Las Noticias de hoy 6 Noviembre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 06/11/2021 - 12:34

La preocupación y el significado de soñar con un hospital

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY   

sábado, 06 de noviembre de 2021

Indice:

ROME REPORTS

Basta una caricia para dar sentido a la jornada de un enfermo

Papa: La belleza no es la ilusión fugaz de una apariencia, nace del bien.

SERVIR A UN SOLO SEÑOR : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: sábado de la 31ª semana del tiempo ordinario

Evangelio del sábado: aspirar a los bienes más altos

"Jesús se quedó en la Eucaristía por amor" : San Josemaria

Retiro de noviembre #DesdeCasa (2021)

Trabajo y familia : J. López Díaz. C. Ruíz

¿Por qué católica? A favor de una mejor cultura : José Martínez Colín.

Amar a Dios con todo nuestro corazón: ¿Qué significa? : Aleida López de Steinmetz

¿Cuál es la diferencia entre cuerpo, alma y espíritu: ? : Paulo Ricardo

¿Horario?. ¿Qué horario? : Nuria Chinchilla

El sentido positivo de la muerte del cristiano – Mes de Noviembre

El nido de la vida humana : Ana Teresa López de Llergo

¿Tiene tu hijo una adicción a los videojuegos? : Lucía Legorreta

Otro mundo es posible

Los pobres nos necesitan, ayudemos en familia : Silvia del Valle Márquez.

El destructivo aburrimiento : Luis Pazos

Entereza: Aprender a vivir y a morir : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

Basta una caricia para dar sentido a la jornada de un enfermo

En su homilía de la Misa celebrada en el Policlínico Gemelli de Roma, Sede de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, el Papa destacó tres palabras: “Recuerdo, pasión y consuelo”. También pidió que Jesús abra los corazones de los que cuidan a los enfermos. “A tu Corazón, Señor, encomendamos nuestra vocación de curar: haznos sentir querida a cada persona que se acerca a nosotros con necesidad”

 

Vatican News

Tal como estaba previsto, esta mañana poco después de las 10.00 el Santo Padre se dirigió en automóvil desde la Casa de Santa Marta hasta el Policlínico Agostino Gemelli de Roma para celebrar la Santa Misa con ocasión del 60º aniversario de la inauguración de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón.

En su homilía, el Papa, tras recordar la conmemoración “con gratitud” del “don de esta sede de la Universidad Católica”, compartió con los participantes en esta Eucaristía algunas reflexiones sobre su nombre. Ante todo, destacó que “está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, al que se dedica este día, el primer viernes del mes”. Y añadió:

“Al contemplar el Corazón de Cristo, podemos guiarnos por tres palabras: recuerdo, pasión y consuelo”

Recuerdo

“Recuerdo”, dijo Francisco. “Recordar significa volver con el corazón". Y explicó que el Corazón de Cristo nos hace volver a lo que ha hecho por nosotros, “nos muestra a Jesús ofreciéndose a sí mismo”, lo que significa “el compendio de su misericordia”. “Mirándolo, como hace Juan en el Evangelio, es natural recordar su bondad, que es gratuita e incondicional, no depende de nuestras obras. Y nos conmueve”, afirmó el Papa.

“Con las prisas de hoy, en medio de mil carreras y preocupaciones continuas, estamos perdiendo la capacidad de conmovernos y de sentir compasión, porque estamos perdiendo ese retorno al corazón, a la memoria”

En efecto, el Obispo de Roma añadió que “sin memoria perdemos nuestras raíces y sin raíces no crecemos”. De ahí la invitación a alimentar la memoria de quienes nos han amado, nos han cuidado, nos han criado.

“Hoy quiero renovar mi agradecimiento por las atenciones y el cariño que he recibido aquí. Creo que, en esta época de pandemia, es bueno que recordemos incluso los momentos más dolorosos: no para entristecernos, sino para no olvidar, y para orientar nuestras decisiones a la luz de un pasado muy reciente”

El arte del recuerdo

En cuanto a cómo funciona nuestra memoria, simplificando, Francisco explicó que “podríamos decir que nos acordamos de alguien o de algo cuando nos toca el corazón, cuando está ligado a un afecto o a un desamor particular”. Pues bien, el Corazón de Jesús sana nuestra memoria porque la devuelve al afecto fundacional.

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“Nos recuerda que, pase lo que pase en la vida, somos amados”. “Somos seres amados, hijos a los que el Padre ama siempre y en todo caso, hermanos por los que late el Corazón de Cristo”. Por esta razón, “cada vez que miramos ese Corazón nos descubrimos arraigados y cimentados en el amor, como dijo el apóstol Pablo en la primera lectura”. El Papa invitó a cultivar esta memoria, “que se fortalece cuando estamos cara a cara con el Señor, especialmente cuando nos dejamos mirar y amar por Él en la adoración”. A lo que añadió:

“Pero también podemos cultivar entre nosotros el arte del recuerdo, atesorando los rostros que encontramos. Pienso en los días agotadores en el hospital, en la universidad, en el trabajo. Corremos el riesgo de que todo pase sin dejar rastro, o de que sólo quede el cansancio y la fatiga. Nos viene bien, por la noche, repasar las caras que hemos conocido, las sonrisas que hemos recibido, las buenas palabras. Son recuerdos de amor y ayudan a nuestra memoria a reencontrarse”

De la importancia de estos recuerdos en los hospitales Francisco manifestó que “pueden dar sentido al día de un enfermo”. “Una palabra fraternal, una sonrisa, una caricia en la cara: son recuerdos que curan por dentro, hacen bien al corazón. No olvidemos la terapia de la memoria”.

Pasión

La pasión, prosiguió el Pontífice, “es la segunda palabra”. “El Corazón de Cristo no es una devoción piadosa para sentir un poco de calor en el interior, no es una imagen tierna que despierte afecto. Es un corazón apasionado, herido de amor, desgarrado por nosotros en la cruz”.

“El Sagrado Corazón es el icono de la Pasión: nos muestra la ternura visceral de Dios, su pasión amorosa por nosotros y, al mismo tiempo, superado por la cruz y rodeado de espinas, nos muestra cuánto sufrimiento ha costado nuestra salvación. En su ternura y dolor, ese Corazón revela, en definitiva, lo que es la pasión de Dios: el hombre”

Lo que sugiere además que “si realmente queremos amar a Dios, debemos apasionarnos por el hombre, por todo hombre, especialmente por aquellos que viven la condición en la que se manifestó el Corazón de Jesús: el dolor, el abandono, el descarte”. “Porque el Corazón desgarrado de Dios es elocuente. Habla sin palabras, porque es misericordia en estado puro, amor que hiere y da vida. Es Dios”.

“¡Cuántas palabras decimos de Dios sin mostrar amor! Pero el amor habla por sí mismo, no habla de sí mismo. Pidamos la gracia de apasionarnos por el hombre que sufre, de apasionarnos por el servicio, para que la Iglesia, antes de tener palabras que decir, conserve un corazón que lata con amor”

Consuelo

La tercera palabra que destacó el Papa es “consuelo”. Y explicó que “indica una fuerza que no viene de nosotros, sino de los que están con nosotros. Jesús, el Dios-con-nosotros, nos da esta fuerza, su Corazón nos da valor en la adversidad”.

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Después de aludir a las “tantas incertidumbres nos asustan”, el Obispo de Roma dijo que “en este tiempo de pandemia nos hemos descubierto más pequeños y frágiles”. Y que, a pesar de los tantos avances, “esto también es evidente en el campo de la medicina”, “con tantas enfermedades raras y desconocidas, cuánto esfuerzo se necesita para estar al día con las patologías, las estructuras de tratamiento, un servicio de salud que sea realmente lo que debe ser, para todos”. Podríamos desanimarnos, dijo el Papa, por eso “necesitamos consuelo”. El Corazón de Jesús late por nosotros, repitiendo siempre esas palabras:

“Ánimo hermana, ánimo hermano, no te desanimes, el Señor tu Dios es más grande que tus males, te lleva de la mano y te acaricia. Él es su consuelo”

Hacia el final de su homilía el Pontífice dijo que “si miramos la realidad desde la grandeza” del Corazón de Jesús, “cambia la perspectiva, cambia nuestro conocimiento de la vida porque, como nos recordaba San Pablo, conocemos el amor de Cristo que supera todo conocimiento".

“[ Animémonos con esta certeza, con el consuelo de Dios. Y pidamos al Sagrado Corazón la gracia de poder consolar a su vez. Es una gracia que hay que pedir, mientras nos comprometemos con valentía a abrirnos, a ayudarnos unos a otros, a llevar las cargas de los demás. También se aplica al futuro de la sanidad, especialmente de la sanidad católica: compartir, apoyarse mutuamente, avanzar juntos]”

“Que Jesús – concluyó Francisco – abra los corazones de los que cuidan a los enfermos a la colaboración y la cohesión. A tu Corazón, Señor, encomendamos nuestra vocación de curar: haznos sentir querida a cada persona que se acerca a nosotros con necesidad”.

 

Papa: La belleza no es la ilusión fugaz de una apariencia, nace del bien.

En la inauguración de la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana, el Papa cuestiona a las culturas que se vuelven autorreferenciales, que excluyen en lugar de integrar, por ello propone crear nuevos mapas para descubrir el significado de la fraternidad.

 

Alina Tufani – Ciudad del Vaticano

No solo de pan vive el hombre, no solo necesita lo que garantiza su supervivencia sino también la belleza, la cultura, lo que toca el alma, necesita dialogar con el mundo, usar nuevos lenguajes, nuevos mapas que lo lleven a abrirse a la fraternidad para no quedar cerrados en bloques estériles y llenos de malentendidos. Estos son solo algunos de los enunciados planteados por el Papa Francisco en su discurso de esta tarde, durante la inauguración de una Sala de Exposiciones de la Biblioteca Apostólica Vaticana.

 

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De belleza y de bien

La exposición “Todos Humanidad en Camino” hace un recorrido por la obra del artista contemporáneo Pietro Ruffo, entrelazadas con obras del pasado, en un encuentro de saberes, épocas y estilos. Por ello, el discurso del Santo Padre se abre con una reflexión sobre la belleza partiendo del adjetivo kalós (bello) que aparece en el Evangelio según San Juan y que usa exclusivamente para referirse a Jesús y su misión. Ejemplo de ello, explica el Pontífice, es el apelativo cristológico, "Yo soy el hermoso pastor", que usa Jesús y que solemos traducir "Yo soy el buen pastor". Y es que es cierto dice el Papa que “Jesús es el buen pastor, pero también hermoso”. Entonces, la belleza nace del bien:

La belleza no es la ilusión fugaz de una apariencia o un adorno: nace en cambio de la raíz del bien, la verdad y la justicia, que son sus sinónimos. No debemos dejar de pensar y hablar de la belleza, porque el corazón humano no solo necesita el pan, no solo necesita lo que garantiza su supervivencia inmediata: necesita también la cultura, lo que toca el alma, lo que acerca al ser humano a su profunda dignidad.

En este contexto, Francisco subraya que la Iglesia debe dar testimonio de la importancia de la belleza y la cultura, dialogando con esa particular “sed de infinito que define al ser humano”. De allí la importancia de inaugurar una sala de exposiciones en la Biblioteca Vaticana. “Deseo que brille su luz”, afirmó el Papa, no sólo a través de la ciencia, sino también a través de la belleza.

Culturas en dialogo: nuevos mapas de fraternidad

Inspirada en el Exhortación apostólica Fratelli Tutti, la exposición se plantea un encuentro entre las obras contemporáneas de Ruffo y las presentes en la Biblioteca Apostólica a lo largo de los siglos. “Una apuesta por crear un diálogo” que el Papa agradeció:

 “La vida es el arte del encuentro. Las culturas se enferman cuando se vuelven autorreferenciales, cuando pierden la curiosidad y la apertura a los demás. Cuando excluyen en lugar de integrar”

Más aún, el Papa se preguntó qué ventajas puede tener ser “guardias fronterizos” de sus propias culturas en lugar de ser “guardianes de nuestros hermanos”. Entonces, “el mundo necesita nuevos mapas”, aseguró Francisco, que pasen por encima de los bloques y las fronteras para ir hacia el encuentro y el diálogo:

 “En este cambio de época que ha acelerado la pandemia, la humanidad necesita nuevos mapas para descubrir el significado de la fraternidad, la amistad social y el bien común. La lógica de los bloques cerrados es estéril y está llena de malentendidos. Necesitamos una nueva belleza, que ya no es el reflejo habitual del poder de algunos, sino el valiente mosaico de la diversidad de todos. Que no sea el espejo de un antropocentrismo despótico, sino un nuevo cántico de las criaturas, donde se concretice efectivamente una ecología integral”.

Mantener viva la memoria con nuevos idiomas

Al concluir su discurso el Santo Padre se dirigió concretamente a los dirigentes y funcionarios de la Biblioteca Apostólica recordando su llamado a convertirse en una “Iglesia en salida” y protagonista de la cultura del encuentro. Esto debe ocurrir también con la biblioteca, es decir, si además de custodiar el pasado, se atreve a ser frontera del presente y del futuro. Una responsabilidad que para Francisco se asume manteniendo viva las raíces y la memoria, pero al mismo tiempo traducir la herencia de la Iglesia y de la humanidad a “nuevos idiomas”, pasar “de lo analógico a lo digital”. Un desafío histórico que se debe enfrentar con sabiduría y valentía. Y concluyó:

Cuento con la Biblioteca Apostólica para traducir el depósito del cristianismo y la riqueza del humanismo a los idiomas de hoy y de mañana.

 

SERVIR A UN SOLO SEÑOR

— Pertenecemos a Dios por entero.

— Unidad de vida.

— Rectificar la intención.

I. En la Antigüedad, el siervo se debía íntegramente a su señor. Su actividad llevaba consigo una dedicación tan total y absorbente que no cabía compartirla con otro trabajo u otro amo. Así se entienden mejor las palabras de Jesús, que leemos en el Evangelio de la Misa1Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. Y concluye el Señor: No podéis servir a Dios y al dinero.

Seguir a Cristo significa encaminar a Él todos nuestros actos. No tenemos un tiempo para Dios y otro para el estudio, para el trabajo, para los negocios: todo es de Dios y a Él debe ser orientado. Pertenecemos por entero al Señor y a Él dirigimos nuestra actividad, el descanso, los amores limpios... Tenemos una sola vida, que se ordena a Dios con todos los actos que la componen. «La espiritualidad no puede ser nunca entendida como un conjunto de prácticas piadosas y ascéticas yuxtapuestas de cualquier modo al conjunto de derechos y deberes determinados por la propia condición; por el contrario, las propias circunstancias, en cuanto respondan al querer de Dios, han de ser asumidas y vitalizadas sobrenaturalmente por un determinado modo de desarrollar la vida espiritual, desarrollo que ha de alcanzarse precisamente en y a través de aquellas circunstancias»2.

Como el hilo sujeta las cuentas de un collar, así el deseo de amar a Dios, la rectitud de intención, dan unidad a todo cuanto hacemos. Por el ofrecimiento de obras pertenecen al Señor todas nuestras actividades de la jornada, las alegrías y las penas. Nada queda fuera del amor. «En nuestra conducta ordinaria, necesitamos una virtud muy superior a la del legendario rey Midas: él convertía en oro cuanto tocaba.

»—Nosotros hemos de convertir –por amor– el trabajo humano de nuestra jornada habitual, en obra de Dios, con alcance eterno»3.

El quehacer de todos los días, el cuidado de los instrumentos que empleamos en el trabajo, el orden, la serenidad ante las contradicciones que se presentan, la puntualidad, el esfuerzo que supone el cumplimiento del deber... es la materia que debemos transformar en el oro del amor a Dios. Todo está dirigido al Señor, que es quien da un valor eterno a nuestras obras más pequeñas.

II. El empeño por vivir como hijos de Dios se realiza principalmente en el trabajo, que hemos de dirigir a Dios; en el hogar, llenándolo de paz y de espíritu de servicio; y en la amistad, camino para que los demás se acerquen más y más al Señor. Con todo, en cualquier momento del día o de la noche debemos mantener ese empeño por ser, con la ayuda de la gracia, hombres y mujeres de una pieza, que no se comportan según el viento que corre o que dejan el trato con el Señor para cuando están en la iglesia o recogidos en oración. En la calle, en el trabajo, en el deporte, en una reunión social, somos siempre los mismos: hijos de Dios, que reflejan con amabilidad su seguimiento a Cristo en situaciones bien diversas: ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios4, aconsejaba San Pablo a los primeros cristianos. «Cuando te sientes a la mesa –comenta San Basilio a propósito de este versículo–, ora. Cuando comas pan, hazlo dando gracias al que es generoso. Si bebes vino, acuérdate del que te lo ha concedido para alegría y alivio de enfermedades. Cuando te pongas la ropa, da gracias al que benignamente te la ha dado. Cuando contemples el cielo y la belleza de las estrellas, échate a los pies de Dios y adora al que con su Sabiduría dispuso todas estas cosas. Del mismo modo, cuando sale el sol y cuando se pone, mientras duermas y despierto, da gracias a Dios que creó y ordenó todas estas cosas para provecho tuyo, para que conozcas, ames y alabes al Creador»5. Todas las realidades nobles nos deben llevar a Él.

De la misma manera que cuando se ama a una criatura de la tierra se la quiere las veinticuatro horas del día, el amor a Cristo constituye la esencia más íntima de nuestro ser y lo que configura nuestro actuar. Él es nuestro único Señor, al que procuramos servir en medio de los hombres, siendo ejemplares en el trabajo, en los negocios, a la hora de vivir la doctrina social de la Iglesia en los diversos ámbitos de nuestra actividad, en el cuidado de la naturaleza, que es parte de la Creación divina... No tendría sentido que una persona que tratara al Señor con intimidad no se esforzara a la vez, y como una consecuencia lógica, por ser cordial y optimista, por ser puntual en su trabajo, por aprovechar el tiempo, por no hacer chapuzas en su tarea...

El amor a Dios, si es auténtico, se refleja en todos los aspectos de la vida. De aquí que, aunque las cuestiones temporales tengan su propia autonomía y no exista una «solución católica» a los problemas sociales, políticos, etc., tampoco existan ámbitos de «neutralidad», donde el cristiano deje de serlo y de actuar como tal6. Por eso, el apostolado fluye espontáneo allí donde se encuentra un discípulo de Cristo, porque es consecuencia inmediata de su amor a Dios y a los hombres.

III. Los fariseos que escuchaban al Señor eran amantes del dinero y trataban de compaginar su amor a las riquezas y a Dios, al que pretendían servir. Por eso, se burlaban de Jesús. También hoy los hombres tratan, en ocasiones, de ridiculizar el servicio total a Dios y el desprendimiento de los bienes materiales, porque –como los fariseos– no solo no están dispuestos a ponerlo en práctica, sino que ni siquiera conciben que otros puedan tener esa generosidad: piensan, quizá, que pueden existir ocultos intereses en quienes de verdad han escogido, en medio del mundo o fuera de él, a Cristo como único Señor7.

Jesús pone al descubierto la falsedad de aquella aparente bondad de los fariseos: Vosotros -les dice- os hacéis pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece excelso ante los hombres, es abominable delante de Dios. El Señor señala con una palabra fortísima –abominable– la conducta de aquellos hombres faltos de unidad de vida que, con la apariencia de ser fieles servidores de Dios, estaban muy lejos de Él, como se reflejaba en sus obras: gustan pasear vestidos con largas túnicas y anhelan los saludos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones...8. En realidad, poco o nada amaban a Dios; se amaban a sí mismos.

Dios conoce vuestros corazones. Estas palabras del Señor nos deben llenar de consuelo, a la vez que nos llevarán a rectificar muchas veces la intención para rechazar los movimientos de vanidad y de vanagloria, de tal modo que nuestra vida entera esté orientada a la gloria de Dios. Agradar al Señor ha de ser el gran objetivo de todas nuestras acciones. El Papa Juan Pablo I, cuando aún era Patriarca de Venecia, escribía este pequeño cuento, lleno de enseñanzas. A la entrada de la cocina estaban echados los perros. Juan, el cocinero, mató un ternero y echó las vísceras al patio. Los perros las comieron, y dijeron: «Es un buen cocinero, guisa muy bien».

Poco tiempo después, Juan pelaba los guisantes y las cebollas, y arrojó las mondaduras al patio. Los perros se arrojaron sobre ellas, pero torciendo el hocico hacia el otro lado dijeron: «El cocinero se ha echado a perder, ya no vale nada».

Sin embargo, Juan no se conmovió lo más mínimo por este juicio, y dijo: «Es el amo quien tiene que comer y apreciar mis comidas, no los perros. Me basta con ser apreciado por mi amo»9. Si actuamos de cara a Dios, poco o nada nos debe importar que los hombres no lo entiendan o que lo critiquen. Es a Dios a quien queremos servir en primer lugar y sobre todas las cosas. Luego resulta que este amor con obras a Dios es, a la vez, la mayor tarea que podemos llevar a cabo en favor de nuestros hermanos los hombres.

Nuestra Madre Santa María nos enseñará a enderezar nuestros días y nuestras horas para que nuestra vida sea un verdadero servicio a Dios. «No me pierdas nunca de vista el punto de mira sobrenatural. -Rectifica la intención, como se rectifica el rumbo del barco en alta mar: mirando a la estrella, mirando a María. Y tendrás la seguridad de llegar siempre a puerto»10.

1 Lc 16, 13-14. — 2 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, 4ª ed., Madrid 1976, p. 113. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 742. — 4 1 Cor 10, 31. — 5 San Basilio, Homilía in Julittam martirem. — 6 Cfr. I. Celaya, Unidad de vida y plenitud cristiana, Pamplona 1985, p. 335. — 7 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Lc 16, 13-14. — 8 Cfr. Lc 20, 45-47. — 9 Cfr. A. Luciani, Ilustrísimos señores, pp. 12 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 749.

 

Meditaciones: sábado de la 31ª semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el sábado de la semana treinta y uno del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: la libertad de no apegarse a los bienes terrenos; el desprendimiento nos recuerda que todo es de Dios; agradecer lo que tenemos.

06/11/2021

 

  • La libertad de no apegarse a los bienes terrenos.
  • El desprendimiento nos recuerda que todo es de Dios.
  • Agradecer lo que tenemos.

«NINGÚN CRIADO puede servir a dos señores» (Lc 9,13), nos dice hoy Jesús en el Evangelio. Son palabras claras y precisas. No parece que quepan las medias tintas. Quien desea ser discípulo de Cristo busca que los bienes terrenos no le alejen de lo que quiere que sea el centro de su vida. «No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Lc 9,13), continúa Cristo. Queremos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a descubrir la invitación que nos está dirigiendo. El reinado de Dios y el del dinero son muy diferentes. El uno lo recibimos y nos abre a los demás; el otro se sirve de múltiples engaños –la avaricia, el deseo desmesurado de poseer, la sola confianza en los bienes, etc.– para encerrarnos en nosotros mismos.

El efecto inmediato, pero efímero, del apegamiento de nuestro corazón a los bienes terrenos es la suficiencia. Una vez hemos conseguido lo que deseábamos, gozamos de unos instantes de gloria superficial, pero muy aparente, quizá ruidosa a nivel afectivo. Sin embargo, ese refugio poco a poco nos aprisiona. Aquellos bienes no son capaces de penetrar en nuestro corazón, no pueden alimentarlo. A lo mejor consiguen anestesiarlo pero, tarde o temprano, despertamos a la soledad. Probablemente no son malos en sí mismos, pero si los convertimos en pequeños ídolos, fácilmente toman el mando en nuestra vida. Seguir a Jesús implica disfrutar de la virtud del desprendimiento, disfrutar de una armoniosa utilización de las cosas que nos rodean: «Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20)»[1].

El alma que vive sin apegarse a las cosas, sin entregar a ellas su felicidad, se llena de la riqueza de Dios, de su amor y de su paz. No necesita nada porque lo tiene todo, y cuando usa los bienes materiales, el tiempo o sus talentos, los agradece como regalos que son, dispone de aquello que necesita, pues en Dios todo nos pertenece. No se los apropia, ni los retiene. Y por eso, los disfruta como nadie.


A JESÚS podemos pedirle que nos enseñe este arte: el de arriesgarnos a vivir abandonados a sus cuidados. En otro momento de su predicación, dirigió la atención de quienes le escuchaban hacia los lirios y los pájaros: a ellos nunca les falta el alimento ni el vestido porque, a su manera, viven de Dios (cfr. Mt 6,25-33). De nosotros espera solamente «un poco de amor para derramar copiosamente su gracia sobre el alma»[2]. Le basta una pizca de cariño para entregarnos su fortuna. En este negocio divino se cumplen a la perfección las palabras de santa Teresa de Jesús: «Tened en muy poco lo que habéis dado, pues tanto habéis de recibir»[3].

Jesús nos regala a todos la posibilidad de disfrutar de la virtud del desprendimiento, con la que recordamos que todo es de Dios. Cada uno la vivirá en sus circunstancias, de mayor o menor abundancia, de mayor o menor escasez. La situación concreta de cada uno es la óptima para confiar en Dios. Cuando nos inquiete la incertidumbre, la duda o el miedo, podemos pedirle que nos convenza de que la alegría no depende de lo mucho o de lo poco; que interioricemos que «lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado»[4].

«Los proyectos de Dios no coinciden con los del hombre; son infinitamente mejores, pero a menudo resultan incomprensibles para la mente humana (...). Desde luego, no debemos esperar pasivamente lo que nos manda, sino colaborar con él, para que lleve a cumplimiento lo que ha comenzado a realizar en nosotros. Debemos ser solícitos sobre todo en la búsqueda de los bienes celestiales. Éstos deben ocupar el primer lugar, como nos pide Jesús: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33). Los demás bienes no deben ser objeto de preocupaciones excesivas, porque nuestro Padre celestial conoce cuáles son nuestras necesidades»[5].


UN CAMINO QUE nos lleva al desprendimiento cristiano –que es, a la vez, un «prendimiento» hacia lo que verdaderamente queremos– es el agradecimiento. Cuando no damos por supuesto el amor que queremos recibir, aprendemos a abrirnos a cualquier forma que tome. Del mismo modo, abandonamos las pobres seguridades que nos ofrecen los bienes, e incluso las criaturas, y descubrimos mil modos en que los demás nos estaban manifestando su amor sencillo.

El 28 de febrero de 1964, san Josemaría entró en su habitación y se sorprendió al ver que había una colcha que cubría su cama, habitualmente desnuda. Al cabo de dos días llamó por teléfono a una hija suya para agradecérselo: «Gracias, hija mía, ¡que Dios te bendiga! Qué sorpresa me llevé el otro día al entrar en mi cuarto. Pensé que me había equivocado y me dije: Josemaría, ¡si te has vuelto rico! En 36 años es la primera vez que tengo colcha. Ya has visto que durante estos años yo os he insistido en que quería ser el último»[6].

«Una actitud de agradecimiento debe distinguir la vida de cada hombre, de cada cristiano en particular (...). Es una actitud “eucarística”, que os da paz y seguridad en las fatigas, os libera de toda afección egoísta e individualista, os hace dóciles a la voluntad del Altísimo, incluso en las exigencias morales más difíciles (...). Agradecer significa creer, amar, dar... ¡y con alegría y generosidad!»[7]. A la Virgen María, que recibió con agradecimiento pleno todos los dones con los que Dios la colmó, le pedimos la valentía de no apegarnos a las cosas de esta tierra, sino confiar sobre todo en nuestro Padre del cielo.


[1] Francisco, Mensaje, 14-XI-2021.

[2] San Josemaría, Via Crucis, estación V.

[3] Santa Teresa, Camino de perfección, 33, 2.

[4] San Josemaría, Surco, n. 795.

[5] San Juan Pablo II, Audiencia, 24-III-1999.

[6] San Josemaría, testimonio citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo III, Rialp, Madrid 2003, pp. 310-311.

[7] San Juan Pablo II, Homilía, 9-XI-1980.

 

Evangelio del sábado: aspirar a los bienes más altos

Comentario del sábado de la 31º semana del tiempo ordinario. “Porque lo que parece ser excelso ante los hombres es abominable delante de Dios”. Jesús nos anima a purificar el corazón y renovar la mente, a examinar deseos e intenciones, porque es del corazón de donde salen las buenas y las malas obras.

 

06/11/2021

 

Evangelio (Lc 16, 9-15)

«Y yo os digo: haceos amigos con las riquezas injustas, para que, cuando falten, os reciban en las moradas eternas.

»Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho. Por tanto, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

»Ningún criado puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

Oían todas estas cosas los fariseos, que eran amantes del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo:

—Vosotros os hacéis pasar por justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece ser excelso ante los hombres es abominable delante de Dios.


Comentario

Las palabras del evangelio de la misa de hoy son en parte aplicación de la parábola del evangelio de ayer, aunque en el contexto amplio de todo el evangelio de Lucas. Por un lado, se anima a los discípulos a comportarse con la sabiduría que, imperfectamente, se refleja en la sagacidad de aquellos que solo funcionan por cálculos humanos. De hecho, la expresión «riqueza injusta» hace referencia a la riqueza desvinculada de la obtención de la verdadera justicia. Jesús nos pide que nos empeñemos en serio en alcanzar aquello que decimos querer alcanzar, poniendo todo lo demás al servicio de esa meta: las moradas eternas. Se trata, por tanto, de aprender a discernir cómo usar correctamente los bienes materiales.

A esta exhortación se le suman otras dos, que están en relación también con otros textos lucanos. El administrador responsable es el que presta atención a lo pequeño, pues a menudo es ahí por donde viene la ruina. Es en lo poco, en lo pequeño, donde se manifiesta y demuestra el interés y el amor verdaderos. También nos dice el texto que no podremos administrar bien los bienes eternos si no hemos sabido administrar bien los transitorios. Aspirar al cielo no quiere decir desentenderse del mundo. Estas enseñanzas se pueden sintetizar es esta frase: «no podéis servir a Dios y a las riquezas»; esto es, si lo que nos mueve es el dinero, Dios queda fuera. Solo uno de los dos polos puede ser rector de la vida entera.

Las últimas palabras de Jesús nos ponen sobre aviso. A Jesús le estaban escuchando «amantes del dinero» (Lc 16,14) y eso él lo veía, aunque por fuera se disimulase. Porque, ¿cuál es el valor de la limosna de un avaro o de un codicioso? Dios lo juzga. Y eso es lo verdaderamente determinante. De poco nos servirá el juicio positivo de los hombres sobre nosotros si realmente nuestro interior lo desdice. Jesús nos anima a purificar el corazón y renovar la mente, a examinar deseos e intenciones, porque es del corazón de donde salen las buenas y las malas obras.

 

"Jesús se quedó en la Eucaristía por amor"

La frecuencia con que visitamos al Señor está en función de dos factores: fe y corazón; ver la verdad y amarla. (Surco, 818)

6 de noviembre​

¡El corazón! De vez en cuando, sin poder evitarlo, se proyecta una sombra de luz humana, un recuerdo torpe, triste, "pueblerino"...

–Acude enseguida al Sagrario, física o espiritualmente: y tornarás a la luz, a la alegría, a la Vida. (Surco, 817)

Asoma muchas veces la cabeza al oratorio, para decirle a Jesús: ...me abandono en tus brazos.

–Deja a sus pies lo que tienes: ¡tus miserias!

–De este modo, a pesar de la turbamulta de cosas que llevas detrás de ti, nunca me perderás la paz. (Forja, 306)

Jesús se quedó en la Eucaristía por amor..., por ti.

–Se quedó, sabiendo cómo le recibirían los hombres..., y cómo lo recibes tú.

–Se quedó, para que le comas, para que le visites y le cuentes tus cosas y, tratándolo en la oración junto al Sagrario y en la recepción del Sacramento, te enamores más cada día, y hagas que otras almas –¡muchas!– sigan igual camino. (Forja, 887)

 

 

Retiro de noviembre #DesdeCasa (2021)

Esta guía es una ayuda para hacer por tu cuenta el retiro mensual, allí dónde te encuentres, especialmente en caso de dificultad de asistir en el oratorio o iglesia donde habitualmente nos reunimos para orar.

05/11/2021

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1. Introducción.
2. Meditación I. La Comunión de los santos.
3. Meditación II. Mes de los difuntos.
4. Charla.
5. Lectura espiritual.
6. Examen de conciencia.


1. Introducción

En nuestro corazón está presente y vivo el clima de la comunión de los santos y de la conmemoración de los fieles difuntos que la liturgia nos ha hecho vivir de manera intensa en las celebraciones de los días pasados.

En particular la visita a los cementerios nos ha permitido renovar el vínculo con los seres queridos que nos han dejado; la muerte, paradójicamente, conserva lo que la vida no puede retener. Cómo vivieron nuestros difuntos, qué amaron, temieron y esperaron, qué rechazaron, lo descubrimos de modo singular precisamente en las tumbas, que han quedado casi como un espejo de su existencia, de su mundo: estas nos interpelan y nos inducen a reanudar un diálogo que la muerte puso en crisis. Así, los lugares de la sepultura constituyen una especie de asamblea en la que los vivos encuentran a sus propios difuntos y con ellos consolidan los vínculos de una comunión que la muerte no ha podido interrumpir.

Y aquí, en Roma, en esos cementerios particulares que son las catacumbas, advertimos como en ningún otro lugar los vínculos profundos con la cristiandad antigua, que percibimos tan cercana. Cuando nos adentramos en los pasillos de las catacumbas romanas —como también en los de los cementerios de nuestras ciudades y de nuestros pueblos—, es como si cruzáramos un umbral inmaterial y entráramos en comunicación con quienes allí custodian su pasado, hecho de alegrías y dolores, de derrotas y esperanzas. Esto sucede porque la muerte afecta al hombre de hoy exactamente como al de entonces; y aunque tantas cosas de tiempos pasados nos sean ya ajenas, la muerte sigue siendo la misma.

Ante esta realidad, el ser humano de toda época busca una rendija de luz que permita esperar, que hable aún de vida, y también la visita a las tumbas expresa este deseo. ¿Pero cómo respondemos los cristianos a la cuestión de la muerte? Respondemos con la fe en Dios, con una mirada de sólida esperanza que se funda en la muerte y resurrección de Jesucristo. Entonces la muerte se abre a la vida, a la vida eterna, que no es un infinito duplicado del tiempo presente, sino algo completamente nuevo.

La fe nos dice que la verdadera inmortalidad a la que aspiramos no es una idea, un concepto, sino una relación de comunión plena con el Dios vivo: es estar en sus manos, en su amor, y transformarnos en Él en una sola cosa con todos los hermanos y hermanas que Él ha creado y redimido, con toda la creación.

Nuestra esperanza entonces descansa en el amor de Dios que resplandece en la Cruz de Cristo y que hace que resuenen en el corazón las palabras de Jesús al buen ladrón: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43). Esta es la vida que alcanza su plenitud: la vida en Dios; una vida que ahora sólo podemos entrever como se vislumbra el cielo sereno a través de la bruma.

Homilía del papa Benedicto XVI, el 3 de noviembre de 2012.

2. Primera meditación

Opción 1: Meditación sobre la Comunión de los santos. 

Opción 2: ¿Qué es la Comunión de los santos?. Explicaciones del Catecismo de la Iglesia católica y textos de san Josemaría para meditar.

3. Segunda meditación

Opción 1: Meditación sobre el mes de los difuntos y algunas enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica sobre lo que sucede tras la muerte. 

Opción 2: “Cuando la muerte clava su aguijón”; números 253-258 de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia del papa Francisco.

4. Charla

Mensaje del papa Benedicto XVI, explicando los sacramentos de curación (2012).

5. Lectura espiritual

“La esperanza del cristiano”, homilía de san Josemaría. (audio y texto)

6. Examen de conciencia

Acto de presencia de Dios

1. «Comunión de los santos. ¿Cómo te lo diría? ¿Ves lo que son las transfusiones de sangre para el cuerpo?» (Camino, n. 544). ¿Me paro a pensar que al hacer las cosas bien por amor a Dios, en mi trabajo, mi estudio, con mis amigos, puedo ayudar a toda la Iglesia? ¿Me llena de esperanza saber que nada se pierde, que el Señor hará fecundos todos mis esfuerzos donde y como a él le parezca?

2. «Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si no eres fiel» (Camino, n. 549). ¿Cómo me apoyo en la oración de todos los que me quieren?

3. «Mis buenas amigas las ánimas benditas del purgatorio… ¡pueden tanto delante de Dios!» (Camino, n. 571). ¿Rezo y ofrezco sufragios por ellas y confío en la ayuda que pueden prestarnos?

4. «Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él» (Rm 6, 8). ¿Me sirve la realidad de la muerte para dar perspectiva a los esfuerzos por hacer crecer el Reino de Dios?

5. «¿No brilla en tu alma el deseo de que tu Padre-Dios se ponga contento cuando te tenga que juzgar?» (Camino, n. 746). ¿Entiendo que Dios no me acusa, sino que es mi abogado y salvador? ¿Me da paz saberme en las manos de Dios?

6. «Al atardecer de la vida nos examinarán del amor» (San Juan de la Cruz). ¿Procuro rectificar la intención, dándome cuenta de que la medida de mis obras no es el acierto o el error, el triunfo o el fracaso, sino el amor con el que las llevo a cabo? ¿En qué ámbitos de mi vida podría expresar mejor que la caridad, la misericordia y el espíritu de servicio son el motor de mis actos?

7. «Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15, 7). ¿Cómo me consuela y me llena de alegría saber que Dios siempre me ofrece su gracia y, por tanto, la posibilidad de comenzar y recomenzar?

Acto de contrición

 

Trabajo y familia

Nuevo artículo sobre el trabajo, actividad que puede conducir a la santidad. En este texto se medita sobre la combinación entre vida laboral y familiar.

27/01/2015

«El trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Estos dos ámbitos de valores —uno relacionado con el trabajo y otro consecuente con el carácter familiar de la vida humana— deben unirse entre sí correctamente y correctamente compenetrarse»[1].

Armonizar las exigencias de la vocación familiar y de la vocación profesional no siempre es fácil, pero forma parte importante del empeño por vivir en unidad de vida. Es el amor de Dios el que da unidad, pone orden en el corazón, enseña cuáles son las prioridades. Entre esas prioridades está saber situar siempre el bien de las personas por encima de otros intereses, trabajando para servir, como manifestación de la caridad; y vivir la caridad de manera ordenada, empezando por los que Dios ha puesto más directamente a nuestro cuidado.

La vida familiar y la vida profesional se sostienen mutuamente. El trabajo, dentro y fuera de casa, «es, en un cierto sentido, una condición para hacer posible la fundación de una familia». En primer lugar, porque la familia «exige los medios de subsistencia, que el hombre adquiere normalmente mediante el trabajo»[2].

A su vez, el trabajo es un elemento fundamental para alcanzar los fines de la familia. «Trabajo y laboriosidad condicionan todo el proceso de educación dentro de la familia, precisamente por la razón de que cada uno "se hace hombre", entre otras cosas, mediante el trabajo, y ese hacerse hombre expresa precisamente el fin principal de todo el proceso educativo»[3].

La Sagrada Familia nos muestra cómo compenetrar estos dos ámbitos. San Josemaría aprendió y enseñó las lecciones de Santa María y de San José. Con su trabajo proporcionaron a Jesús un hogar en el que crecer y desarrollarse.

El ejemplo de Nazaret resonaba en el alma del fundador del Opus Dei, como escuela de servicio, donde nadie se reserva nada. Allí no se oye hablar de mi honra, ni de mi tiempo, ni de mi trabajo, ni de mis ideas, ni de mis gustos, ni de mi dinero. Allí se coloca todo al servicio del grandioso juego de Dios con la humanidad, que es la Redención[4].

Imitar a San José

Mirad: ¿qué hace José, con María y con Jesús, para seguir el mandato del Padre, la moción del Espíritu Santo? Entregarle su ser entero, poner a su servicio su vida de trabajador. José, que es una criatura, alimenta al Creador; él, que es un pobre artesano, santifica su trabajo profesional, cosa de la que se habían olvidado por siglos los cristianos, y que el Opus Dei ha venido a recordar. Le da su vida, le entrega el amor de su corazón y la ternura de sus cuidados, le presta la fortaleza de sus brazos, le da... todo lo que es y puede: el trabajo profesional ordinario, propio de su condición[5].

San José trabajó para servir al Hijo de Dios y a su Madre. Nada sabemos del producto material de su trabajo, ni se ha encontrado objeto alguno que lleve su firma; pero sí conocemos quiénes fueron los primeros beneficiados de sus horas de fatiga: la Santísima Virgen y Nuestro Señor Jesucristo. El cuerpo del Señor, entregado años después en la Cruz para salvarnos, participó de la indigencia humana, creció y se desarrolló al amparo de sus padres, necesitó del trabajo de José.

El trabajo de San José es un ejemplo maravilloso del juego divino y humano de la Redención. Está puesto al servicio de las necesidades más materiales de la Santísima Humanidad del Redentor. Enseñó su oficio al Divino Artífice, sostuvo económicamente, con su esfuerzo, al Señor de todo lo creado. No se dejó llevar por el cansancio de la jornada al volver al hogar, pues no quiso privar al Hijo de Dios de los cuidados y atenciones propias de la paternidad humana.

San José alcanzó un puesto de honor en la Historia de la Salvación al dedicar su vida a su Familia. Su trabajo, lejos de verse empequeñecido por las exigencias que imponían sus responsabilidades como cabeza de familia —viajes, cambios de domicilio, dificultades y peligros— se vio infinitamente enriquecido. El trabajo de San José, como el de Santa María, rebosan trascendencia, eternidad.

¡Qué gran lección para quienes fácilmente nos dejamos fascinar por el deseo de afirmación personal y gloria humana en el trabajo! La gloria de San José fue ver crecer a Jesús en edad y sabiduría[6], y servir a la Señora. Las horas de esfuerzo continuado del santo Patriarca tenían rostro. No terminaban en una obra material, por bien hecha que estuviese. Eran cauce para amar a Dios en su Hijo y en su Madre.

Dios nos ha dado también la posibilidad de descubrirle y amarle, sirviendo a los más próximos, a través de las distintas tareas profesionales. Muchas personas colocan fotografías de sus seres queridos u otras industrias humanas en la mesa o en el lugar de trabajo, y esto les sirve para dar sentido a la tarea, les recuerda que vale la pena el esfuerzo, que no trabajan solos. Si no hay amor, si la familia, todas las almas y, en último término, Dios, dejan de dar sentido al trabajo, el corazón busca sucedáneos, en forma de vanidad, de afán de éxito o de consideración social.

Da mucha pena ver personas interiormente divididas. Sufren mucho, inútilmente. Tratan de ajustar multitud de compromisos que no son compatibles. No lo consiguen por más que se esfuercen porque lo que les falta no es tiempo, sino un corazón ordenado y enamorado. Las obligaciones familiares les parecen un obstáculo para crecer profesionalmente; querrían ser buenos amigos, pero no tienen la cabeza y el corazón para pensar en los demás. El ejemplo de San José puede ayudarnos a todos. En él, el cuidado de la Sagrada Familia y el trabajo de artesano no eran cosas distintas, sino una misma realidad. Cuidaba de Santa María trabajando, y mostraba el amor a Jesús con su tarea, en una vida plenamente coherente.

Apostolado urgente

«En conjunto se debe recordar y afirmar que la familia constituye uno de los puntos de referencia más importantes, según los cuales debe formarse el orden socio-ético del trabajo humano (...). En efecto, la familia es, al mismo tiempo, una comunidad hecha posible gracias al trabajo y la primera escuela interior de trabajo para todo hombre»[7]. Nos enfrentamos hoy al reto apasionante de otorgar a la familia el lugar central que le corresponde en la vida de las personas y en el mundo del trabajo. Este reto asume muchas facetas. En primer lugar, valorizar afectiva y efectivamente aquellas profesiones más estrechamente ligadas a los fines propios de la familia, como las labores domésticas, la labor educativa, muy especialmente en los primeros años de vida, o las distintas formas de colaboración —nunca sustitución de los deberes familiares— en la asistencia a los enfermos y ancianos.

También es un desafío actualísimo evitar, en la medida que cada uno pueda, que la organización del trabajo genere situaciones que fomenten graves tensiones familiares o incompatibilidades con las obligaciones del hogar. Estas situaciones se dan a menudo: salarios insuficientes que dificultan el crecimiento y desarrollo normal de las familias; horarios que reducen mucho la presencia en el hogar del padre o la madre; trabas a la actitud generosa, abierta a la vida, de muchas mujeres que quieren compatibilizan la dedicación a la familia con profesiones fuera del hogar.

Además, no hay que olvidar que la competitividad laboral que reina en la sociedad actual, afecta de modo particular al profesional joven, que tantas veces tiene que compatibilizar la dedicación familiar con una carga de trabajo abrumadora. Es un periodo en el que con frecuencia se vive en medio de horarios de trabajo muy apretados y con una remuneración no tan generosa como se querría para afrontar con paz la aventura familiar.

Por otro lado, para poder ascender profesionalmente, las reglas laborales exigen muchas veces más dedicación, más disponibilidad, más viajes... Es cierto que la vida es compleja, competitiva; y que la agresividad en el ámbito laboral dificulta con frecuencia la armonía entre la vida familiar y profesional. Negarlo sería cerrar los ojos a la realidad, pero aceptarlo como algo irremediable —como cuando vemos que está lloviendo— no sería propio de un hijo de Dios. Hay que pedir al Señor la fortaleza para saber decir que no a supuestas exigencias del trabajo, sin dejarse absorber por lo que no es más que un medio. Tenemos toda la ayuda divina para cambiar el mundo, la cultura, la sociedad; para cambiar nuestro corazón. Pero debemos llenarnos primeramente de esperanza —don divino—, porque el Señor lo puede todo. Si grabamos con fuerza el ejemplo de servicio, de abnegación, de entrega auténtica y concreta que nos muestra la familia de Nazaret, sabremos después encontrar tiempo para la familia, para el trato con Dios: nuestro verdadero tesoro. Porque el secreto de la unidad de vida es tener un corazón enamorado, un amor que ilumina toda nuestra jornada, también cuando se presenta gris y con nubarrones.

El reto es grande, y la tarea apostólica urgente: Hay dos puntos capitales en la vida de los pueblos: las leyes sobre el matrimonio y las leyes sobre la enseñanza; y ahí, los hijos de Dios tienen que estar firmes, luchar bien y con nobleza, por amor a todas las criaturas[8].

Una sociedad que no proteja la familia, quizá con la falsa excusa de un progreso técnico y económico más apresurado, en realidad está acelerando su destrucción. Sin la familia, la civilización degenera, y a medio plazo se disgrega y se estanca, también económicamente. La Iglesia no se cansa de recordarlo. Las familias cristianas están llamadas a sostener con firmeza esta institución.

Apoyar y fomentar el conjunto de valores que custodia la familia es hoy una prioridad en la misión de la Iglesia. Muchas otras cosas dependen de esto. La calidad moral de una sociedad depende de la salud moral de sus familias. En el origen de muchas situaciones de corrupción generalizada, que terminan por minar la capacidad de trabajo, se encuentra seguramente un déficit de educación en la justicia y en el servicio a los demás dentro de las familias. Pensemos también, por ejemplo, en la dificultad de responder con generosidad a una llamada divina cuando la personalidad no ha madurado en un ambiente adecuado.

Las generaciones que protagonizarán el futuro contarán con los recursos espirituales y morales que reciban ahora, principalmente en el seno de sus familias. La trascendencia social de lo que ocurre en la pequeña comunidad familiar es incalculable. Está en juego la felicidad de muchas personas. Vale la pena tomarse muy en serio, sin regatear esfuerzos y empezando por la propia familia, esta colosal tarea apostólica.

Hijos míos, en medio de la calle, en medio del mundo hemos de estar siempre, tratando de crear a nuestro alrededor un remanso de aguas limpias, para que vengan otros peces, y entre todos vayamos ampliando el remanso, purificando el río, devolviendo su calidad a las aguas del mar[9]El empeño que pongáis, hijas e hijos míos, para imprimir un tono profundamente cristiano en vuestros hogares y en la educación de vuestros hijos, hará de vuestras familias focos de vida cristiana, remansos de aguas limpias que influirán en muchas otras familias, facilitando también que broten vocaciones[10].

J. López Díaz

C. Ruíz


[1] Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 10

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] San Josemaría, Carta 14-II-1974, n. 2, en F. Requena, J. Sesé, Fuentes para la historia del Opus Dei, Ariel, Madrid 2002, pp. 144-145.

[5] San Josemaría, Meditación "San José, Nuestro Padre y Señor" (19-III-1968), citado por J.M. Casciaro, La encarnación del Verbo y la corporalidad humana, en "Scripta Theologica" 18 (1986/3) 751-770.

[6] Cfr. Lc 2, 52.

[7] Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 10.

[8] San Josemaría, Forja, n. 104

[9] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 20-V-1973; en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, III, Rialp, Madrid 2013, p. 118.:

[10] Mons. Javier Echevarría, Carta, 28-XI-02, nn. 11-12, en www.opusdei.org

 

¿Por qué católica? A favor de una mejor cultura

Escrito por José Martínez Colín.

Iglesia católica quiere decir que la Iglesia tiene en sí, en su naturaleza misma, la apertura a todos los pueblos y las culturas de todo tiempo.

1) Para saber

El término cultura tiene muchos significados. Por ejemplo, en 1952 dos investigadores, Kroeber y Kluckhohn, recopilaron una lista de 164 definiciones de cultura. Entre tantas, parece aceptable la dada por el filósofo Carlos Dión Martínez: “Cultura es todo lo hecho por el hombre en sentido valioso”. Pues en la sociedad hay elementos que perjudican a la persona y que propiamente no se les pueden llamar culturales. Así, la cultura de un país puede adoptar componentes de otra, si éstos le ayudan a mejorar.

La fe es un tesoro que nos ofrece la verdadera libertad obtenida por nuestro Señor Jesucristo. El papa Francisco, comentando a san Pablo, señala que esa libertad ofrecida por el Evangelio no entra en conflicto con las culturas ni con las tradiciones de los pueblos, sino que más bien las perfecciona tratando de eliminar todo aquello que atenta contra la persona y permitiendo adquirir la plena dignidad de hijos de Dios. Esa libertad es ofrecida a toda persona sobre la tierra, por ello la fe puede ser aceptada por la cultura de cualquier país y época.

2) Para pensar

Había un joven que cada vez que se encontraba con su vecino, un señor mayor, criticaba en contra de los católicos y de la Iglesia. El señor, un tanto harto de esos comentarios, lo invitó un día a su casa. Ahí le enseñó un alto manzano que llevaba años cultivando en su jardín. Le mostró que ya habían caído al suelo algunas de las manzanas. Entonces le preguntó: “¿Por qué piensas que esas manzanas están en el suelo?”. El joven respondió: “Ya estaban estropeadas. Se ve que están podridas”. Entonces el señor le comentó: “Pienso que por ello debería cortar el árbol”. El joven se opuso: “No lo hagas, sólo las que cayeron están malas. Cuelgan muchas buenas y seguirán brotando otras”. El señor concluyó: “Efectivamente, en toda sociedad puede haber algunos miembros malos. La Iglesia, que es una sociedad grandiosa, es un árbol maravilloso. Pero no hay que juzgarla por los frutos caídos, sino por los que quedan en ella”. Y le invitó amigablemente a comer una sabrosa manzana cortándola del árbol.

3) Para vivir

El verdadero sentido de la inculturación es que podamos anunciar a Cristo Salvador respetando lo bueno y auténtico que existe en cada cultura y en cada sociedad. No se trata de uniformizar ni de imponer un solo modelo cultural. ¡La unidad sí, la uniformidad no!, afirma el papa. Este es el sentido de llamarnos católicos, de hablar de Iglesia católica: no es una denominación sociológica para distinguirnos de otros cristianos. Católico es un adjetivo que significa universal. Iglesia Católica quiere decir que la Iglesia tiene en sí, en su naturaleza misma, la apertura a todos los pueblos y las culturas de todo tiempo, porque Cristo ha nacido, muerto y resucitado por todos.

Gracias a Cristo somos libres por la gracia —no por pagar— liberados por el amor gratuitamente. Liberados de la esclavitud para caminar hacia la plenitud de la libertad. A la Iglesia le interesa comunicar esa verdad y libertad a todos, está abierta para acoger a cada pueblo y cultura.

 

Amar a Dios con todo nuestro corazón: ¿Qué significa?

Escrito por Aleida López de Steinmetz

Publicado: 05 Noviembre 2021

Los fariseos y los escribas muchas veces trataron de tentar a Jesús con varias preguntas. Sin embargo otros le hacían preguntas genuinas porque buscaban respuestas. Hay una pregunta la cual fue hecha dos veces por dos personas diferentes, una que quería aprender y otra que quería tentarle. Se trata de la pregunta de que cuál mandamiento es el más grande de todos. Vamos a leer los pasajes relacionados:

 “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” (Mt 22, 35-38)

 “Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” (Mc 12, 28-30)

1. Amar a Dios: ¿Qué significa?

Como leemos: amar a Dios con todo nuestro corazón es el mandamiento más importante. Pero, ¿qué significa? Desafortunadamente vivimos en una época donde la palabra amor a terminado significando solo un sentimiento. Amar a alguien se confunde con “me cae bien”. Sin embargo, que alguien “me caiga bien” no necesariamente constituye el amor en términos bíblicos. Porque en términos bíblicos el amor está estrechamente conectado con hacer y específicamente el amar a Dios con hacer lo que Dios quiere, esto es, Sus mandamientos, Su voluntad. Jesús puso esto muy en claro cuando dijo:

 “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Jn 14, 15)

Y Juan

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” (Jn 14,21-24)

También en Deuteronomio (ver también Éxodo 20, 5-6) leemos:

“No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Dt 5, 8-10)

Amar a Dios y guardar Sus mandamientos: la Palabra de Dios, los cuales son cosas inseparables una de la otra. Jesús lo puso absolutamente claro. ¡El que lo ama guarda la Palabra de Dios y aquel que no guarda la Palabra de Dios no le ama! Entonces amar a Dios, el principal mandamiento, no significa que siento bonito sentado en la banca de la iglesia el domingo en la mañana. Más bien lo que significa es que trato de hacer lo que complace a Dios, lo que hace feliz a Dios. Y eso es una cuestión diaria.

1 Juan contiene más pasajes que establecen claramente lo que significa amar a Dios.

 “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” (1Jn 4, 19-21)

 “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.” (1Jn 5, 2-3)

 “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.” (1Jn 3, 22-23)

Hay varias falacias corriendo por el cristianismo de hoy. Una muy seria es la falsa idea de que a Dios no le importa si hacemos o no Sus mandamientos, Su voluntad. De acuerdo a esta falacia, todo lo que a Dios le importa es ese único momento cuando comenzamos en la “fe”. “Fe” y “amar a Dios” han sido separados de cuestiones prácticas y son consideradas ciertas nociones de tipo teórico, estados mentales, los cuales existen separadamente de lo que uno vive. ¡Pero la fe significa ser fiel! Y el fiel cuida de complacer a aquel al cual le es fiel, esto es, se ocupa de hacer Su voluntad, Sus mandamientos.

Algo más que se vuelve evidente con lo anterior es que el amor y el favor de Dios no son verdaderamente condicionales, así como algunos nos han hecho creer. Esto también lo vemos en los pasajes anteriores. Entonces en Juan leemos:

"Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada." (Jn 14, 23)

Y en 1 Juan

“y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.” (1Jn 3, 22)

Y en Deuteronomio

“No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Dt 5, 9-10)

En Jn 14, 23 hay un “si” y una “y”. Si alguien ama a Jesús, guardará Su Palabra, Y, como resultado, el Padre lo amará y Él junto con Su Hijo vendrán y morarán en él. También en 1 Juan, recibimos cualquier cosa que le pidamos, porque guardamos Sus mandamientos y hacemos lo que le complace. También en Deuteronomio, el misericordioso amor de Dios se demuestra a aquellos que le aman y guardan Sus mandamientos . Hay un claro ligamento entre el amor y el favor de Dios con el hacer Su voluntad. Por decirlo de otro modo, no pensemos que desobedecer a Dios, descuidando Su Palabra y Sus mandamientos, no importan de verdad, porque como quiera Dios nos ama. No pensemos de ese modo, cuando decimos que amamos a Dios en verdad lo amamos. Yo creo que si amamos a Dios o no se demuestra mediante la respuesta a la siguiente pregunta simple: ¿Hacemos lo que complace a Dios, Su Palabra, Sus mandamientos? Si la respuesta es sí, entonces amamos a Dios. Si la respuesta es no, entonces no lo amamos. Así de simple.

 “Si alguno me ama, guardará mi palabra;…. El que no me ama, no guarda mis palabras...” (Jn 14, 23-24)

2. “Pero no siento hacer la voluntad de Dios”: El caso de los dos hermanos

Otra área de confusión, cuando se trata de hacer la voluntad de Dios, es la idea de que deberíamos hacer la voluntad de Dios solo si sentimos hacerla. Pero si no lo sentimos entonces estamos disculpados porque, supuestamente, Dios no querría que hiciéramos algo que no sentimos hacer. Pero dime algo: ¿vas a trabajar porque lo sientes? ¿Te levantas en la mañana pensando en cómo te sientes para ir a trabajar y dependiendo de si lo sientes o no te paras de la cama o te volteas y te tapas con la colcha? ¿Así es cómo lo haces? No lo creo. HACES tu trabajo independientemente de cómo te sientas al respecto. Pero cuando se trata de hacer la voluntad de Dios le hemos dado mucho lugar a los sentimientos. Por supuesto que Dios quiere que hagamos Su voluntad y que sintamos hacerla, pero aun si no lo sentimos, es mucho mejor hacerla como quiera. Un ejemplo de lo que el Señor nos dijo: “Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti...” (Mt 18, 9). No dijo: “Y si tu ojo te es ocasión de caer y sientes sacarlo entonces hazlo. Pero si no sientes sacarlo entonces estás disculpado -puesto que no sientes hacerlo, lo puedes dejar ahí produciendo que sigas pecando”. ¡El ojo podrido debe de ser sacado, aunque lo sintamos o no, hazlo como quiera, en vez de desobedecerle a Él!

Pero veamos otro ejemplo en Mateo. En Mateo 21, los sumos sacerdotes cuestionaron a Jesús una vez más. Para responder una de esas preguntas Jesús dio la siguiente parábola:

 “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.” (Mt 21, 28-31)

Su respuesta era correcta. El primero hijo no sentía hacer la voluntad de su padre. Claramente se lo dijo: No quiero ir hoy a la viñedo. Pero luego lo pensó y cambió de opinión. No se sabe lo que causó ese cambio.. Yo creo que le importaba su padre. Escuchó a su padre pedirle que hiciera su voluntad, pero no sentía hacerla. Quería dormir un rato más, tomar su café despacio o tal vez salir con sus amigos. Entonces su primer reacción, tal vez desde la cama, fue “no voy a ir”. Pero luego pensó en su padre y porque lo ama, cambió de opinión, se paró de la cama y fue e hizo lo que su padre quería que hiciera.

El segundo hijo, por otra parte, le dijo a su padre -tal vez también ya levantado de la cama- “Papá, voy a ir”. Pero luego no fue, tal vez se volvió a dormir, luego llamó a un amigo y se desapareció haciendo lo que él quería. Tal vez por un momento “sintió” hacer la voluntad de su padre, pero los sentimiento van y vienen. Entonces ese “sentimiento” de hacer la voluntad de Dios fue reemplazado por otro “sentimiento” de algo diferente y ya no fue.

¿Cuál de estos dos hijos hizo la voluntad de su padre? ¿El que no lo sentía al principio pero que la hizo como quiera o el que al principio sentía hacerla pero en realidad no la hizo? La respuesta es obvia. Ahora, ya vimos que amar al Padre significa hacer Su voluntad. Por lo tanto, podríamos preguntar lo siguiente: ¿Cuál de los dos amaba a su padre? o ¿Con cuál de los dos estaba el padre complacido? ¿Con el que al principio le dijo que iba a hacer Su voluntad y luego no la hizo o con el que en realidad hizo Su voluntad? La respuesta es obviamente la misma: con el que hizo Su voluntad. Entonces concluyendo: Haz la voluntad de Dios, independientemente de los sentimientos. Incluso si la primer respuesta es “No siento hacerla”, cambia de opinión y hazla. Por supuesto que es mucho mejor sentir hacer la voluntad de Dios y hacerla, pero entre no hacer la voluntad de Padre y hacerla sin querer necesariamente hacerla, la opinión a escoger aquí es: Como quiera voy a hacer la voluntad de mi Padre, porque lo amo y quiero complacerlo.

3. La noche en Getsemaní

Ahora, lo anterior no significa que no podemos o no deberíamos hablarle al Padre y pedirle otras opciones posibles. Nuestra relación con el Padre es una RELACIÓN real. El Señor quiere los canales de comunicación con Sus hijos-siervos siempre abiertos. Lo que sucedió en Getsemaní la noche que Jesús fue entregado para ser crucificado fue característico. Jesús estaba en el jardín con Sus discípulos y Judas el traidor venía junto con los sirvientes de los sumos sacerdotes y los ancianos, a arrestar a Jesús y crucificarlo. Jesús estaba en agonía. Hubiera querido dejar pasar esa copa de Él. Y se lo pidió al Padre:

 “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (Lc 22, 41-44)

No hay nada de malo en preguntar al Padre si hay alguna salida. No hay nada de malo en preguntarle al Padre si hoy puedes quedarte en casa y no ir al viñedo. Lo que está mal es quedarse en casa comoquiera y sin preguntarle. Eso es desobediencia. Pero no está mal preguntarle por una excepción o por otra alternativa. De hecho, si no hay otra forma, puede que obtengas una motivación especial para avanzar y hacer Su voluntad, Jesús obtuvo tal motivación: “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”.

Jesús hubiera querido que pasara de Él la copa, PERO solo si esa era la voluntad de Dios. Y en ese caso no lo era. Y Jesús la aceptó. Como le dijo a Pedro después de que llegó Judas con la compañía de guardias:

 “Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Jn 18, 11)

Jesús siempre hizo lo que complacía al Padre, incluso si no sentía hacerlo. Y por eso, porque siempre hizo lo que complacía al Padre, el Padre nunca lo dejó solo. Como Él dijo:

 “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Jn 8, 29)

Él es nuestro ejemplo. Como el apóstol Pablo también nos dice en Filipenses:

 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Flp 2, 5-11)

Jesús se humilló a sí mismo. Dijo: “que se haga Tu voluntad y no la mía”. ¡Jesús obedeció!

Y lo mismo debemos de hacer nosotros también. El mismo pensar, la misma obediencia, la mente que dice no mi voluntad sino la Tuya esté en nosotros también. Como Pablo continúa:

 “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Flp 2, 12-13)

“Por lo tanto, amados míos” esto es, porque tenemos tal ejemplo de obediencia, Jesucristo nuestro Señor, obedezcamos también cuidando nuestra salvación con temor y temblor de Dios, es el obrar en nosotros el querer como el hacer por Su buena voluntad. Como Santiago dice:

 “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.” (St 4, 6-10)

Conclusión

Amar al Señor con todo nuestro corazón es el mandamiento más importante. Pero amar a Dios no es un estado de la mente, donde “sentimos bonito” respecto a Dios. Amar a Dios es lo mismo que hacer lo que Dios quiere. No hay tal cosa de amar a Dios mientras que al mismo tiempo le desobedezco. No existe eso de tener fe y ser infiel. La fe no es un estado mental. La fe en Dios y Su Palabra es serle fiel a Dios y a Su Palabra. No creamos la falacia que trata de separar una cosa de la otra. También el amor de Dios y Su favor vuelve a aquellos que le aman, esto es, a aquellos que hacen lo que a Él le place, Su voluntad. Además, también vimos que es mejor continuar y hacer la voluntad de Dios aunque no lo sintamos, que desobedecerle. Esto no nos hace robots sin sentimientos. Podemos (deberíamos) hablarle al Señor y pedirle otra alternativa para que nos la provea. Él es el Maestro más maravilloso de todos, misericordioso y bueno con sus hijos. Y si no hay otra alternativa Él nos fortalecerá para hacer lo que parece muy difícil para nosotros, exactamente como lo hizo con Jesús aquella noche.

Aleida López de Steinmetz, en jba.gr/es/

 

¿Cuál es la diferencia entre cuerpo, alma y espíritu?

Escrito por Paulo Ricardo

Publicado: 04 Noviembre 2021

Hay un lugar en el interior del ser humano donde Dios habita.

En el Nuevo Testamento la distinción entre cuerpo, alma y espíritu aparece solamente una sola vez. San Pablo dice en la primera carta a los Tesalonicenses: “Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1Ts 5, 23).

El Catecismo, a su vez, explica el pasaje:

A veces se acostumbra a distinguir entre alma y espíritu. Así san Pablo ruega para que nuestro «ser entero, el espíritu […], el alma y el cuerpo» sea conservado sin mancha hasta la venida del Señor (1Ts 5, 23). La Iglesia enseña que esta distinción no introduce una dualidad en el alma. «Espíritu» significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural, y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios. (367)

Actualmente existe una tendencia de los teólogos que dice que el ser humano no posee alma, pues sería una visión dualista, platónica y que no correspondería al pensamiento bíblico, judío. Nada más equivocado que eso.

En el Antiguo Testamento, durante mucho tiempo no se habló de la “resurrección de la carne”. Al contrario, se creía que la persona vivía en el sheol (el lugar de las almas rebeldes olvidadas), eran “proverbios”, cuya existencia era sombría, hasta incluso umbrosa.

A pocos, Dios les fue revelando que aquellas “sombras” en realidad continuaban teniendo personalidad y que los buenos eran bendecidos y los malos castigados.

La idea de que al final de su vida la persona era recompensada –aunque aún no se hablara de resurrección– era muy clara en el Antiguo Testamento como un segundo paso, ya en la época de los profetas.

El tercer paso comienza a surgir. Tras la muerte, al final de los tiempos, el cuerpo y el alma se unirán y habrá la resurrección de los muertos. Poco después viene el Nuevo Testamento.

Jesucristo dice al Buen Ladrón en la Cruz: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43). Ahora, el “hoy” del que habla solo puede referirse al alma del Buen Ladrón, pues el cuerpo, evidentemente, será sepultado, así como el cuerpo de Jesús también lo fue.

En el Nuevo Testamento cuando una persona muere existe un castigo eterno o una recompensa eterna y al final de los tiempos existirá también la resurrección de los muertos. Es una clara distinción entre el cuerpo y el alma.

El catecismo enseña que el cuerpo y el alma son una sola naturaleza humana, no son dos naturalezas que se unen, sino una sola realidad.

Y con la ruptura de esa realidad única llamada muerte, algo terrible sucede, algo que no estaba en el plan de Dios. Incluso así, el hombre es cuerpo y alma, material y espiritual respectivamente.

El espíritu: el lugar donde Dios habita

La Iglesia enseña con toda claridad que no son dos almas, sino cuerpo y alma. Existe, sin embargo, una única alma humana, el lugar donde habita Dios. Se trata del “espíritu”, es decir, una realidad sobrenatural que existe en los hombres.

Así, aquellos que son hijos de Dios bautizados –cuerpo y alma– por el hecho de ser templos de Dios, poseen un “lugar” donde Dios habita. Es posible decir también que el lugar donde Dios habita en cuanto Espíritu Santo es lo que se llama “espíritu”.

El alma como un todo es responsable de diversas cosas: inteligencia, voluntad, fantasías, etc., pero ni siquiera es ahí donde Dios habita. Este es el lugar más profundo del hombre, donde él es él mismo de tal forma que no es más él sino Dios. “Interior intimo meo”, como lo definió san Agustín.

El ser humano no fue abandonado a sí mismo, naturaleza pura. Dentro de su naturaleza existe otra naturaleza, la sobrenatural, la presencia de Dios. La naturaleza agraciada por Dios (en los paganos es la gracia de Dios).

Pero los bautizados poseen una consistencia aún mayor, pues pueden y deben reconocer que son hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

Paulo Ricardo, en es.aleteia.org/

 

¿Horario?. ¿Qué horario?

El sábado pasado en España volvimos a cambiar la hora al horario de invierno. Tal como dijimos en el post de Septiembre del 2018este es el horario en el que deberíamos quedar siempre y no cambiar más, evitando, entre otras cosas, los trastornos del ritmo circadiano.

El huso horario que tenemos nos viene desde la época de la Segunda Guerra Mundial, donde por aquel entonces nuestro país quería estar en sintonía con Alemania e Italia y por motivos estratégicos adoptamos su zona horaria; más de 75 años después la seguimos manteniendo en vez de guiarnos por la del meridiano de Greenwich.

(He aquí el histórico de los cambios invierno/verano combinado con la 2ª guerra mundial cuyo resultado fue el cambio de buena parte de Europa occidental al huso europeo central).

Como comentamos en la tertulia del programa de la TVE hace unos años junto a José Luis Calero, los países de referencia en Europa trabajan menos horas que nosotros. Los países de la OCDE trabajan en 1770 horas al año, sin embargo en España se trabajan 1665 horas en el mismo periodo.

En este post ya veníamos además, cuestionando los horarios de trabajo en España, que siguen yendo en contra de nuestra salud y productividad. 

¿Seria bueno racionalizar los horarios en un momento como este donde la vida personal y laboral tienen un límite cada vez más difuso debido a la cantidad de tiempo que pasamos en nuestras casas trabajando?. 

Según diversos estudios, las empresas que implantan horarios racionales incrementan la productividad y bajan el absentismo laboral. 

En el mismo programa de TVE, ya se mencionaba la necesidad del cambio del Prime Time también a un horario más temprano.

¿Habrá cambiado la pandemia nuestra mentalidad respecto a la salud? ¿Y respecto al rediseño de nuestro estilo de vida, poniendo en valor lo que es realmente importante?

Os comparto la presentación que hicimos con Jos Collin para el Congreso de ARHOE (Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles) en 2012, donde se describen los puntos críticos planteados y por qué esto es tan importante. Abajo tenéis un video resumen de lo que venimos planteando.

 

El sentido positivo de la muerte del cristiano – Mes de Noviembre

muerte

El sentido de la muerte cristiana

Proponemos durante este mes de Noviembre -dedicado a los fieles difuntos- releer y meditar los párrafos  que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a las realidades últimas (la muerte, el juicio, el cielo, el infierno , el purgatorio…). De ahí sacaremos motivos de esperanza y de optimismo, y un impulso nuevo para la pelea de cada jornada.

Con la muerte concluye el tiempo de realizar buenas obras y de merecer ante Dios. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario “dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor” (2 Co 5,8). En esta “partida” (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (cf. Credo del Pueblo de Dios, 28).

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

1010.

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1, 21). “Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él” (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente “muerto con Cristo”, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este “morir con Cristo” y perfecciona así nuestra incorporación a El en su acto redentor:

Para mí es mejor morir en (eis) Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi partida se aproxima …Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).

 

1011

En la muerte Dios llama al hombre hacia Sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de San Pablo: “Deseo partir y estar con Cristo” (Flp 1, 23); y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo (cf. Lc 23, 46):

Mi deseo terreno ha desaparecido; … hay en mí un agua viva que murmura y que dice desde dentro de mí “Ven al Padre” (San Ignacio de Antioquía, Rom. 7, 2).

Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir (Santa Teresa de Jesús, vida 1).

Yo no muero, entro en la vida (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

 

1012

La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:

La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.(MR, Prefacio de difuntos).

 

1013

La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena” (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Hb 9, 27). No hay “reencarnación” después de la muerte.

 

1014

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte (“De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor”: antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte” (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte:

Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿cómo lo estarás mañana? (Imitación de Cristo 1, 23, 1).

 

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!

Ningún viviente escapa de su persecución;

¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

(San Francisco de Asís, cant.)

Catecismo de La iglesia Católica

 

El nido de la vida humana

Ana Teresa López de Llergo

El conjunto de familias sólidas forja sociedades fuertes y constructivas, pero solidarias con otras.

Mucho se defiende la dignidad humana, casi siempre en primera persona. Está bien defender la dignidad, pero no tan bien en singular. Porque llevar a buen término la dignidad personal requiere de cuidados y respeto de otras personas. Y sobre todo de los más cercanos, de los miembros de la familia. Esto da el beneficio de los puntos de vista de distintas edades y de variadas aficiones.

Y así como los animales que procrean buscan los mejores sitios, el ser humano también requiere el mejor sitio y ese es el hogar donde se cobija la familia. Hogar y familia son inseparables para disfrutar de las garantías requeridas por la dignidad. Sin ese binomio, la dignidad se grita en las calles, pero en realidad no se disfruta porque no se da. Familia y hogar es una pareja imprescindible.

La casa hogareña es cálida porque permite el burbujeo de conversaciones animadas, muchas veces arriesgadas casi hasta el disturbio, pero todos cuando están al borde, son capaces de retomar las ideas de modo reflexivo, y así la discusión no es ruptura sino sorpresivo interés por lo que piensan los otros. Y un enriquecimiento con enfoques tan diversos.

El condimento de la variedad y del cercano interés por los demás ahoga cualquier intento de enojo y separación. Sólo un nido habitado consigue este milagro de enriquecimiento. Sin embargo, hace falta recuperar esos tiempos dedicados a una escucha fructífera. La complejidad de la vida moderna ha roto el equilibrio entre el trabajo, las preocupaciones y pasarla bien en familia.

Hay un gran deseo de actuar bien, pero en la práctica hay tanto temor a equivocarse que los comportamientos son insoportables, y eso afecta las relaciones. Con una vida tan tensa se exige a los demás que no compliquen. Esto aleja de la comprensión y surgen distancias que empeoran las relaciones. Sin querer la ya compleja vida, se complica más por culpa de uno.

La experiencia del confinamiento nos ha dejado claro que no basta estar uno al lado del otro, hace falta una disposición auténtica y profunda de interesarse por los demás, y eso solamente se logra si buscamos comprender para saber qué les pasa, y disculpar para también comprender que nadie goza de una vida fácil.

El interés y la comprensión elevan la temperatura de la familia, se vuelve realmente hogar, hoguera cálida que consuela, pero no quema. Todos se sienten a gusto y desean permanecer. Es un ejemplo para cuando los jóvenes formen su propio hogar. De este modo se reproducen beneficios para la sociedad, y ejemplos para muchos.

Comprender incluye saber qué les gusta a los demás, quiénes son sus amistades, qué ambientes frecuentan, cuáles son sus logros y sus frustraciones. Cómo reaccionan en ambos casos. Con estos datos la orientación será muy adecuada, y al experimentar los buenos resultados de seguir los consejos, se fortalecerán los vínculos.

En este tiempo han pululado las ideologías. Tal vez, entre otros, sea un efecto ante la frustración de no encontrar apoyos sólidos, convincentes, veraces. Y la solución resignada haya sido la de evadir la realidad y fabricarse mundos efímeros hechos a la medida de mentes desorientadas o destrozadas por el aislamiento, la soledad o la indiferencia.

Es preciso redescubrir que las diferencias tienen su sentido positivo. Las diferencias amplían las capacidades. Lo adecuado es reconocer lo que otros tienen y beneficiarse con sus resultados, del mismo modo que los otros se benefician con las aportaciones del receptor. Es inadecuada la postura de cancelar las diferencias. E imposible adoptar lo que no corresponde.

Eso no es utópico, actualmente somos testigos del hecho de envidiar la sexualidad ajena, e incluso evadir la propia humanidad para convertirse en una criatura de rango inferior. La tecnología avanzada puede lograr el aspecto, pero no modifica la esencia. Esto abre las puertas a una tragedia interior debido a la ruptura entre quién soy y quién quiero ser.

Estos fenómenos nos hablan de la necesidad de resolver serios problemas soslayados. Uno primordial es el de resolver con madurez las relaciones entre hombres y mujeres. Los roles anteriores se han modificado, hace falta conservar los constructivos del pasado y combinarlos con los descubiertos en el presente. Sin polarizaciones ni venganzas.

Hombre y mujer que formen un nuevo hogar, tendrán que dedicarse tiempo, conversar, disentir, pero en un ambiente de interés mutuo, de comprensión, de afán de enriquecimiento con la diferencia. Sin polarizaciones de los malos y las buenas. Sin hacer esquemas preconcebidos. Cada relación es única, por eso, el conjunto de familias sólidas forja sociedades fuertes y constructivas, pero solidarias con otras.

Estas actitudes en lo personal y en lo grupal son ejemplo de respeto, de colaboración y de amistad. Están cimentadas en la unidad. Por eso el vínculo matrimonial es un tesoro reconocido y lo cuidan. El vínculo regional también es un reducto de la propia personalidad y finalmente cada persona comprende que las demás sostienen a la humanidad.

Los vínculos en cualquier nivel -matrimonial, familiar, laboral, regional, internacional- son muy importantes, pero, sobre todo, han de estar caldeados por el de la familia-hogar. Solamente así se puede hablar de la familia humana, dispuesta a vivir en paz y a resolver las naturales diferencias con el diálogo comprensivo y con propuestas justas y adecuadas a las necesidades.

Todo esto no es una utopía, ni excluye a nadie. Todos tenemos una familia, todos hemos de caldearla con apertura, comprensión y apoyo adecuado a las necesidades particulares. Si logramos esa cohesión, hemos de sentirnos orgullosos de estar influyendo desde nuestra trinchera, a forjar un mundo más unido y fraterno, con cauces para superar las imprescindibles dificultades.

 

¿Tiene tu hijo una adicción a los videojuegos?

Lucía Legorreta

Si tu hijo o hija está dominado por los videojuegos y tiene ya una adicción, no pierdas un solo minuto y empieza hoy a atacarlo.

Últimamente me ha tocado escuchar y observar lo alarmados y preocupados que están muchos papás y mamás ante el tiempo que sus hijos pasan en los videojuegos.

¿Puede un niño o joven ser adicto a los videojuegos? ¡Por supuesto que sí! Esta se evidencia cuando la dependencia hacia ellos se vuelve tan intensa que le dedica al menos cuatro horas diarias a esta actividad, dejando a un lado todo tipo de obligaciones y responsabilidades.

Comparto contigo algunos síntomas que los expertos enumeran, para que seas muy honesto y determines si la tiene o no:

1. Aislamiento social: la adicción a los videojuegos potencia el aislamiento social, se pierde el contacto con amigos y familiares. Por otro lado, este aislamiento puede ser una de las causas que lo lleve a la adicción a los videojuegos, ya que al pasar mucho tiempo solo, se convierte en su forma de entretenimiento, y la forma de interactuar con otros.
2. Baja en el rendimiento escolar: el tiempo dedicado a jugar, hace que no se invierta tiempo y esfuerzo en estudiar y las calificaciones bajen de inmediato. Además, retrasa el aprendizaje de las competencias y habilidades que se impulsan a través de la educación.
3. Pérdida de la noción del tiempo: esta adicción hace que se pierda el control de la gestión del tiempo, de modo que cada vez pasan más horas sin darse cuenta.
4. Uso de los videojuegos como conducta compensatoria: puede ser un recurso para canalizar el estrés y la ansiedad derivados de otros problemas del día a día, como el hecho de vivir en una familia disfuncional, maltrato en casa o bullying en la escuela.
5. Dolores y enfermedades posturales: el hecho de pasar muchas horas seguidas frente al televisor o a la computadora puede desarrollar problemas óseos, de muslos y manos.
6. Estallidos de ira y enojo ante la limitación de jugar: cuando ciertas situaciones hacen que el juego termine o se interrumpa, se genera un nivel de frustración que puede derivar en estallidos de ira o incluso en agresiones físicas contra otras personas, así como golpes contra partes del inmueble u objetos.

¿Cómo trata esta adicción?

La opción más recomendada es la intervención psicológica de un experto. Sin embargo, los papás también podemos llevar a cabo acciones para combatir esta tendencia a jugar de forma adictiva, como son:

- Impedir la compra de más juegos: no acceder a más juegos durante un tiempo determinado, harán que estos estímulos y recompensas se logren de forma diferente.

- Invitar a realizar otros pasatiempos: ocupar el tiempo en otras actividades ayuda a romper con el ciclo del juego, ya que presenta otras rutinas y pensamientos estimulantes.

- Limitar el tiempo: es mejor dejar de jugar por un tiempo limitados que cortar en seco la posibilidad de seguir jugando, ya que se produce una gran hostilidad en este caso.

Si tu hijo o hija está dominado por los videojuegos y tiene ya una adicción, no pierdas un solo minuto y empieza hoy a atacarlo. Te lo agradecerá toda su vida.

 

Otro mundo es posible

Esta fotografía, que horrorizó al mundo, se va hundiendo en las obscuridades del olvido. Parece que somos víctimas de una misteriosa atonía ante los acontecimientos más terribles.

Ese otro mundo existe, es la Civilización Cristiana, es la ciudad católica. No se trata sino de instaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad

«El 11 de Septiembre del 2001 el Mundo dejó de ser el que había sido hasta ese día«. Este titular llenó la primera página del Corriere della Sera, escrito por su director Stefano Folli. En efecto, este atentado fue seguido seguido de los de Madrid, Londres y de una infinidad de otros en diversos países. 

¿Cual será el próximo paso?, nos preguntábamos años atrás. Los acontecimientos fueron mostrándolo. El terrorismo islámico continuó su incremento de modo vertiginoso hasta el día de hoy, en una Europa que va siendo invadida por multitudes de inmigrantes, de los cuales muchos no son otra cosa que terroristas .

Sentimos asomar una angustia que alcanza a sectores cada vez más amplios de la humanidad. Vivimos una situación no muy diferente de la del fin del imperio romano, de las grandes invasiones bárbaras, cuando las personas se preguntaban angustiadas: ¿Cuando vendrá la próxima horda? Era un mundo que se hundía…

Rosácea Norte de la Catedral de Notre Dame, una de las joyas del arte medieval destruida en el incendio de la iglesia

Algunos piensan que el comunismo ha muerto, pero en vez de la era de paz y de progreso tan justamente prevista, ha surgido una confusa situación de violencia que no es exagerado definir como caótica. «Caos» y «post-modernidad» son de hecho conceptos que se aproximan cada vez más, al punto de tender a confundirse.

El hombre ha sido creado por Dios para vivir en la paz y en la tranquilidad. Toda su naturaleza aspira a ello. Cuando en vez de eso, es forzado a vivir en la incertidumbre, en la confusión y en la violencia, sus fibras más íntimas se tensan, se retuercen, se dilaceran… He aquí la causa profunda de aquello que muchos psicólogos llaman el «malestar contemporáneo», que el aumento vertiginoso del consumo de psicofármacos entre la gente joven, muestran como síntoma dramático.

La Izquierda supo percibir esta sensación de desasosiego, lanzando el slogan propagandístico «otro mundo es posible«, queriendo decir que ella tiene una salida para esta situación. Visto de cerca este nuevo mundo propuesto por la Izquierda,  no es sino la exacerbación de la fermentación revolucionaria que nos han conducido a la actual situación.

Los católicos podemos y debemos, en lugar de ellos, proclamar en alta voz: Sí, otro mundo es posible. De hecho ya existió; se trata sólo de restaurarlo. Es el mundo de la Civilización Cristiana, como lo explica San Pío X:

«No, la civilización no está por inventarse, ni la ciudad nueva por construirse en las nubes. Ha existido. Existe, es la Civilización Cristiana, es la ciudad católica. No se trata sino de instaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad«.

Les Belles Heures de Jean de Berry es un libro de horas (oraciones) iluminado del siglo XV que encargó el duque Juan I de Berry.

Restaurar la Civilización Cristiana es pues la única salida al caos contemporáneo.

¿Pero qué es la Civilización Cristiana?

El Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, en su obra magistral, Revolución y Contra-Revolución, afirma:

«Si la Revolución es el desorden, la Contra-Revolución es la restauración del Orden. Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. O sea, la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal«

¡Sí, otro mundo es posible!

Adaptación de la revista: Tradizione Famiglia Proprietá

 

Los pobres nos necesitan, ayudemos en familia

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

La pobreza no depende de nosotros, ningún pobre ha escogido por voluntad propia vivir así.

A propósito de la V Jornada Mundial de los pobres me he puesto a pensar que es muy bueno que nuestros hijos hagan conciencia de que debemos ayudar a las personas que no tienen tantas bendiciones como nosotros y que podemos hacerlo desde nuestra familia.

Cualquier ayuda, por pequeña que sea, es de utilidad y vamos poniendo un granito de arena para hacer de este mundo algo más humano y con menos pobres.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para ayudar a los pobres en familia.

PRIMERO. La pobreza no se planea ni se escoge.
Es importante hacer conciencia de esto, pues muchas veces nuestros hijos piensan que ellos nunca pasarán por una situación de pobreza porque viven sin carencias.

Pero la pobreza no depende de nosotros, ningún pobre ha escogido por voluntad propia vivir así, salvo los consagrados que hacen voto de pobreza y la ofrecen a Dios para parecerse más a Jesús.

Es por esto que no debemos burlarnos de las personas que viven una condición de pobreza o que tienen necesidad para obtener los recursos necesarios para vivir.

Por el contrario debemos estar siempre dispuestos a ayudar al que lo necesita. Sé que a veces eso es algo difícil porque hay muchas personas que mienten sobre su condición, pero nosotros debemos estar dispuestos a ayudar y podemos buscar instancias reconocidas para ayudar cómo es Caritas diocesana o parroquial.

SEGUNDO. Comenzamos a ayudar, al no desperdiciar.
Es importante que nuestros hijos hagan conciencia de que el desperdicio coopera a la pobreza porque evita que los que más necesitan tengan una vida digna.

Por eso es necesario que eduquemos a nuestros hijos para que no desperdicien.

Es así que debemos ver que se coman todo lo que se les sirve y si es necesario servir porciones más pequeñas para no tirar lo que dejan.

También debemos estar atentas a no malgastar la luz y el agua, pues son recursos que cuestan mucho y que si ahorramos un poco podremos ayudar a los que menos tienen.

Se trata de generar una cultura del ahorro y de la ayuda a los demás de forma subsidiaria, dando al que necesita y recibiendo lo que nos pueden compartir.

TERCERO. Podemos compartir con los que menos tienen.
También es muy bueno que nuestros hijos aprendan a dar, a compartir las bendiciones que Dios nos da con los que lo necesitan.

A mí me da miedo a ir a veces podemos cooperar para fomentar vicios si les damos dinero a los que nos lo piden en las esquinas, pero podemos preparar bolsitas con alguna fruta, cereales, chocolates, palanquetas, emparedados, galletas, etc. para compartir con ellos.

Una vez se acercó a mi coche una persona mayor a pedir ayuda y como no llevaba monedas le di dos mazapanes que llevaba, me asombró mucho su reacción porque, lejos de enojarse, se puso feliz y se los comió de inmediato.

Esto me ha animado a traer en la camioneta comida para compartir con los que piden ayuda en las esquinas.

Otra forma de ayudar son las esquinas de la misericordia, donde tú llevas suéteres que ya no usas y que están en buen estado, para que quien lo necesite los tome y los use.

La idea es que busquemos formas de ayudar a los más necesitados en familia.

CUARTO. Nuestros hijos también pueden compartir sus cosas.
¡Claro! Puede compartir sus juguetes o la ropa que ya no les queda, pero debemos buscar que sean nuestros propios hijos quienes la compartan con los que lo necesitan.

Podemos buscar lugares específicos como casas hogar donde nos reciban la ropa limpia y en buen estado que nuestros hijos pueden llevar a entregar.

Podemos también pedirles que una vez al año hagan limpieza de juguetes y escojan varios en buen estado para compartirlos con los niños que nada tienen.

Lo importante es que sean ellos mismos quienes los compartan para que tengan la experiencia de dar una caricia a los que la necesitan.

Y QUINTO. La oración también es una obra de misericordia.
Es cierto que a veces nosotros mismos estamos necesitados y poco podemos compartir con los demás, pero lo que nunca está de más es la oración.

Nada nos cuesta y nos regala muchísimo porque el que por otro aboga, por si intercede, es decir, que cuando nosotros oramos por los que más necesitan, estamos orando por nosotros mismos y estamos haciendo una obra de misericordia.

Que Dios nos dé la gracia de ver escuchadas nuestras plegarias y que veamos solucionadas las necesidades de tantas personas que poco tienen para vivir dignamente.

Y recuerda que lo que hagamos por el más pequeños y necesitado en este mundo, se llama estamos haciendo a Jesús.

 

El destructivo aburrimiento

Luis Pazos

La causa del aburrimiento es la ausencia de una vida interior, de pensar, leer, observar, aprender, crear y la falta de principios éticos, morales, creencias y de proyectos futuros.

Escuché una entrevista de López Dóriga al profesor del IPADE y de la Universidad Panamericana, Dr. José Antonio Lozano Díez, sobre un tema que parece secundario y sin importancia en nuestro destino, el aburrimiento: no tener nada qué hacer o en qué pensar. Ese estado mental nos puede llevar a conductas que dañan a otros o hasta al suicidio.

Lozano Díez citó una serie de Nexflix que puede agravar las conductas de quienes ya cayeron en el aburrimiento, que algunos lo adjudican a no salir de la casa por el COVID, que lo puede aumentar, pero no crear. El aburrimiento no acontece necesariamente entre quienes viven en la soledad, sino por la ausencia de una vida interior, de inquietudes intelectuales y de proyectos futuros. Esas carencias nos llevan al destructivo aburrimiento.

Tuve la oportunidad de platicar hace años con Viktor Frankl, autor del famoso libro “El hombre en busca de sentido”. Le pregunté si la diferencia entre sus tesis y las de Freud eran, que él consideraba la ausencia de proyectos futuros como el principal factor del éxito o fracaso de una persona, mientras que Freud sostiene que es su pasado, el cual consciente o inconscientemente reduce o suprime las ganas de vivir, y genera traumas y frustración.

Viktor Frankl me contestó que la perspectiva del futuro y no los recuerdos del pasado son la principal diferencia de sus tesis con las de Freud. Un pasado que nos llenó de odio y envidia o de recuerdos gratos y de cariño, es importante en nuestra vida, pero los proyectos futuros o su ausencia son determinantes.

Uno de los grandes filósofos de todos los tiempos, Immanuel Kant, pasó casi toda su vida en un pequeño pueblo: de su casa a la escuela a dar clases, y de la escuela a su casa, pero le faltaba tiempo para pensar, nunca se aburrió.

El aburrimiento no tiene su principal causa en la soledad o la ausencia de una vida familiar, sino en la carencia de una vida interior, de no pensar y de la falta de proyectos. La pandemia no creó el aburrimiento, lo agravó, y más entre quienes piensan que se combate con tomar con los amigos. Son importantes las relaciones con parientes, amigos y el salir a pasear, pero no son los principales remedios para superar el aburrimiento.

La causa del aburrimiento es la ausencia de una vida interior, de pensar, leer, observar, aprender, crear y la falta de principios éticos, morales, creencias y de proyectos futuros.

 

 

Entereza: Aprender a vivir y a morir

 

                                Cómo y en general hoy se vive con un ancestral miedo a la muerte; el desgraciado “mono humano”, vive en un sin vivir continuo; e inconscientemente, se sumerge en lo que llega a ser terror a ello, “nadie le ha enseñado que tan natural es el nacer como el morir”; y que por tanto, hay que aceptarlo cuanto antes; pero nunca, ni los padres ni los maestros (que no hay) o profesores, se les ocurre hacer ver a tiempo (no después de la pubertad) estas dos verdades incuestionables; con el suficiente “tacto”, para no provocar miedo y menos terror, por “la naturalidad” del hecho.

                                Como una víctima bastante acentuada de esta falta de enseñanzas, yo padecí mucho sobre ello y tardé muchos años (ya “muy adulto”) en asimilar todo ello; puesto que mi vida empieza en la terrible guerra civil española (1936/1939) donde la muerte terrorífica se adueña de España y donde los muertos, abundaban en casi todas las familias; y los que siguen abundando muchos años después de la devastación “guerrera” (años del hambre y todas las vicisitudes que pasamos la inmensa mayoría de españoles”) a los que hay que sumar, los de “antes de la guerra”, las atrocidades que cometieron ambos bandos, no solo asesinando en masa en “sus territorios”, sino igualmente llegando a las torturas y hechos que son innombrables hoy, por lo terroríficos de muchos de ellos; debido a todo ello, “yo llegué a estar curado de espantos, si bien más de una vez pensé en el suicidio”; como liberación; cosa que hoy mismo sigue ocurriendo a muchos y no sólo en España (donde abundan los suicidas), por ese que no es ya terror a la muerte, sino a la propia vida que soporta, el desgraciado que termina suicidándose”; afortunadamente para mí, llegué a la conclusión, de que ese, “es el peor de los crímenes a cometer por el mono humano”; soporté todo lo soportable y ya he cumplido 83 años y hoy, “ya no tengo prisa por pasar al otro lado, ni tampoco tengo miedo a morir en estos momentos en que escribo”. Sé o intuyo, que la propia Creación o Dios, o cómo queramos denominar a ese misterioso ente; nos tiene marcada la vida, y “nos echa aquí no en un día, sino en unos instantes de ese día… y nos mata de igual o parecida forma en otro día, en que nos tenga fijado la marcha”. Lo reflejo así de fríamente, basado en mis propias experiencias, y también en dos sentencias, que curiosamente vienen del cristianismo; donde su fundador, en una de sus prédicas, afirma… “ni uno solo de tus cabellos, caerá sin permiso de Él”. Y también de la matización que hace, el reformador rebelde del catolicismo, que afirmó… “Somos marionetas, cuyos hilos mueve Dios”, lo dijo Lutero; lo que con mis observaciones personales acepto como una verdad.

                                ¿Por qué? Por cuanto en los grandes hechos y en que los muertos son masivos y por lógica deberían haber muerto muchos más; siempre hay grupos, o individuos, que sobreviven y muchos sin recibir herida alguna (“dejemos a un lado las heridas del alma, que esas siempre quedan”); caso de inundaciones, terremotos, volcanes, accidentes ferroviarios, de carretera, aviación, marítimos, epidemias y muchos más; siempre hay, quién no muere, o no es herido; queda ileso, e incluso, “dándolo por muerto”, aparece vivo y se salva de forma que se dice “milagrosa”.

                                Aparte de todo ello; y si “la reencarnación es una realidad”, será verdad, aquello tan viejo, que consoladoramente se dice del muerto, “pasó a mejor vida”; cosa que también la indica Cristo en una de sus prédicas… “Nadie que no nazca de nuevo entrará en el reino de mi Padre”. Es claro que para nacer de nuevo hay que morir antes de ello.

                                Y tras todas estas reflexiones, mis lectores pueden pensar lo que crean oportuno; que es lo que yo pretendo con todos mis escritos, o sea, “la libertad total para juzgarlos o valorarlos”; pero en este caso confieso el porqué de estas.

                                Las he escrito, por la profunda impresión que me ha producido un trabajo periodístico de gran categoría, sobre el drama que han vivido, no sólo los afectados múltiples por “el maldito VIRUS CHINO”(chino porque allí nació); sino por los que como sanitarios en todas sus categorías, han tenido que sufrir lo peor de la pandemia, que no sólo es su propio riesgo, sino “las matanzas o muertes primeras” y donde sufrieron lo indecible, como nos cuenta, “XLSEMANAL 1770 del 26-9 al 02-10-2021 bajo el titular, “Cuando las “olas” te rompen por dentro”; y el que aparte del contenido periodístico, vienen tres confesiones de tres mujeres, que confiesan lo que han pasado y las secuelas que les quedan. Pueden leerlo en Internet.

                                Para mí es claro que tampoco a “los sanitarios”, les enseñan lo que al principio he escrito y que sintetizan mis titulares; y profundizando en ello, es que la misión de estos seres, no es profesional, debe ser “vocacional” y exhaustivamente preparada, para todo lo que se les puede presentar “en su carrera”; y es curioso, ya que en mi pensar y discernir; situé la sociedad, en; “los cinco puntos del dado de seis”; donde en los cuatro extremos situé precisamente a estos imprescindibles miembros de una sociedad bien organizada, y los otros tres, los reservé, a “jueces y auxiliares de la justicia; maestros y auxiliares de la enseñanza normal; y a los filósofos o sacerdotes para el cuido del alma. Y en el centro; “la familia”; hoy tan desorientada cuando no destrozada en extremo. Si esos cinco puntos funcionaran bien alguna vez, seguro que, “las tribus del mono humano que lo disfruten, vivirán infinitamente mejor que hoy viven”; pero todo ello es largo de explicar y hoy no tengo gana de ello. Aunque creo recordar que ya lo he explicado en algún folio de los ya muchos miles que escribí.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes