Las Noticias de hoy 7 Abril 2022

Enviado por adminideas el Jue, 07/04/2022 - 12:12

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 07 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa recuerda su viaje a Malta: “Un lugar clave”

Papa lamenta tragedia de Bucha e implora el fin de la guerra

El Papa pide rezar por los sanitarios en su video mensual

CONTEMPLAR LA PASIÓN : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: jueves de la 5 semana de Cuaresma

“La tristeza es la escoria del egoísmo” : San Josemaria

Por el personal sanitario

La intimidad en el matrimonio: felicidad para los esposos y apertura a la vida (I)

¿Qué es el matrimonio?

¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuáles son sus principios?

El Supremo, duro y contundente contra los vientres de alquiler: «Los niños son simples mercancías» : José María Carrera

FAMILIARIZARSE CON LOS RITOS DE LA MISA:  Alberto García-Mina Freire.

LA MISA PASO A PASO : Alberto García-Mina Freire.

La mujer líder y su papel catalizador para impulsar los principios ESG : Naria Chinchilla

“Por quién doblan las campanas” : La hija de Cortés.

Aprobar suspendiendo : Jesús Domingo Martínez

Ríos de sangre y lágrimas : José Morales Martín

Un futuro mejor : Pedro García

La nueva enseñanza : Juan García. 

Como Diógenes y su linterna… ¿Dónde está la integridad del mono humano? : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

El Papa recuerda su viaje a Malta: “Un lugar clave”

Catequesis completa

 

Audiencia general 6 de abril de 2022 © Vatican Media

 

 

El Papa Francisco dedicó su catequesis a recordar su reciente viaje apostólico a Malta, “un lugar clave”, durante la audiencia general de este miércoles 6 de abril de 2022.

 

El Santo Padre se refirió a cómo en el libro de los Hechos de los Apóstoles el evangelista describe el modo en que Pablo, naufragado en la isla, fue acogido por los malteses con “una humanidad poco común” (28,2). Esto, resalta, “es importante, no olvidarlo: ‘con una humanidad poco común’. El Papa eligió como lema de su viaje estas palabras “porque indican el camino a seguir no solo para afrontar el fenómeno de los migrantes, sino más en general para que el mundo se vuelva más fraterno, más vivible, y se salve de un ‘naufragio’ que nos amenaza a todos nosotros, que estamos —como hemos aprendido— en la misma barca, todos. Malta es, en este horizonte, un lugar-clave”.

Por otro lado, subraya que, “como Obispo de Roma, fui a confirmar a ese pueblo en la fe y en la comunión. De hecho —tercer aspecto— Malta es un lugar-clave también desde el punto de vista de la evangelización. De Malta y de Gozo, las dos diócesis del país, han salido muchos sacerdotes y religiosos, pero también fieles laicos, que han llevado a todo el mundo el testimonio cristiano. ¡Cómo si el paso de san Pablo hubiera dejado la misión en el ADN de los malteses! Por eso mi visita ha sido sobre todo un acto de reconocimiento, reconocimiento a Dios y a su santo pueblo fiel que está en Malta y en Gozo”.

Asimismo, el Pontífice resaltó cómo: “Hoy se habla a menudo de ‘geopolítica’, pero lamentablemente la lógica dominante es la de las estrategias de los Estados más poderosos para afirmar los propios intereses extendiendo el área de influencia económica, ideológica y militar. Malta representa, en ese cuadro, el derecho y la fuerza de los ‘pequeños’, de las Naciones pequeñas pero ricas de historia y de civilización, que deberían llevar adelante otra lógica: la del respeto y de la libertad, de la convivialidad de las diferencias, opuesta a la colonización de los más poderosos. Lo estamos viendo ahora. Y no sólo de un lado: también de otras…”.

Después de la II Guerra Mundial, añadió, “se ha intentado poner las bases de una nueva historia de paz, – pero, por desgracia, no aprendemos, ¿eh? – pero lamentablemente ha ido adelante la vieja historia de grandes potencias competidoras. Y, en la actual guerra en Ucrania, asistimos a la impotencia de las Organizaciones de las Naciones Unidas”.

A continuación, sigue el texto completo de la catequesis del Santo Padre.

***

El viaje apostólico a Malta

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

El sábado y domingo pasados estuve en Malta: un viaje apostólico que estaba programado desde hace tiempo; fue pospuesto hace dos años, por la COVID-19 y sus consecuencias. Pocos saben que Malta, aun siendo una isla en medio del Mediterráneo, recibió muy pronto el Evangelio. ¿Por qué? Porque el apóstol Pablo naufragó cerca de su costa y prodigiosamente se salvó con todos los que estaban en el barco, más de doscientas setenta personas. Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que los malteses les acogieron a todos, y dice esta palabra: con “una humanidad poco común” (28,2). Esto es importante, no olvidarlo: “con una humanidad poco común”. He elegido precisamente estas palabras: con una humanidad poco común, como lema de mi viaje, porque indican el camino a seguir no solo para afrontar el fenómeno de los migrantes, sino más en general para que el mundo se vuelva más fraterno, más vivible, y se salve de un “naufragio” que nos amenaza a todos nosotros, que estamos —como hemos aprendido— en la misma barca, todos. Malta es, en este horizonte, un lugar-clave.

Lo es sobre todo geográficamente, por su posición en el centro del Mar que está entre Europa y África, pero que baña también Asia. Malta es una especie de “rosa de los vientos”, donde se cruzan pueblos y culturas; es un punto privilegiado para observar a 360 grados la zona mediterránea. Hoy se habla a menudo de “geopolítica”, pero lamentablemente la lógica dominante es la de las estrategias de los Estados más poderosos para afirmar sus propios intereses extendiendo su área de influencia económica, o influencia ideológica o influencia militar: lo estamos viendo con la guerra. Malta representa, en este cuadro, el derecho y la fuerza de los “pequeños”, de las Naciones pequeñas pero ricas de historia y de civilización, que deberían llevar adelante otra lógica: la del respeto y de la libertad, la del respeto y también la lógica de la libertad, de la convivialidad de las diferencias, opuesta a la colonización de los más poderosos. Lo estamos viendo ahora. Y no solo de un lado: también de otros… Después de la segunda guerra mundial se ha intentado poner las bases de una nueva historia de paz, pero lamentablemente —no aprendemos— ha ido adelante la vieja historia de grandes potencias competidoras. Y, en la actual guerra en Ucrania, asistimos a la impotencia de las Organizaciones de las Naciones Unidas.

Segundo aspecto: Malta es un lugar-clave en lo que se refiere al fenómeno de las migraciones. En el  encontré numerosos migrantes, que desembarcaron en la isla después de viajes terribles. No hay que cansarse de escuchar sus testimonios, porque solo así se sale de la visión distorsionada que a menudo circula en los medios de comunicación y se pueden reconocer los rostros, las historias, las heridas, los sueños y las esperanzas de estos migrantes. Cada migrante es único: no es un número, es una persona; es único como cada uno de nosotros. Cada migrante es una persona con su dignidad, sus raíces, su cultura. Cada uno de ellos es portador de una riqueza infinitamente más grande que los problemas que implica. Y no olvidemos que Europa ha sido hecha con las migraciones.

Ciertamente, la acogida debe ser organizada —es verdad, esto— debe ser gobernada, y antes, mucho antes, debe ser proyectada juntos, a nivel internacional. Porque el fenómeno migratorio no puede ser reducido a una emergencia, es un signo de nuestros tiempos. Y como tal debe ser leído e interpretado. Se puede convertir en un signo de conflicto, o en un signo de paz. Depende de cómo lo tomemos, depende de nosotros. Quien en Malta ha dado vida al Centro Juan XXIII ha elegido la opción cristiana y por eso lo ha llamado “Peace Lab”: laboratorio de paz. Pero yo quisiera decir que ¡Malta en su conjunto es un laboratorio de paz! Toda la nación con su actitud, con su propia actitud, es un laboratorio de paz. Y puede realizar esta misión suya si, desde sus raíces, toma la savia de la fraternidad, de la compasión, de la solidaridad. El pueblo maltés ha recibido estos valores junto con el Evangelio, y gracias al Evangelio podrá mantenerles vivos.

Por esto, como Obispo de Roma, fui a confirmar a ese pueblo en la fe y en la comunión. De hecho —tercer aspecto— Malta es un lugar-clave también desde el punto de vista de la evangelización. De Malta y de Gozo, las dos diócesis del país, han salido muchos sacerdotes y religiosos, pero también fieles laicos, que han llevado a todo el mundo el testimonio cristiano. ¡Cómo si el paso de san Pablo hubiera dejado la misión en el ADN de los malteses! Por eso mi visita ha sido sobre todo un acto de reconocimiento, reconocimiento a Dios y a su santo pueblo fiel que está en Malta y en Gozo.

Sin embargo, también allí sopla el viento del secularismo y de la pseudocultura globalizada a base de consumismo, neocapitalismo y relativismo. También allí, por eso, es tiempo de nueva evangelización. La visita que, como mis predecesores, realicé a la Gruta de San Pablo ha sido como ir a la fuente, para que el Evangelio pueda brotar en Malta con la frescura de sus orígenes y reavivar su gran patrimonio de religiosidad popular que está simbolizada en el Santuario mariano nacional de Ta’ Pinu, en la isla de Gozo, donde celebramos un intenso encuentro de oración. Allí sentí latir el corazón del pueblo maltés, que confía tanto en su Santa Madre. María nos lleva siempre a lo esencial, a Cristo crucificado y resucitado, y esto por nosotros, a su amor misericordioso. María nos ayuda a reavivar la llama de la fe tomando del fuego del Espíritu Santo, que anima de generación en generación el alegre anuncio del Evangelio, ¡porque la alegría de la Iglesia es evangelizar! No olvidemos esa frase de san Pablo VI: la vocación de la Iglesia es evangelizar; la alegría de la Iglesia es evangelizar. No la olvidemos porque es la definición más bonita de la Iglesia.

Aprovecho esta ocasión para renovar mi agradecimiento al señor presidente de la República de Malta, tan cortés y hermano: gracias a él y a su familia; al señor primer ministro y a las otras autoridades civiles, que me han acogido con tanta gentileza; como también a los obispos y a todos los miembros de la comunidad eclesial, a los voluntarios y a los que me han acompañado con la oración. No quisiera dejar de mencionar al Centro de acogida para migrantes Juan XXIII: allí el monje franciscano que lo lleva adelante, el padre Dionisio Mintoff, tiene 91 años y sigue trabajando así, con la ayuda de los colaboradores de la diócesis. Es un ejemplo de celo apostólico y de amor a los migrantes, que hoy hace tanta falta. Nosotros, con esta visita, sembramos, pero es el Señor quien hace crecer. ¡Qué su bondad infinita conceda frutos abundantes de paz y de todo bien al querido pueblo maltés! Gracias a este pueblo maltés por su acogida tan humana, tan cristiana. Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

 

Papa lamenta tragedia de Bucha e implora el fin de la guerra

Saludó a niños refugiados en la audiencia general

El Papa con una bandera traída de Bucha, audiencia general 6 de abril de 2022 © Vatican Media

El Papa Francisco lamenta la tragedia de Bucha, Ucrania, y ha implorado nuevamente que: “¡se ponga fin a esta guerra! ¡Callen las armas! ¡Se deje de sembrar muerte y destrucción! Recemos juntos por esto…”.

Al finalizar la audiencia general de este miércoles, 6 de abril de 2022, el Santo Padre mostró una bandera ucraniana que viajó desde Bucha, pidió nuevamente el cese del conflicto en el país y saludó a un grupo de niños refugiados.

“Las recientes noticias sobre la guerra en Ucrania, en lugar de traer alivio y esperanza, dan testimonio de nuevas atrocidades, como la masacre de Bucha: crueldades cada vez más horrendas, realizadas contra civiles, mujeres y niños indefensos. Son víctimas cuya sangre inocente grita hasta el Cielo e implora: ¡se ponga fin a esta guerra! ¡Callen las armas! ¡Se deje de sembrar muerte y destrucción! Recemos juntos por esto…”, dijo Francisco.

Asimismo, el Papa relató: “Y ayer, precisamente de Bucha, me trajeron esta bandera. Esta bandera viene de la guerra, precisamente de esa ciudad martirizada, Bucha. Y también, están aquí algunos niños ucranianos que nos acompañan. Saludémoslos y recemos junto a ellos.”.

“Estos niños han tenido que huir y llegar a una tierra extranjera: este es uno de los frutos de la guerra. No les olvidemos, y no olvidemos al pueblo ucraniano”, concluyó el Pontífice.

Impotencia de la ONU en Ucrania

En la catequesis de este miércoles, el Obispo de Roma recordó su reciente viaje a Malta: “Hoy se habla a menudo de ‘geopolítica’, pero lamentablemente la lógica dominante es la de las estrategias de los Estados más poderosos para afirmar los propios intereses extendiendo el área de influencia económica, ideológica y militar. Malta representa, en ese cuadro, el derecho y la fuerza de los ‘pequeños’, de las Naciones pequeñas pero ricas de historia y de civilización, que deberían llevar adelante otra lógica: la del respeto y de la libertad, de la convivialidad de las diferencias, opuesta a la colonización de los más poderosos. Lo estamos viendo ahora. Y no sólo de un lado: también de otras…”.

Después de la II Guerra Mundial, añadió, “se ha intentado poner las bases de una nueva historia de paz, – pero, por desgracia, no aprendemos, ¿eh? – pero lamentablemente ha ido adelante la vieja historia de grandes potencias competidoras. Y, en la actual guerra en Ucrania, asistimos a la impotencia de las Organizaciones de las Naciones Unidas”.

 

El Papa pide rezar por los sanitarios en su video mensual

Intención de oración en abril de 2022

El Papa Francisco visita el hospital Bambino Gesù en diciembre de 2013 © Vatican Media

El Papa Francisco pide rezar por los sanitarios en el video del Papa, que recoge la intención de oración que el Santo Padre confía a los fieles a través de la Red Mundial de Oración del Papa, en abril de 2022: “Recemos este mes por el personal sanitario”.

“La pandemia nos ha mostrado la entrega, la generosidad del personal sanitario, voluntarios, trabajadores y trabajadoras de la salud, sacerdotes, religiosos, religiosas. Pero esta pandemia también ha puesto en evidencia que no todos tienen acceso a un buen sistema sanitario público”, señala.

En este sentido, Francisco señala que “los países más pobres, los países más vulnerables, no pueden acceder a los tratamientos, necesarios para atender tantas y tantas enfermedades que siguen sufriendo. Muchas veces, esto se debe a una mala administración de los recursos y a la falta de un compromiso político serio”.

“Por eso quiero pedir a los gobiernos de todos los países del mundo que no olviden que un buen servicio sanitario, accesible a todos, es una prioridad”, prosigue.

El Pontífice recuerda que el servicio sanitario “no es solo una organización, si no están los hombres y mujeres que dedican su vida a cuidar de la salud del otro. Y que han dado, durante esta pandemia, la vida por ayudar a recuperarse a tantos enfermos”.

“Recemos para que el compromiso del personal sanitario de atender a los enfermos y a los ancianos, especialmente en los países más pobres, sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales”, concluye.

Panorama del sistema sanitario

La nota de prensa oficial del Video del Papa señala que según el reporte “Panorama de la salud 2021” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la mala situación del sistema sanitario ha impactado en la atención que reciben los enfermos. Entre los diferentes factores, la falta de personal sanitario ha sido más limitante que el número de camas de hospital o el equipamiento técnico.

En un contexto tan difícil, que ha agravado las emergencias existentes, la dedicación de los trabajadores sanitarios en distintos proyectos en todo el mundo, relatada por las imágenes de este Video del Papa, ha jugado un papel decisivo: las campañas “Una vacuna para nosotros” y “Las madres y los niños primero” de CUAMM – Médicos con África; el proyecto de AVSI en Uganda para llevar a las mujeres embarazadas al hospital en moto; el trabajo en varios países de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Fatebenefratelli); el trabajo de las Ministras de los Enfermos de San Camilo en Tailandia y de Religiosos Camilos en Brasil; las estructuras sanitarias en Bangladesh y Perú de COE, Apurimac ETS y la Comunidad Misionera de Villaregia, organizaciones miembros de FOCSIV. Una mención especial merece el trabajo del doctor Erik Jennings Simões -también protagonista de este vídeo-, que desde hace veinte años asiste a los indígenas de la selva amazónica brasileña, donde ha llevado el primer servicio de neurocirugía.

El P. Frédéric Fornos, director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, por su parte comenta a propósito de esta intención: “El Papa Francisco está siempre muy atento a las personas, a los enfermos, a los ancianos, a los más vulnerables. Este pedido de oración, para todo el mes de abril, está dedicado al personal sanitario que los atiende. Han atravesado situaciones de crisis y muchas veces sin el apoyo adecuado, en particular en los países con menos recursos. La pandemia ha demostrado que el sistema de salud y el personal sanitario son esenciales para la sociedad. El Papa pide que se los apoye con más recursos, en particular en los países que tienen un frágil sistema de salud, de lo contrario nos encontraremos con ‘otras pandemias’. Confiemos esta intención de oración al Señor y actuemos en este sentido”.

 

 

CONTEMPLAR LA PASIÓN

— La costumbre de meditar la Pasión de Nuestro Señor. Amor y devoción al Crucifijo.

— Cómo meditar la Pasión.

— Frutos de esta meditación.

I. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme. Yo te di a beber el agua salvadora que brotó de la peña; tú me diste a beber hiel y vinagre. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho...?1.

La liturgia de estos días nos acerca ya al misterio fundamental de nuestra fe: la Resurrección del Señor. Si todo el año litúrgico se centra en la Pascua, este tiempo «aún exige de nosotros una mayor devoción, dada su proximidad a los sublimes misterios de la misericordia divina»2. «No recorramos, sin embargo, demasiado deprisa ese camino; no dejemos caer en el olvido algo muy sencillo, que quizá, a veces, se nos escapa: no podremos participar de la Resurrección del Señor, si no nos unimos a su Pasión y a su Muerte (Cfr. Rom 8, 17). Para acompañar a Cristo en su gloria, al final de la Semana Santa, es necesario que penetremos antes en su holocausto, y que nos sintamos una sola cosa con Él, muerto sobre el Calvario»3. Por eso, durante estos días, acompañemos a Jesús, con nuestra oración, en su vía dolorosa y en su muerte en la Cruz. Mientras le hacemos compañía, no olvidemos que nosotros fuimos protagonistas de aquellos horrores, porque Jesús cargó con nuestros pecados4, con cada uno de ellos. Fuimos rescatados de las manos del demonio y de la muerte eterna a gran precio5, el de la Sangre de Cristo.

La costumbre de meditar la Pasión tiene su origen en los mismos comienzos del Cristianismo. Muchos de los fieles de Jerusalén de la primera hora tendrían un recuerdo imborrable de los padecimientos de Jesús, pues ellos mismos estuvieron presentes en el Calvario. Jamás olvidarían el paso de Cristo por las calles de la ciudad la víspera de aquella Pascua. Los Evangelistas dedicaron una buena parte de sus escritos a narrar con detalle aquellos sucesos. «Leamos constantemente la Pasión del Señor –recomendaba San Juan Crisóstomo–. ¡Qué rica ganancia, cuánto provecho sacaremos! Porque al contemplarle sarcásticamente adorado, con gestos y con acciones, y hecho blanco de burlas, y después de esta farsa abofeteado y sometido a los últimos tormentos, aun cuando fueres más duro que una piedra, te volverás más blando que la cera, y arrojarás toda soberbia de tu alma»6. ¡A cuántos ha convertido la meditación atenta de la Pasión!

Santo Tomás de Aquino decía: «la Pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida»7. Y visitando un día a San Buenaventura, le preguntó Santo Tomás de qué libros había sacado tan buena doctrina como exponía en sus obras. Se dice que San Buenaventura le presentó un Crucifijo, ennegrecido ya por los muchos besos que le había dado, y le dijo: «Este es el libro que me dicta todo lo que escribo; lo poco que sé aquí lo he aprendido»8. En él los santos aprendieron a padecer y a amar de verdad. En él debemos aprender nosotros. «Tu Crucifijo. —Por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu Crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también»9.

La Pasión del Señor debe ser tema frecuente de nuestra oración, pero especialmente lo ha de ser en estos días ya próximos al misterio central de nuestra redención.

II. «En la meditación, la Pasión de Cristo sale del marco frío de la historia o de la piadosa consideración, para presentarse delante de los ojos, terrible, agobiadora, cruel, sangrante..., llena de Amor»10.

Nos hace mucho bien contemplar la Pasión de Cristo: en nuestra meditación personal, al leer el Santo Evangelio, en los misterios dolorosos del Santo Rosario, en el Vía Crucis... En ocasiones nos imaginamos a nosotros mismos presentes entre los espectadores que fueron testigos de esos momentos. Ocupamos un lugar entre los Apóstoles durante la Última Cena, cuando nuestro Señor les lavó los pies y les hablaba con aquella ternura infinita, en el momento supremo de la institución de la Sagrada Eucaristía...; uno más entre los tres que se durmieron en Getsemaní, cuando el Señor más esperaba que le acompañásemos en su infinita soledad...; uno entre los que presenciaron el prendimiento; uno entre los que oyeron decir a Pedro, con juramento, que no conocía a Jesús; uno que oyó a los falsos testigos en aquel simulacro de juicio, y vio al sumo sacerdote rasgarse las vestiduras ante las palabras de Jesús; uno entre la turba que pedía a gritos su muerte y que le contemplaba levantado en la Cruz en el Calvario. Nos colocamos entre los espectadores y vemos el rostro deformado pero noble de Jesús, su infinita paciencia...

También podemos intentar, con la ayuda de la gracia, contemplar la Pasión como la vivió el mismo Cristo11. Parece imposible, y siempre será una visión muy empobrecida con relación a la realidad, a lo que de hecho sucedió, pero para nosotros puede llegar a ser una oración de extraordinaria riqueza. Dice San León Magno que «el que quiera de verdad venerar la pasión del Señor debe contemplar de tal manera a Jesús crucificado con los ojos del alma que reconozca su propia carne en la carne de Jesús»12.

¿Qué experimentaría la santidad infinita de Jesús en Getsemaní, cargando con todos los pecados del mundo, la infamias, las deslealtades, los sacrilegios...? ¿Qué soledad ante aquellos tres discípulos que había llevado para que le acompañaran y por tres veces encontró dormidos? También ve, en todos los siglos, a aquellos amigos suyos que se quedarán dormidos en sus puestos, mientras los enemigos están en vigilia.

III. Para conocer y seguir a Cristo debemos conmovernos ante su dolor y desamparo, sentirnos protagonistas, no solo espectadores, de los azotes, las espinas, los insultos, los abandonos, pues fueron nuestros pecados los que le llevaron al Calvario. Pero «conviene que profundicemos en lo que nos revela la muerte de Cristo, sin quedarnos en formas exteriores o en frases estereotipadas. Es necesario que nos metamos de verdad en las escenas que revivimos (...): el dolor de Jesús, las lágrimas de su Madre, la huida de los discípulos, la valentía de las santas mujeres, la audacia de José y de Nicodemo, que piden a Pilato el cuerpo del Señor»13.

«Quisiera sentir lo que sientes, pero no es posible. Tu sensibilidad –eres perfecto hombre– es mucho más aguda que la mía. A tu lado compruebo, una vez más, que no sé sufrir. Por eso me asusta tu capacidad de darlo todo sin reservas.

»Jesús, necesito decirte que soy cobarde, muy cobarde. Pero al contemplarte clavado ya al madero, “sufriendo cuanto se puede sufrir, con los brazos extendidos en ese gesto de sacerdote eterno” (Santo Rosario, San Josemaría Escrivá), voy a pedirte una locura: quiero imitarte, Señor. Quiero entregarme de una vez, de verdad, y estar dispuesto a llegar hasta donde tú me lleves. Sé que es una petición muy por encima de mis fuerzas. Pero sé, Jesús, que te quiero»14.

«Acerquémonos, en suma, a Jesús muerto, a esa Cruz que se recorta sobre la cumbre del Gólgota. Pero acerquémonos con sinceridad, sabiendo encontrar ese recogimiento interior que es señal de madurez cristiana. Los sucesos divinos y humanos de la Pasión penetrarán de esta forma en el alma, como palabra que Dios nos dirige, para desvelar los secretos de nuestro corazón y revelarnos lo que espera de nuestras vidas»15.

La meditación de la Pasión de Cristo nos consigue innumerables frutos. En primer lugar nos ayuda a tener una aversión grande a todo pecado, pues Él fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados16. Jesús crucificado debe ser el libro en el cual, a ejemplo de los santos, debemos leer de continuo para aprender a detestar el pecado y a inflamarnos en el amor de un Dios tan amante; porque en las llagas de Cristo leemos la malicia del pecado, que le condenó a sufrir muerte tan cruel e ignominiosa para satisfacer a la Justicia divina, y las pruebas del amor que Jesucristo ha tenido con nosotros, sufriendo tantos dolores precisamente para declararnos lo mucho que nos amaba17.

«—Y se siente que el pecado no se reduce a una pequeña “falta de ortografía”: es crucificar, desgarrar a martillazos las manos y los pies del Hijo de Dios, y hacerle saltar el corazón»18. Un pecado es mucho más que «un error humano».

Los padecimientos de Cristo nos animan a huir de todo lo que pueda significar aburguesamiento, desgana y pereza. Avivan nuestro amor y alejan la tibieza. Hacen a nuestra alma mortificada, guardando mejor los sentidos.

Si alguna vez el Señor permite enfermedades, dolores o contradicciones particularmente intensas y graves, nos será de gran ayuda y alivio el considerar los dolores de Cristo en su Pasión. Él experimentó todos los sufrimientos físicos y morales, pues «padeció de los gentiles y de los judíos, de los hombres y de las mujeres, como se ve en las sirvientas que acusaron a San Pedro. Padeció también de los príncipes y de sus ministros, y de la plebe... Padeció de los parientes y conocidos, pues sufrió por causa de Judas, que le traicionó, y de Pedro, que le negó. De otra parte, padeció cuanto el hombre puede padecer. Pues Cristo padeció de los amigos, que le abandonaron; padeció en la fama, por las blasfemias proferidas contra Él; padeció en el honor y en la honra, por las irrisiones y burlas que le infirieron; en los bienes, pues fue despojado hasta de los vestidos; en el alma, por la tristeza, el tedio y el temor; en el cuerpo, por las heridas y los azotes»19.

Hagamos el propósito de estar más cerca de la Virgen estos días que preceden a la Pasión de su Hijo, y pidámosle que nos enseñe a contemplarle en esos momentos en los que tanto sufrió por nosotros.

1 Improperios. Liturgia del Viernes Santo. — 2 San León Magno, Sermón 47.  3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 95.  4 Cfr. 1 Pdr 2, 24. — 5 Cfr. 1 Cor 6, 20. — 6 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 87, 1. — 7 Santo Tomás, Sobre el Credo, 6. — 8 Citado por San Alfonso Mª de Ligorio, Meditaciones sobre la Pasión, 1, 4. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 302. — 10 ídem, Surco, n. 993. — 11 Cfr. R. A. Knox, Ejercicios para seglares, Rialp, Madrid 1956, pp. 137 ss. — 12 San León Magno, Sermón 15 sobre la Pasión. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 101. — 14 M. Montenegro, Vía Crucis, Palabra, 3ª ed., Madrid 1976, XI. — 15 San Josemaría Escrivá, loc. cit. — 16 Is 53, 5. — 17 San Alfonso Mª de Ligorio, o. c., 1, 4. — 18 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 993. — 19 Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 46 a. 5.

 

Meditaciones: jueves de la 5 semana de Cuaresma

Reflexión para meditar el jueves de la 5 semana de Cuaresma. Los temas propuestos son: Dios es fiel; la promesa de Dios vence cualquier obstáculo; el hilo de la esperanza.

07/04/2022


«Esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos» (Gn 17,3-9), dice Dios a Abraham al establecer su Alianza. El Señor le promete un pueblo numeroso y una tierra para compartir la alegría de estar con él. Dios se compromete a ser fiel a ese pueblo de la promesa: «Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros» (Gn 17,7).

Estas promesas, sin embargo, atravesaron por momentos de aparente oscuridad. Incluso hay ocasiones en las que parece que van a ser olvidadas, como cuando el Señor pide a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac. Desde un punto de vista solamente humano, no se entiende una petición así. Pero el patriarca sabe que Dios es fiel, y razona desde la fe. Sabe que sus planes no siempre se pueden comprender totalmente, aquí y ahora. Por eso, confía en Yahvé, que sabe más, y espera «contra toda esperanza» (Rm 4,18). En el último momento, un cordero sustituirá a Isaac en el sacrificio para que el hijo de Abraham siga con vida y, en él, se pueda cumplir la promesa de una descendencia numerosa.

Este recuerdo del patriarca nos ayuda a preparar la celebración del Triduo Pascual. Próximamente recordaremos cómo este misterioso episodio cobró su sentido pleno en la cruz. Así como Isaac fue sustituido por un cordero en el último momento, el sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, librará de la muerte a todo el que crea en él: nos abrirá las puertas de la patria definitiva junto a un pueblo numerosísimo.


JESÚS REVELA en el Evangelio que el alcance de las promesas hechas a Abraham se refieren, en realidad, a una vida que va más allá de la muerte. «En verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre» (Jn 8,51). A algunos judíos se les dificultó abrirse a este sentido trascendente de las promesas, y acusan a Jesús: «Ahora vemos que estás endemoniado. (…) Abrahán murió, los profetas también. (…) ¿Por quién te tienes?» (Jn 8,52-53). Pero esa rabia contra Jesús, que lo llevará a la cruz como cordero inmolado, estará precisamente dando un cumplimiento insospechado a lo prometido. Esto ha ocurrido con frecuencia a lo largo de la historia de la salvación: cuando el horizonte parece cerrarse a los planes de Dios, el hilo de las promesas atraviesa cada etapa de la historia, sin romperse.

«Abraham, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría (Jn 8,56)», les responde Jesús. La seguridad en las promesas del Señor es el motivo más firme de paz y de alegría para el que espera. No hay nada que nos pueda arrebatar esa seguridad, fundamentada en la fidelidad de Dios. Pase lo que pase, él nos ha prometido que será siempre nuestro Dios.

La esperanza es «esa virtud que corre bajo el agua de la vida, pero que nos sostiene para no ahogarnos en medio de numerosas dificultades, para no perder ese deseo de encontrar a Dios, de encontrar ese rostro maravilloso que todos un día veremos»1. A partir de Cristo, el hilo de las promesas hechas a Abraham continúa en la Iglesia, que se abre paso a lo largo de la historia como un hilo de esperanza. También en los momentos más oscuros, cuando parece que ese hilo se va a romper, aparecen hombres y mujeres de fe que, como Abraham, saben que Dios es fiel. Ellos también, esperando contra toda esperanza, se saben portadores de las promesas de Dios. «He visto, en muchas vidas –decía san Josemaría–, que la esperanza en Dios enciende maravillosas hogueras de amor, con un fuego que mantiene palpitante el corazón, sin desánimos, sin decaimientos, aunque a lo largo del camino se sufra»2.


ESTE HILO DE ESPERANZA es el tema de una meditación predicada por san Josemaría el 26 de julio de 19373. Se encontraba encerrado en la Legación de Honduras, en Madrid. El Opus Dei llevaba muy pocos años y su actividad se había visto frenada en seco por la guerra civil española. Las vidas de los primeros fieles de la Obra corrían peligro, quizás podían verse tentados por el pesimismo, así que san Josemaría quiso elevar la mirada de ese grupo de jóvenes, recordándoles cómo Dios se mantiene fiel siempre, suscitando en cada época hombres y mujeres santos que renuevan la esperanza.

En esa meditación, comienza recordando a los primeros cristianos. Nada les distinguía de sus iguales, salvo «la luz vibrante que arde dentro de su pecho». A través de ellos, «la voz de Cristo suena cada vez más fuertemente». Y cuando, a la vuelta de los siglos, ese fervor de los primeros cristianos parecía que se había atenuado, Dios suscitó a san Francisco y a santo Domingo, y apareció una nueva vitalidad espiritual que hizo revivir al mundo. En el siglo XVI surgieron san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, cuya obra de evangelización llegaría hasta los confines de la tierra. Y también una mujer, Teresa de Ahumada, suscitará en la Iglesia, auténticos «generadores de vida espiritual intensa» con la fundación de sus conventos.

San Josemaría puso delante de esos jóvenes de principios del siglo XX algunos hitos históricos para concluir que el Señor sigue siendo fiel a sus promesas. «Dios no se ha cortado las manos. Non est abbreviata manus Domini; no se ha empequeñecido el poder de Dios, que continúa concediendo nuevas maravillas en favor de los hombres». Nosotros estamos también invitados a ser portadores de ese hilo de esperanza que vivifica cada época de la historia. La Virgen, esperanza nuestra, nos ayudará a llevar la alegría Cristo a todos los hombres.


Francisco, Homilía, 17-III-2016.
San Josemaría, Amigos de Dios, n. 205.
San Josemaría, Crecer para adentro, “Non est abbreviata manus domini”, 26-VII-1937.

 

“La tristeza es la escoria del egoísmo”

Que nadie lea tristeza ni dolor en tu cara, cuando difundes por el ambiente del mundo el aroma de tu sacrificio: los hijos de Dios han de ser siempre sembradores de paz y de alegría. (Surco, 59)

7 de abril

Los hijos de Dios, ¿por qué vamos a estar tristes? La tristeza es la escoria del egoísmo; si queremos vivir para el Señor, no nos faltará la alegría, aunque descubramos nuestros errores y nuestras miserias. La alegría se mete en la vida de oración, hasta que no nos queda más remedio que romper a cantar: porque amamos, y cantar es cosa de enamorados.

Si vivimos así, realizaremos en el mundo una tarea de paz; sabremos hacer amable a los demás el servicio al Señor, porque Dios ama al que da con alegría. El cristiano es uno más en la sociedad; pero de su corazón desbordará el gozo del que se propone cumplir, con la ayuda constante de la gracia, la Voluntad del Padre. Y no se siente víctima, ni capitidisminuido, ni coartado. Camina con la cabeza alta, porque es hombre y es hijo de Dios.

Nuestra fe confiere todo su relieve a estas virtudes que ninguna persona debería dejar de cultivar. Nadie puede ganar al cristiano en humanidad. Por eso el que sigue a Cristo es capaz -no por mérito propio, sino por gracia del Señor- de comunicar a los que le rodean lo que a veces barruntan, pero no logran entender: que la verdadera felicidad, el auténtico servicio al prójimo pasa sólo por el Corazón de Nuestro Redentor, perfectus Deus, perfectus homo(Amigos de Dios, nn. 92-93)

 

 

Por el personal sanitario

Apoyo para el personal sanitario que en la pandemia ha demostrado su entrega, compromiso y generosidad es la intención de oración el Papa Francisco en el mes de abril. Y también una llamada para que el sistema sanitario de los países más vulnerables reciban un apoyo financiero y político.

06/04/2022

Recemos este mes por el personal sanitario. La pandemia nos ha mostrado la entrega, la generosidad del personal sanitario, voluntarios, trabajadores y trabajadoras de la salud, sacerdotes, religiosos, religiosas. 

Pero esta pandemia también ha puesto en evidencia que no todos tienen acceso a un buen sistema sanitario público. Los países más pobres, los países más vulnerables, no pueden acceder a los tratamientos, necesarios para atender tantas y tantas enfermedades que siguen sufriendo. 

Muchas veces, esto se debe a una mala administración de los recursos y a la falta de un compromiso político serio. Por eso quiero pedir a los gobiernos de todos los países del mundo que no olviden que un buen servicio sanitario, accesible a todos, es una prioridad. 

Pero también quiero recordar que el servicio sanitario no es solo una organización, si no están los hombres y mujeres que dedican su vida a cuidar de la salud del otro. Y que han dado, durante esta pandemia, la vida por ayudar a recuperarse a tantos enfermos. 

INTENCIÓN DEL PAPA FRANCISCO Por los sanitarios Recemos para que el compromiso del personal sanitario de atender a los enfermos y a los ancianos, especialmente en los países más pobres, sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales. y ABRIL 2022

Recemos para que el compromiso del personal sanitario de atender a los enfermos y a los ancianos, especialmente en los países más pobres, sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales.


Intenciones mensuales anteriores. Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

 

 

La intimidad en el matrimonio: felicidad para los esposos y apertura a la vida (I)

El amor conyugal es un amor de entrega en el que el deseo humano se dirige a la formación de una comunión de personas. Nuevo editorial de la serie sobre el amor humano.

05/05/2016

1. El amor es la vocación fundamental innata de la persona humana como imagen de Dios

El amor es la vocación fundamental innata de la persona humana como imagen de Dios[1]; y el matrimonio es uno de los modos específicos de realizar íntegramente esa vocación de la persona humana al amor. Por eso mismo, es el cauce para la realización personal de los esposos. “El amor humano y los deberes conyugales –decía san Josemaría refiriéndose a los casados– son parte de la vocación divina”[2]; así, en otra ocasión, les recordaba “que no han de tener miedo a expresar el cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar”[3].

EL PACTO CONYUGAL CREA ENTRE LOS ESPOSOS UN MODO ESPECÍFICO DE SER, DE AMARSE, DE CONVIVIR Y DE PROCREAR.

Es claro, sin embargo, que cualquier forma de relación entre los esposos no sirve como expresión del amor humano, ni tampoco –en este caso– del amor conyugal. Tan solo cumple ese cometido aquella forma de relacionarse que, como consecuencia de la recíproca donación personal surgida de la alianza matrimonial, y por ello, siendo propia de los esposos, recibe el nombre de amor conyugal. El pacto conyugal crea entre los esposos un modo específico de ser, de amarse, de convivir y de procrear: el conyugal, que se expresa en multitud de actos y comportamientos del acontecer íntimo cotidiano.

2. La sexualidad humana es parte integrante de la concreta capacidad de amar que tiene el ser humano por ser imagen de Dios

La persona humana en abstracto no existe, sino la persona sexuada; porque la sexualidad es constitutiva del ser humano. “La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro”[4]. La sexualidad es inseparable de la persona; no es un simple atributo, un dato más. Es un propio modo de ser. Es la persona misma la que siente y se expresa a través de la sexualidad. Lo amado, en el amor conyugal, es la entera persona del otro, en cuanto y por cuanto es varón o mujer.

"EL HOMBRE Y LA MUJER, COMO PAREJA, SON IMAGEN DE DIOS" (PAPA FRANCISCO)

Tanto el hombre como la mujer son imagen de Dios como persona humana sexuada. “Y como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en muchas formas de vida, en la larga serie de los seres vivos. Pero sólo en el hombre y en la mujer esa diferencia lleva en sí la imagen y la semejanza de Dios: el texto bíblico lo repite tres veces en dos versículos (26-27): hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no sólo el hombre en su individualidad es imagen de Dios, no sólo la mujer en su individualidad es imagen de Dios, sino también el hombre y la mujer, como pareja, son imagen de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios” [5].

3. Los esposos responden a la vocación al amor en la medida que sus relaciones recíprocas se pueden describir como amor conyugal

Es necesario, por eso, identificar adecuadamente, qué es y qué exigencias conlleva el amor conyugal. De acertar o no en la respuesta va a depender la felicidad de los esposos. ¿Cuáles son las notas y las exigencias características del amor conyugal? El amor conyugal es un amor plenamente humano, total, fiel, exclusivo y fecundo[6].

a. El amor conyugal es un amor plenamente humano y total. Ha de abarcar la persona de los esposos en todos sus niveles: cuerpo y espíritu, sentimientos y voluntad, etc. Es un amor de entrega en el que el deseo humano, que comprende también el “eros”, se dirige a la formación de una comunión de personas. No sería conyugal el amor que excluyera la sexualidad o que, en el otro extremo, la considerase como un mero instrumento de placer. Los esposos han de compartir todo sin reservas y cálculos egoístas, amando cada uno a su consorte no por lo que de él recibe, sino por sí mismo. No es, pues, amor auténticamente humano y conyugal el que teme dar todo cuanto tiene y darse totalmente a sí mismo, el que sólo piensa en sí, o incluso el que piensa más en sí que en la otra persona.

SI EL AMOR CONYUGAL ES TOTAL Y DEFINITIVO, HA DE TENER TAMBIÉN COMO CARACTERÍSTICA NECESARIA LA EXCLUSIVIDAD Y LA FIDELIDAD

b. Un amor fiel y exclusivo. Si el amor conyugal es total y definitivo, ha de tener también como característica necesaria la exclusividad y la fidelidad. “La unión íntima, prevista por el Creador, por ser donación mutua de dos personas, hombre y mujer, exige la plena fidelidad de los esposos e impone su indisoluble unidad”[7]. La fidelidad no sólo es connatural al matrimonio sino también manantial de felicidad profunda y duradera. Positivamente, la fidelidad comporta la donación recíproca sin reservas ni condiciones; negativamente, entraña que se excluya cualquier intromisión de terceras personas –y, esto, a todos los niveles: de pensamiento, palabra y obras– en la relación conyugal.

c. Y un amor fecundo, abierto a la vida. El amor conyugal está orientado a prolongarse en nuevas vidas; no se agota en los esposos. La tendencia a la procreación pertenece a la naturaleza de la sexualidad. En consecuencia, la apertura a la fecundidad es una exigencia de la verdad del amor matrimonial y un criterio de su autenticidad. Los hijos son, sin duda, el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres (otra cosa distinta es que, de hecho, surjan o no nuevas vidas).

Estas características del amor son inseparables: si faltara una de ellas tampoco se darían las demás. Son aspectos de la misma realidad.

4. El amor conyugal: don y tarea

El amor de los esposos es don y derivación del mismo amor creador y redentor de Dios. El sacramento del matrimonio, concedido a los esposos como don y como gracia, es una expresión del proyecto de Dios para los hombres y de su poder salvífico, capaz de llevarles hasta la realización plena de su designio. Además de ser un don, el matrimonio implica una tarea del varón y la mujer; una tarea que empeña la libertad y la responsabilidad, y la fe.

EL AMOR CONYUGAL ES EXIGENTE Y ESTÁ LLAMADO A CULTIVARSE. COMO VIRTUD, LOS ESPOSOS LO HAN DE CONSTRUIR CONSTANTEMENTE.

El amor conyugal no se agota en un solo acto, sino que se expresa a través de una multitud de obras diarias grandes o pequeñas. Es una disposición estable (un hábito) de la persona y, al mismo tiempo, una tarea. El amor conyugal es exigente y está llamado a cultivarse. Como virtud, los esposos lo han de construir constantemente, conforme a las circunstancias de cada uno de ellos y de los afanes y agobios de cada día.

“El secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad”[8].

La felicidad conyugal no es posible si la relación no se cultiva y se cuida día a día, a través de hechos concretos de amor –expresados en palabras, en gestos de ternura, en detalles de cariño, en actos de generosidad, de confianza, de sinceridad, de cooperación, etc.–, que hacen realidad el mutuo compromiso de vivir en el amor (en-amor-dados).

Javier Escrivá Ivars


[1] cfr. Gn 1, 27

[2] Conversaciones, 91.

[3] Es Cristo que pasa, 25.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2332.

[5] Papa Francisco, Audiencia 15-IV-2015.

[6] cfr. Humanae vitae, 9.

[7] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 48, 49 y 50. No hay que ver la fidelidad sólo como una respuesta a un compromiso adquirido, sino, sobre todo, como la lógica consecuencia que se deriva del amor total, de la recíproca donación personal sin reservas ni límites. Un amor con estas características no puede menos que ser exclusivo y para siempre.

[8] “…Pobre concepto tiene del matrimonio, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo” (san Josemaría, Conversaciones, 91).

 

¿Qué es el matrimonio?

¿Que dijo Jesucristo sobre el matrimonio? ¿Cómo se celebra y qué efectos tiene ese sacramento? ¿Puede haber matrimonio nulo? ¿Acepta la Iglesia la separación de los cónyuges? Respuesta a las preguntas más habituales sobre el matrimonio.

Respuesta a las preguntas más habituales sobre el matrimonio.

07/06/2018

“Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se «refleja» en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros”. Papa Fracisco, Audiencia 2 abril 2014.

Sumario
1. ¿Qué es el matrimonio?
2. ¿Qué dijo Jesucristo acerca del matrimonio?
3. ¿Qué es el matrimonio como sacramento?
4. ¿Cómo se celebra el matrimonio?
5. ¿Cúal es el aspecto esencial en la celebración del matrimonio? ¿ Qué es el consentimiento matrimonial?
6. ¿Puede haber matrimonio-sacramento nulo? ¿Qué motivos hacen que sea nulo un matrimonio?
7. ¿Qué efectos tiene el sacramento del matrimonio?
8. ¿Matrimonio para toda la vida? ¿Qué es el amor conyugal?
9. Hijos en el matrimonio y matrimonios sin hijos
10. ¿Qué significa la expresión “Iglesia doméstica”?
11. ¿Admite la Iglesia la separación de los cónyuges?


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1. ¿Qué es el matrimonio?

La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio, a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. Aunque la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad.

Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Como dice el Génesis, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, que es Amor. Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador.

La Sagrada Escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: En el Génesis queda recogido que "No es bueno que el hombre esté solo". La mujer, "carne de su carne", su igual, la criatura más semejante al hombre mismo, le es dada por Dios. "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne". Esta unión indefectible es explicada por el Señor mismo cuando recuerda cuál fue "en el principio", el plan del Creador: "De manera que ya no son dos sino una sola carne", tal y como recoge el evangelio de san Mateo. Catecismo de la Iglesia Católica, 1603-1605

Texto de san Josemaría para meditar

¿Te ríes porque te digo que tienes "vocación matrimonial"? —Pues la tienes: así, vocación. Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías. Camino, 27

2. ¿Qué dijo Jesucristo acerca del matrimonio?

Al inicio de su vida pública, Jesús realiza su primer milagro —a petición de su Madre— con ocasión de un banquete de boda (ver el relato de las bodas de Caná en en evangelio de san Juan 2,1-11). La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en estas bodas. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo.

En su predicación, Jesús enseñó sin ambigüedad el sentido original de la unión del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorización, dada por Moisés, de repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón; la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableció: "lo que Dios unió, que no lo separe el hombre": son palabras de Jesús recogidas en el evangelio de san Mateo. Catecismo de la Iglesia Católica, 1613-1614

Texto de san Josemaría para meditar

El amor puro y limpio de los esposos es una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos. La tradición cristiana ha visto frecuentemente, en la presencia de Jesucristo en las bodas de Caná, una confirmación del valor divino del matrimonio: fue nuestro Salvador a las bodas —escribe San Cirilo de Alejandría— para santificar el principio de la generación humana.

El matrimonio es un sacramento que hace de dos cuerpos una sola carne; como dice con expresión fuerte la teología, son los cuerpos mismos de los contrayentes su materia. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de sus almas, sino la de sus cuerpos. Ningún cristiano, esté o no llamado a la vida matrimonial, puede desestimarla. Es Cristo que pasa, 24

3. ¿Qué es el matrimonio como sacramento?

Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por nuestro Señor Jesucristo para santificarnos. El sacramento del Matrimonio es uno de los siete sacramentos instituído por Jesucristo, que cuando se recibe con las disposiciones adecuadas, da la gracia –una ayuda sobrenatural- para vivirlo cristianamente.

La afirmación, inequívoca, de Jesucristo sobre la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable. Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, Jesús a través del sacramento del Matrimonio da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.

Es lo que el apóstol Pablo en la carta a los Efesios da a entender diciendo: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla", y añadiendo enseguida: «"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne". Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia». Catecismo de la Iglesia Católica, 1615-1616

Texto de san Josemaría para meditar

El Matrimonio es un sacramento santo. —A su tiempo, cuando hayas de recibirlo, que te aconseje tu director o tu confesor la lectura de algún libro provechoso. —Y te dispondrás mejor a llevar dignamente las cargas del hogar. Camino, 26

4. ¿Cómo se celebra el matrimonio?

Según la tradición latina, los esposos se confieren mutuamente el sacramento del matrimonio cuando manifiestan su consentimiento ante un representante de la Iglesia. Los esposos son pues los ministros del sacramento.

El sacerdote (o el diácono) que asiste a la celebración del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el Matrimonio es una realidad eclesial.

Por esta razón, la Iglesia exige ordinariamente para sus fieles la forma eclesiástica de la celebración del matrimonio. Varias razones concurren para explicar esta determinación:
— El matrimonio sacramental es un acto litúrgico. Por tanto, es conveniente que sea celebrado en la liturgia pública de la Iglesia.
— El matrimonio crea derechos y deberes en la Iglesia entre los esposos y para con los hijos.
— Por ser el matrimonio un estado de vida en la Iglesia, es preciso que exista certeza sobre él (de ahí la obligación de tener testigos).
— El carácter público del consentimiento protege el "Sí" una vez dado y ayuda a permanecer fiel a él.

En el rito latino, la celebración del matrimonio entre dos fieles católicos tiene lugar ordinariamente -pero no necesariamente- dentro de la Santa Misa. En la Eucaristía se realiza el memorial de la Nueva Alianza, en la que Cristo se unió para siempre a la Iglesia, su esposa amada por la que se entregó.

Por ser un sacramento los esposos se deben disponer para recibir la gracia. Por tanto, conviene que se preparen bien a la celebración de su matrimonio recibiendo el sacramento de la Penitencia.

En este sacramento los esposos reciben el Espíritu Santo como Comunión de amor de Cristo y de la Iglesia. El Espíritu Santo es el sello de la alianza de los esposos, la fuente siempre generosa de su amor, la fuerza con que se renovará su fidelidad. Catecismo de la Iglesia Católica, 1621-1624

Texto de san Josemaría para meditar

El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios. Realizad las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid insisto ese algo divino que en los detalles se encierra: toda esta doctrina encuentra especial lugar en el espacio vital, en el que se encuadra el amor humano. Conversaciones , 121

5. ¿Cúal es el aspecto esencial en la celebración del matrimonio? ¿ Qué es el consentimiento matrimonial?

Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. "Ser libre" quiere decir:
— no obrar por coacción;
— no estar impedido por una ley natural o eclesiástica.

La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como el elemento indispensable "que hace el matrimonio". Si el consentimiento falta, no hay matrimonio.

El consentimiento consiste en "un acto humano, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente": "Yo te recibo como esposa" — "Yo te recibo como esposo" (Ritual de la celebración del Matrimonio, 62). Este consentimiento que une a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos "vienen a ser una sola carne".

El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo. Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento. Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido. Catecismo de la Iglesia Católica, 1625-1627

Textos de san Josemaría para meditar

Amar es... no albergar más que un solo pensamiento, vivir para la persona amada, no pertenecerse, estar sometido venturosa y libremente, con el alma y el corazón, a una voluntad ajena... y a la vez propia. Surco, 797

Nunca te habías sentido más absolutamente libre que ahora, que tu libertad está tejida de amor y de desprendimiento, de seguridad y de inseguridad: porque nada fías de ti y todo de Dios. Surco, 787

Digo constantemente, a los que han sido llamados por Dios a formar un hogar, que se quieran siempre, que se quieran con el amor ilusionado que se tuvieron cuando eran novios. Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido. Como dice la Escritura, aquae multae —las muchas dificultades, físicas y morales— non potuerunt extinguere caritatem (Cant 8, 7), no podrán apagar el cariño. Conversaciones, 91

6. ¿Puede haber matrimonio-sacramento nulo? ¿Qué motivos hacen que sea nulo un matrimonio?

Por falta de libertad (o por otras razones que hacen nulo e inválido el matrimonio), la Iglesia, tras examinar la situación por el tribunal eclesiástico competente, puede declarar "la nulidad del matrimonio", es decir, que el matrimonio no ha existido.

Para que el "Sí" de los esposos sea un acto libre y responsable, y para que la alianza matrimonial tenga fundamentos humanos y cristianos sólidos y estables, la preparación para el matrimonio es de primera importancia:
- El ejemplo y la enseñanza dados por los padres y por las familias son el camino privilegiado de esta preparación.
- El papel de los pastores y de la comunidad cristiana como "familia de Dios" es indispensable para la transmisión de los valores humanos y cristianos del matrimonio y de la familia, y esto con mayor razón en nuestra época en la que muchos jóvenes conocen la experiencia de hogares rotos que ya no aseguran suficientemente esta iniciación. Catecismo de la Iglesia Católica, 1625-1632

Textos de san Josemaría para meditar

Durante nuestro caminar terreno, el dolor es la piedra de toque del amor. En el estado matrimonial, considerando las cosas de una manera descriptiva, podríamos afirmar que hay anverso y reverso. De una parte, la alegría de saberse queridos, la ilusión por edificar y sacar adelante un hogar, el amor conyugal, el consuelo de ver crecer a los hijos. De otra, dolores y contrariedades, el transcurso del tiempo que consume los cuerpos y amenaza con agriar los caracteres, la aparente monotonía de los días aparentemente siempre iguales.

Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte. Es Cristo que pasa, 24

Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar. Es Cristo que pasa, 23

7. ¿Qué efectos tiene el sacramento del matrimonio?

El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios (cf Mc 10,9). Esto se conoce por el nombre de vínculo matrimonial y es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina.

La gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia "se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la acogida y educación de los hijos".

Cristo es la fuente de esta gracia. "Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos". Permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo. En las alegrías de su amor y de su vida familiar les da, ya aquí, un gusto anticipado del cielo. Catecismo de la Iglesia Católica, 1639-1642

Texto de san Josemaría para meditar

Es importante que los esposos adquieran sentido claro de la dignidad de su vocación, que sepan que han sido llamados por Dios a llegar al amor divino también a través del amor humano; que han sido elegidos, desde la eternidad, para cooperar con el poder creador de Dios en la procreación y después en la educación de los hijos; que el Señor les pide que hagan, de su hogar y de su vida familiar entera, un testimonio de todas las virtudes cristianas.

El matrimonio —no me cansaré nunca de repetirlo— es un camino divino, grande y maravilloso y, como todo lo divino en nosotros, tiene manifestaciones concretas de correspondencia a la gracia, de generosidad, de entrega, de servicio. El egoísmo, en cualquiera de sus formas, se opone a ese amor de Dios que debe imperar en nuestra vida. Este es un punto fundamental, que hay que tener muy presente, a propósito del matrimonio y del número de hijos. Conversaciones, 93

8. ¿Matrimonio para toda la vida? ¿Qué es el amor conyugal?

"El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona —reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad—; mira una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un alma; exige la indisolubilidad y la fidelidadde la donación recíproca definitiva; y se abre a fecundidad. En una palabra: se trata de características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no sólo las purifica y consolida, sino las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresión de valores propiamente cristianos".

El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: "De manera que ya no son dos sino una sola carne". Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada mediante el sacramento del Matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe común y por la Eucaristía recibida en común.

El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero.

Su motivo más profundo consiste en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo a su Iglesia. Por el sacramento del matrimonio los esposos son capacitados para representar y testimoniar esta fidelidad. Por el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio adquiere un sentido nuevo y más profundo.

Puede parecer difícil, incluso imposible, atarse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto más importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 1646-1648

Texto de san Josemaría para meditar

Con respecto a la castidad conyugal, aseguro a los esposos que no han de tener miedo a expresar el cariño: al contrario, porque esa inclinación es la base de su vida familiar. Lo que les pide el Señor es que se respeten mutuamente y que sean mutuamente leales, que obren con delicadeza, con naturalidad, con modestia. Les diré también que las relaciones conyugales son dignas cuando son prueba de verdadero amor y, por tanto, están abiertas a la fecundidad, a los hijos.

Cuando la castidad conyugal está presente en el amor, la vida matrimonial es expresión de una conducta auténtica, marido y mujer se comprenden y se sienten unidos; cuando el bien divino de la sexualidad se pervierte, la intimidad se destroza, y el marido y la mujer no pueden ya mirarse noblemente a la cara. Es Cristo que pasa, 25

9. Hijos en el matrimonio y matrimonios sin hijos

Los hijos son el don más excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres. El mismo Dios, que dijo: "No es bueno que el hombre esté solo y que hizo desde el principio al hombre, varón y mujer", queriendo comunicarle cierta participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo: "Creced y multiplicaos". De ahí que el cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de él procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más.
Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata.

Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida.

Sin embargo, los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio. Catecismo de la Iglesia Católica, 1643-1654

Textos de san Josemaría para meditar

Me conmueve que el Apóstol califique al matrimonio cristiano de “sacramentum magnum —sacramento grande. También de aquí deduzco que la labor de los padres de familia es importantísima.

—Participáis del poder creador de Dios y, por eso, el amor humano es santo, noble y bueno: una alegría del corazón, a la que el Señor —en su providencia amorosa— quiere que otros libremente renunciemos.
—Cada hijo que os concede Dios es una gran bendición divina: ¡no tengáis miedo a los hijos! Forja, 691

Escuchad a vuestros hijos, dedicadles también el tiempo vuestro, mostradles confianza; creedles cuanto os digan, aunque alguna vez os engañen; no os asustéis de sus rebeldías, puesto que también vosotros a su edad fuisteis más o menos rebeldes; salid a su encuentro, a mitad de camino, y rezad por ellos, que acudirán a sus padres con sencillez —es seguro, si obráis cristianamente así—, en lugar de acudir con sus legítimas curiosidades a un amigote desvergonzado o brutal. Vuestra confianza, vuestra relación amigable con los hijos, recibirá como respuesta la sinceridad de ellos con vosotros: y esto, aunque no falten contiendas e incomprensiones de poca monta, es la paz familiar, la vida cristiana. Es Cristo que pasa, 29

10. ¿Qué significa la expresión “Iglesia doméstica”?

Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios".

En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, Iglesia Doméstica. En el seno de la familia, "los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo.

Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras". El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo". Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida. Catecismo de la Iglesia Católica, 1655-1657

Textos de san Josemaría para meditar

La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.

Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... Hablando del matrimonio, de la vida matrimonial, es necesario comenzar con una referencia clara al amor de los cónyuges. Es Cristo que pasa, 23

Lo digo con agradecimiento y con orgullo de hijo, yo sigo rezando —por la mañana y por la noche, y en voz alta— las oraciones que aprendí cuando era niño, de labios de mi madre. Me llevan a Dios, me hacen sentir el cariño con que me enseñaron a dar mis primeros pasos de cristiano; y, ofreciendo al Señor la jornada que comienza o dándole gracias por la que termina, pido a Dios que aumente en la gloria la felicidad de los que especialmente amo, y que después nos mantenga unidos para siempre en el cielo. Conversaciones, 103

11. ¿Admite la Iglesia la separación de los cónyuges?

Existen situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble. Catecismo de la Iglesia Católica, 1649

 

 

¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuáles son sus principios?

En el camino de la salvación de cada persona, la lglesia se preocupa por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social. Por ello, desarrolla una brújula, una doctrina social que forme las conciencias y ayude a vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana.

20/01/2022

Sumario

  1. ¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?
  2. ¿Dónde se explica? (Desarrollo histórico)
  3. ¿Es la doctrina social de la Iglesia una especie de política o ideología?
  4. ¿Por qué la Iglesia opina en temas sociales?
  5. Principios de la doctrina social de la Iglesia

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«Con esta doctrina, la Iglesia no persigue fines de estructuración y organización de la sociedad, sino de exigencia, dirección y formación de las conciencias. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, n. 81).

“La Iglesia (...) tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación (Caritas in veritate, n. 9).

1. ¿Qué es la doctrina social de la Iglesia? (DSI)

La doctrina social es el anuncio de fe que hace el Magisterio ante las realidades sociales. Recogida en un compendio, esa defensa se traduce en indicaciones, consejos y exhortaciones por las que la Iglesia anima a los cristianos a ser ciudadanos responsables.

De hecho, “no existe unanimidad acerca de la realidad que se designa como «DSI». Juan Pablo II –en la que es la definición más precisa que ha dado el Magisterio– dice que es «la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial» (Sollicitudo Rei Socialis 41)”[1].

El único objetivo de la Iglesia es “ayudar al hombre en el camino de salvación”. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 69). Esta es su única misión y también la razón por la que la Iglesia tiene el derecho y el deber de desarrollar una doctrina social que forme las conciencias de los hombres y les ayude a vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana. Un cristiano coherente dirige todos los aspectos de su vida hacia Dios, viviendo según su designio salvífico. La Iglesia acompaña a los cristianos en esta tarea.

Esto incluye dimensiones de la vida humana y de la cultura como la economía y el trabajo, pasando por la comunicación y la política, hasta temas como la comunidad internacional y las relaciones entre las culturas y los pueblos.

La caridad es una «fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une» (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 207).

2. ¿Dónde se explica la doctrina social de la Iglesia?

La DSC nace con la Rerum Novarum de León XIII, papa que estaba muy preocupado por la “cuestión obrera”, es decir la situación de muchos trabajadores pobres del campo que ahora vivían miserablemente en las ciudades. A partir de ese momento las enseñanzas sociales, que existían desde el principio del cristianismo, se ordenan de manera sistemática. Las cartas sociales de los pontífices tendrán la Rerum Novarum como referencia. Entre las muchas encíclicas sociales, destacan además de la RN, las de san Juan Pablo II: Laborem Exercens (90 años desde la Rerum Novarum), Sollicitudo Rei Socialis y Centesimus Annus (100 años desde la Rerum Novarum). Recientemente, el Papa Francisco se ha dirigido a los cristianos con dos encíclicas de tema social: Laudato si' (2015) y Fratelli Tutti (2020).

Con el objeto de facilitar una búsqueda temática de los contenidos, en los últimos años se escribió un Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que puede servir como punto de referencia.

3. ¿La Doctrina Social de la Iglesia es una especie de política o de ideología?

No. Su competencia no se extiende a las cuestiones técnicas, ni propone sistemas de organización social, que no pertenecen a su misión: ésta se limita al ámbito moral y evangélico. Además, esa función no la realiza en base a un poder coercitivo (propio del Estado), ni sirviéndose del “brazo secular” (es decir, usando instituciones civiles que actúen según sus dictados, ejerciendo de este modo para su influencia en la sociedad); la ejerce mediante un poder de convicción, que respeta la laicidad de la vida pública. Por consiguiente, la enseñanza social del Magisterio no obstaculiza la autonomía de las realidades terrenas. Más bien, las interpreta para examinar su adecuación al espíritu evangélico y orientar la conducta cristiana.

“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones” (Gaudium et Spes, 76)

“En el orden de la moralidad, la Iglesia ejerce una misión distinta de la que ejercen las autoridades políticas: ella se ocupa de los aspectos temporales del bien común a causa de su ordenación al supremo Bien, nuestro fin último. Se esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso de los bienes terrenos y en las relaciones socioeconómicas”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2420)

Meditar con san Josemaría

“Esto trae consigo una visión más honda de la Iglesia, como comunidad formada por todos los fieles, de modo que todos somos solidarios de una misma misión, que cada uno debe realizar según sus circunstancias personales. Los laicos, gracias a los impulsos del Espíritu Santo, son cada vez más conscientes de ser Iglesia, de tener una misión específica, sublime y necesaria, puesto que ha sido querida por Dios. Y saben que esa misión depende de su misma condición de cristianos, no necesariamente de un mandato de la Jerarquía, aunque es evidente que deberán realizarla en unión con la Jerarquía eclesiástica y según las enseñanzas del Magisterio”(Conversaciones, 59)

Jamás he preguntado a alguno de los que a mí se han acercado lo que piensa en política: ¡no me interesa! Os manifiesto, con esta norma de mi conducta, una realidad que está muy metida en la entraña del Opus Dei, al que con la gracia y la misericordia divinas me he dedicado completamente, para servir a la Iglesia Santa. No me interesa ese tema, porque los cristianos gozáis de la más plena libertad, con la consecuente personal responsabilidad, para intervenir como mejor os plazca en cuestiones de índole política, social, cultural, etcétera, sin más límites que los que marca el Magisterio de la Iglesia (Amigos de Dios, 11)

“Nunca hablo de política. No pienso en el cometido de los cristianos en la tierra como en el brotar de una corriente político-religiosa —sería una locura—, ni siquiera aunque tenga el buen propósito de infundir el espíritu de Cristo en todas las actividades de los hombres. Lo que hay que meter en Dios es el corazón de cada uno, sea quien sea. Procuremos hablar para cada cristiano, para que allí donde está —en circunstancias que no dependen sólo de su posición en la Iglesia o en la vida civil, sino del resultado de las cambiantes situaciones históricas—, sepa dar testimonio, con el ejemplo y con la palabra, de la fe que profesa”. (Es Cristo que pasa, 183).

4. ¿Por qué la Iglesia opina en temas sociales?

La salvación obrada por Cristo y, consecuentemente, la misión de la Iglesia, alcanza al hombre en toda su integridad, incluido el ámbito social. De hecho, el cristianismo no puede ser restringido a meras devociones, sino que es antes un modo de vivir en sociedad.

El Papa Benedicto XVI afirma que la doctrina social de la Iglesia responde a la dinámica de caridad recibida y ofrecida y resume su función como el “anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad”. (Caritas in veritate, n. 5)

El Papa Francisco explica la razón por la cuál la Iglesia expresa su parecer en los asuntos que afectan a la comunidad mundial (Discurso del Santo Padre al cuerpo diplomático, 7 de enero de 2019), diciendo que es la misión espiritual que Jesucristo dirigió a San Pedro y sus sucesores la que impulsa al Pontífice y a la Santa Sede “a preocuparse por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social” y aclara que “la Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados”, sino que observa “las problemáticas que afectan a la humanidad”, para “ponerse al servicio del bien de todo ser humano” y “trabajar por favorecer la edificación de sociedades pacíficas y reconciliadas”. Por este motivo, la Iglesia no puede quedar al margen de las realidades humanas, e interviene con su doctrina para iluminar distintos aspectos de la sociedad.

La Iglesia desde su experiencia por el contacto con la gente y los pueblos, y desde su doctrina de fe apoyada en una profunda reflexión, es un gran interlocutor, para defender y dar voz a los más débiles, a las naciones pobres y al planeta amenazado por la crisis ecológica.

5. Principios de la doctrina social de la Iglesia

Esta preocupación de la Iglesia se concreta en valores que sirven de base para la actuación social. Todos ellos tienen base evangélica y están de acuerdo con la naturaleza humana, que la Iglesia asume y defiende, buscando llevarla a la plenitud, por la Redención obrada por Cristo. Estos valores son:

  1. La dignidad de la persona humana: la vida humana es sagrada y su dignidad inviolable, independientemente de la edad, el estado de salud, la riqueza o la condición social. Cada persona tiene derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural. Además, una vida digna conlleva paz, que en muchas ocasiones se ve amenazada por la guerra y la violencia.
  2. Familia y comunidad: el hombre es un ser social y tiene derecho a crecer en comunidad. El matrimonio y la familia son la base de la sociedad (ya en los comienzos de la Iglesia la familia era considerada “iglesia doméstica”, término que se recuperó en el Concilio Vaticano II y que san Juan Pablo II extendió). Todas las personas tienen derecho a participar en la sociedad.
  3. Derechos y deberes: todas las personas tienen derechos que hacer valer y deberes que cumplir, tanto a nivel individual como familiar y social. En particular de los trabajadores: la economía está al servicio de las personas, no al revés. Los trabajadores tienen derecho a un trabajo digno, seguro y bien remunerado.
  4. Opción preferencial por los pobres y vulnerables: Jesús nos enseñó que los más vulnerables en una sociedad tienen un lugar privilegiado en su Reino. Es un deber de justicia ayudar a todos a luchar contra la pobreza y las situaciones de riesgo, algo que el Papa Francisco ha recalcado desde el inicio de su pontificado.
  5. Bien Común: es “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (GS 26)
  6. Solidaridad: la Iglesia promueve la paz y la justicia por encima de diferencias de raza, nación, religión, etc. Hay una sola familia humana que todos somos responsables de cuidar.
  7. Subsidiariedad: el Estado debe permitir “a las asociaciones inferiores (resolver) aquellos asuntos y cuidados de menor importancia, en los cuales, por lo demás perdería mucho tiempo, con lo cual logrará realizar más libre, más firme y más eficazmente todo aquello que es de su exclusiva competencia” (QA 80).
  8. Cuidado de la creación: Dios puso al hombre al frente de las realidades terrenas para dominarlas y cuidarlas, manifestando en el respeto a otras criaturas el respeto debido al Creador. La crisis medioambiental tiene dimensiones morales.

Meditar con San Josemaría

“La Iglesia es, por tanto, inseparablemente humana y divina. Es sociedad divina por su origen, sobrenatural por su fin y por los medios que próximamente se ordenan a ese fin; pero, en cuanto se compone de hombres, es una comunidad humana (León XIII, encíclica Satis cognitum ASS 28, 710). Vive y actúa en el mundo, pero su fin y su fuerza no están en la tierra, sino en el Cielo” (Amar a la Iglesia, 6)

“Este, y no otro, es el fin de la Iglesia: la salvación de las almas, una a una”. (Amar a la Iglesia, 7)

“Querer alcanzar la santidad —a pesar de los errores y de las miserias personales, que durarán mientras vivamos— significa esforzarse, con la gracia de Dios, en vivir la caridad, plenitud de la ley y vínculo de la perfección. La caridad no es algo abstracto; quiere decir entrega real y total al servicio de Dios y de todos los hombres; de ese Dios, que nos habla en el silencio de la oración y en el rumor del mundo; de esos hombres, cuya existencia se entrecruza con la nuestra.

Viviendo la caridad —el Amor— se viven todas las virtudes humanas y sobrenaturales del cristiano, que forman una unidad y que no se pueden reducir a enumeraciones exhaustivas. La caridad exige que se viva la justicia, la solidaridad, la responsabilidad familiar y social, la pobreza, la alegría, la castidad, la amistad…” (Conversaciones, 62)

“No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz” (Es Cristo que pasa, n. 13)

“La Universidad no debe formar hombres que luego consuman egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios, debe prepararles para una tarea de generosa ayuda al prójimo, de fraternidad cristiana.

Muchas veces esta solidaridad se queda en manifestaciones orales o escritas, cuando no en algaradas estériles o dañosas: yo la solidaridad la mido por obras de servicio, y conozco miles de casos de estudiantes españoles y de otros países, que han renunciado a construirse su pequeño mundo privado, dándose a los demás mediante un trabajo profesional, que procuran hacer con perfección humana, en obras de enseñanza, de asistencia, sociales, etc., con un espíritu siempre joven y lleno de alegría” (Conversaciones, n. 75)

“Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad” (Es Cristo que pasa, n. 47)

“Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo” Es Cristo que pasa, n. 167.


[1] Arturo Bellocq. Qué es y que no es la DSC. Scripta Thelogica. Vol. 44. 2012.p. 340

 

 

El Supremo, duro y contundente contra los vientres de alquiler: «Los niños son simples mercancías»

En mayo de 2020 esta imagen dio la vuelta al mundo: los confinamientos gubernamentales por el covid crearon en Ucrania, país donde florece este negocio, un "stock" de niños almacenados sin salida en un hotel de Kiev.

José María Carrera

05 abril 2022 19:58

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En una sentencia emitida este 5 de abril, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha impuesto nuevas restricciones a la gestación por sustitución -práctica más conocida como vientres de alquilerpor "explotar" a la mujer, "cosificar" al niño y tratar a ambos "como simples mercancías".

Concretamente, la sentencia expone que los contratos de gestación por sustitución "vulneran los derechos fundamentales de la mujer gestante y del niño gestado" y concluye que "el reconocimiento de la relación de filiación de la madre comitente [debe] obtenerse por la vía de la filiación" atendiendo al interés del menor.

De este modo, toda mujer que tenga un hijo mediante esta práctica deberá recurrir a la adopción del nacido para que se reconozca la nueva relación de parentesco, atendiendo al interés superior del menor y la conservación de los Derechos Humanos de madre e hijo.

La sentencia detalla que estos derechos resultarían "gravemente lesionados" si se permitiese la intervención de agencias de intermediación "que actúan y se publicitan libremente en España".

"Estas pudieran asegurar a sus potenciales clientes el reconocimiento casi automático en España de la filiación resultante del contrato de gestación subrogada", aun vulnerando los derechos de las madres gestantes y de los propios niños que son "tratados como simples mercancías".

Del mismo modo, la sentencia cuestiona que esta práctica no permite asegurar "la idoneidad" de los "contratantes" de la madre gestante "para ser reconocidos como titulares de la patria potestad sobre el niño".

"Incompatible con la dignidad" de la madre gestante

A juicio del Tribunal Supremo, esta práctica  supone una limitación de la autonomía personal de la madre gestante, así como de su integridad física y moral "incompatibles con la dignidad humana".

Entre otros perjuicios ocasionados en la madre gestante, el Supremo destaca la obligación de entregar al niño que va a gestar, la renuncia a cualquier derecho derivado de la maternidad, se le obliga a someterse a tratamientos médicos que ponen en riesgo su salud y que entrañan riesgos adicionales y renuncia a su derecho a la intimidad y confidencialidad médica.

Además, la sentencia critica que en la gestación subrogada se regula por contrato un posible aborto, así como su el parto será vaginal o por cesárea, se determina qué puede o no comer y se restringe su libertad de movimiento y residencia.

"Finalmente, se atribuye a la comitente la decisión sobre si la madre gestante debe seguir o no con vida en caso de que sufriera alguna enfermedad o lesión potencialmente mortal", añade el documento.

La decisión tiene lugar tras un recurso de casación interpuesto por el Ministerio Fiscal contra una sentencia que había declarado la filiación materna respecto de una persona que no es la madre biológica de un niño nacido de una gestación subrogada en México, sin aportar material genético propio y mediante un contrato en el que intervino una agencia mediadora.

Un daño y explotación "inaceptables"

A juicio del Supremo, este contrato supone un daño al interés superior del menor y una explotación de la mujer que son inaceptables. Una vulneración que, como recuerda el Tribunal Supremo, ya fue denunciada en una sentencia previa por considerarlos "manifiestamente contrarios al orden público y nulos de pleno derecho".

 "Ambos -madre gestante y niño gestado- son tratados como meros objetos, no como personas dotadas de la dignidad propia de su condición de seres humanos y de los derechos fundamentales inherentes a esa dignidad", denuncia la sentencia.

La vulneración de los derechos del menor denunciada por el Tribunal Supremo se hace presente bajo la concepción del hijo como derecho que fomenta los vientres de alquiler, generando insólitos casos como el de la joven rusa y millonaria Christina Ozturk, que ya tiene al menos 10 hijos y aspira a tener 105 para batir un récord.

No son extraños tampoco los casos en que, como denuncia el Supremo, los clientes que solicitan la gestación por una madre no biológica decidan repentinamente acabar con la vida del menor. Seraphina Harrell fue uno de esos bebés de "vientres de alquiler" cuya madre biológica decidió abortarla y que se salvó exclusivamente por la determinación de la mujer que acogió a la pequeña en su seno,

Junto con los expuestos por la sentencia del Constitucional, la presidenta de la asociación internacional Stop Surrogacy Now Jennifer Lahl ofreció a La Contra una serie de argumentos por los que  esta práctica debería ser declarada ilegal en todo el mundo debido a los daños sociales, emocionales y sanitarios que causa esta industria:

1º "Es tráfico de bebés" y no se parece a la adopción

No se parece a la adopción, que busca una solución a un bebé que ya hay. Se contrata a una mujer para que engendre o geste el bebé y hay un contrato con condiciones por medio. El contrato le da un sentido de compra-venta innegable.

2º Ser "paridora a sueldo" no es ético

Hay riesgo físico y psíquico para la gestante y también para el bebé engendrado en estas técnicas tecnológicas especialmente arriesgadas... y lo que mueve este riesgo es un negocio, dinero.

No es ético pedir a una joven que arriesgue su cuerpo y salud por este negocio. Muchas veces son madres jóvenes que ya tienen otros niños pequeños... niños que ven a su madre arriesgarse en algo inmoral y peligroso.

3º Los bebés en "limbos" pueden ser objeto de tráfico, también de órganos

Si una pareja contratante decide que no quiere quedarse el bebé que ha encargado en el Tercer Mundo, ¿quién se queda el bebé? Ese bebé nació por un encargo, para producir un beneficio económico... y en países del tercer mundo la "empresa" (o el entorno de la gestante) puede intentar lograr el beneficio vendiendo el bebé a otros usos.

4º Daña a madre e hijo rompiendo el vínculo materno-infantil

"Fui enfermera pediatra casi 20 años, hay algo llamado el vínculo materno-infantil, que es algo bueno. Pero en la subrogación dicen que no importa. Al nacer el bebé, lo separan de la única persona que ha conocido. Un bebé solo sabe una cosa al nacer, nadie se lo ha enseñado: sabe quién es su madre. Ha estado en su vientre 9 meses. No podemos decir que ese vínculo no importa.

Conoce los 15 argumentos de Jennifer Lahl en contra de los vientres de alquiler.

 

FAMILIARIZARSE CON LOS RITOS DE LA MISA

(re-aprender a vivir la Misa en mejora continua 1a parte)

1
Esta charla es una continuación de “La tragedia del cristiano: olvidar la Misa” . Recuerdo dos ideas de esa

exposición que sirven de partida. El primer punto es que “la liturgia de la Eucaristía se desarrolla conforme 2

a una estructura fundamental que se ha conservado a través de los siglos hasta nosotros” . El segundo es que desentrañamos el misterio de la Misa a través de los signos; por tanto, “es necesario conocer estos

3 santos signos para vivir plenamente la Misa y saborear toda su belleza” .

El objetivo de la charla es proporcionar medios para re-aprender a vivir la santa Misa en mejora continua.

Pretendo que “no asistamos a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que,

comprendiéndolo bien a través de ritos y oraciones, participemos consciente, piadosa y activamente en la

4 acción sagrada” .

La importancia de los símbolos en nuestra fe

El Cristianismo es profundamente simbólico. La razón última se encuentra en Cristo. Es el Dios encarnado,

el mayor de los signos es su humanidad Santísima. Nuestra fe se basa en la unión de lo humano y lo divino,

de lo visible y lo invisible, de lo profano y lo sagrado, de lo sensible y de lo no sensible. Los símbolos son

necesarios para conocer, para ir de lo más palpable a lo más oculto. Aristóteles afirmaba que no se piensa

sin imágenes. El símbolo es un signo que establece una relación de identidad con una realidad, a la que

evoca o representa. Es natural que Cristo instituyera los sacramentos, signos sensibles y eficaces de la

gracia. “Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias 5

propias de cada sacramento” . Así esa realidad sobrenatural nos entra por los ojos, los oídos, el tacto, el olfato, el gusto...

Los signos son realidades abiertas, en el sentido de que cada persona puede darles una significación particular. Esto es cierto siempre que respetemos unos límites, que proceden de la relación entre el signo y lo significado. Ofrecer unas flores marchitas sería signo de desamor, del amor son las flores lozanas, mejor rosas; el agua sirve para lavar, el pan para alimentar, el incienso para perfumar... La liturgia es rica en símbolos con significado. Nos desvelan el alma de las cosas que suceden y elevan nuestro corazón a Dios.

La filosofía nos enseña que la verdad, el bien y la belleza son uno, siendo la verdad la fuente. Así, la belleza es buena y verdadera, por lo mismo que el bien es verdadero y bello y la verdad es buena y bella. Al interrelacionar tan íntimamente los tres, nos encontramos con que son inseparables por lo que un objeto no será lo uno sin lo otro. La belleza de la liturgia no es una cuestión de estética, sino que manifiesta una verdad. Los elementos empleados deben servir para situarnos en lo que celebramos, una realidad más allá de lo terrenal, en lo sagrado, en la santidad de Dios. Por eso el Cáliz reviste un arte, una riqueza, una belleza; nos sitúa en la celebración de la boda del Cordero, Jesucristo, y revela su contenido: la Preciosa Sangre de Cristo, de la que una sola gota basta para salvar el mundo. De manera análoga que para un brindis no usamos un vaso de agua sino una copa de cristal fino, apto para el cava y producir un sonido especial al chocar.

El signo privilegiado de la palabra

En la Liturgia, san Agustín decía que las palabras tienen la primacía en el orden de significar. Son un signo

privilegiado para penetrar en las realidades sobrenaturales. “La fe viene del oír” (Romanos 10, 17). En el caso 6

de la Misa más, “pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Cristo quien habla” . “En la Misa

1 La encuentras en www.ideasclaras.org en la lista de artículos del 10 de febrero. 2 Catecismo de la Iglesia católica n. 1346.
3 Francisco, catequesis (20.12.2017).
4 Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosantum Concilium n. 48

5 Catecismo de la Iglesia católica n. 1131.
6 Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosantum Concilium n. 7

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las palabras y los episodios de la Biblia no sólo son narrados, sino revividos; la memoria se convierte en

realidad y presencia. Lo que sucedió «en aquel tiempo», sucede «en este momento», «hoy» (hodie), como

le gusta expresarse a la liturgia. No sólo somos oyentes de la palabra, sino interlocutores y actores de la

A veces las palabras pronunciadas por el celebrante dan significado al símbolo. Es el caso de las gotas de agua que el celebrante vierte en el vino que será consagrado. Su origen es una acción de Cristo: lo hizo en la Última Cena porque era la costumbre, el vino se rebajaba con agua. Pero el sentido de esa acción en la liturgia se precisa por la oración que el celebrante pronuncia en voz baja: “Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”. El Verbo se encarnó para hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1, 4). Es lo que el signo recuerda para encender el anhelo de unión con Dios en Cristo por el Espíritu Santo.

Abundando en los símbolos de la liturgia: el altar, los ornamentos y el código de los colores

Muchos signos esconden una larga tradición. Es el caso del Altar, un signo sagrado antiquísimo presente en la mayoría de las religiones. En el Antiguo Testamento aparece muchas veces mencionado, se decretaba las normas de cómo debía ser construido y consagrado, de cuál había de ser la conducta ante él. Todo ello respondía a que era el lugar de encuentro con Dios, donde se inmolaba la víctima para adorar o dar gracias o alcanzar el perdón o el favor de Dios con su pueblo. En nuestro caso, el altar simboliza a Cristo. Es el lugar donde recibimos a Aquel que ha bajado del cielo; donde el Hijo, Sumo Sacerdote, se ofrece al Padre como Víctima inmolada, como fue el madero de la Cruz en el Calvario. Miremos con amor el sitio en el que somos salvados con indecible Amor. Por eso el celebrante lo besa expresando veneración y respeto. Por eso se embellece con lienzos, flores y cirios, y preside el Crucifijo.

Los ornamentos (alba, estola, cíngulo y casulla) tienen por misión recordar al sacerdote y a los fieles congregados que esa persona dispuesta a celebrar la Misa es el mismo Cristo, actúa en la persona de Cristo, le presta sus palabras, sus manos, toda su persona. Por eso es revestido con los sagrados ornamentos, que recibió por vez primera en su ordenación sacerdotal. Por el sacramento del Orden, participa en el sacerdocio de Cristo como ministro, y se reviste al modo de un icono del único y sumo Sacerdote de la Nueva Alianza.

Y ¿el código de los colores? El blanco es el color de las túnicas de los santos del Cielo, de los han lavado sus manchas en la Sangre del Cordero, y le alaban con palmas en las manos, y de los ángeles. Es el color de las fiestas y del tiempo de Pascua. El morado, combinación de negro y rojo, es el color del Adviento y la Cuaresma. Tiempos de pena mezclada con amor. La pena de que todavía no ha llegado Dios, junto al amor de su inminente Navidad y futura Parusía. La pena del desierto y la agonía de la Pasión, junto al amor a nuestro Salvador. También es el color de los difuntos, antes se usaba el negro. El rojo es el color de la sangre y el fuego. El color de los mártires, de la Cruz, de la preciosa Sangre, del Domingo de Ramos y el Viernes santo, del Sagrado Corazón y del Espíritu Santo. El verde es el color del tiempo Ordinario. Nos recuerda la novedad de vida que trae el día que comienza y de la esperanza alegre que guarda. Una llamada a hacerse santo en lo ordinario. Hay dos colores singulares: el rosa, que se emplea el domingo 3o de Adviento (Gaudete) y el 4o de Cuaresma (Laetare), es un morado matizado; manifiesta que la penitencia no es un fin, es medio para gozar de las alegrías futuras de la Navidad y de la Pascua respectivamente. Y

misma. Es a nosotros, allí presentes, a quienes se dirige la palabra; estamos llamados a ocupar el lugar de 7

los personajes evocados” . En la Misa, la palabra se convierte en palabra viva, perfomativa, cauce de la gracia. Su eficacia en nosotros dependerá del amor con que la acojamos. De ahí que el recogimiento de los sentidos y el silencio interior sea actitudes claves para aprovechar la celebración; la escucha atenta es una forma de amor a quien nos habla. La desconexión del mundo digital y de las prisas del día supondrán un esfuerzo no pequeño, pero muy productivo. También será una gran ayuda la lectura de los textos antes de asistir a Misa. Así vamos de repaso, concediendo a la escucha el valor añadido del recuerdo de lo que ya se ha leído.

7 Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, 1a predicación de Cuaresma del 2022.

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el azul, que solo se usa en la solemnidad de la Inmaculada, es el color del cielo limpio y del agua clara, de la santidad de la “sin pecado”, de la toda hermosa.

Familiarizarse con los ritos de la Misa

¿Somos capaces de nombrar los ritos? ¿Distinguimos los elementos que componen cada uno de ellos? ¿Comprendemos el significado y la belleza que encierran? ¿Cómo pueden modelar nuestra participación?

Con el documento “Un esquema de la Misa, paso a paso” respondo a esas cuestiones. En ese escrito, que complementa esta charla, recojo los ritos, sus elementos y su significado. Toca interiorizarlo en la oración. No basta estar enterado ni sabérselo al dedillo, reclama empaparse de su alcance, belleza y valor para así participar “consciente, piadosa y activamente” en la Misa.

Familiarizarse con los ritos supone una educación y un empeño continuados, que traerán gracias

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renovadas a nuestra vida cristiana. Hay abundante bibliografía disponible . Aconsejo que cíclicamente

sean argumento de la oración. El recuerdo (poner en el corazón) de lo ya sabido, el hallazgo de un detalle nuevo, el caer en la cuenta de un matiz conocido pero hasta entonces no vivido... refrescarán nuestra Misa. Sin omitir el recurso al Espíritu Santo, para que nos auxilie y así los buenos propósitos sembrados en la oración fructifiquen al participar en la celebración.

La preparación del corazón para gustar los detalles: el papel decisivo del Espíritu Santo

Al abordar el esquema de la Misa percibimos la abundancia de detalles que componen la celebración

eucarística. Necesitamos de un maestro para re-aprender a vivir la Misa. “A este propósito es necesario

despertar en nosotros la conciencia del papel decisivo que desempeña el Espíritu Santo en el desarrollo de

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la forma litúrgica y en la profundización de los divinos misterios” . Nuestros esfuerzos por apreciar,

comprender y vivir la Misa darán un fruto escaso a menos que nos confiemos al Espíritu Santo. Luego habrá que poner los medios a nuestro alcance, que espero aumenten con estas charlas, pero sin Él nos quedaríamos cortos.

Imploremos la ayuda de lo alto, invoquemos al Espíritu Santo, antes y durante la celebración. Pidamos sus dones; que aumente la fe, la esperanza y renueve el amor; que limpie nuestra miseria; que nos rescate de la rutina despertando el deseo de cuidar alguna novedad; que recobremos la sensibilidad para lo sagrado devolviéndonos el gusto por los detalles; que nos auxilie para retornar de las distracciones. Dispongamos así nuestro corazón para saborear gozosamente la celebración.

8 Catequesis del Papa (XI.2017-IV.2018) https://opusdei.org/es-es/article/libros-electronicos-para-descargar/#Catequesissobrelasantamisa; predicación de Cantalamessa en los cuatro viernes de Cuaresma del 2022 http://www.cantalamessa.org; José Benito Cabaniña, Dios habla bajito ed. Palabra (capítulos II, III y apéndice); Javier Echevarría, Vivir la Misa ed, Rialp; José Pedro Manglano, El libro de la Misa ed. Planeta; Ricardo Sada, Consejos para vivir la Santa Misa ed. Rialp.

9 Benedicto XVI, exhortación Sacramentum caritatis n. 12

 

LA MISA PASO A PASO

RITOS INICIALES

La Misa empieza en este momento y toda ella es un solo acto. Jesús nos ha invitado a reunirnos. Somos el Pueblo de Dios convocado. Recojamos los sentidos y elevemos cabeza y corazón a la contemplación del misterio litúrgico.

El celebrante invita a reconocer nuestros pecados. En ese instante de silencio renovemos nuestro arrepentimiento. Con el alma preparada, recemos sentidamente “Yo confieso”. Acojamos su perdón. Terminamos aclamando a Cristo, que ha lavado nuestras culpas en la Cruz: ¡Señor, ten piedad!
Con este precioso himno de alegría por la Resurrección de Cristo, la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, unida a los ángeles y santos del Cielo glorifica, alaba, adora y da gracias a Dios Padre y al Cordero, y le presenta sus súplicas.

LITURGIA DE LA PALABRA

La asamblea escucha y además participa con su respuesta. Con Cristo oramos con los salmos. Nos enseña a alabar a Dios y nos unimos a la liturgia del Cielo.

Tiene por finalidad explicar la Palabra de Dios proclamada en las lecturas y actualizar su mensaje para poder confrontar nuestra vida con ella, de manera que el don de Dios se haga vida en el hoy. Recitado por toda la asamblea, el símbolo o Credo manifiesta la respuesta común a lo que se ha escuchado juntos. Hay un nexo vital entre escucha y fe. La fe se alimenta con la predicación y conduce al Sacramento, prepara para celebrar la Eucaristía.

LITURGIA EUCARÍSTICA

El celebrante nos invita a orar para que Dios acepte el sacrificio que presentamos. Completa nuestra súplica con la oración sobre las ofrendas. Abre sus brazos e implora que reciba los dones presentados. Respondemos Amén.

Entrada

Acto penitencial

Gloria (domingos y fiestas)

Saludo al altar y pueblo congregado

El celebrante saluda al altar, mediante un beso y, en ocasiones especiales, perfumándolo con incienso. Son signos de veneración a Cristo, a quien el altar simboliza. Luego se dirige a la Sede y saluda a la asamblea comenzando con la Señal de la Cruz. Recibimos el abrazo de las tres divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Recordamos nuestro bautismo y el infinito amor de Dios manifestado en la Pascua de Cristo. Estamos en oración.

 

Oración colecta

Con la invitación “oremos”, el celebrante nos insta a recogernos con él en un momento de silencio, con el fin de tomar conciencia de estar en presencia de Dios y recordar, cada uno en su corazón, las intenciones personales con las que participa en la misa. Tráelas preparadas. Luego, el sacerdote lee la oración que expresa la índole de la celebración; el pueblo la hace suya diciendo Amén.

 

Primera lectura

Miramos al Ambón, la mesa que el Señor dispone para alimentar nuestra vida con su Palabra. Hay un libro, el Leccionario. Signo de que la Palabra que escuchamos procede de Dios. En domingos y fiestas se leen dos lecturas. La primera, del Antiguo Testamento y la segunda, del Nuevo. La escuchamos con los oídos y pasa al corazón; y del corazón pasa a las manos, a las buenas obras.

Salmo

Homilía (domingos y fiestas)

Profesión de fe (domingos y fiestas)

Aleluya (Secuencias)

La asamblea recibe y saluda al Señor resucitado, vivo, que va a hablarnos, con una aclamación hebrea que significa "Gloria a Yavhe". Salvo en Cuaresma, que se omite. Hay 4 secuencias que se

leen antes del Aleluya en algunas fiestas: Victimae Paschali (octava de Pascua); Veni Creator Spiritus (Pentecostés); Lauda Sion (Corpus Christi) y Stabat Mater (Virgen de los Dolores).

Evangelio

Si bien todas las lecturas son Palabra de Dios, esta lectura es particularmente Palabra de Cristo. No es letra muerta sino palabra pascual del Resucitado. Por eso, al concluir la proclamación del Evangelio no se dice “Palabra de Dios”, como sucedía en la primera lectura, sino “¡Palabra del Señor!” a lo que la asamblea responde “¡Gloria a ti, Señor Jesús!”.

 

Plegaria universal u oración de los fieles

Tras la acogida de la palabra de Dios, que renueva por dentro, la intercesión es como el fruto de la acción de la palabra en el alma de los fieles. Bajo la guía del sacerdote que introduce y concluye, el pueblo ejercitando el oficio de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios. Expresa su súplica con una invocación común o una oración en silencio, después de cada intención.

 

Presentación de las ofrendas

Se prepara el Altar, mesa del Señor, colocando el Corporal, el Cáliz y el Misal. Luego el pueblo presenta el pan y el vino, los mismos elementos que Jesús tomó en sus manos. Cada bautizado se une presentando la ofrenda de su vida, para que sea transformada por el Espíritu Santo en el sacrificio de Cristo agradable al Padre. A continuación, el celebrante ofrece a Dios lo que de Él ha recibido, pronuncia las plegarias de bendición sobre el pan y el vino. Antes de presentar el vino deposita en el cáliz unas gotas de agua, porque así lo hizo nuestro Señor. Por último, procede al lavatorio de manos mientras ora en silencio: “Límpiame Señor de mi iniquidad y lávame de mi pecado”. Ese rito expresa el deseo de purificación interior para celebrar más dignamente la misa.

Oración sobre las ofrendas

Prefacio y aclamación del “Santo”

Estamos de pie. El celebrante nos alerta: “¡Levantemos el corazón!”. Dios ha escuchado nuestra ofrenda. “¡Demos gracias al Señor, nuestro Dios!”. El Prefacio es un canto de gozo y gratitud por lo bueno que es Dios con nosotros. Dios va a descender al altar, se abre el cielo... y nos unimos a los coros de ángeles y santos para cantar al tres veces Santo. Nos disponemos a recibir a Jesús con el mismo cantico con que los israelitas lo recibieron en Jerusalén, antes de la Pasión, “bendito el que viene...”.

Epíclesis (en griego, invocación)

El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Padre que envíe al Espíritu Santo para que los santifique, “de manera que se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo”. El pueblo se arrodilla y se dispone a contemplar el milagro sublime de la Transustantación.

Relato de la Institución y consagración

A continuación, el celebrante pronuncia las palabras de la Consagración; es la narración de la Institución. Lo hace en la persona misma de Cristo Cabeza. “Esto es mi Cuerpo”, es Jesucristo quien lo dice, y la sustancia del pan le obedece, transustanciándose en su carne por la acción del Espíritu Santo enviado. Es el momento más solemne. Dios se hace presente ante nosotros. Acojamos con fe viva tal maravilla, muestra soberana del amor de Dios con nosotros. Adoremos con respeto y amor. Miremos la Hostia elevada saboreando las palabras del apóstol Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Anámnesis (en griego, recuerdo)

A través de las palabras, se hace patente lo que no vemos: la presencia del sacrificio Pascual en el Calvario. Se hace obedeciendo el mandato de Cristo: “haced esto en memoria mía”. Celebrando el memorial de la muerte y resurrección del Señor, “mientras esperamos su venida gloriosa”, la Iglesia ofrece al Padre el sacrificio que reconcilia cielo y tierra.

Ofrenda

Epíclesis de comunión

La asamblea, unida a Cristo, ofrece al Padre la víctima inmaculada del Calvario “por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad” en acción de gracias: “mira con ojos de bondad esta ofrenda...”
El celebrante pide a Dios que de nuevo envíe su Espíritu, esta vez sobre la asamblea que va a participar de la Eucaristía, para que una a Cristo a aquellos que van a comulgar con su Cuerpo y su Sangre, para que nos congregue en la unidad.

RITO DE COMUNIÓN

Intercesiones

Con ellas se manifiesta que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena; se acude a la intercesión de los santos: “con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad...”. Y se pide por vivos y difuntos: “Acuérdate, Señor, de tu Iglesia... con el Papa, con nuestro Obispo y todos los pastores... también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección...”.

Doxología final

El celebrante proclama la Doxología: una alabanza dirigida al Padre por medio de Cristo, “en la unidad del Espíritu Santo”. Gracias a Cristo, la salvación de Dios desciende a los hombres y asciende a Dios nuestra adoración. La asamblea ratifica esa glorificación que Cristo, por el ministerio del sacerdote, ha tributado al Padre, aclamando: Amén. “Así sea”.

 

Padrenuestro

La doxología nos recuerda que hemos sido unidos con Cristo y entre nosotros, somos hijos de Dios y hermanos en Cristo. Por eso, nos atrevemos a una sola voz, elevar al Padre con Jesús la oración que nos enseñó. Fijémonos en las 7 peticiones; detengámonos en la petición del pan de cada día, una alusión al pan eucarístico que vamos a recibir a continuación.

Embolismo (en griego, inserción)

Es una adición en la que el celebrante desarrolla la última petición del Padrenuestro. Pide para todos los fieles “vivir siempre libres del pecado y protegidos de toda perturbación”. Implora la ayuda de la misericordia de Dios... porque nos amas, socórrenos durante este tiempo de prueba. A continuación, la asamblea agradece su protección glorificando a Dios: “Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria...”.

Rito de la paz

El don de Cristo resucitado a la Iglesia reunida en el cenáculo es la Paz procedente del Cielo. Esa paz es el conjunto de todos los bienes que el Mesías iba a traer. Sólo Cristo ha sido capaz de devolver a la humanidad la paz perdida por el pecado, fruto de su Pascua celebrada en la Misa. El celebrante implora ese don y la unidad para la Iglesia, para cada uno y toda la familia humana.

Fracción del pan

Jesús hizo este gesto en la última Cena: tomo el pan y lo partió. Al mismo tiempo invocamos al “Cordero de Dios”, figura con la que Juan Bautista indicó en Jesús al “que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29). En el Pan eucarístico, partido para la vida del mundo, reconocemos a nuestro Salvador y le suplicamos: “ten piedad de nosotros... danos la paz”.

Inmixtición (en griego, mezcla)

Oración después de la Comunión

Después de partir el pan, el celebrante toma un trozo pequeño de la sagrada Hostia y la deja caer en el Cáliz. Simboliza que Cristo está vivo, su carne y su sangre permanecen unidas para siempre, ha vencido a la muerte, no tiene dominio sobre Él.

El celebrante da gracias a Dios Padre en nombre de todos por el don recibido y, con diferentes matices, ruega que los frutos de la Eucaristía nos transformen en verdaderos discípulos de Cristo, y nos guíen a gozar del Cielo, ahora en esta vida, y siempre.

RITO DE CONCLUSIÓN

Comunión

El celebrante muestra el Pan partido, después de adorar arrodillándose ante la Hostia y el Cáliz. Mientras aclama, inspirado en un pasaje del Apocalipsis, “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” (Apocalipsis 19, 9). Nos confesamos indignos de tan inmenso don y pedimos su perdón: “una palabra tuya bastará para sanarme”. Acudimos con renovado fervor a comulgar y procuramos recogernos para hacer intensa esa unión y devolver amor por amor.

 

Saludo, Bendición final y Despedida

Acabamos como empezamos, con la señal de la Cruz y el saludo. Nos santiguamos mientras recibimos la bendición del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un sacramental, una gracia que nos fortalece para “ir en paz” y refuerza la llamada a imitar a Jesús en medio del mundo, en la familia, en el trabajo, en donde estamos... a llevar esa bendición a los demás, “glorificando al Señor con nuestra vida”.

 

La mujer líder y su papel catalizador para impulsar los principios ESG

El pasado 31 de marzo tuvimos la ocasión de reflexionar sobre el papel que pueden jugar las mujeres en el necesario impulso a las empresas en materia de los criterios ESG (Enviroment, Social y Governance). De la mano de AON, reunimos a tres mujeres líderes en sus empresas y en el apoyo a la integración de la mujer en los puestos con poder empresarial, tres mujeres que han sabido integrar su vida personal y profesional: Hélène Valenzuela (directora general de OUIGO España), Cristina García Peri (Senior Partner de Azora Capital y consejera presidente de la Comisión de Sostenibilidad de Bankinter) y Helena Herrero (presidenta y CEO de HP España y Portugal). En la moderación del debate me acompañó Jacobo Hornedo, CEO de AON España.

Las invitadas abordaron cuestiones del máximo interés, con un considerable grado de acuerdo. Estas son las claves:

  • Respecto a los criterios ESG (ASG en castellano), la mayor innovación se centra en la S de social y en la G gobernanza. Los temas medioambientales, de enorme relevancia para la sostenibilidad, están ya muy desarrollados e implantados en las empresas. La parte social, que incluye la gestión de la diversidad y su inclusión, debe ser abordada con rigor, porque tiene un gran impacto tanto en la sostenibilidad como el negocio.
  • La diversidad es indispensable para lograr la sostenibilidad.
  • Dentro de la empresa, la diversidad en los equipos genera una mayor productividad. Hacia fuera, los clientes y, en general, todos los grupos de interés también son cada vez más diversos. Sólo desde la innovación y la amplitud de miras que produce la diversidad es posible acometer los nuevos retos que plantean los criterios ESG.
  • La batalla por el talento sigue siendo una realidad. En estas condiciones, sería impensable renunciar a ese talento escaso por sesgos discriminatorios de cualquier tipo.
  • El estilo de liderazgo femenino está más familiarizado con la búsqueda y la gestión de la diversidad porque ver en cada persona alguien único e irrepetible está en el ADN de las mujeres. El papel de las directivas, empresarias y consejeras en este ámbito es el de catalizadoras de estas nuevas exigencias de sostenibilidad.

Pero ¿qué es el liderazgo femenino? ¿qué características tiene? Esta cuestión siempre suscita un cierto debate, pero nuestras invitadas resolvieron de forma certera la cuestión: no se trata de definir el liderazgo femenino por oposición al masculino, como si se tratara de enfoques excluyentes. El liderazgo femenino hace referencia a un estilo humanista de ejercerlo. Por supuesto no es privativo de las mujeres, aunque sí es cierto que en ellas aparece de forma más natural.

Una sesión excepcional, en el que las anécdotas y las preguntas de las asistentes llenaron casi sin darnos cuentas la hora y media programada. Cuestiones como el acercamiento de las mujeres a la tecnología, el impacto del teletrabajo en las mujeres o la conveniencia de las políticas de flexibilidad en la empresa fueron abordadas por participantes y ponentes. Las mujeres que han llegado a posiciones de influencia y decisión han aprendido mucho de liderazgo masculino: ahora es el momento de que los hombres comprendan y valoren los rasgos específicos del liderazgo femenino, más humano y más sostenible en el tiempo, porque atrae, fideliza y desarrolla el talento.

Entre las muchas ideas que me inspiraron y que me llevé de esta sesión, quisiera resaltar una: las mujeres tienen una gran oportunidad como protagonistas e impulsoras de este nuevo modelo de sostenibilidad, y están más preparadas que nunca para aprovecharla.

 

“Por quién doblan las campanas”

Escrito por La hija de Cortés.

Nuestros líderes han ido debilitando y desacralizando el núcleo familiar, a tal grado que nuestros lazos de unión actualmente son desechables e intercambiables.

De un par de años a la fecha, nos hemos habituado a que la misma noticia corra por meses en los noticieros, dando la impresión de que, aquello que se nos presenta de manera recurrente, es lo único importante. Primero fue la pandemia, dando la falsa impresión de que el mediático virus era, sino la única, sí la principal causa de muerte en todo el mundo. Ahora, la guerra en Ucrania, dando la impresión de que es el único lugar que sufre violentos combates, ignorando otras no menos devastadoras guerras, como la de Yemen y la de Etiopía, entre otras varias.

Y mientras los cañones se escuchan cada vez con más fuerza en una guerra televisada y politizada como quizá nunca, todos los grandes medios logran, una vez más, lo que va siendo habitual desde la pandemia; que tanto conservadores como liberales se unan en una sola voz de apoyo al idealizado gobierno de Ucrania y en abierta condena al tirano y demencial presidente ruso.

Vaya por delante que, ni es mi objetivo defender a Putin, ni la invasión y mucho menos explicar una guerra que, escapa por mucho a mis limitados conocimientos. Si algo he aprendido después de dos años de incoherencias y contradicciones pandémicas, es lo fácil que es secuestrar, manipular y politizar la realidad; más aún en un conflicto armado, pues como dice la famosa frase, la primera víctima de la guerra; es la verdad. Lo que sí podemos inferir es que es mucho lo que ignoramos y muy poco lo que en realidad sabemos de la complicada trama de esta terrible guerra en la cual los protagonistas no son, como nos quieren hacer creer, un héroe y un villano; sino que tiene, tras bambalinas, a poderosos y maquiavélicos protagonistas, varios de los cuales, han expresado abiertamente su objetivo de rehacer el rostro de Ucrania desde hace ya varios años.

Para conocer el terreno al que nos puede llevar, el definir está guerra en clave maniquea, deberíamos recordar la famosa guerra contra Irak, la cual se justificó acusando al perverso Sadam Hussein de poseer, unas inexistentes, armas químicas y biológicas de destrucción masiva. El resultado, además de los miles de muertos, fue un país sumido en la destrucción y el caos; amén de haber dejado a los cristianos en una completa situación de indefensión. Al grado que, la comunidad cristiana iraquí, una de las más antiguas del mundo, se redujo en más de un 80% después de la guerra. Quienes se quedaron han sufrido persecuciones y no pocos de ellos hasta el martirio. Eso, sin mencionar otras guerras alegando causas similares con resultados no menos funestos en el Cercano/Medio Oriente.

Ante este panorama, nos unimos en oración por las tantas víctimas inocentes del ansia de poder. Sin embargo, mientras estamos distraídos por esta tragedia, ignoramos la guerra que se está librando, a través de muy diversas pero estratégicas batallas, en la gran mayoría de los países occidentales. Una guerra que se libra sin armas y con la ley en la mano y que, sin prisa, pero sin pausa, está destruyendo los cimientos de nuestra sociedad.

Pues mientras la gran mayoría de los líderes occidentales se dan golpes de pecho ante el tirano, parecen ignorar que muchos, en nombre de la salud, impusieron y varios de ellos aún imponen medidas no menos tiránicas contra sus ciudadanos. Cierre de negocios, escuelas y hasta de iglesias, imposición del uso de mascarillas incluyendo exteriores y niños a partir de los dos años, prohibición de reuniones aún con los familiares, limitaciones de tránsito, toques de queda, mandatos de vacunación hasta de 3 dosis para mantener el trabajo y regresar a una “normalidad” que cada vez se ve más lejana. Eso, sin contar la censura a tantos médicos y científicos calificados y hasta a la congelación de cuentas bancarias, como ya se hizo en Canadá a varios miembros del movimiento llamado convoy para la libertad al cual se acusó falsamente, de estar financiado por entidades vinculadas al terrorismo. Estas terribles medidas adoptadas frente a la pandemia han producido a nivel mundial, un desastre económico. Mas nuestros líderes, han encontrado en la guerra en Ucrania, un muy oportuno chivo expiatorio a quien poder culpar de todos los males habidos y por haber.

Y mientras que muchos católicos nos unimos al mundo, en lo que es la siguiente señal de la falsa virtud que proporciona el apoyo a las causas manipuladas; olvidamos la más larga y sangrienta de todas las guerras. Esa que tenemos en nuestra propia patria, en nuestra misma sociedad, y en ocasiones aún dentro de nuestras casas. Esa guerra contra el ser humano justo en el momento en que empieza a formarse en el seno materno.

Nuestros gobernantes, filántropos, líderes de opinión y organizaciones internacionales como la UE y la ONU, entre otras; a través de los grandes medios, nos bombardean constantemente con imágenes que, buscan dirigir nuestra atención y despertar nuestros sentimientos y emociones ante la terrible guerra en Ucrania, mientras prohíben las imágenes de la cruel y cruenta industria mundial del aborto que, han propagado y defendido en nombre de “la autonomía de la mujer”, “la igualdad” y hasta como solución al “cambio climático”. Al parecer, los bebés asesinados en el seno materno que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, son 73,3 millones al año, no logran despertar su muy retorcida conciencia.

Así, han logrado que nosotros también, mientras nos rasgamos las vestiduras ante las imágenes de la guerra que observamos en nuestras múltiples pantallas, nos encojamos de hombros con frialdad e indiferencia ante los millones de bebés inocentes e indefensos que, se suman año con año a las víctimas de una guerra contra la vida; que a través de métodos tan inhumanos como: el desmembramiento, la succión o aspiración, evacuación e inyección salina entre otras, acaba con la vida del ser humano impunemente; ocultando el asesinato tras la asepsia de una bata blanca y del engañoso término de salud reproductiva.

Y los líderes que, dándose golpes de pecho llaman a combatir al tirano cueste lo que cueste, así pongan al mundo al borde de una tercera guerra mundial; son los mismos que, a los niños que no pudieron matar en el seno materno, les matan la inocencia y no pocas veces el alma, con la llamada ideología de género, cuyas mentiras e imposición tiránica crecen día con día. Así, atacando con todas las armas a su alcance a quienes se oponen a su perversa agenda, promueven la rebelión de los niños contra la naturaleza, contra su cuerpo y contra su misma esencia. A los padres que se oponen a esta artificial más dolorosa, peligrosa y dañina transición, les acusan de delito de odio amenazándoles con quitarles la custodia de sus hijos. A los países que, como Hungría y Polonia, se blindan contra esta pérfida agenda, la Unión Europea los acusa de ir contra “los valores europeos” amenazándoles con duras sanciones económicas.

Como vemos, desde hace ya varias décadas, tenemos al enemigo en casa. Nuestros líderes, que parecen ir todos a una, han ido debilitando y desacralizando el núcleo familiar, a tal grado, que nuestros lazos de unión actualmente son desechables e intercambiables. Han destrozado nuestras raíces, robado nuestra identidad y a nuestros hijos, los están llevando a aborrecer su propia naturaleza. Y ahora, que la sociedad está dividida, debilitada y aletargada; se atreven a darnos el golpe de gracia vaciando aún más, nuestros ya empobrecidos bolsillos y condicionando nuestro derecho al trabajo no sólo a la aceptación de los mandatos pandémicos sino, en cada vez más casos, al abierto apoyo a su agenda cada vez más amplia y perversa.

Mientras rezamos por la paz en todo el mundo, en especial en los pueblos eslavos, preparémonos para la guerra. Para ese combate que por indiferencia, comodidad y cobardía hemos preferido ignorar; y que hoy, por su gravedad, nos obliga a tomar partido. Que San Miguel Arcángel nos dirija y defienda en esta batalla que debemos librar de rodillas, con la Cruz por espada y el Inmaculado Corazón de María por escudo; pues los tambores de guerra retumban en nuestro suelo, y las campanas hace tiempo que están doblando por nosotros, y por nuestros hijos.

 

Aprobar suspendiendo

La ministra de Educación, Pilar Alegría, incurre en demagogia para asegurar que así, con el nuevo decreto, se premia el esfuerzo basado en la motivación, no en el castigo. Parecería una broma si no tuviéramos la Educación en los niveles con los que año tras año nos avergüenzan los informes internacionales, y si este Gobierno no hubiera mostrado ya su alergia a todo lo que suene a verdadero esfuerzo. En lugar de preparar a los alumnos para la vida en general, y para su vida profesional, con una sólida formación, se trata de un guiño a ciertas corrientes pedagógicas supuestamente “progresistas” ya desacreditadas en la mayoría de los países de nuestro entorno.

La ministra había prometido una moratoria en la medida, pero ahora quiere hacernos creer que lo mejor para el alumno es aprobar suspendiendo. Todo un síntoma de cómo entiende el Ejecutivo un asunto tan complejo, delicado y decisivo para nuestro futuro como es la Educación.

Jesús Domingo Martínez

 

Ríos de sangre y lágrimas

Con palabras muy duras, el Papa Francisco ha pedido hace unos días detener la guerra. En Ucrania corren ríos de sangre y lágrimas. No se trata solo de una operación militar, sino de una guerra, que siembra muerte, destrucción y miseria.

El número de víctimas aumenta, al igual que el de las personas que huyen, especialmente las madres y los niños, por lo que la necesidad de ayuda humanitaria crece dramáticamente cada día, cada hora. En este sentido, el Papa Francisco pedía encarecidamente que se aseguren los corredores humanitarios y que se garantice y facilite el acceso de la ayuda a las zonas asediadas para proporcionar un socorro vital a tantos hermanos oprimidos por las bombas y también por el miedo.

José Morales Martín

 

Un futuro mejor

Desde hace ya más de un mes seguimos minuto a minuto la información sobre una guerra que nos llena de espanto. Sentimos como nuestro, al menos yo y mis amigos lo sentimos, el sufrimiento de los ucranianos que mueren bajo las bombas o después y que huyen de su país. Crece la conciencia de que es urgente ayudar cuando hay personas que lo han perdido todo. La palabra libertad, tan usada para hacer juegos malabares, tiene desde hace más de un mes para nosotros un contenido concreto. Hemos visto que la libertad no es la indeterminación absoluta, sino que los ucranianos puedan mantener los vínculos con su familia, con su país, con su cultura. La democracia, que dábamos por descontada, ha aparecido como un sistema que es necesario cuidar. La paz, que parecía conquistada para siempre en Europa, aparece como un lujo frágil, casi inalcanzable. La vida, tantas veces acosada por la frivolidad, se ha hecho densa al verse amenazada. De pronto nos hemos dado cuenta de que la historia no es un mero ascensor de progreso. Es por ello que queremos un futuro mejor para Europa y especialmente para Ucrania.

Pedro García

 

La nueva enseñanza

Sectario no es solamente atacar a la enseñanza privada o ahogar a la concertada o conculcar los derechos de los padres. Lo sectario está en la asignación de contenidos que van a estudiar las próximas generaciones y hacerlo de una forma solapada, a manera de timo.

Para dar un timo siempre hace falta un gancho que distraiga al ingenuo que será la víctima. Para dar el timo de la ley de enseñanza, Sánchez- auxiliado por Celaá y Alegría- ha usado una serie de ganchos que han tenido más o menos adormilada a una oposición bobalicona, azacaneada por poner de manifiesto las mentiras de Sánchez, los incumplimientos de Sánchez, las cacicadas de Sánchez, las residencias de vacaciones de Sánchez y el uso “falconiano” de Sánchez.

Y en esas estaban los “pseudoopositores” –ya jubilados por Ayuso-ocupados en hablar de la asignatura de religión, de la privada o la concertada, de los abusos en los colegios religiosos o de la enseñanza en español (todo ello plausible), mientras Sánchez, con Celaá y Alegría, ha ido llenándoles la mochila con los goles ideológicos, sectarios y absolutamente intolerables, que constituyen el contenido de las enseñanzas que van a recibir nuestros jóvenes a partir del próximo curso.

Timos aparte, ha sucedido punto por punto aquello de dejar hacer las leyes mientras yo haga los reglamentos. Sánchez decía a la oposición “chifla, chifla con la asignatura de religión, con la libertad de enseñanza, con los colegios privados y concertados, con los derechos de los padres… que yo diseñaré los contenidos lectivos, las asignaturas que desaparecen, lo que se enseña y lo que no se enseña, lo que se evalúa y lo que no se evalúa, y voy igualando por lo bajo, por la analfabetización, por la incultura de nuestros jóvenes y les voy privando del más mínimo espíritu crítico, con el señuelo de las destrezas, de la digitalización y lo de enseñarles a buscar empleo.

Juan García. 

 

 

Como Diógenes y su linterna… ¿Dónde está la integridad del mono humano?

                               Como afirma el dicho campesino, “mirlos blancos no hay”; y al empezar a escribir me acuerdo de ello, por cuanto y como ocurre en España, siempre nos presentan “al salvador de turno”, como ese “mirlo blanco que no existe o son rarísimos en la familia de los mirlos”, y que con toda “la blancura que se asigna a la integridad” y los que lo presentan, lo arropan “a todo trapo”, para luego y sin aún haber actuado en “esta ya demasiado corrompida España”, un periódico publica lo siguiente

“En Público (31-03-2022) te contamos cómo la Xunta de Galicia presidida por Alberto Núñez Feijóo benefició con sus contrataciones durante todo su mandato al Grupo Eulen, en el que trabaja su hermana Micaela como directiva: un récord de adjudicaciones que se triplicaron desde que Feijóo llegó a la Xunta y que suponen un total de 37 millones de euros. Los contratos se concedían a pesar de que las ofertas fueran las más caras, o temerariamente baratas, o por exclusión de las competidoras sin justificación aparente. 

 

Nuestro compañero Juan Oliver ha investigado en profundidad los 140 expedientes que muestran serios indicios de que hubo un trato de favor. Micaela Núñez Feijóo, hermana del actual líder del PP, fue ascendida a directora del Grupo Eulen para el Noroeste en 2016, solo un año después de que la empresa obtuviera, con más de seis millones de euros, su récord de contrataciones de las consellerías, fundaciones, empresas públicas y entidades que dependen de la Xunta que gobernaba su hermano. Son datos contundentes que ponen seriamente en cuestión el perfil de buen gestor que algunos medios pretenden vender sobre Núñez Feijóo. 

 

Investigar este caso no ha sido fácil. No todos los medios se atreven a mencionar a un dirigente político en ejercicio o a un gran grupo empresarial. Para poder hacerlo, tenemos que defender nuestra independencia y nuestro rigor ante todos los poderes”.

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                        A los españoles, sobre todo a los que vivimos de nuestro trabajo y “fuera de la sucia política que nos inunda”. La realidad, es, que visto lo que aquí viene ocurriendo desde tiempo inmemorial, pero sobre todo desde que se “sepultó a Franco y contra su voluntad en su Valle de los caídos”; aquí hay “material en los juzgados y en las hemerotecas”, para llenar no sólo una enciclopedia, sino “un museo de éstas”, sobre “los robos del dinero público en cualquier administración que lo maneje”; puesto que robo es, lo que se saca de un destino legal y mediante las mil argucias que se inventan los saqueadores, ese dinero llega a los bolsillos ladrones que urdieron la trama que fuere, para llevárselo. Y por cuanto hemos visto y seguimos viendo, esto ya es un cáncer que no tiene cura, y que si bien “no mata al Estado”, pero sí que debilita sus obligaciones con la población que dice administrar, y que somos los que directa o indirectamente, los robados a cara de perro y sin consecuencia para los ladrones; que los hay, no a miles, sino a “hordas”, las que bien organizadas, no piensan en otra cosa, mientras existan las impunidades que existen; y no me hablen, de juzgados “atorados o asfixiados”, que si lo están, es porque ello conviene, “al sistema tan corrompido que soportamos”, todo lo demás es mentira.          

                        Lo peor de todo es que ya, “terminas por no creer a nadie ni en nadie”; y ves las parafernalias que te montan “con tus propios impuestos”; sin otra solución que morderte tu propia impotencia ya que no te dan esperanza alguna de una normalidad que nunca llega en esta España, que más que “de pandereta” ya es de “burdel corrompido”.

 

NOTA: Diógenes el Cínico, fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sinope, una colonia jonia del mar Negro, hacia el 412 a. C. y murió en Corinto en el 323 a. C. No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. De sus hechos más sorprendentes uno fue el que sigue. Paseando a plena luz del sol por Atenas y llevando una linterna (candil) con la mecha encendida, le preguntaron por aquel absurdo y el sabio impertérrito respondía… “busco a un hombre íntegro”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)