Las Noticias de hoy 21 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 21/10/2021 - 12:54

Amistad reflexiones y Algo más: La pobreza no la hizo DIOS

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 21 de octubre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia: somos libres en la medida que servimos a los otros, a los pobres

Anteponer el enfermo a la enfermedad según la visión cristiana

Ángelus del Papa: sumergirse con compasión en la vida de los demás

Congregación para los Obispos: El Papa erige canónicamente la CEAMA

¡FUEGO HE VENIDO A TRAER A LA TIERRA!: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: fuego de amor

"Si has caído, levántate con más esperanza" : San Josemaria

«La libertad crece con el amor»

«Busqué la paz en las drogas y el reiki... La encontré en la oración»

Nuevas tecnologías y coherencia cristiana : J.C. Vásconez – R. Valdés

Trabajar por amor : J. López

Religiones y cambio climático : Mario Arroyo.

Yo ya creo en Dios y le hablo ¿Para qué quiero los sacramentos? : primeroscristianos

El nido de la vida humana: Ana Teresa López de Llergo

¿Tiene tu hijo una adicción a los videojuegos? : Lucía Legorreta

No entiende de sectarismo : Juan García. 

"Enferma de cansancio" : Jesús D Mez Madrid

Pero no lo han perdido todo si… : Domingo Martínez Madrid

Vagos y maleantes: plagas que persisten  :  Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

Audiencia: somos libres en la medida que servimos a los otros, a los pobres

“El apóstol Pablo, con su Carta a los Gálatas, poco a poco nos introduce en la gran novedad de la fe”. Así comienza la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General de este miércoles 20 de octubre celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Ciudad del Vaticano

En los primeros momentos de la Audiencia, un niño se acercó al Papa para saludarlo, y Francisco refiriéndose a esta situación afirmó sobre la libertad del niño para acercarse y no tener miedo, “como si estuviera en su casa”, y añadió: “agradezco a este niño la lección que nos ha dado a todos. Y que el Señor le ayude en su limitación, en su crecimiento porque ha dado este testimonio que le salió del corazón”.

La gran novedad de la fe

El Papa Francisco en la catequesis de este miércoles 20 de octubre desarrolla el tema de la libertad en la Carta a los Gálatas del apóstol San Pablo.

Por el bautismo hemos recibido “la vida nueva” y el don de ser hijos de Dios, indica Francisco, quien insiste en que “renacidos en Cristo” hemos pasado de una religiosidad hecha de preceptos a una “fe viva, que tiene su centro en la comunión con Dios y con los hermanos (…) Hemos pasado de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de los hijos de Dios”.

¿Cuál es el corazón de la libertad según el apóstol Pablo?

Francisco puntualiza que el núcleo de la vivencia de la libertad no es “un modo de vivir libertino, según la carne”, sino todo lo contrario, la “libertad en Cristo nos lleva a estar al servicio de los demás”.

La paradoja del Evangelio, señala Francisco consiste en que “Somos libres para servir, y en eso consiste la libertad; nos encontramos plenamente en la medida en que nos entregamos (…) Esto es puro Evangelio”, subraya.

Poseemos la vida si la perdemos

El Papa al referirse al planteamiento del apóstol afirma: “La respuesta del apóstol es tan sencilla como exigente” porque “No hay libertad sin amor”.

La libertad que se centra en hacer lo que yo quiero, indica Francisco “no es libertad, porque se vuelve sobre sí misma, no es fructífera”.

Es a través del amor que hemos sido liberados, y es “el amor el que nos libera de la peor esclavitud, la de nuestro ego; por eso la libertad crece con el amor”.

Francisco nos alerta contra el “amor intimista” porque solo sirve para buscar “lo que nos conviene y nos complace”. Frente al amor intimista, está el amor “verdaderamente libre y liberador. Es el amor que resplandece en el servicio gratuito”, al estilo de Jesús, como cuando Él lavó los pies a los discípulos (Jn 13:15).

También nos llama la atención contra la libertad “sin objetivo, sin referencias” y la califica como una “libertad vacía, una libertad de circo”. La experiencia que produce esta libertad es la del vacío interior y “de que hemos utilizado mal el tesoro de nuestra libertad”. Frente a esta realidad, está la “belleza de poder elegir el verdadero bien para nosotros y para los demás”.

Desenmascarar una libertad egoísta

"’Que nadie busque su propio interés, sino el de los demás’ (1 Cor 10,23-24). Esta es la regla para desenmascarar cualquier libertad egoísta”, afirma Francisco.

El Papa muestra las características de la libertad que libera a los demás y a nosotros mismos: “sabe escuchar sin imponer (…) sabe amar sin forzar (…) construye y no destruye (…) no explota a los demás”.

Francisco resume este planteamiento al afirmar: “si la libertad no está al servicio del bien, corre el riesgo de ser estéril y no dar frutos”. En contraposición, prosigue, “la libertad animada por el amor conduce a los pobres, reconociendo en sus rostros el de Cristo”.

El Papa recuerda una de las concepciones modernas de la libertad: "Mi libertad termina donde empieza la tuya" y resalta que falta el elemento de la “relación”, por ello es una visión individualista.

La libertad “provocada por Jesús”, indica Francisco, no te mantiene alejado de los demás ni convierte a los otros en una molestia; tampoco ve a los seres humanos como encerrados en ellos mismos, sino que los descubre como parte de una comunidad.

“La dimensión social es fundamental para los cristianos, ya que les permite mirar al bien común y no al interés privado” insiste Francisco, quien nos llama a “redescubrir la dimensión comunitaria” de la libertad porque “nuestra libertad nace del amor de Dios y crece en la caridad”.

 

Anteponer el enfermo a la enfermedad según la visión cristiana

Al recibir a los miembros de la “Biomedical University Foundation” de la Universidad Campus Biomédico de Roma el Papa les recordó que “el amor al hombre, especialmente en su condición de fragilidad, en el que brilla la imagen de Jesús Crucificado, es específico de una realidad cristiana y no debe perderse nunca”

 

Vatican News

Después de mediodía el Papa Francisco recibió en audiencia, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a cincuenta miembros de la “Biomedical University Foundation” de la Universidad Campus Biomédico. Al saludar a los presentes el Pontífice se dirigió de modo especial al Profesor Paolo Arullani, presidente de la Fundación, a quien agradeció las palabras que le dirigió en nombre de los presentes y manifestó su satisfacción por este encuentro que se lleva a cabo en el día en que se celebra a San Lucas, a quien el apóstol Pablo llama “el querido médico”.

Anteponer el enfermo a la enfermedad

Tras manifestar que conoce este Campus de Roma el Santo Padre se refirió a lo difícil que es hoy en día llevar a cabo un trabajo en el ámbito de la sanidad, sobre todo cuando, como en esta policlínica, no sólo se centra en la asistencia, sino también en la investigación para proporcionar a los pacientes las terapias más adecuadas, con amor a la persona. En efecto, el Papa afirmó al respecto:

“Anteponer el enfermo a la enfermedad es esencial en todos los campos de la medicina; es fundamental para que el tratamiento sea verdaderamente integral y humano”

Y recordó que el Beato Álvaro del Portillo los animó para que así lo hicieran. Ponerse cada día “al servicio de la persona humana en su totalidad”, algo que es “muy agradable a Dios” y por lo que Francisco les dio las gracias.

Centralidad de la persona

Aludiendo a la centralidad de la persona, “que subyace en su compromiso con la asistencia”, y también con la docencia y la investigación, el Papa dijo que de esta forma se ayuda a fortalecer una visión unificada y sinérgica, que “no pone en primer lugar las ideas, las técnicas y los proyectos, sino al hombre concreto, al paciente, al que hay que cuidar conociendo su historia, conociendo su experiencia y estableciendo relaciones amistosas que sanan el corazón”.

“El amor al hombre, especialmente en su condición de fragilidad, en el que brilla la imagen de Jesús Crucificado, es específico de una realidad cristiana y no debe perderse nunca”

Personas que se acogen y se ayudan mutuamente

El Obispo de Roma reafirmó que esta Fundación y el Campus Biomédico, junto a la sanidad católica en general, “están llamados a testimoniar con hechos que no hay vidas indignas o que deban ser desechadas porque no respondan al criterio del beneficio o a las exigencias del mismo”.

“Estamos viviendo una verdadera cultura del descarte; es un poco el aire que respiramos y debemos reaccionar contra esta cultura del descarte. Todo centro sanitario, en particular los de inspiración cristiana, debería ser un lugar donde se practica la asistencia y donde es posible decir: ‘Aquí no se ven sólo médicos y enfermos, sino personas que se acogen y se ayudan mutuamente: aquí se puede experimentar la terapia de la dignidad humana’. Y esto nunca debe negociarse, siempre debe defenderse”

Profesionalidad y piedad, competencia y empatía

Por esta razón les dijo que es necesario “centrarse en la atención al individuo, sin olvidar la importancia de la ciencia y la investigación”. Puesto que el cuidado sin la ciencia “es vano, al igual que la ciencia sin el cuidado es estéril”. A lo que añadió: Los dos van juntos, y sólo juntos hacen de la medicina un arte, un arte que implica cabeza y corazón, que combina conocimiento y compasión, profesionalidad y piedad, competencia y empatía.

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A estos “queridos amigos” el Santo Padre les dio las gracias “por favorecer el desarrollo humano de la investigación”. A la vez que destacó que, desgraciadamente, a menudo se persiguen los caminos rentables del beneficio, olvidando que las necesidades de los enfermos están por encima de ellas. De ahí que haya afirmado que:

“Las necesidades de los enfermos evolucionan constantemente, por lo que debemos estar preparados para hacer frente a nuevas enfermedades y problemas”

La sencilla pero difícil palabra: “juntos”

El Pontífice también recordó a las muchas personas mayores y a las que están relacionadas con enfermedades raras. Y destacó que además de promover la investigación ayudan a quienes no tienen medios económicos para pagar su educación. Pienso, en particular, en los esfuerzos que ya han realizado para el Centro Covid, la sala de urgencias y el reciente proyecto de Hospice. Y subrayó la “sencilla pero difícil palabra: juntos”.

La caridad exige un don

Refiriéndose a la pandemia el Papa dijo que “nos ha mostrado la importancia de conectar, colaborar y abordar juntos los problemas comunes”:

“La sanidad, en particular la católica, necesita y necesitará cada vez más esto, estar en red. Ya no es tiempo de seguir el propio carisma de forma aislada. La caridad exige un don: hay que compartir el conocimiento, la experiencia, la ciencia”

Curar en profundidad

Hacia el final de su alocución el Papa aclaró que cuando dice “ciencia”, no se refiere sólo los productos de la ciencia, que, si se ofrecen solos, se quedan “en meras tiritas, capaces de taponar la herida, pero no de curarla en profundidad”.

“Esto se aplica a las vacunas, por ejemplo: hay una necesidad urgente de ayudar a los países que tienen menos, pero esto debe hacerse con planes de largo alcance, no sólo motivados por la prisa de las naciones ricas por ser más seguras”

“Los remedios, dijo Francisco, deben distribuirse con dignidad, no como lamentables dádivas. Para hacer un bien real, necesitamos promover la ciencia y su aplicación integral: entender los contextos, enraizar los tratamientos, hacer crecer la cultura de la salud. No es fácil, es una verdadera misión, y espero que la sanidad católica sea cada vez más activa en este sentido, como expresión de una Iglesia extrovertida y abierta”.

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Por último, el Papa Francisco los animó “a seguir en esta dirección, acogiendo su trabajo como un servicio a las inspiraciones y sorpresas del Espíritu, que a lo lardo del camino les hace encontrar tantas situaciones necesitadas de cercanía y compasión”. También les dijo que reza por ellos, y renovando su gratitud les impartió su bendición, a la vez que les pidió que también ellos sigan rezando por él.

 

Ángelus del Papa: sumergirse con compasión en la vida de los demás

El Evangelio de hoy muestra dos lógicas diferentes: la de los discípulos y la de Jesús. Unos quieren “emerger”, mientras que el Maestro se “sumerge”. El Papa pidió reflexionar sobre cuántas veces los cristianos, que deberían ser siempre servidores, tratan de “trepar”, mientras que, a ejemplo de Jesús, deberían “abajarse en el servicio, no tratar de escalar para la propia gloria”. La pregunta que hoy Francisco nos hace es: ¿Tengo compasión por los demás?

 

Asomado a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano, como cada domingo, el Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio del día que hoy narra sobre el pedido de Santiago y Juan al Señor Jesús de sentarse un día con Él en la gloria, como si fueran - observó el Santo Padre - “los primeros ministros” o “algo así”. Los otros discípulos los escuchan y “se indignan”, señaló Francisco, explicando que “con paciencia” el Maestro les ofreció una gran enseñanza, a saber, que “la verdadera gloria no se obtiene elevándose por encima de los demás, sino viviendo el mismo bautismo que Él recibirá poco después en Jerusalén”, es decir, "la cruz".

La gloria de Dios, amor que se convierte en servicio

“¿Qué quiere decir esto?”, planteó Francisco. Y explicó: 

La palabra "bautismo" significa "inmersión": con su Pasión, Jesús se sumergió en la muerte, ofreciendo su vida para salvarnos. Su gloria, la gloria de Dios, es, pues, el amor que se convierte en servicio, no el poder que aspira a la dominación. No es un poder que aspira a la dominación: es amor que se hace servicio. Por eso Jesús concluye diciendo a los suyos y también a nosotros: "El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor" (Mc 10,43). Para hacernos grandes tenemos que ir por el camino del servicio, servir a los demás. 

Búsqueda de prestigio personal puede ser enfermedad del espíritu

El Santo Padre puso en evidencia las dos “lógicas” diferentes: la de los discípulos, que quieren "emerger" y la de Jesús que "quiere sumergirse”. Se detuvo Francisco en cada uno de los verbos: el primero, “emerger”, que expresa esa “mentalidad mundana a la que siempre somos tentados” de “vivir todas las cosas, incluso las relaciones, para alimentar nuestra ambición, para subir los peldaños del éxito, para alcanzar posiciones importantes”. Se trata de una “búsqueda del prestigio personal” que, advirtió el Santo Padre, “puede convertirse en una enfermedad del espíritu” y que se disfraza “incluso detrás de las buenas intenciones”:

Cuando, por ejemplo, detrás del bien que hacemos y predicamos, en realidad sólo buscamos a nosotros mismos y nuestra propia afirmación, es decir, trepar… Es algo que vemos también en la Iglesia… Cuántas veces, nosotros, los cristianos, que deberíamos ser siempre servidores, tratamos de “trepar”, de escalar…

Verificar las verdaderas intenciones del corazón

De ahí que sea siempre necesario, según la enseñanza del Sumo Pontífice, “verificar las verdaderas intenciones del corazón”, preguntándonos: "¿Por qué llevo a cabo este trabajo, esta responsabilidad? ¿Para ofrecer un servicio o para ser notado, alabado y recibir cumplidos?". Se trata de una “lógica mundana” a la que Jesús “contrapone la suya” que es la del segundo verbo, "sumergir". En lugar de elevarse por encima de los demás, - explicó el Sucesor de Pedro - bajar del pedestal para servirlos; en lugar de emerger por encima, sumergirse en la vida de los demás. 

En este punto de su alocución, Francisco se refiere a un programa visto en televisión sobre un servicio realizado por Cáritas para que a nadie le falte comida. Puesto en evidencia, sí, por el Papa, para hacer notar la importancia de “preocuparse por el hambre de los demás, por las necesidades de los demás”, puesto que “hay muchas, muchas personas necesitadas hoy en día y después de la pandemia – lamentó el Santo Padre – aún más”. 

Observar y abajarse en el servicio, no tratar de escalar para la propia gloria.

¿Pensamos con compasión en el hambre de tanta gente?

"Sumergirse". Jesús nos pide que nos sumerjamos “con compasión” en la vida de los que encontramos – aseguró el Papa. Volviendo luego sobre el programa visto que trataba el hambre, preguntó a cada uno: 

¿Pensamos con compasión en el hambre de tanta gente, cuando estamos frente a la comida - que es una gracia de Dios que podemos comer, hay tanta gente que trabaja y no tiene para comer durante todo el mes…? 

“Pensemos en ello”, exhortó entonces el Pontífice, impulsándonos a sumergirnos “con compasión”, a “tener compasión”, porque “no es un dato de la enciclopedia”, sino que “hay tanta gente hambrienta”

“¡Son personas! ¿Tengo compasión por las personas?”

Si hacemos como Jesús, descubrimos el modo de hacer de Dios

"Con compasión" por la vida de los que encontramos, "sumergirse" como Jesús hizo con cada uno de nosotros es el pedido del Sumo Pontífice, que invita a mirar al Señor Crucificado “sumergido hasta el fondo de nuestra historia herida”, para descubrir “el modo de hacer de Dios”:

Veamos que no se quedó allá arriba en el cielo, mirándonos, sino que se abajó para lavarnos los pies. Dios es amor y el amor es humilde, no se eleva, sino que desciende, como la lluvia que cae sobre la tierra y da vida.

Aún hay otra pregunta que plantea Francisco y es: ¿cómo nos ponemos en la misma dirección que Jesús?, ¿cómo pasamos de emerger a sumergirnos, de la mentalidad del prestigio – aquella mundana - a la del servicio, a la de la cristiandad?”. Se necesita “empeño”, asegura, a la vez que advierte que, sin embargo, “no es suficiente”, pues solos, “es difícil, por no decir imposible”.

La fuerza de nuestro bautismo

Pero la buena noticia que da el Papa es que “tenemos una fuerza dentro que nos ayuda”: 

Es la del Bautismo, la de esa inmersión en Jesús que todos nosotros hemos recibido por gracia y que nos orienta, nos impulsa a seguirlo, a no buscar nuestro propio interés sino a ponernos a su servicio. Es una gracia, es un fuego que el Espíritu ha encendido en nosotros y que hay que alimentar. Pidamos hoy al Espíritu Santo que renueve en nosotros la gracia del Bautismo, la inmersión en Jesús, en su forma de ser para ser más servidores, para ser siervos como Él lo fue con nosotros.

A “la más grande”, a quien “no trató de destacar, sino que fue la humilde sierva del Señor” el Santo Padre pide que recemos en este día: para que nos ayude a encontrar a Jesús recemos a nuestra madre, que está “plenamente inmersa a nuestro servicio”. 

La violencia es una derrota para todos

Tras el Ángelus, Francisco, recordando que la semana pasada hubieron varios atentados (Noruega, Afganistán e Inglaterra) expresó su cercanía a las familias de las víctimas y pidió abandonar el camino de la violencia, que siempre es "una derrota para todos". "Recordemos - dijo - que la violencia genera violencia”. También se refirió a la iniciativa de Ayuda a la Iglesia Necesitada "Por la unidad y la paz, un millón de niños rezan el Rosario", animando esta campaña de oración, que este año se encomienda de manera especial a la intercesión de San José. No faltó la mención de la beatificación en Córdoba, españa, del sacerdote Juan Elías Medina y 126 compañeros mártires, asesinados por odio a la fe durante la violenta persecución religiosa de los años 30 en España. “Que su fidelidad – animó el Papa – nos dé a todos, especialmente a los cristianos perseguidos en distintas partes del mundo, la fuerza para dar un testimonio valiente del Evangelio”. Por último, en sus saludos a todos los peregrinos, se dirigió en particular a las Hermanas "Medee" que celebran su Capítulo General, a la Confederación de los Caballeros Pobres de San Bernardo de Claraval, a los empresarios africanos reunidos en su encuentro internacional, a los fieles de Este, Cavallino y Ca' Vio (Venecia), y a los jóvenes confirmandos de Galzignano.

El Pontífice, además, impartió su bendición a la "Peregrinación Ecuménica por la Justicia Ecológica", formada por cristianos de diferentes confesiones, que partieron de Polonia hacia Escocia para asistir a la cumbre del clima COP26. Al final, el Papa Francisco se despidió con su acostumbrado saludo, deseando a todos un buen domingo y pidiendo por favor, que no se olviden de rezar por él. 

 

Congregación para los Obispos: El Papa erige canónicamente la CEAMA

La Congregación para los Obispos dio a conocer a través de una Nota, publicada la mañana de este 20 de octubre, la erección de la Conferencia Eclesial de la Amazonía. La CEAMA tendrá la finalidad de promover la acción pastoral común de las circunscripciones eclesiásticas de la Amazonía y de incentivar una mayor inculturación de la fe en dicho territorio.

 

Ciudad del Vaticano

“En la Audiencia del 9 de octubre concedida al Prefecto de la Congregación para los Obispos, el Santo Padre ha erigido canónicamente la Conferencia Ecclesial de la Amazonía como persona jurídica eclesiástica pública, dándole la finalidad de promover la acción pastoral común de las circunscripciones eclesiásticas de la Amazonía y de incentivar una mayor inculturación de la fe en dicho territorio”, es lo que se lee en una Nota de la Congregación para los Obispos, publicada la mañana de este miércoles, 20 de octubre, en la que se señala que, el Santo Padre, bien dispuesto a favorecer esta iniciativa, surgida de la Asamblea Sinodal, ha encargado a dicho Dicasterio que siguiera y acompañara de cerca el proceso, prestando toda la ayuda posible para dar al organismo una adecuada fisonomía.

Un organismo episcopal permanente y representativo

Asimismo, la Nota de la Congregación para los Obispos precisa que, “los Estatutos del nuevo organismo serán presentados al Santo Padre para la necesaria aprobación al final de su estudio”. Además, la Nota explica que la erección de la CEAMA se da siguiendo la propuesta que hicieron los Padres sinodales, en el Documento Final del Sínodo de la Amazonia, en el nº 115, en la que proponían la creación de un "organismo episcopal permanente y representativo que promueva la sinodalidad en la región amazónica". Posteriormente, durante una Asamblea, celebrada del 26 al 29 de junio de 2020, los Prelados interesados decidieron solicitar a la Santa Sede la erección permanente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía.

El CELAM celebra con gozo y esperanza

Por su parte, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha emitido un Mensaje en el cual celebra “con gozo y esperanza” que, “el Papa Francisco ha erigido canónicamente la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) como persona jurídica pública eclesiástica”. “La decisión del Santo Padre nos llena de alegría en un tiempo en el que la Iglesia latinoamericana y caribeña acentúa su opción por la sinodalidad, en colegialidad, conversión integral, con voz profética, mirada integradora e incidencia, articulando e integrando redes, impulsando la descentralización, y acogiendo el Magisterio del Papa Francisco”, se lee en el mensaje divulgado por el CELAM este domingo 17 de octubre, coincidiendo con la apertura del proceso sinodal en todas las diócesis del mundo. Cabe señalar que “estos principios han guiado el proceso de renovación y de reestructuración del CELAM, que incluye a la CEAMA en su estructura organizativa”.

Caminar por caminos nuevos con estilos nuevos

Asimismo, Monseñor Eugenio Coter, Obispo del Vicariato Apostólico de Pando, Bolivia, manifestó su alegría por el hecho de que, “el Papa Francisco haya respondido a este pedido de reconocer y asignar una personería jurídica eclesiástica pública a la CEAMA, y esto en continuidad al camino que fue el Sínodo de la Amazonia. Creo también – afirma el Prelado – dentro del camino de la Conferencia Eclesial de América Latina y El Caribe, y también al inicio del camino del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad. Es una continuidad de este caminar y responder a desafíos que el Espíritu nos pone por delante, este es un gran regalo, es una alegría el poder contar con esto que afianza todo este caminar de estos años, le da fortaleza, le da estabilidad y nos desafía ahora a seguir adelante, dóciles y fieles al Espíritu del Señor y caminar por caminos nuevos con estilos nuevos”.

 

¡FUEGO HE VENIDO A TRAER A LA TIERRA!

- El afán divino de Jesús por todas las almas.

- El apostolado en medio del mundo se ha de propagar como un incendio de paz.

- La Santa Misa y el apostolado.

Yo . El Señor manifiesta a sus discípulos, como Amigo verdadero, sus sentimientos más íntimos. Así, les habla del celo apostólico que le consume, de su amor por todas las almas: Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda? Y les muestra su impaciencia divina por que se consuma en el Calvario su entrega al Padre por los hombres: Tengo que ser bautizado con un bautismo ¡y cómo me siento urgido hasta que se lleve a cabo!1. En la Cruz tuvo lugar la plenitud del amor de Dios por todos, pues nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos2. De esta predilección participamos quienes le seguimos.

San Agustín, comentando este pasaje del Evangelio de la Misa, enseña: «los hombres que creyeron en Él comenzaron a arder, recibieron la llama de la caridad. Es la razón por la que el Espíritu Santo se apareció en esa forma cuando fue enviado sobre los Apóstoles: Se les aparecieron lenguas como de fuego, que se posaron, repartidas, sobre cada uno de ellos ( Hech2, 3). Inflamados con este fuego, comenzó a ir por el mundo ya inflamar a su vez y prender fuego a los enemigos de su entorno. ¿A qué enemigos? A los que abandonaron a Dios que los había creado y adoraban las imágenes que ellos tenían hecho (...). La fe que hay en ellos se encuentra como ahogada por la paja. Les conviene arder en ese fuego santo, para que, una vez consumida la paja, resplandezca esa realidad preciosa redimida por Cristo »3. Somos nosotros quienes hemos de ir ahora por el mundo con ese fuego de amor y de paz que encienda a otros en el amor a Dios y purifique sus corazones.

Iremos a la Universidad, a las fábricas, a las tareas públicas, al propio hogar ... «Si en una ciudad se prendiese fuego en distintos lugares, aunque era un fuego modesto y pequeño, pero que resistiese todos los embates, en poco tiempo la ciudad quedaría incendiada.

»Si en una ciudad, en los puntos más dispares, se encendiese el fuego que Jesús ha traído a la tierra y este fuego resistiese al hielo del mundo, por la buena voluntad de los habitantes, en poco tiempo deberíamos la ciudad incendiada de amor de Dios.

»El fuego que Jesús ha traído a la tierra es Él mismo, es la Caridad: ese amor que no solo une el alma a Dios, sino a las almas entre sí (...). Y en cada ciudad estas almas pueden surgir en las familias: padre y madre, hijo y padre, madre y suegra; pueden encontrarse también en las parroquias, en las asociaciones, en las sociedades humanas, en las escuelas, en las oficinas, en cualquier parte (...). Cada pequeña célula encendida por Dios en cualquier punto de la tierra se propagará necesariamente. Luego, la Providencia distribuirá estas llamas, estas almas-llamas , donde crea oportuno, a fin de que en muchos lugares el mundo sea restaurado al calor del amor de Dios y vuelva a tener esperanza »4.

II . El apostolado en medio del mundo se propaga como un incendio. Cada cristiano que viva su fe se convierte en un punto de ignición en medio de los suyos, en el lugar de trabajo, entre sus amigos y conocidos ... Pero esa capacidad solo es posible cuando se cumple en nosotros el consejo de San Pablo a los cristianos de Filipos: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús5. Esta recomendación del Apóstol «exige a todos los cristianos que reproduzcan en sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sentimiento que tenía el Divino Redentor cuando se ofrecía en Sacrificio, es decir, imiten su humildad y eleven a la suma Majestad de Dios, la adoración, el honor, la alabanza y la acción de gracias »6. Esta oblación se realiza principalmente en la Santa Misa, renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz, donde el cristiano ofrece sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar, el trabajo de cada jornada, el descanso; incluso las mismas pruebas de la vida, que, si son sobrellevadas pacientemente, se convierte en medio de santificación7. Al terminar el Sacrificio eucarístico, el cristiano va al encuentro de la vida, como lo hizo. Cristo en su existencia terrena: olvidado de sí mismo y dispuesto a darse a los demás para llevarlos a Dios.

La vida cristiana debe ser una imitación de la vida de Cristo, una participación en el modo de ser del Hijo de Dios. Esto nos lleva a pensar, mirar, sentir, obrar y reaccionar como Él ante las gentes. Jesús veía a las muchedumbres y se compadecía de ellas, porque andaban como ovejas sin pastor8, en una vida sin rumbo y sin sentido. Jesús se compadecía de ellas; su amor era tan grande que no se dio por satisfecho hasta entregar su vida en la Cruz. Este amor ha de llenar nuestros corazones: entonces nos compadeceremos de todos aquellos que andan alejados del Señor y procuraremos ponernos a su lado para que, con la ayuda de la gracia, conozcan al Maestro.

En la Santa Misa se establece una corriente de amor divino desde el Hijo que se ofrece al Padre en el Espíritu Santo. El cristiano, incorporado a Cristo, participa de este amor, ya través de él desciende sobre las más nimias realidades terrenas, que quedan así santificadas y purificadas y más aptas para ser ofrecidas al Padre por el Hijo, en un nuevo Sacrificio eucarístico. Especialmente el apostolado queda enraizado en la Misa, de donde recibe toda su eficacia, pues no es más que la realización de la Redención en el tiempo a través de los cristianos: Jesucristo «ha venido a la tierra para redimir a todo el mundo, porque quiere que los hombres se salven ( 1 Tim 2, 4). No hay alma que no interese a Cristo. Cada una de ellas le ha costado el precio de su Sangre ( cfr.1 Pdr 1, 18-19) »9. Imitando al Señor, ningún alma nos debe ser indiferente.

III . Cuando el cristiano participa en la Santa Misa, pensará en primer lugar en sus hermanos en la fe, con quienes se sentirá cada vez más unido, al compartir con ellos el pan de vida y el cáliz de eterna salvación . Es un momento señalado para pedir por todos y especialmente por quien y más necesitado; nos llenaremos así de sentimientos de caridad y de fraternidad, «porque si la Eucaristía nos hace uno entre nosotros, es lógico que cada uno trata a los demás como hermanos. La Eucaristía forma la familia de los hijos de Dios, hermanos de Jesús y entre sí »10.

Y después de ese encuentro único con el Señor, nos ocurrirá como a aquellos hombres y mujeres que fueron curados de sus enfermedades en alguna ciudad o camino de Palestina: tan alegres estaban que no cesaban de pregonar por todas partes lo que he visto y oído, lo que el Maestro había obrado en sus almas o en sus cuerpos. Cuando el cristiano sale de la Misa habiendo recibido la Comunión, sabe que ya no puede ser feliz solo, que debe comunicar a los demás esa maravilla que es Cristo. Cada encuentro con el Señor lleva a esa alegría ya la necesidad de comunicar a los demás ese tesoro. Así, como resultado de una fe grande, se propagó el cristianismo en los primeros siglos: como un incendio de paz y de amor que nadie pudo detener.

Si logramos que nuestra vida gire alrededor de la Santa Misa, encontraremos la serenidad y la paz en cada circunstancia del día, con un afán grande de darle a conocer, pues «si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y amar como Él amaba? Aprendemos entonces a agradecer al Señor esa otra delicadeza suya: que no haya querido limitar su presencia al momento del Sacrificio del Altar, sino que haya decidido permanecer en la Hostia Santa que se reserva en el Tabernáculo, en el Sagrario »11.

También para nosotros el Sagrario es siempre Betania, «el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro »12. En el Sagrario encontraremos, cuando devolvamos la visita al Señor, las fuerzas necesarias para vivir como discípulos suyos en medio del mundo. También nosotros, como algunas almas que estaban muy cerca de Dios13, podremos repetir, con el corazón lleno de gozo: Ignem veni mittere in terram ... He venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Es el fuego del amor divino, que trae la paz y la felicidad a las almas, a la familia, a la sociedad entera.

1 Lc 12, 49. -2 Jn 15,13.3 San Agustín , Comentario al Salmo 96 , 6. -4 Ch. Lubich , Meditaciones , págs. 59-60. -5 Flp 2, 5. -6 Pío XII , Enc. Mediador Dei , 20-XI-1947, 22. -7Cfr. Conc. IVA. II ; Const. Lumen gentium , 34. -8 Mt 9, 36. -9 San Josemaría Escrivá , Amigos de Dios , 256. -10 Ch. Lubich , La Eucaristía , Ciudad Nueva, Madrid 1977, p. 78. -11 San Josemaría Escrivá , Es Cristo que pasa , 154. -12 Ibídem . -13Cfr. A. Vázquez de Prada , El Fundador del Opus Dei , págs.17, 110, 115, 470.

 

Evangelio del jueves: fuego de amor

Comentario del jueves de la 29º semana del tiempo ordinario. “Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda?” Dóciles al Espíritu Santo, también cada uno de nosotros queremos que el amor de Cristo llegue a las personas que nos rodean. Por eso, le pedimos al Paráclito: “enciende en ellos el fuego de tu amor”.

21/10/2021

Evangelio (Lc 12,49-53)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

— Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda? Tengo que ser bautizado con un bautismo, y ¡qué ansias tengo hasta que se lleve a cabo! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, os digo, sino división.

Pues desde ahora, habrá cinco en una casa divididos: tres contra dos y dos contra tres; se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.


Comentario

Jesús se dirige a sus discípulos desvelándoles los deseos más profundos de su corazón: sus ansias incontenibles de dar la vida por amor a todos los hombres, amor que está simbolizado en la imagen del fuego. Jesús es luz del mundo (cf. Juan 8,12), y es también fuego y calor. Dios se presentó bajo la imagen de una zarza que ardía sin consumirse ante la admiración de Moisés (cf. Éxodo 3,2-3), manifestando así sus ansias de liberar a su pueblo de la opresión del poder del faraón. Moisés fue portador de ese fuego divino, fuego que siguió ardiendo a lo largo de toda la historia de la salvación, hasta el momento culminante en que Jesús, en el Calvario, recibió “un bautismo”, aquel que tanto ansiaba recibir, cuando murió en la Cruz, para liberar a todos de la opresión del pecado.

Cincuenta días después de aquella nueva pascua que tuvo lugar en el monte Calvario, durante la fiesta de Pentecostés, vino el Espíritu Santo sobre los discípulos bajo la forma de lenguas de fuego. Los apóstoles, llenos del Espíritu de Dios, anunciaron a Jesús, y aquel día fueron bautizados unas tres mil almas (cf. Hechos de los Apostóles, 2). Era un nuevo bautismo, por el que aquellos peregrinos y todos los cristianos hemos recibido el fruto de la redención que nos ganó Jesús en la Cruz.

Pero Jesús sabía que ese fuego de amor salvífico iba a encontrar obstáculos, provocando división incluso dentro de una misma familia. Ya el anciano Simeón, ante Jesús niño, después de proclamarlo como salvador de todos los pueblos, anunció a María que sería también “signo de contradicción” (Lucas 2,34). Pero esa división no prevalecerá: el fuego y la luz son más intensos que el frío y las tinieblas. Los cristianos, por el bautismo, somos portadores de ese mismo fuego de Jesucristo, apóstoles, por vocación divina. Como nos dice san Josemaría: “Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. –Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”[1].

[1] San Josemaría, Camino, n. 1.

 

"Si has caído, levántate con más esperanza"

Si has caído, levántate con más esperanza... Sólo el amor propio no entiende que el error, cuando se rectifica, ayuda a conocerse y a humillarse. (Surco, 724)

21 de octubre

¡Adelante, pase lo que pase! Bien cogido del brazo del Señor, considera que Dios no pierde batallas. Si te alejas de Él por cualquier motivo, reacciona con la humildad de comenzar y recomenzar; de hacer de hijo pródigo todas las jornadas, incluso repetidamente en las veinticuatro horas del día; de ajustar tu corazón contrito en la Confesión, verdadero milagro del Amor de Dios. En este Sacramento maravilloso, el Señor limpia tu alma y te inunda de alegría y de fuerza para no desmayar en tu pelea, y para retornar sin cansancio a Dios, aun cuando todo te parezca oscuro. Además, la Madre de Dios, que es también Madre nuestra, te protege con su solicitud maternal, y te afianza en tus pisadas.

Advierte la Escritura Santa que hasta el justo cae siete veces. Siempre que he leído estas palabras, se ha estremecido mi alma con una fuerte sacudida de amor y de dolor. Una vez más viene el Señor a nuestro encuentro, con esa advertencia divina, para hablarnos de su misericordia, de su ternura, de su clemencia, que nunca se acaban. Estad seguros: Dios no quiere nuestras miserias, pero no las desconoce, y cuenta precisamente con esas debilidades para que nos hagamos santos (...)

Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que Él me repite despacio: meus es tu!; sabía -y sé- cómo eres, ¡adelante! (Amigos de Dios, nn. 214-215)

 

«La libertad crece con el amor»

El Papa Francisco explicó qué es la libertad para un cristiano. Dijo que no consiste en hacer lo que “me gusta” si esto significa dejarse dominar por “el instinto, las pulsiones y los deseos egoístas”. Dijo que “esa es una libertad que nos deja vacíos por dentro”. Explicó que la verdadera libertad “está guiada por el amor y se expresa en el servicio a los demás”.

20/10/2021

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días estamos hablando de la libertad de la fe, escuchando la Carta a los Gálatas. Pero me ha venido a la mente lo que Jesús decía sobre la espontaneidad y la libertad de los niños, cuando este niño ha tenido la libertad de acercarse y moverse como si estuviera en su casa... Y Jesús nos dice: “También vosotros, si no hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos”.

La valentía de acercarse al Señor, de estar abiertos al Señor, de no tener miedo del Señor: yo doy las gracias a este niño por la lección que nos ha dado a todos nosotros. Y que el Señor lo ayude en su limitación, en su crecimiento porque ha dado este testimonio que le ha venido del corazón. Los niños no tienen un traductor automático del corazón a la vida: el corazón va adelante.

El apóstol Pablo, con su Carta a los Gálatas, poco a poco nos introduce en la gran novedad de la fe, lentamente. Es realmente una gran novedad, porque no renueva solo algún aspecto de la vida, sino que nos lleva dentro de esa “vida nueva” que hemos recibido con el Bautismo.

Allí se ha derramado sobre nosotros el don más grande, el de ser hijos de Dios. Renacidos en Cristo, hemos pasado de una religiosidad hecha de preceptos a la fe viva, que tiene su centro en la comunión con Dios y con los hermanos, es decir, en la caridad. Hemos pasado de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de los hijos de Dios. Otra vez la palabra libertad.

Hoy trataremos de entender mejor cuál es para el apóstol el corazón de esta libertad. Pablo afirma que la libertad está lejos de ser «un pretexto para la carne» (Gal 5,13): la libertad no es un vivir libertino, según la carne o según el instinto, los deseos individuales y los propios impulsos egoístas; al contrario, la libertad de Jesús nos conduce a estar —escribe el apóstol— «al servicio los unos de los otros» (ibid.). 

LA VERDADERA LIBERTAD SE EXPRESA PLENAMENTE EN LA CARIDAD

¿Pero esto es esclavitud? Pues sí, la libertad en Cristo tiene alguna “esclavitud”, alguna dimensión que nos lleva al servicio, a vivir para los otros. La verdadera libertad, en otras palabras, se expresa plenamente en la caridad. 

Una vez más nos encontramos delante de la paradoja del Evangelio: somos libres en el servir, no en el hacer lo que queremos. Somos libres en el servir, y ahí viene la libertad; nos encontramos plenamente en la medida en que nos donamos. Nos encontramos plenamente a nosotros en la medida en que nos donamos, tenemos la valentía de donarnos; poseemos la vida si la perdemos (cfr. Mc 8,35). Esto es Evangelio puro.

¿Pero cómo se explica esta paradoja? La respuesta del apóstol es tan sencilla como comprometedora: «mediante el amor» (Gal 5,13). No hay libertad sin amor. La libertad egoísta del hacer lo que quiero no es libertad, porque vuelve sobre sí misma, no es fecunda. 

Es el amor de Cristo que nos ha liberado y también es el amor que nos libera de la peor esclavitud, la del nuestro yo; por eso la libertad crece con el amor. Pero atención: no con el amor intimístico, con el amor de telenovela, no con la pasión que busca simplemente lo que nos apetece y nos gusta, sino con el amor que vemos en Cristo, la caridad: este es el amor verdaderamente libre y liberador. Es el amor que brilla en el servicio gratuito, modelado sobre el de Jesús, que lava los pies a sus discípulos y dice: «Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15). Servir los unos a los otros.

Para Pablo la libertad no es “hacer lo que me apetece y me gusta”. Este tipo de libertad, sin un fin y sin referencias, sería una libertad vacía, una libertad de circo: no funciona. Y de hecho deja el vacío dentro: cuántas veces, después de haber seguido solo el instinto, nos damos cuenta de quedar con un gran vacío dentro y haber usado mal el tesoro de nuestra libertad, la belleza de poder elegir el verdadero bien para nosotros y para los otros. Solo esta libertad es plena, concreta, y nos inserta en la vida real de cada día. La verdadera libertad nos libera siempre, sin embargo cuando buscamos esa libertad de “lo que me gusta y no me gusta”, al final permanecemos vacíos.

En otra carta, la primera a los Corintios, el apóstol responde a quien sostiene una idea equivocada de libertad. «Todo es lícito», dicen estos. «Mas no todo es conveniente», responde Pablo. «Todo es lícito», «mas no todo edifica», responde el apóstol. Y añade: «Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás» (1 Cor 10,23-24). 

LA LIBERTAD GUIADA POR EL AMOR ES LA ÚNICA QUE HACE LIBRES A LOS OTROS Y A NOSOTROS MISMOS

Esta es la regla para desenmascarar cualquier libertad egoísta. También a quien está tentado de reducir la libertad solo a los propios gustos, Pablo le pone delante de la exigencia del amor. 

La libertad guiada por el amor es la única que hace libres a los otros y a nosotros mismos, que sabe escuchar sin imponer, que sabe querer sin forzar, que edifica y no destruye, que no explota a los demás para su propia conveniencia y les hace el bien sin buscar su propio beneficio. 

En resumen, si la libertad no está al servicio —este es el test— si la libertad no está al servicio del bien corre el riesgo de ser estéril y no dar fruto. Sin embargo, la libertad animada por el amor conduce hacia los pobres, reconociendo en sus rostros el de Cristo. 

Por eso el servicio de los unos hacia los otros permite a Pablo, escribiendo a los Gálatas, subrayar algo de ninguna manera secundario. Así, hablando de la libertad que le dieron los otros apóstoles para evangelizar, subraya que le aconsejaron solo una cosa: acordarse de los pobres (cfr. Gal 2,10). Esto es interesante. Cuando después de esa lucha ideológica entre Pablo y los apóstoles se pusieron de acuerdo, los apóstoles le dijeron: “Sigue adelante, sigue adelante y no te olvides de los pobres”, es decir que tu libertad de predicador sea una libertad al servicio de los otros, no para ti mismo, para hacer lo que te gusta.

Sabemos sin embargo que una de las concepciones modernas más difundidas sobre la libertad es esta: “mi libertad termina donde empieza la tuya”. ¡Pero aquí falta la relación, el vínculo! Es una visión individualista. Sin embargo, quien ha recibido el don de la liberación obrada por Jesús no puede pensar que la libertad consiste en el estar lejos de los otros, sintiéndoles como molestia, no puede ver el ser humano encaramado en sí mismo, sino siempre incluido en una comunidad. La dimensión social es fundamental para los cristianos, y les consiente mirar al bien común y no al interés privado.

NECESITAMOS REDESCUBRIR LA DIMENSIÓN COMUNITARIA, NO INDIVIDUALISTA, DE LA LIBERTAD

Sobre todo en este momento histórico, necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria, no individualista, de la libertad: la pandemia nos ha enseñado que necesitamos los unos de los otros, pero no basta con saberlo, es necesario elegirlo cada día concretamente, decidir sobre ese camino. 

Decimos y creemos que los otros no son un obstáculo a mi libertad, sino que son la posibilidad para realizarla plenamente. Porque nuestra libertad nace del amor de Dios y crece en la caridad.

 

«Busqué la paz en las drogas y el reiki... La encontré en la oración»

Catarina vive en Oporto y es trabajadora social. En su adolescencia buscó la paz y no la encontró hasta que descubrió que Dios se la daba en la oración, en su familia y en su trabajo con los sin hogar.

Nació en la ciudad “invicta” de Portugal y estudió Trabajo Social. Cuando estaba en la universidad buscaba un sentido a su existencia, una razón para su vida, pues desde pequeña se afanaba por indagar sobre las múltiples preguntas que surgían en su interior.

Tras un periodo en las Azores, una enfermedad la obligó a regresar a Oporto. Y, con la enfermedad, tomó un camino errante: “tomaba diferentes medicamentos, terapias alternativas como el reiki, e incluso iba a clubes nocturnos...”.

Por aquel entonces, un amigo le habló de Dios durante un largo paseo. “Noté que Dios tocó mi corazón y comenzó una nueva etapa en mi vida”. Catarina acudió al sacramento de la Reconciliación, después de muchos años, empezó a rezar el rosario y a ir a misa.

Por la mañana tomaba el metro para ir a misa en la iglesia de la Congregación. Un día, al final de la celebración, un chico se le acercó y -ante su sorpresa- le pidió que rezara porque marchaba a un seminario en China. Después le presentó a su madre, que es del Opus Dei, y así fue como Catarina conoció la Obra. Comenzó a recibir dirección espiritual y asistió a otras actividades de formación. “En el Opus Dei descubrí que todo lo que forma parte de nuestra vida es compatible con la amistad con Dios, y que podemos vivir nuestra vida cotidiana con Él, con naturalidad y alegría”.

Catarina con su marido y su hija

Ha pasado el suficiente tiempo para comprobar que su compromiso con Dios le ha ayudado a esforzarse por ser una mejor profesional, una esposa y madre más dedicada y atenta, especialmente después del nacimiento de su hija. 

Además, en su trabajo, trata de ayudar a muchas personas sin hogar de Oporto, con una visión cristiana. Junto a sus compañeros lucha por mejorar las condiciones de vida esta personas y por facilitarles la reinserción social a través del trabajo. Como en tantos lugares, esta lacra social ha empeorado con la pandemia porque muchas personas han perdido su trabajo y se ven abocadas a vivir en la calle.

“La Obra me ha ayudado a darle un sentido más profundo al trabajo: en cada indigente puedo tener un encuentro con Dios, algo que me lleva a intentar superarme profesionalmente para servirles”.

Y termina: “Mirando hacia atrás me he dado cuenta de que Dios siempre ha estado ahí, que me ha guiado a través de todas las circunstancias de mi vida”.


Historias relacionadas: Sembradores de paz y de alegría, serie de vídeos por el 75 aniversario del comienzo de la labor del Opus Dei en Portugal.


Temas de reflexión sugeridos por este vídeo

Descubrir a Cristo en los pobres: tienen mucho que enseñarnos

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». (...) Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. (...) La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 198.

Dios y el sentido de la vida

La llamada de Dios es amor, tenemos que intentar encontrar el amor que hay detrás de cada llamada, y a ella se responde solo con amor. Este es el lenguaje: la respuesta a una llamada que viene del amor es solo el amor. Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: “He encontrado el Amor”, “he encontrado al Mesías”, “he encontrado a Dios”, “he encontrado a Jesús” “he encontrado el sentido de mi vida”. En una palabra: “He encontrado a Dios”. (Papa Francisco, Ángelus 17-1-2021)

La misa: un encuentro privilegiado con Cristo

Lucha para conseguir que el Santo Sacrificio del Altar sea el centro y la raíz de tu vida interior, de modo que toda la jornada se convierta en un acto de culto —prolongación de la Misa que has oído y preparación para la siguiente—, que se va desbordando en jaculatorias, en visitas al Santísimo, en ofrecimiento de tu trabajo profesional y de tu vida familiar. (Forja 69)

Es tanto el Amor de Dios por sus criaturas, y habría de ser tanta nuestra correspondencia que, al decir la Santa Misa, deberían pararse los relojes. (Forja 436)

 

Nuevas tecnologías y coherencia cristiana

En este artículo se anima a desarrollar un estilo "virtuoso" de utilizar las tecnologías móviles, para que sean instrumentos útiles que acompañen al cristiano en su vida diaria.

La tecnología está cada vez más presente en el día a día de gran parte de la humanidad. El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias en pocos segundos.

De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en mayor contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso fácil e inmediato a documentos, fuentes y novedades científicas; por fin, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social [1] .

Se puede afirmar que, además del entorno físico en el que se desarrollan nuestras vidas, actualmente existe también un ambiente digital , que no se puede considerar ya simplemente «un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes» [2] .

La unidad de vida en el ambiente digital

Las nuevas tecnologías son fuente de grandes posibilidades. Amplían el conocimiento sobre distintos temas –noticias, métodos de trabajo, oportunidades de negocio, etc.–, de modo que se abren muchas opciones para la persona que debe decidir sobre variadas cuestiones; contribuyen a que la información se procese y actualice con rapidez, se difunda por el globo con facilidad, y esté disponible en cualquier sitio, quizás en el teléfono móvil que tenemos en la palma de la mano.

Para el cristiano, todas estas nuevas posibilidades se enmarcan en un ejercicio positivo de la propia libertad, que se configura así como «una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad» [3] . Este ejercicio virtuoso lleva a actuar conforme a lo que cada uno es, con la autenticidad del que sigue una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser –en el alma y en el cuerpo– santa y llena de Dios [4] .

La llamada a la santidad da sentido a todas las obras de los bautizados y las unifica. Señala san Josemaría: No soportamos los cristianos una doble vida: mantenemos una unidad de vida, sencilla y fuerte en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones [5] . No tenemos un modo de actuar en el “mundo virtual" y otro en el “mundo real". La unidad de vida empuja a presentarse y moverse en el ambiente digital de un modo coherente a la situación personal, empleando todas las posibilidades para cumplir mejor los deberes cotidianos con la familia, la empresa y la sociedad.

Por esto, cada uno ha de saber llevar consigo su propia identidad, que es una identidad cristiana, a los ambientes digitales [6] . Por otro lado, precisamente porque las nuevas tecnologíaspermiten obrar con cierto anonimato, e incluso crear identidades falsas, cabe el riesgo de transformarlas en un “refugio" que distrae de afrontar la innegable realidad que tenemos frente a nosotros: Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera –¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!...–, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor [7] .

El ambiente de lo digital se configura hoy en día como una “extensión" de la propia vida cotidiana, y será lógico que sea también un lugar de búsqueda de la santidad y de apostolado, pues también influimos en los demás al actuar en la red. Esto es especialmente importante para quienes, quizá por su cargo o posición, cuentan con cierto ascendiente sobre otros: por ejemplo, los padres de familia, profesores, dirigentes, etc.

Desenvolverse con autenticidad cristiana implica para el cristiano obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi (cfr. 2 Cor 2, 15), el buen olor de Cristo [8] de tal modo que a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rostro del Maestro [9] :también en el entorno digital.

Vivir las virtudes y ser almas de criterio

Evidentemente, el uso de las nuevas tecnologías depende de la situación de cada persona (edad, profesión, entorno social), de sus posibilidades y conocimientos. No todos están llamados a usarlas, y no por esto se verán con recelo. Cabría comparar las habilidades informáticas con conducir un coche: aunque no es indispensable que todos sepan hacerlo, sí es muy útil que algunos cuenten con esta destreza.

En este sentido, se han ido desarrollando ciertas habilidades específicas y modos adecuados de comportamiento para transitar en el ambiente digital . De hecho, en varios sitios se está creando una legislación sobre el uso de los medios informáticos, en vista de la repercusión que tienen en el bien común. Contribuyen al bien integral de la persona cuando facilitan el despliegue de las virtudes cristianas y el respeto de la ley moral. Así, progreso técnico y formación ética irán a la par, de modo que seamos fortalecidos en el hombre interior [10] , que se caracteriza por utilizar dichos medios con libertad y responsabilidad.

Para gestionar con prudencia las nuevas tecnologías, además de contar con un mínimo de conocimientos técnicos, es necesario discernir sus posibilidades y los riesgos que conllevan. Esto implica tener presente, por ejemplo, que todo lo que se hace en la red (escribir un correo electrónico, hacer una llamada telefónica, enviar un sms , colgar un post , etc.), no es algo completamente privado; otros pueden leer, copiar o alterar esos contenidos, y puede ser que nunca conozcamos quiénes lo hicieron ni cuándo.

Adicionalmente, será necesario que el usuario fomente una actitud reflexiva para utilizar con eficacia las numerosas posibilidades informáticas que se le presentan. Con frecuencia, al imperativo ético “si debes, puedes", los intereses comerciales proponen lo opuesto: “si puedes, debes". La prudencia lleva a relativizar el sentido de urgencia con que a veces se nos presentan algunas noticias u ofertas comerciales, y a tomar el tiempo necesario para que las decisiones en el “mundo virtual" correspondan a las necesidades reales. Se trata, en el fondo, de procurar el crecimiento en el ser , y no soloen el tener , pues también a los recursos informáticos se aplica aquella advertencia de Jesucristo: ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde? [11]

En cierto sentido, las nuevas tecnologías regalan mundos de información, noticias, contactos, y cada uno tendrá que reflexionar sobre cómo, en sus circunstancias, puede servirse de estos recursos de una manera positiva, sin que su uso le haga perder el dominio de las propias acciones. En cualquier caso, hay que desechar aquella «idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar» [12] .

Sin embargo, no bastaría con seguir una “lista de reglas" o de “criterios" que probablemente quedaría superada al poco tiempo, en un ámbito en continua evolución. Son útiles tales reglas, pero el ideal es conseguir que el uso de las nuevas tecnologías redunde en la mejora integral de la persona.

Por esto, resulta más importante –y es más atractivo– centrar los esfuerzos en adquirir buenos hábitos: en definitiva, virtudes. Quien ha desarrollado un “estilo" virtuoso de utilizar los aparatos electrónicos y las redes, sabe adaptarse con facilidad a los cambios, y discernir las ventajas y riesgos de los avances informáticos a la luz de su vocación cristiana. Retomando unas palabras de san Josemaría, podríamos decir que también aquí el ideal es convertirse en un alma de criterio [13] .

Un nuevo campo para la formación

De ordinario, no se aprende a conducir un coche solo: es necesario pasar tiempo con algún familiar o instructor, que da consejos y señala los peligros en la carretera. Algo similar ocurre en el uso de las nuevas tecnologías: notamos la importancia del acompañamiento de los demás, especialmente si quien empieza a utilizarlas es joven. Es deseable que adquiera cierta independencia –como el conductor, que algún día tendrá que moverse solo en el coche–, y para eso hace falta una auténtica labor educativa: «Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores» [14] .

Es lógico, por lo tanto, que en los distintos centros educativos se preste creciente atención a la formación en el uso virtuoso de los medios informáticos. Esta tarea no se limita a alcanzar la simple “alfabetización tecnológica" o dar los últimos avances, sino que mirará a que los chicos desarrollen esos hábitos morales para que los utilicen con criterio, aprovechando el tiempo.

La formación no termina con la juventud: en todas las edades será natural apoyarse en el consejo de gente con mayor experiencia, familiares y amigos. Después de todo, estamos ante una “extensión de la vida cotidiana", que compartimos con las demás personas. Por ejemplo, muchos encuentran en la dirección espiritual personal un buen momento para estudiar juntos los horarios en que se utiliza internet o las redes sociales, cómo enfocar algún problema o malentendido que haya surgido al emplearlos, qué iniciativas apostólicas se podrían hacer en ese campo.

En los siguientes editoriales trataremos en profundidad sobre el empleo virtuoso de las nuevas tecnologías. Se abordarán hábitos y actitudes que, por el carácter de estos medios, son especialmente oportunos: templanza, estudio, recogimiento. Además, como muchas relaciones personales hoy pasan habitualmente por el ambiente digital , también se prestará atención a las virtudes más relacionadas con la sociabilidad, que permiten cumplir la meta que san Pedro señala a los cristianos de estar siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza [15] .

J.C. Vásconez – R. Valdés

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[1] Cfr. Benedicto XVI, Mensaje para la xliii Jornada mundial de las comunicaciones sociales, Nuevas tecnologías, nuevas relaciones, 24 de mayo de 2009.

[2] Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada mundial de las comunicaciones sociales, Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización , 24 de enero de 2013.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 1731.

[4] Conversaciones , n. 114.

[5] Es Cristo que pasa , n. 126.

[6] Francisco, Discurso al Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, 21 de septiembre de 2013, n. 2.

[7] Conversaciones , n. 116.

[8] Es Cristo que pasa, 105.

[9] Ibid.

[10] Ef 3,16.

[11] Lc 9,25.

[12] Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, n. 70.

[13] Camino , Al lector.

[14] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium , 24 de noviembre de 2013, n. 64.

[15] 1 P 3,15.

 

Trabajar por amor

¿Para qué trabajamos? ¿sólo para subsistir? ¿para llevar adelante una vida sin problemas? La ocupación profesional tiene una relación directa con la felicidad, cuando nace y se ordena al amor, como se explica en este editorial.

Foto: Rudijamikko

07/10/2013

 

El hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor [1] . Al leer estas palabras de san Josemaría, es posible que dentro de nuestras almas surjan algunas preguntas que den paso a un diálogo sincero con Dios: ¿para qué trabajo?, ¿cómo es mi trabajo?, ¿qué pretendo o qué busco con mi labor profesional? Es la hora de recordar que el fin de nuestra vida no es hacer cosas sino amar a Dios. La santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino en hacerlas cada día con más amor [2] .

Mucha gente trabaja —y trabaja mucho—, pero no santifica su trabajo. Hacen cosas, construyen objetos, buscan resultados, por sentido del deber, por ganar dinero, o por ambición; unas veces triunfan y otras fracasan; se alegran o se entristecen; sienten interés y pasión por su tarea, o bien, decepción y hastío; tienen satisfacciones junto con inquietudes, temores y preocupaciones; unos se dejan llevar por la inclinación a la actividad, otros por la pereza; unos se cansan, otros procuran evitar a toda costa el cansancio...

Todo esto tiene un punto en común: pertenece a un mismo plano, el plano de la naturaleza humana herida por las consecuencias del pecado, con sus conflictos y contrastes, como un laberinto en el que el hombre que vive según la carne , en palabras de san Pablo — el animalis homo —, deambula, atrapado en un ir de aquí para allá, sin encontrar el camino de la libertad y su sentido.

Ese camino y ese sentido sólo se descubren cuando se levanta la mirada y se contempla la vida y el trabajo en esta tierra con la luz de Dios que ve desde de lo alto. La gente —escribe san Josemaría en Camino — tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. —Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen [3] .

EL TRABAJO NACE DEL AMOR

¿Qué significa entonces, para un cristiano, que el trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor? [4] . Primero conviene considerar a qué amor se refiere san Josemaría. Hay un amor llamado de concupiscencia , cuando se ama algo para satisfacer el propio gusto sensible o el deseo de placer ( concupiscentia ). No es éste el amor del que nace, en último término, el trabajo de un hijo de Dios, aunque muchas veces trabaje con gusto y le apasione su tarea profesional.

Un cristiano no ha de trabajar solo o principalmente cuando tenga ganas, o le vayan las cosas bien. El trabajo de un cristiano nace de otro amor más alto: el amor de benevolencia , cuando directamente se quiere el bien de otra persona ( benevolentia ), no ya el propio interés. Si el amor de benevolencia es mutuo se llama amor de amistad [5] , mayor cuanto se está dispuesto no sólo a dar algo por el bien de un amigo, sino a entregarse uno mismo: Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos [6] .

Los cristianos podemos amar a Dios con amor de amistad sobrenatural, porque Él nos ha hecho hijos suyos y quiere que le tratemos con confianza filial, y veamos en los demás hijos suyos a hermanos nuestros. A este amor se refiere el Fundador del Opus Dei cuando escribe que el trabajo nace del amor : es el amor de los hijos de Dios, el amor sobrenatural a Dios y a los demás por Dios: la caridad que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado [7] .

Querer el bien de una persona no lleva a complacer siempre su voluntad. Puede ocurrir que lo que quiere no sea un bien, como sucede muy a menudo a las madres, que no dan a sus hijos todo lo que piden, si les puede hacer daño. En cambio, amar a Dios es siempre querer su Voluntad, porque la Voluntad de Dios es el bien.

Por eso, para un cristiano, el trabajo nace del amor a Dios, ya que el amor filial nos lleva a querer cumplir su Voluntad, y la Voluntad divina es que trabajemos [8] . Decía san Josemaría que por amor a Dios quería trabajar como un borrico de noria [9] . Y Dios ha bendecido su generosidad derramando copiosamente su gracia que ha dado innumerables frutos de santidad en todo el mundo.

Vale la pena, por tanto, que nos preguntemos con frecuencia por qué trabajamos. ¿Por amor a Dios o por amor propio? Puede parecer que existen otras posibilidades, por ejemplo, que se puede trabajar por necesidad. Esto indica no ir al fondo en el examen, porque la necesidad no es la respuesta última.

También hay que alimentarse por necesidad, para vivir, pero ¿para qué queremos vivir, para la gloria de Dios , como exhorta san Pablo [10] , o para la propia gloria? Pues para eso mismo nos alimentamos y trabajamos. Es la pregunta radical, la que llega al fundamento. No hay más alternativas. Quien se examina sinceramente, pidiendo luces a Dios, descubre con claridad dónde tiene puesto en último término su corazón al realizar las tareas profesionales. Y el Señor le concederá también su gracia para decidirse a purificarlo y dar todo el fruto de amor que Él espera de los talentos que le ha confiado.

EL TRABAJO MANIFIESTA EL AMOR

El trabajo de un cristiano manifiesta el amor, no sólo porque el amor a Dios lleva a trabajar, como hemos considerado, sino porque lleva a trabajar bien, pues así lo quiere Dios. El trabajo humano es, en efecto, participación de su obra creadora [11] , y Él —que ha creado todo por Amor— ha querido que sus obras fueran perfectas: Dei perfecta sunt opera [12] , y que nosotros imitemos su modo de obrar.

Foto: IanBCNorth

 

Modelo perfecto del trabajo humano es el trabajo de Cristo, de quien dice el Evangelio que todo lo hizo bien [13] . Estas palabras de alabanza, que brotaban espontáneas al contemplar sus milagros, obrados en virtud de su divinidad, pueden aplicarse también —así lo hace san Josemaría— al trabajo en el taller de Nazaret, realizado en virtud de su humanidad. Era un trabajo cumplido por Amor al Padre y a nosotros. Un trabajo que manifestaba ese Amor por la perfección con que estaba hecho. No sólo perfección técnica sino fundamentalmente perfección humana: perfección de todas las virtudes que el amor logra poner en ejercicio dándoles un tono inconfundible: el tono de la felicidad de un corazón lleno de Amor que arde con el deseo de entregar la vida.

La tarea profesional de un cristiano manifiesta el amor a Dios cuando está bien hecha. No significa que el resultado salga bien, sino que se ha intentado hacer del mejor modo posible, poniendo los medios disponibles en las circunstancias concretas.

Entre el trabajo de una persona que obra por amor propio, y el de esa misma persona, si comienza a trabajar por amor a Dios y a los demás por Dios, hay tanta diferencia como entre el sacrificio de Caín y el de Abel. Éste último trabajó para ofrecer lo mejor a Dios, y su ofrenda fue agradable al Cielo. De nosotros espera otro tanto el Señor.

Para un católico, trabajar no es cumplir, ¡es amar!: excederse gustosamente, y siempre, en el deber y en el sacrificio [14] Realizad pues vuestro trabajo sabiendo que Dios lo contempla: laborem manuum mearum respexit Deus ( Gn 31, 42). Ha de ser la nuestra, por tanto, tarea santa y digna de Él: no sólo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral, con hombría de bien, con nobleza, con lealtad, con justicia [15] . Entonces, el trabajo profesional no solo es recto y santo sino que se convierte en oración [16] .

Al trabajar por amor a Dios, la actividad profesional manifiesta de un modo u otro ese amor. Es muy probable que una simple mirada a varias personas que estén realizando la misma actividad, no sea suficiente para captar el motivo por el que la realizan. Pero si se pudiera observar con más detalle y atención el conjunto de la conducta en el trabajo —no sólo los aspectos técnicos, sino también las relaciones humanas con los demás colegas, el espíritu de servicio, el modo de vivir la lealtad, la alegría y las demás virtudes—, sería difícil que pasara inadvertido, si efectivamente existe en alguno de ellos, el bonus odor Christi [17] , el aroma del amor de Cristo que informa su trabajo.

Al final de los tiempos —enseña Jesús— dos estarán en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada [18] . Realizaban el mismo trabajo, pero no del mismo modo: uno era agradable a Dios y el otro no.

Foto: WSDOT

 

Sin embargo, muchas veces el entorno materialista nos puede hacer olvidar que estamos llamados a la vida eterna y pensamos únicamente en los bienes inmediatos. Por este motivo afirma san Josemaría: trabajad cara a Dios, sin ambicionar gloria humana. Algunos ven en el trabajo un medio para conquistar honores, o para adquirir poder o riqueza que satisfaga su ambición personal, o para sentir el orgullo de la propia capacidad de obrar [19] .

En un clima así, ¿cómo no se va a notar que se trabaja por amor a Dios? ¿Cómo va a pasar inadvertida la justicia informada por la caridad, y no simplemente la justicia dura y seca; o la honradez ante Dios, no ya la honradez interesada, ante los hombres; o la ayuda, el favor, el servicio a los demás, por amor a Dios, no por cálculo...?

Si el trabajo no manifiesta el amor a Dios, quizá es que se está apagando el fuego del amor. Si no se nota el calor, si después de un cierto tiempo de trato diario con los colegas de profesión, no saben si tienen a su lado un cristiano cabal o solo un hombre decente y cumplidor, entonces quizá es que la sal se ha vuelto insípida [20] . El amor a Dios no necesita etiquetas para darse a conocer. Es contagioso, es difusivo de por sí como el mayor de los bienes. ¿Manifiesta mi trabajo el amor a Dios? ¡Cuánta oración puede manar de esta pregunta!

EL TRABAJO SE ORDENA AL AMOR

Un trabajo realizado por amor y con amor, es un trabajo que se ordena al amor: al crecimiento del amor en quien lo realiza, al crecimiento de la caridad, esencia de la santidad, esencia de la perfección humana y sobrenatural de un hijo de Dios. Un trabajo, por tanto, que nos santifica.

Foto: Novartis AG

 

Santificarse en el trabajo no es otra cosa que dejarse santificar por el Espíritu Santo, Amor subsistente intratrinitario que habita en nuestra alma en gracia, y nos infunde la caridad. Es cooperar con Él poniendo en práctica el amor que derrama en nuestros corazones al ejercer la tarea profesional. Porque si somos dóciles a su acción, si obramos por amor en el trabajo, el Paráclito nos santifica: acrecienta la caridad, la capacidad de amar y de tener una vida contemplativa cada vez más honda y continua.

Que el trabajo se ordena al amor, y por tanto a nuestra santificación, significa igualmente que nos perfecciona: que se ordena a nuestra identificación con Cristo, perfectus Deus, perfectus homo [21] ,perfecto Dios y perfecto hombre. Trabajar por amor a Dios y a los demás por Dios reclama poner en ejercicio las virtudes cristianas. Ante todo la fe y la esperanza, a las que la caridad presupone y vivifica. Y después las virtudes humanas, a través de las cuales obra y se despliega la caridad. La tarea profesional ha de ser una palestra donde se ejercitan las más variadas virtudes humanas y sobrenaturales: la laboriosidad, el orden, el aprovechamiento del tiempo, la fortaleza para rematar la faena, el cuidado de las cosas pequeñas...; y tantos detalles de atención a los demás, que son manifestaciones de una caridad sincera y delicada [22] . La práctica de las virtudes humanas es imprescindible para ser contemplativos en medio del mundo, y concretamente para transformar el trabajo profesional en oración y ofrenda agradable a Dios, medio y ocasión de vida contemplativa.

Contemplo porque trabajo; y trabajo porque contemplo [23] , comentaba san Josemaría en una ocasión. El amor y el conocimiento de Dios —la contemplación— le llevaban a trabajar, y por eso afirma: trabajo porque contemplo . Y ese trabajo se convertía en medio de santificación y de contemplación: contemplo porque trabajo .

Es como un movimiento circular —de la contemplación al trabajo, y del trabajo a la contemplación— que se va estrechando cada vez más en torno a su centro, Cristo, que nos atrae hacia sí atrayendo con nosotros todas las cosas, para que por Él, con Él y en Él sea dado todo honor y toda gloria a Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo [24] .

La realidad de que el trabajo de un hijo de Dios se ordena al amor y por eso le santifica, es el motivo profundo de que no se pueda hablar, bajo la perspectiva de la santidad —que en definitiva es la que cuenta—, de profesiones de mayor o de menor categoría.

La dignidad del trabajo está fundada en el Amor [25] Todos los trabajos pueden tener la misma calidad sobrenatural: no hay tareas grandes o pequeñas; todas son grandes, si se hacen por amor. Las que se tienen como tareas grandes se empequeñecen, cuando se pierde el sentido cristiano de la vida [26] .

Si falta la caridad, el trabajo pierde su valor ante Dios, por brillante que resulte ante los hombres. Aunque conociera todos los misterios y toda la ciencia,... si no tengo caridad, nada soy [27] , escribe san Pablo. Lo que importa es el empeño para hacer a lo divino las cosas humanas, grandes o pequeñas, porque por el Amor todas adquieren una nueva dimensión [28] .

J. López

[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[2] San Josemaría, Apuntes de la predicación (AGP, P10, n. 25), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. II, p. 295.

[3] San Josemaría, Camino , n. 279.

[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[5] Cfr. Santo Tomás , S.Th . II-II, q. 23, a. 1, c.

[6] Jn 15, 13.

[7] Rm 5, 5.

[8] Cfr. Gn 2, 15; 3, 23; Mc 6, 3; 2 Ts 3, 6-12.

[9] Cfr. San Josemaría, Camino, n. 998.

[10] Cfr. 1 Cor 10, 31.

[11] Juan Pablo II, Litt. Enc. Laborem exercens , 14-IX-1981, n. 25; Catecismo de la Iglesia Católica , n. 2460.

[12] Dt 32, 4 (Vg). Cfr. Gn 1, 10, 12, 18, 21, 25, 31. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica , n. 302.

[13] Mc 7, 37.

[14] San Josemaría, Surco , n. 527.

[15] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 26, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 183.

[16] Cfr. San Josemaría, A migos de Dios , n. 65.

[17] 2 Cor 2, 15.

[18] Mt 24, 40-41.

[19] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 18, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, pp. 193-194.

[20] Cfr. Mt 5, 13.

[21] Símbolo atanasiano.

[22] Mons. Javier Echevarría, Carta pastoral, 4-VII-2002, n. 13.

[23] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 2-XI-1964 (AGP, P01 IX-1967, p. 11), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p 197.

[24] Misal Romano , conclusión de la Plegaria Eucarística.

[25] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[26] San Josemaría, Conversaciones , n. 109.

[27] 1 Cor 13, 2.

[28] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 

 

Religiones y cambio climático

Escrito por Mario Arroyo.

El “motor del amor” es el que nos lleva a hacer frente a la “cultura del descarte”, invitándonos a generar una cultura “del cuidado de nuestra casa común”.  

San Juan Pablo II en tres ocasiones (1986, 1993 y 2002) reunió a los líderes religiosos del mundo para orar por la paz en Asís. Quería mostrar de esa forma cómo la religión en general puede ser una fuerza de paz, generar paz a su entorno y no violencia, como algunas veces sucede (en el 2002 estaba muy reciente el atentado a las Torres Gemelas perpetrado por fundamentalistas islámicos). La crítica atea suele señalar que la religión es causante de división en el mundo, quizá la más profunda, y por ello sería un deber moral atacarla. El papa santo salió al frente de tal crítica tendenciosa y mostró cómo los líderes religiosos pueden obviar sus diferencias, dialogar y unirse para orar por la paz.

Ahora, en el 2021, la humanidad, junto con la necesidad de paz, que nunca puede darse por descontada, tiene la urgencia de cuidar el planeta. ¿Pueden unirse las religiones para pedir por la salud del planeta y hacer frente al cambio climático? Lo que san Juan Pablo II hizo por la paz, lo hace ahora Francisco con el cambio climático: El Papa reunió en el Vaticano cerca de 40 líderes religiosos para expresar su apoyo a la COP 26 de Glasgow y su preocupación por el cambio climático. Todos firmaron un llamamiento para frenar el cambio climático. Entre los participantes se encontraban el Arzobispo de Canterbury, el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Imán de Al-Azhar, entre otros. Las religiones unidas para hacer frente a la contaminación y defender la salud del planeta.

Junto a los representantes de las diferentes confesiones cristianas, había líderes judíos, musulmanes, hinduistas, budistas, sijs, confucionistas, taoístas y zoroástricos; es decir, representantes de las religiones más representativas del planeta. Todos expresaban su común preocupación por el clima y la ecología. Esta realidad muestra cómo las religiones tienen puntos en común, a pesar de sus diferencias históricas y culturales, y que esos puntos en común convergen en beneficio de la humanidad. El cambio climático contribuye de esa forma también a la unidad entre los diferentes credos, pues muestra cómo todos juntos pueden trabajar en pro del hombre y la sociedad. Las diferencias doctrinales no son obstáculo para poder hacer el bien en conjunto, en equipo.

El papa Francisco tuvo el detalle de no leer su discurso, para no extender en demasía la ceremonia y dar pie a que los demás líderes religiosos pudieran explayarse. Pero les entregó escrita su intervención. En ella insiste, fiel a su habitual esquema de pensamiento, en tres puntos: “la mirada de la interdependencia y de compartir, el motor del amor y la vocación al respeto”. Fiel a sus intuiciones del fondo, Francisco insiste en que “todo está conectado”, y por ello debemos tener una “mirada abierta a la interdependencia y al compartir”. Todos somos miembros de la única familia humana, y compartimos la responsabilidad de sacarla adelante.

El “motor del amor” es el que nos lleva a hacer frente a la “cultura del descarte”, invitándonos a generar una cultura “del cuidado de nuestra casa común”. Es el amor lo que nos lleva a hacer frente a “las semillas del conflicto: avidez, indiferencia, ignorancia, miedo, injusticia, inseguridad y violencia”. Estas semillas debilitan la “alianza entre el ser humano y el medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios”. Para generar una cultura del “cuidado de nuestra casa común” el papa propone dos soluciones que las religiones pueden aportar: “el ejemplo y la acción”, y “la educación”. Cada quien desde su credo y tradición cultural puede ofrecer su aportación en estos ámbitos para cuidar al planeta.

El tercer elemento señalado por Francisco es el “respeto por la creación, respeto por el prójimo, respeto por sí mismos y respeto hacia al Creador. Pero también respeto mutuo entre fe y ciencia”, para que el fecundo diálogo entre ellas esté orientado al “cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y fraternidad”. Como se puede observar, el papa Francisco es ambicioso en su perspectiva. Considera que es mucho lo que la religión puede aportar a la ciencia, y cómo juntas pueden contribuir para frenar el cambio climático. En el ámbito cristiano, este cuidado formaría parte la espiritualidad católica.

 

Yo ya creo en Dios y le hablo ¿Para qué quiero los sacramentos?

 

Los sacramentos son para nuestro espíritu lo que comida y respiración para el cuerpo

 

Si dejamos que Jesús se acerque a nosotros veremos cómo nos consuela, nos enseña a discernir lo verdaderamente razonable, nos alimenta, nos transforma y nos sana. Los sacramentos son esos momentos privilegiados, adecuados para cada una de las circunstancias de la vida, en que Jesús se acerca a nosotros con toda la fuerza transformadora de su amor.

 

Hace años viajaba en tren y me puse a hablar con un muchacho que iba en el asiento de al lado. Estaba haciendo la tesis en biología, y se le veía un hombre abierto y alegre. Yo le hablé también de lo que era mi trabajo de sacerdote, y con naturalidad en medio de la conversación amistosa, surgió una pregunta:

– ¿Sueles ir Misa?

– No, no, en absoluto.

– ¿Crees en Dios?

– ¡Hombre! “algo” tiene que existir por ahí, por supuesto que creo en Dios. Es bueno y me ha dado muchas cosas buenas en mi vida: mi familia, salud,… Cuando estoy contento a veces me acuerdo de él y le digo algo al “colega de arriba”. Pero ir a la iglesia no, ¿para qué?

 

Muchas veces vemos las cosas así, con un planteamiento sencillo. Pensamos:

«Vale que exista Dios y que haya hecho la naturaleza tan bonita y bien organizada –aunque a veces me entran dudas de si la hizo él, o existía por sí sola-. De acuerdo con que quiero hacer el bien a todo el mundo. No me dejan indiferente las desgracias y me conmueve la pobre gente que sufre.

Soy una buena persona, buen amigo de mis amigos, trabajador, abierto, tolerante. Me gusta amar y ser amado. Para vivir una buena vida, ya me basto sólo. Cuando lo necesito, o me brota del corazón, también me dirijo a Dios. Seguro que si existe, me escucha. Pero las ceremonias de la iglesia no me dicen nada, me aburren, no saco nada en claro. No las necesito».

 

Sin embargo, la realidad nos demuestra que esa situación no dura mucho tiempo en la vida. Aunque queramos ser buenos siempre, la realidad es que no siempre hacemos lo que nos gustaría (claro, siempre podemos buscar una excusa ante los demás, pero pensándolo en serio: ¡hemos fallado!).

Más de una vez nos enfadamos y no tratamos bien a los demás. Hablamos mucho del hambre en el mundo, pero sólo hacemos gestos simbólicos, mientras gastamos bastante en fiestas y caprichos. Nos gusta que se acuerden de nosotros, pero a veces se nos pasan momentos importantes de las personas que nos quieren, sin que los recordemos.

Y cuando viene una desgracia, un problema laboral serio, o una enfermedad grave, parece que todo se nos hunde. Es que nos hemos descuidado.

 

sacramento

 

La respiración y la comida son imprescindibles para mantenernos vivos. No son un capricho. Nuestro cuerpo no funciona sin aire, sin agua o sin alimentos. Los sacramentos son para nuestro espíritu lo que comida y respiración para el cuerpo. En ellos recibimos la gracia (esto es, la energía sobrenatural que da vigor al alma).

Pero son también algo más: cada acto de culto es como una cita de amor que Dios escribe en nuestra agenda. Nos aguarda enamorado. Se acuerda de nosotros y no quiere dejarnos solos. Quien haya probado alguna vez ese amor, aunque haya faltado a muchas citas, siente el tirón de acudir de nuevo. A veces se siente cansado y sin fuerzas, pero si vence esa pereza, redescubre otra vez lo bonito que es sentir el amor.

¿Por qué esto es así? Dios hizo bueno al ser humano, pero desde muy pronto nuestra naturaleza quedó dañada por el pecado, así que el bien es costoso y como constataba San Pablo a veces no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero… ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Como clama en la Carta a los Romanos (Rm 7,19.24).

La liberación de esa esclavitud nos la consiguió Jesucristo. Por eso, sólo cuando estamos cerca de él, en amistad con él, cuando nos hace partícipes de su vida divina con la gracia, nosotros podemos librarnos también de esos lazos que nos oprimen y esclavizan.

Si dejamos que Jesús se acerque a nosotros veremos cómo nos consuela, nos enseña a discernir lo verdaderamente razonable, nos alimenta, nos transforma y nos sana. Los sacramentos son esos momentos privilegiados, adecuados para cada una de las circunstancias de la vida, en que Jesús se acerca a nosotros con toda la fuerza transformadora de su amor.

En el bautismo nos convertimos en hijos protegidos de Dios. La confirmación cambia nuestra debilidad en fortaleza. En la confesión nos elimina el peso de nuestras culpas. En la eucaristía recibimos no solo la gracia, sino que nos alimentamos del propio autor de la gracia. En el matrimonio somos constituidos servidores del amor.

En el orden sacerdotal se capacita a unos hombres para que nos puedan administrar los sacramentos. En la unción de los enfermos, se alcanza el consuelo de la serena amistad con Dios para afrontar la muerte con la esperanza en un pronto encuentro feliz y definitivo con Él.

 

No es suficiente con la fe en Dios

Necesitamos acercarnos no sólo con la inteligencia, sino con todos los sentidos. Quienes pudieron conocer personalmente a Jesucristo lo vieron, lo escucharon, pudieron tocarlo y experimentar así la salvación y la sanación de cuerpo y alma. Los sacramentos son signos sensibles que llevan ese mismo sello de Dios, que conceden eficazmente su gracia.

Los sacramentos son un tesoro tan grande que Jesucristo confió su custodia y dispensación a la Iglesia, a “su administrador de confianza” podríamos decir, de manera que no se pierdan ni se desvirtúen.

Por eso ella tiene la misión de ponerlos con toda su integridad al alcance de los que razonablemente los requieran, y a la vez de protegerlos de todo uso abusivo. Por decirlo de algún modo, Jesús no colgó los sacramentos en Internet con libre acceso, sino que los dejó albergados en un dominio propio y seguro, para mayor garantía de los usuarios.

Pero, ¿qué pasa cuando alguno de los administradores del dominio es una persona indigna? ¿pierden entonces su eficacia? Los sacramentos son eficaces porque es Cristo mismo quien actúa en ellos. Por eso producen su efecto en virtud de la acción sacramental realizada (en teología se dice ex opere operato), es decir, independientemente de la actitud moral o de la disposición espiritual de quien los dispensa, siempre que quiera hacer lo que hace la Iglesia.

Aunque, naturalmente, los ministros de los sacramentos deban llevar una vida ejemplar, y darán cuenta a Dios de cómo han vivido esa responsabilidad. Pero Dios ha querido que quien se acerca de buena fe a los sacramentos, abierto a la gracia, no se quede sin la ayuda divina.

 

El nido de la vida humana

Ana Teresa López de Llergo

El conjunto de familias sólidas forja sociedades fuertes y constructivas, pero solidarias con otras.

 

Mucho se defiende la dignidad humana, casi siempre en primera persona. Está bien defender la dignidad, pero no tan bien en singular. Porque llevar a buen término la dignidad personal requiere de cuidados y respeto de otras personas. Y sobre todo de los más cercanos, de los miembros de la familia. Esto da el beneficio de los puntos de vista de distintas edades y de variadas aficiones.

Y así como los animales que procrean buscan los mejores sitios, el ser humano también requiere el mejor sitio y ese es el hogar donde se cobija la familia. Hogar y familia son inseparables para disfrutar de las garantías requeridas por la dignidad. Sin ese binomio, la dignidad se grita en las calles, pero en realidad no se disfruta porque no se da. Familia y hogar es una pareja imprescindible.

La casa hogareña es cálida porque permite el burbujeo de conversaciones animadas, muchas veces arriesgadas casi hasta el disturbio, pero todos cuando están al borde, son capaces de retomar las ideas de modo reflexivo, y así la discusión no es ruptura sino sorpresivo interés por lo que piensan los otros. Y un enriquecimiento con enfoques tan diversos.

El condimento de la variedad y del cercano interés por los demás ahoga cualquier intento de enojo y separación. Sólo un nido habitado consigue este milagro de enriquecimiento. Sin embargo, hace falta recuperar esos tiempos dedicados a una escucha fructífera. La complejidad de la vida moderna ha roto el equilibrio entre el trabajo, las preocupaciones y pasarla bien en familia.

Hay un gran deseo de actuar bien, pero en la práctica hay tanto temor a equivocarse que los comportamientos son insoportables, y eso afecta las relaciones. Con una vida tan tensa se exige a los demás que no compliquen. Esto aleja de la comprensión y surgen distancias que empeoran las relaciones. Sin querer la ya compleja vida, se complica más por culpa de uno.

La experiencia del confinamiento nos ha dejado claro que no basta estar uno al lado del otro, hace falta una disposición auténtica y profunda de interesarse por los demás, y eso solamente se logra si buscamos comprender para saber qué les pasa, y disculpar para también comprender que nadie goza de una vida fácil.

El interés y la comprensión elevan la temperatura de la familia, se vuelve realmente hogar, hoguera cálida que consuela, pero no quema. Todos se sienten a gusto y desean permanecer. Es un ejemplo para cuando los jóvenes formen su propio hogar. De este modo se reproducen beneficios para la sociedad, y ejemplos para muchos.

Comprender incluye saber qué les gusta a los demás, quiénes son sus amistades, qué ambientes frecuentan, cuáles son sus logros y sus frustraciones. Cómo reaccionan en ambos casos. Con estos datos la orientación será muy adecuada, y al experimentar los buenos resultados de seguir los consejos, se fortalecerán los vínculos.

En este tiempo han pululado las ideologías. Tal vez, entre otros, sea un efecto ante la frustración de no encontrar apoyos sólidos, convincentes, veraces. Y la solución resignada haya sido la de evadir la realidad y fabricarse mundos efímeros hechos a la medida de mentes desorientadas o destrozadas por el aislamiento, la soledad o la indiferencia.

Es preciso redescubrir que las diferencias tienen su sentido positivo. Las diferencias amplían las capacidades. Lo adecuado es reconocer lo que otros tienen y beneficiarse con sus resultados, del mismo modo que los otros se benefician con las aportaciones del receptor. Es inadecuada la postura de cancelar las diferencias. E imposible adoptar lo que no corresponde.

Eso no es utópico, actualmente somos testigos del hecho de envidiar la sexualidad ajena, e incluso evadir la propia humanidad para convertirse en una criatura de rango inferior. La tecnología avanzada puede lograr el aspecto, pero no modifica la esencia. Esto abre las puertas a una tragedia interior debido a la ruptura entre quién soy y quién quiero ser.

Estos fenómenos nos hablan de la necesidad de resolver serios problemas soslayados. Uno primordial es el de resolver con madurez las relaciones entre hombres y mujeres. Los roles anteriores se han modificado, hace falta conservar los constructivos del pasado y combinarlos con los descubiertos en el presente. Sin polarizaciones ni venganzas.

Hombre y mujer que formen un nuevo hogar, tendrán que dedicarse tiempo, conversar, disentir, pero en un ambiente de interés mutuo, de comprensión, de afán de enriquecimiento con la diferencia. Sin polarizaciones de los malos y las buenas. Sin hacer esquemas preconcebidos. Cada relación es única, por eso, el conjunto de familias sólidas forja sociedades fuertes y constructivas, pero solidarias con otras.

Estas actitudes en lo personal y en lo grupal son ejemplo de respeto, de colaboración y de amistad. Están cimentadas en la unidad. Por eso el vínculo matrimonial es un tesoro reconocido y lo cuidan. El vínculo regional también es un reducto de la propia personalidad y finalmente cada persona comprende que las demás sostienen a la humanidad.

Los vínculos en cualquier nivel -matrimonial, familiar, laboral, regional, internacional- son muy importantes, pero, sobre todo, han de estar caldeados por el de la familia-hogar. Solamente así se puede hablar de la familia humana, dispuesta a vivir en paz y a resolver las naturales diferencias con el diálogo comprensivo y con propuestas justas y adecuadas a las necesidades.

Todo esto no es una utopía, ni excluye a nadie. Todos tenemos una familia, todos hemos de caldearla con apertura, comprensión y apoyo adecuado a las necesidades particulares. Si logramos esa cohesión, hemos de sentirnos orgullosos de estar influyendo desde nuestra trinchera, a forjar un mundo más unido y fraterno, con cauces para superar las imprescindibles dificultades.

 

¿Tiene tu hijo una adicción a los videojuegos?

Lucía Legorreta

Oct 20, 2021

Si tu hijo o hija está dominado por los videojuegos y tiene ya una adicción, no pierdas un solo minuto y empieza hoy a atacarlo.

Últimamente me ha tocado escuchar y observar lo alarmados y preocupados que están muchos papás y mamás ante el tiempo que sus hijos pasan en los videojuegos.

¿Puede un niño o joven ser adicto a los videojuegos? ¡Por supuesto que sí! Esta se evidencia cuando la dependencia hacia ellos se vuelve tan intensa que le dedica al menos cuatro horas diarias a esta actividad, dejando a un lado todo tipo de obligaciones y responsabilidades.

Comparto contigo algunos síntomas que los expertos enumeran, para que seas muy honesto y determines si la tiene o no:

1. Aislamiento social: la adicción a los videojuegos potencia el aislamiento social, se pierde el contacto con amigos y familiares. Por otro lado, este aislamiento puede ser una de las causas que lo lleve a la adicción a los videojuegos, ya que al pasar mucho tiempo solo, se convierte en su forma de entretenimiento, y la forma de interactuar con otros.
2. Baja en el rendimiento escolar: el tiempo dedicado a jugar, hace que no se invierta tiempo y esfuerzo en estudiar y las calificaciones bajen de inmediato. Además, retrasa el aprendizaje de las competencias y habilidades que se impulsan a través de la educación.
3. Pérdida de la noción del tiempo: esta adicción hace que se pierda el control de la gestión del tiempo, de modo que cada vez pasan más horas sin darse cuenta.
4. Uso de los videojuegos como conducta compensatoria: puede ser un recurso para canalizar el estrés y la ansiedad derivados de otros problemas del día a día, como el hecho de vivir en una familia disfuncional, maltrato en casa o bullying en la escuela.
5. Dolores y enfermedades posturales: el hecho de pasar muchas horas seguidas frente al televisor o a la computadora puede desarrollar problemas óseos, de muslos y manos.
6. Estallidos de ira y enojo ante la limitación de jugar: cuando ciertas situaciones hacen que el juego termine o se interrumpa, se genera un nivel de frustración que puede derivar en estallidos de ira o incluso en agresiones físicas contra otras personas, así como golpes contra partes del inmueble u objetos.

¿Cómo trata esta adicción?

La opción más recomendada es la intervención psicológica de un experto. Sin embargo, los papás también podemos llevar a cabo acciones para combatir esta tendencia a jugar de forma adictiva, como son:

- Impedir la compra de más juegos: no acceder a más juegos durante un tiempo determinado, harán que estos estímulos y recompensas se logren de forma diferente.

- Invitar a realizar otros pasatiempos: ocupar el tiempo en otras actividades ayuda a romper con el ciclo del juego, ya que presenta otras rutinas y pensamientos estimulantes.

- Limitar el tiempo: es mejor dejar de jugar por un tiempo limitados que cortar en seco la posibilidad de seguir jugando, ya que se produce una gran hostilidad en este caso.

Si tu hijo o hija está dominado por los videojuegos y tiene ya una adicción, no pierdas un solo minuto y empieza hoy a atacarlo. Te lo agradecerá toda su vida.

 

 

No entiende de sectarismo

El Papa Francisco, en la carta con motivo del bicentenario de la independencia de México, hablaba en un contexto más complejo del que algunos han interpretado. En ese país hubo persecución a los cristianos, y ese laicismo agresivo ha estado vigente hasta hace muy pocos años. Cuando lo visitó San Juan Pablo II por primera vez, en 1979, seguía siendo ilegal vestir en público con sotana, incluida la blanca del obispo de Roma.

De ahí los esfuerzos de los últimos Papas para que México se reconcilie con su historia. El camino es claro: la Virgen de Guadalupe, que más que representar, encarna el mestizaje entre la Madre Patria, de la que proviene esta advocación mariana, y los pueblos autóctonos. Ese es el estilo mariano, tan alejado de los sectarismos ideológicos del signo que sea.

Juan García. 

 

"Enferma de cansancio"

Europa está “enferma de cansancio”. Es el demoledor análisis que ha hecho estos últimos días el Papa acerca del Viejo Continente. Europa, dicho de otro modo, lo tiene todo, y sin embargo ha perdido lo más básico, las ganas de vivir, “el hambre y la sed de Dios”. No es un diagnóstico para “el desaliento y la resignación”, les decía el Pontífice a los representantes de los episcopados europeos que conmemoraban el 50 aniversario de la CCEE.

Pero sí debe haber una reflexión sobre la misión de la Iglesia, y plantearse qué hacer para mostrar “al Buen Pastor”. El problema, a juicio de Francisco, es que, “más que irradiar la alegría contagiosa del Evangelio”, muchas veces los cristianos “vuelven a proponer esquemas religiosos desgastados, intelectualistas y moralistas”.

Jesús D Mez Madrid

 

Pero no lo han perdido todo si…

Las personas de La Palma afectadas por el volcán necesitan, por supuesto, todas las ayudas necesarias para salir adelante. Todos los esfuerzos que se hagan serán pocos. Pero perder todo es perder a quien más se quiere, perder todo es perder las relaciones, las razones, el soporte, la compañía que nos permite seguir adelante cuando llegan las desgracias.

Eso lo saben bien los que atraviesan una enfermedad dura, los que pierden a un ser querido. Muchas familias en La Palma han perdido muchas cosas, cosas importantes, pero no lo han perdido todo si tienen la ayuda, la compañía, las razones, los afectos para recomenzar. Ahí estamos todos nosotros.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Vagos y maleantes: plagas que persisten 

 

                                El cobrar una buena paga “y no dar golpe”, es el sueño de muchos españolitos (supongo que igual ocurre en el resto de países) y desde siempre; aquí incluso “los padres de las criaturas (muchos de ellos) tienen la desvergüenza incluso de decir, en voz alta y en público, más o menos lo que sigue: “Mi hijo/hija tiene un enchufe, donde gana tanto y no da golpe; y hace lo que le da la gana”. O sea que en vez de sentir vergüenza de un parásito, lo resalta como algo digno de ello. Pero por aquello de que “el que gobierna es el primero que debiera dar ejemplo, puesto que la masa trata siempre de imitar a los de arriba,veamos y observemos, cómo y en general, “está y obra la mujer del César”, que aquella plebe romana decía o comentaba como crítica o rechifla; con la frase de “doble de sentido”… “La mujer del césar tiene que parecerlo y serlo de verdad”; más o menos pues cito de memoria; y cuando localice la frase en su pureza, si la tiene; la insertaré en nota aparte (1); puesto que las “damas” de la alta alcurnia, en cantidades notables; las había, “valientes, decididas a todos los goces carnales y no carnales”, o sea lo de entonces, lo de después y lo de hoy mismo. Vean por ejemplo la historia de “Mesalina, la mujer del emperador Claudio; de la que se dio en TV una serie magnífica de aquella ya corrompida Roma”.

                                En cuanto a la delincuencia; igualmente proliferó siempre; y hubo castigos de todo tipo, desde “cortarle la mano o las manos, al ladrón (ley musulmana), pasando por, todo tipo de penas carcelarias, remeros en galeras, trabajos forzados en minas y en general obra pública en puestos durísimos; incluso tormentos horribles para delitos de los que hoy, “ni se les haría caso”, como en realidad no se les hace, a los que y por ejemplo, aquí en España, ocupan forzando una vivienda, se instalan en ella, hacen lo que en ella les da la gana, incluso al ser echados (tras enormes trámites y gasto de dinero) y tras destrozar lo robado (pues robo es el hecho) se llevan del mismo, aquello que les da la gana, y luego quedan “de rositas”; pero los tan “relamidos y consentidores de hoy, que tanto presumen de la segunda república española; conviene recordarles que en 1933 y aprobada por el parlamento, se aprueba la tan criticada ley de; “Vagos y maleantes”; que Franco al ganar la guerra la mantiene, incluso le añade,, algo más para los homosexuales, pero no y como dicen los interesados, Franco no fue el padre de “la criatura”, que salvo ese añadido, lo fue de la república “socialista comunista”, de tan repelente recuerdo en general; y la que cubría, un decálogo que es el siguiente:

1.   Los vagos habituales.

2.   Los rufianes y proxenetas.

3.   Los que no justifiquen cuando legítimamente fueren requeridos para ello por las autoridades y sus agentes, la posesión o procedencia de dinero o efectos que hallaren en su poder o que hubieren entregado a otros para su inversión o custodia.

4.   Los mendigos profesionales y los que vivan de la mendicidad ajena o exploten a menores de edad, a enfermos mentales o a lisiados.

5.   Los que exploten juegos prohibidos o cooperen con los explotadores a sabiendas de esta actividad ilícita, en cualquier forma.

6.   Los ebrios y toxicómanos habituales.

7.   Los que para su consumo inmediato suministren vinos o bebidas espirituosas a menores de catorce años en lugares y establecimientos públicos o en instituciones de educación e instrucción y los que de cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual.

8.   Los que ocultaren su verdadero nombre, disimularen su personalidad o falsearen su domicilio mediante requerimiento legítimo hecho por las autoridades o sus agentes, y los que usaren o tuvieren documentos de identidad falsos u ocultaren los propios.

9.   Los extranjeros que quebrantaren una orden de expulsión del territorio nacional.

10. Los que observen conducta reveladora de inclinación al delito, manifestada por el trato asiduo con delincuentes y maleantes; por la frecuentación de los lugares donde éstos se reúnen habitualmente; por su concurrencia habitual a casas de juegos prohibidos, y por la comisión reiterada y frecuente de contravenciones penales.

                                Con las correcciones, aumentos o disminuciones que se quieran, yo estimo que algo así, debiera estar vigente y que se cumpliera a rajatabla; puesto que con ello, nos evitaríamos “muchos delitos y delincuentes”, como por ejemplo esas bandas de niños-hombres, que el diario ABC, denunciaba en su número del día 25 de julio pasado, dedicándoles las páginas 12 y 13, con titulares que reproduzco:

              “BANDAS LATINAS, VEINTE AÑOS DE LAS ESCUELAS DE CRIMINALES MÁS JÓVENES Y SANGUINARIAS – Estas pandillas viven de nuevo un repunte especialmente en Madrid, con miembros cada vez más jóvenes – Policías, un sociólogo, Fiscalía y hasta tres exlíderes de estas organizaciones asesinas narran la terrible realidad de estas mafias callejeras en ESPAÑA”.

                                Y mientras esto ocurre (“y tantas otras cosas más”) los políticos con poltrona y estupendas pagas y prebendas (que no merecen), y que dicen “son nuestros representantes”; sólo se representan a ellos y a “sus panzas y sus bolsillos”; sintetizando con estas palabras, sus intereses materiales, que es lo único que les preocupa; mientras España y su sociedad, decae en una destrucción continua, de la que nadie, quiere saber nada; y a la vista está, “como estamos, o mejor dicho… CÓMO NOS TIENEN”: Amén.

 

(1) "La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo". Según la versión, también se incluyen los adjetivos "honesta" o "casta", enfatizando en esa postura patriarcal que reclama exclusivamente a la mujer fidelidad al marido.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes