Las Noticias de hoy 9 Septiembre 2021

Enviado por adminideas el Jue, 09/09/2021 - 12:16

Guardar secreto en el sacramento de la confesión - Monseñor Francisco Pérez  González

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 09 de septiembre de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Papa: La mariología es una presencia necesaria de diálogo entre culturas

Francisco en la Audiencia: igualdad en Cristo más allá de las diferencias

El Papa: Elijamos cambiar hacia estilos de vida más respetuosos del ambiente

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS : Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: amor y perdón

“El perdón nos viene de la misericordia de Dios” : San Josemaria

«Es decisivo redescubrir la belleza de ser hijos de Dios»

Muy humanos, muy divinos (V): Para poder ser amigos ; Jorge Mario Jaramillo

Sentido de misión (II) : Lucas Buch

El secreto de María | La Virgen de las serpientes : José Martínez Colín

Cada caminante siga su camino I : Alfonso Méndiz Noguera

Necesitamos volver al espíritu de la Iglesia primitiva : Primeros Cristianos

Rescatar el Espíritu Olímpico : Mario Arroyo.

Si los hombres se alejan de Dios, se corrompen las costumbres y decae la civilización

Septiembre y sus fiestas patronales de la Virgen : Josefa Romo Garlito

La vid, la uva y el vino: Jesús Domingo

Son una lección y un acicate : Juan García. 

Aplicar la ley : Domingo Martínez Madrid

Hombre y mujer los creó : Jesús Martínez Madrid

Suicidios en España tema oculto por el gobierno : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

 

 

Papa: La mariología es una presencia necesaria de diálogo entre culturas

El Papa Francisco envía un mensaje a los participantes del 25º Congreso Mariológico Internacional que se esta celebrando del 8 al 11 de septiembre 2021 de manera online.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Da inicio hoy el 25º Congreso Mariano Internacional sobre el tema “María entre las teologías y las culturas hoy. Modelos, comunicaciones, perspectivas” y el Papa Francisco ha aprovechado para dirigirse a los más de 300 participantes, representantes de sociedades mariológicas y estudiosos de todo el mundo que participan, para recordarles que “nuestro regocijo no debe olvidar el grito silencioso de tantos hermanos y hermanas que viven en condiciones de gran dificultad, agravadas por la pandemia”. Ha sido organizada por la Pontificia Academia Mariana Internationalis y presidida en nombre del Papa por el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, la conferencia se celebrará por primera vez por videoconferencia.

La actividad de la Pontificia Academia Mariana Internationalis

En sus más de sesenta años de actividad, la Pontificia Academia Mariana Internationalis ha reunido a los estudiosos de la mariología de todo el mundo, sobre todo mediante la celebración de los Congresos Mariológicos Internacionales, en los que ha ofrecido ideas y reflexiones en un mundo cambiante y en una época de cambio que está transformando rápidamente el modo de vivir, de relacionarse, de comunicar y procesar el pensamiento, de relacionarse entre las generaciones humanas y de entender y vivir la fe. Tales Congresos – ha dicho el Papa – "son un claro testimonio de cómo la mariología es una presencia necesaria de diálogo entre culturas, capaz de alimentar la fraternidad y la paz".

María se convierte en la voz de los sin voz

También les ha citado una frase de su reciente Encíclica Fratelli tutti, en la que habla de cuanto nos ayuda en esta tarea María: “María, en la belleza del seguimiento del Evangelio y en su servicio al bien común de la humanidad y del planeta, nos enseña siempre a escuchar estas voces, y ella misma se convierte en la voz de los sin voz para hacer nacer un mundo nuevo, en el que todos seamos hermanos, en el que haya lugar para todos los rechazados por nuestras sociedades”

María, la Madre de todos

Después, el Santo Padre explica que es precisamente en las fronteras donde la Madre del Señor tiene su presencia específica: “es la Madre de todos, independientemente de la etnia o la nacionalidad”. “Así – continúa – la figura de María se convierte en un punto de referencia para una cultura capaz de superar las barreras que pueden crear división”. Y es por eso – insiste el Papa – “que, en el camino de esta cultura de la fraternidad, el Espíritu nos llama a acoger de nuevo el signo de consuelo y de esperanza segura que tiene el nombre, el rostro y el corazón de María, mujer, discípula, madre y amiga”.

El misterio del Verbo hecho carne

Recordando las palabras del Papa Benedicto XVI, Francisco ha subrayado cómo "el misterio que encierra la persona de María es el misterio del Verbo de Dios encarnado". Una Palabra que alimenta la "piedad popular", que precisamente de la Virgen "se nutre naturalmente".

 

Francisco en la Audiencia: igualdad en Cristo más allá de las diferencias

En la Audiencia General de este miércoles 8 de septiembre, el Papa subraya la igualdad en Cristo de todos los cristianos, señalando que todo aquel que acepta a Cristo en la fe se ha "revestido" de Cristo y de su dignidad filial a través del bautismo.

 

Ciudad del vaticano

Esta mañana en el Aula Pablo VI, durante la Audiencia General, el Papa Francisco ha continuado su catequesis sobre la Carta a los Gálatas. El Pontífice ha insistido sobre la insistencia del apóstol Pablo a los cristianos para que “no olviden la novedad de la revelación de Dios que se les ha anunciado”.

El Papa llama la atención sobre lo que sucede a menudo a los cristianos: “damos por descontado esta realidad de ser hijos de Dios”, por lo que subraya el llamado de Pablo: “la fe en Jesucristo nos ha permitido convertirnos realmente en hijos de Dios y sus herederos”. Por eso, los cristianos debemos recordar con gratitud el momento de nuestro bautismo "para vivir con mayor conciencia el gran don que hemos recibido".

Si hoy preguntara, dice Francisco, "¿Quién de ustedes sabe la fecha de su bautismo?", no creo que se levantarán muchas manos... Pero es la fecha en que fuimos salvados, la fecha en que nos convertimos en hijos de Dios. Ahora, los que no lo sepan, que pregunten a su padrino, madrina, padre, madre, tío, tía: "¿Cuándo me bautizaron? ¿Cuándo fui bautizado?", y recordar esa fecha cada año: es la fecha en la que fuimos hechos hijos de Dios. ¿De acuerdo? ¿Lo harás?

Por la fe somos Hijos de Dios “en Cristo”

Una vez que "ha llegado la fe" en Jesucristo, señala el Papa, "se ha creado una condición radicalmente nueva que conduce a la filiación divina."

No se trata de una filiación que implique a todos los hombres en cuanto hijos del mismo Creador, sino que la fe nos permite ser hijos de Dios "en Cristo".

Francisco insiste: Es este “en Cristo” que hace la diferencia. Él se ha convertido en nuestro hermano, y con su muerte y resurrección nos ha reconciliado con el Padre. Quien acoge a Cristo en la fe, por el bautismo es “revestido” por Él y por la dignidad filial (cfr v. 27).

Por el bautismo participamos del misterio de Jesús

Para Pablo, dice el Papa, “ser bautizados equivale a participar de forma efectiva y real en el misterio de Jesús (…) El bautismo, por tanto, no es un mero rito exterior. Quienes lo reciben son transformados en lo profundo, en el ser más íntimo, y poseen una vida nueva, precisamente esa que permite dirigirse a Dios e invocarlo con el nombre “Abbà, padre” (cfr Gal 4,6).

Por el bautismo son superadas todas las diferencias

Francisco subraya que Pablo afirma “con gran audacia que la identidad recibida con el bautismo es una identidad tan nueva que prevalece sobre las diferencias que existen a nivel étnico-religioso: «ya no hay judío ni griego»; y también a nivel social: «ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer»”.

"Que Pablo escribiera a los gálatas que en Cristo no hay ni judío ni griego equivalía a una auténtica subversión en el ámbito étnico-religioso" explicó el Papa, porque por el hecho de pertenecer a un pueblo elegido, el judío era privilegiado sobre el pagano.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

07/09/2021Mensaje conjunto del Papa, el Patriarca Bartolomé I y el Arzobispo Welby

Tiempo de la Creación. El Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se unen por primera vez en un ...

Asimismo, la eliminación de la distinción entre "libres" y "esclavos" introducía una perspectiva chocante, ya que, por ley, "los ciudadanos libres gozaban de todos los derechos, mientras que ni siquiera se reconocía la dignidad humana de los esclavos". Asimismo, la igualdad en Cristo, que supera las diferencias sociales entre los dos sexos, "fue revolucionaria en su momento" y "necesita ser reafirmada aún hoy".

Francisco señala: Esto también ocurre hoy: hay tantas personas en el mundo, millones de ellas, que no tienen derecho a comer, no tienen derecho a la educación, no tienen derecho a trabajar: son los nuevos esclavos, son los que están en las periferias, que son explotados por todos. Incluso hoy en día existe la esclavitud: pensemos un poco en esto. Negamos a estas personas la dignidad humana. Son esclavos.

Refiriéndose a la igualdad entre hombres y mujeres Francisco afirma: ¡Cuántas veces escuchamos expresiones que desprecian a las mujeres! Cuántas veces hemos escuchado: "Pero, no, no hagas nada, [son] cosas de mujeres". Pero mira, los hombres y las mujeres tienen la misma dignidad, y hay en la historia, incluso hoy, una esclavitud de las mujeres: las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Hay que leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús.

“Toda distinción se convierte en secundaria respecto a la dignidad de ser hijos de Dios, el cual con su amor realiza una verdadera y sustancial igualdad”, señala Francisco.

Llamados a vivir una vida nueva como Hijos de Dios

El Papa evidencia que “Es decisivo también para todos nosotros hoy redescubrir la belleza de ser hijos de Dios” e insiste: “Las diferencias y los contrastes que crean separación no deberían tener morada en los creyentes en Cristo”.

Francisco recordando la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II afirma: “Nuestra vocación es más bien la de hacer concreta y evidente la llamada a la unidad de todo el género humano”, e insiste nuevamente: “Lo que cuenta es la fe que obra siguiendo el camino de la unidad indicado por el Espíritu Santo. Nuestra responsabilidad es caminar decididamente por este camino de la igualdad, pero de la igualdad que es sostenida, que fue hecha por la redención de Jesús.  

La catequesis finalizó con un llamado a la memoria: “y no olvides: cuando vuelvas a casa: "¿Cuándo me bautizaron? ¿Cuándo me bautizaron?", pide tener siempre presente esa fecha. Y tú también vendrás a celebrarlo cuando llegue la fecha. Gracias.”

 

El Papa: Elijamos cambiar hacia estilos de vida más respetuosos del ambiente

En el Video del Papa de septiembre, Francisco aborda una vez más la crisis ambiental que atraviesa la humanidad, instando a cambiar hacia una vida sobria y ecosostenible y a seguir el ejemplo valiente de los jóvenes. “En todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, afirma el Papa, los jóvenes están a la vanguardia. Aprovechemos su ejemplo".

Vatican News

“Recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes ya que están comprometidos con este cambio”. Es la intención de oración que el Papa Francisco confía a toda la Iglesia Católica para septiembre a través de la Red Mundial de Oración del Papa, y que explica a través de El Video del Papa. En el mes del Tiempo de la Creación, el Pontífice aborda una vez más la crisis ambiental que atraviesa la humanidad.

El ejemplo de los jóvenes

En el Video, Francisco evidencia el valor de los jóvenes capaces de emprender “proyectos de mejora ambiental y mejora social, puesto que ambos van juntos” e insta a seguir su ejemplo:

“Los adultos podemos aprender mucho de los jóvenes pues, en todo lo que tiene que ver con el cuidado del planeta, los jóvenes están a la vanguardia. Aprovechemos su ejemplo, reflexionemos, especialmente en estos momentos de crisis, de crisis sanitaria, de crisis social, de crisis ambiental, reflexionemos sobre nuestro estilo de vida”

Elegir el cambio

Como anticipado por Francisco en la Laudato si’ “no nos servirá describir los síntomas, si no reconocemos la raíz humana de la crisis ecológica”. Por ello, en el video, el Pontífice llama a cuestionarnos acerca del modo en que vivimos y usamos los bienes materiales del planeta, sobre cómo nos alimentamos, consumimos o nos desplazamos o “el uso que hacemos del agua, de la energía y de los plásticos, y de tantos bienes materiales que son a menudo perjudiciales para la Tierra”. De ahí su invitación:

“¡Elijamos cambiar! Avancemos con los jóvenes hacia estilos de vida más sencillos y respetuosos del medio ambiente. Y recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las decisiones necesarias para una vida más sobria y ecosostenible, inspirándonos por los jóvenes que ya que están comprometidos con este cambio”

Los jóvenes, concluye el Pontífice, “no son tontos, porque están comprometidos con el futuro de ellos. Por eso quieren cambiar lo que ellos van a heredar en un tiempo en que ya nosotros no estaremos”.

El Tiempo de la Creación

La intención de oración indicada por el Papa se enmarca en la celebración anual mundial y ecuménica del Tiempo de la Creación. En 2021 se desarrollará desde el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, patrono de la ecología, y en ella las comunidades participarán en proyectos de sensibilización y cuidado del medio ambiente.

La raíz humana de la crisis ecológica

La necesidad de acciones urgentes para combatir la crisis ambiental y social no es una novedad; cada vez son más las alertas mundiales para intentar concientizar a la humanidad de que algo tiene que cambiar, explica el texto que acompaña el video del Papa. El pasado junio, la ONU advirtió que “la Tierra está alcanzando rápidamente ‘extremos irreversibles’ y que nos enfrentamos a una triple amenaza: la pérdida de la biodiversidad, la alteración climática y el aumento de la contaminación”. Factores que impactan en la vida de todos.

Urge un estilo de vida sobrio y solidario

“Una vez más las palabras de Francisco no pueden dejarnos indiferentes. Frente a la crisis ecológica hay urgencia a cambiar nuestro estilo de vida para que sea sobrio y solidario. ¿Somos conscientes de esta urgencia?", comenta por su parte el P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa. "Cuando el Papa nos habla de ecología integral nos indica que todo está interconectado en nuestras vidas. Para proteger nuestra casa común las palabras ya no bastan. En Laudato Si’ Francisco nos propone un camino, un retorno a la simplicidad, a la fraternidad con la Creación y los más necesitados”, concluye el padre Fornos.

El Video del Papa

El Video del Papa es una iniciativa oficial de alcance global que tiene como objetivo difundir las intenciones de oración mensuales del Santo Padre. Es desarrollada por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración). Desde el año 2016 El Video del Papa lleva más de 152 millones de visualizaciones en todas sus redes sociales, es traducido a más de 23 lenguas y tiene una cobertura de prensa en 114 países.

 

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS

— La recompensa sobrenatural de las buenas obras.

— Los méritos de Cristo y de María.

— Ofrecer a Dios nuestra vida corriente. Merecer por los demás.

I. El Señor nos habla muchas veces del mérito que tiene hasta la más pequeña de nuestras obras, si las realizamos por Él: ni siquiera un vaso de agua ofrecido por Él quedará sin su recompensa1. Si somos fieles a Cristo encontraremos un tesoro amontonado en el Cielo por una vida ofrecida día a día al Señor. La vida es en realidad el tiempo para merecer, pues en el Cielo ya no se merece, sino que se goza de la recompensa; tampoco se adquieren méritos en el Purgatorio, donde las almas se purifican de la huella que dejaron sus pecados. Este es el único tiempo para merecer: los días que nos queden aquí en la tierra; quizá, pocos.

En el Evangelio de la Misa de hoy2 nos enseña el Señor que las obras del cristiano han de ser superiores a las de los paganos para obtener esa recompensa sobrenatural. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto... La caridad debe abarcar a todos los hombres, sin limitación alguna, y no debe extenderse solo a quienes nos hacen bien, a los que nos ayudan o se portan correctamente con nosotros, porque para esto no sería necesaria la ayuda de la gracia: también los paganos aman a quienes los aman a ellos. Lo mismo ocurre con las obras de un buen cristiano: no solo han de ser «humanamente» buenas y ejemplares, sino que el amor de Dios hará que sean generosas en su planteamiento, y sean así sobrenaturalmente meritorias.

El Señor ya había asegurado por el Profeta Isaías: Electi mei non laborabunt frustra3, mis elegidos no trabajarán nunca en vano, pues ni la más pequeña obra hecha por Dios quedará sin su fruto. Muchas de estas ganancias las veremos ya aquí en la tierra; otras, quizá la mayor parte, cuando nos encontremos en la presencia de Dios en el Cielo. San Pablo recordó a los primeros cristianos que cada uno recibirá su propia recompensa, según su trabajo4. Y, al final, cada uno recibirá el pago debido a las buenas o a las malas acciones que haya hecho mientras estaba revestido de su cuerpo5. Ahora es el tiempo de merecer. «Vuestras buenas obras deben ser vuestras inversiones, de las que un día recibiréis considerables intereses»6, enseña San Ignacio de Antioquía. Ya en esta vida el Señor nos paga con creces.

II. Electi mei non laborabunt frustra... Las obras de cada día –el trabajo, los pequeños servicios que prestamos a los demás, las alegrías, el descanso, el dolor y la fatiga llevados con garbo y ofrecidos al Señor– pueden ser meritorias por los infinitos merecimientos que Cristo nos alcanzó en su vida aquí en la tierra, pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia7. A unos dones se añaden otros, en la medida en que correspondemos; y todos brotan de la fuente única que es Cristo, cuya plenitud de gracia no se agota nunca. «Él no tiene el don recibido por participación, sino que es la misma fuente, la misma raíz de todos los bienes: la Vida misma, la Luz misma, la Verdad misma. Y no retiene en sí mismo las riquezas de sus bienes, sino que los entrega a todos los demás; y habiéndolos dispensado, permanece lleno; no disminuye en nada por haberlos distribuido a otros, sino que llenando y haciendo participar a todos de estos bienes permanece en la misma perfección»8.

Una sola gota de su Sangre, enseña la Iglesia, habría bastado para la Redención de todo el género humano. Santo Tomás lo expresó en el himno Adoro te devote, que muchos cristianos meditan frecuentemente para crecer en amor y devoción a la Sagrada Eucaristía: Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine... Misericordioso pelícano, Señor Jesús, // purifica mis manchas con tu Sangre, // de la cual una sola gota es suficiente // para borrar todos los pecados del mundo entero.

El menor acto de amor de Jesús, en su niñez, en su vida de trabajo en Nazaret..., tenía un valor infinito para obtener la gracia santificante, la vida eterna y las ayudas necesarias para llegar a ella, a todos los hombres pasados, presentes y a los que han de venir9.

Nadie como la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, participó con tanta plenitud de los méritos de su Hijo. Por su impecabilidad, sus méritos fueron mayores, incluso más estrictamente «meritorios», que los de todas las demás criaturas, porque, al estar inmune de las concupiscencias y de otros estorbos, su libertad era mayor, y la libertad es el principio radical del mérito. Fueron meritorios todos los sacrificios y pesares que le llevó el ser Madre de Dios: desde la pobreza de Belén, la zozobra de la huida a Egipto..., hasta la espada que atravesó su corazón al contemplar los sufrimientos de Jesús en la Cruz. Y fueron meritorias todas las alegrías y todos los gozos que le produjeron su inmensa fe y su amor que todo lo penetraba, pues no es lo oneroso de una acción lo que la hace meritoria, sino el amor con que se hace. «No es la dificultad que hay en amar al enemigo lo que cuenta para lo meritorio, si no es en la medida en que se manifiesta en ella la perfección del amor, que triunfa de dicha dificultad. Así, pues, si la caridad fuera tan completa que suprimiese en absoluto la dificultad, sería entonces más meritoria»10, enseña Santo Tomás de Aquino. Así fue la caridad de María.

Debe darnos una gran alegría considerar con frecuencia los méritos infinitos de Cristo, la fuente de nuestra vida espiritual. Contemplar también las gracias que Santa María nos ha ganado fortalecerá la esperanza y nos reanimará de modo eficaz en momentos de desánimo o de cansancio, o cuando las personas que queremos llevar a Cristo parece que no responden y nos damos cuenta de la necesidad de merecer por ellas. «Me decías: “me veo, no solo incapaz de ir adelante en el camino, sino incapaz de salvarme –¡pobre alma mía!–, sin un milagro de la gracia. Estoy frío y –peor– como indiferente: igual que si fuera un espectador de ‘mi caso’, a quien nada importara lo que contempla. ¿Serán estériles estos días?

»Y, sin embargo, mi Madre es mi Madre, y Jesús es –¿me atrevo?– ¡mi Jesús! Y hay almas santas, ahora mismo, pidiendo por mí”.

»—Sigue andando de la mano de tu Madre, te repliqué, y “atrévete” a decirle a Jesús que es tuyo. Por su bondad, Él pondrá luces claras en tu alma»11.

III. Electi mei non laborabunt frustra. El mérito es el derecho a la recompensa por las obras que se realizan, y todas nuestras obras pueden ser meritorias, de tal manera que convirtamos la vida en un tiempo de merecimiento. Enseña la teología12 que el mérito propiamente dicho (de condigno) es aquel por el que se debe una retribución, en justicia o, al menos, en virtud de una promesa; así, en el orden natural, el trabajador merece su salario. Existe también otro mérito, que se suele llamar de conveniencia (de congruo), por el que se debe una recompensa, no en estricta justicia ni como consecuencia de una promesa, sino por razones de amistad, de estima, de liberalidad...; así, en el orden natural, el soldado que se ha distinguido en la batalla por su valor merece (de congruo) ser condecorado: su condición militar le pide esa valentía, pero si pudo ceder y no cedió, si pudo limitarse a cumplir y se esmeró en su cometido, el general magnánimo se ve movido a recompensar sobreabundantemente –por encima de lo estipulado– aquella acción.

En el orden sobrenatural, nuestros actos merecen, en virtud del querer de Dios, una recompensa que supera todos los honores y toda la gloria que el mundo puede ofrecernos. El cristiano en estado de gracia logra con su vida corriente, cumpliendo sus deberes, un aumento de gracia en su alma y la vida eterna: por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de incalculable gloria13.

Cada jornada, las obras son meritorias si las realizamos bien y con rectitud de intención: si las ofrecemos a Dios al comenzar el día, en la Santa Misa, o al iniciar una tarea o al terminarla. Especialmente serán meritorias si las unimos a los méritos de Cristo... y a los de la Virgen. Nos apropiamos así las gracias de valor infinito que el Señor nos alcanzó, principalmente en la Cruz, y los de su Madre Santísima, que tan singularmente corredimió con Él. Nuestro Padre Dios ve entonces estos quehaceres revestidos de un carácter infinito, del todo nuevo. Nos hacemos solidarios con los méritos de Cristo.

Conscientes de esta realidad sobrenatural, ¿procuramos ofrecer todo al Señor?, ¿lo ordinario de cada jornada y, si se presentan, las circunstancias más extraordinarias y difíciles: una grave enfermedad, la persecución, la calumnia? Especialmente entonces debemos recordar lo que ayer leíamos en el Evangelio de la Misa14alegraos y regocijaos en aquel día, porque es muy grande vuestra recompensa. Son ocasiones para amar más al Señor, para unirnos más a Él.

También nos ayudará a realizar con perfección nuestros quehaceres el saber que, con un mérito de conveniencia, fundado en la amistad con el Señor, con estas obras –hechas en gracia de Dios, por amor, con perfección, buscando solo la gloria de Dios–, podemos merecer la conversión de un hijo, de un hermano, de un amigo: así han actuado los santos. Aprovechemos tantas oportunidades para ayudar a los demás en su camino hacia el Cielo. Con más interés y tesón a los que Dios ha puesto más cerca de nuestra vida y a quienes andan más necesitados de estas ayudas espirituales.

1 Cfr. Mt 10, 42. — 2 Lc 6, 27-38. — 3 Is 65, 23. — 4 1 Cor 3, 8. — 5 1 Cor 5, 10; Cfr. Rom 2, 5-6. — 6 San Ignacio de Antioquía, Epístola a San Policarpo. — 7 Jn 1, 16. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 14, 1. — 9 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 365. — 10 Santo Tomás, Cuestiones disputadas sobre la caridad, q. 8, ad 17. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 251. — 12 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 366. — 13 2 Cor 4, 17. — 14 Cfr. Lc 6, 20-26.

 

 

Evangelio del jueves: amor y perdón

Comentario del jueves de la 23° semana del tiempo ordinario. “Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo”. Lo que Jesús nos pide puede parecer imposible. Pero saber que él nos amó primero nos lleva a querer compartir ese mismo amor con todo el mundo.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lucas 6, 27-38)

Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla ofrécele también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. Da a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos.Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes les aman. Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá.


Comentario

Se ha dicho que el discurso de las Bienaventuranzas es como un autorretrato de Jesús. Y de modo particular da a conocer su corazón -el corazón del Hijo que todo lo ha recibido del Padre- cuando enseña cual debe ser el modo de vivir de los que le siguen.

Si queremos llegar a ser hijos del Altísimo tenemos bien claro el modelo: la misericordia, el perdón, la mansedumbre y al amor incluso a los enemigos.En Jesús, especialmente en su Pasión, resplandece de modo sublime esta actitud: la entrega silenciosa y orante de su vida muestra con hechos su doctrina. También ahora, sentado a la derecha del Padre, derrocha infinita misericordia con los pecadores y está siempre dispuesto al perdón. Es el Hijo del Altísimo.

Peroes muy alta la meta. Parece como un ideal inalcanzable.

Jesús es el Camino, así se define para nosotros. Y su Palabra no solo exhorta, consuela o transmite un mensaje, sino que sobre todo es Gracia. Esta heroica conducta pedida a los discípulos no es un imposible. Ha de ser recibida con fe, meditada en la fe, hecha propia, convencidos de que todas las cosas son posibles para el que cree. Entonces, seremos capaces de seguirle, de imitarle, de tenerle como referencia inmediata en nuestra conducta diaria al relacionarnos con el prójimo, en la vida familiar, en el trabajo, en la vida pública. Y transformaremos verdaderamente este mundo, tan lleno de indiferencia y de enfrentamientos.

 

 

“El perdón nos viene de la misericordia de Dios”

Me escribes que te has llegado, por fin, al confesonario, y que has probado la humillación de tener que abrir la cloaca –así dices– de tu vida ante "un hombre". –¿Cuándo arrancarás esa vana estimación que sientes de ti mismo? Entonces, irás a la confesión gozoso de mostrarte como eres, ante "ese hombre" ungido –otro Cristo, ¡el mismo Cristo!–, que te da la absolución, el perdón de Dios. (Surco, 45)

9 de septiembre

Padre: ¿cómo puede usted aguantar esta basura? -me dijiste, luego de una confesión contrita.

-Callé, pensando que si tu humildad te lleva a sentirte eso -basura: ¡un montón de basura!-, aún podremos hacer de toda tu miseria algo grande. (Camino, 605)

¡Qué poco amor de Dios tienes cuando cedes sin lucha porque no es pecado grave! (Camino, 328)

¡Otra vez a tus antiguas locuras!... Y luego, cuando vuelves, te notas con poca alegría, porque te falta humildad.

Parece que te obstinas en desconocer la segunda parte de la parábola del hijo pródigo, y todavía sigues apegado a la pobre felicidad de las bellotas. Soberbiamente herido por tu fragilidad, no te decides a pedir perdón, y no consideras que, si te humillas, te espera la jubilosa acogida de tu Padre Dios, la fiesta por tu regreso y por tu recomienzo. (Surco, 65)

 

 

«Es decisivo redescubrir la belleza de ser hijos de Dios»

Durante la catequesis, el Papa reflexionó sobre un fragmento de la Carta a los Gálatas en la que San Pablo recuerda que los cristianos “somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo”. Señaló que el cristiano tiene una relación especial con Él porque, gracias al bautismo, las personas se convierten en “hermanos de Cristo”, lo que permite “dirigirnos a Dios con confianza y llamarlo Padre”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA08/09/2021

Queridos hermanos y hermanas:

Proseguimos nuestro itinerario de profundización de la fe —de nuestra fe—- a la luz de la Carta de san Pablo a los Gálatas. El apóstol insiste con esos cristianos para que no olviden la novedad de la revelación de Dios que se les ha anunciado.

Plenamente de acuerdo con el evangelista Juan (cf. 1 Jn 3,1-2), Pablo subraya que la fe en Jesucristo nos ha permitido convertirnos realmente en hijos de Dios y también en sus herederos. Nosotros, los cristianos, a menudo damos por descontado esta realidad de ser hijos de Dios. Sin embargo, siempre es bueno recordar de forma agradecida el momento en el que nos convertimos en ello, el de nuestro bautismo, para vivir con más consciencia el gran don recibido.

PERO “EN CRISTO” ES LO QUE HACE LA DIFERENCIA EN LOS CRISTIANOS, Y ESTO SOLAMENTE SUCEDE EN LA PARTICIPACIÓN A LA REDENCIÓN DE CRISTO

Si yo hoy preguntara: ¿quién de vosotros sabe la fecha de su bautismo?, creo que las manos levantadas no serían muchas. Y sin embargo es la fecha en la cual hemos sido salvados, es la fecha en la cual nos hemos convertido en hijos de Dios. Ahora, aquellos que no la conocen que pregunten al padrino, a la madrina, al padre, a la madre, al tío, a la tía: “¿Cuándo fui bautizado? ¿Cuándo fui bautizada?”; y recordar cada año esa fecha: es la fecha en la cual fuimos hechos hijos de Dios. ¿De acuerdo? ¿Haréis esto? [responden: ¡sí!] Es un “sí” así ¿eh? [ríen] Sigamos adelante…

De hecho, una vez «llegada la fe» en Jesucristo (v. 25), se crea la condición radicalmente nueva que conduce a la filiación divina. La filiación de la que habla Pablo ya no es la general que afecta a todos los hombres y las mujeres en cuanto hijos e hijas del único Creador.

En el pasaje que hemos escuchado él afirma que la fe permite ser hijos de Dios «en Cristo» (v. 26): esta es la novedad. Es este “en Cristo” que hace la diferencia. No solamente hijo de Dios, como todos: todos los hombres y mujeres somos hijos de Dios, todos, cualquiera que sea la religión que tenemos. No. Pero “en Cristo” es lo que hace la diferencia en los cristianos, y esto solamente sucede en la participación a la redención de Cristo y en nosotros en el sacramente del bautismo, así empieza. Jesús se ha convertido en nuestro hermano, y con su muerte y resurrección nos ha reconciliado con el Padre. Quien acoge a Cristo en la fe, por el bautismo es “revestido” por Él y por la dignidad filial (cf. v. 27).

SER BAUTIZADOS EQUIVALE A PARTICIPAR DE FORMA EFECTIVA Y REAL EN EL MISTERIO DE JESÚS

San Pablo en sus Cartas hace referencia en más de una ocasión al bautismo. Para él, ser bautizados equivale a participar de forma efectiva y real en el misterio de Jesús. Por ejemplo, en la Carta a los Romanos llegará incluso a decir que, en el bautismo, hemos muerto con Cristo y hemos sido sepultados con Él para poder vivir con Él (cf. 6,3-14). Muertos con Cristo, sepultados con Él para poder vivir con Él. Y esta es la gracia del bautismo: participar de la muerte y resurrección de Jesús.

El bautismo, por tanto, no es un mero rito exterior. Quienes lo reciben son transformados en lo profundo, en el ser más íntimo, y poseen una vida nueva, precisamente esa que permite dirigirse a Dios e invocarlo con el nombre “Abbà”, es decir “papá”. “¿Padre?” No, “papá” (cf. Gal 4,6).

El apóstol afirma con gran audacia que la identidad recibida con el bautismo es una identidad totalmente nueva, como para prevalecer sobre las diferencias que existen a nivel étnico-religioso.

Es decir, lo explica así: «ya no hay judío ni griego»; y también a nivel social: «ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer» (Ga 3,28). Se leen a menudo con demasiada prisa estas expresiones, sin acoger el valor revolucionario que poseen. Para Pablo, escribir a los gálatas que en Cristo “no hay judío ni griego” equivalía a una auténtica subversión en ámbito étnico-religioso. El judío, por el hecho de pertenecer al pueblo elegido, era privilegiado respecto al pagano (cf. Rm 2,17-20), y el mismo Pablo lo afirma (cf. Rm 9,4-5).

No sorprende, por tanto, que esta nueva enseñanza del apóstol pudiera sonar como herética. “¿Pero cómo, iguales todos? ¡Somos diferentes!”. Suena un poco herético, ¿no? También la segunda igualdad, entre “libres” y “esclavos”, abre perspectivas sorprendentes.

Para la sociedad antigua era vital la distinción entre esclavos y ciudadanos libres. Estos gozaban por ley de todos los derechos, mientras a los esclavos no se les reconocía ni siquiera la dignidad humana. Esto sucede también hoy: mucha gente en el mundo, mucha, millones, que no tienen derecho a comer, no tienen derecho a la educación, no tienen derecho al trabajo: son los nuevos esclavos, son aquellos que están en las periferias, que son explotados por todos. También hoy existe la esclavitud. Pensemos un poco en esto. Nosotros negamos a esta gente la dignidad humana, son esclavos.

LA IGUALDAD EN CRISTO ESTABLECE UNA IGUALDAD ENTRE HOMBRE Y MUJER ENTONCES REVOLUCIONARIA

Así, finalmente, la igualdad en Cristo supera la diferencia social entre los dos sexos, estableciendo una igualdad entre hombre y mujer entonces revolucionaria y que hay necesidad de reafirmar también hoy. Es necesario reafirmarla también hoy. ¡Cuántas veces escuchamos expresiones que desprecian a las mujeres! Cuántas veces hemos escuchado: “Pero no, no hagas nada, [son] cosas de mujeres”.

Pero mira que hombre y mujer tienen la misma dignidad, y hay en la historia, también hoy, una esclavitud de las mujeres: las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Debemos leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús.

Como se puede ver, Pablo afirma la profunda unidad que existe entre todos los bautizados, a cualquier condición pertenezcan, sean hombres o mujeres, iguales, porque cada uno de ellos, en Cristo, es una criatura nueva.

Toda distinción se convierte en secundaria respecto a la dignidad de ser hijos de Dios, el cual con su amor realiza una verdadera y sustancial igualdad. Todos, a través de la redención de Cristo y el bautismo que hemos recibido, somos iguales: hijos e hijas de Dios. Iguales.

Hermanos y hermanas, estamos por tanto llamados de forma más positiva a vivir una nueva vida que encuentra en la filiación con Dios su expresión fundamental. Iguales por ser hijos de Dios, e hijos de Dios porque nos ha redimido Jesucristo y hemos entrado en esta dignidad a través del bautismo.

Es decisivo también para todos nosotros hoy redescubrir la belleza de ser hijos de Dios, ser hermanos y hermanas entre nosotros porque estamos insertos en Cristo que nos ha redimido.

Las diferencias y los contrastes que crean separación no deberían tener morada en los creyentes en Cristo. Y uno de los apóstoles, en la Carta de Santiago, dice así: “Estad atentos a las diferencias, porque vosotros no sois justos cuando en la asamblea (es decir en la misa) entra uno que lleva un anillo de oro, está bien vestido: ‘¡Ah, adelante, adelante!’, y hacen que se siente en el primer lugar. Después, si entra otro que, pobrecillo, apenas se puede cubrir y se ve que es pobre, pobre, pobre: ‘sí, sí, siéntate ahí, al fondo’”.

NUESTRA VOCACIÓN ES MÁS BIEN LA DE HACER CONCRETA Y EVIDENTE LA LLAMADA A LA UNIDAD DE TODO EL GÉNERO HUMANO

Estas diferencias las hacemos nosotros, muchas veces, de forma inconsciente. No, somos iguales. Nuestra vocación es más bien la de hacer concreta y evidente la llamada a la unidad de todo el género humano (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 1).

Cualquier cosa que agrave las diferencias entre las personas, causando a menudo discriminaciones, todo esto, delante de Dios, ya no tiene consistencia, gracias a la salvación realizada en Cristo. Lo que cuenta es la fe que obra siguiendo el camino de la unidad indicado por el Espíritu Santo. Y nuestra responsabilidad es caminar decididamente por este camino de igualdad, pero igualdad que es sostenida, que ha sido hecha por la redención de Jesús.

Gracias. Y no os olvidéis, cuando volváis a casa: “¿Cuándo fui bautizada? ¿Cuándo fui bautizado?”. Preguntad, para recordar esta fecha. Y también celebrar cuando llegue la fecha. Gracias.

 

Muy humanos, muy divinos (V): Para poder ser amigos

Toda amistad genuina supone un esfuerzo tanto por entrar en la vida de los demás como por dejar que tengan espacio en nosotros; en este quinto artículo repasamos algunas virtudes que nos lo facilitan.

VIRTUDES15/07/2021

 

Cuando una persona vive sus últimos momentos, cuando está a punto «de pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1), tiende a pensar en lo esencial. Su interés se centra en resolver las cosas que no querría dejar inacabadas: lograr dirigir unas frases de cariño a los suyos, hacer un rápido balance de su vida, procurar reconciliarse con alguien… Así sucede también en la vida de Jesús. El preámbulo de sus horas finales es una cena ritual con sus más cercanos. Los evangelios nos permiten asomarnos a esos momentos a través de unas conmovedoras páginas de amistad, en las que el Señor nos deja como herencia el testimonio de su amor. «En la intimidad del Cenáculo, Jesús dice a los apóstoles: “A vosotros os he llamado amigos” (Jn 15,15). Y en ellos nos lo ha dicho a todos. Dios nos quiere no solo como criaturas, sino como hijos a los que, en Cristo, ofrece verdadera amistad»[1].

Un encuentro de intimidades

La amistad es una relación en dos direcciones, que crece a través del dar y del aceptar. Jesucristo ofrece a sus amigos el don más grande que existe: «Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito» (Jn 14,16). Pero, a su manera, también pide reciprocidad; nos pide que aceptemos sus regalos: «Permaneced en mi amor» (Jn 15,9). No existen amistades en las que solo una parte esté involucrada. Toda amistad genuina supone un esfuerzo tanto por entrar en la vida de los demás como por dejar que tengan espacio en nosotros.

Este movimiento de acercamiento mutuo no siempre es fácil; y menos aún si el ambiente social, o nuestras propias inercias, nos llevan a contar poco con los demás, a bloquear nuestro mundo interior frente a posibles intrusiones, o a mirar a los otros solo en cuanto nos pueden ser útiles momentáneamente. Para posibilitar la amistad hemos de estar dispuestos a abrir las puertas del corazón. Eso nos hace seguramente vulnerables, pero nos hace también más humanos. ¿Quién no ha experimentado esos momentos de complicidad con otra persona, cuando el encuentro de dos mundos interiores se hace evidente? Podríamos pensar que esas situaciones, llenas de candor y de intensidad, son propias de la juventud. Sin embargo, quien pierde el miedo a abrir su interioridad y a acoger a otros en su corazón es capaz de entablar amistades profundas a cualquier edad: ya sea con sus padres, hermanos, hijos, esposo o esposa, con quienes viven en su misma casa o con los colegas de trabajo.

Benevolencia y ternura

Desde muy antiguo se ha considerado que «la amistad es una virtud o, en todo caso, algo acompañado de virtud. Además, es lo más necesario para la vida»[2]. Para que una amistad se consolide y crezca es necesario que los amigos fomenten algunas disposiciones que favorecen el intercambio de interioridades. La amistad, en efecto, está hecha de «búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad, y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida»[3].

La búsqueda del bien del otro, también conocida como benevolencia, es quizá la principal de estas disposiciones. Significa no tanto que me importe un bien concreto del otro –ni siquiera un bien para el otro–, sino que me importa el otro: me interesa que sea feliz. La benevolencia indica la autenticidad del afecto hacia nuestros amigos, que supone «reconocerlos y afirmarlos tal como son, con sus problemas, sus defectos, su historia personal, su entorno y sus tiempos para acercarse a Jesús. Por eso, para construir una verdadera amistad, es preciso que desarrollemos la capacidad de mirar con afecto a las demás personas, hasta verlas con los ojos de Cristo»[4].

Mejorar nuestra capacidad de abrirnos a los demás requiere también ganar en ternura. Contrariamente a lo que a veces se piensa, la ternura «no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro»[5]. La ternura es campo fértil, fruto del trabajo diario: en ella puede crecer la complicidad, la confidencia. «Cada uno de vosotros tiene su corazón lleno de ternura, como lo tengo yo»[6], decía san Josemaría. Esta ternura puede darse en personas afectuosamente expresivas o en temperamentos más introvertidos, y sabe hacerse a uno y otro modo de ser. En esos momentos íntimos de la Última Cena, precisamente, Jesús forcejea con Pedro, que no se quiere dejar lavar los pies (cfr. Jn 13,6-11), pero también permite que Juan recueste la cabeza en su pecho (cfr. Jn 13,23). La ternura del amigo entiende las necesidades del otro, respeta su intimidad, su modo de ser; evita invadir y, en cambio, ofrece su presencia silenciosa.

Continuidad y sintonía

Otro componente necesario de la amistad es la continuidad de la relación, porque dos interioridades no se abren de modo repentino. Las cosas importantes necesitan tiempo para arraigar y para crecer en el corazón humano. A veces parece que hemos encontrado un nuevo mejor amigo, pero en realidad a esa relación aún le falta mucho por crecer. «Hace falta mucho tiempo para hablar, estar juntos, conocerse… Ahí se forja la amistad. Solo en esa paciencia una amistad puede ser real»[7].

Los amigos desean verse, estar juntos, poder compartir lo que es valioso para cada uno. A los apóstoles les gustaba estar con Jesús, no solo porque lo consideraban el Mesías de Israel, sino porque eran buenos amigos. No lo seguían solo por convicciones históricas o intelectuales, sino porque Jesús se había vuelto parte de su vida: «Os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,22).

Los encuentros y la comunicación a lo largo del tiempo van robusteciendo la amistad hasta hacerla sólida, incluso a prueba de distancia. Entonces se genera una sintonía especial entre los amigos, porque cada uno comunica espontáneamente al otro los bienes que llenan su vida. Por este camino se llega a valorar lo que la otra persona valora, a disfrutar con lo suyo; y también, como es lógico, a entristecerse con aquello que le causa tristeza. El amigo atrae sinceramente al otro amigo, no lo convence ni lo embauca disfrazando de amistad otros intereses.

Virtudes para la convivencia

Dice santo Tomás de Aquino que «entre las cosas del mundo ninguna hay que dignamente se pueda preferir a la amistad, porque ella es la que junta a los virtuosos, y conserva y levanta la virtud»[8]. El camino de la virtud es un aliado de las relaciones de amistad: quienes cultivan la imagen de Dios en sus vidas se reconocen fácilmente entre sí, y tienden a compartir esa belleza interior.

Ciertamente, hay algunas virtudes que son más aptas para preparar ese camino o para hacerlo crecer: son las virtudes de la convivencia. El «ambiente de amistad, que cada uno está llamado a llevar consigo, es fruto de la suma de muchos esfuerzos por hacer la vida agradable a los demás. Ganar en afabilidad, alegría, paciencia, optimismo, delicadeza, y en todas las virtudes que hacen amable la convivencia es importante para que las personas puedan sentirse acogidas y ser felices: “Palabras dulces ganan muchos amigos, y el bien hablar multiplica las cortesías” (Si 6,5). La lucha por mejorar el propio carácter es condición necesaria para que surjan más fácilmente relaciones de amistad»[9].

No siempre es fácil distinguir qué aspectos de la propia personalidad deben ser modelados en el ámbito de la amistad, o cuáles deben ser tolerados –incluso queridos– por el amigo. Tal vez no sea necesario hacer demasiadas distinciones, sino procurar trabajar sobre uno mismo, que es lo que tenemos a nuestro alcance: si soy tímido, trataré de ser más extrovertido; si tengo reacciones fuertes, me empeñaré en suavizarlas; si tiendo a ser inexpresivo, procuraré manifestar más lo que siento; etc. Lo que en todo caso no llevaría muy lejos sería quedarse en una obstinada afirmación del propio yo. San Josemaría animaba a unos y otros a salir al paso de esa trampa: «A veces pretendes justificarte, asegurando que eres distraído, despistado; o que, por carácter, eres seco, reservón. Y añades que, por eso, ni siquiera conoces a fondo a las personas con quienes convives. –Oye: ¿verdad que no te quedas tranquilo con esa excusa?»[10].

 

 

* * *

Toda amistad es un don que se recibe y, al aceptarse, se convierte en don para el otro. Es lo propio del amor: solo puede darlo quien antes lo ha recibido. Incluso el amor que Jesucristo ofrece a sus apóstoles está precedido por el que le ha sido entregado: «Como el Padre me amó, así os he amado yo» (Jn 15,9). Por eso, además de crecer en todas las virtudes que nos ayudan a abrirnos a los demás, lo más importante para ser verdaderos amigos es ahondar en ese amor de Dios por nosotros. A medida que aumenta esa relación de intimidad, la capacidad de amar a los demás se ensancha. «Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero (…). El amor es “divino” porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea “todo para todos” (cfr. 1 Co 15,28)»[11].

Jorge Mario Jaramillo


[1] Mons. F. Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 2.

[2] Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1155a.

[3] Francisco, Ex. Ap. Amoris laetitia, n. 123.

[4] Mons. F. Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 8.

[5] Francisco, Homilía, 19-III-2013.

[6] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 15-IX-1971. AGP, biblioteca, P01.

[7] Francisco, Entrevista, 13-IX-2015. Texto completo en el sitio web de la Agencia Informativa Católica Argentina.

[8] Santo Tomás de Aquino, Del gobierno de los príncipes, I, X.

[9] Mons. F. Ocáriz, Carta pastoral, 1-XI-2019, n. 9.

[10] San Josemaría, Surco, n. 755.

[11] Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est, n. 18.

 

 

Sentido de misión (II)

El dinamismo propio del apostolado es la caridad, que es don divino: «en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor» (Forja, 565). La Iglesia crece por medio de la caridad de sus fieles y, solo después, llegan la estructura y la organización, como frutos de esa caridad y para estar al servicio de ella.

VOCACIÓN15/09/2018

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Con vivos trazos describe san Lucas la vida de los primeros creyentes en Jerusalén después de Pentecostés: «Todos los días acudían al Templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. Todos los días el Señor incorporaba a los que habían de salvarse» (Hch 2, 46-47). Con todo, pronto llegarían las contradicciones: la prisión de Juan y Pedro, el martirio de Esteban y, finalmente, la persecución abierta.

¿QUÉ MOVÍA A LOS PRIMEROS CRISTIANOS A HABLAR DEL SEÑOR, INCLUSO DURANTE LA PERSECUCIÓN?

En ese marco precisamente, narra el evangelista algo sorprendente: «los que se habían dispersado iban de un lugar a otro anunciando la palabra del Evangelio» (Hch 8,4). A cualquiera le llama la atención que, en momentos en que su vida estaba en serio peligro, no renunciaran a seguir anunciando la Salvación. Y no es un suceso aislado, sino que refleja un dinamismo constante. Un poco más adelante se encuentra una noticia similar: «Los que se habían dispersado por la tribulación surgida por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando la palabra sólo a los judíos» (Hch 11,19). ¿Qué movía a aquellos primeros fieles a hablar del Señor a quienes encontraban, incluso en el mismo momento en que huían de una persecución? Les mueve la alegría que han encontrado y que les llena el corazón: «Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros» (1Jn 1,3). Lo anuncian, sencillamente, «para que nuestra alegría sea completa» (1Jn 1,3). El Amor que se ha cruzado en su camino… deben compartirlo. La alegría es contagiosa. Y eso, ¿no podríamos vivirlo también los cristianos de hoy?

La vía de la amistad

Un detalle de esta escena del libro de los Hechos es muy significativa. Entre aquellos que se habían dispersado «había algunos chipriotas y cirenenses, que, cuando entraron en Antioquía, hablaban también a los griegos, anunciándoles el Evangelio del Señor Jesús» (Hch 11,20). Los cristianos no se movían en círculos especiales, ni esperaban llegar a lugares idóneos para anunciar la Vida y la Libertad que habían recibido. Cada uno compartía su fe con naturalidad, en el ambiente que le era más cercano, con las personas que Dios ponía en su camino. Como Felipe con el etíope que volvía de Jerusalén, como el matrimonio de Aquila y Priscila con el joven Apolo (cfr. Hch 8,26-40; 18,24-26). El Amor de Dios que llenaba su corazón les llevaba a preocuparse por todas esas personas, compartiendo con ellas aquel tesoro «que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban»[1]. Si partimos de la cercanía con Dios, podremos dirigirnos a quienes nos son más cercanos para compartir lo que vivimos. Más aún, querremos acercarnos a más y más gente, para compartir con ellos la Vida nueva que el Señor nos da. De este modo, ahora como entonces, podrá decirse que «la mano del Señor estaba con ellos y un gran número creyó y se convirtió al Señor» (Hch, 11,21).

Una segunda idea que podemos considerar a la luz de la historia es que, más que por una acción estructural y organizada, la Iglesia crecía —y crece— por medio de la caridad de sus fieles. La estructura y la organización llegarían más tarde, precisamente como fruto de esa caridad y al servicio de ella. En la historia de la Obra hemos visto algo similar. Quienes primero siguieron a San Josemaría querían a los demás con un cariño sincero, y ese era el ambiente en que el mensaje de Dios se fue abriendo camino. Como se cuenta de la primera Residencia: «“Los de Luchana 33” eran amigos unidos por el mismo espíritu cristiano que transmitía el Padre. Por eso, quien se encontró a gusto en el ambiente formado en torno a don José María y a las personas que estaban junto a él, regresó. De hecho, si al piso de Luchana se acudía por invitación, en cambio se permanecía por amistad»[2].

Nos hace bien recordar estos aspectos de la historia de la Iglesia y de la Obra cuando, con el crecimiento que han tenido a lo largo de los años, existe el riesgo de que confiemos más en las obras de apostolado, que en la labor que puede hacer cada una o cada uno. El Padre ha querido recordárnoslo últimamente: «Las circunstancias actuales de la evangelización hacen aún más necesario, si cabe, dar prioridad al trato personal, a este aspecto relacional que está en el centro del modo de hacer apostolado que san Josemaría encontró en los relatos evangélicos»[3].

LOS CRISTIANOS NO SE MOVÍAN EN CÍRCULOS ESPECIALES PARA ANUNCIAR LA VIDA Y LA LIBERTAD RECIBIDAS

En realidad, es natural que sea así. Si el dinamismo propio del apostolado es la caridad que es don de Dios, «en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor»[4]. La amistad es amor y, para un hijo de Dios, es auténtica caridad. Por eso, no se trata de procurar tener amigos para hacer apostolado, sino que amistad y apostolado son manifestaciones de un mismo amor. Más aún, «la amistad misma es apostolado; la amistad misma es un diálogo, en el que damos y recibimos luz; en el que surgen proyectos, en un mutuo abrirse horizontes; en el que nos alegramos por lo bueno y nos apoyamos en lo difícil; en el que lo pasamos bien, porque Dios nos quiere contentos»[5]. No está de más que nos preguntemos: ¿cómo cuido a mis amigos?, ¿comparto con ellos la alegría que procede de saber lo mucho que le importo a Dios? Y, por otra parte, ¿procuro llegar a más gente, a personas que quizá nunca han conocido a un creyente, para acercarlas al Amor de Dios?

En las encrucijadas del mundo

«Porque si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!» (1Co 9,16). Estas palabras de san Pablo son un reclamo continuo para la Iglesia. De igual modo, su conciencia de haber sido llamado por Dios para una misión es un modelo siempre actual: «Si lo hiciera por propia iniciativa, tendría recompensa; pero si lo hago por mandato, cumplo una misión encomendada» (1Co 9,17). El apóstol de las gentes era consciente de haber sido llamado para llevar el nombre de Jesucristo «ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel» (Hch 9,15), y por eso tenía una santa urgencia por llegar a todos ellos.

Cuando, en su segundo viaje, el Espíritu Santo le condujo a Grecia, el corazón de Pablo se dilataba y se encendía a medida que percibía la sed de Dios a su alrededor. En Atenas, mientras esperaba a sus compañeros, que se habían quedado en Berea, cuenta san Lucas que «se consumía en su interior al ver la ciudad llena de ídolos» (Hch 17,16). Se dirigió en primer lugar –como solía– a la Sinagoga. Pero le pareció poco, y en cuanto pudo fue también al Ágora, hasta que los mismos atenienses le pidieron que se dirigiera a todos para exponer «esa doctrina nueva de la que hablas» (Hch 17,19). Y así, en el Areópago de Atenas, donde se daban encuentro las corrientes de pensamiento más actuales e influyentes, Pablo anunció el nombre de Jesucristo.

Como el apóstol, también nosotros «estamos llamados a contribuir, con iniciativa y espontaneidad, a mejorar el mundo y la cultura de nuestro tiempo, de modo que se abran a los planes de Dios para la humanidad: cogitationes cordis eius, los proyectos de su corazón, que se mantienen de generación en generación (Sal 33 [32], 11)»[6]. Es natural que en muchos fieles cristianos nazca el deseo de llegar a aquellos lugares que «tienen gran incidencia para la configuración futura de la sociedad»[7]. Hace dos mil años, eran Atenas y Roma. Hoy, ¿cuáles son esos lugares? ¿Hay en ellos cristianos que puedan ser en ellos «el buen olor de Cristo» (2Co 2,15)? Y nosotros, ¿no podríamos hacer algo por acercarnos a aquellos lugares, que a menudo no son ya ni siquiera lugares físicos? Pensemos en los grandes espacios en que muchas personas toman decisiones importantes, vitales para su vida… pero pensemos también en esos mismos centros de nuestra ciudad, de nuestro barrio, de nuestro lugar de trabajo. Cuánto puede hacer, en esos lugares, la presencia de quien promueve una visión más justa y solidaria del ser humano, que no distingue entre ricos o pobres, sanos o enfermos, locales o extranjeros, etc.

Bien pensado, todo esto forma parte de la misión propia de los fieles laicos en la Iglesia. Como propuso el Concilio Vaticano II, ellos «son llamados por Dios para contribuir, desde dentro a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas, guiados por el espíritu evangélico, y así manifiestan a Cristo ante los demás, principalmente con el testimonio de su vida y con el fulgor de su fe, esperanza y caridad»[8]. Esa llamada, común a todos los fieles laicos, se concreta de modo particular en quienes hemos recibido la vocación al Opus Dei. San Josemaría describía el apostolado de sus hijas e hijos como «una inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad»[9]. Los veía preocupados de «llevar a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña»[10], poniéndole, con su trabajo, «en la cumbre de todas las actividades de la tierra»[11].

«LA AMISTAD MISMA ES APOSTOLADO; LA AMISTAD MISMA ES UN DIÁLOGO, EN EL QUE DAMOS Y RECIBIMOS LUZ; EN EL QUE SURGEN PROYECTOS, EN UN MUTUO ABRIRSE HORIZONTES» (F. OCÁRIZ)

Con el deseo de mantener vivo ese rasgo constitutivo de la Obra, el Padre nos animaba, en su primera carta como prelado, a «promover en todos una gran ilusión profesional: a los que todavía son estudiantes y han de albergar grandes deseos de construir la sociedad, y a los que ejercen una profesión; conviene que, con rectitud de intención, fomenten la santa ambición de llegar lejos y de dejar huella»[12]. No se trata de «estar a la última» por un prurito de originalidad, sino de tomar conciencia de que, para los fieles del Opus Dei, «el estar al día, el comprender el mundo moderno, es algo natural e instintivo, porque son ellos junto con los demás ciudadanos, iguales a ellos los que hacen nacer ese mundo y le dan su modernidad»[13]. Es una hermosa tarea, que exige de nosotros un constante empeño por salir de nuestro pequeño mundo y levantar los ojos al horizonte inmenso de la Salvación: ¡el mundo entero espera la presencia vivificante de los cristianos! Nosotros, en cambio, «¡cuántas veces nos sentimos tironeados a quedarnos en la comodidad de la orilla! Pero el Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas más profundas (cfr. Lc 5,4). Nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor (cfr. 2Co 5,14) y podamos decir con san Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1Co 9,16)»[14].

Disponibilidad para hacer la Obra

Junto el deseo de llevar la Salvación a muchas personas, está en el corazón del apóstol «el desvelo por todas las iglesias» (cfr. 2Co 11,28). Necesidades en la Iglesia ha habido desde el principio: el libro de los Hechos cuenta cómo Bernabé «tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles» (Hch 4,37); san Pablo recuerda en muchas de sus cartas la colecta que estaba preparando para los cristianos de Jerusalén. La Obra no ha sido, tampoco en este punto, una excepción. Apenas una semana después de llegar por primera vez a Roma, el 30 de junio de 1946, San Josemaría escribía por carta a los miembros del Consejo General, que estaba entonces en Madrid: «Yo pienso ir a Madrid cuanto antes y volver a Roma. Es necesario —¡Ricardo![15]— preparar seiscientas mil pesetas, también con toda urgencia. Esto, con nuestros grandes apuros económicos, parece cosa de locos. Sin embargo, es imprescindible adquirir casa aquí»[16]. Las necesidades económicas en relación con las casas de Roma no habían hecho más que empezar, y, como los primeros cristianos, todos en la Obra las veían como algo muy propio. En los últimos años, don Javier solía contar con emoción la historia de los dos sacerdotes que llegaron a Uruguay para comenzar la labor del Opus Dei. Después de un tiempo en el país, recibieron un donativo importante, que les hubiera sacado del apuro en que se encontraban. Sin embargo, no dudaron un momento en enviarlo enteramente para las casas de Roma.

Las necesidades materiales no terminaron en vida de san Josemaría, sino que permanecen –y permanecerán– siempre. Gracias a Dios, las labores se multiplican por todo el mundo, y además hay que pensar en el mantenimiento de las que existen ya. Por eso, es igualmente importante que se mantenga vivo el común sentido de responsabilidad ante esas necesidades. Como nos recuerda el Padre, «nuestro amor a la Iglesia nos moverá a procurar recursos para el desarrollo de las labores apostólicas»[17]. No es cuestión solamente de que pongamos de nuestra parte, sino sobre todo de que ese esfuerzo nazca del amor que tenemos a la Obra.

Lo mismo se podría decir de otra manifestación maravillosa de nuestra fe en el origen divino de la propia llamada a hacer el Opus Dei en la tierra. Conocemos bien la alegría que le daba a san Josemaría la entrega alegre que veía en sus hijas y en sus hijos. En una de sus últimas cartas, agradeció al Señor que hubieran vivido una «total disponibilidad dentro de los deberes de su estado personal, en el mundo para el servicio de Dios en la Obra»[18]. Los momentos de incertidumbre y contestación que se vivían en la Iglesia y en el mundo hacían brillar con una luz muy especial esa entrega generosa: «jóvenes y menos jóvenes, han ido de acá para allá con la mayor naturalidad, o han perseverado fieles y sin cansancio en el mismo lugar; han cambiado de ambiente si se necesitaba, han suspendido un trabajo y han puesto su esfuerzo en una labor distinta que interesaba más por motivos apostólicos; han aprendido cosas nuevas, han aceptado gustosamente ocultarse y desaparecer, dejando paso a otros: subir y bajar»[19].

En efecto, aunque la labor principal de la Obra sea el apostolado personal de cada uno de sus fieles[20], no hay que olvidar que promueve también, de modo corporativo, algunas actividades sociales, educativas y benéficas. Son manifestaciones distintas del mismo amor ardiente que Dios ha puesto en nuestros corazones. Además, la formación que da la Obra requiere «una cierta estructura»[21], reducida pero imprescindible. El mismo sentido de misión que nos lleva a acercarnos a muchas personas, y a procurar ser levadura en los centros de decisión de la vida humana, mantiene en nosotros una sana preocupación por estas necesidades de toda Obra.

Muchos fieles del Opus Dei –célibes y casados– trabajan en labores apostólicas de muy distinto tipo. Algunos se ocupan de las tareas de formación y gobierno de la Obra. Aunque no constituyen la esencia de su vocación, estar abierto a esos encargos forma parte de su modo concreto de ser Opus Dei. Por eso el Padre les anima a tener, junto una «gran ilusión profesional», «una disponibilidad activa y generosa para dedicarse cuando sea preciso, con esa misma ilusión profesional, a las tareas de formación y gobierno»[22]. No se trata de aceptar esas tareas como un encargo impuesto, que nada tiene que ver con la propia vida. Al contrario, es algo que nace de la conciencia de haber sido llamados por Dios para una tarea grande y, como san Pablo, de querer hacerse «siervo de todos para ganar a cuantos más pueda» (1Co 9,19). Esas tareas son, de hecho, una «labor profesional, que exige una específica y cuidadosa capacitación»[23]. Por eso, cuando se aceptan encargos de este tipo se reciben con sentido de misión, para vivirlos con el deseo de aportar cada uno su granito de arena. Y por la misma razón, no les deben sacar del mundo, sino que, en su caso, serán el modo en que permanezcan en medio del mundo, reconciliándolo con Dios, y el quicio en torno al cual gire su santificación.

En la primera Iglesia, los discípulos tenían «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32). Vivían pendientes unos de otros, con una encantadora fraternidad: «¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor? (2Co 11,29). Desde el lugar en que habían encontrado la alegría del Evangelio, llenaban el mundo de luz. Todos sentían la preocupación de acercar a muchas personas a la Salvación cristiana. Todos deseaban colaborar en la labor de los apóstoles: con su propia vida entregada, con su hospitalidad, con ayudas materiales, o poniéndose a su servicio, como los compañeros de viaje de Pablo. No es un cuadro del pasado, sino una maravillosa realidad, que vemos encarnada en la Iglesia y en la Obra, y que estamos llamados a encarnar hoy, con toda la actualidad de nuestra libre correspondencia al don de Dios.

Lucas Buch


[1] Papa Francisco, Ex. Ap. Gaudete et Exultate, 19-III-2018, n. 131.

[2] J. L. González Gullón, DYA –La Academia y Residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939), Rialp, Madrid, p. 196.

[3] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 9.

[4] San Josemaría, Forja, n. 565.

[5] F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 14.

[6] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[7] Ibíd., n. 29.

[8] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[9] San Josemaría, Instrucción, 19-III-1934, n. 42.

[10] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 105.

[11] Ibíd., n. 183.

[12] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[13] San Josemaría, Conversaciones, n. 26.

[14] Papa Francisco, Ex. Ap. Gaudete et Exultate, 19-III-2018, n. 130.

[15] Ricardo Fernández Vallespín era entonces el Administrador General de la Obra y, por tanto, quien tenía el encargo de velar por las necesidades económicas.

[16] A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. III, Rialp, Madrid, p. 45.

[17] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[18] San Josemaría, Carta 14-II-1974, n. 5.

[19] Ídem.

[20] San Josemaría, Conversaciones, n. 51.

[21] Ibíd., n. 63.

[22] F. Ocáriz, Carta 14-II-17, n. 8.

[23] San Josemaría, Carta 29-IX-1957, n. 9.

 

El secreto de María | La Virgen de las serpientes

José Martínez Colín

  1. Para saber

Georges Clemenceau fue un político y médico francés. Siendo presidente del Consejo de Ministros, sucedió que falleció uno de los ministros. Entonces un político ambicioso le escribió de inmediato: “No preciso decirle señor presidente que yo soy el más indicado para ocupar el puesto del recién fallecido”. Clemenceau no tardó en responder dándole toda la razón: “Sólo tiene usted que entenderse con el servicio del funeral para que le dejen ocupar el lugar del difunto”.

El Señor nos recuerda que todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será enaltecido. Con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos, el Papa Francisco aseguró que la humildad es el secreto de María, la que atrajo la mirada de Dios hacia ella.

  1. Para pensar

Al inicio de la Sagrada Escritura se profetiza que la Virgen aplastará a la serpiente. Una imagen que anuncia la Victoria de la Virgen María sobre el pecado y el diablo. Pero esa imagen se ha hecho visible en un hecho extraordinario en que serpientes reales “veneran” a la Madre de Dios. Ello acontece cada año, precisamente y sólo en los días anteriores a la fiesta de la Asunción de la Virgen María: llegan serpientes hasta un monasterio ortodoxo dedicado a la Virgen en la isla de Cefalonia, Grecia.

La historia se remonta al año 1705 cuando las monjas del monasterio iban a ser atacadas por piratas. Las monjas rezaron fervorosamente a la Virgen María para que las protegiera. Y así fue. Al desembarcar y acercarse al monasterio los piratas se encontraron con serpientes venenosas que los hicieron huir. Desde entonces, las pequeñas serpientes negras aparecen cada año antes de la fiesta mariana, y se dirigen hasta las entradas de la iglesia para “venerar” el ícono de plata conocido como la Virgen de las Serpientes. Algunas de estas serpientes poseen una cruz en la cabeza. Y aunque suelen ser agresivas, durante estos días son dóciles. Luego desaparecen completamente hasta la fiesta del año siguiente.

  1. Para vivir

Es común que se busque la grandeza y deslumbrar. Pero Dios no mira las apariencias, sino el corazón y le encanta la humildad. Mirando a María, que se atribuye el título de ‘esclava del Señor’, podemos decir que la humildad es el camino que conduce al Cielo.

El Santo Padre nos invita a preguntarnos: “¿Cómo es mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, ser alabado, sobresalir, o pienso en servir? ¿Sé escuchar en silencio, como María, o solo quiero hablar y recibir atención? Solo quien se reconoce como nada ante Dios, es capaz de recibirlo todo. Solo quien se vacía es llenado por Él. Quien está lleno de sí mismo no da espacio a Dios. María es la ‘llena de gracia’ por su humildad. Es esencial ser pobre de espíritu, necesitado de Dios.

El Papa señaló que es hermoso que la criatura más humilde y elevada de la historia, la primera en conquistar los cielos, pasó su vida dentro del hogar, en lo ordinario. Dios siempre vio la belleza de su corazón, nunca tocado por el pecado. Es un mensaje de esperanza para nosotros, para quien vive días difíciles. Es una verdad que estamos llamados, como María, a participar de la gloria del Cielo. 

(articulosdog@gmail.com)

 

Cada caminante siga su camino I

 

Escrito por Alfonso Méndiz Noguera

Publicado: 03 Septiembre 2021

Historia y significado de un lema poético en la vida del fundador del Opus Dei

Historia y significado de un lema poético en la vida del fundador del Opus Dei

La tarde del domingo 5 de junio de 1939, San Josemaría Escrivá de Balaguer llega a Burjasot, un pueblecito del litoral levantino, para predicar un curso de retiro a universitarios en el Colegio Mayor San Juan de Ribera. Hace calor, y los asistentes pasean por el jardín, al cobijo de los árboles, mientras aguardan su llegada.

Muchos han oído hablar de él: saben que sus pláticas tienen fama de vibrantes y encendidas, removedoras. Por eso, cuando aparece ante sus ojos el coche que le trae desde Madrid, se levanta una cierta expectación, que la simpatía del Fundador del Opus Dei hace desaparecer desde el primer instante.

Tras una breve conversación, los universitarios pasan al interior del Colegio Mayor, que goza de merecida fama porque muchos de los residentes allí becados han logrado luego renombre en el mundo intelectual. El edificio, sin embargo, no está en su mejor momento. Durante la guerra civil, terminada hace pocas semanas, había servido como cuartel del ejército republicano, y aún conserva las huellas de un descuido prolongado. Por otra parte, de sus paredes cuelgan todavía algunos rótulos de la propaganda republicana: carteles de Renau, de Fontseré, de Melendreras. Los propios estudiantes se aprestan rápidamente a retirarlos.

De repente, Monseñor Escrivá de Balaguer repara en un cartel muy grande y llamativo, encima del dintel de una puerta. Es un cartel sin ilustración, que reproduce tan solo un lema poético: «Cada caminante, siga su camino». Pensando en que tal vez esa frase pueda molestar al Fundador de la Obra, algunos se acercan para intentar descolgarlo, pero él les detiene:

-¡Dejadlo! No lo quitéis... Es un consejo aprovechable.

Todavía se queda un rato observando el cartel. Podemos imaginarlo abstraído, reflexivo; como queriendo exprimir todo el jugo de una idea luminosa que acaba de encenderse en su interior. Y, ciertamente, es algo que parece conectar con una luz muy íntima que ha madurado ya con anterioridad. De hecho, y como documentan varios de los asistentes, aquella frase llegó a convertirse en un leitmotiv de su predicación a lo largo de todo el curso de retiro[1].

Muy hondas debieron grabarse aquellas palabras en el alma de San Josemaría , y muy luminosa debió resultar la experiencia. Porque esa anécdota sería tema frecuente de su oración y de su predicación en los años venideros, e incluso dejaría constancia escrita de ella en varias ocasiones. La primera fue pasado ya mucho tiempo, más de veinte años, en una carta que dirigió a sus hijos. En ella, tras relatar su llegada al Colegio Mayor, refiere :

«En uno de los pasillos encontré un gran letrero, escrito por alguno no conformista, donde se leía: Cada caminante, siga su camino. Quisieron quitarlo, pero yo les detuve: dejadlo -les dije-  , me  gusta: del enemigo, el consejo. Especialmente  desde entonces, esas palabras me han servido muchas veces de motivo de predicación»". [2]

En 1960, mientras predicaba sobre la santificación del trabajo, volvería a recordar el suceso con parecidas palabras: «Por eso, allá por el año 1939, me llamó la atención un letrero que encontré en un edificio, en el que daba un curso de retiro a unos universitarios. Rezaba así: Cada caminante, siga su camino; era un consejo aprovechable». Años más tarde se publicó esa homilía con el título «Trabajo de Dios» [3]; ahí puede leerse esta narración tan estrechamente vinculada a la vida de San Josemaría.

Fin almente , en una meditación que dirigió en marzo de 1963, recordaba de nuevo la misma escena: «El primer curso de retiro que yo prediqué , acabada la guerra civil española, lo di en el Colegio de Burjasot, junto a Valencia. Todavía estaba aquello, como suele decirse, como un cuartel robado: mucho desorden, mucha suciedad, mucha destrucción. Pero omnia in bonum!, porque me encontré con un cartel que me ha servido de motivo de predicación tantas veces. En aquel cartel decía:

  cada caminante, siga su camino». [4]    

 

Por otra parte, muchos de los autores que se han ocupado de su biografía han hecho explícita referencia a ese episodio: desde el primero de ellos (Salvador Bernal, en 1976) [5] hasta uno de los últimos en abarcar con su obra la vida entera del Fundador (Ana Sastre, en 1989) [6]. Dejo al margen las dos últimas semblanzas publicadas, por estar circunscritas a un período histórico que excluye el momento que es­ tamos comentando [7]. Esta coincidencia de los biógrafos refleja un cierto sentir común -no manifestado explícitamente en sus libros- acerca de la importancia de ese hecho en su vida.

A la vista de todo esto, cabe preguntarse: ¿por qué el Fundador concedió tanta importancia a este pequeño suceso? ¿Por qué se la concedieron también sus biógrafos? Para intentar responder a esta pregunta, situándola en su contexto histórico y personal, vamos a analizar tres aspectos relacionados directamente con ese episodio: la paternidad del lema poético, en primer lugar; la experiencia poética y aforística en la predicación de San Josemaría, en segundo lugar; y el significado espiritual que el Beato Josemaría atribuyó a esa frase, por último. La unión de esos tres aspectos nos permitirá un conocimiento cabal del pasaje biográfico que acabamos de relatar. Vayamos con el primero de ellos.

¿Un lema bélico o un verso de Antonio Machado? 

Antes de adentramos en el significado personal de esa frase, será conveniente realizar un somero análisis de su estructura desde el punto de vista histórico-literario. Ello nos permitirá encuadrar históricamente el suceso y -más importante aún- determinar la paternidad de tan significativas palabras.

No hacen falta muchos conocimientos de métrica clásica, para descubrir en el entramado de esos vocablos una estructura nítidamente poética. A pesar de la circunstancia histórica (aparecer en un recinto militar), el texto no puede ser conside­ rado una consigna bélica ni tampoco un eslogan patriótico. Ni por la forma ni por el tema remite a un contexto militar; y tampoco puede considerársele un lema bélico al uso en aquella época: porque las consignas de guerra o los emblemas de las compañías eran, entonces y ahora, de una índole muy distinta.

Por el contrario, si atendemos a su ritmo interno percibimos claramente una estructura que debemos calificar de poética. Existe, en primer lugar, una composición simétrica: dos cláusulas de seis sílabas que bien pudieran ser dos versos. Existe, además, una cadencia de acentos que resulta idéntica para esos dos períodos. Reflejado gráficamente, el esquema sería el siguiente:

 

«Ca-da ca-mi-nan-te.       si-ga su ca-mi-no»

   +  -   -    -    + -       +      +        -

 

Y existe, por último, una repetición sonora de la sílaba «ca» al inicio de las tres palabras fuertes (cada, caminante, camino) que sugiere un esfuerzo deliberadamente poético para crear una reiteración fónica: lo que técnicamente se llama una aliteración.

No debemos dudar, por tanto, de que se trata de un lema poético: tal vez un fragmento de un poema, o simplemente el comienzo del mismo. Pero un texto poético, en definitiva.

Ahora bien, por algunas evidencias históricas y literarias que vamos a exponer a continuación, pensamos que hay indicios más que suficientes como para afirmar que el autor de esos versos era un poeta muy conocido en aquel momento: Antonio Machado.

El punto de partida para sostener esta hipótesis radica en la proximidad física y emocional del poeta de Castilla con el mando militar republicano instalado en el Colegio Mayor San Juan de Ribera, en Burjasot. Pero, para aclarar este punto, será necesario situar los acontecimientos históricos en la vida de Machado; porque sólo así podremos ver con claridad su conexión con Valencia y con el ejército republicano.

En noviembre de 1936, cuando la ofensiva Nacional sobre Madrid empezó a estrechar el cerco, el Gobierno de la II República decidió trasladar a Valencia a los intelectuales más destacados que residían en la capital de España. Entre esos intelectuales, se encontraba Machado y su familia; y el traslado de este grupo (allí estaban también Rafael Alberti, León Felipe, José Moreno Villa, etc.) se encargó al Quinto Regimiento, que entonces comandaba Enrique Líster. El 25 de noviembre, muy de madrugada, la expedición llegó a Valencia y fue instalada en el requisado Hotel Palace, donde había un intenso trajín de viajeros. Ese ajetreo, y el ruido consiguiente, casaba poco con la soledad y la tranquilidad que tanto amaba el poeta; y a los pocos días consiguió la autorización para trasladarse con su madre y sus hermanos a un chalet de Rocafort, a unos doce kilómetros al Norte de Valencia. En esa misma carretera, casi a mitad de camino entre Valencia y Rocafort, está el pueblo de Burjasot: paso obligado para todos los desplazamientos que D. Antonio realizó a la ciudad del Turia;  y que debieron  ser unos cuantos,  pues permaneció en Rocafort

desde diciembre  de 1936 hasta  abril de 1938 [8]. De hecho, uno de los biógrafos de<![if !vml]>

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<![endif]>Machado llega a afirmar que el poeta residió incluso en Burjasot [9].

 

Lo anterior serviría para corroborar su cercanía física al cuartel de Burjasot. Pero ahora debemos decir algo respecto de su cercanía emocional. Ciertamente, Machado sintió una especial deuda de gratitud con el ejército republicano, que facilitó su traslado a Valencia (el suyo y el de toda su familia: diez personas en total) y que además le acomodó tan generosamente en el chalet de Rocafort. Esa gratitud se dirigió, sobre todo, al Quinto Regimiento, del que pensó incluso en escribir una breve historia[10]. De hecho, a su comandante, Enrique Líster, dedicó una carta de agra­ decimiento y un sentido poema que fueron inmediatamente reproducidos en la prensa republicana de la época. Además, publicó algunos de sus trabajos en Milicia popular, la revista del Quinto Regimiento. Y dedicó, en fin , cartas, poemas y artículos periodísticos a los militares más destacados del ejército republicano: sobre todo, a Carlos J. Contreras [11]

En todo caso, no son sólo elementos coincidentales los que nos llevan a supo­ ner la autoría machadiana sobre el lema del cuartel militar de Burjasot: «Cada caminante, siga su camino». Para corroborarlo debemos atender, en primer término, a la importancia que en la poesía de Machado tuvo siempre el motivo del camino: desde su etapa modernista, con la publicación de Soledades (1902), [12] a la etapa noventayochista, con Campos de Castilla (1912), [13] o a la última época de Nuevas Canciones

(1930) [14]. Con todo, el tema del camino resulta un motivo poético especialmente

 

significativo en la colección de «Proverbios y cantares» (1912). Allí encontramos un poema muy conocido de Machado que presenta no pocas similitudes formales con el verso que tanto meditó el Fundador de la Obra. Dice así el poemilla machadiano:

 

Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino. y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino, sino estelas en la mar [15]

 

Tan importante llegará a ser el concepto del camino en su poesía, que a su es­ tudio y análisis dedicarán los investigadores tres largos ensayos, publicados en diversas revistas durante los años sesenta: «El tema del camino en la poesía de Antonio Machado», de F. Ruiz Ramón; [16] «Los caminos de Antonio Machado», de Concha Zardoya [17]; y «Machado en el camino», de Emilio Orozco [18]

Además de esta semejanza formal y temática, está también la costumbre machadiana de escribir versos sueltos. D. Antonio era muy dado a garabatear en un  papel una expresión feliz, de resonancias poéticas, como germen o punto de arranque  para futuros poemas. De hecho, al día siguiente de su fallecimiento en Colliure, se encontró un verso suelto en un papel arrugado que D. Antonio había guardado en el bolsillo de su gabán. Según cuenta su hermano, José Machado, en esa hoja «se recogían las últimas palabras en verso que escribió el  poeta en su  vida: "Estos días azu­  les y este sol de la infancia"» [19]. Probablemente lo escribió la tarde  anterior,  durante un paseo hasta la playa, movido por el recuerdo del mar azul de su infancia con el reflejo del sol mediterráneo de Colliure. Lo importante aquí es que un verso suelto tiene ya valor en sí mismo, como síntesis condensada de todo un  poema. Y, como en la frase que nos ocupa, es también un díptico de claras resonancias aforísticas.

Por otra parte, los poemas de Machado se leían con frecuencia en los frentes, entre las milicias populares, para mostrar el supuesto apoyo de los intelectuales a la causa republicana. Y aquí conviene hacer una precisión. D. Antonio había afirmado repetidas veces su independencia de todo partido político, y muy especialmente de las ideologías marxistas, a las que algunos quisieron vincularle; por eso se permitió declarar en un discurso ante las Juventudes Socialistas: «Desde un punto de vista teórico, yo no soy marxista; no lo he sido nunca y espero no serlo jamás. Entre otras cosas, porque me falta simpatía por la idea central del marxismo: me resisto a creer que el factor económico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el más esen­ cial de la vida humana y el gran motor de la historia» [20]. Sin embargo, Machado se manifestó reiteradas veces a favor de la República; por eso el gobierno republicano quiso utilizar su prestigio como poeta y financió la edición popular de algunos de sus poemas; como, por ejemplo, la colección de prosas y poesías titulada la guerra [21]; o una edición barata de la tierra de Alvargonzález (1938), con destino a los frentes de combate.

Con estos precedentes, no es aventurado suponer que algún mando militar del ejército afincado en Burjasot, en el Colegio Mayor San Juan de Ribera, solicitara de Machado un lema poético para su compañía; o tomara -de algún poema perdido, pues no aparece en sus Obras completas- ese solitario verso de «Cada cami­ nante, siga su camino». De hecho , consta que D. Antonio recibió muchas peticiones de este estilo, como refiere también su hermano José, que fue su compañero fiel durante los años que pasó en Valencia: «Otra tarde unos jóvenes entusiastas fueron a pedirle una poesía para su Asociación. Y entonces les escribió el magnífico himno titulado "¡ Alerta!", la confirmación de un testigo acreditado» [22]

Todas estas reflexiones llegan a su punto culminante con el testimonio fehaciente de alguien que vivió de cerca esos sucesos. Se trata de Francisco Gómez Martínez, oficial del Ejército republicano que, a finales de la contienda estaba bajo las órdenes del General Matallana . Este es su testimonio, dado a conocer por el Prof. José Orlandis en un reciente libro de memorias:

«Algún tiempo después del fallecimiento  del  Fundador  del  Opus Dei, hablaba yo ante un grupo de miembros supernumerarios de la Obra de aquel retiro de Burjasot, cuando, al aludir al detalle del cartel en cuestión, uno de los presentes, que residía en  Lérida,  me  intenumpió  diciendo: "yo  vi  ese cartel,  y  puedo  añadir   que en 1937 todavía no había sido puesto y sí, en cambio, al año siguiente, en 1938". Seguidamente explicó sus afirmaciones, aportando recuerdos personales de primera mano. "Yo -dijo- fui oficial del Ejército republicano durante la Guerra civil, y estuve destinado en la Escuela de Oficiales de Artillería que tenía su sede en Albacete" [23]. En dos ocasiones mis jefes me enviaron por cuestiones de servicio a la Escuela de Oficiales de Estado Mayor de Burjasot, la primera en 1937 y la otra en 1938. La primera vez no estaba el cartel, pero sí la segunda; me llamó la atención y pregunté qué significaba aquello, y uno de los profesores me informó acerca del origen de la máxima y la razón de haberse colocado el cartel. El Coronel Director de la Escuela  se empeñó en que ésta tuviera su propio mote o lema. Dio la coincidencia de que por aquellos días fue a parar a Burjasot, tras haber sido evacuado de Madrid, el poeta Antonio Machado, a quien se le asignó como vivienda un chalet, a muy poca distancia de aquel centro de enseñanza militar. El Director recurrió al ilustre vecino. Machado compuso el lema que le habían pedido, 'Cada caminante siga su camino' , y el Coronel mandó colocarlo en la entrada del edificio". Allí lo encontró todavía el Fundador del Opus Dei, en junio de 1939»"[24].

Esta declaración fue publicada en 1993. Desde entonces -al menos, que yo sepa no se ha vuelto a publicar nada sobre este tema, del que yo tenía alguna noticia desde 1990. En ese año, terminé una larga investigación sobre la obra periodística de Antonio Machado. Fruto de los indicios antes señalados -históricos, biográficos, literarios, etc.- , y con la aparición de varias biografías sobre el Fundador del Opus Dei que abundaban en detalles sobre el cartel de Burjasot, empecé a sospechar que ese lema militar podía haber sido escrito por Machado: un poeta del que terminó interesándome hasta lo más menudo de su biografía. Conocedor oralmente de la historia relatada por Orlandis, todavía sin publicar, realicé mis pesquisas hasta dar con el protagonista del relato. Con los datos que entonces obtuve, y con los que ahora he vuelto a reunir, pude completar su escueto testimonio origina [25].

Francisco Gómez Martínez, que tiene en la actualidad ochenta y seis años, tenía en 1939 la edad de veinticinco años. Militar de profesión, le cayó en suerte luchar en el bando republicano al poco de licenciarse como oficial. Originario de Teruel, su destino durante los tres años de guerra civil se movió fundamentalmente en los alrededores de Valencia. Peleó en la famosa «Línea XYZ», que trataba de frenar el acceso de las tropas nacionales al mar Mediterráneo. Era, por aquel entonces, el Jefe de Artillería del 21º Cuerpo de Ejército.

Cuando, el 25 de julio de 1938, termina la contienda de Levante y los nacionales obtienen su salida al mar, el 21º Cuerpo de Ejército se disuelve y el joven oficial es enviado al Estado Mayor Central, en Valencia, donde el Teniente Coronel Matallana (que Miaja había nombrado Jefe de Estado Mayor el 16 de abril de 1938) coordinaba el Grupo de los cuatro ejércitos de la zona: Levante, Andalucía, Extremadura e Interior. Ese Estado Mayor estaba situado entonces en un cuartel a las afueras de la capital: en la carretera de Valencia a Torrente, cerca de Alacuás, en un caserón denominado estratégicamente como «Posición Pekín». Allí, Francisco Gómez se encarga del Negociado de Artillería e Ingenieros, a la vez que actúa como Ayudante de Matallana para misiones especiales: llevar documentos, servir de enlace con los distintos ejércitos, poner en comunicación a unidades dispersas, etc.

Sus actividades en este campo se multiplicaron en poco tiempo, pues el 16 de agosto de 1938 Manuel Matallana Gómez es ascendido a General. A partir de esa fecha, resultan ya frecuentes sus servicios  como enlace entre distintos  cuarteles  y ejércitos. Y es a partir de entonces, por tanto, cuando hay que situar su primer viaje a la Escuela de Oficiales de Burjasot: aquel en que no recuerda haber visto el cartel en cuestión.

Ya en el año 1939, muy probablemente en el mes de febrero [26], Francisco Gómez es enviado de nuevo a Burjasot para llevar una cartera con documentos. Es en esta segunda vez cuando aprecia algo que, evidentemente, no estaba antes: un cartel de grandes dimensiones (no puede precisar si era una arpillera, un cartel impreso o incluso un típico mosaico levantino), que ocupa un lugar destacado del edificio. Tras preguntar al oficial de la Escuela que le atiende a su llegada, no tarda en hacer­ se con una cumplida explicación de por qué está ahí ese gran cartel. Según recuerda, ese oficial le dijo explícitamente que era de Antonio Machado, quien tenía cierta amistad con el Director de la Escuela: quedaban para tomar café, para charlar sobre diversos temas y, sobre todo, para fumar juntos. Al parecer, esa paternidad machadiana de la frase era conocida por todos los que vivían en el cuartel de Burjasot.

Esto sucedía tan solo unos meses antes -tres ocuatro- de la llegada del Fundador de la Obra a ese Colegio Mayor. en el atardecer del 5 de junio de 1939. Lo demás, aparece ya en el testimonio ofrecido por el profesor Orlandis.

Sí convendría añadir, sin embargo, un último apunte biográfico. Francisco Gómez no tuvo relación con la Obra hasta pasados muchos años. Pero en octubre de 1967, realizó un viaje a Pamplona con unos conocidos para asistir a la II Asamblea General de Amigos de la Universidad de Navarra; y allí conoció al Fundador del Opus Dei. Pudo escuchar la homilía que pronunció en la explanada del campus:

«Amar al mundo apasionadamente», publicada poco después en el volumen Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer (1968). Y se sorprendió al  descubrir la fe de aquel sacerdote, que con tanta fuerza estaba  hablándoles  de libertad, de plu rali smo, de distintas opciones en la vida espiritual;  en  definitiva, de que cada uno siga su propio camino:

«Un hombre sabedor de que el mundo -y no solo el templo- es el lugar de su encuentro con Cristo , ama ese mundo, procura adquirir una buena preparación inte­ lectual y profesion al, va formando -con plena libertad- sus propios criterios (... ). Pero a ese cristiano jamás se le ocurre creer o decir que él baja del templo al mundo para representar a la Iglesia, y que sus soluciones son las soluciones católicas a aquellos problemas(...). Se ve claro que, en este terreno como en todos , no podríais realizar ese programa de vivir santamente la vida ordinaria, si no gozarais de toda la libertad que os reconocen -a la vez- la Iglesia y vuestra dignidad de hombres y de mujeres creados a imagen de Dios. La libertad personal es esencial en la vida cristiana» [27].

Algo de todo lo que oyó en esos días se quedó para siempre en el alma de Francisco Gómez, cuya existencia quedaría muy unida al espíritu del Fundador del Opus Dei a partir de aquella fecha . Por aquel entonces, todavía ignoraba que aquella frase de Machado leída en Burjasot había sido un hallazgo para Monseñor Escrivá, que vio en ella -arropada en términos poéticos- una idea importante para su predicación. Lo supo algún tiempo después, sintiendo la alegría de que treinta y ocho años antes , en los primeros meses de 1939, los dos se habían encontrado con aquel cartel de Machado -«cada caminante, siga su camino»- y los dos se habían sentido impresionados por él.

Se da además el hecho , por una de esas casualidades de la vida, de que en aquella homilía de 1967, Mons. Escrivá de Balaguer citó unos versos de D. Antonio para ilustrar un aspecto de su predica ción. Animaba a sus oyentes a «poner amor en las cosas pequeñas de vuestra jornada habitual, descubriendo ese algo di vino que en los detalles se encierra». Y concluía: «¡Qué bien cuadran aquí aquellos versos del poeta de Castilla! : Despacito y buena letra:/ el hacer las cosas bien/ importa más que el hacerlas» [28].

*  * *

Para terminar este epígrafe, me veo en la obligación de responder a una pregunta más o menos latente que tal vez el lector se haya formulado, y que afecta a la recepción de la frase por parte del Beato Josemaría. Esa pregunta se articula en dos interrogantes. Primero: ¿intuía el Fundador del Opus Dei el origen machadiano de la frase? Y segundo: ¿que le llevó a citar un lema republicano, fuera cual fuera su origen?

Respecto al primero de ellos, podemos asegurar que el Beato Josemaría no sabía quién era el autor de ese lema; como tampoco lo sabían los asistentes al curso de retiro. De no ser así, resultaría extraño que no lo mencionase explícitamente en ninguno de los tres recuerdos que hemos analizado. O, al menos, que no lo indicase veladamente, con una expresión del tipo: «estas palabras de un encumbrado poeta», o algo semejante, como solía hacer en sus escritos [29]. Más bien, lo que se deduce cla­ ramente de los testimonios citados es que lo desconocía por completo; eso, desde luego, es lo que se desprende de su afirmación: «encontré un gran letrero, escrito por alguno no conformista» [30].

Por otra parte, pienso que ahí radica su mayor mérito (al menos , desde un punto de vista literario). Para mí, resulta obvio que en este desconocimiento se manifiesta la sensibilidad poética del Fundador de la Obra: sensibilidad para saber descubrir el arte -la calidad de un cuadro, o de una determinada frase- no donde ya lo esperamos (en la sala de un museo, o en las páginas de un libro de poesía), sino allí donde nada externamente indica su valor. Y en un cartel bélico, poco arte cabía esperar.

La respuesta al segundo interrogante tiene como referente un rasgo muy propio de la personalidad de San Josemaría; y es su enorme apertura de mente para descubrir las cosas buenas que puede haber en personas e instituciones, incluso alejadas de Dios; en definitiva, su facilidad para descubrir una idea positiva o aceptar un buen consejo, sin prejuzgar la calidad personal de su interlocutor. Es lo que la sabiduría popular ha sintetizado en ese dicho («del enemigo, el consejo») que el propio Fundador empleó para aceptar el mensaje de Burjasot: «Quisieron quitarlo, pero yo les detuve: dejadlo -les dije-, me gusta: del enemigo, el consejo» [31].

En este caso, los asistentes al curso de reti ro, o al menos algunos de ellos pudieron ver como enemigo a un ejército que en muchos lugares había actuado contra la religión y contra la Iglesia. Y por eso querían arrancar ese lema, sin atender a su contenido: simplemente, por venir de quienes venía. Pero el Beato Josemaría supo ver más allá de la etiqueta persona [32], para descubrir la hondura de ese acendrado pensamiento, independientemente de su procedencia. Y no aprobó nada de la furia anticatólica -y todo, en cambio, de la sabiduría del lema- cuando detuvo a los que querían arrancar ese cartel, sin haberlo leído apenas.

No sería ésta una ocasión aislada en su vida. Muchas otras anécdotas podrían citarse también para mostrar esa apertura a lo positivo de otras personas o formas de entender la vida, por alejadas de Dios que estuvieran. Entre todas ellas, tal vez la más significativa para nuestro trabajo -por su enorme semejanza con el suceso de Burjasot- sería aquel pasaje que relata Vázquez de Prada:

«Un día de octubre de 1963 vio pegado a un muro de Roma un cartel de propaganda del partido comunista. Decía: -Riova la tua tessera e porta un altro compagno- (Renueva tu carnet y tráete a otro compañero). E inmediatamente lo llevaría a examen. Era una llamada de renovación interior; un acicate para el apostolado» [33].

Alfonso Méndiz Noguera, en dadun.unav.edu/

 

Notas:

 

1  Cfr. los testimonios escritos de Amadeo de Fuenmayor (Archivo General de la Prelatura Opus Dei, Registro Histórico del Fundador [AGP, RHF], T-02769), Roberto Moroder (AGP. RHF. D-12799) y Carlos Yerdú (AGP, RHF. T-07805). Esos testimonios coinciden en relatar la escena que acabamos de describir: muy especialmente, el hallazgo del cartel. Aunque no hay unanimidad acerca del lugar concreto en el que se encontraba: dentro de la casa, refiere uno; en el vestíbulo. cerca de la entrada. señala otro: en el patio interior. encima de una puerta de acceso, según el te rcero. El Fundador de la Obra dejó escrito que lo vio encima de una puerta. El pasaje ha sido también relatado en diferentes obras publica­ das. Entre otras. cfr. A. SASTRE. Tiempo de camina,: Semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer. Rialp, Madrid 1989.

JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER. Carta 9 de enero de 1959nº 35.

3  «Trabajo de Dios». Amigos de Dios. nº 59 (Rialp. Madrid 1977: 25ª edición española: 1999. p. 104 ).

4 Meditación, 6.111.1963.

5    S. BERNAL , Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei , Rialp, Madrid 1976. p. 204. Este auto r, además, tituló significativamente con las  palabras  «Cada caminante  siga su camino»  un  epígrafe del capítulo quinto, que recoge la época de la postguerra.

6    A. SASTRE, Tiempo de caminar pp. 251-258. También ella empleó ese lema como título de un epígrafe de su biografía.

7   El libro de Pilar URBANO (El hombre de Villa Tevere, Rialp. Madrid 1995) recoge tan sólo los años romanos del Beato Josemaría: desde 1946 a 1975. Y el primer volumen de la biografía de Andrés VÁZQUEZ DE PRADA (El Fundador del Opus Dei, Rialp. Madrid 199 7. tomo 1) se detiene en el año 1936. Su anterior semblanza (titulada también El Fundador del Opus Dei . Rialp, Madrid 1983) refleja con cierta extensión este pasaje en la página 202.

8  Monique Alonso documenta cinco salidas destacadas a Valencia: generalmente. para pronunciar discursos o conferencias (Amonio Machado, poeta en el exilio. Anthropos, Barcelona 1985. pp. 53-63). Pero su hermano José Machado testimonia que. de vez en cuando. iba a Valencia para comprar libros (Últimas soledades del poeta Amonio Machado, Forma Ediciones, Madrid 1977, p. 204).

9    M. TuÑóN DE LARA, Antonio Machado , poeta del pueblo, Taurus, Madrid 1997. p. 319.

10  O. Enrique Castro. comandante-jefe del Regimie nto, recuerda que su comisario político le dijo un día: «No te olvides de que Machado quiere ser el historiador del Quinto Regimiento» (E. CASTRO. Hombres made in Moscú. p. 617: cit. en M. ALONSO, Amonio Machado. poeta en el exilio p. 283).

11   Cfr. ALFONSO MÉNDIZ. Antonio Machado periodista. EUNSA, Pamplona 1996 ; para este punto. tiene particular interés el epígrafe «Antonio Machado y las publicaciones del 5º Regimiento» (pp. 354 SS) .

12  Ahí se publicaron. entre otros poemas: «He andado muchos caminos» (11). «Yo voy soñando ca­ minos/ de la tarde » (XI) o el que tituló expresamente «Del Camino» (XXI).

13  La serie «Campos de Soria» (CXIII). por ejemp lo . abunda en alusiones a los caminos del paisa­ je. Otro poema es titulado también «Caminos» (CXVIII). Y la figura del caminante se hace presente con fuerza en «La tierra de Alvargonzález» (CXIV).

14  Merece ser destacada, en este volumen, la presencia del camino en la colección de «Sonetos» (CLXV): «Tuvo mi corazón. encrucijada/ de cien caminos...» ( I l. «Verás la maravilla del camino/ ca­ mino de soñada Compostela» (2) .

15  Campos de Castilla. «Proverbios y cantares» (CXXXVI). nº XXIX.

16  Cuadernos Hispanoamericanos, t. LI, nº 151, julio de 1962, pp. 52-76.

17  La forre, Revista general de la Universidad de Puerto Rico. nº 45-46. enero-julio de 1964.

18  Tesis doctoral inédita. Universidad de Granada. 1962.

19  José MACHADO.  Últimas soledades del  poeta Amonio Machado p. 237.

20  A. MACHADO. Poesía y Prosa (ed. de O. Ma crí). Espasa Cal pe. Madrid 1988 . t. IV. p. 2.191.

21  A. MACHADO. La guerra ( / 936-/ 937). Espasa Calpe. Madrid 1937. 115 p.

22  J. MACHADO. Últimas soledades del poeta Amonio Machado           p. 202.

23  Según he podido contrastar con el protagonista de este relato nunca estuvo en Albacete. Sí en Almansa y en Larca, donde se licenció como oficial y empezó su carrera militar; pero no durante la guerra, que pasó íntegramente en Valencia y alrededores.

24  José ORLANDIS, Años de Juventud en el Opus Dei, Rialp, Madrid 1993, pp. 43-44.

25Cfr. entrevistas con D. Francisco Gómez Martínez, mantenidas el 19 de octubre de 1990 y el 21 y 25 de noviembre de 1999. Cfr. también su declaración testimonial (AGP, RHF. T-1 2942). que data del 12 de septiembre de 1989.

26  El 8 de febrero el General Matallana es ascendido a Jefe del Grupo de Ejércitos de la Región Central.

27  «Amar al mundo apasionadamente». en Conversaciones. nº 116-117.

28  Ibídem . nº 116 : la cita es de A. MACHADO. Proverbios y Cantares (CL XI ). nº XXIV. en Nue vas Canciones. Madrid 1930.

29  Siempre que -en sus textos u homilías- incluyó una cita poética. lo señaló explícitamente. Y. como hemos tenido ocasión de ver. cuando citó unos versos de Machado en la homilía de la Universidad de Navarra. incluyó una clara alusión identificatoria: «¡Qué bien cuadran aquí aquellos versos del poeta de Castilla!» (cfr. «Amar al mundo apasionadamente». Conversaciones. nº 116).

30  JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Carta 9 de enem de 1959. nº 35.

31  Ibídem.

32  De hecho. en otros momentos de su vida citó expresamente a Machado.

33  A. VÁZQUEZ DE PRADA, El Fundador del Opus Dei 1983. p. 420. Cfr.: Artículos del Pomtiador, nº 273

 

 

 

Necesitamos volver al espíritu de la Iglesia primitiva

 

VOLVER A LA IGLESIA PRIMITIVA

Cuando surgen las dificultades, las dudas y las incertidumbres en la fe, debemos volver al origen. Esto es lo que tenemos que hacer cuando nos planteamos los objetivos (misión) de nuestra comunidad cristiana: echar la mirada atrás a las primeras comunidades de la Iglesia primitiva (visión).

 

El Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los apóstoles, nos da una idea de cómo los primeros cristianos comenzaron a proclamar el Evangelio, lo que hacían y nos muestra numerosos rasgos esenciales de la Iglesia de Cristo que debemos imitar:

 

Llenarse de Espíritu Santo

“Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.” (Hechos 2, 3-4 ).

Los cristianos no sólo hablamos de Dios; le experimentamos. Esto es lo que hace que la iglesia sea diferente de cualquier otra organización en el planeta: que tenemos el Espíritu Santo.

 

Nuestro gobierno no tiene el Espíritu Santo. Las ONGs no tienen al Espíritu Santo. Ninguna otra organización tiene el poder de Dios en ella. Dios prometió su Espíritu para ayudar a su Iglesia. La Iglesia tiene y se llena del poder de Dios.

 

Cuando se refiere a “hablar en lenguas extrañas” quiere decir hablar en el idioma de quienes nos escuchan. La gente realmente escuchaba a los primeros cristianos hablar en sus propios idiomas, ya fuese en farsi, en swahili, en griego o lo que fuera. 

 

El Plan de Dios es para todos. No es sólo para los judíos. Pero no sólo se refiere a idiomas de sus países de origen sino a hablar en el lenguaje que cada persona entiende. ¿Estamos usando otros “lenguajes” para llegar a la gente? 

 

Utilizar los dones de todos 

“Entonces Pedro, en pie con los once, les dirigió en voz alta estas palabras: “Judíos y habitantes todos de Jerusalén: percataos bien de esto y prestad atención a mis palabras. …Y haré aparecer señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. …Pero el que invoque el nombre del Señor se salvará” (Hechos 2, 14, 19, 21)

 

En la iglesia inicial no había espectadores; el 100% de las personas participaban en proclamar el Evangelio de Jesús. Y, aunque igual que entonces, no todos estamos llamados a ser sacerdotes, todos estamos llamados a servir a Dios. Por tanto, debemos esforzarnos para que todos participen. La pasividad no es una opción. Si alguien quiere sentarse y ser servidos por los demás, que busquen otro sitio. 

 

Ofrecer una verdad que transforma

La iglesia primitiva no ofrecía una nueva psicología, ni un moralismo cómodo, ni una espiritualidad agradable. Ofrecía la verdad del Evangelio que tiene el poder de cambiar vidas. Ningún otro mensaje transforma vidas. Cuando la verdad de Dios entra en nosotros, es cuando nos transformamos. 

 

En Hechos 2, Pedro dio el primer sermón cristiano, citando el libro de Joel del Antiguo Testamento y afirmando que la iglesia primitiva se dedicó a la “enseñanza de los apóstoles”.

 

Crear comunidad

“Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la unión fraterna, en partir el pan y en las oraciones.” (Hechos 2, 42). 

 

En la iglesia del primer siglo, los cristianos se amaban y cuidaban unos a otros. La iglesia no es un negocio, ni una ONG ni un club social. La Iglesia es una familia. Para que nosotros experimentemos el poder del Espíritu Santo como en la Iglesia primitiva, tenemos que convertirnos en la familia que ellos eran.

 

Vivir la Eucaristía

“Todos los días acudían juntos al templo, partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2, 46). 

 

Cuando la Iglesia primitiva se reunía celebraban la Eucaristía, conmemorando la última cena “con alegría y sencillez de corazón”. Debemos entender y enseñar que la Eucaristía es una celebración. Es un festival, no un funeral. Es el banquete de Dios. Cuando la Eucaristía es alegre (y litúrgicamente rigurosa), la gente quiere estar allí porque buscan alegría.

 

¿Crees que si nuestras iglesias estuvieran llenas de corazones alegres, de palabras alegres y de vidas llenas de esperanza, atraeríamos a los alejados? 

 

Compartir según la necesidad

“Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían las posesiones y haciendas, y las distribuían entre todos, según la necesidad de cada uno.”(Hechos 2, 44-45). 

La Biblia nos enseña a hacer generosos sacrificios por el bien del Evangelio. 

Los cristianos durante el Imperio Romano fueron la gente más generosa del imperio y eran famosos por su desprendimiento. 

Literalmente lo compartían todo, “según la necesidad de cada uno”. Incluso la vida. Muchos murieron por la fe en el Coliseo romano.

 

Crecer exponencialmente

“Alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. El Señor añadía cada día al grupo a todos los que entraban por el camino de la salvación.” (Hechos 2,47). 

 

Cuando nuestras iglesias demuestran las primeras seis características de la iglesia primitiva, el crecimiento es automático. La gente veía a los primeros cristianos como extraños, pero les gustaba lo que éstos hacían.

 

Veían el amor que se tenían los unos por los otros, los milagros que ocurrían delante de ellos y la alegría que irradiaban. Querían lo que los cristianos tenían. Y la Iglesia crecía exponencialmente

 

Por Primeros Cristianos|2021-09-07T20:02:55+02:007 septiembre, 2021|Temas de ActualidadDESTACADOS|

 

 

 

Rescatar el Espíritu Olímpico

Escrito por Mario Arroyo.

El mensaje que transmiten las olimpiadas empata bastante bien con el ideal cristiano de unidad y de paz.

San Pablo conoció el espíritu olímpico, y se sirvió de él para transmitir el mensaje cristiano. Nos dice en la Primera Epístola a los Corintios: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio? ¡Corred de tal manera que lo consigáis!” (1 Cor 9, 24). ¿No encontramos ahí un eco de aquel altius fortius citius (más alto, más fuerte, más rápido) propio de las olimpiadas? No es descabellado pensar que San Pablo haya tenido presente el espíritu olímpico original, pues en su época todavía se desarrollaban estos certámenes en Olimpia, Grecia.

En realidad, el espíritu deportivo es un componente esencial de la vida, pues nos impulsa a no desanimarnos, a seguir intentándolo una y otra vez, a superar nuestras propias metas. Dicha actitud es fundamental en la vida cristiana y por ello la menciona San Pablo. Las olimpiadas nos ofrecen una buena ocasión para reflexionar sobre el carácter deportivo, podríamos llamarle, de la existencia humana. En efecto, se puede ver la vida, como una continua carrera, en donde debemos sortear obstáculos, y aprender a ganar, pero también a perder y a competir. Por todo lo anterior, podríamos decir que las olimpiadas son una especie de metáfora de la vida, donde vemos compitiendo a los atletas de más alto rendimiento, en un clima de compañerismo y respeto.

Por ello no debemos permitir que se conviertan los juegos olímpicos en comidilla de pequeños escándalos. No sería justo desviar la atención de lo esencial: el ímprobo esfuerzo realizado por tantos atletas, para quedarnos con chismes de lavadero o anécdotas menos edificantes de algunos de los contendientes. Cuando el centro de la atención no son las competencias, sino si el equipo de softball mexicano tiró a la basura sus uniformes, o si determinada atleta no se considera psíquicamente estable para competir (Simone Biles), o si determinado entrenador hizo un comentario racista (Patrick Moster), estamos dándole un protagonismo inmerecido a elementos secundarios. Convertimos el escándalo en protagonista, olvidando el gran esfuerzo que hacen la mayoría de los contendientes.

El peligro está ahí: convertir una realidad edificante, como pueden ser las competencias olímpicas, en un reality show pleno de escándalos baratos. Dicha actitud no suma, sino que, por el contrario, contribuye a construir una imagen pesimista y negativa del hombre. Muchas veces los medios se aprovechan de esa inclinación al morbo, propia de los bajos fondos de la naturaleza humana, y cuando cede a esta tentación, le hace un flaco favor a la sociedad. Por contrapartida podría, en cambio, poner la lente de aumento en tantas historias de superación, tantos ejemplos de vida que nos ofrecen los deportistas. Se trataría, simplemente de elegir otro lente, un ángulo diverso para cubrir la misma realidad. Si consiguen hacerlo, es decir, desprenderse de la inclinación al escándalo, pueden realizar un importante papel humano y educativo en el seno de la sociedad, mostrando cómo la lucha y el esfuerzo alcanzan su recompensa.

En efecto, todos sabemos que, para muchos atletas, el sólo hecho de haber calificado a las olimpiadas, ya es una ganancia. Ya supone formar parte del selecto grupo de los mejores deportistas del mundo. ¿Cómo han llegado ahí? Es siempre interesante y muchas veces edificante saberlo. Quizá sea la pista que debieran privilegiar los medios de comunicación.

Por otra parte, el mensaje que transmiten las olimpiadas empata bastante bien con el ideal cristiano de unidad y de paz. Podemos competir –jugar, al fin y al cabo- con hermanos nuestros de otros países y rescatar un ideal de unidad en la diferencia. El lenguaje de la competencia y del deporte suprime la babel de los diferentes idiomas y las distintas culturas. Por ello es necesario rescatar y promover el auténtico espíritu olímpico, como una especie de ensayo en la forma de relacionarnos entre las personas y entre los países. En este sentido, también empata bastante el espíritu olímpico con el ideal cristiano, no en vano el Barón de Coubertin tomó el lema olímpico del P. Henri Didon O.P., y desde siempre el deporte ha formado una parte importante de la pedagogía y de la espiritualidad católicas, prácticamente desde San Pablo.

 

 

Si los hombres se alejan de Dios, se corrompen las costumbres y decae la civilización

 

El Papa León XIII enseña que la ruptura del vínculo del hombre con Dios lleva a la disolución de la sociedad y a la intervención abusiva del Estado en la familia.

La Humanidad se encuentra hoy en una situación análoga a la del hijo pródigo de la parábola de Nuestro Señor Jesucristo

 

“Cuando se rompe el vínculo que une al hombre con Dios, legislador absoluto y universal, no resta sino la miseria moral puramente civil, es decir, independiente, que, prescindiendo de la razón eterna y de los preceptos divinos, lleva inevitablemente por su propia tendencia, a la última y fatal consecuencia de constituirse el hombre como ley para sí mismo.

“Se torna, entonces, incapaz de elevarse con las alas de la esperanza cristiana a los bienes supremos, buscando sólo un alimento terreno en la suma de gozos y bienes de esta vida, aumentando la sed de placeres, la codicia de la riqueza, la avidez de rápidos y excesivos beneficios, sin respeto por la justicia; inflamando la ambición de satisfacerlas, incluso legítimamente; generando, por fin, además del desprecio de la ley y de la autoridad pública, una licencia general de las costumbres, lo que acarrea la verdadera decadencia de la civilización. (…)

 

¿Por qué el Estado no puede sustituir a la familia?

 

“De ahí proceden todos los graves perjuicios que ha sufrido en todas las partes el cuerpo social, comenzando por la familia. Porque el Estado laico, sin guardar los límites ni la finalidad esencial de su poder, extiende la mano para romper el vínculo matrimonial, lo despoja de su carácter sagrado, invade, cuanto sea posible, los derechos naturales de los padres en la educación de la prole, y subvierte también la estabilidad del matrimonio, sancionando con la ley la desastrosa licencia del divorcio.”

 

(Papa León XIII, Parvenu à la Vingt-Cinquième Année, del 19  de Marzo de 1902, n. 37, Voces, Petrópolis, 1952, 2ª. ed., pp. 10-11).

 

 

Septiembre y sus fiestas patronales de la Virgen

Septiembre, para bastantes españoles, es todavía un tiempo de vacaciones; normalmente,  hasta mediados de septiembre. El 8,  la Iglesia celebra la Natividad ( nacimiento) de la Virgen María, cuya fiesta se remonta al siglo VI en Oriente y al VII en Occidente. Hay otras fiestas marianas en este mes de inicio de curso escolar y de reanudación de las tareas laborales: El Dulce Nombre de María ( 12 de septiembre), Nuestra Señora de los Dolores ( 15 de septiembre), Nuestra Señora de la Merced ( La Mercé, 24 de septiembre, fiesta mayor de Barcelona).

Algunas Comunidades Autónomas, el 8 de septiembre, coincidiendo con la Natividad de la Virgen, celebran su fiesta regional: la Virgen de Guadalupe  en Extremadura (festejan su onomástica muchas extremeñas),  la Virgen de Covadonga, en Asturias. Decenas de municipios en España, con nombres diversos para la Virgen, tienen, el 8 de septiembre, su fiesta local; por ejemplo,  Nuestra Señora de San Lorenzo en Valladolid, Patrona y Alcaldesa Perpetua de esta ciudad.

Se cumplió la profecía de María en su vista a su prima Isabel: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones, porque el Señor hizo cosas grandes en Mí”  (Magnífica). La devoción a la Santísima Virgen está extendida por el Orbe cristiano: católicos, ortodoxos y anglicanos aclaman a Santa María, la Virgen Madre de Dios, y la veneran con mucho amor. Ella es Reina de Cielos y Tierra, Consoladora de los afligidos,  Protectora de   navegantes y Reina de la Paz. Bajo su Amparo nos acogemos y le pedimos que nos defienda del enemigo, del demonio , que es nuestro principal enemigo, siempre dispuesto a perdernos con engaños; pero la Virgen Inmaculada  le pisa el calcañal.  Sin Ella, ninguno escapa del Maligno. San Bernardo de Claraval decía: “ en las tentaciones, mira la Estrella, invoca a María”. El Venerable Padre Tomás Morales animaba desde su experiencia: “La Inmaculada nunca falla”.  Para ir a Jesús, el camino más corto y seguro es su Madre. De ahí, el lema “ A Jesús por María. 

Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Debemos acudir a la Virgen. En estos tiempos de epidemias y demás que se avecinan, es muy importante tenerle devoción y consagrarnos a Ella. A Sor Lucía de Fátima le anunció pruebas muy duras si los hombres no dejaban de ofender a Dios, y se cumplieron ( guerra mundial…). Antes de morir, Santa Jacinta le hizo estas recomendaciones a su prima Lucía:  “A mí me queda poco tiempo para ir al Cielo, pero tú te vas a quedar aquí abajo para dar a conocer la devoción al Corazón Inmaculado de María. Dile a todo el mundo que Dios nos concede las gracias por medio del Corazón Inmaculado de María; que se las pidan a Ella; que el Corazón de Jesús quiere que se venere a su lado al Corazón Inmaculado de María; que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María”. Esta frase de la Virgen en Fátima, nos llena de confianza:  “Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Josefa Romo Garlito

 

La vid, la uva y el vino

Quiero recordar al iniciar este escrito que el cultivo de la vid para la producción de vino es una de las actividades más antiguas de la civilización, se cultivaba en la región de Egipto y Asia Menor durante el período Neolítico, al mismo tiempo que la humanidad asentada en poblados permanentes, comenzó a cultivar alimentos y a criar ganado además de producir cerámica.

Las uvas, fruto de la vid, pueden ser de color rojo, azul oscuro, amarillo, verde y rosa. Las “uvas blancas” son naturalmente de color verde y se derivan evolutivamente de la uva morada. Las mutaciones en dos genes reguladores en las uvas blancas inactivan la producción de antocianinas, que son responsables del color púrpura de estas frutas. Estas sustancias junto con otros polifenoles son responsables de los distintos tonos, que van desde el púrpura al rojo rubí.

Tengamos en cuenta que las uvas, además de contener agua y glucosa, son ricas en antioxidantes y fibras y se pueden comer con piel y semillas. Los minerales como calcio, hierro, magnesio, manganeso, potasio, sodio, fósforo, zinc y flúor; las vitaminas C, E y del complejo B tales como Tiamina (B1), Riboflavina (B2), Niacina (B3), Ácido pantoténico (B5), Ácido fólico (B9) y la Colina (amina que se encuentra en los lípidos presentes en la membrana celular y en el neurotransmisor acetilcolina) presentes en estas frutas ayudan a asegurar el correcto metabolismo del organismo, ayudando inclusive a mejorar las funciones cerebrales como por ejemplo la capacidad de memoria.

Durante las últimas décadas, las proantocianidinas, con alto poder antioxidante, están atrayendo la atención no solo de la industria alimentaria sino también de las organizaciones de salud pública debido a sus beneficios para la salud. Es bien sabido que las uvas son una buena fuente de estas sustancias y, por esa razón, la industria también se centra en la identificación de subproductos de la uva y la evaluación de su bioactividad.

El extracto de semillas de uva es una rica fuente de estos compuestos principalmente de catequina, epicatequina y también ácido gálico, que presentan impacto en las enfermedades crónicas consecuencia del estrés oxidativo, de la inflamación y de los trastornos relacionados con el síndrome metabólico, la obesidad, la diabetes y los problemas cardiovasculares.

Los compuestos fenólicos se encuentran entre los factores de calidad más importantes de los vinos. Contribuyen a las características organolépticas del vino como el color, la astringencia y el amargor. Aunque los taninos (de estructura química polifenólica) que se encuentran en el vino pueden provenir de fuentes microbianas y/o del roble de los barriles que lo contiene, las principales fuentes son las pieles y semillas de la uva.

Éstos, junto con compuestos flavonoides y estilbenos (hidrocarburos aromáticos) que se encuentran en los frutos, semillas, tallos, piel y orujos de las uvas, poseen efectos farmacológicos que incluyen la protección de la piel, actividades antioxidantes, antibacterianas, anticancerígenas, antiinflamatorias y antidiabéticas, así como efectos hepatoprotectores, cardioprotectores y neuroprotectores.

El resveratrol es un polifenol que se puede encontrar principalmente en las semillas de uva, en la piel de las uvas oscuras (uva negra) y, como consecuencia, en el vino tinto.

Por supuesto, cuanto más intenso sea el color, ya sea vino o uva, mayor será su contenido de polifenoles.

Ciertos estudios parecen indicar un efecto beneficioso del resveratrol en la prevención del cáncer debido a su capacidad para contener la proliferación de células tumorales, a través de la inhibición de proteínas que intervienen en la regulación de la división celular.

Me parece importante considerar la gran importancia que tiene el cultivo de la vid (viña) por el valor y los beneficios que comportan el consumo de sus frutos (la uva) y los productos obtenidos tras la fermentación de los jugos que esta produce, el vino.

Jesús Domingo

 

Son una lección y un acicate

Hay que dar asilo a las decenas de miles de afganos que huyen? Si. Pero también ayudar a esas mujeres afganas admirables que se están jugando la vida sin huir del país, porque valoran más hablar que vivir.

No sé, nadie lo sabe, cómo va a evolucionar la situación en Afganistán. Por supuesto, los permanentemente pragmáticos y pesimistas se abonan a que, en unas pocas semanas, nos habremos olvidado de todo lo que aquí escribo.

Los talibanes aparentan ahora cierto respeto. Irá a más o a menos según la reacción de los afganos, y en especial de las mujeres, y de la esfera internacional. Abonarse al fatalismo como síntoma de inteligencia ante cualquier parcela de la vida supone no confiar en que hay fuerzas en los hombres que pueden movilizar muchas energías, y que la libertad y la dignidad han dado muestras en la Historia – y ahora – de estar por encima de la vida.

Muchos murieron por la libertad y facilitaron la caída del comunismo, derribaron muros intelectuales y morales antes de que cayeran los muros de hormigón. Muchos han sufrido martirio por su fe, y siguen sufriendo en no pocos países en la actualidad, por anteponer la fe, la libertad y la dignidad a la propia vida.

Unas mujeres afganas que prefieren morir antes que callar son una lección y un acicate para una sociedad utilitarista y adormecida. Es indigno que nosotros callemos.

Juan García. 

 

Aplicar la ley

El problema de los menores llegados a Ceuta en pleno fragor de la crisis diplomática entre España y Marruecos, se ha convertido en un rompecabezas para el Gobierno que, finalmente, ha obligado al propio Sánchez a intervenir personalmente, junto al presidente de la ciudad autónoma. La solución que ambos encontraron en la en su encuentro en La Moncloa de finales de agosto, después de un nuevo varapalo judicial, es algo tan simple como cumplir la ley. De esta manera, el presidente del Gobierno ha venido a desautorizar a su ministro del Interior, Grande Marlaska al reconocer explícitamente que estaba aplicando una vía de escape, a todas luces ilegal, para forzar la repatriación de esos centenares de menores no acompañados, al margen de todas las garantías recogidas por la Ley de Extranjería, del respeto a los Derechos Humanos y de la legislación internacional. El problema continua.

Domingo Martínez Madrid

 

Hombre y mujer los creó

La editorial Didaskalos ha editado una meditación de San Juan Pablo II guardada en el Vaticano hasta el 2006, pero escrita, en polaco, en 1994, titulada “Meditación sobre el don”, que trata uno de esos temas favoritos del Papa santo que tanto nos ayudan a pensar en lo esencial. La dignidad de la persona, hombre y mujer, pero con cierto hincapié respecto a la mujer, quizá por la tendencia que se veía venir del feminismo absurdo de nuestro tiempo.

“El balance general de la civilización humana sigue siendo positivo. Es un balance que crean pocas personas, pero que son los grandes genios y los santos. Todos ellos son testigos de cómo romper el círculo de la mediocridad, y de manera particular cómo vencer el mal con el bien, cómo encontrar el bien y la belleza, a pesar de todas las degradaciones que padece la civilización humana. Tal como se ve, ese umbral en el que tropieza el ser humano no es infranqueable. Tan solo hay que tener conciencia de que existe y valor para superarlo constantemente”.

Estas palabras del Papa polaco podrían sonar demasiado optimistas. Aunque, ciertamente, escribía a finales del siglo pasado. Aún así conviene tener presente esa advertencia: “Es un balance que crean pocas personas (…) lo genios y los santos”. Los santos nos enseñan a salir de la mediocridad. El balance sigue siendo positivo, quizá podemos decir aún hoy, gracias a que hay santos, gracias a que hay valientes que todavía defienden la dignidad del hombre y de la mujer.

En el comentario previo de Stanislaw Grygiel podemos leer, como atribuidas al Papa estas palabras: “El hombre que habita en la experiencia moral de la persona humana regresa continuamente al Principio, es decir, al acto de la creación. Es en este camino donde puede renacer”. Solo en la medida en que volvemos a la creación, en la medida en que la persona es consciente de su origen, puede tener claro el sentido de su vida y, por lo tanto, su dignidad.

Jesús Martínez Madrid

 

Suicidios en España tema oculto por el gobierno

            Saco a colación este “temido tema”, tras las últimas órdenes gubernativas de seguir manteniendo a los españoles, “en régimen carcelario” por motivos del “virus chino”, y sobre las cuales se han rebelado ya cinco gobiernos autonómicos y seguro que la mayor parte de España, que estamos hastiados de, “bozales mascarilleros y tantas otras medidas que a la vista está, no han logrado controlar los efectos virales, que dicho sea de paso, no son tan graves como nos los pintaron; puesto que al que gobierna, le interesa el miedo y el terror, como arma de gobierno y lo mantendrá todo el tiempo que pueda y más, el indeseable gobierno que padecemos, que se sostiene, por claros enemigos de España, que con sus votos y connivencia del promotor, lo mantienen”.

            Los datos que he encontrado sobre los suicidios en España, son los que siguen

“La Asociación Madrileña de Ayuda e Investigación del Trastorno Limite de la Personalidad (AMAI-TLP) ha elaborado un informe acerca de la crisis que sufre la atención a la salud mental en el marco de la situación del coronavirus. La falta de medios y la negativa a ingresar pacientes por parte de las autoridades sanitarias tiene como consecuencia "un agravamiento sintomático de algunas patologías que ha supuesto un retroceso en el proceso de terapia y un aumento de autolesiones, intentos de suicidio y crisis de angustia", según el informe. El confinamiento, la desescalada y la nueva normalidad son situaciones que generan diversos problemas a las personas con complicaciones en su salud mental. Esto sumado al seguimiento farmacológico deficiente y a la drástica reducción de los tratamientos de psicoterapia y a nivel de grupos, ha supuesto la ecuación idónea para empeorar el estado de los pacientes de manera acusada. "Tener que volver a la extraña normalidad en la que estamos les está costando muchísimo, el número de intentos de suicidio está aumentando horriblemente y muchos se llegan a consumar", explica Ana Cabadas, psicóloga sanitaria en AMAI-TLP a 20Minutos. "Los pacientes con enfermedades mentales no tienen prioridad, la tienen los de coronavirus así que no se les ingresa, se les intenta contener con medicación pero muchas veces no es suficiente".
Gravísimo impacto en las familias

La situación de los pacientes no solo tiene un fuerte impacto en sus propias vidas, sino también en las de aquellos con los que conviven. La problemática ha sido especialmente dura en el confinamiento, ya que las condiciones decretadas de no poder salir de casa fueron muy lesivas para las personas con este tipo de patologías y sus familiares”. https://niunpasoatras.foroactivo.com/t17858-cada-vez-mas-suicidios-en-espana

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Se confirma lo que he venido afirmando en mis escritos, todos aquí publicados:

"EL REMEDIO ES PEOR QUE LA ENFERMEDAD" y a la vista está lo que se viene publicando. ¡Ya está bien de MASCARILLAS-BOZALES Y RESTRICCIÓN DE LIBERTAD LÓGICA!, Y SI HAY QUE CONTROLAR BOTELLONES Y OTRAS BARBARIDADES QUE DE SIEMPRE HA HABIDO Y HAY, ¡HAGASE CON TODA LA DUREZA POSIBLE! PERO EL RESTO DE LA POBLACIÓN NO PUEDE PAGAR LO QUE HACEN ESTOS GILIPOLLAS.

SUICIDIOS ESPAÑA 2018

Cada día se suicidan 10 personas en España

“Los últimos datos publicados indican que a lo largo de 2018 se registraron 3.539 suicidios en España. En este último año se quitaron la vida 141 personas menos que en 2017. Esto significa que en España se suicidan 10 personas de media cada día.

La tasa de suicidios en España es de 7,49 por cada 100.000 habitantes, menor que la media de suicidios a nivel mundial, que es de 9,45 por cada 100.000 habitantes. https://datosmacro.expansion.com/demografia/mortalidad/causas-muerte/suicidio/espana

1975

mujeres 355

Hombres 1.011

Total 1.366

     

Desde el año 2008, y debido al descenso de las muertes en carretera, el suicidio ha pasado a constituir la primera causa de muerte violenta -o externa- en España, por delante de los accidentes de tráfico. (Wiquipedia)

En el mundo, según la OMS, 800.000 personas se quitan la vida al año y otras miles lo intentan”.

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            Tras la invasión del “Virus Chino”; no he encontrado datos publicados en prensa, parece ser que hay, “un pacto secreto” de no publicar suicidios, supongo pues que es para no alarmar a la gente; puesto que tras de ello, no intuyo nada más que a un culpable, “el gobierno o los gobiernos de España”; pero vean la cifra que se dan de suicidios en 1975 (que es el año en que “muere el sistema franquista y se inicia el que dicen es período democrático y de “progreso”; y juzguen ustedes que me leen, sobre la brutal diferencia que hay al 2018; y cada cual que saque las conclusiones que estime oportuno; para mí es “clara decadencia y desesperación del habitante de este desgraciado país”; ¿el porqué de ello? Que nos lo digan y aclaren los que dicen gobernar o haber gobernado España.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)