Las Noticias de hoy 30 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 30/10/2021 - 12:21

Cómo confesarme?: pasos y exámenes de conciencia | by Opus Dei (Spain) |  Medium

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 30 de octubre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Diálogo entre el Papa y Biden: Clima, migrantes, Covid y libertad de conciencia

El Papa a la COP 26: están llamados a ofrecer respuestas eficaces a la crisis que vivimos

EL MEJOR PUESTO : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: andar en verdad

"No queramos esquivar su Voluntad" : San Josemaria

El cielo, el infierno, el purgatorio y la muerte. ¿Qué sucede al finalizar la vida?

Cruz y resurrección en el trabajo : Javier López

La confesión : encuentra.com

La familia, tarea para hombres y mujeres de hoy : Arvo

La cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos

La familia y la formación de la personalidad  : Acción Familia

Actualidad del antimodernismo de San Pío X

El diagnóstico de muerte cerebral: un asunto controvertido : Dr. José María Domínguez Roldán

Saber callar, saber hablar

Todos somos llamados a ser santos, aún en el mundo actual : Silvia del Valle Márquez.

Todos los Santos y la venta de flor cortada : Jesús Domingo

"Enfermedad del cansancio" : Jesús D Mez Madrid

Frente al cansancio de Europa : Juan García. 

¡¡QUE SEAN BORRADOS SUS NOMBRES!! : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

 

Diálogo entre el Papa y Biden: Clima, migrantes, Covid y libertad de conciencia

El Papa Francisco recibió al mandatario estadounidense, acompañado por su esposa Jill, por primera vez en el Vaticano como presidente. Largo diálogo a puerta cerrada en la Biblioteca Apostólica, durante el que se reafirmó el compromiso común de luchar contra la pandemia y proteger el planeta, con especial atención a la actualidad internacional a la luz del G20

 

Vatican News

Tras la audiencia del Papa Francisco a S.E. Joseph R. Biden, Presidente de los Estados Unidos de América, con su esposa y séquito, la Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público un comunicado en el que pone de manifiesto que a continuación el mandatario celebró un encuentro con Su Eminencia el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, acompañado por S.E. Monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados. Asimismo, se lee:

“En el transcurso de sus cordiales conversaciones, se ha hablado del compromiso común con la protección y el cuidado del planeta, de la situación sanitaria y la lucha contra la pandemia del Covid-19, así como del tema de los refugiados y la asistencia a los migrantes. También se hizo referencia a la protección de los derechos humanos, incluido el derecho a la libertad de religión y de conciencia”

Por último, el comunicado de la Santa Sede concluye afirmando que “las conversaciones permitieron intercambiar opiniones sobre algunas cuestiones relativas a la actualidad internacional, también en el contexto de la próxima cumbre del G20 en Roma, y sobre el fomento de la paz mundial mediante la negociación política”.

La visita

Un minuto antes de mediodía la limusina del Presidente de los Estados Unidos se detuvo bajo la entrada del Palacio Apostólico, en el Patio de San Dámaso, donde se había izado la bandera estadounidense. El presidente Joe Biden, que llegó a Italia durante la noche para asistir a la cumbre del G20 en Roma, llegó a la Ciudad del Vaticano para mantener una audiencia con el Papa Francisco. Se trató del primer encuentro en su papel de presidente, dado que en el pasado Biden ya había saludado al Pontífice en tres ocasiones.

La ciudad de Roma blindada

La larga comitiva presidencial, que partió de Villa Taverna, residencia del presidente en Roma, estaba formada por más de cincuenta vehículos, entre los cuales blindados y todoterrenos. Abierta por una escolta de diez motos y las gacelas de la Policía del Estado italiano, mientras un helicóptero vigilaba la zona, recorrió la Via della Conciliazione siguiendo la ruta previamente sellada por las fuerzas del orden. Tras su reunión en la Ciudad del Vaticano, se espera que Biden acuda al Quirinal para reunirse con el Presidente italiano, Sergio Mattarella, y con el Primer Ministro, Mario Draghi.

La recepción en la Ciudad del Vaticano

El presidente Biden esperó en su limusina unos segundos: al toque de la última campana de las 12, se abrió la puerta y salió junto a su esposa Jill, quien vestía de azul oscuro con un velo negro. La pareja presidencial fue recibida por el regente de la Casa Pontificia, Monseñor Leonardo Sapienza. "Muchas gracias, es bueno estar de vuelta", dijo el jefe de la Casa Blanca, bromeando también con algunos de los gentilhombres de Su Santidad presentes para esta acogida oficial.

 

 

El presidente (el segundo que es católico después de John Fitzgerald Kennedy) fue acompañado a la Sala del Tronetto, donde tuvo lugar el primer saludo con el Papa. A continuación, Francisco se trasladó con el presidente a la Biblioteca Apostólica a las 12:10 horas, donde, uno frente al otro en el escritorio, comenzaron su conversación confidencial, que terminó poco después de las 13:25 horas.

Fue, por lo tanto, un diálogo de unos 75 minutos, probablemente el más largo hasta la fecha entre un Papa y un presidente estadounidense, muy por encima de lo ocurrido en 2014, durante el encuentro privado con el entonces presidente Barack Obama, que duró 50 minutos.

Comunicado de la Casa Blanca

En el comunicado de la Casa Blanca, emitido poco después de la salida de Biden del Vaticano, se informa que el presidente estadounidense "agradeció a Su Santidad su apoyo a los pobres y a los que sufren a causa del hambre, la guerra y la persecución en todo el mundo". Biden "elogió el liderazgo del Papa Francisco en su lucha contra la crisis climática, así como su compromiso de garantizar el fin de la pandemia para todos, mediante vacunas compartidas y una recuperación económica mundial ecuánime".

Intercambio de dones

La audiencia concluyó con el tradicional intercambio de dones y saludos a la delegación de diez miembros, entre los que se encontraban el Secretario de Estado, Antony Blinken, y el Asesor de Seguridad de la Casa Blanca, Jake Sullivan. A continuación, Biden se reunió con el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, y con el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Richard Gallagher.

El Papa regaló al Presidente de los Estados Unidos una pintura en una baldosa de cerámica que representa a un peregrino en el terraplén del Tíber señalando la Basílica de San Pedro. A esto se suman algunos documentos, los mismos que se entregaron unas horas antes al presidente surcoreano Moon: el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2021 con su firma; el Documento sobre la Fraternidad Humana firmado en Abu Dhabi con el gran imán de Al-Azhar y el volumen sobre la Statio Orbis publicado por LEV que recoge las fotos más bellas de la oración del Pontífice el 27 de marzo de 2020, en plena pandemia.

El presidente Biden correspondió con una casulla tejida a mano y bordada con flores y frutas, que se remonta a 1930, cuando se encargó al conocido sastre Gamarelli y, desde entonces, ha sido utilizada por los jesuitas en los Estados Unidos. La casulla procede del archivo histórico de la Holy Trinity Catholic Church, una iglesia de Washington que desempeñó un importante papel en el apoyo a las causas de la desegregación y los derechos civiles a partir de 1787. Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha asegurado que hará una donación de ropa de invierno a organizaciones benéficas, en nombre del Papa Francisco, para agradecerle este encuentro, con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres, el 14 de noviembre.

Cuarto encuentro

La audiencia de hoy corresponde al cuarto contacto directo entre el Papa Francisco y Joe Biden. El primero había tenido lugar en la Misa inaugural del pontificado, el 19 de marzo de 2013; luego ambos se encontraron dos años después, en 2015, durante la visita de Francisco a los Estados Unidos, primero a la Casa Blanca y luego al Congreso. En 2016, la tercera reunión, que tuvo lugar el 29 de abril en el Vaticano, donde Biden asistía a la Cumbre Mundial dedicada a la medicina regenerativa. A esto se suma la llamada telefónica del Pontífice, en noviembre de 2020, al recién elegido presidente de los Estados Unidos para felicitarle.

El staff de Biden había anunciado que el presidente agradeció al Pontífice y expresó su aprecio "por el liderazgo de Su Santidad en la promoción de la paz, la reconciliación y los lazos comunes de la humanidad en todo el mundo". La nota también informa acerca del "deseo" del jefe de Estado de "trabajar juntos sobre la base de valores comunes" en el reconocimiento de "la dignidad y la igualdad de toda la humanidad, la atención a las personas marginadas y a los pobres, la lucha contra el cambio climático y la acogida e integración de los migrantes y refugiados en todas las comunidades".

Desde 1919, seis Papas han recibido a un presidente estadounidense en el Vaticano: Benedicto XV, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Los tres últimos Papas también se han reunido oficialmente con un dirigente estadounidense en suelo norteamericano. 

 

El Papa a la COP 26: están llamados a ofrecer respuestas eficaces a la crisis que vivimos

El Papa Francisco envió un Mensaje con ocasión de la COP 26, el mismo que fue difundido a través del programa radiofónico “Thought for the Day” de la BBC. Un llamado a una renovada solidaridad mundial para realizar “opciones radicales” para salir de la crisis y en favor del planeta.

 

Ciudad del Vaticano

“Los encargados políticos que participarán en la COP26 de Glasgow están llamados con urgencia a ofrecer respuestas eficaces a la crisis ecológica en la que vivimos y, de este modo, esperanza concreta a las generaciones futuras”, lo dijo el Papa Francisco, este 29 de octubre, en su Mensaje con ocasión de la COP 26, difundido a través del programa radiofónico “Thought for the Day” de la BBC.

Nuestras seguridades se han derrumbado

El Santo Padre recuerda que, “el cambio climático y la pandemia de Covid-19 ponen al descubierto la vulnerabilidad radical de todos y todo y suscitan numerosas dudas y perplejidades sobre nuestros sistemas económicos y sobre las modalidades de organización de nuestras sociedades”. Nuestras seguridades se han derrumbado, nuestro apetito de poder y nuestro afán de control se están desmoronando. Nos hemos descubierto débiles y llenos de miedos, sumergidos en una serie de “crisis”: sanitarias, ambientales, alimentarias, económicas, sociales, humanitarias, éticas. Crisis transversales, fuertemente interconectadas y presagio de una “tormenta perfecta”, capaz de romper los “vínculos” que unen nuestra sociedad dentro del precioso don de la Creación.

Una renovada corresponsabilidad mundial

En este sentido, el Papa Francisco señala que, “toda crisis requiere visión, capacidad de planificación y rapidez de ejecución, repensando el futuro de nuestra casa común y de nuestro proyecto común”. Estas crisis nos ponen frente a elecciones radicales que no son fáciles. Todo momento de dificultad encierra, de hecho, también oportunidades que no pueden ser desaprovechadas. Pueden afrontarse haciendo que prevalezcan comportamientos de aislamiento, proteccionismo, explotación; o pueden representar una auténtica ocasión de transformación, un verdadero punto de conversión, no solo en sentido espiritual.

Una nueva solidaridad fundada en la justicia

Esta última vía, afirma el Santo Padre, es la única que conduce hacia un horizonte “luminoso” y puede ser perseguida solo a través de una renovada corresponsabilidad mundial, una nueva solidaridad fundada en la justicia, en el hecho de compartir un destino común y en la conciencia de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios para el mundo. Se trata de un desafío de civilización en favor del bien común y de un cambio de perspectiva, en la mente y en la mirada, que debe poner en el centro de todas nuestras acciones la dignidad de todos los seres humanos de hoy y de mañana. La lección más importante que estas crisis nos transmiten y que es necesario que construyamos juntos, porque no hay fronteras, barreras, muros políticos, detrás de los que poder esconderse. Y lo sabemos: de una crisis no se sale solos.

Fomentar la cultura del cuidado

Asimismo, el Pontífice recuerda que, el 4 de octubre, se reunió con los Jefes religiosos y científicos para firmar un Llamamiento conjunto que reclamara acciones más responsables y coherentes tanto a nosotros mismos como a nuestros gobernantes. Es fundamental el compromiso de cada uno hacia ese cambio de ruta tan urgente; compromiso que hay que alimentar también desde la propia fe y espiritualidad. En el Llamamiento conjunto reclamamos la necesidad de actuar de manera responsable en favor de la “cultura del cuidado” de nuestra casa común y también de nosotros mismos, tratando de erradicar las “semillas de los conflictos: avidez, indiferencia, ignorancia, miedo, injusticia, inseguridad y violencia”.

Ofrecer respuestas eficaces a la crisis ecológica

Finalmente, el Papa Francisco afirma que, la humanidad nunca ha tenido tantos medios para alcanzar ese objetivo como los que tiene ahora. Los encargados políticos que participarán en la COP26 de Glasgow están llamados con urgencia a ofrecer respuestas eficaces a la crisis ecológica en la que vivimos y, de este modo, esperanza concreta a las generaciones futuras. Pero todos nosotros — y está bien repetirlo, a cualquiera y donde estemos — podemos tener un papel modificando nuestra respuesta colectiva a la amenaza sin precedentes del cambio climático y de la degradación de nuestra casa común.

 

EL MEJOR PUESTO

— Los primeros puestos.

— Humildad de María.

— Frutos de la humildad.

I. Todos los días son buenos para hacer un rato de oración junto a la Virgen, pero en este, el sábado, son muchos los cristianos de todas las regiones de la tierra que procuran que la jornada transcurra muy cerca de María. Nos acercamos hoy a Ella para que nos enseñe a progresar en esa virtud fundamento de todas las demás, que es la humildad, pues ella «es la puerta por la que pasan las gracias que Dios nos otorga; es la que sazona todos nuestros actos, comunicándoles tanto valor, y haciendo que resulten y sean agradables a Dios. Finalmente, Ella nos constituye dueños del corazón de Dios, hasta hacer de Él, por decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha podido Dios resistir un corazón humilde»1. Es tan necesaria para la salvación que Jesús aprovecha cualquier circunstancia para ensalzarla.

El Evangelio de la Misa2 nos refiere que Jesús fue invitado a un banquete. En la mesa, como también ocurre frecuentemente en nuestros días, había lugares de mayor honor. Los invitados, quizá un tanto atropelladamente, se dirigían a estos puestos más considerados. Jesús lo observaba. Quizá cuando ya estaba terminando la comida, en los momentos en los que la conversación se hace más reposada, el Señor les dice: Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto... Al contrario..., ve a sentarte en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado.

Jesús se situaría probablemente en un lugar discreto o donde le indicó el que le había invitado. Él sabe estar, y a la vez se da cuenta de aquella actitud poco elegante, también desde el punto de vista humano, que adoptan los comensales. Estos, por otra parte, se equivocaron radicalmente porque no supieron darse cuenta de que el mejor puesto se encuentra siempre al lado de Jesús. Por llegar hasta allí, junto al Señor, es por lo que debieron porfiar. En la vida de los hombres se observa no pocas veces una actitud parecida a la de aquellos comensales: ¡cuánto esfuerzo para ser considerados y admirados, y qué poco para estar cerca de Dios! Nosotros pedimos hoy a Santa María, en este rato de oración y a lo largo del día, que nos enseñe a ser humildes, que es el único modo de crecer en amor a su Hijo, de estar cerca de Él. La humildad conquista el Corazón de Dios. «“Quia respexit humilitatem ancillae suae” —porque vio la bajeza de su esclava...

»—¡Cada día me persuado más de que la humildad auténtica es la base sobrenatural de todas las virtudes!

»Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda»3.

II. La Virgen nos enseña el camino de la humildad. Esta virtud no consiste esencialmente en reprimir los impulsos de la soberbia, de la ambición, del egoísmo, de la vanidad..., pues Nuestra Señora no tuvo jamás ninguno de estos movimientos y fue adornada por Dios en grado eminente con esta virtud. El nombre de humildad viene del latín humus, tierra, y significa, según su etimología, inclinarse hacia la tierra. La virtud de la humildad consiste esencialmente en inclinarse ante Dios y ante todo lo que hay de Dios en las criaturas4, reconocer nuestra pequeñez e indigencia ante la grandeza del Señor. Las almas santas «sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios, y reconocer prácticamente que Él solo es grande, y que en comparación de la suya, todas las grandezas humanas están vacías de verdad, y no son sino mentira»5. Este anonadamiento no empequeñece, no acorta las verdaderas aspiraciones de la criatura, sino que las ennoblece y les da nuevas alas, les abre horizontes más amplios. Cuando Nuestra Señora es elegida para ser Madre de Dios, se proclama enseguida su esclava6. Y en el momento en que escucha la alabanza de que es bendita entre todas las mujeres7 se dispone a servir a su prima Isabel. Es la llena de gracia8, pero guarda en su intimidad la grandeza que le ha sido revelada. Ni siquiera a José le desvela el misterio; deja que la Providencia lo haga en el momento oportuno. Llena de una inmensa alegría canta las maravillas que le han sucedido, pero las atribuye al Todopoderoso. Ella, de su parte, solo ha ofrecido su pequeñez y su querer9. «Se ignoraba a sí misma. Por eso, a sus propios ojos no contaba. No vivió pendiente de sí misma, sino pendiente de Dios, de su voluntad. Por eso podía medir el alcance de su propia bajeza, de su, a la vez, desamparada y segura condición de criatura, sintiéndose incapaz de todo, pero sostenida por Dios. La consecuencia fue el entregarse, el vivir para Dios»10. Nunca buscó su propia gloria, ni aparentar, ni primeros puestos en los banquetes, ni ser considerada, ni recibir halagos por ser la Madre de Jesús. Ella solo buscó la gloria de Dios.

La humildad se funda en la verdad, en la realidad; sobre todo en esta certeza: es infinita la distancia que existe entre la criatura y su Creador. Cuanto más se comprende esta distancia y el acercamiento de Dios con sus dones a la criatura, el alma, con la ayuda de la gracia, se hace más humilde y agradecida. Cuanto más elevada está una criatura más comprende este abismo; por eso la Virgen fue tan humilde. Ella, la Esclava del Señor, es hoy la reina del Universo. En Ella se cumplieron de modo eminente las palabras de Jesús al final de la parábola: el que se humilla, el que ocupa su lugar ante Dios y ante los hombres, será ensalzado. El que es humilde oye siempre a Jesús que le dice: amigo, sube más arriba. «Que sepamos ponernos al servicio de Dios sin condiciones y seremos elevados a una altura increíble; participaremos en la vida íntima de Dios, ¡seremos como dioses!, pero por el camino reglamentario: el de la humildad y la docilidad al querer de nuestro Dios y Señor»11.

III. La humildad nos hará descubrir que todo lo bueno que existe en nosotros viene de Dios, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia: Mi sustancia es como nada delante de Ti, Señor12, exclama el Salmista. Lo específicamente nuestro es la flaqueza y el error. A la vez, nada tiene que ver esta virtud con la timidez, con la pusilanimidad o la mediocridad. Lejos de apocarse, el alma humilde se pone en las manos de Dios, y se llena de alegría y de agradecimiento cuando Dios quiere hacer cosas grandes a través de ella. Los santos han sido hombres magnánimos, capaces de grandes empresas para la gloria de Dios. El humilde es audaz porque cuenta con la gracia del Señor, que todo lo puede; acude con frecuencia a la oración –es muy pedigüeño–, porque está convencido de la absoluta necesidad de la ayuda divina; es agradecido, con Dios y con sus semejantes, porque es consciente de las muchas ayudas que recibe; tiene especial facilidad para la amistad y, por tanto, para el apostolado... Y aunque la humildad es el fundamento de todas las virtudes, lo es de modo muy particular de la caridad: en la medida en que nos olvidamos de nosotros mismos, podemos preocuparnos de los demás y atender sus necesidades. Alrededor de estas dos virtudes se encuentran todas las demás. «Humildad y caridad son las virtudes madres –afirma San Francisco de Sales–; las otras las siguen como polluelos a su clueca»13. La soberbia, por el contrario, es la «raíz y madre» de todos los pecados, incluso de los capitales14, y el mayor obstáculo que el hombre puede poner a la gracia.

La soberbia y la tristeza andan con frecuencia de la mano15, mientras que la alegría es patrimonio del alma humilde. «Mirad a María. Jamás criatura alguna se ha entregado con más humildad a los designios de Dios. La humildad de la ancilla Domini (Lc 1, 38), de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como causa nostrae laetitiae, causa de nuestra alegría. Eva, después de pecar queriendo en su locura igualarse a Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba: estaba triste. María, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros: que salgamos en esto a Ella –a Santa María–, y así nos pareceremos más a Cristo»16.

1 Santo Cura de Ars, Sermón para el Domingo décimo después de Pentecostés. — 2 Lc 14, 1; 7-11. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 289. — 4 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. II, p. 670. — 5 Ibídem. — 6 Cfr. Lc 1, 38. — 7 Lc 1, 42. — 8 Lc 1, 28. — 9 Cfr. Lc 1, 47-49. — 10 F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, pp. 138-139. — 11 A. Orozco, Mirar a María, Rialp, Madrid 1981, p. 238. — 12 Sal 38, 6. — 13 San Francisco de Sales, Epistolario, fragm. 17, en Obras selectas de..., BAC, Madrid 1953, p. 651. — 14 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 162, aa. 7-8. — 15 Cfr. Casiano, Colaciones, 16. — 16 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 109.

 

 

Evangelio del sábado: andar en verdad

Comentario del sábado de la 30º semana del tiempo ordinario. “Cuando te inviten, ve a ocupar el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: «Amigo, sube más arriba»”. La auténtica humildad está en sabernos amados por Dios, elevados por la gracia para ser hijos suyos.

30/10/2021

 

Evangelio (Lc 14, 1.7-11)

Les proponía a los invitados una parábola, al notar como iban eligiendo los primeros puestos:

Cuando alguien te invite a una boda, no vayas a sentarte en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él y, al llegar el que os invitó a ti y al otro, te diga: «Cédele el sitio a éste», y entonces empieces a buscar, lleno de vergüenza, el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a ocupar el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: «Amigo, sube más arriba». Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.


Comentario

Santa Teresa decía que la humildad es andar en verdad. Es la virtud que nos permite situarnos en la realidad de nosotros mismos, vivir en ella con serenidad y alegría. En la parábola que se nos propone en el Evangelio de hoy, Jesús nos indica cómo hacer para andar en la verdad de nosotros mismos. Nos hace ver que el modo más acertado para llegar a nuestra verdad es considerar nuestra vida desde la perspectiva de Dios.

En la imagen de los invitados al banquete que se lanzan ávidamente al primer lugar podemos ver reflejada la actitud de quien busca un reconocimiento prematuro, un estatus o situación de prestigio, sin pensar si realmente corresponde a la realidad de su condición. Es una actitud que, incluso desde un punto de vista meramente humano, resulta poco elegante. No pocas veces, la misma evolución espontánea de los acontecimientos acaba por revelar lo artificial que era esa posición, metiendo en crisis a la persona que había vivido fuera de su realidad, obligándola entonces a «buscar, lleno de vergüenza, el último lugar» (v. 9).

Pero con esta parábola el Señor no quiere limitarse a denunciar la vanidad, sino que desea sobre todo enseñarnos el camino para llegar a nuestra verdad. Por eso propone que no nos apresuremos a buscar un lugar de relieve o a pretender que se nos trate de una cierta manera. Nos anima a dejar que sea nuestro Padre Dios quien nos diga el «Amigo, sube más arriba» (v. 10), es decir, que nos diga que para Él somos siempre sus amigos y lo único que realmente cuenta es estar a su lado. Nuestra condición de hijos de Dios es la verdad más fundamental, desde la que podemos valorar y construir todo lo demás en nuestras vidas.

«Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (v 11). Santa María nos enseña a recorrer con gozo este camino que nos propone su Hijo: «ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso» (Lucas 1,48-49).

 

 

"No queramos esquivar su Voluntad"

Esta es la llave para abrir la puerta y entrar en el Reino de los Cielos: "qui facit voluntatem Patris mei qui in coelis est, ipse intrabit in regnum coelorum" -el que hace la voluntad de mi Padre..., ¡ése entrará! (Camino, 754)

30 de octubre

De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes. (Camino, 755)

Nosotros somos piedras, sillares, que se mueven, que sienten, que tienen una libérrima voluntad.

Dios mismo es el cantero que nos quita las esquinas, arreglándonos, modificándonos, según Él desea, a golpe de martillo y de cincel.

No queramos apartarnos, no queramos esquivar su Voluntad, porque, de cualquier modo, no podremos evitar los golpes. -Sufriremos más e inútilmente, y, en lugar de la piedra pulida y dispuesta para edificar, seremos un montón informe de grava que pisarán las gentes con desprecio. (Camino, 756)

La aceptación rendida de la Voluntad de Dios trae necesariamente el gozo y la paz: la felicidad en la Cruz. -Entonces se ve que el yugo de Cristo es suave y que su carga no es pesada. (Camino, 758)

Un razonamiento que lleva a la paz y que el Espíritu Santo da hecho a los que quieren la Voluntad de Dios: "Dominus regit me, et nihil mihi deerit" -el Señor me gobierna, nada me faltará.

¿Qué puede inquietar a un alma que repita de verdad esas palabras? (Camino, 760)

 

 

El cielo, el infierno, el purgatorio y la muerte. ¿Qué sucede al finalizar la vida?

En el mes de noviembre, especialmente en la conmemoración de los Fieles Difuntos, consideramos algunas enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica sobre lo que sucede tras la muerte y sobre la buena costumbre de rezar por los familiares y amigos difuntos.

Interior de la Capilla Sixtina. Foto: Wikipedia CC BY-SA 3.0.

29/10/2021

 

1. ¿Qué hay después de la muerte? ¿Dios juzga a cada persona por su vida?

2. ¿Quiénes van al cielo? ¿Cómo es el cielo?

3. ¿Qué es el purgatorio? ¿Es para siempre?

4. ¿Existe el infierno?

5. ¿Cuándo será el juicio final? ¿En qué consistirá?

6. Al final de los tiempos Dios ha prometido cielo nuevo y una tierra nueva ¿Qué debemos esperar?

7. ¿Por qué rezar por los difuntos? Explicaciones del Catecismo de la Iglesia Católica.


Algunos recursos para el mes de noviembre, que la Iglesia dedica a rezar de manera especial por los fieles difuntos

En los Libros Santos se llaman Novísimos a las cosas que sucederán al hombre al final de su vida, la muerte, el juicio, el destino eterno: el cielo o el infierno. La Iglesia los hace presentes de modo especial durante el mes de noviembre. A través de la liturgia, se invita a los cristianos a meditar sobre estas realidades.

- Monte de las Bienaventuranzas: Todos los Santo

- Resúmenes de fe cristiana: Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo.
- Resúmenes de fe cristiana: Tema 16. Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna.
Oraciones por los difuntos (Devocionario)

Comentario al Evangelio del 1 de noviembre: Todos los Santos.

Comentario al Evangelio del 2 de noviembre: todos los fieles difuntos.


1. ¿Qué hay después de la muerte? ¿Dios juzga a cada persona por su vida?

El Catecismo de la Iglesia católica enseña que «la muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo».

«Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de la purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre». En este sentido, San Juan de la Cruz habla del juicio particular de cada persona señalando que «a la tarde, te examinarán en el amor». Catecismo de la Iglesia Católica, 1021-1022.

 

Meditar con San Josemaría

Todo se arregla, menos la muerte... Y la muerte lo arregla todo. Surco, 878.

Cara a la muerte, ¡sereno! Así te quiero. No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. ¿Morir?... ¡Vivir! Surco, 876.

¡No me hagas de la muerte una tragedia!, porque no lo es. Sólo a los hijos desamorados no les entusiasma el encuentro con sus padres. Surco, 885.

El verdadero cristiano está siempre dispuesto a comparecer ante Dios. Porque, en cada instante —si lucha para vivir como hombre de Cristo—, se encuentra preparado para cumplir su deber. Surco, 875.

“Me hizo gracia que hable usted de la 'cuenta' que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez —en el sentido austero de la palabra— sino simplemente Jesús”. —Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo. Camino, 168.

2. ¿Quiénes van al cielo? ¿Cómo es el cielo?

El cielo es “el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”. Y San Pablo escribe: “Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por pensamiento de hombre las cosas que Dios ha preparado para los que le aman”. (1Cor 2, 9).

Después del juicio particular, los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados van al cielo. Viven en Dios, lo ven tal cual es. Están para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, gozan de su felicidad, de su Bien, de la Verdad y de la Belleza de Dios.

Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama el cielo. Es Cristo quien, por su muerte y Resurrección, nos ha “abierto el cielo”. Vivir en el cielo es “estar con Cristo” (cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17). Los que llegan al cielo viven “en Él”, aún más, encuentran allí su verdadera identidad. Catecismo de la Iglesia católica, 1023-1026

Meditar con San Josemaría

Mienten los hombres cuando dicen “para siempre” en cosas temporales. Sólo es verdad, con una verdad total, el "para siempre" de la eternidad. —Y así has de vivir tú, con una fe que te haga sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en esa eternidad, ¡que sí es para siempre! Forja, 999.

Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban... En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...! Y sin empalago: te saciará sin saciar. Forja, 995.

Si transformamos los proyectos temporales en metas absolutas, cancelando del horizonte la morada eterna y el fin para el que hemos sido creados —amar y alabar al Señor, y poseerle después en el Cielo—, los más brillantes intentos se tornan en traiciones, e incluso en vehículo para envilecer a las criaturas. Recordad la sincera y famosa exclamación de San Agustín, que había experimentado tantas amarguras mientras desconocía a Dios, y buscaba fuera de El la felicidad: ¡nos creaste, Señor, para ser tuyos, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti! Amigos de Dios, 208

En la vida espiritual, muchas veces hay que saber perder, cara a la tierra, para ganar en el Cielo. —Así se gana siempre. Forja, 998.

3. ¿Qué es el purgatorio? ¿Es para siempre?

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos. Catecismo de la Iglesia católica, 1030-1032

Meditar con San Josemaría

El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El. Surco, 889

No quieras hacer nada por ganar mérito, ni por miedo a las penas del purgatorio: todo, hasta lo más pequeño, desde ahora y para siempre, empéñate en hacerlo por dar gusto a Jesús. Forja, 1041.

“Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. —Luego, ¿el hombre pecador tiene su hora? —Sí..., ¡y Dios su eternidad! Camino, 734.

4. ¿Existe el infierno?

Significa permanecer separados de Él –de nuestro Creador y nuestro fin– para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno.

Morir en pecado mortal, sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios es elegir este fin para siempre.

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Jesús habla con frecuencia de la gehenna y del fuego que nunca se apaga, reservado a los que, hasta el fin de su vida, rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran” (Mt 7, 13-14). Catecismo de la Iglesia católica, 1033-1036

Meditar con San Josemaría

No me olvidéis que resulta más cómodo —pero es un descamino— evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas. Amigos de Dios, 161.

Un discípulo de Cristo nunca razonará así: “yo procuro ser bueno, y los demás, si quieren..., que se vayan al infierno”. Este comportamiento no es humano, ni es conforme con el amor de Dios, ni con la caridad que debemos al prójimo. Forja, 952

Sólo el infierno es castigo del pecado. La muerte y el juicio no son más que consecuencias, que no temen quienes viven en gracia de Dios. Surco, 890.

5. ¿Cuándo será el juicio final? ¿En qué consistirá?

La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores” (Hch 24, 15), precederá al Juicio final. Esta será “la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz [...] y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Jn 5, 28-29). Entonces, Cristo vendrá “en su gloria acompañado de todos sus ángeles [...] Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda [...] E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna”. (Mt 25, 31. 32).

El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Ct 8, 6).

El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía “el tiempo favorable, el tiempo de salvación” (2 Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la “bienaventurada esperanza” (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que “vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído” (2 Ts 1, 10). Catecismo de la Iglesia católica, 1038-1041

Meditar con San Josemaría

Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo... Porque El ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho. Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle! Surco, 880.

“Conozco a algunas y a algunos que no tienen fuerzas ni para pedir socorro”, me dices disgustado y apenado. —No pases de largo; tu voluntad de salvarte y de salvarles puede ser el punto de partida de su conversión. Además, si recapacitas, advertirás que también a ti te tendieron la mano. Surco, 778.

El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad. Camino, 708.

Por salvar al hombre, Señor, mueres en la Cruz; y, sin embargo, por un solo pecado mortal, condenas al hombre a una eternidad infeliz de tormentos...: ¡cuánto te ofende el pecado, y cuánto lo debo odiar! Forja, 1002.

6. Al final de los tiempos Dios ha prometido cielo nuevo y una tierra nueva ¿Qué debemos esperar?

La Sagrada Escritura llama “cielos nuevos y tierra nueva” a esta renovación misteriosa que transformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Esta será la realización definitiva del designio de Dios de “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1, 10).

Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era “como el sacramento" (LG1). Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios. Ya no será herida por el pecado, las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica de Dios será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.

“Ignoramos el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo. Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres” (GS 39).

“No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios” (GS 39). Catecismo de la Iglesia Católica, 1043-1049.

Meditar con San Josemaría

Mientras vivimos aquí, el reino se asemeja a la levadura que cogió una mujer y la mezcló con tres celemines de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada.
Quien entiende el reino que Cristo propone, advierte que vale la pena jugarse todo por conseguirlo: es la perla que el mercader adquiere a costa de vender lo que posee, es el tesoro hallado en el campo. El reino de los cielos es una conquista difícil: nadie está seguro de alcanzarlo, pero el clamor humilde del hombre arrepentido logra que se abran sus puertas de par en par. Es Cristo que pasa, 180

En esta tierra, la contemplación de las realidades sobrenaturales, la acción de la gracia en nuestras almas, el amor al prójimo como fruto sabroso del amor a Dios, suponen ya un anticipo del Cielo, una incoación destinada a crecer día a día. No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones.
Cristo nos espera. Vivamos ya como ciudadanos del cielo, siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios. Es Cristo que pasa, 126.

El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. Surco, 882.


¿Por qué rezar por los difuntos? Explicaciones del Catecismo de la Iglesia Católica

En la Iglesia Católica el mes de noviembre, está iluminado de modo particular por el misterio de la comunión de los santos que se refiere a la unión y la ayuda mutua que podemos prestarnos los cristianos: quienes aún estamos en la tierra, los que ya seguros del cielo se purifican antes de presentarse ante Dios de los vestigios de pecado en el purgatorio y quienes interceden por nosotros delante de la Trinidad Santísima donde gozan ya para siempre. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024).

“Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando 'claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es'”.

Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos en mismo himno de alabanza a nuestro Dios. (Catecismo, punto 954).

La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones 'pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados' (Catecismo, punto 958).

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo (Catecismo, punto 1030).

La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados (Catecismo, punto 1031).

Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

San Josemaría, en Surco

“El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El” (Punto 889).

“¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro” (Punto 893).

 

Cruz y resurrección en el trabajo

"¿Quieres de verdad ser santo? —Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces". Así resumía san Josemaría el camino que se debe seguir para santificar la tarea ordinaria. Reproducimos un nuevo artículo de la serie sobre el trabajo.

Foto: José María Moreno

15/11/2013

  • Con la luz recibida de Dios, San Josemaría comprendió profundamente el sentido del trabajo en la vida del cristiano llamado por Dios a identificarse con Cristo en medio del mundo. Los años de Jesús en Nazaret se le presentaban llenos de significado al considerar que, en sus manos, el trabajo, y un trabajo profesional similar al que desarrollan millones de hombres en el mundo, se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación [1] .

La conciencia de que el cristiano, por el Bautismo, es hijo de Dios y partícipe del sacerdocio de Jesucristo, le llevaba a contemplar en el trabajo de Jesús el modelo de nuestra tarea profesional. Un modelo vivo que se ha de plasmar en nosotros, no simplemente un ejemplo que se imita. Más que trabajar como Cristo el cristiano está llamado a trabajar en Cristo , unido vitalmente a Él.

Por eso nos interesa contemplar con mucha atención el quehacer del Señor en Nazaret. No basta una mirada superficial. Es preciso considerar la unión de su tarea diaria con la entrega de su vida en la Cruz y con su Resurrección y Ascensión al Cielo, porque sólo así podremos descubrir que su trabajo —y el nuestro, en la medida que estemos unidos a Él— es redentor y santificador.

En Nazaret y en el Calvario

El hombre ha sido creado para amar a Dios, y el amor se manifiesta en el cumplimiento de su Voluntad, con obediencia de hijos. Pero ya desde el inicio ha desobedecido, y por la desobediencia ha entrado en el mundo el dolor y la muerte. El Hijo de Dios ha asumido nuestra naturaleza para reparar por el pecado, obedeciendo perfectamente con su voluntad humana a la Voluntad divina. Pues como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos [2] .

El Sacrificio del Calvario es la culminación de la obediencia de Cristo al Padre: se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz [3] . Al aceptar libremente el dolor y la muerte, que son lo más contrario al deseo natural de la voluntad humana, ha manifestado de modo supremo que no ha venido para hacer su voluntad sino la Voluntad del que le ha enviado [4] . Pero la entrega del Señor en su Pasión y muerte de Cruz, no es un acto aislado de obediencia por Amor. Es la expresión suprema de una obediencia plena y absoluta que ha estado presente a lo largo de toda su vida, con manifestaciones diversas en cada momento: ¡He aquí que vengo para hacer, oh Dios, tu Voluntad! [5]

A los doce años, cuando María y José le encuentran entre los doctores en el Templo después de tres días de búsqueda, Jesús les responde: ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? [6] . El Evangelio no vuelve a decir nada más de su vida oculta, salvo que obedecía a José y a María — les estaba sujeto [7] —, y que trabajaba: era el carpintero [8] .

Sin embargo, las palabras de Jesús en el Templo iluminan los años en Nazaret. Indican que, cuando obedecía a sus padres y cuando trabajaba, estaba en las cosas de su Padre , cumplía la Voluntad divina. Y así como al quedarse en el Templo no rehusó sufrir durante tres días — tres , como en el triduo pascual—, porque conocía el sufrimiento de sus padres, que le buscaban afligidos; tampoco rehusó las dificultades que conlleva el cumplimiento del deber en el trabajo y en toda la vida ordinaria.

Baytree Centre (UK)

 

No era la de Nazaret una obediencia menor, sino la misma disposición interior que le llevó a dar la vida en el Calvario. Una obediencia con todas las energías humanas, una identificación plena con la Voluntad divina en cada momento. En el Calvario se manifestó derramando toda su Sangre; en Nazaret, entregándola día a día, gota a gota, en su trabajo de artesano que construye instrumentos para el cultivo de los campos y útiles para las casas.

Era el faber, filius Mariae (Mc 6, 3), el carpintero, hijo de María. Y era Dios, y estaba realizando la redención del género humano, y estaba atrayendo a sí todas las cosas ( Jn 12, 32) [9] . El valor redentor de la vida de Jesús en Nazaret no se puede entender si se separa de la Cruz, si no se comprende que en su trabajo diario cumple perfectamente la Voluntad del Padre, por Amor, con la disposición de consumar su obediencia en el Calvario [10] .

Por eso mismo, cuando llega el momento supremo del Sacrificio del Calvario, el Señor ofrece toda su vida, también el trabajo de Nazaret. La Cruz es la última piedra de su obediencia, como la clave de un arco en una catedral: aquella piedra que no sólo se sostiene en las otras sino que con su peso mantiene la cohesión de las demás. Así también el cumplimiento de la Voluntad divina en la vida ordinaria de Jesús posee toda la fuerza de la obediencia de la Cruz; y, a la vez, culmina en ésta, la sostiene, y por medio de ella se eleva al Padre en Sacrificio redentor por todos los hombres.

Cumplimiento del deber

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame [11] . Seguir a Cristo en el trabajo diario es cumplir ahí la Voluntad divina con la misma obediencia de Cristo: usque ad mortem , hasta la muerte [12] . Esto no significa sólo que el cristiano debe estar dispuesto a morir antes que pecar. Es mucho más. En cada momento ha de procurar morir a la propia voluntad , entregando lo que hay de propio en su querer, para hacer propia la Voluntad de Dios.

Jesús tiene como suyo propio en la voluntad humana, las inclinaciones buenas y rectas de nuestra naturaleza, y eso lo ofrece al Padre en el Huerto de los Olivos, cuando reza: no se haga mi voluntad, sino la tuya [13] . En nosotros, la voluntad propia es también el egoísmo, el amor desordenado a uno mismo. El Señor no lo llevaba dentro de sí, pero lo cargó sobre sí en la Cruz para redimirnos. Ahora, con su gracia, podemos ofrecer a Dios la lucha por amor contra el egoísmo. Para identificarse con la Voluntad divina, cada uno tiene que llegar a decir, como San Pablo: estoy crucificado con Cristo [14] .

Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que el sacrificio sea holocausto [15] . No se trata de prescindir de ideales y proyectos nobles, sino de ordenarlos siempre al cumplimiento de la Voluntad de Dios. Él quiere que hagamos rendir los talentos que nos ha concedido. La obediencia y el sacrificio de la propia voluntad en el trabajo consiste en emplearlos para su gloria y en servicio a los demás, no por vanagloria e interés propio.

¿Y cómo quiere Dios que usemos los talentos?, ¿qué hemos de hacer para cumplir su Voluntad en nuestro trabajo? Esta pregunta se puede responder brevemente, si se entiende bien todo lo que está implicado en la respuesta: Dios quiere que cumplamos nuestro deber. ¿Quieres de verdad ser santo? —Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces [16] .

En los deberes de la vida ordinaria se manifiesta la Voluntad de Dios. Por su naturaleza, el cumplimiento del deber exige someter la propia voluntad a lo que hay que hacer, y esto es constitutivo de la obediencia de un hijo de Dios. Es no tomar como norma suprema de conducta el propio gusto, o las inclinaciones, o lo que apetece, sino lo que Dios quiere: que cumplamos esos deberes nuestros.

Monkole (R.D.Congo)

 

¿Cuáles? El mismo trabajo es un deber señalado por Dios desde el principio, y por eso debemos empezar luchando contra la pereza. Después, este deber general se concreta para cada uno en la profesión que realiza —de acuerdo con su vocación profesional que forma parte de su vocación divina— [17] , con unos deberes específicos. Entre ellos, los deberes generales de moral profesional, fundamentales en la vida cristiana, y otros que derivan de las circunstancias de cada uno.

El cumplimiento de estos deberes es Voluntad de Dios, porque Él ha creado al hombre para que con su trabajo perfeccione la creación [18] , y esto comporta, en el caso de los fieles corrientes, realizar las actividades temporales con perfección, de acuerdo con sus leyes propias, y para el bien de las personas, de la familia y de la sociedad: bien que se descubre con la razón y, de modo más seguro y pleno, con la razón iluminada por la fe viva, la fe que obra por la caridad [19] . Conducirse así, realizando la Voluntad de Dios, es tener buena voluntad . En ocasiones puede pedir heroísmo, y ciertamente lo requiere hacerlo con constancia, en las cosas pequeñas de cada día. Un heroísmo que Dios sella con la paz y la alegría del corazón: paz en la tierra a los hombres de buena voluntad [20] ; los mandamientos del Señor alegran el corazón [21] .

El ideal cristiano de cumplimiento del deber no es la persona cumplidora que desempeña estrictamente sus obligaciones de justicia. Un hijo de Dios tiene un concepto mucho más amplio y profundo del deber. Considera que el mismo amor es el primer deber, el primer mandamiento de la Voluntad divina. Por eso trata de cumplir por amor y con amor los deberes profesionales de justicia; más aún, se excede en esos deberes, sin considerar, no obstante, que está exagerando en el deber, porque Jesucristo ha entregado su vida por nosotros. Por ser este amor —la caridad de los hijos de Dios— la esencia de la santidad, se comprende que San Josemaría enseñe que ser santos se resume en cumplir el deber de cada momento.

El valor del esfuerzo y la fatiga

El trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa [22] . Dios creó al hombre para que labrase y cuidase la tierra [23] , y sólo después del pecado le dijo: con el sudor de tu frente comerás el pan [24] . La pena del pecado es la fatiga que acompaña al trabajo, no el trabajo en sí mismo, y la Sabiduría divina la ha convertido en instrumento de redención. Asumirla es para nosotros parte integrante de la obediencia a la Voluntad de Dios. Obediencia redentora, en el cumplimiento diario del deber. Con mentalidad plenamente laical, ejercitáis ese espíritu sacerdotal, al ofrecer a Dios el trabajo, el descanso, la alegría y las contrariedades de la jornada, el holocausto de vuestros cuerpos rendidos por el esfuerzo del servicio constante. Todo eso es hostia viva, santa , grata a Dios: ése es vuestro culto racional ( Rm 12, 1) [25] .

Un cristiano no rehuye el sacrificio en el trabajo, no se irrita ante el esfuerzo, no deja de cumplir su deber por desgana o para no cansarse. En las dificultades ve la Cruz de Cristo que da sentido redentor a su tarea, la Cruz que está pidiendo unas espaldas que carguen con ella [26] . Por eso el Fundador del Opus Dei da un consejo de comprobada eficacia: Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada... Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño [27] .

Tampoco se abate un hijo de Dios por los fracasos, ni deposita toda su esperanza y complacencia en los éxitos humanos. El valor redentor de su trabajo no depende de las victorias terrenas sino del cumplimiento amoroso de la Voluntad de Dios. No olvida que en Nazaret Jesús cumple la Voluntad divina trabajando activamente, pero que en la Cruz consuma su obediencia padeciendo. El culmen del no se haga mi voluntad sino la tuya [28] , no consiste en realizar tal o cual proyecto humano, sino en padecer hasta la muerte, con un abandono absoluto en su Padre Dios [29] . Por eso hemos de comprender que más que con lo que hacemos —con nuestros trabajos e iniciativas— podemos corredimir con Cristo con lo que padecemos, cuando Dios permite que en nuestra vida se haga más patente el yugo suave y la carga ligera de la Cruz [30] .

San Josemaría enseña esta lección de santidad con palabras que traslucen su propia experiencia. No olvidéis que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que El permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios. Es la hora de amar la mortificación pasiva (...). Y en esos tiempos de purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágrimas dulces y amargas que procuramos esconder, necesitaremos meternos dentro de cada una de aquellas Santísimas Heridas: para purificarnos, para gozarnos con esa Sangre redentora, para fortalecernos. Acudiremos como las palomas que, al decir de la Escritura (cfr. Ct 2, 14), se cobijan en los agujeros de las rocas a la hora de la tempestad. Nos ocultamos en ese refugio, para hallar la intimidad de Cristo: y veremos que su modo de conversar es apacible y su rostro hermos o (cfr. Ct 2, 14) [31] .

La luz de la Resurrección

Después de escribir en la Epístola a los Filipenses que Jesucristo se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz [32] , San Pablo prosigue: Y por eso Dios lo exaltó [33] . La exaltación del Señor, su Resurrección y Ascensión al Cielo donde está sentado a la diestra de Dios [34] , son inseparables de su obediencia en la Cruz, y arrojan, junto con ésta, una intensa luz sobre el trabajo de Jesús en Nazaret y sobre nuestro quehacer diario.

Vida humana y divina es la de Jesús en Nazaret, y no sólo humana: vida del Hijo de Dios hecho hombre. Aunque sólo después de la Resurrección será vida inmortal y gloriosa, ya en la Transfiguración manifestará por un momento una gloria oculta durante años en el taller de José. Aquél a quien vemos trabajar como carpintero, cumpliendo su deber con sudor y con fatiga, es el Hijo de Dios hecho hombre, lleno de gracia y de verdad [35] , que vive en su Humanidad Santísima una vida nueva, sobrenatural: la vida según el Espíritu Santo. Aquél a quien vemos someterse a las exigencias del trabajo y obedecer a quienes tienen autoridad, en la familia y en la sociedad, para obedecer así a la Voluntad divina, es el que vemos ascender a los Cielos con poder y majestad, como Rey y Señor del Universo. Su Resurrección y su Ascensión a los Cielos nos permiten contemplar que el trabajo, la obediencia y las fatigas de Nazaret, son un sacrificio costoso pero nunca oscuro o triste, sino luminoso y triunfante, como una nueva creación.

Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva [36] . También nosotros podemos vivir en medio de la calle endiosados, pendientes de Jesús todo el día [37] , porque Dios, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo —por gracia habéis sido salvados—, y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos por Cristo Jesús [38] . Dios exaltó la Humanidad Santísima de Jesucristo por su obediencia, para que nosotros vivamos esa vida nueva, guiada por el Amor de Dios, muriendo al amor propio desordenado. Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; sentid las cosas de arriba, no las de la tierra. Pues habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios [39] .

Si en el trabajo cumplimos por amor y con amor la Voluntad divina, cueste lo que cueste, Dios nos exalta junto con Cristo. No sólo al final de los tiempos. Ya ahora nos concede una prenda de la gloria por el don del Espíritu Santo [40] . Gracias al Paráclito nuestro trabajo se convierte en algo santo, nosotros mismos somos santificados y el mundo comienza a ser renovado. «En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la Resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los nuevos cielos y la tierra nueva (2 Pe 3, 13; Ap 21, 1), los cuales, precisamente mediante la fatiga del trabajo son participados por el hombre y por el mundo (...). Se descubre, en esta cruz y fatiga, un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo» [41] .

Junto con la obediencia de la Cruz y la alegría de la Resurrección —la nueva vida sobrenatural—, en el cumplimiento amoroso de la Voluntad de Dios en el trabajo, ha de estar presente el señorío de la Ascensión. Hemos recibido el mundo por herencia, para plasmar en todas las realidades temporales el querer de Dios. Todas las cosas son vuestras, vosotros sois de Cristo, y Cristo de Dios [42] .

Yarani (Costa de Marfil)

 

Esta es la fibra del amor redentor de un hijo de Dios, el tono inconfundible de su trabajo. Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor: lleva a cabo todo por Amor, insisto, y comprobarás —precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento y aun del mismo fracaso humano— las maravillas que produce tu trabajo. ¡Frutos sabrosos, semillas de eternidad! [43] EN UNIÓN CON EL SACRIFICIO DE LA MISA

El Sacrificio de la Cruz, la Resurrección y Ascensión del Señor a los Cielos, constituyen la unidad del misterio pascual , paso de la vida temporal a la eterna. Su trabajo en Nazaret es redentor y santificador por la unidad con este misterio pascual.

Esta realidad se refleja en la vida de los hijos de Dios gracias a la Santa Misa que «no sólo hace presente el misterio de la pasión y muerte del Salvador, sino también el misterio de la resurrección» [44] . «Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él , como si hubiéramos estado presentes» [45] .

Gracias a la Misa, podemos hacer que nuestro trabajo esté empapado por la obediencia hasta la muerte, por la nueva vida de la Resurrección, y por el dominio que tenemos sobre todas las cosas por su Ascensión como Señor de Cielos y tierra. No sólo ofrecemos nuestro trabajo en la Misa, sino que podemos hacer de nuestro trabajo una misa. Todas las obras de los hombres se hacen como en un altar, y cada uno de vosotros, en esa unión de almas contemplativas que es vuestra jornada, dice de algún modo su misa, que dura veinticuatro horas, en espera de la misa siguiente, que durará otras veinticuatro horas, y así hasta el fin de nuestra vida [46] . Así somos en nuestro trabajo otros Cristos, el mismo Cristo [47] .

Javier López


[1] San Josemaría, Conversaciones , n. 55.

[2] Rm 5, 19.

[3] Flp 2, 8.

[4] Cfr. Jn 6, 38; Lc 22, 42.

[5] Hb 10, 7; Sal 40 8-9.

[6] Lc 2, 49.

[7] Lc 2, 51.

[8] Mc 6, 3. Cfr. Mt 13, 55.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 14.

[10] Cfr. Mc 10, 33-34; Lc 12, 49-50.

[11] Lc 9, 23.

[12] Flp 2, 8.

[13] Lc 22, 42.

[14] Gal 2, 19.

[15] Camino , n. 186.

[16] Ibid . n. 815.

[17] San Josemaría, Conversaciones . n. 60.

[18] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica , n. 302.

[19] Gal 5, 6.

[20] Lc 2, 14.

[21] Sal 19 (18), 9.

[22] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 47.

[23] Cfr. Gn 2, 15.

[24] Cfr. Gn 3, 19.

[25] San Josemaría, Carta 6-V-1945 , n. 27, cit. en Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , vol. III, Rialp, Madrid 2013, p. 109.

[26] Camino , n. 277.

[27] San Josemaría, Vía Crucis , XI estación, punto 5.

[28] Lc 22, 42.

[29] Cfr. Lc 23, 46; Mt 27, 46.

[30] Mt 11, 30.

[31] San Josemaría, Amigos de Dios , nn. 301-302.

[32] Flp 2, 8.

[33] Ibid . 2, 9.

[34] 1 Pe 3, 22. Cfr. Mt 26, 64; Hb 1, 13; 10, 12.

[35] Jn 1, 14.

[36] Rm 6, 4.

[37] Cfr. San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 8.

[38] Ef 2, 5-6.

[39] Col 3, 1-3.

[40] Cfr. 2 Cor 1, 22; 5, 5; Ef 1, 14.

[41] Juan Pablo II, Litt. Enc. Laborem exercens , 14-IX-1981, n. 27.

[42] 1 Cor 3, 22-23.

[43] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 68.

[44] Juan Pablo II, Litt. Enc. Ecclesia de Eucharistia , 17-IV-2003, n. 14.

[45] Ibid. n. 11.

[46] San Josemaría, Notas de una meditación , 19-III-1968, cit. en Mons. Javier Echevarría, Carta Pastoral 1-XI-2009 .

[47] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 106.

 

 

La confesión

Jesucristo en su infinita bondad, nos dejó el sacramento de la Penitencia para alcanzar la salvación.

¿Por qué confesarse?

Quien ha tenido la desgracia de pecar gravemente, si quiere salvarse, no tiene más remedio que confesarse para que se le perdonen sus pecados.

Es cierto que con el acto de perfecta contrición , puede uno recobrar la gracia, pero para esto hay que tener, además, el propósito firme de confesar después estos pecados, aunque estén ya perdonados; pues Jesucristo ha querido someter al sacramento de la confesión todos los pecados graves.

Por voluntad del Cristo , la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados, y ella lo ejerce de modo habitual en el sacramento de la penitencia por medio de los obispos y de los presbíteros .

Este sacramento se llama también de la Reconciliación, pues nos reconcilia con Dios y con la Comunidad Cristiana de la cual el pecador se separa vitalmente, al perder la gracia por el pecado grave.

No vivas nunca en pecado. Si tienes la desgracia de caer, ese mismo día haz un acto de contrición perfecta, y luego confiésate cuanto antes. No lo dejes para después.

El que se confiesa a menudo no es porque tenga muchos pecados, sino para no tenerlos. El que se lava de tarde en tarde, estará más sucio que el que se lava a menudo.

La misericordia de Dios es infinita. Dice la Biblia: Como el viento norte borra las nubes del cielo, así mi misericordia borra los pecados de tu alma . . Y en otro sitio: «Cogeré tus pecados y los lanzaré al fondo del mar para que nunca más vuelvan a salir a flote».

Pero también su justicia es infinita, y por lo tanto no puede perdonar a quien no se arrepiente. Esto sería una monstruosidad que Dios no puede hacer.

Pío XII en la Encíclica Mystici Corporis habla de los valores de la confesión frecuente diciendo que aumenta el recto conocimiento de uno mismo, crece la humildad cristiana, se desarraiga la maldad de las costumbres, se pone un dique a la pereza y negligencia espiritual, y se aumenta la gracia por la misma fuerza del sacramento . Y el Concilio Vaticano II habla de la confesión sacramental frecuente que, preparada por el examen de conciencia cotidiano, tanto ayuda a la necesaria conversión del corazón.

Quien vive en pecado grave es muy fácil que se condene por tres razones:

1) Porque después es muy posible que le falte la voluntad de confesarse, como le falta ahora.

2) Porque, aun suponiendo que no le falte esta voluntad, es posible que le sorprenda la muerte sin tiempo para confesarse.

3) Finalmente, quien descuida la confesión, y va amontonando pecados y pecados, cada vez encontrará más dificultades para romper. Un hilo se rompe mucho mejor que una maroma. Para arrepentirse sería entonces necesario un golpe de gracia prodigioso; y esta gracia sobreabundante Dios no suele concederla a quien se obstina en el mal.

Jesucristo se lo advierte así a los que quieren jugar con Dios: «Me buscaréis y no me encontraréis, y moriréis en vuestro pecado».

El examen de conciencia

Examen de conciencia consiste en recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

Naturalmente, el examen se hace antes de la confesión para decir después al confesor todos los pecados que se han recordado; y cuántas veces cada uno, si se trata de pecados graves.

Si sabes el número exacto de cada clase de pecados graves, debes decirlo con exactitud. Pero si te es muy difícil, basta que lo digas con la mayor aproximación que puedas: por ejemplo, cuántas veces, más o menos, a la semana, al mes, etc. Y si después de confesar resulta que recuerdas con certeza ser muchos más los pecados que habías cometido, lo dices así en la próxima confesión. Pero no es necesario que después de confesar sigas pensando en el número de pecados cometidos, pues entonces nunca quedaríamos tranquilos. Si hiciste el examen con diligencia, no debes preocuparte ya más: todo está perdonado.

El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad; pero sin angustiarse . La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a Dios. No se trata de atormentar el alma, sino de dar a Dios cuenta filial. Dios es Padre.

El examen de conciencia se hace procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.

Dolor de los pecados

Dolor de los pecados es arrepentirse de haber pecado y de haber ofendido a Dios.

Arrepentirse de haber hecho una cosa es querer no haberla hecho, comprender que está mal hecha, y dolerse de haberla hecho. El arrepentimiento es un aborrecimiento del pecado cometido; un detestar el pecado .

No basta dolerse de haber pecado por un motivo meramente humano. Por ejemplo, en cuanto que el pecado es una falta de educación (irreverencia a los padres), o en cuanto que es una cosa mal vista (adulterio), o que puede traerme consecuencias perjudiciales para la salud (prostitución), etc., etc.

El arrepentido aborrece la ofensa a Dios, y propone no volver a ofenderlo

No es lo mismo el dolor de una herida -que se siente en el cuerpo- que el dolor de la muerte de una madre -que se siente en el alma-. El arrepentimiento es «dolor del alma». Pero el dolor de corazón que se requiere para hacer una buena confesión no es necesario que sea sensible realmente, como se siente un gran disgusto. Basta que se tenga un deseo sincero de tenerlo. El arrepentimiento es cuestión de voluntad. Quien diga sinceramente quisiera no haber cometido tal pecado tiene verdadero dolor.

El dolor es lo más importante de la confesión. Es indispensable: sin dolor no hay perdón de los pecados

Por eso es un disparate esperar a que los enfermos estén muy graves para llamar a un sacerdote. Si el enfermo pierde sus facultades, podrá arrepentirse» Pues sin arrepentimiento, no hay perdón de los pecados, ni salvación posible. El dolor debe tenerse -antes de recibir la absolución- de todos los pecados graves que se hayan cometido. Si sólo hay pecados veniales es necesario dolerse al menos de uno, o confesar algún pecado de la vida pasada.

Contrición perfecta y atrición

Contrición perfecta es un pesar sobrenatural del pecado por amor a Dios, por ser Él tan bueno, porque es mi Padre que tanto me ama, y porque no merece que se le ofenda, sino que se le dé gusto en todo y sobre todas las cosas. Contrición es arrepentirse de haber pecado porque el pecado es ofensa de Dios. Siempre con propósito se enmendarse desde ahora y de confesarse cuando se pueda. La contrición es dolor perfecto.

Aunque la contrición perdona, la Iglesia obliga a una confesión posterior, porque es necesario que el pecador haga una adecuada satisfacción; y ésta, es el sacerdote el que debe imponérsela, porque es el delegado por Dios para reconciliar con la Iglesia.

El acto de contrición es la manifestación de la pena que nos causa haber ofendido a Dios por lo bueno que es y por lo mucho que nos ama: lágrimas no sólo por temor al castigo, sino por la pena de haberle entristecido.

Atrición es un pesar sobrenatural de haber ofendido a Dios por temor a los castigos que Dios puede enviar en esta vida y en la otra, o por la fealdad del pecado cometido, que es una ingratitud para con Dios y un acto de rebeldía. Siempre con propósito de enmendarse y de confesarse. La atrición es dolor imperfecto, pero basta para la confesión .

Un ejemplo: un chico jugando a la pelota en su casa rompe un jarrón de porcelana que su madre conservaba con cariño y, al ver lo que ha hecho, se arrepiente. Si lo que teme es el castigo que le espera, tiene dolor semejante a la atrición; pero si lo que le duele es el disgusto que se va a llevar su madre, tiene un dolor semejante a la contrición.

Es lógico que la contrición y la atrición vayan un poco unidas

Aunque uno tenga contrición, eso no impide que también tenga miedo al infierno, como corresponde a todo el que tiene fe. Y aunque uno se arrepienta por atrición, hay que suponer algún grado de amor para recuperar la amistad con Dios.

Es mejor la contrición perfecta, pues con propósito de confesión y enmienda, perdona todos los pecados, aunque sean graves .

Cuando uno, en peligro de muerte, está en pecado grave y no tiene cerca un sacerdote que le perdone sus pecados, hay obligación de hacer un acto de perfecta contrición con propósito de confesarse cuando pueda. El acto de contrición le perdona sus pecados, y si llega a morir en aquel trance, se salvará. Si se arrepiente sólo con atrición, no consigue el perdón de sus pecados graves, a menos que se confiese , o reciba la unción de los enfermos. Se salvarían muchos más si se acostumbraran a hacer con frecuencia un acto de contrición bien hecho.

Deberíamos hacer un acto de contrición siempre que tengamos la desgracia de caer en un pecado grave. Así nos ponemos en gracia de Dios hasta que llegue el momento de confesarnos.

Deberíamos hacer actos de arrepentimiento cada noche, y cada vez que caemos en la cuenta de que hemos pecado. Dios está deseando perdonarnos. Pero si no le pedimos perdón, no nos puede perdonar.

Sería una monstruosidad perdonar una falta a quien no quiere arrepentirse de ella. «De Dios no se ríe nadie».

El arrepentimiento es condición indispensable para recibir el perdón.

El verdadero arrepentimiento incluye el pedir perdón a Dios. No sería sincero nuestro arrepentimiento si pretendiésemos despreciar el modo ordinario establecido por Dios para perdonarnos.

Acto de contrición

EL ACTO DE CONTRICIÓN SE HACE REZANDO DE CORAZÓN EL «SEÑOR MIO JESUCRISTO…» (lo tienes en los Apéndices) O, MAS FÁCILMENTE, DICIENDO DE TODO CORAZÓN:

«Dios mío, yo te amo con todo mi corazón y sobre todas las cosas. Yo me arrepiento de todos mis pecados, porque te ofenden a Ti, que eres tan bueno. Señor, perdóname y ayúdame para que nunca más vuelva a ofenderte, que yo así te lo prometo».

Y si quieres uno más breve para momentos de peligro: «Dios mío, perdóname, que yo te amo sobre todas las cosas».

Además, este acto de contrición tan breve, te sirve también para cuando vayas a confesarte si no sabes el «Señor mío Jesucristo». Si sabes el acto de contrición largo, lo puedes hacer con devoción y consciente de lo que dices; pero si crees que no te va a salir bien, o lo vas a decir rutinariamente, más vale que repitas varias veces de corazón: «Dios mío, perdóname!, Dios mío, perdóname!».

Pero además, este acto de contrición en tres palabras, puede servir también para que ayudes a bien morir a otras personas: parientes, conocidos o incluso desconocidos, si encuentras, por ejemplo, un accidente en la carretera. Aunque parezcan muertos, el oído es lo último que se pierde; y muchos que parecían muertos, después, cuando se recuperaron, dijeron que se habían enterado de todo lo que ocurrió, aunque ellos no podían decir una palabra ni mover un solo músculo de su cuerpo. Por eso, si alguna vez te encuentras en la carretera un accidente, no dudes en ponerte de rodillas en el suelo, aplicar tu boca a su oído y decirle por lo menos tres veces: «Dios mío, perdóname! , Dios mío, perdóname! , Dios mío, perdóname!». Que si lo oye y lo acepta, le ayudas a que salve su alma. Y nadie en la vida le ha hecho mayor favor que tú, que en la hora de la muerte le ayudaste a ganar el cielo.

Debemos preocuparnos de ayudar a bien morir a los moribundos. Hoy está muy paganizado el sentido de la muerte, y muchas personas ante un accidente o un moribundo, se preocupan del médico, y muy pocos se preocupan de preparar el alma para la eternidad. Ocúpate tú si ves que nadie se acuerda de hacerlo.

Ojalá que ayudes a bien morir a muchas personas. El día que te encuentres con ellos en el cielo verás cómo te lo agradecen; y sentirás felicidad por haber colaborado a la salvación de otros.

Creo que con este acto de contrición, en tres palabras, te ayudo a que puedas enfrentarte con tranquilidad a la muerte, si en ese momento trascendental no tienes al lado un sacerdote que te perdone; y además puedes ayudar a otros a bien morir, y de esta manera colaborar a su salvación eterna.

Cuando estuve en la Argentina, para la gran misión de Buenos Aires, en octubre de 1960, conocí el acto de contrición que allí se usa. Me gustó mucho y lo transcribo aquí:

«Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido; y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén».

También es un acto de contrición perfecta este precioso soneto:

No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido para dejar, por eso, de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, porque aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera.

Este soneto, atribuido a distintos autores, según el conocido periodista Bartolomé Mostaza , se debe al doctor Antonio de Rojas, místico notorio del siglo XVII .

Para hacer un acto de contrición no es necesario usar ninguna fórmula determinada. Basta detestar de corazón todos los pecados por ser ofensa a Dios.

Cuando quieras hacer un acto de contrición perfecta también puedes hacerlo pensando en Cristo crucificado, y arrepintiéndote, por amor suyo, de tus pecados, ya que fueron causa de su Pasión y Muerte.

El acto de contrición es un acto de la voluntad. Puede estar bien hecho, aunque te parezca que no sientes sensiblemente lo que dices. Si quieres amar a Dios sobre todas las cosas y no volver a pecar, es lo suficiente. Pero debes querer que sea verdad lo que dices. No basta decir el acto de contrición sólo con los labios. Es necesario decirlo con todo el corazón.

Es de capital importancia el saber hacer un acto de perfecta contrición, pues es muy frecuente tenerlo que hacer: son muchos los que a la hora de la muerte no tienen a mano un sacerdote que los confiese.

Además, conviene hacer el acto de contrición todas las noches, después de haber hecho un breve examen de conciencia, añadiendo siempre el propósito de enmendarse y confesarse.

No deberíamos olvidar nunca aquel admirable consejo:

Pecador, no te acuestes nunca en pecado;
no sea que despiertes
ya condenado.

Son más de los que nos figuramos los que se acuestan tranquilos y despiertan en la otra vida, muertos de repente.

En la calle Capitán Arenas, de Barcelona, el 6 de marzo de 1972 a las tres de la madrugada se produjo una explosión de gas y se hundió un moderno edificio de muchas plantas. Murieron todos los vecinos. Lo mismo ha ocurrido repetidas veces en terremotos .

Propósito de enmienda

Propósito de enmienda es una firme resolución de no volver a pecar.

El propósito brota espontáneamente del dolor . Si tienes arrepentimiento de verdad, harás el propósito de no volver a pecar.

Dice el profeta Isaías: «Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y Él tendrá piedad».

Es absurdo decirse al pecar: después me arrepentiré . Si después piensas arrepentirte de verdad, para qué haces ahora lo que luego te pesará de haber hecho» Nadie se rompe voluntariamente una pierna diciendo: después me curaré .

El propósito hay que hacerlo antes de la confesión, y es necesario que perdure (por no haberlo retractado) al recibir la absolución. El propósito tiene que ser universal, es decir, propósito de no volver a cometer ningún pecado grave. No basta que se limite a los pecados de la confesión presente. Y debe ser «para siempre». Sería ridículo que uno que ha ofendido a otro le dijera:

«Siento lo ocurrido, pero me reservo el derecho de hacerlo otra vez, si me da la gana».

Si no hay verdadero propósito de la enmienda, la confesión es inválida y sacrílega .

No creas que tu propósito no es sincero porque preveas que volverás a caer. El propósito es de la voluntad; el prever es de la razón. Basta que tengas ahora una firme determinación, con la ayuda de Dios, de no volver a pecar. El temor de que quizás vuelvas después a caer no destruye tu voluntad actual de no querer volver a pecar. Y esto último es lo que se requiere. Para poder confesarse no hace falta estar ciertos de no volver a caer. Esta seguridad no la tiene nadie. Basta estar ciertos de que ahora no quieres volver a caer. Lo mismo que al salir de casa no sabes si tropezarás, pero sí sabes que no quieres tropezar.

Dice Juan Pablo II: Es posible que, aun en la lealtad del propósito de no volver a pecar, la experiencia del pasado y la conciencia de la debilidad actual susciten el temor de nuevas caídas; pero eso no va en contra de la autenticidad del propósito, cuando a ese temor va unida la voluntad, apoyada por la oración, de hacer lo que es posible para evitar la culpa .

Pero no olvides que para que el propósito sea eficaz es necesario apartarse seriamente de las ocasiones de pecar , porque, dice la Biblia: « quien ama el peligro perecerá en él».

Y si te metes en malas ocasiones, serás malo . Hay batallas que el modo de ganarlas es evitarlas. Combatir siempre que sea necesario, es de valientes; pero combatir sin necesidad es de estúpidos y fanfarrones.

Si no quieres quemarte, no te acerques demasiado al fuego. Si no quieres cortarte, no juegues con una navaja de afeitar. Quien quiere verlo todo, oírlo todo, leerlo todo, es moralmente imposible que guarde pureza. Es necesario frenar los sentidos…, y la concupiscencia! La concupiscencia es una fiera insaciable. Aunque se le dé lo que pide, siempre quiere más. Y cuanto más le des, más te pedirá y con más fuerza. La fiera de la concupiscencia hay que matarla de hambre. Si la tienes castigada, te será más fácil dominarla.

En las ocasiones de pecar hay que saber cortar cuanto antes. Si tonteas, vendrá un momento en que la tentación te cegará y llegarás a cosas que después, en frío, te parecerá imposible que tú hayas podido realizar. La experiencia de la vida confirma continuamente esto que te digo.

Si el propósito no se extendiese también a poner todos los medios necesarios para evitar las ocasiones próximas de pecar, no sería eficaz, mostraría una voluntad apegada al pecado, y, por lo tanto, indigna de perdón.

Quien, pudiendo, no quiere dejar una ocasión próxima de pecado grave, no puede recibir la absolución. Y si la recibe, esta absolución es inválida y sacrílega.

Ocasión de pecado es toda persona, cosa o circunstancia, exterior a nosotros, que nos da oportunidad de pecar, que nos facilita el pecado, que nos atrae hacia él y constituye un peligro de pecar. Se llama ocasión próxima si lo más probable es que nos haga pecar; pues, ya sea por la propia naturaleza, ya por las circunstancias, en tales ocasiones la mayoría de las veces se peca.

Hay obligación grave de evitar, si se puede, la ocasión próxima de pecar gravemente. De manera que quien se expusiera voluntaria y libremente a peligro próximo de pecado grave, aunque de hecho no cayese en el pecado, pecaría gravemente por exponerse de esa manera, sin causa que lo justifique.

La ocasión próxima de pecar se diferencia de la ocasión remota en que esta última es poco probable que nos arrastre al pecado.

Si la ocasión de pecado es necesaria y no se puede evitar, hay que tomar muy en serio el poner los medios para no caer. Para esto consultar con el confesor.

Jesucristo tiene palabras muy duras sobre la obligación de huir de las ocasiones de pecar. Llega a decir que si tu mano te es ocasión de pecado, te la cortes; y que si tu ojo es ocasión de pecado, te lo arranques; pues más vale entrar en el Reino de los Cielos manco o tuerto, que ser arrojado con las dos manos o los dos ojos en el fuego del infierno .

Una persona que tiene una pierna gangrenada se la corta para salvar su vida. Vale la pena sacrificar lo menos para salvar lo más.

Evitar un pecado cuesta menos que desarraigar un vicio. Esto es a veces muy difícil. Es mucho más fácil no plantar una bellota que arrancar una encina.

Los actos repetidos crean hábito y pueden esclavizar. Dice el proverbio latino: Gutta cavat petram, non semel sed saepe cadendo. La gota de agua, a fuerza de caer, termina por horadar la piedra.

Para apartarse con energía de las ocasiones de pecar, es necesario rezar y orar: pedirlo mucho al Señor y a la Virgen, y fortificar nuestra alma comulgando a menudo.

Decir los pecados al confesor

Al confesor hay que decirle voluntariamente, con humildad, y sin engaño ni mentira, todos y cada uno de los pecados graves no acusados todavía en confesión individual bien hecha ; y en orden a obtener la absolución . No tendría carácter de confesión sacramental manifestar los pecados para pedir consejo, obligarle a callar, etc. .

Antes de empezar la confesión el sacerdote puede leer al penitente, o recordarle, algún texto o pasaje de la Sagrada Escritura en que se muestre la misericordia de Dios y la llamada del hombre a la conversión .

Dijo el Papa Juan Pablo II el 30 de enero de 1981: «Sigue vigente y seguirá vigente para siempre, la enseñanza del Concilio Tridentino en torno a la necesidad de confesión íntegra de los pecados mortales». Es indispensable manifestar los pecados con toda sinceridad y franqueza, sin intención de ocultarlos o desfigurarlos. Si confesamos con frases vagas o ambiguas con la esperanza de que el confesor no se entere de lo que estamos diciendo, nuestra confesión puede ser inválida y hasta sacrílega. Al confesor hay que manifestarle con claridad los pecados cometidos para que él juzgue el estado del alma según el número y gravedad de los pecados confesados.

La absolución exige, cuando se trate de pecados mortales, que el sacerdote comprenda claramente y valore la calidad y el número de los pecados. El confesor debe conocer las posibles circunstancias atenuantes o agravantes, y también las posibles responsabilidades contraídas por ese pecado.

También hace falta que el penitente esté en presencia del confesor. No es válida la confesión por teléfono.

Si queda olvidado algún pecado grave, no importa; pecado olvidado, pecado perdonado. Pero si después me acuerdo, tengo que declararlo en otra confesión. Mientras tanto, se puede comulgar. Y no es necesario confesarse únicamente para decirlo, porque ya está perdonado.

Pero si la confesión estuvo mal hecha, es necesario confesar de nuevo todos esos pecados graves, en otra confesión bien hecha.

En alguna circunstancia excepcional se justifica el callar un pecado grave en la confesión: una vergüenza invencible de decirlo a un determinado confesor, por ejemplo, por la amistad que se tiene con él y no ser posible acudir a otro; si peligra el secreto, porque hay alguien cerca que puede enterarse, y no hay modo de evitarlo (sala de un hospital, confesonario rodeado de gente, etc.).

Pero ese pecado grave, ahora lícitamente omitido, hay obligación de manifestarlo en otra confesión.

Si en alguna ocasión quieres confesarte y no encuentras un sacerdote que entienda el español, o tú no puedes hablar, basta que le des a entender el arrepentimiento de tus pecados, por ejemplo, dándote golpes de pecho . Tu gesto basta para que el sacerdote te dé la absolución. Pero estos pecados así perdonados, tienes que manifestarlos la primera vez que te confieses con un sacerdote que entienda el idioma que tú hablas.

Recientemente la Sagrada Congregación de la Fe ha publicado un documento en el que se dan normas sobre la manifestación individual de los pecados en la confesión, y circunstancias en las que puede darse la absolución colectiva : «La confesión individual y completa, seguida de la absolución, es el único modo ordinario mediante el cual los fieles pueden reconciliarse con Dios y con la Iglesia.

«A no ser que una imposibilidad física o moral les dispense de tal confesión».

«Es lícito dar la absolución sacramental a muchos fieles simultáneamente, confesados sólo de un modo genérico, pero convenientemente exhortados al arrepentimiento, cuando visto el número de penitentes, no hubiera a disposición suficientes sacerdotes para escuchar convenientemente la confesión de cada uno en un tiempo razonable, y por consiguiente los penitentes se verían obligados, sin culpa suya, a quedar privados por largo tiempo de la Gracia Sacramental o de la Sagrada Comunión».

Estas condiciones, según algunos, son necesarias para la validez del sacramento, pero los fieles que reciben la absolución colectiva siempre pueden quedar tranquilos, pues Dios suple, ya que ellos pusieron todo de su parte .Hay un principio teológico que dice: Al que hace lo que está de su parte, Dios no le niega su gracia .

Es el Obispo diocesano quien debe juzgar de esta conveniencia . Bien pidiéndole permiso previamente, bien comunicándoselo después, si no hubo tiempo de pedirle antes permiso .

El 18 de noviembre de 1988 la Conferencia Episcopal Española publicó un documento, aprobado por la Santa Sede, en el que declara que hoy en España no existen circunstancias que justifiquen la absolución sacramental general. Y el arzobispo de Oviedo, D. Gabino Díaz Merchán , dijo a los sacerdotes del Arciprestazgo de Avilés-Centro, que las absoluciones colectivas, sin cumplir las condiciones dadas por la Iglesia, son ilícitas e inválidas. La razón es que el ministro que confecciona el sacramento tiene que tener intención de hacer lo que quiere hacer la Iglesia, y la Iglesia no quiere que se administre el sacramento de la penitencia fuera de las condiciones que ella ha puesto.

Quienes hayan recibido una absolución comunitaria de pecados graves deben después confesarse individualmente antes de recibir de nuevo otra absolución colectiva, y, en todo caso, antes del año, a no ser que, por justa causa, no les sea posible hacerlo .

Los fieles que quieran beneficiarse de la absolución colectiva, por estar debidamente dispuestos, deben manifestar mediante algún signo externo que quieren recibir dicha absolución, por ejemplo, arrodillándose, inclinando la cabeza, etc. .

Un caso concreto de aplicación de la absolución colectiva sería en peligro de muerte colectiva e inminente, sin tiempo de oír en confesión a cada uno , por ejemplo, momentos antes de estrellarse un avión averiado.

Los pecados veniales

Los pecados veniales no es necesario decirlos, pero conviene .

La fiebre, aunque sean sólo unas décimas, es señal de que algo va mal en el organismo. El mal siempre hay que combatirlo, aunque no sea grave. En el hospital declaras al médico no sólo las cosas graves, sino también las leves; no sea que se compliquen. Hazlo así al sacerdote para que cure tu alma.

Además de los pecados graves, hay que decirle al confesor cuántas veces se han cometido, y si hay alguna circunstancia agravante que varíe la especie o malicia del pecado .

El Concilio de Trento dice que «por derecho divino es necesario para el perdón de los pecados en el Sacramento de la Penitencia confesar todos y cada uno de los pecados mortales de que se acuerde después de un diligente y debido examen, y las circunstancias agravantes que cambian la especie del pecado».

No es necesario que cuentes la historia del pecado, pero sí tienes que decir las circunstancias agravantes que varíen la especie o malicia del pecado. Una circunstancia varía la especie o malicia de un pecado, si convierte en grave lo que es leve, o lo opone a distintas virtudes o mandamientos .

Por ejemplo: no es lo mismo asesinar a un hombre cualquiera que al propio padre. En el primer caso se peca contra el quinto mandamiento, que manda respetar la vida del prójimo.

En el segundo caso se peca, además, contra el cuarto, que manda honrar a nuestros padres.

Las circunstancias pueden cambiar la moralidad de una acción . Nunca las circunstancias pueden hacer buena una acción que de suyo es mala; pero pueden hacer mala una acción que era buena, o hacer peor una acción que ya era de suyo mala .

Las circunstancias agravantes de tu pecado tienes que manifestarlas, si al cometerlo advertiste su malicia especial. También hay circunstancias atenuantes que disminuyen la gravedad del pecado .

Por eso no te extrañe que el confesor te pregunte sobre tus pecados; porque debe conocer cuántos y en qué circunstancias cometiste esos pecados que él va a perdonarte. El sacerdote debe ayudarte a hacer una confesión íntegra y a que tu arrepentimiento sea sincero. Debe también darte consejos oportunos e instruirte para que lleves una vida cristiana .

Las principales circunstancias agravantes o atenuantes son:

– Quién : adulterio, si uno de los dos es casado.

– Qué: robar mil pesetas o un millón.

– Cómo : robar con violencia.

– Cuándo : blasfemar en la misa.

– Dónde : pecar en público, con escándalo de otros.

– Porqué : insultar para hacer blasfemar.

Los pecados dudosos -como ya dijimos en el número 61- no es obligatorio confesarlos, pero conviene hacerlo para más tranquilidad. Los pecados ciertos debes confesarlos como ciertos; y los dudosos, como dudosos. Si confesaste, de buena fe, un pecado grave como dudoso y después descubres que fue cierto, no tienes que acusarte de nuevo, pues la absolución lo perdonó tal como era en realidad . Para que haya obligación de confesar un pecado grave debe constar que ciertamente se ha cometido y ciertamente no se ha confesado. Al confesor conviene decirle también cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te confesaste. Esto es conveniente decirlo al empezar la confesión.

Callar voluntariamente

EL QUE CALLA VOLUNTARIAMENTE EN LA CONFESIÓN UN PECADO GRAVE, HACE UNA MALA CONFESIÓN, NO SE LE PERDONA NINGÚN PECADO, Y, ADEMÁS, AÑADE OTRO PECADO TERRIBLE, QUE SE LLAMA SACRILEGIO .

Todas las confesiones siguientes en que se vuelva a callar este pecado voluntariamente, también son sacrílegas . Pero si se olvida, ese pecado queda perdonado, porque pecado olvidado, pecado perdonado .

Pero si después uno se acuerda, tiene que manifestarlo diciendo lo que pasó.

Para que haya obligación de confesar un pecado olvidado, hacen falta tres cosas: estar seguro de que:

a) el pecado se cometió ciertamente.

b) que fue ciertamente grave.

c) que ciertamente no se ha confesado.

Si hay duda de alguna de estas tres cosas, no hay obligación de confesarlo. Pero estará mejor hacerlo, manifestando la duda.

QUIEN SE CALLA VOLUNTARIAMENTE UN PECADO GRAVE EN LA CONFESIÓN, SI QUIERE SALVARSE , TIENE QUE REPETIR LA CONFESIÓN ENTERA Y DECIR EL PECADO QUE CALLÓ, DICIENDO QUE LO CALLÓ DÁNDOSE CUENTA DE ELLO .

Los que han tenido la desgracia de hacer una confesión sacrílega, y desde entonces vienen arrastrando su conciencia, de ninguna manera pueden seguir en ese horrible estado. No desconfíen de la misericordia de Dios. Acudan a un sacerdote prudente, que les acogerá con todo cariño.

Bendecirán para siempre el día en que quitaron de su alma ese enorme peso que la atormentaba.

Además, el confesor no se asusta de nada, porque, por el estudio y la práctica que tiene de confesar, conoce ya toda clase de pecados.

Es una tontería callar pecados graves en la confesión por vergüenza, porque el confesor no puede decir nada de lo que oye en confesión .

Aunque le cueste la vida callar el secreto . Ha habido sacerdotes que han dado su vida antes que faltar al secreto de confesión.

Este secreto, que no admite excepción, se llama sigilo sacramental.

Es pecado ponerse a escuchar confesiones ajenas. Los que, sin querer, se han enterado de una confesión ajena no pecan; pero tienen obligación de guardar secreto .

Es curioso que los mismos que ponen dificultades en decir sus pecados al confesor los propagan entre sus amigos, y con frecuencia exagerando fanfarronamente. Lo que pasa es que esas cosas ante sus amigos son hazañas, pero ante el confesor son pecados; y esto es humillante. Por eso para confesarse hay que ser muy sincero. Los que no son sinceros, no se confiesan bien.

Nunca calles voluntariamente un pecado grave, porque tendrás después que sufrir mucho para decirlo, y al fin lo tendrás que decir, y te costará más cuanto más tardes, y si no lo dices, te condenarás .

Si tienes un pecado que te da vergüenza confesarlo, te aconsejo que lo digas el primero. Este acto de vencimiento te ayudará a hacer una buena confesión.

El confesor será siempre tu mejor amigo . A él puedes acudir siempre que lo necesites, que con toda seguridad encontrarás cariño y aprecio. Además de perdonarte los pecados, el confesor puede consolarte, orientarte, aconsejarte, etc. Pregúntale las dudas morales que tengas. Pídele los consejos que necesites. Dile todo lo que se te ocurra con confianza. Te guardará el secreto más riguroso.

Los sacerdotes estamos aquí para que los hombres, por nuestro medio, encuentren su salvación en Dios. El perdón de un pecado que, desde el punto de vista sociológico, acaso no tiene gran transcendencia, es en realidad más importante que todo cuanto podamos hacer para mejorar la existencia de los hombres . Hasta Nietzshe , a pesar de su violentísimo anticristianismo, decía que el sacerdote es una víctima sacrificada en bien de la humanidad .

El sacerdote guía a la comunidad cristiana con la predicación de la palabra de Dios, con sus consejos, con sus orientaciones, con su actitud de diálogo, de acogida, de comprensión, con su fidelidad a Jesucristo. El sacerdote es, ante todo, un educador .

Dice Juan Pablo II, en su libro Don y Misterio, citando San Pablo , que el sacerdote es administrador de los misterios de Dios: El sacerdote recibe de Cristo los bienes de la salvación para distribuirlos debidamente entre las personas .

Cuenta el historiador José de Sigüenza hablando de Fray Hernando de Talavera, Primer Arzobispo de Granada, que la reina Isabel la Católica lo llamó para confesarse con él. Era la primera vez que lo hacía con él. Habían preparado dos reclinatorios, pero el obispo se sentó. Le dijo la reina:

– Ambos hemos de estar de rodillas.

Pero el confesor contestó:

– No,Señora. Vuestra Alteza sí debe estar de rodillas, para confesar sus pecados; pero yo he de estar sentado, porque éste es el Tribunal de Dios y yo estoy aquí representándolo.

Calló la reina y se confesó de rodillas. Después dijo:

– Éste es el confesor que yo buscaba.

Cumplir la penitencia

Cumplir la penitencia es rezar o hacer lo que el confesor me diga.

La exhortación pontificia de Juan Pablo II Reconciliación y Penitencia (31,3) dice que las obras de satisfacción deben consistir en acciones de culto, caridad, misericordia y reparación.

Si no sé o no puedo cumplirla, debo decírselo al confesor para que me ponga una penitencia distinta.

La penitencia se llama también satisfacción, pues de algún modo quiere expresar nuestra voluntad de reparación a la Iglesia del daño que le hemos producido al pecar, convirtiéndonos en miembros cancerosos del Cuerpo Místico de Cristo . Cumplir la penitencia es también expresión de nuestra voluntad de conversión cristiana.

La penitencia hay que cumplirla en el plazo que diga el confesor. Si el confesor no ha fijado el tiempo, lo mejor es cumplirla cuanto antes, para que no se nos olvide; pero se puede cumplir también después de comulgar; y también confesarse de nuevo antes de haberla cumplido, con tal de que haya intención de cumplirla .

Si la penitencia no se cumple por olvido involuntario, no hay que preocuparse; los pecados quedan perdonados. Pero si no se cumple culpablemente, aunque los pecados quedan perdonados, se comete un nuevo pecado mortal o venial, según que la penitencia fuera grave o leve. Penitencia grave es la que normalmente corresponde a pecados graves . Si después de la confesión no recuerdas la penitencia que te puso el confesor, o no puedes cumplirla, lo dices así en la próxima confesión. En caso de no acordarte qué penitencia te puso el confesor, puedes rezar o hacer lo que en otras confesiones parecidas te impusieron.

La penitencia es siempre muy pequeña comparada con nuestros pecados Pero, a pesar de ser tan pequeña, es suficiente, porque participamos de lo que se llama la Comunión de los Santos: todos los que pertenecemos a la Iglesia Católica formamos como una gran familia -que se llama el Cuerpo Místico de Cristo (Ver nº 41)- en la cual todos los bienes espirituales son comunes.

«Lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos».

Todos nos beneficiamos de los bienes, dones y gracias que cada uno ha recibido de Dios . Por lo tanto, cada uno puede gozar del gran tesoro espiritual formado con los méritos de Jesucristo , de la Virgen y de todos los Santos que están en el cielo, y con las buenas obras de los católicos .

La Iglesia hace uso de los méritos de este gran tesoro espiritual, al concedernos las indulgencias.

Indulgencias

La Iglesia condena a quienes afirmen que la Iglesia no tenga potestad para concederlas o que éstas no sean útiles.

La práctica de las indulgencias se fundamenta en la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo . Las indulgencias son la remisión de la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa .

Según la Teología católica, todo pecado grave da origen, en quien lo comete, a una culpa y a una pena. La culpa se borra con la absolución del confesor. La pena ha de ser pagada con el sufrimiento en el purgatorio o con las buenas acciones en esta vida . Aquí entra la aplicación de las indulgencias con las cuales se perdona a los católicos, que cumplen ciertas condiciones, la pena temporal debida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. Es como borrar la cicatriz de la herida que el pecado ha dejado en el alma.

Con las indulgencias podemos ayudar a los difuntos

El primero de enero de 1967, Pablo VI publicó una Constitución Apostólica sobre la reforma de las indulgencias . Se ha suprimido el antiguo modo de hablar de trescientos días , siete años , etc., que se refería a los días de penitencia pública que tenían que hacer los pecadores, en los primeros siglos de la Iglesia, antes de recibir la absolución de sus pecados graves. El nuevo documento se puede resumir en las siguientes normas:

1) Las indulgencias se dividen en parciales y plenarias.

2) El fiel que con corazón contrito realice una acción que tenga indulgencia parcial obtendrá además del mérito que produce esa acción, otro idéntico, por intervención de la Iglesia. Es decir, que merece el doble.

3) La indulgencia plenaria sólo se puede ganar una vez al día, salvo en caso de peligro de muerte.

4) Para adquirir la indulgencia plenaria, además de realizar la acción indulgenciada, y de que no exista por parte del fiel ningún afecto o adhesión al pecado incluso venial, hay que cumplir tres condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y rezo de una oración por las intenciones del Papa. La confesión puede hacerse varios días antes o después de cumplir la obra prescrita . La comunión puede hacerse desde la víspera a la octava. Una sola confesión sirve para ganar varias indulgencias plenarias. En cambio, con una sola comunión y una sola oración por las intenciones del Papa, únicamente se puede conseguir una sola indulgencia plenaria. La oración por el Papa basta que sea un Padrenuestro con un Avemaría y Gloria.

Según esta reforma de las indulgencias, las indulgencias plenarias que se pueden ganar, una al día, en las condiciones ordinarias, se han reducido a cuatro:

a) Ejercicio del Vía-Crucis.

b) Rezo del Rosario ante el sagrario o en común.

c) Media hora de adoración al Santísimo Sacramento.

d) Media hora de lectura de la Biblia .

Si no se cumplen las condiciones debidas, o falta la buena disposición, la indulgencia será solamente parcial.

Aquellos fieles que, por motivos personales o de lugar, no puedan confesar ni comulgar, podrán obtener la indulgencia si se proponen cumplir lo antes posible estos dos requisitos.

Las indulgencias tanto parciales como plenarias pueden ser siempre aplicadas a los difuntos a modo de sufragio . Se puede ganar una indulgencia plenaria aplicable a los difuntos aunque no se haya logrado el desafecto al pecado antes indicado .

En el momento de la muerte, cualquier fiel, debidamente dispuesto espiritualmente, podrá ganar la indulgencia plenaria, aunque carezca en aquel momento de un sacerdote que pueda impartírsela, con tal que durante su vida haya rezado habitualmente alguna oración. Es una obra de caridad para con las almas del purgatorio el ganar para ellas indulgencias plenarias..

EN ÚLTIMO CASO , SI UNO NO SABE LO QUE TIENE QUE HACER PARA CONFESARSE BIEN, PUEDE DECIR AL CONFESOR: «PADRE, AYÚDEME USTED».

Al confesor se le dicen las cosas con sinceridad, tal como uno las siente en la conciencia. Pero, si no te atreves porque te da vergüenza, le puedes decir al confesor que tienes vergüenza, y el Padre te ayudará con todo cariño.

Y si te acuerdas de algún pecado que hayas cometido, aunque el confesor no te lo pregunte, díselo tú para que te lo perdone.

Mientras el sacerdote te da la absolución y te bendice, reza el Señor mío Jesucristo , y si no lo sabes, date golpes de pecho diciendo varias veces con toda tu alma: Dios mío, perdóname! Dios mío, perdóname!…

En la confesión se perdonan todos los pecados que nosotros hemos cometido después del bautismo, por muy grandes que sean, con tal que se digan con arrepentimiento y propósito de la enmienda; pero no el pecado original.

 

 

La familia, tarea para hombres y mujeres de hoy

Uno de los cambios más revolucionarios es el creciente protagonismo de las mujeres en la vida pública y social. ¿Qué variaciones introduce esta nueva situación en la dinámica del matrimonio y la familia?

Entrevista a Jutta Burggraf

Jutta Burggraf es alemana, Doctora en Teología y Pedagogía, autora de numerosas publicaciones, la última titulada VIVIR Y CONVIVIR EN UNA SOCIEDAD MULTICULTURAL. Experta en la temática de la familia, contesta a nuestras preguntas sobre los desafíos que presenta la vida en común en la sociedad actual.

NUEVAS PROBLEMÁTICAS

Con frecuencia leemos resultados de encuestas, entrevistas y sondeos, que parecen indicar que la familia está en crisis, ¿piensas que se trata de una figura social en extinción?

«A pesar de todos los pronósticos desfavorables, hoy en día la familia sigue siendo apreciada, porque satisface necesidades tan elementales en el hombre como el anhelo de sentirse protegido y de tener confianza. Pienso que su existencia no puede ser puesta en duda porque está íntimamente ligada a la felicidad del hombre».

¿Por qué hoy nos parece más difícil sacar adelante una familia que en otras épocas?

«Es verdad que actualmente se dan circunstancias que generan problemas que no se presentaban antes. Pero esto no quiere decir que antes no hubo dificultades: había otra situación con otros problemas, quizá menos manifiestos. En siglos pasados, muchas veces eran los padres quienes elegían a quienes habían de casarse con sus hijos, y lo hacían según aspectos objetivos: la clase social, la situación económica, la religión, etc. La comunidad matrimonial era considerada como una gran empresa. Todos, varones y mujeres, solían trabajar juntos en la granja, en el taller, en la tienda. Y educaban juntos a los niños, que crecían bajo los cuidados de muchos parientes».

«A partir de la industrialización, se produjo un profundo cambio en la vida familiar. El hombre se fue retirando de las obligaciones familiares a favor de actividades lucrativas fuera de casa, donde la mujer quedó sola con los hijos. Poco a poco también ella se fue integrando a la vida profesional, ganando dinero y haciéndose cada vez más autónoma. De ahí resultan nuevas cargas para el matrimonio».

¿Piensas que la autonomía de que gozamos hoy las mujeres es una causa de los actuales problemas de la familia?

«No creo que la independencia de la mujer sea el problema de hoy. Al contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás».

¿Por qué entonces la situación actual es realmente difícil?

«Dos personas se casan hoy, en general, por simpatía y amor; es decir, más por motivos subjetivos que por motivos objetivos. Esto me parece muy bien. Pero hay que llegar a un acuerdo acerca de las grandes cuestiones de la existencia Creo que el amor es la única razón aceptable para contraer matrimonio, pero si faltan casi todos los motivos objetivos, la fidelidad matrimonial se hace sumamente difícil».

PARA LA BUENA MARCHA DE LA VIDA EN COMÚN

Se habla a veces de una crisis de comunicación entre los esposos de hoy, ¿a qué se puede atribuir?

«Hoy es frecuente que los esposos tengan distintos campos de acción, ya sea en la familia, ya sea en una profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas al día. Pero sí tienen contacto con muchas otras personas, hombres y mujeres; y con ellos comparten sus intereses e ilusiones profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes. Así puede pasar que crezca una distancia cada vez más grande entre los esposos».

«Además, actualmente el matrimonio es mucho más largo que en otros tiempos. Muchas personas llegan a los ochenta, noventa, incluso a los cien años. Antiguamente las mujeres morían con frecuencia después de haber dado a luz muchos hijos. Hoy los ven crecer, y cuando ellos se van de casa, suelen vivir todavía treinta, cuarenta o cincuenta años».

«El hecho de que alguien me ha prometido quedarse a mi lado hasta el fin de la vida, significa para mí el grave deber de abrirme a las nuevas situaciones, y no negarme a mejorar y madurar. El matrimonio, en cierto sentido, es un proceso que se origina en la promesa de andar juntos por el camino de la vida. En cuanto tal no sólo exige el “permanecer juntos”, sino también el “caminar”. Los cónyuges se invitan mutuamente a buscar, encontrar, aprender y desarrollarse juntos. Y, en el mejor de los casos, llegan juntos a la madurez espiritual».

¿Cómo evitar la alienación conyugal?

«Es bastante normal que haya momentos duros en la vida común y, en principio, no es aconsejable que se intente a toda costa eludir cualquier conflicto. Si los cónyuges se acostumbran a callarlo todo, previa conformidad tácita, tal vez puedan presumir durante un tiempo de una aparente paz; pero pagarán finalmente un precio muy alto por ella, pues pronto se aburrirán mutuamente con sus conversaciones superficiales. Tal vez huyan de sí mismos y de su pareja hacia los hijos, el trabajo o alguna aventura».

¿CÓMO SUPERAR LAS CRISIS?

¿Son estas dificultades las que llevan a algunas parejas a rechazar de lleno el matrimonio?

«Creo que en bastantes ocasiones no condenan el matrimonio , sino un tipo de matrimonio lleno de mentira y traición, escondido detrás de una imagen respetable. Lo que se desaprueba es una exageración de la importancia de la dimensión jurídica, unas exigencias morales diferentes para el hombre y para la mujer, la comodidad y la falta de apertura a los demás».

¿Qué respondes a los que sostienen que el matrimonio es un modelo de convivencia ya superado?

«El matrimonio no es anacrónico, pero esto no quiere decir que haya de vivirse de un modo que podemos llamar “burgués”, con estrechez de miras, con mentira y falsedad, mirando más bien al aspecto externo que al amor verdadero entre las personas que lo componen. Hoy en día existen muchas parejas que viven su matrimonio de una manera atractiva; que ponen de manifiesto que la fidelidad es posible, y que es garantía de felicidad para ellos mismos y para toda la familia, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad».

¿Basta el amor entre marido y mujer para el éxito del matrimonio?

«Hay que ver lo que se entiende por amor. Un matrimonio en el que el marido y la mujer vivan pendientes sólo el uno del otro, y en sus vidas no haya lugar para nadie más, acabará por amargarse. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes; está abierto a otras personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo».

¿Ves el matrimonio exclusivamente en función de los hijos?

«El matrimonio se vive como una comunión corporal, psíquica y espiritual del ser humano y, en todos lo planos significa, para los cónyuges, una unión entrañable. El otro es aceptado en la totalidad de su persona, esto es, también en su fertilidad y en su posible paternidad o maternidad. Sin embargo, si la unión sexual se entendiera únicamente como la procreación de descendientes, se utilizaría y denigraría al cónyuge como un simple medio; se abusaría de él. Como también se degrada al otro cuando se lo considera simplemente como objeto de placer. En el amor matrimonial auténtico se encuentran integrados tanto el deseo de tener hijos como la búsqueda de la unión sexual».

LOGRAR UNA VIDA FAMILIAR SATISFACTORIA

¿Cómo podrías describir una buena relación entre los esposos?

«En un matrimonio sano existe una relación activa, interés del uno por el otro, participación en la vida del otro. Una relación entre dos personas no consiste en tiranizar, exigir y mandar, sino, ante todo, en pedir, en dar, en ayudar y en responder el uno al otro. Consiste en alegrarse de todo corazón con el otro y también en poder sobrellevar juntos los momentos difíciles; aceptar al otro tal como es, así como uno se acepta a sí mismo con sus defectos y debilidades. De tal manera, los esposos tampoco llegan a exigirse demasiado mutuamente, con pretensiones egoístas o con unas expectativas infantiles de ser mimados como en los tiempos de la niñez».

«Una buena relación implica comprender que cada uno necesita más amor que “merece”; es más vulnerable de lo que parece; y todos somos débiles y podemos cansarnos».

¿Ves posible que se enfrenten con realismo y serenidad las crisis que se presentan en todos los matrimonios?

«Nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. “El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares”- suelen decir los árabes. Hay, realmente, situaciones, en las que el matrimonio y la familia pueden llegar a ser un tormento. Donde se ama, se da y la persona se abre al otro, es fácil ser herido. Pero, a pesar de eso, una crisis no es una catástrofe».

«Todo matrimonio pasa por situaciones difíciles, igual que toda persona humana, cuando crece, experimenta sus crisis de desarrollo. Es muy normal que haya momentos duros en la vida. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas vivan en estrecho contacto. Uno nota monotonía, desazón, quizá la falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos de lo que se deseaba. A veces, con los años, crece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que se le podía haber dado… Lo decisivo es la actitud que se adopta ante estas situaciones: aprovechar la oportunidad para estrechar los lazos de unión y, superando juntos las dificultades, buscar el camino de reconciliación. A menudo, esta disposición de perdonar es la única esperanza de marchar hacia un nuevo comienzo. Toda crisis trae consigo un cambio, y puede ser un cambio hacia una madurez mayor, hacia una confianza más plena».

HACIA UNA MEJOR CALIDAD DE VIDA

¿Qué función ocupa el hogar en la sociedad actual?

«Hoy en día, en que la mayoría de las personas realizan su trabajo en fábricas, empresas, administraciones, oficinas y tiendas, necesitan un hogar que les espere a la vuelta. La labor más importante, y a la vez la más difícil, de un ama de casa consiste en crear ese ambiente de hogar. Para la serenidad de una familia es importante que alguien tenga tiempo, que no esté siempre agobiado y con cosas más importantes en la cabeza que el simple saber escuchar, tranquilizar, consolar o animar; hay que deshacer tensiones, amortiguar las desilusiones, compartir uno con otro los éxitos y discutir los problemas ¡Qué bien, cuando existe para todo esto un punto de apoyo!».

Pero el trabajo de la casa, ¿no es muy monótono?

«La profesión de ama de casa –porque así puede ser considerada cuando se desarrolla con competencia- no es necesariamente una ocupación monótona y aburrida. Tiene sus ventajas. Una muy agradable es que ella se puede organizar el horario y el trabajo a su manera. Toda mujer puede decidir en su casa lo que va a hacer en cada momento –aunque no siempre, sí al menos en proporción mucho mayor que en las demás profesiones. Esto confiere libertad y autonomía».

«Si el trabajo del hogar se identifica con limpiezas pesadas, con fregotear suelos o ir de cabeza por cada motita de polvo que se descubre, es lógico que se le atribuya una connotación negativa. Ciertamente el aburrimiento, la rutina y las manías acechan el trabajo del ama de casa, pero en cualquier profesión existen trabajos repetitivos. El presidente de una compañía, por ejemplo, tiene que estampar su firma cientos de veces al día; seguramente no lo envidiamos por esa tarea, pero no dejamos de pensar que su ocupación es valiosa y apetecible».

¿Piensas que las mujeres deberían volver al “dulce hogar”?

«Pienso que la tarea de compaginar el trabajo fuera de casa con las exigencias de la familia compete tanto a los hombres como a las mujeres. A todas las personas se les debe dar la posibilidad de hacer libremente lo que creen que es bueno, sin tener que estar siempre suscitando nuevas polémicas».

«Cada familia es original y única. En la situación concreta, el amor de los esposos puede originar situaciones muy distintas, y hasta contrarias. Ni hay soluciones hechas para la organización individual de la vida familiar cotidiana, ni es apropiado juzgar desde fuera sobre una situación concreta».

¿Familia o profesión? ¿Qué aconsejas a las mujeres?

«En primer lugar, no es importante lo que la persona hace sino cómo lo hace. Ni el trabajo ni la familia son soluciones en sí mismas para los problemas individuales o interpersonales, y ambos conllevan ventajas y riesgos».

«El trabajo de una mujer fuera de casa podrá, efectivamente, redundar de muy diversas maneras en beneficio de la familia, en primer lugar porque esto facilita el diálogo abierto y la comprensión con el marido y los hijos. Hoy en día, no sólo se requieren madres que sepan llevar perfectamente la casa, sino ante todo madres que sean capaces de ser amigas».

El libro de Jutta Burggraf toca una variedad de temáticas, actuales y eternas, pero siempre desde una perspectiva original, que conduce a encontrar nuevas respuestas.

Arvo

 

La cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos

San Luis, Rey de Francia supo aliar la dulzura del santo a la fuerza del cruzado

 

Cuando existe una crisis de fe, no podemos limitarnos a mantener la nuestra, sino que estamos obligados a proclamar la fe delante de los fieles y reprimir la audacia de los malos.

 

“Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos.

Imposibilidad de ser misericordioso sin ser justo

“Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia, no sólo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que cada uno está obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles (S. Thom. II-II, Quaest. III, art. II, ad 2) .

Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos”.

Papa León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae

 

La familia y la formación de la personalidad

La familia bien constituida proporciona un patrimonio psicológico y moral para la formación de la personalidad de sus miembros

La familia y el desarrollo de las personalidades

Contenidos
 

Una familia bien constituida es el ambiente más propicio para el desarrollo de personalidades individuales definidas, ricas y fuertes.

Hay en el temperamento y en la mentalidad de los miembros de una misma familia trazos comunes a todos ellos, que después, por las misteriosas leyes de la herencia, se reproducen de algún modo en sus descendientes y contribuyen en gran medida a modelar su carácter.

Patrimonio psicológico y moral de la familia

Es un patrimonio psicológico y moral mucho más valioso que el patrimonio material familiar que le sirve de complemento.

Valores perennes: Tradición, Familia y Propiedad

Este patrimonio psicológico y moral permite a cada nueva generación enfrentar la vida en sociedad, puesto que viene apoyada y protegida por el afecto, el calor y la experiencia de su ambiente familiar, como una planta que antes de soportar la intemperie, creció en las condiciones climatológicas adecuadas de un invernadero.

La confianza entre los cónyuges

La fidelidad entre los esposos crea una ambiente de confianza entre los cónyuges

Este desarrollo admirable no sería duradero ni posible sin la confianza mutua de los cónyuges

Todo este desarrollo admirable no sería duradero ni posible sin la confianza mutua de los cónyuges, que brota del carácter indisoluble del vínculo matrimonial y es favorecida por las gracias sobrenaturales del sacramento.

La familia católica ha sido así la natural propagadora de una concepción orgánica y jerárquicamente armónica de la sociedad y de las relaciones humanas, y santuario difusor de una moralidad que es, a su vez, condición de su propia existencia.

Equilibrio moral e intelectual de los hijos

Evidentemente, los espíritus formados en el seno de una familia genuinamente católica no serán propensos a aceptar los devaneos igualitarios y libertarios del socialismo, que les parecerán arbitrarios, errados y chocantes: en suma, contrarios al orden natural de las cosas.

Esto continúa válido en nuestros días, pues a pesar de la gran decadencia de la vida cristiana en el Occidente contemporáneo, los trazos de autoridad, compostura y tradición todavía difusos en las familias, constituyen un freno al avance de la revolución anárquica e igualitaria.

 

 

Actualidad del antimodernismo de San Pío X

El Papa San Pío X, gran luchador contra la herejía modernista

La encíclica Pascendi Dominici Gregis del Papa San Pío X continúa actualísima a pesar de que hayan transcurrido más de cien años. El historiador y catedrático Roberto de Mattei así se expresó en una conferencia en la Pontificia Universidad Santo Tomás, en Roma:

«Trabajando en estrecha simbiosis con el Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Merry del Val, se rodeó de pocos y fieles colaboradores en el ámbito curial, atrayendo una notable hostilidad de una parte del mundo católico».

Los objetivos del Papa santo

«Desde el comienzo de su pontificado trabajó en cuatro objetivos importantes: el nuevo Catecismo; el nuevo Código de Derecho Canónico; el estímulo a la Comunión frecuente de los fieles; la lucha contra el modernismo. En este último punto hubo un desarrollo significativo con la publicación del decreto Lamentabili,, una especie de nuevo Syllabus, en el cual citaba 65 errores de la nueva doctrina».

«Ese Decreto fue seguido por la Pascendi, publicada en una época en la cual el Catolicismo tenía ya, además de los enemigos declarados, muchos adversarios ocultos que operaban dentro de la Iglesia. Estos, eran obviamente ocultos y peligrosos, porque tenían un conocimiento directo de la Iglesia. Su objetivo era el de transformar la Iglesia desde dentro, dejando intacta su apariencia estructural».

 

Lucha contra los errores entre los católicos no es obra de división, sino de unidad

«La lucha contra el modernismo se concretizó esencialmente en los siguientes puntos: un retorno a la doctrina tomista; un mayor control sobre los seminarios, con una relativa suspensión de los profesores que estuvieran ‘infectados de modernismo’; la prohibición de lecturas inmorales en la prensa; la institución de ‘censores eclesiásticos’; prohibición de congresos para sacerdotes no autorizados por los Obispos; institución del ‘consejo de vigilancia’ para el clero; obligación de parte de los Obispos de informar a la Santa Sede al respecto de estos puntos anteriores».

El juramento anti-modernista

«Con el decreto del 1 de septiembre de 1907, el Papa impuso el ‘juramento anti-modernista’: fue un golpe mortal a esta corriente de pensamiento que, caída en el olvido por otros 50 años, reaparece como un río a caballo del Concilio Vaticano II», continuó.

«Fue en esos años que Jacques Maritain afirmó: ‘el modernismo histórico fue una modesta fiebre de heno, si lo comparamos con la actual fiebre modernista’. Pocos años después, en 1972, el papa Pablo VI, lanzó la célebre alarma sobre ‘el humo de su Satanás’ que entonces había ‘entrado en el templo de Dios'».

 

Encíclica Pascendi Dominici Gregis

«A la distancia de un siglo -concluyó de Mattei- la Pascendi Dominici Gregis, con su condenación al modernismo como una ‘síntesis de todas las herejías’ es aún actualísima y es deseable que los católicos la redescubran para oponerse al modernismo actual, mucho más nocivo que el del pasado, ya sea por sus métodos intelectuales más pérfidos y sofisticados, ya porque repite errores que ya están condenados».

«Las consecuencias deteriorantes del modernismo son la atribución del mismo valor a todas las religiones, la reducción de la caridad a una mera filantropía, la reducción de la razón a meras opiniones hasta llegar, en último análisis, al indiferentismo axiológico y al agnosticismo».

 

El diagnóstico de muerte cerebral: un asunto controvertido

La discusión sobre la muerte encefálica debería centrarse en el concepto de muerte de la persona, más que en el de muerte completa de la corporalidad o de ausencia de funciones integrativas. Aunque la distinción entre ser humano y persona humana ofrece aún un amplio debate.

Introducción

El diagnóstico de muerte por criterios neurológicos, frecuentemente denominado muerte cerebral, no ha estado exento de controversias desde su concepción en el año 1968 a través de una publicación titulada “A Definition of Irreversible Coma Report of the Ad Hoc Committee of the Harvard Medical School to Examine the Definition of Brain Death”. Aunque el concepto de muerte encefálica se ha extendido progresivamente a lo largo de los años, siendo actualmente reconocido en la mayor parte de los países desarrollados como un concepto de muerte tanto desde el punto de vista médico como legal, su conceptualización e implantación no ha estado exenta de polémicas.

En el anteriormente mencionado artículo de JAMA, el entonces “nuevo” concepto de muerte, (hasta ese momento solamente se consideraban los criterios cardiocirculatorios y respiratorios para establecer la muerte), fundamentó su concepción en dos aspectos meramente utilitaristas. El primero era la necesidad de camas de cuidados intensivos para atender a pacientes críticos con posibilidades de supervivencia, y que no debían estar ocupadas por pacientes sin razonables perspectivas de supervivencia, y el segundo la necesidad de órganos para trasplantes que estos “nuevos fallecidos” podrían subvenir. Llamó la atención ya en 1968 el hecho de que los autores del artículo no centrasen en el propio enfermo la necesidad de cesar el tratamiento basándose en la futilidad del mismo. Todo ello conllevó un nacimiento convulso del concepto de muerte basado en criterios neurológicos.

En un reciente artículo publicado en Bloomberg titulado “Un plan aterrador para revisar la definición de muerte”, se realizan reflexiones sobre la posible existencia de intereses espurios en el diagnóstico de los pacientes en muerte cerebral, además de enfatizarse la heterogeneidad de criterios que siguen inspirando la declaración de la muerte de la persona que sufrió un daño cerebral irreversible.

El artículo menciona cómo,  en la primera edición del informe del Comité Presidencial en Estados Unidos, en el año 1981, la “Uniform Law Commision” propuso un modelo legal para la determinación de la muerte, equiparando el cese de las funciones cerebrales al cese de las funciones cardiocirculatorias o respiratorias, lo cual fue aceptado por la mayor parte de los estados de Estados Unidos.

Disparidad de criterios

Actualmente existen diversas corrientes dentro de la Comisión que sugieren que la definición establecida en 1981 debería revisarse; una propuesta que ha ido ganando adeptos pero que otros autores consideran de riesgo.

Si se produjera dicha revisión, los principales aspectos que los autores del artículo en Bloomberg consideran éticamente de riesgo son:

1.-Permitiría el diagnóstico de muerte en personas que aún tienen actividad en el hipotálamo (una región situada en la base del cerebro).

2.-Entraría a definir criterios clínicos dentro del propio documento legal.

3.-Permitiría realizar el test de apnea (una de las pruebas clínicas indispensables para confirmar la ausencia de actividad del tronco del encéfalo) sin el consentimiento informado previo de la familia del paciente.

La renuncia a considerar el modelo legal actual propuesto por la Uniform Law Commision o incluso el futuro modelo con las posibles modificaciones incorporadas, ha sido manifestada por un grupo de expertos internacionales encabezados por el doctor Alan Shewmon, profesor emérito de pediatría en UCLA, los cuales, en un comunicado conjunto de oposición a la revisión de los criterios de muerte, manifiestan que esa revisión podría conllevar la disminución de los requisitos para establecer la muerte de la persona en base a la ausencia de funciones cerebrales. Por otra parte, Shewmon plantea serias objeciones a las actuales directrices, afirmando que las mismas ya conllevan un alto riesgo de clasificar a personas como muertas, cuando no lo están. El propio Shewmon, insiste en que este posible error (confundir la muerte encefálica con una situación de coma) pudiera ser debido, entre otras causas, a un descenso del flujo sanguíneo cerebral, que no necesariamente suponga la muerte del paciente. Shewmon también ha afirmado que algunos de los pacientes que previamente habían sido diagnosticados en muerte encefálica han sobrevivido. Por último, rechaza el hecho de que el test de apnea pueda realizarse sin el consentimiento informado de la familia, argumentando el peligro que dicha técnica puede conllevar para la vida.

La disputa, ya convertida en clásica, entre la Uniform Law Commision de Estados Unidos y el grupo de científicos, bioeticistas y legisladores encabezados por el doctor Shewmon, se ha reactivado recientemente. Hace algunos años, se realizó en Washington una reunión del Comité Presidencial de Bioética de Estados Unidos. En ella, Shewmon presentó un documento titulado “Controversias en la determinación de la muerte”. En ese documento exhibió evidencias de que en pacientes diagnosticados de muerte encefálica, existían múltiples manifestaciones de actividad integrada. Para él, la mayoría de las funciones integradoras mediadas por el cerebro, no son somáticamente integradoras, sino a la inversa. Entre las funciones integradoras que este autor describe como presentes en pacientes en muerte encefálica se encontraban:

1.- Respiración; asumiendo como tal, la respiración celular, y entendiendo que la apnea que existe en los cuerpos en muerte encefálica es sólo una manifestación de la ventilación generada por el sistema respiratorio, que además puede ser suplida fácilmente de modo mecánico con sistemas de ventilación artificial.

2.- Nutrición; en los pacientes en muerte encefálica es posible mantener un estado de nutrición completamente normal, siendo el organismo capaz de metabolizar aquellos nutrientes que le son suministrados, desarrollar su metabolismo, producir energía a través de los productos nutrientes, así como generar productos de degradación del metabolismo celular y orgánico.

3.- Homeostasis.

4.- Curación de las heridas.

5.- Lucha contra las infecciones.

6.- Reacciones inmunológicas a sustancias o cuerpos extraños.

7.- Eliminación de productos de degradación celular en todos los órganos y células del organismo.

8.- Desarrollo de respuesta febril a la infección.

9.- Mantenimiento exitoso de una gestación en mujeres embarazadas diagnosticadas de muerte encefálica,

10.- Crecimiento proporcional en niños diagnosticados de muerte encefálica.

11.- Maduración sexual en niños diagnosticados de muerte encefálica.

12.- Generación de un balance energético adecuado e interrelación de los sistemas de nutrición celular, sistema endocrino, etcétera.

En los últimos años, no solo no se han generado puntos de encuentro entre la Comisión Presidencial y el grupo liderado por el doctor Shewmon, sino que se han agravado con el interés de la Comisión Presidencial para realizar cambios en los criterios de muerte en relación a la muerte encefálica.

La difícil discusión que el mundo de los conceptos conlleva, ha dificultado ese punto de unión entre ambos grupos. Probablemente ambos tienen elementos de razón, que posiblemente combinados puedan aportar un mejor panorama para el desarrollo de la correcta implantación del diagnóstico de muerte por criterios neurológicos, no solamente en Estados Unidos, sino en el resto del mundo.

Las objeciones biológicas que el profesor Shewmon presentaba, enumeradas anteriormente, no dejan lugar a dudas. Todo ese grupo de fenómenos biológicos descrito es posible encontrarlos en los pacientes que han evolucionado a muerte por criterios neurológicos. Seguramente Shewmon también llevaba razón cuando intentaba segregar el concepto de “pérdida de la integración corporal” que la Comisión Presidencial proponía como elemento clave de la persona, ya que efectivamente, tras la muerte encefálica persisten elementos que interrelacionan diversas estructuras corporales, de manera sincrónica, sin la necesidad de participación del cerebro.

Valoración bioética

Además de lo anteriormente mencionado, en esta controversia existe una visión “localista” de la muerte encefálica centrada en Estados Unidos. No podemos olvidar que, aunque la Comisión Presidencial otorgó unas normas genéricas que sugerían los cambios Eutanasia y muerte digna. La polarización política no ha ayudado al recto uso del término eutanasia. Se la quiere equiparar a una muerte digna.legislativos que debían implantarse para establecer la muerte bajo criterios neurológicos, cada uno de los estados hizo un desarrollo normativo diferente, incluso con diferencias en los criterios clínicos e instrumentales para establecer la muerte, de modo que se podía estar legalmente muerto en un estado, y legalmente vivo en otro. Es por ello que parece prudente que deban unificarse criterios que faciliten, sin abocar en el utilitarismo, el diagnóstico de la muerte de la persona bajo criterios neurológicos.

Probablemente el debate, que comenzó de manera bien intencionada el doctor Shewmon, podría zanjarse si no se centrase la discusión exclusivamente en la definición conceptual de muerte encefálica aportada por la Comisión Presidencial, sino en la que otras escuelas médicas y bioéticas, utilizan.

El empleo de criterios clínicos, en los que se realice un exhaustivo y completo examen tanto del cerebro como del tronco del encéfalo, una vez cumplidos todos los prerrequisitos previos a dichos exámenes, puede demostrar no solamente la irreversibilidad de la situación, sino la ausencia de sustrato biológico suficiente para la persistencia de la base biológica imprescindible para la persona humana. Tampoco parece acertado concentrar el concepto la “vida de la persona”, en una mera interrelación homeostática entre distintas partes de una corporalidad.

Posiblemente, la discusión sobre la muerte encefálica debería centrarse en el concepto de muerte de la persona, más que en el de muerte completa de la corporalidad o de ausencia de funciones integrativas. Aunque la distinción entre ser humano y persona humana ofrece aún un amplio debate, para constatar la muerte de la persona, debe llevarse a cabo la comprobación de la ausencia de las bases biológicas imprescindibles para el anclaje de la persona en la corporalidad, y no necesariamente se debe exigir la extinción de todos los fenómenos biológicos corporales.

 

Dr. José María Domínguez Roldán

Jefe Clinico de UCI

Hospital Universitario Virgen del Rocio

 

Saber callar, saber hablar

¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús! Hablar con valentía y decisión ante la injusticia y el atropello; callar ante la calumnia o la murmuración. ¿Qué debemos hacer para aplicar en la vida ordinaria las enseñanzas del Maestro?

I. Durante treinta años, Jesús llevó una vida de silencio; sólo María y José conocían el misterio del Hijo de Dios. Cuando vuelve de nuevo al pueblo donde había vivido, sus paisanos se extrañan de su sabiduría y de sus milagros, pues sólo habían visto en Él una vida ejemplar de trabajo.

Durante los tres años de su ministerio público vemos cómo se recoge en el silencio de la oración, a solas con su Padre Dios, se aparta del clamor y del fervor superficial de la multitud que pretende hacerle rey, realiza sus milagros sin ostentación y recomienda frecuentemente a los que han sido curados que no lo publiquen…

El silencio de Jesús ante las voces de sus enemigos en la Pasión es conmovedor: Él permaneció en silencio y nada respondió [1]. Ante tantas acusaciones falsas aparece indefenso. «Dios nuestro Salvador -comenta San Jerónimo-, que ha redimido al mundo llevado de su misericordia, se deja conducir a la muerte como un cordero, sin decir palabra; ni se queja ni se defiende. El silencio de Jesús obtiene el perdón de la protesta y excusa de Adán» [2]. Jesús calla durante el proceso ante Herodes y Pilato, y lo contemplamos en pie, sin decir palabra, ante Barrabás y delante de enemigos clamorosos, excitados, vigilantes, sirviéndose de falsos testimonios para tergiversar sus palabras. Está en pie ante el procurador. Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes, nada respondió. Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti? Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó admirado en extremo [3].

El silencio de Dios ante las pasiones humanas, ante los pecados que se cometen cada día en la Humanidad, no es un silencio lleno de ira, ni despreciativo, sino rebosante de paciencia y de amor. El silencio del Calvario es el de un Dios que viene a redimir a todos los hombres con su sufrimiento indecible en la Cruz. El silencio de Jesús en el Sagrario es el del amor que espera ser correspondido, es un silencio paciente, en el que nos echa de menos si no le visitamos o lo hacemos distraídamente.

El silencio de Cristo durante su vida terrena no es en modo alguno vacío interior, sino fortaleza y plenitud. Los que se quejan continuamente de las contrariedades que padecen o de su mala suerte, quienes pregonan a los cuatro vientos sus problemas, los que no saben sufrir calladamente una injuria, quienes se sienten urgidos a dar continuamente explicaciones de lo que hacen y lo que dejan de hacer, los que necesitan exponer las razones y motivos de sus acciones, esperando con ansiedad la alabanza o la aprobación ajena…, deberían mirar a Cristo que calla. Le imitamos cuando aprendemos a llevar las cargas e incertidumbres que toda vida lleva consigo sin quejas estériles, sin hacer partícipes de ellas al mundo entero, cuando hacemos frente a los problemas personales sin descargarlos en hombros ajenos, cuando respondemos de los propios actos sin excusas ni justificaciones de ningún tipo, cuando realizamos el propio trabajo mirando la perfección de la obra y la gloria de Dios, sin buscar alabanzas… [4].

Iesus autem tacebat. Jesús callaba. Y nosotros debemos aprender a callar en muchas ocasiones. A veces, el orgullo infantil, la vanidad, hacen salir fuera lo que debió quedar en el interior del alma; palabras que nunca debieron decirse. La figura callada de Cristo será un Modelo siempre presente ante tanta palabra vacía e inútil. Su ejemplo es un motivo y un estímulo para callar a veces ante la calumnia o la murmuración. In silencio et in spe erit fortitudo vestra, en el silencio y en la esperanza se fundará vuestra fortaleza, nos dice el Espíritu Santo, por boca del Profeta Isaías [5].

II. Pero Jesús no siempre calla. Porque existe también un silencio que puede ser colaborador de la mentira, un silencio compuesto de complicidades y de grandes o pequeñas cobardías; un silencio que a veces nace del miedo a las consecuencias, del temor a comprometerse, del amor a la comodidad, y que cierra los ojos a lo que molesta para no tener que hacerle frente: problemas que se dejan a un lado, situaciones que debieron ser resueltas en su momento porque hay muchas cosas que el paso del tiempo no arregla, correcciones fraternas que nunca se debieron dejar de hacer… dentro de la propia familia, en el trabajo, al superior o al inferior, al amigo y a quien cuesta tratar.

La Palabra de Jesús está llena de autoridad, y también de fuerza ante la injusticia y el atropello: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque exprimís las casas de las viudas con el pretexto de hacer largas oraciones… [6]. Jamás le importó ir contra corriente a la hora de proclamar la verdad.

San Juan Bautista, cuyo martirio leemos hoy en el Evangelio de la Misa [7], era voz que clama en el desierto. Y nos enseña a decir todo lo que deba ser dicho, aunque nos parezca alguna vez que es hablar en el desierto, pues el Señor no permite en ninguna ocasión que sea inútil nuestra palabra, porque es necesario hacer lo que debe hacerse, sin preocuparse excesivamente de los frutos inmediatos, ya que si cada cristiano hablara conforme a su fe, habríamos cambiado ya el mundo. No, podemos callar ante infamias y crímenes como el del aborto, la degradación del matrimonio y de la familia, o ante una enseñanza que pretende arrinconar a Dios en la conciencia de los más jóvenes… No podemos callar ante ataques a la persona del Papa o a Nuestra Señora, ante las calumnias sobre instituciones de la Iglesia cuya verdad y rectitud conocemos bien de sobra… Callar cuando debemos hablar por razón de nuestro puesto en la sociedad, en la empresa o en la familia, o sencillamente por la condición de cristianos, podría ser en ocasiones colaborar con el mal, permitiendo que se piense que «el que calla, otorga». Si los católicos hablasen cuando han de hacerlo, si no contribuyeran con una sola moneda a la difusión de la prensa o de la literatura que causan estragos en las almas, difícilmente podrían sostenerse esas empresas.

Hablar cuando debamos hacerlo. A veces, en el pequeño grupo en el que nos movemos, en la tertulia que se organiza espontáneamente a la salida de una clase, o con unos amigos o vecinos que vienen a nuestra casa a visitarnos; entre los amigos o clientes…, ante un vídeo indecente en el autobús en el que viajamos…, y desde la tribuna, si ése es nuestro lugar dentro de la sociedad. Por carta cuando sea preciso para animar con nuestro aliento o para agradecer un buen artículo aparecido en un periódico o manifestar nuestra disconformidad con una determinada línea editorial o un escrito doctrinalmente desenfocado. Y siempre con caridad, que es compatible con la fortaleza (no existe caridad sin fortaleza), con buenas maneras, disculpando la ignorancia de muchos, salvando siempre la intención, sin agresividad ni formas cerriles o inadecuadas que serían impropias de alguien que sigue de cerca a Jesucristo… Pero también con la fortaleza con que actuó el Señor.

III. Si en los momentos en que el Bautista vio en peligro su vida hubiera callado o se hubiera mantenido al margen de los acontecimientos, no habría muerto degollado en la cárcel de Herodes. Pero Juan no era así; no era como una caña que a cualquier viento se mece. Fue coherente con su vocación y con sus principios hasta el final. Si hubiera callado, habría vivido algunos años más, pero sus discípulos no serían quienes primero siguieron a Jesús, no habría sido quien preparara y allanara el camino al Señor, como había profetizado Isaías. No habría vivido su vocación y, por tanto, no habría tenido sentido su vida.

A nosotros, muy probablemente, no nos pedirá Jesús el martirio violento, pero sí esa valentía y fortaleza en las situaciones comunes de la vida ordinaria: para cortar un mal programa de televisión, para llevar a cabo esa conversación apostólica que debemos tener y no retrasarla más… Sin quedarse en quejas ineficaces, que para nada sirven, dando doctrina positiva, soluciones…, con optimismo ante el mundo y las cosas buenas que hay en él, resaltando lo bueno: la alegría de una familia numerosa, el profundo gozo que produce realizar el bien, el amor limpio que se conserva joven viviendo santamente la virtud de la pureza…

Existe un silencio cobarde, contra el que debemos luchar: el del que enmudece ante quien Dios ha puesto a su lado para que le ayude y le fortalezca en su caminar hacia Dios. Difícilmente podríamos ser valientes en la vida si no lo fuéramos en primer lugar con nosotros mismos, siendo sinceros con quien orienta nuestra alma.

Muchos de nuestros amigos, al ver que somos coherentes con la fe, que no la disimulamos ni escondemos en determinados ambientes, se verán arrastrados por ese testimonio sereno, de la misma manera que muchos se convertían al contemplar el martirio -testimonio de fe- de los primeros cristianos.

Pidamos en el día de hoy, que dedicamos especialmente a Nuestra Señora, que Ella nos enseñe a callar en tantas ocasiones en que debemos hacerlo, y a hablar siempre que sea necesario.


[1] Mc 14, 61.

 

[2] SAN JERÓNIMO. Comentario sobre el Evangelio de San Marcos, in loc.

 

[3] Mt 27, 12-14.

 

[4] F. SUÁREZ. Las dos caras del silencio, en Revista Nuestro Tiempo, nn. 297 y 298.

 

[5] Is 30, 15.

 

[6] Mt 23, 14.

 

[7] Mt 14, 1-12.

 

Meditación extraída de la serie «Hablar con Dios», Tomo IV, Sábado de la 17ª. Semana del Tiempo Ordinario por Francisco Fernández Carvajal.

 

Todos somos llamados a ser santos, aún en el mundo actual

Escrito por Silvia del Valle Márquez.

Para ser santo hay que estar enamorado de Dios y para eso debemos estar siempre con Él, ya sea en esta vida pero principalmente en la vida eterna.

Es necesario decir que hoy más que nunca, Dios nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre.

La santidad es un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte.

La santidad es el rostro más bello de la Iglesia.

Todos estamos llamados a ser testigos, a compartir con todos la acción de Dios en nuestra vida, es por esto que hay testimonios muy distintos, porque la vida divina se comunica cada uno de forma distinta.

Para ser santo no se necesita ser obispo, sacerdote, religioso o religiosa, cada uno podemos ser santos en el estado de vida al que Dios no ha llamado.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos para que busquen ser santos en el mundo actual y dar testimonio.

PRIMERO. Hay que preguntarle al Espíritu Santo qué espera Jesús de cada uno.
Es necesario que nuestros hijos se acostumbren a discernir cuál es la voluntad de Dios para ellos en cada momento de la vida y para eso debemos nosotros enseñarles a discernir.

Hay muchas formas de hacerlo, pero lo principal es que estén dispuestos a preguntarle a Dios y después a hacer lo que les pide.

A veces será por medio de sus papás, otras por algún comentario en la homilía del padre, otras veces los signos que se nos van presentando, otras veces alguna petición en particular, etc.

Lo importante es que aprendan a escuchar la voluntad de Dios y después a llevarla a cabo.

Es bueno tener en cuenta que lo que viene de Dios trae paz y alegría al corazón.

SEGUNDO. Es necesario que conozcan a Jesús para que se identifiquen con Él.
Nadie ama lo que no conoce, por eso debemos darles a conocer a Jesús y su vida terrena para que tengan ejemplo de santidad.

Jesús se hizo igual a nosotros en todo, menos en el pecado, por lo que en Él está nuestro modelo de vida. La Virgen María también es un gran modelo, pues es la persona más parecida a Jesús en toda la Tierra.

Para esto podemos echar mano de los recursos didácticos que existen en internet, ya sean videos, cantos, juegos, dibujos para colorear, etc. Para que sea algo agradable, divertido y cercano a nuestros hijos.

TERCERO. Deben esforzarse en cuerpo y alma.
En empeño de ser santo implica una batalla constante y continua contra nosotros mismos y contra lo que el mundo nos presenta, por eso nuestros hijos deben comprenderlo para que estén dispuestos a librar esta batalla.

Si los enseñamos desde pequeños a vencerse a sí mismos en las cosas pequeñas, cuando lleguen las cosas más grandes, esas que con los años nos van agobiando, serán capaces de librar la batalla por ella mismos y podrán usar las armas espirituales que le hemos proporcionado.

Por eso es bueno que les acerquemos los sacramentos en el tiempo adecuado, que les enseñemos a rezar el Rosario y que lo hagan constantemente, que sepan que también existen ejemplos de otras personas que lograron vivir conforme a lo que Dios les pidió, que son los santos y que pueden seguir su ejemplo y camino de santidad.

Si les vamos dando a conocer las bodas de diferentes santos podrán ellos también escoger las que más les gusten y las podrán tomar como camino de vida, siempre tomando las virtudes de ellos y llevándolas a su vida cotidiana.

CUARTO. Que se pongan pequeñas metas alcanzables.
Cómo esto de la santidad es un proceso, es bueno que nuestros hijos comprendan que es día con día.

Así que podríamos ayudarles con actividades y calendarios donde vayan anotando sus logros y ofreciéndolos a Dios, por ejemplo, en tiempo de adviento o cuaresma acostumbren a seguir un calendario con actividades que les ayuden a prepararse.

En tiempo ordinario podemos poner un recipiente vacío y uno con cuentas para que cada vez que cumplen una meta, o cuando logran vencer alguna tentación así, físicamente pueden ofrecer sus acciones y también las pueden hacer conscientes.

Con esto pueden hacer conciencia que la santidad se alcanza con actos concretos.

Y QUINTO. Que no tengan miedo a la santidad.
A veces pensamos que ser santos implica ser serios, ser perfectos o que nos va a quitar la alegría y nuestra energía, pero en realidad no es así.

Por el contrario la santidad nos ayuda a ser plenos porque estamos cumpliendo la misión que Dios nos ha encomendado, nos ayuda a tener más energía o estar más animados en nuestro día porque tenemos la motivación de agradar a Dios y de dar testimonio.

Así que hagamos de la santidad un estilo de vida para que nuestros hijos vean la santidad como algo deseable y que trabajen por alcanzarlo.

Lo que es una realidad es que para ser santo hay que estar enamorado de Dios y por eso queremos estar siempre con Él, ya sea en esta vida pero principalmente en la vida eterna.

 

 

Todos los Santos y la venta de flor cortada

Con la festividad de Todos los Santos y el siguiente día, el de los Difuntos, los españoles elegimos las flores como un símbolo de respecto y recuerdo que llevar a las tumbas de los seres queridos. Este hecho supone las ventas de flor cortada entre un 15-20% de las realizas durante todo el año, dato aportado por el presidente del Comité de Flor y Planta de FEPEX, Juan Daniel Marichal, siendo los crisantemos y las rosas las variedades más demandadas.

Claveles, lirios, azucenas, calas… son también muy demandadas por los consumidores que adquieren flores de forma puntual en esta festividad, mientras que las personas en las que tiene más arraigo la tradición de llevar flores a las tumbas, y lo hacen en distintas ocasiones a lo largo del año, con motivo de estas festividades (Todos los Santos y Día de Difuntos) prefieren adquirir variedades diferentes a las habituales y optan por variedades como el anthurium o las orquídeas. También se observa una tendencia a comprar productos más elaborados, mientras que antes se compraba la flor cortada y se colocaba directamente en las tumbas, ahora se busca un producto más elaborado, arreglos florales y diversas composiciones, según FEPEX.

Las flores son excelentes mensajeras de nuestras emociones. No es por casualidad que en los hitos más importantes de nuestras vidas siempre estén presentes las flores y plantas. Compartir y regalar flores y plantas es un poderoso acto de comunicación hacia los que más queremos y con todos aquellos que nos rodean, destacan desde la campaña Europa Florece, impulsada por FEPEX, que tiene como objetivo divulgar los beneficios para el bienestar que aportan flores y plantas, entre ellos la capacidad de comunicar sentimientos.

Me parece importante recordar también que el inicio de la celebración de Todos los Santos, el día 1 de noviembre, se sitúa en el siglo IX, bajo el papado de Gregorio III quién estipuló tal día en el calendario religioso para una festividad que ya venía celebrándose siglos atrás para conmemorar a los mártires.  El cuándo se comenzó a llevar flores a las tumbas no está tan definido en el tiempo, si bien un equipo internacional de arqueólogos dio a conocer, en 2013, el hallazgo de restos de flores coloridas y plantas aromáticas en enterramientos de entre 11.000 y 13.000 años de antigüedad en Israel. En este mismo estudio, se destacaba que  las flores son fuentes externas de estímulos emocionales que impactan en las relaciones sociales humanas y que en algunas religiones son consideradas el camino directo para comunicarse espiritualmente. A las flores, entre los cristianos, están muy unidas las oraciones por los difuntos en especial estos días.

Jesús Domingo

 

 

"Enfermedad del cansancio"

Con un mensaje centrado en la preocupación por los efectos de la pandemia del Covid-19, concluyó en Roma el domingo 26 de septiembre, hace un mes, la asamblea del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, celebrada con ocasión de su 50 aniversario. Inaugurada días atrás por el Papa Francisco con una contundente homilía sobre lo que consideró la "enfermedad del cansancio" de Europa, los obispos europeos destacan en su mensaje que lo esencial es redescubrir la confianza como condición indispensable para mirar hacia el mañana. Para los cristianos, el motivo de esa confianza es Jesucristo, que está presente entre nosotros en la Eucaristía y que nos invita a salir de nuestros recintos.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Frente al cansancio de Europa

Tras mostrar su gratitud a los sanitarios y otros profesionales y voluntarios, los obispos europeos, desde la asamblea del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, exigen que las vacunas lleguen a todo el mundo sin dejar a nadie atrás, como tantas veces ha reclamado el Papa Francisco. Aunque esta asamblea episcopal se ha ocupado especialmente de la pandemia, sin olvidar situaciones de conflicto como la de Bielorrusia, el encuentro se enmarcó en la permanente preocupación de la Iglesia por el devenir de Europa donde, como destacó el Papa Francisco en su homilía, los templos se vacían y Jesús es cada vez más olvidado. Frente al cansancio de Europa, los cristianos no podemos permanecer cómodamente en nuestros ámbitos de seguridad. Lo que importa ahora es volver a mostrar el rostro siempre joven de Jesús a través del testimonio y de la entrega gratuita a los demás.

Juan García. 

 

 

¡¡QUE SEAN BORRADOS SUS NOMBRES!!

 

                                Cuesta mucho trabajo, pero la verdad, se va abriendo camino y con paciencia y estudios, se llega a ella, al menos en lo que a la historia se refiere. El grito con que titulo hoy, se debe a algunos de los más potentes y endiosados faraones; que tras destronar al anterior y tenerlo “muerto y sepultado”; sentado ya en tan codiciado trono; gritaban a sus siervos más cercanos a su trono y dispuestos a cumplir las órdenes que les diera “su nuevo dueño”… ¡¡Que sean borrados sus nombres!! Y seguidamente “una legión de picapedreros”, se dedicaba a borrar “de las piedras históricas”; los nombres que “el nuevo tirano quería que desaparecieran, incluso superponiendo el suyo a las obras que otros hicieron”; luego y como el tiempo “lo borra todo”, desapareció hasta tan pomposa civilización, de la que sólo quedaron, “las piedras asombrosas que dejaron y en ellas, unos jeroglíficos grabados que nadie entendía; hasta que llegó Napoleón, que inteligentemente se hizo acompañar de un buen equipo de “los sabios” de su tiempo y de Francia; y uno de ellos, descubrió, “la piedra Rosetta (1)”, la que al estar grabada con escritos en tres idiomas y entre ellos el de los jeroglíficos, fue la clave para entender aquel rico idioma; el que gracias a la arqueología e innumerables papiros guardados y/o nuevamente descubiertos, se ha sabido la verdadera historia; los que fueron grandes y los que no lo fueron; por tanto, riámonos abiertamente, de “los nuevos y enanos faraoncillos, que quieren borrar de la historia, al que posiblemente y cuando llegue su tiempo, pudiera ser catalogado, como el hombre más notable de todo el siglo en que vivió, o sea Francisco Franco Bahamonde, más conocido, por Franco”. El que con todo lo negativo y positivo de sus gobiernos, la “fría historia lo catalogará”; y como hoy; “las ciencias avanzan que es una barbaridad”, como ya se cantó en una zarzuela¸ pues veamos ya algunos indicios de, personajes, para unos, “malditos y para otros dioses o casi divinos”; dependiendo de cada cual, “y lo que le reportara el tal”.

            “TITO JOSIP BROZ MARISCAL Y FUNDADOR DE YUGOSLAVIA: Publicaba el diario ABC del 06-01-2004 en páginas interiores (nº 6) y para disimular el que en realidad debiera haber sido un hecho relevante y a destacar en la prensa mundial, lo siguiente. Bien es cierto que al parecer, ninguna otra prensa, radio o TV españoles dijeron “ni pío”. Sintetizaban así la noticia en un recuadro: Revista de prensa: “Tito, el croata más insigne”. El semanario Nacional de Zagreb, en su última edición, publica en portada una foto del mariscal Josip Broz Tito (1892-1980) bajo el título de “Tito, el croata más insigne” de la historia. Se trata del resultado de una encuesta organizada por este medio informativo sobre cuál de los personajes del mundo político, científico, militar, cultural y deportivo de la historia croata, es considerado por la opinión pública como el más destacado y representativo. “En la encuesta que duró cinco semanas, participaron 7.779 personas, de las cuales 2.055 votaron a Josip Broz Tito, comandante partisano en la guerra contra la ocupación nazi (1941-1945) y líder comunista fundador de la Federación  Socialista de Yugoslavia, de la cual fue presidente desde 1945 hasta su muerte. Hoy siguen avenidas, calles, plazas, etc. recordando a tal gobernante, el que una vez muerto; todos sabemos la que se “lió” en su acertado país balcánico, y los ríos de sangre que allí corrieron; y que seguro correrán, tan pronto se deje de tutelarlos o controlarlos. Que cada cual valore estos hechos, “en un país de ahí al lado”.

            También en el diario ABC del 08-08-2021, donde aparece la página 66 completa dedicada al personaje, incluida foto; recojo y copio lo siguiente: “Hallan nuevos documentos sobre el archivo secreto de Mussolini (titulares) En Predappio, su ciudad natal, evocan la memoria del Duce, cuya cripta vuelve a ser una atracción turística. “Y con la manifestación autorizada para conmemorar el 138 aniversario de su nacimiento”. O sea que en Italia, autorizan, “estas cosas al que fuera considerado como uno de los cocos que padecieron los italianos”: ¡Y no pasa nada, la Italia de hoy y como siempre sabe vivir sola y sigue su marcha, como pueblo viejo y sabio que es y que, “le canta la tarantela”, a todos los que fueron, son y serán sus gobernantes; felicito ello a ese pueblo sabio y del que podemos aprender muchas cosas: no de sus gobiernos, que como en todos, son  “otra cosa” más bien deleznable.

            En los amplísimos territorios que ocuparan, “la temida” “URSS” (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) Desde “la momia” de Lenin, que se sigue “venerando” en la que fuera la capital y que sigue siéndolo hoy de la inmensa Rusia; hasta a repúblicas hoy independientes, se siguen “respetando”, estatuas de Stalin, Lenin y no sé si de otros destacados dirigentes de “aquellos tiempos”; en que algunos de ellos, también, enseñorean estatuas de Tamerlán o Gengis Kan; simplemente asumen su historia, con todos sus hechos.; simplemente asumen su historia, con todos sus hechos.     Y por último, veamos hoy mismo, a la también hoy muy poderosa China, como mantiene una monumental reproducción de la efigie del tan famoso Mao; ante la puerta principal de “La ciudad prohibida”; sede que fuera de los “intocables” emperadores chinos (palacio que dicho sea de paso, han reconstruido con todo detalle y hoy brilla casi igual que en su mejor esplendor) ¡Y no pasa nada! Los chinos, reconocen su historia y la reflejan en aquello que les interesa, pero sin ocultar nada, de ese personaje que en su tiempo, “también los trató a palos”.

            Y aquí en España que ocurre; pues que incluso quieren arbitrar leyes, para que ni se pueda “hablar de Franco”; y si pudieran algunos, “dinamitaban, volando El Valle de los Caídos” (los pantanos y la mucha obra social que mandó hacer y que está ahí, de eso nadie habla) como tampoco de estudios que se hacen en prestigiosas universidades de la actualidad, sobre su “época”; sólo les interesa “a los que dicen gobernar”; la parte negra de su historia (“que también la tuvo”); pero tampoco hablan, de “la gran inutilidad que representa hoy mismo, el estado social y económico de España, que es de pena”.

                        Así es que. ¡No sean borrados sus nombres! Mejor que sean estudiados sus hechos con toda verdad y que se les dé, el valor que merecen cada uno; pues esa es la verdadera historia y la que debe servirnos para no repetir lo denigrante de la misma: Amén.

(1) La encontró un soldado de Napoleón; había servido de material de construcción para un fuere. Hoy se encuentra en el Museo Británico.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes