Las Noticias de hoy 22 Enero 2022

Enviado por adminideas el Sáb, 22/01/2022 - 12:01

19 ideas de Cartelera responsabilidad | valor de la responsabilidad,  responsabilidad, responsabilidad para niños

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 22 de enero de 2022  

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: fuerte compromiso de la Iglesia para dar justicia a las víctimas de abusos

 Más responsabilidad para la seguridad del ambiente y de los trabajadores

San Ireneo proclamado por el Papa Doctor de la Iglesia

LA ALEGRÍA : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 2.ª semana del tiempo ordinario

“Estad alegres, siempre alegres” : San Josemaria

¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuáles son sus principios?

¿Qué dice la Iglesia sobre la ecología?

Os he llamado amigos (II): Para iluminar la tierra : José Manuel Antuña

EL DRAMA DE NO MIRAR ARRIBA… Y SU ARREGLO: ADORAR :  Alberto García-Mina 

Arturo Álvarez, mexicano: un profesor universitario con fama de santidad

Testimoniar el Amor. Educar en la familia : José Martínez Colín.

Libertad y compromiso. :  José Luis Velayos

Enseñemos a nuestros hijos a ahorrar : Silvia del Valle Márquez

Aspectos bioéticos de la donación de órganos en contexto pandémico :Julio Tudela

Querer conciliar el Evangelio con el mundo no trae la paz : Acción Familia

La salud de tu cabeza : Jesús D Mez Madrid

La energía, el pollo y los hogares de Cataluña : Jesús Domingo Martínez

Si los techos están podridos: El edificio se derrumba : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

 

 

El Papa: fuerte compromiso de la Iglesia para dar justicia a las víctimas de abusos

Francisco recibió en audiencia a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe y les instó a tener "discernimiento" en la lucha contra los abusos y también en los casos de disolución del vínculo matrimonial "in favorem fidei". Una invitación también a defender la dignidad humana "desde la concepción hasta la muerte natural" y a utilizar el discernimiento en el tratamiento de los fenómenos sobrenaturales y el camino sinodal.

 

Salvatore Cernuzio - Ciudad del Vaticano

La lucha "contra los abusos de todo tipo", con "discernimiento", con una acción judicial "más incisiva" y con una fuerte voluntad de "hacer justicia" a las víctimas. El Papa Francisco ofreció indicaciones muy precisas a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el dicasterio encargado de tratar los "delicta graviora", entre ellos el dramático fenómeno de los abusos. Al recibir a los participantes en la sesión plenaria en el Palacio Apostólico, el Pontífice señaló tres palabras, "dignidad", "fe" y "discernimiento", para llevar a cabo plenamente la labor de promover y proteger la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral.

El ejercicio del discernimiento, dice el Papa en su discurso, encuentra "un campo de aplicación necesario en la lucha contra los abusos de todo tipo".

La Iglesia, con la ayuda de Dios, persigue con firmeza el compromiso de hacer justicia a las víctimas de abusos perpetrados por sus miembros, aplicando con especial cuidado y rigor la legislación canónica prevista.

Francisco recuerda la reciente actualización de las Normas sobre los delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, fruto del "deseo de hacer más incisiva la acción judicial". Sin embargo, esto solo "no puede bastar para frenar el fenómeno", admite el Papa, "pero constituye un paso necesario para restablecer la justicia, reparar el escándalo, enmendar al reo".

El Pontífice invoca el mismo discernimiento para "presuntos fenómenos sobrenaturales, para los que el pueblo de Dios debe recibir indicaciones seguras y sólidas". Pero sobre todo es necesario el discernimiento, subraya Francisco, para otra tarea de la Doctrina de la Fe, como es la disolución del vínculo matrimonial in favorem fidei. "Cuando, en virtud de la potestad petrina, la Iglesia concede la disolución de un vínculo matrimonial no sacramental, no se trata sólo de poner fin canónicamente a un matrimonio, en todo caso ya fracasado de hecho, sino que, en realidad, con este acto eminentemente pastoral pretendo siempre fomentar la fe católica -¡in favorem fidei! - en la nueva unión y en la familia, de la que este nuevo matrimonio será el núcleo".

A continuación, el Papa se detiene en la "necesidad de discernimiento en el camino sinodal". Algunos -dijo - pueden pensar que el camino sinodal es escuchar a todos, hacer una investigación y dar resultados. ... No. Un camino sinodal sin discernimiento no es un camino sinodal".

Es necesario -en el camino sinodal- discernir continuamente opiniones, puntos de vista, reflexiones. Pero no se puede ir por el camino sinodal sin discernimiento. Este discernimiento es lo que hará del sínodo un verdadero sínodo en el que el personaje -digamos- más importante es el Espíritu Santo, y no un parlamento o un sondeo de opiniones que puedan realizar los medios de comunicación. Por eso insisto: el discernimiento es importante en el proceso sinodal.

"Dignidad" es la otra palabra en la que el Papa basa su reflexión:

Sin embargo, en nuestra época, marcada por tantas tensiones sociales, políticas e incluso sanitarias, crece la tentación de considerar al otro como un extraño o un enemigo, negándole una real dignidad.

Por ello, especialmente en este momento, es necesario recordar, "siguiendo fielmente una enseñanza eclesial bimilenaria", que "la dignidad de todo ser humano tiene un carácter intrínseco y es válida desde el momento de su concepción hasta su muerte natural", subraya el Papa Francisco. Precisamente la afirmación de dicha dignidad "es el presupuesto inalienable para la protección de una existencia personal y social", así como "la condición necesaria para que la fraternidad y la amistad social se realicen entre todos los pueblos de la tierra".

El objetivo es "reavivar entre todos una aspiración mundial a la fraternidad": "Si la fraternidad es la meta que el Creador ha diseñado para el camino de la humanidad, el camino principal sigue siendo el del reconocimiento de la dignidad de toda persona humana", subrayó el Obispo de Roma. "El hombre es, en efecto, la obra maestra de la creación: es querido y amado por Dios como socio de sus designios eternos, y por su salvación Jesús dio su vida hasta morir en la cruz".

En la misma línea, el Papa aborda el tema de la "fe", sin la cual -dice- "la presencia de los creyentes en el mundo se reduciría a la de una agencia humanitaria". "La fe debe ser el corazón de la vida y la acción de todo bautizado", subraya Francisco. "Y no una fe genérica o vaga, como el vino aguado que pierde su valor": "No nos conformemos con una fe tibia y habitual", exhorta el Papa. Necesitamos una fe "auténtica y directa", una fe que "inflame" los corazones de la gente de hoy. Una fe que "nos pone en crisis":

No debemos olvidar nunca que una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos cuestiona es una fe sobre la que debemos cuestionarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe ser animada; una fe que no nos sacude es una fe que debe ser sacudida..

 

Más responsabilidad para la seguridad del ambiente y de los trabajadores

Al recibir en audiencia a una delegación de Ance, la Asociación Nacional de Constructores, el Papa Francisco recordó los valores de sostenibilidad, ética y seguridad en las obras. Denunció el exceso de víctimas en el trabajo e invitó a los empresarios a utilizar la competencia como un incentivo para hacerlo mejor, no como un deseo de dominio y exclusión

 

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano

La propuesta de una lectura cristiana de los valores de competencia y transparencia, responsabilidad y sostenibilidad, ética, legalidad y seguridad. Este es el corazón del discurso que el Papa Francisco dirigió esta mañana a un grupo, de unas cincuenta personas, de la Ance, la Asociación Nacional de Constructores, a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

Este encuentro también representó una oportunidad para recordar el 75º aniversario, celebrado en los últimos meses, de una realidad empresarial que representa a empresas italianas de todos los tamaños que operan en el ámbito de la construcción, un sector que se ha visto afectado por el difícil periodo agravado por la pandemia.

La metáfora bíblica de la construcción

“Creo – dijo Francisco – que también es un momento difícil para su sector. Y en estos tiempos es importante recurrir a las motivaciones, a las opciones fundamentales. Por mi parte, me gustaría compartir con ustedes algunas enseñanzas del Evangelio que pueden ayudarlos en su trabajo. Es una lectura cristiana de los valores en los que se inspiran: competencia y transparencia; responsabilidad y sostenibilidad; ética, legalidad y seguridad”.

Recordó que el Evangelio “atestigua que Jesús, en su predicación, también utilizó la metáfora de la construcción para transmitir sus mensajes. Es el caso, por ejemplo, del capítulo 6 del Evangelio de Lucas (vv. 46-49), donde, entre otras cosas, Jesús desenmascara el comportamiento hipócrita y perezoso de los que sólo hablan sin hacer”. Y destacó que Jesús no estaba pensando en grandes edificios, pero señaló que estas construcciones se erigen junto al río, mientras que “el buen constructor sabe que en la primera inundación tal casa está destinada a ser arrastrada”.

Su parábola, prosiguió diciendo el Papa, continúa con la otra cara de la moneda: "Quien viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica [...] es como un hombre que, construyendo una casa, ha cavado muy hondo y ha puesto los cimientos sobre la roca" (vv. 47-48). La imagen es aún más interesante si pensamos que ese constructor no sólo hizo lo correcto en el momento presente, sino que también defendió la casa de posibles inundaciones futuras. Uno podría decir – explicó  – ¡pero eso nunca ocurrió! Sí, pero podría ocurrir. Eso es lo que estamos viendo con el cambio climático.

La fe no protege de la intemperie, sino que fortalece

En la predicación de Jesús, el Papa recordó que el creyente es aquel que no sólo aparenta ser cristiano exteriormente, sino que realmente actúa como tal. Y es precisamente esta "consistencia operativa", les dijo, la que le permite construirse a sí mismo no sólo en los momentos normales de la vida, sino mantenerse incluso en los momentos difíciles.

“Esto significa también que la fe no nos protege del mal tiempo, sino que, acompañada de buenas obras, nos fortalece y nos hace capaces de resistirlo. Y es precisamente en este sentido que hay que custodiar y encarnar cotidianamente los valores que inspiran su pertenencia a la Asociación”

Que la competencia no sea voluntad de dominio, sino un incentivo para hacerlo mejor

Competencia y transparencia. La competencia por sí sola no es suficiente, les dijo el Papa.  Porque:  

En la lógica utilitaria del mercado, puede llevar a la oposición hasta el punto de eliminar al otro. Ilusiona pensar que se pueda ganar sobre el otro o que la derrota del otro deba tenerse en cuenta en la tendencia económica. Cuando esto ocurre, se socava el tejido social de confianza que permite que el propio mercado funcione correctamente. La competencia debe ser un incentivo para hacerlo mejor y bien, no un deseo de dominación y exclusión. Por eso es fundamental la transparencia en los procesos de toma de decisiones y en las opciones económicas. Permite evitar la competencia desleal, que en el ámbito económico y laboral se traduce a menudo en la pérdida de puestos de trabajo, el apoyo al trabajo no declarado o el trabajo mal pagado. Acaba favoreciendo formas de corrupción que se alimentan de la oscuridad de la ilegalidad y la injusticia.

Por un trabajo sostenible

Responsabilidad y sostenibilidad. Nunca antes habíamos oído hablar tanto de la sostenibilidad, añadió Francisco: “Se trata de la capacidad regenerativa de cada ecosistema”.

En el sector de la construcción, es fundamental utilizar materiales que ofrezcan seguridad a las personas. Al mismo tiempo, hay que evitar la explotación del medio ambiente cooperando en la inviabilidad de ciertos territorios especialmente explotados. Todas las empresas pueden contribuir de forma responsable a la sostenibilidad del trabajo.

El proyecto de la belleza para valorar las relaciones humanas

“Además, la sostenibilidad tiene que ver con la belleza de los lugares y la calidad de las relaciones. Aquí me gustaría retomar una reflexión de la encíclica Laudato si' sobre la relación entre los espacios urbanos y el comportamiento humano” dijo el Papa: “Quienes proyectan edificios, barrios, espacios públicos y ciudades necesitan la contribución de diferentes disciplinas para comprender los procesos, el simbolismo y el comportamiento de las personas”.

“No basta con buscar la belleza en el diseño, porque es aún más valioso servir a otro tipo de belleza: la calidad de vida de las personas, su armonía con el entorno, el encuentro y la ayuda mutua. Por eso también es tan importante que las opiniones de la población local contribuyan siempre al análisis de la planificación urbana" (nº 150). Que su trabajo ayude a las comunidades a fortalecer los lazos de solidaridad, cooperación y ayuda recíproca”

Demasiadas muertes en el trabajo, la seguridad no es un coste

Ética, legalidad y seguridad. El año pasado murieron demasiadas personas en el trabajo. No son números, son personas. Incluso las obras de construcción han sufrido tragedias que no podemos ignorar. Francisco recordó textualmente:

Lamentablemente, si consideramos la seguridad en el trabajo como un coste, partimos de un supuesto erróneo. Las personas son la verdadera riqueza: sin ellas no hay comunidad de trabajo, ni empresa, ni economía. La seguridad en el trabajo significa salvaguardar los recursos humanos, que tienen un valor inestimable a los ojos de Dios y también a los del verdadero empresario. Por ello, la legalidad debe entenderse como la protección del máximo patrimonio, que son las personas. Trabajar con seguridad permite a todos expresar lo mejor de sí mismos mientras se ganan el pan de cada día. Cuanto más cuidemos la dignidad del trabajo, más seguro estaremos de que la calidad y la belleza del trabajo realizado aumenten.

Y se despidió pidiendo que San José, patrono de los trabajadores, los sostenga en su empeño. “Yo también los acompaño con mi oración y mi bendición”, les dijo y añadió: “Y les pido que hagan lo que ha dicho el presidente: que recen por mí. Gracias”.

 

San Ireneo proclamado por el Papa Doctor de la Iglesia

La decisión está contenida en el Decreto firmado hoy por Francisco. El apóstol de los pueblos celtas y germánicos y defensor de la Doctrina recibe el título de "Doctor unitatis". En su nombre y en su vida está impreso el anhelo de paz y de diálogo

 

Vatican News

"Que la enseñanza de tan gran Maestro anime cada vez más el camino de todos los discípulos del Señor hacia la plena comunión". Esta es la esperanza con la que el Papa Francisco firmó el Decreto del 21 de enero en el que declaraba a San Ireneo de Lyon Doctor de la Iglesia, con el título de Doctor unitatis.

 

20/01/2022San Ireneo de Lyon en camino a convertirse en Doctor de la Iglesia

 

Puente espiritual e inspirador de la paz

En las motivaciones que preceden a la proclamación, Francisco destaca dos aspectos de la vida y la obra del santo que "vino de Oriente" y "ejerció su ministerio episcopal en Occidente":

"Él fue un puente espiritual y teológico entre los cristianos de Oriente y Occidente. Su nombre, Ireneo, expresa esa paz que viene del Señor y que reconcilia, reintegrando la unidad".

 

07/10/2021Papa a ortodoxos y católicos: pronto declararé a San Ireneo de Lyon “Doctor Unitatis”

 

Recordamos que ayer mismo se dio el último paso para este pleno reconocimiento del obispo de Lyon del siglo II, con la aceptación por parte del Papa del dictamen afirmativo de la Congregación para las Causas de los Santos. Francisco ya había hablado también de él el 7 de octubre del año pasado, cuando se reunió con el Grupo Mixto de Trabajo ortodoxo-católico San Ireneo, y destacando, como ha vuelto a hacer hoy, su papel de "gran puente espiritual y teológico entre los cristianos de Oriente y Occidente" y la misión de paz ya impresa en la raíz griega de su nombre: Ειρηναίος (Eirenaios), que significa "pacificador".

La paz del Señor, había dicho el Papa en aquella ocasión, "no es una paz 'negociable', fruto de acuerdos para proteger intereses, sino una paz que reconcilia, que reintegra en la unidad. Esta es la paz de Jesús".

 

 

LA ALEGRÍA

— Tiene su fundamento en la filiación divina.

— Cruz y alegría. Causas de la tristeza. Remedios.

— El apostolado de la alegría.

I. Cuando el mundo surgió de las manos de Dios, todo desbordaba bondad, y esta tuvo su punto culminante con la creación del hombre1. Pero con el pecado llegó al mundo el mal, y como hierba mala arraigó en la naturaleza humana. Unida siempre al bien, la alegría verdadera vino plenamente a la tierra aquel día en que Nuestra Señora dio su consentimiento y en su seno se encarnó el Hijo de Dios. En Ella ya reinaba un profundo gozo, porque había sido concebida sin el pecado de origen y su unión con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo era plena. Con su respuesta amorosa a los designios divinos se convierte en causa, en todo el sentido de la palabra, de la nueva alegría del mundo, pues en Ella nos llegó Jesucristo, que es el júbilo pleno del Padre, de los ángeles y de los hombres: en quien Dios Padre tiene puestas todas sus complacencias2, y la misión de Santa María, entonces y ahora, es darnos a Jesús, su Hijo. Por eso llamamos a Nuestra Señora Causa de nuestra alegría.

Hace pocas semanas contemplábamos el anuncio del Ángel a los pastores: No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David...3. La alegría verdadera, la que perdura por encima de las contradicciones y del dolor, es la de quienes se encontraron con Dios en las circunstancias más diversas y supieron seguirle: es la alegría colmada del anciano Simeón al tener en sus brazos al Niño Jesús4; o el inmenso gozo –gaudio magno valde5– de los Magos al encontrar de nuevo la estrella que les conducía hasta Jesús, María y José; y la de todos aquellos que un día inesperado descubrieron a Cristo: ¿Por qué no le habéis prendido?, preguntarán más tarde los príncipes de los sacerdotes y los fariseos a los servidores, que posiblemente se ganaron un arresto o un despido al desobedecer: Es que jamás hombre alguno -dijeron- habló nunca como este hombre6; es la dicha de Pedro en el Tabor: Señor, bueno es quedarnos aquí7; o el júbilo que recuperan, al reconocer a Jesús, dos discípulos que caminaban hacia Emaús con profundo desaliento...8; y el alborozo de los Apóstoles cada vez que ven a Cristo Resucitado...9. Y, entre todas, la alegría de María: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de alegría en Dios, salvador mío10. Ella posee a Jesús plenamente, y su alegría es la mayor que puede contener un corazón humano.

La alegría es la consecuencia inmediata de cierta plenitud de vida. Y para la persona, esta plenitud consiste ante todo en la sabiduría y en el amor11. Por su misericordia infinita, Dios nos ha hecho hijos suyos en Jesucristo y partícipes de su naturaleza, que es precisamente plenitud de Vida, Sabiduría infinita, Amor inmenso. No podemos alcanzar alegría mayor que la que se funda en ser hijos de Dios por la gracia, una alegría capaz de subsistir en la enfermedad y en el fracaso: Yo os daré una alegría -había prometido el Señor en la Última Cena- que nadie os podrá quitar12. Cuanto más cerca estamos de Dios, mayor es la participación en su Amor y en su Vida; cuanto más crezcamos en la filiación divina, mayor y más tangible será nuestra alegría. ¿Es alegre, positivo, optimista, mi modo habitual de ser y de comportarme? ¿Pierdo fácilmente la alegría por una contradicción, por un contratiempo? ¿Me dejo llevar con frecuencia por los estados de ánimo?

II. ¡Qué distinta es esta felicidad de aquella que depende del bienestar material, de la salud ¡tan frágil!, de los estados de ánimo ¡tan cambiantes!, de la ausencia de dificultades, del no padecer necesidad...! Somos hijos de Dios y nada nos debe turbar; ni la misma muerte.

San Pablo recordaba a los primeros cristianos de Filipos: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos13. Y les señalaba enseguida la razón: El Señor está cerca. En medio del ambiente difícil, a veces duro y agresivo, en el que se movían, el Apóstol les indica la mejor medicina: estad alegres. Y es admirable este mandato del Apóstol, pues cuando él escribe esa Carta está encadenado en la cárcel. Y en otra ocasión, en circunstancias extraordinariamente difíciles, escribirá: abundo y sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones14. Para la verdadera alegría nunca son definitivas ni determinantes las circunstancias que nos rodeen, porque está fundamentada en la fidelidad a Dios, en el cumplimiento del deber, en abrazar la Cruz. «¿Cómo es posible estar alegres ante la enfermedad y en la enfermedad, ante la injusticia y sufriendo la injusticia? ¿No será esa alegría una falsa ilusión o una escapatoria irresponsable?: ¡no! La respuesta nos la da Cristo: ¡solo Cristo! Solo en Él se encuentra el verdadero sentido de la vida personal y la clave de la historia humana. Solo en Él –en su doctrina, en su Cruz Redentora, cuya fuerza de salvación se hace presente en los Sacramentos de la Iglesia– encontraréis siempre la energía para mejorar el mundo, para hacerlo más digno del hombre, imagen de Dios, para hacerlo más alegre.

«Cristo en la Cruz: esta es la única clave auténtica. En la Cruz, Él acepta el sufrimiento para hacernos felices; y nos enseña que, unidos a Él, también nosotros podemos dar un valor de salvación a nuestro sufrimiento, que así se transforma en gozo: en la alegría profunda del sacrificio por el bien de los demás y en la alegría de la penitencia por los pecados personales y los pecados del mundo.

»A la luz de la Cruz de Cristo, por tanto, no hay lugar para el temor al dolor, porque entendemos que en el dolor se manifiesta el amor: la verdad del amor, de nuestro amor a Dios y a todos los hombres»15.

En el Antiguo Testamento ya había dicho el Señor por boca de Nehemías: No os entristezcáis, porque la alegría de Yahvé es vuestra fortaleza16. En efecto, la alegría es uno de los más poderosos aliados que tenemos para alcanzar la victoria17, un admirable remedio para todos los males. Este gran bien solo lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, la desgana en el trato con Dios, el egoísmo de pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos la Cruz, que nos llega de formas tan diversas: dolor, enfermedad, fracaso, contradicción, cambio de planes, humillaciones... La tristeza hace mucho daño en nosotros y a nuestro alrededor. Es una planta dañina que debemos arrancar en cuanto aparece: Anímate, pues, y alegra tu corazón, y echa lejos de ti la congoja; porque a muchos mató la tristeza. Y no hay utilidad alguna en ella18.

En cualquier circunstancia que tienda a abatirnos podemos recuperar la alegría si sabemos abrir el corazón: hablar, airear el alma. Cuando acudimos a la oración o vamos con corazón contrito a la Confesión tomamos una actitud eficaz para encontrar el camino de la alegría, sobre todo cuando se perdió a causa del pecado o de descuidos culpables en el trato con el Señor. El olvido de sí mismo, el no andar excesivamente preocupados de las propias cosas, la humildad, en definitiva, es condición imprescindible para abrirnos a Dios como buenos hijos, fundamento de toda alegría verdadera. En la oración confiada –que es hablar con Dios– surgirá la aceptación de una contrariedad (quizá la causa oculta de ese estado triste), o la decisión de abrir el alma en la dirección espiritual –para decir aquello que nos preocupa–, o de ser generosos en eso que Dios nos pide y que quizá –por nuestras escasas luces– nos cuesta darle.

III. El apostolado que nos pide el Señor es, en buena parte, sobreabundancia de alegría sobrenatural y humana, transmitir la alegría de estar cerca de Dios. Cuando esta «se derrama en los demás hombres, allí engendra esperanza, optimismo, impulsos de generosidad en la fatiga cotidiana, contagiando a toda la sociedad.

»Hijos míos –decía el Papa Juan Pablo II–, solo si tenéis en vosotros esta gracia divina, que es alegría y paz, podréis construir algo válido para los hombres»19.

Un campo importante, donde debemos sembrar mucha alegría, es en la familia. La nota dominante en el propio hogar ha de ser la sonrisa habitual –aunque estemos cansados, aunque tengamos asuntos que nos preocupen–, y entonces esta manera optimista, cordial, afable, de comportarnos es también «la piedra caída en el lago»20, que provoca una onda más amplia, y esta otra más: acaba creando un clima grato en el que es posible convivir y en el que, con naturalidad, se desarrolla un apostolado fecundo con los hijos, con los padres, con los hermanos... Por el contrario, un gesto adusto, intolerante, pesimista, reiterativo.... aleja a los demás de uno mismo y de Dios, crea nuevas tensiones y con facilidad se falta a la caridad. Dice Santo Tomás que nadie puede aguantar ni un solo día a una persona triste y desagradable; y, por tanto, todo hombre está obligado, por un cierto deber de honestidad, a convivir amablemente (con alegría) con los demás21. Vencer los estados de ánimo, el cansancio, las preocupaciones personales, será siempre una mortificación muy grata al Señor.

Este espíritu alegre, optimista, sonriente, que tiene como fundamento hondo la filiación divina, hemos de extenderlo al trabajo, a los amigos, a los vecinos, a esas personas con las que quizá solo vamos a tener un breve encuentro en la vida: al cliente que ya no veremos más, al enfermo que una vez sano ya no deseará ver al médico, a esa persona que nos ha preguntado la dirección de una calle... Se llevarán de nosotros un gesto cordial, y el haberles encomendado a su Ángel Custodio... Y muchos encontrarán en la alegría del cristiano el camino que conduce al Señor, que quizá de otra manera no hallarían.

«¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría —“Magnificat anima mea Dominum!” —y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado.

»¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con Él y de tenerlo»22. Junto a Ella hacemos hoy un «propósito sincero: hacer amable y fácil el camino a los demás, que bastantes amarguras trae consigo la vida»23.

1 Cfr. Prov 8, 30-31. — 2 Cfr. Mt 3, 17. — 3 Lc 2, 10. — 4 Cfr. Lc 2, 29-30. — 5 Cfr. Mt 2, 10. — 6 Jn 7, 46. — 7 Mc 9, 5. — 8 Cfr. Lc 24, 13-35. — 9 Cfr. Jn 16, 22. — 10 Lc 1, 46-47. — 11 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 28, a. 4 ss. — 12 Jn 16, 22. — 13 Flp 4, 4. — 14 2 Cor 7, 4. — 15 A. del Portillo, Homilía en la Misa para los participantes en el Jubileo de la juventud, 12-IV-1984. — 16 Neh 8, 10. — 17 Cfr. 1 Mac 3, 2 ss.— 18 Eclo 30, 24-25. — 19 Juan Pablo II, Discurso 10-IV-1979. — 20 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 831. — 21 Santo Tomás, o. c., 2-2, q. 114, a. 2 ad 2. — 22 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 95. — 23 Ibídem, n. 63.

 

Meditaciones: sábado de la 2.ª semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el sábado de la 2.ª semana del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: Jesús está siempre a nuestra disposición; Él es fuente de novedad; la Eucaristía alimenta nuestra sed de almas.

22/01/2022


TANTA GENTE se agolpaba en torno a Jesús y sus discípulos que, en no pocas ocasiones, «no los dejaban ni comer» (Mc 3,20). El Señor pasa horas y horas escuchando a personas, todas muy distintas. Para uno tiene palabras de perdón y de aliento; para otra, un gesto de ternura; para algunos, ese encuentro supone el final de una enfermedad o el principio de una nueva vida. Todo el que se acerca a Jesús se siente escuchado, atendido, querido, aunque sean encuentros de unos pocos segundos. Nosotros también estamos dentro de una de esas muchedumbres, esperando el momento de ver al Maestro cara a cara. ¿Qué le voy a pedir? ¿Qué me gustaría contarle? ¿Qué me preocupa? ¿Qué necesito sanar en mi alma? ¿A quiénes llevo hoy en el corazón de modo especial? Los ratos de oración son tan reales como esos encuentros que nos relata el Evangelio. El Señor nos espera con la misma atención.

Una humanidad necesitada consume las energías del Maestro y de sus discípulos. El amor por la muchedumbre puede más que el cansancio, más que el hambre, más que cualquier problema personal. Jesucristo se identifica de tal modo con su misión salvadora, que todo en él está supeditado a ella. Por estar un rato con nosotros, Jesús está dispuesto a quedarse sin comer o a permanecer en un sagrario sin que importe el tiempo. «Al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo –confesaba san Josemaría–, me da alegría descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia; es un nuevo Sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al Señor Sacramentado»1.


NO TODO EL MUNDO participa del entusiasmo de aquella muchedumbre por Jesús. Algunos de sus paisanos y familiares, que le conocen desde que era un niño, no aceptan que haya alcanzado esa notoriedad. Conocen al hijo del carpintero desde siempre, piensan que ya saben lo que se puede esperar de él y, por eso, lo que está ocurriendo no entra dentro de sus expectativas. Quizá nosotros también hemos conocido a Jesús desde nuestra más tierna infancia. Y quizá, como sus paisanos, creemos también que ya sabemos lo que podemos esperar de él. Este puede ser un obstáculo para abrirnos a sus dones. Envejecer espiritualmente significa, precisamente, no esperar ya nada nuevo, ni siquiera de quien es la fuente de toda novedad. La presencia de Jesús rejuvenece el espíritu, hace siempre más audaz a la fe, más segura a la esperanza, más ardiente a la caridad.

«La Palabra de Dios en el libro del Apocalipsis dice así: “Mira que hago un mundo nuevo” (Ap. 21,5). La esperanza cristiana se basa en la fe en Dios que siempre crea novedad en la vida del hombre, crea novedad en el cosmos. Nuestro Dios es el Dios que crea novedad, porque es el Dios de las sorpresas»2. San Josemaría, cada vez que se acercaba al altar para celebrar la santa Misa, saboreaba interiormente el salmo 43, dirigiéndose a Dios como el Dios que alegra nuestra juventud. Si descubrimos síntomas de envejecimiento espiritual, podemos acudir al Banquete Eucarístico para renovarnos, para que Dios alegre nuestra vida con una fe siempre joven; entonces crecerá nuestra convicción de que para él no hay nada imposible (cfr. Lc 1, 37) y que su mano no se ha acortado (cfr. Is, 59, 1).


ES TARDE y todavía no han comido. Sin embargo, Jesús había hablado a sus discípulos de un alimento que ellos no conocían: mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado (Cfr. Jn 4,34). La muchedumbre que, por un lado, les deja sin comer, por otro lado les permite ver que la voluntad del Padre es salvar a todos. Y esa voluntad del Padre acabará siendo su alimento preferido.

«Al ver a las multitudes, se llenó de compasión por ellas» (Mt, 9, 36). Hacer la voluntad del Padre produce todavía más hambre de hacer la voluntad del Padre. El alimento material sacia cuando se come; el alimento espiritual, cuanto más se prueba, más hambre da. Después de una jornada haciendo el bien a tantas personas, los discípulos están exhaustos y hambrientos, pero también con más hambre de almas. Es lo que ocurre a quien sigue a Jesús: que ya no puede vivir de espaldas a la muchedumbre y se llena de ansias de hacerla feliz.

Al final del día, se habrán sentado por fin a comer algo. Habían comido juntos muchas veces, pero llegará un día, casi al final de su paso por esta tierra, en la Última Cena, en que Cristo les dará a comer su misma hambre. En la Eucaristía comemos y nos llenamos de la misma hambre de Cristo, de sus mismos deseos salvadores, de su misma sed de almas. Le podemos pedir ayuda a nuestra Madre para participar cada vez con más amor en ese Banquete; así, junto a ella, nuestro corazón se compadecerá con el sufrimiento de la muchedumbre y se llenará de ansias de hacerla feliz.


San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 154
Francisco, Audiencia, 23-VIII-2017.

 

“Estad alegres, siempre alegres”

El dolor entra en los planes de Dios. Es la realidad, aunque nos cueste entenderla. Nadie es feliz, en la tierra, hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y, después, eternamente. (Surco, 52)

22 de enero​

«Servite Domino in laetitia!» –¡Serviré a Dios con alegría! Una alegría que será consecuencia de mi Fe, de mi Esperanza y de mi Amor..., que ha de durar siempre, porque, como nos asegura el Apóstol, «Dominus prope est!»... –el Señor me sigue de cerca. Caminaré con Él, por tanto, bien seguro, ya que el Señor es mi Padre..., y con su ayuda cumpliré su amable Voluntad, aunque me cueste. (Surco, 53)

Un consejo, que os he repetido machaconamente: estad alegres, siempre alegres. –Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios. (Surco, 54)

 

¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuáles son sus principios?

En el camino de la salvación de cada persona, la lglesia se preocupa por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social. Por ello, desarrolla una brújula, una doctrina social que forme las conciencias y ayude a vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana.

20/01/2022

Sumario

  1. ¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?
  2. ¿Dónde se explica? (Desarrollo histórico)
  3. ¿Es la doctrina social de la Iglesia una especie de política o ideología?
  4. ¿Por qué la Iglesia opina en temas sociales?
  5. Principios de la doctrina social de la Iglesia

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«Con esta doctrina, la Iglesia no persigue fines de estructuración y organización de la sociedad, sino de exigencia, dirección y formación de las conciencias. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, n. 81).

“La Iglesia (...) tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación (Caritas in veritate, n. 9).

1. ¿Qué es la doctrina social de la Iglesia? (DSI)

La doctrina social es el anuncio de fe que hace el Magisterio ante las realidades sociales. Recogida en un compendio, esa defensa se traduce en indicaciones, consejos y exhortaciones por las que la Iglesia anima a los cristianos a ser ciudadanos responsables.

De hecho, “no existe unanimidad acerca de la realidad que se designa como «DSI». Juan Pablo II –en la que es la definición más precisa que ha dado el Magisterio– dice que es «la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial» (Sollicitudo Rei Socialis 41)”[1].

El único objetivo de la Iglesia es “ayudar al hombre en el camino de salvación”. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 69). Esta es su única misión y también la razón por la que la Iglesia tiene el derecho y el deber de desarrollar una doctrina social que forme las conciencias de los hombres y les ayude a vivir según el Evangelio y la propia naturaleza humana. Un cristiano coherente dirige todos los aspectos de su vida hacia Dios, viviendo según su designio salvífico. La Iglesia acompaña a los cristianos en esta tarea.

Esto incluye dimensiones de la vida humana y de la cultura como la economía y el trabajo, pasando por la comunicación y la política, hasta temas como la comunidad internacional y las relaciones entre las culturas y los pueblos.

La caridad es una «fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une» (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 207).

2. ¿Dónde se explica la doctrina social de la Iglesia?

La DSC nace con la Rerum Novarum de León XIII, papa que estaba muy preocupado por la “cuestión obrera”, es decir la situación de muchos trabajadores pobres del campo que ahora vivían miserablemente en las ciudades. A partir de ese momento las enseñanzas sociales, que existían desde el principio del cristianismo, se ordenan de manera sistemática. Las cartas sociales de los pontífices tendrán la Rerum Novarum como referencia. Entre las muchas encíclicas sociales, destacan además de la RN, las de san Juan Pablo II: Laborem Exercens (90 años desde la Rerum Novarum), Sollicitudo Rei Socialis y Centesimus Annus (100 años desde la Rerum Novarum). Recientemente, el Papa Francisco se ha dirigido a los cristianos con dos encíclicas de tema social: Laudato si' (2015) y Fratelli Tutti (2020).

Con el objeto de facilitar una búsqueda temática de los contenidos, en los últimos años se escribió un Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que puede servir como punto de referencia.

3. ¿La Doctrina Social de la Iglesia es una especie de política o de ideología?

No. Su competencia no se extiende a las cuestiones técnicas, ni propone sistemas de organización social, que no pertenecen a su misión: ésta se limita al ámbito moral y evangélico. Además, esa función no la realiza en base a un poder coercitivo (propio del Estado), ni sirviéndose del “brazo secular” (es decir, usando instituciones civiles que actúen según sus dictados, ejerciendo de este modo para su influencia en la sociedad); la ejerce mediante un poder de convicción, que respeta la laicidad de la vida pública. Por consiguiente, la enseñanza social del Magisterio no obstaculiza la autonomía de las realidades terrenas. Más bien, las interpreta para examinar su adecuación al espíritu evangélico y orientar la conducta cristiana.

“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones” (Gaudium et Spes, 76)

“En el orden de la moralidad, la Iglesia ejerce una misión distinta de la que ejercen las autoridades políticas: ella se ocupa de los aspectos temporales del bien común a causa de su ordenación al supremo Bien, nuestro fin último. Se esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso de los bienes terrenos y en las relaciones socioeconómicas”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2420)

Meditar con san Josemaría

“Esto trae consigo una visión más honda de la Iglesia, como comunidad formada por todos los fieles, de modo que todos somos solidarios de una misma misión, que cada uno debe realizar según sus circunstancias personales. Los laicos, gracias a los impulsos del Espíritu Santo, son cada vez más conscientes de ser Iglesia, de tener una misión específica, sublime y necesaria, puesto que ha sido querida por Dios. Y saben que esa misión depende de su misma condición de cristianos, no necesariamente de un mandato de la Jerarquía, aunque es evidente que deberán realizarla en unión con la Jerarquía eclesiástica y según las enseñanzas del Magisterio”(Conversaciones, 59)

Jamás he preguntado a alguno de los que a mí se han acercado lo que piensa en política: ¡no me interesa! Os manifiesto, con esta norma de mi conducta, una realidad que está muy metida en la entraña del Opus Dei, al que con la gracia y la misericordia divinas me he dedicado completamente, para servir a la Iglesia Santa. No me interesa ese tema, porque los cristianos gozáis de la más plena libertad, con la consecuente personal responsabilidad, para intervenir como mejor os plazca en cuestiones de índole política, social, cultural, etcétera, sin más límites que los que marca el Magisterio de la Iglesia (Amigos de Dios, 11)

“Nunca hablo de política. No pienso en el cometido de los cristianos en la tierra como en el brotar de una corriente político-religiosa —sería una locura—, ni siquiera aunque tenga el buen propósito de infundir el espíritu de Cristo en todas las actividades de los hombres. Lo que hay que meter en Dios es el corazón de cada uno, sea quien sea. Procuremos hablar para cada cristiano, para que allí donde está —en circunstancias que no dependen sólo de su posición en la Iglesia o en la vida civil, sino del resultado de las cambiantes situaciones históricas—, sepa dar testimonio, con el ejemplo y con la palabra, de la fe que profesa”. (Es Cristo que pasa, 183).

4. ¿Por qué la Iglesia opina en temas sociales?

La salvación obrada por Cristo y, consecuentemente, la misión de la Iglesia, alcanza al hombre en toda su integridad, incluido el ámbito social. De hecho, el cristianismo no puede ser restringido a meras devociones, sino que es antes un modo de vivir en sociedad.

El Papa Benedicto XVI afirma que la doctrina social de la Iglesia responde a la dinámica de caridad recibida y ofrecida y resume su función como el “anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad”. (Caritas in veritate, n. 5)

El Papa Francisco explica la razón por la cuál la Iglesia expresa su parecer en los asuntos que afectan a la comunidad mundial (Discurso del Santo Padre al cuerpo diplomático, 7 de enero de 2019), diciendo que es la misión espiritual que Jesucristo dirigió a San Pedro y sus sucesores la que impulsa al Pontífice y a la Santa Sede “a preocuparse por toda la familia humana y sus necesidades, incluso en el ámbito material y social” y aclara que “la Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados”, sino que observa “las problemáticas que afectan a la humanidad”, para “ponerse al servicio del bien de todo ser humano” y “trabajar por favorecer la edificación de sociedades pacíficas y reconciliadas”. Por este motivo, la Iglesia no puede quedar al margen de las realidades humanas, e interviene con su doctrina para iluminar distintos aspectos de la sociedad.

La Iglesia desde su experiencia por el contacto con la gente y los pueblos, y desde su doctrina de fe apoyada en una profunda reflexión, es un gran interlocutor, para defender y dar voz a los más débiles, a las naciones pobres y al planeta amenazado por la crisis ecológica.

5. Principios de la doctrina social de la Iglesia

Esta preocupación de la Iglesia se concreta en valores que sirven de base para la actuación social. Todos ellos tienen base evangélica y están de acuerdo con la naturaleza humana, que la Iglesia asume y defiende, buscando llevarla a la plenitud, por la Redención obrada por Cristo. Estos valores son:

  1. La dignidad de la persona humana: la vida humana es sagrada y su dignidad inviolable, independientemente de la edad, el estado de salud, la riqueza o la condición social. Cada persona tiene derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural. Además, una vida digna conlleva paz, que en muchas ocasiones se ve amenazada por la guerra y la violencia.
  2. Familia y comunidad: el hombre es un ser social y tiene derecho a crecer en comunidad. El matrimonio y la familia son la base de la sociedad (ya en los comienzos de la Iglesia la familia era considerada “iglesia doméstica”, término que se recuperó en el Concilio Vaticano II y que san Juan Pablo II extendió). Todas las personas tienen derecho a participar en la sociedad.
  3. Derechos y deberes: todas las personas tienen derechos que hacer valer y deberes que cumplir, tanto a nivel individual como familiar y social. En particular de los trabajadores: la economía está al servicio de las personas, no al revés. Los trabajadores tienen derecho a un trabajo digno, seguro y bien remunerado.
  4. Opción preferencial por los pobres y vulnerables: Jesús nos enseñó que los más vulnerables en una sociedad tienen un lugar privilegiado en su Reino. Es un deber de justicia ayudar a todos a luchar contra la pobreza y las situaciones de riesgo, algo que el Papa Francisco ha recalcado desde el inicio de su pontificado.
  5. Bien Común: es “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” (GS 26)
  6. Solidaridad: la Iglesia promueve la paz y la justicia por encima de diferencias de raza, nación, religión, etc. Hay una sola familia humana que todos somos responsables de cuidar.
  7. Subsidiariedad: el Estado debe permitir “a las asociaciones inferiores (resolver) aquellos asuntos y cuidados de menor importancia, en los cuales, por lo demás perdería mucho tiempo, con lo cual logrará realizar más libre, más firme y más eficazmente todo aquello que es de su exclusiva competencia” (QA 80).
  8. Cuidado de la creación: Dios puso al hombre al frente de las realidades terrenas para dominarlas y cuidarlas, manifestando en el respeto a otras criaturas el respeto debido al Creador. La crisis medioambiental tiene dimensiones morales.

Meditar con San Josemaría

“La Iglesia es, por tanto, inseparablemente humana y divina. Es sociedad divina por su origen, sobrenatural por su fin y por los medios que próximamente se ordenan a ese fin; pero, en cuanto se compone de hombres, es una comunidad humana (León XIII, encíclica Satis cognitum ASS 28, 710). Vive y actúa en el mundo, pero su fin y su fuerza no están en la tierra, sino en el Cielo” (Amar a la Iglesia, 6)

“Este, y no otro, es el fin de la Iglesia: la salvación de las almas, una a una”. (Amar a la Iglesia, 7)

“Querer alcanzar la santidad —a pesar de los errores y de las miserias personales, que durarán mientras vivamos— significa esforzarse, con la gracia de Dios, en vivir la caridad, plenitud de la ley y vínculo de la perfección. La caridad no es algo abstracto; quiere decir entrega real y total al servicio de Dios y de todos los hombres; de ese Dios, que nos habla en el silencio de la oración y en el rumor del mundo; de esos hombres, cuya existencia se entrecruza con la nuestra.

Viviendo la caridad —el Amor— se viven todas las virtudes humanas y sobrenaturales del cristiano, que forman una unidad y que no se pueden reducir a enumeraciones exhaustivas. La caridad exige que se viva la justicia, la solidaridad, la responsabilidad familiar y social, la pobreza, la alegría, la castidad, la amistad…” (Conversaciones, 62)

“No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz” (Es Cristo que pasa, n. 13)

“La Universidad no debe formar hombres que luego consuman egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios, debe prepararles para una tarea de generosa ayuda al prójimo, de fraternidad cristiana.

Muchas veces esta solidaridad se queda en manifestaciones orales o escritas, cuando no en algaradas estériles o dañosas: yo la solidaridad la mido por obras de servicio, y conozco miles de casos de estudiantes españoles y de otros países, que han renunciado a construirse su pequeño mundo privado, dándose a los demás mediante un trabajo profesional, que procuran hacer con perfección humana, en obras de enseñanza, de asistencia, sociales, etc., con un espíritu siempre joven y lleno de alegría” (Conversaciones, n. 75)

“Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios, y que no tiene ningún sentido dividir a los hombres en diversas categorías según los tipos de trabajo, considerando unas tareas más nobles que otras. El trabajo, todo trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad” (Es Cristo que pasa, n. 47)

“Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo” Es Cristo que pasa, n. 167.


[1] Arturo Bellocq. Qué es y que no es la DSC. Scripta Thelogica. Vol. 44. 2012.p. 340

 

 

¿Qué dice la Iglesia sobre la ecología?

La preocupación por la salvaguarda de la naturaleza es uno de los signos de nuestro tiempo. En este artículo se recogen algunos recursos doctrinales para conocer mejor la aportación de la Iglesia a la visión de cuidado sobre la creación.

10/07/2021

Sumario

1. ¿Qué dice la Iglesia sobre la ecología?
2. La ecología en las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia
3. La necesidad de un compromiso ecológico
4. Laudato si’ y la ecología integral


Te puede interesar • La creación • ¿El mundo ha sido creado por Dios? • «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (La creación, I) • El Amor que abraza el mundo (La creación, II)


“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? (...) Se requiere advertir que lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Es un drama para nosotros mismos, porque esto pone en crisis el sentido del propio paso por esta tierra” Francisco, Laudato si’ n. 160

1. ¿Qué dice la Iglesia sobre la ecología?

La preocupación por la salvaguarda de la naturaleza es uno de los signos de nuestro tiempo y la reflexión de la Iglesia sobre el tema aparece de manera significativa en la doctrina social de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II.

La visión católica que se funda en la Bibliapresenta la creación del hombre como un ser intrínsecamente superior a la naturaleza, siendo ésta confiada a su dominio en vista a promover el desarrollo humano integral. Pero el hombre domina en nombre de Dios, como un custodio de la creación divina y por tanto ese dominio del hombre no es absoluto. Dios ha confiado el mundo a la persona humana para que lo administre de manera responsable, para garantizar una prosperidad integral y sostenible. Así, las elecciones y acciones relacionadas con la ecología (es decir, el uso del mundo creado por Dios), están sometidas a la ley moral tanto como todas las demás elecciones humanas.

Importa tener claro que la relación del hombre con el mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Se trata de una relación que nace como fruto de la unión, todavía más profunda, del hombre con Dios (Cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, n. 452). Dios, al crear al hombre, le dio la responsabilidad de cuidar de la naturaleza y le confió la tarea de contribuir a llevar a la plenitud la creación mediante su trabajo (Cfr. Gn 1, 26-29).

En efecto, la antropología cristiana nos lleva a comprender el origen de la degradación ecológica: a raíz del pecado original, la relación del hombre con la naturaleza se ha visto dañada, ya que la experiencia demuestra que el desarrollo del progreso técnico puede tener consecuencias negativas para la naturaleza. Por eso, la Iglesia ve en la crisis ecológica, además de un desafío a nivel técnico-científico, un problema moral: el hombre olvida el respeto debido a la creación y al Creador. Los cristianos estamos llamados a trabajar por el Reino de los Cielos desde las realidades temporales, convencidos de que cuanto más se acrecienta nuestro poder, mayor es nuestra responsabilidad individual y colectiva. Cfr. Gaudium et Spes, 34.

Meditar con san Josemaría

Las enseñanzas de san Josemaría ofrecen ideas muy innovadoras para expresar el mensaje cristiano con el lenguaje de la ecología.

San Josemaría invitaba a un amor apasionado por la creación y por el mundo, predicando una espiritualidad direccionada a santificar desde dentro todas las estructuras temporales para llevarlas a su plenitud en Cristo, punto clave que ilumina el problema ambiental.

Nos habla constantemente de devolver a la materia su más noble sentido, considerando que nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena. Es Cristo que pasa, El Gran Desconocido, 130.

Tiene presente, además, el compromiso del hombre a continuar entre las criaturas la misión de Jesús: Cristo trae la salvación, y no la destrucción de la naturaleza; y aprendemos de Él que no es cristiano comportarse mal con el hombre, criatura de Dios, hecho a su imagen y semejanza. Amigos de Dios, Virtudes humanas, 73.

Ha querido el Señor que sus hijos, los que hemos recibido el don de la fe, manifestemos la original visión optimista de la creación, el "amor al mundo" que late en el cristianismo.

—Por tanto, no debe faltar nunca ilusión en tu trabajo profesional, ni en tu empeño por construir la ciudad temporal. Forja, 703

2. La Ecología en las Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia

Ya en el Génesis encontramos el punto central en las consideraciones de la Iglesia sobre la ecología: el hombre, creado a imagen de Dios, “recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad” (Gaudium et Spes, 34). Dios confió así el cuidado de los animales, plantas y demás elementos naturales a la persona humana. Es lícito servirse de ellos para fines legítimos, como el alimento, el vestido, el trabajo o la investigación, siempre en límites razonables y en vista a cuidar y salvar vidas humanas (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 2417). El uso de la naturaleza debe ir siempre acompañado de respeto, ya que el mundo ha sido creado por Dios, su único dueño, quien además consideró que todo era bueno.

En el Nuevo Testamento, Jesús viene al mundo a restablecer el orden y la armonía que el pecado había destruido. Al sanar la relación del hombre con Dios, Jesucristo reconcilia también al hombre con el mundo. Aunque el fin último del hombre sea el Reino de los cielos, las primicias de ese cielo nuevo y esa tierra nueva se encuentran misteriosamente ya aquí, en este mundo. Los cristianos, continuando la obra de la salvación, tienen la preocupación de perfeccionar esta tierra, especialmente en lo que pueda contribuir al progreso de la sociedad humana.

Esta postura ha sido también defendida por grandes santos de la Iglesia, entre los que destacan, por ejemplo, san Felipe Neri y san Francisco de Asís (a quien san Juan Pablo II nombró patrono de la ecología), cuya delicadeza hacia la naturaleza es un ejemplo para todos los hombres.

A partir del Concilio Vaticano II, todos los Papas han urgido a los cristianos a cuidar de la creación: Pablo VI celebró la iniciativa de las Naciones Unidas de proclamar una Jornada mundial del Medio Ambiente, invitando a una toma de conciencia sobre este tema. San Juan Pablo II previno tanto sobre la tentación de ver la naturaleza como objeto de conquista como del peligro de eliminar la “responsabilidad superior del hombre”, equiparando la dignidad de todos los seres vivos. Además, el Catecismo de la Iglesia Católica incluye varios puntos sobre el respeto de la integridad de la creación (2415-2418).

Benedicto XVI también desarrolló el tema en su encíclica Caritas in veritate (n. 48-52), en la que recuerda que “la protección del entorno, de los recursos y del clima requiere que todos los responsables internacionales actúen conjuntamente y demuestren prontitud para obrar de buena fe, en el respeto de la ley y la solidaridad con las regiones más débiles del planeta”.

Recientemente, el Papa Francisco ha dedicado un gran esfuerzo a impulsar la conciencia ecológica, tanto a través de su encíclica Laudatosi’, sobre el cuidado de la casa común, como de numerosas intervenciones y audiencias.

En resumen, la relación del hombre con la naturaleza interesa a la Iglesia, igual que le interesan todos los aspectos de la vida del hombre y su relación con Dios: “La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador (cfr. Romanos 1,20) y de su amor a la humanidad. Está destinada a encontrar la «plenitud» en Cristo al final de los tiempos (cfr. Efesios 1,9-10; Colosenses 1,19-20). También ella, por tanto, es una «vocación»” (Caritas in veritate, 48). La naturaleza no es más importante que la persona humana, pero es parte del proyecto de Dios y, como tal, debe ser protegida y respetada.

3. La necesidad de un compromiso ecológico

El comportamiento de los seres humanos frente a la naturaleza, conforme a lo anteriormente expuesto, debe guiarse por la convicción de que esta es un don que Dios ha puesto en sus manos.

Por eso, la Iglesia invita a tener presente que el uso de los bienes de la tierra constituye un desafío común para toda la humanidad.

Como la cuestión ecológica concierne a todo el mundo, todos debemos sentirnos responsables de un desarrollo planetario sostenible: se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo (Cfr. Compendio, n. 466Caritas in veritate, nn. 49-50)

Esa responsabilidad se extiende no sólo a las exigencias del presente, sino también del futuro (Cfr.Compendio de la doctrina social de la Iglesia Católica, n. 467). Al final, no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional (Cfr.Laudato si’, n. 159).

4. Laudato si’ y la ecología integral

En la Laudato si’, el Papa Francisco aborda temas como el cambio climático, la cuestión del agua, la pérdida de la biodiversidad, la degradación social, la tecnología, el destino común de los bienes, la globalización, la justicia entre generaciones y el diálogo entre religión y ciencia.

Además, el Papa nos propone pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales (Cfr.Laudato si’, n. 137 - 162)

Preocupado por el complejo nexo entre crisis ambiental y pobreza, a medida que la degradación ambiental afecta principalmente a los más desfavorecidos, el Papa subraya la necesidad de guiarnos por criterios de justicia y caridad en los ámbitos ambientales, sociales, culturales y económicos.

El Papa Francisco nos invita, en fin, a una conversión ecológica “que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (Laudato si’, n. 217).


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Os he llamado amigos (II): ​Para iluminar la tierra

El "mandamiento nuevo" que nos confió Jesús al final de su vida en la tierra descubrió una nueva dimensión de la amistad humana: se trata de auténtico apostolado.

15/06/2020

Escucha el artículo Os he llamado amigos (II): Para iluminar la tierra

Los grandes ríos nacen, generalmente, de una pequeña fuente situada en lo alto de las montañas. A lo largo de su recorrido van recibiendo agua de manantiales y afluentes hasta que, al final, desembocan en el mar. De manera similar, un afecto espontáneo o un interés en común son las fuentes desde las que puede brotar una amistad. Poco a poco esa relación sigue su cauce, recibiendo torrentes que la nutren: tiempo compartido, consejos que van y vienen, conversaciones, risas, confidencias… Al igual que los ríos a su paso fecundan campos, llenan pozos y hacen florecer los árboles, la amistad embellece la vida, la colma de luz, «multiplica las alegrías y ofrece consuelo en las penas»[1]. Además, en un cristiano, si esto fuera poco, la amistad se llena también del «agua viva» que es la gracia de Cristo (cfr. Jn 4,10). Esta fuerza da a la corriente un ímpetu nuevo: transforma el afecto humano en amor de caridad. Así, al término de su curso, ese río se adentra en el vasto mar del amor de Dios por nosotros.

Un coeficiente de dilatación enorme

Cuando, en las primeras páginas de la Biblia, encontramos el momento de la creación del hombre, leemos que fue formado a «imagen» de Dios, hecho a su «semejanza» (cfr. Gen 1,26). Este modelo divino está siempre presente en lo más íntimo del alma y, si entrenamos nuestra mirada, podremos entrever a Dios en cada hombre y en cada mujer. Por esta altísima dignidad, aunque todas las personas que encontramos en el camino –al trabajar, al estudiar, al hacer deporte o al movernos de un lado a otro– son dignas de ser amadas, solamente con un grupo de ellas llegaremos a entablar una relación de amistad. Intuimos que, en la práctica, no es posible tener infinitos amigos, entre otros motivos porque el tiempo es limitado; pero nuestro corazón, movido por Dios, puede permanecer siempre abierto, ofreciendo su amistad al mayor número de personas, «dando muestras de comprensión con todos los hombres» (Tt 3,2).

DIOS PUEDE ENSANCHAR NUESTRO CORAZÓN PARA QUE QUEPAN ALLÍ CADA VEZ MÁS AMIGOS

Buscar una disposición así de nuestra alma, que «no excluye a nadie», que permanece «intencionalmente abierta a toda persona, con corazón grande»[2], ciertamente tiene un precio. La madre de san Josemaría, por ejemplo, al ver cómo su hijo se entregaba sin medida a las personas que le rodeaban, le advirtió: «Vas a sufrir mucho en la vida, porque pones todo el corazón en lo que haces»[3]. Abrirse a la amistad tiene su coste y, sin embargo, todos hemos experimentado que se trata de un camino seguro de felicidad. Al mismo tiempo, la capacidad para querer a más y más amigos es algo en lo que podemos crecer continuamente. En el corazón de san Josemaría, con el incrementarse del número de personas en el Opus Dei, surgió esta inquietud: ¿podré querer a todos los que vengan a la Obra con el mismo cariño que siento por los primeros? Fue una preocupación que resolvió la gracia divina; su corazón fue ensanchado continuamente por Dios hasta tal punto que llegó a confesar: «El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras»[4].

En esto os conocerán

Si en las páginas del Génesis se revelaba el amor de Dios al crearnos a «imagen» suya, con la encarnación de su Hijo recibiríamos noticias mucho más impresionantes. Los apóstoles de Jesús vivieron durante tres años, con quien era su mejor amigo, sin separarse de su lado. Le llamaban Rabbi –que quiere decir «maestro»– porque, además de amigos, eran y se sentían sus discípulos. Antes de padecer, el Maestro quiso que comprendieran que les amaba con una amistad que iba más allá de la muerte, que les amaba «hasta el fin» (Jn 13,1). Este secreto de la radicalidad de su amistad es una de las confidencias íntimas que Cristo realizó durante la Última Cena. Allí manifestó también su deseo de que esta fuerza se perpetuase durante los siglos a través de todos los cristianos con la proclamación de un nuevo mandamiento: «Como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn 13,34). Y añadió: «En esto conocerán que sois mis discípulos» (Jn 13,35); es decir: mis amigos serán reconocidos por su modo de querer a los demás.

Hay un suceso en la historia del Opus Dei muy unido a este mandamiento. Al concluir la guerra civil, san Josemaría regresa a Madrid y se dirige inmediatamente a la calle Ferraz. En el número 16 de esa calle, días antes del comienzo de la contienda, se había terminado de instalar la nueva Residencia DYA. Casi tres años después, encuentra todo destrozado por los saqueos y los bombardeos. Resulta inservible. Entre los escombros, cubierto de polvo, da con un cartel que había estado colgado en la pared de la biblioteca. En el recuadro, cuyo aspecto asemeja al de un pergamino, se recogen en latín esas mismas palabras del mandamiento nuevo que Jesús, como acabamos de considerar, confió a sus apóstoles: «Mandatum novum do vobis…», «Un mandamiento nuevo os doy…» (cfr. Jn 13,34-35). Lo habían colgado allí porque era una síntesis del ambiente que san Josemaría deseaba también para los centros de la Obra: «Lugares en los que muchas personas encuentren un amor sincero y aprendan a ser amigas de verdad»[5]. Tras el desastre de la guerra, cuando había que recomenzar prácticamente desde cero, lo importante seguía en pie: una de las bases fundamentales para reconstruir sería dejarse guiar por ese dulce mandamiento de Cristo.

Así es más fácil subir

Vemos que el modelo de la nueva ley es el amor de Jesús: «Como yo os he amado» (Jn 13,34). Pero, ¿cómo es este amor?, ¿cuáles son sus características? El amor de Cristo por sus apóstoles –lo ha dicho él mismo– es precisamente un amor como el que se tienen los amigos. Ellos han sido testigos y destinatarios de la intensidad de este querer. Saben que Jesús cuidaba a las personas con las que convivía. Ellos le han visto alegrarse con sus alegrías (cfr. Lc 10,21) y sufrir con su dolor (cfr. Jn 11,35). Siempre encontró tiempo para detenerse con los demás: con la samaritana (cfr. Jn 4,6), con la hemorroísa (cfr. Mc 5,32) e incluso con el buen ladrón, cuando estaba ya colgado de la cruz (cfr. Lc 23,43). El de Jesús era un cariño que se manifestaba en lo concreto: se preocupaba por el alimento de quienes le seguían (cfr. Lc 9,13) y también por su descanso (cfr. Mc 6,31). Como nos recuerda el papa Francisco, Jesús «cuidó la amistad con sus discípulos, e incluso en los momentos críticos permaneció fiel a ellos»[6].

JESÚS QUIERE QUE SUS AMIGOS SEAN RECONOCIDOS POR SU MANERA DE QUERER A LAS DEMÁS PERSONAS

La amistad es, al mismo tiempo, un bálsamo para la vida y un don que nos da Dios. No es solamente un sentimiento fugaz sino un verdadero amor «estable, firme, fiel, que madura con el paso del tiempo»[7]. Por algunos es considerada la expresión más alta del amor ya que nos permite valorar a la otra persona por sí misma. La amistad «es mirar al otro no para servirse de él, sino para servirlo»[8]. Esta es su preciosa gratuidad. Se entiende, entonces, que sea inherente a la amistad el «desinterés», porque la intención del que ama no persigue ningún beneficio ni un posible efecto boomerang.

Descubrir esto en su auténtica profundidad siempre sorprende, pues parece chocar con una idea de la vida como competición, que puede ser común en algunos ambientes. Por eso, quien experimenta la amistad lo hace habitualmente como un regalo inmerecido; con amigos los problemas de la vida parecen más ligeros. Como dice un proverbio kikuyu que agradó mucho al beato Álvaro del Portillo cuando viajó a Kenia: «Cuando en lo alto de la montaña hay un amigo, resulta más fácil subir»[9]. Los amigos son absolutamente necesarios para alcanzar una vida feliz. Ciertamente, es posible alcanzar una vida plena sin participar del amor conyugal –como ocurre, por ejemplo, con quienes han recibido el don del celibato– pero no se puede ser feliz sin experimentar el amor de amistad. ¡Cuánto consuelo y alegría encontramos en una buena amistad! ¡Cómo se alivian las tristezas!

Más amigos para Jesús

Conociendo la vida de Jesús y creciendo en intimidad con él podemos aprender los rasgos de una amistad perfecta. Hemos visto al principio que la amistad cristiana es especial porque se nutre de un torrente divino, la gracia de Dios, y por eso adquiere una nueva «dimensión cristológica». Esta fuerza nos impulsa a mirar y a querer a todos –especialmente a los más cercanos– «por Cristo, con él y en él», como dice el sacerdote en la Misa al levantar a Jesús en el pan eucarístico. Así aprenderemos a «ver a los demás con los ojos de Cristo, descubriendo siempre de nuevo su valor»[10]. San Josemaría nos animaba a ser el mismo Cristo que pasa al lado de la gente, a dar a los demás el mismo amor de Cristo amigo. Por eso es lógico que alimentemos en nuestra oración esta ilusión humana y sobrenatural de tener siempre nuevos amigos, porque «Dios muchas veces se sirve de una amistad auténtica para llevar a cabo su obra salvadora»[11].

La amistad de Jesús con Pedro, con Juan y con todos sus discípulos, se identifica con un ardiente deseo de que vivan cerca del Padre; su amistad va unida a la ilusión de que descubran la misión a la que han sido llamados. De la misma manera, en medio de las tareas que el Señor nos ha confiado a cada uno, «no se trata de tener amigos para hacer apostolado, sino de que el Amor de Dios informe nuestras relaciones de amistad para que sean un auténtico apostolado»[12]. San Josemaría acostumbraba decir que en la vida espiritual llega un momento en el que no se distinguen la oración y el trabajo, porque se vive en una continua presencia de Dios. Algo similar sucede con la amistad, porque al desear el bien del amigo queremos que esté lo más cerca posible de Dios, fuente segura de alegría. Así, no «existen tiempos compartidos que no sean apostólicos: todo es amistad y todo es apostolado, indistintamente»[13].

TODO LO BUENO QUE COMPARTIMOS CON NUESTROS AMIGOS ES APOSTOLADO PORQUE ALLÍ ESTÁ DIOS

Por eso en el corazón de los santos siempre había espacio para un nuevo amigo. Al leer libros que cuentan sus vidas descubrimos un interés sincero por los problemas de los demás, por sus angustias y alegrías. El beato Álvaro cultivó esta disposición hasta el final de su vida; quiso llevar la amistad de Cristo incluso a las personas que le acompañaron durante las horas de su último viaje en esta tierra. Un día después de su fallecimiento, «en la mesilla de noche, estaba la tarjeta de visita de uno de los pilotos del avión que le había traído de Tierra Santa a Roma. Se había interesado por él y por su familia, especialmente durante la espera en el aeropuerto de Tel Aviv. La relación fue breve, pero profunda: aquel piloto acudió a rezar ante los restos mortales de don Álvaro en cuanto tuvo noticia de su fallecimiento»[14]. En un encuentro casual se había gestado una amistad que continuaba entre la tierra y el cielo.

* * *

El cristiano tiene un gran amor –un don– que compartir. Nuestras relaciones con los demás le dan a Cristo la posibilidad de ofrecer su amistad a nuevos amigos. «Iluminar los caminos de la tierra»[15] implica extender por el mundo esta preciosa realidad del amor de amistad. A veces pensar solo en nuestros intereses, ir demasiado de prisa o quedarnos en cierta superficialidad al conocer a las personas pone en peligro este regalo que Dios nos quiere hacer a todos los hombres. Gran parte de nuestra misión evangelizadora es justamente devolver a la amistad su auténtico brillo, poniéndola en relación con Dios, con los demás, con nuestro deseo de ser mejores… en definitiva, con la felicidad.

José Manuel Antuña


[1] Fernando Ocáriz, Carta Pastoral 1-XI-2019, n. 7.

[2] Ibíd.

[3] Andrés Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1997, tomo I, p. 164.

[4] San Josemaría, Via Crucis, estación VIII, 5.

[5] Fernando Ocáriz, Carta Pastoral 1-XI-19, n. 6.

[6] Francisco, Christus vivit, n. 31.

[7] Ibíd, n. 152.

[8] San Juan Pablo II, Angelus 13-II-94.

[9] Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, Rialp, Madrid 1996, p. 278.

[10] Fernando Ocáriz, Carta Pastoral 1-XI-19, n. 16.

[11] Ibíd., n. 6.

[12] Ibíd., n. 19.

[13] Ibíd.

[14] Salvador Bernal, Recuerdo de Álvaro del Portillo, Rialp, Madrid 1996, p. 179.

[15] Fragmento de la oración pública para pedir la intercesión de san Josemaría.

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EL DRAMA DE NO MIRAR ARRIBA… Y SU ARREGLO: ADORAR

Benedicto XVI narraba un cuento judío que retrata uno de los desarreglos del hombre actual. El relato comienza cuando un niño, Jeshiel, entró atropelladamente donde estaba su abuelo, el rabí Baruj. Lloraba desconsoladamente y se lamentaba: <Mi amigo me ha abandonado. Ha sido muy injusto y se ha portado mal conmigo>. El abuelo trató de tranquilizarlo y le preguntó: <A ver, ¿no puedes explicármelo un poco más?>. El nieto respondió: <Estábamos jugando al escondite, y yo me oculté tan bien que no pudo encontrarme. Pero entonces, simplemente dejó de buscarme y se marchó. ¿No es eso feo?>. Entonces el abuelo acarició las mejillas al pequeño, y a él mismo se le llenaron los ojos de lágrimas. Y le dijo: <Sí, no hay duda de que es muy feo. ¿Ves?, con Dios es exactamente lo mismo. Él se ha escondido, y nosotros no lo buscamos>.

Dios se ha escondido en la humanidad santísima de Jesús. Es el misterio del Dios con nosotros, el Emmanuel. Dios elige la humildad, no impone al hombre su poder. Se abaja tomando nuestra naturaleza humana de una mujer, como todos, en un establo. Vivirá 30 años, trabajando en Nazaret, como uno más, en una familia. Entregará su vida hasta la última gota por cada uno en una Cruz. Y permanecerá siempre con nosotros en la Eucaristía, en el Belén perenne del sagrario[1], así llamaba san Josemaría al tabernáculo. En Belén, en Nazaret, en el Calvario escondió su divinidad, y en la Hostia santa, colmo del amor, su humanidad. Dios se hace cercano escondiendo su grandeza, y nos espera. El drama del hombre hoy es que no lo busca, vive ignorante de esta historia de amor y salvación; la única que da sentido a la existencia. “«Quien no ha encontrado el Cielo aquí abajo, difícilmente lo encontrará allá arriba» (E. Dickinson, Poemas, XVII). No perdamos de vista el Cielo, cuidemos a Jesús ahora”[2]. Es hacer hoy lo que haremos en el futuro, cuando lleguemos a la presencia de Dios: adorar.

“La crisis de la fe, en nuestra vida y en nuestras sociedades, también tiene relación con la desaparición del deseo de Dios. Tiene relación con la somnolencia del alma, con la costumbre de contentarnos con vivir al día, sin interrogarnos sobre lo que Dios quiere de nosotros. Nos hemos replegado demasiado en nuestros mapas de la tierra y nos hemos olvidado de levantar la mirada hacia el Cielo; estamos saciados de tantas cosas, pero carecemos de la nostalgia por lo que nos hace falta. Nostalgia de Dios”[3], predicaba el Papa en la fiesta de la Epifanía. Es así, las voces de nuestro tiempo nos dicen: “Don´t look up”[4], no mires arriba. ¿Cuál es el remedio? Levantar la mirada hacia Cielo. “La fe, para comenzar y recomenzar, necesita ser activada por el deseo, arriesgarse en la aventura de una relación viva e intensa con Dios (…) Recordemos esto: el camino de la fe sólo encuentra impulso y cumplimiento ante la presencia de Dios. El deseo se renueva sólo si recuperamos el gusto de la adoración. El deseo lleva a la adoración y la adoración renueva el deseo. Porque el deseo de Dios sólo crece estando frente a Él. Porque sólo Jesús sana los deseos”. Hablaré de ser buscadores de Dios y adorar.

La respuesta que nos enseñan los protagonistas de la primera Navidad

La respuesta adecuada para desbaratar el eclipse de Dios es adorar a Dios: es la lección de los ángeles, los pastores y los magos. “Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle… Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron (Mateo 2, 2, 11). Aunque no viene recogido en el Evangelio, los primeros que adoraron a Jesús, fueron su madre, la Virgen, y su padre en la tierra, san José.

Podemos imaginar a José y María contemplando con asombro agradecido al niño y adorarlo con fe viva. Ese niño envuelto en pañales, acostado en la paja, necesitado de todo, era el Hijo del Altísimo, era el Hijo de Dios. Así el arcángel Gabriel se había revelado[5]. Qué misterio, qué maravilla… Conocedores de la Escritura, cantarían con alegría desbordante al mirarle: “Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres” (salmo 66, 1, 2, 4, 5).

Con esta enseñanza viva en nuestra alma gozaremos de luz y fuerza para el diario caminar: “Dejémonos atravesar por este asombro escandaloso”, nos invitaba el Papa la Nochebuena pasada. “Aquel que abraza al universo necesita que lo sostengan en brazos. Él, que ha hecho el sol, necesita ser arropado. La ternura en persona necesita ser mimada. El amor infinito tiene un corazón minúsculo, que emite ligeros latidos. La Palabra eterna es infante, es decir, incapaz de hablar. El Pan de vida debe ser alimentado. El creador del mundo no tiene hogar”. Así es Dios, recordémoslo, reconozcámoslo… y adoremos a quién así nos ama.

Un Dios adorable

Dios se ha revelado al hombre. Desveló su nombre a Moisés, “Yo soy el que soy” en el episodio de la Zarza ardiendo en el monte Horeb (Éxodo 3, 14). “Contiene la verdad de que sólo Dios ES. (…) Dios es la plenitud del Ser y de toda perfección, sin origen y sin fin. Mientras todas las criaturas han recibido de Él todo su ser y su poseer. Él solo es su ser mismo y es por sí mismo todo lo que es”[6]. Esa manifestación llegó a plenitud con su Hijo. “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Juan 1, 18). Podemos conocer a Dios porque Jesús nos lo ha contado, podemos adorarlo de modo nuevo gracias a él. “Jesús es quien nos ha abierto el Cielo y nos ha proyectado en la relación con Dios. Ha sido Él quien ha hecho esto: nos ha abierto esta relación con el Dios Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”[7]. Y nos ha revelado que “Dios es Amor” (1 Juan 4. 8). “Un Dios que ama al hombre, nosotros nunca hubiéramos tenido la valentía de creerlo, si no hubiéramos conocido a Jesús (…) Es el escándalo que encontramos grabado en la parábola del padre misericordioso, o en la del pastor que va en busca de la oveja perdida (cf. Lucas 15). Historias de este tipo no hubiéramos podido concebirlas, ni siquiera comprenderlas, si no hubiéramos encontrado a Jesús. ¿Qué Dios está dispuesto a morir por los hombres? ¿Qué Dios ama siempre y pacientemente, sin pretender ser amado a cambio? ¿Qué Dios acepta la tremenda falta de reconocimiento de un hijo que pide un adelanto de la herencia y se va de casa malgastando todo? (cf. Lucas 15, 12-13)” (ref. nota 7).

“Dios es un milagro en la profundidad insondable de su esencia. En el misterio de su personalidad trina es un milagro para sí mismo. Dios nunca se acostumbra a Dios. Todo en Él es acontecimiento eternamente presente: el nacimiento del Hijo a partir del Padre, el latir mutuo del amor del Padre y del Hijo en la procesión del Espíritu Santo; todo esto es, para Dios mismo, digno de adoración”[8]. Por eso, adorar es en sí verdaderamente justo y necesario, es nuestro deber y salvación, es causa de alegre esperanza y del amor verdadero. El universo entero entona una alabanza a Dios. Todo lo creado, en su mismo existir es un silencioso homenaje de adoración a su Creador. Pero todo alaba a Dios a ciegas, todos menos el hombre. Es la única criatura del mundo material amada por sí misma, creada a imagen de Dios, libres para amar. La existencia del hombre da prueba del amor de Dios, que nos ha llamado a participar en su vida íntima, a ser de su familia. La mayor felicidad del hombre es cumplir el fin para el que Dios le ha creado. “Adorando, entramos simplemente en la verdad, la bondad y la belleza de Dios mismo y realizamos, también simplemente, la ley de la verdad, del bien y de la belleza de nuestra propia existencia, pues «Dios no está lejos de cada uno de nosotros, en Él vivimos, nos movemos y existimos,… pues somos de su misma estirpe» (Hechos 17, 28)” (ref. nota 8).

También los ángeles alaban gozosos a Dios. Lo contemplan cara a cara y cantan sin cesar en el Cielo: “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!” (Isaías 6, 3). Para ellos la mayor felicidad es mirar la belleza de Dios y considerar la grandeza de sus obras con profundo asombro y adoración. Hay unos ángeles que rechazaron el amor de Dios, pronunciaron para siempre “non serviam!”. En su libro “El Espíritu de la liturgia”, el cardenal Ratzinger recordaba una antigua forma de representar al demonio en los códices medievales: se le pinta sin rodillas. Comentaba que así dejaban de manifiesto que el demonio carecía de la capacidad de arrodillarse ante Dios; como sucede a muchos: han perdido la capacidad de adoración.

El amor adorable de Dios por el hombre

En el pensamiento eterno de Dios trino fuimos elegidos para ser sus hijos[9]. Podemos imaginar a Dios Hijo contemplando el amor eterno del Padre por el hombre; llevado por su amor ilimitado al Padre, el Hijo se ofrece a consumar el plan para restaurar la relación con su criatura siempre amada, rota por el primer non serviam de Adán y Eva. Eso exigirá al Hijo saldar la deuda contraída por la criatura con la justicia divina, al desobedecerle. El Hijo fue el fiador pero para ello…. San Pablo describe lo que eso supuso: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Filipenses 2, 6-8).

A la vista del sí eterno, libre y soberano del Hijo, que se hará realidad al llegar la plenitud de los tiempos, el Dios trino pudo osar crear un mundo como éste y aun calificarlo como “muy bueno” (ref. Génesis 1, 31). ¿Por qué no podría el Padre adorar la maravilla del amor divino del Hijo, igualmente como el Hijo en su vida terrena siempre ha adorado al Padre y a su voluntad amorosa?[10] “Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2, 9-11).

“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único” (Juan 3, 16). A partir de Jesús, la adoración adquiere un contenido nuevo. La adoración cristiana no ve únicamente la grandeza, el poder y la SANTIDAD de Dios. También se arrodilla ante el Amor divino, que nos revela Jesucristo, Dios y hombre verdadero, nuestro Salvador y Señor. En latín, adoración es ad-oratio, “contacto boca a boca, beso, abrazo y, por tanto, en resumen, amor. La sumisión se hace unión, porque aquél al cual nos sometemos es Amor”[11].

La imagen adorable de Dios en el prójimo

Jesucristo nos ha ganado la gracia de ser hijos de Dios participando en su filiación divina. “Dios nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos” (Efesios 1, 5). Todos los hombres están destinados, elegidos y llamados a ser hijos del Padre y hermanos de Jesús y portadores del Espíritu Santo. Jesús es el primogénito entre muchos hermanos (ref. Romanos 8, 29). Muchos hombres, tal vez la mayoría, no saben nada o muy poco de esta vocación, y viven ignorantes de su identidad más íntima. De tal manera, tampoco ven en el otro que encuentran nada que supere lo mundano. Ven su rostro, sus maneras, sus cualidades favorables y desfavorables; se alegran de las primeras, se molestan por las segundas.

¿Cómo nos ve Dios? Para Él cada hombre tiene la dignidad de hijo, único y valioso; ha sido comprado a buen precio (ref. 1 Corintios 6, 20), toda la sangre de Cristo. A partir de la recreación operada por Jesús, Dios encuentra en cada uno esa imagen de su Hijo, el predilecto. Por todos Cristo ha muerto, nadie es descartado. Todos son amados. El cristiano está llamado a cambiar la mirada, a ver a los demás como Dios los ve. La adoración nos capacita, hace al corazón humilde, vaciado de sí mismo y así habilitado para recibir el Amor que Dios nos tiene, y no de cualquier manera, sino reconociendo el don que se recibe. Podemos dar amor, porque nos sabemos amados primero, incondicional y gratuitamente. La adoración traerá sanación al modo de relacionarnos con los demás. La fraternidad se embellece con la contemplación, “que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno”[12].

Y no solo cambia nuestra mirada, también facilita que Dios se sirva de nuestro amor para mostrarse a los demás, en especial a aquellos que le desconocen. “Es lo que había comprendido muy bien santa Teresa de Calcuta: <Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. (…) Pero Él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y defectos. Él depende de nosotros para amar al mundo y demostrarle lo mucho que lo ama>”[13].

Beneficios de la Adoración

A lo largo de la exposición, han salido los principales. La adoración es la garantía de nuestra salud espiritual, y por tanto, de nuestra salvación. El hombre desnudo de la adoración padece la enfermedad más terrible: el encefalograma espiritual plano. Si no adora pierde la conexión con Dios. Es el gran timo que el demonio vuelve una y otra vez a hacer, robarnos nuestra gran verdad, que somos hijo amados de Dios. Adorar nos hace estar instalados en la verdad y nos ayuda a mantener a Dios en on.

Añadir otros tres: “la adoración libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo”[14]. La adoración es el remedio más válido y radical frente a la idolatría, el servir a los poderes de este mundo: el dinero, el poder, la fama, el placer, la seguridad, las ideologías varias… Donde ya no se adora a Dios, donde no es reconocido como el Señor de la vida y de la muerte, otros usurpan su lugar y ponen en peligro la dignidad humana. Sí, siguen existiendo los ídolos, mejor construidos y más refinados que en los tiempos antiguos, pero ante los que el hombre se postra y adora. La adoración es el gran acto de libertad del hombre, “pues Aquél ante el que nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma. Nos postramos ante un Dios que se ha abajado en primer lugar hacia el hombre, como el Buen Samaritano, para socorrerle y volverle a dar la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios”[15]. Dios es padre, no tirano, que pone su Señorío al servicio de la felicidad de sus hijos.

Materializar la adoración

En justicia, nuestro primer y principal deber es adorar: dar a Dios lo que es suyo. “Dios es demasiado grande, merece demasiado Él de nosotros, para que podamos echarle, como a un pobre Lázaro, apenas unas pocas migajas de nuestro tiempo y de nuestro corazón. Él es un bien infinito y será nuestra felicidad eterna; el dinero, los placeres, las fortunas de este mundo, en comparación, son apenas fragmentos de bien y momentos fugaces de felicidad. No sería sabio dar tanto de nosotros a estas cosas y poco de nosotros a Jesús”[16].

La adoración es oración. Buscar estar con Dios a solas en el día alimentará la adoración en la jornada. Sin encender la caldera de la oración difícilmente los radiadores calentaran la casa. Importante oración es el Gloria. San Juan Pablo II la recitaba por tres veces, en honor de cada una de las personas de la Trinidad. La Liturgia de la Misa nos brinda el Gloria: “Por tu inmensa gloria, Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias”; el Santus: “Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria”; la doxología final: Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amen.

Aseguramos que en el vértice de nuestra vida, de nuestras aspiraciones y amores, está Dios si Dios es el principio y el fin de todo, incluso de lo que pueda parecer más vulgar: “ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10, 31). Buscar la honra y la gloria de Dios y darle gusto a Él, al menos desear hacerlo: es decir, actuar con rectitud de intención. ¿Cómo? Ofreciendo todo a Dios por Cristo, Señor nuestro, convirtiéndolo en un sacrificio –haciéndolo sagrado-. Ese hacerlo todo para la gloria de Dios nos “obligará” a la coherencia de procurar hacer el bien en todo. Llenar nuestra vida de bien, que ahogue el ma

La mejor adoración que existe es amar a Dios en la Eucaristía. La santa Misa es el acto de adoración por antonomasia, es acción divina. Procuremos unir nuestro día, oraciones incluidas, a Jesús y presentárselas con Él a Dios Padre en la Misa. Es esencial no dejar nunca el domingo sin el encuentro con Cristo Resucitado en la Eucaristía. Adoremos a Jesús en la Eucaristía visitándole a diario en alguno de los sagrarios, que por cercanía a casa o al trabajo sea accesible…. Hay iglesias en las que está el Santísimo expuesto permanentemente; y en la gran mayoría de las parroquias los jueves hay Exposición del Santísimo en recuerdo de que la Eucaristía en un jueves fue instituida. Intentemos encajarlo participando en alguna ocasión en el mes.


[1] Ref. https://opusdei.org/es-es/article/el-belen-perenne-del-sagrario/

[2] Francisco, homilía 24.12.2021: https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2021/documents/20211224-omelia-natale.html

[3] Francisco, homilía 6.01.2022: https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2022/documents/20220106_omelia-epifania.html

[4] Título de una película estrenada en diciembre, una sátira interesante de la cultura dominante.

[5] A María en la Anunciación (Lucas 1, 32-35) y a José en sueños (Mateo 1, 21-23).

[6] Catecismo de la Iglesia n. 213.

[7] Francisco, catequesis sobre la oración (3.03.2021).

[8] Hans Urs Von Balthasar, La Navidad y la adoración. Ideas de este breve escrito aparecerán en diversos momentos de la exposición.

[9] Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, “nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor” (Efesios 1, 4).

[10] Ref. La Navidad y la adoración de Hans Urs Von Balthasar.

[11] Benedicto XVI, homilía JMJ Colonia (21.08.2005).

[12] Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium n. 92.

[13] Francisco, exhortación Gaudete et exultate n. 107

[14] Catecismo de la Iglesia católica n. 2097.

[15] Benedicto XVI, homilía del Corpus 2008.

[16] Juan Pablo I, catequesis (27.09.1978).

 

Arturo Álvarez, mexicano: un profesor universitario con fama de santidad

Mexicano, catedrático de Química y fiel agregado del Opus Dei. Muchos destacan su amabilidad y disponibilidad con todos. Su proceso diocesano se abrió recientemente en Guadalajara (México).

Arturo Álvarez falleció el 28 de noviembre de 1992 con fama de santidad. Fue catedrático de Química en la Universidad de Guadalajara (UdeG) durante más de treinta años. 

Conoció el Opus Dei en 1963 y se incorporó definitivamente en 1974. Fue el primer miembro agregado en Guadalajara (México): buscó el encuentro con Dios en el trabajo, sirviendo a los demás como lo haría Jesucristo. Vivió el celibato, acogiéndolo principalmente como un don de Dios y para atender con disponibilidad completa a quienes cruzó en su vida.

En un viaje a Roma, tuvo la oportunidad de conocer a san Josemaría, fundador del Opus Dei y al beato Álvaro Del Portillo, quien le mostró el privilegio que tenía de poder llevar a Dios a los demás por medio de su trabajo.

Sus alumnos recuerdan que sus clases eran tan interesantes como alegres. Estaba preocupado por sus estudiantes en todos los ámbitos: les tenía cariño y le preocupaba su futuro. A veces animaba los encuentros de amigos cantando canciones rancheras. 

Su alegría fue creciendo al ritmo de su cercanía a Dios y de su oración. Su amistad con el Señor fue fortaleciéndose gracias a los sacramentos y a la conversación que mantenía con Dios que, como aprendió en el Opus Dei, se prolongaba a todos los momentos de su vida, también cuando trabajaba o daba clases.

 

Quienes le conocieron subrayan su amor a Dios y su devoción a la Eucaristía. Recuerdan además que tenía una especial devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro.

 

Arturo trabajaba con orden y dedicación; sus compañeros lo definen como un buen trabajador y buen escuchador: sabía dar consejo a quienes se lo pedían. Entre bromas, llamaban “confesionario” a su oficina, pues además de resolver las dudas académicas, estudiantes y colegas encontraban una acogida que les llevaba a compartir sus problemas o inquietudes. Arturo les sugería desahogarse en la oración con Jesús ante el sagrario o a recibir el perdón que se obtiene en el sacramento de la penitencia.

Arturo Álvarez —conocido entre sus alumnos y amigos como “El Inge”— fue un académico que, con su humildad y su alma pedagógica, impulsó a muchas personas a acercarse a Dios

Vida del “Inge” Arturo

¿Quién fue el «Inge Arturo»? Hijo de Magdaleno Álvarez Rodríguez, albañil, y María de Jesús Ramírez Rosales, dedicada al cuidado del hogar, Arturo fue el último de los ocho hijos del matrimonio. Nació el 5 de mayo de 1935 en Ciudad Guzmán, una pequeña ciudad ubicada al sur del estado de Jalisco.

Tras estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Guadalajara, se dedicó a la cátedra universitaria en su alma mater por más de treinta años, hasta que un padecimiento cardíaco lo obligó a retirarse.

Conoció el Opus Dei en 1963 y se incorporó definitivamente en 1974 como agregado. En una ocasión, el beato Álvaro del Portillo le señaló el privilegio que tenía de poder llevar a Dios a los demás a través de su trabajo como profesor universitario. 

El “Inge”, entre fórmulas químicas y tubos de ensayo, transmitió la alegría de un alma que lucha todos los días por alcanzar la santidad en las cosas ordinarias.

Arturo era consciente del amplio panorama apostólico de su cátedra universitaria. «Él sabía que ahí podía hacer mucho bien», explica el Pbro. Jesús Becerra, postulador de la causa. Como profesor, no solamente se preocupaba de la formación académica de sus alumnos, sino que mostraba un auténtico interés por cada uno. Ahora, Arturo es el primer agregado de la prelatura del Opus Dei y el primer mexicano del Opus Dei en proceso de beatificación.

En la apertura del proceso, el cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara señaló: «Por el presente edicto exhorto a todos los fieles a informar al tribunal constituido si existe alguna cosa, sea a favor o en contra de dicha Causa, para ser sometida a examen».

 

En ese acto, se esbozaron los trazos de su vida. Testimonio constante. La sonrisa detrás de un escritorio durante más de treinta años. Puntualidad. Orden. Alegría. El ejemplo como método fundamental de enseñanza. Coherencia. El atractivo de una vida íntegra que arrastra. Y, sobre todo, los grandes amores de Arturo: Jesús, Dios Padre, el Espíritu Santo y la Virgen Santísima.

 

 

Testimoniar el Amor. Educar en la familia

Escrito por José Martínez Colín.

El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras.

1) Para saber 

Cuando Napoleón asumió el poder en Francia, fundó el Instituto Pedagógico para los hijos de los laureados con la Legión de Honor. Nombró como directora a Juana Luisa Enriqueta de Genest, a quien se le conoció como Madame Campan. Ella había sido profesora de las hijas del Rey Luis XV. En una ocasión Napoleón le dijo: “Los antiguos sistemas de educación no valen nada, ¿qué cree que es más necesario para educar a los niños franceses?”. Ella le contestó simplemente: “Madres”.

En su Carta a los Matrimonios el papa Francisco señala que la educación de los hijos no es fácil, pero si hay alguien indicado para hacerlo son los padres. Los hijos están siempre mirándolos con atención y buscan en ellos el testimonio de un amor fuerte y confiable: «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!», afirmó el Papa.

2) Para pensar

Se cuenta que un niño de 7 años entró al cuarto donde trabajaba su papá y le dijo que quería ayudarlo. El papá estaba ocupado y le dijo que se fuera a jugar afuera. Pero el niño insistía. Al ver que era imposible sacarlo, tomó una revista donde había un mapa con el mundo y con una tijera recortó el mapa en varios pedazos. Con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciéndole: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo para que lo armes”. El padre calculó que no lo terminaría en todo el día. Pasó un tiempo y su hijo gritó: “Papá, ya lo hice todo”. El padre no lo creía, pero para su sorpresa el mapa estaba completo. ¿Cómo había sido capaz de unir el mundo? El padre le dijo: “Hijo, pero si tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?”.

Respondió su hijo: “Papá, no sabía, pero cuando sacaste el mapa para recortarlo, vi que del otro lado estaba una foto de un niño con sus papás… así que di vuelta los recortes y armé la familia… cuando conseguí arreglar la familia, había arreglado el mundo”.

La moraleja es clara: si queremos arreglar el mundo, hay que empezar por la familia.

3) Para vivir

El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento y aprendan de ellos.

El amor y entrega entre los cónyuges es una lección valiosa, pues los hijos necesitan experimentar la confianza, la belleza de sus vidas, la certeza de no estar nunca solos, de saberse amados. En ese amor descubrirán el amor de Dios. Los hijos han de descubrirse como hijos de un Dios que los ama tierna e incondicionalmente. De esa manera tendrán la capacidad de confiar en Dios.

Por ello, la lucha personal no sólo repercute en uno mismo, sino en los demás, incluso trasciende a la sociedad. El papa anima a no dejar que la tristeza transforme los rostros, pues tanto el cónyuge como los hijos necesitan de la sonrisa que alienta. Así, la familia transmitirá los valores que conforman la humanidad.

 

    Libertad y compromiso.

     La Creación, según el Génesis, es un trabajo de Dios. En ese trabajo, el séptimo día el Creador descansó. El hombre fue puesto en el Paraíso para trabajar, “ut operaretur”, dice la Biblia.  Por tanto, el trabajo no fue un castigo; fue castigo el cansancio concomitante (y también parir con dolor).

     El trabajo es actividad humana por excelencia, quasi  divina, pues por medio de ella el hombre modifica la vida, el entorno, el propio ser: el trabajo es creativo. Los animales no trabajan, no son creativos; siempre hacen lo mismo, lo que tienen grabado en su naturaleza

     Se suele aludir al ejemplo del plato de huevos fritos con jamón, en que la gallina está implicada, pero el cerdo está totalmente comprometido: el compromiso es más que la implicación. El trabajo bien hecho tiene las características de ser más un gran compromiso que una implicación.

Decía Zubiri que el hombre es el animal dialogante. La máquina no dialoga, y por lo tanto no puede implicarse. Y el animal tampoco; su actuar no es resignación, sino obediencia “ciega” a su forma de ser. El animal no es libre, y por tanto no puede comprometerse.

La libertad es propia del ser humano. Es la capacidad de contraer vínculos, de comprometerse. Por eso, libertad y compromiso van de la mano. Por eso, no es libertad la emancipación de todo vínculo, incluido Dios. Decía San Juan Pablo II, en su encíclica “Fides et ratio”: “El nihilismo está en el origen de la difundida mentalidad según la cual no se debe asumir ningún compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional”.

Continuamente estamos eligiendo, descartado posibilidades y adoptando actitudes, realizando actos, pequeños o grandes, que van construyendo la personalidad más o menos conscientemente. Muchas veces se trata de elecciones que van con el marchamo del para siempre. Es el caso, por ejemplo, del compromiso matrimonial, “hasta que la muerte les separe”. Es compromiso de amor, que por su naturaleza es permanente. Podrá haber separación, divorcio, pero la marca del compromiso, aunque parezca escondida u oculta, está ahí; a no ser que nunca haya existido compromiso, con lo cual nunca hubo unión, todo es nulo.

Y en la vida hay muchos compromisos.

Y hay libertad cuando estamos plenamente conscientes. No se pueden realizar actos libres en el sueño. Tampoco son libres los actos reflejos, así como la regulación orgánica que mantiene la homeostasis, los latidos del corazón, la respiración, la función renal, etc. No quiere decir que en esas situaciones el hombre deje de ser libre. La libertad se esconde en tales situaciones, no se pierde, pues el hombre es libre siempre, aunque esté en coma, dormido o maniatado.  

En los actos libres interviene el cerebro, como un elemento más, con sus áreas asociativas y el sistema límbico, junto con la carga hormonal, unido a la situación orgánica general, buena o menos buena, todo lo cual matiza la voluntariedad de un acto en concreto. Y por encima de todo, el hombre realiza muchos actos “porque le da la gana”, razón ésta totalmente trascendente.

     Amenazas a la libertad:

Está bastante extendido considerar al hombre como una máquina perfecta, compuesta por unos elementos fisicoquímicos ensamblados en cuyo funcionamiento no hay cabida para la libertad. Pero el hombre no es una máquina: el hombre  puede ser feliz, y la máquina no. El hombre puede, en numerosos casos, trabajar gustosamente; a la máquina no le es posible. Se deduce que el supuesto  trabajo de la máquina, del ordenador, no es humano

Y es que la máquina no es libre. No puede elegir. Por tanto, no puede dialogar. “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo ´dialogar´ ” (de “Fratelli tutti”, Papa Francisco). Un ordenador no puede enamorarse, no puede darse, y el hombre sí;

Algunos dicen que el hombre es un animal más, que actúa de acuerdo a sus pulsiones e instintos, sin intervención de voluntad alguna. Pero, como se ha dicho antes, la razón más trascendente del ser humano es que puede hacer las cosas de forma totalmente voluntaria, “porque sí” (que algunos expresan de un modo burdo, que no es oportuno transcribir).

Todas las ideologías proclaman su compromiso con la libertad, pero se podría decir, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, pues a pesar de tantos pregones liberadores, la sociedad, el individuo concreto, está manipulado. El “bombardeo” de eslóganes, ideas, prejuicios, de halagos a la comodidad y a los sentidos cautivan de alguna manera al hombre moderno.

Se puede hacer heroico sobreponerse y vencer el “bombardeo”. Precisamente hay que hacer uso de la libertad, plantando cara al “lavado de cerebro”. “La verdad os hará libres”, decía Jesucrist

 José Luis Velayos

 

Enseñemos a nuestros hijos a ahorrar

Silvia del Valle Márquez

Ene 20, 2022

El hábito del ahorro se aprende con el ejemplo, así que seamos coherentes y entremos todos a la dinámica familiar del ahorro.

Siempre que comienza el año terminamos muy gastados y con algunas deudas que nos pueden dar problemas, es por esto que es el mejor momento para educar a nuestros hijos en las virtudes y crearles el hábito del ahorro.

Es necesario que nuestros hijos comprendan muy bien las cosas y que nosotros les expliquemos que vamos a implementar una estrategia familiar, por eso aquí te dejo mis 5Tips para enseñar a nuestros hijos a ahorrar.

PRIMERO. Define tus necesidades.
Es necesario hacer conciencia de que hay cosas que son necesarias y otras que son secundarias, que podemos programar o que podemos prescindir de ellas.

Es bueno hacer una lista de las necesidades y poderles dar prioridad para que las tengamos en cuenta y las vayamos solucionando lo más pronto posible, pero sin causar estragos en la vida cotidiana.

Esta lista la podemos tener a la vista o en nuestra agenda para no olvidarnos de ella conforme pasa el año. Otro punto importante es irla actualizando para que sea eficaz.

SEGUNDO. Haz un plan de comidas.
Dentro de las necesidades primordiales está la alimentación, que debe ser adecuada a la edad de nuestros hijos y que no debemos sacrificarla por cubrir otras necesidades secundarias.

Podemos ahorrar si nos organizamos y vamos a hacer las compras con lista en mano, así evitaremos hacer compras por impulso o caer en la trama de las falsas ofertas que los centros comerciales nos presentan.

Es bueno hacer los menús de lo que vamos a comer durante toda la semana para saber que necesitamos y las cantidades adecuadas para evitar tener desperdicios de comida.

Otra forma en que podemos ahorrar es hacer la misma comida para dos días ya que evitamos cocinar a diario y así ahorramos gas y optimizamos los ingredientes. Sé que a muchos no les gusta comer lo mismo dos días seguidos pero eso lo podemos solucionar haciendo alguna guarnición diferente o acompañando la comida un día con tortillas y al día siguiente con pan.

Cuando lo que nos queda no es suficiente para una comida completa podemos disponerla para comerla en tostadas y así hacemos rendir el guiso y no gastamos de más.

TERCERO. Toma en cuenta los gastos fijos de servicios.
Estos gastos son tediosos pero son necesarios. Los servicios como el teléfono y el internet comúnmente son gastos fijos ya que comúnmente tienen tarifas específicas dependiendo de lo que se contrata; en el caso de la luz, gas y el agua, el monto va de acuerdo al consumo, pero los tiempos de pago son fijos y ya establecidos por lo que podemos poner atención y pagarlos en tiempo para evitar recargos o gastos por reconexión.

Otra forma de ahorrar es tener cuidado de que el consumo de los servicios no exceda los límites permitidos, teniendo cuidado de no dejar la luz prendida o la llave del agua abierta, cuidar estos recurso también nos ayuda a ahorrar y además cuidamos nuestra casa común.

Para que nuestros hijos nos ayuden podemos encomendarles que sean los guardianes y que estén atentos de que las luces no estén prendidas cuando no es necesario o que las llaves de agua estén correctamente cerradas, esto puede ser muy divertido para ellos si les ponemos retos que cumplir y les ponemos algún marcador de triunfos donde vayan marcando las veces que apagan una luz o cierran una llave de agua. ¡El ahorro también puede ser divertido para nuestros hijos!

CUARTO. Por un lugar para colocar las monedas que te den de cambio.
Me he dado cuenta que muchas veces llegamos a juntar grandes cantidades de dinero de las monedas de un peso que nos van dando de cambio. Para traerlas cargando son muy pesadas y en muchas ocasiones las dejamos por ahí, lo que resulta en que se pierden y ahí tenemos una fuga fuerte de dinero.

Si destinamos un bote para poner ahí todas las monedas que tengamos en el monedero o que nos den de cambio nos podremos dar cuenta de que se junta una buena cantidad de dinero y que nos puede significar un ahorro.

Nuestros hijos nos pueden ayudar a meter esas monedas al bote y dependiendo de la edad, nos pueden ayudar a contarlas o a ver si el bote se va llenando.

Podemos ir tomando el dinero poco a poco o dejarlo para que cuando se llene tengamos una buena cantidad que podemos utilizar para darle un pequeño gusto a nuestra familia, es decir, ir por un helado, comprar una pizza o algo así.

Y QUINTO. Apriétate el cinturón y planea también los gustos.
Es necesario que nos adecuemos a nuestras posibilidades y que no caigamos en la trampa de vivir del crédito porque los intereses nos hacen pagar el doble de lo que nos endeudamos y sufrir mucho.

Es mejor apretarnos un poco el cinturón y caminar nuestro estilo de vida para adaptarnos a lo que podemos.

No te digo que nos vayamos a lo más austero, pero sí que seamos conscientes de que hay prioridades y que dejemos de lado los gastos superfluos o que dejemos de lado lo que está de moda ya que, seguramente, estará muy caro y fuera de nuestras posibilidades.

Sé que como familia es bueno que de vez en cuando podamos salir de paseo, compremos un helado, vayamos al cien o cosas así que nos den alegría y fomenten la sana convivencia familiar, pero es necesario que la planeemos para que no generen un gasto exagerado o fuera de lugar, sino que podamos programarlas y sean algo que nos genere alegría.

El hábito del ahorro se aprende con el ejemplo, así que seamos coherentes y entremos todos a la dinámica familiar del ahorro.

 

Aspectos bioéticos de la donación de órganos en contexto pandémico

Aspectos bioéticos de la donación de órganos en contexto pandémico

La pandemia de la COVID-19 ha alterado muchas cosas en la práctica asistencial en todos los países. Una de las prácticas que se han visto seriamente afectadas ha sido la relacionada con la donación y trasplante de órganos y tejidos.

La situación de emergencia sanitaria ha obligado a focalizar la atención en la nueva enfermedad emergente, asociada a una elevada prevalencia y mortalidad, relegando otras necesidades terapéuticas, como la relacionada con los trasplantes, a un segundo plano, generando graves dilemas éticos y asistenciales.

El elevado riesgo de infección asociado al virus Sars-Cov-2 ha afectado tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios, que han visto complicarse los procesos relacionados con los trasplantes, tanto por la seguridad del personal implicado y de los pacientes candidatos a recibir los órganos,  como por la viabilidad de dichos órganos y tejidos.

La necesidad de destinar más recursos, económicos, técnicos y humanos, a gestionar la pandemia ha obligado a posponer muchos procesos de extracción y trasplante de órganos, con el riesgo que esto supone para la supervivencia de los posibles receptores.

Además, la situación de emergencia generalizada ha supuesto un obstáculo para la correcta cumplimentación del consentimiento informado por parte de los donantes o sus familias.

Un reciente estudio publicado en la revista BMC Medical Ethics, aborda este problema analizando la situación de Canadá durante la pandemia, antes de la aparición de las vacunas, analizándose tanto aspectos generales como éticos relacionados. (Ibrahim et al. BMC Med Ethics (2021) 22:142).

Donaciones de órganos para trasplantes. Fallecen cerca de 4.000 europeos esperando un trasplante y 59.168 enfermos están en lista de esperaEntre los primeros, cabe destacar el riesgo de exposición a la Covid-19 por parte de los profesionales de la salud implicados, efectos de la espera en ser trasplantados que se traduce en un incremento de mortalidad en los pacientes candidatos a recibir órganos, así como problemas relacionados con su localización y obtención. Entre los aspectos éticos que evalúan los autores, destacan la obtención del consentimiento informado en un contexto de incertidumbre, que ha obligado a realizar el proceso de forma telemática en muchos casos, con los riesgos que ello conlleva para la salvaguarda de la integridad de los datos así como su correcta comprensión por parte de los pacientes, junto a los problemas relacionados con la elegibilidad de los órganos y los pacientes.

Tal como hemos publicado previamente,  durante la pandemia se ha reducido el número de trasplantes drásticamente. De los 166.374 trasplantes de órganos sólidos (riñón, hígado, corazón, pulmón, páncreas e intestino) que se realizaron en el mundo en el año 2019, se ha pasado a 114.181 en el año 2020, lo cual supone un 31,37 % menos de pacientes que han podido ser trasplantados.

Las causas no son atribuibles exclusivamente al efecto directo del virus Sars-Cov-2 a nivel global, sino que deben también tenerse en cuenta otras causas como el descenso en el número de accidentes de tráfico o el número de asistencias por patología cerebrovascular, además del elevado nivel de ocupación de las unidades de cuidados intensivos por pacientes COVID-19. La falta de camas disponibles en UCI para la admisión de pacientes potenciales donantes de órganos, la dificultad de mantener pacientes con potencial evolución de muerte encefálica en unidades de cuidados intensivos y la fatiga del personal sanitario de las unidades de cuidados intensivos durante la pandemia, entre otros, han sido determinantes.

La situación pandémica obliga a replantearse algunos aspectos fundamentales relacionados con la medicina de trasplante, que puede verse seriamente alterada en situaciones de crisis afectando, no solo a la salud de los pacientes en lista de espera para recibir un órgano, sino también a la integridad de los equipos sanitarios implicados y al manejo de los recursos disponibles, que incluyen no solo los medios técnicos necesarios, sino también una reevaluación de los pacientes candidatos tanto a donar como a recibir los órganos en función de las circunstancias cambiantes que determina una situación pandémica.

Por último, se subraya la necesidad de vigilar los procedimientos de obtención del consentimiento informado por parte de los pacientes, garantizando su comprensión  y libre decisión, que no siempre puede formularse debidamente en situaciones de crisis pero cuyo escrupuloso cumplimiento se hace necesario si se quiere mantener la aceptabilidad ética de un complejo proceso como es el de la donación y trasplante de órganos y tejidos.

 

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

 

Querer conciliar el Evangelio con el mundo no trae la paz

El Papa Pío IX tenía fama de ser un hombre culto y liberal. Después de perder los Estados Pontificios y la sangrienta invasión de Roma, comprendió el odio revolucionario contra la Iglesia y condenó los errores liberales.

 

Un Papa liberal

Contenidos

 

El Papa Pío IX tenía fama de ser un hombre culto y liberal. 

Al ser elegido proclamó una amnistía para los presos con delitos políticos e instituyó una cámara deliberante de representación popular en el gobierno de los Estados pontificios.

También abolió el antiguo gueto judío de Roma.

Para sus propósitos liberalizadores tuvo que pugnar arduamente con la propia curia romana, hasta el punto que en dos años tuvo no menos de siete secretarios de Estado.

Atacado por los liberales

Durante las revoluciones de 1848 en Roma se proclamó la república y el Papa tuvo que huir a Gaeta, en el reino de las Dos Sicilias, disfrazado de monje. Desde allí pidió ayuda a las principales potencias católicas: España, Austria, Francia y las Dos Sicilias, que acudieron en su ayuda. Después sus territorios le fueron restituidos por los franceses.

Después de perder los Estados Pontificios y la sangrienta invasión de Roma, (1)comprendió la realidad del odio que existe contra la Iglesia y el Papa Pío IX tuvo un cambio total en su posición liberal.

Comprende el odio a la Iglesia de los revolucionarios

En 1864 Pío IX promulgó la encíclica Quanta cura que lleva como apéndice el celebérrimo Syllabus errorum, compendio de ochenta proposiciones condenatorias de las doctrinas imperantes.

Específicamente anatematizó el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el indiferentismo, el latitudinarismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo, las sociedades secretas, el biblismo, y la autonomía de la sociedad civil.

Y denuncia los errores liberales

Reproducimos a continuación un trecho de una Carta suya, ya desengañado de las pretendidas bondades de los liberales, al senador Cannart d’Hamale y a toda la Federación de Círculos Católicos de Bélgica:

 

Cardenal Pie: «Es condición de toda verdad el ser intolerante»

 

(…) “Lo que más elogiamos en esta empresa llena de piedad, es que estáis, según nos informan, llenos de aversión por los principios católicoliberales, y que os esforzáis por borrarlos de las inteligencias tanto cuanto a está en vuestro poder.

Las tropas revolucionarias invaden Roma por la brecha en la Puerta Pía y masacran a los guardias suizos durante la unificación italiana

«Los que están imbuidos de esos principios puede hacer profesión de amor y de respeto por la Iglesia y aparentar que emplean en su defensa sus talentos y trabajos; sin embargo, están empeñados en pervertir su doctrina y espíritu, tendiendo, de acuerdo a las disposiciones de cada uno, al servilismo ya sea con relación al César o con los promotores de los derechos de una falsa libertad.

Piensan que es absolutamente necesario seguir este camino para suprimir las causas de los conflictos, conciliar el Evangelio con el progreso de la sociedad actual y restablecer el orden y la tranquilidad, como si la luz pudiese unirse a las tinieblas y la verdad no fuese privada de su naturaleza cuando, al ser curvada por la violencia,  se ve despojada de su vigor natural.

«Este error insidioso es más peligroso que una hostilidad abierta, ya que se recubre con el capcioso velo del celo y de la caridad; esforzándoos por combatirlo y empleando un cuidado asiduo en apartar de él a los simples, es que este extirpareis la raíz fatal de las discordias y trabajareis eficazmente en proporcionar y mantener la estrecha unión de los espíritus».

De la Carta «Quo Durior» de Pío IX, al senador Cannart d’Hamale y a toda la Federación de Círculos Católicos de Bélgica, del 8 de mayo, 1873

 

  1. La toma de Roma (en italiano, Presa di Roma) el 20 de septiembre de 1870 fue el evento final del largo proceso de unificación italiana conocido como el Risorgimento, marcando tanto la derrota final de los Estados Pontificios bajo el papa Pío IX como la unificación de la península italiana bajo el rey Víctor Manuel II de la Casa de Saboya. La toma de Roma puso fin al reinado aproximado de 1116 años (entre el 754 y 1870) de los Estados Pontificios bajo la Santa Sede

 

La salud de tu cabeza

Se ha puesto de moda decir que el que no piensa como tú es un desequilibrado, cuando lo más probable es que el desequilibrado seas tú si piensas así de los demás. Hace tiempo que no se hablaba tanto de la salud mental como ahora por culpa de la pandemia. Además de que la pandemia afecte a tu cuerpo, e igual vas y te mueres por su culpa, como le está pasando a tanta gente, hay personas que hablan más de la salud de tu cabeza, y de que se te está deteriorando por culpa de la covid. Los últimos datos, producidos especialmente entre jóvenes, son preocupantes.

Que si sufres angustia o ansiedad cuando te ves con la mascarilla puesta, o cualquier dolorcillo de cabeza te lleva a pensar que la covid está ahí, en vez de pensar que hayas dormido mal esa noche o que comiste tal o cual producto.

Jesús D Mez Madrid

 

La energía, el pollo y los hogares de Cataluña

El pasado día 19 leía el titular “El pollo es la carne más consumida a los hogares de Cataluña”. Según la nota, el 2020 logró un volumen de 98.100 toneladas consumidas, lo que representa un 26,6% del total de la carne fresca que se consume en los hogares catalanes, con 13,80 kg de consumo per cápita. En cuanto al consumo de huevos, el 2020 en Cataluña ascendió a 74.282 toneladas, lo que supone 10,45 kg per cápita.

En estos mementos, la falta de rentabilidad de las explotaciones puede llegar a provocar un desabastecimiento al mercado de carne avícola y huevos de proximidad, a favor de países terceros, que no cumplen las mismas normativas en materia de sanidad, ni bienestar animal, y resulta menos sostenible, desde el punto de vista del medio ambiente.

La entidad agrícola ganadera que facilitaba los datos, reclama que los ganaderos reciban un precio suficiente para compensar esta pérdida del 30%, y que no se utilice su producción como producto reclamo. Estas medidas se tendrían que aplicarse de forma urgente para salvar un sector muy identificado con nuestra cultura, y que se encuentra sometido a inversiones constantes para garantizar la máxima eficiencia, el bienestar animal y la sostenibilidad.

Jesús Domingo Martínez

 

Si los techos están podridos: El edificio se derrumba

 

                                Si los ejemplos que nos vienen de “las alturas”, están tan corrompidos y marchan “con toda normalidad”; el pueblo, la masa, las plebes; reciben esos efluvios; ¿y qué les queda salvo corromperse y de paso guardar todo cuanto puede de lo que posee y de forma que no se lo arrebaten? ¿Dónde está el progreso de que se nos habla? Si ya nos cobran impuestos cuasi hasta por “el aire que respiramos”.

                                Me viene a la memoria, aquellos indeseables “poderosos” de lo que se denomina medievo o medioevo y que la historia recoge, como, “los señores de horca y cuchillo”; que como tiranos de sus feudos, en realidad eran dueños de vidas y haciendas; y los que estaban bajo su yugo, eran como animales o pobres bestias, cuyos derechos se reducían, “al ruego o la súplica a su señor” (1) ¿Cómo estamos hoy, dónde están los derechos del mal denominado ciudadano, puesto que estamos llegando al grado de siervo; o de cualquier forma de la indefensión total del tirano Estado, que dice gobernar con esa gran mentira que es lo que se nos dice es DEMOCRACIA, que no son otra cosa que cientos de dictaduras camufladas?

                                Hoy los “modernos señores de horca y cuchillo, si bien no lo hacen a lo bestia, como aquellos bestias del medievo, pero de igual forma, tratan de dominar a sus ya “casi siervos”, con cadenas invisibles, pero en realidad, tan mortíferas como aquellos, puesto que nos exprimen de tan brutal forma, que nos van llevando poco a poca, a algo similar a aquellos antiguos “siervos de la gleba”. Y nos mantienen en una especie de “libertad vigilada, pero con la espada de Damocles encima siempre”. Veamos el porqué de ello.

                                Hoy los nuevos “señores intocables”; (¿recuerdan aquella serie en TV (2) y… “los mercenarios que los sostienen; como aquellas guardias pretorianas, sostenían los abusos de los emperadores romanos u otros similares de su tiempo”; y que muchas veces, eran no sólo la fuerza que sostenía al tirano, sino peor aún, eran los que imponían al tirano, puesto que en connivencia con “el títere”; explotarían todos los recursos del territorio y en beneficios propios y compartidos con la pantalla que gobernaba o parecía gobernar. Imponiendo lo que hoy llamamos “ley del embudo”.

                                Hoy, los bienes que figuran en los registros oficiales de la propiedad no son del que allí aparece como titular; son del que se dice, gobierno estatal o del Estado; al que por ellos, paga ya unos alquileres impuestos, que van llegando, “al expolio que aquellos señores feudales, imponían a sus siervos”. Puesto que si los vendes, gran parte del valor de los mismos, se los lleva el Estado o sus delegaciones.

                                También nos imponen todo tipo de obligaciones; incluso la de someternos a unos servicios administrativos como empleados estatales, pero sin sueldo o salario alguno; puesto que nos obligan mediante leyes injustas; a “llevarle a sus arcas gran parte de lo que ganamos, sin que muevan “una pestaña” para correspondernos a esa nueva esclavitud al tirano”. Tirano que te cobra un veinte por ciento, si te retrasas un solo día en pagar lo que por ley te han impuesto; cuando ese tirano y caso de que te deba dinero o justicia; si te lo paga o entrega, lo hace cuando a él le sale de “su tiranía”; y no pasa nada; al igual que no pasa nada en cuanto a esas sentencias de juicios, que culpables o inocentes; te pueden llegar cuando ya hallas muerto; cosa que a los grandes delincuentes, les viene de perlas; puesto que en el intervalo, o han prescrito o cuando les llegan, ya están en el cementerio.

                                La delincuencia; “de alto y bajo grado”, es tan abundantísima, que en realidad, su mantenimiento y en muchos casos enriquecimiento; sólo corre, a cuenta del cada vez mayor proporción, de, “siervos que trabajan y producen el producto interior bruto que sostiene al Estado”; y “¿Cuántas cosas más?”; pegúnteselas usted mismo, si es que ha sabido entender este mi artículo de hoy; escrito con la máxima desesperanza de quién y desde niño, le hicieron trabajar, sólo por… “la comida y la cama”; y del Estado sólo ha recibido, cargas y obligaciones; y ninguna ayuda.

                                Nos dicen cada día; y cada minuto de cada hora, que vivimos en libertad, en democracia, en progreso;pero la realidad es la que ya hace muchas décadas, en que un inteligente inglés, escribiera dos libros proféticos; “Rebelión en la Granja y 1984” (3); cuyos contenidos eran una sentencia que luego se ha ido cumpliendo; o sea y en concreto, que tenemos, “la libertad de los animales de granja o rebaño”, no más.

                                No tenemos estadistas; o sea, “hombres y mujeres de Estado”; estamos manejados por simples mercenarios, cuyo interés es sólo, el botín en que pensaron como tales, y el que explotan como mercenarios,  tan pronto llegan a él.

 

NOTAS:

 (1) Señor de horca y cuchillo:  HISTORIA  1. El que tenía jurisdicción para castigar hasta con la pena de muerte. 2. Persona que manda como dueño y con mucha autoridad.

(2) Los Intocables fue una serie de televisión .  Basada en el libro escrito por Eliot Ness y Oscar Fraley, recopila las memorias del primero, quien fue agente federal durante la Prohibición o ley Seca en Estados Unidos y de cómo luchó contra el crimen en Chicago en la década de 1930; al final una fantasía, puesto que “las mafias siguen”.

(3) 1984 (en su versión original en inglés:  es una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano. Rebelión en la granja, también titulada en español como La granja de los animales,  es una novela corta satírica del escritor británico George Orwell. Publicada en 1945, la obra es una fábula mordaz sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin corrompe el socialismo. En la ficción de la novela un grupo de animales de una granja expulsa a los humanos tiranos y crean un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en otra tiranía brutal.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes