Las Noticias de hoy 27 Enero 2020

Enviado por adminideas el Lun, 27/01/2020 - 12:56
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 27 de enero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Domingo de la Palabra de Dios: «La carta de amor que escribió para ti»

Conversión de San Pablo: Los débiles llevan el mensaje «más importante»

75 aniversario de la liberación de Auschwitz: «la indiferencia es inaceptable», dice el Papa

JUSTICIA EN LAS PALABRAS Y EN LOS JUICIOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Acude perseverantemente ante el Sagrario”: San Josemaria

«Necesitamos respirar la verdad de las buenas historias»

En la casa de Nazareth

El Belén perenne del Sagrario: Guillaume Derville

Nuestras historias y sus nudos: Ramiro Pellitero

¿Vas a hacer pronto un retiro? Ocho consejos de un sacerdote experto para que sea fructífero: Carmelo López-Arias.

Trump se juega la presidencia contra el lobby abortista con un audaz y teológico discurso provida: Pablo Cervera Barranco.

Los verdaderos derechos del hombre nacen de sus deberes con Dios: Acción Familia

La palabra de Dios y la familia: Silvia del Valle.

Fortalecer lo que une, sobrepasar lo que separa: Óscar Ibáñez.

Nadie busca el martirio directamente: JD Mez Madrid

Caterva de neandertalenses: Suso do Madrid

Atención a la eutanasia que viene: Jesús Martínez Madrid

 Nuestros “amigos” norteamericanos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo de la Palabra de Dios: «La carta de amor que escribió para ti»

«Dame espacio y tu vida cambiará»

ENERO 26, 2020 11:51REDACCIÓNPAPA Y SANTA SEDEVATICANO

(ZENIT – 26 enero 2020).- «El Señor te da su Palabra, para que la recibas como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está cerca de ti», dijo el Papa Francisco durante la misa. que celebró este 26 de enero de 2020, el primer domingo de la Palabra de Dios.

En su homilía en la Basílica de San Pedro, el Papa también aseguró que «la Palabra que nos salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros». Entra en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad. Hoy como ayer, Dios desea visitar estos lugares donde creemos que no irá … No tiene miedo de explorar nuestros corazones, nuestros lugares más duros y los más difíciles».

En lugar de ir «al Señor con alguna oración formal, teniendo cuidado de que su verdad no nos sacuda por dentro», alentó: «El tiempo de vivir para uno mismo ha terminado, el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con otros y para otros, con amor y sin amor, comenzó. Hoy Jesús también te repite: ‘¡Ánimo, estoy cerca de ti, dame espacio y tu vida cambiará!’ Porque la Palabra de Dios «causa conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo».

«Seguir a Jesús con buenas resoluciones no es suficiente, pero debemos escuchar su llamada todos los días», concluyó el Papa: «Para esto necesitamos su Palabra: escuchar, en medio de las miles de palabras de cada día, esta Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida … Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente.»

***

Homilía del Papa Francisco

«Jesús comenzó a predicar» (Mt 4,17). Así, el evangelista Mateo introdujo el ministerio de Jesús: Él, que es la Palabra de Dios, vino a hablarnos con sus palabras y con su vida. En este primer domingo de la Palabra de Dios vamos a los orígenes de su predicación, a las fuentes de la Palabra de vida. Hoy nos ayuda el Evangelio (Mt 4, 12-23), que nos dice cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar.

1. ¿Cómo comenzó? Con una frase muy simple: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (v. 17). Esta es la base de todos sus discursos: Nos dice que el reino de los cielos está cerca. ¿Qué significa? Por reino de los cielos se entiende el reino de Dios, es decir su forma de reinar, de estar ante nosotros. Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro.

Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama. Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.

Entonces entendemos la invitación directa de Jesús: “Convertíos”, es decir, “cambia tu vida”. Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor. Jesús también te repite hoy: “¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!”. Es por eso que el Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz.

2. Si vemos dónde Jesús comenzó a predicar, descubrimos que comenzó precisamente en las regiones que entonces se consideraban “oscuras”. La primera lectura y el Evangelio, de hecho, nos hablan de aquellos que estaban «en tierra y sombras de muerte»: son los habitantes del «territorio de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles» (Mt 4,15-16; cf. Is 8,23-9,1). Galilea de los gentiles: la región donde Jesús inició a predicar se llamaba así porque estaba habitada por diferentes personas y era una verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas. De hecho, estaba la Vía del mar, que representaba una encrucijada. Allí vivían pescadores, comerciantes y extranjeros: ciertamente no era el lugar donde se encontraba la pureza religiosa del pueblo elegido. Sin embargo, Jesús comenzó desde allí: no desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo, desde una periferia.

De esto podemos sacar un mensaje: la Palabra que salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros. Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad. Hoy, como entonces, Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega. Cuántas veces preferimos cerrar la puerta, ocultando nuestras confusiones, nuestras opacidades y dobleces. Las sellamos dentro de nosotros mientras vamos al Señor con algunas oraciones formales, teniendo cuidado de que su verdad no nos sacuda por dentro. Pero Jesús —dice el Evangelio hoy— «recorría toda Galilea […], proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad» (v. 23). Atravesó toda aquella región multifacética y compleja. Del mismo modo, no tiene miedo de explorar nuestros corazones, nuestros lugares más ásperos y difíciles. Él sabe que sólo su perdón nos cura, sólo su presencia nos transforma, sólo su Palabra nos renueva. A Él, que ha recorrido la Vía del mar, abramos nuestros caminos más tortuosos; dejemos que su Palabra entre en nosotros, que es «viva y eficaz, tajante […] y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).

3. Finalmente, ¿a quién comenzó Jesús a hablar? El Evangelio dice que «paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos […] que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”» (Mt 4,18-19). Los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y
corrientes que trabajaban.

Evidenciamos lo que Jesús les dijo: os haré pescadores de hombres. Habla a los pescadores y usa un lenguaje comprensible para ellos. Los atrae a partir de su propia vida. Los llama donde están y como son, para involucrarlos en su misma misión. «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20). ¿Por qué inmediatamente? Porque se sintieron atraídos. No fueron rápidos y dispuestos porque habían recibido una orden, sino porque habían sido atraídos por el amor. Los buenos compromisos no son suficientes para seguir a Jesús, sino que es necesario escuchar su llamada todos los días. Sólo Él, que nos conoce y nos ama hasta el final, nos hace salir al mar de la vida. Como lo hizo con aquellos discípulos que lo escucharon.

Por eso necesitamos su Palabra: en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida.

Queridos hermanos y hermanas: Hagamos espacio dentro de nosotros a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.

© Libreria Editorial Vaticano

 

Conversión de San Pablo: Los débiles llevan el mensaje «más importante»

El Papa concluye la 53ª semana de oración por la unidad de los cristianos

ENERO 26, 2020 11:17ANNE KURIANPAPA Y SANTA SEDEUNIDAD DE LOS CRISTIANOS

(ZENIT – 26 enero 2020).- «A menudo son los más débiles quienes llevan el mensaje más importante de salvación», dijo el Papa Francisco durante las vísperas de la Conversión de San Pablo este 25 de enero de 2020. En conclusión de la 53ª Semana de Oración por la Unidad los cristianos, el Papa, rodeado de representantes de otras iglesias cristianas, alentaron a mirar «más allá de los intereses especiales»: «cada comunidad tiene un don que ofrecer a los demás».

Desde la basílica de San Pablo Extramuros, el Papa alentó a no ser «atraído por la lógica mundana», sino más bien «escuchar a los pequeños y a los pobres»: «porque es lo que agrada a Dios: salvarnos no con la fuerza del mundo, sino con la debilidad de la cruz ”.

​«Todos aquellos que son débiles y vulnerables, aquellos que tienen poco que ofrecer pero que basan su riqueza en Dios, pueden dar mensajes preciosos para el bien de todos», dijo. Incluso las comunidades cristianas «más pequeñas», «si viven el amor de Dios y del prójimo, tienen un mensaje que ofrecer a toda la familia cristiana».

El Papa Francisco también invitó a los cristianos a ser «más hospitalarios … entre hermanos de diversas religiones». «La prioridad de Dios es la salvación de todos … es nuestro deber llevar a cabo el deseo prioritario de Dios», dijo.

Durante esta celebración, el Papa estuvo rodeado por el  ortodoxo metropolitano ortodoxo Gennadios, representante del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y el arzobispo anglicano Ian Ernest, representante personal en Roma del arzobispo de Canterbury. Con ellos, se reunió ante la tumba del apóstol Pablo, y  bendijeron juntos a los participantes en esta oración.

***

Meditación del Papa Francisco

A bordo del barco que lleva a Pablo prisionero a Roma, hay tres grupos diferentes. El más poderoso está formado por soldados, sujetos al centurión. Luego están los marineros, de quienes dependen naturalmente todos los que navegan durante este largo viaje. Finalmente, están los más débiles y más vulnerables: los presos.

​Cuando el barco encalla en la costa de Malta, después de estar en la tormenta durante días, los soldados piensan en matar a los prisioneros para asegurarse de que nadie huya, pero el centurión los detiene, quiere salvar a Pablo. Aunque se encuentra entre los más vulnerables, Pablo había ofrecido algo importante a sus compañeros de viaje. Cuando todos perdieron la esperanza de sobrevivir, el Apóstol había traído un mensaje inesperado de esperanza. Un ángel lo había tranquilizado diciéndole: «No tengas miedo, Pablo … he aquí, Dios te ha hecho gracia y a todos los que están en el barco contigo. »(Hechos 27,24).

La confianza de Pablo demostró estar bien fundada y al final todos los pasajeros se salvaron y, al llegar en Malta, experimentaron la hospitalidad de los habitantes de la isla, su amabilidad y su humanidad. El tema de la Semana de Oración que termina hoy se extrae de este importante detalle.

​Queridos hermanos y hermanas, este relato de los Hechos de los Apóstoles también habla de nuestro viaje ecuménico, hacia la unidad que Dios desea ardientemente. Primero, nos dice que todos aquellos que son débiles y vulnerables, aquellos que tienen materialmente poco que ofrecer pero que basan su riqueza en Dios, pueden dar mensajes preciosos para el bien de todos. Pensemos en las comunidades cristianas: incluso aquellas que son más pequeñas y menos importantes a los ojos del mundo, si experimentan el Espíritu Santo, si viven el amor de Dios y del prójimo, tienen un mensaje que ofrecer a toda la familia cristiana. Pensemos en las comunidades cristianas marginadas y perseguidas. Como en el relato del hundimiento de Pablo, a menudo son los más débiles quienes llevan el mensaje más importante de salvación. Porque esto agradó a Dios: para salvarnos no con la fuerza del mundo, sino con la debilidad de la cruz (cf. 1 Cor 1,20-25). Como discípulos de Jesús, debemos tener cuidado de no dejarnos atraer por las lógicas mundanas, sino de escuchar a los pequeños y a los pobres, porque a Dios le gusta enviar sus mensajes a través de ellos, quienes más se parecen a su Hijo hecho hombre.

​El relato de los Hechos nos recuerda un segundo aspecto: la prioridad de Dios es la salvación de todos. Como el ángel le dijo a Pablo: «Dios hace gracia a todos los que están en el bote contigo». Este es el punto en el que Pablo insiste. También debemos repetirlo: es nuestro deber implementar el deseo prioritario de Dios, quien, como escribe Pablo, «quiere que todos los hombres sean salvos» (1 Tim. 2,4).

Es una invitación no a dedicarnos exclusivamente a nuestras comunidades, sino a abrirnos al bien de todos, a la mirada universal de Dios, que se encarnó para abrazar a toda la raza humana, y que murió y resucitó para la salvación de todos. Si, por su gracia, asimilamos su visión, podemos superar nuestras divisiones. En el hundimiento de Pablo, cada uno contribuye a la salvación de todos: el centurión toma decisiones importantes, los marineros usan su conocimiento y su habilidad, el Apóstol anima a los que no tienen esperanza. Entre los cristianos también, cada comunidad tiene un regalo que ofrecer a los demás. Cuanto más miremos más allá de los intereses particulares y vayamos más allá de los legados del pasado con el deseo de avanzar hacia un puerto común, más reconoceremos, acogeremos y compartiremos estos dones espontáneamente.

​Y pasemos a un tercer aspecto que fue central en esta Semana de Oración: la hospitalidad. San Lucas, en el último capítulo de los Hechos de los Apóstoles, dice acerca de los habitantes de Malta: «nos trataron con amabilidad» o «con una humanidad inusual» (v. 2). El fuego encendido en la orilla para calentar a los náufragos es un hermoso símbolo del calor humano que los rodea inesperadamente. El gobernador de la isla también fue acogedor y hospitalario con Pablo, quien se lo devolvió curando a su padre y luego a muchas otras personas enfermas (cf. vv. 7-9). Finalmente, cuando el Apóstol y los que estaban con él se fueron a Italia, los malteses les proporcionaron todo lo que necesitaban (v. 10).

Desde esta semana de oración, nos gustaría aprender a ser más hospitalarios, sobre todo entre nosotros cristianos, entre hermanos de diversas religiones. La hospitalidad pertenece a la tradición de las comunidades y familias cristianas. Nuestros ancianos nos enseñaron con su ejemplo que en la mesa de una casa cristiana, siempre hay un plato de sopa para el amigo que pasa o el necesitado que llama a la puerta. Y en los monasterios, el anfitrión es tratado con gran consideración, como lo fue Cristo. ¡No perdamos, o más bien revivamos, estas costumbres que son del Evangelio!

​Queridos hermanos y hermanas, con estos sentimientos extiendo mis saludos cordiales y fraternos a su Eminencia el Metropolitano Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia Ian Ernest, representante personal en Roma del Arzobispado de Canterbury, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales reunidas aquí. También saludo a los estudiantes del Instituto Ecuménico de Bossey, que visitan Roma para profundizar su conocimiento de la Iglesia Católica, y a los jóvenes ortodoxos orientales que estudian aquí con una beca del Comité de Colaboración Cultural con las Iglesias Ortodoxas, que operan dentro del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que saludo y agradezco. Juntos, sigamos orando sin cansarnos de invocar a Dios el don de la plena unidad entre nosotros.

 

75 aniversario de la liberación de Auschwitz: «la indiferencia es inaceptable», dice el Papa

Invita a todos a un momento de meditación

ENERO 26, 2020 14:14ANNE KURIANANGELUS Y REGINA COELI

(ZENIT – 26 enero 2020).- «Frente a esta inmensa tragedia, la indiferencia es inaceptable y la memoria es nuestro deber», dijo el Papa Francisco en vísperas del 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau (27 de enero de 2020). Él mismo fue al lugar el 29 de julio de 2016.

En el Ángelus que presidió en la Plaza de San Pedro este domingo, 26 de enero, el Papa habló de este «símbolo de la Shoah»: «Mañana todos estamos invitados a un momento de oración y meditación, diciendo cada uno en su corazón» : ¡nunca más ! Pidió.

Ubicado a las puertas de Oswiecim, en el sur de Polonia, a unos 70 km de Cracovia, el complejo de campos de concentración nazis de Auschwitz se creó a partir del 26 de mayo de 1940. Consta de tres campos, sin contar los campos anexos. y  exteriores de Kommandos : el principal   campo de concentración de Auschwitz I, instalado en un antiguo cuartel del ejército polaco; el  campo de exterminio de  Auschwitz II-Birkenau, inaugurado el 8 de octubre de 1941 y ubicado a dos kilómetros del campo principal; el   campo de trabajo Auschwitz III o Monowitz, inaugurado el 31 de mayo de 1942 y ubicado a seis kilómetros del campo principal. Los tres campos fueron liberados el 27 de enero de 1945 por el ejército soviético.

Según el estudio de Franciszek Piper «de al menos 1.300.000 deportados a Auschwitz, alrededor de 900.000 fueron asesinados inmediatamente a su llegada. Los 400,000 restantes fueron registrados como prisioneros del campo de concentración y se les dio un número de identificación. Alrededor de 200,000 murieron de hambre, enfermedades y esclavitud; entre otros, muchos fueron asesinados por inyección o en las cámaras de gas. Al menos 1,100,000 personas murieron en el campo, y el 90% de ellos eran judíos. El segundo grupo más numeroso [entre las víctimas] fueron los polacos, seguidos por los gitanos y los prisioneros de otras nacionalidades”.

 

JUSTICIA EN LAS PALABRAS Y EN LOS JUICIOS

— Los «pecados de la lengua». Callar cuando no se puede alabar.

— No formar juicios precipitados. El amor a la verdad nos llevará a buscar una información veraz y a contribuir con los medios a nuestro alcance a la veracidad en los medios de comunicación.

— El respeto a la intimidad.

I. Las gentes de corazón sencillo se quedan pasmadas ante los milagros y la predicación del Señor. Otros, ante los hechos más prodigiosos, no quieren creer en la divinidad de Jesús. El Señor acaba de arrojar un demonio –nos dice San Marcos en el Evangelio de la Misa1– y, mientras que la gente se quedó admirada2los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul y en virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios. Por falta de buenas disposiciones las obras del Señor son interpretadas como obras del demonio. ¡Todo puede ser confundido si falta rectitud en la conciencia! En el colmo de su obcecación, llegan a decir de Jesús que tenía un espíritu inmundo3. ¡Él que era la misma santidad!

Por amor a Dios y al prójimo, por amor a la justicia, el cristiano debe ser justo también en el decir, en un mundo en que tanto se maltrata con las palabras. «Al hombre se le debe el buen nombre, el respeto, la consideración, la fama que ha merecido. Cuanto más conocemos al hombre, tanto más se nos revela su personalidad, su carácter, su inteligencia y su corazón. Y tanto más nos damos cuenta (...) del criterio con que debemos “medirlo”, y qué quiere decir ser justos con él»4. Con frecuencia, el poco dominio de la lengua, «la ligereza en el obrar y en el decir», son manifestaciones de «atolondramiento y de frivolidad»5, de falta de contenido interior y de presencia de Dios. ¡Y cuántas injusticias se pueden cometer al emitir juicios irresponsables sobre el comportamiento de quienes conviven, trabajan o se relacionan con nosotros! El Apóstol Santiago nos dejó escrito que la lengua puede llegar a ser un mundo de iniquidad6.

Toda persona tiene derecho a conservar su buen nombre, mientras no haya demostrado con hechos indignos, públicos y notorios, que no le corresponde. La calumnia, la maledicencia, la murmuración... constituyen grandes faltas de justicia con el prójimo, pues el buen nombre es preferible a las grandes riquezas7, ya que, con su pérdida, el hombre queda incapacitado para realizar una buena parte del bien que podía haber llevado a cabo8. El origen más frecuente de la difamación, de la crítica negativa, de la murmuración, es la envidia, que no sufre las buenas cualidades del prójimo, el prestigio o el éxito de una persona o de una institución.

Murmuran también quienes cooperan a su propagación de palabra, a través de la prensa o de cualquier medio de comunicación, haciendo eco y dando publicidad a hechos o dichos calumniosos comentados al oído; o bien mediante el silencio, por ejemplo cuando se omite la defensa de la persona injuriada, pues el silencio –muchas veces– equivale a una aprobación de lo que se oye; también se puede difamar «alabando», si se rebaja injustamente el bien realizado. En otras ocasiones, comentar rumores infundados es una verdadera injusticia contra la buena fama del prójimo. Cuando la difamación se realiza a través de revistas, periódicos, radio, televisión, etc., aumenta la difusión y, por tanto, la gravedad. Y no solo las personas tienen derecho a su honor y a su fama, sino también las instituciones. La difamación contra estas tiene la misma gravedad que la que se comete contra las personas, y a veces aumenta esta gravedad por las consecuencias que puede tener el desprestigio público de las instituciones desacreditadas9.

Podemos preguntarnos hoy en nuestra oración si en los ambientes en los que se desarrolla nuestra vida (familia, trabajo, amigos...) se nos conoce por ser personas que jamás hablan mal del prójimo, si realmente vivimos en toda ocasión aquel sabio consejo: «cuando no puedas alabar, cállate»10.

II. Debemos pedirle al Señor que nos enseñe a decir lo que conviene, a no pronunciar palabras vanas, a conocer el momento y la medida en el hablar, y saber decir lo necesario y dar la respuesta oportuna; «a no conversar tumultuosamente y a no dejar caer como una granizada, por la impetuosidad en el hablar, las palabras que nos salen al paso»11. Cosa por desgracia frecuente en muchos ambientes.

Nosotros viviremos ejemplarmente este aspecto de la caridad y de la justicia si, con la ayuda de la gracia, mantenemos un clima interior de presencia de Dios a lo largo de nuestra jornada, si evitamos con prontitud los juicios negativos. La justicia y la caridad son virtudes que hemos de vivir, en primer lugar, en nuestro corazón, pues de la abundancia del corazón habla la boca12. Ahí, en nuestro interior, es donde habitualmente debemos tener un clima de comprensión hacia el prójimo, evitando el juicio estrecho y la medida pequeña, pues «muchos, también gentes que se tienen por cristianas (...), imaginan, antes que nada, el mal. Sin prueba alguna, lo presuponen; y no solo lo piensan, sino que se atreven a expresarlo en un juicio aventurado, delante de la muchedumbre»13.

El amor a la justicia ha de llevarnos a no formar juicios precipitados sobre personas y acontecimientos, basados en una información superficial. Es necesario mantener un sano espíritu crítico ante informaciones que pueden ser tendenciosas o simplemente incompletas. Con frecuencia, los hechos objetivos vienen envueltos en opiniones personales; y cuando se trata de noticias sobre la Fe, la Iglesia, el Papa, los Obispos, etcétera, estas noticias, si están dadas por personas sin fe o sectarias, con gran facilidad llegan deformadas en su más íntima realidad.

El amor a la verdad debe defendernos de un cómodo conformismo, y nos llevará a discernir, a huir de las simplificaciones parciales, a dejar a un lado los canales informativos sectarios, a desechar el «se dice», a buscar siempre la verdad y a contribuir positivamente a la buena información de los demás: enviando cartas aclaratorias a la prensa, aprovechando una información parcial o sectaria para hablar con veracidad y sentido positivo de ese tema dentro del círculo de personas en el que se desenvuelve nuestro vivir diario..., y, por supuesto, no colaborando –ni con una sola moneda– al sostenimiento de ese periódico, de esa revista, de ese boletín. Si todos los cristianos actuásemos así, cambiaríamos muy pronto la confusa situación de atropello a la dignidad de las personas que se produce en muchos países.

Comencemos nosotros por ser justos en nuestros juicios, en nuestras palabras, y procuremos que esa virtud se viva a nuestro alrededor, sin permitir la calumnia, la difamación, la maledicencia, por ningún motivo. Una manifestación clara de ser justos y de amor a la verdad es rectificar la opinión –si es necesario, también públicamente– cuando advertimos que, a pesar de nuestra buena intención, nos hemos equivocado o tenemos un nuevo dato que obliga a replantear un juicio anterior.

III. Es un hecho que quien tiene deformada la vista ve deformados los objetos; y quien tiene enfermos los ojos del alma verá intenciones torcidas y oscuras donde solo hay deseos de servir a Dios, o bien verá defectos que en realidad son propios. Ya aconsejaba San Agustín: «procurad adquirir las virtudes que creáis que faltan en vuestros hermanos, y ya no veréis sus defectos, porque no los tendréis vosotros»14. Pidamos mucho al Señor ver siempre, y en primer lugar, lo bueno, que es mucho, de quienes están con nosotros. Así sabremos disculpar sus errores y ayudarles a superarlos.

Vivir la justicia en las palabras y en los juicios es, también, respetar la intimidad de las personas, protegerla de curiosidades extrañas, no exponer en público lo que debe permanecer en privado, en el ámbito de la familia o de la amistad. Es un derecho elemental que vemos frecuentemente dañado y maltratado. «No costaría trabajo alguno señalar, en esta época, casos de esa curiosidad agresiva que conduce a indagar morbosamente en la vida privada de los demás. Un mínimo sentido de la justicia exige que, incluso en la investigación de un presunto delito, se proceda con cautela y moderación, sin tomar por cierto lo que solo es una posibilidad. Se comprende claramente hasta qué punto la curiosidad malsana por destripar lo que no solo no es un delito, sino que puede ser una acción honrosa, deba calificarse como perversión.

»Frente a los negociadores de la sospecha, que dan la impresión de organizar una trata de la intimidad, es preciso defender la dignidad de cada persona, su derecho al silencio. En esta defensa suelen coincidir todos los hombres honrados, sean o no cristianos, porque se ventila un valor común: la legítima decisión a ser uno mismo, a no exhibirse, a conservar en justa y pudorosa reserva sus alegrías, sus penas y dolores de familia»15.

«“Sancta Maria, Sedes Sapientiae” —Santa María, Asiento de la Sabiduría. —Invoca con frecuencia de este modo a Nuestra Madre, para que Ella llene a sus hijos, en su estudio, en su trabajo, en su convivencia, de la Verdad que Cristo nos ha traído»16.

1 Mc 3, 22-30. — 2 Cfr. Lc 11, 14. — 3 Mc 3, 30. — 4 Juan Pablo II, Alocución 8-XI-1978. — 5 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 17. — 6 Sant 3, 6. — 7 Prov 22, 1. — 8 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 73, a. 2. — 9 F. Fernández Carvajal, Antología de textos, voz Difamación. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 443. — 11 San Gregorio de Nisa, Homilía I, sobre los pobres que han de ser amados. — 12 Mt 12, 34. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 67. — 14 San Agustín, Comentario al Salmo 30. — 15 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 69. — 16 ídem, Surco, n. 607.

 

 

“Acude perseverantemente ante el Sagrario”

Acude perseverantemente ante el Sagrario, de modo físico o con el corazón, para sentirte seguro, para sentirte sereno: pero también para sentirte amado..., ¡y para amar! (Forja, 837)

Copio unas palabras de un sacerdote, dirigidas a quienes le seguían en su empresa apostólica: "cuando contempléis la Sagrada Hostia expuesta en la custodia sobre el altar, mirad qué amor, qué ternura la de Cristo. Yo me lo explico, por el amor que os tengo; si pudiera estar lejos trabajando, y a la vez junto a cada uno de vosotros, ¡con qué gusto lo haría!

Cristo, en cambio, ¡sí puede! Y El, que nos ama con un amor infinitamente superior al que puedan albergar todos los corazones de la tierra, se ha quedado para que podamos unirnos siempre a su Humanidad Santísima, y para ayudarnos, para consolarnos, para fortalecernos, para que seamos fieles". (Forja, 838)

Las manifestaciones externas de amor deben nacer del corazón, y prolongarse con testimonio de conducta cristiana. Si hemos sido renovados con la recepción del Cuerpo del Señor, hemos de manifestarlo con obras. Que nuestros pensamientos sean sinceros: de paz, de entrega, de servicio. Que nuestras palabras sean verdaderas, claras, oportunas; que sepan consolar y ayudar, que sepan, sobre todo, llevar a otros la luz de Dios. Que nuestras acciones sean coherentes, eficaces, acertadas: que tengan ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, porque recuerden su modo de comportarse y de vivir. (Es Cristo que pasa, 156)

 

«Necesitamos respirar la verdad de las buenas historias»

Este año deseo dedicar el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales al tema de la narración: para no perdernos necesitamos respirar la verdad de historias buenas que edifiquen, que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos, ha escrito el Papa Francisco en su cuenta de Twitter.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA24/01/2020

Opus Dei - «Necesitamos respirar la verdad de las buenas historias»

Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

1. Tejer historias

El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.

El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.

El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas

«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás...”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytellingcon fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.

Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias

La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejidoen el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.

En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.

El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.

El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.

No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan”[1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.

4. Una historia que se renueva

La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.

Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesionesde Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios,como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

5. Una historia que nos renueva

En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!

Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.

No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

Franciscus


[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

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En la casa de Nazareth

Textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio.

COMO UN PERSONAJE MÁS03/02/2017

  • Y bajó con ellos, y vino a Nazareth, y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres (Lc 2, 51-52).

“Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino. Por mucho que hayamos considerado estas verdades, debemos llenarnos siempre de admiración al pensar en los treinta años de oscuridad, que constituyen la mayor parte del paso de Jesús entre sus hermanos los hombres. Años de sombra, pero para nosotros claros como la luz del sol. Mejor, resplandor que ilumina nuestros días y les da una auténtica proyección, porque somos cristianos corrientes, que llevamos una vida ordinaria, igual a la de tantos millones de personas en los más diversos lugares del mundo.

Así vivió Jesús durante seis lustros: era fabri filius[i] el hijo del carpintero. Después vendrán los tres años de vida pública, con el clamor de las muchedumbres. La gente se sorprende: ¿quién es éste?, ¿dónde ha aprendido tantas cosas? Porque había sido la suya, la vida común del pueblo de su tierra. Era el faber, filius Mariae[ii] el carpintero, hijo de María. Y era Dios, y estaba realizando la redención del género humano, y estaba atrayendo a sí todas las cosas[iii]”.

Es Cristo que pasa, 14

San Josemaría Escrivá se sentía movido por vocación divina a imitar especialmente la vida oculta de Jesús, su vida ordinaria, con ocupaciones tan semejantes a las de la mayor parte de la gente. Por eso proponía en sus enseñanzas este ideal.

“Sueño –y el sueño se ha hecho realidad– con muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito gritarles esta verdad divina: si permanecéis en medio del mundo, no es porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las actividades y en las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son ajenas a sus designios divinos, sino que El las ha santificado como ofrenda gratísima al Padre”.

Es Cristo que pasa, 20

Otro aspecto que nunca faltaba en su reflexión sobre los años de Nazareth era la figura silenciosa y humilde de san José. Tuvo siempre mucha devoción hacia el santo Patriarca; una devoción y un amor que en los últimos años de su vida se fue haciendo cada vez más intenso y entrañables, más tiernos y profundos.

He aquí unas ideas de la homilía sobre san José, de “Es Cristo que pasa”:

“Si José ha aprendido de Jesús a vivir de un modo divino, me atrevería a decir que, en lo humano, ha enseñado muchas cosas al Hijo de Dios. Hay algo que no me acaba de gustar en el título de padre putativo, con el que a veces se designa a José, porque tiene el peligro de hacer pensar que las relaciones entre José y Jesús eran frías y exteriores. Ciertamente nuestra fe nos dice que no era padre según la carne, pero no es ésa la única paternidad (...).

José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole todo lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Por eso los vecinos de Nazaret hablarán de Jesús, llamándole indistintamente faber y fabri filius[iv]: artesano e hijo del artesano. Jesús trabajó en el taller de José y junto a José. ¿Cómo sería José, cómo habría obrado en él la gracia, para ser capaz de llevar a cabo la tarea de sacar adelante en lo humano al Hijo de Dios?

Porque Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En el realismo de Jesús, en su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con José”.

Es Cristo que pasa, 55-56.

[i] Mt XIII, 55.

[ii] Mc VI, 3.

[iii] Ioh XII, 32

[iv] Mc VI, 3; Mt XIII, 55.

 

El Belén perenne del Sagrario

Publicamos un texto sobre la Navidad. En él se recuerda que los Magos llevaron oro, incienso y mirra. ¿Y qué llevamos nosotros al Niño Jesús?: El trabajo de todas las actividades humanas.

AÑO LITÚRGICO04/05/2016

  • “Días de Navidad, principios de 1939. Renacer y continuar, comenzar y seguir. En lo material, inercia es no cambiar: no moverse lo quieto, no detenerse lo que se mueve. Pero en lo espiritual, seguir y continuar no es nunca inercia.

Volvamos a lo mismo, siempre a lo mismo: Dios con nosotros, Jesús niño; y nosotros, guiados por los Ángeles, yendo a adorar al Niño Dios, que nos muestran la Virgen y S. José. Por todos los siglos, de todos los confines del orbe, cargados y animados por el trabajo de todas las actividades humanas, irán llegando magos al Belén perenne del Sagrario. Cuida y trabaja, preparando tu ofrenda –tu labor, tu deber– para esta Epifanía de todos los días” [1].

La adoración de los Magos, el Bautismo del Señor, las bodas de Caná: tres manifestaciones de la divinidad del Verbo encarnado, tres epifanías que están colocadas en el tiempo pero tienen sabor de eternidad, porque Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre [2].

En la hermosa carta que encabeza la cuartilla de Noticias del mes de diciembre de 1938, poco más de diez años después de la fundación del Opus Dei, nuestro Fundador contempla al Niño Dios en Belén.

Después de reafirmar la definición de la vida interior que tantas veces hemos actualizado en nuestro itinerario de acercamiento al Señor: comenzar y recomenzar, San Josemaría une el misterio de la adoración de los Magos con nuestro trabajo profesional. Relaciona el alcance eterno de aquella ofrenda con la dimensión divina que pueden cobrar nuestras ocupaciones ordinarias.

Nosotros somos también, de algún modo, aquellos magos que, guiados por la estrella de la vocación, nos acercamos a Belén en el tiempo presente, desde todos los confines del orbe. Los Magos, que no son miembros del pueblo hebreo, sino gentiles, anuncian esa gran convocación que será la Iglesia, Pueblo de Dios. Venían de Oriente, de más allá del Jordán. Preguntaba Herodes dónde estaba el Rey de los judíos.

Los príncipes de los sacerdotes y los escribas sabían que el Mesías tenía que nacer en Belén [3], pero no se molestaron en ir a saludarle. Herodes se inquieta y toda Jerusalén con él [4]; sin embargo, sólo esos extranjeros hacen el viaje. Amar es más que conocer, saber no basta para llegar a Jesús.

Cuarenta días después del nacimiento, cuando el divino Niño había sido presentado en el Templo, el viejo Simeón proclamaba la Salvación de los pueblos y profetizaba a quien iba a ser luz para iluminar a los gentiles y gloria de Israel [5]. Luz divina para todas las naciones y, por eso mismo, gloria de Israel.

Los pastores –hebreos– y los Magos –paganos– son los primeros de una multitud donde ya no habrá diferencia entre judío y griego, entre esclavo y libre, entre varón y mujer [6]. Con los Magos, comienza a cumplirse la profecía de Simeón para los gentiles. Nosotros, siglos después, formamos también parte de ese Pueblo convocado en la Nueva Alianza. «Un pueblo de entre los judíos y los gentiles que se condensará en unidad no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera un nuevo Pueblo de Dios»[7]. El pan de las ovejas perdidas de la casa de Israel se hace pan para todos [8].

Los Magos llevan oro, incienso y mirra. ¿Qué llevamos nosotros al Niño Jesús? Nos acercamos a Belén cargados y animados por el trabajo de todas las actividades humanas.

Cargados

Cargados, porque el trabajo duro, continuo, exigente, es para nosotros peso. El trabajo, siempre vocación del hombre, con el pecado se volvió esfuerzo, lucha y dolor. Con la desobediencia, entró la muerte; muerte que Cristo quiso también padecer.

Nosotros, como los Magos, traemos mirra. Como Nicodemo, llevaremos una mixtura de mirra y áloe a los pies de la Cruz, tomaremos su Cuerpo y lo envolveremos en lienzos, con los mejores aromas que podamos encontrar [9]: mirra de abnegación por amor a Cristo y a las almas, de amor a la Cruz en el trabajo de cada día, aunque cueste y porque cuesta.

El trabajo nuestro, participación en los sufrimientos de Cristo, es también bálsamo para curar, para limpiar y aliviar las tremendas heridas que hemos abierto con nuestros pecados en su Santísima Humanidad. Nada faltó a la Pasión de Jesús para salvarnos, pero, para que sus méritos se nos apliquen, debemos completar en nuestra carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para su cuerpo que es la Iglesia [10]. Alegría de participar en los sufrimientos de la Cruz para que Cristo se forme en cada miembro de su cuerpo místico: afán de almas, amor redentor del cristiano. Nuestras fatigas sirven para la salvación de muchas almas.

¿Dónde está el Rey de los judíos?, preguntaba Herodes. ¿A dónde iremos, cargados con nuestro trabajo? Iremos al Belén perenne del Sagrario. Allí, como fruto de la Misa –trabajo de Dios–, como fruto de la Cruz, está sustancialmente presente.

El pan de vida, pan bajado del cielo, pan para la vida del mundo [11], nos está esperando ahora en el Belén del Sagrario, donde hay más humildad, más anonadamiento que en la cuna y que en el Calvario. Los Reyes Magos encontraron a Jesús en Bêt-lehem, que significa casa del pan. El grano de trigo que muriendo dará mucho fruto yace sobre un poco de paja [12].

Vamos a Belén con el oro del desprendimiento de los éxitos y de los fracasos, con el incienso de las ganas de servir y de comprender –caridad, pureza: buen olor de Cristo– y la mirra del sacrificio de cada día [13].

Animados

Vamos animados por el trabajo, porque el trabajo es para nosotros camino para llegar a Jesús; es, de algún modo, el camino hacia Belén: allí donde nace el Verbo encarnado, donde Cielos y tierra se unen, en el seno de María y, después, en aquella humilde cuna de Belén. Allí vamos nosotros, que tratamos de unir trabajo y oración, oración y trabajo: el mundo con Dios.Vamos con buen ánimo, con paso alegre. El trabajo es, en efecto, y a pesar de las dificultades que siempre conlleva –y que algunas veces tanto nos hacen sufrir–, vida, tarea, don, crecimiento, servicio a Dios y a los demás. Por eso tratamos de quererlo, hacerlo con alegría, con entusiasmo: con pasión profesional. El trabajo es, en este sentido, motor que impulsa. Es bueno salir de casa con deseos de cumplir aquella tarea humana que constituye nuestra vocación profesional y, a la vez, nos ubica en la sociedad.

Él es el artesano, el hijo del artesano [14], el que trabajó treinta años en Nazaret. Es el Hijo de Dios que transformó el pan en su Cuerpo. ¡Cuánto le costó el trabajo de la cruz! Abbá, no se haga mi voluntad sino la tuya [15]; y ese sometimiento de la voluntad lo actualizamos cada día cuando el sacerdote, prestando su voz y toda su persona al Señor, actuando in Persona Christi Capitis, repite las palabras de la Institución de la Eucaristía: Esto es mi cuerpo entregado por vosotros. Así vamos, cargados y animados, tras las huellas de quien subió a Jerusalén con el peso de nuestros pecados, animado por deseos de salvación, por deseos de entrega.

Quam dilecta tabernacula tua, Domine virtutum! [16]. Vamos, animados por el trabajo, al Sagrario, al Tabernáculo, a la casa del Señor de los Ejércitos, fuerza de nuestras luchas de paz por alcanzar las virtudes. Le ofrecemos esa lucha a Él, porque no hay nada bueno que hayamos hecho que no venga de Él. ¿Qué tienes que no hayas recibido?, decía San Pablo [17].

Esas virtudes que hemos tratado de ejercer en el trabajo son de Dios: la laboriosidad –mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo [18]–, la paciencia, la responsabilidad, el cuidado de las cosas pequeñas, el esfuerzo por acabar, el afán por hacer crecer a los demás y la humildad para valorar su trabajo, la alegría, el servicio. En el comenzar y recomenzar está la lucha para adquirir esas virtudes, hábitos operativos que forjan nuestra personalidad y, poco a poco, nos identifican con Cristo.

Para amar

Al trabajar nosotros es Él quien trabaja, quien sufre y se entrega, quien ama. Vamos hacia la casa del Pan, eterno Belén del Sagrario donde está el Hijo único del Padre, el Verbo eterno de Dios. En la patena, uniendo nuestra tarea al pan –fruto de la tierra y de nuestro trabajo–; y en el cáliz, uniendo al vino –fruto de la vid y de nuestro trabajo [19]– la gota de agua de nuestra vida.

Cuida y trabaja, dice san Josemaría. Un trabajo bien hecho, cuidado, esmerado. El trabajo que corresponde al pequeño deber de cada momento: Haz lo que debes y está en lo que haces [20]. Cuidado, esmero, preparación de tu ofrenda.

Vamos al Sagrario que se encuentra en la parroquia, en una iglesia cercana al lugar de trabajo, o de camino; al Sagrario de algún oratorio. Vamos allí para acortar el tiempo hasta la próxima Misa, preparando la ofrenda de la jornada con el cuidado y la impaciencia de los enamorados, con la ilusión de hacer de cada día una Misa, para encomendar a nuestros familiares y amigos, para sentirnos amados..., ¡y para amar! [21].

De modo muy especial, a la hora de las pruebas o cuando hay que dar un nuevo paso, quizá más costoso, hacia un mayor abandono interior, ha llegado el momento de ir al Sagrario a hablar con el Señor, que nos muestra sus llagas como credenciales de su amor; y, con fe en esas llagas que físicamente no contemplamos, descubriremos con los Apóstoles la necesidad de que Cristo padeciera y así entrara en su gloria; acogeremos más claramente la Cruz como un don divino, entendiendo así aquella exhortación de nuestro Padre: empeñémonos en ver la gloria y la dicha ocultas en el dolor [22].

El Sagrario es Belén, casa del pan, siempre demasiado pobre para el Señor. Es Belén porque allí está con su alma, con su cuerpo, con su sangre y su divinidad [23], porque se ofrece, como en Belén, a nuestra contemplación y a nuestra adoración. No vamos a Él con las manos vacías, sino con el trabajo ya hecho y el que queda por hacer.

La Visita al Santísimo Sacramento es una pausa de adoración: Jesús, aquí está Juan el lechero; o también: Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero [24]. Con nuestro nombre, le hablamos de la ofrenda que le estamos preparando: soy el médico, el obrero, el juez, el maestro de escuela..., que vengo a darte lo que soy y lo que hago; y a pedirte perdón por lo que he dejado de hacer.

Vamos a Él con los ángeles y, como en Belén, está Santa María y está San José. El padre y la madre de familia llevan a sus hijos a saludar a Jesús en el Tabernáculo; el profesional al colega; el estudiante a su amigo, enseñando con el ejemplo cómo la fe mueve a ir al encuentro del Señor que nos espera.

Fe, pureza, vocación

Padrenuestro, Avemaría, Gloria. Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos [25] . Después de adorar al Padre nuestro del Cielo, invocamos a la Madre de Dios y Madre nuestra, para que nos enseñe a dar gloria con nuestra vida a la Trinidad.

Ella nos dio el Cuerpo de Jesús; Ella nos da a Cristo en la Eucaristía. Sus manos recibieron el oro, el incienso y la mirra que los Magos ofrecieron a Jesús. En sus manos se purifican nuestras ofrendas y también nuestras miserias. Da brillo al oro de nuestra fe, enciende con su amor materno el incienso de nuestra pureza y llena de aroma la mirra de nuestra entrega. Santa María mantiene vivo el fuego de nuestra fidelidad y de nuestro apostolado. Con ella daremos luz y calor. Seremos lámparas de fe, de caridad ardiente, luz divina que alumbra el camino hacia Belén.

Vamos hacia esa última y eterna epifanía divina, la última revelación que describe el último libro del Nuevo Testamento, escrito cuando, por una parte, parecían crecer las confusiones doctrinales, amenazando la verdad de los cristianos, y, por otra, se desencadenaba la primera persecución universal y sistemática contra la Iglesia.

El emperador, una criatura de barro ebria de gloria humana, pretendía ser adorado como Señor y Dios. Pero las sombras de gloria vana desaparecerán con el río de agua de la vida, claro como un cristal, procedente del trono de Dios y del Cordero. Los que verán su rostro no necesitarán lámparas porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos [26].

Mientras tanto, el fulgor divino se propaga como un incendio, de corazón a corazón: fuego apostólico que se alimenta de la fidelidad diaria, con la humildad que persevera en la fe, con el Pan que hace más firme la pureza, con la vocación fortalecida en la Palabra, en la oración.

Oro, incienso y mirra. Fe, pureza y camino: tres puntos intangibles que cada semana consideramos con el Señor y que nos gusta comentar cuando queremos acudir a la ayuda de la dirección espiritual. Así recomenzamos, cada día, cada semana, preparando nuestra ofrenda para la Epifanía de todos los días .

Guillaume Derville


[1] Cfr. San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, edición crítico-histórica, preparada por Pedro Rodríguez, 3ª ed. Rialp, Madrid 2004, pág. 1051 (comentario al punto 998).

[2] Cfr. Hb 13, 8.

[3] Cfr. Mi 5, 1-3.

[4] Cfr. Mt 2, 4-6.

[5] Lc 2, 34.

[6] Cfr. Gal 3, 28.

[7] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen Gentium , n. 9.

[8] Cfr. Mt 15, 24-28.

[9] Cfr. Jn 19, 39.

[10] Cfr. Col 1, 24.

[11] Cfr. Jn 6, 35,41,51.

[12] Cfr. Juan Pablo II, Mensaje del Santo Padre para la XX Jornada Mundial de la Juventud (Colonia, agosto 2005) , 26-VIII-2004, n. 3

[13] Cfr. Es Cristo que pasa , nn. 35-37.

[14] Cfr. Mt 13, 55; Mc 6,3.

[15] Cfr. Mc 14, 36.

[16] Sal 84 [83], 2.

[17] Cfr. 1 Co 4, 7.

[18] Jn 5, 17.

[19] Cfr. Misal Romano, Liturgia Eucarística.

[20] Camino , n. 815.

[21] Cfr. Forja , n. 837.

[22] Mons. J. Echevarría, Carta pastoral a los fieles de la Prelatura y cooperadores con ocasión del Año de la Eucaristía, 6-X-2004, en “Romana” 2004 (nº 39), p. 221.

[23] Cfr. Concilio de Trento, sesión XIII, Can. 1.

[24] Cfr. Guillaume Derville, Rezar 15 días con San Josemaría Escrivá , Ciudad Nueva, Madrid 2002, págs. 71-72.

[25] Cfr. San Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino, edición crítico-histórica, preparada por Pedro Rodríguez, 3ª ed. Rialp, Madrid 2004, pág. 689 (comentario al punto 540).

[26] Cfr. Ap 22, 1-5.

 

 

Nuestras historias y sus nudos

Posted: 25 Jan 2020 10:19 AM PST


​En su mensaje para la 54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24-I-2020), el Papa Francisco ha querido tratar de la importancia de las “buenas historias” (cf. Ex 10, 2). De esas historias que ayudan “a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos”; de esas narraciones que nos hablan de nosotrosy de la belleza que poseemos, de la ternura, del tejido vivo que nos une.

El Papa desarrolla este argumento en cinco puntos: 1) La importancia de “tejer historias; 2) El hecho de que no todas las historias son buenas; 3) La historia del amor de Dios por nosotros como “Historia de las historias”; 4) esa historia como “una historia que se renueva”; 5) y como “historia que nos renueva”.

La influencia de las buenas historias

Como el hombre es un “ser narrador” –observa Francisco– desde niños nos gustan las historias, sea en forma de cuentos, novelas, películas, canciones, noticias... En efecto: de hecho, las historias tienen su pedagogía: “Las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos”.

Con otras palabras –continúa–, necesitamos “revestirnos” no solo de ropa sino de historias, para custodiar nuestra propia vida. Por ese “tejemos” textos. Y las historias de cada época suelen tener una estructura similar. En ellas se prevén “héroes” que se enfrentan a situaciones difíciles con la valentía del amor. Y nosotros, “sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida”.

Por eso somos “narradores”, porque nuestra vida se va “tejiendo” con los acontecimientos de cada día, abriendo entre el bien y el mal. Ya lo dice el libro del Génesis (cf. Gn 3, 5), cuando presenta la serpiente como tentadora. Y esa tentaciónafecta también al contar historias (storytelling) de modo que a veces se manipulan historias para narcotizarnos, para convencernos de que tenemos que poseer o consumir, para invitarnos a las murmuraciones y a la violencia.

Así es, lamentablemente, como señala Francisco: “A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia”.

Pero, añade, “recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad”.

Hay una diferencia fundamental entre las historias manipuladas y las buenas historias: que las primeras desaparecen y las segundas pueden trascender los límites del espacio y del tiempo. A lo largo de los siglos siguen siendo actuales porque alimentan la vida.

Por eso propone Francisco: “En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake*), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana”. Necesitamos sabiduría y valor, paciencia y discernimiento para distinguir y extender las buenas historias.

La “Historia de las historias”, centrada en Jesús

Pues bien, continúa el Papa: “La Sagrada Escritura es una Historia de historias”. Comienza con la creación de todas las cosas –la aparición del mundo y de la vida, la creación del hombre y de la mujer, etc.–, que Dios va “narrando”, junto con sus consecuencias: “La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa 'obra admirable' que somos. De esta manera “la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad”.

Así es. Como se presentaba en una película, se trata de “La Historia más grande jamás contada” (G. Stevens, 1965). Solo que se equivocaba en el título, porque es una historia “siempre contada” y contada de una manera sorprendente: haciendo que siga viva entre nosotros, para nosotros y con nosotros. Como dice una antigua canción que ha dado la vuelta al mundo, “es la historia de un amor como no hay otra igual” y que fue banda sonora de una película mexicana con ese mismo título en 1956.

En el centro de esa “Historia” –volvamos al Papa– está Jesús, porque su historia manifiesta plenamente el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. Ese es el origen y el sentido de la Sagrada Escritura:

“El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido”. A partir de la memoria de la liberación de Egipto (cf. Ex 2, 24-25), Dios le revela a Moisés el sentido de aquellos acontecimientos para que ese sentido se ponga por escrito y se transmita a las generaciones sucesivas (cf. Ex 10, 2). Y de esta manera “el Dios de la vida se comunica contando la vida”.

De hecho Jesús era un gran narrador de esa historia viva: “El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma”.

Y por eso –observa Francisco– no es casualidad que también los Evangelios sean relatos. A la vez que nos informan sobre Jesús, “el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida”.

El Evangelio de Juan llega a decir que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). Jesús nos ha contado el amor de Dios, nos lo ha revelado haciéndolo carne de su carne, viviéndolo en carne humana entre nosotros y para nosotros. De esta forma “Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias”.

Una historia que “se renueva y nos renueva”

Por tanto es "Historia" es algo pasado, sino vivo: es nuestra historia, siempre actual. Dios, que se ha hecho por amor nuestro hombre, carne e historia, nos invita a que nuestra historia, por insignificante que parezca forme parte de su “historia divina” de amor.

“En la historia de cada hombre –señala el Papa–, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse”. “Por lo tanto –deduce– la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó”.

Los cristianos somos, por eso, "historias vivientes" que Dios escribe, cartas vivas de Cristo escritas no con tinta sino con el Espíritu Santo en corazones de carne (cf. 2 Co 3, 3), que transmiten la historia del bien que hacemos o del bien en que participamos. Así lo dice el Papa: “El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros", con la colaboración de nuestra libertad. “Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra”, como una continuación del Evangelio.

Así lo testimonian tantas “historias”, testimonios de cómo el Amor ha transformado sus vidas (las Confesiones de Agustín, el Relato del Peregrino de Ignacio de Loyola, la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús, Los Novios de Mazoni, o Los Hermanos Karamazov, de Dostoiewsky). Y “estas historias –añade Francisco– requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios”. Son historias –cabría resumir– “humanizadoras” y evangelizadoras al mismo tiempo.

Esa gran Historia de la que formamos parte no solo se renueva sino que también “nos” renueva, hace que podamos superar “malas memorias” pasadas e ir adelante en la aventura de nuestra vida: ”Mientras leemos la Escritura –afirma el Papa–, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios”. Por eso, concluye, “contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones”.

Esto hace que desde ese punto de vista podamos comprender mejor a los demás: “Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio”.

Así concluye Francisco su mensaje sobre la importancia –tan de fondo y tan práctica al mismo tiempo– de la dimensión histórica o narrativa de la existencia humana y, por tanto, también de la evangelización.

María desata los nudos 

[Imagen: J. G. M. Schmidner, María Desatanudos (h. 1700), Iglesia de San Peter am Perlach (Augsburgo, Alemania)]

Nadie mejor para guiarnos y acompañarnos en nuestro "contar", para “tejer” nuestra historia, para desatar nuestros “nudos”, que María. Ella, dice el Papa,  “tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor”. Una oración con la que confiamos a María nuestras historias y sus nudos:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.
 

 

¿Vas a hacer pronto un retiro? Ocho consejos de un sacerdote experto para que sea fructífero

En un retiro espiritual es fundamental el silencio. Foto: reportaje TF2.

En un retiro espiritual es fundamental el silencio. Foto: reportaje TF2.

"Nadie que haya consagrado cinco días de vacaciones a ir a un retiro lo ha lamentado jamás. Todos dicen que ese sacrificio valió la pena" dice el padre Pierre Descouvemont. Tiene 92 años, es sacerdote desde 1950, consejero de los Equipos de Nuestra Señora del padre Henri Caffarel (1903-1996) y autor de diversas obras de espiritualidad, como Jaque al diablo o ¿Se puede creer en la Providencia? 

Buena parte de su experiencia de muchas décadas dirigiendo ejercicios y acompañando a laicos en su camino espiritual le han llevado a formular en Famille Chrétienne ocho sencillos consejos "para aprovechar mejor" esos momentos. 

El padre Descouvemont, en una intervención en la cadena católica KTO.

1. Si es posible, elige un lugar que te guste, pero no te sientas obligado a irte al fin del mundo; uno puede apartarse de todo y retirarse sin ir muy lejos.

2. Hazlo esencialmente para agradar a Dios. Es Él quien será el más feliz durante esos días que dedicas el tiempo a escucharle decir que te ama y lo mucho que valora tu amor. Será tanto más feliz si lo haces solo por Él. Así nunca te sentirás decepcionado, porque en caso de que te aburras durante el retiro, ¡Él estará en cualquier caso encantado de verte allí!

3. Si el predicador no te gusta, no dudes en ir a verle lo antes posible. Dile con sencillez las razones de tu disgusto: es muy probable que ese encuentro te reconcilie con su forma de ser.

4. No esperes sentir grandes arrebatos en tu oración. Puede que lleguen, pero no son necesarios. Lo esencial es adoptar o retomar el hábito de hablar a Dios con la simplicidad de un niño, y de tener la alegría de encontrar las actitudes fundamentales que debemos tener ante Él: confianza, abandono, alabanza, adoración, contrición, ofrenda, intercesión, etc.

5. Desde el comienzo del retiro, escribe en un papel grande (o mejor, en un cuaderno) todas las razones que tienes para dar gracias a Dios por los innumerables regalos que te ha hecho desde que naciste. Dedica a ello un tiempo amplio, y comprenderás mejor por qué en cada misa se te invita a cantar que es “justo y necesario” dar gracias “siempre y en todo lugar” a tu Creador y Padre.

6. Si tienes alguna gran preocupación, o un rencor que no consigues disipar, busca en tu Biblia los pasajes que te permitirán vivir de otra forma esas pruebas o esa tentación, iluminándolas con la Buena Nueva del Evangelio. Si es preciso, pide que alguien te ayude a hacer este descubrimiento y a vivirlo.

7. Aunque el retiro no tenga lugar en un completo silencio –lo que creo que sería ideal-, mantén el silencio lo más posible entre una charla y otra, aunque solo sea para recibir la sorpresa que el Señor quiere hacerte durante el camino. Llegará cuando no te la esperes: durante una homilía que en principio parecía banal, durante un paseo o durante una comida… ¡Espérala con confianza! ¡No te defraudará!

8. En tu última confesión al final del retiro, haz una resolución concreta que pondrás en práctica desde el día siguiente del retiro, en particular sobre el momento de oración personal que decidirás incluir en todas tus jornadas. Entonces tu retiro será una etapa importante en tu camino hacia la santidad. ¡Y tus amigos tendrán ganas de hacer uno también!

Traducción de Carmelo López-Arias.

 

Trump se juega la presidencia contra el lobby abortista con un audaz y teológico discurso provida

A la derecha de Donald Trump en la presidencia de la Marcha por la Vida se encontraba Alveda King, sobrina de Martin Luther King.

A la derecha de Donald Trump en la presidencia de la Marcha por la Vida se encontraba Alveda King, sobrina de Martin Luther King.

Donald Trump hizo historia este viernes al convertirse en el primer presidente de Estados Unidos que asiste a una Marcha por la Vida en Washington, el gran acto anual de los movimientos provida desde la legalización del aborto en 1973 a raíz de la sentencia Roe vs Wade. En 2019 había participado a través de una pantalla, en un acto en el que estuvo entonces su vicepresidente, Mike Pence, quien este año se encontraba en Roma visitando al Papa.

La convocatoria de las organizaciones provida volvió a ser un éxito absoluto, con cientos de miles de personas venidas de todo el país respaldando las numerosas iniciativas legislativas provida adoptadas por numerosos estados en los últimos años.

 

 

Rodeado por los líderes de la marcha, por algunos senadores republicanos y, entre otros, por Alveda King -sobrina de Martin Luther King y activa militante provida-, Trump hizo un discurso en el que recordó todo lo que ha hecho su Administración para dejar de financiar el aborto y, por el contrario, ayudar a las madres con embarazos de riesgo. También recordó que todos los aspirantes a la nominación demócrata respaldan el aborto hasta el momento antes del nacimiento, algo profundamente impopular en Estados Unidos incluso entre los partidarios del aborto. De hecho, en su último debate de 2016 contra Hillary Clinton, Trump logró que ella se posicionase en esa línea, en lo que pudo ser un golpe de efecto decisivo para muchos votantes. La compañía abortera Planned Parenthood ya ha anunciado la mayor inversión de su historia en una campaña electoral al destinar 45 millones de dólares a la campaña contra Trump en los estados que pueden resultar decisivos para su reelección.

 

 

Pocas horas antes de su participación en la Marcha por la Vida, Trump estableció en lo sucesivo el 22 de enero como el Día Nacional de la Santidad de la Vida Humana, con una proclamación en la que afirma que Estados Unidos "reafirma orgullosa y firmemente" su compromiso de proteger "el precioso don de la vida en todas sus etapas, desde la concepción a la muerte natural". 

Y anunció el liderazgo provida de su presidencia en el mundo: "Mi Administración está también construyendo una coalición internacional para eliminar el aborto como un derecho humano fundamental. Hasta ahora 24 naciones que representan a más de quinientos millones de personas se han unido a tan importante causa. Nos oponemos a cualquier proyecto que intente afirmar un derecho global a un aborto libre pagado con fondos públicos hasta el momento del nacimiento. Y nunca nos cansaremos de defender la vida inocente, dentro o fuera de nuestras fronteras".

En su discurso, Trump afirmó el "gran honor" que supone para él haber sido el primer presidente en asistir a una Marcha por la Vida.

Éstas son algunas de las ideas que desgranó:

-"Estamos aquí por una razón muy simple: para defender el derecho de todos los niños, nacidos y por nacer, para cumplir el potencial que Dios le ha dado".

-(A los jovenes, mayoritarios entre los manifestantes.) "Es vuestra generación la que está haciendo a América la nación pro-familia y pro-vida".

-"El movimiento por la vida está dirigido por mujeres fuertes, líderes de fe increíble y valientes estudiantes que traen el legado de los pioneros ante nosotros, que lucharon para elevar la conciencia de nuestra nación y defender los derechos de nuestros ciudadanos".

-"Cada niño es un don precioso y sagrado de Dios... Cuando vemos la imagen de un bebé en el útero, percibimos la majestad de la creación de Dios... Cuando tenemos en los brazos a un recién nacido, sabemos el amor infinito que cada niño trae a una familia. Cuando vemos a un niño crecer, vemos el esplendor que emana de cada alma humana".

-"He asumido la acción histórica de apoyar a las familias de los Estados Unidos y proteger a los no nacidos".

-"Notifiqué al Congreso que iba a vetar cualquier legislación que debilitara la estrategia pro-vida o que fomentara la destrucción de la vida humana".

-"En las Naciones Unidas, he dejado claro que los burócratas globales no tienen derecho a atacar la soberanía de naciones que protegen la vida inocente".

-"Como nos dice la Biblia, cada persona está maravillosamente hecha".

-"Hemos tomado medidas decisivas para proteger la libertad religiosa —tan importante—, la libertad religiosa ha sido atacada en todo el mundo y, francamente, muy fuertemente atacada en nuestra nación. Lo veis mejor que nadie. Pero lo estamos parando. Y estamos cuidando a médicos, enfermeras, maestros, y grupos como las Hermanitas de los Pobres".

-"La extrema izquierda está trabajando para borrar nuestros derechos dados por Dios, para cerrar las organizaciones benéficas basadas en la fe, prohibir líderes religiosos en la plaza pública, y silenciar a los estadounidenses que creen en la santidad de la vida".

-"A todas las mujeres que se encuentran hoy aquí, vuestra devoción y vuestro liderazgo eleva a nuestra nación entera y os damos las gracias por ello".

-(A las asociaciones que ayudan a las mujeres embarazadas.) "Lo hacéis, justamente lo hacéis como vuestra misión de vida para ayudar a extender la gracia de Dios".

-"Y para todas las mamás aquí hoy, os celebramos y declaramos que las madres son heroínas. Vuestra fuerza, devoción y guía es lo que da fuerza a nuestra nación".

-"Cada niño trae alegría a una familia. Merece la pena proteger a cada persona. Y, sobre todo, sabemos que cada alma humana es divina y toda vida humana, nacidos y por nacer, está hecha a imagen santa de Dios todopoderoso".

A continuación ofrecemos íntegro, en español, el discurso de Trump.

Discurso íntegro de Donald Trump en la Marcha por la Vida de Washington, D.C., 24 de enero de 2020

Traducción de Pablo Cervera Barranco

 

 

Muchas gracias y gracias a ti, Jeanne. Es para mí un gran honor ser el primer presidente en la historia que asiste  a la Marcha por la Vida. [Aplausos] Estamos aquí por una razón muy simple: para defender el derecho de todos los niños, nacidos y por nacer, para cumplir el potencial que Dios le ha dado. [Aplausos] 

Durante 47 años, estadounidenses de todos los orígenes han viajado desde todo el país para estar a favor de la vida.  Y hoy, como presidente de los Estados Unidos, estoy verdaderamente orgulloso de encontrarme con vosotros. [Aplausos]

Quiero dar la bienvenida a decenas de miles —es una tremenda participación— decenas de miles de estudiantes de secundaria y universitarios que recorrieron largos viajes en autobús para estar aquí en la capital de nuestra nación. Y para haceros que os sintáis aún mejor, hay decenas de miles de personas de fuera que hemos cruzado al entrar. Si alguien quisiera renunciar a su puesto, podemos trabajar por ello.

Tenemos un gran grupo de gente fuera. Miles y miles de personas querían entrar. Esto es un gran éxito. [Aplausos]

Los jóvenes son el corazón de la Marcha por la Vida. Y es vuestra generación la que está haciendo a América la nación pro-familia y pro-vida. [Aplausos]

El movimiento por la vida está dirigido por mujeres fuertes, líderes de fe increíble y valientes estudiantes que traen el legado de los pioneros ante nosotros, que lucharon para elevar la conciencia de nuestra nación y defender los derechos de nuestros ciudadanos. Abrazáis a las madres con cuidado y compasión. Estáis capacitados por la oración y motivados por vuestro amor desinteresado. Sois agradecidos y nosotros estamos muy agradecidos —esta es una gente increíble— de que se hayan unido el secretario Alex Aar y Kellyanne Conway [aplausos]

Y gracias también a los senadores Mike Lee y James Lankford que están aquí. Gracias, compañeros. Y los representantes Steve Scalise, Chris Smith, Ralph Abraham, Warren Davidson, Bob Latta, John Joyce, Lloyd Smucker, Brian Fitzpatrick, y Brad Wenstrup. Gracias a todos. Tengo que decir  —y miro a ello, y lo veo exactamente— tenemos muchos más políticos en la audiencia. Pero si no os importa, no los presentaré a todos.

Todos nosotros aquí comprendemos una verdad eterna: Cada niño es un don precioso y sagrado de Dios. [Aplausos] Juntos, debemos proteger, cuidar y defender la dignidad y la santidad de toda vida humana. [Aplausos]

Cuando vemos la imagen de un bebé en el útero, percibimos la majestad de la creación de Dios. [Aplausos] Cuando tenemos en los brazos a un recién nacido, sabemos el amor infinito que cada niño trae a una familia. Cuando vemos a un niño crecer, vemos el esplendor que emana de cada alma humana. Uno de los cambios de la vida del mundo —de mi familia, y puedo decirles, que envío  un gran  gran amor— y desde el primer día en el cargo, he asumido la acción histórica de apoyar a las familias de los Estados Unidos y proteger a los no nacidos. [Aplausos]

Y durante mi primera semana en el cargo, he restablecido y ampliado la estrategia de la Ciudad de México [así se conoce la decisión de la Casa Blanca, inaugurada por Ronald Reagan en 1984 y generalmente revocada por los demócratas, de no dar fondos públicos a organismos que financian abortos fuera del país] y emitimos una regla pro-vida para regir la utilización del Título X, financiación de los contribuyentes. Notifiqué al Congreso que iba a vetar cualquier legislación que debilitara la estrategia pro-vida o que fomentara la destrucción de la vida humana. [Aplausos]

En las Naciones Unidas, he dejado claro que los burócratas globales no tienen derecho a atacar la soberanía de naciones que protegen la vida inocente. [Aplausos] Los niños no nacidos nunca han tenido un defensor más fuerte en la Casa Blanca. [Aplausos]

Como nos dice la Biblia, cada persona está maravillosamente hecha. [Aplausos]

Hemos tomado medidas decisivas para proteger la libertad religiosa —tan importante— la libertad religiosa ha sido atacada en todo el mundo y, francamente, muy fuertemente atacada en nuestra nación. Lo veis mejor que nadie. Pero lo estamos parando. Y estamos cuidando a médicos, enfermeras, maestros, y grupos como las Hermanitas de los Pobres. [Aplausos]

Estamos preservando la adopción basada en la fe para defender nuestros documentos fundacionales, hemos nombrado 187 jueces federales, quienes aplican la consulta escrita, incluyendo dos magistrados fantásticos del Tribunal Supremo: Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh. [Aplausos]

Estamos protegiendo los derechos de  los estudiantes pro-vida a la libertad de expresión en los campus universitarios. Y si las universidades quieren fondos federales, entonces deben apoyar que habléis de vuestro derecho de la Primera Enmienda. Y si no lo hacen, pagarán una sanción económica muy grande, que no estarán dispuestos a pagar. [Aplausos]

Lamentablemente, la extrema izquierda está trabajando para borrar nuestros derechos dados por Dios, para cerrar las organizaciones benéficas basadas en la fe, prohibir líderes religiosos en la plaza pública, y silenciar a los estadounidenses que creen en la santidad de la vida. Me persiguen porque estoy luchando por vosotros, y estamos luchando por aquellos que no tienen voz. Y vamos a ganar porque sabemos cómo ganar. [Aplausos] Todos sabemos cómo ganar. Todos sabemos cómo ganar. Habéis ganado durante un largo tiempo. Habéis ganado durante un largo tiempo.

Juntos, somos la voz de los sin voz. Cuando se trata de aborto —y lo sabéis, ya hemos visto lo que ha ocurrido—. Los demócratas han abrazado las posiciones más radicales y extremas adoptadas y han visto en este país durante años y décadas, e incluso podéis decir, durante siglos.

Casi todos los top demócratas en el Congreso ahora apoyan el aborto financiado por los contribuyentes durante todo el proceso hasta el momento del nacimiento. El año pasado, los legisladores en Nueva York aclamaron con gusto  tras la aprobación de una legislación que permitiría que un bebé fuera secuestrado desde el vientre de la madre hasta el parto.

Luego, tuvimos el caso del gobernador demócrata en el estado de Virginia, la Commonwealth de Virginia. Y nos encanta la Commonwealth de Virginia, pero, ¿qué está sucediendo en Virginia? ¿Qué está sucediendo? El gobernador declaró que ejecutaría a un bebé después del nacimiento. Lo recordáis.

Los demócratas del Senado incluso bloquearon la legislación que daría cuidado médico a los bebés que sobrevivieran a un intento de aborto. Por eso he pedido al Congreso —dos de nuestros grandes senadores están aquí, muchos de nuestros congresistas están aquí— les he exhortado a defender la dignidad de la vida y a aprobar una legislación que prohíba el aborto tardío de niños que pueden sentir dolor en el vientre de su madre. [Aplausos]

Este año, la Marcha por la Vida celebra el 100º aniversario de la enmienda 19, que consagra para siempre los derechos de las mujeres a votar en los Estados Unidos y dado por la constitución de los Estados Unidos. Un evento de esta magnitud. Hoy en día, millones de mujeres extraordinarias en todo Estados Unidos están usando el poder de sus votos para luchar por el derecho y todos los derechos que figuran en la Declaración de la Independencia, es el derecho a la vida. [Aplausos]

A todas las mujeres que se encuentran hoy aquí, vuestra devoción y vuestro liderazgo eleva a nuestra nación entera y os damos las gracias por ello. Las decenas de miles de estadounidenses reunidos hoy en día no solo están a favor de la vida —es realmente aquí donde la defienden juntos tan orgullosamente. Y quiero agradeceros a todos por ello. Defiende la vida cada día y todos los días. Proporcionáis servicios de vivienda, educación, empleo y atención médica a las mujeres a las que se atendéis. Encontráis familias cariñosas para los niños que necesitan un hogar para siempre. Albergáis fiestas para niños que nacerán para mamás en gestación. Lo hacéis, justamente lo hacéis como vuestra misión de vida para ayudar a extender la gracia de Dios.

Y para todas las mamás aquí hoy, os celebramos y declaramos que las madres son héroes. [Aplausos] Vuestra fuerza, devoción y guía es lo que da fuerza a nuestra nación. Debido a vosotras, nuestro país ha sido bendecido con almas increíbles que han cambiado el curso de la historia humana.

No podemos saber lo que lograrán nuestros ciudadanos no nacidos todavía. Los sueños que imaginarán. Las obras maestras que crearán. Los descubrimientos que harán. Pero sabemos esto: toda vida trae amor a este mundo. Cada niño trae alegría a una familia. Merece la pena proteger a cada persona.

Y, sobre todo, sabemos que cada alma humana es divina y toda vida humana, nacidos y por nacer, está hecha a imagen santa de Dios todopoderoso. [Aplausos]

Juntos, defenderemos esta verdad a lo largo de todo nuestro magnífico país. Dejaremos que nuestro pueblo sueñe.  Y con esperanza determinada, esperamos todas las bendiciones que vengan de la belleza, el talento, el designio, la nobleza y la gracia de todos los niños estadounidenses.

Quiero daros las gracias. Este es un momento muy especial. Es muy grande que yo os represente. Os quiero a todos. [Aplausos] y lo digo con verdadera pasión, gracias, Dios os bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos. Gracias a todos. Gracias. 

Traducción de Pablo Cervera Barranco.

 

 

Los verdaderos derechos del hombre nacen de sus deberes con Dios

 

Cuando el Estado se niega a dar a Dios lo que es de Dios, niega, por una consecuencia necesaria, dar a los ciudadanos lo que tienen derecho como hombres; porque los verdaderos derechos del hombre nacen precisamente de sus deberes hacia Dios.

El Papa León XIII enseña que los Estados que se niegan de reconocer a Dios, tarde o temprano, se transforman en tiranías. Es lo que vemos en las violaciones del Estado de los derechos de los padres. En la imposición dictatorial de la ideología de género, por ejemplo.

«No tendremos el mismo lenguaje en el otro punto, con respecto al principio de la separación del Estado y la Iglesia, que es equivalente a separar la legislación humana de la legislación cristiana y divina.

«No queremos detenernos aquí a demostrar todo lo que la teoría de esta separación tiene de absurdo; todos lo entenderán por sí mismos.

«Tan pronto como el Estado se niega a dar a Dios lo que es de Dios, niega, por una consecuencia necesaria, dar a los ciudadanos lo que tienen derecho como hombres; porque, nos guste o no, los verdaderos derechos del hombre nacen precisamente de sus deberes hacia Dios.

En la raíz de la ideología de género, el comunismo metamorfoseado

«De lo cual se deduce que el Estado, al fallar, en este sentido, el objeto principal de su institución, en realidad conduce a negarse a sí mismo y a negar cuál es el motivo de su propia existencia.

«Estas verdades superiores están tan claramente proclamadas por la propia voz de la razón natural, que se imponen a todos los hombres que la violencia de la pasión no ciega».

De la encíclica «Au Milieu des Sollicitudes» de Leão XIII, a los Obispos y fieles de Francia, el 16 de febrero de 1892

 

 

La palabra de Dios y la familia

Escrito por Silvia del Valle.

Dios en casa

Nadie ama lo que no conoce, por eso debemos tener la Biblia en un lugar prominente en nuestra casa, para que nuestros hijos la vean, la conozcan y la amen.

A propósito del domingo de la Palabra de Dios, quiero compartir con ustedes que la familia es el lugar más propicio para formar en la fe y vivir una espiritualidad profunda, siempre basada en la Palabra de Dios.

Debemos llevar un estilo de vida donde el centro de nuestra vida sea Jesús, y por consecuencia, la Biblia.

Por eso aquí les dejo mis 5 tips para adoptar la Palabra de Dios como centro nuestra vida familiar.

PRIMERO: Pon un altar en tu casa.

Nadie ama lo que no conoce, es por esto que debemos tener la Palabra de Dios en un lugar principal en nuestra casa, para que nuestros hijos la vean, la conozcan y la amen.

Debemos estar conscientes de que la Biblia es, real y verdaderamente, la Palabra de Dios, por lo mismo el lugar donde está debe ser digno y bien arreglado.

También debe ser accesible a todos los miembros de nuestra familia.

SEGUNDO: Entroniza la Biblia.

Es muy bueno que se haga una ceremonia familiar para darle a la Palabra de Dios su lugar adecuado.

De ser posible, que un sacerdote vaya a tu casa para hacer la entronización, pero si no es posible, el jefe de la familia puede hacerla.

De preferencia, que esté presente toda la familia.

TERCERO: Lee unos versículos a diario en familia.

Si nos organizamos, podemos hacer un plan para llevar una lectura constante y secuenciada de la Palabra de Dios.

Quizá puede ser un evangelio en especial o los Salmos, pero debemos hacerlo constantemente para que se nos haga un hábito.

Con que se lea unos versículos o una perícopa es suficiente. Y de ser posible, prepara material didáctico para los niños pequeños.

CUARTO: Que los niños tengan su Biblia para niños.

Esta Biblia es especial, ya que solo tiene las historias principales, con un lenguaje adecuado para los niños.

De ser posible, si nuestros hijos son pequeños, debemos leerle las historias para que desde tierna edad vayan conociendo nuestra fe.

Y QUINTO: Haz Lectio Divina en familia.

Esta oración con la Sagrada Escritura, es muy buena para hacerla en familia.

Es necesario informarnos de cómo se hace, luego hay que practicarla en familia para que poco a poco, la hagamos propia.

La Lectio Divina consta de cuatro partes: lectura, meditación, oración y contemplación y acción.

Podemos hacerla con nuestros hijos y tratar de hacerla a su nivel, pero también debemos tratar de hacerla como esposos para hacerla más profunda y más específica para definir la vida espiritual de Nuestra familia.

Ojalá que logremos poner en el centro de nuestra vida familiar la Palabra de Dios.

 

 

Fortalecer lo que une, sobrepasar lo que separa

Escrito por Óscar Ibáñez.

Unidad entre cristianos

Hoy los católicos en todo el mundo oramos para que “Dios nos conceda fortalecer todo aquello que nos une y sobrepasar todo aquello que nos separa”.

El papa san Juan XXIII fue un firme promotor de la unidad, a través de sus acercamientos con las iglesias cristianas de oriente y con la convocatoria del Concilio Ecuménico Vaticano II que produjo importantes documentos que promueven la unidad de los cristianos, y establecen criterios para las relaciones con otras religiones que creen en el único Dios (judíos y musulmanes), y las no cristianas.

Durante esta semana, la Iglesia nos invita a hacer oración por la unidad de los cristianos en todo el mundo; recuerdo la convocatoria que realizó san Juan Pablo II en 1986, invitando a líderes de distintas creencias religiosas a orar en Asís por la paz mundial, entre otras reuniones ecuménicas posteriores hasta publicar la encíclica Ut unum sint (que sean uno) en 1995.

En dicha encíclica se afirma: “«No todo el que me diga: 'Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7, 21). La coherencia y honestidad de las intenciones y afirmaciones de principio se verifican aplicándolas en la vida concreta”.

Es por ello que hay muchas actividades en favor de la justicia, la solidaridad y la paz que se realizan a través de una colaboración explícita entre cristianos (y no cristianos) de diversas denominaciones religiosas, es una muestra de unidad que trasciende las diferencias que existen entre credos.

Los problemas de la sociedad actual son muy amplios y sin la decidida colaboración de los cristianos las soluciones serán más difíciles. Por ejemplo, la semana pasada se realizó en la capital del estado de Chihuahua un congreso evangélico provida que convocó a líderes y políticos de distintos credos, cristianos evangélicos, de otras denominaciones y católicos.

En este evento, además de la oración y la convivencia hubo distintos discursos que enfatizaron lo que los une: la defensa de la vida y la familia, el fortalecimiento del matrimonio entre hombre y mujer, la protección de los niños, el compromiso educativo de los padres, la congruencia de vida con el respeto, el amor y la solidaridad.

Diputados de prácticamente todos los partidos estuvieron en el encuentro, así como funcionarios de gobierno, posteriormente los líderes religiosos evangélicos se reunieron con la alcaldesa de Chihuahua Maru Campos, quien les reiteró el apoyo a las políticas de promoción de la familia y las personas. Es a través de estos gestos de colaboración en que se manifiesta la unidad.

La violencia, la inseguridad y la falta de justicia son realidades que no se pueden ocultar. Es probable que existan distintas alternativas para resolver estos problemas, y seguramente llevará tiempo hacerlo, pero lo que no podemos hacer es simular que no pasa nada. La construcción de la paz y la justicia son aspiraciones que pueden mover a una colaboración más amplia entre católicos, cristianos y no creyentes.

La manipulación de datos, el encubrimiento de actos de corrupción, la falta de congruencia de actores políticos, la falta de resultados de políticas públicas, así como las malas decisiones deben ser señaladas, para que al reconocer los errores (primer paso para resolver un problema) se puedan plantear distintas alternativas de solución.

Hoy los católicos en todo el mundo oramos para que “Dios nos conceda fortalecer todo aquello que nos une y sobrepasar todo aquello que nos separa”. En ese espíritu espero que los laicos católicos estemos dispuestos a llevar nuestra fe a los ámbitos que claman justicia, coordinar las múltiples iniciativas que ya existen aisladas, y acercarnos con otros creyentes para vivir la oración de Cristo al Padre. “Que sean uno.”

 

Nadie busca el martirio directamente

Nadie busca el martirio directamente. Nadie busca la muerte al defender su castidad, ni al testimoniar su Fe en cualquier circunstancia. La puede encontrar en el camino, y de forma violenta, como le pasó a Marta. Su asesino, después de pasar 21 año encarcelado por ese y otros delitos semejantes volvió a violentar mujeres.

Otras mujeres han sufrido agresiones semejantes y no han encontrado fuerzas, por miedo, por nerviosismo, por el shock sufrido, para reaccionar a tiempo; y aún reaccionando y oponiéndose al agresor, el hombre ha conseguido su propósito sin necesidad de matarlas, y las ha dejado marchar libres. Han defendido su Fe, pero no había llegado para ellas el momento de la Vida Eterna.

Muchas de ellas han dado un fuerte y claro testimonio de su fe, y de su entereza cristiana, rechazando el aborto que se les proponía, y acogiendo al hijo de sus entrañas con amor 

El ejemplo de Marta, de santa María Goretti, y de tantas otras vírgenes y mártires, forman esa maravillosa riqueza de Luz de la que participamos todos los cristianos viviendo la “comunión de los santos”

La Iglesia exige la defensa de la Fe; no obliga a nadie a ser mártir. Y a la vez, asegura a los mártires la apertura de las puertas del Cielo; y sabe que el Señor da gracias a otras mujeres violadas, para que den su testimonio de Fe acogiendo a los hijos fruto de esa violencia; porque todo hijo es “criatura de Dios, hijo de Dios” y, bautizado, “hijo de Dios en Cristo Jesús”.

JD Mez Madrid

 

Caterva de neandertalenses

No imaginaba yo que hasta la cúpula más alta y famosa del mundo fuera objetivo de esa morralla que disfruta pintarrajeando y llenando de porquería las paredes ajenas, como se hecho hasta en el Vaticano. Si los teleobjetivos que a todas horas apuntan desde la plaza a la cima de San Pedro tuvieran la suficiente capacidad para aumentar la imagen, se comprobarían los estragos que allá arriba perpetran esa caterva de neandertalenses a los que les trae sin cuidado la simbología religiosa de la basílica, su sensacional arquitectura o las insuperables obras artísticas que alberga.

Todo eso sucede, además, en un recinto en el que a cada metro se advierte de la existencia de cámaras de videovigilancia, lo que permite deducir que quienes supervisan o están a por uvas o son cómplices de estas guarradas tipificadas como delitos contra el patrimonio en cualquier lugar sensato del planeta. No sería mala idea, por eso, que a partir de ahora se dispusieran controles de gilipollez en la entrada del templo, porque ya se ve que los métodos tradicionales no están impidiendo profanar el espacio más sagrado del cristianismo.

Suso do Madrid

 

 

Atención a la eutanasia que viene

En un contexto eutanásico los ancianos y enfermos soportan una coacción psicológica y social, pues llegan a creerse unos egoístas insolidarios que dificultan la vida de los demás. Aceptar la eutanasia o el suicidio asistido puede parecer entonces la mejor solución. Además, en nombre de "mi autonomía" (dañada en esa etapa) queda limitada la autonomía del médico, que deberá acogerse a la objeción de conciencia, con los inconvenientes que acarrea.

Leon Kass destaca la esquizofrenia de la autonomía absoluta pues ¿cómo puedo honrarme a mí mismo suprimiendo mi propio ser? Resulta un contrasentido solicitar la muerte cuando es la misma muerte la que borra la propia autonomía y libertad como valor central de la existencia personal. Señala además que elegir la muerte no es una opción entre varias sino el modo de suprimir todas las opciones (Death with dignity).

Los estudiantes actuales de medicina y ciencias de la salud empezarán a ejercer cuando esté implantada le ley de la eutanasia, así como su posterior desarrollo y aceptación social. La Seguridad Social necesita ahorrar como sea y no podrá soportar a pacientes terminales por mucho tiempo. Así los futuros médicos perderán anclajes y valores para defender la vida, de modo que el juramento hipocrático parecerá una reliquia poética del pasado, que no implica ningún compromiso. Sería una utopía imposible de vivir en la sociedad actual tan pragmática. Entonces, el espíritu no cuenta y viene a ser un cuento bonito para los que pisan los templos.

Jesús Martínez Madrid

 

Nuestros “amigos” norteamericanos

 

                                ¿Recuerdan aquella memorable película?   Bienvenido, Mister Marshall es una película española de 1953dirigida por Luis García Berlanga y con José IsbertManolo Morán y Lolita Sevilla como actores principales. El filme, que es una crítica de la sociedad española de la época, fue estrenado el 4 de abril de 1953 en el Cine Callao de Madrid. El final de la misma es el siguiente: Llega el día de la visita de los estadounidenses y todo el pueblo está preparado para recibirlos. Sin embargo, la caravana en la que venían los estadounidenses pasa a toda prisa por el pueblo sin detenerse. Los residentes tienen que retirar las decoraciones y pagar los gastos con sus pertenencias personales. El empresario de flamenco no es la excepción, ya que entregar un anillo de oro que le habían dado en Boston. Finalmente, el pueblo vuelve a la normalidad y el día en el que los americanos pasaron de largo de Villar del Río queda olvidado... Y es que “los americanos”, vinieron como colonizadores y ello es lo que practicaron siempre; les interesan “colonias” no competidores; y eso el que lo olvide es que necesita saber mucho más de historia, de lo que sabe… “Baste decir que el resto de la América que “tienen al sur”; la han considerado siempre como “su patio trasero”; frase que lo dice todo; y su plan “europeo”; fue por cuanto entonces, “el comunismo soviético se les había echado encima” y tenían que combatirlo, resucitando a aquella “idiota Europa”; que más que destruida, “se autodestruyó ella sola y en lo que colaboró interesadamente aquellos Estados Unidos, que sabían lo que querían y lo consiguieron”.

                                Y como me siento español, y mucho más de mi tierra que es principalmente “un mar de olivos” (Jaén); ya estoy no sólo harto sino hastiado, de oír llorar a mis paisanos y también a los inútiles del gobierno que dicen gobernar España; veamos algunos titulares y resúmenes

Aceite de oliva y a las naranjas españolas de EEUU: Los olivareros españoles y los productores de cítricos (que anualmente exportaban 120.000 toneladas de aceite y 17.000 de mandarinas, limones y naranjas) denuncian que han sido borrados del mercado estadounidense en apenas tres meses. Además, el vino sufre una caída en su facturación de hasta el 25% : https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/aranceles-trump-expulsan-aceite-espanol-eeuu_0_1315369037.html 

Yo; y viendo, estos abusos de "nuestros amigos y socios norteamericanos", me pregunto... ¿No tienen aquí en España las principales bases que necesitan en Europa; no tienen aquí muy importantes intereses empresariales y en general; y pensando en "la dignidad individual o nacional"... NO HAY MATERIAL PARA DISCUTIR CON FUERZA CON ESTOS COLONIALISTAS, QUE ES LO QUE SON? Es claro que aquí no hay, NI ESTADISTAS NI ESPAÑOLES; "Recuerden cuándo hasta un presidente norteamericano vino a ver a Franco... eran las bases, no Franco lo que les interesaba y les sigue interesando; por tanto no entiendo EL QUE TENGAMOS QUE TRAGAR TANTO Y TAN AMARGO. ¿Nosotros no tragamos cocacolas, mirindas, fantas, les fabricamos sus automóviles porque lo hacemos a bajo costo para que compitan en Europa; y “no sé cuántas cosas más”? ¿Por qué en vez de “llorar y practicar tanto chupapolleo”, no se ponen con fuerza todas estas “armas” en las mesas, dando el correspondiente “puñetazo” y planteando, que amigos y socios sí, pero “cornudos y apaleados no”? ¿O es que temen que los capen, al embajador y a todo el gobierno que dice gobernarnos? Sí, demuestran todos los que debieran ser responsables y  no luchan con dignidad, ¿qué son?… “Bueno, califíquelos usted que lee esto que escribo”; puesto que yo pienso que España es hoy, lo que era “Guinea, o la Guinea Española hace cien años”; y la verdad ya no es tiempo de seguir siendo, “una simple y despreciable colonia de nadie”; recordemos a aquel almirante español, en las costas de Chile… “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra” (más o menos puesto que cito de memoria). Y traten los inútiles de hoy de estar en la historia y no en, “la basura de la Historia”.

Y EN CUANTO AL PETRÓLEO QUE TAMBIÉN LO MONOPOLIZAN ELLOS:

¡OTRA VEZ LA GUERRA POR EL PETROLEO! Puesto que para mí, el asesinato de ese general iraní, era "la palanca", para que los ricos del petróleo, se hagan mucho más ricos; toda guerra se promueve sólo POR INTERESES MATERIALES; no olvidemos ello ni por un momento; TODA GUERRA ENCIERRA ENORMES NEGOCIOS MATERIALES; y si para ello han de matar a cientos, miles, decenas de miles y que la mayoría VAN A SER PERSONAS CIVILES Y CASI NADIE DE UNIFORMES; y antes y después de ello NOS CONTARÁN LAS MENTIRAS QUE LES CONVENGAN A LOS PROMOTORES. Y como ahora mismo ocurre en esa otra guerra provocada, en Libia… “que no tiene otro fin que controlar el mucho petróleo que poseen”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes