Las Noticias de hoy 20 Febrero 2021

Enviado por adminideas el Sáb, 20/02/2021 - 13:05

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 20 de febrero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa concedió el “nulla osta” al Presupuesto 2021 de la Santa Sede

El Papa a Congreso de Educación Religiosa: en las crisis se revela el corazón

Mensaje del Papa a organizadores de iniciativa Respira Perú

SALVAR LO PERDIDO: Francisco Fernandez Carbajal

“Hemos de acudir al buen pastor”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (20 febrero 2021)

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?: Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

Reunidos en comunión: rezando con toda la Iglesia: Juan José Silvestre

Jesús, signo de contradicción: Daniel Tirapu

El legado de Francisco Luzón por la vida: Jesús Ortiz López

 Evangelio del domingo: Jesús en el desierto

Meditaciones: 4º domingo de san José

 ¿Es necesario el matrimonio cristiano para el equilibrio de la sociedad?

Desarrollo económico y bienestar: Ana Teresa López de Llergo

¿Como nos afectará la automatización?: Lucía Legorreta

Serie "Encrucijada", de Cruz Roja (Branded content con 4 historias emocionales) : Alfonso Mendiz

Niños mimados, adultos débiles: llega la ‘generación blandita’: Berta G. De Vega

Ayuda a la familia y natalidad : Jesús Martínez Madrid

De entre los muchos servicios: José Morales Martín

La tarea de gobernar: Enric Barrull Casals

 Todo el partido demócrata es partidario del aborto: Pedro García

Tan natural es el morir como el nacer: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa concedió el “nulla osta” al Presupuesto 2021 de la Santa Sede

La tarde de este jueves, 18 de febrero, el Santo Padre concedió el nulla osta al Presupuesto 2021 de la Santa Sede, propuesto por la Secretaría para la Economía y discutido y aprobado el pasado martes, por el Consejo para la Economía.

Ciudad del Vaticano

La Secretaría para la Economía dio a conocer en un Comunicado de este viernes, 19 de febrero que, con unos ingresos totales de 260,4 millones de euros y unos gastos de 310,1 millones de euros, la Santa Sede prevé un déficit de 49,7 millones de euros en 2021, muy afectado por la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19.

El Presupuesto 2021 consolida el fondo del Óbolo de San Pedro

Por primera vez, con el objetivo de dar una mayor visibilidad y transparencia a las transacciones económicas de la Santa Sede – como ha pedido repetidamente el Santo Padre – el Presupuesto 2021 consolida el fondo del Óbolo de San Pedro y todos los fondos dedicados. Con unos ingresos de 47,3 millones de euros y unas entregas a terceros beneficiarios de 17 millones de euros, la Santa Sede espera un saldo neto de 30,3 millones de euros de estos fondos.

Un importante esfuerzo de contención de costes

Excluyendo el Óbolo y los fondos dedicados, el déficit de la Santa Sede sería de 80 millones de euros en 2021. Los ingresos disminuyen un 21% (48 millones de euros) respecto a 2019, debido a la reducción de las actividades empresariales, de servicios e inmobiliarias, así como de las donaciones y contribuciones. El presupuesto también refleja un importante esfuerzo de contención de costes, con una reducción de los gastos de funcionamiento -excluidos los costes de personal- del 14% (24 millones de euros) en comparación con 2019. El mantenimiento del puesto de trabajo sigue siendo una prioridad para el Santo Padre en estos tiempos difíciles.

La mayor parte de recursos para actividades apostólicas

En consonancia con su misión, la mayor parte de los recursos de la Santa Sede en 2021 se dedicarán a apoyar las actividades apostólicas, con un 68% del total de gastos, mientras que el 17% se destina a la gestión del patrimonio y otros bienes, y un 15% a la administración y los servicios. Si el nivel de donaciones se mantiene según lo previsto el déficit se compensará mediante el uso de parte de las reservas de la Santa Sede.

El Papa a Congreso de Educación Religiosa: en las crisis se revela el corazón

“El anuncio y la realización de la promesa de Dios se ha visto en los tantos testimonios de amor generoso y gratuito que hemos presenciado durante todos estos meses de pandemia”. Lo ha afirmado el Papa Francisco en su video mensaje dirigido al Congreso de Educación Religiosa organizado por la Archidiócesis de Los Ángeles sobre el tema "¡Proclamad la promesa!", que tiene lugar de forma virtual del 18 al 21 de febrero de 2021.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

“Qué pertinente, en este contexto, es la llamada de este Congreso: ¡Proclama la promesa!  Necesitamos anunciar y recordar que tenemos la promesa de Dios y que Dios siempre cumple sus promesas”. Lo ha dicho el Pontífice a través de un video mensaje que ha sido publicado durante la ceremonia de apertura del Congreso de Educación Religiosa 2021 organizado por la Archidiócesis de Los Ángeles del 18 al 21 de febrero, con motivo de su 65 aniversario y el 50 aniversario del “Día de la Juventud”. En el video mensaje, pronunciado en español, el Papa además pide que se debe recordar que “cada mujer, cada hombre y cada generación encierra en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales”.

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18/02/2021

El Papa mandará un mensaje al Congreso de Educación Religiosa en EE.UU

 

También ha hablado de este periodo de pandemia, asegurando que “ha marcado profundamente la vida de las personas y la historia de nuestras comunidades”. Por eso – dice – “ante esta y otras realidades es necesario construir el mañana y para ello hacen falta el compromiso, la fuerza y la dedicación de todos. Hace falta actuar con estilo del Samaritano, que implica dejarse golpear por lo que veo, sabiendo que el sufrimiento me va a cambiar y con el sufrimiento del otro me debo comprometer”. Además – subraya – el anuncio y la realización de la promesa de Dios se ha visto en los tantos “testimonios de amor generoso y gratuito que hemos presenciado durante todos estos meses” y los cuales “han dejado una huella imborrable en las conciencias y en en el tejido social, enseñando cuán necesaria es la cercanía, el cuidado, el acompañamiento y el sacrificio para alimentar la fraternidad”.

Recordando estos testimonios, Francisco pide que no olvidemos un principio universal: “de la crisis nunca se sale igual, se sale mejor o se sale peor, pero nunca se sale igual”. Y es precisamente en las crisis donde “se revela el propio corazón – dice - su solidez, su misericordia, su grandeza o su pequeñez”.

Al final del mensaje, se ha dirigido a los jóvenes, a quienes les ha pedido que el impulso que vivan y compartan en este Congreso de Educación Religiosa debe ser soñar juntos y mirar hacia delante: “Los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, pero sí, todos hermanos”. Además, les ha invitado “a la esperanza” y  a ser “los poetas de una nueva belleza humana, una nueva belleza fraterna y amigable”.

Mensaje del Papa a organizadores de iniciativa Respira Perú

Este sábado, se lleva a cabo le Segunda Telemaratón de Respira Perú, con el objetivo de donar más plantas de oxígeno y equipo médico de emergencia que ayude a luchar contra la terrible segunda ola del COVID-19 en todo el país. El Papa Francisco envió una carta al pueblo peruano que ha venido colaborando con la campaña Respira Perú.

Ciudad del Vaticano

A solo 2 días de realizarse la Segunda Telemaratón de Respira Perú con el objetivo de donar más plantas de oxígeno y equipo médico de emergencia que ayude a luchar contra la terrible segunda ola del COVID-19 en todo el país, el Papa Francisco, envió una carta al pueblo peruano que ha venido colaborando con la campaña Respira Perú.

 

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07/02/2021

Respira Perú entrega planta de oxígeno al Hospital Belén de Trujillo

Esta iniciativa se lleva a cabo gracias a la Conferencia Episcopal Peruana y a la Sociedad Nacional de Industrias y la Universidad San Ignacio de Loyola.

En su Mensaje, el Papa “saluda con afecto a los organizadores y colaboradores de la iniciativa solidaria ´Respira Perú´, que tanto bien está realizando para ayudar a las personas que sufren a causa del COVID-19 y a sus familias”. En la carta, remitida por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, a Monseñor Miguel Cabrejos, Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, el Santo Padre “los anima a hacer llegar a todos la ternura de Dios a través del cuidado, construyendo una sociedad más humana y fraterna en la que procuremos que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado”.

En el mensaje, el cardenal Parolin, menciona que “el Papa Francisco les pide también que no dejen de rezar por él y por su servicio al Santo pueblo de Dios, a la vez que, invocando la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, salud de los enfermos, sobre ustedes, sus familias y demás seres queridos, les imparte la implorada Bendición Apostólica”.

SALVAR LO PERDIDO

— Jesús viene como Médico para sanar a toda la humanidad, pues todos estamos enfermos. Humildad para ser curados.

— Cristo remedia nuestros males. Eficacia del sacramento de la Penitencia.

— Esperanza en el Señor cuando sentimos las propias flaquezas. No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Esperanza en el apostolado.

I. El Evangelio de la Misa1 nos narra la vocación de Mateo: su llamada por el Señor y la pronta respuesta del recaudador de tributos. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

El nuevo apóstol quiso mostrar su agradecimiento a Jesús con un convite que San Lucas califica de grandeEstaban sentados a la mesa gran número de recaudadores y otros. Allí estaban todos sus amigos.

Los fariseos se escandalizaron. Les preguntaban a los discípulos: ¿cómo es que coméis y bebéis con publicanos y con pecadores? Los publicanos eran considerados como pecadores, por los beneficios desorbitados que podían obtener en su profesión y por las relaciones que mantenían con los gentiles.

Jesús replicó a los fariseos con estas consoladoras palabras: No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan2.

Jesús viene a ofrecer su reino a todos los hombres, su misión es universal. «El diálogo de salvación no quedó condicionado por los méritos de aquellos a quienes se dirigía, se abrió para todos los hombres sin discriminación alguna...»3.

Jesús viene para todos, pues todos andamos enfermos y somos pecadores, nadie es bueno, sino uno, Dios4. Todos debemos acudir a la misericordia y al perdón de Dios para tener vida5 y alcanzar la salvación. La humanidad no está dividida en dos bloques: quienes ya están justificados por sus fuerzas, y los pecadores. Todos necesitamos, cada día, del Señor. Quienes piensan que no tienen necesidad de Dios no alcanzan la salud, siguen en su muerte o en su enfermedad.

Las palabras del Señor que se nos presenta como Médico nos mueven a pedir perdón con humildad y confianza por nuestros pecados y también por los de aquellas personas que parecen querer seguir viviendo alejados de Dios. Le decimos hoy, con Santa Teresa: «¡Oh qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! Vos decís, Señor mío, que venís a buscar a los pecadores. Éstos, Señor son los verdaderos pecadores. No miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros, resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra»6. Si acudimos así a Jesús, con humildad, siempre tendrá misericordia de nosotros y de aquellos a quienes procuramos acercar a Él.

II. En el Antiguo Testamento se describe al Mesías como al pastor que había de venir para cuidar con solicitud sus ovejas, acudiendo a sanar a las heridas y enfermas7. Ha venido a buscar lo que estaba perdido, a llamar a los pecadores, a dar su vida como rescate por muchos8. Fue Él, según se había profetizado, quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, y en sus llagas hemos sido curados9.

Cristo es el remedio de nuestros males: todos andamos un poco enfermos y por eso tenemos necesidad de Cristo. «Es Médico y cura nuestro egoísmo, si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma»10. Debemos ir a Él como el enfermo va al médico, diciendo la verdad de lo que pasa, con deseos de curarse. «Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados. Con el Médico es imprescindible una sinceridad absoluta, explicar enteramente la verdad y decir: Domine, si vis, potes me mundare (Mt 8, 2), Señor, si quieres –y Tú quieres siempre–, puedes curarme. Tú conoces mi flaqueza, siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades. Y le mostramos sencillamente las llagas; y el pus, si hay pus. Señor. Tú, que has curado a tantas almas, haz que, al tenerte en mi pecho o al contemplarte en el Sagrario, te reconozca como Médico divino»11.

Unas veces, el Señor actuará directamente en nuestra alma: Quiero, sé limpio12, sigue adelante, sé más humilde, no te preocupes. En otras ocasiones, y siempre que haya un pecado grave, el Señor dice: Id y mostraos a los sacerdotes13, al sacramento de la Penitencia, donde el alma encuentra siempre la medicina oportuna.

«Reflexionando sobre la función de este sacramento –dice el Papa Juan Pablo II–, la conciencia de la Iglesia descubre en él, además del carácter de juicio..., un carácter terapéutico o medicinal. Y esto se relaciona con el hecho de que es frecuente en el Evangelio la presentación de Cristo como Médico, mientras su obra redentora es llamada a menudo, desde la antigüedad cristiana, medicina salutis. “Yo quiero curar, no acusar” –decía San Agustín refiriéndose a la práctica pastoral penitencial–, y, gracias a la medicina de la Confesión, la experiencia del pecado no degenera en desesperación»14. Termina en una gran paz, en una inmensa alegría.

Contamos siempre con el aliento y la ayuda del Señor para volver y recomenzar. Él es quien dirige la lucha, y «un jefe en el campo de batalla estima más al soldado que, después de haber huido, vuelve y ataca con ardor al enemigo, que al que nunca volvió la espalda, pero tampoco llevó nunca a cabo una acción valerosa»15. No solo se santifica el que nunca cae sino el que siempre se levanta. Lo malo no es tener defectos –porque defectos tenemos todos–, sino pactar con ellos, no luchar. Y Cristo nos cura como Médico y luego nos ayuda a luchar.

III. Si alguna vez nos sintiéramos especialmente desanimados por alguna enfermedad espiritual que nos pareciera incurable, no olvidemos estas consoladoras palabras de Jesús: Los sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Todo tiene remedio. Él está siempre muy cerca de nosotros, pero especialmente en esos momentos, por muy grande que haya sido la falta, aunque sean muchas las miserias. Basta ser sincero de verdad.

No lo olvidemos tampoco si alguna vez en nuestro apostolado personal nos pareciera que alguien tiene una enfermedad del alma sin aparente solución. Sí la hay, siempre. Quizá el Señor espera de nosotros más oración y mortificación, más comprensión y cariño.

«Se curarán todas tus enfermedades –dice San Agustín–. “Pero es que son muchas”, dirás. Más poderoso es el Médico. Para el Todopoderoso no hay enfermedad insanable; tú déjate sólo curar, ponte en sus manos»16.

Debemos llegarnos a Él como aquellas gentes sencillas que le rodeaban. Como acudían los ciegos, los cojos, los paralíticos..., que deseaban ardientemente su curación. Solo aquel que se sabe y se siente manchado experimenta la necesidad profunda de quedar limpio; solamente quien es consciente de sus heridas y de sus llagas experimenta la urgencia de ser curado. Hemos de sentir la inquietud por curar aquellos puntos que nuestro examen de conciencia general o particular nos enseña que deben ser sanados.

Mateo dejó aquel día su antigua vida para recomenzar otra nueva junto a Cristo. Hoy podemos hacer nuestra esta oración de San Ambrosio: «También yo como él quiero dejar mi antigua vida y no seguir a otro más que a ti, Señor, que curas mis heridas. ¿Quién podrá separarme del amor a Dios que se manifiesta en ti?... Estoy atado a la fe, clavado en ella; estoy atado por los santos vínculos del amor. Todos tus mandamientos serán como un cauterio que tendré siempre adherido a mi cuerpo...; la medicina escuece, pero aleja la infección de la llaga. Corta, pues, Señor Jesús, la podredumbre de mis pecados. Mientras me tienes unido con los vínculos del amor, corta cuanto esté infecto. Ven pronto a sajar las pasiones escondidas, secretas y múltiples; saja la herida, no sea que la enfermedad se propague a todo el cuerpo.

»He hallado un médico que habita en el Cielo, pero que distribuye sus medicinas en la tierra. Solo Él puede curar mis heridas, porque no las padece; solo Él puede quitar del corazón la pena y del alma el temor, porque conoce las cosas más íntimas»17.

Muchos de los amigos de Mateo que estuvieron con Jesús en aquel banquete se sentirían acogidos y comprendidos por el trato amable del Señor. Tendría con ellos, sin duda, singulares muestras de amistad. Más tarde, se convertirían a Él de todo corazón y aceptarían plenamente su doctrina, que les obligaba a cambiar de vida en muchos puntos. Formarían parte de la primitiva comunidad de cristianos en Palestina. Los amigos de Mateo encontraron al Maestro en un banquete. Jesús aprovechó siempre cualquier circunstancia para llevar a las gentes a la salvación. También en esto debemos imitarle en nuestro apostolado personal.

1 Lc 5, 27-32. — 2 Lc 5, 31-32. — 3 Pablo VI, Enc. Ecclesiam suam, 6-VIII-1964. — 4 Mc 10, 18. — 5 Cfr. Jn 10, 28. — 6 Santa Teresa, Exclamaciones, 8. — 7 Cfr. Is 61, 1 ss; Ez 34, 16 ss. — 8 Cfr. Lc 19, 10. — 9 Is 83, 4 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 93. — 11 Ibídem. — 12 Mt 8, 3. — 13 Lc 17, 14. — 14 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 31, II. — 15 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 4, 4. — 16 San Agustín, Comentario al Salmo 102. — 17 San Ambrosio, Comentario al Evangelio según San Lucas, 5, 27.

 

“Hemos de acudir al buen pastor”

Tú -piensas- tienes mucha personalidad: tus estudios -tus trabajos de investigación, tus publicaciones-, tu posición social -tus apellidos-, tus actuaciones políticas -los cargos que ocupas-, tu patrimonio..., tu edad, ¡ya no eres un niño!... Precisamente por todo eso necesitas más que otros un Director para tu alma. (Camino, 63)

20 de febrero

La santidad de la Esposa de Cristo se ha demostrado siempre ‑como se demuestra también hoy‑ por la abundancia de buenos pastores. Pero la fe cristiana, que nos enseña a ser sencillos, no nos induce a ser ingenuos. Hay mercenarios que callan, y hay mercenarios que hablan palabras que no son de Cristo. Por eso, si el Señor permite que nos quedemos a oscuras, incluso en cosas pequeñas; si sentimos que nuestra fe no es firme, acudamos al buen pastor, al que entra por la puerta ejercitando su derecho, al que, dando su vida por los demás, quiere ser, en la palabra y en la conducta, un alma enamorada: un pecador quizá también, pero que confía siempre en el perdón y en la misericordia de Cristo.

Si vuestra conciencia os reprueba por alguna falta ‑aunque no os parezca grave‑, si dudáis, acudid al Sacramento de la Penitencia. Id al sacerdote que os atiende, al que sabe exigir de vosotros fe recia, finura de alma, verdadera fortaleza cristiana. En la Iglesia existe la más plena libertad para confesarse con cualquier sacerdote, que tenga las legítimas licencias; pero un cristiano de vida clara acudirá ‑¡libremente!‑ a aquel que conoce como buen pastor, que puede ayudarle a levantar la vista, para volver a ver en lo alto la estrella del Señor. (Es Cristo que pasa, 34)

 

Mensaje del Prelado (20 febrero 2021)

Al inicio de la Cuaresma, Mons. Ocáriz nos invita a buscar la identificación con Cristo por la vía de la pobreza que sugiere el ayuno.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES20/02/2021

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hemos comenzado la Cuaresma, preparación de la Semana Santa, que nos recuerda los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto. Con su ayuno y con la experiencia de las tentaciones, el Señor nos muestra que solo Dios basta. Las prácticas cuaresmales del ayuno, la limosna y la oración nos ayudan a introducirnos de nuevo en esa realidad.

A través del ayuno buscamos identificarnos con Cristo por la vía de la pobreza: como «experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento» (Francisco, mensaje para la Cuaresma 2021).

Como sabemos, la belleza de la virtud de la pobreza no está principalmente en la renuncia a los bienes creados, sino en renunciar al desorden que experimenta la persona cuando esos bienes no están integrados en el horizonte de Dios. La pobreza proclama y recuerda la bondad originaria de la creación y de las cosas materiales, mientras afirma el desapego de ellas como «una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador» (Conversaciones, n. 110).

Esta Cuaresma puede ser tiempo oportuno para ilusionarnos de nuevo con este desafío: examinar nuestro corazón para descubrir de qué manera las cosas materiales de las que disponemos contribuyen a llevar adelante la misión que Dios nos ha confiado. Podremos, entonces, desprendernos más fácilmente de las que no lo hacen y caminar ligeros como el Señor, que no tenía «dónde reclinar la cabeza» (Lc 9,58). Con la pobreza, aprenderemos a apreciar las cosas del mundo en cuanto vemos en ellas su valor como camino de unión con Él y de servicio a los demás, sabiendo renunciar con alegría a las que, hoy y ahora, no son parte de ese camino.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 20 de febrero de 2021

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

OTROS15/05/2020

Escucha el artículo Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?


Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por los sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

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Reunidos en comunión: rezando con toda la Iglesia

El Canon Romano nos da la medida de la oración de la Iglesia, que abraza el espacio y el tiempo, como los brazos abiertos de Jesús en la Cruz.

AÑO LITÚRGICO29/05/2017

«Celebro la Misa con todo el pueblo de Dios. Diré más: estoy también con los que aún no se han acercado al Señor, los que están más lejanos y todavía no son de su grey; a ésos también los tengo en el corazón. Y me siento rodeado por todas las aves que vuelan y cruzan el azul del cielo, algunas hasta mirar de hito en hito al sol (...). Y rodeado por todos los animales que están sobre la tierra: los racionales, como somos los hombres, aunque a veces perdemos la razón, y los irracionales, los que corretean por la superficie terrestre, o los que habitan en las entrañas escondidas del mundo. ¡Yo me siento así, renovando el Santo Sacrificio de la Cruz!»[1]

Venimos recorriendo los diversos momentos del año litúrgico, profundizando en todo el arco de tonalidades que adquiere, en el tiempo, la oración de la Iglesia. Estas palabras de san Josemaría sobre la Eucaristía, «corazón del mundo»[2], ponen ante nosotros el verdadero alcance del culto cristiano, que, como anunciaba ya uno de los salmos mesiánicos, abraza todo el espacio –«a mari usque ad mare, de mar a mar»[3]– y todo el tiempo –«como el sol y la luna, de generación en generación»[4]–. Todo empezó en la Cruz: Jesús recogía ya entonces en su oración a toda la Iglesia, y daba así cuerpo a la communio sanctorum de todos los lugares y de todos los tiempos. Y todo vuelve a la Cruz: «omnes traham ad meipsum, atraeré a todos hacia mí»[5]. En cada celebración eucarística está toda la Iglesia, cielos y tierra, Dios y los hombres. Por eso en la Santa Misa quedan superadas no solo las fronteras políticas o sociales, sino las que separan cielo y tierra. La Eucaristía es katholikē, que en griego significa universal, católica: tiene la medida del todo, porque allí está Dios, y con Él estamos todos, en unidad con el Papa, con los Obispos, con los creyentes de todas las épocas y lugares.

TODO EMPEZÓ EN LA CRUZ: JESÚS RECOGÍA YA ENTONCES EN SU ORACIÓN A TODA LA IGLESIA, Y DABA ASÍ CUERPO A LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS DE TODOS LOS LUGARES Y DE TODOS LOS TIEMPOS.

Vamos a asomarnos, ya al final de esta serie, a algunos recodos de la Plegaria Eucarística, a través del Canon Romano[6]. Entreveremos así esa amplitud de la oración de la Iglesia, que surge de la amplitud de Dios. Si procuramos rezar en la Misa con ese sentido universal, de no estar solos, el Señor nos dilatará el corazón –«dilatasti cor meum»[7]–, nos hará rezar con todos nuestros hermanos en la fe; nos hará ser memoria de Dios, bálsamo de Dios, paz de Dios para toda la humanidad.

Sanctus, Sanctus, Sanctus

La Plegaria Eucarística inicia con el Prefacio, que siempre pone ante nuestros ojos motivos de acción de gracias. A veces no seremos capaces de apreciarlos, todos ellos, como algo que nos toca de cerca. Pero la Iglesia sí sabe lo que agradece, y nos podemos confiar a su sabiduría, aunque a veces no entendamos. Precisamente el final del Prefacio nos recuerda que es Ella, la Iglesia de todos los lugares y de todos los tiempos, la que celebra la Eucaristía, igual si participan miles de personas que «si ayuda al sacerdote como único asistente un niño, quizá distraído»[8].

El Prefacio concluye con el Sanctus, «la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan al Dios tres veces santo»[9]. Cantamos, unidos a la liturgia del cielo, y lo hacemos no solo en nombre propio, sino en el de toda la humanidad y en el de la creación entera, que necesita de la voz del hombre. Somos por eso liturgos de la creación, intérpretes y sacerdotes del canto que las criaturas quieren entonar a Dios: «Hacemos mención del cielo y de la tierra, del mar, del sol y de la luna, de los astros y de todas las criaturas racionales e irracionales, visibles e invisibles, de los ángeles, las virtudes, las dominaciones, las potestades, los tronos, los querubines de muchos rostros (cf. Ez 10, 21), con el anhelo de decir aquello de David: Engrandeced conmigo al Señor (Sal 33, 4)»[10].

Memento Domine...

Esta oración eclesial, este rezar juntos, se percibe también en las intercesiones: «Memento Domine, acuérdate Señor», le decimos, y nos convertimos entonces nosotros mismos en «memoria de Dios» para nuestra familia y amigos, para las personas que se confían a nuestra oración, y también para todos aquellos de los que quizá solo Él se acuerda. Se trata de algo esencial en «nuestra Misa»[11], porque «si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada (…). Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio»[12].

EL PREFACIO SIEMPRE PONE ANTE NUESTROS OJOS MOTIVOS DE ACCIÓN DE GRACIAS: AUNQUE A VECES NO SEREMOS CAPACES DE APRECIARLOS, LA IGLESIA SÍ SABE LO QUE AGRADECE, Y NOS PODEMOS CONFIAR A SU SABIDURÍA

La oración de intercesión nos mete de lleno en la oración de Jesús, que es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres. «Interceder, pedir en favor de otro es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos»[13]. Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta forma de petición que no conoce fronteras, como se percibe ya desde las primeras anáforas eucarísticas. Procuraban adquirir los sentimientos de Aquel que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»[14]. En la Plegaria eucarística, si ponemos cariño de nuestra parte, Dios nos agranda el corazón, lo hace a la medida del de Cristo.

Con esa magnanimidad pedimos en primer lugar por toda la Iglesia: «para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero…». Y comenzamos por unirnos al Papa, al obispo de nuestra diócesis y, por supuesto, al Padre: rezamos así «bien apiñados, formando una familia muy unida»[15].

Después, la intercesión se convierte en petición por todos los fieles presentes y en favor de aquellos por los que se ofrece el sacrificio: «Memento, Domine, famulorum famularumque tuarum N. et N. et omnium circumstantium... Acuérdate, Señor de tus hijos N. y N., y de todos los aquí reunidos cuya fe y entrega bien conoces…». La Plegaria eucarística primera pone ante el Señor las necesidades de aquellos, cristianos o no, por los que se reza específicamente, aunque no sea necesario decir sus nombres en voz alta. El sacerdote, dicen las rúbricas, junta las manos y ora unos instantes por quienes tiene intención de encomendar a Dios. San Josemaría habitualmente podía detenerse un poco más: «Hago un Memento muy largo. Cada día hay unos coloridos diversos, unas vibraciones distintas, unas luces cuya intensidad va de aquí para allá. Pero el común denominador de mi ofrecimiento es éste: la Iglesia, el Papa y el Opus Dei. (...) Me acuerdo de todos, de todos: no puedo hacer una excepción. No voy a decir de éste no, porque es mi enemigo; de ése tampoco, porque me ha hecho mal; no de aquél, porque me ha calumniado, me difama, miente... ¡No! ¡Por todos!»[16].

Communicantes et memoriam venerantes...

El Canon Romano nos recuerda también que en la Santa Misa estamos no solo con el Señor, sino también con los hombres de cualquier lugar y tiempo. Por eso se habla no solo de la Trinidad y del Verbo encarnado, de su muerte y de su resurrección; se pronuncian también los nombres de otras personas importantes en la familia, porque nos sabemos también en su compañía.

"ME ACUERDO DE TODOS, DE TODOS: NO PUEDO HACER UNA EXCEPCIÓN. NO VOY A DECIR DE ÉSTE NO, PORQUE ES MI ENEMIGO; DE ÉSE TAMPOCO, PORQUE ME HA HECHO MAL (...) ¡NO! ¡POR TODOS!" (SAN JOSEMARÍA)

«Communicantes et memoriam venerantes... Reunidos en comunión con toda la Iglesia veneramos la memoria...» de la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, en primer lugar; después, san José[17], seguido por los nombres de doce apóstoles, entre los que se incluye a san Pablo[18], y doce mártires de los primeros cuatro siglos de la era cristiana[19].

No se trata de una “enumeración honorífica”, como las que a veces presenciamos en los actos oficiales, no sin cierto tedio y prisa por que acaben. Se trata de nuestra familia, «la gran familia de hijos de Dios que es la Iglesia Católica»[20]. En la Santa Misa estamos en comunión no solo con nuestros hermanos «dispersos por el mundo»[21], sino también con nuestros hermanos glorificados en el cielo, y con los que se purifican para ver con ellos el rostro de Dios. «Mientras nosotros celebramos el sacrificio del Cordero, nos unimos a la liturgia celestial, asociándonos con la multitud inmensa que grita: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero (Ap 7, 10). La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra (…) y proyecta luz sobre nuestro camino»[22].

Memento etiam, Domine...

Poco después de la consagración, donde las demás plegarias eucarísticas concentran sus peticiones, el Canon Romano las continúa: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz». El celebrante se recoge unos instantes y ora por los difuntos; después prosigue con unas palabras tiernas, de gran calado: «A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz».

EN LA PLEGARIA EUCARÍSTICA, SI PONEMOS CARIÑO DE NUESTRA PARTE, DIOS NOS AGRANDA EL CORAZÓN, LO HACE A LA MEDIDA DEL DE CRISTO.

El recuerdo de nuestros hermanos difuntos pone ante nuestros ojos, una vez más, la fraternidad: los demás. El Espíritu Santo ensancha de nuevo nuestros corazones, porque podemos rezar aquí no solo por nuestros difuntos más cercanos, sino también por todos los hombres y mujeres que Dios ha llamado a sí desde el día anterior; algunos habrán muerto quizá muy solos, y Dios ha salido a su encuentro, a enjugar las lágrimas de sus ojos[23]. «Cuando llega el memento de difuntos, ¡qué alegría rezar también por todos! Naturalmente pido en primer lugar por mis hijos, por mis padres y mis hermanos; por los padres y hermanos de mis hijos; por todos los que se han acercado a mí o al Opus Dei para hacernos el bien: con agradecimiento entonces. Y por los que han intentado difamar, mentir... ¡con mayor motivo!: los perdono de todo corazón, Señor, para que Tú me perdones. Y además ofrezco por ellos los mismos sufragios que por mis padres y por mis hijos (...). ¡Y se queda uno tan contento!»[24]

De multitudine miserationum tuarum sperantibus

El Canon se acerca a su conclusión, e intercede aún por los presentes, celebrante y fieles: «Nobis quoque peccatoribus famulis tuis, de multitudine miserationum tuarum sperantibus... Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires...»[25]. Se nombra aquí a san Juan Bautista, seguido de siete mártires varones y siete mártires mujeres: siete es un número que, como el doce que encontrábamos más arriba, tiene una fuerte impronta bíblica: si el doce recuerda la elección divina (de las tribus de Israel, de los Apóstoles, etc.), el siete, es símbolo de plenitud, totalidad.

Ponemos nuestra mirada en el cielo: el Pueblo de Dios se acoge a sus santos en los momentos más trascendentales de su culto, y la santa Misa es el lugar en el que la Iglesia en el cielo y la Iglesia en la tierra se saben más unidas. Benedicto XVI nos alentaba a dar gracias a Dios «porque nos ha mostrado su rostro en Cristo, nos ha dado a la Virgen, nos ha dado a los santos, nos ha llamado a ser un solo cuerpo, un solo espíritu con Él»[26]. Y como agradecer es apreciar, le podemos decir, con santo Tomás de Aquino, «Tú que todo lo sabes y puedes, que nos alimentas en la tierra, conduce a tus hermanos a la mesa del cielo, a la alegría de tus santos»[27].

Juan José Silvestre


[1] San Josemaría, palabras pronunciadas en una reunión familiar, 22-V-1970 (citado en J. Echevarría, Para servir a la Iglesia, Rialp, Madrid 2001, 189-190).

[2] San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, 17-IV-2003, n. 59.

[3] Sal 71 (72), 8.

[4] Sal 71 (72), 5.

[5] Jn 12, 32.

[6] Cuando no se indica otra cosa, las citas que siguen son, pues, de la Plegaria Eucarística I.

[7] Sal 118 (119), 30.

[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1352.

[10] San Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógica V, 6 (PG 33, 1114).

[11] Es Cristo que pasa, n. 169.

[12] Francisco, Homilía, 29-XI-2013.

[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2635.

[14] 1 Tm 2, 4.

[15] Beato Álvaro del Portillo, Carta, 29-VI-1975 (en Cartas de familia II, n. 19 [AGP, Biblioteca P17]).

[16] San Josemaría, notas de reuniones familiares del 1-IV-1972 y del 10-V-1974 (citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, Madrid, Rialp 2010, 106).

[17] Su nombre se introdujo por decisión de san Juan XXIII en 1962. El Papa Francisco, por medio del Decreto Paterna vices de 1-V-2013, introdujo la mención de san José en las Plegarias eucarísticas II, III y IV.

[18] San Matías es citado en el segundo elenco, tras la consagración.

[19] Son cinco Papas, un obispo, un diácono, seguidos de Crisógono –del que no se sabe si era clérigo o laico– y cuatro laicos.

[20] Javier Echevarría, Carta, 9-I-2002 (en Cartas de Familia V, n. 4 [AGP, Biblioteca P17]).

[21] Misal Romano, Plegaria Eucarística III.

[22] San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, n. 19.

[23] Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística III.

[24] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 10-V-1974 (citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, 151).

[25] Si bien en su origen el “nosotros, pecadores, siervos tuyos” podría referirse únicamente al sacerdote celebrante y a sus ministros, en la actualidad parece evidente –a la vista de las otras Plegarias eucarísticas– que se pide para todos la unión con la Iglesia celeste.

[26] Benedicto XVI, Discurso, 20-II-2009.

[27] Santo Tomás de Aquino, Himno Lauda Sion.

Jesús, signo de contradicción

Daniel Tirapu

 Jesucristo.

El hombre anti-masa, el hombre plenamente libre, que puede pensar y decidir por sí mismo. Es capaz, por lo tanto, de asumir responsabilidades, de comprometerse, de ser fiel.

Resulta ser una personalidad sobresaliente, pero también un hombre que inquieta y choca, que desconcierta y desafía - que nada contra la corriente. Y es porque actúa de acuerdo con su propia conciencia, y no con la opinión pública. Pero eso le da también una paz verdadera, una lucidez interior, una serenidad muy grande

Modelo de este hombre pleno, de este hombre nuevo, de este hombre-contradicción es Jesucristo mismo. En Él y en su mensaje se dividen los espíritus.

Cuando es todavía un niño ya se profetiza de Él: “Este será un signo de contradicción para muchos” (Lc 2, 34). Y al final de su vida, los jefes de Israel lo acusan ante Pilato con estas palabras: “alborota al pueblo” (Lc 23, 2).

La vida de Jesús no es una vida tranquila y tranquilizante. Todo lo contrario, es un profeta perseguido sin piedad por las autoridades del pueblo, excomulgado de la comunidad judía, traicionado por falsos amigos, entregado a los romanos y crucificado para escarmiento de todos.

Pero no cabe duda de que Jesús quiere la paz y no la guerra. Sólo que su paz no tiene nada que ver con lo que el mundo entiende por paz. Esta es una falsa paz, construida sobre la injusticia, la discriminación, la marginación. Frente a esta falsa paz, Jesús sí quiere la guerra.

Jesús no viene al mundo para ser un hombre de paz, es decir, un hombre sin problemas y compromisos. Jesús viene al mundo para dar testimonio de la verdad y luchar contra la mentira, para anunciar la Buena Nueva a los pobres y denunciar la injusticia de los ricos y poderosos.

Jesús viene al mundo para decir a unos: “¡Bienaventurados!” y a otros: “¡Ay de vosotros, hipócritas!”.

En este contexto debemos entender el Evangelio de hoy: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra…”

El Evangelio de Jesús es conflictivo: Lleva la división dentro de la familia y crea conflictos en nuestra conciencia. Nos obliga a definirnos, a tomar posición, a optar entre dos alternativas.

La palabra de Dios es conflictiva, porque pide nuestra conversión, la renuncia a nuestros planes egoístas, la lucha por un mundo mejor.

El legado de Francisco Luzón por la vida

Jesús Ortiz López

​ Francisco Luzón.

Ha muerto Francisco Luzón después de largo esfuerzo por vivir con ELA: no se trataba de agotar la existencia humana porque sí sino de trabajar por los demás, dando ejemplo a otros con ELA, y de haber asumido con entereza el sentido de su enfermedad degenerativa, lo cual prueba que el cuerpo puede arruinarse pero la mente puede mantenerse bien alta. Y los mismo el corazón, amor, afecto, empatía, generosidad, en resumen, con vida espiritual.

Se han escrito muchas cosas, empezando por su viuda María José Arregui, que demuestra ley amor y la sintonía con su marido Paco en todo. Entre otros, me permito destacar lo escrito por Luis Ventoso: «Existe un reverso luminoso a la deprimente subcultura de la muerte ahora en boga, que se nos vende como el súmmum de la humanidad, cuando probablemente sea todo lo contrario. En sus últimos mensajes, Luzón lamentaba que se acelerase para aprobar una Ley de Eutanasia en lugar de centrar los esfuerzos en mejorar los cuidados asistenciales de los que sufren. Sánchez dedicó ayer un cariñoso tuit de recuerdo a Luzón y agradeció su «labor, ejemplo y valentía». Pero dudo que haya reparado en el quid de la lección de Paco: toda vida humana es SIEMPRE valiosa».

Esta es la cuestión, es decir la imposición desde el poder, algunos intelectuales y mundillo ruidoso de famosos y famosas que apoyan la eutanasia, sin saber de qué hablan.

Hablan los que saben

Un reciente artículo del catedrático Manuel González Barón, catedrático de Oncología y Medicina paliativa expone con argumentos científicos y larga experiencia clínica que la eutanasia no es la solución de nada, en contra de lo que la presión del poder y la ideología reductiva quieren hacernos creer. La solución humana son los cuidados paliativos. Escribe que en el tramo final de la vida y ante el dolor:  «importa más la calidad que la cantidad de vida: una conversación franca y sincera, en la que emergen los posibles recursos del paciente para afrontar el sufrimiento, una despedida con sus seres queridos, tener la ocasión de perdonarse a sí mismo, perdonar y pedir perdón, dar las gracias, mostrar y recibir amor, dejar un legado, recordar momentos felices, poder hacer balance... De esta forma se puede llegar al final de manera natural con serenidad y paz con todos, y con Dios también si se es creyente».

Hay que quietarse la careta y admitir sin prejuicios ideológicos que la eutanasia y el suicidio asistido es la gran mentira de la cultura de muerte, y la demolición de la dignidad de las personas. Es la gran manipulación a escala española sobre una sociedad que pierde progresivamente los valores humanos, y se conforma con ir tirando, aceptando que la engañen.

Cuando alguien tiene la tentación de quitarse la vida es porque no encuentra en quién apoyarse, ni percibe lo importante que es para algunas personas cercanas o incluso desconocidas. El suicidio es un grito de socorro para que alguien le atienda, le tome de la mano, y le transmita algo de esperanza, si hace falta con mucha energía, porque está en juego mucho más de lo que cree en ese momento.

Qué bello es vivir

La conocida película ¡Qué bello es vivir! ha tratado con delicadeza el grave problema del suicidio. Recordemos que el protagonista George Bailey está con el agua al cuello. Es un buen tipo, ha creado un banco para ayudar a la gente, pero en un momento dado no puede hacer frente a los pagos. El malvado señor Potter se alegra de su problemas, y el desperado Bailey va a un puente, dispuesto a arrojarse al río. Pero viene a él Clarence, un ángel que tiene ahora la oportunidad de ganarse sus alas. Lo hará mostrando a Bailey cómo habría sido la vida de su familia y amigos si él no hubiera existido: no se habría casado con Mary ni habría ayudado a tantas personas.

Como otras obras de arte, este film tiene raíces en un episodio de la vida del director Frank Kapra, allá por el año 1935, cuando se encontraba seriamente enfermo. Por lo visto recibió entonces la visita de alguien que cambió su vida, del que nunca supo su nombre, que le dijo: «Es usted un cobarde. Y lo que es más triste, una ofensa a Dios. ¿Oye a ese hombre?» (se refería a Hitler, que hablaba en la radio) «¿A cuántos habla? ¿15, 20 millones? ¿Y cuánto tiempo? ¿20 minutos? Usted puede hablar a cientos de millones, durante 2 horas. Y en la oscuridad. Sus talentos, señor Capra, no son suyos por derecho propio. Dios se los ha dado. Cuando no los usa, ofende a Dios y a la humanidad. Que tenga un buen día». Capra tomó conciencia de su responsabilidad como director de cine para transmitir esperanza cuando parece que todo se derrumba. Ese curioso discurso le llevó al confesionario y le devolvió las ganas de vivir encontrando el sentido de la vida.

Ley que mata la esperanza

Con la Ley de la eutanasia se mata la esperanza de muchas personas y se les empuja al abismo, engañadas y quizá acomplejadas por ser un peso para la familia y para la sociedad. Hecha la ley, hecha la trampa porque la experiencia de los países donde se ha impuesto se convierte en un tobogán por el que son empujados los ancianos, enfermos incurables, y los niños con alguna deformidad. Así la sociedad no gasta y puede vivir en el consumo y además sólo pasean por las calles gentes guapas con algún niño precioso y algún perro. Todo idílico aunque la conciencia de algunos familiares y otros médicos guarde la mentira de su vida bajo siete sellos.

No hay razón alguna para imponer la eutanasia entre nosotros pues la sociedad tiene aún raíces y costumbres cristianas, muchas más de las que supone el anticristianismo inoculado por algunos políticos, educadores, pensadores, artistas, y escritores. La eutanasia, palabra mentirosa y maldita donde las haya, no es la solución para nadie y envilece a la sociedad que se deshumaniza con ella, engañándose con un barniz de solidaridad y de identificación ecologista con la naturaleza endiosada.

El remedio lo sabemos todos y consiste en favorecer los cuidados paliativos aunque sean más caros que el veneno introducido con una cánula o una jeringuilla. La medicina actual tiene buenos recursos y técnicas para tratar con humanidad a los enfermos al final de su vida. Junto con el personal sanitario están los familiares con humanidad y la atención espiritual, que viene a ser lo más importante para recuperar el sentido de la vida, del sufrimiento, y de la Cruz para los que creen en Jesucristo, que son la mayoría de los españoles. Por todo ello es preciso avanzar mucho más en los cuidados paliativos superando una ley mortífera y la deshumanización que quieren imponer algunos políticos.

Pare terminar es preciso reconocer con pena que esta ley de la eutanasia no responde a ninguna demanda social sino al rodillo del poder, a inconfesables proyectos inhumanos, y sobre todo que ninguna razón les hará cambiar el rumbo destructivo de la vida. Luego, Dios dirá.  

 Evangelio del domingo: Jesús en el desierto

Comentario del domingo de la 1° semana de Cuaresma (Ciclo B).“Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás”. Jesús toma la iniciativa en la lucha contra el mal y nos da ejemplo con su oración y ayuno para vivir esta cuaresma con esperanza en la lucha y espíritu de conversión.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mc 1,12-15)

Enseguida el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. 13 Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás; estaba con los animales, y los ángeles le servían.

14 Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, 15 y diciendo:

—El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio.


Comentario

Hoy celebramos el primer domingo de Cuaresma y contemplamos al Señor conducido por impulso del Espíritu Santo hacia el desierto, para orar y ayunar allí durante 40 días. Marcos es muy lacónico en su relato sobre el tiempo que pasó Jesús en el desierto. No se refiere a los tres tipos de pruebas que sufre Jesús según los otros evangelistas; sencillamente dice que “estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás”.

Con una mirada superficial, cabría preguntarse por qué Jesús se pone en ocasión de ser probado. De hecho, el relato paralelo de Mateo afirma que Jesús “fue llevado al desierto por el Espíritu” precisamente “para ser tentado por el diablo” (Mt 4,1). Además, cualquier judío creyente de su época conocía la atribución bíblica del ámbito del desierto al demonio y a la prueba (cfr. Lv 16,10). Pero, aun así, Jesús acude allí.

Este episodio nos enseña que es Jesús, y no el demonio, quien toma la iniciativa en la lucha entre el bien y el mal. El Apocalipsis afirma también que son Miguel y sus ángeles quienes empiezan la lucha contra el demonio para vencerlo (Ap 12,7). Jesús se adelanta, con un tiempo de intensa oración y ayuno. Y en ese marco de esfuerzo y santidad de vida es al que el demonio se ve abocado a acudir; un marco adverso para él y no al revés.

La escena de hoy nos muestra que la condición de hijos de Dios revelada en el bautismo en el Jordán —“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1,11)—, lejos de hacernos retraídos ante el mal y el pecado, en actitud de huida y temor a la derrota, nos lleva precisamente a tomar la iniciativa en la lucha, con valentía y confianza en la gracia, porque somos hijos de Dios. No se trata de fiarse de las propias fuerzas o ponerse tontamente en lo que sabemos que para nosotros es ocasión de pecar. Se trata más bien de no ir a la defensiva en nuestro esfuerzo por comportarnos como hijos de Dios, a quienes el Padre mira con agrado, a pesar de todo, porque Él mismo ha enviado a su Hijo hecho hombre.

Con este sentido positivo y activo de la lucha han vivido siempre los santos, porque no se miraban a sí mismos, sino a Cristo, que luchó y venció por ellos. San Agustín expresaba esta verdad así: “Cristo era tentado por el diablo y en Cristo eras tentado tú, porque Cristo tomó tu carne y te dio su salvación, tomó tu mortalidad y te dio su vida, tomó de ti las injurias y te dio los honores, y toma ahora tu tentación para darte la victoria. Si fuimos tentados en Él, vencimos también al diablo en Él. ¿Te fijas en que Cristo es tentado y, sin embargo, no consideras su triunfo?”[1]. Por tanto, Jesús nos da ejemplo en este inicio de la Cuaresma y nos enseña a tomar la iniciativa en nuestra lucha cristiana llena de esperanza.

Y una forma evidente de adelantarse en la lucha consiste en dedicar un tiempo previsto para orar, a pesar de nuestra personal situación o condición; a pesar de las muchas razones que inventan la pereza, el pragmatismo o el temor, para dejar de lado esos ratos de meditación. Es lógico que cuando nos decidimos a seguir las huellas del Maestro aparezca en nuestra vida la prueba y la tentación. Pero esto no son señales de que vaya mal la lucha o nuestra oración sea infecunda, sino todo lo contrario. Los más probados suelen ser los santos porque, como decía santa Teresa de Jesús, “sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida”[2]. Por eso el demonio busca llenarnos de omisiones y falsas humildades para que dejemos de orar y perdamos la iniciativa en la lucha. Porque un clima de oración es siempre adverso para él.


[1] San Agustín, Comentario sobre el Salmo 60.

[2] Santa Teresa de Jesús, Vida, 19,5.

Meditaciones: 4º domingo de san José

Cuarta reflexión para meditar durante los siete domingos de san José. Los temas propuestos son: cómo obedece san José; el recogimiento necesario para escuchar a Dios; con su obediencia anticipa la de Jesús.

MEDITACIONES18/02/2021

Cómo obedece san José

El recogimiento necesario para escuchar a Dios

Con su obediencia anticipa la de Jesús


DESPUÉS DE LA ANUNCIACIÓN del ángel a María, la tradición cristiana ha identificado una anunciación similar a José: «Hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). El santo patriarca estuvo «siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley y a través de los cuatro sueños que tuvo»[1]. El hecho de que José haya escuchado los designios divinos mientras dormía, y los haya puesto rápidamente en práctica, nos habla de su sintonía permanente con Dios; es una manifestación de que la vida contemplativa nos lleva normalmente a descubrir los planes buenos del Padre y a querer asociarnos a ellos de manera magnánima. Este modo de proceder es el fundamento de la obediencia al Señor. De hecho, la palabra «obedecer» viene justamente de esa capacidad de escucha –ob audire–, de esa capacidad de oír de manera inteligente lo que otro tiene que decirme; en este caso, es Dios quien introduce a José en la grandeza de su obra misericordiosa de salvación.

Por eso, la obediencia está muy lejos del cumplimiento ciego. Un requisito para obedecer, en toda su riqueza, es saber escuchar, tener el espíritu abierto; solo el que piensa puede ser obediente. San Josemaría reflexionaba en estos términos durante una homilía del año 1963: «La fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida. Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa, y que su docilidad no presenta la actitud de la obediencia de quien se deja arrastrar por los acontecimientos. Porque la fe cristiana es lo más opuesto al conformismo, o a la falta de actividad y de energía interiores. José se abandonó sin reservas en las manos de Dios, pero nunca rehusó reflexionar sobre los acontecimientos, y así pudo alcanzar del Señor ese grado de inteligencia de las obras de Dios, que es la verdadera sabiduría»[2].

En las páginas del Antiguo Testamento encontramos varias veces que Dios habla en sueños; sucede, por ejemplo, con Adán, Jacob o Samuel. Son testimonios de personas que han querido estar en constante diálogo divino, han dejado que Dios les hablase en todas las circunstancias. Y esos sueños son también una muestra de que, a través de la auténtica obediencia, podremos captar nuevas dimensiones de la existencia, nuevos nombres, lugares y planes.


SABEMOS QUE DIOS nos habla; sabemos que está a nuestro lado y que nos convoca sin cesar para que nos unamos a su amor –con todo lo que somos– a través de situaciones muy concretas. El Señor se dirige a nosotros cada día, cada momento, a través de las personas que nos rodean y de los sucesos que atravesamos. En todo se esconde parte del plan divino que podemos personalmente descubrir y desarrollar. Una plegaria que Jesús repitió por lo menos dos veces al día, según las enseñanzas judías, era la oración Shemá Israel, que comienza así: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios» (Dt 6,4). Entonces y ahora, lo primero será percibir esa voz divina que nos llama. «San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos»[3].

Para oír la voz de Dios debemos aprender a hacer silencio, sobre todo interior. La Sagrada Escritura nos dice que el profeta Elías no escuchó a Yahvé en el viento poderoso, ni en terremoto, ni en el fuego, sino en «un susurro de brisa suave» (1R 19,12). La vida de oración requiere que acallemos las voces que nos distraen para poder escuchar a Dios y también a nuestra voz interior, para compartir allí nuestros deseos o capacidades. En esa intimidad descubrimos quiénes somos, aprendemos a entrar en diálogo con la voz de Dios y a identificarnos con ella.

Los evangelistas no nos han dejado constancia de ninguna de las palabras pronunciadas por san José, pero sí conocemos sus acciones, que son fruto de la obediencia a Dios, de aquella escucha inteligente y de ese diálogo en la intimidad de su alma. «El silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos»[4]. Esta actitud del patriarca fue la que hizo posible que, a partir de aquellos cuatro sueños, Dios pudiera orientar el rumbo de su vida. El recogimiento y la sensibilidad de José para detectar los planes divinos hizo que pudiera custodiar a María y a Jesús de los peligros y conducirlos a lugares más seguros. También nosotros podemos fomentar esta actitud de silencio y escucha para acercar a nuestra vida la voz y los proyectos de Dios.


A SAN JOSEMARÍA le gustaba decir que en el Nuevo Testamento hay dos frases que, en muy pocas palabras, resumen lo que fue la vida de Jesús. Por un lado, san Pablo nos dice que Jesús fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2,8); por otro lado, el evangelio de san Lucas dice que Jesús «vino a Nazaret y les estaba sujeto» (Lc 2,51), refiriéndose a su crecimiento en el hogar de María y José. En ambos pasajes notamos que el Señor realizó su plan de salvación obedeciendo por amor a Dios Padre y a su familia terrena. San Juan Pablo II notaba que «esta obediencia nazarena de Jesús a María y a José ocupa casi todos los años que él vivió en la tierra, y constituye, por tanto, el período más largo de esa total e ininterrumpida obediencia (...). Pertenece así a la Sagrada Familia una parte importante de ese divino misterio, cuyo fruto es la redención del mundo»[5] .

En el ambiente familiar, con las personas que convivimos cada día, es donde aprendemos a escuchar y a obedecer, dentro de los planes de amor de Dios. Allí todos están en sintonía porque cada uno busca sinceramente el bien del otro. En la familia se experimenta el servicio mutuo, aprendemos a escuchar, a descubrir lo que conviene a todos. La obediencia es fruto del amor. Podemos imaginar con qué delicadeza José daría indicaciones a Jesús. Y, al mismo tiempo, podemos pensar cómo el Verbo encarnado desearía comprender y llevar a cabo, grata y gustosamente, lo que decía su padre terreno. En realidad «los tres miembros de esta familia se ayudan mutuamente a descubrir el plan de Dios. Rezaban, trabajaban, se comunicaban»[6].

Jesús habrá visto tantas veces el modo de desenvolverse de José en los años de Nazaret: hombre obediente por la fe. El santo patriarca obedeció y, de esa manera, anticipó la obediencia de Jesús hasta la cruz. La Sagrada Familia es una escuela en la podemos aprender que escuchar a Dios y asociarnos a su misión son dos caras de una misma moneda. Así comprenderemos «la fe de san José: plena, confiada, íntegra, manifestada en una entrega eficaz a la voluntad de Dios, en una obediencia inteligente»[7].


[1] Francisco, carta apostólica Patris corde, Introducción. Los cuatro sueños se refieren a no temer en recibir a María como esposa; a la huida a Egipto para salvar la vida de Jesús; al regreso a Israel; y, finalmente, a ir hasta Nazaret para proteger al Niño del rey de Judea.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 42.

[3] Ibíd., n. 54.

[4] Benedicto XVI, Ángelus, 18-XII-2015.

[5] San Juan Pablo II, Ángelus, 30-XII-1979.

[6] Francisco, Ángelus, 29-XII-2019.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 42.

 

 ¿Es necesario el matrimonio cristiano para el equilibrio de la sociedad?

 

​ Dios mismo instituyó el matrimonio al principio del mundo para la propagación y perpetuación de la especie y lo hizo indisoluble. –  La procesión de la boda, cuadro de Guillaume Seignac

La regla de esta sociedad tiene, de acuerdo con la ley natural, su fundamento en la unión indisoluble del hombre y la mujer, y su complementariedad en los deberes y derechos de los padres e hijos, de los señores y de los servidores mutuamente.

La familia principio de cualquier sociedad

“Pero esta virtud saludable de la Iglesia, que se irradia a la sociedad civil para el mantenimiento del orden en ella y para su conservación, la propia sociedad doméstica, que es el principio de cualquier ciudad y cualquier Estado, la siente y experimenta también necesariamente.

“Ustedes saben, en efecto, venerables hermanos, que la regla de esta sociedad tiene, de acuerdo con la ley natural, su fundamento en la unión indisoluble del hombre y la mujer, y su complementariedad en los deberes y derechos de los padres e hijos, de los señores y de los servidores mutuamente.

El Papa Pío XII sobre familias católicas numerosas

“Ustedes también saben que las teorías del socialismo la disuelven casi por completo, ya que, habiendo perdido la fuerza que le viene del matrimonio religioso, ve necesariamente relajarse la patria potestad sobre los hijos y los deberes de los niños hacia sus padres.

“En cambio, el ‘matrimonio honorable en todo’ “(Heb XIII, 4.) que Dios mismo instituyó en el principio del mundo para la propagación y perpetuación de la especie y ha hecho indisoluble, la Iglesia enseña que se ha vuelto aún más fuerte y más santo por medio de Cristo, quien le dio la dignidad de sacramento, y ha querido hacerlo la imagen de su unión con la Iglesia.

“Es por esto que, de acuerdo con la advertencia del Apóstol, ‘el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia’ (Ef. V, 23) y, del mismo modo que la Iglesia está sujeta a Cristo, que la abraza con un amor casto y perpetuo, así las mujeres deben ser sumisas a sus maridos, y estos deben, en cambio, amarlas con un afecto fiel y constante. “

León XIII, encíclica Quod Apostolici Muneris, del 28 de diciembre, 1878.

Desarrollo económico y bienestar

Ana Teresa López de Llergo

Nuestra vida interior carece de las “vitaminas” espirituales que nos harían aprender cada lección y diseñar el futuro.

Cimentados en el orgullo del desarrollo económico y el bienestar, que promovía la satisfacción de todo tipo de caprichos, porque ya se cubrían las necesidades, al menos de un selecto grupo de la población mundial, inauguramos el siglo XXI.

La historia nos importaba poco, si algo sabíamos del pasado no era para comprenderlo sino para, engolosinados, relatar todos aquellos sucesos con los esquemas actuales.

¿Exagero? Pues juzguen ustedes algunos ejemplos. Las nuevas generaciones de los hijos de familia tienden a descalificar los recuerdos que sus padres les comparten: su infancia, sus juegos, la manera de pedir permisos a los padres, etcétera. Los hijos se sonríen y los ven como seres de otro planeta, sin personalidad, sometidos a una “obediencia” absurda.

Si se recrean películas o series inolvidables –por eso las reeditan–, las niñas son feministas, las mujeres absolutamente independientes, los padres casi son un elemento extraño, las relaciones entre varones y mujeres totalmente sensuales y pasajeras siempre que haya un motivo de satisfacción individual.

A los veinte años del recorrido de este siglo, esa suficiencia se pasmó a nivel mundial, el desarrollo económico se desplomó y las leyes que lo sustentaron ya no funcionan en este nuevo escenario.

El bienestar expresado en términos de salud es absolutamente frágil, todas las personas somos vulnerables y aunque hemos diseñado recursos para protegernos los resultados son impredecibles.

El individualismo se deslomó también. Si cuidamos nuestra salud también repercute socialmente, si la descuidamos contagiamos a los demás. Es palpable la dimensión social de las personas.

Llegamos a este siglo renegando de los valores que nos dieron grandeza. Esta actitud ya había comenzado, muchas tendencias novedosas nos habían arrebatado parte de esos valores y les habían dado un vigor que los demás perdíamos. Aunque fueran pocos los valores perdidos, se perdió la estructura y el apoyo de unos en otros, la riqueza quedó incompleta, desnivelada.

Por ejemplo, los valores promovidos en la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad son parte de los valores del cristianismo. Y así, en otros múltiples casos. Admiramos las propuestas de esos bandos sin ver que son nuestras, pero las habíamos desechado. Triste realidad.

En occidente renegamos de nuestras raíces cristianas y así estamos inermes. Sin fuerza moral nos atrapó la pandemia y esto se nota en múltiples desajustes personales, familiares y sociales. Nuestra vida interior carece de las “vitaminas” espirituales que nos harían aprender esta lección y diseñar el futuro.

Llega a tal grado la insensatez de los gobiernos que desmantelan los vestigios maravillosos de nuestro pasado: en la arquitectura los templos, en el arte las imágenes, las esculturas, la música…

Esta experiencia tan agresiva que nos envuelve nos llama a sacar lo mejor de cada uno. Primero a reconocer nuestra herencia, luego a reconocer quiénes somos y luego a recomenzar. Las personas proactivas aprenden de los errores.

Hemos recorrido un año de desconcierto y, muchas veces, de respuestas encolerizadas. Porque la ira es la manera de reaccionar ante un asunto inesperado o ante el que nos sorprende y nos sentimos apabullados. La imposibilidad de afrontarlo nos enoja y agravamos la situación.

Esto es pasajero, no se puede sostener y como el tiempo se alarga y las cosas siguen igual, podemos reaccionar y suspender el enojo porque no lleva a ninguna solución y, con más calma y asumiendo lo inevitable, empezar a hacer planteamientos más serenos y constructivos.

No hay otra elección, el trabajo es en casa, la escuela también. Padres e hijos se conocen mejor, la convivencia fluye e incluso se disfruta compartiéndola. La familia vuelve a ser lo que es y ocupa un protagonismo que se había relegado. Estos son los mejores resultados. Los padres ya no son unos desconocidos y los hijos tampoco son criaturas incomprensibles. La familia no es una utopía, es un entorno que acoge. Era necesario dar tiempo al tiempo.

La crisis económica es muy grave, pero todos los miembros de la familia la comparten y empiezan a buscar soluciones, esto excluye los tremendos efectos de la soledad. La compañía se valora y se agradece. Disfrutar lo sencillo es un aprendizaje grato. Volver a la soledad apesadumbra. Esto es el auténtico bienestar.

El desarrollo económico es necesario para satisfacer las necesidades equilibradas de los miembros de cada familia. Sin embargo, cuando es la economía por la economía, la economía deja de ser medio y al hacerla una finalidad, conduce a las personas al desequilibrio, pues buscan el dinero por el placer de tenerlo y se vuelven avaras, encerradas en sí mismas y mirando a los demás con desprecio porque no han logrado lo mismo. Es el funeral de la solidaridad.

El bienestar que es efecto de la avaricia siempre da paso, en lo más íntimo, a una sensación desagradable, porque esa persona no contribuye al bien común, debido a que al poseer en exceso, les está quitando a los demás lo que les corresponde y los hace unos desprotegidos.

Una persona en esas condiciones sólo encontrará el bienestar cuando comparta, cuando sea generoso y piense en los demás. Cuando les ayude impulsándolos a aprender, a encontrar trabajo, a recibir un salario justo, a enseñarles a usar bien de lo que reciben.

Este es el modo más digno de agradecer el pasado, de recordar a los benefactores. En este caso, esta idea no es solamente para quienes vivieron en la precariedad, sino para todos. Allí caben en primer lugar el padre, la madre, y la familia completa.

¿Como nos afectará la automatización?

Lucía Legorreta

La automatización significa que cada vez más actividades están siendo sustituidas por máquinas, las manufacturas por robots y los diagnósticos por computadoras.

Leí con gran interés el libro del periodista Andrés Oppenheimer ¡Sálvense quien pueda!, el cual habla sobre el futuro de los trabajos y profesiones en la era de la automatización.

¿Qué significa esto de la automatización? Que cada vez más actividades están siendo sustituidas por máquinas, las manufacturas por robots y los diagnósticos por computadoras.

La Universidad de Oxford pronosticó que 47% de los empleos corren el riesgo de ser reemplazados por robots y computadoras con inteligencia artificial en Estados Unidos durante los próximos 15 o 20 años.

Y esto no sólo se aplica a nuestro país vecino. El Banco Mundial y la CEPAL han realizado investigaciones y presentado informes sobre el tema.

Puede que esto les afectará a los países desarrollados, pero resulta que a países emergentes como lo es México, le va a afectar más y en menos tiempo, muchas de las manufacturas que se hacen en nuestro país podrán ser hechas por robots.

Te invito a pensar en los trabajos que han sido automatizados: el cobro del estacionamiento de los centros comerciales lo hace una máquina; podemos obtener dinero en efectivo sin necesidad de que una persona esté detrás de la caja; comprar boletos por internet sin acudir a una taquilla, y así podríamos seguir y seguir.

Esto está afectando a abogados, contadores, médicos, comunicadores, vendedores, maestros, obreros, restauranteros, analistas, choferes, meseros, trabajadores y estudiantes.

Un ejemplo claro es el futuro de los maestros. Hoy imparten conocimientos (quién descubrió América o quién fue Miguel Ángel), datos que cualquier niño puede saber tan solo con meterse a internet. El rol del maestro es obsoleto y tendrá que convertirse en un motivador, ayudar a sus estudiantes a encontrar su vocación, a trabajar en equipo, enseñarles a pensar.

Hay robot llamado profesor Einstein, se puede comprar por 300 dólares, puede enseñarte ciencia y matemática, explicarte con toda paciencia, de diferentes formas, las 24 horas del día. No se enoja, desespera ni cansa. Un maestro no puede hacer esto.

El autor menciona diez áreas de oportunidad, en las cuales están los trabajos del futuro:
1. Los asistentes de salud: consejeros médicos, las enfermeras, psicólogos, los nutricionistas, los masajistas y entrenadores físicos.
2. Los analistas de datos, ingenieros de datos y programadores.
3. Los policías digitales para prevenir ataques cibernéticos.
4. Los asesores de ventas.
5. Los cuidadores y programadores de robots.
6. Los profesores y maestros para educar a la gente a manejar los robots y realizar tareas cada vez más sofisticadas.
7. Los especialistas en energías alternativas.
8. Los artistas, deportistas y creadores de entretenimiento.
9. Los creadores y diseñadores de contenidos comerciales.
10. Los consejeros espirituales: sacerdotes, imanes y rabinos y guías espirituales.

No te quedes atrás, piensa muy bien si tu trabajo puede ser afectado por la automatización. Prepárate en las áreas de oportunidad que se nos presentan, que requieren de la capacidad humana y que difícilmente podrán ser reemplazadas por un robot o una máquina. ¿Cuál es tu opinión?

Serie "Encrucijada", de Cruz Roja (Branded content con 4 historias emocionales)

 

La publicidad que promueven las ONGs y las instituciones caritativas se han subido también al carro de las nuevas formas publicitarias. Un ejemplo reciente es la serie "#Encrucijada", una acción de branded content llevada a cabo por Cruz Roja con el objetivo de reconocer y fomentar el voluntariado.

Esta mini-serie de 4 capítulos breves (4-6 minutos) está protagonizada por actores de renombre, como Jaime Blanch, Ruth Díaz, Lucía Caraballo y Emilio Buale, estrenada primero en la web de Cruz Roja, después en Movistar+ y ahora disponible en Youtube.

 

Cuatro historias reales, realmente emotivas, sirven de inspiración para esta serie producida por The Mediapro Studio, con guion de Pablo Lara y dirección de Borja Crespo. Como han explicado Belén Viloria y Moisés Benítez, directora de Comunicación y director de Voluntariado en Cruz Roja, respectivamente, es “presentar quiénes son y cómo son los voluntarios”. “Queríamos mostrar la verdadera cara del voluntario, lo que realmente hacen y sienten”. Y, desde luego, la serie ofrece una imagen muy fresca de los voluntarios.

 

En el primer episodio, “Peones”, vemos cómo la covid-19 ha golpeado la sensibilidad de muchas personas; y algunas, como Raquel, que acaba de superar la enfermedad, son amargamente pesimistas. Su encuentro con un argelino superviviente del barco de rescate El Aquarius, que llegó a España sin nada y ahora es voluntario de la Cruz Roja, llenará su vida de esperanza. Con él descubrirá que “todos somos piezas clave”.

 

En el segundo episodio, “No tengas miedo”, Emilio sufre la pesadilla del bullying y no sabe qué hacer. Pero un día aparece Carlos, voluntario de Cruz Roja en la Promoción del éxito escolar, que le cuenta su relato personal: él también sufrió una situación parecida; por eso puede decirle con autoridad que no debe tener miedo. Su cercanía acabará por darle la fortaleza interior que necesitaba.

 

Los otros dos capítulos tienen que ver con otros campos del voluntariado de Cruz Roja, sobre todo con personas mayores o solitarias. Son los capítulos que más gustan y emocionan. Por eso te los pongo aquí . Si te gusta el tercero, “Beep”, mira también el 4º porque es aún mejor: “Aquellos ojos verdes”.

Que disfrutes de esta publicidad original, novedosa y con valores, que pone en primer término el compromiso de la entidad con la tarea que llevan a cabo sus voluntarios. ¡Enhorabuena!

Niños mimados, adultos débiles: llega la ‘generación blandita’

¿Mimamos demasiado a los pequeños? Una nueva ola de expertos aboga por endurecer su carácter.

Niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos

Transcribimos a continuación el interesante artículo, publicado  por el diario español El Mundo, sobre los desastrosos efectos que produce en los niños una educación hiperprotectora.

Suma escolar

Contenidos

 

Padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos.

En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Wellington:

«La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton». En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía hacerlo solo.

San Alfonso María de Ligorio y la educación de los hijos

En España, se habla de «educación en valores», pero puede que no sea lo mismo.

El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse.

Como dice Luri, «ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito». En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción.

Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos.

Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños.

«Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen», cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. «Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él».

Como en el rugby

​ Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades que pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter.

«Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso», decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar.

El poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon. ( “Si te encuentras con el Triunfo y la Derrota y a estos dos impostores los tratas de igual forma”) 

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: «Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades».

¿Cómo se educa el carácter?

No desde la teoría, desde luego. «La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona», explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: «Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países».

Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: «He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho».

En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: «Trabaja duro. Sé amable», han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros.

En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores.

Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. «La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo», la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

Berta G. De Vega

Ayuda a la familia y natalidad

Hace unos días leía que “Los jóvenes y las mujeres francesas tienen una cultura muy parecida a la española en lo esencial, y sin embargo Francia está teniendo una de las tasas de natalidad más altas de Unión Europea (UE), con una media de 1,92 nacimientos por mujer”.

¿Qué está haciendo Francia que no estemos haciendo nosotros? Sobre todo un importante esfuerzo. Francia destina a apoyo familiar un alto porcentaje del PIB, el 4%, mientras que en España está en el 1,5%. En Francia hay ayudas que superan los 900 euros por hijo y el 92% de las plazas de guarderías son gratuitas. Y una cosa muy importante, la política familiar se mantiene estable a pesar del cambio de los gobiernos, cosa que no apreciamos pase entre nosotros.

Jesús Martínez Madrid

 

De entre los muchos servicios

De entre los muchos servicios que Monseñor Juan del Río, fallecido a finales de enero, arzobispo castrense de España y presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal, prestó a la Iglesia como sacerdote y obispo, uno destacado fue su trabajo con los medios de comunicación. Después de dedicar sus estudios a la espiritualidad sacerdotal reformada de san Juan de Ávila, se hizo cargo de la Oficina de Información de los obispos del Sur de España en los años noventa. Entendía la comunicación como una misión que nace de la comunión en la Iglesia y se proyecta en el diálogo con la sociedad. 

Su gran capacidad para la cercanía y el buen trato le granjearon el respeto de la profesión periodística y de los medios. Así contribuyó decisivamente a que la Iglesia entendiera el mundo de la comunicación y a que los periodistas comprendieran la naturaleza de la Iglesia. Siempre recordaremos su capacidad de iniciativa, su disposición al diálogo con la cultura de nuestro tiempo desde su época en la Pastoral universitaria en Sevilla, y su talante apostólico que le llevó a tantos lugares de la tierra para confirmar en la fe a nuestros militares en diversas misiones de paz. Sembró con su vida el Evangelio de la esperanza y ha ejercido el episcopado como buen pastor.

José Morales Martín

 

La tarea de gobernar

La tarea de gobernar es muy compleja y como es natural  el que manda debe rodearse de colaboradores que deben tener, en un grado adecuado a sus responsabilidades, cualidades semejantes a las de su jefe.

El gobernante debe inspirar una gran confianza, lo que requiere competencia para desempeñar el cargo, dedicación seria a la misión encomendada, cumplir lo que dice, informar con objetividad y transparencia, reconocer con sencillez sus errores y admitir las críticas ponderadas. Si el pueblo advirtiera incompetencia, ocultamiento de información que el gobernante tiene obligación de comunicar, contradicción de criterios, falsedades comprobadas…, la confianza se convertiría en desconfianza, inseguridad, sospecha de intenciones ocultas…

Una muestra clara de buen gobierno es ser querido y admirado por los ciudadanos, incluso por lo que no le hayan votado; al menos estos reconocerán su valía y su ejemplaridad. Si un gobernante no es querido mayoritariamente por aquellos a los que gobierna, no habrá alcanzado una de las mayores satisfacciones del gobernante; y habría que revisar cómo ha cumplido su misión.

La doctrina de la Iglesia sobre la actitud que el cristiano ha de tener hacia los que gobiernan es evangélica. Basta recordar las indicaciones de San Pablo a Timoteo para que “se hagan súplicas y oraciones por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto” (1 Tim 2,2). El cristiano tiene presente en sus oraciones a los que gobiernan, y a la vez debe llamarle la atención –por los cauces adecuados- si se aparta del fin para el que ha sido  elegido.

Enric Barrull Casals

 

 Todo el partido demócrata es partidario del aborto

Una vez aceptada la subvención del aborto mediante la reinterpretación de la Enmienda Helms, nada impedirá que el aborto se convierta en un requisito para optar a la ayuda exterior de Estados Unidos. Esto podría conseguirse de un plumazo. Bastaría con que la administración Biden añadiera el aborto a la lista de servicios esenciales que los países beneficiarios de la ayuda de Estados Unidos deben proporcionar.

Haciendo del aborto un requisito de los programas de ayuda exterior de EE.UU. impediría a los provida dispensar esa ayuda a los pobres en el extranjero. Este impedimento podría afectar a católicos, a musulmanes, a hindúes y a cualquier otro grupo con convicciones provida o con objeciones morales al aborto.

La última vez que los demócratas controlaron ambas cámaras del Congreso, lo que sucedió en 2009, había entre ellos más de 40 provida. Mantuvieron la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, u Obamacare, durante varios meses, tratando de obtener garantías de la administración Obama-Biden de que los estadounidenses no se verían obligados a financiar o realizar abortos en contra de su conciencia.

Esta vez, todo el partido demócrata es partidario del aborto. A partir de 2009, los demócratas han ido afianzando cada vez más su postura a favor del aborto. Han fijado como objetivo prioritario de su partido derogar las restricciones establecidas por la ley federal de EE.UU. sobre la financiación del aborto con dinero público.

El aborto es ahora una prueba de fuego para los demócratas, aunque la directiva del partido lo niega. De hecho, el partido ha tratado de purgar sus filas de cualquier político provida, presentando a las elecciones primarias a candidatos respaldados por los enormes recursos financieros de la industria del aborto y de otros donantes progresistas del partido demócrata.

Pedro García

 

Tan natural es el morir como el nacer

            Cuando se asumen estas indiscutibles verdades, se vive mucho más tranquilo. Y si se asume lo que dijeron los sabios hace milenios, mucho más, puesto que aseveraron que cuando se muere sólo se pierde el momento en que se vive; por tanto “ciertos miedos”, son absurdos y se pueden evitar; bastantes tenemos con “el resto o los otros”. Los inmorales políticos abusan de “sus manejados” (que no gobernados) y los dominan con miedos absurdos, pues (seguro) que “ellos están cagados por otros miedos, que vete tú a saber de qué tipo son”; pero su actitud perenne nos lo dice bien a las claras, puesto que su inseguridad es manifiesta. ¿Por qué no emplean el consejo y la buena voluntad para que nos convenzan de la realidad que sea veraz?

            Por todo ello hablemos sin miedos de esa muerte con la que quieren aterrorizarnos y de hecho lo han conseguido con gran parte de “las masas”.

            TERRORISMO POLÍTICO: Los políticos y con el dinero de nuestros impuestos, manejan impunemente cantidades “astronómicas”, para con ellas, “comprar al que sea y como sea”; y una de las compras  principales, siempre será la de la propaganda que les interesa (principalmente T.V. Radio y prensa con todos sus anexos); y por ello, ahora; abres cualquier medio de "información-desinformación", en especial las televisiones, y todo lo que, "te echan encima son cadáveres y posibles próximos cadáveres". Los más potentes medios de información, parecen ya "una empresa común" y dedicada a meter no ya miedo, sino terror, a todo el que se preste a verlos y escucharlos; parece ser que "el virus chino nos va a matar a todos". Observen que este año, "la gripe anual no mata a ninguno, todos los muertos son por culpa del mortífero virus chino”. Está claro que tras todo este contubernio de intereses, sólo hay un fin, y este es, "mantener aterrorizado al pueblo para que no piense otra cosa que, en que puede morir pronto y que sus únicos salvadores son, los políticos y sus vacunas".

            Si este año no nos dan “muertes por la gripe anual”; y debido a que generalmente los gobiernos “no dicen verdad alguna”; casi seguro, que “las muertes que esté ocasionando “la gripe de todos los años”; nos la están pasando como proveniente del “virus chino”, que es con el que han producido ese terror que nos echaron encima.

            Pero si analicemos que en España, mueren más de cuatrocientas mil habitantes cada año; veamos que con las cifras que nos dan, “nuestros muy honrados políticos”; las muertes por el virus chino, no son “tan terribles como nos las quieren pintar”, puesto que se ha publicado que del cáncer (sólo del cáncer) mueren en España trescientos CADA DÍA (ABC 06-02-2021); el alcohol y según un estudio internacional que ya reflejé en uno de mis artículos no hace mucho, se considera como el principal motivo de muertes de los que asolan al planeta; sumemos los que producen las enfermedades cardíacas (corazón) diabetes, tabaco y resto de drogas; y las muchas más causas que hay, aparte de los suicidios, carretera y accidentes múltiples; y reconozcamos con ello, que “el virus chino”, con toda la parafernalia que nos han inyectado, es “uno más” de los motivos de muerte, que por infinidad de causas, que se ciernen sobre nuestra cabeza, constantemente y como una “espada de Damocles” más, de las que tenemos que soportar a lo largo de la vida; por tanto no hay motivos para ese terror provocado por viles intereses todos materiales.

FUNERARIAS Y FUNERARIOS: He llegado a ver en la televisión nacional, hasta un reportaje, donde nos muestran “cientos” de ataúdes en espera de cadáver y nos dicen que, “los funerarios están preocupados por el aumento de muertos por el virus chino”; cosa que me hace reír muchísimo, puesto que la realidad, será, que estos comerciantes, lo que están es más que contentos, por el enorme negocio que les viene estupendamente para sus comercios; (hace pocos años murió mi esposa y les puedo asegurar, que un entierro, “sin lujos”, cuesta “un güevo y parte del otro” (alrededor de cuatro mil euros). Igual podemos decir de los farmacéuticos y vendedores de mascarillas y demás “artilugios” que han obligado a comprar “al pueblo”; y “vete tu a saber “lo que encierra el monstruoso negocio de las vacunas y quienes se pringan o han pringado en ello, con comisiones, sobornos, y vete a saber cuántos más, están haciendo “sus agostos”, con el “miedo terrorista del virus chino y el miedo a la muerte”

            Y si quieren “consolarse más, entren en la dirección que les dejo, y vean en Wiquipedia; datos, sobre las epidemias en España y los que murieron a causa de ellas, lo que nos dice que “ésta”, no es tan terrible como nos la presentan: https://es.wikipedia.org/wiki/Epidemias_a_lo_largo_de_la_Historia_de_Espa%C3%B1a

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)