Las Noticias de hoy 28 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 28/10/2021 - 12:15

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 28 de octubre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Espíritu cambia el corazón, la burocracia de lo sagrado aleja

El Papa celebrará la Misa por la XXXVI JMJ diocesana

Ángelus del Papa: "Pidamos todo a Jesús rezando con la fe del ciego Bartimeo"

SAN SIMÓN Y SAN JUDAS, APÓSTOLES* : Francisco Fernandez Carbajal

28 de octubre: Santos Simón y Judas Apóstoles

“Al olvido de sí se llega por la oración” : San Josemaria

Los frutos de la acción del Espíritu Santo

Querer ser hijos, abrirnos a un hogar

Mons. Ocáriz: “Querría que la Obra fuese como una gran catequesis para mucha gente”

Santificar con el trabajo : Javier López 

Dolor en clave cristiana : Mario Arroyo.

Encuentro, escucha, discernimiento : Ramiro Pellitero

¿Por qué bautizar a los niños? ¿No es mejor esperar a que ellos decidan? : primeroscristianos

Antropología digital: la necesidad de integrar la visión femenina : Nuria Chinchilla

Remedios urgentes para la mejora social : Ana Teresa López de Llergo

¿Por qué mentimos? : Lucía Legorreta

No se puede entender “la alimentación sin productos cárnicos” : Jesús Domingo Martínez

Herramienta para la fraternidad : Jesús Domingo Martínez

Adversaria y sin embargo aliada necesaria : Juan García. 

Pensiones, pensioncillas, sueldos y limosnas : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

El Espíritu cambia el corazón, la burocracia de lo sagrado aleja

En su catequesis de la audiencia general de este último miércoles de octubre el Papa Francisco reflexionó sobre la tentación "de los nuevos fundamentalistas", que pretenden encerrar la vida cristiana en una lista de preceptos, buscando seguridades en ellos, en lugar de abrirse a la libertad y a la novedad del amor de Dios, el único que trae los dones de la paz y la alegría a la vida humana

Vatican News

El Santo Padre celebró esta mañana la acostumbrada audiencia general, en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, ante la presencia de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países. En 13º su catequesis sobre la Carta de San Pablo a los gálatas abordó el tema de “El fruto del Espíritu”. Y, de hecho, antes de que el Papa ofreciera sus palabras, se leyó, a modo de introducción, un pasaje de esta Carta (Gal 5, 22-24):

“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias”

Tras dar los buenos días a los queridos hermanos y hermanas presentes en esta audiencia, Francisco comenzó recordando que “la predicación de San Pablo gira en torno a Jesús y su Misterio Pascual”. Y destacó que el Apóstol, de hecho, se presenta “como heraldo de Cristo, y de Cristo crucificado”, mientras a los gálatas, “tentados de basar su religiosidad en la observancia de preceptos y tradiciones”, les recordó “el centro de la salvación y de la fe”, a saber: “la muerte y la resurrección del Señor”. A lo que añadió textualmente:

“¿Quién les ha encantado para alejarlos de Cristo Crucificado? Es un mal momento en Gálatas...”

Volver a lo esencial

Incluso hoy en día, prosiguió diciendo Francisco, “muchos buscan la certeza religiosa antes que al Dios vivo y verdadero, centrándose en rituales y preceptos en lugar de abrazar al Dios del amor con todo su ser.

“Y esta es la tentación de los nuevos fundamentalistas, ¿no?, los que parecen tener miedo de avanzar, y vuelven atrás porque se sienten más seguros: buscan la seguridad de Dios y no el Dios de la seguridad... Por eso Pablo pide a los gálatas que vuelvan a lo esencial, volver a Dios, a lo esencial, no a las seguridades de Dios: a lo esencial, a Dios que nos da la vida en Cristo crucificado”

El Santo Padre invitó a dar “un paso más” guiados por San Pablo. E invitó a preguntarnos: “¿Qué ocurre cuando nos encontramos con Jesús Crucificado en la oración?”. Sucede, respondió Francisco, “lo que ocurrió bajo la Cruz”, es decir, que “Jesús entrega el Espíritu”, o sea que “da su propia vida”. “Y el Espíritu, que brota de la Pascua de Jesús, es el principio de la vida espiritual”, puesto que es Él quien “cambia el corazón: ¡no nuestras obras, sino la acción del Espíritu Santo en nosotros! Es él quien guía a la Iglesia, y nosotros estamos llamados a obedecer su acción, que extiende dónde y cómo quiere”.

“El Evangelio está destinado a todos y no a unos pocos privilegiados”

Tras reflexionar acerca de que “fue precisamente la constatación de que el Espíritu Santo descendía sobre todos y que su gracia actuaba sin exclusión lo que convenció, incluso a los más reacios, de que el Evangelio de Jesús estaba destinado a todos y no a unos pocos privilegiados”, el Papa agregó:

“Y los que buscan la seguridad, el pequeño grupo, las cosas claras como entonces, viven ‘como entonces’, se alejan del Espíritu, no dejan que la libertad del Espíritu entre en ellos. Así, la vida de la comunidad se regenera en el Espíritu Santo; y es siempre gracias a Él que alimentamos nuestra vida cristiana y llevamos adelante nuestra lucha espiritual”

Comportamiento “enfermizamente” humano

De Pablo Francisco recordó que “enumera” “las obras de la carne, que se refieren al uso egoísta de la sexualidad, a las prácticas mágicas que son idolatría y a lo que socava las relaciones interpersonales, como “discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias”:

“Todo esto es fruto – por así decirlo – de la carne, de un comportamiento sólo ‘humano’, ‘enfermizamente humano’. Porque un humano tiene sus valores, pero esto es ‘enfermizamente’ humano. El fruto del Espíritu, en cambio, es ‘amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí’”

Francisco también dijo que “puede ser un buen ejercicio espiritual leer la lista de San Pablo y mirar la propia conducta, para ver si se corresponde, si nuestra vida es realmente según el Espíritu Santo, si lleva estos frutos. Estos frutos de amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí mismo: ¿Mi vida lleva estos frutos? ¿Es el Espíritu quien da?

No olvidar la fecundidad original del amor

Asimismo, dijo el Papa, a modo de ejemplo, que “los tres primeros enumerados son el amor, la paz y la alegría: desde aquí se reconoce a una persona habitada por el Espíritu Santo”. Y añadió que esta enseñanza del Apóstol “supone también un gran reto para nuestras comunidades. Sin embargo, “no se puede captar la belleza de la fe en Jesucristo partiendo de demasiados mandamientos y de una visión moral que, desarrollándose en muchas corrientes, puede hacernos olvidar la fecundidad original del amor”, alimentado “de oración que da la paz y de testimonio alegre”.

“Y cuántas veces nosotros mismos, los sacerdotes o los obispos, hacemos tanta burocracia para dar un sacramento, para acoger a la gente, que la gente dice: ‘No, esto no me gusta’, y se va, y no ve en nosotros, muchas veces, la fuerza del Espíritu que regenera, que nos hace nuevos a todos”

Por lo tanto, concluyó su catequesis el Papa, afirmando que “tenemos la gran responsabilidad de anunciar a Cristo crucificado y resucitado, animados por el soplo del Espíritu de amor. Porque sólo este amor tiene el poder de atraer y cambiar el corazón del hombre”.

Al saludar en nuestro idioma a los fieles y peregrinos presentes y a los que seguían su catequesis a través de los medios de comunicación Francisco les dijo:

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a hacer este pequeño ejercicio, relean la lista de los frutos del Espíritu Santo que encontramos en Gálatas 5, 22-23. Vean si se corresponden con la propia existencia, es decir, si nuestra vida se ha dejado configurar con Cristo, al que contemplamos muerto y resucitado, en la imagen de la cruz y en el misterio de la Eucaristía; si se ha dejado trasformar por el Espíritu para ser ella misma eucaristía, don y acción de gracias, para gloria de Dios y salvación de las almas. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias”

Sí a la vida

A los peregrinos polacos el Pontífice les recordó que a petición de la fundación polaca “Sí a la vida”, bendijo hoy las campanas que llevan el nombre: "La voz de los no nacidos". Y tras explicar que están destinadas a Ecuador y Ucrania, el Papa manifestó su deseo:

“Que para estas naciones y para todos, sean un signo de compromiso en favor de la defensa de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. Que su sonido anuncie al mundo el ‘Evangelio de la vida’, despierte las conciencias de los hombres y el recuerdo de los no nacidos. Encomiendo a sus oraciones cada niño concebido, cuya vida es sagrada e inviolable. Los bendigo con todo mi corazón”

Por último, antes de rezar el Padrenuestro en latín el Santo Padre dio su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana. Saludó a la Fundación San Vito de Mazara del Vallo, a la Asociación Diversa-Mente y a la comunidad esrilanquesa de la ciudad de Nápoles. Por último, como siempre, Francisco dirigió su pensamiento a los ancianos, enfermos, jóvenes y recién casados presentes. A todos ellos los animó a testimoniar el mensaje de salvación evangélica que los Santos Apóstoles Simón y Judas, cuya fiesta celebraremos mañana, testimoniaron con su vida.

 

El Papa celebrará la Misa por la XXXVI JMJ diocesana

El Pontífice presidirá la Santa Misa en la Basílica de San Pedro con motivo de la XXXVI Jornada Mundial de la Juventud 2021, que se celebrará a nivel diocesano el 21 de noviembre en las Iglesias locales de todo el mundo.

Vatican News

El próximo 21 de noviembre, XXXIV domingo del Tiempo Ordinario y Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, el Papa Francisco presidirá la Santa Misa con motivo de la celebración de la XXXVI Jornada Mundial de la Juventud 2021, que se celebrará a nivel diocesano en todas las iglesias del mundo. Así lo da a conocer la Oficina de Celebraciones Litúrgicas Pontificias y lo publica la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Esta celebración se suma a las otras cuatro ya anunciadas por la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice:

 

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El martes 2 de noviembre Francisco acudirá al Cementerio Militar Francés de Roma donde celebrará la misa a las 11 de la mañana en la conmemoración de todos los fieles difuntos.  

El jueves 4, en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro a las 11 horas, el Obispo de Roma presidirá la misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el año.

El viernes 5 de noviembre, el Santo Padre acudirá a la sede de la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Roma donde celebrará, a las 10.30 horas, una misa con motivo del 60º aniversario de la inauguración de la Facultad de Medicina y Cirugía.

El domingo 14 de noviembre,  la celebración eucarística presidida por el Pontífice en la Basílica de San Pedro a las 10.00 de la mañana, con motivo de la 5ª Jornada Mundial de los Pobres sobre el tema: "A los pobres los tienen siempre con ustedes”. (Mc 14,7).

 

Ángelus del Papa: "Pidamos todo a Jesús rezando con la fe del ciego Bartimeo"

A la hora del rezo del Ángelus dominical, el Papa Francisco alentó a los fieles y peregrinos a seguir el ejemplo de oración valiente e insistente del ciego Bartimeo, a quien Jesús devuelve la vista cuando estaba saliendo de Jericó. El Santo Padre invitó a todos a rezar a Dios como lo hizo este hombre ciego de tanta fe, repitiendo sus palabras “Hijo de David, Jesús, ¡ten compasión de mí!”; y también a preguntarnos con sinceridad ¿cómo es nuestra oración?

 

Ciudad del Vaticano

El domingo 24 de octubre, el Papa Francisco rezó la oración mariana de Ángelus asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano.

Ante la presencia de los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Santo Padre comentó el Evangelio dominical (san Marcos, de 10,46-52) que relata el momento en el que Jesús, saliendo de Jericó, devuelve la vista a Bartimeo: un ciego que mendiga a lo largo del camino.

El ciego Bartimeo llama con fuerza a Jesús

Francisco hizo hincapié en que este encuentro es muy importante, ya que se trata del último antes de la entrada del Señor en Jerusalén para celebrar la Pascua.

 

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En este sentido, el Pontífice resaltó la actitud de Bartimeo, que aunque había perdido la vista, usa su voz y su gran fe para llamar la atención del Maestro que camina por las calles, y comienza a gritar: «Hijo de David, Jesús, ¡ten compasión de mí!» (v. 47). Los discípulos y la multitud se molestan por sus gritos y tratan de hacerlo callar, pero él no se rinde y grita con todas sus fuerzas, logrando así que Jesús lo escuche y se detenga de inmediato.

Dios escucha siempre el grito del pobre -aseveró Francisco- y no se molesta en absoluto por la voz de Bartimeo. Es más, constata que está llena de fe, una fe que no teme en insistir, en llamar al corazón de Dios, a pesar de las incomprensiones y las reprimendas. Y aquí se encuentra la raíz del milagro. De hecho, Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado» (v. 52).

Rezar y confiar en Dios

Otro de los puntos destacados por el Papa es el hecho de que la fe de Bartimeo "se trasluce de su oración", con un estilo sencillo, sin miedo a compartir su drama con el Señor: 

“Bartimeo no usa muchas palabras. Dice lo esencial y se confía en el amor de Dios, que puede hacer volver a florecer su vida cumpliendo aquello que es imposible a los hombres. Por esto no pide al Señor una limosna, sino manifiesta todo, su ceguera y su sufrimiento, que iba más allá del no poder ver. La ceguera era la punta del iceberg, pero en su corazón había otras heridas, humillaciones, sueños rotos, errores, remordimientos”

Preguntémonos... ¿Cómo es nuestra oración?

Siguiendo el modelo y coraje de la oración de Bartimeo, Francisco invitó a todos a rezar como este hombre ciego de tanta fe, repitiendo sus palabras “Hijo de David, Jesús, ¡ten compasión de mí!” y también a preguntarnos ¿cómo es nuestra oración?

“¿Es valiente, tiene la insistencia buena de aquella de Bartimeo, sabe “aferrar” al Señor mientras pasa, o se conforma en hacerle un saludo formal de vez en cuando, cuando me acuerdo? Y también: ¿mi oración es sustanciosa, descubre el corazón delante del Señor? ¿Le presento la historia y los rostros de mi vida? O es anémica, superficial, ¿hecha de rituales sin afecto y sin corazón?”

Jesús todo lo puede

Asimismo, el Santo Padre puntualizó que cuando la fe es viva, la oración es sentida: "no mendiga centavos, no se reduce a las necesidades del momento". Por ello, podemos pedir a Jesús todo, porque Él todo lo puede:

“Jesús está impaciente en derramar su gracia y su alegría en nuestros corazones, pero lamentablemente somos nosotros los que mantenemos las distancias, por timidez, flojera o incredulidad”

El Papa concluyó su alocución invitándonos a seguir el ejemplo de Bartimeo con su fe concreta, insistente y valiente: "Que Nuestra Señora, Virgen orante, nos haga dirigirnos a Dios con todo el corazón, con la confianza que Él escucha atentamente toda oración".

 

SAN SIMÓN Y SAN JUDAS,
APÓSTOLES*

Fiesta

— Los Apóstoles no buscaron su gloria personal, sino llevar a todos el mensaje de Cristo.

— La fe de los Apóstoles y nuestra fe.

— Amor a Jesús para seguirle de cerca.

I. El Señor, que no tenía necesidad de que nadie diera testimonio de Él1, quiso, sin embargo, elegir a los Apóstoles para que fueran compañeros en su vida y continuadores de su obra después de su muerte. En las primeras expresiones del arte cristiano nos encontramos con frecuencia a Jesús rodeado por los Doce, formando con Él una familia inseparable. No eran estos discípulos de la clase influyente de Israel ni del grupo sacerdotal de Jerusalén. No eran filósofos, sino gentes sencillas. «Es una eterna maravilla ver cómo estos hombres extendieron por el mundo un mensaje opuesto radicalmente en sus líneas esenciales al pensamiento de los hombres de su tiempo, ¡y desgraciadamente, también al de los del nuestro!»2.

Con frecuencia manifiesta el Evangelio el dolor de Jesús por la falta de comprensión de aquellos a quienes confiaba sus pensamientos más íntimos: ¿Aún estáis sin conocimiento ni inteligencia? ¿Aún está vuestro corazón cegado? ¿Tenéis ojos y no veis? ¿Tenéis oídos y no oís?3. «No eran cultos, ni siquiera muy inteligentes, al menos en lo que se refiere a las realidades sobrenaturales. Incluso los ejemplos y las comparaciones más sencillas les resultaban incomprensibles, y acudían al Maestro: Domine, edissere nobis parabolam (Mt 13, 36), Señor, explícanos la parábola. Cuando Jesús, con una imagen, alude al fermento de los fariseos, entienden que les está recriminando por no haber comprado pan (cfr. Mt 16, 67) (...). Estos eran los Discípulos elegidos por el Señor; así los escoge Cristo; así aparecían antes de que, llenos del Espíritu Santo, se convirtieran en columnas de la Iglesia (cfr. Gal 2, 9). Son hombres corrientes, con defectos, con debilidades, con la palabra más larga que las obras. Y, sin embargo, Jesús los llama para hacer de ellos pescadores de hombres (Mt 4, 19), corredentores, administradores de la gracia de Dios»4.

Los Apóstoles elegidos por el Señor eran muy diferentes entre sí; sin embargo, todos manifiestan una fe, un mensaje... No debe sorprendernos que nos hayan llegado tan pocas noticias de la mayoría de ellos, pues lo que les importaba era dar un testimonio cierto sobre Jesús y la doctrina que de Él recibieron: son el «sobre», cuya única misión es la de transmitir el papel donde va escrito el mensaje, en imagen alguna vez utilizada por San Josemaría Escrivá para hablar de la humildad; solo desean ser instrumentos delante del Señor: lo importante es el mensaje, no el sobre.

De los dos grandes Apóstoles, Simón y Judas Tadeo, cuya fiesta celebramos hoy, apenas nos han llegado unas pocas noticias: de Simón solo sabemos con certeza que fue elegido expresamente por el Señor para formar parte de los Doce; de Judas Tadeo conocemos además que era pariente del Señor, que formuló a Jesús una pregunta en la Última Cena Señor, ¿qué ha pasado para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?5- y que, según la tradición eclesiástica, es el autor de una de las Epístolas católicas. Desconocemos dónde fueron enterrados sus cuerpos y no sabemos bien las tierras que evangelizaron. No se preocuparon de llevar a cabo una tarea en la que sobresalieran sus dotes personales, sus conquistas apostólicas, los sufrimientos que padecieron por el Maestro. Por el contrario, procuraron pasar ocultos y dar a conocer a Cristo. En esto hallaron la plenitud y el sentido de sus vidas. Y, a pesar de sus condiciones humanas, escasas para la misión para la que fueron elegidos, llegaron a ser la alegría de Dios en el mundo.

Nosotros podemos aprender a encontrar la felicidad en cumplir, calladamente, la labor y la misión que el Señor nos ha encomendado en la vida. «Te aconsejo que no busques la alabanza propia, ni siquiera la que merecerías: es mejor pasar oculto, y que lo más hermoso y noble de nuestra actividad, de nuestra vida, quede escondido... ¡Qué grande es este hacerse pequeños!: “Deo omnis gloria!” toda la gloria, para Dios»6.

Así seremos verdaderamente eficaces, pues «cuando se trabaja única y exclusivamente por la gloria de Dios, todo se hace con naturalidad, sencillamente, como quien tiene prisa y no puede detenerse en “mayores manifestaciones”, para no perder ese trato irrepetible e incomparable- con el Señor»7. «Como quien tiene prisa», así hemos de pasar de una labor a otra, sin detenernos demasiado en consideraciones personales.

II. Los Apóstoles fueron testigos de la vida y de las enseñanzas de Jesús, y nos transmitieron con toda fidelidad la doctrina que habían oído y los hechos que habían visto. No se dedicaron a difundir teorías personales, ni remedios sacados de la propia experiencia: Os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino porque hemos sido testigos oculares de su majestad8, escribe San Pedro. San Juan nos dice con insistencia: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la Vida (...) os lo anunciamos a vosotros9. Y San Lucas, que no sabemos si recibió una enseñanza directa del Señor, afirma que va a describir por su orden desde el origen todos los sucesos de la vida de Cristo conforme nos los tienen referidos los que desde el principio fueron testigos de vista y ministros de la palabra10. De aquella primera comunidad cristiana de Jerusalén conocemos que perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles11. La enseñanza de los Doce, no la libre interpretación de cada uno, ni la autoridad de los sabios, es el fundamento de la fe cristiana.

La voz de los Apóstoles es el eco diáfano de las enseñanzas de Jesús, que resonará hasta el fin de los siglos: su corazón y sus labios desbordan veneración y respeto por sus palabras y por su Persona. Un amor que hace exclamar a Pedro y a Juan, ante las amenazas del Sanedrín: nosotros no podemos dejar de decir de lo que hemos visto y oído12.

Esa misma fe es la que, de generación en generación, custodiada por el Magisterio de la Iglesia, con la asistencia continua del Espíritu Santo, ha llegado hasta nosotros. En estas verdades ha habido y continúa existiendo un desarrollo y crecimiento como el de la semilla que llega a ser un gran árbol. La Iglesia es el canal por el que nos llega, enriquecida por la gracia divina, la enseñanza de Cristo13. Esta es la que nosotros debemos dar a conocer en la catequesis, en el apostolado personal, los sacerdotes en su predicación...

Muchos siglos nos separan de los Apóstoles que hoy celebramos. Sin embargo, la Luz y la Vida de Cristo que ellos predicaron al mundo sigue llegando hasta nosotros. «¡La luz de Cristo no se extingue! Los Apóstoles transmitieron esta luz a sus discípulos y estos a los suyos, hasta llegar a nosotros a través de los siglos y hasta el fin de los tiempos. Por cuántas y cuán distintas manos ha pasado esta luz (...). A todos les debemos un gran reconocimiento. También para nosotros, la grey que en estos días se acerca a sus pastos, tiene Él previstos maestros, pastores y sacerdotes. Él obra por sus pobres brazos la maravilla de nuestra salvación. Él cuida de nosotros con amor divino. Todas las estrellas traen de Él su resplandor. Todos los mares le cantan. Todos los cielos le alaban»14. No dejemos de hacerlo nosotros.

III. Simón y Judas Tadeo, como el resto de los Apóstoles, tuvieron la inmensa suerte de aprender de labios del Maestro la doctrina que luego enseñaron. Compartieron con Él alegrías y tristezas. ¡Qué santa envidia les tenemos! Muchas cosas las aprendieron en la intimidad de su conversación para transmitirlas luego a los demás: Lo que os he susurrado al oído, predicadlo por encima de los tejados15. Ningún milagro les había de pasar inadvertido, ninguna lágrima y ninguna sonrisa dejaría de tener importancia. Son los testigos, los transmisores. Los Doce consideraban esta íntima unión con el Maestro tan esencial que cuando han de completar el número, después de la defección de Judas, pusieron una única condición indispensable: Es necesario, por tanto, que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo en que el Señor Jesús vivió con nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que partió de entre nosotros, uno de ellos sea constituido con nosotros testigo de su Resurrección16.

Estos hombres estuvieron con Jesús en las fatigas del apostolado, en el descanso cuando Él les enseñaba con voz pausada los misterios del Reino, en las caminatas agotadoras bajo el sol... Compartieron con Él las alegrías cuando las gentes respondían a su predicación, y las penas al ver la falta de generosidad de otros para seguir al Maestro. «¡Con qué intimidad se confiaban a Él, como a un padre, como a un amigo, casi como a su propia alma! Le conocían por su noble porte, por el cálido tono de su voz, por su manera de partir el pan. Se sentían inundados de luz y estremecidos de alegría, cuando sus ojos profundos se posaban sobre ellos y la voz de Él vibraba en sus oídos. Enrojecían, cuando los reprendía por su pobreza de espíritu, y cuando los corregía, humillaban sus rostros curtidos por los años como niños atrapados en una falta... Se sentían profundamente impresionados, cuando les hablaba una y otra vez de su Pasión. Amaban a su Maestro, y le seguían no solo porque querían aprender sus doctrinas, sino sobre todo porque le amaban»17.

Pidamos hoy a estos Santos Apóstoles, Simón y Judas, que nos ayuden a conocer y a amar cada día más al Maestro, al mismo que ellos siguieron un día, y que fue el centro sobre el que se orientó toda su vida.

1 Jn 2, 25. — 2 O. Hophan, Los Apóstoles, p. 16. — 3 Mc 8, 17. — 4 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 2. — 5 Jn 14, 22. — 6 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 1051. — 7 ídem, Surco, n. 555. — 8 2 Pdr 1, 16. — 9 1 Jn 1, 1. — 10 Jn 1, 1-3. — 11 Hech 2, 42. — 12 Hech 4, 20. — 13 San Atanasio, Carta I a Serapión, 28. — 14 O. Hophan, o. c., pp. 46-47. — 15 Mt 10, 27. — 16 Hech 1, 21. — 17 O. Hophan, o. c., p. 25.

Simón, llamado también Zelotes quizá por haber pertenecido al partido judío de los celadores de la ley, era natural de Caná de Galilea. Judas, de sobrenombre Tadeo (el valiente), es señalado explícitamente desde antiguo, por la tradición eclesiástica, como autor de la Epístola de San Judas. Predicaron la doctrina de Cristo, según parece, en Egipto, Mesopotamia y Persia, y murieron mártires en defensa de la fe.

 

28 de octubre: Santos Simón y Judas Apóstoles

Evangelio de la fiesta de San Simón y San Judas, Apóstoles y comentario al evangelio.

28/10/2021

  • Evangelio (Lc 6, 12-19)

“En aquellos días salió al monte a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y de entre ellos eligió a doce, a los que denominó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, y a su hermano Andrés, a Santiago y a Juan, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago de Alfeo, a Simón, llamado Zelotes, a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor”.


Comentario

Al igual que en otras ocasiones, el evangelio de hoy nos muestra la conducta del Señor antes de algún acontecimiento importante: se retira a orar. En este caso pasa la noche en oración. “Cuando se hizo de día” reunió a los discípulos y, de entre ellos, eligió a los doce apóstoles. Ellos serán los testigos de las obras de Jesús y los que le darán continuidad.

El día de hoy celebramos a dos de esos doce elegidos: a Simón y Judas Tadeo (sólo Lucas lo llama Judas de Santiago, a diferencia de Mateo y Marcos que lo llaman Tadeo). Es notable la diferencia que se hace entre los discípulos y el grupo de los doce, de los Apóstoles. Será sobre ellos, sobre esas doce columnas, sobre las que el Señor articulará y construirá su Iglesia.

El Señor elige a los Apóstoles y les da el poder de continuar con la obra de la salvación, y los envía, como recuerda el Concilio Vaticano II, «a todos los pueblos para que, participando de su potestad, hicieran a todos los pueblos sus discípulos, los santificaran y los gobernaran, y así extendieran la Iglesia y estuvieran al servicio de ella como pastores bajo la dirección del Señor, todos los días hasta el fin del mundo»[1].

La fiesta y el evangelio del día de hoy nos puede servir para aumentar nuestro amor a la Iglesia de Cristo, que es apostólica porque ha sido fundada sobre los doce apóstoles; quienes, desde el comienzo, instituyeron a sus sucesores –los obispos–.


[1] Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 19.

 

“Al olvido de sí se llega por la oración”

La mayor parte de los que tienen problemas personales, “los tienen” por el egoísmo de pensar en sí mismos. (Forja, 310)

28 de octubre

Cada uno de vosotros, si quiere, puede encontrar el propio cauce, para este coloquio con Dios. No me gusta hablar de métodos ni de fórmulas, porque nunca he sido amigo de encorsetar a nadie: he procurado animar a todos a acercarse al Señor, respetando a cada alma tal como es, con sus propias características. Pedidle que meta sus designios en nuestra vida: no sólo en la cabeza, sino en la entraña del corazón y en toda nuestra actividad externa. Os aseguro que de este modo os ahorraréis gran parte de los disgustos y de las penas del egoísmo, y os sentiréis con fuerza para extender el bien a vuestro alrededor. ¡Cuántas contrariedades desaparecen, cuando interiormente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona! Se renueva, con distintos matices, ese amor de Jesús por los suyos, por los enfermos, por los tullidos, que pregunta: ¿qué te pasa? Me pasa... Y, enseguida, luz o, al menos, aceptación y paz.

Al invitarte a esas confidencias con el Maestro me refiero especialmente a tus dificultades personales, porque la mayoría de los obstáculos para nuestra felicidad nacen de una soberbia más o menos oculta. Nos juzgamos de un valor excepcional, con cualidades extraordinarias; y, cuando los demás no lo estiman así, nos sentimos humillados. Es una buena ocasión para acudir a la oración y para rectificar, con la certeza de que nunca es tarde para cambiar la ruta. Pero es muy conveniente iniciar ese cambio de rumbo cuanto antes. (Amigos de Dios, 249)

 

Los frutos de la acción del Espíritu Santo

Durante la audiencia general el Papa Francisco reflexionó sobre la exhortación de San Pablo a los gálatas. El apóstol les dice que deben “identificarse” con Jesús en la cruz. Dijo que eso es lo que permite recibir el don del Espíritu Santo, que facilita alcanzar los dones que enumera San Pablo: “amor, gracia, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad, dominio de sí”.

27/10/2021

 

Queridos hermanos y hermanas:

La predicación de san Pablo gira en torno a Jesús y su Misterio Pascual. El Apóstol, de hecho, se presenta como heraldo de Cristo, y de Cristo crucificado (cf. 1 Cor 2,2). 

A los gálatas, tentados de basar su religiosidad en la observancia de preceptos y tradiciones, les recuerda el centro de la salvación y de la fe: la muerte y la resurrección del Señor. Lo hace poniendo ante ellos el realismo de la cruz de Jesús. Escribe así: «¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?» (Gál 3,1). ¿Quién os ha fascinado para alejaros de Cristo Crucificado? Es un momento feo de los Gálatas…

Incluso hoy en día, muchos buscan la certeza religiosa antes que al Dios vivo y verdadero, centrándose en rituales y preceptos en lugar de abrazar al Dios del amor con todo su ser. Y esta es la tentación de los nuevos fundamentalistas, de aquellos a quienes les parece que el camino a recorrer dé miedo y no van hacia adelante sino hacia atrás porque se sienten más seguros: buscan la seguridad de Dios y no al Dios de la seguridad. 

Por eso Pablo pide a los gálatas que vuelvan a lo esencial, a Dios que nos da la vida en Cristo crucificado. Da testimonio de ello en primera persona: «Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2, 20). Y hacia el final de la Carta, afirma: «En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!» (6,14).

Si nosotros perdemos el hilo de la vida espiritual, si mil problemas y pensamientos nos acosan, hagamos nuestros los consejos de Pablo: pongámonos ante Cristo Crucificado, partamos de nuevo de Él. Tomemos el Crucifijo entre las manos, apretémoslo sobre el corazón. O detengámonos en adoración ante la Eucaristía, donde Jesús es el Pan partido por nosotros, el Crucificado resucitado, el poder de Dios que derrama su amor en nuestros corazones.

Y ahora, de nuevo guiados por san Pablo, demos un paso más. Preguntémonos: ¿Qué ocurre cuando nos encontramos con Jesús Crucificado en la oración? Lo que sucede es lo que ocurrió bajo la Cruz: Jesús entrega el Espíritu (cf. Jn 19,30), es decir, da su propia vida. Y el Espíritu, que brota de la Pascua de Jesús, es el principio de la vida espiritual. 

Es Él quien cambia el corazón: no nuestras obras. Es Él el que cambia el corazón, no las cosas que nosotros hacemos, sino que la acción del Espíritu Santo en nosotros cambia el corazón. Es Él quien guía a la Iglesia, y nosotros estamos llamados a obedecer su acción, que extiende dónde y cómo quiere. 

Además, fue precisamente la constatación de que el Espíritu Santo descendía sobre todos y que su gracia actuaba sin exclusión lo que convenció, incluso a los más reacios, de que el Evangelio de Jesús estaba destinado a todos y no a unos pocos privilegiados. 

Y aquellos que buscan la seguridad, el pequeño grupo, las cosas claras como entonces, se alejan del Espíritu, no dejan que la libertad del Espíritu entre en ellos. Así, la vida de la comunidad se regenera en el Espíritu Santo; y es siempre gracias a Él que alimentamos nuestra vida cristiana y llevamos adelante nuestra lucha espiritual.

Precisamente el combate espiritual es otra gran enseñanza de la Carta a los Gálatas. El Apóstol presenta dos frentes opuestos: por un lado las «obras de la carne», por otro el «fruto del Espíritu». ¿Qué son las obras de la carne? Son comportamientos contrarios al Espíritu de Dios. El Apóstol las llama obras de la carne no porque haya algo malo o incorrecto en nuestra carne humana; por el contrario, hemos visto cómo insiste en el realismo de la carne humana llevada por Cristo en la cruz. 

Carne es una palabra que indica al hombre en su dimensión terrenal, cerrado en sí mismo, en una vida horizontal, donde se siguen los instintos mundanos y se cierra la puerta al Espíritu, que nos eleva y nos abre a Dios y a los demás. Pero la carne también nos recuerda que todo esto envejece, que todo esto pasa, se pudre, mientras que el Espíritu da vida. 

Pablo enumera, por lo tanto, las obras de la carne, que se refieren al uso egoísta de la sexualidad, a las prácticas mágicas que son idolatría y a lo que socava las relaciones interpersonales, como «discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias…» (cf. Gál 5,19-21). Todo esto es el fruto —digámoslo así— de la carne, de un comportamiento solamente humano, “enfermizamente” humano. Porque lo humano tiene sus valores, pero todo esto es “enfermizamente” humano.

El fruto del Espíritu, en cambio, es «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Gál 5,22): así lo dice Pablo. 

Los cristianos, que en el bautismo se han «revestido de Cristo» (Gál 3,27), están llamados a vivir así. Puede ser un buen ejercicio espiritual, por ejemplo, leer la lista de san Pablo y mirar la propia conducta, para ver si se corresponde, si nuestra vida es realmente según el Espíritu Santo, si lleva estos frutos. ¿Mi vida produce estos frutos de amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí? Por ejemplo, los tres primeros enumerados son el amor, la paz y la alegría: aquí se reconoce a una persona habitada por el Espíritu Santo. Una persona que está en paz, que está alegre y que ama: con estas tres pistas se ve la acción del Espíritu.

Esta enseñanza del Apóstol supone también un gran reto para nuestras comunidades. A veces, quienes se acercan a la Iglesia tienen la impresión de encontrarse ante una densa masa de mandatos y preceptos: pero no, esto no es la Iglesia. Esto puede ser cualquier asociación. 

Pero, en realidad, no se puede captar la belleza de la fe en Jesucristo partiendo de demasiados mandamientos y de una visión moral que, desarrollándose en muchas corrientes, puede hacernos olvidar la fecundidad original del amor, nutrido de oración que da la paz y de testimonio alegre. 

Del mismo modo, la vida del Espíritu expresada en los sacramentos no puede ser sofocada por una burocracia que impida el acceso a la gracia del Espíritu, autor de la conversión del corazón. Y cuántas veces, nosotros mismos, sacerdotes u obispos, ponemos tanta burocracia para dar un Sacramento, para acoger a la gente, que en consecuencia dice: “No, esto no me gusta” y se va, y no ve en nosotros, muchas veces, la fuerza del Espíritu que regenera, que nos hace nuevos. 

Por lo tanto, tenemos la gran responsabilidad de anunciar a Cristo crucificado y resucitado, animados por el soplo del Espíritu de amor. Porque sólo este Amor tiene el poder de atraer y cambiar el corazón del hombre.

 

 

Querer ser hijos, abrirnos a un hogar

Con ocasión del cumpleaños del Prelado del Opus Dei, reflexionamos sobre la paternidad y la filiación en esta familia.

26/10/2021

Cada vez que es elegido un nuevo sucesor de san Josemaría y, posteriormente, nombrado por el Papa, esa persona pasa de ser hijo a ser Padre de esta familia sobrenatural. El Espíritu Santo obra una transformación en su corazón. Ocurrió en 1975, año en que falleció el fundador, así como en 1994, en 2017, y seguirá sucediendo mientras la Obra continúe su camino. Cuando acontece esta sucesión, también cada fiel de la Obra aprende a ser hijo de una manera nueva. En realidad, se trata de una oportunidad que se nos presenta, diariamente, toda la vida.

Aunque uno sea hijo por generación natural o por vínculos espirituales, aquella relación puede permanecer simplemente como un «hecho», como algo que está allí, tal vez olvidado, y que no es elegido en presente con una fuerza personal. Porque, por encima de ese «hecho», podemos además escoger «vivir como hijos», de la misma manera que un padre de familia supera el simple «saberse padre» para, efectivamente, escoger «vivir como padre», para asumir la belleza de esa relación. Aquella elección supone no contentarnos con «ser hijos», que ya es bastante, sino también «querer ser hijos», abrirnos al calor de un hogar.

El Espíritu Santo: escuela para ser hijos y para ser Padre

Sin irnos muy lejos, san Josemaría tuvo que aprender a ser padre. «Hasta el año 1933 me daba una especie de vergüenza el llamarme “Padre” de toda esta gente mía», comentaba, refiriéndose a los primeros años que siguieron a la fundación del Opus Dei. «Por eso yo les llamaba casi siempre “hermanos” en vez de “hijos”»[1]. Se puso, sin embargo, a la escucha del Espíritu Santo, y pronto pudo entreverse en sus expresiones ese sentimiento de sano orgullo por los suyos: «No puedo dejar de levantar el alma agradecida al Señor, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, por haberme dado esta paternidad espiritual que, con su gracia, he asumido con la plena conciencia de estar sobre la tierra solo para realizarla. Por eso, os quiero con corazón de padre y de madre»[2].

Muchas veces el fundador del Opus Dei confesaba que, inexplicablemente, sentía su corazón ensancharse cada vez más, conforme eran más numerosas las personas que se acercaban al calor de esta familia. Al mismo tiempo, era consciente de que él, personalmente, no era imprescindible. Sabía que estaríamos bien cuidados cuando ya no se encontrara físicamente en la tierra para ejercer su paternidad: «Hijos míos, os quiero –no me importa decirlo, porque no exagero– más que vuestros padres. Y estoy seguro de que en el corazón de los que me sucedan, encontraréis este mismo cariño –iba a añadir que más, aunque me parece imposible–, porque tendrán muy metido dentro del alma este espíritu tan de familia que informa la Obra entera. Llamadles Padre, como lo hacéis conmigo»[3].

La familia es mayor que la parte

La decisión de asumir una paternidad o asumir una filiación –querer vivir verdaderamente como padres o como hijos– supone superar la lógica del aislamiento y entrar en la lógica de la familia. Decía san Juan Pablo II que «Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor»[4]. Por eso, siempre hace germinar su palabra en el terreno fértil de esos vínculos humanos: una familia, una agrupación, un pueblo… hasta llegar a la comunidad universal que es la Iglesia. De Dios Padre, señala san Pablo, «toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra» (Ef 3,15).

Dice el refrán africano: «Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado». Una familia nos regala una mirada más amplia: nos enriquecemos con muchas otras sensibilidades y perspectivas. En el caso de la Obra, nos enriquecemos de los fieles de todas las latitudes, guiados por el Padre. El Papa Francisco ha hablado muchas veces sobre la bonita tarea de conjugar nuestro afán santo por mejorar lo que tenemos a mano, con la pertenencia a una familia que se extiende más allá de lo que alcanzamos a tocar: «El todo es más que las partes y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar»[5].

A medida que van creciendo, los hijos se entusiasman cuando su padre les confía algo importante. Sentirse valorados forma parte del proceso que les lleva a ser adultos. Y esos actos de confianza suelen ser cada vez de mayor envergadura. No siempre hace falta que la petición sea expresa. Cuando el hijo ha aprendido a adelantarse a las necesidades de su familia, le basta una insinuación. Trata de comprender la voluntad de su padre, quiere asumirla como propia, se ofrece para realizarla. En el caso de la familia de la Obra, esas señales del Padre las podemos recibir a través de sus frecuentes comunicaciones en mensajes y cartas; teniendo la atención despierta para detectar sus preocupaciones cuando participa en encuentros o entrevistas; procurando reconocer su guía en las orientaciones y sugerencias que nos hace llegar para toda la Obra que, de algún modo, tienen prioridad sobre lo particular. Los hijos buscan sorprender al padre demostrándole que no solamente comprenden bien sus palabras, sino que incluso van más allá: las recuerdan en cada momento, se impulsan en ellas y las hacen fecundas.

Dificultades de moverse al ritmo divino

Mirando la vida de Cristo comprendemos bien que filiación y cruz no son incompatibles, sino todo lo contrario: ambas están marcadas por la promesa de la resurrección. Toda filiación natural y espiritual tienen también, de alguna manera, esta doble dimensión. Su fundamento es el amor y, por eso, el dolor puede hacerse presente: no para estropearlo todo, sino para mostrar hasta qué punto esa relación es firme, segura, resistente a la fuerza de cualquier vaivén. Ser hijo implica estar unido a la voluntad amorosa de un padre. Y no debe sorprendernos que esto requiera, en ocasiones, sufrir.

Esta actitud no anula las dificultades que podamos encontrar, ni siquiera nos asegura que se optará por la mejor solución desde el punto de vista humano, pues todos nos podemos equivocar. Lo que sí sabemos es que el Espíritu Santo es quien nos guía, y que para él no hay obstáculo insalvable, ni descamino que no tenga retorno. Este dinamismo es parte de sabernos insertados en una lógica sobrenatural, de Dios, con muchas más dimensiones que solamente ese largo y ancho que se asoma ante nuestros ojos. Tantos santos se han movido con estas coordenadas, a veces sin mucho acuerdo humano, pero de acuerdo con el Espíritu Santo que suena una melodía que a veces no comprendemos del todo. «Para ser buen bailarín contigo –decía una escritora del siglo XX, refiriéndose a la docilidad hacia aquella música divina– no es preciso saber adónde lleva el baile. Hay que seguir, ser alegre, ser ligero (…). No hay por qué querer avanzar a toda costa sino aceptar el dar la vuelta, ir de lado, saber detenerse y deslizarse»[6].

Esa cruz que puede venir junto a cualquier filiación no será de ordinario grande y pesada. No pretendemos sostener todo el peso, sino solamente lo que un hijo puede llevar. Es nuestro deseo más grande aportar, con nuestros ahorros, un granito de arena al negocio familiar.

Un mensaje velado

Entre las costumbres que san Josemaría, por inspiración de Dios, quería que vivieran las personas del Opus Dei, se encuentran la oración y la mortificación diarias por el Prelado. A ojos humanos puede parecer muy poco, pero, unidas y avivadas con la caridad de Dios que las impulsa, se convierten en un potente flujo de gracia.

Es lógico que los sucesores de san Josemaría hayan sentido el peso de esabendita carga que Dios ha puesto en sus hombros. Al mismo tiempo, es el Espíritu Santo quien de verdad realiza la misión sobrenatural que se les ha encomendado como pastores. El Padre confesaba, al final de su carta del 14 de febrero de 2017, pocos días después de ser nombrado Prelado del Opus Dei por el Papa: «Hijas e hijos míos, si en este mundo, tan bello y a la vez tan atormentado, alguno se siente alguna vez solo, que sepa que el Padre reza por él y le acompaña de verdad, en la comunión de los santos, y que lo lleva en su corazón. Me gusta recordar en ese sentido cómo la liturgia canta la presentación del Niño en el Templo (…): parecía, dice, que Simeón sostuviera a Jesús en sus brazos; en realidad, era al revés, (…) era el Niño quien sostenía al anciano y lo dirigía. Así nos sostiene Dios, aunque a veces podamos percibir solamente lo que nos pesan las almas»[7].

Detrás de estas palabras, quizá podemos intuir un mensaje velado y discreto para cada uno. Es como si el Padre nos dijera que le sostenemos nosotros. Siente el peso de ser el Padre, de haberse convertido en guía y pastor de este rebaño, pero le alivia descubrir que somos nosotros los que le sostenemos con nuestra oración, con nuestro sacrificio y con nuestro impulso en la aventura que nos propone. Dios se sirve de nosotros para sostenerle.


[1] San Josemaría, Apuntes íntimos, 28-X-1935. Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo I, Rialp, Madrid 1997, p. 555.

[2] San Josemaría, Cartas 11, n. 23.

[3] San Josemaría, Comunicación leída por don Álvaro del Portillo al inicio del Congreso Electivo del primer sucesor del Opus Dei, 15-IX-1975.

[4] San Juan Pablo II, Homilía, 28-I-1979.

[5] Francisco, Ex. ap. Evangelii Gaudium, n. 235.

[6] Sierva de Dios Madeleine Delbrêl, “El baile de la obediencia”.

[7] Mons. Fernando Ocáriz, Carta Pastoral 14-II-2017, n. 33.

 

Mons. Ocáriz: “Querría que la Obra fuese como una gran catequesis para mucha gente”

Ofrecemos un extracto de la entrevista concedida por Mons. Fernando Ocáriz al diario croata 'Večernji'. “Las críticas, cuando tienen fundamento, nos ayudan a ser mejores”, afirma.

Mons. Fernando Ocáriz

26/10/2021

La entrevista completa (para los suscriptores del diario) se encuentra en este enlace.

Recientemente ha celebrado los 50 años de su ordenación sacerdotal. ¿Puede recordar los inicios de su camino como sacerdote?

De aquellos momentos recuerdo lo mucho que me impresionaba poder celebrar cada día la Santa Misa. Después, no he dejado de pedir al Señor que nunca me acostumbre a esa experiencia, aunque ya no sea algo nuevo, como entonces. Fue san Josemaría quien acogió mi llamada al sacerdocio, y por eso con frecuencia recurro a él para pedirle por mi ministerio sacerdotal y por la felicidad y fecundidad de todos los sacerdotes del mundo.

¿Cómo definiría brevemente el Opus Dei que usted lidera hoy?

El Opus Dei es una institución de la Iglesia que intenta sembrar la paz y la alegría de Cristo en medio del mundo. Con nuestros errores y aciertos, buscamos llevar a Cristo a los ambientes familiares, profesionales, sociales, etc. La Obra quisiera ser para mucha gente como una “gran catequesis”, en unión con la que realizan las parroquias y tantas otras instituciones de la Iglesia.

¿Quiénes son los mayores enemigos al Opus Dei en la actualidad?

El principal enemigo no es externo, sino interno: me refiero al peligro de la mundanización, porque los fieles del Opus Dei vivimos inmersos en las realidades del mundo, un mundo en buena parte descristianizado, y no somos inmunes a una posible pérdida de vigor espiritual. A quienes de un modo u otro se oponen externamente al Opus Dei no los considero enemigos: seguramente en muchos casos son personas poco informadas, que no comprenden el espíritu que anima al Opus Dei, o personas que nos ayudan a ser mejores con sus críticas, cuando tienen fundamento.

Y, a pesar de ello, el Opus Dei sigue atrayendo a muchos hombres y mujeres.

Sí, pero naturalmente me gustaría que muchas más personas se mostraran dispuestas a llevar la Iglesia de Jesucristo a todos los ambientes de Croacia y del mundo, no solo por medio del Opus Dei sino también de tantas otras realidades evangelizadoras que florecen en la Iglesia.

¿Cómo responde el Opus Dei a las crisis actuales de desinterés y abandono de la fe?

Un medio principal es el acompañamiento espiritual y la formación de las almas, una a una, siendo buenos amigos y amigas, con gran respeto a la libertad de todos. Si detrás de los fenómenos sociales solo vemos una masa indiferenciada de personas, quizá tengamos poca visión cristiana de las cosas: cada persona es amada por Dios y merece todo el respeto y toda la atención de la Iglesia, pues por cada una ha muerto Cristo. Un aspecto principal es ayudar a las personas a apreciar el tesoro de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia.

¿Cómo ha visto la crisis causada por el coronavirus?

Lo veo como una llamada a vivir para los demás, con espíritu de solidaridad humana y de caridad cristiana. La pandemia, como enseguida dijo el Papa, nos recuerda que nadie se salva solo, que dependemos los unos de los otros y que todos tenemos algo que hacer en el trabajo común de cuidar el mundo.

La Prelatura que usted dirige responde directamente al Santo Padre. ¿Cómo ve el papel del Papa Francisco en el mundo actual?

En realidad, no solo los fieles del Opus Dei, sino todo católico depende directamente del Papa, aunque tenga también otras dependencias en la Iglesia. Por otra parte, nuestra dependencia del Papa, como la de tantas otras circunscripciones de la Iglesia, está mediada por la Congregación para los Obispos y por otros organismos de la Santa Sede.

En cuanto al rol del Papa, pienso, volviendo a lo que he dicho antes, que precisamente en este mundo en el que la pandemia nos obliga a poner en discusión muchas cosas, su presencia paterna es más necesaria que nunca. Por ejemplo, muchas personas me han comentado el impacto que les ha producido la imagen de la plaza de San Pedro vacía y el Papa confortando y dando la bendición a todo el mundo como vicario de Cristo.

El Papa Francisco tiene críticos en la propia Iglesia ¿Pueden los creyentes criticar al Papa?

La historia nos enseña que en todos los pontificados ha habido momentos de fuertes críticas, por un motivo o por otro. En cuanto a su pregunta por la legitimidad de las críticas, le diría con nuestro fundador, san Josemaría, que pienso que, al Papa, vicario de Cristo, hay que quererle siempre y no criticarle, sea quien sea.

En agosto, usted visitó Croacia, entre otros lugares. ¿Cuál fue el objetivo de su visita y su mensaje para las personas que vio en Zagreb?

Ha sido uno de mis primeros viajes pastorales desde el inicio de la pandemia. El propósito principal era estar con las personas de la prelatura. No he ido a Croacia para transmitir un especial mensaje, sino para acompañarlas, aunque naturalmente sí he compartido algunas cosas que llevo en el corazón: les he hablado de amor a la Iglesia y al Papa, de unión con los obispos, de perseverancia en la vida de fe, de la misión apostólica propia de todos los cristianos y, en este contexto, del valor de la amistad, y de tantas cosas que salían en conversaciones familiares. Animé a todos a ser muy agradecidos con Dios por el don de la fe y a dar testimonio, en el trabajo y en la vida corriente, de la alegría de haber encontrado a Cristo.

 

Santificar con el trabajo

Al santificar su trabajo e identificarse ahí con Cristo, el cristiano necesariamente da fruto —santifica a los demás con su trabajo. El servicio a los demás a través de la propia profesión es el tema de este artículo.

20/02/2014

 

En la historia de la Iglesia y de la humanidad, el espíritu que Dios hizo ver a San Josemaría Escrivá de Balaguer, en 1928, lleva consigo una enseñanza nueva y antigua como el Evangelio, con toda su fuerza transformadora de los hombres y del mundo.

La santificación del trabajo profesional es semilla viva, capaz de dar fruto de santidad en una inmensa multitud de almas: para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo [1] . En esta frase gráfica —afirmó el Prelado del Opus Dei en la homilía del 7 de octubre de 2002, día siguiente a la canonización de San Josemaría— resumía el Fundador del Opus Dei el núcleo del mensaje que Dios le había confiado, para recordarlo a los cristianos [2] .

El Sembrador divino ha sembrado esta semilla en las vidas de miles de personas para que crezca y se multiplique su fruto: el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno [3] . Repasar con calma cada uno de estos tres aspectos puede constituir frecuentemente una trama de diálogo con Dios en la oración. ¿Estoy santificando mi trabajo? ¿Me estoy santificando en el trabajo?, es decir, ¿me voy transformando en otro Cristo a través de mi profesión? ¿Qué frutos de apostolado estoy dando con mi trabajo?

Un hijo de Dios no ha de temer hacerse estas preguntas sobre el sentido último de su tarea. Más bien ha de temer no hacérselas porque correría el peligro de que la corriente de sus días no acabase de encontrar el cauce hacia el verdadero fin, disipando sus fuerzas en actividades dispersas, como regueros estériles.

EN UNIDAD VITAL

Esos tres aspectos en los que san Josemaría resume el espíritu de santificación del trabajo, se encuentran intrínsecamente unidos, como en una espiga de trigo lo están la raíz, el tallo y el grano que es su fruto.

El primero — santificar el trabajo : hacer santa la actividad de trabajar realizándola por amor a Dios, con la mayor perfección que cada uno pueda lograr, para ofrecerla en unión con Cristo—, es el más básico y como la raíz de los demás.

El segundo — santificarse en el trabajo — es, en cierto modo, consecuencia del anterior. Quien procura santificar el trabajo, necesariamente se santifica: es decir, permite que el Espíritu Santo le santifique, identificándole cada vez más con Cristo. Sin embargo, lo mismo que en una planta no basta regar la raíz, sino que también hay que cuidar el tallo para que crezca derecho, y a veces ponerle un apoyo —un rodrigón— para que no lo quiebre el viento, o protegerlo de los animales y de las plagas... Así también hay que poner muchos medios para identificarse con Cristo en el trabajo: oración, sacramentos y medios de formación, con los que se van cultivando las virtudes cristianas. Gracias a esas virtudes se fortalece también la misma raíz y resulta cada vez más connatural santificar el trabajo.

Con el tercero — santificar con el trabajo — ocurre algo semejante. Ciertamente se puede considerar como una consecuencia de los otros dos, pues al santificar su trabajo e identificarse ahí con Cristo, el cristiano necesariamente da fruto —santifica a los demás con su trabajo—, según las palabras del Señor: El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto [4] . Esto no significa que un cristiano se pueda despreocupar de dar fruto, como si éste surgiese espontáneamente de la raíz y del tallo.

En la santificación del trabajo, los tres aspectos están vitalmente unidos entre sí, de modo que unos influyen en otros. Quien no buscara santificar a los demás con su trabajo, preocupándose sólo de santificar el suyo, en realidad no lo estaría santificando. Sería como la higuera estéril, que tanto desagradó a Jesús porque, aún teniendo raíces y hojas, carecía de fruto [5] . De hecho, un buen índice de la rectitud de intención, con la que debéis realizar vuestro trabajo profesional es precisamente el modo en que aprovecháis las relaciones sociales o de amistad, que nacen al desempeñar la profesión, para acercar a Dios esas almas [6] .

Vamos a considerar ahora con más detalle este último aspecto de la santificación del trabajo, que de algún modo da a conocer los otros dos, como los frutos manifiestan la planta y la raíz. Por sus frutos los conoceréis [7] , dice el Señor.

«EGO ELEGI VOS ET POSUI VOS...»

Si se considera el propio trabajo profesional con simple visión humana, seguramente se pensará que uno se encuentra allí como resultado de diversas circunstancias —capacidades y preferencias, obligaciones y casualidades, etc.— que le han llevado a realizar esa tarea y no otra. Un cristiano ha de mirar las cosas con más profundidad y altura, con un sentido sobrenatural que le haga descubrir ahí la llamada personal de Dios a la santidad y al apostolado.

Lo que parecía una situación vulgarmente fortuita adquiere entonces sentido de misión, y se comienza a estar de un modo nuevo en el mismo sitio donde ya se estaba [8] . No ya como quien ha caído por caso en ese lugar, sino como quien ha sido enviado allí por Cristo. Yo os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca [9] . El lugar de trabajo, el ambiente profesional en el que cada uno se encuentra, es su campo de apostolado, la tierra apropiada en la que sembrar y cultivar la buena semilla de Cristo. La promesa de Jesús no puede fallar: cuando se procura santificar el propio trabajo y santificarse en él, siempre hay fruto apostólico.

Es preciso, sin embargo, no dejarse llevar por las apariencias. El Señor advierte también que el Padre celestial poda al que ya produce, para que dé más fruto [10] . Obra de este modo porque quiere bendecir aún más a sus hijos. Los poda para mejorarles, aunque la podadura sea dolorosa. Muchas veces consiste en dificultades que Él permite para purificar el alma, quitando lo que sobra. En ocasiones, por ejemplo, desaparece la ilusión humana por el propio trabajo, y se ha de realizar a contrapelo, por un amor sin más complacencia que la de agradar a Dios; otras veces es una dificultad económica seria, que quizá Dios permite para que sigamos poniendo todos los medios humanos, pero con más confianza filial en Él, como Jesús nos enseña [11] , sin dejarnos dominar por la tristeza y el agobio del futuro. Otras, en fin, se trata de un fracaso profesional, de esos que pueden hundir a quienes trabajan sólo con miras humanas y que, en cambio, elevan sobre la Cruz a los que desean corredimir con Cristo. La poda lleva frecuentemente consigo que los frutos se retrasen, que no se vean los frutos apostólicos del trabajo.

En todo caso, sería un error confundir esta situación con aquella otra a la que también se refiere Jesús en una parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar en ella fruto y no lo encontró; entonces dijo al viñador: "Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde?" [12] . Es el caso de quien no da fruto apostólico en su trabajo a causa de su comodidad y poltronería, del aburguesamiento y de estar pendiente sólo o principalmente de sí mismo. Entonces la ausencia de fruto no es sólo aparente. No hay fruto porque no hay generosidad, ni empeño, ni sacrificio; en último término, porque falta buena voluntad.

Cristo mismo nos enseña a distinguir las situaciones por los signos. Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano [13] . A quienes el Señor poda, parece que no llevan fruto, pero están llenos de vida. Su amor a Dios tiene otras señales evidentes, como la delicadeza en el cuidado de los tiempos de oración, la caridad con todos, el empeño perseverante en poner todos los medios humanos y sobrenaturales en el apostolado...: signos tan inconfundibles como los brotes tiernos de la higuera, mensajeros de los frutos que llegarán a su tiempo. En realidad, están santificando a otras almas con su tarea profesional porque todo trabajo que es oración, es apostolado [14] . El trabajo convertido en oración alcanza efectivamente de Dios una lluvia de gracias que fructifica en muchos corazones.

Los otros, en cambio, ni dan fruto ni están en camino de darlo. Pero aún están vivos y pueden cambiar, si quieren. No les faltarán los cuidados que Dios les envía, escuchando los ruegos de sus amigos, como los del viñador que le pedía por la higuera: Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, por si produce fruto; si no, ya la cortarás [15] . Siempre es posible salir de esa situación de esterilidad apostólica de algún modo voluntaria. Siempre es hora de convertirse y de dar mucho fruto, con la gracia divina. Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor... [16] . Y sólo entonces se llena de sentido la labor profesional, aparece todo el atractivo de su belleza y surge un entusiasmo nuevo, hasta entonces desconocido. Un entusiasmo como el de San Pedro después de obedecer el mandato de Jesús: ¡Mar adentro! [17] , y escuchar, tras la pesca milagrosa, la promesa de un fruto de otro orden e importancia: No temas; desde ahora serás pescador de hombres [18] .

En nuestra vida se pueden presentar las dos situaciones anteriores, en unos momentos la primera y en otros la segunda. Externamente quizá coincidan en que no se ven los frutos apostólicos del propio trabajo profesional, pero no es difícil saber si responde a la una o a la otra. Basta ser sinceros en la oración. Responder con claridad a la siguiente pregunta: ¿estoy poniendo todos los medios a mi alcance para santificar a los demás con el trabajo, o me desentiendo y me conformo con poco, pudiendo realmente hacer mucho más? ¿quiero a los que trabajan conmigo? ¿trato de servirlos? Y siempre, buscar la ayuda exigente en la dirección espiritual. Este es el camino de la santidad y de la fecundidad apostólica.

COMO BRASA ENCENDIDA

Transformar la profesión en medio de apostolado es parte esencial del espíritu de santificación del trabajo, y señal de que, efectivamente, se está santificando. Santidad y apostolado son inseparables, como el amor a Dios y a los demás por Dios.

Tú has de comportarte como una brasa encendida, que pega fuego donde quiera que esté; o, por lo menos, procura elevar la temperatura espiritual de los que te rodean, llevándoles a vivir una intensa vida cristiana [19] . El trabajo profesional es lugar natural en el que nos encontramos, como las brasas en el brasero. Ahí deben realizarse estas palabras de San Josemaría, de modo que las personas que nos rodean reciban el calor de la caridad de Cristo. Se trata de dar ejemplo de serenidad, de sonreír, de saber escuchar y comprender, de mostrarse servicial.

Cualquiera debería poder percibir a nuestro lado el influjo de alguien que eleva el tono del ambiente porque —junto a la competencia profesional— el espíritu de servicio, la lealtad, la amabilidad, la alegría, y el empeño por superar los propios defectos, no pasan desapercibidos.

Todo eso forma parte del prestigio profesional que han de cultivar quienes desean atraer a los demás a Cristo. El prestigio profesional de un cristiano no se deriva del simple realizar técnicamente bien el trabajo. Es un prestigio humano, tejido de virtudes informadas por la caridad. De este modo, el trabajo profesional —sea el que sea— se convierte en un candelero que ilumina a vuestros colegas y amigos [20] . Sin caridad, en cambio, no puede haber prestigio profesional cristiano, no al menos el que Dios pide, el anzuelo de pescador de hombres [21] e instrumento de apostolado. Sin caridad no es posible atraer las almas a Dios, porque Dios es amor [22] . Vale la pena remarcarlo: un buen profesional, eficaz y competente, si no procura vivir no ya la justicia sino la caridad, no tendrá el prestigio profesional propio de un hijo de Dios.

El prestigio, de todas formas, no es fin sino medio: medio para acercar las almas a Dios con la palabra conveniente (...) mediante un apostolado que he llamado alguna vez de amistad y de confidencia [23] . Conscientes de que, junto con la filiación divina, hemos recibido por el Bautismo una participación en el sacerdocio de Cristo y, por tanto, el triple oficio de santificar, enseñar y guiar a otros, tenemos un título para entrar en la vida de los demás, para llegar a ese trato profundo de amistad y confidencia con todos los que sea posible, en el amplio campo que comprenden las relaciones profesionales.

Este campo no se reduce a las personas que trabajan en el mismo lugar o que tienen una edad semejante, sino que se extiende a todas aquellas con las que, de un modo u otro, se puede tomar contacto con ocasión del trabajo. El cristiano buscará oportunidades para convivir, para poder hablar a solas, fomentando el trato: una comida, un rato de deporte, un paseo. Habrá, pues, que dedicar tiempo a los demás, ser asequible, sabiendo encontrar el momento oportuno. Hemos de dar lo que recibimos, enseñar lo que aprendemos; hacer partícipes a los demás —sin engreimiento, con sencillez— de ese conocimiento del amor de Cristo. Al realizar cada uno vuestro trabajo, al ejercer vuestra profesión en la sociedad, podéis y debéis convertir vuestra ocupación en una tarea de servicio [24] .

ORIENTAR LA SOCIEDAD

Con el trabajo profesional —cada uno con el suyo—, los cristianos pueden contribuir eficazmente a orientar la entera sociedad con el espíritu de Cristo. Más aún, el trabajo santificado es necesariamente santificador de la sociedad, porque hecho así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales [25] .

En este sentido, san Josemaría escribió en Forja : Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas, en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano, se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida. Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana [26] .

Poner en práctica seriamente las normas de moral profesional propias de cada trabajo, es una exigencia básica y fundamental en esta labor apostólica. Pero hay que aspirar además a difundirlas, haciendo lo posible para que otros las conozcan y las vivan. No cabe la excusa de que es poco lo que uno puede hacer en un ambiente en el que han arraigado costumbres inmorales. Del mismo modo que esas costumbres son consecuencia de la acumulación de pecados personales, sólo desaparecerán como fruto del empeño en poner práctica personalmente las virtudes cristianas [27] . Muchas veces será necesario pedir consejo. En la oración y en los sacramentos el trabajador encontrará la fortaleza, cuando haga falta, para mostrar con los hechos que ama la verdad sobre todas las cosas, a costa, si es necesario, del propio empleo.

«Desde que el 7 de agosto de 1931, durante la celebración de la Santa Misa, resonaron en su alma las palabras de Jesús: cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí ( Jn 12, 32), Josemaría Escrivá comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes» [28] . Este ideal de orientar la sociedad con el espíritu cristiano es realizable, no es un sueño inútil [29] . San Josemaría —afirmaba Juan Pablo II el día de la canonización— «continúa recordándoos la necesidad de no dejaros atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad más genuina de los discípulos de Cristo. Le gustaba reiterar con vigor que la fe cristiana se opone al conformismo y a la inercia interior» [30] .

El Señor previene de un peligro: dice que llegará un tiempo en que al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos [31] . Los cristianos, avisados por sus palabras, en lugar de desanimarnos por la abundancia de mal —también por las propias miserias— reaccionaremos con humildad y confianza en Dios, acudiendo a la intercesión de Santa María. Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios [32] .

Javier López [1] San Josemaría, Conversaciones , n. 55. Cfr. Es Cristo que pasa , nn. 45, 122.

[2] Mons. Javier Echevarría, Homilía en la misa de acción de gracias por la canonización de san Josemaría , 7-X-2002.

[3] Mc 4, 20.

[4] Jn 15, 5.

[5] Mt 21, 19.

[6] San Josemaría, Carta 15-X-1948 , n. 18, cit. por Mons. Javier Echevarría, Carta Pastoral, 2-X-2011, n. 34 (https://opusdei.org/art.php?p=45670).

[7] Mt 7, 16.

[8] Cfr. Santo Tomás, S.Th . I, q. 43, a. 1, c.

[9] Jn 15, 16.

[10] Jn 15, 2.

[11] Cfr. Mt 6, 31-34.

[12] Lc 13, 6-7.

[13] Mt 24, 32.

[14] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 10.

[15] Lc 13, 8-9.

[16] San Josemaría, Camino , n. 1.

[17] Lc 5, 4.

[18] Ibid . 5, 10.

[19] San Josemaría, Forja , n. 570.

[20] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 61.

[21] Camino , n. 372.

[22] 1 Jn 3, 8.

[23] San Josemaría, Carta 24-III-1930 , n. 11, cit. por Luis Ignacio Seco, La Herencia de Mons. Escrivá de Balaguer , Madrid, Palabra, 1986.

[24] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 166.

[25] San Josemaría, Conversaciones , n. 10.

[26] San Josemaría, Forja , 718.

[27] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Reconciliatio et paenitentia , 2-XII-1984, n. 16; Litt. enc. Centesimus annus , 1-V-1991, n. 38.

[28] Juan Pablo II, Homilía en la canonización de San Josemaría 6-X-2002.

[29] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 183.

[30] Juan Pablo II, ibid .

[31] Mt 24, 12.

[32] Rm 8, 28.

 

Dolor en clave cristiana

Escrito por Mario Arroyo.

El dolor es ambivalente: nos puede destruir interiormente o nos puede hacer crecer, madurar, ser más humanos y comprensivos con nuestros semejantes.

Pregunta un alumno de medicina: “Padre, en la Nueva Carta a los Agentes Sanitarios se dice que algunas personas pueden rechazar los analgésicos para unirse a la Cruz de Jesucristo, para ofrecer sus dolores a Dios. ¿Qué gana Dios con nuestro sufrimiento? No me hace sentido tal aseveración”. Efectivamente, es muy aguda la observación del alumno, y comprensible en un mundo descristianizado. Son pocos los lugares, en el Magisterio reciente, donde se recuerda tal posibilidad, pareciera una práctica perdida, residuo de antiguas visiones tremendistas del cristianismo.

Sin embargo, tal perspectiva no ha desaparecido totalmente del Magisterio de la Iglesia y de la práctica cristiana. Baste recordar dos textos: En la Nueva Carta a los Agentes Sanitarios, documento del 2017, dice en su número 95: “El dolor puede tener para el cristiano un alto significado penitencial y salvífico… No debe, pues, sorprender que algunos cristianos deseen moderar el uso de los analgésicos, para aceptar voluntariamente al menos una parte de sus sufrimientos y asociarse así, de modo consciente a los sufrimientos de Cristo crucificado.”

El otro texto es de Benedicto XVI, en su encíclica Spe Salvi n. 40, donde pareciera que hace una reminiscencia de prácticas ya materialmente perdidas, o en desuso dentro de la Iglesia, pero que sería interesante recuperar: “La idea de poder «ofrecer» las pequeñas dificultades cotidianas, que nos aquejan una y otra vez como punzadas más o menos molestas, dándoles así un sentido, era parte de una forma de devoción todavía muy difundida hasta hace no mucho tiempo, aunque hoy tal vez menos practicada. En esta devoción había sin duda cosas exageradas y quizá hasta malsanas, pero conviene preguntarse si acaso no comportaba de algún modo algo esencial que pudiera sernos de ayuda. ¿Qué quiere decir «ofrecer»? Estas personas estaban convencidas de poder incluir sus pequeñas dificultades en el gran com-padecer de Cristo, que así entraban a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano. De esta manera, las pequeñas contrariedades diarias podrían encontrar también un sentido y contribuir a fomentar el bien y el amor entre los hombres.”

Vale la pena citarlos por extenso, pues son bastante esporádicas las alusiones del Magisterio a esta realidad, que de otra parte es muy habitual. Enfrentarnos al tema del dolor y darle un sentido cristiano. El alumno de la clase convenía en la oportunidad de ofrecer tal dolor si no podía evitarse; pero no entendía el hecho de no evitar un sufrimiento, pudiendo hacerlo. No es culpa suya, ha crecido en un ambiente hedonista, donde el bien es el placer, lo que se debe buscar, y el mal es el dolor, lo que se debe evitar. No entraba en su cabeza la posibilidad de no evitar voluntariamente un dolor. Constituía una muestra práctica, fehaciente, de la cultura secularizada, hondamente descristianizada. Frente a esta cultura y mentalidad, el mensaje cristiano de la penitencia puede sonar más o menos a chino, es decir, incomprensible.

No es el tema nuclear, pero sí es medular en el cristianismo la realidad de la Cruz. El sufrimiento de Cristo y la posibilidad de unirnos a ese sufrimiento. Un cristianismo sin cruz no es auténtico. Vale la pena recordar algunas de las “ventajas” del dolor, leído en clave cristiana, pues es una realidad que no podemos evitar del todo y con la que nos hemos enfrentado abruptamente ahora, durante la pandemia. El dolor es ambivalente: nos puede destruir interiormente o nos puede hacer crecer, madurar, ser más humanos y comprensivos con nuestros semejantes. Todos tenemos pecados, y por tanto todos necesitamos de la penitencia para purificarnos y poder gozar de Dios al final de nuestras vidas. Y un sentido más profundo, “místico” del sufrimiento, es la posibilidad espiritual de unirnos a Jesús sufriente a través de él.

Una catequesis completa sobre el sentido cristiano del sufrimiento la encontramos en san Juan Pablo II, en el ya lejano 1984, con su carta Salvifici doloris. Vale la pena darle una releída, una desempolvada, pues nos estamos enfrentando al sufrimiento sin las claves cristianas capaces de darle un sentido positivo. En el fondo, lo que Jesús nos enseña en la Cruz es a amar a través del dolor; nosotros a veces podemos buscar el dolor para amar de esa forma, a veces no lo podemos evitar y necesitamos encontrar ese camino, para brindarle el sentido que nos lo haga más llevadero.

 

Encuentro, escucha, discernimiento

Posted: 26 Oct 2021 09:29 AM PDT

(Participar en el sínodo sobre la sinodalidad) 

Al comienzo del proceso sinodal, que tiene como tema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión” (2021-2023), el Papa Francisco ha tenido tres intervenciones: con los fieles de Roma (18-IX-2021, una reflexión al inicio del camino sinodal (9-X-2021) y una homilía en la Misa de apertura del sínodo (10-X-2021). En ellas ha aportado luces para este proceso sinodal singular, que nos lleva a caminar mejor con la Iglesia según las orientaciones del actual pontificado. Vale la pena detenernos en esas orientaciones y sus motivos.

¿Qué significan "sínodo" y "sinodalidad"?

1. En su discurso a los fieles de Roma, Francisco explicó que la sinodalidad, es decir la participación de todos y a partir de la Iglesia local, es expresión de la naturaleza de la Iglesia, de su estilo y de su misión. Ya desde los primeros cristianos existía este sentido de “sínodo” (caminar juntos) en la vida de la Iglesia. Todos los fieles sostenían a la autoridad desde la vida y a su discernimiento sobre lo que era mejor hacer, mantener o evitar. El Espíritu Santo asistía a cada uno según su condición y ayudaba a comprender y tomar decisiones a los apóstoles.

La participación en la vida de la Iglesia lleva, en efecto, a sentirse responsables de la institución eclesial, divina y la vez humana y social, cada uno según su condición y vocación, para el bien de la misión evangelizadora. Es una manifestación más de la “cooperación orgánica” entre pastores y fieles que caracteriza la vida de la Iglesia según el sentir del Concilio Vaticano II. 

Se trata de contar con todos, como subrayan los documentos para orientar el proceso sinodal (el Documento preparatorio y el Vademecum). Señala el Papa: “Si no incluimos a los miserables –entre comillas– de la sociedad, a los descartados, nunca podremos hacernos cargo de nuestras miserias”. Francisco insiste para que todos tomemos en serio el sínodo, sin dejar a nadie fuera o atrás.
Claves, riesgos y oportunidades

2. Más adelante, en su Discurso de inauguración del proceso sinodal (9-X-2021) Francisco ha señalado claves, riesgos y oportunidades en este proceso sinodal

En primer lugar, tres claves. La comunión expresa la naturaleza de la Iglesia. La misión, su tarea de anunciar el Reino de Dios, del que es germen y semilla. Según san Pablo VI, “dos líneas maestras enunciadas por el concilio”. Clausurando el sínodo de 1985 san Juan Pablo II expresó la conveniencia de que se celebraran en la Iglesia sínodos que estuvieran preparados desde las Iglesias locales con la participación de todos (cf. Discurso en la clausura del sínodo de los obispos de 1985).

Cabe señalar que la base para todo ello es, según la Iglesia católica, la realidad del sacerdocio común de los fieles, que confiere la dignidad común (profética, sacerdotal y real) a los bautizados y los impulsa (con el servicio que les presta el sacerdocio ministerial) a las tareas que como cristianos pueden y deben afrontar. Además, el sacerdocio común tiene la potencialidad de asumir dinámicamente muy diversos carismas al servicio de la misión de la Iglesia. Y hoy vemos cómo algunos de esos carismas se relacionan con los “ministerios” (ordenados o no) o funciones que los fieles pueden asumir.

En cuanto a los riesgos, señalaba el Papa, el formalismo (que reduciría el proceso sinodal a una fachada, en lugar de un itinerario de discernimiento espiritual efectivo); el intelectualismo (es decir, la abstracción que no incidiera en los problemas reales de la Iglesia y del mundo); y el inmovilismo (cf. Evangelii gaudium, 22), que nos haría poco dóciles a la acción del Espíritu Santo, a las necesidades actuales y a la experiencia de la Iglesia.

Por tanto, el sínodo es un tiempo de gracia que nos puede permitir captar al menos tres oportunidades. La oportunidad, primero, de “encaminarnos no ocasionalmente sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal”, es decir “un lugar abierto donde todos se sientan en casa y puedan participar”.

Otra oportunidad es la de ser Iglesia de la escucha, a partir de la adoración y de la oración. Escuchar a todos (los más posibles) también desde las realidades locales y culturales.

Por último, el sínodo es la oportunidad de ser una Iglesia de la cercanía, de la compasión y la ternura. 

La finalidad del sínodo

3. Finalmente, en la homilía durante la apertura del sínodo de los obispos (10-X-2021), el Papa ha resumido la finalidad del proceso sinodal con tres verbos: encontrar, escuchar, discernir.

Tomando pie del evangelio del día, (cf. Mc 10, 17 ss.), Francisco evoca cómo Jesús camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad. Se encuentra con aquel hombre rico, escucha sus preguntas y lo ayuda a discernir qué tenía que hacer para heredar la vida eterna. “Jesús no tiene miedo de escucharlo con el corazón y no sólo con los oídos”. Y nos invita el Papa: “No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas”. Nos anima a crealizar este camino de discernimiento espiritual y de discernimiento eclesial.

El sínodo no es ua convención eclesial, ni una reunión de estudios ni un congreso político; sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu. A través de él, concluye Francisco, “Jesús nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos".

Esto requiere, además de la oración, un compromiso por mejorar la formación de todos (comenzando por la propia), poco a poco, teniendo en cuenta las circunstancias actuales. La finalidad de un sínodo no es simplemente la visibilidad de la participación ni la producción de documentos. Es poner nuestro granito de arena para que se cumplan los sueños de Dios con nuestra colaboración (*). 

 

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(*) Una versión más completa de este texto se publicará en la revista “Omnes”, en su número de noviembre.

 

¿Por qué bautizar a los niños? ¿No es mejor esperar a que ellos decidan?

 

¿Por qué bautizar a los niños pequeños?

¿No es mejor esperar a que ellos puedan decidir?

Hoy día hay padres que prefieren esperar a que sus hijos crezcan para que, cuando tengan suficiente capacidad de tomar decisiones propias, puedan decidir libremente si se bautizan o no. La razón parece lógica: las decisiones que tienen consecuencias importantes han de ser libremente tomadas, y pocas cosas hay más importantes en la vida que incorporarse o no a la Iglesia, que ser cristiano o no.

En cambio, muchos padres católicos bautizan a sus hijos a los pocos días de nacer, y no piensan que estén coartando la libertad de sus hijos, ni condicionando injustamente su futuro. Parecen personas razonables. ¿Lo son realmente?

Un hecho sociológico

Hay muchas decisiones que toman los padres sin esperar a consultar con sus hijos, en cuestiones que les van a afectar de un modo decisivo en su vida.

Se ocupan de proporcionarles alimento, vestido, calor y afecto antes de que tengan uso de razón, sin que lo hayan pedido libremente, pero esto es imprescindible para sacarlos adelante con vida. Pero también hacen cosas, además de cubrir las necesidades básicas de subsistencia, que incidirán decisivamente en planteamientos vitales de fondo.

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Pensemos, por ejemplo, en el hecho de hablarles en un idioma concreto. La adquisición del idioma materno responde a una decisión de los padres que va a configurar el modo de expresarse de los hijos, sus más profundas raíces culturales e incluso unas perspectivas muy concreta en su acercamiento a la realidad.

Ningunos padres razonables tomarían la decisión de no hablar nada a su hijo hasta que creciera, escuchase varios idiomas y decidiera por sí mismo cuál querría aprender. El idioma es un elemento cultural muy importante en el desarrollo de la vida humana y retrasar su adquisición hasta la mayoría de edad supondría un gravísimo daño al desarrollo intelectual del nuevo ser humano.

Pero, ¿la decisión de bautizar y comenzar a formar en la fe tiene algún parecido con la de hablar a los niños en el propio idioma? Una persona que no tenga fe y no sepa lo que supone la existencia de Dios, su bondad, su modo de actuar en el mundo y en las personas, y que desconozca la realidad más profunda del bautismo pensará que no tiene nada que ver, que el idioma es imprescindible y la fe no lo es.

Pero eso no quiere decir que su valoración sea razonable, sino que se debe a sus carencias culturales, o incluso a sus prejuicios, que le impiden razonar contando con todos los datos reales.

Por eso, para hacerse cargo racionalmente de todos los factores implicados en esta cuestión resulta  imprescindible saber primero lo que supone recibir el Bautismo, y después valorar la situación.

Qué implica el Bautismo

Dios ha diseñado para cada ser humano una historia de amor, que se va desvelado poco a poco a lo largo de la vida. En la medida que tengamos un trato cercano con Él, esa historia se irá desvelando y tomando cuerpo. Y el primer paso para que se esa cercanía sea eficaz se da en el Bautismo.

La fe cristiana considera el Bautismo como el sacramento fundamental, ya que es condición previa para poder recibir cualquier otro sacramento. Nos une a Jesucristo, configurándonos con Él en su triunfo sobre el pecado y la muerte.

En la antigüedad se administraba por inmersión. El que se iba a bautizar se sumergía por completo en agua. Así como Jesucristo murió, fue sepultado y resucitó, el nuevo cristiano se introducía simbólicamente en un sepulcro de agua, para despojarse del pecado y sus consecuencias, y renacer a una nueva vida.

El bautismo es, en efecto, el sacramento que nos une a Jesucristo, introduciéndonos en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales, y nos permite resucitar con él a una vida sin fin. Desde el momento de su recepción, se participa de la vida divina mediante la gracia, que va ayudando a crecer en madurez espiritual.

En el bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo, en hermanos y hermanas de nuestro Salvador, y en hijos de Dios. Somos liberados del pecado, arrancados de la muerte eterna, y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos. «Mediante el bautismo cada niño es admitido en un círculo de amigos que nunca le abandonará, ni en la vida ni en la muerte.

Ese círculo de amigos, esta familia de Dios en la que el niño se integra desde ese momento, le acompaña continuamente, también en los días de dolor, en las noches oscuras de la vida; le dará consuelo, tranquilidad y luz» (Benedicto XVI, 8 de enero de 2006).

 

Por qué la Iglesia mantiene la práctica del bautismo de niños

Esta práctica es de tiempo inmemorial. Cuando los primeros cristianos recibían la fe, y eran conscientes del gran don de Dios de que habían sido objeto, no querían privar a sus hijos de esos beneficios.

La Iglesia sigue manteniendo la práctica del bautismo de niños por una razón fundamental: antes de que nosotros optemos por Dios, él ya ha optado por nosotros. Nos ha hecho y nos ha llamado a ser felices. El bautismo no es una carga, al contrario, es una gracia, un regalo inmerecido que recibimos de Dios.

Los padres cristianos, desde los primeros siglos, aplicaron el sentido común. Así como  la madre no deliberaba largamente sobre si debía dar el pecho a su hijo recién nacido, sino que lo alimentaba cuando el niño lo requería, así como lo lavaban cuando estaba manchado, lo vestían y lo abrigaban para protegerlo de los rigores del frío, así como le hablaban y le daban cariño,  también le proporcionaban la mejor ayuda que cualquiera criatura humana necesita para desarrollar la vida en plenitud:

La limpieza del alma, la gracia de Dios, una gran familia sobrenatural, y una apertura al lenguaje de Dios, de modo que cuando vaya despertando su sensibilidad y su inteligencia contemplen el mundo con la luz de la fe, aquella que permite conocer la realidad tal y como es.

 

Antropología digital: la necesidad de integrar la visión femenina

La semana pasada tuvimos un nuevo encuentro I-Wil con la participación de Sylvia Díaz- Montenegro, fundadora de Balandra Software y ex CIO de ING. Empezó por subrayar las diferencias entre el pensamiento y la forma de ver la realidad según sea femenino o masculino y cómo esto impacta en la gestión tanto a nivel individual como colectiva dentro de las empresas.

 

Tal y como se ve en el video “The nothing box”, los hombres tienen el cerebro organizado en cajas y su favorita es la caja que no tiene nada, lo que les permite estar descansando y no invitarnos allí. En cambio, el pensamiento femenino es como una bola de cables interconectados. 

En realidad, en una caja tenemos las tres dimensiones del espacio que todos conocemos: el alto, el hondo y el ancho. Pero hay dos más que tienen que ver con cómo cambia el sistema a lo largo del tiempo y su relación, es decir, cómo interactúan los elementos entre sí. Son, pues, 5 dimensiones.

La  visión masculina es la que se denomina analítica, es decir, estática.  La visión femenina es holística y dinámica, puesto que ve todo el sistema en el tiempo. Son dos maneras muy diferentes de pensar, pero la una sin la otra no está completa. Destrozar juguetes para ver como están hechos típicamente lo hacen los niños. No las niñas.

Las marcas como nuevos actores sociales

Algunas empresas decían que se podía “disrumpir” el mercado con unos productos y canales fantásticos, pero las dificultades aparecían en la experiencia del cliente con la marca, aunque no siempre se sabía hablar de ello.  Hoy en día se habla de proceso, de «customer journey» o pasillo del cliente, pero es más que eso.

En el siguiente gráfico del informe «Closing the delivery gap” que hizo la consultora Bain en el 2008, se habla del abismo en la entrega: el 80% de las compañías cree que proporciona un servicio mejor que la media a sus clientes.

De ellas, solo el 8% tiene clientes que están de acuerdo con esa afirmación. ¿El 90% se equivoca?

En nuestro mundo digital existen nuevos actores sociales, que parecen conocidos, pero luego no lo son. De repente hace unos 20 años la empresa apareció como un actor social nuevo, ya que antes la relación con ella siempre pasaba por un humano y ya no. Ahora hablan directamente con nosotros a través de una máquina, y lo que esperamos de la empresa o de la marca es que nos dé lo que esperamos de los humanos. Sin embargo, no es eso lo que sucede y ello nos produce ese complejo sentimiento llamado rencor. 

La palabra “rencor” está dentro de un vocabulario de sentimientos, pero no de emociones. Ese vocabulario que habla de complejidad, es una manera de encapsularla.

El siguiente marco de agentes intencionales nos puede ayudar a hablar con vocabulario de sentimientos, pero sin emociones:

Todos los humanos a partir de los dos años más o menos, calificamos las cosas que vemos de acuerdo a dos ejes: sus intenciones (cuán amigable es),  y su competencia (la capacidad de llevar sus intenciones a cabo). En el cuadrante de los competentes y amigables podrían estar personas que nos despiertan confianza o admiración. En el de los cálidos e incompetentes personas que te despiertan deseo de ayuda, pero no confianza (como los bebés). Luego está la gente fría y competente, es decir, personas que yo puedo sentir que me pueden hacer daño, como  los tiburones (el mal), y eso  lleva a ocultarse de esos elementos. Por último, los que son incompetentes y antipáticos, los que me dan ganas de atacar.

En el siguiente gráfico de marcas americanas, muchas de las de servicios están en el cuadrante de incompetentes y frías:

Source: Adapted from «Brands as intentional agents framework» Kervyn, Fiske & Malone, Journal of Consumer Psychology, April 2012.

 

Esto sucede cuando tenemos clientes que nos dicen «algo estás haciendo mal», cosas que tienen que ver con procesos absurdos, como por ejemplo que no te funciona la portabilidad y te digan «llámenme desde el móvil» y que no te funcione el móvil. Esos procesos producen daño social, porque crean desconfianza social.

Un problema que es universal, necesariamente es estructural. No puede ser que se hayan puesto todos de acuerdo. Y si es así, algo deben de tener en común con lo que les pasa a todos los que hablan de automatización cuando el humano con el que hablas no puede hacer nada: hay detrás un sistema!  

“el resultado final, es que nadie tiene la llave completa del proceso, lo que significa que nadie sabe que me pasa, […] y lo peor: nadie entiende mi queja. […] 

El individuo pierde el control del proceso completo, algo que Rousseau definió como alienación. Las protestas, las quejas o la sensación subjetiva de desatención aun habiendo un departamento de quejas y reclamaciones, no se resuelven nunca y no por la psicopatía de los empleados, sino porque efectivamente, el sistema es sociopático o mejor, demente: carece de corteza frontal.”

Paco Traver

Hay un vocabulario no emocional, que sí habla de algo más complejo: los elementos de los que estamos hablando. 

Los Golems y la automatización demenciada

“A esto le llamo un Golem: la personificación  de un ser animado fabricado a partir de una materia inanimada. El Golem es fuerte, pero no inteligente. Si se le ordena llevar a cabo una tarea, la llevará a cabo de un modo sistemático, lento y ejecutando las instrucciones de un modo literal, sin cuestionamiento ninguno.” 

En el mundo digital podemos multiplicar al infinito lo que hacemos, no tiene frenos físicos. Y no tengo ningún desgaste si puedo multiplicar por mil las cosas. Esto es “La automatización demenciada», cuando se pierde la visión de conjunto. 

Sylvia llama Golems al producto de dos cosas que estábamos haciendo y que nos funcionaron hasta que empezó el mundo digital. 

La primera es el pensamiento analítico. Los sistemas automáticos no tienen ese pensamiento, que es la conciencia del comportamiento agregado (peor cuanto más complicado es el sistema). 

La segunda es reaccionar de acuerdo a lo que está sucediendo. Las máquinas no son capaces de cambiar de acuerdo a lo que el otro le dice. Si no están los caminos previstos, el sistema no lo sabe hacer.

Esas dos carencias son más dolorosas cuanto mayor vínculo emocional tengo con el sistema (la empresa). 

Los sistemas complejos y el pensamiento sistémico de la visión femenina

El siguiente vídeo muestra lo que es  un sistema complejo:

Imagen de previsualización de YouTube

 

Un sistema complejo es aquel en el cual la relación entre las bolitas que lo componen da lugar a algo diferente que las bolitas no conocen. La rueda es el comportamiento emergente de este sistema complejo. Desde la rueda, dejaréis de ver las bolitas. Pero si os fijáis en las bolitas, dejáis de ver la rueda. Porque la rueda no conoce a las bolitas, y las bolitas no saben nada de la rueda. No puedes pedir que desde las bolitas se gestione la rueda. 

Los humanos sí somos capaces de cambiar del nivel rueda al nivel bolita de forma más o menos rápida, pero los sistemas no. 

Nosotros somos un sistema complejo. Nadie sabe cómo funcionan los órganos vitales (corazón, riñón, hígado…) de los demás, ni se le ocurre pensarlo, porque la relación que establece con ellos está en otro nivel. Hay un motivo por el que no se habla de esto y es que desde la Ilustración, la ciencia ha utilizado un enfoque reduccionista que ha dado lugar a análisis como la descomposición de un organismo en órgano, células, organelos, moléculas y átomos. 

La interacción entre esos órganos es lo que da lugar al ser humano.  Esa es la dimensión relacional, lo que equivale al comportamiento sistémico del ser humano. Al trocearlo, pierdes de vista el comportamiento sistémico, que es lo que venimos llamando “la visión femenina” (“Las madres educan hijos de manera integral desde siempre”). Cada uno de estos niveles son de integración, y tienen un comportamiento sistémico propio.  Actualmente, las neurociencias hablan de ese comportamiento.

Los niveles de conciencia y la antropología digital

Esta jerarquía de la que hablábamos antes, el comportamiento de los humanos que la componen, es lo que configura la sociedad, tal y como la conocemos.

Pero sólo los  humanos tienen cerebro con un comportamiento arbitrario. Familias, ciudades, países y planetas  configuran los niveles superiores a partir del humano. En los niveles inferiores no hay arbitrariedad (“Nosotros digerimos igual que los elefantes”). La diferencia está en eso que me hace diferente como un todo. Este nivel de conciencia que es donde se sitúa la voluntad, el libre albedrío. 

Las ciudades las gestionan personas, por lo tanto, este es el último nivel de conciencia y el único que conocemos, el de las personas. Es por ello que deberíamos ser conscientes del comportamiento agregado que producimos, especialmente los gobernantes de un país, que son quienes lo gestionan. 

Desde el siglo XX, hemos creado sistemas artificiales, los motores, las cosas y desde finales del siglo XX hemos creado un mundo digital que es abstracto, que crece en complejidad. Empezando por los microchips, luego por los PC’s, conectándolos todos en una red y ahora tenemos Golems. 

“Nosotros creemos que los Golems están en nuestro nivel de arbitrariedad, por eso se están cargando la convivencia social. Porque se nos está llenando el mundo de descerebrados[…]” 

Es importante saber que no existe criterio para obligar a los Golems a comportarse de una determinada manera. Nadie le puede decir a la voz máquina de una empresa: «hazme el favor de que tu sistema me haga tal o cual cosa».

Asimismo, la inteligencia artificial aprende por repetición extrema, pero eso no ayuda, porque las relaciones son siempre únicas e irrepetibles. 

“Estamos en el mundo de la pre-psiquiatría que, Jeff Bezos de Amazon lo llama “la inteligencia artificial, artificial»[…], sistemas automáticos gestionados por humanos que pueden escalar y son capaces de gestionar un sistema complejo[…]. Pero falta la conciencia, es decir, el humano que se haga cargo de aquello y que sepa tener ese pensamiento sistémico […]. Estamos en el nacimiento de la antropología digital, pero lejísimos de las máquinas conscientes.»

Aquí tenéis el video de la sesión:

 

Remedios urgentes para la mejora social

Ana Teresa López de Llergo

El papa Francisco recuerda a los gobiernos su obligación de trabajar por el bien común. Aconseja evitar oír únicamente a las élites económicas y escuchen también a otros sectores que claman por tierra, techo y trabajo.

Un auténtico líder tiene rasgos admirables, dan seguridad a otros y por eso lo siguen. Muchas veces, cuando alguien no comparte los principios que le mueven, lo escucha y adopta varias de sus propuestas porque reconoce su superioridad en esos temas, pues indiscutiblemente es alguien con prestigio.

Una muestra de este modo de proceder lo vemos en el papa Francisco. Muchas veces se reúne con líderes de otros credos en los que reconoce sabiduría y experiencia en asuntos comunes, llegan a acuerdos de gran trascendencia y facilitan el aprecio y la amistad.

La semana pasada, Francisco lanzó varios tuits en un día. Entendemos que no se trata de unas ocurrencias sino de un profundo sentido de urgencia, meditando con profundidad para el bien de la humanidad presente y futura. Nuestra respuesta es escuchar ese deseo tan desinteresado y benéfico. Y cada uno hacer lo que nos compete.

La idea generadora habla de ajustar los modelos socio económicos para que tengan rostro humano, muchos los han olvidado. Este preámbulo se aplica al elenco de temas que nos presenta. Cada quien tiene algo que ver con ellos y ha de afrontarlo de acuerdo a sus recursos y a sus necesidades.

Como aún estamos vinculados a los efectos de la pandemia, es lógico que solicite a los grandes laboratorios el gesto humanitario de liberar las patentes, para facilitar el acceso de todos a las vacunas. Esperamos que quienes están directamente ligados a estas instituciones respondan con generosidad.

Luego, se dirige a los grupos financieros y organismos internacionales de crédito, con las siguientes palabras: “Permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su gente y condonen esas deudas, con frecuencia contraídas en detrimento de los intereses de los mismos pueblos”. Por supuesto, de los países deudores también se esperan respuestas que garanticen una remodelación de su administración y evitar la reincidencia.

A las grandes corporaciones -mineras, petroleras, forestales, inmobiliarias, agronegocios les pide que dejen de contaminar, dejen de intoxicar a los pueblos y a los alimentos. Estas grandes corporaciones tienen empleados a muy diversos niveles, por eso el llamado es extenso. Los directivos han de cuidar el modo de proceder para no ocasionar daños. Y los trabajadores también han de evitar causar daños de manera personal, familiar o al realizar su trabajo.

Pide a las grandes corporaciones alimentarias se alejen de imponer estructuras monopólicas de producción y distribución que elevan los precios y terminan quedándose con el alimento de los hambrientos. Este campo a todos nos interpela, pues todos somos consumidores. Y hemos de hacerlo de manera responsable, sin desperdiciar ni acumular.

A los fabricantes y traficantes de armas les ruega cesen totalmente su actividad pues fomenta la violencia y la guerra, con frecuencia en el marco de visiones geopolíticas que cuestan millones de vidas y de desplazamientos. También los distribuidores y vendedores de armas tendrán que replantear su trabajo y sus ganancias, dando prioridad a la armonía y a la paz.

A los gigantes de la tecnología les plantea una dimensión moral de su trabajo que deben reconocer para dejar de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas, para obtener ganancias. Esa fragilidad se manifiesta de variados modos, pero inicia con los contenidos que incitan a distintos vicios y a desajustes sociales como agresiones, robos e inseguridad.

Quienes sostienen a los gigantes de las telecomunicaciones les propone liberar el acceso de los contenidos educativos y faciliten el intercambio con los maestros por internet para que los niños pobres también puedan educarse en contextos de cuarentena. Este aspecto lógicamente incluye redes que cubran los sitios aislados.

A quienes trabajan en los medios de comunicación les conmina a terminar con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y la fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio y que busquen contribuir a la fraternidad universal. Estamos incluidos los usuarios pues debemos ignorar esos contenidos.

Solicita a los países poderosos el cese de las agresiones, bloqueos, sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. Los conflictos deben resolverse en instancias multilaterales como las Naciones Unidas. También las voces de los pueblos han de secundar esta solicitud.

A los gobiernos y a todos los políticos les recuerda su obligación de trabajar por el bien común. Aconseja evitar oír únicamente a las élites económicas y escuchen también a otros sectores que claman por tierra, techo y trabajo, así como una vida en armonía con toda la humanidad y con la creación.

Llama a todos los líderes religiosos, para que nunca usemos el nombre de Dios para fomentar guerras. Estemos junto a los pueblos, a los trabajadores, a los humildes y luchemos junto a ellos para que el desarrollo humano integral sea una realidad. Tendamos puentes de amor.

Cada ciudadano del mundo tenemos un lugar de trabajo, con unas responsabilidades que hemos de cubrir. Por eso, en mayor o menor grado todos nos competen estos planteamientos. Si nos llaman directamente hemos de tomar decisiones. Si no están directamente relacionadas, indirectamente sí lo están porque sabemos de otros a quienes sí les atañe y hemos de asumir el papel secundario de aconsejarlos y hacer que cumplan sus cometidos. Y se espera que no haya puntos débiles que tiren la labor de conjunto.

Quienes son usuarios, trabajadores o tienen algún vínculo con las empresas que se citan, también han de pensar cómo pueden colaborar para alcanzar las propuestas que nos benefician a todos.

En resumen, se trata de agrandar el corazón y poner los medios para que esas altruistas propuestas se lleven a cabo, en muchos casos iniciando con muchos pocos hasta alcanzar grandes resultados.

 

 

¿Por qué mentimos?

Lucía Legorreta

 

En una conferencia, Seth Stephens-Davidowitz afirma que si analizamos el perfil de una persona en Facebook, vamos a encontrar lo que esa persona quiere demostrar o aparentar hacia los demás.

Hace un tiempo asistí al evento de la Ciudad de las Ideas en Puebla, al cual asisten autores, investigadores y emprendedores de todo el mundo con las ideas más innovadoras.

Tuve oportunidad de escuchar a Seth Stephens-Davidowitz, autor del libro Todo el mundo miente, publicado después de cuatro años de investigación.

Todo el mundo miente, las personas mienten sobre cuántas copas bebieron antes de volver a casa. Mienten sobre la frecuencia con que van al gimnasio, el precio de sus zapatos nuevos, el haber leído tal libro.

Dicen que están enfermas cuando están sanas. Dicen que llamarán cuando no lo harán. Dicen que el problema no es el otro cuando sí lo es. Dicen que te quieren cuando no es así. Dicen que son felices cuando están deprimidos.

“Las personas mienten a sus amigos, mienten a sus jefes; mienten a los niños; a sus padres, a sus médicos, a sus cónyuges. Se mienten a sí mismos. Y sin sombra de duda mienten en las encuestas”.

Esto es lo que escuche decir al autor, analista de datos, columnista del New York Times y profesor de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania.

Lo interesante es que nos demostró con datos que solo hay alguien ante quien nos mostramos realmente como somos: Google.

A Google le decimos lo que no le contamos a nadie más, le revelamos nuestros miedos más profundos, nuestros sueños más íntimos. ¿Cómo lo demuestra?

Mediante los 8 billones de gigabytes de datos, que, en un día normal, dejan en total las búsquedas que se realizan en internet. Ya que las búsquedas en Google constituyen la mayor colección de datos sobre la mente humana que haya habido nunca.

Google es totalmente anónimo y abarca todos los temas de interés y rechazo de las sociedades alrededor del mundo. No sólo revela nuestros deseos ocultos, sino también nuestros prejuicios.

Por ejemplo: los prejuicios machistas que muchos padres y madres aún abrigan contra sus hijas frente a sus hijos varones. La mayoría de los padres quiere creer que tratan igual a sus hijos y a sus hijas. Pero si analizas los datos en Google te das cuenta que esto no es así.

Las consultas que hacen en Google sobre sus hijos varones relacionados con la inteligencia, preguntas tipo “¿Es mi hijo un genio? ¿Mi hijo tiene talento?”.

Sin embargo, la mayoría de consultas que hacen en Google sobre sus hijas están relacionadas con su aspecto: ¿Mi hija tiene sobrepeso? ¿Es fea mi hija? Esto demuestra que los padres expresan más interés por el potencial intelectual de sus hijos varones y mucho menos interés por la fisonomía de sus hijas.

En su conferencia, Seth afirma que si analizamos el perfil de una persona en Facebook, vamos a encontrar lo que esa persona quiere demostrar o aparentar hacia los demás, mientras que en Google las personas son tal y como son.

Te invito a reflexionar qué tanto eres una persona auténtica y que se muestra ante los demás tal y como es; o bien si eres una persona que miente todo el tiempo para aparentar algo que no es. La mentira es esconder quienes somos, mejor ser honestos, decir la verdad y que nos conozcan tal y como somos.

 

 

No se puede entender “la alimentación sin productos cárnicos”

En una intervención en el XXI Congreso Aecoc de Productos Cárnicos, José Miguel Herrero, Director General de Industria Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ha defendido que no es posible “entender la alimentación sin los productos cárnicos”. También incidía en que “no hay productos buenos y malos, sino dietas equilibradas o no equilibradas”, a lo que ha añadido que el Ministerio es un “aliado del sector de la carne para destacar todo lo que aporta”.

También remarcó el papel adoptado por el sector alimentario durante la pandemia y, concretamente, el del sector cárnico, que “ha abastecido en tiempo y calidad a un país de 47 millones de personas y 17 millones de hogares, y eso es algo que no todos los Estados pueden decir”.

Además, el director general destacaba la gran oportunidad que suponen los fondos de recuperación de la Unión Europea, que van a contribuir a que los distintos sectores agroalimentarios, incluido el cárnico, se adapten a los nuevos retos de la digitalización.

“No podemos plantearnos un futuro sin ganadería y una alimentación sin productos cárnicos”, advertía el responsable del Ministerio, que también ha resaltado la oportunidad que suponen los fondos de recuperación de la Unión Europea para la industria cárnica, sobre todo para avanzar en digitalización.

Finalmente cabe decir que se han puesto sobre la mesa datos como que el consumo cárnico en los hogares españoles sigue siendo un 7 % mayor que en 2019 y la preferencia de los actuales consumidores por productos de cada vez más calidad. Nos preguntamos ¿Dónde queda la polémica que, sobre la carne y su consumo, levanto el Ministro Garzón?

Jesús Domingo Martínez

 

Herramienta para la fraternidad

La Iglesia católica ha demostrado a lo largo de la historia no solo su estima por la educación, sino un compromiso permanente con la tarea educativa. En la Jornada Mundial de los Docentes instituida por la Unesco, este año el Papa Francisco ha dirigido un discurso en el que reafirma la propuesta de un Pacto Educativo Global. Recuerda que la Iglesia apuesta por una alianza que fomente la educación inclusiva, la escucha paciente y el diálogo constructivo.

Sin duda, se trata de una apuesta por que las jóvenes generaciones educadas en la comprensión mutua crezcan en el deseo de conocer al otro y comprenderle, y desde ahí se comprometan en construir relaciones de convivencia más fraternas.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Cuando Occidente pecó de candidez y abrió con alfombra roja las puertas de la OMC a China, el presidente Obama hizo un primer intento de contrarrestar la influencia económica china en Asia. Donald Trump echó abajo esa iniciativa, pero endureció el discurso. Con formas algo más diplomáticas, Joe Biden ha dado pasos decisivos en la contención militar en el Pacífico, reforzando alianzas regionales, a la vez que sigue la línea de Trump de considerar a China un competidor hostil en tecnología. No hay otra vía.

Sin una determinación clara, Beijing no tomará nunca en serio a los norteamericanos, y así y todo no va a perder ocasión de poner a prueba su determinación. Pero a la vez China representa casi ya el 20% del PIB mundial, y es un socio imprescindible frente a retos como el cambio climático. No será fácil, en otras palabras, encontrar el punto de equilibrio, pero no queda más remedio que buscarlo y a ser posible encontrarlo.

Juan García. 

 

Pensiones, pensioncillas, sueldos y limosnas

 

                                En España, los que actualmente la mangonean (“gobernar es otra cosa mucho más noble y verdadera) piensan aprobar, “los mayores presupuestos de la historia moderna de esta nación”; que recordemos, está en quiebra y con una deuda exterior (y mucha interior, de la que ni sabemos cuándo nos la van a pagar) que ya se publicó hace años, que era impagable y que pese a ello, “los mangoneadores”, la siguen aumentando, creando una real deuda, que puede que ni nuestros nietos o biznietos, puedan pagar; o sea, que no tiene escrúpulos en crear una deuda, para cargar la misma a los que aún ni han nacido; lo que ya no hay palabras para calificar los hechos, en el riquísimo idioma ESPAÑOL, creado en 1492 (“Gramática de Nebrija” (1) y “amasado en el resto de siglos que llevan transcurridos y el que sigue creciendo con gran fuerza.

                                De ese “tan pomposo y rimbombante proyecto presentado a bombo y platillo”, trato de comentar algunas “cosillas”; del tan “espléndido disparate” y las que tienen la lógica, hipotética, de que, “las vacas que puedan pastar en la Luna, den leche y buen queso, para alimentar a los españolitos de a pie y de hoy mismo” (risa inaguantable que me da mientras escribo); puesto que veamos algunas de ellas.

                                La primera, es que “a los empleados públicos”, les van a subir un dos por ciento; lo que al “más alto de ellos”, “un tal Pedro Sánchez (2)” le va a suponer más de dos mil euros al año, puesto que “el angelito”, pasa a cobrar más de los “cien mil del ala”; a los que hay que sumar los gastos del avión que usa, casi como “el cepillo de dientes” y; otros caprichos innumerables que nos hace pagarle, al indefenso contribuyente que normalmente deseamos, que “Dios lo guarde muchos años” para engrandecimiento de la historia de españa (adrede en minúsculas), unido al de otro “memorable, cual fuera el “rey felón”, de muy fuerte recuerdo por los frutos que aportó a los españoles de su tiempo y muchas más generaciones que padecimos su desastroso gobierno”.

                                Pero prosigo con el tema de hoy: Si a nuestro “deslustrado” presidente y demás “altos empleados; o funcionarios colocados a dedo”, les representará un “magro aumento del salario” (que no merecen en mayoría): pensemos en ese pensionista de ambos sexos, que está recibiendo, “pensioncillas de limosna” y a las que les van a añadir, “diez o menos de diez euros mensuales”, cuándo y por ejemplo, ese “IPC” en que basan los aumentos, debe ser “más falso que el rey Miguel” (que se dice en mi tierra madre) ya que oído a una vieja que comenta con su vecina… “¡Coño que por cinco cabezas de ajos me han cobrado en la tienda, más de dos euros!”; o sea que a la pobre vieja y a millones de españolitos más, esa subida de “pensioncillas”, nos empobrece más de lo que nos remedia; pero “es lo que hay y que llevamos soportando ya más de cuarenta años”; donde el progreso fue y es, “caída libre en la pobreza creada y que avanza sin parar”, salvo para los muy, “próximos al dinero público con derecho a su mangoneo” y que meten mano en él basados en las leyes del embudo o…?

                                Pero el muy astuto “premier” español, ya pone en lugar destacado que al rey, se le “congelan fondos”; aunque (digo yo) con los “ocho milloncejos que tiene asignados, al rey y familias”, no le van a parecer, “caros los ajos que dijo la vieja”; puesto que a esos ocho millones, hay que aumentar lo que nos cuesta, “la guardia real” y anexos, el mantenimiento del otro ex rey, actualmente huido o refugiado en Abu Dabi (3), pero se dice que hasta allí, llegan miembros de la guardia real para guardarlo; suponiendo que también le llegarán, “las generosas anchoas que “el mandamás de Asturias”, obsequia a los de su clase, con el buen criterio de “difundir la rica anchoa asturiana”; y es claro que junto a las anchoas, irán vete a saber qué cantidades de otros manjares, e incluso dinero que pagaremos como siempre, “el cada vez más contento contribuyente español”; al que “lo ampara” una Constitución, que dice que “todos los españoles somos iguales”; pero ya lo dijo hace casi un siglo, el autor, de “Rebelión en la Granja”(4); que allí había, “iguales y… más iguales”; o sea, “lo de siempre y desde que el mono humano, bajó de los árboles y agarró la primera piedra, que fue la primera arma que usó y que luego ha perfeccionada, hasta llegar a la Luna, Marte y más conquistas”. Amén.

NOTAS: (1) texto escrito por Antonio de Nebrija y publicado en 1492, el que en escrito a sus reyes ya les vaticina… “Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra mía, serán capaces de aprenderlo, tal como nosotros aprendemos latín a través de la gramática latina”; y de lo que no hay porqué, digo yo; “sulfurarse hoy”, puesto que en aquellos siglos, “la cosa era así; hoy sigue lo mismo pero de otra forma más sibilina e hipócrita”, cosa que el andaluz , Elio Antonio de Nebrija, no sabía, y empleaba el clásico español de siempre, llamando “al pan, pan y al vino, vino”; es por lo que nos dejó un idioma tan claro y sencillo.

(2) Pedro Sánchez Pérez-Castejón (Madrid, 29 de febrero de 1972) es un político español, actual presidente del Gobierno de España. Es secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde 2017, cargo que ya había desempeñado entre 2014 y 2016. wikipedia.org

(3) El programa 'Viva la vida' ha revelado en exclusiva cómo es la impresionante casa del rey Juan Carlos en Abu Dabi. ¿Cómo vive el emérito y cómo es el lugar donde reside? El programa ha mostrado una serie de fotografías de la espectacular residencia del padre de Felipe VI. Se trata de una mansión de lujo valorada en unos 11 millones de euros y situada en la paradisiaca isla de Nurai, de un kilómetro cuadrado de extensión y a 15 minutos en barco de Abu Dabi. Una propiedad de la familia real de Abu Dabi, en la que el emérito cuenta con al menos cinco personas españolas a su servicio: tres ayudantes de cámara y dos escoltas. Estos últimos son en realidad cuatro, que se turnan de dos en dos cada 15 días, tal y como informó Silvia Taulés en este medio. Añadió que además de las visitas de su médico de cabecera, el doctor Manuel Sánchez, quien más veces ha estado con don Juan Carlos en Emiratos, tiene a su disposición un fisioterapeuta y un entrenador personal que le ayudan a mantenerse lo mejor en forma posible. La residencia, ubicada en un paraje idílico, cuenta con todo tipo de comodidades. Enmarcada en un lujoso resort, la mansión cuenta con todo tipo de detalles destinados al entretenimiento. Una mesa de billar, un futbolín e incluso una sala de cine con capacidad para 18 personas. https://www.vanitatis.elconfidencial.com/casas-reales/2021-02-21/casa-mansion-rey-juan-carlos-abu-dabi_2960520/  Pulsen aquí y vean abundantes fotografías.

(4) Rebelión en la granja; también titulada en español como La granja de los animales: es una novela corta satírica del escritor británico George Orwell publicada en 1945. La obra es una fábula sobre cómo el régimen soviético de Iósif Stalin dominó la URSS.Y también escribió entre otros, la novela: 1984, que es una novela política de ficción distópica, escrita  entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del Pensamiento y de la neolengua: Dos obras ya inmortales, por cuanto representan de crítica a la política de “los tiranos de siempre”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes