Las Noticias de hoy 26 Marzo 2022

Enviado por adminideas el Sáb, 26/03/2022 - 12:55

La Iglesia reza por la paz en Ucrania: "que pueda ver florecer la  fraternidad y supere las heridas, los miedos y divisiones”. - Conferencia  Episcopal Española

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 26 de marzo de 2022       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa consagra Rusia y Ucrania a la Virgen pidiéndole "el fin de la guerra insensata"

Francisco: El perdón es una medicina muy poderosa para el alma y la psique

El Papa: superar la concepción ideológica iluminista de la educación

EL FARISEO Y EL PUBLICANO : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 3 semana de Cuaresma

“Una Madre que nunca nos abandonará” : San Josemaria

La luz de la fe (XII): «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado» : Juan Rego

Ucrania: “Creemos en la ayuda de la Madre de Dios”

Cardenal Cantalamessa: “Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo”

Implicaciones éticas para el cuidado de pacientes que no responden : Julio Tudela Cuenca

Isabel Tocino: los Consejos frente a un mundo en construcción : Nuria Chinchilla

En el dolor siempre hay un guiño de gozo : Silvia del Valle Márquez.

Mujer, mujer : Ana Teresa López de Llergo

Tener un hijo Down es realmente algo especial para una familia : FamilyandMedia 

El sexo salvaje y el género quieren destruir la familia y crear un nuevo orden mundial : Vito Punzi 

Paganismo sombrío de la masa, alegría cristiana del pueblo : Plinio Corrêa de Oliveira

Sobre la verdadera familia : Pedro García

A todos los cristianos del mundo : Juan García. 

Fascistas son : José Morales Martín

Que pasa en la calle : Domingo Martínez Madrid

EL MIEDO  y quienes lo difunden : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

 

El Papa consagra Rusia y Ucrania a la Virgen pidiéndole "el fin de la guerra insensata"

En el marco de la Celebración de la Penitencia, este 25 de marzo, Francisco consagró a Rusia y a Ucrania al Inmaculado Corazón de María. Un gesto -dijo el Pontífice- que no es una fórmula mágica, sino un acto espiritual que refleja "la plena confianza de los hijos que, en la tribulación de esta guerra cruel e insensata que amenaza al mundo, recurren a la Madre, entregándose totalmente a Ella".

 

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

La tarde del viernes 25 de marzo, el Papa Francisco presidió la Celebración de la Penitencia con el acto de consagración de Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María, en la Basílica de San Pedro.

24/03/2022Sigue en directo el Acto de Consagración al Corazón Inmaculado de María

Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, solemnidad de la Anunciación del Señor, el Santo Padre invitó a los fieles a hacer nuestras las palabras del ángel Gabriel tras su encuentro con la Virgen María: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28); sobre todo cuando nos acercamos a recibir el sacramento de la Reconciliación:

"Hermano, hermana, hoy puedes oír estas mismas palabras dirigidas a ti; puedes hacerlas tuyas cada vez que te acercas al perdón de Dios, porque allí el Señor te dice: Yo estoy contigo", dijo Francisco haciendo hincapié en que cuando pensamos en la confesión, no debemos presentarnos "cabizbajos", puesto que confesarse, es dar al Padre la alegría de volver a levantarnos:

“En el centro de lo que experimentaremos no están nuestros pecados sino su perdón. En el centro está Él, que nos libera y vuelve a ponernos en pie”

La Reconciliación es el sacramento de la alegría

En este sentido, el Pontífice exhortó a todos a pedir el don de comprender que la Reconciliación "no es principalmente un paso que nosotros damos hacia Dios, sino su abrazo que nos envuelve, nos asombra y nos conmueve".

Continuando con su alocución el Santo Padre destacó la importancia de confesarse desde la perspectiva de nuestro Creador: "Lo necesitamos, porque cada renacimiento interior, cada punto de inflexión espiritual comienza aquí, en el perdón de Dios", aseveró Francisco alentando, especialmente en este tiempo de Cuaresma, a no descuidar nuestra Reconciliación, sino más bien, a redescubrirla como el Sacramento de la alegría:

“Sí, de la alegría, donde el mal que nos hace avergonzarnos se convierte en ocasión para experimentar el cálido abrazo del Padre, la dulce fuerza de Jesús que nos cura y la ternura materna del Espíritu Santo”

Sacerdotes: "No pongan obstáculos a la confesión"

Por ello, el Papa pidió a los sacerdotes que administran el sacramento del perdón de Dios, que ofrezcan este anuncio de misericordia, "Alégrate, el Señor está contigo", a todos los que deciden confesarse sin ser rígidos, sin poner obstáculos o incomodades, ya que en la Confesión -dijo- "estamos especialmente llamados a encarnar al Buen Pastor que toma en brazos a sus ovejas y las acaricia; a ser canales de la gracia, que vierten el agua viva de la misericordia del Padre en la aridez del corazón".

Asimismo, Francisco subrayó otra de las frases del ángel Gabriel a María «No temas» (v. 30).

Un temor que, según el Obispo de Roma, a nosotros puede invadirnos "cuando nuestros pecados nos asustan, nuestro pasado nos inquieta, nuestras heridas no cicatrizan o cuando nuestras caídas nos desmoralizan". En este punto resulta fundamental seguir el ejemplo de la Virgen María, que siempre nos acompaña brindándonos un mensaje claro y consolador:

“Cada vez que la vida se abre a Dios, el miedo ya no puede convertirnos en sus rehenes. Dios conoce tus debilidades y es más grande que tus errores. Te pide una sola cosa: que tus fragilidades, tus miserias, no las guardes dentro de ti; sino que las lleves a Él, las coloques ante Él, y de motivos de desolación se convertirán en oportunidades de resurrección. ¡No temas!”

Ante la guerra sólo Dios elimina el mal y devuelve la paz

Y haciendo alusión a las noticias e imágenes de muerte que nos llegan desde Ucrania en medio de la atroz guerra y las bombas que destruyen las vidas de tantas personas indefensas, el Pontífice reiteró que ante estas "experiencias de miedo, impotencia y aflicción", necesitamos escuchar que nos digan “no temas”.

25/03/2022Oración de Consagración a Rusia y Ucrania a la Santísima Virgen

"Pero las seguridades humanas no son suficientes -añadió Francisco- resaltando que, en cambio, es necesaria la presencia de Dios, la certeza del perdón divino, el único que elimina el mal, desarma el rencor y devuelve la paz al corazón".

Para el Papa la situación es clara: "Nosotros solos no logramos resolver las contradicciones de la historia, y ni siquiera las de nuestro corazón. Necesitamos la fuerza sabia y apacible de Dios, que es el Espíritu Santo. Necesitamos el Espíritu de amor que disuelve el odio, apaga el rencor, extingue la avidez y nos despierta de la indiferencia".

Sin amor no podemos ofrecer nada al mundo

Igualmente, el Santo Padre recordó que sin amor, en efecto, no podemos ofrecer nada al mundo, de ahí la importancia de cambiar primero nuestros corazones si verdaderamente queremos cambiar lo demás.

Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón de María

Y para que esto suceda Francisco expresó su deseo de dejarnos guiar de la mano de la Virgen a quien consagró el futuro de los dos países enfrentados:

“En unión con los obispos y los fieles del mundo, deseo solemnemente llevar al Corazón inmaculado de María todo lo que estamos viviendo; renovar a Ella la consagración de la Iglesia y de la humanidad entera y consagrarle, de modo particular, el pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que con afecto filial la veneran como Madre”

Antes de finalizar, el Papa indicó que estas palabras "no son una fórmula mágica", sino un acto espiritual ya que es el gesto "de la plena confianza de los hijos que, en la tribulación de esta guerra cruel e insensata que amenaza al mundo, recurren a la Madre, depositando en su Corazón el miedo y el dolor, y entregándose totalmente a Ella".

Francisco concluyó afirmando que los labios de María pronunciaron la frase más bella que el ángel pudiera llevar a Dios: «Que se haga en mí lo que tú dices» (v. 38):

“La Madre de Dios, después de haber pronunciado el sí, afrontó un largo y tortuoso viaje hacia una región montañosa para visitar a su prima encinta (cf. Lc 1,39). Que Ella tome hoy nuestro camino en sus manos; que lo guíe, a través de los senderos escarpados y fatigosos de la fraternidad y el diálogo, por el camino de la paz”

 

Francisco: El perdón es una medicina muy poderosa para el alma y la psique

A los participantes en el curso anual de la Penitenciaría Apostólica, el Papa reiteró que “el perdón es un derecho humano”, que a veces el confesor solo debe escuchar y perdonar, que la acogida y el acompañamiento requieren prudencia y caridad, y que todos necesitan del perdón, que no es más que sentirse amados por Dios.

 

Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano

Redescubrir el valor de la reconciliación, ese ministerio “que hace visible y realiza la misericordia de Dios”, es necesario, sobre todo en nuestros días, en los que “una mentalidad muy extendida tiene dificultades para comprender la dimensión sobrenatural, o incluso quiere negarla”. Lo dijo el Papa Francisco al recibir en audiencia al numeroso grupo de participantes, casi 800, en el 32º Curso sobre el Foro Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica.

El perdón es “un derecho humano”

Tras saludar al cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, al regente, a los funcionarios y personal de la Penitenciaría y a los presbíteros, el Pontífice recordó sus propias palabras en una entrevista, en la que calificó el perdón como “un derecho humano”, pues se trata explicó de lo que el corazón de cada persona anhela más profundamente, “ser perdonado es ser amado por lo que somos, a pesar de nuestras limitaciones y nuestros pecados”

“El perdón es un "derecho" en el sentido de que Dios, en el Misterio Pascual de Cristo, lo ha otorgado de manera total e irreversible a toda persona dispuesta a aceptarlo, con un corazón humilde y arrepentido”, subrayó el Santo Padre, al afirmar que al dispensar generosamente el perdón de Dios, los confesores cooperan en la curación de las personas y del mundo, es decir, a “hacer realidad ese amor y esa paz que todo corazón humano anhela tan intensamente”, a una ‘ecología’ espiritual del mundo.

Unos 800 presbíteros participaron en el 32º Curso sobre el Foro Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica.

Tan solo escuchar y perdonar

Como en otras ocasiones, fueron tres los puntos de reflexión abordados por el Papa: acoger, escuchar, acompañar.  “Tres dimensiones esenciales del ministerio del confesor” -dijo - porque delatan el rostro de amor, de alegría, que siempre lo deben acompañar. La acogida como primera característica de un confesor, ayuda al penitente a acercarse al espíritu del Sacramento, a “no permanecer replegado en sí mismo y en su propio pecado, sino a abrirse a la paternidad de Dios, al don de la Gracia”.

La acogida es, además, la medida de la caridad pastoral que cada confesor ha madurado en su formación, explicó el Pontífice, al introducir la segunda clave, la escucha, que requiere “atención, voluntad, paciencia”, dejar atrás los propios sentimientos y patrones para “abrir realmente la mente y el corazón a la escucha”, incluso sin responder o decir nada.

“En algunas confesiones, no hay que decir nada o casi nada - quiero decir como consejo o exhortación - sino sólo escuchar y perdonar. Escuchar es una forma de amor que hace que la otra persona se sienta verdaderamente querida”, sugirió el Santo Padre.

Vaciarme de mi ego para acoger al otro

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Francisco no dejó de plantear, como siempre en sus discursos, interrogantes que invitan a una reflexión y a “un examen de conciencia”, esta vez para los confesores: “Ante ciertas almas fieles, nos preguntamos: ¿tengo esta conciencia de Jesucristo vivo? ¿Tengo esta caridad hacia los demás? ¿Esta capacidad de cuestionarme a mí mismo?”.  Preguntas que el Santo Padre respondió con una sola frase: vaciarse del propio ego.

 “Escuchar implica una especie de vaciado: vaciarme de mi ego para acoger al otro. Es un acto de fe en el poder de Dios y en la tarea que el Señor nos ha encomendado. Sólo por la fe los hermanos abren su corazón al confesor, por tanto, tienen derecho a ser escuchados con fe, y con esa caridad que el Padre reserva a sus hijos. ¡Y esto genera alegría!”, exclamó Francisco.

Más adelante, al hablar del acompañamiento, el Papa recordó que el confesor no decide en lugar del fiel pues no es el dueño de la conciencia del otro: “El confesor se limita a acompañar, con toda la prudencia, el discernimiento y la caridad de que es capaz, el reconocimiento de la verdad y de la voluntad de Dios en la experiencia concreta del penitente”. Por lo tanto, acompañar significa cuidar de la otra persona y caminar junto a ella y por muy breve que sea la conversación confesional, el confesor está llamado a responder y acompañar a la persona sobre todo en la “comprensión y aceptación de la voluntad de Dios, que es siempre el camino hacia el mayor bien, el camino hacia la alegría y la paz.

Todos necesitan el perdón

Al concluir, Francisco agradeció el ministerio que se les ha confiado para la “santificación del pueblo fiel de Dios” y exhortó a los participantes en el curso anual de la Penitenciaría Apostólica “habitar de buen grado el confesionario, a acoger, escuchar y acompañar, sabiendo que todos, de hecho todos, necesitan el perdón, es decir, sentirse amados como hijos por Dios Padre”

“Las palabras que decimos: "Te absuelvo de tus pecados" significan también "tú, hermano, hermana, eres precioso, precioso para Dios; es bueno que estés ahí". Y esta es una medicina muy poderosa para el alma, y también para la psique de todos.

El Papa invita a redescubrir el valor de la reconciliación, ese ministerio “que hace visible y realiza la misericordia de Dios”

 

 

El Papa: superar la concepción ideológica iluminista de la educación

Francisco recibió a los religiosos Maristas con motivo de la conferencia general y les instó a trabajar en el campo de la educación, para contrarrestar la "mentalidad mundana que contamina la ecología, haciéndola ideológica y superficial": "El horizonte de Dios es, en cambio, el de una ecología integral, que mantiene unidas las dimensiones social y ambiental".

 

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

"Mirar más allá para educar a mirar más allá", para superar "la concepción iluminista de la educación que es copiar ideas, ideas, ideas" y que lleva a una perspectiva "ideológica" de la educación. Son indicaciones precisas que el Papa Francisco ofrece a los religiosos maristas, una "familia multicultural y multiétnica", para llevar a cabo la misión educativa propia de su instituto. El Pontífice recibió en el Palacio Apostólico a unos 40 participantes en la Conferencia General, una cita que tiene lugar cada ocho años y que, según él, representa "un momento fuerte de reflexión, de lectura de los signos de los tiempos", así como una forma de "superar las fronteras, no tanto geográficas, sino de mentalidad". 

En esta perspectiva el Papa pide a los maristas a ayudar a los jóvenes a ser, o, mejor dicho, a aprender a ser "custodios de la Creación" a través de un "camino educativo" que les permita no caer en eslóganes e ideologías superficiales, sino madurar en la importancia de "una ecología integral, que mantenga siempre unidas las dimensiones ambiental y social, el grito de la Tierra y el grito de los pobres". Esto, afirma, “es el horizonte de Dios”.

"Educar a mirar más allá para enseñar a mirar más allá", insiste el Papa dejando el discurso de lado. "Esta es precisamente la denuncia más fuerte contra la concepción iluminista de la educación, que es la de copiar ideas, ideas, ideas... No. Educar a mirar más allá para enseñar a mirar más allá. Esto destruye toda la concepción estática iluminista e ideológica de la educación. La educación es un reto para toda la persona, para el pensamiento, los sentimientos y el trabajo de las personas".

Su mirada, dice el Papa, debe apuntar siempre "hacia adelante", nunca "hacia atrás": "Como quien está al timón de una embarcación: para ver si el camino es correcto, no mira la estela que hay detrás de él, sino que mira hacia adelante, sin perder de vista dos o tres puntos de referencia que le orienten". Sin embargo, esto "no significa desprenderse de sus raíces":

¡No, en absoluto! No hay contradicción entre la fidelidad a las propias raíces y la apertura universal. Por el contrario, según el modelo de Cristo el Señor, es precisamente permaneciendo fieles hasta el final al pacto de amor con el pueblo que nos ha sido confiado que nuestro servicio se hace fecundo para todos, por la fuerza de la gracia de Dios.

A continuación, Francisco indica las prioridades para "poner las cosas en su justo orden" durante este tiempo de Cuaresma: "En primer lugar Dios y su Palabra". Fácil de decir, pero difícil de hacer, "sobre todo cuando la Palabra nos pide 'mirar más allá'". "Más allá", es decir, dice el Papa Francisco, "de la mentalidad mundana, más allá de los intereses efímeros, más allá de una perspectiva parcial, para abrirse al horizonte de una fraternidad universal".

Precisamente la fraternidad, subraya el Pontífice, es la misión primordial que hay que realizar hoy, en una "realidad cambiante, con las características de las nuevas generaciones". Los jóvenes, señala el Papa Francisco, por ejemplo, están mostrando "sensibilidad e interés" por la ecología.

Aquí hay un gran campo de educación; porque desgraciadamente la mentalidad mundana -permítanme el juego de palabras- también contamina la ecología, la reduce, la hace ideológica y superficial. En cambio, el horizonte de Dios es el de una ecología integral, que mantiene siempre juntas las dimensiones ambiental y social, el grito de la Tierra y el grito de los pobres.

"Los niños y los jóvenes están predispuestos a convertirse en custodios de la creación, pero tienen que aprender que esto no es sólo un eslogan, no es sólo una denuncia, es una forma de vida, requiere paciencia, fortaleza, templanza, justicia", afirmó el Papa. En definitiva, "no se nace siendo custodio de la Creación, sino que se llega a serlo a través de un camino educativo".

El ejemplo de la ecología puede aplicarse a otros campos, como el del compromiso social y político, el de la comunicación, o incluso antes el del estudio y el trabajo, siempre, recomienda el Pontífice, "visto desde el punto de vista de la promoción integral de la persona". Todo esto pertenece a los maristas, como religiosos, porque la "educación espiritual" es "la base del crecimiento integral".

Jesucristo es el Maestro de la vida y de la verdad, el camino a seguir para llegar a ser hombres y mujeres en plenitud, y el Espíritu Santo es el Maestro interior que forma a Cristo en nosotros. ¡Qué vocación, qué misión, hermanos, cooperar con Cristo y el Espíritu para acompañar a los jóvenes en esta aventura! Es realmente demasiado grande para nosotros, pobres pecadores.

Sin embargo, Dios -dice el Papa, citando las palabras de la Virgen en el Magnificat- ama hacer grandes cosas con los pequeños y los pobres, con tal de que se abran humildemente a Él y acojan su Palabra, poniéndose a su disposición.

 

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

— Necesidad de la humildad. La soberbia lo pervierte todo.

— La hipocresía de los fariseos. Manifestaciones de la soberbia.

— Aprender del publicano de la parábola. Pedir la humildad.

I. Misericordia, Dios mío... Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias1. El Señor se conmueve y derrocha sus gracias ante un corazón humilde.

Nos presenta San Lucas en el Evangelio de la Misa de hoy2 a dos hombres que subieron al Templo a orar: uno fariseo y publicano el otro. Los fariseos se consideraban a sí mismos como puros y perfectos cumplidores de la ley; los publicanos se encargaban de recaudar las contribuciones, y eran tenidos por hombres más amantes de sus negocios que de cumplir con la ley. Antes de narrar la parábola, el Evangelista se preocupa de señalar que Jesús se dirigía a ciertos hombres que presumían de ser justos y despreciaban a los demás.

En seguida se pone de manifiesto en la parábola que el fariseo ha entrado al Templo sin humildad y sin amor. Él es el centro de sus propios pensamientos y el objeto de su aprecio: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. En vez de alabar a Dios, ha comenzado, quizá de modo sutil, a alabarse a sí mismo. Todo lo que hacía eran cosas buenas: ayunar, pagar el diezmo...; la bondad de estas obras quedó destruida, sin embargo, por la soberbia: se atribuye a sí mismo el mérito, y desprecia a los demás. Faltan la humildad y la caridad, y sin ellas no hay ninguna virtud ni obra buena.

El fariseo está de pie. Ora, da gracias por lo que hace. Pero hay mucha autocomplacencia, está «satisfecho». Se compara con los demás y se considera superior, más justo, mejor cumplidor de la ley. La soberbia es el mayor obstáculo que el hombre pone a la gracia divina. Y es el vicio capital más peligroso: se insinúa y tiende a infiltrarse hasta en las buenas obras, haciéndoles perder su condición y su mérito sobrenatural; su raíz está en lo más profundo del hombre (en el amor propio desordenado), y nada hay tan difícil de desarraigar e incluso de llegar a reconocer con claridad.

«“A mí mismo, con la admiración que me debo”. —Esto escribió en la primera página de un libro. Y lo mismo podrían estampar muchos otros pobrecitos, en la última hoja de su vida.

»¡Qué pena, si tú y yo vivimos o terminamos así! —Vamos a hacer un examen serio»3. Pedimos al Señor que tenga siempre compasión de nosotros y no nos deje caer en ese estado. Imploremos cada día la virtud de la humildad y hagamos hoy el propósito de estar atentos a las diversas y variadas expresiones en que se pone de manifiesto el pecado capital de la soberbia, y a rectificar la intención en nuestras obras cuantas veces sea necesario.

II. Algunos fariseos se convirtieron, y fueron amigos y fieles discípulos del Señor, pero muchos otros no supieron reconocer al Mesías, que pasaba por sus calles y plazas. La soberbia hizo que perdieran el norte de su existencia y que su vida religiosa, de la que tanto alardeaban, quedara hueca y vacía. Sus prácticas de piedad se consumían en formalismos y meras apariencias, realizadas de cara a la galería. Cuando ayunan, demudan su rostro para que los demás lo sepan4; cuando oran, gustan de hacerlo de pie y con ostentación en las sinagogas o en medio de las plazas5; cuando dan limosna, lo pregonan con trompetas6.

El Señor recomendará a sus discípulos: No hagáis como los fariseos. Y les explica por qué no deben seguir su ejemplo: Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres7. Con palabra fuerte, para que reaccionen, les llama hipócritas, semejantes a sepulcros blanqueados: vistosos por fuera, repletos de podredumbre por dentro8.

La vanagloria «fue la que los apartó de Dios; ella les hizo buscar otro teatro para sus luchas y los perdió. Porque, como se procura agradar a los espectadores que cada uno tiene, según son los espectadores, tales son los combates que se realizan»9. Para ser humildes no podemos olvidar jamás que quien presencia nuestra vida y nuestras obras es el Señor, a quien hemos de procurar agradar en todo momento.

Los fariseos, por la soberbia, se volvieron duros, inflexibles y exigentes con sus semejantes, y débiles y comprensivos consigo mismos: Atan pesadas cargas a los demás y ellos ni siquiera ponen un dedo para moverlas10. A nosotros el Señor nos dice: El mayor entre vosotros ha de ser vuestro servidor11. Y el Espíritu Santo, por medio de San Pablo: llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo12. Una de las manifestaciones más claras de la humildad es el servir y ayudar a los demás, no ya en acciones aisladas sino de modo constante.

Quizá uno de los reproches más duros que les hace el Señor es este: Vosotros no habéis entrado y a los que iban a entrar se lo habéis impedido13. Han cerrado el camino a aquellos a quienes tenían que guiar. ¡Guías ciegos!14 les llamará en otro lugar. La soberbia hace perder la luz sobrenatural para uno mismo y para los demás.

La soberbia tiene manifestaciones en todos los aspectos de la vida. «En las relaciones con el prójimo, el amor propio nos hace susceptibles, inflexibles, soberbios, impacientes, exagerados en la afirmación del propio yo y de los propios derechos, fríos, indiferentes, injustos en nuestros juicios y en nuestras palabras. Se deleita en hablar de las propias acciones, de las luces y experiencias interiores, de las dificultades, de los sufrimientos, aun sin necesidad de hacerlo. En las prácticas de piedad se complace en mirar a los demás, observarlos y juzgarlos; se inclina a compararse y a creerse mejor que ellos, a verles defectos solamente y negarles las buenas cualidades, a atribuirles deseos e intenciones poco nobles, llegando incluso a desearles el mal. El amor propio (...) hace que nos sintamos ofendidos cuando somos humillados, insultados o postergados, o no nos vemos considerados, estimados y obsequiados como esperábamos»15.

Nosotros hemos de alejarnos del ejemplo y de la oración del fariseo y aprender del publicano: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Es una jaculatoria para repetirla mucha veces, que fomenta en el alma el amor a la humildad, también a la hora de rezar.

III. El Señor está cerca de aquellos que tienen el corazón contrito, y a los humillados de espíritu los salvará16. El publicano dirige a Dios una oración humilde, y confía, no en sus méritos, sino en la misericordia divina: quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador.

El Señor, que resiste a los soberbios pero a los humildes da su gracia17, lo perdona y justifica. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.

El publicano «se quedó lejos, y por eso Dios se acercó más fácilmente... Que esté lejos o que no lo esté, depende de ti. Ama y se acercará; ama y morará en ti»18.

También podemos aprender de este publicano cómo ha de ser nuestra oración: humilde, atenta, confiada. Procurando que no sea un monólogo en el que nos damos vueltas a nosotros mismos, a las virtudes que creemos poseer.

En el fondo de toda la parábola late una idea que el Señor quiere inculcarnos: la necesidad de la humildad como fundamento de toda nuestra relación con Dios y con los demás. Es la primera piedra de este edificio en construcción que es nuestra vida interior. «No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra.

»—Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa»19.

Cuando una persona se siente postergada, herida en detalles pequeñísimos, debe pensar que todavía no es humilde de verdad: es la ocasión de aceptar la propia pequeñez y ser menos soberbios: «no eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo»20.

La ayuda de la Virgen Santísima es nuestra mejor garantía para ir adelante en esta virtud. «María es, al mismo tiempo, una Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en el seno materno, pídele que te alcance esta virtud (de la humildad) que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido, María la pedirá para ti de ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída»21. Después de considerar las enseñanzas del Señor, y de contemplar el ejemplo humilde de Santa María, podemos acabar nuestra oración con esta petición: «Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»22.

1 Salmo responsorial. — 2 Lc 18, 9-14. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 719. — 4 Cfr. Mt 6, 16. — 5 Cfr. Mt 6, 5. — 6 Cfr. Mt 6, 2. — 7 Mt 23, 5. — 8 Cfr. Mt 23, 27. — 9 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre San Mateo, 72, 1. — 10 Lc 11, 46. — 11 Mt 23, 11. — 12 Gal 6, 2. — 13 Lc 11, 53. — 14 Mt 15, 14. — 15 B. Baur, En la intimidad con Dios, p. 89. — 16 Sal 33. — 17 Sant 4, 6. — 18 San Agustín, Sermón 9, 21. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 590. — 20 Ibídem, n. 594. — 21 J. Pecci -León XIII-, Práctica de la humildad, 56. — 22 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 31.

 

Meditaciones: sábado de la 3 semana de Cuaresma

Reflexión para meditar el sábado de la 3 semana de Cuaresma. Los temas propuestos son: actitud humilde para orar; la cerrazón del fariseo; la ventaja del publicano.

26/03/2022


ANTES de narrar la parábola del fariseo y el publicano, san Lucas hace notar que Jesús la contó en referencia «a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás» (Lc 18,9). De esa manera, el Señor busca mostrarnos la actitud correcta para hablar con Dios; esto es, desde nuestra propia verdad: desde la humildad de sabernos pecadores y necesitados de la misericordia divina. «La humildad es la base de la oración»1, dice el Catecismo de la Iglesia.

San Josemaría se definía como «un pecador que ama a Jesucristo»2. Ese ha sido un patrón común en la vida de los santos: dejaron brillar la luz de Dios en sus vidas, por lo que les resultaba fácil descubrir las oscuridades personales. Esta es la actitud con la que el sacerdote, en la santa Misa, se dirige al Señor en nombre de toda la Iglesia: «A nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires»3.

El reconocimiento de nuestra propia debilidad lleva, al mismo tiempo, a sentirnos sostenidos por Dios. Su misericordia es mayor que nuestras faltas. Por eso el cristiano afronta la vida sin desaliento, pues la conciencia de ser un pecador no le impide ser consciente de una realidad más decisiva: es hijo muy querido de Dios. «Refúgiate en la filiación divina: Dios es tu Padre amantísimo. Esta es tu seguridad, el fondeadero donde echar el ancla, pase lo que pase en la superficie de este mar de la vida. Y encontrarás alegría, reciedumbre, optimismo, ¡victoria!»4. Esta es la actitud con la que el Señor quiere que nos acerquemos a él, y que explica en la parábola: no somos unos «justos» autosuficientes, sino hijos que necesitan a su Padre.


EL PRIMER PERSONAJE que aparece en la parábola es un fariseo que subió al templo a orar. Aparentemente, su plegaria tiene un inicio ideal, porque comienza dando gracias a Dios. Sin embargo, inmediatamente se revela que algo no funciona: su agradecimiento no se debe a un reconocimiento de la acción del Señor en él, sino que se limita a enumerar todas sus cualidades y méritos: «Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo». Y, en medio de su oración, hay una frase que puede revelar el motivo por el que realizaba todo eso: «No soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano» (Lc 18,11-12).

El fariseo cae en la actitud que san Lucas había prevenido antes de relatar la parábola: desprecia a los demás teniéndose por justo. Al compararse mentalmente con el publicano, pensó que salía aventajado. Quizá a ojos de la gente incluso podía tener razón, pues estos eran considerados pecadores públicos al haber traicionado al pueblo de Israel. Sin embargo, no tiene en cuenta que solo Dios mira en el fondo de los corazones. Ninguna comparación será capaz de emular el alcance de la mirada divina.

Este fue el principal obstáculo de muchos para no reconocer al Mesías: refugiarse en las propias seguridades y en las miras solamente humanas. «Esta cerrazón tiene resultados inmediatos en la vida de relación con nuestros semejantes. El fariseo que, creyéndose luz, no deja que Dios le abra los ojos, es el mismo que tratará soberbia e injustamente al prójimo»5. Por eso, el Señor dirá después que este no bajó justificado a su casa: si tenía ya todo lo que creía necesitar, no sería capaz de acoger la salvación que Dios le ofrecía.


EL SEGUNDO personaje de la parábola es un publicano que ni siquiera se atreve a levantar los ojos al cielo en su oración. Simplemente se limita a golpearse el pecho mientras dice: «¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador». Y a continuación, Jesús añade: «Os digo que este bajó a su casa justificado» (Lc 18,13-14).

Este publicano comienza su oración siendo consciente de que es un pecador. Además, en su caso, lo sabe todo el pueblo, pues colaboraba con las autoridades extranjeras. Esta realidad, que en apariencia puede ser un obstáculo, es más bien la ventaja que tiene respecto al fariseo, pues el clamor general de su entorno le recuerda que es un pecador: su indigencia es evidente. Pero las seguridades sobre las que construye su vida no son sus propias cualidades, ni tampoco el reconocimiento de los demás, sino la compasión de Dios. «Actúa como un humilde, seguro solo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedía nada porque tenía ya todo, el publicano puede solo mendigar la misericordia de Dios. Y esto es bello: mendigar la misericordia de Dios. Presentándose “con las manos vacías”, con el corazón desnudo y reconociéndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condición necesaria para recibir el perdón del Señor»6.

La actitud del publicano es justamente contraria a la del fariseo: no se tiene por justo ni desprecia a los demás, aunque quizá habría tenido motivos para esto último, por el trato que recibiría de sus contemporáneos. Jesús señala «que este bajó a su casa justificado». La oración de este hombre recuerda, de alguna manera, a la de la Virgen, en quien Dios se fijó precisamente por su humildad (cfr. Lc 1,48). Ella nos enseñará a recorrer este camino para que el Señor obre también en nuestras vidas las grandezas que cantó nuestra Madre.


Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.
Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, n.113.
Misal Romano, Plegaria Eucarística I.
San Josemaría, Vía Crucis, VII estación, n.2.
San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 71.
Francisco, Audiencia, 1-VI-2016.

 

“Una Madre que nunca nos abandonará”

No estás solo. –Ni tú ni yo podemos encontrarnos solos. Y menos, si vamos a Jesús por María, pues es una Madre que nunca nos abandonará. (Forja, 249)

26 de marzo

Es la hora de que acudas a tu Madre bendita del Cielo, para que te acoja en sus brazos y te consiga de su Hijo una mirada de misericordia. Y procura enseguida sacar propósitos concretos: corta de una vez, aunque duela, ese detalle que estorba, y que Dios y tú conocéis bien. La soberbia, la sensualidad, la falta de sentido sobrenatural se aliarán para susurrarte: ¿eso? ¡Pero si se trata de una circunstancia tonta, insignificante! Tú responde, sin dialogar más con la tentación: ¡me entregaré también en esa exigencia divina! Y no te faltará razón: el amor se demuestra de modo especial en pequeñeces. Ordinariamente, los sacrificios que nos pide el Señor, los más arduos, son minúsculos, pero tan continuos y valiosos como el latir del corazón.

¿Cuántas madres has conocido tú como protagonistas de un acto heroico, extraordinario? Pocas, muy pocas. Y, sin embargo, madres heroicas, verdaderamente heroicas, que no aparecen como figuras de nada espectacular, que nunca serán noticia -como se dice-, tú y yo conocemos muchas: viven negándose a toda hora, recortando con alegría sus propios gustos y aficiones, su tiempo, sus posibilidades de afirmación o de éxito, para alfombrar de felicidad los días de sus hijos. (Amigos de Dios, nn 134-135)

 

La luz de la fe (XII): «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

¿Qué significa que con su muerte en la Cruz y con su Resurrección Cristo ha obtenido el perdón para todos los hombres? ¿A quién ha ofrecido su vida y por qué? ¿Qué significa que la muerte de Cristo es vida del mundo, que entrando en la muerte ha ganado para todos la vida? Cuatro imágenes nos ayudan a profundizar en el misterio.

19/02/2019

«Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,22-23)

No es fácil aceptar el misterio de la Cruz. La perspectiva de un Mesías que, después de haber sido humillado, termina sus días sobre una Cruz, escandalizaba la imaginación de Pedro (cfr. Mt 16,21-23) y los Doce simplemente no la comprendían (cfr. Lc 18,30-34). Era tan doloroso este sufrimiento que Jesús pidió a su Padre que pasase ese cáliz (cfr. Mt 26,39) y el corazón de María, identificado con el de su Hijo, conoció igualmente la reticencia natural ante el padecimiento.

Es tan natural el rechazo de un Dios que termina en un patíbulo, que su misma representación pictórica tardó siglos en abrirse camino en el imaginario de la cultura cristiana, tanto en un contexto hebraico como greco-romano. Este no entender es tan natural, que nosotros mismos lo seguimos experimentando cuando la Cruz nos visita, no en la conmoción artística o en la teoría de un discurso, sino en la acerba concreción de la vida real.

LA CONTEMPLACIÓN DEL MISTERIO DE LA CRUZ ES FUENTE INAGOTABLE DE VIDA, A CONDICIÓN DE QUE CADA UNO RECORRA SU PROPIO CAMINO ESPIRITUAL Y PERSONAL

A pesar de la dureza de la Cruz, la confianza en que los planes de Dios, su misterio de salvación, responden a una lógica que Él mismo nos ha querido revelar, impulsó a los primeros cristianos a defender lo indefendible, hasta el punto de que hoy, cualquier niño que aprende el catecismo, recita de memoria: «¿cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la santa Cruz»[1]. El sencillo gesto de persignarnos contiene una fuerza simbólica única: confiesa con el alma y con el cuerpo todo el misterio de la creación y de la redención, todo lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han hecho y harán por cada uno de nosotros.

«Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír» (Ecl 1,8). La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino intelectual y espiritual. Esa ha sido la experiencia de los grandes maestros de la tradición cristiana, que han subido el camino de la Cruz con su predicación y con su vida. Más que una explicación, las reflexiones que siguen quieren presentar cuatro imágenes capaces de generar luz y serenidad cuando parece que la tiniebla de la Cruz nos envuelve.

Primera imagen: el Trono de la Misericordia

La primera imagen es la del Trono de la misericordia. Se trata de una iconografía desarrollada especialmente en la Edad Media. Existen numerosas variaciones, pero el motivo es siempre el mismo: Dios Padre sostiene con sus manos a su Hijo en la Cruz, mientras que el Espíritu Santo, representado como una paloma, aparece entre los rostros del Padre y del Hijo. La fuerza de esta imagen consiste en presentar la auto-donación del Hijo como la misma donación del Padre, gracias a la acción del Espíritu Santo. De esta forma queda manifiesto, en primer lugar, que el Padre revela su misericordia por cada una de sus criaturas no a pesar de, sino a través de la Pasión de su Hijo. Esto no significa que el amor de Dios tenga en la Cruz una manifestación eminente por el dolor que conllevó, sino porque constituye, de hecho, la última y la más elocuente predicación de Jesús sobre el amor con el que Padre respeta y promueve el bien y la libertad de todos sus hijos.

Esa imagen nos dice que Dios está dispuesto a cargar con el peso de la Cruz antes que forzar a nadie a amarle. Por eso, si miramos bien a través de las llagas del Resucitado, no veremos la imagen de un Dios tan radicalmente trascendente que considera indigno de su pureza relacionarse con quienes son polvo y vanidad (cfr. Gn 2,7; Sal 144,4). La imagen del Dios cristiano manifiesta, de modo sorprendente y nuevo, la unidad de la justicia y la misericordia; el amor de Dios, que siempre se pone del lado de sus criaturas, y su capacidad de llevar a cumplimiento el designio originario de la creación. Precisamente la Cruz de Cristo hace evidente el peso de esos pesares, es decir, lo que le ha costado a la Trinidad ser fiel a su proyecto, a esa locura de amor que es la creación de seres personales que llaman de  a Dios por toda la eternidad, ya sea bajo la forma de un apasionado Te amo, ya sea con un amargo Te odio. Nuestro Padre decía muchas veces que precisamente el que ama sufre, «si en amor estoy ducho / es por fuerza del dolor»[2].

Segunda imagen: el grito de Jesús

La segunda imagen es el grito de Jesús: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Como todo en la vida de Jesús, este gemido que sale de las profundidades de un cuerpo exhausto tiene función de revelación. Si miramos a nuestro alrededor sin ingenuidades, veremos que frecuentemente los justos son los que salen perdiendo. Es la constante verdad del salmo 73: «a los impíos les va aparentemente bien, a los que quieren vivir cara a Dios les va aparentemente mal». En este sentido, Jesús en la Cruz se solidariza con todos los inocentes que sufren injustamente y que no ven escuchados sus gritos en este mundo.

La Pasión del Crucificado es un acto de la compassio redentora del Padre en Cristo con todas las víctimas que, de un modo u otro, han sufrido por defender la verdad de Dios y la verdad del hombre. Sus quejas, sus clamores tantas veces silenciados, encuentran un lugar en Dios gracias al grito de Jesús. En Él no se extinguen, sino que encuentran resonancia divina. En el por qué de Jesús nuestras preguntas más crispadas por el dolor o la soledad, no son olvidadas, sino que alcanzan la seguridad de una respuesta llena de amor por parte de la Trinidad. Como en el caso de Jesús, esta respuesta solo será plena cuando llegue la Resurrección. Sin embargo, si aprendemos a gritar en Él, nuestra angustia se transforma progresivamente en paz y serenidad de victoria[3].

CON SU GRITO EN LA CRUZ, JESÚS SE SOLIDARIZA CON LOS INOCENTES QUE SUFREN Y QUE NO VEN ESCUCHADOS SUS GRITOS EN ESTE MUNDO

Si es verdad aquello de que los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada[4], es fácil entender por qué la Cruz es indisociable de la Resurrección y del Juicio Final. Una predicación que de hecho solo insista en una de esas tres realidades hace una caricatura del misterio de Cristo y hace todavía menos aceptable el rostro de Cristo a nuestros contemporáneos. El Juicio Final es indisociable de la Cruz y de la Resurrección. Es el último acto de la constitución del Reino que Jesús predicó desde el inicio; el acto en el que las intenciones del corazón serán manifestadas y el sufrimiento inocente de todos los justos, comenzando desde Abel, recibirán el reconocimiento público que merecen.

La tercera imagen: el buen ladrón

La tercera imagen es la conversión del buen ladrón (cfr. Lc 23,40-43). Colgado de la Cruz, Jesús no solo se solidariza con los inocentes, sino que sondea las profundidades de los corazones que rechazan a Dios. El Espíritu Santo mueve a Jesús a no abandonar a ninguno, ni siquiera a los que se levantan contra Él. Jesús no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17). A lo largo de su vida no solo habló del perdón y del amor a los enemigos (Mt 5,44), sino que murió perdonando y bendiciendo a uno de los malhechores que estaba crucificado con Él (cfr. Lc 23,43). El buen ladrón pasó de la maldición a la bendición en pocos minutos. El éxodo por el que le condujo Jesús es una metáfora de nuestra vida, pues todos hemos pecado y hemos vivido privados de la gloria de Dios (cfr. Rm 3,23).

Hay una condición, sin embargo, para poder entrar en la bendición, pues en la relación con Jesús no hay nada de mágico o de automático: nadie, ni siquiera Jesús, puede sustituir nuestra conciencia. Al final de su vida Jesús continúa con su programa iniciado en el Jordán (cfr. Mc 1,14). Busca y se solidariza con los pecadores, pero para llamarlos a la conversión y a la penitencia (cfr. Lc 5,32). La novedad de la revelación de la Cruz consiste en que a Dios le basta un verdadero acto de contrición para donar la bendición. El buen ladrón no tuvo oportunidad para reparar lo que había robado y, sin embargo, goza ya de la vida eterna. Como en nuestro Bautismo, resuena aquí la escandalosa generosidad de la parábola del hijo pródigo: el Padre no exige el cumplimiento material de una reparación imposible. Él sondea la verdad del corazón y por eso le basta que reconozcamos sin ambages nuestro pecado, que nos arrepintamos de corazón y que nos abracemos a Jesús con la fe que obra lo que puede por la caridad (Gal 5,6). El buen ladrón es una buena imagen para entender la absoluta gratuidad de la justificación y de aquel mínimo que el Padre exige para poder perdonarnos. El Espíritu Santo que obra en Jesús y en su Cuerpo, que es la Iglesia, se encargará de sanar las secuelas que hemos causado en nuestro entorno con nuestros pecados.

Desde la Cruz, Jesús nos mira. Su oración de intercesión, «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), es oración eficaz: nos pone, como a aquel ladrón, en condiciones de reconocer la propia culpa, de aceptar la propia responsabilidad y de abrirnos a la necesidad del perdón. Si la mirada de Jesús no fuese misericordiosa, el espectáculo de nuestros pecados nos llevaría fácilmente a la desesperación. Pero su mirada es diferente: no nos reduce a nuestros actos, sino que abre un espacio donde el dolor que experimentamos al palpar la mezquindad de nuestras decisiones no termina en un gesto amargo. El Hijo de Dios es objeto de una violencia absurda; la misma que continúa activa en nuestro interior cuando la envidia, la superficialidad o simplemente la indiferencia ante el mal y el pecado nos transforman en culpables. Pero el Amor de Dios es más fuerte que cualquier necedad de sus criaturas. La paciencia con que soporta la debilidad de quien no tiene báculo (la im-becillitas) revela que el Padre tiene en Cristo sus manos siempre abiertas para acogernos, si de verdad queremos hacer el esfuerzo de dejarnos abrazar por Él.

La cuarta imagen: el Cordero degollado ante el Trono de Dios

La cuarta imagen es la del Cordero degollado que está en pie delante del Trono de Dios (cfr. Ap 5,1-14). El profeta Isaías había usado la imagen del cordero para hablar del Siervo sufriente (cfr. Is 53,7). El Bautista emplea la misma imagen para referirse a Jesús «que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). El evangelio de san Juan hace coincidir la muerte de Cristo con el momento del sacrificio ritual en el templo, quizá para subrayar así que la sangre de un cordero había librado a los primogénitos de Israel de la muerte en Egipto (cfr. Ex 12). El libro del Apocalipsis presenta a Cristo como el Cordero que vence a los potentes de la tierra, pues Él es el Rey de reyes y Señor de señores (cfr. Ap 17,14). Para quien no esté familiarizado con el mundo bíblico puede resultar difícil entender la insistencia –hasta veintinueve veces– con que el Apocalipsis usa esta imagen. Pero para los primeros cristianos hebreos era tan natural, que muy pronto se desarrolló la potente imagen del Cordero degollado y victorioso, síntesis admirable de lo que la tradición cristiana posterior denominará la exaltación gloriosa de Cristo en la Cruz. Esta tradición, de origen joanéo, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección. En muchos crucifijos vemos todavía las llamadas potencias, es decir, los rayos de la gloria del Resucitado que se expanden desde la Cruz al mundo entero. San Josemaría, como tantos otros santos, contemplaba habitualmente la Cruz desde este punto de vista[5].

LA IMAGEN DEL CORDERO DEGOLLADO, DESARROLLADA SOBRE TODO POR SAN JUAN, CONTEMPLA LA CRUZ COMO ANTICIPACIÓN DE LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

El capítulo 5 del Apocalipsis contiene un guiño característico del estilo de san Juan. El autor presenta con gran dramatismo la escena de un libro sellado que nadie es capaz de abrir. Un ángel grita a grandes voces, preguntando si hay alguien digno de abrir los siete sellos. Pero nadie responde. Ante aquel silencio desolador, «Juan prorrumpe en llanto» (v. 4). Uno de los Ancianos le tranquiliza y le dice: «No llores, mira que ha vencido el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, y que puede abrir el libro» (Ap 5, 5). La paradoja es que cuando ese León hace acto de presencia para abrir el libro, lo hace bajo la forma de un cordero (cfr. Ap 5,6).

«Victor, quia victima»[6]. Venció no porque fue violento, sino porque fue víctima de la violencia. La victoria del Padre en Cristo revela algo de esa divina pasividad y mansedumbre que la imagen del Cordero traduce en lenguaje humano. Ni el Padre exigió a su Hijo el dolor como satisfacción, ni Cristo eliminó el pecado destruyendo a nadie. El Padre pidió a su Hijo que revelase su amor de Padre por cada uno, arriesgándose a que los hombres diesen el curso que quisieran al amor de Dios. Le pidió que confesase siempre y sin ambages que el Padre no retira sus dones, que la libertad es real y que Él no quiere esclavos sino hijos. Por eso, toda la vida de Jesús fue desenmascarar la lógica de los corazones que, aún cumpliendo externamente, viven esclavizados en su interior por el miedo, la envidia o el resentimiento.

Jesús vino a librarnos de la esclavitud del pecado anunciando que «el Padre os ama» (Jn 16,27) y unió su voluntad de hombre a ese deseo divino de modo tan perfecto, que se dejó colgar en un madero antes que obligar a nadie a rendirse ante Dios. La paradoja de ese Cordero «manso y humilde» (Mt 11, 29), que vino «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3,8), es que las venció soportando hasta el final la tentación de la desconfianza en el amor del Padre. De este modo demostró la grandeza del corazón humano según el diseño creador de Dios: un corazón que, con la fuerza del Espíritu Santo, puede dejarse modelar por todo, puede abrazar a todos y es capaz de introducir, en las tinieblas más densas del rechazo de Dios, la luz de la confianza filial.

Nuestra libertad es real, y la Trinidad la ama tanto, que ha querido que también nosotros demos forma a la relación que Él inició en la creación. Ni Jesús, ni los que le crucificaron, ni María, ni Pedro, ni Judas eran meros ejecutores de un guión ya escrito desde la eternidad. Es verdad que Dios que nos primerea y que él ha establecido las reglas y el sentido de ese juego, que es nuestra vida. Pero una regla fundamental es que nosotros decidimos y construimos con Él el modo de vivir en la eternidad. «El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti»[7] Él está siempre de nuestra parte y nos tiende su mano, pero no ejercerá violencia alguna contra ninguno de nosotros porque sabe que el don de una relación vivida en libertad ilumina nuestra historia.

Juan Rego


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 617.

[2] Amigos de Dios, n. 68.

[3] Sal 22, 25-35: «De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él».

[4] Cfr. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30.XI.2007, n. 44.

[5] Cfr. Camino, n. 969.

[6] San Agustín, Confesiones X, 43.

[7] Cfr. San Agustín, Sermo 169, 11, PL 38,923.

 

Ucrania: “Creemos en la ayuda de la Madre de Dios”

Obispos y fieles de las zonas asediadas depositan su esperanza en la consagración del Papa Francisco

 

Católicos ucranianos rezando a la Madre de Dios por la paz © ACN

“Creemos en la ayuda de la Madre de Dios”: 4 semanas tras el inicio de la guerra, muchos creyentes en Ucrania depositan grandes esperanzas en la reciente iniciativa del Papa Francisco de consagrar Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María. Con respecto a esta iniciativa global, el obispo de Odesa, Mons. Stanislav Szyrokoradiuk, por ejemplo, ha dicho en un mensaje enviado a la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN): “Con gran esperanza rezamos con todo el mundo y rogamos oraciones. Creemos en la ayuda de María, la Madre de Dios”.

“¡Dios mío, cuánta gente muere cada día!”

Aunque Odesa, en comparación con otros lugares, se salvó de los combates en las primeras cuatro semanas de la guerra, la ciudad está actualmente bajo fuego y hay frecuentes alarmas aéreas, señala Mons. Szyrokoradiuk con preocupación. “Vivimos en el temor constante a un ataque desde el mar”.

Odesa está situada a orillas del Mar Negro y no muy lejos de Crimea, donde están estacionados numerosos barcos militares rusos. Pensar en sus parroquias y en la gente de la región le deparan constantemente “miedo y dolor”, comenta consternado el obispo: “¡Dios mío, cuánta gente muere cada día!”.

A pesar de los intensos combates, las parroquias católicas de Odesa y otras regiones del país se preparan para la consagración con novenas y devociones, y así también en Járkov, en Ucrania oriental. Desde allí, Mons. Pavlo Honcharuk ha enviado un mensaje por vídeo a ACN: “Me gustaría compartir con vosotros mi alegría por la iniciativa del Papa Francisco de consagrar Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María”.

Járkov es una de las regiones más disputadas del país desde que comenzó la guerra. El Obispo Honcharuk ha documentado recientemente para ACN la destrucción de edificios residenciales, y también el tejado de su sede episcopal ha sido alcanzado por un proyectil.

La consagración es “signo de la victoria de Dios”

En medio del sufrimiento y la destrucción, el acto de consagración es “un signo de la victoria de Dios, del amor, la bondad y la vida”, ha explicado Mons. Honcharuk. “También nuestra diócesis, al igual que otras diócesis ucranianas, ha comenzado con los preparativos para las novenas al Corazón Inmaculado de María, y ahora nos preparamos para tan hermoso acontecimiento”. En su mensaje a ACN, Mons. Honcharuk llama a “rezar el Rosario por la intercesión de la Virgen. ¡Dios os bendiga!”

El Papa Francisco celebrará la consagración al Inmaculado Corazón de María el 25 de marzo en la Basílica de San Pedro de Roma a las 17 horas, y ha pedido a los obispos de todo el mundo que se unan a él en este acto.

Con la consagración, el Papa Francisco responde al ruego de la Conferencia Episcopal Ucraniana y de numerosos fieles de todo el mundo. El acto de consagración tiene su origen en las apariciones marianas de Fátima, Portugal, en 1917.

En varias ocasiones, los Papas han consagrado a toda la humanidad al Corazón de María, sobre todo el papa Juan Pablo II en 1984 junto con los obispos de todo el mundo. Para el próximo acto de consagración de este 25 de marzo, el Vaticano ha hecho pública una oración de consagración especial, y recientemente también se envió una copia de la imagen milagrosa de Fátima a Ucrania, donde fue acogida solemnemente.

 

Cardenal Cantalamessa: “Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo”

3ª predicación de Cuaresma

Predicación del cardenal Cantalamessa, 25 marzo 2022 © Vatican Media

El cardenal Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ha emitido el tercer sermón de Cuaresma, centrado en el tema “Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

El tema de las meditaciones cuaresmales de este año es “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”, una catequesis mistagógica sobre la Eucaristía.

“Dentro de la Misa, la Comunión es el momento que mejor pone de relieve la unidad fundamental de todos los miembros del Pueblo de Dios. Hasta ese momento, prevalece la distinción de los ministerios: en la liturgia de la Palabra, la distinción entre la Iglesia docente y la Iglesia discente; en la consagración, la distinción entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio universal. En la comunión, ninguna distinción”, subrayó el purpurado.

“La Eucaristía que recibe el obispo o el Papa es exactamente la misma que la Eucaristía que recibe el último de los bautizados. La comunión eucarística es la proclamación sacramental de que en la Iglesia la koinonia (comunión eclesial, ndr) precede y es más importante que la jerarquía”, insiste.

A continuación, sigue el texto completo de la 3ª predicación de Cuaresma de 2022, tomada de la página web oficial del cardenal Cantalamessa.

***

En nuestra catequesis mistagógica sobre la Eucaristía —después de la Liturgia de la Palabra y de la Consagración— hemos llegado al tercer momento, el de la Comunión. Dentro de la Misa, la Comunión es el momento que mejor pone de relieve la unidad fundamental de todos los miembros del Pueblo de Dios. Hasta ese momento, prevalece la distinción de los ministerios: en la liturgia de la Palabra, la distinción entre la Iglesia docente y la Iglesia discente; en la consagración, la distinción entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio universal. En la comunión, ninguna distinción. La Eucaristía que recibe el obispo o el Papa es exactamente la misma que la Eucaristía que recibe el último de los bautizados. La comunión eucarística es la proclamación sacramental de que en la Iglesia la koinonia precede y es más importante que la jerarquía.
Reflexionemos sobre la Comunión eucarística a partir de un texto de san Pablo:
El cáliz que bendecimos, ¿no es la comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo? Puesto que sólo hay un pan, nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo: porque todos participamos del único pan (1 Cor 10,16-17).

La palabra “cuerpo” aparece dos veces en los dos versículos, pero con un significado diferente. En el primer caso (“el pan que partimos ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo?”), cuerpo indica el cuerpo real de Cristo, nacido de María, muerto y resucitado; en el segundo caso (“somos un solo cuerpo”), el cuerpo indica el cuerpo místico, la Iglesia. No se podía decir de manera más clara y más sintética que la comunión eucarística es siempre comunión con Dios y comunión con los hermanos; que hay en ella una dimensión, por así decirlo, vertical y una dimensión horizontal. Empecemos por lo primero.

La comunión eucarística con Cristo

Tratemos de profundizar qué tipo de comunión se establece entre nosotros y Cristo en la Eucaristía. En Juan 6,57 Jesús dice: “Así como el Padre, que tiene vida, me envió y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí”. La preposición “por” (en griego, dià) tiene aquí valor causal y final; a la vez un movimiento de origen y un movimiento de destino. Significa que quien come el cuerpo de Cristo vive “de” él, es decir, a causa de él, en virtud de la vida que proviene de él, y vive “de cara a” él, es decir, para su gloria, su amor, su Reino. Así como Jesús vive por el Padre y para el Padre, así, al comulgar en el santo misterio de su cuerpo y de su sangre, vivimos de Jesús y para Jesús.

De hecho, es el principio vital más fuerte quien asimila al menos fuerte a sí mismo, no al revés. Es el vegetal el que asimila el mineral, no al revés; es el animal el que asimila el vegetal y el mineral, no al revés. Así que ahora, en el plano espiritual, es lo divino quien asimila lo humano a sí mismo, no al revés. Así que mientras que en todos los demás casos el que come es el que asimila lo que come, aquí el que se come es el que se asimila a sí mismo lo que come. Al que se acerca a recibirlo, Jesús le repite lo que le dijo a Agustín: “No serás tú quien me asimile a ti, sino que seré yo quien te asimile a mí” .

Un filósofo ateo dijo: “El hombre es lo que come” (F. Feuerbach), queriendo decir que en el hombre no hay diferencia cualitativa entre la materia y el espíritu, sino que todo se reduce al componente orgánico y material. Un ateo, sin saberlo, dio la mejor formulación de un misterio cristiano. ¡Gracias a la Eucaristía, el cristiano es verdaderamente lo que come! San León Magno escribió hace mucho tiempo: “Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo solo tiende a hacernos llegar a ser lo que comemos” .
En la Eucaristía, por lo tanto, no sólo hay comunión entre Cristo y nosotros, sino también asimilación; la comunión no es sólo la unión de dos cuerpos, de dos mentes, de dos voluntades, sino que es la asimilación del único cuerpo, de la única mente y de la voluntad de Cristo. “El que se une al Señor forma con él un solo Espíritu” (1 Cor 6,17).

La analogía de la comida —la de comer y beber—, no es la única que tenemos de la comunión eucarística, aunque sea insustituible. Hay algo que no puede expresar, como no lo puede expresar la analogía de la comunión entre la vid y el sarmiento: son comuniones entre cosas, no entre personas. Comulgan, pero sin saberlo. Me gustaría insistir en otra analogía que puede ayudarnos a comprender la naturaleza de la comunión eucarística en cuanto comunión entre personas que saben y quieren estar en comunión.
La Carta a los Efesios dice que el matrimonio humano es un símbolo de la unión entre Cristo y la Iglesia: “Por ello el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos formarán una sola carne. Este misterio es grande; ¡Y yo refiero a Cristo y a la Iglesia!” (Ef 5,31-33). La Eucaristía —para usar una imagen audaz pero verdadera—, es la consumación del matrimonio entre Cristo y la Iglesia, por lo que a veces digo que una vida cristiana sin la Eucaristía es un matrimonio rato, pero no consumado. En el momento de la comunión, el celebrante exclama: “¡Dichosos los invitados a la cena del Señor!” y el libro del Apocalipsis, de donde se toma la frase, dice más explícitamente: “Dichosos los invitados a la cena nupcial del Cordero” (Ap 19,9).

Ahora bien —siempre según san Pablo— la consecuencia inmediata del matrimonio es que el cuerpo (es decir, toda la persona) del marido pasa a ser de la mujer y, viceversa, el cuerpo de la mujer pasa a ser del marido (cf. 1 Cor 7,4). Esto significa que la carne incorruptible y vivificante del Verbo Encarnado se hace “mía”, pero también mi carne, mi humanidad, se convierte en la de Cristo, es hecha suya por él. En la Eucaristía recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo, pero ¡Cristo también “recibe” nuestro cuerpo y nuestra sangre! Jesús, escribe san Hilario de Poitiers, asume la carne de quien asume la suya . Él nos dice: “Toma, esto es mi cuerpo”, pero nosotros también podemos decirle: “Toma, esto es mi cuerpo”.
Tratemos de entender las consecuencias de todo esto. En su vida terrena Jesús no tuvo todas las experiencias humanas posibles e imaginables. Para empezar, era un hombre, no una mujer: no vivió la condición de la mitad de la humanidad; no estaba casado, no experimentó lo que significa estar unido de por vida con otra criatura, tener hijos o, peor aún, perder hijos; murió joven, no conoció la vejez…
Pero ahora, gracias a la Eucaristía, tiene todas estas experiencias. Vive la condición femenina en las mujeres, la enfermedad en los enfermos, la ancianidad en los ancianos, la precariedad en el emigrante, el terror en el bombardeado… No hay nada en mi vida que no pertenezca a Cristo. Nadie debería decir: “¡Ah, Jesús no sabe lo que significa estar casado, ser mujer, haber perdido un hijo, estar enfermo, ser anciano, ser una persona de color!” Lo que Cristo no pudo vivir “según la carne”, lo vive y “experimenta” ahora como resucitado “según el Espíritu”, gracias a la comunión esponsal de la Misa. Santa Isabel de la Trinidad había comprendido la razón profunda de esto cuando escribió: “La esposa pertenece al esposo. Mi (Esposo) me ha tomado. Quiere ser una humanidad añadida para él”.

¡Qué razón inagotable para el asombro y el consuelo ante la idea de que nuestra humanidad se convierte en la humanidad de Cristo! Pero también ¡qué responsabilidad de todo esto! Si mis ojos se han convertido en los ojos de Cristo, mi boca en la de Cristo, qué razón para no permitir que mi mirada se detenga en imágenes lascivas, a mi lengua que hable contra mi hermano, a mi cuerpo que no sirva como instrumento de pecado. “¿Tomaré, pues, los miembros de Cristo y haré de ellos miembros de una prostituta?”, escribía Pablo a los Corintios (1 Cor 6,15)

Y, sin embargo, eso no es todo; falta la parte más hermosa. El cuerpo de la novia pertenece al esposo; pero también el cuerpo del esposo pertenece a la esposa. Del dar hay que pasar inmediatamente, en la comunión, al recibir. ¡Recibir nada menos que la santidad de Cristo! ¿Dónde se llevará a cabo concretamente en la vida del creyente ese “maravilloso intercambio” (admirabile commercium), de la que habla la liturgia, si no se lleva a cabo en el momento de la comunión?
Allí tenemos la posibilidad de darle a Jesús nuestros trapos sucios y recibir de él el “manto de la justicia” (Is 61,10). De hecho, está escrito que él “por obra de Dios se ha convertido para nosotros en sabiduría, justicia, santificación y redención” (cf. 1 Cor 1,30). Lo que se ha convertido “para nosotros” está destinado a nosotros, nos pertenece. “Puesto que —escribe Cabasilas— pertenecemos a Cristo más que a nosotros mismos, habiéndonos comprado de nuevo a un alto precio (1 Cor 6,20), inversamente lo que es de Cristo nos pertenece más que si fuera nuestro” . Sólo necesitamos recordar una cosa: ¡nosotros pertenecemos a Cristo por derecho, él nos pertenece por gracia!

Es un descubrimiento capaz de dar alas a nuestra vida espiritual. Este es el golpe de audacia de la fe y debemos orar a Dios para que no permita que muramos antes de haberlo realizado.

La Eucaristía, comunión con la Trinidad

Reflexionar sobre la Eucaristía es como ver abiertos de par en par frente a nosotros, a medida que avanzamos, horizontes cada vez más amplios que se abren unos a otros, que se pierden de vista. El horizonte cristológico de la comunión que hemos contemplado hasta ahora se abre a un horizonte trinitario. En otras palabras, a través de la comunión con Cristo entramos en comunión con toda la Trinidad. En su “oración sacerdotal”, Jesús dice al Padre: “Que sean uno como nosotros. Yo en ellos y tú en mí” (Jn 17,23). Esas palabras: “Yo en ellos y tú en mí”, significan que Jesús está en nosotros y que en Jesús está el Padre. No se puede, por tanto, recibir al Hijo sin recibir, con él, también al Padre. Las palabras de Cristo: “El que me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,9) significan también “el que me recibe a mí, recibe al Padre”.
La razón última de esto es que Padre, Hijo y Espíritu Santo son una naturaleza divina única e inseparable, son “una sola cosa”. A este respecto, san Hilario de Poitiers escribe: “Estamos unidos a Cristo, que es inseparable del Padre. Él, mientras permanece en el Padre, permanece unido a nosotros; así también nosotros llegamos a la unidad con el Padre. De hecho, Cristo está en el Padre connaturalmente, en la medida en que fue engendrado por él; pero, en cierto modo, nosotros también a través de Cristo, estamos connaturalmente en el Padre. Él vive en virtud del Padre, y nosotros vivimos en virtud de su humanidad” .
Lo que se dice acerca del Padre también se aplica al Espíritu Santo. En el sacramento se repite cada vez (quotiescunque) lo que sucedió solo una vez (semel) en la historia. En el momento de su nacimiento terrenal, es el Espíritu Santo quien da a Cristo al mundo (¡María concibió por obra del Espíritu Santo!); en el momento de la muerte, es Cristo quien da al mundo el Espíritu Santo (al morir, “entregó el Espíritu”). Del mismo modo, en la Eucaristía, en el momento de la consagración es el Espíritu Santo quien nos da a Jesús (¡es por la acción del Espíritu como el pan se transforma en el cuerpo de Cristo!), en el momento de la comunión es Cristo quien, al entrar en nosotros, nos da el Espíritu Santo.

San Ireneo (¡finalmente Doctor de la Iglesia!) dice que el Espíritu Santo es “nuestra propia comunión con Cristo”. Por usar el lenguaje de un teólogo moderno, Heribert Mühlen, él es la misma “inmediatez” de nuestra relación con Cristo, en el sentido de que actúa como intermediario entre nosotros y él, sin constituir, sin embargo, ningún diafragma; sin que nada esté “en medio” entre nosotros y Jesús, porque Jesús y el Espíritu Santo también son, como Jesús y el Padre, “una sola cosa”. En la comunión Jesús viene a nosotros como quien da el Espíritu. No como quien un día, hace mucho tiempo, dio el Espíritu, sino como quien ahora, habiendo consumado su sacrificio incruento en el altar, de nuevo, “entrega el Espíritu” (cf. Jn 19,30). Todo esto que he dicho sobre la Trinidad y la Eucaristía se resume visualmente en el icono ortodoxo de los tres Ángeles alrededor del altar. Toda la Trinidad nos da la Eucaristía y se nos da en la Eucaristía. La Eucaristía no es sólo nuestra Pascua cotidiana; ¡también es nuestro Pentecostés cotidiano!

La comunión de uno con el otro

Desde estas alturas vertiginosas, volvamos ahora a la tierra y pasemos a la segunda dimensión de la comunión eucarística: la comunión con el cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Recordemos las palabras del apóstol: “Puesto que sólo hay un pan, nosotros, aun siendo muchos, somos un solo cuerpo: porque todos participamos en el único pan”.

Desarrollando un pensamiento ya esbozado en la Didachè, san Agustín ve una analogía en la forma en que se forman los dos cuerpos de Cristo: el eucarístico y el eclesial. En el caso de la Eucaristía, tenemos el trigo primero disperso en las colinas, que trillado, molido, amasado en agua y cocinado en el fuego se convierte en el pan que llega al altar; en el caso de la Iglesia, tenemos la multitud de personas que reunidas por la predicación evangélica, molidas por el ayuno y la penitencia, amasadas en agua en el bautismo y cocinadas por el fuego del Espíritu, forman el cuerpo que es la Iglesia.

En este sentido, la palabra de Cristo viene inmediatamente a nuestro encuentro: “Si, por lo tanto, presentas tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano, y luego vuelve a ofrecer tu don” (Mt 5,23-24). Si vas a recibir la comunión, pero has ofendido a un hermano y no te has reconciliado, albergas resentimiento, te pareces —decía también san Agustín al pueblo— a una persona que ve llegar a un amigo que no ha visto hace años. Corre a su encuentro, se levanta sobre la punta de los pies para besarlo en la frente… Pero al hacer esto no se da cuenta de que está pisando sus pies con zapatos con púas . Los hermanos y hermanas son los pies de Jesús que todavía camina por la tierra.

Comunión con los pobres

Esto es especialmente cierto respecto de los pobres, los afligidos y los marginados. El que dijo del pan: “Esto es mi cuerpo”, también lo dijo del pobre. Lo dijo cuando, hablando de lo que hizo por el hambriento, el sediento, el prisionero y el desnudo, declaró solemnemente: “¡A mí me lo hicisteis!” Esto es como decir: “Yo era el hambriento, yo era el sediento, yo era el extranjero, el enfermo, el prisionero” (cf. Mt 25,35ss.). He recordado en otras ocasiones el momento en que esta verdad casi explotó dentro de mí. Estaba en una misión en un país muy pobre. Cruzando las calles de la capital vi por todas partes niños cubiertos con unos pocos trapos sucios, corriendo detrás de los camiones de basura para buscar algo de comer. En cierto momento fue como si Jesús me dijera: “Mira bien: ¡eso es mi cuerpo!”. Había que tener cortada la respiración.
La hermana del gran filósofo creyente Blaise Pascal refiere este hecho sobre su hermano. En su última enfermedad, no lograba retener nada de lo que comía y, por esto, no le permitían recibir el viático que pedía insistentemente. Luego dijo: “Si no podéis darme la Eucaristía, al menos dejad entrar a un pobre en mi habitación. Si no puedo comulgar con la Cabeza, quiero al menos comulgar con su cuerpo”.

El único impedimento para recibir la comunión que san Pablo menciona explícitamente es el hecho de que, en la asamblea, “uno tiene hambre y otro está borracho”: “Por lo tanto, cuando os reunáis, vuestra comida ya no es un comer la Cena del Señor. Porque cada uno, cuando estáis a la mesa, comienza a tomar su propia comida, y así uno tiene hambre, el otro está borracho” (1 Cor 11,20-21). Decir “esto no es comer la Cena del Señor” es como decir: ¡la vuestra ya no es una verdadera Eucaristía! Es una afirmación fuerte, incluso desde un punto de vista teológico, a la que quizás no prestamos suficiente atención.

A día de hoy, la situación en la que uno tiene hambre y otro estalla con comida ya no es un problema local, sino mundial. No puede haber nada en común entre la Cena del Señor y el almuerzo del rico epulón, donde el dueño festeja abundantemente, ignorando al pobre que está fuera en la puerta (cf. Lc 16,19ss.). La preocupación por compartir lo que tenemos con los necesitados, cercanos y lejanos, debe ser parte integral de nuestra vida eucarística.

No hay nadie que, si lo desea, no pueda, durante la semana, realizar uno de esos gestos de los que Jesús dice: “Me lo hicisteis a mí”. Compartir no significa simplemente “dar algo”: pan, ropa, hospitalidad; también significa visitar a alguien: un prisionero, una persona enferma, un anciano solo. No es solo dar el propio dinero, sino también el propio tiempo. El pobre y el que sufre necesitan solidaridad y amor, no menos que pan y ropa, sobre todo en este tiempo de aislamiento impuesto por la pandemia.

Jesús dijo: “Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre” (Mt 26,11). Esto también es cierto en el sentido de que no siempre podemos recibir el cuerpo de Cristo en la Eucaristía e incluso cuando lo recibimos, dura solo unos minutos, mientras que siempre podemos recibirlo en los pobres. Aquí no hay límites, solo se requiere que lo queramos. Siempre tenemos a los pobres a mano. Cada vez que nos encontremos con alguien que sufre, especialmente si se trata de ciertas formas extremas de sufrimiento, si estamos atentos, escucharemos, con los oídos de la fe, la palabra de Cristo: “¡Esto es mi cuerpo!”.
¡Que Dios nos ayude a no volver la cabeza hacia otro lado!

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

1.Cf. SAN AGUSTÍN, Confesiones VII, 10.
2.SAN LEÓN MAGNO, Sermón 12 sobre la Pasión, 7: CCL 138A, 388.
3.SAN HILARIO DE POITIERS, De Trinitate, 8, 16 (PL 10, 248): “Eius tantum in se adsumptam habens carnem, qui suam sumpserit”.
4.SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD, Carta 261, a la madre, en Scritti (Roma 1967) 457.
5.N. CABASILAS, La vida en Cristo, IV, 6: PG 150, 613.
6.SAN HILARIO, De Trinitate, VIII, 13-16: PL 10, 246ss.
7.SAN IRENEO, Adversus haereses, III, 24, 1.
8.Cf. SAN AGUSTÍN, Comentario a la Primera Carta de Juan, 10,8.
9.Vida de Pascal, en B. PASCAL, Oeuvres complètes (París 1954) 3ss.

 

Implicaciones éticas para el cuidado de pacientes que no responden

Obervatorio de Bioética – UCV

Enfermo © Unsplash. Olga Kononenko

El doctor Julio Tudela Cuenca, del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, ofrece este artículo titulado “Cuando el nivel de consciencia está comprometido: Implicaciones éticas para el cuidado de pacientes que no responden”.

***

Un reciente artículo, publicado en la prestigiosa revista científica BMC Medical Ethics, analiza la importante cuestión de la evaluación del nivel de consciencia en pacientes que sufren trastornos a este nivel, lo que supone un urgente desafío para su atención, acompañamiento y cuidado.

La evaluación de la consciencia en personas con discapacidad verbal o conductual, como, por ejemplo, pacientes con trastornos de la consciencia, implica tanto cuestiones éticas como asistenciales, en el difícil ámbito de la atención de personas con graves limitaciones para comunicarse, percibir, localizarse, interpretar e integrar la realidad.

La tasa de diagnósticos erróneos entre los trastornos de la consciencia plantea la necesidad de nuevas perspectivas para inspirar nuevos enfoques diagnósticos, técnicos y clínicos.

Las características de la consciencia, sobre las que se propone la evaluación de sus trastornos, podrían definirse como:

1.- Riqueza cualitativa: los pacientes con trastornos de la consciencia pueden ser incapaces o solo parcialmente capaces de experimentar la visión, el sonido, el olfato, el gusto, el tacto, el placer o el dolor.

2.- Situación: la localización espacio-temporal podría ser cambiante y discontinua, como en la experiencia del sueño o los estados de conciencia alterada, como la autoscopia (verte a ti mismo en un lugar diferente de donde está tu cuerpo), experiencia fuera del cuerpo (experimentar el mundo desde un lugar fuera de su cuerpo), visión ciega tipo II (tener la sensación de percepción no visual), pérdida de la individualidad o efectos semejantes a los producidos por el anestésico ketamina, que incluyen alucinaciones, flashbacks, y alteración de la atención y la memoria. Además, la experiencia corporal podría reformularse por deterioro cerebral, y esto podría afectar a la consciencia.

3.- Intencionalidad: las experiencias pueden ser preservadas sobre la posible consciencia residual, aunque posiblemente desconectadas de una habilidad estable para referir esas experiencias.

4.- Integración: la totalidad de una percepción consciente podría estar comprometida, así como los diferentes elementos de una escena y sus diferentes niveles de detalle.

5.- Dinámica y estabilidad: el procesamiento consciente residual puede ser muy inestable sin ninguna capacidad para la estabilización, a diferencia de los estados de conciencia normal. Tanto la cantidad como la dinámica de estímulos sensoriales se reducen drásticamente en los trastornos de conciencia.

Los autores afirman que, tomando como punto de partida esta lista recientemente introducida de indicadores operativos de consciencia que facilita su reconocimiento en casos desafiantes como el de animales no humanos e Inteligencia Artificial, han explorado su relevancia en los trastornos de la consciencia y su impacto ético potencial en el diagnóstico y la atención médica de los pacientes afectados. Los indicadores de consciencia implican capacidades particulares que pueden deducirse de la observación del comportamiento o la capacidad cognitiva del sujeto en cuestión. Aunque no permitan definir un umbral estricto para decidir sobre la presencia de consciencia, pueden usarse para inferir una medida gradual basada en la consistencia entre los diferentes indicadores.

Los indicadores de consciencia bajo consideración ofrecen una estrategia potencialmente útil para identificar y evaluar la consciencia residual en pacientes con trastornos de la conciencia, estableciendo el escenario teórico para la evaluación de la operatividad y cuantificación de la actividad cerebral relevante.

El trabajo concluye que el análisis heurístico realizado apoya la conclusión de que la aplicación de los indicadores de consciencia identificados probablemente inspirará nuevas estrategias para evaluar tres problemas muy urgentes: el diagnóstico erróneo de trastornos de la consciencia; la necesidad de un estándar de referencia para detectar la consciencia y diagnosticar sus trastornos y la necesidad de una taxonomía refinada de los trastornos de la consciencia.

Julio Tudela Cuenca

Observatorio de Bioética

 

Isabel Tocino: los Consejos frente a un mundo en construcción

Vivimos un presente de disrupción, precedido de dos décadas de tsunamis que han cambiado por completo la fisionomía y la lógica del mundo del siglo XX. Desde el tsunami digital del cambio de siglo hasta el ocasionado por la pandemia, el siglo XXI ha sido especialmente prolijo en situaciones de convulsión. Crisis financieras, actividad inusitada del terrorismo musulmán o el desastre de Fukushima ponen a las empresas ante un entorno inestable e impredecible. Los Consejos de Administración adquieren en estas circunstancias un renovado protagonismo.

Estas son algunas de las reflexiones que nos ofreció Isabel Tocino el pasado 16 de marzo en el IESE. Su análisis del nuevo papel que deben desempeñar los Consejos ante este mundo en construcción parte de una descripción certera de las variables geoestratégicas que dibujan hoy la realidad del mundo. Frente a ella, las empresas deben asumir la disrupción y hacer frente a los nuevos requerimientos en materia de criterios ESG, es decir, factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo.

La presencia de las mujeres en los Consejos es una tendencia al alza y muy necesaria. Las consejeras aportan la diversidad de perspectiva imprescindible y están más preparadas que nunca. Los nuevos retos en materia de ESG requieren para su abordaje una perspectiva a la vez amplia y rigurosa. La gestión interna del talento o la salud de los empleados están ahora en la cuenta de resultados. Los consejeros y consejeras independientes, libres de la presión del día a día, deben liderar la labor de analizar permanentemente el entorno, descubrir tendencias y analizar las políticas y estrategias de la empresa a la luz de los nuevos criterios ESG.

El protagonismo y la relevancia de los criterios ESG en el mundo empresarial y financiero ha sido el tema central de otra sesión celebrada en el IESE dos semanas antes de la visita de Isabel Tocino. El día 8 de marzo, tres profesores del IESE (Miguel Angel Ariño, Antonio Argandoña y yo misma) protagonizaron una mesa redonda, moderada por el profesor John Almandoz, en la que se abordó esta cuestión desde diferentes perspectivas, teniendo como hilo conductor el modelo de acción humana y toma de decisiones de Juan Antonio Perez Lopez. Os dejamos aquí el link al video de esta sesión, de enorme interés y calado.

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En el dolor siempre hay un guiño de gozo

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Debemos tener claro que el gozo no siempre es inmediato, a veces es necesario padecer mucho para obtener un gozo mayor de cada situación.

Nuestra vida está marcada por el dolor y el gozo, que son sentimientos que parecen opuestos, pero que en realizad pueden ser complementarios ya que después de un gran dolor, Dios nos concede un guiño de gozo y paz.

El mundo se convulsiona por el dolor que nos causa la guerra y la violencia que aqueja a nuestros pueblos y a nosotros nos es difícil encontrar ese guiño de gozo, pero debemos estar atentos y con el corazón dispuesto a recibirlo por medio de los acontecimientos cotidianos. Pero, ¿qué gozo nos puede traer la guerra? Por lo pronto, el de unirnos en oración para consagrar a esos pueblos en guerra y al mundo entero al Inmaculado Corazón de María.

El cuarto domingo de cuaresma, Laetare o de la alegría, nos lo recuerda ya que la liturgia nos dice: Alégrate, oh Jerusalem, porque ya viene tu salvación.

Debemos tener claro que el gozo no siempre es inmediato, a veces es necesario padecer mucho para obtener un gozo mayor de cada situación.

Lo importante es que nosotros sepamos darle un sentido trascendente al dolor ofreciéndolo a Dios, uniéndolo a su pasión y cruz, así logramos que tenga una dimensión corredentora, por eso aquí te dejo mis 5tips para enseñarle a nuestros hijo a ver la alegría en el dolor.

PRIMERO. Que aprendan a ofrecer los pequeños dolores cotidianos.
La sociedad nos invita a la cultura del descarte donde lo que no sirve o no nos gusta lo debemos tirar a la basura; pero en la realidad las cosas no son así.

En nuestras familias, debemos generar un cambio cultural y regresar a aceptar las pruebas y el dolor con alegría, sabiendo que si lo ofrecemos puede traer grandes beneficios a nosotros y a nuestra familia.

Para ofrecerlos solo es necesario que hagan una pequeña oración diciéndole a Dios que tome su dolor y lo una al que sufrió Él en la cruz.

SEGUNDO. Que sepan ser empáticos con el dolor del prójimo.
Cuando quien está sufriendo no somos nosotros sino nuestro hermano, mamá o papá, a veces nos cuesta trabajo comprenderlo y queremos que todo suceda normalmente, pero es necesario enseñar a nuestros hijos a que cuando alguien más sufre podemos sufrir con él y hacerle más llevadero ese dolor.

No me refiero a provocarnos a nosotros el mismo dolor que el de prójimo, sino que podemos ponernos en sus zapatos y tratar de sentir lo que ellos sienten para ser prudentes, para tratar de hacerle menos pesado ese dolor y buscar hacerle la vida fácil en la medida de nuestras posibilidades.

Esto lo podemos practicar cuando alguien de la familia está sufriendo y dejando que nuestros hijos les hagan cartitas, dibujos, detalles y hasta que los cuiden un ratito, claro, siempre de acuerdo a su madurez y edad.

A veces un abrazo sana más que todas las medicinas del mundo.

TERCERO. Que practiquen la paciencia cuando hay dolor.
Ya sea que quienes sufren sean ellos o que alguien más, la paciencia debe ser la virtud primordial, ya que cuando hay mucho dolor las formas de comportarse se modifican y nos volvemos bruscos y poco tolerantes.

Es necesario ir entrenando nuestra voluntad para lograr que no sea modificada por el dolor o el gozo extremos y para eso debemos auxiliarnos de la paciencia.

Las obras de misericordia nos lo recuerdan al pedirnos que suframos con paciencia los defectos de los demás y que cuidemos a los enfermos.

CUARTO. Que el dolor no sea un estado de vida.
Una de mis hijas me dijo que es muy fácil caer en un estado de ánimo depresivo cuando hay dolor o sufrimiento en nuestra vida y que debemos contrarrestarlo a toda costa ya que no podemos permitir que se vuelva un estilo de vida, donde nos volvemos víctimas de ser dolor o sufrimiento.

Es necesario vivir alegres y encontrar el lado bueno de cada circunstancia por más dolorosa que sea, así cambiará nuestra mentalidad y podremos ver esos guiños de gozo que Dios nos manda en medio del dolor.

Esto no quiere decir que no haya momentos de tristeza o de dolor extremos, pero que no sean los que determinen nuestra vida porque mientras tengamos vida, debemos estar alegres por ese gran don.

Y QUINTO. Que el dolor nos lleve a la oración.

En todo morenito y circunstancia debemos acudir a la oración, a ese dialogo intimo con Dios para poder soportar con paciencia y alegría las pruebas, a veces difíciles y otras no tanto.

La oración nos permite ofrecer lo que estamos viviendo y sintiendo y también nos deja escuchar la voz de Dios para comprender por qué o para qué estamos pasando por esa situación dolorosa y así poder ofrecerla con amor a Dios.

Un pensamiento, una frase sencilla, una jaculatoria son suficientes para comenzar nuestra oración que después podemos hacer todo un estilo de vida y que además podemos educar a nuestros hijos conforme a él.

Hoy levanto una oración para que en cada circunstancia dolorosa que se presente en tu vida, puedas siempre encontrar ese guiño de gozo con el que Dios te acaricia para que siempre seas feliz, con esa alegría que dura porque está basada en Dios.

 

 

Mujer, mujer

Ana Teresa López de Llergo

Mar 23, 2022

“Una mujer como símbolo de Ucrania, una mujer como aquella que toma sobre sí esa carga indecible de la guerra, una mujer que en medio de un mar de muerte vela sobre la vida, una mujer que defiende y construye el porvenir”.

Las cartas diarias desde que inició la guerra en Ucrania, de su beatitud Sviatoslav Schevchuk, arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica ucraniana, serán un relato histórico valiosísimo de este episodio tan tremendamente injusto para esa nación. Y a la vez la manifestación del desempeño de un pastor cercano a sus ovejas y dolido por el mal trato que sufren.

En una de sus cartas habla del desempeño de la mujer ucraniana y textualmente la califica como “símbolo de esperanza, de intrepidez, de la victoria de la vida sobre la muerte”, y por esta razón Ucrania quedará en pie a pesar de circunstancias tan injustas e inhumanas por las que atraviesa.

Esta afirmación aparece en la cuarta semana de la agresión en donde los destrozos aparecen en todos los sitios, las pérdidas son una realidad y el sufrimiento imparable, pero la población se mantiene en pie de lucha y allí también emerge la figura femenina. Ellas y ellos son unos patriotas y no esquivan ni se lamentan ante el papel que les corresponde desempeñar.

Así lo expresa: “Una mujer como símbolo de Ucrania, una mujer como aquella que toma sobre sí esa carga indecible de la guerra, una mujer que en medio de un mar de muerte vela sobre la vida, una mujer que defiende y construye el porvenir”.

Este testimonio es de un pastor de la Iglesia, cercano a su gente, sin ambiciones políticas. Simplemente habla con la verdad. Tampoco los demás somos ingenuos y no podemos excluir problemas sociales, injusticias, ilícitos, como desgraciadamente los hay en todas partes. Sin embargo, en el momento de dar la vida por la patria, todos lo están demostrando.

Es pasmosa la unanimidad de las demás naciones ante este ejemplo heroico. El presidente en pie de guerra, al frente de su pueblo, coordinando acciones y buscando en el exterior la ayuda que necesita. Ha tomado decisiones muy exigentes. Pidió a varones desde los 18 años hasta los 60 permanecer en Ucrania para defenderla.

Ni las madres, ni las esposas se rebelaron. Incluso muchas que pudieron salir de su país, así como varones de mayor edad se han quedado para unirse a la lucha. Ese es amor a la patria llevado al extremo porque la muerte es lo más próximo.

Esta guerra tan injusta y un pueblo tan heroico han sacado de los demás sus mejores sentimientos. La ayuda también es ejemplar.

Pero volvamos a las mujeres, el presente es muy duro y el futuro tal vez no llegue. Y así asumen lo que les corresponde. Son mujeres, muy mujeres que impulsan a hombres, muy hombres. Por eso ellas, en momentos tan dramáticos, con su postura facilitan la esperanza. Sobre todo por el buen ejemplo a la niñez.

A pesar de la desigualdad de los contendientes, Ucrania sigue en pie. Esta página de la historia que pudo ser un caos, un desigual enfrentamiento donde se pensó desaparecer a una de las partes, ésta mostró su temple y lo sigue mostrando. Este suceso termine como termine ya queda como uno de los más ejemplares para la humanidad.

Ese pueblo queda escrito con letras de oro, hasta ahora sigue erguido, sigue luchando. Y las mujeres luchan también desde los refugios o en el exilio. Cuidan a los ancianos, cuidan a los niños, amamantan a los bebés. Son fuertes con la fortaleza que da el cuidado de la vida humana.

También algunas luchan en el ejército, otras enfermeras y doctoras multiplican sus cuidados.

Es un mosaico de escenas tremendas, despojadas de su tierra, de su hogar. Otra con sus hijos pequeños sale al extranjero para sobrevivir. Y otra, y otra, y muchas más…

No a la guerra, no a las consecuencias nefastas de la guerra. Nunca más la guerra…

Pero la insensatez, el orgullo, el afán de dominio y de poder es tan grande que hoy lo estamos palpando.

¿Aprenderemos algún día?

Mientras tanto, el futuro está en las manos de la mujer.

 

Tener un hijo Down es realmente algo especial para una familia

Colaboración FamilyandMedia 


Familia Pereira Martínez - La Revista de las Familias Numerosas

El 21 de marzo es el Día Internacional del Síndrome de Down una ocasión para recordar bonitas historias como esta de Carmen y Guillermo, quienes siempre tuvieron claro que querían tener una familia numerosa, lo que no estaba en sus planes era que su primer hijo naciera con Síndrome de Down. 

Ambos pasaron una infancia feliz rodeados de hermanos y querían que sus hijos pudieran también disfrutar de la riqueza de las familias grandes. Fue así como planearon su primer hijo que nació con Síndrome de Down, pero este hecho, que al principio recibieron “con cierta amargura”, ha aportado un montón de cosas positivas a la familia, una armonía y una felicidad que se nota a la legua.

¿Sería feliz como los otros o sufriría por su condición? Como cada pareja que se encuentra en esta situación, también Carmen y Guillermo tuvieron muchos dudas y preocupaciones. Temores, miedo a sentirse separados del resto del mundo, la sensación que nada sería como antes, o que los otros les evitarían. Pasado el primer momento de miedo natural, la joven pareja tomó fuerza, aceptando este nacimiento con alegría y convicción. Habían entendido que en realidad sus preocupaciones nacían del miedo a lo desconocido.

La crianza de un hijo con síndrome de Down: entre desafíos y satisfacciones

Y su vida desde ese día cambió realmente. Guillermo portó a casa alegría, cohesión, juego, diálogo, amor. Pero sobre todo ha enseñado a sus padres lo más importante, saber mirar siempre adelante. Cierto, no todo es sencillo. El pequeño Guillermo requiere muchos cuidados, una buena dosis de paciencia en ciertos casos, atenciones especiales, pero el amor y la sonrisa con la que corresponde a sus padres paga cada esfuerzo y fatiga. Tener un hijo con síndrome de Down es realmente algo especial para una familia. Lleva gran alegría y unión entre hermanos y padres. Todos se hacen más empáticos, sensibles y tolerantes hacia el prójimo. Pero sobre todo más equilibrados, porque se aprende a entender cuáles son los problemas y dificultades reales en la vida.

¿Pero cuál es el secreto para criar a un niño con síndrome de Down? Todos los expertos están de acuerdo al afirmar que ¡lo primero es el amor! Quien tiene ese síndrome es antes que nada una persona como las otras, que necesita, para su propio desarrollo, de la bondad, afecto, educación a los valores y relaciones sociales como cualquier otro niño. Carmen y Guillermo creen que tener un hijo con esa minusvalía ha unido aún más su familia. Los otros se han hecho menos egoístas y más empáticos y entienden mejor al hermano que tiene el problema. Y entonces es apropiado decir que las satisfacciones superan los sacrificios.

 

 

El sexo salvaje y el género quieren destruir la familia y crear un nuevo orden mundial

Con todo lo que agrede a los niños mediante los medios de comunicación social, Internet y la educación sexual obligatoria que es impartida en los colegios, es difícil para los niños convertirse en adultos maduros, es decir, en grado de asumir la responsabilidad de ser madres y padres.

Gabriele Kuby, antigua militante de la ideología de la Revolución de la Sorbonne en 1968, hoy denuncia las estrategias anti-familia del poder político y económico

Entrevista a Gabriele Kuby, autora de “Gender Revolution”

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Gabriele Kuby, antigua militante de la ideología de la Revolución de la Sorbonne en 1968, hoy denuncia las estrategias anti-familia del poder político y económico

La alemana Gabriele Kuby, nacida en Constanza en 1944, es por formación socióloga y autora de ensayos dedicados a la educación y a la sexualidad.

Comprometida durante mucho tiempo con los movimientos estudiantiles alemanes que surgieron en el ‘68, Gabriele Kuby se convirtió a la fe católica y entró en la Iglesia, recibiendo el sacramento del bautismo el 12 de enero de 1997, a los 53 años.

Su primer libro (Mein Weg zu Maria – Von der Kraft lebendigen Glaubens, Mi camino hacia María – Sobre la fuerza de la fe viva) ha sido un éxito de ventas.

Como publicista concentra su interés en los callejones sin salida que ha tomado la sociedad moderna, indicando que la verdadera vía se halla en una nueva conciencia de la experiencia cristiana.

Su único libro publicado en Italia es “Gender Revolution. Relativismo en acción” (Cantagalli 2008) y representa un grito de alarma dirigido a todos los Estados miembros de la Unión Europea: en cada ámbito del vivir público hay que reconocer como fundamento de la familia la diferencia sexual entre hombre y mujer.

Su último libro publicado en Alemania hace un año es: “La revolución sexual global. Destrucción de la libertad en nombre de la libertad”.

“Era el 31 de septiembre de 2012 – recuerda Gabriele Kuby – cuando tuve el privilegio de entregar personalmente una copia del libro a Benedicto XVI, y para mí fue un gran estímulo oírle decir “Damos gracias a Dios por lo que dice y escribe”“.

-Señora Kuby, partamos de su último libro denuncia: ¿cuál es el motivo que la impulsó a escribirlo?

Está prohibido prohibir, fue uno de los lemas de la Revolución de la Sorbonne

-La constatación de que la liberalización de las normas sexuales representa la línea del frente de la moderna batalla cultural.

“Yo pertenezco a la generación del ‘68 y participé activamente en ese movimiento. Después de mi conversión se me cayeron las vendas de los ojos.

“Y después del libro de 2006, dedicado a la revolución del “gender”, continué recogiendo material; seguidamente sentí la necesidad de presentar la evolución de esta ideología, porque todos perciben los efectos del vuelco de los valores, como la destrucción de la familia, pero son pocos los que son conscientes que detrás de este vuelco se esconde una estrategia de las élites de poder, desde la ONU a la Unión Europea, pasando por las altas finanzas.

-Por tanto, ¿cuál es el mensaje que quiere transmitir?

La desregulación de las normas sexuales conduce a la destrucción de la cultura. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 establece que la familia es el núcleo de la sociedad y que necesita una reglamentación moral para existir.

“Con todo lo que agrede a los niños mediante los medios de comunicación social, Internet y la educación sexual obligatoria que es impartida en los colegios, es difícil para los niños convertirse en adultos maduros, es decir, en grado de asumir la responsabilidad de ser madres y padres.

Demolición moral e institucional de la Familia

-¿Por qué en el subtítulo del libro ha elegido poner el acento sobre la libertad, o mejor, sobre la obra destructiva que se está realizando en su nombre?

La exaltación filosófica del individualismo que tuvo lugar en el tiempo de la Ilustración y las dictaduras que se impusieron en el siglo XX han llevado a considerar como valor más importante la libertad o, mejor, la libertad absoluta, que sin embargo en nuestro mundo, tan condicionado como está por los límites, no existe. La desregulación de las normas sexuales se transmite hoy al ser humano como parte de esa libertad.

“Pero, ¿qué sucede en realidad cuando el impulso sexual ya no se controla? Que el otro es considerado simplemente como objeto de la propia satisfacción sexual. El dato según el cual en nuestra sociedad una chica sobre cuatro y un chico sobre diez sufre de abusos sexuales muestra lo que ocurre como consecuencia del hecho de que ya no se enseñe el autocontrol.

El caos social que se deriva de ello precisa un siempre mayor control por parte del Estado; y una situación de este tipo lleva a la tiranía, algo que ya había indicado Platón en su República hace 2.400 años.

Un mundo feliz, nos describe una humanidad cínica, saludable y avanzada tecnológicamente, donde la guerra y la pobreza han sido erradicadas. Estos logros, se han alcanzado eliminando la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

-¿Por qué en su libro cita a menudo la novela de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, publicado en 1930?

-Es fascinante leer hoy esa obra profética, en la cual los hombres son producidos en laboratorio y formados mediante los medios de comunicación y los psicofármacos para ser felices, los niños se divierten con el sexo como los adultos y todo es controlado por “Ford”, “nuestro Señor”.

“Originariamente Huxley había pensado que su “fantasía” se realizaría en unos 600 años, pero ya en 1949 ese futuro se había reducido en un centenar de años. Entonces no era posible todo lo que está permitido hoy (selección prenatal, úteros de alquiler, manipulación genética, progenitor 1 y progenitor 2), pero Huxley era muy consciente de que la verdadera revolución sucede en el corazón y en la mente de la persona.

-¿Cuáles son, en su opinión, los motivos de la crisis de nuestra civilización?

El salto definitivo fue la revolución cultural del ‘68. Promovida por estudiantes aburridos e hijos de la burguesía. Esa revolución se fundaba en tres impulsos: esos jóvenes se dejaron seducir por las teorías marxistas (a pesar del Muro de Berlín y de los tanques soviéticos en Praga contra la democracia); en segundo lugar, el feminismo radical, que tenía que liberar a la mujer de la “esclavitud de la maternidad” (son palabras usadas por Simone de Beauvoir); el tercer impulso era el de la “liberación sexual”.

“Las palabras de orden a este propósito eran: cuando tu sexualidad sea “liberada”, es decir, cuando hayas abatido cualquier tipo de condicionamiento moral, entonces podrás construir una sociedad libre de la opresión.

“Esa generación, la mía, al ver fracasado el intento de implicar al “proletariado”, llevó a cabo una verdadera y propia “marcha dentro de las instituciones”, tanto que, lo que ayer era un movimiento de oposición, hoy representa la política oficial de las grandes organizaciones internacionales, de muchos gobiernos nacionales, no solo de izquierdasY los medios de comunicación que determinan la cultura dominante siguen esta “agenda”.

-Otra referencia interesante para sus valoraciones ha sido el libro de la estudiosa belga Marguerite A. Peeters, La globalización de la revolución cultural occidental

– No solo interesante, sino fundamental, porque me ha abierto los ojos. Por mi parte me he concentrado en el nudo de la cuestión: la desregulación de las normas morales que regulan la sexualidad. La revolución sexual global es promovida por las élites en el poder. Ya he nombrado a la ONU y a la Unión Europea, pero con ellas se debe entender toda la red de impenetrables suborganizaciones: de éstas forman parte grupos industriales globalizados, grandes fundaciones como Rockefeller y Guggenheim, personas muy ricas como Bill y Melinda Gates, Ted Turner y Warren Buffett, o grandes ONG como la International Planned Parenthood Federation y la Unión Internacional de Lesbianas y Homosexuales (ILGA). Todos estos sujetos trabajan en los niveles superiores de la sociedad y tienen a su disposición enormes recursos económicos.

“Y todos tienen un interés común: reducir el crecimiento de la población en este planeta. El aborto, el control de la natalidad mediante los anticonceptivos, la destrucción de la familia: todo esto sirve a su objetivo, que es la creación de un nuevo orden mundial.

-¿Cuál es, por tanto, el papel del “Gender Mainstreaming” en este contexto “revolucionario” globalizado?

El objetivo es la superación de la “heterosexualidad forzada” y la creación de un hombre nuevo, al cual dejar la libertad de elección y gozar de la propia identidad sexual independientemente de su sexo biológico.

El concepto de “Gender” presupone que cualquier orientación sexual – heterosexual, homosexual, bisexual y transexual – es equivalente y debe ser aceptada por la sociedad. El objetivo es la superación de la “heterosexualidad forzada” y la creación de un hombre nuevo, al cual dejar la libertad de elección y gozar de la propia identidad sexual independientemente de su sexo biológico.

Quien se contraponga a esto, ya sean personas individualmente o estados, es discriminado como “homófobo”Se trata de un ataque mundial al orden de la creación y, por ende, a toda la humanidad. Esto destruye el fundamento de la familia y, de este modo, entrega a los déspotas de turno la persona, que ya no consigue reconocerse hombre o mujer.

-En su último libro ataca duramente la pornografía y a quien la tolera.

-Sí, porque la pornografía es una droga y como tal crea dependencia. Una droga que destruye la capacidad de amar y de asumir la responsabilidad de ser padre y madre.

“Además, constituye un plano inclinado en el cual es fácil resbalar hacia ese abismo de la criminalidad sexual que acaba implicando también a los niños y a los muy jóvenes. En el caso de Alemania, existen datos alarmantes: el 20 por ciento de los jóvenes entre los 12 y los 17 años “consumen” diariamente pornografía, el 42 por ciento al menos una vez a la semana. ¿Qué personas podrán formarse en estas condiciones? Y es difícil entender el motivo por el cual la Unión Europea se demuestra tan agresiva contra el tabaco y no hace nada para impedir el embrutecimiento provocado por la pornografía.

-En esta situación de “revolución sexual global”, ¿cuál es la tarea de los cristianos?

-Se trata, obviamente, de un tema que concierne a cada uno de nosotros. Nos guste o no, debemos ante todo poner orden en nuestra vida sexual, para que así la vocación humana esté a la altura del verdadero amor, el amor que da la felicidad. Si no es así, no será posible ni tan siquiera encontrar las motivaciones para enfrentarse a una batalla de este tipo, que es por la dignidad del hombre, por la familia, por nuestros hijos, por el futuro.

Vito Punzi 

 

Paganismo sombrío de la masa, alegría cristiana del pueblo

Proletarios soviéticos en un mitin

Dos ambientes populares, dos formas de existencia, dos concepciones del trabajo. De un lado, el contenido de vida tranquilo y digno, el ambiente modesto pero lleno de temperante lozanía, la concepción bautizada y afable del trabajo cristiano. Por otro lado, la vida opresiva y agotadora, el ambiente saturado de egoísmo y de odio, la concepción materialista, brutal y mecánica del trabajo pagano.

Los rostros, en sus detalles, varían casi al infinito; las expresiones fisonómicas no. Se diría que un solo deseo, una sola preocupación, un solo estado de espíritu domina a esta multitud.

«Domina» es, en el caso, una expresión insuficiente. Se trata de un «dominar» tan radical, tan esclavizante, que esas almas parecen vacías de cualquier otro ideal o sentimiento.

Si es que se puede hablar de ideal o de sentimiento, cuando se analizan almas así. ¿Fuera del instante en que fueron fotografiados, cómo viven estos hombres? ¿En qué creen? ¿A quién dan su amistad? ¿Tienen una esposa? ¿Juegan con niños en el hogar? ¿Amparan a un padre viejo, una madre enferma? ¿Les gusta la música, o la lectura, o los paseos? En fin, ¿tienen algo en la vida en que se complacen? ¿Piensan a veces, al menos, que esta existencia es transitoria, y que además de la muerte los aguarda la justicia y la misericordia de Dios?

Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes

Si algo de eso les sucede, parece ser de modo muy fortuito, pues no deja en estas fisonomías cualquier vestigio. Son hombres de acero, sin alma ni corazón, tan fríos, tan impersonales, y mejor diríamos tan inhumanos, como las máquinas en Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferenteslas que trabajan, y de las cuales son meros accesorios. Su condición común es la de trabajar. Pero el trabajo que ejecutan es pagano, opresivo, sin intersticios ni lenitivo. Su preocupación es trabajar para vivir una vida en que todo no es sino trabajo.

¿Esclavos? Sí. Proletarios soviéticos en un mitin… El reino del odio y del demonio en la tierra.

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Chinon, Departamento de Indre-et-Loire, Francia. Fondo de cuadro popular y ameno. Caserío modesto, variado y pintoresco, cuadro normal de una existencia afable, íntima y sin pretensiones. Existencia frugal de trabajadores, por cierto. Pero trabajadores cristianos para los que el trabajo no es sino una condición para vivir, y el sentido profundo de la vida es el cultivo de los valores del espíritu, con vistas al Cielo.

La calle tiene la soledad de los amenos descansos dominicales. Un cortejo nupcial le da un aire festivo, y por así decir la ilumina entera con las castas y despreocupadas alegrías del ambiente de familia.

En el primer plano una persona, apoyada en un bastón y ajena al cortejo, camina con el paso dificultoso de los artríticos. Se ve que trabaja, por cierto, y durante toda su vida trabajó. ¿Pero es sobre todo una trabajadora? ¿Es de cualquier forma una esclava, un accesorio de la máquina? No. Parece ser ante todo una madre de familia, viviendo en el hogar y para el hogar. El trabajo marca su personalidad y la dignifica, sin dominar ni excluir de ella ni reducir al segundo plano valores infinitamente más altos.

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Dos ambientes populares, dos formas de existencia, dos concepciones del trabajo. De un lado, el contenido de vida tranquilo y digno, el ambiente modesto pero lleno de temperante lozanía, la concepción bautizada y afable del trabajo cristiano. Por otro lado, la vida opresiva y agotadora, el ambiente saturado de egoísmo y de odio, la concepción materialista, brutal y mecánica del trabajo pagano.

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Nosotros agregamos una pregunta: ¿a cuál de las dos concepciones de la vida se parece más la del  siglo XXI?

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Sobre la verdadera familia

Sobre la verdadera familia hombre y mujer, padre y madre, hijos, nietos, etc., se han asentado todas las culturas y civilizaciones que el hombre ha ido sembrando a lo largo del recorrido de la historia.

En estos días, en estos años porque llevamos así algún tiempo, los ataques a la familia, la única verdadera familia, aparecen cada día desde los más diferentes ángulos de la sociedad: desde los gobiernos, medios de comunicación, grupos de ciudadanos de aquí y allá; y no digamos de las diversas asociaciones ideológicas, desde la “cultura woke”, hasta las más variadas lgtbiq… (en cada punto cada lector puede añadir la letra que quiera, que todo cabe).

Da la impresión de que algunos quieren hacer surgir una nueva civilización sin la familia, quitando el derecho de los padres a educar a sus hijos, imponiendo ideologías que desvinculan a los hijos de los padres por los caminos más variados, dejando en manos de los políticos de turno y de esas “ideologías”, la tarea de re-educar a los hijos en las escuelas públicas. Tratan de manipular su cabeza, incitando sus instintos, para tratar –en nombre de una “libertad” a gusto de los manipuladores- de convertirlos en marionetas a placer de políticos depravados y de depravados sexuales.

El hombre, por mucho que se empeñe y por muchos millones de euros que tire a la basura en ese empeño, llevándolo a cabo con el diablo o sin él, no conseguirá nunca romper ni cambiar el orden de la creación: “hombre y mujer los creó”. Pienso que la celebración de la fiesta de San José, Cabeza de Familia, puede ser un motivo de seguir hablando de las virtudes y necesidades de la familia para la sociedad actual.

Pedro García

 

A todos los cristianos del mundo

Estamos en plena Cuaresma y quiero recordar que esta invita de manera especial a ejercer la caridad, a cultivar la oración y a contrarrestar el mal. Es verdad que, en la historia, la mayor parte de las veces, unos siembran y otros cosechan. En este momento de la historia, ante la guerra Rusia-Ucrania, el Papa proponía hace unos días responder a la insensatez diabólica de la violencia con el bien, con la oración y con el ayuno. La guerra que, directa o indirectamente, estamos sufriendo es una guerra entre hermanos y entre pueblos históricamente marcados por profundas raíces cristianas. Por eso el llamamiento que hacia el Papa debería alcanzar también a todos los cristianos del mundo, y a otros muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Juan García. 

 

Fascistas son

Ante las manifestaciones de agricultores y ganaderos y las huelga de transportistas, estos están siendo tachados, por algunos medios oficiales y especialmente por afines al los partidos que gobierna, como de extrema derecha, propietarios, terratenientes y fascistas. Recuerdo que fascistas son, como se ha demostrado reiteradamente, quienes acosan al que piensa diferente, quienes pretenden que solo se oiga una voz en el espacio público y niegan a otros siquiera la posibilidad de expresarse, quienes se llenan la boca de conceptos como democracia, libertad y progreso, mientras sostienen con su violenta forma de actuar a regímenes totalitarios. De ahí que nos preguntemos ¿Quiénes son los extremistas, y quienes los fascistas?

José Morales Martín

 

Que pasa en la calle

En tiempos de Twitter e Instagram difícilmente se habrían abierto paso oradores como Churchill o Kennedy. Tampoco son tiempos ya de masas de militantes, sino más bien de lo que los politólogos denominan “partidos cartel”, dependientes de los recursos que les aporta el acceso a la Administración. La política tiende a transformarse así en una lucha descarnada por el poder, en la que las ideas tienen un papel secundario. Esto genera una peligrosa brecha con la sociedad y crea el caldo de cultivo para todo tipo de movimientos antisistema, un problema que no se debería subestimar. Frente a eso se necesitan debates de mayor altura en el Congreso, pero también acciones concretas y visibles de la mano de la sociedad civil, que muestren que la política se preocupa de lo que pasa en la calle, y sigue siendo esencial para mejorar la vida de los ciudadanos.

Domingo Martínez Madrid

 

EL MIEDO  y quienes lo difunden

                                La “civilización” actual (“u lo que esto sea ya”) se ha transformado en un sistema, donde lo que más se difunde es el miedo, pero el miedo a todo; y al individuo en gran medida lo han convertido, en “un hipocondríaco crónico”, que invadido por esta enfermedad ya crónica, no lo dejan vivir y él se deja llevar por ella, viviendo en una especie de nueva miseria, o desgracia que hay que denunciar cuanto más mejor.

                                La vida es una aventura durísima, por cuanto la vida y quién la creó, “quiso que así fuera”; y el vivirla es una aventura enorme, pero la que hay que vivir con la mayor dignidad, puesto que pensar en la realidad de la misma y la infinidad de formas o maneras de perderla, sería un “sin vivir”, que es a lo que nos han llevado, agravado todo con la pandemia del “virus chino”, el que como tantos otros “miedos”; se ha empleado y emplea, para aterrorizar y así dominar mucho mejor al muy débil “mono humano”.

                                Es por lo que hoy la mayoría de “escribidores” (deduzco) que, “cagados de miedos” e influidos por quienes dicen “gobernarnos” (que seguro viven los suyos propios) no hacen más que, resaltar los miedos que ya hay o incluso buscar nuevos miedos, como por ejemplo ahora quieren inculcar “el miedo al vino” (XL SEMANAL Nº1793 DEL 6 AL 12-03-2022) cosa que ya me mueve a risa.

                                Resulta que esos miedosos, quieren que en las etiquetas de las botellas de vino, indique el que éste puede llegar a producir “cáncer”. De seguir así, seguro que podríamos llegar a decir, que, “el exceso de agua produce la muerte”; como así ocurre a aquel, que se “mete en profundidades del líquido elemento que no sabe o puede controlar y en las que por lógica muere ahogado”.

                                Faltan y cada vez más, verdaderos maestros que nos enseñen a vivir la vida tal y como es, pero no con el miedo a vivirla, sino muy al contrario, con el respeto que merece la misma, para vivirla lo mejor posible y en cada momento de vida, que son infinitos a vivir y saborear ese don con que fuimos dotados. Veamos algunos de ellos.

                                Maestro Francisco Grande Covián: Este muy famoso médico y nutriólogo español y asturiano, tuvimos el placer de disfrutar de sus muchas charlas y consejos, sobre todo en la televisión pública y antes de morir; donde nos fue diciendo con un idioma cariñoso y sencillo, que, “en alimentación nada era nocivo y menos mortal, que se podía comer y beber de todo, pero sabiéndolo hacer y con las prevenciones lógicas a guardar para que el organismo no fuese forzado nunca a límites indeseables”; por lo que razonaba todo ello con una dulzura y sabiduría que el más desconfiado, era convencido de lo que el predicaba para enseñarnos a vivir y vivir bien a través de una variadísima alimentación, de la que afortunadamente España, es de las más ricas o la más rica de todo el mundo.

                                Aquellas enseñanzas “nacieron y desaparecieron de la televisión pública y nadie las ha continuado que yo sepa”, cosa que la considero una desgracia, puesto que la realidad sigue siendo, la que demuestra que, “el mono humano aún no ha aprendido apenas gran cosa de lo que vitalmente necesita para vivir su vida natural y como puede disfrutarla y aguantar hasta muy longeva edad”. Cosa que se puede hacer sin mucho esfuerzo si nos documentan para ello.

                                En Filosofía, existen dos frases debidas a los sabios griegos, que debieran ser analizadas en todas las escuelas y grados de la enseñanza y con continuidad inagotable; tales son: “NADA EN EXCESO Y CONÓCETE A TI MISMO”; enseñanzas estas que se dan “de patadas”, con el consumismo y desenfrenos en que nos mantienen los que no saben ni formar y menos educar.

                                Al paso y mientras escribo, recuerdo aquellos, “viejos médicos a domicilio, que con sus burdas carteras, pocos instrumentos, alguna medicina “por si las moscas” y la gran sabiduría acumulada de sus maestros y su propia andadura diaria, llegaban a la casa requeridos por el viejo o la vieja que veían en ellos, “al sabio o milagroso genio que les salvaría”; y al que estos buenos y sabios médicos de aquellos tiempos, les decían sonriendo… “y que te voy a recetar ya, con tus más de setenta años, si ya el mejor médico debes ser tú mismo, come y bebe lo que te siente bien, sin abusar y lo que te haga daño, pues dale de lado y no seas bruto/bruta; tú ya la mejor medicina que necesitas, te la tienes que dar tú mismo”. Y así más o menos, charlaban unos minutos con “sus viejos enfermos”, a los que terminaban por dejar tranquilos (“con algunas píldoras o sellos que recetaban para la botica”) y conformes, con su destino; pues estos viejos doctores, lo eran de verdad, pero de “la vida natural y humana”.

                                Yo mismo y “ya subido en mis 84 agostos”; procuro seguir el viejo consejo campesino, “del médico y del mulo, mientras más lejos más seguro”; y procuro ir a verlo (“hoy no vienen, a lo sumo te llaman por teléfono”) cuando de verdad creo que lo necesito. Eso sí, sigo escrupulosamente mi medicación de enfermo crónico (“con tres infartos y un desvanecimiento que me tuvo muerto una hora”) y les puedo asegurar que vivo bastante bien y disfruto de la vida todo lo que puedo, pero controlándome; y por descontado que me tomo una buena copa de vino, tinto o blanco cada día y lo disfruto saboreándolo como debe saborearse ese gran invento, cuan fue el vino de uva.

NOTAS: Francisco Grande Covián (ColungaAsturias28 de junio de 1909 - Madrid28 de junio de 1995),fue un médico e investigador español. Su trabajo principal fue en el área de nutrición y bioquímica, siendo fundador y primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición. En vida publicó una extensa obra, con numerosos libros y artículos, y está considerado como el padre de la dietética. Fue el fundador y primer presidente

de la SEN. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid. Recibió la condecoración de la Alfonso X el Sabio. En su honor se le dio nombre al Hospital Grande Covián de Arriondas. Fue nombrado hijo predilecto de su villa natal, Colunga, y un busto fue situado frente a la casa donde nació.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)