Las Noticias de hoy 10 Enero 2022

Enviado por adminideas el Lun, 10/01/2022 - 11:39

توییتر \ Padre Luis Toro در توییتر: "Jesús envió a bautizar a “todos” sin  excepción. Eso es porque la iglesia que Jesús fundó es Católica: universal.  A ver si algún hermano despistado,

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 10 de enero de 2022   

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: no descuidemos la oración

El Papa bautiza 16 niños. A los padres: custodien la identidad cristiana

El Papa y Kazajistán: rezo por las víctimas y por el retorno de la armonía social

LLAMADA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: lunes de la Iª. semana del tiempo ordinario

“Nos anima, nos enseña, nos guía” : San Josemaria

Agradar a Dios (VI): hermanos que miran al Padre. Unidad entre generaciones distintas : Diego Zalbidea

Ateísmo y Ciencia de Hoy :  P. Jorge Loring

La doctrina social de la Iglesia es aquella enseñanza que nace del diálogo entre el Evangelio y la vida económico social de los pueblos.

Benedicto XVI: la Doctrina Social de la Iglesia, una cuestión de amor

Testimoniar el Amor | Educar en la familia : José Martínez Colín

Adopción, una realidad sin miedo : encuentra.com

Impensable en el ministro responsable : Jesús Domingo

Un taller de fraternidad : Jesús Domingo Martínez

Un competidor desleal : José Morales Martín

El fin de la globalización :  Jesús Martínez Madrid

Educación y nuestra historia : Pedro García

Haití… “Ese imposible país”:  De la esclavitud a la nada : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

 

El Papa en el Ángelus: no descuidemos la oración

La oración abre al cielo, da oxígeno a la vida y hace ver las cosas “de modo más amplio”. Es “el modo”, según el Papa, “de dejar que Dios actúe en nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones más difíciles”, y tener así "la fuerza de ir adelante”.

 

Puntualmente al mediodía de este 9 de enero el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano para rezar junto con los fieles presentes en la Plaza de San Pedro la oración mariana del Ángelus. Comentando la Liturgia del día, que muestra la escena con la que comienza la vida pública de Jesús, el Papa Francisco invitó a detenerse en un punto importante, a saber, en el momento en que Jesús recibe el Bautismo: el texto – señaló– dice que “estaba orando”. 

“Nos hace bien contemplar esto: Jesús reza. ¿Pero cómo? Él, que es el Señor, el Hijo de Dios, ¿reza como nosotros? Sí, Jesús – lo repiten muchas veces los Evangelios – pasa mucho tiempo en oración: al inicio de cada día, a menudo de noche, antes de tomar decisiones importantes... Su oración es un diálogo vivo, una relación íntima con el Padre. Así, en el Evangelio de hoy podemos ver los “dos movimientos” de la vida de Jesús: por una parte, desciende hacia nosotros en las aguas del Jordán; por otra, eleva su mirada y su corazón orando al Padre.”

La oración es la clave que abre el corazón al Señor

Es esta una “gran enseñanza” para nosotros, señaló el Santo Padre: inmersos “en los problemas de la vida y en muchas situaciones intrincadas, llamados a afrontar momentos y elecciones difíciles que nos abaten”, si no queremos permanecer aplastados, “tenemos necesidad de elevar todo hacia lo alto”. Y así, la oración, “que no es una vía de escape, no es un rito mágico ni una repetición de cantilenas aprendidas de memoria”, es “el modo”, según el Papa, “de dejar que Dios actúe en nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones más difíciles”, y, de este modo, “tener la fuerza de ir adelante”. 

“La oración nos ayuda porque nos une a Dios, nos abre al encuentro con Él. Sí, la oración es la clave que abre el corazón al Señor. Es dialogar con Dios, es escuchar su Palabra, es adorar: estar en silencio encomendándole lo que vivimos. Y a veces también es gritar a Él como Job, desahogándose con Él.”

La oración da oxígeno a la vida y abre al cielo

La oración “da oxígeno a la vida”, aseguró Francisco, además de hacernos ver las cosas “de modo más amplio”. 

“Sobre todo, nos permite tener la misma experiencia de Jesús en el Jordán: nos hace sentir hijos amados del Padre. También a nosotros, cuando rezamos, el Padre dice, como a Jesús en el Evangelio: “Tú eres mi hijo, el amado” (cfr. v. 22). Nuestro ser hijos comenzó el día del Bautismo, que nos ha inmerso en Cristo y, miembros del Pueblo de Dios, nos ha hecho convertirnos en hijos amados del Padre. ¡No olvidemos la fecha de nuestro Bautismo!”

No descuidemos la oración

 

09/01/2022El Papa y Kazajistán: rezo por las víctimas y por el retorno de la armonía social

Antes de concluir el Papa Francisco dejó para la reflexión de los fieles algunas preguntas: "¿cómo va mi oración? ¿Rezo por costumbre, desganado, sólo recitando algunas fórmulas? ¿O cultivo la intimidad con Dios, dialogo con Él, escucho su Palabra?"

Animando a que, entre las muchas cosas que hacemos, “no descuidemos la oración”, pidió que le dediquemos tiempo, sugiriendo que, además de leer el Evangelio todos los días, “utilicemos breves invocaciones para repetir a menudo" porque la oración "abre al cielo". A la Madre, Virgen orante, que "ha hecho de su vida un canto de alabanza a Dios", el Papa invitó a dirigirse en oración. 

 

El Papa bautiza 16 niños. A los padres: custodien la identidad cristiana

"Este es vuestro trabajo durante vuestra vida: custodiar la identidad cristiana de vuestros hijos", dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa con el rito del bautismo de 16 niños. La Capilla Sixtina resuena con las voces de los pequeños y el Papa habla brevemente en un ambiente de celebración y gran emoción. La Iglesia acoge hoy con alegría a sus nuevos hijos

Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Bautismo del Señor y, tras la pausa del año pasado, debido a la pandemia, el Papa Francisco retoma la costumbre de impartir, en este domingo, el bautismo a algunos hijos recién nacidos de empleados del Vaticano. En esta ocasión, dieciséis niños y niñas reciben el sacramento de manos del Papa, que les introduce en la vida cristiana en un contexto muy especial: la Capilla Sixtina. La última vez, el 12 de enero de 2020, habían sido 32, y el Papa había pronunciado una breve homilía de forma improvisada para no "cansar" a los pequeños y a sus padres que se debatían entre gritos y llantos, especialmente a las madres a las que Francisco había dicho que se sintieran libres de amamantar a sus bebés allí en la Capilla.

"Queridos niños, con gran alegría la Iglesia os acoge", dice el Papa antes de marcar en cada uno de ellos, traídos al Papa por sus padres, el signo distintivo de la fe cristiana, la señal de la cruz. La homilía del Papa Francisco es muy breve e improvisada, como ya había hecho en el pasado en la misma ocasión.

Hoy conmemoramos el Bautismo del Señor. Hay un himno litúrgico muy bello -en la fiesta de hoy- que dice que el pueblo de Israel fue al Jordán con los pies descalzos y el alma desnuda, es decir, un alma que quería ser bañada por Dios, que no tenía riquezas, que necesitaba a Dios. Estos niños vienen hoy aquí con los pies descalzos y el alma desnuda para recibir la justificación de Dios, la fuerza de Jesús, la fuerza para seguir adelante en la vida, para recibir la identidad cristiana. Es esto, sencillamente. Sus hijos recibirán hoy su identidad cristiana. Y vosotros, padres y padrinos, debéis custodiar esta identidad. Este es su trabajo a lo largo de su vida: custodiar la identidad cristiana de sus hijos. Es un trabajo de todos los días, hacerlos crecer con la luz que recibirán hoy. Eso es todo lo que quería decir.

“Este es el mensaje de hoy: custodiar la identidad cristiana que habéis traído hoy para que vuestros hijos la reciban.”

Santa Misa con el Bautismo de 16 niños en la Capilla Sixtina

En cuanto a esta ceremonia... es un poco larga, los niños se sienten extraños aquí en un entorno que no conocen. Por favor: son los protagonistas de la ceremonia. Procuren que no tengan mucho calor, libérenlos de cosas, háganlos sentir cómodos, bien, y si tienen hambre, aliméntenlos tranquilamente aquí, frente al Señor. No hay problema. Y si gritan, que griten, porque tienen un espíritu de comunidad, [...], podemos decir un "espíritu de banda", un espíritu de estar juntos, y basta con que uno empiece para que todos se [vuelvan] musicales y la orquesta surja inmediatamente. Dejad que lloren tranquilamente, que se sientan libres, pero que no sientan demasiado calor, y si tienen hambre, que no la tengan. Y así, con esta paz, avancemos en la ceremonia y no olvidemos: ellos recibirán la identidad cristiana y vuestra tarea será custodiar esta identidad cristiana.

Santa Misa con el Bautismo de 16 niños en la Capilla Sixtina

Después de la invocación a todos los Santos, los dos concelebrantes, el Cardenal Konrad Krajewski, Limosnero Apostólico, y Monseñor Fernando Vérgez Alzaga, Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, marcaron a cada recién nacido en el pecho con el aceite consagrado, signo de alimento y defensa para la inevitable lucha contra el pecado y de consuelo para las inevitables heridas. A continuación, el Papa leyó las fórmulas posteriores del rito y la profesión de fe pronunciada por los padres y padrinos declarando su renuncia al demonio, a sus obras y a sus seducciones. Finalmente, uno a uno los recién nacidos fueron llevados a la pila bautismal y Francisco virtió el agua bendita sobre la cabeza de cada uno. A continuación, se entregó a los pequeños la túnica blanca, símbolo del renacimiento como nuevas criaturas, y luego la luz de Cristo: cada padre, acercándose al cirio pascual enciende su propio cirio, es la luz que acompañará a los padres en el testimonio de fe de sus hijos. Al final de la celebración, el Papa Francisco se detuvo a saludar a cada una de las familias presentes y a dar otra caricia cariñosa a sus pequeños.

 

El Papa y Kazajistán: rezo por las víctimas y por el retorno de la armonía social

Tras la oración mariana del Ángelus, Francisco recuerda a las víctimas de las protestas de los últimos días en Kazajistán y pide que prevalezca el diálogo en la búsqueda de la justicia y el bien común

 

Fausta Speranza - Ciudad del Vaticano

Tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco subrayó que se había enterado "con dolor" de que había habido víctimas durante las protestas que estallaron en los últimos días en Kazajistán

Su oración y llamamiento:

“Rezo por ellos y sus familias, y espero que la armonía social se encuentre cuanto antes a través de la búsqueda del diálogo, la justicia y el bien común”

A continuación, Francisco encomendó al pueblo kazajo a la protección de Nuestra Señora, Reina de la Paz de Oziornoje. La Virgen se venera con este nombre en el santuario mariano nacional de Oziornoje, en el norte de Kazajistán.

El balance de las autoridades 

Según el ministro del Interior kazajo, Erlan Tourgoumbaiev, citado por los medios de comunicación locales, hasta 5.135 personas han sido detenidas en Kazajistán desde el comienzo de los violentos disturbios que estallaron durante la semana y que dejaron decenas de muertos en el terreno. Las detenciones, se subraya, se realizaron en relación con 125 investigaciones diferentes. Según el ministro kazajo, los daños económicos causados por los disturbios y la violencia ascendieron a unos 175 millones de euros, con más de 100 sucursales bancarias saqueadas y 400 vehículos destruidos. "Hoy la situación se ha estabilizado en todas las regiones del país", dijo Tourgoumbaiev, añadiendo que "la operación antiterrorista continúa para restaurar el orden". 

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09/01/2022El Papa en el Ángelus: no descuidemos la oración

 

El jefe de los servicios de inteligencia, Karim Masimov, fue detenido por "alta traición". Sigue siendo difícil entender lo que realmente ha sucedido en los últimos días, y en particular cómo las manifestaciones, inicialmente pacíficas, contra la fuerte subida de los precios del gas licuado de petróleo desembocaron de repente en ataques aparentemente bien organizados contra los palacios del poder en Almaty. Y cómo a la protesta inicial de los jóvenes y los trabajadores contra los altos precios pueden haberse superpuesto componentes impulsados por otras motivaciones. Se habla de extremismo islámico o incluso de esferas del Estado que pretenden eliminar lo que queda del poder de Nursultán Nazarbáyev, presidente desde la independencia de Kazajistán y durante casi 30 años, que en 2019 dejó su puesto a Tokáyev, permaneciendo al frente del Consejo de Seguridad hasta el pasado miércoles, cuando fue destituido por el propio Tokáyev. De Nazarbayev, que ahora tiene 81 años y vive en la capital Nur-Sultan, la antigua Astana rebautizada en su honor, no se sabe nada desde que comenzó la violencia. Su portavoz condenó estos rumores, calificándolos de "falsas especulaciones". El ex presidente, aseguró, está "en contacto directo" con su sucesor, en torno al cual invitó a todos los kazajos a "unirse". También el miércoles, Masimov, considerado uno de los leales a Nazarbayev, fue destituido como jefe de inteligencia y detenido 24 horas después.

A la espera del nuevo gobierno

Se espera que la próxima semana Tokayev anuncie la formación de un nuevo gobierno, tras haber destituido en los últimos días al gobierno dirigido por Aksar Mamin. Tokayev ha anunciado un día de luto por las víctimas de los enfrentamientos el 11 de enero. Mientras tanto, Washington ha autorizado a los empleados de su consulado en Almaty a abandonar el país si su presencia no es indispensable. Mientras tanto, un corresponsal de Afp constató que se oían disparos al aire de vez en cuando por parte de oficiales y soldados para impedir que la gente entrara en la plaza central de la antigua capital, Almaty.  Una treintena de supermercados han reabierto sus puertas, según informan los medios de comunicación locales, permitiendo a la gente hacer sus compras tras días de tensión. Sin embargo, los servicios de Internet y de mensajería de texto siguen bloqueados, y se espera que el aeropuerto de Almaty permanezca cerrado al menos hasta el lunes para los vuelos civiles.  

 

 

LLAMADA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS

— El Señor llama a los discípulos en medio de su trabajo. A nosotros nos llama también en nuestros quehaceres, y nos deja en ellos para que los santifiquemos y le demos a conocer.

— La santificación del trabajo. El ejemplo de Cristo.

— Trabajo y oración.

I. Después del Bautismo, con el que inaugura su ministerio público, Jesús busca a aquellos a quienes hará partícipes de su misión salvífica. Y los encuentra en su trabajo profesional. Son hombres habituados al esfuerzo, recios, sencillos de costumbres. Al pasar junto al mar de Galilea -se lee en el Evangelio de la Misa1-, vio a Simón y a Andrés, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Y cambia la vida de estos hombres.

Los Apóstoles fueron generosos ante la llamada de Dios. Estos cuatro discípulos –Pedro, Andrés, Juan y Santiago– conocían ya al Señor2, pero es este el momento preciso en el que, respondiendo a la llamada divina, deciden seguirle del todo, sin condiciones, sin cálculos, sin reservas. Así la siguen hoy muchos en medio del mundo, con entrega total en un celibato apostólico. Desde ahora, Cristo será el centro de sus vidas, y ejercerá en sus almas una indescriptible atracción. Jesucristo los busca en medio de su tarea ordinaria, como hizo Dios con los Magos –según hemos contemplado hace pocos días–: por aquello que les podía ser más familiar, el brillo de una estrella; como llamó el Ángel a los pastores de Belén, mientras cumplen con su deber de guardar el ganado, para que fueran a adorar al Niño Dios y acompañaran aquella noche a María y a José...

En medio de nuestro trabajo, de nuestros quehaceres, nos invita Jesús a seguirle, para ponerle en el centro de la propia existencia, para servirle en la tarea de evangelizar el mundo. «Dios nos saca de las tinieblas de nuestra ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las incidencias de la historia, y nos llama con voz fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con Andrés: Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum (Mt 4, 19), seguidme y yo os haré pescadores de hombres, cualquiera que sea el puesto que en el mundo ocupemos»3. Nos elige y nos deja –a la mayor parte de los cristianos, los laicos– allí donde estamos: en la familia, en el mismo trabajo, en la asociación cultural o deportiva a la que pertenecemos... para que en ese lugar y en ese ambiente le amemos y le demos a conocer a través de los vínculos familiares, o de las relaciones de trabajo, de amistad...

Desde el momento en que nos decidimos a poner a Cristo como centro de nuestra vida, todo cuanto hacemos queda afectado por esa decisión. Debemos preguntarnos si somos consecuentes ante lo que significa que el trabajo se convierta en el lugar para crecer en esa amistad con Jesucristo, mediante el desarrollo de las virtudes humanas y de las sobrenaturales.

II. El Señor nos busca y nos envía a nuestro ambiente y a nuestra profesión. Pero quiere que ese trabajo sea ya diferente. «Me escribes en la cocina, junto al fogón. Está comenzando la tarde. Hace frío. A tu lado, tu hermana pequeña –la última que ha descubierto la locura divina de vivir a fondo su vocación cristiana– pela patatas. Aparentemente –piensas– su labor es igual que antes. Sin embargo, ¡hay tanta diferencia!

»—Es verdad: antes “solo” pelaba patatas; ahora, se está santificando pelando patatas»4.

Para santificarnos con los quehaceres del hogar, con las gasas y las pinzas del hospital (¡con esa sonrisa habitual ante los enfermos!), en la oficina, en la cátedra, conduciendo un tractor o delante de las mulas, limpiando la casa o pelando patatas..., nuestro trabajo debe asemejarse al de Cristo, a quien hemos contemplado en el taller de José hace unos días, y al trabajo de los apóstoles, a quienes hoy, en el Evangelio de la Misa, vemos pescando. Debemos fijar nuestra atención en el Hijo de Dios hecho Hombre mientras trabaja, y preguntarnos muchas veces: ¿qué haría Jesús en mi lugar?, ¿cómo realizaría mi tarea? El Evangelio nos dice que todo lo hizo bien5, con perfección humana, sin chapuzas; y eso significa hacer el trabajo con espíritu de servicio a sus vecinos, con orden, con serenidad, con intensidad; entregaría los encargos en el plazo convenido, remataría su trabajo artesano con amor, pensando en la alegría de los clientes al recibir un trabajo sencillo, pero perfecto; se fatigaría... También realizó Jesús su quehacer con plena eficacia sobrenatural, pues a la vez, con ese mismo trabajo, estaba realizando la redención de la humanidad, unido a su Padre con amor y por amor, unido a los hombres también por amor a ellos6, y lo que se hace por amor, compromete.

Ningún cristiano puede pensar que, aunque su trabajo sea aparentemente de poca importancia –o así lo juzguen con ligereza algunos, con sus comentarios superficiales–, puede realizarlo de cualquier modo, con dejadez, sin cuidado y sin perfección. Ese trabajo lo ve Dios y tiene una importancia que nosotros no podemos sospechar. «Me has preguntado qué puedes ofrecer al Señor. —No necesito pensar mi respuesta: lo mismo de siempre, pero mejor acabado, con un remate de amor, que te lleve a pensar más en Él y menos en ti»7.

III. Para un cristiano que vive cara a Dios, el trabajo debe ser oración –pues sería una gran pena que «solo» pele patatas, en vez de santificarse mientras las pela bien–, una forma de estar a lo largo del día con el Señor, y una gran oportunidad de ejercitarse en las virtudes, sin las cuales no podría alcanzar la santidad a la que ha sido llamado; es, a la vez, un eficaz medio de apostolado.

Oración es conversar con el Señor, elevar el alma y el corazón hasta Él para alabarle, darle gracias, desagraviarle, pedirle nuevas ayudas. Esto se puede llevar a cabo por medio de pensamientos, de palabras, de afectos: es la llamada oración mental y la oración vocal; pero también se puede hacer por medio de acciones capaces de transmitir a Dios lo mucho que queremos amarle y lo mucho que lo necesitamos. Así pues, oración es también todo trabajo bien acabado y realizado con visión sobrenatural8, es decir, con la conciencia de estar colaborando con Dios en la perfección de las cosas creadas y de estar impregnando todas ellas con el amor de Cristo, completando así su obra redentora, cumplida no solo en el Calvario, sino también en el taller de Nazaret.

El cristiano que está unido a Cristo por la gracia convierte sus obras rectas en oración; por eso es tan importante la devoción del ofrecimiento de obras por las mañanas, al levantarnos, en la que, con pocas palabras, le decimos al Señor que toda la jornada es para Él; renovarlo luego algunas veces durante el día, y principalmente en la Santa Misa, es de gran importancia para la vida interior. Pero el valor de esta oración que es el trabajo del cristiano dependerá del amor que se ponga al realizarlo, de la rectitud de intención, del ejercicio de la caridad, del esfuerzo para acabarlo con competencia profesional. Cuanto más actualicemos la intención de convertirlo en instrumento de redención, mejor lo realizaremos humanamente, y más ayuda estaremos prestando a toda la Iglesia. Por la naturaleza de algunos trabajos, que exijan una gran concentración de la atención, no será fácil tener la mente con frecuencia en Dios; pero, si nos hemos acostumbrado a tratarle, buscándole de modo esforzado, Él estará como «una música de fondo» de todo lo que hacemos. Desempeñando así nuestras tareas, trabajo y vida interior no se interrumpirán, «como el latir del corazón no interrumpe la atención a nuestras actividades de cualquier tipo que sean»9. Por el contrario, trabajo y oración se complementan, como se enlazan con armonía las voces y los instrumentos. El trabajo no solo no entorpece la vida de oración, sino que se convierte en su vehículo. Se cumple entonces lo que le pedimos en esa hermosa oración10 al Señor: Actiones nostras, quaesumus, Domine, aspirando praeveni et adiuvando prosequere: ut cuncta nostra oratio et operatio a te semper incipiat, et per te coepta finiatur: que todo nuestro día, nuestra oración y nuestro trabajo, tomen su fuerza y empiecen siempre en Ti, Señor, y que todo lo que hemos comenzado por Ti llegue a su fin11.

Si Jesucristo, a quien hemos constituido en centro de nuestra existencia, está en el trasfondo de todo lo que realizamos, nos resultará cada vez más natural aprovechar las pausas que hay en toda labor para que esa «música de fondo» se transforme en auténtica canción. Al cambiar de actividad, al permanecer con el coche parado ante la luz roja de un semáforo, al acabar un tema de estudio, mientras se consigue una comunicación telefónica, al colocar las herramientas en su sitio..., vendrá esa jaculatoria, esa mirada a una imagen de Nuestra Señora o al Crucifijo, una petición sin palabras al Ángel Custodio, que nos reconfortan por dentro y nos ayudan a seguir en nuestro quehacer.

Como el amor sabe encontrar recursos, es ingenioso, sabremos poner algunas «industrias humanas», algunos recordatorios, que nos ayuden a no olvidarnos de que a través de lo humano hemos de ir a Dios. «Pon en tu mesa de trabajo, en la habitación, en tu cartera..., una imagen de Nuestra Señora, y dirígele la mirada al comenzar tu tarea, mientras la realizas y al terminarla. Ella te alcanzará –¡te lo aseguro!– la fuerza para hacer, de tu ocupación, un diálogo amoroso con Dios»12.

1 Mc 1, 14-20. — 2 Cfr. Jn 1, 35-42. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 45. — 4 ídem, Surco, Rialp, 3ª ed., Madrid 1986, n. 498. — 5 Mc 7, 37. — 6 Cfr. J. L. Illanes, La santificación del trabajo, Palabra, 5ª ed., Madrid 1974, p. 77 ss. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 495. — 8 Cfr. R. Gómez Pérez, La fe y los días, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, pp. 107-110. — 9 San Josemaría Escrivá, Carta 15-X-1948. — 10 Enchiridion Indulgentiarum, Políglota Vaticana, Roma 1968, n. 1. — 11 Cfr. S. Canals, Ascética meditada, Rialp, 15ª ed., Madrid 1981, p. 142. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 531.

 

 

Meditaciones: lunes de la Iª. semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el lunes de la Iª semana del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: Dios nos llama a ser apóstoles; la misión de Zebedeo y de José como padres; contamos con la ayuda de Dios.

10/01/2022


DESPUÉS DE CELEBRAR la fiesta del Bautismo del Señor, somos enviados, como Jesús, a anunciar la alegría que hemos recibido. Así comienza, nuevamente, el tiempo ordinario. «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15), dice el anuncio de Cristo. Para Simón, Andrés, Santiago y Juan, pescadores que habían sido llamados mientras trabajaban junto al lago o en la barca, esa conversión se ha concretado en una misión: ayudar a Jesús a llenar las redes de su Padre. Seguramente no olvidaron nunca ese instante. «No debemos olvidar nunca el tiempo y la forma en la que Dios ha entrado en nuestra vida: tener fijo en el corazón y en la mente ese encuentro con la gracia, cuando Dios ha cambiado nuestra existencia»1.

No pretendemos entender por qué Dios nos elige, por qué decide contar con nosotros, por qué le atrae tanto nuestra compañía. Sin embargo, le escuchamos decir claramente que nos necesita en su barca, empeñados en sus faenas de pesca, surcando los mares, compartiendo la alegría de que el pecado ha sido vencido. «El apostolado –dice san Josemaría–, esa ansia que come las entrañas del cristiano corriente, no es algo diverso de la tarea de todos los días: se confunde con ese mismo trabajo, convertido en ocasión de un encuentro personal con Cristo. En esa labor, al esforzarnos codo con codo en los mismos afanes con nuestros compañeros, con nuestros amigos, con nuestros parientes, podremos ayudarles a llegar a Cristo, que nos espera en la orilla del lago. Antes de ser apóstol, pescador. Después de apóstol, pescador. La misma profesión que antes, después»2.

Convertirnos y creer en el Evangelio, para ser apóstoles en medio del mundo, supone dejar entrar a Dios en nuestra vida diariamente, a pesar de nuestras claras debilidades. «Cuántas veces, delante de las grandes obras del Señor, surge de forma espontánea la pregunta: pero ¿cómo es posible que Dios se sirva de un pecador, de una persona frágil y débil, para realizar su voluntad? Sin embargo, no hay nada casual, porque todo ha sido preparado en el diseño de Dios. Él teje nuestra historia, la historia de cada uno de nosotros: él teje nuestra historia y, si nosotros correspondemos con confianza a su plan de salvación, nos damos cuenta»3.


DIOS PADRE se complace en nosotros y, en el Evangelio de hoy, nos confía la misma misión que a su Hijo: «Seguidme y haré que seáis pescadores de hombres» (Mc 1,17). Nos gustaría decirle inmediatamente que sí, como lo hacen Andrés, Pedro, Santiago y Juan. Y también como Zebedeo, padre de estos dos últimos. Podría parecer que este pescador, que ha enseñado todo lo que sabe a sus hijos, queda al margen de la flota de Jesús. Pero nada está más lejos de la realidad. Es posible que él mismo haya animado a sus hijos, con una mirada, para que no dejasen pasar esa oportunidad. Es fácil imaginar la sorpresa que se llevó este buen padre al que sus hijos ayudaban en las faenas. Era grande el gozo de haber visto aquellos últimos años cómo sus hijos daban continuidad al negocio familiar. Sin embargo, Zebedeo está abierto a los planes de Dios, aunque se asomen de una forma inesperada. Intuye que, con la pesca que les ha anunciado Jesús, todos saldrán ganando.

Este padre, sencillo y orgulloso de sus hijos, cumple su misión. Le sucede algo parecido a lo que experimentaría José cuando Jesús se perdió en Jerusalén con los doctores de la ley. Cuando le encontraron sus padres, angustiados, Jesús respondió que tenía que estar en las cosas de Dios. Para José fue una señal clara. Eso no le sacaba de la escena; al contrario, daba todo el valor a lo que había logrado, era la confirmación de estar cumpliendo su misión admirablemente. «La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que solo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad solo cuando (...) ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado»4.


ZEBEDEO conocía perfectamente a sus hijos: su carácter, su impulsividad, sus anhelos. Seguramente comprendió con rapidez por qué los empezaron a llamar «hijos del trueno» y quizás se reconoció en ese apelativo. Muchas noches rezaría por ellos en su hogar, junto con su mujer Salomé. Sabía que la misión a la que Jesús había invitado a sus hijos era grande, y ellos no habían salido fuera del entorno del pequeño lago de Galilea. Ellos afirmaban que podían beber el cáliz de Jesús, pero Zebedeo conocía bien sus capacidades.

Por eso confiaba en que la ayuda de Dios sería lo más importante. «La llamada conlleva siempre una misión a la que estamos destinados; por esto se nos pide que nos preparemos con seriedad, sabiendo que es Dios mismo quien nos envía, Dios mismo que nos sostiene con su gracia. El primado de la gracia transforma la existencia y la hace digna de ser puesta al servicio del Evangelio. El primado de la gracia cubre todos los pecados, cambia los corazones, cambia la vida, nos hace ver caminos nuevos. ¡No olvidemos esto!»5. ¡Cuántas gracias queremos dar a Dios por nuestros padres, a los que debemos –como le gustaba decir a San Josemaría– al menos «el noventa por ciento de nuestra vocación»6.

Cuando Jesús murió en la Cruz, Salomé, la madre de Santiago y de Juan, estaba allí para acompañar a María. Escuchó como Jesús le decía a su hijo que María era su nueva madre. Quizá fue consciente, como Zebedeo aquel día en su barca, de que Juan se iría lejos, pero tampoco ella sintió que lo perdía. Por el contrario, se llenó de un orgullo santo porque su hijo era elegido para cuidar de la madre de Jesús. Aunque, en realidad, era muy consciente de quién iba a cuidar a quién.


Francisco, Audiencia, 30-VI-2021.
San Josemaría, Amigos de Dios, n. 264.
Francisco, Audiencia, 30-VI-2021.
Francisco, Patris corde, n. 7.
Francisco, Audiencia, 30-VI-2021.
San Josemaría, Conversaciones, n. 104

 

“Nos anima, nos enseña, nos guía”

“Iesus Christus, perfectus Deus, perfectus Homo” –Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre. Muchos son los cristianos que siguen a Cristo, pasmados ante su divinidad, pero le olvidan como Hombre..., y fracasan en el ejercicio de las virtudes sobrenaturales –a pesar de todo el armatoste externo de piedad–, porque no hacen nada por adquirir las virtudes humanas. (Surco, 652)

10 de enero

Enamórate de la Santísima Humanidad de Jesucristo.

–¿No te da alegría que haya querido ser como nosotros? ¡Agradece a Jesús este colmo de bondad! (Forja, 547)

¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos... ¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo! (Surco, 813)

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en esta devoción más superficialidad que la del hombre que, no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado.

Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de Amor por los hombres, es una respuesta elocuente ‑sobran las palabras‑ a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. (Es Cristo que pasa, nn. 164-165)

 

Agradar a Dios (VI): hermanos que miran al Padre. Unidad entre generaciones distintas

El Papa Francisco habla con frecuencia de la necesidad de generar una mayor unidad entre las distintas generaciones. La parábola del hijo pródigo, su hermano mayor y su padre, relatada por Jesús, nos puede ayudar a profundizar en este tema.

15/01/2021

Escucha el artículo «Agradar a Dios» (6): Hermanos que miran al padre.

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Aquellos últimos días, Jesús había pasado mucho tiempo entre quienes, a ojos de la sociedad, parecían estar más lejos de Dios. El evangelista san Lucas nos cuenta que «todos los publicanos y pecadores» (Lc 15,1) se acercaban a escuchar sus enseñanzas. Este movimiento de gente hizo que quienes presumían de custodiar la ley mosaica empezasen a murmuran entre sí. El maestro, entonces, decide narrar tres parábolas destinadas a purificar la imagen de Dios que ellos tenían, distorsionada muchas veces por una mentalidad legalista que pierde de vista el amor divino. El tercero de estos relatos es el famoso sobre un padre y sus dos hijos (cfr. Lc 15,11-32): el menor, que pide la herencia para malgastarla lejos de su casa, y el mayor, que permanece en el hogar pero sin sintonizar verdaderamente con el corazón de su padre.

El olvido de ambos hijos

Al leer la parábola, podemos suponer que los dos hermanos llevaban mucho tiempo distraídos, alejados de la gratuidad con la que su padre les amaba. El pequeño soñaba con lugares en donde suponía que iba a ser más feliz. A este la dispersión le llegó por la cabeza –tal vez menos amueblada– y por la imaginación –quizá más viva–, hasta convencerse de que podía comprar el amor: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde» (Lc 15,12). El mayor, por su parte, había adormecido su corazón porque aparentemente cumplía bien sus responsabilidades; estaba satisfecho, no daba disgustos a su padre. Sin embargo, por alguna rendija se había colado el frío en su alma. Quizá se había ido enredando en planes que, aunque parecían muy cercanos, no incluían a quien tanto le quería. Al final, ninguno de los dos concebía ­–aunque fuera de manera inconsciente– que era posible alcanzar una auténtica felicidad estando en familia. Mientras el pequeño la buscaba lejos, el mayor la añoraba en una fiesta con sus amigos. Ninguno de los dos imaginaba que podía alcanzar una vida plena junto a su padre.

Aunque, como señala san Juan Pablo II, todos tenemos dentro de nosotros, a la vez, algo de ambos hermanos[1], quizá no sea casualidad que Jesús haya querido hacer explícita la edad de ambos. Puede que el Señor eligiera al mayor para ilustrar actitudes más frecuentes entre personas que llevan mucho tiempo buscando y tratando a Dios. Este hermano, ciertamente, había logrado cumplir con perfección sus tareas. Su padre no podría reprocharle casi nada, así que estaba tranquilo, no debía nada a nadie. Sin embargo, no era del todo feliz. El joven, por su parte, idealista y apasionado, puede representar actitudes más comunes en etapas iniciales de la vida. Tal vez era más vulnerable al atractivo de una libertad que se dirige hacia bienes que finalmente no sacian. Huir, escapar y divertirse puede ser apetecible, pero no se puede rechazar indefinidamente la propia identidad: tarde o temprano aparecen carencias que solo Dios es capaz de colmar. Él tampoco era feliz.

Ambos hermanos vivían en medio de su realidad de manera incómoda. En esa atmósfera era difícil que creciera el amor, que echara sus raíces la ternura, que ambos alcanzaran a ver lo orgulloso que estaba su padre por la vida de ambos y lo mucho que contaba con ellos. Sus sueños estaban desenfocados. Quizá no les cegaba el egoísmo, pero es posible que hubieran cedido a una tentación sutil: preocuparse solo de lo que tenían entre manos, olvidándose de dejarse querer por quien les había dado todo. Tal vez, sin darse cuenta, habían puesto un dique a ese amor. Mientras el joven imaginaba lo que podría hacer lejos de su hogar, el mayor contabilizaba lo que ya había atesorado. Ambos pensaban que tenían un botín, pero en realidad lo estaban guardando en sacos rotos. El mayor aguantaba a la espera del premio que, según él, merecía, mientras el pequeño no quiso esperar y reclamó la herencia. Al final los dos pedían lo mismo: su recompensa.

La alegría paterna de tenerlos cerca

Ambos hermanos, atrapados en sus seguridades, eran incapaces de atisbar siquiera lo que ocurría a muy poca distancia, en el corazón de su padre. Quizá los dos, cada uno a su modo, habían convertido el trato diario con él en una cosa más que hacer. Quizá nos puede suceder algo parecido a nosotros. Tenemos tantas actividades cada día, la mayoría buenas, que podemos agotar nuestra energía en eso. Incluso los momentos en los que queremos dialogar con Dios pueden convertirse simplemente en una tarea más. Al pequeño posiblemente le costaba mucho esa rutina, necesitaba algo más intenso y sensible. El mayor, en cambio, lo había incorporado regularmente a su vida, pero no lo disfrutaba, así que la crisis estaba al caer y es desencadenada por el regreso del pequeño. Ese es el momento en que todos muestran sus cartas.

Entonces, mientras el pequeño no se atreve a pedir nada más que volver como jornalero, aunque fuera el último, nos enteramos de que el mayor no se sentía bien pagado. Pero el padre tiene una jugada maestra: mientras al pequeño lo premia con una fiesta como nunca antes se había celebrado, al mayor le recuerda que a él, en realidad, le pertenece todo. El padre trata de reconciliar a sus hijos. No le duele el pecado de uno o de otro por sí mismo sino por lo que ellos sufren: «No lloréis por mí, llorad más bien (…) por vuestros hijos» (Lc 23,28). El padre los pone frente a frente para que aprendan a quererse con el amor con que él los ama.

Romper nuestra burbuja y mirar cómo se conmueve el Señor es volver a la casa paterna; reconocer que, más que una tarea, la relación con nuestro Padre Dios es un don. Ninguno de los dos había sido capaz de apreciar ese derroche de ternura hasta que ambos comprueban el frío que hiela y la soledad que abruma. Bastó un pequeño gesto para que comprendieran cómo son amados: «Corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos» (Lc 15,20); «hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo» (Lc 15,31). Su padre se siente orgulloso de ellos aunque no le hayan dado motivos. En las palabras de cada uno que nos trae la parábola vemos solamente lo que ellos hacen, sienten o piensan. En las palabras del padre, al contrario, se plasma la alegría de tenerlos cerca.

San Josemaría era muy consciente de este tipo de situaciones, tan comunes pero a veces ocultas; podemos ansiar el vértigo del hijo menor o estar un poco adormecidos como el hijo mayor. Sin embargo, el fundador del Opus Dei veía en ese trato diario con el padre el más tierno cariño: «Plan de vida: ¿monotonía? Los mimos de la madre, ¿monótonos? ¿No se dicen siempre lo mismo los que se aman? –El que ama está en el detalle»[2]. A través de esos encuentros nos concentramos en el gozo de Dios por tenernos cerca.

Una alianza anhelada

«No es emancipándonos de la casa del Padre como somos libres, sino abrazando nuestra condición de hijos»[3] y, por lo tanto, de hermanos. Puede que el pequeño saliera a buscar a su hermano. Quizá el mayor cedió, entró y terminó abrazando al pequeño a quien seguramente no había dejado de querer. La felicidad no sería completa si la reconciliación con su padre no implicara también el perdón por los agravios, reales o imaginarios, entre hermanos. El Papa Francisco nos ha confiado uno de sus grandes anhelos: «Últimamente llevo en el corazón un pensamiento. Siento que esto es lo que el Señor quiere que yo diga: que se haga una alianza entre jóvenes y mayores»[4]. Al menor le costaba comprender el valor de la perseverancia de su hermano: años y años cumpliendo con su obligación. Al mayor se le hacía incomprensible la insensatez del pequeño. Les pasaba exactamente lo contrario que a su padre, quien no entendía la vida sin sus hijos. Le hacían falta ambos, cada uno con su forma de ser y de querer.

Si hubieran alcanzado a mirarse entre ellos con los ojos paternos, se habrían sentido contemplados de otra forma, porque en esa mirada no caben los juicios ni los reproches. Quizá, con el tiempo, las algarrobas de los cerdos llegarían a ser motivo de bromas familiares. Tal vez el padre organizaría poco después un banquete sorpresa para su hijo mayor y sus amigos, sin más motivo que demostrarle su cariño, e incluso el pequeño ayudaría a prepararlo. Ninguno de los dos acierta a ser feliz hasta que se encuentra con su padre y comprende a su hermano. Aprenden a dejarse querer amándose el uno al otro como son.

Mientras el joven se había centrado en recibir amor, el mayor lo había hecho en cumplir con su parte del trabajo. Ninguna de las dos actitudes es valiosa por sí sola. Cumplir sin amor cansa y desgasta hasta que al final se rompe la cuerda. Por otra parte, querer ser amado sin corresponder es imposible, también así acaba rompiéndose la cuerda. Por eso, su padre les enseña a vivir juntos e integrar fidelidad y amor. ¡Pueden aprender tanto el uno del otro! A través del trato con su padre intuyen cómo se puede hacer las cosas por amor, libremente, porque les da la gana. Nadie como Cristo, verdadero hermano mayor de todos, ha logrado unir ambos aspectos con tanta fidelidad y felicidad. «No ha habido en la historia de la humanidad un acto tan profundamente libre como la entrega del Señor en la Cruz»[5].

Los dos hermanos se necesitan. Separados naufragan en la amargura y su padre sufre. Juntos lo hacen muy feliz. El joven tiene toda la fuerza y el ímpetu de sus deseos de recibir cariño; estrena el amor. «Recuerdo –decía san Josemaría­– que me llevé una alegría cuando me enteré de que en portugués llaman a los jóvenes os novos. Y eso son»[6]. El mayor, por su parte, ha luchado muchas batallas y, aunque al principio no se alegra, su corazón no rechazará la petición de su padre. El pequeño, en el fondo, quizá agradece que su hermano mayor le haya cubierto las espaldas y no haya dejado nunca solo su hogar. Concentrarse en el amor es la solución para ambos: mirar a su padre, recibir su Espíritu, y querer a quien él ama con su misma libertad, porque les da la gana. «El amor de nuestros hermanos y hermanas nos da la seguridad que necesitamos para seguir luchando por querer más a nuestro padre Dios»[7].

* * *

La fuerza para sobrepasar la mezquindad de nuestro corazón podemos obtenerla del banquete en el que aprendemos de verdad a ser hijos: «Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros»[8]. En Cristo, Hijo único del Padre, ambos son capaces de portarse como hijos y, por lo tanto, como hermanos. Participando juntos en el banquete del ternero cebado, se calzan las sandalias nuevas para recorrer el mundo entero, se visten la túnica limpia que huele a casa y se ponen el anillo de la fidelidad de su padre. Entonces empieza la fiesta en la que no dejarán de cantar ya nunca alabanzas a un padre que les cuida y comprende.

A lo mejor nos ha llamado la atención alguna vez que no aparece la madre de esta familia. No sabemos la razón, pero quizá podemos imaginar que la Virgen María, madre de Dios y madre nuestra, siempre nos ayuda a tener la mirada puesta en al amor del Padre. Para volver a casa, para concentrarnos en lo esencial, nada mejor que dejarnos llevar en el regazo de una madre que nos susurra al oído: «Mira cómo te quiere Dios».

Diego Zalbidea


[1] Cfr. san Juan Pablo II, ex. ap. Reconciliatio et Paenitentia, nn. 5-6.

[2] San Josemaría, Guion de una plática, 22-VIII-1938. Citado en Camino. Edición crítico histórica, Rialp, Madrid, 2004, p. 288.

[3] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 4.

[4] Francisco, prólogo del libro La saggezza del tempo, Marsilio Editori, Venecia, 2018.

[5] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 3.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 31.

[7] Mons. Fernando Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 17.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 88.

 

Ateísmo y Ciencia de Hoy

A Dios no se le ve con los ojos de la cara; pero lo reconocemos con nuestra inteligencia.

P.Jorge Loring

Voy a dedicar la conferencia de hoy a hablar sobre el ateísmo. He de decir, primero, que a Dios se le puede conocer por distintos caminos. Hay gente que ha llegado al conocimiento de Dios por una experiencia personal. Porque lo siente. Porque lo vive. Por una vivencia íntima. Lo ha tenido tan cerca, tan dentro de sí, que no puede dudar de su existencia. Como el que ha tenido un dolor de muelas. No necesita que le expliquen lo que es.

Es el caso de San Pablo o el de André Frossard, como dice en su libro «Dios existe, yo me lo encontré». Entró ateo en una iglesia y salió católico. Pero no es éste el modo único, ni el más frecuente, de conocer a Dios. Hoy vamos a intentar decir unas cuantas cosas que nos ayuden de conocer a Dios por medio del entendimiento. No se trata de reducir la fe a la razón. La fe transciende la razón, pero es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos estúpidos.

Por otra parte, ya nos lo dijo San Juan: «A Dios no lo ha visto nadie. Dios es espíritu». Con los ojos de la cara a Dios no se le ve. Eso no es nuevo. Eso lo sabemos de siempre. A Dios no lo ha visto nadie. A Jesucristo sí, porque Jesucristo es Dios hecho Hombre, con cuerpo de hombre; pero a Dios-Creador no lo ha visto nadie. Porque Dios es espíritu, y el espíritu no se ve con los ojos de la cara. Pero esto no significa que Dios no exista. Hay muchas cosas que existen y no se ven con los ojos de la cara. Los ojos no ven lo muy pequeño, y por eso necesitamos un microscopio; ni lo muy lejano, y por eso nos servimos de unos prismáticos.

Y desde luego los ojos de la cara no sirven para conocer el amor. ¿Me vais a negar que existe el amor? Sois padres de familia. Tenéis amor a vuestras esposas. A vuestros hijos. Los solteros tenéis novia: tenéis amor a vuestras novias. ¿Quién ha visto el amor? ¿De qué color es el amor? ¿Es azul? ¿Es rojo? ¿Es verde? ¿Qué forma tiene el amor? ¿Es triangular? ¿Es cuadrado? ¿Es rectangular? ¡Nadie ha visto el amor! Vemos personas que se aman, pero el amor no se ve.

¡Y el amor existe! Pero el amor es algo espiritual. Por eso no se ve con los ojos de la cara. Por eso el amor tampoco tiene peso. ¿Cuántos gramos o kilos pesa tu amor? El amor no se pesa con una balanza, el amor no se mide con un metro, porque la balanza y el metro sirven para pesar y medir cosas materiales. Pero el amor no se mide con metro ni con balanza. ¡Y hay amor! ¡Y hay grados de amor! Hay quien ama mucho y hay quien ama poco. Pero el amor es una cosa espiritual. Y lo espiritual no se ve con los ojos de la cara, ni se mide con instrumentos materiales ¡Pero existe el amor!.

Ni el telescopio sirve para ver a Dios, ni el microscopio para ver a Cristo en la Eucaristía. Tampoco el ojo capta una sinfonía de Beethoven, ni el oído admira un cuadro de Velázquez. Para cada conocimiento es necesario el órgano adecuado. Los sentidos son una fuente de conocimientos, pero no es la única ni la mejor. Cuando Descartes dice «pienso, luego existo» hace un razonamiento totalmente válido, aunque sea al margen de los sentidos.

Los sentidos ayudan a la inteligencia que opera con los datos que éstos le proporcionan. Los mismos sentidos se complementan mutuamente para la percepción de la realidad. Pero solos no bastan. Hay cosas que nuestros ojos no ven; pero existen. Así es Dios. Dios es algo espiritual, a quien no vemos; pero lo vamos a conocer con el entendimiento. Y lo que conocemos con el entendimiento vale más que lo que conocemos con los ojos de la cara. Os lo demuestro. Los ojos muchas veces nos engañan. Muchas veces ves una cosa con los ojos, y parece lo que no es. Y no hablo del que ve fantasmas, y después no hay tales. No, no. Algo mucho más corriente.

Tú miras la Luna llena, y tú, ¿qué ves en el horizonte? Un gran disco rojo, precioso. Los ojos, ¿qué te dan?: Un disco. Lo que te dan los ojos es que la Luna es como un plato. Sin embargo, la Luna es una esfera. La Luna es esférica como una pelota. Pero los ojos lo que te dan es un disco, un plato. Tú, por el estudio, sabes que la Luna es esférica como una pelota. ¡Los ojos te engañan!

La Luna llena en el horizonte parece más grande que en el cenit. ¿Es que se ha desinflado? No, si es una bola de piedra. Es un fenómeno óptico. ¡Los ojos engañan! Si en invierno me asomo de noche a contemplar el cielo estrellado, detrás del gigante Orión veo la preciosidad de Sirio, una de las estrellas más inestables que conocemos. Pues, a lo mejor, lo que estamos viendo ya no existe. Sirio ha podido haber explotado, como le pasa a algunas estrellas, y todavía no nos hemos enterado, pues la explosión tardará ocho años en llegarnos. Está a ocho años de luz. La estamos viendo y es posible que ya no exista. ¡Los ojos nos engañan!

En 1987 nos llegó la noticia de la explosión de una estrella que se destruyó hace 170.000 años, y que habíamos observado sin sospechar que ya no existía. Muchas veces lo que ves con los ojos es mentira. Y tienes que ver con el entendimiento para tener una noción clara de la verdad. Porque los ojos te pueden engañar. Por eso digo que cuando conoces una cosa con el entendimiento tiene mucha más fuerza que cuando la conoces sólo con los ojos de la cara.

Nosotros vamos a conocer a Dios por el entendimiento, porque como conozcas una cosa con el entendimiento, bien aplicado, puedes estar seguro de que no te equivocas. Os pongo un ejemplo. Si alguien me demostrara matemáticamente que el hijo es más viejo que su madre, aunque yo no supiera encontrar el punto donde está el fallo de la demostración, no por eso me dejaría convencer, pues mi entendimiento me advierte claramente que se trata de un engaño. Porque yo sé que es imposible que el hijo sea mayor que su madre.

Si yo os digo: «No he contado las estrellas del cielo, no sé cuántas son; pero me atrevo a afirmar que el número de las estrellas del cielo es: o par o impar». Claro, si no es par, es impar. Porque con vuestro entendimiento sabéis que el número que sea, el que sea, lo mismo da uno que otro; el que sea, es par o impar. Y no hay más. Vuestro entendimiento comprende que esto es verdad. No tiene vuelta de hoja.

Si yo te digo: «el todo es mayor que su parte», me das la razón. Con el entendimiento caes en la cuenta de que el todo es siempre mayor que su parte. El conjunto de todos vosotros es siempre mayor que parte de vosotros. Leer un libro entero siempre es más que leer sólo parte del libro. Claro que sí. Estos conocimientos que adquieres con el entendimiento bien aplicado tienen mucha más fuerza, más firmeza, más seguridad, que las cosas que vemos con los ojos. Lo comprendes con tanta claridad y con tanta seguridad que tienes la certeza de que nunca, nadie, puede convencerte de lo contrario. Por tanto aunque a Dios no se le ve con los ojos de la cara, no importa. Lo conocemos con el entendimiento, que tiene más fuerza todavía.

Pues vamos a conocer a Dios por el entendimiento. Dice San Pablo en el capítulo primero de la carta a los Romanos que «es inexcusable que no conozcamos a Dios al ver las maravillas de la Naturaleza». Y en el Libro de la Sabiduría se dice más. Al principio del capítulo trece, dice: «el que después de contemplar la Naturaleza no cree en Dios, es un necio». ¡Un necio! Palabra de Dios. Lo dice la Santa Biblia.

¿Por qué? Porque si tenemos entendimiento, al conocer la Naturaleza, tenemos que caer en la cuenta de que hay un Dios. ¿Por qué? Porque la Naturaleza me enseña que tiene que haber alguien que haya hecho la Naturaleza. La Naturaleza es tan maravillosa, la Naturaleza tiene unas leyes tan complicadas, la Naturaleza hace unas cosas tan fenomenales que no tenemos más remedio que pensar en el talento del que ha hecho la Naturaleza.

Leí un artículo de un catedrático de Madrid, el Dr. Menéndez, que decía: «Quien estudiando la Naturaleza desconoce a Dios, Autor de la Naturaleza, es lo mismo que el que examina y observa una máquina automática e ignora el ingeniero que la ha proyectado. Estando yo en la Bazán, me enseñaron un torno automático de seis cuchillas, que hacían al mismo tiempo cada una, una cosa distinta. Y el obrero no hacía más que mirar. Y la misma máquina hacía el trabajo fenomenalmente. La máquina sola. Y ahora digo yo, ¿habrá un necio que diga: qué talento tiene esta máquina! iQué fenomenal! ¡Fíjate! ¡Qué máquina tan inteligente! ».

¡No hombre, no! La máquina no tiene inteligencia. La máquina es de hierro. Y el hierro no tiene inteligencia. La inteligencia la tiene el ingeniero que ha proyectado la máquina. Y el obrero que la ha preparado. Después la máquina funciona. Funciona maravillosamente. Hace piezas muy difíciles. Pero la máquina no piensa. La máquina hace sólo lo que el ingeniero que la ha proyectado ha dispuesto que haga. Pero el talento no es de la máquina. Que la máquina es de hierro. El talento es del ingeniero. Cuando contemplo el Moisés de Miguel Ángel pienso en el talento del artista que ha sacado esa escultura de un bloque de piedra.

Pues lo mismo: examinas la Naturaleza, y ves que hace cosas fenomenales: los panales de las abejas o las flores de un rosal. Pero la Naturaleza no tiene talento. Es materia. Y el talento es de orden espiritual. El talento lo tiene el que ha hecho la Naturaleza. Cuando tú estudias la Naturaleza y ves, por ejemplo, las leyes matemáticas que rigen el cosmos, te quedas admirado. Esto es impresionante. Por eso decía James Jeans, astrónomo norteamericano contemporáneo: «El cosmos es obra de un gran matemático».

Por eso dice la Biblia: «Los cielos cantan la gloria de Dios». Porque cuando estudias el cosmos y caes en la cuenta de la técnica matemática que rige el movimiento de las estrellas, no tienes más remedio que reconocer la inteligencia del Autor del cosmos.

El movimiento de las estrellas está formulado matemáticamente por Newton y Kepler. Newton y Kepler son astrónomos que observan el movimiento de las estrellas y formulan matemáticamente el movimiento de las estrellas. Pero Newton y Kepler no hacen esas leyes. Esas leyes regían el movimiento de las estrellas muchísimos años antes de que nacieran Newton y Kepler . El hombre no hace las leyes de la Naturaleza, las encuentra en ella. Y entonces tenemos que pensar en ese matemático que ha puesto las leyes matemáticas en la Naturaleza. Ése es Dios.

Lo mismo podríamos decir de las leyes químicas. Leí un libro de un soviético, Oparin, en el que explica químicamente cómo pudo ser el origen de la vida. No hay dificultad desde el punto de vista católico. Pudo ser así. No digamos que fue así. Pudo ser. Es una hipótesis. Él opina que una combinación de metano, amoníaco y vapor de agua, con unas descargas eléctricas formaron los primeros aminoácidos, los primeros ácidos nucleicos que son la base de la vida. Bueno, pudo ser así. Este libro se llama: «El origen de la vida». Está lleno de fórmulas químicas y de leyes químicas. Muy bien, señor biólogo, usted me explica cómo ha comenzado la vida en el mundo.

Bien. Pero, y esas leyes químicas, ¿no suponen una inteligencia? Pues a ese Ser inteligente que ha hecho las leyes químicas, que han dado origen a los ácidos nucleicos, aminoácidos, a las proteínas, y a la evolución de la vida, a esa inteligencia que ha puesto esas leyes fenomenales en la Naturaleza, a éste le llamo Dios.

Lo mismo la función clorofílica de las plantas. La hoja verde es una fábrica de oxígeno, un laboratorio de química. Transforma el anhídrido carbónico que echamos al respirar en oxígeno con la luz del Sol. Gracias a la función clorofílica de las plantas no se agota el oxígeno de la atmósfera que gastamos al respirar. Pues la función clorofílica de las plantas se realiza según unas leyes. Precisamente un grupo de científicos de la Universidad de Sevilla ha logrado repetir en el laboratorio lo que hacen las plantas, al descubrir las leyes que emplean. Por el estudio de las leyes químicas que hay en la Naturaleza, yo descubro a Dios. Veo a Dios detrás de esas leyes.

Lo mismo las leyes biológicas: por ejemplo, la maravilla de la gestación de una criatura. ¿Me queréis decir si no es maravilloso que de la unión de un espermatozoide microscópico masculino y de un óvulo microscópico femenino, a los nueve meses nazca un niño que se parece a su madre o que tiene el genio de su padre? Que tiene su mismo modo de ser. ¿Me queréis explicar esto?

Padres de familia que habéis engendrado hijos, y no sabéis cómo se desarrolla el hijo en el seno de su madre. Decía la madre de los Macabeos, cuando iban a martirizar a sus hijos: «Hijos míos, sed fieles a Dios, que a Él le debéis la vida. Que yo os he formado en mis entrañas, y no sé cómo os he formado; y no sé cómo os he hecho; ha sido Dios quien os ha formado en mis entrañas».

El médico, el ginecólogo, estudia el desarrollo de un feto y sabe cuándo el embarazo va bien y cuándo va mal. Hay unas leyes que rigen eso. Pero los hijos nacían así muchísimos años antes de que los médicos supieran cómo se desarrollaba el embarazo. Ha habido alguien que ha hecho unas leyes que rigen el desarrollo de una vida en el seno de su madre.

¿Habéis pensado alguna vez en la maravilla de un huevo de gallina.? Calentándolo veintiún días a cuarenta y dos grados centígrados sale un pollito saltando y piando. En la yema y la clara que tienes en el plato antes de hacerte una tortilla, ¿dónde está el pico, y los ojitos, y las patitas, y las alitas? Todo eso sale calentándolo. ¡Qué maravilla! Naturalmente que hay unas leyes que rigen la formación del pollito. Es decir: en la Naturaleza hay unas leyes matemáticas, químicas, biológicas, etc. Estas leyes de la Naturaleza me hablan de una inteligencia: la inteligencia de Dios.

La ley, el orden, la organización, la técnica, es fruto de una inteligencia. Si un día naufragas en alta mar, y agarrado a un madero llegas a una isla desierta, y allí te encuentras una cabaña, aunque tú no veas a nadie, a ningún hombre, ninguna huella de hombre (ni un zapato, ni un trapo, ni una lata de sardinas vacía), si te encuentras una cabaña, sabes que es obra de un hombre.

Si tú en esa isla te encuentras unas estacas clavadas en el suelo, unos palos en forma de techo y una puerta giratoria, aunque no veas a ningún hombre, tú sabes que esa cabaña es obra de la inteligencia de un hombre. Tú sabes que esa cabaña no se ha formado al amontonarse los palos caídos de un árbol. Porque los palos caídos de un árbol no forman una cabaña, sino un montón de leña. No ves al hombre; pero lo reconoces al ver
la obra del hombre.

A Dios no se le ve con los ojos de la cara; pero lo reconocemos con nuestra inteligencia. Porque al ver las maravillas de la Naturaleza, caemos en la cuenta de la inteligencia de ése que ha hecho el Universo, de ése que ha hecho la Naturaleza; a ése que ha puesto esas leyes en la Naturaleza; y a ése le llamamos Dios.

Si esto es así, ¿cómo es posible que haya hombres de ciencia ateos? Mirad: este año he estado hablando por Televisión durante tres meses. Empecé a primeros de enero de este año, y estuve hablando hasta Semana Santa. Hablaba todas las semanas, los domingos por la noche, después de la película. Diez minutitos, por la Segunda Cadena. Cada día tocaba un tema. En tres meses pude hablar de muchas cosas. Uno de los días hablé del ateísmo científico. Yo me había preparado unas cuartillas para sujetarme a un texto.

Sobre todo para cronometrar el tiempo, para no divagar, sino concretarme a unas ideas bien expuestas. Lo emitían los domingos, pero yo grababa los jueves. Pues llegó un jueves por la mañana a Madrid en el expreso. El día que yo iba a hablar sobre el ateísmo científico. cuando llegó a Madrid (se me ocurrió en el tren), tomo un taxi y me voy al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a hablar con el Antonio Romañá, un padre jesuita, antiguo amigo mío, al que yo he oído muchas conferencias. Es un hombre de una gran altura intelectual, un hombre científico de fama internacional. Ha sido más de treinta años Director del Observatorio de Astrofísica del Ebro, pertenece a las principales Sociedades Internacionales de Astronomía del mundo, y es miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; allí tiene un despacho donde él trabaja.

Me fui a verle al Consejo, y a leerle mis cuartillas. Le dije:

-Mire, Padre, esta tarde voy a grabar en Prado del Rey un espacio de Televisión sobre el ateísmo científico, y quisiera leerle el texto para que usted me asesore. A ver qué le parece.

Le leí las cuartillas, y tuve la satisfacción de que a él le gustó todo lo que yo había escrito; pero me dijo cosas que yo no sabía y que nunca me hubiera atrevido a decir por Televisión. Pero claro, si me lo dice él, un hombre científico de fama internacional, de una fenomenal categoría intelectual, entonces yo, citando al P. Romañá, dije esto por Televisión:

«Hay hombres de ciencia ateos, pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas; porque no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. En cambio, hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente».

Esto lo he dicho por Televisión, apoyado en la autoridad del P.Romañá: «Hay hombres de ciencia ateos, pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas; porque no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios; en cambio hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente». Textualmente. Como me lo dijo el P. Romañá.

No hay argumentos que demuestren que no hay Dios. No los hay. Entonces, ¿cómo hay hombres ateos? Vamos a analizar un poco por qué hay hombres ateos. Hombres que no creen. ¿Cuáles son los caminos que llevan al ateísmo? Voy a seguir un poco el esquema de un libro de otro padre jesuita, el P.Pedraz, que lleva muchos años en Puerto Rico. Escribe muy bien. Sobre todo con una lógica convincente. Tiene un libro tremendamente persuasivo. Ya el título tiene garra. Lo titula: «¿De veras que el cristianismo no convence?»

Expone cómo el cristianismo es plenamente convincente. En este libro analiza el P.Pedraz las distintas clases de ateos.

Primero: hay hombres que son ateos por ignorantes. Porque no saben religión. ¡Ah, pero si éste es una eminencia en Matemáticas! ¡Pero si éste es una eminencia en Química! ¡De acuerdo! Es una eminencia en ese ramo de la Ciencia; pero de Religión sabe muy poco. Sabrá mucha Química, mucha Biología, y mucha Medicina, pero si no sabe Religión, ¿cómo le va a convencer lo que ignora? Si no estudia Religión, no sabe Religión. Y entonces, ¿por qué no es católico? ¿Por qué vive de espaldas a la Religión? ¡Porque no sabe Religión! Sabe mucha Medicina, pero si no sabe Religión, no le puede convencer lo que no conoce. Claro. Muchos hombres de ciencia son ateos porque son ignorantes en el terreno religioso. No saben Religión.

Segundo: otros, lo que tienen es una formación religiosa infantil. Saben de Religión lo que estudiaron cuando niños, y no han vuelto a estudiar Religión. Y ahora que se han hecho mayores y han aumentado su cultura general, conservan de Religión sólo lo que aprendieron de niños, ¿cómo van a resolver sus problemas de adulto con soluciones de niño? La Religión que saben no les sirve. Y entonces resulta que la Religión no les convence, porque la única Religión que saben es la que aprendieron en la escuela cuando eran niños.

Si no han estudiado más, si no saben más, entonces se han quedado con formación religiosa infantil. Un adulto necesita otros enfoques, otra argumentación. Es como el traje de Primera Comunión. Se te ha quedado pequeño. Cuando hiciste la Primera Comunión estabas muy mono con tu traje de marinerito. ¡Pero no te lo puedes poner ahora! ¡Porque lo revientas! ¡Porque no te va!

Pues lo mismo. La formación religiosa que recibiste de niño, para niño te iba muy bien. Pero ahora de hombre tienes que saber religión a lo hombre. No a lo niño. Por eso el que se ha quedado con una formación religiosa infantil se llena de problemas, de dudas y de dificultades. Si tú estudias Religión a lo hombre, verás cómo te convences. Porque te puedes convencer. Pero hace falta que estudies Religión a lo hombre. La Religión infantil, a tu edad, no te va. Mirad: para esto he escrito yo este libro que se llama «PARA SALVARTE», compendio de Religión Católica, que es una especie de catecismo de adultos. Yo he escrito este libro, para que los hombres sepan por qué son católicos, para que se convenzan de la Religión Católica.

Otros te dicen:
-Es que yo, no acepto dogmas, y la Iglesia es dogmática.
Es verdad. La Iglesia te impone dogmas. Tienes que aceptar sus verdades. Pero tú no eres libre para pensar lo que quieras. Tú tienes obligación de pensar la verdad. Y si piensas la mentira, estás equivocado. Nadie es libre para pensar lo que quiera, y en todas partes hay verdades dogmáticas.

Hay verdades indiscutibles, hay verdades obligatorias. Todos los médicos del mundo tienen obligación de decir que el órgano de la visión es el ojo. Ningún médico es libre para decir que el órgano de la visión es la nariz. Todos tienen que decir que vemos con los ojos. Es indiscutible que vemos con los ojos. Todos los químicos del mundo, tienen que decir que la fórmula del agua es H2O. Ningún químico del mundo es libre para decir que la fórmula del agua es ClNa. Ésta es la fórmula de la sal común, no del agua .Y todos los químicos del mundo están obligados a decir: agua, H2O. Y no son libres para decir lo contrario.

Todos los matemáticos del mundo están obligados a decir que pi es 3,14 16. Y ningún matemático del mundo es libre para decir que pi es 8,24 52. No, hombre, no. Porque si pi es la relación de la circunferencia al diámetro, que es una constante, en el sistema decimal es 3,14 15 92; lo que sea. Y todos los matemáticos aceptan pi: 3,14 16. Y ninguno es libre para decir lo contrario. En Matemáticas, en Física, en Química, en Medicina y en Religión. En todos los campos del saber hay verdades indiscutibles.

-Pero es que la moral católica es represiva. No me deja hacer lo que me apetece.

La moral católica no es represiva, sino que ayuda al hombre a que se realice como hombre Y no se deje llevar del instinto animal. La moral católica no quita la libertad al hombre, sino que le ayuda a que la use bien. Es como las vías del tren. Le obligan a ir por un camino. Pero no le impiden avanzar. Le ayudan a llegar. Le impiden que se despeñe. Le ayudan al bien, le defienden del mal. Lo mismo la moral católica. Quita libertad para lo malo, no para lo bueno. Señala el camino para que el hombre se realice y cumpla su misión en la vida. Le impide que viva como un animal, como una fiera. Le ayuda a ser persona humana y a convivir con sus semejantes.

Dios quiere el bien del hombre. Si todos los hombres cumplieran los mandamientos, la vida sería un pedazo de cielo. Nadie haría daño a nadie, y todos nos portaríamos con los demás como nos gustaría que los demás se porten con nosotros. Cuando Cristo dice que el Reino de los Cielos es una perla preciosa que merece dejarlo todo por conseguirla, no nos engaña.

Otros no creen porque tienen dificultades. Tienen dudas. Tienen oscuridades. Tienen problemas. Tienen incógnitas. Bien. Todos podemos tener dudas Y dificultades. Consiste en estudiarlas. En aclararlas. Pregunta a un sacerdote que te las aclare. Pero el que uno tenga dificultades, no significa que la Religión no sea verdad. Significa que nuestro entendimiento es limitado. Lo mismo que podemos tener dudas en Electrónica, Medicina o Astronomía. Un físico tiene oscuridades sobre algunos puntos de la Física, como los agujeros negros del cosmos: pero no por eso reniega de la Física.

Un médico tiene problemas insolubles en Medicina, como el cáncer; pero no por eso reniega de la Medicina. Un hombre puede tener dudas de fe y ser creyente. Lo que es una tontería es que un señor, porque tiene dudas de fe, porque tiene oscuridades, viva de espaldas a Dios. ¡Eso es una barbaridad! Porque la Religión es verdad aunque tú tengas dudas. Tú puedes conocer la realidad de un hecho, aunque tengas oscuridades sobre su fenomenología. Tú sabes que la televisión es un hecho, pero puedes no entender cómo unos palos en el techo de tu casa recogen las transmisiones que se hacen desde Madrid.

Dice el P.Pedraz, en ese libro que os decía, muy convincente: «El ateo podrá tener sus dudas, problemas, oscuridades, incógnitas, pero nunca un ateo puede estar tan seguro de que no hay Dios, como nosotros podemos estar seguros de que lo hay». Así es. El ateo será ateo porque tiene dudas, problemas, oscuridades; pero convencido de que no hay Dios, no puede estarlo. No tiene argumentos. En cambio, nosotros podemos estar convencidos de que hay Dios. Después lo veremos.

Hay otro tipo de hombres que no aceptan la Religión porque tiene misterios. En la Religión hay cosas que superan la razón. Las aceptamos porque las dice Dios, pero no las entendemos. Por ejemplo la Eucaristía. ¿Quién entiende la Eucaristía? Nosotros sabemos que Cristo está en la Eucaristía porque Él nos lo ha dicho. No porque lo entendamos. O porque se vea a Cristo mirando en el microscopio una hostia consagrada. A Cristo no se le ve en la Eucaristía. Pero sabemos que Cristo tomó un pedazo de pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y como yo sé que Cristo es Dios y lo puede hacer, yo me fío de Él. Pero yo no lo entiendo. ¿Cómo voy a entender que en esa Sagrada Forma esté metido Dios? Lo creo, pero no lo entiendo: es un misterio.

Y ése que no cree en la Biblia, después se traga cosas mucho más gordas, porque hay montones de cosas en la vida que no entiende, y se las traga. Y no las entiende. A ver ese hombre, si no sabe electrónica, cómo se explica que le da a un botón de la «tele», y sale un señor leyendo noticias en Madrid, o un partido de fútbol en Valencia. ¿Eh? ¡A ver cómo se lo explica!

¿Cómo vienen por el aire esas imágenes? Con unos palos en el techo de tu casa y un cable a tu aparato, Y estás viendo un partido. A ver, ¡explícamelo! ¿Lo entiendes? Y sin embargo, aceptas el hecho de la televisión. Y no sabes cómo la radio capta ondas que están aquí mismo. Aquí hay ondas. Ondas hertzianas. El oído no las capta, pero coges un aparato, un transistor y capta las ondas. Tú no sabes cómo, y lo aceptas. Porque estás viendo que un aparato pequeño capta ondas de radio que el oído no capta.

Y si tú sabes electrónica, pues no sabes medicina. Y a ti te duele aquí y vas al médico, y te dice: ataque de apéndice. Y vas al quirófano y te rajan, Y tú, ¿qué sabes si es ataque de apéndice o es cólico nefrítico? Te fías del médico que sabe si es apéndice o es cólico nefrítico. Pero tú no lo sabes. Y a ti te duele. Y tú, que eres al que le duele, no sabes si es apéndice o cólico nefrítico. Y te fías del médico. iTe tienes que fiar! Y el médico se fía del piloto. Va en un avión. Y el médico sabe Medicina, pero se asoma a la cabina del avión, y empieza a ver relojes: un vacuómetro, un tacómetro, un manómetro, un altímetro, etc. El piloto que los entiende, vigila la compresión del motor, las revoluciones por minuto, la altura, la presión del aceite, etc. Pero tú con tantos relojes te haces un lío.

Y el médico se fía del piloto. Y el piloto se fía del médico, y el médico y el piloto se fían de la cocinera, porque no todos sabemos distinguir las setas venenosas de las comestibles. Si vas a tener que analizar cada alimento que te ponen para saber que no está envenenado, no puedes comer. Te fías de la cocinera. Nos tenemos que fiar unos de otros. Y resulta que este hombre que se fía del médico, del piloto y de la cocinera, y se fía de tanta gente, después no se fía de Dios. iHombre! Ya te podías fiar de Dios, ¿no? Te tienes que fiar de los demás, porque si no te fías del prójimo, no puedes dar un paso en la vida. ¿Y te fías de todo el mundo menos de Dios? ¡Pues vaya una lógica!

Pero es más. Es que el hombre que no cree en Dios, se tiene que tragar cosas mucho más gordas que los que creemos en Dios. Los que creemos en Dios tenemos explicación para muchas cosas que sin Dios no tienen explicación: los que no creen en Dios no pueden explicármelas. Por eso recurren a la salida cómoda del «no sé» propia del agnosticismo.

Como no quieren creer en Dios rechazan la razón que hay para creer y prefieren quedarse en la cómoda ignorancia del «no sé». Pero esta postura del agnóstico supone muchas más «tragaderas». Y esto nos lo va a decir nada menos que un soviético. Supongo, si es que habéis leído un poco el periódico, habréis seguido el caso de este premio Nobel soviético que se llama Alejandro Solzchenitsyn. Pues este soviético, Premio Nobel 1970, es creyente. Muchos se creen que en Rusia todos son comunistas. No hombre, no. En Rusia mandan los comunistas, pero no todo el mundo es comunista. En Rusia hay mucha gente que cree en Dios. Los comunistas son ateos; pero hay montones de personas que creen en Dios, Y uno de ellos es éste: Alejandro Solzchenitsyn, que ha escrito una oración muy bonita. Dice esto: «Señor, qué fácil me es creer en Ti, porque si prescindo de Ti, el mundo está lleno de incógnitas».

El católico tiene misterios: la Eucaristía, la Trinidad, la Redención, la Virginidad de María…, etc. Pero el no católico tiene muchos más misterios. Porque si quitamos a Dios, la vida tiene muchas cosas que no se explican. Con Dios se explican muchas cosas que sin Dios, no hay quien las explique. Después aclararé esto.

Por eso dice Solzchenitsyn: «Señor, qué fácil me es creer en Ti; porque si prescindo de Ti, la vida está llena de obscuridades, llena de incógnitas, llena de cosas inexplicables». Otro premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, tiene esta frase: «No soy tan crédulo, como para ser incrédulo». Porque el incrédulo, el que no cree en Dios, se tiene que tragar muchas más cosas que el creyente, que el que cree en Dios. Porque los creyentes aceptamos algún misterio porque nos lo dice Dios y nos fiamos de Él, pero el no creyente tiene que aceptar montones de cosas que sin Dios no tienen explicación. Por lo tanto, decimos, nosotros somos creyentes; porque realmente es muy razonable creer en Dios.

Otro tipo de ateo es el que se aparta de Dios por razones afectivas. A algunos no les conviene creer en Dios. Porque la Religión exige mucho. Les estorba la Religión. Porque viven mucho más cómodos sin creer en Dios. ¡Claro! Si crees en Dios, te obliga una moral, te obliga una honradez, te obliga una rectitud. Por no querer adaptar tu vida a la fe, tiras la fe por la borda, Dices:

-Yo no creo en Dios, y así vivo a mis anchas: hago lo que me da la gana, lo que me apetece, lo que me conviene. Como no creo en Dios, yo tranquilo.

No señor. Ni hablar. El que tú digas que porque no crees en Dios a vivir tranquilo, eso no resuelve nada. Porque si hay Dios, el que tú lo niegues no lo destruye, Dios sigue lo mismo. Y si tú dices que no crees en Dios, ya te enterarás muchacho, porque te vas a morir. Y en cuanto te mueras, te enteras.

Por lo tanto, es una idiotez decir: «Yo, como no creo en Dios, a vivir ». No muchacho. No, que eso no resuelve nada. Dice la Biblia en el capítulo segundo del Libro de la Sabiduría: «Los que quieren gozar en este mundo como si no hubiera otra vida, se equivocan; pues Dios ha hecho al hombre para la inmortalidad». Dios sigue igual. Lo aceptes o no lo aceptes. Dios no desaparece porque un señor diga: «Yo, como no creo en Dios, yo tranquilo». No hijo. Dios no desaparece.

¿Os cuento un cuento? Va de cuento:
Iban un día de paseo dos peces por el mar. Y un pez le dice al otro:
-Oye, ¿ves esa lombriz? Pues fíjate, está colgada de un hilo. Pues en la punta del hilo hay una caña, Y esta caña está en manos de un hombre, Y ese hombre está esperando que uno de nosotros se tire por la lombriz, para engancharle, y a la sartén. Y el otro que se las daba de muy enterado, que no creía nada de eso le dice:

-Bueno, pues no estás tú antiguo. ¿Y tú crees en el cuento de la sartén? ¡Pero si eso es un cuento de viejas! ¡Si eso lo contaba mi abuela! Yo, un pez moderno, en el siglo de la técnica, ¿me voy a creer cuentos de viejas? ¿Quién ha vuelto de la sartén para contarlo? Hombre, no seas antiguo. ¡Vas a creer en cuentos de viejas! ¿No quieres la lombriz? ¡Tú te la pierdes! ¡Mía es!

Y este pez «listillo», que no creía cuentos de viejas, que se reía de todo eso, se tiró por la lombriz, Y lo engancharon y, ¡a la sartén! ¡Claro!

Porque el cuento de la sartén no es mentira porque él diga que es mentira. Existe la sartén. Y los hombres que comemos pescado frito. Aunque el otro que se las daba de enterado decía: «Si eso lo contaba mi abuela; eso es un cuento antiguo; como el cuento del infierno». Es que las verdades son muy antiguas. Hace mucho tiempo que dos y dos son cuatro, y no por eso dejan de ser cuatro. Lo que es verdad, lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana.

Y el infierno que fue verdad para los abuelos, será verdad también para los nietos. Porque la verdad es la misma.

Las verdades dogmáticas no pasan con el tiempo. Son verdad siempre. Y el que no crea se va a enterar. Porque se va a morir. Y en cuanto se muera se entera. Cuestión de cien años. Cien años pasan pronto, Dentro de cien años nos hemos enterrado todos. Aquí no quedará nadie de nosotros. Ni uno. Los que creemos, nos encontraremos con lo que creemos. Y los que no crean se encontrarán que se equivocaron. Pero todos nos vamos a enterar. Porque la muerte nos lo aclarará todo. Por eso es una tontería decir: «Yo, como no creo, a vivir». No chico, estudia y cree. Porque como no creas te vas a llevar un chasco.

Hay otro tipo de hombres que no creen porque han tenido la desgracia de recibir el impacto del mal ejemplo de un mal católico. Esto ocurre. Dicen: «si ése es católico, y hace esto y hace lo otro; pues yo no quiero ser como ése». O de un mal sacerdote. Quiera Dios que nunca en la vida tengáis la desgracia de tropezar con un mal sacerdote, porque los hay. Si entre los doce Apóstoles hubo un Judas, entre los cuatrocientos mil que somos hoy…

Los hay. Haciendo un daño horrible. Quiera Dios que nunca tropecéis con uno, porque os quitan la fe. Y la fe es lo que más vale en el mundo. Más que los millones. Y un mal sacerdote acaba con tu fe. Ojalá que todos los sacerdotes fuéramos «otros Cristos». Que tenemos obligación de serlo. Dentro de la fragilidad humana; pero tenemos obligación de esforzarnos por parecernos a Cristo. Y el que en lugar de ser otro Cristo en la Tierra, lo que hace es machacar la fe del pueblo con su mal ejemplo y con las cosas que dice, eso es de una enorme responsabilidad. Por eso digo, que cuando un hombre ha tenido la desgracia de recibir el impacto de un mal sacerdote, instintivamente se pone de espaldas a todo lo que ese sacerdote significa.

Pero eso tampoco soluciona nada. Porque si ése es un mal sacerdote, se irá al infierno como todo mal cristiano. Pero el que ese sacerdote se vaya al infierno, tampoco te justifica a ti. Porque si tú eres un mal católico, también te irás al infierno. Iréis los dos juntos. Señores, yo estoy convencido de que hay sacerdotes en el infierno. Porque el que pisotea su sacerdocio, y se ríe de su sacerdocio, y desprestigia su sacerdocio, y en lugar de sembrar el bien en las almas y llevarlas a Dios, como es su obligación, lo que hace es sembrar el escándalo, la confusión y quitar la fe de las almas, dará cuenta a Dios. ¡Menuda responsabilidad!

No hay duda de que tiene que haber sacerdotes en el infierno. Pero el hecho de que haya malos sacerdotes, no es razón para alejarse de la Iglesia. Si tú te tropiezas con un mal médico, te buscas otro médico que sea bueno; pero no te apartas de la Medicina. Si llevas tu coche a un taller y te lo arreglan mal, te buscas otro taller, pero no te quedas con el coche estropeado. Pues lo mismo debes hacer con los sacerdotes: si das con uno que no te gusta, te buscas otro mejor, que los hay.

Supuesto esto, resumo ya todo lo dicho.
Hay hombres de ciencia que son ateos; pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas: no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. En cambio, hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente. Mira, si hubiera razones científicas que impidieran creer en Dios, no habría hombres de ciencia creyentes Cuando nos encontramos grandes hombres de ciencia que son creyentes es porque la ciencia no es obstáculo para creer. Voy a poneros ejemplos. Y no voy a referirme a sabios del siglo pasado como Volta o Ampère (que dieron sus nombres a las medidas eléctricas voltio y amperio), que eran creyentes. Me voy a referir a sabios de nuestros días que son creyentes.

Von Braun, el cerebro de los vuelos espaciales americanos, estuvo en España hace unos meses. Por marzo estuvo Von Braun en España. Pues Von Braun, este cerebro que es de los hombres más inteligentes del mundo, es creyente. Y reza todos los días. Yo he leído un artículo suyo en el ABC de Madrid donde él lo dice.

Otro gran talento, Heisenberg. Premio Nobel de Física. Uno de los talentos más grandes que hay hoy en el mundo. Ha descubierto la fórmula unitaria de los tres campos energéticos: gravitatorio, electromagnético y nuclear. Es una fórmula que Einstein estuvo buscando toda su vida y no dio con ella. Pues Heisenberg la ha descubierto. Y tuvo una conferencia en Leipzig, que, según dijo la prensa, sólo media docena de hombres en el mundo fue capaz de entenderlo. Pues este hombre, de los que saben más Física en el mundo hoy, a quien sólo es capaz de entenderle media docena de hombres en el mundo, este hombre, el año 1969 estuvo en Madrid. Tuvo una rueda de prensa. Yo lo he tomado de la Agencia Cifra. Dijo que él cree en Dios. Que él sabe que Dios es el Autor del cosmos.

Otros, que también he puesto en mi libro «PARA SALVARTE»: Max Planck, premio Nobel de Física, autor de la teoría cuántica, un genio. También él cree en Dios. Paul Dirac, premio Nobel de Física, Profesor de Cambridge, en un discurso en un Congreso Internacional de Premios Nobel -él Premio Nobel a hombres Premio Nobel- en Lindau (Alemania) les dice cómo él cree en Dios, Autor del Universo. Premios Nobel contemporáneos. Grandes talentos de hoy que creen en Dios.

Mirad, el mismo P.Romañá, del que antes os hablé, me dio esta otra frase que también he repetido por Televisión: «Hoy en Astrofísica nadie excluye la idea de creación». Los grandes astrofísicos contemporáneos aceptan a Dios Creador. La frase es del P. Romañá. Los hombres de ciencia que estudian el comienzo del cosmos comprenden que hace falta un Creador. Si no, no tiene explicación el comienzo del cosmos.

Pues demos gracias a Dios, que sin merecerlo, hemos nacido en un país católico, y en una familia católica, y hemos recibido una educación en la fe. Nosotros desde pequeños hemos creído en estas verdades, en las que creen los grandes talentos que hoy tiene la Humanidad. Quizás ellos llegaran a esta conclusión después de muchas horas de estudio y reflexión. Nosotros nos lo hemos encontrado. Demos gracias a Dios. No somos ateos. Somos creyentes.

 P. Jorge Loring

 

 

La doctrina social de la Iglesia es aquella enseñanza que nace del diálogo entre el Evangelio y la vida económico social de los pueblos.

Esa doctrina busca iluminar las realidades terrenas y en ella se apoyan los pastores de la Iglesia Católica para orientar en estas materias.

La doctrina social de la Iglesia tiene como centro la dignidad de la persona humana y busca en todo momento defenderla y dar principios que ayuden a su crecimiento, a su desarrollo.
Hay siete principios, siete criterios que son muy claros y yo quisiera recordarlos hoy, como de un golpe. Son ellos los ejes claves de esta doctrina y son los ejes también para poder ayudar a todo ser humano a crecer, desarrollarse y progresar, como debe ser. Esos siete principios son los siguientes:

1. El principio del bien común.
2. El destino universal de los bienes.
3. El principio de subsidiaridad.
4. El principio de participación.
5. El principio de solidaridad.
6. El principio de los valores,
fundamentalmente estos cuatro: la
verdad, la libertad, la justicia, el amor.

7. Finalmente, este último, el amor, es el valor principal, porque ha de ser el que dé UNIDAD a los demás valores.
Los vemos así en su conjunto porque nos iluminan; pero yo quisiera volver la mirada sobre cada uno de ellos. Pero recordemos que para la doctrina de la Iglesia, la enseñanza de la Iglesia, para Jesucristo, como también para todo lo que es la filosofía humanista, lo principal es la persona humana, su dignidad; y todo lo demás ha de converger a la ayuda, al apoyo, al progreso de todo ser humano y de todos los seres humanos.

1. El bien común:

El principio o el criterio del bien común es un principio fundamental en lo que es la vida humana y en lo que son las relaciones de los seres humanos. Para la doctrina social de la Iglesia el principio del bien común es el primero de todos los principios: todos los bienes que existen son bienes para todos los seres humanos.
La concepción es clara: Dios creó todo lo que existe para todos los seres humanos, no para una sola persona. De ahí que el principio del bien común quiere mirar no solamente a un individuo sino a todos los individuos, no a una persona sino a todas las personas.
Por eso, este principio del bien común es una tarea que nos compete a todos, y de ahí que los bienes que existen sobre la tierra han de llegar a todos los seres humanos. Para nosotros, es un criterio que tiene que estar siempre claro y es el criterio que se exige en la conducción de la vida política; por eso, un político es aquel que debe trabajar el bien común y colige con ese principio cuando busca sus propios intereses, sus propios bienes o el bien particular; y los bienes que hay en una nación, si los miramos bien, son para todos y por eso se busca que haya una igualdad en la repartición de los bienes.
Reflexionar una y otra vez sobre el bien común nos coloca y nos sitúa en un principio clave en el desarrollo y en el progreso de todo ser humano y de todos los seres humanos.

2. El destino universal de los bienes:

El principio del bien común que guía la doctrina social de la Iglesia va muy unido al principio del destino universal de los bienes. Este principio nos recuerda a nosotros que todo cuanto existe tiene una dimensión universal. Nosotros hablamos del derecho de propiedad.
El derecho de propiedad privada también tiene su sentido. La propiedad privada ayuda a que las personas puedan tener un mínimo de espacio para vivir, para que se respete su libertad; sin embargo, cuando la propiedad privada se excede y viola el principio universal de los bienes, entonces, la propiedad privada ha de estar sujeta a lo que es este principio universal de los bienes. El Papa Juan Pablo II repetía que: “Sobre toda propiedad privada, hay una hipoteca de los bienes que han de llegar a todos”.
Y ese llegar a todos es llegar a todo ser humano y a todos los seres humanos y nosotros hemos de repetirlo continuamente: Dios creó todas las cosas, no para un grupo, sino para todos. De tal manera es así, que hay que buscar caminos para una justa distribución de los bienes y de las riquezas, sean éstas las que sean.

3. La subsidiaridad:

En la búsqueda del progreso y el desarrollo de toda persona humana, de todo ser humano, de su dignidad, hay un principio que no se tiene muchas veces en cuenta y que hay que recordarlo también con frecuencia y volver el pensamiento y la mirada hacia él. Es el principio de la subsidiaridad, palabra que no es fácil de pronunciar, pero que es sumamente importante. Nosotros los seres humanos debemos producir lo que nosotros debemos producir. Cada ser humano tiene una responsabilidad, ante sí mismo y ante los demás, como cada grupo, como cada sociedad, pero hay limitaciones que nosotros tenemos, y es ahí donde se necesita el apoyo subsidiario.
Venir en apoyo de las familias que no pueden alcanzar las metas que deben alcanzar, de los individuos, de las personas, de los grupos, sean estos los que sean. Por eso, el Estado tiene la responsabilidad de cuidar, de velar para que cada uno de nosotros haga lo que tenga que hacer, pero que podamos recibir también el apoyo en aquello que nosotros no podamos hacer. Ese principio de subsidiaridad ayuda a que los pueblos puedan progresar y los grupos puedan avanzar. Y esto hay que decirlo no solamente a nivel nacional, hay que decirlo, también, a nivel universal: nos hemos de acompañar mutuamente los pueblos, y aunque esto no lo pidiera Dios, ni lo pidiera la doctrina social de la Iglesia, lo pide el sentido común y lo pide la razón. Se ha de apoyar a todo aquel que no puede dar todo lo que él quisiera o pudiera dar.

4. La participación:

Otro principio claro en la doctrina social de la Iglesia es el principio de la participación. Es un tema sobre el que nosotros volvemos una y otra vez. La participación, como algo inherente al ser humano, hace parte de nuestra existencia.
Nosotros queremos participar y esa participación nos hace mostrar a nosotros un deber, el deber que tenemos todos los seres humanos de participar en la vida, en el desarrollo, en el progreso de los pueblos.
Por eso, una persona que no participa en los gastos de un pueblo, con sus impuestos, es una persona que no está cumpliendo con su deber. Una persona que no participa en las elecciones, por ejemplo, es una persona que se siente limitada en lo que es su derecho de participar en la elección de aquellos que lo dirigen. Esta dimensión de la participación muestra un derecho, pero también muestra un deber. Derecho y deber, el derecho de participar y el deber de participar. Por eso, cuando las personas no pueden participar todo lo que pueden en la vida nacional, se sienten limitadas.
Las dictaduras limitan la participación, pero también la participación se vuelve un desorden cuando no es regulada.
Volvamos una y otra vez la mente sobre la participación, sobre nuestro deber de participar en la vida familiar, en la vida social, en la vida del barrio, en la vida nacional, en la vida internacional. Pensemos en la participación, como un derecho y un deber.

5. La solidaridad:

La solidaridad es uno de los grandes principios, o si se quiere, uno de los grandes valores que más se trata en el mundo de hoy. Hemos venido muchas veces sobre esta temática y hay que volver continuamente sobre ella. La solidaridad nos esta mostrando a nosotros como la humanidad es una y cómo tiene que apoyarse mutuamente. La solidaridad que nos mueve a nosotros a vernos como sólidos en uno nos indica que los pueblos no pueden existir si no son solidarios entre sí y que la humanidad también es así, y esto se ve de una manera muy clara en las crisis y en los problemas. Somos solidarios, hemos de ser solidarios, queramos o no queramos, pero hemos de hacerlo de manera consciente.
Los países más ricos tienen necesidad de ser solidarios con los demás y los Países pobres también han de tomar conciencia sobre esto. El Amazonas no pertenece ya a Brasil o a los países del Cono Sur, es un bien de toda la humanidad, porque lo que pasa allí afecta a la humanidad. Somos solidarios, y los seres humanos somos como un racimo de guineos: o caminamos juntos o nosotros perecemos, pero hemos de estar juntos. El principio, el criterio, el valor de la solidaridad es temática sobre la que hay que pensar y volver una y otra vez porque no solamente se ha de esperar solidaridad de los demás, sino que cada uno de nosotros ha de poner su granito de arena en el camino y en la construcción de un mundo solidario.

6. Valores fundamentales:

El tema de los valores está sobre el tapete. Es un tema sobre el que hemos de volver una y otra vez, y podemos preguntarnos sobre los muchos valores que hay, y podemos enumerar decenas de valores: ¿cuáles son los
fundamentales?, ¿cuáles son los más importantes, aquellos necesarios para que funcione una sociedad y que son clave también para el progreso de los pueblos? Los cuatro grandes valores son estos:
La verdad, la libertad, la justicia y el amor.

Y me voy a referir ahora a los tres primeros porque el amor, que nos une a los demás, necesita un tratamiento especial.
La verdad: sin la verdad ningún pueblo podrá avanzar. Jesucristo decía, y es lema del pueblo dominicano: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.
La verdad y la libertad: la libertad, que nosotros los dominicanos disfrutamos después de tantas dictaduras, se torna también en desorden y en libertinaje cuando no la sabemos usar. La libertad se manifiesta en la democracia, pero necesitamos de una libertad sabiamente usada. Por eso, volver la mente y la mirada sobre la libertad, es clave, y sobretodo en estos tiempos en las que disfrutamos de la libertad, para no volver a las dictaduras, pero tampoco para que la libertad se vuelva para nosotros un enemigo. Y la dimensión de la justicia: si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si nosotros queremos guardar las relaciones como debe ser, es clave y fundamental, ¿quién lo puede negar? el valor de la justicia.
Sabemos que tenemos muchos desórdenes cuando impera la mentira, el libertinaje y la injusticia. Por eso, en la doctrina social de la Iglesia esos tres valores son fundamentales y clave para la vida de cualquier sociedad.

7. La vía del amor:

Podemos hablar y tocar temáticas como esta: el bien común, el destino universal de los bienes, la participación, la solidaridad, los valores de la verdad, la justicia y la libertad. Pero tenemos que decir que el vínculo que une todo esto es el amor. Sin amor, nosotros no podremos llegar a eso que deseamos: a una mayor distribución de las riquezas, a un mundo donde impere la verdad, la justicia, la libertad; donde los bienes realmente sean comunes, donde se busque el bien común.
No podemos pedirles a los políticos que se preocupen de buscar los intereses del pueblo dominicano y no sus propios intereses, si ellos no tienen amor. Se lo podemos pedir en nombre de la justicia, en nombre del respeto a los demás; el amor es necesario para todo ello. Podemos pedirle a un juez que haga la justicia, pero si ese juez no respeta a la persona humana, si ese juez no ama al ser humano y no ama a los dominicanos, será injusto. Los valores que nosotros necesitamos poner en práctica, y son necesarios todos, necesitan un fundamento, un guía, que es el amor. Por eso, el progreso de los pueblos, el bienestar de los pueblos, la mejor distribución de las riquezas, todo aquello que nosotros deseamos no se dará en efecto y en verdad, si los seres humanos son egoístas. De ahí que el camino del amor, la vía del amor, es y seguirá siendo el camino del desarrollo de los pueblos, del respeto a las personas y de los derechos humanos.

 

Benedicto XVI: la Doctrina Social de la Iglesia, una cuestión de amor

“Caridad en la verdad”, también en lo social

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 5 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Sólo desde la “caridad en la verdad” podrá la Iglesia iluminar las cuestiones sociales. Así lo afirma el Papa Benedicto XVI en su Mensaje a la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio “Justicia y Paz”, que fue publicado ayer.

En él, el Pontífice analiza la afirmación que ya hizo en su encíclica Caritas in Veritate, sobre la concepción de la doctrina social de la Iglesia como Caritas in veritate in re sociali.

Dirigiéndose al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, actual presidente del dicasterio, afirma por qué ambas, caridad y verdad, son elementos fundamentales de la dotrina social de la Iglesia.

Gracias a Jesucristo, explica, “se puede caminar en la vía del crecimiento humano integral con el ardor de la caridad y la sabiduría de la verdad en un mundo en el que, a menudo, la mentira acecha al hombre, a la sociedad, a la participación”.

“Es viviendo la 'caridad en la verdad' como podremos ofrecer una mirada más profunda para comprender las grandes cuestiones sociales e indicar algunas perspectivas esenciales para su solución en sentido plenamente humano”.

“Solo con la caridad sostenida por la esperanza e iluminada por la luz de la fe y de la razón, es posible conseguir objetivos de liberación integral del hombre y de justicia universal”, insiste el Papa.

Caritas in veritate in re sociali: así me ha parecido oportuno describir la doctrina social de la Iglesia, según su enraizamiento más auténtico – Jesucristo, la vida trinitaria que Él nos da – y según toda su fuerza capaz de transfigurar la realidad”, añade.

El “compromiso de construcción de la ciudad” terrena, explica el Papa, “se apoya en las conciencias guiadas por el amor a Dios y, por esto, naturalmente orientadas hacia el objetivo de una vida buena, estructurada sobre el primado de la trascendencia”.

“Tenemos necesidad de esta enseñanza social, para ayudar a nuestras civilizaciones y a nuestra propia razón humana a captar toda la complejidad de la realidad y la grandeza de la dignidad de toda persona”.

Benedicto XVI recuerda al dicasterio que su tarea consiste “no sólo en la elaboración de nuevas actualizaciones de la doctrina social de la Iglesia, sino también de su experimentación”.

Ésta debe seguir, afirma, “ese método de discernimiento que indiqué en la Caritas in veritate, según la cual, viviendo en la comunión de Jesucristo y entre nosotros, somos 'encontrados” sea por la Verdad de la salvación, sea por la verdad de un mundo que no ha sido creado por nosotros, sino que se nos ha dado como casa que compartir en la fraternidad”.

50 años de Mater et Magistra

Esta concepción novedosa de la doctrina social, en realidad, sigue la estela del magisterio de los papas anteriores, y se situa en la misma línea que la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII, cuyo 50 aniversario se celebrará próximamente.

La encíclica del “papa bueno” ya invitana a “considerar con constante atención los desequilibrios sociales, sectoriales, nacionales, entre recursos y poblaciones pobres, entre técnica y ética”.

Medio siglo depsués, en el actual contexto de globalización, “estos desequilibrios no han desaparecido”, advierte el Papa.

“Han cambiado los sujetos, las dimensiones de las problemáticas, pero la coordinación entre los Estados – a menudo inadecuado, porque está orientado a la búsqueda de un equilibrio de poder, más que a la solidaridad – deja espacio a renovadas desigualdades”.

Esto provoca el “peligro del predominio de grupos económicos y financieros que dictan – y pretenden hacerlo continuamente – la agenda de la política, en menoscabo del bien común universal”, afirma.

Además, Mater et Magistra concedía un importante papel a los laicos en las cuestiones relacionadas con la doctrina social.

Esta encíclica, recuerda el Papa, “proponía una verdadera y propia movilización, según caridad y verdad, por parte de todas las asociaciones, los movimientos, las organizaciones católicas y de inspiración cristiana, para que todos los fieles, con compromiso, libertad y responsabilidad, estudiaran, difundieran y llevaran a cabo la doctrina social de la Iglesia”.

No solo laicos

La Caritas in veritate, en línea con esta intuición, afirma sin embargo, también, la importancia de que estos laicos encuentren a su lado “sacerdotes y obispos capaces de ofrecer una incansable obra de purificación de las conciencias”.

Otra de las necesidades de los laicos es encontrar en sus pastores “un apoyo indispensable y ayuda espiritual al testimonio coherente en lo social”.

Por ello, afirma el Papa, “es de fundamental importancia una comprensión profunda de la doctrina social de la Iglesia, en armonía con todo su patrimonio teológico y fuertemente arraigada en la afirmación de la dignidad trascendente del hombre, en la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural y de la libertad religiosa”.

“Es necesario preparar fieles laicos capaces de dedicarse al bien común, especialmente en los ámbitos más complejos como el mundo de la política”, afirma.

Pero es urgente tener también Pastores que, sin salirse de su papel, “sepan contribuir a la animación y a la irradiación, en la sociedad y en las instituciones, de una vida buena según el Evangelio, en el respeto de la libertad responsable de los fieles”.

“La doctrina social de la Iglesia representa así la referencia esencial para el proyecto y la acción social de los fieles laicos, además de para una espiritualidad vivida propia, que se nutra y se encuadre en la comunión eclesial: comunión de amor y de verdad, comunión en la misión”, concluye.

 

Testimoniar el Amor | Educar en la familia

1) Para saber

Cuando Napoleón asumió el poder en Francia, fundo el Instituto Pedagógico para los hijos de los laureados con la Legión de Honor. Nombró como directora a Juana Luisa Enriqueta de Genest, a quien se le conoció como Madame Campan. Ella había sido profesora de las hijas del Rey Luis XV. En una ocasión Napoleón le dijo: “Los antiguos sistemas de educación no valen nada, ¿qué cree que es más necesario para educar a los niños franceses?” Ella le contestó simplemente: “Madres”.

En su Carta a los Matrimonios el Papa Francisco señala que la educación de los hijos no es fácil, pero si hay alguien indicado para hacerlo son los padres. Los hijos están siempre mirándolos con atención y buscan en ellos el testimonio de un amor fuerte y confiable: «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!», afirmó el Papa.

2) Para pensar

Se cuenta que un niño de 7 años entro al cuarto donde trabajaba su papá y le dijo que quería ayudarlo. El papá estaba ocupado y le dijo que se fuera a jugar afuera. Pero el niño insistía. Al ver que era imposible sacarlo, tomó una revista donde había un mapa con el mundo y con una tijera recortó el mapa en varios pedazos. Con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciéndole: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo para que lo armes”. El padre calculó que no lo terminaría en todo el día. Pasó un tiempo y su hijo gritó: “Papá ya lo hice todo”. El padre no lo creía, pero para su sorpresa el mapa estaba completo. ¿Cómo había sido capaz de unir el mundo? El padre le dijo: “Hijo, pero si tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?”

Respondió su hijo: “Papá, no sabía, pero cuando sacaste el mapa para recortarlo, vi que del otro lado estaba una foto de un niño con sus papás… así que di vuelta los recortes y armé la familia… cuando conseguí arreglar la familia, había arreglado el mundo”.

La moraleja es clara: si queremos arreglar el mundo, hay que empezar por la familia.

3) Para vivir

El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento y aprendan de ellos.

El amor y entrega entre los cónyuges es una lección valiosa, pues los hijos necesitan experimentar la confianza, la belleza de sus vidas, la certeza de no estar nunca solos, de saberse amados. En ese amor descubrirán el amor de Dios. Los hijos han de descubrirse como hijos de un Dios que los ama tierna e incondicionalmente. De esa manera tendrán la capacidad de confiar en Dios.

Por ello, la lucha personal no sólo repercute en uno mismo, sino en los demás, incluso trasciende a la sociedad. El Papa anima a no dejar que la tristeza transforme los rostros, pues tanto el cónyuge como los hijos necesitan de la sonrisa que alienta. Así, la familia transmitirá los valores que conforman la humanidad. 

(articulosdog@gmail.com)

 

¿Cómo enfrentar los retos que supone adoptar un hijo? ¿Qué debemos saber para facilitar esta realidad sin miedos?

Una historia hermosa de generosidad es la que se da cada vez que unos padres deciden adoptar a un niño. Los motivos son muchos: desde la incapacidad de concebir hasta cuestiones de solidaridad social, en las que, además de tener ya cierto número de hijos, se decide dar una mejor vida a un pequeño niño desprotegido.

Lo esencial en todos los casos ha de ser que la motivación esté custodiada por el amor pleno y realizador de transmitir la vida, que en este caso no es biológica, sino psicológica, social y espiritual.

La decisión de adoptar no es fácil. Dos padres deben enfrentar muchas cuestiones de orden psicológico, social, material, espiritual e incluso legal. Las dudas, sentimientos y pensamientos que los asaltan son infinitos, por lo que deben estar lo mejor preparados para realizar este acto de sensible humanidad.

La adopción es posible por la grandeza de corazón de las personas que ven en los niños desamparados una oportunidad de formar una familia; afortunadamente la conciencia de la adopción va en aumento; sin embargo, hemos de ser cuidadosos pues en muchos de los casos los niños que es posible adoptar se encuentran en esa situación debido a familias dolientes y desintegradas.

Muchos niños son abandonados por madres solteras que se sienten solas, por familias que no tienen trabajo y no pueden mantener a otro hijo, por el egoísmo de una pareja de querer vivir su vida sin niños, por la muerte de ambos padres y la falta de acogimiento del niño por los abuelos o familiares extensos, por la terrible realidad de la violencia intrafamiliar en la que los hijos deben ser rescatados de sus padres pues son objeto de abusos físicos o psicológicos.

Transformar una vida de dolor en alegría

Las historias de adopción no tienen por lo regular un principio feliz, un origen desdichado es lo que muchas veces se encuentra tras la soledad de un niño ya sea que lo encontremos en alguna calle, un orfanato, una casa hogar…

Sin embargo, el final puede ser feliz, rescatar a un niño de la soledad y del dolor es una acción que Dios seguramente premiará. Recordemos que “debe reservarse una atención especialísima al niño, desarrollando una profunda estima por su dignidad personal, así como un gran respeto y un generoso servicio a sus derechos. Esto vale respecto a todo niño, pero adquiere una urgencia singular cuando el niño es pequeño y necesita de todo, está enfermo, delicado o minusválido” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Así es, el niño es un don siempre y debe ser atendido con amor, paciencia, generosidad; especialmente cuando “necesita de todo” cuando se encuentra “enfermo o delicado” no solo físicamente, sino del corazón por la soledad, por el abandono, por los maltratos, por el dolor…

Una tarea hermosa y realizadora

Lamentablemente, ante la creciente ola de adopción por la conciencia social y la generosidad de espíritu, se conocen muy pocos lugares donde puedan verdaderamente apoyar y guiar a los padres que han decidido dar este paso tan importante para ellos y para un niño que pronto será parte integral de su familia.

Los padres adoptivos ilusionados quieren acoger a su hijo adoptivo, que cuando se habla desde el corazón la palabra adoptiva no tiene el significado que estrictamente tiene en el mundo natural, sino que adquiere un significado sobrenatural que hace referencia al amor y a la decisión voluntaria de acoger y hacer suyo el don maravilloso del hijo.

Palabras clave: amor, aceptación, seguridad

Los padres no han de sobreproteger al niño adoptado, sino tratarlo de un modo natural, sin miedo, sin temor a ser rechazado o desobedecido, pues una actitud distinta en la que se le de todo lo que quiere al niño sin ningún límite puede ser perjudicial y hacerle sentir al niño que sus padres no le ofrecen seguridad y un ambiente estable donde desarrollarse. Lo que el adoptado verdaderamente desea es que los padres le demuestren que son sus verdaderos padres y actúen como tales.

Es importante recordar que cada niño es un mundo, cada niño es diferente y es así como cada uno requiere un proceso educativo adecuado a sus particularidades, por lo que hay que tomar en cuenta su personalidad, es preciso observarlo, comprenderlo y guiarlo, así como continuamente ponerse en su lugar para poder sentir de alguna manera con su hijo su historia, su pasado, su dolor y a partir de ahí entenderlo mejor, acogerlo cada vez más y amarlo.

¿Revelar la verdad?

Son los padres quienes adquieren derechos y obligaciones ante el niño adoptado y tienen la función de educar a este hijo, por tanto, son ellos quienes tienen que informar del hecho de la adopción y de sus orígenes como algo que forma parte de su proceso educativo. Lo importante es que el hecho sea dialogado, compartido y asumido por ambos padres y el hijo de modo que pueda hablarse de esto con naturalidad.

En cuanto a la forma de realizar la información, varía según las circunstancias. Launay y Soulé distinguen tres casos:

El primero, cuando el niño ha sido adoptado con edad entre los tres y los siete años es preciso hablarles y ayudarles a que tomen conciencia de la realidad, estos niños dependiendo de su edad entenderán en mayor o menor grado las cosas, habrá que tener el tino y la delicadeza necesaria para hablarles con la verdad procurando su aceptación y sobre todo suavizar el pasado doloroso que pudieran tener, poniendo énfasis no en eso, si no en el presente y en el futuro que le espera siendo un ser tan importante en la familia a la cual pertenece ahora.

El segundo, cuando el niño ha sido adoptado en los dos o tres primeros años, plantea que lo mejor es esperar y hablarle desde los tres o cuatro años y proceder de la manera más simple diciendo al hijo la historia que les llevó a adoptarlo de una manera amable y dulce que les ayude a aceptar de acuerdo a su edad, su condición.

La tercera, cuando el caso es de un niño que se haya adoptado con más de siete años, estos niños, por lo regular vienen dañados a veces físicamente, pero casi siempre psicológicamente, por lo que habrá de ser especialmente pacientes, pues sin duda conocen bien su origen o son conscientes de lo que han sufrido como la soledad de un orfanato, de la calle, el rechazo de sus padres, en fin… habrá que esforzarse más y buscar amar incondicionalmente a esta persona tan marcada por el dolor y cambiar poco a poco sus lágrimas por risas.

Sea cual fuere el caso se recomienda que se le informe al hijo de toda la verdad, sin importar la edad, si el niño se siente en la familia adoptiva como si fuera su propia familia porque se sienta aceptado, seguro y amado, no hay nada que temer. Si en un futuro el niño, joven o ya en la adultez el hijo quisiera conocer más sobre sus orígenes hay que permitirle informarse si éste es su deseo, aunque todo ello tiene que estar enmarcado dentro de un clima de sumo cuidado y delicadeza y con la intervención de profesionales que puedan servir de orientadores ante las nuevas situaciones que puedan surgir.

Una cuestión importante es no esperar a la pubertad para informar a la criatura, sería un error grave ya que es durante esta, que el hijo vive muchos cambios y busca identificarse consigo mismo y desarrollar su personalidad, misma que se verá dañada si desde pequeño no conoce su verdadera historia y vive en medio de secretos o medias verdades, ansiedades e inseguridades. Es importante que tengan la oportunidad de sanar heridas y convertirse en hombres y mujeres sanos y fuertes.

Educación idéntica

Hace poco conocí la historia de unos padres, muy buenos, por cierto, se preocupaban por sus cuatro hijos —todos adoptados— es impresionante ver la generosidad de esta pareja dan la vida por sus hijos como cualquier otra pareja de padres. La señora, me dio esta reflexión en un encuentro y me dijo, mira, ya sea un hijo se sangre o un hijo adoptivo, en la educación de los hijos, la diferencia la hace el amor. La reflexión es la siguiente:

“Los niños aprenden lo que viven:

Si un niño vive con crítica aprende a condenar

Si un niño vive con hostilidad aprende a pelear

Si un niño vive con ridículo aprende a ser tímido

Si un niño vive con pena aprende a sentirse culpable

Si un niño vive con aliento aprende a tener confianza

Si un niño vive con alabanza aprende a apreciar

Si un niño vive con justicia aprende a tener fe

Si un niño vive con aprobación aprende a quererse

Si un niño vive con aceptación y amistad aprende a encontrar amor en el mundo” Iaw, D.

¡Cuántas cosas deben hacernos pensar y reflexionar estas palabras! todo niño, natural o adoptado merece nacer y crecer en un ambiente propicio que le permita ser un niño sano tanto física, mental y espiritualmente. Si un niño ha tenido la mala fortuna de crecer algunos años en un ambiente hostil, habrá que amarlo mucho y trabajar mucho con él para que aprenda a amarse y a amar… pero a pesar de lo terrible que pueda ser la realidad, nunca desanimarnos pues no hay imposibles…. “La diferencia la hace el amor”.

Los hombres y mujeres tenemos la responsabilidad de los demás, no podemos ser indiferentes a la “suerte” que les tocó vivir a unos y a otros, el mundo ya no puede más, la humanidad grita de desesperación al ser testigo de tanto dolor, tanto abandono y rechazo, de tanta infancia destrozada, todos somos responsables, sin excepción y debemos de buscar que estos niños, futuros padres y madres sean amados, crezcan en lo posible, en un ambiente digno, sin violencia, sin hambre, sin frío.

Adopción divina

“Yo seré para vosotros Padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso” (2 Co 6, 18).

La Iglesia, Madre y Maestra, nos enseña que Dios tiene un solo hijo único: Jesucristo; Dios, por Jesucristo, nos ha adoptado y hecho también Hijos de Dios por el Amor. Somos hermanos de Jesucristo no por naturaleza, sino por don de la gracia porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único.

“Dios, quiere comunicar su propia divina a los hombres libremente creados por Él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 52).

Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades, por la adopción filial que nos da. Dios al hacernos hijos suyos quiere que vivamos una nueva vida, una vida eterna, nos ha rescatado de morir en la soledad y en la desesperación del pecado gracias al sacrificio de Jesucristo.

Dios nos ha dado el privilegio y el don de ser hijos, Él es nuestro Padre y nos ama, nos procura, esta filiación nos hace capaces de obrar rectamente y de practicar el bien, de alcanzar la perfección en la caridad, la santidad.

¡Nosotros que somos imperfectos somos invitados a ser perfectos como nuestro Padre Dios, somos invitados a vivir felices eternamente sin importar nuestro origen y nuestra naturaleza caída y pecadora! ¡Cómo nosotros siendo simplemente hombres nos podemos resistir a esta adopción maravillosa y a seguir este ejemplo de Amor y realizarlo también con los más desprotegidos!

La seguridad, la confianza, la esperanza que nos da tener un Padre bueno que nos mira en todo momento y que nunca nos abandona, nos mantiene de pie, con la esperanza de alcanzar la herencia prometida de la vida eterna, se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace “coherederos de Cristo”.

Humanamente hablando, nosotros podemos amar también y ejercer una paternidad adoptiva, aproximar a un ser humano a la felicidad y no solo en el plano terrenal procurando los cuidados necesarios sino en el plano espiritual, enseñando el Amor Filial del Padre que no nos falla, del Padre que nos ama con un Amor perfecto. Podemos, si queremos, darle a una criaturita que no ha tenido la oportunidad de vivir con amor y con dignidad el nacimiento a una nueva vida que le transforme.

Padres y madres: ¡sin miedo!

“La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario —material, afectivo, educativo, espiritual— a cada niño que viene a este mundo, deberá constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen “en edad, sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”, serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres” (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 26).

Una decisión de amor y benevolencia hacia los más pequeños como lo es la adopción llenará su hogar de dicha y en las dificultades de la vida oren, eleven sus plegarias que Dios estará siempre con ustedes, nunca los abandonará, nunca.

Otro aspecto muy importante cuando se adopta un hijo, que desconoce su origen, es la revelación. Muchos padres viven angustiados pensando lo que deben o no de hacer, lo que deben o no de decir y esto no hace más que dificultar el vínculo amoroso entre padres e hijo adoptivo y provoca una “revolución” en la familia, con los abuelos, tíos, y con los hermanitos sean estos últimos adoptivos también o no.

Este hecho de la revelación no es fácil, pero tampoco es tan difícil que no pueda realizarse, el término “revelación” se utiliza para designar la información sobre la adopción a la persona adoptada.

Es preciso que los padres tengan una actitud positiva ante el hecho de la información de la verdad, es algo que forma parte del proceso educativo del niño y que es de singular importancia para un desarrollo equilibrado de su personalidad. A pesar de ello, muchos padres dudan de informar de la verdad a la persona adoptada, pero es importante que reflexionen y que sepan que existen tres razones principales por lo cual hacerlo:

“La primera es la razón moral, ya que no es posible basar una vida sobre la mentira, el niño tiene derecho a la verdad.

“La segunda es la razón psicológica, ya que callar la verdad parece difícil. Las relaciones padres/ hijos no pueden ser de confianza y serenas más que en un clima de franqueza y de confianza propicia al diálogo.

“La tercera es la razón material, callar la verdad durante toda la vida no es posible. El adoptado aprenderá fatalmente su situación por una conversación o un documento escrito.” (Oliver, C).

A veces los padres no quieren revelar la verdad para que el niño no sufra, se sienta igual que los demás o para propiciarle una infancia y juventud desprovista de complejos y desequilibrios; sin embargo, todo esto no tiene fundamento.

Según las investigaciones de Raynor y Triseliotis demuestran que los padres adoptivos viven un continuo estado de ansiedad ante el hecho de que el niño se pueda enterar por otras personas que les hace crear un clima familiar artificial, lleno de desconfianza, malos entendidos, pláticas interrumpidas, etc., clima donde no es posible basar ningún proceso educativo coherente y el niño acaba sufriendo mucho más.

No hay que temer, el amor es la principal fuente de seguridad, de alegría; no habrá menos problemas si se calla la verdad, al contrario.

Deber de los padres Cuando se adopta a un niño mayor, que conoció a sus padres o conoció la historia por la cual es un niño que se encuentra solo, es preciso tener mucha paciencia y sobretodo, tener mucho trabajo con el niño, establecer un diálogo sincero, abierto lleno de ternura y comprensión, es preciso ponerse en el lugar de este niño que seguramente cargará con una historia dolorosa para entenderlo mejor y así poder ayudarle a que con amor poco a poco puede superarse y sanar.

Sin embargo, esto no es tan sencillo, como tampoco educarlo a través de los años, pues a veces los padres adoptivos no saben asumir que el no haber gestado al niño no les disminuye sus derechos y deberes como padres; es preciso que tengan claro y presente siempre que tienen los mismos derechos y deberes que una paternidad natural y así puedan ofrecer a los niños los elementos de seguridad, aceptación y solidaridad que debe ofrecer una familia.

 

Impensable en el ministro responsable

Después de una desconexión durante los 5 primeros días del nuevo año, al volver a la vida real me encuentro con la grave noticia “Garzón afirma en The Guardian que España exporta carne de mala calidad de animales maltratados” leo en un titular.

Según  Revista Cárnica, Garzón dijo al mundo a través de The Guardian de los ganaderos españoles: "Encuentran un pueblo en una parte despoblada de España y ponen 4.000, 5.000 ó 10.000 animales. Contaminan el suelo, contaminan el agua y luego exportan esa carne de mala calidad de esos animales maltratados". Así se expresa el ministro Alberto Garzón en una entrevista concedida al diario británico y publicada el 26 de diciembre.

El responsable de Consumo del Gobierno Español afirma de este modo ante un medio de comunicación internacional que España exporta carne de mala calidad y que no respeta el bienestar animal. Ciertamente se trata de una grave mentira que no justifica ni ideologías ni libertad de pensamiento. Menos en el ministro responsable de un gobierno democrático.  

Recuerdo que en los momentos actuales hay dos modelos de producción ganadera uno extensivo y el de la ganadería intensiva, este, el que no depende de una base de tierra o de pastos, es un modelo ganadero del siglo XX que por suerte sigue siendo útil y viable en nuestros días, es el modelo ganadero que ha permitido acercar la proteína animal también a las capas sociales más humildes, y ha contribuido y está contribuyendo a la difícil tarea de erradicar el hambre en el mundo. Los profesionales del sector saben cómo gestionar las explotaciones para que sean económicamente viables, para producir con los más elevados estándares de sanidad y bienestar animal que imponen administraciones exigentes como la europea, y para poder ofrecer al consumidor proteína animal que además de nutrir conforma uno de los placeres de la vida. Un placer legal y legítimo, como para algunos es fumar porros.

Sobre su expresión "sentían que su masculinidad se vería afectada por no poder comer un trozo de carne o hacer un asado", prefiero no comentar nada.

Por supuesto todas las patronales cárnicas han expresado su opinión sobre las declaraciones del ministro Alberto Garzón, no es necesario decir  que ninguna le da la razón.

Jesús Domingo

 

Un taller de fraternidad

Hace aproximadamente un, con motivo del viaje del Papa a Chipre, leía que “Con relación a la emigración la Iglesia asume, aún con todas sus limitaciones humanas, este sueño de Dios para todos y cada uno. Y al hacerlo se compromete en la promoción de la justicia y la paz, ha dicho el Papa en Chipre”. Me pareció que no son palabras vacías de significado o eslóganes publicitarios. Y es que los propósitos humanos son frágiles pero la fuerza de la Fe es la que empuja al compromiso y al testimonio que en Chipre ha llegado de la mano de quienes, pese a lo sufrido, siguen creyendo en la fraternidad, en la amistad, siguen teniendo Fe y siguen soñando. Con esto me ha parecido entender que la Iglesia católica quiere poner en el centro de la cuestión social de las migraciones la opción por la comunión y la reconciliación. Chipre, una isla pequeña y dividida es ya un “taller de fraternidad”.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Un competidor desleal

Tras los 20 años del ingreso de China en la OMC que se han cumplido en los últimos días de año, la lluvia de productos baratos chinos ha acelerado las relocalizaciones y el aumento del paro en otros países, por lo que en Europa y EE.UU. se abre paso un nuevo proteccionismo, más, a la vista de que China utiliza su economía para retar la hegemonía norteamericana.

Parece que la crítica es razonable, pero los medios usados por Washington han sido torpes. Ni el “América primero” de Trump, ni la cumbre de democracias organizada por Biden para aislar a Rusia y a China, resuelven el problema. Sin olvidar que las reglas del comercio mundial están diseñadas para favorecer a los países ricos que ahora se llevan, nos llevamos podemos decir, las manos a la cabeza, porque también a nosotros nos ha surgido un competidor desleal.

José Morales Martín

 

El fin de la globalización

Este sábado 11 de diciembre se cumplieron 20 años del ingreso de China en la OMC, acontecimiento que en su día se vio como el triunfo del orden mundial surgido del colapso de la URSS, pero al que hoy muchos miran como el principio del fin de la globalización, tal como hoy la entendemos. En 2001 China representaba el 3% de las exportaciones mundiales. Hoy alcanza el 15%. El lado positivo es la integración de este país en la economía mundial, no obstante Beijing no ha jugado limpio; ha faltado reciprocidad en la apertura de mercados, y no ha permitido que surja esa pujante clase media ávida de productos occidentales, sino que su modelo sigue dependiendo de los bajos costes laborales para engrasar el superávit.

Jesús Martínez Madrid

 

Educación y nuestra historia

Al iniciar las clases tras el periodo vacacional navideño me parece hacer un repaso sobre que se piensa enseñar sobre nuestra historia. En los contenidos comunes de la asignatura de Historia de segundo de Bachillerato, el Gobierno de Pedro Sánchez ha eliminado momentos claves de nuestro pasado común para la configuración de la identidad de España, como los referidos a la Hispania romana, los visigodos, Al-Ándalus, el reinado de los Reyes Católicos, el siglo de Oro, la conquista y evangelización de América, o el reinado de los Austrias. Serán sustituidos por una narración del pasado a partir de la Constitución de 1812, con añadidos como los dedicados a los nacionalismos, la memoria democrática o el desarrollo sostenible, con peso excesivo del período de la Segunda República.

Los responsables de Educación deberían atender a las recomendaciones de la Academia de la Historia antes de consumar esta propuesta basada en la ignorancia y en el falseamiento de una historia común, sin la que no se puede entender el presente. Desconocer la historia, más aún, falsearla, significa empobrecer nuestra memoria y generar sujetos más débiles y desguarnecidos frente a los retos del presente.

Pedro García

 

 

Haití… “Ese imposible país”:  De la esclavitud a la nada 

 

                                Este es un país que en realidad “ya ni existe”; puesto que en la actualidad es algo así y metafóricamente hablando; “un montón de desechos materiales y humanos, donde lo que impera es un bandidaje atroz y una mendicidad espantosa”; cosa inexplicable por mucho que nos lo quieran explicar, puesto que en la misma isla, “La Española”; existe otro país o nación, cuya estabilidad y prosperidad dista de la haitiana, como desde “la Tierra a la Luna”; y ambos países los empiezan a colonizar los españoles desde los viajes de Colón, si bien en Haití, van a entrar los franceses, que como ya he comentado en otros artículos y que junto a Ingleses y holandeses, fueron las verdaderas plagas para los nativos americanos; y luego después, para los negros africanos que transportados igualmente por ingleses, franceses, holandeses y también portugueses; arrastran (salvo excepciones de los que superando lo indecible, han logrado su libertad individual) sus odiseas de raza esclavizada, por imposición tiránica de los que de verdad los tiranizaron, en lo que no entran (salvo excepciones que puedan justificarse) la colonización española.

                                La realidad de hoy se aprecia simplemente, consultado el “PIB” (Producto Interior Bruto) de los dos países en que se divide hoy la isla; República Dominicana y Haití; amén de todos los indicadores de la marcha de ambos países; cuyas distancias, “son astronómicas”. Consultando ello en Internet, se sabe rápido.

                                Y recordemos el que “la esclavitud de los negros”; nace y es debida a otros negros, que los cazaban en sus zonas africanas, y luego los vendían a los traficantes negreros, que peor que al ganado y en inmundos barcos de la época, los trasladaban “a los mercados” americanos, a los que no llegaban todos, puesto que grandes cantidades, morían en el “camino” y eran tirados como basuras, al océano.

                                Y terminemos este tramo de mi artículo, señalando a los muy poderosos, norteamericanos y su imperio actual; que no han sabido aún, integrar a su enorme población negra, pese (y ello se olvida) a que aparte de lo que han trabajado en la creación de la riqueza norteamericana, también fueron empleados como “carne de cañón”, en su terrible guerra civil (y otras posteriores), donde el país se dividió en dos partes, la una partidaria de la esclavitud; y la que venció, partidaria de su abolición (idea de un buen presidente cual fuera Abraham Lincoln; al que luego “premian”, asesinándolo); pero que esa abolición ha sido “sobre el papel”, va para dos siglos, y sus tormentas y consecuencias violentas, siguen, como recientemente se ha demostrado en hechos ampliamente difundidos por la prensa mundial.

                                Recordemos como algo sorprendente, que es Haití, la segunda nación americana que consigue su independencia y tras la de los Estados Unidos norteamericanos; cosa que les llega, por “los efluvios” de la “Revolución Francesa”; cuyos efectos en Haití, se realizan en forma de terribles venganzas sangrientas, que acaban con la población de raza blanca; la que es asesinada y los restos de la misma, expulsados; pero todo lo que vino después ha sido desastre tras desastre; y sólo leyendo superficialmente su historia, se puede comprobar ello. Sencillamente, no han aprendido a gobernarse, ni aun de la forma más deplorable que el resto de estados americanos; de las que hay excepciones a señalar, como Costa Rica, que abolió hasta el ejército; dando un ejemplo al resto del mundo.

                                Ni la iglesia católica (“francesa en este caso”) ni la cultura de igual país; al contrario de lo que ocurriera con las españolas, que colonizaron, educaron y enseñaron instalando incluso universidades… han servido en ese desgraciado país, para encauzarlo en la que aun no siendo perfecta, pero es la más avanzada de las culturas mundiales, o sea, “la Occidental”.

                                Todo ello ha llevado a esa “descomposición y destrucción desoladora de ese país. Y no se me aduzca lo de “las calamidades naturales como puedan ser los terremotos y  marítimas”, que ellos suponen lo usual en todo el mar Caribe.

                                Tristemente las huidas de hoy en masa y camino de los Estados Unidos u otros destinos; no tienen solución, puesto que de estos, los expulsan y los vuelven a sus lugares de origen, “puesto que nadie quiere cargas que no le pertenecen”; y la caridad, en forma de limosneo; sólo sirve, para que los indeseables que siempre ha habido en Haití, recojan “las limosnas” y se las queden; puesto que los culpables de todos los desastres haitianos, no son otros que los malos y peores gobiernos que han sufrido, soportado y que aún soporta, ese terreno isleño conocido como Haití.

                                Es; y terminando, lo que dice muy acertadamente la sentencia verdaderamente cristiana… “Ayúdate que Dios te ayudará”; o lo que más antiguo, nos vino de la civilización china… “No des un pescado al hombre. Enséñalo a pescar”. En la vida no hay milagros; sólo hechos positivos o negativos; y el resultado es siempre consecuencia de los mismos.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 

 

Los cinco cacicazgos de la isla de La Española a la llegada de Cristóbal Colón.