Las Noticias de hoy 25 Septiembre 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 25/09/2021 - 12:16

Imágenes con frases y mensajes sobre la familia para reflexionar – Todo  imágenes

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 25 de septiembre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía completa del Papa Francisco en la Misa con obispos europeos

El Papa concede la comunión eclesiástica al Patriarca de Cilicia de los Armenios

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: servir para reinar con Él

“No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo” : San Josemaria

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

De las dificultades del noviazgo al matrimonio

Algo grande y que sea amor (IX): ¿Acertaré? : Pablo Marti

Evangelio del domingo: desear la santidad de los demás

El grito de Dolores. La fe no es de azúcar. : José Martínez Colín.

La familia: dar y recibir amor : José Manuel Mañú Noain

En pareja, la libertad es el aire que aviva el amor : Mario Castaño Casanova

Más de 2.400 personas de 62 países, en el Simposio de Reconocimiento Natural de la Fertilidad coorganizado por la Universidad : Ana Terrero

Tener personalidad es ahora anticuado : Leo Daniele

Una sociedad lejos de Dios : Norma Mendoza Alexandry.

¿Los medios de comunicación pueden ser aliados en la educación de nuestros hijos?: Silvia del Valle Márquez

Laicidad positiva : Jesús Domingo Martínez

El ahorro y el miedo a no poder pagar : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

Homilía completa del Papa Francisco en la Misa con obispos europeos

La Palabra de Dios nos ofrece hoy tres verbos que, como cristianos y pastores en Europa, nos interpelan: reflexionar, reconstruir y ver.Por medio del profeta Ageo, el Señor nos invita a reflexionar. «Reflexionen bien sobre su conducta», repite por dos veces a su pueblo (Ag 1,5.7). ¿En qué aspectos del propio comportamiento debía reflexionar el pueblo de Dios? Escuchemos lo que dice el Señor: «¿Les parece bien que ustedes habiten en casas revestidas de madera mientras mi casa permanece en ruinas?» (v. 4). El pueblo, al regresar del exilio, se había preocupado de adecentar sus hogares. Y ahora se contenta con quedarse cómoda y tranquilamente en su casa, mientras el templo de Dios está en ruinas y ninguno lo reconstruye. Esta invitación a reflexionar nos interpela también hoy a nosotros cristianos en Europa, que tenemos la tentación de permanecer cómodamente en nuestras estructuras, en nuestras casas, en nuestras iglesias, en las seguridades que nos dan las tradiciones, en la satisfacción de un cierto consenso, mientras los templos a nuestro alrededor se vacían y Jesús es cada vez más olvidado.

Reflexionemos, ¡cuántas personas ya no tienen hambre y sed de Dios! No es que sean malas, no, sino que les falta alguien que les abra el apetito de la fe y despierte esa sed que hay en el corazón del hombre, esa «sed connatural, inagotable» de la que habla Dante Alighieri (Paraíso, II,19) y que la dictadura del consumismo, blanda pero sofocante, intenta extinguir. Muchas personas son conducidas a sentir sólo necesidades materiales, y no la falta de Dios. Y es cierto que esto nos preocupa, pero, ¿hasta qué punto nos hacemos cargo realmente? Es fácil juzgar al que no cree, es cómodo enumerar los motivos de la secularización, del relativismo y de tantos otros ismos, pero en realidad es estéril. La Palabra de Dios nos lleva a reflexionar sobre nosotros mismos: ¿sentimos afecto y compasión por quienes no han tenido o quizá han perdido la alegría de encontrar a Jesús? ¿Estamos tranquilos porque, después de todo, no nos falta de nada para vivir, o inquietos al ver a tantos hermanos y hermanas lejos de la alegría de Jesús? El Señor, por medio del profeta Ageo, le pide a su pueblo que reflexione sobre otro aspecto. Les dice: «Comen, pero no quedan saciados; beben, pero no se ponen alegres; se abrigan, pero siguen sintiendo frío» (v. 6). El pueblo, en definitiva, tenía lo que quería, pero no era feliz. ¿Qué le faltaba? Jesús nos lo sugiere, con palabras que parecen recalcar las de Ageo: «Tuve hambre y ustedes no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve desnudo y no me vistieron» (Mt 25,42-43). La falta de caridad causa la infelicidad, porque sólo el amor sacia el corazón. Los habitantes de Jerusalén, encerrados en el interés por sus propios asuntos, habían perdido el sabor de la gratuidad. También puede ser nuestro problema: focalizarnos en las diversas posiciones que hay en la Iglesia, en los debates, agendas y estrategias, y perder de vista el verdadero programa, el del Evangelio: el impulso de la caridad y el ardor de la gratuidad. El camino para salir de los problemas y de las cerrazones es siempre el camino del don gratuito. No hay otro. Reflexionemos sobre esto.

Después de la reflexión está el segundo paso: reconstruir. «Reconstruyan mi casa», pide Dios por medio del profeta (Ag 1,8). Y el pueblo reconstruye el templo. Deja de contentarse con un presente tranquilo y trabaja por el futuro. La construcción de la casa común europea necesita dejar las conveniencias de lo inmediato para volver a la amplitud de miras de los padres fundadores, a una visión profética y de conjunto, porque ellos no buscaban los acuerdos del momento, sino que soñaban el futuro de todos. Así fueron construidos los muros de la casa europea y sólo así se podrán consolidar. Esto vale también para la Iglesia, casa de Dios. Para hacerla hermosa y acogedora es necesario mirar juntos al futuro, no restaurar el pasado. Ciertamente, debemos comenzar desde los cimientos, porque es a partir de allí que se reconstruye: de la tradición viva de la Iglesia, que nos fundamenta en lo esencial, en el buen anuncio, la cercanía y el testimonio. Se reconstruye a partir de los cimientos de la Iglesia —la de los orígenes y la de siempre—, de la adoración a Dios y del amor al prójimo, no de los propios gustos particulares. 

Queridos hermanos, quisiera agradecerles este arduo trabajo de reconstrucción, que llevan adelante con la gracia de Dios. Gracias por estos primeros 50 años al servicio de la Iglesia y de Europa. Alentémonos, sin ceder nunca por el desaliento y la resignación. Estamos llamados a una obra maravillosa, a trabajar para que su casa sea cada vez más acogedora, para que cada uno pueda entrar y quedarse, para que la Iglesia tenga las puertas abiertas a todos y ninguno tenga la tentación de dedicarse solamente a mirar y cambiar las cerraduras. El pueblo de Israel reconstruyó el templo con sus propias manos. Los grandes renovadores de la fe en el continente hicieron lo mismo. Pusieron en juego su pequeñez, confiando en Dios. Pienso en santos como Martín, Francisco, Domingo, Pío —que recordamos hoy—; y en los patronos como Benito, Cirilo y Metodio, Brígida, Catalina de Siena y Teresa Benedicta de la Cruz. Comenzaron por ellos mismos, por cambiar su propia vida acogiendo la gracia de Dios. No se preocuparon de los tiempos oscuros, de las adversidades y de cualquier tipo de división, que siempre ha habido. No perdieron el tiempo en criticar y culpabilizar. Vivieron el Evangelio, sin reparar en la relevancia y en la política. De este modo, con la fuerza humilde del amor de Dios, encarnaron su estilo de cercanía, compasión y ternura, y construyeron monasterios, sanearon tierras, devolvieron el espíritu a las personas y a los pueblos. Ningún programa social, solamente el Evangelio.

Reconstruyan mi casa. El verbo está conjugado en plural. Toda reconstrucción se lleva a cabo con los demás, en el signo de la unidad. Juntos. Puede haber visiones diferentes, pero siempre hay que salvaguardar la unidad. Porque, si conservamos la gracia del conjunto, el Señor construye también allí donde nosotros no llegamos. Es nuestra llamada: ser Iglesia, un solo cuerpo entre nosotros. Es nuestra vocación como pastores: congregar al rebaño, no hacer que se disperse, y mucho menos preservarlo en hermosos recintos cerrados. Reconstruir significa ser artesanos de comunión, tejedores de unidad en todos los ámbitos; no por una estrategia, sino por el Evangelio. Si reconstruimos de este modo, le daremos a nuestros hermanos y hermanas la posibilidad de ver. Es el tercer verbo, con el que termina el Evangelio de hoy, con Herodes que trataba de «ver a Jesús» (Lc 9,9). Hoy, como entonces, se habla mucho de Jesús. En esos tiempos se decía «que Juan Bautista había resucitado de entre los muertos [...], que se había aparecido a Elías, [...] que había resucitado alguno de los antiguos profetas» (Lc 9,7-8). Todos ellos apreciaban a Jesús, pero no comprendían su novedad y lo encerraban en esquemas ya conocidos: Juan, Elías, los profetas. Pero Jesús no se puede encasillar en los esquemas de “lo que se rumorea” o “lo que ya se ha visto”. Muchos en Europa piensan que la fe es algo ya visto, que pertenece al pasado. ¿Por qué? Porque no han visto a Jesús obrar en sus vidas. Y a menudo no lo han visto porque nosotros, con nuestras vidas, no se los hemos mostrado lo suficiente. Porque Dios se ve en los rostros y en los gestos de hombres y mujeres transformados por su presencia. Y si los cristianos, más que irradiar la alegría contagiosa del Evangelio, vuelven a proponer esquemas religiosos desgastados, intelectualistas y moralistas, la gente no ve al Buen Pastor. No reconoce a Aquel que, enamorado de cada una de sus ovejas, las llama por su nombre y las busca para cargarlas sobre sus hombros. No ve a Aquel de quien predicamos la asombrosa Pasión, precisamente porque Él tiene una sola pasión: el hombre. Este amor divino, misericordioso y sorprendente es la novedad permanente del Evangelio. Y exige de nosotros, queridos hermanos, decisiones sabias y audaces, hechas en nombre de la ternura loca con la que Cristo nos ha salvado. No nos pide demostrar sino mostrar, como lo hicieron los santos; no con palabras, sino con la vida. Requiere oración y pobreza, creatividad y gratuidad. Ayudemos a la Europa de hoy, enferma de cansancio, a volver a encontrar el rostro siempre joven de Jesús y de su esposa. Para que esta belleza imperecedera se vea, no podemos más que darlo todo y darnos totalmente.

 

El Papa concede la comunión eclesiástica al Patriarca de Cilicia de los Armenios

El Santo Padre ha concedido, a través de una Carta, la Ecclesiastica Communio que le fue solicitada en conformidad con el can. 76§2 del CCEO por Su Beatitud Raphaël Bedros XXI Minassian, nuevo Patriarca de Cilicia de los Armenios.

 

Renato Martinez - Ciudad del Vaticano

“Como Sucesor del Apóstol Pedro, llamado a confirmar a los hermanos en la fe, le concedo de buen grado la comunión eclesiástica solicitada, según la Tradición y las normas vigentes, transmitiéndole mi abrazo de paz y mi bendición apostólica”, lo escribe el Papa Francisco en la Carta dirigida a Su Beatitud Raphaël Bedros XXI Minassian, nuevo Patriarca de Cilicia de los Armenios, elegido recientemente por el Sínodo de los Obispos, en la que le concede la comunión eclesiástica.

Debemos caminar hacia el Crucificado y el Resucitado

En su Misiva, el Santo Padre manifiesta el deseo de unirse a la alegría de los hijos e hijas de esa Iglesia y de la Iglesia universal, que tanto han acompañado con sus oraciones a los Obispos reunidos en el Sínodo primero en el Líbano, a comienzos del verano, y en estos días en Roma, en el Pontificio Colegio Armenio. “La elección de Su Beatitud – señala el Papa – ha tenido lugar en un momento en el que las personas están especialmente probadas por diversos retos. Pienso en los sufrimientos de Siria y del Líbano -países en los que está presente la Iglesia de Cilicia de los Armenios-, así como en la pandemia, que en muchas partes del mundo está aún lejos de ser superada. Todos los hombres de buena voluntad, especialmente los cristianos, están llamados a ser vecinos y hermanos, superando la indiferencia y la soledad”.

Inagotable capacidad de florecer y dar frutos

Asimismo, el Papa Francisco expresa en su Carta la fuerza que tiene el pueblo armenio para superar las dificultades con su inagotable capacidad de florecer. “Conocemos al pueblo armenio como experto en el sufrimiento, por las numerosas pruebas a lo largo de los más de 1.700 años de historia cristiana, pero también por su inagotable capacidad de florecer y dar frutos, a través de la santidad y la sabiduría de sus santos y mártires, la cultura de sus doctores y pensadores, el arte que sabe tallar en la roca el signo de la Cruz como un árbol de la vida, testigo de la victoria de la fe sobre toda fuerza adversa en el mundo”.

