Las Noticias de hoy 21 Abril 2022

Enviado por adminideas el Jue, 21/04/2022 - 12:29

320 ideas de Tercera edad.... en 2022 | tercera edad, viejitos, inge look

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 21 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa vuelve a celebrar en San Pedro la Divina Misericordia

El Papa: hay que honrar a los ancianos, así se reconoce su dignidad

AL ENCUENTRO DEL SEÑOR : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: llagas gloriosas

"Todo lo atraeré hacia mí" : San Josemaria

El compromiso solemne de «honrar al padre y a la madre»

NOVIAZGO Y VIDA CRISTIANA :  A. Cuevas

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCOA LOS MATRIMONIOS
CON OCASIÓN DEL AÑO “FAMILIA AMORIS LAETITIA”

Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

LA FAMILIA, EDUCADORA EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS : encuentra.com

Mariano Fazio: “La Iglesia y los católicos, sin el Papa, no somos nada” : Marta Santín

¿Sabes por qué rezamos a la Reina de los Cielos en Pascua? – “Regina Coeli”

Regreso a la normalidad : Jorge Hernández Mollar

Débito conyugal : Mario Arroyo.

Con 11 y 12 años ven ya pornografía en su propio smartphone: «El porno no se busca, se encuentra» : Javier Lozano

REALMENTE ERA HIJO DE DIOS : Magui del Mar

La familia y la educación religiosa : Juan García. 

Cuenta con cada familia : Pedro García

Y a pesar de todo : Jesús Martínez Madrid

Sobre el papel de los laicos : José Morales Martín

Más sobre religiones y credos : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

El Papa vuelve a celebrar en San Pedro la Divina Misericordia

En los últimos dos años, a partir de 2020, Francisco había presidido de forma reservada en la Iglesia del Santo Espíritu en Sassia la celebración instituida por Juan Pablo II. El lugar de culto está dedicado a Santa Faustina Kowalska que recibió el mandato de Jesús de celebrar la fiesta el segundo domingo de Pascua. Este año la cita será en la Basílica Vaticana el domingo próximo, 24 de abril, a las 10 de la mañana.

 

VATICAN NEWS

Tras los dos años de celebraciones privadas en la Iglesia del Santo Espíritu en Sassia, se celebrará por primera vez en la Basílica de San Pedro y con la presencia de fieles la Misa del Papa en el Domingo de la Divina Misericordia, instituida hace 21 años por San Juan Pablo II. La cita en la Basílica Vaticana -como informa la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias- será el próximo domingo 24 de abril, a las 10 de la mañana. Hoy, durante la audiencia general, el Papa Francisco recordó esta conmemoración, saludando a los fieles polacos: “Cristo nos enseña que el hombre no solo experimenta la misericordia de Dios, pero es también llamado a mostrarla a su prójimo”.

Escuche y descargue el informe

El Papa, que de la misericordia ha hecho una de las piedras angulares del pontificado al punto de dedicarle un Jubileo en 2016, continúa el legado de Karol Wojtyla que instituyó esta fiesta para la Iglesia en todo el mundo en 2000, en coincidencia con la “Domenica in albis”, el primer domingo después de la Pascua. Esta es una fecha que, según las visiones místicas de la santa polaca Sor Faustina Kowalska, fue el propio Jesús quien se lo pidió, y también le ofreció instrucciones sobre cómo pintar el famoso cuadro en todo el mundo.

"Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que la imagen, que pintarás con tu pincel, sea solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua; este domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia", dice el famoso Diario de Sor Faustina, beatificada por Juan Pablo II en 1993 y canonizada en 2000. Deseo", son las palabras que la monja polaca atribuye a Jesús, "que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y un amparo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores...". El alma que se acerca a la confesión y a la Santa Comunión recibe el perdón total de sus pecados y penas".

Un culto extendido por todo el mundo

Santa Faustina fue la primera persona que celebró individualmente esta fiesta con el permiso del confesor. Pero ya en 1944 el culto de la Divina Misericordia en el primer domingo después de la Pascua en el santuario de Cracovia – Lagiewniki estaba presente. Luego, se difundió en toda Polonia en los años sucesivos. Incluso Wojtyla, como Papa, dedicó a la devoción promovida por Sor Faustina la Iglesia de Santo Espíritu en Sassia, un lugar de culto renacentista del siglo XVI a pocos pasos de la Plaza de San Pedro. Desde 1994 la iglesia ha sido elevada a la categoría de Santuario y cada mes es visitada por numerosos peregrinos y fieles que rezan allí el Rosario cada tarde.

Las celebraciones del Papa Francisco

Es en Santo Espíritu en Sassia que el Santo Padre el año pasado, en el 90° aniversario de la revelación de la imagen de Jesús Misericordioso, había presidido la Misa, sin embargo, en forma restringida, en respeto de las normas anti COVID-19, solo con la presencia de un grupo de reclusos, médicos, enfermeros y de refugiados procedentes de África y Medio Oriente.

La de 2021 era la tercera Misa del Papa de la Divina Misericordia; la primera fue en la plaza de San Pedro, el 3 de abril de 2016, en medio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Una cita universal en la que el Papa insistió en el mensaje del amor divino: “Toda enfermedad puede encontrar en la misericordia de Dios una ayuda eficaz. De hecho, su misericordia no se queda lejos: desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo. Quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas. Ser apóstoles de misericordia significa tocar y acariciar sus llagas, presentes también hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos”.

El año siguiente, 2017, Francisco también celebró en la Basílica Vaticana. En cambio, en 2020, en plena pandemia, regresó a la Iglesia del Santo Espíritu para una ceremonia privada, sin fieles. Mientras el mundo luchaba contra la emergencia sanitaria y con el miedo de muertes y contagios, el Pontífice, durante la misa transmitida por televisión y en distintos idiomas, exhortaba una vez más a mirar a la misericordia de Dios, “mano que nos levanta siempre” y, al mismo tiempo, advirtió del "riesgo" de ser alcanzado por otro "virus", el del "egoísmo indiferente" que lleva a descartar a los propios hermanos.

 

El Papa: hay que honrar a los ancianos, así se reconoce su dignidad

En la audiencia general, el Papa retoma el ciclo de catequesis observando que no siempre en las sociedades se presta atención a devolver a nuestros ancianos el amor recibido, con la ternura y el respeto debidos. Por eso, invitó a las familias a acercar a sus hijos a los abuelos y a no desatenderlos cuando sean huéspedes de una residencia de ancianos o de reposo.

 

Adriana Masotti - Ciudad del Vaticano

"Honrarás a tu padre y a tu madre": es a partir de este mandamiento que el Papa Francisco ofrece su reflexión en la audiencia general de este miércoles de nuevo en una abarrotada Plaza de San Pedro. Con un subtítulo: el amor por la vida vivida. Así continúa el ciclo de catequesis dedicado a los ancianos vista hoy en su experiencia de fragilidad, desconcierto, desilusión y a menudo abandono. Debemos hacer de todo para sostenerla, recomienda el Papa, en nuestras sociedades aún no hacemos lo suficiente. 

Devolver el amor honrando a los ancianos 

Los estados de fragilidad, observa el Papa Francisco, pueden darse en todas las etapas de la vida, pero cuando tocan la vejez provocan en los demás una especie de acostumbramiento, cuando no de fastidio, porque en cualquier caso se piensa que la vida "ya ha sido vivida". El amor que se derrama sobre nuestro futuro, hace notar el Papa, no se devuelve con la misma fuerza "sobre la vida que queda atrás" y esto ya habla de la gratuidad del amor que los padres conocen tan bien. Pero es posible una "restitución del amor", rendida en forma de honor a los que nos han precedido, un honor "sellado por el mandamiento de Dios". Francisco lo explica:

"Honrarás a tu padre y a tu madre" es un compromiso solemne, el primero de la "segunda tabla " de los Diez Mandamientos. No se trata sólo del propio padre y de la propia madre. Se trata de la generación y las generaciones precedentes, cuya despedida también puede ser lenta y prolongada, creando un tiempo y un espacio de convivencia a largo plazo con las otras edades de la vida. En otras palabras, se trata de la vejez de la vida.

Audiencia General con el Papa Francisco - 20 de abril de 2022

El desprecio por la persona que nos precede en edad produce cosas horribles

El honor significa también ternura y respeto, conceptos que hoy, continúa el Papa, definimos con la palabra "dignidad".  "Honrar al padre y a la madre, añade, honrar a los ancianos es reconocer la dignidad que tienen". A continuación, afirma que el cuidado de los enfermos o de los que ya no son autosuficientes puede carecer de honor, y describe algunas actitudes o situaciones en las que "un exceso de confianza" hace perder de vista la delicadeza y se convierte en "aspereza y prevaricación":

Cuando la debilidad es reprendida, e incluso castigada, como si fuera una culpa. Cuando el desconcierto y la confusión se convierten en una apertura para la burla y la agresividad. Puede ocurrir incluso en el hogar, en residencias de ancianos, así como en oficinas o en los espacios abiertos de la ciudad. Fomentar en los jóvenes, aunque sea indirectamente, una actitud de condescendencia -e incluso de desprecio- hacia los ancianos, sus debilidades y sus precariedades, produce cosas horribles.

Y entre las horribles consecuencias, el Papa recuerda el caso de unos jóvenes que llegaron a prender fuego a un "vagabundo" considerándolo nada más que "un desecho humano".

El respeto reservado al viejo Noé

El desprecio a un anciano, afirma, deshonra a todos, y cita un pasaje de la historia de Noé que enseña mucho a este respecto:

El viejo Noé, héroe del diluvio y gran trabajador, yace descompuesto tras haber bebido demasiado. Ya es viejo, pero ha bebido demasiado. Sus hijos, para no despertarlo en la vergüenza, lo cubren con delicadeza, con los ojos bajos, con gran respeto. Este texto es muy hermoso y lo dice todo sobre el honor que se le debe al anciano. Cubrir las debilidades del anciano, para no avergonzarlo.

Educar a los niños para que estén cerca de sus abuelos

El Papa Francisco mira a las sociedades actuales para observar que, a pesar de los recursos materiales puestos a disposición de los ancianos, la lucha "por la restitución de esa forma especial de amor que es el honor" parece todavía frágil. De ahí su exhortación a sostener más a "los que son sensibles a esta forma decisiva de 'civilización del amor'". Luego añade:

Y sobre esto me permito aconsejar a los padres: por favor, acerquen a sus hijos, a los niños, a los hijos jóvenes a los ancianos, acérquenlos siempre. Y cuando el anciano esté enfermo, un poco fuera de sí, acérquenlos siempre a él: que sepan que esta es nuestra carne, que esto es lo que ha hecho posible que estemos aquí ahora. Por favor, no alejar a los ancianos. Y si no hay más remedio que enviarlos a una residencia de ancianos, por favor, visítenlos y lleven a los niños a verlos.

El honor por la vida vivida, concluye el Papa, "no es cosa de viejos", es un comportamiento que beneficiará a las nuevas generaciones que heredarán sus mayores cualidades. Es una "verdadera revolución cultural", dice el Papa, para la que pide la ayuda del Espíritu Santo.

 

AL ENCUENTRO DEL SEÑOR

— Aparición a los Once. Jesús conforta a los Apóstoles. Presencia de Jesucristo en nuestros sagrarios.

— La Visita al Santísimo, continuación de la acción de gracias de la Comunión y preparación de la siguiente. El Señor nos espera a cada uno.

— Frutos de este acto de piedad.

I. Después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús, Jesús se aparece a los Once, según nos narra el Evangelio de la Misa1Él les dijo: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Les mostró luego las manos y los pies y comió con ellos. Los Apóstoles tendrán para siempre la seguridad de que su fe en el Resucitado no es efecto de la credulidad, del entusiasmo o de la sugestión, sino de hechos comprobados repetidamente por ellos mismos. Jesús, en sus apariciones, se adapta con admirable condescendencia al estado de ánimo y a las situaciones diferentes de aquellos a quienes se manifiesta. No trata a todos de la misma manera, pero por caminos diversos conduce a todos a la certeza de su Resurrección, que es la piedra angular sobre la que descansa la fe cristiana. Quiere el Señor dar todas las garantías a quienes constituyen aquella Iglesia naciente para que, a través de los siglos, nuestra fe se apoye sobre un sólido fundamento: ¡El Señor en verdad ha resucitado! ¡Jesús vive!

La paz sea con vosotros, dijo el Señor al presentarse a sus discípulos llenos de miedo. Enseguida, vieron sus llagas y se llenaron de gozo y de admiración. Ese ha de ser también nuestro refugio. Allí encontraremos siempre la paz del alma y las fuerzas necesarias para seguirle todos los días de nuestra vida. «Acudiremos como las palomas que, al decir de la Escritura (Cfr. Cant 2, 14), se cobijan en los agujeros de las rocas a la hora de la tempestad. Nos ocultamos en ese refugio, para hallar la intimidad de Cristo: y veremos que su modo de conversar es apacible y su rostro hermoso (Cfr. Cant 2, 14), porque los que conocen que su voz es suave y grata, son los que recibieron la gracia del Evangelio, que les hace decir: Tú tienes palabras de vida eterna (S. Gregorio Niseno, In Canticum Canticorum homiliae, V)»2.

A Jesús le tenemos muy cerca. En las naciones cristianas, donde existen tantos sagrarios, apenas nos separamos de Cristo unos kilómetros. Qué difícil es no ver los muros o el campanario de una iglesia, cuando nos encontramos en medio de una populosa ciudad, o viajamos por una carretera, o desde el tren... ¡Allí está Cristo! ¡Es el Señor!3, gritan nuestra fe y nuestro amor. Porque el Señor se encuentra allí con una presencia real y sustancial. Es el mismo que se apareció a sus discípulos y se mostró solícito con todos.

Jesús se quedó en la Sagrada Eucaristía. En este memorable sacramento se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor y, por consiguiente, Cristo entero. Esta presencia de Cristo en la Sagrada Eucaristía es real y permanente, porque, acabada la Santa Misa, queda el Señor en cada una de las formas y partículas consagradas no consumidas4. Es el mismo que nació, murió y resucitó en Palestina, el mismo que está a la diestra de Dios Padre.

En el Sagrario nos encontramos con Él, que nos ve y nos conoce. Podemos hablarle como hacían los Apóstoles, y contarle lo que nos ilusiona y nos preocupa. Allí encontramos siempre la paz verdadera, la que perdura por encima del dolor y de cualquier obstáculo.

II. La piedad eucarística, dice Juan Pablo II, «ha de centrarse ante todo en la celebración de la Cena del Señor, que perpetúa su amor inmolado en la cruz. Pero tiene una lógica prolongación (...), en la adoración a Cristo en este divino sacramento, en la visita al Santísimo, en la oración ante el sagrario, además de los otros ejercicios de devoción, personales y colectivos, privados y públicos, que habéis practicado durante siglos (...). Jesús nos espera en este Sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo»5.

Jesús está allí, en el sagrario cercano. Quizá a pocos kilómetros, o quizá a pocos metros. ¿Cómo no vamos a ir a verle, a amarle, a contarle nuestras cosas, pedirle? ¡Qué falta de coherencia, si no lo hiciéramos con fe! ¡Qué bien entendemos esta costumbre secular de las «cotidianas visitas a los divinos sagrarios»!6. Allí el Maestro nos espera desde hace veinte siglos7, y podremos estar junto a Él como María, la hermana de Lázaro –la que escogió la mejor parte8–, en su casa de Betania. «Os diré –son palabras de San Josemaría Escrivá– que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro. Por eso, al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo, me da alegría descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia: es un nuevo Sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al Señor Sacramentado»9.

Jesús espera nuestra visita. Es, en cierto modo, la devolución de la que Él nos ha hecho en la Comunión y «es prueba de gratitud, signo de amor y deber de adoración a Cristo Señor, allí presente»10. Es continuación de la acción de gracias de la Comunión anterior, y preparación para la siguiente.

Cuando nos encontremos delante del sagrario bien podremos decir con toda verdad y realidad: Dios está aquí. Y ante este misterio de fe no cabe otra actitud que la de adoración: Adoro te devote... Te adoro con devoción, Deidad oculta; de respeto y asombro; y, a la vez, de confianza sin límites. «Permaneciendo ante Cristo, el Señor, los fieles disfrutan de su trato íntimo, le abren su corazón pidiendo por sí mismos y por los suyos y ruegan por la paz y la salvación del mundo. Ofreciendo con Cristo toda su vida al Padre en el Espíritu Santo, sacan de este trato admirable un aumento de su fe, su esperanza y su caridad. Así fomentan las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la devoción conveniente el memorial del Señor y recibir frecuentemente el pan que nos ha dado el Padre»11.

III. «Comenzaste con tu visita diaria... —No me extraña que me digas: empiezo a querer con locura la luz del Sagrario»12. La Visita al Santísimo es un acto de piedad que lleva pocos minutos, y, sin embargo, ¡cuántas gracias, cuánta fortaleza y paz nos da el Señor! Allí mejora nuestra presencia de Dios a lo largo del día, y sacamos fuerzas para llevar con garbo las contrariedades de la jornada; allí se enciende el afán de trabajar mejor, y nos llevamos una buena provisión de paz y alegría para la vida de familia... El Señor, que es buen pagador, agradece siempre el que hayamos ido a visitarle. «Es tan agradecido, que un alzar de ojos con acordarnos de Él no deja sin premio»13.

En la Visita al Santísimo vamos a hacer compañía a Jesús Sacramentado durante unos minutos. Quizá ese día no han sido muchos quienes le han visitado, aunque Él los esperaba. Por eso le alegra mucho más el vernos allí. Rezaremos alguna oración acostumbrada junto a la Comunión espiritual, le pediremos ayudas –espirituales y materiales–, le contaremos lo que nos preocupa y lo que nos alegra, le diremos que, a pesar de nuestras miserias, puede contar con nosotros para evangelizar de nuevo el mundo, le diremos, quizá, que queremos acercarle un amigo... «¿Qué haremos, preguntáis algunas veces, en la presencia de Dios Sacramentado? Amarle, alabarle, agradecerle y pedirle. ¿Qué hace un sediento en vista de una fuente cristalina?»14.

Cuando dejemos el templo, después de esos momentos de oración, habrá crecido en nosotros la paz, la decisión de ayudar a los demás, y un vivo deseo de comulgar, pues la intimidad con Jesús no se realizará completamente más que en la Comunión. Nos habrá servido, en fin, para aumentar la presencia de Dios en medio del trabajo y de nuestras ocupaciones diarias. Nos será fácil mantener con Él un trato de amistad y de confianza a lo largo del día.

Los primeros cristianos, desde el momento en que tuvieron iglesias y reserva del Santísimo Sacramento, ya vivían esta piadosa costumbre. Así comenta San Juan Crisóstomo estas breves palabras del Evangelio: «Y entró Jesús en el templo. Esto era lo propio de un buen hijo: pasar enseguida a la casa de su padre, para tributarle allí el honor debido. Como tú, que debes imitar a Jesucristo, cuando entres en una ciudad debes, lo primero, ir a la iglesia»15.

Una vez en la iglesia, podremos localizar fácilmente el sagrario –que es a donde se debe dirigir en primer lugar nuestra atención–, pues deberá estar situado en un lugar «verdaderamente destacado» y «apto para la oración privada». Y en él, la presencia de la Santísima Eucaristía estará indicada por la pequeña lámpara que, como signo de honor al Señor, arderá de continuo junto al tabernáculo16.

Al terminar nuestra oración le pedimos a nuestra Madre Santa María que nos enseñe a tratar a Jesús realmente presente en el sagrario como Ella le trató en aquellos años de su vida en Nazaret.

1 Cfr. Lc 24, 35-48. — 2 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 302. — 3 Cfr. Jn 21, 7. — 4 Cfr. Concilio de Trento, Can. 4 sobre la Eucaristía, Dz 836. — 5 Juan Pablo II, Alocución, 31-X-1982. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-XI-1947. — 7 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 537. — 8 Cfr. Lc 10, 42. — 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 154. — 10 Pablo VI, Enc. Mysterium fidei, 3-IX-1965. — 11 Cfr. Instrucción sobre el Misterio Eucarístico, 50. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 683. — 13 Santa Teresa, Camino de perfección, 23, 3. — 14 San Alfonso Mª de Ligorio, Visitas al Stmo. Sacramento, 1. — 15 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 14. — 16 Cfr. Instrucción sobre el Misterio Eucarístico, 53 y 57. Cfr. Código de Derecho Canónico, can. 938 y 940.

 

Evangelio del jueves: llagas gloriosas

Comentario del jueves de Pascua. “Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona”. Jesús resucitado nos invita a contemplar las llagas gloriosas de sus manos y sus pies. Él no desea que olvidemos jamás cuánto nos ha amado, pues en sus llagas hemos sido salvados.

Evangelio (Lc 24,35-48)

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
—«Paz a vosotros.»

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:

—«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

—«¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
—«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
—«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»


Comentario

Jesús muestra sus heridas. Jesús desea ser reconocido en sus llagas gloriosas. Ellas son el sello que el amor ha dejado impreso para siempre en su cuerpo glorioso. En sus manos, en sus pies y en su costado.

Esta sencilla manifestación expresa el maravilloso significado de la Cruz. Las señales del amor de Jesucristo por la humanidad no se quedan en el Calvario, sino que han subido al Cielo. Han subido a la gloria. Es cierto que ya no sangran, pero siguen diciendo lo mismo que expresaron en el Calvario.

Jesús nos enseña con sus llagas gloriosas que no debo tener miedo a las heridas. Que el sufrimiento es la manifestación más sublime del amor. Y que las heridas del amor no hay por qué esconderlas. Y también nos enseña que para vivir como resucitado debo vivir como crucificado.

Nosotros, con nuestra lógica mundana, evitamos cualquier señal y recuerdo de sufrimiento humano. Todo recuerdo de la muerte es eliminado de la vida pública, de la conversación cotidiana… Pero Jesús, con su lógica divina, publica y eterniza su pasión y su muerte. Él no quiere olvidar lo que hizo, por eso sus llagas son como el tatuaje del amor por nosotros.

Y, sobre todo, no quiere que nosotros nos olvidemos de lo que Él hizo. De lo que sigue haciendo cada día de modo incruento en el sacrificio de la santa Misa.

Tú y yo y todos deseamos acercarnos a esas señales del amor divino y besarlas con la misma devoción y ternura con que María las besa en el Cielo. Llagas que ya no sangran pero que regalan vida sobrenatural. Tú y yo y todos deseamos comulgar pura y humildemente con su cuerpo glorioso.

 

 

"Todo lo atraeré hacia mí"

Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. -Después... "pax Christi in regno Christi" -la paz de Cristo en el reino de Cristo (Camino, 301).

21 de abril

Instaurare omnia in Christo, da como lema San Pablo a los cristianos de Efeso (Eph I, 10.); informar el mundo entero con el espíritu de Jesús, colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Ioh XII, 32.), cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí. Cristo con su Encarnación, con su vida de trabajo en Nazareth, con su predicación y milagros por las tierras de Judea y de Galilea, con su muerte en la Cruz, con su Resurrección, es el centro de la creación, Primogénito y Señor de toda criatura.

Nuestra misión de cristianos es proclamar esa Realeza de Cristo, anunciarla con nuestra palabra y con nuestras obras. Quiere el Señor a los suyos en todas las encrucijadas de la tierra. A algunos los llama al desierto, a desentenderse de los avatares de la sociedad de los hombres, para hacer que esos mismos hombres recuerden a los demás, con su testimonio, que existe Dios. A otros, les encomienda el ministerio sacerdotal. A la gran mayoría, los quiere en medio del mundo, en las ocupaciones terrenas. Por lo tanto, deben estos cristianos llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña (Amigos de Dios, 105).

 

El compromiso solemne de «honrar al padre y a la madre»

El Papa Francisco retomó su catequesis sobre la ancianidad. Reflexionó sobre el mandamiento: “honrarás a tu padre y a tu madre”, y explicó que no solo hay que cuidarles y cubrir sus necesidades, sino que hay que “honrarlos” y “dignificarlos” con el amor, la cercanía y la escucha.

20/04/2022

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, con la ayuda de la Palabra de Dios que hemos escuchado, abrimos un pasaje a través de la fragilidad de la edad anciana, marcada de forma especial por las experiencias del desconcierto y del desánimo, de la pérdida y del abandono, de la desilusión y la duda.

Naturalmente, las experiencias de nuestra fragilidad, frente a las situaciones dramáticas —a veces trágicas— de la vida, pueden suceder en todo tiempo de la existencia. Sin embargo, en la edad anciana estas pueden suscitar menos impresión e inducir en los otros una especie de hábito, incluso de molestia. Cuántas veces hemos escuchado o hemos pensando: “Los ancianos molestan”; lo hemos dicho, lo hemos pensando…

Las heridas más graves de la infancia y de la juventud provocan, justamente, un sentido de injusticia y de rebelión, una fuerza de reacción y de lucha. En cambio, las heridas, también graves, de la edad anciana están acompañadas, inevitablemente, por la sensación de que, sea como sea, la vida no se contradice, porque ya ha sido vivida. Y así los ancianos son un poco alejados también de nuestra experiencia: queremos alejarlos.

En la común experiencia humana, el amor —como se dice— es descendiente: no vuelve sobre la vida que está detrás de las espaldas con la misma fuerza con la que se derrama sobre la vida que está todavía delante. La gratuidad del amor aparece también en esto: los padres lo saben desde siempre, los ancianos lo aprenden pronto. A pesar de eso, la revelación abre un camino para una restitución diferente del amor: es el camino de honrar a quien nos ha precedido. El camino de honrar a las personas que nos han precedido empieza aquí: honrar a los ancianos.

Este amor especial que se abre el camino en la forma del honor —es decir, ternura y respeto al mismo tiempo— destinado a la edad anciana está sellado por el mandamiento de Dios. «Honrar al padre y a la madre» es un compromiso solemne, el primero de la “segunda tabla” de los diez mandamientos. No se trata solamente del propio padre y de la propia madre. Se trata de la generación y de las generaciones que preceden, cuya despedida también puede ser lenta y prolongada, creando un tiempo y un espacio de convivencia de larga duración con las otras edades de la vida. En otras palabras, se trata de la vejez de la vida.

Honor es una buena palabra para enmarcar este ámbito de restitución del amor que concierne a la edad anciana. Es decir, nosotros hemos recibido el amor de los padres, de los abuelos y ahora nosotros les devolvemos este amor a ellos, a los ancianos, a los abuelos. Nosotros hoy hemos descubierto el término “dignidad”, para indicar el valor del respeto y del cuidado de la vida de todos. Dignidad, aquí, equivale sustancialmente al honor: honrar al padre y a la madre, honrar a los ancianos y reconocer la dignidad que tienen.

Pensemos bien en esta bonita declinación del amor que es el honor. El cuidado mismo del enfermo, el apoyo a quien no es autosuficiente, la garantía del sustento, pueden carecer de honor

El honor desaparece cuando el exceso de confianza, en vez de declinarse como delicadeza y afecto, ternura y respeto, se convierte en rudeza y prevaricación. Cuando la debilidad es reprochada, e incluso castigada, como si fuera una culpa. Cuando el desconcierto y la confusión se convierten en un resquicio para la burla y la agresividad. Puede suceder incluso entre las paredes domésticas, en las residencias, como también en las oficinas o en los espacios abiertos de la ciudad. 

Fomentar en los jóvenes, también indirectamente, una actitud de suficiencia —e incluso de desprecio— hacia la edad anciana, sus debilidades y su precariedad, produce cosas horribles. Abre el camino a excesos inimaginables. Los chicos que queman la manta de un “vagabundo” —lo hemos visto—, porque lo ven como un desecho humano, son la punta del iceberg, es decir, del desprecio por una vida que, lejos de las atracciones y de las pulsiones de la juventud, aparece ya como una vida de descarte. 

Muchas veces pensamos que los ancianos son el descarte o los ponemos nosotros en el descarte; se desprecia a los ancianos y se descartan de la vida, dejándoles de lado.

Este desprecio, que deshonra al anciano, en realidad nos deshonra a todos nosotros. Si yo deshonro al anciano me deshonro a mí mismo. El pasaje del Libro del Eclesiástico, escuchado al inicio, es justamente duro en relación con este deshonor, que clama venganza a los ojos de Dios. 

Existe un pasaje, en la historia de Noé, muy expresivo en relación con esto. El viejo Noé, héroe del diluvio y todavía gran trabajador, yace descompuesto después de haber bebido algún vaso de más. Ya es anciano, pero ha bebido demasiado. Los hijos, por no hacerle despertar en la vergüenza, lo cubren con delicadeza, con la mirada baja, con gran respeto. Este texto es muy bonito y dice todo del honor debido al anciano; cubrir las debilidades del anciano, para no avergonzarlo, es un texto que nos ayuda mucho.

No obstante todas las providencias materiales que las sociedades más ricas y organizadas ponen a disposición de la vejez —de las cuales podemos ciertamente estar orgullosos—, la lucha por la restitución de esa forma especial de amor que es el honor, me parece todavía frágil e inmadura. 

Debemos hacer de todo, sostenerla y animarla, ofreciendo mejor apoyo social y cultural a aquellos que son sensibles a esta decisiva forma de “civilización del amor”. 

Y sobre esto, me permito aconsejar a los padres: por favor, acercad a los hijos, a los niños, a los hijos jóvenes a los ancianos, acercarles siempre. Y cuando el anciano está enfermo, un poco fuera de sí, acercarles siempre: que sepan que esta es nuestra carne, que esto es lo que ha hecho que nosotros estemos aquí ahora. Por favor, no alejar a los ancianos. Y si no hay otra posibilidad que enviarlos a una residencia, por favor, id a visitarlos y llevad a los niños a verlos: son el honor de nuestra civilización, los ancianos que han abierto las puertas. Y muchas veces, los hijos se olvidan de esto. 

Os digo una cosa personal: a mí me gustaba en Buenos Aires, visitar las residencias de ancianos. Iba a menudo y visitaba a cada uno. Recuerdo una vez que pregunté a una señora: “¿Usted cuántos hijos tiene?” — “Tengo cuatro, todos casados, con nietos”. Y empezó a hablarme de la familia. “¿Y ellos vienen?” — “¡Sí, vienen siempre!”. Cuando salí de la habitación la enfermera, que había escuchado, me dijo: “Padre, ha dicho una mentira para cubrir a sus hijos. ¡Desde hace seis meses no viene nadie!”. Esto es descartar a los ancianos, es pensar que los ancianos son material de descarte. Por favor, es un pecado grave. 

Este es el primer gran mandamiento, y el único que indica el premio: “Honra al padre y a la madre y tendrás vida larga en la tierra”. Este mandamiento de honrar a los ancianos nos da una bendición, que se manifiesta de esta manera: “Tendrás larga vida”. 

Por favor, custodiad a los ancianos. Y si pierden la cabeza, custodiadlos también porque son la presencia de la historia, la presencia de mi familia, y gracias a ellos yo estoy aquí, lo podemos decir todos: gracias a ti, abuelo y abuela, yo estoy vivo. Por favor, no los dejéis solos. 

Y esto, de custodiar a los ancianos, no es una cuestión de cosméticos ni de cirugía plástica, no. Más bien es una cuestión de honor, que debe transformar la educación de los jóvenes respecto a la vida y a sus fases. 

El amor por lo humano que nos es común, e incluye el honor por la vida vivida, no es una cuestión de ancianos. Más bien, es una ambición que iluminará a la juventud que hereda sus mejores cualidades. La sabiduría del Espíritu de Dios nos conceda abrir el horizonte de esta auténtica revolución cultural con la energía necesaria.

 

 

NOVIAZGO Y VIDA CRISTIANA

De la misma manera que el matrimonio es una llamada a la entrega incondicional, el noviazgo ha de considerarse como un tiempo de discernimiento para que los novios se conozcan y decidan dar el siguiente paso, entregarse el uno al otro para siempre. Es doctrina de la Iglesia la llamada universal a la santidad, en ella se engloba toda la vida del hombre 1. Esta llamada no se limita al simple cumplimiento de unos preceptos, se trata de seguir a Cristo y parecerse cada vez más a Él. Esto, que humanamente es imposible, puede llevarse a cabo dejándose conducir por la gracia de Dios. Llamada universal a la santidad, también en el noviazgo En esta tarea, no hay "tiempos muertos"; también el noviazgo es un momento propicio para el crecimiento de la vida cristiana. Vivir cristianamente el noviazgo supone dejar que Dios tome posición entre los novios, y no a modo de incordio sino precisamente para dar sentido al noviazgo y a la vida de cada uno. "Haced, por tanto, de este tiempo vuestro de preparación al matrimonio un itinerario de fe: redescubrid para vuestra vida de pareja la centralidad de Jesucristo y del caminar en la Iglesia" 2. ¿Cuál es la señal cierta que indica que se está viviendo un noviazgo cristiano? Cuando ese amor ayuda a cada uno a estar más cerca de Dios, a amarle más. "No lo dudes: el corazón ha sido creado para amar. Metamos, pues, a Nuestro Señor Jesucristo en todos los amores nuestros. Si no, el corazón vacío se venga, y se llena de las bajezas más despreciables" 3. Cuanto más y mejor se quieran los novios, más y mejor querrán a Dios, y al revés. De esa manera cumplen los dos primeros preceptos del decálogo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es como éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" 4. Aprender a amar Conviene que los novios alimenten su amor con buena doctrina, que lean algún libro sobre aspectos cruciales de su relación: el amor humano, el papel de los sentimientos, el matrimonio, etc. La Sagrada Escritura, los documentos del Magisterio de la Iglesia y otros libros de divulgación son buenos compañeros de camino. Es muy recomendable pedir consejo a personas de confianza que puedan orientar esas lecturas, que vayan formando su conciencia y generen temas de conversación que les ayuden a conocerse. Además de la formación intelectual, es importante que los novios se apasionen de la belleza y desarrollen la sensibilidad. Sin un adecuado enriquecimiento de ésta, resulta muy difícil ser personas delicadas en el trato. Es una buena idea compartir el gusto por la buena literatura, la música, la pintura, por el arte que eleva al hombre, y no caer en el consumismo. Virtudes humanas y noviazgo Amar supone darse al otro, y se aprende a amar con pequeñas luchas. El noviazgo "como toda escuela de amor, ha de estar inspirado no por el afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza" 5. Desarrollar las virtudes humanas nos hace mejores personas, son el fundamento de las virtudes sobrenaturales que nos ayudan a ser buenos hijos de Dios y nos acercan a la santidad, a la plenitud del hombre. En un tiempo en el que tanto se habla de "motivación" conviene considerar que no hay mejor motivación para crecer como persona que el Amor a Dios y al novio o novia. La generosidad se demuestra en la renuncia, en pequeños actos, a aquello que nosotros preferimos, por dar gusto al otro. Es una gran muestra de amor, aunque él o ella no se dé cuenta. Los novios deben estar abiertos a los demás, desarrollar las amistades. "Quisiera ante todo deciros que evitéis encerraros en relaciones intimistas, falsamente tranquilizadoras; haced más bien que vuestra relación se convierta en levadura de una presencia activa y responsable en la comunidad" 6. La dedicación a los amigos, a los necesitados, la participación en la vida pública, en definitiva, luchar por unos ideales, permiten abrir esa relación y hacerla madurar. Los novios están llamados a hacer apostolado y dar testimonio de su amor. La modestia y la delicadeza en el trato van unidas a un Amor (con mayúscula) que trasciende lo humano y se fundamenta en lo sobrenatural, teniendo como modelo el amor de Cristo por su Esposa, que es la Iglesia 7. Para alcanzar ese amor se deben cuidar los sentidos y las manifestaciones afectivas impropias del noviazgo, evitando situaciones que molesten al otro o puedan ser ocasión de tentaciones o pecado. Si realmente se ama a alguien, se hace lo todo lo posible por respetarla, evitando hacerle pasar un mal rato o haciendo algo que vaya en contra de su dignidad. El noviazgo supone un compromiso que incluye la ayuda al otro para ser mejor y una exclusividad en la relación que hay que cuidar y respetar. No hay que olvidar el buen humor y la confianza en la otra persona y en su capacidad de mejora. Es bueno crecer juntos en el noviazgo, pero igual de importante es que cada uno crezca como persona; eso ayudará y ennoblecerá la relación. La sobriedad permite disfrutar de las cosas pequeñas, de los detalles. Demuestra más amor un regalo fruto de conocer pequeños deseos del otro que un gran gasto en algo que es obvio. Une más un paseo que ir juntos al cine por costumbre, buscar una exposición gratuita que ir de compras. Y dentro de la sobriedad se podría encuadrar el buen uso del tiempo libre. El ocio y el exceso de tiempo libre es mala base para crecer en virtudes, conduce al aburrimiento y a dejarse llevar. Por eso, conviene planificar el tiempo que se pasa juntos, dónde, con quién, qué se va a hacer. Los hábitos (virtudes) y costumbres que se vivan y desarrollen durante el noviazgo son la base sobre la que se sustentará y crecerá el futuro matrimonio. Las armas de los novios En esa lucha por alcanzar la santidad, los novios disponen de estupendas ayudas. En primer lugar, hay que situar los Sacramentos, medios a través de los cuales Dios concede su gracia. Son, por tanto, imprescindibles para vivir cristianamente el noviazgo. Asistir juntos a la Santa Misa o hacer una breve visita al Santísimo Sacramento supone compartir el momento cumbre de la vida del cristiano. La experiencia de numerosas parejas de novios confirma que es algo que une profundamente. Si uno de los dos tiene menos práctica religiosa, el noviazgo es una oportunidad de descubrir juntos la belleza de la fe, y esto será sin duda un punto de unión. Esta tarea exigirá, por lo general, paciencia y buen ejemplo, acudiendo desde el primer momento a la ayuda de la gracia de Dios. A través de la confesión se recibe el perdón de los pecados, la gracia para continuar la lucha por alcanzar la santidad. Siempre que sea posible, es conveniente acudir al mismo confesor, alguien que nos conozca y nos ayude en nuestras circunstancias concretas. Si afirmamos que Dios es Padre y que la meta del cristiano es parecerse a Jesús, es natural tener un trato personal con quien sabemos que nos ama. Por medio de la oración los novios alimentan su alma, hacen crecer sus deseos de avanzar en su vida cristiana, dan gracias, piden el uno por el otro y por los demás. Es bonito que juntos pronuncien el nombre de Dios, de Jesús o de María, por ejemplo rezando el Rosario o haciendo una Romería a la Virgen. "Hace falta una purificación y maduración, que incluye también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni ‘envenenarlo’, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza" 8. No podemos olvidar que la mortificación supone renunciar a algo por un motivo generoso, y que forma parte principal en la lucha ascética por ser santos. A veces será ceder en la opinión, o cambiar un plan que apetece menos al otro; o no acudir a lugares o ver series o películas juntos que pueden hacer tropezar en ese camino por ser santos. En el amor se encuentra el sentido de la renuncia. Vivir el noviazgo con sobriedad y preparar de la misma manera la boda es una base formidable para vivir un matrimonio cristiano. "Al mismo tiempo, es bueno que vuestro matrimonio sea sobrio y destaque lo que es realmente importante. Algunos están muy preocupados por los signos externos: el banquete, los trajes... Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si indican el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición de Dios sobre vuestro amor" 9. El noviazgo no es un paréntesis en la vida cristiana de los novios, sino un tiempo para crecer y compartir los propios deseos de santidad con aquella persona que, en el matrimonio, pondrá su nombre a nuestro camino hacia el cielo.

 A. Cuevas

* * * 1Cfr. Concilio Vaticano II Lumen Gentium, 11, c. Desde 1928, San Josemaría predicó la llamada universal a la santidad en la Iglesia para todos los fieles; vid., p. ej., Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid 1973, 21. 2 Benedicto XVI, Discurso, Ancona, 11-9-2011. 3 San Josemaría, Surco, n. 800. 4 Mt 22,37-39. 5 San Josemaría, Conversaciones, n. 105. 6 Benedicto XVI, Discurso, Ancona, 11-9-2011. 7 Cfr. Ef 5, 21-33. 8 Benedicto XVI, Deus Caritas Est, n. 5. 9 Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014

 

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCOA LOS MATRIMONIOS
CON OCASIÓN DEL AÑO “FAMILIA AMORIS LAETITIA

Queridos esposos y esposas de todo el mundo:

Con ocasión del Año “Familia Amoris laetitia”, me acerco a ustedes para expresarles todo mi afecto y cercanía en este tiempo tan especial que estamos viviendo. Siempre he tenido presente a las familias en mis oraciones, pero más aún durante la pandemia, que ha probado duramente a todos, especialmente a los más vulnerables. El momento que estamos pasando me lleva a acercarme con humildad, cariño y acogida a cada persona, a cada matrimonio y a cada familia en las situaciones que estén experimentando.

Este contexto particular nos invita a hacer vida las palabras con las que el Señor llama a Abrahán a salir de su patria y de la casa de su padre hacia una tierra desconocida que Él mismo le mostrará (cf. Gn 12,1). También nosotros hemos vivido más que nunca la incertidumbre, la soledad, la pérdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de “control”, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no sólo al bien de la propia familia, sino además al de la sociedad, que también depende de nuestros comportamientos personales.

La relación con Dios nos moldea, nos acompaña y nos moviliza como personas y, en última instancia, nos ayuda a “salir de nuestra tierra”, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios está en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos.

Como Abrahán, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. Así, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los días, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno. Una única vida, un “nosotros” en la comunión del amor con Jesús, vivo y presente en cada momento de su existencia. Dios los acompaña, los ama incondicionalmente. ¡No están solos!

Queridos esposos, sepan que sus hijos —y especialmente los jóvenes— los observan con atención y buscan en ustedes el testimonio de un amor fuerte y confiable. «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!» [1]. Los hijos son un regalo, siempre, cambian la historia de cada familia. Están sedientos de amor, de reconocimiento, de estima y de confianza. La paternidad y la maternidad los llaman a ser generativos para dar a sus hijos el gozo de descubrirse hijos de Dios, hijos de un Padre que ya desde el primer instante los ha amado tiernamente y los lleva de la mano cada día. Este descubrimiento puede dar a sus hijos la fe y la capacidad de confiar en Dios.

Ciertamente, educar a los hijos no es nada fácil. Pero no olvidemos que ellos también nos educan. El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento. El educador es una persona que “genera” en sentido espiritual y, sobre todo, que “se juega” poniéndose en relación. Como padre y madre es importante relacionarse con sus hijos a partir de una autoridad ganada día tras día. Ellos necesitan una seguridad que los ayude a experimentar la confianza en ustedes, en la belleza de sus vidas, en la certeza de no estar nunca solos, pase lo que pase.

Por otra parte, y como ya he señalado, la conciencia de la identidad y la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad ha aumentado. Ustedes tienen la misión de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias.

También los matrimonios deben “primerear” [2] dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresión de la comunión eclesial; en particular, los «cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente» [3].

Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. Porque «la corresponsabilidad en la misión llama […] a los matrimonios y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, a cooperar de manera fecunda en el cuidado y la custodia de las Iglesias domésticas» [4]. Recuerden que la familia es la «célula básica de la sociedad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 66). El matrimonio es realmente un proyecto de construcción de la «cultura del encuentro» (Carta enc. Fratelli tutti, 216). Es por ello que las familias tienen el desafío de tender puentes entre las generaciones para la transmisión de los valores que conforman la humanidad. Se necesita una nueva creatividad para expresar en los desafíos actuales los valores que nos constituyen como pueblo en nuestras sociedades y en la Iglesia, Pueblo de Dios.

La vocación al matrimonio es una llamada a conducir un barco incierto —pero seguro por la realidad del sacramento— en un mar a veces agitado. Cuántas veces, como los apóstoles, sienten ganas de decir o, mejor dicho, de gritar: «¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?» (Mc 4,38). No olvidemos que a través del sacramento del matrimonio Jesús está presente en esa barca. Él se preocupa por ustedes, permanece con ustedes en todo momento en el vaivén de la barca agitada por el mar. En otro pasaje del Evangelio, en medio de las dificultades, los discípulos ven que Jesús se acerca en medio de la tormenta y lo reciben en la barca; así también ustedes, cuando la tormenta arrecia, dejen subir a Jesús en su barca, porque cuando subió «donde estaban ellos, […] cesó el viento» (Mc 6,51). Es importante que juntos mantengan la mirada fija en Jesús. Sólo así encontrarán la paz, superarán los conflictos y encontrarán soluciones a muchos de sus problemas. No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podrán verlos desde otra perspectiva.

Sólo abandonándose en las manos del Señor podrán vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad (cf. 2 Co 12,9). Fue justo en medio de una tormenta que los apóstoles llegaron a conocer la realeza y divinidad de Jesús, y aprendieron a confiar en Él.

A la luz de estos pasajes bíblicos, quisiera aprovechar para reflexionar sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia. Por ejemplo, aumentó el tiempo de estar juntos, y esto ha sido una oportunidad única para cultivar el diálogo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es fácil estar juntos toda la jornada cuando en la misma casa se tiene que trabajar, estudiar, recrearse y descansar. Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar más al otro —al cónyuge, a los hijos— que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escribí en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6).

De este modo, estar juntos no será una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión. Guarden en su corazón el consejo a los novios que expresé con las tres palabras: «permiso, gracias, perdón» [5]. Y cuando surja algún conflicto, «nunca terminar el día en familia sin hacer las paces» [6]. No se avergüencen de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice. Hacer quizás una breve oración, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jesús presente entre ustedes.

Sin embargo, para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente difícil. Los problemas que ya existían se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables. Muchos han vivido incluso la ruptura de un matrimonio que venía sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar. A estas personas también quiero expresarles mi cercanía y mi afecto.

La ruptura de una relación conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepción de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no fáciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no están juntos. Aun así, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen aún más dolor entre ustedes y a sus hijos. El Señor Jesús, en su misericordia infinita, les inspirará el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en Él un refugio, una luz para el camino, y en la comunidad eclesial una «casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 47).

Recuerden que el perdón sana toda herida. Perdonarse mutuamente es el resultado de una decisión interior que madura en la oración, en la relación con Dios, como don que brota de la gracia con la que Cristo llena a la pareja cuando lo dejan actuar, cuando se dirigen a Él. Cristo “habita” en su matrimonio y espera que le abran sus corazones para sostenerlos con el poder de su amor, como a los discípulos en la barca. Nuestro amor humano es débil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jesús. Con Él pueden de veras construir la «casa sobre roca» (Mt 7,24).

A este propósito, permítanme que dirija una palabra a los jóvenes que se preparan al matrimonio. Si antes de la pandemia para los novios era difícil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta aún más la situación de incerteza laboral. Por ello invito a los novios a no desanimarse, a tener la “valentía creativa” que tuvo san José, cuya memoria he querido honrar en este Año dedicado a él. Así también ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, confíen siempre en la Providencia, ya que «a veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener» (Carta ap. Patris corde, 5).No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino que ustedes están comenzando.

Antes de despedirme, quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar con sus nietos, a las personas mayores que sufrieron de manera aún más radical la soledad. La familia no puede prescindir de los abuelos, ellos son la memoria viviente de la humanidad, «esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor» [7].

Que san José inspire en todas las familias la valentía creativa, tan necesaria en este cambio de época que estamos viviendo, y Nuestra Señora acompañe en sus matrimonios la gestación de la “cultura del encuentro”, tan urgente para superar las adversidades y oposiciones que oscurecen nuestro tiempo. Los numerosos desafíos no pueden robar el gozo de quienes saben que están caminando con el Señor. Vivan intensamente su vocación. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros. Su cónyuge necesita de su sonrisa. Sus hijos necesitan de sus miradas que los alienten. Los pastores y las otras familias necesitan de su presencia y alegría: ¡la alegría que viene del Señor!

Me despido con cariño animándolos a seguir viviendo la misión que Jesús nos ha encomendado, perseverando en la oración y «en la fracción del pan» (Hch 2,42).

Y por favor, no se olviden de rezar por mí, yo lo hago todos los días por ustedes.

Fraternalmente,

Francisco

 

Roma, San Juan de Letrán, 26 de diciembre de 2021, Fiesta de la Sagrada Familia.

 


[1]  Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia (9 junio 2021).

[2] Cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24.

[3]  Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia (9 junio 2021).

[4]  Ibíd.

[5]  Discurso a las familias del mundo con ocasión de su peregrinación a Roma en el Año de la Fe (26 octubre 2013); cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 133.

[6] Catequesis del 13 de mayo de 2015. Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 104.

[7] Mensaje con ocasión de la I Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores “Yo estoy contigo todos los días” (31 mayo 2021).

 


Copyright © Dicastero per la Comunicazione - Libreria Editrice Vaticana

 

 

Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Con ocasión del inicio del Año de la Familia y de la solemnidad de san José, Mons. Fernando Ocáriz nos invita a cuidar de modo especial el propio hogar y también a salir al encuentro de otras familias y personas necesitadas.

19/03/2021

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy empieza el año convocado por el Papa Francisco para poner más en primer plano el amor familiar, promoviendo nuevas maneras de acompañar a las familias en su camino hacia la santidad. Esta iniciativa coincidirá, durante algunos meses, con el Año de san José, que comenzó en diciembre pasado. Esta coincidencia puede ser una ocasión para acudir especialmente a la intercesión del santo Patriarca, para que cuide nuestras familias y las de todo el mundo, y también para que muchos jóvenes descubran la belleza de emprender la vida matrimonial, conscientes además de la misión evangelizadora de la familia cristiana.

Durante los meses pasados, por las medidas adoptadas en diversos países durante la pandemia, quizá muchos de nuestros días se han debido desarrollar dentro de la casa, en medio de los ritmos y tareas del hogar. El esfuerzo por vivir en unión con el Señor nos habrá facilitado también afrontar con fe y esperanza situaciones dolorosas: el propio sufrimiento y el de muchos familiares, fallecimientos de seres queridos, situaciones de soledad, enfermedades o tensiones. Habremos intentado acompañar aquellos momentos con nuestra oración, cercanía y cariño.

Estas circunstancias han sido también una ocasión para cuidar más a cada persona –especialmente a los pequeños y a los mayores– y de servir a los demás en las distintas tareas del hogar. Una familia cristiana, a imagen del hogar de Nazaret, requiere la implicación de todos sus miembros en las necesidades de educación, cuidado, descanso, etc. Cada uno aporta un valor necesario e insustituible, aunque la distribución concreta de tareas puede adquirir diversas formas. En este sentido, nos puede servir imaginar la armonía entre José y María, ayudados también por Jesús conforme crecía y podía dar una mano en la casa.

Este año puede ser también una posibilidad de cuidar especialmente el sentido y ambiente de familia en los centros de la Obra y en las casas de todos mis hijos e hijas. A la vez, os animo a buscar maneras de preocuparnos de otras familias, de las personas necesitadas y de los pobres. Estoy seguro de que la iniciativa de cada familia encontrará modos creativos para ser, como deseaba san Josemaría, «sembradores de paz y de alegría» (Es Cristo que pasa, n. 30).

A las familias que no habéis podido tener hijos también se os abre un panorama de apostolado familiar amplísimo: tanto en la llamada a ser, con vuestro amor mutuo, un hogar luminoso para quienes os rodean, como en compartirlo con vuestros amigos, familiares o conocidos, cooperando también así a transformar nuestro mundo en un mejor hogar.

El próximo Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre, tiene como lema «El amor familiar: vocación y camino de santidad», que nos recuerda muy directamente la predicación de san Josemaría. Tendrá lugar precisamente el 26 de junio de 2022. Encomendemos especialmente a san José los frutos de este año dedicado a la familia, pidiendo al santo Patriarca que nos conceda «la gracia de las gracias: nuestra conversión» (Francisco, Carta Ap.Patris corde, oración final); y también para poder ser, cada uno, mejores testimonios del amor de Dios en el propio ambiente, especialmente en la familia.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de marzo de 2021

 

LA FAMILIA, EDUCADORA EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS

VALORES QUE HAY QUE DESCUBRIR Y QUE REDESCUBRIR

Introducción: un trastorno de los valores a las proporciones vastas

 El matrimonio y la familia se han convertido en nuestra época en un campo de batalla cultural dentro de las sociedades secularizadas donde una visión del mundo sin Dios intenta suplantar la herencia judeocristiana. Desde algunas décadas, los valores del matrimonio y de la familia sufrieron asaltos repetidos que causaron daños graves en el plano humano, social y religioso. A la fragilidad creciente de las parejas se añadieron los problemas graves y educativos ligados a la pérdida de los modelos paternos y a la influencia de corrientes de pensamiento que rechazan los mismos fundamentos de la institución familiar. El trastorno de los valores alcanza la identidad misma del ser humano, más allá de su fidelidad a un orden moral. Reina en lo sucesivo una confusión antropológica sutilmente mantenida por un lenguaje ambiguo que impone al pensamiento cristiano un trabajo de desciframiento y de discernimiento [1]. La crisis que atraviesa la humanidad actual se revela siendo de orden antropológica y no solamente de orden moral o espiritual.

En Occidente, por ejemplo, las filosofías del constructivismo y del género [2] (gender theory) desnaturalizan la realidad del matrimonio y de la familia refundiendo la noción de la pareja humana a partir de los deseos subjetivos del individuo, haciendo prácticamente insignificante la diferencia sexual, hasta el punto de tratar de forma equivalente la unión heterosexual y las relaciones homosexuales. Según esta teoría, la diferencia sexual inscrita en la realidad biológica del hombre y de la mujer no influye de modo significante en la identidad sexual de los individuos porque ésta es el resultado de una orientación subjetiva y de una construcción social [3]. La identidad sexual de los individuos no sería un dato objetivo inscrito en el hecho de nacer hombre o mujer sino más bien un dato psico-social construido sobre las influencias culturales sufridas o escogidas por los individuos.

Bajo la presión de estas ideologías a veces abiertamente anticristianas, ciertos Estados proceden a legislaciones que vuelven a definir el sentido del matrimonio, de la procreación, de la filiación y de la familia, sin consideración para las realidades antropológicas fundamentales que estructuran las relaciones humanas [4]. Varias organizaciones internacionales participan en este movimiento de destrucción del matrimonio y de la familia en provecho de ciertos grupos de presión bien organizados que persiguen sus propios intereses en detrimento del bien común. Total, un trastorno de los valores de vastas proporciones toca el amor humano, la vida, la familia y el puesto de la religión en la sociedad.

La Iglesia católica critica fuertemente estas corrientes culturales que obtienen demasiado fácilmente el apoyo de los medios modernos de comunicación. Gracias a la clarividencia de los papas contemporáneos, la Iglesia reafirma los valores tradicionales del matrimonio y de la familia en la línea novadora del Concilio Vaticano II. Siguiendo el sínodo romano de 1980 sobre la familia, la Exhortación apostólica Familiaris Consortio propone una gran carta de la familia fundada sobre la creación del hombre a la imagen de Dios y sobre el sacramento del matrimonio. Esta gran carta pastoral culmina por un llamamiento del papa Juan Pablo II: “¡Familia, sé lo que eres! “: una comunidad de vida y de amor, una escuela de comunión, una Iglesia doméstica.

Este llamamiento queda más que nunca actual 29 años más tarde, y nos pone de nuevo frente a la misión esencial de la familia: “la esencia de la familia y sus deberes son definidos por el amor, escribe el papa. Es por eso que la familia recibe la misión de guardar, de revelar y de comunicar el amor, reflejo vivo y participación real del amor de Dios hacia la humanidad y del amor de Cristo Señor hacia la Iglesia su Esposa “ (FC 17). Esta declaración solemne de Juan Pablo II introduce la tercera parte de este documento que prolonga la línea renovadora de la Constitución pastoral Gaudium y Spes. Ésta define el matrimonio como una unión personal en la cual los esposos se dan y se reciben recíprocamente (GS 48). Definiendo la esencia de la familia y su misión por el amor y no primero por la procreación, el papa no hace una concesión dudosa a la mentalidad contemporánea. Pretende alcanzar “las raíces mismas de la realidad” (FC 17), afirma la continuidad interna entre el amor personal de los esposos y la transmisión de la vida. Su postura marca una etapa importante hacia una refundición personalista de la doctrina cristiana del matrimonio y de la familia. Coloca los tres valores tradicionales del matrimonio, la procreación, el amor fiel y el significado sacramental, en el eje del amor conyugal fecundo y ya no en el de la procreación como finalidad distinta [5]. Me parece importante prolongar este desarrollo doctrinal ahondando más en la dimensión cristológica y sacramental del matrimonio con el fin de volver a lanzar la misión educativa de la familia cristiana a partir de los valores del sacramento todavía por descubrir y de los valores del amor conyugal establecidos desde el origen de la creación pero que están por redescubrir a la luz del Cristo y frente al gran desafío contemporáneo [6].

Valores que hay que descubrir

Digamos en primer lugar, de modo general que las circunstancias actuales evocadas más alto incitan a la familia cristiana a una toma de conciencia fundamental: sólo el encuentro personal y auténtico de Cristo Redentor puede permitirle aceptar el desafío de la educación a la vida cristiana y a los valores humanos que se relacionan con ella. Al principio del tercer milenio, el Papa Juan Pablo II exhortó la Iglesia a partir de nuevo de Cristo, La cabeza y El esposo de la Iglesia [7]. Partir de nuevo de Cristo como el fundamento de un arranque renovado hacia la santidad para todos, en cada estado de vida. Este llamamiento concierne en primer lugar a los esposos que procuran responder a su vocación de bautizados casados [8] en el seno de una familia. Necesitan para alcanzarlo, una espiritualidad personal y eclesial apropiada que va más allá de la presentación tradicional de los valores del matrimonio y de la familia, con predominio moral y jurídico.

Partir de nuevo de Cristo significa concretamente profundizar en el sacramento que es el bien supremo del matrimonio según santo Agustín. El obispo de Hipona resumió la doctrina del matrimonio definiendo tres bienes esenciales del matrimonio, la fidelidad (fides), la procreación (proles) y la indisolubilidad (sacramentum). Mientras que la fidelidad y la procreación echan raíces en la dimensión natural del matrimonio, el sacramento pertenece más explícitamente a su dimensión sobrenatural. Ésta ofrece un buen punto de partida para una espiritualidad del matrimonio y de la familia que sea significante para sus miembros y al mismo tiempo fecunda para la Iglesia y la sociedad. Veamos sus fundamentos a partir 1) del horizonte cristocéntrico global, 2) del acto de consagración matrimonial y 3) de la gracia que emana de ella para los esposos y para la Iglesia. 4) los valores educativos serán identificados a partir de estos fundamentos.

 

El sacramento del matrimonio como encuentro con Cristo

Un primer valor que hay que descubrir es el lugar de la fe en el pacto de alianza de los esposos y el impacto que tiene o debería tener en su vida. Cuando la fe de los esposos es vivida como un encuentro personal con Cristo, confiere a su amor una dimensión teologal que bonifica toda su vida matrimonial. Porque el matrimonio no es una realidad puramente natural, completa y suficiente en él misma, a la cual Cristo sólo aportaría una ayuda extrínseca para que alcance mejor su propia finalidad. El matrimonio existe desde los orígenes de la creación con vistas a Cristo y con vistas a su gracia redentora que instaura una plenitud de sentido para el amor conyugal y familiar.

La Constitución pastoral Gaudium y Spes del Concilio Vaticano II optó por una refundición de la doctrina del matrimonio en esta perspectiva cristocéntrica. Mientras que la teología moderna, tributaria de una visión extrínseca de la relación entre la naturaleza y la gracia, presentaba el sacramento del matrimonio como una elevación de la naturaleza, el Concilio lo presenta como un encuentro con Cristo y una amistad con él. “Así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella”(GS 48).

De donde la importancia de la celebración sacramental del matrimonio que simboliza este encuentro de los esposos con Cristo y que inaugura toda una vida de amistad con él en el corazón mismo de la vida conyugal y familiar. Esta celebración inaugura al mismo tiempo la misión eclesial de la pareja y de la familia, la misión de servicio con respecto a la sociedad por la procreación y la educación, pero primero y ante todo una misión de servicio con respecto al amor de Cristo para la Iglesia que asume la realidad humana del matrimonio entre los sacramentos de su Reino.

Esta perspectiva cristocéntrica y eclesial se inscribe en el giro iniciado por Henri de Lubac en nuestra época para restaurar una comprensión a la vez más tradicional y más unificada de la relación entre la naturaleza y la gracia. Según él, el hombre tiene sólo una sola finalidad, sobrenatural, que es incapaz de alcanzar por el mismo. Allí está su paradoja y su nobleza que hace decir a santo Tomás de Aquino que el hombre es un ser que, por su naturaleza racional, aspira a la visión de Dios (Desiderium naturale visionis) [9]. Abierto al infinito a causa de su dimensión espiritual, el hombre aspira naturalmente a la visión de Dios. Es, como imagen de Dios, una libertad finita en busca de la Libertad infinita. Vaticano II expresó esta verdad paradójica diciendo que “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS 22). El hombre y la mujer casados, como “comunidad de vida y de amor”, aspiran a esta plenitud de sentido que le es prometida y que el sacramento ya les hace entrever y experimentar en la Iglesia.

 

El matrimonio como consagración y misión eclesial

Avancemos un paso más para descubrir la dinámica profunda del sacramento a partir del acto de fe que lo funda. Cuando dos bautizados se casan en la Iglesia, el don del sacramento está hecho simultáneamente a la pareja y a la Iglesia, porque en todos sus dones sacramentales, Cristo ama la Iglesia y hace de sus hijos, con ella y por ella, testigos de la salvación. Por el don del sacramento del matrimonio, Cristo confiere a los esposos una gracia que los une, que los cura y los santifica en su vida de amor. Pero hay más. Por el don del sacramento, Cristo los consagra como testigos de su propio amor para la Iglesia. Tal vocación sacramental supone evidentemente la fe, el acto de fe que funda el sacramento. “El matrimonio cristiano debe ser interpretado desde el principio a partir de lo alto, escribe Hans Urs von Balthasar, es decir a partir del acto cristiano que le funda. Este acto es el de la fe cristiana, que cuando está vivo incluye siempre el amor y la esperanza, y es el fundamento sobre el cual reposa el don mutuo de los cónyuges. Es un acto que va directamente e inmediatamente a Dios, un voto de fidelidad a Dios porque Dios se manifestó primero por sus promesas y sus revelaciones como el eterno Fiel, en quien se debe creer, en el que se debe confiar y a quien se debe amar. El voto de fidelidad al esposo es pronunciado dentro de este voto de fidelidad a Dios” [10].

Según el gran teólogo de Basilea, el intercambio de los consentimientos entre los esposos cristianos tiene pues una dimensión intrínsecamente teologal que resuena en todas las dimensiones de su unión. Balthasar persigue: “Es el acto de fe de ambos cónyuges del matrimonio que se encuentra en Dios y que a partir de Dios, fundamento de su unidad, testigo de su lazo y garantía de su fecundidad, se vuelve conformado, asumido y restituido. Es Dios quien, en el acto de fe, da los esposos uno a otro dentro del acto cristiano fundamental de ofrenda de sí. Es a Él a quien ambos se ofrecen juntos, es de Él que se reciben de nuevo en un don de gracia, de confianza y de exigencia cristiana” [11].

Este texto de extrema densidad propone un giro teológico radical en la comprensión del sacramento del matrimonio, que puede fundar una espiritualidad renovada para este estado de vida. A la perspectiva acostumbrada antropocéntrica donde los esposos aparecen como los primeros protagonistas de su consentimiento mutuo, vemos más profundamente aquí que el acto subyacente de fe de su don incluye su intercambio en el acto fundamental de entrega de sí a Dios. Porque se casan como bautizados, en Cristo, depositan su amor en las manos de Cristo, que los devuelve el uno al otro, los bendice y los gratifica con una efusión especial de su Espíritu (FC 21). Desde ahora en adelante se querrán con toda la fuerza de sus sentimientos personales, pero también en la fuerza del Espíritu que los inviste de una misión de amor de naturaleza eclesial.

La dimensión teologal de este sacramento, vista a partir de su acto constitutivo, es llamada a desarrollarse y a penetrar todos los aspectos de la vida conyugal y familiar. Da valor al socio divino que está comprometido en la unión de los esposos y que quiere fecundar de todas las maneras su comunidad de vida y de amor. ¿Cómo ayudar a las parejas a prepararse para un tal acto de consagración de su unión y a vivir sin interrupción el acto de fe que se los da a Dios dándose el uno al otro? ¿Cómo educar a los esposos y los futuros esposos para que su encuentro del Cristo los lleve a vivir su unión como una misión recibida de él en la Iglesia y no sólo como una búsqueda personal de felicidad? Estas cuestiones invitan a desarrollar más precisamente los efectos eclesiales del sacramento y a explorar las potencialidades educativas.

El significado doble, eclesiástico y antropológico, del don sacramental

El sacramento del matrimonio añade una participación a dos, como pareja, a la vida divina que es dada en todo sacramento, “hasta tal punto que el efecto primero e inmediato del matrimonio (res y sacramentum) no es la gracia sobrenatural misma, sino el lazo conyugal cristiano, una comunión típicamente cristiana porque representa el misterio de encarnación de Cristo y su misterio de alianza “ (FC 13).

Según este pasaje de Familiaris Consortio que recoge la doctrina común de la Iglesia, el primer efecto del sacramento sella de modo indisoluble la pertenencia de los esposos uno a otro, por un don mutuo que trasciende sus fluctuaciones emocionales. Este sello sacramental une a ambas personas indisolublemente en virtud del amor de Cristo que se compromete con ellos y los requiere para representar su propio misterio de alianza. El lazo conyugal constituye la base de la dimensión eclesial del sacramento. Por este lazo los esposos forman una nueva unidad, una pareja sacramental, que constituye la célula de base de la sociedad y de la Iglesia.

Este lazo sacramental significa que el amor divino se desposa con el amor conyugal y lo compromete al servicio de su misterio de Alianza con la humanidad. Esto significa, antropológicamente, que en el momento en el que los esposos se consagran su amor, simultáneamente son bendecidos y como desapropiados. Su vida común, habitada por el Espíritu Santo, será un signo de la fidelidad de Dios hacia su pueblo, una fuente de la fecundidad espiritual y humana de la Iglesia, Esposa del Cristo. “Por el sacramento, toda pareja se casa con el Cristo “ escrito Paul Evdokimov. El compromiso de los esposos, uno con el otro, siendo primero y ante todo un compromiso con respecto a Cristo, Éste sale fiador, a cambio, con los socorros necesarios para superar sus debilidades, para curar sus heridas y perfeccionar su amor en todas sus manifestaciones humanas y espirituales. “Desempeñando su misión conyugal y familiar con la fuerza de este sacramento, penetrados por el espíritu de Cristo que impregna toda su vida de fe, de esperanza y de caridad, alcanzan cada vez más su perfección personal y su santificación mutua: así es como juntos contribuyen a la glorificación de Dios “ (GS 48).

En el corazón del sacramento del matrimonio, Cristo ejerce pues una verdadera mediación nupcial, simbolizada por su presencia en Caná [12] que despliega el horizonte trinitario de la espiritualidad conyugal y familiar. Como lo expresa audazmente el Concilio, “el amor auténtico y conyugal es asumido en el amor divino” (GS 48) y es integrado por la gracia redentora de Cristo en las relaciones de Alianza de la Trinidad Santa con mundo. Porque, en virtud de la unión hipostática de Cristo que funda la alianza sacramental de los esposos, su amor mutuo es asumido en el intercambio entre las Personas divinas y se hace función de este intercambio. El Padre y el Hijo se glorifican mutuamente en al amor de los esposos y de la familia a la que bendicen y santifican por el don de su Espíritu. De donde un ensanchamiento infinito de su horizonte espiritual y de su resplandor sacramental. El amor fecundo de los esposos cristianos y las relaciones familiares que proceden de allí se hacen el santuario del Amor trinitario, el signo sagrado de un Amor divino encarnado que se ofrece al mundo humildemente por su comunidad de vida y de amor vivida segun la imagen de la Sagrada Familia de Nazareth.

 

La Iglesia domestica, escuela de evangelio y de valores humanos

En esta perspectiva trinitaria y cristocéntrica, la dimensión eclesial del matrimonio pasa al primer plano y se vuelve englobante mientras que permanecía antes limitada y marginal. De hecho, por la gracia del sacramento del matrimonio, los esposos cristianos están constituidos miembros de la primera célula de la Iglesia, llamada con razón en el Concilio “iglesia doméstica” [13]. Desarrollada abundantemente por la Exhortación apostólica Familiaris Consortio esta perspectiva adquiere entonces oficialmente derecho de ciudad sin no obstante que este documento establezca plenamente la eclesialidad de la familia. Porque, según los términos del FC, la familia, comunidad “salvada” se hace una comunidad “que salva” (FC 49) pero su “participación a la vida y a la misión de la Iglesia” (FC 49-64) es todavía pensada de modo un poco extrínseco en referencia a las actividades específicas de evangelización y de culto. Mientras que es todo el ser de la pareja en todas sus dimensiones quien es eclesial, ya que Cristo asume el amor humano en su amor divino para hacer de él un sacramento de su relación nupcial con la Iglesia (GS 48).

Por el matrimonio sacramental, los esposos son solamente una imagen de la Iglesia, son verdaderamente constituidos “una iglesia en miniatura” dotada de propiedades de la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Encontramos allí en efecto la comunidad de vida, el sacerdocio bautismal, la caridad, la evangelización y el culto. Estas dimensiones constitutivas confieren a la pareja una realidad eclesial auténtica y esencialmente misionera, a ejemplo de la gran Iglesia cuya célula de base es.

En esta luz, percibimos mejor la belleza y la importancia de la misión educativa de los esposos. Por la gracia de Cristo, son una fuente de vida, de crecimiento, de educación y de servicio; su unión se hace en un sentido amplio un sacramento de la paternidad divina y de la filiación divina en la fecundidad del Espíritu Santo. Santo Tomás pudo comparar la sublimidad del ministerio educativo de los padres cristianos al ministerio de los sacerdotes: “Algunos propagan y mantienen la vida espiritual por un ministerio únicamente espiritual, y esto le toca al sacramento del orden; otros lo hacen para la vida a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza por el sacramento del matrimonio, en el cual el hombre y la mujer se unen para engendrar a los niños y enseñarles el culto de Dios” [14].

“¡ Familia sé lo que tú eres! “ repetía con fuerza Juan Pablo II, el Papa de la familia. sé lo que tú eres: una célula de la Iglesia, un santuario del Amor, una escuela de evangelio y de valores humanos, la esposa de Cristo. Es solamente en la conciencia de esta luz que viene del encuentro con Cristo que la familia puede hoy cumplir su misión de educadora de los valores humanos y cristianos. Sé lo que tú eres: “haz de tu casa una Iglesia” repetía a sus fieles san Juan Crisóstomo.

En corolario de estas consideraciones teológicas, ciertos valores educativos que hay que promover vuelven a salir al primer plano. En primer lugar, una educación a la vida teologal de fe, esperanza y caridad, que debe preparar a los esposos a su matrimonio para que su unión conyugal y familiar sea fundada sobre la roca de la palabra de Dios y no sólo sobre la arena movediza de sus sentimientos, tan sinceros sean. Una vida profunda y teologal implica la conciencia viva esposos de lo que significa el bautismo como la pertenencia a Cristo y a la Iglesia; implica también una vida intensa de oración, alimentada de la Eucaristía y periódicamente renovada por el sacramento de penitencia. La vitalidad de la familia, Iglesia domestica, depende de su coherencia sacramental que le asegura su apertura a Dios y su apertura apostólica. Esta vitalidad crece o decae según la fidelidad de la pareja y de la familia a su pertenencia eclesiástica.

De donde la importancia de ciertos encuentros familiares y eclesiales que alimentan la espiritualidad de la Iglesia doméstica. A los grandes encuentros familiares de Navidad y de Pascua, se añade muy naturalmente la misa dominical en familia, preparada posiblemente por una catequesis y seguida por la comida semanal festiva. Ciertos grupos religiosos contemporáneos restauran estas bellas tradiciones como un signo profético que una nueva primavera de la Iglesia comienza en las familias. Estos tiempos fuertes de vida común refuerzan la unidad de la familia y el sentido de pertenencia a la comunidad, contra las tendencias culturales dominantes al individualismo y a la dispersión. Cualesquiera que sean las limitaciones de la vida moderna, una familia cristiana debe escoger conscientemente y fuertemente no abandonar el valor inestimable del domingo como día de descanso, de oración y de vida familiar. Una familia que respeta y honra el día del Señor por la escucha de la Palabra de Dios en el seno de la Asamblea dominical lleva un mensaje profético al mundo de hoy. Agradeciéndole a Dios por su pertenencia a la familia de Dios, testimonia en Iglesia de su Alianza con Cristo para la edificación de una civilización del amor.

La familia cristiana cumple también su misión de educadora por su apertura a la sociedad y al apostolado. La acogida, la hospitalidad, el reparto y la ayuda mutua son rasgos característicos de la espiritualidad familiar que manifiestan el Espíritu de amor que lo anima. La apertura a Dios que demuestran los esposos por la santidad de su vida se prolonga por la apertura misionera a la sociedad. Aunque la misión de la Iglesia doméstica comienza en primer lugar con el ser de la familia, con la comunión de las personas, el don de la vida y la educación de los niños, se prolonga sin embargo muy naturalmente por el apostolado cerca de otras familias o en otro brillo(influencia) sobre la sociedad que es compatible con su primera misión. Su apertura apostólica testimonia el Amor trinitario que le habita y le arrastra (se le lleva) en compartir la buena noticia del Amor que se hace carne.


NOTAS:

[1] Cf. Conseil Pontifical pour la Famille, Lexique des termes ambigus et controversés sur la famille, la vie et les questions éthiques, Pierre Téqui éditeur, 2005.

[2] Cf. Théry I., La distinction de sexe une nouvelle approche de l’égalité, Paris, Odile Jacob, 2007; Delorme W.Quatrième génération, Paris, Grasset, 2007; Godelier, M., Au fondement des sociétés humaines, Paris, Albin Michel, 2007; Judith Butler, Trouble dans le genre pour un féminisme de subversion, La découverte , Paris, 2005;

[3] Cf. La tentation de Capoue. Anthropologie du mariage et de la filiation, Sous la direction de Tony Anatrella, Ed. Cujas, 2008. Pour la critique de ces théories, voir en particulier «Hors conjugal et parental : des enjeux psychologiques et sociaux, p. 25-97, et autres œuvres de Tony Anatrella, dont Le règne de Narcisse. Les enjeux du déni de la différence sexuelle, La Renaissance, Paris, 2005.

[4] Cf. Iacub M. et Maniglier P., L’anti-manuel d’éducation sexuelle, Bréal, Paris, 2005.

[5] Cf. W. Kasper, Teologia del matrimonio cristiano, Queriniana, 1985, 2e éd., 18. Je renvoie à mes deux volumes qui développent amplement ces perspectives : Divina somiglianza. Antropologia trinitaria della famiglia, Lateran University Press, Rome, 2004 ; Mistero e Sacramento dell’amore. Teologia del matrimonio et della famiglia per la nuova evangelizzazione, Cantagalli, 2007.

[6] Cf. Alfonso Lopez Trujillo, La grande sfida. Famiglia, dignità della persona e umanizzazione, Città Nuova, 2004 ; voir aussi Jorge Alberto Serrano, ,Valores familiares y modernidad, In : Familia et Vita, Anno IX, No. 1-2, 2004, 138-151.

[7] Jean Paul II, Exhortation apostolique Novo Millenio Inneunte, 6 janvier 2001, à l’aube du nouveau millénaire.

[8] Cf. M. Ouellet, La vocazione cristiana al matrimonio e alla famiglia nella missione della chiesa, L.U.P. Roma 2005.

[9] Saint Thomas d’Aquin, Contra Gentes, 3, 25; 3, 50; S. Th. I IIae q 5 a 5 ad 2. Voir Henri de Lubac,Surnaturel, 1946, 483-494; Hans Urs von Balthasar, La Dramatique divine. II. Les personnes du drame 1. L’homme en Dieu, 177ss.

[10] Balthasar, H.U. von, Christlicher Stand , Johannes, Einsiedeln, 1977, 198.

[11] Id.

[12] Cf. De la Potterie, I. Le Nozze messianiche e il matrimonio cristiano, in: Lo Sposo, la Sposa (Parola Spirito e Vita n. 13), Bologna 1986, 87-104; Tettamanzi, D. La famiglia, via della Chiesa, chap. II, Come a Cana di Galilea: Cristo incontra gli sposi, 31-51.

[13] Lumen Gentium 11; Apostolicam actuositatem 11.

[14] S. Thomas d’Aquin, Summa contra Gentiles, IV, 58 (FC 38).

 

 

Mariano Fazio: “La Iglesia y los católicos, sin el Papa, no somos nada”

El historiador y vicario auxiliar del Opus Dei presenta en Madrid su último libro “Libertad para amar”, cómo a través de los clásicos se puede descubrir la verdad

Marta Santín

 

D. Mariano Fazio, vicario auxiliar del Opus Dei, ha presentado en la Universidad de Navarra (campus de Madrid) su libro número 28: “Libertad para amar, a través de los clásicos”.

Este libro trata de mostrar cómo la libertad está orientada al amor y cómo esta afirmación tiene una enorme importancia para la vida cristiana. Fazio, historiador y filósofo, y profesor de Historia de las Doctrinas Políticas en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, lo demuestra en este ensayo de la mano de grandes autores clásicos de todos los tiempos.

Evangelización eficaz

Con motivo de la presentación de este libro, hemos conversado con él.

La primera pregunta a D. Mariano es: ¿Qué desea transmitir con este libro?

“Hoy en día, como vivimos en una sociedad muy secularizada, para realizar una evangelización eficaz tenemos que hacer lo que han hecho los evangelizadores a lo largo de la historia de la Iglesia: preparar el terreno para anunciar el Evangelio. Los grandes clásicos transmiten una serie de valores humanos, como por ejemplo que estamos hechos para el bien, para la verdad, para la belleza y que somos personas con un destino transcendente. Si lográramos que mucha gente leyera estos clásicos, estarían abiertos a recibir la verdad en plenitud que, en mi personal posición, creo que está en la revelación cristiana”.

Por lo tanto, Fazio con este libro, no solo busca despertar un aspecto cultural sino “transmitir un interés evangelizador: preparar el terreno para que se pueda presentar el mensaje evangélico con una base de fondo”.

Libertad y pluralismo

Mariano Fazio, tanto en su libro, como en su testimonio de vida y predicación, defiende la libertad y el pluralismo, como así han destacado de él algunos periodistas y personalidades que le conocen.

¿Se puede defender la libertad y el pluralismo dentro de la Iglesia, respetando la doctrina? Fazio responde con un contundente “por supuesto”. Y explica: “Dentro de la Iglesia tiene que haber pluralismo y eso se consigue a través de una buena formación doctrinal. Un católico bien formado sabe distinguir lo que es esencial del mensaje evangélico y de la verdad revelada, de otras cuestiones circunstanciales que cambian con el tiempo y con la historia”.

El escritor y filósofo pone un ejemplo: “Cristo nos dejó siete sacramentos y siempre habrá siete sacramentos, pero éstos se celebran con unas ceremonias litúrgicas que a lo largo de la historia han ido cambiando. Jesucristo, cuando celebró la Última Cena, no lo hizo en latín, ni en griego ni en inglés, la celebró en arameo. Dentro de la Iglesia hay cosas que cambian, pero permanece el mensaje de Cristo. Y dentro de lo que cambia hay muchas opciones. La Iglesia es nuestra casa común, en donde pueden convivir muchas sensibilidades distintas, y lo que tiene que primar, como dice San Agustín, siempre es la caridad y la compresión”.

Por lo tanto, recuerda que los católicos debemos estar “muy unidos en la verdad y debemos ser muy respetuosos con las distintas opciones que se presentan dentro de la Iglesia, sin traicionar al mensaje que nos ha dejado el Señor”.

Comunicación en la Iglesia

Fazio fue, en 1996, el primer decano de la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) y desde 2002 a 2008 fue rector de la misma institución. Por lo tanto, sabe de comunicación y de comunicación actual de la Iglesia.

“La formación doctrinal es esencial y condición imprescindible para la comunicación en la Iglesia y para la evangelización, porque nadie da de lo que no tiene. Si salimos a evangelizar sin conocer qué tenemos que transmitir, haríamos un flaco servicio a la verdad. Lo más importante es estar unidos al gran evangelizador que es Jesucristo. No hay que elegir entre pastoral o formación teológica, porque la pastoral implica una formación teológica y la teología está al servicio de la pastoral”, explica.

Fazio insiste en que en un “mundo crucificado por la guerra, por los odios y por la falta de perdón, se hace cada vez más necesario una evangelización profunda”.

Reputación de los sacerdotes

Respecto a los últimos escándalos que han salpicado a la Iglesia y que ha afectado a la reputación de los sacerdotes, manifiesta:

“Tenemos que ver a la Iglesia desde una perspectiva de fe. Quienes formamos parte de la Iglesia somos criaturas pecadoras, llenas de limitaciones, que procuramos ser fieles a lo que el Señor nos dijo, aunque muchas veces no lo logramos. Dentro de la Iglesia, hay sacerdotes que no han sido fieles a lo que el Señor nos pide. Y todos con nuestras limitaciones, en momentos determinados no somos fieles. Pero, por otro lado, cuántos sacerdotes hay que entregan su vida en el último rincón del mundo, al servicio de la iglesia universal, en circunstancias heroicas”.

Recuerda, no obstante, que hay escándalos muy graves que ocasionan la pérdida de la condición sacerdotal de los presbíteros, “aunque gracias a Dios no es lo habitual en la Iglesia. Los escándalos no tienen que opacar la gran labor de los miles y miles de sacerdotes en todo el mundo. Es el momento de rezar para que los sacerdotes seamos lo más fieles posibles al evangelio del Señor”.

Relación con el Papa Francisco

Dicen los que le conocen, que D. Mariano se lleva muy bien con el Papa Francisco. Son amigos. Por eso, la pregunta sobre aquellos que cuestionan las decisiones de Francisco, fundamentalmente de algunos católicos, se hace imprescindible:

“Es un elemento esencial de la fe católica la unión con el Papa porque vemos en el Papa no a una persona concreta, sino al vicario de Cristo. Todo Papa tiene una dimensión humana, consecuencia de su formación cultural, del país de donde viene, de su experiencia pastoral. Lo hemos percibido en estos últimos años. Hemos experimentado toda la riqueza que nos ha traído la experiencia eslava de Juan Pablo II, la experiencia de un gran teólogo de Europa central como Benedicto XVI, y toda la práctica pastoral del continente latinoamericano llamado por Juan Pablo II el continente de la esperanza”.

Y después de esta aclaración, explica: “Los estilos humanos de los tres últimos pontífices son muy distintos y en esto cabe una gran pluralidad. Hay personas que conectan muy bien con el estilo comunicativo más directo de Francisco; otras personas preferían el estilo más académico de Benedicto XVI. Esta variedad lo debemos ver como dos grandes riquezas que tiene la Iglesia hoy. Pero dejando de lado preferencias, la unidad con el Papa es esencial. La Iglesia y los católicos, sin el Papa, no somos nada”.

Por último y sobre la cuestión de que las prelaturas personales se encuadren ahora en el Dicasterio del Clero, a preguntas de RC, el vicario auxiliar del Opus Dei remite al comunicado de mensaje del prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, a propósito de la Constitución Apostólica 'Praedicate Evangelium' que es “un impulso para la evangelización y esto es lo verdaderamente importante. Hay cambios de dependencia, pero no hay cambios sustanciales”.

De la Congregación de Obispos dependía antes la prelatura del Opus Dei, pero de este Dicasterio dependen las iglesias particulares y el Opus Dei no es estrictamente hablando una iglesia particular.

Entrevista con D. Mariano Fazio. Foto: Pilar Martín Bravo/Universidad de Navarra.

 

 

¿Sabes por qué rezamos a la Reina de los Cielos en Pascua? – “Regina Coeli”

“Reina de los Cielos” – “Regina Coeli”

 

Durante el tiempo de Pascua la Iglesia Católica de rito latino, a la hora del Ángelus (el mediodía) reza el Regina Coeli (reina del cielo)  en lugar del saludo del ángel.

 

La Iglesia expresa así a la Santísima Virgen María la alegría de los hijos de Dios por la Resurrección de su Hijo Jesucristo.

Se sabe que esta oración mariana se cantaba ya desde el siglo XII. En el siglo XIII los franciscanos la difundieron por todo el mundo. Pero es a partir de 1742 que el Papa Benedicto XIV estableció que se cante o rece al mediodía en Pascua. La Iglesia expresa así a la Santísima Virgen María la alegría de los hijos de Dios por la Resurrección de su Hijo Jesucristo.

Como muchas oraciones, el Regina Coeli (latín) toma su nombre de las primeras palabras que componen la oración. Significan: “Reina del Cielo”, y hacen referencia a uno de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario: la Coronación de la Santísima Virgen como Reina y Señora de todo lo creado.

Aunque se desconoce quién escribió esta oración, una hermosa tradición le atribuye la autoría a San Gregorio Magno. Se cuenta que este pontífice y doctor de la Iglesia, mientras realizaba descalzo una procesión por las calles de Roma para pedir a Dios que acabara con una peste, escuchó algunos de los versos de la oración de la boca de los propios ángeles. En ese momento, la peste cesó.

Al igual que el Ángelus, el Regina Coeli se reza tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer.

 

El texto dice:

-Alégrate, Reina del cielo. Aleluya.
-Porque el que mereciste llevar en tu seno. Aleluya.

-Ha resucitado, según predijo. Aleluya.
-Ruega por nosotros a Dios. Aleluya.

-Gózate y alégrate, Virgen María. Aleluya.
-Porque ha resucitado Dios verdaderamente. Aleluya.

Y se finaliza proclamando:

Oh Dios, que por la Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos por su Madre, la Virgen María, alcanzar el gozo de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

 

 Regreso a la normalidad

Lo verdaderamente relevante es que se ha vuelto a recuperar la normalidad de siempre

Se acabó la agitación en la que ha vivido Málaga a lo largo de la Semana Santa y sus prolegómenos. Desde que se iniciaron los traslados hasta el domingo  de Resurrección, han sido semanas de una auténtica excitación popular y cofrade.

Toda Málaga ha vivido intensamente el mayor acontecimiento religioso y cultural que celebra la ciudad  y en éste año de una manera muy especial, después de la obligada interrupción como consecuencia de la trágica y desgraciada pandemia.

Los cambios de los recorridos procesionales, la instalación de nuevas tribunas, los pasillos y barreras para impedir o facilitar la movilidad del público e incluso la seguridad, han originado un clima crítico, desde mi punto de vista, excesivamente ácido e injusto en algunos medios y redes sociales, sin deparar el perjuicio que eso causa a la imagen nacional e internacional de nuestra Semana Grande.

Lo conveniente ahora es que la Agrupación de Cofradías y el Ayuntamiento analicen con sosiego y espíritu crítico, como bien ha anunciado el presidente de la Agrupación Pablo Atencia, todos los aciertos y los posibles errores o inconvenientes que toda una magna organización de tan extraordinario evento lleva consigo.

Lo verdaderamente relevante es que se ha vuelto a recuperar la normalidad de siempre. Los empresarios y trabajadores del sector turístico así como los cientos de miles de visitantes que han acudido estos días por tierra, mar y aire han resucitado la fe y confianza en la pujanza de Málaga que junto a Madrid son las dos capitales que han dado el salto más importante de España en el orden social, cultural y tecnológico.

Si de algo podemos estar satisfechos  “los que tenemos el privilegio de vivir en la tierra de María Santísima” es que sabemos disfrutar de la alegría y la paz que tanto se invoca en  momentos tan difíciles como vive hoy la humanidad y que nace  de una religiosidad popular de hondas raíces cristianas. Transmitir ese legado a cuantos nos visitan es también una forma de contribuir al bien común de nuestra sociedad.

Pero la vida sigue y ahora toca acometer nuevos retos como son el liberarnos de las mascarillas y acometer unas inmediatas elecciones en Andalucía que van a señalar el rumbo de nuestra Comunidad para los próximos cuatro años y que todo hace prever, si las urnas lo deciden, que será de la mano del actual presidente Juanma Moreno.

Jorge Hernández Mollar

 

Débito conyugal

Escrito por Mario Arroyo.

El débito conyugal no lo pide solo el varón, también lo puede solicitar la mujer.

Nunca había generado un tema tanta polémica en clase, todo el grupo se unió en mi contra. Yo, la verdad, estaba sorprendido, no era un tema que tuviera pensado abordar, salió por una pregunta tangencial e inició la revolución. La cuestión que no conseguí, pese a todos mis esfuerzos, explicar convincentemente, fue el tema del débito conyugal. Y tiene mérito, pues habíamos abordado los candentes temas de la sexualidad; el sexo según la revolución sexual y según la moral católica, el aborto…, no, el tema más disputado ha sido el del débito conyugal.

¿Qué pensaron mis alumnos? Simple y llanamente, que yo afirmaba que la mujer se debía dejar violar siempre que fuera dentro del matrimonio, por aquello de que son los dos una sola carne; y que, si no lo hacía, cometía pecado. Así enunciado suena pavoroso; efectivamente yo no dije eso, pero eso entendieron, y no hubo forma de quitarles esa idea de la cabeza. “No somos objetos, somos personas”, afirmaban las chicas en clase, y yo soy el primero en subrayarlo.

La trifulca ocasionada –fueron a quejarse a la dirección de la Universidad, gracias a Dios no lo subieron a redes sociales-, me hizo reflexionar en que se debe explicar en forma novedosa la doctrina de siempre, que en sí misma es hermosa, atractiva, de la moral sexual católica. Y dentro de ella, particularmente, hacer una nueva presentación de la enseñanza del débito conyugal. No se puede obviar dicha cuestión, pues es bastante clara en San Pablo, y forma parte del contenido del contrato matrimonial (“usted pone un contrato por encima de las personas, afirmaban mis alumnas”). Ahora bien, ¿cómo hacerles entender que honrar el contrato matrimonial contribuye a la plenitud y el florecimiento de la persona?

En sí mismo, el débito conyugal es muy sencillo y forma parte de una verdad hermosa en sí misma. Ya no son dos, sino una sola carne, es decir, ya no deben pensar en primera persona del singular “yo”, sino en primera persona del plural “nosotros”. Y así, discernir en cada momento, “qué es lo mejor para nosotros”. En la misma línea, la entrega mutua de los cuerpos es imagen y signo de la entrega mutua de las personas, la cual significa y realiza el acto conyugal. Por eso los esposos se comprometen a acceder a la intimidad cuando la otra parte lo pida sensatamente. Es parte de lo que han entregado: “te entrego mi cuerpo, porque te entrego mi persona, porque me entrego yo”. Es una entrega que no cosifica a las personas o no supone una sumisión porque es mutua. Uno cede sus derechos a la otra parte, pero la otra parte se los cede a uno. Por ello, el débito no lo pide solo el varón, también lo puede solicitar la mujer.

Ahora bien, conviene abundar en el aspecto de “petición racional” propia del débito conyugal, para no dar lugar a equívocos. Cada una de las partes lo puede pedir de manera delicada y razonable. Si no hay un inconveniente serio, se tiene la obligación de acceder, en virtud del amor al cónyuge, honrando así el pacto matrimonial. Un inconveniente puede ser un simple dolor de cabeza o una situación de agotamiento; en esos casos ya no existe la obligación de acceder a tener la intimidad, aunque puede la parte afectada ceder, precisamente por amor al cónyuge, más allá de la estricta obligación. Estaría realizando en ese caso un heroico acto de amor.

Sobra decir, que no obliga el precepto si se solicita en estado de ebriedad o con violencia u obligando a la otra parte. En ese caso, como bien intuían mis alumnos, puede tratarse de una violación en el seno del matrimonio, lo que en vez de fomentar la unión conyugal la debilita, al tiempo que va en contra de la dignidad de la persona, destruyendo así el amor. Se vuelve el sexo un acto contradictorio consigo mismo; pues en vez de expresar la donación, manifiesta el dominio, lo que no es propio del contrato matrimonial.

Pero salvados estos extremos, por desgracia nada infrecuentes, la doctrina del débito conyugal es la expresión maravillosa del don de sí en el seno del matrimonio, que se actualiza cada vez que se tiene una relación. Suele suponer generosidad por parte de alguno de los cónyuges, pues lo normal es que no estén sincronizados en sus necesidades afectivas, y alguien deba acceder por un amor que se prometió en el matrimonio y se actualiza en el acto conyugal.

 

 

Con 11 y 12 años ven ya pornografía en su propio smartphone: «El porno no se busca, se encuentra»

Por Javier Lozano/ReL - 05.04.2022


foto: freepik

¿Hay relación entre el preocupante consumo de pornografía online entre adolescentes y la edad a la que empiezan a tener un smartphone?

La realidad deja al menos un dato concluyente: la edad media con la que inician a ver contenido pornográfico también coincide con la del primer teléfono inteligente. Antes se situaba a los 12 años, pero el arco es más amplio ahora y está entre los 8 y los 13 años.

Este es un problema de primera magnitud en estos momentos. Recientemente, en un programa de entretenimiento de La SextaBeatriz Martín Padura, directora de FAD Juvenil, la antigua Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, hablaba del problema de manera conjunta: la pornografía entre los menores y la adicción a las pantallas.

En dicha entrevista afirmaba que "el 75% de los adolescentes consume pornografía” por lo que ante datos como este países como Italia se están planteando prohibir los smartphones hasta una edad concreta.

El Plan Nacional sobre Drogas habla de adicción a las pantallas, algo muy grave, pero menos frecuente que el “uso compulsivo”, que sería el paso previo. Algunas de las señales de aviso serían “no poder dejar de ver internet o las redes” sabiendo que tienen que hacerlo, o responder de manera irascible al quitar a los menores el teléfono.

La propia FAD Juventud se vio obligada a incluso a sacar una campaña cuyo lema es “Educa a tus hijos antes de que el porno lo haga por ti”, con la que trataron de alertar a los padres sobre las consecuencias del consumo de pornografía en niños y adolescentes.

Catherine L´Ecuyer, especialista en temas de educación y muy crítica con el uso de pantallas, incidía en la relación entre la pornografía y los móviles asegurando que el 62% de las niñas y el 93% de los niños han consumido pornografía en línea antes de los 18 años y la primera visualización ocurre a los 12 años, “coincidiendo con la edad de introducción de los smartphones”.

“Sería bueno dejar de plantear las soluciones en términos de sistemas de vigilancia y de control como los filtros – que los niños se los saltan con facilidad- y preguntarnos si es lógico o razonable que un niño tenga un smartphone con 7, 12 o 13 años”, añadía L´Ecuyer.

Los datos sobre la pornografía son desoladores. Así lo refleja la asociación Dale una Vuelta, formada por especialistas de ayuda contra esta adicción:

-11 años es la edad media para iniciar el consumo de pornografía.

-93% de los hombres vieron pornografía durante la adolescencia.

-62% de las mujeres vieron pornografía durante la adolescencia.

-1 de cada 10 menores europeos hace sexting (envío de fotos de contenido erótico o sexual por el móvil).

-90% de los niños entre 8 y 16 años han visitado una web porno.

-La pornografía en internet tiene más visitas que Twitter, Amazon y Netflix juntos.

-El 20% de la pornografía online es pornografía infantil.

-97.000 millones de dólares genera cada año la pornografía.

Además, un estudio de Save the Children afirmaba que casi siete de cada diez adolescentes españoles de 13 a 17 años consume pornografía de forma frecuente. Lo hacen fundamentalmente en la intimidad, desde el móvil, y visualizan contenidos gratuitos en los que el 88% de las escenas son escenas agresivas o violentas. El 94% de esa violencia está dirigida hacia la mujer y el 95% de ellas da a entender que a ellas les gusta ser tratadas así.

Siguiendo con esta cascada de datos terribles, destaca que el 68,2 % de adolescentes había visto pornografía en los últimos 30 días, llegando a consumir ellos el doble que ellas (81,6 % y 40,4 % respectivamente). Los chicos confirmaban que buscan este tipo de material casi a diario. Las respuestas de las chicas expresaban variaciones entre el consumo semanal o mensual.

El 53,8 % de las personas encuestadas había accedido por primera vez a la pornografía antes de los 13 años, y un 8,7% antes de los 10 años. La edad media es de 12 años de manera global (antes de los 12 años para los chicos y los 12 años y medio para las chicas).

Precisamente, este informe incidía igualmente en que a lo largo de los años, al mismo tiempo que se han desarrollado y difundido los smartphones y redes sociales, la edad a la que accede la población adolescente por primera vez a la pornografía es cada vez más baja.

La declaración de uno de los menores encuestados es muy revelador al respecto: “el porno no se busca, el porno se encuentra”.

El doctor Enrique Rojas, un conocido y veterano psiquiatra, asegura que la adicción a la pornografía es “una epidemia mundial. Se establece una correlación entre ciertas alteraciones en el cerebro y el consumo de pornografía que arruina vidas, matrimonios, familias, una desgracia que cae sobre gente atrapada en estas redes de este drama oculto y enmascarado que degrada al ser humano, lo rebaja, lo convierte en alguien que solo ve en la mujer la posibilidad de tener algún tipo de contacto sexual, desdibujándose otras muchas posibilidades en la relación hombre-mujer. La pornografía es una mentira sobre el sexo. Es maestra en ofrecer una imagen de la sexualidad utópica, irreal, delirante, absurda… que se convierte en una obsesión en distintos grados. Hoy sabemos por investigaciones recientes, que la adicción a la pornografía es más grave que la de la cocaína, pues afecta a circuitos cerebrales concretos, en donde una sustancia llamada dopamina asoma, y, después de un tiempo sin ver ese tipo de imágenes, uno se ve empujado a buscarlas, es como un imán que arrastra en esa dirección”.

Sobre esta epidemia del siglo XXI también alerta el doctor Peter C. Kleponis, psicólogo y psicoterapeuta con más de veinte años de experiencia en este campo y autor del libro Pornografía. Comprender y afrontar el problema (Voz de Papel).

En una entrevista con ReL explicaba que “ver pornografía es algo tan común que muchos son adictos sin darse cuenta”.

Kleponis justificaba así su afirmación: “la pornografía se ha convertido en la nueva droga favorita a causa de las cinco A de la pornografía: 1) Asequible: es gratis. 2) Accesible: está a distancia de un clic. 3) Anónima: es fácil de esconder o de mantener oculta. 4) Aceptada: ver pornografía es algo completamente asumido hoy entre los jóvenes. 5) Agresiva: a diferencia de otras drogas o del alcohol, la pornografía produce una gratificación inmediata y es altamente adictiva. A causa de estas cinco A, millones de personas han decidido ver pornografía habitualmente. Debido a que ver pornografía es algo tan común entre la gente, muchos son adictos sin darse cuenta”.

Ante un problema de tal gravedad que afecta a los más jóvenes, este especialista urge a educarlos “en los peligros de la pornografía. Deben saber que es altamente adictiva, como las drogas y el alcohol. Deben saber que no muestra una visión saludable de la sexualidad. Al contrario, enseña a la gente que está bien utilizar a otras personas para el propio placer sexual egoísta. Consumir pornografía les impedirá mantener relaciones saludables. Sólo les conducirá a la soledad y el aislamiento. También hay que enseñarles que Dios tiene un plan maravilloso para la vida de cada persona. Para cumplir ese plan, deben esforzarse por vivir una vida virtuosa y saludable. Consumir pornografía les impedirá definitivamente alcanzar ese objetivo”.

Con respecto el problema con los menores este especialista hace esta recomendación a las familias: “al afrontar con un adolescente el uso de pornografía, es importante no avergonzarle por ello. A pesar de lo habitual que es el uso de la pornografía entre los jóvenes, en el fondo saben que está mal. La vergüenza que sienten por ello les fuerza a mantener en secreto el uso de pornografía. La mayor parte de los adolescentes adictos a la pornografía quieren ayuda para superarlo. Les produce demasiado temor y demasiada vergüenza. Al hablar con ellos, es importante que un padre haga saber a su hijo cuánto le quiere y cuánto le quiere Dios. Si es posible, es mejor que hable el progenitor de su mismo sexo. También es importante referirse al uso de pornografía como síntoma de un conflicto más profundo y no como un fracaso moral. Eso puede facilitarle al adolescente hablar del problema. Ofreciendo amor y compasión, y no avergonzándole, será más fácil para él admitir el problema y estar dispuesto a recibir ayuda para superarlo”.

 

 

REALMENTE ERA HIJO DE DIOS

Autora: Magui del Mar

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana.

 

Era mucho el alboroto por ese hombre Nazareno,
me acerqué...y estaba lleno de una infinita tristeza,
inclinaba la cabeza...los ojos llenos de llanto...
me conmovió tanto...tanto, que sin querer, lentamente
me pude poner enfrente y descubrir su nobleza.

El se encuentra ante Pilatos acusado por su gente,
lo ven como un delincuente, sin tener culpa ninguna,
no tiene defensa alguna, lo rodean sus enemigos,
está solo...no hay amigos que lo apoyen en su lucha
“crucifícalo” El escucha, gritar a turba importuna.

Pilatos en El descubre un mundo de mansedumbre...
pregunta a la muchedumbre “¿en qué quebrantó la ley?”
“quiso hacerse nuestro rey” responden con dura saña,
al romano eso no engaña y al Nazareno intrigado
le pregunta amedrentado “¿es cierto que tú eres rey?”

“Tú lo has dicho, mas mi reino no es de este mundo mortal
es un Reino Celestial, vine a enseñar la verdad”
y al ver la profundidad con que aquel hombre se expresa
le pregunta con viveza “¿y qué es la verdad?”, mas luego
aquel gobernante ciego, no piensa con libertad.

A la turba se lo entrega, aunque hay en su alma temor
porque ve con cuánto amor lo miran aquellos ojos,
con dulzura...sin enojos. La chusma al fin complacida
piensa quitarle la vida, esa vida que El ofrece.
Su cuerpo ya desfallece, lo han convertido en despojos.

Paciente lleva la cruz por la dolorosa vía,
ahí se encuentra a María que lo mira con ternura,
su alma llena de amargura por ver sufrir así a su hijo,
en silencio lo bendijo, por El más no pudo hacer,
supo que así debía ser para cumplir la Escritura.

Llega por fin al calvario y estando en la cruz clavado,
ante todos levantado, lo contemplo agonizante,
viendo su alma de gigante ofrecer con tanto amor
su dura pena y dolor...tan sólo y abandonado,
exclamo “¡Jesús amado, quiero ser tu acompañante!”

Al final, con voz potente, al Padre entrega su vida,
en el templo enseguida el velo se rasga en dos...
ven todos con miedo atroz que hay tinieblas en el mundo
y con temor muy profundo, los soldados allí empiezan
a ver más claro y confiesan “¡realmente era Hijo de Dios!”

Derechos Reservados.

MAGUI DEL MAR 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

La familia y la educación religiosa

“Uno de los campos en los que la familia es insustituible es ciertamente el de la educación religiosa, gracias a la cual la familia crece como “iglesia doméstica”. La educación religiosa y la catequesis de los hijos sitúan a la familia en el ámbito de la Iglesia como un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado. Se trata de un derecho relacionado íntimamente con el principio de la libertad religiosa. Las familias, y más concretamente los padres, tienen la libre facultad de escoger para sus hijos un determinado modelo de educación religiosa y moral, de acuerdo con las propias convicciones. Pero incluso cuando confían estos cometidos a instituciones eclesiásticas o a escuelas dirigidas por personal religioso, es necesario que su presencia educativa siga siendo constante y activa” (Juan Pablo II, Carta a las Familias, n. 16).

¿Quién no recuerda la sonrisa de una madre, el beso de una madre, que recompone el espíritu decaído? ¿Quién no se conmueve al volver a escuchar, allá en el fondo de su espíritu, la voz de su padre, de su madre, al rezar con ellos por primera vez al Ave María, el Padrenuestro? ¿Cuántas familias han vivido momentos heroicos, difíciles, recordando otros momentos semejantes sufridos con sus padres y sus hermanos?

“No hay que descuidar, en el contexto de la educación, la cuestión esencial del discernimiento de la vocación y, en éste, la preparación para la vida matrimonial, en particular. Son notables los esfuerzos e iniciativas emprendidas por la Iglesia de cara a la preparación para el matrimonio, por ejemplo, los cursillos prematrimoniales. Todo esto es válido y necesario; pero no hay que olvidar que la preparación para la futura vida de pareja es cometido sobre todo de la familia.” (ibídem)

Educación religiosa para llenar de Luz la vida de cada uno, y la vida matrimonial de los que son llamados a crear una familia; y que a la vez repercute en la relación del cristiano, de la familia cristiana con la sociedad.

Juan García. 

 

Cuenta con cada familia

El Señor cuenta con cada familia en su estar abierta a la vida, para que sigan naciendo hombres y mujeres que, creados por Dios a “Su imagen y semejanza”, lleguen un día a descubrir la grandeza y la belleza de ser verdaderos hijos de Dios; y gozar así del Amor paterno, materno, divino que Dios les tiene.

Esa “imagen y semejanza”, ha de ser siempre dada a conocer, y ayudar a que sea bien entendida, para que los hombres no caigamos en la tentación en la que cayeron Adán y Eva, y tantos otros que han seguido sus pasos: la tentación de querer “ser como Dios”.

Este pecado llevó a nuestros primeros padres fuera del Paraíso; y ha seguido llevando a los hombres a través de los siglos a matarse los unos a los otros, a dejar a multitudes en manos de hombres depravados, “dioses de sí mismo”, que han usado su poder de la forma más miserable que un ser humano pueda vivir.

Recordemos que la familia natural y cristiana es el lugar para que los hombres lleguemos a descubrir y gozar de esa “imagen y semejanza” con Dios Creador y Padre, con Dios Hijo Redentor, Sufridor, Misericordioso que al vernos arrepentidos y pidiendo perdón, nos perdona siempre, con Dios Espíritu Santo, el amor de Dios en nuestros corazones, que nos descubre el Amor que Dios nos tiene.

Pedro García

 

Y a pesar de todo

El pasado 24 de febrero se materializaron los peores pronósticos y comenzó la invasión de Ucrania decidida por Vladimir Putin. El poder militar ruso caía a plomo sobre Ucrania y se iniciaba un éxodo que hoy alcanza a unos diez millones de personas que han tenido que abandonar sus ciudades, sus casas y en muchas ocasiones a varios de sus familiares.

Las guerras provocan graves catástrofes humanitarias. En el caso de Ucrania son millones las personas que han sido convertidos en refugiados, y cientos de miles los que viven rehenes del poder militar ruso. Algunas ciudades, de las que la mayoría de los europeos no teníamos conocimiento hasta hace un mes, son hoy símbolos de coraje y resistencia. Chernígov, Sarni y Mariúpol son ciudades devastadas, pero son ciudades que resisten, aunque sea difícil saber hasta cuándo. Les falta agua, suministro eléctrico, gas, alimentos y medicinas. Y a pesar de todo los ucranianos no contemplan la rendición.

Jesús Martínez Madrid

 

Sobre el papel de los laicos

Un elemento significativo en la nueva constitución apostólica es el desarrollo de la orientación del concilio sobre el papel de los laicos. Francisco recuerda en el Preámbulo que "el Papa, los obispos y los demás ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia. Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es un discípulo misionero en la medida en que se ha encontrado con Cristo”. De aquí deriva la participación de cualquier bautizado en las funciones de gobierno y responsabilidad dentro de la Curia Romana. Son reformas de organismos al servicio del ministerio del Papa y de las Iglesias particulares. Como insiste a menudo Francisco, estas reformas tienen el sentido de propiciar la conversión y de alentar a la misión.

José Morales Martín

 

 

Más sobre religiones y credos

 

                        Escribo en la denominada, “semana santa de 2022” y hoy, “rescato” de un libro, poco conocido y que visto en su día en un escaparate de una “papelería local”, me llamó la atención, entré, lo ojeé y lo compré; luego lo he leído varias veces, ya que es un libro muy interesante y que como tantos otros en este perro mundo, están condenados a una mínima difusión, puesto que no entraron en los canales de, la venta “masiva” de papel impreso (que no libros que muevan a pensar al mono humano) y por ello “duermen” en los archivos oficiales y los pocos que como yo lo incluimos en nuestra biblioteca para tenerlos siempre a mano; de él copiaré una mínima parte de los textos filosóficos que el autor escribió, haciendo hablar a sus personajes, pero antes una semblanza del libro.

            Su título es “Yamba”, palabra de dialecto africano “Ganguela” y que significa “elefante”, en la que fuera colonia portuguesa de Angola; y en la que el autor del libro; Manuel Mata Funes, estuvo como doctor en enfermedades tropicales, y donde desarrolla parte del libro; curiosamente y como gran cazador, aquellos nativos le asignaron el sobrenombre de “Yamba”, por considerarlo “hombre poderoso”, pero aparte de esa fuerza que aquellos negros detectaron en el médico, este hombre (nativo de mi provincia

Y nacido en Alcaudete) se muestra como intelectual y filósofo, de cuyos frutos yo extraigo lo que considero interesante del hombre estudioso.

            El libro lo conforman 544 páginas tamaño folio y una gran parte de ellas, las dedica a relatar lo que ha conocido o estudiado de muchas de las religiones principales del planeta Tierra; y así hasta llegar al cristianismo, la reencarnación, el Dios supremo y el “hombre Dios”, que no considera a Cristo, sino que lo reconoce como el hombre, muy avanzado a su tiempo y por tanto superior en mucho a lo que encontró aquí, y por lo que oponiéndose a ello (sin violencia) pero suficiente como para que lo crucificaran por cuanto significaban los montajes religiosos y como un comercio más; y hay unas frases que hay que analizar a fondo, refiriéndose a Cristo como hijo de Dios… “Dios no va a dedicar un cristo para cada uno de los planetas habitados”, que debe haberlos en cantidades enormes, en un Universo tan nutrido de galaxias que el hombre no puede llegar a saber el número de ellas, y estas; contienen millones de estrellas o sistemas planetarios y estos ya son inconmensurable el número de ellos”. Este resumen es mío puesto que reflejar todos los contenidos interesantes del libro, es imposible, por la cantidad de ellos que mueven a meditación.

            Lástima que este libro no tuviera la difusión que merece, puesto que editado en una imprenta provincial, y salvo los cinco volúmenes, que de cada tirada hay que entregar gratuitamente al Estado, para sus archivos oficiales; para consultar hoy uno de esos libros, editado en 1987; seguro que habrá que ir a esos archivos, donde seguro, “van a dormir el sueño de los justos”, por los motivos fáciles de entender y comprender, en una sociedad que no es proclive a leer libros de contenido; y como mucho, se contenta con “el sillón y la caja idiota de las televisiones”, o como mucho, leer algún libro de escándalo y sobre todo de temas, de… “entrepierna y entreculo”, como yo los denomino; quizá algo de la sucia política que nos invade y anula, deportes o lo que eso sea ya, y poco más; puesto que la decadencia intelectual es enorme, pero es claro que de eso no se habla, simplemente, no interesa.

            En cuanto a ese libro, mi interés es difundir su existencia; yo ya tengo mis decisiones religiosas, tomadas hace tiempo y quienes leen mis artículos lo saben; no obstante hoy las recuerdo una vez más. Pero significando que a Dios ni lo entendí nunca, ni lo entiendo hoy, ni espero entenderlo en este mundo… ¿En el otro? Bueno aunque creo en esa futura etapa, pero como “Santo Tomás, espero verlo para creerlo”.

            De momento, mis creencias las resumo así.

LA FILOSOFÍA, LA RELIGIÓN y LA POLÍTICA: No hagas a nadie nada que no quieras que a ti te hagan, sea a un ser humano, un animal o una planta; incluso a la tierra, el mar y resto de aguas que frecuentas, incluido el aire que respiras; y que fue lo que te dio la vida; si así lo haces, notarás un estado de bienestar que ni te lo imaginas. 

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)