Las Noticias de hoy 13 Marzo 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 13/03/2021 - 12:40

50 Imágenes con Frases y Pensamientos del Papa Francisco | FrasesHoy.org

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 13 de marzo de 2021      

Indice:

ROME REPORTS

Ocho años con Francisco: llevando la alegría del Evangelio a todo el mundo

Los 5 consejos del Papa a los confesores

EL FARISEO Y EL PUBLICANO: Francisco Fernandez Carbajal

“Penitencia es atender a los que sufren”: San Josemaria

Hacia una cultura de diálogo: Jutta Burggraf

Orad sin interrupción: M. Belda.

Pluralismo y fe : FRANCISCO BARTOLOMÉ GONZALEZ

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos : encuentra.com

Papa Francisco, 8 años. Daban a la Iglesia por muerta: Daniel Tirapu

Evangelio del domingo: la alegría de la redención  

Meditaciones: 7º domingo de san José

«Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad»

A simple solution to world hunger: Mary’s Meals: Nuria Chinchilla

HASTA CUÁNDO: María de los Ángeles Albornoz

Sentido común: Ana Teresa López de Llergo

El duelo en familia: Lucía Legorreta

Vivir dignamente en estos tiempos difíciles: Silvia del Valle Márquez

La esperanza en Cuaresma : Jaume Catalán Díaz

Ley que mata la esperanza: Suso do Madrid

“O somos hermanos, o se viene todo abajo”: Jesús Martínez Madrid

Una ley que rompe : Jesús Domingo Martínez

Reflexiones de un sabio… y de un aprendiz : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

Ocho años con Francisco: llevando la alegría del Evangelio a todo el mundo

El 13 de marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio es elegido como Sucesor de Pedro, primer Papa jesuita y americano y el primero con el nombre de Francisco. Estos ocho años de Pontificado se han caracterizado por iniciativas y reformas para implicar a todos los cristianos en un nuevo impulso misionero con el objetivo de llevar el amor de Jesús a toda la humanidad

Isabella Piro - Ciudad del Vaticano

Proximidad, sinodalidad e impulso misionero: son los puntos cardinales del Pontificado de Francisco, elegido hace ocho años como Sucesor de Pedro. La perspectiva de su pontificado parte de abajo, de la atención a esas "periferias" existenciales y geográficas que son el contrapunto de su ser y actuar. Invitando a recuperar "la frescura original del Evangelio", pide a los fieles un nuevo fervor y dinamismo para que el amor de Jesús pueda llegar realmente a todos. La Iglesia deseada por Bergoglio es una Iglesia "en salida", con " las puertas abiertas", un "hospital de campaña" que no teme la "revolución de la ternura" ni "el milagro de la gentileza".

Las novedades y Evangelii gaudium, texto programático del Pontificado

Primer Papa con el nombre "Francisco", primer jesuita y primero originario de América Latina, pero también primer Pontífice de los tiempos modernos elegido tras la renuncia de su predecesor, Bergoglio inició su pontificado bajo el signo de la novedad, la más relevante de las cuales es la misa diaria presidida en la Casa Santa Marta, donde decidió -otra novedad- residir. En esas breves homilías, pronunciadas rigorosamente espontáneamente al estilo de un párroco, el Papa establece un diálogo directo con los fieles, exhortándolos a una confrontación inmediata con la Palabra de Dios. Pero el 2013 también está marcado por la publicación de la Exhortación Apostólica "Evangelii gaudium", un verdadero 'manifiesto programático' del nuevo Pontificado, en el que Francisco llama a una nueva evangelización caracterizada por la alegría, así como a la reforma de las estructuras eclesiales y a la conversión del papado, para que sean más misioneras y más cercanas al significado querido por Jesús. Por ello, también en 2013, el Papa instituye un "Consejo de Cardenales" cuya tarea es estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica "Pastor bonus" sobre la Curia Romana, que data de 1988.

 

El Papa Francisco se asoma a la Plaza de San Pedro poco después de su elección como Pontífice

El Papa Francisco se asoma a la Plaza de San Pedro poco después de su elección como Pontífice

La familia

La familia es el eje pastoral del 2014 del Papa Francisco, a la que dedica un Sínodo extraordinario. Para el Pontífice, la sociedad individualista contemporánea ataca gravemente a la familia, poniendo en riesgo los derechos de los hijos y de los padres, especialmente en el ámbito de la educación moral y religiosa. El tema de la familia encontrará después su ápice en la exhortación apostólica "Amoris Laetitia", publicada el 8 de abril de 2016, en la que Francisco subraya la importancia y la belleza de la familia basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, pero también mira, con realismo, la fragilidad que experimentan algunas personas, como los divorciados vueltos a casar, animando a los pastores a discernir. Desde el punto de vista de la reforma,  en el 2014 es significativa la creación de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, cuya finalidad es proponer iniciativas al Pontífice para "promover la responsabilidad de las Iglesias particulares en la protección de todos los menores y adultos vulnerables". En el plano diplomático, el 2014 del Papa Francisco está marcado por dos grandes iniciativas: la primera es la "Oración por la Paz" en Tierra Santa, celebrada el 8 de junio en los Jardines Vaticanos junto a los presidentes de Israel, Shimon Peres, y de Palestina, Mahmoud Abbas. El segundo es el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Un objetivo por el que el mismo Pontífice se empeña a través de cartas enviadas a los Jefes de Estado de los dos países.

 

Un olivo, símbolo de la paz, es plantado en los Jardines Vaticanos

Un olivo, símbolo de la paz, es plantado en los Jardines Vaticanos

La salvaguardia de la creación

El año 2015 está centrado en la salvaguardia de la Creación: el 24 de mayo, Francisco firma la Encíclica "Laudato si' sobre el cuidado de la casa común", cuyo eje cartesiano es la ecología integral, aquella en la que la preocupación por la naturaleza, la equidad hacia los pobres y el compromiso en la sociedad resultan inseparables. A este respecto, el Pontífice instituye la "Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación", de carácter ecuménico, que se celebrará cada año el 1 de septiembre. Mientras tanto, en el frente de la reforma, se sigue trabajando en la nueva Constitución Apostólica sobre la Curia Romana, que más adelante tendrá el título, aunque provisional, "Predicad el Evangelio". Mientras tanto, en el horizonte estalla el caso "Vatileaks 2", sobre la filtración de documentos confidenciales de la Santa Sede. "Un acto deplorable", lo califica el Papa en el Ángelus del 8 de noviembre, porque "robar documentos es un delito". Tras un juicio ordinario en el Tribunal Vaticano, el caso se cerrará en julio de 2016, con dos condenas y dos absoluciones.

El Jubileo Extraordinario de la Misericordia

La misericordia es, ciertamente, el fil rouge del 2016: es el Año en el que se celebra el Jubileo Extraordinario convocado por Francisco sobre el tema "Sean misericordiosos como el Padre". La consideración hacia los últimos se concreta con los "Viernes de la Misericordia", es decir, las visitas privadas que el Pontífice realiza a centros dedicados a la acogida de los pobres, los enfermos, los marginados. Se trata de un Jubileo "difundido" que ve la posibilidad de abrir una Puerta Santa en cada iglesia del mundo. El mismo Francisco, incluso antes de inaugurar la de la Basílica vaticana, abre otra, fuertemente simbólica: la de la catedral de Bangui, en la República Centroafricana, donde realiza un viaje apostólico en noviembre de 2015.

 

El Papa Francisco abre la Puerta Santa de la Catedral de Bangui

El Papa Francisco abre la Puerta Santa de la Catedral de Bangui

El histórico encuentro con el Patriarca Kirill

En  el 2016, además, se produce un acontecimiento que marcará una época: el 12 de febrero, en Cuba, el Pontífice se reúne con el Patriarca de Moscú y toda Rusia, Kirill. Juntos firman una declaración conjunta, en la que se comprometen a responder a los desafíos del mundo contemporáneo, como poner fin a la persecución de los cristianos y a las guerras, promover el diálogo interreligioso, ayudar a los emigrantes y refugiados y proteger la vida y la familia.

 

El abrazo entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill

El abrazo entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill

Jornada Mundial de los Pobres

El año 2017 también está marcado por un acto relevante que se enmarca en esa diplomacia de la paz que lleva adelante Francisco: el 20 de septiembre de 2017, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la Santa Sede se encuentra entre los primeros países en firmar y ratificar el "Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares". En el plano pastoral, en cambio, el año está marcado por la celebración de la primera "Jornada Mundial de los Pobres": una conmemoración que quiere ser -subraya el Papa- un recordatorio de que es precisamente en los indigentes donde "se manifiesta la presencia de Jesús". Por lo tanto, ellos nos "abren el camino al cielo" y son nuestro "pasaporte para el paraíso".

El Acuerdo con China

Dos son, sin embargo, los hechos destacados del 2018 del Papa Francisco: a nivel pastoral, el Sínodo sobre los jóvenes representa un momento de reflexión eclesial. A los jóvenes, el Pontífice les pide que "escuchen, se hagan próximos, den testimonio", porque "la fe es una cuestión de encuentro, no de teoría". Un llamamiento que se hará aún más fuerte en la Exhortación Apostólica post-sinodal "Christus vivit", firmada en 2019. "Ustedes son el ahora de Dios", escribe Francisco en el documento, pidiendo a los jóvenes que no retrocedan ante los retos del mundo contemporáneo y que dediquen atención a los últimos. En el plano diplomático, en el 2018 destaca el Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China, firmado en Pekín el 22 de septiembre y relativo al nombramiento de obispos. En 2020, pues, el acuerdo se renovará por dos años.

La lucha contra los abusos

En el año 2018 se abrió una página muy amarga para la Iglesia católica, la de los abusos cometidos por algunos miembros del clero: los casos relativos al cardenal George Pell, juzgado en Australia y luego absuelto tras 13 meses pasados injustamente en prisión, y el ex-sacerdote chileno Fernando Karadima, posteriormente destituido por Francisco del estado clerical, así como la publicación del "Informe Pennsylvania" en Estados Unidos, ponen de manifiesto la importancia de la lucha contra este delito llevada a cabo con determinación por el Pontífice. En agosto, al final de su Viaje Apostólico a Irlanda, Francisco recita un conmovedor "Acto Penitencial" para pedir perdón en nombre de la Iglesia. En el mismo periodo, sale a la luz mediática el "Caso McCarrick" relacionado con el ex cardenal responsable de abusos sexuales a menores y luego dado de baja del estado clerical en 2019. Un asunto al que la Santa Sede responderá con un "Informe" especial, elaborado por la Secretaría de Estado por mandato del Papa y que se hará público el 10 de noviembre de 2020. La lucha contra los abusos continúa durante 2019 con la Cumbre en el  Vaticano sobre la Protección de los Menores. Del encuentro deriva el Motu proprio "Vos estis lux mundi" que introduce la obligación de los clérigos y religiosos de denunciar los abusos, mientras que cada diócesis deberá  tener un sistema de fácil acceso al público para recibir las denuncias. En diciembre, además, con un Rescripto, el Papa abolió el secreto pontificio para los casos de abusos sexuales.

Fraternidad, paz y unidad de los cristianos

El año 2019 tiene como telón de fondo tres grandes gestos: el primero es la firma del documento sobre "La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común", firmado por el Papa y el Gran Imán de Al-Azhar Ahamad al-Tayyib, en Abu Dhabi, el 4 de febrero. El documento, que constituye una piedra angular en las relaciones entre el cristianismo y el islam, alienta el fortalecimiento del diálogo interreligioso y promueve el respeto mutuo, condenando el terrorismo y la violencia. El segundo gesto es la organización de un retiro espiritual en el Vaticano para los líderes civiles y eclesiásticos de Sudán del Sur. El encuentro tiene lugar en abril y termina con un acto impactante: Francisco se arrodilla y besa los pies del Presidente de la República de Sudán del Sur, Salva Kiir Mayardit, y de los vicepresidentes designados presentes. Lo hace para "implorar que el fuego de la guerra se apague de una vez por todas" en el joven país africano. El tercer gesto, finalmente, va en la dirección de la unidad de los cristianos: el 29 de junio Francisco entrega a una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla algunos fragmentos de las reliquias de San Pedro. Como escribe el mismo Pontífice en una Carta al Patriarca Bartolomé, “este gesto quiere ser una confirmación del camino que nuestras Iglesias han emprendido para acercarse unas a otras".

 

La firma en Abu Dhabi

La firma en Abu Dhabi

Las reformas en ámbito económico y financiero

Como parte de las reformas, en agosto de 2019, con un Quirógrafo, el Papa renueva el Estatuto del Ior, introduciendo la figura del auditor externo para la verificación de cuentas. A esta decisión le siguen, a finales de 2020, el nuevo Estatuto de la Autoridad de Información Financiera, que en adelante se llamará Autoridad de Supervisión e Información Financiera (Asif), y el Motu proprio "Sobre algunas competencias en materia económica y financiera", por el que se transfiere a la Apsa la gestión de fondos inmuebles de la Secretaría de Estado, incluido el Óbolo di San Pietro, al tiempo que se refuerza el papel de control de la Secretaría para la Economía.

La oración en la pandemia

En 2020, el año de la pandemia de Covid-19, el Papa Francisco permanece cerca de los fieles con la fuerza constante de la oración. En la memoria del mundo entero queda impresa la "Statio Orbis" presidida el 27 de marzo por el Pontífice, solo, ante una Plaza de San Pedro desierta y empapada por la lluvia. La tecnología también ayuda a acortar las distancias, necesarias para contener los contagios: durante algún tiempo, las audiencias generales y el rezo del Ángelus se retransmiten en directo por audio-vídeo, al igual que las misas matutinas en la Casa Santa Marta. En febrero se publica la quinta Exhortación Apostólica "Querida Amazonia", que recoge los frutos del Sínodo especial para la Región Panamazonica, celebrado en el Vaticano en 2019, y en octubre, la tercera Encíclica, "Fratelli tutti", que, explicitando aún más los rasgos sobresalientes de este Pontificado, llama a la fraternidad y a la amistad social y reafirma el no a la guerra para construir un mundo mejor, con el compromiso de todos.

Viajes apostólicos con la mirada puesta en las periferias

El año 2020 se cierra con el anuncio del histórico Viaje Apostólico a Irak, que ha concluido precisamente en estos días, la primera vez que un Sucesor de Pedro ha estado en el país. Tras el stop de 15 meses a causa de la pandemia, Francisco vuelve a llevar la luz y la belleza del Evangelio al mundo, dirigiendo su mirada, una vez más, a las periferias, donde se necesita con urgencia "fraternidad y esperanza". Por otro lado, su primer viaje como Pontífice, el 8 de julio de 2013, tiene como destino Lampedusa: desde esta isla, destino de desembarcos desesperados, el Papa encenderá los reflectores mundiales sobre el drama de la migración, tema principal de su pontificado. Bergoglio reitera a menudo que los migrantes son ante todo personas, no sólo números o cuestiones sociales, y lo hace no sólo con palabras, sino también con hechos. Basta pensar en la decisión tomada en abril de 2016, a su regreso de una visita al campo de refugiados de Lesbos: en el vuelo papal, Francisco acoge a 12 refugiados sirioy los acompañó a Roma, para que pudieran ser asistidos.

 

 Homenaje a las víctimas del mar en el primer viaje a Lampedusa

Homenaje a las víctimas del mar en el primer viaje a Lampedusa

Algunos datos estadísticos

Hasta ahora, Francisco ha realizado 25 Viajes en Italia y 33 fuera de la Península. Pero las cifras de su Pontificado hablan de más de 340 Audiencias Generales, más de 450 Ángelus/Regina Coeli, casi 790 homilías en la Casa Santa Marta y unos 900 nuevos Santos, entre ellos los 800 mártires de Otranto. Francisco también ha celebrado 7 Consistorios, creando 101 Cardenales, y ha convocado varios Años Especiales, como los dedicados a la Vida Consagrada (2015-2016), San José (2020-2021) y Familia-Amoris Laetitia (2021-2022). También son varias las "Jornadas" instituidas por Francisco: la última, en orden cronológico, es la Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, que se celebrará por primera vez en julio de 2021, en proximidad a la fiesta de los santos Joaquín y Ana, los "abuelos" de Jesús.

Los 5 consejos del Papa a los confesores

El Santo Padre ha dirigido un discurso a los participantes en la 31ª edición del Curso sobre el Foro Interno en el que ha reflexionado sobre el significado del Sacramento de la Reconciliación, dando algunos consejos a los confesores explicándoles cuál debe ser la actitud religiosa que deben tener ante el pecador perdonado.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El Santo Padre ha dirigido un discurso a los participantes en la 31ª edición del Curso sobre el Foro Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica en el que han participado 870 clérigos de manera online. Su reflexión ha girado en torno al significado del Sacramento de la Reconciliación y las 3 expresiones que mejor lo explican. La primera: "abandonarse al Amor"; la segunda: "dejarse transformar por el Amor"; y la tercera: "corresponder al Amor". “Me gustaría detenerme con vosotros en tres expresiones, que explican bien el sentido del Sacramento de la Reconciliación, porque confesarse no es ir a la tintorería a quitarse una mancha. No. Es otra cosa. Pensemos bien lo que es” ha dicho el Papa.

Primer consejo: asombrarse de los hermanos que piden el perdón de Dios

Para Francisco, abandonarse al Amor significa “hacer un verdadero acto de fe”, pero la fe – advierte el Papa – “nunca puede reducirse a una lista de conceptos o a una serie de afirmaciones que hay que creer. La fe se expresa y se entiende dentro de una relación: la relación entre Dios y el hombre y entre el hombre y Dios”, pues la fe “es el encuentro con Dios mismo que es Misericordia y es el abandono en los brazos de este Amor misterioso y generoso, que tanto necesitamos, pero al que, a veces, tenemos miedo de abandonarnos”.

El Pontífice después señala que “quien no se abandona al amor de Dios acaba, tarde o temprano, abandonándose a otra cosa, terminando "en brazos" de la mentalidad mundana, que al final trae amargura, tristeza y soledad y no se cura”. Por tanto, el primer paso que Francisco considera para una buena confesión es “el acto de fe, de abandono, con el que el penitente se acerca a la Misericordia”.

Su consejo para los confesores es que “deben ser capaces de asombrarse siempre de los hermanos que, por fe, piden el perdón de Dios y, todavía sólo por fe, se abandonan a Él, entregándose en la Confesión”.

Segundo consejo: percibir el milagro del cambio

Dejarse transformar por el Amor: Esta es la segunda expresión sobre la que ha reflexionado Francisco. Sabemos muy bien que no son las leyes las que salvan: “el individuo no cambia por una árida serie de preceptos, sino por la fascinación del Amor percibido y libremente ofrecido” dice Francisco. Por tanto, cuando el penitente que encuentra en la conversación sacramental un rayo de este Amor acogedor, “se deja transformar por el Amor, por la Gracia, empezando a experimentar esa transformación de un corazón de piedra en un corazón de carne”.

Ante esta situación, el buen confesor – dice Francisco – “está siempre llamado a percibir el milagro del cambio, a advertir la obra de la Gracia en el corazón de los penitentes, favoreciendo en lo posible la acción transformadora”.

Tercer consejo: señalar siempre el amor al prójimo

Después, el Papa explica que el abandono y el dejarse transformar por el Amor tienen como consecuencia necesaria una correspondencia con el amor recibido. Francisco declara que es una correspondencia “que se manifiesta en el cambio de vida y en las obras de misericordia que le siguen”, pues, quien ha sido acogido por el Amor “no puede dejar de acoger a su hermano”, quien se ha abandonado al Amor, “no puede sino consolar al afligido” y quien ha sido perdonado por Dios, “no puede dejar de perdonar de corazón a sus hermanos”.

En este sentido, el Santo Padre asegura que “Dios nos muestra un amor posible, en el que vivir esa correspondencia imposible” y que no es otra que “el amor al hermano”: “Amando a nuestros hermanos nos mostramos a nosotros mismos, al mundo y a Dios que le amamos de verdad”. Su tercer consejo para los confesores es que el buen confesor “señala siempre el imprescindible amor al prójimo como gimnasio diario en el que entrenar el amor a Dios”.

Cuarto consejo a los confesores: No hacer preguntas impertinentes

Al final de su discurso, les ha pedido que recuerden siempre “que cada uno de nosotros es un pecador perdonado, puesto al servicio de los demás, para que también ellos, a través del encuentro sacramental, puedan encontrar ese Amor que ha fascinado y cambiado nuestras vidas”. Teniendo esto en cuenta, el Papa ha querido subrayar algo que considera fundamental: cuál debe ser la actitud religiosa que debe tener el confesor ante el pecador perdonado. Francisco invita a los confesores a “acoger en paz, acoger con paternidad”, “todo el mundo sabrá cómo es la expresión de la paternidad – dice el Papa – una sonrisa, los ojos en paz... acoger ofreciendo tranquilidad, y luego dejar hablar”.

También pide estar atentos cuando el penitente tiene cierta dificultad para seguir adelante con un [determinado] pecado. “Si lo entiende, no hace preguntas indiscretas” dice Francisco e insiste: “No les haga más dolor, más tortura en esto. Por favor, no hagas preguntas. A veces me pregunto: esos confesores que empiezan: "Y así, así, así [dice: tai, tai, tai]...", pero dime, ¿qué estás haciendo, tú? ¿Estás haciendo la película en tu mente? Por favor, ¿eh?”.

Quinto consejo: ser padres y no el tribunal de examen académico

Por último, el Papa explica a los confesores que ser “misericordioso” no significa tener la mano larga: “Significa ser hermano, padre, consolador”. "Eh, padre, no puedo hacerlo, no sé cómo lo haré..." - "Reza, y vuelve cuando lo necesites, porque aquí encontrarás un padre, un hermano: encontrarás esto": Esa es la actitud, dice Francisco. Y por favor – concluye – “no hagas el tribunal de examen académico. No te metas en el alma de los demás”.

 

 

 

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

— Necesidad de la humildad. La soberbia lo pervierte todo.

— La hipocresía de los fariseos. Manifestaciones de la soberbia.

— Aprender del publicano de la parábola. Pedir la humildad.

I. Misericordia, Dios mío... Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias1. El Señor se conmueve y derrocha sus gracias ante un corazón humilde.

Nos presenta San Lucas en el Evangelio de la Misa de hoy2 a dos hombres que subieron al Templo a orar: uno fariseo y publicano el otro. Los fariseos se consideraban a sí mismos como puros y perfectos cumplidores de la ley; los publicanos se encargaban de recaudar las contribuciones, y eran tenidos por hombres más amantes de sus negocios que de cumplir con la ley. Antes de narrar la parábola, el Evangelista se preocupa de señalar que Jesús se dirigía a ciertos hombres que presumían de ser justos y despreciaban a los demás.

En seguida se pone de manifiesto en la parábola que el fariseo ha entrado al Templo sin humildad y sin amor. Él es el centro de sus propios pensamientos y el objeto de su aprecio: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. En vez de alabar a Dios, ha comenzado, quizá de modo sutil, a alabarse a sí mismo. Todo lo que hacía eran cosas buenas: ayunar, pagar el diezmo...; la bondad de estas obras quedó destruida, sin embargo, por la soberbia: se atribuye a sí mismo el mérito, y desprecia a los demás. Faltan la humildad y la caridad, y sin ellas no hay ninguna virtud ni obra buena.

El fariseo está de pie. Ora, da gracias por lo que hace. Pero hay mucha autocomplacencia, está «satisfecho». Se compara con los demás y se considera superior, más justo, mejor cumplidor de la ley. La soberbia es el mayor obstáculo que el hombre pone a la gracia divina. Y es el vicio capital más peligroso: se insinúa y tiende a infiltrarse hasta en las buenas obras, haciéndoles perder su condición y su mérito sobrenatural; su raíz está en lo más profundo del hombre (en el amor propio desordenado), y nada hay tan difícil de desarraigar e incluso de llegar a reconocer con claridad.

«“A mí mismo, con la admiración que me debo”. —Esto escribió en la primera página de un libro. Y lo mismo podrían estampar muchos otros pobrecitos, en la última hoja de su vida.

»¡Qué pena, si tú y yo vivimos o terminamos así! —Vamos a hacer un examen serio»3. Pedimos al Señor que tenga siempre compasión de nosotros y no nos deje caer en ese estado. Imploremos cada día la virtud de la humildad y hagamos hoy el propósito de estar atentos a las diversas y variadas expresiones en que se pone de manifiesto el pecado capital de la soberbia, y a rectificar la intención en nuestras obras cuantas veces sea necesario.

II. Algunos fariseos se convirtieron, y fueron amigos y fieles discípulos del Señor, pero muchos otros no supieron reconocer al Mesías, que pasaba por sus calles y plazas. La soberbia hizo que perdieran el norte de su existencia y que su vida religiosa, de la que tanto alardeaban, quedara hueca y vacía. Sus prácticas de piedad se consumían en formalismos y meras apariencias, realizadas de cara a la galería. Cuando ayunan, demudan su rostro para que los demás lo sepan4; cuando oran, gustan de hacerlo de pie y con ostentación en las sinagogas o en medio de las plazas5; cuando dan limosna, lo pregonan con trompetas6.

El Señor recomendará a sus discípulos: No hagáis como los fariseos. Y les explica por qué no deben seguir su ejemplo: Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres7. Con palabra fuerte, para que reaccionen, les llama hipócritas, semejantes a sepulcros blanqueados: vistosos por fuera, repletos de podredumbre por dentro8.

La vanagloria «fue la que los apartó de Dios; ella les hizo buscar otro teatro para sus luchas y los perdió. Porque, como se procura agradar a los espectadores que cada uno tiene, según son los espectadores, tales son los combates que se realizan»9. Para ser humildes no podemos olvidar jamás que quien presencia nuestra vida y nuestras obras es el Señor, a quien hemos de procurar agradar en todo momento.

Los fariseos, por la soberbia, se volvieron duros, inflexibles y exigentes con sus semejantes, y débiles y comprensivos consigo mismos: Atan pesadas cargas a los demás y ellos ni siquiera ponen un dedo para moverlas10. A nosotros el Señor nos dice: El mayor entre vosotros ha de ser vuestro servidor11. Y el Espíritu Santo, por medio de San Pablo: llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo12. Una de las manifestaciones más claras de la humildad es el servir y ayudar a los demás, no ya en acciones aisladas sino de modo constante.

Quizá uno de los reproches más duros que les hace el Señor es este: Vosotros no habéis entrado y a los que iban a entrar se lo habéis impedido13. Han cerrado el camino a aquellos a quienes tenían que guiar. ¡Guías ciegos!14 les llamará en otro lugar. La soberbia hace perder la luz sobrenatural para uno mismo y para los demás.

La soberbia tiene manifestaciones en todos los aspectos de la vida. «En las relaciones con el prójimo, el amor propio nos hace susceptibles, inflexibles, soberbios, impacientes, exagerados en la afirmación del propio yo y de los propios derechos, fríos, indiferentes, injustos en nuestros juicios y en nuestras palabras. Se deleita en hablar de las propias acciones, de las luces y experiencias interiores, de las dificultades, de los sufrimientos, aun sin necesidad de hacerlo. En las prácticas de piedad se complace en mirar a los demás, observarlos y juzgarlos; se inclina a compararse y a creerse mejor que ellos, a verles defectos solamente y negarles las buenas cualidades, a atribuirles deseos e intenciones poco nobles, llegando incluso a desearles el mal. El amor propio (...) hace que nos sintamos ofendidos cuando somos humillados, insultados o postergados, o no nos vemos considerados, estimados y obsequiados como esperábamos»15.

Nosotros hemos de alejarnos del ejemplo y de la oración del fariseo y aprender del publicano: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Es una jaculatoria para repetirla mucha veces, que fomenta en el alma el amor a la humildad, también a la hora de rezar.

III. El Señor está cerca de aquellos que tienen el corazón contrito, y a los humillados de espíritu los salvará16. El publicano dirige a Dios una oración humilde, y confía, no en sus méritos, sino en la misericordia divina: quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador.

El Señor, que resiste a los soberbios pero a los humildes da su gracia17, lo perdona y justifica. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.

El publicano «se quedó lejos, y por eso Dios se acercó más fácilmente... Que esté lejos o que no lo esté, depende de ti. Ama y se acercará; ama y morará en ti»18.

También podemos aprender de este publicano cómo ha de ser nuestra oración: humilde, atenta, confiada. Procurando que no sea un monólogo en el que nos damos vueltas a nosotros mismos, a las virtudes que creemos poseer.

En el fondo de toda la parábola late una idea que el Señor quiere inculcarnos: la necesidad de la humildad como fundamento de toda nuestra relación con Dios y con los demás. Es la primera piedra de este edificio en construcción que es nuestra vida interior. «No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la obra.

»—Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra, donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa»19.

Cuando una persona se siente postergada, herida en detalles pequeñísimos, debe pensar que todavía no es humilde de verdad: es la ocasión de aceptar la propia pequeñez y ser menos soberbios: «no eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo llevas por Cristo»20.

La ayuda de la Virgen Santísima es nuestra mejor garantía para ir adelante en esta virtud. «María es, al mismo tiempo, una Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en el seno materno, pídele que te alcance esta virtud (de la humildad) que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido, María la pedirá para ti de ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída»21. Después de considerar las enseñanzas del Señor, y de contemplar el ejemplo humilde de Santa María, podemos acabar nuestra oración con esta petición: «Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»22.

1 Salmo responsorial. — 2 Lc 18, 9-14. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 719. — 4 Cfr. Mt 6, 16. — 5 Cfr. Mt 6, 5. — 6 Cfr. Mt 6, 2. — 7 Mt 23, 5. — 8 Cfr. Mt 23, 27. — 9 San Juan Crisóstomo, Hom. sobre San Mateo, 72, 1. — 10 Lc 11, 46. — 11 Mt 23, 11. — 12 Gal 6, 2. — 13 Lc 11, 53. — 14 Mt 15, 14. — 15 B. Baur, En la intimidad con Dios, p. 89. — 16 Sal 33. — 17 Sant 4, 6. — 18 San Agustín, Sermón 9, 21. — 19 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 590. — 20 Ibídem, n. 594. — 21 J. Pecci -León XIII-, Práctica de la humildad, 56. — 22 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 31.

 

 

Penitencia es atender a los que sufren”

Esta es la receta para tu camino de cristiano: oración, penitencia, trabajo sin descanso, con un cumplimiento amoroso del deber. (Forja, 65)

13 de marzo

Y por si no se te ocurre ahora cómo responder concretamente a los requerimientos divinos que golpean en tu corazón, óyeme bien.

Penitencia es el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos. Penitencia es levantarse a la hora. Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.

La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar al tiempo que cada cosa necesita. Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío. (Amigos de Dios, 138)

 

Hacia una cultura de diálogo

¿Somos capaces a transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo, y escuchar con atención lo que dicen los demás? La teóloga Jutta Burggraf (+2010) propone el diálogo para evitar el choque entre las culturas y mentalidades.

OTROS27/06/2018

Opus Dei - Hacia una cultura de diálogo

Un nuevo reto

En la sociedad actual, convivimos con personas diferentes a nosotros. Este es un hecho concreto y fácilmente perceptible frente al cual no podemos cerrar los ojos. Se trata generalmente de gente proveniente de otros países, con una cultura y religión diferentes a las nuestras; tienen otras costumbres y un estilo de vida que nos resulta extraño y hasta curioso o pintoresco. Tal vez vivan en el mismo pueblo o incluso pertenezcan a nuestra familia. Son "nuestros vecinos de siempre"; pero no piensan ni sienten como yo, o —dicho desde otra perspectiva— yo no pienso ni siento como ellos. Cada persona tiene su propio punto de vista, su mentalidad, su proyecto vital y su modo de juzgar los acontecimientos políticos y sociales.

Lamentablemente, las diferencias originan no pocas veces antipatías o sospechas; pueden llevar a malentendidos e incomprensiones e incluso despertar reacciones violentas. Pueden ser también la causa de múltiples formas de rechazo que hieren el corazón humano.

Muchos sufren injusticias y humillaciones por el mero hecho de no ser "como los demás"; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.

¿Cómo podemos evitar este choque entre las culturas y mentalidades que parece caracterizar cada vez más claramente nuestra vida? En los últimos años —y especialmente a partir del 11 de septiembre de 2001— se han dado muchas respuestas muy variadas a este interrogante. De especial importancia es, ciertamente, el diálogo. Pero, ¿somos capaces a transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo, y escuchar con atención lo que dicen los demás? O, preguntando de modo más radical: ¿tenemos realmente convicciones propias? ¿Hemos encontrado nuestra identidad? Es un hecho conocido que nadie puede dar (a conocer) lo que no tiene.

I. Dificultades para el diálogo

Somos libres para pensar por cuenta propia. Pero apenas tenemos el valor de hacerlo de verdad. Estamos más bien acostumbrados a repetir lo que dicen los periódicos y revistas, la televisión, la radio, lo que leemos en internet o lo aseverado por alguna persona, más o menos interesante, con la que nos cruzamos por la calle. Hoy en día, en muchos países parece que ha desaparecido la autoridad que dicta los pensamientos, la censura. Pero lo que hallamos en realidad, es que aquella autoridad ha cambiado su modo de obrar: no se vale de la coerción sino tan sólo de una blanda persuasión. Se ha hecho invisible, anónima, y se disfraza de normalidad, sentido común u opinión pública. No pide otra cosa que hacer lo que todos hacen.

¿Resistimos a los tiroteos constantes de este "enemigo invisible"? ¿Hemos aprendido a ejercer nuestra facultad para discurrir y discernir? Pensar no sólo es un juego divertido; es ante todo una exigencia de nuestra naturaleza. No deberíamos cerrar voluntariamente los ojos a la luz, sino todo lo contrario: tendríamos que entusiasmarnos con la realidad que nos rodea, y buscar respuestas a las cuestiones grandes y pequeñas que nos plantea la propia existencia.

 

Sufrir un ajetreo continuo

Sin embargo, nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren las consecuencias del estrés o de un cansancio crónico. La dureza de la vida profesional, y también las exigencias exageradas de la industria del ocio, traen consigo unas obligaciones excesivas, así que lo único que se desea por la noche es descansar, distraerse de los problemas cotidianos, y no esforzarse nada más. Todo esto puede llevar a una cierta "enajenación" psicológica y espiritual, a la superficialidad de una persona que vive sólo en el momento, para las cosas inmediatas. En nuestra sociedad de bienestar tan saciada, con frecuencia, resulta muy difícil detenernos a reflexionar. Y resulta todavía más difícil hablar en serio con otra persona. ¿Cómo se puede transmitir las propias convicciones si no se tiene ningunas?

Huir en el mundo virtual

Con frecuencia, conocemos mejor a los protagonistas de una determinada serie televisiva que a nuestros vecinos más cercanos; escribimos mails a nuestros colegas de las oficinas al lado, en vez de mirarlos en la cara. Aparte del internet, la televisión es actualmente, sin duda, la fuente principal de información y deformación. Consumimos noticias de todo el mundo, talkshows y películas sin parar. No son pocas las casas en las que la televisión está encendida todo el día, incluso durante las comidas. Esto, obviamente, dificulta la conversación. Hay estudios que dicen, en sus conclusiones, que los niños europeos ven una media de cuatro horas diarias de televisión. En Estados Unidos, parece que ven todavía más, hasta seis horas al día, según las investigaciones del especialista Milton Chen, de San Francisco. Así cuando un chico empieza la enseñanza media, ha visto 18.000 horas de televisión y ha pasado 13.000 horas en la escuela. Su cabeza está llena de imágenes.

Pero incluso el más ávido telespectador se ve apartado, de vez en cuando, de su pantalla, y tiene que enfrentarse con la realidad de la vida cotidiana. Entonces se encuentra inmerso en un mundo inevitablemente menos emocionante que aquél de las imágenes. La vida diaria puede resultar lenta y aburrida; normalmente no es tan dinámica como una película. Es comprensible que se pueda tener ganas de huir, volver cuanto antes al mundo fantástico de la televisión, y no se quiera salir de él. Así, la televisión puede llegar a ser una droga. Somos nosotros los que hacemos de ella una de las múltiples "drogas electrónicas". Hace pensar que exista también la televisión tamaño-casete que se puede llevar en un transporte público, para no estar solo consigo mismo, ni quince minutos.

Tener un exceso de información

Un exceso de información puede ser otro gran impedimento para pensar. Vivimos en la era de los medios de comunicación de masas. Recibimos una inmensa cantidad de información. Quien intenta acceder inmediatamente a toda la información de los cinco continentes, quien no se pierde ninguna tertulia televisiva, ningún chat ni comentario político, o suele ver una película tras otra, puede convertirse en una especie de robot. Con frecuencia no tenemos ni tiempo, ni fuerzas suficientes para asimilar toda la información recibida. Además, absorbemos inconscientemente muchos miles de datos, cuando, por ejemplo, nos paseamos por el centro de una ciudad.

II. En busca de soluciones prudentes

¿Cómo actuar en esta situación? Hay una pequeña anécdota ilustrativa que se cuenta de la escritora alemana Ida Friederike Görres. Una vez, en los años cincuenta del siglo pasado, le preguntaron qué hacía para tener siempre ideas tan originales y saber juzgar con tanta claridad la situación de la sociedad. Respondió: "No leo ningún periódico. Así puedo concentrar mis fuerzas. De lo importante ya me enteraré de todas maneras" Naturalmente, esta postura es muy discutible y, en principio, no es digna de imitación. Pero sí puede invitarnos a reflexionar. Hoy, varias décadas más tarde, se ha multiplicado enormemente el volumen de la información que recibimos cada día, a la vez que se ha especializado. Los conocimientos de la humanidad se duplican cada cuatro años [1]. Será difícil para una persona llegar a tener convicciones propias sin una cierta "actitud distante" con respecto a los medios de información. El escritor ruso Dostoievski afirma: "Estar solo de vez en cuando, es más necesario para una persona normal que comer y beber" [2].

Evitar posturas defensivas

Es comprensible que algunas personas adopten una postura defensiva: prohíben a sus hijos ver la televisión, o ni siquiera quieren tener un aparato en su propia casa. Este planteamiento radical puede ser enriquecedor para la vida de familia y la propia cultura [3]. Sin embargo, no parece que sea el más apropiado para los retos de nuestro tiempo: el proyecto cultural no puede prescindir de la aportación del cine ya que éste asume un papel de primer plano, porque constituye el punto de encuentro entre el mundo de las comunicaciones sociales y otras formas culturales. Con controles y censuras, hoy en día, prácticamente no se consigue nada. Un alumno puede acceder por cable o satélite a todas las informaciones que quiera; puede ver los programas más nocivos en los bares, autobuses o tiendas, en las casas de los amigos o en la propia casa, cuando los padres están fuera (aparte de que casi la mitad de los adolescentes en Occidente tiene su televisión propia). Cuentan de una buena señora que había discutido mucho con sus hijos acerca de una determinada película, llena de escenas de brutalidad y violencia: los hijos querían verla, los padres lo prohibieron. El día en que salió esta película en la televisión, la señora tenía que acompañar a su marido a una cita importante. Como no estaba segura de si los hijos iban a obedecer o no, llevó la televisión consigo en el coche. Y los hijos vieron la película en casa de los vecinos.

No se consigue nada con prohibiciones. La meta no puede ser una simple renuncia. Esto es utópico y poco atractivo. Hace falta un esfuerzo más grande, que consiste en ayudar a los hijos, con argumentos sólidos, a utilizar bien la televisión: a tomar una actitud crítica positiva ante ella y descubrir sus ventajas y desventajas.

La televisión no es un enemigo; no es necesariamente una "caja tonta". Puede ser un buen amigo, un instrumento eficaz al servicio de la cultura y de la educación. Uno de los directores de la televisión alemana suele decir: "La televisión hace a los listos más listos y a los tontos más tontos" [4]. Conviene aprovecharla bien. Para lograrlo, es aconsejable ver junto con los educandos la televisión, y conversar después sobre lo que se ha visto. Así el aparato tan temido por algunos puede convertirse realmente en un "co-educador", en el sentido más pleno de la palabra.

Puede abrir nuevos horizontes y transmitir auténticos valores. Se puede descubrir también la propia responsabilidad por los programas, escribiendo cartas al director, haciendo sesiones de trabajo. De este modo cada uno puede salir del anonimato y de la pasividad, tan propios a la sociedad de consumo. Cada uno puede contribuir a buscar "una televisión con rostro humano": es decir, una televisión a la medida del hombre, y no un hombre a la medida de la televisión.

Adaptarse a la situación actual

En efecto, hace falta dar no sólo a los medios electrónicos, sino a toda la sociedad "un rostro humano". El primer paso para conseguirlo consiste en ser nosotros mismos verdaderamente "humanos", es decir, en vivir a la altura de nuestras posibilidades, esforzarnos por "ser quienes somos" —ni autómatas, ni marionetas— y abrirnos a los demás.

La globalización ha conducido a un gran cambio cultural en muchos ambientes tradicionalmente homogéneos. Pero esto no debe llevarnos al desconcierto. No puede ser que, en algunos círculos conservadores se vean personas preocupadas y agobiadas que añoran tiempos pasados. Pues una de las características fundamentales del mundo es su constante hacerse. Vivimos hoy de un modo distinto al que se vivía hace veinte, cincuenta o quinientos años. Nuestro tiempo no es un camino exterior por el que corremos, nuestro tiempo somos nosotros: es nuestro modo de ser y de ver la realidad, es nuestra mentalidad, son las experiencias que hemos tenido y la formación que hemos recibido, son nuestras sensibilidades y nuestros gustos y todas nuestras relaciones humanas.

Quien quiere influir en el presente, tiene que tener una actitud positiva hacia el mundo en que vive. No debe mirar al pasado, con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto: debería estar a la altura de los nuevos acontecimientos, que marcan sus alegrías y preocupaciones, sus ilusiones y decepciones, y todo su estilo de vida. "En toda la historia del mundo hay una única hora importante, que es la presente," dice Dietrich Bonhoeffer [5]. Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias convicciones de un modo distinto que antes, para que puedan comprenderlas también aquellos que no los comparten. A este respecto comenta un escritor español: "Naturalmente, yo no estoy dispuesto a modificar mis ideas por mucho que los tiempos cambien. Pero estoy dispuesto a poner todas las formulaciones externas a la altura de mis tiempos, por simple amor a mis ideas y a mis hermanos, ya que si hablo con un lenguaje muerto o un enfoque superado, estaré enterrando mis ideas y sin comunicarme con nadie" [6].

Abrirse al mundo

Cualquier persona, por erróneos que nos parezcan sus planteamientos, participa de alguna manera de la verdad: lo bueno puede existir sin mezcla de lo malo; pero no existe lo malo sin mezcla de lo bueno [7]. Por tanto, podemos aprender de todos. Si queremos comprender nuestro mundo, hemos de ampliar continuamente nuestro horizonte, profundizar en la verdad que hemos alcanzado, y buscarla allí donde puede encontrarse, esto es, en todas partes. En otras palabras, debemos estar dispuestos al diálogo, especialmente con aquellos que son distintos a nosotros.

Esta actitud —aparte de contribuir al bienestar de los demás (que se sienten apreciados)— facilita también el propio crecimiento. La situación es comparable a la de una persona que vive algún tiempo en el extranjero. Cuando vuelve al propio país, se da cuenta de que ha aprendido mucho: ve lo mismo de siempre, pero lo ve con otros ojos; puede distinguir ahora mejor entre lo esencial y lo accidental y ha adquirido cierta flexibilidad para adaptarse a nuevas situaciones. Por esta razón, en muchas empresas se prefiere dar el empleo a personas que tengan "experiencia en el exterior"; e incluso, muchas veces da lo mismo en qué país han vivido. Lo importante es que hayan estado fuera de su patria y hayan regresado.

III. Características del diálogo

Un diálogo no es una simple conversación, sino que es un encuentro entre dos (o varias) personas en un clima de amistad. Es una conversación hecha con un espíritu de apertura, comprensión y "benevolencia", en la que cada uno se muestra al otro tal como es y acepta al otro tal como es. Así, cada uno se enriquece con la parte de la verdad que viene del otro, y sabe integrarla armónicamente en su propia visión del mundo.

Un clima de amistad

En ocasiones, nos comportamos de un modo poco natural: nos cerramos ante los demás. En nuestra cultura aprendemos pronto a ser "fuertes" y a "defendernos" en la selva de la vida. La vulnerabilidad es peligrosa y por tanto prohibida. Tendemos a esconder sutilmente nuestras sombras y nuestros miedos, nuestras necesidades y debilidades. Algunos consiguen con este comportamiento un determinado reconocimiento social, pero pagan por ello un gran precio: niegan su propia humanidad, y renuncian a una vida en libertad.

Si una persona se esconde detrás de una muralla gruesa, no está ni en contacto consigo misma, ni tampoco le será posible entrar en contacto con otros. Para lograrlo, es indispensable "desarmarse", aceptar que soy vulnerable, reconocer los propios bloqueos, fisuras y deficiencias.

Quien ha encontrado su identidad, es una persona fuerte. No necesita ofender al otro para mostrar la propia superioridad. Es sereno, pacífico y generoso. Y cuanto más firmes son las propias convicciones, más flexible y acogedora puede ser la persona. Es como un árbol con raíces profundas, que da sombra, apoyo y alivio a quien lo busque.

Cuando se empieza a dialogar, cada uno debe ver lo bueno en el otro, según aconseja la sabiduría popular: "Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen." Donde reina el amor, no hace falta cerrarse por miedo de ser herido. Por esto, es tan importante mostrar simpatía y cariño, si queremos entrar en contacto con los demás. Amar no consiste simplemente en hacer cosas para alguien, sino en confiar en la vida que hay en él. Consiste en comprender al otro con sus reacciones más o menos oportunas, sus miedos y sus esperanzas. Es hacerle descubrir que es único y es digno de atención, es ayudarle a aceptar su propio valor, su propia belleza, la luz oculta en él, el sentido de su existencia. Y consiste en manifestar al otro la alegría de estar a su lado.

Si una persona experimenta que es amada por lo que es, sin necesidad alguna de mostrarse competente o interesante, se siente segura en presencia del otro; desaparecen las máscaras y las barreras tras las que se ha escondido. Ya no hace falta ni demostrar ni retener nada; ya no hace falta protegerse. Cuando alguien adquiere la libertad de ser él mismo, se vuelve amable. Surge en él una vida nueva que le da una sana autonomía.

Conocer al otro

Para poder amar, hay que conocer. A veces, tenemos ideas bastante desfiguradas acerca de las tradiciones y costumbres de los ciudadanos extranjeros, y hacemos juicios injustos sobre sus planes e intenciones. En ocasiones, ignoramos completamente las razones que los mueven. Así, podemos inconscientemente y por falta de conocimientos contristar e incluso herirlos. Por ejemplo, la abstención de ciertos alimentos —en el caso de los musulmanes o judíos— puede parecernos caprichosa, si no consideramos la motivación religiosa que está en el fondo de este comportamiento.

Conviene tener en cuenta la disposición de ánimo de los demás, saber lo que quieren y lo que rechazan. Por eso es preciso estudiar su historia y cultura, su religión y vida espiritual, y hasta la psicología de su pueblo. ¿Conocemos todo lo que hay de bello y precioso en las otras culturas?

Pero para comprender a otra persona, necesitamos más que un conocimiento meramente libresco. Hace falta un conocimiento por simpatía, que llega más lejos que cualquier teoría, por muy acertada que sea: una madre conoce, ordinariamente, mejor a su hijo que un grupo de pedagogos.

El conocimiento por simpatía se logra en la convivencia, en el trato directo, en la mutua colaboración. En Alemania, durante varios siglos, los cristianos católicos y los evangélicos solían vivir en regiones distintas, frecuentar colegios diversos, eran muy pocos los matrimonios entre personas de distinta confesión y, en general, evitaban cualquier contacto personal. Así, unos construían de otros una imagen cada vez más falsa y menos acorde con las exigencias mínimas de la justicia. Pero cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los "hermanos separados" se encontraban de repente juntos en los campos de concentración del "Tercer Reich", luchando por la misma causa y dispuestos a morir —conjuntamente- por su fe en Jesucristo, entonces "comenzó el ecumenismo en Alemania" [8]. Los católicos y los evangélicos descubrieron que tenían mucho en común, empezaron a apreciarse mutuamente y, favorecidos por los grandes desplazamientos de población después de esta horrible guerra —las expatriaciones y traslados forzados-, se pusieron a trabajar juntos. El encuentro existencial entre ellos les había revelado la falsedad de muchos de sus esquemas mentales.

Respetar al otro

El hecho de ser distintos constituye una gran riqueza y es, en principio, una fuente de aprendizaje continuo. Las diferencias no pueden ser negadas; no necesitan ser niveladas. Cada hombre es original y tiene el pleno derecho a serlo. Se ha llegado a decir que la capacidad de reconocer diferencias es por antonomasia la regla que indica el grado de cultura e inteligencia del ser humano. En este contexto podemos recordar un antiguo proverbio chino, según el cual "la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente." No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos la que hace la vida interesante, le da profundidad y anchura, le da color y relieve.

Actualmente, tenemos un convencimiento más firme que en otras épocas de que cada hombre tiene el derecho de ser él mismo el protagonista de su vida; goza de una honda libertad para decidir su destino (que puede considerarse el núcleo de su intimidad). No podemos, bajo ningún pretexto, destruir ese espacio íntimo. Es esto lo que se intenta cuando se impide a alguien vivir según sus convicciones más profundas. Puede ser que esta persona realice objetivamente un mal, pero si lo hace "libremente" y siguiendo su luz interior, es mejor que cuando hace un bien de un modo forzado [9].

Esta actitud de profundo respeto lo manifestó, por ejemplo, el último rey polaco de la estirpe de los Jajhelloni. En los tiempos en que en Occidente tenían lugar los procesos de la Inquisición y se encendían hogueras para los herejes, este rey dio pruebas de la tolerancia cuando aseguró a sus súbditos: "No soy rey de vuestras conciencias" [10].

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la actitud de respeto es más que mera tolerancia. Mientras la tolerancia proporciona solamente el margen (necesario) para una convivencia posible entre los hombres, el respeto apunta a la relación misma entre ellos y al desafío que supone la vida de uno para los demás. El hecho de que "la verdad se conoce por la fuerza de la misma verdad", no significa sólo la descalificación de todos los actos contrarios a la libertad y al aprecio de las decisiones del otro. Implica igualmente la responsabilidad, para todas las personas, de buscar el sentido completo de la existencia, cada una en la medida de sus posibilidades individuales.

Pero en lo relativo a los demás, el primer deber consiste en respetar las decisiones que ellos toman acerca de su vida. No debemos reprocharnos mutuamente estrechez de ánimo, hipocresía o una intencionalidad poco noble. No debemos poner etiquetas ni clasificar a nadie.

Sólo cuando uno trata de comprender al otro, se puede crear un clima de confianza. Y sólo cuando uno se muestra abierto hacia las personas que piensan de modo distinto, que hablan otras lenguas, que creen, piensan y actúan de modo diferente, se puede preparar un acercamiento mutuo. La delicadeza se refleja, no en último lugar, en el vocabulario. Lleva a eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los demás, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones con ellos.

Es conocido el extraordinario respeto que mostraba Tomás de Aquino hacia sus adversarios. Incluso cuando este gran filósofo de la Edad Media estaba completamente en desacuerdo con alguien, explicaba la idea contraria con los términos más favorables, claros y objetivos que le fuera posible, procurando no distorsionar el argumento con el fin de facilitar la prevalencia de su propia posición. En ocasiones demostraba tal imparcialidad a la hora de formular las posturas de los demás que las hacía parecer razonables y posibles; incluso, a veces, exponía las teorías con más convicción que sus instigadores [11].

Dar a conocer la propia identidad

Una persona que actúa según esta espiritualidad de diálogo, intenta dar a conocer todo lo que piensa, con claridad y suavidad, y adaptado a las circunstancias de cada caso. No busca compromisos baratos, sabiendo que no hay nada tan ajeno a la paz como una actitud relativista o indiferente ante la verdad. Por lo contrario, quiere hacer participar a los demás de las soluciones que ha encontrado.

Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario, dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, y yo quiero saber quién es él. Si hacemos amistad con una persona de otra raza o nación, otro partido político o confesión religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, previa conformidad tácita, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, nos moveríamos en un ambiente de confusión. No nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería. En cambio, cuando seguimos cada uno fielmente nuestras propias convicciones, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tenemos poco en común, que estamos bastante alejados los unos de los otros. Pero interiormente nos parecemos mucho más que cuando nos juntamos en acuerdos superficiales y dejamos de lado la pregunta por la verdad. Si cada uno sigue su propia luz interior, nos encontramos unidos en lo más hondo de nuestro ser. Tenemos la misma actitud fundamental que es la fidelidad a la propia conciencia. Existe entre nosotros una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como la amistad que nos une.

Enriquecerse mutuamente

El diálogo consiste en dar y recibir; significa que ambas partes se escuchan atentamente, con ánimos de aprender, ya que "en todo comentario serio de un oponente se expresa una de las muchas facetas de la realidad" [12].

Es preciso distinguir entre lo fundamental (en lo que no podemos ceder sin cambiar nuestra identidad) y lo accidental (en lo que caben muchas opiniones distintas). El tener una sola postura, en cosas accidentales, es propio de ideologías. John Henry Newman comenta al respecto: "Siempre ha habido posturas diferentes... (en la vida intelectual y espiritual), y siempre las habrá. Si se terminaran para siempre, sería porque habría cesado toda vida espiritual e intelectual" [13]. Y Kierkegaard afirma que una persona se convierte en aburguesada, si absolutiza las cosas relativas [14].

Es enriquecedor conocer los pensamientos de los otros. Así se pueden corregir algunas posturas propias que tal vez se han vuelto exageradamente rígidas. En este sentido advierte San Agustín: "Que ninguno de nosotros diga que ya ha encontrado la verdad. Vamos a buscarla de tal manera, como si fuera desconocida para los dos. Entonces podemos buscarla con suma diligencia y caridad. Para ello es necesario que nadie piense arrogantemente que ya ha encontrado la verdad" [15].

Así, al final de un diálogo, nunca habrá un vencido y un vencedor; en el mejor de los casos encontraremos a dos (convencidos por la verdad).

Nota final

El diálogo nos exige buscar la propia identidad y superar aversiones y polémicas. Es un camino hacia la madurez y la paz. No siempre es fácil, pero nos ayuda a abrir las puertas (en vez de cerrar las fronteras) y a ver lo bueno en los demás (en vez de reprocharles su modo de ser diferentes). Aunque se producirán malentendidos y sufriremos decepciones, mientras los hombres vivan sobre la tierra, a través del diálogo podemos acercarnos, siempre de nuevo, al otro. Por esto es tan importante educar en el arte de practicarlo.

Jutta Burggraf, profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado originalmente en 2009


Notas

[1] Cf. P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, Lahr/Schwarzwald 2005, p.119.

[2] F. M. DOSTOIEVSKI, cit. en Anselm GRÜN, 50 Engel für das Jahr, Freiburg-Basel-Wien 2000, p.53.

[3] Así, por ejemplo, Tonino GUERRA, el "poeta" que inspiraba al gran director de cine Federico Fellini, lanzó hace algún tiempo una provocación atrevida: "Apaguemos todos los televisores durante un año, verán cómo los valores, la fantasía y la espiritualidad renacerán en el corazón de todos." Cf. Las sanas provocaciones del Festival del Cine Espiritual, Agencia internacional "Zenit", 19-XI-1998.

[4] H. GIESECKE, Wozu ist die Schule da? Die neue Rolle von Eltern und Lehrern, 2ª ed. Stuttgart 1997, p.38.

[5] D. BONHOEFFER, Predigten, Auslegungen, Meditationen I, 1984, pp.196-202.

[6] J.L. MARTÍN DESCALZO, Razones para la alegría, 8ª ed., Madrid 1988, p.42.

[7] TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-IIae q.109, a.1, ad 1.

[8] W. KASPER, Ein Herr, ein Glaube, eine Taufe, en "Stimmen der Zeit" (2002/2), p.75.

[9] Cf. R. BUTTIGLIONE: Zur Philosophie von Karol Wojtyla, en Johannes Paul II., Zeuge des Evangeliums, ed. por St. HORN y A. RIEBEL, Würzburg 1999, pp.36 y39.

[10] JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Barcelona 1994, p.160.

[11] Cf. J.PIEPER, Guide to Thomas Aquinas, Notre Dame/Indiana 1987, p.77.

[12] Ibid., pp. 83s.

[13] J. H. NEWMAN, cit. por J. L. MARTÍN DESCALZO, Razones para el amor, Madrid 1991, p.47.

[14] S. KIERKEGAARD, cit. en P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, cit., p.73.

[15] SAN AGUSTÍN, Contra epistolam quam vocant fundamenti, Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum 25, 195.

Orad sin interrupción

Como cristianos corrientes, que quieren seguir de cerca a Jesús en las encrucijadas del mundo, hemos de vivir continuamente unidos a Dios, por medio de una oración constante. Editorial sobre la oración, ahora también disponible en audio.

OTROS12/09/2018

Opus Dei - Orad sin interrupción

 

San Lucas es el evangelista que más subraya el sentido de la oración en el ministerio de Cristo [1]. Solo él nos ha transmitido tres parábolas de Jesús sobre la oración.

La segunda de ellas es ésta: había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: “Hazme justicia ante mi adversario”. Y durante mucho tiempo no quiso.

Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme”.

Concluyó el Señor: prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? [2].

Al presentar la parábola, San Lucas escribe: les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer [3]. Y, poco después, refiere otras palabras de Jesús sobre la necesidad de la vigilancia: vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre [4].

Como se puede observar, el tercer evangelista se ha fijado en que Jesús otorga mucha importancia a la constancia en la oración, pues manda a sus discípulos que permanezcan continuamente en ella: “día y noche”, “en todo tiempo”. Resulta claro además, por el tono que el Señor usa en sus palabras, que la oración continua es algo preceptuado por Jesús: se trata de un mandato y no sólo de un consejo.

ES NECESARIO REZAR SIN INTERRUPCIÓN PARA SEGUIR DE CERCA AL SEÑOR, PORQUE ÉL MISMO NOS DA EJEMPLO Y ORA CONTINUAMENTE A SU PADRE DIOS

Es necesario rezar sin interrupción para seguir de cerca al Señor, porque Él mismo nos da ejemplo y ora continuamente a su Padre Dios. Así nos lo muestra San Lucas: Él se retiraba a lugares apartados y hacía oración [5], y también: estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos [6].

En el tercer Evangelio se recogen numerosas escenas donde vemos que Jesús ora antes de los momentos decisivos de su misión, entre otros: su Bautismo; su Transfiguración; antes de elegir y llamar a los Doce; antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre [7].

Sobre el ejemplo oración del Señor, comenta san Josemaría: ¡Cómo enamoró a los primeros discípulos la figura de Cristo orante! Después de contemplar esa constante actitud del Maestro, le preguntaron: Domine, doce nos orare, Señor enséñanos a orar así [8].

En los Hechos de los Apóstoles, San Lucas retrata, con tres pinceladas, la manera de rezar de los primeros fieles: todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús [9], y poco después: perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones [10]. Y cuando Pedro es apresado por predicar audazmente la verdad, la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios [11].

Después de San Lucas, es San Pablo quien más se hace eco del precepto de Jesús sobre la oración continua, pues exhorta a menudo a los fieles a ponerlo en práctica; por ejemplo, a los de Tesalónica: orad sin interrupción [12], y a los de Éfeso: orando en todo tiempo movidos por el Espíritu [13]. El mismo San Pablo nos da ejemplo, cuando dice que reza constantemente por los suyos noche y día, sin cesar [14].

Siguiendo las enseñanzas bíblicas, algunos Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos antiguos también exhortan a los cristianos a llevar una vida de oración incesante. Uno de ellos, por ejemplo, escribe: «Si bien algunos asignan a la oración determinadas horas, por ejemplo, la tercera, la sexta y la nona, el cristiano perfecto reza durante su vida entera esforzándose en vivir con Dios por medio de la oración» [15].

Vida de oración constante

Como cristianos corrientes, que quieren seguir de cerca a Jesús en las encrucijadas del mundo, hemos de vivir continuamente unidos a Dios, por medio de una oración constante: siempre que sentimos en nuestro corazón deseos demejorar, de responder más generosamente al Señor, y buscamos una guía, un norte claro para nuestra existencia cristiana, el Espíritu Santo trae a nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene orar perseverantemente y no desfallecer (…).

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino [16].

EL AMOR ES INGENIOSO: (...) TODOS DEBEMOS PREVER EN NUESTRA JORNADA ALGUNAS NORMAS DE SIEMPRE, PRÁCTICAS DE PIEDAD QUE NO SE CIRCUNSCRIBEN A UN MOMENTO CONCRETO

El cristiano que quiere ser coherente con su fe tiene ganas de esforzarse por convertir la jornada en una constante e íntima conversación con Dios, de tal modo que la oración no sea un acto aislado que se cumple y luego se abandona: por la mañana pienso en ti; y, por la tarde, se dirige hacia ti mi oración como el incienso. Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche a la mañana y de la mañana a la noche. Más aún: como nos recuerda la Escritura Santa, también el sueño debe ser oración [17].

Esto último había sido afirmado por algunos Padres de la Iglesia, por ejemplo, San Jerónimo: «el apóstol nos manda orar siempre, y para los santos también el sueño mismo es oración» [18].

La oración continua es ciertamente un don divino, que Dios no niega a quien corresponde con generosidad a su gracia. Algunas prácticas de piedad cristiana manifiestan de modo especial ese diálogo ininterrumpido con el Señor que llena el alma.

Tales prácticas son, al mismo tiempo, consecuencia del amor y medio para crecer en él. Y ese carácter de medio hace que, si el cristiano quiere alcanzar una vida de oración continua, no pueda adoptar una actitud pasiva respecto a la lucha interior: debe buscar y poner en práctica industrias humanasrecordatorios, que pueden avivar en cualquier momento el diálogo divino y la presencia de Dios.

Estos despertadores de la vida interior son personalísimos, porque el amor es ingenioso: serán diversos según las distintas circunstancias de cada uno, pero todos hemos de ver qué medios ponemos para rezar constantemente: todos debemos prever en nuestra jornada algunas normas de siempre, prácticas de piedad que no se circunscriben a un momento concreto.

Lo central en el trato del cristiano con el Señor es «que la relación con Dios permanezca en el fondo de nuestra alma», y para ello «hay que avivar continuamente esta relación y referir siempre a ella los asuntos de la vida cotidiana» [19]. Y esto lo logramos proponiéndonos, por ejemplo, buscar la presencia de Dios habitualmente, o considerando que somos hijos de Dios antes de empezar un trabajo, o dando gracias al Señor por un favor que nos han hecho, aprovechando que se lo agradecemos también a la persona a quien se lo debemos.

Estas normas de siempre están profundamente entrelazadas entre sí, porque en el fondo no son más que la «orientación que impregna toda nuestra conciencia, a la presencia de Dios en el fondo de nuestro pensar, meditar y ser» [20]. De ese de modo, por ejemplo, la presencia de Dios ayuda a percibir las cosas buenas que Él nos da y mostrarle nuestra gratitud.

Quien se propone agradecer al Señor los bienes que recibe –también la misma existencia, la fe, la vocación cristiana– aprovechando algunas circunstancias del día, acaba descubriendo otras ocasiones para alabarle durante la jornada. Y esto es la “oración continua” [21].

San Pablo nos dio ejemplo de llevar una vida de acción de gracias constante: doy continuamente gracias a mi Dios por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido concedida en Cristo Jesús [22].

En esta misma línea, san Josemaría exhorta a convertir la vida entera del cristiano en una continua acción de gracias: ¿cómo es posible darnos cuenta de eso, advertir que Dios nos ama, y no volvernos también nosotros locos de amor? (…). Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas [23].

La Virgen Santísima permaneció siempre en oración continua, porque alcanzó la cima más alta de la contemplación. ¡Cómo la miraría Jesús y cómo correspondería Ella a la mirada de su Hijo! No debe extrañarnos que una realidad tan inefable haya quedado en silencio, apenas insinuada: eran las cosas que María conservaba en su corazón [24].

M. Belda.

Editorial publicado originalmente en mayo de 2012. Incluido el audio en septiembre de 2018.


[1] . Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2600.

[2] . Lc 18, 2-7.

[3] . Lc 18, 1.

[4] . Lc 21, 36.

[5] . Lc 5, 16.

[6] . Lc 11, 1.

[7] . Cfr. Lc 3, 21; 9, 28; 6, 12; 22, 41-44.

[8] . Es Cristo que pasa, n. 119.

[9] . Hch 1, 14.

[10] . Hch 2, 42.

[11] . Hch 12, 5.

[12] . 1 Ts 5, 17.

[13] . Ef 6, 18.

[14] . 1 Ts 3, 10; cfr. 2 Ts 1, 11; Rm 1, 10; 1 Co 1, 4; Flp 1, 4; 1 Ts 1, 3; Flm 4.

[15] . Clemente deAlejandría, Stromata, 7, 7, 40, 3.

[16] . Amigos de Dios, n. 238.

[17] . Es Cristo que pasa, 119.

[18] . San Jerónimo, Epistola 22, 37.

[19] . J. Ratzinger - BenedictoXVI, Jesús de Nazaret, p. 163.

[20] . Ibid.

[21] . Cfr. Ibid.

[22] . 1 Co 1, 4; cfr. Ef 1, 16.

[23] . Es Cristo que pasa, n. 144.

[24] . Cfr. Lc 2, 51.

Pluralismo y fe

En nuestra sociedad y en la iglesia se habla hoy mucho de pluralismo, de respeto a todas las ideologías y formas de interpretar la realidad.

En nuestra sociedad y en la iglesia se habla hoy mucho de pluralismo, de respeto a todas las ideologías y formas de interpretar la realidad. Sin embargo, este naciente pluralismo está creando fuertes tensiones en la sociedad y en las comunidades cristianas, tanto más fuertes cuando más rígidos han sido el centralismo o el unitarismo padecidos.

Admitir el pluralismo supone tener conciencia de la relatividad de la verdad, de la laboriosidad de la unidad, de la transitoriedad de las situaciones, aunque ello provoque ansiedad, angustia e inseguridad en el ser humano. La uniformidad es el fruto de la comodidad y de la alienación de los que obedecen y de la manipulación de los que mandan.

La fuerza del Espíritu de Dios está más allá de los monopolios, de las instituciones y de las iglesias. Dios es siempre «más». A pesar de hablar mucho de pluralismo, es la intolerancia, el exclusivismo, la pretensión de monopolizar a Dios… los que predominan en la sociedad y en la iglesia. La tentación de pensar que Dios y Jesús son una propiedad nuestra, de identificar a Dios y el bien de la iglesia con el propio grupo, con la propia forma de hacer las cosas, con las propias ideas de un modo exclusivista, que el Espíritu sopla sólo en quienes piensan como nosotros…, es constante.

No podemos dejar de reconocer que los cristianos hemos caído a menudo en este pecado. Fácilmente desconfiamos -y condenamos- del pensamiento, de las iniciativas o de la acción de los no cristianos. La causa más superficial de las tensiones en la iglesia es la diversa manera de pensar, fruto de la formación religiosa recibida, lo que se manifiesta fundamentalmente en las distintas edades de los cristianos: es muy diferente en los mayores y en los jóvenes, por ejemplo. Cuando la causa es únicamente la formación recibida, podemos creer en la buena voluntad.

Las cosas se complican cuando entran otros intereses: cuando los jóvenes hacen «su» religión, «su» vida, «su» conveniencia…. quitando todo lo que les molesta y les complica y criticando a los adultos porque hacen otro tanto; cuando los adultos pretenden, ante todo, defender sus privilegios, sus negocios, sus conveniencias, sus posiciones, sus egoísmos, sus seguridades… y lo enmascaran con la defensa de la verdad, de la que pretenden tener el monopolio y la única expresión posible. Otra causa de la intransigencia es el celo desmedido por guardar la pureza de la fe, como si para conservarla tuviéramos que expresarla siempre con las palabras intocables del pasado. También la envidia a que otros posean lo mismo o más que nosotros. Pero la causa mayor de la intransigencia quizá sea la lucha que han desatado los que se sienten perjudicados y atacados contra los que pretenden desmontar el cristianismo burgués sobre el que está edificada nuestra iglesia de Occidente; lo mismo que en el campo social tratan de impedir el logro de una sociedad justa y fraterna todos los que se verían perjudicados en el cambio.

La comunión entre las iglesias, entre las naciones, entre los pueblos y comunidades no está en la uniformidad, sino en el amor, fruto de la justicia y de la libertad. Es necesario admitir un pluralismo en todos los ámbitos: por la complejidad de la verdad, de la que cada uno tenemos una parte; por el respeto a las libertades legítimas de los individuos y de los grupos; por la independencia del Espíritu en su manifestación en todo esfuerzo humano que lleve como marca la solidaridad universal.

Todo lo dicho no quiere decir que todos los pluralismos sean verdaderos, aunque no seamos cada uno de nosotros los que podamos decir cuáles no lo son. Son inviables los que no busquen como fin último el bien de todo el hombre y de todos los hombres; que para un cristiano significa todo lo que no tenga como norma el camino que marca el evangelio, aunque no se sepa, pero teniendo cuidado, porque se han presentado -y siguen presentándose- muchas exigencias como evangélicas que no tienen nada que ver con los planteamientos de Jesús.

El pluralismo no puede llevarnos a pensar que todo es igual, a relativizar la fe, a hacer de la religión lo que nos venga en gana. Sí a verlo todo y quedarnos con lo bueno (/1Ts/05/21). Todo lo bueno que existe en el mundo lleva la misma dirección: el bien, que para un creyente se llama también Dios. Un bien que no es verdadero mientras no abarque a toda la humanidad por igual. Lo mismo lo que sea justo… Todo tiene su plenitud en Dios, que es la verdad, la justicia…

No podemos monopolizar a Dios ni a su enviado

Este pasaje evangélico descalifica todo intento de monopolizar a Dios, a Jesús o al Espíritu. Y consagra todo pluralismo legítimo. El suceso a que Juan se refiere no es impensable en tiempos de Jesús, pues sabemos por otras fuentes (Flavio Josefo) la existencia de exorcistas judíos que empleaban ciertas oraciones y prácticas mágicas para expulsar demonios -curar enfermedades-. El libro de los Hechos de los Apóstoles (8,18-19) nos dice que un tal Simón el Mago quiso comprar a Pedro la facultad de hacer milagros, ofreciéndole dinero. Juan, uno de los discípulos más allegados a Jesús, se dirige al Maestro para contarle el encuentro que han tenido con un exorcista que utilizaba su nombre para expulsar demonios. Personifica la actitud natural del hombre preocupado exclusivamente de reclutar adeptos para el propio grupo y que, por ello, no tiene en consideración a los que quedan al margen o no quieren enrolarse.

No se dice nada de quién era el exorcista. A los evangelistas les interesa solamente poner de relieve la apertura que la comunidad cristiana debe tener con los que, no perteneciendo expresamente a la iglesia, demuestran hacia Jesús una actitud de simpatía y acercamiento. Ya había surgido en el seno de las primeras comunidades cristianas la tentación de monopolizar y fijar las características y condiciones que debían tener los verdaderos seguidores de Jesús.

Como los discípulos tenían éxito expulsando demonios en nombre de Jesús -aunque no siempre (Mt 17,19-20; Mc 9,28-29; Lc 9,40)-, uno de aquellos exorcistas intentó expulsar demonios también en nombre de Jesús, aunque no pertenecía al grupo de sus discípulos. La invocación del nombre del joven galileo era eficaz también en los que estaban fuera de la comunidad. Se lo quieren impedir, pero sin éxito. Y quedan inquietos, consideran su posición al lado de Jesús como un privilegio que los coloca por encima de los demás. Lo que hace el extraño merma su grandeza. Quieren dominar, no servir. ¡Qué frecuente es ponernos en contra de alguien y considerarlo enemigo sencillamente porque hace cosas que nosotros no sabemos o no queremos hacer! La envidia, muchas veces enmascarada bajo la bandera de pretender defender la ortodoxia, manifiesta la propia impotencia. ¡Cuántas condenas no son más que la demostración de nuestra propia incapacidad, el camuflaje de nuestros fallos y de nuestra pereza!

«No es de los nuestros». El orgullo de los discípulos se expresa en la pretensión de tener, en cuanto grupo, el monopolio absoluto de Jesús. Grave peligro de todo grupo: juzgar a una persona o una actuación según sea o no del propio grupo, sentir la necesidad de afirmar el propio grupo por oposición, distinción o separación de los demás. Este es «de los nuestros» y aquél no. Los nuestros son los buenos; los demás, los malos. Las faltas de los nuestros son justificables, las de los demás son de una extrema malicia. Las cosas buenas de los demás tampoco son tan buenas y se llegan a negar… Nos cuesta aceptar que las organizaciones de «los otros» tengan resultados positivos. ¿Será mucho pedir que el nombre de Jesús lo usemos «para» y no «contra», que su evangelio lo utilicemos, más que para defender posiciones, para dilatar los espacios del reino?

Detrás de la protesta de Juan se ve con claridad ese egoísmo de grupo, tan frecuente; ese mezquino miedo a la competencia que suele enmascararse de fe, pero que es en realidad uno de sus más profundos desmentidos. El discípulo mezquino e inseguro soporta mal que el Espíritu sople donde quiere. ¿No debe estar sólo en nuestras manos, de tal forma que aparezca con claridad que únicamente nosotros somos sus legítimos transmisores? Es un problema de siempre (Núm 11,25-29).

Los auténticos seguidores y amigos de Dios se gozan en la libertad del Espíritu. No se sienten desairados porque buscan en todo los intereses de Dios, al que aman, y no los propios. Y esto es lo importante: que el bien se abra camino. El orgullo es algo muy sutil. Es fácil verlo en los demás, pero no en uno mismo.

«No se lo impidáis»

Jesús, después de haberles explicado (capítulo anterior) quién es el más grande en el reino de los cielos en el plano individual, con la respuesta que les da a continuación invita a sus discípulos a no atribuirse importancia ni siquiera como grupo seguidor suyo. Les llama -y nos llama- a la sinceridad, a dejarse criticar constantemente por las opciones distintas a las suyas, a darse cuenta de que él es más que sus interesadas interpretaciones, a aprender a vivir respetuosamente con todas las opciones, alentando y apoyando todo lo que en ellas haya de bueno.

«No se lo impidáis…» Pobres discípulos: no dan una. Es la enésima demostración de lo lejos que están del Maestro. Les corrige su celo imprudente y les pide que toleren todo lo bueno que se haga en su nombre fuera del círculo reducido de los que le siguen a todas partes. Quienquiera que trabaje por Jesús y por su obra no debe ser impedido, aunque no pertenezca al grupo.

Y les dice el porqué: «Uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí». Les exhorta a reflexionar: si uno expulsa los demonios -hace el bien, implanta la justicia, cura las enfermedades- en su nombre, únicamente puede hacerlo a través de la fuerza del Espíritu, nunca por una especie de fórmula mágica que funcione automáticamente. Por lo que es absurdo suponer que pueda después hablar mal de él. De otra forma, el Espíritu actuaría contra sí mismo. Así Jesús establece una unión entre la acción ejercida en su nombre y las palabras sobre él. Les indica que hay otras formas de estar a su favor, de ser de los suyos, que deben ser respetadas. Todo hombre que hace el bien vive según el Espíritu, esté donde esté.

Pero también es verdad que no todos los intentos de liberación pertenecen a Cristo; sólo le pertenecen los que se hacen «en su nombre», es decir, los que se hacen de acuerdo con sus planteamientos, sin olvidar que el «nombre» no indica el recinto -el grupo, la comunidad o la iglesia-, sino la lógica -el trabajo hecho en bien de los demás-. Al exorcista no deben considerarlo como un extraño o un enemigo, puesto que invoca su «nombre», sino como un aliado.

Lo importante es lo que se haga y se viva, se realice consciente o inconscientemente, en nombre de Jesús. Nombre tan universal que no puede confundirse con ningún tipo de institución ni con ninguna formulación. La iglesia no puede pretender el monopolio de Cristo. Jesús es más que la iglesia, desborda las fronteras de ésta. Por eso, sin renunciar a pertenecer a la iglesia, debemos evitar descalificar a la buena gente que a su manera se inspira en el Mesías, reconocer todo lo bueno que hay en los demás, alegrarnos por ese bien y ser vínculos de paz y de unión.

Ser fieles seguidores de un Dios inmensamente misericordioso y universal. Abramos los ojos: en muchos de «fuera» está actuando hoy eficazmente el Espíritu que inspira el reino de Dios, el Espíritu de Cristo. También lo contrario es una desgraciada evidencia. «El que no está contra nosotros, está a favor nuestro». Lucas no habla de «nosotros», sino de «vosotros», excluyendo a Jesús del proverbio. Prefiere dejar más clara la diferencia entre él y los cristianos, evitar las identificaciones.

El origen de esta frase parece que está en un proverbio que se había hecho popular desde la guerra civil de los romanos: «Te hemos oído decir que nosotros (los hombres de Pompeyo) tenemos por adversarios nuestros a todos los que no están con nosotros, y que tú (César) tienes por tuyos a todos los que no están contra ti». Aquí Jesús da la razón al dicho del César, para indicarnos la actitud que debe tener la iglesia ante los valores de los hombres que permanecen fuera de ella. Esta frase está en aparente contradicción con otra de Jesús que dice: «El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama» (/Lc/11/23; /Mt/12/30). Son las diferentes situaciones las que explican la diferencia de las afirmaciones. Cuando Jesús pronuncia esta segunda fórmula, mucho más rigurosa, está enfrentado a una total incredulidad y mala fe: algunos dirigentes religiosos lo han llegado a comparar con «Belcebú, el príncipe de los demonios» (Mt 12,24; Lc 11,15). Aquí Jesús se refiere expresamente a sus seguidores para subrayar la radicalidad del compromiso: o estáis totalmente conmigo o estáis en contra; no se puede hacer trampa. Ambos textos tienen algo común: en ningún caso es admisible la neutralidad. Nadie puede permanecer neutral ante el anuncio del reino.

Ante la realidad socio-económica de unas masas populares oprimidas y de unos pueblos sometidos no caben actitudes neutras, no hay «tierra de nadie». Y de entre los que luchan junto al pueblo nadie puede pretender la exclusiva de la revolución que vaya haciendo posible la llegada del reino de Dios.

Una comunidad cristiana debería siempre tratar de descubrir, con gozo, quiénes están «con nosotros» entre los muchos que «no son de los nuestros»; y, con tristeza, quiénes «no están con nosotros» entre los que se dicen «de los nuestros». El Espíritu es amor, libertad, justicia… Espíritu que está llamando a todas las puertas, sin exclusivismos de ninguna clase.

Habrá recompensa

«El que os dé a beber un vaso de agua porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa». Mateo incluye estas palabras al final de su segundo discurso: Misión de los Doce (Mt 10,42). Nos habla de recompensa, pero no como algo que podamos reivindicar como un derecho, sino como un fruto de la benevolencia de Dios. El que obrara por ella mostraría no actuar por Dios, sino por sí mismo. El hecho de seguir a Cristo puede autorizar a exigir «un vaso de agua» -lo indispensable para vivir, al no poderse dedicar a otros asuntos por tener el tiempo totalmente ocupado en ese seguimiento-, nunca a aprovecharlo para acumular bienes y prestigio en este mundo de la vanagloria. Es tan importante esto, que posiblemente tendrá también su recompensa el que, habiendo ofrecido el «vaso de agua», haya negado al discípulo una reverencia, una distinción, un primer puesto en el «teatro» del mundo. Un «vaso de agua» porque se va de camino y hace falta para seguir adelante. Lo demás hay que negarlo: es un estorbo, un impedimento a la fidelidad del seguimiento.

FRANCISCO BARTOLOMÉ GONZALEZ

 

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos

Recientemente me invitaron a un Foro sobre familia en una Universidad Católica y aquello me dejó profundamente triste porque en aras de la universalidad de ideas aquello se convirtió en un monologo sobre cuestiones de género y tipos de familias que distaba mucho de la antropología cristiana, que además, nunca se mencionó. Por eso, me cuestioné sobre las causas de aquello que presencie y les ofrezco lo que encontré, esperando les ayude a reflexionar sobre el modo de pensar y de actuar que tenemos muchos católicos y de cómo nos hemos ido dejando influir por las ideologías. Pero, no se desanimen, también presento, con gran esperanza, las soluciones al problema.

Definitivamente estamos ante una crisis moral que todos los representantes de la vida pública, en general, acusan, y además, reclaman: el regreso a una vida individual, familiar, social y política en la que la convivencia esté regida por criterios éticos que garanticen la paz y la armonía en los distintos ámbitos de la vida. Se trata de una cuestión de “ecología humana”, puesto que es imposible vivir una existencia digna de la persona en una sociedad en la que al ciudadano se le empuja a envilecerse. Aristóteles afirmó: “Sin principios éticos, el hombre es el peor de los animales”. (política I, 1, 1253ª-b).

Ya en 1974, el Papa Pablo VI decía: “Nadie ignora que la moral cristiana ha sido puesta en discusión, incluso en lo que afecta a sus mismos principios. Sin embargo, la Revelación propone un estilo propio y concreto de vida, que el Magisterio de la Iglesia interpreta auténticamente y prolonga y aplica a los nuevos desarrollos de la vida. Pero, a veces, esto se olvida fácilmente. Hoy, además, se discuten los mismos principios del orden moral objetivo. De lo cual deriva que el hombre de hoy se siente desconcertado. No se sabe dónde está el bien y dónde está el mal, ni en qué criterios puede apoyarse para juzgar rectamente. Un cierto número de cristianos participa en esta duda, por haber perdido la confianza tanto en un concepto de moral natural como en las enseñanzas positivas de la Revelación y del Magisterio. Se ha abandonado a una filosofía pragmática para aceptar los argumentos del relativismo. Nos pensamos que una de las causas, y acaso la principal, de esta degeneración de la mentalidad del hombre moderno se debe a la separación radical, más bien que la distinción, de la doctrina y de la práctica moral, de la religión, negando a ésta toda razón de ser y privando a la primera de sus fundamentos ontológicos y de sus finalidades supremas” (Discurso a la Comisión Teológica Internacional 16.XII.1974, “AAS” 67-1975-40). Así diagnosticaría lo sucedido en el mencionado foro.

Ciertamente estamos ante un cambio de cultura que origina una sociedad nueva con profundas repercusiones en la interpretación moral de la existencia individual y colectiva. Es una crisis que procede ya del s. XVIII, cuando Kant se propuso buscar un fundamento sólido al actuar ético de la persona, sin encontrarlo. Sus seguidores no han sabido interpretar la “autonomía” y se han sublevado contra el “deber”. Desde entonces, se han sucedido intentos sin que se logre encontrar un fundamento sólido a la ciencia ética. Y la dificultad se agrando cuando los autores –como los expositores del foro- dejan de atender dos supuestos irrenunciables: la ley natural y la referencia a Dios.

Así se pueden resumir las causas de lo presenciado:

a. El influjo de las ideologías no cristianas: como el materialismo marxista, con su crítica a la religión, que en el foro fue continua. Como el liberalismo capitalista, que desvía el problema hacía lo económico, hacía lo material, desviando la atención de los valores espirituales, de la salvación de las almas que están bajo la responsabilidad de los educadores. Y ambas ideologías combinadas contribuyen a disminuir notablemente el sentido del mal moral.

b. La influencia del existencialismo filosófico y de la psicología del subconsciente: La filosofía existencialista, es un sistema de pensamiento y de vivir que despierta sospechas sobre Dios, descuida los valores morales y siembra pesimismo sobre la existencia humana, que resta interés por una vida éticamente honrada. Por otro lado, el psicologismo freudiano arremete contra el bien y el mal morales y trata de borrar los conceptos éticos con el intento de liberar al hombre de los principios morales, que condenó como tabúes, de los que hay que liberarse. Además, estos dos sistemas fueron precedidos por el pensamiento de Nietzsche, que fustiga sin piedad a la moral cristiana e incluso propone acabar con la moral. –Por eso, hay que tener mucho cuidado con los programas de algunas carreras, porque muchas veces los jóvenes no están suficientemente formados para hacerse cargo de algunos autores. Es necesario primero darles una idea clara de las cosas y desde ahí partir para hacer el análisis de los fenómenos históricos y de los autores que han participado de ellos y de este modo poder descubrir sus errores y carencias en las filosofías que ofrecen-.

c. El relativismo: (Que fue patente en el foro). Acepta sólo un único tipo de realidad, la física, lo que conduce a la crisis de la metafísica. La relatividad de la verdad y del error depende de la “opinión” de cada uno, lo que conduce a negar el conocimiento racional, alistándose un “pensamiento débil”, irreflexivo, fácil de manipular; que fomenta el desprecio a la verdad y al pensamiento racional que es la base de las ciencias. La relatividad del bien y del mal conduce al relativismo de la ética y por lo tanto, nada es bueno y malo en sí mismo, sino que depende de las circunstancias, de la finalidad o los efectos que se sigan. –Esta es una posición inadmisible, sobre todo para un católico que sabe que existe una verdad, que además, tiene la misión de predicar como apóstol que es-.

En la Exhortación apostólica “Ecclesia in Europa”, Juan Pablo II hacia una llamada a los sacerdotes para que dedicaran su atención a los temas relacionados con la enseñanza y la vida moral. –que yo extiendo a los sacerdotes de América, para que no lleguemos a la situación Europea, que nos está alcanzando a gran velocidad- Con el fin de alcanzar el objetivo de la nueva evangelización, el Papa pensaba que la doctrina y la eticidad de la conducta juegan un papel decisivo: “Me dirijo a los sacerdotes y les recomendamos que procuren estar al día en el campo de la teología moral, de modo que sepan afrontar con competencia los problemas planteados recientemente a la moral personal y social. Presten una especial atención, además a las condiciones concretas de vida en que se encuentran los fieles y les ayuden pacientemente a descubrir las exigencias de la ley moral cristiana, ayudándolos a vivir el Sacramento de la Penitencia como un gozoso encuentro con la misericordia del Padre celestial” (EE 77). –Desde este punto de vista, ciertamente, las estadísticas nos son muy útiles para poder descubrir el estado de la cuestión, pero nunca como una justificación para la aceptación irreflexiva de esas situaciones disfuncionales o patológicas, sería como aceptar que el ideal del organismo humano es la obesidad porque el 90% de la población Norteamericana es obesa. Existe un ideal del ser matrimonial y familiar que es el que mejor cumple con su finalidad procreadora y proyección perfectiva de sus miembros, dentro de un ambiente de acogida incondicional y amorosa- .

Según enseñaba Juan Pablo II, la crisis de la moral católica abarca todos los ámbitos, por eso: “Hoy se hace necesario reflexionar sobre el conjunto de la enseñanza moral de la Iglesia, con el fin preciso de recordar algunas verdades fundamentales de la doctrina católica, que en el contexto actual corren el riesgo de ser deformadas o negadas. En efecto, ha venido a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano y psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre las enseñanzas morales de la Iglesia. Ya no se trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad. Y así, se rechaza la doctrina tradicional sobre la ley natural y sobre la universalidad y permanente validez de los preceptos; se consideran simplemente inaceptables algunas enseñanzas morales de la Iglesia; se opina que el mismo Magisterio no debe intervenir en cuestiones morales más que para exhortar a las conciencias y promover los valores en los que cada uno basará después autónomamente sus decisiones y opciones de vida”. (Veritatis Splendor” 4). Según Juan Pablo II están en crisis puntos fundamentales, tanto para la ciencia ética, como para la teología moral: se dan diversas concepciones del hombre y el constitutivo de la verdad; se niega la ley natural y la universalidad de ciertos preceptos morales; no se acepta la enseñanza del Magisterio y se niega que pueda enseñar con autoridad en cuestiones morales. –Como se pudo constatar en el mencionado foro-.

Exhorto a todos los que lean esto a re-conocer y a exponer de un modo comprensivo y estimulante las cuestiones morales de nuestra época, de forma que, al tiempo que presentan los problemas de la moral personal y social, orienten a los jóvenes cristianos a la práctica de los principios del mensaje moral cristiano, del que algunos se han alejado o están verdaderamente confundidos.

Lo que a continuación expongo es patrimonio de la Iglesia, pero me atrevo a recordárselos:

Los criterios para superar esta situación, son las siguientes medidas que es preciso tomar:

1. Recuperar y cuidar la ortodoxia de la doctrina. Si la crisis en buena medida ha sido provocada por los errores doctrinales, se hace imprescindible conquistar de nuevo la verdad en torno al mensaje moral predicado por Jesucristo. Una cosa son las posibles discusiones y posiciones Teológicas diversas y otra muy distinta, la responsabilidad de predicar el Magisterio de la Iglesia hasta ahora vigente y aprobado.

2. Es preciso exponer el mensaje moral más cercano al Evangelio. La primera página de la moral cristiana, es la misma vida histórica de Jesús de Nazaret. Es preciso acercarse a su vida y descubrir las grandes actitudes morales que Él mismo asumió: cuál fue su comportamiento frente a Dios y en relación al hombre; como actuó en relación al dinero, al trabajo, a la amistad humana, a la injusticia, al dolor, etc. Sin caer en una moral de actitudes, las disposiciones de Jesús frente a las circunstancias de la existencia humana encuentran en los ejemplos de su vida el canon de comportamiento cristiano. La segunda página de la Teología Moral es la comprensión y exposición de la doctrina moral contenida en el mensaje de Jesús y en la enseñanza de los demás libros del Nuevo Testamento, en los que los Apóstoles aplican a la vida de los primeros cristianos la doctrina vivida y enseñada por Jesucristo.

3. Explicar la moral cristiana en el ámbito de las creencias. La moral es siempre un segundo momento que sigue a la fe. Por ello, no cabe exponer la moral católica como algo “per se”, sino en íntima dependencia y relación con las verdades que se creen. Para evitar el riesgo de reducir el cristianismo a un programa moral o un programa político o social, y poder dar pleno sentido a las exigencias éticas del evangelio y evitar el riesgo, que denunciaba Juan Pablo II, de idear el cristianismo como mera fidelidad a las creencias, pero sin conceder valor a la conducta (VS 4).

4. Superar el relativismo. Es preciso tener a la vista y saber integrar en la doctrina moral las intuiciones que han provocado los diversos relativismos: conviene destacar la importancia de las “circunstancias” que concurren en el actuar moral, los “fines” que la persona se propone en la conducta y valorar las “consecuencias” que se siguen, pero de forma que se muestre su verdadero alcance, pero evitando los errores extremos del circunstancialismo ético y las corrientes consecuencialistas, tanto de signo finalista como proporcionalista.

5. Recuperar el valor de la ley natural. Es importante que la ley natural se entienda como la “ley del hombre” y no como una ley física o biológica. Dado que existe una íntima relación entre antropología y ética, si se descubre la originalidad del hombre, se dará un paso decisivo en el hallazgo de la doctrina que ha de orientar su conducta ética de acuerdo con su dignidad originaria. –Noto en ocasiones entre algunos católicos cierto pesimismo pero, como egresada de la Universidad de Navarra, puedo decirles que la coherencia se puede lograr y que sólo de ese modo lo jóvenes se entusiasman y desean participar de ese estilo de vida que ennoblece y llena de sentido la vida personal, familiar, laboral y social, como sucedió conmigo-.

6. La necesidad de un testimonio coherente y comunitario de la fe cristiana éticamente vivida. Dada la profundidad de la crisis y al grado de inmoralidad en que viven amplios sectores de la sociedad, como las estadísticas expuestas mostraron, se impone un testimonio de vida vivido espontáneamente y comunitariamente, de forma que testifique la grandeza de la moral cristiana y que atraiga por su coherencia y autenticidad. Ya no basta la doctrina a una generación desengañada de las ideologías, es preciso el ejemplo vivido gozosamente por grupos de creyentes que hagan vida lo que la Iglesia propone como doctrina. En esta área es muchísimo lo que la Universidad puede hacer como agente apostólico, al cuidar el contenido de sus materias para que una tras otra recalquen la misma antropología cristiana, se logre la coherencia entre lo que son y hacen las universidades católicas y se gradúen grupos de profesionistas católicos bien formados y que vivan y amen su Iglesia y su fe, con alegría y un profundo sentido de trascendencia a cada instante y que impregnen de amor cuanto toquen, como lo hizo Jesucristo.

Papa Francisco, 8 años. Daban a la Iglesia por muerta

Daniel Tirapu

Por la gracia de Dios, la educación de mi familia, mis profesores, el Opus Dei, Juan Pablo II, la Madre Teresa  tengo el don de la Fe. ¡Gratias tibi ago Dómine!! 

Pero incluso desde el punto de vista humano la Iglesia, que perdurará hasta la segunda venida del Señor, es una Institución apasionante destilada en dos mil años. En un mundo de twuit, face, noticias que son basura a la media hora, en el mundo global, donde todo se sabe, donde si sacas ese dossier, yo te saco el mío, donde miles de cámaras nos vigilan  (por nuestra seguridad dicen...), donde Hacienda sabe lo que declaras y lo que no; el 12 de marzo de 2013 comienza un Cónclave ( bajo llave, donde se jura el secreto, no sólo los Cardenales, sino hasta la señora de la limpieza) surge  toda la  grandeza de la humanidad; en una capilla Sixtina, donde es fácil adivinar la historia y el fin de la misma; fíjense en uno de los condenados de la derecha, que siempre me ha impresionado, tapándose la cara cuando ya no hay remedio. La gente se pregunta; ¿qué hacen?; rezan, rezan, votan y votan, no cabe hacer campañas para elegir al Obispo de Roma, sucesor de Pedro.

En un mundo sin secretos, sin silencios, sonaba esta tarde en latín el: EXTRA OMNES!!!, fuera todos, los que no deben estar allí.

Cinco mil periodistas acreditados en Roma, no caben en las salas de información, más que en unas olimpiadas, más que con Obama, no parece que estén siguiendo la crónica de una muerte anunciada; la Iglesia está viva, tiene retos titánicos en un mundo que se ríe de Dios, de sus leyes y que, al menos en Occidente, produce tasas de infelicidad y suicidio alarmantes. Se está eligiendo al Sucesor de Pedro, sí, pero también a la primera autoridad moral del mundo.

Ese  EXTRA OMNES, sólo puede ser superado por el HABEMUS PAPAM; sea el que sea ya lo queremos desde ahora y el Papa emérito Benedicto introdujo a mediados de febrero un pequeño detalle nuevo; tras aceptar la decisión del Cónclave, en la sala de las "lágrimas" y antes de saludar urbi et orbi, podrá estar un tiempo a solas con Jesús sacramentado. Muchos a la Iglesia la daban o la dan por muerta, vean y juzguen.

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Evangelio del domingo: la alegría de la redención

Comentario del 4 domigno de Cuaresma (Ciclo B). "El que obra según la verdad viene a la luz". Está más cerca la Semana Santa; la Iglesia nos invita a compartir nuestra alegría por el amor que Jesucristo nos ha manifestado en la Cruz y por su resurrección.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Opus Dei - Evangelio del domingo: la alegría de la redención

Evangelio (Jn 3,14-21)

Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.


Comentario

“Alégrate Jerusalén”: las primeras palabras de la Antífona de entrada dan su nombre a este cuarto domingo de cuaresma, llamado por eso domingo “Lætare”. Un domingo de alegría, pues más la Semana Santa está más cerca. Una alegría que la liturgia puede manifestar incluso el color rosa de la casulla que lleva el celebrante en la Misa.

La primera lectura recuerda el dolor del pueblo elegido en su exilio a Babilonia, y cómo fue liberado de la esclavitud para volver a Jerusalén gracias al rey Ciro. Ese rey, extranjero al pueblo judío, ejecuta la voluntad divina, lo que hace entrever la universalidad del plan de salvación (2 Cro 36,14-23).

Los acentos poéticos y dramáticos del Salmo expresan el sufrimiento del exilio: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sión” (Sal 137 [136], 1). La nostalgia de Sión, nombre primitivo de la acrópolis de Jerusalén, es anhelo de Dios. Se anuncia la Iglesia, abierta a todas las naciones, y Sión prefigura la nueva Ciudad de Dios: por misericordia divina viviremos en el Cielo por Cristo Jesús, como dice la segunda lectura (cf. Ef 2,4-10).

Del Cielo ha bajado el Hijo del hombre: el Evangelio de hoy recoge esa afirmación de Jesús, al contar el final de la visita que le hizo Nicodemo. Cristo compara la cruz con el mástil sobre el cual Moisés elevó la serpiente de bronce en el desierto como signo de salvación (cf. Nm 21, 4-9, interpretado como señal de misericordia por Sb 16, 7). Jesucristo será elevado en la Cruz. Desvela a Nicodemo el centro del misterio de la redención: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito” (Jn 3,16). El Señor proclama el carácter salvífico de la encarnación: el que cree en Él está salvado, entrará en el Cielo, en la vida eterna, “mediante la fe” (Ef 2,8). Rechazar la fe en Cristo es rechazar la salvación.

San Josemaría resume el misterio del Crucificado viendo a Jesús en la cruz “con el corazón traspasado de amor por los hombres”1. Su muerte de cruz es el signo del amor de Dios: es lo que atraerá a todos hacia Él.

Nicodemo había ido a ver a Jesús “de noche” (Jn 3,2): no pertenecía todavía a la luz. La luz, primer don del Creador, es fuente, condición y símbolo de toda vida; designa también la salvación y la alegría. Hasta hoy ningún científico ha podido decir qué es exactamente la luz. Pero el cristiano sabe quién es. Cristo es la Luz (Jn 8,12; 1 Jn1,6), se manifiesta en quien “obra según la verdad” y “viene a la luz” (Jn 3,21). Actuar en conciencia, discernir el mal del bien, es obrar conforme a la fe y abrirse al que vino “para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17).

La antífona de entrada, sacada del profeta Isaías, compara a Dios consolando a los suyos como una madre que amamanta a sus hijos (cf. Is 66,11). Dios es Padre y nos ama con ternura de padre y de madre. El tono de alegría está resaltado de modo muy humano: la alegría necesita comunicarse. La alegría de la redención, y por lo tanto de la unión con Dios, es también la alegría de la unidad de los hombres entre sí.

En la Eucaristía, el Espíritu Santo nos da el amor para compartir la alegría de sabernos amados. Sonreír en el cansancio, envejecer con sentido del humor, evitar centrar muchas conversaciones sobre cosas tristes, disfrutar lo bueno de cada momento, no lamentarse si un niño despierta a todos con sus llantos por la noche, disfrutar de la compañía de los demás y vivir su vida como “un tiempo de encuentro”2 : la alegría es un modo de amar a los demás en Dios.


1 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid, 1994, n. 165.

2 Francisco, Enc. Fratelli tutti, n. 66.

Meditaciones: 7º domingo de san José

Septima reflexión para meditar durante los siete domingos de san José. Los temas propuestos son: Jesús trabajó junto a José; redescubrir el valor del trabajo; trabajo y oración, oración y trabajo.

MEDITACIONES11/03/2021

Opus Dei - Meditaciones: 7º domingo de san José

 

Jesús trabajó junto a José

Redescubrir el valor del trabajo

Trabajo y oración, oración y trabajo


EL EVANGELISTA san Lucas resume la infancia de Jesús diciendo que «el niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él» (Lc 2,40). Un poco después, sintetiza los años de adolescencia del Señor señalando que «Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc 2,52). Sorprende que todo un Dios omnipotente haya querido experimentar el proceso normal de crecimiento humano. El Dios-hombre vivió una vida muy similar a la de los demás habitantes de Nazaret. Aprendió la ley y el oficio de labios y manos de san José, quizá imitándolo. Aprendió también cómo leer y escribir, cómo tratar a las personas, cómo descansar… Las jornadas de Jesús –al igual que las de sus vecinos o las nuestras– habrán girado en buena medida alrededor de las relaciones familiares, de amistad y del trabajo. Tal vez aquel taller de su padre fue el lugar en el que el Mesías pasó la mayor cantidad de tiempo de su vida.

«Así vivió Jesús durante seis lustros: era fabri filius, el hijo del carpintero. Después vendrán los tres años de vida pública, con el clamor de las muchedumbres. La gente se sorprende: ¿quién es éste?, ¿dónde ha aprendido tantas cosas? Porque había sido la suya, la vida común del pueblo de su tierra»[1], muy parecida a la de san José. Esta realidad nos muestra cómo el trabajo forma parte del designio divino para el hombre. En el libro del Génesis se presenta al ser humano como custodio de la creación, capaz de transformar y embellecer el mundo, en continuación a cómo lo hace el creador. El trabajo es pues una realidad humana con la que podemos contribuir crear un ambiente, una ciudad, una nación en donde se facilite a los hombres un diálogo íntimo con Dios.


«PARA LA GRAN mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo»[2]. Con estas palabras, el fundador del Opus Dei resumía una parte del mensaje que Dios le había confiado para recordar a los cristianos. «Santificar el trabajo» es la expresión que quizá llama más la atención. Por un lado, eso quiere decir hacerlo bien, con amor, cuidando los detalles, como cualquier persona honesta. Por otro, hacerlo sabiendo que en la materialidad de ese obrar podemos compartir el modo que tiene Dios de amar su creación, es decir, las personas y la realidad tangible en la que se desenvuelven. Ese modo se expresa en la cercanía, en la ternura, en infundir siempre de nuevo aliento de vida a las criaturas. Participar de esta misión nos lleva, de alguna manera, a ser contemplativos en medio del mundo. «Todas las obras de los hombres se hacen como en un altar –decía san Josemaría–, y cada uno de vosotros, en esa unión de almas contemplativas que es vuestra jornada, dice de algún modo su misa, que dura veinticuatro horas»[3].

Consecuencia lógica de este encuentro divino será hacerlo siempre para servir a los demás como hijos de Dios que son y para hacer de nuestro mundo un mundo mejor. «El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo, por usar una imagen, nos “unge” de dignidad, nos colma de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que trabajó y trabaja, actúa siempre»[4]. Sin embargo, también aquí ha dejado su huella el pecado, por ejemplo, cuando nuestro trabajo se vuelve un fin solo para alcanzar reconocimiento social o económico. «Es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en él el sentido último y definitivo de la vida»[5]. San Juan Pablo II nos ponía en guardia también frente a la comprensión del trabajo «exclusivamente como mercancía, con una fría lógica de ganancia para poder adquirir bienestar, consumir y así seguir produciendo»[6]. Mirar a san José, maestro de Jesús en el trabajo, puede ayudarnos a redescubrir siempre el verdadero valor de nuestras tareas diarias; a no convertirlas solo en un fin terreno, sino a descubrir allí ese quid divinum, ese algo divino que nos une a Dios y nos sitúa ante los demás cómo intermediarios de los bienes y del cuidado –también material– de Dios hacia cada persona.


«SUELO DECIR con frecuencia –son palabras de san Josemaría– que, en estos ratos de conversación con Jesús, que nos ve y nos escucha desde el sagrario, no podemos caer en una oración impersonal; y comento que, para meditar de modo que se instaure enseguida un diálogo con el Señor –no se precisa el ruido de palabras–, hemos de salir del anonimato, ponernos en su presencia tal como somos (...). Pues ahora añado que también el trabajo tuyo debe ser oración personal, ha de convertirse en una gran conversación con nuestro Padre del cielo. Si buscas la santificación en y a través de tu actividad profesional, necesariamente tendrás que esforzarte en que se convierta en una oración sin anonimato»[7].

Hacer que cada hora de nuestro trabajo sea una hora de oración no es necesariamente cuestión de añadir plegarias vocales o recordatorios piadosos durante nuestro ejercicio profesional. Orar con nuestro trabajo es –además de alimentarlo con una vida interior cultivada en otros momentos– ser conscientes de que, en cierto sentido, somos las manos y los oídos del Señor que, a través de una determinada tarea material o intelectual, escuchan, atienden, cuidan de las personas y de la creación que se nos ha confiado.

De hecho, en una ocasión, preguntaban a san Josemaría: «Soy cirujano y tengo diez hijos. Hace quince años que el espíritu de la Obra es mi guía y mi fuerza. Pero hay días que el deber profesional, me roba el tiempo para todo. ¿Qué puedo hacer para seguir santificándome, y dirigir la casa como Dios quiere?». A lo que el fundador del Opus Dei contestaba: «Pero, tú, ¿qué haces cuando atiendes a los enfermos si no es una labor cuasi sacerdotal? ¡Casi eres un sacerdote, y tienes alma de sacerdote! A la vez que las heridas y las enfermedades del cuerpo, curas las del alma, tan sólo con tu mirada, con tu modo de tratar a los enfermos, con una palabra oportuna, con una sonrisa de afecto (...). De la mañana a la noche y de la nochea la mañana, tú estás con Dios»[8]. Por eso, con la fiesta del patriarca tan cercana, podemos acudir a él para que podamos colaborar con el Señor de la mejor manera a través de nuestro trabajo. «A él dirijamos nuestra oración: (...) Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía»[9].


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 55.

[3] San JosemaríaApuntes de una meditación, 19-III-1968.

[4] Francisco, Audiencia general, 1-V-2013.

[5] Benedicto XVI, Homilía, 19-III-2006.

[6] San Juan Pablo II, Audiencia general, 1-V-1984.

[7] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 54.

[8] San JosemaríaNotas tomadas en un encuentro familiar en Valencia, 17-XI-1972.

[9] Francisco, carta apostólica Patris corde, Epílogo.

«Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad»

El Premio Harambee a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana ha sido concedido este año a la científica marfileña Duni Sawadogo, como promotora de mujeres universitarias y científicas y del proyecto “La Mujer y la Ciencia” en su país. También por su lucha contra el tráfico de medicinas falsas que perjudican fundamentalmente a los más vulnerables, como son las mujeres y los niños más pobres.

ÚLTIMAS NOTICIAS10/03/2021

Opus Dei - «Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad»

La Dra. Sawadogo. Foto: Harambee.

En opinión de la premiada en esta XII edición, “el mejor modo de ayudar a la promoción de los derechos de la mujer es empeñarse en su escolarización, que permite a la mujer africana salir de la pobreza y sacar adelante su familia. Esto supone que haya profesores y centros de enseñanza, también universidades. Enseñar y estimular es lo que hago todo el día desde hace 27 años”.

El premio fue entregado el 4 de marzo por S.A.R. Doña Teresa de Borbón dos Sicilias, Presidenta de Honor de Harambee y D. Nicolas Zombré, Director General del Grupo Pierre Fabre en España. El 5 de marzo tuvo lugar la rueda de prensa con la premiada, también de forma virtual.

Duni Sawadogo, es doctora en Farmacia por la Universidad de Abidjan y doctora en Biología Celular y Hematología por la Universidad de Navarra. Es catedrática de Hematología Biológica e investigadora principal en la Facultad de Farmacia de la Universidad Felix Houphouet Boigny, de Abidjan. Pertenece a la American Society of Hematology (ASH)

Durante la pandemia, la Dra. Sawadogo ha sido nombrada miembro del Comité de Directivo de la AIRP (Autorité Ivoirienne de Régulation Pharmaceutique). Un organismo similar a la Agencia del Medicamento Europea, que ha aprobado las vacunas contra la covid-19 y que pone a disposición de la población medicinas seguras y de bajo precio, para luchar contra el tráfico de medicinas falsificadas.

Desigualdad en el acceso a las vacunas

En sus declaraciones a los medios informativos, Duni Sawadogo ha pedido una mayor colaboración internacional en el acceso a las vacunas contra el COVID para evitar la desigualdad en las vacunas disponibles, que en algunos países superan el triple de las dosis necesarias.

La científica galardonada pidió “igualdad de derechos para las mujeres”, ya que “la UNESCO estima que hay en el mundo alrededor de 132 millones de mujeres entre 6 y 17 años no escolarizadas. Esto implica que tienen un estatus inferior manteniendo su pobreza y un mayor riesgo de enfermar”.

Incrementar el acceso de las mujeres africanas a los estudios

Esta doctora en Farmacia y en Biología Celular explicó que “según el Banco Mundial, en 2019 había en el mundo un 41,6 % de mujeres universitarias. En lo que se refiere a mi país, eran un 7,6 por ciento. Pertenezco a ese muy bajo porcentaje de mujeres marfileñas que tuvieron la suerte de hacer estudios universitarios. Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad”.

Duni Sawadogo se refirió también al tráfico de medicamentos falsos, manipulados o de baja calidad, que “está en relación directa con la resistencia a los antibióticos y antipalúdicos, y con el aumento de los pacientes con insuficiencia renal”.

Señaló que según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (2017) la toma de medicación falsa o de baja calidad ocasiona cada año la muerte de 320.000 niños menores de 5 años, aquejados de neumonía y paludismo.

La Dra. Sawadogo asegura que el tráfico ilegal de medicinas es más lucrativo y genera más dinero que el de la droga y que, aunque se trata de un problema global, África es una región muy afectada.

 

 

A simple solution to world hunger: Mary’s Meals

Esta semana hemos tenido nuestra sesión mensual de I-WiL Online donde hemos contado con Magnus McFarlane-Burrow, emprendedor, fundador y CEO de Mary’s Meals, esposo y padre de 7. Es una organización que, en palabras de su presidente, se dedica a alimentar educando (o a educar alimentando) al mayor número posible de niños en zonas del mundo necesitadas:

Lo que a nosotros nos importa es el niño hambriento.

Mientras ante nosotros tengamos hoy niños hambrientos, los alimentaremos,

al mismo tiempo que nos esforzaremos por encontrar la solución que nos permita alimentarlos a largo plazo

a través de la creación de un movimiento global de personas que crean en nuestra visión.

Una extraordinaria manera de cubrir dos de los más básicos ODS’s (Objetivos del milenio para el Desarrollo Sostenible): #2 Cero Hambre y #4 Educación. Comida + Educación = Esperanza.

Si queréis hacer una donación (18 euros cubren la alimentación de un niño por todo un año), este es el IBAN de la organización: ES9200815029160002381643. Aquí podéis ver toda la información sobre Mary’s Meals.

Os dejo con el vídeo de la sesión completa. ¡Nos vemos en la próxima!

 

HASTA CUÁNDO

 

Invisible una nube

cubre el sol de mi bandera.

En la lucha silenciosa 

de los siglos. 

Los dueños de la tierra 

se desangran, 

en promesas incumplidas

¡Tantas veces!

El poeta lo defiende 

a su manera. 

En versos que aletean 

Esperanza.

Mientras voces engañosas 

son noticia. 

Falta el pan en la

 mesa del hermano.

¡Hasta cuándo esa nube 

en mi bandera!

¡Hasta cuándo 

lucrar con la miseria!

No está en venta 

la inocencia de unos pocos.

No se paga 

el dolor de los de abajo.

¡Algún día una voz 

vendrá en socorro!

Temblarán 

los cimientos de la Patria, 

hasta dejar 

el estandarte amado,

en el corazón 

de los hijos olvidados.

Cubierta ya la deuda 

de los siglos...

Resplandecerá el so

en nuestro emblema.

 

María de los Ángeles Albornoz

 

Sentido común

Ana Teresa López de Llergo

Hasta hace muy poco, cuando se mencionaba el sentido común todos entendíamos que se trataba de decir algo que fluía de todas las personas de manera espontánea y siempre correspondía a un beneficio individual y social.

Por ejemplo, si a un menor de edad lo agredían era de sentido común que surgiera el instinto materno para defender a su criatura. Si a una mujer casada la maltrataban en la calle era de sentido común que el esposo la defendiera y desenmascaraba al culpable para denunciarlo.

Si a un trabajador de probada honestidad alguien lo acusaba de un acto delictivo, era de sentido común que sus compañeros buscaran al verdadero malhechor y lo encontraran para aplicarle el doble castigo: saldar la deuda de la calumnia y de la transgresión. Y un largo etcétera.

Por desgracia, ahora las palabras se han desdibujado, ya no expresan con claridad su sentido originario. Este efecto tiene variadas causas. A veces con un sentido de humor bastante superficial se trastoca el modo de aplicar los conceptos. Al principio es notoria la ironía, pero cuando ese modo de decir se generaliza, los dichos se confunden. Ya no se distingue el bien del mal.

En otros casos hay muy mala fe y se busca engañar, calumniar, desconcertar. En estas circunstancias las personas mienten a sabiendas, diseñan actividades confusas para salir ilesos de las fechorías cometidas y articulan los hechos de modo que salen ilesos porque inducen a culpar a un inocente que les estorba.

La falta de compromiso con la verdad de quienes tienen a su cargo la justicia provoca un ambiente tan confuso que termina en una anestesia social tan aguda que se pierde el sentido del bien y del mal. Este momento es gravísimo, y en nuestro tiempo hay muchas señales que nos indican haber llegado a ese estado. A continuación, expongo hechos.

Como no se sabe si las manifestaciones del día de la mujer serán pacíficas o agresivas, para proteger de desmanes al Palacio Nacional, se colocó una valla protectora, y hasta aquí el sentido común. Para justificar el hecho que no necesitaba justificación, pues es de sentido común, surge la confusión al nombrar a tal valla el “muro de la paz”, y crece la confusión al utilizar ese muro para denunciar los nombres de las mujeres agredidas… Sin comentarios.

La ideología de género es una herencia del marxismo porque todo lo interpretan desde la pugna entre dos bandos. El 8M –Día Internacional de la Mujer– el presidente de México, al referirse a las vallas, las justifica y señala que no son por miedo, es por precaución, porque los conservadores infiltran gente para generar violencia. Para muestra basta un botón: siempre los malos son los contrarios…

Todos sufrimos de la creciente inseguridad social. Se denuncian crímenes tan degradantes que solamente los puede cometer una persona “fuera de sí” por la ingestión de alguna droga. Y, el sentido común demanda el combate a la droga. De acuerdo.

A la vez, se da a conocer el plan de la despenalización de los hongos alucinógenos para que los científicos puedan investigar el uso terapéutico y el ceremonial. También hay presiones para despenalizar el uso de la marihuana para uso lúdico.

El tema es delicado y hay antecedentes legales que ofrecen un marco adecuado. Por supuesto, contamos con medicamentos reservados a pacientes con recomendación médica, pues contienen marihuana, opio, o morfina. Esto es de sentido común.

También hay antecedentes culturales que acostumbran un uso específico. Si el caso de los hongos alucinógenos se traslada a otra cultura pueden darse serios problemas. Si solamente los motivos para la despenalización se basan en la demanda y en facilitar el uso desmedido, pero económicamente rentable, ya no es sentido común.

Es de sentido común advertir que el embarazo a temprana edad es fuente de pobreza. Paralelamente encontramos unas propuestas “educativas” para la niñez que acentuarán los embarazos. Estas, justificadas por un derecho sacado de la manga, insisten en que la niñez debe gozar de su sexualidad y se le adiestra con técnicas.

Esas técnicas pseudo educativas adelantan hábitos que con el vigor de la juventud serán imparables. Con esta ausencia de sentido común los embarazos serán imparables. Obviamente falta cordura.

Es justo saber de quién parte una idea, para premiar o castigar según sean los efectos. Una muestra más del sentido común. Un efecto que socialmente sufrimos es el desconcierto moral en el que vivimos, y es de sentido común desenmascarar a quien o a quienes lo provocan. Y frenar.

Sabemos del imparable liderazgo de la socióloga americana Margaret Sanger abanderada en la lucha por deconstruir la moral de Occidente. No la han parado y ha contaminado el noble movimiento promujer, con la promoción de la contracepción y el aborto, justificado en el derecho de la mujer sobre su cuerpo. Y piden –no todas– aborto legal ya. Al buen entendedor pocas palabras.

Es de sentido común crear entornos sanos y limpios dentro y fuera del hogar. Para lograrlo siempre se han promovido buenos ejemplos para forjar personas con buena conducta.

La proliferación de series, películas, etcétera en los medios de entretenimiento, tan accesibles a todos, se han convertido en profundos modelos de vida. Presentan el éxito de mafias, el ambiente lujoso de la deshonestidad y el crimen, promocionan la infidelidad y las traiciones, el acceso al alcohol y a drogas de todo tipo. ¿Dónde queda el sentido común? El resultado es la pornografía al alcance de todos.

La tarea es pensar y actuar con sentido común…

El duelo en familia

Lucía Legorreta

Cada persona vive su duelo por la muerte de un ser querido de manera distinta. Son emociones, pensamientos y expresiones tan diferentes que requieren ser aceptadas, respetadas y nunca juzgadas o censuradas.

Tarde o temprano la vida familiar se ve desafiada por la muerte de un ser querido. Una madre que muere repentinamente, el abuelo tras una larga enfermedad, el hijo o sobrino en un accidente, alguien cercana víctima de la pandemia de COVID.

Por supuesto que estas separaciones duelen, ya que hay amor de por medio. Pero cuando este dolor se prolonga demasiado, y la vida de alguno o algunos miembros de la familia no ha retomado su curso, se necesita entonces mucha comprensión, cercanía y acompañamiento.

Cada quien vive su duelo por la muerte de un ser querido de manera distinta. Seguramente has estado en un velorio y observas a quien parece que lo asimila pronto, otros que todavía no lo pueden creer, alguno que se siente desamparado o con rabia; quien piensa que el familiar ya necesitaba descanso, y así cada uno con su propia reacción.

Son emociones, pensamientos y expresiones tan diferentes que requieren ser aceptadas incondicionalmente, respetadas y nunca juzgadas o censuradas. Vivir el propio duelo y respetar el proceso de duelo de los demás.

El primer paso es lograr aceptar la realidad de la pérdida. Sobre todo, en muertes repentinas o inesperadas, superar la negación puede llevar un tiempo: hay que repasar los hechos, confirmar los acontecimientos, aceptar la muerte como tal y la separación que se está viviendo.

Aceptar que ya no está con nosotros, podemos extrañar su voz, sus palabras, sus acciones, pero aceptar que no sucederán más.

Es importante poder expresar libremente los sentimientos: el dolor compartido duele menos. Poder decir que nos sentimos tristes, enojados, desamparados, ayuda a liberar nuestro corazón.

El siguiente paso es el de adaptarse al ambiente en el que aquel familiar difunto ya no está. Ir poco a poco desmontando los lugares y las cosas, sin dejar pasar demasiado tiempo. Hacer la paz con los espacios que la otra persona ya no ocupa y asumir en la familia las tareas que hacía el difunto.

Permitirse invertir energía emotiva en otras relaciones, recrear el vínculo con el difunto, convivir con otras personas cercanas a ti, sonreírles y amarlas. Un grave error es el aislamiento.

Y si eres creyente, tener la seguridad de que la muerte es como cruzar un puente, el cual al llegar a la otra orilla nos permite seguir adelante. Existe la vida eterna.

¿Y qué pasa si en la familia hay niños? Ellos también necesitan vivir su proceso de acuerdo a su edad, su entender y su sentir. A veces se piensa que ellos no entienden o que es mejor evitarles el sufrimiento.

Tanto en niños como en adultos el primer paso es la verdad. Y aunque no se les diga de golpe, es irlos preparando, escucharlos y dejar que expresen sus sentimientos, responder sus preguntas y cuando se nos acaben las respuestas, decir honestamente: no sé qué decirte, no tengo una respuesta para eso.

Siempre estar allí, abrazar, recordar que ahí estamos para ellos, que está bien llorar, y que todo esto ayuda a que la familia se mantenga unida y se apoye. Recuerda: el dolor compartido duele menos.

Vivir dignamente en estos tiempos difíciles

Silvia del Valle Márquez

Debemos recordar que cualquier trabajo es digno y que no nos debe dar pena implementar acciones concretas para mejorar nuestra vida familiar y también para educar a nuestros hijos.

Con todo lo que nos ha tocado vivir, que estamos en medio de una crisis económica fuerte, que nos mantiene tratando de obtener los recursos que tanto necesitamos para vivir dignamente.

Esto implica volver a plantearnos nuestras necesidades y saber darles la jerarquía adecuada.

Este año no ha sido una cuesta de un mes, sino que se ha prolongado hasta nuestros días, por lo que te dejo mis 5 Tips para lograr vivir dignamente en estos tiempos tan difíciles.

PRIMERO. Haz una lista de necesidades familiares.
Cada familia es diferente, así que cada lista será diferente.

Es muy importante hacer este ejercicio a profundidad, porque así podremos hacer conciencia de nuestras necesidades reales.

Muchas veces, por el ritmo de vida que llevamos, no nos damos el tiempo de analizar nuestra situación, sino que simplemente vamos día a día tratando de salir adelante, pero sólo haciendo conciencia, podemos planear soluciones reales.

Esta lista debe contener actividades y costos de las actividades básicas, por ejemplo, alimentación, vestido, colegiaturas, medicinas, reparaciones y mantenimiento de los autos, etc.; y después lo que es por gusto o distracción.

SEGUNDO. Analiza las necesidades y darles prioridad.
Una vez hecha la lista, es importante ubicar cuáles son las necesidades más importantes y cuáles pueden esperar.
Esto nos puede ayudar mucho para darnos una buena ubicación de nuestra situación, y sobre todo, para dar pasos seguros para vivir dignamente, sin buscar tener demás, pero tampoco de menos.

Debemos recordar que la prioridad uno la tiene todo lo que se refiere a lo básico indispensable para vivir: alimentación, vestido, salud, etc. Todo lo demás pasa a un segundo nivel, que puede ir variando dependiendo de nuestras características particulares como familia.

Sería muy bueno revisar esta lista con nuestro esposo para hacerla más real y para que incluya lo que para él es importante. También es bueno incluir a los demás miembros de la familia para que sean conscientes de la situación, siempre que estén en edad de comprender.

Esto educa mucho a nuestros hijos porque les hace estar ubicados en la realidad y también les ayuda a darse cuenta que las cosas que afectan a un miembro de la familia son importantes para toda la familia. Les enseña a que el trabajo en equipo es necesario y que todos debemos estar dispuestos a trabajar juntos para que la familia esté bien.

TERCERO. Propón acciones concretas para solucionar las necesidades.
Es bueno dar dos o tres soluciones por cada necesidad, y luego ver cuáles son las más viables. Esto puede variar dependiendo de nuestra posición, de nuestras características, de los recursos que tenemos a la mano y sobre todo de nuestra actitud.

Entre más concretas sean las acciones, será más fácil ponerlas en práctica. Sólo tú sabes lo que es posible y lo que da solución a cada necesidad. Es por esto que tú debes proponer estas soluciones, y después ponerlas a consideración, primero de tu esposo y después de todos los miembros de la familia.

CUARTO. Comunica a todos los miembros de la familia estas acciones.
Se puede hacer una junta familiar para dar a conocer las acciones que se implementarán para ajustarnos a nuestra realidad y dar solución a las necesidades más básicas.

Quizá haya que apretar un poco el cinturón en algunas cosas, quizá haya que dejar otras, seguramente que será de forma temporal; pero siempre es bueno que todos estén enterados.

Es bueno ponerlo gráficamente y en un lugar visible para todos nuestros hijos, así no habrá confusiones. Será más fácil que todos cooperen.

Y QUINTO. Revisa constantemente que se esté cumpliendo todo lo acordado y que las acciones sean correctas, concretas y adecuadas para nuestra vida familiar.
Hacer evaluaciones constantes nos permite corregir el rumbo si es necesario, cambiar de acciones concretas o simplemente adecuarlas a los cambios que va teniendo la familia.

Es importante entrar en un proceso de mejora continua familiar y para esto nuestros hijos deben estar dispuestos a llevar a cabo todas las acciones necesarias para la mejora familiar.

Podemos también, implementar algunos incentivos para nuestros hijos que cumplan con estas acciones y que tengan buena actitud. Podemos ofrecerles tiempo en el parque, jugar el juego que más les gusta, ver algún programa en la televisión todos juntos.

La idea es que estas acciones no generen angustia ni tensión en la familia; sino que por el contrario, nos ayuden a desahogar la tensión generada por la cuestión económica y nos faciliten la relación familiar y la sana convivencia con nuestros hijos.

Debemos recordar que cualquier trabajo es digno y que no nos debe dar pena implementar acciones concretas para mejorar nuestra vida familiar y también para educar a nuestros hijos, en la responsabilidad y para que se den cuenta de que lo que vale la pena cuesta trabajo.

La esperanza en Cuaresma

En su mensaje para la Cuaresma de 2021 el Papa Francisco nos alientaba a renovar en la vida ordinaria las tres dimensiones de la existencia cristiana: la fe, la esperanza y la caridad, con la práctica de la oración, el ayuno y la limosna, que la Iglesia ha propuesto siempre como camino de recuperación de nuestra humanidad desgastada. Buena parte de la sociedad occidental parece impermeable a estas palabras que, sin embargo, salen al paso de la búsqueda de sentido agudizada por la dureza de la pandemia.

En este tiempo “en el que todo parece frágil e incierto”, el anuncio de Cristo muerto y resucitado es la luz y la solidez que los hombres y mujeres de esta época buscan a tientas. Francisco señalaba que hablar hoy de esperanza puede parecer, incluso, “una provocación”, y sin embargo nada necesita más el corazón humano que una esperanza fiable, que no pueden ofrecer ni las ideologías, ni el consumo, ni la técnica. Me parece conveniente este recordatorio ahora que estamos a media Cuaresma. 

Jaume Catalán Díaz

 

Ley que mata la esperanza

Con la Ley de la eutanasia se mata la esperanza de muchas personas y se les empuja al abismo, engañadas y quizá acomplejadas por ser un peso para la familia y para la sociedad. Hecha la ley, hecha la trampa porque la experiencia de los países donde se ha impuesto se convierte en un tobogán por el que son empujados los ancianos, enfermos incurables, y los niños con alguna deformidad. Así la sociedad no gasta y puede vivir en el consumo y además sólo pasean por las calles gentes guapas con algún niño precioso y algún perro. Todo idílico aunque la conciencia de algunos familiares y otros médicos guarde la mentira de su vida bajo siete sellos.

No hay razón alguna para imponer la eutanasia entre nosotros pues la sociedad tiene aún raíces y costumbres cristianas, muchas más de las que supone el anticristianismo inoculado por algunos políticos, educadores, pensadores, artistas, y escritores. La eutanasia, palabra mentirosa y maldita donde las haya, no es la solución para nadie y envilece a la sociedad que se deshumaniza con ella, engañándose con un barniz de solidaridad y de identificación ecologista con la naturaleza endiosada.

El remedio lo sabemos todos y consiste en favorecer los cuidados paliativos aunque sean más caros que el veneno introducido con una cánula o una jeringuilla. La medicina actual tiene buenos recursos y técnicas para tratar con humanidad a los enfermos al final de su vida. Junto con el personal sanitario están los familiares con humanidad y la atención espiritual, que viene a ser lo más importante para recuperar el sentido de la vida, del sufrimiento, y de la Cruz para los que creen en Jesucristo, que son la mayoría de los españoles. Por todo ello es preciso avanzar mucho más en los cuidados paliativos superando una ley mortífera y la deshumanización que quieren imponer algunos políticos.

Pare terminar es preciso reconocer con pena que esta ley de la eutanasia no responde a ninguna demanda social sino al rodillo del poder, a inconfesables proyectos inhumanos, y sobre todo que ninguna razón les hará cambiar el rumbo destructivo de la vida. Luego, Dios dirá.   

Suso do Madrid

 

 

“O somos hermanos, o se viene todo abajo”

Con el encuentro que convocó en Asís tras el 11-S, Juan Pablo II refutó de un plumazo la tesis según la cual Occidente y la civilización islámica estaban abocadas a un choque violento. Benedicto XVI y ahora Francisco han continuado fielmente ese legado, especialmente reconocible en las palabras del Papa, el pasado febrero, al emir de Abu Dabi y al gran imán de Al Azhar, presentando la indiferencia como una forma tal vez sutil, pero absolutamente real de enemistad. En un mundo global, con sociedades crecientemente interculturales, “o somos hermanos, o se viene todo abajo”, dijo Francisco.

Un año después de la firma en Abu Dabi del Documento de Fraternidad Humana, el Obispo de Roma insiste en refutar a quienes presentan el diálogo como una traición a los propios principios. Más bien al contrario, la apertura al diálogo es un indicador de robustez en la fe. Una fe en la que la fraternidad y la compasión hacia el otro es un elemento nuclear. Esperamos mucho de lo que pueda pasar estos futuros días en Irak.  

Jesús Martínez Madrid

 

Una ley que rompe 

Ante el anteproyecto de Ley Transgénero que el Ministerio de Igualdad quiere llevar al Consejo de Ministros, el secretario general de la Conferencia Episcopal ha señalado la contradicción que significa que quienes “rechazan el cambio de domicilio de unos contribuyentes, apoyan el cambio de sexo como derecho de autodeterminación”. El Secretario General ha recordado que “cuando se deprecia el vínculo con el propio cuerpo, la familia o la nación en nombre de la autonomía, la sociedad se disuelve a favor del Poder”. La “Ley Trans” de Podemos forma parte de un proyecto ideológico que rompe cualquier vínculo con la naturaleza corporal de la persona, y merece ser sometido a una crítica racional en nuestro debate público, sin censuras y con estricto respeto a las personas. Tal como ha sido filtrada desde el entorno de Podemos, esta es una ley innecesaria que solo satisface a los intereses de determinados lobbys y no al bien general de los ciudadanos, ni al de las personas que experimentan dificultades con su identidad sexual.

Jesús Domingo Martínez

 

Reflexiones de un sabio… y de un aprendiz 

 

                                No hay arte ni ciencia que no sea despreciada y menospreciada por la ignorancia y los ignorantes. ¿Por qué, pues, la filosofía ha de ser una excepción haciéndoles caso y dejándose conmover por sus prejuicios y reproches?

                                Un médico visita a un enfermo y le dice: Como tienes calentura, abstente de tomar alimento alguno y no bebas sino agua. El enfermo obedece al pie de la letra sus palabras, le paga y aún queda agradecido. En cambio, cuando un filósofo dice a un ignorante: Tus deseos son inmoderados; tus temores bajos y serviles, y tus opiniones, falsas, se enfurece de él asegurando que ha sido insultado. ¿De qué puede venir esta diferencia? Sencillamente, de que el enfermo siente su mal y el ignorante no siente el suyo.

                                El ignorante no espera de sí mismo su bien y su mal, sino de los otros. El filósofo tan sólo espera bien y mal de sí mismo. (De las “Máximas” de Epicteto: Sabio estoico: Roma S. I época de Nerón)

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            “TLT”: Techo, Lecho y Trabajo útil para la sociedad… Si la parte razonable del dinero público se aplicara a esta solución, creo firmemente que la mayor parte de problemas, no existirían en este pobre planeta.

SOBRE LA POLÍTICA:        Para Platón (428-347 a. C.) es el sabio o filósofo el único que puede regenerar la política del Estado y contribuir con ello a la felicidad de la población. Para Avempace (1.075-1.138 y considerado como el primer filósofo árabe-español) es imposible regenerar la política, incluso para el sabio-filósofo. Si lo intenta será no sólo inútil, sino perjudicial para él, ya que recibirá represalias de la corrupción. Recordemos y reflexionemos sobre la muerte de Sócrates (470-399 a C.) que era precisamente maestro de Platón y al que "matan los políticos" por sus interferencias en la sociedad de su tiempo... "yo modestamente pienso que si cada cual es capaz de formarse lo suficiente, como para no hacer nada a nadie que no quiera que le sea hecho a él mismo... a lo mejor podemos prescindir de filósofos y políticos, puesto que ya todos podríamos considerarnos como unos...?".

La política hoy: La política ha logrado el máximo de lo que quería, que no es otra cosa que “la satrapía”, de los sátrapas de hace milenios; pero con la mayor perfección; ya no necesitan apalear, encarcelar o incluso matar “al individuo díscolo”; ya han logrado, “la red tan perfecta como la de la araña”, en ella “nos envuelven y nos comen mediante la indefensión, el empobrecimiento y el total aislamiento, para que aún en vida no existas ni cuentes para nada, salvo para pagar impuestos”; y como es la táctica general, ya no hay partido que defienda al pueblo, “todos van a los mismos intereses y a los mismos medios, para controlar el dinero público y adueñarse del mismo, para con él, comprar todo lo comprable y sobornable; y que por lo que ocurre, todo está en venta”. La responsabilidad y  dignidad han desaparecido… ¿Democracia esto? Es la mayor mentira política que se ha dicho en todos los tiempos. 

LA POLÍTICA MUNDIAL: “Y como la política ya es un inmenso burdel de la peor clase de la que nos habla “la historia de los burdeles”, se ha llegado a la situación actual de pudrición en que nos obligan a vivir.

SOBRE LA ENVIDIA: “El hombre envidia más que admira. Desprecia más que comprende. Y es desgraciado, más por su falta de generosidad, que por falta de cosa alguna que pueda faltarle, a lo largo de su existencia en este mundo… y ello es triste” (De mi libro “Pensando en… Andalucía” (epílogo) Julio 1986)

ESPAÑA SU PUEBLO Y LOS MALDITOS POLÍTICOS QUE LO HAN MANGONEADO SIEMPRE (DE AHÍ SU ATRASO): Creo recordar que fue José Ortega y Gasset el que dijo la lapidaria frase de que en España... "todo lo positivo lo había hecho el pueblo y como tal pueblo, nada habían hecho los demás"(no es la frase así pero "más o menos viene a significar lo mismo". Pero hay que añadir que esa minoría positiva sigue siendo eso, una “minoría”; la mayoría del pueblo español, es indiferente a todo “menos a su panza y su bolsillo”; aún peor, son renegados de su propia patria, o peor aún, “destructivos de la misma”; lo dijo en otras palabras Otto von Bismark, “el canciller de hierro” y el unificador de Alemania, y a quién los alemanes, deben todo ello y más.

LOS GRANDES NEGOCIOS DEL MUNDO ACTUAL: No olvidemos que LA MEDICINA es uno de los grandes negocios mundiales, junto a la VENTA DE ARMAMENTO, LAS DROGAS, LA PROSTITUCIÓN Y POR DESCONTADO “LA POLÍTICA”. Y SOBRE TODOS ELLOS “EL CONTROL DEL DINERO”.

LA VERDAD DEL ESPAÑOL Y RESTO DE MONOS HUMANOS: Se podría escribir mucho sobre la inconsciencia del español, sus miedos y pelotilleos, su cobardía, etc., pero me bastaré hoy, con lo que escribió un poeta, andaluz de fama y que curiosamente era republicano y socialista... "EN ESPAÑA DE CIEN CABEZAS, UNA PIENSA... EL RESTO EMBISTEN".   Creo recordar que lo escribió, nada menos que Antonio Machado.

 

¿POR QUÉ ESPAÑA NO EXISTE? El problema de España fue siempre y sigue siendo, el analfabetismo y el analfabestialismo; el gobernante de turno y salvo excepciones, fue siempre a lo suyo, o sea a enriquecerse él y los suyos, a costa de lo que sea; no pensaron nunca ni en su propio municipio, menos en su provincia o región, y mucho menos en el conjunto de España, que la consideraron simplemente como, “una muy rica vaca a ordeñar al máximo y caiga quién caiga”; de ahí las muchas catástrofes soportadas; y por cuanto estamos viendo, nos van a llevar a una más, y los responsables, nunca pagaron ni van a pagar; y lo estamos viendo por la infinidad de saqueadores que campan aquí, como si no hubiesen roto un plato en su vida. Por lo tanto para hacer España, hay primero que educar a las masas a que sepan ser españoles, cosa que aquí nunca se hizo. Lo que aquí ocurre, es trasladable a muchísimos otros países, “rotos como éste”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes