Las Noticias de hoy 20 Marzo 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 20/03/2021 - 12:26

DIA MUNDIAL DE LOS CUIDADOS PALIATIVOS - Hospital San Juan de Dios Pamplona

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 20 de marzo de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

El Papa: “La elevación del Santuario de Knock es una gran responsabilidad”

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO: Francisco Fernandez Carbajal

"¡Amemos la dirección espiritual!": San Josemaria

Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Un año para redescubrir el valor educativo del núcleo familiar

«Padre en la acogida»

Educar el corazón : J.M. Martín, J. Verdiá

Algunas claves de la crisis familiar hoy: Pedro Beteta López

Justo Aznar: “Es ético producir seudoembriones humanos para experimentaciones biológicas”

Evangelio del domingo: atraeré a todos hacia mí

Comulgar de rodillas: Daniel Tirapu

Un día triste para  España : Juan Moya

Nuevo Orden Mundial.: J L Velayos

Decálogo de mujeres que defienden la vida y la familia: aciprensa 

Nueva ley de transexualidad: un retroceso para todos : Julio Tudela

Declaración oficial contra el Proyecto de Ley de Eutanasia de los Colegios de Farmacéuticos, Odontólogos y Médicos de Madrid

 La ley moral: Rafael María de Balbín

El aborto y un nuevo informe de la ONU : Suso do Madrid

 San José 2021 : Josefa Romo Garlito

¿España draghizada?: Jesús Martínez Madrid

Si renunciara a educar : Juan García. 

España en caída libre y desamparada totalmente : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

Mensaje del Santo Padre a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Apoyemos a la familia, defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”, lo dijo el Papa Francisco en su mensaje a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.

Hoy es necesaria una nueva mirada a la familia

En su Mensaje, el Santo Padre recordó que, hace años se promulgó la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris laetitia sobre la belleza y la alegría del amor conyugal y familiar. “En este aniversario – señaló el Pontífice – los he invitado a vivir un año de relectura del Documento y de reflexión sobre el tema, hasta la celebración de la X Jornada Mundial de las Familias que, si Dios quiere, tendrá lugar en Roma el 26 de junio de 2022”. Durante este quinquenio, Amoris laetitia ha marcado el inicio de un camino tratando de impulsar un nuevo enfoque pastoral de la realidad de la familia. “La intención principal del Documento – subrayó el Papa – es comunicar, en un tiempo y una cultura profundamente cambiados, que hoy es necesaria una nueva mirada a la familia por parte de la Iglesia: no basta con reiterar el valor y la importancia de la doctrina, si no nos convertimos en custodios de la belleza de la familia y si no cuidamos con compasión su fragilidad y sus heridas”.

Dos aspectos que están en el corazón de la pastoral familiar

Por ello, es importante afirmó el Papa Francisco estos dos aspectos que están en el corazón de toda la pastoral familiar: la franqueza del anuncio del Evangelio y la ternura del acompañamiento. “Por un lado, anunciamos a las parejas, a los esposos y a las familias una Palabra que les ayude a captar el auténtico sentido de su unión y de su amor, signo e imagen del amor trinitario y de la alianza entre Cristo y la Iglesia”. Por otra parte, esta proclamación no puede ni debe darse nunca desde arriba o desde fuera. La Iglesia está encarnada en la realidad histórica como lo estuvo su Maestro, e incluso cuando anuncia el Evangelio de la familia lo hace sumergiéndose en la vida real, conociendo de cerca las labores cotidianas de los esposos y de los padres, sus problemas, sus sufrimientos, todas esas pequeñas y grandes situaciones que pesan y a veces obstaculizan su camino.

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18/03/2021

Año Amoris Laetitia: Una oportunidad para acompañar a las familias en dificultad

“Nuestro amor cotidiano”

Este es el contexto, les dijo el Papa a los participantes en el seminario web, se trata del amor generado por la sencillez y el trabajo silencioso de la vida de pareja, por ese compromiso cotidiano y a veces agotador que llevan a cabo los cónyuges, las madres, los padres, los hijos. Un Evangelio que se propone como una doctrina caída de lo alto y no entra en la "carne" de esta vida cotidiana, corre el riesgo de quedarse en una bella teoría y, a veces, de ser vivido como una obligación moral. Estamos llamados a acompañar, a escuchar, a bendecir el camino de las familias; no sólo a trazar la dirección, sino a hacer el camino con ellas; a entrar en los hogares con discreción y con amor, para decir a los esposos: la Iglesia está con ustedes, el Señor está cerca de ustedes, queremos ayudarles a conservar el don que han recibido.

Ayudar a la familia a realizar su misión

El Santo Padre precisa que, es fundamental anunciar el Evangelio acompañando a las personas y poniéndonos al servicio de su felicidad: así podemos ayudar a las familias a caminar de una manera que responda a su vocación y misión, conscientes de la belleza de los vínculos y de su fundamento en el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. “Cuando la familia vive bajo el signo de esta Comunión divina, que he querido explicitar en sus aspectos existenciales en Amoris laetitia, entonces se convierte en palabra viva de Dios-Amor, hablada al mundo y para el mundo”. En efecto, la gramática de las relaciones familiares -es decir, de la conyugalidad, de la maternidad, de la paternidad, de la filialidad y de la fraternidad- es la vía por la que se transmite el lenguaje del amor, que da sentido a la vida y calidad humana a toda relación.

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19/03/2021

Amoris laetitia y San José: un vínculo particular

Los lazos familiares dan estabilidad a la comunidad humana

En esta época de pandemia, recuerda el Pontífice, en medio de tantas dificultades tanto psicológicas como económicas y sanitarias, todo esto se ha puesto de manifiesto: los lazos familiares han sido y siguen siendo duramente probados, pero al mismo tiempo siguen siendo el punto de referencia más firme, el apoyo más fuerte, el guardián insustituible para la estabilidad de toda la comunidad humana y social. “¡Así que apoyemos a la familia! Defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos: hijos, padres, abuelos... Necesitamos estos vínculos para vivir y vivir bien, para hacer la humanidad más fraterna”.

El Papa: “La elevación del Santuario de Knock es una gran responsabilidad”

El Papa Francisco envía un video-mensaje al pueblo irlandés con motivo de la elevación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Knock a Santuario Internacional de especial devoción eucarística y mariana

Ciudad del Vaticano

El Santo Padre ha querido estar presente en este momento tan importante de la vida del Santuario de Knock, para el que el Papa declaró oficialmente hace unos días que pasaría de ser considerado Nacional a Internacional de Especial Devoción Eucarística y Mariana justamente hoy, el día de San José. Por ello, a través de un video-mensaje, Francisco ha querido dirigirse al pueblo irlandés, recordándole que son un pueblo que, desde la aparición del 21 de agosto de 1879, cuando la Santísima Virgen María se apareció a unos aldeanos en Knock junto con San José y San Juan Apóstol, “han expresado su devoción allá donde ha ido” y han sido “un pueblo de misioneros”.

Francisco también ha querido recordar “cómo muchos sacerdotes dejaron su tierra para convertirse en evangelizadores” y “a los muchos laicos que han emigrado a tantas tierras y han mantenido viva su devoción a Nuestra Señora de Knock”. Sin olvidarse de las familias: “Cuántas familias, a lo largo de casi un siglo y medio – dice el Papa – han transmitido la fe a sus hijos y han reunido sus labores cotidianas en torno al rezo del Rosario con la imagen de Nuestra Señora de Knock en el centro”.  

La importancia del silencio para la fe

“En la aparición de Knock, la Virgen no dice una palabra. Sin embargo, su silencio es también un lenguaje; de hecho, es el lenguaje más expresivo que se nos da”. El Papa ha resaltado en su video-mensaje que el mensaje que se desprende de Knock “es el gran valor que tiene el silencio para la fe”. Y, deteniéndose en “el silencio” ha recordado que “es el silencio ante el misterio que no significa renunciar a la comprensión, sino la comprensión sostenida y ayudada por el misterio del amor de Jesús que se ofreció por todos nosotros como Cordero sacrificado para la salvación de la humanidad”.

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19/03/2021

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

También ha dicho que “es el silencio ante el gran misterio del amor que no encuentra otra posibilidad de respuesta que la de abandonarse con confianza a la voluntad del Padre misericordioso”. Por último, ha explicado que “es el silencio que pidió Jesús cuando nos enseñó: ‘Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará’. Y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará”. De hecho, el Papa aconseja que cuando recemos, no desperdiciemos nuestras palabras como los paganos y hace suyas las palabras de Mateo: “No seáis, pues, como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis incluso antes de que se lo pidáis".

Una elevación que es una gran responsabilidad

“La elevación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Knock a Santuario Internacional de Especial Devoción Eucarística y Mariana es una gran responsabilidad” ha dicho el Papa Francisco al pueblo irlandés, porque esto conlleva – continúa – “que os comprometéis a estar con los brazos siempre abiertos en señal de acogida a todo peregrino que venga a vosotros desde cualquier parte del mundo, sin pedirles nada, sino sólo reconociéndoles como hermanos que desean compartir la misma experiencia de oración en común hermandad”. Además, les pide que esta “acogida” se combine con “la caridad” y se convierta “en un testimonio eficaz de un corazón que se abre para recibir la Palabra de Dios y la gracia del Espíritu Santo que da fuerza”.  

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

Se ha publicado el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, en el día en que la Iglesia celebra a San José. "La vocación -dijo Francisco- es la llamada divina que siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente sí a Dios”.

Ciudad del Vaticano

Ha sido publicado el mensaje del Papa Francisco en la fiesta dedicada a San José, en el mensaje, Francisco recuerda la figura de San José, el sueño de la vocación.  Y recuerda, la vocación es la “llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios”. San José sugiere tres palabras claves para la vocación: sueños, servicios y fidelidad.

Desde el pasado 8 de diciembre, con motivo del 150.º aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia universal, el Papa Francisco, por medio del Decreto de la Penitenciaría Apostólica, dio comienzo al Año dedicado especialmente a este Santo. Además, el Pontífice escribió la Carta apostólica Patris corde para «que crezca el amor a este gran santo». En su mensaje, el Papa afirma que la figura de San José es “extraordinaria, y al mismo tiempo «tan cercana a nuestra condición humana». San José no impactaba, tampoco poseía carismas particulares ni aparecía importante a la vista de los demás. No era famoso y tampoco se hacía notar, los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya. Sin embargo, con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios”.

Las vocaciones: regeneran la vida cada día

Más adelante, en el mensaje, Francisco recuerda que “Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere forjar corazones de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza”.

Y hoy día, en tiempos marcados por “la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, donde nos invade la incertidumbre y el miedo al futuro, lo que necesita el sacerdocio y la vida consagrada es a San José que viene a su “encuentro con su mansedumbre, como santo de la puerta de al lado; al mismo tiempo, su fuerte testimonio puede orientarnos en el camino”.

Tres palabras clave para la vocación

Francisco señala en su mensaje que San José nos sugiere tres palabras clave para nuestra vocación. La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse. Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos.

Y el mayor sueño de la humanidad: “amor”. Porque como afirma el Papa, es “el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don”.

En el Mensaje, el Pontífice explica que los Evangelios narran cuatro sueños. Eran llamadas divinas, “pero no fueron fáciles de acoger. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente. Y el Papa nos pregunta: “¿Qué era un sueño nocturno para depositar en él tanta confianza?”. Aunque en la antigüedad se le prestaba mucha atención, seguía siendo poco ante la realidad concreta de la vida. A pesar de todo, san José se dejó guiar por los sueños sin vacilar”, porque confirma el Papa, “su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante “oído interno” sólo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. Esto también se aplica a nuestras llamadas”.

“A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. Y así, como hizo con san José, nos propone metas altas y sorprendentes”.

La vocación: la llamada divina que impulsa a entregarse

Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca habría imaginado. El primero, afirma en su mensaje, desestabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el tercero anunciaba el regreso a su patria y el cuarto le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la proclamación del Reino de Dios. “En todas estas vicisitudes, afirma el Papa, la valentía de seguir la voluntad de Dios resultó victoriosa. Así pasa en la vocación: la llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios. Y cada “sí” da frutos, porque se adhiere a un plan más grande, del que sólo vislumbramos detalles, pero que el Artista divino conoce y lleva adelante, para hacer de cada vida una obra maestra. En este sentido, san José representa un icono ejemplar de la acogida de los proyectos de Dios”.

San José es un icono de la acogida de los proyectos de Dios, pero es una “acogida activa, nunca renuncia ni se rinde, «no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte». Que él ayude a todos, señala Francisco, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir “sí” al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona”.

Servicio 

La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio, escribe el Papa y explica que se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo. "El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las generaciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Iglesia. También es patrono de la buena muerte, él que supo encarnar el sentido oblativo de la vida. Sin embargo, su servicio y sus sacrificios sólo fueron posibles porque estaban sostenidos por un amor más grande: «Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio"

Y este tipo de madurez, afirma, es lo que se requiere en el sacerdocio y la vida consagrada. "Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración».

El Pontífice explica que "para san José el servicio, expresión concreta del don de sí mismo, no fue sólo un ideal elevado, sino que se convirtió en regla de vida cotidiana", San José, dijo el Papa, "se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de quien vive para servir. Con este espíritu, José emprendió los numerosos y a menudo inesperados viajes de su vida: de Nazaret a Belén para el censo, después a Egipto y de nuevo a Nazaret, y cada año a Jerusalén, con buena disposición para enfrentarse en cada ocasión a situaciones nuevas, sin quejarse de lo que ocurría, dispuesto a echar una mano para arreglar las cosas. Se podría decir que era la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. Por eso, no puede más que ser un modelo para todas las vocaciones, que están llamadas a ser las manos diligentes del Padre para sus hijos e hijas"

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

Francisco, expresó que le gusta pensar en san José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. "Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir. «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14), dice el Evangelio, señalando su premura y dedicación a la familia. No perdió tiempo en analizar lo que no funcionaba bien, para no quitárselo a quien tenía a su cargo. Este cuidado atento y solícito es el signo de una vocación realizada, es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios. ¡Qué hermoso ejemplo de vida cristiana damos cuando no perseguimos obstinadamente nuestras propias ambiciones y no nos dejamos paralizar por nuestras nostalgias, sino que nos ocupamos de lo que el Señor nos confía por medio de la Iglesia! Así, Dios derrama sobre nosotros su Espíritu, su creatividad; y hace maravillas, como en José".

La fidelidad

"Además de la llamada de Dios —que cumple nuestros sueños más grandes— y de nuestra respuesta —que se concreta en el servicio disponible y el cuidado atento—, hay un tercer aspecto que atraviesa la vida de san José y la vocación cristiana, marcando el ritmo de lo cotidiano: la fidelidad. José es el «hombre justo» (Mt 1,19), que en el silencio laborioso de cada día persevera en su adhesión a Dios y a sus planes. En un momento especialmente difícil se pone a “considerar todas las cosas” (cf. v. 20). Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas. Cultiva todo con paciencia. Sabe que la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones", esto dijo el Pontífce corresponde a la laboriosidad serena y constante con la que "desempeñó el humilde oficio de carpintero (cf. Mt 13,55), por el que no inspiró las crónicas de la época, sino la vida cotidiana de todo padre, de todo trabajador y de todo cristiano a lo largo de los siglos. Porque la vocación, como la vida, sólo madura por medio de la fidelidad de cada día".

La fidelidad afirma Francisco se alimenta "a la luz de la fidelidad de Dios. Las primeras palabras que san José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20). y a continuación el Pontífice se dirige a cada uno de estos hermanos que desean seguir su vocación: 

"No temas: son las palabras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te encuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Son las palabras que, como un estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la fidelidad de cada día".

Y es esta fidelidad el secreto de la alegría, como dice un himno litúrgico, dice por último Francisco, en la casa de Nazaret,  había «una alegría límpida». Era la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la alegría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo. Y exclama su esperanza que hermoso sería si la misma atmósfera sencilla y radiante, sobria y esperanzadora, impregnara los seminarios, institutos religiosos, casas parroquiales.  Y es la alegría que desea a todos los que "generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría".

 

 

DAR A CONOCER LA DOCTRINA DE JESUCRISTO

— La enseñanza de Jesús. Cada cristiano debe dar testimonio de su doctrina.

— Imitar al Señor. Ejemplaridad. No desaprovechar ni una sola ocasión.

— Diversidad de formas de dar a conocer las enseñanzas de Jesús. Contar con las situaciones difíciles.

I. Este verdaderamente es el profeta que había de venir... Jamás ha hablado nadie así1. El Señor habla con gran sencillez de las cosas más profundas, y lo hace de modo atrayente y sugestivo. Sus palabras eran comprendidas tanto por un doctor de la ley como por los pescadores de Galilea.

La palabra de Jesús es grata y oportuna. Insistía con frecuencia en la misma doctrina, pero buscaba las comparaciones más adecuadas a quienes le oían: el grano de trigo que debe morir para dar fruto, la alegría de encontrar unas monedas perdidas, el hallazgo de un tesoro escondido... Y con imágenes y parábolas ha mostrado de modo insuperable la soberanía de Dios Creador y, a la vez, su condición de Padre, que trata amorosamente a cada uno de sus hijos. Nadie como Él ha proclamado la verdad fundamental del hombre, su libertad y su dignidad sobrenatural, por la gracia de la filiación divina.

Las multitudes le buscaban para oírle, y muchas veces era necesario despedirlas para que se marcharan. Cristo tiene palabras de vida eterna2, y nos ha dejado el encargo de transmitirlas a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos.

También hoy las gentes están sedientas de las palabras de Jesús, las únicas que pueden dar paz a las almas, las únicas que enseñan el camino del Cielo. Y todos los cristianos participamos de esta misión de dar a conocer a Cristo. «Todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espíritu, de la misma gracia... Todos participan activa y corresponsablemente –dentro de la necesaria pluralidad de ministerios– en la única misión de Cristo y de la Iglesia»3.

Es mucha la urgencia de dar a conocer la doctrina de Cristo, porque la ignorancia es un poderoso enemigo de Dios en el mundo y es «causa y como raíz de todos los males que envenenan a los pueblos»4. Esta urgencia es aún mayor en los países de Occidente, como ha señalado repetidas veces el Papa Juan Pablo II: «Nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral, con la disgregración de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»5.

Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo –no solo con el ejemplo: también con la palabra– del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente –sabiendo también provocar, con prudencia, esas ocasiones– con nuestros familiares, amigos, compañeros de profesión, vecinos; con aquellas personas que tratamos, aunque sea por poco tiempo, con ocasión de un viaje, de un congreso, de unas compras, de unas ventas...

Para quien desea recorrer el camino hacia la santidad, su vida no puede ser como una gran avenida de ocasiones perdidas, pues quiere el Señor que nuestras palabras se hagan eco de sus enseñanzas para mover los corazones. «Es cierto que Dios respeta la libertad humana, y que puede haber personas que no quieran volver sus ojos a la luz del Señor. Pero mucho más fuerte, y abundante, y generosa, es la gracia que Jesucristo quiere derramar sobre la tierra, sirviéndose –ahora como antes y como siempre– de la colaboración de los apóstoles que Él mismo ha elegido para que lleven su luz por todas partes»6.

II. Al poner por obra esta reevangelización, este apostolado de la doctrina, tendremos que insistir con frecuencia en las mismas ideas, y nos esforzaremos en presentar las enseñanzas del Señor en forma atrayente (¡nada hay más atrayente!). El Señor espera a las multitudes que también hoy andan como ovejas sin pastor7, sin guías y sin dirección, confundidas entre tantas ideologías caducas. Ningún cristiano debe quedar pasivo –inhibirse– en esta tarea, la única verdaderamente importante en el mundo. No caben las excusas: no valgo, no sirvo, no tengo tiempo... La vocación cristiana es vocación al apostolado, y Dios da la gracia para poder corresponder.

¿Somos verdaderamente un foco de luz, en medio de tanta oscuridad, o estamos aún atenazados por la pereza o los respetos humanos? Nos ayudará a ser más apostólicos y vencer los obstáculos el considerar en la presencia del Señor que las personas que se han cruzado en el camino de nuestra vida tenían derecho a que les ayudásemos a conocer mejor a Jesús. ¿Hemos cumplido con ese deber de cristianos? Ojalá no puedan reprocharnos –en esta vida o en la otra– que los hayamos privado de esa ayuda: hominem non habeo8, no he tenido quien me diera un poco de luz entre tanta oscuridad.

La palabra de Dios es viva y eficaz, penetrante como espada de dos filos9, llega hasta lo más hondo del alma, a la fuente de la vida y de las costumbres de los hombres.

Cierto día –narra el Evangelio de la Misa de hoy– los judíos enviaron a los guardias del Templo para prender a Jesús. Cuando regresaron, y ante la pregunta de sus jefes: ¿Cómo no lo habéis traído?, los guardias respondieron: Jamás nadie ha hablado así10. Es de suponer que aquellos sencillos servidores estuvieron un rato entre la gente, esperando el momento oportuno para prender al Señor, pero se quedaron maravillados de la doctrina de Jesús. ¡Cuántos cambiarían la actitud si nosotros lográramos dar a conocer la figura de Cristo, la verdadera imagen que profesa nuestra Madre la Iglesia! ¡Qué ignorancia tan grande, después de veinte siglos, la de nuestro mundo e incluso la de muchos cristianos!

San Lucas dice de Nuestro Señor que comenzó a hacer y a enseñar11. El Concilio Vaticano II enseña que la Revelación se llevó a cabo gestis verbisque, con obras y palabras intrínsecamente ligadas12. Las obras de Jesús son obras de Dios hechas en nombre propio. Y la gente sencilla hacía comentarios: Hemos visto cosas increíbles13.

Los cristianos debemos mostrar, con la ayuda de la gracia, lo que significa seguir de verdad a Jesús. «Quien tiene la misión de decir cosas grandes (y todos los cristianos tenemos esa dulce obligación de hablar de seguir a Cristo), está igualmente obligado a practicarlas», decía San Gregorio Magno14. Nuestros amigos, parientes, colegas de trabajo y conocidos nos han de ver leales, sinceros, alegres, optimistas, buenos profesionales, recios, afables, valientes... A la vez que con sencillez y naturalidad mostramos nuestra fe en Cristo. «Se necesitan –dice Juan Pablo II– heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos santos. Los grandes evagelizadores de Europa han sido los santos. Debemos suplicar al Señor que aumente el espíritu de santidad en la Iglesia y nos mande nuevos santos para evangelizar el mundo de hoy»15.

III. «Algunos no saben nada de Dios..., porque no les han hablado en términos comprensibles»16. De muchas maneras podemos dar a conocer amablemente la figura y las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia: con una conversación en la familia, participando en una catequesis, manteniendo con claridad, caridad y firmeza el dogma cristiano en una conversación, alabando un buen libro o un buen artículo... En ocasiones, con el silencio que los demás valoran, o escribiendo una carta sencilla dando las gracias a los medios de comunicación social por un trabajo acertado... Siempre hace bien a alguien, quizá de un modo que nunca pudimos sospechar. En cualquier caso, cada uno debemos preguntarnos en este rato de oración: «¿cómo puedo ser más eficaz, mejor instrumento?, ¿qué rémoras estoy poniendo a la gracia?, ¿a qué ambientes, a qué personas podría llegar, si fuera menos cómodo –¡más enamorado de Dios!– y tuviera más espíritu de sacrificio?»17.

Hemos de tener en cuenta que muchas veces tendremos que ir contra corriente, como han ido tantos buenos cristianos a lo largo de los siglos. Con la ayuda del Señor, seremos fuertes para no dejarnos arrastrar por errores en boga o costumbres permisivas y libertinas, que contradicen la ley moral natural y la cristiana. Y también entonces hablaremos de Dios a nuestros hermanos los hombres, sin perder una sola oportunidad: «Veo todas las incidencias de la vida –las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de la historia– como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras y con nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos (Cfr. Lc 9, 55).

»Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas, cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio»18.

Siempre, y de modo especial en las situaciones más difíciles, el Espíritu Santo nos iluminará, y sabremos qué decir y cómo nos hemos de comportar19.

1 Jn 7, 46.  2 Jn 6, 58. — 3 A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 38. — 4 Juan XXIII, Enc. Ad Petri cathedram, 29-VI-1959. — 5 Juan Pablo II, Discurso, 6-XI-1981. — 6 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 7.  7 Mc 6, 34. — 8 Jn 5, 7.  9 Heb 4, 12. — 10 Jn 7, 45-46. — 11 Hech 1, 1.  12 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 2. — 13 Lc 5, 26. — 14 San Gregorio Magno, Regla pastoral 2, 3. — 15 Juan Pablo II, Discurso al Simposio de Obispos Europeos, 11-X-1985. — 16 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 941. — 17 A. del Portillo, Carta pastoral, 25-XII-1985, n. 9. — 18 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 132. — 19 Cfr. Lc 12, 11-12.

 

 

"¡Amemos la dirección espiritual!"

Abriste sinceramente el corazón a tu Director, hablando en la presencia de Dios..., y fue estupendo comprobar cómo tú solo ibas encontrando respuesta adecuada a tus intentos de evasión. ¡Amemos la dirección espiritual! (Surco, 152)

20 de marzo

Conocéis de sobra las obligaciones de vuestro camino de cristianos, que os conducirán sin pausa y con calma a la santidad; estáis también precavidos contra las dificultades, prácticamente contra todas, porque se vislumbran ya desde los principios del camino. Ahora os insisto en que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas, al que confiéis todas vuestras ilusiones santas y los problemas cotidianos que afecten a la vida interior, los descalabros que sufráis y las victorias.

En esa dirección espiritual mostraos siempre muy sinceros: no os concedáis nada sin decirlo, abrid por completo vuestra alma, sin miedos ni vergüenzas. Mirad que, si no, ese camino tan llano y carretero se enreda, y lo que al principio no era nada, acaba convirtiéndose en un nudo que ahoga. (...)

¿Os acordáis del cuento del gitano que se fue a confesar? No pasa de ser un cuento, un chascarrillo, porque de la confesión no se habla jamás, aparte de que yo estimo mucho a los gitanos. ¡Pobrecillo! Estaba arrepentido de veras: padre cura, yo me acuso de haber robado un ronzal... –poca cosa, ¿verdad?–; y detrás había una mula...; y detrás otro ronzal...; y otra mula... Y así, hasta veinte. Hijos míos, lo mismo ocurre en nuestro comportamiento: en cuanto concedemos el ronzal, viene después lo demás, viene a continuación una reata de malas inclinaciones, de miserias que envilecen y avergüenzan; y otro tanto sucede en la convivencia: se comienza con un pequeño desaire, y se acaba viviendo de espaldas, en medio de la indiferencia más heladora. (Amigos de Dios, 15)

 

Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Con ocasión del inicio del Año de la Familia y de la solemnidad de san José, Mons. Fernando Ocáriz nos invita a cuidar de modo especial el propio hogar y también a salir al encuentro de otras familias y personas necesitadas.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES19/03/2021

Opus Dei - Mensaje del Prelado (19 marzo 2021)

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy empieza el año convocado por el Papa Francisco para poner más en primer plano el amor familiar, promoviendo nuevas maneras de acompañar a las familias en su camino hacia la santidad. Esta iniciativa coincidirá, durante algunos meses, con el Año de san José, que comenzó en diciembre pasado. Esta coincidencia puede ser una ocasión para acudir especialmente a la intercesión del santo Patriarca, para que cuide nuestras familias y las de todo el mundo, y también para que muchos jóvenes descubran la belleza de emprender la vida matrimonial, conscientes además de la misión evangelizadora de la familia cristiana.

Durante los meses pasados, por las medidas adoptadas en diversos países durante la pandemia, quizá muchos de nuestros días se han debido desarrollar dentro de la casa, en medio de los ritmos y tareas del hogar. El esfuerzo por vivir en unión con el Señor nos habrá facilitado también afrontar con fe y esperanza situaciones dolorosas: el propio sufrimiento y el de muchos familiares, fallecimientos de seres queridos, situaciones de soledad, enfermedades o tensiones. Habremos intentado acompañar aquellos momentos con nuestra oración, cercanía y cariño.

Estas circunstancias han sido también una ocasión para cuidar más a cada persona –especialmente a los pequeños y a los mayores– y de servir a los demás en las distintas tareas del hogar. Una familia cristiana, a imagen del hogar de Nazaret, requiere la implicación de todos sus miembros en las necesidades de educación, cuidado, descanso, etc. Cada uno aporta un valor necesario e insustituible, aunque la distribución concreta de tareas puede adquirir diversas formas. En este sentido, nos puede servir imaginar la armonía entre José y María, ayudados también por Jesús conforme crecía y podía dar una mano en la casa.

Este año puede ser también una posibilidad de cuidar especialmente el sentido y ambiente de familia en los centros de la Obra y en las casas de todos mis hijos e hijas. A la vez, os animo a buscar maneras de preocuparnos de otras familias, de las personas necesitadas y de los pobres. Estoy seguro de que la iniciativa de cada familia encontrará modos creativos para ser, como deseaba san Josemaría, «sembradores de paz y de alegría» (Es Cristo que pasa, n. 30).

A las familias que no habéis podido tener hijos también se os abre un panorama de apostolado familiar amplísimo: tanto en la llamada a ser, con vuestro amor mutuo, un hogar luminoso para quienes os rodean, como en compartirlo con vuestros amigos, familiares o conocidos, cooperando también así a transformar nuestro mundo en un mejor hogar.

El próximo Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre, tiene como lema «El amor familiar: vocación y camino de santidad», que nos recuerda muy directamente la predicación de san Josemaría. Tendrá lugar precisamente el 26 de junio de 2022. Encomendemos especialmente a san José los frutos de este año dedicado a la familia, pidiendo al santo Patriarca que nos conceda «la gracia de las gracias: nuestra conversión» (Francisco, Carta Ap. Patris corde, oración final); y también para poder ser, cada uno, mejores testimonios del amor de Dios en el propio ambiente, especialmente en la familia.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de marzo de 2021

Un año para redescubrir el valor educativo del núcleo familiar

El 19 de marzo de 2021, 5º aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica ‘Amoris Laetitia‘ sobre la belleza y la alegría del amor familiar, el Papa Francisco inaugurará el “​Año Familia Amoris Laetitia”​, que concluirá el 26 de junio de 2022 en el 10º Encuentro Mundial de las Familias en Roma.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA28/12/2020

“La experiencia de la pandemia –se lee en el comunicado del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida– ha puesto de relieve el papel central de la familia como Iglesia doméstica y ha subrayado la importancia de los vínculos entre las familias”.

A través de las diversas iniciativas de carácter espiritual, pastoral y cultural previstas en el Año Familia Amoris Laetitia” -simultáneo con Año de San José-, el Papa Francisco se dirige a todas las comunidades eclesiales del mundo, exhortando a cada persona a ser testigo del amor familiar.

“A imitación de la Sagrada Familia -decía ayer el Santo Padre-, estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza. En la familia se podrá experimentar una comunión sincera cuando sea una casa de oración, cuando los afectos sean serios, profundos, puros, cuando el perdón prevalezca sobre las discordias, cuando la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios.

De esta manera -continuó durante el Ángelus-, la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría. Al mismo tiempo, halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; la familia evangeliza con el ejemplo de vida”.

Más información en el sitio web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.


Objetivos del “Año Familia Amoris Laetitia

1. Difundir el contenido de la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, para “hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera” (AL 200). Una familia que descubre y experimenta la alegría de tener un don y ser a su vez un don para la Iglesia y la sociedad, “puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66). ¡Y el mundo de hoy necesita esta luz!

2. Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y las familias caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral, entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (cf. AL 203).

3. Hacer a las familias protagonistas de la pastoral familiar. Para ello se requiere “un esfuerzo evangelizador y catequético dirigido a la familia” (AL 200), ya que una familia discípula se convierte también en una familia misionera.

4. Concientizar los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.

5. Ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar.


Diez recursos para el Año Familia Amoris Laetitia.

1. Libro electrónico “Amoris laetitia” (“La alegría del amor”), en ePub, Mobi y PDF.

2. La catequesis del Papa Francisco sobre la Familia, en un único volumen, electrónico y gratuito.

3. Oración por la familia, del Papa Francisco.

4. 100 consejos de papa Francisco a las familias.

5. 30 consejos de san Josemaría #JuneForFamilies.

6. Novena a san Josemaría por la familia.

7. Documental: «Construir la familia», 10 años después.

8. Libro electrónico: "Amor humano y vida cristiana"

9. Una oportunidad para ser felices. En este documental ("Una oportunidad para ser felices") se muestran imágenes de la predicación de san Josemaría y testimonios de matrimonios ingleses, escoceses e irlandeses que hablan sobre sus desafíos en la vida familiar.

10. Libro electrónico: «La educación en familia». 21 textos sobre la educación de los hijos.

 

 

«Padre en la acogida»

En el año dedicado a San José, hemos preparado esta serie #QuieroSerComoTu, basada en la carta apostólica "Patris Corde", en la que se destacan 7 de las cualidades del esposo de María. “Padre en la acogida” nos presenta a San José acogiendo el plan de Dios en su vida diaria, así como su apertura a las necesidades de los demás.

DEL OPUS DEI18/03/2021

Opus Dei - «Padre en la acogida»

“La fe que Cristo nos enseñó es, en cambio, la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó “con los ojos abiertos” lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona”. Patris corde, 4.

San José se desenvuelve en situaciones normales: en el trabajo, en la familia, en la vida ordinaria... y allí es donde aprende a acoger y a hacer vida el don de Dios. Esta actitud es necesaria para todos los cristianos. Al santo patriarca podemos pedirle que renueve nuestra mirada y nuestro corazón para tener la frescura de abrirnos a los dones y planes divinos.


Padre en la acogida: sin miedo a los planes de Dios

 

PODCAST del padre Juan Irarrázabal, de 10 minutos con Jesús América Latina. @10minconjesusal


Papa Francisco: el Señor da la fuerza para acoger la vida

Todos estamos llamados a formar hogares que, imitando al de Cristo, abran sus puertas de par en par. Acoger es tener la valentía de recibir con ternura, reconocer lo bueno, promover, tener iniciativa, no resignarse a la comodidad de lo conocido ni ceder a la pasividad. Acoger es tener una disposición habitual de estar siempre abierto a las necesidades de los demás. José «es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo»[1]. El santo patriarca es un hombre fiel que se abre, en primer lugar, a la voz de Dios. Pero también acoge el claroscuro de la historia en la que se ve inserto, acoge los desafíos que el mundo y las personas que le rodean plantean a su misión. «El realismo cristiano, que no rechaza nada de lo que existe, vuelve una vez más. La realidad, en su misteriosa irreductibilidad y complejidad, es portadora de un sentido de la existencia con sus luces y sombras. Esto hace que el apóstol Pablo afirme: “Sabemos que todo contribuye al bien de quienes aman a Dios” (Rm 8,28). Y san Agustín añade: “Aun lo que llamamos mal”. En esta perspectiva general, la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste»[2].


San Josemaría: la entrega sin condiciones de José

 

«Mirad cuál es el ambiente donde Cristo nace –nos sugería san Josemaría–. Todo allí nos insiste en esta entrega sin condiciones: José –una historia de duros sucesos, combinados con la alegría de ser el custodio de Jesús– pone en juego su honra, la serena continuidad de su trabajo, la tranquilidad del futuro; toda su existencia es una pronta disponibilidad para lo que Dios le pide (...). En Belén nadie se reserva nada. Allí no se oye hablar de mi honra, ni de mi tiempo, ni de mi trabajo, ni de mis ideas, ni de mis gustos, ni de mi dinero. Allí se coloca todo al servicio del grandioso juego de Dios con la humanidad»[3] Para poder acoger la realidad y a las demás personas tal como lo hizo el santo patriarca, necesitamos abandonarnos en la seguridad de Dios antes que en la nuestra; así nos dispondremos a aprender de todos y de todo, también de nuestros errores, porque detrás siempre descubriremos un susurro divino.

 

A san Josemaría le gustaba fijarse en que san José busca continuamente la mejor manera de cumplir los planes divinos, que han pasado también a ser los suyos; «coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana. Cuando vuelve de Egipto oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá. Ha aprendido a moverse dentro del plan divino y, como confirmación de que efectivamente Dios quiere eso que él entrevé, recibe la indicación de retirarse a Galilea»[4]. En nuestro camino por llevar adelante la misión que Dios nos ha encomendado tendremos tanto avances como retrocesos. Pero también en los momentos que pueden parecer malos podemos descubrir la voz de Dios que nos consuela, nos instruye y nos ilumina.


Para meditar y rezar

· San Josemaría nota que el santo patriarca «aprendió poco a poco que los designios sobrenaturales tienen una coherencia divina, que está a veces en contradicción con los planes humanos»[5] Por esto, necesitamos pedir la sabiduría del padre terreno de Jesús para aprender a comprender esa lógica divina; y así acoger, como venidos de Dios, a las personas y los eventos que nos rodean.

· Oraciones a San José mencionadas en Patris corde y en el decreto con el que se concede el don de indulgencias especiales con ocasión del Año de San José.


Para escuchar

San José, en palabras de san Josemaría: en este audio se recogen distintas intervenciones de san Josemaría, en encuentros con personas de América y España. También está la transcripción de sus palabras.


Para ver

Acoger a todos, dar cariño, no rechazar a nadie. Estos son los consejos que da el Fundador del Opus Dei para imitar a Jesucristo, porque Él “tampoco rechazaba” (vídeo: 1’31’’).

Mons. Fernando Ocáriz ha aconsejado "ensanchar el corazón para acoger a los demás" durante su viaje pastoral por Canadá.


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Puedes ver aquí la nota inicial de la serie #QuieroSerComoTu.


[1] Francisco, carta apostólica Patris corde, n. 4

[2] Ibíd

[3] San Josemaría, Carta 14-II-1974, n. 2.

[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 42.

[5] Ibíd

Educar el corazón

Los sentimientos se forman de un modo especial durante la niñez. A aprender a amar se aprende desde niños, y los principales maestros son los padres, como se señala en este texto editorial sobre la familia.

FAMILIA29/01/2012

Opus Dei - Educar el corazón

Foto: jacilluch

La educación es un derecho y un deber de los padres que prolonga, de algún modo, la generación; se puede decir que el hijo, en cuanto persona, es el fin primario al que tiende el amor de los esposos en Dios. La educación aparece así como la continuación del amor que ha traído a la vida al hijo, donde los padres buscan darle los recursos para que pueda ser feliz, capaz de asumir su lugar en el mundo con garbo humano y sobrenatural.

Los padres cristianos ven en cada hijo una muestra de la confianza de Dios, y educarlos bien es –como decía San Josemaría– el mejor negocio ; un negocio que comienza en la concepción y da sus primeros pasos en la educación de los sentimientos, de la afectividad. Si los padres se aman y ven en el hijo la culminación de su entrega, lo educarán en el amor y para amar; dicho de otro modo: corresponde a los padres primariamente educar la afectividad de los hijos, normalizar sus afectos, lograr que sean niños serenos.

Los sentimientos se forman de un modo especial durante la niñez. Después, en la adolescencia, pueden producirse las crisis afectivas, y los padres han de colaborar para que los hijos las solucionen. Si de niños han sido criados apacibles, estables, superarán con más facilidad esos momentos difíciles. Además, el equilibrio emocional favorece el crecimiento de los hábitos de la inteligencia y la voluntad; sin armonía afectiva, es más difícil el desarrollo del espíritu.

Lógicamente, una condición imprescindible para edificar una buena base sentimental-afectiva es que los mismos padres traten de perfeccionar su propia estabilidad emocional. ¿Cómo? Mejorando la convivencia familiar, cuidando su unión, demostrando –con prudencia– su amor mutuo delante de los hijos. Sin embargo, a veces uno se inclina a pensar que los afectos o los sentimientos desbordan el ámbito educativo familiar; quizá porque parece que son algo que sucede , que escapan a nuestro control y no podemos cambiar. Incluso se llega a verlos desde una perspectiva negativa; pues el pecado ha desordenado las pasiones, y éstas dificultan el obrar racionalmente.

EN EL ORIGEN DE LA PERSONALIDAD

 

Foto: Philippe Put

Foto: Philippe Put

 

Esta actitud pasiva o hasta negativa, presente en muchas religiones y tradiciones morales, contrasta fuertemente con las palabras que Dios dirigió al profeta Ezequiel: les daré un corazón de carne, para que sigan mis preceptos, guarden mis leyes y las cumplan [1] . Tener un corazón de carne, un corazón capaz de amar, se presenta como una realidad creada para seguir la voluntad divina: las pasiones desordenadas no serían tanto un fruto del exceso de corazón como la consecuencia de poseer un mal corazón, que debe ser sanado. Así lo confirmó Jesucristo: el hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal saca lo malo: porque de la abundancia del corazón habla su boca [2] . Del corazón salen las cosas que hacen impuro al hombre [3] , pero también todas las buenas.

El hombre necesita de los afectos, pues son un poderoso motor para la acción. Cada uno tiende hacia lo que le gusta, y la educación consiste en ayudar a que coincida con el bien de la persona. Cabe comportarse de modo noble y con pasión: ¿qué hay más natural que el amor de una madre por su hijo?, ¡y cómo empuja ese cariño a tantos actos de sacrificio, llevados con alegría!.Y, ante una realidad que resulta, por cualquier motivo, desagradable, ¡cuánto más fácil es rehuirla!: en un determinado momento, percibir la “fealdad” de una acción mala puede ser un motivo más fuerte para no cometerla que miles de razonamientos.

Evidentemente, esto no debe confundirse con una visión sentimentalista de la moralidad. No se trata de que la vida ética y el trato con Dios deban abandonarse a los sentimientos. Como siempre, el modelo es Cristo: en Él, perfecto Hombre, vemos cómo afectos y pasiones cooperan al recto obrar: Jesús se conmueve ante la realidad de la muerte, y obra milagros; en Getsemaní, encontramos la fuerza de una oración que da cauce a vivísimos sentimientos; incluso le invade la pasión de la ira –buena aquí–, cuando restituye al Templo su dignidad [4] . Cuando se desea de verdad algo, es normal que el hombre se apasione. Por el contrario, resulta poco agradable ver a alguien hacer las cosas por cumplir, con desgana, sin poner el corazón en ellas. Pero esto no significa dejarse arrastrar por los afectos: si bien lo primero es poner la cabeza en lo que se hace, el sentimiento da cordialidad a la razón, hace que lo bueno sea agradable; la razón –por su parte– proporciona luz, armonía y unidad a los sentimientos.

FACILITAR LA PURIFICACIÓN DEL CORAZÓN

 

Foto: Titoy

Foto: Titoy

 

En la constitución del hombre, las pasiones tienen como fin facilitar la acción voluntaria, más que difuminarla o dificultarla. «La perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su apetito sensible según estas palabras del salmo: “Mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo” (Sal 84,3)» [5] . Por eso, no es conveniente querer suprimir o “controlar” las pasiones, como si fueran algo malo o rechazable. Aunque el pecado original las haya desordenado, no las ha desnaturalizado, ni las ha corrompido de un modo absoluto e irreparable. Cabe orientar de modo positivo la emotividad, dirigiéndola hacia los bienes verdaderos: el amor a Dios y a los demás. De ahí que los educadores, en primer lugar los padres, deban buscar que el educando, en la medida de lo posible, disfrute haciendo el bien.

Formar la afectividad requiere, en primer lugar, facilitar a los hijos que se conozcan, y que sientan , de un modo proporcionado a la realidad que ha despertado su sensibilidad. Se trata de ayudar a superar, a trascender, aquel afecto hasta ver en su justa medida la causa que lo ha provocado. Quizá el resultado de esa reflexión será el intento de influir positivamente para modificar tal causa; en otras ocasiones –la muerte de un ser querido, una enfermedad grave–, la realidad no se podrá cambiar y será el momento de enseñar a aceptar los acontecimientos como venidos de la mano de Dios, que nos quiere como un Padre a su hijo. Otras veces, a raíz de un enfado, de una reacción de miedo, o de una antipatía, el padre o la madre pueden hablar con los hijos, ayudándoles a que entiendan –en la medida de lo posible– el porqué de esa sensación, de modo que puedan superarla; así se conocerán mejor a sí mismos y serán más capaces de poner en su lugar el mundo de los afectos.

Además, los educadores pueden preparar al niño o al joven para que reconozca –en ellos mismos y en los demás– un determinado sentimiento. Cabe crear situaciones, como son las historias de la literatura o del cine, a través de las cuales es posible aprender a dar respuestas afectivas proporcionadas, que colaboran a modelar el mundo emocional del hombre. Un relato interpela a quien lo ve, lee o escucha, y mueve sus sentimientos en una determinada dirección, y le acostumbra a un determinado modo de mirar la realidad. Dependiendo de la edad –en este sentido, la influencia puede ser mayor cuanto más pequeño sea el niño–, una historia de aventuras, o de suspense, o bien un relato romántico, pueden contribuir a reforzar los sentimientos adecuados ante situaciones que objetivamente los merecen: indignación frente la injusticia, compasión por los desvalidos, admiración respecto al sacrificio, amor delante de la belleza. Contribuirá, además, a fomentar el deseo de poseer esos sentimientos, porque son hermosos, fuentes de perfección y nobleza.

 

Foto: Lydiais...

Foto: Lydiais...

 

Bien encauzado, el interés por las buenas historias también educa progresivamente el gusto estético y la capacidad de discriminar las que poseen calidad. Esto fortalece el sentido crítico, y es una eficaz ayuda para prevenir la falta de tono humano, que a veces degenera en chabacanería y en descuido del pudor. Sobre todo en las sociedades del llamado primer mundo, se ha generalizado un concepto de “espontaneidad” y “naturalidad” que con frecuencia resulta ajeno al decoro. Quien se habitúa a ese tipo de ambientes –con independencia de la edad– acaba rebajando su propia sensibilidad y animalizando (o frivolizando) sus reacciones afectivas; los padres han de comunicar a sus hijos una actitud de rechazo a la vulgaridad, también cuando no se habla de cuestiones directamente sensuales.

Por lo demás, conviene recordar que la educación de la afectividad no se identifica con la educación de la sexualidad: ésta es sólo una parte del campo emotivo. Pero, ciertamente, cuando se ha logrado crear un ambiente de confianza en la familia será más fácil que los padres hablen con los hijos sobre la grandeza y el sentido del amor humano, y les den poco a poco, desde pequeños, los recursos –por la educación de los sentimientos y las virtudes– para orientar adecuadamente esa faceta de la vida.

UN CORAZÓN A LA MEDIDA DE CRISTO

En definitiva, la educación de las emociones trata de fomentar en los hijos un corazón grande, capaz de amar de verdad a Dios y a los hombres, capaz de sentir las preocupaciones de los que nos rodean, saber perdonar y comprender: sacrificarse, con Jesucristo, por las almas todas [6] . Una atmósfera de serenidad y exigencia contribuye como por ósmosis a dar confianza y estabilidad al complejo mundo de los sentimientos. Si los hijos se ven queridos incondicionalmente, si aprecian que obrar bien es motivo de alegría para sus padres, y que sus errores no llevan a que se les retire la confianza, si se les facilita la sinceridad y que manifiesten sus emociones… crecen con un clima interior habitual de orden y sosiego, donde predominan los sentimientos positivos (comprensión, alegría, confianza), mientras que lo que quita la paz (enfados, rabietas, envidias) se percibe como una invitación a acciones concretas como pedir perdón, perdonar, o tener algún gesto de cariño.

Hacen falta corazones enamorados de las cosas que valen realmente la pena; enamorados, sobre todo, de Dios [7] . Nada ayuda más a que los afectos maduren que dejar el corazón en el Señor y en el cumplimiento de su voluntad: para eso, como enseñaba San Josemaría, hay que ponerle siete cerrojos, uno por cada pecado capital [8] : porque en todo corazón hay afectos que son sólo para entregarlos a Dios, y la conciencia pierde la paz cuando los dirige a otras cosas. La verdadera pureza del alma pasa por cerrar las puertas a todo lo que implique dar a las criaturas o al propio yo lo que pertenece a Cristo; pasa por “asegurar” que la capacidad de amar y querer de la persona esté ajustada, no desarticulada. Por eso, la imagen de los siete cerrojos va más allá de la moderación de la concupiscencia, o de la preocupación excesiva por los bienes materiales: nos recuerda que es preciso luchar contra la vanidad, controlar la imaginación, purificar la memoria, moderar el apetito en las comidas, fomentar el trato amable con quienes nos irritan… La paradoja está en que, cuando se ponen “grilletes” al corazón, se aumenta su libertad de amar con todas sus fuerzas inalteradas.

La humanidad Santísima del Señor es el crisol en el que mejor se puede afinar el corazón y sus afectos. Enseñar a los hijos desde pequeños a tratar a Jesús y a su Madre con el mismo corazón y manifestaciones de cariño con que quieren a sus padres en la tierra favorece, en la medida de su edad, que descubran la verdadera grandeza de sus afectos y que el Señor se introduzca en sus almas. Un corazón que guarda su integridad para Dios, se posee entero y es capaz de donarse totalmente.

 

Foto: Darren Krause

Foto: Darren Krause

 

Desde esta perspectiva, el corazón se convierte en un símbolo de profunda riqueza antropológica: es el centro de la persona, el lugar en el que las potencias más íntimas y elevadas del hombre convergen, y donde la persona toma las energías para actuar. Un motor que debe ser educado –cuidado, moderado, afinado– para que encauce toda su potencia en la dirección justa. Para educar así, para poder amar y enseñar a amar con esa fuerza, es preciso que cada uno extirpe, de su propia vida, todo lo que estorba la Vida de Cristo en nosotros: el apego a nuestra comodidad, la tentación del egoísmo, la tendencia al lucimiento propio. Sólo reproduciendo en nosotros esa Vida de Cristo, podremos trasmitirla a los demás [9] . Con la correspondencia a la gracia y la lucha personal, el alma se va endiosando y poco a poco el corazón se vuelve magnánimo, capaz de dedicar sus mejores esfuerzos en la consecución de causas nobles y grandes, en la realización de lo que se percibe como la voluntad de Dios.

En algunos momentos, el hombre viejo tratará de hacerse con sus fueros perdidos; pero la madurez afectiva –una madurez que, en parte, es independiente de la edad– hace que el hombre mire más allá de sus pasiones para descubrir qué las ha desencadenado y cómo debe reaccionar ante esa realidad. Y siempre contará con el refugio que le ofrecen el Señor y su Madre. Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e Inmaculado Corazón de María, para que te lo purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús [10] .

J.M. Martín, J. Verdiá

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[1] Ez 11, 19-20.

[2] Lc 6, 45.

[3] Cfr. Mc 7, 20-23.

[4] Cfr. Mc 5, 40-43; 14, 32ss; 11, 15-17.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 1770.

[6] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 158.

[7] Cfr. San Josemaría, Surco , n. 795.

[8] San Josemaría, Tertulia en La Lloma (Valencia), 7-I-1975, en P. Rodríguez (ed.), Camino Edición crítico-histórica , Rialp, Madrid 20043, pág. 384; cfr. San Josemaría, Camino, n. 188.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 158.

[10] San Josemaría, Surco , n. 830.

​ Educar el corazón, en PDF para imprimir.

 

Algunas claves de la crisis familiar hoy

 

Como reza el título de estas líneas exponemos algunos enfoques filosóficos claves que enmarcan la crisis de la familia. No se pretende hacer nada exhaustivo en tan poco espacio de papel. Se trata de algo parcial –“algunas claves”– y más bien con una finalidad enunciativa.

La primera de ellas es el rechazo del realismo.

Una de las causas que a simple vista no se ven por la lejanía de varios siglos, en el horizonte filosófico pero con vigencia actual es el rechazo del realismo. Descartes dio un giro copernicano, incoado siglos antes por el nominalista Ockam, conduciendo la filosofía hacia el idealismo. En esas seguimos estando. Permanecen activos esos cráteres inmanentistas de querer crear la realidad con nuestro pensamiento. Es lo del principio, es lo de siempre: ser como dioses. Permanece la soberbia de superar al Creador haciendo buenas las cosas con mi voluntad; yo hago buenas las cosas. No aceptamos que Dios no elige lo bueno, hace bueno lo que elige. Nosotros queremos ser igual. ¿Desde cuándo el Creador se identifica con la criatura?, ¿el árbol con su sombra? A lo más… trasmite un pálido parecido y si hay luz.

La desconexión entre la realidad y el pensamiento conduce a la inseguridad de poder alcanzar la verdad. Esta falta de seguridad en la verdad de las cosas desemboca inexorablemente en el relativismo. Es el para mi no es malo. Yo te respeto. Si tú piensas así no lo hagas, pero respeta mis ideas. De este modo “justifica” el idealismo la postura subjetiva y hace de su pensamiento un dogma personal irrebatible para cobijar el “divorcio”.

Es el desprecio a la naturaleza de las cosas. Las cosas son como son al margen de cómo yo las vea o quiera que sean. Se ha perdido el respeto metafísico del ser de las cosas y en consecuencia de su obrar. El obrar sigue al ser, no al revés. Primero las cosas son y son de una manera, y después, de acuerdo a esa manera de ser, actúan. Un ejemplo: ¿la hierba es buena o mala? ¿Es buena para comer o no? Depende de la naturaleza de quien la coma. Para un rumiante, la vaca por ejemplo, es algo bueno pero para el hombre que las cuida es muy indigesta. Las cosas son buenas, por tanto, en relación con la naturaleza de las cosas.

El positivismo jurídico.

Otra de las causas de la crisis actual familia se encuentra en el positivismo jurídico. Las leyes para ser justas han de ser racionales; es decir, conforme a la recta razón. Las leyes han de defender la vida y no al revés. La realidad vital no debe acomodarse a la ley humana. No fuerza el sastre a que su cliente vaya encorvado para que le “caiga bien el traje”, debe el sastre corregir la hechura para que se adecúe al cliente. Pues igual. Si no es así el legislador pierde las referencias estables sobre el hombre y la objetividad de lo que es bueno. Entra en juego el sociologismo, la mano alzada, las estadísticas, etc., pero no se tiene el modelo delante: el hombre. Por ejemplo si el Estado ve igual el matrimonio que la cohabitación de una pareja del mismo sexo no atiende a lo que las cosas son sino que se ampara en una aparente cuestión formal. “Hay quien lo ve de otra manera y no puedo imponer un modelo porque todo es relativo”, dicen.

Esta altivez de querer ser “como dioses” homologando las leyes humanas a las divinas –en realidad dejan de ser leyes para ser leguleyas–, hace que dichas “legislaciones” no solamente dejen de obligar sino que han de ser combatidas con la desobediencia.

 

El relativismo moral

Junto a esto aparece otra causa más en la situación crítica familiar de hoy: el relativismo moral. Como consecuencia de dudar sobre la capacidad de alcanzar la verdad y dar la espalda a la Verdad que nos revela con certeza quienes somos, de dónde venimos, adónde vamos, etc., se abre paso un relativismo moral y el individuo se muestra como absoluto. El hombre es ciertamente un absoluto por su dignidad, pero un absoluto-relativo; en cambio Dios es el Absoluto-absoluto, como lo llama Cardona. El relativismo permisivo suele desembocar en el totalitarismo con facilidad. La opción relativista escamotea el fundamento objetivo de la realidad entera y, por tanto, también de la persona humana y del sentido de la diferenciación sexual.

La libertad como pura indeterminación

Por último queremos destacar, entre otras más causas de la crisis en la familia, ésta: entender la libertad como pura opción. Es decir como pura indeterminación. A más indeterminación más libertad, lo cual es una falacia y, por tanto, una falsedad encubierta. Es verdad que la libertad hace referencia a una cierta indeterminación, puesto que es capacidad de autodeterminarse para obrar o no y en el caso primero, para hacerlo de una manera o de otra entre varias posibles. Pero la libertad no es esencialmente eso, indeterminación. No puede ser la libertad sólo y exclusivamente indeterminación.

No es más libre, mejor escritor quien no sabe qué palabra escribir y tacha a cada dos por tres. No es más libre el ciego que posee una gran indeterminación para caminar hacia cualquier sitio que el que ve y elige la dirección adecuada hacia la puerta que le de acceso a su destino. Es libre el que ante la indeterminación posee capacidad para decidir y determinarse por lo correcto. Es más libre el escritor que escribe de corrido con perfección y el vidente que conoce los destinos de los caminos merced a su conocimiento de ellos o al mapa por el que se orienta. La libertad como escribió Ruíz Retegui es “una síntesis singular de determinada indeterminación”. Para optar correctamente es necesario formarse bien la conciencia y ésta, al ser norma subjetiva de la Ley, enjuiciará a su caso particular la norma general. La naturaleza de las cosas no sufrira merma así.

La realidad muestra que el hombre es un ser inacabado. Hombre desde que nace pero no lo es en plenitud. Debe desarrollarse en un dinamismo de actos que le hagan ser cada vez más hombre, mejor persona, etc., mediante el uso correcto de su voluntad eligiendo el bien y haciéndolo. Dios respeta la libertad de su criatura, que al ser creada “a su imagen y semejanza” participa de la Libertad divina. Dios es libertad absoluta, el hombre participa en un pequeño grado de ella y acertará siempre que respete la verdad que ilumina su naturaleza. Cada vida es una biografía escrita con actos creadores de libertad pero será una novela de amor divino si se hace a la luz de la verdad de Dios sino será una tragedia. Hay quien como Santa Teresa de Jesús, Patrona de las Misiones y Doctora de la Iglesia morirá a los 23 años tuberculosa en la soledad de un convento, sufriendo por amor a Dios y hay quien lo también morirá a la misma edad en el ensordecedor bullicio de una discoteca por… sobredosis de heroína.

Pedro Beteta López

Teólogo y escritor

 

Justo Aznar: “Es ético producir seudoembriones humanos para experimentaciones biológicas”

El director del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia destaca que es un importante avance técnico sin “ninguna dificultad ética”

Un equipo multidisciplinario australiano de la Universidad Monash, de Melbourne (Australia), liderado por el argentino José María Poloha publicado en ‘Nature’ un estudio en el que se describe cómo a partir de células de piel adultas (fibroblastos) se genera una estructura seudoembrionaria humana.

Justo Aznar, Director del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia,  ha valorado a Religión Confidencial que “desde un punto de vista bioético, nos parece que estos iBlastocistos producidos y su posible utilización experimental, no presentan ninguna dificultad ética". 

El experto explica que a partir de ellos no se pueden producir embriones viables, es decir, "no se pueden generar seres humanos vivos. Por tanto, nos parece que es éste un importante avance técnico que no presenta dificultades éticas para ser utilizado experimentalmente”.

El importante avance técnico

“Algo parecido ya se había conseguido en cuatro ocasiones anteriores, pero por la naturaleza de las células de las cuales se obtuvieron las estructuras celulares pluripotenciales, no presentaban la organización celular adecuada para que pudieran ser utilizadas como estructuras biológicas seudoembrionarias como las ahora producidas”, ha aclarado Justo Aznar.

“Estas últimas tienen una estructura espacio-temporal y una dinámica molecular similar a la de un blastocisto humano, lo que hace que puedan ser útiles para estudios experimentales”.

Estudiar el desarrollo embrionario 

“La técnica utilizada es similar a la usada en las experiencias puestas a punto por Shinya Yamanaka para producir las células iPS, por lo que los autores de este trabajo las denominan iBlastocistos”, ha precisado.

“Según los autores – destaca Aznar - las células generadas tienen una estructura celular similar a los blastocistos humanos, por lo que pueden ser utilizadas para estudiar el desarrollo embrionario en sus primeras etapas, las posibles mutaciones genéticas que en él pueden darse, y cómo pueden actuar sobre esta estructura biológica diversas toxinas”.

 

Evangelio del domingo: atraeré a todos hacia mí

Comentario del 5° domingo de Cuaresma (Ciclo B). “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. El afán redentor de Jesús le impulsa a aceptar el sacrificio de la cruz, glorificar al Padre y atraer a todos a su amor. En la Santa Misa, cada uno de nosotros puede identificarse con el alma sacerdotal de Jesús y convertir toda su vida corriente en una entrega amorosa a los demás.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Opus Dei - Evangelio del domingo: atraeré a todos hacia mí

Evangelio (Jn 12,20-33)

Entre los que subieron a adorar a Dios en la fiesta había algunos griegos; éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y comenzaron a rogarle:

—Señor, queremos ver a Jesús.

Vino Felipe y se lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. Jesús les contestó:

—Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no muere al caer en tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. Si alguien me sirve, que me siga, y donde yo estoy allí estará también mi servidor; si alguien me sirve, el Padre le honrará.

»Ahora mi alma está turbada; y ¿qué voy a decir?: «¿Padre, líbrame de esta hora?» ¡Pero si para esto he venido a esta hora! ¡Padre, glorifica tu nombre!

Entonces vino una voz del cielo:

—Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.

La multitud que estaba presente y la oyó, decía que había sido un trueno. Otros decían:

—Le ha hablado un ángel.

Jesús respondió:

—Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Decía esto señalando de qué muerte iba a morir.


Comentario

Poco antes de la pasión de Jesús, unos griegos desean ver al Maestro con una diferente petición realizada a través de Felipe. Este gesto por parte de quienes representaban en cierto modo a los gentiles suscitó un discurso del Señor cargado de profundas revelaciones.

Parece como si aquellos gentiles reavivaran en Jesús la conciencia de la inminente hora de su sacrificio supremo por toda la humanidad. El Señor se turba y menciona la posibilidad de pedir al Padre ser librado de esa hora. Pero con la imagen del grano de trigo que muere en la tierra, anuncia por contraste la gran fecundidad que producirá el sacrificio del Calvario, que se actualiza en cada santa Misa y que llega a todas partes.

A propósito del “mucho fruto” que produce, decía el Santo Cura de Ars con audacia que cada santa Misa “alegra a toda la corte celestial, alivia a las pobres ánimas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones, y da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que todas las penitencias de todos los ascetas, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y que todo lo que hagan hasta el fin de los siglos”.

Jesús pronuncia también un vaticinio acerca de este sacrificio que iba a realizar: “cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (v. 32). En la cruz, Jesús arrebata al demonio el pliego de cargos que nos era adverso (cfr. Col 2,14) y obtiene para el mundo el perdón de los pecados y la reconciliación con Dios. El Señor podrá vivir su infinita misericordia con los hombres, en plena armonía con su infinita justicia. Por eso todas las almas y todas las cosas están afectadas por esta atracción del amor de Dios.

Sobre este misterio de la exaltación de la cruz, san Josemaría recibió luces particulares que implicaban a todos los cristianos corrientes en medio del mundo. Como él decía, “Jesús quiere ser levantado en alto, ahí: en el ruido de las fábricas y de los talleres, en el silencio de las bibliotecas, en el fragor de las calles, en la quietud de los campos, en la intimidad de las familias, en las asambleas, en los estadios... Allí donde un cristiano gaste su vida honradamente, debe poner con su amor la Cruz de Cristo, que atrae a Sí todas las cosas”.

En esta escena podemos contemplar también el infinito afán de almas que arde en el corazón sacerdotal de Jesús. Es tanta el ansia que bulle en su interior por salvar y santificar a la humanidad, que ahoga la inquietud ante la muerte con la petición dirigida al Padre celestial: “¡glorifica tu nombre!”, que anticipa la larga oración de Jesús en Getsemaní y que provoca una respuesta amorosa del Padre que todos oyeron.

Los cristianos hemos de parecernos a Cristo, tener los mismos sentimientos que anidaban en su corazón misericordioso (cfr. Flp 2,5) y desear lo mismo que Él, con entrega generosa. Y “con esa alma sacerdotal, que pido al Señor para todos vosotros, —escribió en una ocasión san Josemaría— debéis procurar que, en medio de las ocupaciones ordinarias, vuestra vida entera se convierta en una continua alabanza a Dios: oración y reparación constantes, petición y sacrificio por todos los hombres. Y todo esto, en íntima y asidua unión con Cristo Jesús, en el Santo Sacrificio del Altar”. Porque en la santa Misa, actualización del sacrificio del Calvario, transformamos nuestra vida en una ofrenda como la de Cristo, llena de eficacia sobrenatural y de servicio a los demás.

Comulgar de rodillas

Daniel Tirapu

Cada vez en más Iglesias percibo, por edad de la gente o debilidad, que menos gente se arrodilla en la Consagración: momento en el que el sacerdote pronuncia las palabras que convierten pan y vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo; comulgar en la mano es cada vez más usual.

El Papa Benedicto ha querido y quiere que se comulgue de rodillas. En Luz del mundo p.166 comenta: "no estoy en principio en contra de la comunión en la mano: yo mismo la he dado y la he recibido de ese modo. Pero al hacer ahora que se reciba la comunión de rodillas y al darla en la boca he querido colocar una señal de respeto y llamar la atención hacia la presencia real (...). He oído hablar de gente ( que en masivos actos en Roma), que guarda la comunión en la cartera y se la lleva consigo como un "souvenir" cualquiera (...), debe verse con claridad que allí hay algo especial. Aquí está presente EL, ante quien se cae de rodillas. ¡ Prestad atención!. No es meramente un rito social cualquiera del que todos podemos participar o no".

 

Un día triste para  España

Juan Moya

La aprobación de la mal llamada eutanasia -porque una muerte indigna no puede ser una buena muerte- es uno de los días más tristes en la historia reciente de  España, un bochorno, un escándalo, una muestra de la deformada conciencia moral de los que la han aprobado, un cinismo vergonzante que se presenta con aires de compasión y la realidad es, por el contrario, un desprecio a la vida de los más débiles, una actitud inhumana, egoísta -no quieren saber nada del que sufre- materialista -menos gastos en pensiones- y atea.

Esta ley ha coincidido con la fiesta de San José. Una coincidencia de mal gusto. San José tuvo que proteger al Niño Jesús porque Herodes le buscaba para matarle. La escena sigue siendo actual. Hoy hay que protegerse también de legisladores que se muestran incapaces de amar, a los que les sobran los discapacitados, los enfermos, los ancianos... Los responsables de esta ley han perdido toda credibilidad moral, no son dignos de desempeñar el cargo que ocupan.  

Los responsables de los partidos que se han opuesto, además de tramitar los recursos necesarios para la inconstitucionalidad de esta ley, deberían manifestar públicamente que derogarán dicha ley en cuanto que lleguen al gobierno. Hoy es un día triste, que hay que borrar cuanto antes.

 

Nuevo Orden Mundial.

Dios nos ha hecho libres, y la libertad es un don que nadie nos puede quitar. Un encarcelado, un preso, un enfermo, un ciudadano en un régimen totalitario es libre porque nada ni nadie puede arrebatarle lo que es más íntimo, que es ser  hijo de Dios. Es una condición tanto del sano como del enfermo, del individuo en coma como del hombre totalmente lúcido y despierto. La libertad es algo interior, profundo, propio de la especie humana.

Napoleón y, de otra manera Hitler, intentaron la unificación de Europa bajo el signo de una ideología. Acabada la II Guerra Mundial, surgieron tendencias integradoras, con otro cariz, a través del Euratom, el Benelux,  etc., y posteriormente el Mercado Común.

Pero la uniformidad no significa unidad, sino la agregación de individualidades para formar un todo compactado, gracias a una argamasa ideológica que manipula voluntades. Algo parecido sucedió en la época de la Unión Soviética, que amalgamó los países del Este Europeo, los situados al otro lado del “telón de acero”.

El término “Nuevo Orden Mundial” fue utilizado tanto por Mijail Gorvachov como por George H. W. Bush, coincidiendo con el fin de la gerra fría, dentro del espíritu de cooperación entre las grandes potencias (“Novus ordo seclorum”, es la divisa que aparece en el reverso de los billetes de Estados Unidos).

En la actualidad, de alguna manera se está imponiendo una universalidad de costumbres en cuanto al modo de vestir, modos de hablar, de escribir, de divertirse e incluso de pensar. La llamada “ideología de género” entraría dentro de estos parámetros, separando, de una forma no natural el género del sexo. ¿Estamos en la llamada “nueva normalidad”?

Y en el Nuevo Orden Mundial habría un seguimiento masivo de las personas, con alguna excusa, que  en estos días, sería el detener la pandemia de los coronavirus.

Y es que la pandemia  de los coronavirus ha hecho que afloren nuevamente las tendencias a la globalización. ¿Se creó el nuevo coronavirus en un laboratorio? ¿Fue la modificación de un virus ya existente?

Internet coopera a la globalización. Pero el peligro es entrar en una sociedad “orweliana”, en que se vigila el pensamiento a través un Ministerio de la Verdad o del Pensamiento. El adormecimiento de las mentes es el prólogo de la intervención sobre la libertad personal, y seria rechazado (incluso castigado) el que no piense como esté programado. En este linea, prodria decirse: “No pienso, luego existo”.

Forma parte del “sistema” la aceptación del género como elección personal y considerar que el sexo biológico es como un añadido, una cuestión accidental, que puede soslayarse e incluso ignorarse. Se podría elegir ser hombre o ser mujer, independientemente de la anatomía genital, de la dotación cromosómica, de la carga hormonal. Y se podría hacer la elección en cualquier momento, y revertir la elección cuando se quiera: por ejemplo, se es varón desde ayer a las 14 hora, y se es mujer dentro de tres días, a las 18 horas. Todo esto quiere decir que se interpreta el sexo como algo sociológico, más de tipo cultural que biológico, más bien un “rol”, como dicen algunos.

Y parece ser que dentro de este Nuevo Orden se quiere incluír, en calidad de “derechos”, algo tan antinatural como el aborto y la eutanasia, es decir, sin eufemismos, al fin y al cabo, derecho a matar. Realmente, estas prácticas trastornan el orden orgánico y al mismo tiempo el orden personal de un  hombre o de una mujer en concreto.

Y en el Nuevo Orden todas las religiones son verdaderas. Por eso, atentar especialmente contra la Iglesia Católica está bien visto. Se dice que lo religioso no debe aparecer en la esfera pública, sino en la intimidad, negándole el derecho a manifestarse. En el fondo de la cuestión late la alternativa entre laicidad y laicismo.

En cierta manera, contribuyen a la implantación de tal Orden inventos espectaculares tales como las retinas artificiales, las interfaces cerebro-prótesis cerebro-ordenador, los grandes avances en las prótesis auditivas, la comunicación interpersonal en el acto y sea cual sea la distancia, los móvlles de última generación, etc., etc.

Caben una serie de  peligros: ¿Se podría controlar de forma puntual a los individuos a través de los datos sanitarios, económicos, religiosos, etc.? En este sentido,  ¿constituyen los hombres un material manejable, medible, manipulable? ¿Es el hombre un ser verdaderamente libre? ¿Le es posible rebelarse contra la cada vez más poderosa manipulación?  ¿Se avecina la existencia de una autoridad global que controle el mundo? ¿Tenemos ya al “Gran Hemano” de Orwell?0

Por otra parte, ¿no ha llegado con la Redención un verdadero Nuevo Orden Mundial?

 

 

Decálogo de mujeres que defienden la vida y la familia

aciprensa 

 

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Mujeres reunidas frente a Cámara de Diputados el 8 de marzo. Crédito: Frente Nacional por la Familia

Las plataformas Mujeres al Frente y Mujeres de Iniciativa publicaron el “Decálogo Mujeres por la Vida y la Familia”, en que exponen la defensa de los valores fundamentales.

Mujeres al Frente y Mujeres de Iniciativa presentaron este decálogo el 8 de marzo frente a las instalaciones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, el órgano legislativo federal de México. Estos son los 10 puntos presentados:

1. "Creemos que la sexualidad, y más concretamente el sexo del individuo, es resultado de la programación biológica natural, reforzada por los condicionamientos sociales masculino y femenino”.

2. “Creemos que mujeres y hombres son iguales en valía, dignidad y propósito, por lo que la ley debe garantizar equidad tanto en sus derechos humanos, como en sus diferencias funcionales. Sobre esa base honramos y respetamos el lugar del hombre en la cultura y exigimos el mismo honor y respeto en consecuencia”.

3. “Creemos que las diferencias entre mujer y hombre comprobadas por la ciencia en aspectos biológicos, psicológicos y sociales deben ser celebradas como instrumentos de complementariedad funcional que dan sentido al matrimonio y fuerza a la sociedad”.

4. “La unión responsable entre un hombre y una mujer es la forma natural y legítima de formar una familia. Tal vínculo basado en el acuerdo, la tolerancia y la solidaridad, fortalece la democracia”.

5. “El ejercicio responsable de la paternidad y maternidad son insustituibles para el sano desarrollo de la descendencia y que ambos son el instrumento más confiable de protección, provisión y guía. Por ello, sostenemos que la patria potestad debe ser un derecho irrestricto de los padres, y en el cual el estado debe tener injerencia mínima”.

6. “Creemos que la violencia en todas sus formas es un cáncer social que debe ser contrarrestado no solo desde la trinchera pública y política, sino desde la formación intencional de principios y valores promovidos desde el hogar”.

7. “Sostenemos que la vida comienza desde el momento de la concepción y que el derecho de la mujer a su cuerpo es independiente y no vinculatorio al derecho de su hijo en el vientre. Es por ello que defendemos la vida desde el instante de la concepción y hasta el momento la muerte natural”.

8. “Promovemos entre las mujeres una cultura de responsabilidad individual, respeto a toda persona e institución, así como apego a la justicia. Reprobamos toda posición extremista que favorezca el abuso de terceros ó la victimización social”.

9. “Promovemos el derecho de la mujer para la validación y el libre ejercicio de su feminidad en el marco del respeto a terceros, su desempeño como esposa y madre y su desarrollo profesional y laboral personal, de tal forma que alcance su potencial en las distintas áreas de oportunidad”.

10. “Promovemos tanto el derecho, como las responsabilidades asociadas a que cada mujer viva libre, sana y en equilibrio de cuerpo, alma y espíritu, para que en dicha armonía experimente su plenitud de identidad y cumpla así su propósito”.

 

Nueva ley de transexualidad: un retroceso para todos

La transexualidad, entendida como el deseo de transición hacia el sexo contrario al biológico, surge de una disconformidad entre la imagen corporal deseada y la percibida. Suele acompañarse de experiencias de angustia, ansiedad, depresión, y otras, y puede ser permanente o resolverse en algún momento de la vida, especialmente tras la adolescencia.

Desde los colectivos LGTBI se sigue presionando para “despatologizar”, es decir, normalizar esta situación, frecuentemente acompañada de sufrimientos para el que la padece, tratando de excluir del proceso cualquier control médico, que incluye diagnóstico, tratamiento y seguimiento de posibles trastornos que acompañen a esta disforia y pueden ser sus causantes o sus agravantes.

Este pretendido proceso de “normalización”, quiere justificarse desde estos colectivos esgrimiendo dos argumentos difícilmente sostenibles.

El primero de ellos consistiría en la negación de la identidad sexual binaria, varón y mujer, y su contribución a la identidad personal. La supuesta existencia de multitud de sexos -fuera de toda evidencia científica- junto a la posibilidad de transitar entre ellos sin dificultad alguna, obedeciendo al simple deseo, permitiría la elección de la propia naturaleza sexual y la transición al sexo contrario, o hacia ninguno de ellos, mediante agresivas intervenciones farmacológicas y quirúrgicas que persiguen, con dudoso éxito por cierto, alcanzar el espejismo de la autónoma configuración sexual, como si el sexo genético y los complejos procesos endocrinos, bioquímicos, fisiológicos y anatómicos dependientes de él no existieran en absoluto o fueran modulables a voluntad. Esto exige agresivas y prolongadas intervenciones, acompañadas de importantes efectos secundarios bien descritos clínicamente, que afectan a la salud corporal y psíquica de aquellos que las sufren. En muchas ocasiones los desequilibrios que inducen estas intervenciones resultan total o parcialmente irreversibles, asunto de especial gravedad cuando, por practicarse prematuramente y sin soporte clínico suficiente -tal como pretende la ley que nos ocupa-, son realizadas en adolescentes en los que la tendencia transexual suele desaparecer tras la adolescencia. La prematuridad de estas intervenciones agrava sus efectos secundarios futuros y complica la reversibilidad del proceso en caso de arrepentimiento.

El segundo es la ilimitada autonomía que se pretende conferir a todos aquellos que deseen modificar su apariencia sexual -que no cambiar de sexo, que no es posible biológicamente-, eliminando barreras, requisitos, tiempos de espera, asesoramiento médico o psicológico o incluso prohibiendo y persiguiendo cualquier terapia que contribuya a la identificación con el sexo biológico con el fin de superar el proceso de disforia. Y, si es necesario, contradiciendo la decisión de los padres o tutores si no coincide con la del menor.

El complejo proceso madurativo personal incluye la aceptación de la naturaleza heredada como constitutiva de la propia identidad. Éste el proceso que debe potenciarse, acompañando, orientando, educando o, si fuera necesario, tratando a todos los que lo necesitan.

 

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

Declaración oficial contra el Proyecto de Ley de Eutanasia de los Colegios de Farmacéuticos, Odontólogos y Médicos de Madrid

El Colegio de Farmacéuticos de Madrid (COFM), el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región (COEM), y el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM) han publicado recientemente una declaración referente al proyecto de la Ley de la Eutanasia en España. Por su interés, la reproducimos literalmente:

El Colegio de Farmacéuticos de Madrid (COFM), el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región (COEM), y el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM), denunciamos la indefensión para los profesionales sanitarios y el riesgo para la población que supone la ley de eutanasia y queremos poner de manifiesto la grave preocupación que estos profesionales tienen ante el proyecto de ley de eutanasia.

La eutanasia está prohibida en toda Europa con la excepción del Benelux.  La sociedad puede ser confundida mediante una intensa presión desde los medios, pero las profesiones sanitarias no. Conocemos la gravedad de las acciones que conlleva, a nivel personal e institucional, y la “pendiente deslizante” hacia la eliminación y/o corrupción del derecho a la vida que implica. La demanda de eutanasia es mínima o nula cuando el paciente es atendido por un equipo de profesionales experto. En vez de potenciar unos Cuidados Paliativos infra-desarrollados, la única alternativa que propone esta ley a pacientes con enfermedades avanzadas es matarlos. Es particularmente grave el engaño que nace con la ley de considerar la muerte provocada por eutanasia como muerte natural, algo injustificable.

Esta ley es también muy inoportuna, teniendo en cuenta la situación de pandemia y el gran número de sanitarios que se han visto afectados por el coronavirus. Es incomprensible que, en ausencia de demanda social, la ley se tramite de forma acelerada por decreto, sin diálogo alguno con las profesiones sanitarias y contra el criterio del Comité de Bioética, máximo órgano asesor del gobierno en este tema.

Demandamos una Ley General de Cuidados Paliativos, previo diálogo con las profesiones sanitarias, y la retirada del proyecto de ley de eutanasia. En el caso de que no se produzca dicha retirada, nos reservamos el derecho de solicitar a la Comunidad de Madrid, última responsable de la sanidad en nuestro ámbito, la no aplicación de una ley injusta que va contra la ética y la deontología.

* Ver fuente AQUÍ.

 

La ley moral

Escrito por Rafael María de Balbín

Como está presente en el corazón de todos los hombres, es universal, a todos se extiende, y determina los principales deberes y derechos humanos

No es raro hoy en día, cuando se trata de problemas morales, que se destaque la importancia de la conciencia individual y de las libres decisiones personales. Ya que la moral se refiere a la conducta del hombre-persona y concretamente a sus acciones deliberadas y libres. Todo esto es verdadero y muy importante.

Pero lo antes dicho no nos debe llevar a contraponer artificialmente la libertad humana y la ley moral. Esta contraposición sólo se produciría si el hombre pretendiera constituirse en legislador moral y, en cierta manera, en autosalvador. Sin embargo, como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1949): “El hombre, llamado a la bienaventuranza, pero herido por el pecado, necesita la salvación de Dios. La ayuda divina le viene en Cristo por la ley que lo dirige y en la gracia que lo sostiene”.

¿Qué sentido tiene esta ley de Dios?: “La ley moral es obra de la Sabiduría divina. Se la puede definir, en el sentido bíblico, como una instrucción paternal, una pedagogía de Dios. Prescribe al hombre los caminos, las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; proscribe los caminos del mal que apartan de Dios y de su amor. Es a la vez firme en sus preceptos y amable en sus promesas” (Ibidem, n. 1950).

La ley, según la clásica definición de Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica I-II, q. 90, a. 1) es una ordenación racional que el legislador promulga en orden al bien común. Dios creador, con sabiduría y bondad ha establecido para todas las creaturas un orden o regla, un plan que llamamos la ley eterna. El hombre participa de esta ley, conociéndola y dirigiendo libremente sus acciones según los requerimientos de ella. La ley moral, que todos los hombres conocen, mediante las luces de su razón, es la que llamamos ley natural, que “expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira” (Catecismo..., n. 1954).

El Catecismo de la Iglesia Católica se detiene en mostrar las características de esta ley moral natural, que es una guía que Dios proporciona a todos y a cada uno de los hombres. “La ley divina y natural (cf Conc. Vaticano II. Const. Gaudium et spes, n. 89) muestra al hombre el camino que debe seguir para practicar el bien y alcanzar su fin. La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el sentido del prójimo en cuanto igual a sí mismo. Está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1955).

Como está presente en el corazón de todos los hombres, es universal, a todos se extiende, y determina los principales deberes y derechos humanos. Recoge unos principios morales comunes, aplicables a través de todas las épocas y culturas. Ello se debe a la igualdad esencial entre todos los hombres, en los que la dignidad humana es la misma aunque varíen las modalidades accidentales. “La aplicación de la ley natural varía mucho; puede exigir una reflexión adaptada a la multiplicidad de las condiciones de vida, según los lugares, las épocas y las circunstancias. Sin embargo, en la diversidad de culturas, la ley natural permanece como una norma que une entre sí a los hombres y les impone, por encima de las diferencias inevitables, principios comunes” (Catecismo..., n. 1957).

Es también inmutable, y no queda abolida por el paso del tiempo, al igual que los elementos esenciales de la naturaleza humana. Ciertamente el hombre tiene un ser histórico, inmerso en un flujo de ideas y situaciones cambiantes. Pero incluso cuando se niega alguna de las prescripciones de la ley natural, ésta vuelve a clamar por sus fueros, pues está radicada hondamente en nuestro modo específico de ser. Constituye el basamento moral necesario para las leyes de origen humano y para las rectas costumbres sociales.

Dios, supremo legislador, ha querido que los preceptos de la ley natural sean conocidos por todos, de manera clara e indudable. Pero para eso necesitamos ayuda. “En la situación actual, la gracia y la revelación son necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error (Pío XII. Enc. Humani generis, D.S. 3876). La ley natural proporciona a la Ley revelada y a la gracia un cimiento preparado por Dios y armonizado con la obra del Espíritu” (Catecismo..., n. 1960).

Rafael María de Balbín

 

 

El aborto y un nuevo informe de la ONU

Una publicación reciente del Fondo de Población de las Naciones Unidas ilustra varias tendencias preocupantes en la ONU: la primera es el impulso constante para insinuar el derecho humano al aborto, la segunda es la extralimitación de expertos especiales en el sistema de derechos humanos y la tercera consiste en los cambios del lenguaje y las ideas para adecuarlo a sus fines y pasarlo de una agencia a otra.

En diciembre, el UNFPA publicó un documento de orientación sobre cómo aplicar un enfoque basado en los derechos humanos a su trabajo en planificación familiar y salud materna. El mandato original del UNFPA fue establecido en 1994 por la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. Pero el nuevo informe sostiene que varios organismos de la ONU han descubierto nuevos “derechos humanos”.

Por ejemplo, en 2016, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU emitió el “Comentario General 22” que, según el UNFPA, detalla las obligaciones para garantizar el derecho al aborto.

Este comentario, así como cualquier otra “elaboración” emitida por los órganos de supervisión de tratados, no son vinculantes. Sin embargo el texto del tratado sí es vinculante, aunque solo para aquellos países que lo han ratificado. Por otro lado, los comentarios de los comités de la ONU no son vinculantes para los estados que han ratificado el tratado.

Estados Unidos, por ejemplo, ratificó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cuyo órgano de supervisión emitió la “Observación general 36” en 2018. Según el UNFPA, este comentario “encuentra una obligación para los Estados de proporcionar acceso seguro, legal y efectivo al aborto” en determinados casos excepcionales, como la violación, el incesto, la inviabilidad fetal y cuando la vida o la salud de la madre esté en riesgo. Una vez más, este comentario no es vinculante para los Estados Unidos o cualquier otra nación que haya ratificado este documento.

Suso do Madrid

 

 San José 2021

Hace 150 años, el Beato Pío IX proclamó a San José Patrono de la Iglesia Universal. Con tal motivo, el Papa Francisco, mediante su Carta Apostólica “Patris Corde”.  ha declarado 2021 como “Año Jubilar de San José”,  Nos recuerda que el Venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores”; san Juan Pablo II, como «Custodio del Redentor y el pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte» . Su fiesta, el 19 de marzo, en día laborable. Me pregunto: ¿Cómo la fiesta del San José - también Día del Padre -  no se celebra con la solemnidad merecida? Salvo Jesucristo y la Virgen,  no ha habido persona más importante que San José. La Fiesta de la Inmaculada no pudieron tocarla porque un madrileño tuvo el coraje de reunir cientos de miles de firmas.  Nadie ha hecho algo semejante por la fiesta de este santo, el más grande, a quien Dios Padre confió sus tesoros más preciados: la Virgen Inmaculada y el Niño Dios. Ningún hombre, sino San José,  ha  merecido  que el mismo Dios le llamara “papá”. Es modelo de esposo fiel y de padre responsable, que aporta protección, seguridad y afecto. La figura del padre en la familia es indispensable para el correcto desarrollo psicológico de los hijos ( en los huérfanos, mental y afectivamente). Santa Teresa dijo de San José: “No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. A otros parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas”.

Josefa Romo Garlito

 

¿España draghizada?

Que tengamos que mirar hacia Italia para admirar algo de su vida política, confirma lo regular que andamos aquí en dicho terreno. La caótica dinámica de su democracia se ha presentado siempre como un paradigma de lo que ningún sistema debiera hacer si desea mantenerse en pie. La secuencia imparable de crisis de ejecutivos de uno u otro signo, las elecciones con resultados imposibles o el nacimiento y muerte de siglas que irrumpen en el escenario y desaparecen por arte de magia, componen un panorama transalpino del que los manuales de buen gobierno recomiendan huir si lo que se persigue es encontrar esa bendita tranquilidad institucional que impulsa a las naciones. 

De un tiempo a esta parte, sin embargo, parece que han empezado a cambiar algo las tornas, dirigiéndose hacia planteamientos un tanto más ortodoxos, si bien aún lastrados por permanentes enredos parlamentarios, que son allí casi una enfermedad sistémica. Aunque se hayan ensayado en el pasado fórmulas de liderazgo en manos de técnicos, como la protagonizada por el influyente economista Mario Monti, en los últimos años han vuelto a resurgir con fuerza, consiguiendo que una colección de partidos y movimientos de lo más variopinto -desde la extrema izquierda a la ultraderecha, pasando por el centro- se puedan poner de acuerdo para entregar el timón a un prestigioso jurista con perfil tecnocrático, Giuseppe Conte. Sus dos mandatos, aunque con altibajos y frecuentes inestabilidades provocadas por unos socios incapaces de estarse quietos, fueron un experimento razonable desde la perspectiva de los intereses italianos, al afrontar los principales dilemas con cierto grado de cohesión y sensatez.

A Conte le ha venido a suceder otro perfil similar, Mario Draghi. El apoyo que ha cosechado en Montecitorio le convierte en uno de los presidentes del consejo de ministros más votado por los diputados en la historia moderna, lo que constituye un sólido espaldarazo a este imperturbable hacendista, con una dilatada trayectoria internacional a sus espaldas en la empresa privada y las finanzas públicas, incluyendo sus años firmando nuestros billetes como responsable del Banco Central Europeo.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Si renunciara a educar

La apuesta de la Iglesia por la educación no es un añadido a su misión en la historia. Si renunciara a educar, la Iglesia estaría siendo infiel a sí misma. Por eso pienso que la reflexión sobre lo que hace la Iglesia en el mundo educativo, sobre la actual situación de la enseñanza, también en España, se ha convertido en una prioridad. Educar es un acto de esperanza en el que se propone la verdad para que sea acogida y madurada conscientemente en libertad.

Con motivo de la puesta en marcha de la nueva Ley de Educación, la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura ha abierto un proceso de debate sobre el papel de la Iglesia en la educación y sobre el futuro currículo de la asignatura de Religión, que por cierto más de uno quiere que deje de ser una asignatura como tal, para que responda a los desafíos de este momento.

Juan García. 

 

España en caída libre y desamparada totalmente

 

            Si en gran medida, “el español aguanta lo que le echen”; pero siempre existen minorías que “no tragan” y protestan dando “pecho” y diciéndole a sus pésimos gobernantes (abundantísimos en toda su historia) “las verdades del barquero”; y aún a costa de que ello les costara el pellejo; no es por tanto la falta de crítica lo que siempre hubo en España, es la sobra de gobernantes  corrompidos y capaces de vender su alma al diablo; “después de haber vendido incluida la madre que los parió”, sin escrúpulo alguno y menos recibir el castigo que merecieran; aquí sigue vigente y al máximo de su desarrollo la terrible sentencia de un rey, que vivió siete siglos antes de Cristo y que dejó para la Historia lo siguiente… "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción”. (Anacarsis. siglo VII a.C.)

 Otro sabio sentenció lo que sigue: “La mayor pobreza y miseria es, la del juez que alquila o vende su toga”. En las mal denominadas democracias actuales, por conformarse en “cama redonda”, donde se acomodan todos los poderes; los resultados de la justicia, son los que padecemos y a la vista está la corrupción hedionda y galopante que invade todos los aparatos político-mercenarios; ocupados por quienes la dignidad, la suelen dejar, “guardada en sus cajas fuertes”.

            ¿Qué tipo de leyes y reglamentos existen en este territorio que se parece cada día más, a aquellos cotos mineros norteamericanos del siglo diecinueve (ley de Lynch),  que a un país medio civilizado y que ha logrado unas leyes de control y justicia, donde se implanta, las que si no ejemplares, pero al menos llevaderas  para mantener un barniz de civilización aceptable? ¿Esto ya más se parece a aquella isla caribeña donde arribaban todos los piratas y asesinos de aquellos mares, a repartirse el botín obtenido a sangre y fuego, en un ambiente donde la ley era la del más fuerte? Siento vergüenza de haber nacido en un país como éste, donde los que gobiernan, más parecen aquellos facinerosos, que dignos representantes de un pueblo que los eligió a través de las urnas.

                        Abusos y tiranías en gran parte del actual mundo: El mundo ha retrocedido a los tiempos medievales de los "señores de horca y cuchillo", que como tales, hacen en sus feudos, lo que les da la gana, ya que son "dueños de vidas y haciendas"; y como ello se ha extendido tanto y a tantos, unos se tapan a los otros y esto no tiene solución, puesto que el siervo (que no pueblo) está sujeto al capricho de los nuevos señores feudales; todo lo demás es mentira. “La mierdaa tapa a la mierda y así todo latrocinio, robo o abusos mil, son tapados y consentidos, por todos los que dicen gobernar, esta ya mierdaa de mundo”, que nos dicen ha progresado; pero ¿en qué? En degeneración y abandono total y así sigue.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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