Las Noticias de hoy 8 Febrero 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 08/02/2020 - 13:06
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Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 08 de febrero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

El Papa admite que el pacto educativo “está roto” – Discurso completo

“Juntos contra la trata”: Jornada Mundial de Oración y Reflexión

SANTIFICAR EL DESCANSO: Francisco Fernandez Carbajal

“Dios está aquí”: San Josemaria

La Iglesia y el Estado: Enrique Colom

Los sufrimientos de Cristo y la crisis actual de la Iglesia

Comentario al Evangelio: Sal y luz

V domingo del tiempo ordinario.: + Francisco Cerro Chaves. Arzobispo electo de Toledo

Formar en valores genera hijos felices: Consuelo Mendoza

8 cosas que un matrimonio necesita para mantener viva la llama del amor

Qué hacer si eres demasiado sensible: Lucía Legorretaaumentar tamaño de la fuente

Trabajo en casa y fuera de casa: Ana Teresa López de Llergoaumentar tamaño de la fuente

“Por la soberanía y la seguridad alimentaria de todos”.: Jesús Domingo

¿Ética civil?: Daniel Tirapu 

En la muerte de George Steiner: Jesús Ortiz López 

El valor de la amistad: Silvia del Valle Márquez.

La eutanasia:  Jesús D Mez Madrid

Alegría: Enric Barrull Casals

La virtud de la esperanza.: Suso do Madrid

Los “medios” deformativos y desinformativos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Viernes, 7 de febrero de 2020

Al leer el Evangelio de hoy (Mc 6,14-29) vemos que Juan Bautista fue enviado por Dios para señalar el senda, el camino de Jesús. El último de los profetas tuvo la gracia de poder decir: “Este es el Mesías”. La labor de Juan Bautista no fue tan predicar que Jesús venía y preparar al pueblo, sino dar testimonio de Jesucristo y darlo con su propia vida. Y dar testimonio de la senda elegida por Dios para nuestra salvación: la senda de la humillación. Pablo la expresa tan claramente en su Carta a los Filipenses: “Jesús se anonadó a sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz” (cfr. Flp 2,8). Y esa muerte de cruz, esa senda de anonadamiento, de humillación, es también nuestra senda, la senda que Dios muestra a los cristianos para seguir adelante.
 
Tanto Juan como Jesús tuvieron la tentación de la vanidad, de la soberbia: Jesús en el desierto con el diablo, después del ayuno; Juan ante los doctores de la ley que le preguntaban si era el Mesías: habría podido responder que era su ministro, pero se humilló a sí mismo. Ambos tenían autoridad ante el pueblo, su predicación era respetada. Y ambos tuvieron momentos de decaimiento, una especie de depresión humana y espiritual: Jesús en el Huerto de los olivos y Juan en la cárcel, tentado por el gusano de la duda de si Jesús era de verdad el Mesías. Ambos acaban del modo más humillante: Jesús con la muerte en la cruz, la muerte de los criminales más viles, terrible físicamente y también moralmente, desnudo ante el pueblo y su madre. Juan Bautista decapitado en la cárcel por un guardia, por orden de un rey debilitado por los vicios, corrupto por el capricho de una bailarina y el odio de una adúltera. El profeta, el gran profeta, “el hombre más grande nacido de mujer” —así lo califica Jesús (cfr. Lc 7,28)— y el Hijo de Dios escogieron la senda de la humillación. Es la senda que nos muestran y que los cristianos debemos seguir. De hecho, en las Bienaventuranzas se subraya que el camino es el de la humildad (cfr. Mt 5,5).
 
No se puede ser humildes sin humillaciones. Saquemos, pues, una enseñanza de este mensaje de la Palabra de Dios. Cuando buscamos hacernos ver, en la Iglesia, en la comunidad, para tener un cargo u otra cosa, esa es la senda del mundo, es una senda mundana, no es la senda de Jesús. Y también a los pastores les puede pasar esta tentación de “trepar”: “Esto es una injusticia, esto es una humillación; no lo puedo tolerar”. Pues si un pastor no sigue esa senda, no es discípulo de Jesús: ¡es un “trepa” con sotana! No hay humildad sin humillación. No tengamos miedo de las humillaciones. Pidamos al Señor que nos envíe alguna para hacernos humildes e imitar mejor a Jesús

 

El Papa admite que el pacto educativo “está roto” – Discurso completo

Llama a “reintegrar el esfuerzo de todos”

FEBRERO 07, 2020 17:01ROSA DIE ALCOLEAPAPA Y SANTA SEDE

(zenit – 7 feb. 2020).- El Papa Francisco ha advertido que hoy “está roto” el pacto educativo que se da entre la familia, la escuela, la patria y el mundo, la cultura y las culturas. Por ello, ha hecho un llamamiento a “renovar y reintegrar el esfuerzo de todos por la educación”.

Así les ha hablado el Pontífice esta mañana, 7 de febrero de 2020, a los participantes en el Seminario “Educación: el Pacto Mundial”, promovido por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales sobre

“Hoy es necesario unir esfuerzos para alcanzar una alianza educativa amplia con vistas a formar personas maduras, capaces de reconstruir, reconstruir el tejido relacional y crear una humanidad más fraterna”.

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<p>Descripción generada automáticamente​No solamente “trasmitir conceptos”

El Pontífice ha recordado que educar “no es solamente trasmitir conceptos”, sino que es una labor que “exige que todos los responsables de la misma –familia, escuela e instituciones sociales, culturales, religiosas…– se impliquen en ella de forma solidaria”.

Para llevar a cabo este reto, el Papa propone un lenguaje integral que aúna el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. “Que un educando piense lo que siente y lo que hace, sienta lo que piensa y lo que hace, haga lo que siente y lo que piensa”, describe. “Integración total”.

Además, Francisco ha rendido homenaje a los docentes, los “artesanos” de las futuras generaciones, que supone una “gran responsabilidad”. Con su “saber, paciencia y dedicación”, ha señalado, los docentes “van transmitiendo un modo de ser que se transforma en riqueza, no material, sino inmaterial, se va creando al hombre y mujer del mañana”.

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<p>Descripción generada automáticamente​Belleza: “Crear poetas”

En esta línea, ha mencionado la necesidad de formar a los educadores “con los más altos estándares cualitativos, en todos los niveles académicos”, para lo que es necesario que tengan a disposición los “recursos nacionales, internacionales y privados adecuados”.

El Santo Padre ha asegurado que “no se puede educar sin inducir a la belleza, sin inducir del corazón la belleza”. Y ha ido más lejos: “Forzando un poco el discurso, me atrevería a decir, que una educación no es exitosa si no sabe crear poetas. El camino de la belleza es un desafío que se debe abordar”.

Sigue a continuación el discurso completo del Santo Padre:

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<p>Descripción generada automáticamente​Discurso del Papa

Queridos amigos:

Me es grato saludarlos con ocasión del Seminario promovido por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales sobre “Educación: el Pacto Mundial”. Me alegra que reflexionen sobre este tema, porque hoy es necesario unir esfuerzos para alcanzar una alianza educativa amplia con vistas a formar personas maduras, capaces de reconstruir, reconstruir el tejido relacional y crear una humanidad más fraterna (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático, 9 enero 2020).

La educación integral y de calidad, y los patrones de graduación siguen siendo un desafío mundial. A pesar de los objetivos y metas formulados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos (cf. Objetivo 4), y de los importantes esfuerzos realizados por algunos países, la educación sigue siendo desigual entre la población mundial. La pobreza, la discriminación, el cambio climático, la globalización de la indiferencia, las cosificaciones del ser humano marchitan el florecimiento de millones de criaturas. De hecho, representan para muchos un muro casi infranqueable que impide lograr los objetivos y las metas de desarrollo sostenible y garantizado que se han propuesto los pueblos.

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<p>Descripción generada automáticamente​La educación básica hoy es un ideal normativo en el mundo entero. Los datos empíricos que ustedes, señores académicos, comparten, indican que se ha progresado en la participación de los niños y niñas en la educación. La matriculación de los jóvenes en la educación primaria es hoy casi universal y se evidencia que la brecha de género se ha reducido. Este es un logro loable. Sin embargo, cada generación debería reconsiderar cómo transmitir sus saberes y sus valores a la siguiente, ya que es a través de la educación que el ser humano alcanza su máximo potencial y se convierte en un ser consciente, libre y responsable. Pensar en la educación es pensar en las generaciones futuras y en el futuro de la humanidad; por lo tanto, es algo que está profundamente arraigado en la esperanza y requiere generosidad y valentía.

Educar no es solamente trasmitir conceptos, esta sería una herencia de la ilustración que hay que superar, o sea no sólo transmitir conceptos, sino que es una labor que exige que todos los responsables de la misma —familia, escuela e instituciones sociales, culturales, religiosas…— se impliquen en ella de forma solidaria. En este sentido, en algunos países se habla de que está roto el pacto educativo porque falta esta concurrencia social en la educación. Para educar hay que buscar integrar el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Que un educando piense lo que siente y lo que hace, sienta lo que piensa y lo que hace, haga lo que siente y lo que piensa. Integración total. Al fomentar el aprendizaje de la cabeza, del corazón y de las manos, la educación intelectual y 

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<p>Descripción generada automáticamente​socioemocional, la transmisión de los valores y las virtudes individuales y sociales, la enseñanza de una ciudadanía comprometida y solidaria con la justicia, y al impartir las habilidades y el conocimiento que forman a los jóvenes para el mundo del trabajo y la sociedad, las familias, las escuelas y las instituciones se convierten en vehículos esenciales para el empoderamiento de la próxima generación. Entonces sí, no se habla ya de un pacto educativo roto. El pacto es este.

Hoy está en crisis, está roto lo que he llamado el “pacto educativo”; el pacto educativo que se da entre la familia, la escuela, la patria y el mundo, la cultura y las culturas. Está roto, y muy roto; y no se puede pegar o recomponer. No se puede zurcir, sino a través de un renovado esfuerzo de generosidad y acuerdo universal. El pacto educativo roto significa que sea la sociedad, sea la familia, sean las distintas instituciones que están llamadas a educar delegan la decisiva tarea educacional a otros, evadiendo así la responsabilidad las diversas instituciones básicas y los mismos estados que hayan claudicado de este pacto educativo.

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<p>Descripción generada automáticamente​Hoy estamos llamados, de alguna manera, a renovar y reintegrar el esfuerzo de todos — personas e instituciones— por la educación, para rehacer un nuevo pacto educativo, porque solamente así podrá cambiar la educación. Y, para eso, hay que integrar los saberes, la cultura, el deporte, la ciencia, el esparcimiento y la recreación; para esto, hay que tender puentes de conexión, saltar; me permiten la palabra: saltar el “chiquitaje”, que nos encierra en nuestro pequeño mundo, y salir al mar abierto global respetando todas las tradiciones. Las nuevas generaciones deben comprender con claridad su propia tradición y cultura. Eso no se negocia, es innegociable, en relación con las demás, de modo que desarrollen la propia auto-comprensión afrontando y asumiendo la diversidad y los cambios culturales. Se podrá así promover una cultura del diálogo, una cultura del encuentro y de una mutua comprensión, de modo pacífico, respetuoso y tolerante. Una educación que capacita para identificar y fomentar los verdaderos valores humanos dentro de una perspectiva intercultural e interreligiosa.

La familia necesita ser valorada en el nuevo pacto educativo, puesto que su responsabilidad ya comienza en el vientre materno, en el momento del nacimiento. Pero las madres, los padres —los abuelos— y la familia en su conjunto, en su rol educativo primario, necesitan ayuda para comprender, en el nuevo contexto global, la importancia de esta temprana etapa de la vida, y estar preparados para actuar en consecuencia. Una de las formas fundamentales de mejorar la calidad de la educación a nivel escolar es conseguir una mayor participación de las familias y las comunidades locales en los proyectos educativos. Y estas son parte de esa educación integral, puntual y universal.

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<p>Descripción generada automáticamente​Deseo, en este momento, rendir también homenaje a los docentes —los siempre mal pagados—, porque ante el desafío de la educación siguen adelante con valentía y tesón. Ellos son “artesanos” de las futuras generaciones. Con su saber, paciencia y dedicación van transmitiendo un modo de ser que se transforma en riqueza, no material, sino inmaterial, se va creando al hombre y mujer del mañana. Esto es una gran responsabilidad. Por lo tanto, en el nuevo pacto educativo, la función de los docentes, como agentes de la educación, debe reconocerse y respaldarse con todos los medios posibles. Si nuestro objetivo es brindar a cada individuo y a cada comunidad el nivel de conocimientos necesario para tener su propia autonomía y ser capaces de cooperar con los demás, es importante apuntar a la formación de los educadores con los más altos estándares cualitativos, en todos los niveles académicos. Para respaldar y promover este proceso, es necesario que tengan a disposición los recursos nacionales, internacionales y privados adecuados de manera que, en todo el mundo, puedan cumplir sus tareas de manera efectiva.

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<p>Descripción generada automáticamente​En este Seminario sobre “Educación: El Pacto Mundial”, ustedes, académicos de varias de las universidades más respetadas del mundo, han identificado nuevas palancas para hacer que la educación sea más humana y equitativa, más satisfactoria, y más relevante para las necesidades dispares de las economías y sociedades del siglo XXI. Ustedes han examinado, entre otras cosas, la nueva ciencia de la mente, el cerebro y la educación, la promesa de la tecnología de llegar a niños que actualmente no tienen oportunidades de aprendizaje, y el tema importantísimo de la educación de jóvenes refugiados e inmigrantes alrededor del mundo. Ustedes han abordado los efectos de la creciente desigualdad y el cambio climático en la educación, así como las herramientas para revertir los efectos de ambos y afianzar las bases para una sociedad más humana, más sana, más equitativa y feliz.

Y hablé de los tres lenguajes: de la mente, del corazón, de las manos. Y hablando de las raíces, de los valores, podemos hablar de verdad, de bondad, de creatividad, pero no quiero terminar estas palabras sin hablar de la belleza. No se puede educar sin inducir a la belleza, sin inducir del corazón la belleza. Forzando un poco el discurso, me atrevería a decir, que una educación no es exitosa si no sabe crear poetas. El camino de la belleza es un desafío que se debe abordar.

Los animo en esta tarea tan importante y apasionante que tienen: colaborar en la educación de las futuras generaciones. No es algo del mañana, sino del hoy. Adelante, que Dios los bendiga. Rezo por ustedes y ustedes háganlo por mí. Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticano

 

“Juntos contra la trata”: Jornada Mundial de Oración y Reflexión

Convocada por el Papa Francisco

FEBRERO 07, 2020 20:03REDACCIÓNJORNADAS MUNDIALES

(zenit – 7 feb. 2020).- Mañana, 8 de febrero, en conmemoración de santa Josefina Bakhita, se celebra la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata de personas, con el lema “Juntos contra la trata”.

El Papa Francisco convoca esta jornada desde el año 2015 y eligió el día en el que se recuerda la memoria litúrgica de la religiosa sudanesa Josefina Bakhita, que padeció durante su vida los sufrimientos de la esclavitud.

En el Ángelus del 8 de febrero de 2015, el Papa manifestó su deseo: “Que cada uno de nosotros se sienta comprometido a ser portavoz de estos hermanos y hermanas nuestros, humillados en su dignidad”. Así, hizo un llamamiento a “cuantos tienen responsabilidades de gobierno” a que “tomen decisiones para remover las causas de esta vergonzosa plaga, plaga indigna de una sociedad civil”.

Esta Jornada está promovida por el Comité para la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata, coordinado por Talitha Kum, la Red Internacional de la Vida Consagrada Contra la Trata de Personas. Colabora la Sección Migrantes y Refugiados del nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Su objetivo, implicar a toda la sociedad en el tema del tráfico de personas.

Visibilizar y sensibilizar

La Conferencia Episcopal Española promueve la Jornada la Comisión Episcopal de Migraciones, a través de la Sección de Trata. El obispo responsable, Mons. Juan Carlos Elizalde, firma un mensaje en el quiere seguir alentando “en esta lucha en red contra el mal, que también trabaja en red”. El prelado recuerda que “todo lo que hagamos alrededor de esta Jornada –vigilias, foros de reflexión, gestos, conferencias y encuentros-, será poco”.

Precisamente para facilitar las distintas actividades en las diócesis, la Sección de Trata ha editado una revista en la que ofrece materiales para las vigilias de oración y las celebraciones; textos que “nos hacen pensar”; testimonios; experiencias, propuestas de actividades; y algunos recursos. En la elaboración de este material también han participando los miembros del Grupo Intereclesial contra la trata y el Grupo de Coordinadores Diocesanos de la Sección de Trata.

Desde la Sección de Trata se trabajaba para visibilizar y sensibilizar sobre la situación de abuso y explotación de personas. Con este objetivo desde marzo de 2019 se promueve en las diócesis la exposición itinerante de fotografías “Punto y Seguimos. La vida puede más”. La muestra, con material fotográfico firmado por Fernando Mármol Hueso, se enfoca en torno a tres líneas argumentales: el drama vivido por las personas que han sufrido situación de trata; la indiferencia; y la esperanza de una vida libre de la explotación, con la implicación de la Iglesia y de la sociedad en general.

 

SANTIFICAR EL DESCANSO

— Cansancio de Jesús. Contemplar su Santa Humanidad.

— Nuestro cansancio no es en vano. Aprender a santificarlo.

— Deber de descansar. Hacerlo para servir mejor a Dios y a los demás.

 

I. Los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco1. Son palabras del Evangelio de la Misa, que nos muestran la solicitud de Jesús por los suyos. Los Apóstoles, después de una intensa misión apostólica, sienten el natural cansancio y el desgaste de las fuerzas. El Señor se da cuenta enseguida y cuida de ellos: Se fueron en una barca a un sitio tranquilo y apartado.

 

En otras ocasiones es Jesús quien se encuentra verdaderamente cansado del camino2 y se sienta junto a un pozo porque no puede dar un paso más. Él sintió algo tan propio de la naturaleza humana como es la fatiga. La experimentó en su trabajo, como nosotros cada día, en los treinta años de vida oculta. En muchas ocasiones, terminaba la jornada extenuado. Los Evangelistas nos narran cómo, durante una tempestad en el lago, el Señor se durmió en un extremo de la barca: había pasado todo el día predicando3; era tan intenso su cansancio que no se despertó a pesar de las olas. No simuló el Señor que estaba dormido para probar a sus discípulos; estaba realmente rendido de fatiga.

 

En estos momentos de desgaste físico real, Jesucristo está también redimiendo a la humanidad, y su debilidad debe ayudarnos a sobrellevar la nuestra y corredimir con Él. ¡Qué gran consuelo contemplar al Señor agotado! ¡Qué cerca de nosotros está Jesús en esos momentos!

 

En el cumplimiento de nuestros deberes, al empeñarnos generosamente en la tarea profesional, al gastar sin regateos muchas energías en iniciativas de apostolado y servicio a los demás, es natural que aparezca el cansancio como un compañero casi inseparable. Lejos de quejarnos ante esta realidad común a todos, hemos de aprender a descansar cerca de Dios y ejercitarnos de continuo en esa actitud: «¡Oh, Jesús! —Descanso en Ti»4, podemos decir muchas veces en nuestro interior, buscando en Él nuestro apoyo.

 

El Señor entiende bien nuestra fatiga porque Él pasó por esas situaciones similares a las nuestras. Nosotros debemos aprender a recuperarnos junto a Él: Venid a mí -nos dice- todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré5. Nos aligeramos de nuestra carga cuando unimos nuestro cansancio al de Cristo, ofreciéndolo por la redención de las almas. Nos aliviará cuidar especialmente de la caridad amable con quienes nos rodean, también si en esos momentos nos cuesta un poco más. Y nunca debemos olvidar que el descanso es, a la vez, una situación que hemos de santificar. Esos momentos de distracción no deben ser parcelas aisladas en nuestra vida, ni ocasión de permitir alguna compensación egoísta, de buscarse a sí mismo. El Amor no tiene vacaciones.

 

II. Jesús se vale también de los momentos en que toma nuevas fuerzas para remover las almas. Mientras descansa junto al pozo de Jacob, una mujer se acercó dispuesta a llenar su cántaro de agua. Esa será la oportunidad que aprovechará el Señor para mover a esta mujer samaritana a un cambio radical de vida6.

 

También nosotros sabemos que ni siquiera nuestros momentos de fatiga deben pasar en vano. «Solo después de la muerte sabremos a cuántos pecadores les hemos ayudado a salvarse con el ofrecimiento de nuestro cansancio. Solo entonces comprenderemos que nuestra inactividad forzosa y nuestros sufrimientos pueden ser más útiles al prójimo que nuestros servicios efectivos»7. No dejemos nunca de ofrecer esos períodos de postración o de inutilidad por el agotamiento o la enfermedad. Ni en esas circunstancias dejemos tampoco de ayudar a los demás.

 

El cansancio nos enseña a ser humildes y a vivir mejor la caridad. Advertimos entonces que no lo podemos todo y que necesitamos de los demás; el dejarse ayudar favorece en gran manera la humildad. A la vez, como todos nos encontramos más o menos fatigados, comprendemos mejor el consejo de San Pablo de llevar los unos las cargas de los otros8, entendemos que cualquier ayuda a quienes vemos algo agobiados es siempre una gran manifestación de caridad.

 

La fatiga es beneficiosa para alentar el desprendimiento de las muchas cosas que nos gustaría hacer y a las que no llegamos por la limitación de nuestras fuerzas. También nos ayuda a crecer en la virtud de la fortaleza y la correspondiente virtud humana de la reciedumbre, pues es un hecho que no siempre nos encontraremos en la plenitud de fuerzas y de salud para trabajar, estudiar, llevar a cabo una gestión dificultosa, etcétera, que sin embargo hemos de hacer. Una parte no pequeña de estas virtudes consiste en acostumbrarnos a trabajar cansados o, al menos, sin encontrarnos físicamente tan bien como nos gustaría estar para desempeñar esas tareas. Si lo hacemos por el Señor, Él las bendice de una manera particular.

 

El cristiano considera la vida como un bien inmenso, que no le pertenece y que ha de cuidar; hemos de vivir los años que Dios quiera, habiendo dejado realizada la tarea que se nos ha encomendado. Y, en consecuencia, por Dios y por los demás, debemos vivir las normas de prudencia en el cuidado de la propia salud y de la de aquellos que de alguna manera dependen de nosotros. Entre estas normas están «los oportunos descansos para distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo»9.

 

Sujetarse a un horario, dedicar el tiempo conveniente al sueño, dar un paseo periódicamente o hacer una excursión sencilla, son medios que conviene poner, viviendo el orden en nuestra actividad: quizá actuar de otro modo –si una obligación inaplazable no lo impide– revelaría atolondramiento y pereza, más dañina en cuanto que con esa actitud estaríamos poniéndonos voluntariamente en ocasión de que se desmejore la vida interior, cayendo en el activismo, siendo más propensos a perder la serenidad, etc. Una persona ordenada encuentra habitualmente el modo de vivir un prudente descanso, en medio de una actividad exigente y abnegada.

 

III. Aprendamos a descansar. Y si podemos evitar el agotamiento, no debemos dejar de hacerlo. El Señor quiere que cuidemos de la salud, que sepamos recuperar fuerzas; es parte del quinto mandamiento. El descanso es necesario para restaurar las energías perdidas y para que el trabajo sea más eficaz. Y, sobre todo, para servir mejor a Dios y a los demás.

 

«Pensad que Dios ama apasionadamente a sus criaturas, y ¿cómo trabajará el burro si no se le da de comer, ni dispone de un tiempo para restaurar las fuerzas, o si se quebranta su vigor con excesivos palos? Tu cuerpo es como un borrico –un borrico fue el trono de Dios en Jerusalén– que te lleva a lomos por las veredas divinas de la tierra: hay que dominarlo para que no se aparte de las sendas de Dios, y animarle para que su trote sea todo lo alegre y brioso que cabe esperar de un jumento»10.

 

Cuando se está postrado se tiene menos facilidad para hacer las cosas bien, como Dios quiere que las hagamos, y también pueden ser más frecuentes las faltas de caridad, al menos de omisión. San Jerónimo señala con buen humor: «Me enseña la experiencia que cuando el burro va cansado se apoya en todas las esquinas».

 

Se ha dicho que «el descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo»11; es enriquecimiento interior, ocasión frecuente de un mayor apostolado, de fomentar la amistad, etc. No se confunde el descanso con la pereza.

 

Nuestra Madre la Iglesia se ha preocupado siempre de la salud física de sus hijos. El Papa Juan Pablo II, comentando el pasaje del Evangelio que nos narra la estancia y el descanso de Jesús en casa de Marta y de María, señalaba que el descanso significa dejar las ocupaciones cotidianas, despegarse de las normales fatigas del día, de la semana y del año. Es importante que no sea «andar en vacío», que no sea solamente un vacío. A veces convendrá –decía el Pontífice– ir al encuentro con la naturaleza, con las montañas, con el mar y con el arbolado. Y por supuesto, siempre será necesario que el descanso se llene de un contenido nuevo, el que da el encuentro con Dios: abrir la vista interior del alma a su presencia en el mundo, abrir el oído interior a su Palabra de verdad12.

 

Entendemos bien que no pocas personas dedican períodos de descanso laboral a pasatiempos y actividades que no facilitan, y que incluso entorpecen en ocasiones, ese encuentro con Cristo. Lejos de dejarnos arrastrar por un ambiente más o menos extendido, la elección del lugar de vacaciones, el programa de un viaje, la actividad de un fin de semana que tengamos oportunidad de dedicar al descanso debe estar orientada por esta perspectiva: para el descanso nos sirve la misma norma que para el trabajo: amar a Dios y al prójimo. Convendrá evitar estar pendiente de uno mismo, y buscar la unión con el Señor; siempre es tiempo de preocuparse por los demás, de atenderlos, de ayudarles, de interesarnos por sus aficiones. Siempre es tiempo de amar. El Amor no admite espacios en blanco. Jesús descansó por motivos de obediencia a la ley de Moisés, de exigencias familiares, de amistad o de fatiga..., como cualquier persona. Nunca lo hizo por haberse cansado de servir a los demás. Jamás se aisló y se mostró inasequible, como quien dijese: «¡Ahora me toca a mí!». Nunca hemos de movernos por miras egoístas; tampoco a la hora de parar y recuperar fuerzas. En esos momentos también estamos junto a Dios; no es un tiempo pagano, ajeno a la vida interior.

 

El Señor nos deja en el Evangelio de la Misa una muestra muy particular de amor: preocuparse por la fatiga y la salud de quienes viven a nuestro lado. Y, junto al pozo de Sicar, extenuado, nos dio un formidable ejemplo: no dejó pasar la oportunidad de hacer apostolado, de convertir a la mujer samaritana. Y esto, a pesar de que no había trato entre judíos y samaritanos. Cuando hay amor, ni el agotamiento es excusa para no hacer apostolado.

 

1 Mc 6, 30-31. — 2 Cfr. Jn 4, 6. — 3 Cfr. Mc 4, 38. — 4 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 732. — 5 Mt 11, 28. — 6 Cfr. Jn 4, 8 ss. — 7 G. Chevrot, El pozo de Sicar, p. 25. — 8 Gal 6, 2. — 9 Conc. Vat. II, Cont. Gaudium et spes, 61. — 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 137. — 11 Ídem, Camino, n. 357. — 12 Cfr. Juan Pablo II, Ángelus 20-VII-1980.

 

 

“Dios está aquí”

Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario... —Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz. Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa! (“Nuestra” Misa, Jesús...). (Camino, 533)

8 de febrero

Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros.

Permitid que os recuerde lo que en tantas ocasiones habéis observado: el desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar, qué vicios ha de extirpar, cómo ha de ser nuestro trato fraterno con todos los hombres.

El sacerdote se dirige hacia el altar de Dios, del Dios que alegra nuestra juventud. La Santa Misa se inicia con un canto de alegría, porque Dios está aquí. Es la alegría que, junto con el reconocimiento y el amor, se manifiesta en el beso a la mesa del altar, símbolo de Cristo y recuerdo de los santos: un espacio pequeño, santificado porque en esta ara se confecciona el Sacramento de la infinita eficacia. (Es Cristo que pasa, 88)

 

 

La Iglesia y el Estado

La salvación realizada por Cristo, y consiguientemente la misión de la Iglesia, se dirige al hombre en su integridad, y por tanto como persona que vive en sociedad.

RESÚMENES DE DOCTRINA CATÓLICA17/12/2016

Opus Dei - Tema 15. La Iglesia y el Estado​La religión y la política son ámbitos distintos, aunque no separados pues el hombre religioso y el ciudadano se funden en la misma persona.

PDF► La Iglesia y el Estado

RTF► La Iglesia y el Estado

Serie completa► “Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

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1. La misión de la Iglesia en el mundo

La salvación realizada por Cristo, y consiguientemente la misión de la Iglesia, se dirige al hombre en su integridad: por eso cuando la Iglesia propone su doctrina social, no sólo no se aleja de su misión, sino que la cumple fielmente. Aún más, la evangelización no sería auténtica si no tuviera en cuenta la relación entre el Evangelio y la conducta personal, tanto a nivel individual cuanto social. Además, la Iglesia vive en el mundo y es lógico, e incluso debido, que se relacione con él en modo armónico, respetando la estructura y finalidad propia de la naturaleza de las distintas organizaciones humanas.

Así pues, la Iglesia tiene la misión, que es también un derecho, de ocuparse de los problemas sociales; y cuando lo hace «no puede ser acusada de sobrepasar su campo específico de competencia y, mucho menos, el mandato recibido del Señor» [1].

La misión de la Iglesia en este ámbito no se limita a proponer una normativa ética. Se trata, más básicamente, de mostrar la dimensión evangélica de la vida social, según la entera verdad sobre el hombre, de enseñar la conducta congruente con esa verdad y de exhortar a su cumplimiento.

De hecho, entre la vida cristiana y la promoción humana existe una profunda y esencial unión: un nexo antropológico, un vínculo teológico y un deber de caridad [2]. Esa armonía, sin embargo, no comporta su confusión: la meta de la conducta cristiana es la identificación con Cristo; su liberación es, esencialmente, liberación del pecado, que ciertamente exige el empeño en las liberaciones sectoriales [3]. Esta distinción es la base de la autonomía de las realidades terrenas.

Las enseñanzas del Magisterio en este campo no se extienden, por tanto, a los aspectos técnicos, ni proponen sistemas de organización social, que no pertenecen a su misión. Estas enseñanzas sólo pretenden la formación de las conciencias; y así, no obstaculizan la autonomía de las realidades terrenas [4].

Así pues, no corresponde a la Jerarquía una función directa en la organización de la sociedad; su cometido es enseñar e interpretar de modo auténtico los principios morales en este campo. Por eso, la Iglesia acepta cualquier sistema social en que se respete la dignidad humana; y los fieles deben acoger el Magisterio social con una adhesión de la inteligencia, de la voluntad y de la obras (cfr. Lc 10,16; Catecismo, 2032 y 2037).

2. Relación entre la Iglesia y el Estado

La religión y la política son ámbitos distintos, aunque no separados pues el hombre religioso y el ciudadano se funden en la misma persona, que está llamada a cumplir tanto sus deberes religiosos cuanto sus deberes sociales, económicos y políticos. Es necesario, sin embargo, que «los fieles aprendan a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les conciernen por su pertenencia a la Iglesia y los que les competen en cuanto miembros de la sociedad humana. Esfuércense en conciliarlos entre sí, teniendo presente que en cualquier asunto temporal deben guiarse por la conciencia cristiana, dado que ninguna actividad humana, ni siquiera en el orden temporal, puede sustraerse al imperio de Dios. En nuestro tiempo, concretamente, es de la mayor importancia que esa distinción y esta armonía brille con suma claridad en el comportamiento de los fieles» [5]. Puede decirse que en estas palabras se resume el modo en que los católicos deben vivir la enseñanza del Señor: «Dad, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

La relación entre la Iglesia y el Estado comporta, por tanto, una distinción sin separación, una unión sin confusión (cfr. Mt 22,15-21 y paral.). Esa relación será correcta y fructuosa si sigue tres principios fundamentales: aceptar la existencia de un ámbito ético que precede y informa la esfera política; distinguir la misión de la religión y de la política; favorecer la colaboración entre estos dos ámbitos.

a) Los valores morales deben informar la vida política

La propuesta de un “Estado ético”, que pretende regular el comportamiento moral de los ciudadanos, es una teoría ampliamente rechazada, ya que con frecuencia lleva al totalitarismo o al menos implica una tendencia marcadamente autoritaria. Al Estado no le corresponde decidir lo que está bien o lo que está mal, en cambio si tiene la obligación de buscar y promover el bien común y para eso, a veces, necesitará regular sobre el comportamiento de los ciudadanos.

Este rechazo a un “Estado ético”, sin embargo, no debe conducir al error opuesto: la “neutralidad” moral del mismo que de hecho ni existe ni se puede dar. En efecto, los valores morales indican los criterios que favorecen el desarrollo integral de las personas; ese desarrollo, en su dimensión social, forma parte del bien común terreno; y el principal responsable del bien común es el Estado. El Estado debe, entre otras cosas, favorecer la conducta moral de las personas, al menos en la vida social.

b) La Iglesia y el Estado se diferencian por su naturaleza y por sus fines

La Iglesia ha recibido de Cristo el mandato apostólico: «id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» ( Mt 28,19-20). Con su doctrina y con su actividad apostólica, la Iglesia contribuye a la recta ordenación de las cosas temporales, de modo que sirvan al hombre para alcanzar su fin último y no lo desvíen de él.

Los medios que la Iglesia utiliza para llevar a cabo su misión son, ante todo, espirituales: la predicación del Evangelio, la administración de los sacramentos, la oración. También necesita utilizar medios materiales, adecuados a la naturaleza de sus miembros que son personas humanas (cfr. Hch 4,32-37; 1 Tm 5,18); estos medios han de ser siempre conformes al Evangelio. La Iglesia necesita además independencia para realizar su misión en el mundo, pero no un predominio de carácter político o económico (cfr. Catecismo, 2246; Compendio, 426) [6].

El Estado es una institución que deriva de la natural sociabilidad humana, cuya finalidad es el bien común temporal de la sociedad civil; este bien no es sólo material sino también espiritual, pues los miembros de la sociedad son personas con cuerpo y alma. El progreso social requiere, además de medios materiales, otros muchos bienes de carácter espiritual: la paz, el orden, la justicia, la libertad, la seguridad, etc. Estos bienes sólo pueden alcanzarse mediante el ejercicio de las virtudes sociales, que el Estado debe promover y tutelar (p. ej. la moralidad pública).

La diversidad entre el ámbito religioso y político implica que el Estado no goza de “sacralidad” ni debe gobernar las conciencias, ya que el fundamento moral de la política se encuentra fuera de ella; además la Iglesia no posee un poder político coercitivo; en cuanto la pertenencia a ella, desde el punto de vista civil, es voluntaria, su potestad es de carácter espiritual y no impone una única solución política. En tal modo, Estado e Iglesia se ajustan a sus propias funciones, y esto favorece la libertad religiosa y social.

De aquí derivan dos importantes derechos: el derecho a la libertad religiosa que consiste en una inmunidad de coacción por parte del Estado en materia religiosa; y el derecho a la libertad de actuación de los católicos respecto a la jerarquía en materia temporal, aunque con la obligación de seguir el Magisterio (cfr. CIC, 227). Además la Iglesia, «al predicar la verdad evangélica, iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas de los ciudadanos» [7].

c) Colaboración entre la Iglesia y el Estado

La distinción entre la Iglesia y el Estado no comporta –como se ha dicho– su total separación, ni que la Iglesia deba reducir la propia acción al ámbito privado y espiritual. Ciertamente la Iglesia «no puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia» [8]. En este sentido, la Iglesia tiene el derecho y el deber «de enseñar su doctrina sobre la sociedad, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas» [9].

Así, p. ej., la Iglesia puede y debe señalar que una ley es injusta porque es contraria a la ley natural (leyes sobre el aborto o el divorcio), o que determinadas costumbres o situaciones son inmorales aunque estén permitidas por el poder civil, o que los católicos no deben dar su apoyo a aquellas personas o partidos que se propongan objetivos contrarios a la ley de Dios, y por tanto a la dignidad de la persona humana y al bien común [10].

Tanto la Iglesia como la actividad política –que ejercen los gobernantes a través de las distintas instituciones, o los partidos– aunque por un título diverso, están al servicio del hombre, y «este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas» [11]. Si la comunidad política (es decir, la sociedad tomada en su conjunto: gobernantes y gobernados de un determinado Estado) ignora a la Iglesia, se pone en contradicción consigo misma, puesto que obstaculiza los derechos y los deberes de una parte de los ciudadanos, concretamente de los fieles católicos.

Las formas prácticas de regular estas relaciones pueden variar según las circunstancias: p. ej., no será la misma en países de tradición católica que en otros en los que la presencia de católicos es minoritaria.

Un aspecto esencial que se debe cuidar siempre es la salvaguarda del derecho a la libertad religiosa [12]. Velar por el respeto de este derecho es velar por el respeto del entero orden social. El derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, es la fuente síntesis de todos los derechos del hombre [13].

En muchos países la Constitución (o sistema de leyes fundamentales que regulan el sistema de gobierno de un Estado) garantiza ampliamente la libertad religiosa de todos los ciudadanos y grupos religiosos; por este cauce, puede también la Iglesia encontrar libertad suficiente para cumplir su misión y espacio para desarrollar sus iniciativas apostólicas [14].

Además, si es posible, la Iglesia procura establecer acuerdos con el Estado, llamados en general Concordatos, en los cuales se pactan soluciones concretas a las cuestiones eclesiásticas relacionadas con la finalidad del Estado: libertad de la Iglesia y de sus entidades para ejercer su misión, convenios en materia económica, días de fiesta, etc.

3. Régimen sobre las cuestiones mixtas

Hay materias en que tanto la Iglesia como el Estado deben intervenir desde sus respectivas competencias y finalidades (llamadas cuestiones mixtas), como son la educación, el matrimonio, la comunicación social, la asistencia a los necesitados [15]. En estas materias es especialmente necesaria la colaboración, de modo que cada uno pueda cumplir su misión sin impedimento por parte del otro [16].

a) A la Iglesia le compete regular el matrimonio de los católicos, aunque sólo lo sea uno de los contrayentes; también porque el matrimonio es un sacramento y a la Iglesia le corresponde establecer las normas para su administración. Mientras concierne al Estado regular los efectos de orden civil: régimen de bienes entre los esposos, etc. (cfr. CIC, 1059). El Estado tiene el deber de reconocer a los católicos el derecho a contraer matrimonio canónico.

b) La educación de los hijos —también en materia religiosa— corresponde a los padres por derecho natural; son ellos quienes deben determinar el tipo de enseñanza que desean para sus hijos y los medios de los que se servirán para ese fin (escuela, catequesis, etc.) [17]. Allí donde no sea suficiente la iniciativa de los padres o de los grupos sociales, el Estado debe subsidiariamente establecer sus propias escuelas, respetando siempre el derecho de los padres sobre la orientación de la educación de sus hijos.

En este derecho está incluido que puedan promover y dirigir escuelas en las que sus hijos reciban una educación adecuada; teniendo en cuenta la función social de estas escuelas, el Estado debe reconocerlas y subvencionarlas [18]. Y también que sus hijos reciban en las escuelas ―estatales o no― una enseñanza que esté de acuerdo con sus convicciones religiosas [19].

Compete al Estado dictar las normas relativas a la enseñanza que sean necesarias para el bien común (niveles, grados, acceso de todos a la instrucción, contenidos mínimos para obtener los grados correspondientes, reconocimiento de títulos, etc.). Es tiranía que el Estado pretenda reservarse, aunque sea indirectamente el monopolio de la enseñanza (cfr. CIC, 797).

A la Iglesia le compete siempre determinar y vigilar todo lo que se refiere a la enseñanza y difusión de la religión católica: programas, contenidos, libros, idoneidad de los profesores. Es un aspecto de la potestad de magisterio que compete a la Jerarquía, y un derecho de la Iglesia para defender y garantizar su propia identidad y la integridad de su doctrina. Nadie puede, por tanto, erigirse en maestro de doctrina católica (en las escuelas de cualquier nivel) si no está aprobado por la autoridad eclesiástica (cfr. CIC, 804-805).

También tiene derecho la Iglesia a establecer sus propios centros de enseñanza (oficialmente católicos), a que sean reconocidos y reciban ayudas estatales en las mismas condiciones que los demás centros no estatales, sin tener para ello que renunciar a su ideario católico o a su dependencia de la autoridad eclesiástica (cfr. CIC, 800).

c) La Iglesia tiene también derecho a promover iniciativas sociales que sean congruentes con su misión religiosa (hospitales, medios de comunicación, orfanatos, centros de acogida) y a que el Estado reconozca estas obras “católicas” en las mismas condiciones que las demás iniciativas de este tipo promovidas por particulares (exenciones fiscales, titulación del personal, subvenciones, colaboración de voluntarios, posibilidad de recaudar donativos, etc.).

4. Laicidad y laicismo

Un tema de gran actualidad es la distinción entre laicidad y laicismo. Por laicidad se entiende que el Estado es autónomo respecto a las leyes eclesiásticas; mientras el laicismo pretende una autonomía de la política respecto al orden moral y al mismo designio divino, y tiende a encerrar la religión en la esfera puramente privada. De este modo conculca el derecho a la libertad religiosa y perjudica el orden social (cfr. Compendio, 572). Una auténtica laicidad evita dos extremos: la imposición de una teoría moral que transforme la sociedad civil en un Estado ético [20], y el rechazo a priori de los valores morales que provienen de ámbitos culturales, religiosos, etc., que son de libre pertenencia y no deben ser gestionados desde el poder [21].

Se debe, además, subrayar que es ilusorio e injusto pedir que los fieles actúen en política “como si Dios no existiese”. Es ilusorio, porque todas las personas actúan en base a sus convicciones culturales (religiosas, filosóficas, políticas, etc.), derivadas o no de una fe religiosa; son, por tanto, convicciones que influyen sobre el comportamiento social de los ciudadanos. Es injusta, porque los no católicos aplican sus propias doctrinas, independientemente de cuál haya sido su origen.

Actuar en política de acuerdo con la propia fe, si es coherente con la dignidad de las personas, no significa que la política esté sometida a la religión; significa que la política está al servicio de la persona y, por tanto, debe respetar las exigencias morales, que es tanto como decir que debe respetar y favorecer la dignidad de todo ser humano. Asimismo, vivir el empeño político por un motivo trascendente se ajusta perfectamente a la naturaleza humana y, por eso, estimula ese empeño y produce mejores resultados.

5. El pluralismo social de los católicos

Todo lo dicho concuerda con el legítimo pluralismo de los católicos en el ámbito social. En efecto, los mismos objetivos útiles se pueden conseguir a través de diversos caminos; es, por tanto, razonable un pluralismo de opiniones y de actuaciones para alcanzar una meta social. Es natural que los partidarios de cada solución busquen legítimamente realizarla; sin embargo, ninguna opción tiene la garantía de ser la única alternativa adecuada –entre otras cosas porque la política trabaja en gran parte con futuribles: es el arte de realizar lo posible– y, aún menos, de ser la única que responde a la doctrina de la Iglesia [22]: «A nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia» [23].

En este sentido todos los fieles, especialmente los laicos, tienen derecho a que en la Iglesia se reconozca su legitima autonomía para gestionar los asuntos temporales según sus propias convicciones y preferencias, siempre que sean acordes con la doctrina católica. Y tienen el deber de no implicar a la Iglesia en sus personales decisiones y actuaciones sociales, evitando presentar esas soluciones como soluciones católicas [24].

El pluralismo no es un mal menor, sino un elemento positivo ―al igual que la libertad― de la vida civil y religiosa. Es preferibile aceptar una diversidad en los aspectos temporales, que lograr una presunta eficacia uniformando las opciones con merma de la libertad personal. El pluralismo, sin embargo, no debe confundirse con el relativismo ético [25]. Más aún, un auténtico pluralismo requiere un conjunto de valores como soporte de las relaciones sociales.

El pluralismo es moralmente admisible mientras se trate de decisiones encaminadas al bien personal y social; pero no lo es si la decisión es contraria a la ley natural, al orden público y a los derechos fundamentales de las persones (cfr. Catecismo, 1901). Evitados estos casos extremos, conviene fomentar el pluralismo en materias temporales, como un bien para la vida personal, social y eclesial.

Enrique Colom

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 2104-2109; 2244-2246; 2419-2425.

Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes , 74-76; y Declar. Dignitatis humanae, 1-8; 13-14.

Juan Pablo II, Ex. ap. Christifideles laici, 30-XII-88, 36-44.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilía Amar al mundo apasionadamente, en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 113-123.

Congregación para la Doctrina de la Fe Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24-XI-2002.

Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 49-55; 60-71; 189-191; 238-243; 377-427.


[1] Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 30-XII-1987, 8. Cfr. Pablo VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, 29 y 30; Juan Pablo II, Discurso en Puebla, III; Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979, 15; Compendio, 64 y 71.

[2] Cfr. Pablo VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, 31. La unión de lo humano con lo divino es muy propia del Opus Dei: su Fundador decía que toda la vida de sus fieles es «un servicio de metas exclusivamente sobrenaturales, porque el Opus Dei no es ni será nunca —ni podrá serlo— un instrumento temporal; pero es al mismo tiempo un servicio humano, porque no hacéis más que tratar de lograr la perfección cristiana en el mundo, limpiamente, con vuestra libérrima y responsable actuación en todos los campos de la actividad ciudadana. Un servicio abnegado, que no envilece, sino que educa, que agranda el corazón —lo hace más romano, en el sentido más alto de esta palabra— y lleva a buscar el honor y el bien de las gentes de cada país: para que haya cada día menos pobres, menos ignorantes, menos almas sin fe, menos desesperados, menos guerras, menos inseguridad, más caridad y más paz» (San Josemaría, Carta 31-V-1943 , n. 1 en J.L. Illanes, F. Ocáriz, P. Rodríguez, El Opus Dei en la Iglesia, Rialp, Madrid 1993, p. 178).

[3] Cfr. Pablo VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, 9, 33-35; Congregación para la Doctrina de la Fe, Inst. Libertatis conscientia, 23-III-1986, 23.

[4] Hablando de los valores que favorecen el desarrollo de la dignidad humana, el Compendio indica: «El respeto de la legítima autonomía de las realidades terrenas lleva a la Iglesia a no asumir competencias específicas de orden técnico y temporal, pero no le impide intervenir para mostrar cómo, en las diferentes opciones del hombre, estos valores son afirmados o, por el contrario, negados» (Compendio, 197). Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 36 y 42; Pablo VI, Enc. Populorum progressio, 26-III-1967, 13; Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 41; Compendio, 68 y 81.

[5] Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium, 36. Cfr. Catecismo, 912.

[6] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 76; Declar. Dignitatis humanae, 13.

[7] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 76.

[8] Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 25-XII-2005, 28. Cfr. Benedicto XVI, Discurso en Verona, 19-X-2006.

[9] Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 76.

[10] Cfr. Ibidem, 40 y 41.

[11] Ibidem, 76. Cfr. Compendio, 425.

[12] Este derecho no consiste en que el hombre tenga libertad ante Dios para escoger una u otra religión, porque sólo hay una verdadera religión y el hombre tiene la obligación de buscar la verdad y, una vez encontrada, abrazarla (cfr. Concilio Vaticano II, Declar. Dignitatis humanae , 1). El derecho a la libertad religiosa «consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de las personas particulares como de grupos sociales y de cualquier otra potestad humana, y esto de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado a otros, dentro de los límites debidos» (Concilio Vaticano II, Declar. Dignitatis humanae, 2).

«El respeto, por parte del Estado, del derecho a la libertad religiosa es un signo del respeto a los demás derechos humanos fundamentales, porque es el reconocimiento implícito de la existencia de un orden que supera la dimensión política de la existencia, un orden que nace de la esfera de la libre adhesión a una comunidad de salvación anterior al Estado» (Juan Pablo II, Discurso , 9-I-1989, 6). Se dice que la comunidad de salvación es anterior al Estado porque la persona se incorpora a ella con miras a un fin que se encuentra en un plano superior al de los fines de la comunidad política.

[13] Cfr. Juan Pablo II, Enc. Centesimus annus, 1-V-1991, 47.

El derecho a la libertad en materia religiosa «está ligado al de todas las demás libertades»; más aún, todas ellas lo «reclaman como fundamento» (Juan Pablo II, Discurso , 23-III-91, 2).

[14] Cfr. Concilio Vaticano II, Declar. Dignitatis humanae, 13.

[15] Siempre que las circunstancias lo permitan, la Santa Sede establece relaciones diplomáticas con los Estados para así mantener un cauce de diálogo permanente en las cuestiones que interesan a las dos partes (cfr. Compendio, 427).

[16] Se debe, por tanto, sostener netamente que «no es verdad que haya oposición entre ser buen católico y servir fielmente a la sociedad civil. Como no tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado, en el ejercicio legítimo de su autoridad respectiva, cara a la misión que Dios les ha confiado» (San Josemaría, Surco, 301).

[17] «El derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales y inalienables» (Catecismo, 2221). Cfr. Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 22-XI-1981, 36.

[18] Cfr. Juan Pablo II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 40.

[19] «Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos. Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio» (Catecismo, 2229).

[20] Cfr. Pablo VI, Carta Ap. Octogesima adveniens, 14-V-1971, 25; Juan Pablo II, Enc. Centesimus annus, 25.

[21] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24-XI-2002, 6; Compendio, 571.

[22] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 75; Pablo VI, Carta Ap. Octogesima adveniens, 50; Compendio, 417.

[23] Ibidem 43.

[24] Cfr. San Josemaría, Conversaciones, 117.

[25] «Una concepción relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común. La libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor, sino sobre el hecho de que las actividades políticas apuntan caso por caso hacia la realización extremadamente concreta del verdadero bien humano y social en un contexto histórico, geográfico, económico, tecnológico y cultural bien determinado. La pluralidad de las orientaciones y soluciones, que deben ser en todo caso moralmente aceptables, surge precisamente de la concreción de los hechos particulares y de la diversidad de las circunstancias» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24-XI-2002, 3). Cfr. Compendio, 569 y 572.

 

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Los sufrimientos de Cristo y la crisis actual de la Iglesia

 

En su último libro publicado, "Christus Vincit", el obispo Athanasius Schneider se dirige a todos sus lectores y a toda la Iglesia en estos momentos tan convulsos para darnos orientación y guía espiritual. 

El siguiente fragmento es una traducción nuestra extraida de su libro:

Cuando Cristo sufrió en Getsemaní, Él fue confortado por un ángel. Éste es un misterio profundo: Dios en su naturaleza humana quiso ser consolado y confortado por una criatura.

En esta enorme crisis espiritual de la que estamos siendo testigos dentro de la Iglesia, Cristo está siendo consolado y confortado por las almas que permanecen fieles a la pureza de la fe católica, por las almas que viven una casta vida cristiana, por las almas que están comprometidas con una vida de oración intensa, por las almas que no huyen del Cristo Sufriente, de la Madre iglesia que sufre.

El consuelo y la fuerza que Cristo recibe del ángel en Getsemaní ya contenía los actos de expiación y reparación de todas las almas fieles a través de la historia de la Iglesia. Son tantas las almas que están sufriendo en nuestros días, especialmente en los últimos 50 años, debido a la tremenda crisis de la Iglesia.

Los más preciosos son los sufrimientos ocultos de los pequeños, de las personas que han sido expulsadas a la periferia de la Iglesia por la clase dirigente eclesial liberal mundana e incrédula. 

Estos sufrimientos son preciosos, ya que consuelan y confortan a Cristo que está sufriendo místicamente en nuestra crisis actual dentro de la Iglesia

También conocemos la famosa expresión de Blas Pascal en sus Pensamientos:

"Jesús estará en agonía incluso hasta el fin del mundo. No debemos dormir durante ese tiempo" (n. 533).

La actual crisis de la Iglesia, que es un sufrimiento místico de Cristo en y por su Iglesia, debería llamarnos a todos a evitar el sueño espiritual y estar vigilantes para que no seamos engañados por el espíritu del mundo que tanto ha penetrado en la Iglesia.

 

 

 

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

 

SEGUNDO DOMINGO

Oh bienaventurado patriarca glorioso San José,
escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios
hecho hombre: el dolor que sentisteis, viendo nacer al
Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambio de pronto
en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los
ángeles, y al contemplar las maravillas de aquella noche
tan resplandeciente.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos
que después del camino de esta vida vayamos a
escuchar las alabanzas de los ángeles, y a gozar de los
resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

 

FINAL (para todos los días): 

 

Acordaos Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío
San José, que jamás se oyó decir que haya dejado
de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a
vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta
confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo
a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor.
No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas
piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable
os dignasteis escoger al bienaventurado José para
esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos
concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra
como a nuestro protector, merezcamos tenerle por
intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.

 

by primeroscristianos.com
 

 

Comentario al Evangelio: Sal y luz

Evangelio del Domingo 5º del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio de la Misa.

VIDA CRISTIANA

Evangelio (Mt 5,13-16)

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos.


Comentario

Inmediatamente después de exponer las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), Jesús habla de lo que están llamados a ser en el mundo y en la sociedad quienes acojan su palabra y vivan de acuerdo con ese mensaje. Lo sugiere con unas imágenes muy expresivas: la sal y la luz.

La salazón de alimentos para conservarlos era muy importante cuando no se disponía de los actuales sistemas frigoríficos, y además les proporcionaba un toque de sabor. La sal evita la corrupción a la vez que hace más gustosa la comida, y eso lo consigue discretamente, mezclada entre los ingredientes. En el Antiguo Testamento se le reconoce a la sal un valor purificador (cf. Ex 30,35), y es símbolo de la fidelidad (cf. Nm 18,19). En ese sentido, los discípulos de Cristo estamos invitados a ser sal en todos los ambientes donde se desarrolla nuestra vida, purificándolos y haciéndolos agradables.

En Palestina en tiempo de Jesús la sal de uso doméstico no era muy refinada. Se trataba de material salado procedente del Mar Muerto, mezclado con muchas impurezas. Para usarlo, se diluía y se retiraba lo sobrante. En ocasiones esa sustancia tenía mucho más polvo que sal, por lo que la disolución resultaba casi sosa, de modo que no servía para nada sino para desecharla tirándola por tierra. Jesús se sirve de esa experiencia de la vida diaria para invitar a mantener la integridad en el pensar y en el hacer. La lección es siempre actual, como lo recordaba san Josemaría: “Tú eres sal, alma de apóstol. –‘Bonum est sal’ –la sal es buena, se lee en el Santo Evangelio, ‘si autem sal evanuerit’– pero si la sal se desvirtúa..., nada vale, ni para la tierra, ni para el estiércol; se arroja fuera como inútil. Tú eres sal, alma de apóstol. –Pero, si te desvirtúas...”[1].

Por su parte, la luz es algo imprescindible para ver, y se enciende para que alumbre, no para estar escondida. Pero también tiene un profundo sentido teológico. El Verbo, que existía desde el principio junto a Dios y que es Dios, es “la luz verdadera, que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9), y los discípulos de Cristo, participando de su claridad, están llamados a ser “luceros en el mundo” (Flp 2,15). En los textos litúrgicos antiguos se llama al bautismo “iluminación”, de modo que el cristiano “‘tras haber sido iluminado’ (Hb 10,32), se convierte en ‘hijo de la luz’ (1Ts 5,5), y en ‘luz’ él mismo’”[2].

El cristiano es sal y luz del mundo cuando, con su ejemplo y con su palabra, lleva a cabo una actividad apostólica intensa. El Concilio Vaticano II así lo enseña, aludiendo a este pasaje evangélico: “A los laicos se les presentan innumerables ocasiones para el ejercicio del apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas, realizadas con espíritu sobrenatural, tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios, pues dice el Señor: ‘alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos’ (Mt 5, 16)”[3].

Esta acción apostólica a la que Jesús llama a sus discípulos resulta especialmente urgente en un mundo secularizado donde, como señalaba el beato Álvaro del Portillo, “innumerables personas se apartan de Él en todos los ambientes de la sociedad. Nosotros, con tantos otros cristianos que también trabajan por Cristo en el seno de la Iglesia, hemos de construir –¡cómo me gusta repetir esta idea!– como un muro de contención que frene a los hombres en su loca huida de Dios, con el deseo de convertirlos en apóstoles que contribuyan a que las almas tornen a Dios. ¿Y qué somos nosotros? Un poco de sal, un poco de levadura metida en la masa de la humanidad (cfr. Mt 5, 13). Pero esta sal y esta levadura, con la gracia de Dios y nuestra correspondencia, devolverá el sabor divino a quienes se han vuelto insípidos, hará fermentar la harina, hasta transformarla en buen pan”[4].


[1] San Josemaría, Camino, n. 921.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 1216.

[3] Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 6.

[4] Beato Álvaro del Portillo, “Homilía 28-XI-1987”, en Romana 5 (1987) 234

 

 

V domingo del tiempo ordinario.

Mt 5, 13-16.

 

Sal y luz.

 

El que sigue a Jesús se convierte en sal de la tierra y luz del mundo. La vivencia de tener los sentimientos del Corazón de Cristo nos hace sal en un mundo sin sabor, desaborido y luz allí donde la oscuridad parece tener derecho de ciudadanía.

 

1.     Siempre me pregunté porque el Señor compara nuestra existencia con ser sal y luz. Lo de la sal me tenía muy intrigado. Fui descubriendo leyendo y meditando que la sal es humilde. No conozco saleros de plata. Se presenta humildemente. Todo habla de humildad, hasta tiene que desaparecer para dar sabor. Si la sal es buena se disuelve en el alimento para dar sabor.

 

2.     La luz puesta en lo alto de una montaña para alumbrar es más sencillo de explicar. La luz es para alumbrar y no para colocarla debajo de la cama. Es nuestra vida luz cuando alumbramos con la luz de Cristo proyectada desde nuestro corazón. La luz es sobre todo humilde porque para iluminar tiene que desaparecer. La luz también es siempre una llamada a la transparencia a no quedarse en el oscurantismo de una vida sin coherencia y sin salida.

 

+ Francisco Cerro Chaves. Arzobispo electo de Toledo

Administrador Apostólico de Coria-Cáceres.

 

Formar en valores genera hijos felices

Consuelo Mendoza

Cuando le preguntas a un papá o mamá qué es lo que desea para sus hijos, invariablemente y sin pensarlo mucho responden: que sean felices.

 

La felicidad es la meta y la búsqueda de cada persona y también el anhelo de todos los padres que aman a sus hijos; sin embargo, el mundo de relativismo en el que vivimos nos hace perder el sentido de la verdadera felicidad, envolviéndonos en una serie de intentos que producen satisfacción fugaz y alegría efímera, haciendo más grande el vacío y la necesidad de ser felices.

En un afán de evitarles cualquier tropiezo, nos hemos dedicado a maleducar a las nuevas generaciones, que han aprendido muy bien sus derechos, pero no les hemos enseñado que cada uno de éstos, conlleva una responsabilidad y una obligación.

Queremos que crezcan libres, pero no los preparamos para volar. Deseamos que sean felices, pero no los fortalecemos para enfrentar una realidad inevitable que tarde o temprano se presentará en sus vidas: el sufrimiento.

El alarmante aumento de suicidios de niños y adolescentes (quinta y segunda causa de muerte en México respectivamente según datos del INEGI), nos permite vislumbrar que nuestros niños están creciendo con un enorme vacío existencial y una gran incapacidad para enfrentarse a la frustración y a la adversidad… no están logrando ser felices.

Los papás preocupados por el futuro de sus hijos, muchas veces hacen grandes esfuerzos por inscribirlos en escuelas que ofrecen buen inglés, computación, y algunas otras actividades extracurriculares, que les proporcionen las herramientas necesarias para ser más competitivos el día de mañana, pero que le han restado importancia y tiempo a la formación de valores.

Como resultado, tenemos generaciones de pequeños que han quedado a merced de las redes sociales, de los medios de comunicación, de quienes los ven como un excelente “mercado” y les crean falsas necesidades y falsas expectativas con modelos a seguir muy bien fabricados para atraerlos a un consumismo que no tiene fin y les presentan como sinónimo de felicidad.

No lo estamos haciendo bien. Quizá muchos papás envueltos en las necesidades que nos presenta una sociedad cambiante y superficial, no nos hemos percatado que la única profesión en la que somos únicos e insustituibles es en la de ser papás.

Los padres de familia apoyados por los maestros tenemos la oportunidad de darle a la educación su verdadero sentido: esculpir el corazón de los educandos para lograr una versión más humana, más bondadosa, más perfecta, más persona. Desarrollar todas sus habilidades, pero también formar su interior para descubrir el bien, la bondad y la belleza.

El día a día nos presenta un sinfín de oportunidades para lograrlo, pues es en lo cotidiano y en la intimidad del hogar donde se presentan las oportunidades para, con un amor incondicional, cincelar el alma de nuestros hijos. Es en casa donde se prepara para la vida que no siempre es justa, pero si te da limones, habrá siempre la posibilidad de hacer limonada; porque sufrimiento y dolor no son antónimos de felicidad.

Padres y maestros tenemos que prepararnos y responsabilizarnos ante este reto, y buscar los medios que nos permitan prepararnos para una educación integral de las nuevas generaciones.

El IV Congreso de la Red de Educación de la CIRM “Educar la interioridad”, es un esfuerzo y una oportunidad para ahondar en estos temas.

 

8 cosas que un matrimonio necesita para mantener viva la llama del amor

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Foto: Freepik 

El cuerpo humano puede sobrevivir semanas sin comida, días sin agua y minutos sin aire. Necesitamos ciertas cosas para mantenernos vivos. De manera similar, un matrimonio necesita ciertas cosas para poder mantenerse vivo. No son cosas tan concretas como alimentos, agua u oxígeno, pero su importancia para la salud y la supervivencia de un matrimonio es vital.

A continuación, el terapeuta de pareja Dave Wills presenta ocho acciones fundamentales que todo matrimonio necesita para poder mantenerse a flote. Si alguno de los siguientes falta en tu matrimonio, por favor toma medidas inmediatas para agregarlo.

Aquí están las 8 cosas que todos los matrimonios necesitan para mantenerse vivo (sin ningún orden en particular):

1. Transparencia

La transparencia es básicamente otra palabra para "honestidad", pero me encanta la connotación que la palabra "transparencia" pinta, porque es también otra palabra para "desnudez".

Un matrimonio necesita desnudez y no sólo desnudez física. Necesitas estar desnudo emocionalmente con tu cónyuge. En términos prácticos, esto significa no tener secretos. No puedes ocultar nada (dinero, motivos, acciones, etc.) a tu cónyuge.

El nivel de la honestidad y transparencia determinará en última instancia el nivel de su intimidad.

2. Amabilidad

La amabilidad es uno de los ingredientes más importantes (aunque también subestimados) para un matrimonio exitoso. Si traes más bondad al matrimonio, la relación irá de maravilla.

3. Sexo

Las parejas que regularmente hacen el amor tienden a ser más felices y saludables que aquellos que no lo hacen.

Entiendo que puede haber una gran cantidad de factores por las cuales la vida sexual de una pareja no está donde quieren que esté y algunos de esos problemas (desequilibrios hormonales, agotamiento, limitaciones médicas, etc.) parecen estar fuera del control de ambos cónyuges. Sin embargo, cuando haces del sexo una prioridad, tu matrimonio siempre se beneficiará.

4. Comunicación

La comunicación hace para un matrimonio lo que la respiración hace a los pulmones. Tu matrimonio no sobrevivirá sin ella. La comunicación significa algo más que una pequeña charla sobre los detalles de lo que debe ser verificado en la lista de deberes de la familia.

La comunicación significa poner a un lado los móviles u otras distracciones, y centrarse uno en el otro. Significa escucharse de manera activa. Tómense el tiempo para hacer esto todos los días.

5. Risas

Los matrimonios saludables deben tener mucha más "comedia" que "drama". Incluso en los tiempos más difíciles, siempre deben encontrar momentos para reír juntos.

Claro, habrá momentos en los que se encontrarán llorando juntos, eso también pasa, pero la risa y la alegría deben permear tu relación a través de todos los altos y bajos de la vida. 

La risa también puede mejorar la salud en general e incluso su humor sexual, por lo que hay muchas razones por las cuales deben reírse juntos.

6. Fe

Mi esposa Ashley y yo no tenemos un matrimonio "perfecto" (no creo que exista tal cosa), pero tenemos un gran matrimonio. Hemos cometido errores a lo largo del camino, pero creo que la mejor decisión que tomamos para nuestra relación fue construirla sobre nuestra fe.

Para nosotros, esto ha significado orar juntos y unos por otros, usando la Biblia como nuestro mapa para la vida, de la mano de ser parte activa de una Iglesia saludable.

La Biblia dice: "Dios es amor". (1 Juan 4,8), y estoy convencido de que cuanto más lo invitas a tu matrimonio, más amor traerá al mismo.

7. Amistad

Los matrimonios con lazos más fuertes son entre mejores amigos. A través de todas las temporadas de tu matrimonio, muchos aspectos de la relación cambiarán, pero su amistad puede ser una firme ancla que lo mantenga fuerte a través de los retos de toda la vida.

Invertir en tu amistad con tu cónyuge, los adentrará en el camino a la construcción de un matrimonio que sobrevivirá (y prosperará) para toda la vida.

8. Compromiso

Los matrimonios no fallan debido a la falta de compatibilidad. En su mayor parte, los matrimonios fracasan debido a la falta de compromiso. Las parejas que logran un matrimonio exitoso no son las que nunca tuvieron una razón para divorciarse. Son aquellas cuyo compromiso fue siempre más fuerte que sus razones para separarse.

Si tienes luchas en tu matrimonio actualmente y estás considerando la separación, por favor, no pierdas la esperanza. Consiga ayuda profesional y haga cualquier otra cosa a tu alcance para salvar el matrimonio. Todo lo que suceda a través de esta lucha puede hacer a matrimonio aún más fuerte en otros aspectos.

 

 

Qué hacer si eres demasiado sensible

Lucía Legorretaaumentar tamaño de la fuente

Hoy quiero reflexionar contigo si eres una persona que se siente fácilmente, te molestan fácilmente los comentarios de los otros y piensas que lo hacen a propósito para molestarte.

Siempre en guardia

La hipersensibilidad nos hace chocar dolorosamente con nuestro entorno. Estar siempre en guardia de lo que recibimos de los demás agota nuestra energía, es causa de aislamiento y provoca baja autoestima.

¿Sabías que la psicología lo define como PAS: personas altamente sensibles? Es una situación que no es absurda ni exagerada y suele suceder más de lo que pensamos.

Vivimos en un mundo densamente poblado que nos obliga al roce diario con decenas, a veces cientos de personas diferentes. Cada una de ellas tiene su propia visión de lo que es correcto o incorrecto, una manera de expresarse y de reaccionar ante los estímulos externos. No es de extrañar, por tanto, que salten chispas y malos entendidos.

Y si quien vive en esta sociedad acelerada tiene además la llamada piel fina, o demasiada sensibilidad, el sufrimiento y los conflictos están asegurados.

Decía sabiamente Platón: “Sé comprensivo, porque cada persona que encuentres en tu camino está librando una dura batalla”.

Ya comentamos que además de minar la autoestima, estar siempre alerta agota nuestra energía y nos aísla socialmente. Las personas hipersensibles pierden amistades con facilidad y les cuesta adaptarse al entorno laboral.

Todos hemos convivido con personas demasiado susceptibles, que interpretan cualquier comentario como un ataque y van por el mundo sumando ofensas.

Son personas desconfiadas que están siempre a la defensiva y reaccionan con hostilidad a la primera de cambio.

¿Cómo son en el fondo estas personas? Son esclavos de la opinión de los demás o, lo que es peor, de lo que creen que los demás opinan de ellos. Una opinión, un comentario o incluso una simple mirada pueden bastar para prender la mecha.

La psicóloga clínica Trinidad Aparicio describe con los siguientes rasgos el perfil de un hombre o mujer hipersensible:

- Tiene una baja autoestima y es muy vulnerable emocionalmente.
- Pierde el control cuando sospecha que murmuran sobre él o ella o cuando se siente atacado por algún comentario.
- Le afecta cualquier opinión y continuamente piensa en lo que debería haber respondido en el momento de supuestamente ser atacado.
- Tienen menos en cuenta los comentarios positivos que las críticas o comentarios negativos.
- Busca el reconocimiento externo en todo lo que hace y se valora en función de la opinión de su entorno.
- Sus reacciones son imprevisibles.

Como podrás observar, tras el perfil de una PAS, persona altamente sensible, se oculta, por una parte, una urgente necesidad de estima, y por la otra, una visión exagerada subjetiva de lo que ocurre a su alrededor.

Esto explica que, paradójicamente, el hipersensible pueda reaccionar de forma violenta, hiriendo la sensibilidad de los demás.

Según un estudio realizado en Estados Unidos, una de cada cinco personas padece hipersensibilidad, lo cual no necesariamente tiene que ser negativo.

Desde un punto de vista positivo tienen una especial capacidad para captar matices y sutilezas que a los demás les pasan inadvertidos; a menudo aportan a su trabajo y relaciones una buena dosis de visión y humanidad.

Normalmente son conscientes, creativos y minuciosos. Sin embargo, a veces se involucran tanto y captan con tanta intensidad el sentido de lo que sucede a su alrededor, que necesitan desconectarse de su entorno en mayor medida que el resto de las personas.

Comparto contigo algunas claves que pueden ayudarte si eres una persona hipersensible:

- Pon las opiniones de los demás en cuarentena. En caliente tendemos a dramatizar situaciones que unas horas más tarde pueden no tener importancia. No envíes correos cuando te sientas dolido.
- Suspende el juicio. Cuando juzgamos a alguien, inevitablemente emitimos un veredicto e incluso un castigo psicológico. Podemos evitarlo renunciando a fiscalizar a los demás.
- No pronostiques conductas ajenas.

Si eres una persona hipersensible, goza de tu sensibilidad, pero no la exageres, ya que acabarás sufriendo mucho y alejada de tus seres queridos.

 

 

Trabajo en casa y fuera de casa

Ana Teresa López de Llergoaumentar tamaño de la fuente

Urge conciliar el trabajo en casa y el de fuera de casa. La jerarquía es importante: primero el hogar y después el trabajo fuera del hogar.

Prioridades hogar-trabajo

Uno de los logros de la lucha por el reconocimiento de los derechos humanos para las mujeres consiste en el logro del trabajo de la mujer fuera del hogar. De este modo el mundo laboral fuera de la casa se ha enriquecido con la óptica femenina y su modo de afrontarlos.

Las mujeres ahora cuentan con un horizonte amplificado al estar ubicadas en medio de los problemas nacionales e internacionales. Obviamente esto las capacita para experimentar la trascendencia de la solución de los asuntos que les competen con la responsabilidad que les caracteriza.

Este nuevo posicionamiento ofrece dos modos de coordinar los trabajos dentro y fuera del hogar. Uno es el de delegar el de su casa, para conseguir destacar y ser competitivas en el ámbito laboral, todo ello con la intención de sacar adelante su casa y mantener un nivel económico desahogado.

El otro es asumir los dos trabajos. Normalmente el ámbito laboral se realiza en un horario delimitado de antemano y ocupa el mejor tiempo. Pocas veces es posible negociar ajustes en favor del que se dedica a la familia. Como el trabajo del hogar lo organizan el padre y la madre, son más fáciles los ajustes, y cada vez es más común la intervención del varón en esos quehaceres.

Por motivos económicos pesa más la dedicación al trabajo fuera de casa. Es indudable que a corto plazo la balanza se inclina a relegarlo. Además, esta decisión está coloreada por todos los enfoques feministas, como el de liberarse de la maternidad porque es una forma del dominio machista.

No es trivial el tema y es necesario afrontarlo con claridad y fortaleza antes de emprender una nueva vida en familia. Para ello, definir a la familia y al trabajo.

La familia es el ámbito propio para la conservación y el desarrollo de toda persona. El trabajo es la actividad humana indispensable para el desarrollo de cada persona.

Se encuentran frecuentes ofertas de trabajo y muchas veces es necesario cambiar. La experiencia es normal, frecuente y benéfica, siempre que se cumplan los compromisos laborales. Por el contrario, no hay ofertas de familia porque se trata de una realidad más profunda y delicada. Es verdad que aparecen fenómenos de disolución de familias, pero en lo profundo descubrimos que el cambio de trabajo no significa lo mismo que el cambio de familia.

Esto se debe a que la familia exige estabilidad, incide en lo esencial para el desarrollo de la sociabilidad de cada persona. El trabajo también incide en el desarrollo de la persona, pero de un modo más accidental, y puede ser oportuno variarlo. Aquí las políticas públicas tienen una gran tarea para facilitar a las personas cuidar de manera primordial a la familia. Este es un planteamiento profundamente humanista. El economicista se va por la primacía de la dimensión material, y por ende –la experiencia lo demuestra– ausentarse del hogar con frecuencia destroza a la familia.

La urgente necesidad de contar con medios económicos y la incapacidad para el sacrificio son una combinación explosiva para destrozar a la familia. Porque el trabajo fuera de la casa tiene incentivos atractivos a corto plazo: reconocimientos, promociones, mejora del salario. El trabajo de casa no tiene retribución material y los resultados son a largo plazo, por supuesto no hay incentivos.

Para sacar adelante a la familia se necesita madurez y sensibilidad para descubrir la inteligencia de un bebé, porque la tiene. Para descubrir las rebeldías naturales para empezar a forjar el carácter. En fin, que los avances de cada persona no están envueltos en papeles decorados ni con moños, para descubrirlos hay que convivir y observar con mucha atención. Es detener el ritmo del tiempo en un mundo vertiginoso e inmediatista.

Urge conciliar el trabajo en casa y el de fuera de casa. La jerarquía es importante: primero el hogar y después el trabajo fuera del hogar. Además de todo lo antes dicho, la cuestión más contundente está en que la familia se apoya en la dignidad del matrimonio, y esto está en un nivel muy superior al de un contrato laboral.

La compatibilidad del trabajo fuera de casa con el de dentro es un asunto que surge a partir de la incorporación de la mujer al mundo laboral, antes ni se pensaba porque la distribución estaba bien delimitada, la mujer en la casa y el hombre fuera. Ahora las mujeres disfrutan de los logros profesionales a expensas de muy poca o ninguna presencia en casa. Las oportunidades extralaborales para el varón han disminuido por la presencia femenina, y su actividad dentro del hogar ha aumentado, pero no lo ejercen con tanta soltura como la mujer. El ego de ellas ha crecido, el de ellos ha disminuido.

Antes los logros laborales eran exclusivos de los hombres, ahora también son para ellas. Y, si falla la madurez emocional, surgen duelos competitivos, envidia o desprecio Todo eso deteriora las relaciones conyugales y hace muy frágil el vínculo, que desgraciadamente con frecuencia se rompe. En la mente de las personas en estas circunstancias la presencia de los hijos es impensable.

La finalidad del matrimonio es convertir a los cónyuges en esposo y esposa, es de orden vital que incide en lo más profundo de la persona. En primer lugar, la finalidad del trabajo es para el sustento de la familia, las otras finalidades vienen en segundo lugar. Gracias al trabajo fuera de casa de él y de ella se puede afirmar algo impensable en el pasado: el trabajo fuera de casa de ambos cónyuges ha de subordinarse siempre a la familia.

La razón más importante del trabajo es la familia; la razón básica de la familia es el amor. La lógica nos dice: el amor a la familia es primero y superior al amor a la profesión. Con un criterio así hay mejores posibilidades para resolver conflictos y rupturas conyugales. Importa menos fracasar en el trabajo si la persona sigue siendo admirada y apoyada por su propia familia que fracasar en la familia, porque el apoyo que encuentra en el trabajo no sustituye al de la vida familiar.

Cuando alguien pierde su trabajo encuentra la seguridad básica en la familia, y el acompañamiento que le sostiene hasta encontrar otro empleo. Si triunfa en el trabajo a costa de la familia no encontrará allí el apoyo que necesita, e incluso puede perder el trabajo.

El consejo es nunca invertir el orden de las prioridades.

 

 

“Por la soberanía y la seguridad alimentaria de todos”.

Dentro del calendario de movilizaciones que están sacando a las calles de toda España a los profesionales del campo bajo el lema #AgricultoresAlLímite. El día 5, a las 11:30 horas, frente al Ministerio de Agricultura, las organizaciones de agricultores y ganaderos madrileños UPA, COAG y ASAJA, celebraron una concentración de protesta.

Las reivindicaciones de los agricultores y ganaderos pretenden reflejar “la falta de futuro” para sus explotaciones agrarias debido, principalmente, a la baja rentabilidad. Para ello, los agricultores y ganadores pidieron al Ministerio y a la Comunidad de Madrid que trabajen para reequilibrar la cadena agroalimentaria, y que no  permita los abusos que sufren agricultores y ganaderos por parte de algunas empresas de la industria alimentaria y, especialmente, la distribución y que luche por una Política Agraria Comunitaria (PAC) justa.

Entre las demandas de los agricultores y ganaderos a las Administraciones, además de la rentabilidad y precios justos, también están: la reivindicación por un sistema de seguros agrarios fuerte, que se gestione la fauna salvaje y compensen los problemas que ésta causa, que se impulse un etiquetado transparente, que se preste especial atención a sectores vulnerables como el apícola, y que apoye al sector agrario explicando su importancia al resto de la sociedad.

Para representar esta denuncia, las organizaciones agrarias acompañaran la concentración de una figuración original para hacer ver cómo sería, sin su trabajo, la alimentación del futuro. “Para que sigamos alimentando a la sociedad, necesitamos que nos apoyen”, han dicho los organizadores de la performance, invitando a la población a que participe, “porque esta es una lucha por la soberanía y la seguridad alimentaria de todos”. Sin agricultores y ganaderos, ¿qué comeremos en el futuro?. ¿Lo importaremos de China?

Jesús Domingo

 

 

¿Ética civil?

 Daniel Tirapu 

Que conste que me parecen muy bien estos planteamientos de ética civil. Pero tienen algún inconveniente, la mayor parte de las veces se convierten en éticas de consenso, en éticas de partido gobernante, todo menos una ética neutra.

Dicen que el mejor modo de que un moralista se quede con la cartera que ha encontrado es aplicar sus reglas: si la coge otro será peor, a saber en qué se lo iba a gastar, yo le daré un buen uso, etc. Y además, lo comentaba el otro día con un buen amigo filósofo, la ética civil dura una generación, lo siguiente es la corrupción generalizada.

Si uno no es fiel a su mujer o a su marido por qué lo va a ser al estado o la comunidad, que es mucho más abstracto. Europa acaba una generación de éticas civiles y la situación es lamentable.

Por cierto, queremos casas más grandes y más baratas.

 

 

En la muerte de George Steiner

 Jesús Ortiz López 

Acaba de fallecer George Steiner el crítico literario y pensador, pues él mismo no se consideraba filósofo. Un hombre judío nacido francés de familia vienesa que tuvo que emigrar a Estados Unidos por el nazismo, y después en el Reino Unido. Profesor en varias universidades y escritor prolífico para defender la cultura europea. Como es sabido se resume en los tres pilares famosos: el pensamiento griego, el derecho romano, y el corazón cristiano. Entre sus obras más difundidas están: Presencias reales, Errata, Lenguaje y silencio, Después de Babel, y Nostalgia del Absoluto, a la que me refiero a continuación.

Su diagnóstico

Por muchas vueltas que le demos, la religión no es un invento humano porque antes es ya un invento divino, que ha creado el universo entero y lo ha puesto en nuestras manos para colaborar con Dios hasta la plenitud final. Lo que algunos no llegan a entender es que afirmar a Dios es afirmar al hombre, y viceversa: valorar al hombre y respetar su dignidad es camino para encontrar a Dios. Por ahí transcurre el pensamiento de Steiner: hace un buen diagnóstico de la crisis de la cultura occidental y atisba alguna solución, si bien no da en la clave última.

En Nostalgia del Absoluto, George Steiner considera que nuestra época se caracteriza por ese sentimiento de búsqueda de Dios, aunque por caminos inciertos cuando ha abandonado las grandes religiones monoteístas y se ha vuelto a las sectas y el esoterismo. Piensa que las grandes religiones, desde el judaísmo al cristianismo, han fallado en la modernidad dejando un vacío que han rellenado mitologías sustitutivas como el marxismo violento, el psicoanálisis freudiano enraizado en las pulsiones irracionales, y la antropología estructuralista de Lévy-Strauss cerrada a la trascendencia. Por eso crecen las pseudo religiones del esoterismo y las sectas milenaristas, que incluso se disfrazan de ecologismo, animalismo, o transhumanismo, podemos añadir.

Inseguro en la terapia

Steiner tiene esa apertura religiosa, siente nostalgia de Dios, piensa con libertad, defiende al hombre y la cultura occidental: conoce el cristianismo aunque le reprocha su falta de vigor para orientar a las nuevas generaciones. En peores condiciones se encuentran el judaísmo y el islam, contrario a la libertad, a los derechos humanos y a la cultura moderna. Sin embargo, Steiner no acaba de encontrar la práctica real del humanismo cristiano centrado en Jesucristo y en la mediación de la Iglesia.

En estos momentos deseo que encuentre satisfacción a su nostalgia del Absoluto: más que un pensamiento estéticamente elevado, que una ética y una cultura, pues es real como Verdad encarnada en Jesucristo, el Hijo de Dios con nosotros que ha muerto en la Cruz para la salvación de todos los hombres, de todas las razas y culturas. La fe y la caridad encarnadas han sido y siguen siendo -a pesar de las incoherencias de sus discípulos- la base de una sociedad humana que siempre está aprendiendo a convivir. Por ahí se encuentra la terapia más eficaz para la enfermedad diagnosticada por Steiner.

 

 

El valor de la amistad

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Auténticas amistades

La base de cualquier relación son la confianza y la sinceridad, ya que si no existen, las relaciones no pueden ser plenas.

Después de pasar unos días con unos queridos amigos y de ver que cada vez que vamos a su casa, nuestros hijos se la pasan genial y el buen humor les dura un buen tiempo, me di cuenta lo importante de tener buenas amistades basadas en algo trascendente, en algo más grande que el querer tener el mismo celular o querer al mismo niño como novio o tener como ídolo al mismo cantante que por cierto, es el que está de moda. La amistad debe estar basada en la roca firme que nos da la estabilidad a pesar de las tormentas, debe estar basada en Cristo.

Hoy quiero compartirles 5 tips para que nuestros hijos tengan buenas amistades.

PRIMERO. Enséñalos a ser sinceros.

La base de cualquier relación son la confianza y la sinceridad ya que si no existen, las relaciones no pueden ser plenas.

No se vale que estén hablando mal de las personas y de sus actitudes detrás de ellos y cuando están presentes los traten como si nada.

Es muy importante que sean coherentes, que actúen conforme a lo que piensan y que también sepan enfrentar las consecuencias de sus actos.

Cuando mis hijos intentan tener este tipo de actitudes, los llevo a un lugar apartado y platico con ellos para que comprendan que no deben actuar así. No siempre es fácil que me entiendan porque ellos sienten que tienen la razón pero procuro hacerles ver que no es así y les pido que ofrezcan a Dios el sacrificio de no comportarse así.

SEGUNDO. Que no basen su amistad en lo pasajero.

Ya que en cuanto se acaba o pasa la moda, la amistad se termina. Si queremos tener verdaderas y duraderas amistades debemos fundarlas en lo trascendente, en lo que es verdaderamente importante en la vida.

Para eso, desde muy pequeños les enseñé a mis hijos a que no consideraran como amigos a todos sus compañeros sino que buscaran a quienes tenían cosas en común con ellos, además de ir en el mismo salón de clases.

Al principio les costó mucho trabajo, pero con el tiempo fueron comprendiendo y ahora son capaces de tener amigos, verdaderos amigos, con ideales en común y con Cristo a la cabeza de sus vidas.

Con esto no quiero decir que a los que sólo son sus compañeros deban hacerles groserías o ignorarlos, pero sí creo que hay diferentes niveles de relacionarse y que ellos deben comprender en que círculo se encuentra cada relación.

Y con esto podrán tener amistades que aunque no se vean todos los días, cuando se encuentran las cosas son como la primera vez. Mis hijos tienen a unos amigos que hicieron en el equipo de fútbol, pero ahora ya no los llevo a ese equipo y Juan y Luisito los buscan para que nos reunamos los días que tienen consejo técnico o los fines de semana para jugar y hasta hacen méritos para que su mamá los deje.

¡Qué padre que el deseo de ver a sus amigos los mueva para obedecer y hacer sus labores!

TERCERO. Nada de prejuicios.

Si hay algo que puede lastimar las relaciones y sobre todo las amistades son los prejuicios.

Pero, ¿qué es esto en realidad? Un prejuicio es cuando uno se hace una idea sobre alguien sin tener la información completa o sin tomar en cuenta el entorno de una situación.

Los prejuicios son muy dañinos porque lo que provocan es que uno crea que es verdad lo que se ha imaginado o ha deducido de algo o alguien.

Siempre es mejor platicar y pedir una explicación si es que se quiere continuar con la amistad.

Y claro que va de la mano con la sinceridad. ¡Siempre es mejor aclarar las cosas que seguir haciéndose telarañas en la cabeza!

CUARTO. Que salgan de sí mismos para buscar el bien del otro.

Cada vez que nos reunimos con estos amigos pasan cosas muy lindas porque al principio mis hijos imponían sus gustos sobre los deportes y terminaban jugando a lo que ellos querían.

Pero de un tiempo para acá las cosas han cambiado para bien porque han dejado de imponer sus gustos y ahora buscan que todos estén contentos, aunque esto signifique dejar de jugar a lo que ellos quieren.

El ejemplo más claro es que a ellos les gusta mucho el futbol, pero a su amigo le encanta el basquetbol y ahora hasta han organizado una liga de basquetbol fantasy para tener otro espacio de convivencia con su amigo.

Dejaron el “yo” para dar paso al “nosotros” y eso me dice que ahí se está madurando una amistad fuerte basada en las personas y no en las cosas.

Y QUINTO. Que den más de lo que esperan recibir.

Esto es básico porque si sólo actúan buscando recibir corren el riesgo de volverse egocentristas y provocar que todo gire en torno suyo lo que hace una relación difícil y monótona, por lo mismo aburrida para los demás.

Cuando logramos que nuestros hijos den lo mejor de sí mismos para que la amistad madure logramos tener hijos generosos, desprendidos y adaptables.

Con mis hijos hemos logrado que se venzan a sí mismos para dar paso a actitudes de donación, al grado de dejar de comer algo para que los otros tengan.

Las amistades son muy importantes porque somos seres sociales que necesitamos más gente a nuestro alrededor y que mejor que sean personas que piensan, sienten y actúan como nosotros para lograr pasar momentos llenos de alegría y amor cada día.

No en vano dice el dicho: Quien ha encontrado a un amigo ha encontrado un tesoro.

 

 

La eutanasia

Vuelve a hablarse de la eutanasia especialmente aquí i en Holanda. La polémica está planteada. Hay posiciones encontradas, pero también hay opiniones dubitativas. La eutanasia no es una cuestión que pueda resolverse en una discusión entre amigos -no digamos ya entre enemigos- porque hay argumentos de peso entre los que admitirían la eutanasia y los que no la admitirían nunca. De entrada, una persona dispuesta a votar a favor de una ley permisiva no necesariamente piensa en que él, en algún momento de la vida, recurriría a esa posibilidad, pero siempre hay una componente importante de compasión.

De todas estas controversias que surgen en torno a la eutanasia trata un librito muy asequible, escrito por un médico y, por lo tanto, con argumentos ante todo médicos. Se titula así, sencillamente: Eutanasia. El autor advierte de sus pretensiones en el subtítulo: “Un análisis a la luz de la ciencia y la antropología”.

En un planteamiento antropológico puede llegar a predominar quizá una idea de fondo: el respeto a la libertad individual. Si uno quiere quitarse la vida, allá él. Yo simplemente le facilito lo necesario. Aquí el autor busca diferenciar entre eutanasia y suicidio asistido. Pero admite que la línea de separación no es nítida. Salvo que nos vayamos a planteamientos extremos, que ya se dejan oír en Holanda, de quitar la vida a personas que no están en condiciones de dar permiso, porque han perdido la cabeza. El argumento de peso ahí es la calidad de vida.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Alegría

Parece que todos estamos de acuerdo en que el hombre quiere ser feliz. Es algo que todos buscamos. Pero además nos gustaría estar alegres. ¿Ah, pero no es lo mismo? La única felicidad auténtica y consistente es la del cielo. Y aquí en la tierra somos más o menos felices en la medida en que estamos en el buen camino. Y puede haber quien esté ciertamente descaminado, sin una idea clara de qué sea la felicidad, pero que tenga momentos de alegría. Incluso puede ocurrir que haya quien esté en el camino de la felicidad, con la paz que eso aporta, y que tenga tristezas que le producen desgracias familiares, problemas económicos serios, etc.

“Todos deseamos ser felices en la vida y vamos buscando alegría”. Así empieza un amable y sugerente librito, de Maurizio Mirilli, párroco de Roma, con un sugerente título: “Una pizca de alegría… siempre que sea honda”. El autor habla mucho de alegrías: una sorpresa, un acontecimiento inesperado… Y nos trae los sucesos del evangelio de San Lucas, donde Jesucristo se hace presente.

Por ejemplo, el encuentro con Mateo, pecador por publicano. Hay una gran alegría porque hay un cambio. Mateo se encuentra con Cristo y decide cambiar de vida y, feliz por el acontecimiento, quiere hacer partícipes a sus amigos. Cuando Jesús cura al paralitico, contra toda expectativa Jesús le dice: “Tus pecados son perdonados”. Sin duda una alegría mucho más grande que la producida por la salud corporal. De esta manera, con estos relatos, el autor nos recuerda que uno de los modos de llegar a una alegría consistente, que se parece a la felicidad, es cambiando de vida.

Enric Barrull Casals

 

 

La virtud de la esperanza.

No comentaré los aspectos estrictamente teológicos, que giran en torno a la virtud humana y teologal de la esperanza. Aunque no faltan realidades actuales que abonan más bien la desesperación, ante la pervivencia de conflictos regionales –como Afganistán, Yemen o Siria- en los que están implicadas, quizá demasiado activamente, las grandes potencias, que son también las principales fabricantes de armamento: en oriente se combate con armas occidentales (incluidas aquí las rusas), fabricadas en países que teóricamente son partidarios de la paz. No deja de ser una de las grandes contradicciones del progreso global.

De otra parte, en ese tipo de conflicto, en gran medida secuela de los diversos tipos de violencia islamista, suele aparecer un rechazo radical de la diversidad: prevalecen criterios supuestamente identitarios frente a las exigencias de cooperación o solidaridad propias de la condición humana. De ahí que, en cierto modo, la lucha por una paz que permita la convivencia con personas tal vez muy diversas, enlaza con el objetivo ecológico que defiende la biodiversidad.

Ciertamente, y no deja de ser otra contradicción, existe una deep ecology que llega a ser enemiga del ser humano, al que hace responsable de todo mal que advierte en la naturaleza, aun a riesgo de poner entre paréntesis posibles males que hombres y mujeres se causan a sí mismos. Como se dan también casos patológicos de animalistas capaces de matar a quienes se oponen a su defensa a ultranza de los seres animados.

Suso do Madrid

 

 

Los “medios” deformativos y desinformativos

                                Abro el ordenador y empiezo a ver los periódicos que normalmente visito diariamente para “ver qué es lo que me cuentan”; me detengo en la siguiente noticia y sonriendo con socarronería, pienso un momento y seguidamente escribo; puesto que lo que me hace sonreír es lo que sigue; y que ya sé desde hace mucho tiempo.

                                “Ver televisión hace a la gente estúpida? Según un estudio del que se hace eco uno de los gurús de PRISA, el venezolano Moisés Naim, la respuesta es afirmativa: quienes vieron Mediaset cuando eran niños y adolescentes ahora, como adultos, muestran una mayor propensión que sus pares a apoyar a políticos e ideas populistas. Así lo firma en un artículo en El País titulado ‘La Tóxica Televisión Chatarra’ publicado este 24 de noviembre de 2019”.https://www.periodistadigital.com/periodismo/20191125/pais-acusa-tv-paolo-vasile-embrutecer-espectadores-vieron-mediaset-ninos-adolescentes-votan-ahora-populismo-noticia-689404194593/  Les dejo la dirección para que puedan leer el resto.

Las televisiones al igual que todos los medios de difusión... y sálvese el que pueda; son lo que el sabio Platón y hace casi dos mil quinientos años, nos enseñó con su relato metafórico de, "La caverna"; o sea una forma sibilina de distraer a las masas y que no piensen en lo que verdaderamente les interesa, perjudica, o atormenta. Todos esos medios funcionan hoy masivamente; y como siempre (otros) a favor del poder y del dinero en cantidad; y ni a uno ni al otro, les interesan, "la verdad de las cosas"; por tanto todo cuanto difunden, son "verdades a medias, interesadas en el negocio que sea; mentiras y deformaciones, para tener deformadas a las masas, puesto que así se pueden explotar mucho mejor"; y reto al que sea para que me contradiga razonando lo contrario.

            Pero no es sólo eso, es mucho más; puesto que hay que remontarse al denominado, “Pan y circo romanos”; aquellos grandes espacios para embrutecer y distraer a las masas, a las chusmas, “al rebaño” a manejar, que no a gobernar; puesto que “gobernar, es cuidar a sus gobernados, dando un ejemplo que les estimule a seguir y emular a “los padres y las madres de los pueblos” (Ese es el significado de “padres de la patria” y no los engendros corruptos e indeseables que en general demuestra ser la clase política); los actuales “engendros deportivos”, que encabezan hoy “el monstruo mundial cual es el fútbol”, seguido de “otros ya infinitos monstruos menores”; las loterías, los juegos de azar, la infinidad de drogas que invaden el mundo; todo ello no conlleva otro fin, que es, el embrutecimiento de las masas; el presentarles “paraísos absurdos, muchos de ellos, infiernos terribles cuando domina la adicción”; el libertinaje actual, camuflado de “una libertad inexistente” (la libertad es una disciplina y muy dura) “las modas”, “la adoración de los infinitos ídolos de barro”, a los que hay que quemar lo más rápido posible, para presentar a otros nuevos y que “la masa siga adorando”… todo eso y mucho más que hoy no quiero tocar, es lo que tiene a la humanidad, más que deformada, ya destrozada; y sin horizontes verdaderamente humanos, puesto que es que ya y en mayoría, no saben ni lo que quieren, por cuanto carentes de Maestros, verdaderamente MAESTROS (ambos sexos pueden serlo) no tienen ya ni idea de lo que es y debiera ser “humano”, en el mejor de los grados y expresiones de esa gran palabra; y lo que queda simplemente es, “el vacío y la degeneración que hoy hay”; y donde y por ejemplo… “mueren más en el suicidio que en los tan cacareados accidentes de carretera, de los que tanto se habla, pero del suicidio nada se dice o tan poco, por cuanto y como fracaso mundial, conviene a los que mandan el que de ello no se sepa nada, o tan poco, que no haga pensar.

            Seguimos pues; sumergidos en “un mundo de mentiras”, tal y como ya denunciara en el pasado siglo, “François Revel en su libro: El conocimiento inútil”; y donde plasmó la verdad latente… “El mundo está gobernado por la mentira”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes