Las Noticias de hoy 6 Marzo 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 06/03/2021 - 12:45

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 06 de marzo de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa a las autoridades: Que callen las armas y se dé voz a los artesanos de paz

Papa al clero en Iraq: "La religión debe servir a la causa de la paz y la unidad"

El Papa Francisco se encuentra con el Grand Ayatollah Al-Sistani

El Papa en Ur de los Caldeos, donde comenzó el viaje de Dios con el hombre

TODOS SOMOS EL HIJO PRÓDIGO: Francisco Fernandez Carbajal

“Nos quiere muy humanos y muy divinos”: San Josemaria

En torno al buen samaritano: Ana Marta González

CÓMO VIVIR LA CUARESMA

Relación entre la clase social y la deshumanización: Sergio De Dios González

Curso sobre San José (I): Introducción: D. Juan Moya

Evangelio del domingo: la purificación del Templo

 TERCER DOMINGO DE CUARESMA.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Meditaciones: 6º domingo de san José

“Solo la ciencia y la solidaridad nos sacarán de crisis como esta”, afirma el rector de la Universidad: María Salanova

La Pasión del Señor. Algunas consideraciones de tipo médico.: J. L. Velayos

¿Qué significa ser católico hoy?: Luiz Sérgio Solimeo

La verdadera felicidad: Ana Teresa López de Llergo

A los hijos: acéptalos…no trates de cambiarlos: Lucía Legorreta

El aborto puede convertirse en un mandato: Jaume Catalán Díaz

Ni es un derecho ni es signo de libertad: Valentín Abelenda Carrillo

Que Biden-Harris intente implantar leyes pro aborto: JD Mez Madrid

Los terribles siglos XX y XXI más el virus actual: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa a las autoridades: Que callen las armas y se dé voz a los artesanos de paz

Un fuerte llamamiento a la no violencia y a silenciar las armas, para dar paso al diálogo y a la construcción de una sociedad democrática, fraterna y estable; el papel de las religiones y el respeto de los diferentes credos, la atención a los más vulnerables de la sociedad, la crisis causada por la pandemia. Fueron los temas tocados por el Papa Francisco en el primer encuentro de hoy en Bagdad con las Autoridades y el Cuerpo diplomático iraquí.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

"¡Que callen las armas!" Un apremiante llamamiento fue el centro del primer discurso del Papa Francisco en Iraq, encontrando en gran salón del Palacio Presidencial de Bagdad a las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático, en el marco de su 33° Viaje Apostólico Internacional. El Pontífice recordó el sufrimiento del pueblo iraquí, golpeado por guerras y terrorismo y remarcó con fuerza la necesidad de diálogo, la búsqueda de la paz, la justicia y el cuidado hacia los más vulnerables, con un llamado a la solidaridad y a la convivencia fraterna.

Tras la ceremonia oficial de bienvenida y la visita de cortesía al Presidente de la República, Barham Ahmed Salih Qassim, el Papa manifestó a los 150 presentes su agradecimiento por la oportunidad de realizar esta Visita Apostólica, "tan esperada y deseada", una visita que tiene lugar hoy "mientras el mundo entero está tratando de salir de la crisis por la pandemia de Covid-19".

"En las últimas décadas Iraq ha sufrido los desastres de las guerras, el flagelo del terrorismo y conflictos sectarios basados a menudo en un fundamentalismo que no puede aceptar la pacífica convivencia de varios grupos étnicos y religiosos, de ideas y culturas diversasTodo esto ha traído muerte, destrucción, ruinas todavía visibles, y no sólo a nivel material: los daños son aún más profundos si se piensa en las heridas del corazón de muchas personas y comunidades, que necesitarán años para sanar", afirmó el Papa, dedicando un pensamiento especial a los yazidíes:

Y aquí, entre tantos que han sufrido,  no puedo dejar de recordar a los yazidíes, víctimas inocentes de una barbarie insensata y deshumana, perseguidos y asesinados a causa de sus creencias religiosas, cuya propia identidad y supervivencia se han puesto en peligro. Por lo tanto, sólo si logramos mirarnos entre nosotros, con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un proceso efectivo de reconstrucción y dejar a las generaciones futuras un mundo mejor, más justo y más humano.

La diversidad, un recurso valioso para aprovechar

 “La diversidad religiosa, cultural y étnica que ha caracterizado a la sociedad iraquí por milenios, es un recurso valioso para aprovechar, no un obstáculo a eliminar” agregó el Santo Padre, e indicó:

Hoy, Iraq está llamado a mostrar a todos, especialmente en Oriente Medio, que las diferencias, más que dar lugar a conflictos, deben cooperar armónicamente en la vida civil.

Diálogo y solidaridad para una convivencia fraterna

“La coexistencia fraterna necesita del diálogo paciente y sincero, salvaguardado por la justicia y el respeto del derecho” - afirmó a continuación - “requiere esfuerzo y compromiso por parte de todos para superar rivalidades y contraposiciones”:

En base a este principio, la Santa Sede, en Iraq como en todas partes, no se cansa de acudir a las Autoridades competentes para que concedan a todas las comunidades religiosas reconocimiento, respeto, derechos y protección.

“Una sociedad que lleva la impronta de la unidad fraterna es una sociedad cuyos miembros viven entre ellos solidariamente” y ésta “es una virtud que nos lleva a realizar gestos concretos de cuidado y de servicio, con particular atención a los más vulnerables y necesitados” dijo a continuación Francisco, recordando a quienes, “a causa de la violencia, de la persecución y del terrorismo han perdido familiares y seres queridos, casa y bienes esenciales”, y a toda la gente que “lucha cada día buscando seguridad y medios para seguir adelante, mientras que aumenta la desocupación y la pobreza”.

El «sabernos responsables de la fragilidad de los demás» debería inspirar todo esfuerzo por crear oportunidades concretas tanto en el ámbito económico y en el ámbito de la educación, como también en el cuidado de la creación, nuestra casa común. Como responsables políticos y diplomáticos, ustedes están llamados a promover este espíritu de solidaridad fraterna. Es necesario combatir la plaga de la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad, pero no es suficiente. Se necesita al mismo tiempo edificar la justicia, que crezca la honestidad y la transparencia, y que se refuercen las instituciones competentes. De ese modo puede crecer la estabilidad y desarrollarse una política sana, capaz de ofrecer a todos, especialmente a los jóvenes —tan numerosos en este país— la esperanza de un futuro mejor.

Como peregrino de paz, en nombre de Cristo

 “Vengo como penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tantas destrucciones y crueldad. Vengo como peregrino de paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz” afirmó el Pontífice dirigiéndose al Presidente iraquí y a las Autoridades del país. "¡Cuánto hemos rezado en estos años por la paz en Irak!" Y recordó que su predecesor, Juan Pablo II, “no escatimó iniciativas, y sobre todo ofreció oraciones y sufrimientos por esto”. "Y Dios escucha, escucha siempre", aseguró, haciendo un apremiante llamamiento:

“Que callen las armas, que se evite su proliferación, aquí y en todas partes. Que cesen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local. Que se dé voz a los constructores, a los artesanos de la paz, a los pequeños, a los pobres, a la gente sencilla, que quiere vivir, trabajar y rezar en paz. No más violencia, extremismos, facciones, intolerancias; que se dé espacio a todos los ciudadanos que quieren construir juntos este país, desde el diálogo, desde la discusión franca y sincera, constructiva; a quienes se comprometen por la reconciliación y están dispuestos a dejar de lado, por el bien común, los propios intereses.”

Recordando que en estos años, Irak ha tratado de poner las bases para una sociedad democrática, el Santo Padre indicó que es “indispensable asegurar la participación de todos los grupos políticos, sociales y religiosos, y garantizar los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Que ninguno sea considerado ciudadano de segunda clase” - dijo - alentando los pasos que se han dado hasta el momento en este proceso y esperando que consoliden la serenidad y la concordia.

El llamado a la comunidad internacional

El Papa Francisco recordó también el rol decisivo de la comunidad internacional en la promoción de la paz en esta tierra y en todo el Oriente Medio. Y recordando el largo conflicto en Siria, destacó la importancia de una “cooperación a escala global para poder afrontar también las desigualdades económicas y las tensiones regionales que ponen en peligro la estabilidad de estas tierras”. Asimismo, agradeció a los Estados y a las Organizaciones internacionales “que están trabajando en Irak por la reconstrucción y para brindar asistencia a los refugiados, a los desplazados internos y a quienes tienen dificultades para regresar a sus propias casas, facilitando en el país comida, agua, viviendas, atención médica y de salud, como también programas orientados a la reconciliación y a la construcción de la paz”. Y también recordó a los numerosos organismos, entre ellos muchos católicos, que desde hace años asisten con gran esfuerzo a las poblaciones civiles.

“Atender las necesidades básicas de tantos hermanos y hermanas es un acto de caridad y justicia, y contribuye a una paz duradera. Espero que las naciones no retiren del pueblo iraquí la mano extendida de la amistad y del compromiso constructivo, sino que sigan trabajando con espíritu de responsabilidad común con las Autoridades locales, sin imponer intereses políticos o ideológicos.”

La religión al servicio de la paz y la fraternidad

 “El nombre de Dios no puede ser usado para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión”, subrayó finalmente el Santo Padre, recordando que “la religión, por su naturaleza, debe estar al servicio de la paz y la fraternidad”.

También en Irak la Iglesia católica desea ser amiga de todos y, a través del diálogo, colaborar de manera constructiva con las otras religiones, por la causa de la paz.

Pluralismo religioso contribuya a la armonía del país

Finalmente, recordando la antiquísima presencia de los cristianos en esta tierra, el Papa destacó que “su contribución a la vida del país, constituye una rica herencia, que quiere poder seguir al servicio de todos”.

Su participación en la vida pública, como ciudadanos que gozan plenamente de derechos, libertad y responsabilidad, testimoniará que un sano pluralismo religioso, étnico y cultural puede contribuir a la prosperidad y a la armonía del país.

En la conclusión, agradeciendo nuevamente a las Autoridades iraquíes “por todo lo que han hecho y siguen haciendo para edificar una sociedad orientada hacia la unidad fraterna, la solidaridad y la concordia” invocó la abundancia de las bendiciones divinas sobre todo el pueblo iraquí.

 

Papa al clero en Iraq: "La religión debe servir a la causa de la paz y la unidad"

En el marco de su viaje apostólico a Iraq, el Papa se reunió con los obispos, los sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas de este país en la catedral siro-católica de Sayidat Al-Nejat (Nuestra Señora de la Salvación). En su discurso, Francisco recordó que la religión debe servir para construir la paz y los animó a "ser servidores del pueblo y no administradores públicos", siempre con el pueblo de Dios, "nunca separados como si fueran una clase privilegiada". Tras este encuentro en la Catedral, al regresar a la Nunciatura Apostólica, el Papa recibió a algunos jóvenes que participan en los programas de la Fundación Scholas Ocurrentes en Bagdad.

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

La tarde del 5 de marzo, en el marco de su viaje apostólico a Iraq, el número 33° de su Pontificado y bajo el lema “Todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8), el Papa Francisco celebró un encuentro con los obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y catequistas del país, en la catedral siro-católica de Sayidat Al-Nejat (Nuestra Señora de la Salvación), ubicada en Bagdad y que ha sido objetivo de dos ataques terroristas: uno de ellos, perpetrado el 31 de Octubre de 2010 por el grupo autoproclamado Estado Islámico, costó la vida de 48 personas, entre ellas dos jóvenes sacerdotes y dejó más de 100 heridos.

 

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05/03/2021

El Papa a las autoridades: Que callen las armas y se dé voz a los artesanos de paz

En su discurso, el Santo Padre agradeció al Patriarca Ignace Youssif Younan y al Cardenal Louis Sako por las palabras de bienvenida, a la vez que dedicó un pensamiento especial a los "hermanos y hermanas que aquí han pagado el precio extremo de su fidelidad al Señor y a su Iglesia".

El Papa recuerda a las víctimas del ataque terrorista

"Que el recuerdo de su sacrificio nos inspire para renovar nuestra confianza en la fuerza de la Cruz y de su mensaje salvífico de perdón, reconciliación y resurrección", dijo Francisco, subrayando que, en efecto, "el cristiano está llamado a testimoniar el amor de Cristo en todas partes y en cualquier momento".

Teniendo en cuenta las dificultades que ha originado la actual pandemia, así como los "arduos desafíos pastorales" que afronta la Iglesia en Iraq, el Pontífice alentó a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas y responsables laicos, a seguir adelante sin perder la esperanza cristiana y sin detener "nuestro celo apostólico", que en estas tierras proviene de raíces muy antiguas.

“Sabemos qué fácil es contagiarnos del virus del desaliento que a menudo parece difundirse a nuestro alrededor. Sin embargo, el Señor nos ha dado una vacuna eficaz contra este terrible virus, que es la esperanza que nace de la oración perseverante y de la fidelidad cotidiana a nuestro apostolado. Con esta vacuna podemos seguir adelante con energía siempre nueva, para compartir la alegría del Evangelio”

Cristo se anuncia con el testimonio de vidas transformadas

Asimismo, el Papa exhortó a los presentes a "no olvidar que Cristo se anuncia sobre todo con el testimonio de vidas transformadas por la alegría del Evangelio".

Haciendo alusión a las dificultades que forman parte de la experiencia cotidiana del pueblo iraquí, como la guerra, las persecuciones, la fragilidad de las infraestructuras básicas y la lucha continua por la seguridad económica y personal; el Sucesor de Pedro agradeció de modo especial, a los hermanos obispos y sacerdotes, "por haber permanecido cercanos a su pueblo, sosteniéndolo, esforzándose por satisfacer las necesidades de la gente", contribuyendo al servicio del bien común:

“El apostolado educativo y el caritativo de sus Iglesias particulares representan un valioso recurso para la vida tanto de la comunidad eclesial como de la sociedad en su conjunto. Los animo a perseverar en este compromiso, para garantizar que la Comunidad católica en Iraq, aunque sea pequeña como un grano de mostaza (cf. Mt 13,31-32), siga enriqueciendo el camino de todo el país”

"Dejar de lado todo tipo de egocentrismo"

Continuando con su alocución, Francisco hizo hincapié en que el amor de Cristo nos pide "dejar de lado todo tipo de egocentrismo y rivalidad", ya que "nos impulsa a la comunión universal". Para reforzar el valor de sus palabras, el Papa puso como ejemplo práctico, la imagen de una alfombra, un elemento muy familiar en esta región del mundo:

“Las diferentes Iglesias presentes en Iraq, cada una con su ancestral patrimonio histórico, litúrgico y espiritual, son como muchos hilos particulares de colores que, trenzados juntos, componen una alfombra única y bellísima, que no sólo atestigua nuestra fraternidad, sino que remite también a su fuente. Porque Dios mismo es el artista que ha ideado esta alfombra, que la teje con paciencia y la remienda con cuidado, queriendo que estemos entre nosotros siempre bien unidos, como sus hijos e hijas”

En este sentido, el Santo Padre señaló que pastores y fieles, sacerdotes, religiosos y catequistas comparten, "si bien de diversas maneras", la responsabilidad de llevar adelante la misión de la Iglesia.

Desatar los nudos del tejido de la fraternidad

En cuanto a las incomprensiones y las tensiones que a veces pueden surgir en la convivencia pastoral; el Papa afirmó que estos son los nudos que dificultan el tejido de la fraternidad: "Son nudos que llevamos dentro de nosotros; pero estos nudos pueden ser desatados por la Gracia, por un amor más grande; se pueden soltar por el perdón y el diálogo fraterno, fortaleciéndose mutuamente en los momentos de prueba y dificultad".

Por otra parte, el Obispo de Roma dirigió unas palabras especiales a sus "hermanos obispos":

“Sean particularmente cercanos a sus sacerdotes. Que no los vean como administradores o directores, sino como padres, preocupados por el bien de sus hijos, dispuestos a ofrecerles apoyo y ánimo con el corazón abierto. Acompáñenlos con su oración, con su tiempo, con su paciencia, valorando su trabajo e impulsando su crecimiento. De este modo serán para sus sacerdotes signo visible de Jesús, el Buen Pastor que conoce sus ovejas y da la vida por ellas (cf. Jn 10,14-15)”

El Papa, también animó a los sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas y seminaristas que se preparan a su futuro ministerio, a renovar siempre el «Aquí estoy» con el que cada uno ha respondido a la llamada de Dios, como lo hizo en su momento el joven Samuel (1 S 3,4).

“No se alejen del santo pueblo de Dios, en el que nacieron. No se olviden de sus madres y de sus abuelas, que los han «amamantado» en la fe, como diría san Pablo (cf. 2 Tm 1,5). Sean pastores, servidores del pueblo y no administradores públicos. Siempre con el pueblo de Dios, nunca separados como si fueran una clase privilegiada”

Guerra y religión no son compatibles

Conmemorando nuevamente a los hermanos y hermanas que murieron en el atentado terrorista en esta Catedral hace diez años y cuya beatificación está en proceso, Francisco señaló que su muerte "nos recuerda con fuerza que la incitación a la guerra, las actitudes de odio, la violencia y el derramamiento de sangre son incompatibles con las enseñanzas religiosas". 

 

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05/03/2021

El Papa Francisco llega a Iraq bajo el lema: “Todos vosotros sois hermanos”

Igualmente, el Pontífice no quiso olvidar a todas las víctimas de la violencia y las persecuciones, pertenecientes a cualquier comunidad religiosa:

"Mañana, en Ur, encontraré a los líderes de las tradiciones religiosas presentes en este país, para proclamar una vez más nuestra convicción de que la religión debe servir a la causa de la paz y de la unidad entre todos los hijos de Dios", aseveró.

Jóvenes y ancianos: punta del diamante de Iraq

Antes de concluir, Francisco agradeció a todos por su compromiso de "ser constructores de paz", en el seno de sus comunidades y con los creyentes de otras tradiciones religiosas, "esparciendo semillas de reconciliación y de convivencia fraterna que pueden llevar a un renacer de la esperanza para todos".

Y al respecto, el Papa quiso destacar el inmenso valor que aportan los jóvenes y los ancianos en toda sociedad:

“Los jóvenes son vuestro tesoro y hay que cuidarlo, alimentando sus sueños, acompañándolos en el camino y reforzando su esperanza. Ellos- junto con los ancianos- son la punta del diamante del país, los mejores frutos del árbol. Depende de nosotros cultivarlos para el bien e infundirles esperanza”

Firma del Papa en el Libro de Honor

Tras finalizar su discurso, el Santo Padre firmó el Libro de Honor de la Catedral sirio-católica de Bagdad, con fecha del 5 de marzo de 2021 y el siguiente mensaje:

"Penitente y peregrino de la fe y de la paz en Iraq pido que, por intercesión de la Virgen María, Dios conceda a este pueblo la fuerza para reconstruir el país unidos en la fraternidad".

 

Firma del Papa en el Libro de Honor de la Catedral

Firma del Papa en el Libro de Honor de la Catedral

Encuentro del Papa con jóvenes de Scholas Occurrentes

Asimismo, tal como informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede en un comunicado, esta tarde, al regresar a la Nunciatura Apostólica en Iraq tras su encuentro en la Catedral, el Papa recibió a algunos jóvenes que participan en los programas de la Fundación Scholas Occurrentes en Bagdad.

 

Francisco y los jóvenes de Scholas Occurrentes en Bagdag

Francisco y los jóvenes de Scholas Occurrentes en Bagdag

Los jóvenes procedían de diferentes confesiones religiosas presentes en el país y estaban acompañados por el coordinador de la Fundación para Italia, Mario Del Verme. Cada uno de ellos compartió con Francisco "lo que sueña para su futuro". El Santo Padre los invitó a no perder la esperanza y a "buscar las estrellas" que pueden guiarles en su camino. La reunión terminó poco después de las 18:30 horas, hora local.

 

El Papa Francisco se encuentra con el Grand Ayatollah Al-Sistani

Este sábado 6 de marzo el Papa Francisco ha llegado, en las primeras horas de la mañana, a la ciudad de Najaf, al sur de Bagdad para encontrar al gran Ayatollah Al-Sistani, la principal autoridad religiosa chiíta en Iraq.

Ciudad del vaticano

En el inicio del segundo día de su viaje a iraq, el Papa Francisco voló a la ciudad de Najaf para una reunión privada con el Gran Ayatollah Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani en su residencia. Antes de reunirse con el Gran Ayatollah, el Papa fue recibido por su hijo Mohammed Rida.

La ciudad de Nayaf

La ciudad de Nayaf se encuentra a unos 160 km al sur de Bagdad, a 30 km de la antigua Babilonia y a 400 km. al norte de la ciudad bíblica de Ur. Fue fundada en el año 791 d.C. por el califa Hārūn al-Rashīd, y su desarrollo tuvo lugar principalmente después del siglo X.

Nayaf es el principal centro religioso chiíta de Iraq y un destino de peregrinación para chiíes de todo el mundo. También alberga la tumba de una de las figuras más veneradas del Islam, Alí ibn Abi Talib, también conocido como Imam ʿAlī, primo y yerno de Mahoma y primer hombre que se convirtió al Islam.

La tumba del primer imán de los chiíes, situada en el interior de la mezquita del Imán ʿAlī, se considera uno de los lugares más sagrados del Islam, y se encuentra cerca del centro de la ciudad.

Además de las mezquitas, los santuarios y las escuelas religiosas, la ciudad santa del chiismo iraquí es conocida por el cementerio de Wadi al-Salam.

La Residencia del Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani se encuentra cerca del Santuario del Imán 'Ali o Mezquita del Imām ʿAlī, que es considerado por los chiíes como el tercer lugar sagrado del Islam después de La Meca y Medina. La mezquita fue destruida y reconstruida varias veces a lo largo de los siglos; la última reconstrucción, iniciada en 1623, se terminó en 1632.

El encuentro del Papa Francisco con el Ayatollah Al-Sistani

El Santo Padre se ha reunido, la mañana del 6 de marzo, en Nayaf, con el Gran Ayatolá Sayyid Ali Al-Husayni Al-Sistani. Durante la visita de cortesía, que duró unos cuarenta y cinco minutos, el Santo Padre destacó la importancia de la colaboración y la amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando el respeto mutuo y el diálogo, podamos contribuir al bien de Iraq, de la región y de toda la humanidad.

El encuentro fue una oportunidad para que el Papa agradeciera al Gran Ayatolá Al-Sistani porque, junto con la comunidad chiíta, ante la violencia y las grandes dificultades de los últimos años, ha alzado su voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando el carácter sagrado de la vida humana y la importancia de la unidad del pueblo iraquí.

Al despedirse del Gran Ayatolá, el Santo Padre reiteró su oración a Dios, Creador de todo, por un futuro de paz y fraternidad para la querida tierra de Iraq, para Oriente Medio y para el mundo entero.

 

 

El Papa en Ur de los Caldeos, donde comenzó el viaje de Dios con el hombre

Desde la antigua ciudad sumeria, hoy conocida como Tell-al-Muquayyat y donde se celebra el esperado encuentro interreligioso, Abraham partió en su misión que une los destinos de judíos, cristianos y musulmanes. Padre Jean Louis Ska, biblista: "El viaje de Abraham es un acto de fe y obediencia. Para el pueblo de Israel, Abraham se convierte en un ejemplo, un modelo en el que dibujar su propia identidad".

Federico Piana- Ciudad del Vaticano

La figura de Abraham está en el centro del viaje del Papa Francisco a Iraq. La parada en la antigua Ur de los Caldeos, en la que hoy tiene lugar el encuentro interreligioso con el Pontífice, es una de las más importantes y simbólicas. Es desde esta ciudad, situada a pocos kilómetros de Nassiriya y hoy conocida con el nombre de Tell-al-Muquayyat, donde Abraham habló con Dios por primera vez y desde donde comenzó su misión que vincula profundamente los destinos de judíos, cristianos y musulmanes. "El pueblo de Israel vio en su antepasado, Abraham, un ejemplo y un modelo. Y poco a poco, a medida que ha leído, releído y reescrito los relatos sobre él, el pueblo de Israel ha ido añadiendo, a esos mismos relatos, elementos que le permiten fijar, delimitar, su propia identidad como pueblo", explica el padre Jean Louis Ska, biblista de fama internacional y profesor emérito del Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

Escuche la entrevista con Jean Louis Ska

¿Comenzó el viaje de Abraham en Ur de los Caldeos?

R.- De Ur de los Caldeos va a establecerse en la Tierra de Canaán y poco después se traslada a Egipto. Ahora, estos son los dos lugares donde el pueblo de Israel también ha estado en el exilio. Es una ilustración de lo que dice el Midrash, la exégesis bíblica de la tradición judía: lo que les pasó a los padres les pasa a los hijos. Y, por tanto, los hijos de Abraham, sus descendientes, se reconocen en aquel que vivió las grandes etapas de la historia del pueblo. Permítanme añadir un elemento: el comienzo de la historia de Israel está marcado por un acto de fe y obediencia. Es Dios quien llama a Abraham, le hace salir de Ur de los Caldeos, como dice el libro del Génesis en el capítulo XV. Y el acto de obediencia de Abraham marca toda la historia de Israel.

 

El Papa a Iraq: en el camino de la esperanza, como Abraham

¿Simboliza el viaje la fe?

R. - Es un viaje marcado por la fe. Es la llamada de Dios la que impulsa a Abraham a partir. Y esto anticipa lo dicho en el Nuevo Testamento por Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Ponerse en el camino es una imagen que atraviesa todo el Antiguo y el Nuevo Testamento porque es la imagen de la fe. En los Hechos de los Apóstoles los discípulos son llamados "discípulos del camino" y esto comienza con Abraham.

¿Tuvo Abraham alguna vez dudas sobre si debía iniciar el viaje?

R.- Creo que no. Después del viaje de Abraham, está el Éxodo. Y el Éxodo es la imagen más importante de la revelación de Dios en el Antiguo Testamento. El Dios del Antiguo Testamento, el padre de Jesucristo, se define como el que sacó a Israel de Egipto, por lo tanto, el que hace experimentar el paso de la esclavitud a la libertad. Y el Dios del Antiguo Testamento no sólo es el que hace este gesto, sino que cuando se revela en el monte Sinaí pide a Moisés que construya una tienda como santuario: una tienda que se mueva con el pueblo. La peregrinación no es una peregrinación a un templo, sino una peregrinación con el templo. Dios está presente durante el viaje y ver a Dios, como afirma el padre de la Iglesia Gregorio de Nisa, es seguir a Dios a través del desierto hasta la tierra prometida. Una imagen que se encuentra en el Evangelio de Juan cuando leemos que el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros.

¿Era Abraham un nómada?

R. Ciertamente. Por los textos que tenemos sabemos que era un nómada, al igual que Isaac y Jacob. Poseía rebaños y se movía con ellos según las reglas de la trashumancia. Y esta imagen fue probablemente reinterpretada, utilizada, por los escritores bíblicos, por el pueblo judío, para definir su identidad como pueblo desde un punto de vista teológico y espiritual. Después de todo, la vida es un viaje, como los viajes de Abraham. Lo interesante es ver que el Dios del Antiguo Testamento no es sólo un Dios local que habita en el templo de Jerusalén, sino que es principalmente un Dios personal. Por lo tanto, la primera definición de Dios en el Antiguo Testamento no es el Dios de Jerusalén, el Dios de Sión, sino el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Pasamos del Dios local al Dios personal.

Los encuentros de Abraham con Dios también fueron personales...

R.- Quizá la escena más paradigmática y que aporta el mensaje más significativo de los relatos abrahámicos se encuentra en el capítulo en el que Dios se le aparece a Abraham en forma de tres peregrinos, tres caminantes, que se detienen frente a su tienda. Los recibe preparando una comida durante la cual uno de los personajes anuncia a Abraham el nacimiento de un hijo. Su mujer, Sarah, está detrás de la tienda escuchando y empieza a reírse para sí misma preguntándose: ¿cómo es que yo, que tengo casi 90 años, puedo tener un hijo? Y Dios pregunta: ¿por qué se ríe Sara? Y Sara responde: no me reí... En definitiva, es la escena de un encuentro con Dios insertado en la vida cotidiana, una escena de hospitalidad. Dios llega de repente, pasando por el camino. El encuentro con Dios, según lo que dice el Libro del Génesis, no se limita a momentos excepcionales ni a lugares particulares. Incluso una comida puede servir para encontrarse con él.

 

TODOS SOMOS EL HIJO PRÓDIGO

— El pecado, la mayor tragedia del hombre. Consecuencias del pecado en el alma. Fuera de Dios es imposible la felicidad.

— La vuelta a Dios. Sinceridad y examen de conciencia.

— El encuentro con nuestro Padre Dios en la Confesión sincera y contrita. La alegría en la casa paterna.

I. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas1, rezamos en la Antífona de entrada de la Misa. En el Evangelio, narra San Lucas2 cómo cierto día en que se acercaban a Jesús muchos publicanos y pecadores, los fariseos comenzaron a murmurar porque Él los acogía a todos. Entonces el Señor les propuso esta parábola: Un hombre tenía dos hijos, y dijo el más joven al padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.

Todos somos hijos de Dios y, siendo hijos, somos también herederos3. La herencia es un conjunto de bienes incalculables y de felicidad sin límites, que solo en el Cielo alcanzará su plenitud y la seguridad completa. Hasta entonces tenemos la posibilidad de hacer con esa herencia lo mismo que el hijo menor de la parábola: pasados pocos días, el más joven, reuniéndolo todo, partió a una tierra lejana, y allí disipó toda su herencia viviendo disolutamente: «¡Cuántos hombres en el curso de los siglos, cuántos de los de nuestro tiempo pueden encontrar en esta parábola los rasgos fundamentales de su propia historia personal!»4. Tenemos la posibilidad de marcharnos lejos de la casa paterna y malbaratar los bienes de modo indigno de nuestra condición de hijos de Dios.

Cuando el hombre peca gravemente, se pierde para Dios y también para sí mismo, pues el pecado desorienta su camino hacia el Cielo; es la mayor tragedia que puede sucederle a un cristiano. Su vida honrada, las esperanzas que Dios había puesto en él; su vocación a la santidad, su pasado y su futuro se han venido abajo. Se aparta radicalmente del principio de vida, que es Dios, por la pérdida de la gracia santificante; pierde los méritos adquiridos a lo largo de toda su vida y se incapacita para adquirir otros nuevos, quedando sujeto de algún modo a la esclavitud del demonio. Por lo que respecta al pecado venial, Juan Pablo II nos recuerda que, aunque no cause la muerte del alma, el hombre que lo comete se detiene y distancia en el camino que le lleva al conocimiento y amor de Dios, por lo que no debe ser considerado como algo secundario ni como un pecado de poca importancia5.

«El alejamiento del Padre lleva siempre consigo una gran destrucción en quien lo realiza, en quien quebranta su voluntad y disipa en sí mismo la herencia: la dignidad de la propia persona humana, la herencia de la gracia»6. Aquel que un día, al salir de casa, se las prometía muy felices fuera de los límites de la finca, pronto comenzó a sentir necesidad. La satisfacción se acaba pronto, y el pecado no produce verdadera felicidad, porque el demonio carece de ella. Viene luego la soledad y «el drama de la dignidad perdida, la conciencia de la filiación divina echada a perder»7: se tuvo que poner a guardar cerdos, lo más infamante para un judío. Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos sobremanera, dice Yahvé. Un doble crimen ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, fuente de agua viva, para ir a excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua8. Fuera de Dios es imposible la felicidad, incluso aunque durante un tiempo pueda parecer otra cosa.

II. El hijo, lejos de la casa paterna, siente hambre. Entonces, volviendo en sí, recapacitando, se decidió a iniciar el camino de retorno. Así comienza también toda conversión, todo arrepentimiento: volviendo en sí, haciendo un parón, reflexionando el hombre y considerando a dónde le ha llevado su mala aventura; haciendo, en definitiva, un examen de conciencia, que abarca desde que salió de la casa paterna hasta la lamentable situación en que ahora se encuentra. «No bastan (...) los análisis sociológicos para traer la justicia y la paz. La raíz del mal está en el interior del hombre. Por eso, el remedio parte también del corazón»9.

Cuando se justifica el pecado, o se ignora, se hacen imposibles el arrepentimiento y la conversión, que tienen su origen en lo más profundo de la persona. Para hacer examen de la propia vida es necesario ponerse frente a las propias acciones con valentía y sinceridad, sin intentar falsas justificaciones: «Aprended a llamar blanco a lo blanco y negro a lo negro; mal al mal, y bien al bien. Aprended a llamar pecado al pecado»10, nos pide el Papa Juan Pablo II.

En el examen de conciencia se confronta nuestra vida con lo que Dios esperaba, y espera, de ella. Muchos autores espirituales han comparado el alma a una habitación cerrada. En la medida en que se abra la ventana y entre la luz se distinguen todos los desperfectos, la suciedad, todo lo feo y roto allí acumulado. En el examen, con la ayuda de la luz de la gracia, nos conocemos como en realidad somos (es decir, como somos delante de Dios). Los santos se han reconocido siempre pecadores porque, por su correspondencia a la gracia, han abierto las ventanas de par en par a la luz de Dios, y han podido conocer bien toda la estancia, su alma. En el examen descubriremos también las omisiones en el cumplimiento de nuestro compromiso de amor a Dios y a los hombres, y nos preguntaremos: ¿a qué se deben tantos descuidos? Cuando no hallamos de qué arrepentirnos, no suele ser por carecer de faltas y pecados sino por cerrarnos a esa luz de Dios, que nos indica en todo momento la verdadera situación de nuestra alma. Si se cierra la ventana, la habitación queda a oscuras y no se ve entonces el polvo, la silla mal colocada, el cuadro torcido y otros desperfectos y descuidos... quizá graves.

La soberbia también tratará de impedir que nos veamos tal como somos: han cerrado sus oídos y tapado sus ojos, a fin de no ver con ellos11. Los fariseos, a quienes el Señor aplica estas palabras, se hicieron sordos y ciegos voluntarios, porque en el fondo no estaban dispuestos a cambiar.

III. Se levantó y fue a su padre.

Desandar lo andado. Volver. El hombre continúa añorando, y poco a poco cobran fuerza otros sentimientos: el calor del hogar, el recuerdo insistente del rostro de su padre, el cariño filial. El dolor se vuelve más noble, y más sincera aquella frase preparada: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.

Todos nosotros, llamados a la santidad, somos también el hijo pródigo. «La vida humana es, en cierto modo, un constante volver hacia la casa de nuestro Padre. Volver mediante la contrición, esa conversión del corazón que supone el deseo de cambiar, la decisión firme de mejorar nuestra vida, y que –por tanto– se manifiesta en obras de sacrificio y de entrega. Volver hacia la casa del Padre, por medio de ese sacramento del perdón en el que, al confesar nuestros pecados, nos revestimos de Cristo y nos hacemos así hermanos suyos, miembros de la familia de Dios»12.

Hemos de acercarnos a este sacramento con el deseo de confesar la falta, sin desfigurarla, sin justificaciones: pequé contra el Cielo y contra ti. Con humildad y sencillez, sin rodeos. En la sinceridad se manifiesta el arrepentimiento de las faltas cometidas.

El hijo llega hambriento, sucio y lleno de andrajos. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

El padre corrió... Mientras el arrepentimiento anda con frecuencia lentamente, la misericordia de nuestro Padre corre hacia nosotros en cuanto atisba en la lejanía nuestro más pequeño deseo de volver. Por eso la Confesión está impregnada de alegría y de esperanza. «Es la alegría del perdón de Dios, mediante sus sacerdotes, cuando por desgracia se ha ofendido su infinito amor y arrepentidos se retorna a sus brazos de Padre»13.

Las palabras de Dios, que ha recuperado a su hijo perdido y envilecido, también desbordan alegría. Pronto, traed la túnica más rica y vestídsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies, y traed un becerro bien cebado y matadlo, y comamos y alegrémonos, porque este mi hijo, que había muerto, ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado. Y se pusieron a celebrar la fiesta.

La túnica más rica lo constituye en huésped de honor; con el anillo le es devuelto el poder de sellar, la autoridad, todos los derechos; las sandalias le declararon hombre libre. «En el Sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos»14.

El Señor nos devuelve en la Confesión lo que culpablemente perdimos por el pecado: la gracia y la dignidad de hijos de Dios. Ha establecido este sacramento de Su misericordia para que podamos volver siempre al hogar paterno. Y la vuelta acaba siempre en una fiesta llena de alegría. Tal es, os digo, la alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia15.

Después de recibir la absolución y cumplir con la penitencia impuesta por el confesor, «el penitente, olvidándose de lo que queda atrás16, se injerta de nuevo en el misterio de la salvación y se encamina hacia los bienes futuros»17.

1 Antífona de entrada. Sal 144, 8-9.  2 Lc 15, 1-3; 11-32. — 3 Rom 8, 17. — 4 Juan Pablo II, Homilía 16-III-1980. — 5 Cfr. Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 17. — 6 Conc. Vat. II, loc. cit. — 7 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 5. — 8 Jer 2, 12-13. — 9 Juan Pablo II, Discurso a UNIV, Roma 11-IV-1979. — 10 Juan Pablo II, Hom. Universitarios, Roma 26-III-1981. — 11 Mt 13, 15. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 64. — 13 Juan Pablo II, Alocución a peregrinos napolitanos, Roma 24-III-1979. — 14 San Josemaría. Escrivá, Camino, n. 310. — 15 Lc 15, 10. — 16 Fil 3, 13. — 17 Ritual de la Penitencia, 2ª ed., Madrid 1980, Praenotanda, n. 6.

 

“Nos quiere muy humanos y muy divinos”

Ya hace muchos años vi con claridad meridiana un criterio que será siempre válido: el ambiente de la sociedad, con su apartamiento de la fe y la moral cristianas, necesita una nueva forma de vivir y de propagar la verdad eterna del Evangelio: en la misma entraña de la sociedad, del mundo, los hijos de Dios han de brillar por sus virtudes como linternas en la oscuridad. (Surco, 318)

6 de marzo

Si aceptamos nuestra responsabilidad de hijos suyos, Dios nos quiere muy humanos. Que la cabeza toque el cielo, pero que las plantas pisen bien seguros en la tierra. El precio de vivir en cristiano no es dejar de ser hombres o abdicar del esfuerzo por adquirir esas virtudes que algunos tienen, aun sin conocer a Cristo. El precio de cada cristiano es la Sangre redentora de Nuestro Señor, que nos quiere -insisto- muy humanos y muy divinos, con el empeño diario de imitarle a El, que es perfectus Deus, perfectus homo.

No sabría determinar cuál es la principal virtud humana: depende del punto de vista desde el que se mire. Además, la cuestión resulta ociosa, porque no consiste en practicar una o unas cuantas virtudes: es preciso luchar por adquirirlas y practicarlas todas. Cada una se entrelaza con las demás, y así, el esfuerzo por ser sinceros, nos hace justos, alegres, prudentes, serenos.

A la vez, hemos de considerar que la decisión y la responsabilidad están en la libertad personal de cada uno, y por eso las virtudes son también radicalmente personales, de la persona. Sin embargo, en esa batalla de amor nadie pelea solo -ninguno es un verso suelto, suelo repetir-: de alguna manera, nos ayudamos o nos perjudicamos. Todos somos eslabones de una misma cadena. Pide ahora conmigo, a Dios Señor Nuestro, que esa cadena nos ancle en su Corazón, hasta que llegue el día de contemplarle cara a cara en el Cielo para siempre. (Amigos de Dios, 75-76)

 

 

En torno al buen samaritano

El Papa Francisco ha publicado recientemente la encíclica "Fratelli tutti" sobre la fraternidad universal y la amistad social. En este texto se profundiza en el segundo capítulo: un comentario a la parábola del buen samaritano.

OTROS20/11/2020

Opus Dei - ​En torno al buen samaritano

El Papa Francisco ha publicado recientemente la encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad universal y la amistad social. El segundo capítulo es un comentario a la parábola del buen samaritano que, como afirma el pontífice, «se expresa de tal manera que cualquiera de nosotros puede dejarse interpelar por ella»[1] y que emerge como clave de lectura de todo el documento.

Las siguientes líneas son un resumen de un estudio[2] publicado en el número de diciembre de 2018 de la revista Scripta Theologica, donde la filósofa Ana Marta González comenta la parábola a la luz de dos textos: la Salvifici Doloris de san Juan Pablo II y una carta del beato Álvaro dirigida a los fieles del Opus Dei, escrita en enero de 1993.

Una pregunta decisiva

La parábola está recogida en el capítulo 10 del evangelio según san Lucas. El escritor sagrado nos presenta a un maestro de la ley que, puesto en pie, dirige a Jesús una pregunta decisiva: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”[3]. No deja de ser llamativo que, en vez de ofrecerle una contestación rápida o convencional, el Rabí de Nazaret invita a su interlocutor al diálogo, proponiendo a su vez otro interrogante: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?” El levita citó unas palabras tomadas del libro del Deuteronomio: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.” Jesús le dijo: “–Has respondido bien: haz esto y vivirás”. Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: –¿Y quién es mi prójimo?”»[4].

Lo que sigue entonces es el relato cuya fecundidad silenciosa llega hasta nuestros días. En su aparente sencillez, la parábola del buen samaritano transmite un mensaje inusualmente profundo, que ha golpeado de modo efectivo las conciencias y suscitado auténticas movilizaciones espirituales, en las que la experiencia religiosa ha cristalizado en expresiones éticas, personales e institucionales, sin las que no comprenderíamos nuestra cultura.

La asombrosa fecundidad de este relato difícilmente podría explicarse con una interpretación unilateral, que incidiese únicamente en los aspectos éticos, desligados de los religiosos, o en los aspectos religiosos, desligados de los éticos. Sin embargo, para apreciar esto es preciso ir más allá de una visión puramente ritualista de la religión y advertir el modo en que la ética se hace presente en el núcleo mismo de la experiencia religiosa, lo cual no rara vez supone advertir también la dimensión religiosa implícita en la experiencia ética.

En este sentido, la parábola vale como piedra de toque de una religiosidad auténtica, capaz de reconocer la huella del Dios trascendente en el otro que me sale al encuentro, antes que en el cumplimiento de ciertos formalismos rituales.

Es significativo que el pasaje venga precedido de una pregunta por parte del doctor de la ley, con la que éste, al menos aparentemente, persigue comprender mejor el mandato del amor al prójimo prescrito en la ley de Dios (v. 27). “¿Y quién es mi prójimo?”. Ésta es, en efecto, la pregunta que, según resalta Juan Pablo II, da origen al relato (Salvifici Doloris, n. 28), y que, como él mismo apunta, no debe desvincularse de aquel otro pasaje donde, refiriéndose al juicio final, Jesús mismo se identifica con cualquiera que pasa hambre, sed, está desnudo, encarcelado o enfermo. Igualmente podría citarse a san Juan: «Si alguno dice “amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

Cambio de perspectiva

Jesús contesta de un modo singular al interrogante que plantea el doctor de la ley pues, más que ofrecer una respuesta cerrada, lo traslada de nuevo, como una cuestión abierta, a su interlocutor, quien se ve directamente interpelado. Así, tras describir las diversas reacciones del sacerdote, el levita y el samaritano ante el hombre apaleado, Jesús se dirige de nuevo al doctor de la ley y le pregunta: “¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?”[5]. Es su interlocutor quien debe responder de manera personal, tras haber escuchado y comprendido, también de manera personal, el mensaje implícito en el relato. Y así lo hace: «Él dijo: “El que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús: “Vete y haz tú lo mismo”»[6].

Ahí vemos que la respuesta a una cuestión aparentemente sencilla, como quién es el prójimo, no discurre por los cauces habituales. Jesús no permite que su interlocutor se convierta en un simple espectador, tal vez juez, de su respuesta, porque la respuesta a la cuestión del prójimo no es compatible con una actitud teórica de ese estilo, sino que reclama un compromiso previo de parte de quien formula la pregunta, un compromiso que comienza con el reconocimiento de que el relato impone un cambio de perspectiva, un abandono de la posición teórica, de puro espectador.

Compasión y acción

En la Salvifici Doloris, Juan Pablo II subrayaba en primer lugar este aspecto: «Buen Samaritano es todo hombre, que se para junto al sufrimiento de otro hombre de cualquier género que ése sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad. Es como el abrirse de una determinada disposición interior del corazón, que tiene también su expresión emotiva. Buen Samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que “se conmueve” ante la desgracia del prójimo. Si Cristo, conocedor del interior del hombre, subraya esta conmoción, quiere decir que es importante para toda nuestra actitud frente al sufrimiento ajeno. Por lo tanto, es necesario cultivar en sí mismo esta sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre» (JP II, SD, n. 28).

El Papa resaltaba la necesidad de cultivar la sensibilidad del corazón. Pero eso solo tampoco es suficiente. Tal capacidad no es inerte, sino que moviliza a la acción. Así –seguía diciendo Juan Pablo II– forma parte del amor, de la solidaridad auténtica, el ir, en lo posible, más allá de la simple conmoción, procurando prestar una ayuda eficaz: «El buen Samaritano de la parábola de Cristo no se queda en la mera conmoción y compasión. Éstas se convierten para él en estímulo a la acción que tiende a ayudar al hombre herido. Por consiguiente, es en definitiva buen Samaritano el que ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible, eficaz. En ella pone todo su corazón y no ahorra ni siquiera medios materiales. Se puede afirmar que se da a sí mismo, su propio “yo”, abriendo este “yo” al otro. Tocamos aquí uno de los puntos clave de toda la antropología cristiana. El hombre no puede “encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. Buen Samaritano es el hombre capaz precisamente de ese don de sí mismo» (JPII, SD, n. 28).

Desde el mismo momento en que se formula, la pregunta por el prójimo –quién es mi prójimo– impone una tarea tan gozosa como inacabable: la tarea de hacerse permeable a las necesidades ajenas y aliviarlas, en lo que esté de nuestra parte, de manera eficaz. Por eso no nos extrañan las palabras con las que Jesús cierra el episodio: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). De este modo la parábola invita a revisar lo que consideramos, tal vez con buena intención, nuestras prioridades; nos invita a examinar si acaso puede haber algo más importante que dejarse conmover y detenerse, entonces, en ese lugar, a curar las heridas de la persona maltratada.

La cuestión es que, sin grandes artificios, poniendo al descubierto el contraste entre la conducta del sacerdote, del levita, y del samaritano, la parábola nos interpela sin rodeos, precisamente como personas que se sienten de repente implicadas e interpeladas por la situación en que se encuentran otras personas: ¿Con quién te identificas? ¿Con el levita? ¿Con el sacerdote? ¿Con el samaritano? Enseguida nos preguntamos qué ocurre en el corazón de cada uno, para que pase de largo o, por el contrario, se detenga ante el hombre maltratado; qué ocurre en el nuestro. De este modo la parábola invita a revisar lo que consideramos, tal vez con buena intención, nuestras prioridades; el otro, que me sale al encuentro, desafía mis conceptos y sacude mis inercias, también mis inercias morales.

«Un mandamiento nuevo os doy»

En el rostro del otro cabe advertir la huella de Dios, de un modo que vuelve pertinente no sólo el lenguaje de la compasión y la empatía, sino también el del mandato: no sin cierta paradoja, el otro puede exigir esa clase de atención que cuenta como amor, y que solo puede dispensarse libremente.

Existe un deber de amar pues, como dice san Pablo, “el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Rm 13, 8). Sin embargo, como observa Benedicto XVI, «el mandamiento del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser “mandado” porque antes es dado»[7]. San Juan es muy claro al respecto: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros» (1 Jn 4,10-11). Lo interesante es que la recíproca de «si Dios nos ha amado así», se convierte en «debemos nosotros amarnos unos a otros». Con otras palabras: el amor recibido de Dios debe hacerse llegar al prójimo.

Alma sacerdotal y mentalidad laical

En una carta escrita a los fieles del Opus Dei en enero de 1993, el beato Álvaro del Portillo glosaba la parábola del buen samaritano, con el fin de ilustrar el modo concreto en que “alma sacerdotal” y “mentalidad laical” –dos expresiones con las que san Josemaría definía la condición del fiel que desarrolla su vocación en medio del mundo– confluyen en la actuación ordinaria del cristiano.

El beato Álvaro invita a reconocer la imagen de Cristo en el hombre maltratado, y que sigue haciéndose presente en todos los que sufren, con quienes se identifica. Pero precisamente por eso, observa, no sólo el que padece, sino también el que se compadece de manera operativa, es imagen de Cristo. En efecto: meditando en la conducta del samaritano, que «detuvo su viaje, cambió sus planes, le dedicó su tiempo, empleó los medios a su disposición», el beato Álvaro insistía: «también el samaritano es imagen de Cristo, modelo de alma sacerdotal, porque el dolor no es sólo medio de santificación en quien lo padece, sino en quien se compadece del que sufre y se sacrifica por atenderle...» (I.93, n. 19). Al subrayar que «el dolor no es sólo medio de santificación en quien lo padece, sino en quien se compadece», don Álvaro da a entender que el protagonismo no está en el que se hace prójimo del que sufre, sino ante todo en el que sufre. Es con éste con quien se identifica Cristo en primera instancia. Él es quien marca la pauta, el criterio, frente al cual los personajes que pasan a su lado adquirirán o no su condición de prójimos, en última instancia, actualizando su alma sacerdotal.

Una inflexión significativa

No reconoceríamos a Dios en el prójimo si no nos acercáramos a él en su sufrimiento, si no nos dejáramos conmover por sus necesidades, de forma que modificaran nuestros planes. Esta disposición es parte esencial, constitutiva, de la compasión que exhibe el samaritano. Don Álvaro, al igual que Juan Pablo II, no se limita a destacar la necesidad de una actitud compasiva, sino que subraya la necesidad de que tal actitud vaya acompañada de obras eficaces. En este contexto, introduce una inflexión significativa: «Después, una vez que ha trasladado personalmente el enfermo a la posada, ¿qué hace el samaritano? Sacando dos denarios, se los dio al mesonero y le dijo: cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta (Lc 10,25): prosigue su camino, porque le incumben otros deberes que no puede descuidar. No es una disculpa, no es una evasión, no haría bien si permaneciera más tiempo: sería sentimentalismo, desatendería otras obligaciones. La misma caridad que le ha impulsado a detenerse, le mueve a continuar su viaje. Es Cristo quien nos ofrece el ejemplo» (I.93, n. 19)

En este texto don Álvaro recuerda el horizonte microscópico y macroscópico de la caridad cuando, por un lado, señala que «un cristiano nunca puede cerrar los ojos ante la indigencia del prójimo, sea moral o material», pues «precisamente, el amor a Dios, en el que consiste primariamente la caridad, dilata las pupilas de nuestros ojos, permitiéndonos reconocer a Cristo en los que sufren, y enciende en nuestros corazones el deseo de volcarnos en obras de misericordia, silenciosamente, sin aparato» (I.93, n. 19), llevando a «inculcar este afán en quienes nos rodean, para que no se conduzcan de modo egoísta, de espaldas al dolor, a la soledad o a la miseria» (I.93, n. 19). Pero, por otro lado, y con la misma energía, no deja de invitar a reconocer la proyección de la caridad en las relaciones sociales, económicas, políticas, en las que se desenvuelve de hecho nuestra vida ordinaria: no sólo en los encuentros inesperados, donde las necesidades del otro se nos presentan de forma clamorosa, sino en los encuentros cotidianos, que componen el tejido acostumbrado de la vida, debe hacerse abrirse paso la caridad, debe –por emplear su mismo lenguaje– ponerse en ejercicio el alma sacerdotal: «El afán de atender y remediar en lo posible las necesidades materiales del prójimo, sin descuidar las demás obligaciones propias de cada uno, como el buen samaritano, es algo característico de la fusión entre alma sacerdotal y mentalidad laical. Lo que Dios nos pide, en primer término, es que santifiquemos el trabajo profesional y los deberes ordinarios. En medio de esas actividades, permite que os encontréis con la indigencia y el dolor de otras personas; entonces, señal clara de que realizáis vuestras tareas con alma sacerdotal, es que no pasáis de largo, indiferentes; y señal no menos clara es que lo hacéis sin abandonar los demás deberes que tenéis que santificar» (I.93, n. 20).

Caridad desde el propio lugar en el mundo

Haciéndose eco fiel del mensaje de san Josemaría, quien había acuñado la expresión «mentalidad laical» para referirse a la naturalidad con la que cristianos corrientes, ciudadanos y trabajadores entre sus iguales, con quienes comparten un modo de ver el mundo y unos mismos afanes, infunden la luz de la fe y de la caridad en esas realidades humanas, el beato Álvaro insiste sobre el valor santificador de las realidades ordinarias: el espíritu cristiano no se transparenta sólo en los casos extraordinarios, sino también en la vida cotidiana.

«Dios quiere que permanezcáis en vuestro lugar. Desde ahí, podéis realizar –estáis realizando– una labor colosal en beneficio de los pobres e indigentes, de los que padecen ignorancia, soledad y dolor –en tantas ocasiones a causa de la injusticia de los hombres–, porque al buscar la santidad con todas vuestras fuerzas, santificando el trabajo profesional y las relaciones familiares y sociales, contribuís a informar la sociedad con el espíritu cristiano» (I.93, n. 20).

Con el fin de dejar claro que el mensaje anterior no se dirige a unos pocos, sino a todos, sea cual sea el lugar que ocupe en el mundo, puntualiza: «No me refiero sólo a quienes ocupáis puestos de relieve en los ambientes económicos, políticos y sociales; pienso en todas las hijas y en todos los hijos de nuestro Padre, que, al convertir en oración su trabajo y su jornada entera –quizá tareas sin brillo, como la labor y la vida de la Virgen y de san José–, estáis poniendo a Cristo en la cima de las actividades humanas, y Él –no lo dudéis– atraerá todas las cosas hacia sí, saciando vuestra hambre y sed de justicia» (I.93, n. 20).

Es toda la teología del valor santificador del trabajo y la vida ordinaria, que san Josemaría puso de relieve remitiendo a los años de vida oculta de Jesús en Nazaret, la que se pone en juego en esas palabras. El hecho de que la adecuada interpretación del pasaje requiera adoptar una perspectiva teológica no debe impedirnos reconocer la estructura ética que presupone, ya destacada por la Doctrina Social de la Iglesia cuando sitúa el trabajo humano en el corazón de toda la cuestión social. Pues, en último término, lo que la glosa de don Álvaro a esta parábola pone de relieve es la dimensión intrínsecamente solidaria de todo trabajo humano, y, en esa medida, que la solidaridad expresada por el buen samaritano no debe reservarse exclusivamente para situaciones extraordinarias, sino actualizarse en el ejercicio cotidiano de la profesión.

El ejemplo del mesonero

Es este aspecto, precisamente, el que queda singularmente resaltado en la parte final de su comentario, que, no por hacerse eco de la predicación del Fundador del Opus Dei deja de ser original: «Meditemos también el final de la parábola. Para ocuparse del herido, el samaritano recurrió también al mesonero. ¿Cómo se hubiera desenvuelto sin él? Nuestro Padre admiraba la figura de este hombre –el dueño de la posada– que pasó inadvertido, hizo la mayor parte del trabajo y actuó profesionalmente. Al contemplar su conducta, entended, por una parte, que todos podéis actuar como él, en el ejercicio de vuestro trabajo, porque cualquier tarea profesional ofrece de un modo más o menos directo la ocasión de ayudar a las personas necesitadas. Ciertamente lo permite la tarea de un médico, de un abogado, o de un empresario que no cierra los ojos ante las necesidades materiales que la ley no le obliga a atender, porque sabe que le obligan la justicia y el amor; pero también la de un oficinista, un trabajador manual o un agricultor que encuentra el modo de servir a los demás, quizá en medio de grandes estrecheces personales. Sin olvidar –insisto de nuevo– que el fiel desempeño del oficio profesional ya es ejercicio de la caridad con las personas y con la sociedad» (I.93, n. 21).

El mesonero, a quien el samaritano le encomienda “cuidar” del hombre malherido, realiza una tarea profesional impregnada de caridad. Con su actuación, actualiza los vínculos éticos de solidaridad a los que nos convoca la vida social y los eleva a una nueva dimensión. Me atrevo a decir que especialmente en una sociedad en la que las interdependencias son cada vez más manifiestas, advertir la intrínseca dimensión ética de los lazos profesionales reviste particular trascendencia. En este sentido, cualquier trabajo, desempeñado fielmente, y con los ojos atentos a las necesidades de las personas implicadas, puede y debe considerarse un auténtico ejercicio de solidaridad y caridad. Más aún: la ayuda eficaz que, según veíamos, caracteriza la auténtica compasión, reclama con frecuencia una solución profesional, informada por el mismo principio. Por eso mismo –sigue diciendo don Álvaro– «la preocupación por los pobres y enfermos... ha de impulsar a promover o a participar en labores asistenciales, con las que se trate de remediar, de modo profesional, esas necesidades humanas y muchas otras» (I.93, n. 21).

En efecto: la caridad no sólo abre los ojos a las necesidades ajenas, sino que, como decíamos arriba, con palabras de san Juan Pablo II, mueve a remediarlas de manera eficaz, de un modo que no pierda de vista el bien de la persona. El beato Álvaro expresa esto mismo sirviéndose del par de conceptos acuñados por san Josemaría: el alma sacerdotal, que alienta en todo fiel cristiano que vive en medio del mundo y en él desempeña un trabajo profesional, debe moverle a reconocer las necesidades del prójimo y contribuir a su solución con la mentalidad laical y profesional que le es propia: impulsando escuelas, colegios, centros de formación profesional, hospitales, centros asistenciales, centros de investigación, etc.

Sobre esta misma idea incidió años más tarde Juan Pablo II en su libro Levantaos Vamos, para referirse al modo en que los laicos realizan su vocación en el mundo: «Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso sólo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos así, saciando su hambre y sed de justicia» (Mt 5,6). Y añadía: «¿No es ésta la lección que se desprende del final de la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,34-35)? Después de los primeros cuidados de asistencia al herido, el buen samaritano se dirige al posadero. ¿Qué hubiera podido hacer sin él? De hecho, el posadero, permaneciendo en el anonimato, realizó la mayor parte del trabajo. Todos pueden actuar como él cumpliendo sus propias tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita. (...) El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales es practicar ya el amor por las personas y la sociedad»[8].

Ana Marta González


[1] Papa Francisco, encíclica Fratelli Tutti, n. 56.

[2] Ana Marta González, En torno al Buen Samaritano. Lecturas del siglo XX, 50, 3, pp. 533-559, Scripta Theologica, 2018. https://doi.org/10.15581/006.50.3.533-559

[3] Lc 15, 25.

[4] Lc 15, 26-29.

[5] Lc 10, 36.

[6] Lc 10, 37.

[7] Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 14.

[8] San Juan Pablo II, Levantaos, Vamos, pp. 107-108.

CÓMO VIVIR LA CUARESMA
Catequesis del Santo Padre Francisco

 Audiencia General
5 de marzo de 2014

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Comienza hoy, miércoles de Ceniza, el itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación. La Cuaresma nos prepara para este momento tan importante, por ello es un tiempo «fuerte», un momento decisivo que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión. Todos nosotros necesitamos mejorar, cambiar para mejor. La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha. En el tiempo cuaresmal la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar más viva conciencia de la obra redentora de Cristo y vivir con mayor compromiso el propio Bautismo.

La consciencia de las maravillas que el Señor actuó para nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud hacia Dios, por lo que Él nos ha donado, por todo lo que realiza en favor de su pueblo y de toda la humanidad. De aquí parte nuestra conversión: ella es la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando vemos este amor que Dios tiene por nosotros, sentimos ganas de acercarnos a Él: esto es la conversión.

Vivir en profundidad el Bautismo —he aquí la segunda invitación— significa también no acostumbrarnos a las situaciones de degradación y de miseria que encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y de nuestros países. Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para cobijarse. Nos acostumbramos a los refugiados en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debiera. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios, donde los padres ya no enseñan a los hijos a rezar ni a santiguarse. Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? Pensadlo. Vuestros nietos, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Se lo habéis enseñado? Pensad y responded en vuestro corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Ave María? Pensad y respondeos. Este habituarse a comportamientos no cristianos y de comodidad nos narcotiza el corazón.

La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades. Por ello la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2 Cor 8, 9). Al meditar los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por iniciativa gratuita de Dios.

Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: son elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma. En este camino, queremos invocar con especial confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: que sea Ella, la primera creyente en Cristo, quien nos acompañe en los días de oración intensa y de penitencia, para llegar a celebrar, purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.

 

Relación entre la clase social y la deshumanización

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¿Se deshumaniza a los ricos? ¿Y a los pobres? Descúbrelo en este artículo.

Deshumanizar consiste en negar que otras personas tienen rasgos humanos. En otras palabras, deshumanizar consiste en considerar a alguien “menos persona”. Generalmente, la deshumanización se produce hacia miembros de grupos; es decir, consideramos menos humanas a algunas personas porque pertenecen a cierto grupo.

Aunque existen diversas diferencias que pueden dar lugar a distintos grupos, una de las más importantes es la clase social. La clase social es una forma de estratificación social en la cual un grupo de individuos comparten una característica común que los vincula social o económicamente. Así, a grandes rasgos, podemos diferenciar dos clases sociales: los ricos y los pobres. Por tanto, las personas, independientemente de su clase, podrían llegar a deshumanizar a estos grupos.

Cómo deshumanizamos?

Deshumanizar consiste en creer que alguien es menos humano. Sin embargo, encontramos que hay diferentes formas de deshumanización. En concreto, destacamos dos: la animalización y la mecanización. Según el modelo dual de Haslam (2006) hay dos formas de animalización, las cuales surgirían cuando negamos rasgos que típicos de los humanos. Dependiendo de qué rasgos negamos, estamos animalizando o mecanizando.

“La deshumanización, aunque es un hecho histórico concreto, no es un destino dado sino el resultado de un orden injusto que engendra violencia en los opresores, que a su vez deshumaniza a los oprimidos”.

-Paulo Freire-

Así, por un lado, animalizar consiste en negar los rasgos que son exclusivamente humanos. Estos rasgos son los que nos distinguen de los animales. Por ejemplo, la aptitud cognitiva o el refinamiento y ser civilizados.

Por otro lado, mecanizar consiste en negar los rasgos que son típicos de la naturaleza humana, pero no necesariamente únicos en relación con otros animales, como la calidez y la emotividad. De esta forma, los grupos a los que se les niega aquello que les hace humanos son comparados con animales y a los que se les niega la naturaleza humana se les compara con objetos inanimados como robots o autómatas.

Funciones de la deshumanización

¿Para qué sirve la deshumanización? La deshumanización presenta tres funciones principales. En primer lugar, deshumanizar a otro grupo sirve para justificar la violencia. Cuando consideramos que los miembros de un grupo son menos humanos, es más fácil que pensemos que tenemos derechos sobre sus miembros. Así, estará justificado el uso de la violencia cuando no se comportan como esperamos.

En segundo lugar, la deshumanización legitima el “status quo”. Hay grupos que tienen más estatus y otros que tienen menos. De esta forma, si otro grupo es deshumanizado y, por tanto, menos humano, también tendrá menos estatus. De esta forma, nuestro grupo será superior al grupo deshumanizado.

“Era tan terrible que ya no era terrible, solo estaba deshumanizado”.

-F. Scott Fitzgerald-

En tercer lugar, deshumanizar desinhibe la moral. Todos poseemos valores morales que rigen nuestra conducta, como por ejemplo considerar que “matar está mal”. Sin embargo, estos valores se aplican a los humanos. Así, si no consideramos humana a una persona, va a ser más fácil usar la violencia contra ella, aunque nuestros valores nos lo impidan. Piénsese en cómo los nazis pensaban que los judíos eran cucarachas.

Deshumanizando según la clase social

El clasismo se entiende como un conjunto de actitudes, creencias y conductas dirigidas hacia un grupo de personas como consecuencia de su pertenencia a una clase social/estatus socioeconómico determinada. Puede dirigirse a clases sociales aventajadas o desaventajadas. En otras palabras, el clasismo son las actitudes hacia ricos y pobres. Así, una consecuencia del clasismo sería la deshumanización, o sea, considerar menos humanos a ricos y/o pobres.

En el caso de los pobres, se les animaliza. A los pobres tiende a considerárselos como menos humanos y más animales. Algunos de los rasgos típicos que se les niegan son el civismo, la capacidad de racionalizar y el refinamiento. A los pobres se los considera animales sin la capacidad de salir de su situación.

En el caso de los ricos, no se les animaliza. Al contrario que con los pobres, a los ricos se les mecaniza. No es común pensar que los ricos son incívicos y mucho menos que no sean refinados. Sin embargo, sí que es posible pensar que se les puede negar la calidez y la emotividad. Así, a los ricos se los consideraría fríos, sin sentimientos, sin empatía. Esto es, como máquinas.

En conjunto, los ricos serían vistos como máquinas y los pobres como animales. De esta forma, los grupos de la clase media mantendrían su estatus. Las consecuencias son que los pobres serán tratados con desprecio, como animales, lo cual permitiría conductas despreciables hacia este colectivo. Sin embargo, a los ricos se los trataría con distancia, con miedo y respeto porque se los consideraría capaces de cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos.

Sergio De Dios González

 

Curso sobre San José (I): Introducción

 

Real Oratorio del Caballero de Gracia. Por D. Juan Moya, rector.

 

 

Evangelio del domingo: la purificación del Templo

Comentario del domingo de la 3° semana de Cuaresma (Ciclo B). “¿Qué signo nos das para hacer esto? Destruid este Templo y en tres días lo levantaré”. En la purificación del Templo Jesús anticipa su cruz y su resurrección, inaugurando un nuevo culto que se realiza en la comunión con Él.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Opus Dei - Evangelio del domingo: la purificación del Templo

Evangelio (Jn 2,13-25)

Pronto iba a ser la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y les dijo a los que vendían palomas:

— Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado.

Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

Entonces los judíos replicaron:

— ¿Qué signo nos das para hacer esto?

Jesús respondió:

— Destruid este Templo y en tres días lo levantaré.

Los judíos contestaron:

— ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él se refería al Templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos, y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, porque conocía el interior de cada hombre.


Comentario

En el camino de la Cuaresma la liturgia de este III domingo nos propone contemplar la escena conocida como la purificación del Templo. Los otros evangelistas sitúan este acontecimiento en la última semana de Jesús en Jerusalén, cuando llevará a cabo la misión que había recibido del Padre, mientras que Juan lo sitúa al comienzo del ministerio público de Jesús probablemente con la idea de considerarlo un gesto programático.

Al echar del Templo a los vendedores y cambistas, Jesús recuerda las palabras proféticas de Zacarías: “Aquel día no habrá más traficantes en el Templo del Señor” (Zc 14,21). Los judíos, entendiendo que se trataba de un gesto simbólico, le piden un signo para comprobar que está actuando en nombre y con el poder de Dios, como un verdadero profeta.

Jesús ofrece un signo que ningún otro profeta podría haber dado: la cruz y la resurrección, “Destruid este Templo y en tres días lo levantaré”. El sentido de estas palabras, malinterpretadas por los judíos, será revelado solo en la resurrección de Jesús, cuando los discípulos “recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús”.

La cruz y la resurrección de Jesús abren a una nueva forma de adorar a Dios. El lugar del encuentro entre Dios y los hombres ya no será el Templo sino el cuerpo de Jesús resucitado y glorificado que reúne a todos en el Sacramento de su cuerpo y sangre.

Poco después, en el mismo evangelio de Juan, al samaritano Jesús lo explicará más claramente: “llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre (…). Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca” (Jn 4,21-23).

A este nuevo culto hace referencia san Pablo cuando llama a los cristianos “templo de Dios” (1Cor 3,16) y sobre todo cuando exhorta a ofrecer nuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios. Se trata del “culto espiritual” (Rm 12,1), un culto en el cual el hombre unido a Cristo llega a ser adoración, glorificación del Dios vivo.

Después de la purificación del Templo, el evangelista señala que muchos al ver los signos que realizaba creyeron en su nombre y, sin embargo, Jesús “no se fiaba de ellos, porque conocía el interior de cada hombre”.

A veces nuestra fe, como la de aquellos adversarios de Jesús, se funda más sobre los milagros que sobre el mismo Dios, se apoya más en nuestras seguridades que en la comunión con Cristo realizada en los sacramentos.

La purificación del Templo realizada por Jesús nos recuerda hoy la necesidad de purificar nuestra fe, de volver a fundar nuestra vida sobre este Dios que ha manifestado su potencia y su amor infinito en la cruz, fuente de nuestra salvación. Solo pasando por la cruz llegaremos a la gloria y la alegría de la resurrección.

 TERCER DOMINGO DE CUARESMA.

 

Jn 2,13.25

 

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

Poco a poco va sucumbiendo la tensión que hará que los enemigos de Jesús se organicen para acabar con El.

 

1.    La tensión va subiendo cuando Jesús quiere colocar en su sitio lo que es esencial para la fe de los judíos, la Ley, el Templo, el sábado...

 

2.    Ante el Templo denuncia que hayan convertido la casa de su Padre en una cueva de bandidos, de negocios. Mi casa es casa de oración.

 

3.    Jesús aprovecha la contienda y la polémica para ante el asombro de los que valoraban la belleza material del Templo, afirmar que no quedará piedra sobre piedra. Sin embargo es un lenguaje que muchos no entienden, habla del Templo de su cuerpo que resucitará. No podrán contra Él, las fuerzas del mal.

 

  

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Meditaciones: 6º domingo de san José

Sexta reflexión para meditar durante los siete domingos de san José. Los temas propuestos son: dificultades y creatividad en la vida de José; la actitud ante los problemas de una familia corriente; acoger la luz de Dios en lo ordinario.

MEDITACIONES04/03/2021

Opus Dei - Meditaciones: 6º domingo de san José

Dificultades y creatividad en la vida de José

La actitud ante los problemas de una familia corriente

Acoger la luz de Dios en lo ordinario


LA VIDA DE san José no estuvo libre de dificultades, grandes y pequeñas. De hecho, la costumbre de vivir de manera especial los siete domingos previos a su fiesta nace para contemplar sus siete gozos, pero también sus siete dolores. Por ejemplo, aquel cuando Jesús, a los doce años, se quedó en el Templo de Jerusalén sin que lo supieran sus padres. María, al encontrarlo tres días después, exclama: «¡Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos» (Lc 2,48). La Escritura es clara: san José había pasado muchas horas de tribulación, había experimentado la angustia de quien no halla lo más importante de su vida. También está, por ejemplo, aquel dolor del santo patriarca cuando el ángel le dice: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13). Son palabras fuertes, que asustan, más al ser recibidas en medio de la oscuridad de la noche.

¿Por qué un varón tan justo tenía que pasar por estos y otros momentos difíciles? ¿Por qué alguien que procura hacer las cosas con tanta delicadeza y honradez a veces puede parecer que experimenta incluso más dificultades que los demás? Al contemplar los problemas por los que pasó san José, como encontrar techo para Jesús o tener que vivir como forastero, muchas veces «nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre»[1].

San José sabía que las dificultades, además de que no son extrañas en los planes divinos, pueden ser momentos de crecimiento en intimidad con Dios y de crecimiento personal en muchos ámbitos. Aunque, lógicamente, no busquemos pasar por este tipo de circunstancias, estas inevitablemente llegan, y entonces el santo patriarca puede ser un buen modelo e intercesor; puede enseñarnos a sacar de nosotros la valentía y la creatividad para transformar nuestro entorno y nuestro corazón en un lugar más de Dios. Son momentos en los que el Señor tiene una especial misión para nosotros, aunque no siempre lo alcancemos a comprender del todo.


LOS PROBLEMAS DE Jesús, María y José también eran los problemas de una familia corriente, como los que solemos tener en la nuestra propia, a veces costosos: traslados entre ciudades, cambios de casa, pérdida de trabajo, amenazas, dudas... En tantos aspectos, la vida de san José fue una vida normal y eso lo hace cercano a nosotros. Por ejemplo, «el Evangelio no da ninguna información sobre el tiempo en que María, José y el Niño permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo que es cierto es que habrán tenido necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo. No hace falta mucha imaginación para llenar el silencio del Evangelio a este respecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las demás familias»[2]. Es verdad que Dios puede resolver muchos de esos conflictos, antes y ahora, pero en su divina sabiduría no ha querido hacerlo, nos lo ha dejado a nosotros. «De Dios es la sabiduría y la fuerza, suyos son la inteligencia y el consejo» (Jb 12,13). Su milagro son las capacidades que ha dado a cada uno, enriquecidas por los dones del Espíritu Santo.

San Josemaría también experimentó dificultades y sufrimiento para llevar adelante su misión de ser padre y guía de santos: la muerte sucesiva de tres hermanas pequeñas, la humillación de la bancarrota del negocio familiar, las incomprensiones de algunos parientes cercanos, el fallecimiento de su padre poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, etc. Y, al mismo tiempo, el Señor lo bendijo con un temple humano y sobrenatural para hacer vida el proyecto que Dios le había encomendado. De esta manera actúa el Señor con los suyos. Seguro que también nosotros disponemos –con mayor o menor abundancia– de esos dones para «confirmar en las almas y en la sociedad la paz y la concordia: la tolerancia, la comprensión, el trato, el amor»[3].

Nos puede servir el ejemplo de san José, que era valiente, proactivo, atento, siempre dispuesto a poner en práctica los milagros ordinarios que Dios le pedía. Y también podemos fijarnos en la vida de san Josemaría; aunque nunca le faltaron los problemas, fue una profunda vida de fe la que hizo posible ver detrás de todo la mano de Dios, que nunca nos abandona.


SAN JOSEMARÍA enseñaba que la vida ordinaria puede ser ocasión de encuentro con Dios, con «algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»[4]. Por tanto, la propia vida está imbuida de un sentido divino, no podemos ir hacia Dios sin encontrarnos con el milagro de lo ordinario. El Señor ha querido esconderse discretamente en las cosas normales de nuestro día, sin imposiciones, para dejarnos verdaderamente libres de buscarle. Y parte de la vida corriente son las pequeñas dificultades de cada día: eso que no salió como planeábamos, una relación que quisiéramos que sea mejor, las complejidades que surgen en nuestro trabajo, etc. «Cuando nos enfrentamos a un problema podemos detenernos y bajar los brazos, o podemos ingeniárnoslas de alguna manera. A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener»[5].

Estas circunstancias también pueden ser una ocasión para pedir más luz a Dios. Nos brindan la posibilidad de reforzar nuestro diálogo e intimidad con el Señor, para tomar fuerzas en llevar adelante su plan de amor en nuestras circunstancias. Así como José siempre recibió la palabra oportuna para afrontar las dificultades y cuidar así la Sagrada Familia, también nosotros podemos experimentar la cercanía y la voz del Señor que alienta e impulsa a brindar comprensión, paz, fortaleza, ánimo, a quien lo necesita. «De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre»[6].


[1] Francisco, carta apostólica Patris corde, n. 5.

[2] Francisco, carta apostólica Patris corde, n. 5.

[3] San Josemaría, Carta n. º3, n. 38.

[4] San Josemaría, Conversaciones, n. 114.

[5] Francisco, carta apostólica Patris corde, n. 5.

[6] Ibíd.

“Solo la ciencia y la solidaridad nos sacarán de crisis como esta”, afirma el rector de la Universidad

“Una reforma universitaria requiere de un pacto de mínimos”, según Alfonso Sánchez-Tabernero

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El rector de la Universidad, Alfonso Sánchez-Tabernero. FOTO: Manuel Castells

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María Iraburu, vicerrectora de Profesorado. FOTO: Manuel Castell
 

04/03/21 18:35 María Salanova

“No estábamos preparados para una pandemia como esta. Nadie lo estaba. Nuestro gran aprendizaje de esta crisis ha sido que solo la ciencia y la solidaridad nos están sacando de ella. Y de la próxima, solo nos volverán a sacar la ciencia y la solidaridad”. Así lo afirmó el rector de la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez-Tabernero, durante la presentación a medios nacionales de la Estrategia 2025, su hoja de ruta para los próximos cinco años. El plan tiene como foco la sostenibilidad y se articula en tres ejes: educación transformadora, investigación de impacto e interdisciplinariedad

Como institución, según el rector, el aprendizaje ha consistido en que en momentos de crisis hay que saber detectar qué es lo importante; tener compromiso y propósito; una actitud de aprendizaje y escucha; y comunicar de forma eficaz. “Nosotros hemos intentado difundir mensajes provacuna, de solidaridad, mensajes fiables que contrarrestaran los bulos”, señaló el rector.

Sobre la posible futura ley de universidades y otras reformas que afecten a ese sector, el rector de la Universidad de Navarra afirmó que “una reforma universitaria requiere de un pacto de mínimos”. Entre esos mínimos, en su opinión, está que la formación de grado debe ser larga y generalista. “Somos partidarios de los grados de cuatro años, porque la formación muy especializada es peligrosa”. Asimismo, habló de vincular parte del presupuesto público a los resultados; de incrementar los incentivos a la investigación, etc. “Hay muchas cuestiones donde podría haber un pacto con mayoría parlamentaria con el objetivo de mejorar la universidad. También es necesario mirar lo que hacen países como Estados Unidos o Gran Bretaña, donde están las mejores universidades”, subrayó.

Asimismo, el rector habló de la necesidad de compromiso, propósito y colaboración. “Las instituciones necesitan amigos. Es necesaria una competencia colaborativa”, afirmó.

Un año de pandemia

El rector hizo balance del año de pandemia en la Universidad de Navarra: ”Teníamos tres ideas claras en las que no podíamos fallar: proteger la salud de nuestros estudiantes y empleados; seguir con nuestra docencia, investigación y asistencia en circunstancias difíciles; y ser solidarios con los más afectados”, aseguró. La Universidad de Navarra puso en marcha 40 medidas en salud, docencia y becas en las que realizó una inversión de casi 4 millones de euros.

“No sabíamos cómo garantizar la salud de tantos estudiantes y profesores y el 13 de marzo los mandamos a casa. A partir de ahí nuestro objetivo era que los alumnos nos pusieran un 10 y que en un fin de semana consiguiéramos que las 1884 asignaturas se impartieran totalmente on line. En tercer lugar, nuestra respuesta a la crisis tenía que ser solidaria. Por eso, por ejemplo, pusimos nuestra Clínica a disposición de las autoridades sanitarias”, relató.

Sin embargo, la respuesta a la pandemia, según explicó el rector, tenía que evolucionar. “La tecnología nos ofrecía posibilidades increíbles, pero la presencialidad era un producto premium. Descubrimos que podíamos ser capaces de garantizar la salud de los empleados y estudiantes y ofrecer una docencia presencial. Y el 1 de septiembre comenzamos las clases presenciales. Hemos tenido 907 positivos, pero ninguno se ha producido en el aula. Nuestra estrategia fue detectar con rapidez positivos (hicimos 30.484 pruebas diagnósticas) y asegurar casi el 100% de presencialidad en clases y exámenes”, señaló el rector.

Por último, explicó el marco de la Estrategia 2025, que guiará los planes del centro académico en los próximos cinco años. “En los últimos 20 años hemos realizado un desarrollo sin precedentes en el ámbito económico, científico, tecnológico… pero sin equilibrio, con muchos daños colaterales. No hemos cuidado a las personas ni al medio ambiente”, subrayó el rector. Por este motivo, en nuestra Estrategia 2025 queremos realizar una contribución relevante a la sostenibilidad, en su triple dimensión: ambiental, económica y social.

El Museo de Ciencias: una pasarela para conectar la ciencia con la sociedad

“La pandemia ha aumentado nuestra convicción de hacer una apuesta por la sostenibilidad”, explicó María Iraburu. “Hay un consenso en la sociedad sobre el modelo de desarrollo. Y en la Universidad tenemos la posibilidad de abordarlo con profesionales de diferentes ámbitos y personas de diferentes generaciones (profesores, alumnos, etc.)”.

Esta estrategia se articula en tres ejes: educación transformadora, investigación con foco e interdisciplinariedad. Respecto al primero, la vicerrectora insistió en la formación de los graduados, “los futuros líderes que pueden cambiar el mundo”. Entre otras iniciativas destacó la oferta de formación de calidad no solo para alumnos, sino también para profesionales mayores de 35 años.

En investigación, la Universidad pretende centrarse en la medicina personalizada en el ámbito de la oncología (donde actualmente hay en vigor 129 proyectos de investigación y 171 ensayos clínicos), enfermedades raras y cuidados paliativos. “Una medicina en la que se dará importancia a los aspectos éticos y deontológicos de la práctica médica”, recalcó la profesora Iraburu. Asimismo, se apostará por la investigación en sostenibilidad en su triple dimensión: ambiental, social y económica.

El tercer eje, la Universidad interdisciplinar, contiene un proyecto clave: el Museo de Ciencias, que se albergará en un nuevo edificio de 11.000 metros cuadrados, con una inversión de 22 millones de euros. “Es nuestro proyecto estrella. No va a ser un museo convencional, sino un lugar de interacción. Un espacio de encuentro entre profesores y alumnos, y de la universidad con la ciudad y con la sociedad. Una caja de resonancia para que todo lo que se haga en la Universidad de Navarra sobre sostenibilidad llegue más lejos”, afirmó María Iraburu. “La ciencia necesita pasarelas que la conecten con la sociedad”, agregó.

El Museo posee un millón de registros museísticos pertenecientes a más de 10.000 especies distintas y 15.700 piezas donadas de distintas colecciones. También albergará el Instituto de Medio Ambiente y Biodiversidad (BIOMA), con 72 investigadores de distintos ámbitos: economía, ciencias, comunicación, geografía o derecho.

La Pasión del Señor. Algunas consideraciones de tipo médico.

Se destacan aquí algunos de los sufrimientos y padecimientos del Señor en su Pasión, enfocados bajo un punto de vista médico.

La agonía en Getsemaní le llevó a sudar sangre, probablemente, sobre todo, en la espalda, manos, pies y cara, junto con una gran reacción emotiva, con taquicardia (sabía bien lo que le iba a pasar).

Después de la oración en el huerto, fue apresado y llevado a la presencia de varios jueces, religiosos y civiles. Desde esos momentos no durmió ni descansó, padeciendo además del sueño, frío, hambre, sed, deshonra en público (burlas, escupitajos, bofetadas, golpes), deserción de sus amigos. Fue trasladado de un lugar a otro atado de cuello y manos con cuerdas, con cadenas, como era la costumbre de llevar a los reos; esto provocaría además tensión muscular, y de forma destacada en el cuello.

Fue azotado, cayendo los azotes sobre la espalda y parte posterior del cuello, de los muslos y de las  piernas; pero que envolvían el cuerpo y alcanzaban la cara, el tórax, el vientre, produciendo heridas y contusiones a causa de los objetos punzantes y desgarrantes de los látigos, vergajos, fustas y flagelos. Se producía un desgarro, sobre todo, de las zonas costales, poniendo al descubierto las costillas y lesionando los músculos y paquetes vasculonerviosos intercostales (precisamente, el herpes afecta a los nervios intercostales, provocando un gran dolor en los enfermos que padecen tal afección vírica). Era un castigo que, por su dureza, provocaba la muerte en muchos condenados. Podían ser hasta más de cien azotes los que suministraban los dos verdugos que ponían en práctica el suplicio. Como suponía una gran deshonra, no estaba permitido tal castigo a los ciudadanos romanos.

Una de las burlas que sufrió fue la coronación de espinas. Las espinas lesionaron una zona especialmente inervada y vascularizada, como es el cuero cabelludo. Con ello, aumentaba la hemorragia.

Y hay que añadir el camino hacia el Gólgota, de unos mil quinientos pasos, según se calcula, con la cruz sobre una espalda y unos hombros heridos, doloridos; y andando sobre un empedrado polvoriento con los pies desnudos; además, con daño en las uñas de los pies, lo que hace verosímil que hubiese tropezones y caídas; tradicionalmente, se habla de tres caídas.

Con la crucifixión, sufrió desgarrones en manos y pies. La estimulación del nervio mediano, al atravesar los clavos las muñecas, provocaría dolor y contracciones en los tres o cuatro primeros dedos de las manos y en especial de cada pulgar, en situación de oposición contracturada. (Si hay destrucción del nervio se produce lo contrario: flaccidez, parálisis de los citados músculos, supresión de la sensibilidad en los dedos). Al colgar del madero, los desgarrones, según pasaba el tiempo, iban en aumento.

En la cruz se incrementó la afectación de los órganos de los sentidos: vértigos, zumbidos de oídos, boca seca, saliva pastosa, náuseas; sensación correosa en una espalda herida, provocada por un madero sin cepillar; visión borrosa; olores desagradables en un monte donde se ejecutaba a los malhechores y donde los verdugos comían, bebían, jugaban a los dados. Y unido a ello una fuerte jaqueca provocada por tanta tensión nerviosa.

Le ofrecieron vino mirrado. La mirra es una sustancia que tiene efectos antipiréticos, antiinflamatorios, inmunoestimulantes y analgésicos, incrementados si se mezcla con vino. No lo quiso tomar.

Sintió en la cruz soledad y abandono, como es el no ver a sus discípulos (estaban presentes su Madre, unas mujeres y un joven), el no ver a Dios (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”): el sufrimiento fue no solo corporal, sino también mental y espiritual.

Probablemente, la muerte se produjo a consecuencia de una gran deshidratación, por shock hipovolémico (debido a la pérdida de líquidos, por la sudoración y las hemorragias), por cansancio, o por asfixia. Además, el suplicio originaría insuficiencia cardíaca. Con la crucifixión se iniciaría un proceso de septicemia, es decir, paso de bacterias a la sangre circulante (por infección de las heridas),

La muerte por crucifixión podría ocurrir en horas o en días. En el caso de Jesús fue cuestión de horas. Los padecimientos previos a la defunción fueron  intensos y cuantiosos. Padecimientos y sufrimientos que duraron como mínimo unas quince horas, desde la agonía en el monte de los Olivos a la muerte en el Calvario. Algunos consideran que la Pasión empezó con la Ultima Cena, antes de su prendimiento en el huerto. Murió hacia las tres de la tarde, y plenamente consciente (“dando un fuerte grito, expiró”. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.).

J. L. Velayos

 

 

¿Qué significa ser católico hoy?

El presidente, el cardenal y la comunión para los políticos abortistas

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  Biden se dice católico pero promueve el aborto: la doctrina católica debe aceptarse toda

Joe Biden y Kamala Harris

Sobre la pretensión del Sr. Biden de decirse católico, comulgar y promover el aborto, existen actitudes divergentes en la jerarquía católica que nos llevan a preguntarnos si unos y otros tienen la misma fe católica

En esta era de laicismo, cuando la vida política está separada de la vida religiosa, es encomiable que un presidente de los Estados Unidos se presente como un católico practicante y participe públicamente en los sacramentos de la Iglesia.

Sin embargo, el catolicismo del presidente Biden es sui generis. No sigue la doctrina y la moral católicas con respecto al aborto inducido y al pecado homosexual.

Contraste con la doctrina católica

A lo largo de su carrera política, incluidas las elecciones generales de 2020, el Sr. Biden favoreció la legalización del aborto voluntario. En los últimos años, ha abrazado el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, y ha oficiado uno como vicepresidente.

Después de asumir el cargo, su gobierno emitió un comunicado especificando su apoyo al aborto y la anticoncepción, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo:

“Durante los últimos cuatro años, la salud reproductiva, incluido el derecho a elegir, ha sido objeto de un ataque implacable y extremo. … La administración Biden-Harris está comprometida a regular la decisión de la Corte Suprema Roe v. Wade y nombrar jueces que respeten precedentes fundamentales como Roe. También estamos comprometidos a trabajar arduamente para eliminar las disparidades entre la salud materna e infantil, aumentar el acceso a la anticoncepción y apoyar económicamente a las familias para que todos puedan criar a sus familias con dignidad [sic]. Este compromiso se extiende a nuestro trabajo crítico en relación con los estándares de calidad de la salud en todo el mundo”. (1)

Con respecto a la homosexualidad y el “transgénero”, es bien conocido el sesgo pro-LGBT en las nominaciones de miembros de su gabinete y para puestos a nivel de gabinete. El Sr. Biden también firmó una orden ejecutiva que establece que la política de su gobierno es que “los niños deben poder estudiar sin preocuparse si se les negará el acceso al baño, al vestuario o a los deportes escolares (debido a su sexo ‘elegido’)” (2). Asimismo, restableció el “transgénero” en las Fuerzas Armadas (3), y, según Antony Blinken, su ahora confirmado Secretario de Estado, “planea nombrar rápidamente un emisario internacional LGBT, [y] permitir que las embajadas icen la bandera del orgullo homosexual”. (4)

El que no acepta plenamente toda la doctrina de la Iglesia no es católico.

El aborto voluntario, el pecado homosexual y el “transgénero” son sin duda contrarios a la doctrina y la moral católicas. La Escritura y la Tradición, así como el Magisterio eclesiástico, no dejan lugar a discusión al respecto [5].

Ahora, un católico debe aceptar y seguir plenamente las enseñanzas dogmáticas de la Iglesia, así como las verdades morales reveladas por Dios. Por tanto, quien rechaza una sola de estas verdades reveladas, ya sea de carácter dogmático o moral, rechaza todo el depósito de la Fe y se margina de la Iglesia. Toda verdad revelada, sin excepción, debe ser aceptada.

Esto es lo que enseña el Papa León XIII en la encíclica Satis Cognitum , sobre la unidad de la Iglesia:

(La Iglesia siempre) ha considerado rebeldes declarados y ha expulsado de su seno a todos aquellos que no piensan como ella en ningún punto de su doctrina.

… El que en un solo punto rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas realmente abdica de toda fe, porque rehúsa someterse a Dios en tanto que Él es la verdad soberana y la razón propia de la fe. (6)

“Que sea considerado gentil y publicano”

Por su parte, en su encíclica Mystici Corporis Christi , el Papa Pío XII afirmó:

“Como miembros de la Iglesia, se cuentan realmente sólo aquellos que han recibido el lavado de la regeneración (bautismo) y profesan la verdadera fe, no se han separado voluntariamente del organismo del cuerpo, o no han sido separados de él por legítima autoridad debido a faltas muy graves.

“Por lo tanto …. Quien se niega a escuchar a la Iglesia, ordena el Señor sea considerado gentil y recaudador de impuestos (cf. Mt 18, 17). Por tanto, los que están divididos entre sí por motivos de fe o por el gobierno, no pueden vivir en este cuerpo único o en su único Espíritu divino. …

“No todos los pecados, por graves que sean, son por su naturaleza capaces de separar al hombre del cuerpo de la Iglesia como lo hacen los cismas, la herejía y la apostasía” (7).

De esta forma, quienes defienden el aborto, el pecado homosexual o el “transgénero”, no solo teóricamente, sino promoviendo o efectuando su legalización, no pueden ser considerados católicos.

“cada vez que comáis ese pan …”

Al tratar de la Sagrada Eucaristía, el Concilio de Florencia (1438-1445) enseñó que “el efecto que este sacramento tiene en el alma de quienes lo reciben dignamente es la unión del hombre con Cristo”. (8) Como dijo Nuestro Señor, “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (9).

Dada la santidad de este sacramento, San Pablo advierte de las consecuencias de recibirlo indebidamente:

“Así que cada vez que comáis ese pan y bebáis de ese cáliz, recordáis la muerte del Señor hasta que Él venga. Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba del cáliz del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y la sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo, y así coma ese pan y beba de ese cáliz. El que lo come y bebe sin distinguir el cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (10).

Algunos prelados advierten al señor Biden …

En una entrevista con Thomas McKenna, el cardenal Raymond Burke, ex prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, advirtió que el Sr. Biden no puede recibir la Comunión:

El cardenal Raymond Burke

“Entonces, en primer lugar, por caridad hacia él, me gustaría decirle que no se acerque a la Sagrada Comunión, porque eso sería un sacrilegio y un peligro para la salvación de su alma.

“Pero tampoco debe acercarse a recibir la Sagrada Comunión, porque escandaliza a todos. Porque si alguien dice ‘bueno, soy un católico devoto’ y al mismo tiempo promueve el aborto, da la impresión de que es aceptable que un católico esté a favor del aborto, lo que, por supuesto, es absolutamente inaceptable. Nunca lo fue, nunca lo será”. [11]

El arzobispo emérito de Filadelfia, D. Charles Chaput, comentó en la misma línea:

“Las figuras públicas que se identifican como ‘católicas’ escandalizan a los fieles al recibir (indignamente) la comunión, creando la impresión de que las leyes morales de la Iglesia son opcionales. Y los obispos dan un escándalo similar al no hablar públicamente del tema y del peligro del sacrilegio” (12).

Otros obispos lo apoyan

Sin embargo, algunos prelados, como el cardenal Wilton Gregory, hablaron de manera diferente. La periodista de Catholic News Service , Cindy Wooden, entrevistó al arzobispo de Washington, DC. Ella escribe:

“Mientras que algunos católicos creen que Biden no debe recibir la comunión cuando va a misa, el cardenal designado Gregory dijo que durante ocho años como vicepresidente Biden fue a misa y [recibió] la comunión. ‘No me desviaré de esto ‘, dijo”. (13)

¿Dos iglesias, una al lado de la otra?

Estas actitudes divergentes en la jerarquía católica nos llevan a preguntarnos si unos y otros tienen la misma fe católica o si vemos una nueva religión emergiendo a la sombra de la Iglesia católica.

La responsabilidad de quienes favorezcan el aborto

¿Existe una Iglesia, basada en la Revelación, que niega la Sagrada Comunión a las personas que hablan y actúan públicamente en contra de la doctrina y la moral católicas y “persisten obstinadamente en un pecado grave manifiesto”? (14) Y otra que permite que esas personas reciban la Sagrada Comunión sin ningún tipo de demostración pública de arrepentimiento?             

Sólo la primera posición es legítima y corresponde a la de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo: “Una, Santa, Católica y Apostólica”, como rezamos en el Credo Niceno-Constantinopolitano (Credo de la Misa). La segunda no lo hace.

¿Qué es ser católico?

La conducta del nuevo presidente de los Estados Unidos y de obispos como el recién nombrado cardenal Wilton Gregory plantea la pregunta: ¿qué significa ser católico?

Como se muestra en los extractos anteriores de los papas León XIII y Pío XII, esta pregunta ha sido respondida hace mucho tiempo. Se podrían agregar muchas otras declaraciones de papas, concilios y del Derecho Canónico. Todas ellas, sin embargo, se reducen a esto: católico es aquel que ha sido bautizado, cree y profesa toda la doctrina revelada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia, tanto en materia dogmática como moral.

En cuanto a los que rechazan incluso un solo punto de la doctrina y la moral católicas, el Papa Pío XII enseña: “Manda el Señor que sea considerado gentil y publicano”.

Luiz Sérgio Solimeo

La verdadera felicidad

Ana Teresa López de Llergo

Las personas felices muestran una serie de virtudes como la resiliencia-fortaleza para sortear las dificultades, el optimismo para priorizar los buenos sucesos, la esperanza y la generosidad.

Datos de experiencia

Todos deseamos la felicidad.

Encontramos personas con carencias e incluso con circunstancias dolorosas, son felices. Hay familias muy pobres, con recursos muy escasos y son felices. Hay personas muy serviciales y sacrificadas que anteponen sus gustos para ayudar a los demás y son felices. Hay profesiones donde el descanso es mínimo y son felices. Hay ocasiones en que en un equipo de trabajo algunos ven mejores las propuestas de los compañeros y son felices. Hay quienes realizan sacrificios por sus creencias religiosas y son muy felices.

Encontramos personas muy felices en la ciudad y en el campo, rodeados de una extensa familia o acompañados por un padre o una madre de edad avanzada o deteriorados en la salud.

Los rasgos comunes que podemos encontrar son: personas que saben disfrutar lo que tienen. No se comparan con los demás. Son activos, buscan superarse y mejorar sin caer en la ambición del insatisfecho que siempre desea más. Cuando tienen de más lo comparten con los necesitados. Saben controlar los apetitos y desterrar las ambiciones desproporcionadas propias del consumista.

En las relaciones humanas tienen sensibilidad para detectar las necesidades y desde sus posibilidades ayudan. Son afectuosos y confían, incluso se sacrifican desinteresadamente. La austeridad y servir no les causa tristeza, al contrario. Disfrutan al satisfacer a otros.

Hay personas con todos los recursos para conseguir todo lo que desean y siempre quieren más. La insatisfacción no es compatible con la felicidad.

Rasgos de la felicidad

Son felices los que disfrutan y comparten, tratan de hacer felices a los demás. Cuando sufren lo aceptan, saben que pasará y vuelven a ser felices. No se cansan de hacer felices a los demás, especialmente a los más cercanos, aunque se sacrifiquen.

Gozan con las menudencias de la vida. Establecen buenas relaciones y disfrutan de prestigio, por eso, su entorno es pacífico.

También gozan de paz interior porque son sobrios y justos. Sacan adelante sus responsabilidades, son honestos y congruentes con sus principios.

La felicidad aparece en medio de carencia y saben que no tienen todo, pero disfrutan con lo que tienen.

Conclusiones

El realismo de una persona feliz consiste en saber que la felicidad nunca es total, florece entre dificultades. Este equilibrio es posible gracias a la aplicación de la virtud de la esperanza que eleva el espíritu y forja personas que no se rinden ante los problemas y ante personas que obstaculizan el camino hacia la mejora. Están convencidos de que la última palabra no es el mal sino el bien.
Esto contrarresta los sueños de eliminar todo tipo de contrariedad, planteamiento que distorsiona lo que es la felicidad.

Las personas felices muestran una serie de virtudes como la resiliencia –fortaleza para sortear las dificultades, el optimismo para priorizar los buenos sucesos, la esperanza, la generosidad para sembrar el bien sin esperar remuneración–. Estas virtudes manifiestan la capacidad de pensar en los demás, y compartir. No envidian, gozan viendo la felicidad de otros.

Es real que la felicidad no consiste en poseerlo todo, satisfacerlo todo, excluir el dolor o los desprecios, conseguir de inmediato todo lo deseado, o tener vigor para sacar con éxito todo lo planeado. Ni tampoco vivir en las ciudades más modernas o con los equipos más potentes:

La felicidad se consigue tratando de quitar defectos que impiden las buenas relaciones en la familia, en el trabajo o en la vida social. Pero además siendo activo para mejorar las condiciones de una vida honesta personal y para los demás.

Son felices las personas que participan en la vida social. Dentro de sus posibilidades promueven la salud social en la política y en las diversas profesiones. Tratan con respeto a las demás personas y ponen medios para mejorar las condiciones de sus semejantes. Tienen el valor de denunciar las injusticias. Este modo de vivir repercute en la paz interior y en la salud mental.

Aunque en la sociedad se promueva el placer y el consumismo, la experiencia demuestra que solamente se consiguen satisfacciones efímeras que a la larga cansan y decepcionan. Hay un adagio interesante: el placer es como la sal, pero debe ponerse en una dosis justa. Los placeres en exceso arrastran al precipicio.

La verdadera felicidad no consiste en vivir en tensión, ni en laxitud, sino en la armonía.

Quien tiene fe sabe que la felicidad que alcance durante su vida terrena es la preparación de la completa felicidad, que no espera en balde, en la otra vida.

A los hijos: acéptalos…no trates de cambiarlos

Lucía Legorreta

Asumir la naturaleza humana y ser humilde es la manera de navegar con menos sufrimiento por nuestras dudas, miedos e inseguridades como padres.

 

Como padres es fácil sentirse culpable si alguno o alguno de nuestros hijos no sobresale, toma malas decisiones y termina por un mal camino. Existen una gran cantidad de libros y cursos de cómo educarlos bien y cumplir nuestra responsabilidad como papás.

Por otro lado, vivimos en un mundo donde se vende la ilusión de que todo puede controlarse, donde podemos decidir lo que sucede a nuestro alrededor. Por eso tenemos más tendencia a querer dominar las cosas que a aceptarlas y esto incluye a nuestros hijos.

Te invito a pensar en estos tres puntos que me parecieron muy interesantes para aceptar y no querer cambiar a nuestros hijos:

Reconocer el peso de los genes: son muchas las investigaciones en las que se estudian a los gemelos idénticos que han sido adoptados por distintas familias, incluso algunas que viven en distintos continentes. Dos individuos con los mismos genes y con una educación diferente.

Si el comportamiento fuera el resultado sólo de la educación, deberían encontrarse más diferencias que similitudes entre ellos, pero no es así. Las semejanzas son enormes, sus capacidades y características psicológicas se parecen muchísimo más entre ellos que entre hermanos no gemelos educados por los mismos padres.

De hecho, aunque se eduque igual a varios hijos, ellos crecen de forma diferente. Si aceptamos que a los hijos no podemos controlarlos, tendríamos menos sentimientos de culpa.

Admitir que sabemos poco: algunos padres piensan que tienen algún tipo de trauma infantil y que esa es la causa de comportamientos psicológicos que se presentan cuando son adultos. Y de ahí viene el pensar en la gran responsabilidad que tienen de educar a sus hijos.

Esto ha sido estudiado, y para tu tranquilidad te platico que los resultados fueron que los sucesos negativos de la infancia no gobiernan forzosamente los problemas adultos. Se estudiaron varias estructuras familiares sanas: tradicional, monoparental, adoptiva, reconstituida para observar el ajuste de los niños. No se encontraron diferencias, lo que comprueba que la familia ideal no existe.

Aceptar la naturaleza humana: queremos controlar a nuestros hijos y a veces no somos capaces de controlar nuestros propios pensamientos. Queremos que maneje bien sus emociones y nosotros nos dejamos llevar por ellas. Queremos que tomen buenas decisiones y nos hemos equivocado muchas veces durante nuestra vida.

Asumir la naturaleza humana y ser humilde es la manera de navegar con menos sufrimiento por nuestras dudas, miedos e inseguridades como padres. No existe el papá o la mamá perfecta, no hay manuales para ello.

Cada uno de nuestros hijos es único e irrepetible. Te invito mejor a que lo conozcas bien, a que lo aceptes tal y como es, con sus cualidades y sus defectos; que lo acompañes en sus decisiones, que lo irán definiendo en la vida, pero nunca quieras cambiarlo.

Ámalo con todo tu corazón y serán ambos mucho más felices.

El aborto puede convertirse en un mandato

La segunda vuelta de las elecciones de Georgia para el Senado de Estados Unidos entregó a los demócratas el control de ambas Cámaras del Congreso durante los próximos dos años al menos. Significa que todas las leyes y regulaciones pro-vida de Estados Unidos en los libros probablemente serán derogadas, incluidas las leyes que han tenido apoyo bipartidista durante mucho tiempo.

Joe Biden y Kamala Harris han dicho que apoyan la derogación de la Enmienda Helms y la Enmienda Hyde, que prohíben el uso de dólares de los contribuyentes estadounidenses para financiar el aborto en el extranjero y en casa.

Es posible que una administración de Biden-Harris intente crear mandatos de aborto en programas federales e internacionales, tal como lo hizo la administración de Obama-Biden con Obamacare y los mandatos de salud reproductiva en la programación contra la trata.

Lo único que frena un cambio radical tan masivo en la legislación pro-aborto es el obstruccionismo del Senado. Cuando se invoca el obstruccionismo, se requieren 60 votos de los senadores estadounidenses para terminar el debate y convocar una votación en el pleno del Senado. Pero los demócratas han hablado abiertamente de acabar con el obstruccionismo ahora que controlan el Congreso.

Incluso si una derogación de las enmiendas de Helms y Hyde no tiene éxito, una administración de Biden-Harris puede intentar reinterpretar estas leyes de larga data para permitir el aborto en algunos casos a través de nuevas regulaciones y políticas internas.

Los correos electrónicos del hackeo de John Podesta Wikileaks en 2016 documentan cómo la administración Obama-Biden planeó reinterpretar la enmienda Helms para permitir la financiación del aborto en situaciones humanitarias como guerras y desastres naturales. Los expertos del gobierno confirmaron esto al Friday Fax en repetidas ocasiones en ese momento. Si bien la administración finalmente no cumplió con el plan, se espera que una administración de Biden, como Clinton antes que él, entregue una reinterpretación de Helms para permitir la financiación del aborto.

Jaume Catalán Díaz

 

Ni es un derecho ni es signo de libertad

La plataforma, la Asamblea por la Vida, la Dignidad y la Libertad, denuncia que la eutanasia ni es un derecho ni es signo de libertad. Se trata una ley injusta porque el Estado no puede autorizar a nadie a matar, ya que la vida de los ciudadanos no está a disposición de los poderes públicos. Además, el Estado incumple su deber de aportar todos los medios posibles para curar, aliviar o cuidar a los pacientes ante situaciones de dolor o sufrimiento insoportable.

La Asamblea por la Vida, la Dignidad y la Libertad pide que se preserve al menos la objeción de conciencia de los médicos, uno de los indicadores más eficientes del respeto a las libertades en una sociedad plural. Resulta contradictorio que cuando la pandemia causa la muerte de miles de españoles, el Gobierno se empeñe en este camino. Lo que necesita nuestra sociedad no es una ley de eutanasia sino una ley progresista de cuidados paliativos para toda la población.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Que Biden-Harris intente implantar leyes pro aborto

La segunda ronda electoral de Georgia para el Senado de los Estados Unidos ha dado a los demócratas el control de ambas Cámaras del Congreso durante un mínimo de dos años. Esto significa que todas las leyes y regulaciones provida de E.E.U.U. serán anuladas probablemente, incluyendo las leyes que han tenido apoyo bipartidista durante largo tiempo.

Joe Biden y Kamala Harris se han manifestado a favor de abolir la Enmienda Helms y la Enmienda Hyde, que prohíben utilizar el dinero de los contribuyentes para financiar el aborto tanto dentro del país como en el extranjero.

Es muy posible que una administración Biden-Harris intente implantar leyes pro aborto en los programas federales e internacionales, como ya hizo la administración Obama-Biden con las leyes del Obamacare y de salud reproductiva incluidas en los programas de lucha contra la trata de personas.

Lo único que frena un cambio tan profundo en la legislación sobre el aborto es el mecanismo de obstrucción parlamentaria conocido como “Filibustero del Senado”. Cuando se invoca al “Filibustero”, se requieren 60 votos de los senadores de EE.UU. para cerrar el debate y convocar una votación en el pleno del Senado. Pero los demócratas han declarado abiertamente que eliminarán el sistema del “Filibustero” ahora que controlan el Congreso.

Aunque no lograran abolir las enmiendas de Helms y Hyde, la administración Biden-Harris podría intentar reinterpretar estas antiguas leyes para permitir el aborto en determinados casos mediante nuevas regulaciones y políticas internas.

Los correos electrónicos de John Podesta, hackeados y publicados en Wikileaks en 2016, muestran cómo la administración Obama-Biden planeó reinterpretar la enmienda Helms para permitir la financiación del aborto en situaciones humanitarias como la guerra y los desastres naturales. Personas del gobierno así lo atestiguaron repetidamente al Friday Fax en su momento. Aunque, finalmente, aquella administración no lograra sacar adelante su plan, es de esperar que una administración Biden, como ya ocurriera anteriormente con la de Clinton, trate de reinterpretar a Helms para permitir la financiación del aborto.

JD Mez Madrid

Los terribles siglos XX y XXI más el virus actual

                                Bajo mi “apreciación de autodidacta”, me atrevo a realizar un boceto del que considero uno de los peores y más trágicos períodos del destructivo “mono humano”, en este desgraciado planeta, en el que tuve la desgracia de nacer en 1938 y por tanto; he vivido y padecido gran parte del mismo; y sigue la destrucción.

                                Partiré de la guerra ruso japonesa de febrero de 1904 a septiembre  de 1905; y la que ganan los japoneses, creando esa enorme sorpresa, al hasta entonces vencedor occidental; y situando al imperio japonés, como una potencia internacional, que “nadie esperaba”. Ya los emergentes y poderosos Estados Unidos USA, habían liquidado al imperio español, apoderándose del resto de sus colonias; como principio de todo lo que después lograron hasta llegar a “la Luna”, previo imponer sus grandes intereses en gran parte del planeta; que yo sintetizo, que son, desde “su coca cola hasta las enormes cantidades de material de guerra y muchos más excedentes o sobrantes, de su enorme producción de infinidad de productos, incluida, “su cinematografía”, a través de los cuales, aparte de “cocacolanizar” a gran parte del planeta, nos colonizaron con todo lo demás, al “sonsonete de, la libertad democrática, que culmina en este tercer milenio, con el asalto de miles de norteamericanos a su propio parlamento nacional, lo que demuestra un resultado fallido, puesto que su sistema no funciona ni allí mismo”.

                                Tras la derrota rusa en los confines de su imperio, es la propia Rusia y sus zares, la que va a ser derrotada, entronizándose otra nueva “casta”, que con el comunismo como bandera, no sólo se apoderan, “de todas las Rusias”, sino que con hábil propaganda, se adueñan de, “medio mundo e influyen en el resto con una fuerza que se creía dominaría y cambiaría el planeta”, pero que al final, es un imperio más, con nuevos zares, que tras crear todas las miserias creadas, se auto disuelven, en 1989 y al final surge, un “capitalismo más”; posiblemente aún peor del que pretendían, eliminar a favor de “los parias de la Tierra”; surge pues, el nuevo zarismo que encabeza, el ya viejo Putin (procedente del fenecido COMUNISMO, cosa que igualmente han hecho en todos los países “satélites”), que es el que por la fuerza y la astucia, se ha erigido en el nuevo “zar de todas las Rusias”; y pretende y seguro va a conseguir, permanecer como tal de por vida.

                                Más tarde le llega el desmembramiento al Imperio otomano; y de Turquía desaparece “la sublime puerta y los antes muy poderosos sultanes”; incluso es abolida la religión oficial, y Atatürk, impone una república laica y militar, que hasta hoy perdura, si bien, “el Erdogân” actual, ya ha logrado que “le construyan” el nuevo “Topkapi” o “sublime palacio imperial que disfrutaron los sultanes turcos; lo que me da a entender, que como, “el nuevo zar ruso”(Putin); lo que ambos quieren, es el imperio y ser de nuevo ellos, los que encabecen las nuevas dinastías, como nuevos emperadores.

                                Después (antes y durante) surgen las infinitas guerras “menores”, provocadas por el siempre destructor, “dios dinero”(la guerra siempre es, robar al que tiene algo que el atacante quiere); puesto que las guerras no acabaron nunca, y entre unas y otras, seguro que, “sus caudales de sangre derramada”, igualarían a la de algunos de los grandes ríos, que desaguan en los mares del planeta. Ni credos religiosos, ni filosóficos, ni de ningún tipo, logran, “dessalvajar al mono humano”, que con sus ansias y avaricias, sigue provocando los infinitos desastres que sufrimos, antes durante, después…  y que van a durar, ni se sabe cuántos siglos más.

                                Destacar en esas numerosísimas guerras, “la guerra civil española de 1936-1939”; cómo sólo nos afecta a los españoles, la señalo solamente, por cuanto y como aberración del peor de los salvajismos; aún no está asumida; y terriblemente aún hay quienes la quieren “escribir” de nuevo, “y que sean los que la perdieron los ganadores históricos” (bien es cierto que la historia en realidad es un sinfín de mentiras) que son los que hoy gobiernan (y lo de gobernar es un sarcasmo de risa y llanto) la nación. No digo más, puesto que hay tantos conflictos similares en todo el planeta, que es horroroso escarbar en tanto asesinato y todo tipo de latrocinios, efectuado por la bestia humana (con perdón para lo que nos dice el diccionario es una bestia).

                                Tras ésta, “guerra incivil española”, va a venir la peor de todas las guerras, puesto que surge la que denominan “II Guerra Mundial”, que analizada a fondo, no es otra cosa que la continuidad de la “I”, iniciada en 1914; en esta segunda etapa se van a producir tan abundantes y terribles hechos, que terminan, en los bombardeos atómicos de las dos “tristemente famosas” ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki; si bien similares destrucciones (si bien no con armas atómicas) se produjeron en Europa y otros territorios, convirtiendo grandes espacios en simplemente, “hornos inmensos donde el fuego lo destruyó todo” (después se va a repetir casos similares en el Sudeste asiático, concretamente en Vietnam) y hoy mimo, está ocurriendo en menor escala, en otros lugares, masacrando población civil; puesto que ya los militares de uniforme, “apenas mueren en las nuevas guerras”, ahora el ensañamiento es en la población civil y sus propiedades o pertenencias.

                                Tras esas “guerras mundiales”, se van a disolver (aparentemente) los imperios coloniales; y digo aparentemente, por cuanto se establece, “un nuevo y definitivo poder a cara de perro”, este es EL DINERO CONTANTE Y SONANTE “unido internacionalmente en grandes masas monetarias, cuyo único fin es ganar más dinero; y en el que entra y con fuerza, hasta la “ancestral China de Confucio”, que inventa, lo que no se creía hasta que se vio; o sea que “el comunismo y el capitalismo eran lo mismo, o sea, lo que yo sintetizo como “el dios dinero”; y así se conforma el nuevo poder mundial, cuyo “sumo sacerdote”, es el individuo o grupo que gobierna China, que está comprando hasta “países enteros”, para apoderarse de los suministros de materias primas que afiancen por largo tiempo, el enorme poder que han logrado.

                                Y es desde “el seno” de ese enorme poder y población  (ya son 1.500 millones de chinos), desde donde “se nos regala”, el que indudablemente es, porque allí nació, “EL VIRUS CHINO”; el que con diferentes nombres, se nos quiere aterrorizar cada vez más; y que para mí, no es otra cosa que UNA GUERRA MÁS, que ni sabemos hasta cuándo va a durar, y lo que pretende, “el que la pusiera en marcha”; pero de lo que no hay duda, es de que va a transformar la humanidad “que le quede por vivir, al mono humano”, que ahora mismo, nos han convertido de simples, “aves de corral, corderos en inmensos rebaños y; pobres bichos abandonados a ni sabemos qué futuro, puesto que no se ve futuro por ninguna parte”. Mientras la sociedad se va consumiendo falta de lo que principalmente necesita y que es LA ILUSIÓN DE VIVIR Y LLEGAR A SER UN VERDADERO SER HUMANO; con la libertad que la propia CREACIÓN NOS DIO AL OTORGARNOS LA VIDA.

                                Y “éste es el progreso que los aprendices de dioses, nos han proporcionado, a quienes  indefensos totalmente Y EN LAS CÁRCELES DE NUESTROS PROPIOS HOGARES, tenemos que soportar lo que nos echen”; o sea, como para desear morirse de risa o de pena, preferiblemente antes de que nos contagien ese maldito virus, que nos han lanzado sin compasión alguna. Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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