció cuando creó a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal. Desde el principio, el matrimonio ha sido mucho mas que una institución humana. Es una institución sabia de Dios para realizar en la humanidad su designio de amor. La sociedad íntima de la vida y amor en el matrimonio ha sido establecida por el Creador y dotada de sus propias leyes. Dios Mismo es el autor del matrimonio.[12]

2. ¿A qué nos referimos cuando decimos que el Matrimonio fue elevado por Cristo a Sacramento?

Para los cristianos, Cristo elevó esta unión de esposo y esposa a la dignidad de sacramento. Se convirtió en un pacto sagrado, una imagen de la unión de Cristo y de su Iglesia y una fuente de gracia especial. San Pablo escribió: Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella para santificarla…[13]

Nuestro modelo para el matrimonio no puede basarse en imágenes propagadas por la sociedad, sino en Cristo, su Iglesia y la Sagrada Familia.

El verdadero significado del matrimonio sólo puede provenir de Jesucristo a través de la Iglesia. El matrimonio requiere de un conocimiento básico de la fe cristiana y de la verdadera naturaleza del sacramento del Matrimonio.

Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento.[14]

Un matrimonio, contraído válidamente entre personas bautizadas, siempre es un sacramento de Cristo y de su Iglesia.[15] Por la gracia del Sacramento del matrimonio cristiano, los esposos están unidos el uno al otro en la forma más profunda e indisoluble. La pertenencia de uno al otro es la representación real, por medio del signo sacramental, de la propia relación de Cristo con la Iglesia.[16]

 


 

[1] Mateo 19, 4-6

 

[2] C.A.F. 7 y GS 48

 

[3] C.I.C. 1055,1

 

[4] C.C.C. 1603

 

[5] ibid. y GS 47, 1

 

[6] Rom. 5,5

 

[7] C.A.F. 7

 

[8] Cf. Mateo 19, 10

 

[9] Cf. Mateo 19, 11

 

[10] Cf. C.C.C. 1615

 

[11] Cf. C.I.C. 1055.1 y C.C.C. 1601, 1660

 

[12] Cf. C.C.C. 1603; G.S. 48 y H.V. 8

 

[13] Efesios 5, 25

 

[14] C.I.C. 1055.2

 

[15] Cf. C.I.C. 1055.2 y C.C.C. 1617

 

[16] Cf. C.C.C. 1617 y F.C. 13

 

 

Abreviaciones:

C.A.F

Carta a las familias, Ediciones Paulinas, México 1994

C.C.C

Catecismo de la Iglesia Católica, Ronma, Librería Editrice Vaticana, 1992. .

C.I.C

Codex Iuris Canonici (Código de Derecho Canónico) Ediciones Paulinas, México, 1983

D.E.

Directorio para el Ecumenismo, National Conference of Catholic Bishops (N.C.C.B)

(Conferencia Episcopal de los Estados Unidos), Origins vol 23, no. 9, julio 29, 1993

F.C.

Familiaris Consortio: El papel de la Familia en el Mundo Moderno. Juan Pablo II, Roma, Librería Editrice Vaticana, 1981

S.C.A.

Siga el Camino del Amor: Mensaje Pastoral para las Familias, N.C.C.B., Origins vol no. 25, 1993

G.S.

Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II, 1985

G.E.

Gravissimum educationis, Concilio Vasticano II, 1965

H.V.

Humanae Vitae. Paulo VI. Librería Editrice Vaticana, 1968

L.G.

Lumen Gentium, Concilio Vaticano II, 1964

M.D.

Mulieris Dignitalis. Juan Pablo II. Roma, Librería Editrice Vaticana, 1988

N.C.C.B.

National Conference of Catholic Bishops of the United States (Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de Estados Unidos.

O.C.J.

One in Christ Jesus (Uno en Cristo Jesús): Toward a Pastoral Response to the Concerns of Women for Church and Society, por la N.C.C.B., Ad Hoc Committee for a Pastoral Response to Women"s Concerns, Origins vol 22; no. 29, 1993.

S.C.

Sacrosantum Concilium, Concilio Vaticano II, 1963

 

Educar ¿En qué?

Los padres y madres comprometidos con su familia, están llamados a darse enteramente, a donar su persona en favor del bien del otro, en concreto, primero el esposo a la esposa y la esposa al esposo; después ambos de modo individual y en conjunto buscar con todo el amor el bienestar y el bienser de sus hijos, de cada uno de ellos, los primogénitos, los niños “sándwich” o los de en medio, y los benjamines o pilones, los más pequeños de casa.

Hoy más que nunca se tienen una cantidad de recursos, casi infinitos sobre cada tema y cuando hablamos de educación, no es la excepción, al contrario, es de lo que más hay en el mercado, en las librerías, páginas en internet de cómo ser padres, artículos hay millones de la educación a los hijos; pero mucho ojo ¡Eh! Porque ni todos los libros, ni todas las páginas, ni artículos, son los mejores consejeros… Hay mucha basura y es preciso tener cuidado, recordemos que se trata de la educación de tus hijos, tus tesoros, tus herederos, las luces de tus ojos y querrás por supuesto lo mejor para ellos, para que sean felices siempre.

Así es, queremos todos los padres y madres, que nuestros hijos crezcan sanos y salvos, sean felices y exitosos, y para ello la mejor educación que podemos darles es educarles en todo, y particularmente enseñarles a ser buenos, a través de la educación de las virtudes.

Esta palabra “virtud”, como que no nos suena mucho, o si creemos que la hemos escuchado, tal vez fue al sacerdote, a la religiosa, en algún retiro, en la Santa Misa; pero a ciencia cierta no sabemos ni qué es una virtud.

Una virtud, es un hábito operativo bueno, que al repetirlo va configurando al ser de la persona de modo que empieza siendo una persona que ejerce la virtud, a una persona virtuosa. Por ejemplo, una persona que hace orden en su escritorio, y lo hace cada día implicando un esfuerzo intencionado, aunque le cueste trabajo, aunque le dé flojera, aunque sea tarde… es una persona que se está ejercitando en la virtud del orden y con el paso del tiempo, se configura  como una persona ordenada al adquirir el hábito del orden y lo aplica no sólo en su escritorio, sino en todas las áreas de su vida; claro, que se dice rápido y se lee fácil, pero ganarse el título de persona virtuosa es tarea de toda la vida.

Por eso a los padres nos toca como tarea importantísima y urgente, enseñar y enamorar a los hijos de lo que son las virtudes, pero no solo eso, sino mostrarles lo que es vivir una vida virtuosa. A través de su ejemplo primero y también en coherencia con sus palabras; para que sepan y vivan los hijos, el qué y el cómo de cada virtud.

La mejor educación es la educación en virtudes, porque de esa manera educamos para madurar, para la felicidad que no se acaba, para ser personas de bien, siendo personas de bien y esforzándonos por transmitir eso de generación en generación.

Rosario Prieto

 

Vejez y jubilación, una oportunidad para aprovechar la vida

Envejecer no es sinónimo de paro y vacío. Al jubilarse una persona puede llevar una vida activa y comprometerse con iniciativas que aumenten su calidad de vida y le llenen de paz y alegría

Los mayores se encuentran en la jubilación ante un cierto vacío sin no se empeñan en construir un nuevo relato sobre sus vidas. Si la jubilación es una parada en seco las consecuencias pueden ser una pérdida de sentido de la vida que repercute en la salud y la longevidad.

La alternativa es el envejecimiento activo, concepto definido por la OMS (Organización Mundial de la Salud, 2002) como“el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas que envejecen”.

La idea básica es que un mayor no debe bajar los brazos y debe comprometerse en tareas sociales, culturales, económicas, cívicas o espirituales.

En ocasiones estas actividades están relacionadas con su campo profesional en el plano de la asesoría y la consulta. Se está hablando mucho del envejecimiento productivo y del valor económico del valioso saber-hacer (know how) de los mayores que acumulan una auténtico conocimiento profesional que no se puede desperdiciar.

El campo cultural es amplísimo tanto en el plano creador como el plano del disfrute: teatro, literatura, arte, ciencias. Se trata de seguir jugando un papel importante en la sociedad desde la calidad y cantidad del tiempo del cual se dispone y ahí aparece el voluntariado.

El voluntariado social es una actividad de compromiso cívico, a menudo espiritual, donde los mayores pueden dispensar una gran ayuda. Gozan de experiencia, han vivido y aprendido a vivir y su asesoría personal y vital es muy necesaria en la visita a enfermos, en la ayuda a discapacitados, en la formación de niños y jóvenes, en las iniciativas sostenibles y solidarias o de cualquier tipo que nos podamos imaginar.

Pero definamos el voluntariado social formal (estructurado en una asociación) como aquella actividad emprendida por un individuo que tiene como objetivo ayudar a otros a mejorar a la comunidad en sus necesidades.Es una acción emprendida con libre albedrío, y no pagada (quizá algún gasto de movilidad), que se haya estructurada por una organización que asegura una concreción de fines, plataformas y convenios con las instituciones ayudadas: bibliotecas, hospitales, escuelas, particulares, etc.

Los resultados no son solo los beneficios para las personas ayudadas sino el bienestar para el propio voluntario en términos de salud, equilibrio psicológico, sentido de la vida. Un mayor recién jubilado que se incorpora a un voluntariado social va a ser más feliz y va a mejorar su salud, longevidad y sociabilidad. Los beneficios generan una paz interior que se traduce en una barrera para la depresión y que aumenta la satisfacción personal y la calidad de vida.

Y no solo porque percibe la ayuda que dispensa a las personas necesitadas, sino porque realiza abundante actividad física y se siente parte de una empresa de miras altas y porque además comparte objetivos con personas de su edad que le contagian con el mismo talante vital: el gozo de saberse útiles y queridos. La pasividad ha sido sustituida por la actividad y la espera resignada, estresante, da paso a unas iniciativas que no hablan de conformismo sino de un quehacer productivo, sano y emprendedor.

Los estudios sobre el voluntariado de los mayores también señalan que el voluntariado social ayuda a superar el duelo ante las pérdidas que a estas edades son más frecuentes: la muerte de los cónyuges, un pariente o un amigo.

Pero vayamos a la raíz: una de las circunstancias que más nos fortalecen en nuestra existencia –a los mayores y a los no tan mayores-es el sentido de la vida. Si la vida tiene sentido, entendido este concepto desde los trabajos de Viktor Frankl (1905-1997), el motor interior se engrasa y entonces sé es capaz de casi todo.

Necesitamos una sociedad de mayores voluntarios comprometidos cívicamente pues son quienes poseen una delicadeza en el pensar y en el cuidar que los más jóvenes a veces no podemos ni paladear. Los más jóvenes estamos atados a unos agobios que nos inducen a perdernos lo mejor. ¿Y qué es lo mejor? La ayuda de un amigo, la atención de una persona afable, la escucha de un experto en la vida, un mayor, que nos puede sacar de muchas dudas pues él ya lo ha vivido casi todo.

Ignasi de Bofarull

 

J. A. Pérez López: el arte de tomar buenas decisiones

Los pasados días 7 y 8 de marzo, se celebró en el IESE, auspiciado por la Cátedra Carmina Roca y Rafael Pich-Aguilera de Mujer y Liderazgo, el Congreso Internacional “El Futuro de la Empresa: personas, decisiones y aprendizajes”. Bajo este título, un gran número de profesores, investigadores y consultores compartieron diferentes aproximaciones y desarrollos de la teoría de la acción humana de Juan Antonio Pérez López, profesor del IESE y antiguo director general de la misma institución, fallecido en 1996. Su teoría de la acción humana basada en un modelo antropológico supuso un cambio de paradigma en el estudio y la aplicación de diferentes disciplinas, desde el comportamiento humano y el liderazgo hasta los sistemas de control y la propia visión global de las organizaciones

Como bien recordó en sus palabras de inauguración del Congreso el actual director general del IESE, Franz Heukamp, “la vida y las teorías de Pérez López han causado un gran impacto en un gran número de personas; alumnos, compañeros, etc. Este impacto se debe tanto al calado de sus desarrollos teóricos como a su propia personalidad y extraordinaria vocación docente”. Gran conocer de la naturaleza humana y de la lógica de la acción, supo ver con enorme claridad y juicio preclaro la importancia que lo femenino tendría en el mundo del futuro tanto en su dimensión social como desde luego en el mundo dela empresa.

Ya a mediados de los años 80, Juan Antonio me animaba a dirigir mi investigación y mi docencia hacia el liderazgo femenino, un liderazgo complementario del masculino, que sería imprescindible para la sostenibilidad de la empresa y de la sociedad en el nuevo siglo.

Si el siglo XXI funciona será porque la mujer tendrá una participación cada vez mayor en la organización de la sociedad, está en un estado deplorable, mal pensada y cargando con las consecuencias de un racionalismo decadente y absurdo.”

Esta frase de Pérez López pronunciada en el año 1995 me impulsó a seguir en esta dirección. Ese mismo año en el mes de marzo se reunían por primera vez en la antigua Aula Magna del IESE más de 200 mujeres directivas durante 3 tardes para profundizar sobre “la mujer y su éxito”, de la mano de Pérez López. A partir de ahí el IESE ha liderado la formación de directivas y el desarrollo teórico de los fundamentos de un liderazgo específicamente femenino.

No es este el lugar para realizar una exposición exhaustiva de la teoría de Pérez López, pero tampoco es posible mencionar este Congreso sin hablar de los tres tipos de motivos detrás de las acciones (extrínsecos, intrínsecos y trascendentes), de los distintos tipos de motivaciones (espontánea y racional), de los aprendizajes (positivo o negativo) o de los paradigmas de dirección (mecanicista, psicológico y antropológico). Todo ello forma parte de un desarrollo científico original, innovador y absolutamente necesario para entender en profundidad la empresa de hoy. Se trata de una realidad compleja y dinámica. Actuar en ella viendo sólo una parte es sumamente peligroso. Una empresa que sólo considere el beneficio económico a corto plazo, por poner un ejemplo, está destinada al fracaso por sus enormes carencias en sostenibilidad.

El modelo antropológico de Juan Antonio Pérez López nos conduce a abrir la mente y el corazón para ver a las personas y a las organizaciones en su totalidad, con toda su riqueza y complejidad y a actuar buscando la unidad, la coherencia y la satisfacción de necesidades reales.

Maestro para todos las 24 horas del día, de él se aprendía en clase, en el despacho, en el bar… Junto a su constante ejemplo en coherencia de vida y pensamiento, su legado es un acervo incalculable de sabiduría empresarial con el marchamo de rigor científico que, tras 35 años de investigación, docencia y dirección, había pasado a ser algo connatural en él.

Os invito a ver el video que recoge unas breves reflexiones  sobre las claves del pensamiento y la obra de Pérez López, las palabras del Director General del IESE, Franz Heukamp, y mi intervención en la apertura del Congreso. Espero que lo disfruteis.

Estas son las principales obras que nos dejó escritas, disponibles en papel y en formato ebook:

Os animo, por último, a visitar la página web sobre Juan Antonio Pérez López que ha elaborado nuestro buen amigo Manolo Alcázar (www.manoloalcazar.com) y qué entre otras cuestiones interesantes incluye una completa bibliografía de y sobre el autor.

 

 La palabra y la verdad

“Cuando yo uso la palabra quiere decir lo que yo quiero que diga…ni más ni menos” Esta interesante frase la decía Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, una obra literaria en forma de cuento del genial Lewis Carroll. Resulta cansino recordar las innumerables ocasiones en las que nuestro presidente de gobierno dice una cosa y la contraria, la verdad no existe ni en su psique ni en su vocabulario, ni en su conciencia. No le importa la relación entre la palabra y la verdad, porque él decide cuál es su realidad que la ha construido sobre la base de la mentira.

Me provoca esta reflexión la entrevista que Susana Griso recientemente le hizo en Antena 3, cuando en una de las respuestas tuvo la desfachatez de señalar la diferencia que existe entre lo que el entiende como “ultraderecha” con la que el PP no se puede coaligar y su gobierno de coalición formado por el “centroizquierda” que dice él representar y Yolanda Díaz. Un ejemplo más que evidencia como es capaz  de construir una mentira, en la que sin pudor alguno, se autocalifica como de centroizquierda y oculta de su aliada favorita la representación comunista o podemita que ostenta. Una nueva manipulación de la palabra para orillar el radicalismo de la izquierda a la que él se ha abrazado voluntariamente para mantener el poder.

En la respuesta que la niña del cuento le da a Humpty Dumpty le dice que “la cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas a la vez”. Esta pregunta es la clave para desenmascarar a quienes como él envilecen la palabra y el lenguaje, curiosamente al igual que hace Putin. Decía Aristóteles que “no se podía ser y no ser al mismo tiempo bajo el mismo aspecto”. Me pregunto que diría hoy el gran pensador y filósofo griego si pudiera comprobar que veinticuatro siglos después hay un político en España que intenta demostrar que esta máxima o sentencia es falsa.

Es evidente que esa demostración no sería el producto de un razonamiento filosófico, entre otras cosas porque Pedro Sánchez y sus discípulos, lo que pretenden es desterrar del pensamiento de los futuros españoles cualquier atisbo de conocimiento que conduzca a la búsqueda de la verdad. Esta exaltación de la mentira a través de la palabra es la razón de las profundas contradicciones y confusiones a las que somete no solo a su gobierno sino a todo el pueblo español.

El humanista y filósofo Juan Luis Vives decía que “no hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras”. Quizás el reflejo de esa imagen es la que llevó a Núñez Feijóo a decir de Sánchez que demostraba “no tener corazón” por no removerle sus sentimientos la situación de emergencia económica que sufren los ciudadanos.

Jorge Hernández Mollar

 

 

Las obligaciones de los esposos según San Pedro

San Pedro predicando, Capilla Brancacci, Florencia

En estos tiempos de feminismos agresivos y de subversión en la familia, conviene recordar el ideal cristiano de armonía en el matrimonio. Quien habla es el propio San Pedro.

“Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa.

“Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas,sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios.

“Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abraham, llamándole “Señor”. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.

“De igual manera vosotros, maridos, en la vida común sed comprensivos con la mujer que es un ser más frágil, tributándoles honor como coherederas que son también de la gracia de Vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo”.

 

La visión cristiana de los padres de Europa

 

Escrito por Alejandro Llano

Publicado: 19 Abril 2022

 

Introducción

¿Cuándo nació el concepto de Europa desde el Cristianismo? La primera vez que se habla de Europa como una unidad fue con el relato realizado por el mozárabe español Isidoro Pacense, quien describió en su Crónica Pacense o Crónica mozárabe de 754 lo acaecido en la batalla de Tours (Francia) sucedida el 10 de octubre de 732 contraponiendo los victoriosos cristianos europenses liderados por el franco Carlos Martel [2], a los árabes y musulmanes africanos comandados por el valí (gobernador) de Al-Ándalus, Abderrahman ibn Abdullah al-Gafiki. A partir de la victoria cristiana de la batalla de Tours, Europa empezó a ser consciente de su identidad [3] al poder preservar la cultura, la religión y las costumbres cristianas en el resto del continente europeo. Una identidad que ha sido definida desde una visión multidisciplinar, ya sea desde la geografía (desde Finisterre hasta la vertiente europea de los montes Urales en la actual Rusia), la historia (a partir de la formación del Sacro Imperio Romano) [4], la economía (con la creación del Espacio Económico Europeo (EEE)) y la teología (el Cristianismo como nexo de unión entre todos los pueblos de Europa tanto católicos (tanto de rito romano como griego y armenio), ortodoxos [5] y protestantes en sus diversas ramas.

En septiembre de 1929 el político francés Arístide Briand [6] (1862-1932) pronunció su celebre discurso en la Sociedad de Naciones en la que defendió que “entre los pueblos que están geográficamente agrupados debe existir un vínculo federal [...] (para) establecer entre ellos un lazo de solidaridad que les permita hacer frente a las circunstancias graves. Evidentemente, esta asociación tendrá efecto sobre todo en el campo económico”. Este político socialista francés colaboraría con el conde Richard Nikolaus Eijiro von Coudenhove- Kalergi [7] (1894-1972) con su proyecto Paneuropa [8] creado en 1923 caracterizado por tener una fuerte influencia cristiana y porque “se enfrentaba a otros tres grandes conjuntos: Estados Unidos, el Imperio Británico y la Unión Soviética” [9]. De hecho, la bandera del movimiento paneuropeo, utilizada después de la Segunda Guerra Mundial por la Unión Parlamentaria Europea, es igual que la bandera europea a la que se une una cruz, “el principal símbolo del Cristianismo, y el sol, que simboliza a la civilización europea iluminando el mundo” [10].

En el Proyecto Paneuropa también tuvo una fuerte influencia el alemán Konrad Adenauer (1876-1967) con la ayuda de intelectuales europeos, como el español Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936), José Ortega y Gasset (1883-1955) y Salvador de Madariaga y Rojo [11] (1886-1978), además de diversas personalidades intelectuales (Sigmund Freud, Alfred Einstein, Heinrich Mann, Selma Lagerlöf, Paul Claudel, Paul Valéry, Jules Romain,...). La influencia del Proyecto era tal que el 28 de enero de 1925 el político francés Édouard Herriot, presidente de Consejo y ministro de Asuntos Exteriores, proclamó en la Cámara de Diputados francesa que “su deseo más ferviente era asistir al nacimiento de los Estados Unidos de Europa” [12]. Se buscaba la unificación política del continente bajo el esquema de una Europa federal con el objetivo último de preservar la paz en Europa. Sin embargo, este plan fracasó debido al ascenso del nacionalsocialismo alemán al poder en 1933, el aumento del proteccionismo comercial en Europa, la firma de acuerdos internacionales de defensa, y el inicio posterior de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 [13]. Se acababa así el primer intento del siglo XX para unificar a una Europa dividida tanto en social y político como en lo económico y comercial.

La firma del acta de rendición incondicional en mayo de 1945 [14] significó la finalización de la contienda en el Viejo Continente y el inicio de una nueva etapa en la que, a diferencia del período de entreguerras, la economía prevaleció sobre la política. Era posible unificar a una Europa segmentada, en muchas ocasiones de forma artificial, a pesar de la división de Europa mediante el churchilliano Telón de Acero, tras la firma de los Tratados de Yalta (4-11 de febrero de 1945) y Postdam (14 de julio de 1945). Nacía así una nueva etapa que se tornaría irreversible tras la celebración por parte de Alemania y Francia de una Unión Aduanera: FRANCITAL [15].

En este trabajo se analizarán las motivaciones de los considerados padres de Europa (Konrad Adenauer, Alcide de Gasperis, Jean Monnet y Robert Schuman) en el proceso de integración europeo. En esta investigación se demostrará que el proceso de construcción de una Europa unida ha seguido los mismos parámetros desde sus inicios: una “opción espiritual a favor del perdón y una voluntad de superar la violencia por el diálogo y la solidaridad” [16].  Un proceso de construcción que permitirá la reunificación de todo el continente, con notables excepciones integradas en procesos de integración menos severos, como son el European Free Trade Agreement (EFTA) y el Espacio Económico Europeo (EEE).

1.    Los padres de Europa, ética y religión

La firma del Tratado de Roma, creador tanto de la Comunidad Económica Europea (CEE) como de la Comunidad Económica de la Energía Atómica (EURATOM), del que apenas hemos conmemorado el 50º aniversario el pasado 25 de marzo de 2007, ha sido un hito en la historia de la Europa unida que conocemos hoy. Una Europa en paz desde entonces, salvo los acontecimientos sangrientos de los Balcanes durante la década de 1990 surgidos tras la desintegración de la antigua Yugoslavia del mariscal Tito. Un Tratado de Roma que, junto al Tratado de París de 1952 iniciador de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), constituyen los llamados Tratados fundacionales de la actual Unión Europea (UE).

La firma de estos Tratados no fue posible sin las aportaciones y el esfuerzo de cuatro grandes hombres que han configurado la historia de la Europa moderna: el franco-alemán Robert Schuman (1886-1963), el alemán Konrad Adenauer (1876-1967), el francés Jean Monnet [17] (1888-1979) y el italo-triestino Alcide de Gasperi (1881-1954). Entre los cuatro impulsaron un proyecto europeo basado en “una comunidad ancha y profunda entre países mucho tiempo opuestos por divisiones sangrientas” [18]. Este hecho tuvo una muy fuerte influencia en Schuman cuyo lugar de nacimiento, Clausen, cambió tres veces de manos durante su vida [19].

1.1. Robert Schuman: su valor y testimonio ante la adversidad

Tres de los cuatro padres de la actual Europa unida eran profundamente católicos. Robert Schuman quien “en un momento de su vida llegó a plantearse el sacerdocio, pero pudo más su vocación política y de servicio, que nace de sus profundas convicciones religiosas” [20] se distinguió por la búsqueda constante de paz entre dos de los principales contendientes en la Segunda Guerra Mundial: Francia y Alemania.

[...] ¿Me equivoco acaso al pensar que sueñas con el sacerdocio, y que este último te parece el único camino posible para ti? ¿Me puedo atrever a decirte que no soy de tu misma opinión? En nuestra sociedad, el apostolado laico es de una necesidad urgente, y no me puedo imaginar un apóstol mejor que tú. Te digo esto con absoluta sinceridad. Piensa en lo que te digo, estoy seguro que me darás la razón. Seguirás siendo laico porque de esta forma podrás mejor hacer el bien, que es tu única preocupación. Soy categórico, ¿verdad? Es porque tengo la pretensión de leer hasta el fondo de ciertos corazones, y me parece que los santos del futuro serán santos con traje [21].

De hecho, estas palabras resultaron proféticas. En Robert Schuman existió como uno de los motores de su existencia el deseo de paz entre Francia y Alemania, debido a que por avatares de su vida, se consideraba francés y alemán al mismo tiempo. Así, el 9 de mayo de 1950, sólo cinco años después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Robert Schuman junto a Jean Monnet leyeron ante una veintena de periodistas la llamada “Declaración Schuman” en la que se afirmaba que “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania”. Nace así el concepto de solidaridad económica y política dentro de la futura Europa unida que se haría viable mediante la puesta en marcha de fondos estructurales que beneficiaron a los socios comunitarios más desfavorecidos [22]. En la actualidad, y dada la ejemplaridad de su vida cristiana, está abierto en el Vaticano su proceso de canonización.

La Declaración Schuman es consecuencia directa del llamado “Discurso europeo de Zürich” realizado en la Universidad de Zürich (Suiza) el 19 de septiembre de 1946 por el primer ministro británico Winston Churchill en el que defendía la formación de los Estados Unidos de Europa [23]. Es por ello que el 9 de mayo haya sido proclamado Día de Europa, tal y como se estableció en el Consejo Europeo de Jefes de Estado y de Gobierno reunido en Milán (Italia) en 1985. Sin embargo, las diferencias y la visión entre el discurso de Churchill y las ideas de Schuman son importantes. Así, mientras que el político británico enfoca todos sus esfuerzos en una visión política de Europa, Schuman además de esta visión, incluye valores tales como responsabilidad y solidaridad. Así lo expresa Schuman de forma taxativa en los primeros estadios del proceso de construcción de una Europa unida, cuando afirma que “la peor responsabilidad ante la historia es la de las ocasiones que se han dejado perder y la de las catástrofes que no se han sabido evitar” [24].

El proceso de canonización del político franco-alemán se inició por la petición de un grupo de laicos franceses, alemanes e italianos los cuales, reunidos en la Asociación “San Benito, Patrono de Europa”, fundada el 15 de agosto de 1988, solicitaron al Vaticano la apertura de dicho proceso canónico, al considerar que el actual beato había practicado las virtudes cristianas en grado heroico. Dicho proceso de beatificación fue iniciado antes de la polémica sobre la inclusión en el preámbulo de la Constitución europea del Cristianismo como elemento unificador de Europa que se libró entre la comisión que redactó el texto constitucional, presidida por el francés Valéry Giscard d’Estaing, y san Juan Pablo II. Lucha que se saldó con el siguiente párrafo que no satisfizo a las Iglesias cristianas del Viejo Continente, en especial a Juan Pablo II, al tener la Constitución  un marcado carácter laicista [25]:

Inspirándose en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho” [26].

Por lo tanto, al haberse iniciado el proceso de beatificación y posterior canonización de Robert Schuman en 1988, casi dos décadas antes de la polémica sobre el preámbulo de la Constitución europea, no es cierto quienes afirman que el proceso de beatificación ha surgido como una reacción de la Iglesia Católica para fortalecer sus posiciones dentro de esta polémica. No es la primera vez que surge este tipo de acusaciones [27].

El sábado 29 de mayo de 2004, víspera de Pentecostés, monseñor Pierre Raffin, obispo de Metz (Francia), cerró oficialmente la fase diocesana del proceso de beatificación de Robert Schuman, uno de los padres de Europa, para iniciar la fase de canonización. Fue constante a lo largo de su vida su defensa del Cristianismo en el proceso de construcción de Europa. Así, el 19 de marzo de 1958 [28], en un discurso sobre el proceso de unificación europeo llegó a afirmar que “todos los países de Europa están impregnados de civilización cristiana. Ella es el alma de Europa y hemos de devolvérsela” [29], así como en Pour l’Europe escribe que “este conjunto [de pueblos] no puede y no debe quedarse en una empresa económica y técnica. Hay que darle un alma. Europa vivirá y se salvará en la medida en que tenga conciencia de sí misma y de sus responsabilidades, cuando vuelva a los principios cristianos de solidaridad y fraternidad” [30].

1.2. La Declaración de Schuman como piedra angular de la reunificación europea

La Europa laica actual contrasta con el mensaje inserto en la Declaración de Schuman de 9 de mayo de 1950 basada en la inclusión implícita del “principio de solidaridad” con camino hacia la paz como fin último, en dos aspectos clave:

1.   Para evitar la guerra por medio de la solidaridad productiva entre Francia y Alemania, y por extensión entre los países del resto de Europa,

para que una Europa organizada y viva pueda aportar a la civilización es indispensable el mantenimiento de relaciones pacíficas [...] La puesta en común de las producciones de carbón y de acero asegurará inmediatamente el establecimiento de bases comunes de desarrollo económico [...] La solidaridad de la producción [...] (hará imposible) toda guerra entre Francia y Alemania [...] (y) sentará los fundamentos reales de su unificación  económica [...] (y) el desarrollo del continente africano.

2.   Para impedir la creación de un cártel de carbón y acero que llevaría hacia un reparto del mercado y al establecimiento de unos precios que únicamente beneficiarían a los productores de tales productos, ya que en contraposición a un cártel internacional tendente al reparto y la explotación de los mercados nacionales mediante prácticas restrictivas y el mantenimiento de precios elevados, la organización proyectada asegurará la fusión de los mercados y la expansión de la producción.

La Declaración de Schuman constituye uno de los embriones de la actual UE, junto con  el Discurso Europeo de Churchill, al posibilitar la creación de una Europa unida caracterizada por la paz y la reconciliación entre todos los pueblos de Europa. En este proceso unificador, no tienen cabida los procesos de separación propio de los nacionalismos más radicales al ir contra natura, en cierto sentido, en una Europa cada vez más unida y fuerte. El mérito político de Schuman consistió en conciliar, mediante el valor cristiano del perdón que, en palabras de san Juan Pablo II, “no es sinónimo de simple tolerancia, sino que implica algo más arduo. No significa olvidar el mal, o peor todavía, negarlo [...] (Es) infundir esperanza y confianza sin debilitar la lucha contra el mal. Hay necesidad de dar y recibir misericordia” [31].

Robert Schuman fue uno de los firmantes, por parte francesa, del Tratado de París o Tratado CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero) de 18 de abril de 1951, según queda establecido en el Preámbulo del Acuerdo, “resueltos a sustituir las rivalidades seculares por una fusión de sus intereses esenciales, y poner los primeros cimientos mediante la creación de una comunidad económica más amplia y profunda entre pueblos tanto tiempo enfrentados por divisiones sangrientas, y a sentar las bases de instituciones capaces  de orientar hacia un destino en adelante compartido” [32]. Como resultado, los objetivos del  Tratado van más allá que la mera creación de un mercado común, en un principio sólo con carbón y acero, sino que su fin político (la consecución de la paz) dio sentido a un proceso de construcción que se haría imparable en el tiempo.

La creación de la Europa, tal y como la conocemos hoy, ha generado el período de paz más extenso que haya conocido el Viejo Continente, lo que se ha traducido a su vez en los más altos niveles de bienestar económico y social conocidos. Socios comunitarios caracterizados por estar regidos bajo regímenes democráticos, tal y como se establece en el criterio político de Copenhague como requisito previo de pertenencia a la UE. Así, desde la visión de Schuman, escribe en el capítulo III de su libro Pour l’Europe que la democracia debe su existencia al Cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, dentro de la libertad individual, dentro de un respeto de los derechos de cada persona y mediante la puesta en práctica del amor fraterno a los demás. Nunca se habían formulado semejantes ideas antes de Cristo [...] La realización de este amplio programa de una democracia generalizada en el sentido cristiano de la palabra, encuentra su desarrollo en la construcción de Europa.

La elección de Roma, la Ciudad Eterna, como ciudad para la firma de dos (Tratados CEE y EURATOM) de los tres Tratados fundacionales de la actual UE (Tratados CEE, CECA y EURATOM) fue realizada “para que los europeos tomasen conciencia de lo que les une. La elección de Roma [...] tenía un significado. Queremos volver a hacer una unidad que existió ya en tiempos de la Roma primero pagana y luego cristiana [...] La Europa dividida no ha sabido dar al mundo contemporáneo el mensaje espiritual que necesita. Se trata de saber si Europa podrá retomar el lugar que ocupó en el pasado [...] que tengamos conciencia de un patrimonio común específicamente europeo y que tengamos la voluntad de salvaguardarlo y de desarrollarlo”[33].

Durante la vida de Schuman, y dado el fuerte contenido cristiano del proyecto unificador de Europa, hubo muy fuertes ataques que tachaban al proceso unificador europeo de la creación de una “Europa vaticana”. Ante estos ataques, en una conferencia impartida en Sainte Odile el 15 de noviembre de 1954, Schuman afirmó que:

La Europa vaticana es un mito. La Europa que contemplamos es profana, tanto por las ideas que están en su base, como por los hombres que la llevan a cabo. No toman de la Santa Sede ni su inspiración ni consigna. No obstante, sí que los cristianos de hecho han jugado un papel importante, preponderante a veces, en la creación de las instituciones europeas [...] Pero nunca han reivindicado una especie de monopolio ni han ido con segundas intenciones clericales o teocráticas que serían, además, perfectamente utópicas [34].

Robert Schuman deja claro “el importante papel del laico en la vida y la misión de la Iglesia” [35], responsabilidad cristiana que vendría ampliamente definida posteriormente tanto por el Concilio Vaticano II en la Constitución apostólica Lumen Gentium como por san Juan Pablo II en la Carta Encíclica Christifidelis laici. De hecho, la vida del político franco-alemán vino determinada por “el seguimiento y la imitación de Jesucristo, en la recepción de sus Bienaventuranzas, [...] en la oración [...], en el hambre y sed de justicia [...], práctica del mandamiento del amor en todas las circunstancias de la vida [...], en especial si se trata de los más pequeños, de los pobres y de los que sufren” [36]. Schuman realizó desde la política esta actitud de vida desde una visión cristocéntrica, para lograr así una Europa más unida caracterizada por el elemento cohesionador de los valores cristianos.

El proceso de beatificación (ya terminado) y posterior canonización [37] se abrió el 9 de junio de 1990. Después de haber escuchado a unos doscientos testigos que conocieron y trataron a Robert Schuman, y tras haber hecho un análisis crítico de todos los  escritos públicos y privados del político, las más de las 50.000 páginas de investigación fueron trasladadas a la Congregación para las causas de los santos que tiene, en virtud de la Constitución Apostólica “Divinus perfectionis Magister” de 25 de enero de 1983, un doble cometido: (1) Asegurarse que en las obras escritas y discursos del beato no hay ninguna contradicción espiritual y moral contra la fe, y (2) Analizar con la ayuda de uno o dos expertos, la existencia de milagros, en caso de producirse (punto 33).

La vida de Robert Schuman se caracterizó por estar plenamente dirigida hacia Cristo a través de la Eucaristía, que frecuentaba diariamente, así como por un gran fervor hacia la Virgen, como herencia espiritual de su madre. En su vida diaria se sentía predestinado a ser un instrumento divino con una misión concreta, tal y como dejó plasmado por escrito en su obra, al afirmar que “somos todos instrumentos, aunque imperfectos, de la Providencia, que se sirve de nosotros para designios que no nos es dado entender”.

La llamada universal a la santidad atañe también a los políticos, según afirma el Concilio Vaticano II en la Constitución Apostólica Lumen gentium: “Queda, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”. Que luego la llamada se realice, es un paso sucesivo. La actividad de los políticos debe estar al servicio del bien común. Es evidente, por tanto, que puede santificarse quien la ejerce y también que la misma actividad política puede  y debe ser santificada. Hay que alegrarse, por tanto, de que muchos laicos participen en ella activamente, según sus propias condiciones y posibilidades. No por nada, san Pablo VI definía la política como “la forma más alta de caridad”.

1.3. De Gasperi y el testimonio cristiano

De Gasperi fue uno de los políticos más destacados [38] de la Democracia Cristiana (en italiano, Democrazia Cristiana). Su profunda espiritualidad resumida en “la unidad de vida, una vida interior llena de paz y serenidad a pesar de los grandes afanes, una conversión personal para poder cambiar el mundo y una vida generosa en el trabajo ‘vivo di stanchezza’(plena de cansancio)”. Su vida cristiana ejemplar fue tal que Giulio Andreotti, claramente turbado tras la muerte de De Gasperi, dijo: “ha muerto como un santo […] Ha sido un buen cristiano, un gran hombre” [39]. Mientras que Robert Schuman ya se encuentra en un proceso de canonización, una vez superado el proceso de beatificación, los méritos y la forma de vida de Alcide de Gasperi hacen que se encuentre en proceso de beatificación.

La principal contribución del político italiano, primer presidente de la Asamblea parlamentaria de la CECA en el proceso de construcción europeo, vino dada por su estrecha colaboración con Robert Schuman para llevar hacia adelante todo el proceso. Ambos concebían al proceso de unificación europeo como un reto en el que el Cristianismo constituye la base de la sociedad y la cultura europeas:

La matriz de la civilización contemporánea se halla en el Cristianismo [...] Existe un reto europeo común, incluso antes que los intereses económico-políticos que debe estar en la base de nuestra unidad. Es el reto de una moral unitaria que exalta la figura de la responsabilidad de la persona con su fermento de fraternidad evangélica [...] con su respeto del derecho heredado de los antiguos [40].

Con De Gasperi, “el compromiso católico con la vida pública adquiere un nuevo sentido: conciliar lo espiritual y lo profano considerando la democracia como una continua creación” [41]. Una conciliación lograda mediante la constitución de “esta solidaridad de la razón y del sentimiento, de la fraternidad y de la justicia, para insuflar a la unidad europea el espíritu heroico de la libertad y del sacrificio que han sido siempre el de la decisión en los grandes momentos de la historia” [42].

Cuando el arzobispo de Milán, beato Ildefonso Schuster, se enteró de la muerte del estadista trentino, comentó: “Desaparece de la tierra un cristiano humilde y leal que dio a su fe testimonio entero en su vida privada y en la pública”. Esta difícil conciliación de comportamiento cristiano tanto en su vida pública como privada lleva a que el político salde sus virtudes religiosas y civiles con el servicio del trabajo político. Sólo mediante esta complementariedad se puede lograr una plenitud de vida.

En esta vida se conocen a los grandes hombres y mujeres por las obras que realizan y el legado que dejan para la posteridad. Tal fue la vida del actual siervo de Dios Alcide De Gasperi, quien escribe a su mujer Francesca: “Hay hombres de presa, hombres de poder, hombres de fe. Yo quisiera se recordado entre éstos últimos”. Así ha sido.

1.4. El papel determinante de Konrad Adenauer

Además de ser considerado padre de Europa, Konrad Adenauer (1876-1967) ha sido uno de los grandes cancilleres de la República Federal de Alemania (RFA)(1949-1963) tras haber sido vice-alcalde (1907-1916) y alcalde (1917-1933) de Colonia. Padre del llamado milagro económico (Wirtschaftwunder) alemán de la década de 1950 e introductor del marco alemán tras la reforma cambiaria de 1947, fue miembro desde 1906 hasta su disolución en 1933 del Partido Católico de Centro (Zentrum), uno de los embriones de la Unión Democrática Cristiana (en alemán, Christlich Demokratische Union Deutschlands)(CDU), de quien sería su líder desde 1949 hasta 1963. Formación política caracterizada según sus estatutos para “unir a católicos y protestantes, conservadores y liberales, defensores de los ideales sociales de inspiración cristiana”. En la actualidad, la CDU se opone al ingreso de Turquía en la actual UE-27 debido a que no cumple uno de los llamados criterios de Copenhague (criterio político) [43] al no respetar los derechos de las minorías cristiana y kurda que viven en Turquía.

En palabras de Adenauer “una unión entre Francia y Alemania daría nueva vida y vigor a una Europa que está seriamente enferma. Tendría una inmensa influencia psicológica y material y liberaría poderes que salvarían Europa. Creo que éste es el único camino posible para alcanzar la unidad de Europa, lo que llevaría a la desaparición de la rivalidad entre Francia y Alemania” (7 de marzo de 1950). Conflicto que también ha existido entre otras naciones europeas a lo largo de los siglos y que se ha ido eliminando a medida que Europa se iba ampliando.

Una de las características del gran estadista alemán es que sabía aunar conocimientos económicos con habilidades políticas, sobre todo en el ámbito de las negociaciones internacionales. Pensaba en términos europeos, más que en sentimientos meramente alemanes. De hecho, se definía como alemán y europeo al mismo tiempo, llegando incluso a afirmar explícitamente que “soy alemán, pero también soy, y siempre he sido, europeo y siempre me he sentido europeo” [44].

Adenauer era un político con un elevado sentido práctico, con unos objetivos claros hacia dónde dirigirse. Concebía la idea de Europa como la de una fortaleza económica en la que cuanto mayor fuese, mejor sería para todos. Pensaba en la mera supervivencia de una civilización europea caracterizada por nacer de sí misma tras su casi completa destrucción tras dos guerras mundiales. Pensaba que “cuanto mayor sea el área económica, mejor se podrá desarrollar [...] Esta unión salvaría a la civilización occidental del declive”.

Este proceso de unificación del continente se ha de realizar mediante la cesión de soberanía de los Estados para beneficiar a una entidad supranacional, ya que “cuanto más pierde el Estado su carácter de forma histórica de gobierno introvertida y autosuficiente, más está llamada a incorporarse a Europa –es decir, con la Unión- y a desarrollarse conjuntamente con el resto de los Estados, que se sienten unidos no sólo por las exigencias de la economía y la tarea de la procura de la paz, sino también por la cultura europea y los principios constitucionales comunes” [45].

Como elemento cohesionador de todo el continente, y para lograr el fin último de la paz, Adenauer afirmaba categóricamente que “es ridículo ocuparse de la civilización europea sin reconocer la centralidad del Cristianismo” [46], al ser el Cristianismo el garante de la paz y de un sistema de valores que estructuraba a la sociedad en su conjunto, incluida la Constitución.

“Permanezco en la convicción, más firme si cabe, que toda auténtica Constitución se apoya en un orden de valores y que su apertura a instancias supraestatales no sólo no hay que verlo como un riesgo sino que supone un corolario lógico de la anterior afirmación” [47].

Konrad Adenauer supo forjar con su vida una existencia coherente con sus creencias religiosas. Fue un político de acción, de hechos concretos. Dirigió el proceso de construcción tanto de Alemania después de la gran destrucción acaecida durante la Segunda Guerra Mundial, como de la Europa unida. Ha pasado a la historia como uno de los grandes estadistas del siglo XX, un europeísta convencido, un gran político.

1.5. Jean Monnet: el padre económico

Mientras que Schuman, Adenauer y De Gasperi centraron su pensamiento en temas políticos, Jean Monnet lo hizo sobre la economía. Así, para este padre de Europa, un “laico respetuoso con las ideas religiosas de Schuman, Adenauer y De Gasperi” [48] pensaba que no habría “paz en Europa si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional [...] Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Esto supone que los Estados de Europa se agrupen en una Federación o ‘entidad europea’ que los convierta en una unidad económica común”.

Con Jean Monnet se afirma la propia personalidad e identidad, pero desde una comprensión fraterna de la pluralidad intrínseca de la condición humana. A diferencia de Schuman, Adenauer y De Gasperi caracterizados por una visión cristocéntrica del proceso de construcción europeo, Monnet sigue una perspectiva antropocéntrica, en donde el ser humano ocupa el objetivo y centro, al mismo tiempo, de sus intereses para unirlos entre sí y lograr así la paz en el continente.

Me parece haber seguido siempre una misma línea de continuidad, en circunstancias y latitudes diferentes, pero con una única preocupación: unir a los hombres, resolver los problemas que los dividen, hacerles ver su interés común. No tenía esa intención antes de hacerlo, y sólo saqué conclusiones después de haberlo hecho durante mucho tiempo. Sólo cuando fui incitado por mis amigos, o por periodistas, a explicar el sentido de mi trabajo, tomé conciencia de que siempre me había visto empujado a la unión, a la acción colectiva. No podía decir por qué; la naturaleza me había hecho así [49].

En la Sociedad de Naciones, Monnet se consagró especialmente tanto a la recuperación económica y política de Austria como a la partición de la Alta Silesia entre Polonia y Alemania, de un gran interés económico, no solamente por sus riquezas mineras, sino también por la industria establecida en la región. Esta experiencia marcó la vida de Jean Monnet, al imbuirle en él el espíritu de solidaridad, tal y como expresa él mismo, ya que “fue allí donde descubrí el valor de la acción solidaria y la necesidad de vincular en el seno de una empresa común y en igualdad de derechos a vencedores y vencidos, a benefactores y beneficiarios” [50].

Este espíritu de solidaridad habría de realizarse entre los países europeos. Había que unir las voluntades y los intereses de representantes políticos de las más variadas tendencias, así como de los sindicatos y asociaciones empresariales. Objetivo que se logró mediante la creación, el 13 de octubre de 1955, del Comité de Acción a favor de los Estados Unidos de Europa que tendría como objetivo hacer realidad los objetivos acordados en el preámbulo del Tratado de París constitutivo de la CECA. Dicho Comité, presidido en todo momento por  Jean Monnet, tuvo una influencia decisiva, entre los hechos más reseñables, en la concepción y firma del Tratado de Roma, constitutivo tanto del EURATOM como de la CEE, el desarrollo de la Política Agrícola Común (PAC) instrumentalizada a través del Fondo Europeo para la Orientación y Garantía Agrarias (FEOGA) y en la primera ampliación de las entonces Comunidades Europeas, para formar el Grupo de los nueve, en la que se incluiría al Reino Unido, Irlanda y Dinamarca.

A diferencia de Schuman, Adenauer y De Gasperi, en los que el comportamiento de acción venía dado a través de valores cristianos, en Jean Monnet “la fuente de mi acción cotidiana”, en sus propias palabras, venía dado por el humanismo y el valor supremo de la libertad.

La libertad es la civilización. La civilización es las reglas más las instituciones. Y todo porque el objeto esencial de todos nuestros esfuerzos es el desarrollo del hombre y no la afirmación de una patria grande o pequeña.

1.   Es un privilegio haber nacido.

2.   Es un privilegio haber nacido en nuestra civilización.

3.   ¿Vamos a limitar estos privilegios a las barreras nacionales y a las leyes que nos protegen?.

4.   ¿O vamos a intentar ampliar este privilegio a los demás?.

5.   Hay que mantener nuestra civilización tan avanzada respecto al resto del mundo.

6.   Es preciso organizar nuestra civilización y nuestra acción común hacia la paz.

7.   Es preciso organizar la acción común de nuestra civilización.

[...] Estas reflexiones no eran el índice de un libro, sino la fuente de mi acción cotidiana [51].

De ahí que hoy en día se haga realidad la formación de una Europa unida que ya se ha convertido en la primera región comercial del planeta. Una gran revolución política y económica que sirve como ejemplo para otras regiones del mundo para que puedan alcanzar así unos mayores niveles de bienestar económico y social.

2. La construcción de Europa y el bien común

El trasfondo existente en el proceso de construcción de la Europa actual ha venido dado desde sus principios por la búsqueda del bien común. Un bien común que, por propia concepción, ha de ser el objetivo último de toda actividad política. Sólo así, en la búsqueda de dicho valor final, se podrá conseguir una sociedad éticamente más justa y solidaria.

La introducción en el bien común del término europaeus se atribuye a Eneas Silvio Piccolomini, papa Pío II (1458-1464):

Una Europa que renuncia a su pasado, que niega el hecho religioso y que no tuviera dimensión espiritual alguna, quedaría desgraciadamente mutilada ante el ambicioso proyecto que moviliza sus energías: Construir la Europa de todos [52].

La riqueza del proceso integrador europeo viene dado porque es mucho más que un mero proceso de integración comercial, como sucede en la actualidad, por ejemplo, en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre los Estados Unidos, México y Canadá. Europa camina hacia su integración política siguiendo las fases descritas por el economista austrohúngaro Bela Balassa [53] (1928-1991). “El ejemplo europeo evidencia que un proceso de integración regional es mucho más que una iniciativa netamente comercial o de inserción en el mercado hemisférico o mundial. Involucra el desarrollo de instituciones, la definición de políticas y estrategias sectoriales, el desarrollo de infraestructura (de transporte, energética y de telecomunicaciones), y la creación de mecanismos compensatorios y políticas de información y participación, que permitan alcanzar un nuevo equilibrio social y económico” [54].

En una declaración conjunta de Benedicto XVI y Christódulos, Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, ambos piden “que se muestre mayor sensibilidad para proteger de modo más eficaz en nuestros países, en Europa y en el ámbito internacional, los derechos fundamentales del hombre, fundados en la dignidad de la persona creada a imagen de Dios” [55].

Una de las grandes diferencias entre los padres de Europa y sus constructores actuales es la ausencia en los documentos actuales de las raíces cristianas en los documentos angulares de la Europa unida. Dichas raíces han ido vertebrando la historia, la sociedad y la cultura europeas desde sus inicios. Lejos quedan las palabras del rey Balduino de Bélgica (1930- 1993) [56], en una cena de gala pronunciada ante el general Charles de Gaulle (1890-1970) el 24 de mayo de 1961 cuando el rey, hoy en proceso de canonización en una causa dirigida por su confesor espiritual, el cardenal Suenens, afirma que:

Esa Europa, si quiere ser fiel a su misión propia y desempeñar su papel en el diálogo de los pueblos, no puede limitarse a defender la herencia del pasado. Le incumbe ser la vanguardia del progreso tanto material como espiritual. ¿Acaso la vocación de Europa no es la  de ofrecer […] la imagen de una sociedad que respeta las exigencias de la persona humana y a la vez las del bien común? [57].

La búsqueda del bien común viene dado a partir de una nueva concepción económica, incluido el mercado de trabajo [58]. Introducir valores cristianos a la sociedad lleva a que ésta pase de ser una cultura de muerte a una cultura de la vida, y una Vida con mayúsculas al tener un sentido santificador último. La apostasía silenciosa de la que habla Juan Pablo II, en la actualidad en proceso de canonización, se inserta dentro de una nueva cultura europea que se encuentra en apariencia lejana de sus principios constituyentes:

La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera. En esta perspectiva surgen los intentos, repetidos también últimamente, de presentar la cultura europea prescindiendo de la aportación del Cristianismo, que ha marcado su desarrollo histórico y su difusión universal. Asistimos al nacimiento de una nueva cultura, influenciada en gran parte por los medios de comunicación social, con características y contenidos que a menudo contrastan con el Evangelio y con la dignidad de la persona humana. De esta cultura forma parte también un agnosticismo religioso cada vez más difuso, vinculado a un relativismo moral y jurídico más profundo [...] una cultura de muerte [59].

A pesar de este hecho, continúa el proceso de unificación del continente europeo al confluir en dicho proceso de integración aspectos culturales, religiosos, económicos y políticos. Así, “[…] en Europa, manteniéndonos abiertos a las demás religiones y a su aportación a la cultura, debemos unir nuestros esfuerzos para preservar las raíces, las tradiciones y los valores cristianos, con el fin de garantizar el respeto de la historia y contribuir a la cultura de la Europa futura, a la calidad de las relaciones humanas en todos los aspectos” [60]. Europa camina hacia su unificación como continente. En el pasado la cultura europea se diseminó por los cinco continentes, lo que permitió al Viejo Continente lograr niveles de liderazgo estables en el tiempo que nunca han sido superados hasta la fecha. A partir de la Edad Media, y con la excepción de los Estados Unidos y la Unión Soviética cada uno con una influencia global propia, el poder (blando [61] y duro [62]) de las naciones europeas hacia y en el resto del mundo, ha sido una constante a lo largo de la historia. Europa ha de volver a sus raíces, ha de volver a encontrarse consigo misma. Sólo así Europa podrá ser más Europa, en la que los valores, la ética y la moral tengan un papel fundamental. Valores en los que el Cristianismo como elemento cohesionador del continente tiene, ha tenido y tendrá un papel preponderante en el proceso de unión.

José Manuel Saiz [1], en ucm.es/

Notas:

  José Manuel Saiz Álvarez es Director del European Business Programme España (EBP-España) y Jefe de Estudios de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Empresariales de la Universidad Antonio de Nebrija. Sus principales líneas de investigación son la Unión Europea, el mercado de trabajo, la integración económica y el outsourcing.

  El apodo Martel (martillo) le vino tras su victoria en la batalla de Tours.

  Negro, Dalmacio (2004): Lo que Europa debe al Cristianismo, Madrid, Unión Editorial, p. 115.

  No hay que confundir dicho término con el de “Sacro Imperio Romano Germánico” cuya denominación nació en 1512. Apenas poco más de cinco decenios más tarde, la coronación de Carlomagno como emperador por el Papa León III (795-816) en la Navidad del año 800, llevó a que Europa naciese como una entidad política bajo la denominación de Sacro Imperio Romano. El término “Europa” nace así como una denominación política, extendida por los benedictinos, para designar a continuación un territorio geográfico.

  Formadas por catorce iglesias autocéfalas cuyo patriarca ecuménico es la iglesia ortodoxa de Constantinopla,  su influencia es especialmente fuerte en el antiguo imperio de Bizancio que llegaría a su fin con la caída de Constantinopla en 1453. Por ello, la iglesia ortodoxa predomina en Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Grecia, Bulgaria, Serbia, Georgia, Rumania, República Checa y Eslovaquia.

  En 1926 compartió el Premio Nóbel de la Paz con el alemán Gustav Stresemann por la firma del Pacto de Locarno el 16 de octubre de 1925 formado por un conjunto de siete acuerdos para reforzar la paz en Europa tras la Primera Guerra Mundial. Dicho Pacto se rompió con la militarización de Renania en 1936 por parte de Adolf Hitler.

  Austriaco de nacimiento, fue ciudadano checo tras el Tratado de Saint-Germain. Tuvo nacionalidad francesa en 1939. Para mayor detalle de su vida, véase Pérez-Bustamante, Rogelio (1997): Historia de la Unión Europea, Madrid, Dykinson, pp. 35-38.

8   Este manifiesto se complementó con el libro La lucha por Paneuropa (1925-1928) en tres volúmenes. Tras exiliarse a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, publicaría en 1944 Cruzada por Paneuropa. Tras volver a Europa fundó la Unión Parlamentaria Europea. En 1950 recibió el Premio Carlomagno por su contribución a la paz en Europa.

  Durverger, Maurice (1995): Europa de los hombres. Una metamorfosis inacabada, Madrid, Alianza, p. 49.

10    Lager, C. (1993): “Le drapeau européen, histoire et symbolisme”, en Fahnen, Flags, Drapeaux, Libro de Actas del XV Congreso Internacional de Vexicología, Universidad de Zürich (Suiza), 23-27 de agosto, pp. 126-129.

11    Europeísta convencido, fue cofundador del Colegio de Europa. En la actualidad dicha institución tiene dos campus: el de Brujas (Bélgica) y el de Natolin (Polonia).

12    Durverger, op.cit., p. 50.

13    La operación militar empezó a las 3:30 de la madrugada con la invasión terrestre de Polonia por parte de las tropas alemanas tras el inicio de la operación Weiss. Dicha operación se enmarcaba dentro de la  llamada “política del espacio vital” (Lebensraum) del III Reich alemán.

14    Se realizó en dos actos: el primero a las 02:41 de la madrugada del 7 de mayo de 1945 por parte del Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las Fuerzas Armadas alemanas, Alfred Jodl, en los cuarteles de la SHAEF en Reims (Francia), y el segundo pocas horas antes de la medianoche del 8 de mayo en Berlín (Alemania) por parte de funcionarios alemanes liderados por Wilhelm Keitel ante los soviéticos. Todas las operaciones activas del ejército alemán cesaron de forma definitiva a las 23:01 horas del 8 de mayo de 1945. Como se hizo efectiva la paz en toda Europa el 9 de mayo de 1945, para muchas naciones europeas se hace festivo ese día como Día de la Victoria.

15    Si se siguen las fases de integración de Bela Balassa es con la FRANCITAL y no con la CECA cuando se inicia, en realidad, el proceso unificador de Europa.

16    Juan Pablo II (1986): Carta Encíclica “Dominum et vivificantem”, Vaticano, p. 45.

17    Su nombre completo de nacimiento fue Jean Omer Marie Gabriel Monnet.

18    De Gasperi, M. Romana (1981): Mio Caro Padre, Brescia, Morcelliniana, p. 25.

19   Cuando nació Schuman su pueblo natal pertenecía a Luxemburgo. Poco después pasó a Alemania     para, a partir de la Primera Guerra Mundial, pertenecer a Francia. Durante un breve período de tiempo durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a ser alemán para pasar definitivamente a jurisdicción francesa tras la capitulación alemana.

20    Muñoz, J y Uriarte, C. (2004): “Los padres de Europa: modelo de compromiso político para la juventud de hoy”, Actas del VI Congreso “Católicos y Vida Pública”, 19-21 de noviembre, Madrid, Universidad San Pablo- CEU, p. 537.

21    Beyer, H. (1986): Robert Schuman: l’Europe par la réconciliation franco-allemande, Lausana, Fondation Jean Monnet pour l’Europe, pp. 19-20.

22    Antes de la primera ampliación hacia los Países de Europa Central y Oriental (PECO) el 1 de mayo de 2004 dicho porcentaje era del 75 por ciento. El aumento de 15 puntos en el porcentaje obedece a que la entrada de países relativamente más pobres a la UE obliga a aumentar el porcentaje (efecto estadístico).

23    Aunque se atribuye la denominación “Estados Unidos de Europa” a Churchill, ya en el siglo XIX diversos autores utilizaron dicho término. Tal fue el caso del anarquista Mijail Bakunin (1814-1876) quien, en un Congreso organizado por la Liga por la Paz y la Libertad, celebrado en Ginebra (Suiza) en 1867, afirmó que “para conseguir el triunfo de la libertad, la justicia y la paz en las relaciones internacionales en Europa, y para imposibilitar el estallido de conflictos bélicos entre los pueblos que forman la familia europea, sólo queda abierta una posibilidad: constituir los Estados Unidos de Europa”. La Asamblea Nacional Francesa también abogó el 1 de marzo de 1871 por la creación de los Estados Unidos de Europa. Estas ideas chocan radicalmente con el pensamiento de Lev Davidovich Trotski (1879-1940) quien en 1923 luchó por la formación de los Estados Unidos Soviéticos de Europa.

24    Schuman, Robert (1963): Pour l’Europe, París, Nagel.

25    Siempre ha existido esta doble dialéctica entre religión y laicismo a lo largo del proceso de construcción europeo. Así, por ejemplo, en el caso de la simbología de la bandera europea (azul oscuro de fondo con doce estrellas de color amarillo en forma de círculo) fue obra de Arsène Heitz y el propio autor afirmó que para su diseño se había inspirado en la Inmaculada Concepción de María. De ahí el color azul que simboliza a la Virgen María y las doce estrellas que cubren la cabeza de María (Apocalipsis 12, 1), y es idéntica a la parte superior de una de las vidrieras de la Catedral de Estrasburgo. Es más, la bandera fue aprobada el 8 de diciembre de 1955, fiesta de la Inmaculada Concepción de María. Frente a esta versión, existen una versión laicista que constituye la versión oficial: El círculo de estrellas (de oro) simboliza la unión perfecta entre los pueblos, al ser el círculo la figura perfecta para los griegos y son doce (número invariable) por ser el número perfecto para los griegos. Desde 1986 hasta 1995 círculo la teoría que las doce estrellas simbolizaban a los doce países que formaban las entonces Comunidades Europeas. Esta última idea es claramente errónea.

26    Preámbulo de la Constitución Europea.

27    Durante décadas existió en el Reino Unido, liderado por la expremier británica Margaret Thatcher, la acusación que la UE era una conspiración católica orquestada desde el Vaticano. Véase a este respecto AA.VV. (2004): “The European Commission and Religious Values”, The Economist, 28 de octubre, edición electrónica. 28 El 12 de septiembre de ese mismo año, Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán y futuro papa Pablo VI, consagró una estatua de María Santísima de veinte metros de altura, conocida como La Serenissima, en cuya base viene escrito: “Sancta Maria, Mater Europae, Ora pro nobis!”.

28    El 12 de septiembre de ese mismo año, Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán y futuro papa Pablo VI, consagró una estatua de María Santísima de veinte metros de altura, conocida como La Serenissima, en cuya base viene escrito: “Sancta Maria, Mater Europae, Ora pro nobis!”

29    Zin, E (2004): “La fe ilumino su acción política”, 30 Giorni, núm. 9, Edición electrónica.

30    Ibid.

31    Juan Pablo II (1998): Alocución durante el rezo del Ángelus, Domingo 29 de marzo.

32    Laguna, José María (1991): Historia de la Comunidad Europea, Bilbao, Mensajero, p. 61.

33    Schuman, Robert (1952): “La mission de la France dans le monde”, Conferencia en la Universidad de Lausanne, Suiza.

34    Cfr. Hostiou, R. (1968): Robert Schuman et l’Europe, Paris, Cujas en Barea, Maite (2003): En los orígenes de la Unión Europea. Robert Schuman y Jean Monnet, Madrid, Universitas / Comunidad de Madrid, Consejería de Educación, p. 85.

35    Cfr. Constitución Apostólica Lumen Gentium, 31.

36    Cfr. Christifideles Laici, 16.

37    Desde un punto teológico, y tras lo establecido en el punto primero del Comunicado de la Congregación para las causas de los santos de 29 de septiembre de 2005, mientras que la beatificación es un acto pontificio presidido, generalmente, por el prefecto de la Congregación para las causas de los santos; la canonización, que atribuye al beato el culto en toda la Iglesia, siempre es presidida por el Sumo Pontífice.

38    También se considera al italiano Altiero Spinelli (1907-1986) uno de los defensores de la creación de una Europa federal. Miembro del Partido Comunista Italiano (PCI) y opositor de Benito Mussolini fue condenado en 1927 a diez años de prisión. Fundador del Movimiento Federalista Europeo en agosto de 1943, como resultado del “Manifiesto Ventotene” de junio de 1941 redactado en la prisión del mismo nombre, tuvo como objetivo crear una Europa federal en la que los Estados tuviesen unas relaciones tan estrechas que impidiesen la formación de ninguna guerra más en Europa. Fue representante de Italia en la Comisión Europea desde 1970 hasta 1976 como responsable de política industrial.

39    Andreotti, G. (1986): De Gasperi visto da vicino, Milán, Rizzoli.

40    Pastorelli (1979): “La política europeística de De Gasperi”, en Konrad Adenauer e Alcide de Gasperi: due esperienze di rifondazione della democrazia, Bolonia, Il Mulino, pp. 295-319.

41    Cfr. De Porras, Soledad (2004): “Actualidad de Alcide de Gasperi. Pasado y presente”, VI Congreso Católicos y Vida Pública ‘Europa sé tu misma’, Madrid, Universidad San Pablo-CEU, del 19 al 21 de noviembre, p. 3.

42    Barea, op. cit, p. 35.

43    En los criterios de Copenhague se sintetizan las obligaciones geográficas, económicas y políticas que ha de cumplir los países candidatos a formar parte de la UE. En concreto, son tres: (1) Criterio geográfico (parte o la totalidad del territorio ha de formar parte del continente europeo); (2) Criterio económico (economía de mercado) y (3) Criterio político (democracia y respeto a las minorías).

44    Véase Adenauer, Konrad (1965): Memorias (1945-1953), Madrid, Rialp.

45    Hesse, Corrado (1998): “Estadios en la historia de la jurisdicción constitucional alemana”, Teoría y Realidad Constitucional, 6, p. 119.

46    Weiler, Joseph H. H. (2003): Una Europa cristiana, Madrid, Encuentro, pp. 55 y 56.

47    Cascajo, José Luis (2004): “Constitución y Derecho Constitucional en la Unión Europea”, en Teoría y Realidad Constitucional, 15, Madrid, UNED, pp. 89-106.

48    Zin, op. cit.

49    Monnet, Jean (1985): Memorias, Madrid, Siglo XXI, p. 215.

50    Ibid., p. 81.

51    Ibid., p. 479.

52    Juan Pablo II (2002): Vaticano, Osservatore Romano, p. 45.

53    Distingue entre cinco fases de integración: Área de Libre Comercio, Unión Aduanera, Mercado Común, Unión Económica y Monetaria y Unión Política.

54    Herbas, Gabriel y Molina, Silvia (2006): “La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) y la integración regional”, Observatorio Social de América Latina (OSAL), 17, Buenos Aires (Argentina): Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), mayo-agosto, p. 310.

55    Benedicto XVI (2006): “Declaración común del Papa Benedicto XVI y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I”, Viaje Apostólico de S.S. Benedicto XVI a Turquía (28 de noviembre-1 de diciembre), Discurso de 30 de noviembre, pto. 8.

56    En proceso de beatificación en una causa dirigida por su confesor, el Cardenal Suenens.

57    Ojea, I. (2004): “Aportaciones del rey Balduino a la construcción europea”, Actas del VI Congreso “Católicos y Vida Pública”, 19-21 de noviembre, Madrid, Universidad San Pablo-CEU, págs. 531-534.

58    Saiz Alvarez, José Manuel (2004): Claves para un nuevo mercado de trabajo. Una aplicación a la Unión Europea, Alicante, Editorial Club Universitario.

59    Juan Pablo II (2003): Exhortación Apostólica Postsinodal “Ecclesia in Europa”, 28 de junio, pto. 9.

60    Benedicto XVI (2006): Declaración común del papa Benedicto XVI y de su beatitud Christódulos, 14 de diciembre, pto. 4.

61    Formado por valores sociales, económicos, culturales, lingüísticos, religiosos, artísticos,... de la sociedad dominante.

62    En muchas ocasiones, cuando el poder blando es insuficiente, las potencias dominantes optan por utilizar el poder duro, esto es, la fuerza militar mediante confrontaciones bélicas y golpes de Estado.

 

 

La independencia de los jueces y de los fiscales

El pasado 28 de marzo la Junta de Fiscales de Sala del Tribunal Supremo ha parado los pies a Delgado, La Fiscal General, al establecer que el caso del contrato de compra de material sanitario para la Comunidad de Madrid debe quedar en manos de la Fiscalía Anticorrupción. Lo interesante del asunto es que la Junta de Fiscales ha entregado un escrito a Delgado pidiéndole que se aparte de la investigación por su procedencia política. Desde que Dolores Delgado fue nombrada Fiscal general del Estado, a los pocos días de salir del Gobierno, todas sus decisiones están acompañadas de una sombra de duda. La independencia de los jueces y de los fiscales es esencial para mantener la calidad de un sistema democrático. Pero parece que el Gobierno de Sánchez no lo entiende, y con eso, en mi modesta opinión, hace mucho daño a la imagen de España.

JD Mez Madrid

 

Los datos anuales de la asignación tributaria

Los datos anuales de la asignación tributaria demuestran que la sociedad sabe que la Iglesia sigue al lado de los que más lo necesitan, y que aporta algo sustancial para la convivencia civil. Esto se ha manifestado especialmente durante la pandemia, pero también ahora, cuando es necesario volver a poner en pie tantas cosas, no sólo en el orden material, sino en lo que se refiere al orden justo, a la fortaleza moral y a la esperanza en tiempos especialmente dolorosos. Los datos anuales de la asignación tributaria a favor de la Iglesia católica en la Declaración de la Renta de 2021, correspondientes a la actividad económica del año 2020 ofrecidos estos días pasados,  con máxima transparencia son por eso ocasión de gratitud y de responsabilidad, a la hora de hacer la declaración.

José Morales Martín

 

Valores Cívicos y Éticos

En el plan de estudios de la ESO hay una nueva materia que se llama Educación en Valores Cívicos y Éticos. En principio, educar en algunos valores cívicos compartidos, por ejemplo, en valores constitucionales, no tendría que suponer un gran problema. El problema aparece cuando se quiere, a través de la asignatura, imponer un determinado modelo de sociedad. Este plan es un desarrollo de la ley Celaá, la LOMLOE. La ley habla de tolerancia, sociedades abiertas e identidades. La tolerancia es algo positivo, las sociedades abiertas también. Identidad tenemos todos, otra cosa es que el Gobierno, el Estado o las Comunidades Autónomas, definan cómo tienen que determinar su identidad los jóvenes. Vivimos en una sociedad plural, afortunadamente. El problema es que desde arriba se quiera establecer para todos una manera de ver el mundo.

Pedro García

 

“EL LIBRO” CERBANTES Y “SU VIDA”

Un libro abierto, es un cerebro que habla. Cerrado, un amigo que espera. Olvidado, un alma que perdona. Destruido, un corazón que llora. (Proverbio Hindú)

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HOMENAJE A CERBANTES EN EL DÍA DE SU MUERTE

MIGUEL DE CERBANTES SA AVEDRA UNA VIDA DE FRACASOS Y PENURIAS COMENTADA HOY: 404 AÑOS DE SU MUERTE EN 1616

(Relato escrito en el año 2004)

Del tan famoso (hoy) “príncipe de las letras españolas”, poco se supo hasta cien años después de su muerte y gracias a un miembro de la familia real inglesa, historia resumida que les ofrezco, como una prueba más de lo que España hizo y hace por la intelectualidad española; lean y si les parece comenten, merece la pena; ya que el libro EL QUIJOTE, ES DE LOS MÁS TRADUCIDOS DE TODO EL MUNDO Y “EL IDIOMA ES EL VERDADERO TESORO DEL SER HUMANO”, ya que sin un idioma no seríamos nada, y “EL ESPAÑOL” (que no castellano) es el segundo idioma más hablado en este planeta: AGF abril 2018

NOTA: Ver al final del relato reproducción de la firma y apreciar los detalles: Firmaba con b y separando las dos a del segundo apellido; las firmas están en el archivo de la catedral de Jaén, en documentos que firmara el autor en su paso por la ciudad como agente del rey comprando vituallas para su ejército.

Quijote EL INGENIOSO HIDALGO LIBRO DE 1916

 

            Los párrafos de más abajo se insertan, corresponden al libro: “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA: de Miguel de Cervantes Saavedra: Editado en 1916  por Ramón Sopena (Editor) Provenza, 93 a 97: BARCELONA.

            Edición especial dedicada al tercer centenario de la muerte del autor:

            Se inicia el libro con un amplio prólogo firmado por A. Herrero Miguel, del que extraigo lo siguiente:

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            “Edición revisada del Quijote” – “En el tercer centenario de su muerte, al más alto representante de la mentalidad hispana”.

            “Inició las investigaciones en torno a la vida de Cervantes un loable capricho de lord Carteret  quien, deseoso de obsequiar a Carolina, mujer del rey Jorge II de Inglaterra, con la biografía del escritor español, dio el encargo de hacerla a Gregorio Mayáns y Siscar (1697-1781) “uno de los eruditos mejor informados del siglo XVIII” en sentir de Esnest Mérimée. Hasta entonces más de cien años de silencio habían gravitado sobre su nombre; pero a partir de Mayáns, aparecieron muchos continuadores –P. Sarmiento, Juan Antonio Pellicer, José Miguel Flores, Juan de Iriarte, Vicente de los Ríos, Martín Fernández de Navarrete…- que si bien lograron importantes descubrimientos, no consiguieron dar cima a su difícil y complicada empresa.[1] En la actualidad[2] y a pesar de que los continuadores modernos son infinitos, quedan en pie las palabras de Fors: “Antes del mes de octubre de 1568 en que Cervantes contaba 21 años y algunos días, nada absolutamente puede afirmarse de modo indubitable sobre los actos de su vida. Esta fecha es la que se constituye  el punto inicial desde donde puede  empezarse a seguir  con datos  concretos y comprobados la existencia de nuestro personaje.”

            Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares el año 1547. Ignorándose el día y el mes – fue bautizado en la iglesia de Santa María la Mayor de dicha ciudad el 9 de octubre del mismo  año. La tradición ha venido señalando hasta hoy, la casa donde se dice que vino al mundo[3]; quedan de ella una pared y una puerta tapiadas sitas en la huerta  de los capuchinos, reveladoras de la modestísima vivienda y de la pobreza de sus moradores. Se desconocen los motivos que llevaron a Alcalá a la familia de Cervantes. – Está probado que estudió en la Universidad de Alcalá y Sevilla; sin embargo, es de presumir que la falta de recursos de sus padres no le permitieron completar los estudios de aquel tiempo, puesto que se queja en sus obras repetidas veces   de su poca cultura y erudición[4]. “Los datos fidedignos que poseemos sobre la infancia, niñez y adolescencia de Cervantes –dice Clemente Cortejón- se reducen a dos: que siendo muchacho había oído en el teatro a Lope de Rueda, y que López de Hoyos le llamaba mi caro y amado discípulo”.  En 1566-1569 y en la escuela de Juan López de Hoyos, a la que asiste: Hace sus primeras armas literarias: escribió un soneto, cinco redondillas y una elegía a la muerte de Isabel de Valois, esposa de Felipe II, contaba a la sazón 21 años.  A los veintidós y al finalizar diciembre de 1569 marcha a Roma donde al principio fue, camarero del cardenal Julio Aquaviva .  En 1570 deja el palacio del cardenal y se alista en la compañía que manda Diego de Urbina capitán del regimiento de infantería de Miguel de Moncada, a las órdenes de Marco Antonio Colonna.  El 7 de octubre de 1571, memorable para la Europa cristiana, postrado en la galera Marquesa por unas calenturas que le hubieran dispensado el batirse, tomó parte en la batalla naval del Golfo de  Lepanto. – Dos arcabuzazos en el pecho y  uno en la mano izquierda que se la destrozó –por haberla perdido-  se le llama: “el manco de Lepanto”. Estuvo en Corfú, y en las jornadas de Levante y Navarino. Asistió –según testimonio de su padre-  a la toma de La Goleta y de Túnez. En 1574 y parte de 1575 recorre Cerdeña, Génova, Nápoles y Sicilia.[5]. Como a pesar de  sus meritorios servicios durante cinco años de vida militar no mejoraba de condición, seguía siendo simple soldado, solicitó licencia y se embarcó en la galera Sol con rumbo a España, pensando que en la península obtendría algún premio, y en una vida tranquila que  reparase sus cansadas energías. El 26 de septiembre de 1575, tres “galeotas” corsarias, abordan la nave y es hecho prisionero y llevado a Argel (sigue un relato pormenorizado). Cinco  años duró el cautiverio de Miguel. Su aspecto distinguido y las cartas de recomendación que llevaba para el monarca español, de don Juan de Austria y del duque de Sesa, le perjudicaron, porque su dueño (fue esclavo) el arraez  Dalí Mamí, suponiéndole persona principal, dióle durísimo trato con la esperanza de que el ansia de verse libre aumentaría el precio de su libertad (rescate)… (Sigue un relato pormenorizado de sus intentos de fugas y negociaciones). El 19 de septiembre de 1580, le rescata el trinitario Fr. Juan  Gil entregando al rey Azán quinientos escudos de oro (unas 5000 ptas: de 1916, calcula el autor). Dos cédulas existentes en el Archivo de Simancas atestiguan que en el mes de junio de 1581 se hallaba en Cartagena, y el de agosto en Lisboa; en esta ciudad debió conocer a la dama portuguesa Ana Franca de quien tuvo una hija natural. Isabel de Saavedra. Con la preocupación de ascender y obtener honores sirve en las tres campañas de 1581-1582; probablemente se batió en aguas de la isla de San Miguel, y  en las islas Terceras (Las Azores). Nada se sabe de sus hechos en estas expediciones, ni de cómo  desempeñó en Mostagán la  misión que le fue confiada, ni de su residencia en Orán. Desvanecidos los sueños que le impulsaron a seguir la carrera de las armas, fijó su morada en Esquivias  y “desde aquella época – afirma un escritor- pertenece a la literatura”. (Publica diferentes obras, se pormenorizan en el relato).

            Desde 1587 principia para Cervantes un largo y ondulante período de sinsabores y disgustos. Abandona el teatro donde no consiguió triunfar, y empujado por la necesidad, sin orientación definitiva de ninguna especie, se dedica a las ocupaciones más distanciadas de su temperamento. Acepta en Andalucía el cargo de Comisario Real para proveer de víveres a la “Flota Invencible”  y al Ejército[6], su rectitud le acarrea una censura eclesiástica (1588-1589). Solicita del  rey, sin conseguirla, una plaza de las que estaban vacantes en Indias (1590). Continúa su vida errante y miserable de pueblo en pueblo, retribuido con diez reales diarios (1591-1592). En septiembre de 1592 “por ajena culpa –asegura Clemente Castejón- y motivo no deshonroso es reducido a prisión en Castro del Río.[7] Vuelve a Madrid (1594) y consigue que el consejo de Contaduría Mayor le nombre recaudador de contribuciones en Granada; a los tres años (1597) aparece contra él un descubierto de 2.641 reales, y un juez de Sevilla ordena su encarcelamiento. Cervantes le sufrió hasta que bajo fianza se traslada a Madrid a rendir cuentas; el verdadero culpable fue un tal Simón Freise de Lima que había sustraído dichos fondos. Sábese que una vez libre, pero separado de la Hacienda Pública, vivió en Sevilla y tuvo a su cargo varias comisiones particulares de importancia (1598). Mientras desempeñó los empleos apuntados, sobreponiéndose a la agobiadora inquietud de su vivir andariego, y aun su abatimiento y desesperación acrecentados por hallarse cada vez más menesteroso, escribe poesías diversas, sonetos, y un romance que figura en  la “Flor de varios y nuevos romances de Andrés de Villalva”.

            Nada sabemos positivamente de Cervantes, desde fines de 1598 a principios de 1603. El 24 de enero de 1603 recibe una orden y marcha a Valladolid para asistir a la depuración definitiva y favorable de las irregularidades que motivaron su proceso. Al trasladarse a la precitada ciudad trae consigo –Ernest Mérimeé, Fitzmaurice-Kelly…- el manuscrito de la primera parte del Quijote. Esta obra que nadie sabe cuándo, ni  dónde se escribió- todo lo dicho acerca del particular ha sido cimentado en conjeturas y leyendas, -imprímese en Madrid (1604)[8] y es lanzado al mercado literario en 1605. El pueblo la acogió con entusiasmo delirante[9].  En el mismo año alcanza seis ediciones: se repite en Madrid, dos en Lisboa y  otras dos en Valencia. Comienza Cervantes a tener enemigos en la república de las letras: Lope de Vega no es el más recatado. Las extraordinarias aventuras de don Quijote y Sancho Panza, traducidas a las principales lenguas europeas, recorren triunfantes el mundo entero.[10]  El 27 de Junio de 1605, meses después de la publicación del “Quijote”, la desgracia que fue siempre su compañera inseparable (continua un relato que omito, porque lo creo conocido).

            En 1606 vuelve a Madrid, pues sigue a la Corte que vuelve. Apuros económicos impídenle escribir. Dedícase, como en otro tiempo, a desempeñar las comisiones particulares que le encomendaban. Las mujeres de su casa ayudan al sostenimiento de todos, protegidas por los marqueses de Villafranca.[11]Sale otra edición del Quijote, de la imprenta de Juan de la Cuesta (1608) (omito un espacio grande y termino con su muerte y enterramiento). Su cadáver fue amortajado con el sayal de San Francisco, y colocada en su diestra una sencilla cruz de madera. Cuatro hermanos de la Orden Tercera llevárosle seguido de dos poetas fieles amigos suyos, a la iglesia de las monjas Trinitarias, donde al día siguiente recibió cristiana sepultura. Cuando la inmortalidad gravaba su nombre en todas las frentes, la acción lenta, inexorable, de un siglo en olvido, habíale borrado de su tumba. El lugar que guarda los restos del príncipe de los ingenios españoles sigue ignorándose hasta hoy.

 

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     El libro que cito al principio, tiene muchos más datos, entre ellos una relación bastante grande de sus obras y ediciones en España y el extranjero, pero para ver todo ello, mejor ir a la Biblioteca Nacional, donde seguro, se encontrará el original de este interesante libro, conmemorativo del tercer centenario de la muerte de CERBANTES (CON “B”,  que es como firmaba: verlo al final de esta recopilación: efectuada en la ciudad de Jaén, en los primeros días de diciembre del 2005)

 

Antonio García  Fuentes

(Escritor y Filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí muchos temas más)

 

CERBANTES:  

 

FIRMA HOLÓGRAFA DEL MISMO Y QUE CONSTA EN EL ARCHIVO PROVINCIAL SITUADO EN LA CATEDRAL DE JAÉN:

 

   Miguel de Cerbantes (firmaba con B y hay testimonio de ello en los archivos PROVINCIALES, hoy situados y cuidados en la Catedral de Jaén; pues estuvo en Jaén y firmó aquí en su época de avituallador del imperio: la firma la reprodujo la revista “Senda de los Huertos”; nº 11 – Julio / septiembre 1988: Pág. 76/77: Obsérvese igualmente que reproduce su nombre y apellidos de esta curiosa forma: “Miguel de Cervantes (minúscula la inicial) Sa avedra (separa en dos partes su segundo apellido).

 

(VER FIRMAS REPRODUCIDAS AL FINAL EN PÁGINA 5)

 

¡Error! Nombre de archivo no especificado.

 

REPRODUCCIÓN REPETIDA: MÁS APAISADA:

 


[1] Está claro que la noticia de aquel encargo regio, se correría como un reguero de pólvora encendida, entre “los eruditos o paniaguados, de la siempre hostil república de las letras españolas”… los que vieron con asombro infinito, que aquel olvidado “compatriota”, era requerido por el interés de nada menos que la reina de Inglaterra, la que indudablemente atraída por las lecturas que pudiera haber reunido de nuestro “ilustre manco”, comentaría ello y el “halagador”, lord inglés… y vete a saber el dinero que gastaría en ello; quiso facilitar la biografía a su reina. No olvidemos que son épocas en que el idioma erudito es el latín y que cualquier obra podía circular por toda Europa y ser leída, al menos por  las élites y bien preparados en el “idioma de La Iglesia”. Por todo ello, creo que y haciendo justicia, es a la “corona inglesa” a la que debemos el rescate de la obra de Cervantes, la  que como veremos, “dormía el sueño de los justos”: A.G.F.  03-12-2005.

[2] Recordemos que estamos entre 1915-1916.

[3] Está claro que no se sabe ni el lugar ni la fecha, algunos aventuran que por la costumbre de imponer el nombre del santo del día, debió nacer el 29 de septiembre, día de San Miguel (viene indicado en el libro).

[4] O sea, que como yo mismo, es un autodidacta más, “de los muchos que marcan historia en este mundo”.

 

[5] No olvidemos que ya está manco.

[6] O sea que tiene que hacer “de lo que hoy llamaríamos agente comercial” y tiene que volver “a las comisiones,” tras publicar la primera parte de “su Quijote” y aguantar todo lo que sabemos y lo que no sabemos. Ciertamente, pues estuvo en Jaén y en los archivos provinciales, dejó su firma de “tratante en víveres”. La reproduzco con un comentario al final de éste texto. AGF.

[7] Para mi está claro que en todos estos largos períodos  de tiempo, “su Quijote” va escribiéndolo  en papel o amontonando datos y vivencias en su ser, ya que otra cosa no es “el gran libro”…  por aquello de que quién no vive y experimenta, no puede escribir apenas de nada, las buenas obras  las han realizado seres experimentados, siempre… al menos es mi juicio. AGF

[8] Curiosamente estamos celebrando el centenario en el 2005, cuando correspondería en el 2004…¿…?.AGF.

[9] Me extraña ese entusiasmo delirante, de un pueblo en inmensa mayoría analfabeto y ajeno a “las letras” AGF,

 

[10] Sorprende, por tanto, la noticia que dan por cierta y la miseria que arrastró hasta su muerte.  AGF

[11] O sea que “tanta edición de libro nacional e internacionalmente”, no le han dado ni para vivir un año. AGF.