Las Noticias de hoy 23 Septiembre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 23/09/2021 - 12:08

Yo amo a mi familia www.familias.com frases de amor, familia, motivación  inspiración | Frases de amor, Marriage, Amor

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 23 de septiembre de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en la audiencia general: el futuro será de esperanza si será juntos

El Papa a los jesuitas de Eslovaquia: “La libertad nos asusta”

 El Papa a Congreso Teológico: unir la altura del pensamiento a la humildad de corazón

QUERER VER AL SEÑOR : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: desear ver a Jesús

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino” : San Josemaria

Mons. Ocáriz: una doble acción de gracias junto a san Josemaría

Muy humanos, muy divinos (VII): Nuestro trabajo, levadura de Dios : Javier del Castillo

Algo grande y que sea amor (VIII): Más madres y padres que nunca : Diego Zalbidea

Esclavitud postpatriarcal y liberación postfeminista: María Calvo Charro

Varón y mujer: ¿naturaleza o cultura? :  Jutta Burggraf

Ciudadanos de tiempo completo: Ana Teresa López de Llergo

¿Eres prisionero de la red?: Lucía Legorreta

La moda y el apetito de la extravagancia total : Plinio Corrêa de Oliveira

¿Qué tanto escuchas a tus hijos?: LaFamilia.info 

Cómo tratar a un familiar con Alzheimer: 9 claves para su buen manejo: LaFamilia.info 

Hay una tarea abierta : Jesús D Mez Madrid

La Civilización Cristiana, ¿es una utopía?

La electricidad en España el gran desastre… ¿Y en cuántos países más? : Antonio García Fuentes

 

 

ROME REPORTS

 

El Papa en la audiencia general: el futuro será de esperanza si será juntos

En la audiencia general del cuarto miércoles de septiembre, Francisco ilustró a los fieles su Viaje Apostólico a Budapest y Eslovaquia. Recordando su encuentro con las diversas iglesias cristianas, los judíos, los jóvenes, los más vulnerables, los creyentes de otras religiones, indicó el camino de la fraternidad: construir juntos el futuro con esperanza.

 

Ciudad del Vaticano

Una peregrinación de oración, una peregrinación a las raíces, una peregrinación de esperanza: así definió el Papa Francisco su reciente viaje apostólico a Budapest y Eslovaquia, terminado hace exactamente una semana, al que dedicó su catequesis de la audiencia general de este cuarto miércoles de septiembre.

Dirigiéndose a los fieles presentes en el Aula Pablo VI, el Santo Padre explicó los diversos aspectos de su peregrinación, que comenzó con la primera etapa en Budapest para la celebración de la Santa Misa conclusiva del Congreso Eucarístico Internacional, aplazada exactamente un año debido a la pandemia.

“La oración comenzó en Budapest, en la Misa de clausura del Congreso Eucarístico Internacional, con la adoración a Jesús Sacramentado, y se concluyó con la Fiesta de la Virgen Dolorosa en Šaštin”, dijo el Papa en nuestro idioma.

Explayándose en su catequesis en italiano, recordó la gran participación del pueblo santo de Dios, en el día del Señor, reunido ante el misterio de la Eucaristía en la Misa de Clausura del Congreso Eucarístico Internacional:

Era abrazado por la Cruz que sobresalía sobre el altar, mostrando la misma dirección indicada por la Eucaristía, es decir la vía del amor humilde y desinteresado, del amor generoso y respetuoso hacia todos, de la vía de la fe que purifica de la mundanidad y conduce a la esencialidad. Esta fe siempre nos purifica y nos aleja de la mundanidad que nos arruina, a todos: es una carcoma que nos arruina por dentro.

Una peregrinación de oración en el corazón de Europa

Fue una “peregrinación de oración en el corazón de Europa, iniciado con la adoración y concluido con la piedad popular”, afirmó el pontífice y añadiendo que su peregrinación de “escucha” concluyó en Eslovaquia en la Fiesta de María Dolorosa” en Šaštín, indicó:

Rezar porque a esto es a lo que sobre todo está llamado el Pueblo de Dios: adorar, rezar, caminar, peregrinar, hacer penitencia, y en todo esto sentir la paz y la alegría que nos da el Señor. Nuestra vida debe ser así: adorar, rezar, caminar, peregrinar y hacer penitencia. Y esto tiene una particular importancia en el continente europeo, donde la presencia de Dios se diluye en el consumismo y en los “vapores” de un pensamiento único – algo extraño pero real- fruto de la mezcla de viejas y nuevas ideologías. Y esto nos aleja de la familiaridad con el Señor, de la familiaridad con Dios.También en tal contexto, la respuesta que sana viene de la oración, del testimonio y del amor humilde. Del amor humilde que sirve. Retomemos esta idea: es cristiano está para servir.

La importancia de la memoria

“No hay oración sin memoria”, afirmó a continuación el Santo Padre, recordando el encuentro con “un pueblo fiel, que sufrió la persecución ateísta. Lo vi también en los rostros de nuestros hermanos y hermanas judíos con los cuales recordamos la Shoah”.

No hay oración sin memoria. ¿Qué significa esto? Significa que cuando rezamos, debemos recordar nuestra propia vida, la vida de nuestro pueblo, la vida de tantas personas que nos acompañan en la ciudad, en el pueblo, cual ha sido la historia...

Una peregrinación a las raíces

El segundo aspecto subrayado por Francisco fue el “recuerdo agradecido de estas raíces de fe y de vida cristiana, vívido en el ejemplo luminoso de testigos de la fe, como los cardenales Mindszenty y Korec, como el beato obispo Pavel Peter Gojdič. Raíces que descienden en profundidad hasta el siglo IX, hasta la obra evangelizadora de los santos hermanos Cirilo y Metodio, que han acompañado este viaje como una presencia constante”.

En más de una ocasión insistí en el hecho de que estas raíces están siempre vivas, llenas de la savia vital que es el Espíritu Santo, y que como tales deben ser custodiadas: no como exposiciones de museo, no ideologizadas e instrumentalizadas por intereses de prestigio y de poder, para consolidar una identidad cerrada. No. ¡Esto significaría traicionarlas y esterilizarlas! Cirilo y Metodio no son para nosotros personajes para conmemorar, sino modelos a imitar, maestros de los que aprender siempre el espíritu y el método de la evangelización, como también el compromiso civil – durante este viaje en el corazón de Europa pensé a menudo en los padres de la Unión Europea, como la soñaron: no como una agencia para distribuir las colonizaciones ideológicas de la moda, no. Como la soñaron ellos. Así entendidas y vividas, las raíces son garantía de futuro: de ellas brotan gruesas ramas de esperanza.

La esperanza de los jóvenes y de quienes se ocupan del prójimo

La esperanza es el tercer aspecto de este viaje, afirmó el Papa. Esperanza que Francisco encontró “en los ojos de los jóvenes, en el inolvidable encuentro en el estadio de Košice”. “Un signo fuerte y alentador, también gracias a la presencia de numerosas parejas jóvenes, con sus hijos”, en este tiempo de pandemia.

Como fuerte y profético es el testimonio de la beata Anna Kolesárová, joven eslovaca que a costa de su vida defendió la propia virginidad contra la violencia: un testimonio más actual que nunca, lamentablemente, porque la violencia sobre las mujeres es una llaga abierta.

Esperanza que el Santo Padre tuvo ocasión de ver también en tantas personas que “silenciosamente, se ocupan y se preocupan del prójimo”:

Pienso en las Hermanas Misioneras de la Caridad del Centro Belén en Bratislava, que acoge a personas sin hogar. Pienso en la comunidad gitana y en los que se comprometen con ellos por un camino de fraternidad y de inclusión. Fue conmovedor compartir la fiesta de la comunidad gitana: una fiesta sencilla, que sabía a Evangelio.

Una “esperanza” que se hace concreta “solo si se declina con otra palabra: juntos”, precisó el Obispo de Roma:

En Budapest y en Eslovaquia nos hemos encontrado juntos con los diferentes ritos de la Iglesia católica, juntos con los hermanos de otras confesiones cristianas, juntos con los hermanos judíos, juntos con los creyentes de otras religiones, juntos con los más débiles. Este es el camino, porque el futuro será de esperanza si será juntos.

El corazón colmo de agradecimiento del Papa

Después de este viaje, en mi corazón hay un gran “gracias”, concluyó el Papa. Un gracias que Francisco extiende a los obispos y a las autoridades civiles; al Presidente de Hungría y a la Presidenta de Eslovaquia, a todos los colaboradores en la organización; a los muchos voluntarios; a cada uno de los que han rezado. Con una petición final:

Por favor, añadan aún una oración, para que las semillas esparcidas durante el viaje den buenos frutos.

 

El Papa a los jesuitas de Eslovaquia: “La libertad nos asusta”

El miedo a ser libre, los peligros de lo abstracto frente a la vida concreta, el estilo de cercanía al pueblo de Dios. Estos son algunos de los puntos de la conversación del Papa Francisco con los jesuitas eslovacos, publicado hoy por La Civiltà Cattolica.

 

Debora Donnini - Ciudad del Vaticano

Es un ambiente cordial y familiar el que caracteriza los encuentros del Papa Francisco con los jesuitas durante sus Viajes Apostólicos. Así fue también en Eslovaquia, cuando el 12 de septiembre, en la Nunciatura Apostólica de Bratislava, se reunió cerca de una hora y media con sus hermanos del país que visitaba. Esta fue la reunión de la que informa La Civiltà Cattolica. También hubo otro encuentro con los jesuitas, el pasado 14 de septiembre, después de la Divina Liturgia, pero fue muy breve: visitó al personal de la Casa de Ejercicios Espirituales que no pudieron asistir a la celebración porque estaban ocupados preparando la hospitalidad para los Obispos presentes.

La operación y su salud

En la reunión del domingo 12 de septiembre, el diálogo también se desarrolló en un lenguaje franco, como se desprende de la respuesta a la pregunta sobre su salud. "Todavía vivo. A pesar de que algunos me querían muerto", dice el Papa Francisco, matizando con ironía, añadiendo que es consciente de que ha habido “incluso encuentros entre Prelados, que pensaban que el Papa era más serio de lo que se decía. Estaban preparando el cónclave”, refiriéndose a la operación del pasado mes de julio, recordando cómo fue un enfermero el que le convenció para someterse a ella.

El estilo pastoral de la cercanía

Desde la salud hasta la atención pastoral, las palabras del Papa abarcan cuatro tipos de cercanía para los jesuitas en su trabajo en Eslovaquia. Cercanía con Dios. Cercanía entre los hermanos, cercanía con el Obispo y el Papa -hablando directamente y sin hablar- y cercanía con el pueblo de Dios. A este respecto, se refiere a lo que llama "la cosa más hermosa que un Papa ha dicho a los jesuitas", a saber, el discurso de San Pablo VI en la Congregación General XXXII sobre el hecho de que donde hay encrucijadas, hay jesuitas. "Vamos a crear problemas. Pero lo que nos salvará de caer en ideologías estúpidas es la cercanía al pueblo de Dios".

Miedo a las encrucijadas del camino

Respondiendo a una pregunta, el Papa se detiene en el sufrimiento de la Iglesia en este momento, la "tentación de retroceder". "Una ideología que coloniza las mentes", la llama. No es un problema universal, sino específico de las Iglesias de ciertos países. "En un mundo tan condicionado por las adicciones y la virtualidad, nos asusta ser libres", dice en uno de los pasajes centrales, recordando que habló de ello en su primer encuentro público en Bratislava, poniendo como ejemplo El gran inquisidor de Dostoievski. "Nos asusta seguir adelante en las experiencias pastorales", dice, pensando en el trabajo realizado durante el sínodo sobre la familia "para hacer comprender que las parejas en segunda unión no están ya condenadas al infierno". "Tenemos miedo de acompañar a las personas con diversidad sexual. Tenemos miedo de la encrucijada de caminos de la que hablaba Pablo VI". Este – explica – es el mal de este momento. Buscar el camino en la rigidez y el clericalismo, que son dos perversiones".

Para el Papa, el Señor pide hoy a la Compañía que sea libre, con oración y discernimiento. No se trata de un "elogio a la imprudencia": lo que el Papa Francisco señala es que "ir hacia atrás no es el camino correcto", mientras que "avanzar en el discernimiento y la obediencia" sí lo es.

Sobre el tema, pues, de cuando falta el fervor, nos insta a comprender si se trata de una desolación personal o comunitaria, recordando también la importancia de conocer mejor los Ejercicios.

La ideología de género es peligrosa

Una de las cuestiones se refiere a la colonización ideológica y al género. "La ideología siempre tiene un encanto diabólico, como usted dice, porque no está encarnada", respondió el Papa, subrayando que vivimos en una civilización de ideologías y que "debemos desenmascararlas en sus raíces". "La ideología de género de la que hablas es peligrosa, sí. Según entiendo, es peligroso porque es abstracto con respecto a la vida concreta de una persona, como si una persona pudiera decidir abstractamente a voluntad si ser hombre o mujer y cuándo. La abstracción es siempre un problema para mí", subrayó el Papa, recordando sin embargo que "esto no tiene nada que ver con la cuestión homosexual". Si hay una pareja de homosexuales, "podemos hacer una labor pastoral con ellos, ir adelante en el encuentro con Cristo". Cuando habla de ideología, explica, habla "de la abstracción por la que todo es posible, no de la vida concreta de las personas y de su situación real".

Prefiero predicar

En cuanto al diálogo judeo-cristiano, hay que evitar que se rompa "por malentendidos, como ocurre a veces", afirma a continuación. A continuación, en una de las preguntas, le dicen a Francisco cómo trata a las personas que le miran con recelo. A este respecto, dice que hay una gran cadena de televisión católica que no para de hablar de él. "Personalmente puedo merecer ataques e insultos porque soy un pecador", dice, "pero la Iglesia no merece esto: es obra del diablo". El Papa sabe que también hay clérigos que hacen comentarios desagradables sobre él, y confiesa que a veces le falta paciencia, sobre todo cuando emiten juicios sin entrar en un verdadero diálogo. Sin embargo, asegura que sigue adelante sin entrar "en su mundo de ideas y fantasías". "Prefiero predicar", dice. También recuerda que algunos le acusan de no hablar de santidad, sino siempre de cuestiones sociales, y de ser "un comunista". "Y sin embargo -señala- he escrito toda una Exhortación Apostólica sobre la santidad, Gaudete et Exsultate".

La decisión sobre el Vetus Ordo

A continuación, se detiene en su decisión, fruto de una consulta con todos los Obispos del mundo, de poner fin al automatismo del antiguo rito para volver "a las verdaderas intenciones de Benedicto XVI y Juan Pablo II". A partir de ahora, quienes quieran celebrar con el vetus ordo deberán pedir permiso a Roma. A continuación, recuerda la experiencia de un Cardenal al que acudieron dos sacerdotes recién ordenados pidiendo estudiar latín para poder celebrar correctamente. El Papa recuerda las palabras con las que el Cardenal les respondió, con "sentido del humor", instándoles a estudiar primero el español y también el vietnamita, teniendo en cuenta los fieles presentes en la diócesis. Voy a seguir adelante", explica Francisco, "no porque quiera hacer una revolución. Hago lo que siento que debo hacer. Se necesita mucha paciencia, oración y caridad".

Comprender las causas de la migración

Sobre el tema de la inmigración, reiteró que es necesario no sólo acoger a los migrantes, sino también protegerlos, promoverlos e integrarlos, y que también es necesario entender bien las causas del fenómeno, comprender qué está pasando en el Mediterráneo y cuáles son "los juegos de las potencias que se asoman a ese mar para controlarlo y dominarlo".

 

El Papa a Congreso Teológico: unir la altura del pensamiento a la humildad de corazón

“El inmenso poder salvífico que se libera de la debilidad de la Cruz indica a la teología la importancia de un estilo que sepa unir la altura del pensamiento con la humildad del corazón”: lo dice el Papa a los participantes en el Congreso Teológico Internacional que inicia hoy en la Pontificia Universidad Lateranense. Francisco manifiesta la esperanza de que la iniciativa contribuya a "una lectura renovada de los desafíos contemporáneos a la luz de la Sabiduría de la Cruz".

 

Desde este 21 de septiembre y hasta el viernes 24 tiene lugar en la Pontificia Universidad Lateranense un Congreso Teológico Internacional, en el marco de las Celebraciones Jubilares del Tercer Centenario de la Fundación de la Congregación Pasionista, bajo el tema "La sabiduría de la cruz en un mundo plural", con el objetivo de profundizar en la actualidad de la Cruz en el contexto de los múltiples areópagos contemporáneos. A los participantes, y recordando estas premisas, se dirige el Papa Francisco en un mensaje al Superior General de la Congregación de la Pasión de Jesucristo, el padre Joachin Rego C.P.

En el Crucificado todas las dimensiones humanas abrazadas por Dios

En el mismo, el Santo Padre hace presente que la actualidad de la cruz responde al deseo de San Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionistas, de "esforzarse para que el Misterio Pascual, centro de la fe cristiana y del carisma de la Familia Religiosa Pasionista, se irradie y se difunda como respuesta a la Caridad divina y para que salga al encuentro de las expectativas y esperanzas del mundo". Recuerda que el Apóstol Pablo “habla de la anchura, la largura, la altura y la profundidad del amor de Cristo”, (cf. Ef 3,18).

Contemplando al Crucificado, - escribe el Pontífice – vemos todas las dimensiones humanas abrazadas por la misericordia de Dios. 

Unir la altura del pensamiento a la humildad del corazón

“El amor kenótico de Jesús”, vale decir, el vaciamiento de la voluntad del Maestro para ser completamente receptivo a la voluntad de Dios Padre, y “compasivo”, añade el Papa, “toca, a través de la Cruz, los cuatro puntos cardinales y alcanza los extremos de nuestra condición, uniendo inseparablemente la relación vertical con Dios y la horizontal con los hombres, en una fraternidad que la muerte de Jesús hizo definitivamente universal”.  

“El inmenso poder salvífico que se libera de la debilidad de la Cruz indica a la teología la importancia de un estilo que sepa unir la altura del pensamiento con la humildad del corazón.”

Esto porque “frente al Crucificado, también se le invita a dirigirse a la condición más frágil y concreta del hombre y a renunciar a las modalidades e intentos polémicos, compartiendo con ánimo alegre el esfuerzo del estudio y buscando con confianza las preciosas semillas que la Palabra siembra en pluralidad discontinua y a veces contradictoria de la cultura”, afirma el Santo Padre. 

La actualidad de la Cruz

Lo arriba dicho es el motivo por el cual “la Cruz del Señor, fuente de salvación para los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos”, es “actual y eficaz, también y, sobre todo en una situación como la contemporánea, caracterizada por cambios rápidos y complejos”. De ahí que el Congreso Teológico que inicia este martes proponga “muy oportunamente”, tal como observa el Papa, “hacer conocer la Sapientia Crucis en diversos ámbitos –como los desafíos de las culturas, la promoción del humanismo y el diálogo interreligioso y los nuevos escenarios de la Evangelización–, asociando a la reflexión científica una serie de manifestaciones que dan fe de su impacto beneficioso en diversos contextos”. 

Una renovada lectura de los desafíos contemporáneos

El Santo Padre espera que la iniciativa contribuya, “al promover fructíferos diálogos teológicos, culturales y pastorales”, a "una lectura renovada de los desafíos contemporáneos a la luz de la Sabiduría de la Cruz, para que favorezca una evangelización fiel al estilo de Dios y cercana al hombre”. 

Al formular cordiales deseos para las jornadas de estudio, invoco la protección de la Santísima Virgen y de San Pablo de la Cruz, e imparto de corazón la Bendición Apostólica a los Ponentes, Organizadores y a todos los participantes en esta importante Asamblea y pido a todos que continúen rezando por mí. 

El mensaje está firmado en Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, el 1° de julio de 2021.

 

QUERER VER AL SEÑOR

— Limpiar la mirada para contemplar a Jesús en medio de nuestros quehaceres normales.

— La Santísima Humanidad del Señor, fuente de amor y de fortaleza.

— Jesús nos espera en el Sagrario.

I. En el Evangelio de la Misa, San Lucas nos dice que Herodes deseaba encontrar a Jesús: Et quaerebat videre eum, buscaba la manera de verle1. Le llegaban frecuentes noticias del Maestro y quería conocerlo.

Muchas de las personas que aparecen a lo largo del Evangelio muestran su interés por ver a Jesús. Los Magos se presentan en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?2. Y declaran enseguida su propósito: vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle: su propósito es bien distinto del de Herodes. Le encontraron en el regazo de María. En otra ocasión son unos gentiles llegados a Jerusalén los que se acercan a Felipe para decirle: Queremos ver a Jesús3. Y en circunstancias bien diversas, la Virgen, acompañada de unos parientes, bajó desde Nazaret a Cafarnaún porque deseaba verle. Había tanta gente en la casa que hubieron de avisarle: Tu Madre y tus hermanos están fueran y quieren verte4. ¿Podremos imaginar el interés y el amor que movieron a María a encontrarse con su Hijo?

Contemplar a Jesús, conocerle, tratarle es también nuestro mayor deseo y nuestra mayor esperanza. Nada se puede comparar a este don. Herodes, teniéndole tan cerca, no supo ver al Señor; incluso tuvo la oportunidad de poder ser enseñado por el Bautista –el que señalaba con el dedo al Mesías que había llegado ya– y, en vez de seguir sus enseñanzas, le mandó matar. Ocurrió con Herodes como con aquellos fariseos a los que el Señor dirige la profecía de Isaías: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos...5. Por el contrario, los Apóstoles tuvieron la inmensa suerte de tener presente al Mesías, y con Él todo lo que podían desear. Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen6, les dice el Maestro. Los grandes Patriarcas y los mayores Profetas del Antiguo Testamento nada vieron en comparación a lo que ahora pueden contemplar sus discípulos. Moisés contempló la zarza ardiente como símbolo de Dios Vivo7. Jacob, después de su lucha con aquel misterioso personaje, pudo decir: He visto cara a cara a Dios8; y lo mismo Gedeón: He visto cara a cara a Yahvé9..., pero estas visiones eran oscuras y poco precisas en comparación con la claridad de aquellos que ven a Cristo cara a cara. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo...10. La gloria de Esteban –el primero que dio su vida por el Maestro– consistirá precisamente en eso: en ver los Cielos abiertos y a Jesús sentado a la derecha del Padre11. Jesús vive y está muy cerca de nuestros quehaceres normales. Hemos de purificar nuestra mirada para contemplarlo. Su rostro amable será siempre el principal motivo para ser fieles en los momentos difíciles y en las tareas de cada día. Le diremos muchas veces, con palabras de los Salmos: Vultum tuum Domine requiram...12buscaré, Señor, tu rostro... siempre y en todas las cosas.

II. Quien busca, halla13. La Virgen y San José buscaron a Jesús durante tres días, y lo encontraron14. Zaqueo, que también deseaba verlo, puso los medios y el Maestro se le adelantó invitándose a su casa15. Las multitudes que salieron en su busca tuvieron luego la dicha de estar con Él16. Nadie que de verdad haya buscado a Cristo ha quedado defraudado. Herodes, como se verá más tarde en la Pasión, solo trataba de ver al Señor por curiosidad, por capricho..., y así no se le encuentra. Cuando se lo remitió Pilato, al ver a Jesús, se alegró mucho, pues deseaba verlo hacía mucho tiempo, porque había oído muchas cosas acerca de Él y esperaba verle hacer algún milagro. Le preguntó con muchas palabras, pero Él no le respondió nada17. Jesús no le dijo nada, porque el Amor nada tiene que decir ante la frivolidad. Él viene a nuestro encuentro para que nos entreguemos, para que correspondamos a su Amor infinito.

A Jesús, presente en el Sagrario, ¡y tan cercano a nuestras vidas!, le vemos cuando deseamos purificar el alma en el sacramento de la Confesión, cuando no dejamos que los bienes pasajeros –incluso los lícitos– llenen nuestro corazón como si fueran definitivos, pues –como enseña San Agustín– «el amor a las sombras hace a los ojos del alma más débiles e incapaces para llegar a ver el rostro de Dios. Por eso, el hombre mientras más gusto da a su debilidad más se introduce en la oscuridad»18.

Vultum tuum, Domine, requiram..., buscaré, Señor, tu rostro... La contemplación de la Humanidad Santísima del Señor es inagotable fuente de amor y de fortaleza en medio de las dificultades de la vida. Muchas veces nos acercaremos a las escenas del Evangelio; consideraremos despacio que el mismo Jesús de Betania, de Cafarnaún, el que recibe bien a todos... es el que tenemos, quizá a pocos metros, en el Sagrario. En otras ocasiones nos servirán las imágenes que lo representan para tener como un recuerdo vivo de su presencia, como hicieron los santos. «Entrando un día en el oratorio –escribe Santa Teresa de Jesús–, vi una imagen que habían traído allí a guardar (...). Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle»19. Este amor, que de alguna manera necesita nutrirse de los sentidos, es fortaleza para la vida y un enorme bien para el alma. ¡Qué cosa más natural que buscar en un retrato, en una imagen, el rostro de quien tanto se ama! La misma Santa exclamaba: «¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien»20.

III. Iesu, quem velatum nunc aspicio...21Jesús, a quien ahora veo escondido, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria, rezamos en el Himno Adoro te devote.

Un día, con la ayuda de la gracia, veremos a Cristo glorioso lleno de majestad que nos recibe en su Reino. Le reconoceremos como al Amigo que nunca nos falló, a quien procuramos tratar y servir aun en lo más pequeño. Estando muy metidos en medio del mundo, en las tareas seculares que a cada uno han correspondido, y amando ese mundo, que es donde debemos santificarnos, podemos decir, sin embargo, con San Agustín: «la sed que tengo es de llegar a ver el rostro de Dios; siento sed en la peregrinación, siento sed en el camino; pero me saciaré a la llegada»22. Nuestro corazón solo experimentará la plenitud con los bienes de Dios.

Ya tenemos a Jesús con nosotros, hasta el fin de los siglos. En la Sagrada Eucaristía está Cristo completo: su Cuerpo glorioso, su Alma humana y su Persona divina, que se hacen presentes por las palabras de la Consagración. Su Humanidad Santísima, escondida bajo los accidentes eucarísticos, se encuentra en lo que tiene de más humilde, de más común con nosotros –su Cuerpo y su Sangre, aunque en estado glorioso–; y especialmente asequible: bajo las especies de pan y de vino. De modo particular en el momento de la Comunión, al hacer la Visita al Santísimo..., hemos de ir con un deseo grande de verle, de encontrarnos con Él, como Zaqueo, como aquellas multitudes que tenían puesta en Él toda su esperanza, como acudían los ciegos, los leprosos... Mejor aún, con el afán y el deseo con que le buscaron María y José, como hemos contemplado tantas veces en el Quinto misterio de gozo del Santo Rosario. A veces, por nuestras miserias y falta de fe, nos podrá resultar costoso apreciar el rostro amable de Jesús. Es entonces cuando debemos pedir a Nuestra Señora un corazón limpio, una mirada clara, un mayor deseo de purificación. Nos puede ocurrir como a los Apóstoles después de la resurrección, que, aunque estaban seguros de que era Él, no se atrevían a preguntarle; tan seguros que ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres?, porque sabían que era el Señor23. ¡Era algo tan grande encontrar a Jesús vivo, el de siempre, después de verle morir en la Cruz! ¡Es tan inmenso encontrar a Jesús vivo en el Sagrario, donde nos espera!

1 Lc 9, 7-9. — 2 Mt 2, 3. — 3 Jn 12, 21. — 4 Lc 8, 20. — 5 Mt 13, 14-15. — 6 Mt 13, 16. — 7 Cfr. Ex 3, 2. — 8 Gen 32, 31. — 9 Jue 6, 22. — 10 Mt 13, 17. — 11 Hech 7, 55. — 12 Sal 26, 8. — 13 Mt 7, 8. — 14 Cfr. Lc 2, 48. — 15 Cfr. Lc 19, 1 ss. — 16 Cfr. Lc 6, 9 ss. — 17 Lc 23, 8-9. — 18 San Agustín, Del libre albedrío, 1, 16, 43. — 19 Santa Teresa, Vida, 9, 1. — 20 Ibídem, 6. — 21 Himno Adoro te devote. — 22 San Agustín, Comentarios a los Salmos, 41, 5. — 23 Jn 21, 12.

 

 

Evangelio del jueves: desear ver a Jesús

Comentario del jueves de la 25° semana del tiempo ordinario. “¿Quién es, entonces, éste del que oigo tales cosas?” La Eucaristía y el Evangelio son caminos seguros para acercarnos a Jesús y para conocerlo más.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 9,7-9)

Herodes el tetrarca oyó todo lo que ocurría y dudaba, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, otros que Elías había aparecido, otros que había resucitado alguno de los antiguos profetas. Y dijo Herodes:

—A Juan lo he decapitado yo, ¿quién es, entonces, éste del que oigo tales cosas?

Y deseaba verlo.


Comentario

Los evangelios mencionan con cierta frecuencia la fuerte impresión que causaba la figura de Jesús: su porte, su palabra llena de sabiduría y autoridad, los milagros y portentos que realizaba, los exorcismos sobrecogedores y por medio de los cuales, los espíritus impuros obedecían la voz del Mesías y eran expulsados del ámbito de los hombres y de su influencia.

Jesús provocaba en las gentes el asombro y también el afán de conocerlo y saber más sobre Él: ¿Quién era exactamente aquel carpintero de Nazaret, que no tenía estudios, a diferencia de las autoridades religiosas del pueblo, pero que sabía tantas cosas y desplegaba tanta majestad, con una autoridad desconocida hasta entonces?

Para algunos, Jesús sería un profeta, como los famosos hombres de Dios de la historia bíblica. Quizá era Elías, Jeremías o algún otro. Para muchos Jesús se parecía al profeta más cercano en el tiempo que habían conocido: Juan Bautista, al cual había encarcelado y decapitado Herodes, el tetrarca de Galilea.

Llama la atención la creencia en el más allá que las gentes manifestaban, al pensar que Jesús podía ser uno de los profetas que había resucitado. Con este pensamiento, demostraban que la identidad de Jesús era para ellos misteriosa y difícil de interpretar.

En cualquier caso, el evangelio de hoy nos demuestra que, incluso aquellas personas que parecían más alejadas de Dios, como puede ser el caso de Herodes, también se interesaban por Jesús y deseaban verlo, aunque fuera por una curiosidad quizá poco sobrenatural. Jesús suscitaba en todos los corazones el deseo de conocerlo y saber más sobre Él.

Nosotros, gracias a la Iglesia y a las Escrituras, sabemos mucho sobre la identidad de Jesús: sabemos que es el Hijo de Dios encarnado, el Mesías esperado que debía padecer y resucitar y así entrar en su gloria (cfr. Lc 24,26). Nosotros hemos recibido muchas más luces que aquellas gentes que le conocieron en los caminos y aldeas de Galilea. Es lógico por tanto que Jesús encuentre en nosotros un gran afán de conocerlo cada vez más y mejor, para enamorarnos más de Él.

La Eucaristía y el Evangelio son caminos seguros para acercarnos a Jesús y para conocerlo más. Podemos seguir entonces el consejo de San Josemaría: “Trata a la Humanidad Santísima de Jesús... Y Él pondrá en tu alma un hambre insaciable, un deseo ‘disparatado’ de contemplar su Faz. En esa ansia —que no es posible aplacar en la tierra, hallarás muchas veces tu consuelo”[1].


[1] San Josemaría, Vía Crucis, VI Estación, n. 2.

 

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino”

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)

23 de septiembre

Como a Nuestro Señor, a mí también me gusta mucho charlar de barcas y redes, para que todos saquemos de esas escenas evangélicas propósitos firmes y determinados. Nos cuenta San Lucas que unos pescadores lavaban y remendaban sus redes a orillas del lago de Genesaret. Jesús se acerca a aquellas naves atracadas en la ribera y se sube a una, a la de Simón. ¡Con qué naturalidad se mete el Maestro en la barca de cada uno de nosotros!: para complicarnos la vida, como se repite en tono de queja por ahí. Con vosotros y conmigo se ha cruzado el Señor en nuestro camino, para complicarnos la existencia delicadamente, amorosamente.

Después de predicar desde la barca de Pedro, se dirige a los pescadores: duc in altum, et laxate retia vestra in capturam!, ¡Bogad mar adentro, y echad vuestras redes! Fiados en la palabra de Cristo, obedecen, y obtienen aquella pesca prodigiosa. Y mirando a Pedro que, como Santiago y Juan, no salía de su asombro, el Señor le explica: no tienes que temer, de hoy en adelante serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron(Amigos de Dios, 21)

 

 

Mons. Ocáriz: una doble acción de gracias junto a san Josemaría

Después de los viajes pastorales del mes de agosto por diversas naciones europeas, Mons. Fernando Ocáriz celebró dos misas en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. El Papa Francisco le envió una carta con motivo de sus bodas de oro sacerdotales.

DEL PRELADO22/09/2021

Fueron dos celebraciones para dar gracias a Dios por sus cincuenta años de sacerdocio –había sido ordenado presbítero el 15 de agosto de 1971– y los sesenta de su incorporación al Opus Dei, el 7 septiembre de 1961. La primera tuvo lugar el día 7 de septiembre y, la segunda, el 8 de septiembre, fiesta de la natividad de la Virgen María.

Al inicio de ambas celebraciones, Mons. Mariano Fazio, Vicario auxiliar de la Prelatura, leyó la carta que el Papa Francisco había enviado a Mons. Ocáriz.

La carta del Papa Francisco

Esta es la traducción del latín de la carta del Santo Padre:

A mi querido hijo Mons. Fernando Ocáriz, que en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María celebra felizmente sus bodas de oro sacerdotales, le acompañamos con Nuestra oración, alabamos su insigne espíritu misionero, su profunda ciencia y su intensa actividad pastoral para que la fe católica se propague, a la vez que por la intercesión de la dulcísima Reina de los cielos y de San Josemaría Escrivá de Balaguer otorgamos con profundo afecto a él y a todos los fieles de la Prelatura Nuestra Bendición Apostólica y pedimos oraciones para que desempeñemos con la alegría del Evangelio el ministerio Petrino. Dado en Roma, Laterano, el día 30 de julio del año 2021. Francisco.

En ambas celebraciones se rezó especialmente por las intenciones del Santo Padre, por la Iglesia y por la santidad de todos los sacerdotes.

 

Muy humanos, muy divinos (VII): Nuestro trabajo, levadura de Dios

En este séptimo artículo descubriremos algunas virtudes del trabajo que se esconden en una imagen que usó Jesús: la de aquella mujer que hace pan para muchas personas. El desafío es transformar nuestras tareas diarias en amor para quienes nos rodean.

VIRTUDES21/09/2021

El trabajo, con sus objetos y sus rutinas, era quizá la realidad que mejor conocían quienes escuchaban a Jesús. Por eso en su predicación aparece con tanta frecuencia y desde tantos ángulos diversos. Ahí está el sembrador que arroja la semilla en el campo, el negociante que busca perlas finas, el pescador que lanza la red en el mar... Un día, para explicar algo tan importante como el modo en que Dios obra en el mundo, Jesús se fija en una de las tareas más ancestrales: la de elaborar el pan. «¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda» (Lc 13,20). Así se desarrolla el Reino de Dios en la historia: codo a codo con nosotros, al compás de nuestro trabajo cotidiano, fermento que se inserta en el trabajo de Dios y que transforma el mundo desde dentro. Como dirá Jesús en otra ocasión, «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo» (Jn 5,17).

Con esta figura de la mujer que fermenta la harina, el Señor reviste de una dignidad inmensa una tarea que, de tan normal, parecería casi fuera de sitio. Quienes escuchaban al Señor tal vez imaginarían que, para describir algo tan trascendental como el desarrollo del Reino de Dios, habría sido más adecuado pensar en el trabajo de un noble de la época, o en las tareas de quienes se encargaban más directamente de las cosas religiosas. Pero el propio Jesús, siendo el Hijo del Altísimo, había ejercido un trabajo manual, sencillo. De modo que, en lugar de referirse a un puesto de influencia política, de eficacia económica, o de prestigio social, pensó en la labor de esas personas discretas que se despiertan temprano, antes que los demás, para que pueda llegar a tiempo ese pan de la primera comida, que usualmente dura apenas unas horas en su mejor estado.

Tres medidas de harina

Al describir la escena de esta mujer que trabaja la masa, Jesús menciona un detalle muy sugerente: la cantidad de harina. En el mundo judío de la época, tres «medidas» de harina equivalían aproximadamente a veintidós litros de masa, con lo que se podía producir pan para dar de comer a un centenar de personas. Tal cantidad de harina nos indica que la mujer no está trabajando solo para su propia familia, por numerosa que sea. Su tarea parece dirigirse más bien a una necesidad de la comunidad. No es difícil, pues, imaginarla en plena labor, poniendo el corazón en quienes disfrutarían de todo ese pan. Porque así sucede en todo trabajo: nuestra tarea nos pone en relación con los demás, nos ubica en algún lugar desde el que contribuimos al bien de los otros. De hecho, «las alegrías más intensas de la vida brotan cuando se puede provocar la felicidad de los demás, en un anticipo del cielo. Cabe recordar la feliz escena del film “La fiesta de Babette”, donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: “¡Cómo deleitarás a los ángeles!”. Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás»[1].

Tanto pan, para tanta gente, supondría un tiempo y un esfuerzo considerables. Pero esta mujer encara el reto y persevera en su labor «hasta que fermenta toda» la masa (Lc 13,20). Acabar la tarea emprendida, y acabarla bien, requiere fortaleza, concentración, perseverancia, puntualidad… Conseguir trabajar como esta mujer requiere sobreponerse a la pereza, que es de ordinario «el primer frente en el que hay que luchar»[2]. En ese sentido, sabemos que san Pablo no lo pensó dos veces a la hora de corregir la ociosidad que se había infiltrado entre los primeros cristianos de Tesalónica. Algunos de ellos pensaban que la segunda venida del Señor era inminente, y se decían que trabajar no tenía ya mucho sentido; vivían, pues, «sin hacer nada, solo ocupados en curiosearlo todo». Sin embargo, Pablo les dice: «El que no quiera trabajar, que no coma» (2 Ts 3,10-11).

El Padre nos ha hablado de las potencialidades que tiene el trabajo, también el que nos cuesta un poco más, cuando encontramos en él un lugar de amor y de libertad: «Podemos cumplir con alegría también los deberes que puedan resultar desagradables. Como nos dice san Josemaría, “no es lícito pensar que sólo es posible hacer con alegría el trabajo que nos gusta”. Se puede hacer con alegría ―y no de mala gana― lo que cuesta, lo que no gusta, si se hace por y con amor y, por tanto, libremente»[3].Esto rige incluso para dificultades en torno a la propia situación laboral, como pueden ser un momento de paro o de enfermedad, la pérdida de energías con el paso de los años, tensiones o incertidumbres en el propio sector, etc. San Josemaría, consciente de lo habituales que son ese tipo de situaciones en la vida, decía con realismo que «la enfermedad y la vejez, cuando llegan, se transforman en labor profesional. Y así no se interrumpe la búsqueda de la santidad, según el espíritu de la Obra, que se apoya, como la puerta en el quicio, en el trabajo profesional»[4].

Cuando el amor está de por medio

Son muchas las razones que nos pueden llevar a perseverar en una tarea honesta: la responsabilidad por sacar adelante a quienes dependen de nosotros, el deseo de servir a los demás, la ilusión de crear algo nuevo, etc. Sin embargo, también las buenas intenciones pueden adoptar progresivamente formas de amor propio, como el afán de reconocimiento, o los deseos de lucirse y aparentar ante los demás. Otras veces nos puede asediar la tentación de trabajar demasiado: un desvío sutil, que suele disfrazarse de virtud. El perfeccionismo y el eficientismo –o workaholism– se encuentran en este género de desorden. Lo que en su origen era un empeño por hacer las cosas bien, y de manera eficaz, puede derivar en lo que san Josemaría llamaba «profesionalitis»[5]: una dedicación excesiva al trabajo, que quita casi todo el tiempo a lo demás. «Vuestro trabajo —escribía en una ocasión— ha de ser responsable, perfecto, en la medida en la que la tarea humana pueda ser perfecta: con amor de Dios, pero teniendo en cuenta que lo mejor suele ser enemigo de lo bueno. Haced las cosas bien, sin manías ni obsesiones, pero acabándolas, poniendo siempre la última piedra y cuidando los detalles»[6].

El problema de la «profesionalitis» no estriba tanto en la manera en que se trabaja, como el peso que se da al trabajo en el horizonte de la vida. Es muy bueno, también para la salud mental y corporal, no perder de vista que el trabajo se ordena a una misión más grande, y que solo esa misión da sentido a la existencia de un hijo o una hija de Dios. La prudencia nos ayudará a integrar nuestro trabajo, aquí y ahora, dentro un horizonte que va mucho más allá del mismo trabajo. Un horizonte que está hecho no de objetivos, ni de plazos, sino de personas: empezando por Dios, que cuenta con esos momentos en que cuidamos especialmente nuestra relación con él, y siguiendo —también está allí el Señor esperándonos— por quienes nos rodean, que necesitan nuestro tiempo, nuestro afecto, nuestra atención.

La imagen de la mujer que amasa el pan nos pone ante los ojos la mejor razón para trabajar. Ella transforma su trabajo en un don, en una bendición: además de pan, la mujer da amor, porque cuando hacemos un regalo a alguien «lo primero que le damos es el amor con el que le deseamos el bien»[7]. La mujer no se limita a dar al prójimo lo que le corresponde; porque, cuando el amor está de por medio, es uno mismo el que se da. Por esto decía san Josemaría que no podemos limitarnos «a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor y conduce al amor»[8]. Cuando alguien trabaja así por nosotros, nos conduce al amor, porque nos hace entrar en la lógica del don: un amor engendra otro, como una sonrisa engendra otra, transformando uno a uno los corazones. El amor de esta mujer, expresión del amor de Dios, es la levadura viviente que transforma, como un don suyo, a los que reciben el pan que ha trabajado con sus manos.

El mundo entero es altar para nosotros

La alusión a las tres medidas de harina tiene aún otro significado, que se entiende desde sus precedentes bíblicos: se trata de la misma medida que ofrecen Abrahán y Sara para honrar a los tres varones misteriosos que los visitan en Mambré (cfr. Gn 18,6), y también es la medida que usa Gedeón para ofrecer un sacrificio que el Señor consume con el fuego de un ángel (cfr. Ju 6,19-21). Tal vez para algún judío que escuchaba a Jesús, la sola mención de las medidas de harina evocaría estas acciones sagradas (a pesar de que los sacrificios se solían hacer sin levadura). Con esta alusión, el Señor parece querer recordarnos que el trabajo de esta mujer es una ofrenda a Dios, como lo puede ser el nuestro cuando lo unimos a la santa Misa. Convertimos así lo humano, nuestras horas de trabajo, en algo santo. Y entonces se realiza aquello tan hermoso de que «el mundo entero (…) es altar para nosotros»[9].

San Josemaría nos animaba a hacer de la Eucaristía «el centro de la vida interior, de tal manera que sepamos estar con Cristo, haciéndole compañía a lo largo de la jornada, bien unidos a su sacrificio: todo nuestro trabajo tiene ese sentido. Y esto nos llevará durante el día a decir al Señor que nos ofrecemos por Él, con Él y en Él a Dios Padre, uniéndonos a todas sus intenciones, en nombre de todas las criaturas. Si vivimos así, todo nuestro día será una Misa»[10].

***

La imagen de esta mujer con las manos en la harina se remontaba seguramente a la infancia de Jesús. ¿Quién sabe? Quizá incluso se trataba de su madre, santa María, que tantas veces preparó el pan. La imaginamos concentrada en su trabajo, poniendo de su parte lo necesario para que el proceso natural de la levadura siguiera su curso. Como sucede en nuestro trabajo: cuando lo hacemos cara a Dios, dejamos que él se sirva de nuestros esfuerzos para extender su reino, con su levadura divina. Así se lo hizo ver a san Josemaría: «Contemplo ya, a lo largo de los tiempos, hasta al último de mis hijos (…) actuar profesionalmente, con sabiduría de artista, con felicidad de poeta, con seguridad de maestro y con un pudor más persuasivo que la elocuencia, buscando —al buscar la perfección cristiana en su profesión y en su estado en el mundo— el bien de toda la humanidad»[11].

Javier del Castillo


[1] Francisco, Ex. ap. Amoris Laetitia, n. 129.

[2] San Josemaría, Cartas 2, n. 10.

[3] Mons. F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 6.

[4] San Josemaría, Apuntes de la predicación, citado en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 165.

[5] Cfr. san Josemaría, Surco, n. 502

[6] San Josemaría, Cartas 36, n. 38; citado en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. III, pp. 189-190.

[7] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, I, q. 38, a. 2, resp.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 48.

[9] San Josemaría, apuntes tomados de una meditación, 19-III-1968. Citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, Rialp, Madrid 2010, p. 17.

[10] San Josemaría, apuntes de la predicación, 27-V-1962.

[11] San Josemaría, Cartas 3, n. 4

 

 

Algo grande y que sea amor (VIII): Más madres y padres que nunca

La misión de los padres no se limita a la acogida de los hijos que Dios les da: sigue durante toda la vida, y tiene como horizonte el cielo.

VOCACIÓN17/01/2019

Escucha el artículo Algo grande y que sea amor (VIII): Más madres y padres que nunca

Descarga el libro electrónico: «Algo grande y que sea amor»


La madre de Santiago y Juan se acerca a Jesús. Tiene una enorme confianza con Él. El Señor adivina por los gestos su intención de pedirle algo y le pregunta directamente: «¿Qué quieres?». Ella no se anda con rodeos: «Di que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (Mt 20,21). Jesús posiblemente sonreiría ante la petición efusiva de esta madre. Con el tiempo le concedería algo incluso más audaz que lo que ella soñaba para sus hijos. Les dio una morada en su propio corazón y una misión universal y eterna.

EN FAMILIA APRENDEMOS A REZAR, CON PALABRAS QUE SEGUIREMOS UTILIZANDO EL RESTO DE NUESTRA VIDA

La Iglesia, que entonces apenas estaba naciendo, conoce hoy un nuevo impulso apostólico. A través de los últimos Romanos Pontífices, el Señor la está llevando hacia una «evangelización siempre renovada»[1], que es una de las notas dominantes del paso del segundo al tercer milenio. Y, en esta aventura, la familia no es un sujeto pasivo; al contrario, las madres, los padres, las abuelas, son protagonistas: están en la primera línea de la evangelización. La familia, en efecto, es «el primer lugar en el que se hace presente en nuestras vidas el Amor de Dios, más allá de lo que podamos hacer o dejar de hacer»[2]. En familia aprendemos a rezar, con palabras que seguiremos utilizando el resto de nuestra vida; en familia toma forma la manera en la que los hijos van a mirar el mundo, las personas, las cosas[3]. El hogar está llamado por eso a ser el clima adecuado, la tierra buena en la que Dios pueda lanzar su semilla, de modo que el que escuche la palabra y la entienda dé fruto y produzca ciento o sesenta o treinta por uno (cfr. Mt 13,23).

Padres de santos

San Josemaría era un joven sacerdote cuando el Señor le mostró el inmenso panorama de santidad que el Opus Dei estaba llamado a sembrar en el mundo. Contemplaba su misión como una tarea que no podía retrasar, y pedía a su director espiritual que le permitiera crecer en oración y penitencia. Como para justificar esas exigencias, le escribía: «Mire que Dios me lo pide y, además, es menester que sea santo y padre, maestro y guía de santos»[4]. Son palabras que se pueden aplicar, de algún modo, a cualquier madre y a cualquier padre de familia, porque la santidad solo es auténtica si se comparte, si ilumina a su alrededor. Por eso, si aspiramos a la verdadera santidad, cada uno de nosotros está llamado a convertirse en «santo y padre, maestro y guía de santos».

Desde muy pronto, san Josemaría hablaba de «vocación matrimonial»[5]. Sabía que la expresión resultaba sorprendente, pero estaba convencido de que el matrimonio es un verdadero camino de santidad, y de que el amor conyugal es algo muy de Dios. En frase audaz, solía decir: «Yo bendigo ese amor con las dos manos, y cuando me han preguntado que por qué digo con las dos manos, mi respuesta inmediata ha sido: ¡porque no tengo cuatro!»[6].

La misión de los padres no se limita a la acogida de los hijos que Dios les da: sigue durante toda la vida, y tiene como horizonte el cielo. Si el afecto de los padres hacia los hijos puede parecer a veces frágil e imperfecto, el vínculo de la paternidad y de la maternidad es de hecho algo tan profundamente enraizado que hace posible una entrega sin límites: cualquier madre se cambiaría por un hijo suyo que sufre en la cama de un hospital.

La Sagrada Escritura está llena de madres y padres que se sienten privilegiados y orgullosos de los hijos que Dios les ha regalado. Abraham y Sara; la madre de Moisés; Ana, la madre de Samuel; la madre de los siete hermanos macabeos; la cananea que pide a Jesús por su hija; la viuda de Naín; Isabel y Zacarías; y, muy especialmente, la Virgen María y San José. Son intercesores a quienes podemos confiarnos para que cuiden de nuestras familias, de modo que sean protagonistas de una nueva generación de santas y santos.

No se nos oculta que la maternidad y la paternidad están asociadas íntimamente a la Cruz y al dolor. Junto a grandes alegrías y satisfacciones, el proceso de maduración y crecimiento de los hijos no ahorra dificultades, algunas menores y otras no tanto: noches sin dormir, rebeldías de adolescencia, dificultades para encontrar un trabajo, la elección de la persona con la que quieren compartir su vida, etc.

NO SE NOS OCULTA QUE LA MATERNIDAD Y LA PATERNIDAD ESTÁN ASOCIADAS ÍNTIMAMENTE A LA CRUZ Y AL DOLOR

Particularmente doloroso es ver cómo a veces los hijos toman decisiones equivocadas o se alejan de la Iglesia. Los padres han intentado educarles en la fe; han procurado mostrarles el atractivo de la vida cristiana. Y se plantean quizá entonces: ¿qué hemos hecho mal? Es normal que surja esa pregunta, aunque no conviene dejarse atormentar por ella. Los padres, es cierto, son los responsables principales de la educación de los hijos, pero no son los únicos que tienen influencia sobre ellos: el ambiente que les rodea puede presentarles otros modos de ver la vida como más atractivos y convincentes; o puede hacer que el mundo de la fe se les antoje como algo lejano. Y, sobre todo, los hijos tienen su libertad, por la que deciden seguir un camino u otro.

A veces, simplemente, puede suceder que los hijos necesiten distanciarse para redescubrir con ojos nuevos lo que recibieron. Entretanto, es necesario ser pacientes: aunque se equivoquen, aceptarlos de verdad, asegurarse de que lo notan, y evitar atosigarles, porque eso podría alejarlos más. «Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia»[7]. Resulta muy expresiva, en este sentido, la figura del padre en la parábola del hijo pródigo (cfr. Lc 15,11-32): él veía mucho más lejos que su hijo; y por eso, aunque se daba cuenta de su error, sabía que tenía que esperar.

En todo caso, no es sencillo ni automático, para una madre o un padre, aceptar la libertad de sus hijos cuando estos se van haciendo mayores, porque incluso algunas decisiones, aun siendo buenas en sí mismas, son distintas de las que tomarían los padres. Si hasta ese momento los hijos les han necesitado para todo, podría parecer que ahora los padres empiezan a ser solo espectadores de sus vidas. Sin embargo, aunque resulte paradójico, en esos momentos los necesitan más que nunca. Los mismos que les enseñaron a comer y a caminar pueden seguir acompañando el crecimiento de su libertad, mientras se abren su propio camino en la vida. Los padres están ahora llamados a ser maestros y guías.

Maestros de santos

Un maestro es aquel que enseña una ciencia, arte u oficio. Los padres son maestros, muchas veces incluso sin darse cuenta. Como por ósmosis, transmiten a los hijos tantas cosas que les acompañarán durante toda la vida. En particular, tienen la misión de educarles en el arte más importante: amar y ser amados. Y en ese camino, una de las lecciones más difíciles es la de la libertad.

Para empezar, los padres tienen que ayudarles a superar algunos prejuicios que hoy pueden parecer evidentes, como la idea de que la libertad consiste en «actuar conforme a los propios caprichos y en resistencia a cualquier norma»[8]. Sin embargo, el verdadero desafío que tienen ante sí consiste en despertar en los hijos, con paciencia, como por un plano inclinado, un gusto por el bien: de modo que no perciban solamente la dificultad de obrar como dicen sus padres, sino que lleguen a ser «capaces de disfrutar del bien»[9]. En este camino de crecimiento, a veces los hijos no valoran todo lo que les enseñan. Es verdad que con frecuencia también los padres tienen que aprender a educar mejor a sus hijos: no se nace sabiendo ser padre y madre. Sin embargo, incluso a pesar de las posibles deficiencias de la educación, pasado el tiempo los hijos valoran más lo recibido, como sucedió a san Josemaría con un consejo que su madre le repetía: «Muchos años después me he dado cuenta de que había en aquellas palabras una razón muy profunda»[10].

Los hijos acaban por descubrir, antes o después, lo mucho que los han querido sus padres, y hasta qué punto han sido maestros de vida para ellos. Lo expresa con lucidez uno de los grandes autores del siglo XIX: «No hay nada más noble, más fuerte, más sano y más útil en la vida que un buen recuerdo, sobre todo cuando es un recuerdo de la infancia, del hogar paterno. (...) El que hace una buena provisión de ellos para su futuro, está salvado. E incluso si conservamos uno solo, este único recuerdo puede ser algún día nuestra salvación»[11]. Los padres saben que su misión es sembrar y esperan con paciencia que sus desvelos continuos produzcan fruto, aunque tal vez no lleguen a verlo.

Guías de santos

Un guía es quien conduce y enseña a otros a seguir o a abrirse un camino. Para llevar a cabo esta tarea es necesario conocer el terreno y luego acompañar a quienes lo recorren por primera vez. Los buenos maestros amueblan la cabeza y saben caldear los corazones: Salomé, la mujer de Zebedeo, acompañó a sus hijos por la senda de Cristo, los puso delante de quien podría dar sentido y alegría a sus vidas; estuvo al pie de la Cruz. Allí solo consiguió estar con Juan. Sin embargo, Santiago sería con el tiempo el primer apóstol en dar la vida por Jesús. Ella estuvo también en el sepulcro, en la madrugada del domingo, junto a la Magdalena. Y Juan la siguió poco después.

TODO GUÍA TIENE QUE AFRONTAR A VECES ALGUNOS PASOS COMPLICADOS, DESAFIANTES

Todo guía tiene que afrontar a veces algunos pasos complicados, desafiantes. En el camino de la vida, uno de ellos es la respuesta a la llamada de Dios. Acompañar a los hijos en el momento de discernir su vocación es una parte importante de la llamada propia de los padres. Es comprensible que sientan miedo ante este paso. Pero eso no debe paralizar a un guía. «¿Miedo? Tengo clavadas en mi alma unas palabras de San Juan, de su primera epístola, en el capítulo cuarto. Dice: Qui autem timet, non est perfectus in caritate (1 Jn 4,18). El que tiene miedo, no sabe amar. Y vosotros sabéis amar todos, así que no tenéis miedo. ¿Miedo a qué? Tú sabes querer; por lo tanto no tengas miedo. ¡Adelante!»[12].

Desde luego, nada preocupa más a una madre o un padre que la felicidad de sus hijos. Sin embargo, muchas veces ellos mismos tienen ya una idea de la forma que debería tomar esa felicidad. A veces dibujan un futuro profesional que no encaja del todo con los talentos reales de sus hijos. Otras veces, desean que sus hijos sean buenos, pero “sin exagerar”. Olvidan quizá así la radicalidad, a veces desconcertante, pero esencial, del Evangelio. Por eso, con más razón si se les ha dado una profunda educación cristiana, resulta inevitable «que cada hijo nos sorprenda con los proyectos que broten de esa libertad, que nos rompa los esquemas, y es bueno que eso suceda. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables»[13].

Los padres conocen muy bien a sus hijos; habitualmente, mejor que nadie. Como quieren lo mejor para ellos, es lógico y bueno que se pregunten si van a ser felices con sus elecciones de vida, y que contemplen su futuro «de tejas abajo»[14], con deseos de protegerlos y ayudarlos. Por eso, cuando los hijos empiezan a vislumbrar una posible llamada de Dios, los padres tienen delante una hermosa tarea de prudencia y guía. Cuando san Josemaría habló de su vocación a su padre, este le dijo: «Piénsalo un poco más»… pero añadió enseguida: «yo no me opondré»[15]. Mientras procuran dar realismo y sensatez a las decisiones espirituales de sus hijos, pues, los padres necesitan a la vez aprender a respetar su libertad y a vislumbrar la acción de la gracia de Dios en sus corazones, para no convertirse —queriendo o sin querer— en un obstáculo para los planes del Señor.

Por otra parte, a menudo los hijos no se hacen cargo de la sacudida que su vocación puede suponer para sus padres. San Josemaría decía que la única vez que vio llorar a su padre fue precisamente cuando le comunicó que quería ser sacerdote[16]. Hace falta mucha generosidad para acompañar a los hijos por un camino que va en una dirección distinta de la que uno había pensado. Por eso, no es extraño que cueste renunciar a esos planes. A la vez, Dios no pide menos a los padres: ese sufrimiento, que es muy humano, puede ser también, con la gracia de Dios, muy divino.

Estas sacudidas pueden ser, por lo demás, el momento de considerar que, como solía decir san Josemaría, los hijos deben a sus padres el noventa por ciento de la llamada a amar a Dios con todo el corazón[17]. Dios sí que conoce el sacrificio que puede suponer para los padres aceptar con cariño y libertad esa decisión. Nadie como Él, que entregó a su Hijo para salvarnos, es capaz de entenderlo.

Cuando unos padres aceptan generosamente la llamada de sus hijos, sin reservárselos, atraen para mucha gente numerosas bendiciones del Cielo. En realidad, se trata de una historia que se repite a lo largo de los siglos. Cuando Jesús llamó a Juan y Santiago a seguirle dejándolo todo, se encontraban con su padre arreglando las redes. Zebedeo siguió con las redes, quizá algo contrariado, pero les dejó marcharse. Es posible que le llevara un tiempo darse cuenta de que era el mismo Dios el que estaba entrando en su familia. Y al final, qué alegría de verlos felices en esa nueva pesca, en el «mar sin orillas» del apostolado.

Más necesarios que nunca

Cuando una hija o un hijo toma una decisión importante en su vida, sus padres son más necesarios que nunca. Una madre o un padre son muchas veces capaces de descubrir, incluso a mucha distancia, sombras de tristeza en sus hijos, como son capaces de intuir la auténtica alegría. Por eso, les pueden ayudar, de una forma insustituible, a ser felices y fieles.

Para llevar a cabo esa nueva tarea, quizá lo primero sea reconocer el don que han recibido. Al considerarlo en la presencia de Dios, pueden descubrir que «no es un sacrificio, para los padres, que Dios les pida sus hijos; ni, para los que llama el Señor, es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo»[18]. Ellos son los que han hecho posible la vocación, que es una continuación del regalo de la vida. Por eso, san Josemaría les decía: «Os doy la enhorabuena, porque Jesús ha tomado esos pedazos de vuestro corazón —enteros— para Él solo... ¡para Él solo!»[19].

LAS VOCACIONES NACEN EN LA ORACIÓN Y DE LA ORACIÓN; Y SOLO EN LA ORACIÓN PUEDEN PERSEVERAR Y DAR FRUTO

Por otro lado, la oración de los padres ante el Señor cobra entonces una gran importancia. ¡Cuántos ejemplos de esta intercesión encantadora encontramos en la Biblia y en la historia! Santa Mónica, con su oración confiada e insistente por la conversión de su hijo Agustín, es quizá el ejemplo más conocido; pero en realidad las historias son incontables. Detrás de todas las vocaciones «está siempre la oración fuerte e intensa de alguien: de una abuela, de un abuelo, de una madre, de un padre, de una comunidad. (…) Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto»[20]. Una vez iniciado el camino, recorrerlo hasta el final depende en buena medida de la oración de quienes más quieren a esas personas.

Y, junto a la oración, la cercanía. Ver que los padres se implican en su nueva misión en la vida ayuda mucho a fortalecer la fidelidad de los hijos. Muchas veces los padres están pidiendo a gritos, sin decirlo expresamente, echar una mano y percibir lo feliz que es su hija o su hijo en ese camino de entrega. Necesitan tocar la fecundidad de esas vidas. A veces serán los hijos mismos quienes, con simpatía, también les pidan la vida, en forma de consejo, de ayuda, de oración. ¡Cuántas historias de padres y madres que descubren su llamada a la santidad a través de la vocación de sus hijos!

El fruto de la vida y de la entrega de Santiago y Juan no se puede medir. Sí que se puede decir, por el contrario, que estas dos columnas de la Iglesia deben a su madre y a su padre la mayor parte de su vocación. Santiago llevó el Amor de Dios hasta los confines de la tierra, y Juan lo proclamó con palabras que son parte de las páginas más bellas jamás escritas sobre ese Amor. Todos los que hemos recibido la fe a través de su entrega podemos sentir un profundo agradecimiento hacia este matrimonio del mar de Galilea. Los nombres de Zebedeo y Salomé se pronunciarán, con los de los apóstoles, hasta el fin de los tiempos.

«Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros»[21]. Las madres y padres que aman a Dios, y que han visto cómo un hijo suyo se entregaba a Él por completo, comprenden de modo muy especial las palabras del Señor en la consagración de la Misa. De algún modo las viven en sus propias vidas. Han entregado a su hijo para que otros tengan alimento, para que otros vivan. Así, en cierto modo sus hijos multiplican su maternidad y su paternidad. Al dar ese nuevo , se unen a la obra de la redención, que se consumó en el sí de Jesús en la Pasión y que comenzó, en un sencillo hogar, en el sí de María.

Diego Zalbidea


[1] San Pablo VI, Ex. ap. Evangelii nuntiandi (8-XII-1975), n. 82. Cfr. también San Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6-I-2001), n. 40; Benedicto XVI, Homilía en la Apertura del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, 7-X-2012; Francisco, Ex. ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 27.

[2] F. Ocáriz, Carta 4-VI-2017.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1666.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1725, cit. en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 554.

[5] San Josemaría, Camino, n. 27.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 184.

[7] Francisco, Audiencia general, 4-II-2015.

[8] F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 5.

[9] J. Diéguez, Llegar a la persona en su integridad: el papel de los afectos (I), opusdei.org

[10] San Josemaría, notas de una reunión familiar, 17-II-1958, cit. en S. Bernal, Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei; Rialp, Madrid 1980, p. 20.

[11] Dostoievski, F. Los hermanos Karamazov, epílogo.

[12] San Josemaría, notas de un encuentro con jóvenes, noviembre 1972. Citado en Dos meses de Catequesis, 1972, vol. 1, p. 416 (AGP, biblioteca, P04).

[13] Francisco, Ex. ap. Amoris laetitia (19-III-2016), n. 262. San Josemaría dibujaba esta realidad con una pizca de humor: «La mamá, apenas le nació un chiquillo, ya piensa que lo casará con fulanita y que harán esto, y aquello. El papá piensa en la carrera o en los negocios en los que va a meter al hijo. Cada uno hace su novela, una novela rosa encantadora. Después, la criatura sale lista, sale buena, porque sus padres son buenos, y les dice: esa novela vuestra no me interesa. Y hay dos berrinches colosales» (notas de una reunión con familias, 4-XI-1972, en Hogares luminosos y alegres, p. 155 [AGP, biblioteca, P11].

[14] San Josemaría utilizaba con frecuencia esta expresión para referirse a la preocupación lógica de los padres por la prosperidad humana de los hijos. Cfr. p. ej. J. Echevarría, Memoria del Beato Josemaría Escrivá, Rialp, Madrid 2000, p. 99.

[15] A. Sastre, Tiempo de caminar, Rialp, Madrid 1989, p. 52.

[16] Cfr. A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 101.

[17] Cfr. San Josemaría, Conversaciones, n. 104.

[18] San Josemaría, Forja, n. 18.

[19] Palabras de San Josemaría a unas familias el 22-X-1960, en A. Rodríguez Pedrazuela, Un mar sin orillas, Rialp, Madrid 1999, p. 348.

[20] Francisco, Regina coeli, 21-IV-2013.

[21]Misal Romano, Plegaria Eucarística.

 

 

Esclavitud postpatriarcal y liberación postfeminista

 

Escrito por María Calvo Charro

Publicado: 22 Septiembre 2021

El complejo de Diana y Urano

La diferenciación sexual es una realidad a la que se ha resistido la humanidad en diversas ocasiones a lo largo de la historia. Así, por ejemplo, en la mitología griega encontramos lo que ahora se denomina el complejo de Diana, que expresa el rechazo a la condición femenina, y el complejo de Urano, como negación de la condición masculina.

El debate sobre si la distinción entre varón y mujer determina su propia identidad, ha pertenecido tradicionalmente al ámbito de la filosofía, la ética y la antropología. El reto que presenta el conocimiento de lo que en profundidad es lo masculino y lo femenino y cuál es su enclave ontológico se inscribe en una vieja inquietud humana que ya se constaba en el oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo».

En el siglo XIX la sexualidad humana recibió un intenso tratamiento desde el punto de vista antropológico con las investigaciones realizadas por Ludwig Feuerbach y Freud sobre la condición sexuada del ser humano y sus consecuencias.

Actualmente, todavía bajo la influencia de la revolución del 68 que implantó la indiferenciación sexual, estamos viviendo un momento histórico en el que, sometidos a la presión de la imperante ideología de género, expresiones como hombre, mujer, padre, madre, han perdido su sentido teleológico-antropológico y se encuentran vacías de contenido, borradas por una idea de identidad absoluta e intercambiabilidad entre los sexos que lo inunda todo, desde la educación en las escuelas, hasta el contenido de las leyes.

La organización de las Naciones Unidas ha sido el principal catalizador de estos cambios, erigiéndose en autoridad moral universal, imponiendo unos valores globales que presupone válidos y justos, creando una nueva «ética mundial», un nuevo orden social incuestionable a pesar de su falta de fundamentación antropológica, poniendo en tela de juicio verdades antropológicas esenciales del ser humano, como la alteridad sexual.

Los nuevos conceptos son ya omnipresentes. Pero el intento de vivir sin una identidad, femenina o masculina, está provocando frustración e infelicidad entre muchas personas incapaces de ir en contra de su propia esencia. La crisis de identidad es el grave problema de la sociedad contemporánea en los países más desarrollados. Estamos ante una revolución silenciosa, desestructuradora de la identidad personal, cuya meta es llegar a una sociedad sin clases de sexo, por medio de la deconstrucción del lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad y la educación. Sus consecuencias psicológicas y sociales sobre las generaciones venideras no se han medido honestamente y los expertos vaticinan que sus daños serán mucho más graves que los que provocó el marxismo.

La esclavitud femenina del siglo XXI

La lucha por la igualdad en derechos y deberes entre los sexos, fue a lo largo de siglos una batalla por la justicia y la dignidad de la mujer. Sin embargo, como afirmó Sigrid Undsted, «el movimiento feminista se ha ocupado tan sólo de las ganancias y no de las pérdidas de la liberación».

En la década de los 70, una vez alcanzada cierta igualdad, al menos formal, en derechos y deberes, comenzó un nuevo movimiento feminista de corte igualitarista cuya pretensión no era ya solo la igualdad jurídica, sino la identidad con el varón en todas las facetas de la vida. En expresión de Burgraff, reclamaban una «igualdad funcional de los sexos». De las vindicaciones limitadas al ámbito público se pasó a la exigencia de igualdad también en la vida privada, reclamando la eliminación radical del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer, lo que afectó a facetas tan íntimas como las relaciones sexuales, la maternidad, la crianza de los hijos o el matrimonio. La mujer comenzó a renunciar a su propia esencia femenina, sin ser consciente del menoscabo que esto implicaría a largo plazo para su libertad y su pleno desarrollo personal.

Al negar radicalmente la existencia de ciertos rasgos femeninos innatos, por vez primera en su historia el movimiento feminista iba contra sí mismo, contra su propia razón de ser, y se desnortaba autolesionando a las mujeres a las que en un principio defendió. La mujer asumió de forma espontánea, y sin queja alguna, que los roles masculinos eran los justos y oportunos, que debía imitarlos para lograr la igualdad y adoptando un comportamiento y en ocasiones un aspecto varonil, se traicionó a sí misma, sacrificando su alma femenina, a cambio de ser aceptada en el universo masculino.

De este modo, ha llegado hasta la actualidad la idea, fuertemente implantada en la sociedad, de que trabajar en casa, ser buena esposa y madre, es atentatorio contra la dignidad de la mujer, algo humillante que la degrada, esclaviza e impide desarrollarse en plenitud. Y que, para ser una mujer moderna es preciso previamente liberarse del yugo de la feminidad, en especial de la maternidad, entendida como un signo de represión y subordinación: la tiranía de la procreación.

Existe cierto desprecio hacia las mujeres que trabajan en su casa o cuidan de sus hijos, que resultan estigmatizadas, y son consideradas poco atractivas o interesantes y nada productivas para la sociedad; frente a aquellas que renuncian a la maternidad o al cuidado personalizado de sus hijos desde sus primeros días de vida, que aparecen ante la opinión pública como heroínas, auténticas mujeres modernas que, lejos de esclavizarse «perdiendo el tiempo» en la atención a sus retoños, se entregan plenamente a su profesión, por la que lo sacrifican todo, lo q

Esta estereotipificación inversa, favorecida por la actitud de algunas líderes políticas, distorsiona la imagen y perjudica la vida familiar de la mayoría de las mujeres, pues favorece la organización de la vida profesional como si no fueran madres y como si los trabajadores no tuvieran obligaciones familiares; dificultando así un cambio de mentalidad sobre la importancia real de la maternidad, tanto para la mujer en sí, como para la institución familiar, base incuestionable de la sociedad, sin el cual, nunca podrán adoptarse medidas verdaderamente conciliadoras para la vida familiar y laboral.

Leyes como la del aborto o la Ley de Igualdad, mediante la utilización de términos contradictorios como la «salud reproductiva», referida paradójicamente a las técnicas tendentes a evitar la reproducción a toda costa, son expuestas a la sociedad como la fórmula justa para liberar a la mujer y favorecer su desarrollo personal y profesional, cuando realmente lo que consiguen es su autodestrucción, afectando a su esencia y dignidad de manera irreversible.

Como resultado de esto, muchas mujeres tienden a ocultar su sensibilidad femenina/maternal como si fuera un defecto humillante y adoptan una postura quasimasculina, simulando ser agresivas y competitivas en sus trabajos, yendo en último término en contra de sus verdaderos deseos. Como afirma la antropóloga Hellen Fisher, «parecen creer que si reconocen estos atributos femeninos estarán caracterizando a las mujeres como seres frágiles, no suficientemente duras para trabajos difíciles».

Las mujeres actualmente, en lugar de verse esclavizadas por visiones patriarcales sobre las funciones domésticas, se ven presionadas por las expectativas sobre el tipo de trabajo asalariado que parece valer la pena, y actúan tratando de satisfacer las aspiraciones que los defensores de la corrección política y los ideólogos de género han puesto en ellas, en lugar de sus propias preferencias. Se trata de un nuevo tipo de esclavitud femenina: la tiranía de la ideología de género que provoca que muchas mujeres se sientan ajenas a sus propios trabajos y enajenadas por la insoportable presión interna que les provoca el ingente esfuerzo de negarse a sí mismas tratando de ahogar unas prioridades específicamente femeninas que luchan por manifestarse. En este sentido, es abundante la reciente bibliografía científica que demuestra la existencia de un dimorfismo sexual innato que provoca en las mujeres sentimientos e intereses claramente diferentes a los de los varones.

La nueva mujer. En femenino

Disponer de la capacidad, habilidad, inteligencia y oportunidad para dedicarse a un trabajo igual que cualquier hombre no implica que la mujer quiera hacerlo o que le produzca la misma satisfacción personal que a sus homólogos masculinos. Hoy en día muchas mujeres independientes cansadas de imitar a los hombres, quieren ser ellas mismas, aportando sus valores y cualidades, y están dispuestas a luchar contra los roles sociales que les imponen un trabajo según los cánones masculinos que implican renunciar a la maternidad y despreocuparse de la familia.

Muchas mujeres inteligentes han desenmascarado la farsa de la intercambiabilidad de los sexos creada por los ideólogos de género y hoy ya no se apuntan a vestir de corbata, olvidar a los hombres exaltando el amor lésbico o triunfar en los negocios postergando su rol de madre. En los países modernos, con la mujer incorporada al mercado laboral, a la vida política, a la sociedad en general, surge un nuevo movimiento, postpatriarcal, postfeminista, postconstruccionista, que acepta la igualdad de hombre y mujer en cuanto a derechos y deberes democráticos, pero que reconoce y defiende las diferencias innatas existentes entre ambos sexos, demostradas científicamente y que, lejos de separarnos y perjudicarnos, nos complementan y nos enriquecen. Exigen la corresponsabilidad e interdependencia hombre-mujer, tanto en lo privado como en lo público, y están radicalmente en contra del llamado feminismo de género por considerarlo elitista, egoísta, ginocéntrico, misoándrico y por ahondar la división de los sexos.

La mujer no tiene porqué querer lo mismo que quiere el hombre. Sus parámetros de éxito son absolutamente diferentes, como lo son los motivadores bioquímicos de sus conductas. Existe una nueva generación de mujeres que evitan los altos cargos o las jornadas laborales eternas, no porque no puedan hacerlo perfectamente, sino porque no les proporciona la satisfacción personal que ansían. Nadie ni nada les impide alcanzar los puestos más remunerados y complicados, simplemente prefieren trabajos más sencillos para poder dedicar mayor tiempo a su realización personal a través del cuidado de los hijos y de una adecuada valoración de la maternidad.

Durante muchos años los «ideales sociales» imperantes han nublado las actitudes femeninas hacia la intersección del cuidado de los hijos y el trabajo, una cuestión tan personal y con frecuencia, tan regida por la biología. Sin embargo, hoy hay abundantes estudios que demuestran que muchas más mujeres que hombres rechazan ascensos pensando en la familia, incluso cuando hablamos de los niveles más elevados. Muchas mujeres, apoyadas por sus maridos, evalúan sus prioridades y deciden a favor de la familia, no como una forma de sacrifico o autoinmolación, sino por puro placer personal, como una vía de autorrealización que las llena de felicidad. Quizá tengan menos ingresos, pero están más satisfechas.

En EE.UU, actualmente está extendiéndose un fenómeno llamativo: «la fuga de cerebros femeninos». Se trata de mujeres que abandonan puestos de trabajo altamente remunerados y de prestigio pero con jornadas laborales eternas, porque lejos de encontrar la felicidad se sienten frustradas y experimentan «un verdadero retrato de culpabilidad» hacia sus familias que las oprime y angustia. La economista S.A.Hewlett descubrió que el doble de mujeres que de hombres manifiestan e interiorizan el impacto negativo que ese tipo de puestos tiene sobre la familia (conducta de los hijos, rendimiento escolar, hábitos de alimentación, trastornos psíquicos…) y sienten que el trabajo entra en conflicto con sus emociones más básicas.

La posibilidad de seguir los propios deseos en lugar de hacer lo que otros creen que se debería hacer (por ser lo políticamente correcto) es una de las características de las sociedades libres más avanzadas. Que las mujeres sigan su tendencia biológica y sus preferencias innatas en lugar de los mandatos impuestos por los ideólogos del momento, redundará en la felicidad personal de la mujer, en el bienestar de los hijos y la estabilidad familiar y, en consecuencia, supondrá un beneficio para la sociedad entera. No se trata de un retorno a tiempos pasados, sino de una actitud radicalmente progresista de mujeres que buscan el equilibrio en sus vidas y que apuestan por un futuro fascinante en el ámbito personal y prometedor en el profesional.

No reconocer las diferencias entre sexos, hace que las jornadas laborales y los puestos de trabajo sigan diseñados según los conceptos de competitividad, plena dedicación y éxito masculinos. Muchas mujeres aman sus carreras profesionales pero cuando su bioquímica se modifica para adaptarse a la gestación y al parto su sentido de la importancia relativa de su trabajo cambia también como han demostrado psicólogos y psiquiatras de muy diferentes tendencias.

Las mujeres tal y como son, con toda su feminidad, integran en la empresa, como un valor incuestionable, su propia manera de percibir y comprender la realidad, tan diferente a la de los hombres.

Vivimos en una era en la que las aptitudes naturales de las mujeres están siendo demostradas. El mercado de trabajo las necesita. Se han convertido en un bien social y económico de vital importancia. Pero es preciso que la sociedad asuma que las mujeres tienen carreras menos lineales, formalizar programas de ascenso más flexibles, reconocer la maternidad como un mérito y una gran aportación social y, por lo tanto, valorada curricularmente, adoptar formas imaginativas de reincorporación al trabajo tras una maternidad, en definitiva, reconocer que las diferencias ente los sexos existen y exigen un tratamiento oportuno en términos de igualdad que necesariamente pasa por conceder ciertas distinciones y especialidades a lo que la naturaleza misma ha diferenciado.

Judy Rosener, profesora de la Graduate School of Management de la Universidad de California cree que las compañías que utilicen a pleno rendimiento las diversas dotes de las mujeres serán las más innovadoras, productivas y rentables. «Las organizaciones que no tengan en cuenta las ventajas competitivas que representa la mujer lo hará a su propio riesgo».

La facilidad de la mujer para crear redes de contacto y alcanzar consensos será cada vez más valorada a medida que las empresas vayan desmantelando las estructuras jerárquicas de gestión, dando mayor énfasis al trabajo igualitario en equipo. Con su imaginación, flexibilidad, intuición, amplia visión contextual y a largo plazo en todos los ámbitos del mundo empresarial y su destreza lingüística y social, las mujeres han logrado ya una fuerte presencia en las ocupaciones y profesiones de servicios, y dominarán muchos de estos ámbitos en años venideros, aportando a las gentes de todo el mundo soluciones imaginativas para sus preocupaciones diarias, así como nuevas e ingeniosas formas de actuación, inimaginables para el universo masculino.

Además la mujer que ha sido madre tiene otros talentos añadidos. El «cerebro maternal» es diferente ya que las hormonas generadas durante la gestación, parto y lactancia, lo hacen más flexible, adaptable e incluso valiente, pues, en palabras de la doctora Brizendine, «tales son las habilidades y talentos que necesitarán para custodiar y proteger a sus bebés». Y estos cambios, según los expertos, permanecen durante toda la vida. Gracias a los milenios dedicados a la crianza de niños inquietos, las mujeres han desarrollado muchas habilidades especiales: poder gestionar varios asuntos al mismo tiempo; ser práctica y versátil; ser afectiva pero objetiva; constante; paciente; ágiles en la adopción de decisiones en situaciones imprevistas y con un enorme espíritu de sacrificio y capacidad de sufrimiento. Todas estas son cualidades muy valoradas en las nuevas empresas más ágiles, flexibles y familiares. La maternidad es sin duda alguna la mejor preparación para los negocios. Cualquier empresario inteligente que desee aprovecharse de las muchas virtudes del cerebro maternal deberá favorecer a la mujer en el trabajo concediéndole la flexibilidad y tranquilidad que requiere para sentir que satisface plenamente sus obligaciones de madre.

Las mujeres no son clones de los hombres, tienen diferentes influencias hormonales y respuestas neuroendocrinas distintas, en consecuencia, si se las trata como tales, con jornadas laborales inflexibles, horarios eternos, exigencias de traslados para ascender o reuniones interminables a horas intempestivas, seguirá habiendo un éxodo femenino de aquellas que se lo puedan permitir, y una insatisfacción e infelicidad personal, que redundará en un trabajo de menor calidad, en aquellas que por falta de medios no tengan otra alternativa.

La verdadera revolución sexual. El reconocimiento de la alteridad

Actualmente, estamos viviendo una época, tal vez la única en toda la historia de la evolución humana, en la que ciertos sectores ideológicos y políticos tratan de convencer a la sociedad de la identidad de ambos sexos. Prefieren ignorar la creciente bibliografía que demuestra científicamente la existencia de diferencias genéticas heredadas y mantienen en su lugar que hombres y mujeres nacen como hojas en blanco, en las que las experiencias de la infancia marcan la aparición de las personalidades masculina o femenina.

Superado el 68, la verdadera revolución sexual será aquella que, recobrando los fundamentos antropológicos esenciales del ser humano y sustentándose en los descubrimientos científicos sobre la alteridad sexual, reconozca que la mujer y el hombre, cada uno desde su perspectiva, realiza un tipo de humanidad distinta, con valores y características propias.

En contra de la ideología imperante distorsionadora de la realidad, es necesario recordar cómo la naturaleza humana y la dimensión cultural se integran en un proceso amplio y complejo que constituye la formación de la propia identidad, en la que ambas dimensiones, la femenina y la masculina, se corresponden y complementan. No se trata de un retroceso conservador, sino de un progreso con visión de futuro, pues reconociendo las diferencias se podrá abrir un debate productivo sobre cómo corregir los desequilibrios, y una cuestión de justicia, porque el ser humano sólo alcanzará su plena realización existencial cuando se comporte con autenticidad respecto de su condición, femenina o masculina.

María Calvo Charro, en conoze.com/

 

 

Varón y mujer: ¿naturaleza o cultura?

 

Escrito por Jutta Burggraf

Publicado: 21 Septiembre 2021

 

Si damos una mirada a los últimos siglos de nuestra historia, comprobamos que el movimiento feminista ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad. Estos cambios parecían, al principio, justos y necesarios; más tarde, se los ha caracterizado –con creciente preocupación– como dañinos y exagerados; y, en la actualidad, son (y quieren ser) plenamente destructivos. Para ilustrar esta afirmación, describiré brevemente las tres grandes etapas, en las que se desarrolla el proceso de “liberación” de la mujer. Estas tres etapas muestran un cierto desarrollo cronológico de ideas y hechos, en Occidente. Sin embargo, no están estrictamente separadas en la realidad, sino que se encuentran intercaladas y mezcladas en muchos países. Vivimos en sociedades multiculturales, en las que se pueden observar simultáneamente los fenómenos más contradictorios.

I.   Tres etapas de la “emancipación femenina”

Nuestro recorrido comienza hacia finales del siglo XVIII y nos lleva hasta la actualidad. No vamos a detenernos en todos los detalles de este largo camino, sino que nos concentraremos en los acontecimientos más representativos de cada etapa.

1.  Los movimientos en favor de los derechos de la mujer.

Al irrumpir la Revolución Francesa, algunas mujeres “inteligentes” se dieron cuenta de que los derechos humanos tan ensalzados beneficiaban tan sólo a los varones. Por tal razón, Olympe Marie de Gouges redactó, en septiembre de 1791, la famosa “Declaración de los derechos de la mujer”, entregada a la Asamblea Nacional para su aprobación. Detrás de ella, había un gran número de mujeres organizadas en asociaciones femeninas. Se definían a sí mismas como seres humanos y ciudadanas, y proclamaban sus reivindicaciones políticas y económicas.

Es interesante, por ejemplo, el artículo VII de esta declaración: “Para las mujeres no existe ningún régimen especial: se les puede acusar y meter en prisión, si así lo prevé la ley. Las mujeres están sometidas de la misma manera que los varones a las idénticas leyes penales.” El artículo X es aún más preciso: “La mujer tiene el derecho a subir al patíbulo.” [1] Las mujeres no querían seguir sin voz ni voto, preferían que se les castigara e incluso padecer la muerte, antes de ser consideradas como niñas sin responsabilidad.

Desgraciadamente, Olympe de Gouges fue degollada, y junto con ella otras muchas mujeres famosas. A las sobrevivientes se les prohibió reunirse bajo pena de cárcel, y sus asociaciones fueron disueltas a la fuerza. Su misión, por lo pronto, parecía haber fracasado.

Pero las mujeres no se resignaron. En Inglaterra fundaron el llamado “movimiento contra la esclavitud”. Partían de la base de que también se les tenía que conceder los derechos de sufragio y ciudadanía, igual que se había hecho con los antiguos esclavos. Una de las protagonistas exclamó: “Todo el sexo femenino ha sido despojado de su dignidad. Se le pone a una misma altura con las flores cuyo cometido es sólo el de adornar la tierra.” [2]

En Alemania, la cuestión de la mujer se planteó más bien en el plano educativo. Se reconoció paulatinamente la necesidad de dar formación también a las jóvenes. Pues la educación no sólo es importante para avanzar más tarde en una profesión fuera del hogar, sino también para el pleno despliegue de la propia personalidad. Cuando una persona aprende a reflexionar por sí misma, también logra ser interiormente libre, no depender de la opinión pública, ni de los medios de comunicación; adquiere madurez humana y se encuentra en mejores condiciones de superar sus propios problemas vitales y los variables estados de ánimo.

Hedwig Dohm (1883-1919), una de las representantes más célebres de ese movimiento, se preguntó lo que hubiese sucedido si el escritor Friedrich Schiller hubiese nacido mujer [3]. Probablemente, sus talentos no se hubiesen podido desarrollar, o acaso sólo después de grandes esfuerzos. Hedwig Dohm considera el interrogante acerca de si las mujeres deben, pueden o han de estudiar tan superficial como si se preguntase si está permitido al hombre desarrollar sus facultades, o si debe usar sus piernas para caminar. [4]

No vamos a referirnos todas las luchas feministas con sus logros y recaídas. A partir de principios del siglo XX las mujeres consiguieron, por fin, ser admitidas, de modo oficial, en la enseñanza superior y en las universidades, y alcanzaron la igualdad política –al menos según la ley [5]– en todos los países del continente europeo[6]. Con ello, los movimientos en favor de los derechos de la mujer habían conseguido en Occidente sus metas primordiales, y se observa, a continuación, un cierto “período de calma” [7].

2.   El feminismo radical

A partir de la mitad del mismo siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraban simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer –que les parecía arbitrario–, y a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. Se basan fuertemente en la filósofa existencialista Simone de Beauvoir (1908 - 1986), cuya voluminosa obra “Le Deuxième Sexe” (1949) fue un éxito mundial. Beauvoir previene contra la “trampa de la maternidad”, que sería utilizada en forma egoísta por los varones para privar a sus esposas de su independencia [8]. En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones maternales. Se recomiendan, por ejemplo, relaciones lesbianas [9], la práctica del aborto [10] y el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad [11]. Shulamith Firestone exige en su obra “The Dialectic Sex” la liberación de la mujer de la “tiranía de la procreación” a cualquier precio, y resume el sentir general de sus compañeras: “Quiero decirlo con toda claridad: El embarazo es una atrocidad” [12].

En las décadas siguientes, otras feministas descubrieron que el deseo de “ser como el varón” –aparte de manifestar un cierto complejo de inferioridad– lleva, con frecuencia, a tensiones y frustraciones. Ensalzaron, por tanto, el otro extremo: para llegar a la plena realización, la mujer no tiene que comportarse como el varón, sino que ha de ser completamente femenina, “plenamente mujer”. En adelante, ya no se veía en la equiparación de la mujer con la naturaleza, con el cuerpo, con la emoción y la sensualidad un prejuicio masculino condenable. Al contrario, todo lo emocional, vital y sensual fue estimado como una esperanza para un futuro mejor. Se celebró la “nueva feminidad” y la “nueva maternidad” como funciones meramente biológicas. Y se sostuvo que las mujeres deberían liberar la tierra, y lo harán, porque viven en mayor armonía con la naturaleza.

Se puede ver en este fenómeno una reacción a los esfuerzos extraordinarios, que ha exigido una emancipación concebida únicamente como un amoldarse a valores considerados como masculinos. Después de que la racionalidad y el ansia de poder “masculinos” han llevado a la humanidad al borde del abismo ecológico y al peligro de una destrucción nuclear –así se dice–, ha llegado el tiempo de la mujer. La salvación sólo puede esperarse de lo ilógico y de lo emocional, de lo suave y lo tierno, tal y como lo personifica la mujer[13].

Es obvio, que estas tesis también impiden a la mujer el pleno desarrollo propio. Aparte de considerarla, otra vez, como carente de inteligencia, se la idealiza, incluso se la glorifica, como si fuera un animal sano y santo. Se trata de un desprecio grande que se refiere, por una parte, al varón y aquello que se considera como masculino y, por la otra, a la misma mujer “liberada”, todo esto envuelto en un misticismo, que no ayuda a nadie en la vida cotidiana.

3.   La ideología de género

Mientras perduran estas discusiones, hemos llegado a una situación completamente nueva. La actual meta ya no consiste únicamente en emanciparse del predominio masculino, ni tampoco se expresa solamente en liberarse de las funciones concretas femeninas y maternales, que se ha querido conseguir –como hemos visto– a través de dos vías contrarias: reprimiéndolas o exagerándolas hasta llegar a pretensiones irreales.

Hoy se intenta realizar un paso todavía mucho más radical: se pretende eliminar la misma naturaleza, cambiar el propio cuerpo, llamado cyborg: el neologismo se forma a partir de las palabras inglesas cyber(netics) organism (organismo cibernético), y se utiliza para designar un individuo medio orgánico y medio mecánico, generalmente con el afán de mejorar –a través de modernas tecnologías– las capacidades de su organismo [14]. Es evidente que, de este modo, el “feminismo” (en sentido propio) está llegando a su fin, porque la liberación deseada comprende indiscriminadamente tanto a mujeres como a varones. Mientras muchas mujeres pretenden nuevamente deshacerse –con más ímpetu que nunca– del matrimonio y de la maternidad [15], los medios de comunicación nos cuentan los sueños fantásticos de unos varones, que quieren disponerse a intervenciones quirúrgicas (implantarse un útero, etc.) para poder hacer la experiencia de dar a luz.

En consecuencia, algunos prefieren hablar de género (gender) en vez de sexo. No se trata sólo de un cambio de palabras. Detrás de esta modificación terminológica está la ideología posfeminista de gender que se divulga a partir de la década del sesenta del siglo pasado. Según esta ideología, la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por la biología, sino más bien por la cultura. Mientras el término sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Por lo tanto, las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían a una naturaleza “dada”, sino que serían meras construcciones culturales “hechas” según los roles y estereotipos que en cada sociedad  se asignan a los sexos (“roles socialmente construidos”).

Estas mismas ideas se encuentran resumidas en la llamada “Teoría Queer”, que destacadas feministas norteamericanas –como Judith Butler [16], Jane Flax [17] o Donna Hareway [18]– difunden con éxito por todo el mundo. El nombre de la teoría proviene del adjetivo inglés queer (= raro, anómalo), que fue utilizado durante algún tiempo como eufemismo para nombrar a las personas homosexuales. La “Teoría Queer” rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales como “varón” o “mujer”, “heterosexual” o “homosexual”, y sostiene que todas las llamadas “identidades sociales” (no sexuales) sean igualmente anómalas.

Algunos apoyan la existencia de cuatro, cinco o seis géneros según diversas consideraciones: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado. De este modo, la masculinidad y la feminidad –a nivel físico y psíquico– no aparecen en modo alguno como los únicos derivados naturales de la dicotomía sexual biológica. Cualquier actividad sexual resultaría justificable. La “heterosexualidad”, lejos de ser “obligatoria”, no significaría más que uno de los casos posibles de práctica sexual. Ni siquiera tendría porqué ser preferido para la procreación. Y como la identidad genérica (el gender) podría adaptarse indefinidamente a nuevos y diferentes propósitos, correspondería a cada individuo elegir libremente el tipo de género al que le gustaría pertenecer, en las diversas situaciones y etapas de su vida.

Para llegar a una aceptación universal de estas ideas, los promotores del feminismo radical de género intentan conseguir un gradual cambio en la cultura, la llamada “de-construcción” de la sociedad, empezando con la familia y la educación de los hijos [19]. Utilizan un lenguaje ambiguo que hace parecer razonables los nuevos presupuestos éticos. La meta consiste en “re-construir” un mundo nuevo y arbitrario que incluye, junto al masculino y al femenino, también otros géneros en el modo de configurar la vida humana y las relaciones interpersonales.

Tales pretensiones han encontrado un ambiente favorable en la antropología individualista del neoliberalismo radical. Se apoyan, por un lado, en diversas teorías marxistas y estructuralistas [20], y por el otro, en los postulados de algunos representantes de la “revolución sexual”, como Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979) que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. También Virginia Woolf (1882-1941), con su obra “Orlando” (1928), puede considerarse un precedente influyente: el protagonista de aquella novela es un joven caballero del siglo XVI, que vive, cambiando de sexo, múltiples aventuras amorosas durante varios cientos de años.

Más directamente aún, se ve el influjo de la ya mencionada francesa Simone de Beauvoir que –sin poder ser plenamente consciente del alcance de sus palabras– anunció ya en 1949 su conocido aforismo: “¡No naces mujer, te hacen mujer! ” [21], más tarde completado por la lógica conclusión: “¡No se nace varón, te hacen varón! Tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio” [22]. Como los protagonistas de la ideología de género sabían estimular convenientemente el morbo del gran público, no es sorprendente que los medios de comunicación pronto comenzaran a informar –con abundantes detalles– sobre los acontecimientos más curiosos. Así, por ejemplo, podíamos enterarnos de que Roberta Close, elegida como “la mujer más guapa de nuestro planeta” en los años ochenta del siglo pasado, ha nacido como Luis Roberto Gambino Moreira, en Brasil [23]. Y prácticamente en todo el mundo se conoce el rostro transexual y sintético, que ha conseguido tener el popstar Michael Jackson a través de múltiples intervenciones quirúrgicas. ¡“My body is my art”! (“Mi cuerpo es mi arte”), es una de las tesis que utilizan los propagandistas de la ideología de género, considerando al cuerpo como lugar de libre experimentación.

II. Una reflexión crítica sobre la ideología de género

¿Qué pensar sobre estas teorías, cuyas consecuencias se pueden apreciar claramente en múltiples ámbitos de nuestra existencia, por ejemplo, en la política y en la medicina, en la psicología y, de modo especialmente destructivo, en la educación? ¿Puede aceptarse que no exista ninguna naturaleza “dada”, que todo sea expresión de nuestra libre voluntad, y que incluso la biología no sea más que cultura?

Con un mínimo de experiencia y de sentido común, es fácil detectar que esta ideología no puede ser un camino hacia la felicidad. En efecto, reactiva –sin decirlo y, quizás, incluso sin quererlo– la vieja equivocación del maniqueísmo, porque se muestra hostil al cuerpo al que manipula profunda y arbitrariamente. Es evidente que no todo es naturaleza, ni todo es cultura. Pero si el hombre no acepta su corporeidad –con todo lo que implica–, entonces no se acepta a sí mismo y terminará en un desequilibrio emocional, psíquico y espiritual, como veremos a continuación.

1.   La necesidad de aceptar la propia corporeidad

Hace algún tiempo, la prensa internacional recordó un terrible experimento médico de los años setenta, que ha fracasado completamente. En aquel entonces, el psiquíatra americano John Money pretendió demostrar la teoría de que el sexo depende más que nada de la forma en que una persona es educada [24]. Sus “conejillos” fueron los gemelos Bruce y Brian Reimer. Como Bruce había tenido un accidente después de nacer, el doctor Money aprovechó la ocasión para transformar su cuerpo –a través de una cirugía plástica– en un cuerpo aparentemente femenino. A la vez dijo a los padres que debían criar al bebé como si fuera una nena y mantener todo el episodio en estricto secreto. Bruce pasó a ser Brenda; su hermano Brian sirvió de sujeto control.

Aunque los padres siguieron las instrucciones del médico al pie de la letra, las cosas no marchaban como estaba previsto: a Brenda no le gustaban los vestidos, no era bien aceptada en  la escuela, y pronto manifestó “tendencias lesbianas”, a pesar de las hormonas que le obligaron tomar. Cuando tuvo trece años, su padre no vio más remedio que confesarle lo que había ocurrido. Entonces, Brenda decidió someterse a otro proceso quirúrgico y vivir como chico. Se llamó David en adelante; recordó las frecuentes sesiones terapéuticas con Money durante toda su vida como una tortura, que le habían provocado heridas profundas y siempre abiertas. En 2004, se suicidó [25].

Se trata de un ejemplo emblemático: la naturaleza reclama sus derechos. En cierto sentido, el hombre es verdaderamente su cuerpo. No se reduce a poseerlo o habitarlo. Existe en el mundo no solamente “a través de su cuerpo” (Merleau-Ponty), sino “siendo su cuerpo” (Congar). Por su constitución intrínseca, es su cuerpo y, a la vez, lo sobrepasa.

En la persona humana, el sexo y el género –el fundamento biológico y la expresión cultural–, ciertamente, no son idénticos, pero tampoco son completamente independientes. Para llegar a establecer una relación correcta entre ambos, conviene considerar previamente el  proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social [26].

El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El “sexo genético” (o “cromosómico”) –determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón– se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el “sexo gonadal” que es responsable de la actividad hormonal. El “sexo gonadal”, a su vez, influye sobre el “sexo somático” (o “fenotípico”) que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos. Conviene considerar el hecho de que estas bases biológicas intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino. La ciencia médica indica incluso diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino [27].

El sexo psicológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o como mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2 o 3 años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve el niño.

El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la actuación específica de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas.

Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio que consiste en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente, durante la infancia y la adolescencia, la conciencia de ser “ella misma”. Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (se da cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubre los factores psícosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan.

Considerando sin prejuicios los datos fisiológicos y psíquicos, no es difícil admitir que la naturaleza masculina y la femenina se expresan de manera diferente, aunque no hay ni la más mínima duda en que tanto el varón como la mujer tienen el mismo valor, la misma dignidad, y deberían tener las mismas oportunidades para influir en la sociedad en que viven. Sin embargo, la diferencia originaria entre ellos no es ni irrelevante ni adicional, y tampoco es un mero producto social. No es una condición que igualmente podría faltar, y tampoco es una realidad  que se pueda limitar sólo al plano corporal. El varón y la mujer se complementan en su correspondiente y específica naturaleza corporal, psíquica y espiritual. Ambos poseen valiosas cualidades que les son propias, y cada uno es, en su propio ámbito, superior al otro.

2.   La importancia de aceptar las diferencias sexuales

Afirmar que los sexos se distinguen, no significa discriminación, sino todo lo contrario. Si exigimos la igualdad como condición previa para la justicia cometemos un grave error. La mujer no es un varón de calidad inferior, las diferencias no expresan minusvalía. Antes bien, debemos conseguir la equivalencia de lo diferente. La capacidad de reconocer diferencias es la regla que indica el grado de inteligencia y de cultura de un ser humano. Según un antiguo proverbio chino, “la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente.” No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos, la que hace interesante la vida y la enriquece.

Por supuesto, no existe el varón o la mujer por antonomasia, pero sí se diferencian en la distribución de ciertas facultades. Aunque no se pueda constatar ningún rasgo psicológico o espiritual atribuible a uno solo de los sexos, hay características que se presentan con una frecuencia especial y de manera pronunciada en los varones, y otras en las mujeres. Es una tarea sumamente difícil distinguir en este campo. Quizá nunca será posible decidir con exactitud científica lo que es “típicamente masculino” y aquello que es “típicamente femenino”, pues la naturaleza y la cultura, los dos grandes moldeadores, están entrelazadas desde el principio muy estrechamente. Pero el hecho de que varón y mujer experimenten el mundo de forma diferente, solucionen tareas de manera distinta, sientan, planeen y reaccionen de un modo desigual, es algo que cualquiera puede percibir y reconocer, sin necesidad de ninguna ciencia. En lo que sigue veremos resumidamente algunos datos que suelen lanzarse en los debates pertinentes [28].

Con frecuencia se alude a la mayor fuerza física que generalmente tienen los varones, mientras que las mujeres poseen más fuerza espiritual, más resistencia interior. Suelen ser capaces de soportar una mayor carga psíquica que sus maridos y sus compañeros de trabajo, resistir mejor situaciones de estrés y disponer de más flexibilidad para la adaptación a  situaciones nuevas [29].

Parece, además, bastante evidente que, al menos hasta ahora, los varones parecían ser más agresivos que las mujeres. En cambio, esto no significa para nada que el sexo femenino sólo sea suave y dulce, sino simplemente que los cauces de la agresividad son diferentes. Las mujeres prefieren discutir verbalmente, empleando cotilleos y chismes, mientras que a los varones les asusta menos la agresión física [30].

Las mujeres suelen pensar, sentir y planear de una manera más integral que los varones. Por eso se muestran más seguras psíquicamente, más constantes, capaces de apoyar a las personas que les rodean. A menudo salvan a los demás de vivir desintegrados entre el intelecto y las pasiones [31].

Finalmente, casi todo el mundo está de acuerdo en que es más fácil adivinar las intenciones de un varón que las de una mujer. Las mujeres tienden a un comportamiento más complicado  que puede ser sumamente oscuro. Por eso a veces se ha hablado del “enigma” o del “misterio” que supone la mujer [32].

3.   El desafío de aceptar los propios talentos

El varón y la mujer no se distinguen por supuesto a nivel de sus cualidades intelectuales o morales, pero sí en un aspecto mucho más fundamental y ontológicoen la posibilidad de ser padre o madre. Es esta indiscutiblemente la última razón de la diferencia entre los sexos. Sin embargo, no podemos reducir la maternidad al terreno fisiológico. Numerosos pensadores, a lo largo de los tiempos, recuerdan la maternidad espiritual, concepto que tiene muy poca o ninguna relación con lo sumamente suave, lo sentimental delicado que se ensalza en la literatura ecológica [33].

La auténtica maternidad espiritual puede indicar proximidad a las personas, realismo, intuición, sensibilidad frente a las necesidades psíquicas de los demás, y también mucha fuerza interior. Indica, expresándonos con cautela, una capacidad especial de la mujer para mostrar el amor de un modo concreto, un talento especial para reconocer y destacar al individuo dentro de la masa.

Pero sabemos muy bien que no todas las mujeres son suaves y abnegadas. No todas ellas muestran su talento hacia la solidaridad. No es raro que, en determinados casos, un varón tenga más sensibilidad para acoger, para atender que la mayoría de las mujeres. Y puede ser más pacífico que su esposa.

En este sentido, conviene recordar que los valores femeninos son valores humanos. Tenemos que distinguir entre “mujer” y los valores que parecen ser más propios a ella, y “varón” y los valores que parecen ser más propios a él. Es decir, cada persona puede y debe desarrollar también los llamados talentos del sexo opuesto aunque, de ordinario, le puede costar un poco más. Por ejemplo, una mujer madura y realizada, no sólo es tierna y comprensiva; también es fuerte y valiente. Y un varón maduro no sólo es valiente, también es comprensivo y humilde, acogedor.

Por cierto, donde hay un especial talento femenino debe haber también un correspondiente talento masculino. ¿Cuál es la fuerza específica del varón? Éste tiene por naturaleza una mayor distancia respecto a la vida concreta. Se encuentra siempre “fuera” del proceso de la gestación y del nacimiento, y sólo puede tener parte en ellos a través de su mujer. Precisamente esa mayor distancia le puede facilitar una acción más serena para proteger la vida, y asegurar su futuro. Puede conducirle a ser un verdadero padre, no sólo en la dimensión física, sino también en sentido espiritual; a ser un amigo imperturbable, seguro y de confianza. Pero puede llevarle también, por otro lado, a un cierto desinterés por las cosas concretas y cotidianas, lo que, desgraciadamente, se ha favorecido, en épocas pasadas, por una educación unilateral.

Aparte del sexo existen, sin duda, otros muchos factores responsables de la estructura de nuestra personalidad. Cada uno tiene su propia manera irrepetible de ser varón o mujer. En consecuencia, es una tarea importante descubrir la propia individualidad, con sus posibilidades y sus límites, sus puntos fuertes y débiles. Cada persona tiene una misión original en este mundo [34]. Está llamada a hacer algo grande de su vida, y sólo lo conseguirá si cumple una tarea previa: vivir en paz con la propia naturaleza.

Jutta Burggraf, en laityfamilylife.va/

Notas:

1 Olympe Marie de GOUGES, Declaración de los derechos de la mujer, en Hannelore SCHRÖDER (ed.), Die Frau ist frei geboren. Texte zur Frauenemanzipation, I, München 1979, p. 38.

2 Cf. Mary WOLLSTONECRAFT, A Vindication of the Rights of Woman, London 1792.

3 Cf. Hedwig DOHM, en Hannelore SCHRÖDER (ed.), Die Frau ist frei geboren, cit., p. 42.

Ibid., p. 60.

5 La subordinación de la mujer atenta contra el principio de igualdad entre los sexos y contra los derechos humanos reconocidos en la Declaración Universal de la Organización de Naciones Unidas de 1948 y en otros muchos documentos de la ONU.

6 Las mujeres obtienen el derecho al voto en Inglaterra y Alemania (ambas en 1918), en Suecia (1919), Estados Unidos (1920), Polonia (1923) y otros países. Lo obtuvieron más tarde en España (1931), Francia e Italia (ambas en 1945), Canadá (1948), Japón (1950) y México (1953) y, finalmente, también en Suiza (1971).

7 No se puede negar que todavía hay cierta discriminación de la mujer en la práctica social. Cf. los estudios de María ELÓSEGUI: “Existe todavía discriminación directa, indirecta y oculta en el ámbito laboral, en el de la seguridad social, en el derecho financiero etc.” Los derechos reproductivos. Un nuevo concepto jurídico procedente del mundo legal anglosajón, en Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado 16 (2000), p.689.

8 Simone de BEAUVOIR, Alles in allem, Reinbek 1974, p. 450

9 Cf. IDEM, Das andere Geschlecht, Hamburg 1951, pp.409ss. (Original francés Le Deuxième Sexe, Paris 1949.)

10 Cf. ibid., p. 504: “No hay cosa más absurda que las razones aducidas contra una legalización del aborto”.

11 Cf. ibid., p. 697.

12 Shulamith FIRESTONE, The Dialectic Sex, 1970.

13 Cf. Vandana SHIVA (1988), Abrazar la vida. Mujer, ecología y desarrollo, trad. Instituto del Tercer Mundo de Montevideo (Uruguay), Madrid, 1995.

14 Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline acuñaron el término cyborg en 1960 para expresar una relación íntima entre los humanos y las máquinas. Se refirieron, en concreto, a un ser humano artificialmente mejorado, que podría sobrevivir fuera de nuestro planeta. De acuerdo con algunas definiciones actuales del término, la dependencia que tenemos de la técnica ya ha comenzado a convertirnos en cyborgs. Una persona, por ejemplo, a la que se haya implantado un marcapasos, podría considerarse un cyborg, porque sería incapaz de vivir sin esta ayuda mecánica.

15 Algunos partidarios del feminismo de género proponen: “In order to be effective in the long run, family planning programmes should not only focus on attempting to reduce fertility within existing gender roles, but rather on changing gender roles in order to reduce fertility.” (“Para ser efectivos a largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles de género a fin de reducir la fertilidad.”) La cita se encuentra en Gender Perspective in Family Planning Programs, preparado por la DIVISION FOR THE ADVANCEMENT OF WOMEN FOR THE EXPERT GROUP MEETING ON FAMILY PLANNING, HEALTH AND FAMILY WELL-BEING, Bangalore (India), 26-30 de

octubre de 1992; y organizado en colaboración con el UNITED NATIONS POPULATIONS FUND (UNFPA).

16 Cf. Judith BUTLER: “Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras. En consecuencia, varón y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como un femenino.” Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity, New York-London 1990, p.6. Aunque este trabajo esté criticado, en algunos círculos extremistas todavía más radicales, por no separarse del todo de la dimensión biológica, puede considerarse como una de las obras claves que presentan la ideología de gender.

17 Cf. Jane FLAX, Thinking Fragments. Psychoanalysis, Feminism and Postmodernism in the Contemporary West, Berkeley 1990, pp.32ss.

18 Cf. Donna HAREWAY, Un Manifiesto Cyborg: Ciencia, Tecnología, y Socialismo-Feminista en el Siglo Veinte Tardío, 1985; Primate Visions: Gender, Race and Nature in the Word of Modern Science, 1989; Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature, 1991.

19 El feminismo de género ha encontrado favorable acogida en un buen número de importantes instituciones internacionales, entre las que se encuentran algunos organismos de la Organización de las Naciones Unidas. Asimismo, en algunas Universidades se pretende elevar los “Gender Studies” a un nuevo rango científico.

20 Fue Friedrich ENGELS quien sentó las bases de unión entre el marxismo y el feminismo. Cf. su obra The Origin of the Family, Property and the State, New York 1972.

21 Simone de BEAUVOIR, Das andere Geschlecht, cit., p.285.

22 IDEM, Alles in allem, cit., p.455. Los estudios socioculturales de Margaret Mead (1901-1978) también pueden incluirse en este proceso histórico, aunque la validez científica de sus aportaciones fue cuestionada por otros investigadores. Cf. Margaret MEAD, Male and Female. A Study of the Sexes in a Changing Word, New York 1949. Gloria SOLÉ ROMEO, Historia del feminismo. Siglos XIX y XX, Pamplona 1995, pp.50-53.

23 Cf. el reportaje Das schönste Photomodell wird endlich eine Frau en Neue Zürcher Zeitung (17-III-1997), p.28.

24 John Money (1921-2006) fue experto en sexología en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU) y uno de los precedentes más influyentes de la teoría de género.

25 Cf. Volker ZASTROW, Der kleine Unterschied, en Frankfurter Allgemeine Zeitung, nº 208 (7-IX-2006), p.8.

26 El sexo biológico suele denominarse simplemente sex, sexo, mientras que el sexo psicológico y social están unidos en el término gender, género.

27 Cf. Dennis D. KELLY: Sexual Differentiation of the Nervous System, en: Principles of Neural Science, ed. por Eric R. KANDEL, James H. SCHWARTZ, Thomas M. JESSELL, 4. ed. (Ed. Appleton and Lange), Norwalk, Connecticut 2000, pp.1131-1149. P. NOPOULOS, M. FLAUM, D. O’LEARY, N.C. ANDREASEN: Sexual dimorphism in the human brain: evaluation of tissue volume, tissue composition and surface anatomy using magnetic resonance imaging, en: Psychiatry Res (2000/2), pp.1-13. H. DAVIDSON, K.R. CAVE, D. SELLNER: Differences in visual attention and task interference between males and females reflect differences in brain laterality, en: Neuropsychologia (2000/4), pp.508-514. N. SADATO, V. IBANEZ, M.P. DEIBER, M. HALLETT: Gender difference in premotor activity during active tactile discrimination, en: Neuroimage (2000/5), pp.532-540.

K. KANSAKU, A. YAMAURA, S. KITAZAWA: Sex differences in lateralization revealed in the posterior language areas, en: Cereb Cortex (2000/9), pp.866-872.

28 Cf. Marta BRANCATISANO, Approccio all’antropologia della differenza, Roma 2004. S.E. RHOADS, Taking sex differences seriously, San Francisco 2004. Doris BISCHOF-KÖHLER, Von Natur aus anders. Die Psychologie der Geschlechtsunterschiede, Stuttgart 32006.

29 Cf. I. ECUYER-DAB; M. ROBERT, Examining the relationship in western men and women, en Journal of Comparative Psychology, nº 118 (2004), pp.217-231.

30 Cf. J. ARCHER, Sex differences in aggression in real-world settings: a meta-analytic review, en Review of General Psychology, nº 8 (2005/1), pp.291-322. Hoy se puede observar también otra repartición entre los sexos respecto a las posibilidades de ser violentos, diferentes a las de antes. La tendencia feminista actual admite que la mujer pueda tomar la misma iniciativa, y ya hace tiempo que no son una excepción las mujeres violentas. En varios países se fundaron “asociaciones de varones maltratados”.

31 Cf. C. HOPF; M. HARTWIG (eds.), Liebe und Abhängigkeit. Partnerschaftsbeziehungen junger Frauen, Weinheim 2001.

32 Cf. M.L. FISHER, Female intrasexual competition decreases female facial attractiveness, en Science, nº 271 (2004), Suppl. 5, pp.283-285.

33 Cf. Alicia PULEO (ed), Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido, en Celia Amorós y Ana de Miguel (eds.), Teoría feminista. De la Ilustración a la globalización, Madrid, 2005, pp.121-152.

34 Cf. Jutta BURGGRAF, Libertad vivida: con la fuerza de la fe, Madrid  2006.

 

Ciudadanos de tiempo completo

Ana Teresa López de Llergo

Es necesario saber lo que no es negociable porque forma parte de la riqueza del ser humano. Esto tiene que ser el soporte de cualquier partido, de toda ley y de todo funcionario.

Hay asuntos que permanecen en nosotros, queramos o no. Están y lo mejor es aceptarlo porque no podemos desaparecerlos. Esto sucede con la herencia biológica que nos vinculan a nuestros progenitores; o las influencias del ambiente en el que vivimos, queramos o no dejan huella. Eso sucede con la ciudadanía que nos acompaña en todo momento.

Los problemas personales aparecen cuando no queremos aceptar esas realidades, entonces las negamos. Nos ocupamos de ellas, pero solamente durante algún tiempo, o simplemente sabemos que existen pero no acatamos los compromisos y obligaciones. Por falta de compromiso a veces las consideramos lastre, sin darnos cuenta de los beneficios si las afrontamos adecuadamente.

La ciudadanía es una realidad como lo es el tipo de sangre que tenemos. La ciudadanía es un presente y es necesario vivir la responsabilidad de cada día. No se trata de actuar solamente en tiempo de elecciones o de algún problema notorio, se trata de seguir los sucesos y pronunciarse ante sus consecuencias. Gracias a Dios ahora contamos con más medios para informarnos y para expresarnos. La finalidad es movernos a la acción para el bien de todos.

El tiempo corre de un modo pasmoso, para estar preparados hemos de mantenernos al día de los sucesos más importantes, y seguir la trayectoria de las personas. Al menos conocer a quienes pueden darnos informes verídicos. Así, cuando llegue un periodo importante como el de las elecciones tendremos suficiente criterio para elegir. También cuando hagan una encuesta y tengamos que opinar.

Sobre el modo como se desarrollaron las elecciones y los postulados de cada partido, hemos de recabar datos para formar nuestro criterio. Son acontecimientos que marcarán un derrotero, por eso hemos de observar cómo son las tendencias, cuáles los intereses y, sobre todo, el modo de ganar adeptos.

Conviene advertir las simpatías con otras naciones. Siempre se han dado estos fenómenos, pero lo más importante es detenerse para analizar algunos sucesos y darles una calificación. Hay cuestiones aceptables y otras reprobables, vengan de quien vengan. Lo mejor es observar los hechos para calificarlos. Lo peor es ver los sucesos e imitarlos sin ninguna valoración.

También se debe prestar atención a las decisiones de las Cámaras. Especialmente importantes son todos aquellos aspectos que tienen relación con las legislaciones porque marcan el rumbo de la conducta de los pueblos, y moralmente nos compete a todos evitar los atentados contra la ley natural.

Actualmente se han adoptado las marchas como un modo de participar apoyando o reprobando una decisión. La mayoría se llevan a cabo con respeto y sin violencia. Este es un gran logro y manifiesta avances en la cultura popular. Y es un recurso que facilita la participación de personas que de otra manera no lo harían.

El modo de exponer las ideas manifiesta las tendencias, el nivel de educación, la capacidad de escuchar y de respetar otras posturas. También es básico detectar si hay propuestas que respondan al modo de resolver problemas. Cómo se jerarquizan las necesidades, si se atiende a todos los sectores de la población y cómo se aceptan las críticas.

Hay discursos que son muy pobres en propuestas y dedican demasiado tiempo a criticar las actuaciones personales del adversario, prácticamente se le desviste de una manera muy poco elegante, se le ridiculiza y se le acorrala. El que acomete así, aunque gane, pierde porque con esa actuación no consigue la confianza de los demás. Temerán ser tratados de modo semejante.

Actualmente la polarización de principios es alarmante. Hay cuestiones que son irrenunciables porque se trata de aspectos esenciales. La defensa de la vida humana debe ser un asunto básico para todas las personas que tengan un cargo de responsabilidad. Quien no respeta la vida en todas las etapas y en todas las circunstancias es inhumano, deshecha la ley de no matarás. Alguien así no puede ocupar un puesto superior porque destruirá a sus subalternos. La bandera de la defensa de la vida pertenece a todos los partidos. Quienes no lo entiendan, no tienen criterio.

Lógicamente existen partidos porque hay distintos modos de resolver los problemas, distintas maneras de priorizar los asuntos, diferentes visiones del futuro, hay variadas formas de relacionarse con otros países. Sin embargo, siempre hay que analizar las políticas sobre el apoyo a la familia, a la educación, al trabajo, a la salud y a la seguridad. También importa la visión de futuro y el modo de acercar a todos a los adelantos científicos y tecnológicos. Sólo con estos datos se puede emitir un voto bien madurado, si se trata de elecciones.

Desgraciadamente a quienes tienen criterios morales sólidos se les califica de conservaduristas. Esto es un error porque de lo que se trata es de aplicar los logros para defender los derechos humanos y las costumbres de vidas virtuosas, como es la honestidad, el respeto a los demás, la lealtad a los principios, la veracidad a los hechos y un largo etcétera. Obviamente el respeto a la ley auténtica y a las instituciones es primordial y nos beneficiamos todos.

Por lo tanto, es necesario saber lo que no es negociable porque forma parte de la riqueza del ser humano. Esto tiene que ser el soporte de cualquier partido, de toda ley y de todo funcionario.

Descubrir los errores y los aciertos nos ayuda a tener mejores intervenciones y mejores argumentaciones.

 

¿Eres prisionero de la red?

Lucía Legorreta

Recuerda que la tecnología está a nuestro servicio y no al revés. Piensa realmente si te has convertido en prisionero de ella, y aunque no tengas rejas a tu alrededor, es como si vivieras dentro de una prisión sin salida.

Me pareció interesante el leer lo que un experto afirmó hace poco: ya no podemos hablar solo de dos mundos, el exterior y el interior, porque hay un tercer espacio que está comiendo a los otros dos: el mundo virtual.

Aunque el uso del internet no llega a las dos décadas, nos parece inconcebible que alguna vez funcionamos sin el correo electrónico, los mensajes, las redes sociales y Google.

Internet ha transformado en un tiempo récord nuestra vida, principalmente para bien, vivimos en un mundo más ágil, diverso e intercomunicado.

Sin embargo, no todo son ventajas en este llamado tercer espacio, ya que cada vez más hombres y mujeres se han convertido en prisioneros de la red. ¿Eres tú, uno de ellos?

La computadora ofrece muchas cosas, y no pide nada a cambio, no valora si estás teniendo un comportamiento correcto o no, por eso vemos a muchas personas sumergidas en un mundo virtual, que en cierto modo les compensa las insatisfacciones que tienen en el mundo real.

La línea entre un uso saludable de internet o redes sociales y la adicción estaría en lo que nos motiva a conectarnos. Cuando deja de ser un medio para obtener información y se convierte en una forma de huir de la realidad, perdemos el control de estas herramientas para pasar a ser prisioneros de ella.

En un reportaje sobre afecciones digitales, el periodista A. Torroella establece los siguientes síntomas que revelan adicción a las nuevas tecnologías:

- El ocio en el internet o redes sociales se prolonga por varias horas al día, prefiriendo estar conectado que salir con los amigos o estar con la familia.
- La persona siente la necesidad de conectarse constantemente y de forma compulsiva a las redes sociales, correo electrónico o WhatsApp.
- Es incapaz de salir a la calle sin el teléfono celular y se muestra ansiosa cuando no puede utilizarlo.
- Siente un deseo irrefrenable de adquirir los aparatos más novedosos, por alto que sea su precio.
Hay una serie de medidas de autocontrol que todos podemos aplicar para corregir la adicción:

- Establecer periodos para desconectarnos de la computadora o celular cuando estemos en casa o durante los fines de semana.
- A partir de una hora razonable, dejar un mensaje en el celular indicando que no se devuelven llamadas hasta el día siguiente.
- Fijar un horario limitado para leer y responder mensajes y correos electrónicos.
- No dormir con el celular.
- Los expertos sugieren una terapia de choque, que consiste en elegir un fin de semana y lograr estar por lo menos 24 horas seguidas sin tecnología.
Recuerda que la tecnología está a nuestro servicio y no al revés. Piensa realmente si te has convertido en prisionero de ella, y aunque no tengas rejas a tu alrededor, es como si vivieras dentro de una prisión sin salida.

 

 

La moda y el apetito de la extravagancia total

 

En todas partes hay utopistas inconformados, que sueñan románticamente con revoluciones-panacea, capaces de transformar el mundo en un paraíso.

El problema de la droga continúa llamando la atención de los psicólogos, moralistas y sociólogos del mundo entero. El problema es estudiado desde los más diversos puntos de vista, con la finalidad de contener el alarmante aumento de su uso en el mundo contemporáneo.

En este afán, los investigadores se preguntan, entre otras cosas, cuál es el itinerario del vicio en las varias capas sociales. En otros términos, cuáles son las primeras zonas de la sociedad que capitulan frente a él, y a través de qué etapas llega a contagiar a todo el cuerpo social.

En Francia, una comisión de estudios llegó, en este particular, a conclusiones aceptadas, según consta, por otras entidades igualmente competentes. La droga penetra al comienzo en los círculos sociales refinados y en los medios artísticos. En una segunda etapa, alcanza a los medios universitarios y estudiantiles. Por fin, y más o menos simultáneamente, alcanza a todos los otros ambientes, inclusive a los obreros. Toca a los medios rurales la honra de mantenerse casi enteramente refractarios a la droga.

-¿Por qué esto es así? ¿Por qué el campo es menos contaminable que la ciudad? ¿Por qué las clases refinadas o artísticas son más vulnerables que las estudiantiles? ¿Y por qué los sectores estudiantiles lo son más que los otros grupos sociales?

Estas cuestiones presentan un gran interés, puesto que una vez esclarecidas, no se estaría lejos de haber descubierto cuál es la verdadera génesis del vicio.

No pretendo proponer aquí una solución simplista para un problema tan complejo. Deseo simplemente exponer algunas observaciones que los resultados obtenidos por la comisión me sugieren.

Para esto, permítame lector que, por algunos instantes, cambie de asunto.

*     *     *

¿Cómo se realiza habitualmente la implantación del comunismo en un país?

Al comienzo, la tarea no es tan complicada. En todas partes hay utopistas inconformados, que sueñan románticamente con revoluciones-panacea, capaces de transformar el mundo en un paraíso. Se sabe en qué ambientes, en qué lugares de diversión, en qué librerías encontrar personas como éstas.

Pero la tarea difícil es la que viene después. ¿Cómo hacer participar de la utopía comunista (utópica aún cuando se presenta con el rótulo de “científica”) a los espíritus objetivos, sensatos, sanos, que constituyen la gran mayoría de la población?

Son los snobs de la “inteligentzia” que contagian a los de la moda.

En tesis, la respuesta parece simple. Se trata de buscar en los ambientes menos favorecidos por la situación social o económica. Allí el número de descontentos -aún cuando no sean utopistas y románticos- debe ser grande y, por lo tanto, debe ser fácil el reclutamiento de prosélitos para el comunismo. Realizado este reclutamiento en una escala suficiente, será posible desatar la subversión de los pobres contra los ricos.

Todo esto es en tesis. No es así que progresa el comunismo en la realidad. Habitualmente, la inmensa mayoría de los obreros se muestra indiferente u hostil al discurso comunista. Y las primeras células de revolucionarios románticos permanecen encerradas en sí mismas, hasta que un día, en los círculos sociales snobs, alguien se acuerde de decirse comunista.

Ese vanguardista encuentra rápidamente algunos congéneres que, para atraer la atención sobre sí mismos, también comienzan a jactarse de ser comunistas. A partir de ahí, las chispas se propagan rápidamente, de los snobs de la moda a los de la “inteligentzia”. A veces, la marcha del contagio es inversa. Son los snobs de la “inteligentzia” que contagian a los de la moda. Por más innovadora que se diga la juventud, muchas cosas que existen o que ocurren en ella son reflejo de las generaciones que las antecedieron. Entre los jóvenes universitarios también existen snobs de la moda y de la cultura. Viendo lo que ocurre con sus congéneres mayores, en ellos también comienza a crepitar el incendio comunista.

Como es natural, la atención de la mayor parte de la población se vuelve hacia los que representan el prestigio de la situación social, de la fortuna, de la inteligencia, o de la juventud. No faltan medios de comunicación social que hacen creer a la multitud que los snobs de esas categorías forman, no minorías exóticas y aisladas, sino la mayoría prestigiosa y dinámica de los respectivos ambientes. El mal ejemplo arrastra fácilmente a las multitudes. De ese modo se propagan entonces por el cuerpo social, como por metástasis, los grupúsculos comunistas.

El ambiente más refractario a la proliferación comunista es el agrícola.

Y aquí queda una constatación rica en materia para la más diversas reflexiones: el itinerario del comunismo es idéntico al de la droga.

Esto se explica fácilmente. Comunismo y droga son procesos de descomposición. Ambos atacan la parte más frágil del organismo social, que es la más propensa a la extravagancia, a las sensaciones violentas o súper delicadas, a la evasión de la lógica, del sentido común y de la realidad.

El snobismo aparece como uno de los más poderosos -o tal vez el más poderoso- de los factores de expansión, tanto de la droga como del comunismo.

Corruptio optimi pessima“. Nada mejor que las buenas élites. Por eso, nada peor que las élites sofisticadas, deterioradas, divorciadas de la realidad, y sin noción del deber. Para ellas todo es objeto de exhibición y juego: las ideas, la moral y las tradiciones. En el centro de ese juego está el campeonato de las vanidades. Mientras uno consigue exhibirse, está contento. Es la triste carrera rumbo al disparate total. Cada uno en su género, el comunismo y la droga, son disparates totales. No es de extrañar que los más arrojados entre los snobs corran hacia ellos, llevando tras sí al caudal de sus seguidores.

Este juego -como todos los otros- tiene sus riesgos. ¡Cuántos comienzan afirmándose comunistas, sin serlo de hecho! También hay muchos que, cuando comienzan a usar drogas, lo hacen para mostrarse. Pero, terminan arrastrados por el vicio.

Es el triste destino de los que juegan con fuego, aunque sea por mero snobismo. “Quien ama el peligro, en él perece” (Ecl. 3,27) dice el Espíritu Santo.

El snobismo aparece como uno de los más poderosos -o tal vez el más poderoso- de los factores de expansión, tanto de la droga como del comunismo. El itinerario de ambos, en la contaminación de todo el cuerpo social, es la misma ruta del snobismo, rumbo a la extravagancia total.

¿Exageración? No lo creo. Obsérvese el poder del snobismo y la fascinación que ejerce sobre él la extravagancia. Hablo del nudismo. Todas las modificaciones de la moda hoy se hacen bajo el signo de la extravagancia. Y la extravagancia hacia la cual tienden es la conquista, por etapas cada vez más osadas, del nudismo total. Fuera del snobismo, ¿quién arrastra a las multitudes en el camino, o mejor dicho, ‘en el descamino’ de la moda?

Lo que decimos del snobismo como vehículo de expansión de la droga, puede aplicarse a todos los tipos de degradación moral que sufre nuestra sociedad.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

¿Qué tanto escuchas a tus hijos?

Por LaFamilia.info 

Foto: Freepik

Existe una necesidad innegable de ser escuchados, la cual disimuladamente implora el deseo de sentirnos valorados y apreciados por otros.

Asimismo cuando alguien nos escucha, sentimos una sensación liberadora que aminora los problemas, pues el solo hecho de exteriorizar los sentimientos y desechar una buena carga de ansiedad, hace que las ideas tomen claridad.

De ahí la importancia de escuchar a los hijos, quienes se pueden comunicar por muchas vías, no solo por la palabra. Tal como explica Francisco Gras en su blog Escuela para Padres: “Los hijos continuamente están mandando mensajes de que quieren y necesitan ser escuchados, no sólo ser oídos. Mensajes que suelen ser enviados con el lenguaje corporal, con su comportamiento bueno o malo, utilizando a otros integrantes de la familia, etc. Piden continuamente un tiempo íntimo para poder preguntar, pues tienen demasiadas cosas para decir.”

Y agrega: “Los padres tienen que emplear las técnicas adecuadas para fomentar la escucha. A cualquier edad, los hijos tienen muchas cosas para decir y muy pocas personas adecuadas a quienes decírselas y que quieran escucharles. Los padres tienen que intentar que los hijos no busquen sustitutos inadecuados para que les escuchen. Tienen que estar en primera fila para cuando les necesiten, pero mucho mejor sería, que fuera antes de que los necesiten.” 

De otro lado, no hay que menospreciar las dificultades de los pequeños, pues olvidamos que los problemas toman la magnitud de quien los vive, por eso los asuntos de los niños tienen un nivel de complejidad acorde a su edad. Hay que evitar comentarios como: “no vale la pena”, “esos no son problemas”, “problemas los de papá y mamá”.

Ahora bien, es importante dejar claro que desde estas primeras edades estamos abonando el terreno para una muy buena comunicación cuando ya sean pre o adolescentes.

18 Conceptos para escuchar bien a los hijos

Cuántas discusiones se podrían ahorrar si antes de regañar a los hijos y exaltarse ante sus errores, primero se les dedicara unos minutos a escucharlos a saber lo que sienten, lo que piensan, los que les atemoriza, lo que les alegra, lo que les preocupa, lo que les pasa…

Escuchar a los hijos es uno de los mejores actos que podemos hacer por su formación integral; para lograrlo Francisco Gras -autor citado anteriormente y colaborador de LaFamilia.info-, proporciona las siguientes pautas para hacer de la escucha una maravillosa herramienta educativa en el desarrollo de los hijos:

1. Comunicar a los hijos que los padres, a todas horas y bajo cualquier circunstancia, siempre quieren y están dispuestos a escucharles y de forma muy positiva, para que se produzca un verdadero intercambio de sentimientos y no de interrogatorios o monosílabos, que la mayoría de las veces quieren decir, “déjame en paz y cállate”.

2. Hacerles participes en los temas familiares, de las alegrías, penas, discusiones, objetivos, planes, presupuestos, situación económica, etc. Esto les acostumbrará a ir dando sus opiniones, a ser cada vez más abiertos a darlas, y a los padres a tener que escucharles por haberles preguntado.

3. Demostrarles confianza al pedirles su opinión, y si es conveniente delegarles responsabilidades y decisiones, procedentes de sus opiniones.

4. Contarles cómo nos sentimos ante determinadas situaciones, en las que ellos estén implicados o no, para que vean que no es difícil expresar los sentimientos, opiniones, alegrías, cansancios y dificultades y que se adquiere una gran paz interior, cuando se comparten las cosas a su debido tiempo, circunstancias y personas.

5. Hablarles de que todos queremos ser escuchados, pero sin tener que ser juzgados y sentenciados continuamente, por nuestros actos u opiniones. Si los hijos tienen bien claro, que les vamos a escuchar sin juzgar, seguramente estarán más dispuestos a hablar, que a quedarse callados. Los padres deben fomentar estas situaciones, para escucharles con mucha atención. Es muy bueno empezar desde pequeños, con temas a su alcance mental, para crear costumbre.

6. Ponerles más atención cuando hay algún problema grave, que pueda ser por un mal comportamiento de los hijos, por un problema de los padres o de la familia en conjunto. Hay que escucharles muy atentamente, lo que quieren decir y cómo lo quieren decir.

7. No retrasarse en preguntar lo que haya que preguntar, aunque no quiera escuchar lo que supuestamente va a escuchar. Es preferible ser un padre que escucha, aunque duela, a ser un padre que ignora.

8. Exija escuchar las explicaciones que los hijos deban darle, quieran o no quieran, les guste o no les guste hacerlo. La autoridad paternal en materia familiar, moral y social, no debe ser disminuida, excluida, anulada ni abolida bajo ningún concepto y mucho menos, en función de lo que los padres tienen y deben escuchar.

9. Escuchen los cónyuges a los hijos, por separado o unidos, con la misma línea de amor y de exigencia hacia ellos, principalmente en las normas transcendentales de obligado cumplimiento personal, familiar, moral y social.

10. Escuchen bien a los hijos, pero tengan mucho cuidado, si les tienden la trampa de “divide y vencerás” o si ya conocen los puntos flacos de cada uno de los cónyuges, y siempre se dirigen hacia el más débil, para conseguir lo que con el otro cónyuge, no conseguirían. Si fuera necesario, escuchen como hacen los policías, haciendo uno de bueno y otro de malo, pero siempre unidos, por el bien de los hijos.

11. No tengan miedo de escuchar a sus hijos lo que tengan que decirles, pues como padres, tienen que estar a las duras y a las maduras. No hay nada entre padres e hijos, que con buena voluntad no pueda solucionarse. Las causas de los miedos y sus efectos devastadores, suelen ser productos de las dudas, justificadas o no. Pero los miedos la mayoría de las veces desaparecen, cuando se saben los verdaderos motivos que los han causado.

12. Dialogar con el lenguaje del silencio, suele ser muy efectivo. Muchas veces es necesario escuchar, sin hablar, ni una sola palabra, dejando paso a que los hijos se expliquen o desahoguen, sin interrumpirles en lo más mínimo. No se preocupen si los hijos empiezan con un monólogo, poco a poco irán abriéndose cada vez más, al pedir ellos mismos respuestas a sus preguntas.

13. Tengan en cuenta que las palabras dichas de más, enredan las que se han dicho justas, y las dichas de menos, confunden con lo que falta por decir.

14. Olvídense del orgullo equivocado, que no sirve nada más, que para crear o mantener enconos, pues los oídos de los padres, se han hecho para entender con amor y son la puerta de los grandes abrazos.

15. Tienen que aprender a perder un poco para ganar un mucho, aunque nada más oiga medias respuestas.

16. El secreto de saber escuchar bien, sirve para saber hablar bien.

17. Por muy amargo que sea el tener que escuchar, la clase de veneno que han elegido para suicidarse, poco a poco o muy deprisa, siempre se les podrá dar soluciones u opciones, para salir de los infiernos que producen determinadas adicciones.

18. Si el tema que escuchan requiere una respuesta inmediata, y si esta es muy grave o difícil, no duden en pedir un aplazamiento para estudiarla, consultarla y armarla antes de decirla. Si la dicen con precipitación, a lo peor ya no tiene remedio y se convierten en “esclavos de sus palabras y no, en dueños de sus silencios”.

 


Cómo tratar a un familiar con Alzheimer: 9 claves para su buen manejo

Por LaFamilia.info 

 Foto: Pixabay.com

El 21 de septiembre se celebra el “Día Mundial del Alzheimer”, declarada por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer, con el propósito de dar a conocer la enfermedad y solicitar el apoyo y la solidaridad de la población. 

Así que desde LaFamilia.info abordaremos el tema y brindaremos una serie de recomendaciones a las familias que están pasando por esta situación.

¿Qué es el Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer es un “desorden progresivo, degenerativo e irreversible del cerebro que causa la debilitación, la desorientación y una eventual muerte intelectual. Afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje.” [1] Con el tiempo los síntomas empeoran hasta olvidar realizar funciones diarias como bañarse, comer e incluso caminar.

Aunque cada día se sabe más sobre el Alzheimer, todavía se desconoce la causa exacta de la misma y hoy por hoy, no se dispone de un tratamiento eficaz. Y como dicen los autores Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma, “esto sucede hasta en las mejores familias, porque el Alzheimer toca a las puertas de los ricos como a las chozas de los pobres. No tiene tarjeta de visita ni preferencias. ¿Quién no recuerda el caso Rita Hayworth o de Ronald Reagan?” [2]

9 claves para su buen manejo

Las enfermedades que afectan la salud mental suelen ser difíciles, además de tristes, y el Alzheimer no es la excepción. El Alzheimer no sólo afecta al paciente sino a todo el entorno familiar y demás allegados. Es necesario tener en cuenta las siguientes recomendaciones para comprender y aceptar la enfermedad y así lograr adaptarse a ella de la mejor forma posible:

1. Investigar detenidamente la enfermedad

En primer lugar es muy importante que la familia y las personas cercanas al paciente tengan un buen conocimiento de la enfermedad: cómo se manifiesta, cuál es su curso, las fases que se dan a lo largo de la misma, las dificultades con que se van a encontrar, entre otros. Asimismo la familia debe entrenarse e informarse a cerca de los cuidados que requiere el enfermo, aprender estrategias de resolución de problemas y toma de decisiones.

Existen muchos recursos especializados en el tema, entre sitios web, videos y libros, he aquí uno muy útil y completo: El día de 36 horas.

2. Es una enfermedad

Es muy importante tener presente en todo momento que los enfermos de Alzheimer presentan cambios de comportamiento que no son resultado de la voluntad sino de la enfermedad. Por consiguiente es aconsejable no culpar al enfermo de dichas conductas, ni llevarle la contraria; hay que entender que su ubicación temporal y espacial es diferente a la nuestra.

3. Un “toque” de buen humor

El enfermo de Alzheimer dependiendo del nivel en que se encuentre, irá teniendo acciones un poco extrañas que al principio pueden causar un gran dolor y desesperación en sus familiares. Sin embargo, hay que tratar de mirar estas situaciones desde la óptica del buen humor, lo que es totalmente diferente a la burla. El objetivo es no atormentarse porque el enfermo guardó los zapatos en la nevera o empacó toda su ropa en maletas o valijas, pues el tiempo le irá mostrando que debe “aprender” a reírse de estas anécdotas y tomar la enfermedad no como un martirio, sino como una enseñanza de vida.

4. Se debe crear un ambiente agradable

Un ambiente de afecto, donde la persona encuentre toda la comprensión, apoyo posible y un trato amoroso. Es aconsejable llamar a la persona por su nombre, procurar mantener la mirada cuando se le está hablando, sonreírle, hablarle como a un adulto e intentar hacerlo un poco más despacio de lo habitual.

5. Intentar cumplir diariamente unos horarios 

Horario para levantarse, comidas, aseo, paseos, etc. De esta forma se puede controlar la posible desorientación que habitualmente se da en estas personas. Tampoco es bueno cambiarlos continuamente de lugar, pues suelen desubicarse confundiendo los sitios con facilidad.

6. El afecto es fundamental

Aunque en la mayoría de casos no recuerden las caras de las personas y confundan unas con otras, el tacto, las caricias, las manifestaciones de afecto; sí las reconocen.

7. Tomar precauciones en la casa

Cuando la enfermedad esté más avanzada se tendrán que hacer algunas adecuaciones en el hogar para evitar accidentes. Por ejemplo dejar la puerta trancada, cerrar la llave del gas, guardar los artículos corto punzantes, etc. Todo esto debido a que su pérdida de memoria les impide ser conscientes de lo que están haciendo en un momento determinado y causar así un incidente. Además, el Alzheimer afecta la parte motriz, lo que hace peligroso la manipulación de algunos objetos.

8. Apoyo para la familia

Se debe buscar toda la ayuda posible, como acudir a un médico Geriatra, estar en contacto con otras familias que tengan la misma problemática y compartir situaciones semejantes, consultar en las asociaciones de enfermos de Alzheimer, organizar reuniones de familia para conversar y acordar cómo puede ayudar cada uno, y en algunos casos será necesaria la terapia individual.

9. Atender al cuidador

Los más afligidos suelen ser los cuidadores –las personas que pasan el mayor tiempo con el paciente y se dedican a sus cuidados diarios– a quienes se les debe prestar igual o más atención que al mismo enfermo, en especial cuando esas personas hacen parte del grupo familiar.

Es importante que la familia trabaje en equipo y apoye lo que más pueda al cuidador familiar, puesto que la enfermedad puede llegar a ser muy extenuante y estresante para éste.

El paciente, ante la pérdida de autonomía, se apoya en sus hijos, cónyuges o seres muy cercanos como soportes esenciales. Es por ello, que el entorno familiar es fundamental, el trato cariñoso y la calidad de tiempo que se le dedique al enfermo. Es una situación difícil para la familia y por ello deben trabajar su paciencia, capacidad de servicio y fortaleza espiritual, para darle todo el amor que el paciente requiere.

 

Hay una tarea abierta

La tutela de los derechos humanos no se puede lograr sin una educación, sin una cierta cultura, sin una cierta historia que se construye lentamente. Pensar que se puede implantar una democracia sin tener en cuenta, en este caso, la cultura de un país tribal y de mayoría musulmana es una ingenuidad.

Como también es una ingenuidad o una presunción pensar que los españoles estamos reconciliados definitivamente con nuestra historia. El retorno del fantasma de una guerra civil, finalizada hace más de 80 años, pone en evidencia que heridas que parecían cerradas se han reabierto. Ciertamente, por la actitud irresponsable de algunos, pero que eso pueda ser rentable, al menos políticamente, muestra hasta qué punto hay una tarea abierta para que nuestra unidad nacional sea sólida. Lo estamos viviendo con las manifestaciones de unos y los comentarios de otros.

Jesús D Mez Madrid

 

La Civilización Cristiana, ¿es una utopía?

La civilización cristiana no es una utopía. Es algo realizable, que en determinada época floreció. Algo, en fin, que duró en cierta manera aun después de la Edad Media, hasta tal punto que el Papa San Pío X pudo escribir:

“No, la civilización no está por inventarse ni la ciudad nueva por construirse en las nubes. Ha existido, existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad”(1). Por lo tanto, la civilización cristiana posee grandes vestigios, todavía vivos en nuestros días.

Nuestra lucha en favor de la familia

La lucha que realizamos en defensa de la Familia cristiana es una reacción contra lo que San Pío X llama “los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad“.

Estos ataques han venido dándose a través de los siglos y, a pesar de la variedad de formas que han adoptado, tienen en común ciertas constantes. Ellas están magistralmente analizadas en el libro “Revolución y Contra-Revolución” del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Su lectura es fundamental para comprender los acontecimientos de nuestra época.El canonista de fama internacional, P. Anastasio Gutiérrez C.M.F., se refiere así a esta obra:

“Revolución y Contra-Revolución” es una obra magistral cuyas enseñanzas deberían difundirse hasta hacerlas penetrar en la conciencia de todos los que se sientan verdaderamente católicos, y diría más, de todos los hombres de buena voluntad. En ella estos últimos aprenderían que la única salvación está en Jesu Cristo y en su Iglesia, y los primeros se sentirían confirmados y robustecidos en su fe, y prevenidos e inmunizados psicológicamente y espiritualmente contra un proceso súbdolo que se sirve de muchos de ellos como útiles idiotas compañeros de viaje.

“El análisis que hace del proceso revolucionario es impresionante y revelador por su realismo y por el profundo conocimiento de la historia, a partir de la última edad media en decadencia, que prepara el clima al Renacimiento paganizante y a la Pseudo-Reforma, y ésta a la terrible Revolución francesa, y poco después al Comunismo ateo.

Bajar gratuitamente Revolución y Contra-Revolución

1) Carta Apostólica Notre Charge Apostolique, de 25 de agosto de 1910, in Doctrina Pontificia, vol. II. p. BAC., Madrid, 1958.

 

La electricidad en España el gran desastre… ¿Y en cuántos países más?

 

                                Leí una vez, que en el Universo, “sobra la energía”, puesto que generalizando, es que “el Universo es energía en movimiento continuo”; o sea que de lo que se trata es de saber captar esa energía, que necesitamos en este planeta, y la que (y es curioso) la mayoría que recibe del, “Padre Sol”; la rechaza y la devuelve a esos espacios siderales, donde “seguro que no se pierde”, pero que va hacia ni saben dónde. Esa energía primaria, supongo que “el mono humano”, la empezó a aprovechar, recogiendo “restos ardientes”, de cualquier incendio producido por un rayo, y dónde, una “primera luz inteligente de aquellos casi animales seres”, recapacitó y aprendió, no sólo a recogerla y conservarla, sino a valorarla… “De ahí deduzco se empezó la carrera de avances que hoy llevan a los actuales monos humanos, al espacio, satélites y planetas incluidos”; pero que aún no han sabido controlar esa energía, para satisfacer las necesidades más elementales de las “tribus humanas”, a las que los “listos de siempre”, siguen teniéndolas esclavizadas, como siempre las han tenido; “según los tiempos y circunstancias”, pero sobre esas esclavitudes; acumular capitales inmensos, para en realidad, yo no me explico qué, puesto que los idiotas no pensaron nunca en que morirían y que todo quedaría aquí… Incluso sus nombre olvidados totalmente y pese a “sus riquezas”.

                                Pero dejemos la filosofía, que “a las masas de ricos y pobres se la pasan por los cojoncios” y entremos en la realidad de hoy, verano-otoño del “fabuloso tercer milenio, donde los listos de siempre, nos anunciaron que se solucionaría todo”.

                                Con dolorosa e incluso lacrimosa situación de pensamiento, que al propio tiempo se carcajea a mandíbula batiente; recuerdo a la época del tan criticado Franco y cuando, “los idiotas trataban de ridiculizarlo, diciéndole cosas tan pueriles, como. “paco, rana, paco pantanos, y no sé cuántos pacos más, puesto que hubo muchos”; y es que aquel gobernante (“que no era tonto sino todo lo contrario”); con los no muy abundantes recursos de un país arrasado por la más terrible de las guerras, cual la que surge dentro del mismo país y “los canallas nativos del mismo se dedican a destruirlo”; simplemente, aquel gobernante, se dedicó a la gran labor, que su antecesor Miguel Primo de Rivera, iniciara, décadas antes; o sea, a completar, lo que se llamó, “Plan Hidrológico Nacional”; y que no sólo pretendía, dotar de agua suficiente a la seca y esteparia España, sino también, de obtener con ello, la energía más limpia que existía en aquellas épocas; doble meta, que se lograría con “la infinidad de pantanos que mandó construir”; aparte de continuar con las obras nacionales, de carreteras, caminos, veredas, ferrocarriles, y demás “cosas útiles”, que igualmente ya emprendiera el citado D. Miguel (muerto por cierto en circunstancias extrañas) y que eran de vital necesidad.

                                O sea que Franco no fue el inventor, pero sí el inteligente continuador de una enormidad de obras que eran más que necesarias, imprescindibles en el suelo patrio; que por si alguno lo ignora, eran y son viables; puesto que España y después de Suiza, es el país más montañoso de toda Europa y por ello, aquí aparte de los miles de pantanos que se hicieron, se pueden seguir haciendo (puede que) muchísimos más que los realizados, y por los que hoy, la mayoría de España, tiene; “ducha y puede regar sus campos”; pero todo aquello, “murió con Franco”; al que dicho sea de paso, se le puede llamar asesino, no porque personalmente hubiese asesinado a nadie, pero sí que consintió muchos asesinatos que no debieron realizarse… pero, y es curioso; “nada se le puede decir de ladrón, juerguista, abusador de los bienes estatales, jugador, drogadicto, y muchas otras lacras que, “suelen padecer los gobernantes que se creen dioses o dueños de todo”; y es curioso, puesto que Franco conquistó España, a sangre y fuego y pudo ejercer el derecho de conquista, aún vigente entonces; como otros muchos han hecho después de Franco… “meándose y ciscándose en todo lo meable y ciscable habido y por haber”, “esclavizando incluso a pueblos enteros y asesinándolos en masa”; de los que no necesito decir nada, simplemente leer y saber la historia del mono humano, simplemente del período terrible, que cubre todo el siglo veinte.

                                Pero aquel que esto lea, puede decir que, “o estoy chiflado o no concuerda lo escrito con los titulares”; por ello y mejor que yo, lean lo que les recomiendo:

            “Jesús Cacho 19-09-2021

Y la luz se hizo (pero más cara) https://www.vozpopuli.com/opinion/luz-precio-cara-sanchez.html Hay que leer la pieza que hoy escribe aquí Jorge Sáinz, relatando los sofocos vividos en la oficina del presidente del Gobierno este pasado lunes. Parece que una vez el borrador de Decreto que preparaba la ministra Ribera (de Transición Ecológica lo llaman) llegó a manos de Sánchez, nuestro preclaro doctor en Economía reclamó la presencia de un experto para que diera el nihil obstat. "Dime si con estas medidas podré cumplir mi promesa de que a final de año los consumidores paguen la misma factura de luz que en 2018". Pedro tenía que ir por la noche a su televisión favorita dispuesto a lucirse, como es habitual en él, ante Franganillo, anunciando la nueva del cerco al intolerable comportamiento del recibo. El experto hizo unos cálculos apresurados y dictó sentencia: "No". Y entonces el bello Pedro montó en cólera y rápidamente urgió a la ministra a incluir de rondón en el texto las exigencias de Podemos al asunto. Había que meterle un hachazo a los "beneficios extraordinarios" de las eléctricas. Los morados, cuenta Sáinz, no se lo podían creer. Estaban ya con la escopeta lista para poner a escurrir a su socio, Sánchez no cumple, la PSOE otra vez al lado del capital, solo nosotros estamos con los pobres, quina vergonya… Asombrados más que sorprendidos, las tropas de doña Yolanda tuvieron que guardarse sus críticas y celebrar la inesperada victoria. Punto en boca. Sánchez no quiere perder un voto más, y en aras de tan sublime objetivo personal está dispuesto a meter la mano en la caja de unas empresas que cotizan en Bolsa. Lo que haga falta”.    

                        Y si quieren profundizar más, entren en la dirección que arriba les dejo y después, sobre todo los españoles, “échense a reír o llorar” según, “les pille su caletre”, puesto que esa realidad, es de cojones, como solemos decir los impotentes españoles, cuando nos enfrentamos a cosas así, y que son muchas en esta “pobre españa”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)