Las Noticias de hoy 11 Marzo 2021

Enviado por adminideas el Jue, 11/03/2021 - 13:00

TARJETAS Y ORACIONES CATOLICAS: MI SANTO SAN JOSÉ | Dia de san jose,  Oraciones catolicas, San josé

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 11 de marzo de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en la Catequesis: impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas

El Papa: el pueblo iraquí tiene derecho a vivir en paz, el desafío es la fraternidad

SINCERIDAD Y VERACIDAD: Francisco Fernandez Carbajal

“¿Actuamos como hijos de Dios?”: San Josemaria

San José, en palabras de san Josemaría

Muy humanos, muy divinos (I): ​Jesús, ¿qué debemos hacer?: Paul O'Callaghan

Evangelización, proselitismo y ecumenismo: Mons. Fernando OCÁRIZ

La penitencia : Antonio Miralles

El preocupante futuro del cristianismo en China: Salvador Bernal

A TÍ, MUJER POR EXCELENCIA: Magui del Mar

El cerebro femenino y el cerebro masculino: Lucía Legorreta 

Aquí se obran milagros: Prof. Dra. María Solano Altaba

Amor y desamor : Ángel Cabrero Ugarte

Ideología y religión: Mario Arroyo.

Aborto y Relativismo Moral: Acción Familia

Curso sobre San José III. La paternidad de José al servicio de los planes redentores: D. Juan Moya

‘El lugar natural para enseñar el valor de la fe es la familia, y la persona con mayores talentos para hacerlo es una madre’ : José María Sánchez Galera / Natalia Sanmartín

El Papa en Irak: Jorge Hernández Mollar

María en el Día de la Mujer: Josefa Romo Garlito

Cada vez más chandalizados : Valentín Abelenda Carrillo

Hay que quitarse la careta : JD Mez Madrid

LA MASACRE DE MADRID del 2004: “OTRO AÑO MÁS Y EL MEOLLO SIGUE OCULTO”: : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

El Papa en la Catequesis: impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas

La oración dispone a un amor sobreabundante: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. Cuando una oración es según el corazón de Jesús, obtiene milagros. Por eso, rezar cada día por todo y por todos, también por los enemigos, porque "amando con ternura el mundo descubriremos que cada día y cada cosa lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios". Catequesis del Papa

«Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados. Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre». Col 3,16-17.

Quien reza es como el enamorado, que lleva siempre al amado en su corazón

Es la carta a los Colosenses del Apóstol Pablo la que introduce hoy la catequesis del Papa Francisco, que reflexiona sobre la oración en la vida cotidiana. El Santo Padre, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, presidió la Audiencia General, recordando que en la catequesis de la semana pasada vimos “cómo la oración cristiana está ‘anclada’ a la Liturgia”.

“Hoy – explicó el Papa – destacaremos cómo desde la Liturgia esta vuelve siempre a la vida cotidiana: por las calles, en las oficinas, en los medios de transporte…”, donde “continúa el diálogo con Dios”, pues “quien reza es como el enamorado, que lleva siempre en el corazón a la persona amada, donde sea que esté”.

Cualquier experiencia toque nuestro camino, el amor de Dios puede convertirlo en bien

En este diálogo con Dios, señaló Francisco, “toda alegría se convierte en motivo de alabanza, toda prueba es ocasión para una petición de ayuda”. La oración, afirmó, “está siempre viva en la vida como una brasa de fuego”, y así, también “cuando la boca no habla, el corazón habla”. Incluso un pensamiento “aparentemente profano”, puede ser impregnado de oración”.

El conocimiento de Cristo nos hace confiados que, allí donde nuestros ojos y los ojos de nuestra mente no pueden ver, no está la nada, sino hay Alguien que nos espera, hay una gracia infinita. Y así la oración cristiana infunde en el corazón humano una esperanza invencible: cualquier experiencia que toque nuestro camino, el amor de Dios puede convertirlo en bien.

La oración transforma el “hoy” en gracia

Citando luego el Catecismo, que enseña que aprendemos a orar en ciertos momentos escuchando la Palabra del Señor y participando en su Misterio Pascual, pero que recuerda que “en todo tiempo”, “su Espíritu se nos ofrece para que brote la oración”, el Santo Padre subrayó el “hoy” del encuentro con Dios: en este hoy “real” y “concreto”, enseñó, “Jesús viene a nuestro encuentro. La oración “transforma este hoy en gracia" y "nos transforma", aseguró.  

La oración apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. En algún momento nos parecerá que ya no somos nosotros los que vivimos, sino que la gracia vive y obra en nosotros mediante la oración.

Acompañados por el Señor nos sentimos más valientes, libres y felices

De ahí que el Papa aconseje que, cuando llega un pensamiento de ira, de descontento, que lleva a la amargura, haya que detenerse y hablar con el Señor, porque Él dará “la palabra justa", el consejo "para seguir adelante”:

Cada día que empieza, si es acogido en la oración, va acompañado de valentía, de forma que los problemas a afrontar no sean estorbos a nuestra felicidad, sino llamadas de Dios, ocasiones para nuestro encuentro con Él. Y cuando uno está acompañado por el Señor, se siente más valiente, más libre y también más feliz.

La oración realiza milagros, aún si no lo sabemos

Por eso el Santo Padre exhorta a que recemos siempre “por todo y por todos”, incluso por los enemigos, como nos lo aconsejó Jesús. Exhorta a que recemos por nuestros seres queridos, pero también por quienes no conocemos, y, sobre todo, por las personas infelices, aquellos “que lloran en la soledad y desesperan porque todavía haya un amor que late por ellos”. Recuerda que “la oración realiza milagros” y  asegura que los pobres intuyen “por gracia de Dios” que también en esa situación de precariedad suya “la oración de un cristiano ha hecho presente la compasión de Jesús”:

El Señor es -no lo olvidemos- el Señor de la compasión, de la cercanía, de la ternura: tres palabras que hay que olvidar: siempre con el Señor. Porque es el estilo del Señor: compasión, cercanía, ternura.

Amando con ternura, descubriremos un fragmento del misterio de Dios

Como la oración “dispone a un amor sobreabundante”, “nos ayuda a amar a los otros, no obstante, sus errores y sus pecados”. La persona, dijo el Papa recordando que Jesús no ha juzgado al mundo, sino que lo ha salvado, "siempre es más importante que sus acciones". De ahí que sea “necesario” querer a todos y cada uno sin olvidar que "todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios, uno a uno".

Es una vida fea, la de esas personas que siempre están juzgando a los demás, siempre condenando, juzgando... es una vida fea, infeliz.(...) Abre tu corazón, perdona, justifica a los demás, comprende, sé tú también cercano a los demás, ten compasión, ten ternura: como Jesús. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios.

Impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas

Porque el “hombre es semejante a un soplo, como la hierba”, basta "un vapor, una gota de agua" para matarlo, al final de la reflexión, el Santo Padre volvió sobre las enseñanzas del Catecismo, para subrayar que es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero que también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. 

Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: y esta es la dignidad más grande. Es también nuestra fortaleza. Coraje. Rezar en todo momento, en toda situación, porque el Señor está cerca de nosotros. Y cuando una oración es según el corazón de Jesús, obtiene milagros.

Nuestra Señora de Lourdes conceda salud del alma y cuerpo a todos  

Saludando a los fieles de lengua española recordó que mañana celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, patrona de los enfermos.

Pidamos por su intercesión que el Señor conceda la salud del alma y cuerpo a todos los que sufren a causa de alguna enfermedad y de la actual pandemia, y fortalezca a quienes los asisten y los acompañan en este tiempo de prueba que atraviesan en sus vidas. Que Dios los bendiga a todos.

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10/02/2021

Audiencia General del 10 de febrero de 2021

 

Rezar por el don de la paz

También expresó su cercanía a las víctimas de la calamidad ocurrida hace tres días en el norte de la India, recordó que en Extremo Oriente y en varias partes del mundo, el próximo viernes 12 de febrero se celebra el fin de año lunar, que acompañó con sus deseos de fraternidad y solidaridad. Y formuló su deseo, en este momento particular, de que cada uno pueda gozar de buena salud y serenidad en la vida, invitando, por último, a rezar por el don de la paz y de todos los demás bienes que sin olvidar nunca tener un cuidado preferencial hacia los más pobres y los más débiles.

El Papa: el pueblo iraquí tiene derecho a vivir en paz, el desafío es la fraternidad

A su regreso del histórico Viaje Apostólico a Iraq, el Papa Francisco recorrió nuevamente el camino realizado en la Audiencia General del miércoles 10 de marzo. El pueblo iraquí "tiene derecho a vivir en paz", aseveró el Papa, que repitió, una vez más, que "el desafío para tantas regiones de conflicto y para el mundo entero" es la fraternidad.

“El pueblo iraquí tiene derecho a vivir en paz, tiene derecho a encontrar la dignidad que le pertenece”. A su regreso del Viaje Apostólico en Iraq, tierra de Abrahán, padre de la fe, de las tres religiones monoteístas, quien escuchó la llamada de Dios hace cuatro mil años y partió de su tierra bajo la promesa de Dios de una descendencia, el Papa Francisco dedicó su catequesis a la histórica peregrinación en esa amada, martirizada y milenaria tierra, que ha vivido años de guerra y terrorismo. Un viaje que, como él mismo dijo en el inicio de su catequesis, fue realizar un proyecto de Juan Pablo II, quien deseaba, recordamos, recorrer el camino de la salvación, para el Jubileo del año 2000. Un proyecto que el santo polaco no pudo cumplir por la situación en Irak, pero que “la providencia” – como dijo Francisco hoy – “quiso que esto sucediera ahora, como signo de esperanza”, durante la pandemia. 

Después de esta visita, mi alma está llena de gratitud. Gratitud a Dios y a todos aquellos que la han hecho posible: al presidente de la República y al Gobierno de Irak; a los patriarcas y a los obispos del país, junto a todos los ministros y los fieles de las respectivas Iglesias; a las Autoridades religiosas, empezando por el Gran Ayatolá Al-Sistani, con quien tuve un encuentro inolvidable en su casa en Nayaf. 

El sentido penitencial de esta peregrinación

Francisco habló de la “fuerza” del sentido penitencial que sintió de esta peregrinación: “no podía acercarme a ese pueblo atormentado, a esa Iglesia mártir, sin tomar sobre mí, en nombre de la Iglesia católica, la cruz que ellos llevan desde hace años; una cruz grande, como esa colocada en la entrada de Qaraqosh”.

Lo sentí de forma particular viendo las heridas todavía abiertas de las destrucciones, y más todavía encontrando y escuchando a los testigos supervivientes de la violencia, la persecución, el exilio… Y al mismo tiempo vi en torno a mí la alegría de acoger al mensajero de Cristo; vi la esperanza de abrirse a un horizonte de paz y de fraternidad, resumido en las palabras de Jesús que eran el lema de la visita: «Vosotros sois todos hermanos» (Mt 23,8). Encontré esta esperanza en el discurso del presidente de la República, la encontré en muchos saludos y testimonios, en los cantos y en los gestos de la gente. La leí en los rostros luminosos de los jóvenes y en los ojos vivaces de los ancianos. La gente llevaba cinco horas esperando al Papa, de pie, incluso mujeres con niños en brazos: esperaban y en sus ojos había esperanza.

¿Quién vende las armas a los terroristas?

El pueblo iraquí - aseveró el Pontífice - tiene derecho a vivir en paz, tiene derecho a encontrar la dignidad que le pertenece. Y la respuesta a la guerra que destruyó tantos lugares de la Mesopotamia, cuyas "raíces religiosas y culturales son milenarias", “es la fraternidad”. “Pero, – quiere saber el Papa - ¿quién vende las armas a los terroristas?” 

Mesopotamia es cuna de civilización; Bagdad ha sido en la historia una ciudad de importancia primordial, que albergó durante siglos la biblioteca más rica del mundo. ¿Y qué la destruyó? La guerra. La guerra siempre es el monstruo que, con el cambio de épocas, se transforma y continúa devorando a la humanidad. Pero la respuesta a la guerra no es otra guerra, la respuesta a las armas no son otras armas. Y me pregunté: ¿quién vendía las armas a los terroristas? ¿Quién vende ahora armas a los terroristas que están llevando a cabo masacres en otros lugares, en África por ejemplo? Esta es una pregunta que me gustaría que alguien respondiera. La respuesta no es la guerra, sino que la respuesta es la fraternidad. 

El desafío para el mundo entero es la fraternidad

La fraternidad, sí, de la que tanto nos habla el Papa Francisco, de la que lleva el titulo el Documento firmado en Abu Dabi y de la que nos habla en su carta encíclica Fratelli tutti es el desafío para Iraq, pero también “es el desafío para tantas regiones de conflicto, y, en definitiva, es el desafío para el mundo entero”. ¿Seremos capaces - pregunta Francisco - de hacer que haya fraternidad entre nosotros, de hacer una cultura de hermanos? ¿O seguiremos con la lógica iniciada por Caín, la guerra? 

Por esto nos hemos encontrado y hemos rezado, cristianos y musulmanes, con representantes de otras religiones, en Ur, donde Abrahán recibió la llamada de Dios hace unos cuatro mil años. Abrahán es padre en la fe porque escuchó la voz de Dios que le prometía una descendencia, dejó todo y partió. Dios es fiel a sus promesas y todavía hoy guía nuestros pasos de paz, guía los pasos de quien camina en la Tierra con la mirada dirigida al Cielo. Y en Ur, estando juntos bajo ese cielo luminoso, el mismo cielo en el cual nuestro padre Abrahán nos vio a nosotros, su descendencia, nos pareció que resonaba todavía en los corazones esa frase: Vosotros sois todos hermanos.

Los mensajes que partieron hacia el mundo

Y fueron muchos los mensajes de fraternidad que partieron de la cuna de la civilización al mundo entero. El Papa los recorre uno a uno: el encuentro en la catedral siro católica de Bagdad, donde fueron asesinados 48 personas cuya causa de beatificación está en curso, el mensaje lanzado desde Mosul y Qaraqosh, donde la furia del autodenominado Estado Islámico azotó con fuerza la misma identidad de estas ciudades, el mensaje que partió de las celebraciones eucarísticas en rito caldeo en Bagdad y aquella en Erbil, capital de la Región Autónoma del Kurdistán iraquí: 

Un mensaje de fraternidad llegó desde el encuentro en la catedral siro-católica de Bagdad, donde en 2010 fueron asesinados cuarenta y ocho personas, entre las cuales dos sacerdotes, durante la celebración de la misa. La Iglesia en Irak es una Iglesia mártir y en ese templo, que lleva inscrito en la piedra el recuerdo de esos mártires, resonó la alegría del encuentro: mi asombro de estar en medio de ellos se fusionaba con su alegría de tener al Papa con ellos.

Lanzamos un mensaje de fraternidad desde Mosul y desde Qaraqosh, sobre el río Tigris, en las ruinas de la antigua Nínive. La ocupación del Isis causó la fuga de miles y miles de habitantes, entre los cuales muchos cristianos de diferentes confesiones y otras minorías perseguidas, especialmente los yazidíes. Se ha arruinado la antigua identidad de estas ciudades. Ahora se está tratando de reconstruir con mucho esfuerzo; los musulmanes invitan a los cristianos a volver, y juntos restauran iglesias y mezquitas: la fraternidad está allí. Y sigamos, por favor, rezando por estos hermanos y hermanas nuestros tan probados, para que tengan fuerza de volver a comenzar. Y pensando en tantos iraquíes emigrados quisiera decirles: habéis dejado todo, como Abrahán: como él, custodiad la fe y la esperanza, y sed creadores de amistad allá donde estéis, y si pueden, regresen.

 

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10/03/2021

Audiencia General del 10 de marzo de 2021

Un mensaje de fraternidad vino de las dos Celebraciones eucarísticas: la de Bagdad, en rito caldeo, y la de Erbil, ciudad donde fui recibido por el presidente de la región y su primer ministro, por las autoridades, - que agradezco tanto que hayan ido a recibirme - y también fui recibido el pueblo. La esperanza de Abrahán y de su descendencia se ha realizado en el misterio que hemos celebrado, en Jesús, el Hijo que Dios Padre no escatimó, sino que donó para la salvación de todos: Él, con su muerte y resurrección, nos ha abierto el paso a la tierra prometida, a la vida nueva donde las lágrimas son secadas, las heridas sanadas, los hermanos reconciliados. 

Dios, que es paz, conceda un futuro de fraternidad 

"Alabemos a Dios por esta histórica visita", exhorta el Sumo Pontífice a todos los fieles, que pide seguir rezando por esa tierra y por Oriente Medio, porque “a pesar del fragor de la destrucción y de las armas”, en esa árida tierra, “las palmas, símbolo del país y de su esperanza, han seguido creciendo y dando fruto”: 

Así sucede con la fraternidad: como el fruto de las palmas no hace ruido, pero es fructífera y nos hace crecer. ¡Dios, que es paz, conceda un futuro de fraternidad a Irak, a Oriente Medio y al mundo entero!

SINCERIDAD Y VERACIDAD

— El «demonio mudo». Necesidad de la sinceridad.

— Amor a la verdad. Sinceridad en primer lugar con nosotros mismos. Sinceridad con Dios. Sinceridad en la dirección espiritual y en la Confesión. Medios para adquirir esta virtud.

— Sinceridad y veracidad con los demás. La palabra del cristiano. La lealtad y la fidelidad, virtudes relacionadas con la veracidad. Otras consecuencias del amor a la verdad.

I. Nos dice el Evangelio de la Misa que estaba Jesús echando un demonio que era mudo, y apenas salió el demonio, habló el mudo, y la multitud se quedó admirada1.

La enfermedad, un mal físico normalmente sin relación con el pecado, es un símbolo del estado en el que se encuentra el hombre pecador; espiritualmente es ciego, sordo, paralítico... Las curaciones que hace Jesús, además del hecho concreto e histórico de la curación, son también un símbolo: representan la curación espiritual que viene a realizar en los hombres. Muchos de los gestos de Jesús para con los enfermos son como una imagen de los sacramentos.

A propósito del pasaje del Evangelio que se lee en la Misa, comenta San Juan Crisóstomo que este hombre «no podía presentar por sí mismo su súplica, pues estaba mudo; y a los otros tampoco podía rogarles, pues el demonio había trabado su lengua, y juntamente con la lengua le tenía atada el alma»2. Bien atado le tenía el diablo.

Cuando en la oración personal no hablamos al Señor de nuestras miserias y no le suplicamos que las cure, o cuando no exponemos esas miserias nuestras en la dirección espiritual, cuando callamos porque la soberbia ha cerrado nuestros labios, la enfermedad se convierte prácticamente en incurable. El no hablar del daño que sufre el alma suele ir acompañado del no escuchar; el alma se vuelve sorda a los requerimientos de Dios, se rechazan los argumentos y razones que podrían dar luz para retornar al buen camino. Por el contrario, nos será fácil abrir con sinceridad el corazón si procuramos vivir este consejo: «... no te asustes al notar el lastre del pobre cuerpo y de las humanas pasiones: sería tonto e ingenuamente pueril que te enterases ahora de que “eso” existe. Tu miseria no es obstáculo, sino acicate para que te unas más a Dios, para que le busques con constancia, porque Él nos purifica»3.

Al repetir hoy, en el Salmo responsorial de la Misa, Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestro corazón4, formulemos el propósito de no resistirnos a la gracia, siendo siempre muy sinceros.

II. Para vivir una vida auténticamente humana, hemos de amar mucho la verdad, que es, en cierto modo, algo sagrado que requiere ser tratado con respeto y con amor. La verdad está a veces tan oscurecida por el pecado, las pasiones y el materialismo que, de no amarla, no sería posible reconocerla. ¡Es tan fácil aceptar la mentira cuando viene en ayuda de la pereza, de la vanidad, de la sensualidad, del falso prestigio...! A veces la causa de la insinceridad es la vanagloria, la soberbia, el temor a quedar mal.

El Señor ama tanto esta virtud que declaró de Sí mismo: Yo soy la Verdad5, mientras que el diablo es mentiroso y padre de la mentira6, todo lo que promete es falsedad. Jesús pedirá al Padre para los suyos, para nosotros, que sean santificados en la verdad7.

Mucho se habla hoy de ser sinceros, de ser auténticos o de palabras similares, y, sin embargo, los hombres tienden a ocultarse en el anonimato y, con frecuencia, a disfrazar los verdaderos móviles de sus actos ante sí mismos y ante los demás. También ante Dios intentan pasar en el anonimato, y rehúyen el encuentro personal con Él en la oración y en el examen de conciencia. Sin embargo, no podremos ser buenos cristianos si no hay sinceridad con nosotros mismos, con Dios y con los demás. A los hombres nos da miedo, a veces, la verdad porque es exigente y comprometida. Y en determinadas ocasiones puede llegar la tentación de emplear el disimulo, el pequeño engaño, la verdad a medias, la mentira misma; otras veces, podemos sentir la tentación de cambiar el nombre a los hechos o a las cosas para que no resulte estridente el decir la verdad tal como es.

La sinceridad es una virtud cristiana de primer orden. Y no podríamos ser buenos cristianos si no la viviéramos hasta sus últimas consecuencias La sinceridad con nosotros mismos nos lleva a reconocer nuestras faltas, sin disimularlas, sin buscar falsas justificaciones; nos hace estar siempre alerta ante la tentación de «fabricarnos» la verdad, de pretender que sea verdad lo que nos conviene, como hacen aquellos que pretenden engañarse a sí mismos diciendo que «para ellos» no es pecado algo prohibido por la Ley de Dios. La subjetividad, las pasiones, la tibieza pueden contribuir a no ser sincero con uno mismo. La persona que no vive esta sinceridad radical deforma con facilidad su conciencia y llega a la ceguera interior para las cosas de Dios.

Otro modo frecuente de engañarse a sí mismo es no querer sacar las consecuencias de la verdad para no tener que enfrentarse con ellas, o no decir toda la verdad: «Nunca quieres “agotar la verdad”. —Unas veces, por corrección. Otras –las más–, por no darte un mal rato. Algunas, por no darlo. Y, siempre, por cobardía.

»Así, con ese miedo a ahondar, jamás serás hombre de criterio»8.

Para ser sinceros, el primer medio que hemos de emplear es la oración: pedir al Señor que veamos los errores, los defectos del carácter..., que nos dé fortaleza para reconocerlos como tales, y valentía para pedir ayuda y luchar. En segundo lugar, el examen de conciencia diario, breve pero eficaz, para conocernos. Después, la dirección espiritual y la Confesión, abriendo de verdad el alma, diciendo toda la verdad, con deseos de que conozcan nuestra intimidad para que nos puedan ayudar en nuestro caminar hacia Dios. «No permitáis que en vuestra alma anide un foco de podredumbre, aunque sea muy pequeño. Hablad. Cuando el agua corre, es limpia; cuando se estanca, forma un charco lleno de porquería repugnante, y de agua potable pasa a ser un caldo de bichos»9. Con frecuencia nos ayudará a ser sinceros el decir en primer lugar aquello que más nos cuesta.

Si rechazamos ese demonio mudo, con la ayuda de la gracia, comprobaremos que uno de los frutos inmediatos de la sinceridad es la alegría y la paz del alma. Por eso le pedimos a Dios esta virtud, para nosotros y para los demás.

III. Sinceros con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Si no lo somos con Dios, no podemos amarle ni servirle; si no somos sinceros con nosotros mismos, no podemos tener una conciencia bien formada, que ame el bien y rechace el mal; si no lo somos con los demás, la convivencia se torna imposible, y no agradamos al Señor.

Quienes nos rodean han de sabernos personas veraces, que no mienten ni engañan jamás. Nuestra palabra de cristianos y de hombres y mujeres honrados ha de tener un gran valor delante de los demás: Sea pues, vuestro modo de hablar, sí, sí; no, no, que lo que pasa de esto, de mal principio procede10. El Señor quiere realzar la palabra de la persona de bien que se siente comprometida por lo que dice. La verdad en nuestro actuar debe ser también un reflejo de nuestro trato con Dios.

El amor a la verdad nos llevará a rectificar, si nos hubiéramos equivocado. «Acostúmbrate a no mentir jamás a sabiendas, ni por excusarte, ni de otro modo alguno, y para eso ten presente que Dios es el Dios de la verdad. Si acaso faltas a ella por equivocación, enmiéndalo al instante, si puedes, con alguna explicación o reparación; hazlo así, que una verdadera excusa tiene más gracia y fuerza para disculpar que la mentira»11.

Otra virtud relacionada con la veracidad y la sinceridad es la lealtad, que es la veracidad en la conducta: el mantenimiento de la palabra dada, de las promesas, de los pactos. Nuestros amigos y las personas con las que nos relacionamos han de conocernos como hombres y mujeres leales. La fidelidad es la lealtad a un compromiso estricto que se contrae con Dios o ante Él. A Jesús se le llama el que es fiel y veraz12. Y constantemente la Sagrada Escritura habla de Dios como el que es fiel al pacto con su pueblo, el que cumple con fidelidad el plan de salvación que tiene prometido13.

La infidelidad es siempre un engaño, mientras que la fidelidad es una virtud indispensable en la vida personal y en la vida social. Sobre ella descansan, por ejemplo, el matrimonio, el cumplimiento de los contratos, las actuaciones de los gobernantes...

El amor a la verdad nos llevará también a no formarnos juicios precipitados, basados en una información superficial, sobre personas o hechos. Es necesario tener un sano espíritu crítico ante noticias difundidas por la radio, la televisión, periódicos o revistas, que muchas veces son tendenciosas o simplemente incompletas. Con frecuencia, los hechos objetivos vienen envueltos en medio de opiniones o interpretaciones que pueden dar una visión deformada de la realidad. Especial cuidado hemos de tener con noticias referentes, directa o indirectamente, a la Iglesia. Por el mismo amor a la verdad, hemos de dejar a un lado los canales informativos sectarios que enturbian las aguas, y buscar una información objetiva, veraz y con criterio, a la vez que contribuimos a la recta información de los demás. Entonces se hará realidad la promesa de Jesús: La verdad os hará libres14.

1 Lc 11, 14; Mt 9, 32-33. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Evangelios, 32, 1. — 3 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 134. — 4 Sal 94. — 5 Jn 14, 6. — 6 Jn 8, 44. — 7 Cfr. Jn 17, 17 ss. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 33. — 9 ídem, Amigos de Dios, 181. — 10 Mt 5, 37. — 11 San Francisco de Sales, Introd. a la vida devota, III, 30. — 12 Apoc 19, 11. — 13 Cfr. Rom 3, 7. — 14 Jn 8, 32.

 

“¿Actuamos como hijos de Dios?”

Un hijo de Dios no tiene ni miedo a la vida, ni miedo a la muerte, porque el fundamento de su vida espiritual es el sentido de la filiación divina: Dios es mi Padre, piensa, y es el Autor de todo bien, es toda la Bondad. Pero, ¿tú y yo actuamos, de verdad, como hijos de Dios? (Forja, 987)

11 de marzo

Nuestra condición de hijos de Dios nos llevará –insisto– a tener espíritu contemplativo en medio de todas las actividades humanas –luz, sal y levadura, por la oración, por la mortificación, por la cultura religiosa y profesional–, haciendo realidad este programa: cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios. (Forja, 740)

Cuando se trabaja por Dios, hay que tener “complejo de superioridad”, te he señalado. Pero, me preguntabas, ¿esto no es una manifestación de soberbia? –¡No! Es una consecuencia de la humildad, de una humildad que me hace decir: Señor, Tú eres el que eres. Yo soy la negación. Tú tienes todas las perfecciones: el poder, la fortaleza, el amor, la gloria, la sabiduría, el imperio, la dignidad... Si yo me uno a Ti, como un hijo cuando se pone en los brazos fuertes de su padre o en el regazo maravilloso de su madre, sentiré el calor de tu divinidad, sentiré las luces de tu sabiduría, sentiré correr por mi sangre tu fortaleza. (Forja, 342)

San José, en palabras de san Josemaría

Como preparación a la fiesta del 19 de marzo, y dentro del marco del Año de san José convocado por el Papa Francisco, publicamos un audio que recoge distintas intervenciones de san Josemaría, en encuentros con personas de América y España. Publicamos también la transcripción de sus palabras.

TEXTOS PARA ORAR09/03/2021

Opus Dei - ​San José, en palabras de san Josemaría

 

Transcripción del audio de san Josemaría sobre San José

 

San José puede mucho con Santa María. Fue su esposo, es su esposo. Es la persona que más ha tratado a la Virgen y que más la ha querido, fuera de su Hijo, Dios Nuestro Señor. Y es san José el que más ha tratado a Dios. Por lo tanto, si quieres ir a la Virgen vete por san José, que te llevará de la mano (Catequesis en España, noviembre de 1972).


San José, hijo mío, es la criatura humana más excelente después de Santa María. No importa que el Señor echara todos los piropos al Bautista: no hay contradicción. Quiere mucho a San José; nosotros le amamos mucho en el Opus Dei, porque el Señor le escogió desde la eternidad para que le hiciera las veces de padre. Buscó un hombre joven, fuerte, bello en el alma y en el cuerpo, excelente en todas sus cualidades morales, trabajador; que no se sentía envilecido siendo de sangre real y dedicando sus manos a la labor diaria; que enseñó tantas cosas a Jesús y le protegió mientras fue niño. En el breviario y en las lecciones, en las lecturas, que recomienda la Iglesia antes y después de la celebración de la Misa, hay unas oraciones donde se habla del amor de San José para el Niño, de cómo lo abrazaría, de cómo lo besaría... Como tú con tus hijos. ¿Eres padre de familia?

- Sí, gracias a Dios.

- Dios te bendiga, hijo mío. Pues fíjate en la ternura de tu mujer y la tuya. Piensa en San José: ¿cómo no lo vamos a querer nosotros, que deseamos tener vida interior? La vida interior es el trato con María y con Jesús; el trato con Dios y con la Madre de Dios. ¿Quién ha tratado más a Dios y a la Madre de Dios que José, el Santo Patriarca? ¡Ninguno! Por eso le queremos tanto y acudimos a él. Y luego, porque es muy poderosa su intercesión... (Encuentro en el colegio Tabancura, Chile, 2 de julio de 1974).


Evidentemente el Señor, cuando escogió a su Madre desde la eternidad, ya pensó en aquel hombre que había de hacer las veces de padre. Y si a Ella la llenó -porque pudo y es decoroso que lo hiciera- de todas las gracias y de todos los privilegios..., inmediatamente después que a su Madre, a su padre.

Y el Señor nos ha dado la cabeza para discurrir y ha dicho: "Estos teologazos -por ejemplo, ese: que has hablado como un teólogo- dirán después, pensando por su cuenta, lo que yo no tengo necesidad de hacer que pongan en el Evangelio". Y de paso San José, aun siendo un personaje tan excelente -que, a mi juicio, viene después de la Santísima Virgen-, en el Evangelio desaparece: lo vemos un momentito y desaparece, para que nosotros seamos humildes, aunque estemos rodeados de tantas condiciones buenas como tendrás tú y otros que me escuchan aquí (Tertulia en el Auditorio de la Alameda, Chile, 4 de julio de 1974).


Debía de tener una autoridad extraordinaria. Luego, la pobreza...; eran pobres, pero eran relativamente pobres. ¿Me permitís que os diga que ser dueño de un borriquito en aquella época debía de ser una manifestación de cierta holgura? O sea que San José trabajaba para tener una casa bien… Era como disponer de una utilitaria -no sé cómo le llamáis aquí-, un coche barato. Esto es. Un borrico fue el trono de Jesús en Jerusalén, pero... nos parece muy modesto.

Volvamos a San José, hijo mío. Gracias por los piropos que has echado al Santo Patriarca San José. Tienes razón. No se entiende por qué pasa así de oscuro, pero en la Iglesia ha comenzado -desde el siglo XVI especialmente- una gran devoción. Yo se la tengo y mucha y la propago todo lo que puedo. Quiero decir por todos los sitios que, después de amar a Jesucristo y a Santa María, deberíamos amar mucho a San José, también por su humildad; porque esconde su gran autoridad. Jesús, sujeto a él; y María manifestaría también la misma sujeción, porque haría, por lo menos, lo que hacen vuestras mujeres: que exteriormente dicen “esto se hace porque quiere mi marido...”. La Madre de Dios lo haría por amor, por perfección, por virtud; manifestaría toda clase de veneración al jefe de la casa.

Quiere mucho a San José, que es verdaderamente poderoso. Y luego si quieres tener vida interior… La vida interior consiste en tratar a Dios; y a Dios Nuestro Señor y a la Madre de Dios nadie los ha tratado con más intimidad que San José. Cuando me obligáis a repetirlo todos los días, en estas tertulias, yo gozo. Lo invoco siempre, varias veces durante la jornada. No me importa nada decirlo. Si os puedo servir en eso, aunque no sea más que en eso... En otras cosas no os fijéis en mí, que no encontraréis más que pegas pero en eso, sí. Yo tengo mucho, mucho cariño a San José. Y le llamo mi Padre y mi Señor. Veo que tú estás tocado de la misma locura.

Te admira esa figura, colosal, que debe cumplir todo un programa divino en la tierra, y que se sabe esconder. A María la contemplamos junto al Señor y nos admira su poder, porque hace que Jesús ejecute el primer milagro. Sólo con advertir que falta vino -una indicación, una sugerencia-, “fecit initium signorum”, cuenta el evangelista “comenzó el Señor a obrar milagros”, ante una indicación de su Madre. José no aparece. Probablemente cuando el Señor va a la Pasión, San José ya estaba en el Cielo. O por lo menos esperando ir al Cielo con la resurrección de su Hijo. ¿Está claro? Eso lo dejaremos, porque la Iglesia no dice nada. Yo tengo un modo de pensar, que me callo. Un modo de pensar que se sujeta siempre al criterio de la Iglesia; pero imagino que la Iglesia, ni ahora ni dentro de veinte siglos, concretará nada de esto; porque no es necesario. De modo que tú, con tu cariño a San José, llénalo de preeminencias (Encuentro en el Auditorio de la Alameda, Chile, 4 de julio de 1974).


Hijos míos, que tengáis en el alma deseos ardientes de reparar por vuestros pecados, por los míos y por los de todo el mundo. Que vayáis al Señor confiadamente, que vayamos a su Madre, como un niño pequeño a la suya en la tierra, sabiendo que la del Cielo nos quiere mucho más. Que vayamos a San José. Amadlo cada día más. Yo he llegado a perder la vergüenza, y les digo ingenuidades de niño: “Jesús, María y José, que esté siempre con los tres”. ¡Vaya aleluya! Pero dicha con amor… estoy al lado de tres poderosos (Encuentro en Altoclaro, Venezuela, 12 de febrero de 1975).


Hay que ver lo que fue en su tiempo: un Patriarca; lo que era, la autoridad que tenía, reconocida a toda hora por Dios mismo y por la Madre de Dios. Este hombre me enamora por su pureza, por su amor al trabajo, por su valentía, por su obediencia a las mociones divinas… (Encuentro en Ciudad Vieja, Guatemala, 18 de febrero de 1975).


Yo soy práctico, también en la piedad. San José llevó adelante la familia de Nazaret, y llevará la tuya lo mismo. Adquiere una imagencita de San José, tenle devoción, enciéndele piadosamente una luz de cuando en cuando, como nuestras madres, como nuestras abuelas: todas las viejas devociones son actuales, no hay ni una que no sea actual. Poniendo por obra lo que te he dicho, ahora, al llegar a la casa donde vivo aquí, me encontraré con una imagen de la Virgen que han puesto muy bonita, y otra de San José. A la Madre de Dios le echaré un piropo, y a San José le encenderé tres velas de tu parte (Encuentro en el Teatro Coliseo, Argentina, 26 de junio de 1974).

 

Muy humanos, muy divinos (I): ​Jesús, ¿qué debemos hacer?

En este primer artículo sobre las virtudes humanas consideramos cómo todos nuestros deseos pueden encontrar su armonía en Dios. Descubrirlo lleva su tiempo, pero es liberador.

VIRTUDES09/03/2021

Opus Dei - Muy humanos, muy divinos (I): ​Jesús, ¿qué debemos hacer?

Puede parecer extraño que san Agustín, a lo largo de sus memorias, en un momento comience a describir la influencia del «peso» en las cosas físicas que tiene a su alrededor. Con los conocimientos propios del siglo IV, quien más tarde sería obispo de Hipona nota que existe algo que hace que el fuego siempre se dirija hacia arriba, mientras que una piedra lo haga hacia abajo. Después se fija en que el aceite siempre tiende a colocarse por encima del agua cuando son mezclados o en que, de alguna manera, todo lo que está desordenado busca el orden y allí descansa. San Agustín intuye que, en todos estos movimientos, a las cosas las guía su «peso». Y es entonces cuando, con lenguaje poético, confiesa: «Mi peso es mi amor, él me lleva doquiera que soy llevado»[1]. Se trata de una experiencia universal: aquello que deseamos, que buscamos, que queremos, es lo que nos mueve. Buscamos siempre la satisfacción de un deseo que aspira a ser duradero. Ese «peso» nos lleva a la felicidad, más o menos plena, así que no queremos dejarnos engañar por un simple y fugaz pasarlo bien. ¿Cómo descubrir ese amor por el que san Agustín se sentía llevado?

El proceso de toda historia

«¿Qué debo hacer para ir al cielo?», preguntó un joven a Jesús (cfr. Lc 18,18). Se trata de un pasaje de la Escritura ante el cual guardamos un silencio expectante, porque plantea un interrogante que nos involucra a todos. ¿Qué responderá aquel que es Dios y Hombre? Sin embargo, justo antes de su intervención, el joven había empleado una frase en la que el Señor detecta algo extraño: se dirige a Jesús llamándolo «maestro bueno». La respuesta nos puede parecer un poco tajante: «Nadie es bueno sino uno solo: Dios» (Lc 18,19). El Señor había percibido, no sabemos cómo, que ciertamente el joven buscaba algo más en su vida, pero que en realidad pensaba que eso se lo daría un bien creado, algo que podía controlar, algo a lo que podía aferrarse aquí en la tierra. Por eso, aunque en la siguiente pregunta Jesús se asegura de que el joven se esfuerza por cumplir la ley de Dios, quiere ir más allá, quiere que el joven rompa definitivamente con la secreta complacencia de este cumplimiento y con los ídolos de la prosperidad humana: «Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme» (Lc 18,22). En esta escena observamos la llamada del Señor, después intuimos la batalla interior del joven, hasta concluir con su triste retiro. Jesús tal vez había soñado con un gran discípulo, pero el muchacho regresó a la comodidad de su casa, su riqueza y sus conocidos.

Aquella felicidad grande anhelada por el joven no está inmediatamente al alcance de nuestra mano. No la podemos gestionar ni dominar. Solo la podemos recibir mediante el abandono en Dios. Dice san Juan Pablo II que «si Dios es el Bien, ningún esfuerzo humano, ni siquiera la observancia más rigurosa de los mandamientos, logra cumplir la Ley, es decir, reconocer al Señor como Dios y tributarle la adoración que a él solo es debida. El cumplimiento puede lograrse solo como un don de Dios»[2]. Por eso, quizá, sobre todo se requiere paciencia, saber esperar activamente. El amor del cristiano no es un fogonazo momentáneo –aunque también pueda existir–, sino una historia de amor, y todas las historias tienen su proceso. «La gracia, normalmente, sigue sus horas, y no gusta de violencias»[3]. El joven tal vez busca la satisfacción inmediata de su deseo, se impacienta, no se da cuenta de que el amor de Dios, como el grano sembrado, necesita tiempo para crecer junto a Cristo. Sin embargo, vemos en el Evangelio cómo Jesús preparaba a los suyos gradualmente, sin prisas, pero también sin pausas. Desde la cárcel, san Juan Bautista, quizá algo impaciente, manda preguntar a Cristo por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que va a venir, o esperamos a otro?» (Lc 7,20). A nosotros nos puede parecer, a veces, que Jesús no tiene la suficiente prisa, y nos impacientamos por ser buenos de la noche a la mañana.

Para formar un deseo firme

Sabemos que los discípulos –al igual que todos– necesitaban tiempo porque, como el joven rico, primero debían purificar las vanas imaginaciones que se habían forjado: la tentación del éxito, del prestigio, de la gloria humana, de la vida cómoda. Necesitaban comprender cosas importantes como el empeño por «orar siempre y no desfallecer» (Lc 18,1) o por aprender a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22). Pero, una vez que el Señor vio que los apóstoles ya tenían una mínima preparación, después de haber rezado toda la noche, les envió, uno por uno (cfr. Mt 10,1-5; Lc 6,12). Eso no significa que el camino formativo de los discípulos ya había acabado, ni mucho menos. San Josemaría repetía muchas veces que la formación de un apóstol no termina nunca. Era evidente que, en muchos, la llamada de Dios no había penetrado con profundidad: hubo quienes perdieron el interés en su doctrina, «se echaron atrás y ya no andaban con él» (Jn 6,66), o quienes abandonaron a Jesús incluso durante su prueba final. En definitiva, en unos y en otros, sus deseos todavía no eran firmes, estables, disciplinados.

Poco a poco, con paciencia divina, Dios se acerca a nuestro corazón, nos llama y nos envía a comunicar el Evangelio a todos los hombres y mujeres. Lo hace a través de los momentos de meditación personal, de la adoración eucarística, de las oraciones vocales en las que tomamos las palabras que nos propone la Iglesia y también por medio de la contemplación continua a lo largo del día. Descubrimos la intimidad con él, saboreamos su amistad, su mirada, su firmeza, su comprensión… Dios nos prepara también a través de las contradicciones, un proceso consciente y nada automático con el que vamos poco a poco rompiendo nuestros ídolos, pequeños y grandes, internos y externos, para hacer más espacio a Jesús en nuestra alma. Se acerca a nuestro corazón, finalmente, a través del trabajo continuo que llena nuestro día: «Mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo» (Jn 5,17). El mismo que ha puesto el deseo del bien en nuestro corazón ­­–el «peso» que guiaba a san Agustín­­– será quien dará cumplimiento a ese anhelo.

La armonía de los bienes

A lo largo de nuestra vida, muchas veces nos equivocamos buscando bienes efímeros que no llenan el corazón, bienes aparentes que no nos llevan Dios, fuente de todo bien. Al recordar la inquietud del joven rico sobre qué se debe hacer para alcanzar el cielo, san Juan Pablo II señala que «solo Dios puede responder a la pregunta sobre el bien, porque él es el Bien. En efecto, interrogarse sobre el bien significa, en último término, dirigirse a Dios, que es plenitud de la bondad. Jesús muestra que la pregunta del joven es, en realidad, una pregunta religiosa y que la bondad, que atrae y al mismo tiempo vincula al hombre, tiene su fuente en Dios, más aún, es Dios mismo»[4].

Jesús, cuando no pocos le abandonaron, pregunta a los doce si también ellos se iban a ir. Pedro responde: «Señor, ¿a quién iremos? (…). Tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,68-69). En aquella llamada de amor, ellos han descubierto el sentido último de su vida: el Reino de Dios, la vida eterna, el cielo. Pedro ha descubierto lo que después diría santa Teresa de Ávila: «Solo Dios basta»[5]. Ha encontrado el tesoro escondido. Es entonces cuando los demás deseos encuentran un lugar armónico, medido, razonable, en su corazón; es entonces cuando los bienes a los que miran esos deseos forman un conjunto ordenado. No tiene que huir de ellos, pero no lo dominan. Quien encuentra a Dios por encima de los demás bienes se siente ágil, desprendido, liberado para llevar la fuerza del Evangelio a todas las criaturas. Justamente, la posibilidad de no hacerlo «compone el claroscuro de la libertad humana. El Señor nos invita, nos impulsa –¡porque nos ama entrañablemente!– a escoger el bien»[6].

San Josemaría nos animaba a amar el mundo apasionadamente, pero no porque el mundo creado sea un absoluto, sino porque es el primer don de Dios, la primera fuente de los deseos que surgen en el corazón humano. Sin embargo, esos deseos piden ser ensanchados por el amor que nos lleva a dar un sentido a todos nuestros quehaceres. Ese gran deseo divino da unidad a toda nuestra existencia, no elimina los deseos humanos –de compañía, de futuro, de proyectos–, sino que los purifica y los congrega en una llamada a la intimidad con Dios. San Agustín notaba que las virtudes morales, al conducirnos a la felicidad, en realidad se identifican con el amor a Dios. Todos nuestros esfuerzos por adquirir la facilidad y el gusto por hacer el bien son siempre esfuerzos por amar. Por eso, el obispo de Hipona definía cada una de las virtudes en servicio de ese amor: la templanza es el amor que se conserva incorruptible, la fortaleza es el amor que todo lo soporta, la justicia es el amor que no se desvía o la prudencia es el amor que discierne como querer más[7].

***

Ese camino por encontrar la armonía de nuestros deseos se consolida a lo largo de la vida, pues se trata siempre de una historia. Muchas veces tenemos demasiada prisa, tomamos decisiones precipitadas, buscamos gratificaciones inmediatas… Pero esa no es una buena lógica para emprender esta ruta. En inglés a veces se dice que alguien «cae en el amor», falls in love, como algo que sucede de repente. Incluso aunque algunas veces ese fogonazo exista, no todo el camino será así. Puede sorprender que María haya respondido tan rápidamente al ángel cuando le fue anunciado que sería la madre del Mesías; como si hubiese descubierto de modo fulgurante y repentino todo el amor divino. Pero, en realidad, Dios obraba en el alma de nuestra Madre desde su concepción inmaculada y a largo de toda su vida que fue, desde el inicio, una historia de amor.

Paul O'Callaghan


[1] San Agustín, Confesiones, Libro 13, cap. 9.

[2] San Juan Pablo II, encíclica Veritatis Splendor, n. 11.

[3] San Josemaría, Surco, n. 668.

[4] San Juan Pablo II, encíclica Veritatis Splendor, n. 9.

[5] Santa Teresa de Jesús, fragmento de un autógrafo encontrado en su libro de oraciones.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 24.

[7] Cfr. San Agustín, De las costumbres de la Iglesia Católica y de los maniqueos, I, 15, 25.

Evangelización, proselitismo y ecumenismo

Artículo de Mons. Fernando Ocáriz, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz publicado en Scripta Theologica (2006)

OTROS02/11/2020

Opus Dei - Evangelización, proselitismo y ecumenismo

"Evangelización, proselitismo y ecumenismo".

Evangelización, proselitismo y ecumenismo (PDF, para imprimir)


Por Mons. Fernando Ocáriz. ©Scripta Theologica [38 (2006/2) 617-636] [Evangelization, Proselytism & Ecumenism]

SUMARIO

1. Introducción.

2. Necesidad de una clarificación.

3. El uso del término «Proselitismo».

3.1. El proselitismo en la Sagrada Escritura.

3.2. El proselitismo en la época patrística.

3.3. La reaparición del término y su significado en las lenguas modernas.

3.4. Conclusión terminológica.

4. Proselitismo y ecumenismo.

4.1. Iglesia católica e Iglesias no católicas.

4.2. Ecumenismo y proselitismo: conclusión.

Resumen: El proselitismo pertenece a la misión evangelizadora de la Iglesia. La connotación negativa que para algunas personas tiene la palabra no debe hacer desaparecer ni su uso ni la actividad que designa. Así lo muestra un estudio detenido del término en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia. Se deben excluir las formas de proselitismo violento o sectario, pero en el marco del diálogo ecuménico también se debe intentar ayudar a las personas para que lleguen a la plenitud de la verdad en la Iglesia Católica.

Palabras clave: Proselitismo, Evangelización, Ecumenismo.

Abstract: Proselytizing is part of the mission of evangelization of the Church. The negative connotations that the word has for many people should not lead the disappearance of its use or the activity it refers to. This is obvious from a detailed study of the term in the Scriptures and in the tradition of the Church. Violent or sectarian forms of proselytism must be avoided, but within the framework of ecumenical dialogue we should also give help to people so that they may reach the full truth of the Catholic Church.

Keywords: Proselytism, Evangelization, Ecumenism.

*****

1. Introducción

La vida de Jesucristo, redentora en todos sus instantes y dimensiones, se puede resumir en aquellas palabras de San Pablo: «en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo» (2 Cor 5, 19), que San Agustín comentó con la célebre expresión: mundus reconciliatus, Ecclesia1: Cristo, reconciliando al mundo con Dios, edifica su Iglesia. Esta extensión universal de la Redención -contemplada por otros Padres en la Cruz cósmica, que abarca el universo2 se va realizando en la Iglesia. La Iglesia es el mismo mundo en cuanto reconciliado con Dios en Cristo y, a la vez, es la continuación de la presencia reconciliadora, salvífica, del Señor: «la Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvada, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria» 3.

De ahí que la misión de la Iglesia se pueda, a su vez, resumir en transformar el mundo en sí misma; es decir, en ir incorporando la humanidad al Cuerpo de Cristo que ella misma es. Esta misión puede también expresarse con el término evangelización -que encierra una gran riqueza de contenido, del que «ninguna definición parcial y fragmentaria puede dar razón» 4, entendido en su sentido más amplio, como traditio Evangelii, transmisión del Evangelio en cuanto «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rom 1, 16); palabra que anuncia y da la vida eterna (cfr. Jn 6, 68), en la predicación y en los sacramentos. Misión apostólica que el Señor enunció así: «Id por todo el mundo, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado» (Mt 28, 19). Por esto, «el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, ésta es su esencia más profunda» 5. Catolicidad y universalidad de la evangelización son inseparables.

Como el Señor -que predicó a todos la conversión desde el mismo inicio de su vida pública (cfr. Mc 1, 15)-, la Iglesia ha entendido siempre su misión de transmitir el Evangelio ad gentes como dirigida a la conversión de los hombres. Sin embargo, es bien sabido que, por desgracia, este empuje misional ha sufrido en los últimos tiempos un enfriamiento en no pocos ambientes católicos. De hecho, Juan Pablo II advirtió que la llamada a la conversión «es puesta en discusión o pasada bajo silencio. Se ve en ella un acto de "proselitismo"; se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a su propia religión, que basta construir comunidades capaces de obrar a favor de la justicia, de la libertad, de la paz, de la solidaridad» 6. La actividad de transmitir el Evangelio, incorporando los hombres a Cristo en la Iglesia, puede designarse -y así se ha hecho con alguna frecuencia- con el término proselitismo. Pero -como apuntaba Juan Pablo II, en el texto citado-, en algunos ambientes, esta palabra ha ido adquiriendo un matiz negativo.

De hecho, no es raro que, con motivaciones de fondo diversas, se pretenda obstaculizar la misión evangelizadora de la Iglesia con la acusación de proselitismo, entendiendo este término en un sentido negativo, es decir como el uso de métodos inmorales (violencia física o moral, engaño) para captar seguidores. En realidad, el Magisterio de la Iglesia ha reprobado siempre la violencia y el engaño. Así, en el contexto de la libertad religiosa, el Concilio Vaticano II lo ha recordado con especial fuerza: «Las comunidades religiosas tienen también el derecho a que no se les impida la enseñanza y el testimonio público oral y escrito de su fe. Pero en la difusión de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de todo tipo de acciones que puedan tener sabor a coacción o persuasión deshonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas incultas o necesitadas» 7. Y, en este mismo sentido, Juan Pablo II afirmaba: «La nueva evangelización no tiene nada que ver con lo que diversas publicaciones han insinuado, hablando de restauración, o lanzando la palabra proselitismo en tono de acusación, o echando mano de conceptos como pluralismo y tolerancia, entendidos unilateral y tendenciosamente. Una profunda lectura de la Declaración conciliar Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa ayudaría a esclarecer tales problemas, y también a disipar los temores que se intenta despertar, quizá con el fin de arrancar a la Iglesia el coraje y el empuje para acometer su misión evangelizadora. Y esa misión pertenece a la esencia de la Iglesia» 8.

2. Necesidad de una clarificación

En algunos documentos eclesiásticos posteriores al Concilio Vaticano II, cuando se emplea la palabra proselitismo en sentido negativo, se aclara el sentido que el término no contiene en sí mismo. Por ejemplo, en el Directorio ecuménico de 1967, se exhorta a los Obispos a hacer frente al peligro de proselitismo en relación a la actividad de las sectas, pero se aclara inmediatamente que «por la voz "proselitismo", se entiende aquí un modo de obrar no conforme con el espíritu evangélico, en cuanto utiliza argumentos deshonestos para atraer los hombres a su Comunidad, abusando, por ejemplo, de su ignorancia o pobreza, etc. (cfr. Decl. Dignitatis humanae, 4)»9. La necesidad de distinguir entre un proselitismo positivo y uno negativo, se hizo también presente en campo ecuménico, por ejemplo en la Tercera relación oficial (1971) del Grupo Mixto Iglesia Católica-Consejo Ecuménico de las Iglesias, en la que se constata que en algunos contextos lingüísticos el término proselitismo «ha adquirido un sentido peyorativo», y se concluye que, si se quiere indicar ese sentido negativo «en otras lenguas o contextos en los que el término conserva su sentido más antiguo de "celo por la difusión de la fe", se hará necesario especificar siempre "proselitismo en un sentido peyorativo" o alguna otra expresión que denote actitudes y conductas criticables» l0. No es éste, evidentemente, un texto con valor magisterial, pero sí es un testimonio más del hecho de que el sentido negativo o peyorativo no es intrínseco al termino proselitismo.

Años más tarde, Juan Pablo II, en la Carta Mentre si intensificano, de 1991, se refería al «rechazo de toda forma indebida de proselitismo, evitando de manera absoluta en la acción pastoral cualquier tentación de violencia y cualquier forma de presión» 11. Es evidente, también por el contexto, que si hay formas indebidas de proselitismo, existen otras no indebidas.

En otros documentos eclesiásticos, se fue introduciendo el uso del término proselitismo en sentido negativo, especialmente en referencia al «proselitismo de las sectas». En ocasiones, también se ha usado el término para indicar, sin matiz alguno, una actividad injusta. Así, por ejemplo, en un documento de la Comisión Pontificia pro Russia, de 1992, se dice: «Lo que se llama proselitismo -es decir cualquier presión sobre la conciencia-, de quienquiera que sea practicado o bajo cualquier forma, es completamente diverso del apostolado y no es en absoluto el método en que se inspiran los pastores de la Iglesia» 12. En el nuevo Directorio ecuménico de 1993, desapareció el matiz presente en el anterior Directorio, con el que se precisaba el sentido en que se hablaba de proselitismo 13. A partir de entonces, ha sido frecuente que con esta palabra se designen tout court comportamientos dirigidos a forzar, presionar o, en general, tratar en forma abusiva la conciencia de las personas.

Sin embargo, en el ámbito ecuménico no se llegó a prescindir siempre de la distinción entre un proselitismo bueno y uno malo. Por ejemplo, en un documento de 1995 del Grupo mixto Iglesia Católica Consejo Ecuménico de las Iglesias, se aclara que, aunque el término proselitismo «ha adquirido recientemente una connotación negativa cuando se ha aplicado a la actividad de algunos cristianos dirigida a hacer seguidores entre los miembros de otras comunidades cristianas», históricamente este término «ha sido empleado en sentido positivo, como concepto equivalente al de actividad misionera» 14 y se explica que «en la Biblia este término no tiene connotación negativa alguna. Un "prosélito" era quien creía en el Señor y aceptaba su ley, y de este modo se convertía en miembro de la comunidad judía. La cristiandad tomó este significado para describir a quien se convertía del paganismo. Hasta época reciente, la actividad misionera y el proselitismo se consideraban conceptos equivalentes» 15.

En cualquier caso, parece necesaria una clarificación, pues el asunto no es meramente lingüístico, sino que comporta importantes connotaciones doctrinales.

3. El uso del término «Proselitismo»

3.1. El proselitismo en la Sagrada Escritura

Como se recordaba en el texto apenas citado, el término prosélytos pasó del judaísmo a la tradición cristiana. Se trata de la traducción griega del hebreo ger, frecuente en la versión de los LXX (77 veces), que designaba principalmente al extranjero que, viviendo establemente en la comunidad hebraica, gozaba de los mismos derechos y deberes que los hebreos 16, participando también en el culto religioso de la comunidad.

Parece que la realidad de los prosélitos, en cuanto categoría institucionalizada, provino de la diáspora en la época del helenismo y comportaba un periodo de preparación que culminaba en la Pascua, antes del cual el prosélito recibía la circuncisión 17.

El término prosélytos aparece sólo cuatro veces en el Nuevo Testamento: una en San Mateo (23, 15) y tres en los Hechos de los Apóstoles (2, 11; 6, 5; 13,43). El texto del Evangelio es en el que se expresa más claramente el alcance del término. Los escribas y fariseos se preocupaban de buscar personas que estuviesen en condiciones de entender y de vivir la fe en el único Dios. En buena parte fue la actividad proselitista lo que permitió sobrevivir al judaísmo después de la destrucción del Templo y la dispersión del pueblo. La mayor parte de los exégetas concuerdan -como, por otra parte, parece bastante obvio- en que el reproche que Jesús dirige a escribas y fariseos no se refiere al hecho de procurar prosélitos sino al modo de hacerlo y, sobre todo, a que hacían después al discípulo «hijo del infierno», dos veces peor que el maestro que le atrajo al judaísmo 18. Ya en la época del protestantismo liberal apareció la tendencia a interpretar Mt 23, 15 como si Jesús hubiese condenado el proselitismo en cuanto tal, pues su actividad se dirigía exclusivamente a Israel, evitando expresamente la misión entre paganos 19. Ciertamente, al menos en dos ocasiones el Señor afirmó que había sido enviado sólo a Israel (cfr. Mt 10, 6; 15, 24), pero no bastan esas referencias para sacar conclusiones generales absolutas: sería superfluo detenemos aquí en mostrar la universalidad de la misión redentora de Jesucristo, que precisamente en San Mateo es particularmente explícita (cfr. Mt 12,41 s; 25, 31 ss; 28,18-20). Se puede ciertamente asegurar que el Señor no sólo no valoró negativamente el proselitismo hebraico en sí mismo, sino que la universalidad de su misión se situó en continuidad con el espíritu proselitista judío; continuidad, dentro de la peculiar continuidad-discontinuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos.

El primer texto de Hechos en que aparece el término prosélytos se refiere a los diversos grupos de judíos que se habían congregado en Jerusalén con ocasión de la fiesta de Pentecostés. La expresión «judíos y prosélitos» (Hch 2, 11) no menciona lugares de proveniencia sino que es una indicación de naturaleza religiosa, que constituye como un resumen del enunciado de los diversos pueblos hecho anteriormente 20. En Hch 6, 5, leemos que uno de los primeros siete diáconos es «Nicolás, prosélito de Antioquía». El sentido positivo del ser prosélito es evidente: los siete fueron elegidos por su buena fama, por estar llenos del Espíritu Santo y por su sabiduría (cfr. Hch 6,3). En Hch 13, 42-43 se recoge el final del discurso de San Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia. El efecto que sus palabras producen en los oyentes hace que éstos pidan después a Pablo y Bernabé que continúen explicando su mensaje el próximo sábado. Como consecuencia se adhirieron a ellos «muchos judíos y piadosos prosélitos», que eran exhortados a «permanecer en la palabra de Dios». También aquí es evidente el significado positivo de prosélito, que es además subrayado por el adjetivo «piadosos» (sebomenon prosélytos).

Los Hechos de los Apóstoles describen la actividad misionera de la primitiva comunidad cristiana siguiendo las huellas del judaísmo. Como los hebreos intentaban atraer paganos bien dispuestos para que se integrasen en la religión hebrea, así también los primeros cristianos se sentían impulsados a comunicar el mensaje salvífico de Cristo con el fin de «ganar» almas para el Señor (cfr. 1 Cor 9, 19-23; Flp 3,8). Al principio, su actividad estaba dirigida a los judíos, pero «los que se habían dispersado por la tribulación surgida por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando la palabra sólo a los judíos. Entre ellos había algunos chipriotas y cirenenses, que, cuando entraron en Antioquía, hablaban también a los griegos, anunciándoles el Evangelio del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos y un gran número creyó y se convirtió al Señor» (Hch 11, 19-21). La misión de la Iglesia ad gentes nació, en efecto, como la continuidad cristiana -en el sentido mencionado antes- del proselitismo hebreo.

3.2. El proselitismo en la época patrística

En la Patrística, el término proselitismo aparece en San Justino, en su Diálogo con Trifón21, a propósito de Is 49, 6: «Te he puesto para ser luz de las naciones». Los hebreos, convencidos de la fe en el verdadero Dios, se sentían impulsados a buscar prosélitos, pero San Justino comenta, sin negar la actividad proselitista de los hebreos, que el texto de Isaías se refiere principalmente, en sentido profético, a Cristo ya los cristianos. Más explícitamente escribe en otro pasaje del Diálogo con Trifón: «os queda poco tiempo para haceros prosélitos (prosélyseos krónos) nuestros: si Cristo os precede con su venida, en vano os arrepentiréis» 22. Migne tradujo así al latín: «breve enim hoc vobis relinquitur ad nos accedendi tempus. Si Christus venire occupaverit, frustra vos poenitebit». En esta línea, las traducciones en lenguas vulgares usan expresiones como «uniros a nosotros» («aderirvi a noi», etc.), en lugar de la expresión más literal que sería «haceros prosélitos nuestros» («farvi proseliti nostri», etc.).

También Flavio Josefo, en su Contra Apionem, se refiere a los éxitos proselitistas de los hebreos 23. El proselitismo, como actitud y como actividad, se consideraba eminentemente positivo y meritorio, pues se daba a los gentiles la posibilidad de ser objeto de la elección divina, de formar parte del pueblo elegido. Así, por ejemplo, en el Midrash Rabbah se encuentran afirmaciones de este tipo: «quien se acerca a un pagano y lo convierte debe ser considerado como si lo hubiese creado» 24; «cuando llega un extranjero y se hace prosélito, dale la mano para que sea acogido bajo las alas de la shekinah» 25. En otros autores, como Eusebio de Cesarea, Epifanio de Salamina, Procopio y Teodoreto, el verbo prosélyteio suele tener el significado de «ser extranjero»; también San Juan Crisóstomo lo emplea en este sentido 26.

Naturalmente, hay muchos comentarios patrísticos a Mt 23, 15, en los que se dan sobre todo interpretaciones de por qué el prosélito se hacía peor que su maestro 27. En este contexto, San Agustín considera que hacer prosélitos es como engendrar hijos 28. En cualquier caso, se puede decir que, en los primeros siglos, el uso del término para designar a los conversos al cristianismo y el de su derivado (proselitismo) no tenía connotación negativa alguna.

3.3. La reaparición del término y su significado en las lenguas modernas

Lo mismo puede decirse de los siglos sucesivos. Las conversiones al cristianismo pasan a ser numerosísimas y la cuestión que la Iglesia se plantea, en una Europa que se hace cristiana, no es tanto buscar prosélitos cuanto la organización del catecumenado, la enseñanza de la fe a quienes solicitan el Bautismo. Parece ser que fue poco después de la Reforma protestante, cuando reapareció en el lenguaje cristiano el uso de la palabra proselitismo. Según David Bosch, fueron los jesuitas los primeros en utilizada con el significado de extender la fe cristiana entre los no católicos, incluidos los protestantes 29. En cambio, según el Oxford English Dictionary el término habría reaparecido en 1660 en una obra de H. Hammon 30. En ámbito italiano, se encuentran muy numerosas referencias al proselitismo a partir de 1774 31; en francés, parece que fue Montesquieu en 1715 el primero en usar esta palabra 32, que en cambio no se encuentra en la Encyclopédie de Diderot y d'Alambert.

Por lo que se refiere al significado actual en las diversas lenguas occidentales, prácticamente todos los diccionarios y las enciclopedias más prestigiosas coinciden en definir el proselitismo simplemente como la actividad o la actitud dirigida a hacer prosélitos 33. Es obvio que se trata de una realidad presente en múltiples niveles (religioso, político, deportivo, económico, etc.) y, en principio, plenamente legítima, aunque como cualquier otra actividad pueda desviarse moralmente34. En algunos casos, se menciona un sentido peyorativo del término, como en el alemán Duden-Rechtschreibung(de 1986), donde Proselyt se entiende originariamente como el converso al judaísmo y actualmente como el «nuevo converso», y se añade que el término derivado Proselytenmacherei (proselitismo), implica una idea negativa. Por el contrario, en diversos diccionarios y enciclopedias en otras lenguas, se encuentran sobre todo explicaciones del término en sentido sólo positivo, especialmente en escritos de inspiración cristiana. Así, por ejemplo, en el Lessico Universale Italiano, se afirma que «la actividad misionera es una forma organizada de proselitismo» 35; y, en castellano, en la Gran Enciclopedia Rialp, donde el término proselitismo se entiende en el sentido literal de «celo por ganar prosélitos», se explica que, en sentido más amplio, por proselitismo se entiende «la acción apostólica dirigida a difundir la fe católica para que todos los hombres lleguen al conocimiento de Cristo» 36.

En Internet se pueden encontrar sobre el tema fuentes de todo tipo; sin embargo, es significativo que en una de las más consultadas en todo el mundo -por pertenecer a Microsoft y estar disponible en numerosas lenguas-, el término proselitismo es mencionado en varios artículos y nunca en sentido negativo. Por ejemplo, en el artículo sobre «Libertad de culto», se dice que todos los ciudadanos «pueden profesar libremente el propio credo haciendo, eventualmente, también obra de proselitismo» 37; y, en el artículo «Propaganda», se afirma que este concepto está «inicialmente ligado a la actividad de proselitismo de la Iglesia católica» 38. En este horizonte de libertad se sitúan también algunas posiciones de autores actuales, como la de un político francés que llega a afirmar que «el proselitismo, con tal de que sea moderado, ha sido reconocido como un componente intrínseco de la libertad religiosa» 39.

De todos estos datos se puede concluir que, aunque en algunos idiomas, como el alemán, prevalece actualmente un sentido negativo del término proselitismo, que se separa de su raíz bíblica, en muchas otras lenguas y contextos culturales, expresa una actividad en sí positiva. Como se lee en un Diccionario teológico de hace pocos años, «Según la Sagrada Escritura, el "prosélito" es el no judío que se hace judío, aceptando la fe judía. Es el "temeroso de Dios" que conoce la ley y la observa.

El cristianismo hizo suyo el término analógicamente, de manera que "hacer proselitismo", difundir la fe cristiana (cristianizar, evangelizar), hasta tiempos recientes se consideraban la misma cosa» 40. El mismo Diccionario añade que, junto a este significado positivo y habitual, el término proselitismo ha comenzado a tener recientemente también uno negativo como consecuencia de las actividades de las sectas de origen protestante 41.

Antes de la aparición de este fenómeno de acentuación negativa del término proselitismo en algunos ambientes, los autores católicos, especialmente en el contexto de la vida espiritual, han usado pacíficamente la palabra proselitismo para referirse a la actividad apostólica o de evangelización: «el término pone de relieve la dimensión personal de la misión apostólica, es decir, la necesidad de realizarlo de persona a persona, con quienes se encuentran al lado» 42. Esta misión la realiza el cristiano muy especialmente en el trato de amistad en su vida familiar, profesional y social. Junto al uso para designar la actividad encaminada a acercar a otros a la Iglesia o a ayudarles a vivir coherentemente con la fe católica, el término proselitismo se ha utilizado también con frecuencia en el contexto de la promoción de vocaciones específicas dentro de la Iglesia (al sacerdocio, etc.). También este uso está claramente inspirado en el sentido bíblico de proselytos.

Un importante ejemplo actual lo encontramos en el libro Camino, de San Josemaría Escrivá de Balaguer, obra de espiritualidad de extraordinaria difusión (hasta ahora, más de cuatro millones y medio de ejemplares, en unos 44 idiomas), donde hay un capítulo que lleva por título precisamente Proselitismo, en el que se emplea el término en su sentido original exclusivamente positivo. Sólo en las ediciones en algunas pocas lenguas, en las que hay una tendencia a valorar negativamente el término (concretamente, en alemán y en inglés), se ha traducido no literalmente sino con expresiones más o menos análogas («Menschen gewinnen»; «Winning new apostles»). Sin embargo, en una reciente edición bilingüe castellano-inglesa 43, el traductor ha considerado más adecuado traducir proselytism, con «proselitismo», explicando en una nota el significado positivo que tiene esa palabra.

3.4. Conclusión terminológica

El uso de la palabra proselitismo en un sentido exclusivamente negativo no es algo generalizado ni tampoco, en la mayor parte de los casos, el simple efecto de una evolución del lenguaje. Con frecuencia, la utilización actual de este término como si sólo tuviese un significado negativo no se debe a que por tal palabra se entienda de hecho -contra su significado original- una actitud inmoral (violenta, engañosa, etc.), sino que también se considera negativo el verdadero sentido positivo del proselitismo. Es decir, el problema de fondo es que con la tendencia, que pretende imponerse en algunos ambientes, de usar la palabra proselitismo como algo negativo, se pretende afirmar una actitud relativista y subjetivista, sobre todo en el plano religioso, para la que no tendría sentido que una persona pretendiese tener la verdad y procurase convencer a otras para que la acojan y se incorporen a la Iglesia. La descalificación -presente en algunos ambientes- de la palabra proselitismo, sobre todo cuando se refiere al apostolado cristiano, mucho tiene que ver, en efecto, con esa «dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solamente el propio yo y sus deseos» 44.

Por esto, es necesario reafirmar que la acción de invitar y favorecer que otras personas -no cristianas o, en otro nivel, cristianas no católicas- se incorporen a la plena comunión en la Iglesia católica, respetando la verdad y la intimidad y libertad de todos, es parte integrante de la evangelización.

En otro orden de cosas, también se está pretendiendo usar la palabra proselitismo en un sentido exclusivamente negativo, para designar la acción apostólica de promoción de determinadas vocaciones dentro de la Iglesia que comportan un serio compromiso (el sacerdocio y otros diversos modos organizados de buscar la plenitud de la vida cristiana). En este caso, las motivaciones son variadas pero no del todo ajenas al mismo relativismo y subjetivismo.

Como es obvio, la evangelización, al igual que cualquier actividad humana, puede realizarse con intención o con métodos inmorales (y de hecho así sucede en no pocas sectas no católicas y no cristianas). Pero sería una gran falsedad histórica afirmar que esto haya sido frecuente en la Iglesia. El verdadero espíritu cristiano siempre ha estado informado por la caridad, como se expresa en estas palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer: «No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad» 45. Por otra parte, la posibilidad -y realidad en algunas sectas- de un proselitismo moralmente incorrecto no justifica atribuir al término un sentido negativo. Es más, la coherencia debería llevar a usar la palabra proselitismo sin adjetivo alguno para designar su sentido original positivo, y calificada en cambio de algún modo cuando se trate de una actividad reprobable (por ejemplo, proselitismo negativo, proselitismo sectario, proselitismo violento, etc.), a menos que el contexto lo haga claramente innecesario.

No hay pues motivos suficientes (ni lingüísticos, ni históricos ni, mucho menos, teológicos) para atribuir al término proselitismo un sentido negativo. Y, sobre todo, nada podría justificar la pretensión de que la Iglesia renunciara a la catolicidad de su misión reconciliadora del mundo con Dios, es decir a extenderse ella misma más y más, para gloria de Dios y salvación de todas las almas.

4. Proselitismo y ecumenismo

La pretendida descalificación del término proselitismo está teniendo especial relevancia en relación a la actividad de la Iglesia católica en territorios de mayoría ortodoxa. En este contexto, se hace más patente que no estamos ante una simple cuestión terminológica o de evolución del lenguaje. No se trata, en efecto, de que se use el término proselitismo sólo para lo que debería especificarse como «proselitismo abusivo», sino que se considera también reprobable el proselitismo que busque, con pleno respeto de la intimidad y libertad de las personas, la incorporación de cristianos ortodoxos a la Iglesia católica.

Las motivaciones de semejante descalificación son variadas; desde el punto de vista propiamente eclesiológico, el motivo que puede parecer más importante es que los cristianos ortodoxos ya están incorporados a una verdadera Iglesia, como la misma Iglesia católica reconoce, al afirmar, en la Declaración Dominus Iesus, que las comunidades cristianas que, aunque separadas de Roma, han conservado la válida Eucaristía y el Episcopado válido son «verdaderas Iglesias particulares» 46. Pero esta afirmación ha de entenderse en su contexto y significado auténticos.

4.1. Iglesia católica e Iglesias no católicas

Ante todo, es necesario confesar que Jesucristo ha fundado una sola Iglesia, sobre Pedro y con la garantía de indefectibilidad ante las persecuciones, divisiones y obstáculos de todo tipo que habría de encontrar a lo largo de la historia (cfr. Mt 16, 18). Y así ha sido y será siempre: existe una sola Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica 47.

A la vez, con el Concilio Vaticano II -en el n. 8 de la Constitución Lumen gentium-, debemos sostener que «esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en (subsistit in) la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien (licet) fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santificación y de verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica».

Como se sabe, en el esquema que dio lugar después a este texto definitivo, se decía que la Iglesia de Cristo es (est) la Iglesia católica 48. Sobre todo por esto, la célebre expresión subsistit in ha sido después objeto de diversas y contradictorias interpretaciones, sobre las que no es necesario detenemos aquí. En realidad, «la palabra "subsiste" no tiene otro significado que el de "continúa existiendo". Por tanto, si la Iglesia de Cristo "continúa existiendo" (subsistit in) en la Iglesia Católica, la continuidad de existencia comporta una substancial identidad de esencia» 49. Este significado coincide con el lenguaje común de la cultura occidental y es conciliable con el significado filosófico clásico: subsiste aquello que es en sí y no en otro 50. Y, por esto, «el Concilio quiere decimos que la Iglesia de Jesucristo como sujeto concreto en este mundo se puede encontrar en la Iglesia católica. Esto puede suceder sólo una vez y la concepción según la cual el subsistit se habría de multiplicar no capta precisamente lo que se quería decir. Con la palabra subsistit el Concilio quería expresar la singularidad y la no multiplicabilidad de la Iglesia católica» 51. Por eso, «es contraria al significado auténtico del texto conciliar la interpretación de quienes de la fórmula subsistit in extraen la tesis según la cual la única Iglesia de Cristo podría también subsistir en Iglesias y Comunidades eclesiales no católicas» 52.

Es necesario observar que el n. 8 de Lumen gentium, al afirmar la subsistencia de la Iglesia de Cristo en la Iglesia católica gobernada por el sucesor de Pedro y los Obispos en comunión con él (en el sentido de solo en ella), se refiere explícitamente a la Iglesia en cuanto establecida y organizada como sociedad en este mundo, e inmediatamente después afirma que fuera de su estructura se encuentran muchos elementos de santificación y de verdad. Esto nos remite a considerar la Iglesia no sólo en su dimensión social sino también en su dimensión mistérico-sacramental, como Cuerpo místico de Cristo 53.

El Concilio Vaticano II, siguiendo un uso tradicional, da el nombre de Iglesias a las comunidades cristianas no católicas que han conservado la Eucaristía válida y el Episcopado. Durante la elaboración del Decreto Unitatis redintegratio, uno de los relatores de la respectiva Comisión conciliar explicó que no se pretendía entrar en la cuestión disputada de cuáles son las condiciones para que una comunidad sea Iglesia en sentido teológico 54. Pero esto no significa que ese título, atribuido a esas comunidades no católicas, fuese simplemente honorífico o sociológico, ya que el mismo Decreto afirma que «por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios» 55; expresión que hay que interpretar a la luz del n. 8 de Lumen gentium, es decir en el sentido de que en estas Iglesias existen muchos elementos de santificación y de verdad propios de la única Iglesia de Cristo (la Iglesia católica).

Los posteriores desarrollos teológicos y magisteriales sobre este tema, han conducido a atribuir a estas comunidades no católicas que han conservado el Episcopado y la Eucaristía válida el título, ciertamente de naturaleza teológica, de Iglesias particulares 56. Desde el punto de vista magisterial, los momentos más relevantes sobre el tema han sido dos documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Carta Communionis notio, de 1992, que afirma que estas comunidades «merecen el título de Iglesias particulares» 57; y la Declaración Dominus Iesus, ya citada en su afirmación de que son «verdaderas Iglesias particulares» 58.

Se comprende fácilmente que donde Cristo se hace presente en el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, allí está presente la Iglesia, Cuerpo de Cristo mediante el cual el mismo Señor realiza la salvación en la historia. Sin embargo, no toda forma de presencia de la Iglesia constituye una Iglesia particular, sino solamente la presencia con todos sus elementos esenciales; por eso, para que una comunidad cristiana sea verdaderamente Iglesia particular, «debe hallarse presente en ella, como elemento propio, la suprema autoridad de la Iglesia: el Colegio episcopal "junto con su Cabeza el Romano Pontífice, y jamás sin ella" (Lumen gentium, n. 22)» 59. Esto podría parecer un obstáculo insuperable para entender cómo las Iglesias no católicas son «verdaderas Iglesias particulares». Una posible vía de reflexión puede ser considerar la real presencia del Primado petrino (y del Colegio episcopal) en las Iglesias no católicas, en virtud de la unidad del Episcopado «uno e indiviso» 60: una unidad que, desde luego, no puede existir sin la comunión con el Obispo de Roma. Allí donde, en virtud de la sucesión apostólica, exista válido Episcopado, allí estará presente, como autoridad suprema (aunque no sea de hecho reconocida) el Colegio episcopal con su Cabeza. Además, en toda válida celebración de la Eucaristía hay una referencia objetiva a la universal comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia entera 61, independientemente de las convicciones subjetivas. Es necesario, sin embargo, no perder de vista que la ausencia de plena comunión con el Papa comporta una herida en la eclesialidad misma de esas Iglesias 62; herida no sólo de naturaleza disciplinar o canónica, sino también relativa a la no plena profesión de la fe católica. Por esto, a una Iglesia particular no católica no le falta solamente la manifestación visible de la plena comunión para ser plenamente Iglesia 63.

Y, volviendo de nuevo al dato fundamental de la unicidad de la Iglesia de Cristo, es preciso afirmar que las Iglesias particulares no católicas son verdaderas Iglesias por lo que tienen de católicas, y que no son plenamente Iglesias por lo que tienen de no católicas. Su eclesialidad, en efecto, está radicada en el hecho de que da única Iglesia de Cristo tiene en ellas una presencia operante» 64. En otras palabras, reconocer el carácter de Iglesias a estas comunidades cristianas comporta necesariamente afirmar que también estas Iglesias no católicas son -en aparente paradoja- porciones de la única Iglesia, es decir, de la Iglesia católica; porciones en situación teológica y canónica anómala. Aún en otros términos, podemos decir que la suya es una «eclesialidad participada, según una presencia imperfecta y limitada de la Iglesia de Cristo» 65.

4.2. Ecumenismo y proselitismo: conclusión

La Iglesia debe evangelizar ante todo a sus propios miembros, llevando a cada uno la doctrina íntegra del Evangelio y la plenitud de los medios de salvación. Miembros de la Iglesia son también, en el sentido expuesto, los fieles de las Iglesias ortodoxas. En relación a éstos, la Iglesia debe empeñarse en edificar la unidad de fe y comunión; unidad que es fruto de la evangelización y, a la vez, su semilla, según la oración de Jesús: «que todos sean una sola cosa. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una sola cosa, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21).

De ahí que la Iglesia ni quiera ni pueda renunciar al empeño ecuménico; empeño que se expresa en múltiples actividades institucionales, pero que no se reduce a éstas, pues es también responsabilidad personal de todos los cristianos 66. Concretamente, cuando un fiel católico se encuentra en contacto con un cristiano no católico, el proselitismo consistente en procurar, como expresión de sincera amistad, ayudarle para su posible paso a la Iglesia católica -respetando plenamente su intimidad y su libertad- no sólo no es algo reprobable, sino una manifestación de caridad auténtica. En su realidad teológica profunda, quien da ese paso no «cambia de una Iglesia a otra», sino que se incorpora plenamente a la Iglesia a la que ya estaba unido imperfectamente: la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica. En otros términos, es ayudar a una persona, según el clásico adagio de la filosofía griega, a que llegue a ser lo que en realidad ya era 67.

En todos los aspectos del ecumenismo, institucionales y personales, los obstáculos son grandes. Es muy necesaria «aquella "purificación de la memoria", tantas veces evocada por Juan Pablo II, que es la única que puede disponer los ánimos para acoger la plena verdad de Cristo» 68.

Sobre todo, siempre permanece abierto el espacio para la oración, para la acción de gracias, para el diálogo y para la esperanza en la acción del Espíritu Santo 69.

Mons. Fernando OCÁRIZ

Facultad de Teología

Pontificia Universidad de la Santa Cruz

ROMA

1.SAN AGUSTÍN, Sermo XCVI, 8 (PL 38, 588).

2. Cfr. L.F. MATEO-SECO, Estudios sobre la cristología de Gregorio de Nisa, Eunsa, Pamplona 1978, 161-165.

3. SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, n. 131.

4. PABLO VI, Ex. Ap. Evangelii nuntiandi, 8.XII.1975, n. 17.

5. BENEDICTO XVI, Homilía, 15.V.2005.

6. JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 7.XII.1990, n. 46.

7. CONCILIO VATICANO II, Decl. Dignitatis humanae, n. 4. Cfr. JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, n. 55.

8. JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994,127.

9. SECRETARIADO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Directorio ecuménico, 14.V.1967, n. 28, nota 15: AAS 59 (1967) 584.

10. GRUPO MIXTO IGLESIA CATÓLICA Y CONSEJO ECUMÉNICO DE LAS IGLESIAS, Tercera relación oficial (1971), Apéndice II, Documento de estudio sobre testimonio y proselitismo, 8,4, nota 6: Enchiridion Oecumenicum 1, 386.

11. JUAN PABLO II, Carta Mentre si intensificano, 31.V 1991, n. 5: AAS 84 (1992) 167.

12. COMISIÓN PONTIFIClA«PRO RUSSIA», L'Église a repi, 1.VI.1992, n. 3: EV 13,1822.

13. Cfr. CONSEJO PONTIFICIO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Directorio para el ecumenismo, 25.III.1993, n. 23, nota 41: AAS 85 (1993) 1048.

14. GRUPO MIXTO IGLESIA CATÓLICA Y CONSEJO ECUMÉNICO DE LAS IGLESIAS, «El reto del proselitismo y la llamada al testimonio común», 25.IX.1995, parte IV, §1, en Il Regno documenti, 21 (1998) 713.

15. Ibid., nota 14.

16. Cfr. K.G. KUHN, «Prosélytos», en Theologisches Worterbuch zum Neuen Testament, ed. ital., Brescia (1980) XI, 303.

17. Entre las inscripciones funerarias de la comunidad judía en Italia que han sido encontradas, el término prosélytos aparece ocho veces: seis referidas a mujeres y dos a hombres. También en la comunidad de Qumrân aparece la palabra: tres veces en el Documento de Damasco y una en e! libro de Tobías. Entre los hebreos se empleaba también el verbo qarab, que literalmente significa «acercarse» y que indicaba «hacer un prosélito». Así, el verbo llega a ser un término técnico para indicar la aceptación de los prosélitos en Israel (cfr. J.A. LOADER, «An Explanation to the Term Proselutos», Novum Testamentum 15 [1973] 270-277). Sobre todo en el tardo judaísmo, es decir a partir del siglo II después de Cristo, se encuentran marcadas diferencias entre el judaísmo palestino y el judaísmo helenista. Entre los hebreos de la diáspora, más que exigir a los prosélitos la circuncisión y el cumplimiento de los preceptos cultuales, se exigía en primer lugar el monoteísmo y seguir las normas éticas de la antigua Alianza. En cambio, en Palestina la circuncisión del prosélito era absolutamente necesaria.

18. Cfr. H. KUHLI, "Prosélytos», en H. BALZ-G. SCHNEIDER, Dizionario esegetico del Nuovo Testamento, Brescia 1998, 1151-1154. Hay diversas hipótesis sobre el motivo por el que el prosélito se hacía peor que su maestro: cfr. E. LERLE, Proselytenwerbung und Urchristentum, Evangelische Verlagsanstalt, Berlin 1960, 64-65.

19. Por ejemplo, según Harnack, Jesús no habría dado nunca el mandato de dirigirse a los paganos, sino que esto habría sido «una simple construcción debida al desarrollo del tiempo posterior» (A. HARNACK, Missione e propagazione del cristianesimo nei primi tre secoli, Cosenza 1986, 28; orig. alemán de 1902).

20. Cfr. G. SCHNEIDER, Gli Atti degli Apostoli, Brescia 1985, 352.

21. Cfr. SAN JUSTINO, Dialogus cum Tryphone,121,4 y 122,1: PG 6, 758-759.

22. Ibid, 28, 2: PG 6, 535.

23. Cfr. FLAVIO JOSEFO, Contra Apionem, 2,10, 39: CSEL 37, 99.

24. Gen. Rab., 39,14.

25. Lev. Rab., 134b.

26. Cfr. SAN JUAN CRISÓSTOMO, Exp. in Psalmos, CXIX, 2, 5: PG 55, 341.

27. Cfr., por ejemplo, los comentarios recogidos por SANTO TOMÁS DE AQUINO, Cathena Aurea, in Math., 23, 5.

28. Cfr. SAN AGUSTÍN, Contra Faustum, 16,29: PL 42, 336.

29. D.J. BOSCH, Transfimning Mission, Orbis Books, New York 1991, 1.

30. OXFORD ENGLISH DICTIONARY, Oxford 1992, XII, 664.

31. En M. CORTELAZZO- P. ZOLLI, Dizionario etimologico della lingua italiana, Bologna 1979, se cita en este sentido un artículo del «Giornale Enciclopedico» de noviembre de 1774, 24.

32. Cfr. MONTESQUIEU, Lettres Persanes, LXXXV, H. Barckhausen, París 1913, 167.

33. Por ejemplo, cfr.: en italiano, Lessico Universale Italiano (1977), Grande Dizionario Enciclopedico (1990); en castellano, Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (2001), Enciclopedia Espasa y Gran Enciclopedia Rialp; en inglés, Webster's Unabridged Dictionary (1972) y The New Catholic Encyclopedia (1992).

34. De hecho, nadie se extraña de que las empresas busquen el modo de atraer nuevos clientes o empleados, los periódicos nuevos lectores y suscriptores, etc. No hay más que ver la explosión de las técnicas de marketing y publicidad que se conoció en la segunda mitad del siglo pasado.

35. Lessico Universale Italiano, XVII, 742.

36, J.A. GARCÍA-PRIETO, "Proselitismo», Gran Enciclopedia Rialp, 19, 268.

37, Enciclopedia Microsoft Encarta (2001), artículo "Libertad de culto».

38. IDEM, artículo "Propaganda».

39. N. SARKOZY, La république, les religions, l'espérance, Cerf, Paris 2004, 153.

40. B. MONDIN, Dizionario Storico e Teologico delle Missioni, Urbaniana Universiry Press, Città del Vaticano 2001, 379-380.

41. En este sentido, también en Internet se pueden encontrar explicaciones como ésta sobre el proselitismo: «La tradición cristiana utiliza desde muy antiguo este término para designar el celo apostólico por anunciar la fe e incorporar nuevos fieles a la Iglesia o a alguna de sus instituciones. En los últimos decenios ha comenzado a difundirse otra acepción de esa palabra, que suele asociarse a situaciones en las que, para atraer al propio grupo, se usa de violencia o de coacción, o de algún modo se pretende forzar la conciencia o manipular la libertad. Esos modos de actuar, como es obvio, resultan ajenos por completo al espíritu cristiano y son totalmente reprobables. Pero el proselitismo, en su sentido clásico y despojado de esas connotaciones negativas, es algo totalmente legítimo: si se negara a las personas su libertad de ayudar a otras a encaminarse hacia lo que se considera la verdad, se caería en una peligrosa forma de intolerancia» (cfr. www.interrogantes.net).

42. E. BURKHART- J. LÓPEZ DÍAZ, La vida cristiana en las enseñanzas de San Josemaría Escrivá de Balaguer (pro manuscripto), Roma 2005, cap. III.

43. A. BYRNE (ed.), J Escrivá: «CaminoThe way». An annoted bilingual edition, Scepter, London 2001, 273: "For the word "proselytism" and its derivatives can be misinrerpreted in Spanish as in English. One can, certainly, seek to recruit followers of Christ in the wrong way and for the wrong reason. Bur there is an equally perilous opposite error, that of thinking that religion is so private a matter that we cannot and should not seek to influence people to follow our way. The author insists in this chapter that we not only have a right, but also a duty, to spread the faith. If we believe that Christ promises eternallife to his followers, we cannot but be apostles. As Sainr Paul said, "Woe to me if 1 do not preach the gospel!" (1 Cor 9, 16). At the very least, we Christians have as much right to spread our religious ideas, as others have to spread their political, social, artistic ideas; and if we don't, it will be a sign that our religion do es not mean much to us». Cfr., también, P. RODRÍGUEZ, J Escrivá de Balaguer: "Camino». Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, 864-865.

44. J. RATZINGER, Homilía en la Misa de inauguración del Cónclave, 18.IV.2005. 45. SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 44.

46. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Decl. Dominus Iesus, 6.VIII.2000, n. 17.

47. Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 8; Decr. Unitatis redintegratio, n. 4; JUAN PABLO II, Enc. Ut unum sint, 25.V.1995, n. 11; CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Decl. Mysterium Ecclesiae, 24.VI.1973, n. 1.

48. Cfr. F. GIL HELLÍN, Concilii Vaticani II Synopsis. Constitutio Dogmatica De Ecclesia «Lumen gentium», Città del Vaticano 1995, 64 y 697.

49. U. BETTI, «Chiesa di Cristo e Chiesa Cattolica», Antonianum 61 (1986) 743.

50. Cfr. P. RODRÍGUEZ-J.R. VILLAR, «Las "Iglesias y Comunidades eclesiales" separadas de la Sede Apostólica Romana», Diálogo Ecuménico 39 (2004) 606.

51. J. RATZINGER, «L'ecclesiologia della Costituzione "Lumen gentium"», en R. FISICHELLA (dir.), Il Concilio Vaticano II. Recezione e attualità alla luce del Giubileo, Cinisello B. 2000, 79.

52. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Decl. Dominus Iesus, 6.VIII.2000, nota 56.

53, Cfr, J. RATZINGER, Il nuovo Popolo di Dio, Brescia 1971, 253-259.

54, Cfr. Acta Synodalia, III/IV, 14, 1.

55. CONCILIO VATICANO II, Decr. Unitatis redintegratio, n, 15.

56. Ya en las intervenciones de algunos Padres conciliares, durante la elaboración del Decreto Unitatis redintegratio, se les había dado ese nombre: cfr., por ejemplo, Acta Synodalia, II/V, 567, 3.

57. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Communionis notio, 28.V.1992, n. 17.

58. IDEM, Decl. Dominus lesus, n. 17.

59. IDEM, Carta Communionis notio, n. 13.

60. Cfr. CONCILIO VATICANO 1, Const. Pastor aeternusproemio; CONCILIO VATICANO II, Const. Lumen gentium, n. 18.

61. Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Communionis notio, n. 14.

62. Cfr. ibid., n. 17.

63. Cfr. J. RATZINGER, Chiesa, ecumenismo e política, Cinisello B. 1987, 75-76.

64. JUAN PABLO II, Enc. Ut unum sint, n. 11.

65. P. RODRÍGUEZ-J.R. VILLAR, «Las Iglesias y Comunidades eclesiales»..., cit., 608.

66. CONCILIO VATICANO II, Decr. Unitatis redintegratio, n. 5.

67. Fórmula que Juan Pablo II aplica a la familia en JUAN PABLO II, Ex. Ap. Familiaris consortio, 22.XI.1981, n. 17.

68. BENEDICTO XVI, Alocución, 20.IV.2005, n. 5.

69. Cfr. JUAN PABLO II, Enc. Ut unum sint, n. 102.

La penitencia

Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia ofreciéndonos una nueva posibilidad de convertirnos y de recuperar, después del Bautismo, la gracia de la justificación.

RESÚMENES DE DOCTRINA CATÓLICA10/12/2016

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1. La lucha contra el pecado después del Bautismo

1.1. Necesidad de la conversión

A pesar de que el Bautismo borra todo pecado, nos hace hijos de Dios y dispone a la persona para recibir el regalo divino de la gloria del Cielo, sin embargo en esta vida quedamos aún expuestos a caer en el pecado; nadie está eximido de tener que luchar contra él, y las caídas son frecuentes. Jesús nos ha enseñado a rezar en el Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», y esto no de vez en cuando, sino todos los días, muy a menudo. El apóstol San Juan dice también: «Si decimos: ‘no tenemos pecado’, nos engañamos y la verdad no está en nosotros» (1 Jn 1,8). Y a los cristianos de primera hora en Corinto, san Pablo exhortaba: «En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios» (2 Co 5, 20).

Así pues, la llamada de Jesús a la conversión: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15), no se dirige sólo a los que aún no le conocen, sino a todos los fieles cristianos que también deben convertirse y avivar su fe. «Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia» (Catecismo, 1428).

1.2. La penitencia interior

La conversión comienza en nuestro interior: la que se limita a apariencias externas no es verdadera conversión. Uno no se puede oponer al pecado, en cuanto ofensa a Dios, sino con un acto verdaderamente bueno, acto de virtud, con el que se arrepiente de aquello con lo que ha contrariado la voluntad de Dios y busca activamente eliminar ese desarreglo con todas sus consecuencias. En eso consiste la virtud de la penitencia.

«La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia» (Catecismo, 1431).

La penitencia no es una obra exclusivamente humana, un reajuste interior fruto de un fuerte dominio de sí mismo, que pone en juego todos los resortes del conocimiento propio y una serie de decisiones enérgicas. «La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lam 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» ( Catecismo, 1432).

1.3. Diversas formas de penitencia en la vida cristiana

La conversión nace del corazón, pero no se queda encerrada en el interior del hombre, sino que fructifica en obras externas, poniendo en juego a la persona entera, cuerpo y alma. Entre ellas destacan, en primer lugar, las que están incluidas en la celebración de la Eucaristía y las del sacramento de la Penitencia, que Jesucristo instituyó para que saliéramos victoriosos en la lucha contra el pecado.

Además, el cristiano tiene otras muchas formas de poner en práctica su deseo de conversión. «La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cfr. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás» (Catecismo, 1434). A esas tres formas se reconducen, de un modo u otro, todas las obras que nos permiten rectificar el desorden del pecado.

Con el ayuno se entiende no sólo la renuncia moderada al gusto en los alimentos, sino también todo lo que supone exigir al cuerpo y no darle gusto con el fin de dedicarnos a lo que Dios nos pide para el bien de los demás y el propio. Como oración podemos entender toda aplicación de nuestras facultades espirituales –inteligencia, voluntad, memoria– a unirnos a Dios Padre nuestro en conversación familiar e íntima. Con relación a los demás, la limosna no es sólo dar dinero u otros bienes materiales a los necesitados, sino también otros tipos de donación: compartir el propio tiempo, cuidar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido, corregir al que lo necesita para rectificar, dar consuelo a quien sufre, y otras muchas manifestaciones de entrega a los demás.

La Iglesia nos impulsa a las obras de penitencia especialmente en algunos momentos, que nos sirven además para ser más solidarios con los hermanos en la fe. «Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia» (Catecismo, 1438).

2. El sacramento de la Penitencia y Reconciliación

2.1. Cristo instituyó este sacramento

«Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación» (Catecismo, 1446).

Jesús, durante su vida pública, no sólo exhortó a los hombres a penitencia, sino que acogiendo a los pecadores los reconciliaba con el Padre [1]. «Al dar el Espíritu Santo a sus apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23)» ( Catecismo, 976). Es un poder que se transmite a los obispos, sucesores de los apóstoles como pastores de la Iglesia, y a los presbíteros, que son también sacerdotes del Nuevo Testamento, colaboradores de los obispos, en virtud del sacramento del Orden. «Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico» ( Catecismo, 1442).

2.2. Nombres de este sacramento

Recibe diversos nombres según se ponga de relieve un aspecto u otro. «Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador» ( Catecismo, 1423); «de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia» (Catecismo, 1424); «de la confesión porque […] la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento» (ibidem); «del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente el perdón y la paz» (ibidem); «de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión» (Catecismo, 1423).

2.3. Sacramento de la Reconciliación con Dios y con la Iglesia

«Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad, con el ejemplo y las oraciones» (Lumen gentium, 11).

«Porque el pecado es una ofensa hecha o Dios, que rompe nuestra amistad con él, la penitencia “tiene como término el amor y el abandono en el Señor”. El pecador, por tanto, movido por la gracia del Dios misericordioso, se pone en camino de conversión, retorna al Padre, que: «nos amó primero», y a Cristo, que se entregó por nosotros, y al Espíritu Santo, que ha sido derramado copiosamente en nosotros» [2].

«“Por arcanos y misteriosos designios de Dios, los hombres están vinculados entre sí por lazos sobrenaturales, de suerte que el pecado de uno daña a los demás, de la misma forma que la santidad de uno beneficia a los otros”, por ello la penitencia lleva consigo siempre una reconciliación a los demás, de la misma forma que la santidad de uno beneficia a quienes el propio pecado perjudica» [3].

2.4. La estructura fundamental de la Penitencia

«Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción» (Compendio, 302).

3. Los actos del penitente

Son «los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, a saber, la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción» (Catecismo, 1448).

3.1. La contrición

«Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”» ( Catecismo , 1451 [4]).

«Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta”(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental» (Catecismo, 1452).

«La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia» (Catecismo, 1453).

«Conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios. Para esto, los textos más aptos a este respecto se encuentran en el Decálogo y en la catequesis moral de los evangelios y de las cartas de los apóstoles: Sermón de la montaña y enseñanzas apostólicas» (Catecismo, 1454).

3.2. La confesión de los pecados

«La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la penitencia: “En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cfr. Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos”» (Catecismo, 1456 [5]).

«La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión» [6]. La confesión de las culpas nace del verdadero conocimiento de sí mismo ante Dios, fruto del examen de conciencia, y de la contrición de los propios pecados. Es mucho más que un desahogo humano: «La confesión sacramental no es un diálogo humano, sino un coloquio divino» [7].

Al confesar los pecados el cristiano penitente se somete al juicio de Jesucristo, que lo ejercita por medio del sacerdote, el cual prescribe al penitente las obras de penitencia y lo absuelve de los pecados. El penitente combate el pecado con las armas de la humildad y la obediencia.

3.3. La satisfacción

«La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe satisfacer de manera apropiada o expiar sus pecados. Esta satisfacción se llama también penitencia » ( Catecismo, 1459).

El confesor, antes de dar la absolución, impone la penitencia, que el penitente debe aceptar y cumplir luego. Esa penitencia le sirve como satisfacción por los pecados y su valor proviene sobre todo del sacramento: el penitente ha obedecido a Cristo cumpliendo lo que Él ha establecido sobre este sacramento, y Cristo ofrece al Padre esa satisfacción de un miembro suyo.

Antonio Miralles

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


 

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 1422-1484.

Lecturas recomendadas

Ordo Paenitentiae Praenotanda, 1-30.

Juan Pablo II, Exhortación apostólica Reconciliatio et Pænitentia, 2-XII-1984, 28-34.

Pablo VI, Const. Ap. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967.


[1] «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”» ( Lc 5, 20); «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia» (Lc 5, 31-32); «Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados» (Lc 7, 48).

[2] Ordo PaenitentiaePraenotanda, 5 (las citas textuales en castellano están tomadas de la traducción de la Conferencia Episcopal Española). La última frase de la cita está tomada de la constitución Pænitemini, 17-II-1966, de Pablo VI.

[3] Ibidem. La cita dentro de este texto es de Pablo VI, const. Indulgentiarum doctrina, 1-I-1967, 4.

[4] La cita que recoge el Catecismo es del Concilio de Trento (DS 1676).

[5] La cita que recoge el Catecismo es del Concilio de Trento (DS 1680).

[6] Ordo Paenitentiae Praenotanda, 31.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 78.

 

© Fundación Studium, 2016 y © Oficina de Información del Opus Dei, 2016.

El preocupante futuro del cristianismo en China

Salvador Bernal

Un bandera de China en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

bandera de China en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

La tremenda opacidad del continente amarillo se proyecta también sobre la situación religiosa. Llegan pocas noticias, que más bien provocan incertidumbre, ante la real persecución a lo cristiano, a pesar de la renovación de los acuerdos de Pekín con Roma. Esas graves dificultades tienen también una lectura positiva, en línea con la historia de los primeros cristianos, aunque no se vea hoy en Oriente: la sangre de los mártires fue semilla de una floración de creyentes que transformaría el decadente mundo grecorromano.

Queda aún casi un trimestre para la celebración del centenario del partido comunista chino (23 de julio de 1921 en Shanghái). Al programar la magnificación del evento, los dirigentes esperan una adhesión vibrante de todos, también de las instituciones religiosas reconocidas (si no me equivoco, catolicismo, protestantismo, islamismo, budismo y taoísmo): han preparado ya instrucciones que, de cumplirse a la letra, harían de la asociación patriótica un repetidor y amplificador de la propaganda oficial.

Vienen a la mente los primeros cristianos obligados a dar culto a Diocleciano, su gran perseguidor. Con la diferencia de que el líder comunista pretende reconocer a la Iglesia católica como un instrumento más de apoyo al socialismo, a la patria china, a las directrices del partido, defensor de la soberanía propia sin concesiones a potencias extranjeras (como el obispo de

Roma, aunque en los acuerdos con el Vaticano se le reconozca como cabeza de la Iglesia).

El ateísmo del partido cuajó en las grandes persecuciones de Mao a partir de 1950. Fueron demoledoras: se calcula que los más de cinco mil misioneros no chinos quedaron reducidos a decenas. Cientos de miles de católicos fueron encarcelados, en un proceso agudizado lógicamente por la “revolución cultural”, que actuó incluso contra miembros de la asociación patriótica. Parecía algo histórico, pero algunos rasgos han reaparecido con el liderazgo de Xi Jinping, que admitiría –no son sus palabras- una vía china al cristianismo, con sustitución, incluso en los hogares, de crucifijos e imágenes por retratos de los líderes comunistas.

Entretanto aumenta la represión. Las declaraciones del ministro de exteriores, Wang Yi, el domingo 7, son demoledoras: Pekín no contempla la menor concesión ni a sus vecinos ni a los países occidentales. Por eso, crecen las presiones sobre Taiwán y, más aún, contra las libertades democráticas en Hong Kong, en patente violación de los compromisos asumidos al producirse la retrocesión de la antigua colonia británica.

En el plano católico, coincide con un momento de sede vacante. Al no ser públicos los acuerdos entre el Vaticano y China, es imposible saber si Pekín intervendrá ya en el nombramiento del nuevo arzobispo. Abundan las especulaciones, y no faltan quienes se ponen la venda antes de la herida por el rumor que designaría prelado a un hombre afín al régimen de Pekín. No se olvide que, paradójicamente, gobierna la isla una católica, Carrie Lam.

Desde luego, Pekín no aceptará el trabajo de una jerarquía eclesiástica libre respecto del partido. Estamos acostumbrados a que conferencias episcopales de occidente publiquen instrucciones o pastorales que no coinciden precisamente con la ideología dominante: basta pensar en documentos norteamericanos sobre la pena de muerte, la emigración, la salud de los ciudadanos más desfavorecidos o, más recientemente, sobre el empleo de alguna vacuna contra el coronavirus.

Algún medio se ha permitido criticar al Vaticano porque calla ante los abusos del partido comunista chino en materia de derechos humanos básicos. Acusan a la secretaría de Estado vaticana de comportarse como tantas potencias, que ponen entre paréntesis esas libertades para no perjudicar objetivos comerciales de sus países.

¿Por qué no podría seguir una senda análoga la jerarquía católica? Obviamente, no por razones económicas, sino para evitar males mayores: pro bono pacis. La historia proporciona ejemplos de ese tipo de cesión, que no incluye concesiones doctrinales. Aunque no falten tampoco en época recientes decisiones heroicas –también por el riesgo de producir efectos negativos no deseados- como la condena del nazismo en la Alemania de los años treinta. Obviamente, Hitler está hoy demonizado por doquier. No es el caso de Xi Xiping, por esa extraña tolerancia de los medios de comunicación occidentales a las dictaduras de cuño comunista.

De momento, quedan las palabras del papa Francisco en la audiencia al Cuerpo Diplomático con motivo de la felicitación del nuevo año, el 8 de febrero: “el pasado 22 de octubre, la Santa Sede y la República Popular China acordaron prorrogar por otros dos años la validez del Acuerdo Provisional sobre el Nombramiento de Obispos en China, firmado en Pekín en 2018. Se trata de un entendimiento de carácter esencialmente pastoral y la Santa Sede espera que el camino emprendido continúe, en un espíritu de respeto y de confianza recíproca, contribuyendo aún más a la resolución de cuestiones de interés común”.

A TÍ, MUJER POR EXCELENCIA

Autora: Magui del Mar

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana.

Marzo 8 del 2021.

Canto a la Mujer, por excelencia,

A la Madre de Dios…y Madre mía

¿Quién en este día olvidar podría

A esa Mujer…que es de Dios la esencia?

En todos los momentos de la vida:

Cuando nuestra alma llora sin consuelo,

también en los felices sin recelo,

solícita a Sus Brazos nos convida.

Eres Madre, consuelo y alegría,

de aquél que con fervor, siempre Te invoca…

Al acudir a Ti, no se equivoca,

eres la Estrella cuya luz nos guía.

Por eso, hoy, Madre, a Tus Plantas vengo

de mi alma las rosas a ofrecerte,

todas son para Ti, Madre…quererte

es un regalo que en la vida tengo.

Recíbelas, mi Reina…y sin tardanza

que en mí quede Tu Imagen esculpida,

con eso, no hay nada que me impida

el llegarme hasta Dios, con fe y confianza.

Derechos Reservados.

 

El cerebro femenino y el cerebro masculino

Por Lucía Legorreta 

 

Las mujeres utilizamos ambos hemisferios cerebrales, mezclamos pensamientos con emociones, realizamos varias actividades a la vez, mientras que los hombres utilizan un solo hemisferio para realizar sus actividades.

Después de leer los dos libros titulados: El cerebro masculino y el cerebro femenino de Louann Brizendine, neuro psiquiatra de la Universidad de California no me cabe la menor duda de que somos muy diferentes.

Las nuevas tecnologías como la resonancia magnética funcional han permitido a los científicos tomar imágenes de nuestros cerebros vivos y en pleno funcionamiento mediante un escáner cerebral.

El cerebro original es unisex hasta las ocho semanas de gestación; aquí empiezan a desarrollarse en los futuros niños los centros sexuales y de agresión. Mientras que en el cerebro de las futuras niñas las células cerebrales desarrollarán más conexiones en los centros de comunicación y en las áreas que procesan la emoción.

La zona del cerebro que rige el estímulo sexual es 2.5 veces mayor en hombres. Se desarrolla durante la adolescencia al dispararse los niveles de testosterona, y eso despierta en los jóvenes el interés por el cuerpo femenino y por la actividad sexual. Las jóvenes no tienen un impulso tan acentuado, experimentan un pico de estrógeno y las embarga un mayor deseo de resultar atractivas al sexo opuesto.

El hipocampo de la mujer es ligeramente más grande y es el que registra los datos emocionales. Si una mujer se pelea con su esposo, dentro de unos años, él ni siquiera se acordará de la discusión, pero ella no la olvidará nunca. Queda registrada en su hipocampo, que es como un disco duro. Nuestra memoria emocional es muy diferente.

Otro aspecto, es que la mujer tiene un número mayor de neuronas espejo para la empatía, que le permite ponerse más fácilmente en la piel de la persona con la que se está comunicando. No significa que no existan en el cerebro masculino, pero lo general en las mujeres son más numerosas.

Para entenderlo mejor, las mujeres experimentan lo que se denomina contagio emocional; mientras que los hombres tienden a recurrir a las neuronas espejo brevemente, y luego pasan al sistema llamado empatía cognitiva, la que busca una solución. Las mujeres acompañamos, el hombre soluciona.

El cerebro tiene una región cerebral relacionada con el carácter de defensa y la territorialidad, más activa en hombres que en mujeres, defienden lo suyo.

Las mujeres utilizamos ambos hemisferios cerebrales, mezclamos pensamientos con emociones, realizamos varias actividades a la vez, mientras que los hombres utilizan un solo hemisferio para realizar sus actividades.

La forma de comunicarse es diferente. Las mujeres solemos hablar más en el contexto de un escenario social, como es la vida doméstica o la personal, donde llegamos a hablar dos o tres veces más que el hombre, pero en otros escenarios, como el trabajo o una reunión de negocios, los hombres hablan más.

Pese a todas estas diferencias biológicas, que junto con la educación van dibujando nuestro comportamiento, la ciencia ha afirmado que en inteligencia no hay distinción: el 50% de los cerebros más privilegiados pertenece a mujeres y el otro 50% a hombres.

Tenemos cerebros que se parecen más que lo que se diferencian. Nos necesitamos unos a otros para solucionar nuestros problemas.

Aquí se obran milagros

Hace unos días, Ángel Expósito nos llevó con su Linterna de Cope a un hogar muy especial: un hogar en el que la Fundación Madrina acoge a mujeres embarazadas y con niños pequeños para facilitarles una alternativa al aborto. Los testimonios son espectaculares. Les dejo el enlace por si lo quieren escuchar.

El reportaje no tiene desperdicio porque nos ayuda a reflexionar sobre dónde podemos incidir si de verdad queremos frenar esta lacra del aborto que nos consume. Porque lo que nos contó la Cadena COPE en ese reportaje es que hay lugares en los que se obran los milagros. Cuando devolvemos la esperanza a las personas, triunfa la apuesta por la vida. Y lo que nos falta en esta sociedad en demasiadas ocasiones es, precisamente, esperanza.

Cada vez que he escrito sobre esta cuestión gravísima de nuestra sociedad, el aborto, he tratado de ponerme primero en la piel de la madre que va a abortar. Por supuesto que es imposible generalizar, pero son muchísimos los casos en los que la razón que aboca a esas mujeres a tan terrible decisión es la soledad que conduce a la desesperanza, el no ver opciones de futuro, el sentirse sobrepasadas por las circunstancias, el peso de la carga económica. Por eso, iniciativas como la de la Fundación Madrina con sus pisos de acogida para mujeres y sus hijos, son un verdadero obrador de milagros. Y lo que allí se respira es precisamente esperanza.

Cuando tratamos el aborto en los medios de comunicación, a veces caemos en la misma trampa en la que se encuentran los políticos, con una ideologización de los planteamientos tan exacerbada que hace prácticamente imposible el razonamiento. Quizá en demasiadas ocasiones olvidamos presentar testimonios tan elocuentes como estos, testimonios que demuestran cuál es el verdadero argumento por el que debemos defender la vida. Ese piso en el que se obran milagros a los que nos trasladó la radio por un rato de la mano de Ángel Expósito es la prueba más patente de que aquí se obran milagros. 

Prof. Dra. María Solano Altaba

 

Amor y desamor

Está de moda “Feria” de Ana Iris Simón, así que lo he leído. A veces es inútil quedarte al margen, cuando te llega por aquí o por allá ¿no has leído “Feria”? Solo puedo decir que me alegro de haberlo leído y no queda más remedio que decir que es único, como la Mancha. Ana Iris es de Campo de Criptana, pero de punta a cabo, sin disimulo ninguno.

El libro de Ana Iris, donde ella es relatora y protagonista, nos muestra una familia y un pueblo, y también una región. Lo vive. Quizá lo más enternecedor es la manifestación de una vida totalmente familiar. Quizá es el factor determinante para el éxito de este libro: encontrar algo que ya no se ve demasiado. La gran familia, de abuelos, abuelas, tíos y “titas”, y primos, todo ello envuelto en un habla propia.

Y al leerlo descubro que se palpa el amor, de un modo emocionante. “Una tarde, volviendo del Carrefour con una bolsa de plástico en una mano, porque siempre se me olvida llevar las de tela, y las llaves en la otra, entendí, pensando en París, que lo del día que conocí a mi hermano era el amor. Que esa admiración, ese no entender mucho y ese no atinar a explicarse por qué uno quiere si “no conoce” era enamorarse: asumir que el amor preexiste” (p. 169). Este descubrimiento tierno y auténtico del amor me hizo pensar en lo difícil que es encontrar este sentimiento entre la gente.

Si hay algo molesto en nuestro ambiente es la confusión habitual entre tanta gente que usa la expresión “hacer el amor”, cuando en realidad no tienen la mínima idea de qué es el amor. Me parece una de las frases más desafortunadas, que más pervierten el idioma. Porque cuando se habla de hacer el amor, realmente lo que sabemos es que están manifestando el egoísmo. No que hagan el egoísmo, porque ni el amor ni el egoísmo pueden hacerse. El amor o el egoísmo se manifiestan, se descubren o no, crecen o desaparecen, pero nunca se hacen.

Ana Iris cuenta: “Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad. Cuando lo digo en alto siempre hay quién pone cara de extrañeza y me responde cosas como que a mi edad mis padres habían viajado de la mitad que yo porque a ellos envidia ninguna, qué tienen que hacer muchas cosas “antes de asentarse”. Que ahora somos más libres y que nuestros padres no pudieron estudiar dos carreras y un máster en inglés ni se pegaron un año comiendo Doritos y copulando desordenadamente en Bruselas gracias a eso que llaman Erasmus y que no es sino una estrategia de unión dinástica del siglo XXI, una subvención para que las clases medias europeas se crucen entre ellas” (p. 19).

Esa es la expresión que debería usarse, no están haciendo el amor, están copulando desordenadamente. También se usan otras palabras, una que empieza por f, que suena muy mal, pero admitida en la RAE. Pero esto me parece importante para no tergiversar las cosas. Hoy en día los jóvenes no hablan ya de novios, se habla de pareja, porque no es camino a un compromiso, es ocasión de copular, que no de hacer el amor. Porque el amor no se hace, se siente, se descubre, se alimenta.

Ahora los jóvenes -y no tan jóvenes- no entienden nada de enamoramientos ni descubrimientos. Solo saben de vivir juntos sin compromiso y por lo tanto nunca podrían decir algo parecido a lo que nos cuenta Ana Iris. Es muy agradable leer a una persona que se manifiesta sin tapujos, como ve las cosas.

Ángel Cabrero Ugarte

 

Ideología y religión

Escrito por Mario Arroyo.

Tanto la ideología como la religión tienen dogmas, la diferencia es que la religión es franca y los reconoce, mientras que la ideología los oculta.

¿En qué se diferencia la ideología de la religión? Preguntó cierta persona durante una conferencia. ¿Por qué la ideología tiene un cariz peyorativo, mientras que la religión no?, ¿puede una religión ser ideología? La verdad es que las preguntas en su propia formulación definían bastante bien lo que es una ideología: una religión inconfesada; un discurso racional que copia las formas y los esquemas religiosos subrepticiamente, sin reconocerlo, encerrando por ello cierta incitación al engaño. Tanto la ideología como la religión tienen dogmas, la diferencia es que la religión es franca y los reconoce, mientras que la ideología los oculta. Por eso, puede definirse como una forma secularizada de la religión, que muchas veces quiere ocupar su lugar, ofreciendo una esperanza sucedánea de la religión, y por ello mismo, una esperanza falaz, habitualmente intramundana.

La religión tiene dogmas, y su razonamiento, la teología, parte de ellos. Los dogmas se aceptan por fe. Uno tiene fe, por ejemplo, en que Jesucristo es Dios y Hombre. No lo puede demostrar, sencillamente lo cree, siendo ese el punto de partida del discurso teológico, el cual muestra cómo no es absurdo, cómo es congruente, conveniente, cuáles consecuencias se desprenden de ese hecho, cómo afecta a nuestra vida, a nuestra cultura, etcétera.

La ideología por su parte también tiene dogmas, pero no es honesta, no los reconoce, y se muestra cómo un discurso puramente racional, como pensamiento puro, sin postulados de partida, como una aproximación exclusivamente filosófica a la realidad. Esta falta de honestidad intelectual revela una ausencia grave, el carecer de un auténtico amor a la verdad. La ideología no es humilde, no busca la verdad, quiere en cambio manipular la realidad para que se acomode a sus esquemas preestablecidos, a sus postulados. Por eso hace violencia a la realidad: si la realidad no coincide con ella, peor para ella, se la presenta del modo adecuado para coincida, en lugar de reformular el propio punto de partida, como exigiría una auténtica búsqueda de la verdad.

Algunos ejemplos de dogmas no reconocidos que sirven como punto de partida de las diversas ideologías, postulados en los que en realidad creen sin admitirlo:

Ilustración: Parte de la confianza ciega en que únicamente el progreso del hombre y la capacidad de su razón le proporcionarán la felicidad. La razón progresa siempre linealmente y excluye por principio todo elemento externo de corte sobrenatural, por no necesitarlo. Sólo la razón humana basta para construir el paraíso aquí en la Tierra.

Cientificismo: Únicamente la ciencia proporciona un conocimiento válido y adecuado de la realidad. La única racionalidad reconocida es la científica, todo conocimiento que no sea ciencia carece de valor, no es auténtico conocimiento, sino un engaño.

Positivismo: Emparentado con el anterior extremo, sólo reconoce como auténticos y verdaderos los conocimientos adquiridos a través de la experimentación, los cuales deben ser verificables empíricamente. Paradójicamente, este último postulado no es verificable.

Evolucionismo: Toma un determinado aspecto de la ciencia, en este caso la evolución biológica, y la convierte en metafísica, es decir, en la ciencia última de la realidad. Se extrapolan las consecuencias legítimas de la evolución y se extienden abusivamente a todos los ámbitos de la realidad: la ética, la religión, el arte, serían también resultado del proceso evolutivo y se explicarían únicamente por evolución.

Es propio de la ideología pretender ser la explicación última de la realidad y extender las consecuencias de un determinado saber más allá de su ámbito propio. Es lo que Aristóteles llama “apaideusía”, es decir, falta de educación, por ignorar los límites inherentes al propio campo de conocimiento. Este deseo de ser la explicación última de la realidad revela su emulación del fenómeno religioso, cuyas explicaciones últimas de la realidad obtiene por revelación divina.

Aborto y Relativismo Moral

Comunismo y feminismo se dan la mano con el aborto

El aborto es un crimen y también una revolución socialista de corte feminista y libertario

La práctica del aborto es una consecuencia de la pérdida de las nociones de bien y mal. La causa está en un relativismo que niega los principios básicos del orden moral.

El derecho a la vida, ¿una mera concesión social?

Contenidos

 

El consenso universal sobre la inviolabilidad de la vida humana inocente es una de las características más profundas de la conciencia moral y jurídica del hombre.

Aunque las violaciones de este principio han ocurrido desde los albores de la historia, comenzando con el fratricidio narrado en el capítulo cuatro del Génesis, el homicidio voluntario siempre fue considerado una aberración moral.

A través de una formulación negativa, el mandamiento bíblico “No matarás” 1 es el garante del principio según el cual la vida humana inocente es un bien sagrado. Tuvimos que llegar al siglo XXI para presenciar un aplastante y general desvanecimiento de un principio tan evidente.

Como señala el Papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae,

“Se está desarrollando y estableciendo un nuevo clima cultural que da al crimen contra la vida un carácter nuevo y, si es posible, aún más siniestro: amplios sectores de la opinión pública justifican ciertos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de libertad individual, y sobre esta base reivindican no sólo la exención de castigo, sino la autorización del Estado para que estas cosas puedan hacerse con total libertad y la asistencia gratuita de los sistemas sanitarios”.

Otro punto denunciado en Evangelium Vitae es el relativismo moral que impregna el “nuevo clima cultural”:

“No sólo el hecho de la destrucción de tantas vidas humanas por nacer o en su etapa final es extremadamente grave y perturbador. No menos grave y perturbador es el hecho de que la propia conciencia, obscurecida por un condicionamiento tan generalizado, está encontrando cada vez más difícil distinguir entre el bien y el mal”.

El relativismo moral reinante hoy ha logrado confundir el sentido común con respecto al valor de la vida humana; la vida y la muerte se han convertido en cosas insignificantes. En consecuencia, millones de seres humanos ‒los no nacidos‒ terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación.

Las leyes de aborto han producido millones de víctimas inocentes

Millones de seres humanos terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación

A juicio de los defensores del aborto libre, la nueva vida humana en el útero no es más que un “material biológico potencialmente humano”.

Él o ella es una vida desde el punto de vista biológico, pero no desde el punto de vista cultural y filosófico. De esto se deduce que suprimir la vida de un feto es suprimir una vida biológica, no humana.

Para proporcionar un fundamento filosófico a esta noción absurda, los teóricos del aborto recurren al relativismo filosófico, afirmando que no existe la naturaleza humana inmutable.

El ser humano y la persona humana, dicen, no son más que conceptos históricos y filosóficos, que no corresponden a ninguna verdad objetiva, simplemente porque la verdad objetiva no existe. Todo es subjetivo. Por lo tanto, ser y persona son nociones relativas que pueden definirse arbitrariamente, como las reglas de un juego.

Y esas nociones experimentan el mismo proceso de evolución que la cultura y la gente.

“De esta manera ‒señala Juan Pablo II‒ se pierde toda referencia a los valores comunes y a una verdad absolutamente vinculante para todos, y la vida social se aventura en las arenas movedizas del relativismo completo. En ese punto todo es negociable, todo está abierto a la negociación: incluso el primero de los derechos fundamentales, el derecho a la vida”.

Totalitarismo cultural

Esta concepción relativista del hombre y del universo es el pilar doctrinal del aborto, que imagina que el concepto de persona humana es una construcción de la sociedad.

Detrás de este razonamiento se esconde el Leviatán moderno del totalitarismo cultural, de la “dictadura de las ideas”, que surge cuando los teóricos reemplazan la realidad natural por sus propias ideas.

Aborto: ¿Una mera célula puede ser considerada un ser humano? (Libro recomendado)

La razón, dejando de ser el instrumento que nos permite conocer lo que es el hombre, presume que puede crear o inventar al hombre. Quien inventa la idea de hombre, inventa al hombre; y el que inventa al hombre, tiene dominio sobre él y dispone de él como le plazca, ya que inventa al hombre a la “imagen y semejanza” de sus pensamientos y voluntad arbitrarios.

De acuerdo con el relativismo moral, el derecho a la vida del niño concebido en el vientre, proviene de una mera concesión de los padres y de la sociedad, que se otorgará en la medida requerida por las demandas personales y las de la investigación científica profesional.

Para ellos, los llamados derechos inalienables no existen, porque todo derecho es una fabricación social, fruto artificial de simples convenciones jurídicas.

La aprobación del aborto en un referendo no lo legitima

La aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo, pues el derecho a la vida no es una mera concesión social.

Como consecuencia de concepciones tan erróneos, la vida del más débil y más inocente de los seres humanos, el conceptus, queda a merced de los más fuertes, de los padres y del Estado.

Juan Pablo II se refiere a las consecuencias del relativismo:

“Resultado siniestro de un relativismo que reina sin oposición: el ‘derecho’ deja de ser tal, porque ya no está firmemente fundado en la dignidad inviolable de la persona, sino que queda sometido a la voluntad de la parte más fuerte. De esta manera, la democracia, contradiciendo sus propios principios, se mueve efectivamente hacia una forma de totalitarismo”.

Ahora bien, la vida de todo ser humano debe ser respetada por lo que es, no por una mera concesión social, pues todo individuo humano es titular de un derecho objetivo, primario e inalienable a la vida.

Derecho inalienable a la vida

Esto es lo que afirma el Magisterio de la Iglesia al enseñar que:

“Hay precisamente un cierto número de derechos que la sociedad no está en condiciones de otorgar, ya que estos derechos preceden a la sociedad; pero la sociedad tiene la función de preservarlos y hacerlos valer”.

“El primer derecho de la persona humana es su vida. Tiene otros bienes y algunos más preciosos, pero éste es fundamental: es la condición de todos los demás, por lo que debe ser protegido sobre todos los demás.

“No le pertenece a la sociedad, ni a la autoridad pública, en ninguna forma reconocer este derecho para algunos y no para otros”.

El respeto de la vida humana inocente es una limitación moral de la cual nadie puede ser liberado. Se trata, pues, de un principio que no admite excepciones ni presunciones legitimadoras.

En otras palabras, ningún pretexto, ya sea ventaja personal, defectos genéticos, el derecho de otra persona, la salud, la vida de una madre o el honor manchado, o la supuesta superpoblación, puede justificar moralmente el aborto adquirido.

Escribe el Papa en Evangelium Vitae:

“Ninguna circunstancia, ningún propósito, ninguna ley puede jamás hacer lícito un acto intrínsecamente ilícito, ya que es contrario a la Ley de Dios que está escrita en todo corazón humano, reconocible por la razón misma, y proclamado por la Iglesia”.

Este abominable crimen será siempre condenable, independientemente de su extendida y espantosa práctica. Incluso la aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo.

La verdad no puede ser medida por la opinión de la mayoría, afirma Juan Pablo II:

“Ciertamente, un cambio de mentalidad en la gente con respecto a la naturaleza humana no puede de ninguna manera justificar el aborto. Más bien, sólo mostraría el grado y la profundidad de un fenómeno trágico: el embotamiento general del sentido moral”.

Agrega el Pontífice:

“La democracia no puede ser idolatrada hasta convertirla en un sustituto de la moral o una panacea para la inmoralidad”.

Pero, siendo relativistas, los abortistas no pueden dejar de ser contradictorios.

La incongruencia más estridente es observable, una de ellas es que ningún defensor del aborto aceptaría jamás sufrir lo que están dispuestos a hacer sufrir al feto. Ellos tienen razón con respecto a sí mismos. Están totalmente equivocados con respecto al nonato.

Traducción Acción Familia. Fuente: TFP Student Action

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NOTAS:

  1. Véase Éxodo 20:13; Dent 5:17; Mt. 19:18; Mc. 10:19.
  2. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción “Sobre el Aborto intentado”, 18 de noviembre de 1974, nn. 10-13, en Social Justice Review, noviembre de 1974, pág. 207.
  3. Juan Pablo II, “Alocución sobre el vigésimo aniversario de la encíclica Humanae Vitae”, en L’Osservatore Romano, 17 de marzo de 1988, p. 11

Curso sobre San José III. La paternidad de José al servicio de los planes redentores

 

Curso sobre San José III. La paternidad de José al servicio de los planes redentores. Real Oratorio del Caballero de Gracia. Ponente, D. Juan Moya, rector.

 

 

‘El lugar natural para enseñar el valor de la fe es la familia, y la persona con mayores talentos para hacerlo es una madre’

Escrito por José María Sánchez Galera / Natalia Sanmartín FenolleraNatalia Sanmartín, escritora y periodista, explica las claves de los conceptos de los que se impregna su literatura

«Hablamos mucho y con mucho entusiasmo del amor de Dios, pero hablamos muy poco de reverencia, de adoración absoluta, de la idea de que Dios no es un igual, no es un compañero o un colega».

En un mundo en que se elaboran, a modo de ditirambos, listados −o pastiches− de mujeres descollantes en la dirección de empresas, en la política o en las finanzas, parece obligado promocionar a las novelistas. Y parece impensable que, una vez que una mujer publica un libro que logra venderse como rosquillas, no siga produciendo labor literaria en cadena y con alta rotación. Frente a esta tendencia casi obligada, se planta una pontevedresa de discreción elegante, Natalia Sanmartín Fenollera (La Estrada, 1970), centrada en su trabajo en Cinco Días y otros menesteres, y que, tras el innegable éxito de El despertar de la señorita Prim (2013), no se embarcó ufana en una carrera editorial. Su tarea no es, precisamente, prosaica; ha sido la impulsora de la edición de la obra de John Senior en España, en particular de La restauración de la cultura cristiana. Su segundo libro, Un cuento de Navidad para Le Barroux (Planeta, 2020), se sitúa en coordenadas muy similares, en el deleite tranquilo de una vida alejada del estrépito, inserta en una naturaleza que huele a recién creada, y en un contexto humano atento al susurro divino.

El protagonista de ‘Un cuento de Navidad para Le Barroux’ es un niño que habla con una fe nítida, abierta al asombro, a la magia, al milagro.

Sí, es un niño al que se le ha enseñado desde muy pequeño a mirar el mundo como la Iglesia lo mira, con mirada sobrenatural, eso que decía Charles Péguy de contemplar las cosas como si apenas hubieran sido hechas, como si acabaran de salir de las manos de Dios.

Si no somos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos.

Elegí un niño como personaje central por esa razón. No porque fuese un relato infantil, sino para reflejar ese mandato evangélico. Hablamos muy a menudo del asombro, pero creo que en cuestiones de fe los niños no se asombran. Cuando son muy pequeños, creen de forma casi natural y son capaces de dar distintos tipos de asentimiento a las cosas sin que haya que explicarlas demasiado. Un niño cristiano no confunde a los ángeles con las hadas o con los elfos, diferencia con claridad lo sobrenatural de lo fabuloso. Los niños no se asombran cuando se les cuenta que tienen un ángel de la guarda. Newman creía que esa naturalidad era una prueba de que hasta hace muy poco se encontraban «en un estado más elevado».

“La misa tradicional se ha convertido en los últimos años
en un camino de vuelta a casa para mucha gente,
especialmente cuando el culto
se desnaturaliza, se mundaniza y se banaliza”

Al niño esa fe se la transmite la madre.

Sí, lo hace poco a poco, entretejiendo las verdades de fe con la vida cotidiana, enseñándole suavemente a enfocar la mirada. Si de lo que se trata es de enseñar una moral para ser responsables, para ser buenos ciudadanos y llevar lo que se suele entender por una vida decente, seguramente esa labor puede hacerla un colegio serio o un buen campamento de verano. Pero si entendemos la fe como algo real, como una virtud sobrenatural que proviene de Dios, y sabemos por qué y para qué se nos concede, entonces estamos hablando de una cosa muy seria, de lo único verdaderamente serio en realidad. Lewis dice en uno de sus ensayos que una vida decente es mera calderilla, es una simple baratija en comparación con el fin para el que hemos sido creados. Creo que el lugar natural para enseñar el valor de un tesoro como ese es la familia y la persona con mayores talentos para hacerlo, en los primeros años de la vida de un niño, es una madre.

Es un cuento que recrea toda la visión de un niño, en especial esa fascinación por la araña, por la naturaleza, pero también es un cuento coral, de familia.

Es difícil contar una historia sobre un niño separándolo de su familia, y aunque fuese fácil, parte de lo que quería mostrar en el cuento era una Navidad cristiana y una familia cristiana, la belleza de un hogar en el que Dios no es algo importante, sino lo más importante. Pero, además de eso, también intenté expresar algo que Newman explica en su Apología y que me parece que hoy no se nos enseña con suficiente claridad: la idea de que al final lo realmente importante es lo que ocurre entre nosotros y Dios, entre uno mismo y Dios, eso es el verdadero centro de la realidad en cada vida. Y de eso habla el cuento, del anhelo constante del alma que busca sin cesar al que la creó.

“Un niño cristiano no confunde a los ángeles con las hadas
o con los elfos, diferencia
con claridad lo sobrenatural de lo fabuloso”

La familia, iglesia local.

La verdad es que no estoy demasiado familiarizada con el término, me parece que soy un poco más medieval… Pero, si con eso se quiere decir que el hogar y la familia son el primer escalón en la transmisión de las verdades de la fe y en el ejemplo de vida cristiana, estoy de acuerdo. Ha sido así desde el principio y el hecho de que esa correa de transmisión se haya interrumpido o debilitado probablemente explique parte de los problemas que tenemos hoy.

La fe de ese niño es una fe formada en la lectura de las vidas de los santos y de los patriarcas veterotestamentarios, en admirar con ilusión el sagrario, que es una «casa de oro» (domus aurea).

Y en ver un reflejo de Dios en todo lo que lo rodea, en tener una visión sacramental del mundo, en percibir el misterio que hay en cada línea de la Escritura, en cada oración, en los ritos de la Iglesia y en lo que ella nos enseña sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros. A mí me parece importante aprender a contar mejor las cosas a los niños, sin reducir, rebajar o trivializar las verdades de la fe. Hablamos mucho y con mucho entusiasmo del amor de Dios, y es necesario hacerlo, pero hablamos muy poco de reverencia, de adoración absoluta, de la idea de que Dios no es un igual, no es un compañero o un colega, de que la actitud correcta ante él, si fuésemos capaces de hacernos plenamente conscientes de su presencia, es postrarnos en el suelo, aterrados, temblorosos, y sin embargo maravillados.

“Si entendemos la fe como algo real, como una
virtud sobrenatural que proviene de Dios, y sabemos
por qué y para qué se nos concede, entonces
estamos hablando de una cosa muy seria,
de lo único verdaderamente serio en realidad”

La referencia a la ‘domus aurea’ −o también a la ‘turris eburnea’− recuerda a un libro que usted introdujo en España: ‘La restauración de la cultura cristiana’, de John Senior.

En realidad, recuerdan a la Virgen María, son las letanías lauretanas, las del rosario. Pero quizá llamen la atención más en latín, porque mucha gente las reza en vernácula, y porque el latín es un idioma muy dulce y muy musical.

¿Pero hasta qué punto se debe a John Senior esa querencia por la misa en latín, por la vida retirada, por las pequeñas comunidades, por la tradición en sentido amplio, y por las abadías? Sobre todo, las abadías benedictinas.

A mí me parece que leí a John Senior en el momento adecuado, pero el orden de los factores no es exactamente así. Creo que pude apreciarlo porque unos años antes regresé a la práctica religiosa y descubrí la liturgia tradicional. Cuando leí La restauración de la cultura cristiana, estaba en la mitad de El despertar de la señorita Prim, y fue como encontrar ordenadas, pensadas y sistematizadas algunas de las intuiciones que me llevaron a escribir la historia. Senior sostenía que la cultura cristiana es la misa y todo lo que se ha generado a su alrededor a lo largo de los siglos para enriquecerla y protegerla. Es la misa tradicional, con su liturgia milenaria, la que santificó a los grandes santos de la iglesia, fue arrinconada y casi proscrita en los años sesenta con la reforma litúrgica, defendida en soledad por quienes se resistieron a esa reforma y finalmente rehabilitada, por decirlo de algún modo, por Benedicto XVI, a quien mucha gente no podrá agradecer nunca lo suficiente esa intervención. Esa misa se ha convertido en los últimos años en un camino de vuelta a casa o de descubrimiento de la fe para mucha gente, especialmente cuando el culto se desnaturaliza, se mundaniza y se banaliza cada vez más, cuando el modo de administrar y de recibir los sacramentos se desacraliza, y hay mucha gente herida y desorientada.

“Hoy no se nos enseña con suficiente claridad que
al final lo realmente importante es lo que ocurre
entre nosotros y Dios, entre uno mismo y Dios”

Este cuento está dedicado a la abadía de Le Barroux, en la Provenza.

Sí, lo escribí para ellos porque me lo pidió una Navidad la abadesa del monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación de Le Barroux, en el sur de Francia. Lo escribí para las dos abadías, para leer en la fiesta de la Natividad.

En sus libros se nota bastante influencia de lo francés −y de lo inglés−: ¡cuántas meriendas con bizcochos de mantequilla!

Pero en realidad yo no soy muy golosa, solo me encantan los croissants para desayunar. Sí, hay influencia inglesa aún más que francesa; me gusta mucho la literatura inglesa, y me interesa todavía más el catolicismo inglés. Pero todo eso también tiene una función en el libro. Los pasteles son el envoltorio del mensaje, como el lenguaje, tan británico y tan lleno de adverbios, y el dulce que llena la historia. La idea era pasar un mensaje por debajo de una alambrada para que llegase a los que están al otro lado. Pensé que alguna gente lo leería como una historia agradable y amable, y fue así, pero que otros verían lo que había bajo el azúcar y que, para un tercer grupo, el de los católicos tradicionales, sería un aliento o un consuelo. Pero no pensé que pudiera llegar a tantos lugares distintos.

“Los medievales conocían el orden correcto de
la realidad, conocían la escala de los bienes,
sabían que Dios está en el centro y que
todo lo demás es contingente”

Sus personajes disfrutan lo mismo cazando lagartijas que haciendo mermelada o charlando de los papiros de Oxirrinco.

En realidad, los que cazan lagartijas no pierden el tiempo hablando de papiros, pero es verdad que todos comen mermelada, a todas horas. Siempre explico que el libro es un cuento, no es una novela realista, aunque hable de cosas reales, así que la idea no era describir un pueblecito común, porque San Ireneo es una colonia distributista formada por escépticos de la modernidad, según explican ellos mismos. Si existiese un lugar así no sería, o no debería ser, muy común.

Me va a permitir una maldad, Natalia, pero en sus pueblos, como aquel en que recaló Prudencia Prim, no hay agricultores, o apenas se ven. No se nota la dureza cotidiana de la vida rural, las boñigas de las vacas, la preocupación por las lluvias…

No, es verdad que no se ven, pero eso no es una maldad, es más bien una cuestión de poca observación [risas]. San Ireneo no es una aldea, es un pueblo ya con cierta entidad, rodeado de granjas que lo aprovisionan, pero con sus propias tiendas, su colegio, su periódico, su abadía. Yo tuve la fortuna de crecer en un pueblo y me temo que tampoco había boñigas desperdigadas por las calles… Es cierto que no hacía falta alejarse mucho para encontrar una vaca en el campo, pero no se dejaban ver por la calle.

“Si Innisfree tuviese una abadía benedictina,
su encanto sería casi imbatible”

¿Sabe que existe una discusión sobre el tipo de pueblo favorito entre muchos que anhelan ese mundo de belleza, fe y sencillez? Se debate entre Innisfree −con su taberna y sus cervezas, sus cosechas y ese párroco que pesca salmones− y San Ireneo de Arnois −con sus tés, sus coñacs, sus magdalenas de arándanos y sus tertulias literarias.

Tengo que reconocer que, si Innisfree tuviese una abadía benedictina, su encanto sería casi imbatible, pero no la tiene. Y afortunadamente, yo no tengo que elegir. Pero, si tuviese que elegir Innisfree, hay un poema de Yeats sobre la isla que habla de una casita con nueve hileras de habichuelas y una colmena con miel en un lugar donde las alas del pardillo llenan el atardecer. Me parece que dejaría que se llenase todo de dientes de león y no me harían falta salmones.

Con tantas recetas suculentas que aparecen en sus narraciones, dan ganas de comer. ¿El hambre del Sacramento?

En San Ireneo no hay hambre, eso es evidente, pero sobre todo no la hay por ausencia del sacramento, y creo que en eso son muy afortunados. Tienen una abadía que celebra la antigua liturgia, en la que se trata con reverencia el cuerpo de Cristo, que es tocado solo por manos consagradas y que se recibe en la boca, como ha acostumbrado a hacer la Iglesia hasta antes de ayer, como han comulgado grandes santos y todos los cristianos durante siglos, que tal vez no leían mucha teología, pero que tenían muy clara la diferencia que existe entre un sacerdote y un laico. En San Ireneo tienen mucho más de lo que la Iglesia ofrece ahora mismo a buena parte de sus fieles, a los que saben cómo y en qué condiciones se introdujo la comunión en la mano y a todos los que, en conciencia, como es mi caso, no pueden aceptarla.

En la película ‘The Navigator’ (Vincent Ward, 1988) se muestra el contraste entre un pueblo medieval y una ciudad moderna, de finales del siglo XX. Los medievales no entienden ni el ruido ni la velocidad, ni tampoco que la catedral no sea el edificio central y más alto.

Lo siento mucho, pero me parece que no la he visto. Es evidente que superamos en ciencia y tecnología a los medievales, y también en comodidades, pero no en arte, en poesía y sobre todo en realismo. Ellos conocían el orden correcto de la realidad, conocían la escala de los bienes, sabían que Dios está en el centro y que todo lo demás es contingente. Nosotros nos golpeamos constantemente intentando negarlo o cambiarlo. Y el orden y la realidad no se quiebran, lo que se quiebra es el hombre.

Entrevista de José María Sánchez Galera

 

El Papa en Irak

De hecho, aquí no solo hay un patrimonio arqueológico inestimable, sino también una riqueza incalculable para el porvenir: ¡son los jóvenes!

Hay viajes y visitas a otros pueblos y naciones del mundo que dejen en tu memoria recuerdos y enseñanzas que resultan imborrables por motivos que pueden ser de carácter cultural, arquitectónico, histórico o religioso. Desde la Capilla de San Pablo situada en el interior de una de las dos puertas de la murallas de Damasco, al lago de Genesaret, las ruinas de Palmira o un encuentro interconfesional con representantes del cristianismo y del Islam en la ciudad sirio-cristiana de Malula, donde aun se reza en arameo, fueron todo un reguero de emotivas sensaciones que se acumularon en mi memoria, al contemplar las imágenes de la visita del Papa Francisco a Irak.

Vaya por delante mi denuncia pública por el uso indecente y sectario, que de los impuestos y dinero público de los españoles hace RTVE, al omitir la retransmisión de alguno de los momentos claves del viaje del Papa Francisco a Irak. Según el CIS, en diciembre de 2020 un 61,7% de la población española se definió como católica y según la Conferencia Episcopal Española han sido 8,5 millones de contribuyentes los que han elegido con libertad, destinar a la Iglesia el 0,7 de sus impuestos, es decir  un porcentaje que se calcula del 32,15 % del total. En cualquier caso es de agradecer el esfuerzo que 13TV ha hecho para mantenernos informados a todos los espectadores, sean católicos o no, de los momentos estelares de esta histórica visita papal.

Solo me referiré a los dos encuentros más relevantes desde mi óptica personal. El primero de ellos fue en la catedral siro-católica de Bagdad donde sus firmes columnas y sus paredes testimonian el  sufrimiento al que fueron sometidos hace once años, los 150 hombres, mujeres y niños que se encontraban en su interior. Los militantes terroristas de Al Qaeda, los atacaron con crueldad asesinando a 48, entre los que se encontraban  dos sacerdotes e hiriendo a 80 de ellos. El Papa reconoció también a nueve personas de religión islámica que eran, sobretodo, policías y agentes de seguridad.

En la Catedral Siro-Católica de Bagdad

Para quienes conocemos las costumbres y la idiosincrasia del pueblo árabe fue especialmente emotiva la entrada del Sumo Pontífice en la Catedral entre banderas de Irak, cánticos y el “zagruda” o trino de la mujer árabe. El distanciamiento social impuesto por el coronavirus impidió la cercanía o proximidad a quienes deseaban simplemente tocarlo o abrazarlo. Las dificultades físicas que sufre el Papa, añaden un plus de emotividad y reconocimiento a las dificultades de un viaje no exento de riesgos.

El Papa Francisco hizo referencia a estos mártires del siglo XXI: “Que el recuerdo de su sacrificio nos inspire para renovar nuestra confianza en la fuerza de la Cruz y de su mensaje de perdón, reconciliación y resurrección.” El Papa con su presencia física en un lugar sagrado donde el fanatismo religioso ha inflingido tanto dolor, ha querido recordar a toda la Iglesia universal que frente al odio y al daño que causa, solo cabe la confianza en la fuerza de la Cruz, aunque algunos estén empeñados en enterrarla o hacerla infructuosamente desaparecer.

No podía olvidarse tampoco el Papa de los difíciles momentos que atraviesa la humanidad como consecuencia de la pandemia que  hoy sufrimos. Hay un virus que es aún más dañino que el Covid-19, que es el virus del desaliento: “El Señor nos ha dado una vacuna eficaz contra este terrible virus, que es la esperanza”, dijo. Comprendo que para un agnóstico o un ateo estas palabras no sean suficientes, pero para los creyentes sean de la religión que sea, acudir a Dios cuando a nuestro alrededor o en el seno de nuestra familia, hace acto de presencia el sufrimiento o incluso la muerte, es una vacuna tan necesaria como las preparadas para generar inmunidad.

Finalmente tuvo unas palabras muy especiales para los jóvenes que asisten aterrorizados al azote que el mal del fanatismo infringe a su milenaria civilización:  “De hecho, aquí no solo hay un patrimonio arqueológico inestimable, sino también una riqueza incalculable para el porvenir: ¡son los jóvenes!... nos toca a nosotros cultivarlos para el bien y regarlos con la esperanza”, como si de un árbol se tratara.

Y no quiso dejar pasar la ocasión para recordar una vez más la incompatibilidad del odio y la violencia con la religión: “la muerte de los mártires nos recuerda con fuerza que la incitación a la guerra, las actitudes de odio, la violencia y el derramamiento de sangre son incompatibles con las enseñanzas religiosas”

En la ciudad de Qaraqosh (Iglesia de la Inmaculada Concepción)

Fue muy impactante también, el encuentro que el Papa mantuvo con la comunidad cristiana más importante de Irak y la más castigada por el terrorismo yihadista de Al Qaeda. En la Iglesia de la Inmaculada Concepción, arrasada y destruida sacrílegamente por el Isis que dinamitó hasta el campanario, el Papa pronunció estas profundas palabras: “Nuestro encuentro demuestra que el terrorismo y la muerte nunca tiene la última palabra. La última palabra pertenece a Dios y a su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte.” El 6 de Agosto de 2014, 50.000 cristianos de la ciudad de Qaraqosh tuvieron que huir de la noche a la mañana y se calcula que solo un 42%, y no sin temor, ha podido regresar a sus hogares para reconstruir una ciudad fantasmagórica y recuperar la convivencia perdida.

Muy significativa fue esta alusión que, con determinación y valentía, hizo a la mujer: “Y quisiera agradecer de corazón a todas las madres y las mujeres de este país, mujeres valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas. ¡Qué las mujeres sean respetadas y defendidas! ¡Que se les brinde cuidado y oportunidades!”

La insensatez y la maldad del terrorismo que él mismo ha podido comprobar y denunciar, la llamada a la paz, el perdón y la misericordia y el respeto a la dignidad  que merece la mujer según sus firmes y valientes palabras, demuestran la oportunidad de la presencia del Vicario de Cristo en una tierra que nos acerca desde su lengua, su cultura y su sufrimiento a los orígenes del cristianismo.

Jorge Hernández Mollar

 

María en el Día de la Mujer

El 8 de marzo apareció el “Ave María”  en marquesinas de 31 ciudades españolas. Se trata de la campaña #LaMejorMujer, lanzada por la Asociación Católica de Propagandistas. Vaya mi felicitación para esta Asociación por evocar a la Virgen como la Mujer que hizo mayor honor a su nombre. María es la mejor mujer como persona, como esposa y como madre.  Hablar de María es hablar de pureza, de vida y de familia. Por su humildad, Dios mismo se encarnó en su seno virginal; de  Ella,  nació Jesucristo. Asumió sus funciones de Esposa y de Madre siendo Virgen. Es dechado de todas las virtudes que necesitamos para nuestra vida: ejemplo de serenidad, fortaleza y paciencia; espejo de amor a Dios y de agradecimiento ( “es de bien nacidos ser agradecidos”);  modelo de oración de intercesión, llena de misericordia y confianza en el poder y bondad de Dios. La llamamos Nuestra Señora de la Esperanza porque es bálsamo en nuestras tribulaciones. En la Salve la invocamos como “Reina y Madre de Misericordia”, y le suplicamos: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. Es “Causa de nuestra alegría”. ¿ Nos hemos dado cuenta de que en los ojos del cristiano amante de la Virgen salta un destello de alegría? Sabe que cuenta con una Madre muy madre que también es Reina poderosa ante Dios, a la que podemos acudir para desahogar nuestras penas e implorarle en nuestras dificultades, porque “la Inmaculada nunca falla” (Venerable Padre Tomás Morales, s.j).

Josefa Romo Garlito

 

Cada vez más chandalizados

Quién sabe si es por la pandemia, o lo que sea, pero cada vez más gente no se pone más que el chandal para ir por todas partes, de la mañana a la noche, incluso le pasa con las ideas a algún político: decir que la niñera es un asunto personal, que no debe tratarse en público, cuando está cobrando un sueldo del Estado para cuidar de los niños, revela que algunos políticos no se quitan el chandal para nada, ni de la cabeza, ni de otras partes de su cuerpo. O ese otro que no se arrepiente de nada, aunque la gestión haya sido catastrófica en su ministerio.

Como todos sospechábamos, estamos ya muy cerca de no recuperar la total movilidad hasta no se sabe cuando, precisamente, porque nos ha dicho que será cuestión de meses, el que se equivoca cada vez que predice ese futuro mejor, que tarda tanto en llegar. Al ritmo que va la vacunación, pasarán más de mil años, muchos más, como cantaba la canción, que decía verdades como puños, que se podían referir a quien usa permanentemente el chandal para todo.

Si sale con traje y corbata, lo vemos envarado, con sonrisa de plástico y palabras sin mucho sentido, pero en la campaña catalana, se les veía a gusto de trapillo, en lo que dice y en lo que hace, sin que parezca que sepa algo de lo mal que lo está pasando la gente, ni de los muertos que se acumulan a cientos cada día. ¿Seguro que esa es la nueva normalidad que nos espera? Vayámonos preparando para lo peor que se avecina. Estamos cada vez más chandalizados porque no nos saben decir otra cosa, ni mucho menos hacerla para que la situación cambie, aunque sea sólo un poco.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Hay que quitarse la careta

Hay que quitarse la careta y admitir sin prejuicios ideológicos que la eutanasia y el suicidio asistido es la gran mentira de la cultura de muerte, y la demolición de la dignidad de las personas. Es la gran manipulación a escala española sobre una sociedad que pierde progresivamente los valores humanos, y se conforma con ir tirando, aceptando que la engañen.

Cuando alguien tiene la tentación de quitarse la vida es porque no encuentra en quién apoyarse, ni percibe lo importante que es para algunas personas cercanas o incluso desconocidas. El suicidio es un grito de socorro para que alguien le atienda, le tome de la mano, y le transmita algo de esperanza, si hace falta con mucha energía, porque está en juego mucho más de lo que cree en ese momento.

JD Mez Madrid

 

LA MASACRE DE MADRID del 2004: “OTRO AÑO MÁS Y EL MEOLLO SIGUE OCULTO”: 

 

“El muerto al hoyo y el vivo al bollo”… Los 200 muertos y los dos mil heridos, más los miles de familiares y allegados, quedan un año más ayunos de la justicia que multitudes han pedido en forma de reabrir el caso; pero aquí en España, ni se supo quién o quienes asesinaron al general Prim (1870) ni tampoco, se sabe lo que se denominó “Golpe de Tejero”(1981) (QUIENES FUERON LOS QUE LO TRAMARON U ORDENARON), ni cómo estamos comprobando, quienes ORDENARON LA MASACRE DE MADRID (2004); aquí, se forma la gran fanfarria “de dolores fingidos” y como digo al principio, “el muerto al hoyo y los vivos al bollo”. Por mi parte sigo en mi convicción de que para saber la verdad de este asesinato en masa, se debió y se debe reabrir el caso y ser juzgado de nuevo y cuanto antes; pero a la vista está que a los que gobernaron después, no les interesa… ¿Por qué? Misterio. “Uno más para la muy sucia historia de España”.

11 de Marzo del 2021 HOY SE CUMPLEN 17 AÑOS DE DICHA MASACRE y todo sigue bajo “la manta que lo tapó y tapa”; y los que dicen “servir al pueblo”, se sirven del mismo cobrando pagas enormes y que en mayoría no merecen:

 

LA MASACRE DE MADRID: RELATO DE AQUELLOS DÍAS

            Se cumplen 17 largos años de aquella masacre y aún hoy se desconoce quienes organizaron el mayor atentado terrorista de toda Europa y el que dejara 200 muertos y más de dos mil heridos. Los políticos (todos o en mayoría) han guardado y siguen guardando un silencio cómplice, de algo que por dignidad nacional hay que aclarar. He escrito diferentes escritos y publicado los mismos; hoy reflejo alguno de ellos ESCRITO Y PUBLICADO EN AQUELLOS DÍAS y al final, dejo una dirección que deben leer el texto completo, todos los interesados en este incalificable hecho ocurrido en España y que aún sigue impune. NO DEBEMOS ACEPTAR ESA IMPUNIDAD QUE NOS IMPLICA A TODOS SI NO EXIGIMOS QUE TODO SEA ACLARADO Y CAIGA QUIÉN CAIGA. Entre tantas cosas como ahora se publican; reparen en la que sigue y que se produce “en caliente y en aquellos momentos angustiosos”: “En un informe remitido del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), al Presidente Aznar dos días después del atentado por su entonces director, Jorge Dezcállar, después premiado por Rodríguez Zapatero con la embajada del Vaticano, se afirmaba textualmente que, “no estamos en condiciones de respaldar o rechazar ninguna de las dos grandes alternativas [ETA o terrorismo islamista] en presencia (…) Ni antes ni después del atentado se ha detectado absolutamente nada, ni dentro ni fuera de España, que pudiera indicar una preparación por lo que ha ocurrido”. (Diario “Vozpópuli” 09-03-2014)

DECLARACIONES DE UNO DE LOS CONDENADOS A PRISIÓN: El exconfidente de la Guardia Civil Rafá Zouhier, que esta semana (2018) cumple la pena de 10 años que le fue impuesta por los atentados del 11M, ha escrito una carta en la que confía en que algún día se sepa "la verdadera verdad" de la tragedia terrorista. En la misiva, a la que ha tenido acceso Efe a través de su abogado Antonio Alberca, Zouhier dice que quiere "dejar claro a la sociedad española", que sale "de la injusta condena con la conciencia superlimpia de no haber hecho daño a nadie y menos a un pueblo que me ha tratado bien", informa Efe. "Sé que es difícil creer a un moro -añade Zohuier-, pero os aseguro que los peligrosos son los que ordenaban cada paso, aquellos que nos han mentido, engañado y finalmente sentenciado lo ocurrido para que no se sepa la verdad". El marroquí Rafá Zouhier abandonaría el 16 de marzo de 2016 la cárcel de Puerto de Santa María I (Cádiz), donde contrajo matrimonio con una mujer española, lo que podría evitar su expulsión a Marruecos, tal y como propuso la Audiencia Nacional a la Policía Nacional al dictar su licenciamiento definitivo”. http://vozpopuli.com/actualidad/40108-zouhier-insiste-en-la-teoria-de-la-conspiracion-del-11m-nos-han-mentido-y-enganado (Sospechosamente ha sido borrado en Internet) Y REFRESCANDO LA MEMORIA: UN PUEBLO ESORIENTADO Y MANIPULADO:           El terrible atentado criminal, perpetrado por terroristas no identificados  al día en que escribo y realizado en Madrid el 11 de Marzo de 2004,[i] tres días antes de unas elecciones generales, coincidentes con las autonómicas de Andalucía, es algo que aparte de conmocionarnos a todos, menos a los canallas que lo han realizado e igualmente a quienes en la sombra los han dirigido, ha producido unos hechos que hay que vivirlos para contarlos o ser un buen observador para hacer un relato que diga algo, sobre lo que no tiene explicación en sus consecuencias finales; o sea, en el repudio de un gobierno que es considerado (yo así lo considero) como el mejor de todos cuantos ha tenido España, desde la muerte del dictador Franco... y es que, a consecuencia de esa tragedia, que deja más de doscientos muertos en Madrid, otros varios cientos hospitalizados, donde desde la situación crítica, grave en varios grados, hasta los que serán dados de alta en breve, han sido mil quinientos más; muchos de los cuales van a quedar con secuelas para toda su vida... no hablemos de sus familiares y allegados.            Pues bien, ese estado de cosas, ha sido empleado por los demagogos y sin escrúpulos, para mover y dirigir a grandes masas de  españoles, para que voten al contrario, pues y qué duda cabe, era la ocasión para derribar un gobierno[ii] y eso es lo que se ha hecho... aún...  “mojando las papeletas del voto con la sangre de todos esos inocentes muertos o heridos en tres de las estaciones ferroviarias y de cercanías, de Madrid”... cuesta creerlo, pero esas cosas ocurren en esta insólita España, que protagonizara igualmente aquel  incalificable hecho, del grito de... ¡Vivan “las caenas”![iii]. Una vez más  una multitud de  no preparados españoles, han sido manipulados a favor de otras minorías que se estarán frotando las manos, viendo al alcance de su codicia lo que los antecesores dejan bien administrado y con amplísimas reservas de fondos contantes y sonantes.

           Secuelas de todo ello, considero es principalmente, el de una enseñanza mezquina y una preparación insuficiente en todo tipo de escuelas españolas, que no han enseñado a los españoles a ser hombres libres, responsables y amantes de sus decisiones, meditadas y sopesadas hasta llegar a grados óptimos de equidad. De ello el español apenas sabe... y lo peor de todo, es que no quiere saber... sigue obrando visceralmente en la mayoría de sus actuaciones.

            Pues aunque los dos gobiernos (8 años en total) de José María Aznar López, no hayan sido perfectos, pero sí infinitamente mejores que sus antecesores y las cuentas del Estado, quedan limpias y con unas reservas económicas, de trabajo, prosperidad y proyectos para proseguir en ello, que ya veremos cómo los asimilan  los “invictos ganadores”, los que hace sólo unos días, las encuestas más favorables, les daban una representación que poco variaría de la  que han tenido, desde la nefasta administración del anterior regidor Felipe González Márquez y sus 14 años gobernando España.   Por lo que todos esperábamos una continuidad de tan equilibrados gobiernos, que tan bien han administrado los intereses de España, en general.

            Para comprender todo ello, hay que ir a los datos oficiales y del propio Estado y ver en los números oficiales, la situación económica, de trabajo, inflación, terrorismo (que controlan y reducen a grados insospechados) etc. de unos períodos y otros y nos asombraremos de lo conseguido en esos años de los dos gobiernos del Sr. Aznar.

           Pero los demagogos y “sedientos de poder”... han sabido mezclar en el último momento, el triple atentado terrorista (que no es otro que el ya planeado por los terroristas de ETA y que quedó descubierto, puesto que en dos ocasiones recientes, las fuerzas policiales españolas, les han detenido a hombres y las cargas de metralla, en tránsito hacia sus destinos finales)...  pero que tras las explosiones y consiguientes catástrofes, aparecen una furgoneta, un video con suras del Corán, algún tipo de metralla o detonadores, que dicen no emplea ETA y todo ello “avalado” por un escrito publicado en Inglaterra, por alguien que dice representar a un grupo de terroristas islámicos... los demagogos activan su nefasta labor... y las masas les creen, dicen que el Gobierno de Aznar, ha atraído a ese terrorismo, sobre la base de la alianza que han contraído con los EE.UU. y el traslado de tropas al por otra parte atormentado Irak o Afganistán... todo ello manipulado sin escrúpulo alguno y aireado por las ondas, al servicio de vete tú a saber qué intereses (que indudablemente pasarán factura en su momento)  ha propiciado y conseguido, que un partido, el denominado “Socialista Obrero Español”, encabezado por el Sr. Zapatero, salga de ese lugar ignoto en que se encontraba, hace sólo unos días... y pase a ser llevado al máximo de las votaciones y por tanto a la jefatura del próximo Gobierno de España, en el que si bien, no tendrá mayoría absoluta, pero sí que cuenta con “voluntarios de partidos afines”, que andan locos por entrar en el Gobierno y es claro que para llevarse cada cual la parte más grande que puedan; caso de lo ocurrido en las recientes elecciones autonómicas de Cataluña, donde un insignificante dirigente, y un minoritario grupo político, consiguen  con una unión “a presión”, lo que con su insignificante fuerza representativa, nunca hubieran conseguido. Para entender todo ello, habría que leer e informarse bien, de todo lo ocurrido en los últimos seis meses en España, puesto que en la Autonomía de Madrid, también hubo incidentes que forzaron a suspender las elecciones y convocar nuevas, para aclarar ciertas irregularidades y chanchullos, todo ello buscando lo de siempre... el dinero y cuanto más mejor, no sólo para “los que encabezan”, sino igualmente para la infinidad de acompañantes y por tanto, aspirantes a enormes cantidades de prebendas y sinecuras de las que tan abundantes son hoy y aquí... “entran todos los partidos políticos como una nefasta plaga nacional”.

           En Andalucía, que es feudo del PSOE desde que muriera Franco, han conseguido una mayoría absoluta, sobre la base de todo cuanto antes he comentado de ámbito nacional, pero que aquí además, cuentan con “unos incondicionales numerosísimos” y son la inmensidad de gente que cobra pagas denominadas “sociales”, muchos de ellos que ni han trabajado ni van a trabajar en su vida, pero es claro que con esas pagas, que si bien son mínimas, pero si lo suficientemente apetitosas para esas pobres gentes, que con ello se sienten pagadas y es claro que pagan con su voto incondicional... pero de esta forma, no progresarán y seguirá siendo Andalucía junto a Extremadura (que en política van paralelas) las dos regiones más atrasadas de España y de toda Europa...  “en fin, no es algo nuevo en la historia de la política, recordemos el pan y circo y a la plebe de Roma... donde igualmente los tribunos compraban el voto”.

            Es claro que este artículo no es publicable aquí en España y pese a que digan que hay libertad de expresión y de prensa, pero ello es mentira, por cuanto los medios, están controlados en mayoría por el citado Polanco y el resto por otros grupos, que “no quieren complicaciones”... por tanto tendré que guardarlo en mis archivos, como un testimonio, quizá, pero más aún, cómo un desahogo individual de mí mismo, puesto que no entiendo nada de nada, tras todo lo ocurrido y que me temo, no son otra cosa, que preludios de cosas peores que habrán de venir tras de ello y por cuanto de experiencias tenemos, de los 14 años de lo que vino en denominarse “El Felipismo”[iv]. El mundo sigue siendo gobernado por la mentira, como bien afirma en uno de sus libros, François Revel (libro: El conocimiento inútil).

            No me extiendo más, hoy siento (una vez más) vergüenza de ser español, pues veo y observo que la masa de españoles, siguen “envenenados”[v] con el pan y circo que les facilitan los demagogos de turno y un pueblo que sólo se preocupa de “su panza, su bolsillo y su aparato sexual” (amén del poder que pueda obtener y de la forma que sea) poco se puede esperar a corto plazo... quizá sea igual en cualquier otro país, de los mal denominados “desarrollados”, pero todo ello en realidad me crea tristeza, desazón y la pregunta que cada vez me va, “quemando más”... escribiendo y hablado, desde que se hablar y escribir, tratando de crear inquietudes, al final y ya lo dije... soy un simple mondadientes, flotando en el río Amazonas y ya en su delta y próximo a ser tragado por el inmenso Océano... tal es mi soledad hoy. Espero y ruego a Dios que me ayude a proseguir... pero cada vez tengo más dudas.

            Afortunadamente y de vez en cuando, recibo correos de gentes que con sinceridad valoran mi quehacer cotidiano y en esos escritos, encuentro el nuevo alimento para obtener fuerzas y continuar... espero que no me falten mientras viva.

            11 de marzo de 2021 y recordando una de tantas negras historias, del país donde nací y aún vivo “bastante despierto” pese  a mi ancianidad y enfermedades.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

[1]  Sorprendentemente y convocados por el Gobierno Aznar, se producen al día siguiente, manifestaciones enormes en toda España, calculándose un total de más de once millones y medio de manifestantes, que apoyan las consignas de ese Gobierno, al que luego van a abandonar retirándole su confianza... ¡Inexplicable!

[1]  Por ello los políticos de la oposición, organizaron grandes manifestaciones (con vocerío insultante incluido) en la calle y ante la sede central (y otras periféricas) del partido en el poder y todo ello arropado, por declaraciones continuas difamando y vertiendo infundios y mentiras, que eran transmitidas por los grandes medios de prensa, radio y TV. que controla el “patrón” del Partido Socialista Obrero Español, o sea, Jesús de Polanco y “asociados”, los que ya venían haciendo la clásica anti-campaña para ensombrecer lo realizado por el Gobierno en estos ocho años en que ha mantenido de principio a fin, las dos legislaturas. Seguro que “el patrón” sacará grandes beneficios de ello, como ya los sacara en las legislaturas presididas por Felipe González Márquez, donde seguro que duplicó o triplicó su poder económico. Todo ello se puede averiguar consultando minuciosamente las hemerotecas y leyendo uno de los varios libros que fueron editados, yo sólo cito el titulado  El negocio de la libertad, escrito por Jesús Cacho  y editado en Madrid por, Foca Ediciones y del que se hicieron docenas de ediciones y fue ampliamente difundido, pero todo siguió igual y no procesaron al autor, pese a la cantidad de cosas que allí denuncia, no sólo de Polanco, sino de otros muchos y que alcanzan al mismo Rey Juan Carlos.

[1] El grito fue... ¡¡Vivan las cadenas!! Y se dice que la chusma o plebe de Madrid, lo gritó, cuando regresando a Madrid, tras su huida a Francia, el nefasto rey Fernando VII  (denominado “el rey felón”) aquella chusma, influenciada por los demagogos de siempre, fue incitada para desenganchar los caballos del carruaje del nefasto rey, y ellos mismos se engancharon al tiro como pobres bestias... qué es lo que en realidad eran aquellos pobre diablos que gritaban vitoreando a aquel tirano, que cercenó los incipientes movimientos liberales de aquella España, que volvió con ello a igual o peor situación, que existía antes de la invasión napoleónica... tuvieron la desgracia de derrotar a Napoleón y con la derrota, se fueron... “los buenos efluvios que de la más avanzada Europa entraron en la Península Ibérica, Sobre la base de aquel estadista que luego la Historia, reconocería como a tal, pero al que igualmente terminaran por deportar a una aislada isla y allí murió de pena o desesperación”.

[1] Son los 14 años de Gobierno de Felipe González Márquez y en los que se desarrolla todo tipo de corrupciones y de las que sólo con las que se pudieron airear, hay para llenar una biblioteca de libros, relatando los hechos.  Fueron publicados muchos libros y hay muchos procesos en los juzgados y que llegaron a ser sentencias carcelarias, incluso de ministros, gobernador del Banco de España y otros altos empleados estatales.

[1] Compruebo con tristeza, que la gente sigue hablando de fútbol (“veneno nacional”) y de otras cosas intrascendentes y ya la inmensa mayoría, se ha olvidado de lo ocurrido el domingo y si recuerdan lo de la masacre terrorista, es por cuanto se están pasando programas por televisión (amén de radio y prensa e incluso los clérigos en sus iglesias) de forma masiva, para resaltar la sangre, las lágrimas y el dolor de esas pobres gentes, a las que incluso se emplea en programas de índole morbosa para que con ellos, la gente se sumerja en ese dolor... pero que no hable nunca nada de los motivos que lo provocaron, en análisis profundos y tratando de llegar a conclusiones fáciles de conseguir... o sea, QUE EL TERRORISMO ES UN NEGOCIO MÁS Y QUE LOS TERRORISTAS VIVEN Y VIVEN BIEN DE LO QUE OBTIENEN DE SUS CRIMINALES ACTUACIONES, pues tras todo ello no hay otra cosa que EL DINERO, que en grandes cantidades cobran esos criminales actores.

 


[i]  Sorprendentemente y convocados por el Gobierno Aznar, se producen al día siguiente, manifestaciones enormes en toda España, calculándose un total de más de once millones y medio de manifestantes, que apoyan las consignas de ese Gobierno, al que luego van a abandonar retirándole su confianza... ¡Inexplicable!

[ii]  Por ello los políticos de la oposición, organizaron grandes manifestaciones (con vocerío insultante incluido) en la calle y ante la sede central (y otras periféricas) del partido en el poder y todo ello arropado, por declaraciones continuas difamando y vertiendo infundios y mentiras, que eran transmitidas por los grandes medios de prensa, radio y TV. que controla el “patrón” del Partido Socialista Obrero Español, o sea, Jesús de Polanco y “asociados”, los que ya venían haciendo la clásica anti-campaña para ensombrecer lo realizado por el Gobierno en estos ocho años en que ha mantenido de principio a fin, las dos legislaturas. Seguro que “el patrón” sacará grandes beneficios de ello, como ya los sacara en las legislaturas presididas por Felipe González Márquez, donde seguro que duplicó o triplicó su poder económico. Todo ello se puede averiguar consultando minuciosamente las hemerotecas y leyendo uno de los varios libros que fueron editados, yo sólo cito el titulado  El negocio de la libertad, escrito por Jesús Cacho  y editado en Madrid por, Foca Ediciones y del que se hicieron docenas de ediciones y fue ampliamente difundido, pero todo siguió igual y no procesaron al autor, pese a la cantidad de cosas que allí denuncia, no sólo de Polanco, sino de otros muchos y que alcanzan al mismo Rey Juan Carlos.

[iii] El grito fue... ¡¡Vivan las cadenas!! Y se dice que la chusma o plebe de Madrid, lo gritó, cuando regresando a Madrid, tras su huida a Francia, el nefasto rey Fernando VII  (denominado “el rey felón”) aquella chusma, influenciada por los demagogos de siempre, fue incitada para desenganchar los caballos del carruaje del nefasto rey, y ellos mismos se engancharon al tiro como pobres bestias... qué es lo que en realidad eran aquellos pobre diablos que gritaban vitoreando a aquel tirano, que cercenó los incipientes movimientos liberales de aquella España, que volvió con ello a igual o peor situación, que existía antes de la invasión napoleónica... tuvieron la desgracia de derrotar a Napoleón y con la derrota, se fueron... “los buenos efluvios que de la más avanzada Europa entraron en la Península Ibérica, Sobre la base de aquel estadista que luego la Historia, reconocería como a tal, pero al que igualmente terminaran por deportar a una aislada isla y allí murió de pena o desesperación”.

[iv] Son los 14 años de Gobierno de Felipe González Márquez y en los que se desarrolla todo tipo de corrupciones y de las que sólo con las que se pudieron airear, hay para llenar una biblioteca de libros, relatando los hechos.  Fueron publicados muchos libros y hay muchos procesos en los juzgados y que llegaron a ser sentencias carcelarias, incluso de ministros, gobernador del Banco de España y otros altos empleados estatales.

[v] Compruebo con tristeza, que la gente sigue hablando de fútbol (“veneno nacional”) y de otras cosas intrascendentes y ya la inmensa mayoría, se ha olvidado de lo ocurrido el domingo y si recuerdan lo de la masacre terrorista, es por cuanto se están pasando programas por televisión (amén de radio y prensa e incluso los clérigos en sus iglesias) de forma masiva, para resaltar la sangre, las lágrimas y el dolor de esas pobres gentes, a las que incluso se emplea en programas de índole morbosa para que con ellos, la gente se sumerja en ese dolor... pero que no hable nunca nada de los motivos que lo provocaron, en análisis profundos y tratando de llegar a conclusiones fáciles de conseguir... o sea, QUE EL TERRORISMO ES UN NEGOCIO MÁS Y QUE LOS TERRORISTAS VIVEN Y VIVEN BIEN DE LO QUE OBTIENEN DE SUS CRIMINALES ACTUACIONES, pues tras todo ello no hay otra cosa que EL DINERO, que en grandes cantidades cobran esos criminales actores.