Las Noticias de hoy 23 Abril 2022

Enviado por adminideas el Sáb, 23/04/2022 - 12:27

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 23 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa al diario La Nación: “Toda guerra es anacrónica en este mundo”

Francisco y la reforma: “Lo importante es la renovación de la mente y del corazón”

Los indígenas Métis Manitoba visitan al Papa: "Nos ha tocado el corazón"

ID AL MUNDO ENTERO... : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: apóstoles con goteras

“Vino a revelarnos el amor” : San Josemaria

Diez recursos para el Domingo de la Divina Misericordia

San Josemaría Escrivá y la Eucaristía

Sobre la formación profesional (IV): El liderazgo del servicio

La Pascua: ver, escuchar y anunciar sin miedo : Ramiro Pellitero

Perdonar y pedir perdón : Ramiro Pellitero

MI PAZ OS DOY… DEJEMOS ENTRAR LA PAZ DE CRISTO EN NUESTRAS VIDAS : Alberto García-Mina Freire

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse, respetarse : José María Contreras

Las relaciones y los valores familiares según la Biblia : encuentra.com

¿Conviene educar al niño en alguna religión?

Pautas para una educación sexual : Dr. Alvaro Susin Cruz

Celebremos la Pascua en familia : Silvia del Valle Márquez.

Quienes desean la vida y quienes desean la muerte : Norma Mendoza Alexandry

Ecología inhumana : La hija de Cortés

Reforma de la ESO : José Morales Martín

Muestra de una deriva preocupante : Jesús Martínez Madrid

¿Hará todo lo posible? : Juan García. 

La atención al bien común : Jesús D Mez Madrid

Quizá la felicidad sea… : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa al diario La Nación: “Toda guerra es anacrónica en este mundo”

“La guerra en Ucrania, la mediación de la Santa Sede en el conflicto, su relación con el Patriarca Kirill”, son algunos de los temas tratados por el Santo Padre en la entrevista concedida al periódico argentino “La Nación”.

Vatican News

“No puedo hacer nada que ponga en riesgo objetivos superiores, que son el fin de la guerra, una tregua o, al menos, un corredor humanitario. ¿De qué serviría que el Papa fuera a Kiev si la guerra continuara al día siguiente?”, es una de las respuestas que dio el Papa Francisco en la entrevista concedida al periódico argentino “La Nación”, y que fue publicado este jueves 21 de abril de 2022, en el cual trata sobre la dramática situación que se vive en Ucrania.

Toda guerra es anacrónica en este mundo

Una de las primeras cuestiones afrontadas en la entrevista con el periodista Joaquín Morales Solá, fue el de la guerra en Ucrania. Al respecto, el Papa Francisco señaló que, “toda guerra es anacrónica en este mundo y a esta altura de la civilización”. Además, aclaró que nunca nombra al Presidente Ruso ni a Rusia cuando habla de la guerra, porque “un Papa nunca nombra a un jefe de Estado ni mucho menos a un país, que es superior a su jefe de Estado”. Asimismo, reiteró que la Santa Sede está siempre dispuesta a mediar en todo conflicto, “siempre hay gestiones. El Vaticano no descansa nunca. Los detalles no se los puedo contar porque dejarían de ser gestiones diplomáticas. Pero los intentos no cesarán nunca”.

Estoy dispuesto a hacer todo para frenar la guerra

Sobre su visita a la Embajada de Rusia ante la Santa Sede, el Pontífice señaló que fue sólo, que “fue una responsabilidad personal. Fue una decisión que tomé en una noche de vigilia pensando en Ucrania. Está claro para quien quiere verlo bien que estaba señalando al gobierno que puede poner fin a la guerra en el próximo instante. Para serle sincero, quisiera hacer algo para que no haya una sola muerte más en Ucrania. Ni una más. Y estoy dispuesto a hacer todo”.

Solidaridad con la población ucraniana

Asimismo, el Santo Padre explicó que ha realizado algunos gestos de solidaridad con la población ucraniana, “con sus muertos, con sus familias y con los que sufren la emigración”. Y sobre, la posibilidad de visitar Kiev, el Pontífice afirmó que, “no puedo hacer nada que ponga en riesgo objetivos superiores, que son el fin de la guerra, una tregua o, al menos, un corredor humanitario. ¿De qué serviría que el Papa fuera a Kiev si la guerra continuara al día siguiente?”.

Promoción del diálogo interreligioso

Otro de los temas tratados en la entrevista fue sobre la relación del Papa con el Patriarca Kirill, Patriarca de Moscú y de toda Rusia, con quien se reunió en La Habana, en febrero de 2016. El Santo Padre indicó que su relación es muy buena y lamentó que “el Vaticano haya tenido que levantar una segunda reunión con el Patriarca Kirill, que teníamos programada para junio en Jerusalén”. Además, el Papa Francisco recordó su compromiso y empeño en la promoción del diálogo interreligioso. “Cuando era Arzobispo de Buenos Aires junté en un fructífero diálogo a cristianos, judíos y musulmanes. Fue una de las iniciativas de las que me siento más orgulloso. Es la misma política que promuevo en el Vaticano. Como usted me escuchó muchas veces, para mí el acuerdo es superior al conflicto”.

 

Francisco y la reforma: “Lo importante es la renovación de la mente y del corazón”

En su prólogo al libro "Praedicate Evangelium. Una nueva curia para un tiempo nuevo”, el Santo Padre insiste en que muchas modificaciones de la nueva Constitución apostólica ya se han puesto en práctica, y que otras irán dando fruto a su tiempo.

Vatican News

Expectación ha concitado la presentación del libro "Praedicate Evangelium". Una nueva curia para un tiempo nuevo, que se realizará este sábado 23 de abril en Madrid, España. El texto editado por Publicaciones Claretianas recoge una larga entrevista del periodista Fernando Prado al cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, quien describe el proceso de elaboración de la nueva Constitución Apostólica que dará forma a la Curia Romana a partir de junio próximo. El prelado también hace hincapié en las principales modificaciones con que este documento busca mejorar la estructura administrativa de la Santa Sede al servicio de la evangelización.

El libro cuenta con un prólogo escrito por el Papa Francisco, que ofrecemos a continuación.

Prólogo del libro "Praedicate Evangelium. Una nueva curia para un tiempo nuevo"

Papa Francisco

Desde el concilio Vaticano II, la Iglesia católica ha llevado a cabo varias reformas de la Curia Romana tratando de acomodarla a las exigencias de los tiempos, de la vida eclesial y de la recepción del propio Concilio, que sigue siendo la brújula. San Pablo VI quiso acomodar la Curia a los postulados del recién celebrado Vaticano II mediante la constitución apostólica Regimini Ecclesiae Universae. San Juan Pablo II, algunos años más tarde, hizo lo propio promulgando la Pastor Bonus, queriendo desarrollar otros cambios y adaptar el funcionamiento de la Curia al nuevo Código de Derecho Canónico aprobado en 1983. Por su parte, Benedicto XVI también hizo diversos cambios y adaptaciones de la Pastor Bonus a través de diferentes motu proprio para salir al paso de algunos desafíos, realizando los necesarios ajustes que las situaciones pedían. Incluso se creó entonces un nuevo organismo: el Pontificio Consejo dedicado a la Nueva Evangelización.

Antes de cambiar de diócesis, participando de las Congregaciones Generales previas al último Cónclave, entre otras muchas recomendaciones, se pidió vivamente del nuevo Papa que acometiera una nueva reforma de la Curia. Se veía como algo urgente y necesario. Esta reforma viene de ahí. Yo mismo me atreví en esos momentos a hacer algunas recomendaciones, pensando que iba a ser otro quien tuviera que llevarlas adelante. Pero las cosas fueron diferentes. Y, así, desde el principio se trabajó durante todos estos años. 

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19/03/2022El Papa promulga la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium sobre la Curia Romana

Agradezco este nuevo servicio a la editorial claretiana de Madrid. No son tiempos fáciles para el «apostolado de la prensa». Agradezco el paciente trabajo a todo el Consejo de cardenales en este largo alumbramiento. Especialmente, agradezco al cardenal Rodríguez Maradiaga su constante servicio a la Sede de Pedro, a la vez que le felicito por esta entrevista. Creo que en ella se desentraña adecuadamente el sentido y el itinerario de este minucioso y decisivo trabajo de revisión y propuesta. En ella se hace ver que la reforma de la curia es más que la constitución apostólica. Praedicate Evangelium es una de las dimensiones de la reforma.

Es de esperar que todo lo que esta Constitución encierra se haga cada vez más notorio según se vaya aplicando y poniendo en práctica. Muchas de las novedades que aparecen en la Constitución apostólica ya se fueron poniendo en marcha desde los primeros años del presente pontificado y han dado frutos satisfactorios. Otras darán su fruto a su tiempo.

Las reformas en las estructuras y en lo organizativo son necesarias, sin duda, pero lo verdaderamente importante es la renovación de la mente y del corazón de las personas. Todos estamos llamados a arrimar el hombro. Y no olvidemos que las leyes y los documentos son siempre limitados y casi siempre efímeros. Otros tiempos vendrán. Otras circunstancias darán al mundo un nuevo color... Y la Iglesia, en su constante diálogo con el mundo, con un pie firme en los orígenes y fiel a la Tradición, adaptará nuevamente su vida y sus estructuras humanas a las condiciones cambiantes de los tiempos. Así, la Iglesia seguirá ofreciendo el Evangelio al mundo de una forma renovada. Es nuestra condición, pues creemos que «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8). Así, los creyentes de hoy vamos pasando el testigo a las siguientes generaciones.

Roma, San Juan de Letrán

25 de marzo de 2022,

Solemnidad de la Anunciación del Señor.

Francisco

 

Los indígenas Métis Manitoba visitan al Papa: "Nos ha tocado el corazón"

Una cincuentena de miembros de la Federación, convertida en gobierno autónomo tras un acuerdo con el Estado en julio de 2021, llegaron desde Canadá a Roma para continuar el proceso de reconciliación con la Iglesia tras los abusos en los "colegios residenciales". El Presidente Chartrand: "Nuestro mensaje no es sólo de reconciliación, sino de esperanza. Francisco un Papa con visión de futuro".

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

Lágrimas, recuerdos, historias, agradecimiento por las disculpas y la petición de un viaje a sus tierras. El Papa tuvo una íntima y emotiva audiencia con 55 nativos de la Federación Métis Manitoba, de Canadá, recibidos esta mañana en la Sala Clementina. La Federación Indígena Métis Manitoba es un verdadero gobierno de Canadá que firmó un acuerdo de autonomía con el Estado el 6 de julio de 2021.  Sus miembros -conocidos como los "mestizos del río Rojo"- se concentran principalmente en la región de Manitoba, en las praderas del noroeste de Canadá. Por esta razón, la federación no participó en la audiencia del Papa a finales de marzo con los pueblos originarios de Canadá (métis, inuit y primera nación), que fueron recibidos "como organizaciones" por turno en el Vaticano.

Un mensaje de esperanza y renovación

Sin embargo, al igual que otros pueblos indígenas, muchos Métis de Manitoba también han sufrido abusos en los llamados "internados" creados por el gobierno y confiados a las iglesias cristianas, incluida la católica. En una audiencia celebrada el 1 de abril, a la que también asistieron los obispos de Canadá, el Papa expresó su "indignación y vergüenza" y pidió disculpas. Fue un poderoso mensaje que estas personas habían estado esperando durante décadas. El pueblo indígena de Manitoba se sintió profundamente conmovido por el gesto y las palabras del Papa, como explicó el presidente David Chartrand en un mensaje escrito antes de la reunión de hoy, y que tuvo tres años de preparación: "Al igual que todos los pueblos indígenas de Canadá, en particular los que hemos sufrido a manos de individuos que han ocultado sus fechorías detrás de la Iglesia católica, me sentí aliviado al escuchar las sinceras disculpas del Papa Francisco. Sé que muchos Métis de Río Rojo llevan muchos años esperando esta disculpa. Espero que ayude a iniciar el proceso de curación y nos una en este viaje de reconciliación, revitalización y renovación".

Chartrand repitió hoy las mismas palabras en la Plaza de San Pedro ante un grupo de periodistas reunidos tras el acto en la Sala Clementina. Nuestro mensaje", explicó, "era un poco diferente. Ciertamente apreciamos y aceptamos las disculpas del Papa y también hablamos de reconciliación, pero teníamos un mensaje mayor de esperanza y renovación".

Declaraciones del presidente David Chartrand

Lágrimas y compasión

"Las lágrimas que se derramaron allí, las historias que se compartieron, Su Santidad las aceptó con tanta gracia y nos conmovió tanto cuando pidió perdón", dijo el líder indígena. Un superviviente llamado Andrew, "que pagó un precio muy alto de niño", tuvo la oportunidad de contar su historia personal a Francisco, que se mostró paciente, atento y conmovido: "Nos llegó al corazón ver su compasión".

Regalos que narran la historia de un pueblo

Al Papa se le mostró el acuerdo gubernamental firmado con Canadá. Francisco firmó el ejemplar que se expondrá en un museo que se creará próximamente. A continuación, los indígenas les entregaron diversos regalos, principalmente artesanías hechas con perlas que pueden tener 300 años de antigüedad, una marca distintiva de esta población. Nuestro trabajo de abalorios es la historia de lo que somos", explicó Chartrand, "una vez se nos conoció como "la gente del Oeste con los abalorios de flores", porque no sabían cómo llamarnos. Nos llamaban mestizos, gente del campo. Y así, todo nuestro trabajo tiene las flores de la pradera que cuentan nuestra historia".

Los nativos también regalaron al Papa pantuflas típicas y cruces que datan del 1800: "Apreció la amabilidad de nuestra gente". El Papa, según sus invitados, estrechó la mano de todos los presentes: "Se levantó de su silla y quiso acercarse a nosotros. Vimos que cojeaba... le dijimos: 'Siéntate, ya iremos a verte'. Y fue muy bueno ver al Papa con tanta energía, entusiasmo y orgullo. Nos llegó al corazón, y muchos de nosotros no lo olvidaremos mientras vivamos. Por ello, es un gran honor para nosotros tener un Papa con tanta visión de futuro. Primero es el Papa de Dios y luego del Vaticano".

Representantes de la Federación Métis Manitoba, de Canadá

La petición de visitar la tumba de Louis Riel

El Papa Francisco entregó a cada uno de ellos una medalla de pontificado: "Muchos lloraron". La audiencia fue también una oportunidad para que los Métis reiteraran su invitación al Papa (que les ha asegurado su disposición a viajar a Canadá, probablemente en julio) para que visite la región y bendiga la tumba de Louis Riel, el líder Métis, considerado el padre del Manitoba, que en el siglo XIX lideró los movimientos de resistencia del Río Rojo que buscaban preservar los derechos y la cultura del pueblo cuando su tierra quedó bajo la influencia canadiense. El entonces Primer Ministro John A. MacDonald puso una recompensa de 5.000 dólares por su cabeza y Riel fue ejecutado. Los indígenas pidieron hoy al Papa que en su viaje a Canadá visite la tumba de "un hombre que lo dio todo, no sólo por el pueblo Métis, sino por la Iglesia".

 

ID AL MUNDO ENTERO...

— El Señor nos envía al mundo para dar a conocer su doctrina.

— Como los Apóstoles, encontraremos obstáculos. Ir contra corriente. La reevangelización de Europa y del mundo. Santidad personal.

— «Tratar a las almas una a una». Optimismo sobrenatural.

I. La Resurrección del Señor es una llamada al apostolado hasta el fin de los tiempos. Cada una de las apariciones concluye con un mandato apostólico. A María Magdalena le dice Jesús: ... ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre1; a las demás mujeres: Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán2. Los mismos discípulos de Emaús sienten la necesidad, aquella misma noche, de comunicar a los demás que Cristo vive3. En el Evangelio de la Misa de hoy, San Marcos recoge el gran mandato apostólico, que seguirá vigente siempre: Por último se apareció a los Once, cuando estaban a la mesa (...). Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación4.

Desde entonces, los Apóstoles comienzan a dar testimonio de lo que han visto y oído, y a predicar en el nombre de Jesús la penitencia para la remisión de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén5. Lo que predican y atestiguan no son especulaciones, sino hechos salvíficos de los que ellos han sido testigos. Cuando por la muerte de Judas es necesario completar el número de doce Apóstoles, se exige como condición que sea testigo de la Resurrección6.

En aquellos Once está representada toda la Iglesia. En ellos, todos los cristianos de todos los tiempos recibimos el gozoso mandato de comunicar a quienes encontramos en nuestro caminar que Cristo vive, que en Él ha sido vencido el pecado y la muerte, que nos llama a compartir una vida divina, que todos nuestros males tienen solución... El mismo Cristo nos ha dado este derecho y este deber. «La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado»7, y «todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia (...). Todos participan activa y corresponsablemente (...) en la única misión de Cristo y de la Iglesia»8.

Nadie nos debe impedir el ejercicio de este derecho, el cumplimiento de este deber. La Primera lectura de la Misa nos relata la reacción de los Apóstoles cuando los sumos sacerdotes y los letrados les prohíben absolutamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron: ¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído9.

Tampoco nosotros podemos callar. Es mucha la ignorancia a nuestro alrededor, es mucho el error, son incontables los que andan por la vida perdidos y desconcertados porque no conocen a Cristo. La fe y la doctrina que hemos recibido debemos comunicarla a muchos a través del trato diario. «“No se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa; brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

»Y, al final de su paso por la tierra, manda: “euntes docete” —id y enseñad. Quiere que su luz brille en la conducta y en las palabras de sus discípulos, en las tuyas también»10.

II. En cuanto los Apóstoles comenzaron, con valentía y audacia, a enseñar la verdad sobre Cristo, empezaron también los obstáculos, y más tarde la persecución y el martirio. Pero al poco tiempo la fe en Cristo traspasará Palestina, alcanzando Asia Menor, Grecia e Italia, llegando a hombres de toda cultura, posición social y raza.

También nosotros debemos contar con las incomprensiones, señal cierta de predilección divina y de que seguimos los pasos del Señor, pues no es el discípulo más que el Maestro11. Las recibiremos con alegría, como permitidas por Dios; las acogeremos como ocasiones para actualizar la fe, la esperanza y el amor; nos ayudarán a incrementar la oración y la mortificación, con la confianza de que la oración y el sacrificio siempre producen frutos12, pues los elegidos del Señor no trabajarán en vano13. Y trataremos siempre bien a los demás, con comprensión, ahogando el mal en abundancia de bien14.

No nos debe extrañar que en muchas ocasiones hayamos de ir contra corriente en un mundo que parece alejarse cada vez más de Dios, que tiene como fin el bienestar material, y que desconoce o relega a segundo plano los valores espirituales; un mundo que algunos quieren organizar completamente de espaldas a su Creador. A la profunda y desordenada atracción que los bienes materiales ejercen sobre quienes han perdido todo trato con Dios, se suma el mal ejemplo de algunos cristianos que, «con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión»15.

El campo apostólico en el que habían de sembrar los Apóstoles y los primeros cristianos era un terreno duro, con abrojos, cardos y espinos. Sin embargo, la semilla que esparcieron fructificó abundantemente. En unas tierras el ciento, en otras el sesenta, en otras el treinta por uno. Basta que haya un mínimo de correspondencia para que el fruto llegue, porque es de Dios la semilla, y Él quien hace crecer la vida divina en las almas16. A nosotros nos toca el trabajo apostólico de prepararlas: en primer lugar, con la oración, la mortificación y las obras de misericordia, que atraen siempre el favor divino; con la amistad, la comprensión, la ejemplaridad.

El Señor nos espera en la familia, en la Universidad, en la fábrica, en las asociaciones más diversas, dispuestos a recristianizar de nuevo el mundo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación, nos sigue diciendo el Señor. Es la nuestra una época en la que Cristo necesita hombres y mujeres que sepan estar junto a la Cruz, fuertes, audaces, sencillos, trabajadores, sin respetos humanos a la hora de hacer el bien, alegres, que tengan como fundamento de sus vidas la oración, un trato lleno de amistad con Jesucristo.

El Señor cuenta con nuestros propósitos de ser mejores, de luchar más contra los defectos y contra todo aquello, por pequeño que sea, que nos separa de Él; cuenta con un apostolado intenso entre aquellas personas con las que nos relacionamos más a menudo. Debemos pensar hoy en nuestra oración si a nuestro alrededor, como ocurría entre los primeros cristianos, hay una porción de gente que se está acercando más firmemente a Dios. Debemos preguntarnos si nuestra vida influye para bien entre aquellos que frecuentan nuestro trato por razón de amistad, de trabajo, de parentesco, etcétera.

III. Del misterio pascual de Cristo nace la Iglesia y esta se presenta a los hombres de su tiempo con una apariencia pequeña, como la levadura, pero con una fuerza divina capaz de transformar el mundo, haciéndolo más humano y más cercano a su Creador. Muchos hombres de buena voluntad han respondido hoy a las frecuentes llamadas del sucesor de Pedro para dar luz a tantas conciencias que andan en la oscuridad en tierras en las que en otro tiempo se amaba a Cristo.

Como hicieron los primeros cristianos, «lo verdaderamente importante es tratar a las almas una a una, para acercarlas a Dios»17. Por eso, nosotros mismos debemos estar muy cerca del Señor, unidos a Él como el sarmiento a la vid18. Sin santidad personal no es posible el apostolado, la levadura viva se convierte en masa inerte. Seríamos absorbidos por el ambiente pagano que con frecuencia encontramos en quienes quizá en otro tiempo fueron buenos cristianos.

La Primera lectura de la Misa nos dice que los sumos sacerdotes, los ancianos y los letrados estaban sorprendidos viendo el aplomo de Pedro y Juan, sabiendo que eran hombres sin letras ni instrucción, y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús19. A los Apóstoles se les ve seguros, sin complejos, con el optimismo que da el ser amigos de Cristo. Esa amistad que crece día a día en la oración, en el trato con Él.

El cristiano, si está unido al Señor, será siempre optimista, «con un optimismo sobrenatural que hunde sus raíces en la fe, que se alimenta de la esperanza y a quien pone alas el amor (...).

»Fe: evitad el derrotismo y las lamentaciones estériles sobre la situación religiosa de vuestros países, y poneos a trabajar con empeño, moviendo (...) a otras muchas personas. Esperanza: Dios no pierde batallas (San Josemaría Escrivá, passim) (...). Si los obstáculos son grandes, también es más abundante la gracia divina: será Él quien los remueva, sirviéndose de cada uno como de una palanca. Caridad: trabajad con mucha rectitud, por amor a Dios y a las almas. Tened cariño y paciencia con el prójimo, buscad nuevos modos, iniciativas nuevas: el amor aguza el ingenio. Aprovechad todos los cauces (...) para esta tarea de edificar una sociedad más cristiana y más humana»20.

Santa María, Reina de los Apóstoles, nos encenderá en la fe, en la esperanza y en el amor de su Hijo para que colaboremos, eficazmente, en nuestro propio ambiente y desde él, a recristianizar el mundo de hoy, tal como el Papa nos pide. En nuestros oídos siguen resonando las palabras del Señor: Id a todo el mundo... Entonces solo eran Once hombres, ahora somos muchos más... Pidamos la fe y el amor de aquellos.

1 Jn 20, 17. — 2 Mt 28, 10. — 3 Cfr. Lc 24, 35. — 4 Mc 16, 14-15. — 5 Cfr. Lc 24, 44-47. — 6 Cfr. Hech 1, 21-22. — 7 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 2. — 8 A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, 1ª ed., Pamplona 1969, p. 38. — 9 Hech 4, 20. — 10 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 930. — 11 Mt 10, 24. — 12 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, nn. 694-697. — 13 Is 65, 23. — 14 Cfr. Rom 12, 21. — 15 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 19. — 16 Cfr. 1 Cor 3, 6. — 17 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9. — 18 Cfr. Jn 15, 5.  19 Hech 4, 13. — 20 A. del Portillo, Ibídem, n. 10.

 

Evangelio del sábado: apóstoles con goteras

Comentario del sábado de Pascua. “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. La fe incipiente de los apóstoles no es obstáculo para que Jesús les encargue semejante misión. Es el Espíritu Santo quien transforma nuestros talentos y debilidades en instrumentos amor al Señor y a los demás.

Evangelio (Mc 16,9-15)

En aquel tiempo, Jesús, después de resucitar al amanecer del primer día de la semana, se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos. Pero ellos, al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.

Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; también ellos regresaron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco les creyeron.

Por último, se apareció a los once cuando estaban a la mesa y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado.

Y les dijo: — Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura.


Comentario

En el evangelio de san Marcos que la Iglesia nos invita a considerar hoy, llama poderosamente la atención el contraste entre la incredulidad de los apóstoles ante las noticias que van recibiendo de la resurrección de Jesús, frente a la confianza que el Señor vuelve a depositar en ellos encargándoles el mandato misionero: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”.

Esta falta de fe de los discípulos no es algo querido por el Señor, que, de hecho, les reprocha “su incredulidad y dureza de corazón”, pero tampoco es un obstáculo insalvable para hacer de ellos los instrumentos de difusión del Evangelio por todo el mundo.

Tampoco es nueva esta falta de fe en los once, pero Jesús siempre da una oportunidad más para volver a empezar y vuelve a confiar en ellos.

Resulta conmovedor ver cómo el Señor no solo olvida e incluso perdona estas faltas, sino que, además, pone en sus manos una misión todavía mayor: anunciar la obra de la Salvación a todos los hombres.

Jesús, cuando nos invita a ser sus apóstoles –y recordemos que todos los cristianos recibimos esta llamada con el Bautismo–, no se fija en lo que no tenemos o en lo que flaqueamos, sino que nos proyecta hacia el futuro con una confianza infinita en la obra que el Espíritu Santo hará en cada uno de nosotros, si luchamos por dejarle hacer en nuestra vida.

Ojalá sepamos nosotros también confiar en las personas que tenemos a nuestro alrededor, viendo, con los ojos de Cristo, toda la potencialidad para hacer el Bien que tiene cada hijo de Dios.

 

“Vino a revelarnos el amor”

Cristo, que subió a la Cruz con los brazos abiertos de par en par, con gesto de Sacerdote Eterno, quiere contar con nosotros –¡que no somos nada!–, para llevar a "todos" los hombres los frutos de su Redención (Forja, 4).

23 de abril

No es la vida corriente y ordinaria, la que vivimos entre los demás conciudadanos, nuestros iguales algo chato y sin relieve. Es, precisamente en esas circunstancias, donde el Señor quiere que se santifique la inmensa mayoría de sus hijos.

Es necesario repetir una y otra vez que Jesús no se dirigió a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él, para realizar –en el lugar donde estamos– su misión divina.

Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad (Es Cristo que pasa, 110).

 

Diez recursos para el Domingo de la Divina Misericordia

La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección. Este año la fecha de esta fiesta es el domingo 24 de abril de 2022. Esta fiesta fue propuesta por San Juan Pablo II en el año 2000.

22/04/2022

Sor M. Faustina Kowalska (1905-1938), recibió el mensaje de la misericordia de Dios, que pide por la confianza en Dios y la actitud de misericordia hacia el prójimo. Llama a proclamar y orar por la Divina Misericordia para el mundo, incluyendo la práctica de nuevas formas del culto.

La devoción a la Divina Misericordia creció muy rápidamente después de la beatificación (18 de abril de 1993) y canonización (30 de abril de 2000) de Sor Faustina y también debido a las peregrinaciones del Papa Juan Pablo II a Lagiewniki (1997 y 2002).

En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de abril, 2000). Tanto Benedicto XVI como el Papa Francisco han recomendado esta devoción.

La imagen de Jesús Misericordioso, que también se conoce como la imagen de la Divina Misericordia.

 


Diez recursos sobre la Divina Misericordia

 

1. Santuario de la Divina Misericordia y Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia: ambas páginas tienen numerosos recursos sobre esta devoción, textos de Santa Faustina y de San Juan Pablo II, etc.

2. Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia.

3. El corazón de Cristo, paz de los cristianos. Homilía del fundador del Opus Dei.

4. Carta Apostólica “Misericordia et Misera”, del Papa Francisco, al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

5. San Josemaría Escrivá de Balaguer y la devoción al Amor Misericordioso (1927-1935). Publicado en Studia et Documenta en el año 2009.

6. El beato Álvaro del Portillo y la misericordia de Dios (vídeo)

7. Artículo de Mons. Javier Echevarría, con motivo de la JMJ de Polonia, en el que aconseja seguir los pasos de san Juan Pablo II y de santa Faustina Kowalska.

8. Libro electrónico de Mons. Javier Echevarría: “Misericordia y vida cotidiana”. Transcripción de las meditaciones sobre las catorce obras de misericordia.

9. Libro electrónico “La ternura de Dios”. Este ebook gratuito reúne los ocho editoriales sobre la misericordia, publicados en la sección Textos para la vida interior.

10. ¿Cómo mantener vivo el Jubileo de la Misericordia? (10 de noviembre de 2016): vídeos de la serie Just Start; una explicación de las obras de misericordia corporales y espirituales; podcast de Mons. Javier Echevarría, etc.

 

San Josemaría Escrivá y la Eucaristía

El 23 de abril de 1912, san Josemaría recibió por primera vez la Comunión. El Señor “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”, decía.

22/04/2022

En España no solían hacer los niños la Primera Comunión hasta haber cumplido los doce o trece años, costumbre seguida también en otros muchos países. Fue en virtud de un decreto de san Pío X, en 1910, cuando se rebajó esa edad al momento en que se alcanzase el uso de razón, alrededor de los siete años.

La fecha de la disposición coincidía con los preparativos para el Congreso Eucarístico Internacional que iba a celebrarse en Madrid en junio de 1911. Por ello se hizo en todas las parroquias de España una intensa labor catequética, con la idea de que se acercasen a recibir la Sagrada Eucaristía el mayor número posible de niños.

Recordatorio de la Primera Comunión de San Josemaría.

Un religioso escolapio, el padre Manuel Laborda de la Virgen del Carmen —el “padre Manolé”, como le llamaban con afectuosa jovialidad los alumnos—, se ocupó de preparar a Josemaría. Y, en tanto llegara el tan esperado día de la Primera Comunión, le enseñó al niño una oración que mantenía vivo su deseo: —«Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos». Oración que, desde entonces, recitó con mucha frecuencia.

El fundador del Opus Dei aprendió la “comunión espiritual” gracias al Padre Manuel Laborda.

Hizo la Primera Comunión el 23 de abril de 1912, justamente a los diez años de haber sido confirmado. Era la fiesta de san Jorge, patrono de Aragón y Cataluña, y día tradicional para la ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia del colegio de los Escolapios. En el momento de recibir la Sagrada Comunión pidió por sus padres y hermanas, suplicando a Jesús que le concediese la gracia de no perderlo nunca.

Siempre recordó con fervoroso candor los aniversarios de esa fecha, en que el Señor, como decía: “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”.


• La comunión espiritual, una oración que dio la vuelta al mundo.

• La comunión espiritual que repetía san Josemaría. Podcast del historiador José Luis González Gullón.

• La Eucaristía, misterio de amor y de fe.

Momentos especiales de la predicación de san Josemaría sobre la Eucaristía. “Vivir la Santa Misa es permanecer en oración continua; convencernos de que, para cada uno de nosotros, es éste un encuentro personal con Dios”.

• ¿Qué le digo después de comulgar? Textos de San Josemaría para orar.

• Libro electrónico: «Catequesis del Papa Francisco sobre la Santa Misa».

• Carta de Mons. Javier Echevarría sobre el Año de la Eucaristía (2004)

• Tema 21. La Eucaristía (Texto de Resúmenes de fe cristiana).

 

 

Sobre la formación profesional (IV): El liderazgo del servicio

San Josemaría entendió el prestigio profesional no como éxito propio sino como oportunidad para servir mejor. La formación ayuda a completar la actitud de mejorar competencias y habilidades.

22/04/2022

En las enseñanzas de san Josemaría, lo que actualmente se designa como liderazgo es comprendido y ejercido siempre como servicio, con el deseo de contribuir a construir un proyecto común en beneficio de todos. Un líder no es solo la persona que ejerce un determinado rol en un equipo. El líder quiere mejorar el mundo, y enseguida se da cuenta de que lo mejor es empezar por lo que tiene más cerca, por lo más próximo: su entorno. ¿Y cómo lo hace? San Josemaría lo sintetizaba en una expresión: “para servir, servir[1]. Y animaba a “adquirir todo el prestigio profesional posible, en servicio de Dios y de las almas”[2].

La aspiración de liderar en el servicio implica dos retos, en los que la formación nos ayuda: desarrollar una visión más relacional del propio trabajo (tanto en el sentido de trabajar con los demás –empezando por Dios- como desde y para los demás) y el empeño por cultivar virtudes (querer mejorar uno mismo, no para buscar una autoperfección, sino para donarse).

Seres relacionales, trabajo relacional

Una visión relacional de la propia profesión consiste en la capacidad de elevar la mirada para descubrir que el trabajo que hago cada día va más allá de la producción de servicios o bienes, del rendimiento y la eficacia, de la mera autorrealización. Al final, consiste en generar bienes relacionales, que se producen y se gozan siempre con otros, incluso en aquellas profesiones que no están orientadas directamente a la persona. Es claramente interactivo vender en el puesto del mercado, formar a los alumnos de formación profesional, visitar pisos con los clientes o defender a un acusado ante el juez. Pero también es relacional, aunque no de forma tan aparente, el trabajo en un centro logístico, una cadena de montaje o un laboratorio de bioquímica. Incluso la actividad de la persona que teletrabaja desde casa o estudia para unas oposiciones, sin aparentemente interaccionar con nadie.

Cristo es reconocido por su oficio (“¿No es este el artesano, hijo de María?”[3]) y por el de su padre (“¿No es éste el hijo de José?”[4]). En el Éxodo, podemos encontrar un anticipo de san José en los artesanos que por la calidad de su trabajo y por su relación con los demás fueron seleccionados para construir el santuario[5]. Moisés los alaba afirmando que Dios los ha llamado por su nombre y los ha llenado de su espíritu, dotándoles de “sabiduría, inteligencia y experiencia para toda clase de trabajos”[6], y “ha puesto en su corazón el don de enseñar a otros”[7]. Jesús aportó una dimensión nueva al sentido relacional de su trabajo en el taller: al construir una mesa, no creaba solamente un objeto, sino que de alguna manera en ella estaban presentes todas las personas que a lo largo de los años la utilizarían, su aprendizaje de José, la alegría de la vida familiar con la Virgen, las necesidades y preocupaciones de los vecinos, el recuerdo de la Creación, la caricia de la madera que encontraría también en la Cruz, el deseo de glorificar al Padre, la redención de la humanidad.

Esta dimensión relacional del trabajo se apoya en lo que significa ser humano, porque la apertura a conocer y amar al otro es parte de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, de un Dios Trino. “Muchas veces me pregunto: ¿con qué espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo afrontamos el esfuerzo? ¿Vemos nuestra actividad unida sólo a nuestro destino o también al destino de los otros? De hecho, el trabajo es una forma de expresar nuestra personalidad, que es por su naturaleza relacional”[8], explica el papa Francisco. “El trabajo es también una forma para expresar nuestra creatividad: cada uno hace el trabajo a su manera, con el propio estilo; el mismo trabajo, pero con un estilo diferente”[9].

Como consecuencia de esta naturaleza relacional, parte de la formación profesional no es solamente adquirir los conocimientos y habilidades adecuados al trabajo que realizo, sino aprender también de las personas: de ese colega veterano o de aquel otro más joven, del tutor que sabe aconsejar bien, de la conversación con los miembros del equipo que saca adelante un proyecto, de ese profesor a quien podemos volver años después de pasar por su aula, de un cliente insatisfecho. Cristo mismo fue aprendiz. “Porque Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar”[10].

Un instrumento en mis manos

Uno de los resultados de aprovechar la formación profesional suele ser la consideración que cada uno adquiere en el ámbito en que es experto. El verdadero prestigio profesional (que es un medio y no un fin) es el resultado de los recursos que ponemos cada uno para ser más competentes en el desempeño en la propia profesión. Un profesional biosanitario siempre querrá poner los medios para conocer más sobre posibles tratamientos para sus pacientes, un profesor intentará mejorar sus recursos docentes para enseñar mejor pensando en sus alumnos, un comerciante buscará nuevos productos adecuados a las necesidades de sus clientes y un trabajador del mundo de la comunicación procurará aportar la mayor calidad y veracidad posible en la información que transmite. Cada uno se actualiza con las herramientas que están a su alcance (cursos, lecturas, workshops, investigación…), pero la formación que la Obra ofrece nos ayuda a desear esa actualización, a priorizarla, perseverar en ella, para dar más gloria a Dios en el trabajo y ser más eficaces en el servicio.

El prestigio profesional, desde este punto de vista, resulta muy diferente de perseguir el éxito, entendido como procurar resultados que otros puedan juzgar como sobresalientes o excelentes, porque serían el fruto de talentos extraordinarios que no poseen las personas comunes. La predicación de san Josemaría pretendía alentar, no cortar las alas a nadie ni empequeñecer a quienes cuentan con cualidades extraordinarias –“al que pueda ser sabio, no le perdonamos que no lo sea”[11]–, pero al mismo tiempo estaba lejos de proponer un discurso de excelencia dirigido a unos pocos o alejado de la realidad. De hecho, incluso una persona responsable en su trabajo, con todas las habilidades adquiridas y la experiencia de años de ejercicio, no es extraño que se encuentre también con fracasos, con errores que requieren rectificación, con momentos en que debe empezar de cero. Son ocasiones de aprendizaje y de intentar superar con esperanza esas circunstancias, sin quedar marcado por el miedo a fracasar de nuevo.

La clave del prestigio profesional, para san Josemaría, no es la fama, sino el servicio por amor: "El peregrinaje del cristiano en el mundo ha de convertirse en un continuo servicio prestado de modos muy diversos, según las circunstancias personales, pero siempre por amor a Dios y al prójimo. Ser cristiano es actuar sin pensar en las pequeñas metas del prestigio o de la ambición, ni en finalidades que pueden parecer más nobles, como la filantropía o la compasión ante las desgracias ajenas: es discurrir hacia el término último y radical del amor que Jesucristo ha manifestado al morir por nosotros”[12].

En resumen, el sentido del prestigio profesional es poderlo utilizar para el servicio a Dios y a las personas. San Josemaría lo explicaba así: “Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección”[13].

Cada persona, por tanto, está llamada a ser líder en su propio entorno (laboral, familiar, social), a quererlo mejorar. Y todos, hombres y mujeres, podemos aportar (mediante la preparación profesional y el crecimiento personal) a esta mejora. Resulta muy inspirador ver cómo la pandemia ha sacado a la luz muchos líderes ocultos y es a la vez una llamada a la responsabilidad para cada uno: es mi propia realidad, la que yo puedo mejorar, y si no lo hago yo, nadie lo hará por mí.

Servir desde el prestigio profesional

“Servir” se puede entender en el sentido de “ser competente” o de “valer para una determinada tarea”. Para servir —para vivir la caridad con obras, imitando a Cristo, que “no vino a ser servido, sino a servir”[14]— se requiere idoneidad, y esta idoneidad procede del estudio y la práctica, pero también de las virtudes humanas. Una persona trabajadora, determinada, audaz, ordenada, educada, amable, que se involucra, etc., está en condiciones tanto de contribuir con eficacia a un proyecto común, como de responder a las exigencias de la caridad en el ejercicio de sus deberes. La expresión “para servir, servir” es, pues, una llamada a adquirir las cualidades necesarias para ser útil, y así cultivar las virtudes que permitan prestar a otros los servicios convenientes. San Josemaría, al hablar de este aspecto, se refería tanto a trabajos intelectuales y de aparente relevancia e influjo social en el mundo de la cultura o de la política como al buen trabajo desempeñado en un taller mecánico, la cocina de un restaurante o la finca agrícola.

El prestigio facilita ser una referencia en el ámbito que dominamos, y permite aconsejar y acompañar más allá de los conocimientos y habilidades. Por ejemplo, podemos seguir velando por el bien y la trayectoria de los antiguos alumnos, asesorar a los médicos jóvenes que realizan una estancia en el hospital, sugerir nuevas oportunidades a los amigos que han perdido el empleo, aconsejar a un colega sobre una maquinaria nueva o dar contexto en las conversaciones crispadas.

También es una herramienta de servicio si facilita formar parte de un gremio, un sindicato o un colegio profesional, para velar por la mejora de nuestra profesión, o impulsar diversas iniciativas para conseguir unas condiciones laborales más justas (promover una huelga, recoger firmas, hablar con directivos, etc.). Hablando de Jesús y José como “obreros de la madera”, Francisco señala todos aquellos aspectos oscuros del trabajo que podemos –debemos– contribuir a iluminar con las posibilidades de una trayectoria personal competente y honrada: los trabajos duros “en las minas y en ciertas fábricas”, “aquellos que son explotados en el trabajo negro”, “las víctimas” de accidentes laborales, “los niños que son obligados a trabajar”, etc.[15].

A veces, el prestigio proporciona un ascendiente que abre las puertas a incidir en temas más delicados. En un congreso o un viaje de trabajo, renunciar a tomar unas copas después de una cena y recordar a la familia que está en casa puede cambiar el clima de diversión entre los compañeros. Contar la propia experiencia puede ayudar a otra persona a organizar el horario de su negocio de forma que pueda asistir a misa el domingo. También cuando el entorno laboral es un desierto —“ese ambiente árido donde hay que conservar la fe y tratar de irradiarla”[16], describe el papa Francisco—, “allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás”[17].

Una formación para transformarse y transformar

Lo que cambia el mundo son las personas. Y la formación personal siempre supone un paso adelante tanto en responsabilidad social como en capacidades para poder aportar a la sociedad lo mejor que cada uno tiene. “En el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida”[18], señala Francisco. “Trabajar no solo sirve para conseguir el sustento adecuado: es también un lugar en el que nos expresamos, nos sentimos útiles, y aprendemos la gran lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual no se convierta en espiritualismo”[19].

La formación espiritual que la Obra transmite, que aspira siempre a reflejarse en la vida, nos puede ayudar a hacernos preguntas de este tipo: ¿Cómo puedo entender mejor que mi trabajo es un servicio? ¿Cómo generar oportunidades de mejora a otros y a la sociedad desde mi propia profesión? ¿Qué tipo de problema social podría ayudar a resolver con mi trabajo? ¿Qué mejoras, innovaciones, soluciones puedo aportar por los conocimientos de mi propia profesión?

Para liderar en el servicio desde nuestro trabajo no necesitamos sólo conocimientos. Por eso, la formación profesional que facilita la Obra se orienta a ayudar a cada persona a adquirir las virtudes humanas o habilidades personales que la capacitan profesionalmente para trabajar bien. Esto es: trabajar con atención, sin descuidos o chapuzas, con el esmero y el sentido de responsabilidad de quien lo hace por amor a Dios y a los demás, cooperando con otros. Descubriendo también la dimensión de cuidado de las personas de mi alrededor, de quienes se beneficiarán de ese trabajo, del bien común y del mundo en el que vivimos.

Estas habilidades (las llamadas soft skills) no se aprenden teóricamente, se adquieren de forma indirecta en los modos de hacer, de relacionarse con los demás, de afrontar los distintos asuntos de la jornada. Podríamos decir que se aprenden con la práctica, se encarnan en el hacer, y por eso es bueno que cada uno reflexione explícitamente sobre ellas y aproveche el feedback que le dan los demás, para entender mejor cómo desarrollarlas en el día a día, de modo que informen el modo de ser y de actuar y, por tanto, la manera de ejercitar la propia profesión. ¿Quién no ha sentido deseos de agradecer profundamente la actitud atenta de un profesional de la salud que nos ha atendido con cariño, la mirada empática (incluso a través de la mascarilla) de un funcionario administrativo que se ha involucrado en nuestro problema o la simpatía de un taxista o un repartidor que nos han alegrado el día?

Se pueden destacar algunas cualidades de carácter más personal, como el sentido común, la actitud positiva, la autoestima, la creatividad, la resiliencia o la flexibilidad. Por ejemplo, la flexibilidad se puede definir como la apertura a distintos modos de ser y trabajar, lo que capacita para un trabajo intergeneracional, intercultural (tan necesario para no perder la esencia de nuestra contemporaneidad), interdisciplinar, etc. Así se consigue crear un espacio en el que todos se encuentran cómodos y pueden aportar lo mejor de sí.

Hay otras habilidades que podrían considerarse más bien sociales, porque contribuyen de modo constructivo en el tejido de relaciones que componen nuestras vidas: la gestión de personas, sobreponerse al estrés propio y ajeno, la capacidad de escucha y diálogo, la comunicación, la empatía, etc. Para algunos autores, estas disposiciones forman parte de la llamada inteligencia emotiva y social.

También Cristo aprendió estos aspectos, no solamente un oficio. Al glosar la figura de san José, el papa Francisco afirma que “podemos estar seguros de que su ser hombre “justo” se tradujo también en la educación dada a Jesús. «José vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,52): así dice el Evangelio» (Patris corde, 2)”[20].

La imagen de Cristo lavando los pies a los apóstoles el Jueves Santo simboliza el servicio a las personas de todo cristiano. “Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros”[21], dice el Señor. Pero es bueno recordar que antes Él mismo sirvió durante años a los habitantes de Nazaret a través de su trabajo, su consejo, su cariño, a la sombra del prestigio de san José. “José sacaba de apuros a muchos, sin duda, con un trabajo bien acabado. Era su labor profesional una ocupación orientada hacia el servicio, para hacer agradable la vida a las demás familias de la aldea, y acompañada de una sonrisa, de una palabra amable, de un comentario dicho como de pasada, pero que devuelve la fe y la alegría a quien está a punto de perderlas”[22].


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 50.

[2] San Josemaría, Surco, 491.

[3] Mt 13,55; Mc 6,3.

[4] Lc 4, 22.

[5] Cfr. Ex 35,30-36,2.

[6] Ex 35,31.

[7] Ex 35,34.

[8] Francisco, Audiencia general, 12 de enero de 2022.

[9] Francisco, Audiencia general, 12 de enero de 2022.

[10] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 55.

[11] San Josemaría, Camino, 332.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 98.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 50.

[14] Mt 20, 28.

[15] Cfr. Francisco, Audiencia general, 12 de enero de 2022.

[16] Francisco, Exh. Ap. Evangelii Gaudium, n. 86.

[17] Ibídem.

[18] Francisco, Exh. Ap. Evangelii Gaudium, n. 192.

[19] Francisco, Audiencia general, 12 de enero de 2022.

[20] Francisco, Audiencia general, 19 de enero de 2022.

[21] Jn 13,15.

[22] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 51.

 

 

La Pascua: ver, escuchar y anunciar sin miedo

Posted: 22 Apr 2022 01:18 AM PDT

D. Hersey, Resurrection

Durante la vigilia pascual (sábado santo, 16-IV-2022), Francisco se fijó en el relato evangélico del anuncio de la resurrección a las mujeres (cf. Lc 41, 1-10). Y subrayó tres verbos.

Ver, escuchar, anunciar

 
En primer lugar, ver. Vieron la piedra corrida y cuando entraron no hallaron el cuerpo del Señor. Su primera reacción fue el miedo, no levantar la vista del suelo. Algo así, observa el Papa, nos pasa a nosotros: “Con mucha frecuencia, miramos la vida y la realidad sin levantar los ojos del suelo; sólo enfocamos el hoy que pasa, sentimos desilusión por el futuro y nos encerramos en nuestras necesidades, nos acomodamos en la cárcel de la apatía, mientras seguimos lamentándonos y pensando que las cosas no cambiarán nunca”. Y así sepultamos la alegría de vivir.

 
Luego, escuchar; teniendo en cuenta que el Señor “no está aquí”. Quizá le buscamos “en nuestras palabras, en nuestras fórmulas y en nuestras costumbres, pero nos olvidamos de buscarlo en los rincones más oscuros de la vida, donde hay alguien que llora, quien lucha, sufre y espera”. Hemos de levantar la mirada y abrirnos a la esperanza. 

 
Escuchemos: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No debemos buscar a Dios, interpreta Francisco, entre las cosas muertas: en nuestra falta de valentía para dejarnos perdonar por Dios, para cambiar y terminar con las obras del mal, para decidirnos por Jesús y por su amor; en el reducir la fe a un amuleto, “haciendo de Dios un hermoso recuerdo de tiempos pasados, en lugar de descubrirlo como el Dios vivo que hoy quiere transformarnos a nosotros y al mundo”; en “un cristianismo que busca al Señor entre los vestigios del pasado y lo encierra en el sepulcro de la costumbre”.

 
Y finalmente, anunciar. Ellas anuncian la alegría de la Resurrección: “La luz de la Resurrección no quiere retener a las mujeres en el éxtasis de un gozo personal, no tolera actitudes sedentarias, sino que genera discípulos misioneros que “regresan del sepulcro” y llevan a todos el Evangelio del Resucitado. Después de haber visto y escuchado, las mujeres corrieron a anunciar la alegría de la Resurrección a los discípulos, aunque sabían que les tomarían por locas. Pero ellas no se preocuparon de su reputación ni de defender su imagen; no midieron sus sentimientos ni calcularon sus palabras. Sólo tenían el fuego en el corazón para llevar la noticia, el anuncio: “¡El Señor ha resucitado!”.

No tener miedo

También nosotros, señala el sucesor de Pedro, estamos invitados a correr por los caminos del mundo, sin miedos ni oportunismos, para compartir la alegría de haber encontrado al Señor, más allá de ciertas formalidades donde a menudo lo hemos encerrado, más allá de la comodidad y el bienestar.

Este es el mensaje pascual del Papa, “al término de una cuaresma que parece no querer acabar”, entre el fin de la pandemia y la guerra (dirá al día siguiente en la bendición urbi et orbi): “Llevémoslo a la vida ordinaria: con gestos de paz en este tiempo marcado por los horrores de la guerra; con obras de reconciliación en las relaciones rotas y de compasión hacia los necesitados; con acciones de justicia en medio de las desigualdades y de verdad en medio de las mentiras. Y, sobre todo, con obras de amor y de fraternidad”.

Jesús nos trae la paz llevando “nuestras llagas”. Nuestras porque se las hemos causado nosotros y porque Él las lleva por nosotros. “Las llagas en el Cuerpo de Jesús resucitado son el signo de la lucha que Él ha combatido y vencido por nosotros, con las armas del amor, para que nosotros podamos tener paz, estar en paz, vivir en paz” (Bendición urbi et orbi, Domingo de resurrección, 17-IV-2022).

 
Con la victoria de Cristo y con su paz, dirá Francisco el lunes de Pascua, podremos “salir de las tumbas de nuestros miedos” (el miedo a la muerte, a desvanecerse, a perder a los seres queridos, a enfermar, a no poder más…). (Regina Caeli, 18-IV-2022). 

 

También nosotros, como los discípulos en la mañana de Pascua, cada día tenemos motivos suficientes para creer: “Yo —te dice Jesús— he probado la muerte por ti, he cargado sobre mí tu mal. Ahora he resucitado para decírtelo: estoy aquí, contigo, para siempre. ¡No temas! No tengáis miedo” (Ib.).

 

Perdonar y pedir perdón

Posted: 22 Apr 2022 01:20 AM PDT

En su libro La condición humana, explica Hanna Arendt (ed. Paidós, Barcelona 1993, pp. 255-262), a nivel antropológico, el asombroso poder del perdón.Sirve para deshacer los actos del pasado y liberar de sus consecuencias. Sin ser perdonados seríamos como el aprendiz de brujo que desconocía la fórmula mágica para romper el hechizo. Pero si somos perdonados podemos recomenzar a vivir. Y si perdonamos, damos la capacidad al otro de recomenzar una vez más, de iniciar algo nuevo. Al contrario que la venganza, el perdón es impredecible, y comporta la liberación de la venganza.

Reconoce la filósofa judía que “el descubridor del papel del perdón en los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret”, aunque lo hiciera en un contexto religioso. 

Cabría observar, en la perspectiva de la fe cristiana, que también Jesús nos “descubrió” cómo el perdón forma parte del gran poder divino; y que, el perdón humano, a fin de cuentas, es imagen del divino, tiene siempre raíz divina. 

Perdonar tiene que ver con darse a sí mismo por la salvación de todos y cada uno

En su homilía del domingo de ramos (10-IV-2022), Francisco observó que en el calvario se enfrentan dos mentalidades. En el evangelio, de hecho, las palabras de Jesús crucificado se contraponen a las de sus verdugos. En ellos suena como un estribillo: “Sálvate a ti mismo”. Por parte de los jefes: «Que se salve a sí mismo, si es el Cristo de Dios, el elegido» (Lc 23,35). Por parte de los soldados: «Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo» (v. 37). E incluso uno de los malhechores lo repite: «¿Non eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo!» (v. 39). 

“Salvarse a uno mismo, cuidarse uno mismo, pensar en uno mismo; no en los demás, sino sólo en la propia salud, en el propio éxito, en los propios intereses; en tener, en poder, en aparecer. Sálvate a ti mismo: es el estribillo de la humanidad que crucificó al Señor”. Es Francisco quien nos invita a pensar en ello, como un aviso de hasta dónde puede llegar, la paradójica y a la vez “lógica” (con la lógica del yo) mentalidad individualista: para demostrar que no puedes salvarte a ti mismo (que es lo que supuestamente buscamos todos), te crucificamos. 

Pero, continúa el Papa, “la mentalidad del yo se opone a la de Dios; el salvarse a sí mismo choca con el Salvador que se entrega”. Él no reclama nada para sí mismo; ni siquiera se defiende ni se justifica. Reza al Padre y tiene misericordia con el buen ladrón. Solo le interesa lo contrario de salvarse a sí mismo: “Padre, perdónalos” (v. 34).

Francisco nos aconseja detenernos en esas palabras que Jesús pronuncia clavado al patíbulo de la humillación, y que vienen a aumentar la intensidad de su don, hasta convertirlo en “per-dón”.

En efecto, la misma palabra parece decirlo: "perdonar" es más que dar, es dar del modo más perfecto, que es dar implicándose a sí mismo, dar por completo.

En consecuencia: “Miremos a Jesús en la cruz y comprenderemos que nunca hemos recibido un abrazo más amoroso. Miremos el Crucifijo y digamos: Gracias Jesús: me amas y me perdonas siempre, incluso cuando me cuesta amarme y perdonarme”. 

Así es. Nos cuesta amarnos y perdonarnos, porque nuestra parte no divina (meramente humana o a veces un poco infrahumana) nos impide ver la realidad, esa realidad que implicaría aceptarnos a nosotros mismos como somos: poca cosa pero recibidos de Dios; más: hijos de Dios. 

Jesús perdona a todos, también a sus enemigos: “En el momento más difícil, Jesús vive su mandamiento más difícil: el amor a los enemigos”. Cuando alguien nos ha ofendido, es común que nos quedemos lamiendo nuestras heridas.

Y entonces, dice Francisco, “Jesús nos enseña a no quedarnos ahí, sino a reaccionar. A romper el círculo vicioso del mal y del remordimiento. A reaccionar a los clavos de la vida con amor, a los golpes del odio con la caricia del perdón”. Por eso, si queremos comprobar nuestra pertenencia a Cristo, “miremos cómo nos comportamos con los que nos han hecho daño”. 

El perdón de Jesús nos enseña a perdonar: “El Señor nos pide que respondamos no como nos salga de dentro o como hacen todos, sino como Él lo hace con nosotros. Nos pide que rompamos la cadena de “te quiero si me quieres; soy tu amigo si tú eres mi amigo; yo te ayudo si tú me ayudas”. No, compasión y misericordia para todos, porque Dios ve en cada uno un hijo. No nos divide en buenos y malos, en amigos y enemigos.

El perdón: camino de perseverancia, verdad y santidad

Tres cosas más logra el perdón: nos da la perseverancia del amor (perdonar siempre: seguir perdonando, pase lo que pase); nos devuelve a la verdad (hogar que pierde quien hace el mal); nos abre a la santidad que es la verdadera vida (la vida plena). Veamos una por una. 

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Francisco interpreta que Jesús pasó las horas en la cruz con estas palabras en los labios y en el corazón. Dios no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pero Él nunca se cansa de perdonar. Por eso nos aconseja que no nos cansemos de pedir perdón. Ni los sacerdotes de administrarlo, ni cada cristiano de recibirlo y dar testimonio de él. No nos cansemos del perdón de Dios.

Es como si se nos dijera: Dios perdona continuamente para que nos dejemos perdonar y perdonemos, también continuamente. Dios perdona siempre y perdona todo, porque es su modo de servir que nos trae una paz inigualable (recordará de nuevo Francisco el jueves santo). Y así podamos servir más y mejor.

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Esto no se refiere a que no lo hubieran premeditado, sino que ese "porque no saben" denota “esa ignorancia del corazón que tenemos todos los pecadores”. “Cuando se usa la violencia, nada se sabe de Dios, que es Padre, ni de los demás, que son hermanos. 

Así es: cuando se rechaza el amor se desconoce la verdad.

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Solo una persona acoge esa frase: el buen ladrón (Lc 23, 42). Y Jesús le responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). “He aquí –señala el sucesor de Pedro– el prodigio del perdón de Dios,que transforma la última petición de un condenado a muerte en la primera canonización de la historia. 

Cierto. La santidad se alcanza pidiendo perdón y perdonando. Y así “con Dios siempre se puede volver a vivir”. 

El pedir perdón, dirá el Papa pocos días después en la vigilia pascual, requiere la valentía de dejarse perdonar y la disposición para cambiar, dejando las obras del mal. El perdonar nos hará más capaces de servir a todos con una conciencia limpia (jueves santo) 

Lo dijo también Francisco en Floriana, Malta (3-IV-2022): Para Dios no existe la palabra "irrecuperable". Y quien experimenta su perdón es el que lo conoce verdaderamente.

 

MI PAZ OS DOY… DEJEMOS ENTRAR LA PAZ DE CRISTO EN NUESTRAS VIDAS

 

Estamos en la Pascua. Ya anochecido el domingo de Resurrección, Jesús se aparece a los apóstoles y sus compañeros que estaban reunidos en el Cenáculo en Jerusalén. “Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: <Paz a vosotros>” (Juan 20, 19). “Este es el saludo de Cristo vencedor, de Cristo resucitado”[1]. Les mostró las manos y el costado, llevaban las marcas de los clavos y de la lanzada. “Son un sello indeleble de su amor por nosotros, una intercesión perenne para que el Padre celestial las vea y tenga misericordia de nosotros y del mundo entero”[2]. Ellos se llenaron de alegría al ver al Señor. En medio de esa algarabía, “Jesús repitió: <Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo>. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: <Recibid el Espíritu Santo…>” (Juan 20, 21-22). Cuatro días antes, el Jueves Santo, en ese mismo lugar, en el discurso de despedida Jesús advierte a los apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo” (Juan 14, 27). Les aclara que su paz no es como la que ofrece el mundo. La paz que baja del Cielo es Cristo. “Él es nuestra paz” (Efesios 2, 14-17). Isaías lo profetizó: “Porque un niño nos ha nacidoy es su nombrePríncipe de la paz” (9, 5). El término bíblico Paz es el conjunto de bienes en que consiste la salvación que traería el Mesías prometido. ¿Dónde está el origen de esa paz? En la Cruz. La paz de Cristo nace del don de sí, del hacerse cargo de nuestras miserias. Él “combatió y venció por nosotros con las armas del amor, para que nosotros pudiéramos tener paz, estar en paz, vivir en paz” (ref. nota 2). La paz pasa por la reconciliación con Jesús: “Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas… haciendo la paz por la sangre de su cruz” (Colosenses 1, 20).

 

Vencido nuestro mal, nuestro pecado y nuestra muerte, Jesús nos entrega el Espíritu Santo. Uno de sus dones es la paz, que estamos llamados a acoger para darla. “Porque el reino de Dioses justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo; el que sirve en esto a Cristo es grato a Dios, y acepto a los hombres. Así, pues, procuremos lo que favorece la paz y lo que contribuye a la edificación mutua” (Romanos 14, 17). Si no lo hacemos, nuestro carnet de identidad de hijos de Dios será una falsificación. “Bienaventurados los pacíficos (en griego <eirenopoioi>, literalmente los hacedores de paz), porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9), es una enseñanza clara de Jesús. Su paz es una fuerza de lo alto destinada a resplandecer en nuestras vidas y expandirse alrededor a través del servicio valiente a la verdad, a la justicia y a la caridad. Su paz edifica la historia, a partir del corazón de cada hombre que la acoge, “es el signo seguro del empeño por la causa de Dios”[3].

 

Hablaré de una condición sine qua non para dejar que la paz de Cristo entre en nuestras vidas y de unas exigencias de ser artesanos de paz. ¿Quiénes son los pacíficos? San Agustín contestaba: “los que construyen la paz”. Dios nos pide tomar partido por la paz, nos llama a acogerla, protegerla y difundirla.

 

¿De qué ha predicado el Papa en esta Semana Santa, cuál ha sido su mensaje al mundo?

 

En esta breve presentación[4] me quedo con una idea de su mensaje Urbi et Orbi de Pascua. “Nuestras miradas son incrédulas en esta Pascua de guerra. Hemos visto demasiada sangre, demasiada violencia”, decía. Podemos pensar con motivo que el sonido de alegría de la Pascua, de campanillas al proclamar Gloria en la Vigilia Pascual, se ha distorsionado por el eco de las bombas y los lamentos. “Nos cuesta creer que Jesús verdaderamente haya resucitado, que verdaderamente haya vencido a la muerte”. ¿Podemos dudar, pensar que es una ilusión falsa? No, afirmaba. “Hoy más que nunca tenemos necesidad de Él, al final de una Cuaresma que parece no querer terminarNecesitamos al Crucificado Resucitado para creer en la victoria del amor, para esperar en la reconciliación. Hoy más que nunca lo necesitamos a Él, para que poniéndose en medio de nosotros nos vuelva a decir: <¡La paz esté con ustedes!>. Sólo Él puede hacerlo¡dejemos entrar la paz de Cristo en nuestras vidas, en nuestras casas y en nuestros países!”.

 

Condición sine qua non para acoger la paz: dejarse amar y perdonar por Dios

 

No basta nuestra buena voluntad para estar en paz con los demás, porque las raíces de la guerra están en nosotros y solos no podremos arrancarlas completamente, ni podremos impedir que engendren malos frutos. “Necesitamos la fuerza sabia y apacible de Dios, que es el Espíritu Santo. Necesitamos el Espíritu de amor que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la avidez y nos despierta de la indiferencia. Ese Espíritu que nos da la armonía, porque Él es la armonía. Necesitamos el amor de Dios porque nuestro amor es precario e insuficiente. Le pedimos al Señor muchas cosas, pero con frecuencia olvidamos pedirle lo más importante, y que Él desea darnos: el Espíritu Santo, es decir, la fuerza para amar. Sin amor, en efecto, ¿qué podemos ofrecerle al mundo? Alguien ha dicho que un cristiano sin amor es como una aguja que no cose: punza, hiere, pero si no cose, si no teje y si no une, no sirve. Me atrevería a decir que no es cristiano. Por eso es necesario obtener del perdón de Dios la fuerza del amor”[5]. El amor y el perdón de Dios nos liberan del dominio de los malos instintos y nos llenan de amor. Un corazón así renovado podrá acoger la urgente llamada de la verdad, de la justicia y del amor generoso, y superando la propia fragilidad, comprometerse a crear la armonía activa en las relaciones con los demás, a buscar positivamente la colaboración de unos con otros, a contribuir al desarrollo del bien común y no solo del particular. La paz es una planta que germina en el corazón humilde y arrepentido, sanado por la misericordia divina. Ojalá descubramos la cercanía, la ternura y la comprensión de Dios manifestado en Cristo: si le confiamos nuestras miserias escucharemos su palabra: “tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curado de tu enfermedad” (Marcos 5, 34). Podremos cantar de verdad esa afirmación extraña y maravillosa del pregón pascual: “Feliz culpa que nos mereció tal Redentor”. La paz recuperada será componente esencial de la felicidad.

 

¿Cómo vamos a dar la paz a los demás si no tenemos paz en nosotros? Regresamos al cenáculo, las palabras de Jesús Resucitado concluyen así: “a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 23). Jesús comparte su misión con los apóstoles, los hace servidores de la paz del cielo instituyendo el sacramento de la Confesión: por gracia del Espíritu Santo actuando en persona de Cristo perdonaran los pecados, y así posibilitarán que la paz reine. “Porque, si queremos que el mundo cambie, primero debe cambiar nuestro corazón” (ref. nota 5). El perdón divino pacifica el corazón, que gusta de la paz donada, que acoge y ama. Y nos hace socios para irradiar alrededor la paz recibida. Somos servidores de la paz. Solo así merecemos el título de hijos de Dios porque imitamos al Hijo único de Dios, Cristo.

 

Se entiende la insistencia del Papa en que acudamos con esperanza a la Confesión: “Lo necesitamos, porque cada renacimiento interior, cada punto de inflexión espiritual comienza aquí, en el perdón de Dios” (ref. nota 5). En la homilía del Domingo de Ramos (10.04.22), al comentar la escena del ladrón arrepentido, Francisco decía: Dimas “en el infierno del mundo ve abrirse el paraíso: <Hoy estarás conmigo en el paraíso> (Lucas 23, 43)… Dios perdona a todos, puede perdonar toda distancia, y puede cambiar todo lamento en danza (cf. Salmo 30, 12)… Porque Cristo intercede continuamente ante el Padre por nosotros (cf. Hebreos 7, 25) y, mirando nuestro mundo violento, nuestro mundo herido, no se cansa nunca de repetir ―y nosotros lo hacemos ahora con el corazón, en silencio―: <Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen> (Lucas 23, 34)”.

 

Perdonar de corazón

 

Es la primera consecuencia de ser perdonados. Dios nos perdona siempre y todo… porque nos ama incondicionalmente; por eso no quiere nuestras miserias, que nos dañan, y siempre está esperándonos como el padre bueno del hijo pródigo: su mayor deseo es que le demos la alegría de volver a casa. En cuanto escucha nuestra confesión, nos absuelve y hace fiesta. Perdonar de corazón es un don divino que germina en nuestro interior al “experimentar el cálido abrazo del Padre, la dulce fuerza de Jesús que nos cura y la <ternura materna> del Espíritu Santo. Esta es la esencia de la Confesión” (ref. nota 5). Al perdón se une la curación; la conciencia escucha mejor la voz divina, y ganamos en conocimiento propio; percibimos con mayor claridad de qué pasta somos y el mal que podríamos cometer sin la gracia de Dios. Ese discernimiento nos hace más humildes y comprensivos con uno mismo y con el prójimo; despeja el camino del perdón.

 

Jesús nos enseñó en el Padrenuestro a pedir el don divino del perdón sin recortes: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Como conoce el barro del que estamos hechos, al terminar la oración subrayó la importancia de perdonar a los demás: “Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados” (Mateo 6, 14-15). Si preguntamos a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?” Oiremos su respuesta clara: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (es decir, siempre), y el relato del siervo desagradecido, que fue condenado por su actitud. Su señor le calificó de “¡siervo malvado!”; le había perdonado una deuda impagable de 10.000 talentos (equivalente a 60 millones de denarios; un denario era el salario de una jornada) porque se lo había pedido. Y en cambio él había negado a un compañero la condonación de una deuda de 100 denarios. “<¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?> Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mateo 18, 21-35), concluirá Jesús.

 

Perdonar de corazón nos asemeja a Dios. Pero no es fácil, es fruto del Espíritu Santo. “No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión”. No es lo mismo sentir el enfado que dejarse llevar por él. Pidamos ayuda a Dios: dame tu paz, y recemos por esa persona. “Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: <Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella>. Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy!”[6]. La revancha, el resentimiento, devolver mal por mal… imposibilita restaurar la paz verdadera: "ninguna comunidad puede sobrevivir sin el perdón"[7]. Por eso, “el perdón da testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado”[8]. Perdonar de corazón posibilita estar en paz y darla.

 

La bancada de prueba: el perdón a los enemigos[9]

 

Siempre sorprende la enseñanza de Jesús: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien” (Lucas 6, 27). Y aún más concreto: “Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra” (v. 29). “Cuando nosotros escuchamos esto, nos parece que el Señor pide lo imposible. Y además ¿por qué amar a los enemigos? Si no se reacciona a los prepotentes, todo abuso tiene vía libre, y esto no es justo. ¿Pero es realmente así? ¿Realmente el Señor nos pide cosas imposibles, incluso injustas?”, se cuestionaba el Papa.

 

Francisco nos proponía el ejemplo de Cristo, cuando fue golpeado por uno de los guardias durante el juicio en casa de Anás (ref. Juan 19-23). ¿Cuál fue la reacción de Jesús? ¿Le insultó? No, le contestó: “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”. A partir de ahí, el Papa ilustra con tres ideas lo que significa poner la otra mejilla:

 

  • “Poner la otra mejilla no significa sufrir en silencio, ceder a la injusticia. Jesús con su pregunta denuncia lo que es injusto. Pero lo hace sin ira, sin violencia, es más, con gentileza. No quiere desencadenar una discusión, sino desactivar el rencor, esto es importante: apagar juntos el odio y la injusticia, tratando de recuperar al hermano culpable La mansedumbre de Jesús es una respuesta más fuerte que el golpe que recibió”.

 

  • “Poner la otra mejilla no es el repliegue del perdedor, sino la acción de quien tiene una fuerza interior más grande. Es vencer al mal con el bien, que abre una brecha en el corazón del enemigo, desenmascarando lo absurdo de su odio”.

 

  • “Poner la otra mejilla, no es dictado por el cálculo o por el odio, sino por el amorEs el amor gratuito e inmerecido que recibimos de Jesús el que genera en el corazón un modo de hacer semejante al suyo, que rechaza toda venganza”.

 

Pero, ¿es posible actuar como Cristo: amar a los que nos odian? “Si dependiera solo de nosotros, sería imposible. Pero recordemos que, cuando el Señor pide algo, quiere darlo. El Señor nunca nos pide algo que Él no nos dé antes”. Francisco nos recuerda una oración de san Agustín, puede servirnos para pedir esta gracia de ser constructores de paz hacia todos, sobre todo hacia quien es hostil con nosotros: “Señor, <da lo que mandas y manda lo que quieras> (Confesiones, X, 29.40), porque me lo has dado antes”. Nadie, por malvado que sea, por mal que nos quiera, podrá impedirnos que lo amemos… con la gracia de Dios.

 

Pero es cierto que para vivir en paz con el prójimo hace falta que sean dos quienes lo deseen. Por eso, la “guerra” siempre es posible pero también será evitable, no hay pelea si uno no quiere. No renunciemos a la paz: “A ser posible, y cuanto de vosotros depende, tened paz con todos” (Romanos 12, 18). ¿Lo hacemos así? Nos ayudará considerar el consejo de san Juan de la Cruz: “Donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor”[10].

 

Purificar nuestra mirada y nuestras palabras[11]

 

Ser artesanos de paz implica limpiar la mirada. “¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?” (Lucas 6, 41). “Estamos muy atentos a los defectos de los demás, incluso a los que son pequeños como una brizna de paja, e ignoramos serenamente los nuestros otorgándoles poco peso[12]. Es verdad lo que dice Jesús: encontramos siempre motivos para culpabilizar a los demás y justificarnos a nosotros mismos”. El Espíritu Santo dilatará nuestro corazón si se lo pedimos. Por una parte, desarrollará “la capacidad de mirar con afecto a las demás personas, hasta verlas con los ojos de Cristo” y por otra, limpiará “nuestra mirada de cualquier prejuicio, aprenderemos a descubrir lo bueno en cada persona y renunciar al deseo de hacerlas a nuestra imagen”[13]. Nos concederá un corazón bueno para querer y una voluntad dispuesta para servir. Nos moverá a mirar como lo hace Jesús: “este es el secreto: mirar a los demás como lo hace Él”. ¿Cómo nos mira Dios? Con misericordia. “Dios nos mira así: no ve antes que nada el mal sino el bien; no ve en nosotros errores irremediables, sino que ve hijos que se equivocan. Salva siempre la persona. Cree siempre en la persona y está siempre dispuesto a perdonar los errores. Sabemos que Dios perdona siempre. Y nos invita a hacer lo mismo: a no buscar en los demás el mal, sino el bien”.

 

Ser artesanos de paz implica cuidar las palabras. “El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca” (Lucas 6, 45). Las palabras que usamos dicen la persona que somos, también moldean nuestro corazón. De ahí la importancia de prestar atención a lo que decimos. “Lamentablemente, con la lengua podemos alimentar los prejuicios, alzar barreras, agredir e incluso destruir[14]: ¡las murmuraciones hieren y la calumnia puede ser más cortante que un cuchillo!”, advierte el Papa. Son muchas las veces en que ha denunciado “el terrorismo del chisme”. Combatamos los chismes: ni originarlos ni transmitirlos, que tan fácil es ahora usando las redes sociales: “las palabras corren veloces; pero demasiadas vehiculan rabia y agresividad, alimentan noticias falsas y aprovechan los miedos colectivos para propagar ideas distorsionadas”. Sembramos paz cuando hablamos con verdad y mansedumbre, cuando las palabras expresan atención, respeto, comprensión, cercanía, compasión, disculpa.

 

Recuperar la amabilidad

 

Sería el último punto. El Papa propone recuperar la amabilidad en la encíclica Fratelli tutti (nn. 222-224); también apunta unas pinceladas sobre la amabilidad en Amoris Laetitia (nn. 99-100). Es un campo de mejora inexcusable. “Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar”[15]. Francisco habla del “milagro” de la persona amable, lo califica de “estrella en medio de la oscuridad”. Es esa persona capaz de “dejar a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos”[16]. “Cada persona con la que te encuentras está librando una batalla de la que no sabes nada. Sé amable. Siempre”. Procuremos cultivar la ilusión de ser cordiales, no erizos. Delicados, no rudos. Alegres, no tristes. Humildes, no quisquillosos. Positivos, no cenizos. Sencillos, no problemáticos. Honestos, leales…. Supondrá mejorar el carácter por amor a Dios y a los demás. Ser amable es un quehacer, valioso y exigente, que requiere un voluntario y esforzado ejercicio de diversas virtudes. Así facilitamos la cercanía y el diálogo con los demás. Aprenderemos a querer, a cada uno como lo requiera. Seremos agentes de paz con

 


[1] Francisco, audiencia del miércoles santo (13.04.22).

[2] Francisco, mensaje Urbi et Orbi de Pascua (17.04.22).

[3] Francisco, videomensaje al Encuentro interreligioso por la paz en Amberes (7.09.14).

[4] Animo a leer la homilía de la celebración penitencial del 25 de marzo, y el acto de consagración de la Iglesia y la humanidad, de manera especial Rusia y Ucrania, al Corazón Inmaculado de Maria, realizado a continuación. La audiencia del miércoles santo. Las homilías del Domingo de Ramos y de la Vigilia Pascual y el mensaje Urbi et Orbi de Pascua. https://www.vatican.va/content/vatican/es.html

[5] Francisco, homilía en la celebración penitencial en la fiesta de la Anunciación (25.03.22).

[6] Francisco, exhortación La Alegría del Evangelio n. 101.

[7] san Juan Pablo II, Orar n. 142.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica n. 2843-2844.

[9] Francisco, Ref. Angelus (20.02.22). Recojo en este punto el comentario del Papa al texto de Lucas 6, 27-38.

[10] Fragmento de una carta de san Juan de la Cruz a la Madre María de la Encarnación. Contestaba al mensaje de consuelo que le habían mandado las monjas de un convento de Segovia al enterarse que había sido privado de todo cargo de gobierno en la Orden.

[11] Francisco, Ref. Angelus (27.02.22). Recojo en este punto el comentario del Papa al texto de Lucas 6, 39-45.

[12] Hay una imagen muy clara. Todos llevamos dos mochilas. La de los defectos y limitaciones a la espalda, la de las virtudes delante. La que vemos continuamente es la de las cosas buenas, para ver la otra, tenemos que pararnos, quitárnosla y abrirla. Exige un esfuerzo. Cuando uno hace el camino de la vida, lo que vemos a primeras es la espalda de los demás, es decir, su mochila de defectos; para fijarnos en la mochila delantera, la de las virtudes, hay que girar la cabeza, o mejor aún pararse, acercarse y mirar de frente.

[13] Fernando Ocáriz, carta pastoral del prelado del Opus Dei sobre la amistad (1.11.19) n. 8.

[14] Muchos leímos “La cizaña” de Asterix, y recordamos a Perfectus Detritus, especialista en la crítica y la maledicencia: “un ser inmundo pero muy eficaz. El horripilante y verdoso rostro de la discordia surge a su paso”, defenderá un senador ante Julio César. Es la técnica del diablo (diávolos en griego, el que divide, el que crea odios…).

[15] Francisco, Amoris Laetitia n. 99.

[16] Francisco, Fratelli tutti n. 224.

 

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse, respetarse

Conocerse para amarse: el noviazgo es el tiempo en el que dos personas se descubren mutuamente. La Iglesia invita a vivir con intensidad esa fase de la relación para amarse y respetarse. Nuevo editorial sobre el amor humano

Conocerse

Para quiénes han sido llamados por Dios a la vida conyugal, la felicidad humana depende, en gran parte, de la elección de la pareja con la que van a compartir el resto de su vida en el matrimonio. De esto se deduce la importancia que tiene el discernimiento acerca de la persona apropiada: “La Iglesia desea que, entre un hombre y una mujer, exista primero el noviazgo, para que se conozcan más, y por tanto se amen más, y así lleguen mejor preparados al sacramento del matrimonio"[1].

Así, esta decisión está relacionada con dos parámetros: conocimiento y riesgo; a mayor conocimiento menor riesgo. En el noviazgo, el conocimiento es la información de la otra persona. En este artículo se abordarán algunos elementos que ayudarán al conocimiento y al respeto mutuo entre los novios.

Actualmente, en algunos ambientes, al concepto "amor" se le puede dar un sentido erróneo, lo cual representa un peligro en una relación donde lo fundamental es el compromiso y la entrega hasta que la muerte los separe: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" [2]. Por ejemplo, si uno quisiera hacer negocios con un socio que no sabe qué es una empresa, los dos estarían condenados al fracaso. Con el noviazgo ocurre algo parecido: es fundamental que ambos tengan la misma idea del amor, y que ese concepto se atenga a la verdad, es decir, a lo que realmente es amor.

Hoy, muchas parejas fundamentan el noviazgo, y también el matrimonio, en el sentimentalismo. A veces, hay actitudes de conveniencia y falta de transparencia, es decir, “autoengaños" que terminan después apareciendo en los hechos. Con el paso del tiempo, esto puede convertirse en causa de muchas rupturas matrimoniales. Los novios han de querer construir su relación sobre la roca del amor verdadero, y no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen[3].

El conocimiento propio es algo esencial para que la persona aprenda a distinguir cuándo una manifestación afectiva pasa la frontera de un sentimiento ordenado, y se adentra en la esfera del sentimentalismo, quizá egoísta. En este proceso es esencial la virtud de la templanza que ayuda a la persona a ser dueña de sí misma, ya que “tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad"[4].

Se puede pensar en el amor como un trípode, que tiene como puntos de apoyo los sentimientos, la inteligencia y la voluntad. Al amor acompaña un tipo de sentimiento profundo. Si creemos que el afecto no es aún suficientemente intenso ni hondo, y que vale la pena mantener el noviazgo, habrá que preguntarse qué tengo que hacer para seguir queriendo (inteligencia), y acometer lo que he decidido (voluntad). Lógicamente, conviene alimentar la inteligencia con buena formación y doctrina, pues de lo contrario, se apoyará en argumentos que lleven al sentimentalismo.

Tratarse

El conocimiento verdadero de los demás se consigue con el trato mutuo. Igualmente ha de suceder en el noviazgo, que requiere un trato que llegue a temas profundos, relacionados con el carácter de la otra persona: cuáles son sus creencias y convicciones, cuáles son sus ilusiones, qué valores familiares tiene, cuál es su opinión sobre la educación de los hijos, etc.

Las dificultades de carácter son consecuencia del daño causado por el pecado original en la naturaleza humana; por tanto, hay que contar con que todos tenemos momentos de mal carácter. Esto se puede paliar, contando especialmente con la gracia de Dios, luchando por hacer la vida más agradable a los demás. Sin embargo, hay que asegurar la capacidad para convivir con el modo de ser del otro.

También sucede lo mismo con las convicciones y creencias. Se ven como una consecuencia tradicional, de la educación recibida o de modo racional. Sin embargo, no es frecuente que se deje de lado la importancia que tienen o se piense que con el tiempo cederá. Pueden convertirse en una dificultad grande y, en muchos casos, motivos de problemas conyugales. Es fundamental tener claro que el matrimonio es “de uno con una; (…) La medalla tiene anverso y reverso; y en el reverso hay dolores, abstenciones, sacrificios, abnegación"[5].

Podría resultar ingenuo pensar que el otro va a cambiar sus convicciones y creencias o que el cónyuge será el medio para que cambie. Lo anterior no excluye que las personas rectifiquen y mejoren con el paso del tiempo y la lucha personal. Sin embargo, un criterio que puede servir es el siguiente: si, las convicciones profundas, no se adecúan a lo que yo pienso respecto a cómo ha de ser el padre o la madre de mis hijos, puede ser prudente cortar, ya que no hacerlo a tiempo es un error que con frecuencia puede llevar a un futuro matrimonio roto.

Es preciso diferenciar lo que en el otro es una opinión y lo que es una creencia o una convicción. Podríamos decir que una opinión es lo que sostiene, sin llegar a la categoría de convicción, aunque para expresarla utilice la palabra “creo". Por ejemplo, si uno comenta “creo que el matrimonio es para siempre", conviene saber si se trata de una opinión o de una creencia. La opinión comporta excepciones, una creencia no; la creencia es un valor arraigado, una convicción, sobre la que se puede sostener un matrimonio.

Con frecuencia, ya siendo marido y mujer, sucede que uno de los cónyuges se da cuenta de que, cuestiones tan vitales como estar de acuerdo sobre el número de hijos, o su educación cristiana, o la forma de vivir la sexualidad no han sido tratadas con seriedad durante el noviazgo.

El noviazgo cristiano es un tiempo para conocerse y para confirmar que la otra persona coincide en lo que es fundamental, de manera que no será extraño que a lo largo de esta etapa uno de los novios decida que el otro no es la persona adecuada para emprender la aventura del matrimonio.

La personalidad se va formando con el paso del tiempo, por lo que hay que pedir al otro un nivel de madurez adecuado a su edad. Sin embargo, hay algunos parámetros que pueden ayudar a distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez: suele tomar las decisiones en función de su estado de ánimo, le cuesta ir a contracorriente, su humor es voluble, es muy susceptible, suele ser esclavo o esclava de la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones y tiende a culpar a los otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se corresponden con su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención, etcétera.

Respetarse

Como dice el Papa Francisco: “La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza"[6]. El noviazgo crece como aspiración al amor total desde el respeto mutuo, que en el fondo es lo mismo que tratar al otro como lo que es: una persona.

“El periodo del noviazgo, fundamental para formar una pareja, es un tiempo de espera y de preparación, que se ha de vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y la atención del otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto por el otro, características del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar" [7].

Este hecho conlleva diversas consecuencias, cuyo fundamento es la dignidad humana: no se puede pedir al novio o a la novia lo que no puede o no debe dar, cayendo en chantajes sentimentales, por ejemplo, en aspectos referidos a manifestaciones afectivas o de índole sexual, más propias de la vida matrimonial que de la relación de noviazgo.

El trato mutuo entre los novios cristianos deberá ser el que tienen dos personas que se quieren, pero que aún no han decidido entregarse totalmente al otro en el matrimonio. Por eso tendrán que ser delicados, elegantes y respetuosos, siendo conscientes de su condición de varón y de mujer, apagando los primeros chispazos de pasión que se puedan presentar, evitando poner al otro en circunstancias límite.

Como conclusión, podemos afirmar que un noviazgo bien vivido, en el cual se conozca a fondo y se respete a la otra persona, será el medio más adecuado para tener un buen matrimonio, siguiendo el consejo del Papa Francisco: “La convivencia es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo? Gracias, perdona"[8].

José María Contreras

(Foto de cabecera: -=shutterbug=-)


[1]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 31-10-1972.

[2]Mc 10,7-9.

[3]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[4]Catecismo de la Iglesia Católica, 2337.

[5]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 21-6-1970.

[6] Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[7]Benedicto XVI, A los jóvenes del mundo con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Juventud 2007.

[8]Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

 

Las relaciones y los valores familiares según la Biblia

Dividiré mi intervención en tres partes. En la primera ilustraré el proyecto inicial de Dios sobre el matrimonio y la familia y cómo se realizó en la historia de Israel; en la segunda parte hablaré de la recapitulación obrada por Cristo y de cómo se interpretó y vivió en la comunidad cristiana del Nuevo Testamento; en la tercera parte procuraré contemplar qué puede aportar la revelación bíblica a la solución de los problemas actuales del matrimonio y de la familia.

Dirigiré mi atención a lo que funda la familia, y por lo tanto el matrimonio y la relación de pareja, porque creo que sobre ello la Biblia tiene una palabra siempre actual que pronunciar, más que sobre la familia como realidad social y sobre las relaciones dentro de ella, contexto en el que la Biblia refleja una cultura muy distinta de la de hoy. Por lo demás sabemos que una buena relación entre los progenitores es la condición básica para que la familia pueda desarrollar un papel educador respecto a los hijos. Muchos dramas juveniles de hoy son fruto de matrimonios disgregados o disfuncionales.

I PARTE

Matrimonio y familia: proyecto divino y realizaciones humanas en el Antiguo Testamento

1. El proyecto divino

Se sabe que el Libro del Génesis tiene dos relatos distintos de la creación de la primera pareja humana que se remontan a dos tradiciones diferentes: la yahvista (siglo X a. C.) y la más reciente (siglo VI a. C.) llamada “sacerdotal”.

En la tradición sacerdotal (Gn 1, 26-28) se crea simultáneamente al hombre y a la mujer, no a uno del otro; se pone en relación el ser varón y mujer con el ser a imagen de Dios: “Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó”. El fin primario de la unión entre el hombre y la mujer se contempla en ser fecundos y llenar la tierra.

En la tradición yahvista (Gn 2, 18-25), la mujer es obtenida del hombre; la creación de los dos sexos se ve como remedio a la soledad (“No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda adecuada”); más que el factor procreador, se acentúa el factor unitivo (“El hombre se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”); cada uno es libre ante la propia sexualidad y la del otro: “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro”.

En ninguna de las dos redacciones se alude a una subordinación de la mujer al hombre, antes del pecado: los dos están en un plano de absoluta igualdad, aunque la iniciativa, al menos en el relato yahvista, es del hombre.

La explicación más convincente del porqué de esta “invención” divina de la distinción de sexos la he encontrado en un poeta, Paul Claudel, no en un exégeta:

“El hombre es un ser orgulloso; no había otro modo de hacerle comprender al prójimo que introduciéndolo en la carne. No había otro medio de hacerle entender la dependencia y la necesidad, más que mediante la ley de otro ser diferente [la mujer] sobre él, debida al sencillo hecho de que existe” [1].

Abrirse al otro sexo es el primer paso para abrirse al otro, que es el prójimo, hasta el Otro con mayúscula, que es Dios. El matrimonio nace bajo el signo de la humildad; es el reconocimiento de dependencia y por lo tanto de la propia condición de criatura. Enamorarse de una mujer o de un hombre es realizar el acto más radical de humildad. Es hacerse mendigo y decirle al otro: “No me basto a mí mismo, necesito de tu ser”. Si, como pensaba Schleiermacher, la esencia de la religión consiste en el “sentimiento de dependencia” (Abhaengigheitsgefuehl) frente a Dios, entonces la sexualidad humana es la primera escuela de religión.

Hasta aquí el proyecto de Dios. No se explica, sin embargo, la continuación de la Biblia si, junto al relato de la creación, no se tiene en cuenta también el de la caída, sobre todo lo que se dijo a la mujer: “Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará” (Gn 3,16). El predominio del hombre sobre la mujer forma parte del pecado del hombre, no del proyecto de Dios; con aquellas palabras Dios lo preanuncia, no lo aprueba.

2. Las realizaciones históricas

La Biblia es un libro divino-humano no sólo porque tiene por autores a Dios y al hombre, sino también porque describe, intercaladas, la fidelidad de Dios y la infidelidad del hombre; no sólo por el sujeto que escribe, sino también por el objeto de la Escritura. Esto aparece particularmente evidente cuando se confronta el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia con su actuación práctica en la historia del pueblo elegido.

Es útil registrar las deficiencias y las aberraciones humanas para no sorprendernos demasiado de lo que sucede a nuestro alrededor y también porque demuestra que el matrimonio y la familia son instituciones que, al menos en la práctica, evolucionan en el tiempo, como cualquier otro aspecto de la vida social y religiosa. Siguiendo en el Libro del Génesis, ya el hijo de Caín, Lámek, viola la ley de la monogamia tomando dos mujeres. Noé, con su familia, aparece como una excepción en medio de la corrupción general de su tiempo. Los propios patriarcas Abraham y Jacob tienen hijos de varias mujeres. Moisés autoriza la práctica del divorcio; David y Salomón mantienen un verdadero harén de mujeres.

Las desviaciones sin embargo parecen, como siempre, más presentes en las cúpulas de la sociedad, entre los jefes, que al nivel del pueblo, donde el ideal inicial del matrimonio monogámico debía ser la norma, no la excepción. La literatura sapiencial -Salmos, Proverbios, Sirácida-, más que los libros históricos (que se ocupan precisamente de los jefes), nos permite hacernos una idea de las relaciones y de los valores familiares que se tienen en consideración y se viven en Israel: la fidelidad conyugal, la educación de la prole, el respeto a los padres. Este último constituye uno de los Diez Mandamientos: “Honrar padre y madre”.

Más que en las transgresiones prácticas individuales, el desapego del ideal inicial es visible en la concepción de fondo que se tiene del matrimonio en Israel. El oscurecimiento principal está relacionado con dos puntos básicos. El primero es que el matrimonio, de ser un fin, pasa a ser un medio. El Antiguo Testamento, en su conjunto, considera el matrimonio como “una estructura de autoridad de tipo patriarcal, destinada principalmente a la perpetuación del clan. En este sentido hay que comprender las instituciones del levirato (Dt 25, 5-10), del concubinato (Gn 16) y de la poligamia provisional” [2]. El ideal de una comunión de vida entre el hombre y la mujer, fundada en una relación personal y recíproca, no se olvida, pero pasa a un segundo plano respecto al bien de la prole.

El segundo grave oscurecimiento se refiere a la condición de la mujer: de ser compañera del hombre, dotada de igual dignidad, aparece cada vez más subordinada al hombre y en función del hombre. Esto se ve hasta en el tan celebrado elogio de la mujer del Libro de los Proverbios: “Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas…” (Pr 31, 10 ss). Se trata de un elogio de la mujer realizado enteramente en función del hombre. Su conclusión es: ¡feliz el hombre que posee tal mujer! Ella le teje bellas vestiduras, honra su casa, le permite caminar con la cabeza alta entre sus amigos. No creo que las mujeres estén hoy entusiasmadas con este elogio.

Los profetas tuvieron un papel importante al devolver a la luz el proyecto inicial de Dios sobre el matrimonio, en particular Oseas, Isaías, Jeremías. Asumiendo la unión del hombre y de la mujer como símbolo de la alianza entre Dios y su pueblo, como reflejo volvían a poner en primer plano los valores del amor mutuo, de la fidelidad y de la indisolubilidad que caracterizan la actitud de Dios hacia Israel. Todas las fases y las vicisitudes del amor esponsal se evocan y emplean con este fin: el encanto del amor en el estado naciente en el noviazgo (Cf. Jr 2, 2); la plenitud del gozo el día de la boda (Cf. Is 62, 5); el drama de la ruptura (Cf. Os 2, 4 ss) y finalmente el renacimiento, lleno de esperanza, del antiguo vínculo (Cf. Os 2, 16; Is 54, 8).

Malaquías muestra la beneficiosa repercusión que el mensaje profético podía tener sobre el matrimonio humano y, en especial, sobre la condición de la mujer. Escribe:

“El Señor es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza. ¿No ha hecho él un solo ser, que tiene carne y espíritu? Y este uno, ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a la esposa de tu juventud.” (Ml 2,14-15).

A la luz de esta tradición profética hay que leer el Cantar de los Cantares. Éste representa un renacimiento de la visión del matrimonio como atracción recíproca, como eros, como encanto del hombre ante la mujer (en este caso, también la mujer ante el hombre), presente en el relato más antiguo de la creación.

Se equivoca, en cambio, cierta exégesis modera que interpreta el Cantar de los Cantares exclusivamente en clave de amor humano entre un hombre y una mujer. El autor del Cantar se sitúa dentro de la historia religiosa de su pueblo, donde el amor humano había sido asumido por los profetas como metáfora de la alianza entre Dios y el pueblo. Oseas ya había hecho de su propia situación matrimonial una metáfora de las relaciones entre Dios e Israel. ¿Cómo pensar que el autor del Cantar prescinda de todo ello? La lectura mística del Cantar, querida a la tradición de Israel y de la Iglesia, no es una superposición posterior, sino que está de alguna manera implícita en el texto. Lejos de restar algo a la exaltación del amor humano, le confiere un esplendor y una belleza nueva.

 II Parte

Matrimonio Y FAMILIA EN EL NUEVO Testamento

1. La recapitulación del matrimonio por parte de Cristo

San Ireneo explica la “recapitulación (anakephalaiosis) de todas las cosas” obrada por Cristo (Ef 1,10) como un “recobrar las cosas desde el principio para conducirlas a su cumplimiento”. El concepto implica a la vez continuidad y novedad, y en este sentido se realiza de modo ejemplar en la obra de Cristo respecto al matrimonio.

 a. La continuidad

El capítulo 19 del Evangelio de Mateo basta, por sí solo, para ilustrar los dos aspectos de la recapitulación. Veamos ante todo cómo recobra Jesús las cosas desde el principio.

“Se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera? Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra(Gn 1, 27), y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? (Gn 2, 24). De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’“ (Mt 19,3-6).

Los adversarios se mueven en el restringido ámbito de la casuística de escuela (si es lícito repudiar a la mujer por cualquier motivo, o si se requiere un motivo específico y serio); Jesús responde retomando el problema de raíz, desde el inicio. En su cita, Jesús se refiere a los dos relatos de la institución del matrimonio; toma elementos de uno y de otro, pero de ellos evidencia sobre todo, como se ve, el aspecto de comunión de las personas.

Lo siguiente en el texto, sobre el problema del divorcio, también se orienta en esta dirección; reafirma, de hecho, la fidelidad e indisolubilidad del vínculo matrimonial por encima del bien mismo de la prole, con el que se habían justificado en el pasado poligamia, levirato y divorcio.

“Le objetaron: Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla? Les respondió Jesús: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por concubinato- y se case con otra, comete adulterio” (Mt 19, 7-9).

El texto paralelo de Marcos muestra cómo, también en caso de divorcio, hombre y mujer se sitúan, según Jesús, en un plano de absoluta igualdad: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”(Mc 10, 11-12).

No me detengo en la cláusula “excepto por concubinato” (porneia) que, como se sabe, las Iglesias ortodoxas y protestantes interpretan de manera diferente de la Iglesia católica. Más bien se debe subrayar “la implícita fundación sacramental del matrimonio” presente en la respuesta de Jesús [3]. Las palabras “Lo que Dios unió” dicen que el matrimonio no es una realidad puramente secular, fruto sólo de voluntad humana; en él hay una dimensión sacra que se remonta a la voluntad divina.

La elevación del matrimonio a “sacramento” no reposa por lo tanto sólo en el débil argumento de la presencia de Jesús en las bodas de Caná ni sobre el texto de Efesios 5; empieza, de alguna forma, con el Jesús terreno y forma parte también de su conducir las cosas al inicio. Juan Pablo II tiene razón cuando define el matrimonio como “el sacramento más antiguo” [4].

b. La novedad

Hasta aquí la continuidad. ¿En qué consiste entonces la novedad? Paradójicamente consiste en la relativización del matrimonio. Escuchemos la continuación del texto de Mateo:

“Le dijeron sus discípulos: Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse. Pero Él les respondió: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda” (Mt 19, 10-12).

Jesús instituye con estas palabras un segundo estado de vida, justificándolo con la venida a la tierra del Reino de los Cielos. Ésta no anula la otra posibilidad, el matrimonio, sino que la relativiza. Sucede como en la idea de Estado en el ámbito político: aquél no es abolido, sino radicalmente relativizado por la revelación de la presencia contemporánea, en la historia, de un Reino de Dios.

La continencia voluntaria no necesita, por lo tanto, que se reniegue o se desprecie el matrimonio para que sea reconocida en su validez. (Algunos autores antiguos, en sus tratados sobre la virginidad, cayeron en este error). Es más, aquélla no toma sentido más que de la contemporánea afirmación de la bondad del matrimonio. La institución del celibato y de la virginidad por el Reino ennoblece el matrimonio en el sentido de que hace de él una elección, una vocación, y ya no un sencillo deber moral al que no era lícito sustraerse en Israel, sin exponerse a la acusación de transgredir el mandamiento de Dios.

Es importante observar algo que a menudo se olvida. Celibato y virginidad significan renuncia al matrimonio, no a la sexualidad, que permanece con toda su riqueza de significado, si bien se vive de formas distintas. El célibe y la virgen experimentan también la atracción, y por lo tanto la dependencia, hacia el otro sexo, y es precisamente esto lo que da sentido y valor a su opción de castidad.

c. Jesús, ¿enemigo de la familia?

Entre las muchas tesis planteadas en años recientes en el ámbito de la llamada “tercera investigación histórica sobre Jesús”, figura también la de un Jesús que repudió la familia natural y todos los vínculos parentales en nombre de la pertenencia a una comunidad diferente, en la que Dios es el padre y los discípulos son todos hermanos y hermanas, proponiendo a sus discípulos una vida errante, como hacían en aquel tiempo, fuera de Israel, los filósofos cínicos [5].

Efectivamente hay en los evangelios palabras de Cristo que a simple vista suscitan desconcierto. Jesús dice: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 26). Palabras duras, ciertamente, pero ya el evangelista Mateo se apresura a explicar el sentido de la palabra “odiar” en este caso: “El que ama a su padre o a su madre… a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37). Jesús no pide, por lo tanto, odiar a los padres o a los hijos, sino que no se les ame hasta el punto que se renuncie a seguirle por causa de aquellos.

Otro episodio que causa desconcierto. “Un día Jesús dijo a uno: Sígueme. Y aquél respondió: Déjame ir primero a enterrar a mi padre. Le replicó Jesús: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios” (Lc 9, 59 s.). Para ciertos críticos, entre ellos el rabino americano Jacob Neusner -con quien dialoga Benedicto XVI en su libro sobre Jesús de Nazaret [6]-, ésta es una petición escandalosa, una desobediencia a Dios -quien ordena cuidar a los padres-, una flagrante violación de los deberes filiales.

Algo se debe otorgar al rabino Neusner: palabras de Cristo, como éstas, no se explican mientras se le considere un simple hombre, por excepcional que sea. Sólo Dios puede pedir que se le ame más que al padre y que, para seguirle, se renuncie hasta a asistir a su sepultura. Para los creyentes ésta es una ulterior prueba de que Jesús es Dios; para Neusner es la razón por la que no se le puede seguir.

El desconcierto frente a estas peticiones de Jesús nace también de no tener en cuenta la diferencia entre lo que Él pedía a todos indistintamente y lo que pedía sólo a algunos llamados a compartir su vida enteramente dedicada al Reino, como sucede igualmente hoy en la Iglesia. Lo mismo se debe decir de la renuncia al matrimonio: Él no la impone ni la propone a todos indistintamente, sino sólo a quienes aceptan ponerse, como Él, a servicio total del Reino (Cf. Mt 19, 10-12).

Todas las dudas sobre la actitud de Jesús hacia la familia y el matrimonio caen si tenemos en cuenta otros pasajes del Evangelio. Jesús es el más riguroso de todos acerca de la indisolubilidad del matrimonio, recalca con fuerza el mandamiento de honrar padre y madre, hasta condenar la práctica de sustraerse, bajo pretextos religiosos, al deber de asistirles (Cf. Mc 7, 11-13). Cuántos milagros realiza Jesús precisamente para salir al encuentro del dolor de padres (Jairo, el padre del epiléptico), de madres (la cananea, ¡la viuda de Naím!), o de parientes (las hermanas de Lázaro), por lo tanto, para honrar los vínculos familiares. En más de una ocasión Él comparte el dolor de parientes hasta llorar con ellos.

En un momento como el actual, en el que todo parece conspirar para debilitar los vínculos y los valores de la familia, ¡sólo nos faltaría que también pusiéramos contra ella a Jesús y el Evangelio! Jesús ha venido a devolver el matrimonio a su belleza originaria, para reforzarlo, no para debilitarlo.

2. Matrimonio y familia en la Iglesia apostólica

Igual que hemos hecho con el proyecto originario de Dios, también a propósito de la recapitulación obrada por Cristo intentemos ver cómo fue recibida y vivida en la vida y en la catequesis de la Iglesia, quedándonos por el momento en el ámbito de la Iglesia apostólica. Pablo es en esto nuestra principal fuente de información, habiendo tenido que ocuparse del problema en algunas de sus cartas, sobre todo en la Primera a los Corintios

El Apóstol distingue lo que viene directamente del Señor de las aplicaciones particulares que hace él mismo cuando lo requiere el contexto en el que predica el evangelio. Al primer caso pertenece la reafirmación de la indisolubilidad del matrimonio: “En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido; y que el marido no despida a su mujer” (1 Co 7,10-11); al segundo caso pertenecen las indicaciones que da acerca de los matrimonios entre creyentes y no creyentes y las disposiciones sobre célibes y vírgenes: “En cuanto a los demás, digo yo, no el Señor…” (1 Co 7,10; 1 Co 7, 25).

La Iglesia ha recogido, de Jesús, también el elemento de novedad que consiste, como hemos visto, en la institución de un segundo estado de vida: el celibato y la virginidad por el Reino. A ellos Pablo -él mismo no es casado- dedica la parte final del capítulo [7] de su carta. Basándose en el versículo: “Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular (charisma): unos de una manera, otros de otra” (1 Co 7,7), algunos piensan que el Apóstol considera matrimonio y virginidad como dos carismas. Pero no es exacto; los vírgenes han recibido el carisma de la virginidad, los casados tienen otros carismas (se sobreentiende, no el de la virginidad). Es significativo que la teología de la Iglesia siempre haya considerado la virginidad como un carisma y no un sacramento, y el matrimonio como un sacramento y no un carisma.

En el proceso que llevará (mucho más tarde) al reconocimiento de la sacramentalidad del matrimonio, tuvo un peso notable el texto de la Carta a los Efesios: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio (en latín, ¡sacramentum!) es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia” (Ef 5, 31-32). No se trata de una afirmación aislada y ocasional, debida a la ambigua traducción del término “misterio” (mysterion) con el latín sacramentum. El matrimonio como símbolo de la relación entre Cristo y la Iglesia se funda en toda una serie de dichos y de parábolas en las que Jesús se había aplicado a sí mismo el título de esposo, atribuido a Dios por los profetas.

A medida que la comunidad apostólica se incrementa y consolida, se ve cómo florece toda una pastoral y una espiritualidad familiar. Los textos más significativos al respecto son los de las cartas a los Colosenses y a los Efesios. En ellos se evidencian las dos relaciones fundamentales que constituyen la familia: la relación marido-mujer y la relación padres-hijos. A propósito del primero, el Apóstol escribe:

“Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres a sus maridos, como al Señor… Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” .

Pablo recomienda al marido que “ame” a su mujer (y esto nos parece normal), pero después recomienda a la mujer que sea “sumisa” al marido, y esto, en una sociedad fuertemente (y con justicia) consciente de la igualdad de sexos, parece inaceptable. Sobre este punto san Pablo está, al menos en parte, condicionado por las costumbres de su tiempo. La dificultad, en cambio, se redimensiona si se tiene en cuenta la frase inicial del texto: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo”, que establece una reciprocidad en la sumisión como en el amor.

A propósito de la relación entre padres e hijos, Pablo recalca los consejos tradicionales de la literatura sapiencial:

“Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (Pr 6, 20), tal es el primer mandamiento, que lleva consigo una promesa: Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Ef 6, 1-4).

Las Cartas Pastorales, y especialmente la Carta a Tito, ofrecerán reglas detalladas para cada categoría de personas: las mujeres, los maridos, obispos y presbíteros, los ancianos, los jóvenes, las viudas, los dueños, los esclavos (Cf. Tt 2, 1-9). También los esclavos formaban parte de hecho de la familia, en la concepción amplia que se tenía de ella.

Igualmente en la Iglesia de los orígenes, el ideal del matrimonio que vuelve a proponer Jesús no se realizará sin sombras ni resistencias. Aparte del caso de incesto de Corinto (1 Co 8, 1 ss), lo testimonia la necesidad que sienten los apóstoles de insistir en este aspecto de la vida cristiana. Pero en conjunto los cristianos presentaron al mundo un modelo familiar nuevo que se reveló como uno de los factores principales de evangelización.

El autor de la Carta a Diogneto, en el siglo II, dice que los cristianos “se casan como todos y tienen hijos, pero no tiran a los recién nacidos; tienen en común la mesa, pero no el lecho” (V, 6-7). En sus Apologías, Justino traza un razonamiento que los cristianos de hoy deberíamos poder hacer nuestro en el diálogo con las autoridades políticas. Dice en sustancia los siguiente: Vosotros, emperadores romanos, multiplicáis las leyes sobre la familia, pero se muestran ineficaces para frenar su disolución; venid a ver nuestras familias y os convenceréis de que los cristianos son vuestros mejores aliados en la reforma de la sociedad, no vuestros enemigos. Al final, después de tres siglos de persecución, el Imperio, como se sabe, acogió en la propia legislación el modelo cristiano de familia.

III PARTE

QUÉ NOS DICE HOY LA ENSEÑANZA BÍBLICA

La relectura de la Biblia en un Congreso como éste, que no es de exégetas, sino de agentes pastorales en el ámbito de la familia, no se puede limitar a una simple reproposición del dato revelado, sino que debe poder iluminar los problemas actuales. “La Escritura -decía san Gregorio Magno- crece con quien la lee” (cum legentibus crescit); revela implicaciones nuevas a medida que se le plantean cuestiones nuevas. Y hoy, cuestiones o provocaciones nuevas hay muchas.

1. El ideal bíblico contestado

Nos hallamos ante una contestación aparentemente global del proyecto bíblico sobre sexualidad, matrimonio y familia. El estudio de monseñor Tony Anatrella, distribuido a los relatores en vista de este Congreso, proporciona sobre ello un resumen razonado y utilísimo7. ¿Cómo comportarse frente al fenómeno?

El primer error que hay que evitar, en mi opinión, es el de pasar todo el tiempo rebatiendo las teorías contrarias, acabando por darles más importancia de la que merecen. Ya Pseudo-Dionisio el Areopagita observaba cómo la proposición de la propia verdad es siempre más eficaz que la confutación de los errores ajenos. Otro error consistiría en dirigir todo hacia leyes del Estado para defender los valores cristianos. Los primeros cristianos, como hemos visto, con sus costumbres cambiaron las leyes del Estado; no podemos esperar hoy en cambiar las costumbres con las leyes del Estado.

El Concilio inauguró un nuevo método, que es de diálogo, no de enfrentamiento con el mundo; un método que no excluye siquiera la autocrítica. En un texto suyo, dijo que la Iglesia es capaz de sacar provecho hasta de las críticas de quien la combate. Creo que debemos aplicar este método también en la discusión de los problemas del matrimonio y de la familia, como hizo ya en su tiempo la Gaudium et spes.

Aplicar este método de diálogo significa procurar ver si en el fondo incluso de las contestaciones más radicales existe una instancia positiva que hay que acoger. Es el antiguo método paulino de examinar todo y quedarse con lo que es bueno (Cf. 1 Ts 5,21). Así ocurrió con el marxismo que impulsó a la Iglesia a desarrollar una doctrina social propia, y podría suceder igualmente con la revolución “gender” que, como observa monseñor Anatrella en su estudio, presenta no pocas analogías con el marxismo y está probablemente destinada al mismo final.

La crítica al modelo tradicional de matrimonio y de familia que ha conducido a las actuales, inaceptables, propuestas del deconstructivismo, comenzó con la Ilustración y el Romanticismo. Con intenciones diferentes, estos dos movimientos se expresaron contra el matrimonio tradicional, contemplado exclusivamente en sus “fines” objetivos: la prole, la sociedad, la Iglesia, y demasiado poco en sí mismo: en su valor subjetivo e interpersonal. Todo se pedía a los futuros esposos, excepto que se amaran y se eligieran libremente entre sí. A tal modelo se opuso el matrimonio como pacto (Ilustración) y como comunión de amor (Romanticismo) entre los esposos.

Pero esta crítica se orienta en el sentido originario de la Biblia, ¡no contra ella! El Concilio Vaticano II recibió esta instancia cuando reconoció como bien igualmente primario del matrimonio el mutuo amor y la ayuda entre los cónyuges. Juan Pablo II, en una catequesis de los miércoles, decía:

“El cuerpo humano, con su sexo, y su masculinidad y feminidad, …es no sólo fuente de fecundidad y de procreación, como en todo el orden natural, sino que encierra desde el principio el atributo esponsal, o bien, de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don y, mediante este don, realiza el sentido mismo de su ser y existir” [8].

En su encíclica “Deus caritas est”, el Papa Benedicto XVI ha ido más allá, escribiendo cosas profundas y nuevas a propósito del eros en el matrimonio y en las relaciones mismas entre Dios y el hombre. “Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella” [9].

La reacción insólitamente positiva a esta encíclica del Papa demuestra hasta qué punto una presentación irénica de la verdad cristiana es más productiva que la confutación del error contrario, aunque ésta también deberá hallar espacio, a su tiempo y en su lugar. Nosotros estamos lejos de aceptar las consecuencias que algunos sacan hoy de estas premisas: por ejemplo, que baste con cualquier tipo de eros para constituir un matrimonio, incluido aquél entre personas del mismo sexo; pero este rechazo adquiere otra fuerza y credibilidad si se une al reconocimiento de la bondad de fondo de la instancia e igualmente a una sana autocrítica.

No podemos en efecto silenciar la contribución que los cristianos dieron a la formación de aquella visión puramente objetivista del matrimonio. La autoridad de Agustín, reforzada en este punto por Tomás de Aquino, acabó por arrojar una luz negativa sobre la unión carnal de los cónyuges, considerada el medio de transmisión del pecado original y no privada, ella misma, de pecado “al menos venial”. Según el doctor de Hipona, los cónyuges debían acudir al acto conyugal con disgusto y sólo porque no había otro modo de dar ciudadanos al Estado y miembros a la Iglesia.

Otra instancia que podemos hacer nuestra es la igual dignidad de la mujer en el matrimonio. Como hemos visto, está en el corazón mismo del proyecto originario de Dios y del pensamiento de Cristo, pero casi siempre ha sido desatendida. La Palabra de Dios a Eva: “Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará” tuvo una trágica realización en la historia.

En los representantes de la llamada “Gender revolution”, esta instancia ha llevado a propuestas desquiciadas, como la de abolir la distinción de sexos y sustituirla con la más elástica y subjetiva distinción de “géneros” (masculino, femenino, variable), o la de liberar a la mujer de la “esclavitud de la maternidad” proveyendo de otros modos, inventados por el hombre, a la producción de hijos. (¡No se entiende quién tendría más interés o deseo, llegados este punto, de tener hijos!).

Precisamente la elección del diálogo y de la autocrítica nos da derecho a denunciar estos proyectos como “inhumanos”, o sea, contarios no sólo a la voluntad de Dios, sino también al bien de la humanidad. Traducidos a su práctica a gran escala, conducirían a daños imprevisibles. La novela y la película “La isla del Dr. Moreau” (The Island of Dr. Moreau) de H. G. Wells, podría revelare trágicamente profética, esta vez no sólo entre animales, sino también entre seres humanos.

Nuestra única esperanza es que el sentido común de la gente, unido al “deseo” del otro sexo, a la necesidad de maternidad y de paternidad que Dios ha inscrito en la naturaleza humana, resistan a estos intentos de sustituir a Dios, dictados más por atrasados sentimientos de culpa del hombre que por un genuino respeto y amor por la mujer. (¡Quienes proponen estas teorías son casi exclusivamente los hombres!).

2. Un ideal que hay que redescubrir

No menos importante que la tarea de defender el ideal bíblico del matrimonio y de la familia es la tarea de redescubrirlo y vivirlo en plenitud por parte de los cristianos, de manera que se vuelva a proponer al mundo con los hechos, más que con las palabras.

Leamos hoy el relato de la creación del hombre y de la mujer a la luz de la revelación de la Trinidad. Bajo esta luz, la frase: “Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó”, revela por fin su significado, que había sido enigmático e incierto antes de Cristo. ¿Qué relación puede haber entre ser “a imagen de Dios” y ser “macho y hembra”? El Dios bíblico carece de connotaciones sexuales; no es ni varón ni mujer.

La semejanza consiste en esto. Dios es amor y el amor exige comunión, intercambio interpersonal; requiere que haya un “yo” y un “tú”. No existe amor que no sea amor por alguien; donde no hay más que un sujeto no puede haber amor, sino sólo egoísmo o narcisismo. Allí donde Dios es concebido como Ley o como Potencia absoluta, no hay necesidad de una pluralidad de personas (¡el poder se puede ejercer también solos!). El Dios revelado por Jesucristo, siendo amor, es único y solo, pero no es solitario; es uno y trino. En Él coexisten unidad y distinción: unidad de naturaleza, de voluntad, de intención, y distinción de características y de personas.

Dos personas que se aman -y el caso del hombre y la mujer en el matrimonio es el más fuerte- reproducen algo de lo que ocurre en la Trinidad. Allí dos personas -el Padre y el Hijo-, amándose, producen (“exhalan”) el Espíritu que es el amor que les une. Alguien ha definido el Espíritu Santo como el “Nosotros” divino, esto es, no la “tercera persona de la Trinidad”, sino la primera persona plural [10].

En esto precisamente la pareja humana es imagen de Dios. Marido y mujer son en efecto una carne sola, un solo corazón, una sola alma, aún en la diversidad de sexo y de personalidad. En la pareja se reconcilian entre sí unidad y diversidad. Los esposos están uno frente al otro como un “yo” y un “tú”, y están frente al resto del mundo, empezando por los propios hijos, como un “nosotros”, casi como si se tratara de una sola persona, pero ya no singular, sino plural. “Nosotros”, o sea, “tu madre y yo”, “tu padre y yo”.

En esta luz se descubre el sentido profundo del mensaje de los profetas acerca del matrimonio humano, que por lo tanto es símbolo y reflejo de otro amor, el de Dios por su pueblo. Esto no significaba sobrecargar de un significado místico una realidad puramente mundana. No era cuestión sólo de simbolismo; era más bien revelar el verdadero rostro y el objetivo último de la creación del hombre varón y mujer: el de salir del propio aislamiento y “egoísmo”, abrirse al otro y, a través del éxtasis temporal de la unión carnal, elevarse al deseo del amor y de la alegría sin fin.

¿Cuál es la causa de la inconclusión y de la insatisfacción que deja la unión sexual, dentro y fuera del matrimonio? ¿Por qué este impulso cae siempre sobre sí mismo y por qué esta promesa de infinito y de eterno resulta siempre decepcionada? Los antiguos acuñaron un dicho que plasma esta realidad: “Post coitum animal triste”: como cualquier otro animal, el hombre después de la unión carnal está triste.

El poeta pagano Lucrecio dejó, de la frustración que acompaña cada copulación, una descripción despiadada que en un Congreso para esposos y para familias no debería resultar escandaloso oír:

“Se estrechan ávidamente al cuerpo y mezclan la saliva

boca a boca, y jadean, apretando los labios con los dientes;

pero en vano; porque no pueden arrancar nada,

ni penetrar y perderse en el otro cuerpo con todo el cuerpo” [11].

A esta frustración se busca un remedio que no hace más que acrecentarla. En lugar de modificar la calidad del acto, se aumenta su cantidad, pasando de un partner a otro. Se llega así al estrago del don de Dios de la sexualidad, en marcha en la cultura y en la sociedad de hoy.

¿Queremos, de una buena vez, como cristianos, buscar una explicación a esta devastadora disfunción? La explicación es que la unión sexual no se vive en el modo y con la intención pretendida por Dios. Este objetivo era que, a través de este éxtasis y fusión de amor, el hombre y la mujer se elevaran al deseo y tuvieran una cierta pregustación del amor infinito; recordaran de dónde venían y a dónde se dirigían.

El pecado, empezando por el de los bíblicos Adán y Eva, ha atravesado este proyecto; ha “profanado” ese gesto, o sea, lo ha despojado de su valor religioso. Ha hecho de él un gesto que es fin en sí mismo, concluso en sí mismo, y por ello “insatisfactorio”. El símbolo ha sido desgajado de la realidad simbolizada, privado de su dinamismo intrínseco y por lo tanto mutilado. Jamás como en este caso se experimenta la verdad del dicho de Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

Incluso parejas creyentes tampoco llegan a reencontrar -a veces más que las otras- esa riqueza de significado inicial de la unión sexual a causa de la idea de concupiscencia y de pecado original asociada a tal acto durante siglos. Sólo en el testimonio de algunas parejas que han tenido la experiencia renovadora del Espíritu Santo y viven la vida cristiana carismáticamente se encuentra algo de aquel significado original del acto conyugal. Aquellas han confiado con estupor -a parejas de amigos o al sacerdote- que se unen alabando a Dios en voz alta, o incluso cantando en lenguas. Era una experiencia real de presencia de Dios.

Se comprende por qué sólo en el Espíritu Santo es posible reencontrar esta plenitud de la vocación matrimonial. El acto constitutivo del matrimonio es la donación recíproca, hacer don del propio cuerpo (o bien, en el lenguaje bíblico, de todo uno mismo) al cónyuge. Al ser el sacramento del don, el matrimonio es, por su naturaleza, un sacramento abierto a la acción del Espíritu Santo que es por excelencia el Don, o mejor, la Donación recíproca del Padre y del Hijo. Es la presencia santificadora del Espíritu aquello que hace del matrimonio un sacramento no sólo celebrado, sino vivido.

Dar espacio a Cristo en la vida de pareja es el secreto para acceder a estos esplendores del matrimonio cristiano. De hecho es de Él de quien viene el Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas. Un libro del obispo Fulton Sheen, popular en los años cincuenta, inculcaba todo esto en su título: “Tres para casarse” [12].

No hay que tener miedo de proponer a algunas parejas de futuros esposos cristianos, particularmente preparadas, una meta altísima: la de orar un poco juntos la noche de bodas, como Tobías y Sara, y después dar a Dios Padre la alegría de ver de nuevo realizado, gracias a Cristo, su proyecto inicial, cuando Adán y Eva estaban desnudos uno frente al otro y ambos ante Dios, y no se avergonzaban.

Termino con algunas palabras tomadas, una vez más, de El zapato de raso de Claudel. Se trata de un diálogo entre la protagonista femenina del drama, que combate entre el miedo y el deseo de rendirse al amor, y su ángel custodio:

– Entonces, ¿está permitido este amor de las criaturas, una hacia otra? ¿Dios no tiene celos?

– ¿Cómo podría estar celoso de lo que ha hecho Él mismo?

– Pero el hombre, en brazos de la mujer, olvida a Dios…

– ¿Se le olvida estando con Él y siendo asociados al misterio de su creación? [13]


NOTAS:

[1] P. Claudel, Le soulier de satin, a.III. sc.8 (éd. La Pléiade, II, Parigi 1956, p. 804) : «Cet orgueilleux, il n’y avait pas d’autre moyen de lui faire comprendre le prochain, de le lui entres dans la chair.

 

Il n’y avait pas d’autre moyen de lui faire comprendre la dépendance, la nécessité et le besoin, un autre sur lui,

La loi sur lui de cet être différent pour aucune autre raison si ce n’est qu’il existe».

[2] B. Wannenwetsch, Mariage, in Dictionnaire Critique de Théologie, a cura di J.-Y. Lacoste, Parigi 1998, p. 700.

 

[3] Cf. G. Campanini, Matrimonio, in Dizionario di Teologia, Ed. San Paolo 2002, pp. 964 s.

 

[4] Giovanni Paolo II, Uomo e donna lo creò. Catechesi sull’amore umano, Roma 1985, p. 365.

 

[5] Cf. B. Griffin, Was Jesus a Philosophical Cynic? [http://www-oxford.op.org/allen/html/acts.htm]; C. Augias e M. Pesce, Inchiesta su Gesú, Mondadori, 2006, pp. 121 ss.

 

[6] E.P. Sanders, Gesù e il giudaismo, Marietti, 1992, pp.324 ss.; J. Neusner, A Rabbi Talks with Jesus, McGill-Queen’s University Press, 2000, pp. 53-72.

 

[7] T. Anatrella, Définitions des termes du Néo-langage de la philosophie du Constructivisme et du genre, a cura del Pontificium Consilium pro Familia, Città del Vaticano Novembre 2008.

 

[8] Giovanni Paolo II, Discorso all’udienza del 16 gennaio 1980 (Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Libreria Editrice Vaticana 1980, p. 148).

 

[9] Benedetto XVI, Enc. Deus caritas est, 11.

 

[10] Cf. Cf. H. Mühlen, Der Heilige Geist als Person. Ich -Du -Wir, Muenster, in W. 1966.

 

[11] Lucrecio, De rerum natura, IV,2 vv. 1104-1107.

 

[12] F. Sheen, Three to Get Married, Appleton-Century-Crofts 1951.

 

[13] P. Claudel, Le soulier de satin, a.III. sc.8 (éd. La Pléiade, II, Parigi 1956, pp. 804):

 

– Dona Prouhèze. – -Eh quoi! Ainsi c’était permis? cet amour des créatures l’une pour l’autre, il est donc vrai que Dieu n’est pas jaloux ?

– L’Ange Gardien.- Comment serait-il jaloux de ce qu’il a fait ?…

– Dona Prouhèze. – L’homme entre les bras de la femme oublie Dieu.

– L’Ange Gardien.- Est-ce l’oublier que d’être avec lui ? est-ce ailleurs qu’avec lui d’être associé au mystère da sa création ?

 

¿Conviene educar al niño en alguna religión?

Una joven madre me dijo: «No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor.»

He aquí una frase que oí el otro día a una persona muy agradable e inteligente, y que cientos de veces he oído a cientos de personas. Una joven madre me dijo: «No quiero enseñarle ninguna religión a mi hijo. No quiero influir sobre él; quiero que la elija por sí mismo cuando sea mayor.» Ése es un ejemplo muy común de un argumento corriente, que frecuentemente se repite, y que, sin embargo, nunca se aplica verdaderamente. Por supuesto que la madre siempre estará influyendo sobre su hijo. De la misma manera, la madre podría haber dicho : «Espero que escogerá sus propios amigos cuando crezca; por eso no quiero presentarle ni a primas ni a primos.»

Pero la persona adulta en ningún caso puede escaparse a la responsabilidad de influir sobre el niño; ni siquiera cuando se impone la enorme responsabilidad de no hacerlo. La madre puede educar al hijo sin elegirle una religión; pero no sin elegirle un medio ambiente. Si ella opta por dejar a un lado la religión, está escogiendo ya el medio ambiente; y además, un medio ambiente funesto y contranatural.

La madre, para que su hijo no sufra la influencia de supersticiones y tradiciones sociales, tendrá que aislar a su hijo en una isla desierta y allí educarlo. Pero la madre está escogiendo la isla, el lago y la soledad; y, es tan responsable por obrar así como si hubiera escogido la secta de los mennonitas o la teología de los mormones.

Es completamente evidente, dicen, para quien piense durante dos minutos, que la responsabilidad de encauzar la infancia pertenece al adulto, por la relación existente entre éste y el niño, completamente aparte de las relaciones de religión e irreligión. Pero la gente que repite esta fraseología no la piensa dos minutos. No intentan unir sus palabras con una razón, con una filosofía. Han oído ese argumento aplicado a la religión, y nunca piensan en aplicarlo a otra cosa fuera de la religión.

Nunca piensan en extraer esas diez o doce palabras de su contexto convencional y tratar de aplicarlas a cualquier otro contexto. Han oído que hay personas que se resisten a educar a los hijos aun en su propia religión. Igualmente podría haber personas que se resistieran a educar a los hijos en su propia civilización.

Si el niño cuando sea mayor, puede preferir otro credo, es igualmente cierto que puede preferir otra cultura. Puede molestarse por no haber sido educado como un buen sueco burgués; puede lamentar profundamente no haber sido educado como un Sandzmanian. De la misma manera puede lamentar haber sido educado como un caballero inglés y no como un árabe salvaje del desierto. Puede (con la ayuda de una buena educación geográfica), mientras examina el mundo desde China al Perú, sentirse envidioso por la dignidad del código de Confucio o llorar sobre las ruinas de la gran civilización incaica.

Pero, evidentemente, alguien ha tenido que educarlo para llegar a ese estado de lamentar tal o cual cosa; y la responsabilidad más grave de todas es tal vez la de no guiar al niño hacia ningún fin.

 

Pautas para una educación sexual

Hoy nos encontramos en bastantes ocasiones en que se excluye a la sexualidad del compromiso total de la persona, de los valores éticos del amor y la fidelidad. Esto se refleja en la actual polémica a propósito de la educación sexual que se quiere impartir en los centros educativos públicos de muchos países. Las siguientes ideas, muchas de ellas procedentes del Dr. López Quintas*, nos ayudarán a tener un sentido correcto del tema.

1. No basta con información sexual

Impartir información sexual sin acompañarla de formación para el amor puede ser contraproducente. La educación integral no se conforma con lo intelectual, debe abrirse a la voluntad, a los sentimientos, a los valores. Lo contrario es como enseñar a conducir un carro a un chico, sin enseñarle las normas de tránsito, lo gratificante que resulta conducir bien y los peligros que existen. O de otro modo, como si quisiéramos forjar un buen futbolista a base de charlas, videos, sin entrenarle en el esfuerzo, en la lucha, en la superación.

La educación sexual nunca debe convertirse en una especie de información obsesiva que llene la mente del niño o del adolescente, como un incentivo que desate su curiosidad y le lleve a realizar actos sexuales. La mera explicación de cómo se obtienen sensaciones placenteras puede constituir una incitación al erotismo. No forma para el amor, deforma. Lanza por una vía contraria al auténtico amor.

Las consecuencias de esta actitud pedagógica van a ser muy negativas: embarazos en adolescentes, abortos, madres solteras y desequilibrios psicológicos a muy temprana edad, enfermedades de transmisión sexual. Los que alegremente abren los caños se quejarán luego de las inundaciones.

2. Educar hacia la realización plena

La meta principal de la educación no es imponer preceptos a la persona humana, sino invitarle a ser persona en plenitud. Educar la sexualidad equivale a educar en el amor hacia el otro. Educar al hombre entero y revisar las estructuras de egoísmo y de mentira que convierten al hombre en un instrumentalizador de sus hermanos y que terminan por hacer de la sexualidad un objeto más para el consumo.

La formación para el amor es formación para la libertad, para la capacidad de ser auténticamente libres en el ejercicio de la sexualidad. «Ama y haz lo que quieras» (San Agustín). Estamos llamados a la libertad, pero no con el pretexto de buscar gratificaciones, sino para poder amar. La libertad en el amor debemos de conquistarla con esfuerzo, el esfuerzo que exige no acostumbrarse a elegir en virtud de nuestras apetencias de cada momento, sino en virtud del ideal que nos hemos propuesto. La droga, el sexo sin amor, te ofrecen todo sin pedirte nada a cambio y, por último, conducen a la nada o al hastío; sin embargo, el amor auténtico, te ofrece todo exigiéndote todo y, después, te lo concede todo, te da la felicidad plena. El amor verdadero se traduce en un gozo interior que es promesa de futuro y necesidad de compartir la vida, arriesgándola…

3. Aspirar a valores más altos supone renuncias

Lo agradable encierra un valor, pero no el más alto. La amistad, el amor, por ejemplo, presentan una excelencia mayor. Y para conseguir el valor más alto hay que renunciar con frecuencia al valor más bajo. Por eso, conviene no apegarse al valor de lo agradable, ya que tal apego nos quita libertad para supeditarlo al logro de valores más altos.

Convertirse al amor auténtico, y por tanto, adquirir la plenitud humana, supone aceptar que el otro sea el centro y no yo. Esto supone renuncias pero nos lleva a la verdadera felicidad y alegría.

Es importante no tomar el primer valor que descubrimos como la cumbre de todo valor. Este malentendido deja a millones de personas bloqueadas en estadios primitivos. Un joven y una joven empiezan a tratarse y se entregan a complacencias eróticas. Se sienten embriagados por impresiones placenteras. El mero ejercicio de la sexualidad suscita emociones intensas pero todavía no constituye una experiencia auténtica de amor personal. Se contentan con poco, se precipitan a comer la fruta verde. No se acomodan al ritmo lento de maduración en el amor. Estaban llamados a crear una auténtica amistad, una vida de convivencia de altísimo valor, y se quedan a medio camino.

Enseñar esto al joven es importante. Tiene que saber, por ejemplo, que si no espera al matrimonio, si tiene relaciones prematrimoniales, se está buscando a sí mismo: no le importa que la chica se pueda quedar embarazada cuando todavía no está en disposición de serlo, con el riesgo de quedarse madre soltera, de que pierda sus estudios y acabe en trabajos humildes, de que se vea más impulsada a buscar el aborto…

4. No confundir amor con interés

Resulta muy fácil confundir el interés que sentimos por satisfacer un instinto con el amor de entrega a una persona. El amor no es como el hambre, que basta comer para saciarlo y restablecer el equilibrio vital. El alimento satisface una necesidad biológica primaria. La relación sexual, en cambio, no satisface la necesidad de crear una relación amorosa auténtica, es insuficiente. Tal engaño se nos presenta en muchas películas, en que aparece la relación sexual completa como algo normal al principio del enamoramiento, en vez de ser su culminación en el matrimonio.

5. No ser ingenuos: importancia de los inicios

El que quiere ser limpio se preocupa también por la pureza de sus pensamientos y en guardar su corazón. La vista y el tacto son las principales ventanas por donde entran los estímulos sexuales, sobre todo, en los varones. Cuando no existe el objeto delante, la imaginación nos lo trae. Ahí descansan, en buena medida, los llamados lenguajes subliminales: insinúan más de lo que realmente dicen. La imagen mueve a imaginar más cosas de las que han sido vistas. En esto se basa la propaganda comercial erotizada. Toda búsqueda directa de excitación sexual tiene por sí misma una dinámica de totalidad, es decir, dejada a sí misma, por su propio dinamismo lleva hacia la realización completa del acto sexual. El sexo por el sexo, es una experiencia vacía, mecánica y sin finalidad distinta que la satisfacción del egoísmo personal. Por tanto, el hombre que quiere conservar su dignidad personal, no debe dejarse arrastrar o seducir. Debe ser él quien guíe sus potencias y energías hacia metas altas, y para ello, debe acostumbrarse a tener un dominio de sí mismo. Esto requiere esfuerzo pero es fuente de alegría verdadera.

6. La sexualidad: lenguaje de amor

La relación sexual está destinada a expresar una relación de amor auténtico. Y éste lo es cuando se trata de un amor total y definitivo, fiel y exclusivo, incondicional y fecundo. Los hijos no son una enfermedad, sino la imagen viviente de un amor generoso y desinteresado. Si no se dan estas condiciones, la relación sexual deja de tener sentido, es un engaño, expresa algo que no existe.

Conclusión

Para valorar la sexualidad adecuadamente, es necesario abordarla con seriedad y responsabilidad, sin olvidar su carácter gozoso y alegre. La sexualidad no se puede entender de forma aislada, pues perderíamos toda la riqueza que aporta. Pensar en ella significa comprender al hombre entero, en su complejidad y en su unidad, explicar los valores de la vida, la libertad y la esencia del amor. El fin de las normas objetivas morales no es la represión de la sexualidad, sino proteger y favorecer que el dinamismo profundo de la sexualidad llegue a su plenitud y sentido.


– «El amor humano, su sentido y su alcance». Alfonso López Quintas. EDIBESA. Madrid. General Pardiñas 72. 28006 Madrid. Teléf.:(91) 4010478.

Dr. Alvaro Susin Cruz

 

Celebremos la Pascua en familia

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Debemos tener claro que la Pascua comienza el domingo de Resurrección, pero se extiende durante 50 días, es por esto que debemos estar alegres durante estos días.

Ya hemos dicho que la Pascua es la fiesta mayor para nosotros los católicos. Celebramos que Jesús venció a la muerte y nos ganó así, la vida eterna. Esto es el fundamento de nuestra fe y por eso debemos celebrarlo en grande por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. La Pascua son 50 días.
Debemos tener claro que la Pascua comienza el domingo de Resurrección, pero se extiende durante 50 días, es por esto que debemos estar alegres durante estos días. No quiere decir que no tengamos problemas o contratiempos, sino que los afrontemos con alegría y una actitud positiva para dar testimonio de lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Ningún problema es más grande que la muerte y Jesús la venció, así que nos puede ayudar en cualquier circunstancia, siempre y cuando nosotros nos dispongamos para recibir su ayuda.

Vivamos una pascua con optimismo, Esperanza, Fe y Caridad.

SEGUNDO. Haz un plan familiar para celebrarla.
Como es tanto tiempo, es necesario que hagamos un plan familiar para, primero, explicar a todos lo que es la Pascua, después para asegurarnos que la vamos a vivir con una buena actitud y también para preparar actividades que nos permitan convivir y vivirla intensamente.

Este plan puede contener actividades como, lecturas de la Biblia, dibujos, juegos de mesa, visitas a templos, museos, parques, rallys, comidas o cenas familiares y actividades encaminadas a compartir esta alegría con los demás como visitas a algún asilo, orfanato, casa hogar, comedor parroquial, etc. la idea es compartir con caridad, lo que Dios nos da con generosidad.

Para los niños pequeños podemos buscar material didáctico que nos ayude a explicarles con claridad y sencillez lo que es la Pascua, así podrán también vivir acorde a su edad esta gran fiesta.

TERCERO. Comparte con los que te rodean esta alegría.
Como es un gran acontecimiento, es importante que nuestro ambiente familiar sea coherente.

A nuestras celebraciones podemos invitar nuestra familia extendida y algunos amigos para compartir nuestra alegría y aprovechar para tener un rato de sana convivencia. No es necesario gastar mucho, con algo sencillo pero bonito basta, algo que nos haga ver que es un tiempo especial.

Pero recuerda, el centro de la celebración siempre tiene que ser Jesús resucitado.

CUARTO. Busca que la celebración no se quede en lo superficial.
Adema de lo exterior, es necesario que haya fiesta en nuestro interior, es decir que busquemos mantenernos en un estado de gracia constante, evitando las faltas y cometer pecados que nos alejen de Jesús en esta gran fiesta.

Como somos humanos y somos débiles, siempre tememos el sacramento de la reconciliación para ayudarnos a corregir nuestros errores. No dudemos en acudir a recibirlo lo antes posible.

Otra forma es comenzar alguna devoción familiar, como la coronilla de la misericordia, el peso del Santo Rosario, etc. o apostolado personal, para esto podemos acudir a la parroquia y conocer las opciones que tenemos a la mano.

Y QUINTO. Que se note que estamos de fiesta.
Es importante que nuestra actitud sea también coherente con lo que estamos viviendo. Es así que no podemos vivir peleando, enojados por todos, refunfuñando por lo que nos piden, etc.

Sería muy bueno que podamos hacer todo con amor y alegría, poniendo todo lo que esté de nosotros para que salgan bien las cosas, y si no salen, poniendo una sonrisa y ofreciéndolo a Dios en agradecimiento a lo que ha hecho por nosotros.

Si Jesús resucitó y no se vengó de los que lo crucificaron, nosotros ¿por qué no actuamos igual que Él?

 

Quienes desean la vida y quienes desean la muerte

Norma Mendoza Alexandry

La OMS establece las normas para la salud mundial, así es que las políticas, programas y publicaciones afectan en todo el mundo.

Todos nos hemos dado cuenta de que estamos en tiempos de ‘guerra’ aunque muchos queramos negarlo, sobre todo en estos últimos días en que hace dos mil años Alguien dio su Vida y nos la dio para que la tuviésemos en “abundancia.”

¿En qué consiste la guerra? Podríamos decir que la guerra consiste en la ‘muerte’ de seres humanos por mil razones. Una de las muchas sin-razones tanto de situaciones de guerra, como en la vida común es acabar con el ser humano que no tiene defensa alguna, y la que más se facilita en un ‘nuevo orden mundial’ es acabar y dar muerte al ser humano inocente que se encuentra en un vientre en gestación.

Recientemente el Dr. Julio Tudela, Director del Observatorio de Bioética en la Universidad Católica de Valencia puntualizaba una denuncia ante la doble moral de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta se pronunció recientemente por la liberalización casi total del aborto, la cual aconseja facilitar el aborto “sin límites de semanas de embarazo ni restricciones legales.” Según esta organización de la ONU, sugiere:

- Eliminar semanas de gestación
- Eliminar el período para reflexión
- Eliminar el control de fármacos abortivos, etc.

La OMS ¿Vela por la salud de la población mundial? ¿Quién es el director de esta organización y por qué olvida los principios fundacionales de derechos humanos que la originaron?

Acudimos a una organización internacional no gubernamental dedicada durante muchos años a luchar en favor de la vida y de la familia y al seguimiento de políticas que impiden y obstaculizan estos propósitos dentro del ámbito Internacional: “Family Watch International, (FWI)” (https://familywatch.org/)

De acuerdo con una investigación detallada de FWI sobre agencias de la ONU y a los antecedentes del Dr. Thedros A. Ghebreyesus, director de la OMS (https://familywatch.org/2020/08/18/who-exposed-sexual-rights-vs-sexual-health/#.Yl2PtoVBzIU) nos podemos dar una idea del por qué se ha llegado a este punto del desprecio por la vida humana y a la salud en la OMS.

Para comenzar, la familia es atacada por múltiples agencias de la ONU, no sólo por la OMS, entre las que se encuentran también: UN Women; UNESCO; UNFPA; UNAIDS; UNICEF; etc.

La OMS establece las normas para la salud mundial, así es que las políticas, programas y publicaciones afectan en todo el mundo.

La OMS ha estado trabajando en las siguientes áreas:

- La agenda de salud y derechos sexuales y reproductivos
- La agenda sexual para menores de edad
- La agenda transgénero
- La agenda sobre prostitución

Todas estas se forman en planes o agendas en contra de la vida y la familia. Algunos de los términos usados por estas entidades son: derechos sexuales y reproductivos, derechos reproductivos, salud sexual, sexualidad, aborto seguro, estigma, dignidad, discriminación, aborto médico, auto-cuidado/auto-tratamiento, aborto médico, elección-autonomía, derechos humanos, etc.

Cuando el Dr. Thedros A. Ghebreyesus fue electo, todos los grupos a favor del aborto celebraron su designación. En su país originario Etiopía, como Ministro de Salud, introdujo ampliamente el aborto seguro y legal con la ayuda de ONGs como el IPAS a favor de mujeres que desean anticonceptivos y aborto. Las áreas que maneja el IPAS son las que retomó la OMS sobre el aborto en países en desarrollo.

Otra de las organizaciones que celebró la designación como director es la IPPF, que constituye una de las mayores proveedoras del aborto en todo el mundo, además de promover las agendas o planes de derechos sexuales y para sexualizar a la niñez mundial. El IPPF consta de 161 asociaciones miembros mundialmente y su cuerpo de trabajo tiene como fin “…la promoción de salud y derechos sexuales y reproductivos.” Con este fin, promueven el cambio de las leyes en los países, sobre todo de los países pobres o en desarrollo (“sexual and reproductive health and rights” SRHR por sus siglas en inglés).

Estos planes o agenda incluyen la ‘Educación Integral en Sexualidad, (EIS)’ para las personas menores de edad y jóvenes en general como herramienta para sexualizar a menores de edad y conducirlos a ser dependientes de sus servicios.

En resumen, la OMS tiene como fin promover:

1. Derechos sexuales y reproductivos
2. Servicios de salud sexual y reproductiva
3. Educación integral en sexualidad (EIS)

Dentro de esta agenda del aborto, en publicaciones de UNDP, UNFPA, UNICEF, OMS, y el Banco Mundial, en del Plan de Respuesta Humanitaria (HRP) se pueden encontrar definición y ampliación de la definición de la “salud sexual” dentro de manuales sobre aborto seguro, en guía para sistemas de salud y cuidado del aborto seguro y anticoncepción posterior al aborto. Además, algunas de las recomendaciones siguientes:

- “La posibilidad de controlar la propia fertilidad a través del “acceso a la anticoncepción y el aborto”

- “La posibilidad de tener “experiencias sexuales placenteras y seguras”

- “El reconocimiento de la diversidad de expresiones de comportamientos sexuales… para el bienestar y la salud”

- “Todos los países deberían trabajar a favor de la despenalización del trabajo sexual”

- “Algunos países han legalizado los matrimonios del mismo sexo para proteger los derechos humanos fundamentales…”

- “Los países deben proveer a transgéneros el acceso al tratamiento hormonal y/o a la cirugía de reasignación de género”

- “Para respetar y proteger los derechos humanos, los Estados deben asegurar que los servicios de salud puedan “cumplir con las necesidades específicas de salud sexual y reproductiva de adolescentes, incluyendo la anticoncepción y servicios seguros de aborto…” (Nota: Esto se refiere a los adolescentes menores de 18 años. Además, aclaramos que la expresión “aborto seguro” es engañosa, pues el aborto nunca es “seguro.”)

- “Las normas de derechos humanos en todos los niveles…. Están desarrolladas con respecto a la protección de adolescentes menores de 18 años… requieren que los Estados garanticen a los adolescentes derechos de privacidad y confidencialidad, otorgando servicios de salud sexual y reproductiva sin el consentimiento parental.” (Nota: esto constituye un ataque directo a la familia)

- “La educación, incluyendo la EIS son cruciales para la salud sexual. (Nota: esta es una afirmación falsa que proviene de la OMS)

Podemos notar que en todo esto se quiere borrar el ‘estigma’ para hacer del aborto algo ‘bueno’ en sociedad, para lo cual no es necesario una ‘tercera opinión’, esto es, según lo anterior, no es necesaria la información ni autorización por parte de los padres de una menor.

En otro folleto de OMS se describen las “intervenciones para el autocuidado de la salud” tomando como base la ‘salud y derechos sexuales y reproductivos (SRHR) como:

- El automanejo del aborto médico’ (píldoras para abortar)
- El tratamiento del aborto no tiene necesidad de la asistencia profesional médica

Dentro de la agenda sexual para menores de edad, la OMS define la ‘sexualidad’ como:

“La sexualidad comprende identidades de género, actitudes, placer, deseos, fantasías, erotismo, orientación sexual.” Y dentro de esto, recomienda que los pequeños de edades 0-4 años sepan sobre: sexualidad, disfrute, placer. masturbación, tengan conocimiento de la identidad de género y cómo hablar sobre ‘género.’

En edades de 4 a 6 años conozcan: placer. masturbación, expresión sobre sexualidad, hablen sobre temas sexuales, etc.

A la edad de 9 años deberán aprender sobre sus ‘derechos sexuales’ de acuerdo con la definición de la IPPF. Ver folletos: EXCLAIM / Healthy, Happy and Hot.

Y de edades 10 a 18 años deberán saber sobre su derecho al aborto. En: “Technical Guidance on Sexuality” o “Guía Técnica en Sexualidad” por OMS, UN Women, UNICEF. En todo esto, los menores aprenderán a diferenciar entre los valores que ellos tienen personalmente y los valores que sostienen sus padres sobre la sexualidad.

Reflexionando un poco sobre todo esto, recordemos que desde hace 30 o 40 años, precisamente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, junto con la OMS y el UNFPA lanzó un programa de control de la natalidad, claramente maltusiano, es decir, la ONU propone el control de la natalidad como un medio, una condición previa para el desarrollo de los pueblos.

Contrariamente a esta idea, científicamente nunca ha sido demostrado que exista una relación entre la densidad de la población de un país y el desarrollo. Hay países poco poblados que son desarrollados como Australia, y otros poco poblados que son subdesarrollados, ej. países del África Central; y por otra parte, hay países muy poblados que son desarrollados como Holanda que tiene más de 400 personas por Km2 y hay países poblados subdesarrollados como Pakistán. Por tanto, no hay relación en las dos cosas, depende de cada caso.

La ideología maltusiana es discriminatoria, eugenista y segregacionista, la cual según el autor Michael Schooyans se expresa diciendo: “nosotros los ricos del hemisferio norte necesitamos controlar el crecimiento de la población de los países del sur porque tenemos miedo de esa población” o también “los ricos debemos controlar el crecimiento de las poblaciones pobres” y de allí se busca utilizar un lenguaje nuevo, mentiroso, ideológico: “el lenguaje de los derechos humanos.”

Este lenguaje consiste en decir también: “Ustedes los pobres tienen derecho a la anticoncepción, al aborto,” estos son los nuevos derechos humanos. Nosotros -los ricos- “queremos ayudarlos a ejercer este nuevo derecho y vamos a ayudarlos a desarrollarse mandándoles métodos anticonceptivos y dispositivos intrauterinos y aparatos para realizar abortos con máquinas especializadas…”

Así estamos terminando por ver ya con más claridad lo que es una sociedad de violencia en donde permanece la voluntad del más fuerte. Ya hemos hablado del impacto que tienen las teorías culturales contemporáneas en la sociedad y el relativismo integral que produce (Yo Influyo News - Impacto de las teorías culturales contemporáneas)

Y cuando hablamos de ‘globalización’ puede decirse que estamos caminando hacia un gobierno ‘mundial’ en donde poco a poco la ONU se convierta en un gobierno mundial y las agencias ONU en los ministerios de este gobierno (tentativa de instaurar la “Internacional” soñada por los marxistas en el siglo pasado). Y por otro lado la globalización que tiende a una ideología liberal, en la cual el mundo es visto como un inmenso mercado que debemos integrar, pero el problema es que, a través de materias primas, industrias, etc. se llega al control de los seres humanos también.

Hemos de regresar a las preguntas que se hicieron aquellos que sobrevivieron a dos Guerras Mundiales: ¿por qué? ¿por qué tanta violencia, tanta maldad, tantas lágrimas? Y ahora además ¿por qué matar al ser humano en gestación? La Declaración Universal de los Derechos Humanos, elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 en su Resolución 217 A (III), como un ideal común para todos los pueblos y naciones.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos y para evitar tales desastres era preciso reconocer que todos los hombres tienen la misma dignidad, los mismos derechos y que estos derechos deben ser protegidos por los Estados y por la comunidad internacional. Esta es la base sobre la que se define la responsabilidad de la ONU en asuntos relacionados con los derechos humanos y ésta, asimismo, es su misión de paz y desarrollo que olvidan agencias como la Organización Mundial de la Salud.

Terminamos con algunas palabras del autor mencionado: “… blanco de las decisiones de los ideólogos de supuestos “nuevos derechos humanos,” la familia resplandece como un signo de esperanza en un mundo que decididamente necesita volver a aprender a amar.” (M. Schooyans)

 

Ecología inhumana

La hija de Cortés

Es tiempo de despertar puesto que, lo que está en juego no es el futuro de la tierra, sino el nuestro y el de nuestros hijos.

Desde la década de los sesenta, en Estados Unidos, el tema de la “ecología” se convirtió en uno de los temas primordiales. En 1962 la escritora Rachel Carson, en su libro “Primavera silenciosa” (Silent Spring) advirtió sobre los daños severos de los pesticidas pronosticando una devastadora "primavera silenciosa" en la cual no escucharíamos nunca más el canto de los pájaros. En 1968 el profesor de Stanford, Paul Ehrlich, predijo en su famosísimo libro “La bomba demográfica” (The Population Bomb): “En la década de 1970, el mundo sufrirá hambrunas y cientos de millones de personas morirán de hambre”. Además, aun cuando en ese momento el índice de fertilidad en la familia estadounidense empezaba a decaer, Ehrlich se dedicó (como un moderno Malthus) a expandir el mito de la sobrepoblación como causa principal de la pobreza, la contaminación, las enfermedades, la desnutrición y hasta de todo tipo de injusticias. A finales de dicha década, el infame activista y agitador comunitario, Saul Alinsky, lanzaba su campaña contra la contaminación (Campaign Against Pollution). En 1968, el profesor y ambientalista Morton Hilbert, junto con el servicio de salud pública de Estados Unidos, organizó el “Simposio de Ecología Humana”, dirigido a estudiantes de bachiller y universitarios. Un par de años después, el 22 abril de 1970, junto con una proclamación federal del senador estadounidense Gaylord Nelson, se celebraba el primer día de la tierra. Surgía así el movimiento ambientalista que, bajo un arcoíris de organizaciones, aparentemente espontáneas, convirtieron el tema de la ecología en una cuestión preponderante para gran parte de la sociedad.

Tanto que, en el primer día de la tierra, 20 millones de estadounidenses se sumaron a las manifestaciones a favor de la reforma ambiental. Contando incluso con la participación del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Actualmente, el día de la tierra se celebra en más de 192 países pues su crecimiento ha sido exponencial gracias al apoyo económico, político y mediático de socios clave a nivel internacional. En tal grado que, en el 2020, más de 100 millones de personas en todo el mundo celebraron el 50 aniversario del día de la tierra en lo que se conoce como la movilización masiva en línea más grande de la historia.

Sin cuestionar la importancia de hacer uso racional de la naturaleza que Dios dispuso a nuestro cuidado, es importante resaltar que, la ideología ambientalista, es anticristiana y antinatalista desde sus orígenes; y se mueve, más por un odio brutal al ser humano, que por el deseo de cuidar y proteger la naturaleza. Basta con ver que, las soluciones sugeridas por la mayoría de los “gurús medioambientales” se enfocan principalmente en el control de la población a través de intensas campañas enfocadas a limitar el número de hijos. Aun cuando la mayoría de los ecologistas afirman promover programas voluntarios de control de la natalidad, la realidad es que son muchos los partidarios del control poblacional obligatorio. Volviendo a los orígenes, fue el mismo Ehrlich quien propuso controlar la población “con suerte a través de un sistema de incentivos y sanciones, pero por la fuerza en caso de que los métodos voluntarios fallen”. Además, declaró con franqueza que el aborto es un método altamente efectivo para el control de la población añadiendo que, varios de sus colegas acordaban que la regulación obligatoria de la natalidad era necesaria para lograr el control de la población.

Es importante señalar que el movimiento, fiel a su origen maltusiano, está íntimamente relacionado con la eugenesia que tras la máscara de la ciencia, altruismo y ecologismo; promueven el crecimiento demográfico cero, sobre todo de las clases menos privilegiadas económicamente. Un ejemplo de esto nos lo ofrece el difunto príncipe Felipe de Edimburgo, quien hizo, a lo largo de su vida comentarios en relación con el cuidado del planeta tales como: "Si los nacimientos no se controlan de forma voluntaria, se deberán controlar de forma involuntaria" También declaró que: "Si reencarnara, desearía volver a la tierra como un virus asesino para reducir los niveles de población humana”. Esto, a pesar de haber tenido cuatro hijos pues aplicaba la mentalidad eugenésica de que sólo “ciertas personas por sus cualidades o “buenos genes” tienen derecho a reproducirse”. Desafortunadamente, hay varias declaraciones de personas ricas, famosas y que además gozan del halo de filántropos que hacen pública esa mentalidad antinatalista que ve al hombre prácticamente como un parásito. No en vano la ONU, entre otros organismos, aludiendo el cuidado del ambiente, empuja políticas de control de natalidad y proyectos de reingeniería social, como la perspectiva de género, el empoderamiento femenino a través de la llamada salud reproductiva y sexual (que por supuesto incluye el aborto químico y quirúrgico), esterilizaciones masivas, y desde hace algunos años la eutanasia. Asimismo, indoctrina a los jóvenes con ideologías que buscan la destrucción de la familia y con ello del hombre mismo. No es casual que cada vez haya más jóvenes en quienes se ha matado el deseo innato de ser padres y que están convencidos que se deben utilizar controles poblacionales internacionales para salvar la tierra del deterioro ambiental.

A pesar de esto, como dice en su obra: “El mito de la población”, Murray Bookchin: “Visto desde la distancia de dos décadas más tarde, las predicciones hechas por los neo maltusianos parecen casi insanamente ridículas. Se nos advirtió, a menudo en los medios de comunicación, que en la década de 1980, por ejemplo, se necesitarían islas artificiales en los océanos para acomodar las crecientes densidades de población en los continentes. Se nos dijo con una certeza suprema que nuestras reservas de petróleo se agotarían por completo a finales de siglo. Las guerras entre pueblos hambrientos asolarían el planeta, y cada nación trataría de saquear las reservas ocultas de alimentos de las demás. A finales de los años setenta, este «debate» se tomó un respiro, pero ha vuelto a florecer en la verborrea biológica de la ecología. Frente a la histeria y las «predicciones» exageradas de los anteriores «debates», el tono actual es un poco más tranquilo. Pero en algunos aspectos es aún más siniestro. No nos hemos visto obligados a convertir nuestros océanos en inmuebles, ni nos hemos quedado sin petróleo, alimentos, recursos materiales… ni profetas neo-maltusianos. Sin embargo, estamos adquiriendo ciertos malos hábitos intelectuales y nos estamos volviendo creyentes de esta nueva religiosidad pagana y primitiva.

Dice Chesterton que: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”. El hombre “autónomo y descreído” de hoy ha encontrado en el movimiento ecológico, que culpa al hombre de todos los males habidos y por haber, una religión a la medida; sincrética y universal que pretende transformar de manera drástica nuestro estilo de vida, anular nuestros derechos fundamentales y destruir los mismos cimientos de nuestra sociedad a cambio de la supuesta superioridad moral que otorga el adherirse a la ideología ambientalista.

Recordemos la frase de C.S. Lewis: “La verdadera objeción es que, si el hombre decide considerarse como materia prima, materia prima es lo que será: no materia prima para ser manipulado por sí mismo, como se imaginaba complacido, sino por el mero apetito, esto es, por la mera naturaleza, en la persona de sus deshumanizados manipuladores”.

No elevemos a dogma infalible un tema que varias veces ha mostrado ser refutable. El mayor problema que enfrenta actualmente nuestra sociedad no es el cambio climático, sino nuestra abierta rebelión a los mandamientos de Dios y nuestro arrogante rechazó, incluso a la ley natural. Es tiempo de despertar puesto que, lo que está en juego no es el futuro de la tierra, sino el nuestro y el de nuestros hijos. Recordemos que nuestro verdadero hogar es el cielo y enfoquemos nuestros esfuerzos en llegar a él. Busquemos primero el reino de Dios y lo demás se nos dará por añadidura, incluso, el cuidado por la naturaleza.

 

 

Reforma de la ESO

Con el Real Decreto que especifica las asignaturas y contenidos de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, el Gobierno da un paso más en un preocupante proceso de problematizar la educación en España y alejarla de las bases adecuadas para la formación integral y la preparación al mundo del trabajo. Sometida a un pedagogismo del que ya están de vuelta lo países más avanzados, la nueva ley acaba con las calificaciones numéricas, permite el acceso al bachillerato a los alumnos que no han aprobado, y elimina el uso de la memoria en la enseñanza. A partir de ahora, la educación en España abandona el esfuerzo, la constancia, la exigencia, y el afán por conseguir unos conocimientos que harán posible la conformación de un criterio sobre el mundo que nos rodea.

José Morales Martín

 

Muestra de una deriva preocupante

Muestra de la deriva preocupante recogida en el nuevo Real Decreto sobre la ley de la enseñanza, publicada en el BOE, es la eliminación de la Filosofía en el currículum, sustituida por una asignatura de educación cívica marcada por las obsesiones ideológicas de los partidos de la coalición de Gobierno: ecofeminismo, memoria democrática o derechos LGTBI.

Otro síntoma preocupante es el cambio de método en la asignatura de Historia, que abandona el criterio cronológico para volcarse en núcleos temáticos que conducen a sustituir los hechos históricos por mantras ideológicos. Los alumnos perderán las referencias de lo que pasó para poder explicarse el sentido de lo que ocurre en el presente. Por otra parte, esta reforma incidirá en el aumento de la desigualdad en España, al sustraer a las familias con menor poder adquisitivo la posibilidad de una educación de calidad para sus hijos.

Jesús Martínez Madrid

 

¿Hará todo lo posible?

Escasos minutos después de conocerse que la inflación estaba, hace unos días, ya en el 9,8%, la peor cifra desde 1985, Pedro Sánchez prometía en el Congreso que hará todo lo posible para “doblegar la curva de los precios” contando con las medidas aprobadas en el Consejo de ministros. El presidente quería así vender que el alza de los precios se debe a los efectos de la invasión de Ucrania, pero olvida que esta escalada comenzó de forma imparable meses antes de que se iniciara la contienda.

El Plan de Emergencia del Gobierno responde más al diseño de una economía intervencionista que a la necesidad de frenar el empobrecimiento acumulado de los españoles. Muestra de ello es, por ejemplo, el tope en la subida de los alquileres, que afecta a los propietarios, o la prohibición del despido con causa justa, que penaliza a los empresarios. En realidad, este plan no aborda la escalada de los precios ni la deuda sin control que ya está provocando una presión fiscal asfixiante.

Juan García. 

 

La atención al bien común

La atención primaria se debe mejorar, por ejemplo en mi caso: hace dos años y medio que estoy tomando 10 medicamentos cada día, me los recetaron en el hospital tras la recuperación de un infarto, cuando necesito un medicamento voy a la farmacia y con la cartilla sanitaria me los facilitan. Durante todo este periodo estoy sin médico de cabecera, o al menos no se quien es, llamo al CAP y me renuevan electrónicamente la receta pero no me dan el nombre de ningún médico con quien ponerme en contacto, así llevo más de dos años.  Parece claro que esto debe mejorar, pero también está claro que hacen falta propuestas viables más que proclamas ideológicas. Y también es conveniente la colaboración entre el sector público y la iniciativa privada en el campo sanitario, como sucede en los principales países de nuestro entorno.

Lo llamativo es que quien gobierna España es una coalición de izquierdas que, se supone, hace de la defensa de lo público una seña de identidad. Sin embargo, eso es una falacia cuando se examina la marcha de la economía, jalonada de parches, improvisaciones y demoras, en detrimento de lo realmente público: la atención al bien común, sin plegarse a absurdas contraposiciones ideológicas.

Jesús D Mez Madrid

 

Quizá la felicidad sea…

 

                                “El no desear nada que no depende de ti y pensar sólo en disfrutar, de lo más próximo que tienes a mano y depende sólo de ti”. Y esto no supone el renunciar a nada que nos traiga o aporte el porvenir; ya que este siempre es un misterio que no se revela hasta que no surge como realidad palpable. Ya lo dijo el clásico español en su obra, “Los sueños, sueños son”; por tanto hay que no amargarse con ellos y menos con los que en realidad son imposibles.

                                Por otra parte, “la vida es como un cirio que lo encienden al nacer y que se va consumiendo, a un ritmo que no sabemos quién marca, y el que se puede apagar en cualquier momento; y con él se apaga la vida”. Frase esta última, que me hace recordar la sentencia de Lutero, “aquel que trató de que el Cristianismo volviese a sus orígenes”; y el que afirmó; “somos los humanos, como marionetas, cuyos hilos mueve Dios”. Y lo que si fuese así, nuestra vida, nuestro destino, nuestras victorias y fracasos, los marca “algo” que no podemos controlar, nosotros, como simples “títeres” de un teatro inmenso cuál es la sociedad humana.

                                Por todo ello, hay que saber emplear la indiferencia o mejor la aceptación, a lo que tenga que venir, puesto que como se dice en Italia, “lo que tenga que ser será”; y ello abarca no sólo a lo individual, sino a todo lo que ocurra en este perro mundo; cuyo mejor ejemplo es el pasaje bíblico de “Job” y su sumisión a todo lo que él entendió como “divino”.

                                Y es que en la realidad, “la vida no nos pertenece en absoluto”; “algo nos la dá y ese algo nos la quita cuando lo estima y generalmente sin aviso alguno de ese postrer hecho”; que como misterioso que es, el punto exacto del inicio y de su término, ni lo saben los médicos, hasta que éste llega.

                                De ahí que los sabios que ha dado nuestra civilización occidental y entre ellos Epicteto; en sus máximas o consejos sentenciara… “No te preocupes del ayer, éste ya no volverá; no te preocupes del mañana… ¿sabes si lo vas a vivir? Preocúpate sólo del hoy o momento en que vives; no te preocupe o altere, lo que no depende de ti; preocúpate sólo de lo que de ti depende y lo que tengas que hacer, hazlo bien, de forma que cuando vayas a acostarte esta noche, tu alma no te remuerda la conciencia y duermas tranquilo; y al despertar mañana continua así, seguro que vivirás mucho mejor; por ello continua así mientras vivas”. Cito de memoria, pero es lo que con quizá otras palabras, dijo este sabio estoico y alguno otro más.

                                De ahí el que hace mucho tiempo, yo dedujese que; “la felicidad no existe en este mundo, sí que un estado de conformismo y como mejor sucedáneo de esa quimera (cuyo estado nadie ha definido ni puede definir como tantas otras cosas que nos pasan en la vida) sea el estado máximo de bienestar a que podemos llegar.

                                Y a él se llega, no deseando cosas, sino muy al contrario, deseando cada vez menos de lo mucho que en realidad, sobra para vivir al inteligente, que si no ha llegado a la sabiduría de Epicteto, pero al menos, ya está cerca, en la puerta o el portal del templo de la sabiduría humana y en el grado que aquí se puede llegar.

                                ¡Lo otro, lo de después de la muerte! Eso ya es o debe ser relativo, puesto que si has llegado a aceptar tu vida tal y como la puedes vivir y disfrutar; no te importará nada en absoluto, lo que después de ella te venga, puesto que ello, supones o intuyes que también está escrito en “algún lugar”; y como antes afirmé, “lo que tenga que ser será”; ¿reencarnar o no reencarnar? ¿De verdad será agradable volver a esta vida tal y como llegamos a ella y de ella salimos; envueltos en sangre y dolores, con miedos desde que naces hasta que mueres y todo lo demás; que es la odisea particular de cada uno de los seres humanos y de todas las clases sociales que existieron y existen? Sí; hay que pensárselo pero con tranquilidad y valorando ya la realidad de lo que sabemos, pero que bien “administrado”, nos ayuda a ser mucho más felices, que quienes, atormentados siempre por pasiones, envidias y deseos de “lo que no tienen”; ansían llegar a tener lo que en realidad, si lo logran, les traerá nuevos padecimientos más que goces… esa es la vida, o al menos la que yo he visto hasta el día de hoy.

            NOTAS: Epicteto nació en el año 55 en Hierápolis de Frigia (actualmente Pamukkale, en el sudoeste de Turquía), a unos 6 km al norte de Laodicea. En su infancia llegó a Roma como esclavo del liberto Epafrodito, que a su vez había servido como secretario del emperador Nerón;  a instancias de Epafrodito, estudió con el filósofo estoico Musonio Rufo. La fecha de la manumisión de Epicteto es incierta; se sabe que alrededor del año 93 fue exiliado, junto con los restantes filósofos residentes en Roma, por el emperador Domiciano. Se trasladó a Nicópolis, en el noroeste griego, donde abrió su propia escuela, adonde concurrieron numerosos patricios romanos. Entre ellos se contaba Flavio Arriano, que llegaría a ser un respetado historiador bajo Adriano y conservaría el texto de las enseñanzas de su maestro. La fama de Epicteto fue grande, mereciendo —según Orígenes— más respeto en vida del que había gozado Platón.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)              

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