Las Noticias de hoy 9 Abril 2022

Enviado por adminideas el Sáb, 09/04/2022 - 12:41

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 09 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: en la caridad no hacerse indispensables, sino formar a los colaboradores

El Santo Padre confía las meditaciones del Vía Crucis 2022 a las familias

El Papa a Magistrados italianos: La justicia acompaña la búsqueda de la paz

Cardenal Cantalamessa: “Os he dado el ejemplo”

PRENDIMIENTO DE JESÚS : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 5 semana de Cuaresma

“No rehusemos la obligación de vivir” : San Josemaria

Cuaresma y Semana Santa

“Huellas de nuestra fe”: un viaje por Tierra Santa

Meditaciones Semana Santa

La Pasión y Muerte en la Cruz : Antonio Ducay

CONSEJOS PARA “TUNEAR” LA MISA :  Alberto García-Mina Freire.

Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento : Acción Familia

Ante las horas oscuras. Para construir la paz : José Martínez Colín.

Preparémonos para vivir la Semana Santa intensamente en familia : Silvia del Valle Márquez.

Se completa la secuenciación del genoma humano : Jaime Millás

Ramón Salaverría, profesor de la Universidad: "Los bulos se propagan como los virus, a través de las personas más queridas"

Los nuevos valores en el mundo tecnológico: de la verdad al bien : Javier Echeverría

Decreto que fomenta la indolencia : Jesús Domingo Martínez

Ante una guerra que nos llena de espanto : Domingo Martínez Madrid

Pensando en la Familia : Jesús Martínez Madrid

“La verdad os hará libres” : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa: en la caridad no hacerse indispensables, sino formar a los colaboradores

“Que no los necesiten más” de ser el objetivo final de quienes lleven a cabo iniciativas como aquella de la Fundación Marcello Candia, que apoya a las comunidades locales y a los misioneros en sus iniciativas con los enfermos, los leprosos y las personas en diversas situaciones de necesidad. Es “una regla sabia” el no atar a las personas y a los trabajos a sí, sino “formar a los colaboradores” asegurando la “estabilidad y continuidad” de la obra.

Con alegría el Papa Francisco recibió en la mañana de este 8 de abril a los miembros de la Fundación Marcello Candia, que se ocupa principalmente de promover iniciativas en favor de los leprosos, los niños, los enfermos y los pobres de Brasil, con especial referencia a la región amazónica y las regiones del noreste, consideradas las más pobres del país.

Bien insertados en las realidades locales

Fundada en el año 1982, la fundación lleva a cabo su labor con el método y estilo – tal como hizo presente el Papa en su saludo - indicados por San Pablo VI a su fundador. Pensando que pueden ser beneficiosas para todos los que dirigen obras similares”, Francisco quiso retomar dichas indicaciones en su saludo. 

En primer lugar, Pablo VI dijo a Candia: "Si construyes un hospital en Brasil, que sea brasileño...". Es decir, bien insertado en la realidad local, implicando a la gente del lugar... ¡Aunque quizá le haya puesto un poco de estilo milanés! "Tengan la precaución -continuó- de evitar cualquier tipo de paternalismo, no imponga sus ideas a los demás, incluso con buenas intenciones". 

Como empresario, comentó el Papa, Candia estaba acostumbrado a tomar las decisiones por sí mismo, así que tuvo que aprender a dirigir las cosas de otra manera. Es “una regla general de la caridad”, afirmó, el “trabajar con las personas destinatarias del servicio”.

Formar a los colaboradores, no atar a las personas

El objetivo final indicado por Pablo VI y recordado por Francisco es “que no los necesiten más”: cuando se den cuenta de que el Hospital camina solo, entonces "habrán hecho una verdadera obra de solidaridad humana". Es “una regla sabia” el no atar a las personas y a los trabajos a sí, el no hacerse indispensables, sino “formar a los colaboradores” asegurando la “estabilidad y continuidad” de la obra. 

Esto es sabio, ¿eh? Pero muchas veces aquí, incluso nosotros en la Iglesia, encontramos personas de valor, sacerdotes, obispos, pero creen que la historia de la salvación pasa por ellos, que son necesarios... Nadie, nadie es absolutamente necesario. Es necesario para hacer lo que tiene que hacer, y luego, que la historia, Dios dirá si continúo, si viene otro.  

La mayor parte del dinero vaya a la gente

De hecho, hizo presente el Papa, la Fundación por sí misma no dirige las obras, sino que apoya a las comunidades locales y a los misioneros en sus iniciativas con los enfermos, los leprosos y las personas en diversas situaciones de necesidad. Y otro mérito que tiene es que los gastos de mantenimiento de la Fundación son mínimos, casi todo se destina a las obras en Brasil.  

Y eso es muy importante, porque hay organizaciones y asociaciones que trabajan para hacer el bien, pero tienen una estructura de personas, de cosas que -no exagero- la mitad o el 60% van a pagar sueldos. No, eso no es bueno. El mínimo, para que la mayor parte del dinero vaya a parar a la gente. Esto es importante: manténgalo.

Por todo ello los animó a seguir adelante con el espíritu y el estilo del Venerable Marcello Candia, y al darles su bendición, pidió llevarla a todos los que colaboran tanto en Italia como en Brasil. 

 

El Santo Padre confía las meditaciones del Vía Crucis 2022 a las familias

Se trata de familias vinculadas a comunidades y asociaciones católicas de voluntariado y asistencia. Así lo anunció el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, quien explicó que, según el tema elegido, siempre serán las familias las que lleven la cruz en las doce estaciones.

VATICAN NEWS

Con motivo del año dedicado a la familia con el que la Iglesia celebra los cinco años de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, el Papa Francisco ha decidido confiar la elaboración de los textos de las meditaciones y oraciones del Vía Crucis del Viernes Santo a una serie de familias.

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Así lo informó el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, quien explicó que estas familias están vinculadas a comunidades y asociaciones católicas de voluntariado y asistencia. En base el tema elegido, siempre serán las familias las que lleven la cruz entre una estación y otra.

Como se anunció en marzo, el Vía Crucis volverá a desarrollarse en el Coliseo el 15 de abril, después de haberse celebrado en la Plaza de San Pedro durante dos años debido a la emergencia por el coronavirus.

En 2021, las meditaciones de los niños scout

En 2021, las meditaciones fueron realizadas por niños pertenecientes al Grupo Scout Agesci "Foligno I" (Umbría) y de la parroquia romana "Santi Martiri di Uganda". Los niños habían relatado los "pequeños grandes sufrimientos" que acompañan su vida cotidiana: desde el miedo a la oscuridad hasta el del abandono, la experiencia de sus propias limitaciones, las burlas en la escuela, las peleas con sus padres, hasta el miedo infundido por la pandemia del Covid. 

Reflexiones de los presos en 2020

En el año 2020, año de la emergencia sanitaria, los reclusos de la cárcel Due Palazzi de Padua escribieron las meditaciones para el Vía Crucis 2020. Sus reflexiones incluyeron el dolor de una familia que había perdido a un ser querido por homicidio o la hija de un hombre condenado a cadena perpetua; el sufrimiento de la madre de un preso y la esperanza de un sacerdote acusado y finalmente absuelto por los tribunales después de ocho años de juicio ordinario; la responsabilidad de un educador de la prisión y de un magistrado de la libertad condicional; el trabajo de un catequista, de un fraile voluntario y de un policía de la prisión. Tantas situaciones de la vida para conformar un Vía Crucis que se ha convertido en Vía Lucis.

 

El Papa a Magistrados italianos: La justicia acompaña la búsqueda de la paz

La mañana de este viernes, 8 de abril, el Santo Padre recibió en audiencia a los miembros del Consejo Superior de la Magistratura de Italia, a quienes alentó a administrar la justicia, eligiendo ante su conciencia "para quién", "cómo" y "por qué" hacer justicia.

Vatican News

“Que el sentido de la justicia alimentado por la solidaridad con los que son víctimas de la injusticia, y alimentado por el deseo de ver realizarse un reino de justicia y de paz, no se apague en ustedes”, fue el aliento del Papa Francisco a los miembros del Consejo Superior de la Magistratura de Italia, a quienes recibió en audiencia la mañana de este viernes, 8 de abril, en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Un servicio a favor de la dignidad de la persona humana

Al saludar a las Autoridades Judiciales de los Tribunales y del Consejo Superior de la Magistratura, el Santo Padre recordó que la Constitución italiana les confía una vocación especial, que es a la vez un don y una tarea porque "la justicia se administra en nombre del pueblo"; por ello, están llamados a la noble y delicada misión de representar “el órgano que garantiza la autonomía e independencia de los magistrados ordinarios y tienen la tarea de administrar la jurisdicción”. Y comentando la escena de la viuda que pide justicia en el capítulo 18 del Evangelio de Lucas, el Pontífice dijo que, “todavía hoy, escuchar el grito de los sin voz que sufren la injusticia les ayuda a transformar el poder que han recibido de la Orden en un servicio a favor de la dignidad de la persona humana y del bien común”.

“Dar a cada uno lo que le corresponde” con “misericordia”

Asimismo, el Papa Francisco recordó la definición tradicional de la justicia como “la voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde”. Sin embargo, dijo el Pontífice, a lo largo de la historia hay diferentes formas en que la administración de justicia ha establecido "lo que es debido": según el mérito, según la necesidad, según la capacidad, según la utilidad. Para la tradición bíblica, precisó el Papa, lo que se debe es reconocer la dignidad humana como sagrada e inviolable. Además, el arte clásico ha representado a la justicia como una mujer con los ojos vendados que sostiene una balanza con los platillos en equilibrio, expresando así de forma alegórica la igualdad, la justa proporción y la imparcialidad requeridas en el ejercicio de la justicia. Según la Biblia, la justicia debe administrarse también con misericordia. Pero ninguna reforma política de la justicia puede cambiar la vida de quienes la administran, si antes no eligen ante su conciencia "para quién", "cómo" y "por qué" hacer justicia. Esto es lo que enseñaba Santa Catalina de Siena cuando decía que, para reformar, primero hay que reformarse a sí mismo.

"Para quién", "cómo" y "por qué" hacer justicia

La cuestión sobre el para quién administrar justicia ilumina siempre una relación con ese "tú", ese "rostro", al que se le debe una respuesta: a la persona del reo que hay que rehabilitar, a la víctima con su dolor que hay que acompañar, a los que se disputan derechos y obligaciones, al justiciero que hay que responsabilizar y, en general, a todo ciudadano que hay que educar y sensibilizar. Por eso, la cultura de la justicia reparadora es el único antídoto verdadero contra la venganza y el olvido, porque busca la recomposición de los vínculos rotos y permite la recuperación de la tierra manchada por la sangre del hermano (cf. n. 252). Este es el camino que, siguiendo la enseñanza social de la Iglesia, he querido indicar en la Encíclica Fratelli tutti, como condición para la fraternidad y la amistad social.

En la justicia es donde se funda la paz

El acto violento e injusto de Caín, subrayó el Santo Padre, no se dirige contra el enemigo o el extranjero: se lleva a cabo contra los de la misma sangre. Caín no puede soportar el amor de Dios Padre hacia Abel, el hermano con el que comparte su propia vida. ¿Cómo no pensar en nuestra época histórica de globalización generalizada, en la que la humanidad se encuentra cada vez más interconectada y, sin embargo, cada vez más fragmentada en una miríada de soledades existenciales? La propuesta de la visión bíblica es, en el centro de su mensaje, la imagen de una identidad fraterna de toda la humanidad, entendida como "familia humana": una familia en la que reconocerse como hermanos es una tarea en la que hay que trabajar juntos y sin cesar.

Hacer justicia con discernimiento

Así, la cuestión histórica de "cómo" se administra la justicia pasa siempre por las reformas. El Evangelio de Juan, en el capítulo 15, nos enseña a podar las ramas muertas sin amputar el árbol de la justicia, para contrastar las luchas de poder, el clientelismo, las diversas formas de corrupción, la negligencia y las posiciones injustas de los ingresos. En cambio, el "por qué" de administrar nos remite al significado de la virtud de la justicia, que para ustedes se convierte en una prenda interior: no un vestido que hay que cambiar o un papel que hay que conquistar, sino el sentido mismo de su identidad personal y social. Para la Biblia, "saber hacer justicia" es el objetivo de quien quiere gobernar con sabiduría, mientras que el discernimiento es la condición para distinguir el bien del mal

La justicia como la virtud cardinal por excelencia

El Papa Francisco también recordó a los Magistrados que, la tradición filosófica ha señalado la justicia como la virtud cardinal por excelencia, a cuya realización contribuye la prudencia, cuando los principios generales deben aplicarse a las situaciones concretas, junto con la fortaleza y la templanza, que perfeccionan su realización. El relato bíblico no revela una idea abstracta de la justicia, sino una experiencia concreta de un hombre "justo". El juicio de Jesús es emblemático: el pueblo exige condenar al justo y liberar al malvado. Pilato pregunta: "¿Qué ha hecho mal este hombre?", pero luego se lava las manos. Cuando las grandes potencias se alían para su autoconservación, los justos pagan por todo. La credibilidad del testimonio, el amor a la justicia, la autoridad, la independencia de otros poderes constituidos y un leal pluralismo de posiciones son los antídotos para evitar que prevalezcan las influencias políticas, las ineficacias y las deshonestidades varias. Gobernar el Poder Judicial según la virtud significa volver a ser la alta guardia y la síntesis del ejercicio al que están llamados.

El beato Rosario Livatino, realizar su trabajo según la justicia

Por eso, para que puedan llevar adelante esta noble tarea, el Santo Padre pidió que, el beato Rosario Livatino, el primer magistrado beatificado en la historia de la Iglesia, sea una ayuda y un consuelo para ustedes. “En la dialéctica entre el rigor y la coherencia, por un lado, y la humanidad, por otro, Livatino había esbozado su idea de servicio en la Magistratura, pensando en mujeres y hombres capaces de caminar con la historia y en la sociedad, dentro de la cual no sólo los jueces, sino todos los agentes del pacto social están llamados a realizar su trabajo según la justicia”. Cuando muramos, dijo Livatino, nadie vendrá a preguntarnos lo creíbles que éramos. Livatino fue asesinado cuando sólo tenía treinta y ocho años, dejándonos la fuerza de su testimonio creíble, pero también la claridad de una idea de la Magistratura a la que debemos aspirar.

 

Cardenal Cantalamessa: “Os he dado el ejemplo”

5ª Predicación de Cuaresma

 

5ª Predicación de Cuaresma 2022 © Vatican Media

El cardenal Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ha predicado hoy, 8 de abril del 2022, el 5º sermón de Cuaresma para la Curia Romana, titulado “Os he dado el ejemplo”. El tema de las meditaciones cuaresmales de este año es “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”, una catequesis mistagógica sobre la Eucaristía.

“La nueva Pascua no comienza en el Cenáculo, cuando se instituye el rito que debe conmemorarla (se sabe que la Última Cena de Juan no es una cena “pascual”); más bien, comienza en la cruz cuando se realiza el hecho que debe ser conmemorado. Es allí donde tiene lugar el tránsito de la Pascua antigua a la nueva”, resalta el predicador sobre el relato de Juan de la Última Cena.

A continuación, sigue el texto completo de la 5ª predicación de Cuaresma de 2022, tomada de la página web oficial del cardenal Cantalamessa.

***

Nuestra meditación de hoy parte de una pregunta: ¿Por qué Juan, en el relato de la Última Cena, no habla de la institución de la Eucaristía, sino que habla, en cambio, del lavatorio de los pies? ¿Precisamente él, que había dedicado un capítulo entero de su evangelio a preparar a los discípulos para comer su carne y beber su sangre?

La razón es que en todo lo relacionado con la Pascua y la Eucaristía, Juan muestra que quiere acentuar más el acontecimiento que el sacramento, es decir, más el significado que el signo. Para él, la nueva Pascua no comienza en el Cenáculo, cuando se instituye el rito que debe conmemorarla (se sabe que la Última Cena de Juan no es una cena “pascual”); más bien, comienza en la cruz cuando se realiza el hecho que debe ser conmemorado. Es allí donde tiene lugar el tránsito de la Pascua antigua a la nueva. Por esto, subraya que a Jesús en la cruz “no le rompieron ningún hueso”: porque así estaba prescrito para el cordero pascual en el Éxodo (Jn 19,36; Ex 12,46).

El significado del lavatorio de los pies

Es importante comprender bien el significado que tiene para Juan el gesto del lavatorio de los pies. La reciente constitución apostólica Praedicate Evangelium lo menciona en el Preámbulo, como el icono mismo del servicio que debe caracterizar todo el trabajo de la Curia Romana. Nos ayuda a comprender cómo se puede hacer, de la vida, una Eucaristía y así “imitar en la vida lo que se celebra en el altar”. Estamos ante uno de esos episodios (otro es el episodio de la transfixión del costado), en los que el evangelista deja entender claramente que debajo hay un misterio que va más allá del hecho contingente que podría, en sí mismo, parecer insignificante.

“Yo —dice Jesús—, os he dado ejemplo”. ¿De qué nos dio ejemplo? ¿De cómo deben lavarse materialmente los pies de los hermanos cada vez que se sientan a la mesa? ¡Ciertamente no solo de esto! La respuesta está en el evangelio: “Quien quiera llegar a ser grande entre vosotros sea vuestro servidor, y quien quiera ser el primero entre vosotros sea esclavo de todos. En efecto, tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10,44-45).
En el evangelio de Lucas, precisamente en el contexto de la Última Cena, se recoge una expresión de Jesús que parece pronunciada al concluir el lavatorio de los pies: “¿Quién es más grande, quien está en la mesa o quien sirve? ¿No es acaso el que está en la mesa? Sin embargo, yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). Según el evangelista, Jesús dijo estas palabras porque había surgido una discusión entre los discípulos sobre cuál de ellos podía ser considerado el más grande (cf. Lc 22,24). Quizás fue precisamente esta circunstancia la que inspiró a Jesús el gesto del lavatorio de los pies, como una especie de parábola en acción. Mientras que los discípulos están todos decididos a discutir animadamente entre sí, él se levanta silenciosamente de la mesa, busca un recipiente con agua y una toalla, luego regresa y se arrodilla ante Pedro para lavarle los pies, arrojándolo, comprensiblemente, en la mayor confusión: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?” (Jn 13,6).

En el lavatorio de los pies, Jesús quiso como resumir todo el sentido de su vida, para que quedara bien impreso en la memoria de los discípulos y un día, cuando pudieran entender, entendieran: “Lo que yo hago ahora no lo entiendes, pero lo entenderás más tarde” (Jn 13,7). Ese gesto, colocado al final de los evangelios, nos dice que toda la vida de Jesús, desde el principio hasta el fin, fue un lavatorio de los pies, es decir, un servicio a los hombres. Fue, como dice algún exégeta, una proexistencia, es decir, una existencia vivida en favor de los demás.

Jesús nos dio el ejemplo de una vida gastada por los demás, una vida hecha “pan partido para el mundo”. Con las palabras: “Haced también vosotros como he hecho yo”, Jesús instituye, por lo tanto, la diakonía, es decir, el servicio, elevándolo a ley fundamental, o, mejor, a estilo de vida y a modelo de todas las relaciones en la Iglesia. Como si dijera, también con respecto al lavatorio de los pies, lo que dijo al instituir la Eucaristía: “¡Haced esto en memoria mía!”

En este momento debo hacer una pequeña digresión antes de proseguir el discurso. Un padre antiguo, el beato Isaac de Nínive, daba este consejo a quien está obligado, por el deber, a hablar de cosas espirituales a las que aún no ha llegado con su vida: “Habla de ello —decía— como quien pertenece a la clase de los discípulos y no con autoridad, después de haber humillado tu alma y de haberte hecho más pequeño que cualquiera de tus oyentes” . Este es el espíritu, Venerables padres, hermanos y hermanas, con el que me atrevo a hablaros de servicio, a vosotros que lo vivís día a día.

Recuerdo la observación en broma que nos hizo una vez el entonces Prefecto de la Congregación de la Fe, el Cardenal Franjo Seper, a los miembros de la Comisión Teológica Internacional: “Ustedes, teólogos —dijo sonriendo, —apenas habéis terminado de escribir algo inmediatamente ponéis vuestro nombre y apellido. Nosotros, en la Curia, debemos hacer todo de forma anónima”. Es una cualidad del servicio evangélico que me hace admirar y agradecer los muchos siervos anónimos de la Iglesia que trabajan en la Curia Romana, en las Curias episcopales y en las Nunciaturas.

El espíritu de servicio

Volvamos al tema. Debemos profundizar en lo que significa “servicio”, para poderlo realizar en nuestra vida y no detenernos en las palabras. El servicio no es, en sí mismo, una virtud; en ningún catálogo de las virtudes o de los frutos del Espíritu, como los llama el Nuevo Testamento, se encuentra la palabra diakonía, servicio. De hecho, incluso se habla de un servicio al pecado (cf. Rom 6, 16) o a los ídolos (cf. 1 Cor 6, 9), que ciertamente no es un buen servicio. Por sí mismo, el servicio es algo neutral: indica una condición de vida, o una forma de relacionarse con los demás en el propio trabajo, un ser dependiente de los demás. Incluso puede ser algo malo, si se hace por constricción (esclavitud), o solo por interés.
Todo el mundo habla hoy de servicio; todos dicen que están en servicio: el comerciante sirve a los clientes; de cualquiera que ejerza una tarea en la sociedad, se dice que sirve, o que está de servicio. Pero es evidente que el servicio del que habla el Evangelio es otra cosa, aunque no excluye en sí mismo, ni necesariamente lo descalifica, el servicio tal como lo entiende el mundo. Toda la diferencia está en las motivaciones y en la actitud interior con la que se realiza el servicio.

Releamos el relato del lavatorio de los pies, para ver con qué espíritu lo realiza Jesús y lo que le mueve: “Después de amar a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). El servicio no es una virtud, sino que brota de las virtudes y, en primer lugar, de la caridad; más aún, es la mayor expresión del mandamiento nuevo. El servicio es una forma de manifestarse del agápe, es decir, de ese amor que “no busca su propio interés” (cf. 1 Cor 13, 5), sino el de los demás, que no está hecho de búsqueda, sino también de entrega. Es, en definitiva, una participación y una imitación de la acción de Dios que, siendo “el Bien, todo el Bien, el Bien Supremo”, sólo puede amar y hacer el bien gratuitamente, no interesadamente.
Por eso, el servicio evangélico, al revés que el del mundo, no es propio del inferior, del necesitado, del que no tiene, sino que es propio, más bien, de quien posee, de quien está puesto en lo alto, de quien tiene. Mucho se le pedirá a quien mucho se le dio, mucho se le pedirá en términos de servicio (cf. Lc 12,48). Por eso, Jesús dice que, en su Iglesia, “el que gobierna” es sobre todo el que debe estar “como el que sirve” (Lc 22,26) y “el primero” es el que debe ser “el siervo de todos” (Mc 10,44). El lavatorio de los pies —decía mi profesor de exégesis en Friburgo, Ceslas Spicq— es “el sacramento de la autoridad cristiana”.
Junto a la gratuidad, el servicio expresa otra gran característica del agápe divino: la humildad. Las palabras de Jesús: “Debéis lavaros los pies unos a otros” significan: debéis prestaros los unos a los otros los servicios de una caridad humilde. Caridad y humildad, juntas, forman el servicio evangélico. Jesús dijo una vez: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Pero, si lo pensamos bien, ¿qué hizo Jesús para definirse a sí mismo como “humilde”? ¿Acaso escuchó hablar de sí de modo modesto o habló en modo descuidado sobre sí mismo? Al contrario: en el mismo episodio del lavatorio de los pies, él dice que es “Maestro y Señor” (cf. Jn 13,13).

Entonces, ¿qué hizo para definirse como “humilde”? ¡Se abajó, descendió para servir! Desde el momento de la encarnación, no hizo más que descender, descender, hasta ese punto extremo, cuando le vemos de rodillas, en el acto de lavar los pies a los apóstoles. Qué estremecimiento tuvo que correr entre los ángeles, al ver en semejante abajamiento al Hijo de Dios, sobre el cual ni siquiera se atreven a fijar su mirada (cf. 1 Pe 1,12). ¡El Creador está de rodillas frente a la criatura! “¡Enrojece, ceniza soberbia: Dios se abaja y tú te levantas!”, se decía san Bernardo a sí mismo . Entendida de esta manera —es decir, como un rebajarse para servir—, la humildad es verdaderamente la vía regia de parecerse a Dios e imitar a la Eucaristía en nuestra vida.

Discernimiento de los espíritus

El fruto de esta meditación debería ser una revisión valiente de nuestra vida (hábitos, tareas, horas de trabajo, distribución y uso del tiempo) para ver si realmente es un servicio y si, en este servicio, hay amor y humildad. El punto fundamental es saber si servimos a los hermanos, o, por el contrario, usamos a los hermanos. Utiliza a sus hermanos e instrumentaliza quien, quizás, se desvive por los demás, pero en todo lo que hace no es desinteresado, busca, de alguna manera, la aprobación, el aplauso o la satisfacción de sentirse, en su interior, en orden y bienhechor. Sobre este punto, el Evangelio presenta las exigencias de una radicalidad extrema: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mt 6,3). Todo lo que se hace, conscientemente y con razón, “para ser visto por los hombres”, se pierde. “Christus non sibi placuit”: ¡Cristo no buscó complacerse a sí mismo! (Rom 15,3): esta es la regla del servicio.
Para hacer el “discernimiento de los espíritus”, es decir, de las intenciones que nos mueven en nuestro servicio, es útil ver cuáles son los servicios que hacemos gustosamente y los que tratamos de evitar a toda costa. Ver, además, si nuestro corazón está dispuesto a abandonar —si se nos pide— un servicio noble, que da prestigio, por uno humilde que nadie apreciará. Los servicios más seguros son los que hacemos sin que nadie, ni siquiera los que lo reciben, se den cuenta, sino sólo el Padre que ve en lo secreto. Jesús elevó a símbolo de servicio uno de los gestos más humildes conocidos en su tiempo y que se solía confiar a los esclavos: lavar los pies. San Pablo exhorta: “No aspiréis a las cosas que son demasiado altas, sino inclinaos ante las cosas humildes” (Rom 12,16).

Al espíritu de servicio se opone el deseo de dominación, el hábito de imponer a los demás la propia voluntad y la propia forma de ver o hacer las cosas. En definitiva, el autoritarismo. A menudo, quien es tiranizado por estas disposiciones no se da cuenta en lo más mínimo del sufrimiento que causa y se sorprende al ver que otros no muestran apreciar todo su “interés” y esfuerzos e incluso se sienten víctimas. Jesús dijo a sus apóstoles que fueran como “corderos en medio de lobos”, pero ellos son, por el contrario, lobos en medio de corderos. Gran parte de los sufrimientos que a veces afligen a una familia o a una comunidad se debe a la existencia en ellas de algún espíritu autoritario y despótico que pisotea a otros y que, bajo el pretexto de “servir” a los demás, en realidad “esclaviza” a los demás.

¡Es muy posible que este “alguien” seamos precisamente nosotros! Si tenemos un poco de duda al respecto, sería bueno que interrogáramos sinceramente a quienes viven a nuestro lado y les diéramos la oportunidad de expresarse sin miedo. Si resulta que nosotros también le hacemos la vida difícil, con nuestro carácter, a alguien, debemos aceptar humildemente la realidad y repensar nuestro servicio.
Al espíritu de servicio también se opone, por otro lado, el apego exagerado a las propias costumbres y comodidades. En definitiva, el espíritu de flojera. No puede servir seriamente a los demás quien siempre intenta contentarse a sí mismos, quien hace un ídolo de su descanso, de su tiempo libre, de su tiempo. La regla del servicio sigue siendo siempre la misma: Cristo no buscó complacerse a sí mismo.
El servicio, hemos visto, es la virtud propia de quien preside, es lo que Jesús dejó a los pastores de la Iglesia, como su legado más querido. Todos los carismas, hemos visto, están en función del servicio; pero de modo muy especial lo está el carisma de “pastores y maestros” (cf. Ef 4,11), es decir, el carisma de la autoridad. ¡La Iglesia es “carismática” para servir y también es “jerárquica” para servir!

El servicio del Espíritu

Si para todos los cristianos servir significa “no vivir ya para sí mismos” (cf. 2 Cor 5,15), para los pastores significa: “no apacentarse a sí mismos”: “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deberían acaso los pastores apacentar al rebaño?” (Ez 34,2). Para el mundo, nada es más natural y justo que esto, es decir, que quien es señor (dominus) “domine”, es decir, haga de dueño. Entre los discípulos de Jesús, sin embargo, “no sea así”, sino que quien es señor debe servir. “No pretendemos ser dueños sobre vuestra fe —escribe san Pablo—, sino que, por el contrario, somos colaboradores de vuestra alegría” (2 Cor 1,24).

El apóstol san Pedro recomienda lo mismo a los pastores: “No dominéis a las personas que se os han confiado, sino haceos modelos del rebaño” (cf. 1 Pe 5,3). No es fácil, en el ministerio pastoral, evitar la mentalidad del dueño de la fe; muy pronto se insertó en la concepción de la autoridad. En uno de los documentos más antiguos sobre el ministerio episcopal (la Didascalia Siriaca) encontramos ya una concepción que presenta al obispo como el monarca, en cuya Iglesia nada se puede emprender, ni por los hombres ni por Dios, sin pasar por él.

Para los pastores, y en cuanto pastores, es a menudo en este punto donde se decide el problema de la conversión. ¡Qué fuertes y sinceras resuenan aquellas palabras de Jesús después del lavatorio de los pies: “Yo el Señor y el Maestro…!” Jesús “no retuvo ávidamente el ser igual a Dios” (Flp 2,6), es decir, no tuvo miedo de comprometer su dignidad divina, de favorecer la falta de respeto por parte de los hombres, despojándose de sus privilegios y mostrándose al exterior como un hombre en medio de los demás hombres (“semejante a los hombres”). Jesús vivió de modo sencillo; la sencillez fue siempre el principio y el signo de una verdadera vuelta al Evangelio. Es necesario imitar el obrar de Dios. No hay nada — escribe Tertuliano— que caracterice mejor el obrar de Dios, que el contraste entre la sencillez de los medios y las formas externas con que trabaja y la grandiosidad de los efectos espirituales que obtiene. El mundo necesita grandes aparatos para actuar e impresionar; Dios no.

Hubo un tiempo en que la dignidad de los obispos se expresaba con insignias, títulos, castillos, ejércitos. Eran, como se suele decir, obispos-príncipes, pero bastante más príncipes que obispos. La Iglesia vive hoy, en este punto, una época que, en comparación, nos parece dorada. Conocí a un obispo hace muchos años que encontraba natural pasar cada semana unas horas en un asilo de ancianos, para ayudar a los ancianos a vestirse y a comer. Había tomado a la letra el lavatorio de los pies. Yo mismo debo decir que he recibido de algunos prelados los mejores ejemplos de sencillez de mi vida.

Sin embargo, es necesario preservar, también en este punto, una gran libertad evangélica. La sencillez exige que no nos pongamos por encima de los demás, pero tampoco siempre y obstinadamente por debajo, para mantener, de una forma u otra, las distancias, sino que aceptemos, en las cosas ordinarias de la vida, ser como los demás. Hay personas —señala Manzoni agudamente— que tienen tanta humildad como necesitan para ponerse por debajo de las buenas personas, pero no para estar en igualdad de condiciones con ellas.

A veces, el mejor servicio no consiste en servir, sino en dejarse servir, como Jesús que, en ocasiones, también sabía sentarse a la mesa y dejarse lavar los pies (cf. Lc 7,38) y que aceptaba de buen grado los servicios que algunas mujeres generosas y afectuosas le prestaban durante sus viajes (cf. Lc 8,2-3).
Hay otra cosa que es necesario decir sobre el servicio de los pastores, y es esta: el servicio de los hermanos, por importante y santo que sea, no es lo primero y no es lo esencial; primero está el servicio de Dios. Jesús es ante todo el “Siervo de Yahvé” y luego también el siervo de los hombres. Él les recuerda esto a sus propios padres, diciendo: “¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2,49). No dudaba en decepcionar a las multitudes, que acudían a escucharle y a ser sanados, dejándolas de repente, para retirarse a lugares solitarios a orar (cf. Lc 5,16).

Incluso el servicio evangélico está amenazado hoy por el peligro de la secularización. Es demasiado fácil dar por descontado que todo servicio al hombre es servicio de Dios. San Pablo habla de un servicio del Espíritu (diakonía neumatos) (2 Cor 3,8), al que están destinados los ministros del Nuevo Testamento. ¡El espíritu de servicio debe expresarse, en los pastores, a través del servicio del Espíritu!
Quien, como el sacerdote, es llamado, por vocación, a este servicio “espiritual”, no sirve a los hermanos si les presta cien o mil otros servicios, pero descuida ese único que se tiene derecho a esperar de él y que sólo él puede dar. Está escrito que el sacerdote “está constituido para el bien de los hombres en las cosas que conciernen a Dios” (Heb 5,1). Cuando este problema surgió por primera vez en la Iglesia, Pedro lo resolvió diciendo: “No es justo que descuidemos la palabra de Dios para el servicio de las mesas… Nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra” (Hch 6,2-4).

Hay pastores que, de hecho, han vuelto al servicio de las cantinas. Se ocupan de todo tipo de problemas materiales, económicos, administrativos, a veces incluso agrícolas que existen en sus comunidades (incluso cuando se podrían dejar perfectamente en manos de otros), y descuidan su verdadero e insustituible servicio. El servicio de la Palabra requiere horas de lectura, estudio y oración. Si hay una queja general que circula hoy entre los fieles en la Iglesia, es este: la insuficiencia, el vacío, de la predicación. Muchos salen de la Misa disgustados por la homilía, secos, en lugar de enriquecidos. Debe repetirse con Isaías: “Los miserables y los pobres buscan agua, pero no hay” (Is 41,17). La gente busca pan y a menudo se les da un escorpión, es decir, palabras vacías y manidas, palabras que no saben a Dios.
Inmediatamente después de explicar a los apóstoles el significado del lavatorio de los pies, Jesús les dijo: “Conociendo estas cosas seréis bendecidos si las ponéis en práctica” (Jn 13,17). Nosotros también seremos bendecidos, si no nos contentamos con saber estas cosas —es decir, que la Eucaristía nos impulsa a servir y compartir—, sino que las ponemos en práctica, a ser posible a partir de hoy. La Eucaristía no es sólo un misterio para ser consagrado, para ser recibido y adorado, sino también un misterio para ser imitado.

Antes de concluir, sin embargo, debemos recordar una verdad que hemos subrayado en todas nuestras reflexiones sobre la Eucaristía: ¡la acción del Espíritu Santo! ¡Cuidemos de no reducir el don al deber! Nosotros no sólo hemos recibido el mandato de lavar los pies y servir al próximo: hemos recibido la gracia de poder hacerlo. El servicio es un carisma y, como todos los carismas, es “una manifestación particular del Espíritu para el bien común”, dice san Pablo (1 Cor 12, 7); “Cada uno viva según el don (¡carisma!) recibido, poniéndolo al servicio de los demás”, añade san Pedro (1 P 4,10). El don precede al deber y hace posible su cumplimiento. Esta es “la buena noticia” – el Evangelio – del cual la Eucaristía es la memoria cotidiana, viviente y consoladora.

¡Santo Padre, venerables padres, hermanos y hermanas, gracias por su amable escucha y mis más sinceros deseos de una buena Semana Santa y una feliz Pascua!

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

1.SAN ISAAC DE NÍNIVE, Discursos ascéticos, 4 (Cittá Nuova, Roma 1984) 89.
2.BERNARDO, Alabanzas a la Virgen, I, 8.
3.Cf. TERTULIANO, De baptismo, 1: CCL I, 277.
4.Cf A. MANZONI, Los novios, cap. 38 (Rialp, Madrid 2020).

 

 

PRENDIMIENTO DE JESÚS

— La traición de Judas. Perseverancia en el camino que Dios ha señalado a cada uno. La fidelidad diaria en lo pequeño.

— El pecado en la vida del cristiano. Volver de nuevo al Señor mediante la contrición, y con esperanza.

— La huida de los discípulos. Necesidad de la oración.

I. Terminada su oración en el Huerto de Getsemaní, se levantó el Señor del suelo y despertó una vez más a sus discípulos, adormilados de cansancio y de tristeza. Levantaos, vamos –les dice–; ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos1.

Se consuma la traición con una muestra de amistad: Se acercó a Jesús y dijo: Salve, Rabí; y le besó2. Nos parece imposible que un hombre que ha conocido tanto a Cristo pueda ser capaz de entregarlo. ¿Qué pasó en el alma de Judas? Porque él estuvo presente en muchos milagros y conoció de cerca la bondad del corazón del Señor para con todos, y se sintió atraído por su palabra y, sobre todo, experimentó la predilección de Jesús llegando a ser uno de los Doce más íntimos. Fue elegido y llamado para ser Apóstol por el mismo Señor. Después de la Ascensión, cuando fue necesario cubrir su vacante, Pedro recordará que era contado entre nosotros, habiendo tenido parte en nuestro ministerio3. También fue enviado a predicar, y vería el fruto copioso de su apostolado; quizá hizo milagros como los demás. Y mantendría diálogos íntimos y personales con el Maestro, como el resto de los Apóstoles. ¿Qué ha pasado en su alma para que ahora traicione al Señor por treinta monedas de plata?

La traición de esta noche debió tener una larga historia. Desde tiempos antes se hallaba ya distante de Cristo, aunque estuviera en su compañía. Permanecía normal en lo externo, pero su ánimo estaba lejos. La ruptura con el Maestro, el resquebrajamiento de su fe y de su vocación, debió producirse poco a poco, cediendo cada vez en cosas más importantes. Hay un momento en que protesta porque le parecen «excesivos» los detalles de cariño que otros tienen con el Señor, y encima su protesta la disfraza de «amor a los pobres». Pero San Juan nos dice la verdadera razón: era ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella4.

Permitió que su amor al Señor se fuera enfriando, y ya solo quedó un mero seguimiento externo, de cara a los demás. Su vida de entrega amorosa a Dios se convirtió en una farsa; más de una vez consideraría que hubiera sido mejor no haber seguido al Señor.

Ahora ya no se acuerda de los milagros, de las curaciones, de sus momentos felices junto al Maestro, de su amistad con el resto de los Apóstoles. Ahora es un hombre desorientado, descentrado, capaz de cometer culpablemente la locura que acaba de hacer. El acto que ahora se consuma ha sido ya precedido por infidelidades y faltas de lealtad cada vez mayores. Este es el resultado último de un largo proceso interior.

Por contraste, la perseverancia es la fidelidad diaria en lo pequeño; se apoya en la humildad de recomenzar de nuevo cuando por fragilidad hubo algún descamino. «Una casa no se hunde por un impulso momentáneo. Las más de las veces es a causa de un viejo defecto de construcción. En ocasiones es la prolongada desidia de sus moradores lo que motiva la penetración del agua. Al principio se infiltra gota a gota y va insensiblemente carcomiendo el maderaje y pudriendo el armazón. Con el tiempo el pequeño orificio va tomando mayores proporciones, originándose grietas y desplomes considerables. Al final, la lluvia penetra a torrentes»5.

Perseverar en la propia vocación es responder a las sucesivas llamadas que el Señor hace a lo largo de una vida, aunque no falten obstáculos y dificultades y, a veces, errores aislados, cobardías y derrotas.

Mientras contemplamos estas escenas de la Pasión hacemos examen sobre la fidelidad en lo pequeño a la propia vocación. ¿Se insinúa en algún aspecto como una doble vida? ¿Soy fiel a los deberes del propio estado? ¿Cuido el trato sincero con el Señor? ¿Evito el aburguesamiento y el apego a los bienes materiales –a las «treinta monedas de plata»–?

II. «Tampoco perdió el Señor la ocasión para hacer el bien a quien le hacía mal. Después de haber besado sinceramente a Judas, le amonestó, no con la dureza que merecía, sino con la suavidad con que se trata a un enfermo. Le llamó por su nombre, que es señal de amistad... Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? (Lc 22, 48). ¿Con muestras de paz me haces la guerra? Y aún, para moverle más a que reconociera su culpa, le hizo otra pregunta llena de amor: Amigo, ¿a qué has venido? (Mt 26, 50). Amigo, es mayor la injuria que me haces porque has sido amigo, más duele el daño que me haces. Porque si fuera un enemigo el que me maldijera, lo soportaría..., pero tú, amigo mío, mi amigo íntimo, con quien me unía un amigable trato... (Sal 54, 13). Amigo, que lo has sido y lo debías ser; por Mí puedes serlo de nuevo. Yo estoy dispuesto a serlo tuyo. Amigo, aunque tú no me quieres, Yo sí. Amigo, ¿por qué haces esto, a qué has venido?»6.

La traición se consuma en el cristiano por el pecado mortal. Todo pecado, incluso el venial, está relacionado íntima y misteriosamente con la Pasión del Señor. Nuestra vida es afirmación o negación de Cristo. Pero Él está dispuesto a admitirnos siempre en su amistad, aun después de las mayores infamias. Judas rechazó la mano que le tendió el Señor. Su vida, sin Jesús, quedó rota y sin sentido.

Después de entregarle, Judas debió de seguir con profundo desasosiego las incidencias del proceso contra Jesús. ¿En qué acabaría todo aquello? Pronto se enteró de que los príncipes de los sacerdotes habían dictado sentencia de muerte. Quizá nunca esperó una pena de tal gravedad, quizá vio al Maestro maltratado... Lo cierto es que viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata. Se arrepintió de su locura, pero le faltó ejercitar la virtud de la esperanza –que podría alcanzar el perdón– y la humildad para volver a Cristo. Podía haber sido uno de los doce fundamentos de la Iglesia a pesar de la enormidad de su culpa, si hubiera pedido perdón a Dios.

El Señor nos espera, a pesar de nuestros pecados y fallos, en la oración confiada y en la Confesión. «El que antes de la culpa nos prohibió pecar, una vez aquella cometida, no cesa de esperarnos para concedernos su perdón. Ved que nos llama el mismo a quien despreciamos. Nos separamos de Él, mas Él no se separa de nosotros»7.

Por muy grandes que puedan ser nuestros pecados, el Señor nos espera siempre para perdonar, y cuenta con la flaqueza humana, los defectos y las equivocaciones. Está siempre dispuesto a volver a llamarnos amigo, a darnos las gracias necesarias para salir adelante, si hay sinceridad de vida y deseos de lucha. Ante el aparente fracaso de muchas tentativas debemos recordar que Dios no pide tanto el éxito, como la humildad de recomenzar sin dejarse llevar por el desaliento y el pesimismo, poniendo en práctica la virtud teologal de la esperanza.

III. Emociona contemplar en esta escena a Jesús pendiente de sus discípulos, cuando era Él quien corría peligro: si me buscáis a mí, dice a quienes acompañaban a Judas, dejad marchar a estos8. El Señor cuida de los suyos.

Entonces apresaron a Jesús y le condujeron a casa del Sumo Sacerdote9. San Juan dice que le ataron10. Y lo harían sin consideración alguna, con violencia. Aquella chusma le va empujando en medio de un vocerío descortés e insultante. Los discípulos, asustados y desconcertados, se olvidan de sus promesas de fidelidad en aquella memorable Cena, y abandonándole, huyeron todos11.

Jesús se queda solo. Los discípulos han ido desapareciendo uno tras otro. «El Señor fue flagelado, y nadie le ayudó; fue afeado con salivas, y nadie le amparó; fue coronado de espinas, y nadie le protegió; fue crucificado, y nadie le desclavó»12. Se encuentra solo ante todos los pecados y bajezas de todos los tiempos. Allí estaban también los nuestros.

Pedro le seguía de lejos13. Y de lejos, como comprendería pronto Pedro después de sus negaciones, no se puede seguir a Jesús. También nosotros lo sabemos. O se sigue al Señor de cerca o se le acaba negando. «Solo nos falta cambiar un pronombre en la breve frase evangélica para descubrir el origen de nuestras propias defecciones: faltas leves o caídas graves, relajamiento pasajero o largos períodos de tibieza, Sequebatur eum a longe: nosotros le seguíamos de lejos (...). La Humanidad sigue a Cristo con desesperante parsimonia, porque hay demasiados cristianos que solo siguen a Jesús de lejos, desde muy lejos»14.

Pero ahora le aseguramos que queremos seguirle de cerca; queremos permanecer con Él, no dejarle solo. También en los momentos y en los ambientes en los que no es popular declararse discípulo suyo. Queremos seguirle de cerca en medio del trabajo y del estudio, cuando vamos por la calle y cuando estamos en el templo, en la familia, en medio de una sana diversión. Pero sabemos que por nosotros mismos nada podemos; con nuestra oración diaria, sí.

Quizá alguno de los discípulos fue en busca de la Santísima Virgen y le contó que se habían llevado a su Hijo. Y Ella, a pesar de su inmenso dolor, les dio paz en aquellas horas amargas. También nosotros hallaremos refugio en ella –Refugium peccatorum–, si a pesar de nuestros buenos deseos nos ha faltado valentía para dar la cara por el Señor cuando Él contaba con nosotros. En Ella encontramos las fuerzas necesarias para permanecer junto al Señor en los momentos difíciles, con afanes de desagravio y de corredención.

1 Mt 26, 46-47. — 2 Mt 26, 49. — 3 Hech 1, 17. — 4 Jn 12, 6. — 5 Casiano, Colaciones, 6. — 6 L. de la Palma, La Pasión del Señor, pp. 59-60. — 7 San Gregorio Magno, Hom. 34 sobre los Evangelios. — 8 Jn 18, 8. — 9 Lc 22, 54. — 10 Jn 18, 12. — 11 Mc 14, 50. — 12 San Agustín, Comentario al Salmo 21, 2, 8. — 13 Lc 22, 54. — 14 G. Chevrot, Simón Pedro, Rialp, 14ª ed., Madrid 1982, pp. 242-243.

 

Meditaciones: sábado de la 5 semana de Cuaresma

Reflexión para meditar el sábado de la 5 semana de Cuaresma. Los temas propuestos son: el engaño de las tentaciones; sentirse portadores de un tesoro; seguir a Cristo en el Calvario.

09/04/2022


DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO, los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos, puesto que este hombre realiza muchos signos? Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación» (Jn 11,47-48). Entonces Caifás, que era el sumo sacerdote, tomó la palabra: «Conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca toda la nación» (Jn 11,50). A partir de ese momento, el evangelista señala que las autoridades judías «habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba, lo denunciase, para poderlo prender» (Jn 11,57).

Los judíos llevaban ya bastante tiempo con la idea de acabar con Jesús, pero hasta ese momento no habían tomado una resolución firme. La resurrección de Lázaro les hizo tomar la decisión definitiva. Por eso, Caifás concluye que conviene que Jesús muera. Los allí presentes se convencen de haber adoptado una resolución justa, pues así evitarían que temblara la frágil paz pactada con las autoridades romanas y que las represalias acaben con el pueblo judío, aunque esta no era la verdadera razón por la que perseguían a Cristo.

Este modo de proceder refleja, de alguna manera, el proceso de toda tentación. «Generalmente actúa así: comienza con poco, con un deseo, una idea, crece, contagia a otros y, al final, se justifica»1. Y el corazón, sugestionado por la pasión, muchas veces se convence de la justicia torcida de este pensamiento. Pero el día a día del cristiano está marcado también por las inspiraciones del Espíritu Santo; Dios nos presenta numerosas ocasiones para enderezar nuestros impulsos hacia «los bienes eternos prometidos»2. Podemos pedirle al Paráclito que nos ayude a ser dóciles a sus consejos, a acoger las llamadas que nos dirige, y que nos conceda la sabiduría para no engañarnos con alguna tentación pasajera.


NO TODOS reaccionaron de igual manera al presenciar la resurrección de Lázaro. «Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él» (Jn 11,45). Aquellos que quedaron maravillados al contemplar el milagro salieron a recibir al Señor en su entrada triunfal en Jerusalén: «La gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro (...) daba testimonio. Por eso las muchedumbres le salieron al encuentro, porque oyeron que Jesús había hecho este signo» (Jn 12,17-18).

En otros momentos, Jesús había impulsado a sus discípulos a anunciar la salvación: «Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). Sin embargo, en este caso no hay palabras explícitas: lo que realiza esta gente es la consecuencia natural de haber conocido al Señor. Se sienten portadores de un tesoro, y quieren compartirlo con todos sus hermanos. Es la misma reacción de Andrés cuando encuentra a Pedro: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría»3.

«El apostolado –decía san Josemaría– (...) es una sobreabundancia de la vida interior»4. Los apóstoles atraían porque comunicaban la experiencia que habían tenido de Jesucristo: lo habían visto, tocado y oído, por lo que era natural contagiar la alegría de haberse encontrado con él. No era una tarea impuesta desde fuera, sino el impulso espontáneo de quien ha llenado su corazón con el Evangelio.


MUCHOS de los que, al ver aquel milagro, creyeron en Jesús, y que después le recibirían con vítores en Jerusalén, quizá se sintieron defraudados al presenciar su condena a muerte. Los días de júbilo parecerían ya tan lejanos. Algunos tal vez presenciaron su paso con la cruz. Y, a la hora de su muerte, solamente le acompañaron su Madre, Juan y unas pocas mujeres.

No sabemos con certeza por qué toda esta gente abandonó a Jesús. Es probable que fuera el miedo a ser identificado con él, un condenado a muerte, o bien el pensamiento de que quizá aquel hombre no era el Mesías esperado. Cristo no se había convertido en el motivo principal de su vida, y eso puede que les llevara a ocultar su admiración por el Maestro. «Es el momento para decirle a Jesucristo: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”»5.

Seguir a Cristo implica dejar la comodidad de la orilla para apasionarse en la misión de ser su testigo. El Espíritu Santo, con sus dones, nos ayuda a recorrer este camino, que incluye tanto los vítores de Jerusalén como el dolor del Calvario. La Virgen arriesgó toda su vida con aquel «sí» al ángel. Y aunque esto le acarreó muchos momentos de dolor hasta ver a su hijo morir, la seguridad de que Dios siempre triunfa le dio el mayor de los consuelos. «Con un grupo de mujeres valientes, como ésas, bien unidas a la Virgen Dolorosa, ¡qué labor de almas se haría en el mundo!»6.


Francisco, Homilía, 4-IV-2020.
Oración sobre las ofrendas, Sábado V de Cuaresma.
Francisco, Evangelii gaudium, n.1.
San Josemaría, Amigos de Dios, n.239.
Francisco, Evangelii gaudium, n.3.
San Josemaría, Camino, n.982.

 

“No rehusemos la obligación de vivir”

Te quedaste muy serio al escucharme: acepto la muerte cuando Él quiera, como Él quiera y donde Él quiera; y a la vez pienso que es “una comodidad” morir pronto, porque hemos de desear trabajar muchos años para Él y, por Él, en servicio de los demás. (Forja, 1039)

9 de abril

Os libraré de la cautividad, estéis donde estéis. Nos libramos de la esclavitud, con la oración: nos sabemos libres, volando en un epitalamio de alma encariñada, en un cántico de amor, que empuja a desear no apartarse de Dios. Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo quien vive en mí!

Se acepta gustosamente la necesidad de trabajar en este mundo, durante muchos años, porque Jesús tiene pocos amigos aquí abajo. No rehusemos la obligación de vivir, de gastarnos -bien exprimidos- al servicio de Dios y de la Iglesia. De esta manera, en libertad: in libertatem gloriae filiorum Deiqua libertate Christus nos liberavit; con la libertad de los hijos de Dios, que Jesucristo nos ha ganado muriendo sobre el madero de la Cruz.

Es posible que, ya desde el principio, se levanten nubarrones de polvo y que, a la vez, empleen los enemigos de nuestra santificación una tan vehemente y bien orquestada técnica de terrorismo psicológico -de abuso de poder-, que arrastren en su absurda dirección incluso a quienes, durante mucho tiempo, mantenían otra conducta más lógica y recta. Y aunque su voz suene a campana rota, que no está fundida con buen metal y es bien diferente del silbido del pastor, rebajan la palabra, que es uno de los dones más preciosos que el hombre ha recibido de Dios, regalo bellísimo para manifestar altos pensamientos de amor y de amistad con el Señor y con sus criaturas, hasta hacer que se entienda por qué Santiago dice de la lengua que es un mundo entero de malicia. Tantos daños puede producir: mentiras, denigraciones, deshonras, supercherías, insultos, susurraciones tortuosas. (Amigos de Dios, nn. 297-298)

 

 

Cuaresma y Semana Santa

Recursos para vivir la Cuaresma y la Semana Santa, con textos y audios del Papa Francisco y de san Josemaría; y respuestas a las preguntas más habituales.

05/04/2022

Cuaresma Semana Santa Respuestas a las preguntas más habituales sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Cuaresma

1. Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2022: “La Cuaresma — escribe el Papa Francisco — nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir”.

2. La conversión de los hijos de Dios. San Josemaría pronunció esta homilía en Cuaresma: un tiempo litúrgico en el que aconseja “mantener el alma joven, invocar al Señor, saber oír, haber descubierto lo que va mal, pedir perdón”.


3. Dos homilías más de san Josemaría: Tras los pasos del Señor, sobre el espíritu de penitencia; y Desprendimiento, sobre la virtud cristiana del desprendimiento.

4. Cuaresma: El camino hacia la Pascua. Texto para comprender el tiempo de Cuaresma dentro el Año litúrgico.

5. Respuestas a las preguntas más habituales sobre la Cuaresma.

6. Libros sobre la Cuaresma y la Semana Santa.

7. Comentarios del Evangelio

Ciclo C (2022): Evangelio del Domingo de Ramos La mujer adúltera (5º domingo) El hijo pródigo, Dios está de fiesta (4º domingo) Conversión (3º domingo) La Transfiguración (2º domingo) Tentaciones (1º domingo)

Ciclo B (2021)Evangelio del Domingo de Ramos Atraeré a todos hacía mí (5º domingo) La alegría de la redención (4º domingo) La purificación del Templo (3º domingo) Transfiguración (2º domingo) Jesús en el desierto (1º domingo)

Ciclo A (2020)Entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos) La resurrección de Lázaro (5º domingo) El ciego de nacimiento (4º domingo) Dame de beber (3º domingo) Transfiguración de Jesús (2º domingo) Tentaciones en el desierto (1º domingo)


Semana Santa, día a día

La Semana Santa es el centro del año litúrgico: revivimos en estos días los momentos decisivos de nuestra redención. La Iglesia nos lleva de la mano, con su sabiduría y su creatividad, del Domingo de Ramos a la Cruz y a la Resurrección.

∙ Semana Santa: Nos amó hasta el fin. Explicación de la liturgia de estos días.


Domingo de Ramos

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Domingo de Ramos.

∙ La lucha interior (Domingo de Ramos). Texto y audio de la homilía de san Josemaría publicada en Es Cristo que pasa.

∙ Explicación de la liturgia del Domingo de Ramos.

∙ Domingo de Ramos: Jesús entra en Jerusalén (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).


Lunes Santo

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Lunes Santo.

∙ Jesús en Betania. (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ Ejemplos de fe: Marta, María y Lázaro.


Martes Santo

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Martes Santo.

∙ ¿Cómo es nuestra fe? (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ María, modelo y maestra de fe.

∙ Simón de Cirene, Verónica y el rostro de Jesús.

∙ «Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal.


Miércoles Santo

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Miércoles Santo.

∙ Judas traiciona a Jesús (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).

∙ Nuevos Mediterráneos (III): «Desde la Llaga de la mano derecha…».

∙ La Confesión: una guía paso a paso / Las carreras de Dios (la confesión, en tiempos de confinamiento).


Jueves Santo

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Jueves Santo.

∙ La Eucaristía, misterio de fe y amor. Texto y audio de la homilía de san Josemaría sobre el Jueves Santo y publicada en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Explicación de la liturgia del Jueves Santo.

∙ Jueves santo 2018: homilía del Prelado.

∙ El mandamiento nuevo (audio y textos del fundador del Opus Dei sobre esta escena del Evangelio).

La institución de la Eucaristía (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).


Viernes Santo

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Viernes Santo.

∙ La muerte de Cristo, vida del cristiano. Texto y audio de la homilía del Viernes santo, pronunciada por san Josemaría y recogida en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Vía Crucis de San Josemaría. Catorce estaciones del libro Vía Crucis escrito por el Fundador del Opus Dei (33ª ed, 2008. Editorial Rialp). Producido por la Fundación Beta Films.

∙ Explicación de la liturgia del Viernes Santo.

∙ «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»: Cuatro imágenes sobre el misterio de la Redención.

∙ Pasión y Muerte de Jesucristo (Audios y textos del Evangelio de San Juan).

∙ Acompañar a Cristo en la Cruz (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).


Sábado Santo

∙ Meditaciones: Sábado Santo.

∙ Explicación de la liturgia del Sábado Santo.

∙ Sábado santo, día de silencio y de conversión (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN).


Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección

∙ Comentario del Evangelio.

∙ Meditaciones: Domingo de Resurrección.

∙ Explicación de la liturgia de la Vigilia Pascual.

∙ Cristo presente en los cristianos. Texto y audio de la homilía pronunciada por san Josemaría el Domingo de Resurrección de 1967, que se encuentra recogida en 'Es Cristo que pasa'.

∙ Resurrección de Jesucristo (Audio y texto del Evangelio de San Juan).

∙ La Resurrección de Jesucristo (Audio y textos de san Josemaría sobre esta escena del Evangelio)

∙ Jesús ha vencido la muerte (Audio y texto de una meditación de Mons. Javier Echevarría en EWTN)

∙ La oración del Regina Coeli.


Algunas preguntas sobre la Cuaresma y la Semana Santa

Seis preguntas clave para entender la Semana Santa.

¿Cómo fue la Última Cena? Entrevista a Bernardo Estrada, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

¿Por qué nos imponen la ceniza?

¿Por qué 40 días de Cuaresma?

¿Qué sentido tiene la mortificación cristiana? (Cuatro artículos)

¿Qué actitud mostró Jesús ante las prácticas penitenciales?

¿Qué pasó en la Última Cena?

¿Por qué condenaron a muerte a Jesús?

¿Quién fue Caifás?

¿Qué era el Sanedrín?

¿Cómo fue la muerte de Jesús?

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?


Vídeos

∙ Vídeo breve de San Josemaría: Mirar al crucifijo. Acordarse de Dios en el trabajo no siempre es fácil. Un pequeño crucifijo sobre la mesa puede ayudar a dirigir el pensamiento al Señor mientras continuamos con nuestras tareas.

Vídeo breve de San Josemaría: Alegría y dolor. Ante un revés en la vida, san Josemaría aconseja recuperar la serenidad en la oración. “En cuanto aceptes la voluntad de Dios, el dolor no es dolor, porque esa cruz la lleva Él”.

 

“Huellas de nuestra fe”: un viaje por Tierra Santa

La Fundación Saxum ha publicado una nueva edición de una guía para conocer los principales Lugares Santos. Sus autores, Jesús Gil y Eduardo Gil, sitúan los pasajes del Evangelio en sus escenarios, apoyándose en los datos de las investigaciones históricas y arqueológicas, y en los testimonios de la Tradición y la liturgia de la Iglesia.

07/02/2019

El libro “Huellas de nuestra fe: un viaje por Tierra Santa”, que puede descargarse completa o por capítulos, en la página web de la Fundación Saxum. Está disponible en castellano, inglés, francés e italiano. El libro se ha editado en formato digital (PDF, ePub y Mobi).


Los peregrinos que acudirán a Saxum disponen ya de una guía que les preparará para conocer en profundidad Tierra Santa. El libro "Huellas de nuestra fe", preparado por Jesús Gil y Eduardo Gil, recoge veintiséis artículos con unos apuntes religiosos, históricos y arqueológicos sobre los principales Lugares Santos: Nazaret, Ain Karim, Belén, Jerusalén, el río Jordán, Caná, Cafarnaún, el mar de Genesaret, Betania, Emaús...

Los textos originales aparecieron entre 2012 y 2013 en Crónica, una publicación mensual dirigida a los fieles del Opus Dei, con ocasión del Año de la fe que convocó Benedicto XVI y concluyó el papa Francisco. Se presentan ahora recopilados –con algunas adaptaciones–, bajo el patrocinio de la Fundación Saxum.

Los artículos están escritos con el deseo de que ayuden a meterse en el Evangelio, como aconsejaba san Josemaría, y participar personalmente en cada escena de modo que la Palabra de Dios resuene eficazmente en la propia vida. Por eso, además de aprovechar los datos de investigaciones históricas y arqueológicas recientes que eran de utilidad para ese fin, los autores han recurrido a los testimonios de los Santos Padres, que nos han transmitido la Tradición; al Magisterio y la Liturgia de la Iglesia; y, por supuesto, a las enseñanzas del fundador del Opus Dei y sus sucesores.

San Josemaría quiso ir en peregrinación a Tierra Santa y soñó con la puesta en marcha allí de varias iniciativas apostólicas en beneficio de la Iglesia. Sin embargo, por diversas circunstancias, no pudo ver cumplidos esos deseos. El beato Álvaro del Portillo hizo realidad aquel antiguo anhelo, recorriendo los Santos Lugares del 14 al 22 de marzo de 1994. En la madrugada del día 23, tan solo unas horas después de haber regresado a Roma, Dios lo llamó a su presencia, habiendo celebrado por última vez la Santa Misa en la iglesia del Cenáculo.

Teniendo en cuenta lo significativo que es este viaje para los fieles del Opus Dei, sus cooperadores y quienes tienen devoción al beato Álvaro, en la edición extendida de "Huellas de nuestra fe" se hacen varias referencias a lo que ocurrió durante aquellas jornadas.

La Fundación Saxum edita esta publicación para uso privado y sin ánimo comercial, y lo distribuye en formato electrónico de modo gratuito en su página web.

Quien lo desee, puede obtener copias impresas a través de varios servicios bajo demanda, que imprimen las copias por encargo. Cobran los costes de impresión y de envío (con un coste variable según las empresas y los países, con lo que es conveniente comprobar el precio final al solicitar las copias). Por el momento está disponible en castellano, en un libro de 360 páginas, (376 en su versión extendida) de 17 x 24 cm, con más de 260 fotos, mapas y gráficos a todo color.

Capítulos de “Huellas de nuestra fe”

1. Nazaret: basílica de la Anunciación. En Nazaret se venera la habitación donde la Santísima Virgen recibió el anuncio del Ángel. El beato Álvaro del Portillo celebró la Santa Misa en esa gruta.

2. Ain Karim: la patria del Precursor. La tradición localiza la casa de Zacarías e Isabel en Ain Karim, un pueblo situado a seis kilómetros de la Ciudad Vieja.

3. Belén: basílica de la Natividad. En la aldea de Belén vino al mundo Nuestro Salvador. La gruta donde nació se encuentra en la cripta de la basílica de la Natividad.

4. Belén: Campo de los pastores. En un santuario a tres kilómetros de Belén, se recuerda el lugar donde los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesús a los pastores.

5. El Templo de Jerusalén. Después del nacimiento de Jesús, cumplido el tiempo de purificación de Santa María, el Niño es presentado en el Templo.

6. Con la Familia de Nazaret. En Nazaret, en la cripta de la iglesia de San José, se conservan los restos de la casa donde la Sagrada Familia habría vivido.

7. Al otro lado del Jordán. La tradición sitúa el bautismo de Jesús nueve kilómetros al norte del mar Muerto, en la margen oriental del Jordán, cerca del camino que iba del monte Nebo a Jericó.

8. Bodas en Caná de Galilea. En Caná, un pequeño pueblo cerca de Nazaret, el Señor hizo su primer milagro: a petición de la Virgen, convirtió el agua en vino.

9. Cafarnaún: la ciudad de Jesús. Esta pequeña población en la ribera del mar de Genesaret, que Jesús eligió para residir establemente, fue el centro de su ministerio público en Galilea.

10. Tabgha: Iglesia de las Bienaventuranzas. En una ladera que domina el mar de Genesaret, un santuario recuerda el sitio donde Jesús pronunció el Sermón de la Montaña.

11. Tabgha: iglesia de la Multiplicación. En Tabgha se venera la roca sobre la que el Señor apoyó los cinco panes y los dos peces con los que dio de comer a una multitud.

12. Monte Tabor: basílica de la Transfiguración. La tradición señala el monte Tabor, en medio de la llanura de Esdrelón, como el lugar donde el Señor se transfiguró.

13. Jerusalén: la gruta del Padrenuestro. En el año 326, santa Elena hizo construir una basílica sobre la gruta venerada como el lugar donde Jesús enseñó el Padrenuestro.

14. Betania: Santurario de la Resurrección de Lázaro. Cuando Jesús iba a Jerusalén, con frecuencia se hospedaba en la casa de Marta, María y Lázaro, en Betania. Allí se visita la tumba donde enterraron a aquel amigo del Señor, antes de que lo resucitara.

15. Al ver la ciudad, lloró por ella. En la falda occidental del monte de los Olivos, el santuario del Dominus Flevit recuerda el llanto de Cristo por Jerusalén durante su entrada mesiánica, pocos días antes de la Pasión.

16. En la intimidad del Cenáculo. Según antiguas tradiciones, la sala de la Última Cena se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Vieja, sobre una colina que empezó a llamarse Sión desde la época cristiana.

17. Getsemaní: oración y agonía de Jesús. En el monte de los Olivos, al otro lado del torrente Cedrón, la tradición ha transmitido el emplazamiento de Getsemaní.

18. San Pedro in Gallicantu. Cerca del Cenáculo, se alza la iglesia de San Pedro in Gallicantu, donde algunas tradiciones emplazan la casa del sumo sacerdote.

19. Jerusalén: Vía Dolorosa. Este itinerario con catorce estaciones recuerda el camino que Jesús recorrió, cargado con la Cruz, desde el pretorio hasta el Calvario, y allí, desde que fue enclavado hasta su deposición en el Sepulcro.

20. Jerusalén: el Calvario. Las últimas cinco estaciones de la Vía Dolorosa, incluidas las del Gólgota, se encuentran en el interior de la basílica del Santo Sepulcro.

21. Jerusalén: el Santo Sepulcro. La tumba donde fue depuesto el cuerpo de Jesús, donde al tercer día resucitó, ocupa el lugar privilegiado de la basílica del Santo Sepulcro.

22. Una aldea llamada Emaús. El Señor resucitado se apareció el domingo a dos discípulos en el camino hacia Emaús. Varios lugares de Tierra Santa podrían corresponder con esta aldea.

23. Tabgha: iglesia del Primado. En un punto de la ribera del mar de Genesaret, se venera el lugar donde Jesús resucitado se apareció a los discípulos, propició la segunda pesca milagrosa y confirmó a san Pedro en el primado de la Iglesia.

24. El lugar de la Ascensión. En armonía con los relatos evangélicos, la tradición sitúa la Ascensión en la cima del monte de los Olivos, en el camino hacia Betfagé.

25. De su Asunción se alegran los ángeles. En Jerusalén, el misterio de la Asunción de la Virgen se recuerda en dos iglesias: la basílica de la Dormición, en el monte Sión, y la Tumba de María, en Getsemaní.

26. Monte Carmelo: santuario de Stella Maris. En 1994, el beato Álvaro del Portillo empezó su peregrinación a Tierra Santa en este santuario situado sobre la ciudad de Haifa, ligado al profeta Elías y al nacimiento de la Orden del Carmen.

 

 

  1. Meditaciones Semana Santa

NÚMERO DE ARTÍCULOS: 8

Meditaciones: Sábado Santo

Reflexión para meditar el Sábado Santo. Los temas propuestos son: la esperanza ilumina el Sábado Santo; los personajes que acompañan a Cristo en el abandono; María nos consuela y fortalece en los momentos difíciles.

TEXTOS ESPIRITUALES03/04/2021

Meditaciones: Domingo de Resurrección

Reflexión para meditar el Domingo de Resurrección. Los temas propuestos son: la Resurrección vuelve a encender la vida de las santas mujeres; Pedro y Juan corren hacia el sepulcro; junto a santa María en la alegría de la Resurrección.

TEXTOS ESPIRITUALES03/04/2021

Meditaciones: Viernes Santo

Reflexión para meditar el Viernes Santo. Los temas propuestos son: la Pasión de Jesús es por amor a nosotros; acompañar a Cristo en su agonía; en la Cruz encontramos nuestro refugio y nuestra salvación.

TEXTOS ESPIRITUALES02/04/2021

Meditaciones: Jueves Santo

Reflexión para meditar el Jueves Santo. Los temas propuestos son: Jesús lava los pies de sus apóstoles; Dios se nos da en la Eucaristía; actitud agradecida por la Eucaristía y por el sacerdocio.

TEXTOS ESPIRITUALES01/04/2021

Meditaciones: Miércoles Santo

Reflexión para meditar el Miércoles Santo. Los temas propuestos son: Judas fue un apóstol escogido por Jesús; la misericordia divina es más grande que nuestra debilidad; una esperanza que nos lleva a volver a Dios.

TEXTOS ESPIRITUALES30/03/2021

Meditaciones: Martes Santo

Reflexión para meditar el Martes Santo. Los temas propuestos son: la humildad que aprende san Pedro; ante nuestras debilidades y traiciones; san Pedro comprende que necesita confiar en Dios.

TEXTOS ESPIRITUALES30/03/2021

Meditaciones: Lunes Santo

Reflexión para meditar el Lunes Santo. Los temas propuestos son: María de Betania entrega todo a Jesús; nuestros gestos pueden llenar de buen olor el mundo; cuidar a Jesús en el sagrario.

TEXTOS ESPIRITUALES29/03/2021

Meditaciones: Domingo de Ramos

Reflexión para meditar el Domingo de Ramos. Los temas propuestos son: entrada del Señor en Jerusalén; el borrico está más cerca de Jesús; Comprender la lógica del reinado divino.

 

 La Pasión y Muerte en la Cruz

Jesús murió por nuestros pecados (cfr. Rm 4,25) para librarnos de ellos y rescatarnos para la vida divina.

La finalidad propia del misterio de la Cruz es cancelar el pecado del mundo.

22/12/2016

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1. El sentido general de la Cruz de Cristo

1.1. Algunas premisas

El misterio de la Cruz se encuadra en el marco general del proyecto de Dios y de la venida de Jesús al mundo. El sentido de la creación está dado por su finalidad sobrenatural, que consiste en la unión con Dios. Sin embargo, el pecado alteró profundamente el orden de la creación; el hombre dejó de ver el mundo como una obra llena de bondad, y lo convirtió en una realidad equívoca. Puso su esperanza en las creaturas y se fijó como meta falsos fines terrenos.

La venida de Jesucristo al mundo tiene como finalidad reimplantar en el mundo el proyecto de Dios y conducirlo eficazmente a su destino de unión con Él. Para ello, Jesús, verdadera Cabeza del género humano [1], asumió toda la realidad humana degradada por el pecado, la hizo suya, y la ofreció filialmente al Padre. De este modo Jesús restituyó a cada relación y situación humana su verdadero sentido, en dependencia a Dios Padre.

Este sentido o fin de la venida de Jesús se realiza con su vida entera, con cada uno de sus misterios, en los que Jesús glorifica plenamente al Padre. Cada acontecimiento y cada etapa de la vida de Cristo tiene una específica finalidad en orden a este objetivo salvador [2].

1.2. Aplicación al misterio de la Cruz

La finalidad propia del misterio de la Cruz es cancelar el pecado del mundo (cfr. Jn 1,29), algo completamente necesario para que se pueda realizar la unión filial con Dios. Esta unión es, como hemos dicho, el objetivo último del plan de Dios (cfr. Rm 8,28-30).

Jesús cancela el pecado del mundo cargándolo sobre sus hombros y anulándolo en la justicia de su corazón santo [3].

En esto consiste esencialmente el misterio de la Cruz:

a) Cargó con nuestros pecados. Lo indica, en primer lugar, la historia de su pasión y muerte relatada en los Evangelios. Estos hechos, siendo la historia del Hijo de Dios encarnado y no de un hombre cualquiera, más o menos santo, tienen un valor y una eficacia universales, que alcanzan a toda la raza humana. En ellos vemos que Jesús fue entregado por el Padre en manos de los pecadores (cfr. Mt 26,45) y que Él mismo permitió voluntariamente que su maldad (de ellos) determinase en todo su suerte (de Él). Como dice Isaías al presentar su impresionante figura de Jesús [4]: «se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca» (Is, 53,7).

Cordero sin mancha, aceptó libremente los sufrimientos físicos y morales impuestos por la injusticia de los pecadores, y en ella, asumió todos los pecados de los hombres, toda ofensa a Dios. Cada agravio humano es, de algún modo, causa de la muerte de Cristo. Decimos, en este sentido, que Jesús “cargó” con nuestros pecados en el Gólgota (cfr. 1Pt 2,24).

b) Eliminó el pecado en su entrega. Pero Cristo no se limitó a sobrellevar nuestros pecados sino que también los “destruyó”, los eliminó. Pues llevó los sufrimientos en la justicia filial , en la unión obediente y amorosa hacia su Padre Dios y en la justicia inocente , de quien ama al pecador, aunque éste no lo merezca: de quien busca perdonar las ofensas por amor (cfr. Lc 22,42; 23,34). Ofreció al Padre sus sufrimientos y su muerte en nuestro favor, para nuestro perdón: «en sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5).

2. La Cruz revela la misericordia y la justicia de Dios en Jesucristo

Fruto de la Cruz es, por tanto, la eliminación del pecado. De ese fruto se apropia el hombre a través de los sacramentos (sobre todo la Confesión sacramental) y se apropiará definitivamente después de esta vida, si fue fiel a Dios. De la Cruz procede la posibilidad para todos los hombres de vivir alejados del pecado y de integrar los sufrimientos y la muerte en el propio camino hacia la santidad.

Dios quiso salvar el mundo por el camino de la Cruz, pero no porque ame el dolor o el sufrimiento, pues Dios sólo ama el bien y hacer el bien. No quiso la Cruz con una voluntad incondicionada, como quiere, por ejemplo, que existan las criaturas, sino que la ha querido praeviso peccato, sobre el presupuesto del pecado. Hay Cruz porque existe el pecado. Pero también porque existe el Amor. La Cruz es fruto del amor de Dios ante el pecado de los hombres.

Dios quiso enviar a su Hijo al mundo para que realizara la salvación de los hombres con el sacrificio de su propia vida, y esto, dice en primer lugar mucho de Dios mismo. Concretamente la Cruz revela la misericordia y justicia de Dios:

a) La misericordia. La Sagrada Escritura refiere con frecuencia que el Padre entregó a su Hijo en manos de los pecadores (cfr. Mt 26,54), que no se ahorró a su propio Hijo. Por la unidad de las Personas divinas en la Trinidad, en Jesucristo, Verbo encarnado, está siempre presente el Padre que lo envía. Por este motivo, tras la decisión libre de Jesús de entregar su vida por nosotros, está la entrega que el Padre nos hace de su Hijo amado, consignándolo a los pecadores; esta entrega manifiesta más que ningún otro gesto de la historia de la salvación el amor del Padre hacia los hombres y su misericordia.

b) La Cruz nos revela también la justicia de Dios. Ésta no consiste tanto en hacer pagar al hombre por el pecado, sino más bien en devolver al hombre al camino de la verdad y del bien, restaurando los bienes que el pecado destruyó. La fidelidad, la obediencia y el amor de Cristo a su Padre Dios; la generosidad, la caridad y el perdón de Jesús a sus hermanos los hombres; su veracidad, su justicia e inocencia, mantenidas y afirmadas en la hora de su pasión y de su muerte, cumplen esta función: vacían el pecado de su fuerza condenatoria y abren nuestros corazones a la santidad y a la justicia, pues se entrega por nosotros. Dios nos libra de nuestros pecados por la vía de la justicia, por la justicia de Cristo.

Como fruto del sacrificio de Cristo y por la presencia de su fuerza salvadora, podemos siempre comportarnos como hijos de Dios, en cualquier situación por la que atravesemos.

3. La Cruz en su realización histórica

Jesús conoció desde el principio, y en modo adecuado al progreso de su misión y de su conciencia humana, que el rumbo de su vida lo conducía a la Cruz. Y lo aceptó plenamente: vino a cumplir la voluntad del Padre hasta los últimos detalles (cfr. Jn 19,28-30), y ese cumplimiento le llevó a «dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45).

En la realización de la tarea que el Padre le había encomendado, encontró la oposición de las autoridades religiosas de Israel, que consideraban a Jesús un impostor. De modo que «algunos jefes de Israel acusaron a Jesús de actuar contra la Ley, contra el Templo de Jerusalén y, particularmente, contra la fe en el Dios único, porque se proclamaba Hijo de Dios. Por ello lo entregaron a Pilato para que lo condenase a muerte» (Compendio, 113).

Los que condenaron a Jesús pecaron al rechazar la Verdad que es Cristo. En realidad, todo pecado es un rechazo de Jesús y de la verdad que Él nos trajo de parte de Dios. En este sentido todo pecado encuentra lugar en la Pasión de Jesús. «La pasión y muerte de Jesús no pueden ser imputadas indistintamente al conjunto de los judíos que vivían entonces, ni a los restantes judíos venidos después. Todo pecador, o sea todo hombre, es realmente causa e instrumento de los sufrimientos del Redentor; y aún más gravemente son culpables aquellos que más frecuentemente caen en pecado y se deleitan en los vicios, sobre todo si son cristianos» (Compendio, 117).

4. Sacrificio y Redención

Jesús murió por nuestros pecados (cfr. Rm 4,25) para librarnos de ellos y rescatarnos de la esclavitud que el pecado introduce en la vida humana. La Sagrada Escritura dice que la pasión y muerte de Cristo son: a) sacrificio de alianza b) sacrificio de expiación, c) sacrificio de propiciación y de reparación por los pecados, d) acto de redención y liberación de los hombres.

a) Jesús, ofreciendo su vida a Dios en la Cruz, instituyó la Nueva Alianza, es decir, la nueva forma de unión de Dios con los hombres que había sido profetizada por Isaías (cfr. Is 42,6), Jeremías (cfr. Jr 31, 31-33) y Ezequiel (cfr. Ez 37,26). El nuevo Pacto es la alianza sellada en el cuerpo de Cristo entregado y en su sangre derramada por nosotros (cfr. Mt 26,27-28).

b) El sacrificio de Cristo en la Cruz tiene un valor de expiación, es decir, de limpieza y purificación del pecado (cfr. Rm 3,25; Hb 1,3; 1Jn 2,2; 4,10).

c) La Cruz es sacrificio de propiciación y de reparación por el pecado (cfr. Rm 3,25; Hb 1,3; 1Jn 2,2; 4,10). Cristo manifestó al Padre el amor y la obediencia que los hombres le habíamos negado con nuestros pecados. Su entrega hizo justicia y satisfizo al amor paterno de Dios que habíamos rechazado desde el origen de la historia.

d) La Cruz de Cristo es acto de redención y de liberación del hombre. Jesús pagó nuestra libertad con el precio de su sangre, es decir, de sus sufrimientos y su muerte (cfr. 1Pt 1,18). Mereció con su entrega nuestra salvación para incorporarnos al reino de los cielos: «Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados» (Col 1,13-14).

5. Los efectos de la Cruz

Principal efecto de la Cruz es eliminar el pecado y todo lo que se opone a la unión del hombre con Dios.

La Cruz, además de cancelar los pecados, nos libra también del diablo, que dirige ocultamente la trama del pecado, y de la muerte eterna. El diablo nada puede contra quien está unido a Cristo (cfr. Rm 8,31-39) y la muerte deja de ser separación eterna de Dios, y queda sólo como puerta de acceso al destino último (cfr. 1Co 15,55-56).

Removidos todos estos obstáculos, la Cruz abre para la humanidad la vía de la salvación, la posibilidad universal de la gracia.

Junto con su Resurrección y su gloriosa Exaltación, la Cruz es causa de la justificación del hombre, es decir, no sólo de la eliminación del pecado y de los demás obstáculos, sino también de la infusión de la vida nueva (la gracia de Cristo que santifica el alma). Cada sacramento es un modo diverso de participar en la Pascua de Cristo y de apropiarse de la salvación que de ella proviene. Concretamente el Bautismo, nos libra de la muerte introducida por el pecado original y nos permite vivir la vida nueva del Resucitado.

Jesús es la causa única y universal de la salvación humana: el único mediador entre Dios y los hombres. Toda gracia de salvación dada a los hombres proviene de su vida y, en particular, de su misterio pascual.

6. Corredimir con Cristo

Como acabamos de decir, la Redención obrada por Cristo en la Cruz es universal, se extiende a todo el género humano. Pero es preciso que llegue a aplicarse a cada uno el fruto y los méritos de la Pasión y Muerte de Cristo, principalmente por medio de la fe y los Sacramentos.

Nuestro Señor Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (cfr. 1Tm 2,5). Pero Dios Padre ha querido que fuéramos no sólo redimidos sino también corredentores (cfr. Catecismo , 618). Nos llama a tomar su Cruz y a seguirle (cfr. Mt 16,24), porque Él «sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas» (1P 2,21).

San Pablo escribe:

a) «yo estoy con Cristo en la Cruz, y no soy yo el que vive sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20): para alcanzar la identificación con Cristo hay que abrazar la Cruz;

b) «completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo, por su Cuerpo que es la Iglesia» (Col 1,24): podemos ser corredentores con Cristo.

Dios no ha querido librarnos de todas las penalidades de esta vida, para que aceptándolas nos identifiquemos con Cristo, merezcamos la vida eterna y cooperemos en la tarea de llevar a los demás los frutos de la Redención. La enfermedad y el dolor, ofrecidos a Dios en unión con Cristo, alcanzan un gran valor redentor, como también la mortifica­ción corporal practicada con el mismo espíritu con que Cristo padeció libre y voluntaria­mente en su Pasión: por amor, para redimirnos expiando por nuestros pecados. En la Cruz, Jesucristo nos da ejemplo de todas las virtudes:

a) de caridad: «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (cfr. Jn 15,13);

b) de obediencia: se hizo «obediente al Padre hasta la muerte y muerte de Cruz» (Flp 2,8);

c) de humildad, de mansedumbre y de paciencia: soportó los sufrimientos sin evitar­los ni suavizarlos, como un manso cordero (cfr. Jr 11,19);

d) de desprendimiento de las cosas terrenas: el Rey de Reyes y Señor de los que dominan aparece en la Cruz desnudo, burlado, escupido, azotado, coronado de espinas, por Amor.

El Señor ha querido asociar a su Madre, más íntimamente que a nadie, con el misterio de su sufrimiento redentor (cfr. Lc 2,35; Catecismo, 618). La Virgen nos enseña a estar junto a la Cruz de su Hijo [5].

Antonio Ducay

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 599-618.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 112-124.

Juan Pablo II , El valor redentor de la Pasión de Cristo, Catequesis: 7-IX-1988, 28-IX-1988, 5-X-1988, 19-X-1988, 26-X-1988.

Juan Pablo II, La muerte de Cristo: su carácter redentor, Catequesis: 14-XII-88, 11-I-89.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilía La muerte de Cristo vida del cristiano, en Es Cristo que pasa, 95-101.

Diccionario de Teología, dirigida por C. Izquierdo et al., voces: Jesucristo (IV) y Cruz, Eunsa, Pamplona 2006.


[1] Es nuestra Cabeza porque es el Hijo de Dios y porque se hizo solidario con nosotros en todo excepto en el pecado (cf. Hb 4,15).

[2] La infancia de Jesús, su vida de trabajo, su bautismo en el Jordán, su predicación, ... todo contribuye a la Redención de los hombres. Refiriéndose a la vida de Cristo en la aldea de Nazaret, decía San Josemaría: «Esos años ocultos del Señor no son algo sin significado, ni tampoco una simple preparación de los años que vendrían después: los de su vida pública. Desde 1928 comprendí con claridad que Dios desea que los cristianos tomen ejemplo de toda la vida del Señor. Entendí especialmente su vida escondida, su vida de trabajo corriente en medio de los hombres: el Señor quiere que muchas almas encuentren su camino en los años de vida callada y sin brillo», Es Cristo que pasa, 19.

[3] Cfr. Col 1,19-22; 2, 13-15; Rm 8, 1-4; Ef 2, 14-18; Hb 9, 26.

[4] Los cuatro poemas dedicados al misterioso “Siervo de Jahvé” constituyen una espléndida profecía en el Antiguo Testamento de la Pasión de Cristo (Is 42,1-9; 49,1-9; 50,4-9; 52,13-53,12).

[5] Cfr. San Josemaría, Camino, 508.

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

 

CONSEJOS PARA “TUNEAR” LA MISA

(re-aprender a vivir la Misa en mejora continua 2a parte)

La 1a parte concluía con un esquema de la Misa que recogía los ritos y los signos principales que los conforman. A continuación expongo más ideas que inspiren la iniciativa; se suman a lo expuesto. Espero que estos consejos alimenten la ilusión de acudir a Misa con la determinación de renovar el amor para que sea centro y raíz de nuestra fe. Es un campo de mejora continua muy personal: “tunear” la Misa. Es decir, adaptarla a los propios gustos o intereses, personalizar la participación en el evento más importante de nuestra vida y de la Creación.

Tratar a la Trinidad

La Misa es acción trinitaria de principio a fin. El celebrante lo recuerda desde el minuto uno: “En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. A continuación, con los brazos abiertos dice: “El Señor esté con vosotros”. Jesús está vivo y está presente en la Celebración, es quien ofrece su sacrificio a Dios Padre por la acción santificante del Espíritu Santo, y nos invita a unirnos a Él. Atendamos al cierre de las oraciones: “Por Cristo nuestro Señor. Amén”; a las numerosas ocasiones que se nombra a Dios, Padre, y a Jesucristo, nuestro Señor. Son ocasiones de tratar a cada una de las divinas Personas.

Invocar al Espíritu Santo

En el esquema apuntamos los dos momentos principales, en la Plegaría eucarística: La Epíclesis sobre el pan y el vino, y sobre los que participan en la celebración. Hay otras oportunidades. El Espíritu Santo continúa la acción de Jesús Resucitado en la Iglesia. En particular, en la Liturgia de la Palabra “abre las mentes de los discípulos a la comprensión de las Escrituras” (ref. Lucas 24, 45). Pidamos esa unción espiritual. Al sentarnos para escuchar las lecturas, podemos invocarle: “Concede, Señor, a tu siervo, un corazón atento” (1 Reyes 3, 9); al signarnos en la frente, en los labios y el corazón antes del Evangelio: “Purifica mi corazón y abre mis oídos para que escuche a Jesús con fruto” o similar. Recordemos que “toda la atención prestada a la palabra de Dios por sí sola no es suficiente. Sobre ella debe descender «la fuerza de lo alto»”1, como en Pentecostés.

Otro momento es la Comunión, antes y después. Antes, mientras el sacerdote comulga o en la cola podemos actualizar la unción recibida después de la Consagración: “Prepara con tus dones, Espíritu Santo, una digna morada en mi corazón para mi Señor, que me una más a Él, que le ame”. Y al comulgar, caigamos en la cuenta de que Cristo, al entrar en nosotros, nos da el Espíritu Santo. “En la comunión Jesús viene a nosotros como quien da el Espíritu. No como quien un día, hace mucho tiempo, dio el Espíritu, sino como quien ahora, habiendo

2 consumado su sacrificio incruento en el altar, de nuevo, «entrega el Espíritu» (cf. Juan 19, 30)” .

La señal de la Cruz

Es un sí público a Dios. Un reconocimiento exterior a su inmenso amor que ha querido salvarnos en la Cruz. Un

abrazo protector que nos inunda de paz y fortaleza en su seguimiento, estrechando la cruz de cada día. Que

hagamos bien este signo sagrado, con esmero, pausada y ampliamente al comenzar y terminar la Misa. Mientras

el celebrante se dirige al altar recapacitemos... entramos en el Calvario. La procesión de entrada evoca el Vía

Crucis: Jesús cargado con la Cruz camino de la Cruz. Durante la vuelta del celebrante a la sacristía pensemos en

lo que hemos vivido: hemos sido salvados, llenos de Dios al recibirle, capacitados para ser Cristo entre los

hombres con su alegría, llamados a “poner allí donde gastemos nuestra vida honradamente, con nuestro amor, 3

la Cruz de Cristo, que atrae a Sí todas las cosas” . Que frecuentemente fijemos la mirada, con cariño agradecido, en el Crucifijo que preside el altar.

¡Amén!

Es una palabra hebrea que significa “Así sea”. Es nuestra respuesta a lo que está sucediendo. Damos nuestro sí; que sea acompañado de un intenso asentimiento, huyendo de la rutina que lo haría baldío. Son muchas las veces

1 Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, 1a predicación de Cuaresma del 2022. 2 Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, 3a predicación de Cuaresma del 2022. 3 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis ref. n.3 de la 11a Estación.

1

que pronunciamos amén, pero hay momentos especiales, con signos de admiración. El principal es el Amén a la Doxología, al final de la Plegaria Eucarística, como hemos visto en el esquema de la Misa, paso a paso. Al comenzar y terminar la Misa, junto al gesto de santiguarse. Al concluir la Oración Colecta, sobre las Ofrendas, y después de la Comunión. Al recibir al Señor, el ministro de la Comunión muestra la Hostia consagrada y nos dice: “Cuerpo de Cristo”, y afirmamos: “Amén”. San Juan Pablo II advertía una analogía de ese amen con el sí de María al anuncio de Gabriel: así como su sí fue un acto de fe en que el niño que iba a concebir era el Hijo de Dios, así nuestro amén es un acto de fe en que el que vamos a recibir es Dios encarnado en su seno, Jesucristo.

El dolor de corazón

La contemplación de la divinidad de la Misa y la pobreza de nuestra condición de pecadores nos conduce a la contrición y confesión de las culpas a quien siempre está dispuesto a perdonar. Al menos resultaremos menos indignos. Aunque Cristo estableció un sacramento específico para el perdón, necesario para reestablecer la amistad con Él cuando la hemos roto totalmente por la gravedad del pecado, la Liturgia prevé diversos momentos aptos para limpiar las faltas leves. El esquema recoge los principales. La primera purificación es el acto penitencial en los ritos iniciales. Si vamos preparados, si hemos examinado el corazón, las faltas, las que más nos han dolido, serán patentes, podremos confesarlas y pedir perdón cuando golpeemos el corazón por tres veces.

Al concluir la proclamación del Evangelio, el celebrante besa el libro, diciendo en secreto: “Las palabras del

Evangelio borren nuestros pecados” manifestando la virtud operativa de la Palabra del Señor: es luz y fuerza

cuando se acoge bien dispuesto, mueve a querer el bien y hacerlo, a odiar el mal y rechazarlo. “La Escritura

proclamada durante la liturgia produce efectos que están por encima de toda explicación humana, a la manera

de los sacramentos que producen lo que significan. Los textos divinamente inspirados también tienen un poder

4 curativo” .

En la presentación de las ofrendas aludimos al lavatorio de las manos; además del celebrante podemos pedírselo cada uno: “Señor, lávame de mi pecado”. En el rito de la Comunión hay varias ocasiones: al rezar el Padrenuestro pedimos: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”; en la Fracción del pan acudimos al Cordero de Dios rogándole: “ten piedad de nosotros”; al contemplar la Hostia presentada por el celebrante reconocemos expresamente nuestra indignidad de recibirle: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Y después de comulgar: “Señor, que estás en mi corazón, cúrame: gracias, perdón y ayúdame más”.

Las oraciones variables de la Misa5

Hay tres oraciones, cada una cierra un rito de la celebración. La Oración Colecta concluye los ritos iniciales, la Oración sobre las ofrendas el rito de la presentación de los dones, y la Oración después de la Comunión el rito de la Comunión. Están estratégicamente situadas como ayuda para elevar el espíritu y ubicarnos correctamente en la celebración. Son pequeñas joyas de maravilloso contenido, decantadas a lo largo de los siglos. Además hay dos antífonas: la de Entrada y la de Comunión. Son breves y hermosas, pensadas para ser cantadas. Si antes de asistir a Misa meditamos las oraciones variables, dispondremos nuestro espíritu y aprenderemos a dirigirnos a Dios.

Dar gracias

La Misa es una acción de gracias, de ahí su nombre: Eucaristía (en griego significa acción de gracias). También es una mímesis (en griego significa imitación) de lo que Jesús realizó en la Última Cena. “Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo... hizo lo mismo con el cáliz, diciendo...” (Lucas 22, 19- 20). Esta acción de Jesús da origen al Prefacio, justo al comienzo de la Plegaria eucarística. Es el momento de dar gracias al Padre en unión con la Iglesia entera.

4 Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, 1a predicación de Cuaresma del 2022.
5 Existen app con los textos (lecturas y oraciones) de la Misa. Pe. Missale Romanum; la misa de cada día; Magnificat.

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El prefacio es una oración con tres partes. Hay un protocolo inicial: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro” y uno final, que invita a sumarnos a la gran sinfonía del Cielo: “Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con la variada asamblea de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar...”. Y en medio hay un cuerpo que varía según sea lo que celebramos. El Misal recoge una amplia oferta según el tiempo litúrgico, las fiestas de la Trinidad y del Señor, los textos propios de la Virgen, de los ángeles y los santos (apóstoles, mártires, vírgenes, religiosos, pastores, doctores, propios), de difuntos y comunes. Cada uno nos muestra la bondad y belleza de la acción divina en la Creación y a favor de los hombres, y del fruto de la correspondencia a esos dones, la santidad: al escuchar con atención tomamos nota para hacer como ellos y damos gracias... podemos añadir interiormente algún motivo personal de agradecimiento.

La Consagración

Es el prodigioso milagro de la “Transustanciación” obrado por la fuerza de las palabras de Cristo pronunciadas en el Cenáculo por la acción del Espíritu Santo, repetidas por los sacerdotes, sus ministros, a lo largo de los siglos. Pan y vino se convierten en la realidad viva de la persona de Cristo, que resucitado está en cuerpo y alma a la derecha de Dios Padre, intercediendo por nosotros. Es un misterio. Creemos ayudados por la fe, y arrodillados adoramos al Dios que se hace presente en el Altar. El celebrante nos muestra la Hostia y el Cáliz consagrados. La Elevación es un rito que busca avivar la fe de los asistentes propiciado por el contacto visual, al modo que se aman dos personas que se quieren mirándose uno al otro. Es un modo de comunión, califiquémosla de “ocular”. Cristo nos mira y espera encontrar nuestra mirada para llenarnos de su amor.

Comento otro signo: la consagración de las dos especies. ¿Significa algo? Sí, y algo esencial. Es signo del sacrificio de Cristo en la Cruz, de su muerte salvadora. Cuerpo y Sangre están separados en el Altar, en la patena y en el Cáliz, tal y como estaba Jesús en el Calvario: el Cuerpo muerto colgado del madero y la Sangre, hasta la última gota por la lanzada en el costado, derramada. Es un modo admirable de manifestar a los sentidos el sacrificio de Cristo en la Cruz. Somos trasladados al Gólgota, asistimos a la muerte de Cristo, donde se cumple toda justicia y somos salvados. Es verdad de fe. Después de la Consagración Jesús se muestra en estado de Víctima inmolada.

Ante tanta maravilla, ¿Qué hacer? Podemos inspirarnos en los santos. El beato Álvaro del Portillo contaba cómo

san Josemaría vivía este momento: “Al elevar el Pan eucarístico y la Sangre de Nuestro Señor, repetía siempre

algunas oraciones (...). Concretamente, mientras tenía la Hostia consagrada entre las manos, decía: <Señor mío

y Dios mío>, el acto de fe de santo Tomás Apóstol. Después, inspirándose en una invocación evangélica, repetía

lentamente: <Adauge nobis fidem, spem et charitatem>; pedía al Señor para toda la Obra la gracia de crecer en

la fe, la esperanza y la caridad. Inmediatamente después repetía una plegaria dirigida al Amor Misericordioso

(...): <Padre Santo, por el Corazón Inmaculado de María, os ofrezco a Jesús, Vuestro Hijo muy amado, y me ofrezco

a mí mismo en Él, por Él, y con Él, a todas sus intenciones, y en nombre de todas las criaturas>. Después añadía

la invocación: <Señor, danos la pureza y el gaudium cum pace, a mí y a todos>, pensando, como es natural, en

sus hijos del Opus Dei. Por último, mientras hacia la genuflexión, después de haber elevado la Hostia o el Cáliz,

recitaba la primera estrofa del himno eucarístico <Adoro te devote, latens deitas>, y decía al Señor: <¡Bienvenido

al altar!>. Todo esto, repito, no lo hacía de vez en cuando, sino a diario, y nunca mecánicamente, sino con todo

6
su amor y vibración interior” . Toca a cada uno componer su guion...

El Padrenuestro

Apunto un detalle, el porqué del Padrenuestro al comenzar el rito de Comunión. En la Doxología ofrecemos el

sacrificio de Jesucristo, realizado en la Plegaria Eucarística, al Padre. Él lo acoge como Víctima propicia de

salvación del género humano. “Ahora ha pasado todo. Se ha cumplido la obra de nuestra Redención. Ya somos 7

hijos de Dios, porque Jesús ha muerto por nosotros y su muerte nos ha rescatado” . Antes de la Redención no éramos hijos de Dios, y dirigirnos a Él como Padre no sería correcto. Ahora sí... y nos atrevemos a rezar la oración dominical (no del domingo sino del Señor, dominus). Dios es verdaderamente padre, nos ama con ternura y nos da a su Hijo, que acaba de recibir, como alimento en Comunión. Qué gran revelación y qué gran consuelo.

6 Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el fundador del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 137-138. 7 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis estación XIV.

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La Comunión

Sin duda es otro instante especialísimo que hemos de procurar vivir bien, en la medida que se pueda. Su preparación cabe empezarla en remoto, despertando el deseo de recibirle repitiendo muchas veces la Comunión espiritual8 la noche y las horas que preceden a la Misa. Ya en Misa, la propia ceremonia nos facilita la preparación próxima, intensificada en el rito de Comunión, incluida la cola al acercarnos a comulgar.

Al recibirle nos unimos a Él, es una entrega mutua, recíproca. Jesús espera que nos demos a Él, que sea una real

común-unión. “Deseo unirme a las almas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija mía, que

cuando llego a un corazón en la santa Comunión tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas

al alma, pero las almas ni siquiera me prestan atención. Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. ¡Oh qué triste

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es para Mí que las almas no reconozcan al Amor! ¡Me tratan como a una cosa muerta!” . Esta confidencia de

Jesús a santa Faustina nos presenta el dolor inmenso de Cristo por el descuido con que es recibido. La educación del corazón en la acción de gracias por la Comunión es parte importante de la Misa. Disponemos de oraciones10 con solera que nos enseñan a tratarle bien; sin reducir esos minutos de presencia del Señor en nuestra alma11 a la petición, Jesús espera actos de amor, de fe, de reparación, de agradecimiento, de adoración...

La ayuda de la Virgen

En el Calvario vemos a Juan y las santas mujeres, ¿por qué no huyeron como los demás? Posiblemente se vieron arrastrados por la Virgen, que quiso estar junto a su Hijo al pie de la Cruz; no pudieron abandonarla. Allí Jesús

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nos dio a su madre por madre para beneficio nuestro. Es lo que sucede en cada Misa
viviremos la Misa en mejora continua, como desea Jesús. María es la primera discípula, modelo. Recurramos a ella: “Madre mía, ayúdame a estar en la Misa con los mismos sentimientos que tuviste Tú al pie de la Cruz. Enséñame a querer a tu Hijo, y a participar en tan sagrados misterios con dignidad, piedad y devoción. ¡Ángel Custodio, que no me distraiga!”. Pidámosle que nos alcance del Espíritu Santo la gracia de recibir a Jesús “con su pureza, humildad y devoción”. Nadie como su madre ha tratado a Jesús con más amor al tenerle en el alma.

Merece la pena vivir la Misa en mejora continua

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alto” y siempre nos quedaremos cortos. “¿Sabes qué es la Misa? Un diluvio de gracias que parte de la Cruz, un

“El valor de una Misa, ¿cuánto puede valer? No lo dio Dios a hombre esto poder entender”

. Podemos “tirar por

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El demonio está empeñado en que el cristiano abandone la santa Misa o, si asiste, lo haga cada vez con menor fruto. Por desgracia sus logros no son pequeños. Que no ocurra en nuestro caso. Confío que esta charla sirva de revulsivo. Nos lleve a re-aprender a vivir la Misa en mejora continua y participar en ella cuanto más posible; ojalá podamos organizarnos para que sea diariamente. Y procuremos ayudar a los demás, empezando por la familia, a valorar la Misa y vivir de ella. Merecen la pena estos propósitos.

8 La devoción nos proporciona diversas fórmulas. https://es.wikipedia.org/wiki/Comuni%C3%B3n_espiritual
9 Santa Faustina Kowalska, Diario n. 1385.
10 Puedes encontrar algunas en https://www.aciprensa.com/Oracion/breves.htm
11 Mientras el pan permanece en el organismo Cristo está; el cuerpo tarda alrededor de 10 minutos en hacerlo desaparecer. Es un periodo singular para tratar a Jesús con amor, con cuidados. Es la acción de gracias por el don mayor que podemos recibir.

12 San Juan Pablo II, ref. encíclica La Iglesia vive de la Eucaristía capítulo VI: En la escuela de María, mujer “eucarística”. 13 Gonzalo de Berceo, primer poeta en lengua castellana con nombre conocido (siglo XIII).
14 Thámer Toth, La eucaristía p. 101.

Gólgota siempre presente”
el mundo una acción mayor que la celebración de una Misa y por eso el demonio ha procurado siempre quitar del mundo la Misa”. Cada Misa es el acto más perfecto de amor. Nada de lo que podamos hacer por Dios en esta tierra, ni siquiera dar la vida, es comparable a la Misa. El mundo está sostenido por la Misa. Apreciemos el mayor regalo de Dios a los hombres. Nada hay más valioso que participar en ella.

. San Alfonso María de Ligorio decía que “Dios mismo no puede hacer que haya en

. Si acompañamos a María

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Lo más alto en la vida es la aceptación del sufrimiento

En la Ultima Cena, Nuestro Señor Jesucristo da la Comunión a sus Apóstoles

Nuestro Señor nos dio el ejemplo de la aceptación entera del dolor y nos enseñó el papel que este tiene en la vida del hombre. El hombre nació para dar gloria Dios, antes que nada sufriendo. Esta es la idea rectrix, fundamental en la formación del verdadero católico.

Para saborear bien los acontecimientos que el Evangelio narra, en un lenguaje tan simple, deberíamos imaginar el estado de espíritu de Nuestro Señor Jesucristo, y las disposiciones del Sagrado Corazón de Jesús en aquellas situaciones.

La tristeza de Nuestro Señor en la Ultima Cena

Contenidos

La Última Cena, por ejemplo, fue triste para El a dos títulos. En primer lugar, porque veía la Pasión que se acercaba y de la cual tenía perfecto conocimiento. También era triste por la situación lamentable de los Apóstoles. En muchos momentos de la narración de la Ultima Cena vemos que aparecen manifestaciones de la mediocridad de los Apóstoles, de su insuficiencia. La infidelidad de los apóstoles, el fracaso de la obra que Nuestro Señor que había comenzado con ellos, debería herir al Sagrado Corazón de Jesús más que la lanza de Longinos.

Es decir, llegado el fin, Nuestro Señor les da la mayor manifestación de su amor hasta aquel momento, que era instituir la Eucaristía y darse a Sí mismo como alimento, y siente que aquellas almas reciben ese don incomparable con aquella frialdad que nosotros vemos.

El valor del sufrimiento

El quiso que los hombres viesen todo Su sufrimiento, para que cada hombre tuviese el coraje para cargar su propio sufrimiento.

Relieve del Descendimiento de Nuestro Señor, en el monasterio de Silos, España. Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre Santísima.

Si Dios hubiese pasado por la tierra y sólo hubiese sufrido un poco y derramado una sola gota de sangre, estaríamos igualmente redimidos. Pero la lección de la conformidad con el dolor, la lección de la aceptación del sufrimiento como siendo lo más alto de la vida – no un desastre en la vida, no un estorbo en la vida, no algo que no debería haber sucedido, que uno no comprende – el camino necesario para que el hombre llegue hasta donde debe llegar, el camino por el cual el hombre se dirige hacia la realización de su propio destino.

Es decir, cada uno de nosotros nació para cargar una cruz; nació para pasar por un Huerto de los Olivos; nació para beber un cáliz; nació para tener sus horas de agonía, en las que dice a Dios Nuestro Señor: «Padre mío, si es posible apartad de mí este cáliz, pero hágase Vuestra voluntad y no la mía». La idea, el ejemplo de que el dolor representa esto en la vida del hombre y que el hombre nació para dar gloria Dios, antes que nada sufriendo. Esta idea rectrix, fundamental en la formación del verdadero católico, no la tendríamos si no fuese presentada por un ejemplo, por el más sublime, por el más arrebatador de los ejemplos, que es Nuestro Señor Jesucristo muriendo en la Cruz.

¿Qué actitud tenemos ante el sufrimiento?

Una idea rechazada por el mundo de hoy

Y aquí tenemos un contraste con el espíritu moderno y sobre todo con el espíritu del mundo. Según éste, el hombre vino a esta tierra para tener éxito, y la finalidad del hombre en la Tierra es tener salud, enriquecerse, gozar de la vida y morir bien tarde, cuando no haya más remedio, teniendo durante toda la vida la mayor cuota posible de seguridad. De manera tal que incluso, no digo ya el sufrimiento, sino el miedo del sufrimiento, no lo asalte. Bien esta mentalidad es pagana por esencia. Calcular la vida así, es entenderla como un pagano.

La formación católica que no prepare para el sufrimiento y para el dolor es una formación que se burla de Nuestro Señor Jesucristo, cuya vida fue centrada en esta hora suprema de sufrimiento y de dolor. Y esto nos obliga a volvernos hacia nosotros mismos y preguntarnos cómo es que nosotros enfrentamos los sufrimientos de nuestra vida, de los cuales el mayor ‒no se tenga ninguna duda‒ es nuestra propia santificación, porque no hay santificación que no venga acompañada de dolor.

Nuestra actitud frente al sufrimiento

Bien, entonces la pregunta es esta: ¿cómo miramos el sufrimiento de nuestra vida? ¿Cómo miramos el dolor que nuestra santificación causa? Es decir, ¿combatimos nuestros malos impulsos que, como consecuencia del pecado original y de nuestras malas acciones, vienen de la profundidad de nuestro ser? ¿Qué hacemos, no sólo para reprimir los malos impulsos, sino para practicar las virtudes opuestas a esos impulsos? ¿Cómo hacemos para aceptar nuestras limitaciones? Ya sean limitaciones de inteligencia, limitaciones físicas de todo tipo, ya sean limitaciones sociales: falta de posición, de fortuna, de simpatía personal, etc.

¿Cómo la persona acepta tener poca gracia? Todo esto hace parte de la cruz del hombre, cada uno tiene la suya. Y es aquí que nos fue enseñado por el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo el papel fundamental del sufrimiento. No fue posible al Padre Eterno atender Su oración, y una de las razones es porque El quiso que los hombres tuviesen su ejemplo.

El amor a nuestra propia cruz

¡Esto es cuanto costó a Nuestro Señor ese ejemplo! Por lo tanto nosotros debemos amar nuestra cruz y debemos meditar sobre este punto.

Por último, nos deja un consejo extremamente útil para nosotros: «vigilad y orad para no caer en tentación, porque el espíritu está presto, pero la carne es débil». Bellas ideas, bellos proyectos, es fácil concebirlos… viene después la carne, es decir, nuestras malas tendencias que necesitan ser vencidas; y entonces, ¿cómo actuamos?

 

Ante las horas oscuras. Para construir la paz

Escrito por José Martínez Colín.

El papa Francisco afirma que la Iglesia está llamada a interceder ante el Príncipe de la paz y a estar cerca de cuantos sufren en carne propia las consecuencias del conflicto.

1) Para saber

“No necesitamos armas y bombas para llevar la paz, necesitamos amor y compasión”, decía la santa Madre Teresa de Calcuta. El pasado 25 de marzo el papa Francisco consagró al Inmaculado Corazón de María a Rusia y Ucrania. El Santo Padre pidió la intercesión de la Virgen María por la paz ante la presencia de 2,000 personas y de muchas más que siguieron la transmisión de la ceremonia.

“No se trata de una fórmula mágica, sino de un acto espiritual, aseguró el papa, es el gesto de la plena confianza de los hijos que, en la tribulación de esta guerra cruel e insensata que amenaza al mundo, recurren a la Madre, depositando en su Corazón el miedo y el dolor, y entregándose totalmente a ella”.

El papa afirma que la Iglesia, en esta hora oscura, está llamada a interceder ante el Príncipe de la paz y a estar cerca de cuantos sufren en carne propia las consecuencias del conflicto. Tarea que corresponde a cada bautizado que ha de unirse en la oración y en la ayuda al necesitado.

2) Para pensar

Un mes después de que comenzó la invasión de Rusia a Ucrania, más de tres millones de mujeres y niños han tenido que abandonar su país. Una decisión nada fácil ni sencilla: tan sólo pueden llevar una pequeña maleta. A veces tienen que esperar en la frontera durante 25 horas a bajas temperaturas. Les fueron bombardeadas sus casas y destruidas sus ciudades, obligándoles a huir, pero gracias a su fe han podido resistir.

Una de ellas Natalia, tan sólo llora cuando saca la foto de su esposo, Sergey, que está en Ucrania en el frente. Asegura que esa foto es lo más valioso que lleva con ella y que la guardará hasta que se reencuentre con él. Otra es Alina, que lleva consigo el último regalo que le hizo su padre: un pequeño bolso, que le recuerda momentos felices en familia. Vyra, a su vez, tuvo que soportar en la frontera de pie una larga fila con temperaturas bajo cero. Ella asegura que pudo mantenerse fuerte porque “sabía que Dios estaba conmigo… He sido capaz de superar el miedo, la tristeza, el cansancio porque sabía que Dios estaba conmigo y me ayudaba. Sé que podré salir adelante porque Él me ayuda”.

3) Para vivir

Es complejo el conflicto internacional, pero si queremos que el mundo cambie, dice el papa Francisco, “primero debe cambiar nuestro corazón. Para que esto suceda, dejemos que la Virgen nos tome de la mano. Contemplemos su Corazón Inmaculado… Ella es la ‘llena de gracia’; y, por tanto, vacía de pecado; en ella no hay rastro del mal y por eso Dios pudo iniciar con ella una nueva historia de salvación y de paz”. El papa desea que también nosotros llamemos a la puerta de ese Corazón para ser renovados por el perdón de Dios. Y, poniendo el ejemplo, el papa acudió a confesarse.

Como decía la santa Madre de Calcuta: “La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias”. Necesitamos acudir a la fuerza sabia y apacible de Dios, que es el Espíritu Santo. Que el Espíritu de amor disuelva el odio, apague el rencor, extinga la avidez y nos despierte de la indiferencia.

 

Preparémonos para vivir la Semana Santa intensamente en familia

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Si vivimos la Semana Santa solo hacia afuera, la estaremos viviendo incompleta, ya que la parte espiritual es muy importante.

Estamos a días de vivir la semana mayor de este año y debemos prepararnos para llegar lo mejor posible, tomando en cuenta que es la primera que podremos vivir más intensamente y de forma presencial.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para vivir la Semana Santa intensamente en familia.

PRIMERO. Aún estamos a tiempo para recibir el sacramento de la reconciliación.
La Santa Madre Iglesia nos pide que nos confesemos aunque sea una vez al año y no hay mejor tiempo que la cuaresma para hacerlo, sobre todo porque estamos viviendo un tiempo de arrepentimiento y conversión.

De preferencia haz un examen de conciencia, anota tus faltas y busca la confesión lo más pronto posible para que estés listo para vivir la Semana Santa.

SEGUNDO. Revisa los horarios de los oficios en tu parroquia.
Como ya sabemos, los horarios de esta semana no son normales. Los oficios tienen horarios específicos y también una secuencia fija por lo que es imposible tener varios horarios del mismo oficio, así que es importante que lo tengamos en cuenta.
Además, recuerda que no en todas las parroquias son a la misma hora.

TERCERO. Haz un plan familiar
Aún, estamos a tiempo para acomodar nuestros horarios tomando en cuenta a todos los miembros de la familia y sus ocupaciones y sobre todo, poniendo en el centro los horarios de los oficios.

Es importante tomar en cuenta que a veces nos podemos encontrar con que hay mucha gente, así que hay que prever llegar con tiempo para encontrar estacionamiento y lugar donde más nos acomode para vivir cada oficio lo más intensamente posible.

Este plan familiar también incluye los tiempos en casa, por lo que debemos realizar acciones coherentes con el tiempo que estamos viviendo. Por eso la Semana Santa es propicia para la reflexión y la lectura de la Biblia en los Evangelios que nos narran la Pasión y muerte de Jesús, así que sería muy bueno que programáramos tiempos para esta actividad con nuestra familia.

CUARTO. Si tienes niños pequeños, inclúyelos
Sé que la Semana Santa es algo complicada para los niños pequeños, pero es necesario que ellos la vivan desde temprana edad para que conozcan y comprendan que Jesús padeció la cruz y murió por nosotros para ganarnos el cielo con su Resurrección.

Para ellos podemos preparar material didáctico, dibujos, tarjetas o bajar de internet actividades que ya existen para que lo vivan a su nivel y si nosotros les acompañamos contándoles con palabras sencilla lo que pasa en cada oficio, lo podrán vivir mejor.

Es necesario tener en cuenta que nuestros hijos tienen periodos de atención más cortos, dependiendo de su esta, por lo que hay que prever estar cerca de la puerta para salir al atrio, de ser necesario, y así lograr que los oficios sean agradables para los pequeños y nosotros poder vivirlos sin estrés y en paz.

Y QUINTO. Que todo el ambiente familiar te invite a la oración.
Si vivimos la Semana Santa solo hacia afuera, la estaremos viviendo incompleta, ya que la parte espiritual es muy importante. Es necesario ir acogiendo en el corazón el camino que Jesús vivió por nosotros para acompañarlo espiritualmente.

Te quiero hacer una propuesta, intenta vivir esta Semana Santa por los ojos de alguno de los personajes que participaron directamente en ella, por ejemplo, por los ojos de la Virgen María, por los ojos de Juan, por los ojos de María Magdalena y así tratar de pensar y sentir como ellos lo hicieron y sobre todo tratar de acompañar a Jesús como ellos lo hicieron.

En la medida de lo posible, evita fiestas, para vivir cada día con intensidad espiritual y el domingo de Pascua prepara una gran fiesta familiar pues debemos celebrar que Jesús nos ha ganado la salvación eterna con su Resurrección.

Recuerda que aún debemos seguir las recomendaciones que protección civil nos hace como el uso del cubrebocas, por lo que es bueno que tomemos en cuenta llevar agua para hidratarnos, ya que en muchas ocasiones el calor dentro de los templos es mucho y el tiempo que pasamos en cada oficio es largo.

¿Quién ha dicho que no se puede vivir la Semana Santa intensamente y en familia?

 

Se completa la secuenciación del genoma humano

Una visión gen-ética

Laboratorio © Pixabay

Jaime Millás, licenciado en Ciencias Biológicas y Ciencias de la Educación, experto en Dirección de Instituciones Educativas y doctor en Bioética, ofrece este artículo sobre la secuenciación del genoma humano.

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Se acaban de publicar en las páginas de Science seis estudios en los que cerca de 100 investigadores unidos al consorcio Telomere-to-Telomere (T2T), dirigido por Adam Phillippy, del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano y Karen Miga, de la Universidad de California en Santa Cruz, han obtenido la secuencia completa de un genoma humano. Esta investigación constituye un acontecimiento de gran relieve.

Recordemos que hace 21 años se hizo pública la secuenciación del genoma humano en dos versiones: la del consorcio público “Proyecto Genoma Humano” (PGH) y la de la compañía privada “Celera Genomics”. Aunque ciertamente supuso un gran logro, quedaba por conocer una parte no despreciable del ADN.

La versión que hoy utilizan laboratorios del mundo entero es la GRCh38, que parte de la secuenciación inicial del PGH. Esta versión tiene millones de bases (las letras del ADN) que no se han secuenciado, es decir se desconoce qué bases se encuentran en esas posiciones.

Además, hay importantes regiones, como los centrómeros (la parte central de los cromosomas) con fragmentos secuenciados muy repetidos que no se han terminado de ensamblar correctamente. Todo esto supone alrededor de un 8% del genoma. Ahora el consorcio T2T las ha secuenciado, lo que añade 200 millones de nucleótidos, casi un cromosoma completo, a la nueva versión del genoma humano, que han denominado T2T-CHM13.

Adam Phillippy, codirector del proyecto declara que estamos ante “un nuevo cofre del tesoro de variantes que podemos estudiar para ver si tienen un significado funcional. En el futuro, cuando se secuencie el genoma de alguien, podremos identificar todas las variantes en su ADN y usar esa información para guiar mejor la atención médica”. También la codirectora Karen Miga contempla expectante “la próxima década de descubrimientos sobre estas regiones que se acaban de revelar”.

El genoma secuenciado ahora, y que servirá como referente, tiene su procedencia en lo que se denomina mola hidatiforme, que aparece cuando el óvulo pierde su núcleo y es fecundado por el espermatozoide. Esto hace que no se dé lugar a un nuevo ser humano y que las células cuenten con dos copias idénticas de cada cromosoma al provenir sólo del padre.

A partir del nuevo descubrimiento se han identificado secuencias que podrían estar relacionadas con proteínas hasta ahora desconocidas. También servirá para avanzar en los estudios sobre evolución y para encontrar las causas de diversas patologías.

Este tipo de avances científicos es algo muy positivo, pero conviene, al mismo tiempo, no olvidar las cuestiones bioéticas que de ellos se derivan. Recordemos que, en 1990, cuando comenzó el PGH, el NHGRI (National Human Genome Research Institute) de los EE. UU. tomó la decisión de crear un programa que se encargara de estudiar los aspectos beneficiosos y los potenciales riesgos de la información obtenida. Lo que dio lugar a un proyecto paralelo llamado ELSI (Ethical, Legal and Social Implications): esto constituyó una iniciativa sin precedentes en las investigaciones biomédicas para examinar, evaluar y hacer uso efectivo y ético del conocimiento obtenido sobre nuestro genoma[1].

Como puntos concretos, el Programa E.L.S.I. se refiere a lo siguiente:

– La privacidad y confidencialidad de la información genética.

– La imparcialidad en el uso de la información genética por parte de compañías de seguros, contratos de empresas, jueces, escuelas, agencias de adopción, militares, …

– El impacto psicopatológico, estigmatización y discriminación debido a las diferencias genéticas individuales.

– Las implicaciones en aspectos reproductivos, incluyendo el consentimiento informado y el uso de la información genética relacionada con la reproducción.

– Las implicaciones clínicas, incluyendo la educación de los médicos y personal comprometido en la salud, la identificación de personas con determinada condición genética, y en general sobre las capacidades, limitaciones y riesgos sociales e implementación de medidas de control.

En lo que se refiere al uso y las implicaciones del conocimiento del genoma humano, se han emitido varias declaraciones y documentos que, de alguna manera, pueden considerarse como una guía ética. Son éstos:

– El Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, Convenio de Oviedo, aprobado a instancias del Consejo de Europa en Oviedo el 4 de abril de 1997, en cuyo Apartado IV se trata el genoma humano.

– La Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos de la UNESCO, aprobada en París del 11 de noviembre de 1997.

– La Declaración Internacional sobre los datos genéticos humanos, aprobada en París del 16 de octubre de 2003.

El componente común de reflexión de todas estas declaraciones es el valor de la vida humana, para la que se recomienda el respeto inherente a su dignidad.

En los dos primeros Artículos de la Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos se hace un buen resumen:

Art.1.- “El genoma humano es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia humana y del reconocimiento de su dignidad intrínseca y su diversidad. En sentido simbólico, el genoma humano es el patrimonio de la humanidad”.

Art. 2.- (a) “Cada individuo tiene derecho al respeto de su dignidad y derechos, cualesquiera que sean sus características genéticas”(b) “Esta dignidad impone que no se reduzca a los individuos a sus características genéticas y que se respete el carácter único de cada uno y su diversidad”.

Posteriormente, en la misma Declaración se insiste en esta idea: Art.10.-

“Ninguna investigación relativa al genoma humano ni sus aplicaciones, en particular en las esferas de la biología, la genética y la medicina, podrán prevalecer sobre el respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana de los individuos o, si procede, de los grupos humanos”.

Ahora que incluso se llega a introducir la edición genética en células germinales pretendiendo “mejorar” la propia naturaleza humana, conviene repasar estos documentos y poner de relieve el respeto a la persona, a su naturaleza y a su dignidad.

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[1] J. E. McEwen y otros, «The Ethical, Legal, and Social Implications Program of the National

Human Genome Research Institute: Reflections on an Ongoing Experiment», Ann. Rev. Genomics

Hum. Genet.15 (2014) 481-505.

 

Ramón Salaverría, profesor de la Universidad: "Los bulos se propagan como los virus, a través de las personas más queridas"

Se presenta un estudio sobre la desinformación en salud en la sede de la Fundación BBVA (Madrid), que ha financiado el proyecto de investigación “RRSSalud”


FotoBBVA/Ramón Salaverría, Patricia Fernández de Lis, Ignacio López Goñi y Coral Larrosa, participantes en la jornada de presentación del estudio "RRSSalud"

08 | 04 | 2022

“Los bulos se propagan como los virus: a través de las personas más queridas, por medio de la redes sociales y aplicaciones de mensajería, que diseminan interpretaciones personales y erróneas sobre cuestiones de salud. Estamos ante la pandemia de las mentiras, la otra gran enfermedad de la sociedad actual”. Así lo afirmó el catedrático de Periodismo de la Universidad de Navarra y director del proyecto de investigación “RRSSalud” Ramón Salaverría, durante la presentación de un estudio sobre desinformación en salud. 

El proyecto ha sido realizado en los dos últimos años por investigadores de la Universidad de Navarra y del Barcelona Supercomputing Center, gracias al apoyo del programa de Ayudas a Equipos de Investigación Científica de la Fundación BBVA en el área de Economía y Sociedad Digital.

Ciencia para ser más libres

En el acto, que se celebró en la sede de la Fundación BBVA, en Madrid, también intervino Ignacio López-Goñi -catedrático en microbiología de la Universidad de Navarra, científico divulgador e investigador del grupo-, quien destacó que “esta pandemia ha dejado en evidencia la importancia de la divulgación científica, una tarea necesaria y que debe hacerse con responsabilidad, rigor, claridad y transparencia, para contribuir así a la cultura científica de las personas, que hará que todos los ciudadanos seamos menos manipulables, más libres y que, en definitiva, podamos vivir en una sociedad más democrática”.

Las periodistas Patricia Fernández de Lis y Coral Larrosa completaron el coloquio que se desarrolló tras la presentación. La primera, redactora-jefa de Ciencia en el diario El País, y la segunda, periodista especializada en ciencia y salud en informativos Telecinco y vicepresidenta de la ANIS (Asociación Nacional de Informadores de Salud). Ambas destacaron el tiempo dedicado durante la pandemia a informarse bien, contrastar y recurrir a personas e instituciones de referencia para informar con la mayor veracidad posible.

Ramón Salaverría, catedrático de Periodismo de la Universidad de Navarra y director del proyecto de investigación “RRSSalud” FOTO: Cedida

Dos años de investigación sobre información falsa de salud

El equipo de RRSSalud ha trabajado en este proyecto desde marzo de 2020 hasta abril de 2022. En estos dos años, ha investigado la tipología y las dinámicas de diseminación de información falsa sobre salud en las redes sociales en España durante los primeros meses de la pandemia. Para ello han analizado unos 530 artículos de verificación de bulos publicados por las plataformas Maldita, Newtral y EFE Verifica −entonces las tres únicas organizaciones de verificación españolas que habían obtenido la acreditación de IFCN, principal sello internacional de calidad de los fact-checkers−, con la ayuda de técnicas de big data implementadas con el Barcelona Supercomputing Center, el Centro Nacional de Supercomputación.

Además de la producción de científica, que se ha traducido en al menos cinco artículos en revistas científicas, el grupo ha elaborado material divulgativo, que está disponible en la web una guía práctica denominada “Mentiras contagiosas” que analiza la cuestión y realiza recomendaciones prácticas a la ciudadanía para no dejarse engañar por los bulos; un canal de podcasts y un “test express” que permite identificar el nivel de fragilidad personal ante la desinformación. 

El proyecto RRSSalud ha servido de base para una investigación internacional de mayor escala, IBERIFIER,  concedida al grupo del profesor Salaverría por la Comisión Europea en 2021 con un presupuesto de 1,47 millones de euros. En IBERIFIER la Universidad de Navarra dirige un consorcio de 23 instituciones de España y Portugal, entre ellas el BSC-CNS. Su finalidad es “explorar hasta qué punto la desinformación permea también el ecosistema de los medios periodísticos digitales, que en España alcanza actualmente casi 3.000 títulos, o si, por el contrario, estos medios funcionan como diques o sistemas de alarma frente a esa desinformación”, explicó Salaverría. Para lograr este objetivo, los investigadores aplicarán métodos de inteligencia artificial y big data.

 

Los nuevos valores en el mundo tecnológico: de la verdad al bien

 

Escrito por Javier Echeverría

Publicado: 06 Abril 2022

 

1.        Introducción

Hilary Putnam publicó en 1981 el libro Reason, Truth and History [1], que supuso un giro importante en el tratamiento que los filósofos de la ciencia han solido hacer de los valores. Ya en el Prefacio, Putnam afirmaba que “una de las finalidades de mi estudio acerca de la racionalidad es ésta: tratar de mostrar que nuestra noción de racionalidad es, en el fondo, solamente una parte de nuestra concepción del florecimiento humano, es decir de nuestra idea de lo bueno. En el fondo, la verdad depende de lo que recientemente se ha denominado «valores» (capítulo 6)” [2]. Si comparamos esta tesis con la tradición empirista y positivista, basada en la estricta separación entre la ciencia y los valores, vemos hasta qué punto se está viniendo abajo otro dogma del positivismo: el de la neutralidad axiológica de la ciencia [3]. Antes que él, Kuhn había afirmado la existencia de valores permanentes en la ciencia (precisión, rigor, amplitud, coherencia, fecundidad) [4] y posteriormente Laudan distinguió entre la metodología, la epistemología y la axiología de la ciencia, afirmando la irreductibilidad de cada una de ellas [5]. Cabe afirmar que durante el último cuarto de siglo se ha producido en filosofía de la ciencia un giro axiológico, que fue iniciado por los autores recién mencionados y continuado por Rescher, Longino, Agazzi y otros [6]. En esta contribución partiremos de las tesis de Putnam sobre la ciencia y los valores, reinterpretándolas desde nuestra propia perspectiva y afirmaremos que hay valores previos a la verdad que delimitan lo que es una ciencia bien hecha. Ulteriormente haremos unas primeras consideraciones sobre los nuevos valores en la tecnociencia contemporánea, en los que no sólo se plantea la cuestión del bien hacer, sino el problema más hondo de lo bueno.

2.        Putnam: ciencia y valores

En un breve artículo publicado en la revista mexicana Crítica, Putnam resumió las tesis de su obra de 1981 en los términos siguientes: “Como expongo en Razón, Verdad e Historia, sin los valores cognitivos de coherencia, simplicidad y eficacia instrumental no tenemos ni mundo ni hechos acerca de que es relativo a qué. Y estos valores cognitivos, reivindico, son simplemente una parte de nuestra concepción holística del florecimiento humano” [7].

Esta afirmación tiene una gran importancia para la epistemología, porque en ella se reivindica la prioridad de la axiología respecto de cualquier teoría de la verdad científica. Antes de indagar si algo (un teorema, un enunciado empírico, una teoría) es verdadero o falso desde un punto de vista científico, hay una serie de requisitos axiológicos que dicha propuesta científica debe cumplir. Si alguien demuestra un teorema, propone una hipótesis, formula una teoría, o simplemente enuncia el resultado de una observación, una medición o un experimento, cada una de esas propuestas científicas ha de satisfacer una serie de valores (coherencia, precisión, simplicidad, rigor, eficacia instrumental, fecundidad, etc.) antes de pasar a ser evaluada desde el punto de vista de su posible verdad o falsedad. La satisfacción previa de un determinado sistema de valores es condición necesaria (no suficiente) de la verdad o falsedad de cualquier propuesta científica. Por ello afirmamos que la axiología de la ciencia es previa a una teoría de la verdad científica. A diferencia del conocimiento humano en general, en el que suele decirse que, para que sea verdad lo que alguien dice, basta con que quien lo dice crea que ello es así, para que los científicos se pregunten sobre la verdad de una nueva propuesta es preciso que sus aseveraciones y argumentaciones cumplan una serie de requisitos axiológicos. La axiología de la ciencia, por tanto, ha de ocuparse de estudiar cuáles son esos requisitos previos a la pregunta por la verdad. Diremos que, antes de que una propuesta científica sea verdadera o no, dicha propuesta ha de estar bien hecha. El bien hacer científico es uno de los objetos de estudio de la axiología de la ciencia.

Más volvamos a Putnam. Según él: “cohererencia y simplicidad y otros por el estilo son ellos mismos valores”. “Efectivamente, ellos son términos que guían la acción” [8].

Esta tesis también merece ser comentada. Según Putnam, hay valores propiamente científicos, que no son subjetivos, sino objetivos, y dichos valores desempeñan una función muy importante, a saber: guían la acción de los científicos. Tradicionalmente se ha pensado que las reglas metodológicas eran la guía que debían seguir los científicos al observar, medir, experimentar, demostrar y formular hipótesis y teorías. Putnam y Laudan introdujeron una importante matización: los métodos científicos están cargados de valores, hasta el punto de que un conjunto de reglas o procedimientos es o no científico si y sólo si satisface en mayor o menor grado un sistema de valores científicos, epistémicos y no epistémicos. Puestas así las cosas, cabe un análisis axiológico de la propia metodología científica, puesto que un método puede ser interpretado como un conjunto de reglas de acción que satisfacen un sistema de valores. La  axiología  de la ciencia no sólo es previa a la teoría  de la verdad (o de la falsedad), sino también a la metodología científica, aunque no se confunde con ella.

Según Putnam, los valores guían las acciones de los científicos. A nuestro modo de ver, esta tesis comporta consecuencias importantes para la filosofía de la ciencia. Además de hacer una teoría del conocimiento científico (es decir, una epistemología), los filósofos de la ciencia han de elaborar también una teoría de la acción científica [9]. Dicho de otra manera: la filosofía de la ciencia no debe reducirse a la epistemología, sino que ha de incluir además una praxiología de la ciencia. La filosofía de la ciencia así concebida incluye dos grandes ramas, que se interconectan entre sí en muchos puntos: la filosofía del conocimiento científico y la filosofía de la actividad científica. La axiología de la ciencia es pertinente para ambas, porque se ocupa tanto de los valores epistémicos como de los valores praxiológicos, o pragmáticos.

Putnam remacha sus anteriores afirmaciones con una tesis que sintetiza perfectamente lo que hemos denominado giro axiológico en filosofía de la ciencia: “Reivindico en pocas palabras que sin valores no tendríamos un mundo” [10].

Como puede verse, las tesis de Putnam suponen un giro radical con respecto a la tradición epistemológica de Weber, Reichenbach y el Círculo de Viena en favor de una ciencia axiológicamente neutral, valuefree. Según Putnam, y en este punto coincidimos estrictamente con él, sin valores no hay mundo ni hechos. Los valores epistémicos, además de ser cambiantes históricamente, forman parte de una totalidad más amplia, a la que Putnam designa como “florecimiento humano total” (total human flourishing [11]), y cuyos orígenes remonta a Platón y Aristóteles. La búsqueda científica de la verdad requiere un bien hacer, es decir, un alto nivel de competencia en el hacer científico. Dicha competencia puede ser analizada y gradualizada si aceptamos que cualquier propuesta o actividad científica está bien o mal hecha según satisfaga en mayor o menor grado una serie de valores que son pertinentes para evaluar dicha propuesta o dicha acción. Con ello se justifica la precedencia del bien científico (en el sentido técnico del término ‘bien’, well) con respecto a la verdad.

Sin embargo, se puede ir más lejos, ampliando la noción del bien científico a una perspectiva ética, de modo que dicho bien tenga que ver también con lo bueno (good). Ello es claro en el caso de la tecnología, y por ello nos centraremos a continuación en los nuevos valores en el mundo tecnológico.

Una última cita de Putnam: “la teoría de la verdad presupone la teoría de la racionalidad, que a su vez presupone nuestra teoría de lo bueno” [12]. La filosofía de la ciencia está así estrechamente vinculada a la ética, al menos en último análisis.

3.        Tecnociencia y nuevos valores

En este apartado nos centraremos en una nueva modalidad de tecnología muy característica de la segunda mitad del siglo XX, a la que diversos autores, empezando por Bruno Latour, denominan tecnociencia. En el fondo, buena parte de las argumentaciones anteriores adquieren mayor relevancia cuando nos referimos a este híbrido entre la ciencia y la tecnología, la tecnociencia [13].

La denominación más habitual para la tecnociencia es Big Science. Ejemplos de tecnociencia hay muchos a partir de la Segunda Guerra Mundial: la invención del ENIAC, el proyecto Manhattan, la física de partículas, la meteorología, la criptología, la televisión, el ciberespacio, la ingeniería genética, el proyecto genoma, la telemedicina, la realidad virtual, etc. Hablando en términos generales, cabe decir que la tecnociencia se caracteriza porque no hay progreso científico sin avance tecnológico, y recíprocamente [14]. La interdependencia entre ciencia y tecnología es estrechísima en la caso de la Big Science, y por eso conviene distinguir entre ciencia, técnica, tecnología y tecnociencia. La técnica no tiene que estar basada en conocimiento científico, la tecnología sí. Pero cuando el conocimiento científico depende estrictamente de los avances tecnológicos, de modo que no es posible observar, medir ni experimentar sin recurrir a grandes equipamientos, entonces estamos hablando de tecnociencia. No toda la ciencia es así, pero una parte sí. Las cuatro modalidades de saber recién mencionadas siguen existiendo hoy en día y es posible distinguirlas entre sí. Mas la novedad estriba en la emergencia de la tecnociencia, que surge a partir de la segunda guerra mundial, y por ello dedicaremos nuestra atención a ella.

Por tanto, en este artículo nos ocuparemos ante todo de la axiología de la tecnociencia, partiendo de la tesis según la cual los sistemas de valores involucrados en las actividades tecnocientíficas son más amplios y complejos que en el caso de la ciencia básica. Sobre todo, tienen una estructura muy diferente. Los sistemas de valores tecnocientíficos mantienen algunos valores científicos clásicos, pero, o bien incorporan nuevos sistemas de valores, o bien modifican radicalmente el peso relativo de unos y otros valores. Aunque aquí no entraremos en este punto, cabe hablar de progreso tecnocientífico, entendido como un incremento en la satisfacción de una serie de valores positivos y un decremento de otros negativos. Puesto que el sistema de valores tecnocientíficos no coincide con el sistema de valores científicos, la noción de progreso también cambia, como veremos más adelante. Sin embargo, para abordar la axiología de la tecnociencia conviene partir de la axiología de la ciencia, que ha sido más estudiada en las dos últimas décadas. Las consideraciones que siguen adoptan esa estrategia expositiva: partir de la axiología de la ciencia para indagar las especificidades axiológicas de la tecnociencia.

Lo importante es dilucidar cuáles son los sistemas de valores o planos axiológicos pertinentes para la tecnociencia. Para ello, conviene en primer lugar proceder empíricamente, lo cual implica una investigación interdisciplinar basada en estudios de caso y en los protocolos de evaluación efectivamente usados al valorar las innovaciones tecnocientíficas. En lugar de delimitar a priori los valores pertinentes para la ciencia y la tecnociencia en virtud de alguna caracterización teórica de ambos saberes, optamos por una estrategia más modesta, consistente en localizar los valores efectivamente presentes en las diversas actividades tecnocientíficas, organizándolos en grupos o clases. Los subsistemas que iremos distinguiendo no son estancos. Valores de un grupo se interrelacionan con valores de otro grupo. Aun así, cabe distinguir inicialmente siete grupos de valores relevantes para la tecnociencia, aunque sólo sea a efectos analíticos. Prestaremos especial atención a los sistemas axiológicos que no suelen ser considerados por los filósofos de la ciencia, por no ser epistémicos, sino externos (Laudan) o contextuales (Longino). En lo que sigue nos limitaremos a esbozar un panorama general de esta axiología de la tecnociencia que surge a partir de estudios de caso y de protocolos, sin entrar en grandes detalles con respecto a los ejemplos previamente investigados.

En primer lugar, los valores epistémicos siguen siendo relevantes para la tecnociencia, porque sus innovaciones y propuestas siempre están basadas en conocimiento científico previamente contrastado, tanto desde un punto de vista teórico como por sus aplicaciones prácticas. Los artefactos tecnológicos actuales suelen ser construidos en base a teorías y aportaciones científicas suficientemente corroboradas. Por tanto, los valores internos (verosimilitud, adecuación empírica, precisión, rigor, intersubjetividad, publicidad, coherencia, repetibilidad de observaciones, mediciones y experimentos, etc.) se plasman en los propios artefactos tecnológicos y no sólo en las teorías utilizadas. No insistiremos mucho en este primer grupo de valores, pero conviene no olvidar que la tecnociencia depende estrictamente de las teorías científicas, sin perjuicio de que muchos de estos valores puedan no hacerse explícitos a la hora de evaluar los artefactos tecnocientíficos, porque se dan por supuestos. Varios de ellos forman parte del núcleo axiológico de la tecnociencia.

En segundo lugar, entre los valores subyacentes a la actividad tecnocientífica hay valores típicos de la técnica y de la tecnología que tienen un peso considerable a la hora de evaluar las propuestas y las acciones tecnocientíficas: la innovación, la funcionalidad, la eficiencia, la eficacia, la utilidad, la aplicabilidad, la fiabilidad, la sencillez de uso, la rapidez de funcionamiento, la flexibilidad, la robustez, la durabilidad, la versatilidad, la composibilidad con otros sistemas (o integrabilidad), etc. Obsérvese que muchos de estos criterios de evaluación proceden de propiedades que poseen los sistemas tecnológicos, las cuales se convierten en valores. Este es un fenómeno frecuente en el campo de la axiología. Muchos filósofos de la tecnología han afirmado que la eficiencia es el valor tecnológico por antonomasia [15]. A nuestro modo de ver, la utilidad, la funcionalidad y la eficacia son valores previos a la eficiencia, y por ello mantenemos que en este segundo grupo también rige una pluralidad de valores, sin perjuicio de que la eficiencia sea un valor nuclear en la actividad tecnocientífica.

En tercer lugar, en la segunda mitad del siglo XX han adquirido un peso específico muy considerable algunos valores económicos, como la apropiación del conocimiento (patentes), la optimización de recursos, la buena gestión de la empresa científica, el beneficio, la rentabilidad, la reducción de costes, la competitividad, la comerciabilidad, la compatibilidad, etc. que no eran prioritarios para la ciencia moderna, más centrada en los valores epistémicos [16]. Buena parte de la investigación científica actual está financiada por empresas, por lo que no es de extrañar que los valores económicos y empresariales impregnen cada vez más la actividad tecnocientífica [17]. También conviene tener presente que la Teoría Económica se ha ocupado ampliamente del problema de los valores a lo largo del siglo XX, generando diversos modelos de racionalidad (utilitarismo, decisión racional, teoría de juegos, racionalidad limitada en situaciones de incertidumbre, etc.) que han de ser tenidos en cuenta por los axiólogos de la tecnociencia, porque el problema básico es el mismo, aunque en este caso sólo se tengan en cuentan los valores económicos.

En cuarto lugar, el impacto de las tecnologías industriales y de las nuevas tecnologías sobre la naturaleza ha suscitado una profunda reflexión sobre los riesgos de las innovaciones tecnocientíficas, con la consiguiente aparición de nuevos valores, a los que genéricamente podemos denominar ecológicos. El más obvio es la salud, tan importante en el caso de las tecnologías agroalimentarias (transgénicos, etc.), pero también hay que mencionar la conservación y el respeto al medio-ambiente, la biodiversidad, la minimización de impactos sobre el entorno, el desarrollo sostenible, etc. El dominio de la naturaleza, objetivo básico de las ciencias baconianas, está dejando de ser el valor prioritario, o cuando menos encuentra otros valores como contrapeso. Algunos autores defensores del ecologismo radical hablan incluso de valores ontológicos en la biosfera.

En quinto lugar, la incidencia de las nuevas tecnologías sobre la vida cotidiana y sobre la sociedad ha puesto en primer plano una serie de valores humanos, políticos y sociales (intimidad, privacidad, autonomía, estabilidad, seguridad, publicidad, mestizaje, multiculturalismo, solidaridad, dependencia del poder, libertad de enseñanza y de difusión del conocimiento, etc.), que contribuyen a definir en muchos casos, o cuando menos a matizar algunos objetivos concretos de la actividad tecnocientífica. Este quinto grupo podría subdividirse fácilmente en grupos específicos, cosa que aquí no haremos, pero sí indicamos. Los valores jurídicos podrían ser un grupo por sí mismo, pues no hay que olvidar que la actividad tecnocientífica de financiación pública ha de adecuarse al marco legislativo de cada país, y por ende respetar numerosas normas y valores jurídicos, tanto a la hora de investigar como al aplicar las innovaciones resultantes.

En sexto lugar, las biotecnologías suscitan profundos problemas éticos y religiosos, de modo que la actual tecnociencia está marcada cada vez más por la incidencia de este quinto tipo de valores (la vida, la dignidad humana, la libertad de conciencia, el respeto a las creencias, la tolerancia, el respeto a los animales, la minimización del sufrimiento en la experimentación, el derecho a la disidencia y a la diferencia, la honestidad de los científicos, etc.). La honestidad de los científicos, con todas las virtudes que conlleva, es una condición sine qua non de la actividad tecnocientífica, y por ello es un valor nuclear. Pero no es el único valor nuclear de la tecnociencia, y por ello la axiología de la ciencia no se reduce a una ética de la ciencia, con ser ésta importantísima para la reflexión y el análisis axiológico.

En séptimo lugar, no hay que olvidar los valores ligados a la actividad militar, en la medida en que muchas investigaciones tecnocientíficas han estado y siguen estando estrechamente vinculadas a los Ejércitos, sobre todo en los USA. Esto es particularmente claro en las épocas de guerra, cuando las comunidades científicas ven cómo sus sistemas de valores quedan claramente subordinados a los valores militares (patriotismo, disciplina, jerarquía, obediencia, secreto, engaño al enemigo, propaganda, victoria, etc.). Las dos guerras mundiales y la guerra del Vietnam indujeron profundas crisis morales en algunas comunidades científicas, que han de ser interpretadas como conflictos de valores al irrumpir un nuevo subsistema de valores en la actividad tecnocientífica. Y no hay que olvidar que buena parte de la actividad investigadora sigue siendo desarrollada por instituciones militares, por lo que los valores efectivamente presentes en esas actividades tecnocientíficas siguen estando impregnados por este séptimo subsistema de valores en épocas de paz.

Estos siete subsistemas podrían ser más, pero esta primera tipología puede bastar para dejar clara la amplitud de la tarea que se le presenta a la axiología de la tecnociencia. Los filósofos de la ciencia sólo se suelen interesar en los valores epistémicos, los filósofos morales en las cuestiones éticas, los militares en la victoria y en los medios para lograrla, los economistas en la relación costes/beneficios, los juristas en el respeto a la ley y los ecologistas en la defensa del medio-ambiente. Todas estas perspectivas son válidas, pero ninguna agota los problemas axiológicos generados por la tecnociencia actual. Precisamente por ello afirmamos que es preciso plantearse el problema de la axiología en toda su generalidad y diversidad, en lugar de reducir la cuestión a uno de los siete planos de análisis antes mencionados.

Vista la gran pluralidad de los sistemas de valores de la tecnociencia, es posible concluir que la tecnociencia está mucho más imbricada en la consecución del bien y de lo bueno (o del mal y de lo malo) que en la búsqueda de la verdad. Esta es la tesis principal de este artículo. Siendo una actividad que transforma el mundo, y no sólo lo conoce, describe o explica, la valoración que hay que hacer sobre la bondad o la maldad de los tecnosistemas y los sociosistemas depende siempre de los valores que rigen las acciones posibilitadas por las invenciones tecnocientíficas. Por otra parte, siendo relativamente reciente su institucionalización a nivel internacional, cabe afirmar que la tecnociencia atraviesa una auténtica crisis de valores, estrechamente vinculada a su propia instauración y asentamiento como nueva modalidad de acción científica y técnica. Los sistemas de valores de la ciencia fueron cristalizando a lo largo de los siglos XVII al XX, generando un sistema de valores epistémicos que ha sido la principal aportación de la ciencia a la filosofía de los valores. La tecnociencia, en cambio, va constituyendo poco a poco su propio sistema de valores mediante la mutua impregnación entre sistemas de origen muy diverso. Todo ello genera indudables e importantes conflictos de valores en la tecnociencia actual.

Así como la existencia de una pluralidad de valores y su equilibrio en sistemas dinámicos eran precondiciones para hablar de la verdad científica, así también cabe afirmar que en el caso de la tecnociencia lo bueno sólo puede surgir a partir de un proceso de integración, hoy en día en curso, de los diversos sistemas de valores presentes en la actividad tecnocientífica. Las comunidades científicas adoptaron un cierto ethos de la ciencia (Merton), que todavía está por configurar en el caso de las comunidades tecnocientíficas, a su vez emergentes. Por ello es previsible un proceso de decantación y progresiva estructuración de esa pluralidad de valores, lo cual es un requisito previo al análisis de la bondad o maldad de las diversas innovaciones tecnocientíficas. Los filósofos pueden desempeñar un papel muy importante al respecto, como ya ahora se advierte con la creación de diversos tipos de comisiones de ética que trabajan en contacto con los tecnocientíficos (hospitales, laboratorios, comisiones legislativas, etc.). A mi modo de ver, la aportación de los filósofos a esos grupos de debate interdisciplinar no debe limitarse a la ética. Conjuntamente con otros profesionales, los filósofos de la ciencia pueden aportar mucho al perfeccionamiento axiológico de la actividad tecnocientífica.

4.        La tecnociencia y lo bueno, desde el punto de vista de la axiología

Concluyamos, aunque sea de manera harto provisional [18]. Diremos que, así como la verdad es un metavalor en relación a los valores epistémicos de la ciencia moderna, así también lo bueno ha de ser considerado como un metavalor para los diversos sistemas axiológicos presentes en la tecnociencia. Equivale ello a decir que lo bueno de la tecnociencia no es una idea intemporal (la historicidad de la tecnociencia es indudable), sino el resultado de un proceso de criba y afinamiento axiológico que permite distinguir entre valores nucleares (o fundamentales) y valores periféricos. Estamos pues ante un nuevo proceso de búsqueda de lo bueno a nivel individual y en el plano colectivo y social. En dicho proceso la filosofía tiene una clara misión a cumplir, tanto desde los ámbitos educativos como desde las tribunas públicas de mayor difusión. En el fondo, la filosofía vuelve a tener pleno sentido desde la perspectiva axiológica aquí considerada.

Por su propio carácter procesual y dinámico, difícilmente cabe aquilatar una idea de lo bueno, y mucho menos una definición general del bien en relación con la tecnociencia. La valoración de las acciones y resultados de la tecnociencia también es una acción, o mejor, una metaacción, puesto que versa sobre acciones previamente realizadas o en curso de ejecución. Por ende, la axiología de la tecnociencia está sujeta a la teoría general de las acciones tecnocientíficas, sobre la cual sólo podemos ofrecer unos primeros rudimentos [19]. Puesto que una acción tiene diversas componentes (agentes, acciones propiamente dichas, objetos sobre los que se ejercen, contextos o escenarios de actuación, instrumentos disponibles, condiciones iniciales, intenciones de dichas acciones, objetivos de las mismas y consecuencias derivadas, como mínimo), la evaluación de lo bueno y lo malo de la tecnociencia está sujeta al análisis de todas y cada una de esas componentes.

Concebimos pues la valoración de lo bueno como una meta-acción, posterior a la evaluación axiológica basada en los subsistemas de valores antes mencionados. Definir criterios para caracterizar lo bueno como metavalor no es cosa fácil, como cualquiera puede adivinar. A título general, diremos que será preferible aquella actividad tecnocientífica que muestre mayor capacidad para integrar diversos sistemas de valores, a veces opuestos y en conflicto, de modo que la satisfacción de todos y cada uno de ellos sea exigible, aunque sólo sea en un cierto grado. Ello equivale a decir que un artefacto o una acción tecnocientífica será más o menos buena, o si se prefiere mejor que otra, sólo si satisface hasta cierto grado los diversos valores de los distintos sistemas axiológicos antes citados.

En resumen, y a modo de síntesis provisional: una acción o artefacto tecnocientífico es bueno (sin perjuicio de que siempre pueda ser mejor) sólo si:

1.      Está basado en un conocimiento científico coherente, preciso, riguroso, contrastado, etc., que ha sido evaluado positivamente una y otra vez por las comunidades científicas correspondientes.

2.       Es útil, innovador, eficiente, versátil, fácil de uso, seguro, etc.

3.       Es barato, rentable, beneficioso, optimizable, competitivo, etc.

4.       Respeta los valores ecológicos antes enumerados.

5.       Satisface los valores humanos, políticos, sociales y jurídicos del grupo quinto.

6.       Respeta y fomenta los valores éticos y morales del grupo sexto.

7.       En casos de conflicto bélico, puede contribuir a la realización de los valores militares sin que los restantes subsistemas de valores desaparezcan. Obviamente, esto no es fácil que suceda, y por ello la axiología de la ciencia tiene en las épocas bélicas un ámbito importante para el análisis y la contrastación de sus modelos.

8.       Satisface en más alto grado el mayor número de valores positivos de los diversos grupos y disatisface los contravalores correspondientes.

Obsérvese que incluso la aplicación de este metacriterio depende de las componentes antes mencionadas en nuestro esbozo de una teoría general de la acción. Por tanto, el grado de satisfacción de este metacriterio puede ser muy distinto según los agentes, el tipo de acciones, los objetos, los escenarios, etc. Precisamente por ello propugnamos una axiología de la tecnociencia que sea empírica y analítica. Sería un error pensar que la actividad tecnocientífica va a ser beneficiosa para todos, en todas las circunstancias, etc. Por ello no pretendemos promover una axiología categórica.

Quien se anime a hacer propuestas categóricas basadas en principios universales, sean formales o materiales, tiene ocasión de emprender la tarea. ¡Animo y mucha suerte! Nuestra propuesta es mucho más modesta, y sin embargo considerablemente ambiciosa desde el punto de vista de la actual filosofía de la ciencia y de la tecnología [20].

Javier Echeverría, en dadun.unav.edu/

 

Notas:

  Putnam, H., Reason, Truth and History, Cambridge Univ. Press, Cambridge, 1981 (reimpr. 1982 y 1984). Hay traducción española de Esteban Cloquell J. M., Razón, verdad e historia, Tecnos, Madrid, 1988. Las citas se remitirán a estas dos obras.

  Putnam, H., 13: “A final feature of my account of rationality is this: I shall try to show that our notion of rationality is, at bottom, just one part of our conception of human flourishing, our idea of the good. Truth is deeply dependent on what have been recently called ‘values’ (chapter 6)” (XI).

  Para un estudio más amplio de esta cuestión véase la obra de Proctor, Robert N., Value-Free Science?, Harvard Univ. Press, Cambridge, 1991, así como Echeverría, J., Filosofía de la Ciencia, Akal, Madrid, 1995.

4   Kuhn, T. S., La tensión esencial, FCE, México, 1983, 344 y ss.

  Laudan, L., Science and Values, Univ. of California Press, Berkeley, 1984. Sobre la obra de Laudan véase el volumen editado por Wenceslao González, en el que se incluye el artículo: Echeverría J., “Valores epistémicos y valores prácticos en la ciencia”, en W. González (ed.), El pensamiento de L. Laudan. Relaciones entre Historia de la Ciencia y Filosofía de la Ciencia, Universidade da Coruña, Servicio de Publicaciones, 1998, 135-153.

6   Por mi parte, la contribución más reciente es: Echeverría, J.,: “Ciencia y valores: propuestas para una axionomía de la ciencia”, en Contrastes, Suplemento 3, ed. P. Martínez Freire, (1998), 175-194. Véase en dicho artículo un breve panorama de los estudios recientes sobre axiología de la ciencia.

7   “As I put it in Reason, Truth and History, without the cognitive values of coherence, simplicity and instrumental efficacy we have no world and no facts, not even facts about what is so relative to what. And these cognitive values, I claim, are simply a part of our holistic conception of human flourishing. Putnam, H., “Beyond the Fact-Value Dichotomy”, Crítica XIV: 41, 3-12, 8-9.

8   “coherence and simplicity and the like are themselves values”.  “Indeed, they are action guiding terms”. Ibid., 7.

9   Y no sólo de la actividad científica, sino también de la actividad tecnocientífica, que es la que caracteriza a la ciencia contemporánea.

10    “I claim, in short, that without values we would not have a world”. Putnam, H., 11.

11    Ibid.

12    Putnam, H., 215: “I am saying that “theory of truth presupposes theory of rationality which in turn presupposes our theoy of good” (212).

13    Las distinciones que aquí proponemos han sido desarrolladas en el volumen Ciencia moderna y ciencia postmoderna, Fundación March, Madrid, 1998, 45-62 y en Echeverría J., “Teletecnologías, espacios de interacción y valores”, Teorema XVII/3, (1998), 11-25. Véase asimismo nuestro reciente artículo en Argumentos de razón técnica 2 (1999), en la que se comentan las definiciones de tecnología de Agazzi y Quintanilla.

14    Ver los artículos citados en la nota anterior para un desarrollo más preciso de estas distinciones.

15    Ver, por ejemplo, Agazzi, E., El bien, el mal y la ciencia, Tecnos, Madrid, 1996. También Ramón Queraltó defendió esta tesis en su obra Mundo, Tecnología y razón en el fin de la Modernidad, PPU, Barcelona, 1993.

16    En el ámbito empresarial se habla hoy en día de una gestión basada en valores management by values, entendiendo por valores la calidad total de la gestión empresarial, la seguridad, la prevención de riesgos derivados, etc.

17    En los EEUU de América la investigación tecnocientífica de financiación pública no supera el 50% del total. Esta privatización y empresarialización de la actividad investigadora es uno de los cambios más significativos experimentados por la ciencia en el siglo XX, y por ello cabe decir que la tecnociencia está financiada en buena parte por la iniciativa privada, a diferencia de la ciencia moderna, cuya financiación era casi exclusivamente pública.

18    Al modo de Descartes, las propuestas axiológicas que siguen deben ser entendidas como una axiología par provisión.

19    Ver al respecto mi artículo sobre “Ciencia, tecnología y valores: una propuesta para evaluar las acciones tecnocientíficas”, que será publicado por el Centro de la UIMP de Valencia.

20    Este artículo ha sido elaborado en el marco del proyecto de investigación sobre “Ciencia y Valores”, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia.

 

Decreto que fomenta la indolencia

El ha dado luz verde al Decreto de Bachillerato, ya es público y está aprobado, es un cambio de cultura escolar. Ahora ya no se trata de especulaciones, sino de un texto escrito que convierte lo provisional y subjetivo en criterio determinante. Además del maltrato, e incluso desprecio, a asignaturas sustanciales como la filosofía y la historia, los profesores serán quienes decidan si los alumnos han alcanzado el adecuado grado de adquisición de competencias. Y cuando no estén de acuerdo votarán. El mérito y el esfuerzo personal, por supuesto, pasan a segundo plano. El rigor no es la pauta cuando se puede avanzar con materias suspensas, e incluso se puede cerrar un ciclo con deudas pendientes. Sin olvidar que el bachillerato no es enseñanza obligatoria, y quienes lo cursan lo hacen libre y voluntariamente.

Jesús Domingo Martínez

 

Ante una guerra que nos llena de espanto

Ante algunos de los últimos episodios, muy graves por cierto, en la guerra Ucrania-Rusia, es fácil quedar atenazados por el pánico. Los acontecimientos son tan inesperados, tan dolorosos que exigen una capacidad crítica a la altura de las circunstancias. La crítica no es solo un análisis geoestratégico, económico o militar, siempre necesario. La crítica, en estos momentos, requiere preguntarnos qué posible esperanza tienen los ucranianos y el resto de los europeos. La respuesta, necesariamente, debe incluir justicia para los muertos, y motivos suficientes para pensar que es posible un futuro mejor.

Domingo Martínez Madrid

 

Pensando en la Familia

No necesitamos analizar muchas estadísticas, ni siquiera mirar con mucho detalle a nuestro alrededor para darnos cuenta de la situación de la familia en nuestra sociedad.

Se habla con frecuencia de la crisis de la “familia tradicional”, dando a la familia un calificativo muy engañoso. La familia no es “tradicional” o “no tradicional”. La Familia o es familia o no es familia. Me explico.

Hablar de familia “tradicional”, puede dar lugar a pensar que se trata de una familia en la que se viven una serie de costumbres y reglas que se han mantenido a lo largo de los siglos, pero a las que se da hoy poco valor, y no van con algo que se da en llamar “espíritu del tiempo” que nadie se atrevería a decir en qué consiste ese “espíritu”, sabiendo todos que el tiempo no suele tener mucho “espíritu”.

Además, calificando de ese modo a la familia en la que se procura vivir las tres notas fundamentales de la familia natural y cristiana, querida por Dios al crear este mundo: unidad, indisolubilidad y abierta a la vida; se da pie para abrir la discusión sobre otros posibles modelos de familia que algunos dicen, sin ninguna razón seria, que pueden ser más acordes con las situaciones sociales en las que el hombre está viviendo hoy en el mundo occidental.

Jesús Martínez Madrid

 

“La verdad os hará libres”

 

                                Posiblemente sea esta frase (La verdad) de sólo dos sílabas, la causante de más derramamientos de sangre, producidas por, “la bestia o mono humano”; y la historia del mismo está llena a rebosar de demostraciones de ello; ahora mismo, mientras escribo, se está produciendo una nueva masacre planetaria, por cuanto el canalla de Wladimir Putin, “y como tirano de la actual Rusia”; está invadiendo a sangre y fuego, Ucrania, puesto que, “su verdad le justifica los infinitos crímenes y demás penurias que ya ha provocado no sólo en el país invadido, sino en el resto del mundo, por sus acciones tiránicas, que no tienen otro motivo que el insaciable poder que padece y la insaciable avaricia de dinero”, pero recordemos que la frase de mi titular, es pronunciada por el propio Cristo en sus prédicas; y que otros muchos filósofos la han definido de múltiples formas reales o figuradas; me quedo con la siguiente… “No existe enseñanza superior a la verdad”, de la civilización que nos sostiene o padecemos, o sea de la que nos viene de “los sabios griegos”. Pero “la verdad del tirano”, como siempre, es una mentira obsesiva de quién por otra parte, es un pobre cobarde, que jamás defendería “su verdad”, con armas en la mano y enfrentándose a otro de su talla física en lucha a muerte; lo que demuestra lo miserable de ese ser, que en realidad es, “un menos que un nada”.

                                Pero por otra parte reconozco que “la verdad” es tan infinita en sus misterios, que gran parte de ella nunca será conocida por el “mono actual”; pero el que impulsado por “ese saber que no sabemos nada”, según dejara inscrito en la historia, el sabio Sócrates, tenemos todos y dentro de sí, ese “gusanillo o veneno de suma curiosidad, que resumo en ese querer saber de todo lo que nos rodea, cosa esta que viene con nuestro ser, y que indudablemente, se lo asignamos a “ese Dios”, que yo estimo que nunca habló con ninguno de los “animales superiores” que se nos asegura creó”.

                                Pero si nos atenemos a las “verdades demostrables”, también hay que reconocer que hay infinidad de ellas, que se pueden mostrar y que se deben señalar, para que “el tirano no siga tiranizándonos con sus mentiras”; pues ese es el gran problema, o sea, que “el poder”; cualquier tipo de poder dominante hacia el ser humano, está basado en la mentira; y por ello ese poder como cobarde que es siempre, no acepta el que le demuestren, sus mentiras y de ahí, que si puede, imponga la obediencia ciega y el esclavismo más atroz, cuál es el intelectual.

                                De ahí lo que ocurre desde siglos atrás (y ahora más por lo sofisticado de los medios que posee el poder) en España, o mi país nativo, y en el que tuve la desgracia de nacer en el terrible año de 1938; donde las mentiras acumuladas en aquellos españoles, les llevó a, “las carnicerías y degollamientos, amén de infinidad de torturas y horrores”, de los que aún no nos hemos librado, puesto que lo que sigue ocurriendo aquí, es lo de siempre; o sea, la imposición de la mentira más burda, para dominar mucho mejor, al que quieren que siga siendo un esclavo del que manda, o del poder ya descrito arriba.

                                Todo el que llega al poder, lo que quiere es disponer del mismo hasta acogotar o “esclavizar de alguna manera”, hasta el pensamiento del “dominado”; y así ocurre, que nunca hay acuerdos en los programas de enseñanza y prueba de ello son los ya excesivos y ridículos por lo abundantes, que han impuesto todos los gobiernos en los últimos cincuenta años. Y los que aparte en lo que corresponde al  ámbito nacional o internacional, se manipula incluso a nivel de las diecinueve autonomías que aquí tenemos la desgracia de padecer y donde “cada reyezuelo”, la adecua a lo que a él le interesa para su programa de mando.

                                Todo ello conlleva una desorientación tan absurda y tan terrible, que los que la vienen padeciendo y padecerán en el futuro; serán unos completos desorientados o analfabetos, de lo que de verdad es una enseñanza integral, y donde ni el maestro puede auto someterse a impartir mentiras que sabe lo son; claro que ya no hay maestros, a lo sumo hay “profesores” o como queramos denominarlos en su triste y sometida labor de más que enseñar, es embrutecer a los que caen bajo su dominio.

                                Y no, la enseñanza no puede tener límite, salvo el que se imponga a sí mismo el que quiere saber, puesto que ese impulso interior, es como el del respirar el imprescindible oxígeno… “si se detiene, el cuerpo muere”; por igual motivo si se limita la enseñanza más noble que el individuo intuye necesita; es “el alma o el ser espiritual el que muere, pero embrutecido”; por todo ello la enseñanza no puede ser otra, que la de plena libertad de lo que requiere una verdadera formación humana, “sin credos, partidos, religión determinada, ni en definitiva cerrojos o prohibiciones absurdas”.

                                LA CONCIENCIA: Prosigamos como nuestra conciencia nos diga, puesto que esa es una verdad indiscutible; "es dentro de nosotros donde mora el peor juez que puede juzgarnos"; y si este calla cuando obramos, es que seguimos un buen camino; así pues, adelante; no hay que sentir miedo de nadie, sino de uno mismo.

LA FILOSOFÍA, LA RELIGIÓN y LA POLÍTICA: No hagas a nadie nada que no quieras que a ti te hagan, sea a un ser humano, un animal o una planta; incluso a la tierra, el mar y resto de aguas que frecuentas, incluido el aire que respiras; y que fue lo que te dio la vida; si así lo haces, notarás un estado de bienestar que ni te lo imaginas. 

LA POLÍTICA: Lo escribí hace tiempo; la política que se practica es DE PANZA Y BOLSILLO; de panza por cuanto todos los goces materiales están dentro o alrededor de la misma; y de bolsillo, por cuanto roban y se llevan. En cuanto a “los cachorros o herederos”; tan podridos como los progenitores, reciben “los despojos robados” y los emplean sin escrúpulo alguno.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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