Las Noticias de hoy 22 Enero 2020

Enviado por adminideas el Mié, 22/01/2020 - 13:24
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 22 de enero de 2020       

 Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Santa Marta: “La humildad de custodiar” la unción gratuita de Dios

Foro Económico Mundial: Francisco exhorta a «situar a la persona en el centro de la política»

Rabino David Rosen: El Papa afirma que todas las diferencias religiosas «se deben subordinar a nuestra humanidad»

VIVIR LA FE EN LO ORDINARIO: Francisco Fernandez Carbajal

“Estad alegres, siempre alegres”: San Josemaria

Octavario por la unidad de los cristianos (día 5, 22 de enero)

Uno de los nuestros: la Encarnación: Fulgencio Espa

La humildad, fuente de alegría

Vivir para los demás: J.M. Martín y C. Cavazzoli

Un árbol de familia de las diversas confesiones cristianas: Rodrigo Ayude, Roma

¿Los hijos no son de los padres? Los socialistas vuelven al clásico de 1919: «El ABC del comunismo»

George Orwell es actual.: Jose Luis Velayos

La eutanasia y el valor de la vida: Ángel Cabrero Ugarte 

Donantes y trasplantes, logros españoles. : José Manuel Belmonte

La deseada unidad en un mundo crispado: + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

Implicarse en la crianza de los hijos: Jesús Martínez Madrid

Soplan hoy todos los huracanes ideológicos: JD Mez Madrid

Hablamos también de pena: Domingo Martínez Madrid

Celebrar el Tiempo de la Creación: Juan García. 

Dos huevos fritos: Un manjar y económico: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Lunes, 20 de enero de 2020

La Primera Lectura (1S 15,16-23) recoge el rechazo de Saúl como rey por parte de Dios, profecía confiada a Samuel. El pecado de Saúl fue la falta de docilidad a la Palabra de Dios, pensando que su propia interpretación de la misma fuese más correcta. Esa es la sustancia del pecado contra la docilidad: el Señor le había dicho que no tomara nada del pueblo que había sido vencido, pero no fue así. Cuando Samuel va a reprocharle de parte del Señor, él se excusa: “Pero mira, había bueyes y muchos animales cebados y buenos, y con esos he hecho un sacrificio al Señor”. Él no se llevó nada, los demás sí. Es más, con esa actitud de interpretar la Palabra de Dios como a él le parecía correcta permitió que los demás se llevasen en los bolsillos algo del botín. Son los pasos de la corrupción: se empieza con una pequeña desobediencia, una falta de docilidad, y se sigue adelante, adelante…
 
Después de haber exterminado a los amalecitas, «el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor». Samuel le dice: «¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz?», aclarando la jerarquía de valores: es más importante tener un corazón dócil y obedecer que hacer sacrificios, ayunos, penitencias. El pecado de la falta de docilidad está en preferir lo que yo pienso y no lo que me manda el Señor y que quizá no entiendo: cuando nos rebelamos a la voluntad del Señor no somos dóciles, es como si fuese un pecado de adivinación. Como si, a pesar de decir que creemos en Dios, vamos a la adivina a que nos lea las manos, por seguridad. No obedecer al Señor, faltar a la docilidad es como una adivinación. Cuando te obstinas ante la voluntad del Señor eres un idólatra, porque prefieres lo que piensas tú, ese ídolo, a la voluntad del Señor. Y a Saúl esa desobediencia le costó el reino: «Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey». Esto nos debe hacer pensar un poco en nuestra docilidad. Muchas veces preferimos nuestras interpretaciones del Evangelio o de la Palabra del Señor al Evangelio y a la Palabra del Señor. Por ejemplo, cuando caemos en la casuística, en la casuística moral... Esa no es la voluntad del Señor. La voluntad del Señor es clara, la hace ver con los mandamientos en la Biblia y te la hace ver con el Espíritu Santo dentro de tu corazón. Pero cuando soy obstinado y transformo la Palabra del Señor en ideología soy un idólatra, no soy dócil. La docilidad, la obediencia.
 
En el Evangelio (Mc 2,18-22) los discípulos son criticados porque no ayunaban. El Señor explica que «nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto (…) y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos». La novedad de la Palabra del Señor –porque la Palabra del Señor siempre es nueva– nos lleva adelante, vence siempre, es mejor que todo. Vence la idolatría, vence la soberbia y vence esa actitud de estar demasiado seguros de sí mismos, no por la Palabra del Señor sino por las ideologías que me he construido en torno a la Palabra del Señor. Hay una frase de Jesús (Mt 9,13) muy buena que explica todo esto y que viene de Dios, sacada del Antiguo Testamento: «Misericordia quiero y no sacrificio» (Os 6,6).
 
Ser un buen cristiano significa entonces ser dócil a la Palabra del Señor, escuchar lo que el Señor dice sobre la justicia, sobre la caridad, sobre el perdón, sobre la misericordia, y no ser incoherentes en la vida, usando una ideología para poder ir adelante. Es verdad que la Palabra del Señor a veces nos pone en apuros, pero también el diablo hace lo mismo, engañándonos. Ser cristiano es pues ser libres, mediante la confianza en Dios.

 

 

Santa Marta: “La humildad de custodiar” la unción gratuita de Dios

Reflexión del Papa en la Misa

ENERO 21, 2020 15:01LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(ZENIT – 21 enero 2020).- El Papa Francisco defiende la actitud de la humildad: “Todos fuimos ungidos por la elección del Señor; debemos custodiar esta unción que nos ha hecho cristianos, nos ha hecho sacerdotes, nos ha hecho obispos. Esta es la santidad. Lo demás no sirve. La humildad de custodiar”.

​Hoy, 21 de enero de 2020, en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre reflexionó en torno al salmo responsorial (Salmo 88) y a la primera lectura (1 Sam 16,1-13°) de la Liturgia de hoy, informa Vatican News.

La elección de David

El Salmo 88 habla sobre la elección de David como rey de Israel después de que el Señor rechazara a Saúl por no haberle obedecido. En la primera lectura, el Señor envía a Samuel a ungir como rey a uno de los hijos de Jesé de Belén, expone el medio vaticano

La unción indica la elección de Dios y también se utiliza hoy en día para consagrar a los sacerdotes, obispos. El Papa recordó que los cristianos también somos ungidos con aceite en el Bautismo. Dios invita a Samuel a no reparar en el aspecto físico porque, “no cuenta lo que el hombre ve: de hecho, el hombre ve la apariencia pero el Señor ve el corazón”, explicó en la homilía.

Después, el Pontífice repasó los acontecimientos que tuvieron lugar en ese momento: los hermanos de David luchaban contra los filisteos para defender el reino de Israel. Estos, relata, “tenían méritos”, pero el Señor eligió al último de ellos.

Gratuidad de la elección de Dios

Se trataba de “un muchacho inquieto”, que observaba cuando podía la lucha de sus hermanos contra los filisteos, pero siempre le ordenaban que volviese a apacentar el rebaño. Finalmente, David, que era leonado y de buen aspecto, fue llamado y el Señor le pidió a Samuel que lo ungiera. Entonces, describe el Obispo de Roma, “el Espíritu del Señor irrumpió sobre David desde ese día en adelante”.

Este es un relato que conduce a la reflexión, a preguntarse por qué el Señor eligió a un muchacho normal que probablemente, como apuntó el Papa Francisco “hacía algunas chiquilladas, las que hacen todos los chicos”.

​Tampoco era un joven piadoso, “que rezaba todos los días” y contaba con siete hermanos, “que tenían más méritos que él”. No obstante, fue elegido el más pequeño, “el más limitado, el que no tenía títulos, no tenía nada”, el que no había luchado en la guerra. Esto es algo que nos muestra “la gratuidad de la elección de Dios”, añadió el Santo Padre.

“Cuando Dios elige, hace ver su libertad y gratuidad. Pensemos en todos nosotros que estamos aquí: pero ¿por qué nos eligió el Señor? ‘No, porque somos de una familia cristiana, de una cultura cristiana…’ No. Muchos de una familia y cultura cristiana rechazan al Señor, no quieren”, puntualizó Francisco.

Elegidos gratuitamente

Y planteó: “¿Pero por qué estamos aquí, elegidos por el Señor? Gratuitamente, sin ningún mérito, gratuitamente. El Señor nos ha elegido gratuitamente. No hemos pagado nada para convertirnos en cristianos”.

“Nosotros sacerdotes, obispos no hemos pagado nada para ser sacerdotes y obispos – al menos así pienso, ¿no? Porque hay, sí, los que quieren ir adelante en la llamada carrera eclesiástica, que se comportan de modo simoníaco, buscan influencias para convertirse en aquí, allá, allá… los trepadores.  No, pero esto no es cristiano. El ser cristiano, el ser bautizados, el ser ordenados sacerdotes y obispos es pura gratuidad. Los dones del Señor no se compran”, remarcó el Papa.

Custodiar el don

La unción del Espíritu Santo es gratuita, señaló y ante la pregunta “Nosotros, ¿qué podemos hacer?”, él propone “ser santos”, definiendo que la santidad cristiana consiste en “custodiar el don, nada más”, comportándose de tal manera “que el Señor permanezca siempre Aquel que hace el don”, que uno no lo haga “mi mérito”.

“En la vida ordinaria, en los negocios, en el trabajo, tantas veces para tener un lugar más alto se habla con este funcionario, se habla con este gobernador, se habla con este de aquí…, porque ‘pero, dile al jefe que me lleve…’. No es don; esto es escalar. El ser cristiano, el ser sacerdotes, el ser obispos, es solo un don”, insistió.

No olvidar al pueblo de Dios

​Por último, el Papa apuntó que David fue tomado “de detrás del rebaño”, “por su pueblo” y “si nosotros los cristianos olvidamos al pueblo de Dios, incluso a los no creyentes, si nosotros los sacerdotes olvidamos nuestro rebaño, si nosotros los obispos olvidamos esto y nos sentimos más importantes que los demás, negamos el don de Dios”.

“Es como decirle al Espíritu Santo: ‘Pero tú ve, ve tranquilo en la Trinidad, descansa, yo me las arreglo solo’. Y eso no es cristiano. Eso no es custodiar el don”, agregó.

“Pidamos hoy al Señor, pensando en David, que nos dé la gracia de dar gracias por el don que nos ha dado, de ser conscientes de este don, tan grande, tan bello, y de custodiarlo -esta gratuidad, este don- custodiarlo con nuestra fidelidad”, concluyó el Pontífice.

 

Foro Económico Mundial: Francisco exhorta a «situar a la persona en el centro de la política»

Mensaje del Santo Padre

ENERO 21, 2020 12:47LARISSA I. LÓPEZPAPA Y SANTA SEDE

(ZENIT – 21 enero 2020).- El Papa Francisco indica que una cuestión primordial que nunca debe olvidarse es “que todos somos miembros de la única familia humana” y de ella surge “la obligación moral de cuidar unos de otros”, así como “el principio correlativo de situar a la persona humana -en lugar de la mera búsqueda de poder o beneficio- en el centro de la política pública”.

Hoy, 21 de enero de 2020, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido el mensaje que el Santo Padre ha enviado al profesor Klaus Schwab, presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial (FEM), con motivo de su reunión anual, que se celebra en Davos-Klosters (Suiza) del 21 al 24 de enero de 2020.

Este texto será entregado por el cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, como representante de la Santa Sede.

“Un mundo coherente y sostenible”

Esta reunión anual del Foro Económico Mundial convoca a jefes de estado, políticos, empresarios, académicos, representantes de la sociedad civil y asociaciones no gubernativas bajo el título “Grupos de interés para un mundo coherente y sostenible”.

Para Francisco, este lema apunta a la necesidad de un mayor compromiso en todos los ámbitos para abordar con más eficacia las diversas cuestiones que enfrenta la humanidad, pues, a lo largo de los últimos 50 años, “hemos sido testigos de transformaciones geopolíticas y cambios significativos, desde la economía y los mercados laborales hasta la tecnología digital y el medio ambiente”.

Muchos de estos cambios, continua, “han beneficiado a la humanidad, mientras que otros han tenido efectos adversos y han creado importantes lagunas de desarrollo”. Por otra parte, aunque el Papa reconoce que los desafíos de hoy son distintos a los de hace medio siglo, existen algunas características “que siguen siendo relevantes al comenzar una nueva década”.

Desarrollo humano integral

Por ello, indica el Pontífice “es necesario ir más allá de los enfoques tecnológicos o económicos a corto plazo y tener plenamente en cuenta la dimensión ética en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales o en la propuesta de iniciativas para el futuro”.

“Con demasiada frecuencia, las visiones materialistas o utilitarias” conducen “a prácticas y estructuras, motivadas en gran parte o incluso únicamente por el interés propio”, esto supone la consideración de los demás “como un medio para alcanzar un fin y conllevan una falta de solidaridad y de caridad que a su vez da lugar a una verdadera injusticia, mientras que un desarrollo humano verdaderamente integral puede prosperar solamente cuando todos los miembros de la familia humana están incluidos en la búsqueda del bien común y contribuyen a él”, explica el Obispo de Roma

Enfoque humanista

Y recuerda que “cuando se busca  el verdadero progreso, no hay que olvidar que atropellar la dignidad de otra persona es, de hecho, debilitar el propio valor”. Además, el Papa Francisco remite en su mensaje a la Encíclica Laudato Si’, en concreto a la importancia de una “ecología integral”, resaltando la necesidad de un enfoque humanista que convoque a los distintos saberes, “también al económico”, hacia una mirada “más integral e integradora”.

Finalmente, deseó que las discusiones de este Foro Económico Mundial “conduzcan a un aumento de la solidaridad, especialmente con los más necesitados, que experimentan la injusticia social y económica y cuya existencia misma está incluso amenazada”.

A continuación sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

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Mensaje del Santo Padre

Al profesor Klaus Schwab

Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial

Mientras el Foro Económico Mundial celebra su quincuagésimo aniversario, envío mis saludos y mis buenos deseos a todos los que participan en la reunión de este año.  Os agradezco vuestra invitación a participar y he pedido al cardenal Peter Turkson, Prefecto del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral, que asista como representante de la Santa Sede.

En estos años, el Foro Económico Mundial ha representado una oportunidad para que los diversas stakeholders se comprometieran a explorar formas innovadoras y eficaces de construir un mundo mejor. También ha proporcionado un escenario para que la voluntad política y la cooperación mutua se orientasen y reforzasen para superar el aislamiento, el individualismo y la colonización ideológica que tristemente caracteriza buena parte del debate actual.

A la luz de los desafíos cada vez más numerosos e interrelacionados que afectan a nuestro mundo (cf. Laudato Si’, 138 ss.), el tema elegido para este año –Stakeholders para un mundo coherente y sostenible– apunta a la necesidad de un mayor compromiso en todos los ámbitos para abordar con más eficacia las diversas cuestiones que enfrenta la humanidad.  A lo largo de los últimos cinco decenios, hemos sido testigos de transformaciones geopolíticas y cambios significativos, desde la economía y los mercados laborales hasta la tecnología digital y el medio ambiente.  Muchos de estos acontecimientos han beneficiado a la humanidad, mientras que otros han tenido efectos adversos y han creado importantes lagunas de desarrollo.  Si  por una parte los desafíos de hoy no son los mismos que los de hace medio siglo, hay una serie de características que siguen siendo relevantes al comenzar una nueva década.

La consideración primordial, que nunca debe olvidarse, es que todos somos miembros de la única familia humana.  La obligación moral de cuidar unos de otros surge de este hecho, así como el principio correlativo de situar a la persona humana -en lugar de la mera búsqueda de poder o beneficio- en el centro de la política pública.  Este deber incumbe, además, tanto a los sectores empresariales como a los gobiernos, y es indispensable en la búsqueda de soluciones equitativas a los desafíos que enfrentamos.  Por consiguiente, es necesario ir más allá de los enfoques tecnológicos o económicos a corto plazo y tener plenamente en cuenta la dimensión ética en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales o en la propuesta de iniciativas para el futuro.

Con demasiada frecuencia, las visiones materialistas o utilitarias, a veces ocultas, a veces aplaudidas, conducen a prácticas y estructuras, motivadas en gran parte o incluso únicamente por el interés propio,  que consideran a los demás como un medio para alcanzar un fin y conllevan una falta de solidaridad y de caridad que a su vez da lugar a una verdadera injusticia, mientras que un desarrollo humano verdaderamente integral puede prosperar solamente cuando todos los miembros de la familia humana están incluidos en la búsqueda del bien común y contribuyen a él.  Cuando se busca  el verdadero progreso, no hay que olvidar que atropellar la dignidad de otra persona es, de hecho, debilitar el propio valor.

En mi carta encíclica Laudato Si’, llamaba la atención sobre la importancia de una «ecología integral» que tenga en cuenta la totalidad de las implicaciones de la complejidad y de las interconexiones de nuestra casa común.  Este enfoque ético renovado e integrado requiere un humanismo “que de por sí convoca a los distintos saberes, también al económico, hacia una mirada más integral e integradora. » (ibíd., 141).

Reconociendo los logros de los últimos cincuenta años, espero que los participantes en el Foro de hoy, y en los que se celebrarán en el futuro, tengan presente la alta responsabilidad moral que incumbe sobre cada uno de nosotros a la hora de buscar el desarrollo integral de todos nuestros hermanos y hermanas, incluidos los de las generaciones futuras.  Ojalá vuestras discusiones conduzcan a un aumento de la solidaridad, especialmente con los más necesitados, que experimentan la injusticia social y económica y cuya existencia misma está incluso amenazada.

A los participantes en el Foro renuevo mis fervientes deseos de un encuentro fructífero e invoco sobre todos vosotros las bendiciones divinas  de sabiduría.

Desde el Vaticano, 15 de enero de 2020.

© Librería Editorial Vaticana

 

Rabino David Rosen: El Papa afirma que todas las diferencias religiosas «se deben subordinar a nuestra humanidad»

Habla sobre la Iniciativa de Fes Abrahámicas y el Documento de Fraternidad Humana

ENERO 21, 2020 11:17DEBORAH CASTELLANO LUBOVENTREVISTAS

(ZENIT – 21 enero 2020).- El Papa Francisco afirmó que todas las diferencias religiosas se deben subordinar a nuestra humanidad. En una entrevista con zenit, el rabino David Rosen expresó esto, después de su participación la semana pasada en la Iniciativa de Fes Abrahámicas (AFI son las siglas en inglés), y su reunión con el Santo Padre el jueves pasado.

El rabino Rosen es el director internacional de Asuntos Interreligiosos del Comité Judío Americano y del Instituto para el Entendimiento Interreligioso Internacional «Heilbrunn». También fue el rabino principal de Irlanda y presidente del Comité Judío Internacional para Consultas Interreligiosas.

En esta entrevista, analiza la iniciativa en sí misma, el Documento sobre la Fraternidad Humana del Papa, firmado con el Gran Imam de Al Azhar, Al Tayyeb, en Abu Dhabi en febrero de 2019, que lucha en contra del extremismo religioso e intenta promover la libertad religiosa.

En 2005, recibió un honor papal por su contribución a la reconciliación entre judíos y católicos. En 2010, la Reina Isabel II lo designó como comandante del Imperio Británico, debido a su trabajo en la promoción del diálogo interreligioso y la cooperación entre pueblos y culturas.

Sigue la entrevista exclusiva de zenit con el rabino Rosen:

***
zenit: Cuéntenos sobre la Iniciativa de Fes Abrahámicas y lo que ha sucedido esta semana

Rabino Rosen: Unos veinticuatro líderes y representantes religiosos cristianos, musulmanes y judíos, ocho de cada tradición, fueron convocados bajo los auspicios de Sam Brownback, embajador de los Estados Unidos para la Libertad Religiosa, para intercambiar ideas sobre las formas en que las tres tradiciones religiosas podrían colaborar para responder a los violentos abusos de religión en nuestro mundo y para promover la libertad religiosa.

zenit: El Papa también recibió al grupo. ¿Cómo fue ese encuentro y qué dijo el Santo Padre?

Rabino Rosen: Fue una reunión informal con él en la Casa Santa Marta, donde alentó este esfuerzo y enfatizó la importancia de destacar la fraternidad humana como la base para avanzar en la paz en el mundo. Afirmó que todas las demás diferencias deben estar subordinadas a nuestra humanidad común.

zenit: ¿Por qué se necesita la iniciativa?

Rabino Rosen: Mientras haya conflicto en el mundo, se necesitan más y más iniciativas de paz; especialmente cuando se abusa de la religión en sí, es necesario dar testimonio de nuestra convicción común de que tal violencia es una perversión de la religión. Sin embargo, esto también fue una reunión de personas del servicio diplomático junto con líderes religiosos.

Esta colaboración es esencial porque a menudo los dos mundos están separados entre sí y, como resultado, no se abordan los fundamentos psicológicos e espirituales del conflicto o, por otro lado, se convoca a los actores religiosos sin ninguna participación política y, por lo tanto, no hay impacto en el ámbito político diplomático. De hecho, incluso se podría observar que el Vaticano separa de manera similar las oficinas interreligiosas del servicio diplomático en la Secretaría de Estado.

zenit: ¿Cómo están explorando los representantes religiosos las formas de avanzar en el Documento de Abu Dhabi sobre Fraternidad Humana? ¿Y para combatir el abuso violento de la religión?

Rabino Rosen: Como se mencionó anteriormente, se estudiaron formas de reunir a las fuerzas religiosas y políticas en contextos específicos. También hablamos sobre una colaboración para abordar los principales desafíos sociales de nuestro tiempo y presentar una contra-narrativa creativa de colaboración interreligiosa.

zenit: ¿Cree que el judaísmo está suficientemente representado en las iniciativas, como en los comités y los encuentros, que han sucedido después de la publicación del documento?

Rabino Rosen: En lo que respecta al documento concreto sobre Fraternidad Humana, no solo el judaísmo sino todas las demás religiones, además del cristianismo y el islam, están ausentes.

Si Francisco desea promover la verdadera fraternidad humana, debería celebrar eventos como los convocados por sus predecesores en Asís, o dar mayor visibilidad internacional a eventos como las reuniones interreligiosas anuales de la Comunidad de San Egidio.

© Traducción de Richard Maher

 

VIVIR LA FE EN LO ORDINARIO

— La fe es para vivirla, y debe informar los acontecimientos menudos del día.

— Fe y «visión sobrenatural».

— Fe y virtudes humanas.

I. Entró Jesús en una sinagoga, y allí encontró a un hombre que tenía una mano seca, paralizada. San Marcos nos dice que todos le espiaban para ver si curaba en sábado1. El Señor no se esconde ni disimula; por el contrario, pidió a este hombre que se colocara en medio, para que todos lo pudieran ver bien. Y les dijo: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecieron callados. Entonces, Jesús, indignado por su hipocresía, los miró airado y, a la vez, entristecido por la ceguera de sus corazones. Fue patente para todos esta mirada llena de indignación de Jesús ante la dureza de sus almas. Y le habló al hombre: extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada.

Aquel enfermo, en el centro de todos, se llenó de confianza en Jesús. Su fe se manifiesta en obedecer al Señor y en poner por obra aquello que, con sobrada experiencia, sabe que hasta ahora no puede realizar: extender la mano. La confianza en el Señor, dejando a un lado su experiencia, hizo el milagro. Todo es posible con Jesús. La fe nos permite lograr metas que siempre habíamos creído inalcanzables, resolver viejos problemas personales o de una tarea apostólica que parecían insolubles, echar fuera defectos que estaban arraigados.

La vida de este hombre tomaría un nuevo rumbo después del pequeño esfuerzo exigido por Cristo; es el que nos pide también en los asuntos más normales de la vida diaria. Hoy debemos considerar «cómo el cristiano, en su existencia ordinaria y corriente, en los detalles más sencillos, en las circunstancias normales de su jornada habitual, pone en ejercicio la fe, la esperanza y la caridad, porque allí reposa la esencia de la conducta de un alma que cuenta con el auxilio divino»2 y necesitamos esta ayuda del Señor para salir de nuestra incapacidad.

La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y las pequeñas decisiones; y, a la vez, se manifiesta de ordinario en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación quizá; es necesario, además, vivirla, practicarla, ejercerla, debe generar una «vida de fe» que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo y del alma. La fe es algo referido a la vida, a la vida de todos los días, y la existencia cristiana aparece como un despliegue de la fe, como un vivir con arreglo a lo que se cree3, a lo que se conoce como querer de Dios para la propia vida. ¿Llevamos nosotros una «vida de fe»? ¿Influye en el comportamiento, en las decisiones que tomamos...?

II. El ejercicio de la virtud de la fe en la vida cotidiana se traduce en lo que comúnmente se conoce como «visión sobrenatural», que consiste en ver las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura en orden a su salvación y a la de otros muchos; en acostumbrarse «a andar en los quehaceres cotidianos como mirando al Señor por el rabillo del ojo para ver si es aquella, realmente, su voluntad, si es aquel el modo como desea que hagamos las cosas; en habituarse a descubrir a Dios a través de las criaturas, a adivinarle tras lo que el mundo llama azar o casualidad, a percibir su huella por doquier»4.

La vida cristiana, la santidad, no es un revestimiento externo que recubre al cristiano, ignorando lo propiamente humano. De ahí que las virtudes sobrenaturales influyan en las virtudes humanas y hagan del cristiano un hombre honrado, ejemplar en su trabajo y en su familia, lleno de sentido del honor y de la justicia, que se distingue ante los demás hombres por un estilo de conducta en el que destacan la lealtad, la veracidad, la reciedumbre, la alegría...: cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de íntegro, de amable y de encomiable, tenedlo en estima5, recordaba San Pablo a los primeros cristianos de Filipo.

La vida de fe del cristiano le lleva, por tanto, a ser un hombre con virtudes humanas, porque hace realidad su fe en sus actuaciones corrientes. No solo se sentirá movido a realizar un acto de fe al divisar los muros de una iglesia, sino que se dirigirá a su Señor para pedirle luz y ayuda ante un problema laboral o doméstico, a la hora de aceptar una contradicción, ante el dolor o la enfermedad, al ofrecer una alegría, al continuar por amor un trabajo que estaba a punto de abandonar por cansancio; en el apostolado, para pedir las luces de la gracia para esas personas que pretende acercar al sacramento de la Penitencia. Visión sobrenatural cuando no se ven frutos, quizá porque se está realizando la primera labor en aquella alma y «la reja que rotura y abre el surco, no ve la semilla ni el fruto»...6. La fe está continuamente en ejercicio, y la esperanza, y la caridad... Ante problemas y obstáculos quizá ya viejos, el Señor nos dice: extiende tu mano... La fe no es una virtud para ejercerla solo en unas cuantas ocasiones, en los momentos de las prácticas de piedad, sino en el deporte, en la oficina, en medio del tráfico. Mucho menos, como hacen algunos cristianos, que parecen tener reservada la fe para el domingo a la hora de cumplir con el precepto dominical.

Examinemos nosotros hoy con qué frecuencia hacemos realidad el ideal cristiano que informa y da un sentido nuevo a todo lo humano que realizamos, lo amplía y lo hace fecundo sobrenaturalmente. Examinemos también cómo vamos de «visión sobrenatural» ante los acontecimientos diarios.

III. La fe cristiana conduce a la reforma de la propia vida, exigiéndonos una continua rectificación de la conducta, una mejora en el modo de ser y de actuar. Entre otras consecuencias, la fe nos llevará a imitar a Jesucristo, que fue «perfecto Dios, y hombre perfecto»7, a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en sus negocios, en la conversación... Las virtudes humanas son las propias del hombre en cuanto hombre, y por eso Jesucristo, perfecto hombre, las vivió en plenitud. Hasta sus propios enemigos estaban asombrados del vigor humano de su figura: Maestro -le dicen en cierta ocasión-, sabemos que eres veraz, y que no tienes respetos humanos, y que enseñas el camino de Dios con autoridad...8. «Lo primero que llama la atención al estudiar la fisonomía humana de Jesús es su clarividencia viril en la acción, su lealtad impresionante, su áspera sinceridad, en una palabra, el carácter heroico de su personalidad. Esto era, en primer término, lo que atraía a sus discípulos»9. Él nos dio ejemplo de una serie de cualidades humanas bien entrelazadas, que compete vivir a cualquier cristiano.

Considera tan importante la perfección de las virtudes humanas que apremia a sus discípulos: si no entendéis las cosas de la tierra, ¿cómo entenderéis las celestiales?10. Si no se vive la reciedumbre humana ante una dificultad, el frío o el calor, ante una pequeña enfermedad, ¿dónde se podrá asentar la virtud cardinal de la fortaleza? ¿Cómo puede ser fuerte una persona que se queja continuamente? ¿Cómo llegará a ser responsable y prudente un estudiante que deja a un lado su estudio? O ¿cómo podrá vivir la caridad quien descuida la cordialidad, la afabilidad o los detalles de educación? Aunque la gracia de Dios puede transformar enteramente a una persona –y encontramos ejemplos en la Sagrada Escritura y en la vida de la Iglesia–, lo normal es que el Señor cuente con la colaboración de las virtudes humanas.

La vida cristiana se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Por otra parte, lo humano sustenta y hace posibles las virtudes sobrenaturales. Quizá, a lo largo de nuestra vida, hayamos encontrado a «tantos que se dicen cristianos –porque han sido bautizados y reciben otros Sacramentos–, pero que se muestran desleales, mentirosos, insinceros, soberbios... Y caen de golpe. Parecen estrellas que brillan un momento en el cielo y, de pronto, se precipitan irremisiblemente»11. Les fallaron los cimientos humanos y no pudieron mantenerse en pie. El ejercicio de la fe, de la esperanza, de la caridad y de las virtudes morales llevará al cristiano a ser ese ejemplo vivo que el mundo espera. Dios busca madres de familia fuertes que den testimonio a través de su maternidad y de su alegría, que sepan entablar amistad con sus hijos; y hombres de negocios justos; y médicos que no descuidan su formación profesional porque saben sacar unas horas para el estudio, que atienden al enfermo con comprensión, como él quisiera ser tratado en esas mismas circunstancias: con eficiencia y amabilidad; y estudiantes con prestigio y que se preocupan de sus compañeros de Facultad, y campesinos, artesanos, obreros de las fábricas y de la construcción... Dios quiere hombres y mujeres cabales, que expresen en la realidad menuda de su vida el gran ideal que han encontrado.

En San José encontramos un modelo espléndido de varón justo, vir iustus12, que vivió de fe en todas las circunstancias de su vida. Pidámosle que sepamos ser lo que Cristo espera de cada uno en el propio ambiente y circunstancias.

1 Mc, 1-6. — 2 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 169. — 3 Cfr P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, p. 172. — 4 F. Suárez, El sacerdote y su ministerio, Rialp, Madrid 1969, p. 194. — 5 Flp 4, 8. — 6 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 215. — 7 Symbolo Quicumque. — 8 Mt 22, 16. — 9 K. Adam, Jesucristo, Herder, Barcelona 1953, p. 110. — 10 Jn 3, 5. — 11 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 75. — 12 Mt 1, 19.

 

 

“Estad alegres, siempre alegres”

El dolor entra en los planes de Dios. Es la realidad, aunque nos cueste entenderla. Nadie es feliz, en la tierra, hasta que se decide a no serlo. Así discurre el camino: dolor, ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y, después, eternamente. (Surco, 52)

«Servite Domino in laetitia!» –¡Serviré a Dios con alegría! Una alegría que será consecuencia de mi Fe, de mi Esperanza y de mi Amor..., que ha de durar siempre, porque, como nos asegura el Apóstol, «Dominus prope est!»... –el Señor me sigue de cerca. Caminaré con El, por tanto, bien seguro, ya que el Señor es mi Padre..., y con su ayuda cumpliré su amable Voluntad, aunque me cueste. (Surco, 53)

Un consejo, que os he repetido machaconamente: estad alegres, siempre alegres. –Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios. (Surco, 54)

 

Octavario por la unidad de los cristianos (día 5, 22 de enero)

TEXTOS PARA ORAR07/01/2020

Opus Dei - Octavario por la unidad de los cristianos (día 5, 22 de enero)

Día 5. 22 de enero

►La Iglesia es católica y universal por naturaleza.

►Signo de catolicidad es la diversidad en lo opinable.

►El afán de almas ha de llevarnos a hacernos todo para todos.

SAN JOSEMARÍA tenía una especial devoción por el rezo del Credo, en el que paladeaba su pertenencia a la Iglesia y, por tanto, su relación con Dios. Cuando llegaba ese momento en la santa Misa, o al visitar la basílica de San Pedro, lo repetía con un particular recogimiento, lo que hace pensar en el carácter autobiográfico de aquel punto de Camino: «Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam!... —Me explico esa pausa tuya, cuando rezas, saboreando: creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica...» [1]. En este quinto día del octavario meditaremos el carácter católico y universal de la Iglesia.

Jesús resucitado, cuando está a punto de culminar su paso por la tierra, reúne a los once antes de la Ascensión a los cielos y les dice: «Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,16-20). Efectivamente, diez días después, al recibir el don del Espíritu Santo en Pentecostés, los apóstoles salen a las calles de Jerusalén, y más tarde a todos los caminos de la tierra, para anunciar el evangelio del Señor. Aquel día se escucharon en la ciudad de David las lenguas «de todas las naciones que hay bajo el cielo» (Hch 2,5).

La Iglesia es católica porque ha sido enviada por Nuestro Señor a todas las personas de la tierra; «la meta última de los enviados de Jesús es universal» [2]. El Concilio Vaticano II describe el mandato del Señor con estas palabras: «Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos» [3].

En ese sentido, san Josemaría afirmaba que, aunque la extensión geográfica que ha alcanzado la Iglesia católica sea un signo visible de su universalidad, «la Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón llagado de Jesús, como un fuego que el Espíritu Santo inflama» [4]. Forma parte de nuestra vida de fe cuidar de nuestra propia catolicidad: rezar por nuestros hermanos en la fe de los cinco continentes; ilusionarnos con que el nombre de Jesús sea conocido y amado en todos los rincones de la tierra; experimentar como propias las dificultades que atraviesa la Iglesia en lugares muy distintos y quizá lejanos a nosotros. Todo esto también es parte de nuestra relación con Jesucristo «porque la santidad no admite fronteras» [5].

EN LOS AÑOS posteriores a Pentecostés el mensaje de Jesucristo comienza a difundirse por las naciones del Mediterráneo. Llegan en ese momento a la Iglesia los primeros cristianos procedentes del mundo pagano. Para garantizar la unidad, los apóstoles reunidos en el Concilio de Jerusalén nos legaron un criterio de libertad: a los conversos ajenos al pueblo judío decidieron no imponerles «más cargas que las necesarias» (Hch 15,28). Comprendieron que la vida de la Iglesia está, sobre todo, encaminada a ofrecer la sencillez del Evangelio y el encuentro personal con Jesús.

Justamente por su catolicidad, la Iglesia defiende y promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. En la Obra hemos aprendido desde el principio no solo a respetar la diversidad, sino a fomentarla de modo activo. «Como consecuencia del fin exclusivamente divino de la Obra, su espíritu es un espíritu de libertad, de amor a la libertad personal de todos los hombres. Y como ese amor a la libertad es sincero y no un mero enunciado teórico, nosotros amamos la necesaria consecuencia de la libertad: es decir, el pluralismo. En el Opus Dei el pluralismo es querido y amado, no sencillamente tolerado y en modo alguno dificultado» [6].

Este pluralismo será un rasgo característico del mensaje de san Josemaría, ya que impulsa a llevar al calor de Cristo a todos los rincones de la tierra y a todas las actividades humanas. Por eso, el Prelado del Opus Dei señala que «quien ama la libertad logra ver lo que tiene de positivo y amable lo que otros piensan» [7]; e insiste en que «valorar a quien es distinto o piensa de modo diverso es una actitud que denota libertad interior y apertura de miras» [8]. «De esa libertad –dice san Josemaría– nacerá un sano sentido de responsabilidad personal (…) y sabréis no sólo renunciar a vuestra opinión, cuando veáis que no respondía bien a la verdad, sino también aceptar otro criterio, sin sentiros humillados, por haber cambiado de parecer» [9].

CONTRIBUIR a la expansión de la Iglesia, difundir por todas partes la buena noticia de Cristo, es fruto de una entrega generosa. Sin embargo, sabemos que esos esfuerzos después se transformarán en la alegría de haber llevado la felicidad a los demás. Por eso, no nos conformamos con llegar a unos pocos, o solamente a aquellos que reúnan una serie de condiciones: nuestro afán apostólico nos lleva a hablar del Señor a todo el mundo. «Ayúdame a pedir una nueva Pentecostés –nos animaba san Josemaría– que abrase otra vez la tierra» [10].

San Pablo es considerado el apóstol de las gentes porque propagaba la fe entre personas muy diversas, sin excluir a nadie. Él mismo resume así su experiencia evangelizadora: «Siendo libre de todos, me hice siervo de todos para ganar los más que pueda. (...) Me hice débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo para todos, para salvar de cualquier manera a algunos» (1Co 9,19-23). En medio de las grandes persecuciones que afectaron la vida de la Iglesia en sus inicios, los cristianos aprovecharon la obligada dispersión para difundir la fe por todas las regiones vecinas, conscientes de la catolicidad del Evangelio. Como afirma el Papa Francisco, gracias al viento de la persecución «los discípulos fueron más allá con la semilla de la palabra y sembraron la palabra de Dios» [11]. De la misma manera, como hicieron los primeros cristianos, san Josemaría nos impulsaba a no dejarnos vencer por nuestra comodidad e ir al paso de las personas que nos rodean: «El cristiano ha de mostrarse siempre dispuesto a convivir con todos, a dar a todos —con su trato— la posibilidad de acercarse a Cristo Jesús. (…) No puede el cristiano separarse de los demás» [12].

Para extender la Iglesia por todos los ambientes es importante profundizar en los fundamentos de nuestra fe. Así aprenderemos a comunicarla en su integridad y, al mismo tiempo, sabremos llevarla a cada una de las personas teniendo en cuenta su propia manera de ser y su cultura. «Cuando el cristiano comprende y vive la catolicidad, cuando advierte la urgencia de anunciar la Buena Nueva de salvación a todas las criaturas, sabe que —como enseña el Apóstol— ha de hacerse "todo para todos, para salvarlos a todos"» [13]. Acabamos nuestra oración acudiendo a Santa María, que mira a todos como hijos, para que nos ayude a dar a conocer a Jesucristo por todos los ambientes en que nos encontremos. Le pedimos que nos enseñe a aprovechar las ocasiones que nos brindan el trabajo y las relaciones sociales y familiares para dejar la alegría de Dios en muchos corazones.


[1] San Josemaría, Camino, n. 517.

[2] Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, Tomo II, p. 323.

[3] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, n. 13.

[4] San Josemaría, Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

[5] Ibid, 4-VI-1972.

[6] San Josemaría, Conversaciones, n. 67.

[7] Fernando Ocáriz, Carta, 9-I-2018, n. 13.

[8] Fernando Ocáriz, Carta, 1-XI-2019, n. 13.

[9] San Josemaría, Carta 9-I-1951, nn. 23-25.

[10] San Josemaría, Surco, n. 213.

[11] Francisco, Homilía, 19-IV-2018.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 124.

[13] San Josemaría, Forja, n. 953.

 

 

Uno de los nuestros: la Encarnación

La diferencia entre creer o no en Jesucristo no consiste solo en entender sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra.

LA LUZ DE LA FE10/08/2018

Las naciones se alegran con sus héroes, y los pueblos rememoran sus éxitos, sean de la índole que sean: artísticos, bélicos o de cualquier género. Los mausoleos recuerdan a primeros ministros, reyes o ingeniosos descubridores, y las calles, avenidas y plazas llevan nombres de pintores, músicos, artistas...

Al echar una mirada a la historia, emergen entre sus sombras figuras luminosas que engrandecen el corazón humano. Hombres extraordinarios que supusieron, por ejemplo, un avance sin posibilidad de retroceso para la ciencia, como Copérnico o Newton; escrutadores de la conciencia que nos dejaron testimonios perennes de la profundidad del corazón humano, como Agustín de Hipona o Fiodor Dostoievski; o pensadores religiosos que profundizaron en la relación del hombre con Dios y con su entorno: la moral, el culto, la sociedad. También se encuentran figuras que han causado asombro y que fueron perseguidas por sus enseñanzas, como algunos profetas del Antiguo Testamento o incluso como Sócrates en la antigua Atenas. Sin embargo, la fe cristiana tiene la audacia de decir que su fundador es infinitamente más que un simple genio religioso: ¿cómo se comprende esto?

¿Por qué se hizo igual a Dios?

CRISTO ES INFINITAMENTE MÁS QUE UN SIMPLE GENIO RELIGIOSO

Si queremos comprender la figura de Jesucristo, al menos tal y como Él se presentó, y tal y como lo entendemos los cristianos, en ningún caso puede ser interpretado solo como un genio religioso que, anclado en el pasado, continúa exhortando desde su cátedra de la historia sobre verdades universales, tales como el amor al prójimo o la misericordia con el débil. Cristo es algo más, alguien más, y para poder adentrarnos en ese misterio nos puede ayudar una historia concreta ocurrida hace menos de cien años, y cuyas protagonistas son dos mujeres: madre e hija.

Edith Stein fue una filósofa alemana judía de comienzos del siglo XX. De extraordinaria inteligencia, pronto colaborará en tareas universitarias y llegará a trabajar junto a uno de los filósofos más destacados del siglo: Edmund Husserl. Diversos acontecimientos de su vida, admirablemente narrados por ella misma[1], la condujeron primero a la fe cristiana, y después a la clausura en el Carmelo. Morirá en el campo de concentración de Auschwitz en agosto de 1942, dando su vida por el pueblo hebreo y por su fe cristiana.

El día antes de ingresar en el Carmelo fue a despedirse de su familia. Su madre era una mujer extraordinaria, judía de raza y religión, que con sorprendente fortaleza había sacado adelante el negocio maderero y la familia después de la prematura muerte de su marido. Ella nunca llegó a hacerse cristiana, como sí ocurriría con sus hijas Rosa y Edith. Sin embargo, aun no creyendo en Jesucristo, llegó a comprender la centralidad de su misterio y su inaudita pretensión.

«El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido [la fe cristiana]? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios?" Su madre lloró»[2].

Habrá sido un hombre bueno, pero... ¿por qué se ha hecho Dios? Blasfemia o verdad absoluta: así se presentaba la figura de Jesús para la madre de Edith Stein. Si hubiera sido un hombre bueno, un sabio antiguo, un maestro de verdades universales... pero se ha hecho igual a Dios. Esta afirmación no puede ni debe dejar indiferente a nadie que se decida a acercarse, usando únicamente la razón, a la figura de Cristo. Pero, ¿cómo puede un hombre hacerse igual a Dios?

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

Esta afirmación subraya la continuidad de todo el Nuevo Testamento. El evangelio de san Mateo abre sus páginas indicando, mediante la genealogía, el origen judío de Jesús, su nacimiento virginal y el cumplimiento en Él de todas las promesas: Él restaurará nuestra relación con Dios. Por El podremos dirigirnos a Dios con confianza. El evangelio de san Lucas también es explícito en este sentido, y reconoce no solo el origen judío de Jesús, sino su condición de hijo de Adán: Jesús se presenta así como salvador de todos los hombres. Esta es su pretensión, y esa es la grandeza que tenemos que comunicar a nuestros familiares, compañeros de trabajo y vecinos: Jesús es para todos, y tiene una respuesta personalísima para cada uno.

Por su parte, el evangelio de Marcos presenta ya en sus primeros versículos la revolución de la irrupción de Jesucristo en la historia. Ha llegado la buena noticia, que no solo es palabra (doctrina), sino también obras: curaciones y gestos, en definitiva, historia de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Finalmente, el evangelio de Juan es si cabe más claro en este desplegarse de la divinidad de Jesús en su humanidad, y da detalles de su origen eterno, así como de su encarnación en el tiempo.

SU RESURRECCIÓN ES LA PRUEBA MÁS ELOCUENTE DE SU DIVINIDAD

Todos los evangelios concluyen de idéntica forma: narran la injusta muerte de Jesús mediante una dolorosa pasión y cruz, vivida con amor y espíritu de redención; nos cuentan de manera muy semejante los detalles más nimios de su sepultura, y presentan, de modos diversos, un hecho inaudito y jamás visto: su resurrección, la prueba más elocuente de su divinidad.

La conciencia cristiana cree, y así lo dicen explícitamente tanto los Evangelios como la Tradición de la Iglesia, que el cuerpo de Jesús no yace en el sepulcro, sino que resucitó a una vida nueva[3]. De ahí que el autor de la Carta a los Hebreos afirme con rotundidad que Jesús es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8), porque Él vive para siempre y espera encontrarse con cada hombre hasta el final de los tiempos.

Los escritos de san Pablo, junto con otras cartas y el Apocalipsis, completan el Nuevo Testamento. Pablo no conoció los tiempos de Jesús por Galilea, ni tampoco estuvo en el Calvario o en el cenáculo después de su resurrección. Por eso, san Pablo es en cierta medida un modelo en el seguimiento de Jesús para todos aquellos que, como nosotros, no hemos caminado con Cristo por Galilea y Judea.

¿Quién es Jesús para San Pablo? ¿Qué supuso en su vida? La clave de toda la existencia de san Pablo es el encuentro con Cristo vivo; con él hay un antes ­­–Saulo– y un después –Pablo–. Encontrarse con Jesús es encontrarse con alguien vivo, no con un elenco de doctrina, un conjunto de normas morales o una ideología socio-política. No halló Pablo a un sabio religioso, sino que se encontró con aquel por quien todo lo estima basura (cfr. Flp 3,8), aquel que «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20), aquel que entrañablemente se quedó con nosotros para ser alimento de vida (cfr. 1 Cor 11,23-27).

La diferencia entre ser creyente o no en Jesucristo no consiste únicamente en entender cada una de sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra (cfr. Jn 14,6).

El centro de mi vida

«Lo normal ahora es tratar al Salvador del mundo de manera irreverente e irreal», predicaba el beato John Henry Newman, “como si fuera una idea o una visión; hablar de Él con tal estrechez y poco provecho como si solo supiéramos su nombre, aunque en la Escritura tenemos abundantes detalles de su estancia real entre nosotros, de sus gestos, palabras, hechos, donde fijar los ojos»[4]. El predicador llamaba la atención a sus oyentes del primer tercio del siglo XIX sobre algo que es particularmente actual: la consideración de un Cristo lejano, muerto, incluso para los propios cristianos. En el mejor de los casos, un conjunto de normas perennes.

Por eso, es lógico desear entender como cristianos, y ayudar a entender a los que no creen –pero quieren entender– la centralidad de Jesús en cada cabeza y corazón creyentes.

«Hasta que no captemos esto –concluía el beato Newman–, hasta que no nos dejemos de vagas afirmaciones acerca de su amor, de su disposición a recibir a los pecadores, a proporcionar arrepentimiento y ayuda espiritual, y cosas por el estilo, y empecemos a verlo a Él, en concreto, con sus palabras reales, las que constan en la Escritura, no habremos sacado del Evangelio el beneficio que nos ofrecen. Es más, quizá nuestra fe corra cierto peligro porque si el pensamiento de Cristo no es más que una creación de nuestra mente, es de temer que poco a poco esa fe vaya extinguiéndose, se pervierta o sea incompleta»[5].

Cristo presente para cada cristiano. Cristo vivo. En este mismo sentido se expresaba san Josemaría con palabras vibrantes al referirse a la formación de la gente joven: «Metamos a Cristo en nuestros corazones y en los corazones de los chicos. ¡Lástima!: frecuentan los sacramentos, llevan una conducta limpia, estudian, pero... la Fe muerta. Jesús –no lo dicen con la boca, lo dicen con la falta de vibración de su proceder–, Jesús vivió hace XX siglos... –¿Vivió? Iesus Christus heri, et hodie: ipse et in saecula; Jesucristo el mismo que ayer es hoy; y lo será por los siglos (Hebr. XIII,8). Jesucristo vive con carne como la mía, pero gloriosa; con corazón de carne como el mío. Scio enim quod Redemptor meus vivit, sé que mi Redentor vive (Iob XIX,25). Mi Redentor, mi Amigo, mi Padre, mi Rey, mi Dios, mi Amor ¡vive! Se preocupa de mí. Me quiere más que la bendita mujer –mi madre– que me trajo a este mundo (…)» .[6]

Cristo nació en Belén, se formó en Nazaret, predicó en Galilea y Judea, y vio la muerte en Jerusalén. Cristo resucitó de entre los muertos, y vive para siempre. Por eso los primeros cristianos cambiaron el día de culto al domingo, se distanciaron del templo y las costumbres judías que tanto amaban y empeñaron sus vidas hasta recibir, muchos de ellos, un fin violento y doloroso. Cristo estaba siempre con ellos, haciendo de su existencia una vida fundada en el amor.

Cristo presente en cada hombre

Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz en 1986, fue confinado –cuando aún era adolescente– en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Allí vivió una experiencia que le marcó de por vida: un niño fue ahorcado en el campo. Mientras se debatía entre la vida y la muerte, una voz exclamó: ¿Dónde está Dios? Elie en ese momento escuchó dentro de sí: «¿Dónde está? Aquí está. ¡Ahorcado en este patíbulo!».

DIOS ESTÁ CON CADA ALMA QUE PADECE

Elie Wiesel no era católico ni cristiano. Sin embargo, supo escuchar dentro de sí la voz de Dios. Cuando hay inocencia de vida es posible entender la solidaridad de Dios con cada uno de los hombres. Quizá hoy y siempre exista la tendencia a culpar a Dios de nuestros males –¿por qué ha permitido que me suceda esto?–, pero almas inocentes han entendido que, de algún modo, Dios sufre con cada hombre. Dios está con cada alma que padece.

Los creyentes tenemos, además, el conocimiento de la palabra evangélica. En san Mateo encontramos cómo Jesús afirma expresamente aquello que Wiesel y tantos han intuido. Jesucristo se identifica con los sedientos y los hambrientos, con los peregrinos y los forasteros, con los que pasan dificultades (cfr. Mt 25). Afirma que cuando vestimos a un desnudo, a Él le vestimos; cuando alimentamos a un hambriento, a Él se lo hacemos; cuando damos de beber un solo vaso de agua al sediento, nos hacemos merecedores de la vida eterna, porque a Él mismo servimos.

Jesucristo permanece en la historia como verdadero Dios, pero también como verdadero hombre; no deja ni dejará nunca la humanidad que asumió en María. Por esa razón, Jesús permanece unido de manera misteriosa a sus hermanos los hombres, muy especialmente al que sufre en el cuerpo y en el alma.

De esta convicción nace y mana todo el espíritu de caridad que gustosamente intentan vivir los cristianos: reconocer en el otro a Cristo, y practicar con él la caridad como si del mismo Cristo se tratase. De esta certeza surge la preocupación de los creyentes por los más necesitados, que ocuparán siempre y necesariamente un lugar privilegiado en el corazón de la Iglesia.

María, Virgen y Madre

Íntimamente unido al misterio de Cristo –Dios y hombre– está el misterio de María –Virgen y Madre–. Quizá hoy es especialmente difícil entender a María, porque ella es definida por dos aspectos que actualmente se rechazan en muchos ambientes la virginidad y la maternidad.

La fe de los cristianos confiesa que santa María concibió a Jesús virginalmente. Evidentemente, se trata de una afirmación de fe que tiene fundamento en los textos evangélicos. San Mateo dice expresamente que la concepción de Jesús fue obra del Espíritu Santo en el seno de María; san Lucas afirma expresamente este misterio en la anunciación de Gabriel, y san Juan concluye que el Verbo se hizo carne no mediante la humana y normal generación. Por otra parte, la Iglesia ha sido constante en afirmar el nacimiento virginal de Jesús.

Finalmente, María es también madre, madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La íntima unión de Jesús con cada hombre, así como el encargo explícito que hizo a su Madre desde la Cruz, vincula a la Virgen con todo creyente como madre. En trance de muerte, Jesús confía a su madre al apóstol Juan, y confía a Juan a su madre (cfr. Jn 19,26-27). De ese modo, como ha entendido la Iglesia, Jesús declaraba a María madre de todos los hombres, y confiaba a los hombres custodiar la figura central de María para alimentar la fe de los pueblos. La devoción a María no es opcional o accesoria, porque encontrarse con Jesús es recibirla como madre, y encontrarse con María es ser conducido una y otra vez a la misericordia entrañable del corazón de Jesús, porque «a Jesús siempre se va y se "vuelve" por María»[7].

Fulgencio Espa


Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica, 484-570, 720-726 y 963-975.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 85-94.

Tema 9. La Encarnación, en Resúmenes de Fe cristiana.

Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, nn. 55-66.

- Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, (25-III-1987), n. 8.


- Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, Madrid 2007, 23-30; 371-410 (Introducción y cap. 10).

- Newman J. H., Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009.

- Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

- Bastero de Elizalde J.L., María, Madre del Redentor, 2ª ed., Eunsa, Pamplona 2004.

- Ocáriz F. – L.F. Mateo Seco – J.A. Riestra, El misterio de Jesucristo, 3ª ed., EUNSA, Pamplona 2004.

- Ponce Cuéllar M., María, Madre del redentor y Madre de la Iglesia, 2ª ed., Herder, Barcelona 2001.

[1] Cfr. Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

[2] Cfr. Biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, redactada con motivo de su canonización el 11 de octubre de 1998, publicada en www.vatican.va.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 638 y ss.

[4] J. H. Newman, Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009, p. 137.

[5] Íbid., p. 137. A continuación, añade: «Si contemplamos a Cristo como revelado en los evangelios –el Cristo que existe ahí, externo a nuestra imaginación– y vemos que es un ser que vive realmente, que pasó realmente por la tierra como cualquiera de nosotros, al final creeremos en Él con una convicción, una confianza y una integridad, tan indestructible como la creencia en nuestros propios sentidos. Para un cristiano, no es posible meditar en el Evangelio sin sentir, por encima de toda duda, que el sujeto de todo el Evangelio es Dios».

[6] San Josemaría, Instrucción 9-I-1935, n. 248, citado en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, p. 732.

[7] San Josemaría, Camino, n. 495.

 

 

La humildad, fuente de alegría

La humildad es una nota distintiva básica, uno de los cimientos de la auténtica vida cristiana, porque es la “morada de la caridad”.

VIRTUDES14/01/2007

A Dios nadie le ha visto jamás [1], afirma la Sagrada Escritura. Mientras vivimos en esta tierra, no tenemos un conocimiento inmediato de la esencia divina; entre Dios y el hombre hay una distancia infinita, y sólo Él, adecuándose a la condición del ser humano, ha podido franquearla por medio de su revelación. Dios se ha manifestado a los hombres en la creación, en la historia de Israel, en las palabras que dirige a través de los profetas, y, finalmente, en su propio Hijo, que es la revelación última, completa y definitiva; la epifanía misma de Dios: el que me ha visto a mí ha visto al Padre [2].

¡Un Dios que se hace hombre! Es para sorprenderse. Un Dios que, en Cristo, ve y se deja ver, oye y se deja oír, toca y se deja tocar; que se abaja a la condición humana y se vale de los sentidos para hacernos entender la llamada a la intimidad de su amor, a la santidad. El asombro ante la Encarnación del Verbo mueve a contemplar con veneración las acciones, gestos y palabras de Jesús. Cuando así se hace, se descubre que todo en la vida de Cristo, desde su nacimiento hasta la muerte en la Cruz, está empapado de humildad, pues siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz [3].

La humildad, morada de la caridad

El mensaje de amor de Dios nos ha llegado a través del abajamiento del Hijo. La humildad es una nota distintiva básica, uno de los cimientos de la auténtica vida cristiana, porque es la morada de la caridad. San Agustín afirma: «Si me preguntáis qué es lo más esencial en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero es la humildad, lo segundo, la humildad, y lo tercero, la humildad»[4]. En la humildad del Verbo encarnado, además de mostrarse la hondura del amor de Dios por nosotros, se nos enseña el camino real que conduce a la plenitud de ese amor.

La vida cristiana consiste en la identificación con Cristo: sólo en la medida en que nos unimos a Él somos introducidos en la comunión con el Dios viviente, fuente de toda caridad, y nos hacemos capaces de amar a los demás hombres con su mismo amor [5]. Ser humilde como lo fue Cristo significa servir a todos, muriendo al hombre viejo, a las tendencias que el pecado original desordenó en nuestra naturaleza. Por eso, el cristiano entiende que "las humillaciones, llevadas por amor, son sabrosas y dulces, son una bendición de Dios" [6]. Quien así las recibe, se abre a toda la riqueza de la vida sobrenatural y puede exclamar con San Pablo: perdí todas las cosas, y las considero como basura con tal de ganar a Cristo y vivir en él [7].

Las causas del desasosiego

En contraste con el profundo gozo interior que proviene de la humildad, la soberbia no produce sino inquietud e insatisfacción. La soberbia lleva a orientar las cosas hacia el propio yo, y a analizar cuanto sucede desde una perspectiva exclusivamente subjetiva: si una cosa agrada o no, si supone una ventaja o requiere esfuerzo...; y no considera si se trata de algo bueno en sí mismo o para los demás. Ese egocentrismo lleva a juzgar que los otros actúan y piensan según las categorías que uno tiene, y a moverse con la pretensión, más o menos explícita, de que deben comportarse como se desea. Así se explica que un hombre soberbio sea víctima de frecuentes enfados cuando considera que no se le tiene suficientemente en cuenta, o que se entristezca al advertir los propios errores o las mejores cualidades de los demás.

Cuando uno se deja llevar por la soberbia, aunque trate de buscar su propia complacencia, siempre alberga un punto de desasosiego. ¿Qué le falta para ser feliz? Nada, porque lo tiene todo; y todo, porque ha perdido de vista lo fundamental: su capacidad para darse al otro. Su comportamiento ha forjado un modo de ser que le dificulta hallar la verdadera felicidad. Así lo advertía el fundador del Opus Dei: "si alguna vez lo pasáis mal, y os dais cuenta de que el alma se llena de inquietud, es que estáis pendientes de vosotros mismos (...). Si tú, mi hijo, te centras en ti mismo, no sólo tomas un mal camino, sino que, además, perderás la felicidad cristiana en esta vida" [8].

La soberbia es siempre un eco de aquella primera rebelión con la que el hombre trató de suplantar a Dios, y cuya consecuencia fue la pérdida de la amistad con el Creador y de la armonía consigo mismo. El individuo orgulloso confía tanto en sus potencialidades, que llega a olvidar su naturaleza necesitada de redención. Por eso, no sólo la enfermedad física, sino incluso la inevitable experiencia de los límites, defectos y miserias, le desconcierta e incluso le puede llegar a desesperar. Vive apegado de tal modo a sus propios gustos y opiniones, que no consigue apreciar ni valorar positivamente una visión distinta a la suya. Por eso, no logra resolver sus conflictos interiores y está sujeto a reiteradas discrepancias con los demás. Esta dificultad de someterse a otras voluntades le conduce a no aceptar tampoco el querer de Dios: fácilmente se convencerá de que no es posible que Dios le pida aquello que él no desea, y puede suceder que hasta la misma conciencia de ser una criatura dependiente de Dios se convierta para él en objeto de resentimiento.

La fuerza de atracción de la humildad

Para la persona humilde, en cambio, confrontarse con la gloria de Dios es causa de alegría, más aún, el único motivo de verdadero júbilo. Es cierto que, al ponerse delante de Él, descubre su finitud y su pequeñez; pero su condición de criatura, lejos de ser ocasión de tristeza o desesperanza, es fuente de íntimo gozo. La humildad es una luz que hace descubrir al hombre la grandeza de su propia identidad, como ser personal capaz de dialogar con el Creador, y aceptar su dependencia de Él con completa libertad.

El alma de la persona humilde experimenta la mayor plenitud interior cuando advierte que el Ser absoluto es un Dios personal de magnificencia infinita, que nos ha creado, nos mantiene en la existencia y se nos revela con un rostro humano en Jesucristo. Conocer la generosidad divina, su condescendencia para con sus criaturas, lleva a quien es humilde a disfrutar contemplando la belleza de las cosas creadas, en las que descubre un reflejo del amor de Dios; y le mueve al deseo de compartir con los demás ese permanente deslumbramiento.

Las reacciones del soberbio y del humilde son también muy distintas ante la llamada de Dios. El soberbio se esconde en una actitud de falsa modestia, alegando que tiene pocos méritos, porque no desea renunciar al mundo que ha construido para sí; la persona humilde, en cambio, no se detiene a juzgar si es demasiado poca cosa para alcanzar la santidad. Le basta percibir la invitación a entrar en comunión con Dios para aceptarla con alegría, por mucho que le desconcierte.

Quienes –como es el caso de los santos– luchan por ser verdaderamente humildes, adquieren una personalidad que atrae a los demás. Con su comportamiento habitual consiguen crear en torno a sí un remanso de paz y de alegría, porque reconocen el valor de los otros. Los aprecian verdaderamente y, por eso, en su conversación, en la vida en familia o en el trato con colegas y amigos, saben comprender y disculpar; les mueve el interés de ayudar y convivir con todos: son capaces de reconocer lo que deben a quienes les rodean, sin pretender ni reclamar derechos. A su lado, en definitiva, se palpa el amor de Dios que anima sus vidas: uno se encuentra en confianza, no se siente juzgado, sino querido.

Recomenzar a aprender a ser humildes

Con frecuencia la causa del agobio o del pesimismo, que a veces nos invaden, no está en la pequeñez humana o en el esfuerzo que debemos realizar ante una determinada tarea, sino en ver las cosas con una perspectiva demasiado centrada en el yo. "¿Por qué nos entristecemos los hombres?", preguntaba San Josemaría. Y respondía: "porque la vida en la tierra no se desarrolla como nosotros personalmente esperábamos, porque surgen obstáculos que impiden o dificultan seguir adelante en la satisfacción de lo que pretendemos" [9].

Se puede probar cierta sensación de tristeza ante las dificultades propias o ajenas; ante algunos defectos que se perciben con más rigor que en el pasado o que se creían superados; ante la imposibilidad de alcanzar objetivos profesionales o apostólicos, perseguidos con ilusión y esfuerzo durante mucho tiempo. También se puede experimentar la rebeldía de no querer aceptar algunos acontecimientos o circunstancias que contrarían y hacen sufrir. Siempre, pero especialmente en tales momentos, resulta necesario, como aconsejaba don Álvaro en una de sus cartas, que renovemos el propósito de recomenzar a aprender a ser humildes [10]: pidiendo al Señor la humildad, su humildad, y acudiendo a la Virgen para que nos enseñe y nos dé fuerza. Este es el sentido de las palabras del Señor: venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera [11]. Por eso cada día el alma enamorada aprende a ser humilde en la oración: “La oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria y la grandeza de Dios, a quien se dirige y adora, de manera que todo lo espera de Él y nada de sí mismo" [12]. Sólo se recupera la paz cuando, en lugar de razonar y reflexionar en nuestro interior sobre lo que nos pasa, procuramos dejar de lado esas preocupaciones y volvemos a Cristo.

"Alma, calma" [13]. Estas palabras, que tanto gustaban al Fundador, sintetizan todo un programa de vida por el que el alma, contando con la gracia divina, se enfrenta con ardor y prudencia a cualquier dificultad. Cuando se vive así, se cumple lo que enseñaba San Josemaría: "todas aquellas contradicciones que tantas veces nos han hecho sufrir, no han sido causa de que perdiésemos en ningún momento la alegría ni la paz, porque hemos podido experimentar cómo el Señor saca dulzura –miel sabrosa– de las rocas áridas de la dificultad: de petra, melle saturavit eos (Ps 80, 17)" [14].

Nuestra Madre Santa María nos hace presente la necesidad de ser humildes, para vivir cerca de Dios. Ella es modelo de alegría, precisamente porque también lo es de humildad: proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador: porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava [15].

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1. 1 Jn 4, 12.

2. Jn 14, 9.

3. Flp 2, 6-8.

4. San Agustín, Epist. 118, 22.

5. Cfr. Rom 5, 5.

6. San Josemaría, Apuntes tomados de una meditación, 25-XII-1973.

7. Flp 3, 8-9.

8. San Josemaría, Apuntes tomados de una meditación, 25-XII-1972.

9. San Josemaría, Amigos de Dios, n. 108.

10. Mons. Álvaro del Portillo, Carta 1-V-1990.

11. Mt 11, 28-30.

12. San Josemaría, Surco, n. 259.

13. San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 9-XI-1972.

14. San Josemaría, Carta 29-IX-1957, n. 4.

15. Lc 1, 46-48.

 

 

Vivir para los demás

El Señor quiere –nos lo ha demostrado con el ejemplo de su vida– que los cristianos pensemos en quienes nos rodean, y sirvamos a la sociedad. Ahí está también el secreto de la felicidad cristiana.

VIRTUDES04/05/2016

Durante la última Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto XVI consideró la herencia recibida de las generaciones pasadas, y animó a los que le escuchaban a construir, con su vida cristiana firme, una sociedad y un mundo un poco más humanos[1].

Cada generación ha de pensar qué dejará a la sociedad, a los hombres que han de venir, qué hacer –y cómo– para que se encuentren mañana un mundo mejor. «La fe nos enseña que en Cristo Jesús, Verbo encarnado, logramos comprender la grandeza de nuestra propia humanidad, el misterio de nuestra vida en la tierra y el sublime destino que nos aguarda en el cielo (cfr. Gaudium et spes, n. 24). La fe nos enseña también que somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza, dotadas de una dignidad inviolable y llamadas a la vida eterna»[2]. El mensaje cristiano permite reconocer la verdadera dignidad del hombre, y proporciona los medios para obrar de acuerdo a la verdad.

La sociedad necesita el espíritu evangelizador de la Iglesia, que nos transmite, siempre actuales, las enseñanzas de Jesucristo; y el Señor quiere –nos lo ha demostrado con el ejemplo de su vida– que los cristianos pensemos en quienes nos rodean, y sirvamos a la sociedad. Ahí está también el secreto de la felicidad cristiana: hacerse portador del mensaje de Jesús.

El apostolado, manifestación de la caridad

EL SEÑOR QUIERE QUE LOS CRISTIANOS PENSEMOS EN QUIENES NOS RODEAN, Y SIRVAMOS A LA SOCIEDAD. AHÍ ESTÁ TAMBIÉN EL SECRETO DE LA FELICIDAD CRISTIANA: HACERSE PORTADOR DEL MENSAJE DE JESÚS.

El apostolado nace precisamente de la conciencia de la misión de caridad a la que Dios nos llama. El cristiano es testigo de la caridad de Cristo entre los demás hombres y de la comunión. Por eso, el apostolado no puede convertirse en una técnica, ni en una estrategia para llevar las almas a Dios; tampoco consiste en un conjunto de deberes, pues desde el amor sale natural, y siempre se tiene presente que la eficacia es divina, aunque Dios cuenta con la disposición de las personas.

Caridad y apostolado van de la mano; es más, se puede decir que son inseparables, pues la caridad agudiza el ingenio para descubrir cómo mejorar la categoría del servicio a los otros. El mensaje recibido por San Josemaría también habla de la relación entre caridad y apostolado, y nos indica que ambas –la caridad apostólica, el apostolado vivido por amor– se identifican con la amistad: La caridad exige que se viva (…) la amistad[3].

En un cristiano, en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor[4]. La virtud de la caridad nos acerca profundamente al prójimo; con la ayuda de la gracia, el cristiano descubre en el otro al hermano, a un hijo de Dios, hermano de Jesucristo; encuentra a Dios mismo que nos entrega su imagen hecha hombre para que la respetemos y le demos la honra debida. El apostolado, que tiende a identificarse con la amistad, no es sino venerar –insisto– la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo[5].

La caridad verdadera se distingue de la sociabilidad natural, y va mucho más allá de los lazos de sangre y de la camaradería entre amigos de diversión o de juego; también se distingue de la compasión que podemos sentir por la soledad y la miseria ajenas. Su medida es el amor que Cristo expresó en el “mandamiento nuevo”, el amor divino, un cariño como el que yo os he tenido y sigo manteniendo vivo, porque nace de las mismas entrañas de la Vida de la Trinidad. Un amor que no se para en los defectos físicos o de carácter, un deseo de estar con los hijos de los hombres que no ha frenado ni el pecado ni el rechazo ni la Cruz. La virtud de la caridad es el mismo Amor que Dios pone en el corazón del cristiano para asumir y elevar sobrenaturalmente los amores humanos, nuestros anhelos y aspiraciones.

El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor[6]. Parafraseando a San Juan, podríamos añadir que quien no ama tampoco conoce a su prójimo, porque no es capaz de reconocer la imagen de Dios en los demás. La falta de caridad embota tanto la inteligencia y las demás potencias que le hace insensible a los requerimientos del Señor, y le impide dar el justo agradecimiento al prójimo. Pero, lo que es todavía más grave, le imposibilita que el Señor lo reconozca en calidad de hijo suyo: es como si se impidiese a Dios tocar el alma de quien se ha cerrado completamente a la gracia.

La importancia de cada persona

La caridad adquiere su pleno sentido cuando nos ponemos al servicio de los demás; cuando aceptamos que la vocación cristiana consiste en ser un don para los otros, de modo que muchos encuentren a Cristo.

Es el ejemplo que Jesús mismo nos ha dejado, y del que nos hablan los testigos de su paso por la tierra: se alegra con las alegrías de sus amigos[7], y sufre ante su dolor[8]. Siempre tuvo tiempo para detenerse con los demás: se sobrepuso al cansancio para hablar con la samaritana[9]; se detuvo con la hemorroisa, cuando le esperaban en la casa de Jairo[10]; y en el dolor de la Cruz, entabla con el buen ladrón un diálogo que abre las puertas del Cielo[11]. Además, el suyo fue un cariño concreto: le vemos preocupado por el alimento de quienes le rodean, y poniendo los medios para atender esa necesidad material[12]; se interesa por que los discípulos descansen, y los lleva a un lugar apartado para gozar de su compañía[13]. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero en el fondo todos nos indican la categoría que Dios da a cada persona.

En esto se manifiesta la amistad, en poner en primer lugar a los demás, en dedicarles tiempo, es decir, trato personal. Esa fue la clave que nos dio nuestro Padre para mostrar a Cristo, y Jesús nos lo enseñó con su vida: siempre tuvo tiempo para dedicarse a cada uno, para detenerse con todos. La caridad conquista su verdadero sentido cuando la vida del otro se convierte en la prioridad de mi vida. Las personas que se acercan a un auténtico cristiano han de descubrir el amor personal de Dios, al palpar cómo se les trata, cómo se les valora, cómo se les escucha, cómo se tienen en cuenta sus virtudes, cómo se les hace partícipes de esta aventura sobrenatural.

¿Cómo ayudar a las almas en esa dirección espiritual que, quizá sin ese nombre, se da en el apostolado? Medita: los instrumentos más fuertes y eficaces, si se les trata mal, se mellan, se desgastan y se inutilizan[14]. Expresado en positivo, se trata de hacer ver a cada persona los talentos que ha recibido de Dios, y algunos modos de ponerlos al servicio de quienes le rodean; se estimula su iniciativa, como hizo Jesús con los apóstoles formándoles uno a uno, buscando que todos den lo mejor de sí; nos hacemos cargo de su situación, de sus imperativos familiares o laborales, situándonos en su lugar; compartimos los proyectos, los desafíos de la sociedad de hoy, la misión de la Iglesia y de la Obra en un mundo que clama sal y luz, aun sin saberlo.

Y todo ello, aderezado con la sal de la caridad. La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta[15]. La caridad está dispuesta a buscar el bien de todos, por eso requiere un corazón grande, generoso, que aprenda a superar los propios defectos y los ajenos, los enfados, el malhumor, las contestaciones desagradables. Es paciente, con fortaleza de espíritu: sabe esperar, no humilla, por amor soporta cualquier cosa. No murmura ni se goza en el dolor o en las contrariedades que sufren los otros, no intenta sobresalir. Tiene siempre a mano una palabra amable de comprensión y serenidad.

El valor de la amistad

San Josemaría ha dado un ejemplo de cómo ser amigos de nuestro amigos. El amigo, como han dicho los clásicos, es como otro yo. Alguien que nos ayuda a hacer más llevadera la vida, que nos acompaña en los apuros y comparte alegrías y penas. Es alguien con quien nos confiamos, porque de él podemos fiarnos. Solía decir que necesitamos apoyarnos los unos en los otros, para recorrer el camino de la vida, convertir en realidad nuestras ilusiones, superar las dificultades, gozar del producto de nuestros afanes.

«EL CRISTIANISMO NO ES OBRA DE PERSUASIÓN, SINO DE GRANDEZA», DIJO SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA.

La amistad es algo que se comunica, que se nota, que se puede casi palpar: se siente que estamos en sintonía con el amigo, que hay afinidad, que nos encontramos a gusto. Para un cristiano, la amistad es asumida y elevada por la gracia; consiste, en definitiva, en comunicar a los otros la vida de Cristo. La amistad se transforma así en un verdadero regalo de Dios, inseparable de la caridad.

Cada cual debe profundizar en el valor que da a la amistad, para salir del limitado círculo de personas que trata. El cristiano ha de fomentar un sano espíritu de diálogo con todo tipo de personas, evitando que las propias opiniones le lleven a discriminaciones injustas, o que su modo de ser o decir se haga odioso para quienes piensen de modo distinto. Para lograrlo, es importante escuchar las razones del otro, interiorizar sus argumentos; de otro modo no habría verdadero diálogo, porque notarían que no nos interesa lo que dicen: es preciso saber mirar también desde su punto de vista.

Esto no significa transigir en cuestiones que no nos pertenecen, pues son de Dios, o que –por temor a contristar– se oculten o tergiversen las enseñanzas de Jesús. Una actitud así supondría engañar a quienes queremos, o cerrarles el camino a la única verdad que puede satisfacer plenamente sus corazones y aplacar sus inquietudes. Antes bien, la caridad de Cristo robustece las propias opiniones, al tiempo que sosiega el corazón y dulcifica los modos de decir. De esta forma, hacemos más cercano el mensaje de Jesús, portador de esperanza y salvación: al dar un consejo, o al corregir una actitud, el cariño hace que nuestras palabras no hieran, ni presupongan que se está juzgando al interesado; hace, en definitiva, que sean percibidas como lo que son: sincero deseo de que nuestros amigos sean felices.

Se experimenta, entonces, la profundidad de aquellas palabras de San Ignacio de Antioquía: «El cristianismo no es obra de persuasión, sino de grandeza»[16]. Esa grandeza es la caridad de Cristo, pues las personas se acercarán a Dios no tanto por nuestros argumentos, sino sobre todo por lo que somos, con la gracia de Dios.

Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio[17].

J.M. Martín y C. Cavazzoli


[1] Cfr. Benedicto XVI, Discurso, 17-VII-2008; Homilía, 19-VII-2008.

[2] Benedicto XVI, Homilía, 19-VII-2008.

[3] Conversaciones, n. 62.

[4] Forja, n. 565.

[5] Amigos de Dios, n. 226.

[6] 1 Jn 4, 8.

[7] Cfr. Lc 10, 21.

[8] Cfr. Jn 11, 35.

[9] Cfr. Jn 4, 6 ss.

[10] Cfr. Mc 5, 30-32.

[11] Cfr. Lc 23, 42-43.

[12] Cfr. Mt 14, 15-16.

[13] Cfr. Mc 6, 31.

[14] Surco, n. 391.

[15] 1 Co 13, 4-7.

[16] San Ignacio de Antioquía, Epistola ad Romanos, 3, 3.

[17] Es Cristo que pasa, n. 132.

 

Un árbol de familia de las diversas confesiones cristianas

Estas son las iglesias y confesiones cristianas por las que rezamos para que encuentren la unidad

Con motivo de la fiesta del apóstol san Pablo, la Iglesia católica propone a sus fieles una semana de oración por la unidad de los cristianos. El infográfico que compartimos a continuación presenta las distintas ramas del árbol común del cristianismo.

Si bien no agota todas las realidades –se centra en Europa del Este, Oriente Medio, India y el norte de África-, supone un instrumento para situar las distintas iglesias y confesiones dentro de un tronco de espiritualidad y raíces comunes.

Por otra parte, la sangrienta persecución de cristianos en Siria, Irak o Libia o la crisis de refugiados, golpean por igual a cristianos de distintas confesiones. Este árbol visualiza las múltiples confesiones cristianas de Asia occidental y de Oriente Medio.

El infográfico, traducido al español por Iglesia en Directo, fue realizado por el Instituto de Misionología Missio e.V. y publicado originalmente en alemán.

[Clikar para ver la imagen a mayor tamaño]

Por Rodrigo Ayude, Roma

 

 

¿Los hijos no son de los padres? Los socialistas vuelven al clásico de 1919: «El ABC del comunismo»

Pioneros de Sebastopol con su pancarta del abuelito Lenin -como le llamaban en las escuelas- y la idea de que el Partido sabe más que papá y mamá

21 enero 2020

Cuando los políticos socialistas -como la ministra de Educación española, Isabel Celaá- dicen que los hijos no son de sus padres... ¿de dónde sacan la idea y a qué se refieren?

No está de más acudir a un clásico que acaba de cumplir cien años: El ABC del comunismo, de Bujarin y Preobrazhenskiy, un libro que adoctrinó a millones de personas durante décadas. 

La escritora Birgit Kelle , alemana formada en las escuelas comunistas rumanas de los años 80, lo explicaba al presentar su libro Chica, abróchate la blusa: "Es un signo distintivo de los regímenes totalitarios apoderarse de los niños y sustraerlos lo antes posible de la esfera de influencia de sus padres. Lo hemos aprendido en las dictaduras comunistas o en cualquier otro tipo de regímenes".

"Aconsejo siempre que se lea El ABC del comunismo de Bujarin y Preobrazhenskiy. Aunque la obra hace referencia a 1920, los paralelos con la realidad de hoy son evidentes y terribles", insistía la autora rumano-alemana.

Birgit Kelle selecciona una cita de este clásico soviético que fue el manual básico de comunismo para millones de jóvenes durante décadas:

«A la sociedad le pertenece el más originario y fundamental derecho a la educación de los niños. A partir de este punto de vista las pretensiones de los padres de endosar, mediante la educación impartida en casa, su obcecación, no sólo deben ser rechazadas, sino que tienen que ser objeto de escarnio… Por este motivo la educación social no es necesaria sólo por consideraciones pedagógicas; ella lleva en sí, de hecho, enormes ventajas económicas. Centenares, millares, millones de madres, gracias a la actuación de la educación social, son liberadas para la producción y para el desarrollo de su modelo cultural. Son liberadas de esa economía doméstica que mata el espíritu y de ese infinito número de pequeños deberes que están vinculados a la educación familiar de los niños».

Pioneros (rama infantil de las Juventudes Comunistas de la URSS) en los años 30; con muchos padres deportados o asesinados por el Partido, el mismo Partido se ofrecía para "educar" a los chavales

No es fácil encontrar una versión online completa de El ABC del comunismo en español (la de la web de la Fundación Federico Engels sólo cubre medio libro). Pero podemos acudir a la versión en ruso, por ejemplo, aquí en Marxists.org. En su párrafo 79, un poco antes de lo que señala Kelle, leemos el fundamento de la doctrina socialista sobre "de quién son los niños".

"Cuando los padres dicen 'mi hija, mi hijo', se refieren no sólo a que tienen una relación de parentesco, sino también al derecho de los padres a educar a sus propios hijos. Este derecho, desde el punto de vista socialista, no tiene fundamento. Una persona individual no pertenece a sí misma, sino a la sociedad, a la raza humana. Solo a través de la existencia de la sociedad, cada individuo puede vivir y desarrollarse. Por lo tanto, el niño pertenece a la sociedad en la que nació y gracias a la cual nació, y no solo a la "sociedad" de sus padres", leemos. 

 

El párrafo 79 de El ABC del comunismo: "el derecho de los padres a educar a sus propios hijos, desde el punto de vista socialista, no tiene fundamento. El niño pertenece a la sociedad"; una doctrina con la que los Estados destrozan familias desde 1919

Hay que tener en cuenta -como se demostró en cada régimen comunista- que cuando un comunista dice que un niño "pertenece a la sociedad", hay que entender que, para el socialismo/comunismo, la "sociedad" pertenece al Partido, es decir, sociedad y Partido son la misma cosa, y la sociedad hace lo que el Partido diga. Así, hoy, por ejemplo, en la China del siglo XXI, se multa y castiga a sacerdotes o catequistas que lleven a los sacramentos, al templo o a catequesis a menores de 18 años, digan lo que digan sus padres. 

Víctimas de su propia ideología anti-vida

El ABC del comunismo tuvo la máxima influencia. Sus autores, intelectuales revolucionarios, lo escribieron para formar la primera hornada bolchevique durante la Guerra Civil rusa. Después se usaría durante décadas en escuelas y muchos otros ámbitos. Preobrazhenskiy fue depurado (apartado del poder comunista, deportado por trostkista) ya en 1927 y fueron quitando su nombre de nuevas ediciones. Fue fusilado en una purga en 1937.

Nikolai Bujarin, entusiasta de quitar la educación de los hijos
a las familias; sus correligionarios lo fusilaron en 1938

y quitaron la custodia de su hijo pequeño a la madre, deportándola

En muchas ediciones figura como autor sólo Bujarin, quien fue sin duda poderoso: hijo de maestros, fue director del diario Pravda desde 1918, luego director del diario Izvestia, miembro del Politburó (la cúpula del poder comunista ruso) de 1924 a 1929. Su gran obsesión fue adoctrinar en el comunismo a las masas.  Cayó en desgracia en 1936 y fue fusilado en 1938.

A su joven esposa que tenía entonces (tuvo varias) la deportaron a campos de trabajo y le quitaron la custodia de su hijo pequeño. ¡El Partido que ayudó a hacer crecer y que le mató se encargaría de cuidar a su hijo, como él predicaba en su libro clásico!

Lunacharsky, el primer Ministro de Educación soviético

El Estado comunista, tanto en su nacimiento como un siglo después, exige siempre el derecho a formatear a los hombres: simplemente, entiende que con los niños es más fácil. Anatoli Lunacharsky, el hombre que juzgó a Dios y lo hizo fusilar, en una conferencia el 23 de mayo de 1928 en Leningrado, predicó (y publicó luego en un folleto): "a un niño pequeño en edad preescolar lo puedes esculpir, a un niño escolar lo puedes doblar, a un joven lo puedes romper, un adulto solo se corrige la tumba". Los comunistas llenaban Rusia de tumbas de adultos "incorregibles" por esas fechas.


Lunacharsky (a la derecha) con Lenin
el 1 de mayo de 1920

El texto de Lunacharsky (que, como Isabel Celaá, fue ministro de Educación de 1917 a 1929) insistía: "La victoria final será realmente ganada por la escuela. El primer perfil verdadero de la sociedad socialista será la escuela socialista. Por eso es necesario prestar especial atención a la escuela".

Lunacharsky hablaba de lo recibido del pasado, de la tradición, como de una enfermedad. Las nuevas generaciones reciben del pasado "prejuicios, enfermedades y vicios: toda la suciedad, toda la suciedad y el hedor. Es necesario poner un filtro, es necesario poner una malla que filtraría todo lo valioso, todo el flujo poderoso con todas sus habilidades y adquisiciones, y la suciedad y el hedor se perderían. Este filtro solo puede ser la escuela".

Para los interesados en la educación soviética, su carta sobre cómo usar la escuela para quitar la religión a los niños no tiene desperdicio (ReL la publicó aquí, con su contexto). La historia de cómo Lunacharsky juzgó y fusiló a Dios hace 102 años ReL la contó aquí

La escritora germano-rumana Birgit Kelle,
autora de 'Chica, abróchate la blusa'

Habiéndose educado en la dictadura comunista rumana y siendo hoy una profesional de la comunicación en Alemania, Birgit Kelle explicaba en una entrevista que, al menos, "en nuestros países democráticos tenemos la posibilidad de decir lo que pensamos. Podemos comprometernos políticamente y podemos criticar al gobierno sin que nuestra vida corra ningún riesgoEsta libertad hay también que defenderla.

En la película 'Los Gritos del Silencio/Killing Fields', se recoge el adoctrinamiento de la dictadura comunista de Camboya de 1975 a 1979, especialmente con los niños, a los que se enseña a cortar con la familia porque el Partido les cuida; interesante especialmente desde el minuto 3:10: "nos dicen que Dios ha muerto y que el partido que llaman el Angkar cuidará de nosotros"

 

 

 

 

 

George Orwell es actual.

En “1984”, novela de George Orwell, el pasado se construye de la forma que interese al que manda. Con ello, la nueva interpretación pasa a ser verdad; de este modo, se puede manipular la historia.

En “1984” se habla del ministerio del Amor, el ministerio de la Verdad, la policía del Pensamiento. Y también de la “neolengua”, la nueva lengua, donde los nuevos términos tienen el significado que conviene a la autoridad que gobierna las voluntades de los súbditos. Es la Utopía de Tomás Moro vuelta del revés, con unos parámetros de la felicidad acordes con lo establecido.

El cerebro es plástico, y por tanto susceptible de ser modificado; sensible a los cambios bioquímicos, hormonales, etc. que van con el pensamiento, la conducta, las relaciones, el estrés, la edad, etc. Es lógico suponer que esta “neolengua” tendría que ver con las áreas cerebrales asociativas, en las que se ubicarían los nuevos engramas motores correspondientes.

En “1984” el Gran Hermano controla a las personas. Hoy día, los ciudadanos no son tan libres como creen: existe un control minucioso de las personas y de las instituciones no estatales por parte de la Hacienda, de los whatsapps, de los teléfonos fijos y móviles, de las encuestas, a través del correo electrónico, desde los mass media, con los spots publicitarios, etc. No le conviene al “Gran Hermano” el pensamiento libre.

Para ser más libre convendría pararse y meditar con calma en estos asuntos.

He aquí algunos ejemplos de términos nuevos, con un especial significado.

(Con el tiempo no serán tan nuevos, pues los conceptos implícitos se van aceptando gradualmente, sin problema)

El finde. Es la abreviación de fin de semana. No lleva en sí ninguna connotación; sin embargo, algunos dicen que el finde es para hacer lo que a uno le venga en gana: “hago lo que me apetezca; yo no hago mal a nadie”. Probablemente, algunos no se den cuenta de que todo acto humano tiene repercusión social.

Se suele decir que lo que es estético es ético. Pero son dimensiones diferentes. Es como identificar Arte y Moral. Lo ideal sería que fuesen a la par, pero hoy día se dan situaciones en que ambos están totalmente disociados.

Para algunos, sexo y género son independientes: el sexo se tiene siempre, y el género puede elegirse. Pero en la realidad sexo y género van juntos. Es tema que tiene relación con los grupos LGBTI.

Amor y sensualidad (hacer el amor) serían idénticos, no distinguiéndose el amor (donación de sí) de la sensualidad (goce de los sentidos). Todo sería sensualidad.

Los hijos no pertenecen a los padres, sino al Estado. Sin embargo, como no son objetos, sino personas, realmente no son propiedad de nadie. Pero los progenitores, que son los que los han engendrado, son los únicos que tienen el derecho y el deber de educarlos según crean conveniente. Y el Estado debe ayudar a las familias, no sustituirlas.

Muerte digna: se identifica con la aceleración del momento de la muerte, y con la eutanasia, como muerte provocada. Se habla incluso del derecho a morir, lo que es una contradicción, pues propiamente no tenemos derecho a vivir, ya que no nos hemos dado la vida, y como la no existencia no puede tener derechos, tampoco hay un derecho al acabamiento voluntario de la existencia.

Interrupción de la maternidad. Son palabras que, “para no herir sensibilidades”,  se emplearon más en los años en que se introdujo la práctica del aborto. Hoy día, desaparecido ese pudor, se habla directamente de aborto, considerándolo incluso como un derecho.

Es viral aquello que se propaga ampliamente por las redes sociales. Los virus son en su mayoría malignos. ¿Por qué se utiliza el término “viral”?

Los biobots, como robots biológicos, constituyen un reto en el imaginario moderno.

Tercera edad y juventud. Es una gran ilusión social el permanecer joven, al menos de aspecto. Los clásicos daban gran importancia a la sabiduría de la senectud; sin embargo, hoy día se da más relieve a la apariencia física.

Máquinas inteligentes. Se atribuye inteligencia a numerosas realidades, con lo que se les quiere dar un tinte antropomórfico.

La intimidad y lo religioso. Se dice que lo religioso no debe aparecer en la esfera pública, sino en la intimidad, negándole el derecho a manifestarse.

 

La eutanasia y el valor de la vida

Ángel Cabrero Ugarte 

La polémica está planteada. Hay posiciones encontradas, pero también hay opiniones dubitativas. No es una cuestión que pueda resolverse en una discusión entre amigos -no digamos ya entre enemigos- porque hay argumentos de peso entre los que admitirían la eutanasia y los que no la admitirían nunca. De entrada, una persona dispuesta a votar a favor de una ley permisiva no necesariamente piensa en que él, en algún momento de la vida, recurriría a esa posibilidad, pero siempre hay una componente importante de compasión.

De todas estas controversias que surgen en torno a la eutanasia trata un librito muy asequible, escrito por un médico y, por lo tanto, con argumentos ante todo médicos. Se titula así, sencillamente: Eutanasia. El autor Manuel Martínez-Sellés advierte de sus pretensiones en el subtítulo: “Un análisis a la luz de la ciencia y la antropología”.

En un planteamiento antropológico puede llegar a predominar quizá una idea de fondo: el respeto a la libertad individual. Si uno quiere quitarse la vida, allá él. Yo simplemente le facilito lo necesario. Aquí el autor busca diferenciar entre eutanasia y suicidio asistido. Pero admite que la línea de separación no es nítida. Salvo que nos vayamos a planteamientos extremos, que ya se dejan oír en Holanda, de quitar la vida a personas que no están en condiciones de dar permiso, porque han perdido la cabeza. El argumento de peso ahí es la calidad de vida.

Explica el autor que la palabra eutanasia viene del griego y significa “buena muerte”. Sin duda esta es la trampa. ¿Qué es eso de la buena muerte? Esto es más propio de los cuidados paliativos y, desde luego, en ese ámbito de la ciencia nadie piensa en la eutanasia. La OMS define la eutanasia como “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”. Y visto así, al médico le da grima y piensa en su juramente hipocrático.

Algunos quieren proponer como algo normal ayudar a una persona a morir, porque lo está pasando mal. Hasta hace muy poco si una persona veía a alguien con intención de suicidarse, ponía todos los medios para evitarlo. ¿Qué es lo que ha sucedido para que hayan cambiado tanto las actitudes y los razonamientos? Ha cambiado el modo de considerar la vida humana. El porqué de la vida, el sentido de la vida. Hasta no hace mucho la mayoría de las personas contaba con la eternidad. Y solo esa idea, si se quita del panorama humano, cambia totalmente la paz interior, la serenidad ante la enfermedad, la idea del bien y del mal

Podemos darles muchas vueltas a los argumentos, pero sin el sentido trascendente de la vida todo vale. Si no hay premio y castigo y eternidad, todo vale. Y ante una persona que no tiene fe, los argumentos contra la eutanasia son totalmente relativos. Dice Susana Tamaro “Si todo ocurre ‘por casualidad’, ¿qué importancia tienen mis decisiones? ¿Por qué preocuparme por el crecimiento y el desarrollo de mis mejores posibilidades? Si hemos sido lanzados por casualidad al tablero de la vida y también por azar desaparecemos de él, ¿qué sentido tiene lo que hacemos en medio ? Una vida que se vive ‘por casualidad’ es una vida suspendida entre el aburrimiento y la angustia por el fin. Es una vida libre sólo aparentemente; porque la libertad verdadera es sentirse liberado del temor a la muerte” (p. 30).

Y Gesché añade: “En el fondo, el término profano de destino (y el término, religioso, de salvación) evocan una existencia en la que el hombre es invitado a buscar el fundamento de su ser y de su libertad más allá del horizonte de las certezas cortas” (p. 56). Si no hay eternidad no hay sentido, y de nada sirven las demás discusiones.

Manuel Martínez-Sellés, Eutanasia, Rialp 2019

Susana Tamaro, El misterio y lo desconocido, Seix Barral 1999

Adolphe Gesché, El Destino, Sígueme 2017

 

Donantes y trasplantes, logros españoles.             

         Este doble dato positivo es para sentirse orgullosos. Seguro que además de alcanzar  en España, records en otras actividades más mediáticas - como las deportivas-, a los lectores les interese conocer un poco más profundamente lo que este logro significa e incluso cómo se puede colaborar para mejorarlo. La ciencia aprovecha la generosidad de los donantes españoles, pero sin los donantes son imposibles los logros científicos de la mejora de los pacientes.       

         Al no tener focos televisivos sobre los donantes "anónimos" que originan la noticia de la generosidad, ni sobre los profesionales que rentabilizan esa generosidad, muchos ciudadanos desconocen los datos. Y si se ignoran los hechos ¿de qué van a sentirse orgullosos? Por eso interesa destacar lo conseguido y lo que tiene de positivo.

         1)  En 2019 se ha conseguido, en España, un doble y nuevo  récord: de donantes y de trasplantes.

          Según los datos oficiales, en 2019 hubo 2.301 donantes y casi 5.500 trasplantes.  Con lo que llevamos 27 años de liderazgo en donantes y en trasplantes.

          Se sabía que España, en general es una nación generosa. Lo ha demostrado. Pero hay que poner en valor que las familias realizan ese gesto, justo en uno de los momentos de mayor dolor: ante el cadáver familiar. Por eso, como dijo la Ministra de Sanidad: "la donación es uno de los actos más solidarios, un regalo de vida para otras personas".

          España, es líder mundial en donación y trasplantes, y celebra el 30 aniversario de la  Organización Nacional de Trasplantes (ONT) con 48,9 donantes por millón de personas(p.m.p.) (2,7% más). Comparativamente, estas cifras son las  más altas del mundo, muy por encima de Estados Unidos (31,7), de la UE (22,3), o Canadá (21,9 p.m.p.); y han permitido elevar la tasa de trasplantes a 114 p.m.p, la más alta del mundo.

          "Son cifras sumamente difíciles de conseguir, puesto que partimos de una situación de excelencia, con poco espacio para la mejora. Pero a través de su trayectoria, la ONT, con su elevado nivel de autoexigencia, ha demostrado su capacidad para seguir aumentando tanto la calidad como la cantidad de los trasplantes que se realizan en nuestro país". "En los últimos 5 años - añadió la ministra- la ONT ha aumentado en un 37% la tasa de donación, lo que supone el mayor incremento de su historia, al pasar de 35,1 a 48 donantes p.m.p en un lustro".

         Se puede ser razonablemente optimistas, pues 2 años antes de lo previsto en el Plan "50x22" (50 donantes p.m.p. y superar los 5.500 trasplantes en 2022), tenemos ya una cifras muy cercanas.

         2) También se batió el récord de donación de órganos en un solo día: 19, y 38 trasplantes.

          La gestión de los 19 donantes (familias que donaron los órganos de un familiar fallecido), permite su mejor registro de actividad en menos de 24 horas (29 de noviembre 2019), que permitieron realizar 38 trasplantes. El anterior récord de donantes (14/12/2015) estaba establecido en 15 donantes, procedentes de personas fallecidas y 1 donante renal vivo.

           De una forma u otra se involucran, sino todos, por lo menos, muchas personas. De hecho  participaron 27 hospitales; 13 Comunidades Autónomas; (Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Cantabria, Cataluña, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia y País Vasco). A ellos se añade el hospital francés de Dijon, 8 vuelos para trasladar equipos y órganos, 5 de ellos en vuelos privados y 3 en vuelos comerciales; 12 aeropuertos; (sin precisar número, puede decirse que fueron...), varios policías, varios pilotos, varios enfermero/as, varios celadores, varios médicos, varios anestesistas, varios cirujanos. etc. ¡Un logro impresionante!

           El interés por la salud y el rápido intercambio de órganos entre las distintas comunidades, para que lleguen a donde se necesitan, pone de manifiesto que "el sistema español de trasplantes  es un excelente ejemplo de cohesión de nuestra sanidad, y un modelo organizativo en el que la ONT y las comunidades autónomas colaboran de manera ejemplar para responder de manera adecuada a las necesidades de nuestros pacientes", en palabras de María Luisa Carcedo.

         Eso denota buena gestión y coordinación, independiente de comunidad, lengua, al margen de la política. Los donantes de órganos, al igual que los profesionales que intervienen, solo tienen en cuenta a "las personas en lista de espera que los necesitan".   O sea, que la persona necesitada es la prioridad absoluta, esté donde esté. ¡Qué maravilla! ¡Ojalá siempre y para todo fuera así!

        Ciertamente es enorme la generosidad de los donantes que no saben quién puede beneficiarse del gesto de su donación, ni en qué parte de España. Pero lo mismo les sucede a los facultativos que intervienen al paciente vivo, con los órganos donados por los familiares de un fallecido, sea en carretera por traumatismo, muerte encefálica o por asistolia.

        No suele ponerse de relieve, aunque interesa y mucho, que la generosidad de los donantes, supone no solo un regalo de vida para los pacientes en lista de espera, también supone un ahorro para las arcas públicas del estado, y también para las familias de los pacientes. Y, que para poder donar, para encauzar las donaciones y poder realizar los trasplantes, además de ONT, está detrás el trabajo de las corporaciones científicas de los diferentes profesionales y las personas que de forma cualificada y profesional participan en el proceso.

         Solo una pregunta, si esto se puede hacer por el bien de los pacientes, ¿por qué no se aplica esa misma atención y cohesión, cuando una familia, (o persona ), se desplaza a cualquier otra comunidad en la que cae enfermo? Los sanos, ¿no son beneficiarios del Sistema Nacional de Salud?

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           Según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), cinco de las donaciones realizadas el 29 de noviembre se han llevado a cabo en asistolia y una ha sido una donación internacional.

             Resta aclarar, -para mejor comprensión-, que: "asistolia o asístole" en medicina, indica la ausencia completa de actividad eléctrica en el miocardio. Representa una isquemia miocárdica por períodos prolongados de perfusión coronaria inadecuada. En general se identifica la asistolia con el ritmo correspondiente a la línea plana en el monitor, (corazón parado). Y estas donaciones representan ya 1 de cada 3.

          3)  Hubo, en 2019, no solo un día de record, sino dos.

          Según la ONT el mes de noviembre pasado fue "un mes excepcional", porque además de batir un nuevo récord, hubo 2 días en los que se contabilizaron 15 donantes en cada uno de ellos, frente a los 6 donantes diarios de media en 2018.

         Además de los citados trasplantes renal (3.423) y pulmonar (419), hubo también otros trasplantes importantes, 1.230 hepáticos, 321 cardiacos, 82 de páncreas y 4 intestinales.

         También sucedió en España algo único y de relevancia mundial, el mes anterior. Es preciso citar un caso especial y a un hospital concreto -el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, líder europeo en trasplantes-, que realizó un trasplante doble, de riñón e hígado en octubre, a una niña que había sido trasplantada de corazón anteriormente, en el mismo hospital.

          La beneficiaria fue una niña llama Iria; tiene 10 años. Según Ramón Charco, jefe del Servicio de Cirugía Hepatobiliopancreática y Trasplantes de Vall d'Hebron  "padece una nefronoptisis tipo 9una enfermedad minoritaria ultrarrara. La niña, sufre una mutación en el gen NEK8La mutación de este gen causa fibrosis y la cicatrización de los tejidos de los órganos, que dejan de funcionar. "Es una enfermedad rápidamente progresiva: hay fetos que nacen muertos. Y corazón, riñón e hígado son los órganos que más rápidamente se afectan".

         El primer trasplante que recibió Iria fue de corazón, en el 2009, cuando contaba con solo seis meses de vida. "En cardiología recibimos a una paciente, con cuatro meses, que tenía una miocardiopatía hipertrófica que era incompatible con la vida... y, según los médicos. La única opción era el trasplante cardíaco y pusimos a Iria en lista de esperaTuvimos la suerte de que el corazón llegó pronto", explicó Ferran Gran, cardiólogo pediátrico y coordinador médico de Trasplante Cardíaco Pediátrico. El trasplante de corazón fue exitoso y la niña evolucionó favorablemente. Era la primera paciente en todo el mundo con esta enfermedad que recibía un trasplante de corazón, ya que la mayoría de los pacientes con mutación en el gen NEK8 no superan el periodo fetal o mueren en los primeros meses de vida.

        Así que, es la primera paciente pediátrica de España en recibir un triple trasplante de corazón, riñón e hígado y el primer caso en el mundo, que se hace con esta patología en concreto. ¡Sencillamente un logro extraordinario!  

         Solo cabría añadir que Judith la madre de Iria, ha dicho que su hija hace una vida normal, tiene buena salud y que el corazón, el hígado y los riñones funcionan de forma normal, en una paciente trasplantada.  Por eso no tiene más que palabras de agradecimiento "para los donantes" y a "los equipos médicos" del Hospital Vall d´Hebron.

             En España, pese al gran nivel alcanzado, nadie echa las campanas al vuelo. Los responsables de la Sanidad recuerdan que todavía quedan un "número importante de pacientes en lista de espera", pendientes de un órgano. Al 31 de diciembre de 2019, eran 4.889 pacientes, de los cuales 93 son niños.

           4)  Cuando se alcanza un record, suelen darse otros logros en cadena.

           Los donantes de Médula aumentaron un 12%. Se alcanzó el objetivo de 400.000 potenciales donantes de médula registrados, -2 años antes de lo previsto-. Que se hayan inscrito ya en el registro de donantes de Médula Ósea, es muy importante porque, normalmente, de ahí salen los donantes, en caso de necesitar.

           El futuro de la estrategia Nacional de Trasplante de Médula Ósea, será enfocado a obtener más objetivos cualitativos que cuantitativos. No tanto tener muchos donantes, sino que las personas registradas tengan mayor posibilidades de convertirse en donantes reales, y en la medida de lo posible de donantes de menor edad, y más varones. Curiosamente 2 de cada 3 potenciales donantes registrados actualmente, son mujeres.

           Desaconsejan que el llamamiento para donaciones se haga  por  las  redes sociales y para un paciente concreto porque "no hacen falta y a veces son perjudiciales", ya que generan la sensación de que se dona para "ese" paciente en particular y nunca es así. La legislación no lo permite.

          "La donación de médula se rige por el principio de solidaridad universal. Cuando alguien quiere donar médula, (se inscribe en el registro), su médula se encuentra disponible para cualquier paciente de cualquier lugar del mundo que lo pueda necesitar y necesitamos que las personas que se registran como donantes tengan muy claro ese concepto".

http://www.rtve.es/noticias/20190115/modelo-espanol-trasplantes-exito-traspasa-fronteras/1869281.s…

           CONCLUSION:

            El éxito de donantes y de trasplantes, es una oda tanto a la generosidad de familias y personas concretas, como de la capacitación científica de los facultativos y profesionales que las han hecho posibles, gracias a las organizaciones y medios de que han dispuesto.

          Pero -de una forma u otra- es un logro del que participamos todos. Por supuesto, en primer lugar, los pacientes, directamente beneficiarios y sus respectivas familias.

          Y, al mitigar su dolor, su angustia, y devolverles la posibilidad y la esperanza de vida, han disipado la preocupación de sus familiares y amigos y, han permitido a toda la sociedad compartir su ánimo y vitalidad.

           Al cambiar la parte negativa: egoísmo, enfermedad y dolor, por altruismo, esperanza y  nueva energía para la convivencia, este record nos hace más humanos a todos y señala el camino para un futuro mejor.

José Manuel Belmonte

 

La deseada unidad en un mundo crispado

A veces se escenifica en determinados foros una visión de la comunidad cristiana dividida, enfrentada, como si fuera un parlamento lleno de intriga o tuviera la animadversión del debate político más bronco. Desde el primer momento de la Iglesia, la unidad de los cristianos fue objeto de una plegaria especial. Cada mes de enero tenemos una cita para pedir precisamente por esto durante ocho días, algo que el mismo Jesús quiso pedir en su oración. Porque Él dará gracias por los sencillos a quienes revela el Padre los secretos de su corazón. También pedirá para que la fe de Pedro no se tambalee nunca debido a su vocación de ser fundamento de la Iglesia. Está el testimonio de Jesús que madrugaba cada amanecer y trasnochaba después de cada ocaso, encontrándole así los discípulos en oración. Volvía con un semblante tan sumamente dulce y lleno de luz, que arrancaba de los discípulos una petición: Maestro, enséñanos a orar.

Resulta significativo que una de las pocas ocasiones en las que nos ha desvelado el Señor su tema de oración con el Padre, haya sido precisamente la unidad de los discípulos. Entre ellos hubo momentos de discrepancia, algo normal en un grupo tan variopinto como el de los primeros discípulos: lo atestiguan los mismos Evangelios. Jesús no anuló las diferencias naturales y legitimas en ellos, pero sí quiso que no las vivieran como rivalidad hostil o pretenciosa porfiando unos con otros por intereses mundanos.

Así se entiende esa plegaria del Señor: “Padre, que todos sean uno, como Tú y yo somos uno, para que el mundo crea”. No se trata de la vulgar componenda de quien consensúa distintas líneas, sensibilidades, edades o culturas, porque el modelo de esa unidad invocada por Jesús no es la del “apaño amañado” forjado a mano alzada y mayoría cualificada. El modelo que propone Jesús es la unidad que Él tiene con su Padre: la que sabe respetar la diferencia entre ambos, pero que sabe convivir complementariamente. Esto sólo es posible cuando se quiere de verdad al otro hasta dar por él la vida, con un tipo de cariño que no es sentimentalismo (aunque tenga sentimientos), sino verdadero amor. En la carta programática para toda la Iglesia que san Juan Pablo II escribió al inicio del nuevo milenio, se decía a propósito de la espiritualidad de comunión una definición muy bella: “es sentir al otro como uno que me pertenece”, es decir, como alguien mío, no ajeno ni extraño, no intruso ni postizo, sino sentirlo con una pertenencia hecha de respeto, de perdón, de ternura y auténtica caridad.

En la oración de Jesús se introduce un factor importantísimo: “para que el mundo crea”. ¡Qué sintomático esto en los labios del Señor! Porque para que el mundo crea, tiene que vernos unidos, no simplemente reunidos, ni tan sólo comprometidos en nuestra causa, sino unidos. Quien vive unido como Jesús y el Padre, trata de acercar gestos, posturas, afecto y pensamiento, para que esa unidad no sea una entelequia, sino un testimonio vivo. La unidad se construye desde la fidelidad a toda una tradición cristiana anterior, sin hacernos tradicionalistas. Desde el diálogo sincero en el momento actual, sin hacernos relativistas. Asomados a un futuro venidero, desde la confianza que nutre la esperanza. Este es el desafío que tenemos cada generación cristiana cuando pedimos por la unidad entre nosotros, empezando por los que tenemos más cerca y los de casa. En un mundo a veces tan crispado e inconsistente, hay una unidad que se nos pide a los cristianos como gesto de fraterna convivencia. Pidámoslo con obras y palabras en esta semana de oración, para que, como decía Jesús, el mundo crea.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo

 

 

Implicarse en la crianza de los hijos

Los padres (varones) que lograron romper con la tradición atávica de ser meros proveedores, descubrieron el gozo de implicarse en la crianza de los hijos, desde las primeras edades, aunque siendo inevitable que, por ser novatos, cometieran errores “simpáticos”. Por ejemplo, poner los pañales al revés.

En España sigue habiendo muchos padres ausentes, esos que se casaron con su trabajo, por lo que sólo ven a sus hijos cuando están dormidos. Los hijos que crecen sin la referencia del padre suelen tener sensación de abandono y sentimientos de inseguridad; piensan que su padre no los quiere. Por ese motivo son propensos a desarrollar problemas de conducta. Ese hecho justifica por sí mismo seguir reivindicando el rol paterno en la familia, por lo menos hasta el momento en que la mayoría de los hijos pregunte: “Papá, ¿qué hay para comer?”

Compartir la educación de los hijos genera una “paternidad espiritual”, en la que la visión paternal del padre y la visión maternal de la madre se unen para el bien de los hijos, trascendiendo sus propias realidades biológicas.

Jesús Martínez Madrid

 

Soplan hoy todos los huracanes ideológicos

Sobre esta familia, familia, soplan hoy todos los huracanes ideológicos del pensamiento único y del poder, que tiene muy claro que ella, esa sociedad natural basada en el amor, es el principal bastión de resistencia contra toda tiranía, y que su destrucción nos convierte en indefensos átomos a merced del capricho de las élites. Y esto que escribo no es una teoría: es algo tan obvio, que basta ver la multiplicación de abortos,  la caída en picado de la natalidad; la imposición “legal” -¡qué bajo ha caído la “ley”!- de la ideología de género, y las infinitas clasificaciones caprichosas hasta un desviado feminismo que pretende destruir cualquier sociedad medianamente cohesionada.

En septiembre de 2017, el Papa Francisco refundó el Pontificio Instituto Juan Pablo II, en base a la necesidad de “una renovada conciencia del evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder”.

Con esa familia cristiana, la Iglesia ha respondido y con muy buenos resultados a todos los desafíos pastorales que se le han presentado a lo largo de toda su historia.

El Pontificio Instituto Juan Pablo II era un medio de formación centrado en profundizar en el sentido cristiano de la familia, desde una perspectiva teológica y de fe. A la vez ha ofrecido durante todos estos años, una valiosísima ayuda para resolver crisis de familias en todo el mundo.

Algunos de los promotores del cambio han argumentado la necesidad de afrontar “otros modelos de familia”, teniendo en cuenta los cambios antropológicos, culturales, sociológicos, etc.,  que influyen hoy todos los aspectos de la vida y que, según ellos, requieren un enfoque  diversificado sobre la realidad de la familia. Y añaden, en su lógica, que la práctica pastoral de la Iglesia no se puede limitar a considerar la familia solamente con formas y modelos del pasado.

JD Mez Madrid

 

 

Hablamos también de pena

Hablamos también de pena al referirnos al infierno y al purgatorio. Y aquí la diferencia es importante. De entrada, se me ocurre que no se puede hablar de las penas del infierno, al menos en el mismo sentido que las del purgatorio. Las penas del purgatorio no son castigos. Es la tristeza por haber ofendido a Dios. Tampoco es un correctivo como en el derecho penal. En el purgatorio no hay corrección cara a mejorar la vida, pues ya se está en la puerta de la eternidad.

Es una pena purgativa: me da pena haber hecho tantas cosas mal. Es un dolor equiparable al que tiene un hijo si ha ofendido a su madre. La pena del purgatorio no es castigo, es dolor de amor. Cuando el alma se encuentra con Jesucristo en el Juicio, es totalmente consciente de la gravedad de sus pecados, aunque el arrepentimiento le permita entrar en la eternidad.

En el infierno no hay pena ninguna. El condenado no siente pena por sus pecados, y por eso está allí. Solo existe la tristeza inmensa del egoísmo reafirmado para la eternidad.

Por lo tanto, hay una pena buena, en contra de lo que digan todas las acepciones del diccionario, pues la de purgatorio es una pena lógica, que nos hace sufrir y nos purifica.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Celebrar el Tiempo de la Creación

El Papa Francisco ha realizado su primera declaración oficial promoviendo el Tiempo de la Creación, una celebración anual de un mes de oración y acción por el medio ambiente que es seguida por los cristianos de todo el mundo. 

Francisco afirma que estamos llamados a proteger la creación y señala que el Tiempo de la Creación es un tiempo de oración en la naturaleza. "Este es el tiempo para rehabituarnos a rezar inmersos en la naturaleza, donde surge espontáneamente la gratitud al Dios creador."

El Santo Padre también indica que el ‘el Tiempo de la Creación’ es un momento para crecer en sostenibilidad. "Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestros estilos de vida . . . escojamos cambiar, adoptar estilos de vida más simples y respetuosos!"

Y por último insta a los gobiernos a promulgar mejores políticas climáticas. En particular, el mensaje del Papa destaca los innovadores movimientos juveniles e indígenas que han captado la atención del mundo, así como una próxima reunión que pondrá a conocimiento general sus preocupaciones. La cumbre climática del Secretario General de la ONU, dice el Papa, es un momento que se debe "¡aprovechar para responder al clamor de los pobres y la tierra!".

Juan García. 

 

 

Dos huevos fritos: Un manjar y económico

            Sí; dos huevos de gallina, fritos con aceite de aceituna (mal denominado de oliva) y no otro, u otra grasa cualquiera; acompañado de unas abundantes láminas o rodajitas de ajo, fritas antes en igual aceite y tostadas éstas; sabiendo mantener la cantidad de aceite y éste en su temperatura idónea, (“no es fácil freír un huevo como dice el necio dicho popular”) logrando que la clara salga compacta y no quemada, la yema líquida… “esos dos huevos fritos son una obra maestra de la gastronomía y que ya la presencia y el aroma que desprenden, estimulan todas las apetencias de a quién guste de este plato; que es plato de rey, como más adelante diré”. Servidos ya en la mesa, recién sacados de la sartén, con un buen “chorreón” del aceite de la misma; con un buen y tierno pan de harina de trigo; y si se acompañan con unas “pocas” papas o “patatas fritas a lo pobre, o al montón”; y éstas llevan al lado, unos pocos pimientos verdes, tiernos y de tamaño pequeño; fritos en el mismo aceite, con “su rabo” y rajados por la mitad; calentito todo ello y junto a los huevos; y “el salero”. A su lado un “regular” vaso de vino, para saborearlo poco a poco y “sorbito a sorbito”, mientras se come; y sea ese vivo tinto, o blanco fino de Andalucía, donde hay muchos blancos y tintos; estos a temperatura fresca, no fría en exceso; y comerlo todo como se debe; sin cubierto y sólo “sopeando”, con sopas; llegando si procede, hasta chuparse los dedos; es manjar insuperable; y como plato único, seguro que deja saciado a cualquiera que “sepa comer”; y que no sea muy bruto comiendo. De postre una manzana asada y quitado el corazón antes de ello; y el hueco, rellenarlo a gusto del consumidor; “piñones, canela, licor, miel, algo de azúcar, “u lo que sea”; así, terminas como yo terminé ayer mismo… “feliz y contento; y durmiendo en el sillón, al arrullo de los ruidos de la televisión, que en estos casos, hace de nana maravillosa; cantada por un hada”. Por descontado que antes de dormirme, di mis más expresivas gracias a la señora que me cuida la casa en mi viudez (“Pepi”) y con la que estoy satisfecho, puesto que es, una, “señora ama de casa y de las que hoy hay pocas, muy pocas”; la juventud como en tantas cosas, quiere lo moderno; aunque ello sea muchas veces, basura, o “más que basura”.

            Dicho ello, paso a relatar, otros episodios en los que “aquellos huevos”, fueron escasos o incluso ausentes en demasía; y algunos, “comidos miserablemente, debido a las miserias de un progenitor; y también de las miserias de épocas muy duras, transcurridas en aquellos años “cuarenta”, tras la terrible guerra civil española, pero en los que también, se asolaba medio mundo y en él ocurrían cosas terribles, culminadas con los bombardeos atómicos de las dos, “terriblemente famosas, ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki”.

            En uno de esos casos y yo como protagonista y con edad de cinco años o cosa así; “conocí aquellos huevos”, en casa de una parienta acomodada, puesto que en aquellos tiempos, tener dos docenas de cabras y media docena de gallinas, era algo que en inmensa mayoría de españoles pobres, ni lo podían soñar siquiera; aquella mujer y sabiendo mi estado de orfandad; algunas veces, al ir a verla, al marchar, me entregaba un huevo, con la recomendación siempre, de  que… “no lo rompas y que tu abuela te lo avíe”; no rompí ninguno de aquellos escasos huevos, y efectivamente, mi muy querida abuela, “me lo aviaba” y generalmente me lo comía frito, “yo sólo”, y aquello, sólo lo puede valorar quién pasara aquellos “años del hambre en España”, y donde el pan blanco era desconocido en la mayoría de hogares españoles, “y el negro o moreno, lo teníamos racionado, mediante cartillas oficiales, que nos lo asignaban fijando el peso diario y en gramos correspondientes a cada individuo”. Yo aún guardo mi cartilla de racionamiento, y seguro que no la vendería por nada del mundo… “hoy no paso hambre, al contrario, “el médico me dice que coma poco y ande mucho”, que son las dos medicinas que hoy recetan los médicos, para casi todas las enfermedades”…?

            Y he dicho que aquellos huevos me los comía yo sólo; puesto que sé y por cuanto me lo confesó el interesado; que en una familia, que “también tenía, gallinas, cerdos, cabras y algunas tierras”; el muy económico (avaro o miserable) cabeza de familia, cuando tocaba comer huevos; a este conocido y a su hermana, ambos ya “zagalones y trabajando todo cuanto podían en la propiedad familiar”; les freían un huevo, igualmente de gallina, pero habían de comerlo entre los dos, mojando pan en el mismo y  supongo que en el no muy abundante aceite; y ambos han llegado a viejos, puesto que yo cumplí ya ochenta y uno, y ellos tienen algunos más; también y como yo prosperaron mucho en la vida, y desde hace muchos años… “les sobran huevos”.

            Y finalmente relato los huevos que comía, un rey de España; rey cobarde y que salió huyendo de España, por no hacer frente a su realidad y apechugar, con lo que tuvo la obligación de hacerlo. Aquel rey fue Alfonso XIII; al que le gustaban mucho los huevos de gallina fritos; los que comía como “sus súbditos más pobres y chupándose los dedos”; a lo que su real esposa, le regañaba diciéndole… “Alfonso, yo no sé cómo te puedes comer los huevos así; yo no lo haría nunca”[i];  y a lo que aquel socarrón monarca, que sabía de “huevos”, puesto que dejó algún que otro hijo bastardo; le respondía placenteramente: “Pues no sabes lo que te pierdes, Victoria”.

            Y aquí termina este mi artículo, escrito sobre los huevos de “ambas clases”; y por cuanto me ha apetecido, hacerlo, por… “huevos o güevos de gallina o no de gallina”.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen.ciudad.es (aquí más temas)

 


[i] Victoria Eugenia de Battenberg (en inglésVictoria Eugenie Julia Ena of BattenbergCastillo de BalmoralAberdeenshireEscocia24 de octubre de 1887-LausanaSuiza15 de abril de 1969) fue la reina consorte de España por su matrimonio con el rey Alfonso XIII. Era nieta de la reina Victoria del Reino Unido y bisabuela del actual monarca español Felipe VI.