LEA TAMBIÉN

23/09/2021Raphaël Bedros XXI Minassian nuevo Patriarca de los católicos armenios

La Iglesia involucrada en las vivencias del pueblo armenio

En este sentido, el Pontífice alienta al nuevo Patriarca a guiar esta Iglesia que está plenamente involucrada en las vivencias del pueblo armenio, custodiando su memoria y sus tradiciones, y al mismo tiempo está profundamente vinculada al Sucesor del Apóstol Pedro: “Le encomiendo el cuidado de las jóvenes generaciones, la promoción de las vocaciones, la sabia armonía que debe saber encontrar entre las diferentes instancias de vuestra comunidad, como las Hermanas de la Inmaculada Concepción, la Congregación Mekhitarista y el Instituto del Clero Patriarcal de Bzommar, así como muchos de vuestros hijos e hijas que se formaron y viven en el seno de la Iglesia latina, pero son muy conscientes de su pertenencia armenia”.

Muestren el camino de la auténtica fraternidad y diálogo

Finalmente, el Santo Padre encomienda al nuevo Patriarca y a todo el pueblo armenio a la intercesión de “la Santísima Madre de Dios y los santos de vuestra tradición, especialmente San Gregorio de Narek, a quien tuvo la alegría de proclamar Doctor de la Iglesia:  que nos muestren sobre todo el camino de la auténtica fraternidad y del diálogo ecuménico con nuestros hermanos de la Iglesia Apostólica Armenia”. Que la Iglesia Patriarcal de Cilicia de los Armenios, guiada por Su Beatitud junto con los Obispos del Sínodo, concluye el Papa, siga avanzando en estas primeras décadas del tercer milenio.

 

 

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

— Mediadora ante el Mediador.

— Todas las gracias nos vienen por María.

— Un clamor continuo, de día y de noche, sube hasta la Madre del Cielo.

I. Uno solo es Dios -enseña San Pablo- y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo en rescate por todos1.

La Virgen Nuestra Señora cooperó de modo singularísimo a la obra de Redención de su Hijo durante toda su vida. En primer lugar, el libre consentimiento que otorgó en la Anunciación del Ángel era necesario para que la Encarnación se llevara a cabo. Era, afirma Santo Tomás de Aquino2, como si Dios Padre hubiera esperado el asentimiento de la humanidad por la voz de María. Su Maternidad divina la hizo estar unida íntimamente al misterio de la Redención hasta su consumación en la Cruz, donde Ella estuvo asociada de un modo particular y único al dolor y muerte de su Hijo. Allí nos recibió a todos, en la persona de San Juan, como hijos suyos. Por eso, «la misión maternal de María no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien, sirve para demostrar su poder»3. Es la Mediadora ante el Mediador, que es Hijo suyo; se trata de «una mediación en Cristo»4 que, «lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta»5.

Ya en la tierra, Santa María ejerció esta maternal mediación al santificar a Juan el Bautista en el seno de Isabel6. Y también en Caná, a instancias de la Virgen, realizó Jesús su primer milagro7; un prodigio maternal que solucionó un pequeño problema doméstico en la boda a la que asistía invitada. San Juan señala los frutos espirituales de esta intervención: y sus discípulos creyeron en Él. La Virgen intercedería cerca de su Hijo –como todas las madres– en multitud de ocasiones que los Evangelios no han consignado. «Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora»8. Por la intercesión ante su Hijo, Nuestra Señora nos alcanza y nos distribuye todas las gracias, con ruegos que jamás pueden quedar defraudados. ¿Qué va a negar Jesús a quien le engendró y llevó en su seno durante nueve meses, y estuvo siempre con Él, desde Nazaret hasta su Muerte en la Cruz? El Magisterio nos ha enseñado el camino seguro para alcanzar todo lo que necesitamos. «Por expresa voluntad de Dios –enseña el Papa León XIII–, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María»9. No tengamos reparo alguno en pedir una y otra vez a la que se ha llamado Omnipotencia suplicante. Ella nos escucha siempre; también ahora.

No dejemos de poner ante su mirada benévola esas necesidades, quizá pequeñas, que nos inquietan en el momento presente: conflictos domésticos, apuros económicos, un examen, unas oposiciones, un puesto de trabajo que nos es preciso... Y también aquellas que se refieren al alma y que nos deben inquietar más: la lejanía de Dios o la correspondencia a la vocación de un pariente o de un amigo, la gracia para superar una situación difícil o adelantar en una virtud, el aprender a rezar mejor...

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... En el Cielo, muy cerca de su Hijo, Ella dirige nuestra oración ante Él, la endereza, si en algo iba menos recta, y la perfecciona.

II. Todas las gracias, grandes y pequeñas, nos llegan por María. «Nadie se salva, oh Santísima, si no es por medio de Ti. Nadie sino por Ti se libra del mal... Nadie recibe los dones divinos, si no es por tu mediación (...). ¿Quién, después de tu Hijo, se interesa como Tú por el género humano? ¿Quién como Tú nos protege sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra con tanta presteza de las tentaciones que nos asaltan? ¿Quién se esfuerza tanto como Tú en suplicar por los pecadores? ¿Quién toma su defensa para excusarlos en los casos desesperados?... Por esta razón, el afligido se refugia en Ti, el que ha sufrido la injusticia acude a Ti, el que está lleno de males invoca tu asistencia (...). La sola invocación de tu nombre ahuyenta y rechaza al malvado enemigo de tus siervos, y guarda a estos seguros e incólumes. Libras de toda necesidad y tentación a los que te invocan, previniéndoles a tiempo contra ellas»10.

Los cristianos, de hecho, nos dirigimos a la Madre del Cielo para conseguir gracias de toda suerte, tanto temporales como espirituales. Entre estas pedimos a Nuestra Señora la conversión de personas alejadas de su Hijo y, para nosotros, un estado de continua conversión del alma, una disposición que nos hace sentirnos en camino cada día, luchando por mejorar, por quitar los obstáculos que impiden la acción del Espíritu Santo en el alma. Su ayuda nos es necesaria continuamente en el apostolado; Ella es la que verdaderamente cambia los corazones. Por eso, desde la antigüedad, María es llamada «salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, reina de los Apóstoles, de los mártires...». Su mano, generosa como la de todas las madres, es dispensadora de toda suerte de gracias, y aun, «en cierto sentido, de la gracia de los sacramentos; porque Ella nos los ha merecido en unión con Nuestro Señor en el Calvario, y nos dispone además con su oración a acercarnos a esos sacramentos y a recibirlos convenientemente; a veces hasta nos envía al sacerdote sin el cual esa ayuda sacramental no nos sería otorgada»11.

En sus manos ponemos hoy todas nuestras preocupaciones y hacemos el propósito de acudir a Ella diariamente muchas veces, en lo grande y en lo pequeño.

III. En la Virgen María se refugian los fieles que están rodeados de angustias y peligros, invocándola como Madre de misericordia y dispensadora de la gracia12. En Ella nos refugiamos nosotros todos los días. En el Avemaría, le rogamos muchas veces: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte...». Ese ahora es repetido en todo el mundo por millares de personas de toda edad y color, que piden la gracia del momento presente13. Es esta la gracia más personal, que varía con cada uno y en cada situación. Aunque alguna vez, sin querer, estemos algo distraídos, Nuestra Señora, que no lo está nunca y conoce nuestras necesidades, ruega por nosotros y nos consigue los bienes que necesitamos. Un clamor grande sube en cada instante, de día y de noche, a Nuestra Madre del Cielo: Ruega por nosotros pecadores, ahora... ¿Cómo no nos va a oír, cómo no va a atender estas súplicas? Desde el Cielo conoce bien nuestras necesidades materiales y espirituales, y como una madre llena de ternura ruega por sus hijos.

Cada vez que acudimos a Ella, nos acercamos más a su Hijo. «María es siempre el camino que conduce a Cristo. Cada encuentro con Ella se resuelve necesariamente en un encuentro con Cristo mismo. ¿Qué otra cosa significa el mismo recurso a María, sino un buscar entre sus brazos, en Ella y por Ella y con Ella a Cristo, nuestro Salvador?»14.

Es abrumadora la cantidad de motivos y razones que tenemos para acudir confiadamente a María, en la seguridad de que siempre seremos escuchados, recordándole que jamás se oyó decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos acudo, Virgen Madre de las vírgenes... Madre de Dios, no desechéis mis súplicas15.

En este mes de octubre, cercano ya, acudiremos a Ella rezando con más atención el Santo Rosario, como pide la Iglesia. En esta oración, la preferida de la Virgen16, no dejaremos de poner intenciones ambiciosas, con la seguridad de que seremos escuchados.

1 1 Tim 2, 5-6. — 2 Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 30, a. 1. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 60. — 4 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-II-1987, 38. — 5 Conc. Vat. II, loc. cit. — 6 Cfr. Lc 1, 14. — 7 Cfr. Jn 2, 1 ss. — 8 Conc. Vat. II, loc. cit., 62. — 9 León XIII, Enc. Octobri mense, 22-IX-1891. — 10 San Germán de Constantinopla, Homilía en S. Mariae Zonam. — 11 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, vol, I, p. 144. — 12 Misal Romano, Misa de la Virgen María, Madre y Medianera de la gracia. Prefacio. — 13 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, loc. cit. — 14 Pablo VI, Enc. Mense maio, 29-IV-1965. — 15 Oración Memorare. — 16 Cfr. Pablo VI, Enc. Mense maio, cit.

 

Evangelio del sábado: servir para reinar con Él

Comentario del sábado de la 25° semana del tiempo ordinario. “Pero ellos no entendían este lenguaje (...). Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. La lógica de Dios siempre es otra respecto a la nuestra. Por eso seguir al Señor requiere una profunda conversión, un cambio en el modo de pensar y de vivir. Requiere abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 9, 43b-45)

Entre la admiración general por lo que hacía, dijo a sus discípulos:

«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.


Comentario

Jesús es admirado allí donde va. La gente se agolpa para escucharlo, para recibir una palabra de aliento, una mirada de ternura; le traen enfermos para que los cure, endemoniados para que los libere. Su fama atraviesa las fronteras de Galilea y Judea.

Los discípulos al contemplar al Señor se llenarían de orgullo y emoción. Además, ellos mismos han participado de su misión: han proclamado el reino de Dios, curando enfermos por todas partes.

De ahí que les resulten chocantes las palabras que les dirige: “el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.

Es verdad que, durante los días previos, ha empezado a anunciar abiertamente lo que le sucederá en Jerusalén; cómo será desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día (Lc 9, 22). Pero se resisten a aceptarlo: no entienden, les resulta oscuro, no son capaces de captar el sentido. Hasta el punto de que les daba miedo preguntarle.

Lucas evidencia que entre Jesús y los discípulos existía cierta diferencia ante lo que dice, de forma que las enseñanzas de Jesús no se terminan de entender.

Ellos tienen en la mente la restauración del Reino de Israel, poder sentarse a derecha e izquierda del Señor cuando esté en su gloria; les gusta discutir sobre quién de ellos será el más grande.

Él empieza a identificarse con el siervo del Dios sufriente, que padece y muere. Servir es la verdadera forma de reinar.

La lógica de Dios siempre es otra respecto a la nuestra, como reveló Dios mismo a través de Isaías: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos” (Is 55, 8). Por eso seguir al Señor requiere una profunda conversión, un cambio en el modo de pensar y de vivir. Requiere abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente.

Como señala el Papa Benedicto XVI: “Un punto clave en el que Dios y el hombre se diferencian es el orgullo: en Dios no hay orgullo porque Él es toda la plenitud y tiende todo a amar y donar vida; en nosotros los hombres, en cambio, el orgullo está enraizado en lo íntimo y requiere constante vigilancia y purificación. Nosotros, que somos pequeños, aspiramos a parecer grandes, a ser los primeros; mientras que Dios, que es realmente grande, no teme abajarse y hacerse el último (Ángelus, 23-IX-2012).

 

 

“No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo”

Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

25 de septiembre

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)

 

 

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

El 24 de septiembre muchos pueblos celebran la fiesta de la Virgen de la Merced, una advocación impulsada por la orden de los mercedarios con 800 años de historia, y que desde Cataluña se ha extendido por todo el mundo. Es la Madre de los cautivos y la Reina de la Misericordia.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA23/09/2021

Basílica de la Mercè, en Barcelona.

En 1218 San Pedro Nolasco fundó la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como la Orden de la Merced. Desde el principio fue una institución característicamente mariana que difundió la devoción a la Virgen de la Misericordia desde Cataluña al resto del mundo.

El protagonismo de los mercedarios en la evangelización del nuevo continente hizo que esta advocación mariana arraigara en numerosos países de América. En concreto, la Virgen de la Merced es patrona de muchas ciudades, localidades, municipios y departamentos en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, Venezuela, Uruguay… Y el cariño de los fieles a la Merced también fue cuajando en Francia, Portugal, o Filipinas, donde también hay rincones encomendados a la Madre de los cautivos.

 

Algunas estampas de la devoción a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona.

 

Patrona y estrella

En España, además de ser Patrona de la Ciudad de Barcelona y, por extensión popular, de toda la Diócesis, la Virgen de la Merced es también patrona de 19 localidades o barrios de ocho comunidades autónomas diferentes, y es, además, copatrona de Cádiz.

En varios países, como España, la Virgen de la Misericordia es la Patrona de las instituciones penitenciarias, y san Juan Pablo II le nombró el 4 de febrero de 1985, en Piura (Perú), Estrella de la Evangelización.

En los registros del Instituto Nacional de Estadística sobre los nombres de mujeres más comunes en España queda constancia de que Mercedes está entre los 30 más habituales.

 

La Merced es una advocación de la Virgen extendida desde Cataluña al resto del mundo. Foto: William (Flickr)

 

Los mercedarios

La difusión de esta advocación de la Virgen es reflejo del amor a la Virgen de los mercedarios, religiosos especialmente centrados, desde sus orígenes, en la preservación de la fe, “aunque su vida peligre por ello”.

Desde la restauración de la orden liderada por san Pedro Armengol en 1880, los mercedarios se dedican de manera más particular a la enseñanza y a las misiones. En estos momentos, realizan una esmerada labor de acogida de personas refugiadas procedentes de países en guerra.

En 2004, la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced instaló un bajo relieve en su basílica que representa a san Josemaría rezando ante su Virgen titular

Las mercedes a san Josemaría

El 20 se septiembre de 2004, por iniciativa de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced, se colocó en la Basílica de la patrona de Barcelona una imagen de san Josemaría rezando ante la Virgen titular. Era una manera de dejar constancia de su cariño y su particular relación con la Virgen de la Misericordia.

En la historia personal de ese trato con Nuestra Señora de la Merced hay un momento singular: el 21 de junio de 1946. Ese día, el fundador del Opus Dei visitó la basílica antes de emprender el viaje a Roma del que volvería con la primera aprobación pontificia para la Obra, presente en el mundo desde el 2 de octubre de 1928.

EN LA HISTORIA PERSONAL DE ESE TRATO CON NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED HAY UN MOMENTO SINGULAR: EL 21 DE JUNIO DE 1946

Antes de 1946, san Josemaría ya había estado frente a la Virgen de la Merced. Y hay constancia de que, al menos, fue a saludarle también en 1962, 1966 y 1972. Como destaca Josep Masabeu en su libro Escrivá de Balaguer en Cataluña, 1913-1974. Huellas de San Josemaría, la Merced marcó la vida del fundador del Opus Dei.

En 1966, san Josemaría dijo en Barcelona: “Cuando, pasado el tiempo, se escriba la historia del Opus Dei, habrá que resaltar -¡cuántos acontecimientos vienen a mi memoria!- los hechos que vieron la luz en esta ciudad condal, entre vosotros y bajo la mirada de la Virgen María de la Merced”.


Historia relacionadaUn viaje en barco, hace 75 años

El 21 de junio de 1946 san Josemaría estuvo en Barcelona camino a Roma. El objetivo del viaje era impulsar el camino jurídico del Opus Dei y su expansión por todo el mundo. Pero debido a la guerra sólo se podía llegar a Roma en barco y el fundador padecía una fuerte diabetes, que hacía desaconsejable ese trayecto.

 

De las dificultades del noviazgo al matrimonio

Emprender un viaje de por vida requiere preparación. Dulce y José María, portugueses, hablan de los retos del noviazgo y del camino hasta su boda, que celebraron en mayo de 2021.

EN PRIMERA PERSONA23/09/2021

José María tiene 28 años, vive en Lisboa, estudió Gestión de Recursos Humanos y trabaja en una Universidad de Lisboa. Dulce tiene 24 años, nació en Oeiras, estudió Ciencias de la Comunicación y trabaja como especialista en contenidos en una multinacional.

Se conocieron en 2016 en la boda de unos amigos y comenzaron a salir poco después. José ya trabajaba mientras que Dulce continuaba en la universidad. Al principio de la relación se plantearon algunas dificultades: José María confiesa que por aquella época pasó por una etapa con un trabajo muy intenso con periodos en los que estaba en la “nothing box, (la caja de 'nada'), muy centrado en mis cosas, donde no había tiempo de calidad para salir y atender a Dulce”.

“Todo eran prisas, estaba despistado y la comunicación era muy pobre”, completa su novia. En esas ocasiones Dulce tuvo que bajarle los humos y explicarle con cariño que -como novia, y eventualmente futura prometida y esposa-, requería de más atención.

Por su parte, Dulce se dio cuenta de que sus clases de Ciencias de la Comunicación no siempre tenían el sentido cristiano que había aprendido en la educación familiar y en las actividades de formación en el Opus Dei. Ambos hablaron mucho de estos temas. Él le ayudó a tener criterio y a ver las cosas con una perspectiva cristiana. Mientras que Dulce, más comprensiva, llevó a José María a esforzarse por ser una persona más flexible y a encontrar el lado positivo de los asuntos del trabajo.

Más adelante José María, sin pretenderlo, introdujo un tema que tensó la relación: empezó a hablarle a Dulce sobre el matrimonio como una hipótesis... demasiado pronto, sin saber que para ella no era lo apropiado en esa etapa de la relación. Dulce reconoce que tuvo que frenarle y esclarecer el malentendido.

¿Cómo resolver en el noviazgo las situaciones complicadas?

“Sin duda era importante que habláramos más”. Y José María añade que “el punto de partida para resolver estas situaciones difíciles fue rezar más, ser más generosos con Dios en la oración y con la Virgen, rezar el rosario más a menudo juntos...”.

Poco a poco se conocieron mejor. Así era natural que la propuesta de matrimonio llegara... ya en 2020, durante la pandemia. Además de todos los preparativos para la ceremonia y la celebración, sabían que debían tomarse en serio la preparación interna con el Curso de Preparación al Matrimonio en la parroquia, que les ayudó a comprender que el matrimonio no es una varita mágica que haría desaparecer los problemas, sino que necesitaba de la sinceridad, la confianza y la comunicación.

También aprovecharon la formación que recibieron en los centros del Opus Dei. José María reconoce que “el fundador del Opus Dei me ha ayudado mucho durante mi noviazgo, precisamente para resolver esos momentos más críticos”.

Según él, las palabras de san Josemaría son también muy inspiradoras para quienes quieren ser un buen esposo y padre: “Cuando estaba comprometido y me preparaba para el matrimonio, la ayuda que recibí del Opus Dei me ayudó a trabajar mejor y a tratar de vivir las virtudes”.

La boda tuvo lugar una mañana de mayo de 2021 en el Monasterio de los Jerónimos, entre amigos y familiares. Y ese día comenzó una nueva aventura para los dos.


Historias relacionadas: Sembradores de paz y de alegría, serie de vídeos por el 75 aniversario del comienzo de la labor del Opus Dei en Portugal.


Temas para reflexionar después del vídeo

1. El matrimonio es una llamada de Dios

El noviazgo (en italiano «fidanzamento») —se lo percibe en la palabra— tiene relación con la confianza, la familiaridad, la fiabilidad. Familiaridad con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es ante todo el descubrimiento de una llamada de Dios. Ciertamente es algo hermoso que hoy los jóvenes puedan elegir casarse partiendo de un amor mutuo. Pero precisamente la libertad del vínculo requiere una consciente armonía de la decisión, no sólo un simple acuerdo de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve... requiere un camino

Papa Francisco, audiencia del 27 de mayo de 2015

2. El amor humano (libro electrónico gratuito)

La afectividad -estar enamorado de una persona, vivir una relación amorosa con sus momentos buenos y malos- es una parte importante de la vida de un cristiano. En este libro digital hemos recogido algunos artículos sobre el amor en el noviazgo y el matrimonio.

Enlace para descargar el libro electrónico gratuito.

3. San Josemaría habla del noviazgo cristiano (90 segundos)

 

Algo grande y que sea amor (IX): ¿Acertaré?

Cuando entra la inquietud en el corazón acerca de un posible camino, es natural dudar y sentir miedo: Dios nos busca y nosotros, a pesar de nuestra fragilidad, deseamos vivir con Él y para Él.

VOCACIÓN24/05/2019

Escucha el artículo Algo grande y que sea amor (IX): ¿Acertaré?

Descarga el libro electrónico: «Algo grande y que sea amor»


Los apóstoles se han quedado pensativos tras contemplar el encuentro de Jesús con el joven rico, y su desenlace: el chico «se marchó triste» (cfr. Mt 19,22ss). Probablemente les desconcierta la mirada de Jesús, no triste pero sí dolida: «difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos». Pedro, como en otras ocasiones, se hace portavoz del sentir común: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué será de nosotros?». Haciéndose eco de estas palabras, y con esa misma familiaridad de buen amigo, san Josemaría se dirigía al Señor en un momento difícil para la Obra: «¿Qué vas a hacer ahora con nosotros? ¡No puedes dejar abandonados a quienes se han fiado de Ti!»[1].

¿Qué será de mí?

El inicio de una vocación, como el comienzo de cualquier camino, suele llevar consigo una dosis de incertidumbre. Cuando Dios permite que nos entre la inquietud en el corazón, y se empieza a perfilar un posible camino concreto, es natural preguntarse: ¿será por aquí?

¿Qué hay detrás de esta duda? De entrada, un temor bastante normal. Miedo a la vida y a nuestras propias decisiones: no sabemos qué va a pasar en el futuro, adónde nos dirigirá ese camino, porque nunca lo hemos recorrido antes. La duda se explica también por nuestro deseo de acertar: queremos que nuestra vida sea valiosa, que deje rastro; además, las cosas grandes y bellas exigen lo mejor de nosotros, y no queremos precipitarnos. Pero la razón más profunda es más misteriosa y sencilla a la vez: Dios que nos busca y nosotros que deseamos vivir con Él. Habitualmente no es Dios el que nos da miedo, sino nosotros mismos. Nos inquieta nuestra fragilidad ante un Amor tan inmenso: pensamos que no podremos estar a su altura.

LA DUDA SE EXPLICA TAMBIÉN POR NUESTRO DESEO DE ACERTAR: QUEREMOS QUE NUESTRA VIDA SEA VALIOSA

Cuando Pedro pregunta a Jesús «qué será de nosotros»; cuando san Josemaría pregunta a Jesús «qué será de nosotros»; cuando un cristiano pregunta a Jesús «qué será de mí» si tomo este camino, ¿qué responde Cristo? Mirando al corazón, Jesús nos dice, con una voz llena de cariño y alegría, que cada uno de nosotros somos una apuesta de Dios, y que Dios no pierde nunca sus envites. Vivir significa aventura, riesgo, limitaciones, desafíos, esfuerzo, salir del pequeño mundo que controlamos y encontrar la belleza de dedicar nuestra vida a algo que es más grande que nosotros, y que llena con creces nuestra sed de felicidad. Podemos imaginar la mirada ilusionada de Jesús mientras pronuncia esas palabras que han resonado y seguirán resonando en muchos corazones: «todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Dios solo da a lo grande.

Con todo, no se trata de esperar una revelación deslumbrante, o un plan trazado hasta el último detalle. Dios ha pensado en nosotros, pero cuenta también con nuestra iniciativa. «Cuando una persona se encuentra ante la incertidumbre de la existencia de una peculiar llamada de Dios a ella, es sin duda necesario pedir al Espíritu Santo “luz para ver” la propia vocación; pero si la misma persona y quienes han de intervenir en el discernimiento vocacional (dirección espiritual, etc.) no ven ningún dato objetivo contrario y la Providencia (…) ha conducido a la persona a esa experiencia, además de seguir pidiendo a Dios “luz para ver”, es importante —pienso que más importante— pedirle “fuerza para querer”, de modo que con esa fuerza que eleva la libertad en el tiempo se configure la misma vocación eterna»[2].

No estamos solos: la Iglesia es camino

En este proceso de discernimiento de la propia vocación no estamos solos, porque toda vocación cristiana nace y crece en la Iglesia. A través de Ella, Dios nos atrae hacia Él y nos llama; y es la misma Iglesia la que nos acoge y nos acompaña en nuestro camino hacia Dios.

TODAS LAS VOCACIONES CRISTIANAS, CUANDO ENCUENTRAN UNA RESPUESTA ENAMORADA, LLEVAN A LA SANTIDAD

La Iglesia atrae. Dios se sirve, a lo largo de la historia, de personas que dejan un surco profundo con su existencia; que marcan caminos para la entrega de los demás. Su vida, sus ideales, sus enseñanzas nos inspiran, nos sacuden: nos sacan de nuestro egoísmo y nos llaman a una vida más plena, de amor. Esta llamada forma parte de los planes de Dios, de la acción del Espíritu Santo que nos prepara el camino.

La Iglesia llama. Dios «no nos pide permiso para “complicarnos la vida”. Se mete y... ¡ya está!»[3]. Y para eso cuenta con que sus hijos se atrevan a invitarse mutuamente a considerar en serio la posibilidad de entregarle la vida. Jesucristo comparó el Reino de Dios con un gran banquete en el que Dios quiere que participen todos los hombres, incluso los que en un inicio parecían no estar invitados (Lc 14,15-24). Y de hecho, ordinariamente Dios cuenta con una invitación externa para hacer resonar su voz en el corazón de la persona.

Todas las vocaciones cristianas, cuando encuentran una respuesta enamorada, llevan a la santidad. Por eso, la mejor vocación es para cada uno la suya. Dicho esto, no hay caminos cerrados a priori. La vida hacia Dios en el matrimonio o en el celibato están de partida al alcance de todos. Nuestra biografía, la historia personal, va haciendo el propio camino, y nos sitúa en unas encrucijadas o en otras. La elección depende de la libertad personal: es eso, elección. Cristo nos quiere libres: «si alguien quiere seguirme»... (Mt 16,24); «si quieres ser perfecto»... (Mt 19,21).

Ahora bien, ¿qué lleva a elegir una vocación concreta entre todas las posibles? La libertad busca horizontes grandes, divinos, de amor. Decía san Ignacio de Antioquía que «el cristianismo no es cuestión de persuasión, sino de grandeza»[4]. Basta proponerlo en toda su belleza y sencillez, con la vida y con las palabras, para que atraiga a las almas por su propia fuerza, siempre que se dejen interpelar por Cristo (cfr. Mc 10,21). Algo en el interior de la persona, muy íntimo y profundo, un poco desconocido y misterioso incluso para ella, resuena y entra en sintonía con esa propuesta de un camino dentro de la Iglesia. Ya lo afirmaban los griegos: solo el semejante conoce al semejante[5]. La vida auténtica de otros cristianos nos llama a acercarnos a Jesús y a entregarle el corazón. Vemos un ejemplo de santidad en personas que tenemos cerca y pensamos: «Quizá yo también…». Es el «venid y veréis» del Evangelio, que nos interpela aquí y ahora (Jn 1,46).

La Iglesia acoge y acompaña. Cualquier persona normal puede, sin experimentar especiales llamadas, embarcarse en una vida de servicio, de donación: en el celibato o en el matrimonio, en el sacerdocio, en el estado religioso. El discernimiento acerca de cuál sea la vocación de cada uno se resuelve atendiendo a la rectitud de intención, las aptitudes de la persona y su idoneidad.

Este discernimiento necesita de la ayuda de los demás: en particular, de la dirección espiritual. Por otro lado, se requiere también la deliberación de quien gobierna la institución eclesial de la que se trate. Porque la misión de acoger, por parte de la Iglesia, consiste también en cerciorarse de que cada uno encuentra su lugar. Si lo pensamos, es una bendición de Dios que, a la hora de proyectar nuestra vida, haya personas en las que podamos confiar y que a su vez confíen en nosotros. Que otros, con un conocimiento profundo de nuestra persona y de nuestra situación, puedan afirmar en conciencia: «ánimo, tú puedes», tienes las condiciones o los talentos necesarios para esta misión, que quizá sea la tuya, y que puedes aceptar, si realmente quieres; o que puedan decirnos, también en conciencia: «quizá este no sea tu camino».

La vocación es siempre una win-win situation, una situación en la que todos ganan. Es lo mejor para cada una de las partes en relación: la persona y la institución eclesial. Dios Padre sigue cada una de estas historias personales con su providencia amorosa. El Espíritu Santo ha hecho que surjan en la Iglesia instituciones y caminos de santidad que sirvan de cauce y ayuda para las personas singulares. Y también es el Espíritu Santo quien mueve a determinadas personas, en momentos concretos de su vida, a vivificar con su entrega estos cauces en la Iglesia.

El salto de la fe: confiar en Dios

Ante la muchedumbre que le sigue, Jesús pregunta a Felipe: «¿dónde vamos a comprar pan para que coman estos?» (Jn 6,5). Los apóstoles tienen muy claro que ellos no pueden hacer nada ante el hambre de la gente. Solo tienen «cinco panes de cebada y dos peces» de un muchacho que estaba por allí. Jesús, tomando esos panes, dio de comer a todos y sobró tanto que dice a los discípulos: «recoged los trozos que han sobrado para que no se pierda nada» (v.12). Solo Jesús puede hacer que no se pierda nada de nuestra vida, que aproveche a toda la humanidad; pero tenemos que confiarle todo lo que tenemos. Entonces hace maravillas, y sus primeros destinatarios somos nosotros mismos.

Confiar en Dios, abrirle las puertas de nuestra vida, nos lleva a enternecernos con él ante la multitud que está hambrienta de Él, como ovejas sin pastor. Y a reconocer que cuenta con nosotros para llevar su amor a toda esa gente. Y, en fin, a lanzarnos, porque se trata de algo que supera cuanto habríamos podido concebir por nuestra cuenta. Lanzarnos, conscientes de que con la ayuda de Dios saldremos adelante: poniéndonos en sus manos, confiando totalmente en Él. Y como Dios no se impone, se precisa un salto de fe: «¿Por qué no te entregas a Dios de una vez..., de verdad... ¡ahora!?»[6].

Desde luego, es necesario pensar las cosas. Es lo que la Iglesia llama un tiempo de discernimiento. Sin embargo, conviene tener en cuenta que «el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos»[7]. La vocación implica salir de uno mismo, salir de la zona de confort y de seguridad individual.

Para saltar en paracaídas es clave que el paracaídas funcione y se abra, de modo que podamos descender suavemente. Pero primero es crucial saltar del avión sin abrir el paracaídas. De modo análogo, la vocación supone vivir confiado en Dios, no en las propias seguridades. Hablando de los Magos de Oriente, dice San Juan Crisóstomo que si «estando en Persia veían la estrella, una vez salieron de Persia contemplaron al Sol de Justicia»; pero que «si no hubieran salido con decisión de su país ni siquiera habrían podido seguir viendo la estrella»[8].

«Sabes que tu camino no es claro. —Y que no lo es porque al no seguir de cerca a Jesús te quedas en tinieblas. —¿A qué esperas para decidirte?»[9]. Solo si elijo el camino puedo recorrerlo, viviendo lo que he elegido. Para ver la estrella es necesario ponerse a caminar, porque los planes de Dios siempre nos superan, van más allá de nosotros mismos. Solo confiando en Él nos hacemos capaces. Al principio uno no puede: necesita crecer. Pero para crecer hay que creer: «sin Mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5), conmigo lo podéis todo.

De ahí el error de quien se pasa la juventud esperando una iluminación definitiva sobre su vida, sin decidirse a nada. De ahí también un límite especial que existe hoy día: se hacen tantos selfies, se ve uno en tantas fotos, que quizá piensa conocerse ya perfectamente. Sin embargo, para encontrar verdaderamente la propia identidad es preciso redescubrir lo que no se ve de la propia vida: todo lo que tiene de misterio, de presencia y amor de Dios por cada uno. Querer vivir es descubrir y abandonarse con confianza a este misterio, aceptando una lógica y unas razones que no podemos abarcar.

Las historias de Dios empiezan poco a poco. Pero el camino de la confianza que arriesga todo llega a realizar los sueños más grandes, los sueños de Dios. Cuando, como buenos hijos de Dios, nos dejamos guiar por el Espíritu Santo (cfr. Rm 8,14), nuestra vida levanta el vuelo. Es el camino de los Magos; el de María, una niña que será la Madre de Dios, y el de José, un carpintero al que Dios adopta como padre; el de los Apóstoles, que pasan de las vacilaciones y errores iniciales a ser las columnas sobre las que se edifica la Iglesia…; y el de tantos cristianos que nos preceden y nos acompañan. ¿Quién podría pensar en ese misterio al inicio de sus vidas? Solo se ve claro al final. Pero el final es posible porque en el inicio cada uno supo salir de su falsa seguridad propia y saltar a los brazos recios de Dios Padre[10].

CONFIAR EN DIOS, ABRIRLE LAS PUERTAS DE NUESTRA VIDA, NOS LLEVA A RECONOCER QUE CUENTA CON NOSOTROS PARA LLEVAR SU AMOR A TODOS

De ahí que, cuando el discernimiento avanza, y una vocación concreta toma contornos definidos, se acabe haciendo evidente la necesidad, para seguir avanzando, del salto inicial de fe: decir que sí. El discernimiento solo se puede completar de este modo, y por eso la Iglesia ha previsto, con su sabiduría plurisecular, una serie de etapas que se recorren progresivamente, para acabar de cerciorarse sobre la idoneidad de las personas con respecto a cada camino vocacional concreto. Este modo de hacer da mucha paz al corazón y refuerza la decisión de fiarse de Dios, que llevó a cada uno y a cada una a entregarse. No dudamos de Dios, sino de nosotros mismos, y por eso confiamos en Él y en la Iglesia.

Por nuestra parte, se trata de considerar todo lo que somos y valemos, para poder ofrecer todo, como explica la parábola de los talentos (Cfr. Mt 25,14-30); y de no quedarnos con nada sin negociar, sin compartir. Esta es la clave para una decisión madura y sincera: la disposición a darse del todo, a abandonarse del todo en las manos de Dios, sin reservarse nada, y la constatación de que esta entrega nos llena de una paz y de una alegría que no vienen de nosotros mismos. Así puede echar raíces la convicción profunda de haber encontrado nuestro camino.

* * *

En el momento de discernir su vocación, María pregunta al ángel: «¿de qué modo se hará esto, pues no conozco varón?» (cfr. Lc 1,34ss). El ángel es el mensajero, el mediador que llama siguiendo la voz de Dios. María no pone ninguna condición, pero sí pregunta para acertar. Y el ángel le asegura: lo hará el Espíritu Santo, porque lo que te he comunicado te supera, pero «para Dios no hay nada imposible» (v. 37). Si incluso María, nuestra Madre, pregunta, qué lógico resulta que cada cristiano pida consejo a otros ante la moción interior del amor de Dios: ¿cómo debo hacer para entregarle mi vida? ¿dónde piensas que acertaré con el camino para mi felicidad? Qué maravilla dejarse aconsejar para poder decir que sí, con una libertad radiante y llenos de confianza en Dios; para poner todo lo nuestro en sus manos: «hágase en mí según tu palabra».

Pablo Marti


[1] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. III, Rialp, Madrid 2003, p. 33

[2] F. Ocáriz, «La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia», en El Opus Dei en la Iglesia, Rialp, Madrid 1993, p. 153.

[3] San Josemaría, Forja, n. 902.

[4] San Ignacio de Antioquía, Carta a los Romanos, n. 3 (PG 5, c. 690).

[5] Aristóteles, De Anima I, 2.

[6] San Josemaría, Camino, n. 902.

[7] Francisco, Ex. Ap. Gaudete et exsultate (19-III-2018), n. 175.

[8] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo, VII. 5 (PG 57, c. 78).

[9] Camino, n. 797.

[10] Cfr. San Josemaría, Via Crucis, 7ª estación.

 

Evangelio del domingo: desear la santidad de los demás

Comentario del 26° domingo del tiempo ordinario (Ciclo B). “El que no está contra nosotros, con nosotros está”. El Espíritu Santo actúa sabiamente en cada persona y a través de cada persona. Seamos muy amigos de ese obrar, valorando y aprendiendo del modo de caminar de todos los que viven movidos por nuestra misma fe.

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Opus Dei - Evangelio del domingo: desear la santidad de los demás

 

Evangelio (Mc 9,38-43.45.47-48)

Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros.

Jesús contestó:

—No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: el que no está contra nosotros, con nosotros está. Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y fuera arrojado al mar. Y si tu mano te escandaliza, córtatela. Más te vale entrar manco en la Vida que con las dos manos acabar en el infierno, en el fuego inextinguible. Y si tu pie te escandaliza, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la Vida que con los dos pies ser arrojado al infierno. Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.


Comentario

El evangelio de hoy nos recuerda diversas enseñanzas de Jesús sobre la vida cristiana. La descripción de Marcos es sobria, pero las palabras, lapidarias, llegan al fondo del alma con gran facilidad. La primera podría glosarse así: Dios da sus dones como considera oportuno, y ojalá fuera siempre motivo de alegría para nosotros ver cómo otras personas los acogen con generosidad y los ponen al servicio del evangelio. Se nos viene a la cabeza la gran variedad y riqueza que hay dentro de la Iglesia y, también, la posibilidad de que nuestro corazón, —que lucha cada día por salir de sí mismo y ser un poco más grande— mire con desconfianza e incluso con cierto rechazo a algunos de los que trabajan junto a nosotros en la viña del Señor. Las palabras de Jesús son nítidas: “no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: el que no está contra nosotros, con nosotros está”. Ciertamente, solo Dios puede escrutar los corazones y discernir las intenciones. Nosotros debemos guiarnos por indicios externos; por ejemplo: “por sus frutos los conoceréis”. Aunque no del todo, porque no podemos ver los frutos ocultos hasta que salgan a la luz, si es que sabemos verlos.

Jesús nos anima a considerar que él trabaja de una forma oculta en los corazones y a través de los corazones. Que esa acción es única en cada persona. Y que no podemos saber hasta qué punto las obras de otras personas son respuesta dócil, aunque quizá dubitativa, a una inspiración interior del Espíritu Santo. Lo que esas respuestas de amor producen en el alma y en el mundo se nos escapa, no podemos percibirlo, pero Dios sí puede. Por eso se nos recuerda que hay un valor de eternidad en cada acto de verdadero amor, y que ese acto, por el mismo hecho de ser amor, siempre lleva anejo un “salario”, que no es una recompensa sino la consecuencia misma de que haya un poco de “amor nuevo” en el mundo. Oímos, así, las palabras de Jesús como una invitación a valorar la rica acción del Espíritu Santo en las almas y a estrechar los vínculos de comunión con todos, especialmente con los bautizados, rezando unos por otros y aprendiendo de su forma concreta de buscar y llevar a Cristo a las almas.

Las palabras sobre el escándalo son otra cara de lo que Jesús ha dicho antes: deseamos la santidad de los demás con todo nuestro corazón y, por tanto, hacemos todo lo posible por evitar que nuestro ejemplo les desconcierte o les aleje de Dios. Es una invitación a ser custodios los unos de los otros, a velar los unos por los otros en nuestro camino diario. No somos islas, no somos personas indiferentes a lo que nuestra forma de hablar y actuar produce en los demás. Ciertamente, no podemos pedir a todos su consejo antes de dar un paso. Pero el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones, y eso nos permite pensar y obrar participando de la sabiduría divina. No hacemos las cosas simplemente porque a nosotros nos parecen bien y ya está. Esto no quiere decir que nos dejemos llevar por lo que piensan los demás, y eso nos haga ocultar nuestra condición cristiana. Es otra cosa.

Dar importancia al escándalo es vivir con la conciencia de que nuestras obras no se quedan nunca solo en nosotros mismos. Tenemos debilidades, pero, al mismo tiempo que nos esforzamos con ilusión por gobernarlas, intentamos no herir, con lo que ven en nosotros, ni a los “fuertes” ni a los “débiles”. Es más, Jesús nos recuerda que hay personas especialmente débiles y frágiles. Entre ellas se encuentran los niños, a los que les ayuda tanto tener buenos modelos a los que les puede hacer tanto daño el no tenerlos o el tenerlos malos. También podríamos poner ahí a los que están dando sus primeros pasos en la fe, a las personas que se amparan en nosotros, etc.

Del caminar de tantos que nos han precedido aprendemos mucho: de su esfuerzo por conocer lo mejor posible las propias fragilidades, de la ilusión por llegar a sus raíces para poder sanar lo enfermo, de la ayuda a la que acudieron o aceptaron. Porque este camino no se puede recorrer solos: ¡cuánto necesitamos un buen acompañamiento espiritual!, ¡cuánto bien nos hace desear, lo más que podamos, que los que nos rodean avancen con alegría y esperanza en el camino de la santidad! Eso, en parte, Dios lo ha puesto en nuestras manos.

 

El grito de Dolores. La fe no es de azúcar.

Escrito por José Martínez Colín.

“No se puede reducir la fe a azúcar que endulza la vida. No se puede. Ha venido para llevar luz donde hay tinieblas. Por eso las tinieblas luchan siempre contra Él”.

1) Para saber

El “Grito de Dolores” se considera el acto con que empezó la guerra de independencia en México. Así se llama porque fue el llamado que hizo el cura Miguel Hidalgo y Costilla para levantarse contra el gobierno de la Nueva España en la madrugada del 16 de septiembre de 1810. El pueblo se llamaba Dolores y había sido la fiesta patronal, pues el 15 de septiembre se festeja a Nuestra Señora de los Dolores. Por ese motivo había muchos habitantes del pueblo y de sus cercanías que acudieron al repique de campanas.

Con motivo de la fiesta de la Virgen de los Dolores, el papa Francisco, que se encontraba en Eslovaquia, invitó a mirar a María como modelo de fe. Cuando presenta a su hijo en el Templo, Simeón le dirá: «Este niño está puesto para que muchos caigan y se eleven en Israel, y como un signo de contradicción. Y a ti una espada te atravesará el alma» (Lc 2,34). Tener fe, ser fiel, a veces no es fácil. Como dice el papa: “No se puede reducir la fe a azúcar que endulza la vida. No se puede. Ha venido para llevar luz donde hay tinieblas. Por eso las tinieblas luchan siempre contra Él”. Jesús es signo de contradicción, pero hemos ser firmes.

Ante Jesús no se puede permanecer tibio, no se puede. Acogerlo significa aceptar que Él desvele mis ídolos, las sugestiones del mal; y que sea para mí resurrección, Aquel que siempre me levanta, que me toma de la mano y me hace volver a empezar.

2) Para pensar

En el arte religioso, suele representarse a la Virgen de los Dolores, Mater Dolorosa, con un corazón traspasado por siete espadas, que significan los siete dolores que nos relatan los Evangelios que padeció.

Cuenta san Alfonso María de Ligorio que en el norte de Italia, a principios de 1830, había un joven que solía visitar una iglesia donde se veneraba una imagen de la Santísima Virgen de los Dolores, traspasada por siete espadas en su corazón. Una noche el joven cometió un pecado mortal. Al día siguiente volvió a visitar el templo. Y al ver la imagen de la Virgen, se sorprendió al ver, en lugar de siete, ocho espadas en el Corazón de la Santísima Virgen. Entonces oyó en su interior que una voz le decía que por su pecado había agregado una espada más. Arrepentido acudió a confesarse por el dolor causado a su Madre.

Los dolores de la Virgen fueron debidos por el sufrimiento de su Hijo, que cargaba sobre sí los pecados de la humanidad. Así como Jesús fue desgarrado en la carne, María fue desgarrada en el alma. No obstante, María Dolorosa permaneció al pie de la cruz con gran sufrimiento, pero con la fe en que su Hijo Dios transforma el dolor y vence la muerte.

3) Para vivir

Como cristianos, no ha de asombrar que también seamos “signos de contradicción” en el mundo. No se trata de ser hostiles, dice el papa Francisco, sino de saber mostrar con la propia vida la belleza del Evangelio, de ser tejedores de diálogo donde las posiciones se endurecen, de hacer resplandecer la vida fraterna allí donde a menudo hay división y hostilidad, de difundir el buen perfume de la acogida donde el egoísmo predomina y de proteger la vida donde reina la lógica de la muerte. Así, será una fe viva.

 

La familia: dar y recibir amor

 

Escrito por José Manuel Mañú Noain

Publicado: 23 Septiembre 2021

Quien no haya tenido la fortuna de ser amado en su infancia, tiene una carencia que ojalá le lleve al deseo de formar un hogar diferente al que nació. La familia es la urdimbre afectiva que la naturaleza ha previsto para el desarrollo armónico de las personas

Un bebé, desde el vientre materno recibe las consecuencias del comportamiento de su madre no sólo desde el punto de vista físico: hábitos saludables, ausencia de factores muy estresantes durante el embarazo, etc. También, de una forma u otra, el ser aceptado y querido configurará su personalidad. No todo bebé concebido es esperado con ilusión; hay casos en los que la concepción ha tenido lugar en un momento no esperado ni deseado; puede haber un sentimiento inicial de rechazo a aceptar el embarazo; esa situación no tiene mayor trascendencia si pasa a ser aceptado y progresivamente querido.

Aceptar al nuevo hijo o hermano

De hecho, al nacer un niño con síndrome Down, si no era esperado así, la primera reacción de sus padres puede ser de disgusto, lo que es comprensible. Es el momento de ayudarles, social y personalmente, para afrontar las nuevas circunstancias. Que un bebé sea esperado con ilusión por sus padres y hermanos es lo deseable, pero no es la única posibilidad. A veces pasa tiempo antes de que ese hijo inesperado pase a ser tan querido o más que sus hermanos.

Dice Bonete que la familia es la primera y fundamental escuela de socializar; como comunicación de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y la hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunicación y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad, representa la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad.

Ser querido y aprender a querer

El bebé nace muy limitado; sus manifestaciones afectivas se reducen a sonreír, como señal de satisfacción, y a llorar en señal de malestar o en petición de ayuda. Todos somos conscientes de la importancia de recibir afecto desde el principio de la vida; rodear de afecto al bebé fortalecerá una personalidad sana. Muchos padres de niños de 0 a 6 años se plantean dudas sobre cómo actuar en diversas y variadas circunstancias de la vida; especialmente cuando es el primer hijo, cada experiencia es nueva y no siempre están preparados para responder. Es indudable que participar con intensidad en la vida del recién nacido es una buena forma de apuntalar la familia y de emplear el tiempo. Entre llegar habitualmente a casa cuando el bebé está dormido, a estar en el baño vespertino, cena, juego, acompañarle a la cuna o a la cama, estar con él unos momentos, hay una notable diferencia.

Un bebé adquiere la conciencia del amor fundamentalmente por su experiencia personal de ser querido; su componente instintivo al comportarse es alto; desarrollará una capacidad de captar la atención que puede llegar a ser absorbente; es casi seguro que habrá que decirle NO en muchas ocasiones, desde sus intentos por ir a la cama de sus padres a su empeño por tomar objetos que le puede perjudicar o que por su valor no debe tener en sus manos. Querer no es decir siempre y a todo que sí; ahora abundan las madres buenas, cariñosas; pero el niño necesita tener una buena madre, que le da no lo que pide sino lo que necesita: mucho cariño y algunas negativas firmes.  

La creciente implicación paterna

Cada vez más los varones se implican en las tareas de la casa; faltar un día, uno de los dos, no es relevante si el motivo es importante. Faltar de forma sistemática puede llevar a lo sucedido en el siguiente relato: Cuando nació mi hijo yo estaba en una fase laboral en la que tenía que aprovechar las oportunidades para ascender. Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba. Comenzó a hablar cuando yo no estaba. A medida que crecía, me decía: `Papá, algún día seré como tú ¿Cuándo regresas a casa, papá?´. `No lo sé, hijo mío, pero cuando regrese jugaremos juntos..., ya lo verás`. Mi hijo cumplió diez años y me decía: `Gracias por la pelota, papá. ¿Quieres jugar conmigo?´ `Hoy no, hijo mío, que tengo mucho que hacer.´ `Está bien papá, otro día será`, y se fue sonriendo. Pasaron los años y mi hijo regresó de la universidad, hecho todo un hombre. Hijo, estoy muy orgulloso de ti. Siéntate y hablemos un poco.’ Hoy no, papá, tengo compromisos...; por favor, préstame el coche para ir a visitar a unos amigos.´ Ahora me he jubilado y mi hijo vive en un barrio cercano. Hoy le he llamado: `Hola, hijo mío, quiero verte.´ `Me encantaría, papá, pero es que no tengo tiempo...; tú sabes, el trabajo, los niños...; pero gracias por llamar, fue estupendo hablar contigo.´ Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo había cumplido su deseo, era exactamente como yo.

El cariño, idioma universal

En cualquier país que se visita, las personas con las que es más sencillo conectar son los niños, porque entienden ese idioma universal que entendemos todos. Los niños con síndrome Down escolarizados se acercan las personas más cariñosas, tienen un detector de cariño que les lleva a equivocarse raras veces. Una experiencia para no repetir es la que cuentan que hizo el emperador Federico IIquiso saber cuál era la primera lengua del mundo y viendo que cada niño hablaba la de su región de origen, pensó seleccionar a unos niños recién nacidos para criarlos aparte. De este modo, según el emperador, si nadie les hablaba no podrían aprender la lengua de sus cuidadoras y el idioma original brotaría de sus labios de manera espontánea. Así se hizo. Las personas encargadas de esa tarea los cuidaban, los bañaban, pero tenían prohibido hablarles o cantarles. El resultado fue que, al poco tiempo, todos los niños se fueron muriendo de uno en uno. ¿La razón? La ausencia de las manifestaciones que habitualmente acompañan al cariño. Esa historia muestra la necesidad vital de recibir afecto.

Es importante repetir a cada hijo que se le quiere de forma gratuita, siempre. Es cierto que no da lo mismo que se porten mejor o peor, que estudien o no, pero no deben llegar a pensar el amor de sus padres depende de su comportamiento o de los resultados escolares. Conocer a cada hijo bien lleva a saber cuándo hay que darle una palmada de cariño o ponerse serio con él. Quererles no es estar todo el día dándoles besos; depende de muchas circunstancias, como la cultura en la que se vive, el carácter de cada uno; en la cultura occidental a la madre se le admiten unas manifestaciones de cariño más tiernas que al padre. Varían las formas, pero no el contenido, mostrar a pre-adolescente un cariño muy efusivo delante de sus amigos no suele ser el método más acertado.

Dar cariño sin caer en el chantaje emocional

El niño pronto aprende a desenvolverse en la vida y, salvo los que tienen más dificultad para captar emociones o expresarlas, buscan el modo de conseguir lo que desean. Sabemos que un niño puede ser zalamero para conseguir un juguete, permiso para algo, etc. Algunos niños llevan balón al colegio porque consideran que es la forma de asegurarse que jugarán a fútbol, lo que no deja de ser indicador de que algo falla en su proceso de socialización; una niña que lleva golosinas para todas las amigas como forma de ganar su aprecio, trata de comprar la aceptación del grupo. La forma frecuente de aprendizaje de los niños es imitar y usar el sistema de acierto-error; no hay que sorprenderse porque comentan errores, lo importante es que aprendan de ellos; para eso necesitan que se les enseñe.

Con frecuencia son los padres los que animan al niño a dar un beso a un pariente, a unos amigos de los padres, etc. Un niño rodeado de cariño crece más seguro que si no lo está; pero el afecto esencial es el de los padres y en segundo lugar de sus hermanos, si los tiene. Entre hermanos es más peligrosa la envidia para sus relaciones futuras, que una pelea entre ellos por querer a la vez el mismo objeto. Parte de la educación es enseñarles a amar mucho y bien a los demás y a saber cuáles son las muestras de cariño adecuadas en situación: no es lo mismo la forma de tratar a sus abuelos que a un amigo. Muchos lo captan intuitivamente; a otros hay que decírselo de forma explícita.

Facilitar la vida familiar

El niño aprende de sus padres los aspectos básicos y, lógicamente, también a querer a su familia; el niño necesita cuidados constantes de sus padres. El niño ansía la armonía familiar y llora si ve reñir a sus padres. Pero él no puede defender ese derecho si lo ha perdido; el derecho del niño a estar con sus padres debe ser protegido antes de que se produzca el eventual daño causado por su carencia. El niño necesita a su padre y a su madre; cada uno aporta una dimensión afectiva y educativa difícilmente sustituible. Es cierto que, en los casos de muerte de un cónyuge, el otro habrá de asumir ambos roles; el que eso ocurra es inevitable en muchas ocasiones, pues ni siquiera aunque se volviera a casar, su cónyuge actual sería el padre de los hijos anteriores.

Es un logro social el incorporar al padre a las tareas del hogar; de ellas la más importante la educación de los hijos. Es anacrónico dejar la educación de los hijos en manos de la madre y desatender esa tarea para volcarse en exceso en el trabajo u otras labores. Cada hijo necesita a su padre y a su madre. Del padre aprende el modelo de varón y de la madre el de mujer. Del cariño y la presencia de ambos recibe seguridad y así, cuando el padre o la madre faltan del hogar varios días por motivos laborales, un viaje al extranjero, etc. a su llegada a casa es recibida por los hijos con alborozo. La sociedad obliga a las familias a buscar alternativas para conjugar los apretados horarios profesionales, las dificultades para conciliar la vida profesional y laboral, etc. Comienzan a verse empresas valoradas por organizaciones de familias, por el cuidado en facilitar a sus empleados compaginar las tareas familiares y laborales: horarios flexibles, trabajo desde el hogar, etc.

Pero son pocas todavía. No es fácil armonizar los intereses, pero la dificultad no exime del esfuerzo por intentarlo; la empresa no es la prioridad máxima para muchas personas, sino que lo es su familia. Una empresa que, por sistema, penaliza la maternidad negando reducir la jornada, haciendo cambios de destino que obligan a no poder hacer uso, de hecho, de las horas de lactancia reconocidas, etc. provoca una reacción de rechazo en las mujeres que trabajan en ella y que desearían compaginar ambas tareas. Mujeres con gran preparación profesional, encuentran trabas para incorporarse a un mundo laboral rígido, que se resiste a ganar en flexibilidad por no encontrar un beneficio económico directo en la adaptación; esa política de empresa, además de corta de miras, no ayudará a lograr una cultura de compromiso entre sus empleados.

Otras, sí valoran la satisfacción de sus empleados y ponen los medios para facilitar, a quien lo desee, armonizar familia y trabajo. Así, se facilita que sean los padres quienes enseñen al bebé facetas básicas, que de no ser así quedan en manos de otras personas: cuidadoras, guarderías para niños recién nacidos, etc. que pueden ser profesionales excelentes pero que nunca lo harán con el cariño de los padres. No hay soluciones sencillas para la conciliación, como tampoco las hay para otras áreas; igual que se ha ganado en sensibilidad para usar bien los residuos familiares, sociales, etc., se puede generar una cultura en la que haya una decisión no sólo de tener una sociedad más ecológica, sino también más acogedora.

Armonizar vida laboral y familiar

Hay dudas razonables de que escolarizar a todos los niños de 0 a 3 años sea lo mejor para un país; otra cosa es facilitarlo, para que nadie se quede sin la posibilidad de este servicio si lo requiere. Aprender de labios de los padres las primeras palabras, recibir durante horas el cariño de uno u otro cónyuge, aporta una seguridad en la formación de la persona que no tiene precio. Son muchos adultos los que hubieran deseado tener un trato más intenso con sus padres; en ocasiones era el trabajo, en otras las costumbres sociales u otras razones. No emitimos juicios sobre la generación anterior; quizá nadie les enseñó a hacer compatible trabajar y ser padre, o tuvieron que trabajar tantas horas que apenas les quedó tiempo para sus hijos. Ahora, es frecuente ver familias completas disfrutando juntos de actividades en fin de semana; eso es un logro que se debe procurar mantener.  

Resolver la atención de los hijos en vacaciones escolares

Por desgracia, es común ver en vacaciones cómo los padres con niños pequeños tienen que hacer equilibrios para atender a sus hijos; a veces en perjuicio de la convivencia de toda la familia unida. Las vacaciones se tienen que programar para cuidar a los hijos durante el largo verano. No hay soluciones fáciles a los problemas de la sociedad actual, pero una parte depende del empeño puesto en resolverlos, lo que guarda relación directa con la importancia que se les dan.

Un ejemplo puede servir para entenderlo; a finales de la década de 1950, los rusos iban por delante en la delantera en la carrera espacial con Estados Unidos; eran los años de la Guerra Fría y el prestigio de cada potencia estaba en juego. Al comenzar la década de 1960 el reciente presidente Kennedy anunció que, antes de acabar la década, un norteamericano habría puesto los pies en la luna. Sus colaboradores se echaron a temblar; estaban muy lejos de lograr ese reto. Se creó la NASA, se seleccionaron astronautas entre los pilotos de aviación, se contrataron miles de ingenieros, se proyectaron varias misiones Apolo con éxito diverso... El 21 de julio de 1969 millones de espectadores vieron como Neil Armstrong daba unos pasos por la luna. No fue un simple deseo lo que hizo posible ese hecho, fue un empeño en lograr una meta a la que dieron prioridad.

José Manuel Mañú Noain

 

En pareja, la libertad es el aire que aviva el amor

 

Escrito por Mario Castaño Casanova

Publicado: 22 Septiembre 2021

 

Cuando hablas con tu pareja: hablas con tu pareja y su experiencia vital

 Somos seres humanos pertenecientes a una sociedad que no hemos elegido, una sociedad en la que las canciones hablan de lo mucho que se aman dos personas, de lo que se necesitan el uno al otro y de lo idílico que es tenerse. En las películas infantiles vemos como príncipes salvan a princesas de dragones para que sean SUS reinas, donde es casi obligatorio que ambos sean uno. Pero… ¿en qué plano queda la LIBERTAD, la independencia, el proyecto individual?

Te pertenece, una casa, un móvil, un ordenador o incluso una mascota, pero una persona no. El ser humano pertenece a uno mismo, al universo y a sus vivencias. Nadie tiene derecho a quitarte tu identidad y cortar tus alas.

Cómo sobrevivimos a las relaciones “románticas”

En los últimos doscientos años, podemos ver como se ha establecido el concepto romántico del amor, de completarse, de ser uno y de hacer que cada día de la otra persona sea único por estar a tu lado.

Conoces a una persona y todo es maravilloso, los primeros meses todo es nuevo, cada gesto, cada palabra, cada lugar. No quieres separarte de esa persona por nada en el mundo, empiezas a crear dinámicas de dos, donde antes eras uno. Esto es maravilloso, pero el tiempo pasa y las dinámicas corren el peligro de convertirse en necesidades, de manera que todo lo que uno hace sin el otro se interprete como egoísmo.

Aquí está el error, hemos de ser lo suficientemente racionales, dentro de lo irracionales que nos vuelve el amor, para no perder nuestra libertad, para ser conscientes que las actividades individuales, los amigos propios y los momentos de soledad, no son más que el aire que necesita la cometa del amor para volar lo más alto que pueda.

La conversación es la mejor herramienta para fomentar la independencia

Para poder fomentar la libertad y la independencia, es básica una comunicación sana y funcional. No debe ser un problema informar a tu pareja de tus planes. No es sano tener que pensar como negociar lo que te apetece hacer, como si de un trueque se tratase, la pareja no es un negocio, debe ser un lugar de confianza y comprensión en el que volcar todo lo bueno de ambos.

A la hora de hablar en pareja hemos de tener en cuenta, desde ambas partes, que no solo hablas con tu pareja: hablas con tu pareja y su experiencia vital. Es bueno que aquí entren dos actitudes en juego. Por un lado la comprensión de que ha de adaptarse a ti, ya que quizás en el pasado vivió cosas que ahora le hacen ser una persona desconfiada y con miedos. Desde el otro plano, entender que delante no tienes a tu pasado, sino una persona nueva que te va a dar un nuevo futuro y va a ser genial para los dos.

Disfrutar del otro, compartiendo un tiempo de calidad y en libertad

La mayor libertad la podemos encontrar cuando aprovechamos nuestro tiempo y le damos calidad, así como cuando agradecemos el tiempo que otro nos dedica. Generando esta corriente, podremos valorar a la persona que tenemos al lado y cada gesto que tiene con nosotros, sin creer que esto es “lo que toca” ni que está obligado a hacerlo porque es lo que dicta la sociedad para su rol de pareja.

Por tanto, como conclusión final, sería bueno recordar que en pareja el espacio es vital, tanto el que se comparte como el reservado. De hecho, lo más probable es que favoreciendo el reservado también se enriquezca el compartido. Echar de menos, sentir la necesidad del otro o tener tiempo para la reflexión son ejemplos de esas actividades que pueden sumar mucho a tu pareja y que son complicadas de sentir o de hacer si os pasáis cada instante juntos.

“Mía. Sólo mía. Esa mía tan tuya de la que me he enamorado. Esa tuya tan nuestra que ahora siento sólo mía. Pero no es una mía de tenerte aquí atada conmigo. Es un mía que nada tiene que ver con la posesión. Porque contigo he aprendido que con la puerta abierta nadie se va.

Porque contigo ya no soy lugar, sino destino. Porque mi máxima aspiración es convertirme en tu hogar, ese sitio al que siempre quieras volver. Aún cuando en la planta de tus pies traigas arena de otro mar.” -Risto Mejide-

Mario Castaño Casanova, en lamenteesmaravillosa.com/

 

 

Más de 2.400 personas de 62 países, en el Simposio de Reconocimiento Natural de la Fertilidad coorganizado por la Universidad


FotoManuel Castells y cedida/Los doctores Luis Chiva y Marguerite Duane.

21 | 09 | 2021

Texto Ana Terrero

LikeTweeShareWhatsApp

Más de 2.400 personas de 62 países asistirán al Simposio Internacional de Reconocimiento Natural de la Fertilidad (RNF) que se desarrolla entre los días 22 y 24 de septiembre en la Universidad de Navarra. La reunión se celebra  online y de manera presencial en el salón de actos de la Facultad de Medicina. El Simposio está organizado por el centro académico en colaboración con la Universidad de los Andes y el proyecto Veritas Amoris.

“Nos parece que este momento que vivimos en nuestra sociedad, donde el planteamiento de la sexualidad es muy superficial, es óptimo para ofrecer una reflexión sobre el sentido más profundo de la sexualidad humana centrada en la persona”, ha destacado el doctor Luis Chiva, director del departamento de Ginecología de la Clínica Universidad de Navarra y uno de los organizadores del congreso. El profesor Chiva insiste en que el autoconocimiento de la ventana de fertilidad “es una herramienta valiosísima para dos personas que se aman, ya que les facilita saber cuándo pueden buscar un embarazo o distanciarlo, y además les va a permitir ser un monitor de salud a la hora de evaluar cualquier patología”, ha señalado. Luis Chiva afirma que ”el RNF es un modo de entender cómo se desarrolla la sexualidad en el ámbito de la pareja siendo respetuosos con la ecología, con el ciclo menstrual y mostrando toda la capacidad de donación, de perpetuación del amor”.

Entre los ponentes del simposio se encuentran, entre otros, Josep Standford (Universidad de Utah, Estados Unidos), Rene Leiva (Universidad de Ontario, Canadá), Christopher West (Instituto de Teología del Cuerpo, Estados Unidos), Juan José Pérez Soba (Instituto Pontificio Juan Pablo II, Roma), René Écochard (Universidad Claude Bernard Lyon, Francia), monseñor Mario Iceta, arzobispo de Burgos y experto en bioética o Marguerite Duane (Universidad de Georgetown, Estados Unidos)

El RNF, una asignatura en la Universidad de Georgetown

Marguerite Duane, médico de familia y profesora asociada, es además cofundadora de FACTS, una organización dedicada a la divulgación y enseñanza del RNF entre estudiantes y profesionales de la salud. En 2010 puso en marcha en la Universidad de Georgetown una asignatura sobre esta materia, en la que anualmente hay más de 200 estudiantes matriculados. En su ponencia, la estadounidense partirá de este caso de éxito para resaltar la importancia de “educar a la próxima generación de médicos y profesionales de la salud” en el Reconocimiento Natural de la Fertilidad. “No obstante, existe una necesidad de educar a la población en general en este aspecto, que podría cubrirse mediante un curso universitario diseñado para una audiencia no especializada”, matiza.

“Los alumnos se asombran al reconocer el gran vacío en su formación respecto a esta cuestión y ver cómo aprenden con nuestra asignatura sobre el reconocimiento natural de la fertilidad, tan importante para la salud de la mujer”, explica.

La profesora de la Universidad de Georgetown afirma que la puesta en marcha de una asignatura que aborda este tema ha sido una tarea pionera y, a la vez, exitosa. “La red de médicos y profesionales de la salud que comparten sus conocimientos con los estudiantes, el equipo asesor, compuesto por expertos en reconocimiento de la fertilidad, y los alumnos han contribuido al éxito del programa”, concluye.

 

Tener personalidad es ahora anticuado

Mientras el igualitarismo común se manifiesta sobre todo en el odio a las jerarquías, este igualitarismo actualizado va más lejos y se caracteriza además por su tendencia a la indiferenciación: entre padres e hijos; entre los sexos; entre las edades; entre profesores y alumnos, etc

 

El igualitarismo genera nuevos monstruos

Contenidos

La variedad armónica hace la vida interesante

Está surgiendo un nuevo tipo de igualitarismo, que difiere en algunos puntos no esenciales del igualitarismo conocido, que quiere la eliminación de toda superioridad.

Digámoslo así: quiere la igualdad de las muñecas, y no sólo la de los relojes. De los cuellos, y no sólo de los collares. De los dedos, y no tan sólo de los anillos …

¿Que quiere decir esto?

El campo del nuevo igualitarismo es la propia médula de la personalidad humana, y no sólo los objetos o situaciones; aquella médula por la cual se dice que una persona “tiene personalidad”, o que “no tiene personalidad”.

El igualitarismo patrón procura igualar todo en un nivel mínimo. Esto se podría representar por una ecuación: 1=1 (uno es igual a uno). Cada hombre es igual a los otros. El igualitarismo post-moderno trata de destruir en la medida de lo posible las propias individualidades, tornándolas indiferenciadas, de manera que esto puede expresarse en la ecuación 0=0 (cero es igual a cero).

Nuevo tipo humano

Este nuevo tipo humano se distingue de los demás no precisamente por su personalidad, sino por la carencia de ella.

Ya muchas voces, entre los post-modernos, han tratado del mismo fenómeno. Entre otros, Castoriadis, quien escribió sobre “La escalada de la insignificancia“; Gilles Lipovetsky, quien describió “La era del vacío”; Alain Finkielkraut discurrió sobre “La derrota del pensamiento“; Baudrillard bosquejó “el fin de lo social“, etc. No es que esos autores sean contrarios a esa situación, sino que para algunos esto debe ser así.

Plinio Corrêa de Oliveira describe así esta situación:

Cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá

“Según tal colectivismo, los varios “yo” o las personas individuales, con su inteligencia, su voluntad, su sensibilidad y consecuentemente sus modos de ser, característicos y discrepantes, se funden y se disuelven, según ellos, en la personalidad colectiva de la tribu generadora de un pensar, de un querer, de un estilo de ser densamente comunes”.[1]

Una uniformidad monstruosa

Mientras el igualitarismo común se manifiesta sobre todo en el odio a las jerarquías, este igualitarismo actualizado va más lejos y se caracteriza además por su tendencia a la indiferenciación: entre padres e hijos; entre los sexos; entre las edades; entre profesores y alumnos, etc. En esto consiste precisamente el punto central de este nuevo género de nivelación. Observa Plinio Corrêa de Oliveira:

“La civilización moderna (…) en general, ama lo que es promiscuo y confuso. Aboliendo la variedad y colocando en su lugar una uniformidad sin sentido, la Revolución destruye la semejanza de la criatura con su Creador”. [2]

Y agrega:

“lo característico es lo distintivo de la variedad auténtica; en él la verdadera variedad se realiza”.

Una variedad auténtica

Es decir, cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible y, en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá, no es posible encontrar nada que se parezca a una repetición.

Por lo tanto, jamás se podrá lograr una estandarización completa del género humano. Lo que se debe hacer es trabajar para que la humanidad se conforme lo más posible con esa estética superior del Universo, lo que es un alto y bello ideal.

Lo que pretenden hacer, por el contrario, es tratar de patronizar al máximo al hombre en todas las cosas, como forma de protesta contra esa estética. Esa protesta se llama: igualitarismo.

La enfermedad de un árbol es más grave que el deterioro de sus frutos. Cualquier persona percibe la enorme suma de errores, crímenes y pecados que fueron cometidos a lo largo de los últimos decenios para tratar de imponer esta ideología.

Pero es especialmente grave esta reducción del género humano ‒género en el que Dios se encarnó‒ al triste estado de decadencia impensable en que se encuentra.

Autor: Leo Daniele

 

Una sociedad lejos de Dios

Escrito por Norma Mendoza Alexandry.

Si ofrecemos nuestros sufrimientos y los ofrecemos en unión con los sufrimientos de Cristo, Él los convierte en un signo de esperanza.

Si quitamos a Cristo, quitamos el único fundamento de nuestros valores, instituciones y modo de vida.
“La indiferencia a nuestro pasado cristiano contribuye a la indiferencia de la defensa de nuestros valores e instituciones en el presente”: Charles Chaput, Arzobispo de Denver, USA.

Vivimos en el presente, pero no por eso podemos omitir y borrar lo que hemos sido, cómo surgieron los países de Occidente, y si sabemos que hoy vivimos en un mundo interconectado económica y socialmente, tenemos que hablar cada vez con mayor seguridad del hecho de que ni la política ni la economía son las fuerzas-guía de la historia de la humanidad, sino la cultura de la gente, lo que han valorado y venerado en su pasado y tradición. Esto es lo que da forma a una sociedad.

Hace ya algunos años, en la sede de la Organización de las Naciones Unidas retumbaron las siguientes palabras:

“La política de las naciones… no puede ignorar jamás la trascendente dimensión espiritual de la experiencia humana y no podrá ignorarla sin dañar la causa del hombre y la causa de la libertad humana. Lo que disminuya al hombre –lo que acorte el horizonte de las aspiraciones humanas a la bondad– daña la causa de la libertad. Para recobrar nuestra esperanza y confianza… necesitamos volver a ver aquel horizonte de posibilidad hacia el que aspira el alma del hombre”. (Juan Pablo II en la ONU, 1995)

En esta era de globalización, los retos que confrontan los católicos en toda América son los mismos que confrontan en Europa: estamos enfrentando una agresiva visión política secular y un modelo económico de consumo que resulta –en la práctica, si no con un intento explícito– en una nueva forma de ateísmo impulsado por los estados.

Para decirlo de otra forma, la manera de ver el mundo que dio cabida a la gran omisión de ideologías del siglo pasado, está aún viva. Su lenguaje es menos fuerte, sus intenciones parecen más amables y su cara es más amigable. Pero su impulso oculto no ha cambiado, esto es: la meta de construir una sociedad lejos de Dios; un mundo en donde hombre y mujer sean totalmente suficientes por sí mismos, satisfaciendo sus deseos y necesidades a través de su propia ingenuidad.

Esta visión presume un mundo pos-cristiano regido sólo por la racionalidad, la tecnología, la ingeniería social. De allí que la religión tendría un lugar en esta visión mundial sólo como accesorio de una forma de vida individualista. En esta nueva visión, la gente tiene libertad de creer y venerar a quien o lo que desee, siempre y cuando mantenga esas creencias para sí y no intenten introducir sus idearios religiosos en los activos del gobierno, o de la economía, o de la cultura.

Esto podría sonar para algunos como un modo razonable de organizar una sociedad moderna que incluya un amplio campo de tradiciones étnicas, religiosas y culturales, diferentes filosofías y modos de vida. Sin embargo, nuestras sociedades en Occidente son cristianas de nacimiento y su sobrevivencia depende de la capacidad de sus valores cristianos.

En México, por ejemplo, quién puede olvidar aquel 13 de mayo de 1524 en San Juan de Ulúa, Veracruz, cuando desembarcan doce frailes franciscanos que venían bajo las órdenes de Fray Martín de Valencia. Con ellos se inició de modo sistemático la evangelización del territorio que sería conocido como Virreinato de la Nueva España. Dos años después, en 1526, llegan los dominicos y en 1533 los agustinos. Todos ellos llegan con la misma encomienda: predicar el Evangelio. Tiene además lugar un acontecimiento sorprendente: el 12 de diciembre de 1531 culminan las Apariciones del Tepeyac a San Juan Diego y dentro de ellas, la Virgen de Guadalupe se muestra como Madre espiritual de los habitantes de estas tierras.

El núcleo de nuestros principios está basado en gran medida en la moralidad del Evangelio y en la visión cristiana del hombre y del gobierno. Y no estamos hablando acerca de teología cristiana o ideas religiosas. Estamos hablando de la fuerza unitiva de nuestras sociedades –gobierno representativo y separación de poderes; libertad de religión y conciencia y, lo más importante, la dignidad de la persona humana.

Esta verdad acerca de la unidad esencial de Occidente tiene un corolario –como indica Monseñor Chaput--: “Si quitamos a Cristo, quitamos el único fundamento de nuestros valores, instituciones y modo de vida. La defensa de los ideales occidentales es la única protección que nosotros y nuestros vecinos tenemos contra el descenso a nuevas formas de represión”.

Hoy, el relativismo es la religión civil y la filosofía pública de Occidente y sus argumentos pueden ser persuasivos. Ante el pluralismo del mundo moderno, parece tener sentido el que la sociedad quiera afirmar que ningún grupo individual tiene el monopolio de la verdad; que lo que una persona considera bueno y deseable, otros no. En la práctica, sin embargo, vemos que sin fe en principios morales fijos y verdaderamente trascendentales, nuestras instituciones políticas y el lenguaje se convierten en instrumentos al servicio de un nuevo barbarismo. En nombre de la tolerancia se puede tolerar la más cruel intolerancia; el respeto a otras culturas puede convertirse en menosprecio de la nuestra; la enseñanza “vivir y dejar vivir” justifica la vida del fuerte a expensas del débil.

Joseph Ratzinger nos decía que, cuando se cree en dioses menores, como el éxito, el dinero, la fama, el poder o el goce, los principios morales tienden a separarse del principio que los fundamenta; dejan de ser valores absolutos y se convierten en estrategias de acción acomodadas a las circunstancias.

Cuando hay crítica a virtudes como el dominio de sí, la templanza, la decencia, el pudor, el orden o la disciplina, cuando éstas se repudian, esto es consecuencia del vano empeño en fundamentar la moral al margen de la religión.

Cuando la moralidad degenera, las palabras “bueno” y “malo” pierden significación filosófica, se trivializan y se convierten en instrumentos de propaganda social. El olvido del Dios trascendente impide asentar sólidamente valores absolutos.

Esto ayuda al entendimiento de las injusticias fundamentales en el mundo occidental de hoy: el crimen del aborto, el infanticidio, la eutanasia, etc., tienen como meta la eliminación del débil, del discapacitado y del achacoso anciano. Sin tener la base en Dios o en la Verdad superior, nuestras instituciones democráticas pueden convertirse fácilmente en armas contra el débil y contra nuestra propia dignidad humana.

A partir de la llamada “revolución sexual”, se dan casos de alteración poblacional, como es el caso de Europa Occidental en donde antes, cuatro jóvenes trabajaban para sostener la jubilación de un anciano; pero hoy día la jubilación de cuatro ancianos recae sobre el trabajo de un joven.

Es bien conocido el hecho de que los valores cristianos que más irritan al Occidente secular son aquellos respecto al rechazo al aborto, la sexualidad y el matrimonio entre varón y mujer. Éstos expresan la verdad sobre la fertilidad humana, su significado y destino. Estas verdades son subversivas en un mundo en donde nos hacen creer que Dios no es necesario y que la vida humana no tiene ninguna naturaleza inherente ni propósito.

Ante esto, se antepone el amor de Dios hacia nosotros. El amor de Dios es tan grande, que no quiere que nada nos separe de Él. El bien que Dios desea para los humanos es más fuerte y vital que nosotros mismos, que nuestro cuerpo como humanos.

Y si pensamos en lo que Cristo quiere de ti y de mí, Él quiere que nos arrepintamos y volteemos a verlo con todo el corazón. Cuando hacemos esto, empezamos a tener un concepto significativo de la vida, aun en los peores momentos. Este nuevo concepto de la vida antepone los bienes espirituales, las relaciones interpersonales y el servicio a los demás por encima de todas las impostoras y engañosas promesas que prometen visiones de felicidad, pero que finalmente no llegan a satisfacer totalmente como son: el dinero, las compras, el prestigio, la comodidad, el poder, el placer, los regalos, etc. Ver a través de los Ojos de Cristo, es la única misión que vale la pena, pues Él ve a través de los tuyos.

No vivas como si estuvieras solo; el hombre solo es prisionero de sí mismo. No hay que sentirse solo, porque así estás perdiendo el camino. Participemos en la dicha de la divina amistad del Señor. De esta manera, se hace fácil compartir con Él nuestros deberes, nuestros afanes, nuestra vida diaria, nuestros deberes profesionales y los de ciudadano.

El presente, si es difícil, por todo lo que a diario vemos, conocemos o experimentamos, puede ser vivido y aceptado si nos lleva a un fin, y si podemos estar seguros de ese fin, y si ese fin es lo suficientemente grandioso para justificar el esfuerzo de la jornada. ¿Y cuál es ese fin? El fin es Jesucristo, quien es el mismo ayer, hoy y siempre.

Si ofrecemos nuestros sufrimientos y los ofrecemos en unión con los sufrimientos de Cristo, Él los convierte en un signo de esperanza. Somos como tirados al mar aventados por las olas, pero tenemos el ancla de la esperanza que Dios nos concede en esta Tierra.

En palabras de Pablo VI:

“Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego a los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra, de santidad”.

 

 

¿Los medios de comunicación pueden ser aliados en la educación de nuestros hijos?

Silvia del Valle Márquez

Para que los medios de comunicación sean nuestros aliados debemos invertirles tiempo y establecer criterios de uso.

En los últimos años y sobre todo en los últimos meses hemos estado sobre expuestos a los medios de comunicación, un poco por necesidad y un poco porque nos dejamos llevar por las tendencias y las modas que la sociedad nos impone.

Es una realidad que existen muchos contenidos al alcance de nuestra mano, de muy variados géneros, pero también es cierto que nosotros tenemos la llave para abrirles o cerrarles la puerta de nuestros hogares.

¿Cómo? Aquí te dejo mis 5Tips para hacer que los medios de comunicación sean aliados en la educación de nuestros hijos.

PRIMERO. Define tus necesidades.
Cada familia es distinta, por lo que es importante que hagamos conciencia de nuestras necesidades y requerimientos.

Esto lo podemos hacer tomando en cuenta a cada uno de los miembros de nuestra familia, edad y necesidades.

Podemos hacer una lista para ver coincidencias y tener claros los puntos específicos para cada uno.

Aquí también podemos poner algunas notas para tomar en cuenta cómo pueden ser las preferencias de cada uno de nuestros hijos, sus gustos, lo que les incomoda, lo que atrapa su atención, la inteligencia primordial de nuestros hijos, etc. Esto nos ayuda mucho para saber cómo aprenden mejor nuestros hijos y saber cómo podemos apoyarlos.

SEGUNDO. Conoce las opciones que tienes a la mano.
Es necesario que invirtamos tiempo para conocer lo que hay en los diferentes canales que tenemos a nuestra mano, lo que hay en las páginas de internet que podemos apoyarnos y las diferentes plataformas a las que tenemos acceso.

Es una realidad que en la televisión abierta en muy difícil encontrar contenido de calidad y que nos apoye para educar a nuestros hijos, pero si nos damos tiempo para conocer las opciones que tenemos, seguro que encontraremos algo y podremos agregarlo a nuestras opciones viables.

En cuanto a lo que hay en las redes sociales y el internet es necesario que lo probemos antes nosotros para no tener sorpresas porque en ocasiones nos presentan una cosa y al comenzar a usarlo es otra cosa muy diferente; o también pasa que al principio es de una forma y conforme se avanza en la aplicación va cambiando el contenido y se vuelve poco apto para nuestros hijos.

Por eso debemos también hacer una lista de los recursos en los que nos podemos apoyar y otra de los contenidos que son nocivos.

TERCERO. Establece horarios y reglas de uso. Se vale vetar.
En la tecnología y los medios de comunicación es básico establecer horarios y reglas de uso porque pueden generar adicción.

Además, conforme a los horarios de los programas que podemos usar para apoyar la educación de nuestros hijos, los tiempos que queremos darles para el uso de las computadoras, el tiempo de estudio y el tiempo para el juego, podemos establecer un horario personalizado para cada uno de nuestros hijos.

También podemos hacer un horario con la programación y recuerdos familiares que nos pueden apoyar para la sana convivencia.

Por cierto, como padres de familia y después de analizar las opciones que tenemos, podemos vetar los programas, páginas, redes sociales y aplicaciones que veamos que no son adecuadas para nuestros hijos. Si esto pasa podemos darles una pequeña explicación de acuerdo a la edad para tratar de que comprendan las razones, pero no se trata de negociar.

CUARTO. Para los pequeños, ayúdate del control parental.
Es muy común que nuestros hijos sepan mucho más de la tecnología que nosotros y que a veces piensen que pueden engañarnos o brincarse los límites que hemos establecido, pero siempre tenemos la ayuda de los controles parentales que nos permiten bloquear el acceso a ciertas páginas que consideramos nocivas para nuestros hijos, nos ayudan a establecer límites en cuanto a las características del contenido o de la navegación adecuada para nuestros hijos y también nos ayuda a establecer tiempos de uso del internet.

Existen paquetes que puedes adquirir que son más especializados pero ahora todas las compañías de internet nos ofrecen estos controles parentales, así que solo es cuestión de investigar un poco sobre cómo se pueden poner en marcha y darnos el tiempo para implementarlos.

Y QUINTO. Estimula los talentos y gustos de tus hijos.
Una vez que tenemos todo el panorama completo es importante tomar en cuenta los gustos y aptitudes de nuestros hijos para fomentar su educación y tratar de apuntalas por estos gustos lo que les cuesta trabajo aprender y para eso podemos proporcionarles totorales, documentales, videos, cápsulas, juegos o aplicaciones para hacer del aprendizaje algo divertido y novedoso.
En esta época donde la tecnología avanza y los medios de comunicación crecen sin medida, debemos aprender a usarlos para el beneficio de nuestros hijos.

En este sentido tenemos páginas como www.typing.com para practicar escribir en computadora, www.icell.hudsonalpha.org para aprender sobre las células, o para las matemáticas www.khanacademy.com aunque en esta a veces ponen ejercicios con ejemplos algo burdos.

En cuanto a las apps hay muchas que te pueden ayudar a conocer el sistema solar, el cuerpo humano y sus funciones, la tabla periódica didáctica y con los elementos gráficos, el cálculo mental, los idiomas, etc. solo es cuestión de visitar las tiendas de los sistemas operativos y dedicarle un poco de tiempo para ubicar las mejores según las necesidades de cada quien.

Con respecto a los canales que pueden ser de utilidad tenemos muchos en YouTube, así que debemos revisar su contenido y establecer algunos videos para cada uno de nuestros hijos.

Para los niños pequeños está la opción de YouTube Kids que nos ayuda a que no puedan navegar por todos lados sino solo por los videos que han sido realizados para niños.

En cuanto a la televisión abierta podemos decir que es el principal riesgo, pero podemos encontrar los mejores contenidos para que nuestros hijos puedan tener acceso a ellos.

Es importante recordar que el internet no solo son las redes sociales y que los medios de comunicación no es solo el internet, así que tenemos también recursos increíbles en el cine o las películas, en la radio y sus contenidos y también en publicaciones impresas y digitales que nos pueden ayudar mucho sobre todo en temas de ciencias, de conocimiento de la lengua y de historia.
Como puedes ver, para que los medios de comunicación sean nuestros aliados debemos invertirles tiempo y establecer criterios de uso, ¡así que manos a la obra!

 

 

Laicidad positiva

Durante los últimos días, con el tema de Afganistán, hemos podido apreciar que es interesante observar que el islamismo se alimenta de una corriente de islam que no subraya la religiosidad, la relación con Dios, sino sus leyes. De hecho, algunos estudiosos han señalado que esta forma de entender el islam es en realidad una forma de "agnosticismo piadoso", porque reduce la experiencia religiosa en una forma de moralismo o de legalismo, que se concreta en la obligación de que las mujeres lleven velo o burka, o que los hombres usen barba larga. No obstante se puede recordar que el fanatismo no es consecuencia de una religiosidad auténtica, sino precisamente lo contrario.

Nuestras democracias sólo serán maduras, como recordaba el filósofo agnóstico Jurgen Habermas, si incorporan la aportación sustancial de las grandes tradiciones religiosas. Es el concepto de laicidad positiva que acuñó Benedicto XVI y que sigue siendo una asignatura pendiente.

Jesús Domingo Martínez

 

El ahorro y el miedo a no poder pagar

                               

                                La noticia que he leído, me hace recordar a aquellos pobres e indefensos “siervos de la gleba”, que obligados a trabajar “para su señor tirano”, tenían que pasar hambres y necesidades vitales, por cuanto “al señor”, había que entregarle gran parte de las producciones, que aquellos “esclavos de las tierras del amo”, obtenían en situaciones calamitosas, luchando contra los elementos y temiendo, “los latigazos que el tirano, les daría, si no les entregaba periódicamente las leoninas partes que les exigía”, puesto que de no pagarlas voluntariamente, “sus esbirros vendrían y a la fuerza se las arrebatarían”; puesto que repito; la indefensión total es lo que tenían.

                                Hoy “sibilinamente” ocurre igual, “el señor feudal es el gobierno y sus esbirros, son todo el aparato de presión y miedo que nos tiene echados encima”; por ello hoy no se ahorra, como hubo tiempos no muy lejanos, en el pasado siglo, en que se ahorraba para progresar en la vida, social y económicamente y pese al gobierno que teníamos; hoy se ahorra, para que no te corten el agua, la electricidad, el gas, no te embarguen la propia vivienda (que ya es del Estado, al que se le paga un muy alto alquiler, ya semestral, pronto trimestral, y que antes era muy llevadero y pagado anualmente) y mediante controles, exhaustivos, puesto que para ello, no necesitan esbirros armados “y a caballo”; simplemente con los ordenadores, te controlan ya, hasta lo que, “meas cada día”; te tienen controlado al máximo, sometido, acobardado, sojuzgado, y de una nueva forma, “siervo de la gleba”, de los nuevos tiranos, que son simplemente, los tiránicos gobiernos que abusan de nosotros de forma cada vez más atroz.

                                Y lo hacen, no sólo sobre los bienes o suministros que nos permiten, sino por los incomprensibles impuestos que nos cargan, sobre los altos precios que dicen “ser justos” y que nos aplican, en beneficio de sus verdaderos esbirros, que no son otros, que las multinacionales, las grandes corporaciones nacionales, y el dinero internacional, que con el “insípido nombre de LOS MERCADOS Y LA GLOBALIDAD”; son la nueva tiranía que domina al mundo, que produce y trabaja, que como aquellos siervos que cito al principio, lo hacen o hacemos, para los nuevos señores de la gleba, o los nuevos negreros para explotar al máximo, a los nuevos esclavos.

                                Para analizar la explotación excesiva a que estamos sometidos, no hay más que volver a unos sesenta años atrás y ver (si guarda recibos compruébelo) lo que pagábamos por nuestros bienes muebles e inmuebles, por el recibo del agua, de la electricidad, el correo, el teléfono, la gasolina y en general, todo lo que nos llegaba, “vía gobiernos o vía monopolios” (los monopolios son buenos si los controla y explota el Estado, para controlar precios y evitar desmadres, recordemos CAMPSA, Bancos nacionales y Cajas de Ahorros) Hoy los ricos-riquísimos son innumerables por la abundancia de ellos, al mismo tiempo que los pobres, cada vez más pobres, aumentaron en proporción astronómica; cosa que no sorprende, al menos a los que ya leímos y meditamos, sobre las enseñanzas de Pitágoras, y sus consejos a los gobernantes y a los gobernados, de que nunca pretendieran crear muchos ricos, por cuanto estarían creando muchos más pobres.

                                Ya tan corrompido está todo, que hasta EL COMUNISMO que según sus “inventores”, venía a remediar a “los parias de la Tierra”, ha creado el capitalismo más feroz, puesto que ha mezclado lo que podemos catalogar ya como, EL COMUNISMOCAPITALISMOMUNDIAL; que será el mayor “secante” jamás inventado; EL CAPITAL TIENE QUE CONVERTIRSE SIMPLEMENTE EN CAPITAL PRODUCTIVO Y BENEFICIOSO PARA LA HUMANIDAD; por tanto y mientras existan tantos avariciosos insensibles y que ni piensan que una vez muertos se lo dejan todo aquí en el planeta, vamos “aviados y por tanto, que los dioses nos amparen, puesto que los monos y monas humanas, se contagian como acumuladores de capital y de la amoralidad reinante, y ello no tiene solución alguna”; al menos por el momento.

                                La noticia que me inspira este artículo es la siguiente:

                                “El miedo lleva a los españoles al récord de ahorro en un mes de julio en once años: https://www.vozpopuli.com/economia_y_finanzas/miedo-ahorro.html  La precaución ante cómo puede evolucionar la economía o si puede haber subidas de impuestos o de precios lleva a las familias a primar el ahorro sobre el consumo este verano”.

                               

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)