Las Noticias de hoy 14 Octubre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 14/10/2021 - 12:24

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 14 de octubre de 2021     

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: arraigados en nuestras raíces y abiertos al universalismo de la fe

El Papa Luciani, milagro reconocido: será proclamado beato

Papa: El Cristo Redentor de Río de Janeiro es una invitación a la fraternidad

ELEGIDOS DESDE LA ETERNIDAD : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: ¡Ay de vosotros!

“No basta ser bueno: has de parecerlo” : San Josemaria

«La Iglesia tiene en su naturaleza misma la apertura a todos los pueblos y culturas»

La intención mensual: rezar todos a una

«El amor no entiende de jubilación»

Trabajo: contemplación y trabajo (1) : J. López

Sufrimientos y enfermedades : Beatriz Cecilia Gomez de Borda

El ejemplo de los primeros cristianos : primeroscristianos

Conversando sobre feminismo sinérgico con FM Mundo 98.1 de Ecuador : Nuria Chinchilla

Repensar la educación : Ana Teresa López de Llergo

Ser agradecido te hace más feliz : Lucía Legorreta

A vueltas con el aborto. : Jose Luis Velayos

LA CONFIANZA : Irene Mercedes Aguirre

CARF > TESTIMONIOS

P. Elio: “En Venezuela seguimos pasando hambre. Mi obispo me envió a Roma para formarme y servir a mi pueblo hambriento”

Sin defender tendencias neoluditas :  Domingo Martínez Madrid

Dios nos quiere conectados a la vida : Jesús D Mez Madrid

La bajeza o chochez y la verdad en América… En el día de la Hispanidad : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

El Papa: arraigados en nuestras raíces y abiertos al universalismo de la fe

La liberación obtenida con el bautismo nos permite adquirir la "plena dignidad de hijos de Dios", de forma que, "mientras permanecemos bien arraigados en nuestras raíces culturales, al mismo tiempo nos abrimos al universalismo de la fe que entra en toda cultura, reconoce las semillas de verdad presentes y las desarrolla llevando a plenitud el bien contenido en ellas": lo hizo presente el Papa en la audiencia general del miércoles 13 de octubre, en la que invitó a estar en constante camino

Somos libres porque fuimos liberados gratuitamente: lo recordó el Papa Francisco al reflexionar este 13 de octubre en la Audiencia General, sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas. Para san Pablo – explicó Francisco – el núcleo central de la libertad es el hecho de que “con la muerte y resurrección de Jesucristo, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte”. En otros términos, somos libres "porque hemos sido liberados por gracia y amor", y no "por haber pagado". 

La novedad Cristo abre a acoger cada pueblo y cada cultura 

El Santo Padre precisó que el amor por el que fuimos liberados se convierte así "en la ley suprema y nueva de la vida cristiana”, de modo que esta "novedad" de vida, "abre a acoger a cada pueblo y cultura", y, al mismo, tiempo "abre a cada pueblo y cultura a una libertad más grande”. Recordando luego que San Pablo fue atacado por sus detractores al decir que “para quien se adhiere a Cristo ya no cuenta ser judío o pagano”, sino sólo “la fe que actúa por la caridad”, pues, sostenían que el apóstol había tomado esa posición por “oportunismo pastoral, es decir, para gustar a todos”, señaló que se trata de un discurso que repiten “los fundamentalistas de hoy”. Y, visualizando cómo la historia se repite, puso el Papa en ejemplo el actuar de Pablo que “no permanece en silencio”, sino que responde con coraje: 

«Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo» (Gal 1,10). 

Abiertos al universalismo de la fe que entra en toda cultura

Pablo, con su libertad, donada por el amor y gracia de Dios, demuestra un pensamiento – observó el Santo Padre- de una “profundidad inspirada”, pues, "acoger la fe conlleva para él renunciar no al corazón de las culturas y de las tradiciones, sino solo a lo que puede obstaculizar la novedad y la pureza del Evangelio".  Esto, tal como explicó seguidamente Francisco, sucede “porque la libertad obtenida de la muerte y resurrección del Señor no entra en conflicto con las culturas, no entra en conflicto con las tradiciones que hemos recibido, sino que más bien introduce en ellas una libertad nueva, una novedad liberadora”, es decir, “la del Evangelio”. 

La liberación obtenida con el bautismo, de hecho, nos permite adquirir la plena dignidad de hijos de Dios, de forma que, mientras permanecemos bien arraigados en nuestras raíces culturales, al mismo tiempo nos abrimos al universalismo de la fe que entra en toda cultura, reconoce las semillas de verdad presentes y las desarrolla llevando a plenitud el bien contenido en ellas.

Unidad en la diversidad

De este modo, “en la llamada a la libertad” se descubre – tal como indicó el Papa – “el verdadero sentido de la inculturación del Evangelio”, que “toma la cultura en la que vive la comunidad cristiana y habla de Cristo, pero con esa cultura”, respetando “lo que de bueno y verdadero existe” en ellas. Una tarea sin embargo “no fácil”, pues “son muchas las tentaciones de querer imponer el proprio modelo de vida como si fuera el más evolucionado y el más atractivo”. 

¡Cuántos errores se han realizado en la historia de la evangelización queriendo imponer un solo modelo cultural! La uniformidad. Y esto -la uniformidad como norma de vida- no es cristiana. Unidad sí, uniformidad no. A veces, no se ha renunciado ni siquiera a la violencia para que prevalezca el propio punto de vista. Pensemos en las guerras, ¿no? De esta manera, se ha privado a la Iglesia de la riqueza de muchas expresiones locales que llevan consigo la tradición cultural de enteras poblaciones. ¡Pero esto es exactamente lo contrario de la libertad cristiana!

Una libertad dinámica que nos pone en camino

La libertad de la fe cristiana es, en cambio, “dinámica”, pues no indica una visión “estática” de la vida y de la cultura, sino que, iluminada y fecundada por el misterio de Cristo, que en su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre, indica la “variedad”: una variedad “unida”, precisó el Santo Padre. 

De aquí deriva el deber de respetar la proveniencia cultural de cada persona, incluyéndola en un espacio de libertad que no sea restringido por alguna imposición dada por una sola cultura predominante. Este es el sentido de llamarnos católicos, de hablar de Iglesia católica: no es una denominación sociológica para distinguirnos de otros cristianos; no. Católico es un adjetivo, un adjetivo que significa universal. La catolicidad, la universalidad. Iglesia universal, es decir, católica, significa que la Iglesia tiene en sí, en su naturaleza misma, la apertura a todos los pueblos y las culturas de todo tiempo, porque Cristo ha nacido, muerto y resucitado por él, por todos. 

Por ese motivo la afirmación final del Papa en la catequesis de este día: no pretendemos tener posesión de la libertad, sino que hemos recibido “un don para custodiar”, que nos pide a cada uno estar en un constante camino, orientados hacia a la plenitud que todos estamos llamados a alcanzar.  

 

El Papa Luciani, milagro reconocido: será proclamado beato

Francisco ha autorizado a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar el decreto sobre la curación milagrosa atribuida a la intercesión del Papa Juan Pablo I, un Pontífice que ha permanecido en el corazón de la gente.

Vatican News

Cuando el Papa Francisco recibió esta mañana en audiencia al cardenal Marcello Semeraro, autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar un decreto que reconozca un milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo I. Se trata de la curación de una niña de once años en Buenos Aires el 23 de julio de 2011, que padecía "encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico" y que para entonces estaba al final de su vida. El cuadro clínico era muy grave, caracterizado por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía. La iniciativa de invocar al Papa Luciani la había tomado el párroco de la parroquia a la que pertenecía el hospital, del que era muy devoto.

Se abre así el camino para la beatificación del Pontífice veneciano y ahora sólo se espera la fecha, que será fijada por Francisco.

Nacido el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale (hoy Canale d'Agordo), en la provincia de Belluno, y fallecido el 28 de septiembre de 1978 en el Vaticano, Albino Luciani fue Papa durante sólo 34 días, uno de los pontificados más cortos de la historia. Era hijo de un obrero socialista que había trabajado durante mucho tiempo como emigrante en Suiza. En la nota que le escribió su padre, dándole el consentimiento para entrar en el seminario, se lee: "Espero que cuando seas sacerdote, estés del lado de los pobres, porque Cristo estuvo de su lado". Palabras que Luciani pondría en práctica a lo largo de su vida.

Albino fue ordenado sacerdote en 1935 y en 1958, inmediatamente después de la elección de Juan XXIII, que lo había conocido como Patriarca de Venecia, fue nombrado Obispo de Vittorio Veneto. Hijo de una tierra pobre caracterizada por la emigración, pero también muy viva desde el punto de vista social, y de una Iglesia caracterizada por grandes sacerdotes, Luciani participó en todo el Concilio Ecuménico Vaticano II y aplicó sus directrices con entusiasmo. Pasó mucho tiempo en el confesionario y fue un pastor cercano a su pueblo. Durante los años en que se discutió la licitud de la píldora anticonceptiva, se pronunció repetidamente a favor de la apertura de la Iglesia sobre su uso, tras haber escuchado a muchas familias jóvenes. Tras la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que Pablo VI declaró moralmente ilícita la píldora en 1968, el obispo de Vittorio Veneto promovió el documento, adhiriéndose al magisterio del Pontífice. Pablo VI, que tuvo la oportunidad de apreciarlo, lo nombró patriarca de Venecia a finales de 1969 y en marzo de 1973 lo creó cardenal.

Luciani, que eligió la palabra "humilitas" para su escudo episcopal, es un pastor que vive con sobriedad, firme en lo esencial de la fe, abierto desde el punto de vista social, cercano a los pobres y a los trabajadores. Es intransigente cuando se trata de la utilización sin escrúpulos del dinero en detrimento del pueblo, como lo demuestra su firmeza durante un escándalo económico en Vittorio Veneto en el que está implicado uno de sus sacerdotes. En su magisterio insiste especialmente en el tema de la misericordia. En Venecia, como Patriarca, tuvo que sufrir mucho por las protestas que caracterizaron los años posteriores al Concilio. En la Navidad de 1976, en el momento de la ocupación de las fábricas del polo industrial de Marghera, pronunció unas palabras todavía muy actuales: "Hacer alarde de lujo, despilfarrar el dinero, negarse a invertirlo, robarlo en el extranjero, no sólo constituye insensibilidad y egoísmo: puede convertirse en provocación y acumular sobre nuestras cabezas lo que Pablo VI llama 'la ira de los pobres con consecuencias imprevisibles'". Gran comunicador, escribió un exitoso libro titulado "Illustrissimi", con cartas que escribió e idealmente envió a los grandes del pasado con juicios sobre el presente. Concedió especial importancia a la catequesis y a la necesidad de que quienes transmiten los contenidos de la fe se hagan entender por todos. Tras la muerte de Pablo VI, fue elegido el 26 de agosto de 1978 en un cónclave que duró un día. 

El doble nombre es ya un programa: al unir a Juan y a Pablo, no sólo ofrece un homenaje de gratitud a los Papas que lo quisieron como obispo y cardenal, sino que marca un camino de continuidad en la aplicación del Concilio, cerrando el paso tanto a los retrocesos nostálgicos en el pasado como a los saltos incontrolados hacia adelante. Abandonó el uso del "nosotros", del plural maiestatis, y en los primeros días rechazó el uso de la silla gestatoria, cediendo a la petición de sus colaboradores sólo cuando se dio cuenta de que al proceder a pie las personas que no estaban en las primeras filas tenían dificultades para verle. Las audiencias de los miércoles durante su brevísimo pontificado son encuentros de catequesis: el Papa habla sin texto escrito, cita poemas de memoria, invita a subir a un niño y a un monaguillo y les habla. En un discurso improvisado, recuerda haber pasado hambre de niño y repite las valientes palabras de su predecesor sobre los "pueblos del hambre" que desafían a los "pueblos de la opulencia". Sólo salió del Vaticano una vez, en las bochornosas semanas de finales del verano de 1978, para tomar posesión de su catedral, San Giovanni in Laterano, y recibió el homenaje del alcalde de Roma, el comunista Giulio Carlo Argan, a quien el nuevo Papa citó el Catecismo de San Pío X, recordando que "entre los pecados que claman venganza ante Dios" estaban "oprimir a los pobres" y "defraudar a los trabajadores de su justo salario".

Murió repentinamente la noche del 28 de septiembre de 1978. Lo encontró sin vida la monja que le llevaba el café a su habitación cada mañana. En pocas semanas de pontificado, había entrado en el corazón de millones de personas, por su sencillez, su humildad, sus palabras en defensa de los últimos y por su sonrisa evangélica. Se han construido muchas teorías en torno a su repentina e inesperada muerte, con supuestas conspiraciones utilizadas para vender libros y producir películas. Una documentada investigación sobre la muerte, que cierra definitivamente el caso, ha sido firmada por la vicepostuladora del proceso de beatificación, Stefania Falasca (Cronaca di una morte, Libreria Editrice Vaticana).

La fama de santidad de Albino Luciani se extendió muy rápidamente. Muchas personas le han rezado y le rezan. Muchas personas sencillas e incluso todo un episcopado -el de Brasil- han pedido la apertura del proceso que ahora, tras un meditado proceso, ha llegado a su conclusión.

 

Papa: El Cristo Redentor de Río de Janeiro es una invitación a la fraternidad

"Esta imagen, con los brazos abiertos en una incesante llamada a la reconciliación, retrata la invitación a la fraternidad que Nuestro Señor lanza a la ciudad y a todo el país para que se forme una comunidad en la que nadie se sienta solo, no deseado, rechazado, ignorado u olvidado y en la que todos se esfuercen por un mundo más justo, más solidario y más feliz", escribe el Papa en un mensaje al cardenal. Orani João Tempesta.

 

Bianca Fraccalvieri - Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco dirigió un mensaje al arzobispo de Río de Janeiro, el cardenal Orani Joao Tempesta. Orani João Tempesta, con motivo del 90º aniversario de la inauguración de la estatua del Cristo Redentor en la cima del cerro Corcovado.

En un telegrama firmado por el Secretario de Estado, Card. Pietro Parolin, el Pontífice "comparte los sentimientos de júbilo y se une a la acción de gracias que el pueblo de Río de Janeiro eleva a Cristo Redentor".

"Esta imagen, con los brazos abiertos en una incesante llamada a la reconciliación, retrata la invitación a la fraternidad que Nuestro Señor lanza a la ciudad y a todo el país para que se forme una comunidad en la que nadie se sienta solo, no deseado, rechazado, ignorado u olvidado, y en la que todos se esfuercen por un mundo más justo, más solidario y más feliz."

 

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Que nadie se quede de brazos cruzados

A este respecto, el Santo Padre nos recuerda que, independientemente del nivel de educación o de riqueza, todas las personas tienen algo que aportar a la construcción de la fraternidad humana: nadie debe quedarse "con los brazos cruzados", sino abrir los brazos a todos, como hace el Redentor.

Para ello, es fundamental el diálogo constructivo, porque "entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta siempre hay una opción: el diálogo". Diálogo entre las generaciones, diálogo dentro del pueblo, porque todos somos pueblo" (Carta Encíclica Fratelli fufri, 199).

Para ello, el Papa desea que en esta jornada se renueve el compromiso de acogerse mutuamente, "con la certeza de que es Cristo, por encima de todo, quien os acoge a todos: Él habita en la ciudad y os invita a acercaros a Él porque, estando cerca de Él, estaréis cerca unos de otros".

El telegrama concluye con la petición de Francisco de seguir rezando por él y la concesión de la Bendición Apostólica a la ciudad de Río de Janeiro, extendida de forma especial a todos los que participaron en la misa conmemorativa del 12 de octubre, por intercesión de la Madre del pueblo brasileño, Nuestra Señora de Aparecida.

 

 

ELEGIDOS DESDE LA ETERNIDAD

— Una vocación irrepetible.

— Nos da luz para caminar, y las gracias necesarias para salir fortalecidos de todas las incidencias de nuestra vida.

— Perseverancia en la propia vocación.

I. Desde la cárcel, donde San Pablo sufre abandonos y soledad, dirige una carta a los primeros cristianos de Éfeso. Comienza con un canto alborozado de acción de gracias por todos los dones recibidos del Señor, de modo particular por la vocación con que Dios nos ha elegido personalmente desde la eternidad para ser sus discípulos y extender su Reino aquí en la tierra. El Apóstol pone de manifiesto la radical igualdad de la vocación con que todos somos llamados en Cristo por iniciativa de Dios Padre, pues en Él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo –por pura iniciativa suya– a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya1.

Todo creyente, cada uno de nosotros, ha sido llamado desde la eternidad a la más alta vocación divina. Dios Padre quiso expresamente llamarnos a la vida (ningún hombre ha nacido por azar), creó directamente nuestra alma única e irrepetible, y nos hizo participar de su vida íntima mediante el Bautismo. Con este sacramento nos ha ungido Dios con su unción, y también nos ha marcado con su sello, y ha puesto en nuestros corazones el Espíritu como prenda2. Nos ha designado en la vida un cometido propio, y nos ha preparado amorosamente un lugar en el Cielo, donde nos espera como un padre aguarda a su hijo después de un largo viaje.

Supuesta esta vocación radical a la santidad y al apostolado, Dios hace a cada uno un llamamiento particular. A la inmensa mayoría, con una vocación plena, les llama a vivir en medio del mundo para que –desde dentro– lo transformen y lo dirijan a Él, y se santifiquen mediante las actividades terrenas. A otros, siempre pocos en relación con todos los bautizados, les pide un alejamiento de esas realidades, dando un testimonio público –como almas consagradas– de su pertenencia a Dios. El Señor, de un modo misterioso y delicado, nos va dando a conocer lo que quiere de nosotros. Incluso dentro de la propia vocación –casados, solteros, sacerdotes...–, el Señor señala un sendero propio por donde ir a Él, arrastrando a otros muchos con nosotros. «En efecto, Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que a sus ovejas las llama a cada una por su nombre (Jn 10, 3). Pero el eterno plan de Dios se nos revela a cada uno a través del desarrollo histórico de nuestra vida y de sus acontecimientos, y, por tanto, solo gradualmente: en cierto sentido día a día.

»Y para descubrir la concreta voluntad del Señor sobre nuestra vida son siempre indispensables la escucha pronta y dócil de la palabra de Dios y de la Iglesia, la oración filial y constante, la referencia a una sabia y amorosa dirección espiritual, la percepción en la fe de los dones y talentos recibidos y, al mismo tiempo, de las diversas situaciones sociales e históricas en las que está inmerso»3.

Así, en el transcurso del tiempo, el Señor nos lleva de la mano a metas de santidad cada vez más altas. Si somos fieles, si tenemos el oído atento, el Espíritu Santo nos conduce a través de los acontecimientos normales de la vida, nos enseña, interpretándolos rectamente y sacando de ellos –sean del signo que sean– más amor a Dios.

II. La vocación es un don inmenso, del que hemos de dar continuas gracias a Dios. Es la luz que ilumina el camino: el trabajo, las personas, los acontecimientos... Sin ella, sin el conocimiento de esa voluntad específica de Dios que nos encamina derechamente al Cielo, estaríamos con el débil candil de la voluntad propia, con el peligro de tropezar a cada paso. La vocación nos proporciona luz, y también las gracias necesarias para salir fortalecidos de todas las incidencias de la vida. «En la vocación, el hombre, de una manera definitiva, se conoce a sí mismo, conoce al mundo, y conoce a Dios. Es el punto de referencia a partir del cual cada ser humano puede juzgar con plenitud todas las situaciones por las que haya atravesado y atraviese su vida»4. Conocer cada vez más profundamente ese querer divino particular es siempre un motivo de esperanza y de alegría.

Con la vocación recibimos una invitación a entrar en la intimidad divina, al trato personal con Dios, a una vida de oración. Cristo nos llama a hacer de Él el centro de la propia existencia, a seguirle en medio de nuestras realidades diarias: el hogar, la oficina, el comercio...; y a conocer a los demás hombres como personas e hijos de Dios, es decir, como seres con valor en sí, objetos del amor de Dios, y a quienes hemos de ayudar en sus necesidades materiales y espirituales. Y esto no a seres ideales, sino a las personas corrientes que vemos todos los días, con sus virtudes y sus defectos.

El querer divino se nos puede presentar de golpe, como una luz deslumbrante que lo llena todo, como fue el caso de San Pablo camino de Damasco, o bien se puede revelar poco a poco, en una variedad de pequeños sucesos, como Dios hizo con San José. «De todos modos, no se trata solo de saber lo que Dios quiere de nosotros, de cada uno, en las diversas situaciones de la vida. Es necesario hacer lo que Dios quiere, como nos lo recuerdan las palabras de María, la Madre de Jesús, dirigiéndose a los sirvientes de Caná: Haced lo que Él os diga (Jn 2, 5). Y para actuar con fidelidad a la voluntad de Dios hay que ser capaz y hacerse cada vez más capaz (...). Esta es la tarea maravillosa y esforzada que espera a todos los fieles laicos, a todos los cristianos, sin pausa alguna: conocer cada vez más las riquezas de la fe y del Bautismo y vivirlas con creciente plenitud»5. Esta plenitud se realizará día a día, siendo fieles en lo pequeño, correspondiendo a las gracias que el Señor derrama cada jornada para que cumplamos con perfección, con amor, los deberes de cada momento. Y esto los días en que nos encontramos con más capacidad y también aquellos otros en los que todo parece que cuesta más.

III. Elegit nos in ipso ante mundi constitutionem..., nos eligió el Señor antes de la constitución del mundo. Y Dios no se arrepiente de las elecciones que hace. Esta es la esperanza y la seguridad de nuestra perseverancia a lo largo del camino, en medio de las tentaciones o dificultades que hayamos de padecer. El Señor es siempre fiel, y tendremos cada día la gracia necesaria para mantener nosotros esta fidelidad. «Nuestro Señor –enseña San Francisco de Sales– tiene un continuo cuidado de los pasos de sus hijos, es decir, de aquellos que poseen la caridad, haciéndoles caminar delante de Él, tendiéndoles la mano en las dificultades. Así lo declaró por Isaías: Soy tu Dios, que te toma de la mano y te dice: No temas, Yo te ayudaré (Is 41, 13). De modo que, además de mucho ánimo, debemos tener suma confianza en Dios y en su auxilio, pues, si no faltamos a la gracia, Él concluirá en nosotros la buena obra de nuestra salvación, que ha comenzado»6.

Junto a esta confianza en la ayuda divina, es necesario el esfuerzo personal por corresponder a las sucesivas llamadas que realiza el Señor a lo largo de una vida. Porque la entrega a Dios que comporta toda vocación no se agota en una sola decisión ni en una determinada época de la vida. Dios sigue llamando, sigue pidiendo hasta el final... Alguna vez puede costar mantenerse fiel al Señor, pero si acudimos a Él comprendemos que su yugo es suave y su carga ligera7, y ese peso se torna alegre. Nunca nos pedirá Dios más de lo que podamos dar. Él nos conoce bien y cuenta con la flaqueza humana, los defectos y las equivocaciones. A la vez que supone nuestra sinceridad y la humildad de recomenzar.

En la Virgen, Nuestra Madre, está puesta nuestra esperanza para salir adelante en los momentos difíciles y siempre. En Ella encontramos la fortaleza que nosotros no tenemos. «Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para vencer en esta lucha cotidiana. —Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón. —“Serviam!”»8.

1 Primera lectura. Año II. Ef 1, 4-6. — 2 2 Cor 1, 21-22. — 3 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 58. — 4 J. L. Illanes, Mundo y santidad, Rialp, Madrid 1984, p. 109. — 5 Juan Pablo II, loc. cit. — 6 San Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios, III, 4. — 7 Cfr. Mt 11, 30. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 493.

 

Evangelio del jueves: ¡Ay de vosotros!

Comentario del jueves de la 28° semana del tiempo ordinario. “¡Ay de vosotros!”. Jesús nos ofrece la salvación. Nos invita a conocer la verdad y amarla. Nos pide fe y humildad.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 11,47-54)

»¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo». Sí, os lo aseguro: se le pedirán cuentas a esta generación.

»¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría! Vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a atacarle con furia y a acosarle a preguntas sobre muchas cosas, acechándole para cazarle en alguna palabra.


Comentario

“¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría!”

Jesús con dolor y con claridad echa en cara a los fariseos el tremendo mal que estaban haciendo. En vez de ayudar al pueblo a que reconocieran en Jesús al Mesías, es todo lo contrario. En vez de abrir la puerta y dejar entrar, la cierran. Se colocan en el lugar de Dios como administradores de su sabiduría.

La actitud de Jesús es todo lo contrario: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

Jesús ofrece la salvación a todos y lo que nos pide es fe y humildad. Ver la verdad y amarla.

Caminar con el Señor significa también ser humildes. Porque como contaba santa Teresa: “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad”[1].

La humildad es necesaria para caminar con el Señor. La soberbia cierra sobre sí mismo, se piensa que está en la posesión de la verdad. La humildad, por el contrario, abre el corazón a la verdad al reconocer que no lo sabemos todo. Caminar en la verdad significa tener por delante amplios horizontes. La humildad lleva también a saberse instrumentos en las manos de Dios para ayudar a los demás en el camino de la fe.

Esto es lo que nos dice Jesús con estas palabras: “vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido”. Jesús se quiere servir de nosotros, de nuestra vida, de nuestro ejemplo para facilitar a los demás el encuentro con él.

Me acordaba de algo que leí hace unos meses, en el fallecimiento de un buen cristiano. Contaban que tenía encima de su mesa de trabajo estas palabras de san Josemaría: “éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama”[2].

Una buena manera de no apoderarse de la llave de la sabiduría sino de ser buenos conductores de la gracia de Dios es luchar para que los demás puedan descubrir a Cristo en nuestra actuación.


[1] Santa Teresa, Las moradas 6, 10.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 122

 

“No basta ser bueno: has de parecerlo”

No basta ser bueno: has de parecerlo. ¿Qué dirías de un rosal que no produjera más que espinas? (Surco, 735)

14 de octubre

Has comprendido el sentido de la amistad, cuando llegaste a sentirte como el pastor de un rebaño pequeñito, al que habías tenido abandonado, y que ahora procuras reunir nuevamente, ocupándote de servir a cada uno. (Surco, 730)

No puedes ser un elemento pasivo tan sólo. Tienes que convertirte en verdadero amigo de tus amigos: "ayudarles". Primero, con el ejemplo de tu conducta. Y luego, con tu consejo y con el ascendiente que da la intimidad. (Surco, 731)

Medítalo bien, y actúa en consecuencia: esas personas, a las que resultas antipático, dejarán de opinar así, cuando se den cuenta de que "de verdad" les quieres. De ti depende. (Surco, 734)

Te consideras amigo porque no dices una palabra mala. –Es verdad; pero tampoco veo una obra buena de ejemplo, de servicio...

–Esos son los peores amigos. (Surco, 740)

 

 

«La Iglesia tiene en su naturaleza misma la apertura a todos los pueblos y culturas»

Durante la audiencia general el Papa Francisco explicó qué significa la “inculturación”, el complicado proceso de anunciar el Evangelio a otros pueblos y culturas. Dijo que “este es el verdadero sentido de la inculturación, que podamos anunciar a Cristo Salvador respetando lo bueno y auténtico que existe en cada cultura y en cada sociedad, considerando también su continua evolución”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA13/10/2021

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario de catequesis sobre la Carta a los Gálatas, hemos podido enfocarnos en cuál es para san Pablo el núcleo central de la libertad: el hecho de que, con la muerte y resurrección de Jesucristo, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte.

En otros términos: somos libres porque hemos sido liberados, liberados por gracia —no por pagar— liberados por el amor, que se convierte en la ley suprema y nueva de la vida cristiana. El amor: nosotros somos libres porque hemos sido liberados gratuitamente. Este es precisamente el punto clave.

Hoy quisiera subrayar cómo esta novedad de vida nos abre a acoger a cada pueblo y cultura y al mismo tiempo abre a cada pueblo y cultura a una libertad más grande.

San Pablo, de hecho, dice que para quien se adhiere a Cristo ya no cuenta ser judío o pagano. Cuenta solo «la fe que actúa por la caridad» (Gal 5,6). Creer que hemos sido liberados y creer en Jesucristo que nos ha liberado: esta es la fe activa por la caridad.

Los detractores de Pablo —esos fundamentalistas que habían llegado allí— lo atacaban por esta novedad, sosteniendo que él había tomado esta posición por oportunismo pastoral, es decir para “gustar a todos”, minimizando las exigencias recibidas de su más estricta tradición religiosa.

Es el mismo discurso de los fundamentalistas de hoy: la historia se repite siempre. Como se ve, la crítica en relación con toda novedad evangélica no es solo de nuestros días, sino que tiene una larga historia a las espaldas. Aun así, Pablo no permanece en silencio. Responde con parresia —es una palabra griega que indica valentía, fuerza— y dice: «Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo» (Gal 1,10).

Ya en su primera Carta a los Tesalonicenses se había expresado en términos parecidos, diciendo que en su predicación nunca había usado «palabras aduladoras, ni con pretextos de codicia, […] ni buscando gloria humana» (1 Ts 2,5-6), que son los caminos del “fingir”; una fe que no es fe, es mundanidad.

El pensamiento de Pablo se muestra una vez más de una profundidad inspirada. Acoger la fe conlleva para él renunciar no al corazón de las culturas y de las tradiciones, sino solo a lo que puede obstaculizar la novedad y la pureza del Evangelio. Porque la libertad obtenida de la muerte y resurrección del Señor no entra en conflicto con las culturas, con las tradiciones que hemos recibido, sino que más bien introduce en ellas una libertad nueva, una novedad liberadora, la del Evangelio.

La liberación obtenida con el bautismo, de hecho, nos permite adquirir la plena dignidad de hijos de Dios, de forma que, mientras permanecemos bien arraigados en nuestras raíces culturales, al mismo tiempo nos abrimos al universalismo de la fe que entra en toda cultura, reconoce las semillas de verdad presentes y las desarrolla llevando a plenitud el bien contenido en ellas.

Aceptar que nosotros hemos sido liberados por Cristo —su pasión, su muerte, su resurrección— es aceptar y llevar la plenitud también a las diferentes tradiciones de cada pueblo. La verdadera plenitud.

En la llamada a la libertad descubrimos el verdadero sentido de la inculturación del Evangelio. ¿Cuál es este verdadero sentido? Ser capaces de anunciar la Buena Noticia de Cristo Salvador respetando lo que de bueno y verdadero existe en las culturas. ¡No es algo fácil! Son muchas las tentaciones de querer imponer el proprio modelo de vida como si fuera el más evolucionado y el más atractivo. ¡Cuántos errores se han realizado en la historia de la evangelización queriendo imponer un solo modelo cultural! ¡La uniformidad como regla de vida no es cristiano! ¡La unidad sí, la uniformidad no!

A veces, no se ha renunciado ni siquiera a la violencia para que prevalezca el propio punto de vista. Pensemos en las guerras. De esta manera, se ha privado a la Iglesia de la riqueza de muchas expresiones locales que llevan consigo la tradición cultural de enteras poblaciones. ¡Pero esto es exactamente lo contrario de la libertad cristiana! Por ejemplo, me viene a la mente cuando se ha afirmado la forma de hacer apostolado en China con padre Ricci o en India con padre De Nobili. … [Algunos decían]: “¡Y no, eso no es cristiano!”. Sí, es cristiano, está en la cultura del pueblo.

En resumen, la visión de la libertad propia de Pablo está completamente iluminada y fecundada por el misterio de Cristo, que en su encarnación —recuerda el Concilio Vaticano II— se ha unido, en cierto modo, con todo hombre (cfr. Const. past. Gaudium et spes, 22). Y esto quiere decir que no hay uniformidad, sin embargo, hay variedad, pero variedad unida. De aquí deriva el deber de respetar la proveniencia cultural de cada persona, incluyéndola en un espacio de libertad que no sea restringido por alguna imposición dada por una sola cultura predominante.

Este es el sentido de llamarnos católicos, de hablar de Iglesia católica: no es una denominación sociológica para distinguirnos de otros cristianos. Católico es un adjetivo que significa universal: la catolicidad, la universalidad. Iglesia universal, es decir, católica, quiere decir que la Iglesia tiene en sí, en su naturaleza misma, la apertura a todos los pueblos y las culturas de todo tiempo, porque Cristo ha nacido, muerto y resucitado por todos.

Por otro lado, la cultura está, por su misma naturaleza, en continúa transformación. Se puede pensar en cómo somos llamados a anunciar el Evangelio en este momento histórico de gran cambio cultural, donde una tecnología cada vez más avanzada parece tener el predominio. Si pretendiéramos hablar de la fe como se hacía en los siglos pasados correríamos el riesgo de no ser comprendidos por las nuevas generaciones.

La libertad de la fe cristiana —la libertad cristiana— no indica una visión estática de la vida y de la cultura, sino una visión dinámica, una visión dinámica también de la tradición.

La tradición crece pero siempre con la misma naturaleza. Por tanto, no pretendamos tener posesión de la libertad. Hemos recibido un don para custodiar. Y es más bien la libertad que nos pide a cada uno estar en un constante camino, orientados hacia su plenitud. Es la condición de peregrinos; es el estado de caminantes, en un continuo éxodo: liberados de la esclavitud para caminar hacia la plenitud de la libertad. Y este es el gran don que nos ha dado Jesucristo. El Señor nos ha liberado de la esclavitud gratuitamente y nos ha puesto en el camino para caminar en la plena libertad.

 

La intención mensual: rezar todos a una

Publicamos la intención del 2-X-2021 hasta el 2-X-2022, que el Prelado propone a los fieles y amigos del Opus Dei.

ÚLTIMAS NOTICIAS11/10/2021

 

Los creyentes saben que la oración unida y perseverante puede alcanzarlo todo. Esta confianza en el poder de la oración ha sido comentada con frecuencia por el Papa, quien pide periódicamente que los cristianos recen por intenciones particulares.

Al mismo tiempo, la oración y la acción son inseparables: las intenciones de la oración se traducen en un profundo trabajo apostólico en los diversos ambientes. Por este motivo, desde mediados de los años cincuenta, san Josemaría comenzó a proponer una intención mensual que fuese el objeto de la oración, estudio y trabajo apostólico de muchas personas.

El fundador del Opus Dei –y posteriormente sus sucesores– han ido sugiriendo intenciones específicas por las que rezar y actuar. De algún modo, san Josemaría pretendía que todos sintieran las necesidades de la Obra, de la Iglesia y del mundo, y rezaran y trabajaran todos a una. Con el paso del tiempo, la costumbre de la intención mensual se ha concretado en la Prelatura de diferentes maneras y duraciones (varios meses, un año, etc.).

Intención del 2-X-2021 hasta el 2-X-2022

Además de unirnos a las intenciones de oración del Papa, durante el periodo que comprende desde el 2-X-2021 hasta el 2-X-2022, el Prelado propone a los fieles y amigos del Opus Dei la siguiente intención:

Pidamos al Señor por el proyecto de mejora del impulso y la coordinación de las labores apostólicas, que se está desarrollando en distintas circunscripciones de la Obra. Procuremos contribuir a lo anterior con nuestros proyectos de impulso e iniciativa apostólica, dejándonos inspirar por el Espíritu Santo. Desarrollando los propios talentos allí donde estamos, somos fermento cristiano. Él es el Señor de la Historia y cuenta con nosotros para renovar el mundo.

 

 

«El amor no entiende de jubilación»

¿Quién dijo que jubilarse es aburrido? Desde entonces Lola no ha parado de exprimir los días para sacarles su mejor jugo. Es algo que tiene en la sangre desde niña. Su trayectoria familiar, profesional y vital le ha marcado para embarcarse distintas iniciativas relacionadas con la juventud: “Estar siempre cerca de gente joven es motor y fuente de esperanza”, afirma convencida.

EN PRIMERA PERSONA13/10/2021

Lola nació en Carmonita (Badajoz) hace 71 años. Es la mayor de cinco hermanos. Sus padres –Atanasia y Francisco– tenían una tienda donde se vendía de todo, “era como El Corte Inglés del pueblo”. Desde muy pequeños toda la familia participaba echando una mano en el comercio. No había bancos y por eso su padre era corresponsal de tres bancos en su pueblo. La gente iba a su casa a ingresar y sacar dinero, a pagar las letras del pienso y del abono, etc. “En nuestra casa se trabajaba mucho y disfrutábamos siendo un equipo. Nos sentíamos parte de algo importante”, cuenta Lola.

A los 11 años se fue a Mérida a estudiar en un colegio e hizo los estudios de Magisterio. Cuando terminó, sus padres compraron un piso para que pudieran seguir estudiando sus hermanos.

“Después de terminar mis estudios en el mes de enero conocí –a través de un sacerdote de Mérida– a unas personas del Opus Dei que venían desde Sevilla. Me lo pensé unos meses nada más y después de rezar sobre mi posible vocación, en mayo me decidí a pedir la admisión como agregada. Y desde entonces hasta ahora... ¡Una aventura detrás de otra!”. El relato, a partir de ahora, es todo de Lola...

Formación de la mujer en el entorno rural

Me incorporé como maestra interina en dos pueblos en Extremadura y así estuve un par de años trabajando. Al tercer año me fui a la EFA Elcható. Era 1970, inicios del rodaje de esta escuela familiar agraria. Siempre he sido bastante decidida y no me asusté ante el desafío. Aquello era una entrega en cuerpo y alma. Esa aventura del trabajo con la mujer del mundo rural me llevó por varias provincias. Tras Sevilla vino la EFA Yucatal , y de ahí a la EFA EL Llano en Guadalajara. Más adelante me trasladé a Cuenca a la EFA El Batán y luego a Alcázar de San Juan a la EFA El Gamonal donde estuve 10 años.

Con las alumnas hacíamos unos viajes de estudios que les abrían horizontes y les ayudaban a fomentar su inquietud profesional. Estos viajes formaban parte del plan de formación de las EFAs. En uno de ellos estuvimos en Cataluña y visitamos varias fincas, nos entrevistábamos con agricultores que nos explicaban los distintos tipos de cultivo. En Galicia aprendimos cómo se pesca la lamprea, acudimos a una lonja donde se subastaba el pescado, a poblados celtas, etc. Todo era muy formativo para ellas y les hacía tener un panorama amplio e integrado de las distintas profesiones. Teníamos una relación cercana y estrecha con las familias. Tanto que entablamos amistades con muchas de las alumnas que permanecen todavía.

Por ejemplo, cuando celebramos los 25 años de la primera promoción de la EFA EL Gamonal, fue muy emotivo. Nos reencontramos y rememoramos muchos de los acontecimientos vividos. El impacto que esa formación había tenido en sus vidas era enorme y esto nos producía una gran satisfacción y nos llenaba de esperanza.

De las aulas a los libros

Después de 15 años trabajando en las EFAs regresé a Extremadura para estar un poco más cerca de mi familia. Empecé a trabajar en la librería Bujaco, en Cáceres. Desde que era niña tenía habilidad para las relaciones sociales y este trabajo me abrió otro panorama en mi vida. Era un establecimiento de dos plantas, donde yo atendía la sección de clásicos de literatura, de libro juvenil e infantil y de libros de espiritualidad.

Había mucha gente que se acercaba a la librería buscando respuestas, otros pedían consejo para un regalo, etc. A raíz de las conversaciones que surgían sobre libros y demás entablé también nuevas amistades.

La salud de mi padre se fue deteriorando a consecuencia de la diabetes y comenzó con diálisis. Ante esta situación me prejubilé después de 15 años de trabajo en la librería y me llevé a mis padres a vivir conmigo a Cáceres para poder atenderles mejor, y allí permanecieron desde 2005 hasta el final de su vida. Fue una alegría para mí poder corresponder a su generosidad y al desvelo que siempre habían tenido con nosotros.

Una casa abierta al mundo

¿Qué hago ahora con una casa tan grande? Vivía en un dúplex, la planta alta se había quedado vacía… Y tuve una idea. Me fui al vicerrectorado de la Universidad de Cáceres para entrar en el programa Erasmus y poder acoger en casa a jóvenes estudiantes extranjeros. Fue una decisión genial. Estar siempre cerca de gente joven es motor y fuente de esperanza, tenga uno los años que tenga, porque contagian su alegría y dinamismo.

Desde entonces acojo a estudiantes internacionales que vienen a la Universidad. En estos últimos años he podido convivir y compartir amistad con universitarias de varios países de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Las estudiantes pasan solo unos meses, pero cada una se lleva el regalo de nuestra amistad, visión de la vida e intereses. Y, como no, una estampa de san Josemaría, al que empiezan a rezar por sus intenciones.

Gracias a la tecnología seguimos en contacto. Alguna de las estudiantes que han pasado por aquí ha acudido con mucho interés a las actividades de formación que ofrece el Opus Dei. Incluso dos de ellas viajaron a Roma para participar en el congreso Univ. Mantenemos contacto de manera permanente vía zoom o WhatsApp. Una experiencia maravillosa.

Un nuevo proyecto solidario

En el año 2013 la Fundación Prodean empezó a trabajar en Cáceres. Como en ese momento disponía de más tiempo, quise enrolarme en este nuevo proyecto. Iniciamos un voluntariado en el Aula Infantil del Hospital San Pedro de Alcántara, y en una residencia de ancianos con más de 300 mayores.

Participan más de 60 voluntarios yendo los fines de semana a una y otra actividad. Allí han sucedido muchas anécdotas impresionantes con las que te das cuenta de que, a través de algo aparentemente sencillo, puedes ayudar mucho más de lo que esperas. Una de ellas, por ejemplo, responsable del área de Pediatría, me contaba que, desde que los niños participaban en las actividades de la ciberaula los fines de semana, los lunes empezaban la semana con una actitud completamente nueva.

Con ocasión de la pandemia, organizamos, con los voluntarios, una campaña de recogida de alimentos para el comedor social “La Milagrosa” de Cáceres, que fue todo un éxito.

Tenemos sesiones de formación para los voluntarios y participan con verdadero interés. Es una suerte poder seguir en contacto con gente joven y ver la ilusión con la que responden.

Aquí van resumidos estos años de verdadero júbilo y acción… juventud y esperanza. Siempre he pensado que cada momento de la vida nos enriquece para el siguiente.

 

Trabajo: contemplación y trabajo (1)

Ser contemplativos es disfrutar de la mirada de Dios. Por eso, quien se sabe acompañado por Él a lo largo del día, ve con otros ojos las ocupaciones en que se empeña.

TRABAJO02/05/2012

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino[1].

Para quienes estamos llamados por Dios a santificarnos en medio del mundo, convertir el trabajo en oración y tener alma contemplativa, es el único camino, porque o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca[2].

Conviene que meditemos despacio esta enseñanza capital de San Josemaría. En este texto consideraremos qué es la contemplación; en otras ocasiones nos detendremos en ahondar en la vida contemplativa en el trabajo y en las actividades de la vida ordinaria.

Como en Nazaret, como los primeros cristianos

El descubrimiento de Dios en lo ordinario de cada día, da al propio quehacer su valor último y su plenitud de sentido. La vida oculta de Jesús en Nazaret, los años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez[3], muestran que la tarea profesional, la atención a la familia y las relaciones sociales no son obstáculo para orar siempre[4], sino ocasión y medio para una vida intensa de trato con Dios, hasta que llega un momento en el que es imposible establecer una diferencia entre trabajo y contemplación.

Por esta senda de la contemplación en la vida ordinaria, siguiendo las huellas del Maestro, discurrió la vida de los primeros cristianos: «cuando pasea, conversa, descansa, trabaja o lee, el creyente ora»[5], escribía un autor del siglo II. Años más tarde San Gregorio Magno atestigua, como un ideal hecho realidad en numerosos fieles, que «la gracia de la contemplación no se da sí a los grandes y no a los pequeños; sino que muchos grandes la reciben, y también muchos pequeños; y tanto entre los que viven retirados como entre las personas casadas. Luego, si no hay estado alguno entre los fieles que quede excluido de la gracia de la contemplación, el que guarda interiormente el corazón puede ser ilustrado con esa gracia»[6].

El Magisterio de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, ha recordado muchas veces esta doctrina, tan importante para quienes tenemos la misión de llevar a Cristo a todas partes y transformar el mundo con el espíritu cristiano. «Las actividades diarias se presentan como un precioso medio de unión con Cristo, pudiendo convertirse en materia de santificación, terreno de ejercicio de las virtudes, diálogo de amor que se realiza en las obras. El espíritu de oración transforma el trabajo y así resulta posible estar en contemplación de Dios, aun permaneciendo en las ocupaciones más variadas»[7].

La contemplación de los hijos de Dios

 

Enseña el Catecismo que «la contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia "visión beatífica"»[8]. De esa contemplación plena de Dios, propia del Cielo, podemos tener un cierto anticipo en esta tierra, una incoación imperfecta[9] que, aunque sea de orden diverso a la visión, es ya una verdadera contemplación de Dios, así como la gracia, siendo de distinto orden que la gloria, es, no obstante, una verdadera participación en la naturaleza divina. Ahora vemos como en un espejo, oscuramente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido[10], escribe San Pablo.

Esa contemplación de Dios como en un espejo, durante la vida presente, es posible gracias a las virtudes teologales: a la fe y a la esperanza vivas, informadas por la caridad. La fe, unida a la esperanza y vivificada por la caridad, «nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo»[11].

La contemplación es un conocimiento amoroso y gozoso de Dios y de sus designios manifestados en las criaturas, en la Revelación sobrenatural, y plenamente en la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo nuestro Señor. «Ciencia de amor»[12], la llama San Juan de la Cruz. La contemplación es un claro conocimiento de la verdad, alcanzado no por un proceso de razonamiento sino por una intensa caridad[13].

La oración mental es un diálogo con Dios. Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" —¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"[14]. En la vida espiritual, este trato con Dios tiende a simplificarse conforme aumenta el amor filial, lleno de confianza. Sucede entonces que, con frecuencia, ya no son necesarias las palabras para orar, ni las exteriores ni las interiores. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira![15].

Esto es la contemplación, un modo de orar activo pero sin palabras, intenso y sereno, profundo y sencillo. Un don que Dios concede a quienes le buscan con sinceridad, ponen toda el alma en el cumplimiento de su Voluntad, con obras, y tratan de moverse en su presencia. Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio[16]. Esto puede suceder, como enseña San Josemaría, no sólo en los ratos dedicados expresamente a la oración, sino también mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio[17].

Bajo la acción del Espíritu Santo

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo inhabitan en el alma en gracia[18]: somos templos de Dios[19]. Se quedan cortas las palabras para expresar la riqueza del misterio de la Vida de la Santísima Trinidad en nosotros: el Padre que eternamente engendra al Hijo, y que con el Hijo espira al Espíritu Santo, vínculo de Amor subsistente. Por la gracia de Dios, tomamos parte en esa Vida como hijos. El Paráclito nos une al Hijo que ha asumido la naturaleza humana para hacernos partícipes de la naturaleza divina: al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (...) a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá, Padre!»[20]. Y en esta unión con el Hijo no estamos solos sino que formamos un cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, al que todos los hombres están llamados a incorporarse como miembros vivos y a ser, como los apóstoles, instrumentos para atraer a otros, participando en el sacerdocio de Cristo[21].

La vida contemplativa es la vida propia de los hijos de Dios, vida de intimidad con las Personas Divinas y desbordante de afán apostólico. El Paráclito infunde en nosotros la caridad que nos permite alcanzar un conocimiento de Dios que sin la caridad es imposible, pues el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor[22]. Quien más le ama mejor le conoce, ya que ese amor —la caridad sobrenatural— es una participación en la infinita caridad que es el Espíritu Santo[23]que todo lo escruta, hasta las profundidades de Dios. Pues ¿quién sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios[24].

Ese Amor, con mayúscula, instaura en la vida del alma una estrecha familiaridad con las Personas Divinas, y un entendimiento de Dios más agudo, más rápido, certero y espontáneo, en profunda sintonía con el Corazón de Cristo[25]. También en el plano humano quienes se aman se comprenden con más facilidad, y por eso San Josemaría recurre a esa experiencia para transmitir de algún modo lo que es la contemplación de Dios; por ejemplo, decía que en su tierra a veces se decía: ¡mira cómo le contempla!; y explicaba cómo ese modo de decir se refería a una madre que tenía a su hijo en brazos, a un novio que miraba a su novia, a la mujer que velaba al marido. Pues así debemos contemplar al Señor.

Pero toda realidad humana, por hermosa que sea, se queda en una sombra de la contemplación que Dios concede a las almas fieles. Si ya la caridad sobrenatural supera en altura, en calidad y en fuerza cualquier amor simplemente humano, ¿qué decir de los Dones del Espíritu Santo, que nos permiten dejarnos llevar dócilmente por Él? Con el crecimiento de estos Dones —Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor filial— crece la connaturalidad o la familiaridad con Dios y se despliega todo el colorido de la vida contemplativa.

En especial, por el Don de Sabiduría —el primero y mayor de los Dones del Espíritu Santo[26]— se nos otorga no sólo conocer y asentir a las verdades reveladas acerca de Dios y de las criaturas, como es propio de la fe, sino saborear esas verdades, conocerlas con «un cierto sabor de Dios»[27]. La Sabiduría —sapientia— es una sapida scientia: un ciencia que se gusta. Gracias a este Don no sólo se cree en el Amor de Dios, sino que se sabe de un modo nuevo[28]. Es un saber al que sólo se llega con santidad: y hay almas oscuras, ignoradas, profundamente humildes, sacrificadas, santas, con un sentido sobrenatural maravilloso: Yo te glorifico, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeñuelos[29]. Con el Don de Sabiduría la vida contemplativa se adentra en las profundidades de Dios[30]. En este sentido San Josemaría nos invita a meditar un texto de San Pablo, en el que se nos propone todo un programa de vida contemplativa —conocimiento y amor, oración y vida— (...): que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura y la grandeza, la altura y la profundidad del misterio; y conocer también aquel amor de Cristo, que sobrepuja todo conocimiento, para que os llenéis de toda la plenitud de Dios (Ef 3,17-19)[31].

Hemos de implorar al Espíritu Santo el Don de Sabiduría junto con los demás Dones, su séquito inseparable. Son los regalos del Amor divino, las joyas que el Paráclito entrega a quienes quieren amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Por la senda de la contemplación

Cuanto mayor es la caridad, más intensa es la familiaridad con Dios en la que surge la contemplación. Hasta la caridad más débil, como la de quien se limita a no pecar gravemente pero no busca cumplir en todo la Voluntad de Dios, establece una cierta conformidad con la Voluntad divina. Sin embargo, un amor que no busca amar más, que no tiene el fervor de la piedad, se parece más a la cortesía formal de un extraño que al afecto de un hijo. Quien se conformara con eso en su relación con Dios, no pasaría de un conocimiento de las verdades reveladas insípido y pasajero, porque quien se contenta con oír la palabra, sin ponerla en práctica, es semejante a un hombre que contempla la figura de su rostro en su espejo: se mira, se va, e inmediatamente se olvida de cómo era[32].

Muy distinto es el caso de quien desea sinceramente identificar en todo su voluntad con la Voluntad de Dios y, con la ayuda de la gracia, pone los medios: la oración mental y vocal, la participación en los Sacramentos —la Confesión frecuente y la Eucaristía—, el trabajo y el cumplimiento fiel de los propios deberes, la búsqueda de la presencia de Dios a lo largo de día: el cuidado del plan de vida espiritual junto con una intensa formación cristiana.

El ambiente actual de la sociedad conduce a muchos a vivir volcados hacia fuera, con una permanente ansia de poseer esto o aquello, de ir de aquí para allá, de ver y mirar, de moverse, de distraerse con futilidades, quizá con el intento de olvidar su vacío interior, la pérdida del sentido trascendente de la vida humana. A quienes hemos descubierto la llamada divina a la santidad y al apostolado, nos debe suceder lo contrario. Cuanta más actividad exterior, más vida para adentro, más recogimiento interior, buscando el diálogo con Dios presente en el alma en gracia y mortificando los afanes de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida[33]. Para contemplar a Dios es preciso limpiar el corazón. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios[34].

Pidamos a Nuestra Madre Santa María que nos obtenga del Espíritu Santo el don de ser contemplativos en medio del mundo, don que sobreabundó en su vida santísima.

J. López


[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 238.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 114.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[4] Lc 18, 1.

[5] Clemente de Alejandría, Stromata, 7, 7.

[6] San Gregorio Magno, In Ezechielem homiliae, 2, 5, 19.

[7] Juan Pablo II, Discurso al Congreso «La grandeza de la vida ordinaria», en el centenario del nacimiento del Beato Josemaría, 12-I-2002, n. 2.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1028.

[9] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 12, a. 2, c; y II-II, q. 4, a.1; q. 180, a. 5, c.

[10] 1 Cor 12, 12. Cfr. 2 Cor 5, 7; 1 Jn 3, 2.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 163.

[12] San Juan de la Cruz, Noche oscura, lib. 2, cap. 18, n. 5.

[13] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 180, a. 1, c y a.3, ad 1.

[14] San Josemaría, Camino, n. 91.

[15] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 307.

[16] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 296.

[17] Ibidem.

[18] Cfr. Jn 14, 23.

[19] Cfr. 1 Cor 3, 16; 2 Cor 6, 16.

[20] Gal 4, 4-6.

[21] Cfr. 1 Cor 12, 12-13, 27; Ef 2, 19-22; 4, 4.

[22] 1 Jn 4, 9.

[23] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 24, a. 7, c. In Epist. ad Rom., c. 5, lect. 1.

[24] 1 Cor 2, 10-11.

[25] Cfr. Mt 11, 27.

[26] Cfr. Juan Pablo II, Alocución 9-IV-1989.

[27] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 45, a. 2, ad 1.

[28] Cfr. Rm 8, 5.

[29] Mt 11, 25.

[30] 1 Cor 1, 10.

[31] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 163.

[32] St 1, 23-24.

[33] 1 Jn 2, 16.

[34] Mt 5, 8.

 

Sufrimientos y enfermedades

|“En aquel mismo momento Jesús curo a muchas personas de susenfermedades y sufrimientos, y de los espíritus malignos, y dio la vista a muchos ciegos” (Lucas 7,2).

El dolor por la enfermedad, lo tiene postrado en una cama, derrotado y sin esperanzas. En su enfermedad reina: el dolor y el sufrimiento. La palabra más pronunciada que sale de sus labios es: ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Que dolor!

No preguntemos el por qué de la enfermedad, debemos preguntar ¿Para que esta enfermedad?

Otras veces Dios corrige al hombre con enfermedades, con fuertes dolores en todo su cuerpo. (Job 33,19)

Tenemos que aprender a ver nuestra enfermedad como un examen en la Universidad de Dios. A través del sufrimiento Dios nos corrige, sabemos que la prueba ejercita la paciencia, la paciencia nos hace madurar y que la madurez aviva la esperanza. (Romanos 5,3-4)

¿Para que la enfermedad? Esta viene a nuestra vida para purificarnos:

“Yo te purifique, pero no como se hace con la plata, sino que te probé en el horno del sufrimiento” (Isaías 48,10)

Dios quiere a través de nuestro sufrimiento, mostrar su victoria: Jesús al oírlo dijo: “Esta enfermedad no va a terminar en muerte, sino que ha de servir para mostrar la gloria de Dios, y también la gloria del hijo de Dios “(Juan 11,4)

Cuando llega la enfermedad muchos caemos derrotados, estamos abatidos:

El ánimo del hombre soporta la enfermedad, pero al ánimo abatido ¿Quién podrá levantarlo? (Proverbios 18,14)

Si viene luchando durante días, meses y años contra la enfermedad, probablemente el ánimo suyo este aniquilado aquí tiene que preguntarse y ahora ¿Quién podrá levantarme?

La respuesta usted la encuentra en la palabra del concierto de órganos que decía el niño. Usted tiene dos opciones vivir con ¡Ay! O vivir diciendo ¡HAY!

¿Cuál es la diferencia?

La diferencia está en la letra H. Con la que se escribe Hijo. Es decir vivir nuestra enfermedad solo diciendo ¡ay! Es vivir solos y sin esperanza. Pero vivir el dolor y la enfermedad con un “Hay” es vivir acompañados del Hijo de Dios, así se vive diciendo: “Hay esperanza en Cristo”. Esto marca la diferencia, esto nos hace vivir con esperanza, y esta esperanza no quedara defraudada porque ya se nos ha dado el Espíritu santo, y por el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones (Romanos 5,5)

Al terminar esta reflexión, lo invito a leer y proclamar lo siguiente:

Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después. (Romanos 8,18)

Por eso no me desanimo; al contrario, aunque mi exterior está decayendo y deteriorando, el hombre interior se va renovando de día en día en nosotros. (2da Corintios 4,16)

Bendeciré al Señor con toda mi alma; no olvidare ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades. (Salmo 103,3) Amen.

Envió: Beatriz Cecilia Gomez de Borda

 

 

El ejemplo de los primeros cristianos

ejemplo primeros cristianos

 

«Nosotros no decimos cosas grandes, pero las hacemos» escribió uno de ellos: Y cambiaron el mundo pagano

Presentamos algunas consideraciones de Javier Echevarría, acerca de la conveniencia de tener muy presente el ejemplo de los primeros cristianos, para aprender a comprometernos con nuestra fe.

 

Nos conviene volver a considerar la conducta de los Apóstoles y de nuestros primeros hermanos en la fe. Eran pocos, carecían de medios humanos, no contaban entre sus filas —así sucedió, al menos, durante mucho tiempo— con grandes pensadores o gentes de relieve público. Se desenvolvían en un ambiente social de indiferentismo, de carencia de valores, semejante, en muchos aspectos, al que nos toca ahora afrontar.

Sin embargo, no se amedrentaron.

«Tuvieron una conversación maravillosa con todas las personas a las que encontraron, a las que buscaron, en sus viajes y peregrinaciones. No habría Iglesia, si los Apóstoles no hubieran mantenido ese diálogo sobrenatural con todas aquellas almas» (1).

ejemplo primeros cristianos

 

Mujeres y hombres, sus contemporáneos, experimentaron una profunda transformación al ser tocados por la gracia divina.

No se adhirieron simplemente a una nueva religión, más perfecta que las que ya conocían, sino que, por la fe, descubrieron a Jesucristo y se enamoraron de Él, del Dios-Hombre que se había entregado en sacrificio por ellos y había resucitado para abrirles las puertas del Cielo. Este hecho inaudito penetró con enorme fuerza en las almas de aquellos primeros, confiriéndoles una fortaleza a prueba de cualquier quebranto.

«Ninguno ha creído a Sócrates hasta morir por su doctrina —anotaba sencillamente san Justino a mediados del siglo II—; pero, por Cristo, hasta los artesanos y los ignorantes han despreciado, no sólo la opinión del mundo, sino también el temor de la muerte» (2).

 

En un mundo que anhelaba ardientemente la salvación, sin saber dónde encontrarla, la doctrina cristiana se abrió paso como una luz encendida en medio de la obscuridad. Aquellos primeros supieron, con su comportamiento, hacer brillar ante sus conciudadanos esa claridad salvadora y se convirtieron en mensajeros de Cristo —sencillamente, con naturalidad, sin alardes llamativos— con la coherencia entre su fe y sus obras.

«Nosotros no decimos cosas grandes, pero las hacemos» (3), escribió uno de ellos. Y cambiaron el mundo pagano.

En la Carta apostólica que dirigió a toda la Iglesia, en preparación del gran jubileo del año 2000, el beato Juan Pablo II explicaba que «en Cristo la religión ya no es un “buscar a Dios a tientas” (cfr. Hch 17, 27), sino una respuesta de fe a Dios que se revela: respuesta en la que el hombre habla a Dios como a su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel Hombre único que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios» (4).

Javier Echevarría (29.09.2012)

 

Conversando sobre feminismo sinérgico con FM Mundo 98.1 de Ecuador

Hace unos días  la periodista Gabriela Galarraga de FM Mundo 98.1 me hizo una entrevista desde Ecuador sobre el «feminismo sinérgico», término que acuñé al darme cuenta que era necesario poner un adjetivo al término feminismo que había sido secuestrado por la política y no precisamente para mejora de la realidad. No tiene que ver con la rivalidad entre hombres y mujeres, sino más bien todo lo contrario. Siempre hemos hablado de la complementariedad, porque realmente somos distintos hombres y mujeres, y lo bonito es precisamente ser diferentes y complementarios. Pero me pareció que se quedaba corto hablar solo de ella, porque no es que uno más uno es igual a dos, sino que tanto biológica como psicológicamente esa diferencia entre hombres y mujeres hace que consigamos mucho más: uno mas uno es entonces 3 o 33. Por eso le llamé feminismo sinérgico, como ya pudisteis ver en el post del pasado diciembre 2020. 

Aquí tenéis la entrevista completa (14 min.). ¡Espero vuestros comentarios!

 

Repensar la educación

Ana Teresa López de Llergo

El amor al prójimo incluye cuidar el entorno que dejaremos a las siguientes generaciones. Por eso, un tema dentro de la educación debe tratar de la ecología.

Educamos a personas, a los demás los amaestramos. Las personas tienen libertad, por eso requieren educación porque esta actividad solamente se logra si la persona colabora, la acepta y pone de su parte. El amaestramiento incide en las irreflexivas respuestas al estímulo. Y cuando el estímulo o el estimulador desaparecen, el receptor también carecerá de respuestas.

Los griegos, en la antigüedad, desde sus creencias y conocimientos humanísticos, abordaron el tema de la educación. Recurso importantísimo para la promoción de cada persona. Esto no fue exclusivo de ese pueblo, los demás también educaban a sus hijos. Sin embargo, la fundamentación holística es más incisiva y profunda en los griegos. Conocían mejor al ser humano.

El cristianismo al difundirse en los pueblos vecinos de los hebreos, puso el toque de perfección al ya buen proceso educativo. Pero como muchas veces las personas nos cansamos de lo que tenemos y buscamos novedades, no siempre elegimos bien, y si algo nos deslumbra, la capacidad de elegir se aleja de la reflexión y se facilita el deterioro.

Por eso, los grandes maestros, que saben de estos peligros, periódicamente recuerdan los fundamentos y sugieren mejores prácticas educativas, acordes con las necesidades contemporáneas. Recientemente el papa Francisco ha elegido unas pautas que vienen bien para fortalecernos en aspectos que o hemos descuidado o no les habíamos dado su lugar.

Dados los fenómenos que nos han sacudido por un tiempo prolongado y para los que aún no contamos con soluciones certeras, la sensatez ha de acompañarnos para fortalecernos y estar dispuestos a sostenernos y a mejorar ya, sin esperar mejores circunstancias. El trabajo es doblemente arduo, porque hemos de combatir las heridas, si las tenemos, y recuperar el tiempo perdido.

Siempre es prudente conocer el terreno en el que nos movemos y nuestra propia disposición. Esto equivale a saber cómo estoy y cómo están los que me rodean. Esto es recuperar el adagio griego de “conócete a ti mismo”, pero también conoce las disposiciones de los demás. Además de saber cuáles son los recursos disponibles.

La verdadera educación incide en primera persona, pero también en todos los demás, incluye a todos. Los recursos se aprovecharán con respeto y justicia, esto es, sin depredar, sin degradar, sin defraudar a los colaboradores. Con una distribución justa y equitativa. Con una distribución de tareas equilibrada, fraterna, sin explotación. Así se diseña una vida más llevadera.

Conocer a los demás nos beneficia porque aprendemos a convivir con otras razas, con otras personas que nos muestran sus culturas, tal vez muy distintas a las nuestras, pero nos amplían el horizonte y aprendemos de otros modos de organización. Aumenta nuestra capacidad de adaptación y eso facilita las buenas relaciones con quienes son muy diferentes, incluso con distintas generaciones.

El aspecto anterior nos ayuda a evitar la discriminación entre hombre y mujer, entre personas de distinto estrato social, raza, profesión, religión o edad. Aspectos que en el pasado no se consideraban o se violaban, y ahora con la experiencia de nuestros antecesores, estamos más capacitados para defender los derechos de todos. También a dar voz a quienes no la han mostrado.

La densidad de población ha evidenciado la explotación y la injusta distribución de los bienes de la Tierra. Ahora tenemos más consciencia de los estragos y desequilibrios ocasionados por la desaparición de algunas especies, o por el mal uso del suelo, del aire o del agua. La naturaleza se ha empobrecido y esto reclama una vida más sobria y un trabajo humano que recupere la sustentabilidad.

El amor al prójimo incluye cuidar el entorno que dejaremos a las siguientes generaciones. Por eso, un tema dentro de la educación debe tratar de la ecología. El resultado de este aspecto compromete a cuidar la madre tierra, a evitar el desperdicio de alimentos y recursos, a compartir mejor los bienes, a disminuir la basura.

La finalidad de la educación consiste en lograr que cada persona, cuando adquiere cierta madurez, mejor sin depender tanto de la influencia de los educadores, sino en la voluntad propia de ser mejor. Asimilando todo aquello que haga referencia a los consejos de sus padres y de sus maestros, sin poner resistencia.

Si se diera el caso de la pérdida de los consejeros, buscar el modo de aprender por el propio esfuerzo. Ahora, con el acceso a la tecnología hay tutoriales variadísimos y, las explicaciones son fáciles y graduales, de modo que se pueden adquirir aprendizajes variados que amplíen los conocimientos o los datos que se reciben en la escuela.

De este modo se aprovecha el tiempo y esa buena ocupación impide perderlo curioseando páginas inconvenientes. Decidirse por lo primero y evitar lo segundo fortalece el carácter, y propicia la buena conducta en etapas posteriores.

La finalidad de la educación de la niñez y la juventud ha de perseguir la congruencia. Lograr formar personalidades virtuosas, confiables, comprometidas y congruentes, gracias a que hay armonía en sus sentimientos, y estos a la vez, influyen en sus pensamientos, y también en sus actividades. Personas así, se ganan la confianza de los demás, y generalmente les buscan como colaboradores.

La tarea de educar a una persona para que sea congruente es la obra de arte más hermosa, es posible admirar en ella la belleza de la armonía de lo que piensa, dice y hace. La armonía de alguien que es íntegro y es fiel a sus compromisos. No promete sin cumplir porque sus decisiones son libres.

 

 

Ser agradecido te hace más feliz

Lucía Legorreta

 

Las personas más felices sienten gratitud por todo y por nada en especial. No necesitan razones concretas. Viven instaladas en reconocer lo bueno que tienen por el simple hecho de estar vivas, al margen de lo que les sucede.

Hay dos clases de gratitud: la condicional y la incondicional. La primera consiste en sentirse bien cuando las cosas salen como uno espera. Como no siempre es así, acaba siendo una emoción poco duradera.

La segunda consiste en una actitud y un hábito de vida, sentirse bien sin que haya ocurrido nada especial; es decir: estar agradecido por todo y por nada a la vez. Y al no estar condicionada por ningún otro acontecimiento, esta actitud es la precursora de la felicidad y el éxito personal en la vida.

¿Te has puesto a pensar cuántas personas han contribuido a que este día sea posible para ti? Desde que te levantas piensa en la cantidad de personas que han intervenido para que puedas desayunar, subirte a un camión rumbo a tu trabajo; aquellas que han cuidado el edificio durante la noche o limpiado la oficina antes de que tú llegues.

Es innegable que debemos ser agradecidos con los demás, pero para poder expresarlo es necesario que seamos conscientes de las cosas buenas y positivas que nos rodean.

Si además miramos hacia atrás en el tiempo y repasamos todos los descubrimientos y avances tecnológicos que hacen nuestra vida más cómoda y segura, seríamos más agradecidos con los hombres y mujeres que nos antecedieron.

Los psicólogos Emmons y McColllough estudiaron las consecuencias de la gratitud y acabaron concluyendo que tiene profundos efectos en el bienestar físico y emocional de las personas. En su estudio analizaron las muchas formas de expresarla. Algunos ejemplos:

- Con una nota personal.
- Comparándonos con gente que tiene problemas graves.
- Dando simplemente las gracias.
- Controlando mentalmente los pensamientos negativos.

Y descubrieron que las personas que hacían de esta actitud un hábito de vida se sentían más saludables, más optimistas y más felices con sus vidas.

Otros investigadores llegaron a la conclusión de que este hábito mejora las relaciones con las personas y propicia el altruismo. Además de ayudar a superar el estrés y las actitudes negativas.

Se ha concluido que las personas que se sienten más contentas consiguen una existencia más longeva, mejores ingresos, mejores relaciones y son más eficaces ante los problemas profesionales y personales.

Las personas más felices sienten gratitud por todo y por nada en especial. No necesitan razones concretas. Viven instaladas en reconocer lo bueno que tienen por el simple hecho de estar vivas, al margen de lo que les sucede.

Te invito a desarrollar este hábito en tu vida. A empezar el día dando gracias por pequeñas cosas para generar una actitud positiva para el resto de la jornada.

Celebra los pequeños detalles y por supuesto también los grandes acontecimientos. Incluso poder agradecer las dificultades extremas que te ha tocado vivir. Pensar que detrás de cada sufrimiento hay un aprendizaje que te hace ser mejor persona.

Y te dejo con algo sumamente importante, una pequeña palabra que dice mucho: gracias. Siempre es bien recibida, ojalá que nuestras comunicaciones con los demás terminaran con ella.

Y si tienes algo concreto que agradecerle a una persona, una nota, mail o WhatsApp, hará que la vida de ella y la tuya sean mejores. ¡Pruébalo! ¡No pierdes nada!

 

 

A vueltas con el aborto.

Con el tiempo, se incrementa la lista de países que despenalizan el aborto (si se despenaliza es que implícitamente se considera delito). Parece como si actualmente el vientre materno se hubiese convertido (de forma antinatural) en un corredor de la muerte.

Las campañas “pro-muerte” suelen resurgir después de los desahogos del público “pro-vida”, quizá aprovechando su desgaste. Sin embargo, aun con cansancio, hay que seguir defendiendo el respeto a la vida. Y el error no se combate con la violencia, sino con la firmeza de la verdad:

Algunas mujeres declaran que pueden hacer lo que quieran con sus cuerpos. Pero el cuerpo embrionario/fetal es distinto que el materno, no es una parte del mismo. No es un órgano, sino una persona. Depende de la madre hasta el acontecimiento del parto (después, sigue una dependencia nutricional, afectiva, etc., que se va aminorando con el tiempo).

Realmente, la mujer no es dueña de su cuerpo, sino administradora del mismo, al que debe respeto.

El dinamismo biológico de todo ser vivo (la vida) comienza con la unión del espermatozoide y el óvulo.

Se depositan en la vagina humana entre trescientos y quinientos millones de espermatozoides, que han de salvar barreras mecánicas y químicas, vaginales y uterinas, antes de alcanzar las trompas de Falopio: los suficientemente dotados, pocos,  las alcanzarán, lográndolo  entre media y tres cuartos de hora después del coito. Sólo un espermatozoide penetrará el óvulo.

La nueva célula (cigoto) es distinta del óvulo y del espermatozoide, con una carga genética que es la suma de lo aportado por el padre y la madre, y con un impulso vital que puede durar años.

Este ser presenta una unidad temporal, biográfica, patente: aunque al cabo del tiempo haya renovado totalmente sus materiales y haya cambiado su aspecto, es el mismo. El momento del parto no es más que un suceso biográfico más.

Es una vida autónoma porque toma del medio en que se encuentra todo lo que necesita, independientemente de que la madre esté desnutrida o enferma. Autonomía no esencialmente diferente de la del adulto, que también depende del medio: del aire, del alimento, de las relaciones sociales, etc.

Y es de la especie humana, por su organización, distinta estructuralmente de las restantes especies animales. Su carga genética es la responsable de las diferencias con respecto a otros individuos de su especie, no sólo en cuanto al sexo y aspectos externos  - color de los ojos, modo de andar, tonalidad de la voz, etc. -  , sino también en cuanto a sus órganos internos; y están ya marcadas determinadas disposiciones para enfermar, que probablemente no se pondrán de manifiesto hasta transcurridos muchos años. La individuación se da desde la fecundación. Y es varón o hembra desde entonces.

El hombre no posee otra modalidad de existencia que la de ser persona,  y el cigoto (y el embrión/feto) es persona porque tiene una organización, estructuración y genoma humanos.

Algunos afirman que la condición humana se va adquiriendo progresivamente: al principio sería una masa amorfa, y al final tendría una forma humana. Pero no hay ningún límite claro entre los sucesivos procesos biológicos del desarrollo. Y la carga genética no es el principio informador vital, y la forma, la morfología, no determinan al ser humano; más bien, la morfología viene determinada por la carga genética.

También se dice que un individuo no es persona hasta que no es aceptado por los demás, argumento sin base científica.

Según Zubiri, el hombre es siempre el mismo, aunque nunca sea lo mismo: "El oligofrénico es persona; el concebido antes de nacer es persona. Son tan personas como cualquiera de nosotros"

Digno es lo que debe ser tratado con respeto y veneración, dignidad que tiene el hombre en toda su realidad biográfica: no hay ningún salto de calidad entre unas etapas y otras del desarrollo; se trata de un continuum en los procesos vitales. Desde el primer momento ese ser es digno de respeto. Como ninguna persona puede ser objeto de posesión, el embrión/feto, que es una persona, no es propiedad de nadie. Su manipulación, su muerte provocada, atenta contra su dignidad. Y el respeto a la mujer embarazada va unido al respeto a la vida que alberga.

El ser humano puede enfermar, antes o después del nacimiento. La Medicina Embriofetal es la especialidad médica que se encarga de los asuntos patológicos del ser humano antes de nacer. Es una realidad la intervención quirúrgica intra-útero de fetos humanos. El embrión/feto tiene derecho a ser tratado médicamente, como cualquier persona, respetando su vida e integridad física, y no exponiéndole a riesgos desproporcionados.

 “La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo.” (Papa Francisco,  Exhortación Apostólica Gaudete et exultate. También, recientemente ha dicho: “abortar es matar”)

 

LA CONFIANZA
    Irene Mercedes Aguirre

     Argentina

Tu fresco cauce fluye por entrañas profundas
de todas las creencias, actitudes y acciones.
¡Espléndida estructura, moderas las pasiones
y equilibras las mentes con señales rotundas!

 

Eres fuente perpetua que calma las tensiones,
aportas certidumbre al futuro y redundas
en beneficios mutuos. Constante, nos circundas
con tu rumor sereno de nobles pulsaciones.

 

 

Fortaleces encuentros con los demás. Abundas
en cálidos mensajes ¡Tus benéficos dones
derramas, como gotas de esperanza ,fecundas!

 

 

Acompañas la brisa de la amistad, los sones
de sutil entusiasmo que a la vida le infundas
¡ Eres parte inherente de nuestras decisiones!

 

CARF > TESTIMONIOS

P. Elio: “En Venezuela seguimos pasando hambre. Mi obispo me envió a Roma para formarme y servir a mi pueblo hambriento”

El P. Elio Azuaje Villegas es un sacerdote venezolano de la diócesis de Trujillo (Venezuela). Tiene 47 años y en estos momentos estudia la licenciatura en Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma para formarse bien y a su regreso, servir al pueblo venezolano que “sigue pasando hambre”. Es uno de los candidatos de la campaña de CARF “Pon Cara a tu Donativo”.

 

El P. Elio Azuaje Villegas es un sacerdote venezolano de la diócesis de Trujillo (Venezuela). Tiene 47 años y en estos momentos estudia la licenciatura en Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma para formarse bien y a su regreso, servir al pueblo venezolano que “sigue pasando hambre”. Es uno de los candidatos de la campaña de CARF “Pon Cara a tu Donativo”.

El P. Elio es el tercero de cinco hermanos. Durante su infancia, frecuentó la Vicaría Parroquial de su iglesia, dirigida por Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús.

Vocación a los 13 años

“Allí me preparé para la comunión y confirmación y con 12 años ya ayudaba como auxiliar a enseñar el catecismo a otros chicos. Fue allí donde nació mi vocación y comenzó mi deseo, con 13 años, de ingresar a un seminario menor”, explica.

Sin embargo, en aquel momento no existía un seminario menor en la arquidiócesis de Caracas. Por lo tanto, a través de las hermanas conoció a los Padre carmelitas con los que comenzó el seguimiento vocacional en un seminario menor de su congregación.

Llegó el gran día

El P. Elio recuerda cuando llegó el gran día que lo “recordaré toda mi vida”: la entrada al seminario menor de los Padre Carmelitas. “Para mí fue una gran alegría y profunda satisfacción el estar allí. Estaba donde quería estar. El noviciado con los carmelitas fue una experiencia. Allí descubrí algo muy importante: mi vocación de trabajar en zonas rurales”.

Con los padres carmelitas también descubrió las misiones, puesto que los carmelitas les llevaban en vacaciones a lugares de misión.

Al Seminario mayor

Una vez que dejó el seminario menor, debía ingresar en el Seminario Mayor. El obispo de Trujillo le orientó en su decisión. “Siempre recordaré ese primer encuentro con este venerable Obispo que ha significado tanto en mi vida. Confió en mí, fue el Obispo que me ordenó, y quien me orientó por muchos años. Ya goza de la presencia de Dios desde el Domingo de Ramos 2018”.

En esta decisión como seminarista, no encontró facilidades, fundamentalmente a la falta de seminarios, ya que en Trujillo no existía Seminario Mayor y los 80 seminaristas eran enviado a otros seminarios.

España y Venezuela

Finalmente, recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto del 2000 por Mons. Vicente en la parroquia donde había hecho su año de pastoral, en Burbusay.

Después de cinco años de sacerdote en su diócesis, Mons. Vicente le envió a España a cursar estudios de Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de Comillas, donde estuvo 3 años.

De regreso a Venezuela desempeñó varios cargos: administrador parroquial de una parroquia en Trujillo, párroco de la nueva parroquia de Boconó, fundación de la parroquia San Antonio de Padua de Mosquey, capellán de un colegio, etc.

 

El P. Elio sufre por su pueblo: «Los niveles de hambre y escasez son sorprendentes. Toda esta situación ha provocado una emergencia humanitaria, donde el pueblo agoniza poco a poco». 

 

 

P. Elio Azuaje Villegas, Venezuela.

El P. Elio Azuaje Villegas es un sacerdote venezolano de la diócesis de Trujillo (Venezuela). Tiene 47 años y en estos momentos estudia la licenciatura en Teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma. Entró con 13 años en el seminario menor de los padres Carmelita. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto del 2000.Después de cinco años de sacerdote en su diócesis, Mons. Vicente le envió a España a cursar estudios de Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de Comillas, donde estuvo 3 años. 

De regreso a Venezuela desempeñó varios cargos: administrador parroquial de una parroquia en Trujillo, párroco de la nueva parroquia de Boconó, fundación de la parroquia San Antonio de Padua de Mosquey, capellán de un colegio, etc. Ahora, su obispo le ha enviado a Roma para formarse bien y servir al pueblo venezolano. 

 

Hambre y escasez

El P. Elio sufre por su pueblo. Describe los niveles de hambre y de escasez que está padeciendo su país en estos cuatro años.

“Son sorprendentes. Se suma la continua devaluación de la moneda que no permite, no solo no tener qué comprar, sino que no se puede conseguir dinero en efectivo. Toda esta situación ha provocado una emergencia humanitaria, donde el pueblo agoniza poco a poco y donde el gobierno no quiere reconocer esta situación oficialmente porque sería reconocer también su fracaso”.

Papel decisivo de la Iglesia

La Iglesia siempre ha tenido y tiene un papel claro y preciso. Desde el principio de la llegada del régimen al poder por vía democrática, la Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal Venezolana, ha advertido, denunciado y exhortado sobre las ideas erróneas del Gobierno, ha tenido una voz profética que le ha traído como consecuencias por un lado el repudio del oficialismo y sus adeptos. Por otro lado, se ha convertido en la única institución con credibilidad y fundamento moral ante la situación desastrosa del país.

“En la actualidad, cuando la crisis ha llegado a niveles inimaginables, la Iglesia a través de los diferentes agentes de pastoral, ha tratado de dar respuestas a tantas necesidades, de manera concreta con comedores parroquiales, atención sanitaria, a través de caritas, pero no ha sido suficiente y la gran insistencia es pedir al mundo una ayuda humanitaria, que el gobierno no acepta ni autoriza”, explica.

Fallecimiento de sacerdotes y religiosos

A los sacerdotes, consagrados y demás agentes de pastoral que son el motor de la Iglesia, también les afecta esta crisis humanitaria. Ya han muerto sacerdotes y religiosos por no conseguir medicamentos, en los seminarios, conventos, colegios, comunidades religiosas, también están pasando hambre.

 “Ahora más que nunca la Iglesia venezolana esta siendo probada, porque con hambre tiene que dar de comer al pueblo hambriento, con enfermedades tiene que curar al herido del pueblo, y en una situación de desesperanza y caos debe dar testimonio de que confía plenamente en el Dios que todo lo provee”.

Servir al pueblo hambriento

 En esa situación de desesperanza, el P. Elio ha sido enviado por su obispo a Roma precisamente “para servir al pueblo hambriento”. Describe su recorrido:

“Yo quería estudiar Liturgia para profundizar sobre el arte de celebrar el Misterio de la Redención en medio del pueblo y para el pueblo. Al obispo le pareció bien, y comenzamos a hacer las gestiones para poder ir a Roma a estudiar debido al profundo deterioro político de Venezuela. Y, en segundo lugar, que yo ya tenía más de 40 años. Pero si está en los planes de Dios un proyecto, los obstáculos no dejan de ser sólo etapas para alcanzarlo.

“Y así ocurrió que el Señor me lo concedió. A través de un sacerdote compañero de mi diócesis que estudia en Roma, se enteró que un párroco de Roma estaba buscando un sacerdote estudiante como colaborador de su parroquia. Y así, pude viajar a Roma a estudiar a través del Vicariato como colaborador parroquial. Es maravilloso estudiar en Roma y palpar la universalidad de la Iglesia. Mi deseo es formarme bien para regresar a mi diócesis y servir mejor al pueblo venezolano”.

 

“Ahora más que nunca la Iglesia venezolana esta siendo probada, porque con hambre tiene que dar de comer al pueblo hambriento, con enfermedades tiene que curar al herido del pueblo, y en una situación de desesperanza y caos debe dar testimonio de que confía plenamente en el Dios que todo lo provee”.

 

 

P. Elio Azuaje Villegas

“En la actualidad, cuando la crisis ha llegado a niveles inimaginables, la Iglesia a través de los diferentes agentes de pastoral, ha tratado de dar respuestas a tantas necesidades, de manera concreta con comedores parroquiales, atención sanitaria, a través de caritas, pero no ha sido suficiente y la gran insistencia es pedir al mundo una ayuda humanitaria, que el gobierno no acepta ni autoriza”, explica el P. Elio. En la imagen, con su obispo en una de las parroquias de su diócesis.

¿Cómo se puede ayudar?

Es consciente que, al regresar a Venezuela, cualquiera que sea la misión que le encomiende el obispo, no será fácil, se que se encontrará un pueblo agonizante, que debe consolar.

“La gran pregunta de muchas personas fuera del país es ¿Cómo puedo ayudar?, la principal ayuda es la oración de súplica para que Dios tenga Misericordia de este pueblo, y le conceda la fidelidad en la prueba», manifiesta. 

Ayudas a través de asociaciones 

Además, explica que materialmente es un poco complicado «ya que al no haber un canal humanitario, las ayudas en medicamentos y alimente debe hacerse por otra vía. Hay muchas personas de buena voluntad que han creado asociaciones y recolectan medicinas y dinero para pagar envíos particulares que hacen llegar a diferentes caritas de las diócesis de Venezuela, otros ayudan cubriendo los gastos de comida de seminaristas a través de las diócesis directamente, y otro ayudan a los sacerdotes que se forman fuera del país para regresar mejor preparados para enfrentar esta crisis humanitaria”. 

 

Sin defender tendencias neoluditas

Quizá estemos pagando el pato de la célebre transición digital los que pensábamos con candor angelical que los problemas que nos traería la modernidad tecnológica se ocuparía ella misma de arreglarlos, personalmente soy uno de los sufridores. Pues va a ser que no, al menos en este asunto en apariencia tan trivial. Infinidad de material que en otro tiempo estaría organizado en sencillos cuadernos colocados en una estantería de la salita de estar ya no existe por obra y gracia de ese espejismo informático que continúa cautivando hasta cuando genera incordios como el que describo.

Algo que era de coser y cantar se ha convertido por esa ridícula fascinación electrónica en una gaita. Aunque hagamos muchas más fotos que ayer, tantas de ellas superfluas, su conservación provoca inconvenientes que no existían en los simples álbumes, al tener que guardarlas en nubes que no son gratuitas, cuando no en lápices de memoria que nunca sabes lo que te pueden durar o dónde demonios los has metido, o vagando de ordenador en ordenador con un coste cada vez mayor de almacenamiento, y sin contar el precio añadido de la electricidad, cercano al del caviar iraní.

Estas cosas, insisto, no se daban en aquel malhadado mundo analógico. Y vivíamos tan ricamente. Ahora, en cambio, nos hemos empeñado en crear dificultades donde no las había, justo por ese extendido papanatismo 5.0 del que cuesta escapar, sobre manera a los incapaces de advertir que no todo el monte es orégano y que una prudencia elemental aconseja siempre abrazar novedades solo cuando superan lo que tenemos o conocemos.

Sin defender tendencias neoluditas o tecnofóbicas, bien haremos en desenmascarar el acentuado cretinismo que acompaña a determinados avances, en particular a aquellos que aceptamos a diario como verdad revelada cuando no son sino retrocesos o camelos como la copa de un pino.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Dios nos quiere conectados a la vida

Francisco, el Papa, en su encuentro con los jóvenes en Eslovaquia advertía que, para que el amor dé frutos, no puede olvidarse de las raíces. Hoy se corre el peligro de crecer desarraigados y de querer hacerlo todo deprisa. La cultura de las pantallas nos permite estar conectados con personas a las que a veces conocemos más que a las que tenemos al lado. Pero Dios nos quiere plantados en la tierra, conectados a la vida, nunca cerrados sino siempre abiertos a todos. Así mismo ese amor verdadero está íntimamente ligado a la misericordia.

Cuando somos abrazados recuperamos la confianza y en la vida. Por eso el Papa les pedía a los jóvenes que se dejen abrazar, que a ese abrazo vayan con todas sus debilidades y defectos. Frente a una cierta corriente dominante, que reclama una “cultura del ombligo”, hay que salir de sí y experimentar que hasta el dolor más profundo puede vivirse con paz cuando se abraza en la cruz de Cristo.

Jesús D Mez Madrid

 

La bajeza o chochez y la verdad en América… En el día de la Hispanidad

                                No sé lo que ha hecho o hará el “repelente gobierno que dice nos representa a los españoles”, pero yo como simple español “de la masa”; me indigna tanto, que abajo copio lo que he enviado a uno de los periódicos (cadena de) mejicanos sobre el discurso que ha pronunciado, el para mí, “chocho” presidente USA actual, y cuyo nombre ni reflejo siquiera; sobre lo que él entiende o asume, de la historia americana, de sur a norte, y donde aquellos arrojados e incomprensibles (por sus hechos) antepasados españoles, y que fueron capaces de “plantar los pendones o banderas españolas”, desde casi la Antártida, hasta casi el polo norte, puesto que llegaron a territorios de Alaska, cuando aún ni era del imperio ruso, que luego se la vendió “por cuatro perras”, a los ya astutos norteamericanos imperialistas. Pero todo ello está ya en la historia mundial, por lo que la verdad, es aclarable, salvo para los que siempre viven, “montados en la mentira”, aunque ello sea tan deleznable como estas de ahora, que de nuevo y no sé por qué (pues hoy España es menos de la sombra que fue) tratan de destruir aún más, lo que ya queda de esta patria mía, a la que se debe defender; puesto que quien no quiere a su tierra, simplemente, “no es digno de haber nacido”. Y la madre Naturaleza nos da la enseñanza, por cuanto cualquier ser vivo, defiende su insignificante territorio… “desde el león al alacrán”, por señalar dos extremos.

                                En estas últimas semanas anteriores, ya escribí y publique, varios artículos, sobre el tema y que están en mi Web (en artículos varios): Cito algunos titulares, sin orden de fecha de publicación: “Las leyendas negras y la anarquía provocada; “Castellano”: Un libro muy interesante; La España que fue y es y no la que nos cuentan; La leyenda negra de España… y, las otras más negras, de los demás; España… ¿Pero es sólo España?; ¡¿Latinoamérica… de qué?; América Hispana y “resto del imperio”; España América y lo que dieron al mundo; A los analfabetos presidentes de la América española.

            Y por descontado que hay otros a lo largo de mi ya largos años, de escribir contra corriente y dando la cara, como creo debe hacer todo aquel que escribe para difundir lo que cree más correcto y apropiado, “al momento en que se vive”, cosa esta, bastante “escasa”.

                                Pero es claro que la mentira se impone siempre y ya lo sentenció en el gobierno de Hitler su ministro Göbbels; “la mentira se convierte en verdad si se propaga la misma lo suficiente”. Lo que dijo en realidad, fue esto: Para Göbbels, «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»

                        El texto que arriba cito es el que sigue:

https://www.viveusa.mx/noticias/biden-admite-sufrimiento-indigena-en-marco-del-dia-de-colon (Cadena de varios periódicos mexicanos)

 

“Leyendo lo que publican, yo opino, que lo primero que debía hacer ese mandatario, que por lo pronunciado, considero que "ya está chocheando"; es apuntarse a una escuela de idioma español y enterarse de la realidad de lo ocurrido en el descubrimiento de las "indias" (luego América) y que fue obra de los españoles y su dinero, puesto que Colón y tras ser rechazado por "otros reyes", tuvo que emplear años en convencer a Isabel y Fernando (Los reyes católicos) para que avalaran su aventura; que luego fue posible por las naves que armadores andaluces (Los Pinzones) y la marinería, también casi toda compuesta por andaluces (que por ello se habla ese español andaluz en lo que fue la América Española) y "todo lo demás"; y paralelamente a ello, que "saque de las reservas a sus indios confinados allí" y les dé, al menos, los mismos derechos que al resto de norteamericanos "que votan"; y después que prepare su dimisión y dimita y se vaya a gozar de "la paga que le dejan"; sin olvidar, que si los Estados Unidos existen como tales, fue por la ayuda que España, les prestó en su lucha independentista, "de su madre Inglaterra"; y reitero, entérese el ignorante de la verdadera Historia de cuatro siglos, de aquella España y los incontables españoles, que plantaron las banderas de España, no sólo en la "América Española,, sino también en la mayor parte de los hoy USA, incluyendo territorios de Alaska, cuando ellos "no eran de nadie" y que siglos después, compraron "los USA" al imperio Ruso; en fin, que todo ello tiene un contenido para una gran enciclopedia, escrita por historiadores HONRADOS; y no me hagan reír con el "bombo" que da este viejo anciano, a los italianos, que imagino y supongo, es por la influencia o presión, de la mafia o mafias italianas, que aún disfrutan "los USA"; y es que finalmente, mi frase ya escrita hace muchos años: LA VERDAD ES LA HERIDA QUE MÁS DUELE... Y QUE NO CICATRIZA: Amén: Antonio García Fuentes www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)… (Este fue el texto –íntegro) pero…

 

Aunque arriba copié la dirección del tal medio de información, pero al terminar este artículo, contacto para comprobar, y ya lo han borrado; por lo que se demuestra que la mayor parte de los que se denominan, “de información”; son de todo lo contrario, “desinformación” y “muerte a la verdad del otro”. Es por lo que crucificaron a Cristo y a incontables de miles más, pues el profeta entre muchas verdades (leer su Sermón del Monte, en el evangelio de San Mateo de cualquier Biblia)… dijo una, sublime: LA VERDAD OS HARÁ LIBRES; pero no aclaró, que si ésta va contra el poder, éste te eliminará con la máxima dureza que pueda emplear; y que si hoy no mata (aunque también) pero silencia, o enmudece, todo lo que puede y a costa de lo que sea.

            Así es que sólo nos queda aguantar esta absurda vida que, incomprensible para todos o casi todos, “LOS QUE PIENSAN”; hay que vivirla y… “Lo que tenga que ser será”; que como sea similar a lo que recoge la historia del “mono humano desde que sabemos de ella”… “estamos apañaos”, como se dice en mi tierra.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)