Las Noticias. de hoy 18 Enero 2021

Enviado por adminideas el Lun, 18/01/2021 - 12:29

▷ 100+ Imágenes Cristianas de Unidad | En armonía como Hermanos

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 18 de enero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus del Papa: "No rechacemos la llamada de Dios. Respondamos con amor"

Francisco reza por las víctimas del terremoto y el accidente aéreo en Indonesia

Carta ecuménica: semana de oración por la unidad de los cristianos

SANTIDAD DE LA IGLESIA: Francisco Fernandez Carbajal

“Hacer agradable la vida a los demás”: San Josemaria

Octavario por la unidad de los cristianos (día 1, 18 de enero)

Al servicio de la fraternidad

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse, respetarse: José María Contreras

Einstein y Dios: arvo.net

La importancia de una buena formación: Pablo Arce Gargollo

¿Crisis en la Iglesia?: Ernesto Juliá

Vida natural y orgánica, existencia artificial y mecánica: Plinio Corrêa de Oliveira

Un peligroso cáncer social llamado relativismo: Jorge Espinosa Cano

¿Es ético utilizar recursos públicos para financiar tratamientos estéticos?:  Emilio García-Sánchez

Otro gran papel el que han jugando los agricultores y ganaderos: Jesús Domingo Martínez

Con la Ley de Educación: Jesús Martínez Madrid

¿“son las fiestas del afecto”?  : Valentín Abelenda Carrillo

La segunda lengua más hablada en todo el planeta: Juan García.  

Ráfagas de pensamientos: Antonio García Fuentes

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

Ángelus del Papa: "No rechacemos la llamada de Dios. Respondamos con amor"

A la hora del rezo del Ángelus, el domingo 17 de enero, el Santo Padre alentó a los fieles a no rechazar la llamada de Dios en nuestras vidas y a responder a ella con amor.

Ciudad del Vaticano

El 17 de enero, segundo domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la Pandemia.

Reflexionando sobre el Evangelio dominical que narra el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos en el río Jordán, el día después de haber sido bautizado, el Santo Padre recordó que es precisamente Juan Bautista el que señala el Mesías a dos de ellos con estas palabras: "¡He ahí el Cordero de Dios!" (v. 36).

Encuentro con Jesús: "Hemos encontrado al Mesías"

Y aquellos dos, fiándose del testimonio del Bautista, -continuó explicando Francisco- siguen a Jesús que se da cuenta y dice: "¿Qué buscáis?" y ellos le preguntan: "Maestro, ¿dónde vives?, a lo que Jesús no contesta: "Vivo en Cafarnaún o en Nazaret", sino que dice: "Venid y lo veréis" (v. 39).

 

LEA TAMBIÉN 

17/01/2021

Ángelus del 17 de enero de 2021

En este sentido, el Pontífice señaló que las palabras del Señor "no son una tarjeta de visita, sino la invitación a un encuentro. Los dos hombres, que resultarían ser Andrea y su hermano Simón, a quien Jesús llamará "Pedro", lo siguen y se quedan con él esa tarde, hablando, "advirtiendo la belleza de palabras que responden a su esperanza cada vez más grande".

Tras este encuentro, ambos regresan ante sus hermanos y recocen "desbordando de alegría": "Hemos encontrado al Mesías" (v. 41).

Asimismo, el Papa profundizó sobre esta experiencia de encuentro con Cristo que nos llama a estar con Él:

“Cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie. Después Dios nos llama a la fe y a formar parte de su familia, como hijos de Dios”

Por otra parte, el Santo Padre aseveró que Dios también llama a cada uno de nosotros a un estado de vida particular:

No rechacemos la llamada de Dios

"Nos llama darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada. Son maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros, que es siempre un plan de amor. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos".

Igualmente, el Papa puntualizó que frente a la llamada del Señor, "que puede llegar a nosotros de mil maneras, también a través de personas, de acontecimientos, tanto alegres como tristes", nuestra actitud a veces puede ser de rechazo, "porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones; o de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda".

Respondamos a Dios solo con amor

Al respecto, Francisco hizo hincapié en que la llamada de Dios es amor, "y a ella se responde solo con amor". 

“Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: «He encontrado el Amor, he encontrado el sentido de mi vida. En una palabra: He encontrado a Dios»”

"La Virgen María nos ayude a hacer de nuestra vida un canto de alabanza a Dios, en respuesta a su llamada y en el cumplimiento humilde y alegre de su voluntad", concluyó el Papa.

Francisco reza por las víctimas del terremoto y el accidente aéreo en Indonesia

Tras concluir el rezo del Ángelus, el Papa Francisco recordó a los afectados por el terremoto de Indonesia y también a los que perdieron la vida en el accidente de avión que tuvo lugar el sábado 9 de enero en este país.

Ciudad del Vaticano

El domingo 17 de enero, tras rezar el Ángelus, el Papa Francisco dedicó unas palabras especiales a las víctimas del terremoto acaecido el 15 de enero en la localidad de Sulawesi, en la Isla Célebes de Indonesia.

 

LEA TAMBIÉN

 

17/01/2021

Ángelus del Papa: "No rechacemos la llamada de Dios. Respondamos con amor"

Un sismo de magnitud 6,2 que se cobró al menos 56 víctimas, según un último balance. El Santo Padre también oró por las víctimas del accidente aéreo que tuvo lugar el 9 de enero en este país.

Oración del Papa por las víctimas

"Rezo por los muertos, los heridos y por aquellos que han perdido sus casas y su trabajo. Que el Señor los consuele y sostenga los esfuerzos de aquellos que trabajan para traer alivio. Recemos juntos por nuestros hermanos de Sulawesi, y también por las víctimas del accidente de avión del sábado pasado, también en Indonesia", dijo Francisco.

En Sulawesi, mientras tanto, los equipos de rescate siguen buscando supervivientes entre los escombros mientras continúan las réplicas. Más de 820 personas han resultado heridas, 200 de ellas de gravedad, y unas 15.000 han tenido que abandonar sus hogares y refugiarse en los 15 centros establecidos por las autoridades.

Ya se han sacado decenas de heridos de los restos de edificios derrumbados en Mamuju, una ciudad de 110.000 habitantes en el oeste de la provincia, donde un hospital y un centro comercial fueron arrasados. Una situación que se complica más debido a las fuertes lluvias.

Carta ecuménica: semana de oración por la unidad de los cristianos

En vista de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebrará del 18 al 25 de enero, compartimos el texto escrito por Monseñor Ambrogio Spreafico, presidente de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana, Monseñor Polykarpos Stavropoulos, vicario patriarcal de la Sagrada Arquidiócesis Ortodoxa de Italia y Malta, y el pastor Luca Maria Negro, presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas de Italia.

Tiziana Campisi - Ciudad del Vaticano

"Sentimos el deseo de hacernos cercanos unos a otros, junto con nuestras comunidades que están en Italia. No queremos que el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, las dificultades económicas de muchos ni la distancia que nos separa, escondan o disminuyan la fuerza de estar unidos en Cristo Jesús": son las palabras de Monseñor Ambrogio Spreafico, presidente de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana, Monseñor Polykarpos Stavropoulos, vicario patriarcal de la Sagrada Arquidiócesis Ortodoxa de Italia y Malta, y el Pastor Luca Maria Negro, presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas de Italia, publicadas en una Carta Ecuménica, elaborada con ocasión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que tendrá lugar del 18 al 25 de enero. 

 

LEA TAMBIÉN

 

28/12/2020

Día de los Santos Inocentes: un homenaje a los niños no nacidos

Examinando la situación actual marcada por la pandemia, los tres firmantes de la carta observan que no se puede "esperar a que después de esta pandemia todo vuelva a ser como antes, como suele decirse", sino que desean "que todo vuelva a ser mejor que antes, porque el mundo sigue estando demasiado marcado por la violencia y la injusticia, la arrogancia y la indiferencia". 

Además, explican que, pese a la dificultad del dolor y de la gran necesidad que se ha vivido en estos meses, también la solidaridad se ha multiplicado. "Muchos se han unido a nuestras comunidades para echar una mano, para estar cerca de quienes necesitaban alimento, amistad, nuevos gestos de cercanía, respetando las justas medidas de distanciamiento social", continúan expresando Monseñor Spreafico, Monseñor Stavropoulos y el Pastor Luca Negro dando gracias a Dios por esta "solidaridad multiplicada".

“Nuestras Iglesias y comunidades han encontrado la unidad en esa caridad, que es la más grande de las virtudes y que, única, permanecerá como el sello de nuestra comunión fundada en el Señor Jesús”

Posteriormente, los tres promotores de la carta, aseguran sus oraciones "por los enfermos, por los que los cuidan, por los ancianos solos o en instituciones, por los refugiados, por todos los que sufren en este tiempo" y a la vez, piden a Dios que sane a la humanidad "del poder del mal y de la pandemia, de la injusticia y de la violencia", dándoles el don de la unidad. 

 

SANTIDAD DE LA IGLESIA

— La Iglesia es santa y produce frutos de santidad.

— Santidad de la Iglesia y miembros pecadores.

— Ser buenos hijos de la Iglesia.

I. El Antiguo Testamento, de mil formas diferentes, anuncia y prefigura todo lo que tiene lugar en el Nuevo. Y este es plenitud y cumplimiento de aquel. Cristo muestra el contraste entre el espíritu que Él trae y el del judaísmo de su época. Este espíritu nuevo no será como una pieza añadida a lo viejo, sino un principio pleno y definitivo que sustituye las realidades provisionales e imperfectas de la antigua Revelación. La novedad del mensaje de Cristo, su plenitud, como un vino nuevo, no cabe ya en los moldes de la Antigua Ley. Nadie echa vino nuevo en odres viejos...1.

Quienes le escuchan entienden bien las imágenes que emplea el Señor para hablar del Reino de los Cielos. Nadie debe cometer el error de remendar un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque el paño nuevo encogerá al mojarse, desgarrando aún más el vestido viejo y pasado, con lo que se perderían los dos al mismo tiempo.

La Iglesia es el vestido nuevo, sin roturas; es la vasija nueva preparada para recibir el espíritu de Cristo, que llevará generosamente hasta los confines del mundo, y mientras existan hombres sobre la tierra, el mensaje y la fuerza salvífica de su Señor.

Con la Ascensión se cierra una etapa de la Revelación, y comienza en Pentecostés el tiempo de la Iglesia2, Cuerpo Místico de Cristo, que continúa la acción santificadora de Jesús, principalmente a través de los sacramentos, y nos consigue abundantes gracias por su intercesión, a través también de los sacramentos y de los ritos externos que Ella ha instituido: las bendiciones, el agua bendita...; su doctrina ilumina nuestra inteligencia, nos da a conocer al Señor, nos permite tratarlo y amarlo. Por eso, nuestra Madre la Iglesia jamás ha transigido con el error en la doctrina de fe, con la verdad parcial o deformada; se ha mantenido siempre vigilante para mantener la fe en toda su pureza, y la ha enseñado por el mundo entero. Gracias a su indefectible fidelidad, por la asistencia del Espíritu Santo, podemos nosotros conocer la doctrina que enseñó Jesucristo, y en su mismo sentido, sin cambio ni variación alguna. Desde los días de Pentecostés hasta hoy, se sigue escuchando la voz de Cristo.

Todo árbol bueno produce buenos frutos3, y la Iglesia da frutos de santidad4. Desde los primeros cristianos, que se llamaron entre sí santos, hasta nuestros días, han resplandecido los santos de toda edad, raza y condición. La santidad no está de ordinario en cosas llamativas, no hace ruido, es sobrenatural; pero trasciende enseguida, porque la caridad, que es la esencia de la santidad, tiene manifestaciones externas: en el modo de vivir todas las virtudes, en la forma de realizar el trabajo, en el afán apostólico... «Mirad cómo se aman», decían de los primeros cristianos5; y los habitantes de Jerusalén los contemplaban con admiración y respeto, porque advertían los signos de la acción del Espíritu Santo en ellos6.

Hoy, en este rato de oración y durante el día, podemos dar gracias al Señor por tantos bienes como hemos recibido a través de nuestra Madre la Iglesia. Son dones impagables. ¿Qué sería de nuestra vida sin esos medios de santificación que son los sacramentos? ¿Cómo podríamos conocer la Palabra de Jesús –¡palabras de vida eterna!– y sus enseñanzas si no hubieran sido guardadas con tanta fidelidad?

II. Desde el mismo momento de su fundación, el Señor ha tenido en su Iglesia un pueblo santo, lleno de buenas obras7. Puede afirmarse que en todos los tiempos «la Iglesia de Dios, sin dejar de ofrecer nunca a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo»8. Santidad en su Cabeza, Cristo, y santidad en muchos de sus miembros también. Santidad por la práctica ejemplar de las virtudes humanas y las sobrenaturales. Santidad heroica es la de aquellos que «son de carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero su patria es el Cielo... Aman a los otros y los otros los persiguen. Se les calumnia y ellos bendicen. Se les injuria y ellos honran a sus detractores... Su actitud (...) es una manifestación del poder de Dios»9. Son innumerables los fieles que han vivido su fe heroicamente: todos están en el Cielo, aunque la Iglesia haya canonizado solo a unos pocos. Son también incontables, aquí en la tierra, las madres de familia que, llenas de fe, sacan adelante a su familia, con generosidad, sin pensar en ellas mismas; trabajadores de todas las profesiones que santifican su trabajo; estudiantes que realizan un apostolado eficaz y saben ir con alegría contra corriente; y tantos enfermos que ofrecen sus vidas en el hogar o en un hospital por sus hermanos en la fe, con gozo y paz...

Esta santidad radiante de la Iglesia queda velada en ocasiones por las miserias personales de los hombres que la componen. Aunque, por otra parte, esas mismas deslealtades y flaquezas contribuyen a manifestar, por contraste, como las sombras de un cuadro realzan la luz y los colores, la presencia santificadora del Espíritu Santo, que la sostiene limpia en medio de tantas debilidades.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos: el licor divino de las enseñanzas del Señor, de la vida que nos ha dispensado al traernos a su Iglesia, se ha de contener en nuestra alma, un recipiente que debe ser digno, pero que es defectible, que puede fallar. Con fe y con amor entendemos que la Iglesia sea santa y que sus miembros tengan defectos, sean pecadores. En Ella «están reunidos buenos y malos. Está formada por diversidad de hijos, porque a todos engendra en la fe; pero de tal modo que no a todos, por culpa de ellos, logra conducir a la libertad de la gracia mediante la renovación de sus vidas»10. La misma Iglesia está constituida por hombres que alcanzaron ya su destino eterno –los santos del Cielo–, por otros que purgan en espera del premio definitivo, y también por los que aquí en la tierra han de luchar con sus defectos y malas inclinaciones para ser fieles a Cristo. No es razonable –y va contra la fe y contra la justicia– juzgar a la Iglesia por la conducta de algunos miembros suyos que no saben corresponder a la llamada de Dios; es una deformación grave e injusta, que olvida la entrega de Cristo, que amó a su Iglesia y se sacrificó por ella, para santificarla, limpiándola en el bautismo del agua, a fin de hacerla comparecer delante de Él llena de gloria, sin arruga ni cosa semejante, sino siendo santa e inmaculada11. No olvidemos a Santa María, a San José, a tantos mártires y santos; tengamos siempre presente la santidad de la doctrina y del culto y de los sacramentos y de la moral de la Iglesia; consideremos frecuentemente las virtudes cristianas y las obras de misericordia, que adornan y adornarán siempre la vida de tantos cristianos... Esto nos moverá a portarnos siempre como buenos hijos de la Iglesia, a amarla más y más, a rezar por aquellos hermanos nuestros que más lo necesitan.

III. La Iglesia no deja de ser santa por las debilidades de sus hijos, que son siempre estrictamente personales, aunque estas faltas tengan mucha influencia en el resto de sus hermanos. Por eso, un buen hijo no tolera los insultos a su Madre, ni que le achaquen defectos que no tiene, que la critiquen y maltraten.

Por otra parte, incluso en aquellos tiempos en que el verdadero rostro ha estado velado por la infidelidad de muchos que deberían haber sido fieles y cuando solo aparecen vidas de muy escasa piedad, en esos momentos –quizá ocultas a la mirada de las gentes– existen almas santas y heroicas. Aun en las épocas más oscurecidas por el materialismo, la sensualidad y el deseo de bienestar, hay hombres y mujeres fieles que en medio de sus quehaceres son la alegría de Dios en el mundo.

La Iglesia es Madre: su misión es la de «engendrar hijos, educarlos y regirlos, guiando con materno cuidado la vida de los individuos y los pueblos»12. Ella –santa y madre de todos nosotros13– nos proporciona todos los medios para adquirir la santidad. Nadie puede llegar a ser buen hijo de Dios si no vive con amor y piedad estos medios de santificación, porque «no puede tener a Dios como Padre, quien no tiene a la Iglesia como Madre»14. De aquí que no se concibe un gran amor a Dios sin un gran amor a la Iglesia.

Como el amor a Dios brota del amor que Él nos tiene –Él nos amó primero a nosotros15–, el amor a la Iglesia ha de nacer del agradecimiento por los medios que nos brinda para que alcancemos la santidad. Le debemos amor por el sacerdocio, por los sacramentos todos –y de modo muy particular por la Sagrada Eucaristía–, por la liturgia, por el tesoro de la fe que ha guardado fielmente a lo largo de los siglos... La miramos nosotros con ojos de fe y de amor, y la vemos santa, limpísima, sin arruga.

Si la Iglesia, por voluntad de Jesucristo, es Madre –una buena madre–, tengamos nosotros la actitud de unos buenos hijos. No permitamos que se la trate como si fuera una sociedad humana, olvidando el misterio profundo que en Ella se encierra; no queramos escuchar críticas contra sacerdotes, obispos... Y cuando veamos errores y defectos de quienes quizá tenían que ser más ejemplares, sepamos disculpar, resaltar otros aspectos positivos de esas personas, recemos por ellos... y, en su caso, ayudémosles con la corrección fraterna, si nos es posible. «Amor con amor se paga», un amor con obras, que sea notorio, por quienes habitualmente nos conocen y tratan.

Terminamos nuestra oración invocando a Santa María, Mater Ecclesiae, Madre de la Iglesia, para que nos enseñe a amarla cada día más.

1 Mc 2, 22. — 2 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 4.  3 Mt 7, 17. — 4 Cfr. Catecismo Romano, I, 10, n. 15. — 5 Tertuliano, Apologético, 39, 7. — 6 Cfr. Hech 2, 33. — 7 Tit 2, 14.  8 Pío XI, Enc. Quas primas, 11-XII-1925, 4.  9 Epístola a Diogneto, 5, 6, 16; 7, 9. — 10 San Gregorio Magno, Homilía 38, 7. — 11 Ef 5, 25-27. — 12 Juan XXIII, Enc. Mater et magistra, Introd. — 13 Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, 18, 26. — 14 San Cipriano, Sobre la unidad de la Iglesia Católica, 6. — 15 1 Jn 4, 10.

 

 

“Hacer agradable la vida a los demás”

Mientras sigas persuadido de que los demás han de vivir siempre pendientes de ti, mientras no te decidas a servir –a ocultarte y desaparecer–, el trato con tus hermanos, con tus colegas, con tus amigos, será fuente continua de disgustos, de malhumor...: de soberbia (Surco, 712).

18 de enero

Cuando te cueste prestar un favor, un servicio a una persona, piensa que es hija de Dios, recuerda que el Señor nos mandó amarnos los unos a los otros. –Más aún: ahonda cotidianamente en este precepto evangélico; no te quedes en la superficie. Saca las consecuencias –bien fácil resulta–, y acomoda tu conducta de cada instante a esos requerimientos. (Surco, 727)

Que sepas, a diario y con generosidad, fastidiarte alegre y discretamente para servir y para hacer agradable la vida a los demás. Este modo de proceder es verdadera caridad de Jesucristo. (Forja, 150)

Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres. Servicio. ¡Cómo me gusta esta palabra! Servir a mi Rey y, por El, a todos los que han sido redimidos con su sangre. ¡Si los cristianos supiésemos servir! Vamos a confiar al Señor nuestra decisión de aprender a realizar esta tarea de servicio, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y darlo a conocer y lograr que otros más lo amen.  

¿Cómo lo mostraremos a las almas? Con el ejemplo: que seamos testimonio suyo, con nuestra voluntaria servidumbre a Jesucristo, en todas nuestras actividades, porque es el Señor de todas las realidades de nuestra vida, porque es la única y la última razón de nuestra existencia. Después, cuando hayamos prestado ese testimonio del ejemplo, seremos capaces de instruir con la palabra, con la doctrina. Así obró Cristo: coepit facere et docere, primero enseñó con obras, luego con su predicación divina. (Es Cristo que pasa, 182)

 

 

Octavario por la unidad de los cristianos (día 1, 18 de enero)

Primera meditación del octavario por la unidad de los cristianos (18 de enero). Temas: la oración de Jesús: "Que sean uno", el origen de la costumbre e importancia de la unidad y reconocer a Cristo en los demás.

TEXTOS PARA ORAR13/01/2021

Día 1. 18 de enero

►Oración de Jesús: Que sean uno.

►Origen de la costumbre e importancia de la unidad.

►Reconocer a Cristo en los demás.

COMIENZA hoy el octavario por la unidad de los cristianos. Durante estos días, con toda la Iglesia, meditaremos más profundamente algunas palabras pronunciadas por Jesús en la Última Cena y que animan estos deseos de unión. Cristo, después de haber compartido más de treinta años con los hombres, sabía que había «llegado su hora de pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1). Su corazón, ante la inminencia de la traición y del dolor, se conmueve de amor por sus discípulos: «Los amó hasta el fin». Por eso, pocas horas antes de su prendimiento, nos deja en herencia tres importantes regalos que son mucho más que una catequesis: el lavatorio de los pies, el don de la Eucaristía y las enseñanzas del discurso de la Cena.

En el largo discurso de Jesús durante la Última Cena, que recoge san Juan, suplica al Padre por la unidad de quienes, con el pasar de los siglos, llegaríamos también a ser sus discípulos: «Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros» (Jn 17,11). La Iglesia nos impulsa, durante esta semana, a unirnos a su oración filial, a dar un paso más en la identificación de nuestros sentimientos con los de Cristo y a hacer propio ese ardiente anhelo.

Cuando el Señor pronuncia aquellas palabras –«guarda a aquellos que me has dado»–, sus seguidores no eran muy numerosos. El Evangelio estaba circunscrito a una zona geográfica y social determinada. Sin embargo, en ese momento el corazón de Jesús llega mucho más lejos, abarcando con su mirada a toda la Iglesia a lo largo de los siglos, con sus esperanzas y dificultades. Cristo reza por nuestra unidad porque prevé la importancia que esta tendrá para la transmisión de la fe y para nuestra propia credibilidad: «No ruego solo por estos, sino por los que han de creer en mí por su palabra: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado» (Jn 17,20-21).

El Concilio Vaticano II nos enseña que el deseo «de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humanas. Por eso pone toda su esperanza en la oración de Cristo por la Iglesia» [1]. La unidad es un don que recibimos de Dios. Por eso, Benedicto XVI nos recuerda que «no podemos “hacer” la unidad sólo con nuestras fuerzas. Podemos obtenerla solamente como don del Espíritu Santo» [2]. Queremos que resuene en nuestro interior, de manera especial durante la semana de oración por la unidad, esta intensa petición de Jesús al Padre. Todas las palabras del Hijo de Dios buscan mover nuestro corazón: tenemos una ocasión más para sorprendernos nuevamente por ellas. También san Josemaría, animado por este afán de unidad, quería que todos los fieles de la Obra pidiésemos en las Preces, diariamente, con las mismas palabras del Señor: «Ut omnes unum sint sicut tu Pater in me et ego in te!».

BENEDICTO XVI se refirió al origen de esta devoción cuando se cumplieron los cien años de existencia del octavario. «Desde sus inicios –explicó– se reveló una intuición verdaderamente fecunda. Fue en el año 1908: un anglicano estadounidense, que después entró en la comunión de la Iglesia católica, (…) lanzó la idea profética de un octavario de oraciones por la unidad de los cristianos» [3]. Esta iniciativa se difundió poco a poco hasta que, ocho años después, Benedicto XV quiso extenderla a toda la Iglesia católica [4].

Las fechas para vivir el octavario son las mismas desde el principio: del 18 al 25 de enero. Se estableció así por el simbolismo que tenían ambos días en el calendario de aquel momento: «El 18 de enero era la fiesta de la Cátedra de San Pedro, que es fundamento firme y garantía segura de unidad de todo el pueblo de Dios, mientras que el 25 de enero, tanto entonces como hoy, la liturgia celebra la fiesta de la Conversión de San Pablo» [5].

Por un lado, recordamos la misión que Cristo confió a Pedro y, a través de él, a sus sucesores: confirmar en la fe a todos sus discípulos. Y, por otro, la conversión de san Pablo nos sugiere que el modelo para alcanzar la unidad es la conversión personal, un movimiento que solo puede darse a partir del encuentro personal con Cristo resucitado. Ambas fiestas –la Cátedra de san Pedro y la Conversión de san Pablo– orientan nuestra mirada a la persona de Jesucristo que es, en definitiva, en quien todos nos uniremos en el futuro.

San Juan Pablo II recordaba que el ecumenismo –movimiento que busca la unidad de los cristianos– no es una tarea opcional ni se trata de «un mero “apéndice” que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia» [6]; el ecumenismo, por el contrario, pertenece a su íntima naturaleza misionera y brota de una comprensión profunda de la tarea que nos dejó Cristo y por la cual rogó al Padre antes de su Pasión. «La unidad es nuestra misión común; es la condición para que la luz de Cristo se difunda más eficazmente en todo el mundo y los hombres se conviertan y se salven» [7]. Es un camino en el que, como buenos hijos, estamos invitados a participar poniéndonos a la escucha del Espíritu del Señor.

EL DISCURSO DE DESPEDIDA durante la Última Cena no es la primera vez que Jesús convoca a sus discípulos a la unidad. Aprovechando circunstancias distintas, les había ya advertido que están llamados a reconocerse como hermanos y a servirse unos a otros porque «solo uno es vuestro Maestro (…), solo uno es vuestro Padre (…), vuestro Doctor es uno solo: Cristo» (Mt 23,8-10). Efectivamente, señala el Papa Francisco, «por obra del Espíritu, nos hemos convertido en uno con Cristo, hijos en el Hijo, verdaderos adoradores del Padre. Este misterio de amor es la razón más profunda de unidad que une a todos los cristianos, y que es mucho más grande que las divisiones que se han producido a lo largo de la historia. Por esta razón, en la medida en que nos acercamos con humildad al Señor Jesucristo, nos acercamos también entre nosotros» [8].

El Concilio Vaticano II reconoce que, de entre los bienes con que la Iglesia se edifica y vive, muchos pueden encontrarse también fuera su recinto visible, como «la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Espíritu Santo» [9]. En todos estos ámbitos es la misma fuerza operante de Cristo la que nos impulsa a todos hacia la unidad. El ecumenismo procura, precisamente, a través de diversos caminos, hacer crecer esta comunión hasta la unidad plena y visible de todos los seguidores de Jesús [10]. Por eso es un acto de justicia y de caridad reconocer las riquezas de Cristo que están presentes en todas las personas que –a veces incluso hasta llegar al derramamiento de la sangre– dan testimonio de él.

En esta semana por la unidad de los cristianos pedimos a Nuestro Señor Jesucristo que sepamos hacer propios sus anhelos de unidad para la Iglesia. Promovemos la unidad si nos dejamos convertir personalmente a Cristo resucitado, reproduciendo en nuestra vida su modo de ser y de obrar, su deseo de ser esclavo de todos (Mc 10,44) para emprender un diálogo de caridad con nuestros hermanos. «El ejemplo de Jesucristo nos lleva a dialogar; ese mismo ejemplo nos enseña cómo hemos de hablar con los hombres» [11]. A lo largo de este octavario perseveremos también en la invocación al Espíritu Santo durante la santa Misa, para que nos «congregue en la unidad» [12] y así todos «formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu» [13]. Con confianza filial dejamos los frutos espirituales de esta semana de oración en las manos de María, Madre de la Iglesia, Madre de todos los cristianos.


[1] Concilio Vaticano II, Decr. Unitatis redintegratio, n. 24.

[2] Benedicto XVI, Discurso, 19-VIII-2005.

[3] Benedicto XVI, Audiencia general, 23-I-2008.

[4] Cfr. Benedicto XV, Breve Romanorum Pontificum, 25-II-1916.

[5] Benedicto XVI, Audiencia general, 23-I-2008.

[6] San Juan Pablo II, Encíclica Ut unum sint, n. 20.

[7] Benedicto XVI, Homilía, 25-I-2006.

[8] Francisco, Homilía, 25-I-2015.

[9] Concilio Vaticano II, Decr. Unitatis redintegratio, n. 3.

[10] Cfr. Benedicto XVI, Discurso, 26-I-2006.

[11] San Josemaría, Carta 24-X-1965, n. 15.

[12] Plegaria eucarística II.

[13] Plegaria eucarística III.

Al servicio de la fraternidad

El Papa Francisco abre el 2021 con un llamamiento a la fraternidad: “La fraternidad nos lleva a abrirnos al Padre de todos y a ver en el otro un hermano, una hermana para compartir la vida o para sostenerse mutuamente, para amar, para conocer”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA18/01/2021

Al rezar a Dios siguiendo a Jesús nos unimos como hermanos con los que rezan siguiendo otras culturas, otras tradiciones y otras creencias. Somos hermanos que oramos.

La fraternidad nos lleva a abrirnos al Padre de todos y a ver en el otro un hermano, una hermana para compartir la vida o para sostenerse mutuamente, para amar, para conocer.

La Iglesia valora la acción de Dios en las demás religiones, sin olvidar que para nosotros cristianos la fuente de la dignidad humana y de la fraternidad, está en el Evangelio de Jesucristo.

Los creyentes debemos volver a nuestras fuentes y concentrarnos en lo que es esencial. Lo que es esencial de nuestra fe, la adoración a Dios y el amor al prójimo.

Recemos para que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con los hermanos y hermanas de otra religión y no andar peleando, y rezando unos por otros, abriéndonos a todos.


Intenciones mensuales anteriores. Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse, respetarse

Conocerse para amarse: el noviazgo es el tiempo en el que dos personas se descubren mutuamente. La Iglesia invita a vivir con intensidad esa fase de la relación para amarse y respetarse. Nuevo editorial sobre el amor humano.

AMOR HUMANO19/06/2015

Conocerse

Para quiénes han sido llamados por Dios a la vida conyugal, la felicidad humana depende, en gran parte, de la elección de la pareja con la que van a compartir el resto de su vida en el matrimonio. De esto se deduce la importancia que tiene el discernimiento acerca de la persona apropiada: “La Iglesia desea que, entre un hombre y una mujer, exista primero el noviazgo, para que se conozcan más, y por tanto se amen más, y así lleguen mejor preparados al sacramento del matrimonio"[1].

Así, esta decisión está relacionada con dos parámetros: conocimiento y riesgo; a mayor conocimiento menor riesgo. En el noviazgo, el conocimiento es la información de la otra persona. En este artículo se abordarán algunos elementos que ayudarán al conocimiento y al respeto mutuo entre los novios.

Actualmente, en algunos ambientes, al concepto "amor" se le puede dar un sentido erróneo, lo cual representa un peligro en una relación donde lo fundamental es el compromiso y la entrega hasta que la muerte los separe: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" [2]. Por ejemplo, si uno quisiera hacer negocios con un socio que no sabe qué es una empresa, los dos estarían condenados al fracaso. Con el noviazgo ocurre algo parecido: es fundamental que ambos tengan la misma idea del amor, y que ese concepto se atenga a la verdad, es decir, a lo que realmente es amor.

Hoy, muchas parejas fundamentan el noviazgo, y también el matrimonio, en el sentimentalismo. A veces, hay actitudes de conveniencia y falta de transparencia, es decir, “autoengaños" que terminan después apareciendo en los hechos. Con el paso del tiempo, esto puede convertirse en causa de muchas rupturas matrimoniales. Los novios han de querer construir su relación sobre la roca del amor verdadero, y no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen[3].

El conocimiento propio es algo esencial para que la persona aprenda a distinguir cuándo una manifestación afectiva pasa la frontera de un sentimiento ordenado, y se adentra en la esfera del sentimentalismo, quizá egoísta. En este proceso es esencial la virtud de la templanza que ayuda a la persona a ser dueña de sí misma, ya que “tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad"[4].

Se puede pensar en el amor como un trípode, que tiene como puntos de apoyo los sentimientos, la inteligencia y la voluntad. Al amor acompaña un tipo de sentimiento profundo. Si creemos que el afecto no es aún suficientemente intenso ni hondo, y que vale la pena mantener el noviazgo, habrá que preguntarse qué tengo que hacer para seguir queriendo (inteligencia), y acometer lo que he decidido (voluntad). Lógicamente, conviene alimentar la inteligencia con buena formación y doctrina, pues de lo contrario, se apoyará en argumentos que lleven al sentimentalismo.

Tratarse

El conocimiento verdadero de los demás se consigue con el trato mutuo. Igualmente ha de suceder en el noviazgo, que requiere un trato que llegue a temas profundos, relacionados con el carácter de la otra persona: cuáles son sus creencias y convicciones, cuáles son sus ilusiones, qué valores familiares tiene, cuál es su opinión sobre la educación de los hijos, etc.

Las dificultades de carácter son consecuencia del daño causado por el pecado original en la naturaleza humana; por tanto, hay que contar con que todos tenemos momentos de mal carácter. Esto se puede paliar, contando especialmente con la gracia de Dios, luchando por hacer la vida más agradable a los demás. Sin embargo, hay que asegurar la capacidad para convivir con el modo de ser del otro.

También sucede lo mismo con las convicciones y creencias. Se ven como una consecuencia tradicional, de la educación recibida o de modo racional. Sin embargo, no es frecuente que se deje de lado la importancia que tienen o se piense que con el tiempo cederá. Pueden convertirse en una dificultad grande y, en muchos casos, motivos de problemas conyugales. Es fundamental tener claro que el matrimonio es “de uno con una; (…) La medalla tiene anverso y reverso; y en el reverso hay dolores, abstenciones, sacrificios, abnegación"[5].

Podría resultar ingenuo pensar que el otro va a cambiar sus convicciones y creencias o que el cónyuge será el medio para que cambie. Lo anterior no excluye que las personas rectifiquen y mejoren con el paso del tiempo y la lucha personal. Sin embargo, un criterio que puede servir es el siguiente: si, las convicciones profundas, no se adecúan a lo que yo pienso respecto a cómo ha de ser el padre o la madre de mis hijos, puede ser prudente cortar, ya que no hacerlo a tiempo es un error que con frecuencia puede llevar a un futuro matrimonio roto.

Es preciso diferenciar lo que en el otro es una opinión y lo que es una creencia o una convicción. Podríamos decir que una opinión es lo que sostiene, sin llegar a la categoría de convicción, aunque para expresarla utilice la palabra “creo". Por ejemplo, si uno comenta “creo que el matrimonio es para siempre", conviene saber si se trata de una opinión o de una creencia. La opinión comporta excepciones, una creencia no; la creencia es un valor arraigado, una convicción, sobre la que se puede sostener un matrimonio.

Con frecuencia, ya siendo marido y mujer, sucede que uno de los cónyuges se da cuenta de que, cuestiones tan vitales como estar de acuerdo sobre el número de hijos, o su educación cristiana, o la forma de vivir la sexualidad no han sido tratadas con seriedad durante el noviazgo.

El noviazgo cristiano es un tiempo para conocerse y para confirmar que la otra persona coincide en lo que es fundamental, de manera que no será extraño que a lo largo de esta etapa uno de los novios decida que el otro no es la persona adecuada para emprender la aventura del matrimonio.

La personalidad se va formando con el paso del tiempo, por lo que hay que pedir al otro un nivel de madurez adecuado a su edad. Sin embargo, hay algunos parámetros que pueden ayudar a distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez: suele tomar las decisiones en función de su estado de ánimo, le cuesta ir a contracorriente, su humor es voluble, es muy susceptible, suele ser esclavo o esclava de la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones y tiende a culpar a los otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se corresponden con su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención, etcétera.

Respetarse

Como dice el Papa Francisco: “La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza"[6]. El noviazgo crece como aspiración al amor total desde el respeto mutuo, que en el fondo es lo mismo que tratar al otro como lo que es: una persona.

“El periodo del noviazgo, fundamental para formar una pareja, es un tiempo de espera y de preparación, que se ha de vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y la atención del otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto por el otro, características del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar" [7].

Este hecho conlleva diversas consecuencias, cuyo fundamento es la dignidad humana: no se puede pedir al novio o a la novia lo que no puede o no debe dar, cayendo en chantajes sentimentales, por ejemplo, en aspectos referidos a manifestaciones afectivas o de índole sexual, más propias de la vida matrimonial que de la relación de noviazgo.

El trato mutuo entre los novios cristianos deberá ser el que tienen dos personas que se quieren, pero que aún no han decidido entregarse totalmente al otro en el matrimonio. Por eso tendrán que ser delicados, elegantes y respetuosos, siendo conscientes de su condición de varón y de mujer, apagando los primeros chispazos de pasión que se puedan presentar, evitando poner al otro en circunstancias límite.

Como conclusión, podemos afirmar que un noviazgo bien vivido, en el cual se conozca a fondo y se respete a la otra persona, será el medio más adecuado para tener un buen matrimonio, siguiendo el consejo del Papa Francisco: “La convivencia es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo? Gracias, perdona"[8].

José María Contreras

(Foto de cabecera: -=shutterbug=-)


[1]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 31-10-1972.

[2]Mc 10,7-9.

[3]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[4]Catecismo de la Iglesia Católica, 2337.

[5]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 21-6-1970.

[6] Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[7]Benedicto XVI, A los jóvenes del mundo con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Juventud 2007.

[8]Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

 

 

Einstein y Dios

Albert Einstein, físico y matemático de origen alemán, Premio Nobel de Física por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico, demostró matemáticamente que a las tres dimensiones del espacio físico había que añadir una cuarta dimensión: el concepto tiempo.

Ayudó a su encumbramiento su teoría general de la relatividad, así como otras investigaciones sobre la teoría cinética de los gases.

Einstein ha sido considerado, a nivel mundial, según estadísticas publicadas por los medios de comunicación social, la persona más importante del siglo XX. Quien fue secretario del Secretariado para los No Creyentes de la Santa Sede, el doctor Jordán Gallego Salvadores, dominico, fue quien me entregó el testimonio, de su puño y letra, sobre la fe en Dios del gran científico Albert Einstein. Al final publicamos la referencia. El físico quiso dejar muy clara su posición respecto a su fe en Dios. Manifestó: «La generalizada opinión, según la cual yo sería un ateo, se funda en un gran error. Quien lo deduce de mis teorías científicas, no las ha comprendido. No sólo me ha interpretado mal sino que me hace un mal servicio si él divulga informaciones erróneas a propósito de mi actitud para con la religión. Yo creo en un Dios personal y puedo decir, con plena conciencia, que: en mi vida, jamás me he suscrito a una concepción atea». Albert Einstein. (Deutsches Pfarrblatt, Bundes-Blatt der Deutschen Pfarrvereine,1959, 11).

En 1905 Albert Einstein publica un trabajo titulado “Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento”, en el que se contenía la que más tarde se conocería como Teoría Especial de la Relatividad. La Física de Newton, el más grande científico de la Historia, fundada en la geometría euclidiana y los conceptos de tiempo ansoluto de Galileo no era tan exacta como se había creído. Einsten descubre que el espacio y el tiempo son términos de medición relativos. Einstein en 1907 publica una demostración de que E = mc2. Esta fórmula que a cualquier persona ajena a la investigación de las ciencias físicas parece no sólo de sencillez extrema sino absolutamente inofensiva es el punto de partida para la carrera hacia la bomba A. Había comenzado una nueva y grandiosa aventura del pensamiento.

Pero Einstein no se fió de las dos primeras rigurosas pruebas de su teoría, a pesar de que eran cientificamente concluyentes: había que comprobar empíricamente que el efecto previsto en su teoría, existía de hecho en la realidad. Einstein estaba convencido de que todo efecto tiene una causa, y que puesta cierta causa se sigue cierto efecto. Estaba seguro de que, por muchas que fuesen las coincidencias de la experimentación con su teoría, una sola discrepancia bastaría para dar al traste con sus predicciones y convertir su teoría en un argumento insostenible.

Como observa Paul Johnson, la de Einstein era una actitud completamente distinta del dogmatismo de Marx, Freud y Adler, que trataron de meter con calzador -sin conseguirlo- la realidad en sus teorías.

El más breve resumen del propio Einstein sobre la Teoría de la Relatividad es la siguiente: “no hay movimiento absoluto”; ¡el movimiento en el universo es curvilíneo! De pronto pareció al mundo que nada era seguro en el movimiento de las esferas. La conmoción en el ámbito de la ciencia experimental era lógica: varios siglos de creencias científicas se venían abajo. En 1919 Einstein es una figura mundial que gravita más sobre la Humanidad que los estadistas y guerreros.

Lo que Einstein vio con estupor fue que, en 1920, de la idea de la relatividad del espacio y del tiempo -magnitudes físicas- se había concluido, quién sabe por qué misteriosos paralogismos, ¡que no había ningún valor absoluto! ¡que no existían el bien ni el mal! ¡que no había manera de estar ciertos de cosa alguna! Se había confundido la relatividad del movimiento con el relativismo filosófico y ético. La Física con la Metafísica, la Gnoseología y la Etica.

Un sentencia común llegó a ser ésta: Einsten ha demostrado que la verdad no existe; el bien y el mal son una invención de mentes engañadas por la apariencia de los fenómenos.

Nada más lejano a la mente del físico genial. Aturdido, el 9 de septiembre de 1920 escribe a su colega Max Born: “Como el hombre del cuento de hadas que convertía en oro todo lo que tocaba, en mi caso todo se convierte en escándalo periodístico”. Einstein, señala Paul Johnson, no era un judío practicante, pero sí un hombre que reconocía la existencia de un Dios y la existencia de normas absolutas del bien y el mal. Incluso en el ámbito físico le repugnaba el principio de indeterminación de la mecánica cuántica. “Usted -le escribió a Born- cree en un Dios que juega a los dados, y yo creo en la ley y el orden totales en un mundo que existe objetivamente y que, de un modo absurdamente especulativo intento aprehender. Yo creo firmemente, pero abrigo la esperanza de que alguien descubrirá un modo más realista o más bien una base más concreta que la que me ha tocado en suerte hallar”.

Aunque el gran físico quizá se había opuesto a la idea de un Dios personal cuando era joven, en su madurez se había convertido [en opinión de Groeschel] en una persona bastante religiosa.

Muchos comentan que Albert Einstein fue más bien lo que se suele llamar «un ateo». No creía en la existencia de un Dios personal, se dice. Pero hay testimonios contrarios. Pocos son, en todo caso, los que conocen su evolución religiosa. Randall Sullivan en su libro "The Miracle Detective" (New York, 2004, pp.432-433) relata una conversación que tuvo con Benedict Groeschel, monje neoyorquino experto en teología mística y autor de "Still, small voice" (Ignatius Press, 1993). Cuenta Sullivan que Groeschel le comentó que había estado leyendo mucho sobre Einstein y que aunque el gran físico quizá se había opuesto a la idea de un Dios personal cuando era joven, en su madurez se había convertido [en opinión de Groeschel] en una persona bastante religiosa. En concreto dice: «Estaba fascinado por el misterio del Santísimo Sacramento».

La ciencia y los años no apartan de Dios, al contrario, normalmente, la búsqueda honrada de la verdad, aunque sea de un segmento mínimo de las cosas, conduce casi necesariamente –salvada la libertad de la persona- al descubrimiento de la Verdad primera, que, como es lógico, siendo origen de personas, ha de ser eminentemente personal. La Fe y la Ciencia, por más que quienes ignoren éste o aquél saber no se hayan dado cuenta todavía, lejos de oponerse, se ayudan una a la otra y se complementan en el progreso del conocimiento global.

Einstein, el más eminente físico después de Newton, buscaba la fórmula en la que se pudiera encerrar la textura de cualquier porción pequeña o grande de materia. Pero no pensaba encontrar en ella el Origen absoluto, ni que la materia fuera el todo de la realidad: había un Dios que «no jugaba a los dados». No importa que la metáfora de los dados, haya sido superada por nuevos descubrimientos. Lo esencial es que hay Dios que juega, en el sentido profundo de la palabra: Dios que hace posible el orden del universo. Incluso si hubiera que admitir el azar, Dios sería el que hace posible que del azar, surja el orden. No es de extrañar que un Eistein, con el paso del tiempo, cuanto más enigmas desentrañaba, más se acercase al reconocimiento de la existencia de un misterio, en el sentido teológico, que jamás se podrá encerrar en una fórmula, ni siquiera en un solo nombre, y que ha de ser una Inteligencia infinitamente más poderosa que la suya, no sólo capaz de entender, sino de crear la maravilla del Universo.

«Estaba fascinado por el misterio del Santísimo Sacramento». ¿Quiere decir Groeschel que Einstein creía propiamente en la presencia de real de Jesucristo bajo las figuras de pan y vino consagrados en la santa misa? No lo sé. Lo que parece seguro es que a Einstein no le sorprendía del todo el misterio eucarístico. Su familiaridad con lo fascinante del universo creado, le permitía reconocer que Dios es capaz de hacer algo infinitamente más asombroso.

 

El papa Benedicto sintetizaba hace unos días con sencillez el contenido del misterio eucarístico:

«La entera existencia terrena de Jesús, desde la concepción hasta la muerte, ha sido un único acto de amor. Tan es así, que se puede resumir en estas palabras: Jesus Caritas, Jesús Amor. En la última Cena, "sabiendo que había llegado su hora" (Jn 13,1), el divino Maestro ofreció a sus discípulos el ejemplo supremo de amor lavándoles los pies y confiándoles su preciosa herencia, la Eucaristía, en la cual se concentra todo el misterio pascual. "Tomad y comed, esto es mi cuerpo… Bebed todos de él, esto es mi sangre" (Mt 26, 26-27). Las palabras de Jesús en el Cenáculo anticipan su muerte y manifiestan la consciencia con que Él la afronta, transformándola en el don de sí, en el acto de amor que se da totalmente. En la Eucaristía el Señor se da a nosotros con su cuerpo, con su alma y con su divinidad, y nosotros nos convertimos en una sola cosa con él y entre nosotros…» (Angelus, 25.9.2005)

A quien esté un poco familiarizado con la física cuántica o con la reciente teoría de las cuerdas, probablemente le sea más fácil que a Newton creer en el misterio eucarístico. Por supuesto, no se le exime de la humildad, compartida – sólo en aparente paradoja – por los niños y los grandes hombres, abiertos siempre a los fascinantes dones de la Verdad Primera, que es también Bondad, Sabiduría, Amor, Belleza.

www.arvo.ne

 

La importancia de una buena formación

 

Conocer las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la dignidad y santidad del matrimonio, la naturaleza del sacramento y los preparativos materiales para la ceremonia.

 

 PRÓLOGO

 

Amor por Siempre

 

Nuestra cultura ha convertido al sexo en algo muy romántico y, en el proceso, lo ha tomado como sinónimo de amor, por lo menos en la mentalidad popular. El mensaje impuesto en películas, libros y en la cultura general, es que si una persona joven se encuentra al compañero adecuado, escuchará música de violines, se encenderán fuegos artificiales y la vida será perfecta. Si hemos de creer en la cultura popular del último cuarto de siglo, todo lo que se necesita para encontrar la felicidad es descubrir al Sr. o la Srita. Correcto(a) e iniciar una relación importante con esa persona.

 

Pero la infelicidad y la frustración, evidentes en tantas relaciones románticas, desde la primera cita de los adolescentes hasta el matrimonio a prueba de los adultos, indican que esto no es así. En algún lugar del sendero, nuestro punto de vista de la cultura del romance falló. En lugar de la felicidad para toda la vida, lo que muchas personas muestran de su última relación duradera es un certificado de divorcio y una herida en el alma. Muchos que han pasado por la triste experiencia del divorcio o la separación, pudieron haberse evitado estas heridas si tan sólo hubieran pensado en la naturaleza profundamente espiritual de nuestra sexualidad y en su relación con la vocación al matrimonio.

 

¿Hay otra forma? ¿Puede el amor matrimonial brindar felicidad en el mundo de hoy? Si estamos concientes del verdadero significado del matrimonio, entonces la respuesta es un enfático "si". Si el amor entre un hombre y una mujer en realidad significa algo, éste debe encontrarse en algo más que en la electricidad que chispea en sus ojos cuando se encuentran por vez primera. El amor verdadero debe ser en cierta forma diferente de la relación típica actual que nos representan los medios de comunicación.

 

Aún los revolucionarios sexuales más cínicos, en ocasiones, hablan en voz baja de relaciones de por vida que traen la felicidad. Aunque se mofan, acaban reconociendo que, para que el matrimonio pueda ser satisfactorio, debe ser un compromiso permanente. Se dan cuenta de que, sin ese compromiso para toda la vida, las relaciones se convertirán pronto en ejercicios vacíos, egoístas, de autogratificación que muy pronto les traerá la infelicidad.

 

Si se considera que un buen matrimonio es mucho más vital para la felicidad de la persona que el éxito en una carrera o en los negocios, se demuestra que la mayoría de nosotros debe pasar gran parte del tiempo preparándose para él.

 

Para aquellos que reconocen que el amor sin compromiso para toda la vida termina en fracaso, Cristo y su Iglesia pueden mostrarles el camino para entender el verdadero significado del amor. Entre una cultura que continuamente mal informa y que engaña al individuo, la Iglesia proclama la "buena nueva" respecto a la sexualidad y ofrece a las parejas la esperanza de alcanzar la paz y la alegría por medio de la fidelidad y la virtud. Decir que uno desea casarse con alguien para toda la vida es realmente una proposición difícil que no debe tratarse a la ligera.

 

Si el amor y el sexo no son la misma cosa, debe haber una razón para el sexo en el contexto del amor. El sexo es para la unión conyugal y para la procreación, entre marido y mujer que desean perpetuar su amor en una nueva vida. Ambos aspectos, unión y procreación, fueron diseñados por Dios para que los esposos crezcan en santidad.

 

El amor, si ha de durar toda la vida, debe basarse en la comprensión del ser amado y no en la simple atracción sexual. Debe querer darse al otro en lugar de usarlo para su propia satisfacción. Además, debe estar abierto para traer nuevos hijos de Dios al mundo. Pero el solo amor del cónyuge y de los hijos todavía no es suficiente para llegar al punto final. Es necesario algo más que ayude en los esfuerzos para mantenerse juntos a los que desean casarse. Esa ayuda es el propio sacramento del Matrimonio.

 

Por medio del sacramento del Matrimonio y de la preparación adecuada para el mismo, los cristianos que desean tenerse fe entre ellos mismos, recibirán siempre la gracia necesaria para satisfacer su vocación matrimonial. Aprenderán a amarse uno al otro amando a Dios. Estarán conscientes que su matrimonio no es un simple contrato entre dos personas, sino un pacto sagrado que ha recibido su naturaleza especial de el propio Cristo. Por este estado sacramental y por la naturaleza del propio amor, el matrimonio es indisoluble. Pero la misma naturaleza del sacramento también proporciona a los que lo reciben toda la gracia necesaria para seguir las enseñanzas de Cristo respecto a él. Entre estas está la gracia para pasar la vida matrimonial unidos con Cristo.

 

Con frecuencia los cínicos de la actualidad podrán decir: amar a alguien por toda la vida, después de todo, es difícil. Pero en lugar de ayudar a cumplir con un compromiso, emplean el recurso del divorcio, como liberador. Sin embargo, ese camino sólo conduce a la infelicidad, tanto para los padres como para los hijos. El sendero del matrimonio cristiano puede ser más difícil, pero ofrece el auxilio vital de la gracia para realizar esta tarea y proporciona la única promesa verdadera de la felicidad real en el amor.

 

Este libro es un tratamiento breve, pero completo de las preocupaciones y preguntas más frecuentes de los pastores y de las parejas respecto al matrimonio católico. Para aquellos que tienen poca formación algunas de las recomendaciones prescritas pueden parecer demasiado demandantes. Para los que conocen con más profundidad la doctrina católica, las mismas prescripciones y exigencias pueden ser más reales a medida que pasan los años.

 

Además, la mejor forma de prepararse para el matrimonio es conocer las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la dignidad y santidad del matrimonio, la naturaleza del sacramento del Matrimonio y los preparativos materiales para la ceremonia. Esperamos que sea útil para los que se están preparando para el matrimonio y para los sacerdotes que ayudan a otros a prepararse. No está de sobra decir que, para los que ya están casados, más de alguna cuestión les puede ser de utilidad.

 

Pablo Arce Gargollo

 

¿Crisis en la Iglesia?

Ernesto Juliá

“A diferencia de la escisión de la Reforma en el siglo XVI y del vaciamiento producido luego en el siglo XVIII, se ha perdido ahora un fundamento aún más profundo: la verdad, la idea de verdad. Tropezamos aquí con un punto decisivo. Es preciso que la cuestión de la verdad, de la única verdad, vuelva a ser la aspiración central de la humanidad si no queremos que nos devore el caos”.

Joseph Lortz sabía muy bien lo que escribía al redactar estas líneas en su Historia de la Iglesia, y analizar la Edad Contemporánea.

Cristo dijo de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Una afirmación clara, y rotunda. No dijo “yo soy una verdad”, “yo soy la verdad para los que creerán en mí”. “Yo soy la Verdad”, con la misma precisión y afirmación con la que habló Dios al encontrarse con Moisés en el Sinaí. “Yo soy el que soy”.

Jesucristo es el Camino para llegar, con el Espíritu Santo, al Padre; es la Verdad que abre nuestra inteligencia, con la gracia del Espíritu Santo, para reafirmar los dogmas que la Iglesia anuncia desde su creación: Dios Uno y Trino; Dios Padre y Creador; la Moral, los Sacramentos y la Vida Eterna, que da sentido a nuestro vivir. Y la Vida, porque Cristo ha venido a darnos a los hombres una nueva vida, hacernos una nueva criatura: la de los hijos de Dios en Cristo. Y esa nueva vida se abre, se alimenta y se sostiene en cada cristiano con los Sacramentos.

Las crisis en la Iglesia no son las crisis personales de los santos, ni de los profetas, que siempre han existido y existirán ante los sufrimientos que comporta en tantas ocasiones seguir a Cristo y serle fiel; ni las cruces que nos podemos encontrar y ser muy pesadas y difíciles de llevar, unidas a la Cruz redentora de Cristo, viviendo enfermedades, injusticias, etc.

 No. Las crisis en la Iglesia son siempre crisis de Fe; de querer el hombre dominar el Misterio de Dios que se ha encarnado, y se ha hecho hombre. Son crisis de hombres que quieren construirse un Cristo a su imagen y semejanza, un Cristo al que se quieren convertir en un simple Jesús que en vez de redimir a los pecadores, quiera vivir con ellos dejándolos muertos en su pecado; eso sí, con aires de buenismo y de comprenderlo todo y disculparlo todo.

Hasta ahora, a lo largo de la historia, estas crisis se han manifestado con posiciones heréticas sobre la Persona de Cristo; sobre las dos naturalezas de Cristo sobre los Sacramentos, especialmente sobre el Bautismo, la Confesión, la Eucaristía y el Matrimonio; sobre la realidad del Pecado y sobre las Postrimerías –Cielo, Purgatorio,Infierno-, la Vida Eterna etc.

Hoy, la crisis es más profunda y más sutil. Y está muy conectada a la pérdida del sentido de la Verdad. Y, quizá, más que a la pérdida, a la banalización de la verdad, al considerarla algo más bien subjetiva, y que da lo mismo “mi verdad” que la “tuya”.

Y es una crisis que no se presenta a las claras, y de frente, como se presentaron las herejías que acabaron en cismas. No. Ahora se presentan con un lenguaje que se puede interpretar de diversas maneras, al gusto del consumidor. Por ejemplo, palabras de un eclesiástico: “Uno puede decir que todas las religiones son valederas; y a la vez señalar que para los cristianos lo importante es Cristo”.

  ¿Sólo para los cristianos es importante Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre?  La Verdad que es Cristo, ha sido sustituida por la “verdad tuya y mía”, y todas agradables a Dios. ¿A Dios o al “dios” que se invente, con “su verdad”, cada uno?

ernesto.julia@gmail.com

 

Vida natural y orgánica, existencia artificial y mecánica

La vida natural y orgánica del pasado ha ido siendo reemplazada por una existencia artificial y mecánica, en la que el hombre vive en el anonimato, el ruido, el aprieto, la prisa y la preocupación.

Una sala con proporciones calculadas con inteligencia: bastante alta y bastante ancha como para dar al mismo tiempo las impresiones armónicamente contrarias de intimidad y desahogo.

En ella caben holgadamente los muebles, los cuadros, la lámpara, las personas, con espacios con suficiente amplitud para que estas se muevan despreocupadamente, sin tropezar en alguna cosa o en alguien.

Los muebles no son lujosos. Sólidos, decentes, cómodos, apacibles a la vista se prestan ellos también holgadamente al uso humano. Buena mesa espaciosa en la que puede sentarse una familia numerosa, y sobre la cual pueden acumularse sin trastorno los manjares saludables y modestos, servidos en un almuerzo de aniversario de una familia situada entre la pequeña y la mediana burguesía.

Sillas bien torneadas, de líneas amenas, suficientemente fuertes para durar indefinidamente. Gran alfombra – sin lujo, y de fabricación comercial- se ve que da cierto calor a la sala.

Las ropas están en exacta coherencia con el ambiente. De buen tejido, confortables y con un corte al cual no le falta una cierta distinción burguesa.

La criada, de presentación más modesta, sin embargo se viste con decencia y confort.

Por la ventana, protegida por persianas y cortina, entra una luz amena, ampliamente suficiente para toda la sala, pero graduada para no herir los ojos y para conservar una claridad serena y templada en el ambiente.

*   *   *

Calma, templanza, amenidad, son las notas dominantes del cuadro.

Los trajes sumamente recatados dan un aspecto de pureza a esta vida de familia, que explica a su vez la amenidad de su convivencia.

En una familia en que haya entrado el gusano roedor de la impureza, las almas no tienen salud ni frescor para deleitarse en afectos castos como los del hogar.

Todos se sienten felices y distendidos en ese ambiente en que cada uno sabe que es estimado, apoyado y considerado según merece.

*   *   *

Hablamos muy intencionalmente de consideración.

Nótese la situación del viejo matrimonio.

Lo que la familia tiene de más afectivo de vuelve hacia él. Las dos hijas rodean a la madre, llenas de respetuoso afecto. La niña se siente feliz y honrada en presentar una bebida al abuelo, bajo la mirada atenta y simpática del hombre de edad madura.

Para la alegría de los niños hay también un lugar en esta reunión. Los dos niños conversan risueños, otra niña está siendo cariñosamente servida por su madre.

Más allá otro niño, de índole tranquila, goza en paz su sosiego.

Entretanto la pequeña homenajeada, feliz y grave como una reina bajo su arco de flores, acaba de saborear un manjar, y su mirada vaga por la sala, a un mismo tiempo despreocupada y atenta. Pero si es amplia la parte de los niños, no son ellos los que dominan la sala…

*   *   *

Ambiente confortable, saludable, placido, casto, que merecería incluso ser comparado al de los “Buissonnets” de Lisieux, si en la sala se notase alguna imagen y una nota sobrenatural que trascendiese, iluminase y diese más elevación a este interior doméstico tan rico en valores tradicionales de auténtica civilización cristiana.

En suma, ambiente favorable a la salud del alma y del cuerpo, que dispone admirablemente los espíritus para la virtud sólida, seria, equilibrada y estable.

Anonimato, murmullo, aprieto, prisa, preocupación.

Mientras unos comen rápidamente una comida hecha en serie, otros esperan su turno.

Nadie sonríe. Una u otra persona dice alguna cosa, pero no hay conversación.

Todos piensan en el trabajo que hicieron o en lo que harán.

Muchos hombres están con sombrero, como si estuviesen en una estación o en un autobús.

Nótese entretanto cómo se visten los personajes: son todos de una clase equivalente a la mediana o pequeña burguesía. Precisamente el nivel de la familia del cuadro de arriba.

Es el interior de un restaurante-relámpago en una gran ciudad moderna. Y así almuerzan, casi todos los días del año, millones de personas, y muchas además de almorzar, también cenan de ese modo.

¿Y podría ser de otro modo?

Las grandes aglomeraciones, la consecuente concentración de los negocios, la aceleración del ritmo de vida que de ahí se deriva, acentuada todavía más por vertiginosa facilidad con que la radio, el telégrafo y el teléfono (podemos agregar los celulares, Internet, etc.) traen la rápida circulación del dinero, todo en fin concurre para darle al hombre moderno una condiciones de vida muy agitada.

*   *   *

Sí. ¿Pero a qué precio para su salud, sus nervios, su equilibrio, su virtud, su vida de familia?

¿No hay en esto una expresión de la mecanización peligrosa de la vida, contra la cual el Santo Padre alertó al mundo?

Plinio Corrêa de Oliveira

Un peligroso cáncer social llamado relativismo

Jorge Espinosa Cano

Una sociedad firme en valores se tiene que traducir en una sociedad justa y con un sano desarrollo económico, que dé oportunidades a todos y que luche por un orden libre de violencia.

Es alarmante la situación que estamos viviendo con respecto al COVID, por todos lados escuchamos de enfermos y muertos, y tal vez ya lo hemos sufrido con amigos y familiares cercanos, o alguno ya lo ha padecido y gracias a Dios lo pudo superar; sin embargo, de alguna manera y pese a las dudas que podamos tener sobre el manejo de la vacunación en nuestro país, al existir la vacuna ya se abre una esperanza concreta para vencer a la pandemia.

Sin embargo, no todos los retos se refieren a controlar la enfermedad de moda que a todos nos preocupa, hay otras situaciones que nos deben llevar a una reflexión profunda sobre nuestra situación social y no solamente la nacional, sino también la internacional que en este mundo globalizado siempre estará interrelacionada con nosotros.

No todo es solamente economía y finanzas, o por decirlo de otra manera, muchas veces estos problemas se derivan de otros más profundos, pero más difíciles de detectar, porque son como el cáncer que muchas veces se va desarrollando de una forma silenciosa hasta que causa el colapso final que desemboca en la muerte.

Ya desde hace mucho tiempo el relativismo que habla de que no hay verdades y valores absolutos se ha venido imponiendo en nuestra sociedad, y se presenta como un logro de la libertad que se ha conseguido en las sociedades modernas, sin embargo, esta filosofía no resiste un verdadero análisis profundo y está siendo muy destructiva. En general en la historia de todas las culturas los valores eran fijados por las religiones, la relación del hombre con lo trascendental, y en nuestra cultura occidental estas bases fueron fundamentalmente inscritas en la sociedad por el cristianismo, y con mucha influencia específicamente por la Iglesia católica, pero llegó la era de las revoluciones y con ellas el laicismo, que hay que decir que nunca fue una propuesta del pueblo, sino un manejo de los intelectuales envueltos en la bandera de representantes del pueblo que se fue imponiendo poco a poco, mediante la fuerza de los que estaban en el poder, hasta llegar a hacer creer exactamente lo contrario a la realidad, o sea que el laicismo había sido una aspiración popular, idea que aunque es falsa se encuentra hoy prácticamente creída y asumida por todos.

Este relativismo que ha venido creciendo se refleja en un desplome de los valores tradicionales, y como decía el Lic. Anacleto González Flores: “Porque todo edificio político y social, descansa sobre las espaldas de los valores que lo han levantado y que lo sostienen. Si llega un momento en que un terremoto derriba y voltea esos valores, toda la construcción se viene abajo de una manera inevitable… Esta puede ser la suerte de los valores humanos: el derrocamiento. Y llegada la hora del derrocamiento –y en esta hora nos encontramos– no hay término medio, o se emprende la reconquista para ganar los puestos perdidos o se rehúye la batalla encarnizada que hay que librar para volver a arrebatar la púrpura y en este último caso, se deja de ser un valor humano para no ser más que un arista rota y pisoteada. Esto quiere decir que los valores humanos necesitan ponerse en marcha para abrirse paso, ganar una posición, retenerla invenciblemente y entregarla a una descendencia que sepa conservarla y para esto no hay más recurso que la guerra”.

Una guerra que tiene una multitud de frentes, empezando por las redes sociales, los medios de comunicación, los programas educativos, la política y las legislaciones que están empeñadas en ir en contra de los principios fundamentales de la vida, de la familia, de la sana sexualidad. Una sociedad firme en valores se tiene que traducir en una sociedad justa y con un sano desarrollo económico, que dé oportunidades a todos, que luche por un orden libre de violencia, con autoridades con auténtico espíritu de servicio y donde se respeten las libertades fundamentales del hombre y sus derechos naturales.

Este cáncer del relativismo, de que cada quien y cada cual tiene su verdad, se presta a toda clase de abusos, y en un contrasentido inexplicable se vuelve en una tiranía contra los valores fundamentales, que en ocasiones son puestos a juicio por las mismas leyes, como en los casos donde se pretende obligar al personal médico a practicar abortos contra su conciencia, o leyes de género que permiten muchas cosas, pero quieren prohibir que los que no están de acuerdo con ciertas prácticas se expresen con toda libertad.

Se requiere hacer primero una pausa para analizar esta corriente de pensamiento relativista que nos abruma y en cierto sentido nos ha penetrado a todos en mayor o menor grado, y una vez evaluado tomar acciones para influir en un sentido positivo y tratar de que la sociedad retome un camino más luminoso, no queriendo monopolizar la verdad, pero sabiendo que esta existe y por lo tanto es un deber buscarla con toda la inteligencia, voluntad y también corazón para aportar lo que podamos.

¿Es ético utilizar recursos públicos para financiar tratamientos estéticos?

Se acaba de publicar en BMC Medical Ethics, un interesante artículo  en el que se debate acerca de la eticidad de dedicar fondos públicos a los tratamientos estéticos. En él se muestra la complejidad del debate que genera el que los sistemas públicos de salud quieran incluir los tratamientos estéticos como una prestación sanitaria más. Teniendo en cuenta la escasez de recursos sanitarios es necesario justificar con seriedad médica – medicina basada en evidencias- si determinados tratamientos dirigidos a mejorar la imagen corporal pueden entrar dentro de la cartera pública sanitaria o, si, por el contrario, deberían permanecer circunscritos a la sanidad privada. En el fondo se quiere evitar destinar fondos públicos y atención sanitaria hacia aspectos no esenciales en la salud.

Por otra parte, con la aparición y extensión de la medicina estética, entran en discusión conceptos como normalidad corporal, salud y calidad de vida, así como las características que definen lo que ha de ser un paciente. Hemos de tener en cuenta que se trata de variables “medicas” que están siendo sometidas a una fuerte presión social (publicidad, mass media, moda) para que amplíen su significado original y se adapten a unos nuevos estándares a los que la medicina no debería someterse si no quiere ver alterada su misión y fines. Este es un tema de actual discusión.

Para aclarar hasta qué punto un deseo o una preocupación estética podría convertirse en una necesidad médica cuya atención deba ser cubierta públicamente, habría que valorar dos aspectos importantes. Por un lado, asegurar si se está produciendo alguna afectación funcional específica en el paciente como consecuencia de un determinado rasgo o característica estética. Y, en segundo lugar, habría que determinar la existencia de un motivo especialmente elevado de sufrimiento debido a esa característica corporal. De darse esas dos condiciones la cirugía estética no solo estaría indicada medicamente, sino que podría plantearse su cobertura pública. En este caso estaríamos ante un verdadero paciente en el que la cirugía tendría un claro efecto beneficioso para su salud, siendo la causa de su beneficio. El objetivo sería recuperar la función que haya podido ser deteriorada y disminuir el sufrimiento ocasionado por el cambio en la apariencia. Los casos más claros en esta situación son: reconstrucción estética corporal tras accidentes, quemaduras graves, efectos estéticos derivados de tratamientos oncológicos, malformaciones congénitas graves, obesidad mórbida.

Por tanto, echas estas salvedades, no sería suficiente manifestar sin más una preferencia estética, subjetiva y sin afectar a ninguna función, para entonces ser financiada por un sistema público de salud.

La realidad actual lo que demuestra es que un número creciente de personas que se someten a tratamientos estéticos, aunque temporalmente mejoran su autoestima corporal, no presentan ni un problema funcional ni un nivel de sufrimiento válido para justificar su financiación. Es decir, se tratan de supuestos pacientes que no son preocupantes para la salud porque entran dentro de la normalidad y quedan fuera de la necesidad sanitaria. También hay otro tipo de personas en las cuales podrían encontrarse sufrimientos vinculados a la apariencia física, pero tan desproporcionados en sí mismos, que no coincide en ese punto con lo que la mayoría de la población sufre. Por tanto, en estos casos, también quedarían fuera de la cobertura publica, siendo lo recomendable plantear un tratamiento de carácter psicológico para solventar el problema o acudir a la sanidad privada. De modo general se establece que no pueden cubrirse públicamente tratamientos estéticos que busquen alcanzar niveles superiores de corporalidad o satisfacción que se salen del rango normal de la población. De este modo se cumple con un principio de equidad en la atención sanitaria y se evita desviar la atención sanitaria hacia aspectos secundarios.

Finalmente, uno de los problemas que se plantean en este ámbito de la medicina estética, es dónde poner el límite de las preferencias personales estéticas, y el límite de sufrimiento a partir del cual, una vez superado, sea lo suficientemente grave y por tanto válido para ser cubierto por la sanidad pública. Resulta difícil fijar estos límites porque entran en consideración aspectos muy subjetivos de cada persona difíciles de medir por una ciencia basada en evidencias como es la medicina. Y, por último, cuando el sufrimiento y la angustia por la imagen corporal resulte muy elevada (por encima de la media) lo que habrá que valorar es si la cirugía estética es realmente la solución de la causa del sufrimiento, o si la causa puede ser de carácter más psicológico y que exija un abordaje más psicológico o psiquiátrico que quirúrgico. En este tipo de casos se encuentran personas con una dismorfia diagnosticada sobre la cuales está contraindicada la cirugía estética.

 Emilio García-Sánchez

Prof. Bioética en CC de la Salud

Otro gran papel el que han jugando los agricultores y ganaderos

Una vez más, creo es importante recordarlo, los agricultores y ganaderos están siendo claves para abastecer de alimentos a los supermercados y para servicios fundamentales en el medio rural como es liberar calles y carreteras con sus tractores, lo que les convierte en la UME de los pueblos.

El paso de la borrasca Filomena y la ola de frío que le ha seguido por gran parte del territorio ha provocado situaciones especialmente delicadas en amplias zonas rurales, pero así y todo, los agricultores y ganaderos cumplen con su papel de suministradores de alimentos  a pesar de este temporal de nieve, lluvia y frío extremo en el campo.

El temporal ha dejado a muchas personas atrapadas, y a cientos de hogares sin apenas suministros y buscando algún supermercado abierto donde acceder a bienes de primera necesidad. Incluso muchos agricultores y ganaderos por su cuenta no han dudado y han salido a ayudar, convirtiéndose en la UME de los pueblos.

Además el problema de circulación de vehículos industriales para trasladar a los centros urbanos lo que producen los profesionales agrarios vuelve a demostrar el valor que tiene el conjunto de la cadena alimentaria, empezando por los principales protagonistas que son los que producen.

El temor a un desabastecimiento de alimentos ha vuelto a demostrar el papel imprescindible que desempeña el sector agrario en nuestro país, y lo realmente importantes que son quienes producen las materias primas.

Sin duda estas situaciones están demostrando la entrega de los profesionales de sector agrario para sacar sus explotaciones adelante y cumplir con el papel de suministrar alimentos a pesar de la compleja situación y de las circunstancias adversas en las que trabajan.

Pienso que el modelo familiar de producción de alimentos debe seguir cobrando relevancia como el más adecuado para garantizar la salud de los ciudadanos y ciudadanas. Es el que mejor garantiza un uso sostenible de los recursos, una producción variada, de cercanía y respetuosa con el medio ambiente y una distribución a toda la población, respondiendo a circunstancias extraordinarias y muchas veces incontrolables, algo que durante estos días cobra también especial relevancia.

Jesús Domingo Martínez

 

Con la Ley de Educación

Con la Ley de Educación se está jugando un juego en el que saldrán perdiendo las libertades y los derechos de los padres y de quienes pretendan erigir centros educativos  mientras, con una pérfida ley de educación, se sientan las bases para desarmar intelectualmente a los futuros votantes.

El fin primordial de todo partido político es la consecución del poder, objetivo plausible, siempre y cuando se haga por medios legítimos. Llegar al poder exige el paso previo por las urnas, pero se puede estar prostituyendo la posibilidad de discernimiento de los ciudadanos a la hora de ejercer el voto.

Walter Kronkite, eminente periodista norteamericano, decía que “la preservación de nuestras libertades, depende de que la nuestra sea una ciudadanía ilustrada” y añadía: “es probable que quienes obtienen la mayor parte de su información en ciertos medios, no estén consiguiendo la suficiente (información) para ejercer su derecho al voto en un sistema democrático”. La conclusión es evidente, anterior al ejercicio del voto puede haber una información, sesgada, manipulada o insuficiente, que prive al ciudadano de elementos de juicio imprescindibles, porque “los demagogos y los dictadores, hacen presa sobre los poco o mal informados”.

A nadie se le escapa que, en esa situación, la enseñanza, la instrucción y la cultura, son armas fundamentales para conseguir ciertos resultados.

Decía Thomas Jefferson que “la nación que aspira a ser ignorante y libre, aspira a lo que no puede ser y nunca será”.

Está en juego algo mucho más trascendental que los artículos de una Constitución que puede ser cambiada e incluso derogada. Están en juego la democracia y la libertad de la sociedad española.

Jesús Martínez Madrid

 

¿“son las fiestas del afecto”?  

Ante la definición de Pedro Sánchez que dijo en el Congreso de los Diputados que las Navidades “son las fiestas del afecto”,  Estuvo ágil Pablo Casado, tal vez porque ha comprobado que Isabel Díaz Ayuso, la presidente de la Comunidad de Madrid, tuvo un éxito notable al hablar con claridad, unos días antes, del sentido de la Navidad, y su intervención se convirtió en viral. Y como la figura de Ayuso va creciendo, Pablo Casado no quiere perder el paso.

Sea como fuere, Casado estuvo acertado y le echó en cara a Sánchez lo de “fiestas del afecto”, con las palabras: “¿Tanto les cuesta celebrar las Navidades, que es el nacimiento de Jesús en un país cristiano, en una civilización occidental, que podemos reivindicar esta fiestas históricamente sin ningún problema?”.

No se quedó ahí Pablo Casado, que vio una ocasión de retratar a Sánchez y sus posturas anticristianas. Le recordó que felicita por Twitter a otras confesiones religiosas, por ejemplo el Ramadán a los musulmanes, y que “en España hay que felicitar la Navidad sin problemas”.

Precisamente en la Navidad de 2020, la de la pandemia mundial, salvaguardar el nombre de Navidad puede llevar a unas decisiones u otras en cuanto a las restricciones, relegando este Gobierno en lo posible cuanto se refiera al culto cristiano.

Estemos al tanto, porque se puede vivir cristianamente la Navidad y ser prudentes por el virus. Es más: el sentido religioso y trascendente de estos días aporta paz y sosiego, frente a la tensión y dificultades que estamos viviendo. Lo religioso es muy cultural, señor Presidente del Gobierno, y es esencial, aunque ya en el Estado de Alarma se cerraron las iglesias.

Valentín Abelenda Carrillo

 

La segunda lengua más hablada en todo el planeta

El idioma español, el castellano, destaca, a nivel mundial, por ser detrás del inglés, el idioma más estudiado en el mundo entero. En internet, también destaca en las redes, ya que se trata de una de las lenguas con mayor cantidad de usuarios.

Es uno de los idiomas que más se emplean en las relaciones internacionales. En el ámbito empresarial, turístico y deportivo está considerado como vía de comunicación privilegiada.

El idioma español es el idioma que, principalmente, se habla en España y en Latinoamérica. Su inmensa expansión por todo el planeta hace que, hoy día, sea la segunda de las lenguas más populares del mundo después del inglés, porque la lengua española es la segunda lengua que se habla mayoritariamente en todo el planeta.

¿Cómo podemos privar de esta grandísima riqueza a nuestras generaciones futuras en España, como hace ahora la nueva ley de educación, suprimiéndola como lengua vehicular en todos los centros de enseñanza?

¿No estamos todos de acuerdo en que lo que nos une es bueno y hay que fomentarlo?

Juan García.  

 

Ráfagas de pensamientos

                           Estamos metidos o nos han metido en “algo” tan complicado y global, que ni sabemos cómo definirlo, puesto que afecta a todo el planeta, por lo que nos sentimos arrastrados a destinos que ni podemos imaginar, puesto que “los rebaños han quedado sin pastores o líderes, que los lleven como aquel Moisés que antes de llegar a la “tierra prometida”, tuvo que andar cuarenta años por los desiertos que nos cuenta la Biblia, y además murió antes de pisar aquella tierra, que en realidad fue maldita; puesto que aún están en guerras de exterminio”; por ello creo que lo mejor es buscar lecturas, que fortalezcan el alma; y que de ese fortalecimiento, pudieran surgir las soluciones que a corto plazo me temo que van a ser imposibles; quizá por ello aunque no publiqué nada en las dos semanas, de, “eso que se ha venido en denominar Navidad”; he buscado en mis archivos y en mi biblioteca, alimentos, inmateriales, de los que publico una muestra; no sé si seguiré buscando y publicando más, pero que… “cada cual aguante su palo y su vela; y busque por su cuenta, que seguro lo va a necesitar, el por, venir, lo veo muy incierto y vamos a necesitar mucho esfuerzo y mucho aguante para soportarlo.

Pensar y escribir

     Aquel que mucho piensa y medita, termina por escribir poco o mucho de todo cuanto ha pensado o meditado.

      ¿QUE ES EL TIEMPO... EXISTE EL TIEMPO?

     El tiempo nosotros aquí en La Tierra, lo contamos o medimos, en base a las vueltas que ésta da sobre sí misma y alrededor del Sol.

     Si éste preciso instante lo fijásemos aquí en La Tierra, pero al mismo tiempo lo situamos en el Sol, la Luna, Marte... o en la Estrella Polar ("cuyas esferas marcan igualmente su tiempo")... ¿qué sería el tiempo?... ¿de dónde partiría y como contaría?... ¿existe entonces el tiempo y por tanto la edad?

     Si por otra parte "nada desaparece en el Universo", la materia simplemente se transforma y cambia ininterrumpidamente a múltiples formas y por tanto "siempre será la misma" y el tiempo se fija (o lo fijamos nosotros) en base a esa materia aparentemente fija en el espacio y digo aparentemente fija, por cuanto todos los cuerpos están en continuo movimiento en el espacio,

     Por tanto si la materia (base del tiempo) no desaparece y siempre está presente... ¿no ocurrirá igual con el tiempo... que será constante y permanente pero con diferentes apariencias?

     Deducido todo ello, la eternidad aparece segura... la duda es si también nosotros seremos eternos... desde luego "la materia de que estamos compuestos, sí que lo será" y entonces... ¡por qué no el resto de lo que componga nuestro yo "invisible"?

 A "LOS LOCOS"

     A vosotros, locos de éste y otros mundos reales o imaginarios, los que habéis sabido subdividiros en esas dos mitades en que llega a componerse ese ser denominado humano, cuando ha alcanzado el suficiente grado de "locura"... y habéis tenido el valor de dialogar entre ambas, superado ya el abismo de la autodestrucción. (Dedicatoria en mi novela: "Diálogos con mi amigo el Loco").

 EL SABER Y EL NO SABER

     "A pesar de todo... hay que seguir transmitiendo ese saber que no se sabe nada... con ello se consigue cierta paz interior y la que ayuda a seguir viviendo y esperando el devenir sin temor alguno".

SOBRE LA POLÍTICA:

        Para Platón (428-347 a. C.) es el sabio o filósofo el único que puede regenerar la política del Estado y contribuir con ello a la felicidad de la población. Para Avempace (1.075-1.138 y considerado como el primer filósofo árabe-español) es imposible regenerar la política, incluso para el sabio-filósofo. Si lo intenta será no sólo inútil, sino perjudicial para él, ya que recibirá represalias de la corrupción. Recordemos y reflexionemos sobre la muerte de Sócrates (470-399 a C.) que era precisamente maestro de Platón y al que "matan los políticos", por sus interferencias en la sociedad de su tiempo... "yo modestamente pienso que si cada cual es capaz de formarse lo suficiente, como para no hacer nada a nadie que no quiera que le sea hecho a él mismo... a lo mejor podemos prescindir de filósofos y políticos, puesto que ya todos podríamos considerarnos como unos...?"

EL "HACER" DE CADA UNO

          Nadie, nadie, nadie es insustituible o imprescindible... "Lo que un hombre hace, otro lo iguala o lo supera, pues si no... no habría progreso.

      Siempre es tiempo de hacer cada cual su obligación y entre todos... "construir un buen edificio"...?                     (En Ideal del 12-5-1998)

 SOBRE "EL REBAÑO HUMANO"

     Lo que no es conveniente para nadie, nadie, nadie, es lo que generalmente, suele hacer, "la inmensa mayoría del rebaño humano", o sea, llorar, plañir, quejarse de su suerte y esperar a que la misma "se la mejoren otros" (los que llegado el momento le pasarán la factura) y ese -desde luego- no es el camino, el camino es buscar cada cual y a su nivel, la suficiente independencia como para no ser manejado por nadie y por contra... "ir con la convicción suficiente siempre y en la dirección más conveniente para uno mismo y para los demás... eso es el progreso y la verdadera civilización humana"... "lo demás tarde o temprano acaba siempre en desastres que pagaremos todos, si bien unos más que otros...?".   (Punto Redondo-Jaén: 17-5-98)

PINTURA DE UN AMIGO

     Yo "lo que veo en tu pintura" es tu obsesión por el ser humano y su misterio... sus sufrimientos y sus pocos (muy pocos) goces, sus "velos y sus varias caras, cuerpos y rostros", algo que de alguna manera trato de comprender, pues al fin y al cabo... "yo un día memorable tuve el valor de mirarme al espejo y no vi nada, absolutamente nada... pues lo que vi iba a desaparecer con el tiempo y ya estaba muriendo... pero y oh extraña sensación, fue a partir de ese momento cuando creí encontrar algo... fue un soplo de esperanza y en ella me he ido afirmando cada vez más... puesto que al fin y al cabo, no soy responsable de mi mismo, pues yo soy efecto y no causa, o sea que yo... no me creé a mi mismo... La causa sabrá lo que yo ignoro... A partir de aquel momento empecé a sentir la fuerza de la vejez, que desde luego no es la decrepitud...?". No trates de entenderlo pues ni yo mismo se el porque te he escrito ese párrafo, que además lo he subrayado.

     Nada más querido amigo: recibe con mis mejores saludos, mis deseos de un largo futuro en paz y concordia contigo mismo.

                              (En carta a Pedro Portillo López: 15-5-98)

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)