Las Noticias de hoy 1 Noviembre 2021

Enviado por adminideas el Lun, 01/11/2021 - 12:33
San Pablo México в Twitter: "“Si estamos verdaderamente enamorados de  Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se «inflamará» de tanta  alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor” –
Ideas Claras
DE INTERES PARA HOY    lunes, 01 de noviembre de 2021       
Indice:
 
ROME REPORTS
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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ROME REPORTS

 
 
 
Un nuevo llamamiento del Papa este último domingo de octubre en el que comienza la Conferencia de la ONU sobre el clima en Glasgow. Tras rezar el Ángelus, Francisco dijo que rezaba por este acontecimiento para que de él surjan soluciones eficaces
 
Adriana Masotti – Ciudad del Vaticano
"Hoy, en Glasgow, Escocia, comienza la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, Cop26". Tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco recordó la importante cita que hasta el 12 de noviembre tendrá a los líderes mundiales debatiendo sobre la lucha contra estos cambios. Un evento muy cercano al corazón del Santo Padre dada la urgencia de encontrar respuestas comunes y compartidas a la emergencia actual. El Pontífice afirmó:
"Recemos para que el grito de la tierra y el grito de los pobres sean escuchados. Que este encuentro pueda dar respuestas efectivas, ofreciendo una esperanza concreta a las generaciones futuras".
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31/10/2021El Papa: del grito de la tierra y de los pobres un llamamiento a cambiar el modelo de desarrollo
Una exposición Laudato si'
A continuación, el Papa invitó a todos los fieles y peregrinos presentes a visitar, en este contexto, la exposición fotográfica Laudato si' inaugurada hoy bajo la columnata de la Plaza de San Pedro, obra de un joven fotógrafo originario de Bangladesh. "¡Vayan a verla!", dijo Francisco.
 
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30/10/2021"Emociones para generar el cambio": una exposición inspirada en Laudato si'
Muchas fotos para iniciar un camino
La exposición se titula "Emociones para generar el cambio" y se inspira en la encíclica Laudato si' del Papa Francisco. Se trata de unas cuarenta instantáneas tomadas por Asaf Ud Daula, un musulmán, que representan la naturaleza y la relación entre el entorno y los hombres, mujeres y niños que lo habitan. La exposición será itinerante y acompañará a los diversos actos relacionados con la Laudato si' que se organizarán a lo largo del próximo año 2022 en distintas partes del mundo. Cuenta con el patrocinio del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, a cargo de la directora y escritora Lia Giovanazzi Beltrami.
 
 
Prefacio del Papa al libro electrónico "Laudato si' Reader. An Alliance of Care for Our Common House", publicado por la Lev con motivo de la Cop26. A partir del 12 de noviembre, el texto podrá descargarse gratis desde el sitio web del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, promotor de la publicación. Se trata de una colección de reflexiones e informes sobre la recepción de la encíclica en todo el mundo. El libro también incluye un comentario del Secretario General de la ONU.
 
El Papa Francisco
Hace seis años, publiqué la carta encíclica Laudato si', sobre el cuidado de la casa común, en la que pedía un nuevo diálogo compartido sobre nuestra casa común, sobre cómo estamos moldeando negativamente el futuro de nuestro planeta con nuestro comportamiento irresponsable. Me complace ver que la encíclica ha tenido un impacto positivo en nuestros esfuerzos por cuidar nuestra casa común en la Iglesia, en nuestras comunidades ecuménicas e interreligiosas, en los círculos políticos y económicos, en las esferas educativas y culturales, y más allá.  Tras la publicación de Laudato si', invité a los católicos a unirse a mi querido hermano, Su Santidad Bartolomé, el Patriarca ecuménico, y a nuestros hermanos y hermanas ortodoxos, para celebrar juntos el 1° de septiembre la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Me llena de gratitud que el mensaje urgente de Laudato si' haya tenido eco en importantes declaraciones y especialmente en acciones de otras tradiciones religiosas sobre nuestra vocación de ser custodios de la creación de Dios. ¡Recuerdo con alegría la Carta Rabínica sobre la Crisis Climática, la Declaración Islámica sobre el Cambio Climático Global, la Declaración Budista sobre el Cambio Climático a los Líderes Mundiales, la Declaración Hindú sobre el Cambio Climático Bhumi Devi Ki Jai!
La Laudato si' es una llamada global a ser custodios de nuestra casa común, y es tan maravilloso ver que el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha tomado la iniciativa de reunir las reflexiones de personas y comunidades de todo el mundo sobre los mensajes de la Laudato si'. La Laudato si' Reader, título con el que se han recogido estas reflexiones, es, en efecto, una conclusión adecuada del "Año Especial Laudato si'" que se ha celebrado del 24 de mayo de 2020 al 24 de mayo de 2021.
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31/10/2021Las experiencias de la Laudato si' recogidas en un e-book
El "Grito de la tierra y el Grito de los Pobres" que he presentado en la Laudato si' como una consecuencia emblemática de nuestro fracaso en el cuidado de nuestra casa común se ha visto recientemente amplificado por la emergencia de Covid-19, que la humanidad sigue intentando contrarrestar.  Así, una crisis ecológica, representada por el "grito de la tierra", y una crisis social, representada por el "grito de los pobres", se han hecho mortales por una crisis sanitaria: la pandemia del Covid-19. Qué ciertas son las palabras de mi predecesor, el Papa Benedicto XVI: "El modo en que el hombre trata el medio ambiente afecta al modo en que se trata a sí mismo y viceversa" (Caritas in veritate, n. 51).
Sin embargo, no olvidemos que las crisis son también ventanas de oportunidad: son ocasiones para reconocer y aprender de los errores del pasado. La crisis actual debe hacernos "transformar lo que sucede en el mundo en sufrimiento personal, y reconocer así la contribución que cada uno puede aportar" (LS, n. 19). También son para nosotros un tiempo para cambiar de marcha, para cambiar los malos hábitos a fin de ser capaces de soñar, co-crear y actuar juntos para realizar futuros justos y equitativos. Es hora de desarrollar una nueva forma de solidaridad universal que esté fundada en la fraternidad, el amor, la comprensión recíproca: una solidaridad que valore a las personas más que el beneficio, que busque nuevas formas de entender el desarrollo y el progreso. Por eso, mi esperanza y mi oración es que ¡no salgamos de esta crisis igual que como entramos en ella!
El pasado reciente nos ha demostrado que son nuestros hijos, en particular, los que han comprendido la escala y la enormidad de los retos a los que se enfrenta la sociedad, especialmente la crisis climática. Debemos escucharlos con el corazón abierto. Debemos seguir su ejemplo porque son sabios a pesar de su edad.
Es el momento de soñar a lo grande, de repensar nuestras prioridades – lo que valoramos, lo que queremos, lo que buscamos – y de volver a planificar nuestro futuro, comprometiéndonos a actuar en nuestra vida cotidiana en lo que hemos soñado. ¡Es tiempo de actuar, y de actuar juntos, es ahora!
El libro Laudato si' Reader. An Alliance of Care for Our Common House, estará disponible en edición de papel en www.libreriaeditricevaticana.va.
 
 
Al final de la oración mariana, el Papa Francisco hizo dos llamamientos a la oración y a la solidaridad concreta por Vietnam y Haití, naciones afectadas respectivamente por las inundaciones y la extrema pobreza, sin olvidar a los pueblos de Sicilia, en Italia, también afectados por el mal tiempo
 
Vatican News
Tras rezar a la Madre de Dios con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro este último domingo de octubre a la hora del Ángelus y antes de sus saludos finales, el Papa dirigió su pensamiento, ante todo, a Vietnam, nación que esta padeciendo, en diversas localidades, fuertes y prolongadas lluvias en las últimas semanas que han causado vastas inundaciones y miles de evacuados.
“Mis oraciones y pensamientos van a las muchas familias que sufren, junto a mi aliciente para cuantos, autoridades del país e Iglesia local, se están empeñando para responder a la emergencia”
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31/10/2021El Papa: "Rumiar" la Palabra de Dios que no es cualquier noticia
A continuación, Francisco manifestó su cercanía a las poblaciones de Sicilia, en Italia, también afectadas por el mal tiempo. Y prosiguió recordando al pueblo de Haití, que vive – dijo – “en condiciones límite”. "Pido a los responsables de las naciones que sostengan este país, que no lo dejen solo".
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31/10/2021Que la Cop26 ofrezca una esperanza concreta a las nuevas generaciones
 
“Y ustedes, prosiguió, de vuelta a casa busquen noticias sobre Haití, y recen, recen mucho”; a la vez que comentó que estaba viendo en el programa televisivo “A Su Imagen”, el testimonio del misionero camilo en Haití, el padre Massimo Miraglio y lo que decía acerca de cuánto sufrimiento, cuánto dolor hay en esa tierra, y cuánto abandono. “¡No los abandonemos!” exclamó el Santo Padre.
 
 
 
Solemnidad
— Personas que se santificaron a través de una vida corriente.
— Todos hemos sido llamados a la santidad.
— La caridad, distintivo de los que han alcanzado la bienaventuranza.
I. Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de todos los santos: de esta solemnidad se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios1.
La fiesta de hoy recuerda y propone a la meditación común algunos componentes fundamentales de nuestra fe cristiana señalaba el Papa Juan Pablo II-. En el centro de la Liturgia están sobre todo los grandes temas de la Comunión de los Santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se hallan en las condiciones descritas por Jesús. Pero la clave de la fiesta que hoy celebramos «es la alegría, como hemos rezado en la antífona de entrada: Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos; y se trata de una alegría genuina, límpida, corroborante, como la de quien se encuentra en una gran familia donde sabe que hunde sus propias raíces...»2. Esta gran familia es la de los santos: los del Cielo y los de la tierra.
La Iglesia, nuestra Madre, nos invita hoy a pensar en aquellos que, como nosotros, pasaron por este mundo con dificultades y tentaciones parecidas a las nuestras, y vencieron. Es esa muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, según nos recuerda la Primera lectura de la Misa3. Todos están marcados en la frente y vestidos con vestiduras blancas, lavadas en la sangre del Cordero4. La marca y los vestidos son símbolos del Bautismo, que imprime en el hombre, para siempre, el carácter de la pertenencia a Cristo, y la gracia renovada y acrecentada por los sacramentos y las buenas obras.
Muchos Santos de toda edad y condición- han sido reconocidos como tales por la Iglesia, y cada año los recordamos en algún día preciso y los tomamos como intercesores para tantas ayudas como necesitamos. Pero hoy festejamos, y pedimos su ayuda, a esa multitud incontable que alcanzó el Cielo después de pasar por este mundo sembrando amor y alegría, sin apenas darse cuenta de ello; recordamos a aquellos que, mientras estuvieron entre nosotros, hicieron, quizá, un trabajo similar al nuestro: oficinistas, labriegos, catedráticos, comerciantes, secretarias...; también tuvieron dificultades parecidas a las nuestras y debieron recomenzar muchas veces, como nosotros procuramos hacer; y la Iglesia no hace una mención nominal de ellos en el Santoral. A la luz de la fe, forman «un grandioso panorama: el de tantos y tantos fieles laicos a menudo inadvertidos o incluso incomprendidos; desconocidos por los grandes de la tierra, pero mirados con amor por el Padre, hombres y mujeres que, precisamente en la vida y actividad de cada jornada, son los obreros incansables que trabajan en la viña del Señor; son los humildes y grandes artífices por la potencia de la gracia, ciertamente del crecimiento del Reino de Dios en la historia»5. Son, en definitiva, aquellos que supieron «con la ayuda de Dios conservar y perfeccionar en su vida la santificación que recibieron»6 en el Bautismo.
Todos hemos sido llamados a la plenitud del Amor, a luchar contra las propias pasiones y tendencias desordenadas, a recomenzar siempre que sea preciso, porque «la santidad no depende del estado soltero, casado, viudo, sacerdote, sino de la personal correspondencia a la gracia, que a todos se nos concede»7. La Iglesia nos recuerda que el trabajador que toma cada mañana su herramienta o su pluma, o la madre de familia dedicada a los quehaceres del hogar, en el sitio que Dios les ha designado, deben santificarse cumpliendo fielmente sus deberes8.
Es consolador pensar que en el Cielo, contemplando el rostro de Dios, hay personas con las que tratamos hace algún tiempo aquí abajo, y con las que seguimos unidas por una profunda amistad y cariño. Muchas ayudas nos prestan desde el Cielo, y nos acordamos de ellas con alegría y acudimos a su intercesión.
Hacemos hoy nuestra aquella petición de Santa Teresa, que también ella misma escuchará, en esta Solemnidad: «¡Oh ánimas bienaventuradas, que tan bien os supisteis aprovechar, y comprar heredad tan deleitosa...! Ayudadnos, pues estáis tan cerca de la fuente; coged agua para los que acá perecemos de sed»9.
II. En la Solemnidad de hoy, el Señor nos concede la alegría de celebrar la gloria de la Jerusalén celestial, nuestra madre, donde una multitud de hermanos nuestros le alaban eternamente. Hacia ella, como peregrinos, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y animados por la gloria de los Santos; en ellos, miembros gloriosos de su Iglesia, encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad10.
Nosotros somos todavía la Iglesia peregrina que se dirige al Cielo; y, mientras caminamos, hemos de reunir ese tesoro de buenas obras con el que un día nos presentaremos ante nuestro Dios. Hemos oído la invitación del Señor: Si alguno quiere venir en pos de Mí... Todos hemos sido llamados a la plenitud de la vida en Cristo. Nos llama el Señor en una ocupación profesional, para que allí le encontremos, realizando aquella tarea con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural: ofreciéndola a Dios, ejercitando la caridad con las personas que tratamos, viviendo la mortificación en su realización, buscando ya aquí en la tierra el rostro de Dios, que un día veremos cara a cara. Esta contemplación trato de amistad con nuestro Padre Dios podemos y debemos adquirirla a través de las cosas de todos los días, que se repiten muchas veces, con aparente monotonía, pues «para amar a Dios y servirle, no es necesario hacer cosas raras. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide que sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar así a Dios en el camino de sus vidas»11.
¿Qué otra cosa hicieron esas madres de familia, esos intelectuales o aquellos obreros..., para estar en el Cielo? Porque a él queremos ir nosotros; es lo único que, de modo absoluto, nos importa. Esta santa decisión tiene mucha importancia para los demás. Si, con la gracia de Dios y la ayuda de tantos, alcanzamos el Cielo, no iremos solos: arrastraremos a muchos con nosotros.
Quienes han llegado ya, procuraron santificar las realidades pequeñas de todos los días; y si alguna vez no fueron fieles, se arrepintieron y recomenzaron el camino de nuevo. Eso hemos de hacer nosotros: ganarnos el Cielo cada día con lo que tenemos entre manos, entre las personas que Dios ha querido poner a nuestro lado.
III. Muchos de los que ahora contemplan la faz de Dios quizá no tuvieron ocasión, a su paso por la tierra, de realizar grandes hazañas, pero cumplieron lo mejor posible sus deberes diarios, sus pequeños deberes diarios. Tuvieron errores y faltas de paciencia, de pereza, de soberbia, tal vez pecados graves. Pero amaron la Confesión, y se arrepintieron, y recomenzaron. Amaron mucho y tuvieron una vida con frutos, porque supieron sacrificarse por Cristo. Nunca se creyeron santos; todo lo contrario: siempre pensaron que iban a necesitar en gran medida de la misericordia divina. Todos conocieron, en mayor o menor grado, la enfermedad, la tribulación, las horas bajas en las que todo les costaba; sufrieron fracasos y tuvieron éxitos. Quizá lloraron, pero conocieron y llevaron a la práctica las palabras del Señor, que hoy también nos trae la Liturgia de la Misa: Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os aliviaré12. Se apoyaron en el Señor, fueron muchas veces a verle y a estar con Él junto al Sagrario; no dejaron de tener cada día un encuentro con Él.
Los bienaventurados que alcanzaron ya el Cielo son muy diferentes entre sí, pero tuvieron en esta vida terrena un común distintivo: vivieron la caridad con quienes les rodeaban. El Señor dejó dicho: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros13. Esta es la característica de los Santos, de aquellos que están ya en la presencia de Dios.
Nosotros nos encontramos caminando hacia el Cielo y muy necesitados de la misericordia del Señor que es grande y nos mantiene día a día. Hemos de pensar muchas veces en él y en las gracias que tenemos, especialmente en los momentos de tentación o de desánimo.
Allí nos espera una multitud incontable de amigos. Ellos «pueden prestarnos ayuda, no solo porque la luz del ejemplo brilla sobre nosotros y hace más fácil a veces que veamos lo que tenemos que hacer, sino también porque nos socorren con sus oraciones, que son fuertes y sabias, mientras las nuestras son tan débiles y ciegas. Cuando os asoméis en una noche de noviembre y veáis el firmamento constelado de estrellas, pensad en los innumerables santos del Cielo, que están dispuestos a ayudarnos...»14. Nos llenará de esperanza en los momentos difíciles. En el Cielo nos espera la Virgen para darnos la mano y llevarnos a la presencia de su Hijo, y de tantos seres queridos como allí nos aguardan.
1 Antífona de entrada. — 2 Juan Pablo II, Homilía 1-XI-1980. — 3 Apoc 7, 9. — 4 Cfr. Apoc 7, 3-9. — 5 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 17. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 40. — 7 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, p. 67. — 8 Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, cit. — 9 Santa Teresa, Exclamaciones, 13, 4. — 10 Cfr. Misal Romano, Prefacio de la Misa. — 11 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 55. — 12 Aleluya. Mt 11, 28. — 13 Jn 13, 34-35. — 14 R. A. Knox, Sermón a los colegiales de Alli Hallws, 1-XI-1950.
La Iglesia nos invita a levantar el pensamiento y a dirigir la oración a esa inmensa multitud de hombres y mujeres que siguieron a Cristo aquí en la tierra y se encuentran ya con Él en el Cielo. La fiesta se celebra en toda la Iglesia desde el siglo viii. En ella se nos recuerda que la santidad es asequible a todos, en las diversas profesiones y estados, y que para ayudarnos a alcanzar esa meta debemos vivir el dogma de la Comunión de los Santos.
 
Reflexión para meditar en la solemnidad de Todos los Santos. Los temas propuestos son: vivir las Bienaventuranzas que predicó Jesús; la santidad es dejar obrar a Dios; nos apoyamos a través de la comunión de los santos.
 
01/11/2021
- Vivir las Bienaventuranzas que predicó Jesús 
- La santidad es dejar obrar a Dios
- Nos apoyamos a través de la comunión de los santos
 
«ESTA ES la estirpe de quienes buscan tu rostro, Señor» (Sal 24,6). Así reza la Iglesia entera en el salmo de la Misa de esta solemnidad de todos los santos. Y así, buscando el rostro de Dios, queremos pasar este día de fiesta. «Los santos y los beatos son los testigos más autorizados de la esperanza cristiana, porque la han vivido plenamente en su existencia, entre alegrías y sufrimientos, poniendo en práctica las Bienaventuranzas que Jesús predicó y que hoy resuenan en la liturgia. Las Bienaventuranzas evangélicas son, en efecto, el camino de la santidad»1.
Sin embargo, a primera vista, si recordamos las palabras de Jesús sobre los bienaventurados, nos puede parecer un panorama no muy alentador. Lo que se nos propone es lo que instintivamente rechazamos: sufrimientos, persecución, lucha, lágrimas... Sin embargo, san Josemaría señalaba que estas virtudes son las que Jesús bendijo «en aquel Sermón de la Montaña, las que hacen verdaderamente felices, santos, beati!... Todas esas virtudes que Jesús nos enseñó con su propia vida, las deseo para todos mis hijos y para mí»2. De este modo se comprende que «la santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en realizar empresas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya»3. Necesitamos, por tanto, recuperar la libertad que surge de comprender que todo puede hacerse desde el amor de Jesucirsto.
Hoy, todos los santos nos impulsan a «que emprendamos el camino de las Bienaventuranzas. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de seguir todos los días este camino que nos lleva al cielo, nos lleva a la familia, nos lleva a casa. Así que hoy vislumbramos nuestro futuro y celebramos aquello por lo que nacimos: nacimos para no morir nunca más, nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios. El Señor nos anima y quienquiera que tome el camino de las Bienaventuranzas dice: «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 12)»4.
 
«¿QUIÉN PUEDE subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón» (Sal 24,3-4). Sabemos que esta inocencia no consiste en no cometer nunca pecados ni faltas, o en estar libre de errores. Esta pureza se refiere, sobre todo, al corazón de quien se deja querer por Dios y no pone su esperanza en otros ídolos: seguridades, control, independencia, placeres, posesiones... «La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz»5.
Estamos convencidos de que cuando Dios nos pide algo, en realidad nos está ofreciendo su vida, su cariño. Así lo comprendió san Josemaría: «Mi felicidad terrena está unida a mi salvación, a mi felicidad eterna: feliz aquí y feliz allí»6. Comprender este modo de actuar de Dios, que se esconde donde a veces no pensamos encontrarle, es comprender que él nunca quiere nuestra infelicidad, tampoco aquí en la tierra. «Cada vez estoy más persuadido –decía también el fundador del Opus Dei–: la felicidad del cielo es para los que saben ser felices en la tierra»7.
¡Qué alegría da pensar en todos los santos del cielo! Fueron como nosotros: con los mismos problemas y dificultades, con idénticas esperanzas y similares flaquezas. Si dejamos hacer a Dios en nuestras vidas como ellos, si somos fieles, podremos escuchar al final de nuestra vida, de labios del Señor, estas consoladoras palabras: «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» (Mt 25,34). A veces podemos imaginar que son pocos los que forman parte de ese Reino. Sin embargo, una de las lecturas de hoy nos recuerda una de las visiones que tuvo san Juan. Allí aparecía «una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en las manos» (Ap 7,9). En esta incontable muchedumbre la Iglesia celebra a hombres y mujeres, de toda edad y condición, que gozan de la felicidad sin cuento en el cielo y que en la tierra supieron permanecer en el amor de Dios.
 
ESTA FIESTA es particularmente bonita para los que peregrinamos en la tierra, porque en aquella multitud que alaba sin cesar al Señor están presentes muchos hermanos nuestros, muchos amigos y parientes, gente corriente y ordinaria, dispuesta a interceder por nosotros. A varios incluso los habremos conocido personalmente. No estamos solos en nuestro camino de santidad: nos encontramos unidos a todos los cristianos –a los que triunfan ya en el cielo, a los que se purifican en el purgatorio y a los que peregrinan en la tierra– por una corriente de caridad que nos da vida: la comunión de los santos.
Durante la guerra que sacudió España en los años 30 del siglo pasado, san Josemaría escribía con frecuencia a sus hijos. Y en una de esas cartas les aseguraba: «Solo me faltáis vosotros, pero, ¡si supierais cuánta compañía os hago, a cada uno, durante el día y durante la noche! Es mi misión: que seáis felices después, con Él, y ahora, en la tierra, dándole gloria»8. La comunión de los santos es la oración de unos por otros, para que la gracia acuda a sanar las heridas o a fortalecer al que más lo necesite. Se repetirá así, muchas veces, esa experiencia que narraba él mismo: «Hijo: ¡qué bien viviste la Comunión de los Santos, cuando me escribías: "ayer sentí que pedía usted por mí!"»9.
«Piensa que Dios te quiere contento y que, si tú pones de tu parte lo que puedes, serás feliz, muy feliz, felicísimo»10. La Virgen Santa nos alcanzará la gracia de reflejar la belleza del rostro de Cristo y, así, formar el gran mosaico de santidad que Dios quiere para nuestro mundo.
 
1 Francisco, Ángelus, 1-XI-2020.
2 San Josemaría, Cartas 31, n. 52.
3 Benedicto XVI, Audiencia general, 13 de abril de 2011.
4 Francisco, Ángelus, 1-XI-2018.
5 Card. Joseph Ratzinger, “Dejar obrar a Dios”, en L’Osservatore Romano, 6-X-2002.
6 San Josemaría, Cuadernillo-agenda 1º de Burgos, citado en Camino. Edición crítico–histórica, Rialp, Madrid 2004, p. 414.
7 San Josemaría, Forja, n. 1005.
8 San Josemaría, Carta desde Ávila para sus hijos de Burgos, 11-VIII-1938.
9 San Josemaría, Camino, n. 546.
10 San Josemaría, Amigos de Dios, n. 141.
 
 
Si no es para construir una obra muy grande, muy de Dios –la santidad–, no vale la pena entregarse. Por eso, la Iglesia –al canonizar a los santos– proclama la heroicidad de su vida. (Surco, 611)
1 de noviembre
Llegarás a ser santo si tienes caridad, si sabes hacer las cosas que agraden a los demás y que no sean ofensa a Dios, aunque a ti te cuesten. (Forja, 556)
Vosotros y yo formamos parte de la familia de Cristo, porque Él mismo nos escogió antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por la caridad, habiéndonos predestinado como hijos adoptivos por Jesucristo, a gloria suya, por puro efecto de su buena voluntad (Eph I, 4–5.). Esta elección gratuita, que hemos recibido del Señor, nos marca un fin bien determinado: la santidad personal, como nos lo repite insistentemente San Pablo: haec est voluntas Dei: sanctificatio vestra (1 Thes IV, 3), ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación. No lo olvidemos, por tanto: estamos en el redil del Maestro, para conquistar esa cima (...).
La meta que os propongo –mejor, la que nos señala Dios a todos– no es un espejismo o un ideal inalcanzable: podría relataros tantos ejemplos concretos de mujeres y hombres de la calle, como vosotros y como yo, que han encontrado a Jesús que pasa quasi in occulto (Ioh VII, 10) por las encrucijadas aparentemente más vulgares, y se han decidido a seguirle, abrazados con amor a la cruz de cada día (Cfr. Mt XVI, 24). En esta época de desmoronamiento general, de cesiones y desánimos, o de libertinaje y anarquía, me parece todavía más actual aquella sencilla y profunda convicción que, en los comienzos de mi labor sacerdotal, y siempre, me ha consumido en deseos de comunicar a la humanidad entera: estas crisis mundiales son crisis de santos. (Amigos de Dios, 2-4)
 
 
Cada domingo, en Misa, recitamos el Credo y decimos “creo en la comunión de los santos” pero, ¿qué es exactamente la comunión de los santos? ¿qué queremos decir con esa expresión?
 
31/10/2021
 
Sumario
1. La comunión de los bienes espirituales
2. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra
 
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Como dice el Catecismo, la comunión de los santos es precisamente la Iglesia. Esta comunión tiene dos significados estrechamente relacionados: por un lado, la comunión en las cosas santas, la participación en los mismos bienes espirituales, y, por otro, la comunión entre las personas santas. Catecismo de la Iglesia Católica, 948
1. La comunión de los bienes espirituales
En los Hechos de los apóstoles se dice que los discípulos “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones”. ¿En qué consiste esa comunión que se sigue viviendo hoy en día en la Iglesia?
En primer lugar, se trata de la comunión en la fe que se profesa, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte. Por otro lado, la comunión de los sacramentos que realizan la unión con Dios. De hecho, uno de los sacramentos -la Eucaristía- es también llamado Comunión ya que es en él donde se da la unión más grande con Dios que pueda existir en la tierra.
Además, el Espíritu Santo reparte gracias especiales entre los fieles, para provecho común. Son los llamados carismas. Otro aspecto de esa comunión es el más material: el compartir con el prójimo nuestras posesiones, socorriendo al necesitado.
Finalmente, esta comunión es comunión de la caridad, la virtud más importante y una de las llamadas teologales, porque proceden directamente de Dios: “ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo” (Rm 14, 7). El menor de los actos de un cristiano hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos. También todo pecado daña a esta comunión. Catecismo de la Iglesia Católica, 949-953
Meditar con san Josemaría
Comunión de los Santos. —¿Cómo te lo diría? —¿Ves lo que son las transfusiones de sangre para el cuerpo? Pues así viene a ser la Comunión de los Santos para el alma. Camino, 544
Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: “multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una —la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma”.
—Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración! Forja, 632
Cuídame tu oración diaria por esta intención: que todos los católicos seamos fieles, que nos decidamos a luchar para ser santos.
—¡Es lógico!, ¿qué vamos a desear para los que queremos, para los que están atados a nosotros por la fuerte atadura de la fe? Forja, 925
Ante Jesús Sacramentado —¡cómo me gusta hacer un acto de fe explícita en la presencia real del Señor en la Eucaristía!—, fomentad en vuestros corazones el afán de transmitir, con vuestra oración, un latido lleno de fortaleza que llegue a todos los lugares de la tierra, hasta el último rincón del planeta donde haya un hombre que gaste generosamente su existencia en servicio de Dios y de las almas. Porque, gracias a la inefable realidad de la Comunión de los Santos, somos solidarios —cooperadores, dice San Juan- en la tarea de difundir la verdad y la paz del Señor. Amigos de Dios, 154
Me gustaría que, al considerar todo eso, tomáramos conciencia de nuestra misión de cristianos, volviéramos los ojos hacia la Sagrada Eucaristía, hacia Jesús que, presente entre nosotros, nos ha constituido como miembros suyos: vos estis corpus Christi et membra de membro, vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna. Es Cristo que pasa, 151
2. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra
La Iglesia está formada por los discípulos del Señor. Unos peregrinan en la tierra, otros, ya difuntos, se purifican en el purgatorio, mientras otros ya contemplan a Dios porque gozan del cielo.
Pero, ¿cómo se da esta unión entre los distintos miembros de la Iglesia?
De una parte, siempre podemos rezar a Dios por las personas que nos acompañan en nuestro camino hacia el cielo. Esa oración de intercesión expresa también la caridad, el amor fraterno entre los cristianos.
Las personas que están en el cielo no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad. Además, su ejemplo, nos ayuda a poner la mirada en la meta, la vida eterna en comunión con Cristo.
Por otro lado, la Iglesia peregrina recuerda a los difuntos y ofrece sufragios por ellos, para que se vean librados de sus pecados y puedan ir cuanto antes a la felicidad del cielo. Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
En la Santa Misa estamos en comunión con nuestros hermanos “dispersos por el mundo” (Misal Romano, Plegaria Eucarística III) y también con los glorificados en el cielo y los que se purifican para ver en ellos el rostro de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 954-959, 1354, 1370-1371
“Durante la Eucaristía confiamos a los difuntos a la misericordia de Dios con un recuerdo sencillo pero lleno de significado. Rezamos para que estén con él en el paraíso, con la esperanza de que un día también nosotros nos encontremos con ellos en este misterio de amor que, si bien no comprendemos plenamente, sabemos que es verdad porque Jesús nos lo ha prometido.
Este recuerdo de rogar por los difuntos está unido también al de rogar por los vivos, que junto con nosotros cada día enfrentan las dificultades de la vida. Todos, vivos y difuntos, estamos en comunión; en esa comunidad de quienes han recibido el bautismo, se han nutrido del Cuerpo de Cristo y hacen parte de la gran familia de Dios”. Papa Francisco, Audiencia 30-11-2016
Meditar con san Josemaría
Hijo: ¡qué bien viviste la Comunión de los Santos, cuando me escribías: "ayer 'sentí' que pedía usted por mí"! Camino, 546
Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si no eres fiel. Camino, 549
“Reza por mí”, le pedí como hago siempre. Y me contestó asombrado: “¿pero es que le pasa algo?” Hube de aclararle que a todos nos sucede o nos ocurre algo en cualquier instante; y le añadí que, cuando falta la oración, “pasan y pesan más cosas". Surco, 479
El que deja de luchar causa un mal a la Iglesia, a su empresa sobrenatural, a sus hermanos, a todas las almas. —Examínate: ¿no puedes poner más vibración de amor a Dios, en tu pelea espiritual? —Yo rezo por ti... y por todos. Haz tú lo mismo. Forja, 107
Todos los cristianos, por la Comunión de los Santos, reciben las gracias de cada Misa, tanto si se celebra ante miles de personas o si ayuda al sacerdote como único asistente un niño, quizá distraído. En cualquier caso, la tierra y el cielo se unen para entonar con los Ángeles del Señor: Sanctus, Sanctus, Sanctus... Es Cristo que pasa, 89
 
 
El Canon Romano nos da la medida de la oración de la Iglesia, que abraza el espacio y el tiempo, como los brazos abiertos de Jesús en la Cruz.
 
29/05/2017
«Celebro la Misa con todo el pueblo de Dios. Diré más: estoy también con los que aún no se han acercado al Señor, los que están más lejanos y todavía no son de su grey; a ésos también los tengo en el corazón. Y me siento rodeado por todas las aves que vuelan y cruzan el azul del cielo, algunas hasta mirar de hito en hito al sol (...). Y rodeado por todos los animales que están sobre la tierra: los racionales, como somos los hombres, aunque a veces perdemos la razón, y los irracionales, los que corretean por la superficie terrestre, o los que habitan en las entrañas escondidas del mundo. ¡Yo me siento así, renovando el Santo Sacrificio de la Cruz!»[1]
Venimos recorriendo los diversos momentos del año litúrgico, profundizando en todo el arco de tonalidades que adquiere, en el tiempo, la oración de la Iglesia. Estas palabras de san Josemaría sobre la Eucaristía, «corazón del mundo»[2], ponen ante nosotros el verdadero alcance del culto cristiano, que, como anunciaba ya uno de los salmos mesiánicos, abraza todo el espacio –«a mari usque ad mare, de mar a mar»[3]– y todo el tiempo –«como el sol y la luna, de generación en generación»[4]–. Todo empezó en la Cruz: Jesús recogía ya entonces en su oración a toda la Iglesia, y daba así cuerpo a la communio sanctorum de todos los lugares y de todos los tiempos. Y todo vuelve a la Cruz: «omnes traham ad meipsum, atraeré a todos hacia mí»[5]. En cada celebración eucarística está toda la Iglesia, cielos y tierra, Dios y los hombres. Por eso en la Santa Misa quedan superadas no solo las fronteras políticas o sociales, sino las que separan cielo y tierra. La Eucaristía es katholikē, que en griego significa universal, católica: tiene la medida del todo, porque allí está Dios, y con Él estamos todos, en unidad con el Papa, con los Obispos, con los creyentes de todas las épocas y lugares.
TODO EMPEZÓ EN LA CRUZ: JESÚS RECOGÍA YA ENTONCES EN SU ORACIÓN A TODA LA IGLESIA, Y DABA ASÍ CUERPO A LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS DE TODOS LOS LUGARES Y DE TODOS LOS TIEMPOS.
Vamos a asomarnos, ya al final de esta serie, a algunos recodos de la Plegaria Eucarística, a través del Canon Romano[6]. Entreveremos así esa amplitud de la oración de la Iglesia, que surge de la amplitud de Dios. Si procuramos rezar en la Misa con ese sentido universal, de no estar solos, el Señor nos dilatará el corazón –«dilatasti cor meum»[7]–, nos hará rezar con todos nuestros hermanos en la fe; nos hará ser memoria de Dios, bálsamo de Dios, paz de Dios para toda la humanidad.
Sanctus, Sanctus, Sanctus
La Plegaria Eucarística inicia con el Prefacio, que siempre pone ante nuestros ojos motivos de acción de gracias. A veces no seremos capaces de apreciarlos, todos ellos, como algo que nos toca de cerca. Pero la Iglesia sí sabe lo que agradece, y nos podemos confiar a su sabiduría, aunque a veces no entendamos. Precisamente el final del Prefacio nos recuerda que es Ella, la Iglesia de todos los lugares y de todos los tiempos, la que celebra la Eucaristía, igual si participan miles de personas que «si ayuda al sacerdote como único asistente un niño, quizá distraído»[8].
El Prefacio concluye con el Sanctus, «la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan al Dios tres veces santo»[9]. Cantamos, unidos a la liturgia del cielo, y lo hacemos no solo en nombre propio, sino en el de toda la humanidad y en el de la creación entera, que necesita de la voz del hombre. Somos por eso liturgos de la creación, intérpretes y sacerdotes del canto que las criaturas quieren entonar a Dios: «Hacemos mención del cielo y de la tierra, del mar, del sol y de la luna, de los astros y de todas las criaturas racionales e irracionales, visibles e invisibles, de los ángeles, las virtudes, las dominaciones, las potestades, los tronos, los querubines de muchos rostros (cf. Ez 10, 21), con el anhelo de decir aquello de David: Engrandeced conmigo al Señor (Sal 33, 4)»[10].
Memento Domine...
Esta oración eclesial, este rezar juntos, se percibe también en las intercesiones: «Memento Domine, acuérdate Señor», le decimos, y nos convertimos entonces nosotros mismos en «memoria de Dios» para nuestra familia y amigos, para las personas que se confían a nuestra oración, y también para todos aquellos de los que quizá solo Él se acuerda. Se trata de algo esencial en «nuestra Misa»[11], porque «si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada (…). Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio»[12].
EL PREFACIO SIEMPRE PONE ANTE NUESTROS OJOS MOTIVOS DE ACCIÓN DE GRACIAS: AUNQUE A VECES NO SEREMOS CAPACES DE APRECIARLOS, LA IGLESIA SÍ SABE LO QUE AGRADECE, Y NOS PODEMOS CONFIAR A SU SABIDURÍA
La oración de intercesión nos mete de lleno en la oración de Jesús, que es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres. «Interceder, pedir en favor de otro es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos»[13]. Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta forma de petición que no conoce fronteras, como se percibe ya desde las primeras anáforas eucarísticas. Procuraban adquirir los sentimientos de Aquel que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»[14]. En la Plegaria eucarística, si ponemos cariño de nuestra parte, Dios nos agranda el corazón, lo hace a la medida del de Cristo.
Con esa magnanimidad pedimos en primer lugar por toda la Iglesia: «para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero…». Y comenzamos por unirnos al Papa, al obispo de nuestra diócesis y, por supuesto, al Padre: rezamos así «bien apiñados, formando una familia muy unida»[15].
Después, la intercesión se convierte en petición por todos los fieles presentes y en favor de aquellos por los que se ofrece el sacrificio: «Memento, Domine, famulorum famularumque tuarum N. et N. et omnium circumstantium... Acuérdate, Señor de tus hijos N. y N., y de todos los aquí reunidos cuya fe y entrega bien conoces…». La Plegaria eucarística primera pone ante el Señor las necesidades de aquellos, cristianos o no, por los que se reza específicamente, aunque no sea necesario decir sus nombres en voz alta. El sacerdote, dicen las rúbricas, junta las manos y ora unos instantes por quienes tiene intención de encomendar a Dios. San Josemaría habitualmente podía detenerse un poco más: «Hago un Memento muy largo. Cada día hay unos coloridos diversos, unas vibraciones distintas, unas luces cuya intensidad va de aquí para allá. Pero el común denominador de mi ofrecimiento es éste: la Iglesia, el Papa y el Opus Dei. (...) Me acuerdo de todos, de todos: no puedo hacer una excepción. No voy a decir de éste no, porque es mi enemigo; de ése tampoco, porque me ha hecho mal; no de aquél, porque me ha calumniado, me difama, miente... ¡No! ¡Por todos!»[16].
Communicantes et memoriam venerantes...
El Canon Romano nos recuerda también que en la Santa Misa estamos no solo con el Señor, sino también con los hombres de cualquier lugar y tiempo. Por eso se habla no solo de la Trinidad y del Verbo encarnado, de su muerte y de su resurrección; se pronuncian también los nombres de otras personas importantes en la familia, porque nos sabemos también en su compañía.
"ME ACUERDO DE TODOS, DE TODOS: NO PUEDO HACER UNA EXCEPCIÓN. NO VOY A DECIR DE ÉSTE NO, PORQUE ES MI ENEMIGO; DE ÉSE TAMPOCO, PORQUE ME HA HECHO MAL (...) ¡NO! ¡POR TODOS!" (SAN JOSEMARÍA)
«Communicantes et memoriam venerantes... Reunidos en comunión con toda la Iglesia veneramos la memoria...» de la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, en primer lugar; después, san José[17], seguido por los nombres de doce apóstoles, entre los que se incluye a san Pablo[18], y doce mártires de los primeros cuatro siglos de la era cristiana[19].
No se trata de una “enumeración honorífica”, como las que a veces presenciamos en los actos oficiales, no sin cierto tedio y prisa por que acaben. Se trata de nuestra familia, «la gran familia de hijos de Dios que es la Iglesia Católica»[20]. En la Santa Misa estamos en comunión no solo con nuestros hermanos «dispersos por el mundo»[21], sino también con nuestros hermanos glorificados en el cielo, y con los que se purifican para ver con ellos el rostro de Dios. «Mientras nosotros celebramos el sacrificio del Cordero, nos unimos a la liturgia celestial, asociándonos con la multitud inmensa que grita: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero (Ap 7, 10). La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra (…) y proyecta luz sobre nuestro camino»[22].
Memento etiam, Domine...
Poco después de la consagración, donde las demás plegarias eucarísticas concentran sus peticiones, el Canon Romano las continúa: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz». El celebrante se recoge unos instantes y ora por los difuntos; después prosigue con unas palabras tiernas, de gran calado: «A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz».
EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA, SI PONEMOS CARIÑO DE NUESTRA PARTE, DIOS NOS AGRANDA EL CORAZÓN, LO HACE A LA MEDIDA DEL DE CRISTO.
El recuerdo de nuestros hermanos difuntos pone ante nuestros ojos, una vez más, la fraternidad: los demás. El Espíritu Santo ensancha de nuevo nuestros corazones, porque podemos rezar aquí no solo por nuestros difuntos más cercanos, sino también por todos los hombres y mujeres que Dios ha llamado a sí desde el día anterior; algunos habrán muerto quizá muy solos, y Dios ha salido a su encuentro, a enjugar las lágrimas de sus ojos[23]. «Cuando llega el memento de difuntos, ¡qué alegría rezar también por todos! Naturalmente pido en primer lugar por mis hijos, por mis padres y mis hermanos; por los padres y hermanos de mis hijos; por todos los que se han acercado a mí o al Opus Dei para hacernos el bien: con agradecimiento entonces. Y por los que han intentado difamar, mentir... ¡con mayor motivo!: los perdono de todo corazón, Señor, para que Tú me perdones. Y además ofrezco por ellos los mismos sufragios que por mis padres y por mis hijos (...). ¡Y se queda uno tan contento!»[24]
De multitudine miserationum tuarum sperantibus
El Canon se acerca a su conclusión, e intercede aún por los presentes, celebrante y fieles: «Nobis quoque peccatoribus famulis tuis, de multitudine miserationum tuarum sperantibus... Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires...»[25]. Se nombra aquí a san Juan Bautista, seguido de siete mártires varones y siete mártires mujeres: siete es un número que, como el doce que encontrábamos más arriba, tiene una fuerte impronta bíblica: si el doce recuerda la elección divina (de las tribus de Israel, de los Apóstoles, etc.), el siete, es símbolo de plenitud, totalidad.
Ponemos nuestra mirada en el cielo: el Pueblo de Dios se acoge a sus santos en los momentos más trascendentales de su culto, y la santa Misa es el lugar en el que la Iglesia en el cielo y la Iglesia en la tierra se saben más unidas. Benedicto XVI nos alentaba a dar gracias a Dios «porque nos ha mostrado su rostro en Cristo, nos ha dado a la Virgen, nos ha dado a los santos, nos ha llamado a ser un solo cuerpo, un solo espíritu con Él»[26]. Y como agradecer es apreciar, le podemos decir, con santo Tomás de Aquino, «Tú que todo lo sabes y puedes, que nos alimentas en la tierra, conduce a tus hermanos a la mesa del cielo, a la alegría de tus santos»[27].
Juan José Silvestre
 
[1] San Josemaría, palabras pronunciadas en una reunión familiar, 22-V-1970 (citado en J. Echevarría, Para servir a la Iglesia, Rialp, Madrid 2001, 189-190).
[2] San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, 17-IV-2003, n. 59.
[3] Sal 71 (72), 8.
[4] Sal 71 (72), 5.
[5] Jn 12, 32.
[6] Cuando no se indica otra cosa, las citas que siguen son, pues, de la Plegaria Eucarística I.
[7] Sal 118 (119), 30.
[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89.
[9]Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1352.
[10] San Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógica V, 6 (PG 33, 1114).
[11] Es Cristo que pasa, n. 169.
[12] Francisco, Homilía, 29-XI-2013.
[13]Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2635.
[14] 1 Tm 2, 4.
[15] Beato Álvaro del Portillo, Carta, 29-VI-1975 (en Cartas de familia II, n. 19 [AGP, Biblioteca P17]).
[16] San Josemaría, notas de reuniones familiares del 1-IV-1972 y del 10-V-1974 (citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, Madrid, Rialp 2010, 106).
[17] Su nombre se introdujo por decisión de san Juan XXIII en 1962. El Papa Francisco, por medio del Decreto Paterna vices de 1-V-2013, introdujo la mención de san José en las Plegarias eucarísticas II, III y IV.
[18] San Matías es citado en el segundo elenco, tras la consagración.
[19] Son cinco Papas, un obispo, un diácono, seguidos de Crisógono –del que no se sabe si era clérigo o laico– y cuatro laicos.
[20] Javier Echevarría, Carta, 9-I-2002 (en Cartas de Familia V, n. 4 [AGP, Biblioteca P17]).
[21] Misal Romano, Plegaria Eucarística III.
[22] San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, n. 19.
[23] Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística III.
[24] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 10-V-1974 (citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, 151).
[25] Si bien en su origen el “nosotros, pecadores, siervos tuyos” podría referirse únicamente al sacerdote celebrante y a sus ministros, en la actualidad parece evidente –a la vista de las otras Plegarias eucarísticas– que se pide para todos la unión con la Iglesia celeste.
[26] Benedicto XVI, Discurso, 20-II-2009.
[27] Santo Tomás de Aquino, Himno Lauda Sion.
 
 
 
 
A  San José lo ame desde que lo conocí. Tenía yo 29 años y había llegado por fortuna a un centro del Opus Dei, en El Salvador.  Me paso, cuando escuché por primera vez esta oración: “Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí. Que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón por mis pecados y  Gracias para hacer con fruto este momento de oración. Madre mía Inmaculada, San José, Mi Padre y Señor, angel de mi guarda interceded por mí.” No recuerdo cuánto tiempo pase conmovida después de escuchar lo que para mí en ese momento fue tremenda oración. Era una maestro de modelos profesionales, tenía una academia de modelos y organizaba desfiles de moda, concursos de belleza…. Caminaba en el mundo de la frivolidad y la vanidad……. Era exitosa y famosa. La gente me reconocía y todas las niñas y jóvenes hermosas querían estudiar con Sheila Morataya. Estaba también en las empresas y en la televisión y nunca en mi familia se nos instruyo en la fe  y la piedad.
Llegar a un centro y un oratorio del Opus Dei fue para mi entrar en un territorio completamente desconocido pero donde primera vez sentí la presencia de un verdadero Dios. Entonces, esta oración sacudió  mi corazón al escuchar la frase “ San José, Mi Padre y Señor “…….. luego me dieron a leer una lectura de Josemaría Escrivá de San José llamada “En el taller de José” ….. creo que en ese momento lo que me cautivo más fue saber lo enamorado que estaba de María y ella de él, más sin embargo Dios tenía un plan diferente para su amor y son quienes , pero sobre todo San José ya que era hombre como tú y yo, nos ayuda a comprender y vivir la virtud de la castidad y la pureza.
San José tenía un corazón casto, un corazón sin malicia, un corazón puro por eso como padre spiritual es quién mejor nos ayuda a tener un corazón que quiera y pueda amar hermosamente, sin lujuria. ¿En verdad se puede hacer esto? Sólo imagina todo lo que puede haber vivido una persona que vivió en un mundo lleno de hedonismo, vanidad, fama, intenciones personales….. ¿sigo?
Si San José se necesita con urgencia en nuestro tiempo. Y digo con urgencia porque la pornografía se ha metido en los hogares, porque la masculinidad tambián está en crisis y la palabra humildad parece no gustarle inclusive a muchos católicos. No conozco santo más humilde y prudente que él. Puedo hablar de su silencio en la Sagrada Escritura pero en otro artículo lo hare. Lo prometo.
En la batalla por la pureza todos necesitamos mirar a  San José . Los hombres especialmente necesitan mirar su corazón casto. El mundo necesita hombres que amen a sus esposas como San José amo a María. Las mujeres necesitamos de San José para comprender lo que es la ternura de un padre, sobre todo cuando no se ha tenido Buena relación con el terrenal y para aprender de su obediencia en cuanto a desear hacer siempre la voluntad de Dios.
Te invito a participar en una conferencia en línea que se estará llevando a cabo con motive del año de San José este viernes 19 de marzo, ¡aprenderás tanto!
Da clic aquí si quieres participar en la conferencia en línea
 
Sheila Morataya
 
 
 
En medio de la pandemia habría querido escribir de varios temas que pudieran llegar a tu corazón, que te hicieran pensar, reflexionar, sentir, luchar… y pensando en ello, me di cuenta que todos sentimos dolor, preocupación, estrés, algunos angustia, otros desesperación… Emociones que podemos tratar de evadir o de enfrentar de muchas maneras, algunas adecuadas, otras no tanto y otras más totalmente inadecuadas e incluso perjudiciales… Eso me ha llevado a hablarte hoy del dolor y del sufrimiento.
Se agolpan de pronto las ideas, y debo decirte querido lector, que sin saberlo, hoy, la vida me pondría a prueba y no solo a mí sino a toda mi familia.
La medida del amor es el amor sin medida, decía San Agustín…
Una persona a la que amo con toda el alma tiene covid y lo contrajo no por irresponsabilidad o inconsciencia, sino por dar su vida a los demás y entregarse a la vocación a la que fue llamada, médico para salvar vidas, para llevar vida, aliento y esperanza, cuidados, aliento y respuestas a sus pacientes y a sus familias. Investigadora incansable, capaz, fuerte, resiliente, alegre y generosa; que ha renunciado a tanto, que ha decidido ofrendar su vida diaria procurando un mundo mejor y más humano, porque como afirmaba San Juan de Dios «Nada de lo humano le es ajeno»
El dolor llegó más cerca, sabíamos que había riesgo, para todos, pero ella, Doctora, decidiendo amar al extremo, no abandonó a sus pacientes, sino que, con todas las medidas de protección cumplía con gran dedicación su vocación atendiéndolos, a ellos y a sus familiares. No se sabe cómo es que se ha contagiado, este virus es tan pequeño y tan poderoso a la vez… Lejos de casa, sin poder verle y cuidarle, nos ha hecho una videollamada familiar… «Me he contagiado» nos ha dicho, las lágrimas brotaron de inmediato, la voz se nos ha cortado… ante el peligro inminente…
Hoy, en mi familia, como a muchas otras personas en el mundo, nos acompaña el dolor, la incertidumbre, el pesar, la preocupación, nos damos cuenta en carne propia lo vulnerables que somos y nos enfrentamos a la realidad de nuestra finitud en la tierra…
¿Cómo debemos enfrentar esta realidad que nos afecta tan de cerca? Poniendo todo en manos de Dios, tener Esperanza en que se recuperará, encomendándola en nuestras oraciones, confiando que Nuestro Señor le concederá la vida y la salud.
Tristísimo lo que hemos vivido en el mundo con esta pandemia, aunque no solo con esta, cabe aclarar que hay muchas pandemias que atentan contra el ser humano, algunas causadas por él mismo… sin embargo, ha sido un golpe para la humanidad fuerte, catastrófico durante algunos… y si, la economía, el turismo, la vida social, la vida normal se ha detenido… nuestras vidas han tenido que cambiar de formato… hay problemas nuevos, graves,  y otros, que venían ya de tiempo que se han acentuado en la mayoría de los países, sino es que en todos.
Nos enfrentamos a lo desconocido… esto genera miedo, tristeza, ira… cuidado, no nos perdamos… No debemos vivir con estos sentimientos en el corazón, los pensamientos que se detonaran serían dañinos para nosotros y los que nos rodean… pero las personas enferman, muchas mueren… ¿Qué hacer?
Aceptar el dolor en nuestras vidas como parte de nuestra naturaleza y el sentido del sufrimiento, para enseñarlo a los hijos y vivir reconciliados con la realidad, no queriendo taparla o maquillarla para evitar el sufrimiento a toda costa, pues sería una vida inhumana, irreal, falsa y hasta psicótica, en el sentido de que estaríamos alejados de la verdad y nos quita la posibilidad de ser sensibles al dolor propio y del prójimo, la responsabilidad social, la justicia, la caridad…
¿Cómo hablar del dolor como una oportunidad en la familia?
Enseñar a los hijos a que en la vida el sufrimiento humano es algo inherente a nuestra naturaleza, ocultar esa verdad por no verles tristes jamás, sería injusto y no crecerían mentalmente saludables. Además, el sufrimiento nos acerca al amor… ¿No decía la Madre Teresa de Calcuta: Ama hasta que duela? Pues así es, la entrega duele, el amor conlleva sacrificios y renuncias, la mayor felicidad es un estado presente de vivir en el amor de Dios, Único Dios, que experimentó el dolor, el sufrimiento y la muerte por ti y por mí y si unes tu sufrimiento al de Él, resucitarás junto con Él. Resistirse a la realidad por no sentir dolor, por no sufrir, solo nos traerá mayor dolor, sufrimiento y enfermedad.
La misión de la familia es ser maestra de amor, de cobijo, ahí podemos ser, ahí podemos conectar con los más amados, es el mejor lugar para el encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás, es ahí donde aprendemos a vivir con amor el dolor y llenar de vida el sufrimiento; responsabilidad, fortaleza, resiliencia, caridad…
¡Este tiempo es maravilloso para desprenderse de todos los apegos del mundo… y es que hemos sido creados para la eternidad! Enseñemos eso a los hijos, aferrémonos a la vida que no muere, la vida eterna y enseñemos a los nuestros, con nuestro ejemplo, que esta vida es solo un camino, que es transitoria, temporal y que los dolores y el sufrimiento nos ayudan a purificar la vida, la mente, el corazón para ser verdaderamente libres y eternamente felices.
La enfermedad, la muerte, los problemas económicos y todo tipo de dolor, es preciso vivirlo desde lo humano, pero no quedarnos ahí, sino trascender, y sufrirlo con amor transformador y reparador, purificador.
Todo tiene remedio menos la muerte dice un dicho por ahí… pero aún la muerte tiene remedio y este es nada más ni nada menos que el Cielo Prometido. 
            No nos gusta hablar del dolor, pero hemos de trabajar en ello, el dolor estará independientemente de nuestra voluntad, pero el sufrimiento nos hará trascender si buscamos el para qué ¿Para ser más fuerte, más paciente, para ser resiliente? Todo esto es bueno, pero lo que no debemos perder de vista, es que el dolor, aunque no lo comprendamos, aceptado por amor y con amor, es nuestro camino al Cielo
El dolor y el sufrimiento en la familia, no es deseable, pero es algo natural y es preciso aprender con sencillez, docilidad y nobleza a tratar esta realidad, no sólo es una oportunidad para encontrarnos y crecer, sino también una bendición si sabemos abrazarlo y transformarlo en un bien que nos permitirá trascender de la manera más hermosa… para toda la eternidad.
Te invito a que eleves tus oraciones por el mundo entero, por la humanidad, los gobiernos y especialmente por todas las familias y si me permites, querido lector el atrevimiento, ora también por mi familia, mi hermana y su esposo, para que Dios nos permita cumplir con amor siempre Su Voluntad, que sea lo que Él quiera, cuando Él quiera y como Él quiera.
 
MTF Rosario Prieto
 
 
 
Escrito por Mario Santana Bueno
Publicado: 01 Noviembre 2021
 
La muerte no tiene que ser vista como algo desagradable. ¡Es el encuentro definitivo con Dios!
 De lo único que tenemos certeza es que algún día moriremos. La realidad de la muerte está presente en nuestra vida cada día, cada momento.
1.- ¿Cómo entiende la sociedad la muerte?
La muerte en la sociedad es para muchas personas un tabú. La gente no quiere siquiera que se nombre la palabra "muerte", piensan que así se ignora esa realidad.
Por otro lado, estamos siempre viendo la muerte como espectáculo, en la televisión, en los accidentes. Vemos que la muchas personas disfrutan viendo una y otra vez las imágenes donde hay personas que mueren...
 ¿Tienes miedo a la muerte?
 ¿Por qué?
 ¿Qué experiencias tienes de la muerte de otras personas?
2.- La muerte para los católicos
Para los católicos, la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura especialmente importante. Nosotros nos fiamos de Jesús que dio su vida por nosotros para que nosotros tengamos vida eterna.
Creemos que Jesús resucitó y también nosotros resucitaremos con Él.
* ¿Te fías tú de Jesús y de lo que Jesús dijo sobre la muerte, de su propia muerte y de la nuestra?
3.- ¿Por qué existe la muerte? ¿Por qué tenemos que morir?
La respuesta nos la da la Biblia:
"Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo, y con el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos porque todos pecaron." (Rm 5, 12).
"El pago que da el pecado es la muerte; pero el don que da Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor."
La muerte existe en el mundo como consecuencia del pecado. Como nosotros también somos pecadores, un día moriremos. Desde la fe vemos que en la muerte unidos a Cristo también resucitaremos con Él.
 ¿Crees que el pecado produce "muerte" en distintos aspectos de la vida?
 ¿Produce el pecado muerte física? ¿En qué casos? ¿Por qué?
4.- ¿Cómo afrontamos los católicos la muerte?
Con serenidad, con confianza. Para nosotros la muerte no es "nada del otro mundo". Nos fijamos en Jesús cuando vio que su muerte se aproximaba y tratamos de tener sus mismas actitudes y su confianza en el Padre Dios:
"Adelantándose unos pasos, se inclinó hasta el suelo, y oró diciendo: Padre mío, si es posible, líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mt 26, 39)
Hay que aprender a aceptar la muerte como algo que forma parte de la vida. Esto se logra poco a poco, fiándonos de Dios, poniendo en Él nuestra confianza. Los cristianos sabemos que todo no acaba con la muerte. Sabemos que el amor es más fuerte que la muerte.
Cuando muere una persona que queremos, nuestro amor hacia ella permanece intacto y, aunque pasen los años, el amor no muere nunca. Si hemos amado a Jesús con toda nuestra vida y con todo nuestro corazón, podemos decir con el apóstol san Pablo:
"Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte ganancia. Pero si viviendo en este cuerpo puedo seguir trabajando para bien de la causa del Señor, entonces no sé qué escoger. Me es difícil decidirme por una de las dos cosas: por un lado, quisiera morir para ir a estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor para mí; pero por otro lado, es más necesario por causa de ustedes que siga viviendo." (Flp 1, 21-24).
 ¿Te fías de verdad de lo que dice la Palabra de Dios? ¿Por qué?
5.- Los Católicos ¿Creemos en la reencarnación?
No. Los cristianos en general no creemos en la reencarnación. La Palabra de Dios nos dice:
"Y así como todos han de morir una sola vez y después vendrá el juicio." (Hb 9, 27)
No hay reencarnación después de la muerte. Tenemos la seguridad tal y como nos dice la palabra de Dios:
"Esto es muy cierto: Si morimos con Él, también viviremos con Él; si sufrimos, tendremos parte en su reino." (2Tm 2, 11).
 ¿Por qué crees tú que hay personas que piensan que la reencarnación es posible?
 ¿Piensas que las personas tenemos con una sola vida la posibilidad de llegar a ser felices con Dios?
6.- ¿Qué hay después de la muerte?
Ya hemos dicho que para los cristianos la muerte es sólo el final de la vida terrena, pero no el final de la vida. Lo que creemos los católicos es lo siguiente:
Creemos que tenemos un alma inmortal creada por Dios que no muere con la muerte sino que pervive en una vida eterna.
No es que seamos dos cosas distintas. El ser humano es una unidad. Yo soy alma y cuerpo a la vez. Mi cuerpo muere, pero mi "yo" pervive eternamente.
¿Qué es para ti el "alma"?
¿Puede ir alma y cuerpo por separado?
¿Crees que el ser humano está formado por dos partes distintas o más bien es una unidad?
7.- ¿Qué es eso de la "Vida Eterna"?
La vida eterna no es igual a esta vida.
Cada persona que muere vivirá en la vida eterna lo que ha elegido previamente en esta vida. Jesús nos da la salvación (la vida eterna), pero no nos obliga a aceptarla. Eres tú quien tiene que aceptarlo en tu vida de una manera voluntaria, amorosa.
En la vida eterna, una vez muertos, los católicos creemos que hay tres posibilidades para el ser humano. Tu "yo personal", lo que llamamos "el alma", pasará a una de estas tres opciones:
1. El cielo, contemplando a Dios.
2. El purgatorio, purificándose para poder entrar en comunión con Dios.
3. El infierno, quedará definitivamente separada de Dios.
 ¿Cómo te imaginas lo que es la "vida eterna"?
 ¿Disfrutamos en esta vida ya de algo de la "vida eterna"?
 ¿Cómo puede entrar una persona en la "vida eterna"?
8.- ¿Qué es el Juicio Final después de la Muerte?
Los católicos creemos que una persona cuando muere queda sometido a un juicio inmediato del Señor, que decidirá definitivamente su suerte. En el Nuevo Testamento hay varios ejemplos donde se nos habla de que la persona nada más morir, recibirá su retribución según hayan sido sus obras en la tierra:
Lc 16, 19-22: parábola de Epulón y Lázaro.
 Lc 23,43: Jesús al buen ladrón.
Cada persona, al morir, recibe en su alma inmortal la "herencia" según en su vida haya aceptado a Jesús como su salvador y su vida haya sido coherente con el mensaje de su salvador.
 ¿Cómo te imaginas el juicio final?
 Si Dios es tan bueno ¿Cómo nos va a hacer un "juicio"?
 ¿Qué nos salva: sólo la fe o sólo las obras?
9.- ¿Qué es "el Cielo"?
Para los cristianos, el cielo es la vida definitiva junto a Dios, para siempre, para toda la eternidad. Mientras estamos en esta vida caemos y nos alejamos de Dios con frecuencia. El cielo es el estar con Dios para toda la eternidad. En el cielo seremos totalmente felices y de una manera definitiva, una felicidad absoluta. San Pablo nos dice:
"Ni ojo vio, ni oído oyó, ni el hombre pudo pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman." (1Co 2,9).
Al cielo llega inmediatamente una persona que acaba de morir en gracia y amistad con Dios.
"Cuando vaya y les prepare sitio, vendré de nuevo y les acogeré conmigo; así, donde estoy yo estarán también ustedes. Y para ir adonde yo voy, ya saben el camino. " (Jn 14, 3-4)
Vivir en el cielo es estar con Cristo. La Palabra de Dios nos habla del cielo dándole varios nombres distintos: vida, luz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso...
Ten en cuenta que el cielo no es "un lugar" al que vamos, es un estado en el que se encontrará nuestra vida (el alma).
 ¿Cómo te imaginas el cielo?
 ¿Crees que el cielo es un lugar? ¿Por qué?
 ¿Cielo y felicidad son lo mismo?
10.- ¿Qué es el "Infierno"?
Es la condenación eterna. Es cuando una persona rechaza conscientemente en su vida terrenal a Dios. Dios nos invita a salvarnos, nos invita al cielo, pero los seres humanos somos libres para elegir. Si rechazamos a Dios, si no lo tenemos en cuenta en nuestra vida, estamos autocondenándonos.
"Tampoco tengan miedo de los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida; teman si acaso al que puede acabar con vida y cuerpo en el fuego." (Mt 10,28).
En el Evangelio se puede presuponer por las palabras de Jesús que existen y existirán personas condenadas en el infierno:
 "el hijo de la perdición": Jn 17, 12
 "vayan malditos al fuego eterno..." Mt 25,41
La Iglesia católica nunca ha dicho que haya alguien condenado, aunque sí ha dicho que las almas de quienes mueren en pecado mortal son llevadas inmediatamente al infierno, donde son atormentadas con penas inacabables.
"Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él." (1Jn 3, 15)
Los católicos no creemos en el destino. Nosotros no creemos que la vida de cada persona "esté ya escrita". Cada ser humano es libre de elegir el estado que quiere para su vida.
Los católicos creemos que para ir al "estado de infierno" (recuerda que el infierno no es tampoco "un sitio" al que vamos después de morir...) la persona tiene que tener una voluntaria aversión a Dios (un pecado mortal) y persistir en ese pecado hasta el final.
 ¿Cuál es el motivo por el cual una persona puede acabar en el "estado de infierno"?
 ¿Es fácil o difícil ir al infierno? ¿Por qué?
 ¿Que quiere decir la gente cuando afirma que "el infierno está aquí..."?
11.- ¿Qué es el "Purgatorio"?
Es un estado, tampoco es un "lugar" o espacio físico.
La Iglesia siguiendo el consejo de la Escritura (2M 12, 46) siempre rezó por los difuntos. Creemos que los que mueren en gracia y amistad con Dios sin estar, sin embargo, plenamente purificados o con algún resto de pecado, sufrirán una purificación antes de llegar a Dios.
El rezar por los difuntos, y de una manera especial la santa misa, ofrecida por los difuntos pueden ayudar a su pronta purificación.
12.- ¿Qué es la "Resurrección de la Carne"?
Los cristianos católicos creemos que al final de los tiempos resucitaremos todos. Creemos que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día:
"Y éste es el designio del que me envió: que de todo lo que me ha entregado no pierda nada, sino que lo resucite el último día. Porque este es el designio de mi Padre, que todo el que reconoce al Hijo y le presta adhesión tenga vida definitiva, y lo resucite yo el último día. " (Jn 6, 39-40).
Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos el elemento esencial de la fe cristiana:
"Ahora bien, si nuestro mensaje es que Cristo ha resucitado. ¿cómo dicen algunos de ustedes que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, el mensaje que predicamos no sirve para nada, ni tampoco sirve para nada la fe que tienen. Pero lo cierto es que Cristo ha resucitado. Él es el primer fruto de la cosecha. Ha sido el primero en resucitar." (1Co 15, 12-14.20)
"¡Y Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos!" (Mc 12, 27)
Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona:
"Jesús le dijo entonces: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno de los que viven y creen en mí morirá jamás. ¿Crees esto?" (Jn 11, 25)
13.- ¿Cómo resucitan los muertos?
¿Qué es resucitar?
No es volver de nuevo a esta vida material. En la muerte, separación del alma y del cuerpo, el cuerpo de la persona cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su infinito poder dará a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús.
¿Quién resucitará?
Todas las personas que han muerto: "No se admiren de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien, resucitarán para tener vida; pero los que hicieron el mal, resucitarán para ser condenados." (Jn 5, 28-29).
¿Cómo resucitaremos?
Cristo resuitó con su propio cuerpo: "Vean mis manos y mis pies: ¡soy yo mismo! Tóquenme y miren: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo." (Lc 24, 39)
Pero Jesús no volvió a la vida terrenal. Del mismo, en Él: "Nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo, que cambiará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso como el suyo. Y lo hará por medio del poder que tiene para dominar todas las cosas." (Fil 3, 20-21)
Será un "cuerpo espiritual": "Tal vez alguno preguntará: "¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Qué clase de cuerpo tendrán?" ¡Es una pregunta tonta! Cuando se siembra, la semilla tiene que morir, para que tome vida la planta. Lo que se siembra no es la planta que ha de brotar, sino el simple grano, sea de trigo o de otra cosa. Lo mismo sucede con la resurrección de los muertos: lo que se entierra es corruptible y lo que resucita es incorruptible. Pues nuestra naturaleza corruptible se revestirá de lo incorruptible, y nuestro cuerpo mortal se revestirá de inmortalidad." (1Co 15, 35-37.42.53).
Nosotros no sabemos el "cómo" será ese cuerpo, porque ese conocimiento va mucho má allá de lo que como humanos podemos imaginar y no lo sabemos sino por la fe.
14.- ¿Cuándo resucitaremos?
Sin duda, en el último día, al fin del mundo.
Participar en la misa es también participar en la resurrección de Jesús:
"Jesús les dijo: Les aseguro que, si no comen el cuerpo del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré el último día. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, vive unido a mí; y yo vivo unido a él. El Padre , que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él. De la misma manera, el que me coma vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es el que comieron sus antepasados, que a pesar de haberlo comido murieron. El que coma de este pan, vivirá para siempre." (Jn 6, 53-58).
El Bautismo también nos hace participar en la resurrección de Cristo:
"Al ser bautizados, fueron sepultados con Cristo y resucitados también con él, porque creyeron en el poder de Dios que le resucitó. Por lo tanto, ya que han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde está Cristo sentado a la derecha del Padre". (Col 2, 12; Col 3, 1)
El creyente espera la resurrección, esperamos "en Cristo":
"...el cuerpo es para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y así como Dios resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros por su poder. ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios les ha comprado por un precio. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo." (1Co 6, 13-15.19-20).
Mario Santana Bueno, en catholic.net/
 
 
 
Escrito por Franco Andrés Melchior
Publicado: 29 Octubre 2021
 
 
Reflexiones sobre la configuración de la libertad religiosa a la luz del debate francés sobre es velo islámico
Introducción [1]
La numerosa inmigración islámica en los países europeos ha provocado, para muchos, un cambio de paradigma en el modo de entender la sociedad. Culturalmente, esta inmigración ha obligado a realizar numerosos cambios, pues no solo ha impuesto deberes de aceptación de conductas culturales muy diversas a las propias, sino también deberes de omisión de conductas culturales arraigadas hace muchos años, que han sido consideradas per se una agresión o una falta de respeto. Asimismo, dicha inmigración ha llevado a plantearse qué conductas y tradiciones de los nuevos ciudadanos son aceptables para la convivencia y el orden público del país receptor, y cuáles no pueden tolerarse.
La cuestión de la política europea y el multiculturalismo es, por tanto, el marco histórico y social donde se inscribe este trabajo. Dentro de dicha temática aquí se partirá de un punto concreto, cual es el problema de las niñas que se visten con hijab (foulard islamique) en las escuelas públicas francesas, para realizar a tenor del mismo diversas reflexiones sobre el laicismo y el liberalismo. Se verá que el paradigma liberal francés se instaura como "aproximación valorativa" a las normas constitucionales y legales, así como a los tratados internacionales de derechos humanos que protegen y regulan derechos y deberes [2] determinando un modo concreto de entender las relaciones entre la libertad religiosa de las personas y la vida social.
Se realizará, asimismo, un análisis de la jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos al respecto de la problemática francesa y se examinarán los criterios que utiliza para articular la relación entre religión y Estado.
Para llamar la atención sobre dicho modo de aproximarse a las normas internas que resguardan los derechos y regulan las potestades del Estado, junto a los tratados internacionales de derechos humanos, aquí se intentará estudiar el laicismo francés y su pretensión de neutralidad, y su desarrollo en sociedades liberales como la de Francia, analizando la coherencia del concepto de libertad que mantienen dichas sociedades con la aplicación práctica de los principios que profesan.
Conviene señalar que se hace foco en el laicismo francés, pues es la doctrina "madre" del laicismo. Este ha tenido luego derivaciones en otros países, algunos de los cuales presentan grandes diferencias con aquel, como es el caso de Estados Unidos [3]. Pero esas derivaciones no deben hacer olvidar que es en Francia donde, según los mismos laicistas, se presenta esta corriente de pensamiento en su forma más completa [4]. Es una tradición que se concreta en la Revolución Francesa y tiene su culmen con la Ley de 1905 sobre separación entre Iglesia y Estado. Por eso las reflexiones de este trabajo se dirigen principalmente a estudiar el "ideal" laicista francés, o de cuño francés, y su innegable incoherencia práctica, en la comprensión de que dicho análisis es naturalmente extensible a toda manifestación de laicismo.
En el desarrollo del trabajo, y a los fines de lograr mayor objetividad, se procura definir el laicismo como los laicistas lo hacen. Tras esto, se utilizan sus frases y conceptos para confrontarlos a la luz de los hechos. Se recurrirá  someramente a visiones no laicistas del laicismo.
En lo atinente a los aspectos que el trabajo busca dilucidar se exponen también, escuetamente, algunas posiciones y teorías actuales muy influyentes, como las de Rorty, Habermas y Rawls, pues dichos autores reflejan similares formas de ver la realidad política, tanto entre sí, como con el laicismo.
A partir de lo anterior se analiza la aplicabilidad y coherencia del liberalismo laicista francés, y se concluye en la necesidad de que el Estado, sin mezclarse con la religión, no la rechace, sino que la acepte como un valor personal y social, cuya vivencia y manifestación enriquece la comunidad, en lugar de lesionarla.
1.    El velo de la discordia: los hechos y el derecho en Francia
Todo comenzó cuando niñas islámicas se presentaron en las escuelas públicas francesas con un "pañuelo" (foulard islamique en francés, hijab en árabe). Si bien la palabra hiyab en su formulación originaria hacía referencia a toda clase de velo, hoy en día se utiliza para referirse al paño de tela que a modo de una "extensa bandana" cubre la cabeza y el cuello, dejando descubierto el rostro. En rigor, por tanto, este "pañuelo" estrictamente mal puede llamarse velo, si como tal se entiende algo que solo deja ver los ojos, o una tela que cubra la cara de alguna manera; es diferente al niqab, que cubre todo el rostro salvo los ojos, y al burqa, que cubre todo el cuerpo, incluso los ojos. Por otro lado podríamos nombrar al chador, vestimenta iraní que se coloca sobre la cabeza y cubre todo el cuerpo menos el rostro.
El problema francés es que el uso del hijab fue y sigue siendo una manifestación religiosa [5]. De esta manera, cuando la población que profesa la religión islámica fue creciendo en ese país, en determinado momento el gobierno se hizo oír.
El 10 de julio de 1989 se promulgó la Ley marco sobre la Educación (89-486) [6], también conocida como Ley Jospin por el entonces ministro de Educación, Juventud y Deportes Lionel Jospin. Esta ley produjo numerosas modificaciones en  el régimen escolar francés, pero en lo que hace al desarrollo del presente trabajo vale citar el segundo párrafo de su artículo 10: "En los colegios y escuelas secundarias, los estudiantes tienen, en el respeto al pluralismo y el principio de neutralidad, libertad de información y libertad de expresión. El ejercicio de estas libertades no pueden perjudicar las actividades de enseñanza" [7].
Tal norma constituyó la primera medida y justificó intervenciones posteriores de las autoridades francesas. Así, en  1989 llegó el avis del Consejo de Estado 346.893 [8], que con cita, entre otras normas, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, de la Constitución Francesa del 4 de octubre de 1958, del Convenio Europeo de Derechos Humanos y de la "Ley marco", se avoca al tema que nos ocupa.
Dicha norma establecía, por un lado, que la libertad de conciencia de los jóvenes incluye la posibilidad de manifestar sus creencias en el ámbito escolar. Por otro lado, prescribía que tal libertad tiene limitaciones. Se dispuso que el uso de signos distintivos de la propia creencia no es en sí mismo violatorio del principio de laicidad, pero se hizo la salvedad  de que no son tolerables muchos de ellos. Se trata en concreto de los siguientes:
 "[Aquellos que] por su naturaleza, por la forma en que serían llevados individual o colectivamente, o por su carácter ostensible (ostentatone) o reivindicatorio, constituyan un acto de presión, de provocación, de proselitismo o de propaganda, usarlos atente contra la dignidad o la libertad del alumno o de otros miembros de la comunidad educativa, comprometan su salud o su seguridad, perturben el desarrollo de las actividades de enseñanza y el rol educador de los docentes, o en fin perturbaran el orden en el lugar o el funcionamiento normal del servicio público" [9].
La norma autorizaba a los colegios a realizar una reglamentación al respecto. Y para dar más precisiones explicaba que un alumno podría ser expulsado por no respetar dichos criterios y que tal expulsión no violaba el derecho a la  educación porque podía ser inscrito en los regímenes previstos para educación a distancia. Lo que sí se encontraba vedado, entre otras cosas, según el Consejo de Estado, era la existencia de una prohibición general (criterio que será aplicado con posterioridad en numerosas Decisiones por este órgano).
Pasado menos de un mes de la resolución del Consejo de Estado, Lionel Jospin dictó la Circular del 12 de diciembre para ejecutar dicha norma [10]. La Circular estaba dividida en tres partes: la primera sobre la portación de signos religiosos por los alumnos, la segunda sobre el carácter obligatorio de las clases, y la tercera sobre las obligaciones de secularidad de los profesores.
En una parte introductoria, después de recordar la imposibilidad dispuesta por el avis del Consejo de Estado de establecer prohibiciones generales, comienza sosteniendo lo siguiente:
"En la escuela, como en otros sitios, las creencias religiosas del individuo son una cuestión de conciencia individual y, por tanto, de la libertad. Pero en la escuela, donde se encuentran los jóvenes sin ninguna discriminación, el ejercicio de la libertad de conciencia, el respeto al pluralismo y la neutralidad del servicio público exigen que el conjunto de la comunidad educativa viva libre de toda presión ideológica o religiosa" [11].
En el apartado primero, haciendo una interpretación propia del avis 346.893, y como consecuencia razonada de la idea anterior, explicaba que no deben permitirse: "[...] los actos de proselitismo que excedan las simples convicciones religiosas y que se dirijan a convencer a los otros alumnos y a los demás miembros de la comunidad escolar y a servirles de ejemplo".
En el segundo apartado insistía en la obligatoriedad de las clases y del contenido de los programas. Los alumnos deben cumplir las tareas inherentes a sus estudios y respetar las reglas de funcionamiento y de la vida colectiva de los colegios, agregando: "La libertad de expresión reconocida a los alumnos no podrá contravenir estas obligaciones".
A los docentes, en la tercera parte de la Circular, se les impuso esta obligación: "Deben imperativamente evitar toda marca distintiva de naturaleza filosófica, religiosa o política que atente contra la libertad de conciencia de los menores y el rol educativo de las familias".
Finalmente, puede leerse una frase que se aplicaría a cualquier sistema político y a casi cualquier concepción filosófica actual: "eljoven debe aprender y comprender que el respeto a la libertad de conciencia del otro requiere de su parte una reserva personal". Naturalmente, el problema que se debe resolver es el contenido de la "reserva personal".
Resulta significativa la Decisión del Consejo de Estado en un caso que resolvió en 1992. En el caso, tres niñas habían sido expulsadas de un colegio por usar el hijab. El Consejo de Estado dispuso la nulidad de la expulsión recurriendo como núcleo constitucional a tres importantes normas en las que basó su sentencia. La primera es el artículo 10 de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que en virtud de la Constitución de 1958 es parte del bloque de constitucionalidad francés actualmente vigente: "Nadie podrá ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden establecido por la ley pública".
El Consejo de Estado también recurrió para fundar su decisión al artículo 2 de la Constitución de 1958, que dispone: "Francia es [...] laica [y...] garantiza la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos sin distinción de origen, raza o religión y respeta todas las creencias" [12].
Finalmente, cita el párrafo segundo del artículo 10 de la Ley marco arriba nombrada.
Luego, en los mismos términos del avis citado con anterioridad, repitió la idea de que se encuentran permitidos los signos que no sean: "por su naturaleza, las condiciones en las que se puede usar de forma individual o colectiva, o por ser ostensible o reivindicatorio, constituyan un acto de presión, provocación, proselitismo o propaganda" [13].
El Consejo de Estado concluyó que la expulsión resultaba ilegítima porque estaba fundada en una prohibición general y absoluta, lo cual resultaba incompatible con los principios antes nombrados de libertad de expresión y de  manifestación de las creencias religiosas [14]. De esta manera, el tribunal inició una jurisprudencia que se mantendrá estable hasta 2004, cuando entró en vigencia la modificación del Código de Educación.
Años después otro ministro de Educación, François Bayreou, en la Circular 1649, del 20 de septiembre de 1994, expuso que:
"La idea francesa de la nación y de la República es, por naturaleza, respetuosa de todas las convicciones. [...] Sin embargo, excluye la desintegración de la nación en comunidades segmentadas, indiferentes entre sí, que no consideran más que sus propias reglas y sus propias leyes. [...] La nación no es solamente un conjunto de ciudadanos que detentan derechos individuales. Es una comunidad de destino".
Unos párrafos más adelante afirma: "El ideal laico y nacional es la sustancia misma de la escuela de la República y el fundamento del deber de educación cívica que le es propio".
No obstante afirmarse que en Francia se respetaban todas las creencias -según los términos antes citados-, se "aclara" luego que el principio de laicidad obliga a afirmar que: ". no es posible aceptar en la escuela la presencia y la multiplicación de signos ostensibles cuya significación sea precisamente la de separar a algunos alumnos de las reglas de vida común de la escuela".
Estas frases, en conjunto con la Circular enviada por Jospin, dejan claro, además, que la manifestación de las  creencias religiosas no justifica de ninguna manera la "modificación" de los contenidos curriculares o de los modos de impartirlos para adaptarlos a los estudiantes, por más pequeña que pueda resultar tal modificación. Según surge de estas normas, no se permite adaptar la enseñanza escolar para que los niños puedan realizar actividades diferenciadas del resto o efectuar trabajos que, acordes a sus creencias, puedan resultar igualmente formativos y exigentes que los del resto de los estudiantes. Esta consideración, que resulta acorde también con la última oración del artículo citado de la Ley 89-486, tendrá su más notable aplicación en las clases de educación física.
Finalmente, la Circular "solicitaba amablemente" la instrumentación de dichos principios y, por tanto: "la prohibición de tales signos ostensibles, mientras que el uso de signos más discretos que manifiesten solamente la adscripción a una convicción personal no puede ser objeto de las mismas reservas" [15].
Luego de esta Circular se sucedieron numerosos casos de niñas sancionadas por el uso de la hijab. Llegados los casos al Consejo de Estado, este se manifestó, en general, siguiendo el criterio de que no son legítimas las prohibiciones abstractas y generales del uso de distintivos religiosos. Sostuvo que no puede preverse una exclusión sin más de tales símbolos, ya que los derechos en juego exigen que en los colegios se plasmen los principios generales y se atienda caso por caso, tal como lo había dicho en la Decisión citada anteriormente. De esta manera, declaró en numerosas oportunidades la nulidad de las expulsiones de niñas cuando la medida extrema había sido producto del incumplimiento directo de una norma del establecimiento que disponía expresamente la prohibición de llevar el hijab, entre otros signos [16].
Hubo expulsiones de niñas "rebeldes" confirmadas por el Consejo de Estado, pero solo fueron admitidas por este cuando se alegó y probó en concreto una razón específica que justificaba la decisión de echar a la estudiante en virtud del velo [17].
En el 2003 se convocó a una serie de expertos para tratar el tema, en lo que fue conocido como la Comisión Stasi. Dicha Comisión elaboró un Informe que constituyó la base para la redacción de un "Proyecto de ley relativo a la aplicación del principio de laicidad en las escuelas, los colegios y los liceos públicos". Tal proyecto fue aprobado por la Asamblea Nacional en el año 2004.
La ley aprobada, cuyas disposiciones fueron introducidas en el art. 141, 5, 1 del Code de l'éducation, dispuso en su art. 1°: "En las escuelas, colegios y liceos públicos, quedan prohibidos los signos y vestimentas que manifiestan ostensiblemente la pertenencia religiosa de los alumnos" [18].
A partir de ese momento, las decisiones del Consejo de Estado sufrieron un gran cambio, y ya no resultó tan estricto en el estudio de las razones que justificaran la expulsión en el caso concreto. En numerosas decisiones se expuso la siguiente frase como fundamento decisivo:
"Se desprende de estas disposiciones [fundamentalmente el art. 141, 5, 1 del Código de Educación] que si los alumnos de las escuelas, colegios y liceos públicos pueden llevar símbolos religiosos discretos, sin embargo están prohibidos, por una parte, los símbolos o atuendos, tales como un velo o un pañuelo islámico, una kippa o una gran cruz, cuya portación, por sí misma implica una manifestación ostensible a una pertenencia religiosa, y, por otra parte, aquellos cuya portación no manifiesta ostensiblemente una pertenencia religiosa más que en razón del comportamiento del alumno" [19].
Esta nueva posición del Consejo de Estado es la que se mantiene en la actualidad. Por este motivo, hoy son muchos más los casos en los que se confirma la expulsión del establecimiento que aquellos en los que se anula la disposición escolar que dispone la salida del estudiante.
Por tanto, el liberalismo francés postula que en las escuelas públicas nadie puede expresar ostensiblemente de cualquier manera simbólica sus creencias religiosas. Si alguien lo hace ofende al ideal laico, liberal. Es así, una visión de la libertad que, inficionada de laicismo, lleva paradójicamente a que no se ejerza la propia autonomía y libre desarrollo, en un aspecto tan importante y delicado como es el de la religión.
2.    El debate sobre el velo ante la Corte Europea de Derechos Humanos
  La Corte Europea de Derechos Humanos ha generado una interesante doctrina sobre los símbolos religiosos, el principio de laicidad y los deberes de los Estados miembros de garantizar los derechos reconocidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH). Para analizar dicha postura se verán diferentes casos que han suscitado gran atención en el ámbito jurídico. Primero se expondrá el leading case Leyla Sahin v. Turky [20]. Dicho caso fue seguido luego por el resto de las decisiones que aquí se analizan. Se verá a continuación una serie de sentencias de la Corte pronunciadas en situaciones en las que Francia ha sido parte. Finalmente, se estudiará el reciente pronunciamiento en Lautsi v. Italy [21].
2.1 . El caso Sahin v. Turky 2005): el contexto estatal interno como justificación en el uso de la discrecionalidad de los Estados y la prohibición de adoctrinamiento como límite
En Layla Sahin v. Turky la accionante reclamaba al Estado turco porque, por el principio de laicidad que rige allí desde hace tiempo, no se le permitía asistir a la universidad con velo. Para ella tal actitud violaba ciertos derechos reconocidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos; más precisamente, sostenía, violentaba los derechos de intimidad (art. 8), libertad de conciencia (art.9), libertad de expresión (art. 10), igualdad y no discriminación (art. 14) y a la educación (art. 2 del Protocolo Adicional 1). De las normas citadas conviene transcribir las dos que guardan un interés principal con relación al caso. Se trata de los artículos 9 del Convenio y 2 del Protocolo Adicional 1, que respectivamente disponen:
"Artículo 9. Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos.
1.   La libertad de manifestar su religión o sus convicciones no puede ser objeto de más restricciones que las que, previstas por la ley, constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad pública, la protección del orden, de la salud o de la moral públicas, o la protección de los derechos o las libertades de los demás".
"Art. 2°. A nadie se le puede negar el derecho a la instrucción. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas".
Llegado el caso a la Corte Europea, fue resuelto por la Cuarta Sección el 2 de julio de 2002. La Cuarta Sección rechazó las pretensiones de la peticionante con los mismos fundamentos que luego desarrollará más in extenso la Corte en pleno. Allí dijo que la restricción a la libertad de culto se encontraba justificada como necesaria en una sociedad democrática y era una medida razonable de cara a sus objetivos de resguardo de las libertades de los demás y del orden público.
El tema se replanteó luego ante la Corte en pleno, es decir, ante la Gran Cámara. La Corte hizo primero un análisis de las exigencias del artículo 9 del CEDH a los fines de resolver la cuestión central. Para ello dividió su análisis en cuatro:
a) si había o no una lesión a la libertad religiosa; b) si esta se encontraba prescrita por ley; c) si tal lesión dispuesta por el Derecho interno tenía un objetivo legítimo; y d) si la violación instituida por ley, además de fundarse en un objetivo legítimo, constituía una "medida necesaria en una sociedad democrática".
En lo que hace a los primeros dos aspectos, la Corte entendió que existía una lesión legal de los derechos consagrados en el artículo 9 relativo a la libertad religiosa, que resultaba evidente en razón de que el velo era una vestimenta cuyo uso era motivado por una creencia religiosa de la accionante. Tal lesión era dispuesta por una "ley" interna en los términos a que refiere el Convenio Europeo de Derechos Humanos, ya que, para la Corte, si bien la ley que disponía la prohibición con claridad meridiana era posterior a la lesión (circular del 23 de febrero de 1998), sin embargo, existía una normativa que, aunque en sus términos no resultaba tan explícita (sección 17 de la Ley 2547), había sido interpretada en el sentido de que prohibía el velo por la Corte Constitucional francesa. Para fundar esta argumentación recurrió a una interpretación amplia de la expresión "ley" en los términos del Convenio, haciendo un análisis sistemático del término en la misma. Concluyó, como había hecho en muchos otros precedentes sobre otros derechos, que la palabra "ley" para el Convenio significa el Derecho vigente en el país conforme lo han determinado los  tribunales del mismo, lo que comprende la normativa interna de cualquier rango que los tribunales crean vigente y aplicable, incluso el mismo Derecho judicial [22].
 Sobre el tercer aspecto, la Corte afirmó que surge de las leyes internas que la injerencia estaba fundada en razones de protección de los derechos de los demás y en el orden público. El principal argumento al respecto es el que la Corte ofreció sobre la necesidad de la medida en una sociedad democrática. En este punto, el tribunal aclaró que la libertad religiosa es uno de los principios fundantes de una sociedad democrática y que tal derecho implica la posibilidad de manifestar las propias convicciones. Sin embargo, el tribunal de Estrasburgo señaló que el artículo 9 del Convenio Europeo no protege todo acto fundado en una convicción religiosa. Por eso, el Estado debe armonizar ese derecho con el de los demás ciudadanos, la seguridad pública y el orden público. Además, y para que ese derecho pueda vivirse en una sociedad democrática, el Estado debe garantizar neutralidad e imparcialidad, pues ello garantiza el pluralismo. No obstante, tal extremo por garantizar depende mucho del contexto doméstico de cada Estado; las decisiones que tomen estos sobre el modo de articular sus relaciones con las religiones deben ser especialmente consideradas, porque son ellos los que pueden articular mejor los derechos de sus ciudadanos y tomar mejores decisiones de acuerdo con el tiempo y el espacio [23]. Este contexto le da a los Estados un margen nacional de apreciación y la Corte debe controlar si las medidas tomadas en el marco de ese margen están fundadas en un principio que las justifique y que las mismas son proporcionadas. Ese es el control que la Corte, según ella misma, puede realizar sobre los actos que el Estado efectúa dentro de ese margen de apreciación o discrecionalidad [24].
Finalmente, la Corte Europea de Derechos Humanos entendió que las acciones del Estado turco resultaron justificadas por las finalidades ya nombradas, y que eran proporcionadas para lograr esos fines buscados en un país tan particular como Turquía, donde las manifestaciones de fundamentalismo han atentado contra la paz social y el desarrollo de la democracia [25].
En lo que refiere al artículo 2 del Protocolo, la Corte sostuvo que existía una interferencia con el derecho a la  educación, pero supeditó la justificación de la injerencia en el derecho de la accionante a lo que se había resuelto   sobre el artículo 9, considerando por tanto que le corrían las mismas consideraciones y que no había una afectación ilegítima ni desproporcionada al mismo, a pesar de que la estudiante había cursado más de cuatro años con el velo, sin ningún incidente [26].
Nótese que aquí no se trataba de que la manifestación religiosa de una persona pueda implicar un acto de proselitismo muy influyente por la falta de elementos para defenderse que podrían llegar a tener los niños, por ejemplo, sino que  se trató precisamente de personas adultas y de un ámbito especialmente propicio para el análisis crítico de posturas y visiones, como lo es el universitario.
2.2 . Los seis casos de 2009 contra Francia: se justifican las expulsiones de las escuelas por usar el velo islámico
Luego de la modificación al Código de Educación francés (hubo otros casos con la legislación anterior, que serán  citados con posterioridad), le cupo intervenir a la Corte Europea de Derechos Humanos en seis casos contra el Estado francés iniciados por padres de menores expulsados; dos de ellos eran niños que fueron sancionados por usar un kippa (pequeño turbante), y los otros cuatro casos correspondieron a niñas que fueron excluidas por el uso de un velo.
Nuevamente, estaban principalmente en juego, y en lo que a este trabajo atañe, el artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y el artículo 2 de su Protocolo Adicional 1 [27].
Los seis casos fueron decididos el 30 de junio de 2009 por la Quinta Sección de la Corte Europea. Se trató de los casos  R. Singh c. France [28], J. Singh c. France [29], Aktas c. France [30], Bayrak c. France [31], Gamaleddyn c. France [32] y Ghazal c. France [33]. Los mismos resultan, a lo menos, curiosos.
En los dos casos Singh, los kippa fueron considerados por la Corte como no ostensibles en sí mismos, pero (y esto hace referencia a la última frase de las Decisiones del Consejo de Estado citadas más arriba) [34]. Ese fue siempre el criterio del Consejo de Estado, tal idea ya se encuentra en el avis 346.893 ("qui, par leur nature, par les conditions dans lesquelles ils seraient portés individuellement ou collectivement, ou par leur caractère ostentatoire ou revendicatif..."). sí resultaban ostensibles por el comportamiento de los alumnos. Aconteció lo mismo con respecto a algunas de las niñas en los otros casos, que ofrecieron reemplazar el velo por una boina o gorra. En todas estas situaciones la Corte Europea entendió que, si bien en sí mismos el turbante, la boina o la gorra no manifestaban ostensiblemente una afiliación religiosa, sí lo hacían en razón del comportamiento del alumno o la alumna.
La Corte rechazó las peticiones en los seis casos concluyendo que estaban "manifiestamente mal fundados", aprobando, de esta manera, el proceder del Estado francés [35]. Para resolver, la Corte, en lo que hace a la libertad religiosa, dividió su análisis en las mismas partes que lo había hecho en el nombrado caso Layla Sahin aunque su análisis es más breve y menos estructurado y claro [36].
En esta lógica la Corte entendió que la expulsión por el uso de un símbolo que manifiesta una pertenencia religiosa constituía una injerencia a la libertad religiosa en los términos del segundo párrafo del artículo 9 del Convenio [37]. La lesión nombrada estaba prevista por la ley, ya que se encontraba dispuesta por el artículo 141-5-1 del Código de Educación de Francia, por lo que restaba analizar si tal disposición legal era justificada, es decir, si constituía una medida "necesaria en una sociedad democrática".
Al resolver el centro del problema, la Corte recordó primero tres doctrinas suyas: que el artículo 9 no protege cualquier acto motivado por la pertenencia a una religión; que en una sociedad democrática resulta necesario limitar las libertades para conciliarlas con los diferentes grupos de personas; y que la preservación del orden público y los derechos de los demás en tales sociedades exige respetar un margen de discrecionalidad para cada Estado. La Corte entendió que las expulsiones no eran desproporcionadas, y que los alumnos podían seguir educándose por correspondencia.
Por los argumentos dados, y en lo que se refiere a la libertad religiosa y de enseñanza, la Corte dijo:
"Por lo tanto, en estas circunstancias, y teniendo en cuenta el margen de apreciación que debe dejarse a los Estados en esta materia, la Corte concluye que la injerencia [del Estado en la libertad religiosa del menor] estaba, en principio, justificada y era proporcional al objetivo, por lo que esta queja debe ser desestimada por estar manifiestamente infundada" [38].
 
2.3 . Tres antecedentes sobre el velo en Francia en el tribunal de Estrasburgo
Como se dijo, las decisiones analizadas no fueron las primeras intervenciones de la Corte Europea de Derechos Humanos en lo que hace al principio de laicidad en Francia. Hubo varios casos anteriores.
 Entre esos casos merece la pena nombrar El Morsli c. France [39], por ser uno donde la medida estatal se justifica en motivos razonables de seguridad, muy diferentes a la protección de la laicidad en los derechos de los demás y del Estado. En este caso, a una mujer casada con un ciudadano francés se le exigió quitarse el velo a fin de permitir su identificación para poder ingresar en el Consulado General en Marruecos, donde quería obtener una visa para ir a Francia. Ella se negó, y por esto se le denegó el acceso al mismo, impidiéndole como consecuencia obtener el visado necesario. Aquí la Corte Europea entendió que el caso debía ser rechazado, pues la exigencia de quitarse el velo resultaba razonable a los fines de la identificación de las personas para resguardo de la seguridad del Consulado, y denegó la petición de El Morsli.
 Otros casos importantes, que son citados por la Corte en las seis resoluciones nombradas en el apartado anterior, y que tienen mayor relación directa con el problema del velo en las escuelas, son las decisiones en Dogru c. France [40] y Kervanci c. France [41]. La cuestión central del supuesto de hecho llevado al tribunal radicaba en que la negativa de las niñas a quitarse el velo impedía, a juicio de la escuela, que desarrollaran correctamente las clases de educación física; ello, luego de diferentes instancias, concluyó con la expulsión de las alumnas. Aquí el tribunal efectuó paso por paso el análisis ya expuesto para dilucidar si existe o no una violación injustificada del artículo 9 del Convenio.
Luego de entender que existía una violación en los términos del artículo 9 de la CEDH, la Corte analizó el Derecho interno francés. El tribunal aceptó legitimar la violación a la libertad de conciencia y religión mediante normas  francesas de jerarquía inferior a las leyes (nombra las circulares y las disposiciones del Consejo de Estado), ya que los hechos transcurrieron con anterioridad a la inclusión del artículo 141-5-1en el Código de Educación. Para ello recurrió a su doctrina en el sentido de que la palabra ley del párrafo segundo del artículo 9 del CEDH hacía referencia a la ley en sentido "sustantivo" y no "formal" [42].
La Corte analizó con posterioridad el fin u "objetivo legítimo" de las expulsiones, diciendo brevemente que la medida se encontraba fundada en la defensa de los derechos y las libertades de los otros y del orden público. Para finalizar su razonamiento, citó el caso Leyla Sahin v. Turky, ya expuesto, y se avocó a justificar la medida en un país democrático en términos muy similares al caso citado (siendo Estados tan distintos en este punto), diciendo que se justifican injerencias en la libertad religiosa en el resguardo de los derechos y las libertades de los otros, y de la seguridad y del orden públicos. Después de citar numerosos casos sobre distintos derechos en los que por diferentes razones resolvió validar medidas del Estado demandado, sostuvo que las sanciones de expulsión no parecían desproporcionadas, pues eran un modo razonable de alcanzar los objetivos propuestos de protección de los derechos y las libertades de los demás y el orden público, aclarando además que las expulsiones no se basaban en objeciones a las creencias de los niños [43].
2.4 El caso Lautsi v. Italy (2011): un cambio jurisprudencial que considera que los símbolos religiosos no dañan a otros
Hasta el momento se han expuesto casos en los que la Corte Europea aplicó el principio de laicidad bajo los objetivos de neutralidad e imparcialidad, y donde el proceder de los Estados se justificó por considerar que las medidas tenían una finalidad legítima suficiente, eran proporcionadas a dichos objetivos y existía un margen nacional de apreciación sobre la situación.
Para concluir este apartado se analizará el caso Lautsi and others v. Italy, de marzo de 2011, donde la situación es diferente, y donde la posición de la Corte parece cambiar [44]. Allí se discutió si el hecho de tener crucifijos en las escuelas públicas afectaba los derechos humanos.
Este caso resulta relevante por tres razones: a) es la decisión más reciente; b) el pleno del tribunal europeo revocó  una decisión tomada por la Sección Segunda, algo que resulta excepcional, y "casó" la sentencia, unificando la jurisprudencia de toda la Corte; y c) la decisión aprobó el proceder del Estado italiano en lo referente a la obligatoriedad de la existencia de crucifijos en las instituciones públicas de enseñanza. Es decir, es un caso en el que la Corte reafirma su doctrina del margen de apreciación, pero esta vez convalidando una acción estatal de larga data que es claramente incompatible con el principio de laicidad al estilo francés.
En el caso, una madre finlandesa y sus dos hijos (Dataico y Sami Albertin), residentes en Italia, luego de que fuera infructuoso su recurso en las instancias internas posibles, interpusieron ante el tribunal europeo el correspondiente libelo contra el Estado de Italia porque, a su entender, la presencia de crucifijos en las escuelas públicas violaba el principio de secularidad que exige la correcta aplicación de las normas del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Los tribunales superiores italianos rechazaron su petición haciendo especial referencia a que la existencia de cruces en las aulas es una manifestación de la cultura e idiosincrasia italianas. Señalaron que el crucifijo puede tener numerosos significados, y que en un contexto no religioso como el aula no implica un signo religioso en sí; en ese contexto más que violar el principio de laicidad representa sus valores (respeto mutuo, tolerancia, valorización de la persona, etc.), valores que caracterizan a la civilización italiana, colaborando a la formación de los niños [45].
El 3 de noviembre de 2009 la Sección Segunda de la Corte Europea de Derechos Humanos resolvió en favor de la petición de los tres accionantes. Para ello sostuvo que la presencia de los crucifijos en las escuelas italianas violaba los derechos consagrados en el Convenio y el Protocolo Adicional ya nombrados, porque la ostensible presencia de estos en el aula no solo implicaba un acto de proselitismo, sino que también afectaba emocionalmente a los niños que no profesaban esa religión, generando disturbios [46].
Cuando el caso llegó año y medio después a la Gran Cámara de la Corte Europea, esta mantuvo la doctrina de la Sección Segunda, según la cual el crucifijo es claramente un signo religioso y que no pueden dársele otros significados. Sin embargo, contrariamente a la Sala preopinante, entendió que la decisión italiana sobre los crucifijos parecía ser  una razonable aplicación, de acuerdo con el contexto interno del Estado italiano, del principio de autonomía de los Estados al que la Corte refiere mediante el margen de apreciación estatal.
La Corte sostuvo, en su fallo de 2011, que los Estados miembros son responsables de asegurar, mediante la neutralidad e imparcialidad el libre ejercicio de varias religiones, de acuerdo con las exigencias que surgen del artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos [47]. Pero el deber de respeto al ejercicio de los derechos por parte de los particulares, en el ámbito de confluencia con el artículo 2 del Protocolo Adicional 1, varía considerablemente en cada caso, porque se deben tener en cuenta las particulares circunstancias que se presentan en cada Estado miembro. O sea que el modo de aplicar los principios receptados en la normativa referida varía de acuerdo con el lugar y el momento [48].
Luego de dejar clara la discrecionalidad del Estado para ciertas decisiones adaptadas a sus circunstancias particulares, la Corte Europea aclaró mejor los límites de la conjugación de las normas nombradas. Explicó que los derechos reconocidos a los individuos no impiden al Estado dar conocimientos o principios directa o indirectamente religiosos a través de la formación o educación pública. Los padres de los niños no pueden objetar tales enseñanzas si los Estados miembros procuran que dicha enseñanza se imparta de manera objetiva, crítica y pluralista, permitiendo que los alumnos de otras religiones puedan desarrollar una "mentalidad crítica" en una atmósfera pacífica y "libre de cualquier proselitismo" [49].
Como se adelantó, la Corte entendió que la relación entre Estado y religión no encuentra una respuesta única en Europa, y que la gran variación de circunstancias internas de los Estados y los modos particulares en los que estos resuelven sus problemas permite sostener que la cuestión de los crucifijos en las escuelas entra dentro del margen de apreciación propia de cada Estado [50].
2.5 Algunas conclusiones sobre la jurisprudencia de la Corte Europea
La postura adoptada por el pleno de la Corte Europea de Derechos Humanos en Lautsi intenta parecer coherente con las resoluciones tomadas con anterioridad, subrayando el margen nacional de apreciación. En el fallo se hace numerosa referencia a casos anteriores y, principalmente, al caso Layla Sahin, ya estudiado. De todos modos, puede observarse un cambio importante en la actitud de la CEDH, que ha pasado de entender que es proporcionado que un Estado decida expulsar de la universidad turca a una estudiante de quinto año de Medicina por llevar un pañuelo en la cabeza, o echar de la escuela a menores de edad en Francia por igual motivo, dado que en esos casos la razón por la que usaban el velo era religiosa, manifestando su religión, a considerar legítimo con relación a la imparcialidad y neutralidad que se ponga en toda escuela pública un símbolo claramente reconocido como religioso, y aún así enseñar directa o indirectamente religión de modo objetivo, no proselitista, pacífico y admitiendo el pluralismo crítico, sin que estas sean medidas que violenten los derechos de los demás ni el orden público [51].
De las distintas resoluciones de la Corte Europea solo parecen compatibles con la libertad religiosa las decisiones tomadas en El Morsli y Lautsi, pues en ellos resulta realmente justificada la injerencia y proporcionada la medida con relación al fin buscado.
En primer lugar, resulta razonable exigir que una persona, por razones de seguridad se quite el velo, a los fines de identificarla, pues de otra manera muchas personas, so pretexto de sostener una religión que imponga esta vestimenta, podrían violar muchas medidas de seguridad, en un mundo que se ha vuelto especialmente inseguro.
Por el lado de la sentencia a favor del Estado italiano, la justicia resulta clara, pues la decisión implica una razonable armonización de los derechos en juego y parece subyacer un correcto entendimiento de lo que es el hombre como persona y el ejercicio de su libertad. Implica una correcta aplicación de los principios de neutralidad e imparcialidad, pues ellos no podrían excluir manifestaciones propias de la idiosincrasia y cultura milenaria de un Estado, y se subraya que debe respetarse la mentalidad crítica y el pluralismo, junto a que no puede alegarse que ver un símbolo religioso pueda causar daños a los derechos de los demás.
Es también en este último pronunciamiento donde parece existir una correcta idea de proselitismo, pues el acto de proselitismo que debe prohibirse es aquel que implica realmente una afectación a la libertad del otro, como manifestación de un abuso de la propia libertad, sea del Estado o individual. Esto ocurre cuando se exigen, por ejemplo, bajo amenaza determinados actos o el seguimiento a determinado líder, o cuando se muestra una sola visión en una escuela pública, sin dar espacio a los menores de edad para ejercer su libertad religiosa.
El resto de las decisiones, en cambio, infortunadamente no cumplen con los requisitos que exige una correcta articulación de las relaciones entre la religión y el Estado, por un lado, y la libertad religiosa con los derechos de los demás, y constituyen claras afectaciones a los derechos de ejercer y manifestar la propia religión reconocidos y consagrados por el Derecho interno constitucional o infraconstitucional de los países y por las convenciones internacionales de derechos humanos. Se observan en estas decisiones los mismos problemas que se detectan en el laicismo entendido de modo negativo según se expondrá en los apartados siguientes. Párrafo aparte merecen los casos de expulsiones de niñas en las que el Estado había alegado la imposibilidad de éstas para desarrollar las actividades de educación física por el uso del hijab. Resulta difícil imaginar supuestos en los que se vean perjudicadas las actividades físicas realizadas con esta clase de pañuelos, de hecho no son pocos los casos de deportistas profesionales que practican con un pañuelo de estas características. Suponiendo que tal dificultad pueda ser real, le corresponde a la institución educativa la carga de probar dicho extremo. En todo caso, debe permitirse que las niñas desarrollen  algunas de las decenas de actividades deportivas que pueden ejecutarse vistiendo el velo.
3.    EL LAICISMO POR LAICISTAS
La cuestión más difícil que se presenta en este trabajo es determinar cuál es la definición de laicismo, pues existen muchas controversias al respecto. Por ello se ha optado por definir laicismo como lo hacen algunos laicistas (entre  estos mismos hay serias controversias) y hablar de las características que según ellos tiene para, finalmente, comparar su "idea" de laicismo con la realidad; esto último, sobre todo, analizando el país que, a su entender, es el paradigma  del laicismo, la sociedad que más "vive" los principios de esta posición filosófica.
Philippe Grollet, presidente del Centro de Acción Laica de Bélgica de 1998 a 2007, en una conferencia dada en Chile sostuvo:
"El Estado laico es el que realiza una separación efectiva entre el espacio público y sus instituciones (que representan el patrimonio común) y las iglesias y convicciones religiosas o filosóficas diversas (que conciernen la esfera privada de los ciudadanos). [Implica una] exigencia de imparcialidad y de perfecta independencia de los poderes públicos respecto a las convicciones religiosas o filosóficas".
Grollet se refiere también a un aspecto "personal" de la laicidad, diciendo que implica "una concepción de vida de la que los fundamentos no-confesionales son extranjeros a toda referencia divina, sobrenatural o transcendente" [52].
Los autores laicistas coinciden en que la independencia entre las religiones y el Estado es el núcleo central del laicismo. No obstante, desde sus mismos inicios existían divergencias sobre si laicismo implicaba también una imparcialidad en  lo que a posturas filosóficas se refiere. Aunque suene coherente la afirmación citada de Grollet, el mismo Jules Ferry (considerado "el padre del laicismo escolar" por ser el principal impulsor de las leyes que establecieron el laicismo en Francia) sostuvo en 1883: "Hemos prometido la neutralidad religiosa, no hemos prometido la neutralidad filosófica [...] la neutralidad confesional no implica de ninguna manera la neutralidad filosófica" [53].
Otro importante referente de la visión secularista europea, Cifuentes Pérez, expone lo que a su parecer son los "elementos que configuran el verdadero rostro del laicismo": 1) La libertad de conciencia individual como primer elemento configurador de la laicidad y la base del laicismo, dicha en un sentido más abarcativo que la libertad religiosa. 2) La igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. No debe admitirse la discriminación por motivos de conciencia, moral o religión. Así, en el ámbito escolar ningún niño o niña puede ser discriminado por su pertenencia a una religión o a una ideología distinta a la mayoritaria en el país. 3) Un tercer elemento de la laicidad europea es la total separación del Estado y las iglesias en el ámbito jurídico y político. La máxima expresión de esta disociación total es la Ley francesa de 1905 por la que se estableció esa clara separación entre ambos poderes, el civil y el eclesiástico.
4) Defensa de la tolerancia y del diálogo intercultural e interreligioso [54].
Gran número de pensadores diferencian los conceptos de laicismo y laicidad, entendiendo la segunda como una "sana" separación entre las autoridades políticas y las autoridades religiosas, entre los ámbitos de "acción" de cada uno de estos sectores (fundados en el principio de autonomía y separación). Al primero, sin embargo, lo entienden como una expresión negativa de las relaciones entre la vida social y lo religioso, al punto de intentar relegar a lo religioso al ámbito privado o de instaurar una "lucha" por disminuir la más mínima expresión de lo religioso del ámbito público [55].
Últimamente se hace referencia a otra distinción, entre un laicismo "negativo" (lo que se viene exponiendo) y otro "positivo", que se trataría de una "sana" separación Estado-Religión, sin ver en el fenómeno religioso un elemento social negativo.
Es en el marco del llamado laicismo negativo en el que se inscribe la problemática del hijab, pues como se verá, un laicismo positivo nada tiene que objetar a las manifestaciones religiosas que no afecten la dignidad de las personas. La razón es que está fundado en una concepción diferente de libertad que le permite respetar toda manifestación religiosa, e incluso todo proselitismo religioso que no atenten contra la dignidad de las personas.
4.    RAÍCES ANTROPOLÓGICAS DEL LAICISMO
Los orígenes del laicismo pueden verse ya en el Renacimiento, en el paso de la divinidad de Dios a la divinidad de la razón. Su crecimiento pertenece, sin embargo, a la Ilustración y está imbuido de sus principios. En este sentido, Comellas García-Llera se refiere a las raíces del laicismo diciendo:
 "Los principios laicistas, sin embargo, son consecuentes con una mentalidad que desborda ya la ideología romántico-liberal, y que se impone en la segunda mitad del siglo XIX, enraizada en las concepciones del materialismo y del positivismo. Por esta razón, es fácil encontrar en el laicismo un fundamento ideológico, propio de los nuevos tiempos, en tanto que, como actitud 'oficial', cuenta ya con la tradición secularizadora y estatalista del racionalismo y el liberalismo" [56].
Comparte la postura anterior María Martha Peltzer, quien afirma también que el laicismo tuvo los influjos del liberalismo, el racionalismo, el materialismo y el positivismo [57].
Resulta clara la influencia que tuvieron sobre el laicismo, por lo menos el laicismo de tradición francesa -que para la mayoría de los laicistas es el verdadero laicismo- [58], la modernidad y la Ilustración, con su concepción del hombre y la libertad. Los principales abanderados del laicismo francés formados en el siglo XIX, como Jules Ferry, Jean Jaurés y Fernando Buisson, manifiestan ideas del liberalismo -tanto económico como político-, del racionalismo y del positivismo [59].
5.    La incoherencia práctica del ideal laicista
5.1 La imposibilidad de llevar a cabo el proyecto de la neutralidad
Cifuentes Pérez expone una frase muy significativa, pues hace específica referencia a las culturas y las religiones, y pone el límite en el respeto de los derechos humanos:
 "De ningún clero ni de ninguna iglesia, ya que los Estados y los poderes públicos deben ser neutrales en materia de creencias religiosas. El ideal de laicidad del Estado exige que se garantice a todos la libertad de conciencia, no solamente la libertad religiosa, y por tanto no es admisible que el clero de ninguna  confesión religiosa utilice los mecanismos y poderes del Estado para hacer prevalecer sus creencias y para intentar imponer a todos sus normas y sus valores morales [...]. Por todo ello la laicidad y el laicismo se pueden presentar en el mundo actual como un puente de diálogo entre las culturas y las religiones, ya   que promueven la tolerancia positiva de las diferencias culturales y el respeto a todos los estilos de vida siempre que no atenten contra los derechos humanos" [60].
En línea similar, un laicista de los primeros años, Francisco Giner de los Ríos, explica:
"Según este principio, la escuela debe ser neutral, como la educación en todos sus grados; no a la verdad con esa neutralidad indiferente del vulgo, que se encoge de hombros y confunde en el mismo desdén a cuantos por diferentes caminos se afanan por sacarlo de su embrutecimiento... sino con la firme conciencia de que aun los más graves errores aportan su contingente de verdad, por densas que sean las tinieblas que los oscurecen" [61].
Como puede observarse, el principio de neutralidad en materia religiosa es esencial para el laicismo [62]. En el ámbito de lo que nos ocupa, se busca dar una enseñanza "exenta" de todo dogma pero alejada también de apreciaciones personales, experiencias de vida, visiones personales de lo que las cosas son o deberían ser que puedan surgir de un modo u otro de los "dogmas" de alguna religión.
La cuestión por debatir aquí es ¿es esto realmente posible? Es decir, ¿es realmente posible que tanto a nivel cultural, como religioso, filosófico, etc., pueda enseñarse algo sin hacer referencia, de algún modo, a experiencias, opiniones o sensaciones personales tan profundas como las que definen el modo de vida (como son las creencias religiosas)? Esta es una pretensión tomada de la exigencia de neutralidad, de aproximación a-valorativa a las ciencias del positivismo y las ideas de la Ilustración.
La imposibilidad de ser absolutamente neutros es algo que, aunque aún pretendido por algunos, ya no tiene aceptación en los ámbitos científicos; y con ello se hace referencia a casi todas las ciencias aunque sobre todo a las sociales, pues donde deba haber una decisión del hombre, donde deba optar entre una opción u otra, ahí, en esa decisión estará imprimiendo, aunque no lo desee, una escala de valores sobre lo que es mejor, más urgente, importante, útil, aleccionador, etc. Y esta escala de valores está fuertemente marcada -en algunos casos casi determinada- por la convicción religiosa personal.
Aplicado esto a la educación resulta, como en todo ámbito, imposible. Desde los valores y las convicciones que imprime el ministerio correspondiente al decidir sobre la aprobación de los programas que cada uno de los colegios presenta [63], hasta las convicciones que difícilmente puedan obviar los maestros y profesores al momento de dictar las clases, pasando por directivos, comisión de padres y todos aquellos que de un modo u otro influyen sobre el modo de impartir la educación [64].
5.2 La necesidad de sostener valores públicos y la religión del Estado laico
Neutralidad no significa que el Estado no promueva valores, pues ello es imposible, como ya se ha visto. Algunos laicistas fueron conscientes de ello. Tal es el caso de Jean Jaurés, que criticando a aquellas corrientes laicistas que preconizaban una absoluta neutralidad, afirmaba: "La más pérfida maniobra de los enemigos de la escuela laica consiste en asimilarla a lo que ellos llaman la neutralidad y condenarla por ello a no tener ni doctrina, ni ideas, ni eficacia intelectual ni moral. De hecho, solo hay una cosa que es neutra: la nada." [65]
Pero una cosa es que en un intento de neutralidad deban aceptarse ciertos conceptos y valores que necesariamente se "infiltran", y otra bien distinta es generar una religión del Estado (con todo lo que ello implica) que ocupe la posición  de las demás religiones.
Tal postura resulta incluso sostenida y buscada explícitamente por numerosos laicistas, como son los casos de los precursores principales de las leyes de educación laica en Francia: Jules Ferry y Jean Jaurés [66]. Pero no solo a fines del siglo XIX (Ferry), ni en autores socialistas a principios del siglo XX (Jaurés era el jefe del Partido Socialista) se ven esta clase de posturas, sino también en autores actuales. Así, Cifuentes Pérez sostiene: "Esa forma de espiritualidad laica, muy propia del republicanismo francés, debería ser el ingrediente esencial de esa nueva ética humanista y laica propia de las sociedades secularizadas actuales" [67].
Curiosamente, este autor se refiere al tema que nos ocupa en este apartado diciendo:
"No se puede convertir el laicismo, como algunos pretenden, en una nueva religión civil válida para todos los ciudadanos. La libertad de conciencia es el eje básico del laicismo y de la ética laica y por ello el ateo es libre de elegir su propia filosofía del mundo y del ser humano, pero no puede creerse en posesión de la verdad" [68].
Comellas García Llera sostiene que lo que mejor expresa la intención de fondo de la doctrina laicista es "la búsqueda de unas bases éticas 'neutras' ante la religión y ante la metafísica sobre las que edificar la convivencia político- social" [69].
Nótese primero que varios de los autores citados propugnan, a la vez que exigen neutralidad religiosa "no-estatal", no solo la defensa de los derechos humanos, sino la defensa de los valores que, cada país entiende, dimanan de ellos, dándole a los valores "escogidos" el contenido que a cada país le parece [70].
Las ideas de que un Estado sustituya los valores morales y las creencias religiosas por unos valores -y prácticas adecuadas a los mismos- que imponga el Estado son cada vez más sostenidas por pensadores de todos los países.
En el presente trabajo hemos decidido analizar las posturas que al respecto tienen Jürgen Habermas, Richard Rorty y John Rawls. Es claro que no son los únicos pensadores actuales que sostienen esta posición, pero son de especial relevancia, y en el caso de alguno de ellos, como Rorty, sus ideas han influido también en las jóvenes y en los jóvenes del mundo árabe [71]. Y he aquí otra curiosa paradoja. Por un lado, en Francia se vive un laicismo que, a nuestro entender, en determinados aspectos ha llegado a ser una religión de Estado, y en razón de ello, la mayoría del pueblo francés cree que utilizar el hiyab afecta el principio de laïcité, causando un gran revuelo social, incluso a nivel mundial [72]. Por el otro, muchos jóvenes árabes adhieren a teorías que sostienen la necesidad de un Estado laico y una "religión del Estado" fundada en "valores sociales", sin referencia alguna a las religiones verdaderas, mucho menos al Corán [73].
Estos autores comparten la "utopía socialdemócrata" -como les gusta llamarla- la cual, básicamente, implica que las actividades solidarias realizadas por los miembros de las religiones sean realizadas por instituciones sociales y los ciudadanos en general (Habermas llama a esto "patriotismo constitucional"). Ese "reemplazo" no es mero activismo, sino que debe surgir de unas convicciones más profundas, de valores sociales que encuentran su imperativo moral en el libre consenso de los ciudadanos, consenso [74] que conel paso de los años va formando una tradición moral específicamente secularista que ocupa en el Estado el valor y el rol de las religiones. En la entrevista citada, Rorty reconoce la influencia de John Dewey, quien afirmaba la necesidad de sustituir la religiosidad cristiana con una fuerte adhesión a las instituciones democráticas [75].
Es interesante la postura de Jürgen Habermas, pues en su libro dedicado a la problemática del multiculturalismo, sobre todo fundado en inmigración [76], dice que la posición que se debe tomar frente a los inmigrantes de diferentes culturas es integrarlos políticamente de tal manera que esa integración sea compatible con su cultura de origen. Pero, a continuación, aclara que para que esa "mera integración política" se realice, es dable exigir a los inmigrantes que compartan la ética común pública (cuyos principios responden a lo que el autor llama razón práctica y a un acuerdo entre los ciudadanos al respecto), la cual va más allá de la cultura política común, para ser una suerte de valores morales que se pueden posicionar entre (como un nivel intermedio) las éticas privadas y esa cultura política común, siendo una fuente de deberes sociales.
Entendemos que, llámese como se lo quiera llamar (en los ámbitos intelectuales suele llamarse religión civil [77], un sistema que involucre una "ética de valores" o valores éticos que son sostenidos, enseñados, promovidos y defendidos incluso con actitud beligerante, además de unas prácticas exteriores de culto a las instituciones políticas y un sistema de sanciones que pene a quien peca u ofende a estos valores que, en definitiva, deben ser vividos por todos para no ser sancionados (de diferentes maneras, por ejemplo expulsando de los colegios públicos), no solo implica una religión de Estado, sino un fundamentalismo de Estado cuando se llega al punto de ser esta la única religión capaz de ser vivida públicamente.
Rivas Palá, en su trabajo sobre el mismo problema, afirma en estos términos las ideas que se han querido exponer: "Algunas de las expresiones que se han empleado en el debate en Francia muestran que a veces la laicidad adquiere el tono de una religión del Estado. Porque parece tener elementos típicos de una religión. [...] De esta forma, estaríamos más bien ante un curioso fundamentalismo laicista. En efecto, de la misma forma que, en los países donde la ley islámica coincide con la ley civil, se prohíbe la manifestación pública [...] de la pertenencia a otra religión; ahora, se prohíbe toda manifestación pública del propio credo religioso, esta vez en aras supuestamente de la supervivencia de la nación" [78].
En línea con lo anterior, conviene analizar una sugerente frase de Cifuentes Pérez:
"[Francia ha] elaborado un estatuto de laicidad para todas las instituciones públicas, una ética de lo público que está claramente al margen de las opciones individuales religiosas y de cualquier fe en la Trascendencia. Se trata de una ética autónoma basada en los derechos humanos y en los ideales de la Ilustración plasmados en el lema revolucionario: 'libertad, igualdad y fraternidad' [79].
Se sostiene que este estatuto no es otra cosa que un sistema de valores comparable a una religión, se crea o no en la trascendencia, pues la cosmovisión (una forma de entender la vida, las cosas y lo que está bien o mal) propia de una religión, y de la que los laicistas pretenden defenderse, se encuentra igualmente plasmada en esta ética de lo público, y la radicalidad en sostenerla no permite, de ninguna manera, vivir esos valores de liberté, égalité y fraternité.
Es interesante tratar aquí otro aspecto de la idea laicista de la separación entre el Estado y la religión; la idea que surge de lo que para los laicistas es uno de los elementos esenciales de esta corriente como lo hemos visto en el apartado segundo: la religión debe limitarse a unas creencias y prácticas privadas que no deben traspasar al ámbito público (ello surge claro de las normas francesas citadas en ese epígrafe). Tal es la idea de relegar al ámbito familiar e interno la manifestación religiosa que autores laicistas como Fernando Buisson, quien ejecutó las leyes de enseñanza laica que, promovidas por Ferry desde su puesto de director de Enseñanza Primaria, pretendían que la única escuela que debía existir en Francia era la escuela nacional y laica, la enseñanza religiosa y su vivencia solo debía estar relegada a la familia y la Iglesia, y no debía haber enseñanza religiosa en ninguna institución de enseñanza, ni en institutos privados [80].
Es un error pretender limitar las opciones de vida al ámbito de lo privado exigiendo en lo público adherir a un sistema de normas fundadas en valores que muchas veces se oponen a la opción de vida escogida. No se opone a lo dicho la exigencia de ciertos comportamientos mínimos para el establecimiento de la vida social, pero cuando los principios básicos llegan al punto de limitar de tal modo las libertades individuales que terminan por impedir la manifestación de las opciones de vida, de la filosofía o la religión escogida, deja de ser un presupuesto básico para convertirse en la consecuencia práctica de un valor elegido por los gobernantes y cuyo contenido es particularmente determinado por los mismos. Cuando esas exigencias avasallan las opciones de vida que son inofensivas para los derechos y las libertades de los demás, se transforman en exigencias que pretenden modificar, al menos en el ámbito público, la religión de una persona por prácticas religiosas (sean acciones u omisiones) de una ética pública.
Sin embargo, no solo quienes promueven una filosofía laicista sostienen estas ideas. Es aquí donde entra en juego  John Rawls [81]. Aunque no sea correcto igualar a este autor con las posturas desarrolladas anteriormente [82], existe entre el laicismo y el profesor de Harvard un punto en común. En efecto, este autor, al tiempo que se pregunta ¿cómo es posible la existencia duradera de una sociedad justa y estable entre ciudadanos libres e iguales que no dejan de estar profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables?, sostiene que debe existir una diferenciación entre lo ético público (que debe surgir del libre acuerdo entre los ciudadanos, gracias a la colaboración pública y recíproca, y versar sobre cosas en las que ninguno tenga una posición invariable contrapuesta al resto) y la privada, donde cada uno posee absoluta autonomía [83].
No puede mencionarse este aspecto de la teoría rawlseana sin hablar de la razón pública, la cual permite que a través de los debates públicos pueda llegarse a una concepción política y liberal de justicia, excluyendo los argumentos fundados únicamente en ideas perfeccionistas o utilitarias -que podrían ser válidas en el ámbito privado-. En definitiva, esa razón es aquello que permite, al elaborar esta concepción política y liberal de justicia, asegurar la primacía de la libertad por sobre otros intereses utilitarios o perfeccionistas [84].
Según el autor, la razón pública se funda, por un lado, en la idea de que los hombres son libres e iguales y capaces de regular su comportamiento de acuerdo con razonables concepciones sobre lo que es el bien, y por otro, en la idea de la sociedad como un sistema equitativo de cooperación entre estos ciudadanos capaces de elaborar una concepción política de justicia.
Por otro lado, el nombrado ámbito privado de autonomía se ve intrínsecamente relacionado con la idea de teorías comprensivas del bien (teorías vinculadas a cuestiones filosófico-morales y religiosas sobre las que imperan visiones irresolublemente opuestas), pues estas deben ser excluidas del ámbito público de debate para que, en definitiva, una sociedad pluralista pueda perdurar en el tiempo. Cuando los valores que pretende imponer el laicismo llegan a tales extremos, resulta más coherente que sostener una neutralidad religiosa sostener lisa y llanamente una religión del Estado o religión civil, tal como lo sostenía Jean Jacques Rousseau, cuya influencia en esta corriente laicista francesa es innegable [85].
El reemplazo de las convicciones religiosas por otros valores laicos se manifiesta claramente en el problema del velo islámico que nos ocupa, pues lo que el Estado francés logra con sus imposiciones (sea o no buscado directamente) es imponer un ateísmo práctico y unos valores sociales, dando el contenido que el Estado quiere a valores tales como respeto, solidaridad, etc. Además, y aunque no sea el objeto de este trabajo, no puede dejar de mencionarse que debe ser tomado también en consideración el enorme daño que se produce a las niñas que, fieles a su fe, prefieren vivirla como entienden que es correcto hacerlo y terminan fuera del sistema institucional de enseñanza. Es decir, la finalidad de incluir a las mujeres en el sistema francés, de integrarlas a la sociedad, concluye en su exclusión y confinamiento a sus casas, negándoles recibir educación en las mismas condiciones que al resto, pues se ven relegadas a recibir una diluida educación a distancia o a mudarse del país (lo que viola no solo el derecho a la educación, sino también el derecho a la igualdad).
Contra la postura criticada se han manifestado numerosas personalidades y pensadores. Sirva por todos una referencia de Juan Pablo II, líder de la Iglesia Católica, que es una de las principales instituciones involucradas en este debate. En una conferencia dictada el 24 de enero de 2005 expresó: "El laicismo [es una] ideología que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública" [86].
Juan Pablo II agregaba luego: "Un recto concepto de libertad religiosa no es compatible con esa ideología, que a veces se presenta como la única voz de la racionalidad" [87].
6.    El centro del problema: una visión de la religión como elemento nocivo en la vida social y cuya manifestación es atentatorio contra los derechos de los demás
Hasta aquí se ha visto que en Francia la actividad estatal, aunque con pretensiones de neutralidad (que por otra parte sería imposible de llevar a la práctica) prohíbe manifestar las propias convicciones religiosas en público. Utilizando conceptos indeterminados como ostensible y proselitista, que pueden ir desde llevar una cruz pectoral hasta comentarle a un amigo que uno es católico o cristiano, invitarlo a ir a misa o al culto, etc., dependiendo siempre de lo que la Corte de turno entienda por ostensible y proselitista.
Esto responde, como se ha visto, a que tales manifestaciones violan una serie de valores éticos provenientes sobre todo de la Ilustración que le dan contenido al concepto de laicidad. Entonces, el laicismo, en el fondo, termina por imponer una serie de valores, o el "contenido" a una serie de valores, según unos criterios propios, y obliga a los ciudadanos a respetarlos y a vivir "en público" de acuerdo con estos, llegando a entender que las prácticas religiosas "que se noten" violan tales principios porque pueden perturbar la elección de vida pública (impuesta), que es a-religiosa, que en los hechos se hace antirreligiosa [88].
Esta visión ha sido refrendada, como se ha visto, en las decisiones de la Corte Europea relativas al velo con referencia a Turquía y a Francia, aunque se ve matizada con referencia a la última sentencia sobre los crucifijos en las escuelas italianas. Llama la atención lo anterior, porque viene a contravenir directamente la letra del artículo 9.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos relativo a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión:
"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos".
Y no puede menos que llamar la atención, pues puede percibirse una interpretación distorsionada de las normas pertinentes, violando así también la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados [89]. Allí se establece en su artículo 31 que la interpretación de las normas convencionales debe llevarse a cabo de buena fe y conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los términos del tratado en el contexto de estos, teniendo en cuenta su objeto y fin. Si el Convenio Europeo tiene por fin proteger los derechos, entre los que está la libertad religiosa, tutelándose expresamente la manifestación de la misma, en público o en privado, por medio de sus prácticas, entre las cuales se incluye para muchos musulmanes el uso del velo, ¿cómo es que el resultado viene a ser el totalmente contrario, vedándose la manifestación de la religión, por ser "ostensible"? ¿Qué diferencia existe para el Convenio Europeo entre que se manifieste ostensible o no ostensiblemente la religión, cuando se protege precisamente dicha manifestación?
La pregunta es entonces la siguiente: si alguien va a la escuela con una cruz pectoral de tres o de diez centímetros, ¿por qué el Estado se cree con la autoridad de prohibirlo, incluso haciendo hincapié en el respeto de la libertad religiosa?
Recuérdese aquella manifestación del ministro francés François Bayreou en la que dice que pretende lograr una Nación no sectorizada, sino una comunidad con unidad de destino. Resulta, al menos, curioso que con pretextos de protección de la libertad pretendan una suerte de unificación de las conductas externas sociales en lo que hace a sus manifestaciones religiosas. Esa neutralidad externa exigida implica el intento de imponer una religión "sin religión", un agnosticismo o un ateísmo práctico en la vida social, que en definitiva cercena la libertad religiosa. De esta forma se termina por lograr que un sector, "el que pretende que todos actúen públicamente como si no existiera Dios", se imponga al resto, dividiendo aún más la sociedad.
Claro lo anterior, cabe volver a hacerse la pregunta de por qué el Estado liberal y laico francés, enarbolando la bandera de la libertad de conciencia y religión, se cree con la autoridad suficiente para prohibir a una niña concurrir a la escuela con un pañuelo en la cabeza.
Rivas Palá concluye en su trabajo que el laicismo al estilo francés es incompatible con el liberalismo que el mismo Estado profesa. Dice que la actitud francesa es paternalista y ello es incompatible con un liberalismo bien entendido que respete los principios de autonomía y daño [90]. Tal posición no se comparte; no obstante, sí se comparte lo que este autor expresa en la siguiente frase:
"Parece claro que el laicismo en su sentido francés manifiesta un claro paternalismo en la medida en que juzga que los individuos no son capaces de discernir el hijab como un simple signo de pertenencia a una religión, sino que más bien lo juzgarán siempre como una intrusión en sus conciencias, que no serán capaces de resistir y que les conducirá inevitablemente a la misma profesión de fe que ejercen quienes lo llevan" [91].
Sin embargo, no parece que deba seguirse la idea de Rivas de separar el liberalismo vivido en Francia (el mismo que es vivido en varios países europeos), del laicismo francés (que según los laicistas europeos es la mejor forma de vivir esta doctrina). La actitud francesa al respecto del hijab impulsó la respuesta de muchos intelectuales que viendo el laicismo vivido actualmente reclaman que se viva la "cultura laica" como realmente debería ser, como fue concebida. En este orden, Norberto Bobbio, en un artículo realizado "en respuesta" al manifiesto laico que firmaron ciertos intelectuales italianos con motivo del velo islámico, expresa:
"Cuando una cultura laica se transforma en laicismo, pierde su inspiración fundamental, que es la de no encerrarse en un sistema de ideas y de principios definitivos de una vez por todas. El espíritu laico no es en sí mismo una nueva cultura, sino la condición para la convivencia de todas las posibles culturas. La laicidad expresa más bien un método que un contenido [...]. No existe una ética laica [...]. Hay muchas éticas laicas" [92].
Como se ha visto, en este trabajo se ha hecho alusión a varias de las cuestiones nombradas por el renombrado autor italiano. Su anhelo de convivencia es encomiable, pero quizá nunca se alcanzará si se concibe al laicismo como aquel producto de la modernidad, del liberalismo. Es ahí donde puede encontrarse la causa de la imposibilidad de "practicar" una "cultura laica".
Por eso parece claro que el laicismo al estilo francés es perfectamente compatible con las ideas liberales de autonomía y daño, según fueron concebidas en la Europa moderna. El principio según el cual la libertad de uno termina donde empieza la del otro, que se efectiviza a través de los dos principios nombrados, es perfectamente compatible con lo hecho en Francia, pues el problema de esa frase es que, al no hacer referencia a ninguna idea fuera de la libertad en sí, se transforma en un círculo indescifrable. Nunca se puede saber claramente cuándo empieza y cuándo termina la libertad de una persona en concreto, menos aún cuando la idea de daño implica, o hace referencia a "dañar una libertad" (en este caso, supuestamente, el ejercicio de la libertad de expresión y religiosa de las niñas viola la libertad de conciencia del resto de los compañeros de la escuela).
John Stuart Mill, uno de los padres del liberalismo, y propulsor de las ideas de autonomía y daño, termina en la práctica por llegar a conclusiones que hoy serían miradas de la misma manera [93]. Es más, el mismo John Rawls (calificado por la gran mayoría de los autores como liberal) admite la posibilidad de tomar actitudes de mayor cuidado -"paternalistas"- cuando se da una pérdida evidente o la ausencia de razón y de voluntad.
Parece claro que la visión laicista y liberal al estilo francés es incapaz de lograr los fines de orden social y respeto por las libertades individuales que se propone por el mismo hecho de ser "esa clase" de liberalismo y laicismo. Es decir, el liberalismo francés, tal como fue su origen, por el mismo hecho de estar imbuido en las ideas modernas e ilustradas sobre el hombre y sobre su libertad y capacidad de sociabilidad, no puede determinar los verdaderos alcances de la libertad del hombre en cada caso concreto, y menos aún cuando las circunstancias sociales y culturales presentan estas complicaciones.
El criterio según el cual las libertades de unos terminan donde empiezan las libertades de los otros, que debe aplicarse mediante los principios de autonomía y daño, es también incapaz para resolver los problemas sociales.
La concepción moderna e ilustrada del hombre que se adoptó en Francia, la cual posee una concepción de libertad entendida más como ausencia de límites exteriores, incluso en las cuestiones más íntimas como la libertad de conciencia, y una concepción individualista y material del hombre, de un hombre que es a-religioso, son las verdaderas causas del problema. Por eso, parece claro que los dogmas del laicismo son que la religión es o debería ser un asunto personal, privado, y que se rechace toda autoridad religiosa exterior a la conciencia individual.
7.    Conclusiones: quitar coercitivamente la religión de la esfera pública vuelve inhabitable a la sociedad
Se ha considerado importante denunciar unas prácticas actuales cada vez más frecuentes que terminan por ser, de hecho, incoherentes con sus principios o, por un error en sus mismos principios, lesivas a los derechos constitucionales que pretenden proteger. Así, como se establece en el artículo 10 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, adoptada por la Asamblea en 1789, "Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, incluso religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley".
En la interpretación de los derechos y las libertades que las constituciones, el derecho infraconstitucional y los tratados internacionales reconocen es un peligro claro y constante el modificar su "contenido" y darle una extensión u otra de acuerdo con las concepciones antropológicas, filosóficas o políticas que el intérprete posea. En relación al punto concreto tratado en este escrito el problema que produce este modo de entender la libertad atenta finalmente contra todo el conjunto de derechos reconocidos, pues en definitiva ellos resguardan la libertad. Por lo dicho, se plantea aquí un cambio de paradigma al momento de aproximarse a la interpretación de una norma constitucional o de tratados internacionales de derechos humanos relativa a la libertad religiosa o las relaciones entre religión y Estado. En efecto, las concepciones de libertad del liberalismo y del laicismo no pueden responder adecuadamente a las circunstancias actuales pues, aunque su visión nunca resultó adecuada, su deficiencia para atender los complejos conflictos sociales contemporáneos resulta evidente.
La intención de relegar al ámbito privado la vivencia religiosa personal recuerda el llamado de atención que hace Chesterton en su libro La esfera y la cruz, escrito en épocas en que el laicismo se desarrollaba. Allí, utilizando una "parábola" que cuenta fray Miguel a Lucifer, retrata la actitud de un "racionalista". Ese hombre racionalista dejó de "tolerar" en un principio el crucifijo en su casa, al que no admitía "ni siquiera pintado, ni pendiente del cuello de su mujer". Su intolerancia fue creciendo hasta que enfermó y quiso quitar los crucifijos de la ciudad, de los caminos, etc. Su intolerancia llegó al punto de destruir todo aquello que tuviera forma de cruz. Volviendo a su casa notó que una verja, hecha de tablas era como "un ejército interminable de cruces, ligadas unas a otras de la colina al valle". Por eso la destruyó. Al llegar a su casa se dio cuenta de que las cosas hechas por el hombre tenían "el diseño maldito". Por lo tanto, encendió su casa hasta que se consumió. Fray Miguel concluye: "Es la parábola de todos los racionalistas [...]. Empiezan rompiendo la cruz y concluyen destrozando el mundo habitable".
La actitud del racionalista del relato de Chesterton se asemeja "demasiado" al proceder del gobierno francés. Se comenzó por sacar las cruces de las escuelas públicas, hace ya muchos años, y hoy se la "saca" de los pechos de los niños que van a las escuelas públicas si estas son "ostensibles", o constituyen una "actitud proselitista" (ambos son términos jurídicos indeterminados cuyo contenido dependerá de la visión concreta de aquel al que le toque aplicar la norma). El día de mañana quizás también quiten las cruces de las iglesias, rompan las empalizadas y los muebles... Pretender relegar a lo privado, a un ámbito que prácticamente no tenga expresión pública, a toda manifestación religiosa no solo coarta las libertades individuales, sino que resulta imposible de realizar, y en su intento puede destruirse la misma sociedad puesto que, como se señala en el Prólogo a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que es parte de la actual Constitución francesa, "la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos".
No puede privarse a ninguna persona del uso de los distintivos religiosos (en este caso los velos de las niñas), so pretexto de que afecta la libertad religiosa o la libertad de conciencia de los demás. Esos distintivos son parte del ejercicio de la libertad de creencias, y son, a la vez, parte del derecho a la libertad de expresión que mantiene toda su fuerza en materia religiosa, como manifestación de la propia fe. Los encargados de velar en última instancia por esas libertades, en este caso la Corte Europea, no pueden tomar una actitud negativa y restrictiva de los derechos, como hizo en el caso de Turquía y en los casos sobre expulsiones de niños y niñas en Francia. El uso de ningún distintivo puede violentar la libertad de conciencia y de religión de los otros estudiantes, a la vez que de ninguna manera se puede menoscabar el derecho a la libertad religiosa de quienes usan un objeto como señal de pertenencia a una fe. En lo que a esto respecta, la Corte Europea ha sido permisiva de las restricciones estatales, cediendo en su rol de protectora de los derechos individuales. Afortunadamente, en su última decisión sobre las relaciones entre Estado y religión, de marzo de 2011, rectificó implícitamente sus pasos, y consideró que un símbolo religioso en escuelas públicas no viola el principio de neutralidad y de imparcialidad estatal, y que los terceros no tienen fundamento en sentirse dañados por observar tal símbolo, no pudiendo ampararse en la tutela de los "derechos de los demás".
El principio de laicidad del Estado no puede llevar a la conclusión de que nadie puede manifestar sus creencias religiosas en la esfera pública. Es una conclusión que excede las premisas: tal actitud implica no entender al hombre ni a su libertad, además de negar la letra expresa del Convenio Europeo de Derechos Humanos. En aras de la libertad se termina otorgando una libertad religiosa acotada, "una libertad religiosa sin libertad", y una libertad de pensamiento sobreprotegida, paternalista, que mantiene a los ciudadanos a cubierto, para evitar que algo externo pueda dañarlos, causando también el efecto adverso de impedirles "ver la luz" de la verdad que se descubre en el intercambio de ideas y argumentos en el libre mercado de las ideas de que ya hablaba Stuart Mill.
Si la argumentación contra el velo hubiera sido en torno a una supuesta afectación de la dignidad de la mujer, dicho argumento sería por lo menos discutible caso por caso, pues las manifestaciones religiosas que afectan la propia dignidad de la persona (algo que en un liberalismo ilustrado tampoco sería óbice, en virtud del principio de autonomía), o la dignidad personal de otros lesionando, por ejemplo, su integridad psíquica, o la seguridad común por no poder ver claramente el rostro de la persona, podrían ser atendibles cuando tal afectación es clara y no meramente especulativa. No obstante, aquí tales afectaciones no son claras. Es más, privar a las niñas del uso de tales distintivos, impidiendo que vivan un deber religioso que las obliga en conciencia, es violentar su propia dignidad y ponerlas en la situación de decidir entre su conciencia y lo que pretende el Estado en el que viven. Se trata, indudablemente, de una "violencia" muchas veces insuperable para niñas pequeñas.
A lo expuesto en el párrafo anterior debe sumarse, como ya se ha dicho, la afectación del derecho a la educación de esas menores, y la frustración del deseo de integrarlas a la sociedad francesa, justamente por la segregación a que las condena la expulsión escolar.
No es con el igualitarismo arreligioso que se logra la unidad de la Nación (si es que ello pretende el Estado francés al hablar de comunidad de destino). Dicha unidad se logra con el respeto por las diferencias y la promoción pacífica de las libertades personales en un ámbito propicio para el desarrollo de los derechos.
Las actitudes estudiadas llevan a recordar una frase que se atribuye a madame Roland mientras era conducida al cadalso en la "irónica" Plaza de la Concordia: "¡Liberté, que de crimes on commet en ton nom!" La conocida expresión llama a la reflexión en el contexto de este trabajo, porque con la bandera de una libertad mal entendida se destruye la verdadera, ahora como entonces, pues como se ha dicho la situación actual le debe mucho a la Revolución Francesa.
Aquí no se pretende negar la necesidad de un Estado fundado en el respeto de las libertades individuales. Al contrario, en una concepción personalista del hombre tales valores, con un profundo respeto por la libertad, son esenciales para el desarrollo de la sociedad. Aún más, solo desde un liberalismo personalista, y un laicismo positivo, como legítima separación de Iglesia y Estado, o, en un contexto más amplio, de religión y Estado, es dable comprender y solucionar los problemas culturales actuales y darle a la dimensión religiosa del hombre el lugar que le corresponde. Solo desde esas concepciones es dable una interpretación de las normas constitucionales y legales que permita comprender bien los derechos y "delimitar" correctamente las libertades.
El Estado tiene una legítima autonomía de la religión, y viceversa. Pero dicha autonomía no debe ser rechazo ni persecución; por el contrario, el Estado y la sociedad civil deben aceptar a la religión como algo que posee un valor tanto individual como social, cuya vivencia y manifestación aportan a la construcción de la comunidad, en lugar de agredirla o violentarla. Esa lesión a la sociedad por parte de la manifestación individual o asociada de la religión es un mero prejuicio laicista, puesto que el daño no ha sido de ninguna manera demostrado, ni podrá serlo. En este orden, debe recordarse que esa vivencia religiosa y su manifestación mediante determinados símbolos no es un mero capricho, sino que es el ejercicio de un derecho humano, el de la libertad religiosa, que está reconocido en todos los tratados internacionales y a lo ancho y largo de las constitucionales nacionales.
En este contexto, es auspicioso recordar aquí que el 12 de septiembre del año 2008, con motivo de la visita de Benedicto XVI a Francia, el presidente Nicolas Sarkozy dio un discurso que implica un importante avance, pues se refirió a la laicidad positiva y a su anhelo de llevar a su país por esos caminos [97]. Que ese anhelo se concrete, inshá Alláh.
Franco Andrés Melchior, en scielo.org.co/
Notas:
 1  Deseo agradecer las diversas objeciones y sugerencias que realizó a este trabajo el profesor Fernando Toller, de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral de Buenos Aires. Asimismo, agradezco a la profesora Miryan Serroels de Toller su valiosa colaboración con algunos pasajes complejos en francés.
 2  La interpretación constitucional no escapa a aquellos principios que se predican de toda interpretación jurídica. Una aproximación avalorativa de sus normas resulta imposible, máxime cuando las normas constitucionales suelen presentarse muchas veces en forma de principios, no solo como reglas, y cuando sientan en sus bases un modelo de país. Ver sobre esto Pilar Zambrano, "Aproximación avalorativa al Derecho y Derechos constitucionales", en Dikaion, 15-10 (2001) pp. 37-51, en especial pp. 42-46; y, más ampliamente, Luigi Lombardi Vallauri, Corso di Filosofia del Diritto, Padova, Cedam, 1981, passim.
 3  Esta diferenciación entre el laicismo francés y laicismos diferentes, como el estadounidense, es más o menos pacífica. Para un estudio particular de tal diferencia puede verse Jeremy Gunn, "Religious Freedom and Laïcité: A Comparison of the United States and France", Brigham Young University Law Review, 2 (2004) pp. 419-506.
 4  Si bien todos los autores entienden que es en Francia donde el laicismo tiene mayor desarrollo, existen algunos autores entre estos que aún no ven en este país una expresión perfecta del mismo. Ver, entre otros, el texto de Philippe Grollet, "Conferencia" dada en Santiago de Chile el 29 de octubre de 1999, Université Libre de Bruxelles, en http://www.ulb.ac.be/cal/laicismo/www/conferencia1999.htm, Fecha de consulta: 30 de julio de 2011, sobre todo el punto 1.
 5  La obligatoriedad del uso del hijab en la religión musulmana es discutida. En la mayoría de los países de tradición islámica no se ve como una imposición expresa y concreta del Corán, pues —entienden—, lo que allí se exige es que cuando las mujeres "salgan" se "cubran desde arriba con sus vestidos", para que "se las reconozca y no se las ofenda (Corán 33:59, Arabia Saudita, traducción encargada por el príncipe Walid bin Talal bin Abdul Aziz Al Saud, de Arabia). Suele considerarse como una razón de pudor, de reserva, que en un gran número de países se deja a la "discreción" de la mujer el llevarlo o no. Sin embargo, existen otros países, como Afganistán, en los que resulta obligatorio no ya el  uso del hijab, sino del burqa. De lo que no caben dudas es que aquellas mujeres que lo usan, sea por propia voluntad  o por imposición, lo hacen totalmente, o en gran medida, como cumplimiento de una exigencia que consideran religiosa. Ver al respecto Omar Ahmed Abboud, La mujer en el Islam, Colección Cultural Islámica, Buenos Aires, ed.
  Centro Islámico de la República Argentina, 2005; e I. A. Ibrahim, A Brief Illustrated Guide to Underestanding Islam, 2 ed., North California, IIPH Raleigh, 2004. Para una interpretación negativa del uso del velo puede verse la intervención de Chahdortt Djavann (autora de un libro titulado "Abajo los velos") en la Comisión Stasi, quien sostuvo que el velo degrada la dignidad de las niñas por diferentes razones, por ejemplo culpándolas de los desenfrenos en los que puedan incurrir los hombres si las niñas no usan el hijab pues, se entiende, el cuello y el pelo son provocativos; Cfr. Grupo Eleuterio Quintanilla, 2003, en http://www.equintanilla.com/web_nueva/privado/imagenes/intervencion_de_chahdortt_djavann_en_la_com…, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 6  En el sitio oficial Legifrance.gouv.fr, en http://www.legifrance.gouv.fr/affichTexteArticle.do;jsessionid=314CD AF83D2B8443D8698AFAEEDADE9F.tpdjo07v_3?idArticle=LEGIARTI000006434865&cidTexte=JORFTEXT000
000509314&categorieLien=id&dateTexte=20000622, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. Dicho artículo estuvo vigente hasta el 23 de junio de 2000.
 7  "Dans les collèges et les lycées, les élèves disposent, dans le respect du pluralisme et du principe de neutralité, de la liberté d'information et de la liberté d'expression. L'exercice de ces libertés ne peut porter atteinte aux activités d'enseignement". En adelante solo se expondrá el texto francés en las frases cuya traducción presente especiales dificultades o aquellas que muestren especial relevancia
 8  Ver sitio oficial del Consejo de Estado francés, en http://www.conseil-etat.fr/cde/media/document//avis/346893.pdf , Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 9  Todos los resaltados de las disposiciones que se citarán son añadidos. "... qui, par leur nature, par les conditions  dans lesquelles ils seraient portés individuellement ou collectivement, ou par leur caractère ostentatoire ou  revendicatif, constitueraient un acte de pression, de provocation, de prosélytisme ou de propagande, porteraient atteinte à la dignité ou à la liberté de l'élève ou d'autres membres de la communauté éducative, compromettraient leur santé ou leur sécurité, perturberaient le déroulement des activités d'enseignement et le rôle éducatif des enseignants, enfin troubleraient l'ordre dans l'établissement ou le fonctionnement normal du service public".
 10  Publicada en Journal Officiel de la Repúblique Française, diciembre 15, 1989, p. 15577. Puede verse en Università degli Studi Roma Tre, en http://host.uniroma3.it/progetti/cedir/cedir/Lex-doc/Fr_cir_12-12-89.pdf, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. párrafo 2.Ibid., Conseil d'État, 2 de noviembre de 1992, Decisión 130394. Puede consultarse en la página oficial del Consejo de Estado: http://arianeinternet.conseil-etat.fr/arianeinternet/, poniendo en el buscador el número de Decisión. El texto francés reza: "Considérant qu'aux termes de l'article 10 de la Déclaration des Droits de l'Homme et du Citoyen du 26 août 1789: "Nul ne doit être inquiété pour ses opinions, même religieuses, pourvu que leur manifestation ne trouble pas l'ordre public établi par la loi"; qu'aux termes de l'article 2 de la Constitution du 4 octobre 1958: "La France est une République indivisible, laïque, démocratique et sociale. Elle assure l'égalité devant la loi de tous les citoyens sans distinction d'origine, de race ou de religion. Elle respecte toutes les croyances".
 11  Ídem. "qui, par leur nature, par les conditions dans lesquelles ils seraient portés individuellement ou collectivement, ou par leur caractère ostentatoire ou revendicatif, constitueraient un acte de pression, de provocation, de prosélytisme ou de propagande".
 12  Idem. "Que, par la généralité de ses termes, ledit article institue une interdiction générale et absolue en méconnaissance des principes ci-dessus rappelés et notamment de la liberté d'expression reconnue aux élèves et garantie par les principes de neutralité et de laïcité de l'enseignement public; que les requérants sont, par suite, fondés à en demander l'annulation".
 13  La frase completa reza en francés: "Je vous demande donc de bien vouloir proposer aux conseils d'administration, dans la rédaction des règlements intérieurs, l'interdiction de ces signes ostentatoires, sachant que la présence de signes plus discrets, traduisant seulement l'attachement à une conviction personnelle, ne peut faire l'objet des mêmes réserves, comme l'ont rappelé le Conseil d'État et la jurisprudence administrative". Puede verse dicha Circular en Assemblèe Nationale, en http://www.assemblee-nationale.fr/12/dossiers/documents-laicite/document-3.pdf [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 14  Tal es el caso de las decisiones 170398, 172718, 172717, 170343 (del 20 de mayo de 1996). En todos estos casos puede leerse la siguiente frase: "ne pouvait en revanche justifier légalement une interdiction générale du port du foulard dans l'établissement": "sin embargo, no se puede justificar legalmente una prohibición general de portar el foulard dentro del establecimiento". Esas decisiones pueden consultarse en la página oficial del Consejo de Estado: http://arianeinternet.conseil-etat.fr/arianeinternet/.
 15  Esto puede verse en el caso de dos niñas que fueron expulsadas del colegio por el uso del hijab, pero el argumento usado por los directores y entendido como razonable por el Consejo de Estado fue que el velo les impedía realizar de una manera segura educación física. Consejo de Estado, Decisión 159981, del 10 de marzo de 1995. Disponible en http://arianeinternet.conseil-etat.fr/arianeinternet/.
 16  La ley fue aprobada el 15 de marzo de 2004 y promulgada en el Journal officiel de la République Française el 17 de marzo de 2004. El artículo en francés reza: "Dans les écoles, les collèges et les lycées publics, le port de signes ou tenues par lesquels les élèves manifestent ostensiblement une appartenance religieuse est interdit". La versión facsímil de la página de ese día donde se encuentra la ley puede consultarse en Wikimedia, 2004, en http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8a/French_law_on_secularity_and_conspicuous_religi… fecha de consulta: 18 de octubre de 2011; una versión en castellano puede consultarse en Grupo Eleuterio Quintanilla, http://www.equintanilla.com/web_nueva/privado/imagenes/proyecto_de_ley_de_aplicacion_del_principio… privado/imagenes/proyecto_de_ley_de_aplicacion_del_principio_de_laicidad.pdf [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 17  El mismo párrafo se encuentra, por ejemplo, en las Decisiones 285395, 295671, 285396 y 285394, del 5 de diciembre de 2007, y 306833, del 10 de junio del 2009 del Consejo de Estado. Disponible en http://arianeinternet.conseil-etat.fr/arianeinternet/.
 18  "Considérant qu'il résulte de ces dispositions [fundamentalmente el art. 141, 5, 1 del Código de Educación] que, si les élèves des écoles, collèges et lycées publics peuvent porter des signes religieux discrets, sont en revanche interdits, d'une part, les signes ou tenues, tels notamment un voile ou un foulard islamique, une kippa ou une grande croix, dont le port, par lui-même, manifeste ostensiblement une appartenance religieuse, d'autre part, ceux dont le port ne manifeste ostensiblement une appartenance religieuse qu'en raison du comportement de l'élève".
 19  European Court of Human Rights, Grand Chamber, Leyla Sahin v. Turky, 44774/98, CEDH 2005-XI. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-en [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011]. Un análisis de este caso y algunos otros precedentes puede verse en Javier Martínez-Torrôn, "La cuestión del velo islámico en la jurisprudencia de Estrasburgo", Delta Publicaciones, 2009. Disponible en http://www.deltapublicaciones.com/derechoyreligion/gestor/archivos/07_10_41_980.pdf [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 20  European Court of Human Rights, Grand Chamber, Lautsi v. Italy, 18 de marzo de 2011. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-en [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011]. Cfr. European Court of Human Rights, Grand Chamber, Leyla Sahin v. Turky, 44774/98, CEDH 2005-XI, §§ 76 al 98.
21Ibíd., §§ 104 - 109.
22Ibíd., §§ 110 y 111.
23 Ibíd., §§ 109 y 111-116.
24 Ibíd., §§ 158-162.
25  Existieron otros argumentos enarbolados por algunos de los padres de los menores, tales como la prohibición de doble punición por mismo acto (art. 4 del Protocolo 7), la libertad de expresión (art. 10 del CEDH), el derecho al debido proceso legal (art. 6.1 CEDH) y el derecho a la igualdad (art. 14 CEDH).
26 Cour Europeene des Droits de'l Homme, R. Singh c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 27561/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&documentId=852664&portal=hbkm&source=extern… [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 27  Cour Europeene des Droits de'l Homme, J. Singh c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 25463/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&documentId=852662&po rtal=hbkm&source=externalbydocnumber&table=F69A27FD8FB86142BF01C1166DEA398649 [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 28  Cour Europeene des Droits de'l Homme, Aktas c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 43563/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp? action=html&documentId=852651&portal=hbkm&source=externalbydocnumber&tabl [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 29  Cour Europeene des Droits de'l Homme, Bayrak c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 14308/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&documentId=852655&po rtal=hbkm&source=externalbydocnumber&tabl [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 30  Cour Europeene des Droits de'l Homme, Gamaleddyn c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 18527/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&documentId=852656&po rtal=hbkm&source=externalbydocnumber&tabl [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 31  Cour Europeene des Droits de'l Homme, Ghazal c. France, decisión sobre la admisibilidad de la solicitud 29134/08. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/view.asp?action=html&documentId=852658&portal=hbkm& source=externalbydocnumber&tabl [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011].
 32  Ese fue siempre el criterio del Consejo de Estado, tal idea ya se encuentra en el avis 346.893 ("qui, par leur nature, par les conditions dans lesquelles ils seraient portés individuellement ou collectivement, ou par leur caractère ostentatoire ou revendicatif.").
 33  La frase se encuentra en los seis pronunciamientos: "...la requête est manifestement mal fondée et doit être rejetée".
 34  Cfr. Leyla Sahin v. Turky, 44774/98, ya citado, referido por la Corte Europea en estos seis rechazos de los casos franceses. Resultan también citadas por la Corte para resolver estos casos las sentencias Cour Europeene des Droits de'l Homme, Dogru v. France, 27058/05, y Kervanci v. France, 31645/04, que se analizarán en el siguiente epígrafe.
 35  Puede leerse casi a la letra en todas estas seis decisiones rechazando las presentaciones contra Francia en virtud de la expulsión de los menores de las escuelas: "En l'espèce, la Cour estime que l'interdiction faite à l'élève de porter une tenue ou un signe manifestant une appartenance religieuse et la sanction y afférente, est constitutive d'une restriction au sens du second paragraphe de l'article 9 de la Convention".
 36  En similares términos se expresa en las seis Decisiones: "Ainsi, eu égard aux circonstances, et compte tenu de la marge d'appréciation qu'il convient de laisser aux Etats dans ce domaine, la Cour conclut que l'ingérence litigieuse était justifiée dans son principe et proportionnée à l'objectif visé et que ce grief doit être rejeté pour défaut manifeste de fondement.".
 37  Cour Europeene des Droits de'l Homme, El Morsli c. France, 15585/06. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-fr, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 38  Cour Europeene des Droits de'l Homme, Cinquième Section, Dogru c. France, 27058/05, Arrêt 4 décembre 2008. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-fr, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 39  Cour Européenne des Droits de l'Homme, Cinquième Section, Kervanci c. France, 31645/04, Arrêt 4, décembre 2008. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-fr, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 40  Ver al respecto los §§ 55 a 59 de ambas decisiones.
 41  Ver al respecto especialmente los §§ 64 a 76 de ambas decisiones.
 42  Cfr. European Court of Human Rights, Grand Chamber, Lautsi v. Italy, 18 de marzo de 2011. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-en, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 43  Ver al respecto la sentencia 556/2006 del Consiglio di Stato, Sección Sexta, citado por la Corte Europea en el § 16 del fallo referido de la Grand Chamber.
 44  Ver European Court of Human Rights, Second Chamber, Lautsi v. Italy, Judgment of November 3, 2009, especialmente los §§ 47 y 55-57. Disponible en http://cmiskp.echr.coe.int/tkp197/search.asp?skin=hudoc-en.
 45  Cfr. European Court of Human Rights, Grand Chamber, Lautsi v. Italy, 18 de marzo de 2011, § 60. Esta frase de "neutrality and impartiality" había sido extensamente desarrollada en el fallo Leyla Sahin v. Turky, ya expuesto, caso que cita la Corte en el referido parágrafo.
 46  Ver European Court of Human Rights, Grand Chamber, Lautsi v. Italy, 18 de marzo de 2011, §§ 61 y 62.
 47  Cfr. ibíd., § 62, párrafos segundo y tercero.
 48  Cfr. ibíd., §§ 64 - 70. Este margen de apreciación que admita la religión ha sido criticado por varios autores, entre los que puede verse, por todos, Carla M. ZoetHouT, "Religious Symbols in the Public School Classroom: A New Way to Tackle a Knotty Problem", en Religion and Human Rights, 6 (2011) pp. 285-290.
 49  Para una visión crítica sobre la resolución de la Corte puede verse la posición de José Ignacio Solar Cayôn en su artículo "Lautsi contra Italia: sobre la libertad religiosa y los deberes de neutralidad e imparcialidad del Estado", en Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho, 23 (2011) pp. 566-586. No obstante su oposición a la sentencia de la Corte, este autor coincide en que bajo una aparente coherencia con la jurisprudencia anterior (porque deja la resolución bajo el "margen de discrecionalidad" de los Estados), existe un cambio de doctrina, la sentencia actual resulta incompatible con la doctrina anterior.
 50  Philippe Grollet, ob. cit.
 51  Jules Ferry, "Discurso dado al duque de Broglie", mayo de 1883, citado por María Marha Peltzer, "Separación de la Iglesia y el Estado", Enciclopedia Jurídica Omeba, t. XXV, Buenos Aires, 1968, p. 414.
 52  Cfr. Luis María Cifuentes Pérez, "La laicidad y la nueva Europa", Laicismo, 2011. Disponible en http://www.laicismo.org/detalle.php?pk=10948. , punto 2 titulado: "El verdadero rostro del laicismo en Europa", Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. En adelante, cuando se haga referencia a este autor se hará referencia a este trabajo; no obstante, Cifuentes manifiesta ideas similares en "Sociedad secularizada, ética laica y morales religiosas", Cuadernos de Pedagogía, 366, 2007, pp. 62-65, entre otros escritos.
 53  Ver, por ejemplo, Juan Bacigalüppi, "El parlamento escocés decidió censurar los textos de la reflexión religiosa", Arbo.net, 2005, en http://arvo.net/laicidad-y-laicismo/mordaza/gmx-niv132-con10208.htm, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. Sobre el punto conviene consultar también JUAN PABLO II, "Discurso al cuerpo diplomático", 12 de enero de 2004, Vaticano, 2004, en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2004/january/documents/hf_jp- ii_spe_20040112_diplomatic-corps_sp.html, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011, entre otros lugares; y BENEDICTO XVI, "A los participantes en el 56 Congreso nacional organizado por la Unión de Juristas Católicos Italianos", 9 de diciembre de 2006. Vaticano, 2006, en www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20061209_g…- cattolici_sp.html, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. Entre otros muchos puede verse también Roberto Bosca, "Glosario de la nota doctrinal", Diálogo Político, 4 (2003) voces "Laicidad" y "Laicismo", publicación trimestral de la Konrad-Adenauer-Stiftung A.C.
 54  José Luis Comellas García-Llera, voz "Laicismo", Gran Enciclopedia Rialp, Madrid, Rialp, 1973, p. 846. Que el laicismo es, principalmente, producto de la ilustración, es algo reconocido y aceptado por todos (ver por ejemplo la conferencia de Philippe Grollet, ya citada). Pero no todos están de acuerdo con la influencia de la época renacentista y, sobre todo, de Maquiavello al respecto.
 55  Cfr. María Martha Peltzer, ob. cit., pp. 414-415.
 56  Ello no se encuentra en duda por ningún autor, al punto de que existen estudiosos que definen al laicismo como una manera francesa original de pensar la organización política, cfr. sobre esto Catherine Kintzler, Tolerancia y laicismo, Buenos Aires, Ediciones del Signo, trad. por María Elena Ladd, 2005, pp. 13-17.
 57  Cfr. María Martha Peltzer, ob. cit., pp. 414-417.
 58  Luis María Cifuentes Pérez, ob. cit., pto. 1 (énfasis agregado).
 59  Citado por Antonio Jiménez-Landi, La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente, t. III, Periodo escolar 1881- 1907, Madrid, Editorial Complutense, 1996, p. 189.
 60  Debe recordarse que algunos de los autores citados promueven además la neutralidad filosófica, no solo la religiosa, tanto en sus inicios como en la actualidad; sin embargo, la neutralidad religiosa que exigen ambas posturas llega a oponerse a la manifestación de visiones o concepciones que, pudiendo ser filosóficas, surjan de algún "dogma" (los dogmas son los que los "asustan") religioso. En la actualidad, la sociedad europea realiza esfuerzos por incluir en los contenidos curriculares ciertos "valores cívicos" que consideran importantes para el desarrollo de la sociedad, esa circunstancia viene a confirmar lo que se sostiene en este apartado y aquello que se verá en el siguiente. cfr. Emiliano Mencía, Educación Cívica del ciudadano europeo. Conocimiento de Europa y actitudes europeísticas en el currículo, Madrid, Narcea, 1996, principalmente pp. 53-65.
 61  De manera similar se manifiesta Pedro Rivas Pala en un artículo dedicado al tema del foulard, titulado "Laicismo y sociedad liberal", en Revista del Poder Judicial, 73 (2004) pp. 217-232. Jean Jaurés, en su "Discurso de 1906", transcrito por Henri Peña Ruiz y César Tejedor de la Iglesia, Antología Laica, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2009, p. 253.
 62  En lo que hace a Jules Ferry puede verse su "Carta a los maestros", de 1883, en Henri Peña Ruiz y César Tejedor De La Iglesia, ob. cit., pp. 256 y ss. Resulta interesante el discurso citado dado a los maestros, pues explica en cosas prácticas y concretas cómo debe el maestro abstenerse de la religión sobrenatural, y al mismo tiempo, transmitir unos valores promovidos por el Estado. Puede verse también el discurso ya citado de Jean Jaurés, para quien la neutralidad no era un valor del laicismo, sino solo la radical separación, casi oposición, a todo poder religioso -en sentido amplio-. Ver "Discurso de 1906", en Henri Peña Ruiz y César Tejedor de la Iglesia, ob. cit., pp. 243 y ss. En este autor, aunque fuera uno de los exponentes máximos del laicismo francés en sus inicios, su oposición a la religión se encontraba muy influenciada por su filosofía socialista, al punto de que María Matha Peltzer dice que "sostiene un laicismo de combate, oponiéndose a toda idea de neutralidad", ob. cit., p. 418.
 63  Luis María Cifuentes Pérez, ob. cit., pto. 1.4, titulado "Laicidad, secularización e indiferentismo religioso". Este autor ha sido citado al referirnos a la exigencia de neutralidad en este apartado, pues aunque parezca contradictorio,  muchos laicistas (ya se ha dicho) entienden neutralidad como exclusión de todo aspecto religioso no-estatal, pero no de lo que ellos sostienen que es filosófico.
 64  Ibíd., pto. 1.3, titulado "Laicidad y ateísmo".
 65  José Luis Comellas García-Llera, ob. cit., p. 847.
 66  Esto es claro en Jaurés (ver el discurso citado por Henri PEÑA RUIZ y César Tejedor de la Iglesia, ob. cit.), Cifuentes Pérez, ob. cit., Grollet, ob. cit. y Ferry, discurso citado por Henri peña Ruiz y César Tejedor de la Iglesia, loc. cit.
 67  De hecho, hemos escogido una entrevista que realiza Danny Postel a Richard Rorty -la última entrevista que dio en su vida-. Allí le consulta su opinión acerca de la causa de su enorme influencia en el mundo árabe, la cual se tornó patente en su visita a Teherán en el 2004, donde pudo comprobar que sus libros tenían gran difusión entre los jóvenes e incluso se habían traducido al persa. Cfr. Danny Postel, "Last Words from Richard Rorty", The Progressive, june 10, 2007 en http://www.progressive.org/mag_POSTEL0607, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011. Una traducción en castellano, realizada por Germán Toyos, puede verse en la revista Letras libres, México, D.F., agosto de 2007, pp. 44- 46
 68  Una encuesta realizada en febrero de 2004 por CSA para Le Parisien demostró que el 69% de la población francesa estaba a favor y el 29% en contra de la legislación; por su parte, la población musulmana se encontraba mayoritariamente en contra (53%) que a favor (42%). Un dato curioso de esta encuesta es que el 49% de las mujeres musulmanas se encontraba a favor de la ley y solo un 43% en contra. La encuesta puede verse en la nota editorial  'The war of the headscarves", en The Economist, ¿del 5/02/2004?, en http://www.economist.com/node/2404691? story_id=2404691, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 69  Esto se nombra en la entrevista realizada a Rorty por Danny Postel, cit.
 70  Algunos autores entienden que es diferente la manera de formar ese "consenso" en Rorty y Habermas, pero explicar esas diferencias no es el objeto de este trabajo.
 71  Las frases en cursiva fueron extraídas textualmente de la traducción castellana de la entrevista a Rorty, son frases que le pertenecen; ver la entrevista en Germán Toyos, Letras libres, cit., p. 44.
 72  Cfr. Jürgen Habermas, La inclusión del otro. Estudios sobre Teoría Política, trad. Juan Carlos Velazco Arroyo, Barcelona, Paidós, 1999, título II completo, especialmente la conferencia 3 .
 73  Es el título que Rousseau puso al capítulo 8, libro 4, de El contrato social. Uno de los autores que se hace eco de tal terminología es Robert Bellah, "Civil Religion in America", disponible en http://www.robertbellah.com/articles_5.htm [Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011]. Este autor expone elementos actuales en los cuales se manifiesta dicha "religión civil" en Estados Unidos. Estas reflexiones son válidas para cualquier estado que posea los mismos "síntomas".
 74  Pedro Rivas Palá, ob. cit., punto 1, primer párrafo.
 75  Ese fue siempre el criterio del Consejo de Estado, tal idea ya se encuentra en el avis 346.893 ("qui, par leur nature, par les conditions dans lesquelles ils seraient portés individuellement ou collectivement, ou par leur caractère ostentatoire ou revendicatif...").
 76  María Martha Peltzer, ob. cit., pp. 414-417.
 77  Es posible que quien siga a Rawls sostenga que en el ámbito público esos problemas no pueden darse, pues la idea del debate político requiere ciertos presupuestos que lo impiden (dentro de ellos la capacidad de llegar a acuerdos, "contratos", sobre puntos básicos en el ámbito público -entra aquí el concepto de equilibrio reflexivo- dejando los puntos "problemáticos" o irremediables para el debate moral, que no debe inmiscuirse en el político); todo lo público sería para Rawls punto de "contacto" o coincidencia de visiones fundada en la razón pública (criterio que en el fondo determina que en lo público puede vivir cualquier conducta que no escape a lo razonable).
 78  Escapa al propósito del trabajo una referencia completa a la comparación que el mismo Habermas realiza entre su postura y la de Rawls en su libro La inclusión del otro, Estudios sobre Teoría Política, ob. cit. De hecho, la idea de la cultura política común la toma de Rawls (ver ob. cit., título II, capítulo 3, pto. IV). Para esta comparación puede verse también lo dicho por Habermas en Jürgen Habermas y John Rawls, Debate sobre el liberalismo político, Barcelona, Paidós, trad. de G. V. Roca, 1998; y el trabajo de María Elôsegui, "La inclusión del otro. Habermas y Rawls ante las sociedades multiculturales", en Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), 98 (1997) pp. 59-84.
 79  Existen muchos puntos de contacto entre Rawls y las posturas analizadas. Sin embargo, las teorías rawlsianas carecen de la claridad necesaria al respecto. En efecto, John Rawls varió tanto su doctrina desde su primer libro hasta Liberalismo político, que muchos autores hablan de un primer y un segundo Rawls. En este sentido ver, entre otros, Suzanne Islas Azais, 'Treinta años de Teoría de la justicia", en Signos filosóficos, 9 (2003) pp. 173-189. Puede relacionarse, por ejemplo, la pretendida neutralidad del Estado laico con la pretendida neutralidad del concepto de justicia "política" de Rawls y su idea de justicia como imparcialidad, pero darle un análisis mayor a esas posiciones escapa al propósito de este trabajo.
 80  Cfr. Pilar Zambrano, "La razón pública en Rawls", en Anuario da Facultade de Dereito da Universidade da Coruña, 5 (2001) pp. 871-883; y Mario Silar, "Liberalismo político y razón pública: una aproximación a John Rawls desde la teoría de la Ley Natural", en Ética & Política, X-1 (2008) pp. 272-285.
 81  Cfr. Jean Jaques Rousseau, El contrato social, Barcelona, Altaya, 1993, Libro 4, cap. 8. En este capítulo el autor dice: "Hay, según esto, una profesión de fe puramente civil cuyos artículos puede fijar el soberano, no precisamente como dogmas de religión, sino como sentimientos de sociabilidad, y sin los cuales es imposible ser buen ciudadano ni fiel súbdito".
 82  Juan Pablo II, "Discurso a un grupo de Obispos españoles en visita ad limina", 24 enero de 2005. Vaticano, 2005 en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2005/january/documents/hfjp-ii_spe_2005012… - bishops_sp.html , Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 83  Ibíd.
 84  Pedro Rivas Palá, cit., punto 1, párrafo tercero, expresa la misma idea de esta manera: "De ahí que en este caso pueda hablarse de religión civil no tanto por la presencia de ritos o símbolos, sino por el carácter dogmático del principio de laicidad entendido al modo francés".
 85  Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, UN Doc A/CONF.39/27 (1969), 1155 U.N.T.S. 331, entrada en vigencia 27 de enero de 1980.
 86  Cfr. Pedro Rivas Palá, cit., en especial los dos últimos párrafos.
 87  Idem (énfasis agregado).
 88  Norberto Bobbio, "Cultura laica y laicismo", El Mundo, 17 de noviembre de 1999, republicado en www.scribd.com/doc/16187188/Bobbio-N-Cultura-laica-y-laicismo, Fecha de consulta: 18 de octubre de 2001.
 89  John Stuart Mill, Sobre la libertad, Madrid, Orbis, 1980, cap. V.
 90  Cfr. John Rawls, Teoría de la justicia, México, Fondo de Cultura Económica, trad. de María Dolores González, 1a ed. en inglés 1971, 1a ed. en español 1979, 2a ed. en español 1995, 2006, pp. 234 y 235. Al citar aquí a Rawls se podría cometer, para algunos, el error de mezclar dos corrientes liberales muy diversas; sin embargo, es ilustrativa la idea de que en "liberalismos tan diversos", al poseer ciertos fundamentos comunes puedan caer en similares "contradicciones". Se coincide con quienes sostienen que ambos forman parte de dos diferentes tradiciones del liberalismo que, por ejemplo, se diferencian en la manera de entender la religiosidad del hombre. De todos modos, no resulta posible saber con exactitud la postura que tomaría Rawls en este caso. Por sus escritos, y por su gran preocupación por el multiculturalismo, podría sostenerse que no estaría de acuerdo con la actitud francesa.
 91  Cfr. María Martha Peltzer, ob. cit., p. 416a.
 92  Cfr. Gilbert K Chesterton, La esfera y la cruz, 6a. ed., Madrid, Espasa-Calpe, 1972, cap. 1.
 93  Una traducción de este discurso puede verse en http://www.revistaecclesia.com/index.php? option=com_content&task=view&id=6002&Itemid=246 , Fecha de consulta: 18 de octubre de 2011.
 
 
 
 
1. De dónde viene esa fiesta: De Irlanda y Escocia
'Víspera de Todos los Santos'. En inglés, contraído, es “All Hallows' Eve”: la fiesta que se celebra la noche previa al Día de los Difuntos, que es el dos de Noviembre.
Los irlandeses lo llevaron a USA, emigrando en su exilio por el hambre. Vaciaban una calabaza, encendiendo dentro una vela: Jack-o'-lantern leyenda de Jack el Tacaño.
A Jack, un aldeano perseguido por robar, el diablo le dijo que se moría ya, se iba al infierno. Pero Jack le engañó, diciendo que los que le perseguían creían en Dios: que él se convirtiera en moneda para pagarles, y ellos discutirían matándose. El diablo se convirtió en moneda, en el saco donde Jack tenía una cruz que había robado. Eso dejó al diablo atrapado y sin poderes. Jack sólo le dejó salir del saco si le prometía no llevarle al infierno. Pero como Jack -por ser ladrón- no podía ir al cielo, no veía dónde ir. De burla, el diablo le dio una brasa inapagable, del fuego del infierno, que él lleva como “Jack of the Lantern”. Por eso en Irlanda y Escocia ponen la calabaza en la ventana con la linterna de Jack, para ahuyentar diablos, echándolos fuera de sus casas.
2. En qué lo han convertido hoy: En una fiesta de horror, un tanto rara y extraña
El cine lo universalizó en 1978, con ‘La noche de Halloween’, de John Carpenter. Latinoamérica, que copia a USA, lo asumió de pleno, y al emigrar, lo trajo a España.
Hoy parece más una fiesta de máscaras y de disfraces: duendes, fantasmas, brujas, esqueletos, zombies y terror.  Es un despliegue comercial publicitario para vender disfraces. Hasta hay quien se lo toma en serio, para ahuyentar diablos y malos espíritus.
3. Qué es en realidad: Es un recuerdo de nuestro paso a la eternidad
Su sentido es recordar nuestra unión y cercanía: de los vivos con los ya muertos. Celebramos ese día a todos nuestros antepasados, ya muertos. Nosotros vivimos, gracias a ellos, pues ellos engendraron a nuestros padres: si no, no existiríamos. Crearon nuestras familias, y por eso se merecen toda nuestra honra y recuerdo. Por eso les ofrecemos los funerales. Por eso visitamos sus restos en el cementerio.
Nos recuerda que vivimos para la eternidad. Según vivas, así te quedas para siempre Es la Temporalidad: Esta vida, chico, es muy corta. Vivir, dura dos calendarios.
Plantéate que tú y yo también morimos. Eso nos pilla a todos. Un día, el difunto serás tú. ¿Qué recuerdo dejamos? ¿Quién nos llorará y encomendará? ¿Qué bien hicimos?
Imagínate si todos a los que les has hecho faenas, organizan tu sepelio, y allí ves esto:
Esquela: “Descansa en paz XX de una vez, y los demás descansamos aún más de él”.
Epitafio: “Aquí yace por fin el mayor desgraciado, el que menos ha hecho en su vida”
Necrológica: “Falleció tristemente XX, pero lo celebraremos felices y a lo grande”
Los cristianos celebramos el día que morimos. ¿Por qué? Porque ese día vamos al cielo. “Vivir –decía Eugenio d’Ors– es alumbrar un ángel a la eternidad”. Vivimos rodando una película, que es el film maravilloso de la Historia de Nuestra Vida. Así quedaremos para siempre, sin poder jamás cambiarlo. Será nuestro futuro. Será lo que merezcamos.
 
 
 
 La ciudad de Carcassonne, una joya de la civilización cristiana.
 
Es necesario comprender que está en curso una verdadera revolución cultural, que pretende, en última instancia, erradicar de nuestra Patria los últimos restos de la Civilización cristiana.
Una revolución cultural
Contenidos
 
 
Frente a la legalización de las uniones de hecho -algunos quieren que la unión entre homosexuales sea equiparada al matrimonio- la ley que castiga la discriminación, impone la educación sexual y de género en los colegios, el aborto libre, etc., es necesario comprender que está en curso una verdadera revolución cultural, que pretende en última instancia erradicar de nuestra Patria los últimos restos de la Civilización cristiana.
¿Hacia dónde nos conducirán estos utópicos de la igualdad y de la libertad sin frenos? ¿Permaneceremos indiferentes frente a esta profunda demolición moral y cultural?
Una vez más, repetimos: es necesario que dilatemos nuestros horizontes. A primera vista está en juego una simple cuestión de leyes. Pero en el subsuelo de todo esto existe una cuestión de civilización.
La Civilización Cristiana fruto de una Fe ardiente
La Civilización Cristiana no es una quimera, ni una fórmula hueca, y mucho menos un sueño irrealizable. Ella existió, ella existe, ella puede dejar de existir.
 
La Civilización Cristiana, ¿es una utopía?
 
La formaron los siglos de Fe ardiente. Fue ella fundada sobre la piedra angular que es Cristo, lentamente, paso a paso, año a año. Los mártires, los confesores, los pontífices, las vírgenes y los doctores fueron levantando sus murallas. Murallas santas, hechas de piedras, piedras vivas traídas por la Sangre de Cristo, de la muerte al régimen de la Gracia.
 Esta maravilla del arte medieval fue mandada a construir por el rey San Luis para abrigar la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo
La argamasa que las une fue compuesta con las lágrimas, el sudor y la sangre de centenas de generaciones de santos. El lineamiento general de la obra fue deducido en días y noches, semanas y siglos de ardiente trabajo, del inmenso libro de la creación visible y de las páginas divinas de la Revelación.
Una civilización nacida de la Sangre derramada por Cristo
Poco a poco se levantó el edificio grandioso, el Reino de Dios entre los hombres, la civilización genuina nacida de la Sangre de Cristo, la gran “Civitas” occidental y cristiana que en la amplitud de sus líneas, a un mismo tiempo nobles y maternales, altaneras y plácidas, fuertes y acogedoras, tenía algo de un templo, de una fortaleza, de una escuela, de un hogar y de un asilo de caridad.
No se piense que esa edificación era obra meramente humana. Ella no existiría sin la gracia y a su vez servía a la propia expansión de la gracia. La Iglesia Católica es una llama de luz en cualquier atmósfera. La Iglesia recibe su luminosidad intrínseca, no de los hombres, sino del propio Sol de Justicia, que es Jesucristo.
 
Nuestro Gran Ideal: la Cruzada del Siglo XXI
 
Entre tanto, es necesario no olvidar que el brillo de esa llama divina puede irradiarse más, o menos, conforme sea la opacidad del aire en que arde. La Civilización Cristiana es la atmósfera serena y diáfana, que permita la irradiación omnímoda de la llama evangélica.
Las civilizaciones paganas, por el contrario, saturan de vapores la atmósfera social y oscurecen habitualmente, con las nubes espesas de los preconceptos y de las pasiones, la plena visibilidad, la universal irradiación del esplendor de Aquel que fue puesto como «lumen ad revelationem gentium».
La crisis de la Edad Media
En el fin de la Edad Media esa estructura se trizó. Poco a poco se agravó la crisis, y hoy está ella a punto de desaparecer. Pobre y grande Civilización Cristiana, en el ocaso de hoy apenas emerge uno u otro de sus gloriosos capiteles, las últimas ojivas que la saña de los bárbaros todavía no abatió. Amamos estos santos y nobles restos con el amor ardiente y las añoranzas abrasadoras con que los antiguos judíos miraban hacia las ruinas del Templo destruido y abandonado. Sí, amamos sus ruinas, y si de éstas nada restase, amaríamos todavía su polvo.
 Amamos estos santos y nobles restos con el amor ardiente y las añoranzas abrasadoras con que los antiguos judíos miraban hacia las ruinas del Templo destruido y abandonado
Y para nosotros que estamos entre los escombros de esa gran ciudadela en ruinas, el problema no es saber si se salvará todavía éste o aquel resto de columna o de muralla. Es la gran batalla que en cualquier momento comenzará a trabarse; la batalla última y decisiva hace tanto tiempo provista por los De Maistre y por los Veuillot.
La civilización cristiana o la torre de Babel
La gran cuestión es, pues, saber si, sí o no, la obra ha de ser rehecha; si los últimos destrozos de la «civitas christiana» serán abatidos para dar lugar a la torre de babel, o si los obreros de la confusión serán expulsados del mundo, si los bárbaros rojos o pardos serán barridos de la faz de la tierra, si los mercaderes, los aventureros, los apóstatas y los demoledores de toda especie serán expulsados del recinto sacral del mundo cristiano, para que los hijos de la luz yergan nuevamente la gran Ciudad, que es el Reino de Dios entre los hombres.
Existe en germen una terrible y gravísima opción ideológica que nos acecha en esa tormentosa encrucijada de caminos políticos. Discuten unos a quien pertenecerá el mando, y otros de que manera se organizarán las finanzas. Por lo que a nosotros se refiere, nos detenemos en el marco divisor de las rutas, procurando conocer los fantasmas confusos que nos aguardan a lo largo de los caminos… de todos los caminos.
Los problemas presentes contienen en su médula las más radicales consecuencias para el futuro. Un futuro a su vez tan grave, que en él la humanidad casi entera puede abandonar o reconquistar la ruta de la Eternidad. Esta es la situación a que llegamos. No le disminuyamos el alcance reduciéndola o resumiéndola, como si todos los intereses de la Iglesia se cifrasen apenas en algunos pocos retoques en el edificio social.
Se trata de retornar a los principios que hicieron grandiosa la Civilización cristiana y restaurarla. No, ciertamente, en sus aspectos accidentales, sino en su espíritu.
 
Plinio Corrêa de Oliveira
 
 
 
He leído, uno de estos últimos días del Octubre, que el Ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha anunciado que va a prohibir la publicidad dirigida al público infantil (menores de 16 años) de ciertos alimentos. Dice que con esta medida, el Ministro espera reducir el problema de la obesidad infantil.
En la infografía realizada por el Ministerio de Consumo se refiere a estos alimentos, cuya publicidad se quiere prohibir, como “alimentos nocivos para su salud” y en los que incluye:
Confitería de chocolate y azúcar, barritas energéticas, coberturas dulces y postres.
Producto de pastelería
Bebidas energéticas
Zumos
Helados
En relación con otros productos como bebidas, aperitivos salados, salsas…., no podrían anunciarse los que superen ciertos límites como por ejemplo, en el caso de los aperitivos salados los que lleven azúcares añadidos o más de 0,1 gr de sal por cada 100 gr.
Los anuncios de estos productos estarían prohibidos en televisión en la franja de 8 a 9 de la mañana y de 5 a 8 de la tarde de lunes a viernes y de 9 a 12 de la mañana durante el fin de semana. Además, se prohibiría en internet, redes sociales, app y medios impresos con contenidos infantiles, en canales TV infantiles, en radio y TV cuando haya una audiencia elevada de niños y en TV antes y después de programas infantiles.
Ante esta noticia la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) y otras asociaciones de la cadena alimentaria (Asaja, AECOC, Hostelería de España y Marcas de Restauración) consideran que tanto en el contenido de la propuesta del Ministerio de Consumo, como en la forma y el lenguaje utilizados, atacan de manera gratuita e injustificada a los elaboradores de alimentos y bebidas. Además, señalan que para todo el sector y sus trabajadores, que durante la pandemia han dado un ejemplo de profesionalidad y compromiso con los ciudadanos para garantizarles el abastecimiento, es inadmisible un anuncio en el que se habla de defender a los niños de la industria alimentaria.
Estas asociaciones destacan también que no se puede criminalizar a un sector comprometido con la calidad, la variedad, la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y la mejora nutricional de los productos, y que la obesidad y otras enfermedades responden a muchos factores como el sedentarismo y la falta de hábitos de vida saludables.
 
Jesús Domingo
 
 
 
El papel de los periodistas y de los medios de comunicación es clave para la conformación de la opinión pública es un hecho. De ahí que en democracia sea imprescindible el cultivo de un periodismo libre que pueda informar al servicio de la verdad sin intromisiones del poder político, de los grupos de interés económico y de cualquier grupo de presión.
Sin libertad de prensa no hay democracia. Por esta razón María Ressa y Dmitry Muratov han sido premiados con el Nobel de la Paz. Ambos periodistas, uno desde Rusia y la otra desde Filipinas, destacan por su defensa de la libertad frente al autoritarismo, el abuso de poder y la violencia que ejercen dos autócratas como Putin y Duterte. Por defender la libertad, ambos han sufrido persecución y han sido víctimas de acusaciones injustas. Muratov ha sufrido el asesinato de seis de los periodistas que han trabajado con él. Ressa se enfrenta a una pena de cárcel de entre seis meses y seis años.
Domingo Martínez Madrid
 
 
 
A primeros del mes que se ha acabado, el Papa, en el discurso que dedicó a la Jornada Mundial de los Docentes instituida por la Unesco, recordaba que no pocas veces en la historia las religiones han vivido episodios de confrontación, pero hoy caminan por la senda del encuentro. Con las dificultades propias y las diferencias evidentes, lo que ayer fue confrontación, hoy es compromiso en defensa de la identidad de cada uno y de la dignidad de todos, sin discriminaciones, la defensa y el cuidado de la creación y la promoción de relaciones pacificas de convivencia.
No podemos olvidar que el cuidado de la integridad de las personas, el cultivo de la armonía y su belleza son un desafío común para el diálogo interreligioso, que está llamado a renovar y fecundar la acción educativa, que es la herramienta más eficaz para hacer realidad la fraternidad universal.
Jesús Domingo Martínez
 
 
                                Abolirla es la más brillante idea del último congreso de “los que se dicen socialistas en España” (PSOE); lo que aparte de producir todo tipo de risas y cachondeos, es algo así como la sentencia popular para calificar un imposible… “Eso es como querer asar la manteca”; puesto que la prostitución (“pagada o voluntaria”) existe desde la noche de los tiempos y va a existir, mientras, “el sexo excite de la forma en que lo hace en los cuerpos femeninos, masculinos u homosexuales”; que al ser lo normal en el resto de animales, llevan hasta a enfrentamientos con trágicas consecuencias y que estamos hartos de ver, en los documentales que nos muestran, “la realidad de la naturaleza animal”. Y “el mono humano”; no olvidemos que somos un animal más.
                                Por todo ello y mientras “el homo actual”, no llegue a una formación y educación tal, que llegue a dominarse así mismo; como también dice el acervo popular en mi tierra; “la jodienda no tiene enmienda”.
                                La prostitución, ha existido en todas las capas sociales, y desde “los de a pie o masas, hasta las más altas testas coronadas con la más pequeña corona, hasta con la imperial o la tiara religiosa”; quien lea ampliamente la historia del “mono humano lo comprobará”; y como ocurre casi siempre, “el saber del pueblo lo resumió en un jocoso chiste, cuya lectura total me reservo, pero que demuestra el que una puta de alto porte y su criada que también lo era, pero del más bajo, la primera consiguió un soberbio abrigo de pieles, en un servicio y la criada consiguió el mismo abrigo, pero con el trabajo de cien”; lo que nos viene a decir en la sabiduría popular, que hubo y hay, “servicios de prostitución para todas las capas sociales”; veamos algo de ello, puesto que eso mismo demuestra la amplitud de toda su historia.
            “Julio César y como “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos”: es sin duda, uno de los grandes talentos militares de la historia universal, a la altura de Alejandro Magno o Napoleón, pero sus conquistas no se limitaban solo a territorios, resultando un amante siempre ávido de nuevas parejas, ya fueran hombres o mujeres, de las que bien pudiera haber dicho, parafraseándose a sí mismo aquello de: "Llegué, la/lo vi y vencí" dado el interés y determinación que mostraba para conseguir llevar a su lecho a quien le entraba por el ojo. Se cuenta que cuando Julio César  contaba con tan solo 20 años de edad, fue enviado como embajador a la corte de Nicomedes IV, el Rey de Bitinia, con quien se rumoreó insistentemente que había mantenido relaciones. Tanto es así que César fue conocido durante largo tiempo como "La reina de Bitinia" o "El establo de Nicomedes". Las críticas le llegaban a diestro y a siniestro y un día que en el Senado defendió a la hija de Nicomedes y recordó los favores que se le debían a este rey como aliado de Roma, Cicerón le dijo: "Omite, te lo suplico, todo eso, porque demasiado sabido es lo que has recibido y lo que has dado". O sea que el famoso Julio, “hacía a pelo y a lana”, como decimos en mi tierra.
            Mesalina como esposa del emperador Claudio: una pincelada de su “fogosa historia”: “Según cronistas como Tácito y Suetonio, Mesalina coleccionó amantes, entre los que hubo senadores, gladiadores, militares y cortesanos de altísimo rango, e incluso actores como Mnéster, el amante de Calígula (“otro degenerado”), y parientes. Mesalina jamás se privó en ningún momento de degustar todos los placeres del sexo, destacando en sus correrías su predilección por lo que hoy conocemos como masoquismo, agrega Durigon”. Y quienes recuerden la fabulosa serie en TV titulada “Yo Claudio”; simplemente que recuerde el reto que mantuvo con la más famosa puta de Roma, sobre quién de las dos, aguantaría más hombres en una noche; y “que ganó ello, por goleada”.
                Al emperador bizantino que también le gustaba la juerga y termina casándose con con una puta: “Justiniano, Emperador de Bizancio, amigo de mezclarse con el pueblo, conoce en una de sus incursiones a Teodora, bailarina-vagabunda-prostituta, que intenta robarle, y de la que se enamora al verla bailar. El emperador trata inútilmente de conquistarla. Conducida a su presencia acusada de robo, la condena a que le sea cortada la mano derecha. Ella escapa de la prisión y se reúne con Alcar, auriga del bando popular a quien narcotiza, suplantándolo en las carreras y logrando ser invitada a palacio por Justiniano. Convencido éste de la inutilidad de sus esfuerzos y de lo insano de sus deseos, se casa con Teodora. Un patricio difama a la nueva emperatriz y una sublevación popular, apoyada por el general Belisario, la pone en el trono. La emperatriz consolida el poder y la fama de Justiniano, venciendo al partido de los nobles y destruyendo sus intrigas”. Como se aprecia esta mujer fue muy útil al imperio.
            Periccles y Aspasia: “La mayor fortuna que puede tenerse en este mundo es nacer en el momento oportuno”. Así comienza Idro Montanelli su biografía. Pericles nació en la Atenas del siglo V después de las reformas institucionales de Solón y Clístenes y de que el tirano Pisístrato hiciera un reparto de tierras más justo y debilitara el poder de las castas aristocráticas. LLegó, vio y venció.  Tenía encanto personal, manejaba la palabra y era valiente para lo nuevo. De hecho es el político progresista por excelencia, el que cree en la razón para el progreso y huye de demagogias e ideas rígidas. Su vida y su obra está íntimamente ligada a una mujer que llegó a sufrir un juicio para perjudicar su estima ante un pueblo que no dejaba de votarlo repetidas veces, la rica, valiente, bella, culta Aspasia. Hay hipótesis verosímiles que datan la llegada de Aspasia a Atenas en torno a 450 a. C., fecha en la que pudo haber conocido a Pericles. De acuerdo con las afirmaciones (hoy discutidas) de los escritores antiguos, en Atenas, Aspasia se habría convertido en una hetera y posiblemente llegó a dirigir un burdel. Las heteras de Atenas eran cortesanas y mujeres de compañía de clase alta que, además de ofrecer belleza exterior, se diferenciaban del resto de mujeres atenienses por el hecho de que recibían una buena educación (a menudo tan alta como en el caso de Aspasia). Además, tenían independencia económica y pagaban impuestos. Eran posiblemente lo más cercano a mujeres liberadas que había en la sociedad ateniense y Aspasia, que se convirtió en una importante figura en su sociedad, era probablemente el ejemplo más obvio. Según Plutarco, Aspasia era comparable a la famosa Thargelia, otra hetera jónica de la edad antigua”. No olvidemos que a este hombre unido con esta mujer, se le atribuye nada menos, que “el crisol de lo que luego fue la civilización occidental”.  Y tras ello ¿qué opinar de las putas o prostitutas en general? (digo yo).
“La prostitución sagrada, prostitución del templo o prostitución religiosa se refiere los antiguos ritos de carácter religioso consistentes en el mantenimiento remunerado de relaciones sexuales, a menudo entre un visitante y un sacerdote o sacerdotisa destinado a ello. Se daría en un contexto de culto, posiblemente como rito de fertilidad o de carácter simbólico. Aunque el sexo ritual es un fenómeno recurrente en numerosas culturas, la prostitución sagrada ha sido un concepto difícil de delimitar en la historiografía, ya que no resulta fácil diferenciarla de ritos sexuales no remunerados, o llevados a cabo por particulares en el templo como forma de adoración. También se ha trazado una diferencia entre la prostitución que constituiría un acto verdaderamente litúrgico y aquella que estaría simplemente asociada con el templo a través de patronazgo divino”.
“A Benito Mussolini se le pueden colgar una infinidad de adjetivos horribles. Machista, asesino y dictador son solo algunos de ellos. Sin embargo, lo que nunca se le podrá achacar es haber mentido a las muchas mujeres que amó sobre su sexualidad desenfrenada. Cuando conoció a su amante más famosa, Clara Petacci, fue sincero hasta el dolor: ¿Qué cuántas relaciones he tenido? Los primeros tiempos de Roma fueron un desfile continuo de mujeres en el hotel. Me acostaba con unas cuatro al día (respondió). En todo caso, la persona que ayudó a cimentar la fama de mujeriego de Mussolini no fue un historiador. Tal y como desvela Carlos Berbell en su obra “Los más influyentes amantes de la historia”, fue su propio chófer, Quinto Navarra, quien desveló que había mantenido relaciones sexuales con entre 600 y 7.000 mujeres desde 1922. La cifra no es baladí, sino que se sustenta en las cartas que el dictador recibía de sus admiradoras y que se clasificaban de forma cuidadosa. Tras ser investigadas por las autoridades, aquellas chicas que resultaban ‘agraciadas’ –si es que puede llamarse así– eran invitadas a un encuentro con el líder en las dependencias de su palacio. El resultado era el imaginable. Se dice que “había cola de esperas”.
                                Reinas famosas por su, “furor uterino”; lo fueron Catalina la grande de Rusia, que tenía hasta “su propia guardia personal de sementales humanos”, o Isabel II de España; a la que en el Vaticano fue calificada así; nada menos que por el Papa reinante: “es, puta pero es nuestra puta”. Putas en los templos griegos y otros; y así innumerables personajes, ultimando con nuestro aún vivo Juan Carlos I y su largo historial de “amoríos fuera del matrimonio”, que según se dice o rumorea, “tenía como Mussolini, su gestor privado”. También abundantes políticos de “cierta altura” y por qué pagaban con tarjetas bancarias oficiales, y en grandes o abultadas cantidades de euros, han sido cursadas en burdeles, y de lo que la prensa dio amplias informaciones que supongo no han servido para nada, visto cómo se actúa aquí para tapar asuntos.
                                Puede que de las pocas sociedades que no conozcan la prostitución, sea la de los “Amish” por sus costumbres austeras y su apartamiento de la sociedad consumista actual; y con la peculiaridad que siguen aumentando o creciendo de forma sorprendente”. ¿Pero quién es capaz de seguirlos?
                                    Es claro que “se puede escribir una enciclopedia, puesto que como ocurre en el lienzo del pintor, sólo hay que saber dónde adquirir los colores y pinceles y con el caletre propio, llegar a finalizar la tela, o el techo de por ejemplo “la Capilla Sixtina”; pero el que quiera que continúe busque y complete el lienzo que yo dejo hoy.
 
Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)