Las Noticias de hoy 18 Diciembre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 18/12/2021 - 12:32

10 frases célebres para celebrar la Navidad en familia

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 18 de diciembre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Emoción y gratitud en el encuentro del Papa con algunos refugiados

El Papa a los embajadores: vacunas para todos, una cuestión de justicia

LA VIRGINIDAD DE MARÍA. NUESTRA PUREZA : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: 18 de diciembre

Braval: Un camino para el ascensor social

El Adviento: un tiempo de fervorosa esperanza

Adviento, el tiempo de la mujer : Sheila Morataya

El varón, la mujer y la familia

La ternura de Dios (VII): Devuélveme la alegría de tu salvación : Carlos Ayxelà

Mi Matrimonio : Rodolfo Madero Gómez

La Virgen en Marte. La estrella que nos alumbra : José Martínez Colín.

Acoger a Jesús en familia : Silvia del Valle.

La cosmología moderna destruye los pilares del materialismo : Manuel Ribes

Una investigación revela la relación entre el consumo de alcohol y el desarrollo de miopía : Miguel Ángel Echávarri

Cine familiar: "Tengamos la fiesta en paz" : Alfonso Mendiz

Comida, convivencia humana y civilización : Wilson Gabriel da Silva

Entre el dolor de hoy :  Domingo Martínez Madrid

Para regenerar la vida pública : Jesús Martínez Madrid

Liquidar la enseñanza concertada : JD Mez Madrid

La fuerza del bruto y la fortaleza del inteligente : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

Emoción y gratitud en el encuentro del Papa con algunos refugiados

Una decena de refugiados fueron recibidos por el Papa Francisco en el Palacio Apostólico hoy, en el día de su cumpleaños. Llegaron ayer a Italia gracias a un acuerdo entre la Santa Sede, las autoridades italianas y chipriotas, y serán sostenidos directamente por el Papa, mientras que la Comunidad de Sant'Egidio se encargará de su integración social.

 

Isabella Piro - Ciudad del Vaticano

"¡Nos has salvado!": las palabras con las que un niño congoleño agradece al Papa su ayuda son conmovedoras. Junto al joven, recibido por el Pontífice en la Sala del Tronetto del Palacio Apostólico, hay una docena de refugiados procedentes de Congo Brazzaville, República Democrática del Congo, Camerún, Somalia y Siria. Algunos de ellos son médicos y técnicos informáticos.

En un comunicado emitido por el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, dijo: "Francisco los recibió, escuchó sus historias, dirigió palabras de bienvenida y afecto a cada uno de ellos y les agradeció su visita. En particular, preguntó por una niña que conoció en el campo de Mavrouni, en Lesbos, y que vendrá a Italia en los próximos días, junto con su familia, para recibir tratamiento.

El Papa y los refugiados llegados a Italia

Un regalo para el Papa

Los refugiados responden a esta cercanía y solicitud con un deseo de "larga vida y buena salud", especialmente sentido el día en que el Papa cumple 85 años. Su afecto se manifestó también con un regalo para Francisco: un cuadro de un refugiado afgano, que representa el intento de algunos migrantes de cruzar el mar Mediterráneo. Entonces llegó el momento de la foto, todos juntos. Finalmente, los saludos y la oración del Pontífice para que rece por él.

El Papa y un grupo de migrantes

El apoyo directo de Francisco

Llegados a Italia ayer, 16 de diciembre, gracias a un acuerdo entre la Santa Sede, las autoridades italianas y chipriotas, como ya se había anticipado durante el reciente Viaje Apostólico de Francisco a Chipre y Grecia, los refugiados serán apoyados directamente por el Papa, mientras que la Comunidad de Sant'Egidio se encargará de su inserción en un programa de integración de un año de duración.

 

 

El Papa a los embajadores: vacunas para todos, una cuestión de justicia

Con motivo de la presentación de las cartas credenciales de los embajadores de Moldavia, Kirguistán, Namibia, Lesoto, Luxemburgo, Chad y Guinea-Bissau, Francisco habló sobre la pandemia, invitando a la comunidad internacional a promover una "cultura del encuentro" al servicio del bien común de la familia humana.

 

Benedetta Capelli - Ciudad del Vaticano

La pandemia que saca "lo mejor de la humanidad" en términos individuales pero que, a nivel institucional e intergubernamental, exige ser abordada "de forma solidaria y no aislada". Este es el contundente concepto que el Papa Francisco reiteró en un discurso dirigido a los nuevos embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de Moldavia, Kirguistán, Namibia, Lesoto, Luxemburgo, Chad y Guinea-Bissau, a quienes entregó las Cartas credenciales.

El llamamiento por las vacunas

Igualmente fuerte fue el llamamiento sobre las vacunas, que, según recordó el Papa en su audiencia con otros embajadores el año pasado, representaron un primer signo de esperanza. "En su momento, muchos creyeron que su llegada anunciaba el rápido fin de la pandemia".

Aunque se han hecho grandes progresos desde entonces, un año después vemos cómo el COVID-19 sigue causando dolor y sufrimiento, por no hablar de la pérdida de vidas. Es importante que la comunidad internacional intensifique los esfuerzos de cooperación para que todas las personas tengan un acceso rápido a las vacunas. No es una cuestión de conveniencia o cortesía, es una cuestión de justicia.

Todos somos responsables

Francisco recuerda la necesidad de abordar la emergencia sanitaria desde una perspectiva global. "Como observé al principio de la pandemia, es urgente -explica el Papa- aprender de esta experiencia y abrir los ojos para ver lo más importante: los unos a los otros.

Espero sinceramente que a través de esta experiencia la comunidad internacional llegue a una mayor conciencia del hecho de que somos una sola familia humana; cada uno de nosotros es responsable de nuestros hermanos y hermanas, nadie queda excluido. Esta es una verdad que debería motivarnos a abordar no sólo la actual crisis sanitaria, sino todos los problemas que afligen a la humanidad y a nuestra casa común -la pobreza, la migración, el terrorismo, el cambio climático, por nombrar algunos- y a hacerlo de forma solidaria y no aislada.

Aprender a dialogar

La pandemia, subrayó el Papa, estuvo marcada por "actos individuales y colectivos de generosidad, servicio y sacrificio", pero es igualmente importante hacer más a nivel institucional. "A este respecto, la Santa Sede -afirma- aprecia el importante papel que ustedes desempeñan, como lo demuestra su propia presencia diplomática y su participación en la comunidad internacional".

El mundo debe aprender de la pandemia: la necesidad de cultivar las relaciones y facilitar el entendimiento mutuo con personas de diferentes culturas y orígenes, para trabajar juntos en la construcción de un mundo más justo. La principal herramienta de la que disponen para llevar a cabo esta tarea es el diálogo.

Por último, los mejores deseos de Francisco y la garantía de la presencia de la Santa Sede para "un diálogo fructífero" sobre temas de interés mundial "especialmente los que conciernen a la humanidad y a nuestra casa común".

 

 

LA VIRGINIDAD DE MARÍA. NUESTRA PUREZA

— Virginidad, celibato apostólico y matrimonio.

— La santa pureza en el matrimonio y fuera de él. Los frutos de esta virtud. La pureza, necesaria para amar.

— Medios para vivir esta virtud.

I. La Virginidad de María es un privilegio íntimamente unido al de la Maternidad divina, y armoniosamente relacionado con la Inmaculada Concepción y la Asunción gloriosa. María es la Reina de las vírgenes: «la dignidad virginal comenzó con la Madre de Dios»1.

La Virgen es el ejemplo acabado de toda vida dedicada por completo a Dios.

La renuncia al amor humano por Dios es una gracia divina que impulsa y anima a entregar el cuerpo y el alma al Señor con todas las posibilidades que el corazón posee. Dios es entonces el único destinatario de este amor que no se comparte. Es en Él donde el corazón encuentra su plenitud y su perfección, sin que exista la mediación de un amor terreno. Entonces el Señor concede un corazón más grande para querer en Él a todas las criaturas.

La vocación a un celibato apostólico –por amor del Reino de los Cielos2– es una gracia especialísima de Dios y uno de los dones más grandes a su Iglesia. «La virginidad –dice Juan Pablo II– mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio y lo defiende de toda reducción y empobrecimiento. Haciendo libre de modo especial el corazón del hombre (Cfr. 1 Cor 7, 32) (...), la virginidad testimonia que el Reino de Dios y su justicia son la perla preciosa que se debe preferir a cualquier otro valor aunque sea grande; es más, hay que buscarlo como el único valor definitivo. Por eso, la Iglesia, durante toda su historia, ha defendido siempre la superioridad de este carisma frente al del matrimonio, por razón del vínculo singular que tiene con el Reino de Dios.

»Aun habiendo renunciado a la fecundidad física, la persona virgen se hace espiritualmente fecunda, padre y madre de muchos, cooperando a la realización de la familia según el designio de Dios»3.

A los llamados, por una específica vocación divina, a la renuncia del amor humano, el Señor les pide todo el afecto de su corazón, y encuentran en Él la plenitud del amor y de la vida afectiva. Vivir la virginidad o el celibato apostólico significa vivir la perfección del amor, y «dan al alma, al corazón y a la vida externa de quien los profesa, aquella libertad de la que tanta necesidad tiene el apóstol para poderse prodigar en el bien de las otras almas. Esta virtud, que hace a los hombres espirituales y fuertes, libres y ágiles, los habitúa al mismo tiempo a ver a su alrededor almas y no cuerpos, almas que esperan luz de su palabra y de su oración, y caridad de su tiempo y de su afecto.

»Debemos amar mucho el celibato y la castidad perfecta, porque son pruebas concretas y tangibles de nuestro amor de Dios y son, al mismo tiempo, fuentes que nos hacen crecer continuamente en este mismo amor»4.

«La virginidad y el celibato apostólico no solo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman»5.

La Iglesia necesita siempre de gentes que entreguen su corazón indiviso al Señor como hostia viva, santa, agradable a Dios6. La Iglesia necesita también familias santas, hogares cristianos, que sean verdadera levadura de Cristo y den al Señor muchas vocaciones de entrega plena a Dios.

II. Para solteros y casados, la Virginidad de María es también una llamada a vivir con finura la santa pureza, indispensable para contemplar a Dios y para servir a nuestros hermanos los hombres. Esta virtud quizá chocará frontalmente con el ambiente y no será entendida por muchas personas cegadas por el materialismo; incluso será combatida con celo. Sin embargo, nos es absolutamente necesaria incluso para ser un poco más humanos y poder mirar a Dios. Esta virtud es imprescindible para ser contemplativos.

El Espíritu Santo ejerce una acción especial en el alma que vive con delicadeza la castidad. La santa pureza produce en el alma muchos frutos: agranda el corazón y facilita un desarrollo normal de la afectividad; da una alegría íntima y profunda aun en medio de contrariedades; posibilita el apostolado; fortalece el carácter ante las dificultades; nos hace más humanos, con más capacidad de entender y de compadecernos de los problemas de los demás.

La impureza provoca insensibilidad en el corazón, aburguesamiento y egoísmo. La lujuria incapacita para amar y crea en el hombre el clima propicio para que se den en el alma, como hierbas malas, todos los vicios y deslealtades. «Mirad que el que está podrido por la concupiscencia de la carne, espiritualmente no logra andar, es incapaz de una obra buena, es un lisiado que permanece tirado como un trapo. ¿No habéis visto a esos pacientes con parálisis progresiva, que no consiguen valerse, ni ponerse de pie? A veces, ni siquiera mueven la cabeza. Eso ocurre en lo sobrenatural a los que no son humildes y se han entregado cobardemente a la lujuria. No ven, ni oyen, ni entienden nada. Están paralíticos y como locos. Cada uno de nosotros debe invocar al Señor, a la Madre de Dios, y rogar que nos conceda la humildad y la decisión de aprovechar con piedad el divino remedio de la confesión»7.

Le pedimos al Señor en nuestra oración de hoy que tenga misericordia de nosotros y que nos ayude a tener una mayor finura con Él: «¡Jesús, guarda nuestro corazón!, un corazón grande, fuerte y tierno y afectuoso y delicado, rebosante de caridad para Ti, para servir a todas las almas»8.

III. En este día podemos ofrecerle a la Virgen la entrega de nuestro corazón y una lucha más delicada en esta virtud de la santa pureza, que le es tan especialmente grata y que tantos frutos tiene en nuestra vida interior y en el apostolado.

Siempre ha enseñado la Iglesia que, con la ayuda de la gracia, y en este caso especialmente con la ayuda de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia, se puede vivir esta virtud en todos los momentos y circunstancias de la vida, si se ponen los medios oportunos. «¿Qué quieres que hagamos? ¿Subirnos al monte y hacernos monjes? –le preguntaban a San Juan Crisóstomo–, y él responde: eso que decís es lo que me hace llorar: que penséis que la modestia y la castidad son propias solo de los monjes. No. Cristo puso leyes comunes para todos. Y así, cuando dijo el que mira a una mujer para desearla (Mt 5, 28), no hablaba con el monje, sino con el hombre de la calle...»9.

La santa pureza exige una conquista diaria, porque no se adquiere de una vez para siempre. Y puede haber épocas en que la lucha sea más intensa y haya que recurrir con más frecuencia a la Santísima Virgen y poner, quizá, algún medio extraordinario.

Para alcanzar esta virtud lo primero que necesitamos es humildad, que tiene una manifestación clara e inmediata en la sinceridad en la dirección espiritual. La misma sinceridad conduce a la humildad. «Acordaos de aquel pobre endemoniado, que no consiguieron liberar los discípulos; solo el Señor obtuvo su libertad, con oración y ayuno. En aquella ocasión obró el Maestro tres milagros: el primero, que oyera: porque cuando nos domina el demonio mudo, se niega el alma a oír; el segundo, que hablara; y el tercero, que se fuera el diablo»10.

Otros medios para cuidar esta virtud serán las mortificaciones pequeñas habituales, que facilitan el tener sujeto al cuerpo en sus justos límites. «Si queremos guardar la más bella de todas las virtudes, que es la castidad, hemos de saber que ella es una rosa que solamente florece entre espinas y, por consiguiente, solo la hallaremos, como todas las demás virtudes, en una persona mortificada»11.

«Cuidad esmeradamente la castidad, y también aquellas otras virtudes que forman su cortejo –la modestia y el pudor–, que resultan como su salvaguarda. No paséis con ligereza por encima de esas normas que son tan eficaces para conservarse dignos de la mirada de Dios: la custodia atenta de los sentidos y del corazón; la valentía –la valentía de ser cobarde– para huir de las ocasiones; la frecuencia de los sacramentos, de modo particular la Confesión sacramental; la sinceridad plena en la dirección espiritual personal; el dolor, la contrición, la reparación después de las faltas. Y todo ungido con una tierna devoción a Nuestra Señora, para que Ella nos obtenga de Dios el don de una vida santa y limpia»12.

Llevamos este gran tesoro de la pureza en vasos de barro, inseguros y quebradizos; pero tenemos todas las armas para vencer y para que, con el tiempo, esta virtud vaya ganando en finura, es decir, en una mayor ternura con el Señor. «Terminamos este rato de conversación en la que tú y yo hemos hecho nuestra oración a Nuestro Padre, rogándole que nos conceda la gracia de vivir esa afirmación gozosa de la virtud cristiana de la castidad.

»Se lo pedimos por intercesión de Santa María, que es la pureza inmaculada. Acudimos a Ella –tota pulchra!–, con un consejo que yo daba, ya hace muchos años, a los que se sentían intranquilos en su lucha diaria para ser humildes, limpios, sinceros, alegres, generosos. Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. No desconfíes. Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma»13.

1 San Agustín, Sermón 51. — 2 Mt 19, 12. — 3 Juan Pablo II, Exhortac. apost. Familiaris consortio, 22-XII-1981, 16. — 4 S. Canals, Ascética meditada, p. 93. — 5 Cfr. Juan Pablo II, Ibídem. — 6 Rom 12, 2. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 181. — 8 Ibídem, 177. — 9 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 7, 7. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., 188. — 11 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la penitencia. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., 185. — 13 Ibídem, 189.

 

Meditaciones: 18 de diciembre

Reflexión para meditar el 18 de diciembre. Los temas propuestos son: san José, el cielo en la tierra; su misión junto a María y el Mesías; con María y Jesús, se superan las dificultades.

18/12/2021

– San José, el cielo en la tierra

– Su misión junto a María y el Mesías

– Con María y Jesús, se superan las dificultades


«TÚ, YA EN ESTA VIDA, disfrutas del mismo Dios». Así reza el himno Te Ioseph que pone en nuestra boca, desde hace siglos, lo que sentimos al considerar la misión del santo Patriarca[1]. Bien podemos pedirle al esposo de María que sepamos disfrutar del Niño Jesús y del cariño que viene a ofrecernos.

Sin embargo, el gozo de san José aquí en la tierra no estuvo exento de claroscuros: «Antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo» (Mt 1,18). Inmediatamente reaccionó con la lealtad de un hombre fiel y lleno de amor a Dios. Tomó la decisión de repudiarla en secreto, así no impondría a María ningún peso más allá de la falta de su compañía. Todo en esta familia está al servicio de los planes divinos, todo se acomoda a la voluntad del Señor. Si bien fueron pocas las horas de zozobra, san José sufrió. No entendía lo que estaba pasando, pero nunca dudó de su esposa ni de Dios. Estaba «lleno de un santo temor de vivir al lado de una tan grande santidad»[2]. Un ángel fue enviado para disuadirlo y mostrarle su tarea en medio de lo que estaba contemplando atónito: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21).

Es fácil imaginarse la alegría de José por este doble anuncio. El Mesías ya estaba sobre la tierra y él iba a custodiarlo junto con su Madre bendita. A la alegría de recobrar a María se unió, en ese instante, el gozo inmenso de saber que el tiempo había llegado. Para un hijo de David esa noticia era la más esperada. Estaba ya entre ellos el Salvador. Nunca había soñado con una suerte tan grande e inmerecida. Comenzó a disfrutar entonces de lo que tenía, aunque todavía se le escapaba cómo aquello se haría realidad.


ANTES DE recibir el anuncio del ángel, el santo Patriarca «estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande. José era un hombre que siempre dejaba espacio para escuchar la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto querer, un hombre atento a los mensajes que le llegaban desde lo profundo del corazón y desde lo alto. (...). Y así, José llegó a ser aún más libre y grande. Aceptándose según el designio del Señor, José se encuentra plenamente a sí mismo, más allá de sí mismo. Esta libertad de renunciar a lo que es suyo, a la posesión de la propia existencia, y esta plena disponibilidad interior a la voluntad de Dios, nos interpelan y nos muestran el camino»[3].

Es muy probable que José corriera a contar a su esposa lo que se le había revelado. Hay una palabra que se repite varias veces en el evangelio de hoy: acoger. Es un verbo que define muy bien la relación que deseamos tener con Dios. Nos ilusiona ser refugio, albergar este misterio de amor en nuestros corazones. Acoger significa, referido a una persona, admitirla en nuestra casa o compañía. Es como si Dios le pidiera permiso también a José para entrar en el mundo. Así, vemos que Jesús no se impone sino que llega pidiendo un espacio en nuestros corazones. Nos pide que le demos cobijo y que le regalemos nuestra compañía.

Asombra que Dios haya pedido a san José que cumpliera la tarea de acoger a las dos vidas más preciosas que han existido sobre la tierra. Como hombre agradecido, el esposo de María aceptó el don que se le ofrecía y Dios demostró que nunca se deja ganar en generosidad. También a nosotros el Señor nos ofrece permanentemente sus dones, grandes y pequeños, proyectos en los que podemos hacer un espacio para Jesús y su madre. A san Josemaría le entusiasmaba la sencillez del santo Patriarca: «¡San José es maravilloso! Es el santo de la humildad rendida..., de la sonrisa permanente y del encogimiento de hombros»[4].


QUIZÁ san José habrá considerado muchas veces la grandeza de tener a Jesús y a María bajo su techo y se habrá sentido bendecido. Probablemente, María y Jesús le hacían sentir en cada momento lo importante que era su misión y su vida. Le habrán convencido fácilmente de que era el mejor padre del mundo.

A pesar de eso, debe de haber sido particularmente duro el día en que Jesús se quedó en el Templo sin avisar, dejando claro cuál era su misión en el mundo. «Este episodio evangélico revela la vocación más auténtica y profunda de la familia: acompañar a cada uno de sus componentes en el camino de descubrimiento de Dios y del plan que ha preparado para él»[5]. Cuando al cabo de tres días lo encontraron, José experimentaría cierto consuelo al comprobar que María tampoco lo entendía. La compañía de María a su lado era la clave, era la solución a todas sus dudas e incertidumbres. Con María, todo se le hacía más fácil.

¿Qué más podría pedir un hombre sobre la tierra? Recibir un cariño tan particular de semejante criatura y tenerla siempre a su lado para cualquier tarea, difícil u ordinaria, era como estar en el cielo. Qué más daba, gracias a esa compañía, caminar por el desierto huyendo a Egipto o trabajar un día y otro en el taller de Nazaret. Qué más daba que salieran las cosas como él esperaba o al revés. La sonrisa de su esposa hacía todo muy sencillo. Rogamos a Dios que podamos acoger su amor como lo hicieron María y José. «Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad»[6].


[1] Tu vivens, Superis par, frueris Deo. El himno se usa en las Vísperas de la solemnidad de san José y en la memoria de san José Obrero.

[2] Santo Tomás de Aquino, Comentario a las sentencias de Pedro Lombardo, lib. 4, d. 30, q. 2, a. 2, ad 5.

[3] Francisco, Ángelus, 22-XII-2013.

[4] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo III, Rialp, Madrid 2003, p. 728, nota 170.

[5] Benedicto XVI, Ángelus, 31-XII-2006.

[6] Francisco, Homilía, 24-XII-2019.

 

Braval: Un camino para el ascensor social

En estos días prenavideños, Braval, el proyecto de solidaridad con más de dos décadas de trabajo en uno de los barrios con mayor marginalidad e inmigración de Barcelona, ha presentado “Claves de éxito para el ascensor social”, un libro que compendia 15 años de conversaciones sobre inmigración.

De izquierda a derecha: Josep Masabeu, Gregorio Luri, Juana Martín y Alfredo Pastor

16/12/2021

En su felicitación navideña, el prelado del Opus Dei invitaba a llevar en esta Navidad “la alegría del Nacimiento de Jesús a los más necesitados”. Y Mons. Fernando Ocáriz añadía: “la misma estrechez de Belén puede repetirse de algún modo en muchos hogares de nuestras ciudades, especialmente este año, marcado por dificultades sociales, laborales y sanitarias. También muchos experimentan más la soledad. Procuremos, con la oración y con la ayuda material, llevar calor a todas las personas que podamos”.


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En Barcelona una de estas iniciativas solidarias es Braval, donde en 2005 empezaron las Conversaciones sobre Inmigración. “Nos dábamos cuenta de que el día a día nos iba absorbiendo, ocupados en ayudar a resolver los problemas concretos de cada familia”, se narra en la presentación del libro (descarga en PDF), “entonces nos planteamos las Conversaciones sobre Inmigración, con el objeto de conseguir un foro de información, intercambio de ideas y conocimiento de otras experiencias y enfoques de solución a los problemas”.

En las 117 conversaciones mantenidas entre 2005 y 2020 han participado 600 expertos procedentes de diversos ámbitos culturales profesionales e ideológicos: empresarios, medios de comunicación, políticos, instituciones asistenciales, mundo educativo, confesiones religiosas administraciones públicas y sociedad civil.

Uno de los puntales de las Conversaciones sobre Inmigración fue Nuria Gispert, una persona excepcional que, como dijo el presidente de Braval Josep Masabeu, “dedicó su vida a luchar por una sociedad más justa”. Directora de Cáritas diocesana, presidenta de Cáritas española, y regidora del Ayuntamiento de Barcelona, era miembro del comité organizador de las Conversaciones. “Siempre apoyó a Braval y se implicó especialmente a partir de su jubilación en el 2005, y hasta su muerte en septiembre del pasado año”, explicó Masabeu.

Uno de sus últimos escritos fue el prólogo de este libro: “cuando Pep me pidió que le prologara el libro -se lee en el texto de Nuria Gispert-, sentí una gran emoción. He tenido la fortuna y el honor de haber participado en todas las Conversaciones sobre Inmigración en Braval. He conocido a personas de diferentes sectores y ámbitos que han aportado, desde su experiencia vital y profesional, su visión sobre la inmigración”.

“Este libro es, en cierto modo, un análisis muy detallado de los elementos que intervienen en los procesos migratorios. Según datos de Naciones Unidas, en España viven más de 6 millones de inmigrantes, lo que supone el 13 % del conjunto de la sociedad española. La complejidad de la inmigración muestra que, ante una globalización sin límites, es necesario buscar espacios comunes, romper prejuicios y estereotipos, y salvaguardar y mejorar la cohesión social. Y Braval nos está mostrando un camino para conseguirlo”.

Juana Martín, ex adjunta a la dirección de Cáritas Barcelona y directa colaboradora de Nuria Gispert glosó su extraordinaria personalidad: “empecé a trabajar con Nuria en un año muy difícil, el 2001, el de los encierros de inmigrantes en las iglesias de Barcelona, que supuso un antes y un después, porque nos concienciamos de que la emigración está aquí, y está para quedarse”. En enero de 2001 unos setecientos inmigrantes se encerraron durante 47 días en una decena de iglesias de Barcelona pidiendo permiso de residencia en España.

“Nuria tenía una ‘empenta’, un compromiso por la justicia social y por el Evangelio -la justicia y la caridad van juntas-, y en un momento crítico para Cáritas, buscó modos para recabar fondos y dio estabilidad a la institución”, añadió Juana Martín.

Las claves del éxito para el ascensor social

El economista Alfred Pastor, otro de los participantes en la presentación del libro, dijo que “estamos abocados a recibir una gran cantidad de emigrantes, tanto de África como de Europa del Este”. Una de las razones es que la renta per cápita del continente africano es el 15 por ciento de la nuestra. Para Alfred Pastor, se trata de una oportunidad, “porque los que vienen de fuera tienen una moral de que son capaces de hacer todo”.

Braval “es un ejemplo de innovación”, afirmó Gregorio Luri, profesor, “porque ofrece tiempo de calidad a los chicos. No hay otra alternativa más que dar a los necesitados tiempo de calidad: esto no lo tienen en sus casas”. También dijo que le parecía admirable “la labor callada que está haciendo gente de la Iglesia, vengo de Sevilla donde hay barriadas con muchos problemas, y he visto la labor que se hace allí. Por esto creo que estamos en deuda con estas personas, que saben que nos jugamos mucho”.

Por último, Josep Masabeu expuso lo que -a su parecer- son las claves del éxito para el ascensor social: “en primer lugar, la mezcla. Después, ‘tirar hacia arriba’: los chicos tienen una capacidad brutal. En tercer lugar, hacer las cosas normales de la ciudad, no hay que hacer cosas ‘especiales’ para inmigrantes. Y, por último, el voluntariado”.

“Entre los chicos no hay diferencias por su origen, en Braval no hacemos programas para emigrantes, hacemos programas para todo el mundo”. Ahora, después de la Covid “hay 100 chicos que participan en las actividades, y tenemos ocho equipos deportivos. De los jóvenes que vienen por Braval, un 25 por ciento son españoles”.

Familias con cero ingresos

Sobre la pandemia, el presidente de Braval explicó que en primer lugar “fuimos por las casas para ver cuántos ordenadores hacían falta para que los estudiantes pudieran seguir los cursos online, y les conseguimos 14 ordenadores”. La mayoría de los chicos siguieron en contacto con sus voluntarios de referencia, que les han ayudaron en las tareas escolares.

A finales de marzo de 2020 “constatamos carencias alimenticias y colaboramos con la Acción Social Montalegre en organizar la campaña #yodoycomidaalRaval, una recogida solidaria organizada a través de las redes sociales que consiguió 32 toneladas de alimentos, que repartimos entre familias necesitadas del Raval, muchas de ellas participantes en las actividades de Braval. Después conseguimos tarjetas-monedero para alimentos”.

También se ha ayudado a muchas familias en los trámites con los servicios sociales; “un buen número lo tramitaban por primera vez y desconocían los procedimientos, porque son personas que previamente no habían necesitado este apoyo para salir adelante”.

“El momento presente es muy duro en muchas casas -añadió el presidente de Braval- y en especial en nuestro barrio. Ahora tenemos otro problema: hay personas que no pueden pagar el alquiler, hay familias con cero ingresos. Y no queremos dejar a nadie atrás”.

Por último, Masabeu recordó que, además de Nuria Gispert, en estos meses tan complicados fallecieron cuatro voluntarios que, durante años, han estado colaborando firmemente con Braval.


Unos datos del Raval, extraídos del libro “Claves de éxito para el ascensor social”:

El Raval de Barcelona es el barrio más céntrico de la ciudad y uno de los que tiene más déficits. Tiene una superficie de 1,1 kilómetros cuadrados, con 47.605 habitantes, de los que 23.810 son de origen extranjero. La media de población de Barcelona es de 16.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Además, es uno de los lugares con más densidad de población del mundo. Reside un 2,93% de la población de Barcelona, concentrada en el 1,1% de la superficie de la ciudad.

De los 17.200 domicilios del barrio, 1.750 tienen menos de 30 m2. La ocupación media es de 2,79 habitantes por domicilio, pero hay 1.680 domicilios en los que viven más de 6 personas. Es un barrio con una fuerte inmigración, pues un 50,01% de sus residentes son de origen extranjero. Predomina una clase media empobrecida, “con un alto índice de familias en riesgo de exclusión social, desfavorecidas y sin esperanza”.

Como dice Masabeu, todos estos índices de dificultad “superan de mucho la de los banlieues, los suburbios de París. Allí la situación explotó, y aquí no. Porque tenemos una gran red social. En el Raval hay 13 escuelas, un polideportivo, servicios de salud, biblioteca, un teatro, cines. Y hay una mentalidad de ayudar. Mientras siga esta red, no creo que se produzca una explosión social”.

 

 

El Adviento: un tiempo de fervorosa esperanza

Palabras de mons. Javier Echevarría sobre el Adviento, tiempo de preparación para la Navidad, pronunciadas en la Iglesia romana de San Josemaría el 30 de noviembre, durante la misa de ordenación diaconal de fieles de la prelatura del Opus Dei.

Nacimiento de Cristo, Johann Koerbecke (Detalle).

 

Hoy empieza el Adviento. El canto de entrada pone en nuestros labios palabras que son como un eco de la espera confiada que informa este tiempo litúrgico de preparación a la Navidad: rorate cæli desuper, et nubes pluant iustum (Domingo I de Adviento, Canto de entrada —Is 45, 8—). Destilad, cielos, el rocío de lo alto, derramad, nubes, al Justo (...).

La verdadera alegría es fruto de la identificación, lo más perfecta posible, con la Voluntad de Dios. Si no fuese así, sería algo frágil, delicuescente, poco duradero. «La alegría que debes tener —nos enseña San Josemaría Escrivá de Balaguer— no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre-Dios» (San Josemaría, Camino, n. 659).

Nuestra verdadera alegría no puede prescindir del convencimiento de que somos pecadores. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros»(1 Jn 1, 8.) amonesta San Juan. Pero somos pecadores que —como afirmaba con frecuencia el fundador del Opus Dei— aman con locura a Jesucristo o, al menos, aspiran a amarlo así. De este modo, nuestras debilidades y faltas podrán servirnos —a través de la contrición y la penitencia— para acercarnos a Él con nuevo impulso. Precisamente para este fin ha instituido el Señor los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, que todos debemos frecuentar asiduamente, y los ha confiado a la Iglesia.

La primera lectura recoge una oración dirigida en nombre de los israelitas, que tantas veces habían sido infieles a la alianza de amor que Dios había establecido con el pueblo elegido. Isaías reconoce las ofensas cometidas y pide perdón, consciente de una realidad que es y será siempre la fuente máxima de confianza: somos hijos de Dios. Es una plegaria que podemos hacer nuestra, porque se adapta perfectamente a las necesidades de cada uno.

«Tú, Señor, eres nuestro Padre y nuestro Redentor; ése es tu nombre desde siempre. ¿Por qué, Señor, has permitido que nos alejemos de tus caminos y dejas endurecer nuestro corazón para que no te temiésemos? ¡Vuélvete, por amor a tus siervos... Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia» (Primera lectura —Is 63, 16-19—).

Lo que el profeta deseaba ardientemente —es decir, que se abriesen los cielos— sucedió verdaderamente hace dos mil años con la Encarnación del Hijo de Dios. Nuestra esperanza tiene un fundamento bien sólido: el Verbo eterno, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, se ha hecho hombre, por obra del Espíritu Santo, en el seno purísimo de la Virgen María.

Demos gracias a Dios, hermanas y hermanos queridísimos, por esta divina condescendencia y tratemos de corresponder a su amor infinito con el ofrecimiento del amor de que seamos capaces. Quizá nos parecerá poco, pero ese poco hemos de darlo al Señor sin reservas (...).

El Adviento es tiempo de fervorosa esperanza. Pero también nos propone, sobre todo en las primeras semanas, la necesidad de no dejarse llevar por el sueño de la mediocridad y de la tibieza. «Velad y estad preparados —nos dice hoy Jesús en el Evangelio—, porque no sabéis cuándo llegará el momento» (Mc 13,33) : es decir, el momento en que el Señor nos pedirá cuenta de nuestra vida, de cómo hemos gastado los dones recibidos. ¿Somos conscientes de que Dios espera de nosotros amor y servicio a los demás en las circunstancias en las que nos encontramos?

En el primer domingo de Adviento, la Iglesia nos transmite esta enseñanza con las palabras de Jesucristo en el Evangelio: «es como un hombre que al marcharse de su tierra, y al dejar su casa y dar atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, ordenó también al portero que velase. Por eso: velad, porque no sabéis a qué hora volverá el señor de la casa, si por la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada; no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos. Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!»(Mc 13, 34-37) (...).

 

Adviento, el tiempo de la mujer

El adviento, pensaba cada mañana haciendo mi oración, es el tiempo para la mujer. Sobre todo, para aquella mujer consciente de su dignidad católica y su misión como celadora de los valores cristianos. Todos esos que practicaba día a día la “llena de gracia” y siempre Virgen, María.

Sí, el adviento es un tiempo esencialmente mariano. Un tiempo para mirar María como cuando te miras en el espejo. Un tiempo para preguntarse frente al espejo  si mi rostro refleja algo de ella, su sí, su humildad, su sencillez, su Fortaleza para asumir por completo el sí más importante, el sí que cambió la historia de los hombres.

“Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al Salvador” (Is 45,8)

María una mujer escogida… Como tú

Me gusta mucho, utilizar con mis clientes, o en alguna entrevista que se me permite hacer, la frase: “yo soy única e irrepetible”… María lo era. Dios pensó en ella de esta manera. Dios también pensó en ti y en mí de esta manera. Sin embargo, a ella, la mujer más Hermosa de todas, la llenó de gracia, la selló para vivir una santidad única entre todas las demás criaturas.

Vivía en perfecta obediencia, perfecta pureza de corazón, perfecta castidad, perfecta humildad, perfecta disposición en cuerpo e interioridad para hacer la voluntad de Dios.

¡Cuánto tenemos las mujeres que mirarnos en este espejo! Sobre todo, en este tiempo en el que Jesús está por nacer.

¿Cómo atreverse a ser como Ella? Muy sencillo: imitándola.

Estamos en la época de las influencers. La gente está hambrienta de referentes…. Sobre todo las mujeres….. ¿qué tipo de influencer es María?  La única mujer que con toda certeza podemos afirmar nos saca de la vida de pecado y de la ignorancia, nuestros más grandes enemigos.

A ella, la imagino yo, todos los días en oración, hablando con su Padre Dios, diciéndole : “reflejos del alma deslumbran mi mente, perfilan tu imagen llenando mi vida….. Dios mío, mi corazón está firme, para ti cantaré gloría mía” (oración de la mañana)

María siempre está metida en Dios, viviendo en Dios, adorando a Dios, anhelando elevar su corazón a Dios, olvidada por complete de sí misma, abandonada para hacer lo que Dios quisiera con ella.

Suspiro y se hincha mi corazón al pensar que ella es mi modelo de mujer, mi amiga, mi hermana, mi maestra, pero sobre todo mi Madre. Y quiero correr… Quiero correr para tomar entre mis manos el santo Rosario y contemplar cada decena y dejar que sea ella la que mire, me hable y me haga ver mi pecado y mi ignorancia.

La vanidad, el orgullo, el materialismo, la excesiva preocupación por mi belleza ocupan la lista de muchas, ¡yo me incluyo en ella! Por ello imitarla, mirarla, no es nada fácil pues me impele, me desafía,  pero también me cautiva, me purifica el corazón con el suyo todo puro, todo dulce, todo generoso, todo entrega, todo amor. ¡cuánto te admiro oh María, Santa María!

Madre, concédeme por un segundo hoy trasladarme hasta ti, para sentir tu abrazo, tu cuidado, la seguridad de que todo en mi vida estará bien sin tan solo me atrevo a decirle sí a Dios tal y como lo hiciste tú.

Es buen momento para seguir la recomendación de san Josemaría y exclamar:

«–Madre, Vida, Esperanza mía, condúceme con tu mano…, y si algo hay ahora en mí que desagrada a mi Padre-Dios, concédeme que lo vea y que, entre los dos, lo arranquemos.

¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen Santa María!, ruega por mí, para que, cumpliendo la amabilísima Voluntad de tu Hijo, sea digno de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesús»[1]. San José María Escrivá de Balaguer , Forja, 161

Sheila Morataya

 

 

El varón, la mujer y la familia

¿En qué sentido afirma que la mujer es la pieza clave en la familia?

16/04/2004

En mi opinión, es pieza clave en sentido estricto. La familia – célula fundamental de la sociedad – constituye un proyecto común que depende de la aportación de todos: del marido, de la mujer, de los hijos. Opino, concretamente, que en nuestros días resulta muy necesario recordar la grandeza de la paternidad y la responsabilidad del padre en la familia. Pero sin planteamientos excluyentes, porque si el padre es fundamental, lo es igualmente la madre.

Negar el valor inmenso e insustituible de la aportación de la mujer en la familia equivale a cerrar los ojos a la realidad. No me refiero a la habilidad para las tareas del hogar, sino más a bien a una serie de cualidades morales, que no pueden resumirse en pocas palabras: se corre el riesgo de simplificar y de quedarse corto. Las madres poseen una maravillosa capacidad de expresar el amor, de hacer felices a los demás, amando a cada uno tal como es, de forma desinteresada, incondicional. Opino que la familia tiene su apoyo y se construye sobre esa forma particular de sabiduría y de intuición tan propia de la mujer.

Miriam Díez, Catalunya Cristiana (Barcelona), 18 de mayo de 2000. En su opinión, ¿existe una disyuntiva entre el trabajo de la mujer fuera de casa y el trabajo del hogar?

En mi opinión, entre el trabajo en el hogar y el trabajo fuera de casa no existe disyuntiva, pero sí —cuando se da ese pluriempleo— una indudable tensión. Todas las mujeres que están en esas circunstancias notan cómo tira el hogar: atender a un hijo enfermo, llevar al día las mil tareas que genera una casa, por no hablar del embarazo o la maternidad. Otras veces tira el trabajo fuera, porque esos ingresos económicos son necesarios para sacar adelante la familia; porque las empresas, no siempre de forma razonable y flexible, quieren resultados; porque existe mucha competencia profesional y mucho desempleo, etc. De ese doble reclamo nace la tensión. Y para resolverla es preciso replantear ciertas formas de organización social y laboral que hoy se dan por descontadas.

Quisiera añadir una consideración que quizá pueda parecer una evasiva, pero que pienso que no lo es. En estos años se ha hablado mucho, justamente, de la necesidad de que la mujer no vea reducida su actividad sólo al trabajo doméstico, de la conveniencia de que las mujeres que lo deseen puedan salir del hogar, trabajar fuera. Pienso que, para completar el razonamiento, habría que mencionar también la obligación que tiene el hombre de entrar en el hogar. El hombre ha de notar también personalmente esa tensión entre su trabajo en el hogar y su trabajo fuera. Sólo si comparte con la mujer esa experiencia, y la resuelve de acuerdo con ella, podrá el hombre adquirir esa sensibilidad —que es lucidez, abnegación y delicadeza— que la familia de nuestros días necesita.

Le decía antes que mi respuesta puede parecer a algunos evasiva. Pero yo les preguntaría: ¿cuál es el problema mayor, la tensión que padece la mujer entre el trabajo en el hogar y el trabajo fuera, o el hecho de que la mujer sufra esa inquietud en solitario, porque los hombres se desentienden de sus deberes familiares?

 

La ternura de Dios (VII): Devuélveme la alegría de tu salvación

Para poder dar misericordia, necesitamos recibirla de Dios: mostrarle nuestras heridas, dejarnos curar, dejarnos querer. En un mundo «a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado», el salmo miserere –ten misericordia de mí– es la gran oración del perdón que libera el alma, que nos devuelve la alegría de estar en la casa del Padre.

07/03/2017

Miserere mei, Deus, secundum misericordiam tuam –«ten misericordia de mí, Dios mío, según tu bondad» (Sal 51 [50],3). Desde hace tres milenios, el salmo miserere ha alimentado la oración de cada generación del Pueblo de Dios. Las Laudes de la Liturgia de las horas lo recogen semanalmente, los viernes. San Josemaría, y sus sucesores, lo rezan cada noche[1], expresando con el cuerpo el tenor de las palabras que componen este «Magnificat de la misericordia», como lo ha llamado recientemente el Papa: «el Magnificat de un corazón contrito y humillado que, en su pecado, tiene la grandeza de confesar al Dios fiel que es más grande que el pecado»[2].

EN SU PRESENCIA TRANQUILIZAREMOS NUESTRO CORAZÓN, AUNQUE EL CORAZÓN NOS REPROCHE ALGO, PORQUE DIOS ES MÁS GRANDE QUE NUESTRO CORAZÓN Y CONOCE TODO.

El salmo miserere nos sumerge en «la más profunda meditación sobre la culpa y la gracia»[3]. La tradición de Israel lo pone en labios de David, cuando el profeta Natán le reprochó, de parte de Dios, el adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías[4]. El profeta no echó directamente en cara al rey su pecado: se sirvió de una parábola[5], para que fuera el mismo David quien llegara a reconocerlo. Peccavi Domino, «pequé contra el Señor» (2 S 12,13): el miserere –ten misericordia, misericórdiame– que sale del corazón de David expresa también su desolación interior, y la conciencia del dolor que ha sembrado a su alrededor. La percepción del alcance de su pecado –Dios, los demás, él mismo– le lleva a buscar su refugio y su curación en el Señor, el único que puede arreglar las cosas: «en su presencia tranquilizaremos nuestro corazón, aunque el corazón nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo» (1 Jn 3,20).

Porque no saben lo que hacen

Del pecado vemos sobre todo, en un primer momento, la liberación que parece prometer: emanciparse de Dios, para ser verdaderamente nosotros mismos. Pero la aparente liberación –espejismo– se convierte muy poco después en una carga pesada. El hombre fuerte y autónomo, que creía poder silenciar su conciencia, llega tarde o temprano a un momento en que se desarma: el alma no puede más; «no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas»[6]. Es el inicio de la conversión, o de una de las «sucesivas conversiones» de nuestra vida, que son «más importantes aún y más difíciles»[7].

El proceso no es siempre tan rápido como en la historia del rey David. La ceguera que precede y acompaña al pecado, y que crece con el pecado mismo, puede prolongarse después; nos engañamos con justificaciones, nos decimos que la cosa no tiene tanta entidad… Es una situación que también nos encontramos con frecuencia a nuestro alrededor, «en un mundo a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado»[8]: duro con el pecador, porque en su conducta se percibe claramente lo corrosivo del pecado; pero indulgente con el pecado, porque reconocerlo como tal significaría prohibirse ciertas «libertades». Todos estamos expuestos a este riesgo: ver lo feo del pecado en los demás, sin condenar el pecado en nosotros mismos. No solo nos falta misericordia entonces: nos hacemos también incapaces de recibirla.

La ofuscación del pecado y de la tibieza tiene algo de autoengaño, de ceguera querida –queremos no ver, hacemos como que no vemos–, y por eso requiere el perdón de Dios. Jesús ve así el pecado cuando dice desde la Cruz: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Perderíamos la profundidad de esta palabra del Señor si la viéramos como una mera disculpa amable, que ocultara el pecado. Cuando nos alejamos de Dios, sabemos y no sabemos lo que hacemos. Nos damos cuenta de que no obramos bien, pero olvidamos que por ahí no vamos a ninguna parte. El Señor se apiada de ambas cosas, y también de la profunda tristeza en la que nos quedamos después. San Pedro sabía y no sabía lo que hacía cuando negaba al Amigo. Después «lloró amargamente» (Mt 26,75), y las lágrimas le dieron una mirada más limpia, y más lúcida.

«La misericordia de Cristo no es una gracia barata; no implica trivializar el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. Quema y transforma el mal en el sufrimiento, en el fuego de su amor doliente»[9]. Su palabra de perdón desde la Cruz –«no saben lo que hacen»– deja entrever su proyecto misericordioso: que volvamos a la casa del Padre. Por eso también desde la Cruz nos confía a la protección de su Madre.

La nostalgia de la casa del Padre

«La vida humana es, en cierto modo, un constante volver hacia la casa de nuestro Padre»[10]. La conversión, y las conversiones, comienzan y recomienzan con la constatación de que nos hemos quedado de algún modo sin hogar. El hijo pródigo siente la «nostalgia por el pan recién horneado que los empleados de su casa, la casa de su padre, comen para el desayuno. La nostalgia es un sentimiento poderoso. Tiene que ver con la misericordia porque nos ensancha el alma (…). En este horizonte amplio de la nostalgia, este joven –dice el Evangelio– entró en sí y se sintió miserable. Y cada uno de nosotros puede buscar o dejarse llevar a ese punto donde se siente más miserable. Cada uno de nosotros tiene su secreto de miseria dentro... Hace falta pedir la gracia de encontrarlo»[11].

Fuera de la casa del padre –recapacita el hijo pródigo– está en realidad fuera de su misma casa. La redescubre: el lugar que se le antojaba como un obstáculo para su realización personal se revela como el hogar que nunca debió haber abandonado. También quienes están dentro de la casa del padre pueden estar con el corazón fuera. Así sucede con el hermano mayor de la parábola: aunque no se había ido, su corazón estaba lejos. Para él rigen también esas palabras del profeta Isaías, a las que Jesús se referirá en su predicación: «Este pueblo (…) me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí» (Is 29,13)[12]. El hermano mayor «no dice nunca “padre”, no dice nunca “hermano”; piensa sólo en sí mismo, hace alarde de haber permanecido siempre junto al padre y de haberlo servido (…) ¡Pobre padre! Un hijo se había marchado, y el otro nunca había sido verdaderamente cercano. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque nos marchamos lejos o porque estamos cerca sin ser cercanos»[13]. Habrá momentos de nuestra vida en que, aunque quizá no nos hayamos alejado como el hijo menor, percibiremos más fuertemente hasta qué punto somos como el hijo mayor. Son momentos en los que Dios nos da más luz: nos quiere más cerca de su corazón. Son momentos de nueva conversión.

CUANDO LA VIDA INTERIOR SE CLAUSURA EN LOS PROPIOS INTERESES, YA NO HAY ESPACIO PARA LOS DEMÁS (…), YA NO SE ESCUCHA LA VOZ DE DIOS.

En la conversación entre el hermano mayor y el padre[14], salta a la vista, frente a la ternura del corazón del padre, la dureza del corazón del hijo: su respuesta amarga deja adivinar cómo había perdido la alegría de estar en la casa de su padre. Por eso mismo había perdido la capacidad de alegrarse con él y con su hermano. Para uno y otro tenía solamente reproches: solo veía sus fallos. «Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás (…), ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente»[15].

El padre se sorprende también ante esa dureza, e intenta ablandar el corazón de aquel hijo que, aunque había permanecido con él, suspiraba –quizá sin ser él mismo muy consciente– por el egoísmo alocado del hermano pequeño; el suyo era un egoísmo más «razonable», más sutil, y quizá más peligroso. El padre intenta darle explicaciones: «había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15,32). Con fortaleza de padre y ternura de madre, le reconviene, como diciéndole: Hijo mío, deberías alegrarte: ¿qué te pasa en el corazón? «También él necesita descubrir la misericordia del padre»[16]: tiene necesidad de descubrir esa nostalgia de la casa del Padre, ese dolor suave que nos hace volver.

Devuélveme el gozo de tu salvación

Tibi, tibi soli peccavi et malum coram te feci, –«contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo que es malo a tus ojos» (Sal 51 [50],6). El Espíritu Santo, que «convencerá al mundo en lo referente al pecado»[17], es quien nos hace ver que esa nostalgia, ese malestar, no es solo un desequilibrio interior; tiene su origen más profundo en una relación herida: nos hemos alejado de Dios; le hemos dejado solo, y nos hemos dejado solos. «In multa defluximus»[18], escribe San Agustín: cuando nos apartamos de Dios, nos desparramamos en muchas cosas, y nuestra casa se queda desierta[19]. El Espíritu Santo es quien nos mueve a volver a Dios, que es el único que puede perdonar los pecados[20]. Como aleteaba sobre las aguas desde el inicio de la creación[21], así aletea ahora sobre las almas. Él movió a la mujer pecadora a acercarse, sin palabras, a Jesús; y la misericordia de Dios la acogió sin que los comensales entendieran el porqué de las lágrimas, el perfume, los cabellos[22]: Jesús, radiante, dijo de ella que se le había perdonado mucho porque había amado mucho[23].

La nostalgia de la casa del Padre es nostalgia de cercanía, de misericordia divina; necesidad de volver a poner «el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso»[24]. Si nos acercamos, como el hijo menor, hasta el regazo del Padre, allí comprendemos que la medicina para nuestras heridas es Él mismo, Dios mismo. Entra entonces en escena un «tercer hijo»: Jesús, que nos lava los pies, Jesús, que se ha hecho siervo por nosotros. Él es «el que «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo» (Fil 2,6-7). ¡Este Hijo-Siervo es Jesús! Es la extensión de los brazos y del corazón del Padre: Él ha acogido al pródigo y ha lavado sus pies sucios; Él ha preparado el banquete para la fiesta del perdón»[25].

Cor mundum crea in me, Deus –«Crea en mí, Dios mío, un corazón puro» (Sal 50 [51],12). El salmo vuelve una y otra vez sobre la pureza del corazón[26]. No es cuestión de narcisismo, ni de escrúpulo, porque «el cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada»[27]. Es cuestión de amor: el pecador arrepentido está dispuesto a hacer lo necesario para curar su corazón, para recuperar la alegría de vivir con Dios. Redde mihi laetitiam salutaris tui –«devuélveme el gozo de tu salvación» (Sal 51 [50],14): cuando se ven así las cosas, la confesión no es una cuestión fría, como una especie de trámite administrativo. «Puede hacernos bien preguntarnos: Después de confesarme, ¿festejo? ¿O paso rápido a otra cosa, como cuando después de ir al médico, uno ve que los análisis no dieron tan mal y los mete en el sobre y pasa a otra cosa?»[28].

Quien festeja, aprecia: agradece el perdón. Y ve entonces la penitencia como algo más que una mera diligencia para restablecer la justicia: la penitencia es una exigencia del corazón, que experimenta la necesidad de respaldar sus palabras –pequé, Señor pequé– con la vida. Por eso, san Josemaría aconsejaba a todos a tener «espíritu de penitencia»[29]. «Un corazón contrito y humillado» (Sal 51 [50],19) comprende que resulta necesario un camino de retorno, de reconciliación, que no se hace de la noche a la mañana. Como es el amor el que tiene que recomponerse, para adquirir una nueva madurez, es él mismo el remedio: «amor con amor se paga»[30]. La penitencia, pues, es el cariño que lleva a querer sufrir –alegres, sin darnos importancia, sin «cosas raras»[31]– por todo lo que hemos hecho sufrir a Dios y a los demás. Ese es el sentido de uno de los modos que el Ritual propone al sacerdote para despedirse del penitente tras la absolución; el confesor nos dice: «que el bien que hagas y el mal que puedas sufrir te sirvan como remedio de tus pecados»[32]. Además, «¡qué poco es una vida para reparar!»[33] La vida entera es alegre contrición: con un dolor confiado –sin angustias, sin escrúpulos– porque cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies (Sal 51 [50],19) –«un corazón contrito y humillado, Dios mío, no lo desprecias».

Texto: Carlos Ayxelà

Fotos: Santiago González Barros


[1] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo III, Rialp, Madrid 2003, p. 395.

[2] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[3] San Juan Pablo II, Audiencia, 24-X-2001.

[4] Cfr. 2 S 11, 2 ss.

[5] Cfr. 2 S 12, 2-4.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, 260.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 57.

[8] Francisco, Homilía, 24-XII-2015.

[9] Card. Joseph Ratzinger, Homilía, Missa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[10] Es Cristo que pasa, 64.

[11] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[12] Cfr. Mt 15,8.

[13] Francisco, Audiencia, 11-V-2016.

[14] Cfr. Lc 15,28-32.

[15] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), 2.

[16] Francisco, Audiencia, 11-V-2016.

[17] Cfr. Jn 16,8. Así traduce San Juan Pablo II estas palabras de la oración sacerdotal de Jesús, sobre las que meditó profundamente en la encíclica Dominum et vivificantem (18-V-1986), 27-48.

[18] San Agustín, Confesiones X.29.40.

[19] Cfr. Mt 23,38.

[20] Cfr. Lc 7,48.

[21] Cfr. Gen 1,2.

[22] Cfr. Lc 7,36-50.

[23] Cfr. Lc 7,47.

[24] Amigos de Dios, 232.

[25] Francisco, Angelus, 6-III-2016.

[26] Cfr. Sal 50 (51), 4, 9, 11, 12, 19.

[27] Es Cristo que pasa, 75.

[28] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[29] Cfr. San Josemaría, Forja, 784; Amigos de Dios, 138-140, acerca del espíritu de penitencia, y sus diversas manifestaciones.

[30] Forja, 442.

[31] Forja, 60.

[32] Ritual de la Penitencia, 104.

[33] San Josemaría, Vía Crucis, VII estación.

 

 

Mi Matrimonio

Tres cosas haré contigo que yo con otra no haré: Amarte como ninguno; Quererte como jamás; Serte fiel hasta la muerte. ¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

Verso que compuso mi padre a mi madre antes de su boda.

El camino de la felicidad para quienes hemos decidido casarnos se logra a través del matrimonio. Mi primer paso al empezar a transitar por este camino es el de cambiar de actitud ante los diarios acontecimientos de que ya no somos dos sino uno, lo que implica vencer mis gustos y preferencias personales muchas veces, para irme enfocando más en lo que le gusta a mi conyugue, iniciándose un proceso de mayor convivencia e intercambio del uno con el otro, resultando siempre de este proceso lo que es mejor para la familia.

En este diario caminar aparecen las subidas, los senderos más ásperos, las cuestas empinadas, haciendo difícil muchas veces el poder andar, lo que equivale a las pruebas que nos depara la vida a cada uno, teniendo entonces que aprender a caminar juntos para sortear los obstáculos. Las muestras de cariño y afecto son el combustible que nos permite seguir avanzando, la fidelidad en las pruebas es el soporte que da la solidez a nuestra relación matrimonial.

Las vías rápidas no siempre nos llevan a donde deseamos, aunque aparentemente avancemos muy de prisa, apareciendo la mayor de las veces llanas y bien pavimentadas, en ocasiones no son en la dirección correcta, provocando que el exceso de velocidad nos cause más de un problema al tener que hacer una frenada rápida o un giro abrupto. La pareja de mutuo acuerdo tiene que aprender a afrontar los cambios de ruta muchas veces imprevisibles pero que nos re-direccionan hacia el camino correcto, actuando en estos casos como el copiloto en nuestro diario viajar dando esas notas de templanza y fortaleza ante los cambios.

En el diario caminar en cantidad de ocasiones hay que aprender a rectificar, a pedir perdón cuando alguno de los dos nos hemos equivocado y necesitamos corregir la ruta, quedándose una sensación de paz y tranquilidad entre los esposos. Aún cuando ambos trabajen, hay que estar conscientes de que este esfuerzo es para el bien de la familia, en donde la esposa siempre tiene que estar dispuesta a atender al esposo a través de los quehaceres del hogar, así como lucir siempre muy atractiva para no perder el encanto de sus días de noviazgo, y el marido tiene que ser siempre la cabeza del hogar, atendiendo sus obligaciones de esposo y padre, dejando los pendientes de su trabajo fuera del entorno familiar, procurando que no afecten su estabilidad matrimonial.

El camino de ambos es en ocasiones angosto y de subidas pronunciadas, terminando en parajes y vistas insospechados, que lucen muy atractivos y que hay que saber aprovechar juntos, aprendiendo a apreciar y a convivir en estos momentos de mayor alegría. La monotonía en la pareja es causa de muchos tropiezos y baches en el camino, sintiendo que lo andado es siempre lo mismo, debiendo aparecer distinto aunque se recorra una y otra vez. Hay que dejar lugar a la creatividad en la vida de pareja, demostrando cada día que se quieren y comprenden cada vez más, aunque de manera distinta, haciendo de mil maneras la vida agradable al compañero para que su relación sea más llevadera.

El camino no es igual si se prescinde de los hijos pudiendo tenerlos, quererlos y educarlos. La alegría del hogar son los hijos cuando estos llegan para multiplicar la familia, compartiendo aquí los esposos parte de su tiempo y de su ser para llenar de gozo a la familia, cediendo en sus prioridades, iluminando el hogar siendo cada vez más alegres. La familia de Nazareth es el mejor ejemplo de vida en familia para mantener la unidad y la alegría en el hogar, siendo los padres guía de sus hijos a través de la capacidad de darse el uno al otro por amor, representando el reflejo fiel de la felicidad de la familia.

Por Rodolfo Madero Gómez

 

La Virgen en Marte. La estrella que nos alumbra

Escrito por José Martínez Colín.

Un sargento del Ejército del Aire de España, Francisco José Fernández, quiso que el nombre de la Virgen María estuviese presente en Marte.

1) Para saber

La Basílica de la Sagrada Familia probablemente es el lugar más icónico de Barcelona. La visitan millones de todo el mundo, tanto por motivos religiosos como artísticos. Esta obra tan grandiosa diseñada por el arquitecto Antoni Gaudí, es el máximo exponente de la arquitectura modernista catalana. Comenzó su construcción en 1882, y aún no se concluye. Sin embargo, ya estamos cerca, pues se tiene previsto terminarla en 2026, en el aniversario luctuoso número 100 de Gaudí, o un poco después debido a la pandemia.

El pasado 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, se inauguró e iluminó la Torre Virgen María. Será la segunda torre más alta con sus 138 metros de altura. Fue coronada con una gran estrella de doce picos, de acero y vidrio de 5.5 toneladas y 7.5 metros de diámetro. La torre tiene 800 ventanas y se iluminará cada noche, embelleciendo el skyline de Barcelona tanto de día como de noche.

Con ese motivo el papa Francisco invitó a considerar que la estrella de la torre de María brilla para todos, que elevemos nuestros ojos a la estrella y contemplemos a nuestra Madre, «porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño».

2) Para pensar

Hace meses, el 18 de febrero de 2021, llegó al planeta Marte la misión espacial Mars 2020 realizada por la NASA para explorar el planeta y hacer experimentos. La NASA había invitado a personas de todo el mundo a enviar su nombre para que fuera seleccionado, grabado y montado en una placa de aluminio con un grabado que muestra la Tierra, el Sol y Marte.

Fue así que un sargento del Ejército del Aire de España, Francisco José Fernández, quiso que el nombre de la Virgen María estuviese presente en Marte y envió la advocación de su localidad: la Virgen de Flores, patrona de la ciudad de Álora, en Málaga, España. La propuesta fue aceptada y ahora ya está en Marte. Concluía el sargento Fernández: “No deja de ser emocionante saber que en unos años su nombre estará ahí, en el espacio, entre los valles y los desiertos de Marte”.

Pensemos si nuestra devoción a la Virgen nos lleva a querer compartirla con los demás.

3) Para vivir

Ante el ejemplo de la Virgen María, que se convirtió en la más santa, humilde, dócil y transparente ante Dios, el papa Francisco nos invita a imitarla con gestos cotidianos de amor y de servicio. La belleza inmaculada de nuestra Madre es inimitable y, al mismo tiempo, nos atrae. “Ella sí es una obra maestra de Dios”, observó el Papa. Que esta estrella nos ilumine para que, desgranando las cuentas del rosario, digamos “sí” a la gracia del Señor y un “no” rotundo al pecado. Rezando con María meditamos los misterios de la vida de Jesús, pero también discernimos el camino que Él nos indica y recibimos la fuerza para rechazar las tentaciones de la violencia.

El Papa Francisco pidió que Santa María vele con su estrella luminosa por las familias. Pues ella, formando la Sagrada Familia junto al Niño Jesús y a san José, vivió situaciones similares a tantas familias. Que María vele por los hogares, escuelas, universidades, oficinas, comercios, hospitales, cárceles… y sintamos siempre su presencia materna y entrañable.

 

Acoger a Jesús en familia

Escrito por Silvia del Valle.

Los actos de amor pueden ser cosas que nos cuestan trabajo hacer, pero que en este tiempo haremos por amor a Dios, por amor al Niño Jesús y por amor a nosotros.

El adviento está terminando, pero aún nos quedan unos días para preparar nuestros corazones y nuestra familia para el nacimiento de Jesús, porque eso es lo importante de la Navidad.

Y no debemos creer que vamos muy tarde, por eso aquí te dejo mis 5Tips para prepararnos para acoger a Jesús en nuestro corazón.

PRIMERO. Limpia el corazón.
Para comenzar a adornar una cara, primero hay que limpiarla. Es así que también debemos limpiar y purificar nuestro corazón.

Todos los que podemos confesarnos debemos buscar hacerlo lo antes posible para que lo demás que hagamos esté bien afianzado en nuestro corazón.

Para nuestros pequeños que aún no están en edad de recibir el sacramento de la reconciliación, podemos pedirles que hagan una lista o un dibujo de lo que quieren pedirle perdón a Dios y que se lo ofrezcan a Jesús.

SEGUNDO. Resana cualquier grieta en tu corazón.
Para poder avanzar en el adorno del corazón, es necesario resanar grietas, es decir, reconciliarnos con nuestros hermanos.

Podemos hacer un ejercicio de perdón familiar, donde cada uno de los miembros de la familia digamos los que nos duele y después ofrezcamos disculpas y disculpemos a todos, así pondremos en paz el corazón.

Solo con esta paz podemos recibir a Jesús dignamente.

TERCERO. Pinta tu corazón de alegría y esperanza.
Ya podemos comenzar a darle color a nuestro corazón, pues al ser Jesús un bebé necesita colores vivos y cálidos para que se sienta cómodo.

Podemos llenarlo de alegría si buscamos hacer obras de misericordia que nos generen esa alegría duradera por el bien realizado a los demás.

Podemos pintarlo de esperanza al ayudar a los demás a que se preparen para que Jesús también nazca en su corazón.

Podemos pintarlo de amor y así que todo lo que suceda dentro de nuestro corazón quede lleno de ese color que es la base de nuestra salvación.

Todo esto con el fin de que nuestro corazón esté digno de recibir al Rey de reyes de la mejor manera.

CUARTO. Revisa que no se meta el aire frío.
Para evitar que el ambiente cálido se pierda, cuida que el aire del pecado no se cuele a tu corazón de manera especial en estos días previos a la Navidad.

Es bueno poner énfasis en la oración y en el examen de conciencia con nuestros hijos para evitar que el pecado entre en nuestro corazón porque lo congela y ahí no puede estar cómodo Jesús.

Creo que podemos hacer un esfuerzo doble por no caer en las tentaciones, pues sólo nos quedan pocos días para recibir a Jesús bebé.

Y QUINTO. Prepara la cuna donde descansará Jesús.
Este pesebre debe ser sencillo, pero a la vez calientito para que el pequeño bebé no pase frío, es decir, debe estar muy bien arropado en nuestro corazón.

Para eso lo podemos recubrir con pequeños actos de amor que hagamos durante estos días que faltan para la Navidad.

Estos actos de amor pueden ser cosas que nos cuestan trabajo hacer cotidianamente, pero que en este tiempo haremos por amor a Dios, por amor a ese Niño que está por nacer, por amor a nosotros.

O también cosas que nos gusta mucho hacer pero que ahora las haremos con más alegría por amor.

Lo podemos hacer de forma individual pero siempre es mejor en familia, así el ambiente familiar se transformará y estará lleno de actos de amor.

Y si sirve podemos hacerlo físicamente. Preparemos una canasta como cuna y pongamos nuestros actos de amor en papeles a modo de pajas y el 24 en la noche agóstenos al pequeño Niño Jesús sobre ellas para que esté cómodo, calientito y feliz en nuestro hogar, con nuestra familia y en nuestros corazones.

 

 

La cosmología moderna destruye los pilares del materialismo

La cosmología moderna destruye los pilares del materialismo

Los avances científicos modifican las bases del pensamiento filosófico

El siglo XX ha sido testigo de un espectacular avance del conocimiento científico sobre el cosmos, que ha desvirtuado la interpretación materialista de nuestra realidad. Desde los tiempos de Kant y Laplace, en que el universo conocido estaba circunscrito a nuestro sistema solar, ha existido una importante tendencia hacia el materialismo por parte de la comunidad científica. En aquellos momentos se consideraba que el universo era estático y que existía eternamente. Kant propugnó que el universo no podía considerarse un objeto ordinario, por lo que no cabría preguntarse por su causa. Un universo estático, eterno y sin causa es la tesis materialista.

Pero el siglo XX ha supuesto un radical cambio de paradigma, ya que la ciencia nos ha mostrado una realidad completamente diferente. El conocimiento de las propiedades íntimas de la materia, que se inició con el descubrimiento de la naturaleza cuántica de la misma, y el alumbramiento de la teoría de Relatividad nos lleva a un universo en expansión con un comienzo hace 13.800 millones de años.

La teoría del Big Bang nos permite comprender muchos hechos diferentes sobre el universo de manera coherente. Ya no podemos ver un universo estático, ni eterno en el pasado. Y puesto que hemos sido capaces de modelizar la evolución del mismo, algo que Kant no pudo intuir, hemos de considerarlo como un objeto ordinario del que tiene todo el sentido preguntar por su causa.

La tesis materialista ha perdido sus argumentos clásicos y, en estas circunstancias, los pensadores materialistas buscan denodadamente nuevos argumentos que justifiquen la existencia de la realidad que vivimos sin el recurso a un Creador. Aunque la ciencia por sí misma no puede demostrar la existencia o no existencia de un Creador, ya que está restringida al estudio de las propiedades de nuestro universo, sí puede dar o quitar argumentos para el razonamiento filosófico.

Buscando la no intervención de un Creador

El período inicial del Big Bang que tiene una singular importancia en cosmología se conoce como el tiempo de Planck. Este intervalo de tiempo sorprendentemente pequeño es de 10-43 segundos. Después de este tiempo, la relatividad general puede usarse para describir la interacción de la materia y la radiación con el espacio. En el período de Planck no tenemos una teoría para describir el universo. Para poder analizar lo que ocurrió en este período necesitamos una idea que incorpore los conceptos de física cuántica y relatividad general en una teoría unificada. Esta teoría, a la que se denomina Teoría del Todo, es el objeto fundamental de la investigación desde hace más de 50 años, sin que hasta el momento existan indicios de llegar a ella.

De forma que, por el momento, la ciencia no nos informa de por qué hubo una gran explosión o qué pudo haber existido antes. Pero ello no es óbice para que repetidamente se hayan anunciado diferentes formas en las que el universo hubiera podido generarse de la “nada” sin el concurso de un Creador. Todas ellas partiendo del vacío cuántico que, como es sabido, no tiene nada que ver con la nada absoluta, pues en él están presentes la energía, el espacio, el tiempo y las leyes de la naturaleza. Sencillamente, una explicación científica del origen del universo necesita usar tales conceptos para tener sentido. Es paradigmático el caso de Stephen Hawking, quien en 1988 publicó el libro Una breve historia del tiempo[1], un auténtico éxito de ventas[2], en el que presenta una popularización de las imágenes físicas modernas sobre el universo pero que, además, como claramente expresa Carl Sagan en su introducción “es también un libro sobre Dios” y que trata de “entender la mente de Dios”. En él explica su “propuesta sin límites” del universo, al introducir un tiempo imaginario que no percibimos, pero que conduce a un universo sin comienzo[3] para afirmar: “Si el universo tuviera un comienzo, supondríamos que tuvo un creador. Pero si el universo es realmente completamente autónomo, sin límites ni bordes, no tendría ni principio ni fin: simplemente ser. ¿Qué lugar, entonces, para un creador?” El éxito editorial del libro, unido a la mediática imagen de su autor que se ha proliferado en apariciones en los medios, ha tenido gran impacto en la sociedad. Sin embargo, se trata de una propuesta claramente especulativa, que el propio Hawking admite que está lejos de ser probada y de la que no es lícito argumentar filosóficamente nada y en particular la no existencia de un Creador[4].

Descubrimos más cosas sobre las leyes de la Naturaleza

Resumimos las leyes de la naturaleza en un conjunto de ecuaciones que contienen un determinado número de constantes; estas nos permiten hacer cálculos muy precisos de los fenómenos físicos más elementales, cálculos que están confirmados por evidencia experimental. A partir de la segunda mitad del siglo pasado comenzamos a percibir que existe un ajuste fino aparentemente exquisito de muchas de las constantes de la naturaleza y de las condiciones iniciales del universo en orden a la producción de vida.

Este importante descubrimiento tiene su punto de partida en 1953 cuando Fred Hoyle se pregunta cómo se ha podido producir el carbono, tan necesario para la existencia de vida, en el universo. En las etapas iniciales posteriores al Big Bang sólo se produjeron hidrógeno y helio, por lo que la formación del resto de elementos debía tener lugar en las estrellas, una vez constituidas estas.

Fred Hoyle

Fred Hoyle

Al tratar de averiguar las rutas de la nucleosíntesis estelar, Hoyle observó que una reacción nuclear en particular, el proceso triple alfa, que generaba carbono, requeriría que el núcleo de carbono tuviera una energía muy específica para que funcione. La gran cantidad de carbono en el universo, que hace posible que existan formas de vida basadas en este elemento, le impulsó a pensar que esta reacción nuclear debía funcionar a pesar de que se trataba de unos niveles de energía en el núcleo de carbono que eran estadísticamente muy improbables. La existencia de vida le llevó a esta predicción, tomada por los especialistas con escepticismo, pero que, gracias a la reputación de que Hoyle gozaba, se avinieron a investigar. El resultado fue que, en poco tiempo, se confirmó experimentalmente. Se demostró que la existencia de vida en el universo es posible gracias a un preciso nivel de energía en el átomo del carbono.

Hoyle escribió más tarde: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto ha jugado con la física, así como con la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas de las que valga la pena hablar en la naturaleza. Los números que se calculan a partir de los hechos me parecen tan abrumadores que dejan esta conclusión casi fuera de toda duda”. Hoyle, ateo hasta ese momento, diría más tarde “nada ha sacudido tanto mi ateísmo como este descubrimiento”[5]. Efectivamente, más tarde abandonó la concepción materialista del Universo y se acercó al pensamiento cristiano.

A continuación de este descubrimiento hemos ido conociendo que todas las constantes que incorporan el complejo conjunto de leyes físicas que definen el cosmos, poseen valores infinitesimalmente específicos y que, si se produjera la más mínima desviación en cualquiera de estos valores, el universo tal como lo conocemos no podría existir, y mucho menos sustentar la vida.

Esta evidencia de ajuste fino es reconocida por toda la comunidad científica. El conocido agnóstico Steven Weinberg, premio Nobel de Física, ha escrito “… qué sorprendente es que las leyes de la naturaleza y las condiciones iniciales del universo permitan la existencia de seres que pudieran observarlo. La vida tal como la conocemos sería imposible si cualquiera de las diversas cantidades físicas tuviera valores ligeramente diferentes”[6].

La explicación materialista

Desde la perspectiva materialista se ha tratado de dar una explicación a este hecho y se han propuesto diferentes interpretaciones. La que más adeptos tiene es la idea del Multiverso, según la cual nuestro universo no es más que uno entre los innumerables existentes, cada uno de los cuales está controlado por diferentes parámetros en las leyes de la naturaleza. A esta idea se llega mediante varios modelos científicos diferentes. Una versión surge de la teoría de cuerdas, que parte de imaginar cada partícula como una pequeña cuerda vibrante y cuyas complicadas matemáticas conducen a la predicción del multiverso. Otras versiones del multiverso surgen de la teoría de la inflación, que se desarrolló para responder preguntas sobre algunas propiedades del universo, como su temperatura casi uniforme y el desequilibrio de materia y antimateria. En ellas los nuevos universos se forman por una transición de fase, análogamente a una olla de agua que, apenas comienza a hervir, produce muchas “burbujas”, cada una de las cuales es un universo con propiedades diferentes.

Ello permitiría argumentar que, si hay billones y billones de otros universos, el hecho de que el nuestro haya dado con la combinación correcta de leyes finamente ajustadas, no sería tan especial. La humanidad podría considerarse un accidente relegado al azar.

Pero, a pesar de los muchos adeptos a la idea, el multiverso es un escenario hipotético, no podemos observar ninguna de las propiedades de un multiverso, ya que no tienen ningún efecto causal en nuestro universo. Podríamos estar completamente equivocados sobre todo lo que creemos sobre estos otros universos y ninguna observación podría corregirnos. Por ello no podemos aceptar la idea del multiverso como una explicación científica del ajuste fino del universo. Además, como afirma Luke A. Barnes, “Multiverso” no es una palabra mágica que hará desaparecer todos los ajustes. Incluso si los modelos del multiverso son correctos, ello no eliminaría el ajuste fino. Por ejemplo, para producir una tasa de expansión inflacionaria tan enorme, las teorías de la inflación requieren que ciertos parámetros tomen valores particularmente precisos.

Como se ve, la cosmovisión materialista defiende su postura a costa de aceptar un escenario de infinitas entidades no observadas, y potencialmente no observables, yendo más allá de la ciencia a una metafísica altamente especulativa.

La lógica teísta gana atractivo… y convierte conciencias

Las evidencias alcanzadas por la cosmología que muestran un universo con un origen temporal y un preciso ajuste para la vida está haciendo reconsiderar ideas que parecían asentadas sobre roca firme. La explicación teísta resulta una opción lógica, pues propone precisamente un origen temporal y, al invocar el diseño, se adapta perfectamente a la realidad de los fenómenos del ajuste fino.

George Wald, premio Nobel de Medicina.

Ciertamente no son muchos los ejemplos de científicos ateos que públicamente hayan cambiado su concepción sobre el origen de la realidad que vivimos, pero sí son significativos los casos de George Wald y Antony Flew. George Wald, premio Nobel de Medicina, dejó claro su pensamiento ateo en un artículo publicado en 1954 en Scientific American: “Cuando se trata del origen de la vida, sólo hay dos posibilidades: la creación o la generación espontánea. No hay una tercera vía. La generación espontánea fue refutada hace cien años, pero eso nos lleva a una sola conclusión, la de la creación sobrenatural. No podemos aceptar eso sobre bases filosóficas; por lo tanto, elegimos creer lo imposible: ¡que la vida surgió espontáneamente por casualidad! “[7]. Años más tarde, en 1984, abandona el materialismo y expresa con rotundidad la tesis teísta, afirmando que es la Mente, una inteligencia creadora, la realidad fundamental del mundo: “¿Cómo es posible que, con tantas otras opciones aparentes, estemos en un universo que posee ese peculiar conjunto de propiedades que engendra vida? Últimamente se me ha ocurrido —debo confesar que al principio con cierta conmoción de mi sensibilidad científica— que ambas cuestiones pueden ser tratadas de forma hasta cierto punto congruente. Es decir, mediante la suposición de que la inteligencia, en lugar de emerger como una consecuencia tardía en la evolución de la vida, en realidad ha existido siempre como la matriz, la fuente y condición de la realidad física, que la materia de la que se compone la realidad física es la materia de la mente. Es la Mente la que ha compuesto un universo físico que engendra vida, capaz de producir evolutivamente criaturas que conocen y crean”[8].

Por su recorrido vital y prestigio como filósofo ateo es importante el cambio de posición de Antony Flew. Su conferencia de 1949 impartida en Oxford se convirtió en uno de los ensayos filosóficos más publicados[9] y, a partir de ahí, durante más de cincuenta años ha estado en primera línea como un activo defensor de sus ideas ateas, que ha expuesto en 26 libros publicados, alcanzando gran repercusión. Pero el desarrollo de la cosmología del Big Bang y el progresivo conocimiento del ajuste fino de las constantes físicas le indujeron a modificar su pensamiento. En 2007 publica su libro Dios existe[10], en el que reflexiona sobre todas las evidencias que nos muestra el conocimiento científico actual. Ahí hace mención a las anteriores palabras de Wald, citándolas textualmente, para después afirmar: “Esta es también mi conclusión. La única explicación satisfactoria del origen de esta vida «orientada hacia propósitos y autorreplicante» que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”; y más adelante añade: “mi descubrimiento de lo divino ha sido una peregrinación de la razón”.

Manuel Ribes

Observatorio de Bioética

 

 

Una investigación revela la relación entre el consumo de alcohol y el desarrollo de miopía

El aumento de 10 gramos en la ingesta diaria de alcohol aumenta relativamente el riesgo de padecer miopía en un 5%, según un estudio de la Universidad y el CIBER de Obesidad y Nutrición


FotoCedida/La Dra. Covadonga Menéndez Acebal, primera autora del artículo, y el Dr. Alfredo Gea, director de la investigación

17 | 12 | 2021

Texto Miguel Ángel Echávarri

El consumo de alcohol puede conducir al desarrollo o progresión de la miopía. Es la conclusión a la que han llegado investigadores del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y del CIBER de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) que ha sido publicada recientemente en Drug and Alcohol Dependence.

“La miopía es un trastorno muy prevalente y una de las primeras causas de ceguera. A su vez, se ha demostrado que el consumo de alcohol es un factor de riesgo para muchas enfermedades y uno de los principales contribuyentes a la carga mundial de morbilidad, aunque ningún estudio hasta ahora había evaluado la asociación a largo plazo entre la ingesta de alcohol y la miopía”, explica la Dra. Covadonga Menéndez Acebal, primera autora de este artículo, que está enmarcado dentro de su Trabajo Fin de Grado como alumna de la Facultad de Medicina.

Para llevar a cabo esta investigación, dirigida por el Dr. Alfredo Gea, el equipo evaluó a 15.642 graduados universitarios, reclutados entre 1999 y 2018 en la cohorte prospectiva dinámica española “Proyecto SUN” (Seguimiento Universidad de Navarra), y seguidos cada dos años mediante cuestionarios enviados por correo. “Por una parte, determinamos la ingesta habitual de alcohol de cada uno de los participantes al inicio del estudio. Posteriormente, cada dos años se recogió el desarrollo o la progresión de la miopía durante el seguimiento”, detalla la investigadora.

Tras analizar estos datos, los resultados mostraron que la ingesta de alcohol se asoció lineal y significativamente con un mayor riesgo de desarrollo o progresión de la miopía. De tal forma, un aumento de 10 gramos en la ingesta diaria de alcohol (equivalente aproximadamente a una copa de vino o una caña de cerveza) aumentaba relativamente el riesgo en un 5%. “La magnitud de la asociación que encontramos no es muy grande, pero debido a lo común del consumo de alcohol, la importancia de la miopía como condición de salud y la novedad de esta evaluación, creemos que estos hallazgos son de relevancia”.

Aun así, la investigadora apunta que todavía es necesaria la confirmación de los mecanismos a través de los cuales puede ocurrir esta asociación, por lo que se necesitan investigaciones sucesivas para verificar estos hallazgos.

Enlace a la publicación completa.

 

 

Cine familiar: "Tengamos la fiesta en paz"

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) ‘Queridos Reyes Magos y querido Papa Noel: Este año nos hemos portado muy mal, pero nuestros padres se han portado peor. Y por su propio bien... hemos tenido que castigarles’. Con esta original sinopsis presenta Juanma Cotelo su nueva película, estrenada el pasado 3 de diciembre y que ofrece algo más de 100 minutos de diversión para toda la familia. Un filme donde el sentido de la Navidad no queda eclipsado por superficiales mensajes de buenismo, que nos aseguran que ‘todo el mundo es bueno por Navidad’, mientras oímos a algunos eso de ‘feliz solsticio de invierno’.

Tengamos la fiesta en paz juega en otra liga y nos regala un tres en uno, porque es una comedia familiar, musical y auténticamente navideña. El guion lo firma el propio Cotelo, como en sus cinco anteriores producciones, que ha diseñado unos personajes donde la comicidad es clave para que la historia resulte entrañable y festiva. La madre trabaja demasiado en la oficina y en casa, pero últimamente discute mucho con su marido, se enfada y se marcha sola al gimnasio. El padre trabaja a todas horas y cuando llega a casa se queja, se enfada y sigue trabajando. La abuela, mujer de armas tomar, no pierde el buen humor ni cuando se enfada. Y luego están los niños, la mandona Belén, la pequeña Irina y el mediano Juan, experto en tirachinas. Y el jefe, cuyos empleados llaman “el Chupasangre”. Y Chusmari, el ‘negociador’…

El cine influye poderosamente en la construcción de valores individuales, familiares sociales. Y nosotros, conscientes de esa preciosa responsabilidad, deseamos contribuir de modo alegre en la defensa y promoción de la unidad familiar, para ofrecer esperanza a todas las familias. Amarse es posible…, no es una utopía de épocas pasadas..., es un reto en equipo que merece la pena conquistar’, afirma Cotelo cuando se le pregunta por la finalidad de su productora Infinito+1

La película completó su financiación gracias a la respuesta abrumadora de miles de personas de 30 países, que se sumaron con generosidad y confianza a la campaña de crowdfunding lanzada desde la productora. Ojalá se cuenten también por miles las familias que se acerquen a las salas de cine durante estas semanas, para reír y emocionarse juntos con una cinta optimista, donde el humor y la música se alían para afrontar los conflictos, y donde la Navidad y la Sagrada Familia tienen el protagonismo que se merecen.

 

 

Comida, convivencia humana y civilización

El mejor acto de cortesía era ofrecer una comida a los viajeros

Alimentarse: ¿es un acto banal? Para el hombre moderno, habituado a la banalidad, ciertamente. Pero, en sí, es una acción noble y rica en significados.

Dios quiso colocar en el alimento la prueba de nuestros primeros padres. El “fruto prohibido” que está en la raíz del pecado original simbolizaba, a su modo, algo más alto que el simple hecho de comer.

Alimentarse es mantener la vida. Pero el hombre,criatura racional, no se alimenta como un animal. La comida es un acto familiar por excelencia, y como acto social pide cierto protocolo, cierto ceremonial. Protocolo y ceremonial que imponen al hombre el ejercicio de la virtud de la templanza.

Vemos cómo, en una remota era, Abraham se deshacía en gentilezas para ofrecer hospitalidad a tres desconocidos que pasaban por su tienda. En realidad eran ángeles que venían a anunciarle la vocación de patriarca (Gen. 18, 1-8). Y el mejor acto de cortesía era ofrecer una comida a los viajeros.

Cuando los judíos huyeron de Egipto con Moisés, Dios les mandó del Cielo el maná para alimentarlos. Y en vísperas de su Pasión y Muerte, Jesús quiso que su última cena fuese la ocasión para instituir el más santo y sublime de los sacramentos: la Eucaristía, que es el propio Cuerpo y Sangre de Cristo, con su alma y divinidad. Él, habiéndose encarnado, deseó que los hombres participasen de la gracia divina por la Comunión eucarística. ¿Habrá algo más alto?

La comida es un acto familiar por excelencia, y como acto social pide cierto protocolo, cierto ceremonial

Después de la Resurrección, apareció Jesús a los discípulos de Emaús y comió con ellos. Lo mismo hizo con los Apóstoles sorprendidos: “¿Tenéis aquí alguna cosa que se coma?” Le dieron un plato de pescado asado; y, tomándolo, comió delante de ellos (Lc. 24, 41).

Por eso es natural que los hombres den gracias a Dios por el alimento que reciben y pidan la bendición divina. Aunque no se considere el aspecto religioso, la comida es en sí un acto humano que se reviste de dignidad. Será simple y discreta en la vida diaria, será más formal y hasta refinada en las ocasiones solemnes.

* * *

Tal vez se pueda hasta medir el grado de civilización de un pueblo según el modo de alimentarse. El índice mayor o menor de solemnidad en las comidas podría significar progreso o decadencia. El Imperio Romano, admirable por tantos lados, sirve de ejemplo. Es sabido que los romanos paganos fácilmente se entregaban a degradantes orgías. Propensos a la gula, muchos, habiendo comido en exceso, mandaban a los esclavos a introducir plumas en sus gargantas a fin de provocar el vómito, y así poder continuar en el banquete. Es repugnante.

Muchos pueblos bárbaros que se convirtieron al Cristianismo, al contrario, progresaron en ese aspecto de modo notorio, confiriendo mayor solemnidad a las comidas importantes. De ese modo se condensó, a lo largo de siglos, una serie de normas sobre el modo de servir, reglas de cortesía o etiqueta, protocolos que indican la posición de los comensales según la jerarquía social, constituyendo un mundo que facilita y eleva la convivencia humana.

Discutían entre sí cuestiones de precedencia, quiso darles una lección de humildad

Así, es señal de civilización cuando, aun en las comidas diarias más simples, ciertas reglas de protocolo son observadas: el padre o jefe de familia preside; la madre lo secunda; los hijos, los demás familiares o los invitados se distribuyen en la mesa, no necesariamente conforme las edades, sino de acuerdo a las conveniencias y costumbres. Otrora la autoridad del jefe de familia era tal que, aun cuando se recibía al propio rey, la cabecera principal cabía al señor de la casa. En su hogar, el padre de familia es el rey… así como el rey debe ser el padre de su pueblo.

* * *

Sin embargo, el ceremonial sólo tiene autenticidad si es practicado por personas que le dan valor. Él puede alcanzar la perfección si tuviera como fundamento la caridad cristiana, que manda amar al prójimo como a sí mismo. En este caso, se establece fácilmente una especie de liturgia social en la cual priman el respeto, la noción de honra, de cortesía. Las dulzuras del buen trato no excluyen los condimentos amargos del sacrificio, pues donde hay ceremonial hay jerarquía, desigualdad, superiores e inferiores; unos mandan, otros obedecen, lo que es natural para un espíritu católico, pero no es soportable para el orgullo humano cuando no es dominado. Una sonrisa puede costar más que una joya…

El Divino Maestro quiso dar a los Apóstoles una lección de humildad lavándoles los pies

Por eso el Divino Maestro, al ver en el Cenáculo que los Apóstoles discutían entre sí cuestiones de precedencia, quiso darles una lección de humildad lavándoles los pies:

“El mayor deberá hacerse el menor, y el que manda será como un servidor de los otros”. Porque más importante que reinar en este mundo es alcanzar el reino de los cielos (cf. Lc. 22, 24-30).

La felicidad de la convivencia humana se encuentra sobre todo en el amor al prójimo por amor de Dios.

Les trés riches heures du Duc de Berry, célebre manuscrito iluminado de los hermanos de Limburgo, retrata los meses del año. Aquí, una cena de Año Nuevo, entre 1410 y 1416. El duque Jean de France, fastuosamente vestido de azul, oye atentamente a un prelado a su derecha, mientras tres oficiales de la corte cuidan del servicio de las carnes, de las bebidas y de los panes. Nótese que aún no se utilizaban cubiertos, progreso que vino después. Un maestro de ceremonias, de bastón al hombro, hace aproximarse a los invitados que, según la costumbre, vienen a saludar al príncipe y ofrecerle regalos. Al fondo, una escena de batalla (está en curso la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra). La Caballería medieval emite sus últimos fulgores, pero el esplendor en la mesa crecerá hasta el siglo XIX.

Wilson Gabriel da Silva

 

 

Entre el dolor de hoy

En palabras del Papa Francisco, a cada uno de los humanos nos toca traducir la esperanza en la vida concreta de cada día, en las relaciones humanas, en el compromiso social y político, y en todos los lugares donde nos encontremos con el otro, especialmente con aquel que es más vulnerable. Hay muchas formas de pobreza que siguen, a día de hoy, siendo un flagelo para el mundo. Pienso que a los cristianos, de manera particular, nos toca acompañar a esas pobrezas, que tienen un nombre y un rostro concreto, y que piden a gritos una auténtica revolución de la ternura.

Domingo Martínez Madrid

 

Para regenerar la vida pública

En la estela de lo propuesto por el Papa Francisco en su encíclica “Fratelli Tutti”, esta la 43 edición de las Semanas Sociales, edición que pretende pensar juntos cómo regenerar una vida social marcada por la polarización ideológica, por la desafección hacia la construcción de lo público y por un individualismo anclado en una cultura de la satisfacción inmediata.

Para regenerar la vida pública, también la vida política, es necesario un cambio de mentalidad en el que primen los intereses generales sobre los particulares, en el que se busque el consenso social y político ante los grandes retos de nuestro tiempo, y en el que se construya una voluntad de diálogo, sin exclusiones ni imposiciones ideológicas.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Liquidar la enseñanza concertada

No cesa en España el persistente acoso a la enseñanza concertada desde las instituciones públicas y es promovida por algunos partidos. La Generalitat de Cataluña anunció hace unos días que a partir del curso 2022-2023 retira los conciertos a las escuelas de educación diferenciada. El argumento es que no puede haber ninguna escuela con financiación pública que “segregue” en clases distintas a niños y niñas. Lo decidido por el Gobierno catalán va en la misma línea de la actuación de varias autonomías.

Ya se verá cómo acabará aquella decisión gubernamental, por cuanto intentos anteriores fueron recurridos ante los tribunales y anulados. Los jueces consideraron que era perfectamente constitucional la enseñanza diferenciada y los centros que la imparten tienen los mismos derechos que los demás a recibir el apoyo público a través de los conciertos. En la actualidad, vigente a nivel estatal la Ley Celaá, claramente hostil a la escuela concertada y negadora del respeto al derecho de los padres a elegir, da más margen para atacar aquel modelo pedagógico.

JD Mez Madrid

 

 

La fuerza del bruto y la fortaleza del inteligente

 

                                Al bruto nunca se le vence por la fuerza; sino por la inteligencia; de acuerdo que aparentemente se vence pero “con más brutalidad”; lo que no hace desaparecer la “fuerza del bruto” y la que seguirá existiendo como hasta aquí; que siguen dominando “los brutos o bestias de siempre”, pero no por su inteligencia, sino por lo que denominamos malicia o perversidad; lo que al final les ocasiona, “la adoración y servilismo del resto de brutos que necesitan, puesto que sin ellos, no son nada”;pero también y cada vez más, el desprecio total de los que ya cultivada su inteligencia, no los aceptan ni los aceptarán jamás; sintiendo hacia ellos, el peor de los desprecios, cuál es la compasión, puesto que son; “pobres pobrecillos que en el pecado llevan su penitencia, que al final es lo que acaba con ellos”; la historia nos da múltiples ejemplo de “esos brutos”. Los que como “las malas yerbas vuelven a nacer”.

                                ¿Cómo se explica esto que parece inexplicable? Se explicó plenamente, con la actuación de Gandhi, ante un “invencible” Imperio Británico, al que sin embargo es derrotado, “sin pegar un solo tiro por parte del vencedor”; así como después son dos de sus discípulos; Mandela en Sudáfrica y Martín Lutero King en Norteamérica, con los logros o victorias conseguidas; que si la realidad no muestra los fines perseguidos, pero sí, “avances impensables cuando iniciaron su marcha; y dos de ellos (Gandhi y Lutero, al final los asesinan) pagan,  “su inteligencia con la muerte”; pero no nos quepa la menor duda, “que su escuela sigue latente y sigue caminando por este absurdo mundo; por el que los brutos, quieren que sigamos caminando”; pero convencido de lo contrario ya escribí hace muchos años lo que sigue… “La inteligencia es como el agua que mana ininterrumpidamente de un manantial; se le pueden poner barreras, pero al final irá rebasando las mismas y proseguirá su camino hasta el mar”; ¿Qué es muy lento ese caminar? Sí, puesto que lo contrario es lo que se conoce como “revolución”, que no solucionó nunca nada vital; y de ello, ya he escrito bastante en muchos artículos;  puesto que lo que se necesita, es a mi entender, colocar una “e” a esa palabra, que entonces será reevolución”; lo que significa recoger todo lo positivo que existe (que es mucho) y evolucionar hacia situaciones mucho más perfectas; y por lo mismo, positivas; para lo cual no hay que emplear otras armas, que son, “la inteligencia y la palabra bien dicha y explicada”; que es lo que Cristo, Buda, Pitágoras, Sócrates, Confucio y tantos otros maestros, dijeron, más que escribieron, en su tiempo, y que siguen escritos y latentes en ese devenir, que antes o después, ha de llegar; lo que también afirma la filosofía de “la reencarnación”; puesto que además, eso también coincide con lo que sentenciara Darwin con su tema (aceptado) de “la evolución de las especies”… “y el mono humano no somos otra cosa que una especie más; de las que por lo que sea, nacimos y vivimos en este planeta y que igualmente, estamos sujetos a la evolución constante”.

                                ¿Qué todo esto es soñar despierto? Bueno, pero todo sueño o ideas que el cerebro es capaz de “esbozar”, se han realizado; y mucho antes, y cuando parecían imposible; “y la historia está llena de ejemplos… el vuelo de los pájaros, el submarino, las máquinas que vuelan por el aire o por el éter interplanetario, el radar y el sónar, la electricidad y el teléfono, los trasplantes humanos… e infinidad de cosas que “antes de su tiempo”, parecían cosas de locos, tontos, o chiflados, y además, “imposibles”; pero fueron posibles y ahí están para demostrarlo.

                                Lo que es inaceptable y además peligrosísimo, por cuanto puede llegar a una destrucción inimaginable, es; lo acaecido a lo largo de la horrible historia del mono humano, siempre protagonizado por los más brutos de cada una de sus épocas, y que termina, con los asesinatos en masa de inocentes, ocurridas en el más sangriento de los siglos conocidos, cuál fue el pasado XX y que sigue hoy mismo a menor escala. Mientras “los brutos culpables”, siempre quedan en sus parapetos y totalmente resguardados e impunes por sus crímenes. Pero no olvidemos las barbaries padecidas en Hiroshima y Nagasaki, amén de los cientos de ciudades europeas y no europeas, convertidas en, “hornos crematorios, por el fuego y metralla que en ellas fue echado”; tampoco las masas cremadas en hornos crematorios construidos para ello (judíos, gitanos, y otros muchos que no se nombran); o las masas asesinadas poblacionalmente en los territorios que dominara la terrible, URSS soviética; y las otras “masas” menores en otros muchos países, entre los que no puedo olvidar a mi España y como víctima de sus últimas masacres internas; y así, hasta llegar a los asesinatos en masa de Ruanda Burundi, sufridos por miembros de una misma religión, cuya base (y es de risa sardónica) es “el amor al prójimo”; hasta llegar a las hoy que sufren en ese enorme polvorín mortuorio, cual es; esos territorios denominados “Oriente Medio”; o el “África negra o menos negra”, e incluso, en las “dos o tres Américas, donde la vida está sujeta a “loterías” criminales, ejercidas por “brutos de todo tipo y condición” y así, hasta todo lo que usted, que me lee pueda aportar.

                                ¿No hay que fomentar esa inteligencia a que me refiero y que nos haga llegar a etapas de una verdadera civilización, que hasta hoy no hemos conocido? ¿O vamos a seguir tiranizados por esos brutos que no saben gobernar?

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes