Las Noticias de hoy 4 Noviembre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 04/11/2021 - 12:18

Oración por los niños | Oraciones de la Familia

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 04 de noviembre de 2021       

Indice:

 

ROME REPORTS

Mansedumbre, paciencia, oración y cercanía para caminar según el Espíritu

Papa a la COP26: Deuda ecológica y deuda externa obstaculizan el desarrollo de los pueblos

Deténganse fabricantes de armas, la guerra se come a los hijos de la patria

El Papa al Encuentro sobre la eliminación del trabajo infantil

AMIGO DE LOS PECADORES : Francisco Fernandez Carbajal

Meditaciones: jueves de la 31ª semana del tiempo ordinario

“Dos mil años de espera del Señor” : San Josemaria

«La regla suprema de la corrección fraterna es el amor»

Santificar el trabajo y santificar el mundo «desde dentro» :

Matrimonio: plenitud o frustración : Sheila Morataya

La mentalidad anticonceptiva y sus efectos en la familia y la sociedad : Padre Patrick Welch

El tiempo para amar es corto : Jaime Nubiola

Profe de la UdeG es ¿santo? : Mario Arroyo.

La devoción a los difuntos en el cristianismo primitivo : primeroscristianos

La muerte y el transhumanismo : Ana Teresa López de Llergo

Señales de que estás enamorado : Lucía Legorreta

Evangelización y servicio público : Jesús Martínez Madrid

El PSOE y su “abolición de la prostitución” : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

 

Mansedumbre, paciencia, oración y cercanía para caminar según el Espíritu

En su Catequesis de esta mañana, en el ámbito de la primera Audiencia general de noviembre celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa reafirmó que debemos “querer el bien de nuestros hermanos”. Francisco dijo que “la regla suprema de la corrección fraterna es el amor”. De ahí que debamos “tolerar” los problemas de los demás y sus defectos sin “despellejar al otro como si yo fuera perfecto”

Vatican News

También este primer miércoles de noviembre el Santo Padre celebró la tradicional Audiencia general en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano ante la presencia de numerosos fieles y peregrinos procedentes de numerosos países.

Francisco ofreció su Catequesis sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas. En esta ocasión la 14º, titulada “Caminar según el Espíritu”, que se introdujo con la lectura en la que el Apóstol afirma que, si viven según el Espíritu, no darán satisfacción a las apetencias de la carne, puesto que la carne tiene apetencias contrarias al Espíritu, y el Espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacen lo que quisieran. De ahí que debemos vivir según el Espíritu (Cf. Gal 5,16-17.25).

Caminar según el Espíritu Santo dejándonos guiar por Él

Tras darlos buenos días a los queridos hermanos y hermanas presentes el Papa explicó que este pasaje de la Carta a los Gálatas exhorta a los cristianos a caminar según el Espíritu Santo y a que “nos dejemos guiar por Él en nuestro seguimiento de Cristo”. Se trata de expresiones que indican que “la vida cristiana es acción, movimiento, dinamismo”. A la vez que el Apóstol nos dice que:

“Hay que evitar el camino opuesto, al que llama ‘los deseos desordenados’. Pero eso no significa que el mal o nuestros impulsos negativos vayan a desaparecer, sino que Dios es siempre más fuerte que nuestras resistencias y nuestros pecados”

Acción individual y comunitaria

Por otra parte, Francisco manifestó que este caminar según el Espíritu “no es sólo una acción individual”, sino que “implica también a la comunidad”.

“Para poder combatir los ‘deseos de la carne’ que no favorecen la comunión – como la envidia, la hipocresía, el rencor, las críticas destructivas – es necesario dar espacio a la gracia y a la caridad”

Amar siempre

Hablando espontáneamente en italiano el Papa agregó que “la regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de nuestros hermanos y de nuestras hermanas”.

“Se trata de tolerar los problemas de los demás, los defectos de los demás en silencio en la oración, para encontrar después el camino justo para ayudarlos a corregirse. Y esto no es fácil. El camino más fácil es la charlatanería. Despellejar al otro como si yo fuera perfecto. Y esto no debe hacerse. Mansedumbre. Paciencia. Oración. Cercanía”

El amor es la regla suprema

Al concluir el resumen de su catequesis en nuestro idioma el Santo Padre dijo que “el amor es la regla suprema para poder seguir el camino de Cristo, nos hace conscientes de nuestra propia fragilidad, y nos hace misericordiosos y solidarios con las dificultades y debilidades de los demás”.

Saludos del Papa

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse interpelar por las palabras de san Pablo: ¿Caminamos según el Espíritu o nos quedamos encerrados en deseos mundanos? Si nos dejamos guiar por el Espíritu, también estamos llamados a acompañar a los que más sufren, a rezar por ellos, a ayudarlos de una manera concreta. Los animo a seguir en este camino con paciencia y alegría. Que Dios los bendiga”

En portugués

“Queridos hermanos y hermanas de lengua portuguesa: ayer recordamos a todos nuestros seres queridos difuntos. No olvidemos que, para llegar a la meta, al final del camino de esta vida terrenal, necesitamos dejarnos guiar por el Espíritu. Sobre todos ustedes y sobre sus seres queridos invoco la bendición de Dios”.

En inglés

“Saludo a los peregrinos de lengua inglesa presentes en la Audiencia de hoy, especialmente a los procedentes de Inglaterra y de los Estados Unidos de América, junto con el grupo de capellanes militares estadounidenses que han venido a Roma en estos días. Sobre todos ustedes y sus familias invoco la alegría y la paz del Señor. ¡Que Dios los bendiga!”

En árabe

“Saludo a los fieles de habla árabe. El Espíritu Santo, además de darnos el don de la mansedumbre, nos invita a la solidaridad, a llevar las cargas de los demás, y nos impulsa a corregirlas. De ello se desprende que la regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de los hermanos. ¡Que el Señor los bendiga a todos y los proteja siempre de todo mal!”.

En francés

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua francesa, especialmente a los jóvenes confirmandos de la diócesis de Séez y a todos los peregrinos venidos de Francia. En estos días recordamos a nuestros queridos difuntos. Que el Espíritu Santo nos ayude a caminar vigilantes en la oración y fieles a la palabra de Jesús, en espera de encontrarlos un día en la alegría del cielo. ¡Que Dios los bendiga!”.

En alemán

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua alemana. Recordemos que la comunión de la Iglesia incluye no sólo a nuestros hermanos y hermanas en este mundo, sino también a nuestros queridos difuntos. Por lo tanto, caminando en el Espíritu, realicemos la obra de misericordia espiritual y oremos por ellos, para que pronto alcancen la meta de la visión eterna de Dios”.

En polaco

“Ayer, al celebrar la Conmemoración de todos los fieles difuntos, encomendamos a nuestros seres queridos a la Divina Misericordia y, de manera especial, a los que esperan nuestra ayuda en la oración para entrar en la alegría de la vida eterna. La oración por los difuntos, sostenida por la esperanza que nos ha dado Cristo resucitado, no es una celebración del culto a la muerte, sino un acto de caridad hacia los hermanos y una asunción de las cargas de los demás. ¡Los bendigo de corazón!”.

En italiano

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua italiana, especialmente al grupo Amici dello Sport de Falconara Marittima y a los fieles de la parroquia de Bellagio (Como). Los exhorto a dar testimonio en todos los ámbitos del amor infinito con el que Dios rodea a cada persona”.

Reflexionar sobre el sentido de la existencia terrenal

Por último, como es costumbre, el Papa dirigió su pensamiento a los ancianos, los enfermos, jóvenes y recién casados, a quienes les dijo: "La Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles difuntos, que hemos celebrado recientemente, nos ofrecen la oportunidad de reflexionar, una vez más, sobre el significado de la existencia terrenal y sobre su valor para la eternidad. Que estos días de reflexión y oración sean una invitación para que todos imiten a los santos que se mantuvieron fieles al plan divino durante toda su vida. Mi bendición para cada uno de ustedes".

 

Papa a la COP26: Deuda ecológica y deuda externa obstaculizan el desarrollo de los pueblos

Francisco advierte a los líderes mundiales reunidos en Glasgow que si existe una verdadera voluntad política es posible contrastar la crisis del cambio climático y de la post pandemia, aprendiendo de los errores del pasado y asignando recursos suficientes. No hay más tiempo que perder, dice, pues se trata de un cambio de época, un compromiso con los más vulnerables y con las jóvenes generaciones.

 

Alina Tufani – Ciudad del Vaticano

“Actuar para preparar un futuro en el que la humanidad sea capaz de cuidarse a sí misma y a la naturaleza. Lo dice el Papa Francisco casi al final de su mensaje a los líderes mundiales reunidos en Glasgow, Escocia, en la Conferencia de los Estados Parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP26. Un discurso donde las palabras voluntad política, compromiso, responsabilidad se alternan a post pandemia, deuda ecológica, deuda externa, migrantes climáticos y desequilibrios comerciales o financieros. En síntesis, dice: "no hay más tiempo que perder".

“Hay demasiados rostros humanos que sufren esta crisis climática: además de sus impactos cada vez más frecuentes e intensos en la vida cotidiana de muchas personas, especialmente de las poblaciones más vulnerables, nos damos cuenta que también se ha convertido en una crisis de los derechos de los niños y que, en un futuro próximo, los migrantes por motivos medioambientales superarán a los refugiados por conflictos”

En su mensaje dirigido al presidente de la COP26, Alok Sharma y leído por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, ante los representantes de más de 200 países que hasta el 12 de noviembre debatirán sobre el calentamiento global, el Papa recalca la necesidad de “una acción urgente, valiente y responsable” si se quieren alcanzar los objetivos escritos en el Acuerdo de París de forma coordinada y responsable: “Son ambiciosos, pero no pueden retrasarse”.

Unidad frente al cambio climático y la post-pandemia

El Santo Padre se plantea si en la COP26 “realmente existe la voluntad política” de asignar con honestidad y responsabilidad, más recursos financieros y tecnológicos para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables, que son las que más sufren. Más aún cuando el mundo sigue enfrentando los estragos de una pandemia que azota a la humanidad desde hace casi dos años.  

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“La pandemia nos enseña que no tenemos alternativas: solo podremos vencerla si todos participamos en este desafío”, asegura el Pontífice al recordar que, así como la post-pandemia se debe enfrentar unidos, “siguiendo el ejemplo de los errores cometidos en el pasado”, es posible hacer lo mismo para contrarrestar la crisis global del cambio climático.  “No tenemos alternativas”, subraya el Papa a la COP26, hay que trabajar con una “profunda y solidaria colaboración entre todos los pueblos del mundo”.

Inversiones financieras en pos de un mundo sano y digno

A juicio del Santo Padre, la COP26 “puede y debe” contribuir activamente a la construcción de un futuro donde “los comportamientos cotidianos y las inversiones económico-financieras, puedan salvaguardar verdaderamente las condiciones “para una vida digna de la humanidad de hoy y de mañana en un planeta ‘sano’"

“Se trata – afirma - de un cambio de época, un desafío de civilización para el que es necesario el compromiso de todos y, en particular, de los países con mayores capacidades, que deben asumir un papel protagónico en el campo de las finanzas climáticas, la descarbonización del sistema económico y de la vida de las personas, la promoción de una economía circular y el apoyo a los países más vulnerables para adaptarse a los impactos del cambio climático y responder a las pérdidas y daños causados por este fenómeno.”

Deuda ecológica: explotación de recursos propios y ajenos

Más adelante, el Papa comparó las heridas causadas a la humanidad por la pandemia de Covid-19 y el fenómeno del cambio climático con un conflicto global, para recordar que, así como ocurrió tras la II Guerra Mundial, ahora “es necesario que toda la comunidad internacional dé prioridad a la implementación de acciones colectivas” y con visión de futuro.  “Necesitamos esperanza y valentía”, subraya Francisco al constatar que” la humanidad tiene los medios para afrontar esta transformación que requiere una conversión real, individual, pero también comunitaria”, una transición hacia un modelo de desarrollo más integral basado en la solidaridad.

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“Hay que prestar especial atención a las poblaciones más vulnerables, con las que se ha acumulado una ‘deuda ecológica’ vinculada tanto a los desequilibrios comerciales con consecuencias medioambientales, como al uso desproporcionado de los recursos naturales propios y ajenos.  No lo podemos negar”, recalca el Pontífice.

Condonación de la deuda externa

La "deuda ecológica", insiste el Papa, remite en cierto modo a la cuestión de la deuda externa, “cuya presión suele obstaculizar el desarrollo de los pueblos”, y ahora más ante la crisis causada por la pandemia.

“La post-pandemia puede y debe ser un nuevo inicio teniendo en cuenta todos estos aspectos, relacionados también con la puesta en marcha de escrupulosas operaciones negociadas para la condonación de la deuda externa inscritas en una estructura económica más sostenible y justa, orientada a apoyar la emergencia climática.”

En este contexto, recuerda la necesidad de que los países desarrollados contribuyan a la solución de la “deuda ecológica” limitando significativamente el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados para promover políticas y programas de desarrollo sostenible.

“Lamentablemente, debemos señalar con amargura lo lejos que estamos de lograr los objetivos deseados para combatir el cambio climático. Hay que decirlo honestamente: ¡no nos lo podemos permitir!”, observa el Papa. Y señala, al final de su mensaje, que los jóvenes, que en los últimos años han estado pidiendo con insistencia que se actúe, no tendrán un planeta distinto al que dejemos o al que podrán recibir en función de las decisiones concretas que se tomen hoy. “Este – reclama el Papa – es el momento de tomar decisiones que les den motivos para confiar en el futuro”.

Santa Sede: emisión cero y educación

El Santo Padre no deja de mencionar en su mensaje el compromiso de la Santa Sede ante el cambio climático. En este sentido, se remite a la Cumbre Virtual de Alto Nivel sobre la Perspectiva  Climática del 12 de diciembre de 2020, donde anunció la adopción de una estrategia de reducción de emisiones netas a cero en dos direcciones:  el compromiso del Estado de la Ciudad del Vaticano para lograr este objetivo antes del 2050 y, al mismo tiempo, el compromiso de promover una educación en ecología integral, consciente de que las medidas políticas, técnicas y operativas deben combinarse con un proceso educativo, sobre todo entre los jóvenes, con el fin de buscar nuevos estilos de vida y fomentar un modelo cultural de desarrollo y sustentabilidad centrados en la fraternidad y la alianza entre el ser humano y el medio natural.

También, recuerda su encuentro del pasado 4 de octubre con varios líderes religiosos y científicos para firmar un llamamiento conjunto en vista de la COP-26. “Lo que se pudo percibir claramente – comparte el Papa - fue una fuerte convergencia de todos en comprometerse con la urgente necesidad de iniciar un cambio de rumbo capaz de pasar con decisión y convicción de la "cultura del descarte" imperante en nuestra sociedad a una "cultura del cuidado" de nuestra casa común y de quienes viven o vivirán allí”.

El Santo Padre concluye su mensaje acompañando a los participantes de la COP 26 con sus oraciones en estas importantes decisiones.

 

Deténganse fabricantes de armas, la guerra se come a los hijos de la patria

Francisco celebró esta mañana la Misa por los difuntos en el cementerio militar francés de Roma donde depositó flores blancas y se detuvo a rezar ante las tumbas de los soldados muertos en la guerra: “Son tumbas que claman por la paz, dijo, luchemos para que las economías no se fortifiquen por la industria de las armas” Después de la misa el Papa se detuvo a rezar ante las tumbas de los Papas en la Basílica Vaticana

 

Vatican News

Esta mañana, conmemoración de todos los fieles difuntos, el Papa Francisco visitó el Cementerio Militar francés de la capital italiana, al día siguiente de la fiesta de Todos los Santos, para celebrar la anual misa por los difuntos. El Santo Padre dedicó esta celebración eucarística por los fieles difuntos a las víctimas de la guerra. No fue su primera visita a un Cementerio Militar: en 2017, visitó el Cementerio Americano de Nettuno y en 2014, el de Redipuglia, con motivo del centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Al concluir la ceremonia eucarística, el Pontífice se detuvo a rezar ante las tumbas de los Papas, en la Basílica de San Pedro. 

Homilía del Santo Padre

Hablando espontáneamente el Papa Francisco dijo:

“¡Deténganse hermanos y hermanas! ¡Deténganse fabricantes de armas! Estas tumbas hablan, gritan por sí mismas, gritan por la paz”

El llamamiento del Papa Francisco es un susurro, pero resuena con fuerza entre los cipreses y los olivos del Cementerio Militar francés de Roma, un lugar de historia y memoria que ha elegido este año para celebrar la Misa por todos los fieles difuntos. En particular, como dijo ayer a la hora del Ángelus, por las víctimas de la guerra. Las guerras mundiales, así como las guerras que se libran "a pedazos" aún hoy, en todos los rincones del planeta.

Flores blancas en las tumbas

El Pontífice recorrió lentamente en procesión el largo pasillo que separa las extensiones de verde, bajo la sombra de cipreses y olivos, donde se encuentran las lápidas de los soldados franceses muertos durante la Segunda Guerra mundial. Todas las lápidas son iguales: una cruz de mármol y las palabras grabadas "Mort pour la France". En este histórico emplazamiento romano encaramado en la colina de Monte Mario, desconocido para muchos ciudadanos de la capital, pero de gran importancia para los franceses de Roma, Francisco llegó con casi media hora de antelación, pasando por la entrada que lleva la inscripción "Cimitière Militaire Français" - Campagne d'Italie 1943 - 1944".

Mientras el coro entonaba un canto, el Papa caminaba solo, en silencio orante, entre las lápidas. En primer lugar, recorrió un camino pavimentado con lápidas sobre las que depositó rosas blancas, y luego se detuvo unos instantes en oración, con las manos unidas y los ojos cerrados, frente a algunas de ellas. Al final de este "camino", el Papa saludó a algunos de los presentes y a los sacerdotes concelebrantes, y luego, tras ponerse los ornamentos, se dirigió hacia el altar decorado con flores amarillas e instalado bajo una carpa blanca que lo protegió del inusual sol, casi primaveral en este otoño romano. Las lecturas se leyerin en francés y los himnos se entonaron en italiano. La Misa, celebrada al aire libre, contó con la asistencia de numerosos fieles.

Todos en el camino

El Pontífice hizo su homilía hablando espontáneamente, como suele hacer cada año en esta conmemoración. Francisco comenzó recordando una inscripción a la entrada de un cementerio en un pueblo del norte de Italia:

“Tú que caminas, detén tu paso, y piensa en tus pasos en el último escalón”

Una invitación que caló hondo en el corazón del Papa, que ya la había mencionado en una homilía en Santa Marta, en 2016, y que hoy le ofreció la ocasión para recordar a todos los fieles que "la vida es un viaje" y que "todos nosotros estamos en camino". "Si queremos hacer algo en la vida es un camino, no un paseo, un camino".

Muchos son los pasos que damos cada día, dijo, "ante tantos acontecimientos históricos, tantas situaciones difíciles, tantos cementerios".

“Todos tendremos un último paso. Alguien puede decir: 'Pero, padre, no sea tan lúgubre, no sea tan trágico'. Lo importante es que ese último paso nos encuentre en nuestro camino, no en un laberinto sin fin”

La guerra se come a las víctimas

Mirando las tumbas de los muertos en la guerra, el Papa Francisco expresó un segundo pensamiento: "Estas personas son buenas, murieron en la guerra. Murieron porque fueron llamadas a defender su país, a defender valores, ideales y muchas otras veces a defender situaciones políticas tristes y lamentables".

“Son las víctimas, las víctimas de la guerra que se come a los hijos de la Patria”

Dios conoce el nombre de todos nosotros

El Papa recordó los Cementerios Militares que visitó en el pasado, siempre con motivo del 2 de noviembre: Anzio, en 2017, y Redipuglia, en 2014. A continuación, dirigió su pensamiento a los caídos y desaparecidos en el río Piave: "Muchos han quedado allí", dijo, así como a las víctimas del desembarco de Normandía. Mirando nuevamente las lápidas del Cementerio francés de Roma, Francisco dijo que le llamó la atención lo escrito en una de las tumbas: "Inconnu", desconocido, "Mort pour la France", muerto por Francia. Una tumba anónima, como otras miles en los cementerios de guerra. "Ni siquiera el nombre...", observó el Papa. Y añadió:

"En el corazón de Dios está el nombre de todos nosotros, pero ésta es la tragedia de la guerra. Estoy seguro de que todos ellos están con el Señor. Pero nosotros ¿estamos en camino? ¿Luchamos lo suficiente para que no haya guerras, para que no haya una economía de países fortificados por las industrias armamentísticas?

Las tumbas, un mensaje de paz

“Hoy – dijo el Obispo de Roma – el sermón debería ser mirar las tumbas". Tumbas que "son un mensaje de paz". Es aquí donde el Papa hizo su llamamiento:

“Deténganse hermanos, hermanas. Deténganse fabricantes de armas", "estas tumbas hablan, gritan por sí mismas, gritan por la paz”

El cementerio militar francés de Roma

Encaramado en lo alto de la colina de Monte Mario, en la orilla derecha del Tíber, el cementerio militar francés domina la Ciudad Eterna desde hace casi 75 años. Y este año ha sido el lugar elegido por el Papa Francisco para la celebración de la misa con motivo de la conmemoración de todos los fieles difuntos. Se trata de un lugar relativamente desconocido para los romanos y que es muy simbólico para Francia. Se encuentra en la parte alta de la capital italiana, en Via dei Casali di Santo Spirito, donde ya se han llevado a cabo en el pasado otras conmemoraciones.

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Un poco de historia

Construido e inaugurado por el gobierno italiano al final de la Segunda Guerra Mundial, el cementerio militar francés rinde homenaje a los soldados que lucharon contra el régimen nazi durante la Campaña de Italia, entre noviembre de 1943 y julio de 1944. El cementerio contiene las tumbas del Cuerpo Expedicionario Francés en Italia (CEFI), un grupo de cuatro divisiones militares dirigidas por el general Alphonse Juin, que se distinguió especialmente durante la batalla de Montecasino, en mayo de 1944.

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Lugar estratégico de la Línea Gustav, Montecasino, sede de una importante abadía benedictina, fue el escenario de una de las batallas más sangrientas del conflicto, a veces denominada el "Verdún de la Segunda Guerra Mundial". La victoria de las tropas francesas sobre el ejército nazi permitió a los aliados reanudar su avance y entrar victoriosos en Roma el 4 de junio de 1944.

Homenaje al ejército colonial francés

De los 6.200 soldados muertos durante la batalla de Montecasino, dos tercios eran del Magreb, según las cifras proporcionadas por el periodista libanés René Laba para el medio de comunicación Madaniya. De hecho, el Cuerpo Expedicionario Francés estaba formado principalmente por soldados del ejército africano, especialmente de Marruecos y Túnez.

De los 1.888 soldados enterrados hoy en el cementerio militar francés de Roma, 1.142 son musulmanes, reconocibles por la media luna islámica grabada en cada lápida. Entre las víctimas enterradas hay un gran número de "Goumiers", soldados de nacionalidad marroquí que fueron llamados a luchar en las tropas francesas durante unos 50 años.

El 11 de noviembre de 2018, la Embajada de Francia en Italia conmemoró el centenario de la Gran Guerra de 1914-1918, con la presencia de alumnos del Liceo Francés Chateaubriand, mientras el 11 de mayo de 2004, una delegación de veteranos norteafricanos había celebrado también, en Monte Mario y en presencia del embajador francés en Roma, el 60º aniversario de la victoria del Cuerpo Expedicionario Francés en el lugar.

 

El Papa al Encuentro sobre la eliminación del trabajo infantil

En su Mensaje al Director General de la FAO con motivo del Global Solutions Forum sobre la eliminación del trabajo infantil en la agricultura, firmado en nombre del Papa por el Cardenal Secretario de Estado, se piden medidas ante este flagelo, para proteger a los niños y sus sueños

 

Vatican News

La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el Mensaje del Papa Francisco, firmado por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, dirigido a los participantes en la sesión inaugural del Global Solutions Forum, el Encuentro Global de la FAO sobre la eliminación del trabajo infantil en la agricultura. Dirigido al Director General, Qu Dongyu, el Purpurado manifiesta:

Por encargo y en nombre del Santo Padre, quiero agradecer a la FAO por haber promovido, en colaboración con la OIT, este encuentro mundial de Alto Nivel que centra nuestra atención en un fenómeno cada vez más preocupante, dadas las estimaciones recientes de los organismos internacionales.

El trabajo infantil se convierte en un flagelo

En el texto se lee que “aún más cuando se manifiesta como explotación, el trabajo infantil se convierte en un flagelo que hiere cruelmente la existencia digna y el desarrollo armónico de los más pequeños, limitando considerablemente sus oportunidades de futuro, ya que reduce y lastima su vida para satisfacer las necesidades productivas y lucrativas de los adultos”.

“Las connotaciones negativas de este drama se han visto agudizadas por la pandemia, que ha empujado a un número creciente de menores a abandonar la escuela para caer, lamentablemente, en las garras de esta forma de esclavitud”

En el texto se afirma que “para muchos de estos pequeños hermanos nuestros, faltar a la escuela significa no sólo perder oportunidades que los capaciten para afrontar los retos de la edad adulta, sino también enfermar, es decir verse privados del derecho a la salud, a causa de las deplorables condiciones en las que han de desarrollar las tareas que vilmente se les exigen”.

Miles de niños y niñas se ven apremiados a trabajar incansablemente

Asimismo, se recuerda que “si nos detenemos en el sector agrícola, la emergencia es aún más alarmante: miles de niños y niñas se ven apremiados a trabajar incansablemente, en condiciones agotadoras, precarias y degradantes, sufriendo maltratos, abusos y discriminación”. Y se pone de manifiesto que esta situación “alcanza el ápice de la desolación, cuando son los mismos padres los que se ven impelidos a enviar a sus hijos a trabajar, porque sin su aporte activo no podrían mantener a la familia”.

“Señor Director General, que de este encuentro surja potente un clamor que reclame a las instancias internacionales y nacionales competentes que se defienda la serenidad y felicidad de los niños. ¡La inversión más rentable que puede hacer la humanidad es la protección de la infancia!”

Proteger a los niños

Es la petición del Papa teniendo en cuenta que “proteger a los niños es respetar el momento de su crecimiento, dejando que estos frágiles brotes disfruten de las condiciones adecuadas para su apertura y floración. Proteger a los niños, además, entraña tornar medidas incisivas para ayudar a las familias de los pequeños agricultores, de modo que no se vean obligados a enviar a sus hijos al campo para incrementar sus ingresos, que siendo tan bajos no les permiten mantener dignamente sus hogares. Por último, proteger a los niños conlleva actuar de tal forma que se despejen ante ellos horizontes que los configuren corno ciudadanos libres, honrados y solidarios”.

“Qué importante sería que un acertado y eficaz ordenamiento jurídico, tanto de alcance internacional como nacional, defendiera y amparara a los niños y niñas de esa nociva mentalidad tecnocrática que se ha apoderado del presente”

La lógica del cuidado

Tras esta afirmación se manifiesta que “han de multiplicarse las personas y las asociaciones que, a todos los niveles, se esfuercen para que el afán de lucro desmedido que condena a niños y jóvenes al brutal yugo de la explotación laboral ceda su puesto a la lógica del cuidado”; y que “se requiere una obra de denuncia, de educación, de sensibilización, de convicción para que quienes no tienen escrúpulos de esclavizar a la infancia con cargas insoportables logren ver más lejos y más profundamente, venciendo el egoísmo y esa ansia de consumir compulsivamente que terminan por devorar el planeta, olvidando que sus recursos hay que preservarlos para las generaciones futuras”.

Custodiar y salvar sus sueños

Por último, tras afirmar que “si aspiramos a que nuestra sociedad pueda gozar de aquella dignidad que la ennoblece, si queremos que el derecho triunfe sobre la arbitrariedad, hemos de asegurar a nuestros niños y jóvenes un presente sin explotación laboral”. Algo que “sólo será posible si nos implicamos de forma conjunta y perentoria en que custodien y cultiven sus sueños, en que jueguen, entrenen y aprendan. Entonces se abrirá paso un porvenir luminoso para la familia humana. No me cabe duda de que a ello contribuirá el evento de hoy y el actual Ano Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil”.

"Al renovar la voluntad de la Santa Sede y el compromiso de la Iglesia católica y sus instituciones para que la comunidad internacional no deje de combatir de manera firme, mancomunada y decidida la lacra de la explotación laboral de los menores, invoco sobre usted, Señor Director General, y sobre cuantos se esfuerzan por liberar a niños y jóvenes de toda adversidad, la bendición de Dios Todopoderoso".

 

AMIGO DE LOS PECADORES

- Son los enfermos quienes tienen necesidad de médico. Jesús ha venido a curarnos.

- La oveja perdida. La alegría de Dios ante nuestras conversaciones diarias.

- Jesucristo sale muchas veces a buscarnos.

Yo . Leemos en el Evangelio de la Misa1que publicanos y pecadores se acercaban a Cristo para oírle. Pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: este recibe a los pecadores y come con ellos .

Meditando la vida del Señor podemos ver con claridad cómo toda ella manifiesta su absoluta impecabilidad. Más aún, Él mismo preguntará a quienes le acusan: ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?2, y «durante toda su vida, lucha con el pecado y con todo lo que engendra pecado, comenzando por Satanás, que es padre de la mentira ... (cfr. Jn 8, 44)»3.

Esta batalla de Jesús contra el pecado y contra sus raíces más profundas no le aleja del pecador. Muy al contrario, lo aproxima a los hombres, a cada hombre. En su vida terrena Jesús solía mostrarse particularmente cercano de quienes, a los ojos de los demás, pasaban por «pecadores» o lo eran de verdad. Así nos lo muestra el Evangelio en muchos pasajes; hasta tal punto que sus enemigos le dieron el título de amigo de publicanos y de pecadores4. Su vida es un constante acercamiento a quien necesita la salud del alma. Sale a buscar a los que precisan ayuda, como Zaqueo, en cuya casa Él mismo se invitó: Zaqueo, baja pronto -le dice-, porque hoy me hospedaré en tu casa5. El Señor no se aleja, sino que va en busca de los más distanciados. Por eso acepta las invitaciones y aprovecha las circunstancias de la vida social para estar con quienes no parecían tener puestas sus esperanzas en el Reino de Dios. San Marcos nos indica cómo después del llamamiento de Mateo, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y con sus discípulos6. Y Cuando los fariseos murmuran de esta actitud, Jesús responde: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos ...7. Aquí, sentado con estos hombres que parecen muy alejados de Dios, se nos muestra Jesús entrañablemente humano. No se aparta de ellos; por el contrario, busca su trato. La manifestación suprema de este amor por quienes se encuentran en una situación más apurada tuvo lugar en el momento de dar su vida por todos en el Calvario. Pero en este largo recorrido hasta la Cruz, su existencia es una manifestación continua de interés por cada uno, que se expresa en estas palabras conmovedoras: El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino a servir ...8. A servir a todos: a quienes tienen buena voluntad y están más preparados para recibir la doctrina del Reino, ya quienes parecen resistir para la Palabra divina.

La meditación de hoy nos debe llevar a aumentar nuestra confianza en Jesús cuanto mayores sean nuestras necesidades; especialmente si en alguna ocasión sentimos con fuerza la propia flaqueza: Cristo también está cercano entonces. De igual forma, pediremos con confianza por aquellos que están alejados del Señor, que no responden a nuestro desvelo por acercarlos a Dios y que aun parece que se distancian más. «¡Oh, qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío –exclama Santa Teresa–: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! »9.

II . Jesucristo andaba constantemente entre las turbas, dejándose asediar por ellas, aun después de caída ya la noche10, y muchas veces ni siquiera le permitían un descanso11. Su vida estuvo totalmente entregada a sus hermanos los hombres12, con un amor tan grande que llegará a dar la vida por todos13. Resucitó para nuestra justificación14; ascendió a los Cielos para prepararnos un lugar15; nos envía su Espíritu para no dejarnos huérfanosdieciséis. Cuanto más necesitados nos encontramos, más atenciones tiene con nosotros. Esta misericordia supera cualquier cálculo y medida humana; es «lo propio de Dios, y en ella se manifiesta de forma máxima su omnipotencia»17.

El Evangelio de la Misa continúa con esta bellísima parábola, en la que se expresa los cuidados de la misericordia divina sobre el pecador: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la carga sobre los hombros muy contento; y al llegar a casa reúne a los amigos ya los vecinos para decirles: ¡Felicitadme! he encontrado la oveja que se me había perdido . «La suprema misericordia –comenta San Gregorio Magno– no nos abandona ni aun cuando lo abandonamos»18. Es el Buen Pastor que no da por definitivamente perdida a ninguna de sus ovejas.

Quiere expresar también aquí el Señor su inmensa alegría, la alegría de Dios, ante la conversión del pecador. Un gozo divino que está por encima de toda lógica humana: Os digo que así también habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse , como un capitán estima más al soldado que en la guerra, habiendo vuelto después de huir, ataca con más valor al enemigo, que al que nunca huyó pero tampoco mostró valor alguno, comenta San Gregorio Magno; igualmente, el labrador prefiere mucho más la tierra que, después de haber producido espinas, da abundante mies, que la que nunca tuvo espinas pero jamás dio mies abundante19. Es la alegría de Dios cuando recomenzamos en nuestro camino, quizás después de pequeños fracasos en esas metas en las que estamos necesitados de conversión: luchar por superar las asperezas del carácter; optimismo en toda circunstancia, sin dejarnos desalentar, pues somos hijos de Dios; aprovechamiento del tiempo en el estudio, en el trabajo, comenzando y terminando a la hora prevista, dejando un lado llamadas por teléfono inútiles o menos necesarias; empeño por desarraigar un defecto; generosidad en la mortificación pequeña habitual ... Es el esfuerzo diario para evitar «extravíos» que, aunque no gravemente, nos alejan del Señor.

Siempre que recomenzamos, cada día, nuestro corazón se llena de gozo, y también el del Maestro. Cada vez que dejamos que Él nos encuentre somos la alegría de Dios en el mundo. El Corazón de Jesús «desborda de alegría cuando ha recobrado el alma que se le había escapado. Todos tienen que participar en su dicha: los ángeles y los escogidos del Cielo, y también deben alegrarse los justos de la tierra por el feliz retorno de un solo pecador »20Alegraos conmigo ... , nos dice. Existe también una alegría muy particular cuando hemos acercado a un amigo oa un pariente al sacramento del perdón, donde Jesucristo le esperaba con los brazos abiertos.

Señor -canta un antiguo himno de la Iglesia-, has quedado extenuado, buscándome: // ¡Que no sea en vano tan grande fatiga!21.

III . Y cuando la encuentra, la carga sobre los hombros muy contento ...

Jesucristo sale muchas veces a buscarnos. Él, que puede medir en toda su hondura la maldad y la esencia de la ofensa a Dios, se nos acerca; Él conoce bien la fealdad del pecado y su malicia, y sin embargo «no llega iracundo: el Justo nos ofrece la imagen más conmovedora de la misericordia (...). A la Samaritana, a la mujer con seis maridos, le dice sencillamente a ella ya todos los pecadores: Dame de beber ( Jn 3, 4-7). Cristo ve lo que ese alma puede ser, cuánta belleza –la imagen de Dios allí mismo–, qué posibilidades, incluso qué “resto de bondad” en la vida de pecado, como una huella inefable, pero realísima, de lo que Dios quiere de ella »22.

Jesucristo se acerca al pecador con respeto, con delicadeza. Sus palabras son siempre expresión de su amor por cada alma. Vete y no peques más23, advertirá solamente a la mujer adúltera que iba a ser apedreada. Hijo mío, ten confianza, tus pecados te son perdonados24, dirá al paralítico que, tras incontables esfuerzos, había sido llevado por sus amigos hasta la presencia de Jesús. A punto de morir, hablará así al Buen Ladrón: En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso25. Son palabras de perdón, de alegría y de recompensa. ¡Si supiéramos con qué amor nos espera Cristo en cada Confesión! ¡Si pudiéramos comprender su interés en que volvamos!

Es tanta la impaciencia del Buen Pastor que no espera a ver si la oveja descarriada vuelve al redil por su cuenta, sino que sale él mismo a buscarla. Una vez hallada, ninguna otra vez tantas atenciones como esta que se había perdido, pues tendrá el honor de ir a hombros del pastor. Vuelta al redil y «pasada la sorpresa, es real ese más de calor que trae al rebaño, ese bien ganado descanso del pastor, hasta la calma del perro guardián, que solo alguna vez, en sueños, se sobresalta y certifica, despierto, que la oveja duerme más acurrucada aún, si cabe, entre las otras »26. Los cuidados y atenciones de la misericordia divina sobre el pecador arrepentido son abrumadores.

Su perdón no consiste solo en perdonar y olvidar para siempre nuestros pecados. Esto sería mucho; con la remisión de las culpas renace además del alma a una vida nueva, o crece y se fortalece la que ya existía. Lo que era muerte se convierte en fuente de vida; lo que fue tierra dura es ahora un vergel de frutos imperecederos.

Nos muestra el Señor en este pasaje del Evangelio el valor que para Él tiene una sola alma, pues está dispuesto a poner tantos medios para que no se pierda, y su alegría cuando alguno vuelve de nuevo a su amistad ya su cobijo. Y este interés es el que hemos de tener para los demás no se extravíen y, si están lejos de Dios, para que vuelvan.

1 Lc 15, 1-10. -2 Jn 8, 46. -3 Juan Pablo II , Audiencia general 10-II-1988. -4Cfr. Mt 11, 18-19. -5Cfr. Lc 19, 1-10. -6Cfr. Mc 2, 13-15. -7Cfr. Mc 2, 17.—8 Mc 10, 45. -9 Santa Teresa , Exclamaciones , n. 8. -10Cfr. Mc 3, 20. -11Cfr. Ibídem . -12Cfr. Gal 2, 20. -13Cfr. Jn 13, 1. -14Cfr. Rom 4, 25.-15Cfr. Jn 14, 2. -dieciséisCfr. Jn 14, 18 -17 Santo Tomás , Suma Teológica , 2-2, q. 30, a. 4. -18 San Gregorio Magno , Homilía 36 sobre los Evangelios . -19Cfr. ídem , Homilía 34 sobre los Evangelios , 4. -20 G. Chevrot , El Evangelio al aire libre , págs. 84-85. -21Himno Dies irae . -22 F. Sopeña , La Confesión , págs. 28-29. -23 Jn 8, 11. -24 Mt 9, 2. -25 Lc 24, 43. -26 F. Sopeña , oc p. 36.

 

Meditaciones: jueves de la 31ª semana del tiempo ordinario

Reflexión para meditar el jueves de la semana treinta y uno del tiempo ordinario. Los temas propuestos son: el misterio de que Dios es misericordia; a Dios le alegra perdonarnos; el perdón que encontramos en la confesión.

04/11/2021


«¿QUIÉN DE vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y sale en busca de la que se perdió hasta encontrarla?» (Lc 15,4). Al escuchar hoy estas palabras, es posible que nos llenemos de agradecimiento a Dios por el recuerdo de tantas veces en las que hemos sentido la constancia divina para buscarnos cuando estábamos perdidos. «Os digo que –continúa Jesús–, del mismo modo, habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión» (Lc 15,7). Queremos comprender esta «mayor alegría del cielo» de la que habla Cristo. ¿Qué misterios encierra? ¿Por qué a Dios le alegra tanto un pecador que se arrepiente? ¿No le importan más nuestras buenas acciones o nuestra lucha por cumplir sus mandamientos?

San Josemaría procuraba meterse en estas escenas y saborearlas: «¿No le habéis oído tratar también de ovejas y de rebaños? ¡Y con qué ternura! ¡Cómo goza al describir la figura del Buen Pastor!»[1]. Él mismo tenía experiencia de haber contemplado escenas parecidas en el campo: «Si alguna se había descalabrado –como dicen allí–, si alguna se había roto una pata, se reproducía la vieja estampa: la llevaban sobre sus hombros. También he visto cómo el pastor –pastores toscos, que parece que no reúnen condiciones para la ternura– lleva entre sus brazos amorosamente un cordero recién nacido»[2].

En realidad, esta «alegría del cielo» por encontrar una oveja perdida nos revela el verdadero rostro de Dios Padre, que «lo perdona todo y perdona siempre. Cuando Jesús dibuja ante sus discípulos el rostro de Dios, lo describe con expresiones de tierna misericordia. Él dice que hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por una multitud de justos que no necesitan conversión. Nada en los evangelios sugiere que Dios no perdona los pecados de quienes están bien dispuestos»[3]. Quizá el desafío es comprender que somos nosotros los primeros que necesitamos de la misericordia de Dios; que somos nosotros quienes, volviendo una y otra vez hacia el pastor, podemos alegrar al cielo entero.


«ALEGRAOS CONMIGO, porque he encontrado la oveja que se me perdió» (Lc 15,6). La alegría de Dios es contagiosa. Reúne a todos y les pide que compartan su alegría. No es posible para nosotros imaginar el grado de felicidad que experimenta Dios en su intimidad, pero podemos acercarnos a ese misterio al menos con el deseo de profundizar en él. ¿Por qué Dios es tan feliz cuando nos perdona? Una de las razones es que, con el perdón, no nos perdemos la maravilla del amor de Dios. De hecho, la palabra «perdonar» significa donar completamente, otorgar una ofrenda perfecta. «¿Qué te he hecho, Jesús, para que así me quieras? –se preguntaba san Josemaría–. Ofenderte... y amarte. Amarte: a esto va a reducirse mi vida»[4].

Por otro lado, cuando uno pide perdón está manifestando, aunque sea implícitamente, muchas cosas a la persona ofendida. Los mensajes que se suelen transmitir son por ejemplo: “me gustaría no haberlo hecho” o “me encantaría restablecer el afecto que nos teníamos”. Un hijo que pide perdón es un hijo que ama a su padre, se fía de él, lo quiere. Le duele haberle hecho sufrir. Con la petición de perdón deseamos poner fin a la situación que causa el pecado, que es precisamente el rechazo del amor de Dios por nosotros. La alegría que nosotros experimentamos al ser perdonados, siendo ya grande, es un pálido reflejo de la que siente Dios cuando nos recobra vivos.

«El orante del Salmo 27, rodeado de enemigos (...), puede dar su testimonio lleno de fe afirmando: “Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá”. Dios es un Padre que no abandona jamás a sus hijos, un Padre amoroso que sostiene, ayuda, acoge, perdona, salva, con una fidelidad que sobrepasa inmensamente la de los hombres, para abrirse a dimensiones de eternidad»[5]. Y no se queda ahí. Además, nos dice que perdonarnos es su gran alegría.


EN LA CONFESIÓN podemos profundizar en ese misterio de la alegría y el gozo divinos. «Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Con esta frase, o con alguna similar, le decimos a Jesús que, aunque a veces nuestras obras lo escondan un poco, en el fondo le amamos. Es verdad que vamos a confesar nuestros pecados, pero sobre todo confesamos su bondad, su cariño y su misericordia. No merecemos nada y, sin embargo, nos atrevemos a pedir perdón. Aunque tal vez nos hayamos acostumbrado, en realidad al confesar nuestros pecados desafiamos la lógica humana y somos introducidos de lleno en la divina. Abandonamos el juicio que instintivamente hacemos sobre nuestra vida para dejarle a Dios que tenga la última palabra.

Y la sentencia es contundente: «Yo te declaro inocente». En el mismo proceso vemos cómo Cristo asume nuestras culpas, nuestros pecados y la responsabilidad que nos corresponde. Carga con nuestros pecados para librarnos de ellos: «El castigo, precio de nuestra paz, cayó sobre él, y por sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5). «El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es un don del Espíritu Santo, que nos llena de la purificación de misericordia y de gracia que brota incesantemente del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado»[6]. Y, por si fuera poco, nos dice que eso le llena de alegría. ¿Dónde se ha visto algo similar?

Transmitir a los demás, cuando sea oportuno, la existencia de este regalo, es señal de que lo valoramos y lo agradecemos sinceramente. A la Virgen María podemos pedirle que seamos apóstoles de la Confesión, para acercar a nuestros amigos al abrazo del perdón divino.


[1] San Josemaría, Apuntes de una tertulia, 13-III-1955.

[2] San Josemaría, Cartas 27, n. 22.

[3] Francisco, Audiencia, 24-IV-2019.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, 5, 358-359, 29-X-1931.

[5] Benedicto XVI, Audiencia, 30-I-2013.

[6] Francisco, Audiencia, 19-II-2014.

 

“Dos mil años de espera del Señor”

¡Jesús se ha quedado en la Hostia Santa por nosotros!: para permanecer a nuestro lado, para sostenernos, para guiarnos. –Y amor únicamente con amor se paga. –¿Cómo no habremos de acudir al Sagrario, cada día, aunque sólo sea por unos minutos, para llevarle nuestro saludo y nuestro amor de hijos y de hermanos? (Surco, 686)

4 de noviembre

Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna.

(...) Así espera nuestro amor, desde hace casi dos mil años. Es mucho tiempo y no es mucho tiempo: porque, cuando hay amor, los días vuelan.

Viene a mi memoria una encantadora poesía gallega, una de esas Cantigas de Alfonso X el Sabio. La leyenda de un monje que, en su simplicidad, suplicó a Santa María poder contemplar el cielo, aunque fuera por un instante. La Virgen acogió su deseo, y el buen monje fue trasladado al paraíso. Cuando regresó, no reconocía a ninguno de los moradores del monasterio: su oración, que a él le había parecido brevísima, había durado tres siglos. Tres siglos no son nada, para un corazón amante. Así me explico yo esos dos mil años de espera del Señor en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos ‑limitados, egoístas, inconstantes‑, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a Él enteramente. (Es Cristo que pasa, 151)COMPARTIR

 

«La regla suprema de la corrección fraterna es el amor»

En su audiencia general el Papa explicó que “la vida cristiana es acción, movimiento, dinamismo”, no es pasiva. Se trata de no dejarse llevar por “los 'deseos de la carne' que no favorecen la comunión como la envidia, la hipocresía, el rencor, las críticas destructivas”, sino de contar con la gracia y seguir como criterio de conducta la caridad.

03/11/2021

Queridos hermanos y hermanas:

En el pasaje de la Carta a los Gálatas que acabamos de escuchar, san Pablo exhorta a los cristianos a caminar según el Espíritu Santo (cfr. 5,16.25).

Hay un estilo: caminar según el Espíritu Santo. De hecho, creer en Jesús significa seguirlo, ir detrás de Él en su camino, como hicieron los primeros discípulos. Y significa al mismo tiempo evitar el camino opuesto, el del egoísmo, el de buscar el propio interés, que el Apóstol llama «apetencias de la carne» (v. 16).

El Espíritu es la guía de este camino sobre la vía de Cristo, un camino maravilloso pero también fatigoso, que empieza en el Bautismo y dura toda la vida. Pensemos en una larga excursión a la alta montaña: es fascinante, la meta nos atrae, pero requiere mucho esfuerzo y tenacidad.

Esta imagen puede ser útil para analizar las palabras del Apóstol: “caminar según el Espíritu”, “dejarse guiar” por Él. Son expresiones que indican una acción, un movimiento, un dinamismo que impide detenerse en las primeras dificultades, pero que estimula a confiar en la «fuerza que viene del alto» (Pastor de Hermas, 43, 21). 

Recorriendo este camino, el cristiano adquiere una visión positiva de la vida. Esto no significa que el mal presente en el mundo haya desaparecido, o que hayan desaparecido los impulsos negativos del egoísmo y el orgullo; más bien quiere decir que creer en Dios es siempre más fuerte que nuestras resistencias y más grande que nuestros pecados. ¡Y esto es importante!

Mientras exhorta a los Gálatas a recorrer este camino, el Apóstol se pone a su nivel. Abandona el verbo imperativo —«caminad» (v. 16)— y usa el “nosotros” del indicativo: «obremos también según el Espíritu» (v. 25). Como diciendo: pongámonos a lo largo de la misma línea y dejémonos guiar por el Espíritu Santo. 

Es una exhortación, una forma exhortativa. Esta exhortación san Pablo la siente necesaria también para sí mismo. Incluso sabiendo que Cristo vive en él (cfr. 2,20), también está convencido de no haber alcanzado todavía la meta, la cima de la montaña (cfr. Fil 3,12). 

El Apóstol no se pone por encima de su comunidad, no dice: “Yo soy el jefe, vosotros sois los otros; y he llegado a lo alto de la montaña y vosotros estáis en camino” —no dice esto—, sino que se coloca en medio del camino de todos, para dar ejemplo concreto de lo necesario que es obedecer a Dios, correspondiendo cada vez más y siempre mejor a la guía del Espíritu. Y qué bonito cuando nosotros encontramos pastores que caminan con su pueblo y que no se separan de él. Es muy bonito esto, hace bien al alma.

Este “caminar según el Espíritu” no es solo una acción individual: también afecta a la comunidad en su conjunto. De hecho, construir la comunidad siguiendo el camino indicado por el Apóstol es emocionante, pero arduo. 

Las “apetencias de la carne”, “las tentaciones” —digamos así—, que todos nosotros tenemos, es decir las envidias, los prejuicios, las hipocresías, los rencores, se siguen sintiendo, y recurrir a una rigidez preceptiva puede ser una tentación fácil, pero al hacerlo uno se saldría del camino de la libertad y, en lugar de subir a la cima, volvería hacia abajo. 

Recorrer el camino del Espíritu requiere en primer lugar dar espacio a la gracia y a la caridad. Hacer espacio a la gracia de Dios, no tener miedo. Pablo, después de haber hecho sentir de forma severa su voz, invita a los Gálatas a hacerse cargo cada uno de las dificultades del otro, y si alguno se equivoca, usar la mansedumbre (cfr. 5,22). 

Escuchemos sus palabras: «Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate a ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas» (6,1-2). Una actitud muy diferente a la del chismorreo; no, esto no es según el Espíritu. Según el Espíritu es tener esta dulzura con el hermano al corregirlo y vigilar sobre nosotros mismos con humildad para no caer nosotros en esos pecados.

De hecho, cuando tenemos la tentación de juzgar mal a los otros, como sucede a menudo, debemos sobre todo reflexionar sobre nuestra fragilidad. ¡Qué fácil es criticar a los otros! Pero hay gente que parece tener una licenciatura en chismorreo. Todos los días critican a los demás. ¡Pero mírate a ti mismo! Está bien preguntarnos qué nos impulsa a corregir a un hermano o a una hermana, y si no somos de alguna manera corresponsables de su error. 

El Espíritu Santo, además de donarnos la mansedumbre, nos invita a la solidaridad, a llevar los pesos de los otros. ¡Cuántos pesos están presentes en la vida de una persona: la enfermedad, la falta de trabajo, la soledad, el dolor…! ¡Y cuántas otras pruebas que requieren la cercanía y el amor de los hermanos! 

Nos pueden ayudar también las palabras de san Agustín cuando comenta este mismo pasaje: «Por lo tanto, hermanos, si un hombre está implicado en alguna falta, […], instruidle con espíritu de mansedumbre. Y si levantas la voz, haya amor interiormente. Si exhortas, si acaricias, si corriges, si te muestras duro: ama y haz lo que quieres» (Sermones 163/B 3). Ama siempre. 

La regla suprema de la corrección fraterna es el amor: querer el bien de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. Se trata de tolerar los problemas de los otros, los defectos de los otros en silencio en la oración, para después encontrar el camino adecuado para ayudarlo a corregirse. Y esto no es fácil. El camino más fácil es el del chismorreo. Despellejar al otro como si yo fuera perfecto. Y esto no se debe hacer. Mansedumbre. Paciencia. Oración. Cercanía.

Caminemos con alegría y con paciencia en este camino, dejándonos guiar por el Espíritu Santo.

 

Santificar el trabajo y santificar el mundo «desde dentro»

Este artículo sobre el trabajo desarrolla el mensaje principal de san Josemaría: que la propia tarea bien hecha y ofrecida al Señor es medio para acercarse a Dios y cristianizar la sociedad.

13/10/2014

Las luces y sombras de la época que vivimos están patentes a los ojos de todos. El desarrollo humano y las plagas que lo infectan; el progreso civil en muchos aspectos y la barbarie en otros...: son contrastes que tanto san Juan Pablo II como sus sucesores han señalado repetidas veces[1], animando a los cristianos iluminar la sociedad con la luz del Evangelio. Sin embargo, aunque todos estamos llamados a transformar la sociedad según el querer de Dios, muchos no saben cómo hacerlo. Piensan que esa tarea depende casi exclusivamente de quienes gobiernan o tienen capacidad de influir por su posición social o económica y que ellos sólo pueden hacer de espectadores: aplaudir o silbar, pero sin entrar en el terreno de juego, sin intervenir en la partida.

No ha de ser esa la actitud del cristiano, porque no responde a la realidad de la vocación a la que está llamado. Quiere el Señor que seamos nosotros, los cristianos —porque tenemos la responsabilidad sobrenatural de cooperar con el poder de Dios, ya que El así lo ha dispuesto en su misericordia infinita—, quienes procuremos restablecer el orden quebrantado y devolver a las estructuras temporales, en todas las naciones, su función natural de instrumento para el progreso de la humanidad, y su función sobrenatural de medio para llegar a Dios, para la Redención[2].

No somos espectadores. Al contrario, es misión específica de los laicos santificar el mundo «desde dentro»[3]: orientar con sentido cristiano las profesiones, las instituciones y las estructuras humanas[4]. Como enseña el Concilio Vaticano II, los laicos han de «iluminar y ordenar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen constantemente según Cristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor»[5]. En una palabra: cristianizar desde dentro el mundo entero, mostrando que Jesucristo ha redimido a toda la humanidad: ésa es la misión del cristiano[6].

Y para esto los cristianos tenemos el poder necesario, aunque no tengamos poder humano. Nuestra fuerza es la oración y las obras convertidas en oración. La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios[7]. Concretamente, el arma específica que poseen la mayoría de cristianos para transformar la sociedad es el trabajo convertido en oración. No simplemente el trabajo, sino el trabajo santificado.

Dios se lo hizo comprender a San Josemaría en un momento preciso, el 7 de agosto de 1931, durante la San Misa. Al llegar la elevación, trajo a su alma con fuerza extraordinarias las palabras de Jesús: cuando seré levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí[8]. Lo entendí perfectamente. El Señor nos decía: ¡si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño..., entonces omnia traham ad meipsum!¡Mi reino entre vosotros será una realidad![9]

Cristianizar la sociedad

Dios ha confiado al hombre la tarea de edificar la sociedad al servicio de su bien temporal y eterno, de modo acorde con su dignidad[10]: una sociedad en la que las leyes, las costumbres y las instituciones que la conforman y estructuran, favorezcan el bien integral de las personas con todas sus exigencias; una sociedad en la que cada uno se perfeccione buscando el bien de los demás, ya que el hombre «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a os demás»[11]. Sin embargo, todo se ha trastocado a causa del pecado del primer hombre y de la sucesiva proliferación de los pecados que —como enseña el Catecismo de la Iglesia— hacen «reinar entre los hombres la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las "estructuras de pecado" son expresión y efecto de los pecados personales»[12].

El Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo nuestro Señor, ha venido al mundo para redimirnos del pecado y de sus consecuencias. Cristianizar la sociedad no es otra cosa que liberarla de esas consecuencias que el Catecismo resume con las palabras que acabamos de leer. Es, por una parte, liberarla de las estructuras de pecado —por ejemplo, de las leyes civiles y de las costumbres contrarias a la ley moral—, y por otra, más a fondo, procurar que las relaciones humanas estén presididas por el amor de Cristo, y no viciadas por el egoísmo de la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Esta es tu tarea de ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social[13].

Cristianizar la sociedad no es imponer a nadie la fe verdadera. Precisamente el espíritu cristiano reclama el respeto del derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, de modo que no se debe impedir a nadie que practique su religión, según su conciencia, aun cuando estuviera en el error, siempre que respete las exigencias del orden público, de la paz y la moralidad pública, que el Estado tiene obligación de tutelar[14]. A quienes están en el error hay que procurar que conozcan la verdad, que sólo se encuentra plenamente en la fe católica, enseñándoles y convenciéndoles con el ejemplo y con la palabra, pero nunca con la coacción. El acto de fe sólo puede ser auténtico si es libre.

Pero cuando un cristiano intenta que la ley civil promueva el respeto de la vida humana desde el momento de la concepción, la estabilidad de la familia a través del reconocimiento de la indisolubilidad del matrimonio, los derechos de los padres en la educación de los hijos tanto en escuelas públicas como en privadas, la verdad en la información, la moralidad pública, la justicia en las relaciones laborales, etc., no está pretendiendo con imponer su fe a los demás, sino cumpliendo con su deber de ciudadano y contribuyendo a edificar, en lo que está de su parte, una sociedad mejor, conforme a la dignidad de la persona humana. Ciertamente, el cristiano,gracias a la Revelación divina, posee una especial certeza sobre la importancia que esos principios y verdades poseen para edificar una sociedad más justa; pero estos están al alcance de la razón humana, y por eso cualquier persona, independientemente de su fe, puede apreciar el valor e importancia que esos principios tienen para la vida social.

Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas, en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano, se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida. Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana[15]. Se trata de «sanear las estructuras y los ambientes del mundo (...) de modo que favorezcan la práctica de las virtudes en vez de impedirla»[16]. La fe cristiana hace sentir hondamente la aspiración, propia de todo ciudadano, de buscar el bien común de la sociedad. Un bien común que no se reduce al desarrollo económico, aunque ciertamente lo incluyen. Son también, y antes —en sentido cualitativo, no siempre en el de urgencia temporal—, las mejores condiciones posibles de libertad, de justicia y de vida moral en todos sus aspectos, y de paz, que corresponden a la dignidad de la persona humana.

Cuando un cristiano hace lo posible para configurar de este modo la sociedad lo hace en virtud de su fe, no en nombre de una ideología opinable de partido político. Actúa como actuaron los primeros cristianos. No tenían, por razón de su vocación sobrenatural, programas sociales ni humanos que cumplir; pero estaban penetrados de un espíritu, de una concepción de la vida y del mundo, que no podía dejar de tener consecuencias en la sociedad en la que se movían[17]. La tarea apostólica que Cristo ha encomendado a todos sus discípulos produce, por tanto, resultados concretos en el ámbito social. No es admisible pensar que, para ser cristiano, haya que dar la espalda al mundo, ser un derrotista de la naturaleza humana[18].

Es necesario procurar sanear las estructuras de la sociedad para empaparla de espíritu cristiano, pero no es suficiente. Aunque parezca una meta muy alta, no pasa de ser una exigencia básica. Hace falta mucho mas: procurar sobre todo que las personas sean cristianas, que cada uno irradie a su alrededor, en su conducta diaria, la luz y el amor de Cristo, el buen olor de Jesucristo[19]. El fin no es que las estructuras sean sanas, sino que las personas sean santas. Tan equivocado sería despreocuparse de que las leyes y las costumbres de la sociedad fueran conformes al espíritu cristiano, como conformarse sólo con esto. Porque además, en ese mismo momento peligrarían de nuevo las mismas estructuras sanas. Siempre hay que estar recomenzando. «No hay humanidad nueva, si antes no hay hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio»[20].

Por medio del trabajo

De que tú y yo nos portemos como Dios quiere –no lo olvides– dependen muchas cosas grandes[21] Si queremos cristianizar la sociedad,lo primero es la santidad personal, nuestra unión con Dios. Hemos de ser, cada uno de nosotros, alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo. Sólo así podremos emprender esa empresa grande, inmensa, interminable: santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando allí el fermento de la Redención[22]. Es necesario que no perdamos la sal, la luz y el fuego que Dios ha puesto dentro de nosotros para transformar el ambiente que nos rodea. El Papa san Juan Pablo II ha señalado que «es un cometido que exige valentía y paciencia»[23]: valentía porque no hay que tener miedo a chocar con el ambiente cuando es necesario; y paciencia, porque cambiar la sociedad desde dentro requiere tiempo, y mientras tanto no hay que acostumbrarse a la presencia del mal cristalizado en la sociedad, porque acostumbrarse a una enfermedad mortal es tanto como sucumbir a ella. El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad "desde dentro", estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene —no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado— de negación de Dios, de oposición a su amable voluntad salvífica[24].

Dios quiere que infundamos espíritu cristiano a la sociedad a través de la santificación del trabajo profesional, ya que por el trabajo, somete el cristiano la creación (cfr. Gn1,28) y la ordena a Cristo Jesús, centro en el que están destinadas a recapitularse todas las cosas[25]. El trabajo profesional es, concretamente, medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el ordenamiento cada vez más justo de las relaciones entre los hombres[26].

Cada uno se ha de proponer la tarea de cristianizar la sociedad a través de su trabajo: primero mediante en el afán de acercar a Dios a sus colegas y a las personas con las que entra en contacto profesional, para que también ellos lleguen a santificar su trabajo y a dar el tono cristiano a la sociedad; y después, e inseparablemente, mediante el empeño por cristianizar las estructuras del propio ambiente profesional, procurando que sean conformes a la ley moral. Quien se dedica a la empresa, a la profesión farmacéutica, a la abogacía, a la información o a la publicidad..., debe tratar de influir cristianamente en su ambiente: en las relaciones y en las instituciones profesionales y laborales. No es suficiente no mancharse con prácticas inmorales; hay que proponerse limpiar el propio ámbito profesional, hacerlo conforme a la dignidad humana y cristiana.

Para todo esto debemos recibir una formación tal que suscite en nuestras almas, a la hora de acometer el trabajo profesional de cada uno, el instinto y la sana inquietud de conformar esa tarea a las exigencias de la conciencia cristiana, a los imperativos divinos que deben regir en la sociedad y en las actividades de los hombres[27].

Las posibilidades de contribuir a la cristianización de la sociedad en virtud del trabajo profesional, van más allá de lo que puede realizarse en el estricto ambiente de trabajo. La condición de ciudadano que ejerce una profesión en la sociedad es un título para emprender o colaborar en iniciativas de diverso género, junto con otros ciudadanos que comparten los mismos ideales: iniciativas educativas de la juventud —escuelas donde se imparta una formación humana y cristiana, tan necesarias y urgentes en nuestro tiempo—, iniciativas asistenciales, asociaciones para promover el respeto a la vida, o la verdad en la información, o el derecho a un ambiente moral sano... Todo realizado con la mentalidad profesional de los hijos de Dios llamados a santificarse en medio del mundo.

Que entreguemos plenamente nuestras vidas al Señor Dios Nuestro, trabajando con perfección, cada uno en su tarea profesional y en su estado, sin olvidar que debemos tener una sola aspiración, en todas nuestras obras: poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres[28] .


[1] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Ecclesia in Europa, 28-VI-2003, c. I.

[2] San Josemaría, Carta 30-IV-1946, n. 19, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 420.

[3] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[4] San Josemaría, Carta 9-I-1959, n. 17, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010.

[5] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[6] San Josemaría, Conversaciones, n. 112.

[7] San Josemaría, Forja, n. 439.

[8] Jn 12, 32.

[9] San Josemaría, Apuntes de una meditación, 27-X-1963, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, pp. 426-427:

[10] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 353, 1929, 1930.

[11] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.

[12] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1869..

[13] San Josemaría, Surco, n. 302.

[14] Cfr. Conc. vaticano II, Decr. Dignitatis humanae, nn. 1, 2 y 7.

[15] San Josemaría, Forja, n. 718.

[16] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 36.

[17] San Josemaría, Carta 9-I-1959, n. 22, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 418.

[18] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 125.

[19] Cfr. 2 Cor 2, 15.

[20] Pablo VI, Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, n. 18.

[21] San Josemaría, Camino, n. 755.

[22] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 183.

[23] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 1-V-1991, n. 38.

[24] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 125.

[25] San Josemaría, Carta 6-V-1945, n. 14, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 425.

[26] Conversaciones, n. 10.

[27] San Josemaría, Carta 6-V-1945, n. 15, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, III, Rialp, Madrid 2013, p. 574.

[28] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 41 en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 428. Cfr Forja, n. 678.

 

 

Matrimonio: plenitud o frustración

El matrimonio implica ciertas exigencias que son compatibles con la vida profesional. Sólo falta que quieras hacerlo.

Llamémosla Maricarmen. Tiene 32 años y es directora de una financiera muy importante. En lo profesional es una mujer de éxito, pues avanza con paso firme hacia la meta que se impuso recién graduada de la universidad. En lo personal, acaba de cerrar un capítulo de su vida. Su primer divorcio.

Está convencida de que fue lo mejor para ella, pues su ex marido tenía la “loca” idea de tener hijos pronto, exigiéndole reducir sus horas de trabajo para así poder dedicarle más tiempo a ellos cuando llegaran. Con mucha firmeza, Maricarmen dice que tuvo que tomar una decisión drástica, pues dentro de sus planes los hijos no eran una «prioridad», especialmente hoy que estaba a punto de lograr la presidencia ejecutiva en la corporación donde trabaja.

Maricarmen, es una mujer de éxito. Por lo menos ella cumple con el perfil de la mujer que está triunfando hoy. Como ella, son miles las mujeres que, por alcanzar el éxito y la gloria a nivel personal, se casan con la idea de planificar los hijos para diez años después, si acaso llegan a tener uno solo y luego, decepcionadas del amor deciden divorciarse.

Viven todo lo anterior con mucha fuerza, parecen ser un tipo de mujer que no se detiene a pensar en su naturaleza, pues dice tener sus propios valores y derecho a vivir la vida de una mujer de su tiempo.

¿Apuntará la vida de una mujer así a la trascendencia? ¿Puede una mujer, que decide olvidarse de los valores más nobles, influir positivamente en la generación de mujeres jóvenes que seguirán transmitiendo los valores?

Plantearse y responder estas preguntas es importante porque en el fondo se descubre que las mujeres que viven de esta manera, se han distanciado u olvidado de Dios, como muy bien lo señala Jutta Burgaff, «distanciarse de Dios, lleva a una vida humanamente empobrecida».

Ninguna mujer que haya atendido al llamado de la vocación al matrimonio puede ser exitosa ni triunfadora, si el sentido específico de su existencia —de esa vocación— no se realiza. Es decir, mucho antes de que se haya alcanzado el éxito como profesional, empresaria, inclusive artista, deberá haberse triunfado en su natural y específico rol: ser compañera, esposa y madre. Esto no es negociable, pues su realización vendrá sólo y cuando, profundamente en su interior, haya descubierto el misterio de su ser personal.

Como las demás, la vocación al matrimonio exige mucho y da mucho. La mujer que ha sido llamada por Dios a ser compañera y madre debe responder a ese llamado con alegría y visión sobrenatural.

Y es que, como señala el Catecismo de la Iglesia, “el amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona —reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad—; mira una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y un alma; exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva; y se abre a fecundidad” (CEC, 1643).

Cuando una mujer incursiona en el mundo empresarial o laboral, sin perder de vista su vocación, puede llegar a tener tanto o más éxito que aquella mujer que, dentro de su matrimonio, ha decidido dar la espalda a estos valores específicos en esa vocación concreta que la definen como persona.

Me pregunto cuántas Maricarmen vivirán en el mundo, totalmente ignorantes de su vocación digna y admirable, estrellando sin pensarlo o cuestionar, el proyecto de vida que Dios tuvo para ellas, al momento de su creación como mujeres. Si tú como mujer, que lees este artículo tienes amigas que ignoran la grandeza de su misión, es hora que comiences a descubrírselas. ¿Te atreves?.

Sheila Morataya

 

La mentalidad anticonceptiva y sus efectos en la familia y la sociedad

La relación sexual humana no es únicamente una función biológica. Cada acto sexual involucra las emociones, la mente y la voluntad, requiriendo una decisión.

Por el Padre Patrick Welch, CSSR, JCD, doctor en derecho canónico. Tiene además una vasta experiencia pro vida y es presidente de Human Life International.

1. Dios, la Iglesia y el matrimonio

En 1968, Su Santidad Pablo VI presentó al mundo su encíclica Humanae Vitae («Sobre la vida humana»). Decir que este documento papal causó sorpresa, indignación y burla entre muchos dentro de la Iglesia y de la sociedad, es decir poco. Ya era conocida la doctrina católica que condenaba el uso de los métodos artificiales para controlar la natalidad. Sin embargo, se creía que el Papa Pablo VI modificaría esta enseñanza 1.

Opino que debido a la explosión del libertinaje sexual, el paganismo secular y el feminismo extremista en aquella época, muchas familias cayeron en la tentación de pensar que a sus matrimonios les faltaban los «ingredientes» para una «verdadera felicidad». Una de las bases para esa «verdadera felicidad», según lo que dice el mundo secular y pagano, es la unión sexual sin procreación. A su vez, algunos teólogos, bajo la falsa creencia de que la conciencia humana ofrece mejores garantías que la Iglesia en la interpretación de la Ley de Dios2, dejaron de explicarles a las familias las razones por las cuales la Iglesia condena el uso de los métodos artificiales para controlar la natalidad.

En Humanae Vitae se explica que el amor conyugal «revela su verdadera naturaleza y nobleza» cuando se considera que éste debe ser reflejo de Dios, porque Dios es Amor3. Por lo tanto, si Dios nos ama con un amor total, de la misma manera el hombre y la mujer en el matrimonio se deben amar totalmente. La unión conyugal de un hombre y una mujer constituye la unión de dos personas creadas por Dios, con todas sus características biológicas, emocionales, mentales y sociales. No es posible separar ninguna de estas características de un ser humano. En efecto, el matrimonio requiere la aceptación total y mutua del hombre y de la mujer, lo cual incluye la capacidad procreativa de cada uno.

Intentar desligar, dentro de la relación sexual, la capacidad procreativa de la capacidad unitiva, es, en efecto, intentar «re-crear» un hombre y una mujer muy distintos a aquellos que Dios creó. Esta situación tiene consecuencias graves y sobrenaturales: «Seréis como dioses», juró en falso satanás a Adán y Eva.

¿Qué enseña la Humanae Vitae sobre la felicidad conyugal? El respeto y la protección mutua de la dignidad integral del hombre y la mujer exige el respeto de los designios que Dios tiene para el sacramento del matrimonio como instrumento de salvación para la vida eterna. La contracepción es contraria a todas las virtudes, comenzando por la castidad. En cambio, la planificación natural de la familia exige, en primer lugar, la castidad; y mediante la castidad, se solidifican todas las demás virtudes dentro del matrimonio. La contracepción, en cambio, promueve la posesión del cónyuge. Por otro lado, la planificación natural de la familia promueve una entrega distinta: el sacrificio personal y mutuo. Y todos los matrimonios felices saben que el sacrificio es cuna del amor verdadero, teniendo como primer ejemplo a Cristo Redentor.

¿Ven cómo un matrimonio que participa en el plan conyugal de la Iglesia puede ser reflejo y presencia de Dios? Así lo asegura Su Santidad Juan Pablo II en su libro Amor y Responsabilidad, escrito en 1960, donde explica que el amor verdadero desea el bien sin límites para el cónyuge, lo cual es precisamente «desear a Dios para esa persona»4.

Evangelium Vitae completa Humanae Vitae. Como saben, Evangelium Vitae («El evangelio de la vida») fue escrito por el Papa Juan Pablo II en 1995. En una parte de esta encíclica, se habla de la ley natural con respecto a la biología humana y se dice lo siguiente: «La ley moral les obliga [a los esposos]…a respetar las leyes biológicas inscritas en sus personas. Precisamente este respeto legitima…el recurso a los métodos naturales de regulación de la fertilidad»5. En cambio, la contracepción requiere una alteración física del cónyuge a través de los métodos químicos, quirúrgicos o externos. Para la práctica de la planificación natural de la familia, es lógicamente necesaria la comunicación entre el hombre y la mujer. Por otro lado, la contracepción hace intolerable la comunicación y la consideración mutua y genuina6.

Sé que algunos me dirán que sí hay comunicación entre la pareja bajo la nueva modalidad del «sexo seguro». En primer lugar, no existe tal cosa como el «sexo seguro». Y en segundo lugar, la frase «sexo seguro» no es más que un reciclaje de aquella falsa frase de la década de 1960 de «amor libre».

El Catecismo de la Iglesia Católica también trata la conexión que debe existir entre la capacidad unitiva y la capacidad procreativa del matrimonio: «Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estos dos….valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio…» .7 Vean entonces que la contracepción ataca, de un solo golpe, la transmisión de la vida y el bienestar íntegro conyugal.

2. El ser humano como «objeto sexual»

¿Qué sucede cuando se separa deliberadamente la capacidad unitiva de la capacitad procreativa dentro del matrimonio? Se objetiviza tanto al hombre como a la mujer. Así lo predijo Su Santidad Pablo VI en Humanae Vitae: «Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoístico y no como a compañera, respetada y amada»8.

Esta trágica despersonalización de la mujer sucede de igual manera en el hombre. No es solamente la mujer la que se convierte en un «objeto sexual». También el hombre pierde el sentido de su integridad y dignidad, convirtiéndose en una criatura a quien sólo le interesa satisfacer un creciente apetito sexual. En muchas ocasiones, puede producirse en la mujer una dependencia emocional irracional en la carnalidad; en otras palabras: solamente se «siente amada» cuando se «siente deseada»9.

Dado que la contracepción se enfoca en la capacidad unitiva, se desata entonces una furia y obsesión por el placer sexual. Según la mentalidad contraceptiva, el ser humano tiene «necesidades» físicas sexuales que tiene que satisfacer. ¡Observen la inconsistencia: curiosamente, la actividad sexual, descrita exclusivamente en términos de funciones biológicas naturales, requiere de métodos para controlar la natalidad que son artificiales!10

Sin embargo, la relación sexual humana no es únicamente una función biológica. Nosotros sabemos que cada acto sexual involucra las emociones, la mente y la voluntad, requiriendo una decisión. Y con cada decisión hay una responsabilidad. El ser humano, a diferencia de los animales, tiene la capacidad de gobernar su conducta sexual. Por lo tanto, cada acto sexual es un acto personal con las necesarias consecuencias morales; e igualmente, cada acto contraceptivo tiene sus correspondientes consecuencias11.

3. Las consecuencias de la mentalidad contraceptiva

Los medios de comunicación audiovisuales con contenido sexual, los talleres y estudios seculares para «mejorar la vida sexual», la «educación» sexual secular en las escuelas, la promiscuidad, el adulterio, el divorcio; la actividad sexual premarital, la pornografía, la pedofilia, la violencia doméstica, el hostigamiento sexual en el trabajo, la violación y el incesto, la homosexualidad y el aborto, no son más que el resultado de la disponibilidad de actos sexuales ilimitados sin responsabilidad procreativa 12.

Debido a que la contracepción facilita e impulsa a experimentar con el acto sexual fuera del matrimonio, no es sorprendente ver que nuestra sociedad se encuentre obsesionada con el sexo13. Pero, ¿han observado el vacío, la frustración y el disgusto que dejan estas experiencias sexuales?

Esta misma frustración y desasosiego se manifiestan en la violencia doméstica y en el maltrato físico, emocional y sexual de los niños, siendo el aborto el acto más grave perpetrado contra estas inocentes víctimas14. Como la mentalidad contraceptiva va estableciendo en la pareja una insensibilidad hacia la concepción, el aborto se convierte en un método contraceptivo adicional 15. A su vez, el aborto causa un terrible daño emocional en la mujer y en el hombre. Una de las consecuencias del aborto es que deja una severa desconfianza y resentimiento entre la pareja, que casi siempre pone fin al matrimonio16. En los jóvenes, las experiencias sexuales premaritales los llevan a la depresión, el suicidio, las violaciones sexuales, la delincuencia, la drogadicción, los asesinatos y el desinterés por los estudios17.

La mentalidad contraceptiva tira el anzuelo de una promesa, aunque falsa, de que esta próxima experiencia sexual llenará el vacío que dejó la experiencia sexual anterior. Irónicamente, el vacío existencial sólo aumenta. Y ante la presencia de un vacío existencial del que nadie puede escapar, el ser humano toma el camino de la auto-destrucción o de la destrucción de los demás, manifestándose, por ejemplo, en los crímenes de la eutanasia y el suicido asistido, que constituyen la claudicación definitiva ante una existencia que se percibe como carente de sentido18.

Por último, la contracepción afecta la nación y su economía. Ante la disminución de la tasa de nacimientos, la nación carece de la productividad económica que sólo una fuerza laboral suficientemente joven y numerosa puede hacer realidad. La construcción, el transporte, la educación y las empresas se ven afectados porque no hay obreros, conductores, maestros ni consumidores19.

Esa es la cultura de la muerte.

4. Los proponentes de la mentalidad contraceptiva

Los proponentes de la mentalidad contraceptiva nos han dejado una humanidad profundamente herida y confundida. Los «reintérpretes» de la sexualidad humana siempre son defensores acérrimos de la contracepción. Examinemos dos de los principales proponentes de la actividad sexual ilimitada y sin responsabilidad conyugal ni procreativa: Margaret Sanger y el Dr. Alfred Kinsey.

Sanger nació en Nueva York, en el año 1879, en una familia católica de once hijos. Recibió los sacramentos del bautismo y la confirmación, y durante su niñez mostró cierto interés por la fe. No obstante, cuando fue a la universidad, se involucró en relaciones sexuales premaritales y en el feminismo extremista, creyendo que todo ello constituía la «libertad verdadera».

Trabajó como maestra de niños de edad pre-escolar, pero pronto se aburrió. Se casó por dinero con un arquitecto que la quiso mucho y con quien tuvo tres hijos. A pesar de que su esposo William intentaba complacerla con viajes y lujos, Sanger siempre estaba insatisfecha. William comenzó a asistir a reuniones de comunistas donde, entre otras cosas, se defendía la «liberación sexual» y el control de la natalidad, todo lo cual cautivó el interés de Sanger.

Poco después, Sanger trabó amistad con varios intelectuales de la sociedad que fomentaban ideas liberales. Sanger siempre quería hablar sobre el «sexo libre». Ya no le interesaba quedarse en la casa para atender a su esposo e hijos; ahora sólo hablaba de «liberarse» de la «tiranía» del matrimonio. Preocupado por el estado del matrimonio, su esposo William se llevó a su familia a París en un último viaje de reconciliación, sin resultado. Sanger regresó con los hijos a Estados Unidos y William se quedó en Francia.

De regreso a Nueva York, Sanger comenzó a publicar folletos y revistas donde promovía la promiscuidad y la contracepción. Debido a que el contenido de sus publicaciones era pornográfico, Sanger fue arrestada por violar las leyes contra la pornografía vigentes en aquel entonces. Temiendo que en el juicio sería condenada a prisión, Sanger huyó a Inglaterra donde se juntó nuevamente con intelectuales que apoyaban sus ideas y que participaban de su estilo de vida de experimentación sexual ilimitada.

De regreso a los Estados Unidos, Sanger lanzó una campaña publicitaria a su favor, con la que logró ganar legalmente su caso. Más tarde abrió una clínica para el control artificial de la natalidad. Pero las autoridades se la clausuraron. Sanger se dio cuenta entonces de que tenía que ganar más adeptos para su causa y comenzó a cultivar amistades entre las personalidades del gobierno, de la alta sociedad y del arte. También comenzó a publicar otra revista.

Durante ese tiempo se murió su hija de pulmonía y sus otros hijos se sentían abandonados. Sanger comenzó entonces a practicar el ocultismo. También se casó nuevamente por dinero con el millonario Noah Slee, pero bajo unas condiciones que le permitían mantener una vida «privada», que no era otra cosa que mantener una vida de relaciones sexuales extramaritales.

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Sanger apoyó los programas de eugenesia, esterilización, eutanasia, aborto e infanticidio del gobierno nazi en Alemania. Pero conforme avanzaba la guerra y se tuvo conocimiento de las muertes y las atrocidades cometidas por Hitler y los nazis, Sanger vio que tenía que salvar su imagen y rápidamente comenzó de nuevo su organización en 1942, que se llamaba «La Liga para el Control de la Natalidad», bajo un nuevo nombre benigno pero engañoso: «Planned Parenthood Federation of America» («Federación de Paternidad Planificada de Estados Unidos»). Luego, en 1952, ayudó a fundar la «International Planned Parenthood Federation» o IPPF («Federación Internacional de Planificación de la Familia»). La IPPF es la agencia no gubernamental que más promueve el aborto y la contracepción en todo el mundo y tiene filiales también en toda la América Latina. La filial de la IPPF en Argentina se llama Asociación Argentina de Protección Familiar (AAPF). Con este cambio y ocultando sus ideas más extremistas, Sanger logró atraer el apoyo de otras organizaciones que de verdad sí estaban a favor de la familia, con lo cual consolidó su posición.

Al final de su vida, Sanger se refugió más en el ocultismo, muriendo alcohólica y adicta a las drogas20.

El Dr. Alfred Kinsey nació en 1894 en Nueva Jersey. Sus padres eran metodistas de la estricta observancia. Kinsey nunca quiso mucho a sus padres. En la universidad, a Kinsey no se le conocía por ser sociable ni por estar interesado en tratar con las muchachas. No obstante, demostraba ser inteligente en sus estudios de zoología.

Fue durante esa época estudiantil que Kinsey se declaró ateo. Se interesó en las teorías de la evolución de Charles Darwin, lo cual lo llevó a apoyar la eugenesia. También se interesó en las ideas de Aldous Huxley, que proponía que solamente la metodología científica podía probar los hechos y que ninguna otra autoridad, ni siquiera la Iglesia, tenía credibilidad. Además, los libros de Aldous Huxley proponían una sociedad donde la procreación humana era controlada por leyes eugenésicas.

Durante este tiempo, Kinsey comenzó a participar como guía en las actividades de los «Boy Scouts» (Niños Escuchas/Cobitos). Parece ser que fue en esta época que comenzó a experimentar con la pedofilia (relaciones sexuales con niños), la homosexualidad y el exhibicionismo. Más tarde, Kinsey logró que se eliminara la condenación de la masturbación que antes existía en el manual de los Boy Scouts.

Luego, Kinsey se casó con Clara Braken, con quien tuvo cuatro hijos. Kinsey mantuvo una vida aparte de su familia, ya que continuaba con sus actividades con los Boy Scouts y nunca viajaba con su esposa y sus hijos, excepto para llevarlos a campamentos de nudismo. Impuso sus ideas sobre una sexualidad sin inhibiciones, ya que obligaba a su familia a practicar el nudismo. Al mismo tiempo, asistía con ella a la iglesia protestante. Más tarde, cuando algunos estudiantes de la Universidad de Indiana solicitaron un curso sobre la sexualidad humana como preparación para el matrimonio, Kinsey fue reclutado.

Uno de los primeros «logros» de Kinsey fue que se retirara la restricción de que solamente los estudiantes comprometidos para casarse podían tomar el curso sobre la sexualidad humana. Alegando que hacían falta estudios sobre la sexualidad humana para una enseñanza adecuada de la misma, Kinsey comenzó sus investigaciones universitarias sobre este tema. Para consolidar su reputación, Kinsey buscó la publicidad y la aceptación de personalidades conocidas en la sociedad.

Fue entonces que Kinsey comenzó sus experimentos sexuales en adolescentes, niños e infantes, dando acceso a pedófilos, abusadores de niños y prisioneros con historial de abuso y demencia sexual. También filmó muchos otros experimentos realizados en adultos, haciendo co-partícipe a su esposa Clara. Dichos experimentos no eran más que actividades depravantes.

Mediante estos experimentos fraudulentos, cuyas trágicas circunstancias quedaron ocultas, Kinsey quería demostrar lo que siempre había sostenido y vivido: que todo ser humano tiene «necesidad» de una vida sexual sin restricciones y que el deseo y la «necesidad» de llevar a cabo actividades sexuales comienza en la infancia.

Debido a que Kinsey era un profesor universitario que había obtenido su reputación a través de los medios publicitarios, los resultados de sus estudios causaron sensación en la sociedad y no fueron cuestionados. Los estudios de Kinsey, publicados durante las décadas de 1940 y 1950, sirvieron de catalizador para la revolución sexual durante la década de 1960, que incluyó la implementación de la «educación» sexual en las escuelas, la reducción de las penas para los crímenes sexuales y la introducción de la cláusula del consentimiento mutuo para el divorcio21.

5. La mentalidad contraceptiva en la Argentina

Lamentablemente América Latina, y concretamente la Argentina, no se escapan de la influencia de esta mentalidad anticonceptiva y hedonista, que tiene sus raíces ideológicas, en cuanto a este siglo se refiere, en personas como Sanger y Kinsey.

Argentina ha tenido, desde mediados del siglo XX, tasas moderadas de natalidad. La tasa global de fecundidad, es decir, el número promedio de hijos por mujer en edad fértil, disminuyó de 3,2 hijos en 1947 a 2,9 hijos en 1990. Hay que darse cuenta de que para que un país evite el peligroso envejecimiento de su población, necesita una tasa de natalidad de por lo menos 2,2.

Durante el tercer gobierno constitucional de Juan D. Perón, en 1974, se dictó el decreto 659/74, que prohibía el desarrollo de actividades destinadas al control natal. La anticoncepción dejó de practicarse en los hospitales públicos, quedando reducida a la actividad médica privada. En 1987, el presidente Raúl Alfonsín, mediante el decreto 2274/87, derogó la disposición anterior, por lo que a partir de entonces, la actividad contraceptiva vuelve a realizarse en los centros estatales de salud.

Según una estadística efectuada en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, utilizaban métodos anticonceptivos: a) el 70% de las mujeres entre los 25 y 39 años; b) el 40% de las mujeres entre los 20 y 24 años y entre los 40 y 44 años; y c) el 20% de las menores de 20 años. Entre las usuarias, cada método tenía esta preferencia: a) el 34% usaba pí1doras; b) el 15% preservativos; c) el 12% dispositivos intrauterinos; d) el 8% inyecciones contraceptivas; e) el 8% el onanismo; f) el 4% la ligadura de trompas; g) el 6% los métodos caseros -yuyos; y h) finalmente, el 13% utilizaba la combinación de varios métodos simultáneamente22.

Debemos contrarrestar esta «cultura» anticonceptiva con una cultura de la castidad y de la planificación natural de la familia para aquellos esposos que tengan motivos serios para espaciar los nacimientos de sus hijos.

Muchas gracias y que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro los proteja siempre.

Citas: 1. What went wrong with Vatican II, Ralph McInerney, Sophia Institute Press, 1998, páginas 41-48. 2. Ibíd., 85-88. 3. Humanae Vitae, Su Santidad Pablo VI, El Vaticano, 1968, número 8. 4. Love and Responsibility, Su Santidad Juan Pablo II, Ignatius Press, 1993, página 138. 5. Evangelium Vitae, Su Santidad Juan Pablo II, El Vaticano, 1995, número 97. 6. 50 Questions on the Natural Law, Charles Rice, Ignatius Press, 1993, página 254. 7. Catecismo de la Iglesia Católica, El Vaticano, 1992, número 2363. 8. Humanae Vitae, Su Santidad Pablo VI, El Vaticano, 1968, número 17. 9. Sexual Wisdom, Dr. Richard Wetzel, Proctor Publications, 1998, página 158. 10. Ibíd., página 158. 11. Why Humanae Vitae was Right, Dra. Janet Smith, Ignatius Press, 1993, página 426. 12. Contraception and Common Sense, Dr. Les Hemmingway, Park Press Quality Printing, 1997, páginas 26-42. 13. The Doctor and Christian Marriage, Dr. H. P. Dunn, Alba House, 1992, páginas 58-59. 14. Soft Porn Plays Hard Ball, Dra. Judith Reisman, Huntington House Publishers, 1991, página 54. 15. The Facts of Life, Dr. Brian Clowes, Human Life International, 1997, páginas 27-28.16. Ibíd., páginas 36, 56-59; From Contraception to Abortion, Padre Paul Marx, OSB, PhD, Human Life International, 1983. 17. Soft Porn Plays Hard Ball, Dra. Judith Reisman, Huntington House Publishers, 1991, páginas 149-155, 157-158; What\\’s Wrong with Sex Education?, Dr. Melvin Anchell, Human Life International, 1993, páginas 16-20, 42-45, 49, 72-74, 86-89. 18. The Facts of Life, Dr. Brian Clowes, Human Life International, 1997, página 133. 19. The Cost of Abortion, Lawrence Roberge, Four Winds, 1995, páginas 41-49, 51-68. 20. Grand Illusions: The Legacy of Planned Parenthood, George Grant, Highland Books, 1998, páginas 65-76; Informe sobre la IPPF (Miami: Vida Humana Internacional, 1998), totalmente documentado. 21. Kinsey: Crimes and Consequences, Dra. Judith Reisman, The Institute for Media Education, 1998, páginas 4-16, 26-33, 51-71, 74-84, 166-174, 176-181, 192-198, 202-205, 211-212, 215-220, 229-230, 232-236, 241-243, 244. 22. «Fecundidad y práctica anticonceptiva en el Conurbano de Buenos Aires: nuevos datos, nuevos interrogantes», de Elsa López, ponencia presentada en las II Jornadas Argentinas de Estudios de la Población, página. 459.

 

El tiempo para amar es corto

Escrito por Jaime Nubiola

Publicado: 02 Octubre 2021

En una sociedad que tanto favorece el individualismo, merece la pena pensar sobre las ansias que tenemos los seres humanos de reunirnos con aquellos a quienes queremos no para hacer algo en concreto, sino simplemente para charlar, para estar juntos

Escribo estas líneas en el tren que me devuelve de Barcelona a Pamplona, después de la amable celebración del 70 cumpleaños de mi hermana mayor. Dentro de dos meses me someteré a una intervención quirúrgica de la válvula mitral y dentro de dos años, si Dios quiere, cumpliré a mi vez los 70, y con ello vendrá mi jubilación académica en la Universidad de Navarra y el consiguiente inicio de una nueva etapa de mi vida, previsiblemente de regreso en Barcelona.

En la comida de celebración de ayer comentaba con mis hermanos nuestra vívida sensación de la fugacidad de la vida, del veloz paso del tiempo que, quizá tras la muerte de nuestros padres, nos parecía o sentíamos que se había acelerado.

Estoy leyendo en estos días el fascinante libro de Jenny Odell Cómo no hacer nada: resistirse a la economía de la atención (Ariel, Barcelona 2021), que acaba de aparecer en castellano y que contiene muchas reflexiones que invitan a pensar y a concentrarse en lo esencial. Entre ellas quiero recordar un pasaje que me impactó en el que la autora venía a decir que «el mejor tiempo de nuestra vida es el dedicado a los amigos». Pienso que tiene toda la razón: estar con los amigos, hacer cosas con ellos, es de lo mejor de la vida.

Todos advertimos en el confinamiento a causa del Covid-19 el empobrecimiento vital que significaba estar encerrado en casa, sin poder ir a una terraza para charlar amigablemente con los amigos delante de una buena cerveza. Con la relajación de las medidas sanitarias se llenaron esas terrazas y los más jóvenes no han cesado de organizar botellones multitudinarios en España y en tantos otros países. En una sociedad que tanto favorece el individualismo, merece la pena pensar sobre esto, sobre las ansias que tenemos los seres humanos de reunirnos con aquellos a quienes queremos no para hacer algo en concreto, sino simplemente para charlar, para estar juntos.

Me parece importante caer en la cuenta de que quienes cuidan a sus amigos viven en el presente, que es el único tiempo que existe: el hoy y el ahora es el espacio en el que tanto Dios como los demás están presentes. Por el contrario, quienes se centran en el pasado (en su memoria) o en el futuro (en su imaginación) fácilmente son víctimas de la depresión o de la angustia por exceso de pasado o de futuro, pues en última instancia no salen de la pobre cárcel de su yo, de su triste egocentrismo.

Con esto lo que quiero recordar, haciéndome eco de unas palabras de san Josemaría, el fundador de mi Universidad, en una homilía precisamente sobre el aprovechamiento del tiempo, es que el advertir la fugacidad del tiempo ha de llevarnos a amar más en el presente, a cuidar mejor de los demás, a volcar generosamente nuestra atención en quienes nos rodean porque −como uno percibe quizá con más fuerza al llegar a los 70− verdaderamente el tiempo para amar es corto.

Jaime Nubiola

 

Profe de la UdeG es ¿santo?

Escrito por Mario Arroyo.

Arturo Álvarez armonizó competencia y prestigio profesional, afán apostólico y una acendrada vida interior centrada en el amor a Jesús Eucaristía y a la Virgen María.

El 25 de octubre de 2021 dio comienzo formalmente el proceso encargado de verificar la santidad del Ingeniero Arturo Álvarez Ramírez, profesor por más de 30 años de la Universidad de Guadalajara. A partir de ahora recibirá el título de “Siervo de Dios” y se podrá difundir su devoción privada a la espera de que algún milagro confirme formalmente que Arturo está en el cielo gozando de Dios.
¿Cuál es el atractivo o novedad de este proceso de canonización –como se le llama técnicamente-? ¿Por qué resulta especial la figura de Arturo? ¿Por qué la Iglesia quiere proponerlo como modelo de vida cristiana? Pienso que, fundamentalmente, por su extraordinaria normalidad; es decir, se trataba de alguien que vivía de forma extraordinaria la vida ordinaria, y por eso puede ser modelo para todos los que tenemos que lidiar habitualmente con nuestra vida ordinaria, normal, sin brillo. ¿Modelo para qué? Para que vivamos también nosotros extraordinariamente nuestra vida, y en ella descubramos el lugar de nuestro encuentro con Dios y de servicio a los demás.
Arturo no fue famoso en su momento, pero sí muy querido y admirado por sus alumnos y colegas en la Universidad de Guadalajara. Aunaba, en exótica combinación, el prestigio académico con un sincero e inusual interés y preocupación por sus alumnos. Un buen número de ellos reconocen, abiertamente, que su encuentro con Arturo fue determinante para que ellos a su vez se encontraran con Dios, se convirtieran, o descubrieran su vocación.
Famoso por su puntualidad: “la puerta se cierra a las 7” era su lema de batalla, y durante 30 años cerró las puertas del aula a esa hora, sin fallar. Por ello, ahora la UdeG cuenta con un aula dedicada a él, donde campea esa leyenda. Podría haber sido un notable profesor universitario, de los que hay muchos, con preocupación por sus alumnos, merecedor de un aula y un busto en su universidad, pero el postulador de su causa piensa que además de todo eso, fue santo. ¿Por qué? Por su vida de unión con Dios, especialmente su amor a la Eucaristía y a la Virgen María.
La fase diocesana del proceso de beatificación y canonización de Arturo dio comienzo con la constitución del Tribunal Diocesano, encargado de tomar la declaración bajo juramento a 31 testigos de la vida santa de Arturo. Solo uno de ellos es su familiar, el resto son colegas y alumnos universitarios, así como 8 miembros de la Prelatura del Opus Dei, institución a la que él pertenecía. El Tribunal es nombrado por el Cardenal de Guadalajara, lo preside un experto en Derecho Canónico e Historia de la Iglesia, cuenta además con un Promotor de Justicia, el mal llamado “Abogado del diablo”, encargado de velar porque todo se desarrolle conforme a la ley, y una Notaria, encargada a su vez de levantar acta de todo lo que se diga ante el Tribunal. Al evento de apertura asistieron varias personalidades, entre ellas el Doctor Ricardo Villanueva Lomelí Rector General número 50 de la Universidad de Guadalajara y el Rector de la Universidad Panamericana Campus Guadalajara, José Antonio Esquivias, exalumno del Ingeniero Arturo Álvarez.
En un momento en el que pareciera que Dios es echado fuera de las aulas universitarias, considerado una reliquia del pasado cuando no un intruso, es bonito comprobar cómo puede hacerse presente en ellas a través del trabajo bien hecho, con profesionalidad, de un maestro. Cabe decir que la materia que impartía, aparentemente poco tendría que ver con Dios, pues era catedrático de Química Inorgánica. Sin embargo, él era capaz de pasar de la química a cuestiones más personales, hasta el punto que algunos de sus alumnos llamaban “confesonario” a su oficina.
En maravillosa síntesis Arturo armonizó competencia y prestigio profesional, afán apostólico y una acendrada vida interior centrada en el amor a Jesús Eucaristía y a la Virgen María. Y todo ello con normalidad, sin nada llamativo u ostentoso. Es un modelo que podemos imitar, un ejemplo de “los santos de la puerta de al lado” de los que hablaba el Papa Francisco. ¿Qué sigue ahora? Esperar a que el Tribunal diocesano culmine su trabajo, una vez interrogados los testigos, se envía la información a la Congregación para las Causas de los Santos, en Roma y se espera pacientemente el milagro que le abra la puerta a los altares.

 

La devoción a los difuntos en el cristianismo primitivo

 

Mes de noviembre

“Estos que visten estolas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido…? Éstos son los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, y le adoran día y noche en su templo.
(Apocalipsis 7,13-15)

 

Honor y respeto a los difuntos

La Iglesia Católica, ya desde la época de los primeros cristianos, siempre ha rodeado a los muertos de una atmósfera de respeto sagrado. Esto y las honras fúnebres que siempre les ha tributado permiten hablar de un cierto culto a los difuntos: culto no en el sentido teológico estricto, sino entendido como un amplio honor y respeto sagrados hacia los difuntos por parte de quienes tienen fe en la resurrección de la carne y en la vida futura.

El cristianismo en sus primeros siglos no rechazó el culto para con los difuntos de las antiguas civilizaciones, sino que lo consolidó, previa purificación, dándole su verdadero sentido trascendente, a la luz del conocimiento de la inmortalidad del alma y del dogma de la resurrección; puesto que el cuerpo —que durante la vida es “templo del Espíritu Santo” y “miembro de Cristo” (1 Cor 6,15-9) y cuyo destino definitivo es la transformación espiritual en la resurrección— siempre ha sido, a los ojos de los cristianos, tan digno de respeto y veneración como las cosas más santas.

Este respeto  se ha manifestado, en primer lugar, en el modo mismo de enterrar los cadáveres.

Vemos, en efecto, que a imitación de lo que hicieron con el Señor José de Arimatea, Nicodemo y las piadosas mujeres, los cadáveres eran con frecuencia lavados, ungidos, envueltos en vendas impregnadas en aromas, y así colocados cuidadosamente en el sepulcro.

En las actas del martirio de San Pancracio se dice que el santo mártir fue enterrado “después de ser ungido con perfumes y envuelto en riquísimos lienzos”; y el cuerpo de Santa Cecilia apareció en 1599, al ser abierta el arca de ciprés que lo encerraba, vestido con riquísimas ropas.

Pero no sólo esta esmerada preparación del cadáver es un signo de la piedad y culto profesados por los cristianos a los difuntos, también la sepultura material es una expresión elocuente de estos mismos sentimientos. Esto se ve claro especialmente en la veneración que desde la época de los primeros cristianos se profesó hacia los sepulcros: se esparcían flores sobre ellos y se hacían libaciones de perfumes sobre las tumbas de los seres queridos.

 

Las catacumbas

En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y donaciones,los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.

Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió directamente su administración y organización, con carácter comunitario.

Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución.

Podían profesar su fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen.

Sin embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.

Pero la veneración de los fieles se centró de modo particular en las tumbas de los mártires; en realidad fue en torno a ellas donde nació el culto a los santos. Sin embargo, este culto especialísimo a los mártires no suprimió la veneración profesada a los muertos en general. Más bien podría decirse que, de alguna manera, quedó realzada.

En efecto: en la mente de los primeros cristianos, el mártir, víctima de su fidelidad inquebrantable a Cristo, formaba parte de las filas de los amigos de Dios, de cuya visión beatifica gozaba desde el momento mismo de su muerte: ¿qué mejores protectores que estos amigos de Dios?

Los fieles así lo entendieron y tuvieron siempre como un altísimo honor el reposar después de su muerte cerca del cuerpo de algunos de estos mártires, hecho que recibió el nombre de sepultura ad sanctos.Por su parte, los vivos estaban también convencidos de que ningún homenaje hacia sus difuntos podía equipararse al de enterrarlos al abrigo de la protección de los mártires.

Consideraban que con ello quedaba asegurada no sólo la inviolabilidad del sepulcro y la garantía del reposo del difunto, sino también una mayor y más eficaz intercesión y ayuda del santo.Así fue como las basílicas e iglesias, en general, llegaron a constituirse en verdaderos cementerios, lo que pronto obligó a las autoridades eclesiásticas a poner un límite a las sepulturas en las mismas.

 

Funerales y sepultura

Pero esto en nada afectó al sentimiento de profundo respeto y veneración que la Iglesia profesaba y siguió profesando a sus hijos difuntos. De ahí que a pesar de las prohibiciones a que se vio obligada para evitar abusos, permaneció firme en su voluntad de honrarlos.

Y así se estableció que, antes de ser enterrado, el cadáver fuese llevado a la Iglesia y, colocado delante del altar, fuese celebrada la Santa Misa en sufragio suyo. Esta práctica, ya casi común hacia finales del s. IV y de la que San Agustín nos da un testimonio claro al relatar los funerales de su madre Santa Mónica en sus Confesiones, se ha mantenido hasta nuestros días.

San Agustín también explicaba a los cristianos de sus días cómo los honores externos no reportarían ningún beneficio ni honra a los muertos si no iban acompañados de los honores espirituales de la oración: “Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo que de nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo. Siendo así, convenzámonos de que sólo podemos favorecer a los difuntos si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, de la plegaria o de la limosna” (De cura pro mortuis gerenda, 3 y 4).

Comprendiéndolo así, la Iglesia, que siempre tuvo la preocupación de dar digna sepultura a los cadáveres de sus hijos, brindó para honrarlos lo mejor de sus depósitos espirituales. Depositaria de los méritos redentores de Cristo, quiso aplicárselos a sus difuntos, tomando por práctica ofrecer en determinados días sobre sus tumbas lo que tan hermosamente llamó San Agustín sacrificium pretii nostri, el sacrifico de nuestro rescate.

Ya en tiempos de San Ignacio de Antioquia y de San Policarpo se habla de esto como de algo fundado en la tradición. Pero también aquí el uso degeneró en abuso, y la autoridad eclesiástica hubo de intervenir para atajarlo y reducirlo. Así se determinó que la Misa sólo se celebrase sobre los sepulcros de los mártires.

 

Los difuntos en la liturgia

Por otra parte, ya desde el s. III es cosa común a todas las liturgias la memoria de los difuntos. Es decir, que además de algunas Misas especiales que se ofrecían por ellos junto a las tumbas, en todas las demás sinaxis eucarísticas se hacía, como se sigue haciendo todavía, memoria —memento— de los difuntos.

Este mismo espíritu de afecto y ternura alienta a todas las oraciones y ceremonias del maravilloso rito de las exequias. La Iglesia hoyen día recuerda de manera especial a sus hijos difuntos durante el mes de noviembre, en el que destacan la “Conmemoración de todos los Fieles Difuntos”, el día 2 de noviembre, especialmente dedicada a su recuerdo y el sufragio por sus almas; y la “Festividad de todos los Santos”, el día 1 de ese mes, en que se celebra la llegada al cielo de todos aquellos santos que, sin haber adquirido fama por su santidad en esta vida, alcanzaron el premio eterno, entre los que se encuentran la inmensa mayoría de los primeros cristianos.

 

La muerte y el transhumanismo

Ana Teresa López de Llergo

La muerte es el paso de la vida terrena a una vida eterna adecuada a nuestros méritos.

La muerte es lo más seguro que tenemos todos. En México nos gusta la fiesta. En la fiesta manifestamos mucho de cómo somos: alegres, cordiales, sin exagerar solidarios, creativos, inconstantes, acomodaticios. Todos esos calificativos tienen sus pros y contras.

Esas características ante la realidad de la muerte influyen en las costumbres tradicionales que forjan nuestra peculiar cultura. Los demás países no la comparten, a veces les causa escándalo y rechazo -aunque tal vez algunos de los pueblos latinoamericanos coincidamos en algo-. Sin embargo, nos favoreció la película de “Coco”.

La muerte es un misterio porque ninguna se repite. El temor naturalmente nos invade. Todo ello aumenta cuando la sociedad huye del dolor, del sufrimiento. Ahora casi todos los mensajes nos ofrecen la comodidad, huir del dolor, de todo aquello que nos disgusta. Lo mejor, dicen, es pasarla bien.

La vida en la Tierra es para cooperar con nuestro destino y para ese fin hemos de aprovechar las circunstancias. Aprovechar significa actuar, asumir nuestra responsabilidad, forjar nuestro carácter, prepararnos para lo venidero y estar en condiciones. Acomodarse es desertar, es buscar un falso bienestar que nos debilita y deja una caricatura de paz.

El tiempo de vida terrena es limitado, en ese transcurso tenemos la oportunidad de participar activamente, y hemos de afrontar los variados aspectos a nuestro alcance: lo espiritual, lo moral, lo social, lo económico, por mencionar algunos.

Sin embargo, el terreno de participación está acotado por lo que nos corresponde y por lo que no nos corresponde. Es muy extenso el campo en donde nos hemos de mover. Pero muchas veces por huir de lo propio intervenimos en asuntos destinados a otros. También esas decisiones pueden deberse al desorden de entrometerse indebidamente.

La línea que delimita nuestra circunscripción es muy sutil, aunque es perceptible si hay buena voluntad. Esa línea depende de la naturaleza humana y de la norma moral. Nuestra naturaleza es un regalo, no intervenimos en su diseño y cualquier intento de modificación acarrea unas consecuencias terribles. El sabio dicho popular nos dice “la naturaleza no perdona nunca”. Nos advierten de graves males si la herimos.

La norma moral consiste en movernos en la órbita del bien. Dentro de esta órbita han de estar las leyes humanas, si se salen, aunque estén promulgadas son falsas. Quien se empeñe en luchar por el bien ha de desenmascarar esas leyes. El mal siempre termina perdiendo, pero requiere del buen hacer de quienes actúan dentro del orden moral.

La muerte es una condición de la naturaleza humana. La parte corpórea se desintegra, se transforma. La parte espiritual que solamente tenemos los humanos, por las características de la espiritualidad no se transforma, permanece. Al separarse de su cuerpo permanece. Esta afirmación nos la explican los sabios filósofos que han estudiado este asunto. Por lo tanto, la muerte es la separación del cuerpo y el alma.

Las religiones tienen respuestas diversas sobre lo que sucede al alma espiritual de las personas. El cristianismo también tiene su respuesta: el cuerpo se transforma, pero como su finalidad es unirse con su alma, volverá a reunirse. Mientras se dé el momento de recuperar esa unidad, el alma sufrirá hasta alcanzar la perfección que le faltó en la tierra.

Pero si se trata del alma de alguien que se resistió conscientemente a vivir en el bien, sufrirá eternamente el castigo adecuado a sus obras y el cuerpo se reunirá para compartir tal castigo.

Por lo tanto, la muerte es un paso hacia otra vida futura, forjada con nuestros actos. Si vivió en el bien, gozará eternamente. Para el difunto es llegar a la meta. Obviamente el sufrimiento es de quienes le extrañan. Sin embargo, el testimonio de su conducta nos consuela porque en verdad “pasó a mejor vida”.

Para la mentalidad del ser humano contemporáneo, que experimenta el poder gracias a los productos de la tecnología, desea dominar a la muerte, no admite un sometimiento a tan temido suceso. Y con ese esquema espera sustituir la naturaleza humana por otra naturaleza diseñada a su gusto. Esta es la esperanza del transhumanista.

Los menos audaces prefieren autosugestionarse y hacer un diseño mental de lo que quieren ser y se lo creen y viven lo que piensan. Y se olvidan de quienes son realmente. Pero el pensar no transforma ni elimina al ser.

Todavía en México la muerte es un tema cercano, especialmente en familias más religiosas y más cercanas a la naturaleza. Las que viven en grandes urbes, soslayan el pensamiento de la muerte. La ocultan a los hijos pequeños, la evaden. En el fondo sufren ante esa realidad. Es necesario recuperar la verdad de ese hecho inevitable.

La pandemia ha impedido el acompañamiento de quienes han experimentado pérdidas. Sin embargo, hemos de recuperar el acompañamiento, hemos de recuperar el verdadero sentido de la muerte. La muerte es el paso de la vida terrena a una vida eterna adecuada a nuestros méritos.

El hecho de la muerte, bien entendido y bien explicado, puede salvar a muchos de la condena eterna, y reubicarlos en la vida terrena de las buenas obras y esperar el correspondiente premio. Para toda la eternidad.

Por lo tanto, el transhumanismo es un fallido intento anunciado.

 

 

Señales de que estás enamorado

Lucía Legorreta 

Cuando uno se enamora ha descubierto unos valores que hacen a esa persona única y diferente de los demás.

Se han escrito una gran cantidad de libros, poemas y canciones sobre el tema del amor. ¿Te has preguntado realmente cómo saber si estás enamorado/a?, ¿existe el amor a primera vista?, ¿ese primer flechazo?

Enamorarse en un acto involuntario, es decir, no eliges de quien te vas a enamorar. Aparecen los primeros síntomas que son las primeras pautas de que estás entrando en un vínculo amoroso muy especial con otra persona y que podría convertirse en una relación permanente.

Algunos de estos síntomas:

1. Disfrutas mucho el tiempo que pasas con el/ella. Cuando uno se enamora existe un fuerte impulso por estar junto a esa persona. Disfrutas pasar tiempo compartiendo las cosas pequeñas de la vida cotidiana. Un signo clave es que la extrañas cuando estás separada de ella.
2. Está presente durante todo tu día. Significa que fijas la atención en esa persona casi sin darte cuenta. Está comprobado que cuando nos enamoramos hay una importante actividad neuronal en áreas del cerebro ricas en dopamina y aquellas vinculadas al pensamiento obsesivo. Puedes llegar a sentir cierta adicción y no apartar la mirada de ella. El contacto visual es un signo clave de la atracción.
3. Quieres mostrarle tu mundo y que sea parte de él. Un deseo natural es el que quieras que te conozca. Quieres mostrar a esa persona de la que te estás enamorando tus cosas favoritas, las personas que son importantes para ti, como tu familia y amigos, y saber cómo serán los proyectos o actividades juntos. Empiezas probablemente a hablar de proyectos que podrán realizar a futuro unidos.
4. Te sientes seguro cuando está cerca. Cuando algo realmente importante sucede, él o ella es la persona a quien recurres primero. Te sientes suficientemente cómodo para ser tú mismo y compartir lo que sientes.
Cuando hay dificultades esa persona es todo lo bueno que puedes esperar. Es difícil describir este sentimiento, pero realmente es lo mejor del mundo, como si nada malo pudiera pasar cuando estás a su lado o le tomas de la mano.
5. Quieres que sea feliz. Cuando nos enamoramos hay un impulso a querer dar lo mejor de nosotros mismos y los sueños del otro se vuelven realmente importantes para uno. Estás dispuesto a hacer todo lo posible para que la vida de esa persona sea más fácil y más feliz, incluso celebrando sus triunfos si uno mismo fracasa.
6. Sientes que hay una conexión más profunda. Caerse con alguien puede ser doloroso, peso si te has dado cuenta de que caer ya no te molesta tanto, podría ser una gran señal de que te estás enamorado. Los momentos difíciles parecen no ser tan malos si los pasas con esa persona. Incluso las cosas que te molestan mucho eres capaz de pasarlas por alto y estar listo para perdonar y seguir adelante.
7. Eres más resistente al dolor o lo que te molesta. Cuando uno se enamora ha descubierto unos valores que hacen a esa persona única diferenciándose del resto. Te atrae más su forma de ser que sus atributos físicos.

Después de reflexionar sobre estos síntomas que se presentan al estar enamorados, los cuales me parecen maravillosos, tendríamos que dedicarnos a que este amor no disminuya, a cultivarlo y fortalecerlo, para que vaya en aumento cada día.

 

Evangelización y servicio público

El Papa ha creado la Fundación para la Sanidad Católica, que velará por la buena gestión y fidelidad al carisma de los más de 100.000 centros médicos católicos en todo el mundo, la mayoría en África y América Latina. Es frecuente que las religiosas, religiosos y misioneros, en lugar de fundar obras propias, se dediquen a sostener precarias redes públicas, sobre todo en el ámbito rural, sumando fuerzas con las autoridades y la sociedad civil.

Es una realidad que resulta familiar a buena parte de Europa, donde la Iglesia puso en marcha los cimientos de lo que es hoy una atención sanitaria prácticamente universal. Desde el Informe Beveridge y la expansión de otros modelos de atención sanitaria, los hospitales católicos han dado por concluida una parte fundamental de su misión, pero siguen desempeñando un papel importante. Primero, con la atención a segmentos de la población sin cobertura médica. Pero también ofreciendo a la sociedad una sanidad de calidad conforme a una visión cristiana de la persona.

Jesús Martínez Madrid

 

 

El PSOE y su “abolición de la prostitución”

            “Las feministas introdujeron una enmienda para fijar plazo y garantizarse que se plasmará en un proyecto legislativo. El PSOE aprobó este jueves en la comisión de Igualdad del 40º Congreso Federal del PSOE una enmienda presentada por las feministas del PSOE para concretar que el partido pide que en esta misma legislatura se presente una ley para abolir la prostitución”. (Diario “Público)

            Una vez más hay que echarse a reír a mandíbula batiente (por no llorar como suelen hacer los tontos e idiotas); por el destello de inteligencia en un congreso nacional, en el que a la vista de “como nos tienen”, “los sesos de esos congresistas ya deben estar licuados”; puesto que este tema, es como para perder el tiempo totalmente.    

                                Se dice normalmente que “el oficio más antiguo del mono humano es la prostitución; donde (aclaremos) que se prostituyen tanto, machos como hembras, e incluso “mixtos”. Pero indudablemente no es así, el primer oficio de aquellos monos, simplemente era el poder comer, lo que encontraran y buscar agua para beber y calmar su sed; “lo otro vino después y como un negocio más”. Leí que en Gades (hoy Cádiz) nada menos que hace “veintitantos siglos”, Amilcar Barca (padre de Aníbal) tuvo que “regular los prostíbulos”, de aquella ya “gran ciudad”, para controlar “los desmadres que allí se produjeran y que hasta hoy se siguen produciendo en este perro mundo”

                                Hoy mismo, “la prostitución se anuncia públicamente y a domicilio, te pueden facilitar, “machos, hembras y sucedáneos”; que por lógica se dedican a ello por placer, por ganar dinero, y por cuanto “con poco esfuerzo”, se gana mucho más; lo que no es extraño puesto que, “la lucha principal por mamíferos y no mamíferos”, siempre es el sexo y no la comida, donde se llega a las luchas a muerte; ¿Y qué somos los monos humanos sino mamíferos? “Si bien unos se aguantan más que otros” y nos lo dice la historia (1); aparte que nuestro famoso Arcipreste de Hita, en su “libro de buen amor” (2), nos legó bastante, sobre la terrible atracción del sexo.

                                Lo acordado en el congreso del “psoe” es algo así, como acordar que “se vaya a nado a la Luna, o a broncearse con las llamaradas del propio Sol”; o como “abolir” el consumo de drogas, incluido el alcohol; u otras muchas cosas que “el mono consume, consumió y consumirá”; bien porque lo necesita o porque le place (o sea de risa y cachondeo) puesto que la prostitución para calificarla habría que preguntar a cada una de las prostitutas o prostitutos; puesto que sí, que un sector (son incontables por el secreto y la privacidad en que se desarrollan) aparte de las que se nos dicen “esclavas” (no incluyen a “esclavos”) hay las que, les gusta el oficio y van por libre y con placer a ello, las que lo emplean como oficio para poder vivir, los que por pura necesidad de supervivencia lo hacen; y en estos campos, hay “infinidad de individuos e individuas”, que van al negocio, por cuanto es “el que han elegido por múltiples motivos”; como la más o menos extendida realidad, “de los lugares donde se va al cambio de pareja, o a consentir tríos o más componentes”; así es que la prostitución, como “el beber vino, aguardiente o consumir tabaco o cocaína; imagino que eso no lo puede “abolir nadie”; mejor y como en la época de Franco, “procurar controlarlo para evitar contagios venéreos”; aparte de que tras de ello, hay mucho dinero que no paga impuestos (3) y del que se benefician, ni sabemos quién; y no solo, “las putas o putos”; “el lector que mueva su caletre y amplíe lo que sepa”. Por tanto déjense de arreglar lo imposible y preocúpense de lo mal que tienen a “la España normal y que trabaja pagando impuestos, a los que nos tienen ya más que hartos, asfixiados y deseando ser gobernados por verdaderos estadistas, que en el actual “psoe” no aparece ni uno”.

                                Y como he hablado de, “negocio o negocios”, sepa el que no sepa, que en estos negocios entraron hasta los reyes (4), llegando a ser propietarios de “los lupanares de su época”; puesto que aparte de controlar “personal y enfermedades, las rentas eran tan enormes, como hoy el de “Las Vegas en Estados Unidos, o Mónaco  o Montecarlo en Europa”, que existen y son opulentas, nada más que por el vicio del juego, que sin embargo fomentan grandemente, “la política en general”.

 (1) Poliandria: Que  es una condición menos extendida geográficamente, análoga a la poliginia, en la cual una mujer puede estar al mismo tiempo en matrimonio con varios varones. Las formas más notorias de poliandria se han observado en la Creta antigua, las etnias tradicionales del Tíbet, los inuit, la etnia matriarcal de los mosuo, que habitan las provincias chinas de Yunnan y Sichuan, o entre los awás de Brasil. La poliginia institucionalizada ha sido frecuente en las más diversas culturas. Sin embargo, por cuestiones de linaje y herencias, en muchas etnias se fue instituyendo la monogamia. Por ejemplo, griegos y romanos antiguos solo podían (legalmente) de modo institucional formar matrimonios monogámicos, lo cual aseguraba las herencias en el linaje, aunque existió siempre un concubinato extramatrimonial que era "ilegal". Pero consentido como hasta hoy y un ayer cercanísimo, “la querida o el querido”; o sea y como dicen en “mi pueblo”; o sea y contundentemente, “que la jodienda no tiene enmienda”.

(2) El Libro de buen amor (1330 y 1343), también llamado libro del Arcipreste o libro de los cantares, ya que los manuscritos existentes no facilitan un título, es una obra del mester de clerecía del siglo XIV. Es una composición extensa, compuesta por más de 1700 estrofas de carácter variado, cuyo hilo conductor lo constituye el relato de la autobiografía ficticia del autor (Juan Ruiz, Arcipreste de Hita). Está considerada una de las cumbres literarias españolas de cualquier tiempo, y no solo de la Edad Media.

(3) Son los amos españoles de los prostíbulos. Controlan locales en Madrid, Guipúzcoa, Valencia, Alicante, Gerona y Barcelona. Cientos de chicas trabajan para ellos y sus ganancias son millonarias. La Audiencia Nacional instruye una macrocausa, en la que tres peritos judiciales, varias unidades de la Policía y la Fiscalía intentan demostrar que son los cabecillas de cinco organizaciones criminales, cuyo nexo de unión es el fraude a Hacienda y el blanqueo de sus ingresos. https://www.finanzas.com/hemeroteca/los-reyes-de-los-prostibulos-defraudan-mas-de-200-millones_13518186_102.html

(4) El gigantesco burdel medieval que atrajo a miles de viajeros a España durante tres siglos. Jaime II prohibió a las «mujeres públicas» ejercer su profesión en las calles de Valencia en 1321 y creó un prostíbulo que, a la postre, se convirtió en el más grande de Europa. Decenas de sus clientes (una buena parte extranjeros) dejaron por escrito la buena impresión que les causaron sus meretrices. Un mal necesario mediante el que controlar los impulsos más primarios de jóvenes ansiosos y evitar que ejercieran la violencia contra las «mujeres honradas» (como eran conocidas por entonces las damas que no vendían su cuerpo por dinero). Esta era la función principal que tenían los prostíbulos para aquella primitiva España previa a los Reyes Católicos. Una idea que ya había expuesto mucho antes San Agustín mediante una sencilla -y cruel- comparación: «Quita las cloacas en el palacio y lo llenarás de hedor; quita las prostitutas del mundo y lo llenarás de sodomía». Quizá por ello ciudades destacadas fundaron sus propias mancebías a partir del siglo XIII. Aunque también por la necesidad de apartar a las meretrices de las calles más concurridas y ubicarlas en zonas menos transitadas.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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