Las Noticias de hoy 23 Diciembre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 23/12/2021 - 12:21

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 23 de diciembre de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

Rompamos el espejo de la vanidad para encontrar a Dios

Francisco a Europa: Abramos la puerta de nuestro corazón a los refugiados

El Papa propone tres caminos hacia la paz: dialogo, educación y trabajo

Las mujeres maltratadas en casa: "Problema casi satánico"

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA CRISTIANA : Framcisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: 23 de diciembre

Los mensajes de los protagonistas de la Navidad

“Se ha hecho Hombre para redimirnos” : San Josemaria

Vida de María (I): la Inmaculada Concepción : J.A. Loarte

Navidad: Dolor y alegría : Pepita Taboada

Navidad: tiempo para "acariciar" a Dios

La oración y la Sagrada Familia de Nazaret : BENEDICTO XVI

Mensaje del Papa para la 55ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2022

Misterio de Navidad : irene mercedes Aguirre  

Valentía de la esperanza : Ramiro Pellitero

¿Cómo vivir la Navidad? – Fiesta de amor y libertad : primeroscristianos

Año Nuevo: rejuvenecer la familia : Ana Teresa López de Llergo

El Papa no es el vecino del quinto : Beatriz Jiménez Castellanos

Cultura del perdón :  Jesús D Mez Madrid

A la caza y captura de los abusos : José Morales Martín

LOTERÍA: El gran engaño y no el gran día : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

Rompamos el espejo de la vanidad para encontrar a Dios

En la catequesis de la audiencia general, el Papa, a pocos días de la Navidad, habló del nacimiento del Niño Jesús y subrayó que la alegría es saberse amado con un amor concreto: sin la humildad nos quedamos sin entender a Dios ni a nosotros mismos, dijo Francisco

 

Vatican News

Con la lectura del evangelista Lucas (Lc 2, 10-12) a modo de introducción, el Papa Francisco dedicó su catequesis de la audiencia general de esta mañana al nacimiento de Jesús. En efecto dice el pasaje bíblico: “En aquel momento, el ángel dijo a los pastores: ‘No tengan miedo. He aquí que les anuncio una gran alegría que será de todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David nació para ustedes un Salvador, que es Cristo el Señor. Esta es para ustedes la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

“Hoy – dijo el Papa – a pocos días de la Navidad, quisiera recordar con vosotros el evento del cual no puede prescindir la historia: el nacimiento de Jesús. Para observar el decreto del emperador César Augusto, que ordenaba registrarse en el censo del propio pueblo de procedencia, José y María van de Nazaret a Belén. Nada más llegar, buscan en seguida alojamiento, porque el parto es inminente; pero lamentablemente no lo encuentran, y entonces María se ve obligada a dar a luz en un pesebre”.

“¡Al Creador del universo no le fue concedido un lugar para nacer!”

Tras recordar que “¡al Creador del universo no le fue concedido un lugar para nacer!”, Francisco planteó que tal vez “fue una anticipación de lo que dice el evangelista Juan: ‘Vino a su casa, y los suyos no la recibieron’; y de lo que Jesús mismo dirá: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabez’”.

Destacó asimismo que “un ángel quien anunció el nacimiento de Jesús, y lo hizo a los pastores humildes. Y fue una estrella la que indicó a los Magos el camino para llegar a Belén El ángel es un mensajero de Dios”. De ahí su afirmación:

“La estrella recuerda que Dios creó la luz y que ese Niño será ‘la luz del mundo’, como Él mismo se autodefinirá, la ‘luz verdadera’ […] que ilumina a todo hombre, que ‘brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron’”

Mientras añadió que “los pastores representan a los pobres de Israel”, a las “personas humildes que interiormente viven con la conciencia de la propia falta”, y precisamente por esto “confían más que los otros en Dios”. De manera que, “son ellos los primeros en ver al Hijo de Dios hecho hombre, y este encuentro les cambia profundamente. Cuenta el Evangelio que se volvieron ‘glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto’”.

“Volvamos a casa con el deseo de los ángeles: ‘Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor’. Recordemos siempre: ‘En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó […]. Él nos amó primero’”

“Este es el motivo de nuestra alegría”, dijo también el Santo Padre: “Saber que hemos sido amados sin ningún mérito, siempre somos precedidos por Dios en el amor, un amor tan concreto que se ha hecho carne y vino a habitar en medio de nosotros. Este amor tiene un nombre y un rostro: Jesús es el nombre y el rostro del amor que está en el fundamento de nuestra alegría”.

Saludos del Papa

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Que el nacimiento de Cristo llene sus corazones y el mensaje de los ángeles: ‘Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor’ presida sus vidas, recordando que Dios nos ha amado primero. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias y feliz Navidad”

Al saludar a los queridos fieles de lengua portuguesa, Francisco los invitó a volver a casa con el “anhelo de los ángeles” en sus corazones: “La paz en la tierra para los que Dios ama”. Y los invitó a recordar siempre que “no fuimos nosotros los que amamos a Dios primero, sino que fue él quien nos amó”. “Este es el motivo de nuestra alegría”, añadió el Papa y les deseó a todos, y a sus familias “una Santa Navidad”. 

A los peregrinos de lengua inglesa el Santo Padre les dijo que al acercarnos a la Santa Navidad, deseaba invocar sobre ellos y sus familias “la alegría y la paz en el Señor Jesús”.

En su saludo cordial a los fieles de lengua francesa, el Papa dió su bienvenida a los peregrinos de la diócesis de Sens y a los jóvenes de Draguignan.Tras recordarles que “Jesús es el nombre y el rostro del amor de Dios que ha venido a habitar entre nosotros”, el Obispo de Roma les deseó que lo busquen y “la alegría de encontrarlo en esta Navidad”.

 

22/12/2021Francisco a Europa: Abramos la puerta de nuestro corazón a los refugiados

 

Al dirgirse a los polacos presentes el Santo Padre les manifestó su deseo de que “durante las fiestas navideñas los acompañe la alegría que supone saber que, sin ningún mérito por nuestra parte, Dios nos ha amado con un amor tan concreto que se hizo carne y vivió entre nosotros”. “Este Amor – les dijo – tiene un nombre: Jesús”, y les deseo que “nazca en sus corazones, en sus hogares y en sus familias”.

A los fieles de lengua árabe el Pontífice les dijo que “la Navidad es una llamada a hacer el bien, a difundir la alegría y a tender la mano a los necesitados”. Y los invitó a recordar las palabras de Jesucristo: "Todas las veces que hicieron estas cosas a uno solo de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron". Y les deseó a todos una feliz Navidad.

En su saludo navideño a los peregrinos de lengua alemana Francisco les dijo que “la Navidad es un tiempo propicio para compartir en familia la alegría del nacimiento de nuestro Redentor y hermano Jesús”. Por esta razón los invitó a invocar “al Niño divino para que nos proteja de la pandemia y de cualquier otro mal”.

Por último, hablando en italiano, saludó a algunos grupos presentes y concluyó con su pensamiento habitual dirigido a los ancianos, a los enfermos, a los jóvenes y a los recién casados.

Reconocer al Señor en el Niño de Belén

“Nos preparamos para la próxima fiesta de la Navidad – dijo el Papa antes de rezar el Padrenuestro en latín y de impartir su bendición apostólica – en la que se anuncia la llegada del esperado ‘Rey de los gentiles’". De ahí que haya deseado a todos que se preparen con fe para reconocer “en el Niño de Belén al Señor de toda su existencia, contemplando en la sencillez del pesebre al Hijo de Dios, que trae la gracia y la salvación”.

 

Francisco a Europa: Abramos la puerta de nuestro corazón a los refugiados

En la audiencia genera de esta mañana el Papa Francisco volvió a instar con fuerza a la acción compartida para aliviar el drama de los migrantes en la zona del Mediterráneo. En el Aula Pablo VI había algunas de las personas recibidas en Italia tras el último viaje apostólico a Chipre y Grecia: "Asumiremos la responsabilidad como Iglesia en los próximos meses"

 

Giancarlo La Vella – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco reiteró la necesidad de un compromiso concreto y general para afrontar el fenómeno migratorio, especialmente en la zona del Mar Mediterráneo, que ha vuelto a ser testigo de una nueva tragedia en medio del silencio general. En una semana, más de 160 prófugos se ahogaron en el tramo de mar entre Libia y la isla italiana de Lampedusa. En la audiencia general de esta mañana el Pontífice hizo un nuevo y sentido llamamiento a toda la comunidad internacional

La acogida como responsabilidad compartida

Durante mi viaje a Chipre y Grecia – dijo el Santo Padre –  pude tocar con mis propias manos, una vez más, la humanidad herida de los prófugos y de los migrantes. También he visto cómo sólo unos pocos países europeos están soportando la mayor parte de las consecuencias del fenómeno migratorio en la zona del Mediterráneo, cuando en realidad se trata de una responsabilidad compartida, de la que ningún país puede eximirse".

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El Papa recordó entonces cómo, "gracias a la generosa apertura de las autoridades italianas", pudo traer a Roma a un grupo de personas que conoció durante su último viaje. "Hoy algunos de ellos están aquí entre nosotros. ¡Bienvenidos!”.

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Nos ocuparemos de ellos, como Iglesia, en los próximos meses. Es “una pequeña señal", subrayó, "que espero que sirva de estímulo para otros países europeos, para que permitan a su Iglesia local hacerse cargo de otros hermanos y hermanas que necesitan urgentemente ser reubicados".

Abrir una puerta a los migrantes

Otra necesidad destacada por el Papa Francisco fue, tras la acogida, la de la integración de los migrantes.

“Hay muchas Iglesias locales, congregaciones religiosas y organizaciones católicas que están dispuestas a acogerlos y acompañarlos hacia una integración fructífera. ¡Sólo tienen que abrir una puerta!”

 

El Papa propone tres caminos hacia la paz: dialogo, educación y trabajo

Este 21 de diciembre fue dado a conocer el Mensaje del Santo Padre para la celebración de la 55 Jornada Mundial de la Paz, el próximo 1 de enero de 2022, en el que propone tres caminos para construir una paz duradera: el diálogo entre las generaciones; la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo; y el trabajo para una plena realización de la dignidad humana.

 

Ciudad del Vaticano

“Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera”, es el título del Mensaje del Papa Francisco para la 55 Jornada Mundial de la Paz, a celebrarse el próximo 1 de enero de 2022, el mismo que fue presentado en rueda de prensa, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la mañana de este martes, 21 de diciembre de 2021.

El clamor de los pobres y de la tierra imploran justicia y paz

En su Mensaje, el Santo Padre comentando las palabras del profeta Isaías señala que, “todavía hoy el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral, permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada”. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, señala el Papa, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario.

Tres caminos para construir una paz duradera

En este sentido, el Papa Francisco indica que, en cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. Por ello, el Papa propone tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social», sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

Diálogo entre generaciones para construir la paz

Explicando el primer camino para conseguir la paz, el Santo Padre afirma que, en un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones. Y recuerda que, todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Por eso, debemos recuperar esta confianza mutua. Además, el Pontífice recuerda que, dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas.

La instrucción y la educación como motores de la paz

Asimismo, el Santo Padre señala que, el segundo camino hacia la paz es la instrucción y la educación. “Estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso”. Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos.

Por otra parte, afirma el Papa Francisco la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros. Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo.

Promover y asegurar el trabajo construye la paz

El tercer camino indicado por el Santo Padre es promover y asegurar el trabajo. Ya que el trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso. Pero, la situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal». Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

Avancemos con valentía y creatividad por estos tres caminos

Finalmente, el Papa Francisco invita a unir los esfuerzos para salir de la pandemia, y renueva su gratitud a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. “A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo”.

 

 

Las mujeres maltratadas en casa: "Problema casi satánico"

En el diálogo de Francisco con cuatro "invisibles" emitido por Mediaset, el Pontífice habla de los abusos: "Es aprovecharse de la debilidad de alguien que no puede defenderse"

 

Vatican News

"El número de mujeres que son golpeadas, maltratadas en el hogar, incluso por sus maridos, es muy grande. El problema para mí es casi satánico". El Papa Francisco dialoga, en Santa Marta, con cuatro "invisibles" y afronta – ante las cámaras de Mediaset – los problemas relacionados con la violencia, la pobreza, las consecuencias de la pandemia y la vida de los presos. Al encuentro, coordinado por el vaticanista Fabio Marchese Ragona, asistieron Giovanna, una madre que ha perdido su trabajo y cuya vida familiar está hecha de violencia; María, una mujer sin hogar; Maristella, una scout de 18 años a la que la pandemia le ha quitado las ganas de alegrarse; Pierdonato, un ex presidiario de cadena perpetua que ha cumplido 25 años de cárcel.

A Giovanna, que le preguntó cómo recuperar su dignidad, el Papa, tras calificar el problema de la violencia de "casi satánico", le respondió: "Es humillante, muy humillante. Es humillante que un padre o una madre abofetee a un niño, es muy humillante y siempre lo digo, nunca abofetear a un niño. ¿Por qué? Porque la dignidad es el rostro. Esta es la palabra que me gustaría retomar porque detrás de ella está su pregunta: ¿permanece la dignidad en mí? ¿Cuál es mi dignidad después de todo esto, cuál es la dignidad de las mujeres golpeadas y abusadas? Me viene a la mente una imagen está, al entrar en la Basílica, a la derecha, la piedad de la Virgen, la Virgen humillada delante de su hijo desnudo, crucificado, un malhechor a los ojos de todos, ella es la madre que lo crió, totalmente humillada. Pero ella no ha perdido su dignidad y mirar esta imagen en momentos difíciles, como el tuyo de humillación, y donde se siente que se pierde la dignidad, mirando esa imagen nos da fuerza”...

“Mira a la Virgen, quédate con esa imagen de valor”

La cultura de la indiferencia

A María, que se pregunta por qué la sociedad es tan cruel con los pobres, Francisco le dice: "Tú hablas de crueldad, es así, es la bofetada más dura de la sociedad para ustedes, ignorar el problema de los demás... Estamos entrando en una cultura de la indiferencia en la que intentamos alejarnos de los verdaderos problemas, del dolor por la falta de vivienda, de la falta de trabajo. Es más, con esta pandemia los problemas han aumentado porque llaman a la puerta los que ofrecen dinero en préstamo: los usureros. Un pobre, una persona necesitada, cae en manos de los usureros y lo pierde todo, porque ellos no perdonan. Es crueldad sobre crueldad, esto lo digo para llamar la atención de la gente a no ser ingenua; la usura no es una salida del problema, la usura te trae nuevos problemas".

El Papa preguntó entonces a la mujer si, cuando encuentra a una persona que está peor, va a echarle una mano. Y tras la respuesta afirmativa de María, añadió:

“Cuando se está en el dolor, se comprende la profundidad del dolor. Intenta siempre mirar los problemas a la cara porque habrá otra persona que esté peor que tú y necesite tu mirada para que la ayude a ir adelante”

Dios cerca de los presos

Pierdonato preguntó al Papa si hay esperanza para quien desea un cambio. Francisco respondió con la frase de la Biblia: "La esperanza nunca defrauda". Y añadió: "Hay una ópera que me gusta mucho, que dice lo contrario: en Turandot, sobre la esperanza se dice que la esperanza siempre decepciona. En cambio yo te digo: la esperanza nunca decepciona. Está Dios, no en órbita, sino Dios junto a ti, porque el estilo de Dios es la cercanía, la compasión y la ternura... Dios está con cada uno de los presidiarios, con cualquier persona que pasa por dificultades”...

“Tú no lo dices, pero sabes en tu corazón que estás perdonado y que tienes esa esperanza que no defrauda... Por eso puedo decirte una cosa: Dios siempre perdona, Dios siempre perdona... Nuestra fuerza reside en la esperanza de este Dios cercano, compasivo y tierno, tierno como una madre. Él mismo lo dice, y por eso tienes esa esperanza. Gracias por su testimonio”

La necesidad del contacto cara a cara

Maristella abordóel tema de las consecuencias del Covid para los jóvenes y preguntó cómo crear una relación sana hecha de contacto y de experiencias. El Papa dijo: "En el lockdown te faltó el contacto con los amigos y las amigas, con la familia, porque no se podía salir y tal vez la escuela no funcionaba. Necesitamos el contacto, el contacto cara a cara, pero tenemos la tentación de aislarnos con otros métodos, por ejemplo, el contacto sólo por teléfono móvil, las amistades por teléfono móvil, la falta de diálogo concreto. Tú has aprendido de esta situación que el diálogo concreto no puede ser sustituido por el diálogo online, que hay algo más". Al hablar de la costumbre de que los chicos de sentir compulsivamente la necesidad de usar siempre sus smartphones, Francisco añadió:

“Si quieres usar el móvil, úsalo, pero que esto no te quite el contacto con las personas, el contacto directo, el contacto de ir juntos a la escuela, de salir a pasear, de ir a tomar un café juntos, el contacto real y no el virtual. Porque si dejamos de lado el contacto real también acabaremos siendo líquidos o gaseosos, sin consistencia, siempre online y la persona online carece de ternura”

Crisis, conflicto y esperanza

Giovanna volvió a tomar la palabra y, tras contar que lo había perdido todo a causa de la pandemia, preguntó cómo es posible tener esperanza. "El Covid nos ha metido a todos en una crisis – respondió el Papa –  una forma de salir de la crisis es amargarse, y una amargura muchas veces es terminar con todo. El número de suicidios ha aumentado tanto con la crisis.... La crisis es abierta, el conflicto te cierra, tú no ves una salida al conflicto, con tu lucha yo veo que estás luchando por salir mejor de la crisis, no te has rendido y esto es grande, estás dando una lección de resistencia, una lección de resistencia a las calamidades”...

“Tú haces una apuesta, por la vida y por la vida de los tuyos vas adelante. No sabes dónde, porque no tienes casa ni trabajo, no sabes qué hacer. Pero estás mirando hacia adelante, estás saliendo mejor que antes, pero no sola. Esto es importante: que busques a alguien, a personas que te acompañen”

Un corazón abierto a los pobres

A María, que pregunta qué se puede hacer para que el corazón de la gente se abra a los pobres, Francisco respondió: "Cuando tú miras a un pobre a la cara, tu corazón cambia porque ha llegado al 'sacramento de los pobres', digamos 'sacramental'... porque la mirada de un pobre te cambia. Esta cultura del descarte no es sólo con los pobres, con la gente que tiene necesidades: cuántas veces en una familia se da esa realidad de descartar a los viejos, descartar a los abuelos... cuando automáticamente a cierta edad buscas una casa de reposo para poner a tu viejo, a los abuelos, en depósito, no en descanso, demuestras algo despiadado.... Mandamos fuera lo que no nos gusta, e incluso esto ocurre a veces desde el principio de la vida: muchas veces llega un niño (y se dice decimos, ndr): 'Pero no, mandémoslo al remitente porque es un problema para nosotros'”.

“Y así, la sociedad cuando se enferma, comienza a descartar a los pobres. Pero tenemos que luchar con esto”

Hacinamiento en las cárceles

Pierdonato preguntó cómo curar las heridas de los presos, que están aún más solos en tiempos de pandemia, y Francisco explicó: "La pandemia hace esto, te deja solo... Y luego el problema del hacinamiento en las cárceles: el hacinamiento es ciertamente un muro, ¡no es humano! Toda condena por un delito cometido debe tener una esperanza, una ventana. Una cárcel sin ventanas no es buena, es un muro. Una celda sin ventana no es buena. No necesariamente una ventana física, una ventana existencial, una ventana espiritual. Poder decir: 'Sé que saldré, sé que podría hacer esto o aquello'. Por eso la Iglesia está en contra de la pena de muerte, porque en la muerte no hay ventana, no hay esperanza, se cierra una vida. Hay esperanza en el otro lado, pero no hay ninguna aquí. Por eso la cárcel debe tener una ventana".

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El Papa contó entonces la experiencia de un preso no creyente que trabajaba con madera. Un visitante le aconsejó que leyera el Evangelio.  "Recibió el Evangelio, comenzó a leer algunos trocitos. 'En mi corazón (dijo, ndr) pasó algo, ese muro que tenía delante se cayó, se abrió' y como era un buen carpintero hizo esto (el Papa mostró la escultura de madera hecha por el preso, ndr), y me dijo: 'Esta es mi experiencia desde que conocí a Jesús'. Esto lo hizo un preso que vio que con Jesús el muro caía y había una ventana de vida".

La relación con Dios puesta a prueba

Mariastella preguntó entonces cómo puede, a su edad, tener una relación con Dios y mantenerla. "En el lockdown todo se puso a prueba, incluso la relación con Dios... la relación con Dios no es algo lineal que siempre va bien, la relación con Dios tiene crisis como toda relación amorosa en una familia... Toma el Evangelio, en el mismo Evangelio está la palabra de Dios que te arreglará otra vez; yo tengo miedo de los predicadores que quieren sanar la vida en crisis con palabras, palabras, palabras”.

“La vida en crisis se sana con cercanía, compasión, ternura. El estilo de Dios. El Evangelio te da esto. A algunos les parecerá un poco extraño, pero ¿qué pasaría si tú me dijeras: 'Padre, enfadarse con Dios es un pecado? Decir, 'Señor no te entiendo...' ¡Es una forma de rezar!”

“Muchas veces nos enfadamos con papá, con mamá. Los niños se enfadan con sus padres porque piden más atención. No tengas miedo si te enfadas con Dios, debes tener la libertad de un niño ante Dios. Cuando te enfadas con tu padre y con tu madre no es bueno, pero sabes que tu padre y tu madre te quieren; te enfadas con Dios porque esto o aquello no está bien, pero sabes que te quiere y no se asusta, porque es padre y sabe cómo podemos reaccionar nosotros, que somos todos hijos ante Dios.

“Debes tener el valor de decirle al Señor todos los sentimientos que te vienen. Evangelio en mano y corazón pacificado”

Los buenos deseos de Francisco

Para terminar, el Papa se dirigió directamente a los espectadores y les preguntó: ¿Qué piensas de la Navidad? Que tengo que salir a comprar esto y aquello... Vale, pero ¿qué es la Navidad? ¿Es un árbol? ¿Una estatua de un bebé con una mujer y un hombre al lado? Sí, es Jesús, es el nacimiento de Jesús, detente un momento y piensa en la Navidad como un mensaje de paz”.

“Yo les deseo una Navidad con Jesús, una verdadera Navidad. ¿Significa esto que no podemos comer? ¿Que no podemos festejar? No, celebren, coman de todo, pero háganlo con Jesús, es decir, con paz en el corazón”.

“Y a todos ustedes que me escuchan, les deseo una feliz Navidad. Hagan una fiesta, hagan regalos, pero no se olviden de Jesús. La Navidad es Jesús que viene, Jesús que viene a tocar tu corazón, Jesús que viene a tocar tu familia, que viene a ti, a tu casa, a tu corazón, a tu vida. Es fácil vivir con Jesús, es muy respetuoso, pero no lo olviden. Feliz Navidad para todos. Y recen por mí”

 

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA CRISTIANA

— La Navidad nos llama a vivir la pobreza predicada y vivida por el Señor. El ejemplo de Jesús.

— En qué consiste la pobreza evangélica.

— Detalles de pobreza y modos de vivirla.

I. El desprendimiento efectivo de lo que somos y poseemos es necesario para seguir a Jesús, para abrir nuestra alma al Señor, que pasa y llama. Por el contrario, el apegamiento a los bienes de la tierra cierra las puertas a Cristo, y nos cierra las puertas al amor y al entendimiento de lo más esencial en nuestra vida: si alguno no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo1.

El nacimiento de Jesús, y toda su vida, es una invitación para que nosotros examinemos en estos días la actitud de nuestro corazón hacia los bienes de la tierra. El Señor, Unigénito del Padre, Redentor del mundo, no nace en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida, en Belén. Ni siquiera tuvo una cuna, sino un pesebre. La precipitada huida a Egipto fue para la Sagrada Familia la experiencia del exilio en tierra extraña, con pocos más medios de subsistencia que los brazos de José acostumbrados al trabajo. Durante su vida pública Jesús pasará hambre2, no dispondrá de dos pequeñas monedas de escaso valor para pagar el tributo del templo3. Él mismo dirá que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza4. La muerte en la Cruz es la muestra del supremo desprendimiento.

El Señor quiso conocer el rigor de la pobreza extrema –falta de lo necesario– especialmente en las horas más señaladas de su vida.

La pobreza que ha de vivir el cristiano ha de ser una pobreza real, ligada al trabajo, a la limpieza, al cuidado de la casa, de los instrumentos de trabajo, a la ayuda a los demás, a la sobriedad de vida. Por eso se ha dicho que «el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades– sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar»5.

Si llegan los bienes, siempre será posible vivir como «esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre» y hacer con ellos el bien, porque «la pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros»6.

La pobreza que nos pide a todos el Señor no es suciedad, ni miseria, ni dejadez, ni pereza. Estas cosas no son virtud. Para aprender a vivir el desprendimiento de los bienes, en medio de esta ola de materialismo que parece envolver a la humanidad, hemos de mirar a nuestro Modelo, Jesucristo, que se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza7.

II. Los pobres a quienes el Señor promete el reino de los Cielos8 no son cualquier persona que padece necesidad, sino aquellos que, teniendo bienes materiales o no, están desprendidos y no se encuentran aprisionados por ellos. Pobreza de espíritu que ha de vivirse en cualquier circunstancia de la vida. Yo sé vivir –decía San Pablo– en la abundancia, pero sé también sufrir hambre y escasez9.

El hombre puede orientar su vida a Dios, a quien se alcanza usando todas las cosas materiales como medios, o bien puede tener como fin el dinero y la riqueza en sus muchas manifestaciones: deseo de lujo, de comodidad desmedida, ambición, codicia... Estos dos fines son irreconciliables: no se puede servir a dos señores10. El amor a la riqueza desaloja, con firmeza, el amor al Señor: no es posible que Dios pueda habitar en un corazón que ya está lleno de otro amor. La palabra de Dios queda ahogada en el corazón del rico, como la simiente que cae entre cardos11. Por eso no nos sorprende oír al Señor enseñar que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que entre un rico en el reino de los cielos12. ¡Y qué fácil es, si no se está vigilante, que se meta en el corazón el espíritu de riqueza!

La Iglesia nos recuerda, desde sus comienzos hasta nuestros días, que el cristiano ha de vigilar el modo como utiliza los bienes materiales, y amonesta a sus hijos a que estén «atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas, contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida alcanzar la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)»13. El que se apegue a las cosas de la tierra no solo pervierte su recto uso y destruye el orden dispuesto por Dios, sino que su alma queda insatisfecha, prisionera de esos bienes materiales que la incapacitan para amar de verdad a Dios.

El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud ante los bienes terrenos: se procuran y se usan, no como si fueran un fin, sino como medio para servir a Dios. Al ser medios, no merecen que pongamos en ellos el corazón: son otros los bienes auténticos.

Hemos de recordar en nuestra oración que el desprendimiento efectivo de las cosas supone sacrificio. Un desprendimiento que no cuesta no se vive. Y se manifestará frecuentemente en la generosidad en la limosna, en saber prescindir de lo superfluo, en la lucha contra la tendencia desordenada al bienestar y a la comodidad, en evitar caprichos innecesarios, en renunciar al lujo, a los gastos por vanidad, etcétera.

Es tan importante esta virtud de la pobreza para un cristiano que bien se puede decir que «quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo. Y esto es válido para todos: tanto para el anacoreta que se retira al desierto, como para el cristiano corriente que vive en medio de la sociedad humana, usando de los recursos de este mundo o careciendo de muchos de ellos...»14.

III. El corazón humano tiende a buscar desmedidamente los bienes de la tierra: si no hay lucha positiva por andar desprendido de las cosas, se puede afirmar que el hombre, más o menos conscientemente, ha puesto su fin aquí abajo. Y el cristiano no debe olvidar nunca que camina hacia Dios.

Por eso ha de examinarse con frecuencia, preguntándose si ama la virtud de la pobreza y si la vive; si se mantiene atento para no caer en la comodidad o en un aburguesamiento que es incompatible con ser discípulo de Cristo; si está desprendido de las cosas de la tierra; si las tiene, en fin, como medios para hacer el bien y vivir cada vez más cerca de Dios. Porque «en el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos... Incluso en nuestros días, no pocos... caen como en una idolatría de los bienes materiales, haciéndose más bien siervos que señores de ellos»15.

Siempre podemos y debemos ser parcos en las necesidades personales, frenando los gastos superfluos, no cediendo a los caprichos, vigilando la tendencia a crearse falsas necesidades, siendo generosos en la limosna, o en la ayuda a las obras buenas. Por el mismo motivo, debemos cuidar con esmero las cosas de nuestro hogar, así como toda clase de bienes que, en realidad, tenemos solo como en depósito para administrarlos bien. «La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios (...). Vivir pensando en los demás, usar de las cosas de tal manera que haya algo que ofrecer a los otros: todo eso son dimensiones de la pobreza, que garantizan el desprendimiento efectivo»16.

De esta y de otras formas diferentes se manifestará nuestro deseo de no tener el corazón puesto en las riquezas; también cuando, por razones de profesión u oficio, dispongamos para nuestro uso personal de otros bienes. La sobriedad de que entonces demos prueba será el buen aroma de Cristo, que siempre tiene que acompañar la vida de un cristiano.

Dirigiéndose a hombres y mujeres que se esfuerzan por alcanzar la santidad en medio del mundo –comerciantes, catedráticos, campesinos, oficinistas, padres y madres de familia– decía San Josemaría Escrivá: «Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios. Pobreza real, que se note y se toque –hecha de cosas concretas–, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor. Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando al mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades.

»Lograr la síntesis entre esos dos aspectos es –en buena parte– cuestión personal, cuestión de vida interior, para juzgar en cada momento, para encontrar en cada caso lo que Dios no pide»17.

Si luchamos eficazmente por vivir desprendidos de lo que tenemos y usamos, el Señor encontrará nuestro corazón limpio y abierto de par en par cuando venga de nuevo a nosotros en la Nochebuena. No ocurrirá con nuestra alma, lo que sucedió con aquella posada: estaba llena y no tenían sitio para el Señor.

1 Lc 14, 33. — 2 Cfr. Mt 4, 2. — 3 Cfr. Mt 17, 23-26. — 4 Mt 8, 20. — 5 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 6 S. C. para la Doctrina de la fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 7 2 Cor 8, 9. — 8 Mt 5, 3. — 9 Flp 4, 12. — 10 Mt 6, 24. — 11 Mt 13, 7. — 12 Mt 19, 24. — 13 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 14 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 110. — 15 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 7. — 16 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 17 Ibídem, 110.

 

Meditaciones: 23 de diciembre

Reflexión para meditar el 23 de diciembre. Los temas propuestos son: ​​la misión de Juan; ocultarse y desaparecer; el modo silencioso del obrar de Dios.

23/12/2021

– La misión de Juan

– Ocultarse y desaparecer

– El modo silencioso del obrar de Dios


«¿QUÉ VA A SER, entonces, este niño?» (Lc 1,66). Los amigos de Zacarías e Isabel en su pequeña aldea están sobrecogidos. Están sucediendo cosas maravillosas alrededor del nacimiento de Juan. La expectación crece a cada instante. Su padre acaba de recuperar el habla y todas sus palabras son de alabanza y bendición a Dios. Zacarías no puede esconder su alegría y su agradecimiento. Quienes le rodean, intuyen la obra divina en todos estos sucesos, así que no quieren perderse nada; graban todas las palabras en lo más profundo de su alma.

En aquel pueblo «oyeron la gran misericordia que el Señor le había mostrado» a Isabel (cfr. Lc 1,58). En esta Navidad que ya tenemos a las puertas, nosotros también queremos oír nuevamente las misericordias de Dios, lo bueno que es, cuánto nos quiere y cómo desea salvarnos y librarnos del pecado. Podemos pedir a los parientes de María que nos ayuden a afinar el oído, a disponernos lo mejor posible para acoger el don maravilloso de la redención. En el ambiente navideño de estos días, no queremos dejar de escuchar la suave voz de Jesús. «Guardemos silencio y dejemos que ese Niño nos hable; grabemos en nuestro corazón sus palabras sin apartar la mirada de su rostro. Si lo tomamos en brazos y dejamos que nos abrace, nos dará la paz del corazón que no conoce ocaso»[1].

En el evangelio de hoy vemos que acaba de nacer el precursor. Él no es el Mesías y lo sabe. Algunos se lo preguntarán expresamente. Y sabemos que siempre responde lo mismo: «Es necesario que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30). A veces no nos resulta fácil dejar obrar al Señor. No es sencillo aprender a quitarnos de en medio. Seguramente nos hemos implicado en la misión apostólica y quizá hemos rezado mucho por alguna persona en concreto. Sin embargo, el verdadero apóstol sabe estar en segundo plano, sabe que no es imprescindible, no quiere ser el protagonista principal; lleva el mensaje de Cristo a las almas y no el suyo propio. Le podemos pedir a san Juan Bautista que nos ayude a ser, como él mismo lo fue, buenos precursores de la llegada de Jesús a la vida de tantas personas que nos rodean.


DISFRUTAR de algo significa apreciar los frutos que produce. El apóstol siempre ve frutos, porque sabe que nada de lo que hace en unión con Jesucristo cae en saco roto. Siempre disfruta de la misión, aunque no se vea el resultado. El modo en que Dios ha realizado la redención es misterioso. Su nacimiento, que celebraremos en breve, ha sucedido sin que lo supiera casi nadie. Y Juan es un buen precursor porque hace lo mismo que Jesús: es discreto, sencillo, no se da importancia. Como dice san Agustín: «Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia»[2].

Ocultarse y desaparecer llena de paz el alma del apóstol porque quien vive así se sabe instrumento. Es consciente de que no carga con todo el peso. En los buenos momentos reconoce que Dios es quien lo ha hecho. En los malos, no se inquieta porque sabe que Dios lo arreglará. Y eso no le quita ilusión ni espontaneidad. Sí le quita, por el contrario, tensión, angustia y rigidez. Podemos decirle al Señor, cada vez que pensemos que algo se nos escapa de las manos, que confiamos en Él; que no queremos nada para nosotros, sino que estamos dispuestos a ser el canal por el que haga llegar su felicidad a otros.

Muchos santos se han visto inclinados a vivir esta humildad. Desean imitar a Jesús y buscar solo, como Él, la gloria de Dios. San Josemaría relaciona ambas actitudes. Podría parecer que desaparecer es retirarse, abandonar la misión, pero no es así. Lo vemos claro en la vida de Juan el Bautista y en todos los santos: siendo humildes, no se han desentendido de las almas que estaban cerca. Por eso san Josemaría podía decir: «He sentido en mi alma, desde que me determiné a escuchar la voz de Dios –al barruntar el amor de Jesús–, un afán de ocultarme y desaparecer; un vivir aquel illum oportet crescere, me autem minui (Jn 3,30); conviene que crezca la gloria del Señor, y que a mí no se me vea»[3]. Otras veces lo decía de forma más resumida: «Ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca»[4].


JUAN también fue por delante de Cristo cuando llegó el momento de dar la vida. Tuvo que suponer una gran alegría para él ver cómo sus discípulos encontraban al Mesías, y cómo se quedaron con él. Al ser apresado y ajusticiado, tal vez pensó que todo aquello merecía la pena para cumplir la voluntad de Dios, pero ignoraba que el mismo Mesías seguiría sus huellas en poco tiempo. El Bautista es el mayor de los nacidos de mujer (cfr. Mt 11,11) y, sin embargo, ha vivido tratando de pasar oculto. Si el nombre Juan significa favorecido por Dios, podemos decir que al que se oculta, Dios le hace feliz, le da paz, le hace disfrutar. La carga se hace suave y el peso ligero.

El plan de Dios se realiza de esta forma, en silencio y sin que muchos se den cuenta. Nos interesa que Cristo reine y Él ya ha decidido el modo en que va a hacerlo: desde la cruz, desde el dolor que implica cargar con los pecados de todos los hombres. Se ha cumplido la profecía sobre la humildad divina llevada al límite: «El inclinarse de Dios ha asumido un realismo inaudito y antes inimaginable. El Creador que tiene todo en sus manos, del que todos nosotros dependemos, se hace pequeño y necesitado del amor humano. Dios está en el establo. En efecto, ¿de qué otro modo podría aparecer más grande y más pura su predilección por el hombre, su preocupación por él? Porque nada puede ser más sublime, más grande, que el amor que se inclina de este modo, que desciende, que se hace dependiente»[5].

A la Virgen María, la humilde mujer de Nazaret que ha querido que Jesús sea siempre el protagonista, le pedimos que nos ayude a ser instrumentos eficaces y discretos en las manos del mejor artesano de la historia.


[1] Francisco, Homilía, 24-XII-2015.

[2] San Agustín, Sermón 293.

[3] San Josemaría, Carta 29-XII-1947/14-II-1966, n. 16.

[4] San Josemaría, Carta 28-I-1975.

[5] Benedicto XVI, Homilía, 24-XII-2008.

 

Los mensajes de los protagonistas de la Navidad

En su catequesis en la audiencia general, el Papa Francisco ha reflexionado sobre el papel de algunos personajes del relato del Nacimiento de Jesús, como el ángel y la estrella, o los pastores y los magos. “Su ejemplo nos invita a recorrer la vía de la humildad, la única que conduce hacia el Señor, y volver, como ellos, trasformados y glorificando a Dios por las maravillas que habían visto y oído”, explicó.

22/12/2021

Queridos hermanos y hermanas

Hoy, a pocos días de la Navidad, quisiera recordar con vosotros el evento del cual no puede prescindir la historia: el nacimiento de Jesús.

Para cumplir el decreto del emperador César Augusto, que ordenaba registrarse en el censo del propio pueblo de procedencia, José y María van de Nazaret a Belén. Nada más llegar, buscan en seguida alojamiento, porque el parto es inminente; pero lamentablemente no lo encuentran, y entonces María se ve obligada a dar a luz en un pesebre (cf. Lc 2,1-7).

Pensemos: ¡el Creador del universo… a Él no le fue concedido un lugar para nacer! Quizá fue una anticipación de lo que dice el evangelista Juan: «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron» (1,11); y de lo que Jesús mismo dirá: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9,58).

Fue un ángel quien anunció el nacimiento de Jesús, y lo hizo a los pastores humildes. Y fue una estrella la que indicó a los Magos el camino para llegar a Belén (cf. Mt 2,1.9-10). 

El ángel es un mensajero de Dios. La estrella recuerda que Dios creó la luz (Gen 1,3) y que ese Niño será “la luz del mundo”, como Él mismo se autodefinirá (cf. Jn 8,12.46), la «luz verdadera […] que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9), que «brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron» (v. 5).

Los pastores representan a los pobres de Israel, personas humildes que interiormente viven con la conciencia de la propia carencia, y precisamente por esto confían más que los otros en Dios. Son ellos los primeros en ver al Hijo de Dios hecho hombre, y este encuentro les cambia profundamente. Cuenta el Evangelio que se volvieron «glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20).

En torno a Jesús recién nacido hay también tres Magos (cf. Mt 2,1-12). Los Evangelios no dicen que fueran reyes, ni el número, ni sus nombres. Con certeza se sabe solo que desde un país lejano de Oriente (se puede pensar en Babilonia, Arabia o a en la Persia de aquella época) se pusieron en viaje para buscar al Rey de los Judíos, que en su corazón identifican con Dios, porque dicen que le quieren adorar. 

Los Magos representan a los pueblos paganos, en particular a todos aquellos que a lo largo de los siglos buscan a Dios y se ponen en camino para encontrarlo. Representan también a los ricos y a los poderosos, pero solo a los que no son esclavos de la posesión, que no están “poseídos” por las cosas que creen poseer.

El mensaje del Evangelio es claro: el nacimiento de Jesús es un evento universal que afecta a todos los hombres.

Queridos hermanos y queridas hermanas, solo la humildad es el camino que nos conduce a Dios y, al mismo tiempo, precisamente porque nos conduce a Él, nos lleva también a lo esencial de la vida, a su significado más verdadero, al motivo más fiable por el que la vida vale la pena ser vivida.

Solo la humildad nos abre a la experiencia de la verdad, de la alegría auténtica, del conocimiento que cuenta. Sin humildad estamos “aislados”, estamos aislados de la comprensión de Dios, de la compresión de nosotros mismos. 

Es necesario ser humildes para entendernos a nosotros mismos, mucho más para entender a Dios. Los Magos podían también ser grandes según la lógica del mundo, pero se hacen pequeños, humildes, y precisamente por esto logran encontrar a Jesús y reconocerlo. Aceptan la humildad de buscar, de ponerse en viaje, de pedir, de arriesgarse, de equivocarse…

Todo hombre, en lo profundo de su corazón, está llamado a buscar a Dios; todos tenemos esa inquietud y nuestro trabajo es no apagar esa inquietud, sino dejarla crecer porque es la inquietud de buscar a Dios; y, con su misma gracia, puede encontrarlo. 

Hagamos nuestra la oración de san Anselmo (1033-1109): «Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré» (Proslogion, 1).

Queridos hermanos y hermanas, quisiera invitar a todos los hombres y las mujeres a la gruta de Belén a adorar al Hijo de Dios hecho hombre. Cada uno se acerque al pesebre que hay en su casa o en la iglesia o en otro lugar, y trate de hacer un acto de adoración, dentro: “Yo creo que tú eres Dios, que este niño es Dios. Por favor, dame la gracia de la humildad para poder entenderlo”.

En primera fila, al acercarse al pesebre y rezar, quisiera poner a los pobres, que ―como exhortaba san Pablo VI― «debemos amar, porque en cierto modo son sacramento de Cristo; en ellos ―en los hambrientos, en los sedientos, en los exiliados, en los desnudos, en los enfermos y en los prisioneros― Él ha querido místicamente identificarse. Debemos ayudarles, sufrir con ellos, y también seguirles, porque la pobreza es el camino más seguro para la plena posesión del Reino de Dios» (Homilía, 1 de mayo 1969). 

Por esto debemos pedir la humildad como una gracia: “Señor, que no sea soberbio, que no sea autosuficiente, que no crea ser yo mismo el centro del universo. Hazme humilde. Dame la gracia de la humildad. Y con esta humildad yo pueda encontrarte”. 

Es el único camino, sin humildad no encontraremos nunca a Dios: nos encontraremos a nosotros mismos. Porque la persona que no tiene humildad no tiene horizontes delante, solamente tiene un espejo: se mira a sí mismo. Pidamos al Señor que rompa el espejo y poder mirar más allá, hacia el horizonte, donde está Él. Pero esto debe hacerlo Él: darnos la gracia y la alegría de la humildad para hacer este camino.

Y después, hermanos y hermanas, quisiera acompañar a Belén, como hizo la estrella con los Magos, a todos aquellos que no tienen una inquietud religiosa, que no se plantean el problema de Dios, o incluso combaten con la religión, todos aquellos que indebidamente son denominados ateos

Quisiera repetirles el mensaje del Concilio Vaticano II: «La Iglesia afirma que el reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfección. […] La Iglesia sabe perfectamente que su mensaje está de acuerdo con los deseos más profundos del corazón humano» (Gaudium et spes, 21).

Volvamos a casa con el deseo de los ángeles: «Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor». Y recordemos siempre: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó […]. Él nos amó primero» (1 Jn 4,10.19), nos ha buscado. No olvidemos esto.

Este es el motivo de nuestra alegría: hemos sido amados, hemos sido buscados, el Señor nos busca para encontrarnos, para amarnos más. Este es el motivo de la alegría: saber que hemos sido amados sin ningún mérito, siempre somos precedidos por Dios en el amor, un amor tan concreto que se ha hecho carne y vino a habitar en medio de nosotros, en ese Niño que vemos en el pesebre. Este amor tiene un nombre y un rostro: Jesús es el nombre y el rostro del amor que está en el fundamento de nuestra alegría.

Hermanos y hermanas, os deseo feliz Navidad, una feliz y santa Navidad. Y quisiera que ―sí habrá felicitaciones, las reuniones de familia, esto es muy bonito, siempre― pero que haya también la conciencia de que Dios viene “por mí”. Cada uno diga esto: Dios viene por mí. La conciencia de que para buscar a Dios, encontrar a Dios, aceptar a Dios hace falta humildad: mirar con humildad la gracia de romper el espejo de la vanidad, de la soberbia, de mirarnos a nosotros mismos. Mirar a Jesús, mirar el horizonte, mirar a Dios que viene a nosotros y que toca el corazón con esa inquietud que nos lleva a la esperanza. 

¡Feliz y santa Navidad!

 

“Se ha hecho Hombre para redimirnos”

Pásmate ante la magnanimidad de Dios: se ha hecho Hombre para redimirnos, para que tú y yo –¡que no valemos nada, reconócelo!– le tratemos con confianza. (Forja, 30)

23 de diciembre

Lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus, hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. Esa verdad debe llenar nuestras vidas: cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma.

Nos detenemos delante del Niño, de María y de José: estamos contemplando al Hijo de Dios revestido de nuestra carne. Viene a mi recuerdo el viaje que hice a Loreto, el 15 de agosto de 1951, para visitar la Santa Casa, por un motivo entrañable. Celebré allí la Misa. Quería decirla con recogimiento, pero no contaba con el fervor de la muchedumbre. No había calculado que, en ese gran día de fiesta, muchas personas de los contornos acudirían a Loreto, con la fe bendita de esta tierra y con el amor que tienen a la Madonna. Su piedad les llevaba a manifestaciones no del todo apropiadas, si se consideran las cosas -¿cómo lo explicaré?- sólo desde el punto de vista de las leyes rituales de la Iglesia.

Así, mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José , encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios. (Es Cristo que pasa, 12)

 

Vida de María (I): la Inmaculada Concepción

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán.

15/01/2018

La Inmaculada Concepción (Descarga en PDF) Novena a la Inmaculada Concepción Vida de María (I): Magisterio, Padres, santos, poetas

La historia del hombre sobre la tierra es la historia de la misericordia de Dios. Desde la eternidad, antes de la creación del mundo, nos eligió para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor (Ef 1, 4).

Sin embargo, por instigación del demonio, Adán y Eva se rebelaron contra el plan divino: seréis como Dios, conocedores del bien y del mal (Gn 3, 5), les había susurrado el príncipe de la mentira. Y le escucharon. No quisieron deber nada al amor de Dios. Trataron de conseguir, por sus solas fuerzas, la felicidad a la que habían sido llamados.

Pero Dios no se echó atrás. Desde la eternidad, en su Sabiduría y en su Amor infinitos, previendo el mal uso de la libertad por parte de los hombres, había decidido hacerse uno de nosotros mediante la Encarnación del Verbo, segunda Persona de la Trinidad.

Por eso, dirigiéndose a Satanás, que bajo figura de serpiente había tentado a Adán y a Eva, le conminó: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo (Gn 3, 15). Es el primer anuncio de la Redención, en el que se entrevé ya la figura de una Mujer, descendiente de Eva, que será la Madre del Redentor y, con Él y bajo Él, aplastará la cabeza de la infernal serpiente. Una luz de esperanza se enciende ante el género humano desde el instante mismo en que pecamos.

"TRATARON DE CONSEGUIR, POR SUS SOLAS FUERZAS, LA FELICIDAD A LA QUE HABÍAN SIDO LLAMADOS"

Comenzaban así a cumplirse las palabras inspiradas —escritas muchos siglos antes de que la Virgen viniera al mundo— que la liturgia pone en labios de María de Nazaret. El Señor me tuvo al principio de sus caminos, antes de que hiciera cosa alguna... Desde la eternidad fui formada, desde el comienzo, antes que la tierra. Cuando no existían los océanos fui dada a luz, cuando no había fuentes repletas de agua. Antes que se asentaran los montes, antes que las colinas fui dada a luz. Aún no había hecho la tierra ni los campos, ni el polvo primero del mundo (Prv 8, 22-26).

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán a la que Dios —en previsión de los méritos de Cristo, Redentor universal del género humano— preservaría del pecado original y de todos los pecados personales, y llenaría de gracia, para hacer de Ella la digna Madre del Verbo encarnado.

"ALCANZÓ VICTORIA CONTRA UN ENEMIGO IMPONENTE, HASTA EL PUNTO DE QUE A ELLA, MÁS QUE A NADIE, SE DIRIGEN AQUELLAS ALABANZAS".

Ella es la virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Enmanuel (Is 7, 14); está significada en Judit, la heroína del pueblo hebreo que alcanzó victoria contra un enemigo imponente, hasta el punto de que a Ella, más que a nadie, se dirigen aquellas alabanzas: Tú eres la exaltación de Jerusalén, la gran gloria de Israel, el gran honor de nuestra gente... Bendita seas tú de parte del Señor todopoderoso por siempre jamás (Jdt 15, 9-10).

Extasiados ante la belleza de María, los cristianos le han dirigido siempre toda clase de alabanzas, que la Iglesia recoge en la liturgia: huerto cerrado, lirio entre espinas, fuente sellada, puerta del cielo, torre victoriosa contra el dragón infernal, paraíso de delicias plantado por Dios, estrella amiga de los náufragos, Madre purísima...

J.A. Loarte

 

Navidad: Dolor y alegría

Artículo de opinión publicado en Sur (Málaga).

19/12/2015

SDiario Sur Navidad: Dolor y alegría

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Decía André Frossard, escritor francés converso al catolicismo, que el origen del dolor y el mal “son la piedra en la que tropiezan todas las sabidurías y todas las religiones”.

Y sabios y menos sabios, gente con fe o sin ella, pueden coincidir en lo mismo: “¿Por qué existe el mal, el dolor, el sufrimiento?” Una contestación podría ser: “El dolor es un misterio y precisamente por ser un misterio, sólo lo puede entender Dios”. Pero se seguiría preguntando que, si Dios es justo, ¿por qué permite tanto mal?, pareciendo que todos podríamos hacerlo mejor que Él. La realidad es que la mente humana no puede penetrar y mucho menos si no es reflexiva, los misterios de la creación y de la vida. La teología cristiana enseña que Dios no desea el sufrimiento humano y lo permite sólo porque es necesario para su adelantamiento espiritual y de cara a la eternidad. ¿Y de quién es la culpa? Del mismo hombre. La narración del Génesis nos muestra que Adán, inducido por Eva, introdujo el pecado original, que trae, desde entonces, todos los males a la humanidad.

También Jesucristo, que se hizo hombre para redimirnos de ese primer pecado, conoció y apuró el dolor desde su nacimiento, fecha que en breve vamos a celebrar y a la que llamamos Navidad. A la Sagrada Familia de Nazaret no se le ahorró ningún dolor, como también gozaron de las mayores alegrías. Todo entraba en los planes de Dios. Por eso, tanto María como José secundaron fielmente el papel que les tocó representar.

Por describir solamente el dolor y la alegría alrededor del acontecimiento navideño, podemos recordar en primer lugar, el sufrimiento de José, que estando ya desposado con María, “y antes de que conviviesen” (Mt.1, 18) advirtió el embarazo de la Virgen. Nos podemos imaginar lo que supuso para el santo Patriarca de desgarro en su corazón por una persona que amaba tanto… Pero un ángel, en sueños, lo tranquilizó haciéndole saber que lo que iba a nacer era fruto del Espíritu Santo… (Mt.1, 20). La alegría de José fue grande.

Nos narra también el Evangelio que: “se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo”. (Lc. 2,1). “José como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret a Belén para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y cuando ellos se encontraron allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”, (Lc. 2, 4-5) ¿Cómo se podría describir el dolor de María y José al no poder contar, ni siquiera, con la intimidad de una habitación para el nacimiento de un niño que es Dios mismo, encarnado en el vientre virginal de María? ¡Dios trata así a su Divino Hijo…! En un establo, entre animales y pajas… ¿se puede empezar a entender el dolor…? Y después aparece la alegría. Los pastores, avisados por un ángel, vienen a adorarle y le hacen regalos… le cantan… le bailan…lo cogen, le besan…

También se describe en el Evangelio el episodio de la adoración de los Magos, guiados por una estrella, que después de muchas dificultades, “se llenaron de inmensa alegría” cuando lograron encontrar al Niño y ofrecerle sus dones: oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre.

“Cuando se marcharon (los Magos), un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al Niño y a su madre, huye a Egipto porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt.2, 13). Es muy fácil imaginarse el sufrimiento de los santos esposos al tener que huir a un país extraño. También padecieron la emigración. Somos espectadores de tanta gente que actualmente tiene que salir de su tierra por iguales o parecidos motivos. Muerto Herodes, un ángel volvió a decirle a José que regresara a Israel. Otra vez la alegría para la Sagrada Familia.

Terminaría con una exaltación al dolor, que los santos conocedores del plan de Dios supieron descubrir: “Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor. ¡Glorificado sea el dolor!” (S. Josemaría Escrivá).

Con dolor o con alegría ¡Felices Navidades!

Pepita Taboada

 

Navidad: tiempo para "acariciar" a Dios

Extractos de homilías y audiencias que Benedicto XVI concede en estas navidades. El Papa invita a acudir al establo de Belén para "tocar a Dios y acariciarlo".

 

  

 

Imagen de la Sagrada Familia elegida por Benedicto XVI para felicitar la Navidad. La escultura se encuentra en una puerta de los museos vaticanos.

 

24 diciembre 2011● Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. Él «ha aparecido».

● También hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.

● En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.

● Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz.

● Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez.

● Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios.

25 diciembre 

 Veni ad salvandum nos. Este es el clamor del hombre de todos los tiempos, que siente no saber superar por sí solo las dificultades y peligros. Que necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto. Queridos hermanos y hermanas, esta mano es Cristo, nacido en Belén de la Virgen María. Él es la mano que Dios ha tendido a la humanidad, para hacerla salir de las arenas movedizas del pecado.

● Ya el mero hecho de esta súplica al cielo nos pone en la posición justa, nos adentra en la verdad de nosotros mismos: nosotros, en efecto, somos los que clamaron a Dios y han sido salvados (cf. Est 10,3f [griego]). Dios es el Salvador, nosotros, los que estamos en peligro. Él es el médico, nosotros, los enfermos. Reconocerlo es el primer paso hacia la salvación, hacia la salida del laberinto en el que nosotros mismos nos encerramos con nuestro orgullo.

● Sólo el Dios que es amor y el amor que es Dios podía optar por salvarnos por esta vía, que es sin duda la más larga, pero es la que respeta su verdad y la nuestra: la vía de la reconciliación, el diálogo y la colaboración.

28 diciembre

 

● La Sagrada Familia de Nazaret: aquella casa, en efecto, es una escuela de oración, donde se aprende a escuchar y a descubrir el significado profundo de la manifestación del Hijo de Dios, a ejemplo de Jesús, José y María. 

● La Sagrada Familia es icono de la Iglesia doméstica y una invitación a rezar juntos. Es en el seno del hogar donde los hijos se inician en la oración gracias a las enseñanzas de sus padres. Por consiguiente, una educación auténticamente cristiana no puede prescindir de la experiencia de la plegaria. Si la oración no se aprende en casa, es difícil después llenar este vacío.

 

La oración y la Sagrada Familia de Nazaret

Queridos hermanos y hermanas:

El encuentro de hoy tiene lugar en el clima navideño, lleno de íntima alegría por el nacimiento del Salvador. Acabamos de celebrar este misterio, cuyo eco se expande en la liturgia de todos estos días. Es un misterio de luz que los hombres de cada época pueden revivir en la fe y en la oración. Precisamente a través de la oración nos hacemos capaces de acercarnos a Dios con intimidad y profundidad. Por ello, teniendo presente el tema de la oración que estoy desarrollando durante las catequesis en este período, hoy quiero invitaros a reflexionar sobre cómo la oración forma parte de la vida de la Sagrada Familia de Nazaret. La casa de Nazaret, en efecto, es una escuela de oración, donde se aprende a escuchar, a meditar, a penetrar el significado profundo de la manifestación del Hijo de Dios, siguiendo el ejemplo de María, José y Jesús.

Sigue siendo memorable el discurso del siervo de Dios Pablo VI durante su visita a Nazaret. El Papa dijo que en la escuela de la Sagrada Familia nosotros comprendemos por qué debemos «tener una disciplina espiritual, si se quiere llegar a ser alumnos del Evangelio y discípulos de Cristo». Y agrega: «En primer lugar nos enseña el silencio. Oh! Si renaciese en nosotros la valorización del silencio, de esta estupenda e indispensable condición del espíritu; en nosotros, aturdidos por tantos ruidos, tantos estrépitos, tantas voces de nuestra ruidosa e hipersensibilizada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento, la interioridad, la aptitud a prestar oídos a las secretas inspiraciones de Dios y a las palabras de los verdaderos maestros» (Discurso en Nazaret, 5 de enero de 1964).

De la Sagrada Familia, según los relatos evangélicos de la infancia de Jesús, podemos sacar algunas reflexiones sobre la oración, sobre la relación con Dios. Podemos partir del episodio de la presentación de Jesús en el templo. San Lucas narra que María y José, «cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor» (2, 22). Como toda familia judía observante de la ley, los padres de Jesús van al templo para consagrar a Dios a su primogénito y para ofrecer el sacrificio. Movidos por la fidelidad a las prescripciones, parten de Belén y van a Jerusalén con Jesús que tiene apenas cuarenta días; en lugar de un cordero de un año presentan la ofrenda de las familias sencillas, es decir, dos palomas. La peregrinación de la Sagrada Familia es la peregrinación de la fe, de la ofrenda de los dones, símbolo de la oración, y del encuentro con el Señor, que María y José ya ven en su hijo Jesús.

La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece a título especial, porque se formó en su seno, tomando de ella también la semejanza humana. Nadie se dedicó con tanta asiduidad a la contemplación de Jesús como María. La mirada de su corazón se concentra en él ya desde el momento de la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos advierte poco a poco su presencia, hasta el día del nacimiento, cuando sus ojos pueden mirar con ternura maternal el rostro del hijo, mientras lo envuelve en pañales y lo acuesta en el pesebre. Los recuerdos de Jesús, grabados en su mente y en su corazón, marcaron cada instante de la existencia de María. Ella vive con los ojos en Cristo y conserva cada una de sus palabras. San Lucas dice: «Por su parte [María] conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19), y así describe la actitud de María ante el misterio de la Encarnación, actitud que se prolongará en toda su existencia: conservar en su corazón las cosas meditándolas. Lucas es el evangelista que nos permite conocer el corazón de María, su fe (cf. 1, 45), su esperanza y obediencia (cf. 1, 38), sobre todo su interioridad y oración (cf. 1, 46-56), su adhesión libre a Cristo (cf. 1, 55). Y todo esto procede del don del Espíritu Santo que desciende sobre ella (cf. 1, 35), como descenderá sobre los Apóstoles según la promesa de Cristo (cf. Hch 1, 8). Esta imagen de María que nos ofrece san Lucas presenta a la Virgen como modelo de todo creyente que conserva y confronta las palabras y las acciones de Jesús, una confrontación que es siempre un progresar en el conocimiento de Jesús. Siguiendo al beato Papa Juan Pablo II (cf. Carta ap. Rosarium Virginis Mariae) podemos decir que la oración del Rosario tiene su modelo precisamente en María, porque consiste en contemplar los misterios de Cristo en unión espiritual con la Madre del Señor. La capacidad de María de vivir de la mirada de Dios es, por decirlo así, contagiosa. San José fue el primero en experimentarlo. Su amor humilde y sincero a su prometida esposa y la decisión de unir su vida a la de María lo atrajo e introdujo también a él, que ya era un «hombre justo» (Mt 1, 19), en una intimidad singular con Dios. En efecto, con María y luego, sobre todo, con Jesús, él comienza un nuevo modo de relacionarse con Dios, de acogerlo en su propia vida, de entrar en su proyecto de salvación, cumpliendo su voluntad. Después de seguir con confianza la indicación del ángel —«no temas acoger a María, tu mujer» (Mt 1, 20)— él tomó consigo a María y compartió su vida con ella; verdaderamente se entregó totalmente a María y a Jesús, y esto lo llevó hacia la perfección de la respuesta a la vocación recibida. El Evangelio, como sabemos, no conservó palabra alguna de José: su presencia es silenciosa, pero fiel, constante, activa. Podemos imaginar que también él, como su esposa y en íntima sintonía con ella, vivió los años de la infancia y de la adolescencia de Jesús gustando, por decirlo así, su presencia en su familia. José cumplió plenamente su papel paterno, en todo sentido. Seguramente educó a Jesús en la oración, juntamente con María. Él, en particular, lo habrá llevado consigo a la sinagoga, a los ritos del sábado, como también a Jerusalén, para las grandes fiestas del pueblo de Israel. José, según la tradición judía, habrá dirigido la oración doméstica tanto en la cotidianidad —por la mañana, por la tarde, en las comidas—, como en las principales celebraciones religiosas. Así, en el ritmo de las jornadas transcurridas en Nazaret, entre la casa sencilla y el taller de José, Jesús aprendió a alternar oración y trabajo, y a ofrecer a Dios también la fatiga para ganar el pan necesario para la familia.

Por último, otro episodio en el que la Sagrada Familia de Nazaret se halla recogida y unida en un momento de oración. Jesús, como hemos escuchado, a los doce años va con los suyos al templo de Jerusalén. Este episodio se sitúa en el contexto de la peregrinación, como lo pone de relieve san Lucas: «Sus padre solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre» (2, 41-42). La peregrinación es una expresión religiosa que se nutre de oración y, al mismo tiempo, la alimenta. Aquí se trata de la peregrinación pascual, y el evangelista nos hace notar que la familia de Jesús la vive cada año, para participar en los ritos en la ciudad santa. La familia judía, como la cristiana, ora en la intimidad doméstica, pero reza también junto a la comunidad, reconociéndose parte del pueblo de Dios en camino, y la peregrinación expresa precisamente este estar en camino del pueblo de Dios. La Pascua es el centro y la cumbre de todo esto, y abarca la dimensión familiar y la del culto litúrgico y público.

En el episodio de Jesús a los doce años se registran también sus primeras palabras: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? (2, 49). Después de tres días de búsqueda, sus padres lo encontraron en el templo sentado entre los doctores en el templo mientras los escuchaba y los interrogaba (cf. 2, 46). A su pregunta sobre por qué había hecho esto a su padre y a su madre, él responde que hizo sólo cuánto debe hacer como Hijo, es decir, estar junto al Padre. De este modo él indica quién es su verdadero Padre, cuál es su verdadera casa, que él no había hecho nada extraño, que no había desobedecido. Permaneció donde debe estar el Hijo, es decir, junto a su Padre, y destacó quién es su Padre. La palabra «Padre» domina el acento de esta respuesta y aparece todo el misterio cristológico. Esta palabra abre, por lo tanto, el misterio, es la llave para el misterio de Cristo, que es el Hijo, y abre también la llave para nuestro misterio de cristianos, que somos hijos en el Hijo. Al mismo tiempo, Jesús nos enseña cómo ser hijos, precisamente estando con el Padre en la oración. El misterio cristológico, el misterio de la existencia cristiana está íntimamente unido, fundado en la oración. Jesús enseñará un día a sus discípulos a rezar, diciéndoles: cuando oréis decid «Padre». Y, naturalmente, no lo digáis sólo de palabra, decidlo con vuestra vida, aprended cada vez más a decir «Padre» con vuestra vida; y así seréis verdaderos hijos en el Hijo, verdaderos cristianos.

Aquí, cuando Jesús está todavía plenamente insertado en la vida la Familia de Nazaret, es importante notar la resonancia que puede haber tenido en el corazón de María y de José escuchar de labios de Jesús la palabra «Padre», y revelar, poner de relieve quién es el Padre, y escuchar de sus labios esta palabra con la consciencia del Hijo Unigénito, que precisamente por esto quiso permanecer durante tres días en el templo, que es la «casa del Padre». Desde entonces, podemos imaginar, la vida en la Sagrada Familia se vio aún más colmada de un clima de oración, porque del corazón de Jesús todavía niño —y luego adolescente y joven— no cesará ya de difundirse y de reflejarse en el corazón de María y de José este sentido profundo de la relación con Dios Padre. Este episodio nos muestra la verdadera situación, el clima de estar con el Padre. De este modo, la Familia de Nazaret es el primer modelo de la Iglesia donde, en torno a la presencia de Jesús y gracias a su mediación, todos viven la relación filial con Dios Padre, que transforma también las relaciones interpersonales, humanas.

Queridos amigos, por estos diversos aspectos que, a la luz del Evangelio, he señalado brevemente, la Sagrada Familia es icono de la Iglesia doméstica, llamada a rezar unida. La familia es Iglesia doméstica y debe ser la primera escuela de oración. En la familia, los niños, desde la más temprana edad, pueden aprender a percibir el sentido de Dios, gracias a la enseñanza y el ejemplo de sus padres: vivir en un clima marcado por la presencia de Dios. Una educación auténticamente cristiana no puede prescindir de la experiencia de la oración. Si no se aprende a rezar en la familia, luego será difícil colmar ese vacío. Y, por lo tanto, quiero dirigiros la invitación a redescubrir la belleza de rezar juntos como familia en la escuela de la Sagrada Familia de Nazaret. Y así llegar a ser realmente un solo corazón y una sola alma, una verdadera familia. Gracias.


Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles procedentes de la Diócesis de Girona, acompañados por su Obispo, Monseñor Francesc Pardo, así como a los demás grupos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a descubrir la belleza de rezar en el seno del hogar, asiduamente y en espíritu de comunión, siguiendo así el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. A la protección de Jesús, José y María encomiendo a los padres y a las madres de familia, para que inculquen en sus hijos el amor a la oración, invocando junto a ellos el santo Nombre de Dios. Os deseo un feliz año nuevo y que el Señor os bendiga copiosamente en estas fiestas y llene vuestro corazón de alegría y paz. Muchas gracias.

(En lengua italiana)

Dirijo, por último, un saludo afectuoso a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. La fiesta de la Sagrada Familia, que celebraremos dentro de poco, es una ocasión propicia para revisar nuestras relaciones y nuestros afectos. Queridos jóvenes, mirad a la Sagrada Familia e imitadla, dejándoos plasmar por el amor de Dios, modelo del amor humano. Queridos enfermos, con la ayuda de María confiad siempre en el Señor, el cual conoce vuestros sufrimientos y, uniéndolos a los suyos, los ofrece por la salvación del mundo. Y vosotros, queridos recién casados, que queréis edificar vuestra morada sobre la roca de la Palabra de Dios, haced que vuestro hogar, a imitación del de Nazaret, sea un lugar acogedor, lleno de amor, de comprensión y de perdón.

 

 

Mensaje del Papa para la 55ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2022

"Educación, trabajo, diálogo entre generaciones: instrumentos para construir una paz duradera". Este es el tema del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2022 (©Aditya - stock.adobe.com)

Hoy se ha hecho público el Mensaje del Papa para la 55ª Jornada Mundial de la Paz sobre el tema «Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera».

En el mensaje para esta Jornada Mundial que se celebra el 1 de enero de 2002, el papa Francisco insiste en como «dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos», además de que «fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida». A la vez, el Pontífice recuerda en su mensaje como la instrucción y la educación son «las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso», apuntando además al trabajo como un factor indispensable para construir y mantener la paz.

 

Mensaje para la 55ª Jornada Mundial de la Paz

Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera

1. «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del mensajero de la paz significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.

Todavía hoy, el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral[1]permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, el clamor de los pobres y de la tierra[2] sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.

En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente.[3]Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.

Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social»,[4]sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

2. Diálogo entre generaciones para construir la paz

En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones».[5]

Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.

Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas»,[6]sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro,[7]en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.

Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros».[8]Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?

Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente».[9]Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo[10]que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual.[11]

Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.

3. La instrucción y la educación como motores de la paz

El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.

Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante.[12]

Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.

Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado.[13]Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación».[14]Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad».[15]Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno.[16]

Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo.[17]

4. Promover y asegurar el trabajo construye la paz

El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.

La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.

El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal».[18]Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.

Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la doctrina social de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.

A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2021

FRANCISCO

____________________

[1]Cf. Cartaenc.Populorum progressio(26 marzo 1967), 76ss.

[2]Cf. Cartaenc.Laudato si’(24 mayo 2015), 49.

[3]Cf. Cartaenc.Fratelli tutti(3 octubre 2020), 231.

[4]Ibíd., 218.

[5]Ibíd., 199.

[6]Ibíd., 179.

[7]Cf.ibíd., 180.

[8]Exhort. ap. postsin.Christus vivit(25 marzo 2019), 199.

[9]Cartaenc.Laudato si’(24 mayo 2015), 159.

[10]Cf.ibíd., 163; 202.

[11]Cf.ibíd., 139.

[12]Cf.Mensaje a los participantes en el 4º Foro de París sobre la paz, 11-13 noviembre 2021.

[13]Cf. Carta enc.Laudato si’(24 mayo 2015), 231;Mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz.La cultura del cuidado como camino de paz(8 diciembre 2020).

[14]Carta enc.Fratelli tutti(3 octubre 2020), 199.

[15]Videomensaje con ocasión del Encuentro “Global Compact on Education. Together to Look Beyond”(15 octubre 2020).

[16]Cf.Videomensaje con ocasión de la Cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos(12 diciembre 2020).

[17]Cf.S. Juan Pablo II, Carta enc.Laborem exercens(14 septiembre 1981), 18.

[18] Carta enc.Laudato si’(24 mayo 2015), 128.

[01823-ES.01] [Texto original: Italiano]

 

Misterio de Navidad

¡Llega la  Navidad! Mundo simbólico

donde sumerjo mi alma , clara fuente

de cristalinas aguas e imponente

follaje en derredor ,  verde y pletórico.

 

Se abre al misterio el corazón creyente,

 un mundo nuevo se alza, protagónico,

ya alumbra  por doquier su  faro cósmico 

que   vuelca su esplendor  entre la gente.

 

Flota en el aire su dulzor bucólico,

que  cada  humano intuye y lo presiente

¡un llamado  interior, puro y lacónico!

 

¡En su seno se expresa el inconsciente

                                                                                                                                                   al dialogar feliz, libre y  armónico,

con la Verdad total y trascendente!

 

 

Valentía de la esperanza

Posted: 19 Dec 2021 09:06 AM PST

 
 

 

                                 Ulises, atado al mástil para poder oír el canto de las sirenas sin ir en su busca

                                              (parte de un mosaico del s. III, museo nacional del Bardo (Túnez)

Durante su viaje a Chipre y Grecia, en su encuentro con los jóvenes atenienses (Discurso en la escuela de san Dionisio, Atenas, 6-XII-2021) Francisco les habla de belleza y asombro, servicio y fraternidad, valentía y espíritu deportivo. Y como resumen les propone la valentía de la esperanza.

Comienza invitándoles al asombro, que es tanto el principio de la filosofía como una buena actitud para abrirse a la fe.

“Esto es así porque tener fe no consiste principalmente en un conjunto de cosas que hay que creer y de preceptos que hay que cumplir. El corazón de la fe no es una idea, no es una moral; el corazón de la fe es una realidad, una realidad bellísima que no depende de nosotros y que nos deja con la boca abierta: ¡somos hijos amados de Dios! Este es el corazón de la fe: ¡somos hijos amados de Dios!

Asombro del amor y del perdón

Junto con este “asombro del amor de Dios”, está el asombro del perdón: “Dios perdona siempre. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pero Él perdona siempre. Allí, en el perdón, se encuentra el rostro del Padre y la paz del corazón. Allí, Él nos restaura de nuevo, derrama su amor en un abrazo que vuelve a levantarnos, que desintegra el mal cometido y vuelve a hacer resplandecer la belleza incontenible que hay en nosotros, el ser sus hijos predilectos. No permitamos que la pereza, el miedo o la vergüenza nos roben el tesoro del perdón”.

Y recurriendo a la cultura griega, les aconseja, primero, hacer caso del oráculo de Delfos: “conócete a ti mismo”.

En segundo lugar, no dejarse llevar por los “cantos de las sirenas” que podían haber acabado con Ulises: “Reconoce que vales por lo que eres, no por lo que tienes. No vales por la marca de la ropa o por el calzado que llevas, sino porque eres único, eres única”.

Tercero, tomar el camino mejor que es el de la belleza, representada por la melodía de Orfeo, más hermosa que la de las sirenas.

Una melodía que en nuestro caso puede ser incluso superada por la fe cristiana y la alegría del Evangelio.

Además, ver la vida como un servicio a las necesidades de los demás.

Encuentros reales y no solo virtuales

En griego joven se dice nuevo, y nuevo significa joven. Pregunta Francisco: “¿Quieres rejuvenecer? No te contentes con publicar algún post o algún tuit. No te contentes con encuentros virtuales, busca los reales, sobre todo con quien te necesita; no busques la visibilidad, sino a los invisibles. Esto es original, esto es revolucionario. Salir de uno mismo para encontrar a los otros. Pero si tú vives prisionero en ti mismo, nunca encontrarás a los otros, nunca sabrás qué es servir. Servir es el gesto más bello, más grande de una persona, servir a los demás”.

El hombre vivo necesita abrirse realmente, y no solo “virtualmente”, al rostro de los demás: “Muchos hoy son ‘de redes sociales’ pero poco “sociales”, encerrados en sí mismos, prisioneros del teléfono que tienen entre sus manos. Pero en la pantalla falta el otro, faltan sus ojos, su respiración, sus manos. La pantalla se vuelve fácilmente un espejo, donde crees que estás frente al mundo, pero en realidad estás solo, en un mundo virtual lleno de apariencias, de fotos trucadas para parecer siempre hermosos y en forma. ¡Qué bonito, en cambio, es estar con los demás, descubrir la novedad del otro, dialogar con el otro, cultivar la mística del conjunto, la alegría de compartir, el ardor de servir!”.

Soñar con la fraternidad, y arriesgarse por ella

En los demás se nos hace presente Cristo. Por eso hay que soñar con la fraternidad. Hay un refrán griego iluminador. “el amigo es otro yo”. Francisco dice que el amigo, y no el espejo, es el camino para encontrarse con uno mismo.

“Ciertamente ­–observa–, cuesta salir de las propias zonas de confort, es más fácil estar sentados en el sofá frente a la televisión. Pero eso es algo viejo, no es de jóvenes”.

De jóvenes es el espíritu deportivo, les asegura Francisco a los jóvenes atenienses: “Aquí nacieron los eventos deportivos más grandes, las Olimpíadas, el maratón. Más allá del espíritu de lucha que hace bien al cuerpo, está aquello que hace bien al alma: entrenarse para la apertura, recorrer largas distancias desde uno mismo para acortarlas con los demás, lanzar el corazón atravesando los obstáculos, cargar unos los pesos de los otros. Entrenarse en esto los hará felices, los mantendrá jóvenes y les hará sentir la aventura de vivir”.

En la Odisea de Homero, el primer héroe que aparece es Telémaco, hijo de Ulises, que vivió una gran aventura. No conocía a su padre y se encontraba en una encrucijada: dejarlo estar o lanzarse en su búsqueda. Algunas voces le susurrarán: déjalo, no te arriesgues, es inútil. Pero él escucha la voz de la divinidad, que le exhorta a ser valiente y partir. Se levanta, prepara el barco y al despuntar el sol se pone en marcha

Es una buena lección: “El sentido de la vida no es quedarse en la playa esperando que el viento traiga novedades. La salvación está en mar abierto, está en el impulso, en seguir los sueños, los verdaderos, los que se sueñan con los ojos abiertos, que comportan esfuerzo, lucha, vientos contrarios, borrascas repentinas. Por favor, no hay que dejarse paralizar por el miedo, ¡sueñen en grande! ¡Y sueñen juntos!”. Anima a no dejarse frenar por los “los anuladores de sueños, los sicarios de la esperanza, los incurables nostálgicos del pasado”.

Ese es el consejo: alimentar “La valentía de la esperanza”. ¿Qué cómo se hace? Por medio de las decisiones. “Elegir es un desafío, es afrontar el miedo a lo desconocido, es salir del pantano de la aprobación, es decidirse a tomar la propia vida entre las manos”. Y una observación importante: para tomar decisiones adecuadas, recordar: “las buenas decisiones incluyen siempre a los demás, no sólo a uno mismo. Esas son las decisiones por las que vale la pena arriesgarse, los sueños que hay que realizar; aquellos que requieren valentía y que implican a los demás”.

En síntesis, al despedirse de ellos les propone “la valentía de seguir adelante, la valentía de arriesgar, la valentía de no quedarse en el sofá. El coraje de arriesgar, de ir al encuentro de los otros, nunca aislados, siempre con los demás. Y con esa valentía, cada uno de ustedes se encontrará a sí mismo, encontrará a los otros y hallará el sentido de la vida. Les deseo esto, con la ayuda de Dios, que los ama a todos. Dios los ama, sean valientes, ¡sigan adelante! Brostà, óli masí! [¡Adelante, todos juntos!]”

 

 

¿Cómo vivir la Navidad? – Fiesta de amor y libertad

Algunas sugerencias para la Navidad

El niño débil e indefenso de Belén, es Dios. No nació para buscar conflictos con el poder romano ni con la tiranía de quienes se creían intérpretes infalibles de la Ley, pero no se achantó ante el error, la fuerza del mal ni la injusticia. Traía la verdad, el bien, la luz y la paz que el mundo necesita.

 

Él vino a liberar a todos los hombres y mujeres de las tiranías que lleva consigo el pecado. Ofreció su vida también por sus perseguidores y por quienes lo odiaban, para que también ellos pudieran alcanzar la salvación. Para que pudieran tener una vida feliz y perdurable.

El niño débil e indefenso de Belén, es Dios. No nació para buscar conflictos con el poder romano ni con la tiranía de quienes se creían intérpretes infalibles de la Ley, pero no se achantó ante el error, la fuerza del mal ni la injusticia. Traía la verdad, el bien, la luz y la paz que el mundo necesita.

 

Él vino a liberar a todos los hombres y mujeres de las tiranías que lleva consigo el pecado. Ofreció su vida también por sus perseguidores y por quienes lo odiaban, para que también ellos pudieran alcanzar la salvación. Para que pudieran tener una vida feliz y perdurable.

Por eso hoy la Navidad es fiesta de amor y libertad, de hablar con soltura y confianza de las cosas buenas que bullen en el corazón, sin acobardarse ante ambientes adversos. Un buen momento para reconocer qué buena y qué gozosa es la realidad del matrimonio y de la familia, qué hermosa la sonrisa de un niño, qué tierna la mirada afectuosa del abuelo enfermo que apenas balbucea.

Una oportunidad para contemplar a la sociedad en que vivimos con realismo y alegría: aunque no falten dificultades es mucho lo que se puede hacer para construir, con el esfuerzo de todos, un mundo en el que valga la pena vivir.

La Navidad trae una invitación a todos los hombres de buena voluntad para que recapacitemos, para que, respetando las diferencias, opiniones y modos de ser de cada uno, busquemos decididamente lo importante: el auténtico bien de todo ser humano, por encima de egoísmos personales. Es fiesta de optimismo, de luz, de reconciliación, de alegría y de paz.

Y ese optimismo, alegría y paz serán reales si dejamos que Jesús nazca en nuestros corazones, que los ilumine. Algunos consejos:

 

1.      Poner el nacimiento y explicarlo a los niños, y rezar allí reviviendo la escena

2.      Ir a la Misa del Gallo, o cuidar especialmente la Misa de ese día. Preparándose bien con una buena confesión

3.      Dar algo de lo nuestro a los necesitados, especialmente de nuestro tiempo y afecto a la familia y a quienes tenemos cerca.

 

Año Nuevo: rejuvenecer la familia

Ana Teresa López de Llergo

La sociedad contemporánea requiere un sistema educativo fiel a los principios, pero abierta a las exigencias de los avances científicos y tecnológicos.

Rejuvenecer lo podemos entender en dos vertientes: mejorar nuestros enfoques y contar con personal más joven. Y los dos importan en la familia.

Para mejorar los enfoques convendrá revisar los asuntos más cotidianos y buscar aspectos positivos para emprenderlos de una manera más apasionada. Para contar con un personal más joven, no hay mayor interpretación que incluir en la familia personas de menor edad, abrirse a la natalidad. Para ello hace falta recuperar el sentido de ser mujer y el de ser varón. El de la maternidad y el de la paternidad.

Estamos como estamos porque llevamos años en los cuales pretenden reivindicar los derechos de la mujer, tarea encomiable, pero con argumentos violentos que eliminan su característica delicadeza y la presentan como una amazona del siglo XXI. La maternidad se entiende hoy como una palanca para ejercer el machismo.

La caballerosidad del trato del hombre a la mujer se interpreta como una ofensa porque sobreentiende el concepto de debilidad femenina. Y ha desaparecido el trato preferente, quitando a las mujeres el primer lugar en las entradas y salidas, en cederles los asientos, en ser atendidas primero, etcétera. La paternidad se considera no en sí misma y con sus respectivas características, sino como una suplencia de la madre mientras ella realiza su trabajo fuera del hogar.

El movimiento feminista desarrolló la revolución igualitaria, pero en contra de sus pronósticos, degradó al sexo femenino y consiguió un desconcierto progresivo sobre la mujer. Vivimos ahora un proceso decadente y continúan las desigualdades. Esta es la situación en que la mujer se encuentra hoy.

Tales enfoques más que dar el lugar correspondiente a la mujer y al hombre, ha fomentado una competitividad, un desfase en los roles y mucha irrespetuosa agresividad. Con este ambiente no es extraña la facilidad de la ruptura del vínculo conyugal.

En los lugares donde se exigen cursos prematrimoniales, se cumple el requisito de modo superficial y pocos tienen argumentos para mostrar la grandeza del matrimonio. Muchos ni siquiera se casan porque los novios vienen heridos por su deformación y porque desean evitar la experiencia que han vivido del matrimonio de sus padres.

Bastantes jóvenes han crecido rodeados de divorcios en su entorno y en los medios de comunicación, y les han dicho muchas veces que el matrimonio es semejante a las uniones libres y tiene menos complicaciones.

Otros hechos complejos que desencadenan los divorcios y las separaciones se dan en las familias recompuestas y en las uniones del mismo sexo. Tema que exige un tratamiento más detallado. Pero cabe mencionarlo, porque cada vez se extiende más, y entre otras complicaciones derivadas se encuentran las pensiones, la orfandad, la viudez y, el delicadísimo y trascendente tema de la identidad sexual.

Bastantes jóvenes han deteriorado el sentido de su vida y la apertura a compartirla con alguien, debido a muchas variables, entre ellas el desorden en el uso de las redes sociales, la diversión con los amigos o el abuso en la bebida o de las drogas.

Con tan serio panorama, la “cultura dominante” se basa en la búsqueda inmediata del bienestar personal en el placer y en la diversión, en el fondo en lo efímero. Ésta es una pseudo cultura, superficial y evasiva que elimina las complicaciones y el sufrimiento. Busca con desenfreno el placer fácil o la evasión.

Ante este horizonte, no podemos claudicar. A grandes males, grandes remedios. La buena noticia es que nunca se ha desdibujado lo natural en la familia y aunque todos vivan otras realidades añoran la nostalgia de la familia verdadera fundada por un hombre y una mujer, que son recíprocamente fieles y que se apoyan en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.

Por lo tanto, un primer paso es cuidar y difundir lo auténticamente natural de la familia: uno con una para toda la vida. Mostrar el matrimonio en su diseño original e ilusionarlos para reproducirlo. Y desenmascarar aspectos de pseudo cultura como la poligamia, el divorcio, las relaciones pasajeras, la infidelidad. Y otros aspectos facilitados por la tecnología como la procreación in vitro o los vientres alquilados.

También han de revivir el noviazgo como un tiempo de espera para tomar una decisión vital. Así se fortalecerá la preparación al matrimonio y serán fuertes para amar en cualquier circunstancia y sabrán renunciar a sus propios gustos, apetencias y costumbres por el otro.

La meta, que no ha de borrarse de nuestra mente, es conseguir familias autosuficientes y sanas que a su vez originen ciudades familiarmente sostenibles. El punto de partida para esto es contar con familias prolíficas capaces de afrontar el problema de sobrepoblación y, por otro lado, desenmascarar las políticas públicas de la ideología de género.

Y la dignidad de la vida humana exige traer al mundo hijos deseados: tanto por el esposo como por la esposa, los dos han de aceptar ser padre y madre con simultaneidad. Esta concordancia es importante para el desarrollo afectivo del bebé, pues así las relaciones conyugales serán serenas y unidas. De otro modo aparecerán desavenencias, reclamos e incluso rechazo del bebé por quien no deseaba en ese momento a la criatura.

Este acuerdo es uno de los temas primordiales de la ética familiar y de la intimidad conyugal. Otro tema de la ética familiar es el modo de afrontar la discapacidad de un nuevo ser humano, prepararse porque ninguna vida humana es discriminable.

La sociedad contemporánea requiere un sistema educativo fiel a los principios, pero abierta a las exigencias de los avances científicos y tecnológicos. Los padres han de poner medios desde la educación familiar y completarla con la institución educativa bien elegida. Pero los padres han de asumir la responsabilidad de la primacía en la educación de los hijos y la concordancia entre educación familiar y escolar.

Los padres han de conocer el entorno y los nuevos conocimientos. La adopción de la tecnología, los sistemas híbridos. Incorporar nuevos temas como la educación a discapacitados, la socialización de los contenidos, la atención a los aspectos emocionales, etcétera. Conocer e influir en el entorno es cada vez más necesario.

Las exigencias del cuidado de la salud se han colocado como un asunto prioritario, por lo tanto, hay protocolos que se han de seguir, así como el aprecio y el respeto al personal de salud pues ellos son humanos y vulnerables como todos. Para mejorar el tema de la salud hemos de fomentar la prevención.

Otro aspecto de la ética familiar es el equilibrio que los cónyuges han de tener ante las respectivas obligaciones laborales que cada uno tiene y la responsabilidad que ambos comparten en la vida de familia. Ayudarse, alternarse y comprenderse.

El trato mutuo entre los cónyuges ha de mantenerse dentro de una delicada veracidad y de una coordinada responsabilidad. Con este soporte será más fácil elegir y combinar las actividades personales y familiares, así como la conveniencia del uso de determinadas redes sociales o de directrices gubernamentales, entre otros aspectos.

 

El Papa no es el vecino del quinto

21 de Diciembre de 2021

El Papa Francisco acaba de cumplir 85 años, y aprovecho la ocasión para reflexionar sobre su figura.

Me sorprende que la derechita más conservadora de Twitter, la que se ensancha en odas a Sorrentino, la grandeza de la familia, el cocido y el jamón serrano, se muestre tan grotescamente burlona a la hora de referirse al Santo Padre.

Hay que tener muy claro que el Papa por ser Papa no tiene que ser necesariamente santo. En la historia hay ejemplos evidentes de falta de virtud en la sede de Pedro. Y la Iglesia, que sí que es santa y es Madre, lo tiene en cuenta cuando determina que el magisterio papal tiene infalibilidad únicamente cuando se pronuncia ex cáthedra. Es decir, la Iglesia contempla la posibilidad de que el Pontífice se equivoque en su predicación. Y, cuando es el caso, no cabe duda, la crítica no es inapropiada sino, seguramente, necesaria. Allí está santa Catalina de Siena para demostrarlo. No obstante, hay una enorme diferencia entre mostrarse en contra del discurso del Papa Francisco y faltarle al respeto obviando que es a ojos de la Iglesia y del mundo la cabeza del catolicismo.

Puedo comprender –sin llegar a aprobarlo– que aquellos que batallan por destruir las instituciones hagan el esfuerzo por tratar a papas, obispos y monarcas igual que tratan a su vecino del quinto que les cae mal. Sin embargo, choca que quienes se ponen la medalla de estetas, quienes presumen de alzar la bandera de la belleza de nuestra tradición, tengan tan poco tacto –ni siquiera: se ve que es un gesto impostado– cuando se trata de hacer un comentario sobre Francisco. Llama la atención porque ni siquiera los católicos más sedevacantistas utilizan un lenguaje tan despectivo para hablar de Bergoglio. Y me pregunto, cada vez que me llega un desafortunado tuit de este tipo, a qué dedicará sus días el autor para creerse con la autoridad de mirar por encima del hombro al Sumo Pontífice y para ensuciarse la boca con palabras que ponen en duda la clase de la que con tanta frecuencia presume poseer.

Si uno se dice católico y está en desacuerdo con las declaraciones que pueda hacer el Papa Francisco (qué expuesto está, por otra parte) tiene dos opciones. Bien puede compartir con su obispo o directamente con el Vaticano aquello que le incomoda, puede también hablar o escribir públicamente sobre los errores que observe, o bien puede morderse la lengua y ofrecer ese silencio y otras mortificaciones, además de rezar a diario por la santidad de la Iglesia y por todos sus miembros.

Si uno se dice católico sólo por el hecho de haber nacido en un país históricamente católico, ni rezará ni escribirá al obispo, pero sí puede, incluso en sus tuits burlones, demostrar que conoce los protocolos sociales y que uno no debe, aunque sea por pura estética, tratar al Pontífice de Roma igual que trata al vecino del quinto que le cae mal. ¡Viva el Papa!

 

 

Cultura del perdón

Me parece conveniente recordar en estos días previos a la Navidad que es importante la necesaria cultura del perdón que en la Iglesia no debería sofocar el impulso apostólico y misionero en tiempos líquidos, sino encarar el futuro con esperanza cristiana. Los obispos y los laicos confiamos en el perdón, en la gracia de Dios, y en nuestra capacidad de transformar el mundo.

Recordemos que el perdón es la buena nueva que viene desde el origen del hombre, que se rebeló contra Dios y tuvo que asumir su culpa ante su Creador. Brilla así en el Génesis la promesa del Salvador y los hombres tendrán que prepararse durante una larga peregrinación hasta la venida de Jesucristo. Los discípulos de Jesús estamos llamados a perdonar siempre aunque se haga difícil al espíritu justiciero que llevamos dentro: no solamente siete sino setenta veces siete.

La Iglesia administra el perdón desde el comienzo de su existencia y se puede decir con verdad que es la “comunidad de los perdonados”, a pesar de los pesares: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos los hombres los que nos cansamos de pedir perdón, repite el papa Francisco. La Iglesia practica la “cultura del perdón” en particular mediante el sacramento de la Reconciliación como oferta permanente para los pecadores, es decir para todos, si bien tiene su aplicación eficaz para los bautizados que se acercan a los ministros sagrados con fe a Dios.

Jesús D Mez Madrid

 

A la caza y captura de los abusos

Quizá vale la pena volver a esa cultura del perdón cuando asistimos a la caza y captura de los abusos en la Iglesia aunque hayan ocurrido hace decenas de años. Por uno se acusa a todos. Claro que un solo caso de abuso por parte de un ministro es mucho, un escándalo que requiere reparación, y en esas están todas las Conferencias Episcopales del orbe. Pero ante la necesaria reparación a las víctimas, en la medida de lo posible y no solo económicamente, no parece sensato multiplicar exponencialmente estos crímenes morales que salpican consciente o inconscientemente a los sacerdotes, fieles a su vocación que sirven a todos, en particular a los débiles, y en horas intempestivas hasta la diaria extenuación.

Nadie sensato ignora las campañas que vienen sucediéndose desde hace años contra la Iglesia católica aireando esos graves pecados con el martilleo de algunos medios debeladores del prestigio moral de la Iglesia, que silencian los abusos sexuales y psicológicos muy abundantes en demasiados ámbitos: sobre todo en familias, en mundo del deporte, no digamos del cine y espectáculos, en los profesionales de los medios de comunicación, en colegios mayores, o en los partidos políticos. Porque, aunque salen algunos casos clamorosos, acaban por tener poca vigencia, ya que los machacantes gastan su artillería principal contra la Iglesia.

José Morales Martín

 

LOTERÍA: El gran engaño y no el gran día

 

                                Hoy es el “gran día de la prueba del GORDO”; y fue fijado así por cuanto por cuanto es el gran día de recaudar masivamente impuestos (pienso) y sin riesgo alguno para el voraz recaudador; tan es así que todos los países fomentan y monopolizan el gran negocio, que incluso en Europa, se ha hecho como continental y hay una brutal lotería europea que se prodiga enormemente cada semana.

                                Y el político buscó este día, por cuanto es la víspera del día que yo entiendo como el del “gran engaño”, por cuanto de señuelo y engaño tienen todos los jolgorios y excesos de esa bacanal cual es la actual navidad”; y también en el que las masas se dislocan y se olvidan de todo pensando en los millones del gran engaño y que nunca le llegan al iluso; o sea el día de “la lotería de Navidad”, que es el 22 de diciembre. Hecho que da cuerda a la invasión de informadores, que lo tienen “chupado”, para entretener al máximo y por varios días a la masa de individuos y así los aíslan de todos los problemas que les pueden ocupar o preocupar mentalmente; en este señalado día; que como ahora mismo, disimula y aparta los infinitos problemas de España y en especial, el último hecho que es la ruina que nos ha traído el “virus chino”.

                                Por otra parte este día “grande” es el día más grande en que la Hacienda Pública, extrae los mayores ingresos diarios de cada año, puesto que en este  día y debido a los impuestos que se quedan de la lotería, yo estimo que se queda con el cincuenta por ciento del valor del sorteo; ya que además, estudiado al máximo, la mayoría de los reintegros que devuelve ese día, los ilusos jugadores se los van a jugar en el otro señuelo cual es la denominada “lotería del niño”, en la que ya y por los mismos motivos, el Estado “se llevará hasta el manso”;  y es por lo que yo mismo (supongo que muchos más) no jugamos a la lotería o loterías españolas (hay muchas) ya que en general, los juegos de azar, a los únicos que son rentables son a los inventores o mejor dicho, a los que explotan el negocio de forma monopolista; de ahí que el Estado no permita competencia, salvo a “la de los ciegos” y que como sabemos, fue así por obra y gracia del tan criticado Caudillo Franco, que les regaló (lo fundó en 1938) el monopolio, lo que luego después lo han ampliado hasta donde les ha dado la gana y de ahí la potencia de “los ciegos españoles y asociados”. Son el mayor negocio “privado” de España, puesto que lo manejan como un monopolio privilegiado.

                                La mejor lotería y como decían las personas sensatas de cuando yo era niño, la sintetizaban con la siguiente e ilustrativa frase: “La economía es la mejor lotería”. Lo que tristemente, lo han cambiado los que están destruyendo al mundo y de paso a sus habitantes, con la imposición del consumo criminal que ya devasta a la incivilización actual; pero de esto “no interesa que hablemos”; es mejor seguir “lo que aquel fraile del cuento decía sobre San Antón o la virgen” y caiga quién caiga. Y cuya metáfora o cuento reproduzco a continuación.

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                                Viejo chiste de aquella pareja de fornicadores, en la que el fornicador y en el momento máximo del clímax sexual y ante el grito de alarma de la fornicada, responde ya sin freno humano… “Da igual si sale con barbas San Antón y sino la ejem, ejem” (hay muchas versiones que el lector busque la que más guste).

                                Vean cómo iba “el vicio del juego”, en España hace 17 años, puesto que los datos que reflejo, son del 2004… ¿Cómo irán hoy? NO OLVIDEMO QUE HAY UNA ENFERMEDAD NACIONAL DE LA QUE NADIE HABLA, SE DENOMINA “LUDOPATÍA”; Y LA QUE HA ARRUINADO A INDIVIDUOS Y FAMILIAS ENTERAS y que sigue en aumento como una epidemia más.

 

JUEGOS LOTERÍAS TRAGAPERRAS BINGO CASINOS VICIO NACIONAL

 

España “invierte” al año en juegos de azar más dinero del que hay en el fondo de reserva de Pensiones. Más de 27.000 millones de euros se apostaron en 2004, La comisión Nacional del Juego considera que la propia magnitud  de la cifra se constituye en  un indicador de la adicción al juego de la población española. (ABC 10-10-05): Siguen datos concretos publicados en dicho diario:

 

Mueve el juego en España, mucho más dinero que toda la industria textil.

En el 2004 se juegan los españoles 27.287 millones de euros.

Lo jugado en bingos y tragaperras, equivale al doble del presupuesto en conjunto de los Ministerios de Sanidad, Agricultura, Vivienda y Educación, previstos para el 2006.

Y el total supera a lo que habrá en el fondo para reserva de pensiones, a final del 2005.

En juegos PRIVADOS (CASINOS, BINGOS Y TRAGAPERRAS) los españoles apostaron 15.997 millones de euros.

En juegos públicos o del Estado incluyendo la Organización NACIONAL de Ciegos Españoles (ONCE) 11.290 millones de euros… por todo ello “se detecta un indicador sociológico del aspecto lúdico o de adicción al juego de la población española”.

Es la mayor cifra alcanzada nunca en España, en el conjunto de cifras que se citan.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes