Las Noticias de hoy 21 Enero 2021

Enviado por adminideas el Jue, 21/01/2021 - 13:14

MONTESSORI - FAMILIA E INFANCIA

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 21 de enero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa: es urgente dejar los particularismos, cristianos sigan camino hacia la unidad

El Papa a Biden: favorecer la paz y la reconciliación en los EEUU

Francisco: que el mundo esté libre de armas nucleares

UNA TAREA URGENTE: DAR DOCTRINA: Francisco Fernandez Carbajal

“¿Estás triste, hijo mío?”: San Josemaria

«La unidad puede llegar solo como fruto de la oración»

Octavario por la unidad de los cristianos (día 4, 21 de enero)

La carta de un padre, preso durante el comunismo, a su hijo diácono

Un evento sobre la encíclica “Fratelli Tutti” en 25 frases

Oraciones a san José

Contracepción: Fundamentación de los Métodos Naturales: A. Duarte

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos

Conciencia y verdad: Joseph Ratzinger

CONVERTIRSE DE LA MANO DE SAN JOSÉ: Alberto García-Mina Freire

«Nadie quiere morirse. Lo que no quieren es tener dolor»: dice pionero en Cuidados Paliativos

Las mejores campañas de Navidad 2020: Alfonso Mendiz

Ahora ya no: Suso do Madrid

Un ataque a la libertad de expresión: Enric Barrull Casals

¿Es un insulto?: Jesús D Mez Madrid

Catalanes, vascos, “el león y el ratón… y sus colas” :  Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

El Papa: es urgente dejar los particularismos, cristianos sigan camino hacia la unidad

La solución a las divisiones no es oponerse a alguien, porque la discordia genera otra discordia. El verdadero remedio empieza por pedir a Dios la paz, la reconciliación, la unidad. Lo dijo el Papa Francisco, reflexionando este miércoles en la Audiencia General, sobre la Unidad de los cristianos. El Señor pidió la unidad entre nosotros «para que el mundo crea», recordó el Papa, y, el mundo, "no creerá porque lo convenzamos con buenos argumentos, sino si testimoniamos el amor que nos une y nos hace cercanos".

Dios nos ha dado “instrumentos”: la oración y el amor, para “hacer crecer la unidad”. Mientras el diablo nos tienta con las “debilidades de nuestros hermanos”, engrandeciendo los errores y los defectos de los otros, “el Espíritu Santo nos inspira a la unidad”. El Papa Francisco, que en este miércoles 20 de enero dedicó su catequesis a la oración por la unidad de los cristianos, nos recuerda que la raíz de la comunión con Dios “es el amor de Cristo”, que nos hace superar los prejuicios para ver en el otro a un hermano y a una hermana al que amar siempre.

La oración de Jesús, tras la última Cena, dijo el Papa, se puede decir que es “su testamento espiritual”: rezó para «para que todos sean uno» (Jn 17,21). Sin embargo, - continuó - notamos que el Señor no ha ordenado a los discípulos la unidad. Ni siquiera les dio un discurso para motivar su necesidad. Ha rezado al Padre por nosotros, para que seamos una sola cosa.

Esto significa, explicó Francisco, “que no bastamos solo nosotros, con nuestras fuerzas, para realizar la unidad”, pues “la unidad es sobre todo un don, es una gracia que hay que pedir con la oración”:

“Cada uno de nosotros lo necesita. De hecho, nos damos cuenta de que no somos capaces de custodiar la unidad ni siquiera en nosotros mismos.”

Recordando al apóstol Pablo, que sentía dentro de sí el lacerante conflicto de “querer el bien y estar inclinado al mal”, y que comprendió “que la raíz de tantas divisiones que hay a nuestro alrededor - entre las personas, en la familia, en la sociedad, entre los pueblos y también entre los creyentes – está dentro de nosotros”, Francisco, citando el Concilio Vaticano II, hizo presente los muchos elementos que se combaten en el propio interior del hombre, y afirmó que “la solución a las divisiones no es oponerse a alguien, porque la discordia genera otra discordia”:

“El verdadero remedio empieza por pedir a Dios la paz, la reconciliación, la unidad.”

La unidad – aseguró – puede llegar sólo como fruto de la oración. “Los esfuerzos diplomáticos y los diálogos académicos no bastan”. “Deben hacerse, pero no bastan”, subrayó.

“Jesús lo sabía y nos ha abierto el camino, rezando. Nuestra oración por la unidad es así una humilde pero confiada participación en la oración del Señor, quien prometió que toda oración hecha en su nombre será escuchada por el Padre.”

Por eso invitó a preguntarnos si rezamos por la voluntad de Jesús, por la unidad. “Si revisamos las intenciones por las que rezamos, probablemente nos demos cuenta de que hemos rezado poco, quizá nunca, por la unidad de los cristianos”, observó. De esta, añadió, “depende la fe en el mundo”:

“El Señor pidió la unidad entre nosotros «para que el mundo crea». El mundo no creerá porque lo convenzamos con buenos argumentos, sino, si testimoniamos el amor que nos une y nos hace cercanos: así creerá.”

Y “en este tiempo de graves necesidades”, continuó el Papa, “es todavía más necesaria la oración para que la unidad prevalezca sobre los conflictos”. “Es urgente dejar de lado los particularismos para favorecer el bien común, y por eso nuestro buen ejemplo es fundamental: es esencial que los cristianos prosigan el camino hacia la unidad plena, visible”.

Se trata de un camino, suscitado por el Espíritu Santo, que ya ha iniciado y que irá siempre hacia adelante, y los cristianos debemos “luchar por la unidad”, es decir, “rezar”.  

Rezar significa luchar por la unidad. Sí, luchar, porque nuestro enemigo, el diablo, como dice la palabra misma, es el divisor. Jesús le pide al Espíritu Santo unidad, que haga la unidad. El diablo siempre se divide. Siempre divide, porque le conviene dividir. Él insinúa la división, en todas partes y de todas las maneras, mientras que el Espíritu Santo hace converger en unidad siempre. El diablo, en general, no nos tienta con la alta teología, sino con las debilidades de nuestros hermanos. Es astuto: engrandece los errores y los defectos de los otros, siembra discordia, provoca la crítica y crea facciones.

Mientras que Dios “nos toma como somos, diferentes, pecadores, y nos impulsa a la unidad”, el divisor toma el arma “que tiene más a mano” para dividir: “la habladuría”, con la que “alimenta el conflicto”:

“La habladuría es el arma que el diablo tiene más a la mano para dividir la comunidad cristiana, para dividir la familia, para dividir los amigos, para dividir, siempre. El Espíritu Santo siempre nos inspira a la unidad.”

“Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia”, (cfr Jn 15,5-9). El tema de esta Semana de oración, dijo el Papa, “se refiere precisamente al amor”, y da cuenta de que “la raíz de la comunión es el amor de Cristo, que nos hace superar los prejuicios para ver en el otro a un hermano y a una hermana al que amar siempre”. Así “descubrimos que los cristianos de otras confesiones, con sus tradiciones, con su historia, son dones de Dios, son dones presentes en los territorios de nuestras comunidades diocesanas y parroquiales”.

“Empecemos a rezar por ellos y, cuando sea posible, con ellos. Así aprenderemos a amarlos y a apreciarlos.”

La oración, recuerda el Concilio, - concluyó el Papa - es el alma de todo el movimiento ecuménico (cfr Unitatis redintegratio, 8).

“Que sea, por lo tanto, la oración el punto de partida para ayudar a Jesús a cumplir su sueño: que todos sean uno.”

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20/01/2021

Audiencia General del 20 de enero de 2021

Durante sus saludos a los fieles, el Sumo Pontífice rezó por quienes sufren a causa de la pandemia, y recordó en particular a Manaos, en el norte de Brasil, donde se vive una dramática situación por la falta de oxígeno y de camas en los hospitales. También realizó un llamamiento, en vista de la entrada en vigor, el próximo 22 de enero, del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.

El Papa a Biden: favorecer la paz y la reconciliación en los EEUU

El deseo de Francisco al nuevo presidente de los Estados Unidos es que en los próximos años al frente del país construya una sociedad basada en los valores históricos de la democracia estadounidense, en "el respeto de los derechos y la dignidad de cada persona, especialmente de los pobres"

Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano

La oración del Papa Francisco acompaña a Joseph Biden el día en que toma posesión de su cargo en Washington y jura, ante los ojos del mundo, como el 46º presidente de los Estados Unidos de América. "Un alto cargo", reconoce el Pontífice en el mensaje que llega en coincidencia con el inicio de la ceremonia de inauguración, en medio de las estrictas reglas impuestas por la pandemia y de las igualmente estrictas medidas de seguridad:

“Le manifiesto mis cordiales felicitaciones y la seguridad de mis oraciones para que Dios Todopoderoso le conceda sabiduría y fuerza en el ejercicio de su alto cargo. Que bajo su guía, el pueblo estadounidense continúe obteniendo fuerza de los altos valores políticos, éticos y religiosos que han inspirado a la nación desde su fundación”

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19/01/2021

Estados Unidos: es el tiempo de curar las heridas

 

Así pues, la mirada del Pontífice se dirige a la labor que el nuevo líder de la Casa Blanca tendrá que realizar en el país, que hoy llora más de 400.000 muertos a causa del Covid-19 y que acaba de cerrar un año marcado por las protestas, los acalorados debates públicos y las cuestiones raciales. Que sea una obra marcada por la justicia, la libertad y el respeto a la dignidad humana:

“En un momento en que las graves crisis que afligen a nuestra familia humana exigen respuestas unidas y con visión de futuro, rezo para que sus decisiones estén guiadas por la preocupación de construir una sociedad caracterizada por la justicia y la libertad auténticas, junto con el respeto indefectible de los derechos y la dignidad de todas las personas, especialmente los pobres, los vulnerables y los que no tienen voz”

"América Unida" es el tema elegido por el nuevo presidente Biden para la ceremonia de hoy, para subrayar el mayor desafío que le espera en los próximos cuatro años. Y la oración del Papa vuelve a esto de manera similar a cuando, unas horas después del asalto al Capitolio, exhortó al sentido de la responsabilidad y a la promoción de la reconciliación en el Ángelus del 10 de enero pasado:

 

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10/01/2021

EE. UU. El Papa ora por las víctimas. Promover la reconciliación

"También pido a Dios, fuente de toda sabiduría y verdad, que guíe sus esfuerzos para fomentar el entendimiento, la reconciliación y la paz en los Estados Unidos y entre las naciones del mundo, a fin de promover el bien común universal".

Luego la bendición final, que el Pontífice extiende a todo el pueblo americano:

"Con estos sentimientos, con gusto invoco sobre usted, su familia y el amado pueblo estdounidense una abundancia de bendiciones".

Francisco: que el mundo esté libre de armas nucleares

La humanidad necesita paz y cooperación y es fundamental el compromiso de todos. Es el llamamiento que el Papa dirige a los Estados y a los ciudadanos durante la audiencia general de hoy, a pocos días de la entrada en vigor del Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares, el próximo viernes 22 de enero.

Gabriella Ceraso - Ciudad del Vaticano

Un mundo sin armas nucleares que deje que la paz avance. Se alza una vez más con fuerza la voz del Papa en favor del desarme global, tras la estela de sus predecesores, a dos días de la entrada en vigor del Tratado aprobado en 2017, que establece como ilegal el uso, la amenaza, la posesión y el almacenamiento de armas nucleares. La ocasión es la audiencia general de hoy. Francisco aborda el tema justo antes de su saludo a los fieles de lengua italiana:

Se trata del primer instrumento internacional jurídicamente vinculante que prohíbe explícitamente estos dispositivos, cuyo uso tiene un impacto indiscriminado: afecta en poco tiempo a un gran número de personas y causa daños de gran duración al medio ambiente.

Potencia destructiva, impacto chocante el de la energía nuclear, que sólo deja tras de sí "sombra y silencio", un "agujero negro de destrucción y muerte", como dijo el Francisco en su discurso en el Memorial de la Paz en Hirohima el 24 de noviembre de 2019 y como quiso subrayar deteniéndolo en los ojos de todos con la imagen de una foto de 1945, distribuida a los periodistas, que muestra a un niño de 10 años llevando sobre sus hombros el cadáver de su hermano pequeño que murió tras la explosión de la bomba atómica en Nagasaki.

El fuerte aliento de Francisco a caminar juntos para construir un futuro más justo, y especialmente un futuro de paz, resuena de nuevo hoy:

Aliento encarecidamente a todos los Estados y a todos las personas a que trabajen con determinación para promover las condiciones necesarias para un mundo sin armas nucleares, contribuyendo al avance de la paz y de la cooperación multilateral, que tanto necesita hoy la humanidad.

"Un crimen contra el hombre y su dignidad y contra toda posibilidad de futuro." Así es como el Papa ha definido repetidamente el uso de las armas nucleares, juzgando incluso inmoral  su mera posesión. Si "realmente queremos construir una sociedad más justa y segura" fueron sus palabras en el corazón de Japón herido por las bombas atómicas, "debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos".

 

UNA TAREA URGENTE: DAR DOCTRINA

— Necesidad apremiante de este apostolado.

— Formación en las verdades de la fe. Estudiar y enseñar el Catecismo. Transmitir las verdades que se reciben.

— La oración y la mortificación deben acompañar a todo apostolado. Solo la gracia puede mover a la voluntad a asentir a las verdades de la fe. Con la ayuda del Señor superamos los obstáculos.

I. En numerosas ocasiones nos dice el Evangelio que las gentes se agolpaban junto al Señor para ser curadas1. Hoy leemos en el Evangelio de la Misa2 que seguía a Jesús una gran muchedumbre de Galilea y de Judea; también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón. Es tanta la gente que el Señor manda a sus discípulos que preparen una barca por causa de la muchedumbre; porque sanaba a tantos, que se le echaban encima para tocarle todos los que tenían enfermedades. Es gente necesitada la que acude a Cristo. Y les atiende, porque tiene un corazón compasivo y misericordioso. Durante los tres años de su vida pública curó a muchos, libró a endemoniados, resucitó a muertos... Pero no curó a todos los enfermos del mundo, ni suprimió todas las penalidades de esta vida, porque el dolor no es un mal absoluto –como lo es el pecado–, y puede tener un incomparable valor redentor, si se une a los sufrimientos de Cristo.

Jesús realizó milagros, que fueron remedio, en casos concretos, de dolores y de sufrimientos, pero eran ante todo un signo y una muestra de su misión divina, de la redención universal y eterna. Y los cristianos continuamos en el tiempo la misión de Cristo: Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolos... y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo3. Antes de su Ascensión al Cielo nos dejó el tesoro de su doctrina, la única doctrina que salva, y la riqueza de los sacramentos, para que nos acerquemos a ellos en busca de la vida sobrenatural.

Las muchedumbres andan hoy tan necesitadas como entonces. También ahora las vemos como ovejas sin pastor, desorientadas, sin saber a dónde dirigir sus vidas. La humanidad, a pesar de todos los progresos de estos veinte siglos, sigue sufriendo dolores físicos y morales, pero sobre todo padece la gran falta de la doctrina de Cristo, custodiada sin error por el Magisterio de la Iglesia. Las palabras del Señor siguen siendo palabras de vida eterna que enseñan a huir del pecado, a santificar la vida ordinaria, las alegrías, las derrotas y la enfermedad..., y abren el camino de la salvación. Esta es la gran necesidad del mundo. Y las muchedumbres, ¡tantas veces lo hemos comprobado!, «están deseando oír el mensaje de Dios, aunque externamente lo disimulen. Quizá algunos han olvidado la doctrina de Cristo; otros –sin culpa de su parte– no la aprendieron nunca, y piensan en la religión como en algo extraño. Pero, convenceos de una realidad siempre actual: llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor»4. En nuestras manos está ese tesoro de doctrina para darla a tiempo y a destiempo5, con ocasión y sin ella, a través de todos los medios a nuestro alcance. Y esta es la tarea verdaderamente apremiante que tenemos los cristianos.

II. Para dar la doctrina de Jesucristo es necesario tenerla en el entendimiento y en el corazón: meditarla y amarla. Todos los cristianos, cada uno según los dones que ha recibido –talento, estudios, circunstancias...–, necesita poner los medios para adquirirla. En ocasiones, esta formación comenzará por conocer bien el Catecismo, que son esos libros «fieles a los contenidos esenciales de la Revelación y puestos al día en lo que se refiere al método, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos»6, de los que habla Juan Pablo II.

La vida de fe de un cristiano corriente lleva, en muchas ocasiones, a un flujo continuo de adquisición y transmisión de la fe: Tradidi quod accepi... Os entrego lo que recibí7, decía San Pablo a los cristianos de Corinto. La fe de la Iglesia es fe viva, porque es continuamente recibida y entregada. De Cristo a los Apóstoles, de estos a sus sucesores. Así, hasta hoy: resuena siempre idéntica a sí misma en el Magisterio vivo de la Iglesia8. La doctrina de la fe es «recibida y entregada» por la madre de familia, por el estudiante, por el empresario, por la empleada de comercio... ¡Qué buenos altavoces tendría el Señor si nos decidiéramos todos los cristianos –cada uno en su sitio– a proclamar su doctrina salvadora, como hicieron nuestros hermanos en la fe! Id y enseñad..., nos dice a todos el mismo Cristo. Se trata de la difusión espontánea de la doctrina, de modo a veces informal, pero extraordinariamente eficaz, que realizaron los primeros cristianos: de familia a familia; entre compañeros del mismo trabajo, entre vecinos, entre los padres de un colegio; en los barrios, en los mercados, en las calles. El trabajo, la calle, el colegio profesional, la Universidad, la vida civil... se convierten entonces en el cauce de una catequesis discreta y amable, que penetra hasta lo más hondo de las costumbres de la sociedad y de la vida de los hombres. «Créeme, el apostolado, la catequesis, de ordinario, ha de ser capilar: uno a uno. Cada creyente con su compañero inmediato.

»A los hijos de Dios nos importan todas las almas, porque nos importa cada alma»9. ¡Cómo conmoverán el corazón de Dios esas madres, sin tiempo muchas veces, que pacientemente explican las verdades del Catecismo a sus hijos... y quizá a los hijos de sus vecinas y amigas! ¡O el estudiante que se traslada al barrio, quizá lejano, para explicar las mismas verdades..., aunque tenga que esforzarse para preparar el examen que tiene a los pocos días y en el que ha de sacar buena calificación!

Ahora, cuando en tantos lugares y con tantos medios se ataca la doctrina de la Iglesia, es necesario que los cristianos nos decidamos a poner todos los medios para adquirir un conocimiento hondo de la doctrina de Jesucristo y de las implicaciones de estas enseñanzas en la vida de los hombres y en la sociedad. Amar a Dios con obras significará en muchos casos dedicar el tiempo oportuno a esa formación: estudio, esmero en la lectura espiritual, estar atentos en las charlas de formación que oímos... Aprovechar también esos días de descanso, en los que se puede disponer de más tiempo. Amar a Dios con obras será apreciar esas verdades, que tienen su origen en el mismo Cristo, como un tesoro que hemos de amar y meditar con frecuencia. Nadie da lo que no tiene: y para dar doctrina hay primero que tenerla.

III. «Ante tanta ignorancia y tantos errores acerca de Cristo, de su Iglesia... de las verdades más elementales, los cristianos no podemos quedarnos pasivos, pues el Señor nos ha constituido sal de la tierra (Mt 5, 13) y luz del mundo (Mt 5, 14). Todo cristiano ha de participar en la tarea de formación cristiana. Ha de sentir la urgencia de evangelizar, que no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone (1 Cor 9, 16)»10. Nadie puede desentenderse de este urgente quehacer. «Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser atinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.

»—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad»11, iniciativas, deseos de dar a conocer a todos el rostro amable del Señor.

Al advertir la extensión de esta tarea –difundir la doctrina de Jesucristo– hemos de empezar por pedirle al Señor que nos aumente la fe: fac me tibi semper magis credere, haz que yo crea más y más en Ti, suplicamos en el Adoro te devote, ese himno eucarístico de Santo Tomás de Aquino. De este modo podremos decir, también con palabras de este himno: «creo todo lo que me ha dicho el Hijo de Dios; nada es más verdadero que esta Palabra de verdad». Con una fe robustecida, nos dispondremos a ser instrumentos en manos del Señor, que concede la luz a las mentes oscurecidas por la ignorancia y el error. Solo la gracia de Dios puede mover la voluntad para asentir a las verdades de la fe. Por eso, cuando queremos atraer a alguno a la verdad cristiana, debemos acompañar ese apostolado con una oración humilde y constante; y, junto a la oración, la penitencia: una mortificación, quizá en detalles pequeños referentes al trabajo, a la vida familiar..., pero sobrenatural y concreta.

Ante las barreras que algunas veces encontraremos en ambientes difíciles, y ante obstáculos que puedan parecer insuperables, nos llenará de optimismo recordar que la gracia del Señor puede remover los corazones más duros, que es mayor la ayuda sobrenatural cuanto mayores sean las dificultades que encontremos.

Señor, ¡enséñanos a darte a conocer! También hoy las muchedumbres andan perdidas y necesitadas de Ti, ignorantes y tantas veces sin luz y sin camino. Santa María, ¡ayúdanos a no desaprovechar ninguna ocasión en la que podamos dar a conocer a tu Hijo Jesucristo!, ¡guíanos para que sepamos ilusionar a otros muchos en esta noble tarea de difundir la Verdad!

1 Cfr. Lc 6, 19; 8, 45, etc. — 2 Mc 3, 7-12. — 3 Mt 28, 19-20. — 4 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 260. — 5 Cfr. 2 Tim 4, 2. — 6 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Catechesi tradendae, 16-X-1979, 50. — 7 Cfr. 1 Cor 11, 23. — 8 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, p. 164. — 9 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 943. — 10 Juan Pablo II, Discurso en Granada, 15-XI-1982. — 11 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 864.

 

 

“¿Estás triste, hijo mío?”

Nunca te desanimes si eres apóstol. -No hay contradicción que no puedas superar. -¿Por qué estás triste? (Camino, 660)

21 de enero

La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente alegre. (Camino, 657)

Si salen las cosas bien, alegrémonos, bendiciendo a Dios que pone el incremento. -¿Salen mal? -Alegrémonos, bendiciendo a Dios que nos hace participar de su dulce Cruz. (Camino, 658)

Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. -Voy a darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago. -"Tristatur aliquis vestrum?" -¿Estás triste, hijo mío? -"Oret!" -¡Haz oración! -Prueba a ver. (Camino, 663)

No estés triste. -Ten una visión más... "nuestra" -más cristiana- de las cosas. (Camino, 664) "Laetetur cor quaerentium Dominum" -Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.

-Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza. (Camino, 666)

 

 

«La unidad puede llegar solo como fruto de la oración»

Durante la catequesis semanal el Papa reflexionó sobre la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Señaló que el hecho de que haya que rezar por esta intención “significa que para lograr la unidad no basta sólo nuestro esfuerzo, sino que es sobre todo un don y una gracia que hemos de suplicar al Padre”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA20/01/2021

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis me detengo sobre la oración por la unidad de los cristianos. De hecho, la semana que va del 18 al 25 de enero está dedicada en particular a esto, a invocar de Dios el don de la unidad para superar el escándalo de las divisiones entre los creyentes en Jesús.

LA UNIDAD ES SOBRE TODO UN DON, ES UNA GRACIA PARA PEDIR CON LA ORACIÓN

Él, después de la Última Cena, rezó por los suyos, «para que todos sean uno» (Jn 17,21). Es su oración antes de la Pasión, podríamos decir su testamento espiritual. Sin embargo, notamos que el Señor no ha ordenado a los discípulos la unidad. Ni siquiera les dio un discurso para motivar su necesidad. No, ha rezado al Padre por nosotros, para que seamos uno. Esto significa que no bastamos solo nosotros, con nuestras fuerzas, para realizar la unidad. La unidad es sobre todo un don, es una gracia para pedir con la oración.

Cada uno de nosotros lo necesita. De hecho, nos damos cuenta de que no somos capaces de custodiar la unidad ni siquiera en nosotros mismos. También el apóstol Pablo sentía dentro de sí un conflicto lacerante: querer el bien y estar inclinado al mal (cf. Rm 7,19). Comprendió así que la raíz de tantas divisiones que hay a nuestro alrededor —entre las personas, en la familia, en la sociedad, entre los pueblos y también entre los creyentes— está dentro de nosotros.

El Concilio Vaticano II afirma que «los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre […] Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad» (Gaudium et spes, 10). Por tanto, la solución a las divisiones no es oponerse a alguien, porque la discordia genera otra discordia. El verdadero remedio empieza por pedir a Dios la paz, la reconciliación, la unidad.

EL VERDADERO REMEDIO EMPIEZA POR PEDIR A DIOS LA PAZ, LA RECONCILIACIÓN, LA UNIDAD

Esto vale ante todo para los cristianos: la unidad puede llegar solo como fruto de la oración. Los esfuerzos diplomáticos y los diálogos académicos no bastan. Jesús lo sabía y nos ha abierto el camino, rezando. Nuestra oración por la unidad es así una humilde pero confiada participación en la oración del Señor, quien prometió que toda oración hecha en su nombre será escuchada por el Padre (cf. Jn 15,7). En este punto podemos preguntarnos: “¿Yo rezo por la unidad?”.

Es la voluntad de Jesús pero, si revisamos las intenciones por las que rezamos, probablemente nos demos cuenta de que hemos rezado poco, quizá nunca, por la unidad de los cristianos. Sin embargo de esta depende la fe en el mundo; el Señor pidió la unidad entre nosotros «para que el mundo crea» (Jn 17,21). El mundo no creerá porque lo convenzamos con buenos argumentos, sino si testimoniamos el amor que nos une y nos hace cercanos a todos.

En este tiempo de graves dificultades es todavía más necesaria la oración para que la unidad prevalezca sobre los conflictos. Es urgente dejar de lado los particularismos para favorecer el bien común, y por eso nuestro buen ejemplo es fundamental: es esencial que los cristianos prosigan el camino hacia la unidad plena, visible.

ES UN RECORRIDO QUE EL ESPÍRITU SANTO HA SUSCITADO EN LA IGLESIA, EN LOS CRISTIANOS Y EN TODOS NOSOTROS

En los últimos decenios, gracias a Dios, se han dado muchos pasos adelante, pero es necesario perseverar en el amor y en la oración, sin desconfianza y sin cansarse. Es un recorrido que el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia, en los cristianos y en todos nosotros, y sobre el cual ya no volveremos atrás. ¡Siempre adelante!

Rezar significa luchar por la unidad. Sí, luchar, porque nuestro enemigo, el diablo, como dice la palabra misma, es el divisor. Jesús pide la unidad en el Espíritu Santo, hacer unidad. El diablo siempre divide, porque es conveniente para él dividir. Él insinúa la división, en todas partes y de todas las maneras, mientras que el Espíritu Santo hace converger en unidad siempre. El diablo, en general, no nos tienta con la alta teología, sino con las debilidades de nuestros hermanos. Es astuto: engrandece los errores y los defectos de los otros, siembra discordia, provoca la crítica y crea facciones.

El camino de Dios es otro: nos toma como somos, nos ama mucho, pero nos ama como somos y nos toma como somos; nos toma diferentes, nos toma pecadores, y siempre nos impulsa a la unidad. Podemos hacer una verificación sobre nosotros mismos y preguntarnos si, en los lugares en los que vivimos, alimentamos la conflictividad o luchamos por hacer crecer la unidad con los instrumentos que Dios nos ha dado: la oración y el amor.

EL CHISMORREO ES EL ARMA QUE EL DIABLO TIENE MÁS A MANO PARA DIVIDIR LA COMUNIDAD CRISTIANA

Sin embargo, alimentar la conflictividad se hace con el chismorreo, siempre, hablando mal de los otros. El chismorreo es el arma que el diablo tiene más a mano para dividir la comunidad cristiana, para dividir la familia, para dividir los amigos, para dividir siempre. El Espíritu Santo nos inspira siempre la unidad.

El tema de esta Semana de oración se refiere precisamente al amor: “Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia” (cf. Jn 15,5-9). La raíz de la comunión es el amor de Cristo, que nos hace superar los prejuicios para ver en el otro a un hermano y a una hermana al que amar siempre. Entonces descubrimos que los cristianos de otras confesiones, con sus tradiciones, con su historia, son dones de Dios, son dones presentes en los territorios de nuestras comunidades diocesanas y parroquiales.

Empecemos a rezar por ellos y, cuando sea posible, con ellos. Así aprenderemos a amarlos y a apreciarlos. La oración, recuerda el Concilio, es el alma de todo el movimiento ecuménico (cf. Unitatis redintegratio, 8). Que sea por tanto, la oración, el punto de partida para ayudar a Jesús a cumplir su sueño: que todos sean uno.

Saludos

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. El lema de esta Semana de oración por la unidad de los cristianos es «Permanezcan en mi amor y darán fruto en abundancia». Pidamos al Señor que este lema se haga vida en nosotros. Recemos por los cristianos de otras confesiones y, si es posible, recemos junto con ellos, para que se cumpla el sueño de Jesús: que todos sean uno. Que Dios los bendiga.

 

 

Octavario por la unidad de los cristianos (día 4, 21 de enero)

Cuarta meditación del octavario por la unidad de los cristianos (21 de enero). Temas: La Iglesia es santa por su origen y fines; la lucha por la santidad en sus miembros; los santos son un vínculo de unidad.

TEXTOS PARA ORAR13/01/2021

Día 4. 21 de enero

►La Iglesia es santa por su origen y fines.

►La lucha por la santidad en sus miembros.

►Los santos son un vínculo de unidad.

LA IGLESIA ha sido querida y fundada por Cristo, cumpliendo así la voluntad de su Padre. Además, está asistida continuamente por el Espíritu Santo. En definitiva, se trata de una obra constante de la Trinidad Santísima. Sobre esta realidad –su origen trinitario– se fundamenta la segunda nota de la Iglesia, que consideraremos en este cuarto día del octavario por la unidad de los cristianos: su santidad. El Papa Francisco señala que la confianza en la santidad de la Iglesia «es una característica que ha estado presente desde los inicios en la conciencia de los primeros cristianos, quienes se llamaban sencillamente los santos (cfr. Hch 9,13.32.41; Rm 8,27; 1Co 6,1), porque tenían la certeza de que es la acción de Dios, el Espíritu Santo quien santifica a la Iglesia» [1].

Efectivamente, la Iglesia es santa porque procede de Dios, que es santo. La Iglesia es santa porque santo es Jesucristo nuestro Señor, que por medio de su sacrificio en la cruz «amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla» (Ef 5,25-26). Es santa porque está guiada por el Espíritu Santo, fuente inagotable de su santidad, que fue enviado «el día de Pentecostés a fin de santificar indefinidamente la Iglesia» [2]. También decimos que es santa porque su fin es la gloria de Dios y busca la verdadera felicidad de los hombres. Y por último, la Iglesia es santa porque los medios que emplea para lograr su fin también lo son: la Palabra de Dios y los Sacramentos.

Toda esta alentadora realidad de la Iglesia no nos oculta, sin embargo, que a pesar de su origen trinitario y de sus medios salvíficos, su santidad visible puede quedar oscurecida por los pecados de sus hijos. Nos hacía notar también san Josemaría que la Sagrada Escritura «aplica a los cristianos el título de gens sancta (1P 2,9), pueblo santo, compuesto por criaturas con miserias: esta aparente contradicción marca un aspecto del misterio de la Iglesia» [3]. Considerar la belleza del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, y de todas las razones por las que es santa, nos puede impulsar a renovar nuestros deseos por manifestar, en nuestra vida, esa luz de su santidad de origen, de medios y de fines.

ES NECESARIA una mirada de fe ante el misterio de la Iglesia. «Demostraría poca madurez –señalaba san Josemaría refiriéndose a esta esencial visión sobrenatural– el que, ante la presencia de defectos y de miserias, en cualquiera de los que pertenecen a la Iglesia —por alto que esté colocado en virtud de su función—, sintiese disminuida su fe en la Iglesia y en Cristo. La Iglesia no está gobernada ni por Pedro, ni por Juan, ni por Pablo; está gobernada por el Espíritu Santo, y el Señor ha prometido que permanecerá a su lado todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt 28,20)» [4].

No es extraño, sin embargo, que las personas con anhelos de acercarse a la Iglesia se fijen en sus miembros, ya que son quienes están llamados a encarnar el mensaje de alegría que se nos ha confiado. Es cierto que muchas veces los mismos católicos no hemos sabido reflejar la santidad de nuestra Madre la Iglesia y hemos «velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios» [5]. Nuestra fe en la santidad de la Iglesia nos lleva a pedirla con mayor insistencia al Señor para cada uno de nosotros, reconociéndonos profundamente necesitados de su ayuda. Como señalaba Benedicto XVI durante un encuentro ecuménico: nuestra santidad de vida debe ser el corazón del encuentro y del movimiento ecuménico [6].

En este sentido, los defectos de los miembros de la Iglesia –nuestras propias faltas y pecados– fomentan nuestros deseos de conversión personal, y nos llevan a reparar y a rezar con mayor insistencia. Todo ello sin perder de vista que la santidad de la Iglesia se encuentra, principalmente, en el mismo Cristo. «La Iglesia católica sabe que, en virtud del apoyo que le viene del Espíritu, las debilidades, las mediocridades, los pecados y a veces las traiciones de algunos de sus hijos, no pueden destruir lo que Dios ha infundido en ella en virtud de su designio de gracia» [7]. Por eso, con una firme confianza en los designios de Dios, san Josemaría nos recordaba que «nuestra Madre es Santa, porque ha nacido pura y continuará sin mácula por la eternidad. Si en ocasiones no sabemos descubrir su rostro hermoso, limpiémonos nosotros los ojos; si notamos que su voz no nos agrada, quitemos de nuestros oídos la dureza que nos impide oír, en su tono, los silbidos del Pastor amoroso» [8].

ES FUENTE de esperanza saber que «a lo largo de toda la historia, también en la actualidad, ha habido tantos católicos que se han santificado efectivamente: jóvenes y viejos, solteros y casados, sacerdotes y laicos, hombres y mujeres. Pero sucede que la santidad personal de tantos fieles –antes y ahora– no es algo aparatoso. Con frecuencia no reconocemos a la gente común, corriente y santa, que trabaja y convive en medio de nosotros» [9]. La santidad es el rostro más bello de la Iglesia y resplandece, discretamente, en muchas personas que nos rodean: en quienes se esfuerzan por servir y hacer la vida más agradable a los demás; en quienes trabajan infatigablemente por llevar lo imprescindible a sus casas; en quienes dan un importante testimonio de fe al sobrellevar con paz muchas dificultades, la enfermedad o la vejez. Todos estos esfuerzos, aunque permanecen invisibles, son verdadera fuerza de la Iglesia, también para impulsar su unidad.

Al mismo tiempo, muchos cristianos ya han sido beatificados o canonizados, y nos sirven de estímulo a quienes todavía estamos en camino. Al formar parte todos juntos de la misma Iglesia, miembros de un mismo Cuerpo, esa muchedumbre de santos nos protege, nos sostiene y nos conduce [10]. Entre ellos se encuentran muchos que, por inspiración divina, se empeñaron de distintos modos en impulsar la unidad entre todos los cristianos: san John Henry Newman que, antes de su conversión, fue anglicano; santa Elizabeth Hesselblad de Suecia que, perteneciente a una familia luterana, refundó la orden de las brigidinas; san Josafat, ucraniano, que murió buscando la unidad de los cristianos en tierras eslavas; la beata María Sagheddu, que ofreció su vida a Dios por la unidad de los cristianos muriendo a los veinticinco años cerca de Roma; san Juan Pablo II, que fue un infatigable luchador por el ecumenismo durante su pontificado; y tantos mártires católicos y no católicos que han testimoniado juntos su fe, como sucedió en Uganda con el catequista Carlos Lwanga y sus compañeros. El descubrimiento de ejemplos de santidad también entre nuestros hermanos separados será un inestimable impulso en la búsqueda de la unidad.

El Concilio Vaticano II, precisamente en su Constitución dogmática sobre la Iglesia, señala que sus miembros, al sentirse llamados a promover la unidad, «luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos» [11]. Amar a María, Mater Ecclesiae, nos encaminará a amar más a la Iglesia. Ella nos enseñará a sentirnos responsables de la santidad de todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, camino imprescindible para alcanzar la unidad entre todos los cristianos.


[1] Francisco, Audiencia general, 2-X-2013.

[2] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 4.

[3] San Josemaría, Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

[4] San Josemaría, Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

[5] Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 19.

[6] Cfr. Benedicto XVI, Discurso, 19-VIII-2005.

[7] San Juan Pablo II, Encíclica Ut unum sint, n. 11.

[8] San Josemaría, Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972.

[9] Ibid.

[10] Cfr. Benedicto XVI, Homilía, 24-IV-2005.

[11] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 65.

La carta de un padre, preso durante el comunismo, a su hijo diácono

Branislav fue ordenado el pasado mes de noviembre como diácono. La ordenación se celebró en plena ola de coronavirus, sin presencia de familiares. Sin embargo, su padre —un activista católico en la Checoslovaquia comunista durante la década de 1980— le envió una carta.

EN PRIMERA PERSONA19/01/2021

​Braňo Borovský con sus amigos también detenidos por llevar Biblias en sus mochilas por las montañas. El grupo introdujo así siete toneladas de libros en Checoslovaquia en la década de los 80.

Branislav Borovský, conocido como Brano, fue ordenado el pasado mes de noviembre como diácono junto a otros 26 fieles del Opus Dei.

Debido a las restricciones provocadas por la pandemia de coronavirus no pudo estar acompañado por su familia en este momento tan importante. Por eso, su padre quiso enviarle una emotiva carta, que ahora su hijo ha querido hacer pública.

BRANO BOROVSKI, PADRE DEL NUEVO DIÁCONO, FUE UN ACTIVISTA CATÓLICO EN LA CHECOSLOVAQUIA COMUNISTA DURANTE LA DÉCADA DE LOS 80

Brano Borovski, padre del nuevo diácono, fue un activista católico en la Checoslovaquia comunista durante la década de los 80. Fue detenido junto a varios compañeros en Polonia y acusado de contrabando de literatura religiosa. Las palizas, torturas y el tiempo en prisión le hicieron profundizar más en su fe.

 

​Los Branislav Borovsky, padre e hijo.

 

Mi querido hijo Branislav:

El día 12 de diciembre de 2020 transcurrieron 37 años del día que me encarcelaron en la ciudad polaca de Nowy Sacz. En ese entonces yo era un joven universitario de 20 años. Me encarcelaron por contrabando de literatura religiosa junto con otros dos amigos. Hacíamos contrabando desde Polonia a Checoslovaquia. Eran los años del régimen comunista cuando estaba prohibido comprar este tipo de literatura en las librerías.

Mi encarcelamiento en Polonia coincidió con la época de la ley marcial. Por tanto, a mis compañeros y a mí nos amenazaron con una pena de prisión que oscilaba entre 15 y 20 años.

PASÉ TRES MESES SOLO EN UNA CELDA DE 2 POR 3 METROS CUADRADOS, Y DURANTE EL DÍA Y LA NOCHE TENÍA UNA LUZ SIEMPRE ENCENDIDA

Durante las pesquisas, los investigadores militares nos golpeaban, amenazaban y humillaban de muchas maneras. Yo pasé tres meses solo en una celda de 2 por 3 metros cuadrados. Durante el día y la noche tenía una luz siempre encendida en la celda. No me dejaban dormir ni descansar. No podía hablar en voz alta. Tenía que guardar silencio en todo momento. En la celda la temperatura era a veces extremadamente fría y en otros momentos hacía un calor inaguantable.

En una ocasión, durante la noche, un soldado completamente borracho me apuntó con su pistola: era el guardián de la prisión y pretendía matarme. Quería vengarse de mí, porque aseguraba que por tener que vigilarme no podía irse de vacaciones.

 

​Borovsky en una foto de familia con su mujer y sus hijos. Cuando tenía 19 años, preso por los comunistas, no podía imaginar este futuro

 

Tras unos meses me deportaron a la prisión más grande de Polonia, que se encontraba en la ciudad de Tarnov. Las humillaciones y las palizas continuaron. Estaba en la cárcel con un prisionero psíquicamente trastornado, un luchador de profesión, que colaboraba con los policías comunistas: a los prisioneros nos atacaba sin razón, nos golpeaba y aterrorizaba.

Yo estaba psíquicamente destrozado hasta el punto de que empecé a darle vueltas a la cabeza, pensando si mi vida tenía sentido. Llegué a considerar que, si se diera la oportunidad, terminaría con mi vida.

Fue como si una cuerda gruesa, formada por muchos hilos finos, poco a poco empezase a deshilacharse hasta que no quedó más que un último hilo sosteniendo mi vida. Ese último hilo era la fe en Dios. Ya había perdido la esperanza de que mi situación cambiará. Y, sin embargo, sabía que Dios los tenía todos en sus manos. Aunque esta realidad –que Dios estaba en todos esos sucesos– la entendí sólo después de muchos años… En aquel entonces lo que sentía era un abandono muy grande, pensaba que Dios se había escondido en algún sitio. Pero, una vez más, después de muchos años entendí que en ese momento ocurría justamente lo contrario: nunca he estado tan cerca de Dios como entonces.

YO ESTABA PSÍQUICAMENTE DESTROZADO HASTA EL PUNTO DE QUE EMPECÉ A DARLE VUELTAS A LA CABEZA, PENSANDO SI MI VIDA TENÍA SENTIDO

Antes de mi encarcelamiento yo había pensado seriamente sobre la posibilidad de tener vocación sacerdotal. Sin embargo, los comunistas arrancaron de cuajo esta vocación de mi corazón. Pensé que el sacerdocio también había llegado a su fin en mi vida. Pero –con el paso de los años– lo veo con otros ojos.

Estaba en los planes de Dios que yo viviera la caída del régimen comunista y la recuperación de las libertades civiles y religiosas. En los planes de Dios estaba que me casase con tu madre y que Dios nos bendijera con ocho hijos. En los planes de Dios estaba también tu vocación.

 

​Cuando fueron encarcelados, esta foto circulaba de un modo clandestino por las iglesias en Checoslovaquia. Los cristianos rezaban por la liberación de los tres.

 

Este sábado 21 de noviembre de 2020 recibirás el diaconado junto con otros de tus amigos en tu camino hacia el sacerdocio. A pesar de que la situación de la pandemia causada por el coronavirus no nos permite participar juntos físicamente de este momento tan importante para ti y toda nuestra familia, me doy cuenta de que Dios en su providencia tiene todo firmemente en sus manos.

ME DOY CUENTA DE QUE DIOS EN SU PROVIDENCIA TIENE TODO FIRMEMENTE EN SUS MANOS

Quiero asegurarte que el día en que recibes la gracia del diaconado todos te encomendamos más especialmente aún y damos gracias a Dios por tu vocación.

Termino con mi frase preferida en latín: Gutta cavat lapidem non vi sed seape cadendo (la gota hace el agujero en la roca no por su fuerza, sino por su constancia).

En Bratislava, 17 de noviembre de 2020, aniversario de la Revolución de Terciopelo.


El documental «Las huellas en la nieve» se puede ver con los subtítulos en castellano. Aquí se recoge la historia de los protagonistas.


Historia publicada originalmente en el sitio web del CARF y posteriormente en ReL.

Un evento sobre la encíclica “Fratelli Tutti” en 25 frases

El Aula Álvaro del Portillo de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, acogió una jornada de reflexión sobre la fraternidad universal y la amistad social, centrada en la reciente encíclica del Papa Francisco.

INICIATIVAS20/01/2021

​El evento sobre la "Fratelli tutti" se transmitió online.

Además de los presentes en el aula, otras 590 personas participaron a través de internet. Recogemos a continuación algunas frases de las conferencias principales. En este link de la universidad se puede acceder al material completo: texto, audio y vídeo.

 

Cardenal Miguel Ángel Ayuso

Cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso:

 

  1. El mundo necesita urgentemente una respuesta efectiva a sus angustias, sus miedos, sus estremecimientos. Y esta respuesta es que "todos somos hermanos". (...) Es el mensaje que el Papa Francisco sostiene valientemente desde el comienzo de su pontificado.
  2. La encíclica tiene una mirada que es la del padre, que hace salir el sol sobre los buenos y los malos, es el padre de todos, no sólo de los cristianos.
  3. La fraternidad es la base sólida para vivir la "amistad social" que sabe conjugar los derechos con la responsabilidad por el bien común (...) Se trata de cultivar la virtud de la caridad en todos los niveles, desde la vida personal hasta la política.
  4. Una sociedad fraterna promueve la educación en el diálogo para superar "el virus del individualismo". El Pontífice nos pide que adoptemos el diálogo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento mutuo como método y criterio.
  5. La rectitud, la fidelidad, el amor por el bien común, la preocupación por los demás, especialmente por los necesitados, la benevolencia y la misericordia son elementos que podemos compartir con las diversas religiones.
  6. No existe base para la violencia en las convicciones religiosas, sino en sus deformaciones (...) Actos tan execrables como los del terrorismo no se deben a la religión, sino a interpretaciones erróneas de los textos religiosos, así como a políticas de hambre, pobreza, injusticia, opresión.
  7. El "sueño" del Papa Francisco: que los derechos humanos sean verdaderamente universales, y que todo hombre pueda vivir en un mundo sin fronteras.
  8. Todos somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a quien ha caído o a quien sufre.
  9. El Papa Francisco eleva la relación entre creyentes de diferentes credos a un paradigma de amistad social válido para todos, creyentes y no creyentes, haciendo de la fraternidad el principio unificador que necesita esta humanidad sufriente.

 

Maria Aparecida Ferrari.

Maria Aparecida Ferrari, profesora de ética aplicada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz:

 

  1. El nexo entre la fraternidad y el bien común es uno de los nuevos enfoques que ofrece "Fratelli Tutti" (...): nuestro propio bien y el bien común se generan y se disfrutan juntos.
  2. Cuando un ciudadano se relaciona con respeto y reciprocidad, cuando desempeña su profesión o sus deberes con competencia, cuando se ocupa de todo lo que es común... está mostrando en la esfera sociopolítica el rostro de la fraternidad; y está configurando el bien común político en su sentido más auténtico.
  3. El bien común político no puede reducirse a la propiedad de bienes útiles, porque el "bien común" significa sobre todo el bien humano, es decir, la respuesta a las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona.
  4. Las acciones propiamente cívicas y políticas son también un ejercicio de fraternidad, ya que se dirigen a las personas; así como cada gesto de amor, de cuidado mutuo, es también una acción cívica y política, porque realmente construye una sociedad mejor.
  5. El título de la parábola es siempre "del buen samaritano"; a nadie se le ocurre llamarla "parábola del posadero" (...) pero el bien común político es obra de cada ciudadano, de manera similar a como el cuidado del herido de la parábola también es obra del posadero (y no sólo del buen samaritano).
  6. La profesión o el oficio es un medio privilegiado de fraternidad social y cívica, una oportunidad casi ininterrumpida de actuar con rectitud, ejerciendo la justicia, la solidaridad y la promoción efectiva del bien del prójimo.
  7. La fraternidad es un requisito de la vida política, incluso ante situaciones en las que sería más cómodo cerrar los ojos, por ejemplo, cuando las cuestiones no afectan directa o inmediatamente a la propia vida o intereses (…) El Papa Francisco nos anima a conjugar el "nosotros" en lugar del "yo", para lograr la "caridad política" o "caridad social", entendida como la maduración de un sentido del "nosotros" que supera todo individualismo.
  8. En el camino trazado por "Fratelli Tutti", la caridad política no camina a ciegas, ni depende del impulso de sentimientos más o menos benévolos, sino que necesita la luz de la verdad que proviene tanto de la razón como de la fe.
  9. La encíclica hace un llamamiento a todos: ciudadanos corrientes, instituciones privadas y públicas, estados y organismos internacionales. Se trata de evitar la polarización que divide y distancia sin eludir las discusiones necesarias. El objetivo común irrenunciable es lograr la "globalización de los derechos humanos más esenciales".

 

Cristian Mendoza.

Cristian Mendoza, profesor de doctrina social católica en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz:

 

  1. La sociedad no será económicamente más rica, pero podrá ser más humana y mejor.
  2. La vocación cristiana permite superar los límites de la pertenencia a la etnia, tribu o grupo nacional, con importantes consecuencias para la dinámica moral de los pueblos.
  3. El lugar del encuentro entre nosotros y Dios es la Cruz de Cristo: aceptar la invitación significa sentir compasión por los demás (...) Acercarse al dolor y al sufrimiento no es un simple talento ni una actitud virtuosa; para los cristianos, es también una vocación que permite vislumbrar lo divino a través de los acontecimientos de la historia humana.
  4. Perder la oportunidad de acercarse a los que sufren es perder la oportunidad de descubrir la manifestación de Dios que se hace presente en el silencio, en el abandono, en el dolor.
  5. La calidad moral de una cultura se manifiesta en la manera y el fin con que se utilizan los instrumentos disponibles: economía, política, etc.
  6. El cristianismo nunca podrá convertirse en una ética socialmente útil, porque no basta con cambiar los instrumentos, es necesario cambiar al hombre.
  7. Debemos hacernos caritativos, misericordiosos y hermanos experimentando estas virtudes en un proceso constante, hasta hacernos lo que somos: hermanos todos porque hijos de un Padre común.

Oraciones a san José

Oraciones a san José mencionadas en ‘Patris corde’ (‘Con corazón de padre’) y en el decreto con el que se concede el don de indulgencias especiales con ocasión del Año de San José.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA14/01/2021

​Tercer misterio gozoso: El nacimiento de Jesús en Belén (escena del Rosario del Santuario de Torreciudad).

Oraciones a san José
1. Letanías a san José (para la tradición latina), o el Akathistos a san José, en su totalidad o al menos en parte (para la tradición bizantina)
2. “A ti, oh bienaventurado José”
3. Oración final de Patris Corde
4. Oración que habitualmente reza el papa Francisco
5. Otras oraciones y cantos: Te Ioseph Celebrent | A san José Obrero | Oración a san José antes de la comuniónOración a san José después de la comunión eucarística


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1. Letanías a san José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.

Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


2. “A ti, oh bienaventurado José”

A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades. Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios.

Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.

Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén

Oración de León XIII, de su Encíclica sobre la devoción a San José.


3 Oración final de Patris Corde

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.


4. Oración que habitualmente reza el papa Francisco (lo relata en Patris corde)

«Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén».


5. Otras oraciones

Te Ioseph Celebrent

¡Oh José! que los coros celestiales celebren tus grandezas, / que los cantos de todos los cristianos hagan resonar sus alabanzas. / Glorioso ya por tus méritos, te uniste por una casta alianza / a la Augusta Virgen. Cuando, dominado por la duda y la ansiedad, / te asombras del estado en que se halla tu esposa / un Ángel viene a decirte que el Hijo que Ella ha concebido / es del Espíritu Santo.

El Señor ha nacido, y le estrechas en tus brazos; / partes con El hacia las lejanas playas de Egipto; / después de haberle perdido en Jerusalén, le encuentras de nuevo; así tus gozos van mezclados con lágrimas.

Otros son glorificados después de una santa muerte, / y los que han merecido la palma son recibidos en el seno de la gloria; pero tú, por un admirable destino, semejante a los Santos, y aún más dichoso, / disfrutas ya en esta vida de la presencia de Dios.

¡Oh Trinidad Soberana! oye nuestras preces, concédenos el perdón; / que los méritos de José nos ayuden a subir al cielo, para que nos sea dado cantar para siempre el cántico de acción de gracias y de felicidad. Amén.

Se trata de un himno escrito originalmente en latín y que suele utilizarse en las vísperas de las festividades de San José (19 de marzo) y San José obrero (1 de mayo).

A san José Obrero

Nos dirigimos a ti, Oh bendito San José, nuestro protector en la tierra, como quien conoce el valor del trabajo y la respuesta a nuestro llamado. A través de tu Santa Esposa, la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y sabiendo el amor paternal que tuviste a nuestro Señor Jesús, te pedimos nos asistas en nuestras necesidades y fortalezcas en nuestros trabajos.

Por la promesa de realizar dignamente nuestras tareas diarias, líbranos de caer en el pecado, de la avaricia, de un corazón corrupto. Se tú el solícito guardián de nuestro trabajo, nuestro defensor y fortaleza contra la injusticia y el error.

Seguimos tu ejemplo y buscamos tu auxilio. Socórrenos en todos nuestros esfuerzos, para así poder obtener contigo el descanso eterno en el Cielo. Amén.

Oración a san José antes de la comunión

¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le fue concedido no sólo ver y oír al Dios a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron; sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!

V/ Ruega por nosotros, bienaventurado José.
R/ Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración: Oh Dios, que nos concediste el sacerdocio real; te pedimos que, así como san José mereció tratar y llevar en sus brazos con cariño a tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María, hagas que nosotros te sirvamos con corazón limpio y buenas obras, de modo que hoy recibamos dignamente el sacrosanto cuerpo y sangre de tu Hijo, y en la vida futura merezcamos alcanzar el premio eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Oración a san José después de la comunión eucarística

Custodio y padre de vírgenes San José, a cuya fiel custodia fueron en­co­men­dadas la misma inocencia Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María: por estas dos que­ri­dísimas prendas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.

Contracepción: Fundamentación de los Métodos Naturales

El punto de partida para hablar de estos métodos es el amor conyugal, entendido como la entrega total y exclusiva que se da entre un hombre y una mujer para que unidos se perfeccionen

Por A. Duarte

El punto de partida para hablar de estos métodos, es el amor conyugal, entendido en su valor originario, como la entrega total y exclusiva, que se da entre un hombre y una mujer, para que unidos se complementen y perfeccionen. Este amor conyugal es tan grande, que no se agota en la comunión entre los esposos, sino que se prolonga más allá, suscitando nuevas vidas como fruto del amor y a su vez, cada hijo añade más amor y felicidad a la familia.

Los métodos naturales de planificación familiar, no son métodos anticonceptivos, sino un estilo de vida que ayuda a la pareja a ejercer su paternidad responsable. Son definidos como aquellos que observan los signos y síntomas naturales del ciclo menstrual femenino, haciendo posible distinguir las etapas fértiles de las infértiles, para que la pareja decida mantener o abstenerse de las relaciones sexuales según los fines acordados.

La fundamentación de los métodos naturales es doble, en primer lugar, el conocimiento científico de la sexualidad femenina que, a través del análisis de los indicadores naturales externos, determina el momento de la ovulación y los períodos de fertilidad e infertilidad de la mujer con la mayor exactitud posible. Las fases del ciclo femenino se reflejan de diversas maneras en el exterior del organismo, y es fácil aprender a leer o a distinguir los síntomas que determinan el momento del ciclo para actuar en consecuencia, sin alterar el proceso biológico natural. El segundo fundamento es la libre voluntad de la pareja para mantener o abstenerse de las relaciones sexuales, según los fines propuestos y la fase del ciclo. Los métodos naturales contemplan la «paternidad responsable», que implica un conocimiento y respeto de los procesos biológicos de la persona, considerando las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales de la pareja, que decidirá tener una familia numerosa, o bien, evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido; siempre y cuando tengan motivos graves y se respete la naturaleza humana.

MÉTODOS NATURALES DE PLANIFICACIÓN FAMILIAR

1.-MÉTODO DE LA OVULACIÓN

Fue creado por John Billings y su esposa Evelyn, profesores de la Universidad de Melbourne (Australia), quienes empezaron a estudiar el moco cervical en 1962. Demostraron que las variaciones del moco cervical a lo largo del ciclo se correlacionaban claramente con los niveles de estrógenos y que el pico ovulatorio de gonadotropinas coincidía con los días de máxima lubricación y moco.

El método se basa en la determinación de las características del moco cervical que se obtiene en el interior o en el introito vaginal, respecto a su cantidad, elasticidad y transparencia. En determinados períodos del ciclo, la mujer se siente seca y el moco es escaso, pegajoso, poco elástico y turbio, por lo que actúa como un tapón o diafragma natural en el cuello uterino, e impide el ascenso de los espermatozoides al útero y la concepción. Esto ocurre en forma natural después de la menstruación, durante el inicio de la fase folicular, y después de la ovulación hasta el inicio de la menstruación. Al final de esta fase folicular, el moco adquirirá características de fertilidad y discurrirá abundantemente a lo largo de la vagina, protegiendo a los espermatozoides del medio ácido vaginal y permitiendo su paso por el cervix hacia el útero. El período de fertilidad corresponde la fase de moco fértil, unos cinco días antes de la ovulación y hasta cuatro días después del dia cumbre.

Es un método sencillo, eficaz y sin ningún costo, ya que no es necesario ningún aparato. Fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1987, como método auxiliar en la planificación familiar.

La efectividad del Método Billigs es del 95 % en usuarias.

2.-MÉTODO DE LA TEMPERATURA BASAL

Se fundamenta en que la temperatura basal se incrementa después de la ovulación, de 0.3 a 0.5 °C a lo largo de tres días, manteniéndose alta durante toda la segunda mitad del ciclo. El momento de la ovulación es el último día de temperatura baja y se considera que la ovulación se ha producido cuando las tres lecturas siguientes son superiores a las seis precedentes en dos o más décimas.

La temperatura debe tomarse diariamente, aproximadamente a la misma hora, por la misma vía, ya sea bucal, rectal o vaginal, en condiciones basales semejantes -lo habitual es antes de levantarse y después de 6 a 8 horas de descanso-, y con termómetros sensibles, como los basales que se venden en las farmacias, aunque puede servir cualquier termómetro clínico.

La utilización de este indicador para reconocer el período infértil, lo inició Marshall, en 1963, pero no es un método fiable por sí solo, ya que la temperatura es un indicador retrospectivo de la ovulación, que señala los días infértiles postovulatorios, pero no los días fértiles previos a la ovulación, por lo que exige un largo período de abstinencia.

3.-MÉTODO SINTOTÉRMICO

Combina varios métodos naturales para detección de la fertilidad, como la temperatura basal, el moco cervical, el ritmo y los llamados signos adicionales de fertilidad que aparecen en algunas mujeres. Estos últimos son, por ejemplo, el dolor de la fosa iliaca en el lugar donde se acaba de producir la ovulación y, en la segunda parte del ciclo, síntomas en los senos, como un aumento en el volúmen y la sensibilidad, un reblandecimiento o malestar y otros, como retención de líquidos, rechazo a ciertos olores, aumentos de excitabilidad, dolores de cabeza, depresiones y sofocos.

Es un método reconocido por la OMS y muy seguro, al estar perfectamente controlados varios síntomas, simultáneamente, a lo largo del ciclo. Es el método ideal para las parejas metódicas, que quieren un método natural eficaz, inocuo y sin ningún costo. El índice de eficacia es de 99.7%

4.-MÉTODO DEL RITMO

También llamado del calendario, o de Oggino-Knaus, fue el primer método natural, dado a conocer por Oggino en 1930 y Knaus en 1933, quienes realizaron sus estudios en forma independiente y constituyeron los primeros conocimientos sobre la fertilidad femenina y su regulación.

Se basa en el cálculo probabilístico de lo que va a suceder, a diferencia de los actuales que se basan en el diagnóstico de lo que está sucediendo. Exige que los ciclos sean regulares y, dado que la supervivencia de los espermatozoides es como máximo de cuatro días y de los óvulos dos días, la época fértil corresponde a los cuatro o cinco días previos y posteriores a la teórica ovulación.

El período potencialmente fértil resulta de restar 19 días a la duración del ciclo más corto y 11 al más largo. Cuando la diferencia entre el ciclo más largo y el más corto es superior a 10, el método resulta impracticable. El índice teórico de fallas de los distintos estudios oscila entre el 14.4 y el 40%, aunque muchos de los embarazos imputados al método, pueden ser debidos a su uso incorrecto.

MÉTODOS NATURALES QUE UTILIZAN MEDIOS TÉCNICOS

5.-BIOSELF

Es un pequeño aparato que la mujer debe colocarse todas las mañanas durante dos minutos. Consta de un termómetro electrónico y un microordenador que almacena y analiza la temperatura basal y las fechas de las reglas de los últimos seis meses, indicando mediante unas señales luminosas el estado de fertilidad, para favorecer o evitar el embarazo.

Bioself es muy fácil de utilizar, ya que la usuaria debe de registrar la temperatura basal al despertar y siempre por la misma vía, sea rectal, vaginal u oral. La información que analiza es muy abundante y el resultado es más fiable que con los cálculos manuales.

6.-MICROPROCESADOR SOFIA

Es un microprocesador fabricado en Japón, y tiene la apariencia de una caja de cosméticos. Al abrirla, contiene una pantalla de cristal líquido, un termómetro digital para registrar la temperatura basal y un pequeño teclado para introducir los parámetros del moco cervical, las fechas de la menstruación, del dolor pélvico, de las relaciones sexuales, etc. Con estos datos en la pantalla se visualizan los ciclos mes a mes e indica los períodos fértiles e infértiles. Los datos se pueden recoger con una impresora conectada al microprocesador.

7.-ANALIZADOR BROWN

Es un pequeño ordenador con un analizador de bolsillo, que detecta las hormonas sexuales presentes en la orina, indicando si se está en un período fértil o infértil

Fue creado por el profesor James Brown de la Universidad Estatal de Melbourne, se comercializó desde 1988 y ha sido aplicado con un éxito de 100%

8.-BLUE-TEST OVULATION Y CLEAR PLAN ONE STEP

Consisten en unas tiras impregnadas con los reactivos del test ELISA, que contienen anticuerpos monoclonales para determinar la hormona luteinizante (LH) en la orina. Permite identificar el pico ovulatorio de LH, que se produce entre 24 y 36 horas antes de la ovulación. Tienen un alto grado de eficacia, pero su inconveniente es el precio elevado.

9.-OVULATOR

Es un microscopio monocular de plástico y con enfoque fijo, que permite visualizar la capacidad de cristalización del moco salival o cervical, debido a la presencia de ácido siálico y cloruro sódico en el moco, que es consecuencia de los niveles de estrógenos que señalan los días fértiles.

10.-PG/53 FERTILITY TESTER

Es un pequeño microscopio plegable de bolsillo, de tamaño inferior a una polvera, con portaobjetos y una amplia documentación con ejemplos para detectar la estructura del moco salival o cervical, con el mismo fundamento que el anterior.

Fuente: http://www.churchforum.org

 

La responsabilidad de los católicos en la crisis moral que vivimos

Recientemente me invitaron a un Foro sobre familia en una Universidad Católica y aquello me dejó profundamente triste porque en aras de la universalidad de ideas aquello se convirtió en un monologo sobre cuestiones de género y tipos de familias que distaba mucho de la antropología cristiana, que además, nunca se mencionó. Por eso, me cuestioné sobre las causas de aquello que presencie y les ofrezco lo que encontré, esperando les ayude a reflexionar sobre el modo de pensar y de actuar que tenemos muchos católicos y de cómo nos hemos ido dejando influir por las ideologías. Pero, no se desanimen, también presento, con gran esperanza, las soluciones al problema.

Definitivamente estamos ante una crisis moral que todos los representantes de la vida pública, en general, acusan, y además, reclaman: el regreso a una vida individual, familiar, social y política en la que la convivencia esté regida por criterios éticos que garanticen la paz y la armonía en los distintos ámbitos de la vida. Se trata de una cuestión de “ecología humana”, puesto que es imposible vivir una existencia digna de la persona en una sociedad en la que al ciudadano se le empuja a envilecerse. Aristóteles afirmó: “Sin principios éticos, el hombre es el peor de los animales”. (política I, 1, 1253ª-b).

Ya en 1974, el Papa Pablo VI decía: “Nadie ignora que la moral cristiana ha sido puesta en discusión, incluso en lo que afecta a sus mismos principios. Sin embargo, la Revelación propone un estilo propio y concreto de vida, que el Magisterio de la Iglesia interpreta auténticamente y prolonga y aplica a los nuevos desarrollos de la vida. Pero, a veces, esto se olvida fácilmente. Hoy, además, se discuten los mismos principios del orden moral objetivo. De lo cual deriva que el hombre de hoy se siente desconcertado. No se sabe dónde está el bien y dónde está el mal, ni en qué criterios puede apoyarse para juzgar rectamente. Un cierto número de cristianos participa en esta duda, por haber perdido la confianza tanto en un concepto de moral natural como en las enseñanzas positivas de la Revelación y del Magisterio. Se ha abandonado a una filosofía pragmática para aceptar los argumentos del relativismo. Nos pensamos que una de las causas, y acaso la principal, de esta degeneración de la mentalidad del hombre moderno se debe a la separación radical, más bien que la distinción, de la doctrina y de la práctica moral, de la religión, negando a ésta toda razón de ser y privando a la primera de sus fundamentos ontológicos y de sus finalidades supremas” (Discurso a la Comisión Teológica Internacional 16.XII.1974, “AAS” 67-1975-40). Así diagnosticaría lo sucedido en el mencionado foro.

Ciertamente estamos ante un cambio de cultura que origina una sociedad nueva con profundas repercusiones en la interpretación moral de la existencia individual y colectiva. Es una crisis que procede ya del s. XVIII, cuando Kant se propuso buscar un fundamento sólido al actuar ético de la persona, sin encontrarlo. Sus seguidores no han sabido interpretar la “autonomía” y se han sublevado contra el “deber”. Desde entonces, se han sucedido intentos sin que se logre encontrar un fundamento sólido a la ciencia ética. Y la dificultad se agrando cuando los autores –como los expositores del foro- dejan de atender dos supuestos irrenunciables: la ley natural y la referencia a Dios.

Así se pueden resumir las causas de lo presenciado:

a. El influjo de las ideologías no cristianas: como el materialismo marxista, con su crítica a la religión, que en el foro fue continua. Como el liberalismo capitalista, que desvía el problema hacía lo económico, hacía lo material, desviando la atención de los valores espirituales, de la salvación de las almas que están bajo la responsabilidad de los educadores. Y ambas ideologías combinadas contribuyen a disminuir notablemente el sentido del mal moral.

b. La influencia del existencialismo filosófico y de la psicología del subconsciente: La filosofía existencialista, es un sistema de pensamiento y de vivir que despierta sospechas sobre Dios, descuida los valores morales y siembra pesimismo sobre la existencia humana, que resta interés por una vida éticamente honrada. Por otro lado, el psicologismo freudiano arremete contra el bien y el mal morales y trata de borrar los conceptos éticos con el intento de liberar al hombre de los principios morales, que condenó como tabúes, de los que hay que liberarse. Además, estos dos sistemas fueron precedidos por el pensamiento de Nietzsche, que fustiga sin piedad a la moral cristiana e incluso propone acabar con la moral. –Por eso, hay que tener mucho cuidado con los programas de algunas carreras, porque muchas veces los jóvenes no están suficientemente formados para hacerse cargo de algunos autores. Es necesario primero darles una idea clara de las cosas y desde ahí partir para hacer el análisis de los fenómenos históricos y de los autores que han participado de ellos y de este modo poder descubrir sus errores y carencias en las filosofías que ofrecen-.

c. El relativismo: (Que fue patente en el foro). Acepta sólo un único tipo de realidad, la física, lo que conduce a la crisis de la metafísica. La relatividad de la verdad y del error depende de la “opinión” de cada uno, lo que conduce a negar el conocimiento racional, alistándose un “pensamiento débil”, irreflexivo, fácil de manipular; que fomenta el desprecio a la verdad y al pensamiento racional que es la base de las ciencias. La relatividad del bien y del mal conduce al relativismo de la ética y por lo tanto, nada es bueno y malo en sí mismo, sino que depende de las circunstancias, de la finalidad o los efectos que se sigan. –Esta es una posición inadmisible, sobre todo para un católico que sabe que existe una verdad, que además, tiene la misión de predicar como apóstol que es-.

En la Exhortación apostólica “Ecclesia in Europa”, Juan Pablo II hacia una llamada a los sacerdotes para que dedicaran su atención a los temas relacionados con la enseñanza y la vida moral. –que yo extiendo a los sacerdotes de América, para que no lleguemos a la situación Europea, que nos está alcanzando a gran velocidad- Con el fin de alcanzar el objetivo de la nueva evangelización, el Papa pensaba que la doctrina y la eticidad de la conducta juegan un papel decisivo: “Me dirijo a los sacerdotes y les recomendamos que procuren estar al día en el campo de la teología moral, de modo que sepan afrontar con competencia los problemas planteados recientemente a la moral personal y social. Presten una especial atención, además a las condiciones concretas de vida en que se encuentran los fieles y les ayuden pacientemente a descubrir las exigencias de la ley moral cristiana, ayudándolos a vivir el Sacramento de la Penitencia como un gozoso encuentro con la misericordia del Padre celestial” (EE 77). –Desde este punto de vista, ciertamente, las estadísticas nos son muy útiles para poder descubrir el estado de la cuestión, pero nunca como una justificación para la aceptación irreflexiva de esas situaciones disfuncionales o patológicas, sería como aceptar que el ideal del organismo humano es la obesidad porque el 90% de la población Norteamericana es obesa. Existe un ideal del ser matrimonial y familiar que es el que mejor cumple con su finalidad procreadora y proyección perfectiva de sus miembros, dentro de un ambiente de acogida incondicional y amorosa- .

Según enseñaba Juan Pablo II, la crisis de la moral católica abarca todos los ámbitos, por eso: “Hoy se hace necesario reflexionar sobre el conjunto de la enseñanza moral de la Iglesia, con el fin preciso de recordar algunas verdades fundamentales de la doctrina católica, que en el contexto actual corren el riesgo de ser deformadas o negadas. En efecto, ha venido a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano y psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre las enseñanzas morales de la Iglesia. Ya no se trata de contestaciones parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de modo global y sistemático, el patrimonio moral. En la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad. Y así, se rechaza la doctrina tradicional sobre la ley natural y sobre la universalidad y permanente validez de los preceptos; se consideran simplemente inaceptables algunas enseñanzas morales de la Iglesia; se opina que el mismo Magisterio no debe intervenir en cuestiones morales más que para exhortar a las conciencias y promover los valores en los que cada uno basará después autónomamente sus decisiones y opciones de vida”. (Veritatis Splendor” 4). Según Juan Pablo II están en crisis puntos fundamentales, tanto para la ciencia ética, como para la teología moral: se dan diversas concepciones del hombre y el constitutivo de la verdad; se niega la ley natural y la universalidad de ciertos preceptos morales; no se acepta la enseñanza del Magisterio y se niega que pueda enseñar con autoridad en cuestiones morales. –Como se pudo constatar en el mencionado foro-.

Exhorto a todos los que lean esto a re-conocer y a exponer de un modo comprensivo y estimulante las cuestiones morales de nuestra época, de forma que, al tiempo que presentan los problemas de la moral personal y social, orienten a los jóvenes cristianos a la práctica de los principios del mensaje moral cristiano, del que algunos se han alejado o están verdaderamente confundidos.

Lo que a continuación expongo es patrimonio de la Iglesia, pero me atrevo a recordárselos:

Los criterios para superar esta situación, son las siguientes medidas que es preciso tomar:

1. Recuperar y cuidar la ortodoxia de la doctrina. Si la crisis en buena medida ha sido provocada por los errores doctrinales, se hace imprescindible conquistar de nuevo la verdad en torno al mensaje moral predicado por Jesucristo. Una cosa son las posibles discusiones y posiciones Teológicas diversas y otra muy distinta, la responsabilidad de predicar el Magisterio de la Iglesia hasta ahora vigente y aprobado.

2. Es preciso exponer el mensaje moral más cercano al Evangelio. La primera página de la moral cristiana, es la misma vida histórica de Jesús de Nazaret. Es preciso acercarse a su vida y descubrir las grandes actitudes morales que Él mismo asumió: cuál fue su comportamiento frente a Dios y en relación al hombre; como actuó en relación al dinero, al trabajo, a la amistad humana, a la injusticia, al dolor, etc. Sin caer en una moral de actitudes, las disposiciones de Jesús frente a las circunstancias de la existencia humana encuentran en los ejemplos de su vida el canon de comportamiento cristiano. La segunda página de la Teología Moral es la comprensión y exposición de la doctrina moral contenida en el mensaje de Jesús y en la enseñanza de los demás libros del Nuevo Testamento, en los que los Apóstoles aplican a la vida de los primeros cristianos la doctrina vivida y enseñada por Jesucristo.

3. Explicar la moral cristiana en el ámbito de las creencias. La moral es siempre un segundo momento que sigue a la fe. Por ello, no cabe exponer la moral católica como algo “per se”, sino en íntima dependencia y relación con las verdades que se creen. Para evitar el riesgo de reducir el cristianismo a un programa moral o un programa político o social, y poder dar pleno sentido a las exigencias éticas del evangelio y evitar el riesgo, que denunciaba Juan Pablo II, de idear el cristianismo como mera fidelidad a las creencias, pero sin conceder valor a la conducta (VS 4).

4. Superar el relativismo. Es preciso tener a la vista y saber integrar en la doctrina moral las intuiciones que han provocado los diversos relativismos: conviene destacar la importancia de las “circunstancias” que concurren en el actuar moral, los “fines” que la persona se propone en la conducta y valorar las “consecuencias” que se siguen, pero de forma que se muestre su verdadero alcance, pero evitando los errores extremos del circunstancialismo ético y las corrientes consecuencialistas, tanto de signo finalista como proporcionalista.

5. Recuperar el valor de la ley natural. Es importante que la ley natural se entienda como la “ley del hombre” y no como una ley física o biológica. Dado que existe una íntima relación entre antropología y ética, si se descubre la originalidad del hombre, se dará un paso decisivo en el hallazgo de la doctrina que ha de orientar su conducta ética de acuerdo con su dignidad originaria. –Noto en ocasiones entre algunos católicos cierto pesimismo pero, como egresada de la Universidad de Navarra, puedo decirles que la coherencia se puede lograr y que sólo de ese modo lo jóvenes se entusiasman y desean participar de ese estilo de vida que ennoblece y llena de sentido la vida personal, familiar, laboral y social, como sucedió conmigo-.

6. La necesidad de un testimonio coherente y comunitario de la fe cristiana éticamente vivida. Dada la profundidad de la crisis y al grado de inmoralidad en que viven amplios sectores de la sociedad, como las estadísticas expuestas mostraron, se impone un testimonio de vida vivido espontáneamente y comunitariamente, de forma que testifique la grandeza de la moral cristiana y que atraiga por su coherencia y autenticidad. Ya no basta la doctrina a una generación desengañada de las ideologías, es preciso el ejemplo vivido gozosamente por grupos de creyentes que hagan vida lo que la Iglesia propone como doctrina. En esta área es muchísimo lo que la Universidad puede hacer como agente apostólico, al cuidar el contenido de sus materias para que una tras otra recalquen la misma antropología cristiana, se logre la coherencia entre lo que son y hacen las universidades católicas y se gradúen grupos de profesionistas católicos bien formados y que vivan y amen su Iglesia y su fe, con alegría y un profundo sentido de trascendencia a cada instante y que impregnen de amor cuanto toquen, como lo hizo Jesucristo.

 

Conciencia y verdad

14 mayo 2013. Joseph Ratzinger

Humanitas.cl

“Cuando lo moral es una realidad interior y el hombre se eleva interiormente por encima de sí mismo, la moralidad y la libertad dejan de ser antagónicas para convertirse en realidades que se basan la una en la otra y se requieren recíprocamente”

      En el actual debate sobre la naturaleza propia de la moralidad y sobre las modalidades de su conocimiento, la cuestión de la conciencia se ha convertido en el punto crucial de la discusión, sobre todo en el ámbito de la teología moral católica. El debate gira en torno a los conceptos de libertad y de norma, de autonomía y de heteronomía, de autodeterminación y de determinación desde el exterior mediante la autoridad. En él a la conciencia se la presenta como el baluarte de la libertad frente a las limitaciones de la existencia impuestas por la autoridad. En dicho contexto están contrapuestas de este modo dos concepciones del catolicismo: por una parte, la comprensión renovada de su esencia, que explica la fe cristiana partiendo de la libertad y como principio de la libertad, y por otra, un modelo superado, “preconciliar”, que somete la existencia cristiana a la autoridad, la cual mediante normas regula la vida hasta en sus aspectos más íntimos y trata de esta manera de mantener un poder de control sobre los hombres. Así pues “moral de la conciencia” y “moral de la autoridad” parecen contraponerse entre sí como dos modelos incompatibles; la libertad de los cristianos se pondría a salvo apelándose al principio clásico de la tradición moral, según el cual la conciencia es la norma suprema que siempre se debe seguir, incluso frente a la autoridad. Y si la autoridad en este caso: el Magisterio eclesiástico quiere tratar de la moral, desde luego que puede hacerlo, pero solamente proponiendo elementos para que la conciencia se forme un juicio autónomo, si bien aquélla ha de tener siempre la última palabra. Algunos autores conectan este carácter de última instancia, propio de la conciencia, a la fórmula según la cual la conciencia es infalible.

      Llegados aquí se puede presentar una contradicción. Ni que decir tiene que siempre se ha de seguir un dictamen claro de la conciencia, o que por lo menos, nunca se puede ir contra él. Pero otra cuestión es, si el juicio de conciencia, o lo que se toma como tal, tiene también siempre razón, es decir, si es infalible. Si así fuera, querría decir que no existe ninguna verdad, por lo menos en materia de moral y religión, es decir en el ámbito de los fundamentos de nuestra existencia. Desde el momento que los juicios de conciencia se contradicen, se tendría sólo una verdad del sujeto, que se reduciría a su sinceridad. No habría ni puerta ni ventana que pudiera llevarnos del sujeto al mundo circunstante y a la comunión de los hombres.

      Aquel que tenga el valor de llevar esta concepción hasta sus últimas consecuencias llegará a la conclusión de que no existe ninguna verdadera libertad y que lo que suponemos que son dictámenes de la conciencia, no son en realidad más que reflejos de las condiciones sociales. Esto tendría que llevar al convencimiento de que la contraposición entre libertad y autoridad deja algo de lado; que tiene que haber algo aún más profundo, si se quiere que libertad y, por consiguiente, humanidad tengan un sentido. La conciencia errónea

Una conversación sobre la conciencia errónea y algunas primeras conclusiones

      De esta manera se ha hecho evidente que la cuestión de la conciencia nos lleva al centro del problema moral, de la misma manera que la cuestión de la existencia humana. Ahora quisiera tratar de exponer la referida cuestión, no como reflexión rigurosamente conceptual, sino más bien de forma narrativa, como hoy se dice, contando antes que nada la historia de mi acercamiento personal a este problema. La primera vez que fui consciente de la cuestión, en toda su urgencia, fue al principio de mi actividad académica. Una vez, un colega más anciano, muy interesado en la situación del ser cristiano en nuestro tiempo, opinaba en una discusión que había que dar gracias a Dios por haber concedido a tantos hombres la posibilidad de ser no creyentes en buena conciencia. Si se les hubiera abierto los ojos y se hubieran hecho creyentes, no habrían sido capaces, en un mundo como el nuestro, de llevar el peso de la fe y sus deberes morales. Sin embargo, y puesto que recorren un camino diferente en buena conciencia, pueden igualmente alcanzar la salvación. Lo que me asombró de esta afirmación no fue tanto la idea de una conciencia errónea concedida por Dios mismo para poder salvar con esta estratagema a los hombres, la idea, por así decir, de una ceguera mandada por Dios mismo para la salvación de estas personas. Lo que me turbó fue la concepción de que la fe es un peso difícil de sobrellevar y que sólo pueden soportarlo naturalezas particularmente fuertes: casi una forma de castigo, y siempre un conjunto oneroso de exigencias difíciles de afrontar. Según esta concepción, la fe, en lugar de hacer más accesible la salvación, la dificulta. Así pues, tendría que ser feliz precisamente aquel a quien no se le carga con el peso de tener que creer y de tener que someterse al yugo moral, que conlleva la fe de la Iglesia Católica. La conciencia errónea, que permite vivir una vida más fácil e indica un camino más humano sería por lo tanto la verdadera gracia, el camino normal hacia la salvación. La no verdad, el quedarse lejos de la verdad, sería para el hombre mejor que la verdad. No sería la verdad lo que le liberaría, sino más bien tendría que liberarse de ella. Dentro de su propia casa el hombre estaría más en las tinieblas que en la luz; la fe no sería un don del buen Dios, sino más bien una maldición. Así las cosas, ¿cómo puede la fe provocar gozo? Más aún, ¿quién podría tener el valor de transmitir la fe a los demás? ¿No será mejor ahorrarles este peso o incluso mantenerlos lejos de él? En los últimos decenios, concepciones de este tipo han paralizado visiblemente el impulso de la evangelización: quien entiende la fe como una carga pesada, como una imposición de exigencias morales, no puede invitar a los otros a creer; más bien prefiere dejarles en la presunta libertad de su buena fe.

      Quien hablaba de esta manera era un sincero creyente, mejor dicho: un católico riguroso, que cumplía con su deber con convicción y escrupulosidad. Sin embargo, expresaba de esta manera una modalidad de experiencia de fe, que puede sólo inquietar y cuya difusión podría ser fatal para la fe. La aversión, que llega a ser traumática en muchos, contra lo que consideran un tipo de catolicismo “preconciliar” deriva, en mi opinión, del encuentro con una fe de este tipo, que hoy casi no es más que un peso. Aquí sí que surgen cuestiones de la máxima importancia: ¿Puede verdaderamente una fe semejante ser un encuentro con la verdad? La verdad sobre el hombre y sobre Dios, ¿es de veras tan triste y tan pesada, o en cambio la verdad no consiste, precisamente, en la superación de un legalismo similar?

      ¿Es que no consiste en la libertad? ¿Pero adónde conduce la libertad? ¿Qué camino nos indica? En la conclusión tendremos que volver a estos problemas fundamentales de la existencia cristiana hoy; pero antes es menester volver al núcleo central de nuestro tema, a la conciencia. Como ya he dicho, lo que me asustó del argumento antes mencionado fue sobre todo la caricatura de la fe, que yo creí entrever. Sin embargo, reflexionando desde otro ángulo, me pareció que era falso incluso el concepto de conciencia del que se partía. La conciencia errónea protege al hombre de las onerosas exigencias de la verdad y así la salva...: esta era la argumentación. Aquí la conciencia no se presenta como la ventana desde la que el hombre abarca con su vista la verdad universal, que nos funda y sostiene a todos y que una vez reconocida por todos hace posible la solidaridad del querer y la responsabilidad. En esta concepción la conciencia no es la apertura del hombre hacia el fundamento de su ser, la posibilidad de percibir lo más elevado y esencial. Más bien parece ser el cascarón de la subjetividad, en el que el hombre se puede esconder huyendo de la realidad. Está aquí presupuesto, precisamente, el concepto de conciencia del liberalismo. La conciencia no abre las puertas al camino liberador de la verdad, la cual o no existe en absoluto o es demasiado exigente para nosotros. La conciencia es la instancia que nos exime de la verdad. Se transforma en la justificación de la subjetividad, que ya no se deja poner en discusión, y así como en la justificación del conformismo social, que como mínimo común denominador entre las diferentes subjetividades, tiene como tarea el hacer posible la vida en la sociedad. Desaparece el deber de buscar la verdad, como también las dudas sobre las tendencias generales predominantes en la sociedad y todo lo que en ella se ha vuelto costumbre. Es suficiente estar convencido de las propias opiniones, así como adaptarse a las de los demás. El hombre queda reducido a sus convicciones superficiales que, cuanto menos profundas sean tanto mejor para él.

      Lo que en un principio me había parecido sólo marginalmente claro, en esta discusión, se me mostró en toda su evidencia algo después, durante una disputa entre colegas, a propósito del poder de justificación de la conciencia errónea. Alguien objetó a esta tesis que, si esto tuviera un valor universal, entonces hasta los miembros de las SS nazis estarían justificados y tendríamos que buscarlos en el paraíso. Estos, efectivamente, llevaron a cabo sus atrocidades con fanática convicción y también con una absoluta certeza de conciencia. A lo que otro respondió con la máxima naturalidad, que realmente era así: no hay ninguna duda de que Hitler y sus cómplices, que estaban profundamente convencidos de su causa, no hubieran podido obrar de otra manera y que por lo tanto, por mucho que sus acciones hayan sido objetivamente espantosas, a nivel subjetivo, se comportaron moralmente bien. Desde el momento que ellos siguieron su conciencia, por deformada que estuviera, se tendría que reconocer que su comportamiento era para ellos moral y por lo tanto no se pondría en tela de juicio su salvación eterna. Después de esta conversación tuve la absoluta certeza de que había algo que no cuadraba en esta teoría sobre el poder justificativo de la conciencia subjetiva, con otras palabras: tuve la seguridad de que un concepto de conciencia que llevaba a conclusiones semejantes tenía que ser falso. Una firme convicción subjetiva y la consiguiente falta de dudas y escrúpulos no justifican absolutamente al hombre. Unos treinta años después, encontré sintetizadas en las lúcidas palabras del sicólogo Albert Gorres las intuiciones, que desde hacía mucho tiempo también yo trataba de articular a nivel conceptual. Su elaboración pretende constituir el núcleo de esta aportación. Gorres nos dice que el sentimiento de culpa, la capacidad de reconocer la culpa pertenece a la esencia misma de la estructura sicológica del hombre. El sentimiento de culpa, que rompe con una falsa serenidad de conciencia y que se puede definir como una protesta de la conciencia contra mi existencia satisfecha de sí misma, es tan necesario para el hombre como el dolor físico, como síntoma, que permite reconocer las disfunciones del organismo. Quien ya no es capaz de percibir la culpa está espiritualmente enfermo, es “un cadáver viviente, una máscara de teatro” como dice Gorres. “Son los monstruos, que entre otros brutos, no tienen ningún sentimiento de culpa. Quizá Hitler, Himmler o Stalin carecían totalmente de él. Quizá los padrinos de la mafia no tengan ninguno, o quizá los tengan bien escondidos en el desván. También los sentimientos de culpa abortados... Todos los hombres tienen necesidad de sentimientos de culpa”.

      Por lo demás una simple hojeada a la Sagrada Escritura habría podido prevenir de semejantes diagnósticos y de semejante teoría de la justificación mediante la conciencia errónea. En el salmo 19,13 encontramos esta afirmación, que merece siempre ponderación: “¿Quién será capaz de conocer los deslices? Límpiame de los que se me ocultan”. Aquí no se trata de objetivismo veterotestamentario, sino de la más profunda sabiduría humana: dejar de ver las culpas, el enmudecimiento de la voz de la conciencia en tan numerosos ámbitos de la vida es una enfermedad espiritual mucho más peligrosa que la culpa, que uno todavía está en condiciones de reconocer como tal. Quien no es capaz de reconocer que matar es pecado, ha caído más bajo de quien todavía puede reconocer la maldad de su comportamiento, ya que se ha alejado mucho más de la verdad y de la conversión. No por nada en el encuentro con Jesús, quien se autojustifica aparece como el que verdaderamente está perdido. Si el publicano, con todos sus innegables pecados, es más justificable ante Dios que el fariseo con todas sus obras verdaderamente buenas (Lc, 18, 9-14), esto sucede no porque los pecados del publicano dejen de ser verdaderamente pecados y las buenas obras del fariseo, buenas obras. Esto no significa de ningún modo que el bien que hace el hombre no sea bien ante Dios y que el mal no sea mal ante El y ni siquiera que esto no sea en el fondo tan importante. La verdadera razón de este juicio paradójico de Dios se entiende precisamente a partir de nuestra cuestión: el fariseo ya no sabe que también él tiene culpas. Está completamente en paz con su conciencia. Pero este silencio de la conciencia lo hace impenetrable para Dios y para los hombres. En cambio el grito de la conciencia, que no da tregua al publicano, hace que sea capaz de verdad y de amor. Por esto Jesús puede obrar con éxito en los pecadores, porque estos no se han vuelto impermeables, escudándose en una conciencia errónea, a ese cambio que Dios espera de ellos, así como de cada uno de nosotros. El en cambio no puede tener éxito con los “justos”, precisamente porque a ellos les parece que no tienen necesidad de perdón, ni de conversión; efectivamente su conciencia ya no les acusa, si no que más bien los justifica.

      Algo análogo podemos encontrar también en San Pablo, el cual nos dice que los gentiles conocen muy bien, incluso sin ley, lo que Dios espera de ellos (Rom 2,1-16). Toda la teoría de la salvación mediante la ignorancia se viene abajo en este versículo: en el hombre está inevitablemente presente la verdad, una verdad del Creador, la cual fue puesta luego por escrito en la revelación de la historia de la salvación. El hombre puede ver la verdad de Dios, por ser él un ser creado. No verla es pecado. Deja de ser vista sólo cuando no se quiere ver. Este rechazo de la voluntad, que impide el conocimiento, es culpable. Por eso, si la lucecita no se enciende, ello es debido a una negación deliberada de todo lo que no deseamos ver.

      Llegados a este punto de nuestras reflexiones es posible sacar las primeras consecuencias para responder a las cuestiones sobre la naturaleza de la conciencia. Ahora podemos ya decir: no se puede identificar la conciencia del hombre con la autoconciencia del yo, con la certidumbre subjetiva de sí mismo y del propio comportamiento moral. Este conocimiento, puede ser por una parte un mero reflejo de las opiniones difundidas en el ambiente social. Por otra parte puede derivar de una falta de autocrítica, de una incapacidad de escuchar las profundidades del espíritu. Todo lo que ha salido a la luz después del hundimiento del sistema marxista en la Europa Oriental, confirma este diagnóstico. Las personalidades más atentas y nobles de los pueblos por fin liberados hablan de una enorme devastación espiritual, que ha tenido lugar en los años de la deformación intelectual. Notan una torpeza del sentimiento moral, que representa una pérdida y un peligro mucho más grave que los daños económicos ocurridos. El nuevo patriarca de Moscú lo denunció de manera impresionante al principio de su ministerio, en el verano de 1990: La capacidad de percepción de los hombres, que han vivido en un sistema basado en la mentira, se había obscurecido, según él. La sociedad había perdido la capacidad de misericordia y los sentimientos humanos se habían desvanecido. Toda una generación estaba perdida para el bien, para acciones dignas del hombre. “Tenemos el deber de encarrilar la sociedad a los valores morales eternos”, es decir: el deber de desarrollar nuevamente en el corazón de los hombres el sentido auditivo, casi atrofiado para escuchar las sugerencias de Dios. El error, la “conciencia errónea”, sólo a primera vista es cómoda. Si no se reacciona, el enmudecimiento de la conciencia lleva a la deshumanización del mundo y a un peligro mortal.

      Dicho con otras palabras: la identificación de la conciencia con el conocimiento superficial, la reducción del hombre a su subjetividad no libera en absoluto, sino que esclaviza; nos hace totalmente dependientes de las opiniones dominantes a las que incluso va rebajando de nivel día tras día. Quien hace coincidir la conciencia con las convicciones superficiales, la identifica con una seguridad seudorracional entreverada de autojustificaciones, conformismo y pereza. La conciencia se degrada a mecanismo de desculpabilización, mientras que lo que representa verdaderamente es la transparencia del sujeto para lo divino y por lo tanto también la dignidad y la grandeza específicas del hombre. La reducción de la conciencia a la certidumbre subjetiva significa al mismo tiempo la renuncia a la verdad. Cuando el salmo, anticipando la visión de Jesús sobre el pecado y la justicia, ruega por la liberación de las culpas no conscientes, está llamando la atención sobre esta conexión. Desde luego se debe seguir la conciencia errónea. Sin embargo aquella renuncia a la verdad, ocurrida precedentemente y que ahora se toma la revancha, es la verdadera culpa, una culpa que en un primer momento mece al hombre en una falsa seguridad para después abandonarlo en un desierto sin senderos.

Newman y Sócrates: guías para la conciencia

      Me gustaría ahora hacer una breve digresión. Antes de intentar formular respuestas coherentes a las cuestiones sobre la naturaleza de la conciencia, es preciso que ampliemos un poco las bases de la reflexión, más allá de la dimensión personal de la que hemos partido. A decir verdad, no tengo intención de desarrollar aquí un docto tratado sobre la historia de las teorías de la conciencia, argumento sobre él que recientemente se han publicado diferentes estudios. En cambio preferiría seguir tratando la materia de modo ejemplificador y por decir así, narrativo. Para empezar detengámonos por un momento en el Cardenal Newman, cuya vida y obra podrían muy bien definirse como un único y gran comentario al problema de la conciencia. Pero ni siquiera aquí podremos estudiar a Newman de manera particularizada. En este marco no podemos detenernos en las particularidades del concepto newmaniano de conciencia. Quisiera sólo indicar el lugar que la idea de conciencia tiene en el conjunto de la vida y del pensamiento de Newman. Las perspectivas así adquiridas ahondarán en los problemas actuales y abrirán conexiones con la historia, es decir, conducirán a los grandes testigos de la conciencia y a los orígenes de la doctrina cristiana sobre la vida según la conciencia. ¿Quién no recuerda, a propósito del tema “Newman y la conciencia” la famosa frase de la Carta al Duque de Norfolk: “Si yo tuviera que llevar la religión a un brindis después de una comida lo que no es muy oportuno hacer desde luego brindaría por el Papa. Pero antes por la conciencia y después por el Papa...”. Según la intención de Newman esto tenía que ser en contraposición con las afirmaciones de Gladstone un claro reconocimiento del papado, pero también contra las deformaciones ultramontanas una interpretación del papado, el cual es entendido correctamente sólo cuando es considerado conjuntamente a la primacía de la conciencia, por lo tanto no contrapuesto a ella, sino más bien garantizado y fundado sobre ella. Comprender esto es difícil para el hombre moderno, que piensa a partir de la contraposición entre autoridad y subjetividad. Para él la conciencia está de parte de la subjetividad y es expresión de la libertad del sujeto, mientras que la autoridad parece limitar, amenazar o hasta negar dicha libertad. Así, pues, tenemos que profundizar más para aprender a comprender de nuevo una concepción, en la que este tipo de contraposición ya no es válido.

      Para Newman el término medio que asegura la conexión entre los dos elementos de conciencia y de la autoridad es la verdad. No dudo en afirmar que la idea de verdad es la idea central de la concepción intelectual de Newman; la conciencia ocupa un lugar central en su pensamiento precisamente porque en el centro está la verdad. Con otras palabras: la centralidad del concepto de conciencia va unida en Newman con la precedente centralidad del concepto de verdad y se puede comprender sólo partiendo de ésta. La presencia preponderante de la idea de conciencia en Newman no significa que, en el siglo XIX y en contraposición con el objetivismo de la neoescolástica, él haya sostenido una filosofía o teología de la subjetividad. Desde luego es verdad que en Newman el sujeto encuentra una atención que no había recibido, en el ámbito de la teología católica, quizá desde los tiempos de San Agustín.

      Pero se trata de una atención en la línea de San Agustín, y no en la de la filosofía subjetivista de la modernidad. Al ser elevado a cardenal, Newman confesó que toda su vida había sido una batalla contra el liberalismo.

      Podríamos añadir: también contra el subjetivismo en el cristianismo, tal y como él lo encontró en el movimiento evangélico de su época y que, a decir verdad, constituyo para él la primera etapa de aquel camino de conversión que duró toda su vida. La conciencia no significa para Newman que el sujeto es el criterio decisivo frente a las pretensiones de la autoridad, en un mundo en que la verdad está ausente y que se sostiene mediante el compromiso entre exigencias del sujeto y exigencias del orden social. Más bien la conciencia significa la presencia perceptible e imperiosa de la voz de la verdad dentro del sujeto mismo; la conciencia es la superación de la mera subjetividad en el encuentro entre la interioridad del hombre y la verdad procedente de Dios. Es significativo el verso que Newman compuso en Sicilia en 1833: “Me gusta elegir y entender mi camino. Ahora en cambio rezo: ¡Señor, guíame tú!”. La conversión al catolicismo no fue para Newman una elección determinada por el gusto personal, por necesidades espirituales subjetivas. Así se expresaba en 1844, cuando estaba todavía, por así decir, en el umbral de la conversión: “Nadie puede tener una opinión más desfavorable que la mía sobre el estado actual de los católicos-romanos”. Lo que para Newman, en cambio, era importante era el tener que obedecer más a la verdad reconocida que a su propio gusto, incluso el enfrentamiento con sus propios sentimientos, con los vínculos de amistad y de una formación común. Me parece significativo que Newman, en la jerarquía de las virtudes subraye la primacía de la verdad sobre la bondad o, para expresarnos más claramente: que ponga de relieve la primacía de la verdad sobre el consenso, sobre la capacidad de acomodo de grupo. Por lo tanto diría que cuando hablamos de un hombre de conciencia, nos referimos a alguien dotado de las citadas disposiciones interiores. Es aquel que, si el precio es la renuncia a la verdad, nunca comprará el consenso, el bienestar, el éxito, la consideración social, la aprobación de la opinión dominante. En esto Newman se relaciona con el otro gran testigo inglés de la conciencia: Tomás Moro, para el que la conciencia no fue de ninguna manera la expresión de una testarudez subjetiva o de terco heroísmo. El mismo se colocó entre aquellos mártires angustiados que solamente después de indecisiones y muchas preguntas se obligaron a sí mismos a obedecer a la conciencia: a obedecer a esa verdad, que tiene que estar en mayor altura de cualquier instancia social y de cualquier forma de gusto personal. Se nos presentan pues dos criterios para discernir la presencia de una auténtica voz de la conciencia: ésta no coincide con los propios deseos y los propios gustos; no se identifica con lo que socialmente es más ventajoso, con el consenso de grupo o con las exigencias del poder político o social.

      Aquí nos es de utilidad echar un vistazo a la problemática actual. El individuo no puede pagar su progreso, su bienestar con una traición a la verdad conocida. Ni siquiera la humanidad entera puede hacerlo. Tocamos aquí el punto verdaderamente crítico de la modernidad: la idea de verdad ha sido eliminada en la práctica y sustituida por la de progreso. El progreso mismo “es” la verdad. Sin embargo, en esta aparente exaltación se queda sin dirección y se desvanece. Efectivamente, si no hay ninguna dirección todo podría ser lo mismo: progreso como regreso. La teoría de la relatividad formulada por Einstein, concierne como tal al mundo físico. Pero a mí me parece que puede describir oportunamente también la situación del mundo espiritual de nuestro tiempo. La teoría de la relatividad afirma que dentro del universo no hay ningún sistema fijo de referencia. Cuando ponemos un sistema como punto de referencia y partiendo de él tratamos de medir el todo, en realidad se trata de una decisión nuestra, motivada por el hecho de que sólo así podemos llegar a algún resultado. Sin embargo la decisión habría podido ser diferente de lo que fue. Lo que se ha dicho, a propósito del mundo físico, refleja también la segunda revolución copernicana en nuestra actitud fundamental hacia la realidad: la verdad como tal, lo absoluto, el verdadero punto de referencia del pensamiento ya no es visible. Por eso, tampoco desde el punto de vista espiritual, hay ya un arriba y un abajo. En un mundo sin puntos fijos de referencia dejan de existir las direcciones. Lo que miramos como orientación no se basa en un criterio verdadero en sí mismo, sino en una decisión nuestra, últimamente en consideraciones de utilidad. En un contexto “relativista” semejante, una ética teleológica o consecuencialista se vuelve al final nihilista, aunque no lo perciba. Y todo lo que en esta concepción de la realidad es llamado “conciencia”, si lo estudiáramos a fondo vemos que no es más que un modo eufemístico para decir que no hay ninguna conciencia, en sentido propio, es decir, ningún “consaber” con la verdad. Cada uno determina por sí mismo sus propios criterios y en la universal relatividad, nadie puede ni siquiera ayudar a otro en este campo, y menos aún prescribirle nada.

      Está clara pues, la extrema radicalidad de la actual disputa sobre la ética y su centro, la conciencia. Me parece que un paralelo adecuado en la historia del pensamiento se puede encontrar en la disputa entre Sócrates-Platón y los Sofistas. En ella se pone a prueba la decisión crucial entre dos actitudes fundamentales: por una parte, la confianza de que el hombre tiene la posibilidad de conocer la verdad, y por otra parte una visión del mundo en la que el hombre crea por sí mismo los criterios para su vida. El hecho de que Sócrates, un pagano, haya podido llegar a ser, en un cierto sentido, el profeta de Jesucristo, encuentra, a mi modo de ver, su justificación en esta cuestión fundamental. Ello supone que se ha concedido al modo de filosofar inspirado en él, un privilegio histórico salvífico, llamémoslo así, y que se le ha hecho molde adecuado para el Logos cristiano, por tratarse de una liberación a través de la verdad y por la verdad. Si prescindimos de las contingencias históricas, en las que se desarrolló la controversia de Sócrates, se advierte en seguida lo mucho que en el fondo aunque con argumentos diferentes y otra terminología afecta a la misma cuestión ante la que nos encontramos nosotros hoy. La renuncia a admitir la posibilidad de que el hombre conozca la verdad lleva en primer lugar a un uso puramente formalista de las palabras y los conceptos. A su vez la pérdida de los contenidos lleva a un mero formalismo de los juicios, ayer como hoy. En muchos ambientes uno no se pregunta, hoy, qué piensa un hombre. Se tiene ya preparado un juicio sobre su pensamiento, en la medida en que se le puede catalogar con unas de las correspondientes etiquetas formales: conservador, reaccionario, fundamentalista, progresista, revolucionario. La catalogación en un esquema formal hace que sea superflua la confrontación con los contenidos. Se puede ver lo mismo, y de manera todavía más clara, en el arte: lo que una obra de arte expresa es totalmente indiferente; puede exaltar a Dios o al Diablo; el único criterio es su realización técnico-formal. Hemos llegado así al punto verdaderamente candente de la cuestión: cuando los contenidos ya no cuentan, cuando lo que predomina es una mera praxología, la técnica se convierte en el criterio supremo. Pero esto significa que el poder, ya sea revolucionario o reaccionario, se convierte en la categoría que domina todo. Esta es precisamente la forma perversa de la semejanza con Dios, de la que habla la narración del pecado original: el camino de una mera capacidad técnica, el camino del puro poder es contrafacción de un ídolo y no realización de la semejanza con Dios. Lo específico del hombre, en cuanto hombre, consiste en su interrogarse no sobre el “poder” sino sobre el “deber”, en abrirse a la voz de la verdad y de sus exigencias. En mi opinión este fue el contenido último de la investigación socrática y éste es también el sentido más profundo del testimonio de todos los mártires: atestiguan la capacidad de verdad del hombre como límite de todo poder y garantía de su semejanza divina. Es precisamente en este sentido en que los mártires son los grandes testigos de la conciencia de la capacidad concedida al hombre de percibir, además del poder, también el deber, y por eso de abrir el camino al verdadero progreso, al verdadero ascenso.

Dos niveles de la conciencia

    a) Anamnesis

      Después de todas estas correrías a través de la historia del pensamiento, ha llegado el momento de sacar conclusiones, es decir, de formular un concepto de conciencia. La tradición medieval había individuado, justamente, dos niveles del concepto de conciencia, que se tienen que distinguir cuidadosamente, pero que también tienen que estar siempre en relación. Muchas tesis inaceptables sobre el problema de la conciencia, me parece que dependen del hecho que se ha desatendido, o la distinción o la correlación entre los dos elementos. La corriente principal de la escolástica ha llamado a los dos niveles de la conciencia con los conceptos de sindéresis y de conciencia. El término sindéresis llegó a la tradición medieval sobre la conciencia desde la doctrina estoica del microcosmos. Pero no quedó claro su significado exacto y así llegó a ser un obstáculo para un esmerado desarrollo de la reflexión sobre este aspecto esencial de la cuestión global acerca de la conciencia. Quisiera por eso, sin entrar en el debate sobre la historia del pensamiento, sustituir este término problemático por el concepto platónico, mucho más claramente definido, de anamnesis, el cual no sólo tiene la ventaja de ser lingüísticamente más claro, más profundo y más puro, sino que también y sobre todo de concordar con temas esenciales del pensamiento bíblico y con la antropología desarrollada a partir de la Biblia. Con el término anamnesis se debe entender aquí, lo que, precisamente, San Pablo, en el segundo capítulo de la carta a los Romanos, expresó con estas palabras: “Cuando los paganos, que no tienen Ley, hacen espontáneamente lo que ella manda, aunque la Ley les falte, son ellos su propia Ley; y muestran que llevan escrito dentro el contenido de la Ley cuando la conciencia aporta su testimonio...” (2,14s.). La misma idea se encuentra desarrollada de modo impresionante en la gran regla monástica de San Basilio. Podemos leer allí: “El amor de Dios no depende de una disciplina impuesta desde fuera, sino que está constitutivamente inscrito en nosotros como capacidad y necesidad de nuestra naturaleza racional”. San Basilio, acuñando una expresión que después será importante en la mística medieval, habla de la “chispa del amor divino que ha sido escondida en lo más íntimo de nuestro ser”. En el espíritu de teología de San Juan, sabe que el amor consiste en cumplir los mandamientos y que, por lo tanto, la chispa del amor, infusa por el Creador en nosotros, significa esto: “Hemos recibido interiormente una originaria capacidad y prontitud para cumplir todos los mandamientos divinos... Estos no son algo que se nos impone desde fuera”. Es la misma idea, que a este propósito, también afirma San Agustín, llevándola a su núcleo esencial: “En nuestros juicios no sería posible decir que una cosa es mejor que otra si no tuviéramos imprimido dentro de nosotros un conocimiento fundamental del bien”. Esto significa, que el primer nivel ontológico, llamémoslo así, del fenómeno de la conciencia consiste en el hecho que ha sido infundido en nosotros algo semejante a una originaria memoria del bien y de lo verdadero (las dos realidades coinciden); que hay una tendencia íntima del ser del hombre, hecho a imagen de Dios, hacia todo lo que es conforme a Dios. Desde su raíz el ser del hombre advierte una armonía con algunas cosas y se encuentra en contradicción con otras. Esta anamnesis del origen, que deriva del hecho que nuestro ser está constituido a semejanza de Dios, no es un saber ya articulado conceptualmente, un cofre de contenidos que están esperando sólo que los saquen. Es, por decir así, un sentimiento interior, una capacidad de reconocimiento, de modo que quien es interpelado, sino está interiormente replegado en sí mismo, es capaz de reconocer dentro de sí su eco. Él se da cuenta: “Esto es a lo que propende mi naturaleza y lo que ella busca”. Sobre esta anamnesis del Creador, que se identifica con el fundamento mismo de nuestra existencia, se basa la posibilidad y el derecho de la misión. El Evangelio puede, es más, tiene que ser predicado a los gentiles, porque ellos mismos, en su interior, lo esperan (cfr. Is 42,4). En efecto, la misión se justifica si los destinatarios, en el encuentro con la palabra del Evangelio, reconocen: “He aquí, esto es precisamente lo que yo esperaba”. En este sentido San Pablo puede decir que los paganos “son ellos su propia Ley”, no en el sentido de la idea moderna y liberalista de autonomía, que impide toda trascendencia del sujeto, sino en el sentido mucho más profundo de que nada me pertenece menos que mi mismo yo, que mi yo personal es el lugar de la más profunda superación de mí mismo y del contacto con aquello de lo que provengo y hacia lo que me dirijo. En estas frases San Pablo expresa la experiencia que había tenido como misionero entre los paganos y que ya antes Israel tuvo que experimentar en relación con los denominados “temerosos de Dios”. Israel había podido adquirir experiencia en el mundo pagano de lo que los apóstoles de Jesucristo encontraron nuevamente confirmado: su predicación respondía a una expectativa. Esta salía al encuentro a un conocimiento fundamental antecedente sobre los elementos constantes y esenciales de la voluntad de Dios, que fueron puestos por escrito en los mandamientos, pero que es posible encontrar en todas las culturas y que puede ser explicado más claramente cuando menos intervenga un poder cultural arbitrario en la deformación de este conocimiento primordial. Mientras más vive el hombre en el temor de Dios confróntese la historia de Cornelio más se vuelve concreta y claramente eficaz esta anamnesis. Tomemos de nuevo en consideración una idea de San Basilio: el amor de Dios, que se concreta en los mandamientos, no se nos impone desde fuera subraya este Padre de la Iglesia por el contrario nos es infuso precedentemente. El sentido del bien ha sido imprimido en nosotros, declara San Agustín. A partir de esto podemos ahora comprender correctamente el brindis de Newman antes por la conciencia y sólo después por el Papa. El Papa no puede imponer a los fieles católicos ningún mandamiento sólo porque él lo quiera o porque lo considere útil. Una concepción moderna y voluntarista semejante de la autoridad puede solamente deformar el auténtico significado teológico del papado. De este modo, la verdadera naturaleza del ministerio de San Pedro se ha vuelto totalmente incomprensible en la época moderna precisamente porque en este horizonte mental se puede pensar a la autoridad sólo con categorías que ya no permiten ningún puente entre sujeto y objeto. Por eso todo lo que no procede del sujeto puede ser sólo una determinación impuesta desde fuera. Pero las cosas se presentan totalmente diferentes partiendo de una antropología de la conciencia, como hemos tratado de delinear poco a poco en estas reflexiones. La anamnesis infusa en nuestro ser necesita, por decir así, una ayuda externa para llegar a ser consciente de sí misma. Pero este “desde fuera” no es, de ningún modo, nada que se contraponga, es más bien algo dirigido hacia ella: tiene una función mayéutica, no le impone nada desde fuera, pero lleva a cabo lo que es propio de la anamnesis, su interior y específica apertura a la verdad. Cuando se habla de la fe y de la Iglesia, cuyo radio que parte del Logos redentor se extiende más allá del don de la creación, tenemos que tener en cuenta, sin embargo, una dimensión todavía más vasta, que está desarrollada sobre todo en la literatura de San Juan. San Juan conoce la anamnesis del nuevo “nosotros”, en el que participamos mediante la incorporación en Cristo (un solo cuerpo, es decir, un único yo con él). En diferentes momentos del Evangelio se encuentra que ellos comprendieron mediante un acto de la memoria. El encuentro original con Jesús ofreció a sus discípulos lo que ahora todas las generaciones reciben mediante su encuentro fundamental con el Señor en el bautismo y en la eucaristía: la nueva anamnesis de la fe, que análogamente a la anamnesis de la creación, se desarrolla en un diálogo permanente entre la interioridad y la exterioridad. En contraste con la pretensión de los doctores gnósticos, los cuales querían convencer a los fieles que su fe ingenua habría tenido que ser comprendida y aplicada de manera totalmente diferente, San Juan pudo afirmar: “Vosotros no necesitáis otros maestros, desde el momento que, como ungidos (bautizados) tenéis ya conocimiento” (cfr. 1Jn 2,20-27). Esto no significa que los creyentes posean una omnisciencia de hecho, sino que indica más bien la certeza de la memoria cristiana. Esta naturalmente aprende sin intermisión, pero partiendo de su identidad sacramental, llevando a cabo interiormente un discernimiento entre lo que es un desarrollo de la memoria y lo que es una destrucción o una falsificación de la misma. Hoy nosotros, justo en la crisis actual de la Iglesia, estamos experimentando de una manera nueva, la fuerza de esta memoria y la verdad de la palabra apostólica: lo que lleva al discernimiento de los espíritus, más que las directivas de la jerarquía, es la capacidad de orientación de la memoria de la fe sencilla. Sólo en este contexto se puede comprender correctamente la primacía del Papa y su correlación con la conciencia cristiana. El significado auténtico de la autoridad doctrinal del Papa consiste en el hecho de que él es el garante de la memoria. El Papa no impone desde fuera sino que desarrolla la memoria cristiana y la defiende. Por ello, el brindis por la conciencia ha de preceder al del Papa, porque sin conciencia no habría ningún papado. Todo el poder que él tiene es poder de la conciencia: servicio al doble recuerdo, sobre el que se basa la fe y que tiene que ser continuamente purificada, ampliada y defendida contra las formas de destrucción de la memoria, que está amenazada tanto por una subjetividad que ha olvidado el propio fundamento, como por las presiones de un conformismo social y cultural.

    b) Conscientia

      Después de estas consideraciones sobre el primer nivel esencialmente ontológico del concepto de conciencia, tenemos que pasar ahora a su segunda dimensión, el nivel del juzgar y del decidir, que en la tradición medieval fue denominado con el único término de conscientia-conciencia. Presumiblemente esta tradición terminológica ha contribuido no poco a la moderna limitación del concepto de conciencia. Desde el momento que Santo Tomás, por ejemplo, llama con el término “conscientia” solo a este segundo nivel, es coherente desde su punto de vista que la conciencia no sea ningún “habitus”, es decir, ninguna cualidad estable inherente al ser del hombre, sino más bien un “actus”, un evento que se cumple. Naturalmente, Santo Tomas presupone como dato el fundamento ontológico de la anamnesis (synderesis); describe esta última como una íntima repugnancia hacia el mal y una íntima atracción hacia el bien. El acto de la conciencia aplica este conocimiento básico a las situaciones particulares. Según Santo Tomás este se subdivide en tres elementos: reconocer (recognocere), testimoniar (testificari) y por último juzgar (iudicare). Se podría hablar de interacción entre una función de control y una función de decisión. Partiendo de la tradición aristotélica Santo Tomás concibe este proceso según el modelo de un razonamiento deductivo, de tipo silogístico. Sin embargo, señala con fuerza lo específico de este conocimiento de las acciones morales, cuyas conclusiones no derivan sólo del mero conocimiento o razonamientos. En este ámbito si una cosa es reconocida o no reconocida siempre depende también de la voluntad, que cierra el camino al reconocimiento o bien encamina hacia él. Ello depende, pues, de una impronta moral ya dada, que por consiguiente puede ser o ulteriormente deformada o mayormente purificada. También en este nivel, el de juzgar (el de la conscientia en sentido estricto) vale el principio que también la conciencia errónea obliga. Esta afirmación es plenamente inteligible en la tradición del pensamiento de la escolástica. Nadie puede obrar contra sus convicciones, como ya había dicho San Pablo (Rom 14,23). Sin embargo que la convicción adquirida sea obviamente obligatoria en el momento en que se actúa, no significa ninguna canonización de la subjetividad. No es nunca una culpa seguir las convicciones que nos hemos formado, al contrario deben seguirse.

      Pero del mismo modo puede ser una culpa que uno haya llegado a formarse convicciones tan equivocadas y haya pisoteado la repulsión hacia ellas que advierte la memoria de su ser. La culpa, pues, se encuentra en otro lugar, más en lo profundo, no en el acto del momento, no en el juicio que en ese momento da la conciencia, sino en esa desatención hacia mi mismo ser, que me impide de oír la voz de la verdad y sus sugerencias interiores. Por esta razón, también los criminales que obran con convicción siguen siendo culpables. Estos ejemplos macroscópicos no deben servir para tranquilizarnos, sino más bien para despertarnos y hacer que tomemos en serio la gravedad de la súplica: “Límpiame de los que se me ocultan” (Sal 19,13).

Epílogo

      Al final de nuestro camino queda todavía abierta la cuestión de la que hemos partido: la verdad, por lo menos tal y como nos la presenta la fe de la Iglesia, ¿no es quizá demasiado alta y difícil para el hombre? Después de todas las consideraciones que hemos venido haciendo, podemos responder ahora: por supuesto, el camino alto y arduo que conduce a la verdad y al bien no es un camino cómodo. Es un desafío al hombre. Pero quedarse tranquilamente encerrados en sí mismos no libera, antes bien, actuando así nos malogramos y nos perdemos. Escalando las alturas del bien, el hombre descubre cada vez más la belleza, que hay en la ardua fatiga de la verdad y descubre también que justo en ella está para él la redención. Pero con esto no hemos dicho todavía todo. Disolveríamos el cristianismo en un moralismo si no estuviese claro un anuncio, que supera nuestro propio hacer. Sin tener que gastar demasiadas palabras, ello puede resultar evidente en una imagen sacada del mundo griego, en la que podemos ver al mismo tiempo cómo la anamnesis del Creador nos empuja dentro de nosotros hacia el Redentor y cómo cada hombre puede reconocerlo como Redentor, desde el momento que él responde a nuestras más íntimas expectativas. Me refiero a la historia de la expiación del matricidio de Orestes. Este cometió el homicidio como un acto conforme a su conciencia, hecho que el lenguaje mitológico describe como obediencia a la orden del dios Apolo. Pero ahora es perseguido por las Erinias, a las que hay que ver como personificación mitológica de la conciencia, que desde la memoria profunda le reprocha, atormentándolo, que su decisión de conciencia, su obediencia a la “orden divina” era en realidad culpable. Todo lo trágico de la condición humana emerge en esta lucha entre los “dioses”, en este conflicto íntimo de la conciencia. En el tribunal sacro, la piedra blanca del voto de Atenea lleva a Orestes la absolución, la purificación, por cuya gracia las Erinias se transforman en Euménides, en espíritus de la reconciliación. En este mito está representado algo más que la superación del sistema de la venganza de la sangre a favor de un justo ordenamiento jurídico de la comunidad. Hans Urs von Balthasar ha expresado de la siguiente manera este algo más: “...la gracia apaciguadora es siempre para él, el restablecimiento común de la justicia, no la del antiguo tiempo carente de gracia de las Erinias, sino la de un derecho lleno de gracia”. En este mito percibimos la voz nostálgica de que la sentencia de culpabilidad objetivamente justa de la conciencia y la pena interiormente lacerante que se deriva, no son la última palabra, sino que hay un poder de la gracia, una fuerza de expiación, que puede cancelar la culpa y hacer que la verdad sea finalmente liberadora. Se trata de la nostalgia de que la verdad no se reduzca sólo a interrogarnos con exigencia, sino que también nos transforme mediante la expiación y el perdón. Mediante ellas como dice Esquilo “la culpa es lavada” y nuestro mismo ser se transforma desde el interior, más allá de nuestras capacidades. Ahora bien, ésta es precisamente la novedad específica del cristianismo: el Logos, la Verdad en persona, es también al mismo tiempo la reconciliación, el perdón que transforma más allá de todas nuestras capacidades e incapacidades personales. En esto consiste la verdadera novedad, sobre la que se funda la más grande memoria cristiana, la cual es también, al mismo tiempo, la respuesta más profunda a lo que la anamnesis del Creador aguarda de nosotros. Allí donde no sea suficientemente proclamado o percibido este centro del mensaje cristiano, allí la verdad se transforma de hecho en un yugo, que resulta demasiado pesado para nuestros hombros y del que tenemos que tratar de liberarnos. Pero la libertad obtenida de este modo está vacía. Nos transporta a la tierra desolada de la nada y así se destruye ella misma. El yugo de la verdad se ha hecho “blando” (Mt 11,30), cuando la Verdad ha llegado, nos ha amado y ha quemado nuestras culpas en su amor. Sólo cuando conocemos y experimentamos interiormente todo esto, adquirimos la libertad de escuchar con gozo y sin ansia el mensaje de la conciencia.

Cardenal Joseph Ratzinger

 

 

CONVERTIRSE DE LA MANO DE SAN JOSÉ

Es una propuesta del Papa en la conclusión de su Carta apostólica Patris Corde[1]: “No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión”. Hacer mudanza en nuestro corazón, abrir sus puertas a Dios y permitir que lo libere del pecado y llene de amor para identificarnos más con su Hijo Jesús, es tarea diaria, que reclama renovación al estrenar el año. No es muy cierto eso de “año nuevo, vida nueva”, pero sí “año nuevo, lucha nueva”[2]. Nuestra conversión es fruto de acoger las gracias que Dios, nuestro Padre, derrama en nuestra alma. Esa es la segura esperanza del cristiano. Aunque depende de nuestra libertad, tenemos asegurada la asistencia divina que nos precede, que nos <primerea>. “Sabe que nosotros mejoramos sólo aceptando su amor incansable, que no cambia, sino que nos cambia”[3].

 

Es la verdad consoladora que hemos contemplado en la Navidad. Somos tan amados, únicos y valiosos para Dios, “que Dios viene al mundo como hijo para hacernos hijos de Dios. ¡Qué regalo tan maravilloso! Hoy Dios nos asombra y nos dice a cada uno: <Tú eres una maravilla> () Dios te dice: <Ten valor, yo estoy contigo>. No te lo dice con palabras, sino haciéndose hijo como tú y por ti, para recordarte cuál es el punto de partida para que empieces de nuevo: reconocerte como hijo de Dios, como hija de Dios” (ref. nota 2). Hemos sido salvados por Jesús. Participamos de su filiación divina y nos ha hecho sus hermanos y hermanos de todos los hombres, destinados a ser felices con Él, en la tierra y para siempre en el Cielo. Esa es la causa de la alegría que nunca nos falta, porque su amor es gratuito, incansable, concreto y fiel.

 

Francisco ha querido regalarnos un Año especial de san José para recorrer el 2021 con más ayuda aun. El 150 aniversario de la proclamación de San José como patrono de la Iglesia universal ha servido de excusa. En esta charla, con la Carta Patris Corde de fondo, pretendo desglosar algunas aspiraciones que el Papa nos plantea, la ayuda extra que la Iglesia nos facilita, y varios ámbitos de conversión que la figura de san José nos sugiere.

 

¿Qué lugar ocupa san José en nuestra vida?

 

Es una cuestión que nos puede sorprender. Cada uno tendrá su respuesta… ¿Qué nos propone el Papa para este año? “El objetivo de esta Carta apostólica es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución”.

 

El beato Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870[4], y fijó su fiesta el 19 de marzo. Era muy devoto de san José. Se cuenta que, cuando Francesco Podesti le presentó el boceto del cuadro “La Proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción”[5], después de observarlo detenidamente, preguntó al artista: <¿Y san José?>. En el cielo había pintado multitud de ángeles y santos alrededor del trono de Dios, pero san José no estaba. La verdad es que no había caído en eso. Se le ocurrió la solución de pintarle entre los santos. Al Papa no le gustó la idea: <De ningún modo, y señaló con el dedo el lugar al lado de Cristo. Píntelo en este lugar que éste es su puesto en el Cielo>. Y así le pintó, a la derecha de Jesús, con la mirada fija en su esposa, la Inmaculada, situada en el centro del trono de la santísima Trinidad.

 

No se trata de una devoción más; tiene una raíz profunda teológica y de tradición. ¿Quién trató, amó y sirvió más y mejor a Jesus y a su plan de salvación? ¿Quién experimentó más plenamente la bondad y el amor misericordioso del Hijo de Dios encarnado? Su madre, la Virgen María. ¿Y después? San José, llamado por Dios a ser padre adoptivo de Jesús; “con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»”, nos recuerda Francisco en su carta. Fue el “Custodio del Redentor”[6], al cual Dios le confió el cuidado de sus tesoros más preciosos, Jesús y María. “La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús. En cuanto tal, «entró en el servicio de toda la economía de la encarnación», como dice san Juan Crisóstomo” (PC 1). Dios lleno de dones a san José para esta tarea, y él libremente las acogió e hizo fructificar poniendo en juego sus talentos y su vida. En el Evangelio (Mateo 1, 19) se dice de José que es un “hombre justo”; en la Biblia, es una alabanza dirigida a pocos. Qué bien supo amar y servir. A lo largo de Patris Corde, el Papa desglosa cómo fue su docilidad y su respuesta a lo que Dios le pedía en momentos claves del nacimiento, la infancia y juventud de Jesús. “En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní” (PC 3). Y nos recuerda que “siempre ha sido amado por el pueblo cristiano”, que “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo”, que “muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción”, que “en todos los libros de oraciones se encuentra alguna oración a san José”[7]… Y concluía: “La confianza del pueblo en san José se resume en la expresión “Ite ad Ioseph”, que hace referencia al tiempo de hambruna en Egipto, cuando la gente le pedía pan al faraón y él les respondía: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga» (Génesis 41, 55)”[8].

 

Algunas pinceladas de la devoción a san José del papa Francisco

 

El primer brochazo es una declaración del Papa recogida en la Carta: “Todos los días, durante más de cuarenta años, después de Laudes, recito una oración a san José tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María, que expresa devoción, confianza y un cierto reto a san José”[9]. Como vemos, la devoción a san José viene de lejos. Y le mueve a actuar como a santa Teresa, que “alentada por su experiencia, persuadía a otros para que le fueran devotos”. Es el caso de Guzmán y Lídice Carriquiry[10]. Su casa en Roma era siempre una visita obligada para el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. En las cenas –cuenta Lídice–, <hubo algo que le oí repetidas veces con mucho fervor: me enseñó a rezar a san José, y a rezarle con insistencia, con mucha insistencia, sobre todo por mis hijos y nietos>. Me decía: “no se olvide que san José es un carpintero, y a los carpinteros hay que insistirles mucho para que terminen y entreguen los trabajos que se les encomiendan… suelen ser impuntuales, pero al fin cumplen con sus obras”.

 

La segunda pincelada hace referencia a tres hechos de los primeros meses de su pontificado. Francisco fue elegido el 13 de marzo de 2013, y escogió el día 19 para celebrar el inicio de su papado. “Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado”, dijo en la homilia. El 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero[11], aprobó una modificación por la que el nombre de san José es añadido en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV, colocándose después del nombre de la Virgen María[12]. Y el 5 de julio de 2013 consagró el Estado de la Ciudad del Vaticano a san Miguel Arcángel y a san José, con motivo de la inauguración de un monumento a San Miguel Arcángel. A su lado estuvo el papa emérito. “Queridos hermanos y hermanas, consagramos también el Estado de la Ciudad del Vaticano a san José, el custodio de Jesús y de la Sagrada Familia. Su presencia nos vuelva aún más fuertes y decididos para darle espacio a Dios en nuestra vida, para vencer siempre el mal con el bien”.

 

La última es una revelación en el Encuentro con las familias en su viaje a Filipinas en el 2015. “Yo quisiera decirles también una cosa personal. Yo quiero mucho a san José, porque es un hombre fuerte y de silencio, y en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo, lo sabemos. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José, para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”[13]. En el vuelo de regreso de Estrasburgo al Vaticano, tras su visita al Parlamento europeo y al Consejo de Europa[14], un periodista acabó así su pregunta: <Y si me permite, una curiosidad personal: ¿Es verdad que es un devoto de San José y que tiene una imagen suya en la habitación?>. El Papa contestó: “Sí, es verdad. Y siempre que he pedido algo a San José me lo ha concedido”.

 

Ayudas extras en el Año especial de san José

 

Una de las aspiraciones del Papa es nuestra conversión, lo señalaba en la introducción. Es la gracia de las gracias que pedimos a través de san José. Necesitamos de reformas interiores para salir mejores hijos de Dios de esta crisis que ha generado la pandemia. Y contribuir en la construcción de un mundo mejor, más fraternal, más humano, más de Cristo. Para eso requerimos de más gracia, abrirnos al amor misericordioso de Dios. “El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu la saca a la luz con ternura. La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros”, propone el Papa. “Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador (cf. Apocalipsis 12,10). Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura” (PC 2), concluye. Cuando nos cueste entregar nuestros pecados a Jesús, vencer las dificultades para localizar un sacerdote que nos perdone haciendo sus veces, recurramos a san José.

 

Para sanear nuestro corazón, la Iglesia, que es madre, nos abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de los efectos que los pecados dejan en el alma. Un modo es el don de las Indulgencias[15] especiales. Siempre lo hace en los años santos, en este de san José es particularmente generosa. Las encontramos en un Decreto de la Penitenciaría Apostólica, que animo a leer[16]. Las reflexiones que emplea en la exposición de los numerosos caminos para lucrar esas gracias son inspiradoras; cada obra de piedad y de caridad propuesta es una vía para imitar a san José, para tratarle más y aprovecharse de su poderosa mediación ante Jesús.

 

Para que recibir plenamente esas gracias, Dios pide el arrepentimiento profundo de los pecados, es decir, amarle y de verdad detestar lo que le ofende, aunque volvamos a caer por fragilidad. Así el Espíritu Santo va transformando nuestra vida, nos revisté de las virtudes de Jesús. La Iglesia requiere unas condiciones (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre, en el plazo de una semana, anterior o posterior) que deben acompañar a la obra prevista, precisamente para acondicionar el alma. Las gracias acogidas dependerán de la autenticidad de nuestra conversión.

 

Algunos ámbitos de conversión que el Papa nos sugiere al contemplar la vida de san José

 

En su Carta, Francisco desglosa siete aspectos de la santidad de José, y un octavo transversal: su existencia, aun siendo extraordinaria, es muy cercana a la de cualquiera de nosotros. “Su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio”. En cada punto (Padre amado, Padre en la ternura, Padre en la obediencia, Padre en la acogida, Padre de la valentía creativa, Padre trabajador, Padre en la sombra) presenta la figura de san José y con esa luz propone ámbitos en el que mejorar en este tiempo singular teñido por la pandemia. “Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”. Invito a meditar repetidamente la Carta enriquecida con otras lecturas sobre san José, y sacar consecuencias para nuestra vida.

 

A continuación, despliego escuetamente algunos ámbitos de conversión. Unos han salido y los recuerdo: (1) progresar en amor a san José; conocerle para crecer en el amor a Jesús, en el que es maestro; (2) pedirle gracias, en especial la gracia de las gracias, nuestra conversión, que nos facilité experimentar la ternura de Dios en el sacramento del Perdón, remedio de nuestra fragilidad; (3) acudir a su protección en las dificultades y en las necesidades. Otros, nuevos, los menciono:

 

(4) Confiar más en la acción de Dios que en nuestras seguridades: “José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca”.

 

(5) Buscar hacer la voluntad de Dios en nuestra vida. “José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad”. San José es diligente a lo que Dios le pide: ser padre de Jesús, ser su sombra. Su obediencia es pronta y dócil, inteligente y valerosa. Cuando lo que se le pide entra dentro de lo previsto y, en no pocas ocasiones, cuando no es lo esperado… “José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia”.

 

(6) Saberse en manos de Dios, fiarse de su Providencia y empeñarse en el bien. “Tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción, y hacer espacio —sin ninguna resignación mundana y con una fortaleza llena de esperanza— a lo que no hemos elegido, pero está allí”. La confianza nos lleva a vencer los miedos y no bajar los brazos. Cuando hacemos lo que podemos, pedimos lo que no alcanzamos… Dios sigue colándose en el mundo a través de esas ventanas abiertas, que son nuestras vidas. “Y no importa si ahora todo parece haber tomado un rumbo equivocado y si algunas cuestiones son irreversibles. Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas”. Este es el realismo del cristiano, fruto de la visión de hijo de Dios. “En esta perspectiva general, la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste”. Una fe que lleva a la responsabilidad de vencer el mal con el bien; “lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan”.

 

(7) Ante los problemas propios, de los demás, de la sociedad… considerar que Dios quiere servirse de nosotros para solucionarlos, con valentía y creatividad. “Leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre”. Y concluía: “Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar”. Francisco nos lanza a la imaginación de la caridad para cuidar “a cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo… son “el Niño” que José sigue custodiando”. “De José debemos aprender a amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres”.

 

(8) Aprender a trabajar mejor, honestamente, con espíritu de servicio… san José es modelo e intercesor para el trabajo. Nos puede instruir, como hizo con Jesús. Junto a esto, Francisco nos llama a poner los medios para que nadie quede excluido del trabajo: es la gran cuestión social. Recuperar la nueva normalidad pasa por un trabajo digno. “Imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!”.

 

(9) Aprender a ser padre, con amplitud de miras… “Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él”. En el n. 7: Padre en la sombra, el Papa muestra algunas orientaciones de lo que supone la paternidad contemplando a san José. Seguro que ayudan a todos, empezando por la familia y la Iglesia a avanzar en el cuidado de los demás; priorizando a los niños, que a menudo parece que no tienen padres.

 

Concluyo con un consejo de santa Teresa: “Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”.

 


[1] Patris Corde (8.12.2020) es la Carta apostólica del papa Francisco para el Año especial de san José (termina el 8.12.21). La nombraré con las siglas PC. http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20201208_patris-corde.html

[2] Éste fue el lema que San Josemaría Escrivá se propuso al comenzar el año 1972.

[3] Francisco (24.12.20) http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2020/documents/papa-francesco_20201224_omelia-natale.html

[4] En 1870, la Iglesia vivía unas difíciles circunstancias. Pío IX tuvo que suspender el Concilio Vaticano I porque Italia se anexionó los Estados Pontificios, y Francia, aliada del Papa, entró en guerra con Prusia. Pío IX se confió a la protección de san José.

[5] El beato Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre de 1854. Encargó a Francesco Podesti (1800-1895) una pintura que recordara esta efeméride. La realizó en los años 1859-1861. Se encuentra en los Museos vaticanos.

http://www.museivaticani.va/content/museivaticani/es/collezioni/musei/sala-dell-immacolata/francesco-podesti--proclamazione-del-dogma.html

[6] San Juan Pablo II escribió una Exhortación apostólica sobre san Jose titulada así: “Redemptoris Custos” (15.08.1989)

http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_15081989_redemptoris-custos.html

[7] https://www.arguments.es/comunicarlafe/7-oraciones-a-san-jose-que-tal-vez-no-conocias/; https://www.devocionario.com/jose/oraciones_1.html

[8] José es uno de los 12 hijos de Jacob. A quien sus hermanos vendieron por envidia (cf. Gn 37,11-28) y que —siguiendo el relato bíblico— se convirtió posteriormente en virrey de Egipto (cf. Gn 41,41-44).

[9] Francisco Patris Corde nota 10. La oración que se cita reza: «Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén».

[10] Guzman Carriquiry, abogado y profesor uruguayo, ha trabajado en la Santa Sede en diversos cargos desde 1971; actualmente es el embajador de Uruguay ante el Vaticano.

[11] En 1955, el venerable Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero el 1 de mayo, Día del trabajo.

[12] En 1962, san Juan XXIII decretó que el nombre de San José se añadiera al antiquísimo Canon Romano (Plegaria Eucarística I), por ser el Patrón de la Iglesia Universal. Benedicto XVI quiso acoger y aprobar los piadosos deseos que llegaron desde muchos lugares para que se añadiera a las demás plegarias eucarísticas, lo que fue confirmado por el papa Francisco.

[13] Discurso en el Encuentro con las Familias en el Mall of Asia Arena, Manila (16.01.2015). Al ser elegido, recibió esa pequeña talla de madera del matrimonio Carriquiry. <Ningún regalo nos pareció mejor. Es grande mi agradecimiento, pues le debo al Papa Francisco mi devoción a san José>, declaró Lídice. https://www.arguments.es/comunicarlafe/el-san-jose-dormido-del-papa-francisco/

[14] Ese viaje lo realizó el 25 de noviembre de 2014.

[15] La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia. Es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Se puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos. (Catecismo de la Iglesia católica n. 1471).

[16] http://www.vatican.va/roman_curia/tribunals/apost_penit/documents/rc_trib_appen_pro_20201208_decreto-indulgenze-sangiuseppe_sp.html

DECRETO

 

Se concede el don de indulgencias especiales con ocasión del Año de San José, convocado por el Papa Francisco para celebrar el 150 aniversario de la proclamación de San José como patrono de la Iglesia universal.

 

Hoy se cumple el 150 aniversario del decreto Quemadmodum Deus, por el cual el Beato Pío IX, conmovido por las graves y luctuosas circunstancias en las que se encontraba una Iglesia acosada por la hostilidad de los hombres, declaró a san José Patrono de la Iglesia Católica.

 

Para perpetuar la dedicación de toda la Iglesia al poderoso patrocinio del Custodio de Jesús, el Papa Francisco ha establecido que, desde hoy, el aniversario del decreto de proclamación así como el día consagrado a la Virgen Inmaculada y esposa del casto José, hasta el 8 de diciembre de 2021, se celebre un Año especial de San José, en el que cada fiel, siguiendo su ejemplo, pueda fortalecer diariamente su vida de fe en el pleno cumplimiento de la voluntad de Dios.

 

Todos los fieles tendrán así la oportunidad de comprometerse, con oraciones y buenas obras, para obtener, con la ayuda de San José, cabeza de la celestial Familia de Nazaret, consuelo y alivio de las graves tribulaciones humanas y sociales que afligen al mundo contemporáneo.

 

La devoción al Custodio del Redentor se ha desarrollado ampliamente a lo largo de la historia de la Iglesia, que no sólo le atribuye uno de los cultos más altos después del de la Madre de Dios su esposa, sino que también le ha otorgado muchos patrocinios.

 

El Magisterio de la Iglesia sigue descubriendo grandezas antiguas y nuevas en este tesoro que es San José, como el padre del Evangelio de Mateo "que extrae de su tesoro cosas nuevas y viejas" (Mt 13, 52).

 

De gran beneficio para la perfecta consecución del fin que se persigue será el don de las Indulgencias que la Penitenciaría Apostólica, por medio del presente decreto emitido de acuerdo con la voluntad del Papa Francisco, concede benévolamente durante el Año de San José.

 

La indulgencia plenaria se concede en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre) a los fieles que, con espíritu desprendido de cualquier pecado, participen en el Año de San José en las ocasiones y en el modo indicado por esta Penitenciaría Apostólica.

 

a. San José, auténtico hombre de fe, nos invita a redescubrir nuestra relación filial con el Padre, a renovar nuestra fidelidad a la oración, a escuchar y responder con profundo discernimiento a la voluntad de Dios. La Indulgencia plenaria se concede a aquellos que mediten durante al menos 30 minutos en el rezo del Padre Nuestro, o que participen en un retiro espiritual de al menos un día que incluya una meditación sobre San José;

 

b. El Evangelio atribuye a San José el título de "hombre justo" (cf. Mt 1,19): él, guardián del "íntimo secreto que se halla en el fondo del corazón y del alma"[1], depositario del misterio de Dios y, por tanto, patrono ideal del foro interior, nos impulsa a redescubrir el valor del silencio, de la prudencia y de la lealtad en el cumplimiento de nuestros deberes. La virtud de la justicia practicada de manera ejemplar por José es la plena adhesión a la ley divina, que es la ley de la misericordia, «porque es precisamente la misericordia de Dios que lleva a cumplimiento la verdadera justicia»[2]. Por lo tanto, aquellos que, siguiendo el ejemplo de San José, realicen una obra de misericordia corporal o espiritual, también podrán lograr el don de la Indulgencia plenaria;

 

c. El aspecto principal de la vocación de José fue ser custodio de la Sagrada Familia de Nazaret, esposo de la Santísima Virgen María y padre legal de Jesús. Para que todas las familias cristianas sean estimuladas a recrear el mismo clima de íntima comunión, amor y oración que se vivía en la Sagrada Familia, se concede la Indulgencia Plenaria por el rezo del Santo Rosario en las familias y entre los novios.

 

d. El 1 de mayo de 1955, el Siervo de Dios Pío XII instituyó la fiesta de San José obrero, "con la intención de que todos reconozcan la dignidad del trabajo y que ella inspire la vida social y las leyes fundadas sobre la equitativa repartición de derechos y de deberes”.[3]. Podrá, por lo tanto, conseguir la indulgencia plenaria todo aquel que confíe diariamente su trabajo a la protección de San José y a todo creyente que invoque con sus oraciones la intercesión del obrero de Nazaret, para que los que buscan trabajo lo encuentren y el trabajo de todos sea más digno.

 

e. La huida de la Sagrada Familia a Egipto "nos muestra Dios está allí donde el hombre está en peligro, allí donde el hombre sufre, allí donde huye, donde experimenta el rechazo y el abandono”[4]. Se concede la indulgencia plenaria a los fieles que recen la letanía de San José (para la tradición latina), o el Akathistos a San José, en su totalidad o al menos una parte de ella (para la tradición bizantina), o alguna otra oración a San José, propia de las otras tradiciones litúrgicas, en favor de la Iglesia perseguida ad intra y ad extra y para el alivio de todos los cristianos que sufren toda forma de persecución.

 

Santa Teresa de Ávila reconoció en San José al protector de todas las circunstancias de la vida: "A otros parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas"[5]. Más recientemente, San Juan Pablo II reiteró que la figura de San José adquiere "una renovada actualidad para la Iglesia de nuestro tiempo, en relación con el nuevo milenio cristiano"[6].

 

Con el fin de reafirmar la universalidad del patrocinio de la Iglesia por parte de San José, además de las ocasiones mencionadas, la Penitenciaría Apostólica concede una indulgencia plenaria a los fieles que recen cualquier oración o acto de piedad legítimamente aprobado en honor de San José, por ejemplo "A ti", oh bienaventurado José", especialmente el 19 de marzo y el 1 de mayo, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, el domingo de San José (según la tradición bizantina), el 19 de cada mes y cada miércoles, día dedicado a la memoria del Santo según la tradición latina.

 

En el actual contexto de emergencia sanitaria, el don de la indulgencia plenaria se extiende particularmente a los ancianos, los enfermos, los moribundos y todos aquellos que por razones legítimas no pueden salir de su casa, los cuales, con el ánimo desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, tan pronto como sea posible, las tres condiciones habituales, en su propia casa o dondequiera que el impedimento les retenga, recen un acto de piedad en honor de San José, consuelo de los enfermos y patrono de la buena muerte, ofreciendo con confianza a Dios los dolores y las dificultades de su vida.

 

Para que el logro de la gracia divina a través del poder de las Llaves sea facilitado pastoralmente, esta Penitenciaría ruega encarecidamente que todos los sacerdotes con las facultades apropiadas se ofrezcan con un ánimo dispuesto y generoso a la celebración del sacramento de la Penitencia y administren a menudo la Sagrada Comunión a los enfermos.

 

Este decreto es válido para el Año de San José, no obstante cualquier disposición en contrario.

 

Dado en Roma, por la Sede de la Penitenciaría Apostólica, el 8 de diciembre de 2020.

Mauro Card. Piacenza Penitenciario Mayor

Krzysztof Nykiel Regente

Prot. no. 866/20/I

[1] Pío XI, Discurso con motivo de la proclamación de las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Emilia de Vialar en “L'Osservatore Romano”, año LXXV, n.67, marzo 1935.I

[2] Francisco, Audiencia general (3 de febrero de 2016)

[3] Pío XII, Discurso con motivo de la solemnidad de san José obrero, (1 de mayo de 1955) en Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pio XII, XVII 71-76.

[4] Francisco, Angelus (29 diciembre 2013)

[5] Teresa de Ávila, Libro de La Vida, VI, 6.

[6] Juan Pablo II, Exhortación apostólica Redemptoris Custos, sobre la figura y misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia (15 agosto 1989).

 

«Nadie quiere morirse. Lo que no quieren es tener dolor»: dice pionero en Cuidados Paliativos

ReL - 13.01.2021

 

foto: rawpixel

 

En una entrevista en ABC, el doctor Jaime Sanz Ortiz, prestigioso oncólogo que creó la primera Unidad de Cuidados Paliativos en España, señala la contradicción de imponer la eutanasia para evitar el dolor, cuando hoy es posible quitar ese dolor a casi todos los enfermos.

 

"Nadie quiere morirse. Lo que no quieren es tener dolor", explica: los enfermos quieren poder dormir y no sufrir, "y podemos hacerlo perfectamente". Y confiesa: "Hay algunos pacientes que han sido mis mayores éxitos. Gente que dice «prefiero morirme» y yo le digo: «María, mañana vengo y le voy a poner una inyección cada cuatro horas y me dice si quiere que la mate» -se ríe-. Y al día siguiente viene y me da un beso la vieja. Qué bonito es eso"...

 

De ahí que señale la gran contradicción que implica la eutanasia: "Si todos los enfermos están sin dolor, ¿quieren matarlos sin dolor? Si usted coge el enfermo y le quita el dolor, lo que no hace entonces es [decirle]: «Le voy a matar para que no le duela». ¡Si no hay nadie que quiera morirse!"

 

El doctor Sanz fue el promotor en 1982 de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Marqués de Valdecilla, en Santander, y fue el primer presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal). 

 

La mejora en los tratamientos en los últimos treinta años

 

En aquella época había muchos enfermos "con dolor intenso", en particular pacientes oncológicos que necesitaban paliarlo para poder dormir. Pero hasta 1988 no se dispuso de medicamentos adecuados para abordar la situación. Hoy es distinto, "hay opioides por vía oral, subcutánea y con todas las cosas necesarias que permiten al paciente descansar, dormir y no tener dolor".

  

El tratamiento con morfina, por ejemplo, "ha ido evolucionando en positivo, se han ido subiendo escalones y cada vez que se sube uno de esos escalones se extiende la terapia sin dolor más tiempo. Las cosas han avanzado mucho" desde que empezó a utilizarse como medicamento en 1975, y ha dejado de ser considerada una droga para ser vista como un analgésico.

 

Por eso, los cuidados paliativos constituyen "una actividad médica basada en el mejor analgésico del mundo que, además, es barato y que permite al paciente hacer vida normal, a pesar de tener un cáncer con metástasis, por ejemplo", aunque "hay que saber cuándo, cómo, cada cuánto y por qué administrarla".

 

De ahí que no tenga sentido la eutanasia sin haber garantizado un acceso universal a los cuidados paliativos: "¿Usted cree que hay alguien que quiera poner punto a su vida? Nunca. Y si hay alguien al que le pones en esa situación, no hay ningún problema. Tenemos los fármacos adecuados con la terapias adecuadas con un actividad periódica las 24 horas en las que el paciente va a estar sin dolor, sin síntomas".  

 

Las mejores campañas de Navidad 2020 

En la época navideña, la creatividad establece bellas alianzas con la ternura y la solidaridad para mostrarnos magníficas historias publicitarias. Esta Navidad no ha sido menos que otros años. Yo aún diría que ha sido más emotiva, que ha sido un año especial, precisamente por la sombra de una pandemia que impedía reunirnos todos juntos, y por una nostalgia entrañable de los encuentros familiares que tanto echábamos en falta.

 

En este blog hemos recogido algunas de esas campañas, pero han sido muchas más las que han llevado a conmovernos, a reflexionar sobre nuestros valores y, sobre todo, a desear ser la mejor versión de nosotros mismos.

Aquí expongo las 10 campañas que más me han gustado de esta Navidad. Todas ellas son brillantes, muy bien contadas, que han llegado al corazón de muchísimas personas, tanto en España como en el extranjero.

 Y a ti, ¿qué anuncios navideños te han gustado más? Agradeceré que lo pongas en los comentarios.

1. Amazon: «The show must go on»

 

Ahora ya no

Ahora ya no; ahora, por decisión del parlamento, jugamos con la vida de las personas. Le damos permiso al médico para que quite la vida a un paciente. ¿Qué es el enfermo quien lo pide? En nuestra vida podemos pedir muchas tonterías y muchas barbaridades ante las que una persona sensata no nos haría caso. La vida es sagrada, no está en manos de los hombres, y aunque haya alguien que se deje llevar por la locura, no se lo permitimos, porque hay otros medios de ayudar a un enfermo.

Ahora que los medios paliativos han dado pasos de gigante, que se puede ayudar a los enfermos con tantos medios útiles, lo único que se les ocurre a los parlamentarios españoles, mayoría, es matar. Ya sabemos que esto lo han hecho en otros países europeos, pero no son de ambiente católico, no se puede esperar demasiado de ellos. Y la pregunta es: ¿se puede esperar de nosotros, católicos, semejante barbaridad? Y la respuesta es que en España ya no son católicos la mayoría, aun cuando hay muchos y muy buenos que sí lo son.

Conclusión: las personas en la medida en que pierden sus ideas religiosas pueden terminar en barbaridad incontables. Esto es el principio. Y, por lo tanto, los que nos sentimos verdaderamente seguidores de Jesucristo deberíamos pensar en qué se nos ocurre para influir más en el ambiente.

Suso do Madrid

 

 

Un ataque a la libertad de expresión

Walter Kronkite, eminente periodista norteamericano, decía que la preservación de nuestras libertades, depende de que la nuestra sea una ciudadanía ilustrada.

Una ley y una especie de conato de ley, coinciden en el tiempo político del Partido Socialista y de los comunistas de Podemos.

Una ley, la ley Celáa, que cercena de raíz las libertades de los padres en relación con la educación de sus hijos, y el derecho de todo ciudadano a crear centros educativos, según el artículo 27 de la Constitución, y que fundamentalmente se encamina al grave deterioro de la instrucción y de la cultura de las nuevas generaciones. Y, simultáneamente, un intento de privar a los ciudadanos del sagrado derecho a estar informados y de impedir a los medios y a los profesionales de la comunicación la libertad de informar, con la consiguiente responsabilidad ante la sociedad, según el artículo 20 de la Constitución.

Demasiadas afinidades en ambas acciones políticas de Sánchez y de Iglesias, de los comunistas de Podemos y del Partido Socialista, como para no pensar que, a lo peor, no se trata de una casualidad en el tiempo, sino de un proyecto perfectamente planificado.

Enric Barrull Casals

 

 

¿Es un insulto?

La pregunta que habría que hacerle al Presidente del Gobierno Español no es si ahora duerme bien con Iglesias en el gobierno, sino si sabe cuánta gente pasa hambre cada día en España. Las verdaderas manifestaciones además de las que sacan en la tele, son la cola de cada día de gente que espera a que le den algo de comida para no pasar tanta hambre. 

Cuando le insinuaron este asunto, replicó que España lleva mil días sin romperse y otros temas por el estilo. Ese modo de salir por la tangente con un discurso pretendidamente optimista, no resuelve los problemas reales. Incluso va a llegar a parecer que la insistencia diaria en los datos de la pandemia, lo que trata es de que no pensemos en otra cosa, arracimados como estamos con el estado de alarma hasta mayo.

La pandemia está ahí, y duele. La vacuna está también ahí, pero todavía en el aire, aunque sólo sea porque dependemos de las multinacionales que la fabrican, sin poder hacer otra cosa que esperar a que vayan llegando. Los socialistas y comunistas del gobierno, presumen de ser progresistas, sin tener que contar con nadie más que con ellos, pero la gente hace colas porque pasa hambre y el ingreso mínimo vital es un ensueño que nunca llega. Y las vacunas... vete a saber. Lo que sí está claro es que la tensión sigue aumentando entre los ciudadanos.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Catalanes, vascos, “el león y el ratón… y sus colas” 

 

                                No es que sean los únicos, puesto que el “mono humano”, como tal, “imita más que crea y roba más que produce”, y con su malicia congénita  y maldad anexa, practica aquello tan viejo de, “Cabeza de ratón que cola de león”, puesto que muchos, resuelven así sus “pobres vidas”, para lograr vivir opíparamente del trabajo de los demás; ese es el fondo intrínseco de toda “mente” separatista, que lo que pretende y siempre individualmente, es lograr capitanear el grupo que pondrá a trabajar para sus intereses individuales; todo lo demás, son… “agua de borrajas o capullos de Alejandría”; y esas son unas de las viejas “plagas” de España, a las que ya el insigne escritor, Vicente Blasco Ibáñez, las clasificó hace más de un siglo, como “La lepra de España”, en un artículo que pueden leer puesto que está en la red de Internet.

                                Lo terrible y muy triste, es que ello ha producido ya mucha sangre, derramada en España; y me temo, por cuanto sigue ocurriendo, que antes o después, se seguirá produciendo, ya que estos “bichos”, con sus egoísmos y avaricias, no harán otra cosa que lo que vienen haciendo, en perjuicio del resto de España, de la que se aprovechan sin escrúpulo alguno; cosa que no reconocen en absoluto, puesto que nunca pensaron que, “construyendo con inteligencia, las obras y sus beneficios, son mucho más positivas, interesantes y por tanto beneficiosas para ambas partes”, pero ellos siguen en ese camino y el otro similar o peor, cual es, “el divide y vencerás”.

                                Mienten más que hablan, puesto que, “la verdad es la herida que más duele”, y “sus historias que son mentiras descubribles, las intentan tapar, con sangre, ignorancia y abusos de todo tipo”; y como muestra sólo hay que analizar esta legislatura, que es una más, de las infinitas en que estamos pagando, una mayoría de españoles a estos desaprensivos, que, “marcan su ley y se mean y se cagan”, en una Constitución que se nos aseguró y se nos asegura, que es igual para todos los españoles; pero a la vista está, que ello no es así, ni mucho menos.

                                Los vascos “han metido a la fuerza” que son un país, cosa que es mentira, puesto que no lo fueron nunca y así siguen, puesto que sus naturales, están repartidos por tres estados o reinos que lo fueron y son, España, Francia y Navarra; sin que meta hoy algo ya a tener muy en cuenta, puesto que con la emigración, hoy hay muchísimos oriundos que no tienen nada vasco, salvo la residencia, para ello no hay más que ver los apellidos, tanto en las provincias vascongadas como en las de Cataluña.

                                Sobre Cataluña que es a lo que hoy principalmente me refiero, me han regalado estas navidades un libro, muy curioso e ilustrativo; escrito por un catalán que firma con seudónimo, pienso que por miedo a enfrentarse a sus paisanos y lo maten. El libro se titula “Catalunya para Marcianos”, lo firma, Jaume Pi i Bofarull” y lo han editado en Barcelona, por la editorial Planeta año 2018; pues la realidad, es que hay más catalanes que quieren seguir siendo españoles, que renegados, de una patria común, “que nos aguanta desde hace siglos”, aunque estos renegados renieguen de un idioma, que igual que al resto de los nacidos en España, les pertenece a ellos también; y es también muy curioso que en Barcelona, se editan infinitamente muchas más obras en el idioma común, que es el ESPAÑOL (que no castellano por cuanto ya he explicado muchas veces); o sea que es en Cataluña, donde más se imprime el idioma nacional, para todo el mundo; y es claro que ello debe ser un “negocio enorme”, para los catalanes que lo explotan y a lo que no le hicieron ni le hacen “ascos”, por aquello de que… “la pela es la pela”, que es lo que persiguen siempre.

                                Pues bien, ese libro citado, es como un “acta notarial” de todo lo concerniente, a esa “guerra absurda” que mantienen los renegados contra el resto de españoles, y donde se demuestran y aclaran la infinidad de mentiras y absurdos, en que se basan los separatistas para renegar de su patria de nacencia. Su lectura te va  produciendo desde la risa “de oreja a oreja y a mandíbula batiente”, hasta el asco de ver a medida que vas leyendo, lo que antes he anticipado; y que ahora digo en otras palabras; todos los separatistas van a su panza y su bolsillo y nada más, para lo que no tenemos más que fijarnos en la, “honorable familia Pujol y resto de pujoleros”, que en un tiempo, han sido como, “los nuevos dueños o sátrapas feudales de esos territorios y en los que con todo tipo de abusos, han logrado fortunas enormes”; y por lo que son juzgados, hace ya “la tira de años”, sin que aún los sentasen para sentenciarlos en los juzgados que llevan esos asuntos, que por lo “enmarañados” parece ser que han tardado en llegar a ese juicio o juicios, que al parecer se va a celebrar en el corriente año.

                                El resumen del libro lo concentra la contraportada, con frases tan contundentes como estas: “El resultado es una crítica vehemente que levantará ampollas porque aporta hechos y argumentos que son considerados tabú en el mundo nacionalista y su entorno, y que tampoco suelen desplegar sus opuestos por timidez o prudencia: Nunca hubo un Reino ni un Estado de Cataluña. La región se vio beneficiada por aranceles y otras medidas proteccionistas dictadas por el poder central. Rafael Casanova no era independista, sino un español partidario de los Austrias. Algún antepasado de los Güel, tuvo alguna relación con los negreros. Companys no fue un santo. Un libro que despliega un agudísimo sentido crítico sin dejar de ser ágil y ameno, y cuyas tesis acaban siendo demoledoras”.

                                Así es que en un solo libro, se desmontan todas las mentiras que los renegados, quieren mantener a costa de lo que sea; por lo que civilizadamente y sin violencia “animal”, se les cantan varias veces “las cuarenta”, a todos los “cabeza de ratón(1) que siempre fueron como van ahora, simplemente a su panza y su bolsillo”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 

 

(1) La expresión “más vale ser cabeza de ratón que cola de león”, es un refrán español que se refiere a la autoridad o importancia que un individuo posee en un pequeño grupo, bien sea político, laboral u otro. Se utiliza de forma popular para indicar que es preferible ser el primero en una corporación pequeña que el último en una mayor, de gran prestigio y líderes en el mercado de la actividad que se dedica.