Las Noticias de hoy 13 Noviembre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 13/11/2021 - 12:19

El 19 de noviembre se celebra la I Jornada Mundial de los Pobres - Cáritas  Salamanca

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 13 de noviembre de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: Ya es hora de que los pobres vuelvan a tener voz y sean escuchados

El Papa en la UNESCO: el Evangelio es el mensaje más humanizador

 El Papa al Foro de París: “No hay paz sin un compromiso por el desarme integral”

El Papa a las clarisas: lleven sobre sus hombros las penas y pecados de la Iglesia

LA ORACIÓN DE PETICIÓN Y LA MISERICORDIA DIVINA : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 32.ª semana del tiempo ordinario

"Un solo corazón y una sola alma" : San Josemaria

 Estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres : Francisco

Sentir la pobreza de Jesús

La santificación en la propia situación de vida : Miguel Ángel Tabet

Como en una película: Retrospectiva de una vida

Ni adoctrinamiento, ni pornografía, ni intolerancia religiosa a menores de edad: Alejandro López

Ley de eutanasia: una ley injusta para un acto inmoral : Dr. Julio Tudela Cuenca

¿Un amor de telenovela? El amor crece la libertad : José Martínez Colín.

Se nos acaba el año litúrgico y es tiempo de cerrar ciclos : Silvia del Valle Márquez.

El divorcio, indicador de transformación social y familiar con impacto diferencial entre los sexos II : Blanca Mirthala Tamez-Valdez y Manuel Ribeiro-Ferreira

Con la salud mental no se juega : Jesús D Mez Madrid

Hombre, mujer, machismo, hembrismo  y “otras yerbas” : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

El Papa: Ya es hora de que los pobres vuelvan a tener voz y sean escuchados

Discurso del Papa Francisco en el encuentro de oración y testimonios en ocasión de la celebración de la quinta Jornada Mundial de los pobres en Asís, y que se celebrará mundialmente el domingo. En su discurso, el Papa pide que se escuchen a los pobres, que el mundo se vuelva sensible y se escandalice ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia.

 

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco tuvo este emotivo encuentro con los pobres en la ciudad de San Francisco de Asís, el poverello. Se encontró con 500 pobres y recibió los testimonios de algunos de ellos, en la celebración de la quinta Jornada Mundial de los pobres. En su discurso, el Pontífice agradeció a Dios por la idea de haber creado la Jornada, que nació de una forma extraña:

"En una sacristía. Estaba a punto de celebrar la misa y uno de ustedes - se llama Etienne, ¿lo conocen? Es un enfant terrible... Etienne me dio la sugerencia: "Hagamos una Jornada de los Pobres". Salí y sentí que el Espíritu Santo, en mi interior, me decía que lo hiciera. Así es como empezó: a partir de la valentía de uno de ustedes que tiene el valor de llevar las cosas adelante. [Le agradezco su trabajo en estos años y el de tantos que le acompañan, y quiero agradecer -perdón, Eminencia- la presencia del cardenal: él está entre los pobres, él también ha sufrido con dignidad la experiencia de la pobreza, del abandono, de la desconfianza. Y se ha defendido con el silencio y la oración. Gracias, Cardenal Barbarin, por su testimonio que edifica a la Iglesia". 

 

11/11/2021Asís. Los pobres esperan al Papa: su presencia, un mensaje de cercanía

"Ya es hora que los pobres vuelva a tener voz"

“Ya es hora de que los pobres vuelvan a tener la palabra, porque durante demasiado tiempo sus demandas no han sido escuchadas. Es hora de que abran los ojos para ver el estado de desigualdad en el que viven tantas familias. Es hora de arremangarse para recuperar la dignidad creando puestos de trabajo. Es hora de volver a escandalizarse ante la realidad de los niños hambrientos, esclavizados, náufragos, víctimas inocentes de todo tipo de violencia. Es hora de que la violencia contra las mujeres se detenga y de que se las respete y no se las trate como mercancías. Es hora de romper el círculo de la indiferencia y descubrir de nuevo la belleza del encuentro y del diálogo”. Es este el llamamiento que pide el Papa al mundo, que se movilice esta solidaridad, que no deja de clamar el Santo Padre, sobre todo hacia los más necesitados.

El Papa resaltó además la importancia del encuentro: encontrarse es lo primero, dijo, es ir hacia el otro con el corazón abierto y la mano tendida.  Porque cada uno de “nosotros necesita al otro, e incluso la debilidad, si la experimentamos juntos, puede convertirse en una fuerza que mejore el mundo. Es hora de reunirse. Es el momento del encuentro. Si la humanidad, si los hombres y las mujeres no aprendemos a encontrarnos, nos dirigimos a un final muy triste".

El Pontífice aseveró que en las sociedades se ve la presencia de los pobres con fastidio y se aguanta; “a veces oímos que son los pobres los responsables de la pobreza. Para no hacer un serio examen de conciencia sobre sus propios actos, sobre la injusticia de ciertas leyes y medidas económicas, un examen de conciencia sobre la hipocresía de los que quieren enriquecerse sin medida, echan la culpa a los más débiles”, manifestó.

Resistir

Escuchando los testimonios de algunos de ellos, el Papa agradeció la sinceridad con la que compartieron sus vidas con los demás. Han abierto “sus corazones con el deseo de ser comprendidos”. Testimonios que han entrado en el corazón del Papa Francisco, como la esperanza. Porque, dijo, no obstante “la vida no siempre ha sido amable con ellos… y  a menudo les ha mostrado una cara cruel: la marginación, el sufrimiento de la enfermedad y la soledad”. Sin embargo, señaló el Santo Padre, la falta de muchos medios necesarios no les ha impedido mirar con ojos llenos de gratitud las pequeñas cosas que les han permitido aguantar.

Lo segundo que le ha impresionado a Francisco, es que cada uno de esos testimonios resistió a cada desaventura, a cada obstáculo. Resistir, señaló el Papa es tener la fuerza para seguir adelante a pesar de todo. Resistir surge de la esperanza de un futuro mejor. El Papa agregó:

“La resistencia no es una acción pasiva, al contrario, requiere el valor de emprender un nuevo camino sabiendo que dará sus frutos. Resistir significa encontrar razones para no rendirse ante las dificultades, sabiendo que no las vivimos solos sino juntos, y que sólo juntos podemos superarlas. Resistir toda tentación de abandonar y caer en la soledad o la tristeza. Resistir aferrándonos a la pequeña o escasa riqueza que podamos tener: pienso en la chica de Afganistán, con su frase lapidaria: mi cuerpo está aquí, mi alma está allí. Resistiendo con la memoria, hoy: pienso en la madre rumana que habló al final. Dolor, esperanza y sin salida, pero fuerte esperanza en los niños que la acompañan y le devuelven la ternura que recibieron de ella".

La acogida

Repasando la historia del Santo de los pobres, el Pontífice recordó que, en la Porciúncula, desde donde se llevó a cabo el encuentro, San Francisco acogió a Santa Clara, a los primeros frailes y a muchos pobres que acudían a él. Con sencillez, dijo, los recibió como hermanos y hermanas, compartiendo todo con ellos.

La acogida al otro, dijo Francisco, es “la expresión más evangélica que estamos llamados a hacer nuestra”.  Acoger es “abrir la puerta, la de la casa y la del corazón, y dejar entrar a los que llaman. Y que se sientan a gusto, no asombrados. Donde hay un verdadero sentido de la fraternidad, hay también la experiencia sincera de la acogida”. Acoger al otro, manifestó, con una sonrisa, como Madre Teresa, que como explicó el Papa, hizo de su vida un servicio a la hospitalidad:

 “Compartir una sonrisa con alguien necesitado es bueno para ambos, para mí y para el otro. La sonrisa como expresión de simpatía, de ternura”. La sonrisa te involucra, manifestó, después, no podrás distanciarte de la persona a la que has sonreído.

En cambio, cuando no nos abrimos a los demás, cuando “hay miedo a los demás, desprecio por su vida, entonces nace el rechazo”, expresó el Papa. “La acogida genera un sentimiento de comunidad; el rechazo, por el contrario, se encierra en el propio egoísmo, o, peor aún, la indiferencia: ese mirar hacia otro lado". 

“El Señor nunca nos deja solos”

Siempre recordando la historia del santo, el Papa recordó que "la Porciúncula, es una de las pequeñas iglesias que San Francisco pensó en restaurar, después de que Jesús le pidiera "reparar su casa". En aquel momento, nunca habría pensado que el Señor le pediría que diera su vida para renovar no la iglesia hecha de piedras, sino la de las personas, de los hombres y mujeres que son las piedras vivas de la Iglesia", dijo.

Y hoy cada uno de nosotros, puede aprender "de lo que hizo San Francisco". Cada uno, así como el Santo, que le gustaba pasar mucho tiempo en esta iglesia rezando, en silencio escuchando al Señor, afirmó el Papa y agregó: 

"Nosotros también hemos venido aquí para esto: queremos pedir al Señor que escuche nuestro clamor y venga en nuestra ayuda. No olvidemos que la primera marginación que sufren los pobres es la espiritual", y manifestó que no basta con asistir a los pobres, llevarles comida y bebida caliente, aunque si el Papa agradeció esos gestos, pero sobre todo agradeció a quienes se detienen a hablar con los pobres, y rezan con ellos: "Así, nuestro estar aquí, en la Porciúncula, nos recuerda la compañía del Señor, que nunca nos deja solos, siempre nos acompaña en cada momento de nuestra vida. El Señor está hoy con nosotros. Él está con nosotros, en la escucha, en la oración y en los testimonios dados".

Por último,  el Santo Padre, recordó que Asís no es una ciudad como las demás, lleva la huella de San Francisco.

"Pensar que en estas calles donde él vivió su inquieta juventud, recibió la llamada a vivir el Evangelio al pie de la letra, es una lección fundamental para nosotros. Por supuesto, en cierto modo su santidad nos hace temblar, porque parece imposible imitarle. Pero entonces, en el momento en que recordamos ciertos momentos de su vida, esos "fioretti", esas florecillas, que se recogieron para mostrar la belleza de su vocación, nos sentimos atraídos por esa sencillez de corazón y de vida: es el atractivo mismo de Cristo, del Evangelio. Son hechos de la vida que valen más que los sermones".

El Papa agradeció a los pobres, "que abren sus corazones para darnos sus riquezas y sanar nuestros corazones heridos. Gracias por este valor. Agradeció a los organizadores del evento, y pidió una vez más rezar por él,  porque él también dijo, tiene sus pobrezas.

 

El Papa en la UNESCO: el Evangelio es el mensaje más humanizador

Con motivo del 75º aniversario del nacimiento de la agencia de las Naciones Unidas, Francisco subraya en un videomensaje su servicio común a la paz y la solidaridad, al desarrollo de la persona y a la protección del patrimonio cultural

 

"Felicidades": así se dirige el Papa Francisco a la UNESCO, que ha cumplido el 75 aniversario de su fundación, en un videomensaje. Expresa su más sincera felicitación y recuerda la "relación privilegiada" con la Iglesia. "La Iglesia -subraya el Papa- está al servicio del Evangelio, y el Evangelio es el mensaje más humanizador que conoce la historia".

Es, especifica Francisco, "un mensaje de vida, libertad y esperanza que ha inspirado innumerables iniciativas educativas en todas las épocas y lugares, y ha animado el crecimiento científico y cultural de la familia humana".

Precisamente a la luz del mensaje evangélico, las líneas de actuación con la Unesco son similares. Por ello, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura es un colaborador privilegiado de la Santa Sede en el servicio común a la paz y la solidaridad entre los pueblos, al desarrollo integral de la persona humana y a la protección del patrimonio cultural de la humanidad.

Más de 20 jefes de Estado participarán en la ceremonia del 75º aniversario de la Unesco, que se retransmitirá en directo a través de las redes sociales del organismo. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, con sede en París, se fundó el 16 de noviembre de 1945 con el objetivo de fomentar la paz y el entendimiento intercultural entre los Estados a través de la educación, la ciencia y la cultura, pero sólo un año más tarde, el 4 de noviembre de 1946, se constituyó formalmente con la ratificación de otros 20 países, además de los primeros firmantes. La misión de la UNESCO es también proteger y salvaguardar los lugares del mundo considerados excepcionales por su valor y belleza cultural o natural.

 

El Papa al Foro de París: “No hay paz sin un compromiso por el desarme integral”

“Promover la paz, la buena gobernanza y un futuro mejor para todos; que ayude a salir mejor de la pandemia del Covid-19”, los temas al centro del Mensaje del Santo Padre a los participantes en el IV Foro de París sobre la paz, reunidos del 11 al 13 de noviembre de 2021.

 

Ciudad del Vaticano

“Mi esperanza es que la tradición cristiana, especialmente la doctrina social de la Iglesia, así como otras tradiciones religiosas, puedan ayudar a llevar a su reunión la esperanza fiable de que la injusticia y la violencia no son inevitables, no son nuestro destino”, lo escribe el Papa Francisco en su Mensaje a los participantes en el IV Foro de París sobre la paz, reunidos del 11 al 13 de noviembre de 2021, a través de una plataforma interactiva, buscan soluciones para superar las brechas sociales que se han agravado con la crisis del Covid-19 y para impulsar una reactivación económica que sea inclusiva y solidaria.

A los Jefes de Estado, representantes de organizaciones internacionales y de la sociedad civil, ministros y empresarios, el Santo Padre les agradeció por la oportunidad de este encuentro y reflexión para “promover la paz, la buena gobernanza y un futuro mejor para todos; que ayude a salir mejor de la pandemia del Covid-19”.

“Volver a la normalidad” es volver a las viejas estructuras sociales

En este momento histórico, señala el Papa, la familia humana se enfrenta a una elección, y se pregunta por un "regreso a la normalidad", a la realidad que conocíamos antes de la pandemia, caracterizada porque “la riqueza y el crecimiento económico estaban reservados a una minoría, mientras millones de personas no podían satisfacer sus necesidades más básicas y llevar una vida digna”. Una realidad “herida por las guerras y los experimentos con armas de destrucción masiva”. En este sentido, afirma el Pontífice, el regreso a la normalidad significaría también un retorno a las viejas estructuras sociales inspiradas en "la autosuficiencia, el nacionalismo, el proteccionismo, el individualismo y el aislamiento" y la exclusión de nuestros hermanos más pobres.

No puede haber paz sin la cooperación para el desarme integral

El Papa Francisco también señala que, no puede haber cooperación que genere la paz sin un compromiso colectivo concreto con el desarme integral. El gasto militar en todo el mundo, precisa el Papa, ha superado ya el nivel registrado al final de la "guerra fría" y aumenta sistemáticamente cada año. “En efecto, las clases dirigentes y los gobiernos justifican este rearme remitiéndose a una idea abusiva de disuasión basada en el equilibrio de los armamentos. Desde esta perspectiva, los Estados se inclinan por perseguir sus intereses principalmente sobre la base del uso o la amenaza de la fuerza”. Sin embargo, este sistema no garantiza la construcción y el mantenimiento de la paz. La idea de la disuasión, de hecho, ha resultado ser en muchos casos falaz, provocando grandes tragedias humanitarias.

El Santo Padre también indica que, hay que destacar que la lógica de la disuasión se ha asociado a la lógica del mercado liberal, según la cual el armamento puede considerarse del mismo modo que el resto de los productos manufacturados y, por lo tanto, como tal, puede comercializarse libremente en todo el mundo. Por ello, no es casualidad que durante años hayamos asistido acríticamente a la expansión del mercado de armas a nivel mundial.

La esperanza nos invita a soñar en grande

Asimismo, el Santo Padre señala que, la pandemia ha sido una revelación para todos nosotros sobre las limitaciones y deficiencias de nuestras sociedades y estilos de vida. Y, sin embargo, en medio de esta realidad sombría, necesitamos esperar, porque la esperanza es "un generador de energía, que estimula la inteligencia y da a la voluntad todo su dinamismo". La esperanza nos invita a soñar en grande y a dar cabida a la imaginación de nuevas posibilidades. La esperanza es audaz y fomenta la acción basada en el conocimiento de que la realidad puede cambiar. La esperanza responsable nos permite rechazar la tentación de las soluciones fáciles y nos da el coraje de avanzar por el camino del bien común, del cuidado de los pobres y de la casa común.

Sigue el buen camino para encontrar la paz

Finalmente, el Papa concluye invitando a no desperdiciar esta oportunidad de mejorar nuestro mundo; de adoptar con decisión formas más justas de lograr el progreso y construir la paz. Animados por esta convicción, es posible generar modelos económicos que sirvan a las necesidades de todos preservando los dones de la naturaleza, así como políticas de futuro que promuevan el desarrollo integral de la familia humana. “Afrontemos juntos esta crisis mientras tratamos de curar las profundas heridas de la familia humana”. Que nos inspire esta palabra que el profeta Jeremías dirigió al pueblo en un tiempo de gran crisis: "Detente en las calles y mira, / pregunta por los caminos del pasado, / donde está el buen camino, síguelo, para que encuentres la paz para tu vida" (Jer 6,16).

 

 

El Papa a las clarisas: lleven sobre sus hombros las penas y pecados de la Iglesia

Ayer por la mañana, tras su llegada a Asís, el Papa se dirigió al monasterio de Santa Chiara para saludar a las clarisas antes de ir a la basílica de Santa Maria degli Angeli para un encuentro con los pobres. Pidió a las monjas que rezaran para que la Iglesia no se corrompiera y para que los obispos y sacerdotes fueran pastores y no jefes de oficina

 

Amedeo Lomonaco - Ciudad del Vaticano

"¡Tengo miedo de que el Señor pase y no le reconozca!". Esta frase de San Agustín es la premisa del discurso que ha pronunciado esta mañana el Papa Francisco a las clarisas en el Monasterio de Santa Clara de Asís, antes del encuentro de oración en la Basílica de Santa María de los Ángeles con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres. El Pontífice instó a las religiosas a ser contemplativas atentas. "La atención", explicó, "no es la de quien mira por la ventana lo que ocurre durante el día: una mente que piensa bien "no pierde el tiempo en pensamientos por charlar". Para estar atentos al Señor, hay que tener "un corazón sereno" y volver con la memoria al momento de la vocación, a "lo que el corazón sentía en ese momento": "la alegría de seguir a Jesús, de acompañarlo". A continuación, el Papa invitó a plantearse preguntas cruciales que están relacionadas precisamente con el tiempo de la vocación.

¿Por qué fui llamado? ¿Para hacer carrera? ¿Para llegar a ese lugar, a ese otro lugar? No: para amar y dejarme amar.

Interceder por la Iglesia

A la serenidad de la mente hay que añadir también la de las manos, que deben moverse no sólo para rezar, sino también "para trabajar". Al detenerse en este punto, Francisco recordó lo que San Pablo escribió en su carta a los Tesalonicenses: "Quien no trabaja, que no coma. Cuando la mente, el corazón y las manos hacen lo que deben, el balance de las personas consagradas "está lleno de amor y pasión". Y es fácil darse cuenta "cuando el Señor pasa, y no dejarlo pasar sin escuchar lo que quiere decir". Su trabajo, dijo Francisco, es este:

Lleven sobre sus hombros los problemas de la Iglesia, los dolores de la Iglesia y también -me atrevo a decir- los pecados de la Iglesia, nuestros pecados, los pecados de los obispos, somos obispos pecadores, todos nosotros; los pecados de los sacerdotes; los pecados de las almas consagradas... Y llévenlos ante el Señor: 'Son pecadores, pero déjalo, perdónalos', siempre con la intercesión por la Iglesia.

No dejarse corromper por el pecado

El peligro, añadió, no está en ser pecadores, sino en dejarse corromper por el pecado: "el corrupto es incapaz de pedir perdón". El camino de esta corrupción, que lleva a ver el pecado como "una actitud normal", sólo tiene "un billete de ida, apenas de vuelta". La vida de los pecadores, en cambio, "siente la necesidad de pedir perdón": esta "necesidad de pedir perdón" no debe perderse nunca. El Pontífice instó a los religiosos a rezar para que "la Iglesia no se corrompa". Las monjas, sacerdotes y obispos corruptos son de "muy alta calidad", porque -dijo, citando un refrán- "Corruptio optimi pessima", es decir, "la corrupción de los más buenos es muy mala, es la peor". En cambio, es necesario tener siempre "la humildad de sentirse pecador, porque el Señor siempre perdona, mira para otro lado. Lo perdona todo".

No dejar de pedir perdón

Francisco recordó entonces las palabras de un confesor capuchino de 94 años en Buenos Aires. Todavía hoy, hay mucha gente en su confesionario: "hombres, mujeres, niños, jóvenes, trabajadores, sacerdotes, obispos, monjas, todo, todo el rebaño del pueblo de Dios va a confesarse con él porque es un buen confesor". Un día, este religioso había ido al episcopado y le había dicho al futuro Pontífice: "A veces me siento mal porque perdono demasiado". "Voy a la capilla, miro el tabernáculo: 'Señor, perdóname, he perdonado demasiado'. Pero en un momento dado me despierto: "Pero atención: ¡porque fuiste tú quien me dio el mal ejemplo!". Recordando estas palabras del sacerdote, el Papa subrayó que Dios "sólo pide nuestra humildad para pedir perdón".

Recen para que los sacerdotes sean pastores y no jefes de oficina

Francisco dirigió entonces una exhortación especial a las clarisas: " Piensen en la Iglesia. Piensen en los ancianos, en los abuelos, que a menudo son material de descarte".

Piensen en las familias, cuántas veces las madres y los padres tienen que trabajar para llegar a fin de mes, para tener comida. Recen por las familias para que sepan educar bien a sus hijos. Piensen en los niños, en los jóvenes y en las muchas amenazas de la mundanidad que tanto daño hacen. Y recen por la Iglesia. Piensen en las monjas, en las mujeres consagradas como ustedes, en las que deben trabajar en las escuelas y en los hospitales. Piensen en los sacerdotes. Teresina entró en el Carmelo para rezar por los sacerdotes: necesitamos, lo necesitamos.

"Recen -concluyó el Papa- para que sepamos ser pastores y no jefes de oficina: para que los sacerdotes sean obispos, sacerdotes, tengan esta pastoral, para ser pastores.

 

LA ORACIÓN DE PETICIÓN Y LA MISERICORDIA DIVINA

— Nuestra confianza en la petición tiene su fundamento en la infinita bondad de Dios.

— Acudir siempre a la misericordia divina.

— La intercesión de la Virgen.

I. El Señor nos enseñó de muchas maneras la necesidad de la oración y la alegría con que acoge nuestras peticiones. Él mismo ruega al Padre para darnos ejemplo de lo que habíamos de hacer nosotros. Bien sabe Dios que cada instante de nuestra existencia es fruto de su bondad, que carecemos de todo, que nada tenemos. Y, precisamente porque nos ama con amor infinito, quiere que reconozcamos nuestra dependencia, pues esta conciencia de nuestra nada es para nosotros un gran bien, que nos lleva a no separarnos un solo instante de su protección.

Para alentarnos a esta oración de súplica, Jesús quiso darnos todas las garantías posibles, al mismo tiempo que nos mostraba las condiciones que ha de tener siempre la petición. Y daba argumentos, ponía ejemplos para que lo entendiéramos bien. El Evangelio de la Misa nos presenta a la viuda que clama sin cesar ante un juez inicuo que se resiste a atenderla1, pero que, por la insistencia de la mujer, acabará escuchándola. Dios aparece en la parábola en contraste con el juez. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Si el que es injusto e inicuo decide al final hacer justicia, ¿qué no hará el que es infinitamente bueno, justo y misericordioso? Si la postura del juez es desde el principio de resistencia a la viuda, la de Dios, por el contrario, es siempre paternal y acogedora. Este es el tema central de la parábola: la misericordia divina ante la indigencia de los hombres.

Las razones que da el juez de la parábola para atender a la viuda son superficiales y de poca consistencia. Al final se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme. La «razón» de Dios, por el contrario, es su infinito amor. Jesús concluye así la parábola: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Y comenta San Agustín: «Por tanto, deben estar bien seguros los que ruegan a Dios con perseverancia, porque Él es la fuente de la justicia y de la misericordia»2. Si la constancia ablanda al juez «capaz de todos los crímenes, ¿con cuánta más razón debemos postrarnos y rogar al Padre de las misericordias, que es Dios?»3.

El amor de los hijos de Dios debe expresarse en la constancia y en la confianza, pues «si a veces tarda en dar, encarece sus dones, no los niega. La consecución de algo largamente esperado es más dulce... Pide, busca, insiste. Pidiendo y buscando obtienes el crecimiento necesario para obtener el don. Dios te reserva lo que no te quiere dar de inmediato, para que aprendas a desear vivamente las cosas grandes. Por tanto, conviene orar y no desfallecer»4. No debemos desalentarnos jamás en nuestras súplicas a Dios. «¡Dios mío, enséñame a amar! —¡Dios mío, enséñame a orar!»5. Ambas cosas coinciden.

II. Mucho vale la oración perseverante del justo6. Y tiene tanto poder porque pedimos en nombre de Jesús7. Él encabeza nuestra petición y actúa de Mediador ante Dios Padre8. El Espíritu Santo suscita en nuestra alma la súplica, cuando ni siquiera sabemos lo que debemos pedir. Quien ha de conceder pide con nosotros que nos sea concedido, ¿qué más seguridad podemos desear? Solamente nuestra incapacidad de recibir limita los dones de Dios. Como cuando se va a una fuente con una vasija pequeña o agujereada.

El Señor es compasivo y misericordioso9 con nuestras deficiencias y con nuestros males. La Sagrada Escritura presenta con frecuencia al Señor como Dios de misericordia, utilizando para ello expresiones conmovedoras: tiene entrañas de misericordia, ama con amor entrañable10, como las madres... Santo Tomás, que insiste frecuentemente en que la omnipotencia divina resplandece de manera especial en la misericordia11, enseña cómo en Dios esta es abundante e infinita: «Decir de alguien que es misericordioso –enseña el Santo– es como decir que tiene el corazón lleno de miserias, o sea, que ante la miseria de otro experimenta la misma sensación de tristeza que experimentaría si fuese suya; de donde proviene que se esfuerce en remediar la tristeza ajena como si se tratase de la propia, y este es el efecto de la misericordia. Pues bien, a Dios no le compete entristecerse por la miseria de otro; pero remediar las miserias, entendiendo por miseria un defecto cualquiera, es lo que más compete a Dios»12.

En Cristo, enseña el Papa Juan Pablo II, se hace particularmente visible la misericordia de Dios. «Él mismo la encarna y personifica. Él mismo es, en cierto sentido, la misericordia»13. Él nos conoce bien y se compadece de la enfermedad, de la mala situación económica que atravesamos quizá..., de las penas que la vida lleva a veces consigo. «Nosotros –cada uno– somos siempre muy interesados; pero a Dios Nuestro Señor no le importa que, en la Santa Misa, pongamos delante de Él todas nuestras necesidades. ¿Quién no tiene cosas que pedir? Señor, esa enfermedad... Señor, esta tristeza... Señor, aquella humillación que no sé soportar por tu amor... Queremos el bien, la felicidad y la alegría de las personas de nuestra casa; nos oprime el corazón la suerte de los que padecen hambre y sed de pan y de justicia; de los que experimentan la amargura de la soledad; de los que, al término de sus días, no reciben una mirada de cariño ni un gesto de ayuda.

»Pero la gran miseria que nos hace sufrir, la gran necesidad a la que queremos poner remedio es el pecado, el alejamiento de Dios, el riesgo de que las almas se pierdan para toda la eternidad»14. El estado del alma de quienes tratamos más frecuentemente debe ser nuestra primera solicitud, la petición más urgente que elevamos cada día al Señor.

III. El pueblo cristiano se ha sentido movido a lo largo de los siglos a presentar sus peticiones a Dios a través de su Madre, María, y a la vez Madre nuestra. En Caná de Galilea puso de manifiesto su poder de intercesión ante una necesidad material de unos novios que quizá se encontraron con una afluencia de amigos y conocidos mayor de la prevista. El Señor había determinado que su hora fuera adelantada por la petición de su Madre. «En la vida pública de Jesús –señala el Concilio Vaticano II– aparece significativamente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Caná de Galilea, movida por la misericordia, suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros del Mesías»15. Desde el principio, la obra redentora de Jesús está acompañada por la presencia de María. En aquella ocasión, no solo se remedió, con abundancia, la carencia del vino en la fiesta de bodas, sino que, como el Evangelista indica expresamente, el milagro confirmó la fe de aquellos que seguían más de cerca a Jesús. Así en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él16.

La Virgen Santa María, siempre atenta a las dificultades y carencias de sus hijos, será el cauce por el que llegarán con prontitud nuestras peticiones hasta su Hijo. Y las enderezará si van algo torcidas. «¿Por qué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios?», se pregunta San Alfonso Mª de Ligorio. Y responde el Santo: «Las oraciones de los santos son oraciones de siervos, en tanto que las de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede rogar sin ser atendida (...).

»Para conocer bien la gran bondad de María recordemos lo que refiere el Evangelio (...). Faltaba el vino, con el consiguiente apuro de los esposos. Nadie pide a la Santísima Virgen que interceda ante su Hijo en favor de los consternados esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos de compadecer a los desgraciados (...), la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera (...). Si la Señora obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaran?»17.

Hoy, un sábado que procuramos dedicar especialmente a Nuestra Señora, es una buena ocasión para acudir a Ella con más frecuencia y con más amor. «A tu Madre María, a San José, a tu Ángel Custodio..., ruégales que hablen al Señor, diciéndole lo que, por tu torpeza, tú no sabes expresar»18.

1 Lc 18, 1-8. — 2 San Agustín, en Catena Aurea, vol. VI, p. 295. — 3 Teofilacto, en Catena Aurea, vol. VI, p, 296. — 4 San Agustín, Sermón 61, 6-7. — 5 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 66. — 6 Sant 5, 16. — 7 Cfr. Jn 15, 16; 16, 26. — 8 Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Comentario al Evangelio de San Juan, 16, 23-24. — 9 Sant 5, 11. — 10 Cfr. Ex 34, 6; Ioel 2, 13; Lc 1, 78. — 11 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q, 21, a. 4; 2-2, q. 30, a. 4. — 12 ídem, o. c., 1, q. 21, a. 3. — 13 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 2. — 14 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, Palabra, 2ª ed., Madrid 1986, pp. 77-78. — 15 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58. — 16 Jn 2, 11. — 17 San Alfonso Mª de Ligorio, Sermones abreviados, 48. — 18 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 272.

 

Meditaciones: sábado de la 32.ª semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el miércoles de la semana treinta y dos del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: Jesús nos impulsa a la oración de petición; interceder por quienes nos rodean; oración y fe se fortalecen mutuamente.

13/11/2021

·       Jesús nos impulsa a la oración de petición.

·       Interceder por quienes nos rodean.

·       Oración y fe se fortalecen mutuamente.


AUNQUE MUCHAS VECES parezca difícil compaginar la idea de un Dios absolutamente perfecto, que conoce todo, con su disposición a dejarse conmover por nosotros, Jesús es claro en el Evangelio de hoy. Sí: Dios cuenta con nuestras oraciones. Cristo mismo relata «una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: “Hazme justicia ante mi adversario”. Y durante mucho tiempo no quiso. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme”. Concluyó el Señor: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar?» (Lc 18,1-7).

La parábola nos presenta, con vivos colores, a un juez desalmado y a una viuda perseverante. La conclusión se saca por contraste: si hasta un personaje como ese juez, aunque sea a regañadientes, cede ante la porfiada insistencia de la viuda, ¿cómo no será eficaz nuestra oración perseverante, si quien nos escucha es nuestro Padre Dios, que nos ama infinitamente y desea más que nosotros mismos nuestro bien?

Cuando se descubre el amor de Dios, «se comprende que toda necesidad puede convertirse en objeto de petición. Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre (cfr. Jn 14,13). Con esta seguridad, Santiago (cfr. St 1,5-8) y Pablo nos exhortan a orar en toda ocasión (cfr. Ef 5,20; Flp 4,6-7; Col 3,16-17; 1 Ts 5,17-18)»[1]. Con la oración reconocemos el poder, la bondad y la misericordia de Dios. Y el primer fruto de la oración es que nos une más al Señor, que nos ayuda a aceptar su voluntad hasta identificarnos con ella, aunque no siempre la comprendamos del todo.


LA VIDA DE san Josemaría, como la de otros muchos santos, es un ejemplo de perseverancia en la oración. «Yo soy muy tozudo, soy aragonés –decía en una ocasión con buen humor, recordando un rasgo que se suele atribuir a los de su tierra–: y eso, llevado a lo sobrenatural, no tiene importancia; al contrario, es bueno, porque hay que insistir en la vida interior»[2]. Y con gran frecuencia, ante las necesidades y urgencias que aparecían continuamente en la vida de la Iglesia y de la Obra, animaba a sus hijas e hijos a rezar con fe y sin desanimarse: «¡No hay más remedio que perseverar! ¡Pedid, pedid, pedid! ¿No veis lo que hago yo? Trato de practicar este espíritu. Y cuando quiero una cosa, hago rezar a todos mis hijos, y les digo que ofrezcan la Comunión, y el Rosario, y tantas mortificaciones y tantas jaculatorias, ¡miles! Y Dios nuestro Señor, si perseveramos con perseverancia personal, nos dará todos los medios necesarios para ser más eficaces y extender su Reino en el mundo»[3].

«La súplica es expresión del corazón que confía en Dios, que sabe que solo no puede. En la vida del pueblo fiel de Dios encontramos mucha súplica llena de ternura creyente y de profunda confianza. No quitemos valor a la oración de petición, que tantas veces nos serena el corazón y nos ayuda a seguir luchando con esperanza. La súplica de intercesión tiene un valor particular, porque es un acto de confianza en Dios y al mismo tiempo una expresión de amor al prójimo. Algunos, por prejuicios espiritualistas, creen que la oración debería ser una pura contemplación de Dios, sin distracciones, como si los nombres y los rostros de los hermanos fueran una perturbación a evitar. Al contrario, la realidad es que la oración será más agradable a Dios y más santificadora si en ella, por la intercesión, intentamos vivir el doble mandamiento que nos dejó Jesús. La intercesión expresa el compromiso fraterno con los otros cuando en ella somos capaces de incorporar la vida de los demás, sus angustias y sus sueños. De quien se entrega generosamente a interceder puede decirse con las palabras bíblicas: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por el pueblo» (2 M 15,14)»[4].


«CUANDO VENGA el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?» (Lc 18,8). El colofón que Jesús da al relato de la parábola sobre la necesidad de orar siempre, pone de manifiesto el estrecho vínculo que existe entre fe y oración. «Creamos, pues, para poder orar –decía san Agustín– y oremos para que la fe, que es el principio de la oración, no nos falte. La fe difunde la oración, y la oración, al difundirse obtiene, a su vez, la firmeza de la fe»[5].

Tanto en nuestra vida personal como en el caminar de la Iglesia por la historia humana, podemos tener la seguridad de que «la lámpara de la fe estará siempre encendida sobre la tierra mientras esté el aceite de la oración»[6]. Los aparentes éxitos o fracasos individuales o colectivos tienen una importancia muy relativa porque la esencia del Evangelio es otra: «El Evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. No promete a nadie una vida cómoda. Es exigente. Y al mismo tiempo es una Gran Promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre, sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas»[7].

Hemos de rezar siempre, dirigirnos al Señor «como se habla con un hermano, con un amigo, con un padre: lleno de confianza. Dile: ¡Señor, que eres toda la Grandeza, toda la Bondad, toda la Misericordia, sé que Tú me escuchas! Por eso me enamoro de Ti, con la tosquedad de mis maneras, de mis pobres manos ajadas por el polvo del camino»[8]. María es maestra de oración porque tenía siempre en mente a su hijo. «Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. Y cómo logra»[9].


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2633.

[2] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 16-VI-1974.

[3] San Josemaría, Meditación, 4-III-1960.

[4] Francisco, Ex. ap. Gaudete et exsultate, n. 154.

[5] San Agustín, Sermón 115, 1.

[6] Francisco, Audiencia, 14-IV-2021.

[7] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, p. 117.

[8] San Josemaría, En diálogo con el Señor, «La oración de los hijos de Dios», n. 2, 3g.

[9] San Josemaría, Camino, n. 502.

 

"Un solo corazón y una sola alma"

Has de ser, como hijo de Dios y con su gracia, varón o mujer fuerte, de deseos y de realidades. –No somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones..., pero fieles a Dios y a su Iglesia. (Forja, 792)

13 de noviembre

La labor de la Iglesia, cada día, es como un gran tejido, que ofrecemos al Señor, porque todos los bautizados somos Iglesia.

–Si cumplimos –fieles y entregados–, este gran tejido será hermoso y sin falla. –Pero, si uno suelta un hilo acá, otro allá, y otro por el otro lado..., en lugar de un hermoso tejido, tendremos un harapo hecho jirones. (Forja, 640)

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una» –la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.

–Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración! (Forja, 632)

Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María. (Forja, 647)

 

 Estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres

Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres, con el lema “A los pobres los tienen siempre con ustedes”, que se celebrará el domingo, día 15 de noviembre.

Foto: Ismael Martínez Sánchez

12/11/2021

1. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.

La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume —unos 300 denarios, equivalentes al salario anual de un obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este respecto, recordamos las contundentes palabras de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los pobres [...]. Si ahora todavía hay alguien que tiene la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro, entonces, que tenga su parte junto a Judas» (Comentario al Evangelio de Mateo, XI, 9).

La segunda interpretación la dio el propio Jesús y permite captar el sentido profundo del gesto realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo» (Mc 14,6). Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro. Esta visión va más allá de cualquier expectativa de los comensales. Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación. Y es elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia se contará lo que ella acaba de hacer conmigo» (Mc 14,9).

2. Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio.

El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3).

Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre. «Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198-199).

3. Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.

Tenemos muchos ejemplos de santos y santas que han hecho del compartir con los pobres su proyecto de vida. Pienso, entre otros, en el padre Damián de Veuster, santo apóstol de los leprosos. Con gran generosidad respondió a la llamada de ir a la isla de Molokai, convertida en un gueto accesible sólo a los leprosos, para vivir y morir con ellos. Puso manos a la obra e hizo todo lo posible para que la vida de esos pobres, enfermos y marginados, reducidos a la extrema degradación, fuera digna de ser vivida. Se hizo médico y enfermero, sin reparar en los riesgos que corría, y llevó la luz del amor a esa “colonia de muerte”, como era llamada la isla. La lepra lo afectó también a él, signo de un compartir total con los hermanos y hermanas por los que había dado la vida. Su testimonio es muy actual en nuestros días, marcados por la pandemia de coronavirus. La gracia de Dios actúa ciertamente en el corazón de muchos que, sin aparecer, se gastan por los más pobres en un concreto compartir.

4. Necesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,15). Esta conversión consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20).

La enseñanza de Jesús también en este caso va a contracorriente, porque promete lo que sólo los ojos de la fe pueden ver y experimentar con absoluta certeza: «Y todo el que deje casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Si no se elige convertirse en pobres de las riquezas efímeras, del poder mundano y de la vanagloria, nunca se podrá dar la vida por amor; se vivirá una existencia fragmentaria, llena de buenos propósitos, pero ineficaz para transformar el mundo. Se trata, por tanto, de abrirse con decisión a la gracia de Cristo, que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo.

5. El Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre nuevas formas de pobreza. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social.

El año pasado, además, se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. Los pobres han aumentado desproporcionadamente y, por desgracia, seguirán aumentando en los próximos meses. Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro. Una mirada atenta exige que se encuentren las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas. En particular, es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes. La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura.

6. Sin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación. Hay muchas pobrezas de los “ricos” que podrían ser curadas por la riqueza de los “pobres”, ¡si sólo se encontraran y se conocieran! Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo en la reciprocidad. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. ¡Cuántos ejemplos de compartir están ante nuestros ojos! Los pobres nos enseñan a menudo la solidaridad y el compartir. Es cierto, son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho e incluso lo necesario, pero no les falta todo, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.

7. Por eso se requiere un enfoque diferente de la pobreza. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa, que permita aumentar la libertad efectiva para poder realizar la existencia con las capacidades propias de cada persona. Pensar que la libertad se concede e incrementa por la posesión de dinero es una ilusión de la que hay que alejarse. Servir eficazmente a los pobres impulsa a la acción y permite encontrar los medios más adecuados para levantar y promover a esta parte de la humanidad, demasiadas veces anónima y sin voz, pero que tiene impresa en sí el rostro del Salvador que pide ayuda.

8. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien. En el fondo se puede entrever el antiguo mandato bíblico: «Si hubiese un hermano pobre entre los tuyos, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu hermano el pobre. Por el contrario, tiéndele la mano y préstale lo que necesite, lo que le falte. […] Le prestarás, y no de mala gana, porque por eso el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas. Ya que no faltarán pobres en la tierra» (Dt 15.7-8.10-11). El apóstol Pablo se sitúa en la misma línea cuando exhorta a los cristianos de sus comunidades a socorrer a los pobres de la primera comunidad de Jerusalén y a hacerlo «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría» (2 Co 9,7). No se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres.

En este contexto también es bueno recordar las palabras de san Juan Crisóstomo: «El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. [...] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia» (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

9. Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy.

Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida... Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón. Hagamos nuestras las apremiantes palabras de don Primo Mazzolari: «Quisiera pedirles que no me pregunten si hay pobresquiénes son y cuántos son, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. [...] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949). Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2021, Memoria litúrgica de san Antonio de Padua.

Francisco

 

Sentir la pobreza de Jesús

Con motivo de la fiesta de san Francisco de Asís, el 4 de octubre, san Josemaría aconsejaba meditar sobre la virtud de la pobreza: “sacad consecuencias prácticas para vuestra vida personal”.

La renuncia de Francisco de Asís a los bienes terrenales, según Giotto.

03/10/2021

¿No te da alegría sentir tan cerca la pobreza de Jesús?... ¡Qué bonito carecer hasta de lo necesario! Pero como Él: oculta y silenciosamente. Forja, 732

Me dices que deseas vivir la santa pobreza, el desprendimiento de las cosas que usas. —Pregúntate: ¿tengo yo los afectos de Jesucristo, y sus sentimientos, con relación a la pobreza y a las riquezas? Y te aconsejé: además de descansar en tu Padre-Dios, con verdadero abandono de hijo..., pon particularmente tus ojos en esa virtud, para amarla como Jesús. Y así, en lugar de verla como una cruz, la considerarás como signo de predilección. Forja, 888

Dios mío, veo que no te aceptaré como mi Salvador, si no te reconozco al mismo tiempo como Modelo. —Pues que quisiste ser pobre, dame amor a la Santa Pobreza. Mi propósito, con tu ayuda, es vivir y morir pobre, aunque tenga millones a mi disposición. Forja, 46

Siempre pobres ¿cómo?

Nos basta además escuchar las palabras del Señor: bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Si tú deseas alcanzar ese espíritu, te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad...; no te crees necesidades. En una palabra, aprende con San Pablo a vivir en pobreza y a vivir en abundancia, a tener hartura y a sufrir hambre, a poseer de sobra y a padecer por necesidad: todo lo puedo en Aquel que me conforta. Y como el Apóstol, también así saldremos vencedores de la pelea espiritual, si mantenemos el corazón desasido, libre de ataduras. Amigos de Dios,123

No tienes espíritu de pobreza si, puesto a escoger de modo que la elección pase inadvertida, no escoges para ti lo peor. Camino 635

Despégate de los bienes del mundo. —Ama y practica la pobreza de espíritu: conténtate con lo que basta para pasar la vida sobria y templadamente. Camino, 631

Un signo claro de desprendimiento es no considerar —de verdad— cosa alguna como propia. Forja, 524

Si eres hombre de Dios, pon en despreciar las riquezas el mismo empeño que ponen los hombres del mundo en poseerlas. —Si no, nunca serás apóstol. Camino, 633

Si estamos cerca de Cristo y seguimos sus pisadas, hemos de amar de todo corazón la pobreza, el desprendimiento de los bienes terrenos, las privaciones. Forja, 997

La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios. Conversaciones, 111

“Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el Evangelio a los pobres” (Mt., XI, 4–S): Hijos míos, habéis escuchado lo que nos dice el Señor; sus palabras a mí me remueven por dentro: luego amaremos el desasimiento, lo amaremos con predilección; porque cuando el espíritu de pobreza se resquebraja, es que va mal toda la vida interior. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Padres y madres de familia numerosa y pobre

Copio este texto, porque puede dar paz a tu alma: "Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez. Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos". Forja 807

Amo tu Voluntad. Amo la santa pobreza, gran señora mía. —Y abomino, para siempre, de todo lo que suponga, ni de lejos, falta de adhesión a tu justísima, amabilísima y paternal Voluntad. Forja, 808

No amas la pobreza si no amas lo que la pobreza lleva consigo. Camino 637

Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros —¡con fe recia!— de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos. Desaparecerían tantos desasosiegos que, con frase de Jesús, son propios de los paganos, de los hombres mundanos, de las personas que carecen de sentido sobrenatural.

Querría, en confidencia de amigo, de sacerdote, de padre, traeros a la memoria en cada circunstancia que nosotros, por la misericordia de Dios, somos hijos de ese Padre Nuestro, todo poderoso, que está en los cielos y a la vez en la intimidad del corazón; querría grabar a fuego en vuestras mentes que tenemos todos los motivos para caminar con optimismo por esta tierra, con el alma bien desasida de esas cosas que parecen imprescindibles, ya que ¡bien sabe ese Padre vuestro qué necesitáis!, y Él proveerá.

Creedme que sólo así nos conduciremos como señores de la Creación, y evitaremos la triste esclavitud en la que caen tantos, porque olvidan su condición de hijos de Dios, afanados por un mañana o por un después que quizá ni siquiera verán. Para mí, el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia —muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades— sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar. Conversaciones, 111

¿Y los medios para vivir y trabajar?

Lógicamente has de emplear medios terrenos. —Pero pon un empeño muy grande en estar desprendido de todo lo terreno, para manejarlo pensando siempre en el servicio a Dios y a los hombres. Forja, 728

Vivir en este mundo con sentido realista, pero como peregrinos, que van de camino hacia la morada eterna, y, por tanto, han de llenarse de un afán grande por vivir totalmente desprendidos de las cosas que usan; trabajando con rectitud de intención, sin un desordenado afán de lucro; amando, como venidas de las manos de Dios, las incomodidades, estrecheces y privaciones con que pueden encontrarse; preocupándose de contribuir personalmente, con su trabajo, a remediar la indigencia material y espiritual de tantas almas, abandonando en el Señor sus preocupaciones. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Sacrificio: ahí está en gran parte la realidad de la pobreza. Es saber prescindir de lo superfluo, medido no tanto por reglas teóricas cuanto según esa voz interior, que nos advierte que se está infiltrando el egoísmo o la comodidad indebida. Confort, en su sentido positivo, no es lujo ni voluptuosidad, sino hacer la vida agradable a la propia familia, y a los demás, para que todos puedan servir mejor a Dios. Conversaciones, 111

¡Tanta afición a las cosas de la tierra! —Pronto se te irán de las manos, que no bajan con el rico al sepulcro sus riquezas. Camino, 634

Ante la indigencia, ternura eficaz

Me atrevo a decir que, cuando las circunstancias sociales parecen haber despejado de un ambiente la miseria, la pobreza o el dolor, precisamente entonces se hace más urgente esta agudeza de la caridad cristiana, que sabe adivinar dónde hay necesidad de consuelo, en medio del aparente bienestar general. La generalización de los remedios sociales contra las plagas del sufrimiento o de la indigencia –que hacen posible hoy alcanzar resultados humanitarios, que en otros tiempos ni se soñaban–, no podrá suplantar nunca, porque esos remedios sociales están en otro plano, la ternura eficaz –humana y sobrenatural– de este contacto inmediato, personal, con el prójimo: con aquel pobre de un barrio cercano, con aquel otro enfermo que vive su dolor en un hospital inmenso; o con aquella otra persona –rica, quizá–, que necesita un rato de afectuosa conversación, una amistad cristiana para su soledad, un amparo espiritual que remedie sus dudas y sus escepticismos. Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976

Por “el sendero del justo descontento”, se han ido y se están yendo las masas. Duele..., pero ¡cuántos resentidos hemos fabricado, entre los que están espiritual o materialmente necesitados! —Hace falta volver a meter a Cristo entre los pobres y entre los humildes: precisamente entre ellos es donde más a gusto se encuentra. Surco, 228

 

La santificación en la propia situación de vida

Estudio de Miguel Ángel Tabet, profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, publicado en "Romana", nº 6 (1988).

01/06/2015

El texto de 1 Cor 7,17-24[1], sin lugar a dudas, tiene especial importancia en la individuación de los fundamentos bíblicos de la teología del laicado, especialmente en lo que concierne a la definición del ámbito de la santificación: la peculiar condición de vida, su situación familiar, social, profesional, etc. Interesa destacar, desde el primer momento, que el pasaje en cuestión no puede ser tratado como un inciso o paréntesis dentro de 1 Cor 7, como tampoco dentro de la más amplia perspectiva del epistolario paulino[2]. Su contenido, en efecto, no constituye en ningún modo una enseñanza secundaria, accidental, en el mensaje global del Apóstol, como lo pone de manifiesto la fórmula «así lo dispongo en todas las iglesias» (v. 17) con que san Pablo indica la constancia y universalidad de esta enseñanza suya. Él trataba de este argumento «in omnibus ecclesiis», y así lo hace notar explícitamente a los corintios.

Por otra parte, la enseñanza de 1 Cor 7,17-24 adquiere fuerza y vigor al contextualizar el pasaje dentro del entero «corpus paulinum». El deber del cristiano de santificarse en la propia situación de vida, por medio de su trabajo y en las circunstancias ordinarias, es un tema que aflora en muchos otros textos diseminados aquí y allá a lo largo de las cartas del Apóstol[3]. Sin embargo, quizá sea ésta perícopa de la primera Carta a los Corintios la más significativa. En ella se insinúa la doctrina que tan admirablemente expuso el Concilio Vaticano II al afirmar que «por su vocación, es propio de los laicos buscar el reino de Dios tratando las cosas temporales, ordenándolas según Dios. Ellos viven en el siglo, es decir, implicados en todos y cada uno de los asuntos y negocios del mundo y en las ordinarias condiciones de la vida familiar y social, en las cuales su existencia está como entretejida. Allí son llamados por Dios a contribuir, como desde el interior, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de su función propia y bajo la guía del espíritu evangélico y, de este modo, a hacer visible a Cristo a los demás, principalmente con el testimonio de la propia vida y con el fulgor de la fe, de la esperanza y de la caridad. A ellos corresponde particularmente iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las cuales están estrechamente ligados, de modo que siempre se realicen según Cristo, y crezcan y se mantengan en alabanza al Creador y Redentor»[4].

1. El contexto inmediato de 1 Cor 7,17-24

El contexto en que se encuentra nuestro pasaje puede resultar a primera vista algo sorprendente, pero tal vez esto mismo es lo que realza particularmente su significado. Se trata del capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, capítulo que da inicio a la segunda parte de la epístola, toda ella caracterizada por el hecho de contener respuestas del Apóstol a diversas consultas que le habían planteado los fieles. En particular, el capítulo 7 afronta la temática de la relación entre el matrimonio y la virginidad. «Una de las preguntas que la comunidad corintia propuso al Apóstol debía decir, poco más o menos, si a un cristiano le es lícito el matrimonio y la consumación matrimonial. Tenía ante los ojos el ejemplo del celibato de los Apóstoles; sabían que el mismo Jesús había sido célibe; conocían asimismo la sentencia sobre los que renuncian al matrimonio por amor al reino de los cielos (Mt 19,11 ss). De todo esto deducían que todos debían tender a este ideal. Por otra parte, había otros muchos que estimaban en poco los valores de la sexualidad, lo que podía llevar, por el camino opuesto, a la laxitud moral...»[5].

La respuesta de san Pablo ofrece las directrices doctrinales esenciales para aclarar esos interrogantes. El Apóstol les habla de la legitimidad y conveniencia del matrimonio (vv. 1-2), de la igualdad esencial de los derechos y deberes de los cónyuges (vv. 3-4), de la continencia temporal por razones más altas, como dedicarse a la oración (v. 5), del matrimonio y la virginidad como dos dones diferentes de la gracia, y la mayor excelencia en sí de este último (vv. 6-9), de la indisolubilidad del matrimonio (vv. 10-11) y del comportamiento a seguir en el caso concreto del matrimonio entre paganos, uno de los cuales se convertía al cristianismo (vv. 16-17). Es en este momento (v. 17), antes de continuar con el tema planteado y extenderse a propósito de la excelencia de la virginidad (vv. 25-40), última parte del capítulo, cuando san Pablo parece sentirse urgido a recordar lo que era un tema frecuente en su predicación: las exigencias normales de la vocación cristiana en relación a las estructuras del mundo. Comienza así el v. 17 afirmando: «por lo demás, que cada uno permanezca en la condición que le asignó el Señor, en la que tenía cuando le llamó Dios. Así lo dispongo en todas las iglesias»[6].

Tal vez, el motivo que impulsó a san Pablo a señalar con contornos precisos este punto capital de su doctrina, precisando que así lo disponía en todas las comunidades, haya sido el espíritu de relajamiento moral y de inestabilidad religiosa de los corintios. E1 Apóstol quería probablemente evitar que se hiciera una extensión abusiva de la enseñanza que él había expuesto poco antes sobre la licitud de la ruptura de los lazos conyugales en un matrimonio inicialmente realizado entre paganos, en el caso de que la parte pagana no quisiera seguir conviviendo pacíficamente con la parte que se había convertido. San Pablo se apresura entonces a señalar el principio general de la vida cristiana: que los ligámenes y las obligaciones lícitas contraídas antes del bautismo conservaban su pleno su valor.

La doctrina en definitiva era ésta: «si la "conversión" al cristianismo es el punto de partida de un cambio radical en la vida moral y religiosa del hombre interior, ella no comporta de por sí ninguna modificación de la situación exterior y social de los fieles; más aún, es preferible permanecer en la condición o estado en que se estaba cuando se recibió el don interior de la fe»[7]. El Apóstol inculcaba que la realidad de la vocación cristiana no tenía por qué cambiar las circunstancias exteriores de vida, puesto que lo que sí llevaba consigo era una conversión interior; por consiguiente, que sus afirmaciones sobre la disolución del matrimonio cuando la parte pagana rompía la convivencia matrimonial ante la conversión de la otra parte eran una solución práctica a un caso concreto, que no podía extenderse a otras cuestiones. El principio general era más bien el contrario, que el cristianismo no venía a remover el antiguo equilibrio, pues todas las circunstancias de vida-siempre que no fueran deshonestas-podían ser santificadas[8].

La importancia de este principio general es puesta por san Pablo de relieve tanto al introducirlo de un modo algo abrupto como al indicar que así lo disponía en todas las iglesias, y, desde un punto de vista gramatical, por su reiteración. En efecto, en los escasos ocho versículos que dura la digresión del tema en cuestión, san Pablo reafirma el mismo principio tres veces: vv. 17, 20 y 24. Pero analicemos las cosas con orden.

2. 1 Cor 7,17-19: Permanencia en la propia condición de origen

Esta sección comienza con la conjunción ei me, partícula adversativa y restrictiva. La Vulgata y la Neovulgata la traducen por nisi. Zerwick la identifica con plên (praeterquam, ceterum): «por lo demás»[9]. Así la entienden la mayor parte de los exégetas. Si san Pablo había dado normas sobre la separación en casos de matrimonios entre cristianos y paganos, era porque en ocasiones la situación en la que venía a encontrarse la parte bautizada no era compatible con las exigencias de la fe. Al introducir la fórmula «por lo demás», comienza su enseñanza sobre de lo que debía ser considerado la norma de conducta general y habitual entre los fieles, a aplicar siempre que la situación anterior a la conversión fuera compatible con la vocación cristiana: «a cada uno como repartió el Señor (Kyrios), a cada uno como ha llamado Dios (Theós). Quedaba así establecido que el estado o condición que se tiene antes de recibir la fe cae dentro de los planes divinos. Esa situación reviste el carácter de un don, que san Pablo atribuye a Cristo mismo (Kyrios) como donador, para que el hombre viva en él y se santifique cuando le sorprenda la llamada de Dios Padre a la fe»[10].

Para ilustrar el principio precedente, el Apóstol lo aplica a dos situaciones que eran de máxima actualidad para los corintios. La primera se refería a la distinción entre judíos y gentiles, o, en la terminología del Apóstol, a la situación de circunciso o de incircunciso. Era ésta tal vez, desde el punto de vista religioso, la diferencia más radical imaginable por los cristianos: eran éstas, en efecto, las dos situaciones religiosas extremas, existentes entre los hombres, desde que Dio había hecho elección del pueblo de Israel. San Pablo, aplicando el principio general, señala que la conversión al cristianismo no implicaba la exigencia de cambio de las circunstancias que caracterizaban el estado del uno por el del otro: «¿Fue llamado alguien siendo circunciso? Que no lo oculte. ¿Fue llamado siendo incircunciso? No se circuncide. Nada es la circuncisión, y nada la falta de circuncisión; lo importante es la observancia de los mandatos de Dios» (vv. 18-19).

Aquí se encuentra el núcleo central de la enseñanza del Apóstol. San Pablo parece querer afirmar que, una vez recibido el bautismo, judéo-cristianos y étnico-cristianos, cada uno, debían aceptar y considerar como algo muy digno de estima lo que la Providencia divina había destinado para unos y otros antes de recibir la llamada a la fe. Ni el judéo-cristiano tenía por qué avergonzarse de su condición de circunciso, tratando de ocultarla o haciéndola desaparecer[11], ni el étnico-cristiano debía estimar que su entrada al cristianismo implicaba una asunción previa de las costumbres judías. Ni el uno ni el otro debían sentirse superior o inferior por razón de su precedente origen religioso. Es probable que en este momento san Pablo tratara de paso de combatir el grave error de los judaizantes; pero su mirada sin duda iba mucho más allá: quería subrayar que lo que exigía la llamada a la nueva fe era otra cosa: que cada uno, aceptando su propia procedencia religiosa, se convenciese de que lo que de ahora en adelante importaba consistía en vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, es decir, en «la observancia de los mandamientos de Dios» (v. 19). Es la misma instrucción que dará a los Gálatas: «en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por la caridad» (Gal 5,6). No exigía la vida cristiana cambios externos, sino una conversión interior, fruto de la fe, manifestada evidentemente en las obras del amor a Dios y al prójimo, y en mundo de vida compatible con la misma fe.

3. Permanencia en la propia condición social: vv. 20-23

El razonamiento de san Pablo presenta en los versículos que siguen un cierto progreso, tanto en la enunciación del principio general como en su ejemplificación.

3.1. La situación de vida entendida como vocación

En la formulación del principio general, en efecto, en vez del giro «a cada uno, como repartió el Señor», san Pablo afirma ahora con mayor énfasis: «Cada uno permanezca en la vocación en que fue llamado»[12]. El Apóstol utiliza, además, un término peculiar, de fuerte raigambre bíblica: klêsis (vocación), que parece emplearse con una intencionalidad bien precisa ¿Qué entiende el Apóstol en este texto por dicho término? Nos parece que la respuesta es la siguiente: «No el acto de la gracia divina, sino el puesto o condición social en la que el hombre se encontraba cuando fue llamado a la fe y a la Iglesia»[13]. Ciertamente, este uso de klêsis en 1 Cor 7,20 resulta algo inusual y casi inesperado [14], pero esto encuentra su explicación en el empleo popular de esta palabra en la grecidad, en la que klêsis aparece frecuentemente con el significado de «invitación» y no rara vez de «denominación», «cita», «testamento»[15].

Esta ha sido la opinión más generalizada desde época patrística. Tanto en la literatura patrística como medieval, el término «klêsis» en 1 Cor 7,20 fue entendido en clara referencia a la vocación humana, es decir, al género de vida, condición y situación en que se encuentran los hombres en la sociedad[16]. La opinión de los Padres griegos parece unánime. Así, san Juan Crisóstomo, a propósito de los vv. 17-21, comenta: «Estas cosas nada impiden a la fe, dice el Apóstol, para que no las desprecies ni te turbes, pues la fe asume todas estas cosas. "Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella permanezca". ¿Fuiste llamado teniendo mujer pagana? Permanece con ella: no eches a la mujer a causa de la fe. ¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes: permanece como siervo...»[17]. En el medioevo, en su exposición a las cartas de san Pablo, escribe san Bruno: «Y digo en general aquello que vale para el circunciso y el incircunciso: que cada uno viniendo a la fe permanezca en aquel estado en el que fue llamado; y sepa que ese estado es la vocación de Dios»[18]. Más claras si cabe son las palabras de Hervé de Bourg-Dieu: «"Cada uno en la vocación en que fue llamado", es decir en aquella condición que no repugna a la vocación, "en ella permanezca". Lo cual se ha de atribuir a aquellas costumbres o vocaciones de la vida, que no son de obstáculo para la fe y las buenas costumbres. Puesto que si alguno era ladrón cuando fue llamado, no piense que puede permanecer en el latrocinio»[19].

Esta interpretación es también la que ha prevalecido en la exégesis más reciente, hasta el punto que pensamos se pueda aseverar que se trata de la opinión común de exégetas. No extraña, por esto, que el Theologisches Begriffslexikon zum NT pueda afirmar tajantemente: «1 Cor 7,15ss. demuestra que la vocación no altera necesariamente la situación social del cristiano (no hace al esclavo jurídicamente independiente de su señor) ni le obliga a cambiar de profesión: el cambio de condición no se logra a través de una trasformación de estructuras caducas, sino mediante la transformación de la actitud interna. Por lo demás, 1 Cor 7,20 es el único pasaje en el que klêsis se puede traducir por «profesión» (en el sentido de "condición" en que uno vive...)»[20]. Respecto a la exégesis protestante, la interpretación propuesta por nosotros parece ser también la más común[21]. La discusión planteada sobre el término «klêsis» ha sido recogida por K.L. Schmidt en su artículo klêsis en el Teologisches Worterbuch zum Neuen Testament [22]. En el sentido de «estado de vida» ha sido interpretada, entre otros, por H. Lietzmann, H.D. Wendland y K. Holl, los cuales, por otra parte, reconocen la singularidad de este significado dentro del «corpus paulinum» e incluso dentro de la literatura profana. Holl escribe: «De este riguroso uso lingüístico (de «klêsis» en el sentido de "vocación"), se separa solamente un pasaje. En 1 Cor 7,20 Pablo escribe: cada uno debe permanecer en la "klêsis" en la que ha sido llamado. Nuestra ciencia lingüística no está en grado todavía de decidir con seguridad si Pablo intenta introducir aquí, junto a un concepto atrevido, un término igualmente atrevido y de nuevo cuño (la vocación del cristiano incluye también la situación de cada uno, como algo querido por Dios), o si ha acogido un uso lingüístico ya afirmado, si bien muy raro y a lo más popular ("klêsis" como aquello de lo que uno reciba el nombre, y por tanto el "rango", o la "profesión" en el sentido de "sociedad"). Esta última hipótesis es quizá la más probable. En cualquier caso era notable que el significado de este término, indicativo de un valor terreno, fuese precisado a los cristianos mediante un pasaje del Nuevo Testamento»[23]. Por su parte, autores como el mismo Schmidt, Cremer-Kogel, etc. vierten la palabra «klêsis» de 1 Cor 7,20 como vocación a la vida cristiana. Así Schmidt, en su artículo sobre la voz «klêsis» en el ThWNT, traduce: «cada uno permanezca en el estado de la vocación en la que fue llamado».

La razón que aducen estos últimos exégetas se basa en que ése es precisamente el significado de «klêsis» en todo el «corpus paulinum», donde «kIesis»—afirman-significa «vocación» a algo que pertenece a la esfera sagrada de la salvación; en caso contrario, se trataría de un significado del todo singular. Pensamos que las aclaraciones de K.V. Truhlar resultan a este propósito muy pertinentes: «E1 argumento, sin embargo, no convence. De los ocho textos adoptados, en efecto, aunque 1 Cor 1,26 también se refiere directamente a la vocación a la vida cristiana, no lo hace de modo simple y exclusivo. Puesto que cuando Pablo afirma: "ved vuestra vocación, oh hermanos, porque no hay muchos sabios entre vosotros, según la carne, ni muchos potentes, ni muchos nobles; sino que... las cosas viles del mundo y de ningún valor eligió Dios...", considera directamente la vocación cristiana, pero no como separada del estado profano, sino concretizada en la modesta condición social de los corintios; es decir, junto con la vocación cristiana considera la vocación social. Si se tiene presente todo esto, la voz "klesis" en 1 Cor 7,20, interpretada por vocación a la condición o estado de vida, puede ser entendido como un paso más avanzado en la línea comenzada en 1 Cor 1,26»[24]. El autor continúa: «Si san Pablo usa por lo general la palabra "vocación" en el sentido de llamada a la vida cristiana, ¿por qué no habría podido, en algún pasaje, usar el mismo término en sentido nuevo, en especial si este nuevo sentido se conecta íntimamente con el otro significado con que el término se usa ordinariamente? En otras palabras: ¿por qué S. Pablo, que usa la palabra "kIêsis" para significar en general la vocación a la vida cristiana, no habría podido usar la misma palabra en algún texto para significar la vocación al estado o condición de vida, o sea, al estado profesional, que en último término no es sino la vida cristiana considerada en concreto?»[25]. Resulta sugerente, en efecto, considerar que el Apóstol emplea el término «klêsis» para designar la vocación humana donde —como insiste-debía permanecer el hombre en la nueva condición creada por la llamada divina.

3.2. Progreso en la ejemplificación

El segundo caso al que san Pablo aplica el principio general tiene un alcance mucho mayor que el primero. Se trata de la situación antagónica de esclavos y libres. Los esclavos eran muy abundantes en la sociedad de Corinto, y ante la perspectiva de un acercamiento al cristianismo debían preguntarse si su condición era compatible con la santidad que el Apóstol predicaba y con la vocación cristiana. Pregunta más que comprensible, si se tienen en cuenta la visión que la cultura antigua griega y latina tenía de la esclavitud y del trabajo manual[26]. El Apóstol señala que no había motivo de desasosiego, pues también la situación de esclavo era compatible con el Evangelio: «¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes; y aunque puedas obtener la libertad, aprovecha más bien tu condición; porque el que siendo siervo fue llamado en el Señor, es liberto de Cristo; igualmente, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo. Fuisteis comprados mediante un precio; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado» (vv. 21-24).

Las palabras de san son tanto más elocuentes cuando se considera que en sus cartas hay toda una profunda y amplia doctrina sobre la dignidad del hombre, que no dejará de influir positivamente en tiempos sucesivos en la concepción social del mundo y del trabajo[27]. Pero aquí san Pablo está desarrollando otro argumento, y su intento es el de señalar que en cualquier condición humana, por ínfima que ésta fuera considerada por los hombres, puede ser asumida en toda su plenitud y ser integrada en una vida cristiana abrazada con plenitud; por tanto, incluso en el caso de un esclavo tuviera la oportunidad de hacerse libre, éste debería tener como ganancia mayor permanecer en su situación presente[28]. «Tuvo que ser enorme la sensación de dicha de estos hombres sometidos a esclavitud al ser aceptados como ciudadanos de pleno derecho en la comunidad cristiana y verse tratados como hermanos y hermanas por los hombres libres»[29].

La justificación teológica que san Pablo da a su enseñanza se encuentra en los vv. 22-23. Es la liberación del pecado y el seguimiento de los mandatos de Cristo lo que ennoblece al hombre y da sentido a su condición. Entonces, el que fue llamado esclavo en el Señor, conquista la verdadera libertad, la libertad de los hijos de Dios; y el que era libre cuando fue llamado, alcanza la única esclavitud digna del hombre, la de ser siervo de Cristo. Es la paradoja de lo sobrenatural, que pone de relieve el verdadero sentido de las cosas: su relación a Cristo. ¿Para qué entonces cambiar de condición? La mayor plenitud de vida cristiana no radica en la peculiaridad de la situación externa, aunque en ella se realice. Todos somos iguales delante de Dios (cf. Gal 3,28; Col 3,11).

La posibilidad de vivir de esta nueva manera en la propia situación se ha hecho posible-señala el Apóstol-al haber sido comprados a un «alto precio», al precio de la sangre de Cristo, por la que el hombre puede dejar de ser víctima de las perspectivas meramente humanas de las cosas y adquirir la perspectiva sobrenatural. Centradas así las cosas, san Pablo puede concluir reiterando gozosamente por tercera vez el principio general: «cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado» (v. 24).

CONCLUSIÓN

No es posible extendernos en este estudio en el profundo contenido teológico y moral que presenta la doctrina del Apóstol de las gentes en 1 Cor 7,17-24. Nos parece, sin embargo, que podemos concluir adecuadamente estas páginas afirmando que el texto de 1 Cor 7-17,24 resume, sin duda, uno de los temas que estaban muy dentro del corazón vibrante de san Pablo. La idea de que la situación humana ordinaria, de cada hombre, cae dentro de los planes divinos de salvación; que la vocación humana y la vocación divina no son ajenas, sino que se hermanan y entrecruzan de modo tal que —en general— la vocación cristiana debe realizarse precisamente en aquellas circunstancias hacia las que el hombre es llevado por los resortes de la vida y su inclinación personal. Dicho de otro modo, recordando las palabras con que el Fundador del Opus Dei incitaba a vivir con radical fidelidad la vocación de cristianos y la vocación profesional: «allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres (...). Debéis comprender ahora —con una nueva claridad— que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama de trabajo. Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»[30].

Miguel Ángel Tabet

Universidad Pontificia de la Santa Cruz

[1] Así afirma: «Por lo demás, que cada uno permanezca en la condición que le asignó el Señor, en la que tenía cuando le llamó Dios. Así lo dispongo en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguien siendo circunciso? Que no lo oculte. ¿Fue llamado siendo incircunciso? No se circuncide. Nada es la circuncisión, y nada la falta de circuncisión; lo importante es la observancia de los mandamientos de Dios. Cada uno permanezca en la vocación en que fue llamado. ¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes; y aunque puedes hacerte libre, aprovecha más bien tu condición; porque el que siendo siervo fue llamado en el Señor, es liberto del Señor; igualmente, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo. Fuisteis comprados mediante un precio; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado».

[2] Resulta sorprendente la poca atención que se ha prestado al texto paulino por parte de algunos autores en el momento de estudiar la vida de los primeros cristianos. Es el caso, por ejemplo, del acreditado libro de L. Cerfaux, Le chrétien dans la théologie paulinienne, Cerf, Paris 1962.

[3] Es lo que ha subrayado JUAN PABLO II en la encíclica Laborem exercens, del 14-IX-1981, n.26, sobre el trabajo humano, donde afirma: «Las enseñanzas del Apóstol de las Gentes tienen, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo humano. Son un importante complemento a este grande, aunque discreto, "Evangelio del trabajo", que encontramos en la vida de Cristo y en sus parábolas, en lo que Jesús "hizo y enseñó" (Hech 1,1)» (traducción castellana en El mensaje social de la Iglesia, Palabra, Madrid 1986, n. 643).

[4] Const. dogm. Lumen Gentium, n. 31. Nos parece obligado indicar en el presente escrito la viva luz proyectada sobre la teología del trabajo y del laicado por las enseñanzas y el apostolado del Siervo Josemaría Escrivá. Entre los autorizados testimonios propuestos por diferentes personalidades eclesiásticas, sobresale el de Juan Pablo II. Las palabras que pronunció el 19 de agosto de 1979, durante la homilía de una Misa celebrada para un numeroso grupo de miembros del Opus Dei, son particularmente significativas para el tema que estamos examinando: «Vuestra institución-afirmaba— tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo. Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del concilio y del postconcilio...» (el texto original en italiano apareció en «L'Osservatore Romano» del 20/21-VIII-1979; la traducción castellana en «L'Osservatore Romano», edición en español, del 26-VIII-1979). Otros testimonios en J. L. ILLANES, La santificación del trabajo, Palabra Madrid 19818, pp. 9-14. El libro expone magistralmente la doctrina sobre el valor sobrenatural del trabajo predicado por el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, al que debo cuanto de positivo he podido comprender sobre el tema de nuestro estudio.

[5] E. WALTER, Der erste Brief an die Korinther, en la serie «Geistliche Schriftlesung», Patmos, Düsseldorf 1969 (versión española, Herder, Barcelona 1977, p. 104).

[6] El texto dice literalmente: «fuera de estos casos, así como el Señor ha asignado a cada uno, como Dios ha llamado, así camine».

[7] C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens, en L. Pirot — A. Clamer, La Sainte Bible t. XI, 2 partie, Letouzey et Ané, Paris 1948, p. 218. La traducción es nuestra.

[8] Cf. V. Jacono, Le epistole di S. Paolo ai Romani, ai Corinti e ai Galati, en S. Garofalo, La Sacra Bibbia, Marietti, Torino-Roma 1952, XI, p. 315.

[9] Analysis philologica Novi Testamenti, Pontificio Istituto Biblico, Roma 1966, in loc.

[10] J. Leal, Primera carta a los Corintios, en La Sagrada Escritura. Nuevo Testamento, BAC, Madrid 1975, t. II, p. 392.

[11] Esto requería una curiosa operación médica. Cf. 1 Mac 1,15; 2 Mac 14,9s; 4 Mac 5,2 (escrito apócrifo); Flavio Josefo, Antiquitates Iudaicae 12,5,1; etc.

[12] Literalmente: «cada cual, en la vocación en que fue llamado, en ella permanezca». El énfasis es evidente, sobre todo, en la expresión en táutê (en ella).

[13] E. Walter, Der erste Brief an die Korinther@, p. 124.

[14] En el Nuevo Testamento, fuera de 1 Cor 7,20, el término «klêsis» siempre se refiere a la vocación cristiana. Así sucede en los otros ocho pasajes paulinos en que aparece ese vocablo: Rm 11,19; 1 Cor 1,26; Ef 1,18; 4,1; 4,4; Fil 3,14; 2 Ts 1,11; 2 Tm 1,9. Sin embargo, el texto de 1 Cor 1,26 parece que se coloca en la línea de 1 Cor 7,20, objeto de nuestro estudio (cf. L. Coenen, Llamada, en L. Coenen — E. Beyreuther — h. Bietenhard, Diccionario Teologico del Nuevo Testamento, III, pp. 9-15: orig. alemán: Theologisches Begriffslexikon zum NT , R. Brockaus, Wuppertal 1971). Sobre este tema volveremos más adelante.

[15] En la literatura griega por nosotros conocida el término «klêsis» se encuentra en Aristófanes, en Jenofonte, en Platón, en no pocos papiros griegos, en los LXX y en la literatura antigua. En poquísimas ocasiones se encuentra el significado de «denominación» o el de «nombre»; más frecuente es el de «invitación». Es el sentido de los tres lugares en que la palabra aparece en los LXX (Jdt 12,10; 3 Mac 5,14; Jr 31,6). El uso religioso de la palabra es común (Cf. K. L. SCHMIDT, Klésis, en ThWNT, ed. italiana, Paideia, Brescia 1968, IV, 1469; STEPHANUS, Thesaurus linguae graecae, Paris 1865ss. in loc.). Un texto de Dionisio de Halicarnaso, Ant. Rom. 4,18,2, presenta un significado de interés para nosotros. Allí se lee: «se tuvieron por tanto seis @symmoríai@ que los romanos llaman clases, del griego klêsis». Aunque hay autores, como A. Debrunner y el mismo K. L. Schmidt, que consideran infundada la etimología propuesta por Dionisio, conocidos lexicógrafos como F. ZORELL, en el Lexicon Graecum Novi Testamenti (voz: «klêsis»} aceptan la validez de la explicación de Dionisio. Zorell la utiliza para decir a propósito de 1 Cor 7,20: «"in eo vitae genere seu statu in quo (ad fidem christianam) vocatus est"... fortasse etiam 1 Cor 1,16 huc revocari potest».

[16] Para una visión de conjunto sobre la actitud ante el trabajo en la historia de la espiritualidad, cf. J. L. Illanes, La santificación del trabajo@, pp. 37-44.

[17] In Ep. I ad Cor., hom. 19: PG 61,155-156. Para otros testimonios patrísticos, cf. W. SCHWER, Beruf, en F.J. Dölger et al., Reallexikon für Antike und Christentum, A. Hiersemann, Stuttgart 1950ss, II, 153-156.

[18] In Epist. I ad Cor., 111: PL 159 B.

[19] In Epist. I ad Cor, cap. 7: PL 181,880D-881A. Otros testimonios medievales se pueden encontrar en N. Paulus, Die Wertung der weltlichen Beruft im Mittelalter, Hist. Jahrbuch 32 (1911) 725-755; Zur Geschichte des Wortes Beruft, Hist. Jahrbuch 45 (1925) 308-316; Der Berufsgedanke bei Thomas von Aquin, Zeitschrift f. Kath. Theologie 50 (1926) 445-454.

[20] La traducción castellana es nuestra (cf. L. Coenen, Llamada@, p. 13). Leamos algunos otros comentarios: «"Unusquisque in qua vocatione..."; unusquisque in quocumque vitae genere, ordine et conditione maneat, in qua erat, cum vocatus est. Intellige de statu honesto, licito, inculpato» (C. A. Lapide, In Epist. I ad Cor., VII, 20). «Répétition du principe: Que chacun demeure dans la condition extérieure où il était lorsqu'il a été appelé à la fois. Juifs et pans ont été sauvés dans des circonstances extérieures diverses, mais, puisque la grâce les atteints les uns et les autres dans tel ou tel état (cf. I'emphase de "en taúte"), il n'y a pas à renier ce dernier, quel qu'il soit. C'est la sagesse même!» (C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens@, p. 219). «Qui l'accento non è posto sulla "dignità" della vita da condurre, ma sulla "circostanza". Si tratta della relazione tra la nuova chiamata di salvezza e il primiero stato di vita» (G. Greganti, La vocazione individuale nel Nuovo Testamento, Pontificia Università Lateranense Roma 1969, p 178). «Per il valore di "klêsis" si cf. il v. 24 e non si avrà difficoltà ad ammettere, con tutti gli antichi e la maggioranza dei recenti, che S. Paolo consigli a ciascuno "di rimanere in qualsiasi genere di vita, ordine o condizione in cui ha ricevuto la fede" (Teofilacto)» (V. Jacono, Le epistole di S. Paolo@, p. 316). «(Klêsis) no designa aquí la vocación o acto divino que nos llama a ser cristiano, sino la que cada uno debe realizar aceptando su situación propia y viviéndola cristianamente. Por eso hemos traducido por «estado» condición o profesión» (J. Leal, Primera epístola a los Corintios@, p. 392). «Questi versetti indicano che Paolo non pensa principalmente ad una vocazione a cui un uomo è chiamato, ma alla condizione in cui un uomo si trova quando gli giunge la chiamata che produce la conversione e lo convoca alla vita di fede e ubbidienza cristiana. Si deve almeno presumere che il Signore desidera che il convertito rimanga nella condizione in cui si trova» (Ch.K. Barret, La prima lettera ai corinti, EDB, Bologna 1979, p. 211; orig. inglese, Black, London 19712); e lo stesso autore aggiunge rispetto al v. 20 « La chiamata di questo verseto non è la chiamata con cui, a cui, o da cui un uomo viene chiamato; ma si rifrisce alla condizione in cui egli è quando è chiamato da Dio a diventare cristiano« (p. 215). En la misma línea están las versiones más difundidas de la Biblia.

[21] Con relación a la lectura del texto hecha por los reformadores, se puede señalar que la frecuente referencia de Lutero y Calvino a 1 Cor 7,20, está relacionada, sin lugar a dudas, a la orientación doctrinal de la reforma en su conjunto. Lutero tradujo el término «klêsis» con «Beruf», dándole el significado de «Berufung» (clase, profesión), como indica K. L. Schmidt en la voz «klêsis» en ThWNT, nota 1. Sin embargo, Lutero no pretendía en absoluto habla de santificación del trabajo: no podía ver en las actividades humanas un medio de santidad sin renegar del principio de la «sola fides» que justifica; su intento fue más bien el de demostrar, en el ámbito de la polémica contra el «otium» monástico, que a la vocación cristiana se le debía reconocer un carácter meramente secular. Lutero valoró, de este modo, en apariencia, la vida secular, pero a costa de la radical desvalorización del actuar humano en orden a la justificación y a la salvación. Desvalorización que llevaba a la pretensión de separar las obras profanas de las obras propias de la piedad religiosa. Lo que parecía haber de positivo en el rechazo de Lutero a restringir el concepto de obra buena a las oraciones dichas en la iglesia, el ayuno y la limosna,, queda anulado por la pretensión de emancipar la actividad humana de cualquier juicio formulado desde la luz del Evangelio. Más lejos aún llega Calvino, que aunque considera la profesión como una vocación, crea una ruptura insalvable entre obrar humano y salvación, abriendo el camino hacia la total desvinculación del primero respecto de los valores trascendentes (Cf. G. Angelini, Lavoro, en «Nuovo Dizionario di Teologia», Paoline, Roma, 1982, pp. 704-706); Cf. también P. Rodríguez, El mundo como tarea moral, en «Studium», Instituto Pontificio de Teología, Madrid 1981, pp. 423-427. J. L. Illanes aclara que ni Lutero ni Calvino «alcanzaron a descubrir el valor santificador del trabajo, más aún contribuyeron poderosamente a hacer difícil ese descubrimiento: la concepción del pecado original como corrupción total de la naturaleza y el empeño en negar el carácter meritorio ante Dios de toda obra humana, incluso realizada en gracia, cerraban en efecto las puertas a todo progreso en ese sentido (...) El dualismo que antes establecieron —la sola fides que justifica y la predestinación, por un lado, y. por otro, el trabajo considerado como servicio pero carente de valor ante Dios— dio pie, en la evolución posterior, a una escisión entre un pietismo individualista y un humanismo sin raíces teologales, cuyos ecos han llegado hasta nuestros días» (La santificación del trabajo@, pp. 55-56).

[22] Cf. K. L. Schmidt, Klêsis@, nota 1 y 6.

[23] Die Geschichte des Wortes Beruf, en K. HOLL, Gesammelte Aufsetze zur Kirchengeschichte, III, 190. Citado por K, L. Schmidt, Klêsis@, nota 1.

[24] Lavoro cristiano (Per una teologia del lavoro), Herder, 1966, cap. XXI, p. 196. Trad. italiana del original en latín, Labor christianus («Initiatio in theologiam spiritualem systematicam de labore»), Herder, Romae-Friburgi-Barcinone 1961. La trad. castellana es nuestra.

[25] Ibidem, p. 197.

[26] La cultura griega hacía una distinción, a nivel teorético y práctico, entre trabajo manual y actividad especulativa. El resultado era la asociación, clamorosa en Platón, entre la actividad intelectual y la condición de libertad, de una parte, y actividad manual y condición servil, de la otra. De ahí el desprecio del trabajo manual, contrapuesto al cultivo de las artes liberales, propias del hombre libre. La situación en la cultura latina era análoga (cf. G. Angelini, Lavoro@, p. 704).

[27] Respecto a este tema, cf. S. Álvarez Turienzo, Doctrina social cristiana (Esclavitud III), en GER, Madrid 1984, t. VIII, pp. 782-783. Ver la Bibliografía que allí se cita. Para encuadrar el tema, pueden servir las palabras de L. Ramlot: «Ni Jesús ni Pablo formularon ninguna teoría social contra la mala organización del mundo antiguo. No obstante, al asumir uno y otro la condición del trabajador y del servidor aportaron a los hombres una dignidad, una esperanza y un poder que éstos no habían sospechado: por su trabajo y su sufrimiento, ellos, cargadores de Corinto o esclavos de los césares, redimían el mundo, hicieran lo que hiciesen, y trabajaban para agradar no a los hombres sino al Señor (Col 3,23), como "colaboradores de Dios". Nada de discursos revolucionarios, sino un ejemplo de servicio total y un espíritu de fraternidad efectiva y universal: he aquí la nueva justicia que surgió en el mundo antiguo, sin reclamar todo su derecho ni alejar la locura de la cruz. Una superación de la justicia estricta: esto es lo que fue propuesto a todos los hombres en el Sermón de la montaña. Tal superación de la justicia no consiste jamás en lesionar al prójimo o a la equidad, sino en hacer siempre más y mejor» (en Aa.Vv., Enciclopedia de la Biblia, Garriga, Barcelona 1963, VI 1075).

[28] La frase «y aunque puedas obtener la libertad, aprovecha más bien tu condición» (Vulgata: «magis utere») ha conocido distintas interpretaciones. Lutero, Calvino y no pocos teólogos protestantes (Godet, Hofmann, Robertson, Plummer) y también algunos autores católicos (A. Lápide, Calmet, Riccioti), han visto en esta expresión un inciso que limita el principio de no cambiar de estado o de condición. Todos ellos proponen la siguiente traducción: «sin embargo, si puedes ganar la condición de libre, aprovecha esta oportunidad». Pero la exégesis opuesta parece preferible, a la luz de la explicación tradicional y de la estructura gramatical de la frase. A ella se adhieren todo los Padres griegos, el Ambrosiaster, santo Tomás, Allo, Spicq, etc. Se apoya en el hecho de que el término griego «alla», junto a la conjunción concesiva «ei kai» (aún cuando), muy distinta de «kei ei» (y si), exige ser traducido preferiblemente por «incluso». El contexto favorece dicha opinión. En efecto, el consejo de aprovechar la ocasión para recuperar la libertad rompería el curso normal de la frase y exigiría, por lo menos, una justificación por parte de san Pablo. El imperativo «chrêsai« (utere) no presenta dificultad. porque el imperativo aoristo indica cualidad de la acción, la acción en sí misma, no el tiempo. Santo Tomás comenta: «Maneas in servitute, quia causa est humiitatis. Et sicut ait Ambrosius: quanto quis despectior est in hoc saeculo pretiosior est, tanto propter eum utilior Boetius: cum omnis fortuna timenda sit magis tamen prospera quam adversa» (In Ep. I ad Cor. VII, lect. IV). Cf. C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens, pp. 219-220; V. Jacono, Le epistole di S. Paolo@, p. 316.

[29] E. Walter, Der erste Brief an die Korinther@,p. 124.

[30] Conversaciones con Monseñor Escrivá, Rialp, Madrid 198514, nn, 113 y 114. Son palabras pronunciadas en la homilía de la Misa celebrada en octubre de 1967 en Pamplona, en el «campus» de la Universidad de Navarra, delante de unas 40.000 personas. Textos análogos pueden encontrarse en J.L. Illanes, La santificación del trabajo@, pp. 73ss.

 

Como en una película: Retrospectiva de una vida

En los últimos momentos de la vida de san José, el santo patriarca hace memoria sobre las aventuras que ha afrontado de la mano de María y Jesús.

11/11/2021

Podemos imaginar que José ya no puede más y que, a pesar de sus esfuerzos por continuar el trabajo en el taller, no se sostiene en pie. Jesús llama rápidamente a María, y entre los dos lo toman y lo llevan a su cama. Jesús permanece siempre a su lado. José vuelve por fin en sí y lo primero que hace es mirar a su esposa. Lamenta que se esté acercando el momento en que la tiene que dejar. Y en su cabeza quizá rememora aquel otro instante en que temía no volver a verla jamás.

Ver con los ojos de Dios

Había ocurrido poco después de los desposorios. María se disponía a visitar a su prima Isabel, que estaba esperando un hijo. José se quedaría en Nazaret, preparando la casa en la que iban a vivir. Hasta ese momento, sabemos poco de él: tendría una vida normal. El Evangelio nos ofrece algunos datos: era de la casa de David y estaba desposado con una virgen que se llamaba María (cfr. Lc 1,27). Y también nos da un detalle sobre su modo de ser: era un hombre justo (cfr. Mt 1,19). Esto era lo que distinguía a José. Era joven y ya era conocido como alguien justo: había descubierto el valor que tiene la ley de Dios para orientar su propia vida. Se esforzaba para que su obrar y su manera de pensar y comprender la realidad se adecuaran a lo que el Señor tenía pensado para el hombre y para el mundo. Había aprendido que fiarse de Dios es construir la vida sobre cimientos sólidos. «Su cumplimiento de la voluntad de Dios no es rutinario ni formalista, sino espontáneo y profundo. La ley que vivía todo judío practicante no fue para él un simple código ni una recopilación fría de preceptos, sino expresión de la voluntad de Dios vivo. Por eso supo reconocer la voz del Señor cuando se le manifestó inesperada, sorprendente».

Pero, de repente, su vida sufrió una sacudida cuando vio llegar a María después de haber visitado a su prima. A la alegría por volverla a encontrar después de tanto tiempo, se mezcló una inquietud no pequeña: María estaba embarazada. No se explicaba lo que veía, pero como era justo y estaba cerca de Dios podemos suponer que trataba de ver las cosas con sus ojos: de algún modo, quizá fue capaz de percibir la presencia de Dios en María. Era consciente de que esa mujer era especial.

En cualquier caso, se encontró José en una situación en la que no sabía bien qué hacer. Por un lado, la ley le prohibía asumir sin más a un hijo que no era suyo; por otro, la pureza de María –de la que no dudaba– y el amor que tenía por ella le impedían denunciarla. Quizá se pasaría horas y horas dando vueltas a una posible solución, hasta que pareció dar con una: «Pensó repudiarla en secreto» (Mt 1,19). Tal vez su idea era marcharse sin que nadie lo supiese y así sería él el que quedaba mal, y no María. Ya había tomado la decisión. Evidentemente, le costaría pensar que no volvería a ver a María, pero sabía que de este modo la dejarían tranquila. Y así fue como finalmente pudo conciliar el sueño.

Poner el nombre

Imaginando los que pudieron haber sido los últimos momentos de la vida del santo Patriarca, vemos nuevamente a José junto a María. A ella se dirige, y le ruega que no le abandone. También le pide perdón por las veces en las que piensa que no ha sabido servirle mejor y el dolor que le supuso no acabar de comprender desde el inicio cuando la vio embarazada. Y como si la Virgen no lo supiese ya, José cuenta lo que le ocurrió aquella noche.

Se había dormido después de haber tomado una dura decisión que, sin embargo, le había llenado de paz. Entonces, un ángel del Señor se le apareció y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Dios puso fin así a la prueba de José. Podía haber actuado antes y haberles ahorrado a ambos no poco sufrimiento: a José, la inquietud por no entender y no saber qué hacer; a María, el dolor que le produciría saber la situación que estaría atravesando su esposo. Pero en su providencia, el Señor permitió que José tuviera que pensar y rezar para ver qué podía hacer. Este es uno de sus modos de actuar, porque él no quiere sustituirnos: nos asiste con su gracia para que nuestra inteligencia sea cada vez más capaz de afrontar los problemas. «Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar».

El ángel continuó hablando: «Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Es en este momento cuando José recibe una misión que va a dar forma a su vida. Sus planes han cambiado por completo. Dios no quiere que se marche, sino que cuenta con él para poner el nombre al Dios hecho hombre, es decir, para que sea su padre. Y de ahora en adelante este carpintero asumirá con responsabilidad el cuidado de Jesús y de la Virgen.

Un bien inmenso

José todavía recuerda la alegría que sintió después de aquel sueño. María tampoco se olvida del momento en que él la recibió por esposa y tuvieron que afrontar ese viaje improvisado a Belén. Entre los dos se ponen a rememorar los detalles de esa travesía: cuando se quedaron sin sitio en la posada, el establo en el que pasaron la noche, los pastores y esos sabios de Oriente que vinieron a adorar al Niño… Imaginemos que, en ese momento, entra Jesús en la habitación. José y María lo miran, y no pueden evitar acordarse también de esos instantes de angustia, cuando pensaron que su vida corría serio peligro.

Había sido una noche especial. Una caravana de camellos se había presentado en el portal. Tres hombres que parecían importantes se habían postrado delante del Niño y le habían ofrecido tres valiosos presentes: oro, incienso y mirra. José estaría dando vueltas a los acontecimientos de los últimos días hasta que fue vencido por el sueño. Entonces volvió a ocurrir una escena que ya le era familiar: «Un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”» (Mt 2,13).

Las impresiones, sin embargo, eran distintas. Si después de la primera aparición del ángel José se había despertado lleno de paz, sabiendo que no tenía que dejar a María, en esta ocasión se levantó con miedo. La vida de Jesús estaba amenzada y no había tiempo que perder. Sin reparar en lo intempestivo de la hora, ni en la fatiga después de toda una jornada intensa, «se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto» (Mt 2,14).

No se concedió ningún descanso José hasta que llegó a una zona segura. Sabía que lo que estaba haciendo era parte de esa misión que se le había confiado. En cierto modo, era consecuencia de su sí a Dios. Lejos de frustrarse, José sabía que el Señor no premia con una vida cómoda: lo que promete es una vida capaz de realizar un bien inmenso a los que son capaces de sufrir por un amor que vale la pena. Pero no se limitó José simplemente a resistir las contrariedades que se fueron presentando. Lo hizo con alegría, pues sabía que estaba llevando a cabo una misión buena, que Dios le había encomendado. Fue ese sentirse elegido para cuidar de la Virgen y el Niño lo que le hizo afrontar el cansancio y los imprevistos con una esperanza y una felicidad renovadas. Él mismo experimentaba que «darse sinceramente a los demás es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría».

«Ministro de la salvación»

En esos últimos momentos de José, podemos suponer que Jesús y María están atentos a todo lo que él pueda necesitar. La Virgen le prepara algo para que recupere las fuerzas, pero es inútil: su esposo apenas puede probar bocado. Jesús, mientras, le da las gracias por lo buen padre que ha sido y por todo lo que ha aprendido de él. Juntos recuerdan aquel primer día en el taller, esas conversaciones camino a la sinagoga, los viajes a Jerusalén… José se va sintiendo más débil, pero nota que el dolor se le va pasando gracias al cuidado de Jesús y María. No puede imaginarse un final más feliz, rodeado de las dos personas que más quiere en el mundo. Por ellas se había desvivido en los momentos más difíciles y también en la normalidad de los años en Nazaret.

Después de un sinfín de idas y venidas, la Sagrada Familia se había instalado por fin en la ciudad de Nazaret. «Ahí el niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él» (Lc 2,40). Pocas más noticias de José tenemos en ese período. Fueron años en los que siguió cumpliendo su misión. Ya no se dedicará a proteger al Niño y a María de grandes peligros, lo suyo será entonces un cuidado más corriente, como el de cualquier padre de la época. Trabajaría duro para conseguir un sustento que mantuviese el hogar, al mismo tiempo que se ocuparía de la educación de Jesús.

¿Qué podía aprender el Hijo de Dios de un carpintero? En esos años de vida oculta, José enseñó a Jesús a ser obediente a sus padres, siguiendo el mandamiento de Dios. Jesús niño aprendió de su padre en la tierra a acoger. José no fue un hombre que se resignó ante lo que ocurría, sino que acogió esa vida que Dios le había ofrecido, por mucho que se alejase de los planes que había previsto. «Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones».

Como casi cualquier hijo, Jesús aprendió lo que es el amor en su propio hogar. José no tuvo deseos de dominio, sino que le dejó libre para amar, capaz de elegir. El suyo no fue un amor que sofocara, sino que supo poner en el centro de su vida a Jesús y a María. Amaba y respetaba a los dos tal como eran.

Todo esto muestra que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”».

* * *

Vuelven los dolores de José en las últimas horas antes de la muerte. Ante su inminencia, no puede evitar cierto temor, pero no tanto a morir como a tener que dejar a Jesús y a María. Y así fue cómo mirando y amando a los dos el Santo Patriarca exhala su último aliento.

María y Jesús amortajan el cuerpo de José, ungiéndolo con aromas. Acompañados por amigos y vecinos, le llevan al sepulcro, donde le depositan. Y, terminadas las exequias, vuelve el cortejo fúnebre a la casa donde le espera, dolorosa, la santísima Virgen, que no puede disimular el dolor de la pérdida de José, que encuentra consuelo en los brazos de su Hijo.


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 41.

[2] Francisco, Patris Corde, n. 5.

[3] San Josemaría, Forja, n. 591

[4] Francisco, Patris Corde, n. 4.

[5] San Juan Pablo II, Redemptoris custos, n. 8.

 

 

Ni adoctrinamiento, ni pornografía, ni intolerancia religiosa a menores de edad

Ni adoctrinamiento, ni pornografía, ni intolerancia religiosa a menores de edad

El pasado mes de octubre, Abogados Cristianos reclamó al juzgado la ejecución inmediata de la retirada de los 32 libros de temática LGTBI que la concejalía de cultura, feminismo y LGTBI del Ayuntamiento de Castellón ha impuesto en 11 institutos públicos y en un centro de menores de la capital de la Plana para niños de 12 a 16 años (ver aquí), y que ha contado con el apoyo de la vicepresidenta primera del Consell, Mónica Oltra. Ahora son las asociaciones de padres las que reclaman la retirada de los libros. El asunto aún está pendiente de resolución judicial. El material, que continúa en los institutos, recoge afirmaciones como «si estás follando con tres gintónics encima, una raya de coca y compartís un porro, eso no es el chemsex, eso es una fiesta de toda la vida».

Alejandro López Oliva, Doctor en Derecho e investigador del Observatorio de Bioética, analiza este controvertido tema entorno a la educación afectivo sexual de los menores.

La educación afectivo sexual concierne, entre otros, al ámbito ético moral de las personas, especialmente de los menores de edad, por lo que es conveniente que desde los poderes públicos se garantice el pleno desarrollo de su personalidad en el respeto de sus derechos y libertades fundamentales teniendo en cuenta su realidad jurídica.

La incapacidad de obrar propia de la minoría de edad, necesariamente nos lleva a tener que definir brevemente los conceptos de filiación y familia, para así posteriormente, desde la patria potestad y el interés superior del menor en el ámbito educativo, conocer en qué consiste una educación afectivo sexual adecuada.

  • La filiación (arts. 108 a 141 CC) es la relación de parentesco existente entre padres e hijos que determina la pertenencia de un menor a una determinada familia, de manera que los menores no pertenecen al Estado ni a los poderes públicos.
  • La familia es el “grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, en particular de los niños[1]” (Preámbulo de la Convención sobre los Derechos del Niño) que están bajo la patria potestad de sus progenitores. El Estado y las administraciones públicas han de protegerla jurídica y socialmente[2].

La patria potestad (arts. 154 a 171 CC), como responsabilidad parental (art. 39.3 CE), se ejercerá siempre en interés de los hijos (menores de edad no emancipados), de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos e integridad física y moral. Esta función-deber comprende las facultades siguientes: 1º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral; 2º Representarlos y administrar sus bienes.

En otras palabras, la patria potestad es la primera y prioritaria forma de protección jurídica del interés superior del niño, de manera que, sólo en su defecto[3], se podrán adoptar otras medidas de protección por parte de las administraciones públicas en circunstancias extraordinarias y excepcionales de desamparo o situación de riesgo, previo pertinente procedimiento administrativo o judicial.

El interés superior del menor[4], representado por sus progenitores o legales representantes (art. 162.2 CC), “es un concepto triple: a) un derecho sustantivo de aplicación directa (aplicabilidad inmediata) que puede invocarse ante los tribunales[5]; b) un principio jurídico interpretativo fundamental por el que ante varias interpretaciones se elegirá la que satisfaga de manera más efectiva el interés superior del menor; c) una norma de procedimiento a la hora de tener que tomar una decisión que afecte a un niño en concreto, a un grupo de niños determinado o a los niños en general”[6].

Asimismo, por la especial situación de los menores (dependencia, inmadurez, condición jurídica y, a menudo, carencia de voz), el interés superior del niño debe ser un principio y una consideración primordial a atender por los poderes públicos en la adopción de todas las medidas que les afecten, de manera que no pueden decidir a su discreción sin valorarlo sistemáticamente, ni se le puede poner al mismo nivel que otras consideraciones (ej. perspectiva LGTBI)[7], de manera que los derechos y las libertades de los menores, como son la libertad ideológico religiosa y el derecho a la educación, sean reales y efectivas (arts. 9.2, 10, 16, 27 y 96.1 CE).

Para ello, a nivel internacional, europeo y nacional, se les ha reconocido[8] a los padres o legales representantes del menor un derecho humano fundamental y preferente específico del ámbito educativo por el que tienen la posibilidad de educar a sus hijos o pupilos de conformidad a sus convicciones (morales, religiosas, filosóficas o pedagógicas) y el Estado tiene el deber de respetarlo[9] en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y la enseñanza.

Dicho de otra forma, desde los artículos 26.3 DUDH, 18.4 PIDCP y 2.1 del Protocolo adicional CEDH[10], se afirma la primacía de los padres en el ejercicio del derecho humano fundamental del que son titulares, de manera que ni el Estado, ni las concejalías autonómicas o municipales, ni terceras personas son quienes pueden ejercer y decidir “preferentemente” el tipo de educación (filosófica, ideológica o religiosa) que quieren para los hijos o pupilos de las familias.

En palabras del Tribunal Constitucional: “el art. 27.3 CE … está estableciendo una órbita de libertad privada y de terreno acotado para el poder público, impidiendo formaciones ideológicas imperativamente propuestas desde el Estado”[11]; “es evidente que aquel artículo constitucional (art. 27.3 CE) ampara, junto a la libre elección de una cierta educación moral o religiosa, el derecho a la neutralidad ideológica de los centros docentes públicos, tal como declara la citada Sentencia de este Tribunal de 13 de febrero de 1981”[12]; “en un sistema jurídico basado en el pluralismo, la libertad ideológica y religiosa de los individuos y la aconfesionalidad del Estado, todas las instituciones públicas y muy especialmente los centros docentes, han de ser, en efecto, ideológicamente neutrales. Esta neutralidad … es la única actitud compatible con el respeto a la libertad de las familias que, por decisión libre o forzada por las circunstancias, no han elegido para sus hijos centros docentes con una orientación ideológica determinada y explícita”[13].

En consonancia con ello, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Sentencia de 7 de diciembre de 1976, Caso Kjeldsen, Busk Madsen y Pedersen contra Dinamarca) ha manifestado que: “El artículo 2 (PI-2), que se aplica a todas las funciones del Estado en el campo de la educación y la enseñanza, no permite distinguir entre la instrucción religiosa y otras asignaturas. Ordena al Estado respetar las convicciones tanto religiosas como filosóficas de los padres en el conjunto del programa de la enseñanza pública” (parágrafo 51.2); “Al cumplir un deber natural hacia sus hijos, de quienes les incumbe prioritariamente asegurar la educación y la enseñanza, los padres pueden exigir del Estado el respeto a sus convicciones religiosas y filosóficas. Su derecho corresponde pues, a una responsabilidad estrechamente ligada al goce y ejercicio del derecho a la instrucción” (párrafo 52); “La segunda frase del artículo 2 implica, por el contrario, que el Estado … vela por que las informaciones o conocimientos que figuran en el programa (educación afectivo sexual) sean difundidas de manera objetiva, crítica y pluralista. Se prohíbe al Estado perseguir una finalidad de adoctrinamiento que pueda ser considerada como no respetuosa de las convicciones religiosas y filosóficas de los padres. Aquí se encuentra el límite que no debe ser sobrepasado” (parágrafo 53.2).

Por tanto, el derecho que tienen los padres a educar a sus hijos según sus convicciones (art. 27.3 CE) aparece subordinado a la satisfacción del derecho a la educación de sus hijos (art. 27.1 CE) para el pleno desarrollo de su personalidad en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales (art. 27.2 CE), es decir, para inculcar una moral cívico-democrática o ideario educativo constitucional[14] que, necesariamente, deberá respetar cualquier educación afectivo sexual que se imparta a los menores de edad.

Para que haya una educación afectivo sexual adecuada al ideario educativo constitucional que contempla todas las facultades que componen el derecho a la educación (puntos 1 a 3 del art. 27 CE) en interés superior del menor, y no tenga un contenido de carácter adoctrinador, se ha de desarrollar dentro de los límites siguientes:

  1. La información comunicada debe ser científica, veraz, con contenidos actualizados y tiene que evitar estigmatizar a ningún grupo social[15].
  2. Para no vulnerar el derecho de los padres a elegir la formación moral que quieren para sus hijos, debe impartirse de modo objetivo, respetando los estándares fijados al respecto por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos[16]. La obligación de la objetividad debe ser tanto más intensa cuantos menores sean las alternativas fácticas o jurídicas para los padres que no deseen una educación sexual programada por el Estado o la concejalía competente[17].
  3. No puede estar dirigido a preconizar un comportamiento sexual determinado, ni a exaltar el sexo ni a incitar a los alumnos a dedicarse precozmente a prácticas peligrosas para su equilibrio, su salud o su futuro o reprensibles para muchos padres[18].
  4. Debe preverse la participación de los padres para controlar el contenido de la educación sexual que reciben sus hijos, pues a ellos les incumbe prioritariamente asegurar la educación y la enseñanza de estos[19]. En este sentido, los padres deben recibir información acerca de las modalidades y extensión de la educación sexual dada por la escuela[20].

Conclusión

En conclusión, la tolerancia, la inclusión y el respeto a la diversidad afectivo sexual han de someterse necesariamente al principio del interés superior del menor respetando integralmente los derechos y libertades fundamentales del menor y de sus legales representantes para garantizar el pleno desarrollo de su personalidad (arts. 9.2, 10, 16, 27 y 96.1 CE). Por tanto, en el sistema educativo no cabe educar o enseñar a los menores de edad la diversidad afectivo sexual[21] mediante materiales, libros, ponencias o cursos que plasmen una única perspectiva o visión de la sexualidad (ideología de género LGTBI), unas prácticas sexuales pornográficas o una aversión patente contra las religiones monoteístas[22] que excluyen, señalan, discriminan y violentan a las familias (progenitores y menores) que se identifiquen con el cristianismo o el islam, o que no comparten la ideología de género ni sus prácticas sexuales.

La plena legitimidad democrática del Estado existe cuando éste “garantiza plenamente” todos los derechos fundamentales de sus ciudadanos, especialmente de padres e hijos en materia afectivo sexual concerniente, directa o indirectamente, a la ética, moral y conciencia de las personas.

Alejandro López

Observatorio de Bioética

 

Ley de eutanasia: una ley injusta para un acto inmoral

Ley de eutanasia: una ley injusta para un acto inmoral

La eutanasia no es progresista, ni defiende la libertad ni respeta la dignidad humana. Su puesta en marcha institucional sucedió por primera vez en la Alemania nazi, con el conocido “Projekt Aktion T4” promovido por la Cancillería del Fuhrer bajo la supervisión de Philipp Bouhler, que generalizó la eliminación de lo que ya entonces se consideraron “Lebensunwerten Leben” (“vidas indignas de ser vividas”).

La aprobación de la Ley de Eutanasia en España incorpora todos los términos éticamente reprobables de otras leyes similares en el mundo: hacer legal el homicidio, proponerlo, asistirlo y sufragarlo. Pero además, en el caso español, se ahonda más en el desprecio a los derechos humanos, específicamente el derecho a la vida, como se expone a continuación:

  •  Se ha tramitado en plena pandemia de la Covid-19, sin realizar las pertinentes consultas a órganos jurídicos, comités de bioética, asociaciones de médicos u otros sanitarios, ni otros grupos de expertos, profesores, académicos y asociaciones profesionales relacionadas.
  • Han sido ignoradas absolutamente las directrices señaladas por el Comité de Bioética de España, que se ha posicionado abiertamente en contra de esta propuesta.
  • Se han despreciado las advertencias formuladas desde profesionales y académicos del Derecho sobre la violación de, al menos, seis artículos de la Constitución Española.
  • La obligación del Estado de proveer la debida asistencia a los enfermos que sufren, sigue sin ser atendida en forma de cuidados paliativos de calidad y suficientes. En su lugar se opta por ofrecer la eliminación, gratuita eso sí, de aquellos que demandan estos recursos, que a fecha de hoy siguen sin plantearse debidamente.  (En Francia, no solo no se ha aprobado la eutanasia, sino que se está promoviendo la extensión de los cuidados paliativos a toda la población que los requiera. Podría cundir el ejemplo).
  •  Se discrimina a los discapacitados, también los mentales, en algunos casos con dudosa capacidad de tomar decisiones autónomas y responsables, que son incluidos también en el proceso eutanásico.
  •  Limita la capacidad de los pacientes de retractarse de las voluntades anticipadas manifestadas previamente, pareciendo impulsar el proceso eutanásico más que respetar y preservar la vida.
  • Pretende crear listados de objetores, aquellos profesionales que, en el ejercicio de la buena praxis, se emplean en curar, aliviar, acompañar o prevenir. La eutanasia no es un acto médico, sino que es propia de verdugos. A ningún sanitario debería proponérsele, como tal, la ejecución de un acto no médico, o mejor, un acto contrario al ejercicio de la medicina. Éstos, los que están dispuestos a traicionar su Juramento Hipocrático y terminar deliberadamente con la vida del enfermo en lugar de aplicarle los cuidados que necesita, son los que deberían inscribirse en estos siniestros listados, por el bien de sus pacientes potenciales.
  •  Por último, la legalización de la eutanasia inaugura la temida “pendiente resbaladiza” constatada en todos los países en los que se ha hecho: cada vez más eutanasias, a pacientes no terminales, a niños, enfermos mentales o ancianos, o simplemente personas cansadas de vivir, que, en un alarmante porcentaje en el caso de ancianos, han sido aplicadas sin la petición del paciente, o sea, de modo involuntario.

La eutanasia no es progresista, ni defiende la libertad ni respeta la dignidad humana. Su puesta en marcha institucional sucedió por primera vez en la Alemania nazi, con el conocido “Projekt Aktion T4” promovido por la Cancillería del Fuhrer bajo la supervisión de Philipp Bouhler, que generalizó la eliminación de lo que ya entonces se consideraron “Lebensunwerten Leben” (“vidas indignas de ser vividas”).

Lo progresista es cuidar, ayudar, paliar, tratar, acompañar, proteger. Nunca matar.

Dr. Julio Tudela Cuenca

Director del Observatorio de Bioética

 

¿Un amor de telenovela? El amor crece la libertad

Escrito por José Martínez Colín.

Cuando la libertad es guiada por el amor, es cuando nos hace libres a nosotros mismos y a los demás.

1) Para saber

En cuestiones de moral, en ocasiones se desea saber el límite entre el bien y el mal; se pregunta hasta dónde uno puede llegar antes que cometer un mal. Pero la moral que nos trajo Cristo, además de darnos claridad al respecto, nos invita a mirar hacia lo alto, a la santidad. El papa Francisco recuerda que san Pablo respondía a los dicen que todo le es lícito que, sin embargo, no todo les era conveniente, ni todo edifica (cfr. 1 Cor 10,23).

Hay situaciones, que sin ser malas, no conviene hacerlas. Nuestro andar por la tierra ha de ser de amor a Dios y al prójimo, todo lo que impida crecer en él, no conviene. En una relación matrimonial, no se trata simplemente de no hacerse daño, sino de crecer el amor. Por ello se han de cuidar los detalles. Por ejemplo, en un día ordinario, el marido va en su carro y le ofrecen en la calle unas flores. Si no las compra, no pasa nada. Pero si las compra para regalarlas a su esposa, crece su amor y el de la esposa. De manera semejante sucede con nuestra relación con Dios. No solo debo evitar lo que le ofenda, sino he de obrar para agradarle y crecer en el amor. Por ejemplo, si por la calle veo un templo, puedo acompañar al Señor un momento diciéndole algo afectuoso, o puedo seguir de largo. De uno depende si crece en su amor. No se trata sólo de cumplir por “obligación” lo dispuesto, sino de procurar ir a más, porque el amor siempre aspira a dar más.

2) Para pensar

El arquitecto Mies Van Der Rohe (1886-1969) es considerado, junto con Le Corbusier y Gropius, uno de los mejores arquitectos del siglo XX. Era un hombre que amaba la claridad, el orden, la exactitud en la proporción, cuidando todos los detalles por pequeños que fueran. A lo largo de su vida solía repetir una enseñanza: “Dios está en los detalles”.

Cuando se deja de tener detalles con la persona amada, el amor se está debilitando, con el peligro de morir. Si se reduce la libertad a complacer sólo los propios gustos, entonces nos esclaviza. Y sólo el amor es capaz de liberarnos. Sólo cuando la libertad es guiada por el amor, es cuando nos hace libres a nosotros mismos y a los demás. Por eso la libertad crece con el amor. Pero, advierte el papa, no con el amor de telenovela, no con la pasión que busca simplemente lo que nos apetece, sino con el amor verdaderamente libre y liberador que vemos en Cristo.

3) Para vivir

San Pablo afirma que la libertad no es pretexto para vivir para el placer, según los gustos o los propios impulsos egoístas. Todo lo contrario, la libertad que Cristo nos ganó conduce a estar «al servicio los unos de los otros». Pues la verdadera libertad se expresa plenamente en la caridad, no busca el propio interés. Es la enseñanza del Evangelio: somos libres en el servir, nos encontramos plenamente en la medida en que nos donamos.

Somos verdaderamente libres cuando amamos y servimos gratuitamente a quienes nos rodean, de modo particular a los pobres, afirma el papa Francisco. El amor nos hace libres, nos lleva a elegir y obrar el bien, nos mueve a servir. La caridad sabe escuchar sin imponer, sabe querer sin forzar, edifica y no destruye, no explota a los demás para su propia conveniencia y les hace el bien sin buscar su propio beneficio.

 

 

Se nos acaba el año litúrgico y es tiempo de cerrar ciclos

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Nuestros hijos deben saber y comprender que la felicidad no está en lo externo, sino en su capacidad de disfrutar al máximo lo que Dios les da.

El tiempo pasa muy rápido y en este tiempo de pandemia ha pasado un fenómeno muy particular, pues el tiempo se nos ha ido sin darnos tanta cuenta y han quedado como "perdidos" casi dos años de nuestra vida y esto implica que no hemos cerrado algunos ciclos de manera correcta.

Esto para nuestros hijos es algo muy fuerte porque en la niñez y juventud, los acontecimientos pasan más rápido y van marcando fuertemente la persona y delineando la personalidad y al no cerrar correctamente los ciclos, se generan huecos que debemos ayudar a corregir ahora, antes de que les dejen una huella definitiva a nuestros pequeños.

Las ceremonias de graduación que no se pudieron realizar, las que se hicieron de forma distinta a lo planeado; las fiestas que se tuvieron que cancelar, los concursos que se dejaron de realizar, las amistades que se alejaron sin poder dar un abrazo de despedida, etc. son ciclos que es necesario cerrar correctamente, aunque sea a destiempo.

Cuando se quedan truncas las historias de vida provocan heridas e inseguridades en nuestros hijos y eso hace que tengan miedos y frustraciones que les impiden desarrollarse correctamente.

Ayudar a nuestros hijos a cerrar estos ciclos les permitirá comenzar nuevas aventuras de forma sana y con nuevas expectativas, por eso aquí te dejo mis 5Tips para ayudar a nuestros hijos a cerrar ciclos correctamente.

PRIMERO. Que reconozcan los ciclos inconclusos y que nos generan dolor.
A todos nos cuesta trabajo reconocer que algo nos ha lastimado o que nos duele haber dejado de hacer algo porque nos sentimos vulnerables y evidenciados pero con nuestros hijos el sentimiento es mayor pues, en muchos casos, no comprenden lo que sucedió y lo toman como una injusticia.

El que puedan reconocerlo debe traer consigo que puedan perdonar a los implicados en que no pasaran las cosas como ellos querían. Y en el caso de la pandemia, es necesario que hagan conciencia de que nadie tuvo la culpa y que fue una situación extrema que nos ha cambiado la vida y que debemos aprender a sobrellevar.

Podemos hacer una lista de cada una de los eventos inconclusos y así tomar cartas en el asunto para darles un correcto desenlace y cerrar ciclos adecuadamente.

Podemos hacerlo en familia y/o individualmente ya que existen eventos que nos pueden incluir y precisamente con ellos podemos poner el ejemplo para que nuestros hijos aprendan a hacerlo individualmente, siempre con nuestra ayuda y supervisión dependiendo de su edad.

Por cierto, esto no es exclusivo de cierta edad, desde pequeños debemos ir cerrando ciclos.

SEGUNDO. Que hagan un análisis de cada situación para ubicarla en la actualidad.
Es importante que nuestros hijos se acostumbren a ser analíticos y a poner en su justo lugar cada una de las situaciones para que puedan dimensionar las cosas adecuadamente.

Primero podemos hacerlo con ellos y siempre es mejor hacerlo gráficamente, es decir, poner en una hoja de papel cada evento y poner sus características específicas.

Cuando nuestros hijos son pequeños nos ayuda pedirles que nos dibujen lo que sienten para que ellos mismos ubiquen sus sentimientos y desde sus dibujos podemos comentar a analizar con ellos la situación de tal forma que les vayamos explicando lo que pasó, así podemos ir ajustando la realidad a su percepción.

TERCERO. Que hagan propuestas de solución.
Siempre es mejor que la solución salga de ellos mismos por lo que nosotros podemos pedirles que a cada situación le pongan varias soluciones posibles y podemos analizarlas con ellos para ver cuál es la más viable y posible.

Con los hijos pequeños es mucho más necesario nuestra ayuda y conducción y conforme son más grandes los podemos dejar que ellos mismos encuentren la mejor solución.

Es necesario poner las soluciones finales por escrito para que no las olvidemos y que todos estemos conscientes de lo que se debe hacer y pongamos manos a la obra.

CUARTO. Que sean conscientes de que hay factores que no dependen de nosotros.
Siempre existen esas circunstancias que no podemos controlar, personas que no podemos suplir, lugares a los que no podemos regresar, etc. y que afectan el curso de nuestra vida, por lo que debemos ayudar a nuestros hijos a identificarlos y después a adaptarse a esas circunstancias adversas.

De ser necesario debemos ayudarles a perdonar pues de otra forma vivirán con un resentimiento por la injusticia que no les permitirá seguir adelante con la vida cotidiana.

Teniendo claridad en este punto, podemos hacer un ejercicio de perdón y de justificación para estar en paz y ubicar correctamente lo sucedido.

Y QUINTO. Que estén dispuestos a adaptarse a la nueva realidad.
Sabiendo que hay factores que no podemos modificar, debemos enseñar a nuestros hijos a adaptarse y modificar sus estándares o anhelos, dependiendo de las nuevas circunstancias.

Debemos buscar que nuestros hijos sean felices con lo que tienen a pesar de las circunstancias y dejar ir lo que no pudieron tener o lo que no salió como ellos esperaban.

Eduquemos a nuestros hijos para que sepan y comprendan que la felicidad no está en lo externo sino en su capacidad de disfrutar al máximo lo que Dios les da y que lo puedan compartir con los que los rodean para hacer de cada evento en su vida algo único y que dejará una huella positiva que les servirá de peldaño y base para construir sobre bases sólidas.

 

El divorcio, indicador de transformación social y familiar con impacto diferencial entre los sexos II

 Blanca Mirthala Tamez-Valdez y Manuel Ribeiro-Ferreira

Análisis de los efectos del divorcio

Uno de los factores relevantes en la manera de enfrentar los efectos del divorcio, particularmente en el bienestar posterior al divorcio, como se verá más adelante, es la duración del matrimonio que fue disuelto, tiempo que para nuestro estudio presenta una media de nueve años en términos de duración legal, mientras que en términos de convivencia con expareja (duración social) la media corresponde a ocho años. Lo anterior llama la atención, puesto que es evidente una tendencia creciente al divorcio entre los matrimonios con mayor duración; de esta manera, según las cifras oficiales, a nivel nacional la mayor proporción se presenta en los matrimonios con una duración social de diez años o más. En particular, en 2011 la duración media de los matrimonios que llegaron al divorcio, correspondió a 13.5 años, siendo 3.1 años mayor que la observada en el 2000, en donde ésta fue de 10.4 años (INEGI, 2013).

Esta situación puede asociarse, por un lado, como se indicó previamente, al incremento de las uniones consensuales, particularmente entre las parejas jóvenes, quienes en algunos casos no llegan a formalizar legalmente su unión, por lo cual, aún cuando presenten rupturas, éstas no aparecen en los registros, o bien, las parejas llegan a contraer matrimonio después de algunos años en cohabitación; entonces los divorcios se presentan, principalmente, en aquellas generaciones que sí establecieron un contrato matrimonial, los cuales presentan mayor duración. Por otro lado, una explicación distinta respecto a este aumento es el incremento de los años de convivencia en pareja (gracias al aumento en la esperanza de vida poblacional). En general, la evidencia permite concluir que un mayor tiempo de matrimonio no garantiza la perpetuidad del mismo, en tanto no constituye un signo de protección que evite la ruptura o divorcio de las parejas.

Uno de los indicadores con mayor relevancia en el bienestar de las personas divorciadas es el estado de ánimo que presentan. En el estudio que nos ocupa se logró comparar el que los participantes perciben haber tenido durante su matrimonio y el que indican tener al momento del estudio, lo cual permite captar las áreas en que ellos señalan haber mejorado, así como aquellas en que por el contrario, su vida se vio perjudicada. Al respecto, las evidencias indican una marcada mejoría al comparar el antes y el después, principalmente en las mujeres, y en especial, en áreas como tener compañía durante el día, tener planes y proyectos futuros, sentirse deprimidos, sentir soledad, así como un sentimiento de vacío o pensar en el suicidio (Tabla 2).

·        Fuente: elaboración propia de la encuesta sobre divorcio (2010).

Tabla 2: Estado de ánimo en mujeres y hombres (en porcentaje)

Llama la atención la elevada proporción de las mujeres que indica haberse sentido deprimida antes del divorcio, así como sentirse sola y en particular, la que señala haber pensado en el suicido durante ese periodo, situación por demás distinta de los varones; por el contrario, en ellos pareciera ser menos adversa la situación enfrentada durante el matrimonio y con ello menos evidente el cambio entre el antes y el después.

De manera paralela, se solicitó a los participantes comparar en distintas áreas su situación durante el matrimonio y en el momento del estudio, con el fin de ubicar los aspectos en que enfrentaron mejoría, se mantuvieron igual o bien empeoraron tras el divorcio. El objetivo es detectar los elementos con que se enfrentan las mayores dificultades, que afectan la calidad de vida de los participantes y, en el caso de las mujeres, también de sus hijos, puesto que en su mayoría, como ya se señaló, ellas quedaron a cargo de los hijos dependientes. Los resultados obtenidos permiten comprobar que casi todas las áreas presentan mejoría en el grupo de las mujeres; la única excepción es la de las relaciones con la expareja, siendo más evidente ésta en su estado de ánimo, los sentimientos de felicidad, sentimientos de soledad, la relación con los hijos y su vida amorosa; incluso aspectos como el trabajo, su situación económica y las relaciones con amigos presentan una significativa mejoría de acuerdo con la percepción de las mujeres (Tabla 3). La mejoría reportada por el grupo de mujeres, se presenta en nueve o más áreas de su vida en promedio, lo que indica en general una percepción de mejoría en la mayoría de las áreas revisadas, en tanto que los efectos señalados como negativos se encuentran en una mínima proporción. Esto coincide con lo señalado por otros estudios (Médor, 2013; Street, 2004), particularmente, en términos de la percepción de mejores condiciones de vida y control de recursos posterior al divorcio (Giddens, 2003).

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Fuente: elaboración propia a partir de la encuesta sobre divorcio (2010).

Tabla 3: Efectos del divorcio según sexo del participante

En el caso de los varones, dicha mejoría se presenta en las mismas áreas, teniendo como única excepción la de las relaciones con los hijos y, en menor medida que las mujeres, los sentimientos de soledad. No obstante, la mejoría se presenta en menor proporción que en ellas. En ambos sexos es notorio que el área con mayor dificultad es la relación con la expareja, lo cual indica que el conflicto no termina con el divorcio, sino que continúa; asimismo, es posible advertir las evidentes diferencias entre los sexos respecto a la relación con los hijos, la frecuencia con la que los ve, así como en la recepción de apoyos por los parientes o los hijos de manera posterior al divorcio, que en los varones son significativamente menores (Tabla 3). Esta situación parece reflejar el incremento de tensión en las relaciones familiares, particularmente para los hombres, quienes enfrentan dificultad para continuar la relación con los hijos, posiblemente relacionada al hecho de no otorgar la pensión alimenticia correspondiente.

Al indagar sobre las características del grupo de mujeres que más inciden en la percepción de mejoría, se advierte que tienen un mayor nivel de escolaridad, así como participación en la decisión de divorciarse, los efectos de quienes tomaron la decisión son más positivos, a diferencia de quienes se viven como abandonadas. Lo anterior, confirma la tesis de (Giddens 2003) respecto a que mayores recursos, particularmente de tipo autoritario, es decir en torno a la libertad en la toma de decisiones y control de los recursos, deviene en una situación de mayor bienestar para enfrentar un proceso de cambio.

Las áreas en que las mujeres reportan mejoría de manera significativa son: la vida social, el estado de ánimo, sentimientos de felicidad, vida amorosa, salud y área económica. Por lo anterior, la participación activa en la decisión del divorcio parece ser un elemento de gran relevancia, en tanto que quienes señalaron que la decisión fue tomada por ambos miembros de la pareja, señalan seguir igual en muchas de las áreas. Aquellas que por el contrario, indicaron vivirse como abandonadas, señalan empeoramiento en varias de las áreas valoradas, coincidiendo estos resultados con los hallazgos mostrados por otros estudios (Dowling y Barnes, 2008; Wang y Amato, 2000).

Asimismo, se cuestionó a los participantes en torno a sus sentimientos de felicidad, particularmente, si se consideraban más felices al momento del estudio (posterior al divorcio) que cuando se encontraban casados. Se encontró que las mujeres responden en gran proporción (86 por ciento) ser más felices en el momento actual; la misma situación se observa en los varones pero en menor proporción (80.3 por ciento). Quienes indican sentirse menos felices reportan un porcentaje bajo: 3.9 por ciento y 5.3 por ciento, respectivamente; aquellos que indicaron sentirse igual en ambos momentos fueron 7.2 por ciento las mujeres y 10.9 por ciento los hombres; mientras quienes indicaron no saber la respuesta fueron 2.9 y 3.4 por ciento, respectivamente.

Además, se les preguntó si se encontraban arrepentidos de haberse divorciado; las mujeres que respondieron afirmativamente dieron un resultado de baja proporción (4.2 por ciento), en tanto que los varones mostraron una mayor (5.6 por ciento). Algunas mujeres señalaron haberse arrepentido inicialmente, pero ya no al momento del estudio (4.8 por ciento), situación presente en 8.4 por ciento de los hombres. Por el contrario, las mujeres que subrayaron no estar arrepentidas reportaron una elevada proporción (90.6 por ciento), en tanto que los varones (84.4 por ciento) indicaron un rango menor.

Las evidencias encontradas confirman que la situación enfrentada por las mujeres durante el matrimonio del cual se divorciaron, parece tener claras desventajas con respecto a los varones; por el contrario y a diferencia de ellos, en el momento posterior al divorcio, ellas perciben encontrarse mejor tanto en estado de ánimo como en su bienestar, no sólo emocional, sino incluso material y económico; ello a pesar de que reconocen haber enfrentado efectos como problemas de salud o enfermedades (33 por ciento mujeres, 20 por ciento varones), problemas económicos (18 por ciento mujeres, cinco por ciento varones), rechazo social (ocho y cuatro por ciento), soledad (seis por ciento, 16 por ciento), dejar de ver a los hijos (13 por ciento varones), problemas de los hijos (12 por ciento mujeres), depresión (seis por ciento mujeres), dificultades para adaptarse (seis por ciento varones) y mala relación con expareja (seis por ciento igual en ambos sexos). De acuerdo con estudios realizados de manera paralela con la misma población, se encontró que el periodo de duelo tras el divorcio, en el cual se presentan estos efectos en mayor medida, es en promedio de dos años posteriores a la ruptura, luego de lo cual, se presenta la mejoría señalada (Rodríguez y Ribeiro, 2012).

Con base en estas evidencias, es posible señalar que las mujeres enfrentan el proceso de desgaste, tensión y ruptura durante el matrimonio, antes de llegar al divorcio, lo que indica como éste constituye la formalización de la ruptura afectiva ya existente, permitiéndoles liberarse de un vínculo; tras el divorcio enfrentan su situación de divorciadas con mayor bienestar y una mayor calidad de vida. En los varones, también se observan mejorías, sin embargo, ellos parecen enfrentar, en algunos aspectos, situaciones que empeoran su calidad de vida, particularmente en lo que se refiere a su relación con la expareja, con los hijos y parientes, no obstante siguen gozando en mayor medida de su relación con los amigos.

Al profundizar en el análisis de los efectos del divorcio, especialmente en el grupo de mujeres, se buscaron los factores que logran predecir o explicar en mayor medida, la mejoría percibida por la mayor proporción de ellas, para lo cual se recurrió a la prueba de regresión lineal, utilizando el método step wise, mismo que permitió identificar la combinación de variables estudiadas que permite explicar los efectos registrados (Tabla 4), observándose que en 39 por ciento de la varianza (R2 = 0.388), éstos pueden explicarse por la combinación de cinco variables: i) un mayor nivel de bienestar posterior al divorcio (β = 0.471 p < 0.01 ), ii) una menor duración social de su matrimonio (β = -0.381 p < 0.01), iii) mayor escolaridad (β = 0.194 p < 0.01), iv) mayores niveles de autonomía después del divorcio (β = 181 p < 0.01) y v) la cobertura de sus necesidades y las de su(s) hijo(s) (β = 122 p < 0.05). De esta manera, es posible señalar, de acuerdo con las evidencias encontradas, que en términos de temporalidad, no es tanto el tiempo transcurrido tras el divorcio, como reporta gran parte de la literatura en torno al tema, sino más bien el tiempo de convivencia en matrimonio con su expareja lo que determina, de forma negativa, la percepción de mejoría o empeoramiento en su calidad de vida; de tal forma que a mayor tiempo casada en un matrimonio frustrante o desgastante, mayores efectos negativos posteriores al divorcio se perciben, independientemente del tiempo transcurrido luego del mismo. Esta situación pudiera estar relacionada con un menor desarrollo de recursos autoritarios al encontrarse por un mayor tiempo constreñida en una relación cuyo efecto en el estado de ánimo fue evidenciado anteriormente.

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Fuente: elaboración propia: Encuesta sobre Divorcio (2010).

Tabla 4: Modelo que explica el nivel de efectos enfrentados por las mujeres luego del divorcio

Autonomía y bienestar en las mujeres durante el matrimonio

Uno de los aspectos clave en el bienestar familiar, particularmente el de los hijos, luego de un divorcio, depende en gran medida de la manera en que enfrenta y resuelve las situaciones el padre que está a cargo de ellos, lo que en la mayoría de los casos, corresponde a la madre (Dowling y Barnes, 2008). Por lo anterior, es de gran relevancia el análisis de la autonomía y el bienestar mostrado por la mujer, así como el de la diferencia entre el que percibe haber tenido durante el matrimonio que se disolvió y el que presenta tras el divorcio. Cabe señalar, que para el análisis de la autonomía, [11] se consideran principalmente los elementos de disposición de recursos, específicamente de tiempo e ingresos, así como libertad en la toma de decisiones, especialmente en torno a los recursos señalados, y la educación y la disciplina de los hijos.

Por otro lado, el nivel de bienestar fue definido considerando la satisfacción de la mujer tanto consigo misma, como con su autonomía, con la cobertura de sus necesidades y de su (s) hijo (s), así como con su desempeño personal, familiar, social y de trabajo. El enfoque teórico y operativo para el análisis del bienestar fue retomando el enfoque de Sen (2000) en términos de la necesidad de considerar aquellos elementos que constituyen las capacidades del sujeto y su nivel de satisfacción con las mismas.

Para analizar el nivel de autonomía mostrado por las mujeres durante su matrimonio, fue necesaria, primeramente, la revisión de los factores asociados a la misma a través de la regresión lineal con el método step wise, y se encontró que la autonomía de las mujeres durante su matrimonio, se explica o predice en 47 por ciento de la varianza (R2 = 0.470) por la combinación de tres variables: i) el número de hijos (β = -0.541, p < 0.01), ii) la duración social de su matrimonio (β = -0.185, p < 0.01), y iii) la escolaridad de su expareja (β = 0.146, p < 0.01); de los cuales, los primeros factores mostrados por el modelo presentan valores negativos y el tercero positivo, lo que indica que a menor número de hijos, así como menor duración de su matrimonio y una mayor escolaridad de su expareja se presenta un mayor nivel de autonomía en la mujer (Tabla 5). Esta situación, por tanto, permite interpretar que una menor convivencia con su expareja, así como que éste cuente con mayor escolaridad, a la par de un menor número de hijos, constituyen los elementos principales que conllevan a tener mayores niveles de autonomía en el matrimonio. No obstante, el hecho de que una mayor duración social del matrimonio influya de forma relevante en el nivel de autonomía, puede indicar tanto que el mayor número de años casada implica un menor desarrollo de recursos de autoridad dentro del matrimonio, pero también que sea precisamente por el bajo nivel de autonomía presente en ellas que se llegue a sostener por mayor tiempo el vínculo conyugal, y por lo tanto, se prolongue la decisión del divorcio, a pesar de lo insatisfactorio que pueda ser el matrimonio. Esta situación confirma la relación presente entre el nivel de recursos (autoritarios y distributivos) y la capacidad de agencia y cambio en las participantes (Giddens, 2003).

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Fuente: elaboración propia: Encuesta sobre Divorcio (2010).

Tabla 5: Modelo que explica la autonomía de las mujeres

Asimismo, llama la atención la influencia de la escolaridad del cónyuge, particularmente al retomar los hallazgos mostrados en términos de heterogamia. Como se indicó previamente, la mujer supera al varón en escolaridad en una proporción significativa; ante esto, el recurso educativo cobra relevancia no sólo ante la decisión y realización del divorcio, ya que, de acuerdo con las evidencias, la población que en mayor proporción accede al divorcio es precisamente la más escolarizada; además, las mujeres superan en este recurso a su expareja de manera estadísticamente significativa, y la escolaridad mostrada por la expareja resulta ser relevante en el desarrollo de autonomía para la mujer, en especial durante su matrimonio, constituyendo un valioso recurso que brinda autonomía y bienestar a la mujer al interior del matrimonio, parece ser un recurso distributivo presente en el varón, que promueve el recurso autoritario (libertad en la toma de decisiones y acceso a los recursos) en la mujer (Giddens, 2003).

A partir de lo anterior, es posible señalar que las mujeres que lograron mayor desarrollo de autonomía durante su matrimonio, de acuerdo con su percepción, son quienes tuvieron un menor número de hijos, su matrimonio duró menos años y tuvieron una pareja más escolarizada; lo cual coincide con el grupo generacional de las más jóvenes, principalmente quienes presentan homogamia en edad con su expareja, pero lo superan en escolaridad. Es decir, la escolaridad como recurso distributivo, siguiendo a Giddens (1984), al parecer brinda de mayor apertura y democracia a las relaciones de pareja al interior del matrimonio, otorgando mayores recursos autoritarios a la mujer, ante su participación en la toma de decisiones y libertad en el acceso y uso de los recursos de tiempo, ingreso y disciplina de los hijos.

En cuanto al bienestar [12] que las mujeres perciben haber tenido durante su matrimonio, utilizando la prueba de regresión lineal con el mismo método, se observa que los factores que predicen esta variable son principalmente el nivel de autonomía desarrollado durante el matrimonio (β = 0.516, p < 0.01), la edad de la mujer (β = 0.146, p < 0.05), así como la duración social del matrimonio (β = -0.321, p < 0.05) que se disolvió; dicho modelo tiene un bajo nivel predictivo, puesto que explica 26 por ciento de la varianza (R2 = 0.266) en el nivel de bienestar percibido; sin embargo, llama la atención principalmente el valor mostrado por el primer factor, así como su nivel de significancia, lo cual permite comprobar la hipótesis E: el nivel de autonomía que las mujeres perciben haber tenido durante el matrimonio influye en el nivel de bienestar que percibieron tener durante el mismo periodo (Tabla 6).

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Fuente: elaboración propia: Encuesta sobre Divorcio (2010).

Tabla 6: Modelo explicativo del bienestar de las mujeres

Asimismo, se advierte que los primeros dos factores muestran un valor positivo, mientras que el tercero es negativo, lo cual indica que a mayor autonomía durante el matrimonio, así como mayor edad de las mujeres, mayor será el bienestar percibido; mientras que el tiempo de convivencia con su expareja presenta un efecto opuesto, es decir a mayor tiempo de casada, menor será el nivel de bienestar que perciben haber tenido en su matrimonio. Cabe señalar, que en este modelo, el valor explicativo de la duración social del matrimonio es mayor al observado en el de autonomía, lo que subraya que, en este caso, tendrá mayor impacto, es decir, los años de duración del matrimonio disuelto, influyen negativamente en el bienestar de las mujeres durante su matrimonio.

Autonomía y bienestar de las mujeres después del matrimonio

A diferencia de la autonomía desarrollada durante el matrimonio, la que se presenta al momento del estudio en las participantes, muestra una combinación distinta de factores o variables en el modelo que la explica o predice, observándose que si bien, aparece nuevamente como principal factor i) el número de hijos (β = -0.814, p < 0.01), cobran un papel relevante ii) la cobertura en la escala de necesidades personales y familiares (β = 0.156, p < 0.01), iii) la edad de la mujer (β = 0.118, p < 0.01), iv) los efectos enfrentados tras el divorcio (β = 0.106, p < 0.01), así como v) el ingreso familiar total (β = -0.087, p < 0.01). El valor predictivo de este modelo es elevado, predice o explica 68 por ciento de la varianza del nivel de autonomía (R2 = 0.676); en cuanto a los valores y su interpretación, se advierte que al ser negativos tanto el primer factor como el último, indican que a menor número de hijos, así como menor ingreso familiar, mayores niveles de autonomía son percibidos. En cuanto a los otros factores, todos muestran correlación positiva, lo que indica que a mayor cobertura de sus necesidades, mayor edad de la mujer, así como efectos más positivos tras el divorcio, mayor será el desarrollo de autonomía posterior al divorcio.

Las evidencias en este sentido parecen indicar que el número de hijos es relevante en el desarrollo de autonomía posterior al divorcio, en tanto, quienes tienen más hijos, presentan en mayor medida cierto grado de dependencia a otros que le apoyen en la atención de las necesidades familiares. Asimismo, tener cubiertas las necesidades y mostrar efectos menos negativos, en el sentido de observar mejoría en diversas áreas, inciden directamente en la situación de la mujer, especialmente en su grado de autonomía; mientras que lo referido a mayor edad, pero menor ingreso, parece estar relacionado al hecho de que las más jóvenes, particularmente cuando pertenecen a estratos altos, regresan con la familia de origen, en muchos casos, retomando su papel de hijas, lo que incide en menores niveles de autonomía. Por el contrario, las mujeres de mayor edad se mostraron más constreñidas durante su matrimonio en términos de autonomía, pero lograron mayor cambio como se verá más adelante, es decir, se emanciparon en mayor medida que las jóvenes.

En cuanto al bienestar de las mujeres luego del divorcio, se observa que éste es explicado principalmente por los factores de: I) nivel de autonomía después del divorcio (β = 0.489, p < 0.01) y II) escolaridad de la mujer divorciada (β = 0.117, p < 0.05), cuya combinación logra predecir 27 por ciento (R2 = 0.269) su varianza, mostrando en ambas variables valores positivos, lo que señala que el desarrollo de autonomía posterior al divorcio, de la mano con una mayor escolaridad, determinan en cierto grado el bienestar mostrado por este grupo al momento del estudio. Dicho señalamiento, puede explicarse teóricamente con el planteamiento de (Giddens 1984) en su teoría de la estructuración y praxis social, en cuanto a que a partir de la combinación de recursos autoritarios y distributivos se logra incrementar el bienestar de los sujetos. Estas evidencias permiten retener la hipótesis F: el nivel de autonomía que las mujeres presentan después del divorcio, influye en el nivel de bienestar que muestran en el mismo momento.

Cambios en la autonomía y el bienestar después del divorcio

A fin de comprobar dos de las hipótesis del estudio revisado, Hipótesis A: el nivel de autonomía percibido por las mujeres presenta un aumento después del divorcio e Hipótesis B: el nivel de bienestar que las mujeres perciben tener será mayor en el momento posterior al divorcio, se compararon los niveles tanto de autonomía como de bienestar en el grupo de las mujeres participantes, de tal forma que respecto a la autonomía es posible observar a través de la prueba t en la comparación de medias, que efectivamente hay un cambio estadísticamente significativo entre el nivel de autonomía que perciben tener las participantes en el momento previo al divorcio y el que muestran al momento del estudio.

Las evidencias exhiben un incremento en cuatro puntos porcentuales entre las medias del nivel previo y el actual. Dicho incremento, se confirma en los cambios mostrados por las diversas medidas de tendencia central, así como por el rango. En términos generales, es posible señalar que 72 por ciento de las mujeres presenta un incremento en su nivel de autonomía, mientras que 13 por ciento muestra seguir encontrándose en el mismo nivel que tenía durante su matrimonio y 15 por ciento por el contrario, despliega un empeoramiento o disminución del mismo. Con base en estos resultados, que evidencian el incremento del nivel de autonomía en el momento posterior al divorcio en el grupo de participantes, es posible retener la hipótesis señalada, misma que indica una mejora sustancial en la percepción de las mujeres de su situación, reportando mayores niveles de autonomía relacionados con el control de mayores recursos, particularmente en torno a la toma de decisiones, es decir recursos de tipo autoritario (Giddens, 2003). Esto último coincide con lo señalado por algunos estudios (Médor, 2013; Street, 2004).

Los resultados, por tanto, indican que el divorcio constituyó para tres de cada cuatro mujeres un proceso de emancipación, mismo que se hizo evidente en una participación activa de las mujeres en la decisión de divorciarse, quienes luego de un prolongado tiempo de espera, la acumulación de motivos de ruptura y un largo proceso de decepción, enfrentan niveles de constricción en su autonomía que se incrementan en función del tiempo que duraron casadas, es decir, a mayor número de años de convivencia con expareja, menores niveles de autonomía durante el matrimonio. Pese a ello, finalmente, tomaron la iniciativa en la decisión del divorcio; situación que se evidencia principalmente en quienes menores niveles de autonomía gozaron durante el matrimonio, específicamente las de mayor edad, mismas que presentaron los niveles más elevados de manera posterior al divorcio.

Es necesario destacar, que en el grupo de las participantes, quienes mostraron una disminución de su nivel de autonomía en el momento posterior, son principalmente aquellas con mayores niveles de autonomía durante su matrimonio, lo cual parece estar relacionado con el hecho de enfrentar dificultades para conciliar la vida familiar y laboral, a la par de resentir una disminución en la calidad de vida posterior al divorcio; puesto que éstas contaron durante su matrimonio con una pareja de mayor escolaridad, lo que se asocia por lo general, a mayores niveles de ingreso; de esa manera, se observa que ante el mayor recurso de escolaridad del cónyuge, gozaron de una relación más democrática durante el matrimonio.

En torno al nivel de bienestar, igualmente se comparó el percibido por las mujeres respecto al periodo previo al divorcio y el que muestran al momento del estudio, observándose a través de la prueba un incremento estadísticamente significativo. El aumento entre ambos momentos es de nueve puntos porcentuales, siendo más evidente en la mediana obtenida en ambos momentos, así como en el rango. Cabe señalar que la mayoría (84 por ciento) percibió un incremento en su nivel de bienestar al compararse ambos momentos, mientras que solamente ocho por ciento permanece en el mismo nivel y la misma proporción mostró disminución en su bienestar.

Estos resultados permiten retener la segunda hipótesis del estudio, hipótesis B, que plantea un aumento en el nivel de bienestar de las mujeres luego del divorcio; a la vez que confirman lo indicado previamente, en cuanto a la mejoría señalada por las participantes luego del divorcio, notorio en términos de los efectos enfrentados en las distintas áreas evaluadas, en especial el estado de ánimo y los sentimientos de felicidad; lo cual, como ya fue mencionado, está asociado con el desarrollo de autonomía (libertad en el acceso a los recursos y en la toma de decisiones) posterior al divorcio, así como con la mayor escolaridad de la mujer. Esto último, recordemos puede estar relacionado, en algunos casos, con el proceso de duelo y separación que se enfrenta mientras se está pensando en el divorcio, acumulándose los motivos señalados, en tanto quizá constituya una estrategia de afrontamiento, caracterizada principalmente por el incremento de recursos en la mujer, tanto de tipo autoritario (autonomía) como distributivo (recursos materiales y de capacidades), para lograr resolver los problemas derivados de la separación y el mantenimiento de sus necesidades y las de su (s) hijo (s), lo cual suele constituir uno de los principales recursos de emancipación y, como ya se evidenció, de incremento en la autonomía de la mujer (Giddens, 2003).

Conclusiones

De acuerdo con el análisis realizado, es posible concluir que el divorcio constituye un fenómeno social y demográfico que da cuenta, de manera especial, de las transiciones familiares; se caracteriza por ser complejo y heterogéneo, mostrando en México una tendencia creciente, en especial en algunas entidades del país, entre las que destacan el Estado de México, la Ciudad de México, Nuevo León, Chihuahua y Colima. Aún cuando el país no presenta en promedio los niveles mostrados por otros países, entre los que destacan los del continente europeo y América del Norte, si presenta un aumento acelerado, especialmente durante las últimas décadas, evidente tanto en el aumento de divorcios y separaciones como en la disminución de matrimonios, en especial en las entidades mencionadas.

Dicho fenómeno se presenta en todos los niveles sociales y económicos, aunque se incrementa en los grupos más escolarizados; asimismo, es heterogéneo también en cuanto a la duración del matrimonio y la edad de los participantes. Generalmente es solicitado por la mujer, por lo regular tras un cúmulo de motivos y hasta presentarse una causa detonante que conlleva a tomar la decisión. Conforma por tanto, en muchos de los casos, un largo proceso de desilusión, separación y ruptura, iniciando por lo general con un periodo previo de ruptura o separación afectiva, seguido por la separación física, en ocasiones de manera intermitente, con reconciliaciones y rompimientos, para finalmente llegar, a veces después de meses o años de separación, al proceso legal.

La infidelidad marital, como causa principal o detonante del divorcio, se ha venido incrementando durante los últimos años, presentándose en mayor medida como motivo principal por el grupo de las mujeres, situación que se observa tanto a nivel nacional como en el estado. Asimismo, se denota un crecimiento en la realización del divorcio, particularmente en aquellos matrimonios con una duración mayor a los diez años, situación que deja entrever la relevancia tanto de la mayor duración de los matrimonios durante las últimas décadas, así como de la disminución de matrimonios en las parejas jóvenes, situación que no permite contar con el registro de rupturas en estos casos, al no ser formalizadas legalmente.

Aunado a lo anterior, el presente análisis permite confirmar que la mujer se hace cargo de los hijos dependientes en la mayoría de los casos, así como que ella se incorpora al mercado laboral en caso de no haberlo estado durante su matrimonio, especialmente, porque tres de cada cuatro no reciben pensión alimenticia para el sostenimiento de sus hijos. No obstante, una de cada cuatro ha vuelto a unirse o casarse nuevamente, así como una de cada tres que no lo ha hecho, piensa realizarlo en un futuro; situación que denota un incremento con respecto a décadas anteriores.

La transformación de las familias que han enfrentado un divorcio se hace patente al observar que cuatro de cada diez mujeres conforman una familia monoparental, mientras que una de cada cinco ha reconstruido la familia con una nueva unión conyugal y una de cada cuatro ha regresado con su familia de origen, conformando una familia extensa o nuclear; mientras que los varones, por el contrario, cuatro de cada diez han reconstruido la familia con una nueva unión, uno de cada tres vive solo y uno de cada cinco ha retornado a su núcleo familiar.

Por lo anterior, y particularmente por constituir uno de los principales indicadores de la segunda transición demográfica, es relevante el análisis de las características que este fenómeno presenta, así como las implicaciones sociales y familiares del mismo, especialmente para el grupo de mujeres, quienes como ya se evidenció, generalmente quedan a cargo de los hijos dependientes. Por ello, la manera en que ellas enfrentan los efectos del divorcio, particularmente sus niveles de autonomía y de bienestar, repercuten directamente en el bienestar de los hijos, representando un elemento crucial de las implicaciones sociales y familiares del divorcio.

El análisis del divorcio a nivel microsocial permite tener un reflejo de las transformaciones que se observan al interior de la familia, en específico de las relaciones de pareja en el matrimonio, denotándose en los resultados observados que, si bien hay indicios de un incipiente proceso de democratización al interior de la pareja, notoria principalmente en el cambio de papel de la mujer, quien incrementa su escolaridad y trabaja en mayor medida, además, tiene mayores expectativas respecto al matrimonio y una menor tolerancia a las faltas de su pareja, particularmente cuando existe violencia o infidelidad, así como irresponsabilidad del cónyuge.

No obstante, también se hace evidente la presencia de tensiones, ambivalencias y desigualdades en las relaciones de pareja, entre las que es posible observar una baja corresponsabilidad entre los cónyuges; dichas tensiones parecen aumentar durante el proceso de ruptura y separación, generando un gran malestar, especialmente en las mujeres, quienes pese a ello, y siguiendo un poco con el imaginario social de mantener su matrimonio, suelen prolongar dicho proceso hasta que se presenta un detonante que las lleva a priorizar su bienestar y el de sus hijos.

Esto conlleva, de acuerdo con la evidencia revisada, a enfrentar los efectos con una notoria mejoría. Sobresalen en particular, los cambios en el estado de ánimo, sentimientos de felicidad y de soledad. Asimismo, resalta el incremento en los niveles de autonomía y de bienestar mostrado por la mayoría de las mujeres, quienes pese a tener que trabajar en mayor medida, enfrentar dificultades para conciliar vida familiar y laboral y hacerse cargo de los hijos dependientes, consideraron encontrarse mejor al momento del estudio.

Blanca Mirthala Tamez-Valdez y Manuel Ribeiro-Ferreira,  scielo.org.mx/

Notas:

11.    El concepto de autonomía es construido teóricamente con base en la perspectiva de Giddens (1984 y 2003) y operacionalizado a partir de los hallazgos de estudios previos en torno al tema (Casique, 2004; Street, 2004).

12.    El concepto de bienestar en este estudio está enfocado, retomando el planteamiento de Amartya Sen (2000), en torno a las capacidades y los funcionamientos, así como en la satisfacción del sujeto respecto a su posibilidad de elegir entre diversas oportunidades.

 

 

Con la salud mental no se juega

Dada mi relación con personas que han perdido parte de su capacidad mental y que sufren por ello hasta llegar a algunos arrebatos, me parece que más allá de medidas necesarias destinadas a la prevención del suicidio, pero que entran en flagrante contradicción con la sacralización del principio de autonomía del que el Gobierno ha hecho bandera en recientes legislaciones, el delicado asunto de la salud mental que se nos ha presentado esconde letra política pequeña. En concreto, esconde una ley sobre el tema, ya lanzada por Podemos y admitida a trámite en el Congreso. Como botón de muestra valga la opinión de la Sociedad Española de Psiquiatría que considera el texto un auténtico despropósito, alejado totalmente de la realidad que viven las personas enfermas y sus familias. La futura Ley de Salud Mental parte de supuestos falsos, centrados en la pobreza y la opresión social como origen de las enfermedades mentales.

O en el trámite parlamentario cambia mucho la cosa, o estamos abocados a una nueva ley trufada de sectarismo y alejada de cualquier evidencia científica. Éste es un asunto demasiado serio como para que gire en torno a intereses electorales y obsesiones ideológicas.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Hombre, mujer, machismo, hembrismo

 y “otras yerbas”

         Como el tema “hombre-mujer” en ciertos sectores furibundos, no parece tener remedio; y no aceptan la diferencia, entre “macho y hembra” (que existe en todos los mamíferos y el mono humano lo somos también) y tratan sobre todo, “las hembristas”, de ser iguales al hombre “o incluso superiores”; ya y hace cuarenta y seis años (12 de Julio de 1977), escribí un largo poema que titulé simplemente, “HOMBRE Y MUJER”; y que luego incluí en mi libro, “Pensando en… Andalucía” (1986); en el que de alguna manera, ya “barruntaba” o vaticinaba, lo que luego ha ido ocurriendo, en esa lucha absurda, puesto que nuestro idioma español, ya definió hace mucho tiempo, a los dos sexos del mono humano, con una contundente definición y la que sigue vigente pues dudo lo pueda mejorar alguien.

            La docta palabra dice… “SEMEJANTES”; y la que iguala sin menospreciar “a uno o a otra”, pero igualmente significa la diferencia entre ambos, que aquel que la discuta, simplemente, debe, “lavarse muy bien su caletre”.

            Y como los buenos libros, suelo leerlos y releerlos, encuentro en uno de mi biblioteca, el de un actor, famoso en su tiempo y que fue nórdico, nacido en Suecia; se licenció en medicina en París; y tuvo una muy rica vida, como médico-filósofo y escritor; encuentro en uno de sus libros, lo que abajo reflejo, por si puede aportar algo de “luz” a tan cerriles miembros de la sociedad, de “los homínidos superiores”.

Axel Munthe: Oskarshamn, (Unión de Suecia y Noruega31 de octubre de 1857EstocolmoSuecia11 de febrero de 1949) fue un médico y escritor sueco. A los 18 años Munthe visitó Capri y desde entonces se propuso crear su hogar allí. Años más tarde construyó, tal y como deseaba, una villa a la que llamó "San Michele" en el punto más alto de la isla de Capri, en el lugar que ocupara anteriormente la villa del emperador romano Tiberio. Munthe pasó la mayor parte de su vida adulta en "San Michele" dónde, salvo breves períodos, residió 56 años. Como médico ejerció mucho tiempo en París: fue condecorado con “La Legión de honor”; por su buen comportamiento haciendo honor a la vocación de verdadero médico. Su obra literaria es muy interesante de leer, por cuanto vivió intensamente como ser humano.

“DE SU LIBRO “LA HISTORIA DE SAN MICHELE”: Capítulo IX “REGRESO A PARÍS”: Páginas 128-129 y 130: “Hablando con otro médico, que es amigo”

-Siempre estás rodeado de mujeres. Quisiera gustar tanto a las mujeres como tú; hasta mi vieja cocinera está enamorada de ti desde que le curaste su herpe zoster.

-Quisiera no gustarles tanto, y de buena gana te las cedería todas esas mujeres neuróticas. Sé, que en gran parte, les debo a ellas mi fama como doctor de moda, pero déjame confesarte que son muy fastidiosas y, a menudo, acaban por ser un peligro. Dices que quieres gustar a las mujeres; pues bien, no se lo digas, no les des demasiada importancia, no las dejes mandarte como como quisieran. A las mujeres aunque parece que lo ignoran, les gusta mucho más obedecer que ser obedecidas. Pretenden ser iguales a nosotros, pero saben de sobra que no lo son, por fortuna para ellas; porque, si lo fueran, nos gustarían mucho menos. En general creo a las mujeres mejores que los hombres; pero, claro está, no se lo digo. Son mucho más valerosas, afrontan las enfermedades y la muerte mucho mejor que nosotros, tienen más piedad y son menos vanidosas. En general, su instinto es en su vida una guía más segura que nuestra inteligencia, y no hacen tantas locuras como nosotros. El amor es para una mujer mucho más que para un hombre; lo es todo. Y menos cuestión de los sentidos de lo que el hombre suele creer. Una mujer  puede enamorarse de un hombre feo y aun de un viejo que sepa despertar su imaginación. Un hombre no puede enamorarse de una mujer si esta no despierta su instinto sexual, que, contrariamente a la intención de la Naturaleza, en el hombre moderno sobrevive a su virilidad. Por eso no tiene límite alguno de edad para enamorarse. Richelieu era irresistible a los ochenta años, cuando apenas podía tenerse en pie, y Goethe tenía setenta cuando perdió la cabeza por Ulrica von Levetzow.

                        “El amor mismo es de corta duración, como una flor. En el hombre muere de muerte natural con el matrimonio; en la mujer sobrevive a menudo hasta el fin, transformado en puro cariño materno por el caído héroe de sus sueños. Las mujeres no pueden comprender que el hombre es polígamo por naturaleza. Puede someterse por fuerza a nuestro reciente código de moral social, pero su irreductible instinto está sólo adormecido. ¡Sigue siendo el mismo animal, tal como el Creador lo hizo, dispuesto siempre a todo, sin inútiles intervalos!

            “Las mujeres no son menos inteligentes que los hombres; comúnmente, quizá lo son más. Pero su inteligencia es distinta. No hay que pasar por alto el hecho de que el peso del cerebro del hombre es superior al de la mujer. Las circunvoluciones  cerebrales, ya visibles en el recién nacido, son por completo diversas en los dos cerebros. Las diferencias anatómicas se hacen aún más evidentes cuando se compara el lóbulo occipital; precisamente, a la seudoatrofia de este lóbulo en el cerebro de la mujer atribuye Husche tan gran importancia psíquica. La diferencia entre los sexos es ley inmutable de la Naturaleza, que atraviesa toda la creación para acentuarse cada vez más con el mayor desarrollo de los tipos. Dícese que todo puede explicarse por el hecho de que hayamos tenido para nosotros la cultura como un monopolio del sexo, y que las mujeres nunca han tenido una adecuada oportunidad de estudiar. ¿De veras no la han tenido? Incluso en Atenas, la situación de las mujeres no era inferior a la de los hombres; tenían a su disposición todas las ramas de la cultura. Las razas jónicas y dóricas siempre reconocieron su libertad, y con los lacedemonios tuvieron demasiada. Durante todo el Imperio Romano, cuatrocientos años de alta cultura, gozaron de gran libertad las mujeres: baste recordar que disponían totalmente de su propiedad. En la Edad Media, la instrucción de las mujeres era muy superior a la de los hombres. Los caballeros sabían manejar mejor la espada que la pluma; los frailes eran cultos, pero había también muchos conventos de monjas que ofrecían a sus huéspedes iguales ocasiones de estudio. Mira nuestra  profesión, en la que no son, ciertamente, novatas las mujeres. Había ya profesoras en la escuela de Salerno; Louise Bourgeois, que fue médica de María de Médicis, mujer de Enrique IV, escribió un lamentable libro de obstetricia; Margarita La Marche era comadrona-jefe en el Hôtel-Dieu, en 1677; Madame La Chapelle y Madame Boivin escribieron interminables libros de enfermedades de las mujeres, de muy poco valor todos ellos. En los siglos XVII y XVIII había muchas profesoras en las célebres universidades italianas de Bolonia, Pavía, Ferrara y Nápoles. Pero nunca hicieron progresar la ciencia que cultivaban; precisamente por haber dejado la obstetricia y la ginecología en manos de las mujeres, estas dos ramas de nuestra profesión han permanecido tanto tiempo estancadas, sin esperanzas de progreso. Este comenzó cuando los hombres se encargaron de ellas. Aún hoy, ninguna mujer, al ver en peligro su vida o la de su hijo, se fiaría de un médico de su sexo”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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