Las Noticias de hoy 25 Enero 2021

Enviado por adminideas el Lun, 25/01/2021 - 12:44

Frases, reflexiones y pensamientos cristianos de San Agustín

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 25 de enero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa. Por un Iglesia Pueblo de Dios que camina unida en América Latina

Ángelus del Papa: “la salvación no es automática, requiere la conversión”

El Papa: no a la información fotocopiada sin desgastar las suelas de los zapatos

Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO*: Francisco Fernandez Carbajal

“Dispuestos a una nueva conversión”: San Josemaria

¿Quién fue San Pablo y qué herencia dejó a la Iglesia?: B. Estrada

Rezar con don Álvaro por la unión de los cristianos

La comunión de los santos: más unidos que nunca: José Manuel Fidalgo Alaiz

Purifica el interior: Sheila Morataya

Un enemigo que divide | El chisme rompe la unidad: José Martínez Colín

En torno al Ecumenismo: Ernesto Juliá

Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Crisis educativa, crisis antropológica (y II)

Como era vista la muerte en los tiempos de fe y civilización cristiana

Mapfre: "Un futuro más humano": Alfonso Mendiz

SOBRE LAS VACUNAS CONTRA EL COVID Y SUS ENEMIGOS: José Ángel Garrido Pérez

Peligro de muerte: Jesús Domingo Martínez

Garantía de la libertad de los alumnos: Valentín Abelenda Carrillo

Es la imposición: Domingo Martínez Madrid

El capital y sus esclavos que somos todos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa. Por un Iglesia Pueblo de Dios que camina unida en América Latina

El Papa Francisco envío un mensaje al Consejo Episcopal Latinoamericano, Celam, en ocasión de la presentación de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, que se está realizando desde la Basílica de Guadalupe.

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco envío un mensaje al Consejo Episcopal Latinoamericano, Celam, en ocasión de la presentación de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, que se está realizando desde la Basílica de Guadalupe, en el marco del Domingo de la Palabra y de la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El Papa les pidió que esta Asamblea no sea una "elite separada del santo pueblo fiel de Dios".

En su video mensaje, que fue publicado en el canal de Youtube del Celam, el Santo Padre les dijo que desea "acompañar al Pueblo de Dios, todo este tiempo", hasta el momento que se realizará la Asamblea Eclesial, del 21 al 28 de noviembre.

Esta Asamblea será, dijo el Papa una reunión del Pueblo de Dios, "laicas, laicos, consagradas, consagrados, sacerdotes, obispos, y todos juntos, todo el pueblo de Dios, les dijo el Papa irá caminando". Será un momento de escucha, diálogo y encuentro buscando “la voluntad de Dios”, señaló el Pontífice. Además afirmó que aún falta mucho por aprender desde V Conferencia general de Aparecida:

"La Asamblea Eclesial es la primera vez que se hace, no es una conferencia del Episcopado Latinoamericano cómo se hacía en las anteriores - la última en Aparecida – de la qual todavía tenemos que aprender mucho. No. Es otra cosa, es una reunión del pueblo de Dios laicas, laicos, consagradas, consagrados sacerdotes, obispos, todo el pueblo de Dios que va caminando. Se reza, se habla, se piensa, se discute, se busca la voluntad de Dios".

Consejos del Santo Padre

Francisco dijo que es importante lleva adelante este tiempo con dos criterios. "El primero ir junto al pueblo de Dios, al que todos somos parte. Una Asamblea unida al pueblo de Dios", sin dar paso a la elite, porque la Iglesia, dijo, "se da con todos, sin exclusión. El segundo criterio es la oración". El Papa afirmó que en medio del pueblo de Dios está el Señor.

Objetivos de la Asamblea Eclesial

Según el Celam, los objetivos son: contemplar la realidad de nuestros pueblos, profundizar en los desafíos del continente, reavivar el compromiso pastoral y buscar nuevos caminos en clave sinodal.

A 14 años de la V Conferencia General del Episcopado en Aparecida-Brasil; el evento servirá para reflexionar sobre sus frutos y retos, conmemorando el aniversario de un acontecimiento que marcó la historia de la Iglesia en América Latina y el Caribe.

Todos discípulos misioneros en salida

 “Todos somos discípulos misioneros en salida” es el lema que los convoca, en comunión con el Papa Francisco, a emprender un itinerario participativo para discernir los nuevos caminos que el pueblo de Dios debe transitar para responder a los desafíos pastorales de la Iglesia en América Latina y el Caribe, en el contexto actual, al tiempo que se recordará la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Aparecida (Brasil), en 2007”.

LEA TAMBIÉN

23/01/2021

Celam. Presentación de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe

La agenda

En el acto de presentación de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se desarrollarán los siguientes momentos:

– Presentación de instituciones de la Iglesia en América Latina y el Caribe.

– Mensaje del presidente del CELAM, Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM.

– Mensaje del Presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo.

– Testimonios sobre la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida.

– Mensaje del Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Cardenal Marc Ouellet.

– Mensaje del presidente de la Conferencia Episcopal de México, Monseñor Rogelio Cabrera López.

– Videomensaje del Papa Francisco.

– Presentación del itinerario sinodal, el lema y la imagen de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

– Celebración Eucarística desde la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

Ángelus del Papa: “la salvación no es automática, requiere la conversión”

En el Domingo de la Palabra de Dios, el Papa Francisco preside el Ángelus desde la Biblioteca Apostólica, invitando a la conversión: “se trata de cambiar de mentalidad y cambiar de vida: no seguir más los modelos del mundo, sino el de Dios, que es Jesús”.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Este domingo el Santo padre ha reflexionado acerca del hodierno pasaje evangélico según el evangelista Marcos: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio». “Jesús no usaba medias palabras” ha dicho el Papa, de hecho “es un mensaje que nos invita a reflexionar sobre dos temas esenciales: el tiempo y la conversión” ha asegurado el Papa Francisco.

El tiempo

Por un lado – dice Francisco – en este texto del evangelista Marcos, “hay que entender el tiempo como la duración de la historia de la salvación realizada por Dios; por tanto, el tiempo “cumplido” es aquel en el que esta acción salvífica llega a su culmen, a su plena actuación: es el momento histórico en el que Dios ha enviado al Hijo al mundo y su Reino se ha hecho más “cercano” que nunca”.

La conversión

Sin embargo, “la salvación no es automática” puntualiza el Papa. “La salvación es un don de amor, y como tal, ofrecido a la libertad humana, siempre que se habla de amor, se habla de libertad, el amor sin libertad no es amor, puede ser interés, miedo, tantas cosas, pero el amor es siempre libre” y siendo libre – señala – “requiere una respuesta libre: requiere la conversión”. Para Francisco, esta “conversión” significa “cambiar de mentalidad y cambiar de vida: no seguir más los modelos del mundo, sino el de Dios, que es Jesús”. El Pontífice explica demás que “es un cambio decisivo de visión y de actitud”, pues el pecado y en concreto “el de la mundanalidad” trajo al mundo una mentalidad “que tiende a la afirmación de uno mismo contra los demás, e incluso contra Dios”.

“Esto es curioso” – dice el Papa – y pregunta: “¿cuál es tu identidad?”, pues según el Papa, “muchas veces sentimos que al expresar nuestra identidad con un término de contra, es difícil expresar nuestra identidad con un término positivo, contra los otros, contra los demás y contra Dios y por este motivo la mentalidad del mundo puede causar la violencia y el engaño”. Y “vemos lo que sucede con el engaño y la violencia” dice el Papa: “ganas de poder, don de servicio, guerras, explotación contra la gente, esta es la mentalidad del engaño que ciertamente tiene origen en el padre del engaño, en el gran mentiroso, el diablo, él es el padre de la mentira”.

El mensaje de Jesús nos invita a a ser acogedores y humildes

“A todo ello se opone el mensaje de Jesús, que nos invita a reconocernos necesitados de Dios y de su gracia; a mantener una actitud equilibrada frente a los bienes terrenos; a ser acogedores y humildes con todos; a conocernos y realizarnos a nosotros mismos mediante el encuentro y el servicio a los demás” asegura el Papa. De hecho, explica que para cada uno de nosotros, el tiempo durante el que podemos acoger la redención es breve, pues “es la duración de nuestra vida en este mundo”. Y puede parecer larga, señala, recordando un día que fue a dar los sacramentos a una persona enferma anciana: “él en ese momento antes de recibir la eucaristía de la unción de los enfermos me dijo: se me ha pasado la vida, pensaba que era eterno pero me voló la vida. Así nos sentimos los ancianos, que la vida se va y vuela” dice el Papa.

Además, hace hincapié en que “la vida” es un don del infinito amor de Dios, “pero es también el tiempo de verificación de nuestro amor por Él”. “Por eso, cada momento, cada instante de nuestra existencia es un tiempo precioso para amar a Dios y al prójimo, y así entrar en la vida eterna”.

El Señor nos llama a lo largo de nuestra vida

Por último, el Papa señala que la historia de nuestra vida tiene dos ritmos: uno, medible, hecho de horas, días, años; y otro, compuesto por las estaciones de nuestro desarrollo: nacimiento, infancia, adolescencia, madurez, vejez, muerte. Francisco asegura que “la fe nos ayuda a descubrir el significado espiritual de estos tiempos”, pues cada uno de ellos contiene una llamada especial del Señor, “a la que podemos dar una respuesta positiva o negativa”.

Es por ello que nos exhorta a “estar atentos” y “no dejar pasar a Jesús sin recibirlo”, pues tal y como decía San Agustín: “Tengo miedo de Dios cuando pasa, miedo de no reconocerlo y no acogerlo”. Por último, su invitación a pedir a la Virgen María “que nos ayude a vivir cada día, cada momento, como tiempo de salvación en el que el Señor pasa y nos llama a seguirlo. Y nos ayude a convertirnos de la mentalidad del mundo a la del amor, que son fuegos artificiales, y del servicio”.

El Señor nos llama a lo largo de nuestra vida

Por último, el Papa señala que la historia de nuestra vida tiene dos ritmos: uno, medible, hecho de horas, días, años; y otro, compuesto por las estaciones de nuestro desarrollo: nacimiento, infancia, adolescencia, madurez, vejez, muerte. Francisco asegura que “la fe nos ayuda a descubrir el significado espiritual de estos tiempos”, pues cada uno de ellos contiene una llamada especial del Señor, “a la que podemos dar una respuesta positiva o negativa”. Es por ello que nos invita a pedir a la Virgen María “que nos ayude a vivir cada día, cada momento, como tiempo de salvación en el que el Señor pasa y nos llama a seguirlo. Y nos ayude a convertirnos de la mentalidad del mundo a la del amor y del servicio”.

 

El Papa: no a la información fotocopiada sin desgastar las suelas de los zapatos

En su Mensaje para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales sobre el tema "Ven y verás" (Jn 1,46). Comunicar encontrando a la gente donde y como está", Francisco advierte del riesgo de una información siempre igual, exhortando a ir "donde nadie va" y a no contar la pandemia sólo con los ojos del mundo más rico.

Debora Donnini - Ciudad del Vaticano

La llamada a "venir y ver" es también "el método de toda auténtica comunicación humana". Este es el corazón del Mensaje del Papa Francisco para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales sobre el tema "Ven y verás" (Jn 1,46). Comunicar encontrando a la gente donde y como está", publicado hoy, en vísperas de la memoria de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.

"Ven y mira", así se comunica la fe cristiana

 

El Mensaje del día contiene, por tanto, esa invitación que Felipe dirige a Natanael - "Ven y verás", como narra el pasaje del Evangelio de Juan que inspira el tema-, que no consiste en ofrecer un razonamiento, sino un "conocimiento directo". "Desde hace más de dos mil años -subraya el Papa- es una cadena de encuentros que comunican la fascinación de la aventura cristiana". Por otro lado, "en la comunicación, nada puede sustituir completamente a la visión en persona". Para cada "expresión comunicativa" que quiera ser honesta, el Papa sugiere, por tanto, la invitación a "venir a ver" la galaxia comunicativa actual, desde los periódicos a la web, pero también la "predicación ordinaria de la Iglesia", así como la "comunicación política o social".

Fuera de la presunción de "ya conocido"

En su discurso tiene un gran peso la dinámica de ponerse en marcha con pasión y curiosidad, de salir "de la cómoda presunción de lo 'ya conocido'". En cuanto a la actualidad, el Papa advierte del riesgo de verse aplastado por "periódicos fotocopiados" o "por telediarios y páginas web sustancialmente iguales", en los que las investigaciones pierden espacio en beneficio de la "información preempaquetada y 'de palacio'". Esta información, recuerda, "es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no es capaz de captar ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que se liberan desde la base de la sociedad". Para Francisco, por tanto, "la crisis de la industria editorial corre el riesgo de llevar a la información a construirse en las redacciones, frente al ordenador", "sin 'gastar las suelas de los zapatos'".

Escollos y oportunidades de la web

La web con los medios sociales puede, pues, multiplicar la capacidad y la velocidad de difusión de las noticias -por ejemplo, para las emergencias en los primeros servicios de comunicación a las poblaciones- y ser así "una herramienta formidable". "Todo el mundo", dice el Papa, "puede convertirse en testigo de acontecimientos que de otro modo serían pasados por alto por los medios de comunicación tradicionales" y hacer que "surjan más historias, incluso positivas". Por otro lado, existe el riesgo de una comunicación social "sin verificación". Por tanto, no debemos demonizar la herramienta, sino tener una mayor capacidad de discernimiento asumiendo la responsabilidad a la hora de difundir contenidos.

Pandemia y doble contabilidad

El horizonte de la pandemia, que se extiende por el mundo desde principios de 2020, marca de forma decisiva este Mensaje. El Papa advierte que se corre el riesgo de contarla, al igual que todas las crisis, "sólo con los ojos del mundo más rico", de llevar una "doble contabilidad". La reflexión de Francisco se dirige, en este sentido, a la cuestión de las vacunas y la atención médica, al riesgo de exclusión de las poblaciones más pobres. "¿Quién nos hablará -pregunta- sobre la espera de la curación en los pueblos más pobres de Asia, América Latina y África?". Se trata de un peligro que también afecta al "mundo de los más afortunados", donde "el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza permanece en gran medida oculto". Así pues, las diferencias económicas corren el riesgo de marcar el orden de distribución de la vacuna anti Covid, con los pobres siempre en último lugar y "en principio, el derecho a la salud afirmado" pero "vaciado de su valor real".

Gracias a los periodistas que informan de las guerras olvidadas

Desde el corazón del Papa viene un agradecimiento por el valor de tantos trabajadores de la comunicación. Es gracias a los periodistas, a los camarógrafos, a los editores, que a menudo se arriesgan en su trabajo, "si hoy -dice- conocemos, por ejemplo, la difícil condición de las minorías perseguidas en diversas partes del mundo; si se han denunciado muchos abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación; si se han denunciado muchas guerras olvidadas". Sería un empobrecimiento, señala, que estas voces se perdieran.

 

Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales

La Santa Sede ha hecho público esta mañana el mensaje del Papa Francisco para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, que se celebrará el próximo 16 de mayo, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor.


Mensaje para la Jornada Mundial 2021: Ven y lo verás (Jn 4,16). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son

Queridos hermanos y hermanas:

La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf. Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido[1] a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea.

Desgastar las suelas de los zapatos

Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones. Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.

Esos detalles de crónica en el Evangelio

A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf. Jn 4,39-42). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.

Gracias a la valentía de tantos periodistas

También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.

Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”. Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.

Oportunidades e insidias en la web

La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios.

Pero ya se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo. Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.

Nada reemplaza el hecho de ver en persona

En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el Logos encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf. 1 Jn 1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.

Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»[2]. Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo. Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual. Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf. 1 Co 4,17).

«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín[3] exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.

Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,

y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.

Enséñanos a ir y ver,

enséñanos a escuchar,

a no cultivar prejuicios,

a no sacar conclusiones apresuradas.

Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,

a tomarnos el tiempo para entender,

a prestar atención a lo esencial,

a no dejarnos distraer por lo superfluo,

a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.

Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo

y la honestidad de contar lo que hemos visto.

Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.

FRANCISCUS

_______________________

[1]Periodista español, que nació en 1920 y falleció en 1971; fue beatificado en 2010.

[2] W. Shakespeare, El Mercader de Venecia, Acto I, Escena I.

[3] Sermón 360/B, 20.

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO*

Fiesta

— En el camino de Damasco.

— La figura de San Pablo, ejemplo de esperanza. Correspondencia a la gracia.

— Afán de almas.

I. Sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día, en que vendrá como juez justo, el encargo que me dio1.

Pablo, gran defensor de la Ley de Moisés, consideraba a los cristianos como el mayor peligro para el judaísmo; por eso, dedicaba todas sus energías al exterminio de la naciente Iglesia. La primera vez que aparece en los Hechos de los Apóstoles, verdadera historia de la primitiva cristiandad, lo vemos presenciando el martirio de San Esteban, el protomártir cristiano2. San Agustín hace notar la eficacia de la oración de Esteban sobre el joven perseguidor3. Más tarde, Pablo se dirige hacia Damasco, con poderes para llevar detenidos a Jerusalén a quienes encontrara, hombres y mujeres, seguidores del Camino4. El cristianismo se había extendido rápidamente, gracias a la acción fecunda del Espíritu Santo y al intenso proselitismo que ejercían los nuevos fieles, aun en las condiciones más adversas: los que se habían dispersado iban de un lugar a otro anunciando la palabra del Evangelio5.

Pablo iba camino de Damasco, respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor; pero Dios tenía otros planes para aquel hombre de gran corazón. Y estando ya cerca de la ciudad, hacia el mediodía, de repente le envolvió de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y Él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues6. Y enseguida la pregunta fundamental de Saulo, que es ya fruto de su conversión, de su fe, y que marca el camino de la entrega: ¿Señor, qué quieres que haga?7. Pablo ya es otro hombre. En un momento lo ha visto todo claro, y la fe, la conversión, le lleva a la entrega, a la disponibilidad absoluta en las manos de Dios. ¿Qué tengo que hacer de ahora en adelante?, ¿qué esperas de mí?

Muchas veces, quizá cuando más lejos estábamos, el Señor ha querido meterse de nuevo hondamente en nuestra vida y nos ha manifestado esos planes grandes y maravillosos que tiene sobre cada hombre, sobre cada mujer. «¡Dios sea bendito!, te decías después de acabar tu Confesión sacramental. Y pensabas: es como si volviera a nacer.

»Luego, proseguiste con serenidad: “Domine, quid me vis facere?” -Señor, ¿qué quieres que haga?

»-Y tú mismo te diste la respuesta: con tu gracia, por encima de todo y de todos, cumpliré tu Santísima Voluntad: “serviam!” -¡te serviré sin condiciones!»8. También ahora se lo repetimos una vez más. ¡Tantas veces se lo hemos dicho ya, en tonos tan diversos! Serviam! Con tu ayuda, te serviré siempre, Señor.

II. Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí9.

Siempre recordaremos esos instantes en que Jesús, quizá inesperadamente, nos detuvo en nuestro camino para decirnos que se quiere meter de lleno en nuestro corazón. Nunca olvidó San Pablo aquel momento único, cuando tuvo lugar el encuentro personal con Cristo resucitado: en el camino de Damasco..., indica a veces, como si dijera: allí comenzó todo. En otras ocasiones señala que aquel fue el instante decisivo de su existencia. Y en último lugar, como a un abortivo, se me apareció a mí también...10.

La vida de San Pablo es una llamada a la esperanza, pues «¿quién dirá, cargado con el peso de sus faltas, “Yo no puedo superarme”, cuando (...) el perseguidor de los creyentes se transforma en propagador de su doctrina?»11. Esta misma eficacia sigue operando hoy en los corazones. Pero la voluntad del Señor de sanarnos y convertirnos en apóstoles en el lugar donde trabajamos y donde vivimos necesita nuestra correspondencia; la gracia de Dios es suficiente, pero es necesaria la colaboración del hombre, como en el caso de Pablo, porque el Señor quiere contar con nuestra libertad. Comentando las palabras del Apóstol -no yo, sino la gracia de Dios en mí señala San Agustín: «Es decir, no solo yo, sino Dios conmigo; y por ello, ni la gracia de Dios sola, ni él solo, sino la gracia de Dios con él»12.

Contar siempre con la gracia nos llevará a no desanimarnos jamás, a pesar de que una y otra vez experimentemos la inclinación al pecado, los defectos que no acaban de desaparecer, las flaquezas e incluso las caídas. El Señor nos llama continuamente a una nueva conversión y hemos de pedir con constancia la gracia de estar siempre comenzando, actitud que lleva a recorrer con paz y alegría el camino que conduce a Dios –afianzados en la filiación divina y que mantiene siempre la juventud del corazón. Pero es necesario corresponder en esos momentos bien precisos en los que, como San Pablo, le diremos a Jesús: Señor, ¿qué quieres que haga?, ¿en qué debo luchar más?, ¿qué cosas debo cambiar? Jesús se nos hace encontradizo muchas veces; entonces, «es menester sacar fuerzas de nuevo para servir –escribe Santa Teresa y procurar no ser ingratos, porque en esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos los tornará a tomar y quedarnos hemos muy más pobres, y dará su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a otros»13.

Señor, ¿qué quieres que haga? Si se lo decimos de corazón -como una jaculatoria muchas veces a lo largo del día, Jesús nos dará luces y nos manifestará esos puntos en los que nuestro amor se ha detenido o no avanza como Dios desea.

III. Sé en quién he creído...

Estas palabras explican toda la vida posterior de Pablo. Ha conocido a Cristo, y desde ese momento todo lo demás es como una sombra, en comparación a esta inefable realidad. Nada tiene ya valor si no es en Cristo y por Cristo. «La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenía sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era ser fiel a su Señor y darlo a conocer a todas las gentes»14. Lo que deseamos nosotros; lo único que queremos.

Desde el momento de su encuentro con Jesús, Pablo se convirtió a Dios de todo corazón. El mismo afán que le llevaba antes a perseguir a los cristianos lo pone ahora, aumentado y fortalecido por la gracia, en el servicio del ideal grandioso que acaba de descubrir. Hará suyo el mensaje que recibieron los demás Apóstoles y que recoge el Evangelio de la Misa: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación15. Pablo aceptó este compromiso e hizo de él, desde ese momento, la razón de su vida. «Su conversión consiste precisamente en esto: en haber aceptado que Cristo, al que encontró por el camino de Damasco, entrará en su existencia y la orientará hacia un único fin: el anuncio del Evangelio. Me debo tanto a los griegos como a los bárbaros, tanto a los sabios como a los ignorantes... Yo no me avergüenzo del Evangelio: es fuerza de salvación para todos los que creen en él (Rom 1, 13-16)»16.

Sé en quién he creído... Por Cristo afrontará riesgos y peligros sin cuento, se sobrepondrá continuamente a la fatiga, al cansancio, a los aparentes fracasos de su misión, a los miedos, con tal de ganar almas para Dios. Cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas; una vez fui lapidado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé náufrago en alta mar; en mis frecuentes viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudades, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y desnudez; y además de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la solicitud por todas las iglesias. ¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor?17.

Pablo centró su vida en el Señor. Por eso, a pesar de todo lo que padeció por Cristo, podrá decir al final de su vida, cuando se encuentra casi solo y un tanto abandonado: Abundo y sobreabundo de gozo en todas mis tribulaciones... La felicidad de Pablo, como la nuestra, no estuvo en la ausencia de dificultades sino en haber encontrado a Jesús y en haberle servido con todo el corazón y todas las fuerzas.

Terminamos esta meditación con una oración de la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, Tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol San Pablo, concédenos a cuantos celebramos su conversión caminar hacia Ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad18. A nuestra Madre Santa María le pedimos que no dejemos pasar esas gracias bien concretas que nos da el Señor para que, a lo largo de la vida, volvamos una y otra vez a recomenzar.

1 Antífona de entrada. 2 Tim 1, 12; 4, 8. — 2 Cfr. Hech 7, 60. — 3 Cfr. San Agustín, Sermón 315. — 4 Hech 9, 2. — 5 Hech 8, 4. — 6 Hech 9, 3-5. — 7 Hech 22, 10. — 8 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 238. — 9 Antífona de comunión. Gal 2, 20. — 10 1 Cor 15, 8-10. — 11 San Bernardo, Sermón 1º en la Conversión de San Pablo, 1. — 12 San Agustín, Sobre la gracia y el libre albedrío, 5, 12. — 13 Santa Teresa, Vida, 10. — 14 Liturgia de las Horas, Segunda lectura; San Juan Crisóstomo, Homilía 2 sobre las alabanzas de San Pablo. — 15 Mc 16, 15. — 16 Juan Pablo II, Homilía 25-I-1987. — 17 2 Cor 11, 24-29. — 18 Misal Romano, Oración colecta de la Misa.

Termina hoy el Octavario por la unidad de los cristianos conmemorando la conversión del Apóstol de las gentes. La gracia de Dios convierte a San Pablo de perseguidor de los cristianos en mensajero de Cristo. Este hecho nos enseña que la fe tiene su origen en la gracia y se apoya en la libre correspondencia humana, y que el mejor modo de acelerar la unidad de los cristianos consiste en fomentar cada día la conversión personal.

 

 

“Dispuestos a una nueva conversión”

Tus parientes, tus colegas, tus amistades, van notando el cambio, y se dan cuenta de que lo tuyo no es una transición momentánea, de que ya no eres el mismo. –No te preocupes, ¡sigue adelante!: se cumple el “vivit vero in me Christus” –ahora es Cristo quien vive en ti. (Surco, 424)

25 de enero

Qui habitat in adiutorio Altissimi, in protectione Dei coeli commorabitur, habitar bajo la protección de Dios, vivir con Dios: ésta es la arriesgada seguridad del cristiano. Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón. Pero vivir con Dios es indudablemente correr un riesgo, porque el Señor no se contenta compartiendo: lo quiere todo. Y acercarse un poco más a El quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar más atentamente sus inspiraciones, los santos deseos que hace brotar en nuestra alma, y a ponerlos por obra.

Desde nuestra primera decisión consciente de vivir con integridad la doctrina de Cristo, es seguro que hemos avanzado mucho por el camino de la fidelidad a su Palabra. Sin embargo, ¿no es verdad que quedan aún tantas cosas por hacer?, ¿no es verdad que queda, sobre todo, tanta soberbia? Hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que El crezca y que yo disminuya.

No es posible quedarse inmóviles. Es necesario ir adelante hacia la meta que San Pablo señalaba: no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí. La ambición es alta y nobilísima: la identificación con Cristo, la santidad. Pero no hay otro camino, si se desea ser coherente con la vida divina que, por el Bautismo, Dios ha hecho nacer en nuestras almas. El avance es progreso en santidad; el retroceso es negarse al desarrollo normal de la vida cristiana. Porque el fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día, arraigándose en el alma; y el fuego se mantiene vivo quemando cosas nuevas. Por eso, si no se hace más grande, va camino de extinguirse. (Es Cristo que pasa, 58)

 

 

¿Quién fue San Pablo y qué herencia dejó a la Iglesia?

¿Quién era Pablo de Tarso? San Pablo sufrió persecuciones y conoció su propia debilidad mientras predicaba la fe en el Resucitado. A cambio, no quiso otra cosa que la misericordia de Cristo.

OTROS25/01/2021

En la tarde del 28 de junio de 2008, durante la celebración de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Benedicto XVI proclamó oficialmente la apertura del Año Paulino, que se prolongó hasta el 29 de junio de 2009, fiesta de estos dos Apóstoles.

La Ciudad Eterna, la Roma de Pedro y de Pablo, bañada por la sangre de los mártires, centro de donde tantos han salido para propagar en el mundo entero la palabra salvadora de Cristo (1), puede considerarse verdaderamente privilegiada, porque ha sido tantorum principum purpurata pretioso sanguine, bañada con la sangre de los Príncipes de los Apóstoles (2).

Durante este periodo se conmemoraron los dos mil años del nacimiento del Apóstol de las Gentes. Para fijar esta fecha, los estudios sobre la cronología paulina tienen en cuenta los datos que proporcionan sus escritos: en la Carta a los Gálatas afirma que, tras su conversión, encontró a Pedro en Jerusalén, tres años después de su fuga de Damasco (3), donde el rey de los nabateos, Aretas IV, ejercía un cierto poder (4). Esto permite datar la huida hacia el año 37 y su conversión hacia el 34-35.

Por otro lado, en los Hechos de los Apóstoles, al narrar el martirio de Esteban se califica a Saulo como “joven”, poco antes de su vocación (5). Aunque sea éste un dato genérico, de modo aproximado permite situar su nacimiento hacia el año 8.

El Año Paulino quiso promover una reflexión más profunda sobre la herencia teológica y espiritual que San Pablo ha dejado a la Iglesia, por medio de su vasta obra de evangelización. Como signos externos que nos invitan a meditar la fe y la verdad de la mano del Apóstol, el Papa encendió la “Llama Paulina”, en un brasero colocado en el pórtico de la Basílica de San Pablo en Roma y abrió también, en este mismo templo, la “Puerta Paulina”, que atravesó el día 28 de junio, acompañado del Patriarca de Constantinopla.

San Pablo, el apóstol de las gentes

¿Quién era Pablo de Tarso? Nació en la capital de la provincia romana de Cilicia, hoy Turquía. Cuando fue capturado en las puertas del Templo de Jerusalén, se dirigió con estas palabras a la multitud que quería matarlo: yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, educado en esta ciudad e instruido a los pies de Gamaliel según la observancia de la Ley patria (6).

Al final de su existencia, en una visión retrospectiva de su vida y de su misión, dirá de sí mismo: he sido constituido predicador, apóstol y maestro (7). Al mismo tempo su figura se abre al futuro, a todos los pueblos y generaciones, porque Pablo no es sólo un personaje del pasado: su mensaje y su vida son siempre actuales, pues contienen la esencia del mensaje cristiano, perenne y actual.

SAN PABLO HA SIDO DENOMINADO EL DECIMOTERCER APÓSTOL PUES, AUNQUE NO FORMABA PARTE DEL GRUPO

Pablo ha sido denominado el decimotercer Apóstol pues, aunque no formaba parte del grupo de los Doce, fue llamado por Jesús resucitado, que se le apareció en el camino de Damasco (8). Es más, al contemplar lo que ha trabajado por Cristo, nada tiene que envidiar a otros: ¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abrahán? También yo. ¿Son ministros de Cristo? Pues –delirando hablo– yo más: en fatigas, más; en cárceles, más; en azotes, mucho más. En peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno, tres veces me azotaron con varas, una vez fui lapidado, tres veces naufragué, un día y una noche pasé náufrago en alta mar. En mis repetidos viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, con frecuentes ayunos, con frío y desnudez (9).

Como se ve, no le faltaron dificultades ni tribulaciones, que soportó por amor de Cristo. Sin embargo, todo el esfuerzo y todos los sucesos por los que atravesó, no le llevaron a la vanagloria. Pablo entendió a fondo y experimentó en su persona aquello que también enseñaba nuestro Padre: que nuestra lógica humana no sirve para explicar las realidades de la gracia. Dios suele buscar instrumentos flacos, para que aparezca con clara evidencia que la obra es suya. Por eso, San Pablo evoca con temblor su vocación: después de todos se me apareció a mí, que vengo a ser como un abortivo, siendo el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios (1 Cor 15, 8-9) (10). «¿Cómo no admirar un hombre así? –dice Benedicto XVI–. ¿Cómo no dar gracias al Señor por habernos dado un Apóstol de esta talla?» (11).

ENTRE LOS DIVERSOS ASPECTOS QUE COMPONEN LA ENSEÑANZA TEOLÓGICA DE SAN PABLO SE DEBE SEÑALAR, EN PRIMER LUGAR, LA FIGURA DE JESUCRISTO

Entre los diversos aspectos que componen la enseñanza teológica de San Pablo se debe señalar, en primer lugar, la figura de Jesucristo. Ciertamente en sus cartas no aparecen los rasgos históricos de Jesús de Nazaret, tal como nos lo presentan los Evangelios. El interés por los numerosos aspectos de la vida terrena de Jesús pasa a un segundo plano, subrayando especialmente el misterio de la pasión y la muerte en la cruz. Al mismo tiempo, se observa que Pablo no fue testigo del caminar terreno de Jesús, sino que lo conoce por la tradición apostólica que lo precede, a la que se refiere explícitamente: os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí (12).

Del mismo modo, se pueden descubrir en el epistolario paulino algunos himnos, profesiones y enunciados de fe, y afirmaciones doctrinales que probablemente se usaban en la liturgia, en la catequesis o en la predicación de la primitiva Iglesia. Jesucristo constituye el centro y el fundamento de su anuncio y de su predicación: en sus escritos el nombre de Cristo aparece 380 veces, superado sólo por el nombre de Dios, mencionado 500 veces. Esto nos hace entender que Jesucristo incidió profundamente en su vida: en Cristo encontramos el culmen de la historia de la Salvación.

Al encuentro con Cristo

Mirando a San Pablo nos podemos preguntar cómo se realiza el encuentro personal con Cristo y qué relación se genera entre Él y el creyente. La respuesta de Pablo se condensa en dos momentos: por una parte se subraya el valor fundamental e insustituible de la fe (13). Así lo escribe a los romanos: el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la Ley (14); la idea aparece más explícita en la Carta a los Gálatas: el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por medio de la fe en Jesucristo (15). Es decir, se entra en comunión con Dios por obra exclusiva de la gracia; Él sale a nuestro encuentro y nos acoge con su misericordia, perdonando nuestros pecados y permitiéndonos establecer una relación de amor con Él y con nuestros hermanos (16).

MIRANDO A SAN PABLO NOS PODEMOS PREGUNTAR CÓMO SE REALIZA EL ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO Y QUÉ RELACIÓN SE GENERA ENTRE ÉL Y EL CREYENTE

En esta doctrina de la justificación, Pablo refleja el proceso de su propia vocación. Él era un estricto observante de la Ley mosaica, que cumplía hasta en los más mínimos detalles. Pero esto le llevó a sentirse pagado de sí mismo y a buscar la salvación con sus propias fuerzas. Y en esta situación se descubre pecador, en cuanto que persigue a la Iglesia del Hijo de Dios. La conciencia del pecado será entonces el punto de partida para abandonarse a la gracia de Dios que se nos da en Jesucristo.

Ahí comienza el segundo momento, el encuentro con el Señor mismo. La donación infinita de Cristo en la cruz constituye la invitación más vehemente a salir del propio yo, a no vanagloriarse poniendo al mismo tiempo toda la confianza en la muerte salvadora y en la resurrección del Señor: el que se gloría, que se gloríe en el Señor (17). Esta conversión espiritual comporta, por tanto, no buscarse a sí mismo, sino revestirse de Cristo y entregarse con Cristo, para participar así personalmente en la vida de Cristo hasta sumergirse en Él y compartir tanto su muerte como su vida. Así lo describe el Apóstol mediante la imagen del bautismo: ¿no sabéis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados para unirnos a su muerte? Pues fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva (18).

AL FUNDADOR DEL OPUS DEI LE GUSTABA REPETIR ESTAS PALABRAS DEL APÓSTOL, PORQUE VEÍA A JESUCRISTO MUERTO Y RESUCITADO COMO LA RAZÓN DE SER DE TODA LA VIDA DEL CRISTIANO Y DE SU MISIÓN

Pablo –y con él, todo cristiano– contempla al Hijo de Dios no sólo como Aquel que murió por amor nuestro, obteniéndonos la salvación por nuestros pecados –dilexit me et tradidit semetipsum pro me, me amó y se entregó a sí mismo por mí–, sino también como Aquel que se hace presente en su vida: vivo autem iam non ego, vivit vero in me Christus, vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (19). Al Fundador del Opus Dei le gustaba repetir estas palabras del Apóstol, porque veía a Jesucristo muerto y resucitado como la razón de ser de toda la vida del cristiano y de su misión.

Vivir en el espíritu, según San Pablo

Identificarse con Cristo significa vivir en el Espíritu. San Lucas subraya en su segundo libro el papel dinámico y operativo del Espíritu Santo; y comenta San Josemaría: apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: Él es quien inspira la predicación de San Pedro (cfr. Hch 4, 8), quien confirma en su fe a los discípulos (cfr. Hch 4, 31), quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles (cfr. Hch 10, 44-47), quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús (cfr. Hch 13, 2-4). En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo (20).

EN SUS ESCRITOS, SAN PABLO PONE DE RELIEVE LA PRESENCIA DE LA TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN LA VIDA DEL CRISTIANO

En sus escritos, Pablo pone de relieve la presencia de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad en la vida del cristiano. El Espíritu habita en nuestros corazones (21); ha sido enviado por Dios para que nos identifique con el Hijo y podamos exclamar ¡Abbá, Padre! (22). Dejarse conducir por el Espíritu, que nos da la vida en Cristo Jesús, libera de la ley del pecado y de la muerte; lleva a que se manifiesten en la vida del creyente las obras –los frutos– del Espíritu Santo: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley. Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu (23).

El Apóstol nos dice que la oración auténtica sólo existe cuando está presente el Espíritu: asimismo también el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (24). Con palabras de Benedicto XVI, es como decir que el Espíritu Santo «es el alma de nuestra alma, la parte más secreta de nuestro ser, de la que se eleva incesantemente hacia Dios un movimiento de oración, cuyos términos no podemos ni siquiera precisar» (25). Pablo nos invita a ser cada vez más sensibles, a estar más atentos a la presencia del Espíritu en nosotros y a aprender a transformarla en oración.

San Pablo nos invita a ser cada vez más sensibles, a estar más atentos a la presencia del Espíritu en nosotros y a aprender a transformarla en oración

El primero de los frutos del Espíritu en el alma del cristiano es el amor. En efecto, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado (26). Si, por definición, el amor une, el Espíritu es quien genera la comunión en la Iglesia: es la fuerza de cohesión que mantiene unidos los fieles al Padre por Cristo, y atrae a los que todavía no gozan de la plena comunión. El Espíritu Santo guía la Iglesia hacia la unidad.

Hacia la unidad de los cristianos

Éste es otro aspecto, entre los muchos que trata el Apóstol en sus epístolas, que vale la pena tener en cuenta al inicio de este Año Paulino: la unidad de los cristianos. Es motivo de consolación y de estímulo para pedir insistentemente al Señor esta gracia –tan grande como difícil de alcanzar– que el Patriarca ecuménico Bartolomé I, siguiendo las huellas del Vicario de Cristo, también haya convocado para la Iglesia ortodoxa un Año Paulino.

LA ENSEÑANZA DE PABLO NOS RECUERDA QUE LA PLENA COMUNIÓN ENTRE TODOS LOS CRISTIANOS ENCUENTRA SU FUNDAMENTO EN EL HECHO DE TENER UN SOLO SEÑOR, UNA SOLA FE, UN SOLO BAUTISMO

La enseñanza de Pablo nos recuerda que la plena comunión entre todos los cristianos encuentra su fundamento en el hecho de tener un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (27). Debemos rezar «para que la fe común, el único bautismo para el perdón de los pecados y la obediencia al único Señor y Salvador se manifiesten plenamente en la dimensión comunitaria y eclesial» (28).

San Pablo nos muestra el camino más eficaz hacia la unidad, en unas palabras que también proponía el Concilio Vaticano II en su decreto sobre el ecumenismo: así pues, os ruego yo, el prisionero por el Señor, que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad, continuamente dispuestos a conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz (29).

SAN PABLO NOS MUESTRA EL CAMINO MÁS EFICAZ HACIA LA UNIDAD

El Apóstol se empeñó siempre en conservar esa inmensa gracia de la unidad. A los cristianos de Corinto los invita, ya desde el comienzo de su primera carta, a evitar las divisiones entre ellos (30). Sus exhortaciones y sus llamadas de atención nos pueden servir también hoy. Delante de la humanidad del tercer milenio, cada vez más globalizada y, paradójicamente, más dividida y fragmentada por la cultura hedonista y relativista, que pone en duda la existencia misma de la verdad (31), la oración del Señor –ut omnes unum sint, que todos sean uno (32)– es para nosotros la mejor promesa de unión con Dios y de unidad entre los hombres.

B. Estrada

Artículo publicado originalmente en 2008.


1. Homilía Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

2. Cfr. Himno de las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.

3. Cfr. Gal 1, 15-18.

4. Cfr. 2 Cor 11, 32.

5. Cfr. Hch 7, 58.

6. Hch 22, 3.

7. 2 Tm 1, 11.

8. Cfr. 1 Cor 15, 8.

9. 2 Cor 11, 22-27.

10. Es Cristo que pasa, n. 3.

11. Benedicto XVI, Audiencia general, 25-X-2006.

12. 1 Cor 15, 3; cfr. 11, 23ss.

13. Cfr. Benedicto XVI, Audiencia general, 8-XI-2006.

14. Rm 3, 28.

15. Gal 2, 16.

16. Cfr. Rm 3, 24.

17. 1 Cor 1, 31.

18. Rm 6, 3s.

19. Gal 2, 20.

20. Es Cristo que pasa, n. 127.

21. Cfr. Rm 8, 9.

22. Gal 4, 6.

23. Gal 5, 22-24.

24. Rm 8,26.

25. Benedicto XVI, Audiencia general, 15-XI-2006.

26. Rm 5, 5.

27. Ef 4, 5.

28. Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con Bartolomé I en la apertura del Año Paulino, 28-VI-2008.

29. Ef 4, 1-3.

30. Cfr. 1 Cor 1, 10.

31. Cfr. Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con Bartolomé I en la apertura del Año Paulino, 28-VI-2008.

32. Jn 17, 21.

 

 

Rezar con don Álvaro por la unión de los cristianos

Ofrecemos algunos textos extraídos de la predicación de Mons. Álvaro del Portillo sobre la unidad de los cristianos.

NOTICIAS27/01/2014

No sería sincera nuestra ansia de unión entre todos los cristianos, si no empezásemos por estar primero bien unidos entre nosotros, los católicos. ¡Cuántas divisiones hay, hijos míos, cuántas incomprensiones, cuánta falta de amor, cuánta falta de caridad!» (Notas de una reunión familiar, 21-II-1988).

En la oración sacerdotal de la Ultima Cena, Jesucristo rogó por todos los que habían de creer en su nombre, a fin de que permaneciéramos siempre consummati in unum (Jn 17, 23), consumados en la unidad: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y Yo en ti, que así ellos sean uno en nosotros (Ibid., 21). La unidad de los cristianos entre sí se deriva, pues, como una participación de la inefable unidad de las divinas Personas. A la vez, dentro del Cuerpo Místico de Cristo, se da una comunión más estrecha entre aquellos miembros que, por razones de diversa índole, se hallan más próximos los unos a los otros» (Carta pastoral, 24-I-1990).

El primer día del año se celebra la solemnidad de la Maternidad divina de la Virgen. Ella, que está presente en cada paso de la historia de la Iglesia, sigue alentando ahora este esfuerzo evangelizador que debe abrirse camino entre millones de personas. Confiemos concretamente a su intercesión, durante el octavario por la unión de los cristianos, las conversaciones de la Santa Sede con los ortodoxos: que el Espíritu Santo mueva los corazones de cuantos se honran con el nombre de cristianos, de modo que finalmente haya un solo rebaño y un solo pastor (cfr. Jn 10, 16) (Carta pastoral, 1-I-1990).

Tenemos que rezar más y trabajar más, llenos de optimismo. Pero unión primero entre nosotros, los católicos. Querer a los demás, comprender a los demás. Y como nosotros sabemos por experiencia que hay gente que a nosotros no nos entiende, nosotros hemos de procurar entender a los demás (Notas de una reunión familiar, 18-I-1988).

Con toda la Iglesia intensifiquemos nuestras plegarias por la unión de los cristianos. ¡Que los corazones de todos sean dóciles a los suaves impulsos del Espíritu Santo! Para eso, pidamos a Dios, en primer lugar, que aumente en nosotros la fe. Esta virtud teologal constituye el fundamento de la existencia cristiana, la raíz de la fecundidad espiritual y apostólica (Carta pastoral, 1-I-1992).

Lee el Evangelio de San Juan, la Última Cena, el consummati in unum, y encontrarás que Jesús, antes de morir, se dirige a su Padre y pide que los Apóstoles estén unidos: sicut tu Pater in me et ego in te (Jn 17, 21): ¡nada menos, como Tú, Padre, en mí —dice San Juan—, y Yo en ti! Y la unión entre ellos es infinita porque son un solo Dios. Fijaos el grado de unidad, de intensidad, de caridad que pide Jesucristo para nosotros. Y el cor unum et anima una es semejante. Lo encuentras en los Hechos de los Apóstoles (Hch 4, 32), cuando se habla de los primeros cristianos. San Lucas cuenta que no tenían nada propio y que la muchedumbre de los creyentes formaban un solo corazón y una sola alma, porque estaban unidos, porque había caridad; y por eso no se criticaban unos a otros, sino que tendían al mismo fin: hablar de Cristo, predicar a Cristo (Notas de una reunión familiar, 22-VIII-1976).

¿Recordáis la oración sacerdotal de Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena, pocos momentos antes de encaminarse hacia el martirio? Ut sint unum sicut et nos unum sumus. Jesús se dirigía a Dios Padre. Fijáos qué unidad deseaba para nosotros. Jesús pedía que los cristianos estuviésemos tan unidos como Él con la primera Persona de la Santísima Trinidad; una unión inefable, indivisible (Notas de una reunión familiar, 15-IV-1979).

Vamos a pedir al Señor perdón y vamos a procurar que nosotros no seamos nunca causa de sufrimiento para nadie: sino al revés, que demos cohesión a los que trabajan por Cristo. Y para eso hace falta que estemos unidos a la vid, que es Cristo, a través del Papa (Notas de una reunión familiar, 11-III-1991).

Vamos a rezar por la unión de los cristianos, y recemos primero por la unión entre nosotros mismos, entre los católicos. La unión entre los miembros de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, nace de la unión con la Cabeza: con Cristo; y esto se hace realidad por el Pan y la Palabra. Se fundamenta en la Eucaristía, que es vínculo de unidad, y se edifica sólo si hay vida interior, cuando meditamos las cosas de Dios bajo la guía auténtica del Magisterio de la Iglesia, depositario de la palabra revelada que es alimento de nuestra unión con Dios. Cuando los cristianos estamos en sintonía con el Papa, que por ser el Vicario de Cristo permanece como signo y fuente de la unidad, entonces estamos muy cerca de Nuestro Señor (Notas de una homilía, 18-I-1988).

 

 

 

La comunión de los santos: más unidos que nunca

Trabajar por dentro, rezar, acompañar y velar por las personas a las que queremos, lejanas quizá, pero muy cerca de nuestro corazón cristiano. Y por todos. Es un programa de vida espiritual espléndido para estos días duros de confinamiento y cuarentena.

OTROS31/03/2020

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“No os dejaré huérfanos” (Jn 14, 18). Son palabras cariñosas de Jesús a sus apóstoles –sus amigos, como le gusta llamarlos— en su despedida terrena antes de encaminarse a su pasión. No quiere que se sientan solos en los momentos difíciles que van a llegar. Es lógico que os pongáis tristes –parece decir— cuando presenciéis mi pasión y muerte en la cruz; pero será una tristeza pasajera. Enseguida “os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 15,11).

La mejor de las compañías

Nada ni nadie quita la alegría de un corazón cristiano que se sabe siempre acompañado por el amor más grande que se pueda soñar. El amor infinito e incondicional de un Dios que me ha creado, redimido y perdonado tantas veces. Un Dios que, por amor, se ha hecho uno de nosotros para hacerse lo más cercano posible, compartir nuestra historia y morir por unos pecados que no fueron los suyos. Un amor que no conoce límites, más fuerte que la muerte. Dios –Jesucristo, siempre vivo­— está a nuestro lado siempre. Lo prometió él explícitamente: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

En esta situación peculiar, difícil ­–con tonos dramáticos—que estamos viviendo con la expansión de la pandemia del Covid-19, las verdades de nuestra fe –como esta de la continua presencia amorosa de Dios a nuestro lado—nos llenan de consuelo y esperanza.

NO ESTAMOS NUNCA SOLOS. JESUCRISTO VIVO ESTÁ A NUESTRO LADO Y NOS ACOMPAÑA SIEMPRE. ES UNA PRESENCIA REAL, NO IMAGINARIA

No estamos nunca solos. Jesucristo vivo está a nuestro lado y nos acompaña siempre. Es una presencia real, no imaginaria. Una presencia poderosa, íntima, cercana. La presencia de Jesucristo que, unido al Padre en el Espíritu, se hace más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad: intimior intimo meo, decía san Agustín con la pasión de la propia experiencia.

Estos días son una ocasión preciosa para mirar adentro, orar, descubrir —o revitalizar— esa presencia de Dios en nuestras vidas. Junto al Hijo, el Padre y el Espíritu Santo, Tres Personas cercanísimas, que me llaman por dentro y por fuera; que me buscan, que abren en nuestra intimidad —cuando sabemos escuchar y aceptar libremente el don— un diálogo apasionante, lleno de luz y de consuelo. Un diálogo que resuena, a veces de modo inefable, en lo más hondo de nuestro espíritu.

Estamos creados para esa compañía. Dios es la mejor de las compañías: la que nos llena de verdad, la que da un sentido nuevo, por el amor, a todas las situaciones, también a esas del dolor y de la muerte que se presentan con su aparente sinsentido desgarrador.

“Si conocieras el don de Dios” (Jn 4,10), decía Jesús a la samaritana, invitándola así a no dejar de buscar. Si estos días de encerramiento forzoso descubriéramos un poco más el don de Dios... La invitación resuena siempre en nuestras vidas, llamándonos —más aún cuando la dificultad arrecia— a buscar sin desfallecer. Cómo nos negará Dios su don si nos sentimos necesitados y lo pedimos y lo buscamos…

La comunión de los santos

Dios nos acompaña también a través de la cercanía de los demás. Una cercanía que va más allá de la presencia física, para adentrarse en los misterios de nuestra unión con Dios. El amor nos une. Qué bien se entiende esto cuando no podemos estar físicamente junto a las personas que amamos. El amor supera los límites de espacio y tiempo para unir a las personas lejanas que se aman de verdad en el Amor que todo lo une, que tiene un rostro de Persona del que todos los demás rostros participan. Es una de las verdades de nuestra fe que rezamos tantas veces en el credo: “creo en la comunión de los santos”.

La comunión de los santos es una realidad maravillosa ­—en cierto modo es la misma Iglesia— por la que todos los creyentes forman un solo cuerpo con Cristo, que es la cabeza. La vida de Cristo en el Espíritu Santo se hace extensiva a todos los que estamos unidos a Él y unidos entre nosotros como miembros de su mismo cuerpo, explica el Catecismo de la Iglesia Católica (cfr. n. 947).

EL AMOR NOS UNE. QUÉ BIEN SE ENTIENDE ESTO CUANDO NO PODEMOS ESTAR FÍSICAMENTE JUNTO A LAS PERSONAS QUE AMAMOS

Así también leemos que la expresión “comunión de los santos” tiene dos significados estrechamente relacionados: “comunión en las cosas santas” y “comunión entre las personas santas” (n. 948).

Los bienes espirituales son un “fondo común” que hay en la Iglesia, unos dones universales e ilimitados porque vienen de Dios en Cristo. Cristo es la fuente inagotable de la que proceden esos bienes: la fe común, la gracia de los sacramentos y los dones, carismas y bienes materiales que se distribuyen entre los miembros del mismo cuerpo de Cristo (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 949-952).

El fruto de los sacramentos pertenece a todos. La vida y la gracia que recibe cualquier miembro del cuerpo repercute en el cuerpo entero. Lo bueno que le ocurre a uno es algo bueno que le ocurre a todos los demás.

Cuánto nos puede ayudar esta verdad de nuestra fe a sentirnos muy unidos a todos, especialmente en situaciones difíciles. Lo que yo rezo es un bien para todos mis hermanos en la fe, para todos aquellos a los que amo, aunque estén lejos físicamente, incluso aunque no los conozca. Todo lo que une a Cristo, todo lo que viene de él, es compartido por todos, nos ayuda a todos. Los sacramentos, que en estos momentos en muchos sitios están limitados, están actuando para todos. Aunque solo se celebrara una eucaristía en el planeta, vivimos todos de ella, porque en ella se hace actual la fuente infinita de la redención: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

LOS SACRAMENTOS, QUE EN ESTOS MOMENTOS EN MUCHOS SITIOS ESTÁN LIMITADOS, ESTÁN ACTUANDO PARA TODOS

Mi amor a Dios con una oración serena y confiada, mis devociones a santa María, a san José, a los santos; mi trabajo, mis deberes cotidianos hechos con amor, mis contrariedades llevadas con paciencia… todo es un bien para toda la Iglesia: para mis familiares, mis amigos, mis seres queridos…; también para aquellos que pasan más necesidad, quizá desconocidos, pero nunca ignorados; para los difuntos; ¡para todos! Los enfermos, moribundos, afectados por la situación, están recibiendo la vida de Dios también a través de mi unión con Dios: mi oración, mi penitencia, mi trabajo, mi servicio en casa, mis detalles cotidianos de amor, etc.

El amor que me lleva a procurar un servicio, un consuelo, una atención material es el mismo amor que, con sentido sobrenatural, me lleva a rezar y ofrecer pequeños sacrificios por personas, quizá lejanas físicamente, pero cercanísimas en el corazón de Cristo. Se trata de una ayuda real, y de un amor y de un cariño efectivo.

Más juntos que nunca

“Ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo” (Rm 14, 7). “Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él” (1 Co 12, 26-27). Dice el Catecismo: “El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos” (n. 953).

Todos estamos juntos por la participación en la misma vida de Cristo. Todos nos ayudamos, todos nos acompañamos. Todos juntos: con los santos del cielo a los que acudimos como intercesores; con los difuntos que ya nos dejaron y que aún se purifican (por los que rezamos). Todos juntos, unidos a Cristo, los que peregrinamos aquí en la tierra, a veces en medio de dificultades y sufrimientos. ¡Todos juntos!

Con esta realidad de fondo de nuestra fe, qué acompañados nos sentimos, con qué fuerza hemos de actuar, con qué seguridad y confianza. Siempre ha sido una tradición en la Iglesia acudir a la intercesión de los santos a los que tenemos devoción. Y con la fuerza de su compañía y de nuestra unión con Dios, estar pendientes unos de otros, ayudándonos por esta comunión de los santos.

EN ESTA APARENTE INACTIVIDAD,CONTAMOS CON LA POSIBILIDAD DE TRABAJAR MUCHO POR DENTRO Y ACOMPAÑAR A CADA UNO DE VUESTROS HERMANOS EN PELIGRO

San Josemaría, en unas circunstancias durísimas de guerra y persecución, tuvo que vivir un aislamiento forzoso –verdadero hacinamiento—con algunos de sus hijos espirituales. Fue entre los meses de abril y agosto de 1937, en una minúscula estancia de la Legación de Honduras en Madrid, durante la Guerra civil en España. Se conservan algunos textos tomados de su predicación durante aquellos días.

Lleno de preocupación y dolor por tantas personas queridas, físicamente lejanas y desperdigadas por la geografía, sin poder tener contacto alguno con ellas; y al mismo tiempo lleno de serenidad y sentido sobrenatural y confianza en Dios, decía: “Por la comunión de los santos, nunca podemos sentirnos solos, pues constantemente nos llegan alientos espirituales… La consideración de esta realidad nos impulsa a un detenido examen de nuestra conducta en este lugar, que es como una prisión para nosotros. Porque aquí, en esta aparente inactividad, contamos con la posibilidad de trabajar mucho por dentro y acompañar a cada uno de vuestros hermanos en peligro, y velar por ellos” (Notas de la meditación del 8-IV-1937).

NO TENEMOS MÁS REMEDIO QUE RECORTAR NUESTRA ACTIVIDAD, PERO… ¡NO RECORTAMOS NUESTRO AMOR!

Trabajar por dentro, rezar, acompañar y velar por las personas a las que queremos, lejanas quizá, pero muy cerca de nuestro corazón cristiano. Y por todos. Es un programa de vida espiritual espléndido para estos días duros de confinamiento y cuarentena. No tenemos más remedio que recortar nuestra actividad, pero… ¡no recortamos nuestro amor! No cesamos de enviar, a través de esta comunión de vida y de amor en la Iglesia, nuestra ayuda a todos, a toda la humanidad. Manifestamos nuestra cercanía a través de los medios a nuestro alcance. No recortamos, al revés, ampliamos nuestra oración diaria por todos, verdadera ayuda espiritual para los demás. Y nos sentimos acompañados y queridos más que nunca.

Si los santos nos acompañan y nos ayudan desde el cielo —decía san Josemaría en aquella misma ocasión—, con cuánta más razón se ocupará de nosotros nuestra Madre Inmaculada. ¡Qué confianza nos da su intercesión! Y acudimos también a san José, al que Dios puso al frente de su familia en la tierra, para que nos cuide y nos enseñe a cuidar a todos con generosidad, viviendo esta compañía y unión de todos en el amor de Dios.

José Manuel Fidalgo Alaiz

Purifica el interior

“Nos convertimos en lo que amamos. Si amamos lo que es inferior, nos convertimos en algo inferior. Pero si amamos lo que es noble, llegaremos a ser nobles”. Venerable Fulton J. Sheen.

Hola Sheila;

Mi nombre es Johanna. Tengo 23 años, y llevo casada 4 años con mi esposo (de 25 años) Nos casamos muy jóvenes, enamorados y seguros de que queríamos hacerlo.

Hace ya 3 meses, me enteré que él me había sido infiel. Hace 3 semanas volví a descubrirlo con la misma persona que me engañó la primera vez, es decir, aunque fue descubierto no terminó la relación. En su momento, al ver que él no quería dejarla, decidí alejarme con mis dos niñas las cuales estaban sufriendo mucho ya que su estilo de vida estaba cambiando y para la mayor era difícil ya no ver a su papá.

Él nos ha buscado una vez más para que regresáramos y lo intentáramos de nuevo. Dice ya haber acabado ese romance. Está dispuesto a acudir a terapia y lo que sea necesario para que podamos recobrar el amor que un día nos unió. Decidí regresar a su lado, más que por mí, por mis hijas pero siento que no puedo hacerlo ya que la confianza no existe. Aunque él diga que no ésta más con esa persona; me siento segura que no ha terminado la relación y sigue en contacto.

Me resulta muy difícil intentar tratarlo con cariño para que vea mi voluntad y al mismo tiempo me parece que si lo trato con desprecio lo alejaría más. Siento que no está comprometido en su totalidad a encontrar una solución y esto me hace desilusionar.

A partir de toda ésta situación, veo más sus defectos y he empezado a cuestionarme si escogí la persona adecuada. Yo lo amo, lo siento de verdad, pero no siento lo mismo de él hacia mí.

Busco una guía en mi vida para poder ayudarlo y ver si logro hacerle entender lo mal que hace, pero al mismo tiempo pienso que forzándolo no lograré un cambio honesto. No entiendo por qué al saber que me duele; lo sigue haciendo. A veces, quiero alejarme pero no quiero ver sufrir a las pequeñas.

Por favor guíeme, para poder direccionarlo y que se acerque más a Dios y a nosotros como familia.

Querida amiga: Siento mucho que estés pasando por una situación como esta. Ésta es una de las conductas que causa una herida emocional y espiritual, en la pareja y en los hijos. Una situación de infidelidad puede ser entendida de dos formas: como transgresión y como sentimiento psicológico. Esta última no es religiosa, más aún, puedo decirte que tiene el poder de llegar a susurrarte, debido a ésta infidelidad de tu esposo, lo que piensas: “A partir de esto, veo más sus defectos y he empezado a cuestionarme si escogí la persona adecuada”. Esto es psicológico, pues las emociones están tan afectadas que nos llevan a concentrarnos sólo en nuestras necesidades. La transgresión es distinta. Pero, ¿de qué transgresión hablo? ¿Cómo comprenderla con mayor claridad puede ayudarte a evitar el sentimiento psicológico que te ha llevado a hacer cosas poco saludables para la restauración de tu matrimonio?

Antes de continuar quiero señalarte los elementos psicológicos que están interfiriendo para que tu matrimonio se salve, desde la metodología con la cual trabajo con parejas, creado por los Doctores Julie y John Gottman, denominado “La casa de una relación sólida”:

  • Hay un dominio del sentimiento negativo
  • Existe distancia y separación emocional de tu parte
  • Resentimiento
  • Hoy, la desconfianza habita en tu casa.

Para que una terapia de pareja funcione te puedo dar 3 consejos: primero, tendrás que tomar la decisión de volver a confiar en tu marido. Segundo, trabajarás para limpiar tu corazón de todo rastro de resentimiento. Tercero, con decisión y lucha constante harás a un lado tu ego, para que los intentos de reparación que él está haciendo (la de pedirte perdón y una segunda oportunidad) funcionen.

No hay duda que una infidelidad provoca angustia y puede ser un motivo de divorcio. De acuerdo a la investigación de Gigy & Kelly, en el Proyecto de Mediación de Divorcio de California, se ha descubierto que la mayor causa de divorcio (el 80% de las veces) es que la gente se desconecta emocionalmente y toma rumbos diferentes a la de su pareja. Al marcharte con tus hijas de tu casa, tú también causaste, impulsada por el dolor, una herida en su amistad y a la intimidad de la relación que tienen ambos. Este matrimonio se puede salvar de acuerdo a este método solo si vuelves a confiar en él (por medio de la terapia se re-construye esa confianza) y él, definitivamente, deja a la otra mujer (deberá asumir y restaurar el compromiso que también en la terapia que emprendan juntos).

Tienes la capacidad de poder hacer esto, por dos reflexiones que haces en tu carta: “Busco una guía en mi vida para poder ayudarlo y ver si logro hacerle entender lo mal que hace” (…) “Por favor guíeme, para poder direccionarlo y que se acerque más a Dios y a nosotros como familia.”

Estas dos reflexiones indican de la presencia del espíritu por sobre lo psicológico, pues quieres encontrar sentido a lo que te ha pasado. Hay humildad de tu parte para reconocer en que te has equivocado y asumes tu responsabilidad como esposa. Puedes salvar tu matrimonio desde la dimensión espiritual de tu ser. Esto me lleva a ahondar en la otra forma de abordar la infidelidad. Tu esposo ha transgredido el sexto mandamiento, no cometerás adulterio (Ex 20: 14; Dt 5:17) y al hacerlo hirió su amor, su carne y la carne de tus hijos, pues ellos son carne de su carne y lo que ha pasado afecta a todos. Transgredir es ir más allá de los límites de la libertad y esto siempre llevará a dañar, herir, destruir a alguien. Sin embargo él está arrepentido, y tú si bien mencionas a Dios, no dices si eres una mujer católica que conoce el regalo de esta fe y tiene una vida interior comprometida. Por lo que te recomiendo que antes de iniciar o buscar un terapeuta , elabores una estrategia junto a Dios que te ayude a superar el resentimiento, la duda y la desconfianza que hoy tienes. Te puedo facilitar algunas ideas:

  • Confesión, trata de prepararte muy bien antes de ir.
  • Misa diaria
  • Visita diaria al Santísimo, postra tu corazón ante Jesús y ruégale que libere tu corazón del resentimiento para poder seguir amando.
  • Lectura del libro de Juana de Chantal
  • Consagración de tu psicología a María por medio del rezo diario del Santo Rosario

Si haces esto, es porque quieres salvar tu matrimonio. Dios te dará la gracia para ir saliendo de las tinieblas psicológicas hasta hacer que te vayas alejando de esos malos pensamientos y tendrás gran claridad en el alma para poder superar este sufrimiento, ofreciéndolo por los Dolores de Cristo en la Pasión y por todas aquellas mujeres que están en tu misma situación. No dudes que Dios comprende lo que te pasa y sabe lo difícil que es para ti. Esta es una gran prueba para decidir si debes conducir tu matrimonio por la senda psicológica o la senda religiosa. Reflexiona y piensa en hacer aquello que te acerque a ti y a tu familia a Dios.

Cuando vengan esos momentos de tormento psicológico, mira a Nuestra Señora y transforma tus lágrimas en tantos “Acordaos” como necesite tu corazón: “Acordaos! Oh! Piadosísima Virgen María! Que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animada por esta confianza, a vos acudo. Oh Madre! Virgen de las vírgenes! Y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh Madre de Dios! No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.”

Confía querida amiga, confía en que como mujer tienes la capacidad necesaria para solucionar ésta situación. Si amas a tu marido deja de lado el rencor, perdona de corazón y juntos restauren su amor.

Sheila Morataya

 

 

Un enemigo que divide | El chisme rompe la unidad

José Martínez Colín

  • Para saber

La unidad es una cualidad de los seres que los hacen únicos e irrepetibles e implica perfección. Hay varios tipos de unidad: material, moral, religiosa, etc. Así, cuando un vaso se rompe, pierde unidad o la muerte de una persona es una división, al separarse el alma espiritual del cuerpo. La Iglesia ha sufrido separaciones dolorosas: como el de la iglesia ortodoxa en el siglo XI, o las protestantes en el siglo XVI. Esas divisiones son ajenas al querer de Cristo que oró para que se mantuviera la unidad: “Que todos sean uno” (Jn 17,21).

La Iglesia, siguiendo el ejemplo Jesucristo su Fundador, sigue pidiendo al Padre por la unidad. En concreto, dedica ocho días en enero para intensificar la oración por la unidad de los cristianos. Empieza el día 18 y culmina el 25 con la fiesta de la conversión de San Pablo. El Papa Francisco nos invita a “invocar de Dios el don de la unidad para superar el escándalo de las divisiones entre los creyentes en Jesús”.

  • Para pensar

Cuando se quiere vencer a un gran enemigo, dice el refrán: “Divide y vencerás”. El Papa Francisco recuerda que alguien pretende dividir a la Iglesia: el diablo, cuyo nombre significa “el que acusa”, “el calumniador”, que procura separar a los hombres de Dios y entre ellos. Utiliza el arma de la mentira, siembra discordia y provoca la crítica.

El escritor inglés, C. S. Lewis, escribió un libro interesante: “Cartas del diablo a su sobrino”. De forma amena pero profunda, presenta las supuestas cartas que un diablo viejo y experimentado le transmite a su sobrino principiante en las artes de tentar a un joven.

Le aconseja que no espere que cometa grandes pecados, como lo desean los diablos novatos. Sino que busque enemistarlo con su madre con quien convive: que se fije y no tolere los defectos de ella que más le molestan y que piense que los hace para molestarlo. Con eso se distanciará de ella y la amará cada vez menos. Además, que crea que él es buena persona porque se compadece del hambre mundial (sin que haga nada por resolverlo). Así, se conformará con tener un sentimiento bueno pero vago, y no se preocupará por atender y cuidar a su madre, que es con quien debería vivir un amor real, agradecido y concreto. Y será muy divertido ver cómo se va deslizando poco a poco hacia el infierno sin darse cuenta.

Pensemos, sugiere el Papa, si alimentamos conflictos, por ejemplo con el chisme, o favorecemos la unidad. El chisme es un arma del diablo para dividir la comunidad, la familia y los amigos.

  • Para vivir

La unidad es sobre todo un don para pedir con la oración. Podemos darnos cuenta de que hemos rezado poco o quizá nunca por la unidad de los cristianos. El Señor pidió la unidad entre nosotros «para que el mundo crea» (Jn 17,21). El mundo no creerá con buenos argumentos, sino si testimoniamos el amor que nos une.

La raíz de tantas divisiones, en la familia o grupos, está dentro de nosotros. La solución no es oponerse, porque la discordia genera otra discordia. El remedio será pedir a Dios la paz, la reconciliación, la unidad. La oración es el alma de todo el movimiento ecuménico y el modo concreto de colaborar para ayudar a Jesús a cumplir su sueño: que todos sean uno.

 (articulosdog@gmail.com)


En torno al Ecumenismo

Ernesto Juliá


Ecumenico a favor de la vida en la Conferencia Episcopal.

Hemos vivido en la Iglesia, a lo largo de la semana que acaba de concluir, una intención común muy agradable a Dios: hemos rezado por la unidad de todos los cristianos. No por una simple unidad sociológica, de amistad, en busca de la paz, etc., que llevara sencillamente a superar situaciones históricas que han originado la división, y llevarnos bien como si fuéramos partes iguales de una iglesia “espiritual”, desencarnada de la realidad de la historia.

 NO. Hemos rezado por la unidad de todos los hombres y mujeres que creen en Dios, Uno y Trino, que creen que Cristo es la Segunda Persona de la Trinidad, y es Dios y hombre verdadero, que creen en el Espíritu Santo, y en las otras verdades afirmadas en el Credo, y que todavía no son miembros de la Iglesia Católica, para que el Espíritu Santo les de Gracia para que crean, además, en que Cristo estableció una sola Iglesia –Una, Santa, Católica, Apostólica, en la que hay “un solo Señor,  una sola Fe, un solo Bautismo”- y confió a Pedro que fortaleciera la fe de sus hermanos.

La oración de todos los fieles al Señor nos lleva a unirnos a la oración que el mismo Cristo dirigió a Dios Padre al despedirse de los apóstoles: “No ruego sólo por estos, sino por los que van a creer en Mí por su palabra: que todos sea uno, como Tú Padre en Mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 20-21).

Y nos unimos también a la oración de san Pablo cuando animaba a quienes se habían convertido a Cristo al recibir su predicación, que se mantuvieran firmes en la fe, y no prestaran oídos a doctrinas ajenas a las que él les había anunciado.

Este latir de oración, ha ido unido siempre en la Iglesia, a lo largo ya de milenaria historia, a una reafirmación neta de la Verdad de Cristo y de su Iglesia, como queda palpable, entre otros muchos casos- en la conversión y vida de John Henry Newman, de las que Benedicto XVI dio un precioso testimonio con estas palabras en la homilía de la Misa en la Vigilia de la beatificación:

“Como sabéis, durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento, como también en otras muchas personas más allá de estas islas. El drama de la vida de Newman nos invita a examinar nuestras vidas, para verlas en el amplio horizonte del plan de Dios y crecer en comunión con la Iglesia de todo tiempo y lugar: la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los mártires, la Iglesia de los santos, la Iglesia que Newman amaba y a cuya misión dedicó toda su vida” (Benedicto XVI, 18-IX-2010).

Estas semanas de oración son una petición a Dios para que el Espíritu Santo mueva los libres corazones y voluntades de tantos cristianos “que creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo, y están en una cierta comunión con la Iglesia católica, aunque no perfecta” (Vaticano II, Unitatis redintegratia, n. 3), como Newman antes de pedir ser recibido en la Iglesia Católica, descubran y acepten libremente, el deseo del Señor de unirnos a todos los cristianos “en la unidad de la una y única Iglesia de Cristo” (íbidem, n. 24).

Los católicos sabemos y creemos que las comunidades cristianas separadas “no están desprovistas de valor en el misterio de la salvación”; y a la vez “creemos que el Señor entregó todos los bienes del Nuevo Testamento a un solo colegio apostólico, a saber, al que preside Pedro, para constituir un solo cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al pueblo de Dios” (Unitatis redintegratio, 3).

A la Virgen María encomendamos, como Madre de la Iglesia, que este anhelo llegue a ser un día una realidad, bien conscientes de que llevarlo a cabo “excede las fuerzas y la capacidad humana. Por eso (la Iglesia) pone toda su esperanza en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre con nosotros, y en la virtud del Espíritu Santo” (íbidem, n. 24).   

ernesto.julia@gmail.com

 

Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Crisis educativa, crisis antropológica (y II)

El Concilio Vaticano II recordó que “Cristo, nuevo Adán, manifiesta plenamente al hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación “(Gs 22) y, este mismo concilio llamó a “mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos en la caridad para la vida del mundo” (OT,16). San Juan Pablo II afirma: “Quien quiera comprenderse a fondo tiene que acercarse a Cristo” (RH 10) y “quien quiera encontrar la respuesta sobre lo que es bueno o malo es necesario que se dirija a Él” (VS, 8). Todas estas afirmaciones (muchísimas otras se podrían citar) muestran no sólo el sentido más genuino de la ética cristiana, sino el fin más noble de la educación.

La Iglesia Católica, desde sus orígenes, anuncia, enviada por el Señor Jesús, el mensaje del evangelio en cuya entraña se encuentra esa antropología que hemos esbozado con las ideas del Concilio Vaticano II, del Papa Benedicto XVI y del Papa Francisco. Presentamos a Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. Él es el modelo de ser humano. Nuestro origen está en Dios, y encaminamos nuestros pasos hacia el encuentro definitivo con Él. Mientras peregrinamos por este mundo nos comprometemos por construir una sociedad mejor (siendo buenos ciudadanos que respetan las leyes justas), fundamentada en el amor a Dios y al prójimo (“amad a vuestros enemigos”), sabiendo que la verdad nos hará libres, ejercitándonos en la virtud y pidiendo, puesto que nos sabemos y reconocemos pecadores, la gracia de Dios. Buscamos la unidad, la verdad, la bondad y la belleza, es decir, buscamos a Dios con nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestra sensibilidad, cultivando y educando así todas las dimensiones del ser humano. Sin lugar a dudas, la propuesta educativa católica ha sido y es constructora de la civilización y, por ende, de las realidades más bellas, buenas y verdaderas que forman parte de nuestra cultura, aun cuando nuestra historia esté marcada por el pecado.

Contando con toda la enorme aportación que la antropología católica ha hecho a la civilización occidental, nos preguntamos: ¿La educación católica que piden los padres para sus hijos, exigiendo se garantice el derecho fundamental que les asiste (artículo 27, 3 de la Constitución y artículo 26 de los derechos humanos) es un problema? ¿Exigir que se respete el derecho de los padres a que sus hijos sean educados según sus propias convicciones religiosas (artículo 27,3 de la Constitución y 26,3 de los Derechos Humanos) cumpliendo así el objeto de la educación, el pleno desarrollo de la personalidad (artículo 27,2 de la Constitución y 26, 2 de los Derechos Humanos) es un problema? ¿Erigir colegios con ideario católico financiados por el erario público tal como garantiza el artículo 27,6 y 9 de la constitución en el que se reconoce la existencia de un sistema educativo complementario público de iniciativa estatal y público de iniciativa social, es un problema?

¿No será, más bien, que hay un proyecto ideológico que quiere imponer, de forma totalitaria, una nueva antropología y modelo de sociedad contrario a la antropología que ha levantado la civilización occidental?

El Papa Francisco nos repite una y otra vez que otro mundo, otra sociedad es posible y no se llevará a cabo, sin una apuesta por la enseñanza educativa, con una antropología que devuelva a la persona humana toda su dignidad.

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Como era vista la muerte en los tiempos de fe y civilización cristiana

A través de unos breves trechos de cartas escritas por Mozart, podemos apreciar un ambiente social en el cual era posible que los católicos tuvieran una concepción de la muerte muy diferente a la de nuestros días. Su espíritu de fe y dulzura contrasta tanto con nuestro pobre siglo XXI, que no resistí la tentación de reproducirlo.

Wolfgang Amadeus Mozart

Mozart tiene 22 años y hace un detallado relato a su padre de sus actividades, antes de felicitarle por su fiesta. Y he aquí que él añade, al final de su relato, esta profesión de fe, que se diría que fue sacada de algún salmo del Antiguo testamento:

“Tengo a Dios siempre delante de los ojos; reconozco su poder y temo su cólera, pero conozco también su amor, su compasión y su misericordia hacia sus criaturas. El no abandonará jamás a sus servidores”.

Esta fe muy segura, le vale su serenidad a respecto de la muerte. Algunos meses después de esta profesión de fe, su madre muere en París, a su lado. Escribe entonces:

“Mi querida mamá no está más. Dios la ha llamado a Sí: El quería verla, lo veo claramente, y es por eso que yo me he remitido a la voluntad de Dios. El me la había dado, El podía también tomármela. Dios lo ha querido así”.

Y anuncia la fatal noticia a su padre, que estaba en Salzburgo, invocando su sumisión completa y confiante en la voluntad de Dios, añadiendo:

Viena

“Su muerte, tan bella y tan simple, me permitió imaginar como ella sería dichosa un instante después. Cuanto ella es ahora mucho más feliz que nosotros, de suerte que yo habría deseado en ese momento partir con ella”.

Y más tarde todavía, esta última carta dirigida a su padre, del cual acaba de conocer el estado de salud alarmante:

“Como la muerte es la última etapa de nuestra vida, yo me he familiarizado desde hace algunos años con esta verdadera mejor amiga del hombre, de suerte que su imagen no solamente no tiene ya nada de aterrador, sino que tiene más bien cualquier cosa de tranquilizante y de consolador”.

Un poco más adelante en la misma carta prosigue:

“No me acuesto jamás por la noche sin pensar que al día siguiente quizá, aunque yo sea tan joven, no estaré más aquí. Y sin embargo ninguno de los que me conoce puede decir que yo sea apesadumbrado o triste en mi convivencia. Yo agradezco cada día a mi Creador por esta felicidad y la deseo cordialmente a cada uno de mis semejantes”.

Este bello relato me trae a la memoria aquella frase del poeta Rilke:

“Hay que aprender a morir; en eso consiste la vida: en preparar con tiempo la obra maestra de una muerte noble y digna, una muerte en la que el azar no tome parte, una muerte consumada, feliz y entusiasta, como sólo los santos supieron concebir”.

 

Mapfre: "Un futuro más humano"

A la vuelta de las Navidades, Fundación Mapfre ha lanzado una campaña televisiva para promover los valores solidarios que los españoles hemos demostrado durante la pandemia. Esta campaña ha sido diseñada por la agencia Tangoº con la producción de PRIMO y bajo la realización de Dani Fortuny. 

La campaña empieza con un encuentro casual en un tren. Una niña mira con curiosidad la maleta de su compañero de compartimento, un hombre maduro que parece guardar un misterioso secreto. Aprovechando que su madre atiende una llamada en el móvil, se atreve a preguntarle por la maleta, y el hombre abre su contenido y le muestra su valioso tesoro... que no es otro que el tesoro de la solidaridad

El objetivo de la campaña es despertar la preocupación por los que nos rodean, y hacernos ver el poder de las personas cuando se unen para superar juntas las dificultades, como hicimos el pasado año frente a la pandemia, y lo estamos haciendo ahora ante las nuevas restricciones. 

Con el lema “Construyendo un futuro más humano” se subraya la importancia de los valores humanos para superar crisis y garantizar un futuro innovador y sostenible. 

Personas ayudando a personas y trabajando juntas. Ese es el espíritu que anima a Fundación Mapfre, que lleva 45 años persiguiendo su objetivo solidario en más de 30 países. Ese es también el espíritu que resume el anuncio. 

¡Bienvenida sea la publicidad con valores en este nuevo año 2021!

SOBRE LAS VACUNAS CONTRA EL COVID Y SUS ENEMIGOS

He visto enemigos de las vacunas que obvian que existen distintos tipos de estas (no todas son de las que tienen la enfermedad "atenuada"). Para reforzar sus aseveraciones, hasta manifiestan tener miles de horas de investigación sobre el tema.  Todo ello no sirve de nada si los resultados de tales "investigaciones" no son publicados paso por paso en alguna revista científica reconocida, por la sencilla razón de que así los científicos del mundo pueden analizar sus afirmaciones, recrearlas, refrendarlas o rechazarlas.  

También gustan de citar a médicos y técnicos de distintas ramas para dar fuerza a aseveraciones, sin la necesaria comprobación. Ello no obedece al criterio científico, sino al dogmático, y ponerse a usar Facebook y otras redes para dizque difundir esa clase de "conclusiones", solo busca sembrar pánico en mentes débiles, que tristemente suelen ser muchísimas, y lo peor del caso: sin ofrecerles más alternativas que inmunidad "de rebaño", dudosas panaceas, la intervención de un milagro (sin riesgo para el milagrero) o la muerte resignada.

Por otra parte, no ha existido ni existe vacuna infalible para ninguna enfermedad, y con frecuencia sus consecuencias adversas son pocas y suelen no depender de la misma vacuna, sino de alguna condición previa o desconocida que tenga el paciente, como una alergia, por ejemplo.  Es por eso que las vacunas se someten a muchas pruebas, para disminuir la posibilidad de consecuencias adversas derivadas de la propia vacuna, y quienes se ofrecen a someterse a tales pruebas, lejos de ser despreciados por los cobardes que jamás lo harían, merecen la gratitud de la humanidad y el reconocimiento universal.

La verdad es que actualmente es imposible conocer los efectos a muy largo plazo de ninguna de las vacunas contra el covid, porque se han desarrollado en tiempo récord.  A riesgo de equivocarme, ahí si reconozco que es parte del riesgo que hay que asumir, pero no vacunarse se traduce en mayor proclividad a contraer la enfermedad y, peor aun, mayor peligro de transmitirla.  Por eso, ciertamente quien no quiera vacunarse, que no lo haga; pero, así mismo, a quienes no se vacunen porque no quieren, deben ponerles alguna clase de identificación, para que por doquiera que vayan se sepa que no se han vacunado, y los dueños o responsables de establecimientos o sitios públicos o bien les nieguen la entrada o bien los tengan aislados donde no pongan en peligro a otras personas.

No hay que olvidar también que hay gente que no se puede vacunar, por condiciones clínicas o físicas que se lo impiden.  Si un contagiado por decisión propia, transmite la infección a un inocente, sería una injusticia muy amarga, casi criminal. Es por eso que quienes no se vacunen deben ser debidamente identificados, registrados y, de ser necesario, aislados, para que no conviertan en portadores del mal a los ya vacunados ni menos que enfermen a quienes no se puedan vacunar.  

Soy un luchador contra la discriminación, eso se sabe.  Pero hay que hacerlo en algunos casos y uno de esos es el sanitario.  Así ha sido siempre a lo largo de la historia de las enfermedades infecciosas que han aquejado a la humanidad.  Quien no se vacune porque así lo ha decidido libremente, debe atenerse a que se le tenga que aislar o incluso, si no queda de otra, a ser rechazado de lugares donde ponga en peligro a quienes concurran a ellos.

José Ángel Garrido Pérez

Especialista en Lengua y Literatura Española

Expaciente de covid

 

Peligro de muerte

Resulta que ahora los parlamentarios españoles, con mayoría suficiente, han votado a favor de la eutanasia. Se acabó la preocupación por la vida de las personas. Esa preocupación habitual y lógica en todos los individuos normales de que no se muera este señor que ha tenido un accidente, o este hermano que se ha puesto muy grave por el coronavirus, o mi hijo que se ha estrellado con la moto. Normal. Es lo natural, aun sabiendo, todos los que tenemos fe, que la muerte nos lleva a la eternidad, pero nos parece lógico que esa persona moribunda o muy grave pueda seguir viviendo, sobre todo si Dios lo quiere así.

Pero ahora los médicos son dioses que pueden decidir sobre la vida de una persona. Sí, nos dirán que es decisión del paciente, y yo les recuerdo que cualquier persona con dos dedos de frente procura evitar un suicidio, y que la autoridad tiene obligación de oponerse, entre otras cosas porque se intuye que en todo suicidio hay un momento de desesperación, de obnubilación, de ceguera. Se ponen todos los medios, incluso la violencia, para que esa persona no se quite la vida. A partir de ahora eso ya no será, estaremos en peligro de muerte

Jesús Domingo Martínez

 

 

Garantía de la libertad de los alumnos

Uno de los ámbitos en los que la persona se va autorrealizando como ser humano, es la dimensión religiosa.

En esta dimensión hay opciones diversísimas y en la elección de alguna de esas opciones los alumnos ejercitan su libertad, a la que tienen derecho todos los hombres.

Cuando el que tiene que optar es un menor, su carencia de plena capacidad para decidir por sí mismo se completa con la ayuda de la decisión de sus padres.

Esa decisión de los padres va dependiendo de la edad de los hijos, de tal modo que los padres deciden más o menos y con el consenso de su hijo según su edad. Eso es lo normal, así debe ser y está muy bien que así sea.

La dimensión religiosa es tan sagrada, que es el ámbito en el que el alumno dispone de las mayores posibilidades de ejercer la propia libertad, ya sea por medio de la decisión de sus padres o por sí mismo. Para ello es necesario que la ley de Educación le permita o les permita poder decidir.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Es la imposición

En esa decisión, la de optar por la enseñanza de la religión en el colegio, por medio de la decisión de sus padres o por sí mismo, tan importante por su trascendencia, cabe todo: la enseñanza de la religión católica, la enseñanza de otra religión o la no enseñanza de ninguna religión.

¡Claro! Así lo ha expresado la Iglesia Católica con su declaración del derecho a la libertad religiosa en el último concilio ecuménico Vaticano II  (Dignitatis Humanae), así lo afirman todas las declaraciones internacionales de los derechos de la persona y todas las declaraciones de derechos de los ciudadanos incluidas en las constituciones de los estados.

¡Vaya! La supresión de la asignatura de religión, de la nueva ley de educación en España, no es solamente la supresión de una asignatura. Es la imposición para todos en la enseñanza de una opción: la no religión. Es, en consecuencia, la supresión de la libertad en la que padres y alumnos pueden elegir con libertad y sin coacciones.

Domingo Martínez Madrid

 

 

El capital y sus esclavos que somos todos

 

                                En este mundo no ha habido más dios que el dinero; y a lo largo del tiempo y debido a la astucia (que no inteligencia) del más destacado de los animales que aquí “nacieron”, o sea “el mono humano”, que no el “sapiens-sapiens” con que erróneamente se le denominó; ese “falso dios”, ha desarrollado tal poder, que se ha convertido en el “amo” indiscutible de todo el planeta; y todos sus animales, por lo que hoy deduzco que ha logrado lo impensable, o sea, “esclavizarse asimismo”; y se globaliza la tal esclavización, por cuanto unos se esclavizan así mismos por su insaciable avaricia, poniéndose al servicio del dinero; o a su vez, esclavizan al resto, exprimiendo cada vez más a los pueblos, a los que les impiden llegar al dinero mínimamente necesario, para poder vivir con cierta dignidad. Y ese es el problema global del que se pueden extraer o derivar todos los demás. De ahí surgió la mejor calificación del dinero y sus grandes poseedores, con lo que la sabiduría popular asignó a tal tipo de desgraciados (“para mí son los más desgraciados de los monos humanos)… “Era tan pobre tan pobre, que sólo tenía… dinero”

                                Reflexiono hoy así, por cuanto acabo de leer que ya hay, “un mono humano”, al que consideran el más rico de todos los tiempos, y el que (asómbrense) ha logrado duplicar su capital en el terrible y epidémico año pasado 2020; y precisamente por los “mecanismos”, que la astucia arriba indicada, se ha establecido en este pobre planeta. No digo su nombre puesto que para mí es insignificante, lo pueden leer en uno de los últimos números de la revista española XLSEMANAL, donde se ha publicado.

                                Es claro que la política, la dirige “en la sombra”, el dinero y sus principales poseedores terrícolas, por tanto los políticos (que no lo olvidemos los pone el dinero) sólo hacen lo que ordena “ese terrible amo”; todo lo demás es mentira; puesto que veamos algunas de las cosas que nos han impuesto y que no son todas ni mucho menos, por tanto, “la libertad tan cacareada de que se nos habla, ya sólo la tienen algunos aislados núcleos de los que considerados salvajes e incivilizados, yo, hoy estimo que viven infinitamente mucho mejor que el más poderoso de “los pobres ricos” que arriba he nombrado y por la causas que cualquiera dotado de un mínimo de caletre, puede sopesar por sí mismo, para lo que desde luego, no se necesita ser muy “listo”.

                                BANCOS: Como son los principales “tentáculos del mentado dinero”, son los primeros que nos han esclavizado, y ya en vez del banco ser “nuestro cliente”, y por cuanto le confiamos nuestro dinero, nos han convertido en sus clientes, puesto que con nuestro dinero, han terminado por ponernos a su entero servicio, dándonos cada vez menos por nuestro dinero, del que llegan a cobrarnos por su administración; hasta a obligarnos sin pagarnos nada a cambio, a ser sus empleados, puesto que muchos de “sus servicios”, nos obligan a hacérselos nosotros gratuitamente; para lo que han logrado debido a la alta tecnología, a operar hoy, con unas ridículas plantillas de empleados, a los que inmisericordemente han ido eliminando, con el beneplácito de gobiernos y sindicatos, que como antes digo, son meros empleados subsidiarios del poder del dinero. Enumerar los inservicios a que nos someten es algo demasiado extenso para poder resumirlo en un artículo; usted mismo que me lee juzgue por las relaciones que seguro tiene que sufrir, con el banco que lo controla.

                                GOBIERNO ESTATAL MULTINACIONALES Y TODOS SUS ANEXOS: Por iguales motivos, lo que tenemos que soportar de todos estos explotadores y como “servidores del dinero”; es similar o incluso peor en el caso del gobierno político; el que nos obliga a obligaciones estrictas y con cargas adicionales, si no cumples fecha y pago, que no puedes eludir ni defenderte, puesto que ya para intentar defenderte, aparte de pagar, “tienes que llevar en el bolsillo a un abogado y un gestor administrativo”, muy bien capacitados para que puedas defender tus intereses, ante estos insaciables “devoradores de bienes e insensibles efigies ante los problemas ajenos”; ya que a ellos los intereses que defienden siempre son los suyos, los de usted le importan un rábano; aunque las consecuencias terminen en su propio suicidio.

                                INTERNET Y SUS TRAMPAS: En ese ya “nuevo mundo, por lo inmenso que ya es”, hay más trampas que, “en una película de chinos” (que decíamos en España, en la época de las películas de Fu-man-chú); por tanto mucho ojo dónde da los datos de sus tarjetas de crédito (Visa y similares) pues sé del caso de un incauto, visitante de uno de los, “chat, donde te ofrecen hasta el color de las bragas o calzoncillos de la pareja que buscas”; donde “le han birlado”, más de seiscientos euros en un mes; los que ahora para reclamarlos, y debido a que estos (“nuevos ladrones”) se sitúan en “los paraísos fiscales” (que son una incomprensible lacra más, mantenida por “el dinero”) la reclamación será larga y con pretensiones de no lograr devolución alguna, puesto que estos delincuentes (consentidos) tienen todas las leyes y artilugios de las mismas, para salir indemnes de estos claramente robos “a mano armada de la impotencia del incauto”; así es que compre con dinero en mano todo lo que pueda y olvide las tarjetas, hasta que, “estas puedan responder de que no le pueden robar impunemente como así ha ocurrido en el caso referido”.

                                En definitiva, que con toda la legalidad de que presuman, de todas las leyes (la mayoría “del embudo”) que dicen nos amparan, hemos llegado a ser, los más indefensos esclavos de una civilización compuesta por negreros, ladrones, bandidos y todo tipo de delincuentes, que dominando el dinero, dominan todo, y al decir todo, insisto y confirmo… TODO. “y como la política ya es un inmenso burdel de la peor clase, de la que nos habla “la historia de los burdeles”, pues repetiremos lo que aquella escritora que huyendel del comunismo escribío hace setenta años.

                                “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo; y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." Ayn Rand (1950)…. Amén.   

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes