Las Noticias de hoy 2 Abril 2022

Enviado por adminideas el Sáb, 02/04/2022 - 12:15

Autismo Frases Autism

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 02 de abril de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: Promover la dignidad de las personas con autismo y discapacidad

Francisco en Malta, Scicluna: el Papa llega como heraldo de paz y reconciliación

Cantalamessa: Eucaristía, presencia real de Cristo en la Iglesia

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 4 semana de Cuaresma

“Has de ser fermento” : San Josemaria

«El cristianismo es una relación de amor no un conjunto de reglas» : Carmen García Herrería

Muy humanos, muy divinos (XIII): Con todo el corazón

La luz de la fe (XV): fuerzas invisibles: los ángeles, el demonio y el infierno : Santiago Sanz

Retiro de abril #DesdeCasa (2022)

“No se puede garantizar la sostenibilidad ni una transición energética justa si no aseguramos el suministro y la competitividad” : Isabel Rincón

Nicolás Jouve: «El aborto solo obedece a razones ideológicas del feminismo radical»

Los cuidados paliativos a debate

Olvidos y edad. : José Luis Velayos

San José, modelo de padre y protector de nuestra familia : Silvia del Valle Márquez.

Reflexiones de cuaresma. “La abstinencia” : La hija de Cortés.

Guerra en ucrania : orge Hernández Mollar

Es progresista : Jesús Domingo Martínez

La rusofobia : Jesús D Mez Madrid

Replantear los cimientos morales : Pedro García

Riqueza y pobreza mundial… ¿por qué? : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa: Promover la dignidad de las personas con autismo y discapacidad

“La promoción de la cultura de la inclusión y pertenencia, la dignidad de las personas con autismo, la creación de redes solidarias y la fraternidad al centro de la economía”, son algunos de los temas sobre los que reflexionó el Santo Padre en el encuentro con los miembros de la Fundación Italiana para el Autismo, a quienes recibió en audiencia este viernes, en la Sala Clementina del Vaticano.

 

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“Los animo a llevar adelante su trabajo caminando junto a las personas con autismo: no sólo para ellos, sino ante todo con ellos. Ustedes lo saben bien, y también hoy han querido decirlo con un gesto: en la plaza de San Pedro, algunas personas con autismo cocinarán y ofrecerán el almuerzo a sus hermanos pobres. Es bello esto. Una iniciativa que testimonia el estilo del buen samaritano, el estilo de Dios”, lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la Fundación Italiana para el Autismo, a quienes recibió en audiencia la mañana de este viernes, 1 de abril, en la Sala Clementina del Vaticano.

Valiosa contribución a la lucha contra la cultura del descarte

En su discurso, el Santo Padre recordó que mañana se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, establecido por la ONU para llamar la atención del mundo sobre las personas con autismo y los diferentes aspectos de su condición. En este sentido, el Pontífice agradeció a la Fundación por el trabajo que desarrolla, en la cual están implicados investigadores, médicos, psicólogos, entidades y asociaciones de familiares, que desde 2015 se han trazado el objetivo común de promover una cultura a favor de las personas que sufren del espectro autista y discapacidad intelectual.

“De hecho, al llevar a cabo proyectos de investigación e iniciativas en favor de los más débiles y desfavorecidos – afirmó el Pontífice – están aportando una valiosa contribución a la lucha contra la cultura del descarte, muy extendida en nuestra sociedad, demasiado centrada en la competencia y el beneficio. Nosotros somos víctimas de esta cultura del descarte”.

La cultura de la inclusión y pertenencia contra el descarte

Asimismo, el Papa Francisco aprovecho la oportunidad para compartir algunas líneas de reflexión y compromiso. La primera de estas líneas estuvo centrada en la promoción de la cultura de la inclusión y pertenencia contra la cultura del descarte. “La discapacidad, en todas sus formas – precisó el Papa – representa un reto y una oportunidad para construir juntos una sociedad más inclusiva y civil. Por eso es necesario seguir sensibilizando sobre los distintos aspectos de la discapacidad, rompiendo prejuicios y promoviendo una cultura de inclusión y pertenencia, basada en la dignidad de la persona”.

Y poniendo como ejemplo la figura de Santa Margarita de Città di Castello, la joven discapacitada que puso su vida en manos del Señor para dedicarse por completo a la oración y a la ayuda a los pobres, el Santo Padre los animó a promover la dignidad de todos aquellos hombres y mujeres frágiles y vulnerables, que con demasiada frecuencia son marginados porque se les califica de diferentes o inútiles, pero que en realidad son un gran activo para la sociedad no sólo en el campo de trabajo, sino en toda su "vocación".

La participación de las personas con discapacidad

Un aspecto esencial de la cultura de la inclusión, afirmó el Papa Francisco, es la posibilidad de que las personas con discapacidad participen activamente. “Situarlos en el centro significa no sólo romper las barreras físicas, sino también garantizar que puedan participar en las iniciativas de la comunidad civil y eclesial y aportar su contribución. Esto significa apoyar su proyecto de vida mediante el acceso a la educación, el empleo y los espacios de ocio donde puedan socializar y expresar su creatividad. Esto requiere – precisó el Papa – un cambio de mentalidad. Se han dado grandes pasos en esta dirección, pero los prejuicios, la desigualdad y la discriminación siguen existiendo”.

La solidaridad y la creación de redes

Otro aspecto importante que resaltó el Santo Padre fue uno de los efectos de la pandemia de Covid-19 que ha tenido un impacto muy grave sobre todo en los más frágiles, los ancianos, las personas con discapacidad y sus familias. Y en las últimas semanas se ha añadido la tragedia de la guerra en Ucrania. “En esta situación nuestra respuesta debe ser la solidaridad, el trabajo en red. Solidaridad en la oración y solidaridad en la caridad que se convierte en un compartir concreto”.

“También en el ámbito de la discapacidad, las comunidades eclesiales y civiles están llamadas a trabajar en red, a colaborar armoniosamente para ayudar a los más débiles y desfavorecidos a hacer oír su voz. De este modo, se aplica la subsidiariedad y se valora la contribución de todos aquellos que llevan mucho tiempo trabajando por las personas con discapacidad, creando una gama amplia y diversificada de apoyos. Dejando de lado las actitudes competitivas, se puede crear una sinergia eficaz que puede tener un profundo impacto en la sociedad”.

Poner la fraternidad en el centro de la economía

El cuarto punto de reflexión del Papa Francisco se centró en la economía que descarta y otra que incluye. Desde tiempos inmemoriales, empezando por la primera comunidad cristiana de Jerusalén, a través de muchas y variadas experiencias, el Evangelio nos ha inspirado a poner la fraternidad en el centro de la economía, para que los pobres, los marginados y las personas con discapacidad no queden excluidos. “El trabajo que realiza la Fundación Italiana para el Autismo también necesita apoyo económico. Por ello – afirmó el Papa – mi gratitud también se dirige a sus benefactores, que al destinar recursos en favor de sus vecinos están construyendo una sociedad más unida, inclusiva y fraternal. Esto también es una forma concreta de hacer negocios solidarios”.

 

Francisco en Malta, Scicluna: el Papa llega como heraldo de paz y reconciliación

En vísperas de la llegada del Pontífice a la isla mediterránea, el Arzobispo metropolitano de Malta relata los dos años de espera para este viaje: el Papa nos recuerda la radicalidad del Evangelio y, como San Pablo, la importancia de la curación

 

Michele Raviart - La Valletta

La Iglesia maltesa se prepara para la llegada del Papa Francisco mañana por la mañana a Malta, destino del 36º viaje apostólico de su pontificado. Una "oportunidad para ir a la fuente del anuncio del Evangelio", la ha definido el Papa, en un lugar que vio el inicio de la cristianización de la isla tras el naufragio del apóstol Pablo en el año 60 después de Cristo. El viaje también estará marcado por el tema de la hospitalidad, aún más actual hoy en Europa con el éxodo de cientos de miles de refugiados de Ucrania.

La Iglesia de Malta espera a Francisco

Acompañando al Papa Francisco en las etapas de su viaje estará también monseñor Charles J. Scicluna, presidente de la Conferencia Episcopal Maltesa y arzobispo de La Valleta, desde 2015 arzobispo metropolitano de Malta y particularmente comprometido con el área de los abusos del clero dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que es secretario adjunto.

Excelencia, ¿qué significado tiene la llegada del Papa Francisco para la Iglesia de Malta?

R. - Después de dos años de espera, la visita del Papa no sólo tiene un significado muy profundo para el pueblo, sino que es una presencia más que apreciada, también porque el momento histórico siempre nos hace pensar en Europa del Este y en la tragedia que está teniendo lugar en Ucrania en estos días. El Papa viene como heraldo de la misericordia, de la reconciliación, de la paz; habla desde el sur de Europa, desde el corazón del Mediterráneo, que siempre ha sido teatro de convergencia, pero también de conflicto y tiene una historia que une tres continentes, pero también los separa. También llega el domingo de Cuaresma en el que Jesús, hablando con la adúltera, la salva de una condena a muerte y le da a esta mujer, sorprendida en flagrante adulterio, un nuevo comienzo. La Palabra de Dios que celebraremos junto al Santo Padre el domingo de Cuaresma, 3 de abril, habla precisamente de reconciliación, de misericordia, pero también de un nuevo comienzo. Este es el mensaje que el Papa lleva a Malta, en el corazón del Mediterráneo, pero mirando al mundo entero y especialmente a nuestros hermanos y hermanas de Ucrania.

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Uno de los temas está también simbolizado por el logotipo de este viaje, que muestra unas manos dispuestas a acoger, y no cabe duda de que la cuestión de la acogida y los migrantes es uno de los grandes temas de este viaje. ¿Cuál es la situación en Malta y qué aportarán las palabras del Papa, que se reunirá con algunos de estos migrantes el domingo?

R. - La cuestión de los inmigrantes es siempre de actualidad. Si miramos a Europa del Este, la realidad de los emigrantes que huyen de conflictos violentos, agresivos e injustos es muy clara, y nos invita a acoger a los que huyen de su propio país no por capricho, sino por exigencia, por necesidad. Durante años, en Malta hemos sido una frontera que no puede ser una barrera, sino que debe ser un punto de confrontación, un punto de acogida. Incluso las palabras que provienen de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 28, que hablan de la acogida que los malteses dieron a 276 náufragos, incluido el apóstol Pablo, son fruto de una narración muy antigua. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que algunos estudiosos nos digan que una de las etimologías del nombre "Malta" proviene de una raíz fenicia muy antigua - "malet"- que significa puerto seguro, un refugio seguro. Malta ha sido bendecida con puertos verdaderamente seguros, en los que los que viajaban por mar también podían detenerse, tomar un refrigerio, incluso realizar actos de culto, porque Malta tiene muchos templos de culto que son anteriores a la era cristiana y eran -precisamente- no sólo un refugio personal y psicológico, sino también espiritual; y ésta es una vocación geopolítica de la que no podemos escapar. Malta está situada en el centro del Mediterráneo y debe ocuparse también del corredor central de la migración, pero también contempla la legítima reacción, la hermosa reacción de los países europeos ante los flujos migratorios que llegan estos días desde Ucrania. Y entre nosotros decimos que sería bueno que esta solidaridad europea se experimentara también con los países meridionales que durante años han soportado una carga desproporcionada, sin recibir el mismo tipo de solidaridad que los demás.

Usted ha mencionado el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que se habla del naufragio de San Pablo. También hay otro aspecto, igualmente importante, que es el apostólico: el mismo Papa Francisco visitará -como hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI- las Grutas de San Pablo. Desde el punto de vista apostólico, ¿qué significa el entero viaje para la comunidad cristiana de Malta, tanto para la Iglesia como para los fieles?

R. - Hay que admitir que la inspiración para el viaje, hace dos años, vino de las palabras del Santo Padre en aquellos días, a principios de enero de 2020, cuando comentaba el capítulo 28 de los Hechos de los Apóstoles. Se acordó de nosotros leyendo las hermosas palabras que Lucas utiliza para conmemorar y recordar la acogida y la benevolencia de los malteses, incluido nuestro protos que se llamaba Publius. Pablo se quedó en Malta durante tres meses, en esa antigua Gruta que los Papas visitan cuando vienen aquí, 2000 años después de la llegada de Pablo. Vivimos bajo la influencia de la secularización, de un mundo globalizado con una actitud muy líquida hacia los compromisos humanos, personales y morales. El Papa viene como quien recuerda la radicalidad del Evangelio, pero también la curación, y trae la Palabra de Jesús. Pablo ciertamente habló de Jesús, pero Lucas no nos dice lo que dijo. Nos cuenta algunos hechos de la curación. Dice: "Trajeron al apóstol a todos los enfermos de la isla, y él los curó". En el nombre de Jesús. Y así nos hemos encontrado -al menos, nuestros antepasados- con Jesús en la Palabra que salva, que reconcilia, que sana. Y esta es la Palabra que esperamos del Papa, el Sucesor de Pedro.

¿Cómo se está preparando la isla para la llegada del Papa a nivel práctico? Tanto los ciudadanos como las autoridades. El nuevo Primer Ministro juró en su cargo hace unos días. ¿Cuál es el ambiente en la isla, cómo se están preparando?

R. - Hay una gran expectación. Evidentemente, las elecciones del pasado fin de semana siguen en el orden del día: se está formando el nuevo gobierno; es un momento de la vida civil que no se puede desatender. Pero los preparativos están en marcha y rezamos para que haga buen tiempo el sábado y el domingo porque, como sabemos, en las islas mediterráneas, cuando el viento sopla, sopla muy fuerte...

 

Cantalamessa: Eucaristía, presencia real de Cristo en la Iglesia

Las tradiciones latina, ortodoxa y protestante en relación con el misterio eucarístico fueron desarrolladas por el predicador de la Casa Pontificia, el Cardenal Raniero Cantalamessa, en su cuarta predicación sobre la Cuaresma, pronunciada este viernes 1º de abril.

 

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“¿Cómo afrontar un misterio tan elevado e inaccesible?”. Es la pregunta que se plantea el Cardenal Raniero Cantalamessa, OFMCAP, Predicador de la Casa Pontificia, al comenzar la cuarta prédica de Cuaresma. En la mañana de este viernes 1º de abril, desde el Aula Pablo VI y ante la presencia de los miembros de la Curia Romana, Cantalamessa dedicó su reflexión a una “breve peregrinación eucarística a través de las diversas confesiones cristianas”. También recogió algunas “cestas de fragmentos que han sobrado de la gran multiplicación de los panes que ha tenido lugar en la Iglesia”.

Según Cantalamessa, “la vía para ponernos en marcha sobre este camino del ecumenismo eucarístico es la vía del reconocimiento recíproco, la vía cristiana del ágape, es decir, del compartir, o de “las diferencias reconciliadas’, como dice nuestro Santo Padre”. No se trata –afirmó- de pasar por encima de las divergencias reales, o de disminuir en algo la auténtica doctrina católica, sino, más bien, de poner en común los aspectos positivos y los valores auténticos que hay en cada una de las tradiciones, de modo que podamos constituir una “masa” de verdad común que comience a atraernos hacia la unidad.

Escuche y descargue el informe

El Predicador insistió en que la síntesis que debemos empezar a hacer es examinar las grandes tradiciones cristianas, para quedarnos “con lo bueno” de cada una, como nos exhorta el Apóstol (cf. 1 Tes 5,21). “Esta es la única forma en que podemos esperar llegar un día a sentarnos todos alrededor de la misma mesa”, puntualizó.
Una presencia real, pero escondida: la tradición latina

Cantalamessa subrayó que el centro indiscutido en la visión de la teología y liturgia latina es el momento de la consagración, del que brota la presencia real de Cristo. “En él Jesús actúa y habla en primera persona”, señaló, por lo que consideró que, en este enfoque, se puede hablar de un “realismo cristológico”.

Por un lado, explicó el concepto “realismo” recordando que “Jesús no es visto presente sobre el altar simplemente como un signo o un símbolo, sino en verdad y con su realidad”. Por otro, el purpurado enfatizó que el término “cristológico” se debe a que toda la atención se dirige a Cristo, “visto tanto en su existencia histórica y encarnada, como en la del Resucitado”. Cristo es, dijo, tanto el objeto como el sujeto de la Eucaristía, es decir, aquel que es realizado en la Eucaristía y el que realiza la Eucaristía.

“El concilio de Trento, a continuación, precisó mejor esta forma de concebir la presencia real, utilizando tres adverbios: vere, realiter, substantialiter. Jesús está presente verdaderamente, no sólo en imagen o en figura; está presente realmente, no sólo subjetivamen­te, para la fe de los creyentes; está presente sustancialmente, es decir, según su realidad profunda que es invisible a los sentidos, y no según su apariencia que sigue siendo la del pan y el vino”

La acción del Espíritu Santo: la tradición ortodoxa

La segunda visión analizada fue la ortodoxa, que resalta de manera especial la acción del Espíritu Santo en la celebración eucarística. De acuerdo con Cantalamessa, esta comparación ha traído sus frutos después del Concilio Vaticano II. “Hasta entonces, en el Canon Romano de la Misa, la única mención del Espíritu Santo era la que, por inciso, se hacía en la doxología final: ‘Por Cristo, con él y en él… en la unidad del Espíritu Santo…’. Ahora, en cambio, todos los cánones nuevos recogen una doble invocación del Espíritu Santo: una sobre las ofrendas, antes de la consagración, y otra sobre la Iglesia, después de la consagración”, apuntó.

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Cantalamessa declaró que es importante tener en cuenta una cosa que nos permite ver cómo incluso la tradición latina tiene algo que ofrecer a los hermanos ortodoxos, y es que el Espíritu Santo no actúa separadamente de Jesús, sino en la palabra de Jesús. Para ilustrar este punto, recordó unas palabras de Jesús en el Evangelio según San Juan, en el que dice sobre el Espíritu Santo: “No hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga… Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y os lo anunciará” (Jn 16,13-14).

Por eso no hay que separar –continuó Cantalamessa-, y mucho menos contraponer, las palabras de Jesús (“Esto es mi Cuerpo”) de las palabras de la epíclesis (“Que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo”).

“La llamada a la unidad para los católicos y los hermanos ortodoxos, se eleva desde las profundidades mismas del misterio eucarístico. Aunque el recuerdo de la institución y la invocación del Espíritu sucedan en momentos distintos (el hombre no puede expresar el misterio en un solo instante), su acción, sin embargo, es conjunta. La eficacia proviene, ciertamente, del Espíritu (no del sacerdote, ni de la Iglesia), pero dicha eficacia se ejerce en la palabra de Cris­to y a través de ella”

La importancia de la fe: la tradición protestante

Por último, el Cardenal Cantalamessa expuso sobre la visión protestante del tema en cuestión. “No nos detengamos enseguida en las consecuencias negativas sacadas, en determinados períodos del principio protestante según el cual los sacramentos no son más que ‘signos de la fe’”, reflexionó. Por el contrario, invitó a pasar por encima de la polémica y los malentendidos, y “démonos cuenta de que esta enérgica llamada a la fe es saludable precisamente para salvaguardar el sacramento y no hacer que degenere en una de tantas ‘buenas obras’, o en algo que actúa mecánica y mágicamente, casi a espaldas del hombre”.

En el fondo –aseveró el purpurado- se trata de descubrir el profundo significado de esa exclamación que la liturgia hace resonar al final de la consagración y que, en un tiempo –aún no nos acordamos de ello-, estaba incluso insertada en el centro de la fórmula de la consagración, como para subrayar que la fe es parte esencial del Misterio: Mysterium fidei, “Este es el misterio de nuestra fe”.

“La fe es necesaria para que la presencia de Jesús en la Eucaristía sea, no sólo «real», sino también «personal», es decir, de persona a persona. En efecto, una cosa es «estar» y otra «estar presente». La presencia supone alguien que está presente y alguien a quien se hace presente; supone comunicación recíproca, el intercambio en­tre dos sujetos libres que toman conciencia el uno del otro. Es mu­cho más, pues, que un simple estar en un determinado lugar”

Cantalamessa manifestó que “Lutero, que tanto ensalzó la función de la fe, es también uno de los que ha sostenido con mayor vigor la doctrina de la presencia real de Cristo en el sacramento del altar”. El predicador de la Casa Pontificia recordó las palabras de Lutero en el famoso coloquio de Marburgo de 1529, en el que afirmó:

“No puedo entender las palabras “Esto es mi cuerpo”, de manera distinta de como suenan. Tendrán que pro­bar los demás que allí donde dice “Esto es mi cuerpo”, no está el cuerpo de Cristo. No quiero escuchar explicaciones basadas en la razón. No admito disputa alguna sobre palabras tan claras; rechazo los argumentos de razón o de sentido común. Demostraciones ma­teriales, argumentos geométricos: rechazo todo esto por completo. Dios está por encima de las matemáticas, y hay que adorar y cumplir con estupor las palabras de Dios” (Lutero).

 

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO

— La enseñanza de Jesús. Cada cristiano debe dar testimonio de su doctrina.

— Imitar al Señor. Ejemplaridad. No desaprovechar ni una sola ocasión.

— Diversidad de formas de dar a conocer las enseñanzas de Jesús. Contar con las situaciones difíciles.

I. Este verdaderamente es el profeta que había de venir... Jamás ha hablado nadie así1. El Señor habla con gran sencillez de las cosas más profundas, y lo hace de modo atrayente y sugestivo. Sus palabras eran comprendidas tanto por un doctor de la ley como por los pescadores de Galilea.

La palabra de Jesús es grata y oportuna. Insistía con frecuencia en la misma doctrina, pero buscaba las comparaciones más adecuadas a quienes le oían: el grano de trigo que debe morir para dar fruto, la alegría de encontrar unas monedas perdidas, el hallazgo de un tesoro escondido... Y con imágenes y parábolas ha mostrado de modo insuperable la soberanía de Dios Creador y, a la vez, su condición de Padre, que trata amorosamente a cada uno de sus hijos. Nadie como Él ha proclamado la verdad fundamental del hombre, su libertad y su dignidad sobrenatural, por la gracia de la filiación divina.

Las multitudes le buscaban para oírle, y muchas veces era necesario despedirlas para que se marcharan. Cristo tiene palabras de vida eterna2, y nos ha dejado el encargo de transmitirlas a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos.

También hoy las gentes están sedientas de las palabras de Jesús, las únicas que pueden dar paz a las almas, las únicas que enseñan el camino del Cielo. Y todos los cristianos participamos de esta misión de dar a conocer a Cristo. «Todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia... Todos participan activa y corresponsablemente –dentro de la necesaria pluralidad de ministerios– en la única misión de Cristo y de la Iglesia»3.

Es mucha la urgencia de dar a conocer la doctrina de Cristo, porque la ignorancia es un poderoso enemigo de Dios en el mundo y es «causa y como raíz de todos los males que envenenan a los pueblos»4. Esta urgencia es aún mayor en los países de Occidente, como ha señalado repetidas veces el Papa Juan Pablo II: «Nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral, con la disgregración de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»5.

Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo –no solo con el ejemplo: también con la palabra– del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente –sabiendo también provocar, con prudencia, esas ocasiones– con nuestros familiares, amigos, compañeros de profesión, vecinos; con aquellas personas que tratamos, aunque sea por poco tiempo, con ocasión de un viaje, de un congreso, de unas compras, de unas ventas...

Para quien desea recorrer el camino hacia la santidad, su vida no puede ser como una gran avenida de ocasiones perdidas, pues quiere el Señor que nuestras palabras se hagan eco de sus enseñanzas para mover los corazones. «Es cierto que Dios respeta la libertad humana, y que puede haber personas que no quieran volver sus ojos a la luz del Señor. Pero mucho más fuerte, y abundante, y generosa, es la gracia que Jesucristo quiere derramar sobre la tierra, sirviéndose –ahora como antes y como siempre– de la colaboración de los apóstoles que Él mismo ha elegido para que lleven su luz por todas partes»6.

II. Al poner por obra esta reevangelización, este apostolado de la doctrina, tendremos que insistir con frecuencia en las mismas ideas, y nos esforzaremos en presentar las enseñanzas del Señor en forma atrayente (¡nada hay más atrayente!). El Señor espera a las multitudes que también hoy andan como ovejas sin pastor7, sin guías y sin dirección, confundidas entre tantas ideologías caducas. Ningún cristiano debe quedar pasivo –inhibirse– en esta tarea, la única verdaderamente importante en el mundo. No caben las excusas: no valgo, no sirvo, no tengo tiempo... La vocación cristiana es vocación al apostolado, y Dios da la gracia para poder corresponder.

¿Somos verdaderamente un foco de luz, en medio de tanta oscuridad, o estamos aún atenazados por la pereza o los respetos humanos? Nos ayudará a ser más apostólicos y vencer los obstáculos el considerar en la presencia del Señor que las personas que se han cruzado en el camino de nuestra vida tenían derecho a que les ayudásemos a conocer mejor a Jesús. ¿Hemos cumplido con ese deber de cristianos? Ojalá no puedan reprocharnos –en esta vida o en la otra– que los hayamos privado de esa ayuda: hominem non habeo8, no he tenido quien me diera un poco de luz entre tanta oscuridad.

La palabra de Dios es viva y eficaz, penetrante como espada de dos filos9, llega hasta lo más hondo del alma, a la fuente de la vida y de las costumbres de los hombres.

Cierto día –narra el Evangelio de la Misa de hoy– los judíos enviaron a los guardias del Templo para prender a Jesús. Cuando regresaron, y ante la pregunta de sus jefes: ¿Cómo no lo habéis traído?, los guardias respondieron: Jamás nadie ha hablado así10. Es de suponer que aquellos sencillos servidores estuvieron un rato entre la gente, esperando el momento oportuno para prender al Señor, pero se quedaron maravillados de la doctrina de Jesús. ¡Cuántos cambiarían la actitud si nosotros lográramos dar a conocer la figura de Cristo, la verdadera imagen que profesa nuestra Madre la Iglesia! ¡Qué ignorancia tan grande, después de veinte siglos, la de nuestro mundo e incluso la de muchos cristianos!

San Lucas dice de Nuestro Señor que comenzó a hacer y a enseñar11. El Concilio Vaticano II enseña que la Revelación se llevó a cabo gestis verbisque, con obras y palabras intrínsecamente ligadas12. Las obras de Jesús son obras de Dios hechas en nombre propio. Y la gente sencilla hacía comentarios: Hemos visto cosas increíbles13.

Los cristianos debemos mostrar, con la ayuda de la gracia, lo que significa seguir de verdad a Jesús. «Quien tiene la misión de decir cosas grandes (y todos los cristianos tenemos esa dulce obligación de hablar de seguir a Cristo), está igualmente obligado a practicarlas», decía San Gregorio Magno14. Nuestros amigos, parientes, colegas de trabajo y conocidos nos han de ver leales, sinceros, alegres, optimistas, buenos profesionales, recios, afables, valientes... A la vez que con sencillez y naturalidad mostramos nuestra fe en Cristo. «Se necesitan –dice Juan Pablo II– heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evagelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy»15.

III. «Algunos no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles»16. De muchas maneras podemos dar a conocer amablemente la figura y las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia: con una conversación en la familia, participando en una catequesis, manteniendo con claridad, caridad y firmeza el dogma cristiano en una conversación, alabando un buen libro o un buen artículo... En ocasiones, con el silencio que los demás valoran, o escribiendo una carta sencilla dando las gracias a los medios de comunicación social por un trabajo acertado... Siempre hace bien a alguien, quizá de un modo que nunca pudimos sospechar. En cualquier caso, cada uno debemos preguntarnos en este rato de oración: «¿cómo puedo ser más eficaz, mejor instrumento?, ¿qué rémoras estoy poniendo a la gracia?, ¿a qué ambientes, a qué personas podría llegar, si fuera menos cómodo –¡más enamorado de Dios!– y tuviera más espíritu de sacrificio?»17.

Hemos de tener en cuenta que muchas veces tendremos que ir contra corriente, como han ido tantos buenos cristianos a lo largo de los siglos. Con la ayuda del Señor, seremos fuertes para no dejarnos arrastrar por errores en boga o costumbres permisivas y libertinas, que contradicen la ley moral natural y la cristiana. Y también entonces hablaremos de Dios a nuestros hermanos los hombres, sin perder una sola oportunidad: «Veo todas las incidencias de la vida –las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de la historia– como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos (Cfr. Lc 9, 55).

»Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas, cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio»18.

Siempre, y de modo especial en las situaciones más difíciles, el Espíritu Santo nos iluminará, y sabremos qué decir y cómo nos hemos de comportar19.

1 Jn 7, 46.  2 Jn 6, 58. — 3 A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 38. — 4 Juan XXIII, Enc. Ad Petri cathedram, 29-VI-1959. — 5 Juan Pablo II, Discurso, 6-XI-1981. — 6 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 7.  7 Mc 6, 34. — 8 Jn 5, 7.  9 Heb 4, 12. — 10 Jn 7, 45-46. — 11 Hech 1, 1.  12 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 2. — 13 Lc 5, 26. — 14 San Gregorio Magno, Regla pastoral 2, 3. — 15 Juan Pablo II, Discurso al Simposio de Obispos Europeos, 11-X-1985. — 16 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 941. — 17 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9. — 18 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 132. — 19 Cfr. Lc 12, 11-12.

 

Meditaciones: sábado de la 4 semana de Cuaresma

Reflexión para meditar el sábado de la 4 semana de Cuaresma. Los temas propuestos son: «Jamás habló así hombre alguno»; no endurecer el corazón; las palabras de Jesús.

02/04/2022

«Jamás habló así hombre alguno».

No endurecer el corazón.

Las palabras de Jesús.


ES EL TERCER año de la vida pública del Señor. Son días de controversias con los fariseos y con otros jefes del pueblo. Jesús se encuentra en Jerusalén, durante la celebración de la fiesta de los tabernáculos. Las calles de la ciudad se llenan de cabañas hechas con ramas, para recordar el paso de Israel por el desierto tras su liberación de Egipto. En esta fiesta se daba gracias a Dios por las cosechas y la vendimia, ya que se celebraba entre septiembre y octubre, al final del año agrícola; se pedía su bendición para el futuro, con la mirada puesta en el salvador prometido.

En ese marco festivo, con mucha afluencia de peregrinos, los sumos sacerdotes y los doctores de la ley temen que Jesús pueda ser proclamado Mesías, así que mandan algunos guardianes del Templo para que lo apresen. Probablemente no eran muchos, pero no se veían en condiciones de ejercer la fuerza sin provocar una revuelta. Es posible que llegaran al lugar donde se encontraba el Señor hablando a sus discípulos, y se quedasen a un lado, esperando hasta el final. Así podrían detenerlo discretamente, sin que la multitud se agitase. En esa espera, le oyen hablar, y las palabras de Jesús llegan a sus corazones. Algo se remueve en sus almas y desisten del propósito inicial que les había llevado hasta allí. Cuando vuelven a dar cuentas a los sumos sacerdotes y fariseos, estos preguntan indignados: «¿Por qué no lo habéis traído?» (Jn 7,45). Y la respuesta de los guardianes es elocuente: «Jamás habló así hombre alguno» (Jn 7,46).

Llama la atención el contraste entre estos dos grupos de personajes. Los sumos sacerdotes y los doctores de la ley quizás tienen el alma endurecida, no quieren escuchar a Jesús; su corazón está envuelto en una coraza de prejuicios. Cuando dialogan con el Maestro, se trata de un diálogo aparente, solo quieren retorcer sus palabras. En cambio, los guardianes del templo son personas más sencillas y honestas, sus disposiciones interiores les permiten escuchar sin barreras a Cristo. Y en ese encuentro personal quedan conquistados. Estos personajes secundarios del Evangelio nos recuerdan la necesidad de escuchar la Palabra de Dios con un corazón sencillo, de manera que, al acogerla, sea realmente luz que oriente nuestra vida.


«OJALÁ ESCUCHÉIS hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón» (Sal 96,7). La Iglesia nos repite incansablemente durante la Cuaresma estas palabras del salmo. Nos recuerda así que nuestro corazón puede tender a endurecerse, incluso cuando ya llevamos tiempo, quizá muchos años, deseando e intentando vivir como cristianos. Los sumos sacerdotes y fariseos no lograban ver nada positivo en Jesús, que era la verdad, la luz y la bondad. Su mirada, oscurecida, solo estaba dispuesta a fijarse en lo aparentemente negativo.

Frente a lo que acontece a nuestro alrededor, podemos siempre escoger entre la mirada que juzga o la mirada contemplativa. De algún modo, esta elección condiciona nuestra manera de percibir la realidad. Mediante la oración, podemos unirnos a la mirada que viene de Dios, que «no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene»1. Solo él sabe lo que se encuentra en lo más profundo de los corazones de las personas.

Sabemos bien que, quien se sabe hijo de un Dios que es Padre y que ha vencido al mal, no odia a nadie ni mira el mundo con ojos pesimistas. La fe y la caridad nos impulsan, en cambio, a fijarnos antes que nada en el bien, a admirarnos por la belleza que nos rodea; a cultivar, en palabras de san Josemaría, «una actitud positiva y abierta, ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida»2. El cristianismo es novedad, luz, salvación, amor a cada persona. «La mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rm 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña»3.


LOS GUARDIANES del templo, por su parte, supieron valorar las palabras de Jesús. Se daban cuenta de que no estaban oyendo a un rabino cualquiera: allí había algo más, algo radicalmente distinto. El Evangelio señala que «les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas» (Mc 1,22). Las palabras de Jesús estaban avaladas por los signos que hacía y por el ejemplo de su vida. Nunca hubo un hombre más identificado con su mensaje, ya que el mensaje era su misma persona: él era el amor de Dios encarnado, la reconciliación con el Padre, quien revela el hombre al mismo hombre4.

Jesús revelaba la verdad con autoridad y profundidad. Pero lograba hacerlo de manera sencilla, con un lenguaje ligado a la existencia cotidiana de quienes le escuchaban. Según sus disposiciones, cada uno podía acoger bien o mal aquel anuncio, pero las palabras de Jesús tocaban la vida de sus oyentes. Junto a esto, las mujeres y hombres de corazón bien dispuesto podían percibir otra característica en las palabras de Cristo: su benevolencia. Se daban cuenta de que les hablaba desde el corazón, de que no le interesaba quedar bien ni arrancar aplausos, sino que hablaba movido solo por el ánimo de ayudar, de consolar, de salvar. En sus palabras descubrían el amor de Dios hacia cada uno.

También hoy, «a nadie niega Jesús su palabra, y es una palabra que sana, que consuela, que ilumina»5. Leyendo y meditando el Evangelio podemos encontrar personalmente a Cristo, de manera que sea luz de nuestras vidas. Como los guardianes del Templo, podremos exclamar: «Jamás habló así hombre alguno» (Jn 7,46). María, que acogió en sí a la Palabra de Dios, nos puede ayudar en este camino.


Francisco, Patris corde, n. 2.
San Josemaría, Forja, n. 428.
Francisco, Evangelii gaudium, n. 84.
Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 22.
San Josemaría, Cartas 37, n. 10.

 

“Has de ser fermento”

Dentro de la gran muchedumbre humana –nos interesan todas las almas– has de ser fermento, para que, con la ayuda de la gracia divina y con tu correspondencia, actúes en todos los lugares del mundo como la levadura, que da calidad, que da sabor, que da volumen, con el fin de que luego el pan de Cristo pueda alimentar a otras almas. (Forja, 973)

Había acompañado a Jesús una gran muchedumbre. Levanta Nuestro Señor los ojos y pregunta a Felipe: ¿dónde compraremos pan, para dar de comer a toda esa gente? Felipe contesta, después de un cálculo rápido: doscientos denarios de pan no bastan, para que cada uno tome un bocado. No tienen tanto dinero: han de acudir a una solución casera. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: aquí está un muchacho que ha traído cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tanta gente?

Nosotros queremos seguir al Señor, y deseamos difundir su Palabra. Humanamente hablando, es lógico que nos preguntemos también: pero, ¿qué somos, para tanta gente? En comparación con el número de habitantes de la tierra, aunque nos contemos por millones, somos pocos. Por eso, nos hemos de ver como una pequeña levadura que está preparada y dispuesta para hacer el bien a la humanidad entera, recordando las palabras del Apóstol: un poco de levadura fermenta toda la masa, la transforma. Necesitamos aprender a ser ese fermento, esa levadura, para modificar y transformar la multitud.

Si meditamos con sentido espiritual ese texto de San Pablo, entenderemos que no tenemos más remedio que trabajar, al servicio de todas las almas. Otra cosa sería egoísmo. Si miramos nuestra vida con humildad, distinguiremos claramente que el Señor nos ha concedido, además de la gracia de la fe, talentos, cualidades. Ninguno de nosotros es un ejemplar repetido: Nuestro Padre nos ha creado uno a uno, repartiendo entre sus hijos un número diverso de bienes. Hemos de poner esos talentos, esas cualidades, al servicio de todos: utilizar esos dones de Dios como instrumentos para ayudar a descubrir a Cristo. (Amigos de Dios, nn. 256-258)

 

 

«El cristianismo es una relación de amor no un conjunto de reglas»

Elena cuenta su encuentro con Dios: un encuentro que le llevó de una creencia difusa en un “hay algo más” a una relación personal con Jesucristo.

01/04/2022

Elena tiene 26 años, nació en el Puerto de Santa María, estudió ingeniería agrícola y trabaja en una fábrica de semillas. Sus padres tenían una fe algo difusa y, aunque no practicaban, bautizaron a su hija que también hizo la primera comunión. Ahí terminó su vivencia religiosa aunque en verano acompañaba a Misa a su bisabuela que luego la invitaba a merendar.

“Mis padres eran como un palito que me iba marcando el camino”

Elena tuvo una adolescencia dispersa y confiesa que, si siguió estudiando, fue gracias al cariño e impulso de sus padres “ellos eran como un palito que me iba marcando el camino”. Pero el tema de la fe ni le inquietaba ni le llevaba a hacerse ninguna pregunta. Si existía Dios o no era algo que no afectaba lo más mínimo a su vida diaria.

Cuando Elena empezó la carrera universitaria conoció a mucha gente distinta y se hizo amiga de Pilar, una chica que le marcó: “era muy buena, tenía una paz que a mí me llamaba la atención y se preocupaba mucho por los demás. Era una amistad distinta a las que había tenido hasta ahora”.

Qué tiene ella y no yo

Pilar y Elena estudiaban juntas, a veces en un colegio mayor del Opus Dei, hacían planes y se lo pasaban bien, pero Elena cuenta con gracia que había algo que le descuadraba “un miércoles me dijo que se iba a Misa y yo pensé: está loca, la Misa es el domingo. Se lo dije y ella me explicó que Misa había todos los días. Me quedé muy sorprendida. Me di cuenta de que Pilar era muy religiosa y cuando pensaba qué tiene ella que no tengo yo, siempre llegaba a la misma conclusión: tiene a Dios”.

Elena empezó a cuestionarse su vida y su fe. A preguntar sus dudas en el Colegio Mayor. Así llegó la Semana Santa y le invitaron a ir a Roma, al UNIV, una convivencia de universitarios.

“El primer día tuvimos una meditación. No me acuerdo del tema, pero sí que ponerme delante del Sagrario me emocionó. Era un Sagrario feísimo pero el corazón me saltó. Parecía que había visto al chico que me gustaba. Me dijeron que si quería confesarme y dije que sí”.

Elena confiesa con humildad y una sinceridad que desarma que aquella no fue una buena confesión “decidí decir solo aquello que quería. Pensé: a este hombre no le conozco de nada, no le voy a contar mi vida”.

Pero Dios había echado ya el anzuelo y en el momento de la comunión Elena no se acercó a comulgar. “Yo veía a todas las chicas comulgando y pensaba, no puedo hacerlo. Al final de la Misa volví a confesarme, esta vez bien, de todo. Le pedí perdón a Dios y me quedé como nueva y feliz”.

La Semana Santa supuso un momento de gracia importante para Elena, pero no se ganó Zamora en una hora, por más motivada que estuviera esta joven andaluza: “cuando volví del Univ yo me creía casi santa pero pronto vi que no iba a ser tan fácil convertirse en una cristiana coherente”.

Comenzar y recomenzar

Elena cuenta con sencillez como los hábitos de su vida le jugaban malas pasadas “estaba acostumbrada a tener unas relaciones bastante egoístas, yo me miraba a mí no a los demás y ahora Dios me pedía cosas que yo, de primeras, no estaba dispuesta a darle. Afortunadamente Dios te ayuda a no cansarte y Él te va llevando”.

Al echar la mirada atrás, Elena no tiene dudas: “durante este proceso muchas veces me planteaba si tenía sentido mi esfuerzo por estar cerca de Dios. Al principio se me hacía costoso, caía y me levantaba muchas veces, pero también es cierto que notaba la ayuda de Dios, sobre todo, para querer a la gente de verdad, de una manera desinteresada”.

Ahora, Elena siente la presencia de Dios en su vida de una manera cotidiana, muy lejos del formalismo o la rigidez: “desde fuera la vida de unión con Dios se puede ver como algo ultra rígido ‘ahora tienes que rezar, ahora ir a Misa’ pero se trata de buscar esos puntos de encuentro con Dios” y lo explica con un símil muy expresivo “yo me acabo de casar y, a veces estoy en el salón con mi marido y le voy dirigiendo la mirada para ver si le encuentro, pues con Dios lo mismo: hago un rato de oración y encuentro su mirada, voy a Misa y le encuentro y así todo el día. Busco su mirada y es una mirada que da fuerza, que transmite amor, que serena… No veo el cristianismo como un conjunto de reglas sino como una relación de amor”.


Vídeos: María Villarino y Pablo Serrano

Textos: Ana Sanchez de la Nieta e Inma de Juan

Producción: Carmen García Herrería

 

Muy humanos, muy divinos (XIII): Con todo el corazón

La virtud de la castidad tiene que ver con nuestra capacidad de percibir, aspirar y gozar con lo que llena el corazón humano; nos permite descubrir a Dios en todo.

01/04/2022

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5,8). Ver a Dios: sin filtros, sin prisas, sin límites… ¿Quién podría soñar con alcanzar algo así por sus propias fuerzas? Contemplar en su fuente la belleza, la bondad, la grandeza que buscamos sin cesar por todas partes. Contemplar, que no significa observar desde fuera, sino desde dentro, sabiéndonos inundados por toda esa realidad llena de luz, por ese «Amor que sacia sin saciar»[1] nuestros deseos más profundos: esos que en este mundo encuentran solo una respuesta muy parcial, aunque tantas veces las criaturas nos parezcan ya todo lo bellas, buenas y grandiosas que se pueda imaginar.

Por supuesto, al hablar de pureza de corazón, el Señor no se refiere solamente a la castidad. Si existiera una persona muy casta pero injusta, insincera, desleal, perezosa o egoísta, no diríamos que su corazón es limpio. Cuando el rey David suplica «Oh Dios, crea en mí un corazón puro» (Sal 51[50],12), está pidiendo un corazón que reúna armónicamente todas las virtudes; un corazón que vibre con lo valioso y no con lo insustancial, que sea capaz de jugarse la vida por algo más grande que él, que no se deje dominar por cosas efímeras y superficiales. Al crecer en las distintas virtudes, nuestra mirada —nuestros deseos, intereses, aspiraciones— se va aclarando y nos hace capaces de percibir el auténtico valor de las cosas. Vamos aprendiendo a ver, a contemplar, a disfrutar.

Perplejidades

Dios nos ha creado para esta contemplación, que recoge todas las aspiraciones del corazón. Es una gracia que quiere darnos. Pero es una gracia por la que es necesario pelear. Necesitamos conquistar nuestro corazón para que se haga capaz de recibir ese regalo, porque tenemos el riesgo de dejarlo sin abrir, olvidado en un rincón. En palabras de san Josemaría, la castidad «es combate, pero no renuncia; respondemos con una afirmación gozosa, con una entrega libre y alegre. Tu comportamiento no ha de limitarse a esquivar la caída, la ocasión. No ha de reducirse de ninguna manera a una negación fría y matemática. ¿Te has convencido de que la castidad es una virtud y de que, como tal, debe crecer y perfeccionarse?»[2]. La castidad es una afirmación gozosa, y siempre puede crecer. Son dos ideas quizá conocidas, pero no por eso suficientemente comprendidas, hasta el punto de que pueden generar cierta perplejidad.

La idea de la castidad como afirmación contrasta con la de quien pone un excesivo énfasis en el no, como si la virtud consistiera precisamente en no hacer, no pensar, no mirar, no querer. La castidad es, en cambio, un  al amor, porque es el amor lo que la hace necesaria y le confiere su sentido. Naturalmente, se ha de decir no a ciertos actos o actitudes que le son contrarios y que toda persona sensata percibe precisamente como negaciones del amor, de por sí siempre total, exclusivo y definitivo. Pero, a pesar de requerir algunos no, la castidad es una realidad eminentemente positiva.

Supongamos una persona con un buen conocimiento de la fe y de la vida cristiana, sinceramente decidida a ponerla en práctica; una persona que quizá incluso ha transmitido a otros esta visión positiva de la santa pureza, porque comprende estos razonamientos y los comparte. Es posible que su experiencia práctica de esta virtud no responda a la idea de algo positivo que siempre puede crecer: por un lado, porque no necesita ejercer la pureza constantemente; hay otros intereses que normalmente están en primer plano y que relegan la castidad al cuarto o quinto lugar de sus problemas, de modo que habitualmente la castidad no parece ser para él ni una afirmación ni una negación. Por otro lado, porque cuando en algunos períodos tiene que luchar más intensamente para vivirla, la siente precisamente como una negación, y no como una afirmación.

A esto se añade otra fuente de perplejidad: puesto que es una virtud, la castidad está llamada a «crecer y perfeccionarse»[3]. De nuevo, este buen cristiano podría decirse: normalmente consigo evitar actos, pensamientos, miradas contrarias a la castidad, ¿no es de eso de lo que se trata?, ¿no puedo decir que tengo la virtud?, ¿qué más debería hacer?, ¿en qué sentido debería crecer y perfeccionarse en mí la castidad?

En realidad, en el origen de estas perplejidades se encuentra la idea, bastante extendida, pero muy reductiva, de que la virtud es fundamentalmente un suplemento de fuerza en la voluntad que nos hace capaces de respetar unas normas morales, incluso cuando éstas se oponen a nuestra inclinación.Si esta visión fuera correcta, la virtud consistiría en la capacidad de ignorar la afectividad, de oponerse sistemáticamente a lo que sentimos siempre que lo requiera el respeto de esas normas. Naturalmente, aquí hay una parte de verdad, porque en la formación de la virtud a menudo es necesario actuar contra la inclinación afectiva. Sin embargo, es muy importante no olvidar que no es este el objetivo; se trata solo de un paso que, si no va seguido de otros, formará solamente la capacidad de reprimirse, de decir no. Quien piensa así en las virtudes, aunque pueda decir que la castidad es una afirmación gozosa, en realidad no ha terminado de entenderlo, porque no consigue ver lo que esto significa en la práctica.

Integración

La virtud, más que una capacidad de oponerse a la inclinación, es la formación de la inclinación misma. La virtud consiste precisamente en gozar, en disfrutar del bien, porque ha crecido en nosotros una connaturalidad afectiva, es decir, una especie de complicidad con el bien. Es precisamente en ese sentido que llamamos templanza al orden en la tendencia natural al placer. Si el placer fuese malo, ordenarlo significaría anularlo. Pero el placer es bueno, y nuestra naturaleza tiende hacia él. Sin embargo, que sea bueno en principio no significa que lo sea en todos los casos: el objeto de una tendencia puede no ser bueno para la persona en un caso concreto. Por eso nos interesa ordenar nuestra inclinación al placer. Si lo conseguimos la habremos convertido en uno de nuestros mejores aliados para hacer el bien; si no, será un gran enemigo que puede destruirnos, análogamente a como el agua, que quita la sed, hidrata el cuerpo y hace crecer las plantas... también puede ser tsunami, inundación, destrucción.

¿En qué consiste ordenar esa tendencia? Desde luego, no en hacer desaparecer la atracción del placer, cosa por otra parte imposible. Tampoco en ignorarla, o en vivir como si no existiera; ni siquiera en reprimirla. Ordenar la tendencia al placer significa integrarla en el bien de la persona[4]: conferir unidad a nuestros deseos, de modo que sean progresivamente acordes con nuestra identidad y la refuercen. Un corazón impuro es un corazón fragmentado, sin rumbo; un corazón puro, en cambio, es un corazón unificado, con una dirección en la vida.

¿Cómo se puede llegar a realizar esto? Las tendencias humanas son modos de percibir el bien: cada una de ellas nos presenta como conveniente lo que la satisface. Decimos que tenemos tendencia al placer porque frente a algo que puede producirlo experimentamos atracción: aquello se presenta a nuestros ojos como conveniente. Sin embargo, lo que es bueno para la tendencia puede no serlo para la persona. Un pastel puede atraerme porque es agradable comerlo, pero tal vez no convenga a mi salud (por ejemplo, porque soy diabético), a mi forma física (estoy tratando de adelgazar) o a mi relación con los demás (pertenece a otra persona). Cada tendencia tiene su propio punto de vista, valora la realidad desde su propia perspectiva y no puede hacerlo desde otra. La razón es la única facultad que puede adoptar todos los puntos de vista e integrarlos[5], identificando el bien de la persona y no solo el bien de una tendencia concreta o de un aspecto particular de la vida. La razón escucha lo que cada tendencia tiene que decir, evalúa todas estas voces en conjunto, y juzga si una acción es buena para la persona.

La razón no es fría: es apasionada, está condicionada por las tendencias o pasiones. Si una tendencia habla mucho más fuerte que las otras, puede confundirla. De ahí la importancia de que las tendencias estén bien formadas (bien templadas). Así, en vez de obstáculo, serán un apoyo para el juicio de la razón. Por supuesto, esta integración en torno a la razón requiere que el sentido de la tendencia sea comprendido y respetado, y que se actúe de modo que ese respeto cale en nuestra afectividad. La gula, por ejemplo, revela que no se ha comprendido —al menos de modo práctico, que influya en el comportamiento— el sentido de la necesidad de comer; es decir, no se ha asimilado aún a fondo la manera en que el placer de comer contribuye al bien integral de la persona. Algo similar puede decirse de la castidad, y de cualquier otra virtud.

Un mundo interior

Escuchemos el consejo de san Josemaría en un brevísimo punto de Camino: «¿Para qué has de mirar, si “tu mundo” lo llevas dentro de ti?»[6]. Es cierto: si uno lleva un mundo dentro de sí —un mundo hecho de cosas grandes, divinas y humanas—, la mirada, la acción, el pensamiento contra la castidad pueden tener una cierta fuerza de atracción, pero serán mucho más fáciles de combatir, porque serán percibidos como una amenaza a la armonía del propio mundo interior.

Podríamos incluso decir que la castidad se refiere a la sexualidad solo secundariamente. Principalmente tiene que ver con la apertura de nuestro mundo interior —de nuestro corazón— a las cosas grandes, con la capacidad de percibir, de aspirar y de gozar con lo que es capaz de llenar el corazón humano. Por eso, decía también san Josemaría: «no me ha gustado nunca hablar de impureza. Yo quiero considerar los frutos de la templanza. (...) Al vivir así —con sacrificio— [el hombre] se libra de muchas esclavitudes y logra, en lo íntimo de su corazón, saborear todo el amor de Dios (...); se está en condiciones de preocuparse de los demás, de compartir lo propio con todos, de dedicarse a tareas grandes»[7].

La persona casta es capaz de conectar afectivamente y disfrutar con todo lo hermoso, lo noble, lo genuinamente divertido. Su mirada no es posesiva, sino agradecida: deja ser al otro; no permite que se empañe, que se despersonalice la relación que lo une con cada cosa y con cada persona. Quien no es casto tiene una mirada baja; una mirada que no es capaz de recibir, sino solo de exigir prestaciones. En realidad, no es capaz de gozar de las pequeñas cosas de la vida y de las relaciones personales; no es capaz de estar verdaderamente con los demás. Las cosas delicadas que otros aprecian a este le parecen insípidas; no le dicen nada, porque necesita emociones fuertes para reaccionar y experimentar algo positivo y agradable.

Se entiende así que quien vive la castidad como afirmación gozosa no necesite por lo general de un esfuerzo extraordinario de la voluntad para contener el impulso sexual desordenado: su mundo interior, tejido de realidades valiosas y relaciones verdaderas, contrasta fuertemente con él y lo rechaza. Y al vivir así, se siente grandiosamente libre, porque hace lo que le gusta. En cambio, el lujurioso, el incontinente o incluso el meramente continente, si lograsen hacerlo, se sentirían reprimidos: como si les faltase algo.

Para santo Tomás de Aquino el lujurioso, el incontinente, el continente y el casto son cuatro figuras distintas[8]. El casto y el lujurioso poseen uno la virtud y el otro el vicio. El incontinente, sin llegar a tener establecido el vicio, no vive rectamente. Y el continente, como indica el término, se contiene: no peca contra la castidad, pero tampoco posee la virtud: ante una tentación se limita a reprimir el impulso, sin llegar a gozar en el bien. Es el caso, por ejemplo, de quien no quiere mirar, pero desearía que fuese inevitable ver. Simplemente salta obstáculos que desearía no tener que saltar y, al hacerlo no se plantea formar su interioridad para configurarla con el bien. Esta situación puede ser un paso adelante para quien viene de más lejos, pero esa persona todavía habrá de recorrer un camino hasta formar la virtud. Quien no se aparta decididamente de la frontera, aunque consiga no pecar, nunca pasará de ser continente, no llegará a gozar de la virtud y a verla como una afirmación gozosa.

Verán a Dios en todo

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5,8). Quizá Jesús no quiere decir que a los impuros de corazón se les prohibirá ver a Dios, sino más bien que no conseguirán ver nada allí donde los de corazón limpio percibirán una belleza indescriptible, llena de matices, que satisface todas las aspiraciones de su corazón. Esto es de hecho lo que sucede aquí abajo: los virtuosos son capaces de encontrar a Dios en cada persona, en cada situación ordinaria de la vida, mientras que los que no lo son, no sienten su presencia o la encuentran incómoda y desagradable, limitadora de su libertad.

La virtud, así entendida, como creación de un mundo interior bello, de una connaturalidad afectiva que nos hace gozar haciendo el bien, es una respuesta a las perplejidades mencionadas más arriba. En efecto, si el esfuerzo por formar la santa pureza no pretende solo negarse a los actos desordenados, sino también y sobre todo constituir un mundo interior lleno de realidades valiosas, sobrenaturales y humanas, se comprende bien que esta virtud crezca y se forme no solo cuando se ha de vencer una tentación, sino también cuando nuestra atención se dirige a todo lo que hay de valioso y bello en la realidad, aunque de por sí no tenga nada que ver con la sexualidad. La castidad no es solo una virtud para los momentos de combate: no es solo para las tentaciones, sino que es una virtud de la atención, de aquello a lo que nuestro corazón atiende. También se comprende así que esa delicadeza interior, esa apertura a la grandeza, no tiene límites y siempre puede crecer.

Los medios son muchos

¿Cómo formar ese mundo interior? Desde luego, es necesario evitar lo que pueda perturbarlo, procurando que la vista y la imaginación no se dispersen o se enturbien, poniendo ciertos frenos a la curiosidad, y también evitando caer en el ocio, esa actitud pasiva de quien cede el dominio de sus decisiones a los acontecimientos. Porque navegar sin objetivo, dejándose llevar por el viento que sopla, es un modo muy fácil de perderse y terminar en un lugar al hubiéramos preferido no llegar.

También conviene crecer en fortaleza, porque sin ella es muy difícil mantener el rumbo en medio de las olas: la constancia en las pequeñas mortificaciones en el trabajo, en la relación con los demás, en los gustos, fortalece el corazón. Y la sinceridad: tener la sencillez de hablar de lo que nos pasa por dentro es un modo muy eficaz de oxigenar nuestro corazón, y de impedir que se intoxique con afectos que son demasiado pequeños para él.

Son también muy importantes otros medios que dirigen la mirada del alma hacia lo sobrenatural o humanamente valioso: la devoción eucarística, el cariño a la Madre de Dios, la oración y el tono habitual de relación personal con el Señor. Las amistades y todas las relaciones humanas nobles cumplen también este papel: mientras que aislarse o encerrarse en uno mismo es fuente fácil de infecciones, la dedicación sincera a los demás mantiene el corazón en buena salud.

Además, es muy conveniente formar intereses culturales de valor, especialmente la buena literatura, el buen cine, la música, etc., que ayudan a desarrollar la sensibilidad estética y el sentido de la belleza. Quien disfruta únicamente con películas, lecturas, planes o vídeos de alta intensidad, quien se acostumbra a vivir solo de emociones banales, precisará de un esfuerzo notable para controlarse cuando esas emociones entren en la esfera sexual. Y si lo consigue lo experimentará, en el mejor de los casos, como represión, como negación. Es mucho más bonito, y más eficaz, crear un clima interior limpio, luminoso, afirmativo. Nuestro corazón no ha sido hecho para menos: disfrutar de la belleza de Dios ya en esta vida, y por toda la eternidad.


[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 208.

[2] Amigos de Dios, n. 182.

[3] Ibíd.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2337: «La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual».

[5] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Suma de teología, I-II, q. 17, a. 1, ad 2.

[6] San Josemaría, Camino, n. 184.

[7] Amigos de Dios, n. 84

[8] Cfr. Suma de teología, II-II, qq. 151-156.

 

La luz de la fe (XV): fuerzas invisibles: los ángeles, el demonio y el infierno

Los ángeles aparecen como «espíritus destinados a un servicio» (Hb 1,14) que se puede resumir en dos acciones: alabar incesantemente a Dios y cuidar de los hombres, ejerciendo así una participación en la providencia salvífica de Dios.

08/10/2019

Hoy en día nos vemos fácilmente inducidos a pensar que solo existe lo que cae bajo nuestra experiencia, que el mundo verdaderamente real está constituido por lo que se ve y se toca, ya sea directamente o bien virtualmente a través de la pantalla de un dispositivo. A la vez, nos damos cuenta de que hay cosas que suceden en este mundo que es muy difícil que se deban únicamente a causas visibles y experimentables, dada su entidad fuera de lo común. Es decir, suceden cosas visibles y tangibles que tienen su origen en algo que ni se ve ni se toca. Y esto, tanto para lo bueno como para lo malo. En el primer caso comentamos: esto no es humano, es divino, o sea, es súper-humano, demasiado bueno para ser solamente humano (por ejemplo, un milagro); en el otro caso decimos: esto es diabólico, o sea, es demasiado malo para deberse solo y exclusivamente al poder de un individuo (por ejemplo, un asesinato brutal). En ambos casos, pensamos que sin una fuerza sobrehumana no se pueden llevar a cabo determinadas acciones.

Seres puramente espirituales

La creencia en la existencia de fuerzas invisibles ha supuesto desde antiguo un reto para la razón humana. En nuestra sociedad avanzada, cuando parece que se trata de una creencia destinada a desaparecer por su presunto carácter mítico y simbólico, misteriosamente reaparece de modos diversos en la cultura (en el cine o la literatura), e incluso en los testimonios de personas que narran hechos portentosos que atribuyen a seres que están más allá de nuestra percepción sensible (lo cual puede aplicarse tanto a la oración de intercesión como a las prácticas esotéricas o al espiritismo).

Un conocido exegeta del siglo pasado afirmaba, en su intento de desmitificar el Nuevo Testamento para hacerlo más creíble al hombre contemporáneo, que no podía encender la luz eléctrica o escuchar la radio y seguir creyendo en el mundo de los ángeles y de los demonios. ¿Qué diría si hubiera conocido internet, las redes sociales y los smartphones? El avance tecnológico, que nos permite dominar cada vez más nuestros límites espacio-temporales, ¿es algo que nos aleja o tal vez nos acerca al mundo puramente espiritual? ¿Qué dice la fe cristiana de todo esto?

EL NUEVO TESTAMENTO NOS LOS MUESTRA ACOMPAÑANDO LOS MOMENTOS MÁS IMPORTANTES DE LA VIDA DE CRISTO Y DE LA IGLESIA NACIENTE

Ante semejante cuestión, lo primero es admitir con claridad que, mientras es necesario afirmar la existencia de Dios para dar razón de la existencia del mundo, pues Él lo ha creado, no se puede decir lo mismo de otros seres, aunque sean superiores a nosotros. Basado en que solo Dios es Creador, el cristianismo ha descartado desde el principio la idea de divinidades intermedias como si Dios, que es puro espíritu, no pudiera tener ninguna relación con lo que es lejano a él, o sea, lo material.

De todos modos, aunque solo Dios es necesario, el cristianismo, que compartía elementos de otras cosmovisiones, consiguió poco a poco encontrar una explicación racional a la existencia de seres puramente espirituales. En este punto, la reflexión de Santo Tomás fue de gran ayuda, pues en la época patrística suscitó numerosas controversias. Gracias a su metafísica del ser, el Aquinate consiguió explicar que es posible que existan seres creados puramente espirituales[1]. Alguno podría pensar que esto se da ya plenamente en el alma humana, pero el hombre tiene una naturaleza que es también corpórea. Así como en la creación de Dios hay seres puramente materiales, y otros compuestos de materia y espíritu, es muy conveniente, según el principio del orden del universo y de la perfección de la misma creación, que haya seres creados puramente espirituales[2].

La mediación para llegar a Dios

En realidad, estas reflexiones tienen su punto de arranque y de llegada en la narración bíblica de la Historia de la Salvación, en la cual aparecen junto a Dios, único Señor y Creador, otros seres cuya fuerza e influjo, positivo o negativo, se hacen notar en este mundo. Los ángeles aparecen como «espíritus destinados a un servicio» (Hb 1,14), que se puede resumir simbólicamente en dos actividades: cantar y volar[3]. Ellos cantan, es decir, alaban incesantemente a Dios, constituyendo los coros celestiales a los que la liturgia de la Iglesia se une de muchos modos. Por eso no es de extrañar que, cuando se devalúa la dimensión litúrgico-sacramental de la fe, la doctrina de los ángeles quede arrinconada. Por otro lado, los ángeles vuelan, es decir, son enviados por Dios para cuidar de los hombres, ejerciendo así una participación en la providencia salvífica de Dios. Así, el Nuevo Testamento nos los muestra acompañando los momentos más importantes de la vida de Cristo y de la Iglesia naciente. De modo análogo, custodian la vida de cada persona e institución, de ahí que la tradición cristiana hable de la existencia de un ángel de la guarda[4]. La visión cristiana, pues, está caracterizada por la mediación: la grandeza del Creador se muestra precisamente en que su proyecto está pensado para cumplirse con el concurso de sus criaturas libres. Y cuanto más elevadas, serán mayormente partícipes de su gobierno sobre la creación. También nosotros experimentamos que es más fácil hacer directamente las cosas que conseguir que otros libremente las hagan, pero esto último es signo de mayor perfección, como muestra, por ejemplo, la experiencia de gobierno en una familia o en instituciones de diverso tipo.

Por todo esto se entiende que también los ángeles, como seres personales y libres, hayan tenido, por así decir, su propia historia, de la que la Biblia nos dice de modo escueto que algunos se han rebelado contra Dios para siempre[5]. En realidad, la existencia del diablo y sus secuaces, afirmada por la Iglesia desde el principio y confirmada en nuestros días en diversas ocasiones por el papa Francisco[6], constituye la cara oculta de un mensaje de esperanza: el mal que todos vemos en el mundo, y no solo el que es producido por otros, sino también el que nosotros mismos cometemos, es algo que nos supera, que en cierto sentido proviene de un principio que está más allá («no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal») y, a la vez, que no es divino y, por tanto, no es originario, no es necesario. Como es sabido, los relatos de tantas tradiciones culturales tratan de explicar el origen del bien y del mal que hay en nuestro mundo –y dentro de nosotros–, y para ello, acuden a una oposición originaria de principios contrarios. Esto significa que el mal es tan radical como el bien, que siempre ha estado, está y estará ahí, y que, en definitiva, no puede ser sanado. Esto aboca ineludiblemente a una visión desesperada del ser humano[7].

SOLO EL BIEN ES ORIGINARIO, MIENTRAS QUE LA EXISTENCIA DEL MAL ES EL RESULTADO DEL USO TORCIDO DE LA LIBERTAD DE LAS CRIATURAS

El cristianismo dice, sin embargo, que solo el bien es originario, y que la existencia del mal, que nadie puede negar, ha sido el resultado del uso torcido de la libertad de las criaturas, en primer lugar, de las angélicas. Por eso experimentamos con fuerza el poder del mal en el mundo y en la Historia, de manera que a veces parece invencible. El anuncio esperanzado cristiano es la afirmación de que Dios ha puesto un remedio, que Dios mismo ha asumido ese mal en su Hijo, encarnado y muerto en una cruz, para que todos aquellos que se unan a él puedan vencerlo, asociándose al triunfo pascual de su resurrección. Ese triunfo, tras la Ascensión de Jesucristo a los cielos, se muestra en la historia tantas veces pequeño y vulnerable, e incluso invisible, pero es real, crece misteriosamente y solo al final se mostrará con todo su esplendor. Dios mismo no deja de ofrecer manifestaciones visibles de su poder en su providencia salvífica en la historia, mediante los sacramentos, la efusión de sus múltiples gracias que actúan de modo más o menos escondido pero real en la vida de las personas, sirviéndose del concurso de los ángeles, de los santos, y de tantas personas.

Misericordia e infierno

Si Dios es tan bueno y misericordioso que toma la iniciativa para curar a sus criaturas, ¿por qué no hace lo mismo con los ángeles caídos? Parece un contrasentido hablar de sanación y sostener, como hace la Iglesia, la existencia del infierno como castigo perpetuo para los demonios y para todos aquellos hombres que mueren alejados de Dios. Parece que el infierno implica eternizar lo que precisamente la fe cristiana dice que no es eterno, sino que tiene un origen en la historia. Si el mal ha comenzado, se supone que también tendrá un término, para que al final, como dice San Pablo, «Dios sea todo en todos» (1Co 15,28). De hecho, ya desde Orígenes, no han faltado dentro de la Iglesia en épocas distintas, también en nuestros días, voces que, inspirándose en esas palabras de San Pablo, se han alzado para sugerir una reconciliación universal al final de los tiempos. Si Dios es misericordioso, ¿cómo puede permitir que haya personas que sean condenadas para siempre lejos de Él?

Sin embargo, algo dentro de nosotros nos dice que la vida de las personas, humanas o angélicas, goza de un don inestimable, que es la libertad, un don que Dios mismo ha dado y no puede quitar sin violentar la naturaleza de lo que él mismo ha creado. No puede ser que Dios no se tome en serio la libertad de sus criaturas. Y, a la vez, dentro de nosotros hay un fuerte sentido de la justicia, que clama porque el impenitente mal cometido no quede impune[8]; algo nos dice que no puede suceder que triunfe la inmoralidad, como por desgracia sucede tantas veces en la historia de nuestro mundo, donde no se hace siempre justicia, más aún, se cometen auténticas injusticias que son parte de ese mal del que venimos hablando. Si Dios es realmente Dios, omnipotente y bueno, no puede tratar del mismo modo a quien se ha comportado según el bien y a quien se ha empecinado sin arrepentimiento en cometer males terribles[9]. Esta es una convicción de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad: que Dios es remunerador. Ciertamente el castigo tiene en esta tierra una clara finalidad medicinal, pero cuando se acaba el tiempo para entrar en la dimensión definitiva de la existencia, también acaba el tiempo del arrepentimiento, pues la decisión se ha hecho de algún modo eterna: he aquí el enorme poder de la libertad.

El cristianismo, un dualismo de libertades

En efecto, nos encontramos, a fin de cuentas, ante el misterio de la libertad, tanto de Dios como de sus criaturas. Dios ha creado libremente, sin constricciones, de modo que la existencia de las criaturas es fruto de una libre voluntad divina de amar y ser amado. Un filósofo moderno explicaba cómo precisamente la omnipotencia se manifiesta de un modo mayor en la creación de seres libres[10]. Se trata de un riesgo que Dios ha querido correr, como decía san Josemaría[11], pues la libertad de sus criaturas es real, y prueba de ello es que pueden elegir no solo no amar, sino incluso odiar a su Creador, y ello no solo por un espacio de tiempo, sino también para siempre. Por eso, Benedicto XVI hablaba de nuestra libertad como de una «omnipotencia a la inversa»[12]. El hombre es realmente dueño de su libertad, y puede decidir emplearla para el odio y la destrucción.

LA EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES ES FRUTO DE UNA LIBRE VOLUNTAD DIVINA DE AMAR Y SER AMADO

Por eso, es verdad que el cristianismo, en cierto sentido, es un dualismo, pues sostiene que la Historia es el escenario de un drama, de una lucha entre el bien y el mal, entre la gracia y el pecado. Sin embargo, no dice que ambos poderes sean de igual categoría, sino que más bien uno de ellos permite la existencia del otro sin aniquilarlo. Se trata, como dice Ratzinger, de un dualismo de libertades o existencial, pero de ningún modo de un dualismo ontológico[13]. Solo el bien es originario.

Comenzábamos afirmando que para muchos solo existe lo que se experimenta por medio de los sentidos. También sugeríamos que quizá nuestros avances tecnológicos expresen de alguna manera un acercamiento a una condición de vida que supera los límites espacio-temporales de nuestra condición en este mundo. Como hemos tratado de mostrar, la existencia de fuerzas invisibles nos lleva a considerar que, en virtud de nuestra espiritualidad, que incluye el gran don de la libertad, no estamos necesariamente abocados al mundo de una experiencia visible pero caduca, sino que poseemos un ser abierto a un mundo asimismo real pero más amplio, el mundo de la esperanza. Esta realidad se manifiesta a los ojos de la fe, entremezclada con este mundo, donde bien y mal conviven y crecen juntos –como el trigo y la cizaña de la parábola de Jesús (cfr. Mt 13,24-30)– y que se manifestará plenamente al final de la Historia, cuando llegue el tiempo de la siega y el Señor del mundo juzgue con misericordia a sus criaturas libres.

Santiago Sanz


Lecturas recomendadas

E. Peterson, El libro de los ángeles, Rialp, Madrid 1957.

San Juan Pablo II, Creo en Dios Padre, Palabra, Madrid 1990, pp. 157-170.

Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-X-2007.

S.-T. Bonino, Angels and Demons. A Catholic Introduction, The Catholic University of America Press, Washington D.C. 2016.


[1] «Aun cuando en el ángel no haya composición de forma y de materia, sin embargo, sí se da en él el acto y la potencia. Esto resulta evidente si partimos del análisis de las cosas materiales, en las cuales se encuentra una doble composición. La primera, la de la materia y la forma, a partir de las cuales se constituye alguna naturaleza, y la naturaleza compuesta de esta forma no es su propio ser, sino que el ser es su acto. Por eso, la misma naturaleza se relaciona con su ser como la potencia con el acto. Por lo tanto, suprimida la materia, y suponiendo que la forma subsista sin materia, todavía permanece la relación de la forma con su mismo ser, tal como la potencia se relaciona con el acto. Este tipo de composición es el que hay que entender en los ángeles […]. En Dios, sin embargo, el ser y aquello por lo que es no son cosas distintas, como quedó demostrado. Por lo tanto, sólo Dios es acto puro» (Santo Tomás de Aquino, STh, I, q. 50, a.2, ad 3).

[2] Cfr. Santo Tomás de Aquino, STh, I, q. 50, a. 1; q. 51, a. 1.

[3] Estas expresiones se encuentran en J. Ratzinger, Allgemeine Schöpfungslehre, Regensburg 1976, pp. 61-64.

[4] «Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida» (San Basilio, Contra Eunomio, 3,1).

[5] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 391-392.

[6] «No aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural. Precisamente, la convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva. Es verdad que los autores bíblicos tenían un bagaje conceptual limitado para expresar algunas realidades y que en tiempos de Jesús se podía confundir, por ejemplo, una epilepsia con la posesión del demonio. Sin embargo, eso no debe llevarnos a simplificar tanto la realidad diciendo que todos los casos narrados en los evangelios eran enfermedades psíquicas y que en definitiva el demonio no existe o no actúa. Su presencia está en la primera página de las Escrituras, que acaban con la victoria de Dios sobre el demonio(cfr. Papa Francisco, Homilía, 11-X-2013). De hecho, cuando Jesús nos dejó el Padrenuestro quiso que termináramos pidiendo al Padre que nos libere del Malo. La expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto y su traducción más precisa es “el Malo”. Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine» (Papa Francisco, Exhort. Ap., Gaudete et exsultate, 19-III-2018, n. 160).

[7] Cfr. Benedicto XVI, Audiencia general, 3-XII-2008.

[8] «Hay algo en la misma conciencia moral del hombre que reacciona ante la pérdida de una tal perspectiva: ¿El Dios que es Amor no es también Justicia definitiva? ¿Puede Él admitir que estos terribles crímenes pueden quedar impunes? ¿La pena definitiva no es en cierto modo necesaria para obtener el equilibrio moral en la tan intrincada historia de la humanidad? ¿Un infierno no es en cierto sentido “la última tabla de salvación” para la conciencia moral del hombre?» (Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p. 194).

[9] «Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno» (Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 3-X-2007, n. 46).

[10] Cfr. S. Kierkegaard, Diario, vol. 1, VII A 181 (edición de C. Fabro, Morcelliana, Brescia 1962, pp. 512-513).

[11] «Dios ha querido que seamos cooperadores suyos, ha querido correr el riesgo de nuestra libertad» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 113); cfr. Ídem., «Las riquezas de la fe», en Los domingos de ABC, 2-XI-1969, pp. 4-7.

[12] Benedicto XVI, Mensaje Urbi et orbi, 25-XII-2012.

[13] Cfr. S. Sanz, Joseph Ratzinger y la doctrina de la creación. Los apuntes de Münster de 1964 (II). Algunos temas fundamentales, «Revista Española de Teología» 74 (2014), pp. 201-248 [231].

 

Retiro de abril #DesdeCasa (2022)

Esta guía es una ayuda para hacer por tu cuenta el retiro mensual, allí dónde te encuentres, especialmente en caso de dificultad de asistir en el oratorio o iglesia donde habitualmente nos reunimos para orar.

01/04/2022

∙ Descarga el retiro mensual #DesdeCasa (PDF)
1. Introducción.
2. Meditación I. La Resurrección: victoria, esperanza, alegría, optimismo.
3. Meditación II. Las apariciones de Jesús resucitado.
4. Charla.
5. Lectura espiritual.
6. Examen de conciencia.

Retiro de abril #DesdeCasa (2022) from Opus Dei


Introducción

«Resucitó al tercer día según las Escrituras». Cada domingo, en el Credo, renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, acontecimiento sorprendente que constituye la clave de bóveda del cristianismo. En la Iglesia todo se comprende a partir de este gran misterio, que ha cambiado el curso de la historia y se hace actual en cada celebración eucarística.

Sin embargo, existe un tiempo litúrgico en el que esta realidad central de la fe cristiana se propone a los fieles de un modo más intenso en su riqueza doctrinal e inagotable vitalidad, para que la redescubran cada vez más y la vivan cada vez con mayor fidelidad: es el tiempo pascual. Cada año, en el «santísimo Triduo de Cristo crucificado, muerto y resucitado», como lo llama san Agustín, la Iglesia recorre, en un clima de oración y penitencia, las etapas conclusivas de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. Luego, al «tercer día», la Iglesia revive su resurrección: es la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, en el que se realizan en plenitud las antiguas profecías. Toda la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría de la resurrección de Cristo.

(…) Es importante reafirmar esta verdad fundamental de nuestra fe, cuya verdad histórica está ampliamente documentada, aunque hoy, como en el pasado, no faltan quienes de formas diversas la ponen en duda o incluso la niegan. El debilitamiento de la fe en la resurrección de Jesús debilita, como consecuencia, el testimonio de los creyentes. En efecto, si falla en la Iglesia la fe en la Resurrección, todo se paraliza, todo se derrumba. Por el contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos.

¿No es la certeza de que Cristo resucitó la que ha infundido valentía, audacia profética y perseverancia a los mártires de todas las épocas? ¿No es el encuentro con Jesús vivo el que ha convertido y fascinado a tantos hombres y mujeres, que desde los inicios del cristianismo siguen dejándolo todo para seguirlo y poniendo su vida al servicio del Evangelio? «Si Cristo no resucitó, —decía el apóstol san Pablo— es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1Co 15, 14).

(…) Incluso después de su Ascensión, Jesús siguió estando presente entre sus amigos, como por lo demás había prometido: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). El Señor está con nosotros, con su Iglesia, hasta el fin de los tiempos. Los miembros de la Iglesia primitiva, iluminados por el Espíritu Santo, comenzaron a proclamar el anuncio pascual abiertamente y sin miedo. Y este anuncio, transmitiéndose de generación en generación, ha llegado hasta nosotros y resuena cada año en Pascua con una fuerza siempre nueva. (…) Que María nos ayude a ser mensajeros de la luz y de la alegría de la Pascua para muchos hermanos nuestros.

Benedicto XVI, Audiencia General. Miércoles 26 de marzo de 2008.

Primera meditación

Opción 1: La Resurrección: victoria, esperanza, alegría, optimismo.

Opción 2: La alegría cristiana, por V. Bosch.

Segunda meditación

Opción 1: Las apariciones de Jesús resucitado. 

Opción 2: Las apariciones del Resucitado, en Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 641-651.

Charla

Amar al mundo apasionadamente: contribuir a que el mundo sea el hogar que Dios desea para los hombres desde el lugar y trabajo que cada uno tiene. Carta de San Josemaría sobre la misión del cristiano en la vida social, números 41 al 46 y 67 al 69.

Lectura espiritual

Sembrador de paz y de alegría. Capítulo 3 de la entrevista de Salvador Bernal a Mons. Javier Echevarría, del libro Memoria del Beato Josemaría Escrivá.

Examen de conciencia

Acto de presencia de Dios

1. «Vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con vosotros”» (Jn 20, 19-20). ¿Afronto los retos de cada día con paz? ¿Cómo procuro crear a mi alrededor –con mi cónyuge, con mis hijos, con mis compañeros, etc.– un ambiente de serenidad?

2. «Todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo» (1 Jn 5, 4). ¿Con qué actitud contemplo los retos de la sociedad? ¿Es Jesús el punto de referencia constante en mi compromiso por transformar el mundo?

3. «El buen deportista no lucha para alcanzar una sola victoria, y al primer intento. (…) Prueba una y otra vez y, aunque al principio no triunfe, insiste tenazmente» (Forja, n. 169). ¿Cómo acudo a los sacramentos para aumentar el deseo de seguir caminando con el Señor, con la seguridad de que me ayuda cada día una y otra vez?

4. La Resurrección de Cristo nos introduce en una nueva vida. ¿Cómo se transforma esta realidad en alegría y optimismo en mi familia cuando aparecen las dificultades?

5. «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 5). ¿Qué proyectos en mi vida familiar, profesional y social puedo confiar más al Espíritu Santo, para que él los lleve a buen término?

6. «Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 15-16). ¿Camino compartiendo mi vida con Cristo? ¿Pido ayuda al Espíritu Santo para que mis prácticas de piedad sean un encuentro con Jesús vivo?

7. «Entró para quedarse con ellos. Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron» (Lc 24, 29-31). ¿Procuro no perder el asombro ante la Eucaristía e intento compartir este gran don con mi familia?

Acto de contrición

 

“No se puede garantizar la sostenibilidad ni una transición energética justa si no aseguramos el suministro y la competitividad”

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, clausuró la Green Week de la Universidad y afirmó que la crisis de Ucrania ha acelerado la necesidad de una visión sostenible de la energía


FotoManuel Castells/El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, durante la conferencia que impartió en la Universidad con motivo de la clausura de la Green Week.

25 | 03 | 2022

Texto Isabel Rincón

“No se puede garantizar la sosteniblidad ni una transición energética justa si no aseguramos el suministro y la competitividad. Debemos, por principios morales, posibilitar que todo el mundo tenga acceso a la energía y contar con  un mercado que genere empleo”. Con estas palabras, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, impartió la sesión de clausura de la Green Week, organizada por la Universidad de Navarra, en colaboración con Campus Home. 

Imaz afirmó que el reciente conflicto entre Ucrania y Rusia “ha acelerado esta reflexión sobre la necesidad de una visión sostenible de la energía”. “Necesitamos ambición para reducir las emisiones de CO2, pero tenemos que compatibilizar este objetivo con una seguridad de suministro y una energía a precios razonables y competitivos para que los consumidores y las industrias puedan pagarlos. Para esto es importante diseñar una transición justa en la que las diferentes energías tengan que convivir durante unos años”, señaló. 

En esta línea, Imaz abogó por adoptar medidas para descarbonizar la economía y apostar por las renovables, además de descarbonizar los líquidos con biocombustibles, “pero también asegurar que somos capaces de producir un petróleo y un gas que vamos a necesitar a lo largo de los próximos años de una manera razonable y a precios asequibles para la sociedad”, incidió.

Josu Jon Imaz lamentó que muchas de las medidas que la Unión Europea y los organismos internacionales van a determinar ahora no van a tener su efecto hasta dentro de unos años. Entre otras, citó la adecuación de infraestructuras para conducir gas natural por la Península Ibérica desde Argelia o propiciar que España pueda recibir gas de Norteamérica en las plantas de regasificiación que hay en la costa española. “Son medidas que van a necesitar mucho tiempo y que habría que haberlas tomado hace dos, tres o cuatro años”. 

Imaz insistió también en una reforma con inmediatez del mercado para que no todas las fuentes de generación eléctrica, muchas de ellas siguen teniendo costes bajos, tengan que estar cobrando y facturando al consumidor el precio elevado que está marcando la electricidad generada con gas natural. “Creo que una reforma temporal, acotada en el tiempo, para no romper el principio de seguridad jurídica, es absolutamente necesaria para los consumidores y para la competitividad de las industrias. No podemos permitir que haya personas que no puedan pagar el recibo de la luz en casa y que haya industrias que tengan que parar porque no pueden pagar sus costes energéticos”. 

Acompañado por el director de la cátedra de Transición Energética Fundación Repsol-Universidad de Navarra, Tomás Gómez Acebo; y el decano de la Facultad de Derecho, Jorge Noval, Josu Jon Imaz abordó algunos de los retos a los que se enfrenta el mundo para garantizar y sostener el desarrollo económico y el equilibrio social sin hipotecar el futuro de las siguientes generaciones para que éstas puedan desarrollar el suyo propio. 

Unos retos que resumió en siete claves y que pasan, entre otros, por la citada seguridad de suministro, la descarbonización, entendida no como electrificación sino por la apuesta por nuevas tecnologías; por encontrar la ruta más eficiente para reducir toneladas de CO2; o por descarbonizar hidrocarburos transformando los centros industriales. Habló también de huella global e instó a corregir aquellas medidas que favorecen el cierre de productores locales para terminar importando materias primas, cuya producción es menos eficiente en materia energética; de la apuesta por la economía circular y el reciclado de plástico.

En palabras de Josu Jon Imaz, esta transición energética necesaria tiene que ser justa, para que su impacto social y territorial sea mínimo y no haya perdedores, “de lo contrario va a haber muchos sectores que se van a ver agredidos”; y competitiva, para conseguir una transición basada en nuestras capacidades industriales y tecnológicas y al menor coste social posible, “sin apriorismos o sesgos de unas tecnologías o fuentes energéticas sobre otras. Una transición energética en la que apostemos más por la tecnología que por la ideología”, concluyó.

 

Nicolás Jouve: «El aborto solo obedece a razones ideológicas del feminismo radical»

Nicolás Jouve: «El aborto solo obedece a razones ideológicas del feminismo radical»

Coincidiendo con la Marcha por la Vida, recién celebrada en España, Nicolás Jouve, presidente de CiViCa y catedrático emérito de genética, ha comentado en «El Debate» el panorama actual al que ha de hacer frente el movimiento provida.

La vida existe desde la concepción». Este es uno de los hechos irrefutables defendidos por Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático emérito de Genética, miembro del Comité de Bioética de España y presidente de Ciencia, Vida y Cultura (CiViCa), la asociación de investigadores y profesionales por la vida.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Convención de Roma para la fundación de la Unión Europea de 1950, el Convenio de Oviedo sobre investigación en Medicina, de 1997 o la Declaración de los Derechos Humanos y el Genoma Humano de 1997 son algunos de los documentos en los que se reconoce la dignidad de las personas, basada en la igualdad que radica de todos los seres humanos. Es por esa especial dignidad por la que la vida humana debería ser protegida siempre.

Si alguien preguntase a Jouve a qué cree que se debe la persecución a los provida, derivada de la reforma del Código Penal que castiga con penas de cárcel a todo el que acude a la puerta de un centro abortista a rezar o dar información, este responderá que no hay razón ninguna, «salvo que se trate de fomentar una ideología radical contra la vida y de favorecer a los lobbies económicos que hay detrás del gran negocio de las clínicas de abortos».

– ¿Qué se espera de la Marcha por la Vida?

–Es importante avanzar en el conocimiento y la concienciación de que el embrión, (desde la fecundación a la séptima semana) y el feto (desde la octava semana), son seres humanos en sus primeras fases de desarrollo. Hay que lograr que el no nacido, este gran ignorado, aunque no se le vea o no se haya manifestado aun, sea considerado ya una realidad corporal humana por la que pasamos todos antes de nacer.

El concebido no nacido no es un ser humano en potencia, sino una realidad biológica que existe desde que se constituye su identidad genética y que crece y se desarrolla autónomamente en íntima dependencia de la madre. Hay vida humana desde la fecundación y durante las fases embrionaria y fetal, y tan vida es antes del parto como una vez que atraviesa el canal del parto, abre los ojos o abre su mente o se convierte en un adulto. Si defendemos la dignidad del ser humano adulto, esta defensa debe extenderse a todas las etapas de la vida.

– ¿Cuáles son sus grandes reivindicaciones en esta ocasión desde CiViCa?

La Asociación Ciencia Vida y Cultura nació hace doce años para defender la verdad de la ciencia frente a las amenazas a la dignidad de la vida humana, de principio a fin. La ciencia trata de encontrar explicaciones a los fenómenos naturales y hallar aplicaciones útiles para la humanidad, no para su destrucción. CiViCa basa sus afirmaciones de la existencia de vida desde la fecundación en base a los avances de la ciencia en ramas tan dinámicas como la Genética, la Biología Celular, la Biología Molecular o la Embriología. Desde esta certeza científica, la asociación reivindica el derecho a vivir de todo ser humano en todas las etapas de su ciclo vital, que el bebé que crece y se desarrolla en el seno materno no forma parte de la madre, sino que es genéticamente diferente a la madre y al padre, y se edifica sobre la base de la información genética para la que está perfectamente equipado desde la fecundación; que nadie sea considerado más o menos digno de vivir por criterios tan arbitrarios como la ubicación del bebé o por el momento de su ciclo de desarrollo, o simplemente por manifestar unas condiciones físicas o intelectuales más o menos desarrolladas. Todo ser humano debe ser considerado igual en dignidad, por el mero hecho de su condición humana.

– En la reforma del Código Penal que castiga con penas de cárcel a los provida, se ha incluido un apartado que elimina la necesidad de denuncia previa. Esto supone equiparar las acciones de quienes rezan, hacen vigilia o reparten información a los casos de violencia de género contra las mujeres. ¿qué opina sobre esta comparación?

–Si se llega a aprobar esta aberración, estaríamos ante otro caso de corrupción de ley. Sería utilizar la ley de forma injusta e inmoral, como ya ocurre con la propia ley de la interrupción voluntaria del embarazo, que no solo no respeta el derecho a la vida y no protege al bebé en formación, sino que lo lleva al degüello. El evitar que se rece o se dé información sobre la realidad de la vida que una embarazada lleva en su seno, incluso sin denuncia previa de un mal comportamiento es una medida antinatural y propia de regímenes totalitarios. No se puede comparar con la violencia de género, porque el deseo de quien reza o informa va en la misma dirección de la misión del médico que cura, protege y salva vidas y no las elimina. Rezar, hacer vigilia, e informar como hacen los rescatadores está en línea con la defensa de los derechos humanos, ya que se trata precisamente de salvar la vida más inocente, indefensa y vulnerable que existe, la del concebido no nacido.

– ¿Qué opinión le merece la última propuesta de Irene Montero de modificación de la ley del aborto?

–El aborto, como la eutanasia, no son actos médicos. Los médicos salvan vidas, no las eliminan. Si desean que haya un abortista en los hospitales, donde no tiene sentido que existan, que creen un cuerpo especial de eliminadores al margen de los médicos. Además de la cerrazón mental que supone esta propuesta, el mundo de lo irracional frente a la belleza de la vida y la maternidad y paternidad; sacar adelante esa reforma sería otra cesión a la fuerza del gran negocio de las clínicas del aborto. El aborto solo obedece a razones ideológicas defendidas por los movimientos feministas radicales, que han encontrado acogida en un mundo dominado por corrientes culturales individualistas, utilitaristas, económicas y materialistas.

Debería ser, al contrario, dejar que la mujer conozca todos los detalles antes de decidir. Establecer servicios en los que se permita reflexionar a la mujer antes de decidir tras recibir una información completa y veraz de las consecuencias físicas y psicológicas del aborto y, que, en los abortorios, antes de entrar en faena, no se oculte la realidad de la vida que la mujer lleva dentro, mediante la práctica hipócrita de un simulacro de consentimiento informado y la práctica hipócrita de girar el monitor del ecógrafo y bajar el sonido para que la madre no vea el feto ni oiga los latidos de su corazón. En todo caso, ¿no debería ser la mujer la que tendría que decidir si quiere o no ver y oír los signos de la vida de su hijo?

– ¿Por qué cree que se intenta vender el aborto como un derecho, como ha hecho Macron al proponer incluirlo en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea?

–En esto no caben más que razones de carácter político y protagonismo personal de un mal entendido progresismo, que nada tiene que ver y está en las antípodas de lo que han sido los principios sobre los que se ha construido Europa: el humanismo cristiano, el derecho romano y el pensamiento griego. Como recuerda One of Us, esta declaración de Macron es un atentado al principio de subsidiariedad, y a los numerosos tratados suscritos sobre los derechos humanos por las naciones europeas y por la propia Unión Europea desde la Convención de Roma de 1950. No se puede admitir un mundo futuro en el que se opte por una filosofía del descarte y de la muerte frente a los principios sobre los que se asentó la UE, que siempre ha considerado al ser humano como un fin en sí mismo y en la que nadie tiene derecho a decidir sobre la vida de otra persona, como nadie tiene derecho a utilizar a las personas como si fuesen objetos de su propiedad.

 

Los cuidados paliativos a debate

Los cuidados paliativos a debate

El pasado 18 de marzo, tuvo lugar en Mérida la V Jornada de APALEX (Asociación de Profesionales de Cuidados Paliativos y Atención al Paciente en Fase Terminal de Extremadura). En ella participaron Patricia Hernández, presidenta de la asociación, y José María Vergeles, vicepresidente segundo y Consejero de Sanidad y Servicios Sociales, entre otros.

Esta asociación, que parte de la premisa “quitar tabús” y hablar abiertamente de los cuidados paliativos, tiene como lema «Para ayudar empiezo por mí», y trabaja “no solo por el cuidado del paciente y su familia, para quienes los Cuidados Paliativos son un derecho, sino por el cuidado de todos los profesionales que diariamente están en contacto directo con el sufrimiento intentando acompañar, escuchar, tratar y cuidar con la mayor calidad asistencial y respeto”.

Patricia Hernández defendió la necesidad de la planificación anticipada de la atención al final de la vida y recalcó la importancia de trabajar en red, “el trabajo en red protege”. Asimismo informó de la lucha activa por la especialización de los profesionales en este ámbito.

Por otro lado, José María Vergeles explicó que “los cuidados paliativos no son cuidados al final de la vida, sino que deben incorporarse desde el primer momento en el que a una persona se le diagnostica una enfermedad que es grave y que le puede producir determinadas situaciones que necesitarán unos cuidados especiales”. En la mayoría de los casos, la necesidad de cuidados paliativos se debe a enfermedades oncológicas, seguidas de insuficiencia cardiaca, EPOC y enfermedades neurológicas.

En 2019, la Asociación de Extremadura, inició los cuidados en edades pediátricas. Primero con un equipo en Badajoz, seguido de un equipo en Cáceres; en el que cuentan ya con más de 70 menores. “Los pacientes son cada vez más complejos, las derivaciones llegan antes y siguen siendo los mismos profesionales que hace dos décadas. La región no está mal, pero hay que seguir mejorando”, afirmó Vergeles.

 

 

Olvidos y edad.

Vivir supone modificaciones en las células, con una continua  disminución de su vitalidad. Biológicamente, hay una progresiva diminución de la vitalidad, que desemboca en la muerte (no es algo pesimista, es la realidad). Es más vital el individuo como huevo inicial (resultado de la fusión del espermio y el óvulo) que como anciano decrépito, metabólica, química, físicamente. Pero siempre, desde la concepción hasta la muerte, ese ser posee una vida, humana. Sea en el momento que sea, es la de un ser humano. No hay razones que justifiquen la eliminación de una vida humana. La eutanasia es un crimen.

Con el envejecimiento celular va el envejecimiento orgánico, que no es lineal, pues cada sistema tiene su ritmo propio, e influenciándose, interactuando entre sí los órganos y los sistemas. (El sistema óseo es el primero en envejecer).

El envejecimiento del sistema nervioso (es el sistema que envejece más tarde) se manifiesta principalmente en las alteraciones de la memoria (sobre todo por afectación del hipocampo, entre otras estructuras), de las funciones intelectivas (se afectan las cortezas asociativas), de la capacidad de previsión (dependiente sobremanera de la corteza prefrontal, muy desarrollada en la especie humana), del sueño (el anciano generalmente duerme poco). Concomitantemente, envejecen los órganos de los sentidos, por lo que a tales síntomas y signos se añade una insuficiente captación de la realidad externa e interna.

Se producen olvidos y tergiversación de los recuerdos. Hay hechos que quedan grabados profundamente en la mente, engramas que parecen permanecer en la memoria; pero también se producen modificaciones en el recuerdo, debido a que las estructuras cerebrales  están peor irrigadas que en el joven; y desaparecen conexiones, al mismo tiempo que se marcan más algunas de ellas. A la larga, en mayor o menor medida, se afecta la memoria.

Se recuerdan mejor que lo reciente los hechos del pasado, sobre todo si los tales se marcaron con un tinte emocional: la Primera Comunión, el matrimonio, el nacimiento del primer hijo, la obtención de un título especial, anécdotas especialmente emotivas, una catástrofe, etc.

Y al mismo tiempo, con la edad, hay modificaciones en la afectividad (se afecta el sistema límbico): el mayor se emociona más fácilmente, e incluso algunos lloran más que cuando eran jóvenes. Es muy positivo que la persona mayor sea consciente de estos avatares. El conocimiento es una buena defensa.

Una buena profilaxis es que el mayor no deje la actividad intelectual, y que siga estudiando, leyendo, escribiendo, rezando, interesándose por la actualidad, pensar menos en sí mismo, relacionarse con los demás, pasear, hacer ejercicio, comer lo preciso, no abusar del alcohol ni de los estimulantes. Son medidas de sentido común, que el individuo ha de practicar siempre, no solo en el momento en que siente que va envejeciendo. Es importante no abandonarse.  Y no es bueno que el mayor tenga “complejo de anciano”.

No es peyorativa la palabra “viejo”. Quizás sea mejor hablar más de “viejos” que de “ancianos”. Los vinos viejos pueden competir con los vinos jóvenes.

Actualmente, como consecuencia de las formidables medidas higiénicas y los espectaculares avances médicos, unido a un descenso de la natalidad, el número de personas mayores va creciendo considerablemente. Se calcula que pronto la media de la edad de fallecimiento será de 85 años.

Y es un hecho que el viejo puede seguir siendo útil. Bastantes personas de edad avanzada llegan al culmen de su productividad artística, cultural, y hasta deportiva en algunos casos. Hay muchos ejemplos de hombres y mujeres provectos que han sido (y son) faros luminosos para su entorno y para la sociedad. La Historia está plagada de tales ejemplos.

Y si nos arrepentimos (y confesamos) de nuestros pecados, Dios, que no es viejo, olvida y perdona. Dios nunca dirá: “perdono pero no olvido”.

José Luis Velayos

 

San José, modelo de padre y protector de nuestra familia

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Cualquier devoción es buena siempre que nos permita acercarnos a San José y que el nos lleve a Jesús.

En este tiempo difícil que nos ha tocado vivir tenemos algunos auxilios divinos para ayudarnos a que nuestra familia vaya por buen camino y uno de ellos es San José, modelo de padre y gran protector de la Iglesia y de la familia.

Es bueno que en nuestra familia esté presente y que le conozcamos para tenerlo cercano y adoptarlo como patrono nuestro, por eso aquí te dejo mis 5Tips para que San José tenga un lugar especial en nuestra vida familiar.

PRIEMRO. Si aún no la tienes, coloca una imagen de San José en tu altar familiar.
Es importante para que nuestros hijos pequeños lo tengan presente y para que nosotros nos acordemos de recurrir a él a lo largo de nuestro día.

Existen muy diferentes imágenes de él, así que puede ser una cargando al Niño Jesús o también puede ser dormido porque es muy significativo que él escuchara la voz de Dios y conocía cuál era su voluntad en los sueños.

SEGUNDO. Conozcan las Virtudes de San José y aplíquenlas en familia.
Las virtudes son esos hábitos buenos que caracterizan a alguien y que pueden compartir con los demás y seguir su ejemplo para adaptarlos a tu propia vida, por lo que es muy bueno conocer las de San José.

Entre otras están la paciencia, la mansedumbre, la amabilidad, la ternura, la obediencia, la acogida y calidez, la valentía, la creatividad, el silencio y principalmente el trabajo.

Principalmente es necesario que papá las tome como ejemplo, pero también el resto de la familia y para eso podemos ir conociendo sus virtudes y adoptar una por mes para vivirla en familia.

De ser necesario hagamos material para que nuestros hijos pequeños estén incluidos en esta vivencia de virtudes.

TERCERO. Hagan o renueven su consagración a San José.
Consagrar es dedicar voluntariamente a Dios y lo podemos hacer de manera personal y también familiarmente. También podemos hacerlo para ponerse bajo la protección y cuidados de un santo en particular, pudiendo pedir su auxilio e intercesión en las diferentes situaciones y eventos de nuestra vida.

Puede ser tan sencillo como hacer una oración personal, o podemos hacer toda una preparación de varios días, existen varias consagraciones ya establecidas que podemos adoptar.

Siempre es mejor que todos los miembros de la familia participen en esta consagración pero si no es posible, podemos comenzar con algunos y de corazón consagrar a la familia completa.

CUARTO. Adopten una oración a San José para encomendar la familia.
Hay muchas devociones a San José, están los dolores y gozos, está el Rosario y las jaculatorias, dedicar algunos domingos y las novenas.

Cualquier devoción es buena siempre que nos permita acercarnos a San José y que el nos lleve a Jesús.

Podemos comenzar en cualquier momento y podemos adoptar una y después de un tiempo otra de tal forma que nuestra vida familiar esté bajo la protección y cuidado de San José.

Y QUINTO. Vuelvan a leer Patris Corde ,Con corazón de Padre, para seguir conociendo a San José.
Esta carta que el Papa Francisco nos regaló con motivo del 150 Aniversario de tener a San José como patrono universal de la Iglesia, nos puede ser de utilidad ya que en ella se van poniendo de manifiesto sus virtudes y como es que las llevaba a la vida cotidiana.

Puede ser una guía practica y sencilla para comenzar a conocer a San José.

Hay otros documentos que también pueden ayudarnos como la exhortación apostólica Redemptoris Custos de San Juan Pablo II.

De San José se conoce poco y no se tiene referencia bíblica de alguna palabra suya, pero es un gran modelo de padre y protector de la Sagrada Familia, digno de ser imitado por los padres de familia de nuestros días.

 

Reflexiones de cuaresma. “La abstinencia”

Escrito por La hija de Cortés.

Actualmente, nuestra sociedad, experta en invertir todo orden natural, ha trastocado las más preciadas costumbres.

 

Vivimos en tiempos cuyas circunstancias promueven el constante desasosiego colectivo. Primero, fue la amenaza del cambio climático con sus catástrofes naturales, hambrunas y un largo etc. Luego, vinieron dos largos años de pánico pandémico; y cuando parecía que por fin podríamos respirar con libertad, el estruendo de los tambores de guerra nos mantiene en vilo. Y así, preocupados por una cosa y por otra, hemos olvidado la batalla en la cual todos estamos llamados a combatir. Esa batalla espiritual cuya trascendencia es tal; que, de su victoria, depende la salvación de nuestra propia alma y en no pocas ocasiones, la salvación de quienes nos rodean.

Así, inmersos y distraídos por los problemas cotidianos, hemos desatendido esta realidad, abandonando las sagradas prácticas espirituales que derramaban su bálsamo reparador, sobre las heridas provocadas por nuestras diarias caídas. Una de éstas, es la cada vez menos practicada, abstinencia de carne, que tiene como objetivo, distinguir el viernes de los otros días de la semana con el fin de honrar, de manera especial, el día en el cual Cristo sufre Su Pasión y Muerte, entregando Su Cuerpo y Su Sangre por nuestra redención. Este piadoso hábito que data de principios del cristianismo es mencionado de manera explícita tanto en: las Enseñanzas de los Apóstoles, como en: Clemente de Alejandría y Tertuliano. A mediados del siglo IX, el Papa Nicolás I (858-867) prescribe la abstinencia de carne durante todos los viernes del año.

Actualmente, la gran mayoría de los católicos creen que la abstinencia de carne aplica sólo a los viernes de cuaresma; sin embargo, el Código de Derecho Canónico en el Canon 1251 establece que, los viernes de todo el año son días de abstinencia de carne y sus derivados, de acuerdo con las prescripciones de la conferencia de obispos, a menos que sean solemnidades. Aún cuando en determinadas circunstancias, está permitido sustituir la abstinencia por otra penitencia, en especial por obras de caridad y prácticas de piedad, es importante cuidar que dichas obras no queden, como suele suceder, archivadas en el cajón de las buenas intenciones.

Actualmente, nuestra sociedad, experta en invertir todo orden natural, ha trastocado las más preciadas costumbres. De esta manera, ha convertido los viernes penitenciales en viernes sociales en los cuales, si dedicamos algún pensamiento a Dios, es para pedirle algo. Y el domingo, día que, aún dentro de la cuaresma permite el alivio de la penitencia para celebrar la Resurrección de Cristo, se ha convertido en el día en el cual realizamos muchas de las tareas preliminares a la semana laboral.

Curiosamente, ahora que la mayoría de los católicos desechamos la práctica de la abstinencia como si de algo anticuado e inútil se tratara, son cada vez más quienes, no sólo renuncian al consumo de la carne y sus derivados, sino que evitan todo o casi todo producto animal a través de la práctica del veganismo, movimiento que humaniza a los animales a la vez que animaliza y criminaliza al hombre.

El hombre, creado por Dios no puede saciar su sed de trascendencia en lo material y por ello busca realizar conductas que, aún por motivos erróneos, implican un cierto sacrificio e idealismo. Es por ello por lo que el mundo necesita de nuestro testimonio. El poder de éste es mayor de lo que creemos. Basta recordar que en un país secular como es Estados Unidos, la práctica católica de la abstinencia de carne los viernes, llevó al propietario de la franquicia de McDonald's en Cincinnati, a crear el sándwich de filete de pescado debido a la escasa venta de hamburguesas los viernes.

Reflexionemos en lo que representaría para una sociedad descristianizada si al menos, la mayoría de los fieles nos uniésemos en esta santa práctica de abstenernos de carne los viernes. Este pequeño sacrificio realizado, con la recta intención y unido a los méritos de la Pasión de Cristo, traería bienes espirituales incalculables para nuestra iglesia en crisis y para un mundo que, rápidamente se sumerge en el caos. Además, los viernes serían una excelente ocasión para manifestar públicamente nuestra fe en Cristo, nuestra gratitud por Su Pasión y nuestra obediencia a la tradición de la iglesia.

Hoy que se promueve el vicio, se legalizan los pecados que claman al cielo y se acepta hasta el absurdo; necesitamos más que nunca retomar esas antiguas prácticas. Ese ciclo litúrgico que marca y guía los días del cristiano estableciendo; un equilibrio entre el tiempo de penitencia y el tiempo de celebración; una armonía entre lo sagrado y lo cotidiano; y un correcto balance entre el verdadero progreso y esas tradiciones sanas, sabias y sobre todo santas.

 

 

Guerra en ucrania

 

Cenizas de cuerpos rotos,

tierra de sangre empapada

olor de carne quemada

es la guerra, odio y venganza

cuaresma de cruces y espinas

de muerte y  guadaña

juguetes rotos, hombres que matan

es la guerra, odio y venganza

voces perdidas, gemidos y lágrimas

 resplandores en noche oscura,

fugaces luces entre fuego y llamas

es la guerra, odio y venganza

silencios y tinieblas…

almas que suben y bajan,

¡abrid del cielo las puertas!

que Dios las espera y reclama

Jorge Hernández Mollar

 

 

Es progresista

Sí es profundamente progresista reivindicar el ser femenino en su naturaleza y mostrar sin complejos la genuina diferencia y complementariedad que existe entre los dos sexos. Es progresista reconocer el valor de la maternidad y hablar del específico cuidado que solo la mujer puede aportar. Es progresista huir del sectarismo ideológico y no dejarse enredar por la trampa de una artificial lucha de sexos. Es progresista, al fin, celebrar el Día Internacional de la Mujer dando visibilidad a tantas mujeres que, junto a los hombres, van tejiendo los hilos invisibles de la historia, con su trabajo callado y diario; emprendedoras valientes que, con sus vidas entregadas, son ejemplos vivos de lo que el Papa Francisco llama la santidad de la puerta de al lado.

Jesús Domingo Martínez

 

La rusofobia

Hace unos días leía que en una Universidad de Milán han cancelado a Paolo Nori, conocido escritor italiano, un curso sobre Dostoievski. Puede parecer una anécdota, pero es un ejemplo del maniqueísmo de lo que ahora se llama “cultura de la cancelación”. Parece que solo entendemos el mundo en blanco y negro. Como Putin es ruso, todo lo ruso ahora tiene el peligro de convertirse en políticamente incorrecto.

La cultura maniquea nos ha hecho reacios a lo complejo. Entendemos el mundo en forma binaria: izquierda-derecha, público-privado, Estado-mercado, socialistas-neoliberales. Parece que nuestro adversario debe ser la encarnación del diablo, mientras que nuestros correligionarios no pueden hacer nada mal. La “cancelación” no intenta buscar la verdad, sino moldear el campo de batalla de la información. Es infantil cancelar a los rusos y a su cultura identificándolos necesariamente con Putin. Pienso que lo que más puede ayudar a Putin es la rusofobia.

Jesús D Mez Madrid

 

Replantear los cimientos morales

No sabemos todavía qué consecuencias para la estabilidad mundial va a tener la actual invasión de Ucrania ordenada por Putin. Pero esta tragedia, como también la pandemia, es un acicate para replantear los cimientos morales de nuestras democracias y de las relaciones internacionales. La suspensión de las exportaciones de cereales de Ucrania, el desplome de las bolsas de todo el mundo y el aumento de los precios de todas las fuentes de energía, son algunos avisos de ese necesario replanteamiento que debe ser, ante todo, moral y cultural. La encíclica “Fratelli tutti”, del Papa Francisco, ha resultado profética en este sentido, y puede ser una guía para esa inaplazable tarea.

Pedro García

 

Riqueza y pobreza mundial… ¿por qué?

 

                                Pasadas ya la recesión o crisis de 2008 a la que siguió la provocada pandemia del virus chino; los datos capitalistas mundiales, que se publican, afirman que las grandes fortunas, o muchas de ellas, duplicaron, cuadruplicaron o incluso doblaron tesorerías y aparte de seguir siendo, “los más ricos del mundo”; como contrapartida miserable, aparecen inmensas masas que aparecen empobrecidas, en grados enormes y que llevan a algunas a no tener medios, ni para sobrevivir en las miserias, que “los mismos movimientos económicos mundiales o “globales”, permiten el otro extremo que señalo en mis titulares de hoy… “por mucho que lo pienso y medito, no le encuentro la motivación de tales disparates, que sin embargo se admiten, “como cosa natural”. Veamos algunos datos y tratemos de difundirlos, al menos.

            “Según el estudio titulado “Las desigualdades matan”, entre marzo del 2020 y noviembre de 2021 los diez hombres más ricos del mundo han duplicado con creces su fortuna pasando de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares, a un ritmo de 15.000 dólares por segundo, es decir 1.300 millones de dólares por día. Mientras tanto, más de 160 millones de personas en todo el mundo alcanzaron el nivel de pobreza, es decir, disponen de menos de 5,5 dólares por día respecto al período anterior a la pandemia. Las mujeres son las que más han perdido en todo este período, y por supuesto también los países en vías de desarrollo, especialmente aquellos que encima deben pagar los préstamos del Fondo Monetario Internacional, dijo el informe. Los súper ricos y la pobreza. Entre los 10 súper ricos se encuentran Elon Musk (fabricante de los autos eléctricos Tesla), Jeff Bezos (propietario de Amazon), Bill Gates (fundador de Microsfot), Mark Zuckerberg (fundador de Facebook). Bezos, dado que la gente ha estado encerrada en casa y hacía muchas de sus compras por Amazon, en los 21 meses de la pandemia ha aumentado su patrimonio en 81,5 mil millones de dólares. Según Oxfam, los 10 súper ricos poseen una riqueza superior a la del 40% de la población mundial”.

            Visto este informe demoledor; lo primero que nos enseña, es que hay que comprar todo lo que necesitemos, “en la tienda, autoservicio o mercado más cercano a nuestra casa”; así, al menos el dinero no llegará a “los grandes depósitos mundiales de los que por lo que sea atesoran avarientamente recursos ya excesivos”.

            Lo segundo es, que estos atesoradores y avarientos capitalistas, no contribuyen con impuestos a tenor con sus ingresos y que el gasto mundial, quienes los soportamos somos las masas de pobres o empobrecidos; y lo que va quedando de “clases medias”, que por lo que se ve, cada vez van quedando menos.

            Lo tercero es que queda claro, que quienes gobiernan “al mundo mundial”, no son las ideologías políticas, sino, “algo oculto y que desde ese anonimato”, dirige todo lo que tenga que ocurrir en el planeta y que no perjudique el sistema ya establecido y controlado, el que sin bandera alguna, su interés y preocupación única es atesorar cuanto más mejor.

            Lo cuarto, es, que, hay que eliminar ese cáncer que significa para el planeta, el conglomerado de los denominados “paraísos fiscales”, que controlando la inmensa mayoría de recursos dinerarios, no pagan impuestos y por el contrario, el gasto mundial, lo sostenemos el resto de habitantes; a  los que nos obligan ya, a pagar impuestos confiscatorios y denigrantes de todo tipo y sin piedad alguna y menos justificación al saqueo a que estamos sometidos y cada vez más.

            Es mentira que existan “fuerzas contrarias”; la realidad nos muestra que tanto el capital internacional de siempre, el nuevo capitalismo que ha parido el comunismo; la organización que se reúnen, “en camaradería notable, en Suiza (Davos) cada año; son en realidad una “fuerza común”, que es la que controla cualquier movimiento por mínimo que este sea y al que todos obedecen o se someten por fuerzas que desconozco.

            ¿Qué para que todo siga igual, hay que destruir ahora a Ucrania y muchos otros territorios antes, durante y después de Ucrania, eso no importa a nadie; es lo que hay que hacer, se hace y se consiente y cada cual fuera “del común negocio” (o dentro del mismo), canta sus danzas y coplas, hace sus declaraciones de compromisos que no lo son y que; “arda Troya”, puesto que ese es el destino que tiene asignado? ¿Qué mientras este perro mundo, se destruye envuelto en sus infinitas miserias o contaminaciones físicas, mentales o incluso espirituales? ¿Y todo ello a quién o quiénes importa?

                                DAVOS 50 AÑOS ACTUANDO: ¿Qué es Davos? ¿Qué es el Foro Económico Mundial? ¿Cuándo comenzó todo y por qué miles de líderes continúan reuniéndose en un pueblo alpino cada enero? En el 50º aniversario del Foro Económico Mundial, conozca su historia en nuestra guía histórica de su Reunión Anual en Davos y sobre la propia organización. https://es.weforum.org/agenda/2020/01/el-foro-economico-mundial-a-los-50-una-linea-de-tiempo-de-los-aspectos-mas-destacados-de-davos-y-mas-alla-0a5878479e/ Puende entrar aquí y saber “algo”.

                                “Una odisea del espacio”: Hace ya unos cincuenta años; encontrándome en Madrid y “viviendo ya una más de mis odiseas particulares”; estaba allí, para unirme con “otro destacado vendedor”, con el que debía continuar viaje a Barcelona, donde junto con otros “elegidos”; aquella multinacional, nos ordenaba concurrir para “aleccionarnos”, de nuevas metas a cumplir vendiendo sus productos en la España de entonces. Para distraerme en la espera madrileña, entré en un cine y vi, esa película que me angustió; y que sugiero la vean (está en la red) puesto que representa para mí, la indefensión máxima del ser humano, ya dirigido totalmente “por fuerzas” desconocidas, pero que lo dominan totalmente. Por ello y vista la realidad que ya nos atenaza, me he acordado de ella y recomiendo su visión y estudio; puesto que ya… “somos una puta mierda”.

NOTA: 2001: A Space Odyssey (2001: Una odisea del espacio en España) es una película de culto británico-estadounidense del género ciencia ficción y épica dirigida por Stanley Kubrick y estrenada el 3 de abril de 1968. Marcó un hito por su estilo de comunicación visual, sus revolucionarios efectos especiales, su realismo científico y sus proyecciones vanguardistas. Fue producida por Kubrick para la Metro-Goldwyn-Mayer El guion fue escrito por el propio Kubrick y por el novelista Arthur C. Clarke, basándose en un cuento de este último, titulado El centinela, escrito en 1948 y publicado originalmente en la revista 10 Historias de Fantasía, en 1951. Su trama se centra en un equipo de astronautas que trata de seguir las señales de radio emitidas por un extraño monolito hallado en la Luna y que parece ser obra de una civilización extraterrestre.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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