Las Noticias de hoy 29 Enero 2020

Enviado por adminideas el Mié, 29/01/2020 - 13:00
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 29 de enero de 2020

Indice       

ROME REPORTS

Homilía del papa Francisco en Santa Marta

P. José Ignacio Figueroa: Los mayores, “protagonistas de la pastoral de la Iglesia”

Mujeres en la Iglesia: La evangelización “no es solo de los ordenados”

LA SIEMBRA Y LA COSECHA: Francisco Fernandez Carbajal

“Para servir, servir”: San Josemaria

La oración: José Luis Illanes

Ciclo sobre el pensamiento de san Juan Pablo II por el centenario de su nacimiento

El Catecismo de la Iglesia, ¿causa o efecto de la fe?

Mi protesta contra los sedicentes buenos: Salvador Bernal

La ruptura socia: Jesús Ortiz López 

Hijos responsables: 5 claves para lograrlo: LaFamilia.info

Trump a la Marcha por la Vida: “Somos la voz de los sin voz”

La educación no es el problema: son los niños.:    José Manuel Belmonte

El derecho de los padres a escoger la educación moral y religiosa de sus hijos: PEDRO MARÍA REYES VIZCAÍNO. 

: Jesús Martínez Madrid

¿Por qué llaman veto al ejercicio de un derecho?: Pedro García

El derecho de los padres a educar a sus hijos: Jesús Domingo Martínez

DAR COCES CONTRA EL  AGUIJÓN.:  Amparo Tos Boix, Valencia.

ENVEJECER EN PAZ: “LA NAVIDAD DE LA VIDA”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

Homilía del papa Francisco en Santa Marta
Martes, 28 de enero de 2020

La primera lectura (2S 6,12b-15.17-19) cuenta la fiesta de David y de todo el pueblo de Israel por la vuelta del Arca de la Alianza a Jerusalén. El Arca había sido robada, y su regreso es una alegría grande para todo el pueblo, porque siente que Dios está cerca y lo celebran. Y el rey David también va, se pone en cabeza de la procesión, hace un sacrificio inmolando un toro y un animal cebado, y con el pueblo grita, canta y baila con todas sus fuerzas. Era una fiesta: la alegría del pueblo de Dios porque Dios estaba con ellos. ¿Y David? Baila. Baila delante del pueblo, expresa su alegría sin vergüenza; es la alegría espiritual del encuentro con el Señor: Dios ha vuelto a nosotros, y esto nos da tanta alegría. David no piensa que es el rey y que el rey debe estar despegado de la gente —“su majestad”—, distante… David ama al Señor, es feliz por este acto de llevar el arca del Señor. Expresa esa felicidad, esa alegría, bailando y cantando como todo el pueblo.
 
También a nosotros nos puede pasar esto cuando estamos con el Señor y, quizá en la parroquia o en el pueblo, la gente hace fiesta. Hay otro episodio de la historia de Israel, cuando fue recuperado el libro de la ley en tiempos de Nehemías y también entonces el pueblo lloraba de alegría (cfr. Ne 8,9).  
 
El texto del profeta Samuel sigue describiendo la vuelta de David a su casa donde encontró a su mujer, la hija de Saúl. Pero ella lo recibe con desprecio. Viendo al rey bailar se había avergonzado de él y le regaña diciéndole: “Te has deshonrado bailando como un vulgar, como uno del pueblo”. Es el desprecio a la religiosidad genuina, a la espontaneidad de la alegría con el Señor. Y David le explica: “Pero si era motivo de alegría, la alegría del Señor, porque hemos traído el Arca a casa”. Pero ella lo desprecia. Y dice la Biblia que esta mujer –se llamaba Mical– no tuvo hijos por eso. El Señor la castigó. Cuando falta la alegría en un cristiano, ese cristiano no es fecundo; cuando falta la alegría en nuestro corazón, no hay fecundidad.
 
Además, la fiesta no se expresa solo espiritualmente, sino que se comparte también materialmente. David, aquel día, después de la bendición, distribuyó “una hogaza de pan, un pedazo de carne y una torta de pasas”, para que cada uno lo celebrase en su casa. La Palabra de Dios no se avergüenza de la fiesta. Es verdad que a veces el peligro de la alegría es pasarse más de la cuenta y creer que eso es todo. No: esto es el aire de fiesta. San Pablo VI, en su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, habla de este aspecto y anima a la alegría (cfr. nn. 1 y 80). La Iglesia no irá adelante, el Evangelio no saldrá adelante con evangelizadores aburridos, amargados. No. Solo podrá avanzar con evangelizadores alegres, llenos de vida. La alegría al recibir la Palabra de Dios, la alegría de ser cristianos, la alegría de ir adelante, la capacidad de celebrar sin avergonzarse y no ser como esa mujer, Mical, cristianos formales, cristianos prisioneros de las formalidades.

 

P. José Ignacio Figueroa: Los mayores, “protagonistas de la pastoral de la Iglesia”

I Congreso para Ancianos

ENERO 28, 2020 11:30LARISSA I. LÓPEZENTREVISTASVATICANO

(zenit – 28 enero 2020).- “Los mayores son la Iglesia y por tanto son protagonistas de la pastoral de la Iglesia; los mayores evangelizan, transmiten la fe en la familia, colaboran en miles de tareas… Los mayores son, por fin —como tantas veces ha destacado el Papa Francisco—, un pozo inagotable de experiencias y sabiduría que no debemos descartar”, señala el padre José Ignacio Figueroa en una entrevista concedida a zenit.

José Ignacio Figueroa Seco es sacerdote de la Diócesis de Alcalá de Henares, en Madrid, y en junio de 2018, fue nombrado consiliario general del Movimiento de Apostolado Seglar para Mayores y Jubilados “Vida Ascendente” por la Conferencia Episcopal Española. Es uno de los participantes en el I Congreso Internacional de Pastoral para las Personas Mayores, titulado “La riqueza de los años”, y ha intervenido hoy, 28 de enero de 2020, en la rueda de prensa de presentación del mismo.

Efectivamente, del 29 al 31 de enero de 2020, se celebrará en el Centro de Congresos Augustinianum de Roma este primer congreso destinado a reflexionar en torno a las necesidades pastorales de las personas de mayor edad en la sociedad.

Solicitud del Papa

Este evento, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, surge como respuesta a la solicitud del Papa Francisco, que ha resaltado en numerosas ocasiones el papel de las personas mayores en la transmisión de la fe, en el diálogo con los jóvenes y en la custodia de las raíces de los pueblos.

Frente a la prolongación de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, el Santo Padre ha reconocido que “la espiritualidad cristiana ha sido tomada por sorpresa” y que es necesaria “una renovada reflexión eclesial” sobre la que define como “la bendición de una larga vida”.

Al mismo tiempo, a estas personas longevas, el Pontífice les ha pedido ser protagonistas de la labor de la Iglesia y “no tirar los remos en la barca” porque “a la vejez debemos inventarla”.

Este primer encuentro internacional, dedicado a la pastoral de las personas mayores, tratará sobre cómo afrontar la cultura del descarte en este grupo de edad concreto, sobre su rol en la familia y sobre su peculiar vocación en la Iglesia. En él se reúnen alrededor de 550 expertos y agentes de pastoral de 60 países de los cinco continentes, que serán recibidos en audiencia por el Papa el viernes 31 de enero.

A continuación sigue la entrevista completa con el padre José Ignacio Figueroa.

***

zenit: Las estadísticas y las previsiones demuestran que la pastoral con personas mayores marcará la vida de la Iglesia en el futuro, pero, ¿cuál es, desde su experiencia, el panorama actual dentro de la Iglesia de este grupo de edad?

P. José Ignacio: En primer lugar, creo que no hemos de hablar de la Iglesia del futuro, sin reconocer que ya, en el presente, los mayores son protagonistas de la pastoral de la Iglesia en su vida cotidiana. Abrimos cada día nuestras parroquias y templos de culto y los encontramos llenos de mayores; son los jubilados los que tienen un enorme protagonismo en tareas como la asistencia social en las Cáritas parroquiales y diocesanas, colaborando en tareas de voluntariado; son los que tienen capacidad para colaborar en la pastoral ordinaria dando catequesis a niños, padres, novios y adultos… Es decir, los mayores no solo son el futuro de la Iglesia porque estamos inmersos en sociedades cada vez más envejecidas, sino que ya en la actualidad asumen una enorme cantidad de tareas eclesiales.

Por otra parte, es preocupante que el progresivo proceso de secularización que sufre nuestra sociedad, también afecte al mundo de los mayores. No podemos dar por supuesto que los mayores están evangelizados. Muchos de ellos lo están y precisamente por eso, después de la jubilación, cuando disponen de más tiempo libre, colaboran en tareas eclesiales, pero somos conscientes de que las nuevas generaciones de personas que llegan a la edad de la jubilación, ya no se han criado en una sociedad donde ser católico era lo normal y vivir los postulados doctrinales y morales que predica la Iglesia católica no es lo habitual en ellos. Precisamente de ellos, en cuanto que son también destinatarios del anuncio de la Salvación ofrecida por Cristo Resucitado, hemos de preocuparnos especialmente.

zenit: ¿Cómo recibió la idea de la celebración de este I Congreso?

P. José Ignacio: “Vida Ascendente”, como movimiento de mayores, llevaba varios años por una parte reclamando a nuestros obispos la preocupación por estructurar, en las diócesis que conforman la Iglesia que peregrina en España, una pastoral específica para y de los mayores, donde estos descubran que la Iglesia está cerca de ellos en un mundo que el Papa Francisco señala que está inmerso en la cultura del descarte y que cuenta con ellos para ser al mismo tiempo testigos de la Buena Noticia de Cristo Resucitado.

Por otra parte, en la Comisión Permanente de “Vida Ascendente” de España había surgido el deseo de compartir con el Santo Padre nuestras preocupaciones y el deseo de dar visibilidad a ese auténtico ejército de jubilados con los que puede contar para desde la cotidianidad de la familia y las comunidades cristianas estar al servicio de la Iglesia.

Pueden entender que, con estas premisas, la noticia del Congreso ha sido una inyección de alegría y de esperanza para los más de 20.000 mayores que forman parte de “Vida Ascendente”.

zenit: Háblenos sobre el Movimiento “Vida Ascendente” en España…

P. José Ignacio: Hace ya más de tres décadas que este movimiento, que nació en las periferias de París en la década de los 50 del pasado siglo, se fue implantando en España. Desde entonces, “Vida Ascendente” se ha ido poniendo en marcha en prácticamente todas las diócesis de nuestro territorio, básicamente teniendo como lugares de encuentro las parroquias, en pequeños grupos que hacen una lectura orante del Evangelio dominical y que, mediante unos sencillos guiones de temas formativos relacionados con la realidad que viven los mayores, comparten experiencias, recuerdos, inquietudes y esperanzas.

Tres son los pilares que conforman la identidad de “Vida Ascendente”: la amistad entre los miembros que surge de la común amistad con Jesucristo; la espiritualidad vivida desde la experiencia de la Palabra compartida y meditada; y el apostolado vivido desde el corazón del movimiento y al servicio de la Iglesia, a la que como miembros y como institución tratamos de servir con fidelidad.

Desde hace unos pocos años, también porque la realidad social de los mayores va cambiando, han empezado a surgir grupos de “Vida Ascendente” en residencias de mayores. Bien porque miembros de “Vida Ascendente” que han conocido el movimiento en sus parroquias han pasado a ser residentes y han puesto en marcha allí grupos del movimiento, o bien porque el propio movimiento se ha puesto a disposición de la residencia para implantar allí nuevos grupos. En la actualidad estamos ahondando en esta realidad y empezando a formar animadores de esos grupos teniendo en cuenta su situación específica.

zenit: ¿Cómo se ha preparado este congreso desde el movimiento?

P. José Ignacio: Por tratarse del primer congreso que se organiza, sencillamente nos hemos puesto al servicio de la organización —el Departamento de Mayores del Dicasterio de los Laicos, la Familia y la Vida— para cuanto fuese necesario y estuviese en nuestra mano. De hecho, la presidenta de “Vida Ascendente Internacional” (Vie Montante International), Monique Bodhuin, impartirá una preciosa ponencia sobre el acompañamiento espiritual a los mayores y yo mismo participo en la rueda de prensa —meeting point— de lanzamiento del congreso.

Por otra parte, hemos hecho un enorme esfuerzo de difusión de esta hermosa iniciativa vaticana para que “Vida Ascendente” en España no se perdiese esta oportunidad, de modo que participamos setenta personas de diversas diócesis de nuestro país que después trataremos de difundir lo que vivamos estos días en Roma.

zenit: ¿Cuáles son las expectativas con respecto a esta primera experiencia?

P. José Ignacio: Sobre todo creo que podríamos resumir en dos palabras el ánimo que traemos los que hemos tenido la suerte de vivir en primera persona este evento: visibilización y difusión.

Se trata en primer lugar de hacer visibles no solo a esos millones de mayores que sufren la aludida cultura del descarte —los que están solos, los que tienen que sostener con su frágiles pensiones de jubilación a sus hijos y nietos, los que son utilizados y en ocasiones maltratados por sus propias familias, los que son ignorados por pertenecer a una generación que no piensa igual, etc. —. Hemos de poner en valor también a todos esos mayores que son transmisores de la fe en la familia, colaboradores y voluntarios en múltiples tareas eclesiales, animadores de otros mayores que se vienen abajo en su nueva situación de jubilación…

En segundo lugar hemos de difundir el interés de la Iglesia por ir poniendo en marcha una pastoral del mayor, en la que los que van por delante de nosotros en la carrera de la vida, no solo son destinatarios de nuestra acción pastoral. Naturalmente, cuando un anciano está solo hay que acompañarle, y cuando está enfermo hay que atenderle y cuando necesita del sosiego de los sacramentos hay que hacérselos llegar.

Pero los mayores no solo necesitan de la Iglesia. Los mayores son la Iglesia y por tanto son protagonistas de la pastoral de la Iglesia; los mayores evangelizan, transmiten la fe en la familia, colaboran en miles de tareas… Los mayores son, por fin —como tantas veces ha destacado el Papa Francisco—, un pozo inagotable de experiencias y sabiduría que no debemos descartar.

zenit: El Papa ha señalado en varias ocasiones que es necesaria una “alianza” entre jóvenes y personas mayores, que se necesitan “abuelos soñadores” que ofrezcan “visiones” a la juventud para que estos tengan esperanza en el futuro, ¿Cómo cree que puede lograrse esta unión entre generaciones?

P. José Ignacio: Precisamente ahondando en esta clave de visibilización, la Iglesia tiene mucho que aportar en este sentido y es muy hermoso que el Santo Padre, al crear este nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, haya querido que el mundo de los mayores no se desligara del de la familia.

Parece que la familia a menudo se reduce, en el mejor de los casos, a padres e hijos, pero los abuelos tienen cada vez más un papel fundamental en la educación y transmisión de la fe en la familia. Una auténtica pastoral familiar no puede estar al margen de la pastoral del mayor.

zenit: ¿Qué puede hacer la comunidad católica en general por los mayores?

P. José Ignacio: La intención del Santo Padre es que en todos los estamentos de la Iglesia —conferencias episcopales, diócesis y parroquias— se vayan creando departamentos de Pastoral del Mayor y, desde la humilde experiencia de este Movimiento, “Vida Ascendente” puede ser —y está dispuesta a hacerlo sin buscar el más mínimo protagonismo— un buen apoyo para acompañar a los mayores en su carrera hacia la meta.

 

Mujeres en la Iglesia: La evangelización “no es solo de los ordenados”

Hablan religiosas de la Unión de Superioras

ENERO 28, 2020 16:34LARISSA I. LÓPEZIGLESIA CATÓLICA

(zenit – 28 enero 2020).- Para la directora de la Unión Internacional de Superioras (UISG) la misión evangelizadora “no es solo de los ordenados”, pues “no puede haber ningún ministerio sin el pueblo de Dios”, que incluye, por supuesto, a las mujeres.

L’Osservatore Romano publicó un artículo de Ritanna Armeni en el último ejemplar de «Donne Chiesa Mondo«, que incluye una entrevista a las religiosas Jolanta Kafka, nueva presidenta de la UISG, y Patricia Murray, secretaria ejecutiva de la UISG en la que ambas reflexionan sobre el rol de las mujeres en la Iglesia

La UISG es una organización aprobada canónicamente que comprende hasta 1.900 congregaciones para 450.000 mujeres consagradas, un foro internacional donde las superioras generales pueden compartir sus experiencias, intercambiar información y enriquecerse con sus experiencias.

La Iglesia “es siempre femenina”

De este modo, sobre la aportación particular por las mujeres del Santo Padre, la hermana Jolanta destaca que la Iglesia para Francisco “es siempre femenina, es mujer, es la madre que cuida, que da vida, es la protagonista de la historia, es ella la que crea el cambio” y que suele utilizar “expresiones y símbolos que afirman la presencia y el valor de la mujer en cada ocasión”.

Sor Patricia subraya la importancia de estos símbolos que, precisamente, Francisco utiliza “para indicar el cambio”, para enviar “mensajes precisos” y para demostrar la “inclusión”. Como ejemplo patente, remitió al hecho de que por primera vez bajo su pontificado la asamblea de la UISG no fue inaugurada por un cardenal, sino por su presidenta. Además, resaltó el gesto del Papa en la última asamblea, que entró acompañado por la presidenta y la secretaria ejecutiva y pidió que colocasen dos sillas, una para él y otra para la presidenta.

Con respecto al desafío de dar más espacio a las mujeres en la institución para “señalar su presencia estructural en la Iglesia y al mismo tiempo evitar englobarlarlas en el sistema ‘clerical’”, la hermana Jolafa considera que si hablamos de la Iglesia “como una comunión de diferentes ministerios, hay algunos que podrían ser ejercidos inmediatamente por hombres y mujeres” y que existe una gran oportunidad “en la profundización de la sinodalidad”.

Diaconado femenino

Al ser cuestionada sobre el debate en el Sínodo de la Amazonía en torno al diaconado de las mujeres y los nuevos ministerios para ellas, la directora de la UISG resaltó que existió “una discusión abierta sobre los diferentes roles y servicios que deben estar presentes en la Iglesia para que ésta pueda crecer en comunión y continuar su misión de evangelización”.

En los primeros siglos del cristianismo existía el diaconado femenino, situación que cambió y “ahora el estudio es precisamente sobre la interpretación del antiguo diaconado”, explicó la secretaria ejecutiva de la consabida organización.

“Yo creo que deberíamos dar más importancia y visibilidad a todos los ministerios de la Iglesia. Pienso en la predicación, la enseñanza, los numerosos roles de cuidado que las mujeres religiosas llevan a cabo. No se valoran lo suficiente”, expresó, y añadió que “el Pontífice ha iniciado un camino, un proceso de formación cuyo objetivo no es un clero más fuerte, sino una Iglesia más fuerte y unida en las diferencias”.

Dar espacio a hombres y mujeres

En consecuencia, sor Jolanta aclara que el problema no es el diaconado, esto es, la igualdad con los hombres en la jerarquía, sino el de construir toda una Iglesia que dé espacio “a las mujeres y hombres sentados uno al lado del otro, alrededor del mismo centro”.

Al mismo tiempo, las hermanas fueron cuestionadas sobre lo que pueden hacer las consagradas por la Iglesia y por el Papa y sor Patricia recordó que al final del Concilio Vaticano II, se constituyó la UISG  para que existiera “un lugar donde las mujeres pudieran ser interlocutoras”. Asimismo, se refirió a que el Obispo de Roma “reconoció la capacidad de construir relaciones, redes, de llevar al centro las voces de las periferias, de los que están distantes y no son escuchados” de las féminas en el Sínodo de la Amazonía.

Violencia contra las mujeres

Finalmente, se aludió al tema del problema de la violencia contra las mujeres y en la Iglesia contra las monjas, denunciado por el propio Francisco. Así, sor Jolanta destacó que el Santo Padre rompió el silencio sobre la violencia “y esto nos da la posibilidad de hablar, de ser, también como UISG, un lugar de escucha y de ayuda no solo con respecto a la violencia sexual, sino con todo abuso de poder”.

Igualmente indicó que el tema se aborda desde hace tiempo creando espacios donde las hermanas puedan hablar, ofreciéndoles apoyo terapéutico y legal y realizando un trabajo de formación integral “para que las mujeres sean más conscientes de su dignidad y sus derechos”.

 

LA SIEMBRA Y LA COSECHA

— Parábola del sembrador. Nosotros somos colaboradores del Señor. Dar doctrina. Las disposiciones de las almas pueden cambiar.

— Optimismo en el apostolado. El Señor permite que en muchas ocasiones no veamos los frutos. Paciencia y constancia. «Las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo».

— El fruto es siempre superior a la semilla que se pierde. Muchos de nuestros amigos están esperando que les hablemos de Cristo.

I. Salió el sembrador a sembrar su semilla, nos dice el Señor en el Evangelio1. El campo, el camino, los espinos y los pedregales recibieron la semilla: el sembrador siembra a voleo y la simiente cae en todas partes. Con esta parábola quiso declarar el señor que Él derrama en todos su gracia con mucha generosidad. Lo mismo que el labrador no distingue la tierra que pisa con sus pies, sino que arroja natural e indistintamente su semilla, así el Señor no distingue al pobre del rico, al sabio del ignorante, al tibio del fervoroso, al valiente del cobarde2. Dios siembra en todos; da a cada hombre las ayudas necesarias para su salvación.

En la oficina, en la empresa, en la farmacia, en la consulta, en el taller, en la tienda, en los hospitales, en el campo, en el teatro..., en todas partes, allí donde nos encontremos, podemos dar a conocer el mensaje del Señor. Él mismo es quien esparce la semilla en las almas y quien da a su tiempo el crecimiento. «Nosotros somos simples braceros, porque Dios es quien siembra»3. Somos colaboradores suyos y en su campo: Jesús, «por medio de los cristianos, prosigue su siembra divina. Cristo aprieta el trigo en sus manos llagadas, lo empapa con su sangre, lo limpia, lo purifica y lo arroja en el surco, que es el mundo»4, con infinita generosidad.

Nos toca preparar la tierra y sembrar en nombre del Señor de la tierra. No deberíamos desaprovechar ninguna ocasión de dar a conocer a nuestro Dios: viajes, descanso, trabajo, enfermedad, encuentros inesperados..., todo puede ser ocasión para sembrar en alguien la semilla que más tarde dará su fruto. El Señor nos envía a sembrar con largueza. No nos corresponde a nosotros hacer crecer la semilla; eso es propio del Señor5: que la semilla germine y llegue a dar los frutos deseados depende solo de Dios, de su gracia que nunca niega. Debemos recordar siempre «que los hombres no son más que instrumentos, de los que Dios se sirve para la salvación de las almas, y hay que procurar que estos instrumentos estén en buen estado para que Dios pueda utilizarlos»6. Gran responsabilidad la del que se sabe instrumento: estar en buen estado.

En todas partes cayó la semilla del sembrador: en el campo, en el camino, en los espinos, en los pedregales. «Y ¿qué razón tiene el sembrar sobre espinas, sobre piedras, sobre el camino? Tratándose de semilla y de tierra, ciertamente no tendría razón de ser, pues no es posible que la piedra se convierta en tierra, ni que el camino no sea camino, ni que las espinas dejen de ser tales; mas con las almas no es así. Porque es posible que la piedra se transforme en tierra buena, y que el camino no sea ya pisado ni permanezca abierto a todos los que pasan, sino que se torne campo fértil, y que las espinas desaparezcan y la semilla fructifique en ese terreno»7. No hay terrenos demasiado duros o baldíos para Dios. Nuestra oración y nuestra mortificación, si somos humildes y pacientes, pueden conseguir del Señor la gracia necesaria que transforme las condiciones interiores de las almas que queremos acercar a Dios.

II. Siempre es eficaz la labor en las almas. El Señor, de forma muchas veces insospechada, hace fructificar nuestros esfuerzos. Mis elegidos no trabajarán en vano8, nos ha prometido.

La misión apostólica unas veces es siembra, sin frutos visibles, y otras recolección de lo que otros sembraron con su palabra, o con su dolor desde la cama de un hospital, o con un trabajo escondido y monótono que permaneció inadvertido a los ojos humanos. En ambos casos, el Señor quiere que se alegren juntamente el sembrador y el segador9. El apostolado es tarea alegre y, a la vez, sacrificada: en la siembra y en la recolección.

La tarea apostólica es también labor paciente y constante. De la misma manera que el labriego sabe esperar días y más días hasta ver despuntar la simiente, y más aún hasta la recolección, así debemos hacer nosotros en nuestro empeño de acercar almas a Dios. El Evangelio y la propia experiencia nos enseñan que la gracia, de ordinario, necesita tiempo para fructificar en las almas. Sabemos también de la resistencia a la gracia en muchos corazones, como pudo suceder con el nuestro anteriormente. Nuestra ayuda a otros se manifestará entonces en una mayor paciencia –muy relacionada con la virtud de la fortaleza– y en una constancia sin desánimos. No intentemos arrancar el fruto antes de que esté maduro. «Y es esta paciencia la que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo»10.

La espera no se confunde con la dejadez ni con el abandono. Por el contrario, mueve a poner los medios más oportunos para aquella situación concreta en la que se encuentra esa persona a la que queremos ayudar: abundancia de la luz de la doctrina, más oración y alegría, espíritu de sacrificio, profundizar más en la amistad...

Y cuando la semilla parece que cae en terreno pedregoso o con espinos, y que tarda en llegar el fruto deseado, entonces hemos de rechazar cualquier sombra de pesimismo al ver que el trigo no aparece cuando queríamos. «A menudo os equivocáis cuando decís: “me he engañado con la educación de mis hijos”, o “no he sabido hacer el bien a mi alrededor”. Lo que sucede es que aún no habéis conseguido el resultado que pretendíais, que todavía no veis el fruto que hubierais deseado, porque la mies no está madura. Lo que importa es que hayáis sembrado, que hayáis dado a Dios a las almas. Cuando Dios quiera, esas almas volverán a Él. Puede que vosotros no estéis allí para verlo, pero habrá otros para recoger lo que habéis sembrado»11. Sobre todo estará Cristo, para quien nos hemos esforzado.

Trabajar cuando no se ven los frutos es un buen síntoma de fe y de rectitud de intención, buena señal de que verdaderamente estamos realizando una tarea solo para la gloria de Dios. «La fe es un requisito imprescindible en el apostolado, que muchas veces se manifiesta en la constancia para hablar de Dios, aunque tarden en venir los frutos.

»Si perseveramos, si insistimos bien convencidos de que el Señor lo quiere, también a tu alrededor, por todas partes, se apreciarán señales de una revolución cristiana: unos se entregarán, otros se tomarán en serio su vida interior, y otros –los más flojos– quedarán al menos alertados»12.

III. Otra semilla, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta.

Aunque una parte de la siembra se perdió porque cayó en mal terreno, la otra parte dio una cosecha imponente. La fertilidad de la buena tierra compensó con creces a la simiente que dejó de dar el fruto debido. No debemos olvidar nunca el optimismo radical que comporta el mensaje cristiano: el apostolado siempre da un fruto desproporcionado a los medios empleados. El Señor, si somos fieles, nos concederá ver, en la otra vida, todo el bien que produjo nuestra oración, las horas de trabajo que ofrecimos por otros, las conversaciones que sostuvimos con nuestros amigos, las horas de enfermedad ofrecidas, el resultado de aquel encuentro del que nunca más tuvimos noticias, los frutos de todo lo que aquí nos pareció un fracaso, a quiénes alcanzó aquella oración del Santo Rosario que rezamos cuando veníamos de la Facultad o de la oficina... Nada quedó sin fruto: una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El gran error del sembrador sería no echar la simiente por temor a que una parte cayera en lugar poco propicio para que fructificara: dejar de hablar de Cristo por temor a no saber sembrar bien la semilla, o a que alguno pueda interpretar mal nuestras palabras, o nos diga que no le interesan, o...

En el apostolado hemos de tener presente que Dios ya sabe que unas personas responderán a nuestra llamada, y otras no. Al hacer al hombre criatura libre, el Señor –en su Sabiduría infinita– contó con el riesgo de que usara mal su libertad: aceptó que algunos hombres no quisieran dar fruto; «cada alma es dueña de su destino, para bien o para mal (...). Siempre nos impresiona esta tremenda capacidad tuya y mía, de todos, que revela a la vez el signo de nuestra nobleza»13.

Dios se complace en los que corresponden voluntariamente a su gracia. Un alma que se decide libremente a aceptar sus gracias en lugar de rechazarlas, ¡cuánta gloria da a Dios!; una persona que se empeña en dar frutos de santidad con la ayuda divina en lugar de quedarse en la tibieza, ¡cuánto se complace Dios en ella!; pensemos cuánto le han agradado los santos, cuánto le ha glorificado la Santísima Virgen en el tiempo de su estancia en la tierra. Este ha de ser el fundamento de nuestro optimismo en el apostolado.

Dios nos podría haber creado sin libertad, de modo que le diéramos gloria como dan gloria los animales y las plantas, que se mueven por las leyes necesarias de su naturaleza, de sus instintos, sometidos a la servidumbre de unos estímulos externos o internos. Podríamos haber sido como animales más perfeccionados, pero sin libertad. Sin embargo, Dios nos ha querido crear libres para que, por amor, queramos reconocer nuestra dependencia de Él. Sepamos decir libremente, como la Virgen: He aquí la esclava del Señor14. Hacernos esclavos de Dios por amor compensa al Señor de todas las ofensas que otros pueden hacerle por utilizar mal la libertad.

Vivamos la alegría de la siembra, «cada uno según su posibilidad, facultad, carisma y ministerio. Todos, por consiguiente, los que siembran y los que siegan, los que plantan y los que riegan, han de ser necesariamente una sola cosa, a fin de que, “buscando unidos el mismo fin, libre y ordenadamente”, dediquen sus esfuerzos con unanimidad a la edificación de la Iglesia»15.

1 Mc 4, 1-20. — 2 Cfr. San Juan Crisóstomo Homilías sobre San Marcos, 44, 3.  3 San Agustín, Sermón 73, 3. — 4 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 157. — 5 Cfr. 1 Cor 3, 7. — 6 San Pío X, Enc. Haerent animo, 9. — 7 San Juan Crisóstomo, o. c., 44. — 8 Is 65, 23. — 9 Cfr. Jn 4, 36. — 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 78. — 11 G. Chevrot, El pozo de Sicar, Rialp, Madrid 1981, p. 267. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 207. — 13 Ídem, Amigos de Dios, 33. — 14 Lc 1, 38. — 15 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 28.

 

“Para servir, servir”

Tú también tienes una vocación profesional, que te "aguijonea". –Pues, ese "aguijón" es el anzuelo para pescar hombres. Rectifica, por tanto, la intención, y no dejes de adquirir todo el prestigio profesional posible, en servicio de Dios y de las almas. El Señor cuenta también con "esto". (Surco, 491)

Por eso, como lema para vuestro trabajo, os puedo indicar éste: para servir, servir. Porque, en primer lugar, para realizar las cosas, hay que saber terminarlas. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese deseo se traducirá en el empeño por poner los medios adecuados para dejar las cosas acabadas, con humana perfección.

Pero también ese servir humano, esa capacidad que podríamos llamar técnica, ese saber realizar el propio oficio, ha de estar informado por un rasgo que fue fundamental en el trabajo de San José y debería ser fundamental en todo cristiano: el espíritu de servicio, el deseo de trabajar para contribuir al bien de los demás hombres. El trabajo de José no fue una labor que mirase hacia la autoafirmación, aunque la dedicación a una vida operativa haya forjado en él una personalidad madura, bien dibujada. El Patriarca trabajaba con la conciencia de cumplir la voluntad de Dios, pensando en el bien de los suyos, Jesús y María, y teniendo presente el bien de todos los habitantes de la pequeña Nazaret. (Es Cristo que pasa, 50-51)

 

La oración

La oración es necesaria para la vida espiritual: es la respiración que permite que la vida del espíritu se desarrolle, y actualiza la fe en la presencia de Dios y de su amor.

RESÚMENES DE DOCTRINA CATÓLICA22/11/2016

Opus Dei - Tema 39. La oración​El reconocimiento de la realidad de Dios provoca la tendencia a dirigirse a Él.

PDF► La oración.

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Serie completa►“Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

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1. Qué es la oración [1]

En castellano se cuenta con dos vocablos para designar la relación consciente y coloquial del hombre con Dios: plegaria y oración. La palabra “plegaria” proviene del verbo latino precor , que significa rogar, acudir a alguien solicitando un beneficio. El término “oración” proviene del substantivo latino oratio , que significa habla, discurso, lenguaje.

Las definiciones que se dan de la oración, suelen reflejar estas diferencias de matiz que acabamos de encontrar al aludir a la terminología. Por ejemplo, San Juan Damasceno, la considera como «la elevación del alma a Dios y la petición de bienes convenientes» [2]; mientras que para San Juan Clímaco se trata más bien de una «conversación familiar y unión del hombre con Dios» [3].

La oración es absolutamente necesaria para la vida espiritual. Es como la respiración que permite que la vida del espíritu se desarrolle. En la oración se actualiza la fe en la presencia de Dios y de su amor. Se fomenta la esperanza que lleva a orientar la vida hacia Él y a confiar en su providencia. Y se agranda el corazón al responder con el propio amor al Amor divino.

En la oración, el alma, conducida por el Espíritu Santo desde lo más hondo de sí misma (cfr. Catecismo, 2562), se une a Cristo, maestro, modelo y camino de toda oración cristiana (cfr. Catecismo, 2599 ss.), y con Cristo, por Cristo y en Cristo, se dirige a Dios Padre, participando de la riqueza del vivir trinitario (cfr. Catecismo, 2559-2564). De ahí la importancia que en la vida de oración tiene la Liturgia y, en su centro, la Eucaristía.

2. Contenidos de la oración

Los contenidos de la oración, como los de todo diálogo de amor, pueden ser múltiples y variados. Cabe, sin embargo, destacar algunos especialmente significativos:

Petición

Es frecuente la referencia a la oración impetratoria a lo largo de toda la Sagrada Escritura; también en labios de Jesús, que no sólo acude a ella, sino que invita a pedir, encareciendo el valor y la importancia de una plegaria sencilla y confiada. La tradición cristiana ha reiterado esa invitación, poniéndola en práctica de muchas maneras: petición de perdón, petición por la propia salvación y por la de los demás, petición por la Iglesia y por el apostolado, petición por las más variadas necesidades, etc.

De hecho, la oración de petición forma parte de la experiencia religiosa universal. El reconocimiento, aunque en ocasiones difuso, de la realidad de Dios (o más genéricamente de un ser superior), provoca la tendencia a dirigirse a Él, solicitando su protección y su ayuda. Ciertamente la oración no se agota en la plegaria, pero la petición es manifestación decisiva de la oración en cuanto reconocimiento y expresión de la condición creada del ser humano y de su dependencia absoluta de un Dios cuyo amor la fe nos da conocer de manera plena (cfr. Catecismo, 2629.2635).

Acción de gracias

El reconocimiento de los bienes recibidos y, a través de ellos, de la magnificencia y misericordia divinas, impulsa a dirigir el espíritu hacia Dios para proclamar y agradecerle sus beneficios. La actitud de acción de gracias llena desde el principio hasta el fin la Sagrada Escritura y la historia de la espiritualidad. Una y otra ponen de manifiesto que, cuando esa actitud arraiga en el alma, da lugar a un proceso que lleva a reconocer como don divino la totalidad de lo que acontece, no sólo aquellas realidades que la experiencia inmediata acredita como gratificantes, sino también de aquellas otras que pueden parecer negativas o adversas.

Consciente de que el acontecer está situado bajo el designio amoroso de Dios, el creyente sabe que todo redunda en bien de quienes –cada hombre– son objeto del amor divino (cfr. Rm 8, 28). «Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso... Dale gracias por todo, porque todo es bueno» [4].

Adoración y alabanza

Es parte esencial de la oración reconocer y proclamar la grandeza de Dios, la plenitud de su ser, la infinitud de su bondad y de su amor. A la alabanza se puede desembocar a partir de la consideración de la belleza y magnitud del universo, como acontece en múltiples textos bíblicos (cfr., por ejemplo, Sal 19; Si 42, 15-25; Dn 3, 32-90) y en numerosas oraciones de la tradición cristiana [5]; o a partir de las obras grandes y maravillosas que Dios opera en la historia de la salvación, como ocurre en el Magnificat (Lc 1, 46-55) o en los grandes himnos paulinos (ver, por ejemplo, Ef 1, 3-14); o de hechos pequeños e incluso menudos en los que se manifiesta el amor de Dios.

En todo caso, lo que caracteriza a la alabanza es que en ella la mirada va derechamente a Dios mismo, tal y como es en sí, en su perfección ilimitada e infinita. «La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace sino por lo que Él es» (Catecismo, 2639). Está por eso íntimamente unida a la adoración, al reconocimiento, no sólo intelectual sino existencial, de la pequeñez de todo lo creado en comparación con el Creador y, en consecuencia, a la humildad, a la aceptación de la personal indignidad ante quien nos trasciende hasta el infinito; a la maravilla que causa el hecho de que ese Dios, al que los ángeles y el universo entero rinde pleitesía, se haya dignado no sólo a fijar su mirada en el hombre, sino habitar en el hombre; más aún, a encarnarse.

Adoración, alabanza, petición, acción de gracias resumen las disposiciones de fondo que informan la totalidad del diálogo entre el hombre y Dios. Sea cual sea el contenido concreto de la oración, quien reza lo hace siempre, de una forma u otra, explícita o implícitamente, adorando, alabando, suplicando, implorando o dando gracias a ese Dios al que reverencia, al que ama y en el que confía. Importa reiterar, a la vez, que los contenidos concretos de la oración podrán ser muy variados. En ocasiones se acudirá a la oración para considerar pasajes de la Escritura, para profundizar en alguna verdad cristiana, para revivir la vida Cristo, para sentir la cercanía de Santa María... En otras, iniciará a partir de la propia vida para hacer partícipe a Dios de las alegrías y los afanes, de las ilusiones y los problemas que el existir comporta; o para encontrar apoyo o consuelo; o para examinar ante Dios el propio comportamiento y llegar a propósitos y decisiones; o más sencillamente para comentar con quien sabemos que nos ama las incidencias de la jornada.

Encuentro entre el creyente y Dios en quien se apoya y por el que se sabe amado, la oración puede versar sobre la totalidad de las incidencias que conforman el existir, y sobre la totalidad de los sentimientos que puede experimentar el corazón. «Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”» [6]. Siguiendo una y otra vía, la oración será siempre un encuentro íntimo y filial entre el hombre y Dios, que fomentará el sentido de la cercanía divina y conducirá a vivir cada día de la existencia de cara a Dios.

3. Expresiones o formas de la oración

Atendiendo a los modos o formas de manifestarse la oración, los autores suelen ofrecer diversas distinciones: oración vocal y oración mental; oración pública y oración privada; oración predominantemente intelectual o reflexiva y oración afectiva; oración reglada y oración espontánea, etc. En otras ocasiones los autores intentan esbozar una gradación en la intensidad de la oración distinguiendo entre oración mental, oración afectiva, oración de quietud, contemplación, oración unitiva...

El Catecismo estructura su exposición distinguiendo entre: oración vocal, meditación y oración de contemplación. Las tres «tienen en común un rasgo fundamental: el recogimiento del corazón. Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de todas ellas tiempos fuertes de la vida de oración» (Catecismo, 2699). Un análisis del texto evidencia, por lo demás, que el Catecismo al emplear esa terminología no hace referencia a tres grados de la vida de oración, sino más bien a dos vías, la oración vocal y la meditación, presentándo ambas como aptas para conducir a esa cumbre en la vida de oración que es la contemplación. En nuestra exposición nos atendremos a este esquema.

Oración vocal

La expresión “oración vocal” apunta a una oración que se expresa vocalmente, es decir, mediante palabras articuladas o pronunciadas. Esta primera aproximación, aun siendo exacta, no va al fondo del asunto. Pues, de una parte, todo dialogar interior, aunque pueda ser calificado como exclusiva o predominantemente mental, hace referencia, en el ser humano, al lenguaje; y, en ocasiones, al lenguaje articulado en voz alta, también en la intimidad de la propia estancia. De otra, hay que afirmar que la oración vocal no es asunto sólo de palabras sino sobre todo de pensamiento y de corazón. De ahí que sea más exacto sostener que la oración vocal es la que se hace utilizando fórmulas preestablecidas tanto largas como breves (jaculatorias), bien tomadas de la Sagrada Escritura (el Padrenuestro, el Avemaria ...), bien recibidas de la tradición espiritual (el Señor mío Jesucristo, el Veni Sancte Spiritus , la Salve, el Acordaos ...).

Todo ello, como resulta obvio, con la condición de que las expresiones o formulas recitadas vocalmente sean verdadera oración, es decir, que cumplan con el requisito de que quien las recita lo haga no sólo con la boca sino con la mente y el corazón. Si esa devoción faltara, si no hubiera conciencia de quién es Aquél al que la oración se dirige, de qué es lo que en la oración se dice y de quién es aquél la dice, entonces, como afirma con expresión gráfica Santa Teresa de Jesús, no se puede hablar propiamente de oración «aunque mucho se meneen los labios» [7].

La oración vocal juega un papel decisivo en la pedagogía de la plegaría, sobre todo en el inicio del trato con Dios. De hecho, mediante el aprendizaje de la señal de la Cruz y de oraciones vocales el niño, y con frecuencia también el adulto, se introduce en la vivencia concreta de la fe y, por tanto, de la vida de oración. No obstante, el papel y la importancia de la oración vocal no está limitada a los comienzos del diálogo con Dios, sino que está llamada a acompañar la vida espiritual durante todo su desarrollo.

La meditación

Meditar significa aplicar el pensamiento a la consideración de una realidad o de una idea con el deseo de conocerla y comprenderla con mayor hondura y perfección. En un cristiano la meditación –a la que con frecuencia se designa también oración mental– implica orientar el pensamiento hacia Dios tal y como se ha revelado a lo largo de la historia de Israel y definitiva y plenamente en Cristo. Y, desde Dios, dirigir la mirada a la propia existencia para valorarla y acomodarla al misterio de vida, comunión y amor que Dios ha dado a conocer.

La meditación puede desarrollarse de forma espontánea, con ocasión de los momentos de silencio que acompañan o siguen a las celebraciones litúrgicas o a raíz de la lectura de algún texto bíblico o de un pasaje autor espiritual. En otros momentos puede concretarse mediante la dedicación de tiempos específicamente destinados a ello. En todo caso, es obvio que –especialmente en los principios, pero no sólo entonces– implica esfuerzo, deseo de profundizar en el conocimiento de Dios y de su voluntad, y en el empeño personal efectivo con vistas a la mejora de la vida cristiana. En ese sentido, puede afirmarse que «la meditación es, sobre todo, una búsqueda» (Catecismo, 2705); si bien conviene añadir que se trata no de la búsqueda de algo , sino de Alguien . A lo que tiende la meditación cristiana no es sólo, ni primariamente, a comprender algo (en última instancia, a entender el modo de proceder y de manifestarse de Dios), sino a encontrarse con Él y, encontrándolo, identificarse con su voluntad y unirse a Él.

La oración contemplativa

El desarrollo de la experiencia cristiana, y, en ella y con ella, el de la oración, conducen a una comunicación entre el creyente y Dios cada vez más continuada, más personal y más íntima. En ese horizonte se sitúa la oración a la que el Catecismo califica de contemplativa, que es fruto de un crecimiento en la vivencia teologal del que fluye un vivo sentido de la cercanía amorosa de Dios; en consecuencia, el trato con Él se hace cada vez más directo, familiar y confiado, e incluso, más allá de las palabras y del pensamiento reflejo, se llega a vivir de hecho en íntima comunión con Él.

«¿Qué es esta oración?», se interroga el Catecismo al comienzo del apartado dedicado a la oración contemplativa, para contestar enseguida afirmando, con palabras tomadas de Santa Teresa de Jesús, que no es otra cosa «sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» [8]. La expresión oración contemplativa, tal y como la emplean el Catecismo y otros muchos escritos anteriores y posteriores, remite pues a lo que cabe calificar como el ápice de la contemplación; es decir, el momento en el que, por acción de la gracia, el espíritu es conducido hasta el umbral de lo divino trascendiendo toda otra realidad. Pero también, y más ampliamente, a un crecimiento vivo y sentido de la presencia de Dios y del deseo de una profunda comunión con Él. Y ello sea en los tiempos dedicados especialmente a la oración, sea en el conjunto del existir. La oración está, en suma, llamada a envolver a la entera persona humana –inteligencia, voluntad y sentimientos–, llegando al centro del corazón para cambiar sus disposiciones, a informar toda la vida del cristiano, haciendo de él otro Cristo (cfr. Ga 2,20).

4. Condiciones y características de la oración

La oración, como todo acto plenamente personal, requiere atención e intención, conciencia de la presencia de Dios y diálogo efectivo y sincero con Él. Condición para que todo eso sea posible es el recogimiento. La voz recogimiento significa la acción por la que la voluntad, en virtud de la capacidad de dominio sobre el conjunto de las fuerzas que integran la naturaleza humana, procura moderar la tendencia a la dispersión, promoviendo de esa forma el sosiego y la serenidad interiores. Esta actitud es esencial en los momentos dedicados especialmente a la oración, cortando con otras tareas y procurando evitar las distracciones. Pero no ha de quedar limitada a esos tiempos: sino que debe extenderse, hasta llegar al recogimiento habitual, que se identifica con una fe y un amor que, llenando el corazón, llevan a procurar vivir la totalidad de las acciones en referencia a Dios, ya sea expresa o implícitamente.

Otra de las condiciones de la oración es la confianza . Sin una confianza plena en Dios y en su amor, no habrá oración, al menos oración sincera y capaz de superar las pruebas y dificultades. No se trata sólo de la confianza en que una determinada petición sea atendida, sino de la seguridad que se tiene en quien sabemos que nos ama y nos comprende, y ante quien se puede por tanto abrir sin reservas el propio corazón (cfr. Catecismo , 2734-2741).

En ocasiones la oración es diálogo que brota fácilmente, incluso acompañado de gozo y consuelo, desde lo hondo del alma; pero en otros momentos –tal vez con más frecuencia– puede reclamar decisión y empeño. Puede entonces insinuarse el desaliento que lleva a pensar que el tiempo dedicado al trato con Dios carece sentido (cfr. Catecismo , n. 2728). En estos momentos, se pone de manifiesto la importancia de otra de las cualidades de la oración: la perseverancia . La razón de ser de la oración no es la obtención de beneficios, ni la busca de satisfacciones, complacencias o consuelos, sino la comunión con Dios; de ahí la necesidad y el valor de la perseverancia en la oración, que es siempre, con aliento y gozo o sin ellos, un encuentro vivo con Dios (cfr. Catecismo , 2742-2745, 2746-2751).

Rasgo específico, y fundamental, de la oración cristiana es su carácter trinitario. Fruto de la acción del Espíritu Santo que, infundiendo y estimulando la fe, la esperanza y el amor, lleva a crecer en la presencia de Dios, hasta saberse a la vez en la tierra, en la que se vive y trabaja, y en el cielo, presente por la gracia en el propio corazón [9]. El cristiano que vive de fe se sabe invitado a tratar a los ángeles y a los santos, a Santa María y, de modo especial, a Cristo, Hijo de Dios encarnado, en cuya humanidad percibe la divinidad de su persona. Y, siguiendo ese camino, a reconocer la realidad de Dios Padre y de su infinito amor, y a entrar cada vez con más hondura en un trato confiado con Él.

La oración cristiana es por eso y de modo eminente una oración filial. La oración de un hijo que, en todo momento –en la alegría y en el dolor, en el trabajo y en el descanso– se dirige con sencillez y sinceridad a su Padre para colocar en sus manos los afanes y sentimientos que experimenta en el propio corazón, con la seguridad de encontrar en Él comprensión y acogida. Más aún, un amor en el que todo encuentra sentido.

José Luis Illanes

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 2558-2758.

Lecturas recomendadas

San Josemaría, Homilías El triunfo de Cristo en la humildad; La Eucaristía, misterio de fe y amorLa Ascensión del Señor a los cielos; El Gran Desconocido Por María, hacia Jesús, en Es Cristo que pasa, 12-21, 83-94, 117-126, 127-138 y 139-149; Homilías El trato con Dios; Vida de oración Hacia la santidad, en Amigos de Dios , 142-153, 238-257, 294-316.

J. Echevarría, Itinerarios de vida espiritual , Planeta, Barcelona 2001, pp. 99-114.

J.L. Illanes, Tratado de teología espiritual, Eunsa, Pamplona 2007, pp. 427-483.

M. Belda, Guiados por el Espíritu de Dios. Curso de Teología Espiritual, Palabra Madrid 2006, pp. 301-338.


[1] La Iglesia profesa su Fe en el Símbolo de los Apostóles (Primera parte de estos guiones). Celebra el Misterio, es decir, la realidad de Dios y de su amor a la que nos abre la fe, en la Liturgia sacramental (Segunda parte). Como fruto de esa celebración del Misterio los fieles reciben una vida nueva que les lleva a vivir de acuerdo con la condición de hijos de Dios (Tercera parta). Esa comunicación al hombre de la vida divina reclama ser recibida y vivida en actitud de relación personal con Dios: esta relación se expresa, desarrolla y potencia en la oración (Cuarta parte ).

[2] San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, III, 24; PG 94,1090.

[3] San Juan Clímaco, Scala paradisi, grado28; PG 88, 1129.

[4] San Josemaría, Camino, 268.

[5] Remitamos a dos de las más claras y conocidas: las “Alabanzas al Dios Altísimo” y el “Cántico del hermano sol” de San Francisco de Asís.

[6] San Josemaría, Camino, 91.

[7] Santa Teresa de Jesús, Moradas primeras, c. 1, 7, en Obras completas, ed. de Efrén de la Madre de Dios y O. Steggink, Madrid 1967, p. 366.

[8] Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, c. 8, n. 5, en Obras completas, p. 50; cfr. Catecismo, 2709.

[9] Cfr. San Josemaría, Conversaciones, 116.

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

 

 

Ciclo sobre el pensamiento de san Juan Pablo II por el centenario de su nacimiento

Karol Wojtyla es uno de los grandes filósofos del siglo XX, si bien su pensamiento todavía es desconocido

 

 

 

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Con motivo del comienzo del Centenario del nacimiento de Juan Pablo II, la Asociación Española de Personalismo, ha organizado un Curso Experto en  su pensamiento que comenzará el sábado 8 de febrero. 

Karol Wojtyla es uno de los grandes filósofos del siglo XX, si bien su pensamiento todavía es, en buena medida, desconocido. El presente ciclo recorre los momentos esenciales de su obra filosófica y poética en el centenario de su nacimiento. El ciclo se organiza en sesiones intensivas que serán impartidas por el conocido especialista Juan Manuel Burgos, con la colaboración de profesores invitados.

Ética de la persona

La primera sesión titulada "Una ética de la persona" tratará de la moralidad que no es una realidad impuesta desde fuera, sino una experiencia personal vinculada con el crecimiento de la persona en cuanto persona. 

La segunda sesión "Experiencia, conciencia, libertad" versará sobre la persona y la acción, una acción que revela a la persona a través de la experiencia. Ser persona es ser dueño de sí mismo.

En la tercera sesión se hablará de la "integración, participación y comunidad" y como la persona se trasciende a través de sus acciones y emprende el camino de la autorrealización habilitado por la libertad. 

Por último se reflexionará sobre el "Varón y mujer. Familia y matrimonio", la unidualidad varón-mujer: iguales, diferentes y complementarios. 

El director del curso, Juan Manuel Burgos, es profesor Titular de Filosofía (USP-CEU). Fundador y Presidente de la Asociación Española de Personalismo y de la Asociación 

 

 

El Catecismo de la Iglesia, ¿causa o efecto de la fe?

Todos saludamos con alegría la iniciativa del Papa San Juan Pablo II de elaborar un catecismo que compendiara toda la doctrina de la Iglesia que un católico debía estar en disposición de conocer y llevar a su vida. Nadie puede dudar del valor pedagógico y normativo que en lo doctrinal y moral supuso ese esfuerzo de tantos obispos y teólogos.

Pero hoy nos encontramos con que las fuerzas del mal no dudan en usar hasta la Palabra de Dios contra la auténtica fe católica, cuánto más no van a atreverse a usar el Catecismo para su fin destructor.

Una pregunta que podríamos hacernos es: ¿la doctrina católica ha de creerse porque está expuesta en el Catecismo o, por el contrario, la doctrina es preexistente al Catecismo y éste lo único que hace es recogerla y explicitarla?

Tomemos un ejemplo en una doctrina sencilla y clara: que Jesús es el Hijo de Dios encarnado. Podríamos hacer dos afirmaciones:

1) Debemos creer en la doctrina de Jesús, Hijo de Dios encarnado PORQUE así aparece expuesta en el Catecismo.

2) Debemos creer en dicha doctrina PORQUE así nos ha sido revelado por la Sagrada Escritura y la Tradición, y como consecuencia de habernos sido revelado así, debe aparecer en el Catecismo formando parte de lo que el cristiano debe creer.

Suponemos que aceptamos como verdadera la opción número 1 (La publicación en el Catecismo es la CAUSA constitutiva de la doctrina). 

En dicha opción toda doctrina puede haber sido revelada o no, pero hasta que no aparece claramente en el Catecismo, no se puede aceptar como verdadera. En tal caso, el Catecismo actúa como constitutivo de lo que es doctrina católica o lo que no lo es. El Catecismo actuaría así como el Boletín Oficial de cualquier organismo público que refleja las normas que mediante su inclusión en él, están vigentes o no en dicha institución. 

Pero podemos aceptar la verdadera la opción número 2 (La publicación en el Catecismo es el EFECTO de la existencia de una doctrina). 

En tal caso estaremos afirmando que la doctrina de Jesús, Hijo de Dios encarnado, ha sido revelada a la Iglesia por alguna de las fuentes de la Revelación reconocidas, en este caso la Sagrada Escritura. Y como consecuencia de ello, de que estamos obligados a creerla, aparece en el Catecismo que en este caso no crea la doctrina que contiene, sino que simplemente se limita a reflejar, a actuar como un espejo, de lo que por medio de otras Fuentes de la Revelación hemos recibido.

En la afirmación número 1 la causa es la publicación en el Catecismo y el efecto que lo que se publique se convierte automáticamente en doctrina católica. Por el contrario, en la número 2 la causa es la constatación de que debemos creer en que Jesús es el Hijo de Dios encarnado, y el efecto consiste en que se publique en el Catecismo.

Puede parecer que de ambas afirmaciones se llega a la misma conclusión: que el Catecismo contiene la doctrina católica, pero dependiendo de cuál consideremos válida, el Catecismo podrá cambiarse (en la número 1, porque es la aparición en el Catecismo lo que constituye la doctrina o no) o por el contrario, no podrá cambiarse (puesto que la doctrina ha sido reveladas en las Fuentes que conocemos y que se publique o no en el Catecismo no le añade nada) (1).

Evidentemente la única opción posible es la número 2. La fe católica tiene sus fuentes de Revelación que son la Sagrada Escritura y la Tradición. Aceptar la afirmación número 1 equivaldría a convertir el Catecismo en fuente de la revelación puesto que bastaría con constatar qué aparece allí, para dar por buena cualquier doctrina sin sopesar previamente si ha sido revelada o no. 

El Catecismo no está libre de error, pero lo peor no es el error involuntario, sino el uso que se haga por parte del mal para modificar lo que dice el Catecismo con la excusa de que “los tiempos han cambiado y que ya no podemos sostener las afirmaciones que contiene”.

Ninguna modificación arbitraria que se haga del Catecismo va a cambiar la doctrina de la Iglesia, simplemente porque NO PUEDE. Contra las fuentes de la Revelación Divina y contra la reflexión que ha hecho la Iglesia durante 2.000 años no se va a actuar cambiando un texto y pretendiendo que eso automáticamente cobre la fuerza de obligar para todos. 

Que nos fijemos solamente en este mecanismo de acción, de cambiar un texto y pretender con eso solo cambiar la fe, nos hace darnos cuenta del poder del mal que hay detrás que solo pretende la ofuscación y el empañamiento de la única fe católica.

 

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(1) Por ejemplo, en el Catecismo Romano publicado en Trento no podría venir reflejada la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen María porque hasta 1854 en que fue definida dogmáticamente no era obligatorio creer en ella. 

Por la misma razón, por ejemplo, sería lógico que si un día la Iglesia llegara al convencimiento sobre la Inmaculada Concepción de San José, que hoy no apareciera dicha doctrina en el Catecismo puesto que hoy no es obligado creer en ella.

Y que la Inmaculada no fuera definida dogmáticamente hasta 1854 no supone una innovación doctrinal, sino que, estando dicha doctrina incluida en el depósito de la fe recibido, no se estimó por la Iglesia claro el que pudiera ofrecerse a los creyentes como materia doctrinal obligatoria.

 

 

Mi protesta contra los sedicentes buenos

 

Salvador Bernal

Constitución Española 1978

photo_cameraConstitución Española 1978

Recientemente, con motivo de la vacunación antigripal, pasé un rato en un ambulatorio y me entretuve viendo los carteles y pósters que decoran las paredes de los vestíbulos. Me fijé en la afición a los decálogos: salud en general, alimentación, o uso de los antibióticos. Caí en la cuenta de que diez preceptos son muchos, con perdón de Moisés, el gran legislador histórico. Tienen el riesgo de que olvidemos los últimos. Y pensé que eso pasa con el auténtico Decálogo y el desconocimiento, al menos en España, del octavo mandamiento.

Muchos reducen ese mandato sobre la veracidad a no mentir ni prestar falsos testimonios. Pero las exigencias de buscar y difundir la verdad son mucho más amplias. Afectan a un aspecto esencial del respeto a la dignidad de la persona, que consiste en el deber de abstenerse de hablar de cosas negativas o defectos –aunque sean verdad- si no existe una causa grave: por ejemplo, prevenir males que pudieran sufrir otras personas. De hecho, son tanto como un insulto, aunque se reproduzca sin admiraciones.

Viene a cuento de mi rechazo a tanta murmuración y difamación como se difunde en estos momentos en las redes sociales. No sé quién explicó que no son un medio de información, sino de confirmación… de las propias convicciones, y no siempre con medios éticos. Porque se confunde la crítica a las ideas con el ataque a las personas, a base de publicar con más o menos sensacionalismo hechos que, aunque sean ciertos, pueden forjar una imagen negativa. Se trata de un fenómeno creciente en las batallas políticas y electorales, pero que destroza principios básicos de la convivencia social, derivados del respeto a la dignidad humana.

También en este campo, la judicialización de los problemas en modo alguno contribuye a resolverlos. Basta pensar en el reduccionismo configurado por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional español para precisar la necesaria protección de la llamada “información veraz”, notoria tautología: una noticia no verdadera no es autentica información, sino mentira, manipulación, rumor, susurración, fake news

El artículo 20 de la Constitución reconoce y protege el derecho "[a] comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. El TC ha interpretado ese precepto en el sentido de que “cuando la Constitución requiere que la información sea 'veraz' no está tanto privando de protección a las informaciones que puedan resultar erróneas como estableciendo un deber de diligencia sobre el informador, a quien se le puede y debe exigir que lo que transmite como 'hecho' haya sido objeto de previo contraste con datos objetivos”. En definitiva, la exigencia constitucional “guarda relación con el deber del informador de emplear una adecuada diligencia en la comprobación de la veracidad de la noticia, de manera que lo transmitido como tal no sean simples rumores, meras invenciones o insinuaciones insidiosas, sino que se trate de una información contrastada ‘según los cánones de la profesionalidad’”

Pero hoy la información sufre una hipertrofia en las redes sociales, que permiten a todo ciudadano intervenir en la configuración de la opinión pública, aunque no sea “profesional” de la comunicación. Muy en concreto, reproducen demasiadas cosas no contrastadas: los repetidores son agentes de la nefasta murmuración, porque desconocen una exigencia ética clásica muy bien resumida en un conocido catecismo del siglo XVI, que implica no escuchar la maledicencia: “los que dan oídos a los que hablan mal, o los que siembran discordias entre los amigos, son detractores. / Y no están excluidos del número y de la culpa de semejantes hombres los que, dando oídos a los que deprimen e infaman, no reprenden a los detractores, antes bien con gusto asienten con ellos. Pues como afirman San Jerónimo y San Bernardo, es difícil saber quién es más perjudicial: el que infama o el que oye al infamante; porque no habría quien infamase, sino hubiera quien oyese a los que quitan la fama"; y continúa hablando de chismosos y correveidiles..., que tanto abundan hoy, por desgracia, gracias a los impresionantes avances técnicos.

Mi gran deseo –utópico- es que cada uno defienda sus creencias y opiniones con libertad, pero también con máximo respeto a quien piense lo contrario. No “vale todo”, excepto la dignidad de la persona. Y, desde luego, el “malo” no es el “otro”, denigrado con caricaturizaciones estereotipadas y falsas de sus posiciones, o simplemente machacado con la presentación insidiosa de hechos reales de su vida, a veces, incluso, sin añadir rectificaciones personales, porque son demasiado antiguos… Los países más orientales de Europa no acaban de superar las graves heridas de la mentira comunista, tan detalladamente descrita por François Furet. Pero discurren por el mismo camino –aunque no sean tan letales físicamente- los fautores de los diversos extremismos que circulan por la redes.

 

 

La ruptura social

 

​ Jesús Ortiz López 

Abrazo Sánchez-Iglesias.

photo_cameraAbrazo Sánchez-Iglesias.

Me parece que el problema principal que padecemos con este gobierno de izquierdas e independentistas es la ruptura del consenso social. Todo lo demás cae bajo este paraguas. Veamos.

Las relaciones entre los agentes sociales se sustentan sobre la base de no mentir y de la confianza en la honradez de las dos partes, sea entre particulares o en relación con las instituciones; sin embargo todo esto ha desaparecido con este «gobierno progresista». Los partidos -incluido sus socios- se miran con recelo pues no se fían, los empresarios lo mismo, tampoco la Comunidad Europea, menos aún el Poder Judicial, y de modo más amplio la gente corriente. Lo comprobamos en las conversaciones entre compañeros, en los trabajos, en las cafeterías, con los taxistas, y en las familias. Las bromas circulan por internet y sirven como válvula de escape para el desconcierto y la indignación, y también por el miedo al intervencionismo y la imposición abusiva, nada democrática ni progresista.

Pero este gobierno Frankenstein vive en su burbuja del cielo, pues ya no pisa las calles y es ajeno a la vida diaria, si bien tiene la férrea voluntad de cambiar la sociedad, metiendo sus manos en todos los ámbitos. Entre otros, la educación -"los hijos no pertenecen a los padres", Celáa dixit-; en las leyes sobre la vida y la muerte -le corre prisa una nueva Ley sobre la eutanasia, y la del aborto para las adolescentes al margen de sus padres-; la configuración de la nueva sexualidad polivalente -nombrando a Beatriz Gimeno directora del Instituto de la mujer, con un pasado tremendo sobre el sexo y la pornografía-; y también para someter al Poder Judicial. Y no es menos importante la anulación del Monarca interviniendo en sus altas funciones para dejarlo como una figura decorativa.

El nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general es el gran golpe asestado a la Judicatura siguiendo las pautas del «Nuevo paradigma constitucional», que pretende borrar la división de poderes tan esencial de la democracia. Se trata, en resumen, de cambiar la Constitución española por atrás y con la mano izquierda, sin consultar al pueblo español, en quien reside la soberanía de la nación.

Todo eso impuesto a gran velocidad como quien conquista un país revolviéndolo de arriba abajo, cambiando su historia, atentando contra su unidad, y peor aún destruyendo el tejido social sano contra la familia, la vida, y los principios morales. El primero de ellos es reconocer los fundamentos éticos prejurídicos de las leyes, la igualdad de todos ante la ley y, en la base, la indispensable veracidad y honradez entre las personas. En definitiva, el actual gobierno es lo opuesto a trabajar por el bien común, concepto que nada significa para el presidente.

La coalición de izquierdas y separatistas de Sánchez camina hacia el autoritarismo. Seguro que le importa una higa lo que la sociedad diga de él -incluidos los chistes y bromas- porque desprecia las palabras -tener palabra- y su objetivo no son los discursos sino los actos de fuerza o golpe de mano en el Poder judicial, en el Ministerio de educación, en la Sanidad, en el CIS, y en los medios de comunicación empezando por RTVE.  

 

 

Hijos responsables: 5 claves para lograrlo

 

Por LaFamilia.info - 27.01.2020

Foto: Freepik

Uno de los mayores retos que tenemos los padres es lograr que nuestros hijos sean responsables de sus actos y pertenencias, además que cumplan con ciertas responsabilidades acordes a su edad. Si los educamos en la responsabilidad desde pequeños, ¡les haremos un gran favor para su etapa adulta! Así que toma nota a estas cinco claves que te damos en LaFamilia.info: 

Primera clave: Comenzar desde que son bebés

Los autores del libro “Cómo enseñar a su hijo a ser responsable” aseguran que los niños a quienes no se les dan deberes en el hogar desde la primera infancia, carecerán de habilidad para organizarse, para fijarse objetivos y llevar a cabo tareas complejas a lo largo de su infancia y adolescencia.

La responsabilidad es una de las virtudes más significativas en el desarrollo humano; gracias a ésta la persona asume el control de su propia vida, pero para que esto se logre, los padres deben fomentarla en sus hijos desde los primeros meses. Por ejemplo en los bebés se les debe enseñar a recoger sus juguetes, más adelante a organizar sus útiles escolares, después la ropa del día siguiente, y así sucesivamente… A medida que el niño va creciendo, se le debe dar la confianza suficiente para que desarrolle nuevas tareas.

Así pues la responsabilidad no se adquiere de un día para otro; es un proceso que se irá desarrollando durante toda la infancia y la etapa escolar hasta llegar a la adolescencia, en la cual la responsabilidad se pondrá a prueba una y otra vez.

Segunda clave: Establecer normas claras

Como toda ley de vida, existen derechos y también deberes, por eso en casa también deben haber normas que han de respetarse y acatarse. Pero hay que ser muy claros a la hora de establecer estos límites. Si los niños no saben qué esperan sus padres de ellos, o no saben cuáles son sus deberes, no podrán educarse en el valor de la responsabilidad. Los padres no sólo deben establecer normas de la manera adecuada según la edad de cada niño, sino explicarles cuáles son las consecuencias por no cumplirlas.

Para hacer más comprensible el asunto, sobre todo en un principio mientras se adquiere el hábito, es una buena estrategia escribir los deberes en un lugar visible de la casa (tablero o cartelera) y crear un sistema de estímulos -caritas felices, dulces, entre otros- en especial para los más pequeños de la familia. De esta manera los chicos tendrán las reglas a la vista y se motivará su cumplimiento.

Tercera clave: Otorgar deberes

Si queremos que los hijos sean responsables, pero no les damos la posibilidad que lo sean, no estamos haciendo nada... Cada hijo deberá asumir unos deberes en el hogar, adicionales a los escolares, los cuales se dan por sentado. Hay que dejarles que sean autónomos y evitar a toda costa realizar tareas que ellos mismos están en capacidad de hacer. La sobreprotección de los padres impide que los hijos ejerciten la responsabilidad, aparte de que los vuelve “flojos” y perezosos.

Dentro de esa autonomía que se pretende lograr, es importante que los padres no estén todo el tiempo recordando los pendientes a sus hijos, pues se convierte en una mala costumbre de la cual pasarán a depender: “Una vez se esté seguro de que le han escuchado y entendido, hay que dejarlos que ellos mismo actúen en consecuencia” sugieren Ma. Ángeles Pérez y Francisco J. Rodríguez en su escrito La responsabilidad en el niño.

Cuarta clave: Autoridad coherente

Una de las formas de deteriorar la autoridad paterna, es no hacer respetar las normas que se han acordado, ni aplicar consecuencias cuando estas no se cumplen. Cuando esto ocurre a menudo, los padres pierden la credibilidad de sus hijos, y por consiguiente toda autoridad sobre ellos. Es por eso que una vez se han determinado los deberes, los padres deben cumplirlos y hacerlos cumplir. “Si por alguna razón los padres olvidan lo que han ordenado, están otorgando a los hijos, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.” Advierten los expertos antes mencionados.

La coherencia es una manera de demostrar a los hijos que se está pendiente de su comportamiento. Si no hay coherencia, los chicos sienten ansiedad porque no son capaces de predecir lo que puede suceder.

Quinta clave: Recompensas por ser responsable

Los especialistas recomiendan estimular a los hijos a comportarse adecuadamente: “Ello no significa necesariamente regalos materiales, sino reconocimientos pequeños que reafirmarán en el niño la satisfacción de la labor cumplida. Además de las recompenses materiales, hay cosas como el tiempo, la atención la preocupación, la simpatía y la buena voluntad que también son recompensa. Un cuento más a la hora de dormir, una ida a cine, un helado, un abrazo fuerte, son manifestaciones que alientan al niño a decir: `¡vale la pena ser responsable!´.” Ma. Ángeles Pérez y Francisco J. Rodríguez.

Un niño es responsable si...

Según los autores Harris Clemes y Reynold Bean, un niño es responsable si:

- Realiza sus tareas en el hogar y el colegio sin que haya que recordárselo en todo momento.

- Puede razonar lo que hace.

- No echa la culpa a los demás sistemáticamente.

- Es capaz de escoger entre diferentes alternativas.

- Puede jugar y trabajar a solas sin sentir angustia.

- Puede tomar decisiones que difieren de las que otros niños toman en el grupo en que se mueven.

- Respeta y reconoce los límites que ponen los padres y profesores sin discusiones.

- Puede concentrar su atención en tareas complicadas (según su edad) durante cierto tiempo sin llegar a situaciones de frustración.

- Lleva a cabo lo que dice que va a hacer.

- Reconoce sus errores y trata de corregirlos sin armar un lío.

Los hijos deberán asumir numerosas responsabilidades a lo largo de toda su vida, así que mejor empezar cuanto antes y qué mejor que en el lugar por excelencia de la educación en valores: la familia.

 

 

Trump a la Marcha por la Vida: “Somos la voz de los sin voz”

La Marcha por la Vida que tuvo lugar en Washington, DC, la tarde del viernes 24 de enero, reunió a unas cien mil personas en el Mall, la explanada donde se encuentran los principales edificios del gobierno. Por primera vez este evento contó con la participación de un Presidente de los Estados Unidos. Esta manifestación pública se trata de una iniciativa apoyada por los obispos católicos de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos y los obispos de las Iglesias Ortodoxas.

El primer mandatario, Donald Trump, se dirigió a los manifestantes explicando las razones de su presencia: “Defender el derecho de cada niño, nacido y no nacido, a realizar su potencial divino”. “Juntos somos la voz de los que no tienen voz”, añadió, diciendo que “servir a las mujeres” significa ofrecer “vivienda, educación, trabajo y atención médica”. El Presidente norteamericano agradeció luego a los jóvenes presentes y los identificó como “el corazón de la Marcha por la Vida, por estar animados por el amor desinteresado y la oración: una generación que está haciendo de esta nación, una nación para la vida”.

Algunos de los oradores invitaron a votar en las próximas elecciones a los candidatos pro-vida y felicitaron al Presidente por el nombramiento de 187 jueces federales conservadores que prometieron luchar por más restricciones al aborto. En la 47ª edición de la Marcha por la Vida estuvieron presentes también algunos frailes franciscanos que, además de los signos pro-vida, mostraron otras pancartas invitando a proteger la creación y a buscar una mayor justicia para los pobres, porque “no se puede estar a favor de la vida sin cuidar del medioambiente y de los postergados”.

 

   La educación no es el problema: son los niños.

           No es por alarmar, pero lo que está sucediendo en este país con la controversia sobre "los hijos", es para mirárselo.  La Ministra de Educación afirma que "los hijos no son de los padres".  Para la Ministra de Igualdad, el problema no va por ahí, es la ideología: "los hijos de padres y madres machistas tienen el mismo derecho que el resto a ser educados en la libertad, en feminismo y en igualdad".

           O sea, el Gabinete Ministerial, no tienen una sola palabra, como en su día se hizo saber a la ciudadanía, porque al parecer el problema no "son los padres", ni es "el derecho a la educación", ni es el "pin parental", ni "la libertad", que anda suelta.

           Como la libertad anda suelta, hay que sujetarla o encerrarla. Por eso, quieren aclarar de quien se trata; y lo ha hecho el ministro de Fomento, J. L. Ábalos: "hay que asegurar la libertad de los hijos, no la de los padres". ¡Claro!, porque oficialmente, hasta los 18 años  los niños son libres pero no pueden ejercer su libertad. Entonces... ¿es mejor que el Estado decida por ellos, y no los padres?

          "Celáa nos ha confirmado lo que dijo Stalin en sus mejores tiempos de depredador. Los hijos no son de los padres y pertenecen a la Unión Soviética. En el caso de Stalin, hubo una excepción. Todos los niños pertenecían al Estado exceptuando a su hija Svetlana".(A. Ussía). Ella, M.I. Celáa, en su día, como madre, también escogió para sus hijas un colegio privado concertado. ¿Por excepción?

         Al no tener "una sola voz, ni una sola palabra", otro miembro del Gabinete Ministerial ha salido a aclararlo. En este caso, el titular de Consumo: "a lo que la ministra de Educación se refería no es a que los hijos no sean de los padres biológicamente, sino a que los niños y las niñas pueden y deben aprender en el marco de la educación pública a amar a quien quieran, incluso aunque sus padres y sus madres sean homófobos".

        ¡Hay mucha confusión, en derechos, libertades y también en el lenguaje!. Así que, sucede lo que sucede, que un Licenciado en Filosofía y Doctor en Psicología (José Errasti)  dice que o se es "inclusivo" o se es "libre", pero todo a la vez, en el lenguaje, "no es normal". Lo dice en su artículo: "Garzón, Montero y la ruleta de los morfemas" hacen que "por primera vez en la historia, una regla gramatical tiene como precepto su uso al tuntún". Y lo explica, "el ministro - Garzón- comienza usando lenguaje tradicional: no es que -"los hijos no sean de los padres"-, después en la oración subordinada cambia a lenguaje inclusivo -"los niños y las niñas"- deben aprender, y en la oración subordinada de la subordinada mezcla los dos tipos en un aquelarre sintáctico - aunque "sus padres y sus madres sean homófobos". (Y es que el lenguaje inclusivo no añade ni quita información al texto, -pero si no hay concordancia- habla del hablante, es decir, de su incultura). 

        Aunque parezcan estas líneas, sacadas de una novela de Groucho Marx, tienen poca gracia. Sin querer o queriendo, han prendido la mecha y desatado una falsa guerra sin precedentes, cultural, ideológica, de competencias y de derechos de unos sobre otros. Han pedido a la vez, revisión del lenguaje a la RAE, porque ésta, admite "consejo de ministros", pero no "consejo de ministros y ministras"; y también, que se revise, en lenguaje inclusivo, la Constitución. El feminismo, ya dentro del gobierno, lo tiene claro y lo quiere todo.

          De ahí que, si no es de forma explícitamente inclusiva, las mujeres no se sienten aludidas y la Vicepresidenta Primera, en su intento de defenderlas pide que el "Congreso de los Diputados", se llame solo "Congreso": porque si no, ¿qué hacemos allí las diputadas?"

 https://youtu.be/_BH4BMYEKgU

           1) Saber y elegir, no es vetar, es libertad.

          Siempre es bueno saber para elegir. La educación es un derecho humano. Y el ser humano, niño o niña, hombre o mujer, es libre. El individuo demuestra su libertad cuando la ejerce. Los padres también, ¡claro! El Estado tiene que educar y proteger a los más vulnerables. Pero  no tiene derecho a adoctrinar a nuestros hijos.

         La dignidad y la inocencia de los niños es un regalo de la vida. Ni el Estado, ni los profesores (titulares, eventuales, advenedizos o invitados), ni nadie, tiene derecho a manchar lo mejor que tienen los niños: su dignidad y su inocencia. Y  menos, recortar el tiempo de la infancia. Nuestros hijos tienen el derecho humano a ser respetados. Su dignidad no está en que sea de un sexo o de otro, sino que la tienen por  el hecho de ser seres humanos. Hay una gran responsabilidad en la educación, ¡claro!  Pero, debemos asumir todos los ciudadanos que antes que "la educación" está "la dignidad humana" de los niños (entiéndase niños y niñas) y su inocencia. ¡Y ese derecho es inalienable!

          Quiere decir que no pueden venderse o cederse de manera legal. "Los derechos inalienables son aquellos considerados como fundamentales; los cuales no pueden ser legítimamente negados a una persona. Ningún gobierno o autoridad tiene competencia para negarlos, ya que forman parte de la esencia de la persona".

https://youtu.be/R6_xrlwYy7c  (padre de 3 hijos)

         El problema, pues, no son "los hijos". "Los centros educativos" tampoco son la cuestión de esta supuesta batalla política,  ni "la enseñanza" como tal, ni siquiera el famoso "pin parental" que unos arrojan contra otros, desde sus posiciones políticas. Como antes he dicho,  el verdadero problema, antes y ahora: "son los niños"

          Que nadie se confunda ni confunda. No es verdad -como se ha dicho-que "el pin parental" vulnera el derecho de los niños y niñas a la educación", aunque lo diga Pedro Sánchez en Twitter. La asistencia o no de un estudiante a un acto, no vulnera nada.

          El "pin parental", es una "clave" pensada para proteger a los hijos, para frenar los abusos. Más necesaria, cuanto más pequeños o más grande la desprotección de los niños. No es lógico que se recomiende a los padres que controlen el acceso  de sus hijos a Internet y se permita "todo" en los centros educativos.

           Así pues, como ha dicho en la entrevista de El Heraldo del Henares, el profesor e ideólogo, Antonio de Miguel, "el pin parental" "nace ante la necesidad hacer frente al evidente adoctrinamiento en ideología de género que sufren nuestros menores en los centros educativos, en contra de la voluntad y contra los principios morales de los padres, a través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumple flagrantemente el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que les asisten a estos como padres".

            Es, pues, la contraseña, en manos de los padres, para proteger a sus hijos menores de edad, en aquellas actividades, que puedan vulnerar los derechos de los hijos. Es la Solicitud al Director del Centro escolar donde los niños realizan sus estudios para, que informe de las actividades extracurriculares y  una vez conocidas, poder otorgar o denegar el consentimiento expreso.

https://youtu.be/mtKAXW9MlkE

           Que hay adoctrinamiento ideológico -desde hace bastante tiempo- en la escuela y en la universidad, en varias partes del territorio nacional, o si se prefiere, en varias autonomías... ¡No se puede negar, porque ¡está en los libros, en muchos centros y en ciertas actividades, y la sociedad lo sabe! 

           Hasta hace poco, reescribir la historia y meter la ideología en la educación, no parecía alarmante, ya que de una forma o de otra era conocido el adoctrinamiento independentista, sin que se tomaran cartas en el asunto (por cobardía o por interés).

          El problema ha estallado sobre todo, cuando el feminismo, ha tratado de poner de manifiesto la ideología del género. Según el feminismo la mujer está discriminada y oprimida por el varón y la sociedad machista. Esta lucha es muy antigua, pero arranca sobre todo con Simone de Beauvoir, en "El segundo sexo", donde se dice que "no se nace mujer, llega una a serlo".

          Es verdad, que a lo largo de la historia ha habido abusos de la autoridad, de la fuerza y del machismo. Pero el respeto, el aprecio y la dignidad de la mujer se han ido ganando y abriendo paso (por la lucha de unos y de otras) aunque ciertamente, no se haya alcanzado  la "igualdad" total en muchos aspectos (trabajo, representación en la empresa y la sociedad, salario etc.).  

         2) Con las gafas que nos regalan, no podemos ver la realidad.

          Lo que nos transmiten es una apariencia interesada de la realidad: no es la realidad. Lo que percibimos es un problema ficticio, creado interesadamente para desviar la atención del problema real y de las necesidades reales de la sociedad. Se venden derechos, se retuercen leyes o suavizan, según convenga.

           Creo, sinceramente que los mejores logros de la Humanidad, se deben y se pueden conseguir de forma conjunta, sin exclusiones y poniendo, unas y otros, lo mejor de sí, como personas, como individuos y como sociedad.

            La lucha y la división, en el seno de la familia, de la política y del poder, siempre será una fisura humana, en la que pueden perder los más débiles y queridos: los niños. El respeto "al otro" es el primer paso que se debe conseguir en la sociedad. Primero, en la familia y luego, enseñado en la escuela y en la universidad.

           Mujeres y hombres, padres y madres, tenemos que lograr que los niños se desarrollen y crezcan para dar lo mejor de sí, porque es su futuro y el de la sociedad. Y eso, independientemente del sexo, de la profesión que escojan, de sus opiniones o sus creencias. Así podíamos aprender a captar al menos una primera aproximación a la esencia del ser humano, a partir de las apariencias.

          Mucho antes de que entrara en vigor y se aplicara el Programa de Evaluación Internacional de los alumnos, PISA, y antes que en 2019 sacara los colores del estado, de los docentes y de los estudiantes, sobre comprensión lectora, capacidad para analizar asuntos globales e interculturales y valorar distintas perspectivas para emprender acciones por el bien común y el desarrollo sostenible,  Pío Baroja, en El árbol de la ciencia (1911), decía, por boca del vitalista Iturrioz: "El español todavía no sabe enseñar; es demasiado fanático, demasiado vago y casi siempre demasiado farsante". ¡También hay que pedir responsabilidad a los docentes!

        Últimamente, hay algunas cosas que han empeorado, porque la sociedad occidental ha perdido una serie de valores y principios éticos; y porque gracias al consumismo y la tecnología la gente se dedica fundamentalmente a vivir bien pero se olvida que la libertad y responsabilidad, hay que defenderlas y exigirlas diariamente.

         Los padres tenemos, la obligación y el derecho, de velar por nuestros hijos, que es -me parece- ¡mucho más que mandarles a la escuela, o al colegio!

   José Manuel Belmonte

 

 

El derecho de los padres a escoger la educación moral y religiosa de sus hijos

Recientemente en varias naciones se ha producido un intenso debate sobre el derecho a la educación. En efecto, parece como que la sociedad advierte con mayor claridad la importancia de la educación para la formación de las generaciones futuras, y por lo tanto, para la conformación de la sociedad en el futuro inmediato. Por ello se ha despertado un interés claro por parte de los poderes públicos por intervenir en la educación.

Es razonable que el Estado intervenga en la educación que se da en las escuelas, pero los poderes públicos no pueden olvidar que el papel principal en la educación corresponde a los padres de familia, no al Estado. Así lo señala la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en 1948: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” (art. 26,3). La Santa Sede, por su parte, ha expresado esta idea de un modo sintético al decir que “los padres, ya que han transmitido la vida a los hijos, son los primeros y principales educadores” (Congregación para la Educación Católica, Carta circular de la Congregación para la Educación Católica sobre la enseñanza de la religión en la escuela, n. 2).

El papel de los poderes públicos en la educación ha de ser garantizar los objetivos que la propia Declaración señala: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz” (Naciones Unidas, Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, art. 26, 2). Se puede considerar que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales aprobado por las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966 desarrolla esta prescripción en su artículo 13, 1:

Artículo 13, 1: Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a la educación. Convienen en que la educación debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, y debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales. Convienen asimismo en que la educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos, y promover las actividades de las Naciones Unidas en pro del mantenimiento de la paz.

En el ejercicio de sus funciones, el Estado ha de comprobar que la educación cumple esos objetivos. Es un abuso del Estado que intente imponer doctrinas morales que vayan más allá de estos principios.

Enseñanza de las propias convicciones morales o religiosas

En la práctica los poderes públicos suelen dar indicaciones muy concretas sobre el contenido de la educación, como señalar el curriculum del sistema escolar, los planes de estudio y los programas de las materias que se cursan. Establecen también un sistema de inspección escolar que tiene el objetivo de comprobar que se dan los contenidos correspondientes a los programas aprobados.

Sin embargo, sería una injerencia indebida por parte del Estado si marcara el contenido de la enseñanza moral o religiosa que se imparte en las escuelas. Eso es algo que corresponde a los padres, no al Estado. En este campo su papel ha de ser negativo, en el sentido de comprobar que la enseñanza moral o religiosa que se imparte -escogida por los padres- cumple con los objetivos señalados en el artículo 26, 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Aún más, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966 en su artículo 18, 4 señala que “los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Para mayor abundancia, el Protocolo adicional al Convenio para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de París, del 20 de marzo de 1952, indica:

Art. 2. Derecho a la instrucción. A nadie se le puede negar el derecho a la instrucción. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas.

Últimamente en algunos Estados se pretende enseñar obligatoriamente los llamados derechos de tercera generación, como el derecho a la diversidad sexual, los derechos reproductivos y otros. Dejando de lado la cuestión de la pretendida existencia de tales derechos, se debe recordar que no aparecen en ninguna declaración de derechos fundamentales. Esos supuestos derechos inciden claramente en las convicciones morales que cada persona tiene. Es un abuso que el Estado imponga la enseñanza de unos derechos que ni siquiera están reconocidos, en violación del derecho que asiste a los padres de escoger la enseñanza moral que se imparte a sus hijos, el cual sí está reconocido en todas las declaraciones de derechos humanos.

Por lo tanto, los padres tienen el derecho a transmitir sus convicciones religiosas y morales a sus hijos, y esto no solo mediante la enseñanza religiosa en sus hogares o en las parroquias o centros de culto. Muchas veces los padres se asocian para fundar colegios conformes con sus convicciones. También la Iglesia Católica o las congregaciones religiosas ofrecen escuelas católicas en muchos lugares que responden al derecho de los padres que lo deseen a escoger enseñanza católica para sus hijos. De modo similar hacen otras confesiones religiosas.

Enseñanza en escuelas privadas

Los padres deben tener posibilidad de escoger para sus hijos la escuela que esté de acuerdo con sus convicciones religiosas o morales. No sería razonable pedir a los poderes públicos que ofrezcan todas las escuelas en todos los lugares, pero sí se puede exigir al Estado que no haga discriminaciones en la oferta educativa. De otro modo no se cumpliría con lo indicado en el art. 26, 3 de la Declaración Universal de los Derechos Fundamentales, ya citada: “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Ni tampoco con el art. 13,3 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales:

Artículo 13,3: Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, de escoger para sus hijos o pupilos escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas, siempre que aquéllas satisfagan las normas mínimas que el Estado prescriba o apruebe en materia de enseñanza, y de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

No se entiende por ello que el Estado imponga criterios distintos a la libertad de elección de los padres para dar subvenciones o conciertos educativos, como es el domicilio de los alumnos. Con ese tipo de criterios se sustrae a los padres la libertad de educación. Esta actuación del Estado no se justifica por el hecho de que los criterios son objetivos: el ejercicio de un derecho no puede depender del domicilio. Dicho de otro modo, no es razonable que los vecinos de una calle tengan más derechos que los vecinos de la calle de enfrente.

Tampoco se entiende que el Estado introduzca enseñanzas obligatorias con contenido moral. Esto se está haciendo a veces en contra del deseo explícito de los padres. Es evidente que esta actuación constituye un abuso evidente de los poderes públicos.

Enseñanza privada frente a enseñanza pública

Existe la mentalidad de que el Estado debe favorecer a los centros escolares públicos. Esta actitud se debe considerar también un abuso: según el artículo 13,4 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, “nada de lo dispuesto en este artículo se interpretará como una restricción de la libertad de los particulares y entidades para establecer y dirigir instituciones de enseñanza, a condición de que se respeten los principios enunciados en el párrafo 1 y de que la educación dada en esas instituciones se ajuste a las normas mínimas que prescriba el Estado”. Esta prescripción debe incluir el reparto de fondos públicos, que debe hacerse por igual entre centros públicos y privados. Es evidente que preferir a los centros públicos de enseñanza en el reparto de recursos sin motivos objetivos, solo porque son públicos, es una restricción para los padres que prefieren otro tipo de enseñanza.

Quienes defienden esas actitudes dan la justificación de que los centros públicos garantizan mejor la neutralidad de la enseñanza porque el Estado lo garantiza en sus centros escolares. Este razonamiento tiene un defecto, y es que considera que la función del Estado es garantizar la enseñanza neutra; ante este argumento hay que recordar que esta función del Estado no tiene fundamento en ninguna declaración de derechos fundamentales. Al contrario, como hemos visto, la función del Estado es garantizar que los padres puedan escoger en igualdad el tipo de enseñanza que deseen para sus hijos. Sería un grave abuso que el Estado asumiera la función de promover la enseñanza neutra. Con esta actitud caso se haría depender el ejercicio de un derecho de los padres, de su capacidad económica: solo los padres con suficientes recursos pueden escoger la enseñanza que deseen para sus hijos. Es evidente la desigualdad que este sistema origina. Esto es independientemente del debate sobre la posibilidad de que haya verdadera enseñanza neutra.

Estos principios están conformes con la doctrina de la Iglesia: el Papa Pío XI afirmó que “en este punto es tan concorde el sentir común del género humano, que se pondrían en abierta contradicción con él cuantos se atreviesen a sostener que la prole, antes que a la familia, pertenece al Estado, y que el Estado tiene sobre la educación absoluto derecho” (Pío XI, Encíclica Divini illus magistri, n. 17). Y según declaró el Concilio Vaticano II, “es preciso que los padres, cuya primera e intransferible obligación y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas. El poder público, a quien pertenece proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma que los padres puedan escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos” (declaración Gravissimum educationis, 6).

Puede descargar un esquema de este artículo para presentación en PowerPoint, pulsando en el siguiente enlace:

 

¿Castidad conyugal?

¡Qué difícil es hoy explicar lo que significa castidad conyugal! Empieza exponiendo brevemente, pero de manera exhaustiva, la enseñanza de la Sagrada Escritura sobre el tema. Es de gran interés, sobre todo para el creyente, ser consciente de que todo lo que enseña la Iglesia está suficientemente explayado a lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento. Es un apoyo esencial. Y de esa enseñanza surge la idea fundamental del matrimonio como sacramento. La importancia de la Gracia para poder vivir la unión matrimonial.

El resumen sería: amor y fecundidad. Fuera de estas ideas la unión entre un hombre y una mujer no deja de ser un juego, el producto de unos sentimientos, con frecuencia la conjunción de egoísmos. “La castidad conyugal se manifiesta, en primer lugar, como esta capacidad de resistir la concupiscencia de la carne, pero luego, gradualmente se revela como capacidad singular de percibir, amar y realizar los significados del lenguaje del cuerpo, que progresivamente enriquecen el diálogo nupcial de los cónyuges, purificándolo, profundizándolo y, a la vez simplificándolo” (p. 150).

Ir al fondo, explorar los conceptos, entender lo que nos dice la Iglesia, comprender por qué es tan importante la castidad en el noviazgo -para entender el sentido del matrimonio-, son ideas que se manifiestan con claridad, leyendo despacio, meditando los conceptos. Es muy de agradecer el esfuerzo realizado por el autor por mostrarnos con tanta claridad la enseñanza de la Iglesia.

Jesús Martínez Madrid

 

¿Por qué llaman veto al ejercicio de un derecho?

Desde que el mundo es mundo y mucho antes de que aparecieran las ideologías conservadoras e incluso de la fundación de la Iglesia, existe el derecho de los padres a educar a sus hijos como mejor les parezca; un derecho que deriva directamente de la ley natural y que ningún gobierno, ninguna mayoría y mucho menos ninguna ideología, pueden vulnerar.

La izquierda siempre gana a la derecha la baza de la de la opinión pública y de la propaganda y, aparte de otros trucos, el sistema que siempre da resultado es el de la tergiversación flagrante del idioma.

Ahora -además de la memez absoluta de eso del “pin parental”- desde los más conspicuos políticos y analistas y medios apesebrados, se afirma sin ambages que lo que hacen los padres -que ejerciendo un derecho fundamental, quieren ser ellos quienes enseñen, orienten y eduquen a sus hijos en materia de moral y sexualidad- es vetar no se sabe bien qué acciones e iniciativas no admitiendo que sea el estado desde la escuela, con muy dudosos principios y más que dudosos encargados de impartir doctrina, quien ideologice a niños y jóvenes.

Enseguida se extenderá la falacia de que es la Iglesia, la derecha más retrógrada y el conservadurismo más rancio quienes protagonizan el supuesto veto a que el estado adoctrine en los colegios.

La oposición, una vez más, va a remolque y, lo que es peor, desunida. Hasta parece que Ciudadanos, resucitando las maneras del peor Rivera, da marcha atrás y se quiere lavar las manos, cosa a la que es muy proclive la derecha española en cuanto se tocan materias que rozan la moral y las costumbres.

Pedro García

 

 

El derecho de los padres a educar a sus hijos

Bien está que la oposición sea ejercida en materias económicas, fiscales, jurídicas y hasta en asuntos que toquen los planes de enseñanza, pero mal lo harían los partidos que desconozcan la trascendencia del adoctrinamiento de las nuevas generaciones.

La realidad es que desde que el mundo es mundo y, por supuesto mucho antes de que aparecieran las ideologías conservadoras e incluso antes de la fundación de la Iglesia, existe el derecho de los padres a educar a sus hijos como mejor les parezca; un derecho que deriva directamente de la ley natural y que ningún gobierno, ninguna mayoría y mucho menos ninguna ideología pueden vulnerar.

Y otra realidad patente es el absoluto interés de la izquierda española socialista y comunista, por controlar la enseñanza y hurtar a la familia todo lo que sea influencia sobre los hijos. Prueba evidente es que Celaá, para justificar su rechazo rotundo a la intervención de los padres en lo que sus hijos aprenden, afirme que “de ninguna de las maneras…” Diáfano. Y muy significativo que Ábalos emplee toda su artillería –pobre y sin argumentos- para lanzar la acusación de “veto”.  Y que la portavoz afirme rotunda: “no lo toleraremos”.

Y tercia Iglesias con una “ingeniosidad” de las que tanto abusa y que toda la vida se han llamado sofismas cuando no burdas soflamas. Dice el ciudadano comunista: “los hijos se inscriben en el registro civil y no en el registro de la propiedad”.

Jesús Domingo Martínez

 

DAR COCES CONTRA EL  AGUIJÓN.

El sagrario de la  capilla del Hospital Clínico de Valencia ha sido profanado.

Este y otros actos similares coinciden en la línea del Gobierno y sus proyectos  encaminados a eliminar de España la religión católica. 

Pablo, en el siglo I, perseguía a los cristianos intentando borrarlos de la faz de la Tierra. Hoy hay otros “pablos” que pretenden lo mismo aunque por caminos diferentes: eliminar de los colegios la enseñanza de la Religión para que en unas generaciones el cristianismo sea cosa del pasado.

Aquel Pablo, camino de Damasco, tras escuchar a Jesucristo “¿Por qué me persigues?. Te es duro dar coces contra el aguijón”, se convirtió en su gran defensor.

Dios quiera que los pablos del siglo XXI se convenzan de que a la Iglesia de Jesucristo no hay quien la destruya, de que “les es duro dar coces contra el aguijón”.

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 

ENVEJECER EN PAZ: “LA NAVIDAD DE LA VIDA”

 

           Pareciera cómo si la vida fuese un eterno renacer... nace y muere el día, pero vuelve a nacer. Nace y muere el año... pero vuelve a nacer y así, días años y sus estaciones se suceden y sobre todo la estación otoñal e invernal, son las más ricas y bellas, pero en una riqueza y belleza que muy pocos ven. Meditemos en ello y veamos un esquema en forma de relato corto o cuento de invierno.

Al entrar la primavera, “todo el mundo sensible, suele cantar a esta estación” y suele hacerlo por considerarla la más importante del ciclo anual, que repetido desde que el mundo es mundo, sólo es un hito más en LA VIDA, cuyos ciclos vitales los dividieron en cuatro y de ahí lo de “las cuatro estaciones”.

          PRIMAVERA: Efectivamente, es la más pujante de las estaciones o ciclos, es la más rebelde y activa; es la eclosión de una vida latente –siempre- la que en esta época, se manifiesta con todo el esplendor y toda la belleza que la Madre Naturaleza otorga a todos sus hijos; sean estos del reino animal, vegetal y “otros menos conocidos”. Figurativamente se la dedica, al amor y la pureza de sentimientos y es el “aguijón” para que muchos poetas canten a la Creación; si bien la mayoría suelen quedarse más abajo y dedican sus cantos a otros amores menos platónicos y por tanto más excitantes para la sangre humana y fogosa. De cualquier forma es –para mí- el símbolo del crecimiento continuo en la constante renovación del progreso Universal; donde nada muere, todo se transforma y progresa en una evolución positiva, aunque imperceptible, la mayoría de veces.

          VERANO: Menos cantado –mucho menos- que “su madre”, la primavera; ya que el verano es la estación madura, la estación del máximo calor y energía; la estación... “donde todos los frutos se entregan”, donde todas las cosechas se recogen y reparten; donde el crecimiento llega al cenit de cada ciclo anual –o de vida-. Donde la plenitud de la vida se manifiesta al máximo de su potencia y donde “el Padre Sol”, sonríe con su máxima generosidad, llenando de vital calor espacial a esta parte de la esfera terrestre, donde se vuelca con todo su poder generador de energías para reservas del futuro “enfriamiento”, que a continuación, e inexorablemente... llegará con las otras estaciones.

          OTOÑO: Suele ser cantado con tristeza, con pena, con sentimiento de impotencia; muy pocos son los que saben encontrar en esta estación los valores simbólicos y reales de lo que representan en la vida... “TODA LA VIDA”. Pues el otoño, es la época de “las canas”, es la época en que las hojas cogen sus más vistosos “dorados... y brillantes tonalidades”... antes de morir. Es la época... “de la paz y algún sosiego”; es la época de la reflexión sobre la sabiduría; la época del merecido descanso, donde el vegetal y el animal comienzan a aletargarse, en una menor actividad, e igualmente se preparan para la época más dura a que han de pasar seguidamente. Pero esa preparación se hace –al menos así debiera hacerse- sin miedos, sin temores, sin pánico a lo inevitable; debe ser asimilada y asumida, con la sonrisa de la experiencia; con el “curtido” de haber soportado ya... “todos los soles y todos los aires”, con la más plena y segura esperanza de un futuro que aunque con apariencia sombría, no es –ni mucho menos- lo que inconscientemente la ignorancia humana le ha asignado.

          INVIERNO: Es la muerte aparente, puesto que digo –y mantengo- que nada muere, que todo se transforma en una vida eterna, esperanzadora y de progreso continuo; por tanto, el frío invierno es el reposo transitorio del cuerpo y del alma; del vegetal y el animal; de –incluso- la actividad de LA MADRE TIERRA,  de la caricia suficiente del PADRE SOL. Es la época de las cabezas plateadas, en el más bello color de los cabellos; es la época de las más dulces arrugas de la piel del Sabio, de la máxima madurez de las neuronas cerebrales, la época en que ya mueren o duermen –al fin- las terribles pasiones, los inútiles y efímeros afanes que no tienen casi valor alguno. Es donde,   "el frío manto de las nieves eternas y periódicas”... otorgan la paz al que está preparado para recibir ese máximo fruto, obtenido en el largo –larguísimo- camino de, “sus cuatro estaciones”; es el final de una etapa vivida en una esfera del espacio. Es la estancia tranquila en, el “andén del tiempo”, esperando con toda la tranquilidad del mundo, el tren que lleva a la eternidad.

     Por ello los sabios, nunca han temido a la muerte, más bien la han amado y añorado su natural llegada, puesto que han sabido comprender que esa transición, no es más que una etapa final y que inicia otras etapas venideras y superiores; donde nuevas primaveras vendrán a lanzar sus espíritus y almas, sus "yos" y esperanzas, sus fuerzas vitales y creadoras... “hacia ese infinito final”, del que nadie sabe, del que nadie dice... del que muchos no creen, pero del que otros muchos también... firmemente creemos y pensamos que es la realidad de una Justicia Universal, que es la que impera en todo el Universo y la que nadie, “NADIE”, puede interferir... y menos aún, cambiar.

      Celebremos pues el próximo invierno y la Navidad, pensando en que es sólo un tránsito, una etapa más o menos feliz, pero llena de esperanza en un futuro, que... no lo dudes... será mejor... mucho mejor, aunque muchas veces... “las nubes no nos dejen ver el limpísimo cielo que tras ellas siempre existe”... y al que llegaremos.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y Filósofo)

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