Las Noticias de hoy 18 Febrero 2021

Enviado por adminideas el Jue, 18/02/2021 - 12:43

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 18 de febrero de 2021     

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el miércoles de Cenizas: volvamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

El Papa se suma a la Campaña de Fraternidad de la Iglesia en Brasil

El Papa recuerda a 21 mártires cristianos asesinados: ¡Gracias por testimoniar a Jesús!

LA CRUZ DE CADA DÍA: Francisco Fernandez Carbajal

“Yo confío en Ti, sé que eres mi Padre”: San Josemaria

«La cuaresma es discernir hacia dónde está orientado el corazón»

Cuaresma: El camino hacia la Pascua: Alfonso Berlanga

MIÉRCOLES DE CENIZA.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Debajo de la higuera : Diego Zalbidea

Supuestos biológicos de la libertad humana Encuentra.com

Los orígenes de la Cuaresma: primeroscristianos.com

JUBILACIÓN.: Jose Luis Velayos

La compañía de la muerte: Ángel Cabrero Ugarte

La decadencia del imperio de las virtudes : Acción Familia

"Anton, su amigo y la Revolución Rusa": Elogio de la amistad (Estreno: 12-02-2021): Alfonso Mendiz

Amor y amistad: Mario Arroyo.

Agradecer el servicio encomiable : Enric Barrull Casals

A leyes de contenido exclusivamente ideológico: Pedro García

Nunca ha sido un derecho humano internacional: Juan García. 

Las crisis en la Iglesia son siempre crisis de Fe : Jesús D Mez Madrid

Bajo índice de natalidad: Domingo Martínez Madrid

Cataluña y como siempre : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa en el miércoles de Cenizas: volvamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

El miércoles de Cenizas seña el inicio del camino de nuestro reencuentro con Dios. Hoy bajamos la cabeza para recibir las cenizas. Cuando acabe la Cuaresma nos inclinaremos aún más para lavar los pies de los hermanos. La Cuaresma es un abajamiento humilde en nuestro interior y hacia los demás. Volvamos “hoy” al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. En la homilía del Papa de este día, los pasos para ese reencuentro.

“En la vida tendremos siempre cosas que hacer y tendremos excusas para dar, pero, hermanos y hermanas, hoy es tiempo de regresar a Dios”: lo afirma el Papa Francisco en su homilía en el Miércoles de Cenizas, cuando iniciamos el camino de la Cuaresma que se abre con las palabras del profeta Joel: «Vuélvanse a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

En la Basílica de San Pedro, presidiendo la celebración de la Santa Misa con la imposición de las Cenizas, el Santo Padre indicó que el viaje de la cuaresma es un “éxodo de la esclavitud a la libertad”.

La confesión: el primer paso en el camino de regreso al Padre

“¿Cómo proceder en el camino hacia Dios?” preguntó. Es la parábola del hijo pródigo la que guía el inicio del camino a la casa del Padre en la homilía de Francisco, pues, mirando a este hijo, “comprendemos que también para nosotros es tiempo de volver al Padre”.  Allí vemos que es “el perdón del Padre” el que “vuelve a ponernos en pie”. El primer paso de nuestro regreso es “el perdón de Dios, la confesión”.

Volver con gratitud a Jesús y presentarle nuestras heridas

Luego debemos hacer como “aquel leproso sanado” que volvió a Jesús para agradecerle: "todos tenemos enfermedades espirituales, solos no podemos curarlas - recuerda el Santo Padre -; todos tenemos vicios arraigados, solos no podemos extirparlos; todos tenemos miedos que nos paralizan, solos no podemos vencerlos". Es necesario “presentarle nuestras heridas y decirle: ‘Jesús, estoy aquí ante Ti, con mi pecado, con mis miserias. Tú eres el médico, Tú puedes liberarme. Sana mi corazón’”.

El Espíritu Santo hace arder las cenizas del lamento y resignación

Pero también, enseña el Papa, “estamos llamados a volver al Espíritu Santo”: la ceniza sobre la cabeza “nos recuerda” que somos polvo y al polvo volveremos. Pero el Espíritu, Dador de vida, es “el Fuego que hace resurgir nuestras cenizas”. Redescubramos – es la exhortación del Santo Padre - el fuego de la alabanza, que hace arder las cenizas del lamento y la resignación.

Dejarnos tomar de la mano por Aquel que se abajó por nosotros

Porque nuestro camino no se basa en “nuestras fuerzas”, y porque Jesús nos lo dijo claro en el Evangelio: "lo que nos hace justos no es la justicia que practicamos ante los hombres, sino la relación sincera con el Padre”, el comienzo del regreso a Dios “es reconocernos necesitados de Él, necesitados de misericordia”. Pero no estamos solos, porque nuestro viaje a Dios es posible sólo porque “antes se produjo su viaje de ida hacia nosotros”. Nuestro viaje, entonces, consiste, “en dejarnos tomar de la mano”. Es el camino de la humildad.

La Cuaresma es un abajamiento humilde en nuestro interior y hacia los demás

“Hoy bajamos la cabeza para recibir las cenizas. Cuando acabe la Cuaresma nos inclinaremos aún más para lavar los pies de los hermanos. La cuaresma es un abajamiento humilde en nuestro interior y hacia los demás. Es entender que la salvación no es una escalada hacia la gloria, sino un abajamiento por amor. Es hacerse pequeños”.

Para no perder la dirección en este camino, “pongámonos ante la cruz de Jesús”, ante “la cátedra silenciosa de Dios”, anima el Papa Francisco. Pues “mirando cada día sus llagas”, reconoceremos “nuestro vacío, nuestras faltas, las heridas del pecado, los golpes que nos han hecho daño”. Ante esa Cruz, vemos "que Dios no nos señala con el dedo": abre sus brazos de par en par.

Sus llagas están abiertas por nosotros y en esas heridas hemos sido sanados. Besémoslas y entenderemos que justamente ahí, en los vacíos más dolorosos de la vida, Dios nos espera con su misericordia infinita. Porque allí, donde somos más vulnerables, donde más nos avergonzamos, Él viene a nuestro encuentro.

“Y ahora que Él vino a nuestro encuentro, nos invita a regresar a Él, para volver a encontrar la alegría de ser amados.”

 

El Papa se suma a la Campaña de Fraternidad de la Iglesia en Brasil

A través de un mensaje dirigido a los obispos de Brasil, el Papa Francisco se suma a la tradicional Campaña de Fraternidad que lanza la Iglesia brasileña durante la Cuaresma y que este año 2021 lleva el tema "Fraternidad y diálogo: compromiso de amor". En ella, se invita a los fieles a "sentarse a escuchar al otro" y superar así los obstáculos de un mundo que a menudo es "un mundo sordo".

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha enviado un mensaje a los obispos de Brasil con motivo del lanzamiento de la Campaña de Fraternidad que se realiza cada año (desde hace varias décadas) durante el tiempo de Cuaresma. 

En su mensaje el Santo Padre recuerda que con el inicio de la Cuaresma, "se nos invita a un tiempo de intensa reflexión y revisión de nuestras vidas".

A continuación compartimos el escrito integral de Francisco traducido del portugués:

La Cuaresma nos llama a la conversión

«El Señor Jesús, que nos invita a caminar con él en el desierto hacia la victoria pascual sobre el pecado y la muerte, se hace peregrino con nosotros también en estos tiempos de pandemia. Nos convoca e invita a rezar por los fallecidos, a bendecir el servicio desinteresado de tantos profesionales de la salud y a fomentar la solidaridad entre las personas de buena voluntad.

 

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17/02/2021

El Papa en el miércoles de Cenizas: volvamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Nos llama a cuidar de nosotros mismos, de nuestra salud, y a preocuparnos por los demás, como nos enseña la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37). Tenemos que superar la pandemia y lo haremos en la medida en que seamos capaces de superar las divisiones y unirnos en torno a la vida. Como he indicado en la reciente Encíclica Fratelli tutti, "una vez superada la crisis sanitaria, la peor reacción sería caer aún más en el consumismo febril y en nuevas formas de autoprotección egoísta" (n. 35). Para evitarlo, la Cuaresma nos es de gran ayuda, ya que nos llama a la conversión mediante la oración, el ayuno y la limosna. 

"Fraternidad y diálogo: compromiso de amor"

Como es tradición desde hace varias décadas, la Iglesia en Brasil promueve la Campaña de la Fraternidad como una ayuda concreta para vivir este tiempo de preparación a la Pascua. En este año 2021, con el tema "Fraternidad y diálogo: compromiso de amor", se invita a los fieles a "sentarse a escuchar al otro" y superar así los obstáculos de un mundo que a menudo es "un mundo sordo".

De hecho, cuando nos disponemos a dialogar, establecemos "un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y acoge al otro" (ibíd., n. 48). Y, en la base de esta renovada cultura del diálogo está Jesús que, como enseña el lema de la Campaña de este año, "es nuestra paz: de lo que estaba dividido hizo la unidad" (Ef 2,14). 

"Somos peregrinos y peregrinamos juntos"

Por otra parte, al promover el diálogo como un compromiso de amor, la Campaña de la Fraternidad nos recuerda que los cristianos son los primeros que tienen que dar ejemplo, empezando por la práctica del diálogo ecuménico.

 

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17/02/2021

Padre Ronchi: Cenizas, para ser humildes y fecundos

Con la certeza de que "debemos recordar siempre que somos peregrinos, y que peregrinamos juntos", en el diálogo ecuménico podemos realmente "abrir nuestro corazón al compañero de camino, sin miedo ni recelo, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios" (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 244). Por ello, es un motivo de esperanza que este año, por quinta vez, la Campaña de la Fraternidad se lleve a cabo con las iglesias que forman parte del Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil (CONIC). 

Una preciosa contribución a construir la fraternidad 

De este modo, los cristianos brasileños, en fidelidad al único Señor Jesús que nos dejó el mandamiento de amarnos los unos a los otros como él nos amó (cf. Jn 13,34) y partiendo "del reconocimiento del valor de toda persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen una preciosa contribución a la construcción de la fraternidad y a la defensa de la justicia en la sociedad" (Carta Encíclica Fratelli tutti, n. 271).

La fecundidad de nuestro testimonio dependerá también de nuestra capacidad de diálogo, de encontrar puntos de unión y de traducirlos en acciones a favor de la vida, especialmente de la vida de los más vulnerables. 

Deseándoles la gracia de una fructífera Campaña de Fraternidad Ecuménica, les envío a todos y cada uno de ustedes mi Bendición Apostólica, pidiéndoles que nunca dejen de rezar por mí», concluye Francisco en su mensaje.

El Papa recuerda a 21 mártires cristianos asesinados: ¡Gracias por testimoniar a Jesús!

20 cristianos coptos ortodoxos egipcios y un ghanés fueron brutalmente asesinados por el autoproclamado Estado Islámico (ISIS) el 15 de febrero de 2015. Con motivo de su conmemoración, se celebra hoy un encuentro organizado de manera online a causa de la pandemia, en el que participó el Papa Francisco a través de un video mensaje: "¡Veintiún Santos cristianos de todas las confesiones, gracias por testimoniar a Jesús hasta con la vida!", dijo el Pontífice.⬇🎧🎥

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco ha enviado un video mensaje con motivo de la conmemoración del martirio de 21 cristianos (20 coptos ortodoxos egipcios y un ghanés) asesinados en Libia por los terroristas del autoproclamado Estado Islámico. El video de la masacre se publicó hace seis años, el 15 de febrero de 2015.

En la conmemoración, que se celebra hoy de manera online, participan, entre otros, el patriarca copto ortodoxo Teodoro II  y el primado de la Iglesia anglicana, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

A cotinuación compartimos la traducción del mensaje integral del Santo Padre pronunciado en el video, en italiano:

En el día de hoy tengo en mi corazón, ese febrero de 2015. Tengo en mi corazón ese bautismo de sangre, estos veintiún hombres bautizados como cristianos con el agua y el Espíritu, y aquel día bautizados también con sangre. Son nuestros Santos, los Santos de todos los cristianos, los Santos de todas las confesiones y tradiciones cristianas. Son aquellos que han blanqueado sus vidas en la sangre del Cordero, son aquellos... del pueblo de Dios, del pueblo fiel de Dios.

 

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12/02/2021

Mensaje del Papa en Cuaresma: "Fe, esperanza y caridad para nuestra conversión"

Han ido a trabajar al extranjero para mantener a sus familias: hombres corrientes, padres de familia, hombres con la ilusión (el deseo) de tener hijos; hombres con la dignidad de trabajadores, que no sólo buscaban llevar el pan a casa, sino llevarlo a casa con la dignidad del trabajo. Y estos hombres dieron testimonio de Jesucristo. Degollados por la brutalidad del ISIS, murieron diciendo: "¡Señor Jesús!", confesando el nombre de Jesús.

Es cierto que hay una tragedia, que estas personas dejaron sus vidas en la playa; pero también es cierto que la playa fue bendecida por su sangre. Pero es aún más cierto que de su sencillez, de su fe simple pero coherente, recibieron el mayor regalo que un cristiano puede recibir: testimoniar a Jesucristo hasta dar la vida.

Doy gracias a Dios, nuestro Padre, porque nos ha dado estos valientes hermanos. Agradezco al Espíritu Santo porque les dio la fuerza y la coherencia de llegar a la confesión de Jesucristo hasta con la sangre. Doy gracias a los obispos, a los sacerdotes de la Iglesia hermana copta que los han educado, les han enseñado a crecer en la fe. Y agradezco a las madres de estas personas, de estos veintiún hombres que los "alimentaron" en la fe: son las madres del santo pueblo de Dios que transmiten la fe "en dialecto", un dialecto que va más allá de las lenguas, el dialecto de la pertenencia.

 

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15/02/2021

El Papa y la confesión: misericordia para el corazón herido por el pecado

Me uno a todos ustedes, hermanos obispos, que están en esta conmemoración. A ti, gran y amado Teodoro, hermano y amigo obispo. A ti, Justin Welby, que también quisiste venir a este encuentro. Y a todos los demás obispos y sacerdotes, pero sobre todo me uno al santo pueblo fiel de Dios que con su sencillez, con sus coherencias e incoherencias, con sus gracias y pecados; lleva adelante la confesión de Jesucristo: Jesucristo es el Señor.

Agradezco a ustedes, veintiún Santos, Santos cristianos de todas las confesiones, por su testimonio. Y doy gracias a ti, Señor Jesucristo, por estar tan cerca de tu pueblo, por no olvidarlo. 

Oremos juntos, hoy, en esta conmemoración de estos veintiún mártires coptos: que intercedan por todos nosotros ante el Padre.

Amén.

LA CRUZ DE CADA DÍA

— No puede haber un Cristianismo verdadero sin Cruz. La Cruz del Señor es fuente de paz y de alegría.

— La Cruz en las cosas pequeñas de cada día.

— Ofrecer las contrariedades. Detalles pequeños de mortificación.

I. Ayer comenzó la Cuaresma y hoy nos recuerda el Evangelio de la Misa que para seguir a Cristo es preciso llevar la propia Cruz: También les decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame1.

El Señor se dirige a todos y habla de la Cruz de cada día. Estas palabras de Jesús conservan hoy su más pleno valor. Son palabras dichas a todos los hombres que quieren seguirle, pues no existe un Cristianismo sin Cruz, para cristianos flojos y blandos, sin sentido del sacrificio. Las palabras del Señor expresan una condición imprescindible: el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo2. «Un Cristianismo del que se pretendiera arrancar la cruz de la mortificación voluntaria y la penitencia, so pretexto de que esas prácticas son residuos oscurantistas, medievalismos impropios de una época humanista, ese Cristianismo desvirtuado lo sería tan solo de nombre; ni conservaría la doctrina del Evangelio ni serviría para encaminar en pos de Cristo los pasos de los hombres»3. Sería un Cristianismo sin Redención, sin Salvación.

Uno de los síntomas más claros de que la tibieza ha entrado en un alma es precisamente el abandono de la Cruz, de la pequeña mortificación, de todo aquello que de alguna manera suponga sacrificio y abnegación.

Por otra parte, huir de la Cruz es alejarse de la santidad y de la alegría; porque uno de los frutos del alma mortificada es precisamente la capacidad de relacionarse con Dios y con los demás, y también una profunda paz en medio de la tribulación y de dificultades externas. La persona que abandona la mortificación queda atrapada por los sentidos y se hace incapaz de un pensamiento sobrenatural.

Sin espíritu de sacrificio y de mortificación no hay progreso en la vida interior. Dice San Juan de la Cruz que si hay pocos que llegan a un alto estado de unión con Dios se debe a que muchos no quieren sujetarse «a mayor desconsuelo y mortificación»4. Y escribe el mismo santo: «Y jamás, si quiere llegar a poseer a Cristo, le busque sin la cruz»5.

No olvidemos, pues, que la mortificación está muy relacionada con la alegría, y que cuando el corazón se purifica se torna más humilde para tratar a Dios y a los demás. «Esta es la gran paradoja que lleva consigo la mortificación cristiana. Aparentemente, el aceptar y, más, el buscar el sufrimiento parece que debiera hacer de los buenos cristianos, en la práctica, los seres más tristes, los hombres que “peor lo pasan”.

»La realidad es bien distinta. La mortificación solo produce tristeza cuando sobra egoísmo y falta generosidad y amor de Dios. El sacrificio lleva siempre consigo la alegría en medio del dolor, el gozo de cumplir la voluntad de Dios, de amarle con esfuerzo. Los buenos cristianos viven quasi tristes, semper autem gaudentes (2 Cor 6, 10): como si estuvieran tristes, pero en realidad siempre alegres»6.

II. «La Cruz cada día. Nulla dies sine cruce!, ningún día sin Cruz: ninguna jornada, en la que no carguemos con la cruz del Señor, en la que no aceptemos su yugo (...).

»El camino de nuestra santificación personal pasa, cotidianamente, por la Cruz: no es desgraciado ese camino, porque Dios mismo nos ayuda y con Él no cabe la tristeza. In laetitia, nulla die sine cruce!, me gusta repetir; con el alma traspasada de alegría, ningún día sin Cruz»7.

La Cruz del Señor, con la que hemos de cargar cada día, no es ciertamente la que produce nuestros egoísmos, envidias, pereza, etcétera, no son los conflictos que producen nuestro hombre viejo y nuestro amar desordenado. Esto no es del Señor, no santifica.

En alguna ocasión, encontraremos la Cruz en una gran dificultad, en una enfermedad grave y dolorosa, en un desastre económico, en la muerte de un ser querido: «(...) no olvidéis que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que Él permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios.

»Es la hora de amar la mortificación pasiva, que viene –oculta o descarada e insolente– cuando no la esperamos»8. El Señor nos dará las fuerzas necesarias para llevar con garbo esa Cruz y nos llenará de gracias y frutos inimaginables. Comprendemos que Dios bendice de muchas maneras, y frecuentemente, a sus amigos, haciéndonos partícipes de su Cruz y corredentores con Él.

Sin embargo, lo normal será que encontremos la Cruz de cada día en pequeñas contrariedades que se atraviesan en el trabajo, en la convivencia: puede ser un imprevisto con el que no contábamos, el carácter difícil de una persona con la que necesariamente hemos de convivir, planes que debemos cambiar a última hora, instrumentos de trabajo que se estropean cuando más necesarios eran, molestias producidas por el frío o el calor o el ruido, incomprensiones, una leve enfermedad que nos disminuye la capacidad de trabajo en ese día...

Hemos de recibir estas contrariedades diarias con ánimo grande, ofreciéndolas al Señor con espíritu de reparación: sin quejarnos, pues esa queja frecuentemente señala el rechazo de la Cruz. Estas mortificaciones, que llegan sin esperarlas, pueden ayudarnos, si las recibimos bien, a crecer en el espíritu de penitencia que tanto necesitamos, y a mejorar en la virtud de la paciencia, en caridad, en comprensión: es decir, en santidad. Si las recibiéramos con mal espíritu podrían sernos motivo de rebeldía, de impaciencia o de desaliento. Muchos cristianos han perdido la alegría al final de la jornada, no por grandes contrariedades, sino por no haber sabido santificar el cansancio propio del trabajo, ni las pequeñas dificultades que han ido surgiendo durante el día. La Cruz –pequeña o grande– aceptada, produce paz y gozo en medio del dolor y está cargada de méritos para la vida eterna; cuando no se acepta la Cruz, el alma queda desilusionada o con una íntima rebeldía, que sale enseguida al exterior en forma de tristeza y de mal humor. «Cargar con la Cruz es algo grande, grande... Quiere decir afrontar la vida con coraje, sin blanduras ni vilezas; quiere decir transformar en energía moral las dificultades que nunca faltarán en nuestra existencia; quiere decir comprender el dolor humano, y, por último, saber amar verdaderamente»9. El cristiano que va por la vida rehuyendo sistemáticamente el sacrificio no encontrará a Dios, no encontrará la felicidad. Rehúye también la propia santidad.

III. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo... Además de aceptar la Cruz que sale a nuestro encuentro, muchas veces sin esperarla, debemos buscar otras pequeñas mortificaciones para mantener vivo el espíritu de penitencia que nos pide el Señor. Para progresar en la vida interior será de gran ayuda tener varias mortificaciones pequeñas fijas, previstas de antemano, para hacerlas cada día.

Estas mortificaciones buscadas por amor a Dios serán valiosísimas para vencer la pereza, el egoísmo que aflora en todo instante, la soberbia, etc. Unas nos facilitarán el trabajo, teniendo en cuenta los detalles, la puntualidad, el orden, la intensidad, el cuidado de los instrumentos que utilizamos; otras estarán orientadas a vivir mejor la caridad, en particular con las personas con quienes convivimos y trabajamos: saber sonreír aunque nos cueste, tener detalles de aprecio hacia los demás, facilitarles su trabajo, atenderlos amablemente, servirles en las pequeñas cosas de la vida corriente, y jamás volcar sobre ellos, si lo tuviéramos, nuestro malhumor; otras mortificaciones están orientadas a vencer la comodidad, a guardar los sentidos internos y externos, a vencer la curiosidad; mortificaciones concretas en la comida, en el cuidado del arreglo personal, etcétera. No es preciso que sean cosas muy grandes, sino que se adquiera el hábito de hacerlas con constancia y por amor a Dios.

Como la tendencia general de la naturaleza humana es la de rehuir lo que suponga esfuerzo, debemos puntualizar mucho en esta materia, para no quedarnos solo en los buenos deseos. Por eso en ocasiones será muy útil incluso apuntarlas, para repasarlas en el examen o en otros momentos del día y no dejar que se olviden. Recordemos también que las mortificaciones más gratas al Señor son aquellas que hacen referencia a la caridad, al apostolado y al cumplimiento más fiel de nuestro deber.

Digámosle a Jesús, al acabar nuestro diálogo con Él, que estamos dispuestos a seguirle, cargando con la Cruz, hoy y todos los días.

1 Lc 9, 23. — 2 Lc 14, 27. — 3 J. Orlandis, Ocho bienaventuranzas, Pamplona 1982, p. 72. — 4 San Juan de la Cruz, Llama de amor viva, II, 7. — 5 ídem, Carta al P. Juan de Santa Ana, 23. — 6 R. M. de Balbín, Sacrificio y alegría, Rialp. 2ª ed., Madrid 1975, p. 123. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 176. — 8 ídem, Amigos de Dios, 301. — 9 Pablo VI, Alocución 24-III-1967.

 

 

“Yo confío en Ti, sé que eres mi Padre”

Jesús ora en el huerto: Pater mi (Mt XXVI,39), Abba, Pater! (Mc XIV,36). Dios es mi Padre, aunque me envíe sufrimiento. Me ama con ternura, aun hiriéndome. Jesús sufre, por cumplir la Voluntad del Padre...

18 de febrero

Y yo, que quiero también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podré quejarme, si encuentro por compañero de camino al sufrimiento? Constituirá una señal cierta de mi filiación, porque me trata como a su Divino Hijo. Y, entonces, como El, podré gemir y llorar a solas en mi Getsemaní, pero, postrado en tierra, reconociendo mi nada, subirá hasta el Señor un grito salido de lo íntimo de mi alma: Pater mi, Abba, Pater,...fiat! (Via Crucis, 1ª Estación, n. 1)

Por motivos que no son del caso -pero que bien conoce Jesús, que nos preside desde el Sagrario-, la vida mía me ha conducido a saberme especialmente hijo de Dios, y he saboreado la alegría de meterme en el corazón de mi Padre, para rectificar, para purificarme, para servirle, para comprender y disculpar a todos, a base del amor suyo y de la humillación mía.

Por eso, ahora deseo insistir en la necesidad de que vosotros y yo nos rehagamos, nos despertemos de ese sueño de debilidad que tan fácilmente nos amodorra, y volvamos a percibir, de una manera más honda y a la vez más inmediata, nuestra condición de hijos de Dios.

El ejemplo de Jesús, todo el paso de Cristo por aquellos lugares de oriente, nos ayudan a penetrarnos de esa verdad. Si admitimos el testimonio de los hombres -leemos en la Epístola-, de mayor autoridad es el testimonio de Dios. Y, ¿en qué consiste el testimonio de Dios? De nuevo habla San Juan: mirad qué amor hacia nosotros ha tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos... Carísimos, nosotros somos ya ahora hijos de Dios.

A lo largo de los años, he procurado apoyarme sin desmayos en esta gozosa realidad. Mi oración, ante cualquier circunstancia, ha sido la misma, con tonos diferentes. Le he dicho: Señor, Tú me has puesto aquí; Tú me has confiado eso o aquello, y yo confío en Ti. Sé que eres mi Padre, y he visto siempre que los pequeños están absolutamente seguros de sus padres. Mi experiencia sacerdotal me ha confirmado que este abandono en las manos de Dios empuja a las almas a adquirir una fuerte, honda y serena piedad, que impulsa a trabajar constantemente con rectitud de intención. (Amigos de Dios, 143)

 

 

«La cuaresma es discernir hacia dónde está orientado el corazón»

El Papa Francisco ha presidido la celebración de la misa con la imposición de las Cenizas. En la homilía ha indicado que el viaje de la cuaresma es un “éxodo de la esclavitud a la libertad”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA17/02/2021

Iniciamos el camino de la cuaresma. Este se abre con las palabras del profeta Joel, que indican la dirección a seguir. Hay una invitación que nace del corazón de Dios, que con los brazos abiertos y los ojos llenos de nostalgia nos suplica: «Vuélvanse a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Vuélvanse a mí.

La cuaresma es un viaje de regreso a Dios. Cuántas veces, ocupados o indiferentes, le hemos dicho: “Señor, volveré a Ti después, espera… Hoy no puedo, pero mañana empezaré a rezar y a hacer algo por los demás”. Y así un día después de otro. Ahora Dios llama a nuestro corazón. En la vida tendremos siempre cosas que hacer y tendremos excusas para dar, pero, hermanos y hermanas, hoy es el tiempo de regresar a Dios.

LA CUARESMA ES UN VIAJE QUE IMPLICA TODA NUESTRA VIDA, TODO LO QUE SOMOS

Vuélvanse a mí, dice, con todo el corazón. La cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos.

Es el tiempo para verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo. La cuaresma no es hacer un ramillete espiritual, es discernir hacia dónde está orientado el corazón.

Este es el centro de la cuaresma: ¿Hacia dónde está orientado mi corazón? Preguntémonos: ¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, puesto en el primer lugar y así sucesivamente? ¿Tengo un corazón “bailarín”, que da un paso hacia adelante y uno hacia atrás, ama un poco al Señor y un poco al mundo, o un corazón firme en Dios? ¿Me siento a gusto con mis hipocresías, o lucho por liberar el corazón de la doblez y la falsedad que lo encadenan?

El viaje de la cuaresma es un éxodo, es un éxodo de la esclavitud a la libertad. Son cuarenta días que recuerdan los cuarenta años en los que el pueblo de Dios viajó en el desierto para regresar a su tierra de origen. Pero, ¡qué difícil es dejar Egipto! Fue más difícil dejar el Egipto que estaba en el corazón del pueblo de Dios, ese Egipto que se llevaron siempre dentro, que dejar la tierra de Egipto… Es muy difícil dejar el Egipto.

Siempre, durante el camino, estaba la tentación de añorar las cebollas, de volver atrás, de atarse a los recuerdos del pasado, a algún ídolo. También para nosotros es así: el viaje de regreso a Dios se dificulta por nuestros apegos malsanos, se frena por los lazos seductores de los vicios, de las falsas seguridades del dinero y del aparentar, del lamento victimista que paraliza. Para caminar es necesario desenmascarar estas ilusiones.

EL VIAJE DE REGRESO A DIOS SE DIFICULTA POR NUESTROS APEGOS MALSANOS

Pero nos preguntamos: ¿cómo proceder entonces en el camino hacia Dios? Nos ayudan los viajes de regreso que nos relata la Palabra de Dios. Miramos al hijo pródigo y comprendemos que también para nosotros es tiempo de volver al Padre. Como ese hijo, también nosotros hemos olvidado el perfume de casa, hemos despilfarrado bienes preciosos por cosas insignificantes y nos hemos quedado con las manos vacías y el corazón infeliz.

Hemos caído: somos hijos que caen continuamente, somos como niños pequeños que intentan caminar y caen al suelo, y siempre necesitan que su papá los vuelva a levantar. Es el perdón del Padre que vuelve a ponernos en pie: el perdón de Dios, la confesión, es el primer paso de nuestro viaje de regreso. He dicho la confesión, por favor, los confesores, sean como el padre, no con el látigo, sino con el abrazo.

Después necesitamos volver a Jesús, hacer como aquel leproso sanado que volvió a agradecerle. Diez fueron curados, pero sólo él fue también salvado, porque volvió a Jesús (cf. Lc 17,12-19). Todos, todos tenemos enfermedades espirituales, solos no podemos curarlas; todos tenemos vicios arraigados, solos no podemos extirparlos; todos tenemos miedos que nos paralizan, solos no podemos vencerlos. Necesitamos imitar a aquel leproso, que volvió a Jesús y se postró a sus pies. Necesitamos la curación de Jesús, es necesario presentarle nuestras heridas y decirle: “Jesús, estoy aquí ante Ti, con mi pecado, con mis miserias. Tú eres el médico, Tú puedes liberarme. Sana mi corazón”.

EL PERDÓN DE DIOS, LA CONFESIÓN, ES EL PRIMER PASO DE NUESTRO VIAJE DE REGRESO

Además, la Palabra de Dios nos pide que volvamos al Padre, nos pide que volvamos a Jesús, y estamos llamados a volver al Espíritu Santo. La ceniza sobre la cabeza nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos. Pero sobre este polvo nuestro Dios ha infundido su Espíritu de vida. Entonces, no podemos vivir persiguiendo el polvo, detrás de cosas que hoy están y mañana desaparecen.

Volvamos al Espíritu, Dador de vida, volvemos al Fuego que hace resurgir nuestras cenizas, a ese Fuego que nos enseña a amar. Seremos siempre polvo, pero, como dice un himno litúrgico, polvo enamorado. Volvamos a rezar al Espíritu Santo, redescubramos el fuego de la alabanza, que hace arder las cenizas del lamento y la resignación.

Hermanos y hermanas: Nuestro viaje de regreso a Dios es posible sólo porque antes se produjo su viaje de ida hacia nosotros. De otro modo no habría sido posible. Antes que nosotros fuéramos hacia Él, Él descendió hacia nosotros. Nos ha precedido, ha venido a nuestro encuentro. Por nosotros descendió más abajo de cuanto podíamos imaginar: se hizo pecado, se hizo muerte. Es cuanto nos ha recordado san Pablo: «A quien no cometió pecado, Dios lo asemejó al pecado por nosotros» (2 Co 5,21). Para no dejarnos solos y acompañarnos en el camino descendió hasta nuestro pecado y nuestra muerte, ha tocado el pecado, ha tocado nuestra muerte. Nuestro viaje, entonces, consiste en dejarnos tomar de la mano.

El Padre que nos llama a volver es Aquel que sale de casa para venir a buscarnos; el Señor que nos cura es Aquel que se dejó herir en la cruz; el Espíritu que nos hace cambiar de vida es Aquel que sopla con fuerza y dulzura sobre nuestro barro.

LO QUE NOS HACE VOLVER A ÉL NO ES PRESUMIR DE NUESTRAS CAPACIDADES Y NUESTROS MÉRITOS, SINO ACOGER SU GRACIA

He aquí, entonces, la súplica del Apóstol: «Déjense reconciliar con Dios» (v. 20). Déjense reconciliar: el camino no se basa en nuestras fuerzas; nadie puede reconciliarse con Dios por sus propias fuerzas, no se puede. La conversión del corazón, con los gestos y las obras que la expresan, sólo es posible si parte del primado de la acción de Dios. Lo que nos hace volver a Él no es presumir de nuestras capacidades y nuestros méritos, sino acoger su gracia. Nos salva la gracia, la salvación es pura gracia, pura gratuidad. Jesús nos lo ha dicho claramente en el Evangelio: lo que nos hace justos no es la justicia que practicamos ante los hombres, sino la relación sincera con el Padre.

El comienzo del regreso a Dios es reconocernos necesitados de Él, necesitados de misericordia, necesitados de su gracia. Este es el camino justo, el camino de la humildad. ¿Yo me siento necesitado o me siento autosuficiente?

Hoy bajamos la cabeza para recibir las cenizas. Cuando acabe la cuaresma nos inclinaremos aún más para lavar los pies de los hermanos. La cuaresma es un abajamiento humilde en nuestro interior y hacia los demás. Es entender que la salvación no es una escalada hacia la gloria, sino un abajamiento por amor. Es hacerse pequeños.

LA CUARESMA ES UN ABAJAMIENTO HUMILDE EN NUESTRO INTERIOR Y HACIA LOS DEMÁS

En este camino, para no perder la dirección, pongámonos ante la cruz de Jesús: es la cátedra silenciosa de Dios. Miremos cada día sus llagas, las llagas que Él ha llevado al Cielo y muestra al Padre todos los días en su oración de intercesión. Miremos cada día sus llagas. En esos agujeros reconocemos nuestro vacío, nuestras faltas, las heridas del pecado, los golpes que nos han hecho daño.

Sin embargo, precisamente allí vemos que Dios no nos señala con el dedo, sino que abre los brazos de par en par. Sus llagas están abiertas por nosotros y en esas heridas hemos sido sanados (cf. 1 P 2,24; Is 53,5). Besémoslas y entenderemos que justamente ahí, en los vacíos más dolorosos de la vida, Dios nos espera con su misericordia infinita. Porque allí, donde somos más vulnerables, donde más nos avergonzamos, Él viene a nuestro encuentro. Y ahora que ha venido a nuestro encuentro, nos invita a regresar a Él, para volver a encontrar la alegría de ser amados.

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Cuaresma: El camino hacia la Pascua

La Iglesia nos invita durante la Cuaresma a que consideremos en nuestra oración la necesidad de convertirnos, de redirigir nuestros pasos hacia el Señor. Texto sobre la Cuaresma, perteneciente al ciclo sobre el Año litúrgico.

AÑO LITÚRGICO08/02/2016

«Te rogamos, Señor, que nuestra vida sea conforme con las ofrendas que te presentamos y que inauguran el camino hacia la Pascua»[1]: desde el primer domingo de Cuaresma la liturgia traza con decisión el carácter de los cuarenta días que empiezan el miércoles de ceniza. La Cuaresma es un compendio de nuestra vida, que es toda ella «un constante volver hacia la casa de nuestro Padre»[2]. Es un camino hacia la Pascua, hacia la muerte y resurrección del Señor, que es el centro de gravedad de la historia del mundo, de cada mujer, de cada hombre: un volver al Amor eterno.

En el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos despierta de nuevo a la necesidad de renovar nuestro corazón y nuestras obras, de modo que descubramos cada vez más esa centralidad del misterio pascual: se trata de que nos pongamos en las manos de Dios para «avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud»[3].

«¡Qué capacidad tan extraña tiene el hombre para olvidarse de las cosas más maravillosas, para acostumbrarse al misterio! Consideremos de nuevo, en esta Cuaresma, que el cristiano no puede ser superficial. Estando plenamente metido en su trabajo ordinario (…) ha de estar al mismo tiempo metido totalmente en Dios, porque es hijo de Dios»[4]. Por eso, es lógico que durante estos días consideremos en nuestra oración la necesidad de la conversión, de redirigir nuestros pasos hacia el Señor, y purificar nuestro corazón haciendo propios los sentimientos del salmista: «Cor mundum crea in me, Deus, et spiritum firmum innova in visceribus meis; Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme»[5]. Son palabras del salmo Miserere, que la Iglesia nos propone con frecuencia en este tiempo litúrgico, y que San Josemaría rezó tanto.

El camino de Israel por el desierto

La Cuaresma echa raíces profundas en varios episodios clave de la historia de la Salvación, que es también nuestra historia. Uno de ellos es la travesía del pueblo elegido por el desierto. Esos cuarenta años fueron para los israelitas un tiempo de prueba y de tentaciones. Yahveh les acompañaba de continuo y les iba haciendo entender que sólo debían apoyarse en Él: iba ablandando su duro corazón de piedra[6]. Fue además un tiempo de gracias constantes: aunque el pueblo sufría, era Dios quien les consolaba y les orientaba con la palabra de Moisés, les alimentaba con el maná y las codornices, les daba el agua en la Roca de Meribá[7].

LA CUARESMA ES UN CAMINO HACIA LA PASCUA, HACIA LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, QUE ES EL CENTRO DE GRAVEDAD DE LA HISTORIA DEL MUNDO.

¡Qué cercanas nos resultan las palabras, llenas de ternura, con las que Dios hace recapacitar a los israelitas sobre el sentido de su larga travesía! «Debes recordar todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto durante estos cuarenta años, para hacerte humilde, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón, si guardas o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre. Luego te alimentó con el maná, que desconocíais tú y tus padres, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor»[8]. El Señor nos dirige también hoy estas palabras; a nosotros que, en el desierto de nuestra vida, ciertamente experimentamos la fatiga y problemas de cada día, aunque no nos faltan los cuidados paternales de Dios, a veces a través de la ayuda desinteresada de nuestros familiares, de amigos o incluso de personas de buena voluntad que permanecen anónimas. Con su pedagogía inefable, el Señor nos va metiendo en su corazón, que es la verdadera tierra prometida: «Praebe, fili mi, cor tuum mihi… Dame, hijo, tu corazón, y que tus ojos guarden mis caminos»[9].

Muchos de los episodios del Éxodo eran sombra de realidades futuras. De hecho, no todos los que participaron en aquella primera peregrinación llegaron a entrar en la tierra prometida[10]. Por eso, la epístola a los Hebreos, citando el salmo 94, se duele de la rebeldía del pueblo y a la vez celebra la llegada de un nuevo éxodo: «Los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia», y Dios «vuelve a fijar un día, hoy, cuando afirma por David al cabo de tanto tiempo (…): Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones»[11]. Ese hoy es el inaugurado por Jesucristo. Con su Encarnación, su vida y su glorificación, el Señor nos conduce por el éxodo definitivo, en el que las promesas encuentran perfecto cumplimiento: nos hace sitio en el cielo; consigue «un tiempo de descanso para el pueblo de Dios. Porque quien entra en el descanso de Dios, descansa también él de sus trabajos»[12].

El camino de Cristo por el desierto

El Evangelio del primer domingo de Cuaresma nos presenta a Jesús que, en solidaridad con nosotros, quiso ser tentado al final de los cuarenta días que pasó en el desierto. Ver su victoria sobre Satanás nos llena de esperanza, y nos hace saber que con Él podremos vencer también en las batallas de la vida interior. Nuestras tentaciones, entonces, ya no nos inquietan, sino que se convierten en ocasión para conocernos mejor y para fiarnos más de Dios. Descubrimos que el ideal de una vida acomodada es un espejismo de la auténtica felicidad y nos damos cuenta, con San Josemaría, de que «hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que El crezca y que yo disminuya (Jn 3, 30)»[13].

La experiencia de nuestra fragilidad personal no acaba en el temor, sino en la petición humilde que pone en acto nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor: «Aparta, Señor, de mí lo que me aparte de ti» podemos decir, con palabras que repitió con frecuencia san Josemaría[14]. Con Jesús, encontramos las fuerzas para rechazar decididamente la tentación, sin ceder al diálogo: «Mirad bien cómo responde Jesús. Él no dialoga con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús (...) elige refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Acordémonos de esto: en el momento de la tentación, de nuestras tentaciones, nada de diálogo con Satanás, sino siempre defendidos por la Palabra de Dios. Y esto nos salvará»[15].

 

CON SU PEDAGOGÍA INEFABLE, EL SEÑOR NOS VA METIENDO EN SU CORAZÓN, QUE ES LA VERDADERA TIERRA PROMETIDA: "DAME, HIJO TU CORAZÓN, Y QUE TUS OJOS GUARDEN MIS CAMINOS".

El relato de la Transfiguración del Señor, que se proclama el segundo domingo de Cuaresma, nos reafirma en esta convicción de la certeza de la victoria, a pesar de nuestras limitaciones. También nosotros participaremos de su gloria, si nos sabemos unir a su Cruz en nuestra vida cotidiana. Para eso, hemos de alimentar nuestra fe, como aquellos personajes del Evangelio que cada tres años nos presenta la liturgia en los últimos domingos de Cuaresma: la samaritana, que supera el pecado para reconocer en Jesús al Mesías que calma, con el agua viva del Espíritu Santo, su sed de amor[16]; el ciego de nacimiento, que ve a Cristo como luz del mundo, venciendo la ignorancia, mientras los videntes del mundo se quedan ciegos[17]; Lázaro, cuya resurrección nos recuerda que Jesús ha venido a traernos una vida nueva[18]. Contemplando estos relatos como un personaje más, con la ayuda de los santos, encontraremos recursos para nuestra oración personal, y se fortificará la presencia de Dios más intensa que procuraremos mantener en estos días.

Nuestro camino penitencial como hijos

La oración colecta del tercer domingo de Cuaresma presenta el sentido penitencial de este tiempo: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas». Con la humildad de quien se reconoce pecador, pedimos con toda la Iglesia la intervención que esperamos de la misericordia de Dios Padre: una mirada amorosa sobre nuestra vida, y su perdón reparador.

La liturgia nos impulsa a asumir nuestra parte en el proceso de conversión, al invitarnos a la práctica de las tradicionales obras penitenciales. Estas manifiestan un cambio de actitud en nuestra relación con Dios (oración), con los demás (limosna) y con nosotros mismos (ayuno)[19]. Es el «espíritu de penitencia», del que hablaba San Josemaría, y del que proponía tantos ejemplos prácticos: «penitencia es el cumplimiento exacto del horario (…). Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío. Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros (…), soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada (…); comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos»[20].

Sabemos a la vez que de nada cuentan las acciones meramente externas sin la gracia de Dios; no es posible identificarnos con Cristo sin su ayuda: «quia tibi sine te placere non possumus, ya que sin tu ayuda no podemos complacerte»[21]. Apoyado en Él, procuramos realizar estas obras «en lo oculto», donde sólo ve nuestro Padre Dios[22], rectificando con frecuencia la intención, y buscando de modo más claro la gloria de Dios y la salvación de todos. Escribe el apóstol Juan: «El que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve»[23]. Son palabras que invitan a un examen profundo, porque no es posible separar ambos aspectos de la caridad. Si nos sabemos contemplados por Él, el sentido de nuestra filiación divina irá empapando la vida interior y el apostolado, con una contrición más confiada y filial, y con una entrega sincera a quienes nos rodean: familiares, colegas de trabajo, amigos.

El camino penitencial a través de los sacramentos

En nuestra lucha diaria contra el desorden del pecado, los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía son también unos momentos privilegiados. Es lógico que nuestra penitencia interior se perfeccione gracias a la celebración del sacramento de la Confesión. Mucho depende de las disposiciones del penitente, aunque el protagonismo es de Dios, que nos mueve a la conversión. A través de este sacramento -verdadera obra maestra del Señor[24]- percibimos su buen hacer con nuestra libertad caída. San Josemaría presentaba así el papel que nos corresponde a nosotros: «Aconsejo a todos que tengan como devoción (…) hacer muchos actos de contrición. Y una manifestación externa, práctica, de esa devoción es tener un cariño particular al Santo Sacramento de la Penitencia»[25], en el que «nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos»[26].

La Cuaresma es un momento estupendo para fomentar este «cariño particular» por la Confesión, viviéndola nosotros en primer lugar, y dándola a conocer a muchas personas.

Después de la absolución que el sacerdote da en el nombre de Dios, el Ritual propone, entre otras posibles, una bella oración de despedida del penitente: «La pasión de nuestro Señor Jesucristo, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que puedas sufrir, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y premio de vida eterna. Vete en paz»[27]. Es una antigua plegaria en la que el sacerdote pide a Dios que extienda el fruto del sacramento a toda la vida del penitente, recordando de qué fuente mana su eficacia: los méritos de la Víctima inocente y de todos los Santos.

 

PENITENCIA ES TRATAR SIEMPRE CON LA MÁXIMA CARIDAD A LOS OTROS, SOPORTAR CON BUEN HUMOR LAS MIL PEQUEÑAS CONTRARIEDADES DE LA JORNADA, COMER CON AGRADECIMIENTO LO QUE NOS SIRVEN, SIN IMPORTUNAR CON CAPRICHOS (SAN JOSEMARÍA)

Como le sucedió al hijo menor de la parábola, tras el abrazo de nuestro Padre Dios somos admitidos al banquete[28]. ¡Qué alegría participar bien limpios en la Eucaristía! «Ama mucho al Señor. Custodia en tu alma, y foméntala, esta urgencia de quererle. Ama a Dios, precisamente ahora, cuando quizá bastantes de los que le tienen en sus manos no le quieren, le maltratan y le descuidan. ¡Trátame muy bien al Señor, en la Santa Misa y durante la jornada entera!»[29].

A través de la liturgia, la Iglesia nos invita a recorrer con garbo el camino de la Cuaresma. La celebración frecuente de los sacramentos, la meditación asidua de la Palabra de Dios y las obras penitenciales, sin que falte esa alegría -Laetare Ierusalem!- que subraya especialmente el cuarto domingo[30], son prácticas que afinan nuestra alma, y nos preparan para participar con intensidad en la Semana Santa, cuando reviviremos los momentos cumbre de la existencia de Jesús en la tierra. «Hemos de hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas»[31]. Contemplando al Señor que da la vida por nosotros, bien purificados de nuestros pecados, redescubriremos la alegría de la salvación que Dios nos trae: «Redde mihi laetitiam salutaris tui, devuélveme el gozo de tu salvación»[32].

Alfonso Berlanga


[1] Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, oración sobre las ofrendas.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 64.

[3] Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, colecta.

[4] Es Cristo que pasa, n. 65.

[5] Sal 50 (51), 12.

[6] Cfr. Dt 8, 2-5.

[7] Cfr. Ex 15, 22 - 17, 7.

[8] Dt 8, 2-3.

[9] Pr 23, 26.

[10] Cfr. Nm 14, 20 ss.

[11] Hb 4, 6-7. Cfr. Sal 94 (95), 7-8.

[12] Hb 4, 9-10.

[13] Es Cristo que pasa, n. 58.

[14] Notas de una reunión familiar, 18-X-1972 (citado en A. Sastre Tiempo de Caminar, Rialp, Madrid 1989, p. 353).

[15] Francisco, Angelus, 9-III-2014.

[16] Jn 4, 5-42 (Leccionario, tercer domingo de Cuaresma, ciclo A).

[17] Jn 9, 1-41 (Ibídem, cuarto domingo de Cuaresma, ciclo A).

[18] Jn 11, 1-45 (Ibídem, quinto domingo de Cuaresma, ciclo A).

[19] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1434.

[20] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 138.

[21] Misal Romano, Sábado de la IV Semana de Cuaresma, Colecta.

[22] Cfr. Mt 6, 6.

[23] 1 Jn 4, 20.

[24] Cfr. Catecismo de la Iglesia, n. 1116.

[25] Apuntes de la predicación, 26-IV-1970 (citado en J. López y E. Burkhart, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 377).

[26] San Josemaría, Camino, n. 310.

[27] Ritual de la Penitencia, n. 104.

[28] Cfr. Lc 15, 22-24.

[29] San Josemaría, Forja, n. 438.

[30] Misal Romano, IV Domingo de Cuaresma, antífona de entrada (cfr. Is 66, 10).

[31] San Josemaría, Via Crucis, XIV estación.

[32] Sal 50 (51), 14.

MIÉRCOLES DE CENIZA.

 

Mt 6 1.6.

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

La cuaresma nos convoca a la conversión, no a lavarnos el rostro, sino a cambiar el corazón.

 

1.     Convertirse es el programa del evangelio que nos propone el inicio de la cuaresma, volver a lo esencial, a lo interior, a vivir no en la exterioridad, sino desde el Padre que ve en lo secreto.

 

2.     La limosna, la oración y el ayuno desde el Corazón de Cristo son medios para identificarse con los sentimientos del Señor, que nos lleva a vivir la caridad en el camino de la vida.

 

3.     Son cuarenta días de camino hacia la Pascua. Nos recuerda que la cuaresma como el desierto, es de paso hacia el misterio central de nuestra fe de Cristo muerto y resucitado, celebrado en la Eucaristía en el misterio pascual.

 

Aparece la primera palabra de Jesús en el Evangelio, ¿A quién buscáis? Es la primera llamada de Jesús a tu corazón y al mío, donde se dirige la búsqueda de nuestro corazón.

 

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Debajo de la higuera

Seguramente también nos hace sufrir de forma especial no poder acompañar a nuestros seres queridos, quizá necesitados de compañía y calor de hogar. El pasaje de Jesús con Natanael puede ayudarnos a proporcionarles la compañía y el auxilio espiritual que necesitan.

OTROS08/04/2020

​Photo by engin akyurt on Unsplash

Natanael descubrió al Mesías porque sintió su silenciosa e íntima "compañía" debajo de la higuera. No sabemos qué hacía allí y el Espíritu Santo no ha considerado necesario que lo conozcamos. En este momento, nos duele la soledad de muchas personas enfermas en los hospitales o en sus hogares. También hay muchas que están sanas pero solas. Se nos hace a veces insoportable no poder acompañarlas.

Sin embargo, en Cristo llegamos hasta el último rincón del planeta, hasta la última cama de un hospital improvisado, hasta lo más profundo de un corazón abandonado. Con Él somos capaces de dar calor, luz y cariño a cualquier alma que está aislada.

Un sufrimiento muy íntimo

Un confinamiento como el que vivimos en gran parte del mundo nos regala muchas situaciones que podemos ofrecer a Jesús porque nos causan dolor: no poder comulgar, ni confesarnos, ni salir... Esos “sacrificios” no son indiferentes para Jesús. «“Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” (Mc 4,38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados»[1].

Seguramente también nos hace sufrir de forma especial no poder acompañar a nuestros seres queridos, quizá necesitados de compañía y calor de hogar: una abuela, un hermano, una hija, un enfermo, un mendigo, un fiel que necesita confesarse o recibir la Unción, el Viático. En nuestro corazón pugnan sentimientos muy encontrados: la conciencia de que nuestro deber es quedarnos en casa; el deseo de cuidarlos, de abrazarlos, de hacer que se sientan queridos; la duda sobre cómo se sentirán, sobre todo si están solos.

SEGURAMENTE TAMBIÉN NOS HACE SUFRIR DE FORMA ESPECIAL NO PODER ACOMPAÑAR A NUESTROS SERES QUERIDOS

Hay un caso especialmente doloroso: el de los enfermos de COVID-19. La necesidad de su aislamiento hace que pasen esta enfermedad acompañados únicamente por los equipos sanitarios. Estos profesionales, debido a la gran demanda de sus servicios y al tipo de enfermedad, muchas veces no pueden atender con todo el sosiego y cariño que desearían a sus pacientes. En algunos casos más graves, solo es posible una breve visita final de despedida de los familiares más íntimos. Una mujer que ha vivido siempre unida a su marido no podrá acompañarle en estos días decisivos previos a su muerte. Los sacerdotes solo pueden atender a los fieles en el último momento y tienen dificultades para acompañar con dedicación a su grey, también a la que está sana, en esta hora difícil. Quizá una nieta no puede despedirse de su abuela, o una madre ve cómo se le escapa la vida de su hijo sin poder acariciarle.

Si estamos en esa o parecidas situaciones, nos encantaría acompañar a nuestros amigos, familiares o conocidos. Por otro lado, tenemos que compaginar esa angustia con la abundancia de tiempo en nuestro propio confinamiento. Esta circunstancia hace más fácil que la imaginación revuelva una y otra vez el dolor que la situación nos causa. No sería extraño que nos asaltasen dudas sobre si estamos haciendo todo lo posible. Podemos llegar incluso a inquietarnos, pensando que nos mueve la comodidad o el miedo. Por todo ello, puede resultarnos tan dura la decisión de permanecer en casa como la de aventurarnos a acompañarlos en estas circunstancias excepcionales. Será la conciencia de cada uno, auxiliada por la gracia, la que nos ayude a decidir si el riesgo de contagiar o contagiarse es proporcionado a la urgencia de dicha atención. Muchas veces la decisión ya está tomada, porque las autoridades sanitarias o civiles no permiten la opción. Sin embargo, hay algo que está al alcance de todos en esta situación y que puede tener también un valor no pequeño, además de llenarnos de paz.

 

Hacer compañía desde lejos

De algún modo Jesús estaba debajo de la higuera, aunque físicamente Natanael se cuidó mucho de comprobar que no había nadie observándole. El momento presente es una ocasión magnífica para acompañarnos con la Comunión de los Santos. Natanael se convenció de que Jesús era el Mesías porque, a posteriori, supo que le había acompañado en ese momento de su vida: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). Mucha gente necesita ahora que Jesús se haga presente debajo de su higuera. Nosotros, con la gracia, podemos ayudar a Cristo a llegar a esos lugares recónditos, «ya que en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28). Si vivimos su vida, el confinamiento no nos aislará. Aunque no podamos estar presentes físicamente, las personas que queremos sentirán la presencia del Salvador junto a ellas.

AUNQUE NO PODAMOS ESTAR PRESENTES FÍSICAMENTE, LAS PERSONAS QUE QUEREMOS SENTIRÁN LA PRESENCIA DEL SALVADOR JUNTO A ELLAS

San Josemaría tenía una conciencia muy viva de que la distancia y la separación no eran obstáculos para acompañar a sus hijos en situaciones especiales. A sus hijas de México les escribía: «Ya sabéis que, desde lejos, os acompaño siempre»[2]. A sus hijos de Australia, en la otra punta del mundo, les confiaba: «¡Cuánta compañía os hago, desde aquí!»[3]. Como nosotros en esta situación que vivimos, también él expresa con matices muy gráficos el estado de su alma: «Paco: ¿no ves que el pobre abuelo –así se refería a sí mismo en sus cartas durante la contienda civil, para eludir los peligros de la censura de guerra–, preocupado con sus peques, está en carne viva?»[4]. El aislamiento de seres queridos puede ser mucho más duro para nosotros que el nuestro. Ofrecer a Dios nuestro sufrimiento por ellos ya es un comienzo de solución.

¿Acaso no hay custodios?

En esta misión no hay aliados tan eficaces como los Ángeles custodios. Son cómplices muy interesados en el asalto que queremos hacer al confinamiento de esas personas queridas. No nos duele nuestro aislamiento sino su soledad. Cuando Jesús escucha a Natanael su confesión, le responde abriéndole horizontes: «¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás» (Jn 1,50). Y llenando de solemnidad los signos que va a anunciar les confía: «En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn 1,51).

NUESTRA FE NOS ASEGURA QUE A NINGÚN ENFERMO O PERSONA QUE SUFRA EN ESTOS MOMENTOS LE HA DE FALTAR ESA CARICIA MATERNAL

Jesús afirma que su presencia debajo de la higuera es un signo menor comparado con la acción de los ángeles en su vida y en la de sus futuros discípulos. Ambas son invisibles pero no por eso menos reales. Es nuestra fe la que se pone en juego en estos momentos de oscuridad. La mediación divina tiene muchos canales e instrumentos. Nosotros somos uno de ellos, pero Dios puede actuar por un medio más sutil y eficaz como son sus ángeles.

En una ocasión san Josemaría se enteró de una situación complicada por la que atravesaban dos hijos suyos. Debían hospedarse en una pensión con un ambiente nada recomendable. Uno de ellos hablaba eufemísticamente de un “vecindario peligroso”. El diario de aquellos días ahonda en la naturaleza del peligro: «En esta casa, como es natural, hay su correspondiente rebaño de “vulpes levantinas”»[5]. San Josemaría, pasados los meses, redactaría en Burgos un punto de Camino que hace referencia a esa situación: «¿Que hay en ese ambiente muchas ocasiones de torcerse? —Bueno. Pero, ¿acaso no hay también Custodios?»[6]. Bien podemos servirnos nosotros de esas unidades especiales del ejército divino para acompañar a nuestros seres queridos y proporcionarles el calor de la compañía y el auxilio espiritual que necesitan.

* * *

La Reina de los Ángeles, a quien no pueden negarle nada, es también la Puerta del Cielo. Jesús no quiso privarse de su Madre en el Calvario. Nuestra fe nos asegura que a ningún enfermo o persona que sufra en estos momentos le ha de faltar esa caricia maternal. Nunca la necesitamos tanto como en la soledad del último paso hacia la Vida eterna, hacia el Corazón de su Hijo.

Diego Zalbidea


[1] Francisco, Homilía 27-III-2020.

[2] Carta a sus hijas de México, desde Roma, 20-VI-1950 (AGP, serie A.3.4, 500620-7).

[3] Carta a sus hijos de Australia, desde Roma, 8-IV-1964 (AGP, serie A.3.4, 640408-1).

[4] Carta a sus hijos de Valencia, 25-VII-1937 (AGP, serie A.3.4, 370725-3).

[5] Diario del paso de los Pirineos, días 6 y 7 de octubre de 1937 (Juan Jiménez Vargas), p. 2.

[6] Camino, n. 566.

 

Supuestos biológicos de la libertad humana

La persona humana se diferencia del resto de los seres vivos por ser una criatura hecha para la libertad

La naturaleza humana esta diseñada para tener órganos que sean el soporte biológico de las potencias o facultades espirituales y de la vida del alma o espiritual, que es principio unitario que vivifica enteramente el cuerpo y del que dimanan todas las facultades o potencias que contribuyen a que el cuerpo sea un organismo. Materia y forma se copertenecen, aunque las facultades espirituales rebasen a las corporales (sobrante formal) y le posibilitan a abrirse a la libertad, gracias a la indeterminación que posee su naturaleza y a la apertura hacia su intimidad en un primer momento y después hacia los demás.

La persona humana se diferencia del resto de los seres vivos por ser una criatura hecha para la libertad. A través de la evolución fue adquiriendo las características necesarias para este fin:

• El hombre no se rige por los instintos, que controlan la conducta animal, sino por su inteligencia que le permite descubrir la verdad y naturaleza de las cosas y por su voluntad que lo mueve hacia lo bueno. Así la acción propiamente humana es la que decide sobre sus actos y se hace responsable de ellos.

• El ser humano no se concibe a si mismo como parte del cosmos, es una realidad superior, con capacidad de comprender y de transformar la creación para cubrir sus necesidades, es decir que no se adapta al medio, sino que adapta el medio a él, a través del pensamiento concreto y abstracto.

• Toda su biología indeterminada nos habla de su apertura al mundo que le rodea:

– Su piel sin una cubierta natural que lo proteja.

– Unas manos capaces se realizar los múltiples proyectos de la creatividad humana, herramientas eficientes para expresar al espíritu humano.

– Sus pies y piernas, que le permiten caminar erguido sin una especialización particular que no sea la de desplazarse con equilibrio y suavidad y dejar las manos libres.

– Su rostro, expresión del alma. (ojos y boca expresivos).

– Su cabeza sobre el resto del cuerpo, dando importancia a lo que ve de frente y arriba y restando importancia a lo de abajo y al bulbo olfativo.

– Un aparato fonador capaz del habla para la comunicación.

– Un ser humano indefenso y prematuro desde su nacimiento que le obliga a la dependencia de otros para su sobreviviencia y educación, y de la relacionalidad y de la cultura para el aprendizaje.

– Un cerebro capaz de ser conciente de sí mismo, de que piensa, de la realidad que le rodea; continuamente inquieto por encontrar la verdad de las cosas del mundo que le rodea; donde no sólo se almacena la información recibida sino que se clasifica y se interpreta, para posibilitar una respuesta informada, libre y conciente a los estímulos externos; con un pensamiento secuencial, relacional y lógico que le permite crear ideas; con zonas específicas para los diversos procesos necesarios para la socialización y la comunicación.

• Conciencia de sí mismo y de su interioridad.

• Conciencia de la forma en que el tiempo influye en él y de cómo puede hacerse dueño de éste a través del compromiso.

• Una actividad sexual que supera la finalidad procreativa y que se convierte en signo del amor y la donación personal.

• Un aparato digestivo que digiere de todo, que incorporó proteínas a su dieta favoreciendo la hominización.

• Un cuerpo que no posee instrumentos de ataque o de defensa.

• El cuerpo humano abierto, no cerrado en su biología, en su “pobreza” de especialización por indeterminación biológica, es presupuesto biológico para un ser libre. En su libertad radical es capaz de resolver con técnica lo que la “biología” le ha negado: Potencia con hábitos la inteligencia, la capacidad creativa, hace cultural su forma de vivir. El carácter de la vida, lo relacional, la apertura, lo afectivo, no sólo se manifiesta en la corporalidad, sino que la determinan.

 

Los orígenes de la Cuaresma

¿Cómo vivían los Primeros Cristianos la Cuaresma?

 

¿CÓMO Y CUÁNDO EMPIEZA A VIVIRSE LA CUARESMA?

¿POR QUÉ 40 DÍAS? ¿POR QUÉ LA PENITENCIA Y EL AYUNO?

¿POR QUÉ LA IMPOSICIÓN DE LA CENIZA?

Habrá que esperar hasta el siglo IV para encontrar los primeros atisbos de una estructura orgánica de este tiempo litúrgico. A finales del siglo IV, Roma conocía ya la estructura cuaresmal de cuarenta días.

 

La celebración de la Pascua del Señor, constituye, sin duda, la fiesta primordial del año litúrgico. De aquí que, cuando en el siglo II, la Iglesia comenzó a celebrar anualmente el misterio pascual de Cristo, advirtió la necesidad de una preparación adecuada, por medio de la oración y del ayuno, según el modo prescrito por el Señor. Surgió así la piadosa costumbre del ayuno infrapascual del viernes y sábado santos, como preparación al Domingo de Resurrección.

 

Los primeros pasos

Paso a paso, mediante un proceso de sedimentación, este período de preparación pascual fue consolidándose hasta llegar a constituir la realidad litúrgica que hoy conocemos como Tiempo de Cuaresma. Influyeron también, sin duda, las exigencias del catecumenado y la disciplina penitencial para la reconciliación de los penitentes.

La primitiva celebración de la Pascua del Señor conoció la praxis de un ayuno preparatorio el viernes y sábado previos a dicha conmemoración.

 

A esta práctica podría aludir la Traditio Apostolicadocumento de comienzos del siglo III, cuando exige que los candidatos al bautismo ayunen el viernes y transcurran la noche del sábado en vela. Por otra parte, en el siglo III, la Iglesia de Alejandría, de hondas y mutuas relaciones con la sede romana, vivía una semana de ayuno previo a las fiestas pascuales.

 

En el siglo IV se consolida la estructura cuaresmal de cuarenta días

De todos modos, como en otros ámbitos de la vida de la Iglesia, habrá que esperar hasta el siglo IV para encontrar los primeros atisbos de una estructura orgánica de este tiempo litúrgico. Sin embargo, mientras en esta época aparece ya consolidada en casi todas las Iglesias la institución de la cuaresma de cuarenta días, el período de preparación pascual se circunscribía en  Roma a tres semanas de ayuno diario, excepto sábados y domingos. Este ayuno prepascual de tres semanas se mantuvo poco tiempo en vigor, pues a finales del siglo IV, la Urbe conocía ya la estructura cuaresmal de cuarenta días.

El período cuaresmal de seis semanas de duración nació probablemente vinculado a la práctica penitencial: los penitentes comenzaban su preparación más intensa el sexto domingo antes de Pascua y vivían un ayuno prolongado hasta el día de la reconciliación, que acaecía durante la asamblea eucarística del Jueves Santo. Como este período de penitencia duraba cuarenta días, recibió el nombre de Quadragesima o cuaresma.

Durante el primer estadio de organización cuaresmal se celebraban tan sólo las reuniones eucarísticas dominicales, si bien entre semana existían asambleas no eucarísticas: los miércoles y viernes.

Pero a finales del siglo VI las reuniones del lunes, miércoles y viernes celebraban ya la eucaristía. Más tarde, se añadieron nuevas asambleas eucarísticas los martes y sábados. Por último, el proceso se cerró bajo el pontificado de Gregorio II (715-731), con la asignación de un formulario eucarístico para los jueves de cuaresma.

 

¿Por qué la ceniza?

Hacia finales del siglo V, el miércoles y viernes previos al primer domingo de cuaresma comenzaron a celebrarse cómo si formaran parte del período penitencial, probablemente como medio de compensar los domingos y días en los que se rompía el ayuno.

Dicho miércoles, los penitentes por la imposición de la ceniza, ingresaban en el orden que regulaba la penitencia canónica. Cuando la institución penitencial desapareció, el rito se extendió a toda la comunidad cristiana: este es el origen del Miércoles de Ceniza o «Feria IV anerum».

El proceso de alargamiento del período penitencial continuó de forma irremediable. Esta anticipación del ayuno cuaresmal no es una práctica exclusivamente romana: se encuentra también en Oriente, y en diversas regiones de Occidente.

Probablemente se trata de una praxis originada en la ascesis monástica y más tarde propagada entre la comunidad cristiana, aunque resulte difícil conocer sus características.

 

¿Por qué los cuarenta días?

El significado teológico de la Cuaresma es muy rico. Su estructura de cuarentena conlleva un enfoque doctrinal peculiar.

En efecto, cuando el ayuno se limitaba a dos días —o una semana a lo sumo—, esta praxis litúrgica podía justificarse simplemente por la tristeza de la Iglesia ante la ausencia del Esposo, o por el cli­ma de ansiosa espera; mientras que el ayuno cuares­mal supone desde el principio unas connotaciones propias, impuestas por el significado simbólico del número cuarenta.

En primer lugar, no debe pasarse por alto que toda la tradición occidental inicia la Cuaresma con la lectura del evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto: el período cuaresmal constituye, pues, una experiencia de desierto, que al igual que en el caso del Señor, se prolonga durante cuarenta días.

 

En la Cuaresma, la Iglesia vive un combate espiritual intenso, como tiempo de ayuno y de prueba. Así lo manifiestan también los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el Sinaí.

Otros simbolismos enriquecen el número cuarenta, como se advierte en el Antiguo y Nuevo Testamento. Así, la cuarentena evoca la idea de preparación: cuarenta días de Moisés y Elías previos al encuentro de Yahvehcuarenta días empleados por Jonás para alcanzar la penitencia y el perdóncuarenta días de ayuno de Jesús antes del comienzo de su ministerio público. La Cuaresma es un período de preparación para la celebración de las solemnidades pascuales: iniciación cristiana y reconciliación de los penitentes.

Por último, la tradición cristiana ha interpretado también el número cuarenta como expresión del tiempo de la vida presente, anticipo del mundo futuro. El Concilio Vaticano II(cfr. SC 109) ha señalado que la Cuaresma posee una doble dimensión, bautismal y penitencial, y ha subrayado su carácter de tiempo de preparación para la Pascua en un clima de atenta escucha a la Palabra de Dios y oración incesante.

El período cuaresmal concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa crismal —Missa Chrismalis— que el obispo concelebra con sus presbíteros. Esta Misa manifiesta la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.

El tiempo de Cuaresma se extiende desde el miércoles de Ceniza hasta la Misa de la cena del Señor exclusive. El miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia; los viernes de Cuaresma se observa la abstinencia de carne. El Viernes Santo también se viven elayuno y la abstinencia.

by primeroscristianos.com

 

JUBILACIÓN.

Envejecimiento es sinónimo de senescencia. Son los cambios que suceden en la 3ª y 4ª edad.  Es el declive biológico, que presentan todos los animales.

El animal no sabe que envejece y que va a morir. El hombre sí, y es capaz de influir en su envejecimiento, acelerándolo o retardándolo, y sobre todo, dándole un sentido, en un avance hacia la madurez y la plenitud,

Vivir supone modificaciones en las células, por errores en la expresión de sus genes, con disminución progresiva de su vitalidad, desembocando en la muerte.

Concomitante con el envejecimiento celular va el envejecimiento orgánico, que no es lineal, envejeciendo cada sistema orgánico con su ritmo propio, e influenciándose, interactuando los órganos y sistemas. (El sistema óseo es el primero en envejecer).

El envejecimiento del sistema nervioso (es el sistema que envejece más tarde) se manifiesta sobre todo en las alteraciones de la memoria (afectación del hipocampo), de las funciones intelectivas (las cortezas asociativas), de la capacidad de previsión (se afecta la corteza prefrontal, muy desarrollada en la especie humana), del sueño (el anciano generalmente duerme poco). Signos microscópicos patognomónicos de la senescencia son los ovillos neurofibrilares y las placas amiloides, que invaden el cerebro (de forma similar al Alzheimer); sin embargo, hay casos en que, aun habiendo tales alteraciones, no hay deterioro intelectual. Al mismo tiempo envejecen los órganos de los sentidos, lo que a tales síntomas y signos se añade una insuficiente captación de la realidad externa e interna.

La palabra jubilación tiene que ver con “júbilo”, alegría, celebración. Una vida de trabajo termina con el júbilo del retiro, del cese de la actividad laboral obligatoria, reglada.

Se trata de un proceso gradual, en que el sujeto va “descendiendo”, como por una rampa suave hacia la ancianidad. Proceso tan suave, que el individuo, mientras no se sienta viejo, puede y debe seguir dándose, ofreciéndose, con su experiencia y conocimientos. Como dice el Evangelio, es ir “creciendo en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres”, que era la forma del progresar humano del Niño Jesús.

Con ese “descenso” va el disfrute de la pensión, aunque generalmente con una disminución de la capacidad adquisitiva.

Pero, ¿no se trata más bien de un “ascenso” hacia la VIDA definitiva?

 

El jubilado actual no es como el de hace años. No tiene por qué ser un viejo achacoso, “cascarrabias”, huraño, molesto, perezoso, inútil. Así como el ambiente influye en la persona mayor, se puede decir que en gran medida la sociedad, la cultura, están impregnadas por la visión y actitudes de los mayores. Es un fenómeno de ida y vuelta.

 

En la Grecia clásica se hacía mofa de los mayores; contaba más la juventud. En Roma era altamente considerado el anciano (el Senado era una institución muy influyente). En la Edad Media y el Renacimiento, el anciano era muy respetado y valorado. Hoy día, bastantes mayores tienen cargos de responsabilidad pública. Y la Historia nos habla de ancianos que cambiaron el mundo (Platón, Ghandi, Santa Teresa de Calcuta, Goethe, San Juan Pablo II, el Papa Francisco, etc., etc.). ¿Podría hablarse de Gerontocracia?

Actualmente, debido a las medidas higiénicas y espectaculares avances médicos, unido a un descenso en la natalidad, el número de ancianos es considerable. Se calcula que en 2025 la edad media de la población será de 85 años.

En el fondo, muchos rechazan la vejez; quizá por eso, hay mayores que, artificiosamente, se visten y se comportan como jóvenes. En algunos casos parece una autodefensa; o un no admitir el desgaste de la edad. Pero no se trata de disimular, sino de aceptar la realidad tal como es: no es vergonzoso ser viejo.

Por eso, una actitud importante en el anciano es la de aceptarse como es: la vejez es la natural consecuencia de vivir. Decía San Juan Pablo II, en su Carta a los Ancianos: “A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto de la vida.” ……  “Cuando venga el momento del ‘paso’ definitivo, concédenos afrontarlo con ánimo sereno, sin pesadumbre por lo que dejemos”.

 

Y la mayoría de los ancianos son abuelos. El abuelo no está obligado a educar a sus nietos, pero en algunas circunstancias ha de tomarse esa obligación. Y el abuelo, como normalmente es admirado por los nietos, ha de procurar ser en todo coherente. Es el amor lo que hace al abuelo ideal: darse, entregarse, quejarse menos, pensar siempre  en los otros.

Y especialmente, son atacados por los coronavirus del COVID19, pandemia que está minando a la sociedad, tanto  médicamente como en cuanto a la sociabilidad. La “distancia social” aleja a la gente. Esperemos que, cuando las cosas mejoren, no sea ésta un hábito arraigado.

 

Bibliografía recomendada:

El envejecimiento cerebral. Dignidad de la persona anciana. J. L. Velayos. Digital Reasons. 2015.

 

La compañía de la muerte

Ángel Cabrero Ugarte

​ Francisco reza a la Virgen por el fin del coronavirus.

Después de un año de epidemia, quien más quien menos tiene la experiencia de la muerte de algún ser querido, de alguna persona cercana, de alguien de la familia. Esto le puede pasar a una persona, sobre todo de cierta edad, que ve como sus amigos mueren, porque han llegado a una edad de riesgo y, podríamos decir, es lo natural. Pero lo que nos está ocurriendo estos días es algo inédito. Hay que mirar a las últimas guerras, y eso no lo hemos pillado los de esta generación, para pensar en algo parecido.

Nos da mucha pena, sobre todo cuando el que ha fallecido tenía una edad avanzada, pero no crítica, ni de riesgo. Nos da mucha pena cuando es una persona de la familia de quien lo último que pensaríamos es que estaba enferma como para morir. Cuando esa persona que nos ha dejado ha estado tan cerca, en cuestiones de trabajo, o de descanso. Pero la verdad es que nos da pena porque perdemos a un ser querido al que, de alguna manera, necesitábamos. Porque el cariño de los seres cercanos lo necesitamos.

Rezamos por ese amigo que se ha contagiado y está hospitalizado. Sobre todo, si sabemos que está en la UCI. Y es cosa buena esa oración. Al menos para que no sufra, y si Dios quiere, para que se cure. Pero no podemos olvidar en ningún momento que esa persona querida, que ha fallecido está ya mucho mejor que nosotros. Incluso aunque esté en situación de purgación de sus pecados. Por eso, si es lógico que recemos por el enfermo, es todavía más importante que recemos por el difunto.

Pero el purgatorio no es un lugar de castigo; es un proceso de purificación. Como una preparación para la gran fiesta. No podemos presentarnos ante Dios sucios, mal preparados. Por lo tanto, cada persona, llegado el momento, se da cuenta de que debe purificarse, debe cambiar, en el fondo de su alma, algunos pensamientos, algunos afectos, algunos rencores, que no cuadran con la entrada en el paraíso. Es una gran suerte el purgatorio.

Pero, aunque hagamos reflexiones varias sobre la muerte, siempre nos queda como un resquemor. ¿Por qué Dios se lleva a Fulanito? Y nos ponemos a juzgar a Dios. ¡Qué barbaridad! Si Él piensa que es el momento bueno para sea persona, no hay nadie que pueda saber más. Pero nos cuesta, en algunos casos mucho.

“De modo que me pregunto -dice Montiel-: ¿porque se nos enseña a ser jóvenes y a tener éxito sin contarnos el desenlace, o mencionándolo de pasada, como algo tan lejano como una estrella? ¿Por qué nos entretienen con noticias que nos apartan de lo que de veras importa y a los niños, en el colegio, ya no se les enseña a rezar sino sólo a acopiar dinero? Esa gente que aguarda el autobús al otro lado de esta ventana, en una marquesina donde se publicita un cuerpo escultórico. O el hombre que camina mirando con avidez en su teléfono móvil las últimas informaciones: ¿no corre esta vida en dirección contraria a la pregunta de nuestra existencia? La muerte ha sido expulsada de nuestros hogares” (p.55).

No podemos perder de vista que solo somos verdaderamente libres cuando sabemos hacia donde vamos, cuando sabemos cual es el sentido de nuestra vida y procuramos poner los medios para conseguirlo. Por lo tanto, la compañía de la muerte nos ayuda a ser libres, o sea, a estar en el camino adecuado.

La decadencia del imperio de las virtudes

Las antiguas virtudes eran genuinas, en el sentido de exigir a las personas formas específicas de comportamiento

El abandono de la moral y de las virtudes tradicionales en Europa occidental y Estados Unidos tornó las sociedades decadentes.

Es lo que analiza el libro publicado por la Social Affairs Unit de Londres: «Decadence: The Passing of Personal Virtue and Its Replacement by Political and Psychological Slogans» (Decadencia: la desaparición de la virtud personal y su reemplazo por eslóganes políticos y psicológicos).

Editado por Digby Anderson, el volumen reúne autores de diversas corrientes y opiniones.

Una primera sección contiene ensayos sobre las «viejas» virtudes, tales como la prudencia, el amor y la valentía.

La segunda trata de las «nuevas» virtudes, centradas en el medio ambiente, el humanitarismo, la terapia y el ser críticos.

Este libro proporciona una reflexión estimulante sobre los peligros de desechar las verdaderas virtudes para pasar a los caprichos.

En la introducción, Anderson explica que las antiguas virtudes eran genuinas, en el sentido de exigir a las personas formas específicas de comportamiento.

De la virtud a los eslóganes

Contenidos

 

Las nuevas, en cambio, suelen caer en la categoría de eslóganes o requiebros retóricos. O, si en algunos casos contienen elementos de verdadera virtud, tienden a sobredimensionar un aspecto trivial de la virtud principal.

Kenneth Minogue, profesor retirado de ciencias políticas de la School of Economics de Londres, trata la virtud de la prudencia. Tras mirar a sus orígenes clásicos en Aristóteles y sus modificaciones posteriores, Minogue observa que la prudencia ha sido especialmente importante para el equilibrio de la conducta al coordinar los actos virtuosos de la persona.

Este concepto de la prudencia fue desafiado en el siglo XVIII por los filósofos utilitaristas, que intentaron sustituirlo por un sistema científico que maximizara la felicidad.

Una prudencia que no es virtud

Más recientemente, el mundo moderno ha interpretado la prudencia como evitar riesgos y, en vez de la virtud, ahora tenemos un análisis estadístico y una teoría de la probabilidad.

Los peligros de desechar las verdaderas virtudes para pasar a los caprichos

Otra forma en la que se ha debilitado la virtud de la prudencia es a través del papel creciente del Estado.

En lugar de responsabilidad personal, ahora tenemos una regulación cada vez mayor de la conducta por parte de los gobiernos.

Ética sentimental

Digby Anderson, hasta hace poco director de la Social Affairs Unit, consideró la virtud cristiana del amor en uno de los capítulos del libro.

Esta virtud, explica, ha caído en dificultades porque sólo puede entenderse y vivirse dentro del contexto de una teología cristiana más amplia.

Una vez que la fe en Dios, el cielo y el pecado desaparecen, entonces el amor, junto con muchas otras virtudes, se desvanece.

Una ética sentimental populista

En su lugar tenemos una ética sentimental populista, o una ética secular basada en derechos. Se mantiene algo del tradicional lenguaje de la virtud del amor, pero es superficial, sin una metafísica o una sólida antropología que lo fundamente.

Así, en lugar de una virtud que ponga a Dios en primer lugar y nos requiera amar a nuestro prójimo, tenemos ahora un amor que nos libera de las normas, nos anima a seguir nuestros sentimientos y nos exhorta a ser agradables con la gente.

La verdadera “calidad de vida”

Theodore Malloch, director ejecutivo del Roosevelt Group, de Maryland, examina la virtud de la frugalidad.

El valor personal reemplazado por el dinero

Se basaba en la idea de que el valor de una persona no se determinaba por cuánto gasta, sino por la sabiduría que muestra en sus responsabilidades asumidas, en el contexto de ser un administrador de la creación de Dios.

El narcisista

Para una persona motivada por tal visión, un deseo ilimitado de poseer bienes se considera que denota inestabilidad espiritual.

La sociedad moderna, sin embargo, ha invertido las cosas y ve en el tener más posesiones un signo de éxito.

Así, el dominio ha sido sustituido por la prodigalidad, y la frugalidad por el endeudamiento. «En tal universo moral, el deseo es lo único verdaderamente absoluto», comenta Malloch.

Esta indulgencia de nuestros apetitos, añade, suele conducir a la corrupción y a la decadencia, personal y colectiva.

Al final, como sucede con los objetos materiales que los compramos y tiramos, mucha gente puede sentirse decepcionada.

Narcisismo

Mullen también critica el egocentrismo de la nueva espiritualidad.

La vieja idea religiosa de actuar virtuosamente por propia motivación, o por causa de Dios, ha sido reemplazada por la noción psicoterapéutica de la virtud por nuestro propio bienestar.

El respeto a sí mismo ha sido reemplazado por la autoestima.

El respeto a uno mismo solía surgir de la paz de intentar vivir una vida virtuosa y del tener una conciencia clara. Ahora sólo consiste en sentirse bien consigo mismo y carece de todo contenido moral.

 Una tendencia a inflar los problemas de vulnerabilidad emocional

Las religiones tradicionales decían a sus seguidores que habíamos caído y teníamos necesidad de ayuda espiritual, y explicaban las realidades del pecado y el perdón.

El nuevo evangelio de la autorrealización, en cambio, niega cualquier deficiencia personal y vende una serie de técnicas que nos permitirán llevar a la práctica nuestro potencial. En el proceso, los conceptos de lo correcto y lo incorrecto se quedan en la cuneta.

La confianza psicológica en las nuevas virtudes es tratada en el capítulo a cargo de Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad de Kent. La enseñanza tradicional sobre los siete pecados capitales, y sus virtudes contrarias, se ha dado la vuelta, observa.

Se nos advierte en contra de la demasiada amabilidad, porque puede conducir a una fatiga de la compasión.

La diligencia se desprecia a veces como ejemplo de alguien que sufre de un complejo de perfeccionismo.

La gente humilde carece de autoestima, y la castidad es una disfunción sexual. «La virtud ya no es tanto su propia recompensa, sino que es una situación que requiere intervención terapéutica», concluye.

Una cultura terapéutica

La moderna cultura terapéutica también anima a una exhibición abierta y desinhibida de las emociones, observa Furedi.

Reconocer nuestros sentimientos se presenta como un acto de virtud. Y, en consecuencia, la invitación a buscar terapia o ayuda ha adquirido una connotación relacionada con el acto de admitir culpabilidad.

Existe, por tanto, una tendencia a inflar los problemas de vulnerabilidad emocional y a minimizar la capacidad de la persona para hacer frente al dolor sin la ayuda de terapia externa.

Esta cultura de la terapia también trae consigo la idea de que la persona no es autora de su propia vida, sino víctima de la casualidad.

La virtud se reemplaza así por la terapia, dejándonos más pobres como consecuencia.

"Anton, su amigo y la Revolución Rusa": Elogio de la amistad (Estreno: 12-02-2021)

 

(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- El fruto más valioso de la libertad humana es nuestra capacidad de amar. Una capacidad universal, que no exige especiales condiciones personales. No todos podemos saber mucho, pero en los genes del alma llevamos la facultad de amar mucho. Claro que las cualidades hay que cultivarlas y regarlas cada día. En el otro lado de la balanza está el odio: ¿de dónde surge?, ¿por qué razones?, ¿cómo evitarlo? O sea, la gran pregunta sería: ¿podemos construir un mundo sin odios, un mundo donde todos podamos comprendernos y vivir en paz?

Esta preocupación latía en la extraordinaria película “Mandarinas” (2013), del director georgiano Zaza Urushadze. El filme estuvo nominado al Globo de Oro y al Oscar en la categoría entonces denominada ‘mejor película extranjera’ y, en opinión de este crítico, merecía ambos premios. Urushadze falleció en diciembre de 2019 con solo 53 años, pero nos dejó una última y preciosa película que en España se estrena a partir del 12 de febrero y que lleva por título “Anton, su amigo y la Revolución Rusa”.
 

Inspirada en hechos reales ocurridos a la familia del escritor Dale Eisler, coautor del guion junto al propio director, es una cinta en la que Zaza vuelve a plantearse sus preocupaciones vitales, esos grandes interrogantes mencionados más arriba. Y lo hace con ese estilo suyo delicado, poético y emotivo, que tan sabiamente armoniza con los hechos en ocasiones duros de la historia que nos cuenta.

En esta ocasión nos traslada a una aldea ucraniana cercana a Odessa y al año 1919. Desde varias décadas antes habitan allí familias de origen alemán dedicadas a la agricultura, que emigraron buscando mejores condiciones de vida. Viven y conviven en paz, con independencia de la religión que practiquen y al margen de ideologías. Los pequeños Anton, cristiano, y Yasha, judío, son grandes amigos y Urushadze quiere mostrarnos a través de sus ojos infantiles las características de la auténtica amistad. Quizá porque solo ‘si nos hacemos como niños’ lograremos ese deseado mundo sin odio y seremos capaces de decir, como Yasha Anton: “No me imagino un cielo sin amigos. Sin ti”. Pero la revolución bolchevique lo estropeará todo.
 

La historia tiene más enjundia y unos personajes adultos interesantísimos, varios maravillosos, otros complejos y un par de ellos verdaderamente perversos. Como remate, una gran dirección de actores y una fotografía muy hermosa. Echaremos de menos a Urushadze y su esfuerzo por hacer un cine profundamente humano y trascendente, que remueve al espectador sin desanimarlo. Al contrario, le muestra que hay esperanza, que para comprenderse hay que conocerse, que los radicalismos nos desunen y que un mundo bueno es un mundo de amigos.

Amor y amistad

Escrito por Mario Arroyo.

El amor y la amistad son realidades que convierten en maravillosa la vida, pero ninguna de las dos es individualista y egoísta.

Hace unos años, desencantada, una chica se lamentaba: “Ya no existe el amor romántico, ahora, tristemente, todo es sexo y agarre”. Me dio mucha pena su comentario, para ella era causa de profunda tristeza, porque tenía nostalgia de un amor romántico que consideraba imposible, sólo un bello recuerdo del pasado. La delicadeza y el romanticismo habían perecido, anegados por la imparable ola del sexo precoz y salvaje. En efecto, para ella, en cualquier relación, todo terminaba reduciéndose a sexo. Se “agilizaban los trámites” para llegar a eso, perdiéndose así el amor cortés, y con él, no sin culpa de un cierto feminismo, todas las agradables formas de cortesía hacia la mujer. Ella las echaba de menos.

Se agilizan los trámites para llegar al sexo, y se multiplican las parejas. La estabilidad en las relaciones cada vez está más averiada. Ya ni siquiera el matrimonio parece punto final en ese proceso, considerándose muchas veces un contrato revisable, cuando no rescindible. No hay un puerto seguro en la vida afectiva de las personas y en la sociedad, estamos condenados a vivir a la deriva afectivamente hablando.

Si uno aspira a una relación intensa y efímera, todo está servido. No necesito ni siquiera experimentar el arte de la galantería, la seducción y la conquista. Me basta ahora tener una app y con ella podemos ir directos al grano. Ahora bien, si aspiro a una relación estable, profunda, duradera, que no dé prioridad al sexo, estoy en problemas. Resulta muy difícil de encontrar, como una aguja en un pajar. Ya no basta poner a san Antonio de cabeza, pues el buen intercesor batalla para crear esas casuales coincidencias que están en el origen de cada historia de amor. Falta la materia prima necesaria, son pocas las personas, aparentemente, que tengan nostalgia del romanticismo y que deseen una relación profunda, duradera, que no tengan prisa por llegar al sexo; una relación respetuosa que no ponga por delante los vehementes reclamos sexuales.

Hay que reconstruir el tejido sentimental de la sociedad o, dicho de otra forma, tenemos necesidad de construir el erotismo precoz imperante. ¿Cómo hacerlo?, ¿cómo volver a mostrar las ventajas del amor cortés, del amor galante y respetuoso, de las relaciones estables y duraderas? Se precisa una formación para el amor y la amistad. Tenemos mucha información sexual –varias veces en clase mis alumnos me han explicado gentilmente cosas que ignoraba– pero poca formación afectiva. Necesitamos una nueva formación para el amor y la amistad de forma urgente, pues la sociedad entreteje una invisible cárcel de individualismo en torno a cada uno de nosotros, y de esta prisión no es sencillo salir, y estando en ella no se puede construir el auténtico amor, que es éxtasis, salida de uno mismo por definición.

Para alcanzar ese punto espiritual, que nos permite superar el individualismo imperante, paradójicamente tenemos que mirar adentro de nosotros mismos. Es preciso redescubrir y cultivar la interioridad personal, para valorar la del otro. Necesitamos aprender a escuchar nuestra voz interior, la más profunda, pues el ruido y la disonancia ambiental nos impiden reconciliarnos con nosotros mismos, y nos enrolan en un estereotipado proyecto afectivo, a la par común y ajeno. Ser libres bien puede significar ser rebeldes respecto del masivo programa sexualmente monótono de la sociedad. Corremos el peligro real de volvernos superficiales y vacíos, simples réplicas en una monocorde cultura del sexo. El reclamo de la interioridad y de la espiritualidad nos salvará.

El amor y la amistad son aquellas realidades que convierten en maravillosa la vida. Pero ninguna de las dos es individualista, egoísta. Individualismo y egoísmo constituyen las antípodas del amor y la amistad. Pero nuestra cultura nos empuja a no mirar más allá de nosotros mismos y nuestros intereses. Se precisa una nueva educación para el amor y la amistad, una nueva propuesta vital, si no queremos perder esos dos tesoros y lamentarnos con nostalgia, como aquella chica, pensado que ya no son posibles. La opción es añorar la felicidad perdida o trabajar nuevamente para reconstruir el tejido afectivo de la cultura, ofrecer como novedosa la alternativa clásica del amor.

Agradecer el servicio encomiable

El Papa quiso agradecer, tras las elecciones y la Navidad, el servicio encomiable que los obispos y sacerdotes de Venezuela han prestado durante la pandemia, el anuncio incansable del Evangelio y el mantenimiento de tantas iniciativas de caridad, avivadas y sostenidas por la Iglesia, en medio de una situación social crítica en Venezuela. Francisco hacía hincapié en la unidad de la Iglesia: no es tiempo de actuar solos, aislados o de manera autosuficiente. Frente a los desafíos del presente ha pedido a obispos y sacerdotes que permanezcan juntos, que no se fracturen, advirtiendo que existe la tentación de aislarse y de crear una actitud del corazón sectaria, que lleva a situarse fuera de la unidad de la Iglesia.

Por el contrario, la dificultad es un acicate para unirse y continuar trabajando en espíritu de fraternidad, haciendo descansar en los hombros de los que están más fuertes, los cansancios e incertidumbres de los demás, para llevar adelante la obra de la Iglesia, que es, en definitiva y en palabras del Santo Padre, la obra del Señor

Enric Barrull Casals

 

A leyes de contenido exclusivamente ideológico

Sánchez, el Presidente del Gobierno, siempre presume de innovaciones y de records constantes en la política española: El primero en conseguir un gobierno de coalición; el primero en llevar a los comunistas al Consejo de Ministros; el que más comparece en televisión; el que más reuniones hace con la autonomías; el que ha creado el término resiliencia y ha acuñado la filfa de la cogobernanza; el que más y mejor guarda los secretos de estado (por ejemplo los viajes en Falcon o las invitaciones veraniegas); el que más y mejor coloca a familiares y “basketamigos”;  el que más y mejor ningunea al Rey o el que más y mejor miente; el más resistente, según su hagiógrafo Redondo que afirma -parafraseando al Dúo Dinámico- que Sánchez resistirá…

Pero hay un record, una novedad por la que Sánchez pasará a la historia. No es que Sánchez practique la separación de poderes al estilo Montesquieu, es que, al mejor estilo totalitario, ha hecho desaparecer los poderes esenciales de toda democracia. Pero dónde se ha superado a si mismo ha sido en conseguir la desaparición del Ejecutivo.

 Nunca en la historia reciente de España ha habido un Gobierno más inoperante, más inane, más esfumado, más reacio a gobernar y más propicio a mirar para otro lado, que el socialcomunista que Sánchez e Iglesias gestaron hace poco más de un año y que solamente se dedica, full time, al alumbramiento de leyes de contenido exclusivamente ideológico.

Pedro García

 

Nunca ha sido un derecho humano internacional

El aborto nunca ha sido un derecho humano internacional, y ni el UNFPA ni los mecanismos de derechos humanos de la ONU, como los órganos de tratados, tienen el poder de convertirlo en un derecho. Sin embargo, la insinuación de que tal derecho existe ha sido impuesta constantemente por los órganos de tratados y luego se ha hecho eco de otras partes del sistema de la ONU, incluido el UNFPA y la Organización Mundial de la Salud.

El UNFPA, en particular, ha intentado caminar por una delgada línea en el tema del aborto durante décadas. Cuando Estados Unidos bajo el presidente Trump recortó su financiación debido a su promoción del aborto y su complicidad con la antigua política del hijo único en China, el UNFPA afirmó repetidamente que “no realiza, promueve ni financia el aborto”. En una reunión anterior de la junta ejecutiva, algunos de los evaluadores del UNFPA sugirieron que podría hacer más para promover el aborto, al tiempo que elogiaron su “liderazgo discreto” para incluir los medicamentos que causan abortos en las listas de medicamentos esenciales de varios países.

El nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha manifestado su intención de restaurar la financiación del UNFPA. Aun así, como ha dicho en repetidas ocasiones el director de comunicaciones del UNFPA, otros países han tomado el relevo. En septiembre, fue citado en PassBlue alardeando del apoyo sin precedentes de la agencia, principalmente de los países europeos y Canadá. “Por lo tanto, tenemos más dinero del que hemos tenido en toda la historia del UNFPA”.

Está claro que la presión de los órganos de supervisión de tratados y el apoyo posterior de legisladores y jueces aumentarán en los próximos años. La forma en que los gobiernos pueden protegerse es asumiendo el papel de “objetores persistentes”, un concepto del derecho internacional que detendría el acostumbramiento de tener un presunto derecho al aborto. La Declaración de Consenso de Ginebra publicada recientemente hace precisamente eso.

Juan García. 

 

 

Las crisis en la Iglesia son siempre crisis de Fe

 No. Las crisis en la Iglesia son siempre crisis de Fe; de querer el hombre dominar el Misterio de Dios que se ha encarnado, y se ha hecho hombre. Son crisis de hombres que quieren construirse un Cristo a su imagen y semejanza, un Cristo al que se quieren convertir en un simple Jesús que en vez de redimir a los pecadores, quiera vivir con ellos dejándolos muertos en su pecado; eso sí, con aires de buenismo y de comprenderlo todo y disculparlo todo.

Hasta ahora, a lo largo de la historia, estas crisis se han manifestado con posiciones heréticas sobre la Persona de Cristo; sobre las dos naturalezas de Cristo sobre los Sacramentos, especialmente sobre el Bautismo, la Confesión, la Eucaristía y el Matrimonio; sobre la realidad del Pecado y sobre las Postrimerías –Cielo, Purgatorio, Infierno-, la Vida Eterna etc.

Hoy, la crisis es más profunda y más sutil. Y está muy conectada a la pérdida del sentido de la Verdad. Y, quizá, más que a la pérdida, a la banalización de la verdad, al considerarla algo más bien subjetiva, y que da lo mismo “mi verdad” que la “tuya”.

Y es una crisis que no se presenta a las claras, y de frente, como se presentaron las herejías que acabaron en cismas. No. Ahora se presentan con un lenguaje que se puede interpretar de diversas maneras, al gusto del consumidor. Por ejemplo, palabras de un eclesiástico: “Uno puede decir que todas las religiones son valederas; y a la vez señalar que para los cristianos lo importante es Cristo”.

¿Sólo para los cristianos es importante Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre?  La Verdad que es Cristo, ha sido sustituida por la “verdad tuya y mía”, y todas agradables a Dios. ¿A Dios o al “dios” que se invente, con “su verdad”, cada uno?

Jesús D Mez Madrid

 

 

Bajo índice de natalidad

La pandemia ha pospuesto muchas decisiones, una de ellas es la de tener hijos. Algunas encuestas publicadas en los últimos días reflejan que el año pasado un 40 por ciento de la población menor de 45 años quería tener un hijo en los próximos años, ahora ese porcentaje ha descendido al 26 por ciento. En España tenemos la segunda natalidad más baja de Europa, solo por debajo de Malta. En 2017 teníamos una media de 1,3 hijos por mujer y en 2020 la media ha seguido bajando hasta 1,2. La edad media de las madres sigue subiendo y es ya de 32,2 años. Las encuestas muestran que a las mujeres españolas les gustaría tener más hijos. Se puede aducir, sin duda, que se ha producido un cambio cultural y que las nuevas generaciones tienen otras prioridades. Este dato es fundamental pero no es la única explicación. Los jóvenes y las mujeres francesas tienen una cultura muy parecida a la española en lo esencial, y sin embargo Francia está teniendo una de las tasas de natalidad más altas de UE, con una media de 1,92 nacimientos por mujer.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Cataluña y como siempre 

 

                                Oigo a “unos y otros y veo el percal”; y mi visión del problema, no cambia, puesto que sigue siendo el mismo de antes de las elecciones; y es simple; o sea que Cataluña (también Vascongadas) quieren seguir explotando a España como colonia de ellos, que es lo que han venido haciendo llevan siglos. O sea, que es mentira que quieran una independencia, que como tal, les sería costosa y problemática; además que no la pueden obtener, por cuanto constitucionalmente no es posible; y España llegado el momento y aún sin quererlo, “los que gobiernen”, no tendrían más remedio que ocuparlas militarmente y por descontado, “quitarles los privilegios que tienen”; y que no debían tener, puesto que en una democracia, no caben privilegios para nadie, aunque los tengan, precisamente porque esto que nos oprime, NO ES UNA DEMOCRACIA.

                                A Cataluña y vascongadas, les ha venido muy bien, el dinero del resto de España, para mantener su supremacía económica y social; y lo han conseguido de múltiples formas, incluso a Franco, al que critican “ladinamente”. En la nueva época lo estamos viendo constantemente, puesto que aprovechan cualquier ocasión, para pegarse al dinero del resto de España, como “ladillas o sanguijuelas”, y llevárselo sin regomello  o pesar alguno, puesto que en este mundo, “el dios máximo sigue siendo el dinero”; y van por él al precio que sea. Siguen siendo “la lepra catalanista”, como ya lo sentenciara Vicente Blasco Ibáñez, en un artículo de igual titulares y hace más de un siglo y el que lo pueden leer en la dirección que les dejo, puesto que está en Internet: https://www.eldiestro.es/2019/05/la-lepra-catalanista-articulo-de-vicente-blaco-ibanez-publicado-el-13-de-junio-de-1907/

                                Sobre Cataluña que es a lo que hoy principalmente me refiero, me han regalado estas navidades un libro, muy curioso e ilustrativo; escrito por un catalán que firma con seudónimo, pienso que por miedo a enfrentarse a sus paisanos y que lo maten. El libro se titula “Catalunya para Marcianos”, lo firma, Jaume Pi i Bofarull” y lo han editado en Barcelona, por la editorial Planeta año 2018; pues la realidad, es que hay más catalanes que quieren seguir siendo españoles, que renegados, de una patria común. En dicho libro, se relata “la historia” de los separatistas catalanes y todas sus argucias y perversidades, para justificar lo injustificable; y lo que ocultan, con toda intención y perversidad, puesto que, “esos separatistas”, llegado su victoria, lo que quieren es algo así como un “feudalismo”, para explotar a sus vasallos como ya lo hicieran cuando fueron condados feudales; y la prueba reciente, la tenemos, en, “la muy honorable familia Pujol y sus abundantes pujoleros, y el dinero en masa que se han llevado, principalmente los primeros”; o sea lo que digo, del “dios dinero y nada más”.

                                Pero hay más; o sea que hoy tienen acumulada una deuda pública enorme y que como no pueden pagarla, seguro que lo que traman, es que se la paguemos el resto de españoles, como les pagamos “sus olimpiadas, así como tantísima obra pública como les hemos pagado”; y a pesar de ello, tienen la osadía de difundir una de sus grandes mentiras, o sea, que , “España les roba”; lean, lean el citado libro, que ahí tendrán elementos de juicio abundantísimos, para conocer la realidad cruda y dura de las relaciones, “Cataluña España”, siempre ventajosas para los primeros; unas veces por “lloros y otras imponiendo sus fuerzas, puesto que no olvidemos de sus bandas de asesinos terroristas, que aún colean”.

                                Y como esto lleva siglos ocurriendo y no ha tenido solución, yo dudo que la vaya a tener, al menos en un tiempo prudencial, puesto que les antecedentes nos lo dicen; y reitero, lean el libro que cito y háganlo despacio y tomando notas.

                                Y aun leyéndolo, seguro que faltan cosas por decir; entre ellas, que nada menos que derrotado Napoleón y agradeciendo las ayudas, que el pueblo español aportó a ello, los ingleses “agradecidos”, ofrecieron al idiota rey Borbón que ocupó el trono en 1815, le ofrecieron hacer navegable el río Guadalquivir desde Sevilla a Córdoba; cosa que impidieron los catalanes (1), alegando, que lo que los ingleses querían, era “introducir sus paños y tejidos a través de esa vía, en el resto de España”; y por ello el Guadalquivir, sigue estando como en aquella época, de Sevilla a Córdoba.

 

(1) Lo refleja el profesor D. José Manuel Cuenca Toribio, de la Universidad de Córdoba, en uno de sus libros; y el que lo puede confirmar, puesto que aún vive.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes